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Teatralidades cínicas, escenificación y vida filosófica

Caudillo Lozano, Jonathan

Abstract

La anécdota y el gesto, junto con su antidogmatismo y rechazo a la erudición, por momentos acerca al cinismo filosófico, más al arte que a la filosofía sistemática. Por tal motivo, la escenificación cínica de otra manera de vivir, nos obliga a repensar las maneras en las que entendemos la expresión de la filosofía. Es así que, este trabajo indagará en esta zona de convergencia entre la teatralidad y la filosofía, donde dicha indagación articulará un diálogo con algunos elementos de las vanguardias artísticas del siglo XX entorno a la teatralidad, como crítica a las formas de representación de los cuerpos en relación a sí mismos y a los otros. Finalmente se mostrará el caso del artista colombiano Augusto Diez y su postura ante el arte, como una manera de desentrañar una posibilidad de vivir filosófica y artísticamente de otra manera.

Full text

DOI: https://doi.org/10.12795/HASER/2022.i13.02 HASER. Revista Internacional de Filosofía Aplicada, nº 13, 2022, pp. 47-79 © Universidad de Sevilla, 2022 TEATRALIDADES CÍNICAS, ESCENIFICACIÓN Y VIDA FILOSÓFICA CYNICAL THEATRICALITIES, STAGING AND PHILOSOPHICAL LIFE JONATHAN CAUDILLO LOZANO Universidad Nacional Autónoma de México https://orcid.org/0000-0002-7003-7904 [email protected] - [email protected] RECIBIDO: 1 DE AGOSTO DE 2021 ACEPTADO: 7 DE SEPTIEMBRE DE 2021 Resumen: La anécdota y el gesto, junto con su antidogmatismo y rechazo a la erudición, por momentos acerca al cinismo filosófico, más al arte que a la filosofía sistemática. Por tal motivo, la escenificación cínica de otra manera de vivir, nos obliga a repensar las maneras en las que entendemos la expresión de la filosofía. Es así que, este trabajo indagará en esta zona de convergencia entre la teatralidad y la filosofía, donde dicha indagación articulará un diálogo con algunos elementos de las vanguardias artísticas del siglo XX entorno a la teatralidad, como crítica a las formas de representación de los cuerpos en relación a sí mismos y a los otros. Finalmente se mostrará el caso del artista colombiano Augusto Diez y su postura ante el arte, como una manera de desentrañar una posibilidad de vivir filosófica y artísticamente de otra manera. Palabras clave: cinismo, teatralidad, nomos, physis, performance. Abstract: The anecdote and the gesture, together with its antidogmatism and rejection of scholarship, at times closer to philosophical cynicism, more to art than to systematic philosophy. For this reason, the cynical staging of another way of living forces us to rethink the ways in which we understand the expression of philosophy. Thus, this work will investigate this area of convergence between theatricality and philosophy, where said investigation will articulate a dialogue with some elements of the artistic avant-garde of the 20th century around theatricality, as a critique of the forms of representation of bodies in relation to themselves and others. Finally, the case of the Colombian artist Augusto Diez JONATHAN CAUDILLO LOZANO HASER. Revista Internacional de Filosofía Aplicada, nº 13, 2022, pp. 47-79 48 and his position towards art will be shown, as a way of unraveling a possibility of living philosophically and artistically in another way. Keywords: cynicism, theatricality, nomos, physis, performance. Introducción El movimiento filosófico conocido como cinismo, nace en Grecia durante el periodo helenístico, y es una expresión vital e intempestiva, no solo para su época sino también para la nuestra. Es muy común para nuestro imaginario tardomoderno, ver a la filosofía como una práctica teórica que, en su preocupación por la erudición y la corrección argumental, depende de una forma de expresividad únicamente teórica y conceptual. Aproximarse al cinismo desde un punto de vista estrictamente académico presenta varias dificultades, entre ellas el hecho de que no haya tenido una estructura sistemática, escolástica o conceptual y tal vez sea la razón por la que, con el paso del tiempo, los manuales de filosofía hayan pasado de largo por el cinismo sin darle mayor importancia. Esto no ha impedido que existan ciertas resonancias del cinismo en la filosofía moderna y contemporánea, desde Rousseau o Nietzsche hasta llegar a Peter Sloterdijk, sin embargo, comúnmente las recuperaciones del cinismo pierden un elemento que siempre caracterizó su práctica en la antigüedad, su corporalidad performativa. El cinismo antiguo, no solo dependerá de la expresión verbal para hacer crítica de las formas convencionales de vivir, sino que primordialmente se propone satirizarlas. El cínico no solo habla de otra opción de vida, sino que la muestra, como una puesta en escena a manera de un performance, que relativiza y se burla de las convenciones y el género de vida dominante (nomos). La preocupación de que la filosofía se manifieste en una forma de vida no es exclusiva del cinismo, ya que es un rasgo común a todas TEATRALIDADES CÍNICAS, ESCENIFICACIÓN Y VIDA FILOSÓFICA HASER. Revista Internacional de Filosofía Aplicada, nº 13, 2022, pp. 47-79 49 las escuelas de filosofía del helenismo, pero el punto de partida del presente artículo es que en el cinismo hay una teatralidad filosófica que le es inherente y que, para poder dar cuenta de su profundidad, se requiere establecer un diálogo con las artes escénicas, sobre todo las que emergieron durante el periodo de las vanguardias. La razón de esto, es que, durante los movimientos de vanguardia, en particular Dadá y el Situacionismo, las artes de la escena como el performance o el happening y sus resonancias en el teatro y la danza, estaban orientadas a la crítica de la representación, no solamente en el territorio estético sino fuera de él ya que es en el mundo de la vida cotidiana en donde las formas de poder se consolidan a través de sus formas de representación. Si bien es cierto que la filosofía contemporánea ha tenido un profundo acercamiento con las artes, la singularidad del cinismo es que la anécdota y el escándalo, son formas de expresión filosófica internas al movimiento. El objetivo de problematizar este punto de encuentro de la filosofía y la teatralidad, no solo pretende comprender el cinismo en sí, sino también aproximar otro territorio de la práctica filosófica que no se limite al lenguaje conceptual y teórico, sino también a la acción y la gestualidad como otra manera de abordar las preguntas vitales que nos atraviesan desde la dimensión corporal de la filosofía. Es por este motivo que el diálogo propuesto con la teatralidad se apoyará en las reflexiones abiertas por las vanguardias del siglo XX, ya que en ellas hay un giro hacia la corporalidad que es cercana a las preocupaciones del cinismo. A lo largo del presente texto nos detendremos en los principios rectores de la práctica cínica, para mostrar cómo es que esta filosofía se constituye como práctica de transformación crítica de las maneras convencionales de vivir. Hay que tomar en cuenta que, el hecho de que las fuentes que tenemos del cinismo antiguo provengan de su recepción tardía en la época del imperio romano, supone que hay un inevitable elemento de interpretación desde el JONATHAN CAUDILLO LOZANO HASER. Revista Internacional de Filosofía Aplicada, nº 13, 2022, pp. 47-79 50 inicio que dificulta cualquier aspiración a la objetividad, sin embargo, este hecho es precisamente la razón de ser de este artículo, ya que permite mostrar al cinismo como una actitud filosófica y vital de profunda vigencia y plasticidad, que apertura múltiples formas de expresión. Nomos y Physis De entre el amplio abanico de principios fundamentales para este movimiento filosófico, la oposición physis/nomos es la que tiene un lugar importante y sirve de base, y en parte también de criterio, para el resto de las prácticas de los sabios perros. Se sabe que los filósofos de la naturaleza -mal llamados presocráticostenían a la physis como objeto de sus reflexiones, que no tenía nada que ver con lo que ahora entendemos como ciencia, al menos en el sentido instrumental. La physis es la totalidad de lo viviente y los filósofos de la naturaleza intentaban comprender que era el arjé, es decir, su principio generador. En este momento los filósofos intentaban comprender lo viviente desde un andamiaje que no fuera el de la mitología ni el de la religión, lo que no necesariamente supone una desacralización del mundo por una comprensión protocientífica, como se ha querido ver en algunos manuales de filosofía. La importancia de la physis para el cinismo es que es la base de lo viviente como exuberancia inagotable de formas y posibilidades que nunca se reducen al nomos, es decir, las leyes y convenciones de los seres humanos. Si bien es cierto que no se sabe si los cínicos escribieron algún tratado propiamente acerca de la naturaleza, hay una mención de Diógenes de Sinope que es recogida por Diógenes Laercio que, a pesar de lo inmediatamente escandalosa que puede parecer, en realidad nos da algunos indicios de una física cínica: TEATRALIDADES CÍNICAS, ESCENIFICACIÓN Y VIDA FILOSÓFICA HASER. Revista Internacional de Filosofía Aplicada, nº 13, 2022, pp. 47-79 51 No le parecía nada impropio llevarse cualquier cosa de un templo ni comer la carne de cualquier animal. Ni siquiera le parecía impío el devorar trozos de carne humana, como ejemplificaba con otros pueblos. Incluso comentaba que, según la recta razón, todo estaba en todo y circulaba por todo. Así, por ejemplo, en el pan había carne y en la verdura pan, puesto que todos los cuerpos se contaminan con todos, interpenetrándose a través de ciertos poros invisibles y transformándose conjuntamente en exhalaciones 1 Efectivamente por un lado puede verse la crítica a las costumbres griegas, ya que en su época el canibalismo era una práctica conocida para los griegos, que daba cuenta o de culturas barbáricas, o del pasado arcaico de sus propios antepasados. Pero es la segunda parte de esta anécdota la que nos interesa. Cuando Diógenes nos dice que “todo está en todo”, pareciera remitirnos a una radical materialidad en la que lo viviente es una especie de unidad múltiple, que no tiene inherentemente distinciones ni jerarquizaciones. En otras palabras, hay una univocidad del ser que necesariamente descentra la supuesta importancia de la humanidad con respecto a todo lo viviente, pero más aún, esta radical transversalidad de la physis pone en cuestión todo intento de jerarquización despótica, pues lo viviente, está presente y tiene valor tanto en el hombre libre como en el esclavo, los hombres y las mujeres, en lo griego y lo bárbaro, incluso esta univocidad de la physis supone una ontología que descentra la supuesta superioridad humana sobre lo animal. A pesar, de que hay pocos textos directamente del cinismo griego, y que nuestra imagen del cinismo dependa de la recepción tardía, es relativamente legitimo suponer una ontología cínica en donde lo vivo, atraviesa todos los seres y que su transversalidad muestra la arbitrariedad de los intentos humanos por construir criterios y organizaciones de verticalidad jerárquica. 1 Laercio, Diógenes: Vidas de los filósofos más ilustres, Editorial Alianza, Madrid, 2007, p.312. JONATHAN CAUDILLO LOZANO HASER. Revista Internacional de Filosofía Aplicada, nº 13, 2022, pp. 47-79 52 Esta es una de las razones por las que la práctica cínica siempre está poniendo en cuestión el nomos, o sea las convenciones y costumbres humanas, pero primordialmente griegas, ya que el cinismo se considera a sí mismo como una mirada extranjera que en su exterioridad muestra la arbitrariedad de las organizaciones de poder que atraviesan lo político. Los cínicos conocían los primeros textos de etnografía de Heródoto y sus relatos sobre culturas extranjeras, pero fue durante la época helenística que el cínico Onesícrito, acompañó a Alejandro en su viaje a la India y pudo ver que las costumbres griegas no son un absoluto incuestionable. Sin duda, históricamente los cínicos interpretaron equivocadamente algunas de las costumbres de India, creyendo que eran una sociedad menos jerarquizada y que se regía por las leyes de la naturaleza, cosa que de hecho es falsa. Pero lo importante de esta interpretación es que nos permite entender la concepción del cinismo sobre la physis así como también su interacción con el nomos. Cuando al sabio Diógenes se le pregunta por su lugar de origen él contesta que es un ciudadano del mundo (Kosmopolites), y si bien es cierto que esto puede interpretarse simplemente como un juego irónico del filósofo de Sinope, en realidad pareciera que es coherente con la concepción cínica de la physis como una totalidad viviente unívoca presente transversalmente en todos los seres y que, por medio de los cínicos, pone en cuestión las convenciones, pero principalmente aquellas convenciones sociales que parecen justificar el ejercicio de dominación de unos sobre otros. La crítica al nomos no solamente es local, sino que la disolución de las fronteras en la época de Alejandro de Macedonia, llevó al movimiento cínico a ver su propia práctica como una crítica a todo proceso civilizatorio, sobre todo en la medida en que significa un alejamiento de la naturaleza, o sea, un alejamiento de esta unidad múltiple de lo viviente. Esta univocidad de la physis se manifiesta directamente en lo viviente y, en el caso del ser humano, se TEATRALIDADES CÍNICAS, ESCENIFICACIÓN Y VIDA FILOSÓFICA HASER. Revista Internacional de Filosofía Aplicada, nº 13, 2022, pp. 47-79 53 manifiesta en el cuerpo; este es el rasgo que muestra el carácter antiplatónico del cinismo, ya que para esta filosofía el cuerpo es una manifestación de la physis, en donde las convenciones sociales son un alejamiento de la naturaleza en la medida que son un extrañamiento de la realidad corporal del humano que colinda con lo animal. En la superficie sensible de la corporalidad no hay diferencia entre humanos y animales pues ambos pueden sentir placer, dolor, hambre y sed, de tal manera que la ontología del cinismo es una ontología de la carne, ya que la comprensión de la physis como una fuerza que atraviesa todo lo vivo, proviene de una experiencia concreta de la carne. Es así que, para el cinismo, el mal moral se aprende en la relación con el nomos y la virtud (areté) para el cínico es precisamente el esfuerzo de llevar una vida, lo más acorde a la naturaleza, es por esto que la misión del cínico es desaprender al nomos. Este “desaprender” implica una rigurosa ascética (askesis) orientada por la transformación del cuerpo y los deseos que, dicho sea de paso, no se asemeja a la concepción religiosa occidental en donde encontramos un proceso de purificación a través de la automortificación. Más bien, hay que pensar las prácticas ascéticas del cinismo como la manifestación de un forcejeo ante las formas de domesticación que atraviesan el cuerpo. El devenir animal cínico, reconoce que la animalidad humana no es la misma que la animalidad no humana, ya que esta última es inmediata. La animalidad humana es una pérdida que resulta del proceso de domesticación que opera en los cuerpos por causa de la tradición, las prohibiciones y las costumbres, de tal suerte que, si bien esa animalidad subyace a nuestra configuración humana, son necesarias un conjunto de técnicas (techné), para develarla y reencontrarnos con esa animalidad. Esta es la razón por la que la figura heroica de Heracles para los cínicos era el modelo por excelencia del modo de vida virtuoso. Al respecto Rodolfo Mondolfo retoma un viejo diálogo en donde un JONATHAN CAUDILLO LOZANO HASER. Revista Internacional de Filosofía Aplicada, nº 13, 2022, pp. 47-79 54 cínico (no especifica quién) es cuestionado y muestra el proceso de transvaloración de los valores propios de la vida ascética: ¿De quién eres secuaz? –de Heracles… como Heracles hago la guerra a los placeres y…por mi propia cuenta me he librado al oficio de purgar la vida humana…yo soy el libertador de los hombres, el médico de sus pasiones; en suma, soy el profeta de la franqueza y de la verdad. (…) te obligare a fatigarte, a cansarte, dormir en tierra, beber agua, nutrirte de cualquier alimento, tal como lo ofrezca la ocasión. Si tienes riquezas y quieres escucharme las arrojarás al mar. No te preocuparas de tu esposa, de los hijos, ni de la patria; no serán ya nada parta ti 2 En este pasaje, se puede ver que cada uno de los principios de la escuela cínica no eran solamente conceptos teóricos sino una actitud existencial, un modo de vivir, pero, además, hay un imperativo de transformación de la colectividad, no desde la construcción de una filosofía entendida como ejercicio teórico, sino tomando la singularidad e inmanencia del modo de vida como táctica de demostración o, más correcto sería decir, de teatralización de las convenciones y un develar otra manera de vivir. En otras palabras, la posibilidad de la virtud para el cínico solo se muestra jugándose en ello la propia existencia. De esta manera, el cinismo tiene como principal táctica de acción la ascesis cuyo sentido es complejo y que suele asociarse a su sentido religioso, sin embargo, el concepto griego askesis, del cual proviene, era la forma en la que la sociedad espartana designaba su entrenamiento militar. Mucho más tarde, en la época del cristianismo temprano, el ascetismo se entendía como ejercicio espiritual, como parte de una purificación y conversión religiosoteológica. El ascetismo cínico, no es únicamente un endurecimiento corporal pero tampoco es un ejercicio religioso, sino que es una manera de entrar en una relación de forcejeo con y desde el cuerpo, 2 Mondolfo, Rodolfo: El pensamiento antiguo, Editorial Losada, Buenos Aires, 1980, p.187. TEATRALIDADES CÍNICAS, ESCENIFICACIÓN Y VIDA FILOSÓFICA HASER. Revista Internacional de Filosofía Aplicada, nº 13, 2022, pp. 47-79 55 en donde opera una desgarradura de la subjetividad conformada por la interiorización del nomos. En este punto, es muy importante recalcar que, si bien es cierto que el cinismo no es la única escuela filosófica que pretende una transformación existencial, pareciera que la especificidad del cinismo radica en la centralidad de la potencia corporal en este proceso. La vergüenza, aspecto que se abordará con mayor profundidad más adelante, y la vanagloria o importancia personal conocida en griego como typhos, son la marca de la moralidad convencional que determina, o más bien impone, lo bueno y lo malo, lo bello y lo feo, y esta serie de imposiciones, domestican la posibilidad de un pensar y vivir autárquico, porque se arraigan en el cuerpo y la sensibilidad, de tal manera que la única manera de romper con estas ataduras, y reconstruir una relación con la physis que subyace a la carne es desde la carnalidad misma, es por esta razón que Diógenes de Sínope: Decía que hay un doble entrenamiento: el espiritual y el corporal. En este por medio del ejercicio constante, se crean imágenes que contribuyen a la ágil disposición en favor de las acciones virtuosas. Pero que era incompleto el uno sin el otro, porque la buena disposición y el vigor eran ambos muy convenientes, tanto para el espíritu como para el cuerpo. Aportaba pruebas de que fácilmente se desembocaba de la gimnasia a la virtud 3 Para el cinismo el entrenamiento no solo se reducía a una modificación de las representaciones, sino que la ascesis es un ejercicio de afirmación de la corporalidad en su devenir; el cuidado de sí y el placer por sí mismos no son un mal, a menos que sean una forma de esclavitud de las pasiones. La virtud en el cinismo no era de ninguna manera un valor convencional como se entendía en la polis. Más que un tipo de 3 Laercio, Diógenes: Vidas de los filósofos más ilustres, Editorial Alianza, Madrid, 2007, p. 311. JONATHAN CAUDILLO LOZANO HASER. Revista Internacional de Filosofía Aplicada, nº 13, 2022, pp. 47-79 62 “idea” de corporalidad que, además de inalcanzable, opera como aparato de captura del deseo, que tiene como resultado la producción de una subjetividad permanentemente afligida porque, ante estos dispositivos de representación del cuerpo, promovidos por una especie de nomos global, siempre estará en falta. Esta crítica a la construcción de la vida a través de la imagen ideologizante, recuerda a las palabras de Guy Debord en La sociedad del espectáculo donde señala que: La ideología es la base del pensamiento de una sociedad de clases en el curso conflictual de la historia. Los hechos ideológicos no han sido jamás simples quimeras, sino la conciencia deformada de las realidades, y como tales factores reales ejerciendo a su vez una real acción deformante; con mayor razón la materialización de la ideología que entraña el éxito concreto de la producción económica autonomizada, en la forma del espectáculo, confunde prácticamente con la realidad social una ideología que ha podido rehacer todo lo real según su modelo 7 Hay cierta cercanía entre la crítica de Debord y el cinismo antiguo, si se considera que las formas de representación del cuerpo, van de la mano con las relaciones de poder de las que son resultado, de tal manera que dichas representaciones se vuelven una estrategia de sometimiento de los cuerpos, que termina por ser deseada. Este es uno de los factores que nos permite entender la vigencia del cinismo, ya que la crítica a la vergüenza producida por la importancia personal (typhos) permite entender el elemento político e histórico que atraviesa la percepción del cuerpo sobre sí mismo, el cual no ha sido superado en las formas de producción de la subjetividad en la época contemporánea, sino que de hecho ha llegado al paroxismo. 7 Debord, Guy: La sociedad del espectáculo, Archivo situacionista hispano, Madrid, 1998, pp. 161-162. TEATRALIDADES CÍNICAS, ESCENIFICACIÓN Y VIDA FILOSÓFICA HASER. Revista Internacional de Filosofía Aplicada, nº 13, 2022, pp. 47-79 63 Teatralidad como ejercicio subversivo Para el cinismo la realidad convencional es una sucesión de puestas en escena porque se dirige a mantener cierta relación entre “actores” y “espectadores”, como reparto jerarquizado del poder en el orden de lo sensible. A pesar de que, en el modo de vida cínico, se ha querido ver un carácter radicalmente individualista, se debe recordar que el bíos cínico solo tiene sentido en relación con los valores dominantes de la polis. Dicho de otra manera, la forma de vida marginal del cinismo, se juega en el “entre”, en el dentro-fuera de la polis. Liberar a los seres humanos del mal, no debe entenderse en sentido metafísico, como si hubiera una esencia del mal, sino en la singularidad del vicio moral de la forma de vida producida por los valores dominantes, que debilitan el cuerpo y alejan a los seres humanos de las leyes de la physis. En otras palabras, el mal en el cinismo, es moral no metafísico, y está emparentado con el orgullo y altanería (typhos) que hemos asociado a la importancia personal, pero también a las formas de organización jerarquizada de la polis. Los cínicos, en este sentido, se consagraban a mostrar el camino de la virtud (areté), no desde la construcción de un sistema conceptual sino desde la inmanencia de sus propios cuerpos. Si revisamos la raíz etimológica de teatro en toda su sencillez, veremos que theá refiere a la visión, y tron al lugar físico, de tal manera que teatro es el lugar de la mirada, lugar de repartición de lo visible y lo invisible, o sea, en sentido político, es la distribución de lo público y lo privado. Hasta ahora en los diversos análisis sobre el movimiento cínico, llama la atención que no se ponga suficiente atención al hecho de que el teatro es parte importante de la constelación cultural de los griegos y que, si bien el cinismo nunca hablara de sí mismo en términos de teatralidad, ya que este arte está destinado institucionalmente a la tragedia y la comedia, los sabios perrunos recurren constantemente al escándalo, la anécdota (chreia) y el gesto como una forma de expresión JONATHAN CAUDILLO LOZANO HASER. Revista Internacional de Filosofía Aplicada, nº 13, 2022, pp. 47-79 64 filosófica. Contrario a la preponderancia de la idea de la escuela platónica que ya gozaba de bastante popularidad en la época, el cínico recurre al hablar claro (parresía) y a la anécdota como una forma de escenificación que relativiza la aparente realidad inamovible de las convenciones sociales. El término “idea”, más allá de la concepción platónica, también refiere a la apariencia que en el espacio social tiene que ver con la visibilidad ante el otro, en términos, de fama y decoro. La anaídeia cínica por un lado es una renuncia a la erudición teórica, en la medida que implica un alejamiento de manera concreta de vivir pero, por otro lado, es la despreocupación por la apariencia social y las presiones que ejerce el nomos respecto a cómo debe verse el individuo ante el otro. 8 En oposición a la concepción platónica de una filosofía que dependa de un mundo fuera del mundo, y de un ejercicio de separación entre el alma y el cuerpo, la sabiduría perruna es una sabiduría de la inmanencia que más que privilegiar la enseñanza teórica, propondrá una pedagogía de la gestualidad, una apertura a otra manera posible de vivir, mediante la escenificación, como en la célebre anécdota (chreia) en donde según Laercio: “Como una vez exclamara: ¡A mí, hombres!, cuando acudieron algunos, los ahuyentó con su bastón, diciendo: ¡Clamé por hombres, no desperdicios!” 9 . independientemente de la veracidad de las anécdotas diogénicas, lo importante es la técnica de escenificar, que encontraremos frecuentemente como un modo de expresión cínica que privilegia la gestualidad, o lo que aquí se entiende como teatralidad, como una manera de performance filosófico cuya efectividad está dirigida no solamente a la reflexión teórica, sino a la sensibilidad de la audiencia. Es en este sentido que es posible decir que hay una teatralidad cínica, ya que esta forma de vida es una puesta en escena que no 8 Pajón Leyra, Ignacio: Los filósofos cínicos, Antología de textos, Editorial Tecnos, Madrid, 2019. 9 Laercio, Diógenes: Vidas de los filósofos más ilustres, p.293 TEATRALIDADES CÍNICAS, ESCENIFICACIÓN Y VIDA FILOSÓFICA HASER. Revista Internacional de Filosofía Aplicada, nº 13, 2022, pp. 47-79 65 cumpliría su labor si no fuera visible para la sociedad. Difícilmente podría equipararse al cínico con el anacoreta de la India ya que el primero no pretende alejarse definitivamente de la muchedumbre, sino más bien ser un agente desestabilizador para sí-con-los-otros. El cínico puede entenderse en cierta medida como un trickster de la filosofía, pues se encuentra en el “entre” que desestabiliza las fronteras de lo público y lo privado, y las jerarquías de lo aristócrata y lo plebeyo. Por esto es que la teatralidad cínica nada tiene que ver con la representación, sino que está más cerca de la performatividad de las vanguardias artísticas, en donde la teatralidad es una potencia que relativiza y pone en cuestión el orden jerárquico de representación, ético, político, y ontológico. En este punto hay que detenerse a profundizar un poco en las diferencias entre teatralidad y representación, así como, precisar la razón por la que el uso del concepto de teatralidad, aquí manejado como una práctica filosófica del cinismo, se acerca más a las reflexiones de las vanguardias artísticas del siglo XX que al teatro textocentrista al que solemos estar más acostumbrados. Oscar Cornago en su texto ¿Qué es la teatralidad? muestra las diferencias con la representación de la siguiente manera: Esta es la diferencia esencial entre teatralidad y representación, términos que a menudo se confunden, incluso por la crítica especializada, que tiende a sustituir el segundo por el primero, de modo que ya no se habla de representaciones, sino de teatralidades, teatralidades sociales, teatralidades políticas, teatralidades religiosas o teatralidades escénicas. La representación constituye un estado, mientras que la teatralidad es una cualidad que adquieren algunas representaciones y que se puede dar en mayor o menos medida, a diferencia de la representación, que no admite gradualidad, es decir, no se representa más o menos, se representa o no se representa. La teatralidad supone una mirada oblicua sobre la representación, de tal manera que hace visible el funcionamiento de la teatralidad. Tiene lugar, por tanto, un efecto de redoblamiento de la representación, una especie de representación de la representación; esto es, el travesti no representa el ser-mujer, este sería un estadio de JONATHAN CAUDILLO LOZANO HASER. Revista Internacional de Filosofía Aplicada, nº 13, 2022, pp. 47-79 66 representación que se encuentra de manera normal en las mujeres. Los tacones, el vestido, el maquillaje o el pelo se convierten en signos del sermujer 10 En la mirada teatral, la representación se pone en cuestión mostrando las condiciones bajo las cuales funciona, efectivamente esto no implica que la teatralidad sea privativa del teatro en su sentido tradicional, o sea, como ejercicio aislado del espacio público. Por el contrario, la teatralidad es el ejercicio crítico que reconoce las relaciones sociales, el nomos, como un reparto de representaciones, en la medida que sirven a estructuras culturales, políticas y morales que se dan por verdaderas e inmutables. El cinismo como práctica filosófica, en un ejercicio muy adelantado a su época, ya que pone en cuestión las formas de vida promovidas en la civilización teatralizándolas, en otras palabras, relativizándolas a través de la puesta en escena de otras maneras de vivir. Para concretar este ejercicio, el cínico se ubica en una zona limite, dentro-fuera, con un pie en el nomos, y el otro en la physis. El propio cínico sabe que no se encuentra del todo fuera, nunca se está absolutamente en la physis, es por esto que la ascesis será tan importante para el cinismo en el sentido anteriormente mencionado. La mirada de la teatralidad cínica es en este caso, una mirada crítica, que corre al margen del teatro institucional de la época, es un teatro filosófico que tiene matices tragicómicos y mucho de performance ya que las calles y la plaza pública son sus principales escenarios. De hecho, en este punto cabe recordar, la unión libre de Crates e Hiparquia quienes era conocidos por manifestar su amor sexual en las calles y por haberse unido en una 10 Cornago, Oscar: ¿Qué es la teatralidad?, paradigmas estéticos de la modernidad, disponible on-line en https://www.tdterror.com/uploads/1/6/1/7/16174818/que_es_teatralidad_oscar_c ornago.pdf?fbclid=IwAR1rov1Cp2NkHg3VApzGoxeexOu1dN2wHxuOmkbH4 2hcsrP2FQw4C8sQK_M TEATRALIDADES CÍNICAS, ESCENIFICACIÓN Y VIDA FILOSÓFICA HASER. Revista Internacional de Filosofía Aplicada, nº 13, 2022, pp. 47-79 67 práctica llamada canigamia, una especie de unión libre que contraria al matrimonio convencional, no pretende ejercer una relación de propiedad sobre la pareja sino construir un espacio de autarquía compartida. Las formas de teatralidad cínica muestran las condiciones de representación petrificada del nomos, que operan en diversos dominios de lo vital y parecieran inamovibles. En este punto es muy importante decir que para el cínico la teatralidad funciona en una dirección dual, como mirada crítica hacia las formas de vivir del nomos, pero también se pliega como un ejercicio sobre sí mismo. Como fue mencionado, la importancia personal (typhos) es precisamente esa imagen de aparente superioridad, o inferioridad dependiendo del caso, resultado de las costumbres y jerarquizaciones del nomos, y la vergüenza es un mecanismo sensible, no tanto racional, que opera casi como un reflejo de obediencia al nomos. Ignacio Pajón Leyra en su texto Los filósofos cínicos, muestra la función política de la vergüenza de la siguiente manera: La vergüenza es un elemento de gran importancia en los procesos conformadores de la cohesión social en lo que al comportamiento se refiere. La puesta en vergüenza de un miembro de la sociedad sirve a la misma como medio de punición por obrar de un modo que se sale del establecido en la norma. La mera posibilidad de la vergüenza pública contiene las acciones imprevisibles o aun las distintas de las habituales 11 El problema de la organización de las representaciones en el espacio político-social, implica una organización jerarquizada verticalmente del poder entre hombres libres y esclavos, hombres y mujeres, lo griego y lo bárbaro, incluso lo humano y animal, pero al mismo tiempo, cada individuo formado en esta distribución de lugares, construye la percepción de sí mismo en función de esta repartición; se construye afectivamente en función del lugar que el 11 Pajón Leyra, Ignacio: Los filósofos cínicos, Antología de textos, Editorial Tecnos, Madrid, 2019, p. 152. JONATHAN CAUDILLO LOZANO HASER. Revista Internacional de Filosofía Aplicada, nº 13, 2022, pp. 47-79 68 azar del nacimiento le imponga en esta distribución. Es por esta razón que, siguiendo con la mirada teatral, el individuo se construye una identidad personal, una máscara de acuerdo al origen etimológico del concepto de persona prósopon. Pero esta máscara se vuelve una carga, y fuente de sufrimiento, en la medida que se olvida su carácter artificial. Una máscara que se tiende a sustancializarse y se confunde con una verdad inamovible. En resumen, la existencia en el nomos limita a individuo a su realidad convencional clausurando toda otra posibilidad de estar en el mundo, reificando así a un personaje social. La poética del cínico, es mostrar precisamente que esta “identidad social” es una construcción, una apariencia (idea) que no tiene por qué determinar tiránicamente la manera de vivir. El cínico propone otra manera de estar en el mundo sin clausurar la naturaleza que habita el cuerpo, pero para poder lograr eso, se requiere un ejercicio sobre sí que implica el desmontaje del personaje social, para ello el cínico propone ejercer la desfachatez (anaídeia), ejercitar la desvergüenza, en otras palabras, estar dispuesto a vivir de una manera críticamente diferente. Pajón Leyra muestra esta práctica de la siguiente manera: La pérdida de vergüenza era considerada por los miembros de la corriente cínica como un rasgo de tal importancia para la integración en la misma, que se llevaba a cabo incluso algún tipo de “prueba de desfachatez” para admitir como discípulo al candidato a nuevo miembro del grupo. Esta prueba, tal y como se nos relata, solía consistir en un acto absurdo y ridículo llevado a cabo en público. Ponerle una correa a un arenque, un queso o un cántaro y pasearlo por el barrio del Cerámico como si fuera una mascota es el ejemplo más conocido. Este acto, que desde nuestra óptica contemporánea casi nos parece un performance dadaísta, puede resultarnos actualmente poco vergonzoso; […] Pero en el siglo IV a. c., aparece ante la polis como un loco, como alguien que ha perdido la razón 12 12 Ibid., p. 151 TEATRALIDADES CÍNICAS, ESCENIFICACIÓN Y VIDA FILOSÓFICA HASER. Revista Internacional de Filosofía Aplicada, nº 13, 2022, pp. 47-79 69 Este análisis resulta muy pertinente a efecto de nuestra reflexión ya que estos actos no son casos aislados en el movimiento cínico, de hecho, son lo suficientemente frecuentes para decir que estas anécdotas son en realidad un recurso constituyente del cinismo antiguo. En este caso, podemos ver que el cínico no puede predicar una vida que él mismo no vive, y que debe ejercer sobre sí mismo un trabajo de desmontaje del “personaje social” a través de un ejercicio que, curiosamente, se asemeja mucho a algunos de los ejercicios practicados por quienes aspiran a ser actores en algunas escuelas de teatro. Y es que el arte del actor, sobre todo en las reflexiones de teóricas del teatro del siglo XX como el caso de Jerzy Grotowski entre otros muchos, no está enfocado en el adiestramiento de capacidades que le permitan “representar” mejor a múltiples personajes, sino más bien, es un ejercicio corporal de deconstrucción de la personalidad, y de expansión de las capacidades del cuerpo. Aunque en este fragmento la alusión a la performance responde más a fines pedagógicos, no deja de ser verdad que mucho del gesto cínico, intencionadamente o no, atravesó de manera decisiva la búsqueda de Dadá que como señala Jorge Juanes en su texto Territorios del arte contemporáneo, los dadaístas se caracterizan por ser: “Antidogmáticos, ellos dicen: Dadá nunca tiene razón, lo que dice Dadá no hay que creérselo, Dadá dice lo mismo sí que no. Dadá es un movimiento abierto que no se casa con ninguna verdad consagrada.” 13 Este elemento de cuestionamiento radical a toda verdad que parezca incuestionable es una característica compartida por ambos movimientos, ya que, si bien es cierto que Dadá es un movimiento artístico, su objetivo es desbordar las potencias del arte con el fin de proponer nuevas maneras de vivir. Esta defensa de la autarquía cínica, compartida por el movimiento dadaísta, podemos 13 Juanes, Jorge: Territorios del arte contemporáneo, Editorial Ítaca, México, 2010, p. 195. JONATHAN CAUDILLO LOZANO HASER. Revista Internacional de Filosofía Aplicada, nº 13, 2022, pp. 47-79 70 leerla en uno de los manifiestos de Tristán Tzara de la siguiente manera: Así nació DADA de una necesidad de independencia, de desconfianza para la comunidad. Aquellos que nos pertenecen conservan su libertad. No reconocemos ninguna teoría. Estamos hartos de las academias cubistas y futuristas: laboratorios de ideas formales 14 Al ver estas características del movimiento dadá es muy difícil no hacer una asociación con el cinismo, y es legítimo hacerlo, ya que este movimiento filosófico al ser una actitud vital centrada en la critica a las maneras de vivir impuestas por la obediencia irreflexiva de las convenciones, será el motor de muchos movimientos de contracultura, ya sea que hagan o no referencias directas al cinismo. Por último, hay que mencionar que la llegada del cinismo a la cultura romana supuso un cambio importante en su práctica, ya que se pondrá mucha más atención al ejercicio escritural, pero no por esto el cinismo se adhirió al estilo filosófico convencional ya que la escritura de cínicos como Luciano de Samósata conserva ese toque teatral al producir diálogos satíricos que están dirigidos a la crítica de las costumbres y convenciones creando un género cómico reflexivo que se conoció como serioburlesco, aquí podemos ver un ejemplo de los diálogos de Luciano: Diógenes: — Te voy a encargar, Pólux, que en cuanto hayas vuelto a subir ahí arriba — pues te toca, creo, revivir mañana— , si ves por algún sitio a Menipo el perro —bien podrías encontrarlo en Corinto por el Cráneo o en el Liceo, burlándose de los filósofos que discuten entre sí— le digas lo siguiente: «Menipo, te invita Diógenes, por si estás ya harto de burlarte de cuanto sucede sobre la faz de la tierra, a acudir aquí para que te rías a mandíbula batiente. Que allí tu burla al fin y al cabo tiene el beneficio de la duda, y 14 Tzara, Tristán: Siete manifiestos dadá, Editorial la cucaracha ilustrada, Venezuela, 2016, p. 10. TEATRALIDADES CÍNICAS, ESCENIFICACIÓN Y VIDA FILOSÓFICA HASER. Revista Internacional de Filosofía Aplicada, nº 13, 2022, pp. 47-79 71 es muy corriente el ‘¿Quién sabe con certeza lo que hay después de la vida?’. Aquí en cambio no dejarás de reír a mandíbula batiente exactamente igual que yo ahora, máxime cuando veas a ricos y sátrapas y tiranos mondos y lirondos, reconocibles tan sólo por sus lamentos y lo fofos y descastados que están, recordando los avatares de su vida en la tierra» 15 Puede verse con toda claridad cóm este diálogo conserva el estilo incisivo y la burla a la concepción convencional de la muerte como un mal. Como anteriormente fue mencionado, la mortalidad es constitutiva del cuerpo, sin distinción de clases sociales, y por lo tanto inherente a la naturaleza. Es así que, para el cínico, no solo se debe aceptar la muerte como una manifestación de la physis, sino que además la costumbre de tenerle miedo a la muerte es motivo de carcajadas para Diógenes quien en este diálogo ríe desde el Hades. Pareciera que, en el terreno de la filosofía, el cinismo se circunscribió al ámbito de las letras, pero en realidad, el gesto cínico se expande más allá de las fronteras del academicismo y puede ser encontrado en diversas manifestaciones artísticas contemporáneas. Sería una tarea imposible abarcar todas las manifestaciones que conservan ciertos rasgos cínicos, como algunas manifestaciones del movimiento punk, pero mostraremos un caso particular en Latinoamérica que permite comprender la vigencia y potencia del gesto cínico. Un caso: Augusto Diez, el Diógenes colombiano Hay muchos ejemplos en la historia de occidente, en la filosofía y el arte, que se pueden recuperar como casos en donde encontramos la potencia de la gestualidad cínica, pero el caso de Augusto merece ser explorado precisamente por no ser suficientemente 15 De Samosata, Luciano: Diálogos de los muertos, Editorial Gredos, Barcelona, 1992, p. 15. JONATHAN CAUDILLO LOZANO HASER. Revista Internacional de Filosofía Aplicada, nº 13, 2022, pp. 47-79 78 modernidad, disponible on-line en https://www.tdterror.com/uploads/1/6/1/7/16174818/que_es_teatral idad_oscar_cornago.pdf?fbclid=IwAR1rov1Cp2NkHg3VApzGoxe exOu1dN2wHxuOmkbH42hcsrP2FQw4C8sQK_M Debord, G.: La sociedad del espectáculo, Archivo situacionista hispano, Madrid, 1998. De Samosanta, L.: Diálogos de los muertos, Editorial Gredos, Barcelona, 1992. Duch L. - Mélich J., Escenarios de la corporeidad, Editorial Trotta, Madrid, 2012. 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