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Percepciones y atribuciones causales sobre la violencia de género en León (Nicaragua)

Rivas Rivero, Esther; Bonilla Algovia,Enrique; Vázquez Cabrera, José Juan; Calleja Centenera, Carmen

Abstract

En Nicaragua –segundo país menos desarrollado de Centroamérica, número 129 en el IDH- la violencia hacia las mujeres presenta una escasa visibilidad. El trabajo analiza las circunstancias de las mujeres en situación de pobreza víctimas de violencia de género que habitan en las áreas marginales de la ciudad de León, a quienes se accedió a través de la red de apoyo e intervencióndela Comisaría de la Mujer y la Niñez. La información obtenida, además de aportar información sobre las características sociodemográficas de las víctimas, está permitiendo analizar distintas cogniciones sociales relacionadas con la violencia que padecen y algunos factores implicados en su construcción, como la existencia de violencia de género en la familia de origen

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PERCEPCIONES Y ATRIBUCIONES CAUSALES SOBRE LA VIOLENCIA DE GÉNERO EN LEÓN (NICARAGUA) Rivas, Rivero, Esther Bonilla Algovia, Enrique Vázquez Cabrera, José Juan Calleja Centenera, Carmen RESUMEN En Nicaragua –segundo país menos desarrollado de Centroamérica, número 129 en el IDHla violencia hacia las mujeres presenta una escasa visibilidad. El trabajo analiza las circunstancias de las mujeres en situación de pobreza víctimas de violencia de género que habitan en las áreas marginales de la ciudad de León, a quienes se accedió a través de la red de apoyo e intervención de la Comisaría de la Mujer y la Niñez. La información obtenida, además de aportar información sobre las características sociodemográficas de las víctimas, está permitiendo analizar distintas cogniciones sociales relacionadas con la violencia que padecen y algunos factores implicados en su construcción, como la existencia de violencia de género en la familia de origen. PALABRAS CLAVE Violencia de género, patriarcado, sexismo, atribuciones causales, transmisión intergeneracional. ABSTRACT: In Nicaraguathe second lowest developed country from Central America, 129th in the HDIviolence against women presents limited visibility. The present project analyzes the circumstances of women in poverty situations victims of gender violence that live in marginal areas from the city of León, who were accessed through the network of support and intervention of the Commissioner of Women and Children. The information obtained not only allow us to know more about the sociodemographic characteristics of the victims, but also let us analyze the social cognition of the violence they are suffering in addition to some other factors involved in construction, such as the existence of gender violence in their own families. KEYWORDS Gender violence, patriarchy, sexism, causals attributions, intergenerational transmission. INTRODUCCIÓN El uso de la expresión violencia de género “es tan reciente como el propio reconocimiento de la realidad del maltrato a las mujeres” (Maqueda Abreu, 2006, p. 1). La visibilización de este problema ha tenido que pasar por una difícil evolución durante varias décadas (Lizana, 2012). La prueba de esto es que los especialistas en materia de género no han elegido un nombre definitivo con el que referirse a esta realidad: “violencia doméstica”, “violencia contra las mujeres”, “violencia de género”, “violencia machista”, son algunos ejemplos que demuestran la necesidad imperante de tomar decisiones al respecto (López Núñez, 2013). La violencia de género es aquella que se ejerce sobre las mujeres por la propia condición de serlo. Esta definición permite avanzar en la identificación de la violencia de género y en su diferenciación con la “violencia doméstica”, la cual restringe la violencia ejercida contra las mujeres al ámbito privado. Además, da sentido a las reivindicaciones feministas que pretenden que la protección Universidad de Alcalá, [email protected] ** Universidad de Alcalá, jj.vazqu[email protected] *** Universidad de Alcalá, [email protected] 587 frente la violencia ejercida contra las mujeres se oriente de modo unilateral hacia éstas (Maqueda, 2006). Investigadores como Pérez y Montalvo (2010) consideran que quienes trabajan profesionalmente en la prevención de la violencia contra las mujeres deberían adoptar una perspectiva de género. El enfoque de género es fundamental para poder comprender las relaciones entre hombres y mujeres y facilitar la visibilidad de la violencia que ejerce el hombre a la mujer (López-Núñez, 2013). Al hablar de género se señala la importancia que tiene la cultura, para dejar claro que esta forma de violencia es una construcción social (Krug, 2002). Es significativo, por ejemplo, que la mayor parte de las declaraciones que se manifiestan interesadas por combatir la violencia de género recojan entre sus recomendaciones la de sensibilizar a la sociedad para que tome conciencia de la gravedad del problema y cambie su actitud hacia la violencia que se ejerce contra las mujeres (Maqueda, 2006). De forma general, tal y como afirma Andrés (2005), la violencia de género es ejercida en todas las sociedades, bien en el ámbito de la familia, de la comunidad, o tolerada y favorecida por los diferentes estados. Según la misma autora, el grado, la intensidad y las formas de violencia difieren de unas sociedades a otras, ya que en algunas, la violencia de género es proscrita y en otras es más tolerada en función de costumbres, creencias y mitos. Mary Ellsberg (2015, abril) estima que una de cada tres mujeres en el mundo ha sido golpeada o violada por su pareja, lo que equivale a casi 700 millones de mujeres víctimas de violencia de género. Diferentes estudios realizados por el Consejo de Europa muestran que una de cada cuatro mujeres europeas han experimentado violencia de género alguna vez en su vida (González-Sala y Gimeno, 2009). En otros países menos desarrollados esta incidencia puede multiplicarse por dos y por tres (AndrésPueyo et al., 2008). Según la Organización Mundial de la Salud (OMS, 2005), en función de la diversidad cultural y social de distintos países, el porcentaje de mujeres que han sido víctimas de violencia de género en algún momento de su vida oscila entre el 15% y el 71%, aunque la cifra más frecuente se sitúa entre el 24% y el 53%. En las zonas urbanas de los países industrializados es donde se han encontrado los porcentajes más bajos, mientras que los más elevados están en áreas rurales de países poco desarrollados (OMS, 2005). La violencia de género agrupa todas las formas de violencia que se ejercen por parte del hombre sobre la mujer en función de su rol de género (Andrés-Pueyo, et al., 2008). Según Francisca Expósito (2011), la violencia de género ha ido impregnándose de significado social, de tal forma que “de satisfacer una necesidad de supervivencia, se ha convertido en una conducta instrumental que produce desigualdad, en una relación interpersonal que mantiene una desigualdad subyacente y estructural”(Expósito, 2011, p. 20). Las raíces de la violencia de género están en la desigualdad histórica de las relaciones de poder entre el hombre y la mujer y la discriminación generalizada contra ésta en los sectores tanto público como privado. Las disparidades patriarcales de poder, las normas culturales discriminatorias y las desigualdades económicas se han utilizado para negar los derechos humanos de la mujer y perpetuar la violencia de género (Naciones Unidas, 2006). La mayor parte de la literatura que analiza la violencia de género lo hace desde la perspectiva del patriarcado (Alberdi y Matas, 2010), concepto que acompaña desde el principio a las ciencias sociales (Talego, Del Corral y Sabuco, 2012). Los mismos autores consideran que, como producto de la socialización, los varones aprenden a ser violentos e imperativos mientras las mujeres son enseñadas en la mansedumbre y la sumisión. Por lo tanto, el dominio patriarcal supone un contexto idóneo para que la violencia que ejercen hombres contra las mujeres sea una constante, aunque no la única posibilidad relacional (Talego et al., 2012). Además, algunos estudios sustentan la utilidad de la teoría del aprendizaje social para comprender la transmisión intergeneracional de la violencia, evidenciando que el uso de la violencia para resolver conflictos en la familia de origen se convierte en un factor de riesgo para la víctima (Anacona, 2008). 588 Según Lizana (2012), en las víctimas de violencia de género puede aparecer un mecanismo de defensa que considere que la mejor forma de hacer frente a la violencia sea tolerándola, viviendo la situación desde la impotencia. No obstante, en opinión de Caesar (1988), la observación de violencia de los padres no guarda una correlación consistente con la victimización de adultos. Algunos autores afirman que el porcentaje de casos en los que las mujeres maltratadas refieren experiencias previas de malos tratos en su familia de origen no supera el 20%-25% (Echeburúa, Fernández-Montalvo y Corral, 2008; Labrador, Fernández-Velasco y Rincón, 2010). El sexismo se encuentra muy relacionado con lo expuesto anteriormente. Según Expósito et al. (1998), se puede hablar de la existencia de un viejo y un nuevo sexismo. El primero, también denominado sexismo tradicional, sería la actitud discriminatoria basada en la supuesta inferioridad de la mujer. El patriarcado, o poder estructural masculino, es la variable que en mayor medida incide en el viejo sexismo (Glick y Fiske, 2001). Además del sexismo tradicional, según Glick y Fiske (1996), existen nuevas formas de sexismo o neosexismo. El sexismo ambivalente consiste en la coexistencia de sentimientos positivos y antipatía sexista hacia las mujeres; es decir, integra el sexismo benévolo y el sexismo hostil. El sexismo benévolo es definido como el conjunto de actitudes hacia las mujeres que las limitan a desempeñar roles específicos. Puede incluir castigos y recompensas que permiten mantener la subordinación de la mujer (Lameiras y Rodríguez, 2003). Según Vázquez (2012), el sexismo benévolo resulta problemático porque apoya el sistema sexista y las evaluaciones positivas se dirigen a aquellas mujeres que aceptan roles femeninos convencionales. A lo anterior habría que añadir que “las creencias de las propias mujeres pueden favorecer la aceptación de actos sexistas, especialmente cuando las acciones discriminatorias se justifican por motivos aparentemente benévolos y ocurren en el ámbito de las relaciones íntimas” (Vázquez, 2012, p. 23). Por lo tanto, el sexismo benévolo permitiría ocultar la hostilidad de algunos hombres (dado el tono afectivo, aparentemente positivo) y hacer invisible la subordinación social a la que se somete a la mujer (Cárdenas, Lay, González, Calderón y Alegría, 2010). Otro aspecto relevante en el estudio de la violencia de género se encuentra en los procesos de atribución causal. Los psicólogos sociales se han dedicado durante décadas al estudio de los procesos de atribución proporcionando importantes hallazgos (Baron y Byrne, 2006; Vázquez y Panadero, 2009; Vázquez, Panadero y Zúñiga, en prensa). Según Morales y Huici (2000), los procesos de atribución han sido considerados como el procesamiento de la información con el que se establecen relaciones de causa-efecto. Para otros autores la atribución de causalidad se define como la explicación de las causas de los acontecimientos que ayudan a predecir la conducta (Gómez, Gaviria y Fernández, 2006). Según Condor y Antaki (2000), la atribución causal es el proceso encargado de clasificar las explicaciones sobre los hechos a los que se enfrentan las personas, es decir, una vez se tiene información del hecho, se establece (racionalmente) cuál es la causa más probable para explicarlo. Los mismos autores afirman que los procesos mentales de esta clase están siempre en funcionamiento para poder comprender el mundo y responder a éste de forma adecuada; lo organizan y lo hacen manejable. La atribución sucede en todos los niveles de análisis de la realidad y está influida por la información y la interacción social; tiene que ver con las personas y las consecuencias sociales, siendo compartida por los miembros de un grupo o sociedad (Gómez et al., 2006). Según Baucom, Epstein, Sayers y Sher (1989), las personas desarrollan una serie de cogniciones respecto a sus relaciones de pareja. Dentro de estas cogniciones se encuentran las atribuciones o explicaciones que realiza el individuo de los comportamientos de su pareja o sucesos que ocurren en la relación (Ripoll-Núñez, 2011). Las atribuciones o explicaciones que se asocian al por qué ocurren los conflictos de pareja están muy vinculadas a las relaciones interpersonales, sobre todo a las conductas de las personas implicadas y a la satisfacción que la relación produce 589 (Moya y Expósito, 2007). Peterson y Seligman (1981) desarrollaron un planteamiento multidimensional de la causalidad percibida ante los conflictos de la pareja en función de tres aspectos: la ubicación de la causa (interna o externa a la persona); la estabilidad de la causa (estable o inestable) y la especificidad de la causa (global -repercute en múltiples situacioneso específica -repercute en una situación concreta-). Algunos autores han afirmado que existen diferencias entre los hombres y las mujeres en las atribuciones realizadas sobre el conflicto: son más situacionales o externas hacia los hombres, mientras que las atribuciones hacia las mujeres suelen ser más disposicionales o internas (Johnson, Adams, Hall y Ashburn, 1997). El trabajo de Lozano, Castro y Moreno (2008) muestra la aplicación de las tres dimensiones planteadas por Peterson y Seligman (1981) en una muestra de 150 mujeres colombianas víctimas de violencia de género. Respecto a la dimensión interna, más del 75% de las víctimas no atribuyeron el maltrato recibido a su propio comportamiento y señalan al agresor como el principal culpable del hecho. En cuanto a la dimensión estable-inestable, alrededor del 68% de las mujeres respondieron afirmativamente a la pregunta “si su pareja la volviera a maltratar será porque él considera que a las mujeres se les debe maltratar”. Finalmente, en la dimensión globalespecífica, el 62,7% de las mujeres hizo atribuciones globales ante la atribución “su pareja la maltrata porque él es celoso sin que usted le dé motivos”. Sin embargo, Lozano et al. (2008) señalan que, en ocasiones, las mujeres se culpan a sí mismas, exagerando su responsabilidad en la violencia de género que padecen o atribuyendo la responsabilidad de dicha violencia a las circunstancias, ya que culpar al agresor no les permitiría justificar por qué mantienen la relación. Para De Miguel (2003), se han confundido las causas de la violencia de género con los factores asociados a la misma y, según las explicaciones sociológicas y feministas, se han resaltado dos causas: el proceso diferencial en la socialización entre sexos y las relaciones entre los géneros como relaciones de subordinación, de modo que, cuando las mujeres no responden a las expectativas de sumisión, surge la violencia como forma de restablecer el dominio de los hombres sobre las mujeres (De Miguel, 2003). La Comisión Europea (1999), en una encuesta realizada a 16.179 participantes de ambos sexos en los 15 estados miembros de la Unión Europea (1.000 de las cuales se realizaron en España), reportó las siguientes atribuciones causales de la violencia de género: Tabla 1.Principales atribuciones causales de la violencia de género entre los europeos. Causas Porcentaje Alcoholismo 96,2 Adicción a las drogas 93,7 Desempleo 78,5 Pobreza y exclusión 74,6 Haber sido víctima de malos tratos 73,2 Estar genéticamente predispuesto al comportamiento violento 64,2 Comportamiento provocador por parte de las mujeres 64,1 El modo en que los hombres ven a las mujeres 63,9 El modo en el que el poder está distribuido entre sexos 59 El bajo nivel educativo 57,1 Los medios de comunicación 48,6 Creencias religiosas 47 590 Fuente: Comisión Europea (1999). Como se muestra en la Tabla 1, el alcohol encabeza las causas atribuidas a los malos tratos por parte de la opinión pública europea, aunque este tipo de explicaciones ha sido cuestionadas desde la perspectiva feminista y los estudios de género (De Miguel, 2003). La misma autora afirma que la violencia de género no es una realidad nueva, si bien es relativamente reciente el significado social que se le ha llegado a atribuir. En Nicaragua, contexto general en el que se desarrolla el presente trabajo, una de cada tres mujeres ha experimentado violencia física o sexual en su vida, y desde el año 2005 se da un aumento progresivo de femicidios (DÁngelo y Molina, 2010). Según el PNUD (2013), los datos registrados desde el 2006 al 2007 indican que el 15% de las mujeres nicaragüenses habían sufrido algún tipo de violencia de género, siendo en el 13% de los casos la pareja quien había perpetrado dicho maltrato. En cuanto a la frecuencia, el 29,3% había sufrido violencia física o sexual alguna vez en su vida y el 47,8% había padecido abuso emocional alguna vez en su vida. La Encuesta Nacional de Demografía y Salud (ENDESA, 2010) reporta que el tipo de violencia que mayor peso tiene entre las mujeres que han sufrido violencia durante su vida por parte de un esposo, compañero, ex-esposo y ex-compañero, es la violencia psicológica (48%), seguida de la violencia física (27%) y, en tercer lugar, la violencia sexual (13%). Los diferentes tipos de violencias hacia la mujer son superiores en el área urbana de la región del Pacífico. Según el INIDE (2015), en los datos registrados en el año 2011, en Nicaragua hubo un total de 34.409 víctimas de violencia de género y sexual, de las cuales, 30.746 fueron mujeres. El trabajo se desarrolló en la ciudad de León, segunda ciudad en importancia del país después de la capital, tiene una población aproximada de 185,000 habitantes. Se estima que más de la mitad de los habitantes de esta ciudad vive por debajo del umbral de la pobreza, existiendo importantes bolsas de población viviendo en situación de extrema pobreza (Vázquez, 2013; 2016) que se transmite a través de las distintas generaciones (Vázquez y Panadero, 2016) MÉTODO En la investigación participaron 136 mujeres en situación de pobreza víctimas de violencia de género de León (Nicaragua), un colectivo de difícil acceso que vive sometido a un conjunto especialmente grave de situaciones estresantes (Guillén, Panadero, Rivas y Vázquez, 2015; Vázquez, Panadero y Rivas, 2015). El criterio de inclusión de la muestra fue ser mujer, encontrarse en situación de pobreza y haber padecido violencia de su cónyuge o pareja. El acceso a las entrevistadas se realizó gracias al apoyo prestado por diferentes asociaciones e instituciones públicas que trabajan con mujeres en situación de pobreza en León, entre los que destaca la Comisaría de la Mujer y la Niñez de la Policía Nacional Nicaragüense. Las entrevistadas, con una media de edad de 31.67 años (DT=8.921), tenían de media 2.23 hijos (DT=1.655). Comenzaron a vivir con la pareja de la que sufrieron las agresiones a los 19.91 años (DT=4.929) y llevaban conviviendo –o habían convividocon su agresor una media de 9.16 años (DT=6.789). RESULTADOS A continuación se muestran las características principales de las víctimas de violencia de género entrevistadas de León (Nicaragua). 591 Tabla 2. Características de las mujeres en situación de pobreza víctimas de violencia de género entrevistadas en León (Nicaragua). Características n Porcentaje Estado civil Soltera 27 28.4% Casada 26 27.4% Unión de hecho estable 21 22.1% Separada 17 17.9% Divorciada 4 4.2% Nivel de escolaridad Sin estudios 3 3.5% Educación básica-primaria 62 65.3% Educación media –secundaria 14 14.8% Técnica superior 7 7.4% Universitaria incompleta 9 9.5% Universitaria completa 5 5.3% Situación laboral Parada 14 14.7% Ama de casa 23 24.2% Trabajadora ocasional 24 25.3% Trabajadora estable dependiente 21 22.1% Trabajadora estable independiente 13 13.7% Empresaria / microempresaria 1 1.1% Convive con su pareja (agresor) 33 34.7% Persona principal que aporta ingresos en el hogar Entrevistada 26 28.3% Cónyuge o pareja 33 35.9% 592 Padre 15 16.3% Madre 7 7.6% Familiares 11 11.9% Nivel de ingresos aproximados de la casa Menos de 25 dólares a la semana 17 20.5% De 25 a 50 dólares a la semana 28 33.7% De 50 a 100 dólares a la semana 20 24.1% Más de 100 dólares a la semana 18 21.7% Nivel de ingresos aproximados de la entrevistada No tiene ingresos propios 33 35.1% Menos de 25 dólares a la semana 30 31.9% De 25 a 50 dólares a la semana 19 20.2% De 50 a 100 dólares a la semana 10 10.6% Más de 100 dólares a la semana 2 2.1% Fuente: elaboración propia. Como se observa en la Tabla 2, cerca de la mitad (49.5%) de las mujeres en situación de pobreza víctimas de violencia de género entrevistadas convivían en pareja, mientras una de cada cinco (22,1%) se encontraba separada o divorciada. La mayoría de las entrevistadas no tenían estudios superiores a la educación primaria y en un elevado porcentaje carecían de ingresos propios, si bien en su mayoría (62.2%) desempeñaban alguna actividad de la que obtenían unos ingresos que en un bajo porcentaje superaba los 50 dólares semanales. Un tercio de las mujeres entrevistadas convivía con su agresor, que en estos casos tendía a ser el principal aportador de ingresos al hogar. En la Tabla 3 se recoge información relativa al nivel de acuerdo de las mujeres entrevistadas sobre diferentes afirmaciones relativas a la pareja y el papel que cada uno de los miembros de la misma debe jugar en la misma. Tabla 3. Acuerdo sobre diferentes afirmaciones relativas a la pareja entre las mujeres en situación de pobreza víctimas de violencia de género en León (Nicaragua). De acuerdo Desacuerdo n %n% El hombre debe responsabilizarse de los gastos de la familia 121 90,3% 13 9,7% 593 La mujer, por naturaleza, sabe cuidar mejor a los hijos 118 90,1% 13 9,9% La mujer es la principal responsable de la casa 108 80,6% 26 19,4% Los hombres y las mujeres tienen la misma libertad para actuar y tomar decisiones 78 58,2% 56 41,8% El amor de una mujer puede hacer que el hombre cambie muchas cosas 68 52,3% 62 47,7% Una tarea importante de la mujer es “educar” al hombre y hacer que sea mejor 57 44,2% 72 55,8% No está bien que las mujeres salgan solas con otras mujeres a pasear, tomar algo… 42 31,6% 91 68,4% Una buena esposa debe obedecer a su esposo 36 29,0% 88 71,0% Es obligación de la mujer tener relaciones sexuales con su esposo aunque ella no quiera en ese momento 6 4,4% 129 95,6% Fuente: elaboración propia. Como se observa en la Tabla 3, la gran mayoría de las mujeres entrevistadas consideran que “el hombre debe responsabilizarse de las gastos de la familia” y que “la mujer por naturaleza sabe cuidar mejor a los hijos”. En torno a la mitad de las mujeres se muestra de acuerdo con que “el amor de una mujer puede hacer que el hombre cambie muchas cosas”. También resulta significativo que la mitad de las entrevistadas afirmen que “un tarea importante de la mujer es educar al hombre y hacer que sea mejor”. En la misma proporción, las mujeres de la muestra entienden que “no está bien que las mujeres salgan solas con otras mujeres a pasear o tomar algo”. Una de cada tres entrevistadas considera que “una buena esposa debe obedecer a su esposo”. Muy pocas mujeres se muestran de acuerdo con que “es obligación de la mujer tener relaciones sexuales con su esposo, aunque ella no quiera en ese momento”. La Tabla 4 recoge información sobre las principales causas por las que las mujeres entrevistadas atribuyen el maltrato recibido por parte de sus parejas y sobre diferentes causas que en opinión de las entrevistadas pueden influir en la conducta de maltrato de su pareja. Tabla 4. Atribuciones causales sobre por qué fueron maltratadas las mujeres en situación de pobreza víctimas de violencia de género en León (Nicaragua). ¿Crees que las siguientes cuestiones pueden haber influido en el hecho de que tu pareja te maltrate / maltratara? n Porcentaje El carácter de él 126 93,3% Porque estaba enfermo 32 24,4% Educación machista que ha recibido él 115 87,8% 594 El consumo de alcohol 105 77,8% La falta de trabajo, dinero 73 54,9% Porque le han pegado a él cuando era niño 42 42,9% El consumo de drogas 39 32,2% Porque ha visto que su padre pegaba a su madre y el hacía lo mismo 37 35,6% Porque no se comportaba como él esperaba que lo hiciera 94 70,1% Porque no le hacía el caso que él quería que le hiciera 87 64,9% Porque le dejé maltratarme, si pudieran todos lo harían 59 45,7% Porque usted salía mucho 36 27,1% Porque usted le engañó con otra persona 9 6,8% Porque usted le ponía nervioso 5 3,8% Fuente: elaboración propia. Entre las razones más importantes que las mujeres atribuyen a la violencia que ejercen contra ellas se encuentra el carácter de él (93,3%). Otra de las razones que impera en el estudio es la educación machista que ha recibido (87,8%) y el consumo de alcohol con un porcentaje del 77,7%. En la misma línea, vinculado a la percepción patriarcal de las mujeres se encuentran respuestas como “no me comportaba como él esperaba que lo hiciera” (70,1%),“no le hacía suficiente caso” 64,9%) y “yo salía mucho” (27,1%). También se observa la casuística “ha visto que su padre pegaba a su madre y él hacía los mismo” (35,6%) o “le han pegado a él cuando era niño” (42,9%). La Tabla 5 recoge información sobre las principales razones por las que, con carácter general, las mujeres entrevistadas consideran que los hombres maltratan a las mujeres. Tabla 5. Atribuciones sobre las causas del maltrato entre las mujeres en situación de pobreza víctimas de violencia de género en León (Nicaragua). En general ¿Cuál cree que es la principal razón por la que los hombres maltratan a las mujeres? n Porcentaje Educación machista que ha recibido 41 31,1% Porque está enfermo 17 12,9% El consumo de alcohol 13 9,8% 595 Vázquez, J.J., Panadero, S. y Zúñiga, C. (en prensa): “Actors, observers, and causal attributions of homelessness: Differences in attribution for the causes of homelessness among domiciled and homeless people in Madrid”, American Journal of Orthopsychiatry. 602 ÍNDICE