Las cartas cifradas en lengua francesa de Manuel Filiberto de Saboya a Simon Renard (1556)
Abstract
En este estudio nos centraremos en ocho documentos cifrados, enviados por Felipe II y Manuel Filiberto de Saboya, gobernador de los Países-Bajos, al embajador residente en Francia, Simon Renard, entre junio y noviembre de 1556. Desvelaremos la cifra que fue utilizada en esas cartas para codificar la lengua francesa y garantizar la confidencialidad del mensaje. El uso del cifrado era fundamental en ese momento en el que reinaba una gran desconfianza entre el reino de Francia y el de Felipe II tras la tregua de Vaucelles. Las cartas cifradas reflejan la tensión creciente entre ambos países, que conduciría a la reanudación de los enfrentamientos.
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137 Estudios Románicos, Volumen 34, 2025, pp. 137-157 ISSN: 0210-4911 eISSN: 1989-614X DOI: https://doi.org/ 10.6018/ER.613581 LAS CARTAS CIFRADAS EN LENGUA FRANCESA DE MANUEL FILIBERTO DE SABOYA A SIMON RENARD (1556) (The Encrypted Letters of Emmanuel Philibert, Duke of Savoy, to Simon Renard, 1556)* Eva Pich-Ponce ** Universidad de Sevilla Abstract: In this study we will focus on eight encrypted documents sent by Philip II and Emmanuel Philibert, duke of Savoy and governor of the Low Countries, to the ambassador in France, Simon Renard, between June and November 1556. We will reveal the cipher that was used in these letters to encode the French language and guarantee the confidentiality of the message. The use of cipher was essential at a time when there was great mistrust between the kingdom of France and that of Philip II after the truce of Vaucelles. The encrypted documents reflect the growing tension between the two countries, which was to lead to renewed confrontation. Keywords: Cipher, Encrypted letters, Philip II, Simon Renard, Vaucelles, 1556 Resumen: En este estudio nos centraremos en ocho documentos cifrados, enviados por Felipe II y Manuel Filiberto de Saboya, gobernador de los Países-Bajos, al embajador residente en Francia, Simon Renard, entre junio y noviembre de 1556. Desvelaremos la cifra que fue utilizada en esas cartas para codificar la lengua francesa y garantizar la confidencialidad del mensaje. El uso del cifrado era fundamental en ese momento en el que reinaba una gran desconfianza entre el reino de Francia y el de Felipe II tras la tregua de Vaucelles. Las * Este estudio se ha realizado gracias al proyecto de investigación “Los códigos lingüísticos secretos de las mujeres de la Casa de Austria (1500-1567)” (Proyectos de Generación del Conocimiento 2021, PID2021-126189NB-I00, IP Júlia Benavent Benavent y María José Bertomeu). ** Dirección para correspondencia: Eva Pich-Ponce. Departamento de Filología Francesa. Facultad de Filología. Universidad de Sevilla. C/Palos de la Frontera s/n. 41004 Sevilla ([email protected]).
138 Eva Pich-Ponce / Universidad de Sevilla Estudios Románicos, Volumen 34, 2025, pp. 137-157 cartas cifradas reflejan la tensión creciente entre ambos países, que conduciría a la reanudación de los enfrentamientos. Palabras clave: Cifra, Cartas cifradas, Felipe II, Simon Renard, Vaucelles, 1556 1. Introducción Durante el siglo XVI la utilización de lenguajes cifrados se convirtió en una práctica recurrente que se vio favorecida por la importancia de las comunicaciones diplomáticas. Se crearon toda una serie de sistemas de cifrado que permitían codificar el mensaje para que el contenido no fuera interceptado. Según Javier Marcos Rivas: “La época moderna fue, sin duda, una auténtica ‘Edad de Oro de la criptografía’ […] se convirtió en un saber muy extendido en las cortes europeas, como conocimiento necesario para la correspondencia diplomática e incluso como entretenimiento” (Marcos Rivas, 2014, p. 4). Como explica Roberto Narváez, “políticamente, la criptología se convirtió en un instrumento de comunicación a tal grado vital para los Estados europeos, que la mayoría de las cortes instauraron secretarías donde criptógrafos y criptoanalistas laboraban tiempo completo sobre cada despacho interceptado” (Narváez, 2007, p. 38). Los embajadores recibían frecuentemente sus instrucciones en forma de cartas cifradas, por lo que debían tener a su lado un secretario de cifras que se encargaba de descodificar los mensajes que llegaban y de cifrar los que se enviaban. A pesar de la importancia de los lenguajes cifrados, estos no se han estudiado en profundidad y todavía hoy en día se ignora el contenido de muchas cartas cifradas que se conservan en las bibliotecas europeas. En 1950, Jérôme Devos publicó el volumen Les chiffres de Philippe II, en el que desvelaba algunos de los códigos que se utilizaron en los documentos del fondo de la Secretaría de Estado del Archivo General de Simancas y que comprenden el período de 1556 a 1618. En cuanto a los estudios de las cifras utilizadas antes de esa fecha, conviene señalar la relevancia de los trabajos de Júlia Benavent y María José Bertomeu1, así como las tesis de Olga Kolosova, El Lenguaje secreto de la diplomacia de Carlos V (15211527), de 2017, y de Wanruo Luo, El Lenguaje cifrado de Isabel de Portugal (1530-1539), de 2021, ambas dirigidas por la Dra. Benavent. El objetivo del presente estudio es desvelar el código utilizado tanto por Felipe II como por Manuel Filiberto de Saboya, gobernador de los Países-Bajos, en las cartas cifradas escritas en francés y dirigidas en 1556 a Simon Renard, embajador en Francia. Hemos localizado ocho documentos en los que se utilizó este código2: una carta firmada por Felipe II, siete por 1 María José Bertomeu, en su obra La guerra secreta de Carlos V contra el papa (2009), describe algunos códigos secretos utilizados por Ferrante Gonzaga, Diego Hurtado de Mendoza y otras figuras históricas del entorno de Carlos V. Benavent y Bertomeu también han publicado el estudio “El sistema de espionaje italiano del cardenal Gravela” (2010). Asimismo, Benavent ha publicado los artículos “Espionaje interno en el siglo XVI. Simon Renard y Etiénne Quiclet” (2012), “Las cartas cifradas en la correspondencia de las mujeres de la Casa de Austria” (2017), y Bertomeu “Las cifras españolas del siglo XV” (2012). 2 Se trata de una investigación que sigue en curso, por lo que esperamos poder localizar más cartas en otros fondos europeos.
139 Las cartas cifradas en lengua francesa de Manuel Filiberto de Saboya a Simon Renard (1556) Estudios Románicos, Volumen 34, 2025, pp. 137-157 Manuel Filiberto de Saboya, y un fragmento de una carta que no dispone de firma. Los documentos originales se conservan en los manuscritos 72, 74 y 75 de la colección Granvela de la Bibliothèque municipale de Besançon, y (a excepción del fragmento sin firmar) fueron editados por Charles Weiss en el volumen IV de sus Papiers d’état du cardinal de Granvelle. Sin embargo, en esta obra decimonónica, no se avisa a los/las lectores/as de que esos documentos están cifrados. Encontramos únicamente algunas notas a pie de página que indican: “mot en chiffres”. Estas notas se utilizan para justificar algunas de las lagunas de la edición. En efecto, el historiador francés realizó la transcripción a partir del claro que las cartas presentan en el margen de los folios: cuando en este se había omitido el descifrado de alguna palabra cifrada (cuyo contenido no se había conseguido averiguar), la omisión aparece también en el texto de Weiss, señalada con la nota a pie de página. Por otra parte, en los Papiers d’état tampoco se presenta el texto completo de las cartas, sino solamente aquella información considerada de interés. Por ese motivo, en la edición de algunas de las misivas encontramos puntos suspensivos y la aclaración siguiente: “d’autres particularités sans intérêt”. Antes de centrarnos en el contenido de los documentos y en la descripción del lenguaje cifrado, recordaremos brevemente el contexto histórico en el que se utilizó, con el fin de destacar las razones que empujaron a los autores a codificar sus mensajes. 2. Contexto histórico Tras la abdicación de Carlos V a finales de 1555 y comienzos de 1556, Felipe II heredó la mayor parte de los reinos patrimoniales, pero también las deudas y rivalidades que habían caracterizado el reinado de su padre. Como señala Antonio Rumeu de Armas: Felipe II hereda de su padre todo: los reinos, los ideales de unidad y defensa de la Cristiandad, el sentido conservador del imperio, la rivalidad con Francia, la ininterrumpida expansión americana, la consolidación […] de las nuevas estructuras políticas, y hasta, si se quiere, las deudas y crisis financieras y económicas provocadas por la dirección política del orbe (Rumeu de Armas, 2003, p. 155). Nombró a Manuel Filiberto de Saboya gobernador general de los Países Bajos, tras la renuncia de María de Hungría. Manuel Filiberto de Saboya era hijo de Carlos III, duque de Saboya, y de Beatriz de Portugal (prima y cuñada de Carlos V). En los años anteriores, Manuel Filiberto había tenido una importancia creciente en la corte imperial. Había profundizado su relación de familiaridad con las hermanas del emperador, María de Hungría y Leonor, y el propio Carlos V “lo quiso junto a sí cada vez con más frecuencia, hasta el punto de que todos aquellos que deseaban obtener algún favor especial del soberano buscaban cada vez más los buenos oficios de Manuel Filiberto” (Merlin, 2008, p. 55). En 1551, acompañó a Felipe a España, donde la amistad entre los dos jóvenes se fue incrementando (Merlin, 2008, p. 62). En 1552, sirvió en Piamonte a las órdenes de Ferrante Gonzaga en la guerra contra Francia y, más tarde, durante el asedio de Metz, participó activamente en las operaciones bélicas. El 27 de junio de 1553, se convirtió en el comandante supremo del ejército (Merlin, 2008, p. 67).
140 Eva Pich-Ponce / Universidad de Sevilla Estudios Románicos, Volumen 34, 2025, pp. 137-157 El nombramiento de Manuel Filiberto de Saboya como gobernador general de los Países Bajos estaba ya decidido a principios de octubre de 1555, como atestigua él mismo en su diario, pero sólo tuvo carácter oficial tras la abdicación del emperador y la dimisión de María de Hungría, que tuvieron lugar el 25 de octubre ante la asamblea general de los Estados flamencos (Merlin, 2008, pp. 92-93). Manuel Filiberto ocupó un lugar importantísimo en la política de Felipe II. Como explica Merlin, Durante casi un lustro, entre 1555 y 1559, Manuel Filiberto fue uno de los personajes más eminentes de gobierno de los Países Bajos, y la historiografía europea más reciente también ha subrayado su importancia en el seno del sistema político español. En su calidad de comandante en jefe del ejército, Manuel Filiberto dirigió cuatro campañas en Flandes: dos a las órdenes de Carlos V, en 1553 y 1554, y otras dos bajo su sucesor Felipe II, en 1557 y 1558 (2008, pp. 68-69). Una de las primeras cosas que tuvo que hacer Felipe II tras la abdicación de su padre fue ratificar la Tregua de Vaucelles con el rey de Francia, Enrique II. El tratado se había firmado el 5 de febrero de 1556 en la abadía de Vaucelles entre Enrique II y Carlos V y fue el resultado de toda una serie de negociaciones llevadas a cabo entre 1555 y febrero de 1556. Simon Renard, que había estado durante los años anteriores en Inglaterra encargándose de la negociación de la boda entre Felipe y María Tudor, fue enviado como embajador a Francia y participó en las negociaciones de la tregua de Vaucelles. Este acuerdo “preveía la interrupción de las operaciones militares por un plazo mínimo de cinco años, manteniendo el statu quo determinado por el desarrollo de la guerra hasta aquel momento” (Cabot, 1997, p. 51). Todo el mundo no vio con buenos ojos dicha tregua. Como explica Júlia Benavent: “La reina María de Hungría se enfadó con el resultado de las conclusiones porque consideró que las negociaciones de Simon Renard se habían llevado mal, de forma demasiado precipitada, lo que fue causa de un cierto malestar” (Benavent, 2012, p. 186). Esta tregua no puso fin a las rivalidades y tensiones existentes entre Francia y España. Según Van Durme, en ambos bandos había partidarios de una paz más general y partidarios de la continuación de la guerra: El obispo de Arrás, en Bruselas, y el duque de Alba, en Italia, preconizaban una política enérgica respecto a Francia; Ruy Gómez de Silva y Simón Renard se esforzaban por conseguir la paz con Enrique II. En París y en Roma – ya que el papa era aliado del rey de Francia – el cardenal de Lorena, los Guisa y el cardenal Carafa eran partidarios de la guerra, mientras que el condestable de Montmorency y algunos otros ministros intentaban llegar a un mejor entendimiento con España. Como el partido pacifista llevaba la batuta en la corte de Felipe II, se comprende por qué Simon Renard y sus colegas se dedicaban a influir favorablemente sobre el condestable, mientras Ruy Gómez y el duque de Saboya negociaban con el embajador francés Bassefontaine (Van Durme, 1957, p. 210). Además de Francia, Felipe II tuvo otro enemigo que intentó por todos los medios reavivar el conflicto: el papa Pablo IV. El papa pertenecía a una familia napolitana muy influyente que aborrecía la presencia española en la península itálica. Pablo IV quería privar a Felipe
141 Las cartas cifradas en lengua francesa de Manuel Filiberto de Saboya a Simon Renard (1556) Estudios Románicos, Volumen 34, 2025, pp. 137-157 II de sus posesiones en Italia y, principalmente, del reino de Nápoles, y acabar con la hegemonía de los Habsburgo en Europa. Fue el propio papa el que, junto a su legado, Carlo Carafa, intentó avivar el conflicto, aliándose con el rey de Francia y llegando incluso a prometer a los franceses la soberanía del reino de Nápoles. Animó a Enrique II a acabar con la tregua de Vaucelles. Simon Renard fue el primero en dar la voz de alarma. Según Renard, el condestable Montmorency intentaba que el rey de Francia mantuviera la paz, pero el cardenal Carafa, enviado por el papa a París como embajador de la Santa Sede, conspiraba con el fin de romper la tregua. Este consiguió hacer numerosos adeptos, entre los que se encontraban el duque de Guisa y el cardenal de Lorena. Según Van Durme, “todo el mundo estaba convencido de que Francia no se tomaba la tregua en serio y de que la guerra estallaría en todos los frentes” (Van Durme, 1957, p. 204). Alertado de las maquinaciones del papa y de la preparación de tropas que iban desde el país francés hacia Italia, Felipe II prefirió adelantarse al enemigo e invadir en septiembre los Estados Pontificios con un ejército dirigido por el duque de Alba, que era virrey de Nápoles y gobernador de Milán. En octubre de 1556, Enrique II decidió, de manera oficial, ayudar militarmente al papa y envió a Italia un ejército conducido por el duque de Guisa. De esta forma, se rompía la tregua de Vaucelles. La guerra tuvo un doble escenario, en Italia y en el norte de Francia. En enero de 1557, Francia había reiniciado los enfrentamientos obteniendo victorias en Douai y conquistando Lens. Felipe II reunió un poderoso ejército, al mando de Manuel Filiberto de Saboya, que invadió el territorio francés. Como explica Merlin, Manuel Filiberto “dejó a un lado las cuestiones administrativas y se puso al frente de las tropas” (2008, p. 102). Había sido nombrado de nuevo general del ejército y realizó un ataque sorpresa en San Quintín el 10 de agosto de 1557 con el que consiguió no sólo aprovisionar la plaza, sino también conquistar varias ciudades de Picardía y capturar numerosos prisioneros (Haan, 2016). Enrique II había enviado el grueso de su fuerza militar a Italia y Manuel Filiberto aprovechó estas circunstancias: El duque aprovechó que podía contar con un ejército más poderoso que el francés para dar un golpe decisivo, atacando la plaza fuerte de San Quintín, situada a orillas del Somme y pieza clave de las defensas francesas en Picardía. La correspondencia entre Manuel Filiberto y Felipe II demuestra que la campaña fue preparada por los dos príncipes de común acuerdo […] La batalla de San Quintín constituyó un hecho de armas de enorme importancia y consagró a Manuel Filiberto como uno de los mayores jefes militares de su tiempo (Merlin, 2008, p. 103-104). El duque de Guisa, que lideraba las tropas francesas en Italia, fue llamado a volver lo antes posible a Francia para defender su propio país. El duque de Alba entró entonces en Roma sin oposición y el papa no tuvo más remedio que deponer las armas en septiembre de 1557. La guerra con los franceses continuaría en otros frentes y estos conseguirían tomar Calais y Thionville en 1558. La derrota francesa en Gravelinas en 1558 fue determinante para que estos aceptaran finalmente firmar el tratado de paz de Cateau-Cambrésis el 3 de abril de 1559.
142 Eva Pich-Ponce / Universidad de Sevilla Estudios Románicos, Volumen 34, 2025, pp. 137-157 3. El contenido de las cartas cifradas Las cartas cifradas sobre las que nos vamos a centrar en el presente estudio fueron escritas entre junio y noviembre de 1556. Fueron redactadas, por lo tanto, en un momento en el que la tensión entre Francia y España iba en aumento y en el que se sospechaba ya que la tregua de Vaucelles no se iba a respetar. Según Javier Marcos Rivas: La organización de los servicios criptográficos de Felipe II seguía, como es lógico, el mismo orden jerárquico que el resto del aparato de espionaje. Las decisiones sobre qué cifra utilizar y cómo hacerlo la tomaba la cúpula de los servicios secretos, es decir, el propio rey y el secretario de Estado. Existen pruebas documentales de que Felipe II llegó a descifrar personalmente y que secretarios de Estado como Antonio Pérez eran expertos criptógrafos […] Las cartas eran cifradas por el “secretario de la cifra” y se enviaban a su destinatario, representante de la monarquía en otros territorios del Imperio o en el exterior (virreyes, gobernadores generales y embajadores) (2014, p. 4). La carta del 7 de junio fue firmada por Felipe II, mientras que las otras seis llevan la firma de Manuel Filiberto de Saboya. En todos los casos, el destinatario es Simon Renard, que era en ese momento el embajador de Felipe II en Francia. Renard ocupaba una posición extremadamente importante, dado que era el encargado de descubrir las intenciones de los franceses en ese momento tan delicado. Como el propio Renard señala en una carta, su misión en Francia consistía en asegurarse de que la tregua se cumplía: […] la légation il a pleu à vostre majesté me commander a esté fondé sur troys fins: pour procurer l’observance de la tresve, pour tenir main à l’exécution réelle d’icelle et promouvoir, par tous offices requis, la bonne amitié et accroistre icelle entre voz majestez et ledict sieur roy, pour venir au but désiré et à conclusion de paix perpétuelle, suyvant le chemin que ladicte tresve a ouvert (carta de Renard a Felipe II del 31 de mayo de 1556), (Weiss, 1843, p. 580). Según Van Durme, Manuel Filiberto conocía toda la información que Renard enviaba a Felipe II: La correspondencia de Renard, que ocupó el puesto de embajador en Francia hasta principios de 1557, era abierta por Manuel Filiberto, aunque Renard la dirigiera al soberano por regla general. Cuando el rey se ausentaba de Bruselas, el gobernador recibía siempre una copia de las cartas dirigidas a Felipe. El duque de Saboya y Antonio Perrenot enviaban la respuesta. En caso de que el rey expidiera un despacho en su propio nombre, se redactaba la minuta por lo regular en las oficinas del gobernador (1957, p. 204). Renard escribe regularmente al rey español, informando de todo cuanto va descubriendo. Cuenta con toda una red de espías, que menciona en ocasiones, que le van dando información. Esta es una práctica habitual de la época: los “embajadores residentes, en efecto, toman a su cargo la misión de levantar redes de espionaje en las cortes que los acogen” (Carnicer y Marcos, 2005, p. 18).
143 Las cartas cifradas en lengua francesa de Manuel Filiberto de Saboya a Simon Renard (1556) Estudios Románicos, Volumen 34, 2025, pp. 137-157 Las cartas cifradas de Felipe II y de Manuel Filiberto sobre las que nos vamos a centrar aquí constituyen las respuestas a las misivas enviadas por Renard. No hemos localizado las cartas originales que Renard les envió y que estarían cifradas. Los documentos que se conservan en la Bibliothèque municipale de Besançon y que fueron editados por Weiss en sus Papiers d’état du cardinal de Granvelle (vol IV) son los claros de las cartas del embajador. Sin embargo, sí que sabemos que muchas de las cartas que Renard enviaba estaban cifradas, dado que en algunas misivas de sus destinatarios se menciona que han tenido que ser descifradas antes de su lectura. Benavent alude a un hecho que ocurrió en la vida de Renard unos años antes, cuando este todavía residía en Inglaterra, y que muestra que el uso de cifras era una práctica habitual en la correspondencia del embajador: un hombre que estaba a su servicio, Quiclet, robó una de las claves que Renard3 utilizaba para comunicarse con el emperador y con personajes del entorno cercano a este. Quiclet entregó esa cifra al rey de Francia: “Preguntado Quiclet por los juezes a qué havía ydo a Inglaterra, confesó que le havían ambiado los franceses por haver la çifra del dicho Renard y dixo que la havía havido y dado a los franceses” (BMB, ms 75, f. 334r, editado en Benavent, 2012, p. 195). De hecho, cuando en 1555 Carlos V abdicó en favor de su hijo Felipe, este último ordenó que se suprimieran las cifras que existían porque estaban ya obsoletas o no ofrecían la seguridad necesaria debido a divulgaciones (Devos, 1950, p. 11). En el verano de 1556, sabemos que Renard poseía distintas claves, que utilizaba según el destinatario al que escribía (y según la lengua empleada). En una carta en español, el secretario Prado se queja de la dificultad que supone descifrar las cartas de Renard y recuerda al embajador que el rey: “le ha scrito la orden que ha de tener […] scriviendo a un cabo lo que toca a estos estados, y lo demás a otro, y por el consiguiente en differentes cifras” (ms. 75, ff. f. 54r-54v). En esta misiva, Prado hace referencia a la clave que él mismo comparte con Renard (y que es distinta de la que Renard comparte con Manuel Filiberto): […] y advierto assimismo a vuestra señoría que lo que está en cifra en la carta de su alteza va solamente por el alfabeto, por no darle trabajo con lo demás, como a mí me lo dieron unas palabras de las que vuestra señoría scrivió a últimos del pasado, y creo que sea por culpa de no haverme ayudado bien a comprobarla un official mío, y para que se haga bien converná vuestra señoría mande hazer a su secretario una copia de la que le di, y que dexe de poner el alfabetto, y no haga sino començar del Ba be bi y prossiguiendo hasta las dupplices y no más porque lo otro está bien corregido por mí […] (Carta del 15 de junio de 1556, BMB, ms. 75, f. 54v) La carta que Felipe II envía a Renard el 7 de junio4 de 1556 es una respuesta a las cartas que este le había mandado los días 25, 27, 28, 31 de mayo y 3 de junio5. En estas, Renard le había anunciado que se esperaba la llegada a Francia del cardenal Carafa, y que había sabido 3 El propio Renard será acusado unos años más tarde, aunque sin pruebas sólidas, de haber proporcionado informaciones secretas a los franceses (Benavent, 2012). 4 BMB, ms. 75, ff. 41r43v. Carta de Felipe II a Simon Renard del 7 de junio de 1556. Esta carta fue editada por Weiss (1843, pp. 590-592). El documento original está parcialmente cifrado e incluye numerosos párrafos e incluso folios enteros que están cifrados en su totalidad. Presenta un descifrado en el margen izquierdo, escrito por una mano posterior. 5 Algunas de estas cartas fueron editadas por Weiss (1843, pp. 565-589).
144 Eva Pich-Ponce / Universidad de Sevilla Estudios Románicos, Volumen 34, 2025, pp. 137-157 que este tenía la misión de conspirar en secreto en contra de Felipe II con el fin de que se rompiera la tregua. Había oído que, en Italia, los cardenales de Ferrara, de Tournon, du Belay y de Armignac confabulaban en contra de España. También señalaba que Bassefontaine, el cardenal de Lorena y la casa de Guisa, intentaban por todos los medios que se rompiera la tregua y utilizaban como excusa a los prisioneros de guerra franceses que todavía no habían sido liberados. Renard observa cómo el rey de Francia reagrupa sus fuerzas, pone a navegar sus galeras. Avisa de una liga contra los españoles formada por el papa, Carafa, el duque de Ferrara, la casa de Guisa, y los venicianos. El 7 de junio, Felipe II le contesta, pidiéndole que intente descubrir todo lo posible acerca de las negociaciones del cardenal Carafa. Según las cartas de Renard, los franceses estarían preparándose para la guerra y armándose cerca del mar. Felipe II le pide que obtenga más información sobre este asunto y que descubra dónde, cómo y para qué están preparando ese ejército. También debe preparar una solicitud para ayudar a los prisioneros de guerra españoles que tiene Francia. Tiene que insistir en que se ha tratado a los prisioneros franceses según lo acordado, y declarar que algunos grandes señores serán liberados tras el pago de su rescate y a cambio de prisioneros españoles. En la carta que Manuel Filiberto de Saboya envía a Simon Renard a finales de junio6 de 1556, este le ruega que solicite al condestable Montmorency que el asunto de la liberación de los prisioneros de guerra se resuelva pronto. Manuel Filiberto le pide que averigüe bien lo que los franceses estén haciendo, tanto en público como en secreto, en prejuicio del rey de España. Y si, como asegura Renard, Francia ha pedido a sus soldados que se preparen, Renard debe averiguar el lugar y el momento en el que van a juntarse y obtener toda la información posible al respecto. Según Manuel Filiberto, es importante saber cuántos son, qué tipo de caballo utilizan y si los envían o si ya los han enviado a Italia (y por qué camino). Durante los meses de junio y julio, Renard no dejará de avisar a Felipe II de las conspiraciones que va descubriendo. El 30 de junio le confirma que Enrique II se ha propuesto ayudar al papa y proteger los estados de este, y señala que la posible ruptura de la tregua se fundamenta en este hecho y en el asunto de los prisioneros de guerra (Weiss, 1843, p. 618). Renard afirma incluso que sería interesante capturar al cardenal Carafa durante su viaje de regreso: “Si l’on pouvoit surprandre ledict Carafa en son retour, se seroit advantaige: m’en remectant à ce que vostre majesté en treuverast pour le mieulx; estant bruict qui repassera à Marseille, et par mer achévera son véaige” (Weiss, 1843, p. 619). El 4 de julio, Renard vuelve a avisar a Felipe II de que ha oído que el papa ha prometido a los franceses un millón de oro para financiar la guerra. Muchos capitanes y nobles armados están ya partiendo hacia Italia: “de sorte que de ce coustel de là l’on tient la tresve altérée” (Weiss, 1843, p. 620). Renard ya no se fía de que los franceses le entreguen las cartas que Felipe II le envía y le ruega que se las mande directamente a él a través de mensajeros (Weiss, 1843, p. 622). 6 BMB, ms. 74, ff. 138r-141v. Carta de Manuel Filiberto de Saboya a Simon Renard (no datada). Esta carta fue editada por Weiss (1843, pp. 609-613). El documento original está parcialmente cifrado e incluye numerosos párrafos e incluso folios enteros que están cifrados en su totalidad. Presenta un descifrado en el margen izquierdo, escrito por una mano posterior. Varios folios están en mal estado, por lo que una parte del mensaje cifrado se ha perdido (y tampoco consta la información en el descifrado del margen). Falta el final de la carta.
145 Las cartas cifradas en lengua francesa de Manuel Filiberto de Saboya a Simon Renard (1556) Estudios Románicos, Volumen 34, 2025, pp. 137-157 El 9 de julio de 1556, Manuel Filiberto escribe a Renard7 para avisarle de que las cartas del 29 de junio y del 4 de julio, que ha enviado al rey, han llegado bien. Estas estaban cifradas, y por el descifrado, Felipe II y su Consejo han sido avisados de lo que Renard ha descubierto sobre los términos de la negociación del cardenal Carafa. Manuel Filiberto le pide que averigüe si la mala relación entre el condestable Montmorency y la casa de Guisa ha adelantado o retrasado la negociación de Carafa. También se quiere saber si se han tratado con Carafa asuntos relativos al duque de Ferrara, y qué opinión tienen de los venecianos, si estos los ayudarían o no en caso de ruptura. El duque de Saboya envía otra carta8 a Simon Renard el 25 de julio, pidiéndole más detalles sobre la postura del duque de Ferrara y del cardenal de Lorena, dado que estos podrían aportar el dinero necesario para que la tregua se rompa. Le explica que se sigue negociando la suma a pagar para la liberación de los prisioneros de guerra. Se intenta ganar tiempo, para así, según las decisiones que tomen los franceses, liberarlos o no. Sin embargo, los acontecimientos se precipitan y el 29 de julio, Renard avisa de que el papa ha comunicado a los franceses que ha descubierto una conspiración entre el duque de Florencia y el duque de Alba, con el fin de saquear Roma. Debido a esto, el rey de Francia ha mandado a Italia doce galeras: “vostre majesté entendra que la capitulation conclute entre le pape et les Françoys tend à guerre offensive et défensive contre vostre majesté”, señala Renard (Weiss, 1843, p. 652). Durante los meses de agosto y septiembre, Renard irá avisando del envío de hombres a Italia y de cómo Francia se está preparando para la guerra y pretende invadir el ducado de Milán, bajo pretexto de tener que ayudar a su aliado el papa en contra de la amenaza que supone el duque de Alba. El 4 de octubre de 15569, Manuel Filiberto pide a Renard que descubra todo lo posible sobre el número de hombres armados que se envían a Italia y que averigüe el estado de las finanzas de allí, dado que de esto dependerá lo que puedan o no puedan hacer los franceses. Según Renard, el monarca francés culpa a España de la ruptura de la tregua: [J’ay] treuvé ledict sieur roy disposé à la guerre, selon que par les espies j’avoys esté préadverti, et colligé de ladicte responce: qu’il entend vostre majesté aye rompu la tresve le premier, par ce que le sieur duc d’Albe a faict, et que ce qui dict et respond que ne la rompra le premier, il le réfère audict sieur duc d’Albe […] (carta de Renard a Felipe II del 7 de octubre. Weiss, 1843, p. 742) 7 BMB, ms. 75, ff 68r-71v. Carta de Manuel Filiberto de Saboya a Simon Renard, del 9 de julio de 1556. Esta carta fue editada por Weiss (1843, pp. 634-637). El documento original está cifrado en su totalidad (menos las tres primeras líneas y las dos últimas que contienen los saludos y las despedidas tradicionales). Hay un descifrado de la época en el margen izquierdo, pero aparece tachado en su totalidad y es imposible leerlo. Encontramos un descifrado escrito por una mano posterior en el folio anterior (f. 67v) y también en el margen superior e inferior de la carta cifrada. 8 BMB, ms. 75, ff 75r82v. Carta de Manuel Filiberto, duque de Saboya, a Simon Renard, del 25 de julio de 1556. Esta carta fue editada por Weiss (1843, pp. 639-645). El documento original está cifrado en su totalidad (menos las ocho primeras líneas y las despedidas protocolarias del final de la carta. Se dejó también sin cifrar un párrafo de cinco líneas añadido a última hora). Encontramos un descifrado en el margen izquierdo, escrito por una mano posterior. 9 BMB, ms. 75, ff. 153r-158v. Carta de Manuel Filiberto de Saboya a Simon Renard, del 4 de octubre de 1556. Esta carta fue editada por Weiss (1843, pp. 731-735). El documento original está parcialmente cifrado e incluye numerosos párrafos e incluso folios enteros que están cifrados en su totalidad. Había un descifrado de la época en el margen izquierdo, pero este es incomprensible (se ha escrito encima para que no se pueda leer y algunas partes están tachadas). Encontramos un descifrado de una mano posterior en la parte superior e inferior de los folios.
152 Eva Pich-Ponce / Universidad de Sevilla Estudios Románicos, Volumen 34, 2025, pp. 137-157 4.3. Con y Et A diferencia de los grupos silábicos anteriores, con y et aparecen representados en esta clave sobre todo mediante signos esteganográficos: Con Et 4.4. Letras dobles Es interesante observar que las letras dobles aparecen representadas mediante signos esteganográficos (como es el caso de la cc, ff, nn y rr), mediante tres letras (en el caso de la uv) o bien mediante una letra seguida de una +. En este tercer caso encontramos de nuevo el mismo sistema que caracterizaba a los grupos silábicos: la ll aparecerá representada mediante la letra que la sigue en el alfabeto acompañada de +: . En cambio, la mm aparecerá mediante la letra que la precede, l, seguida de +: . Asímismo, ss aparecerá mediante el signo r+: . CC FF LL MM NN PP RR SS TT20 UV En cambio, los signos e no representan letras dobles sino, como hemos visto, letras individuales: f y e. 20 Signo no encontrado
153 Las cartas cifradas en lengua francesa de Manuel Filiberto de Saboya a Simon Renard (1556) Estudios Románicos, Volumen 34, 2025, pp. 137-157 4.5. Conceptos Esta clave utiliza número para expresar conceptos, nombres de personas o lugares: El condestable Montmorency (Persona no identificada) Papa (Persona no identificada con seguridad, pero pensamos que podría tratarse de Carlos V) Rey de España Rey de Francia (Significado no identificado) (Lugar no identificado) (Significado no identificado) (Territorio no identificado21) Reino de Nápoles Embajador (Significado no identificado) Suiza/Suizos Bassefontaine 21 Pensamos que podría hacer referencia a Italia.
154 Eva Pich-Ponce / Universidad de Sevilla Estudios Románicos, Volumen 34, 2025, pp. 137-157 En algunos casos, estos números aparecen subrayados en el texto, y en otras ocasiones sin subrayar. Sin embargo, esto no afecta a su significado. En cambio, cuando el número va acompañado de un círculo encima, su significado cambia. Así, el significado de 20 ya no será Papa sino Tregua: Tregua Paz 4.6. Signos nulos Los signos nulos que aparecen en esta cifra están constituidos por los signos de esta clave, pero a los que se les añade dos puntos encima que, automáticamente, anulan su significado. Daremos aquí únicamente algunos ejemplos: En ocasiones aparecen varios signos nulos seguidos: , . También podemos encontrar signos esteganográficos distintos a los de esta clave, y que no tienen significado, como, por ejemplo: . Sin embargo, estos son menos frecuentes. 5. Conclusiones En este estudio, hemos presentado una clave mixta que fue utilizada en ocho cartas enviadas por Felipe II y por Manuel Filiberto de Saboya a Simon Renard entre junio y noviembre de 1556. La utilización de la cifra refleja la hostilidad y desconfianza que existía entre el reino de Francia y el de Felipe II. De haber sido interceptado, el contenido de estas misivas habría acrecentado todavía más la tensión entre ambos países. Las cartas dejan ver
155 Las cartas cifradas en lengua francesa de Manuel Filiberto de Saboya a Simon Renard (1556) Estudios Románicos, Volumen 34, 2025, pp. 137-157 cómo, a pesar de la tregua de Vaucelles, la reanudación de los enfrentamientos parecía inevitable. Muestran cómo el ejército francés se iba dotando de armas y de soldados. Reflejan las negociaciones que se realizaron para la liberación de diversos rehenes. Y, sobre todo, ponen en evidencia cómo Felipe II y Manuel Filiberto de Saboya intentaban obtener toda la información posible sobre las decisiones de los franceses a través de su embajador en Francia, Simon Renard, quien ocupaba un lugar esencial y muy delicado en esos tiempos tan convulsos. REFERENCIAS BENAVENT BENAVENT, J. y Bertomeu Masia, M.-J. (2010). El sistema de espionaje italiano del Cardenal Granvela. En F. Velasco et al. (Eds.). La inteligencia como disciplina científica (pp. 301-312). Plaza y Valdés. BENAVENT BENAVENT, J. (2012). Espionaje interno en el siglo XVI. Simon Renard y Etiénne Quiclet. En F. Velasco et al. (Eds.). Cultura de Inteligencia. Un elemento para la reflexión y la colaboración Internacional (pp. 185-206). Plaza y Valdés. BENAVENT BENAVENT, J. (2017). Las cartas cifradas en la correspondencia de las mujeres de la Casa de Austria. En A. Gallego et al. (Eds.). La carta. Reflexiones interdisciplinares sobre epistolografía (pp. 353-358). Editorial de la Universidad de Granada. BERTOMEU MASIA, M.-J. (2009). La guerra secreta de Carlos V contra el papa. Servei de Publicacions de la Universitat de València. BERTOMEU MASIA, M.-J. (2012). Las cifras españolas en el siglo XV. En F. Velasco et al. (Eds.). Cultura de Inteligencia. Un elemento para la reflexión y la colaboración Internacional (pp. 207-216). Plaza y Valdés. CABOT, J.-T. (1997). La vida y la época de Felipe II. Planeta. CARNICER, C. y Marcos, J. (2005). Espías de Felipe II: los servicios secretos del Imperio español. La Esfera de los Libros. DEVOS, J. (1950). Les Chiffres de Philippe II (1555-1598) et du Despacho Universal durant le XVIIe siècle. Académie Royale de Belgique. GALENDE DÍAZ, J.-C. (2006). Principios básicos de la Criptología: el manuscrito 18657 de la Biblioteca Nacional. Documenta & Instrumenta, 4, 47-59. HAAN, B. (2016). Mostrando su persona. El combate de Felipe II por su reputación en su advenimiento al trono. E-Spania: revue interdisciplinaire d’études hispaniques médiévales et modernes, 24. https://journals.openedition.org/e-spania/25674 KOLOSOVA, O. (2017). El Lenguaje secreto de la diplomacia de Carlos V (1521-1527). Tesis doctoral, Universitat de València. https://www.educacion.gob.es/teseo/imprimirFicheroTesis.do?idFichero=lRW9rYZ5Y3g%3D LUO, W. (2021). El Lenguaje cifrado de Isabel de Portugal (1530-1539). Tesis doctoral, Universitat de València. https://www.educacion.gob.es/teseo/imprimirFicheroTesis.do?idFichero=Lhd%2B71mRuvk%3D
156 Eva Pich-Ponce / Universidad de Sevilla Estudios Románicos, Volumen 34, 2025, pp. 137-157 MARCOS RIVAS, J. (2014). La Criptografía y los Servicios Secretos de Felipe II. Archivo de la Frontera. http://www.archivodelafrontera.com/wp-content/uploads/2014/09/ La-criptograf%C3%ADa-y-los-servicios-secretos-de-Felipe-II-por-Javier-Marcos-Rivas-11.pdf MERLIN, P. (2008). Manuel Filiberto: duque de Saboya y general de España. Actas. NARVÁEZ, R. (2007). Historia y Criptología: Reflexiones a Propósito de dos Cartas Cortesianas. Estudios de historia novohispana, 36, 17-62. RUMEU DE ARMAS, A. (2003). La política exterior de España en tiempos de Felipe II. En F. Ruiz Martín (Ed.). La monarquía de Felipe II (pp. 155-169). Real Academia de la Historia. SINGH, S. (2000). The Codebook: the science of secrecy from ancient Egypt to Quantum Cryptography. Anchor Books. VAN DURME, M. (1957). El cardenal Granvela. Teide. WEISS, C. (1843). Papiers d’état du cardinal de Granvelle: d’après les manuscrits de la Bibliothèque de Besançon, vol. 4. Imprimerie Royale. PERFIL ACADÉMICO-PROFESIONAL Eva Pich-Ponce es Profesora Titular del Departamento de Filología Francesa de la Universidad de Sevilla. Es la autora del libro Lettres des femmes de la famille Granvelle. Édition et étude de documents inédits (2017). Su investigación se centra en el estudio de las cartas manuscritas del siglo XVI escritas en francés y, actualmente, investiga el uso de los lenguajes cifrados utilizados en las correspondencias del Renacimiento. Fecha de envío: 12-05-2024 Fecha de aceptación: 29-07-2024
157 Las cartas cifradas en lengua francesa de Manuel Filiberto de Saboya a Simon Renard (1556) Estudios Románicos, Volumen 34, 2025, pp. 137-157 ANEXO Imagen 1: Carta de Manuel Filiberto de Saboya a Simon Renard Bibliothèque municipale de Besançon, Ms Granvelle 75, fol. 75r https://memoirevive.besancon.fr/ark:/48565/p28sf43bkj9m/6dafd142-5eeb-4f36-b278-4dd545319a08
