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Discurso leído en la Junta pública y solemne celebrada por la Real Academia Sevillana de Buenas Letras, el día 29 de Abril de 1906, en homenaje a... Francisco Rodríguez Marín

Montoto y Rautenstrauch, Luis, 1851-1929

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Luís MONTOTO YRAUTENSTRAUCH discurso EN LA JUNTA PÚBLICA YSOLEMNE EL DÍA 29 DE ABRIL DE 1906 en homenaje al D, FRANCISCO RODRIGUEZ MARÍN '‘""'«''ta.iep SEVILLA ''"'CISCO DE P. Díaz, Plaza de Alfonso XIII, 6 1906 Luís MONTOTO YRAUTENSTRAUCH discurso EN LA JUNTA PÚBLICA YSOLEMNE celebrada por El Slli BE BBEi LETIIS EL Wa 29 DE ABRIL DE 1906 ILIO, SR, EN homenaje al D. francisco RODRIGUEZ MARiN de p«. ®^''ILLA ^asco DE P, Díaz, Plaza de Alfonso XIII, 6 I i 1 Señores: ** ^ías que vuelva mi pensamiento á 4^1 ^vuele con las alas de la imagina- ' Parque ^playas de mi edad juvenil; no ánuestro parecer Cualquiera tiempo pasado Fue mejor, la ve'ez^ doliente, sino porque al llenue^* cuando cae sobre nuestra cabeza y ^^^6ite es ^°^uzón la nieve de los años, los rpo espíritu templarse ála lumbre acuerdos. yesta ciudad, FernánEiter^^^ ^^PEcaba en la Universidad Literaescrib'^ ^^ueral yEspañola, yde tarde en ^rarna ¿P^^^us poéticas dignas del autor complacíase Juan José aprobar los vicios de dicción y, I Júpiter olímpico de la castiza escuela de maestros Girón yMedina, fulminaba los de su cólera contra los autores que plagaban solecismos sus escritos, diciéndoles en un sond^ I muy celebrado: «Cáfila de gaznápiros pedantes, Id áceñir las calzas en Melilla, Por profanar el habla de Cervantes»; aplicábase Fernando de Gabriel áreconstif^’ iTieí' 105 esta Real Academia; Asensio yToledo co taba ámaravilla el Quijote yle andaba ^ alcances al famoso libro de Pacheco; publicó en Cádiz, Narciso Campillo sus Nuevas • compartiendo los aplausos públicos con N des Pongilioni; Jiménez Placer urdía los plaJ^^^ sus comedias; Rodríguez Zapata pulía o sonetos limpios de toda mancha; José de daba los primeros pasos por la escena con dramas Don Jaime el Desdichado yEl lágrimas, ysu hermana Mercedes, la «nifí^ P digio» ,como la llamó Adelardo López de Mjico0° balbucía sus primeros versos, candorosos^ alma de virgen; Cano yCueto, de fantas^ derosa, no daba paz ála mano borraj cuentos ynovelas; Sánchez Moguel, al preparaba la Historia de Nuestra Señof^ Antigua, facilitaba datos áD. Aureliano para que éste demostrase luego la paternidad de la Canción dlas Ruinas ^and ^rinconcillo del Patio de las famoso Alcázar sevillano, lejos del vid^^^- cultivando el trato de personas aún eencerrada en su casa, ymás pá ^edestia, Fernán Caballero escribía ^alii2-^^^^ historia interna del pueblo ancoino ^pueblo generoso, creyente, sufrido En ^^^^deado en el yunque del trabajo. sus singulares dotes ^horado compañero D. Joaquín ^ Erann* ^hado álos estudios históricos; don ^eultiv df^hino, apasionado de las Artes Sánchez Arqueología; Velázquez y ^^^clas *dramas, comedias, sainetes, epigramáticas, etc., etc., y ^hmez Zarzuela, hombre de claro en- ^iva. ^yde palabra abundante ypersuaEug Dor a11 ^^^Sos, ob huellos días cuando un libro de acin' ^P^^uiera del Académico en honra del ^ano ^unimos, me llevó como de la *^^y adolescente que uiaestr amigo entrañable y Amis^^^/'spetado. ^^^Irastad^ ^^cida en los años de la mocedad, espués por los sinsabores ylas pe- _6— nalidades que la vida depara álos forzados trabajo sin reposo, salva el tiempo, sin ni tibieza^ yarriba ála edad presente. Quizá esto, señores Académicos, me encomendasteis tarea con que ahora solicito vuestra atenci^^’' Quisisteis que el sentimiento hablase por labios, ya que no podíais pedirme ni crítica purada, ni erudición copiosa, ni los fuegos y galas de la oratoria que, ófascina, ópersuade* **Id Y¿qué he de deciros que no sea repetid que todos vosotros sabéis, lo que sabe tamb’^’’ el ilustre senado que me escucha, lo que tros de la crítica estamparon en las páginas muchos libros, lo que la prensa periódica di'^^ ga? Treinta años de labor castiza, sesuda, ñola neta, han abierto de par en par las de nuestro primer Instituto literario al sei^ don Francisco Rodríguez Marín. La vida literaria de nuestro ilustre ñero comienza con un libro de poesías. pudo pedir entonces al .niño que exploraba^^ campo de las letras sino amor al estudio Yj cilidad para recibir las lecciones de los macs^^ El Sr. Rodríguez Marín bebió en las fuentes ras de nuestra literatura, manejó los clásice^' con dotes del cielo ycon el estudio, mozo ^ sobresalió entre los escritores que áIn* descollaban en esta ciudad de Sevilla. No —7 P'j*/ aventuró áemprender solo el camino. •*•1010 Conc ''J•• ^i'os d". ^^insignes críticos, ádos maesdecir, ysus lecciones lo llevaron Sus La juventud, que lo fía todo á Hue siempre busca la mano poesías de V.—decíale la ^—una excelente cualidad, que niient^^^ verdadero poeta: el sentiLs clás'^ inspiración. Estudie constantemente Wn ^modelos yno se engría por las ^'^ieza*^ disposiciones que ha recibido de la natuté 'ingenio sin cultivo no es bastantes J^an p^^^^iogos le alentaba ycorregía don Somete Hartzenbusch; ysólo después de y^censura de los maestros citados, ^tnmiz de su exquisito gusto, lo sus primeras composiciones, s^ntidQ no ya como poeta de gran ^^ceno* ^ino también como hablista de dotes. ^^•'nto del saber popular se aplicó luego, Can¿ yde crítica fueron sus li- ^^pCLnoles, Quinie?iias comrí^i Cien refranes andaluces y Pueblo, en habí ntra aré. -'itL o•^^ñcres Académicos—decía yo espd^ solemne—del libro Cantos popu- ^con el cual rebasó nuestro colé- —14 — se traduce en ansia de averiguar mucho explicarlo todo; y, formando el juicio sobre mayor número posible de antecedentes, se al lector pródiga ysincera ofrenda de cuanto h diligencia yel estudio, la razón yla sensibiü®^^^ han alcanzado para saber yexplicar cuándo í por quiénes, bajo qué imperio yen qué atni<^^ fera intelectual, se escribieron los libros que man el tesoro literario de una raza.» Así están escritos los del Sr. Rodríguez daí rín. Pasma, maravilla, no tanto el copioso cau de conocimientos atesorados, cuanto la podero^^ intuición con que muestra tiempos ylug^^^^’ hombres yacaecimientos; que nadie diría que el Sr. Rodríguez Marín vivió ydepartid esos hombres, estuvo en esos lugares como en propia casa yfué testigo de los sucesos refiere. Más aún; su espíritu sutil penetra corazón yen el pensamiento de los héroes sus libros y, con mirada escrutadora, ve y cia todos ycada uno de los registros que ven su voluntad ysu inteligencia. ¿Queréis conocer la Sevilla de las postr aiS' rías del siglo XVI? Los historiadores, los ero ^ tas ylos analistas no os darán sino nortibre^^^ fechas y, cuando más, una relación breve» siempre exacta, de los sucesos públicos. archivos sólo encontraréis el testimonio de n —15 — actos individuales. Tendréis, álo sumo, las P^^dras: para que admiréis el alcázar no falta más edificarlo. ¿Trátase de estudiar el Rinconete La crítica no había pasado hasta corteza. Rodríguez Marín ahonda, pro- ^^diza, poco ápoco, con labor inteligente y perseverante, va poniendo piedra sobre piedra, acaso, sino con la exactitud matemática que e] fj ^en'd requiere. Yved, ved todo el conlos ^riovela ejemplar; ved la Sevilla de p^ljj?^^^^zos de la decadencia española. La vida ^a, económica, científica yliteraria de la ^^^Palense surge, como ála voz de mála maravillosa tarea de la plu- <<E1 Rinconete yCortadillo—dijo, alh ^^^laos días, Fernández Bremón—es una <iuecn per su naturalismo gracioso ypintoresco, después de tres siglos toda su fresiLi ’^tenido el comentador que merecía.» que merecía el Rinconete yCorcabe mayor ni más merecido elogio. ^Qdr'^ en mérito es otro libro del señor ^^al l^^arín, como aquél, premiado por la Le ^^demia Española: Luis Barahona de Soto. XVl literaria de Andalucía en el siglo ^dtica ^^^^clumos elementos individuales. La de los pormenores, estu- ^^sladamente los más peregrinos inge- nios, sin extender ese estudio al conjunto. te el patentizar los méritos de Barahona, infíioítalizado por Cervantes más que por sus versos» méritos ignorados por unos ynegados por otros» aparte también la tarea de inquirir obras suy^^ desconocidas, el Sr. Rodríguez Marín logra ooi’ notable acierto esclarecer ymostrar una época literaria, apenas esbozada por otro escrií*^*’ ilustre, el Sr. D. Luís Fernández-Guerra, en precioso libro Don yuafi Ruiz de Alarcón. Barahona vivió en Antequera, en Grana^^»^ en Osuna, en Sevilla yen Madrid, centros de la cultura era muy apreciable; yel Sr. dríguez Marín, analizando yestudiando las nifestaciones de esa cultura, ha reconstituí^^ todo un glorioso período de la historia d® literatura en Andalucía. Como continuación del trabajo emprendi*^^ con el Baraho7ia de Soto puede considerarse libro del propio autor, también premiado p^^ citada Academia: Pedro Espinosa] el cual sobre aquél dos ventajas que le da el tiemp*^ que se refiere: el estudio de todos los poetas, d^^^^ conocidos los más hasta hoy, que figuran , antología Flores de Poetas ilustres, publiend^ ^ • 1605, yel examen del doble fenómeno del ceptismo yel culteranismo, que precisamente desarrollan ytoman su mayor incremento en e 17 — Periodo. Considérese que el antequerano Pedro ^‘Spinosa estudia las Humanidades en su ciudad prosigue sus estudios en Granada, traba ^^laciones de amistad con los poetas de Sevilla yCórdoba, hácese ermitaño cerca de Anteque- ’escribe poesías místicas yva áSanlúcar con ®^tavo duque de 'Medina Sidonia, áquien de capellán ycronista; considérese que el Rodríguez Marín no sólo estudia al poeta Sus obras, sino también ymuy principalmen- ^^1 medio en que éste vive, los elementos todos ^compleja sociedad en que se desenvuelve, ^concluirá afirmando que el libro de nuestro ^^crido compañero es un gran trozo de la histo- ^la región andaluza en la primera mitad del XVII. ^(Trataré del Sr. Rodríguez Marín como certos asigna uno de los puestos si no el primero, entre los literajestudian al gran novelador ysus obras ^í^^^^^eras? Hablen por mí los comentarios yCortadillo yel Loaysa de «£1 Celo- •Yno es sólo porque con labor bebu revuelva archivos yrecorra lugares, en Pj.' ^^tos con que completar la biografía del nuestros ingenios, lo cual ya es mude ’que la pereza es. la primera causa estra ignorancia, sino porque para ese es3 —i8 — tudio se ha colocado en el terreno más firmeNo hay más que una clave para llegar al conocí' miento total del escritor: procurar en todo lo pO' sible vivir su vida, seguir sus pasos ymedita^ sobre sus obras, puesto en los mismos puntos vista en que el autor se puso. Cree el Sr. Rodf^' guez Marín, yestá en lo cierto, que todavía se conoce muy poco de la vida de Miguel de Cef' vantes, vida de la cual hay reflejos en todas admirables creaciones. Esclarecer esa vida, el estudio de las obras de que España se enof' gullece, es el propósito que persigue nuestro d^C' tísimo compañero. Sólo me resta deciros algo del Sr. Rodrígi^^^ Marín como poeta. jPoeta, sí; ypoeta inspi**^' dísimo! ¿No habéis saboreado sus libros yun sonetos yMadrigales? Hablando del pHi^^ ro, dijo el Sr. Menéndez yPelayo: «El arte poeta es igual en todos, yla lengua 'me pat^^^ digna del siglo XVI. Cualquiera de los mejot^^ ingenios que colaboraron en las Flores de ilustres se holgaría hoy, si viviera, en poner nombre al pie de tan gentiles inspiracio^^®^ Hace mucho tiempo que no he leído sonc^^^ castellanos que me satisfagan tanto, ni q^® cuerden en tanto grado los del buen tiempo* ^.. deS' No inventó Apolo el soneto—dije yo—par^ esperación del Sr. Rodríguez Marín, sino P —19 — éste diera ejemplo ála turbamulta de coP^^ros que por dondequiera pulula; para que ^üciese las lindezas de su ingenio yenseñase el poeta español expresa fielmente su pensa- ^^ento sin valerse de voces exóticas, porque las ^^^ne ámiles ymás propias en su misma casa, ^ps^ra que demostrase que no hay concepto, por ^^hl que sea, que no pueda ser expresado álas sin acudir ála aparatosa máquina de las ^^^iculeces. Los Ciento yun sonetos del Sr. Ro- ^^guez Marín tienen el mérito extraordinario de Sf^r nionumento erigido ála lengua castellana .^postrimerías del siglo que, al decir del /^S^nioso Selgas, hablaba el disparatado lengua- ^el telégrafo. Ciento yun sonetos son esa mislengua castellana con todas sus riquísimas ^enseñanza saludable en los días en que las palabras del autor de la Filosofía no ^«La mitad del idioma castella- ^ ^stá enterrado, pues los vocablos más puros, j'^osos yeficaces há muchos años que ya no ála luz pública.» _^^|Los Madrigales del Sr. Rodríguez Marín! el mismo Gutierre de Cetina! ¡Tras- ^est’l^^ tomillo yal romero de los campos y ^^eles tan dulces como las que labran Lg ^ ^^^retas ysolícitas abejas en los huecos de oes yen las quiebras de las peñas!» 20 No hicieron mella en nuestro querido coni' pañero las' carcajadas conque el vulgo acog^ toda labor de poeta. Gusta muy mucho de santa yhermosa poesía, que es como compensación de las grandes amarguras de la vida, y za que nos levanta del suelo ynos lleva por mundos inconmensurables del espíritu. Libre influencias exóticas, el Sr. Rodríguez Marín sig^^ al pie de la letra el consejo del vate alernai^' «Poeta, ocúpate en tu país; en él están las caden^^ de tu amor, yél es el mundo de tus pens^ mientes.» Yahora, para borrar el mal sabor de prosa rastrera, voy áleeros una composic ició^ flOS tomada al acaso entre las muchas con que ha regalado la musa del Sr. Rodríguez No es una poesía de tesis, como dicen, aturde.con el rimbombe de la frase, ni sume profundas cavilaciones áquien pretende dese^ trañar su sentido. El poeta describe escenas mosas de la vida del corazón de la mujer, tando un delicioso cuadro del hogar. Titúlase Madrecita. ¿No es cierto que en el corazón ^ niña laten en germen los afectos materna Las niñas juegan áser mujeres, áser amuS sus casas, áser madres, ádesvelarse por sus jos, muñecos de palo áquienes aderezan primoroso esmero. Los juegos de las niñ^-S 21 simulacros del calvario de la mujer; son lo porvenir, presentido yvivido en lo presente, iQué tesoro de poesía! ¡Qué inmenso raudal de ^^•nño! ¡Qué admirable sencillez! ¡Cómo ha sabido expresar los amorosos efluvios del alma de la ^^jor encerrada en el cuerpee!to de una niña! LA MADRECITA Y¿para eso la madre, gran cocinera, Descolgó los mil trastos de la espetera?... ba limpia ydiminuta sartén de plomo, Que frie sin aceite, sin saber cómo; Ei primoroso anafe, casi invisible. Con un carbón pintado, no combustible; Pistos, tazas, lujosa mantelería, Vajilla que en la mano caber podría, bodo, todo fué inútil: ¡está probado! iNo hay medio de que el niño tome bocado! La pobre madrecita, triste yllorosa. Contempla aquella cara como una rosa, iPorque ella, al fin, es madre; y, en su cariño, Tiembla al pensar que puede morir su niño! Entreabierto el ligero justillo breve, oscubre el pecho, blanco como la nieve... ¡Mamar no quiere el niño! Desesperada, ointerroga yle ruega con la mirada, anto ytanto le adora, que, si pudiera, vidas le daría, si mil tuviera. •Acostarle es preciso; por de contado. 22 El infante de cera se ha constipado. ¡Mucho abrigo en la cama! ¡Para esos males. Abrigo, caramelos, flores cordiales! ¡Oh sublime enseñanza! ¡Ciencia divina! ¡Las madres son doctoras en Medicina! Pues ya tomó el enfermo caliente horchata En un jarro tan limpio como una plata, ¡Á dormir, ymañana será otro día! ¡Que el niño sude yduerma. Virgen María! Solícita la madre, con sólo un dedo Meciendo está la cuna, quedo, muy quedo; Y, como aquel que canta su mal espanta, Para espantar los males, meciendo canta: —Duérmete, lucerito, que viene el coco Yse lleva álos niños que duertnen poco. — Y¡con cuánta dulzura canta la nana Aquel otro lucero de la mañana! Por entre densas nubes, la blanca luna Contempla aquella madre yaquella cuna; Las tiernas florecillas de las macetas El maternal cuidado miran inquietas: ¡De la madre en los ojos resplandecía Un poema de extraña melancolía! Durmióse al fin. ¡Oh vientos, no hagáis ruido!' ¿No sabéis que está malo, que está dormido? —Ála nana, nanita, nanita, ea. El sueñecito, niño, de San Juan sea. — Esto canta la madre; con embeleso. Deposita en su frente callado beso, Yotro, yotro enseguida: ¡las madres buenas No saben dar los besos sino ádocenas! Besos inconcebibles, que, en dulce calma, Da, asomada álos labios, la virgen alma; —23 — Besos de allá del Cielo: ¡besos extraños Que sólo dan las madres de cinco años! Algo calmada siente su pena intensa; Yquedo, muy quedito, poquito ápoco, Abandona la estancia yescuchar piensa: —¡Duérmete, madrecita^ que viene el coco! más, señores académicos, aunque quepor decir más, mucho más en honra del señor ^^nguez Marín, áquien hoy festeja la Real ^^demia Sevillana de Buenas Letras. de Con no Méritos í^crdone esta docta Corporación la pobreza palabra; perdone el ilustre concurso que Su atención benévola me favorece que ^uya logrado aquilatar uno siquiera de los g^^tos que el festejado atesora; perdóneme el ^c>dríguez Marín, mi amigo entrañable ymi ^^cstro muy respetado, porque puse mis manos Pecadoras en esos primores de las Letras, en libros fruto de su talento yde su constante ^ludio: libros que, en justicia, le llevan ála Academia Española. de buen hora al primer centro literario ^^nación nuestro ilustre colega yaporte al Pa^ conocimientos que allí se guardan, en las páginas del léxico, los ^^*^grado por el estudio de nuestra litera- ’^^cve el alma de nuestro pueblo, vertida en