Buongiorno, Pierangelo. Imperatori mancati. Diritto e potere nelle trame della dinastia Giulio-Claudia. Roma: Castelvecchi, 2023. 232p. [Reseña]
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542 REHJ. XLVI (2024) Buongiorno, Pierangelo, Imperatori mancati. Diritto e potere nelle trame della dinastia giulio-claudia, (Roma, Castelvecchi, 2023), 232 páginas1. [https://doi.org/10.4151/ISSN.07176260-Num.46-Fulltext.1274] Nuestro autor, en adelante a., enseña Derecho romano en la Università di Macerata. Su formación en letras clásicas, historia y derecho se erige en sólido soporte de su extensa y variada producción. El proyecto PAROS: Palingenesie der römischen Senatsbeschlüsse [509 v.Chr.-284 n.Chr.], del que ha sido responsable, sirve de catapulta a muchas de sus obras y lo avalan como uno de los investigadores de primera línea del momento. En el volumen que ahora reseñamos se ocupa de una miríada de cuestiones sugestivas para historiadores, juristas, filólogos y cualquier persona con interés en conocer esta fascinante etapa de la historia, preñada de intrigas, ambición, poder y, cómo no, derecho. El arco cronológico en que se enmarca la obra, desde la batalla de Actium 31 a.C. hasta el 69 de nuestra era, abarca el gobierno de la célebre dinastía julio-claudia. Ya en la introducción comienza el a. prenotando que el volumen no presenta un elenco de perfiles biográficos; y tiene razón, pues es mucho más que eso. Este es un relato, no solo de lo que aconteció, sino de lo que pudo ser y no fue. Con ese propósito se ofrece una aproximación contrastada a personajes, sucesos y factores conocidos o que, a partir de las fuentes se pueden conjeturar como verosímiles, que determinaron el discurrir de la historia. La narración tiene un estilo literario más propio de una novela histórica que de un volumen científico, y ello sin detrimento del rigor, por lo que señalar que su lectura resulta un verdadero deleite no es exagerado y supone una de las mayores virtudes de la obra. Pese a su erudición, o precisamente por eso, el a. introduce un aparato crítico mínimo de fuentes y bibliografía esencial en el texto, lo que permite una lectura fluida. Dicho esto, basta asomarse al índice y visualizar la estructura: un prólogo, ocho capítulos, un epílogo, una bibliografía desglosada y razonada, una selección cronológica de los sucesos más relevantes y un árbol genealógico, para hacerse una idea de la laboriosidad con que aborda la materia. La subdivisión en capítulos con sus respectivos títulos, elegidos con acierto, sirve de guía para seguir la trama y facilita la lectura y consulta de etapas y personajes concretos sin romper la unidad y coherencia del volumen. El empleo del vocablo ‘trama’ en el título de la obra, no es una hipérbole para atraer la atención del lector, pues de la urdimbre tejida mediante lazos familiares y políticos en este período se toma conciencia conforme va desenmarañando el intrincado laberinto genealógico del que se ocupa. Mediante el juego de cronologías propuesto se ofrece una semblanza no solo de los cinco emperadores que integran la dinastía: Augusto, Tiberio, Calígula, Claudio y Nerón, sino de los fallidos, aquellos que la literatura ha preterido o relegado por no haber ocupado el poder. Esa interesante óptica lleva al a., en coherencia con el título, a que ningún capítulo se rubrique 1 La presente reseña se enmarca en el conjunto de actividades realizadas como parte del proyecto I+D+i Derecho Romano y modernidad jurídica: tradición dogmática y crítica historiográfica en la fundamentación de la cultura jurídica europea (PID2022-142492OB-100).
543Reseñas ni dedique en exclusiva a quienes ocupan el trono; lo que no obsta, naturalmente, a la narración de noticias y referencias en torno a los mismos. El prólogo se anticipa en el tiempo deteniéndose en los sucesos históricos que sirven de prolegómeno al resto de la obra: el romance entre César y Cleopatra, el nacimiento de un hijo, Cesarión2, que siembra la amenaza sobre la legitimidad sucesoria de Octavio, no con argumentos jurídicos3, sino mediante la instrumentación política de la presencia de un hijo natural del divino César y que se condensa en la lapidaria frase de Ario Dídimo “no es bueno tener demasiados Césares”. El primer capítulo se dedica a Agripa, hombre de confianza de Octavio, que comanda las tropas en una etapa definida por el triunfo militar, y Marcelo, sobrino de Octavio y ejemplo paradigmático de la sucesión de intrincadas promesas y lazos matrimoniales que caracterizan a esta etapa. El escenario de fondo es la victoria de Octavio sobre Marco Antonio, que marca el comienzo de un período que sentará las bases de una nueva forma de gobierno que, bajo la apariencia republicana y una propaganda de restitución del poder a las leyes y al pueblo4, se encamina hacia un régimen autocrático; es el germen del principado5. La sesión senatorial del 27 a.C. obedece a esa escenificación de restablecer el orden republicano restituyendo a un senado descafeinado, depurado de miembros hostiles, los poderes que, excepcionalmente, Octavio ocupara en los últimos años; el resultado fue su aclamación como Augustus, dignidad cuya superioridad moral se exterioriza y hace visible mediante una imagen cargada de símbolos representativos del poder, y que culminará con su identificación como Imperator Caesar Divi filius Augustus. Ese será el sustrato para la acumulación de poderes. En lo tocante al testamento de Augusto, la oposición senatorial a conocer su contenido, que él mismo quiso revelar para mostrar que no había instituido sucesor, es muestra evidente del respeto a la naturaleza privada de ese acto mortis causa, pero también del espíritu de recelo y preocupación reinante en torno al tema. En la sucesión de Augusto se encuentra la raíz de una serie de crisis políticas que retoñaban con cada cambio de princeps6. La potencial rivalidad entre Marcelo y Agripa como candidatos a la sucesión fue evitada, inicialmente, por la marcha de Agripa, enviado a Siria y, de forma definitiva, por la muerte de Marcelo, sobre la que planearía la duda del envenenamiento por orden de Livia para allanar el 2 El nombre, que no es más que un diminutivo de César, resulta muy ilustrativo; cf. Suet., Iul. Caes., 52,1. 3 El supuesto hijo carecería de filiación legítima, habida cuenta de la condición jurídica de la madre, Cleopatra, que para el Derecho romano no era más que una peregrina y, en ausencia de iustae nuptiae, el hijo sigue la condición de la madre. 4 Así se recoge en la leyenda de un áureo datado en torno al 28 a.C.: “Leges et iura p(opuli) R(omani) restituit” Al respecto, cf. mantovani, Dario, ‘Leges et iura p(opuli) R(omani) restituit’. Principe e Diritto in un aureo di Ottaviano, en Athenaeum 96 (2008), pp. 5-54. 5 Al respecto cf. guizzi, Francesco, Potere e consenso nelle ‘costituzione’ augustea, en J. Paricio (dir.), Poder político y Derecho en la Roma clásica (Madrid, Universidad Complutense de Madrid, 1996), pp. 31-38. 6 El poder acumulado por Augusto, su legitimidad y la ausencia de un orden sucesorio dificultaban la sucesión, cf., entre otros, miquel, Joan, El problema de la sucesión de Augusto, (Madrid, Taurus, 1970).
544 REHJ. XLVI (2024) camino a sus hijos, Tiberio y Druso7. Ese prematuro fallecimiento impulsará a Augusto a casar a su hija Julia con Agripa, varón de probada fertilidad, que le permitiría en el 17 a.C. la adopción de los dos hijos varones de la pareja. Con el ius civile como trasfondo jurídico, la adoptio per aes et libram, venía a enmendar el ‘problema sucesorio’ y suponía un golpe estratégico para neutralizar potenciales conjuras. No existiendo impedimento jurídico para la adopción de personas sin vínculo de parentesco, parece evidente que los lazos de sangre subyacen en la decisión de Augusto; quizá ululaba el fantasma de su cuestionada legitimidad frente a Cesarión. Desde el inicio de la obra resuena el papel gravitatorio de la sangre como presencia tangible. La que corre por las venas, y marca la construcción de una estirpe, la que se derrama, provocando muertes que, en no pocas ocasiones, son prematuras y truculentas y marcan el devenir del linaje. También esas muertes tendrán un enorme poder simbólico en la que el a. califica como «strategia augustea del lutto», contribuyendo a la configuración de la dinastía. Los dos siguientes capítulos los protagonizan Druso y los hijos adoptivos del ya conocido como Augusto. Druso en su faceta militar y política, con las armas y la toga, en palabras del a., presta sus servicios a Roma. Pese a ser pupilo de Augusto y recibir su apoyo, no corría por sus venas la misma sangre del princeps; tan solo era su hijastro. La ausencia de consanguinidad unida a su muerte prematura lo convierten en un ausente al trono. No faltan rumores que sospechan que fue envenenado por orden del propio Augusto que, temiendo que tratase de reinstaurar la República, decidió poner fin a su vida. Ese apego del fallecido Druso a la República, sin embargo, no condice bien con las evidentes muestras de fidelidad al princeps quien, junto con Tiberio, pronunció su laudatio fúnebre y perfiló los honores instituidos tras el fallecimiento de Marcelo. En ese elogio, dirige una plegaria a los dioses rogando que sus hijos emulen a Druso. Se forja así un mito, una figura cuya exaltación póstuma contribuye a enaltecer la domus Augusta8. Tras el fallecimiento súbito de Agripa, fiel adlátere y padre biológico de sus hijos, Augusto se encargará de su funeral. Por su parte, el hijo póstumo de Agripa crecerá en el seno del tercer matrimonio de su madre, Julia, con su nuevo consorte, Tiberio, que se divorcia de Vipsania, hija de Agripa, para contraer las nuevas nupcias y cumplir así la voluntad de Augusto. La desconcertante atribución a Tiberio, hijastro y ahora yerno, de la tribunicia potestas quinquenal, tal y como previamente había hecho con Agripa, obedecía, probablemente, a la inquietud que a Augusto le generaba su avanzada edad y la inexperiencia y juventud de la que aún gozaban sus hijos adoptivos, asegurando así la sucesión. Pese a ello, Tiberio se retira a la isla de Rodas. Ignoramos si por lealtad al princeps y para proteger a 7 Cf. Kaufmann, David B., Poisons and poisoning among the Romans, en C.Ph. 27.2 (1932), pp. 159 ss., donde se refiere a la presencia cotidiana del veneno en la escena política y menciona un elenco de personajes que las fuentes señalan como envenenadores o víctimas. 8 En torno a la figura de Druso se suceden los homenajes. Muestras de ello son la atribución de su nombre al faro del puerto de Cesárea, la calificación como drusiano del canal navegable construido bajo sus órdenes en Alemania, o la unidad de medida conocida como ʽpie drusianoʽ. En la orilla izquierda del Rin los soldados quisieron honrarlo, asimismo, con la erección de un cenotafio. Y en el río Lippe se le edificó un altar.
545Reseñas su descendencia, o desilusionado por no figurar en la planificación para ocupar el trono e, infeliz por haber repudiado a Vipsania, de la que parece estaba enamorado; es en ese momento cuando las fuentes describen la conducta depravada de Julia, su acusación de adulterio y el destierro a Pandataria. De nuevo, en el año 2 de nuestra era nos topamos con la prematura muerte del joven Lucio, hijo adoptivo de Augusto. La defunción de otro posible heredero provoca una enorme consternación en Roma y una nueva celebración de ritos funerarios. Tácito, por su parte, siembra, una vez más, la duda de su posible envenenamiento de manos de su madrastra, Livia. Apenas dieciocho meses después fallece su hermano Gayo por complicaciones surgidas a partir de una herida. Celebrados los honores fúnebres, ambos descendientes serán homenajeados conjuntamente. Se abre un panorama en el que resulta apremiante reconsiderar la sucesión; todas las miradas se dirigen a Tiberio. El instituto jurídico que pone en marcha la estrategia sucesoria es la adrogatio, cuya consecuencia inmediata es su sometimiento a la patria potestas de Augusto. La misma suerte correrá el hijo de su hermano Druso, Druso Germánico, sobre el que Tiberio tenía la patria potestad, y su propio hijo, Nerón Claudio Druso (después Druso Julio César). Concluida la adrogatio, todos quedaban bajo la patria potestad de Augusto; Suetonio detalla los efectos eminentemente patrimoniales que se derivan de la capitis deminutio de Tiberio. En ese clima de incertidumbre y, con la idea de ampliar la alternativa sucesoria, lleva a cabo una nueva adrogatio sobre el hijo póstumo de Agripa. De temperamento impetuoso y carácter difícil, primero sufrió una abdicatio, que lo llevó al distanciamiento de la familia y, más tarde, tras un proceso senatorial, probablemente por un crimen de lesa majestad, a una condena al destierro perpetuo a la isla de Planasia y la confiscación de sus bienes. El fallecimiento de Augusto provoca el ascenso al poder de Tiberio y, aunque las fuentes no son del todo claras al respecto, parece que pudo ser él o alguien próximo quien dio la orden de matar a Agripa Póstumo que, aunque relegatus in insulam, era el único cuyos lazos de sangre con Augusto podían ser instrumentalizados en su contra. En el siguiente capítulo entra en escena Germánico. Las fuentes testimonian que sus aptitudes conquistan el respeto de senadores, ejército y pueblo. Casado con Vipsania Agripina, nieta de su tío abuelo Augusto, de cuyo fruto nacerán nueve hijos, se convierte en el paradigma propagandístico de la legislación ético-matrimonial augustal. A la popularidad y el carisma de Germánico se opone el carácter reservado y frío que se atribuye a Tiberio, que ve en Germánico una amenaza permanente9; la actitud de su mujer, Agripina, prestando auxilio a las tropas contribuye a acrecentar su popularidad y a enfurecer a Tiberio. El príncipe ve en la inestabilidad de las provincias orientales del Imperio la excusa perfecta para alejar nuevamente a Germánico de la urbe; para ello el senado le confiere un imperium fortalecido, a la par que nombra como ayudante a Cneo Calpurnio Pisón, hombre de confianza de Tiberio, que relegaba a Quinto Cecilio Metelo 9 Acerca de la rivalidad entre Tiberio y Germánico cf. gonzÁlez, Julián, Tiberio y Germánico: la historia de un desamor, en Tácito y las fuentes documentales: ss.cc. de honoribus Germanici decernendis (tabula Siarensis) y de Cn. Pisone Patre, (Sevilla, Universidad de Sevilla, 2002), pp. 77 ss.
546 REHJ. XLVI (2024) Cretico Silano, una de cuyas hijas estaba prometida con Nerón, primogénito de Germánico. Se trataba así de neutralizar el amplio poder otorgado. En aquellas provincias Germánico se mueve con astucia y habilidad, atiende a los focos de conflicto, pero colisiona con Cneo Pisón, que abandona la provincia poco antes de su muerte bajo la sospecha de haber sido envenenado10. Mientras Tiberio y su madre evitan aparecer en público, se realizan las pompas fúnebres de conformidad con la práctica adquirida; de nuevo se recurre a la «strategia augustea del lutto». La tabula Hebana y la Siarensis11, entre otras, sirven de fuente de conocimiento para constatar los honores póstumos en homenaje a Germánico12. Culminado el luto se instruye ante el senado el célebre proceso contra Cn. Pisón. La cremación del cuerpo hacía imposible probar el envenenamiento, por lo que la acusación se basa en la traición; jurídicamente se encauza como un crimen de lesa majestad13. La muerte de Germánico trunca, una vez más, el proyecto augustal de consolidar una dinastía fundada en lazos de sangre. En el ecuador de la obra nos topamos con un capítulo en el que se analiza el poder comunicativo de la imagen y su proyección sobre la dinastía. El potencial propagandístico del arte, el simbolismo de la glíptica, los camafeos tallados y otros elementos al servicio de un mensaje orquestado por Augusto. Como muestra paradigmática sirvan la Gemma Augustea y el Gran Camafeo de Francia. Las dimensiones de esta última reliquia, su cautivadora historia y la debatida interpretación de la escena tallada, conocida como la apoteosis de Augusto, explican la inserción de esa imagen en la portada del volumen. La representación de la domus Augusta aparece dividida en dos niveles, en el más alto, que simboliza el celeste, se ubican los ya difuntos en el momento de su realización, entre los que se cuenta el propio Augusto encarnado en forma de figura eterna favorecida por los dioses para garantizar la continuidad de la dinastía. La concepción y sentido de ese ‘retrato familiar’, sin embargo, no están exentos de controversia, lo que lleva a la propuesta de una sugestiva reinterpretación por parte del a. Hasta el advenimiento de la muerte de Augusto, el papel de Druso en la esfera pública había sido marginal, a la sombra de su hermanastro Germánico. Su participación en las pompas fúnebres del princeps junto a su padre, Tiberio, abre una nueva etapa. Los autores no perfilan un retrato elogioso del joven Druso, al que califican de violento y cruel, hasta el punto de que las espadas más afiladas se conocían como drusianas; esa propensión a los excesos parecía exasperar al propio 10 Acerca del empleo del veneno en la muerte de Germánico cf. garcía teijeiro, Manuel, Maleficio y veneno en la muerte del Germánico, en POTESTAS. Revista del Grupo Europeo de Investigación Histórica 2 (2009), pp. 57-71. 11 Un análisis de esas fuentes puede verse en gonzÁlez, Julián, Tiberio y Germánico, cit., n. 9 pp. 113-174. 12 La temprana muerte de Germánico y los misterios que la rodean acrecientan el mito, que ha servido de inspiración a manifestaciones artísticas diversas. En el ámbito de la creación literaria ha sido un episodio novelado, en el ámbito pictórico destaca el célebre lienzo de Nicolas Poussin: «La muerte de Germánico». 13 Un minucioso estudio de ese crimen y la normativa aplicable puede verse en de castro, Rosario, El ʽcrimen maiestatisʽ a la luz del senatus consultum de Cn. Pisone patre (Sevilla, Universidad de Sevilla, 2000).
547Reseñas Tiberio. Muerto Germánico, asume en el año 21 su segundo consulado teniendo como colega al mando a su padre, que se traslada a la Campania para dejar que ejerza en solitario la responsabilidad de la magistratura. Druso protagoniza un episodio que determinaría el sometimiento del senado al príncipe en materia de represión criminal. El poeta Clutorio Prisco, conocido por haber compuesto el poema fúnebre en homenaje a Germánico, se apresura a hacer lo propio con Druso mientras estaba enfermo. Nihil novum sub sole; piénsese en los medios de comunicación actuales que, para obtener una primicia, se anticipan a anunciar el fallecimiento de personajes que aún no se han producido. Tras su recuperación y, a propuesta del cónsul vigente, el poeta será procesado por lesa majestad y condenado a la pena capital. El incumplimiento del que podríamos denominar ‘código ético’ en materia funeraria, vaticinando un deceso que no llegó a producirse, trajo, en este caso, consecuencias letales. Ese suceso provocaría un desencuentro de Tiberio con el senado, al que acusaría de haber dado muerte a un personaje fiel al príncipe hasta el final de sus días. El correlato fue la aprobación de una propuesta que subordinaba las condenas a pena capital a la ratificación del príncipe en los diez días siguientes a la emisión de la sentencia; de esta decisión, a la que fuentes tardías aluden como ‘sc. Tiberiano’, tendremos noticias más adelante. A continuación, se pone el foco en Sejano, prefecto del pretorio con el que Druso había entrado en contacto en Panonia con ocasión de la revuelta allí generada. Su perfil es el de un personaje de ambición desmedida, que concentra un poder absoluto en la dirección del cuerpo de élite encargado de la defensa del príncipe. Tras evitar alguna que otra conjura y catástrofe, y una aproximación estratégica a la domus (la promesa matrimonial de su propia hija, frustrada por la muerte del prometido), se gana el favor de un número importante de senadores, lo que lo convierten en una figura muy cercana a Tiberio y odiosa para Druso. Los sucesivos altercados entre Druso y Sejano, culminan con una nueva sospecha de envenenamiento del primero a manos del segundo. Lo cierto es que la muerte de Druso exigía, una vez más, replantear la cuestión sucesoria para asegurar el principado. En ese sentido, las miradas se centran ahora en los hijos de Germánico, y ello pese a su juventud e inexperiencia. Tiberio contaba sesenta y cinco años, y el fallecimiento de su único hijo lo ponía en la tesitura de replantear el escenario para garantizar su sucesión. Eso lo lleva a buscar la afinidad del senado e impulsar el ascenso del primogénito de Germánico, Nerón César, en quien muchos veían, con agrado, rasgos de su remembrado padre. Diversas inscripciones honorarias sirven de fuente de conocimiento y refrendo de la trayectoria pública tanto de Nerón César como de su hermano, Druso César, que contaban con el abrigo de la grata memoria de su padre y la elevada dignidad de su madre, Vipsania Agripina. Aún estaba por revelarse, sin embargo, la tendenciosa intervención de Sejano. Además de fomentar la animadversión entre Livia y Agripina convence a Tiberio de que esta última tramaba un complot. Las sucesivas acusaciones y condenas en contra del entorno directo de Agripina la aíslan y provocan su enfrentamiento público con Tiberio que, ante el ambiente de tensión, se aleja de Roma. Aunque regularmente informado de la vida pública y las actividades del senado, al que envía misivas con su parecer, la presencia de Sejano en Roma es cada vez más
548 REHJ. XLVI (2024) fuerte, y su vínculo con Tiberio lo convierten en su más próximo confidente. En el constante temor que atenazaba a Tiberio encuentra Sejano el caldo de cultivo perfecto para urdir sus planes, que avanzan estrechando el cerco contra Nerón Druso, principal aspirante a la sucesión. El tremedal jurídico de los procesos contra Agripina y Nerón César son muestra del clima de incertidumbre que se vive; ambos serán condenados a la pena capital siendo conmutada por el exilio por el propio Tiberio, en virtud de la potestad que se le reconociera. Pero no serán los últimos, neutralizado ese riesgo quedaba Druso César, acusado, probablemente de lesa majestad, y condenado, de forma insólita a permanecer encarcelado en el Palatino. La súbita caída en desgracia de Sejano, su procesamiento y muerte por condena no están del todo claras. Probablemente el propio Tiberio, consciente al fin de su oscura ambición, tuvo algo que ver. Muertos Druso César, Agripina y la influyente Livia, que había servido de escudo protector a Plancina, viuda de Cn. Pisón, vuelven las acusaciones contra ésta que acaban con su suicidio. La aniquilación descrita muestra la atmósfera reinante y estrecha el margen para designar sucesor. El adulterio de Livila, esposa de Druso, y la sospecha que se cierne sobre Tiberio Gemelo de ser fruto de esa relación, llevan a obliterarlo y dar preferencia a Calígula en la sucesión. El a., sin embargo, se muestra escéptico al respecto y ofrece un panorama no exento de aristas en las circunstancias que rodean la sustitución en el poder de Tiberio. La rivalidad entre Calígula y Tiberio Gemelo parecía inevitable. El primero contaba a su favor con algo más de experiencia, por su mayor edad, y con el legendario recuerdo a la figura de su padre, Germánico. Recibe el respaldo de un amplio grupo de senadores, seguramente con el objetivo de influir sobre él, dada su juventud. Contaba, asimismo, con el apoyo militar que, aunque carente de relevancia jurídica, desde el punto de vista político muestra el papel preeminente de Calígula respecto a su adversario en la sucesión. La apertura del testamento de Tiberio, sin embargo, desvela la institución como coherederos, a partes iguales, de Calígula y Tiberio Gemelo. La estrategia jurídica empleada se atribuye a Próculo, pues se identifica al célebre jurista con el cónsul en el cargo al tiempo de la sucesión, que pudo proponer la discusión senatorial en torno a la insania del emperador al momento de redactar su testamento. El senado se encarga, asimismo, de rehabilitar figuras que, aunque fallecidas, son honradas, poniendo el acento, nuevamente, sobre los miembros sanguíneos del linaje. El advenimiento de Calígula suponía, tras el paréntesis de Tiberio, cuyo ascenso al poder se produce por la temprana muerte de Germánico, la rehabilitación de la sangre como factor determinante para la sucesión. Por otra parte, en el ámbito del ius privatum, la la anulación del testamento tenía significativas consecuencias jurídicas y no pocas políticas que el a. desglosa; orden en los llamamientos sucesorios, codicilo, fideicomiso o tutela son algunos de ellos. Si hasta aquí hemos reseñado la relevancia de la consanguinidad en la sucesión del poder, ahora se hace imprescindible comprender el valor de la agnación como pilar del derecho de familia y sucesorio. La adrogatio sobre Tiberio Gemelo es una buena y nueva muestra de la ingeniería jurídica puesta al servicio de Calígula. Piénsese en las consecuencias: desde el punto de vista patrimonial, la absorción del patrimonio
549Reseñas del arrogado, incluyendo el recién heredado, y, desde el personal, la sujeción a la patria potestad de Calígula. Aunque las fuentes resultan un tanto ambiguas en torno a la muerte de Tiberio Gemelo, la acusación dirigida contra él parece basarse en ofrecer plegarias en las que deseaba la muerte del emperador; el resultado fue su ejecución. Varias son las conjeturas, aunque ninguna puede corroborarse. Entre ellas, la de que, como hijo arrogado fuese ejecutado en el seno del consilium domesticum, en el marco de las potestades que como paterfamilias se le atribuían. Quizá se vio abocado a ello ante la supresión, promovida por él mismo, de la represión del crimen de lesa majestad. A abonar esa idea, contribuye la ausencia de huellas de la adrogatio efectuada por Calígula en las inscripciones funerarias de Tiberio Gemelo, lo que podría ser consecuencia de una abdicatio de la patria potestas resultado del ejercicio del ius occidendi. Sea como fuere, la realidad es que no sobrevive al primer año de gobierno de Calígula. Asistimos, a continuación, a la eliminación de Calígula en una conjura y al nombramiento de su tío Claudio como sucesor. El nacimiento de un hijo varón fruto de su tercera mujer, Mesalina, ofrece una potencial continuidad de la dinastía. Desde niño es exhibido públicamente para ir forjando su imagen de sucesor; será el senado quien le dé el sobrenombre de Británico. A su lado aparece la figura de Lucio Domicio, después conocido como Nerón, un poco mayor que Británico y nieto de Germánico. Pese a gozar de popularidad por esa condición, sus opciones de ascenso al trono eran muy escasas. Pero la caída en desgracia de Mesalina, tras su relación adúltera con el nombrado cónsul en el año 49, y el probable complot urdido contra Claudio, serán decisivos en el ascenso de Nerón. La intervención de los libertos del príncipe para evitar su clemencia y dar muerte a Mesalina y Silano (protagonistas del adulterio), y el influjo determinante de Lucio Vitelio, destacado político y jurista, llevan a un nuevo matrimonio de Claudio con Agripina. Los obstáculos jurídicos al matrimonio en cuestión, impedimento de parentesco, pues los contrayentes eran tío y sobrina, y la tutela agnaticia que ejercía Claudio sobre la pupila, fueron salvados mediante medidas ad hoc: un pronunciamiento senatorial y la aprobación de un plebiscito, conocido como lex Claudia, remueven las trabas existentes. El espaldarazo definitivo para Nerón viene con su adrogatio por parte de Claudio en el año 50, lo que inclina la balanza a su favor. Sin desdeñar los desvelos de Agripina, siempre pronta a ofrecer ayuda con sus intrigas encaminadas a consolidar la posición de Nerón y aislar la de Británico. La muerte de Claudio, envenenado por orden de Agripina, corona sus planes respecto a Nerón. De nuevo la intervención de Locusta, famosa envenenadora a la que Tácito califica de “instrumentum regni”, y que según parece ya había participado en la muerte de Claudio, pone fin a la vida de Británico. El suicidio de Nerón, acaecido en el 68, tras ser declarado enemigo público por el senado, a poco menos de un siglo de la batalla de Actium, pone fin a una agonizante dinastía julio-claudia de la que ya solo quedan cenizas y una leve sombra, en palabras del a. El lector se siente apelado por las cavilaciones e interrogantes que en la presentación de los hechos se ofrecen. En ocasiones se trata de datos históricos acaecidos, en otras, intrigas, rumores y opiniones vertidas por relatores, que no siempre son asépticos, pero, en todo caso, nos ilustran acerca de los desafíos a los que debie-
550 REHJ. XLVI (2024) ron enfrentarse algunos de los célebres personajes que protagonizan las páginas de la historia y nuestra obra. La amalgama de fuentes empleadas constata que la imbricación de disciplinas distintas que no distantes contribuyen a acercarnos de forma más certera a la realidad pasada; el dominio de todas ellas, sin embargo, está al alcance de pocos. El elenco de autores que sirven de sustrato a la obra es amplísimo. Junto a los textos, literarios y jurídicos, el estudio e interpretación de inscripciones epigráficas, honorarias y funerarias; papiros; manifestaciones artísticas y restos numismáticos interpretados conjuntamente, permiten al a. analizar, no solo el valor historiográfico, político y jurídico, sino desentrañar la ideología sobre la que sienta sus bases el principado. Como observación cabe señalar que el árbol genealógico que se presenta al final de la obra resulta de difícil comprensión. La doble página abierta resulta exigua, pues comprimir la compleja y amplia reconstrucción genealógica de nuestra célebre dinastía en formato libro resulta casi quimérica. Espero haber cumplido mi objetivo que, en estas líneas, no pretende condensar el pensamiento del a., sino presentar e invitar a la lectura de una obra que resulta muy atractiva tanto por su temática como por la perspectiva desde la que se aborda, sin dejar atrás lo estilístico, aspecto en el que resulta, igualmente, una delicia. Macarena guerrero Universidad de Sevilla
