Biblioteca de religión o sea Colección de obras contra la incredulidad y errores de estos últimos tiempos. T XVIII
Abstract
Contiene: T.I 1826 (XLVI, 34 4p.) -- t.II 1826 (392 p.) -- t.III 1827 (VIII, 224 [i.e. 324] p.) -- t.IV 1827 (388 p.) -- t.V 1827 (230 [i.e. 330] p.) -- t.VI 1827 (352 p.) -- t.VII 1827 (400 p.) -- t.VIII 1827 (332 p.) -- t.IX 1827 (318 p.) -- t.X 1827 (XVI, 322 p.) -- t.XI 1827 (330 p.) -- t.XII 1828 (X, 350 p.) -- t.XIII 1828 (374 p.) -- t.XIV 1828 (IV, 327 p.) -- t.XV 1828 (XXIV, 637 [i.e. 376] p.) -- t.XVI 1828 (415 p.) -- t.XVII 1828 (VII, 388 p.) -- t.XVIII 1828 (380 p.) -- t.XIX 1828 (375 p.) -- t.XX 1820 (404 p.) -- t.XXI 1829 (XXXII, [1], 349 p.) -- t.XXII 1829 (410 p.) -- t.XXIII 1829 (350 p.) -- t.XXIV 1829 (371 p.) -- t.XXV 1829 (VII, 267 p.)
Full text
ASES ES A a E A Sd
BIBLIOTECA o Seo COEADN de obras combrador eoveildaiÉ: Y errores de estos ulbinos liempiod. pu] Comede volumen istud, et vadens loquere. EZECH. 111. V. 1. o rs TOMO XVIIL Bor órdes Aa. MADRID: Imprenta de D. E, Aguado, bajada de santa Cruze 1828.
or AS o A > Ñ AN anto atrial obaraa.
ADVERTENCIA. 4 ds la autoridad del Papa en todas sus relaciones, y defendida su supremacía irreforma= ble contra las vanas pretensiones del Galicanismo, el órden de las materias nos conduce á tralar' en esta última parte de la Biblioteca, á que ya tocamos, del Jansenismo, Esta secta hipócrita, que negando su mismo sér, aun cuando muestra mas actividad, se introduce bajo la apariencia de piedad entre los fieles, é invocando contínuamente la paz y la caridad , divide y turba los Estados, mina sordanfente los Tronos, y en union con los implos, mas implía aún que ellos, ha conducido los Monarcas á los cas dalsos, no está bajo ciertas relaciones generalmente bien conocida entre nosotros : retoño del Calvinismo, 6 mas bien Calvinismo mitigado ó mutilado, descargado simplemente de la impiedad Sacramentaria, apenas hay un punto de doctrina en que su patriarca difiera del de los Calvinistas: nuestros teólogos han hecho ver victoriosamente que desalentando por una parte, negando que Jesucristo haya derramado su sangre y muerto por todos los hombres, induce Por otra como él á la desesperacion ó al libertina= $e: estableciendo únicamente la asistencia de una Sracia irresistible é incompatible-con el libre albe: río, la cual concedida hace necesarias las bue Mas Obras, y negada disculparia las malas, hace "ecaer sobre Dios la condenación de los precitos' como efecto de un simple antojo: de su voluntad; cas:
10 tigándolos despóticamente porque no han hecho uso de unas gracias y dones que no ha querido conce derles, y sin los cuales nada podian óbrar para su salvacion; y en fin, predica otros muchos dogmas no menos atroces que éste, respecto de los cua-= les nada debemos añadir; pero es necesario consi= derarlo tambien en sus relaciones con la sociedad, No quisiéramos que se olvidase lo' que ya otras veces hemos advertido, que los errores hoy son todos sociales, y de las escuelas pasan á la so ciedad, que agitan, turban , alteran, confunden y desquician hasta por sus. bases mismas; y es- to es puntualmente lo; que desearíamos hacer conocer á lodos respecto del Jansenismo. Imaginarse que él consiste ya simplemente en unas dispútas sobre la gracia, sería lo mismo que creer que el Protestantismo actual es una disputa sobre las Inz dulgencias: no, el Jansenismo de hecho es ya un espíritu de rebelion contra la autoridad de la Igle= sia; pero declarando mentirosamente que está su— miso á sus decisiones: es en la monarquía Caló= lica, dice un pensador profundo, una Asamblea de sediciosos y rebeldes., que juran que el Sobera= no no tiene súbditos mas dóciles; pero que siem= pre halla en sus órdenes y decretos la falta de al= guna condicion para ser obligatorias: enemigo irre= conciliable de la subordinacion gerárquica, él fo= mentó desde sus principios la rebelion , estableció con sus consejos el desgraciado cisma: de Utrech, que aún dura á pesar de tan repetidas condenacio— nes de la Iglesia, inflamó á los Parlamentos de Francia contra los Obispos , puso: á pique de pe= recer la Religion en Austria y en Toscana, y unido al Filosofismo , abortó el. 1789 la espantosa: rex volucion , cuyos. desastres lorarán aún: por siglos
1001 ambos mundos. Ni es estraño : los principios sub= versivos de su sistema arrastran violentamente á la anarquía: la independencia y la igualdad fue siem— pre su divisa en el órden, espiritual, y era muy fá- Cil el trasladarla de éste al órden civil. En efecto, en aquél iguala los Obispos al Papa, no concediendo efectivamente á éste, á pesar de sus protestas, mas que un simple primado de honor, y autorizando á aquéllos para introducir ó abolir cualquiera rilo y disciplina cada uno en su Diócesi, no obstante las sanciones conciliares y Pontificias que los hubiesen escluido ó establecido: iguala los Párrocos á los Obispos, queriendo que éstos no esclusiva sino cumulativamente con ellos, egerzan las funciones en las Iglesias parroquiales: iguala los simples Presbíteros á los Curas , queriendo que en el acto mismo de la ordenacion se les conficra de hecho la jurisdiccion sobre' los fieles, de modo que en cualquiera caso puedan válidamente absolver aunque no sean aprobados por sus Ordinarios: iguala los seculares á los Sacerdotes, haciéndolos.consacrificadores con ellos en el sacrosanto Sacrificio : finalmente , desde su nacimiento hasta nuestros dias ha mostrado una disposicion constante á trasladar al poder civil los derechos de la Iglesia , á invocar el brazo secular contra la egecucion de sus leyes; en una palabra, la fuerza contra la autoridad espi= ritual, rompiendo asi todos los víncnlos que ligan Unas partes de la Iglesia con las otras, y fomen— tando la insubordinacion. Este es el punto de vista bajo el que particularmente se debe mirar hoy es— ta dolosa secta, y esto es lo que nos hemos pro- Puesto hacer, aunque sin dejar de tocar los otros do alguno de los Opúsculos que se Inc ] " “28€ Principio por un Bosquejo del Jansenismd,
: imaginario y fantástico en la re (6) siempre en negar su propia existencia en el concepto de heregía, y en pasar por un sér gion de los errores; se multiplica sin embargo y se re-. produce sin cesar bajo de mil formas diferentes: aborta una multitud iucreible de libros y folletos, invade todas las doctrinas religiosas , inficiona las ciencias Eclesiásticas: se ingiere en toda clase de escritos sin perdonar los Catecísmos (1) y libros de piedad y devocion, hace alianza estrecha con los errores mas perniciosos y absurdos, hasta Jlegar á fraternizar con el Jilosofismo mas impío y el jacobínismo mas anárquico, Y despues de tantas tentativas y agresiones, de tanlos y tan repetidos ataques contra la Iglesia Católica, y al cabo de casi dos siglos que cuenta ya de existencia, se atreve á decir aún con su acostumbrado magisterio: Yo no exis- to, ni existí, (1) Véase la obra italiana del abate Gusta, intitulada : Ensayo critico-teológico subre los Cate= cismos modernos , y el Breve adjunto de Pio VI que la recomienda : edicion de 1793 en 8.2 Puede ver= se tambien otra del mismo autor, titulada: Gli er= rori di Pietro Tamburíni nelie prevezione di Etica Christiana: en la cual hay pruebas abundantes de lo que aquí se indica.
S (7) 4. Asíque, la Historia de la Bula Unigenitus del señor Lafitau, en la cual se refiere tambien, aunque sumariamente, la de todo el Jansenismo, desde su origen hasta el año de 4736, no deberá de ser mal recibida entre nosotros, puesto que la materia es de suyo interesante, y las obras de este género no son muy comunés en nuestra lengua. La de Lafitau reune todas las cualidades que se requieren en una /zstorza: su autor presenció los hechos que refiere relativos á la Bula, y tuvo parte en muchos de los pormenores que describe: su estilo es noble y proporcionado al asunto, y en la narracion observa la mayor fidelidad y exactitud. La ligereza, pues, que le atribuyen los compi- Jadores del Diccionario Histórico llamado de Chaudon, es una de las muchas falsedades en que abunda esta obra peligrosa, por mas que sus autores blasonen de imparciales, confundiendo la imparcialidad con-la mas fria indiferencia (1). El autor de los (1) Las muchas infidelidades de este Dicciona= rio, que corrió por todas partes, y demasiado tambien por acá, dieron márgen áque el erudito y Juicioso. Feller compusiese otro mas-.exacto, del Cual se-han hecho repetidas ediciones con: aplauso
(8) Tres siglos, que debe tener voto en la materia, hace mas justicia, y la que debe hacer, á la Historia de Lafitau. “En ella, di- »ce, se observa la verdad, que debe ser la »base de toda obra histórica, y juntamente »con la verdad se halla tambien el órden, »la claridad, la analisis, y aquella modera- »cion de que nadie debe separarse jamas. » (Apud Feler, art. Lafitau).” Despues daremos una noticia mas estensa del autor, tomada de la Biografía Universal. Entre tan- to Ccopiaremos aquí un pasage que, como nota Feller, prueba muy bien que Lafitau conocia perfectamente la secta del Jansenismo, y que su conocimiento llegaba hasta divisar las cosas en la region de lo. futuro. “* Recuérdese ahora, dice, todo cuanto se ha »leido en esta Historia, y se verá que el » Quesnelismo no es, en el fondo, distinto »del Calvinismo, el cual no osando presen» » tarse hoy en Francia á cara descubierta, se “» disfraza bajo los errores del tiempo. Bien A A A A A A A II E UN de los hombres doctos y amantes de la Religion.=. La Biografia Universal, que salió despues , contie= ne muchos artículos buenos; pero es obra de muchas manos, y no todas eran igualmente puras,
(9) bse echó de ver esto en aquellos famosós » proyectos que los Quesnelistas tralan en- »tre manos, para reunir la Iglesia de Eran- » cla con la de Inglaterra; y en todos esos » decantados libelos en que han formado un » tribunal del espiritu privado. Pero aún se » veria mejor, si se presentase, lo que Dios » no quiera, una de aquellas ocasiones críti- »Cas en que se tratase de trastornarlo todo » para establecer una ilimitada libertad de —» Conciencia: si llegára este caso, es ¿nduda- » ble que los Quesnelistas se asociarian con » los Protestantes para no formar los unos » y los otros mas que un solo cuerpo, asi »Ccomo no tienen ya mas que una sola al- » ma,” Este pasage que se halla al fin del libro 6.?, y último de la Historia de Lafitau, se verificó literalmente cuarenta años . despues, y es uno de los muchos pronósticos que aquella revolucion espantosa confirmó demasiadamente: pronósticos malogrados, como los oráculos de Casandra, pero dignos hoy de la mayor atencion, ya que entonces fueron despreciados, y tratados sus autores de vistonarios, Jfanáticos, perturbadores de la paz, Xc. Kc,
(0) Y sin un atrevido pensamiento, hoy ¡oh famosa "Troya subsistieras; y tú, alcázar de Príamo opulento! ....9i mens non leva fuissel , Trojaque nunc stares , Priamique arw alta maneres, 5, Por lo demas, si el Jansenismo no hizo progresos en España, á pesar de los esfuerzos del famoso Ravechet, y de otras mil tentativas posteriores, gracias al celo ¡lustrado de nuestros Católicos Monarcas, que jamas desmintieron este glorioso renombre, ¿gracias á nuestros respetables Obispos, y gracias tambien á nuestra ¿nquisicion por los auxilios que les prestó, ya procurando la observancia de: las. decisiones de la Iglesia, ya deteniendo el curso de los malos libros, que *. á manera de un torrente perenne salian de Jos Pirineos para inundar la Península. Innumerables son los que se hallan en su Zndice espurgatorio de los que abortaba sin cesar el fecundísimo Jansenismo. Así:que, los partidarios de esta secta, que nunca: le faltaron*en España, se contentaron solamente con algunas pequeñas escaramuzas, sin atre-
(11) verse á enarbolar el negro estandarte del czsma, que es lo que queria el celosísimo Ravechet, y poco mas ó menos los herederos de su falso celo hasta el sansculote Gregoire, es decir, desde casi al principio hasta el fin del siglo próximo pasado. ¡Ojalá que | el celo de la Toquisicion no se hubiera entibiado algunas veces! Pero por desgracia se hubo de resentir tambien de las circunstancias de los tiempos, y del espíritu seductor del siglo X VIH; de aquel siglo vano y or-' gulloso, falaz € impostor, al cual se puede : aplicar lo que á otro propósito decia el Apóstol Santiago: Quicumque poluerít amicus esse seculi hujus, inímicus Dei constituitur. A esta seduccion del siglo, sobre todo en su última mitad, y áun conjunto de circunstancias funestas, se debe sin duda el que no se vean en el Indice muchos libros tan malos (y aun peores), como otros que se hallan en él; á ella se debe tambien el que algunos inquisidores hayan sido subscritores de la Enciclopedia; á ella se deben por último otras anomalías chocantes y dignas de la mayor atencion. ¿Por qué v. gr. la Crítica de Fleu- 7y (por Marqueti) hubo de sufrir la misma Suerte que las insignes imposturas del adictonador de Cabasucio? ¿Por qué la célebre
(12) Liga (1) vino á parar en la misma columna que las Cartas Persianas de Montesquieu? ¿Por qué ciertos libros corrieron libremente, siendo malos (2); y Otros sufrieron con- (1) Se sabe muy bien la bulla que metió este célebre opúsculo , cuyos anuncios se habian verifi— cado ya en parte en las sacrilegas mascaradas de Pistoya » y se-estaban cumpliendo á la letra cuando salió á luz en 1789. Cuando se publicó en castellano, nueve años despues, habia hecho ya la destruir de un solo gol-. pe todo el anti-jansenismo : : De una soñada liga la tramoya, En hora bien fatal aportó á España...., Bonola con su Liga, mal atada, La escuela inflamar quiere de Á gustino, Ex ungue leonem, (2) “Hemos visto libros de una filosofía bas. »tante atrevida , impresos en Italia »decia Mr. de La Harpe en 1794. en España, ” Véase su Dis.
(143) tradiciones siendo buenos? Yo no -estraño ciertamente que la hipocresía y astucia refinada de los novadores de todas clases haya logrado seducir á muchas personas bien intencionadas. Pero que la seduccion haya durado tanto tiempo, que haya sobrevivido á la revolucion de Francia, que haya entrado en el siglo XIX, sacrificando en él una multitud de víctimas, esto me parece un fenómeno inesplicable, humanamente hablando. No dudo sin embargo que la escasez de buenos libros, y la increible abundancia de los malos, habrá contribuido mucho á esta pasmosa ceguedad. Es una verdad tan triste como constante, dice un célebre filósofo, que se puede aplicar á los literatos aquello del Evangelio: “Los hijos de las tinieblas son » mas advertidos, ó saben promover mejor sus » intereses, que los hijos de la luz.” Véase como los malos autores hacen causa comun, se sostienen los unos á los otros, y se pro- (0 curso sobre la guerra declarada por los tiranos re= Volucionarios á la razon, á la moral, á las ciencias Y á las artes (Curs, de lit. t. 7, pág. 18, edic. de 1816). Y ¿qué sería si hablásemos de las ciencias qesiásticas , de los Febronios, Baillets, Scc., Ge. ? ens meminisse horret, |
(14) digan recíprocamente los mayores elogios sobre las mas miserables producciones, Esta observacion de La Harpe conviene con toda exactitud á los escritores Jansenistas, cuya divisa fue siempre la de amar escesivamente á sus amigos y protectores, y aborrecer de todo corazon á sus adversarios , Prodigando á los primeros los mayores elogios, y á los segundos las mayores injurias (1). | 6. Sirva de egemplo por ahora el Díc-' cionario histórico, literario y crítico del Abate Barral, del cual se forma en el Discurso preliminar de la Biografía universal el juicio siguiente: “ Este escritor, Jansenista exal- (1) Los Jansenistas son estremados en todo, sus estremos siempre vienen á parar en la ridicu. lez. De todo esto hay repetidas pruebas en el Dic= cionario de Barral. Por egemplo , hablando del fogosísimo jansenista Boursier , dice que en su obra de la Accion de Dios sobre las criaturas , vuela co », mo el águila, y sube tan arriba, que llega á empa= par su pluma en el seno de la Divinidad. La Teolo— gía de Leon en su Biblioteca eminentemente jansenística, recomienda tambien esta obra de Boursier, que segun Bailli y otros teólogos doctos , echa por tierra el libre albedrío. El Jansenismo en este pun- to es un metamorfóseos : primeramente convierte al hombre en una estátua, y despues le predica devolamente para que se convierta en un angel,
E. AD) »tado, en una época en que el Jansenismo, » seguido antes por grandes talentos, acaba- »ba de precipitarse en el desprecio público » por los escesos del mas estravaganle fana- »tismo, consagró un sin número de pági- »nas á los héroes y adversarios de su par- »tido , para ensalzar á los unos y despe- »dazar á los otros con igual furor. Así me- »reció que se lMamase á su libro el marti- »rologio de los Jansenistas, escrito por un » congulsionario.? De semejantes martirologios pudiéramos citar aquí algunos centenares. Pero acaso estos libros exagerados y furiosos, aunque detestables de suyo, no son los mas temibles de la secta, pues en mi concepto los mismos escesos á que se abandonan sus autores, deben manifestar á los lectores imparciales y juiciosos el odio que movia sus plumas, y el espíritu de vértigo que agitaba sus cabezas. 7. Mas temibles me parecen, sin comparacion, aquellos libros, y son muchos, en que los errores de la secta y las alabanzas de los partidarios, se enseñan y refieren, no so-* lo en un estilo noble y elegante, pero tambien con cierto aire de gravedad y de jui- “io, y de un modo tan seductor, que no deja traslucirse fácilmente la parcialidad de
(22) Hilario rebatir yictoriosamente los argumentos Ó los pretestos que alegaba Constancio á fayor del silencio, reducidos á que las palabras hipóstasis, substancia , SKc., no se hallaban en la Escritura, y escandalizaban por su novedad; Nolo, ¿nquit Const. nomina, que scripla non sunt, dici. Dic prius, si rec te diti putas: Nolo adversus nova venena novas medicamentorum composiliones: nolo adversus novos hostes nova bella: nolo adversus novas insidias consilia recentia, = Novitales pocum, sed prophanas, devitari Jubet —Apostolus: lu cur pias excludis? (lib, advers, Const.) En'el mismo sentido dice sanlo Tomás: Necessitas disputandi cum here: ticis coegit nos ad inveniendum nova nomina, antiquam. Jfidem de Deo significantia (O. p. q. 29, art. 3, ad Y). Bonum est proculdubio et omnibus tímentibus Deum desiderabile prohibere dissensiones ef altercationes pro causa fide?: sed non est utile et bonum cum malo destruere bonum, decia el Papa san Martin, hablando del edicto $ Typo de Constante (Concél, Later. sub Martin, L. Sect, 1V), que en nuestros d del silencio O). Do 1 tas se llamaria 7e He aquí porque el Concilio (1) Una de las faltas mas chocantes del Janse-
(23) VI general anatematizó, no solo. la: Ectesis y el Typo, pero tambien á sus defensores y protectores. Digámoslo de una vez con la máxima tan sabida como cierta: Veritas, que non defenditur, opprimitur, = Error, cul non resistitur, approbatur. Y. Asi pues, lo que pretendian estos nueyos predicadores del silencio, y lo que no pocas veces han logrado, era detener el curso, impedir la circulacion de aquellos libros que refutaban sus errores, descubrian sus tramas y artificios, y hacian ver toda la gravedad y trascendencia de sus tentativas, maquinaciones y proyectos. Asi lograron sepultar en el abismo del silencio la obra que intentó publicar el Abate Campos, poco an- A A AS nismo , es el ser hasta lo sumo inconsiguiente, ¡ Cuántas cosas mo dijo del Papa Honorio! Pues todo el delito de este Papa consistió en fomentar é inculcar un silencio intempestivo, cual sería el de un Pastor que pusiera bozales á los mastines cuando los lobos se acercasen al rebaño, Sin embargo, por este silencio imprudente, que guardó y recomendó, siniduda con las mejores intenciones, fue tratado como herege en el Concilio VI general. Este es un hecho digno de atencion, y que no admite ya la menor duda Mortal obra del ab matici, Se, , como se puede yer en la inate Bolgeni, titulada: Fatci dom-
(24) tes de la revolucion de tambien hacer recoger la del doctor Luceredi (Elizalde), intitulada (modestamente, como dice muy bien el sabio Padre Alvarado): Descuidos del doctor Y, illanueva , Xc.; descuidos que eran mas bién supercherías y artificios; presentados con Un aparato de erudicion imponente, pata propagar á su somn- ¿bra ciertas máximas favoritas del Jansenismo. ¡Qué declamaciones contra Luceredi, porque tuvo valor para decir cuatro verdades á Villanueva (1)! La suerte de las Memorias (1) En las ya citadas Cartas Eclesiásticas de illanueva se pueden ver varios rasgos de una virulencia increible, « Para V., dice, Y Sus seme— »Jantes, no hay mas Dios ni santa María que sus »0piniones (Cart, 5, Pag. 047). “Para V. nadie »es buen calificador , aunque supiera mas Teolo— »gía que santo Tomás, no siendo de los doctores »del molinismo y de la moral relajada, cuyo espí= »ritu tiene vmd. tan bebido (Carr. 6, pág. 58 ).” Desgracia es por cierto que las plu hombres 4 quienes no se les cae de los labios la caridad cristiana , y la sana moral, sean tam detractoras y tan atrozmente injuriosas , que no ha— gan escrúpulo de llamar Ateista y relajado á un hombre de bien, y de notoria probidad antijanse- nística. ¿Cómo los aprabantes pudieron permitir estas negras invectivas? Pero mejor se pregunta- Francia : lograron mas de unos
(25) de Barruel, de la obra del: Padre Cevallos (por no hablar de lo que sucedió posteriormente á las -4pologías del benemérito Padre Velez), y de otras varias que pudieran citarse, prueba evidentemente el decidido empeño que se puso en sofocar la voz de todos aquellos que osaban hablar contra la invasion de los sofismas, y dispertar á los espíritus de la especie de letargo en que estaban como sumergidos. ¡Qué clamores tambien: contra la Historia Eclesiástica de Berault, y contra las Memorias para la del siglo XVITI, á pesar de la incontestable veracidad de sus autores, y de que ninguno de ellos refiere todos los hechos y alentados que ya entonces pudieran alegarse contra el Jansenísmo! Así es como aquellos mismos que tanto declamaban por otra parte contra la ignorancia, eran justamente los cau= sadores, ó por lo menos, ocasionadores del notable atraso que se esperimentaba en esta clase de conocimientos, tan dignos de atencion en cualquier tiempo, y tan indispensables en aquellas circunstancias en que la A A A ría: ¿cómo la aprobacion de los aprobantes pudo Correr impunemente? Ruego á los teólogos doctos que la vean y txaminen , y digan si exagero.
(26) seduccion era un contagio, y el amor á lá novedad una tentacion vehementísima, 10. De todo lo que llevo dicho se puede inferir, á mi parecer, la necesidad que hay de conocer á fondo la secta del Jansenismo, y la importancia de la Historia que publicamos. Pero deseando yo dar á mis reflexiones el mayor grado defuerza posible, heresuelto. bosquejar aquí un cuadro mas estenso del. Jansenismo, en el cual, recorriendo las principales épocas de esta secta desde su origen hasta nuestros. di AS, procu= raré manifestar sus artificios ym edios de seduccion , su propagación y.sus progresos en diferentes paises, su estraña combinacion con los errores de otras sectas ¿su obstinacion en negarse á sí misma, y en desconocer los fu: nestos efectos de sus máximas y principios, aun despues que la esperiencia los hizo visibles y palpables, En fin, procuraré probar con hechos auténticos y razones convincentes, que el Jansenismo no es un fantas: ma, como se dijo tantas veces y se dice: to= davía; sino una heregía veal y verdadera, que arrancó muchas lágrimas á la Iglesia por su perversidad y pertinacia, 11. ¿Qué diria en efecto Jansenio, «si viese hoy los espantosos progresos que hi-
(27) cieron sus discípulos en la carrera del error? ¿si observase los engaños, los ardides imfa= mes , las cavilaciones y sutilezas ridículas, las ficciones é imposturas, las infracciones de las leyes mas sagradas, la multitud, en fin, de armas vedadas que no dudaron emplear en defensa de una causa que su maestro mismo habia sometido'al juicio de la Santa Sede? Sin duda -esclamaria con el célebre Lirinense: ¡O rerummira conversio, auctores ejusdem Opinionis, catholici., consectatores Vero haeretici Judicantur ! Absolvuntur magistri, condemnantur discipuli (4). Eromond AO O An FE tae gls (1) Séase lo que se fuere de Jansenio y de sus intenciones , es sumamente ridículo el entusiasmo de sus discípulos y Secuaces, que han Jlegado á po= nerle en el calendario de los santos de la secta, NYl mismo Racine confiesa que la sor Flavia no queria recibir el Formulario, ni aun en órden al dez recho, á no ser con la protesta de que fuese sin perjuicio de la gracia eficaz. “ Sobre lo cual , dice, »citaba unos escritos de Pascal contra la opinion »de Arnaldo en este punto, y tambien ciertas pre= »tendidas revelaciones y apariciones del Obispo de » Ipres (Obr. cit, pág. 216 ),” ¡Qué dolor! ver á Unas mugeres, ignorantes cuando menos , enreda= as en las cuestiones mas sublimes de la Teología, Y “mpeñadas en saber mas que el Papa y los Obis- Os! . Ab” i pos! ¡Qué Criminales los seductores de estas 1n0= Cénles!
(28) y Caleno publican el 4ugustínus contra lo dispuesto por Jansenio, quien como queda dicho y es notorio, le habia sometido al juicio del Papa; y contraviniendo en el mismo hecho á las sabias disposiciones de la Santa Sede sobre la publicacion de esta clase de libros. Ast atropellan estos hombres impru=- dentes por todas las consideraciones de la amistad, de la fidelidad y de la obediencia. Y hé aquí ya el primer anillo de la interminable cadena de errores y desobediencias, que se fueron eslabonando sucesivamente hasta nuestros dias, y arrancaron á la Iglesia tantas lágrimas amargas. No hay que pensar que estos hombres temerarios retrocedan en sus empresas. Así es que apenas sale la Bula In Eminentí de Urbano VUl (en 1642), condenando el libro de Jansenio, publican que es subrepticia, y esparcen contra ella una multitud de libelos, como el Crisipo de Fromond, las Apologías de Arnaldo (1), XKc., Sec, A (1) El objeto del Crisipo era probar la compatibilidad de la libertad con la necesidad , como 10 enseñaba Jansenio. = En la primera Apología de Arnaldo, que salió en 1643, se dice, que sí el diablo pudiese dar á los hombres alguna gracia , nO
(29) 192. Sale despues (en 1653) la Bula Cum occasione de Inocencio X, confirmando la de Urbano VII, y condenando en particular como heréticas, 8£e. cinco proposi=. ciones del libro de Jansenio, que introduci- o en Francia por los sectarios, habia causado ya los mayorés disturbios. Es constante que los diputados á Roma por el partido (y aun el abate Bourzeis y el Padre Vading, que despues se retractaron ) habian sostenido las cinco proposiciones como Católicas, y que como tales habian sido defen- O e, les daria sino la gracia suficiente. De aquí la blas. femia que erigieron despues en letanía: 4 suficienti libera nos , Domine ,condenada por Ale— jandro VIII con otras varias proposiciones de Ar— naldo, En la segunda Apología enseña éste : que la ignorancia invencible no puede servirnos de escusa den lante de Dios. En ella se contienen tambien varias invectivas groseras contra Mr. Habert, Obispo de Vabres, á quien Arnaldo llama ignorante , fala Sarlo, impostor , maldiciente , Orgulloso , «c. A esto alude Racine, cuando dice: Mr. Habert, Obispo de Vabres, fue uno de los prime "YOR contra Jansenñio: My. ¡Eon mucha fuerza ( Obr. Y “on mucha y Pada en la hie Vidar el odio gratia ros que se distinguie- Arnaldo escribió contra él cit. pág. 160). Sin duda, irulencia, y con una pluma empas l del odio jarisenústico, que hará olvatiniano, .
(30) , didas en una multitud de libros y papeles de la secta. ¿Qué harán, pues, los sectadores de Jansenio para salir de este nuevo embarazo? ¿recibirán el juicio del Papa, sostenido por el cuerpo Episcopal, moralmente unánime? No: esto sería retroceder en su marcha, y confesar que se habian engañíado, cosa bien dificil á unos novadores, tan satisfechos de sus propias luces, ¿Se sublevarán abiertamente contra el dictamen de los primeros pastores? Pero en tal caso se arriesgaria el buen éxito de la empresa, no contando aún el partido con fuerzas y recursos bastantes para empeñarse en un golpe decisivo; Ó no queriendo quizá llegar tan adelante como despues llegó... Así que, JET curren al artificio, y discurren un arbitrio para conservar en el fondo su veneracion'al libro de Jansenio, y al mismo tiempo una sombra de respeto al Papa y á la Iglesia. Enseñan, pues, que la Iglesia no es infalible en sus definiciones sobre el sentido de los libros no revelados; que esto es un pun- to de hecho, y que en materias de hecho no son irreformables sus juicios, aunque se deberá guardar en órden á ellos un silencio respetuoso ; que la Iglesia tiene razon en condenar como herélicas las cinco proposicio”
(34) nes, donde quiera que las yea, mas no en atribuirlas al libro de Jansenio en el cual no las pudieron hallar sus mas fieles discípulos é intérpretes, á pesar de haberle leido con todo cuidado y atencion. Hé aquí la famosa distincion entre el hecho y el derecho, “fruto mal sazonado del fecundo ingenio de Arnaldo. . +37 Da Iglesia, pues, depositaria, intérprete y conservadora del sagrado Depósito de la Revelacion, no podrá ya, «segun la distincion arnaldína, juzgar con seguridad si la doctrina de un libro se opone ó no se opone á las verdades divinas contenidas en este Depósito: podrá por consiguiente condenar los escritos que sean: conformes á él, y aprobar los que le sean contrarios. ¿Quién sabe, por egemplo, si los libros de Lutero y de Calvino habrán sido injustamente tondenados (4)? ¿Qué hará uno para salir de o O ia ia (1) - Estos novadores . Augustinus tutus meus est , era il quam Augus= tinum sequimur , decia Calvino Clib-35+-de-lib,:ar= bi), = Augustinus adeo 1 mihi confessío scribenda sit am Proferre abunde mihi s otus noster est, ut st , Cm ejus scriptis contex= ufficiat, decia el mismo
| (38) defender en ellas el Jansenismo? Disámoslo de una vez, la distincion del hecho y del derecho, no fue mas que un pretesto miserable del error. Ofrecén sus atr tores guardar silencio en órden y someterse desde luego - Cargan en seguida un diluvio de libros contra el uno y el otro, al primero, 15. Tantos desórdenes y escándalos reclamaban ya justamente una providencia de la Santa Sede. En efecto, el Sumo Pontifice Alejandro VI publica (en 1656) la Bula 4d Sacram, condenando en ella la vana distincion entre el hecho y el derecho, y de-" clarando la insuficiencia del silencio respeartificio, un al segundo; y des- Zuoso. Lo mismo declara despues (en 1664). en la Bula Regíminis Apostolici , prescribiendo ademas la fórmula del juramento que se debe adoptar para profesar la debida sumision á las decisiones de la lolesia, Descubiertas, pues, las sutilezas y cavilaciones del. partido, y proscriptas como vanos subterfugios, ¿qué rumbo tomarán los Jansenistas?. ¿mudarán por ventura de direccion, y entrarán por el camino llano, y el único seguro de la obediencia? No por cierto; an” tes bien se irán precipitando cada vez mas y mas, hasta llegar á caer en el horrible
(39) abismo del cisma. La lave de la ciencia (1), que el partido se gloriaba poseer esclusiva= mente, solos se sapientes jactant, mo debia, segun sus principios, ceder á la llave de la potestad. Se acoge, pues, de nuevo al asilo de su vana distincion; y sigue hablando y escribiendo, sin embargo, y cada vez ton menos decoro, moderacion y respeto. Cuanto mas insiste y se aferra en la suficiencia del silencio, tanto mas le quebranta en sus escritos y le desmiétte con sus obras. El solo Diario de Sant Amour (en 1662), basta para dar una idea muy exacta de todo cuanto queda dicho del espíritu inquieto, sofístico y engañoso de la secta, y del ningun cumplimiento que tenian sus palabras. Allí se vé, no obstante la promesa del silencio, la Apología de todo el Jansenísmo, los elogios mas desmedidos de sus partidarios, las | | (1) Esta máxima loca » aborto tambien del Protestantismo ( , Se vió despues sostenida por el Pa— dre Gerberon en su lib. titulado : Combate de las dos llaves, Kc. Asíse iban espartiendo las semillas de la anarquía religiosa , en que se precipitó Por último el Jansenismo. Y este, este fue des= Pues su error predilecto , fruto funesto de la des= Obediencia y de la mas porfiada rebelion.
(40) | injurias y el desprecio de los teólogos Católicos, que mas se habian distinguido en com-' batirle, y de los Papas y Obispos que le has: bian condenado. Así es que los Jansenistas” solo predicaban el silencio para que callasen los demas, y todos los escuchasen á ellos con: mayor atencion, q 46. Pero la prueba mas palpable de es ta verdad, y de todo cuanto se ha dicho so. bre la mala £é del Jansenismo, se halla en las arterías con que negoció la Paz Clemen tina, 6 paz de Clemente 1X. No es del caso. entrar aquí en el pormenor de los mane- Jos y artificios que precedieron á esta fal sa conciliacion, que se pueden ver referidos. por estenso en la Historia de Lafitan. Es incontestable que los cuatro Prelados refrac tarios prometieron subscribir el Formulario, como le habian subscrito: los. demas Obis- 1 - pos, sin distinguir el hecho del derecho; y | que cuando el Papa les dió el parabien por esta mudanza, protestaba en el Breve que y les dirigió (en 19 de eneró de 1669 ), ques Jamas hubiera el admitido escepcion ni rest triccion alguna, ¿Quién creyera, pues, que : el Jansenismo hubiese de hallar en esta an el triunfo de «su “causa ? Desde luego acuña medallas para celebrar esta época, memoras
(41) ble sin duda por la felonía y la pérfidia con que obraron los sectarios, asegurando lo que no habian hecho, ni tenian ánimo de hacer, y prometiendo ló que no pensaban cumplir. Publica historias infieles (3) de la negociacion y acomodamiento, desfigurando la verdad sin escrúpulo y sin vergúenza; y despues de haber hecho en tiempo de paz bastantes preparativos para la guerra, da la señial de ataque en el famoso Caso de conciencia (en 1701), y comienza las, hostilidades con mas furor que nunca (2). Pero supongamos por un momento que se declaró en aquella época la suficiencia del silencio respetuoso; como los Jansenistas lo pretenden, contra la evidencia de los hechos. ¿Guarda- A (1) Tales como la Historia del Formulario, y de la Paz Clementina, y la Paz de Clemente IX, publicadas por Quesnel. El objeto de la última era no solo defender el Jansenismo, sino tambien desacreditar la Historia de las cinco proposiciones , es= crita por el doctor Dumas, y apreciada generalmente por su fidelidad y exactitud. (2) Por aquél mismo tiempo salió , como preámbulo del rompimiento, un libelo titulado : ustificacion del silencio Pespetuoso, que mejor se iO Justificación de la licencia de hablar y rambo que quiera cada uno, sin el menor mi ni respeto á las decisiones de la Iglesia.
(42) ron por ventura este silencio, mente prometido? Tambien aquí respouderán los hechos mas perentorios, las obras de la secta, los innumerables escritos de todas clases, que salieron y Se reprodujeron durante aquella falsa paz: Deco lum meum, dicentes ; Pax, Permítaseme acomodar al asunto estas palabras de la Escritura. En efecto podia esperar de unos hombr mos escritos, publicados entonces, llevan en sus portadas y títulos la mas insolente decla= racion de guerra implacable? L imaginarias, por Nicole; los Dos vVisiona= rios, obra del mismo; la Fantasma del Jansenismo, por Arnaldo; la Heregía de la dominación Episcopal , por Le Noir (1): estas tan solemnetrunt popu= el non est paz. , ¿Qué paz se €s cuyos misas Heregías (1) En esta obra incendiaria, cuyo solo título es un atentado de los innumerables que cometió el Jansenismo contra la Dignidad Episcopal, se dice entre otras cosas, que los Obispos Actuales eran réprobos, y que no podian, por lo mismo AS por mas tiempo gobernando la Lglesia, $e. En ella se. dan la mano el Janserismo y q] Presbiterianismo, que al fin se abrazaron estrechamente » COMO se verá despnes. Ya en el libro del Abate Boileau, De antíquo jure Prest Ylerorum, publicado poco an= tes (en 1678) se hallan varias máximas Presbite— rianas y Richeristas (Véase el Dic. de Feller),
(43) y Otras obras semejantes, producidas y reproducidas á la sombra del pretendido silencio, ¿no son una provocación insolente de la guerra mas encarnizada? Oigamos á Racine en las Cartas ya citadas al autor de las Heregías imaginarias, y de los Dos visionarios: “Veinte años hace que estais di- »ciendo ¿odos los días, que las cinco pro- » posiciones no se hallan en Jansenio (¡Oeuv. »de Racine, t. h., pag. 55, edit. cit.).=De- »jad ya de repetirlo, pues si os he de ha- » blar francamente, estamos resueltos á creer » mas bien al Papa, y al Clero de Francia, »que no á vosotros (pág. 60 ). El número »de los que condenan á Jansenio es muy »grande: ¿qué arbitrio, pues, para darse á »conocer en medio de la multitud? Pasaos »al corto número de sus defensores; haced »el papel de hombres importantes ; imagi- » nad, si os parece, que por todas partes se » habla de vosotros, y se os busca para pren- »deros; mudad á menudo de aposento y de » nombre; y sobre todo alabad sin tino á » vuestros compañeros: no basta el colocar- » los junto á David y Salomon, como lo ha- » beis hecho ya; ponedlos aún mas arriba A (o. pág. 64 ).? No quiero pasar adelante sin Copiar aquí un rasgo moral, de los muchos
S (44) que ofrecen estas e] perfectamente retr nismo: “De mi »le, que tr ebres Cartas, que tan atan el carácter del: Janse- Smo modo, dice 4 Nicoatals á Desmarets, habeis tratado »sSiempre á todo el mundo. Si una muger » perdida, y un hombre disoluto,-se decian » amigos Vuestros, nunca desesperábais de »su salvacion; pero al contrario Juzgábais » de los que eran poco favorables á vuestro » partido, POr virtuosos que fuesen. Lo mis- » mo tratábais la ciencia que la virtud. No » bastaba Para ser sabio el haber estudiado » toda la vida, y leido todos los autores; era ” menester haber Jeid » y no haber hallado en él las »sSIiciOnes. No dudo « ; porque á la que vosotros no ha» 8.59)?” Ha trans- > POrque prueban á un mis. e aquí se dice » verdad ¿qué cosa hay » llezs en los Padres (pá crito estos Pasages mo tiempo lo qu se dijo ya sobre las palpables que hay entre el Racíne de las Cartas y el Racine del Compendio de ly Historia de Port-Royal, ¿ Y qué sería si cotejásemos tambien á la M. Angélica d la M. Angélica del Co 0! aparece ridícula; en éste se la 1] » Y lo que Contradiciones
(45) y se dice: que Dios se dignó confirmar su santidad por medio de muchos milagros; que se podría referir un gran número de ellos, 8tc. (pág. 223). ¡Qué terrible cosa es el espíritu de secta! ¿Qué cabeza mejor organizada que la de un Juan Racine? ¿qué falsedades. mas vergouzosas que las de su Compendio? Por eso dudaba yo que fuese suyo. Fa 17. Ademas de estos libelos que acaban de citarse, tan eminentemente provocativos por el solo aspecto amenazador de sus títulos, salieron otros muchos en aquella misma época, tanto mas perjudiciales, cuanto enseñaban los errores de la secta bajo de títulos- especiosos. Los 4ños Cristianos, los Devocionarios , las Meditaciones piadosas, los Catecismos, la misma santa Biblia, el Misal, el Breviario, toda clase de libros sagrados, profanos, eclesiásticos, místicos, Ke., de todo echaba mano el Jansenismo para difundir su veneno en traducciones, observaciones, reflexiones, anotaciones y cavilaciones. En el solo Espejo de la piedad Cristiana (1670) del famoso Padre Gerberon, se halla refundido todo el Augustinus de Jansenio. Las Homilías de san Juan Crisós=- lomo sobre san Pablo, traducidas por Nico-
(46) lás Fontaine (autor del Salterío de David con notas cortas, «ec. (*), salpicadas de Jan. senismo , ridiculamente místico), y publicadas en 1684 (1); Esposicion de la fé sobre la gracia y la predestinacion (1696 ); la Historia compendiosa del Jansenísmo (1698); la Doctrina Agustiniana de la Telesia Romana, y otras innumerables obras de aquel tiempo, en las cuales hormiguean las máximas jansenísticas , acompañadas ya de otras doctrinas heterogéneas , pero igualmente falsas, prueban hasta la evidencia mas palpable la inobservancia, el desprecio y la escandalosa infraccion de cuanto habian prometido, reconocido y jurado los Jansenistas. Véase otra prueba luminosa que suministra E (*) Este es el refundido en la Nueva traduccion de los Salmos de Virués, de que hablamos en el t. 4.2 de la Biblioteca, aunque no hicimos allí mas que una ligera indicacion, (1) Esta traduccion ó depravacion escandalosa, en la cual aparecia el brillante ingenio del Crisóstomo desfigurado Jansenísticamente, fue condena da por el Papa Inocencio XI en 7 de mayo de 1687. Otra prueba mas de lo que ya he notado en órden á este Papa. Su autor Nicolás Fontaine, á quien Arnaldo habia pervertido, fue una de los pocos Jansenistas que se retractaron Sinceramente, y detestaron de yeras sus errores,
(47) el famosísimo Quesnel en su obra titulada: La fé y la inocencia del Clero de Holan- . da, £c. (en 1700): “El Jansenismo, di- »Cce, consiste en las cinco proposiciones ; y »no habiendo en la Iglesia ninguno que las »enseñe, se sigue, que el Jansenismo es una »quimera, y un Jansenista es un mero fan- »tasma, que se dice andar por todas partes, »pero que nadie ha podido hallar todavía.” Phantasma Jansenismi, quesítum ubique, el nusquam repertum, preterquam in laborante quorumdam phantasia, decia tambien una de las proposiciones condenadas por la Célebre Asamblea del Clero de Francia en 1700. : | 18. Asi hablaba el astuto Quesnel, cuando sin hacer aún mencion de las Reflexiones morales, habia diseminado ya el Jansenésmo en varios libros y papeles que ince- Santemente publicaba, aunque con nombres Supuestos, Poco antes habia publicado, bajo el nombre del Abate Dumanoir, una Defensa (pretendida) de los dos Breyes de Ino- .cencio XII ú los Obispos de Flandes (de 6 de febrero de 1695, y de 24 de noviembre de 1696), que no es en realidad mas que Una defensa de la secta y de sus inicuas pretensiones. Los Jansenistas y sus amigos, y
(34) bio español, que deshace y pulveriza esta porfiada pretension de no admitir mas Jansenismo que el de las cinco proposiciones, renovada en aquel tiempo de infausta memoria por nuestro Villanueva: “De modo que » (segun ella) quien diga lo mismo que Jan- »senio, como lo diga en otros términos, no A A A E A pretesto de otra calificacion mas que de las espresadas en los artículos anteriores, que son las que acabo de referir (Ley sobre la libertad de la imprenta, decret. de 22 de oct. de 1820, tit. 3, art. 18). La calificacion de obscenas solo recae sobre las obras en lengua vulgar (ibid. art. 15 ). Así que las obscenidades en cualquier otra lengua podian correr im- Prnemente. ¿No es esto insultar al sentido comun ? ¿Y qué idea se formaban de la Religion Católica estos novadores insensatos , que solo reconocian la prohibicion de aquellas máximas 6 doctrinas que conspiran de un modo directo á dest rutr Ó trastornar la Religion del Estado, y no admitian mas califica= ciones de las doctrinas contrarias al dogma (tit, 2.)? Como si todas las heregías, falsedades y errores contrarios á la doctrina revelada, fuesen subyer= sivos de la Religion, en el sentido que aquí se dice, El que asegurase, por egemplo, que Salomon no fue hijo de David, ó que David y Salomon no existieron jamas , cometia Un error contra el dogma; pero no se diria por esto solo que tratase de trastornar la Religion. Véanse las calificaciones usa= das en el Concilio de Constanza Contra los errores de Wiclef y, de Juan Hus,
(55) »es Jansenista. Quien por sostener á Janse- » nio revuelva este mundo y el otro, resista »á la autoridad de la Iglesia, desobedezca á >» su Cabeza, infame á sus Obispos, insulte á »sus Doctores, divida á sus fieles, Xc., no »es Jansenista, Quien abrace la doctrina de » los discípulos de Jansenio (Arnaldo y otros), »condenada por Alejandro VIL; quien mire »como un oráculo venido del ciclo á Ques- > nel, condenado por Clemente XI; quien »lea á pasto el Sínodo de Pistoya, conde- » nado por el mártir Pio VÍ; quien comuni- »que con la Iglesia, ó (por llamarla como » debo) con la sinagoga de Utrech, erigida » por Pedro Codde, y anatematizada por la » Iglesia Universal, no es Jansenista, Quien » haga liga con los Calvinistas, Luteranos y » filósofos , para establecer un sistema de Igle- » sia diametralmente opuesto al que institu- »yó Jesucristo, y exactamente conforme con » el que soñó el apóstata Quesnel, no es Jan- »senista. Jansenismo, segun Y, (Ireneo Nis- » tactes) son las cinco proposiciones (1). Jan- TS AC E A (1) De puro repetir esta falsedad lograron los Jansenistas que la adoptasen tambien incauta ó in- Advertidamente muchos escritores doctos y piado= S0S, que seguramente no han meditado bastante
(56) >senismo segun el Hancio, y segun la acep= »cion de todo fiel cristiano, es el tegido de » doctrinas y disparates que trazó Jansenio, » y que han llevado al cabo sus partidarios » y discípulos (4), ” desenvolviendo su sistema, y agregándole una multitud de errores heterogéneos, que tal vez no habrán entrado en el plan de Jansenio y de los primeros Jansenistas , cosa que nos importa muy poco, y que concederemos gratuitamente, si asi lo quieren sus adoradores entusiastas (2). | sobre sus consecuencias, ni conocido la frivolidad y nulidad de los fundamentos en que se la quiere Compendio de Ber= - m Pontificum, et y) cimus prater V damnatarum thesium defensores (lib, 16, cap. 2, pág. 130, ed. de Madrid de 1805 ES El Padre Gazzanig ndo al mismo Papa: Eos damnant , et solum eas in Jansenío re, ) €g0 proprie Dertrí negant Janseniano nomine infamart non POSse censeo, Es de= Jansenio, y cir, que los mas fieles discípulos de los mas decididos apologistas de su sistema , NO son Jansenistas. Omito las reflexiones que se agolpan, pues he dicho ya bastante. (1) Carta XVIII del F . cont. Ireneo Nistactes SenÍsMO y Pág Le. (2) Séase lo que se fuere, vuelvo á decir, de tósofo Rancio , y última >» Procurador general del Jan=
(57) 91. Volviendo ya de esta especie de digresion , que me ha parecido sumamente importante á la época de que antes hablaba; en ella, es decir al fin del siglo XVH, se estaban desarrollando en Utrech las semi- Mas del cisma que habian esparcido allí los refractarios franceses bajo la proteccion de Juan Nercassel y Pedro Codde, Vicarios Apostólicos de Holanda. Bien sabida es la resistencia del último á la' suscripcion del Formulario, y la insolencia con que á su sombra se burlaban los Ultrayectanos de todas las Bulas que habian salido contra el Jansenismo. Así lograron erigir allí una Igle- A los designios de Jansenio , está bien lejos su 4gus= tínus de merecer los desmedidos elogios que le prodigaron sus adoradores. El que quiera ver esta verdad demostrada, lea la obra del Padre Fortunato de Brescia, titulada: Sistema Jansenii de gratía Christi methodice expositum et theologice confutatum. Matriti 1755. Allí verá, entre otras cosas, que el - pretendido intérprete de san Agustin , fue un mi-= serable plagiario de los Protestantes. Sépase tam— bien de paso que este innovador tuvo la estravagante osadía de afirmar que el Antiguo Testamen- to no fue otra cosa mas que una gran comedia : Profecto nihil aliud fuisse Testamentum illud perspicuum est nisi magnam quamdam comodiam (lib. X> cap. 8). ¡Qué reflexion tan piadosa!
(58) sia cismática, y cismáticamente devota, que sirviese de asilo, como en efecto sirvió, á todos los Jansenistas del mundo. Mientras se iba organizando este cisma escandaloso de Utrech, se renovaban en Francia las hostilidades jansenísticas en el ya citado caso de conciencia (de Mr. Perrier, sobrino de Pascal), fruto de la perfidia y del perjurio, y res” taurador de todo el Jansenismo; y en un escrito infame de Quesnel, titulado: Carta de un Obispo á otro, ó Consulta sobre el famoso Caso de conciencia, libelo infamatorio, no solo de los doctores que habiendo subscrito el Caso, se retractaron despues, apenas adyirtieron la sorpresa y las consecuencias, sino tambien del Cardenal de Noailles (objeto. y blanco de la Carta) que le habia condenado, como renovador de las cuestiones decididas ; favorable á la práctica de los equívocos , de las restricciones mentales , y de los perjurios; derogatorio de la autoridad de la Iglesia y de la sumision que se la debe, X«c. Pero las invectivas de Quesnel contra este Prelado, recaen igualmente sobre la Dignidad Episcopal: “No nos lison- - »jeemos, dice: en materia de raciocinio na- »da sirven la mitra y el báculo; una razon »mitrade y armada del báculo pastoral, no
(59) >» deja de ser una razon humana, sujeta por, »eso á engañarse.” Todas las razones mitradas son sin duda razones humanas; pero la infalibilidad que Jesucristo prometió á la Iglesia, no está ligada: á Ja razon, sino á la autoridad, que no puede menos de, ser razonable, cuando es competente. Segun este sofista, que habla como un Juliano, habrá de ser preferida la razon á la autoridad en las controversias dogmáticas. Meam disputationem dialecticus acutus ¿rrides. E go veró non Aristotelem vel Chrisippum, multó mínus vanum cum sua loquacitate Julianum, magistrum delector habere, sed Christum (4). Así respondia san Agustin á las sutilezas de Juliano, y así pueden responder todos los Obispos Católicos á la ciencia hinchada, vana y orgullosa del Jansenismo: Hec est vestra preclara scientia, nulli hominum comprehensibilis nisi prudentíbus paucis, nec 1p- Sis nisi laborantibus miseriis (2). ¿Quid adhuc queris examen, quod jam factum est apud Apostolicam Sedem? ¿Quod denique Jam factum est in E spiscopal? judicio Pales- (FU 5 5 (1) Lib. 5, op. imperfect, cont, Julianum, n. 23. edic. Ven. 1730. (2) la ibid, n, 3,
- (60) sino? Damnala ergo heresis ab Episcopis non adhuc examinanda, sed coercenda est a potestatíbus Christianis (1). ¿Por qué no observan esta regla los que se titulan discípulos de san Agustin” Porque son en realidad sus enemigos y detractores, 92. Pero volviendo al asunto principal, el Jansenismo se preseuta en esta época enriquecido ya con las adquisiciones y conquistas que hizo por espacio de mas de medio siglo; se halla provisto de varios preparativos que se procuró diestramente durante sus insidiosas treguas y fingidos armisticios; cuenta con suficientes reclutas egercitados en su táctica, y tiene por último una colonia en Holanda, que le presta, y puede prestar , los servicios mas importantes. Así entra la secta en el siglo XVUT, «señalando . su primer año con una de sus escaramuzas. Era, pues, indispensable oponer un nuevo dique al torrente de los errores, y conjurar la tempestad de libros jansenísticos, que sin 4 A (1) Lib, 5. op. imperfect. cont. Julianum. lib, 2. n. 103. Es una verdad digna de notarse, que el Pe= lagianismo y el Jansenismo son las sectas mas pa= recidas en los artificios y medios de su defensa y propagación, :
(61) cesar derramaban una nube de tinieblas sobre las verdades mas incontestables, hacien= do los mayores esfuerzos para obscurecer tambien, las decisiones de la Iglesia. Para ocurrirá tantos males publicó Clemente XI su Bula Vineam Domini (en 1705), renovando y confirmando en ella las de sus predecesores contra esta secta perversa y pertinaz; descubriendo y refutando sus artificios y fraudes, y declarando, en fin, solemnemente que ni sus predecesores reconocieron jamas, ni él reconoce tampoco ni puede reconocer la suficiencia del silencio respetuoso; que con este subterfugio falaz mo se depone, sino que se oculta el error; se cubre la llaga, pero no se cura; ni se obedece sinceramente á la Iglesia, sino de una manera ilusoria: Fallacis hujus doctrinee pallió non deponitur error, sed absconditur; voulnus tegitur, non curatur; Ecclesie ¿lluditlur, non paretur (1). (1) Entre los escritos furibundos que lanzó el Jansenismo contra esta Bula, merece mencion aquí el famosísimo del Doctor Vitt, intitulado: Denun= ciatio solemnis Bulle Clementina: , que incipit Vineam Domini, facta universe Ecclesia Cathotice. En ella pretende este frenético subleyar á todos los ficles
(62) 23. Adviértese poco despues el veneno del Jansenísmo, notado ya mucho antes por algunas personas doctas, en las Reflexiones morales de Quesnel, de este famoso Quesnel que tanto se habia distinguido ya por su tnobediencia y osadía, y por sus muchos escritos á favor de la: secta. La Santa Sede proscribe tambien esta produccion capciosa y fraudulenta, fruto ponzoñoso de la cavila= cion de muchos años, fundida y refundida varias veces, y dispuesta en fin con todo el artificio de que es capaz el espíritu del error para iusinuarse en los ánimos de las personas inadvertidas, tacautas y sencillas, Aquí tenemos ya una de las épocas mas memorables del Jansenísmo, en la cual desplegó la secta toda su energía, y se constituyó por fia en un estado de guerra abierta y permanente contra la Iglesia de J. C. La Bula Unigenitus (en 1713) sirvió de pretesto al rompimiento; pero la muerte de Luis XIV, dos años despues, fue la ocasion verdadera, A e contra dicha Bula, obra de tinieblas , restauradora del pelagianismo, destructora de la gracia, infamato= ria del santo Obispo de Iprés y de su libro divino, Sc., «c. Vid. Bolgeni, Fatti dominatici, tx, cap. 1. pág, 31, ed, de Koma de 1795, |
Ú (63, “Este príncipe, dice un escritor de los que »mas le censuran por otra parte, era sin du- »da un católico celoso y sincero: tenia mu- »Cha sangre española en sus venas para de= »Jar de ¡ser profundamente adicto á la Re- »ligion Católica; imitaba en todo á su ma- » dre, española y muy religiosa, la cual » habia sabido reunir en él la solemnidad »de las grandezas de España gon la elegan- »cla y el gusto de la córte de Francia.” - Así pues, su amor á la Religion, por un lado, y por otro la persuasion en que esta= ba de la tendencia del Jansenísmo á la democracía (1), le hicieron mirar á esta secta, si no con todo el horror que inspiraban sus máximas anárquicas y feroces, con la suficiente desconfianza, por lo menos, para no dejarse sorprender de sus artificios, fraudes Y maquinaciones, qAe-—__—_—— y (1) Es tan sabido , como cierto, el dicho del abogado general Talon, en su requisitorio de 25 de enero de 1687: Hace ya, decia, 30 años que la secta del Jansenísmo no omite ningun. medio para —dismínuir la autoridad de todas las potestades ecle— Slásticas y civiles, que no le son” favorables. El P. erberon atribuye este rasgo á una pasion amorosa; Porque cierta señorita se habia metido religiosa en ort-Royal, Para todo halla respuestas el Jansenismo,
| (70) signados en millares de libros de todas cla= ses, en los archivos, en las “bibliotecas, y en todo género de monumentos (1). De aquí los esfuerzos reiterados de los Jansenistas y sus amigos para desfigurar los: hechos que no se atreven á negar del todo, para desacreditar á los autores mas verídicos , y para derram ar, en fín, una nube de tinieblas sobre los documentos mas: fehacientes, los pasages mas claros y decisivos, las historias y relaciones «mas' verdaderas y exactas (2) (1) Las Anécdotas 6 memorias secretas sobre la Const. Unigenitus, por Villefore (de las cuales da noticia ] sañitau ), son una buena prueba de estos esfuerzos, impotentes es verdad, pero demasiado útiles al error. Y entre otras infinitas, lo son tambien las Adiciones 4 Cabasucio, por Luis Guerra tantas veces citado; las cuales, sin embargo de estar prohibidas, y justísim a Inquisición, servian de t las hace no muchos años. Dejo aparte las infidelidades del Historiador gener ¡ pendio del Ab. Racine (po poeta), las falsedades de ] mo por Tosini, ec: de negar, es laborios [4 ntos de perversión , Obispo de Lodeve»
(71) 26. Oigamos aqui á un Obispo docto y celoso levantar enérgicamente su voz contra los errores de los Apelantes, cuando aún se hallaban éstos al principio de su carrera: “ ¿Quien podrá negar los daños que ocasio- »nan á la fé la resistencia y apelacion? No »se quiere hacer caso del Calvínismo, reno- »vado en muchos libros; del Presbiteria= » nismo, iusinuado, favorecido, y aun sos= » tenido abiertamente en proposiciones y Cara »tas que se publican, y en obras cuyos au- » tores no se ocultan mas que á medias, ni »se avergiienzan á las veces de poner allí »sus nombres. Se impugna en Saumur la » muerte de J, C. por la salud de todos los . » fieles; en Marsella el dogma de la Pre- »sencia real (1), y esto en proposiciones » públicas, Varios Regulares apelantes predi- (e o, habla en su escelente instruccion pastoral de 1765 de una lámina, en la cual estaban representados Jansenio , Arnaldo, Pascal y Quesnel , como cau— dillos de una tropa de combatientes que atacaban y subyugaban á Roma ( pág. 214). De semejantes lá- Minas y pinturas, incitadoras á la desobediencia y al error, se sirvió muchas veces el Jansenismo. (1) Mandamiento del Ob. de Marsella de 8 de diciembre de 1718, que condena muchas proposi= ciones contrarias á la doctrina de la Iglesia acerca
(12) »can en mi Diócesis, oyen las confesiones » de mis súbditos y los absuelven, no solo »sin mis licencias, pero contra mis prohibi- »Ciones, Se imprime y se publica que la » Bula de Pio V contra Bayo es apócrifa, » abusiva, inútil, perjudicial á la verdad (1); » y que la Carta de los 85 Obispos de Fran- »cia al Papa Inocencio X, en que se habla »Con respeto de esta Bula, fue enviada furti- > vamente, y no tiene autoridad alguna (2). | | de la Eucaristía, enseñadas por los Padres del Ora-. torio (no de S, Felipe Neri, sino de Jesus , fundado por el Cardenal de Berulle ) de aquella ciudad. (1) Carta 22 del P. de Gennes, P. del Oratorio, al Ob. de Angers, fecha en París á 5 de ebrero de 1719.=De este apelante se refiere en la historia de Su vida y virtudes, que estuvo 15 años sin comulgar. Estaria disponiéndose. Pero ¿quién le habria: dispensado de observar los preceptos de la Iylesia? Los Jansenistas se dispensan ellos á sí mismos: Dum vilant stulti vitia, in contraria currunt, (2) ¿Quién creyera que esta notoria falsedad se hallase tambien insinuada por un escritor tan el P; Gazzániga? -n bien estas pala— bras suyas: Janseni; OSOres , dice, ad Innoc. X con— fugerunt , et nomine 85 Galliv Episcoporum y Sep= tem propositiones ex Jansenío excerptas illi obtulerunt (de Grat. t, 6. cap. 5. núm. 60 ). Dejando aparte
(73) G - FEO ñ Y » Se aventuran estas maxtmas escandalosas a »vista de su Eminencia (el Cardenal de » Noailles ), y el que las publica, quiere que »sepamos quién es, y que se llama el P, »de Gennes; Presbítero del Oratorio de la » casa de san Honorato de París; es decir, »que: hace como alarde de su temeridad, » queriendo tambien hacer cómplice á una » Congregacion, en la cual se prohibia' en »otro tiempo, por deliberacion solemne de »un Capítulo general (de 1678), el sos- »tener ninguna de las proposiciones de Ba- » yo.” Hé aquí abusos reales, frecuentes, pú- O aquello de osores Jansení , que no es lo mismo que osores Jansenismi, que ciertamente no es muy ama— ble; ¿qué quiere decir toda esta relacion simo que los 85 Obispos de, Francia no recurrieron al Papa por sí mismos, en su nombre, con su auloridad, sino que los enemigos de Jansenio recurrie— ron en nombre de los Obispos, usurpándole tal vez, ó arrancándole por lo menos? Así se desfigu— ra y afea un hecho de los mas auténticos, y uno de los monumentos que mas honran á la Iglesia de Francia. El mismo Juan Racine lo confiesa inge nuamente, y que cada uno de los 85 Obispos fir= -Mó la Carta en particular. Solo advierte (pues era preciso buscar algun efugio ) que muchos de ellos la firmaron sin saber lo que fermaban, ni lo que se hacian (obr, cit. pág. 160 ). e $
y (74) »blicos, tan comunes como los libros en que »se contienen, y tan sabidos como los lu- » gares por donde circulan estos libros. Nos- »otros no citamos los abusos de una mane- »ra vaga y general; mostramos por menor »los errores que se enseñan ; decimos deter- » minadamente quiénes son los que hacen » de la Iglesia una república (4); quiénes son A A A A (1) Esto es, un estado republicano. Nadie ignora que la palabra repúbiica significa en general un estado constituido, de cualquiera clase que sea su gobierno. No era pues necesario que Lakis nos lo advirtiese; cuando dice: Potest Societas Christiana non inepte Respublica Ecclesiastica appellari, Pero es una mera falacia la consecuencia que deduce de aquí para escusar á Marco Antonio de Dominis: ¿Nec erat, añade, cur ob eam rem tam acrí multorum censura dignus putaretur Marcus Ántonius de Dominis (Precog. jur. Eccl. part. 2, sect. 1, cap. 7158. 77). La censura de Marco Antonio de Dominis no fue, como Lakis lo supone, porque llamase á la Iglesia república, sino porque negaba que su gobierno fuese monárquico: Monarchive forma'non fuit immediate in Ecclesia á Christo instituta, proposicion que la Facultad de Teología de París calificó de herética en 1617, Ademas, enseña— ba otros muchos errores en sus libros de República Ecclesiástica, que como confiesa él mismo en su retractacion de 1622, estaban llenos de heregías! heresibus pleni, No es menos vano el conato de Lakis por escusar á Richers , quien confesó igualmen-
(75) »los que insisten todavía en llamar fantas- »ma al Jansenismo, quiénes son los que » enseñan que los Obispos solo :son testigos »y no jueces de la fe; quiénes son los que » ponen el testimonio de la verdad en el gri- » to del pueblo (4); que insultan al Papa, » desconocen la autoridad de la Santa Se- »de, c.= He manifestado por menor una » parte de estos escesos en mi tercera Ád- >oertencia, citando las proposiciones y los »libclos de donde fueron sacadas. Otros Obis- » pos se oponen á las novedades aun con » mas celo que yo; y no solo han publica- » do el juicio que formaban de estos errores, » pero han señalado tambien los escritos y » libros en que se hallan.” Asi hablaba (2) el célebre Obispo de Soisons, Mr. Languet, A te sus errores, retractándose primera y segunda vez, en 1629, y en 1631. Es bien uotable que Lakis quiera disculpar á unos hombres á quienes ni un Febronio se atrevió á defender, aunque de hecho los sigue: Paulus Sarpi, dice, el Edmundus Richer fuerunt osores Popatus , qui Lutherum et Calinum habuere ductores (in Append. 1, ed. de 1 768). (1) El Padre Laborde en la obra ya citada del Testimonio de la verdad en la Iglesia. (2) Not. sob. la Inst. pastoral del Cardenal de Noailles de 1/, de enero de 1719.
(76) Prelado estimable, cuyo celo y conducta, conocimientos y escritos hacen honor al Clero de Francia (1). 27. Estos y “otros innumerables errores que á la sombra de la resistencia y apelacion de cinco Prelados, brotaban por todas partes, y se publicaban con el mayor descaro por sus secuaces y seductores, por los viles aduladores de sus personas, eran har- to mas notables y capaces de escitar el celo de unos Obispos, que no el decantado Molinismo de la Bula. Dá lástima ciertamente ver al Prelado de la capital del Reino entregado, digámoslo así, á discrecion de los rebeldes, tolerando sus errores y acogiendo á sus personas, verle seguir sin discernimiento las sugestiones de un Laborde (2), , EP gqggqqAqAAAA A A y (1) Biografía universal , art. Languet, (2) En la Biografía universal, citada ya muchas veces , se asegura que este mismo autor inclinó despues el ánimo del Cardenal de Noailles á la aceptacion de la Bula, y que corrigió su obra del Testimonio de la verdad en las ediciones pos— teriores. Sin embargo, este fue siempre el código de anarquía del Jansenismo, que se puede, á mi parecer , definir muy bien El contrato social eclesiástico de los Jansenistas , bosquejado por un entue - siasta de los Apelantes, Su. obra póstuma, titulada
(77) es decir, de un partidario fogoso y exaltado, que acababa de atacar furiosamente la autoridad de la Iglesia, confundiendo su ór= den gerárquico, y poniendo el incensario en manos de legos; verle publicar dos Pastorales voluminosas; suministrando armas en ellas para defender todas las apelaciones del error, desde la de los Pelagiamos hasta la de los Protestantes; truncando y falsificando los pasages de varios.autores Católicos, vio= lentando y torciendo el sentido de sus palabras , y haciendo por. estos medios que hasta. Melchor Cano y Francisco Victoria digesen lo que á él, ó mas bien al Padre Laborde le placia, y autorizasen su conducta en este negocio, y saliesen por fiadores de los apelantes (1): Mala causa te vana Principios «sobre la esencia, distincion y límites de las dos potestades , condenada por el sabio Pontífice Benedicto XIV, prueba (si no salió adulierada por los Jansenistas) lo poco que habia mejorado en sentimientos. (1). A Melchor Cano, uno de los mas profundos teólogos que se conocen, y de los que mas necesidad hay, en mi concepto, de estudiar á fondo en el dia, se le cita en la primera pastoral (pág. 52) para probar que el mayor número de Obis- Pos puede errar; pero se omite maliciosamente que Cano habla solg en el caso de que este mayor nú-
(78) loqui coegit: malam vero te habere causam nemo coegít (Aus. ad Faust ). ¡Qué dolor, ver á otro Prelado empeñado seriamente en sostener los pretendidos milagros del Diácono París, como verdaderos milagros obrados por Dios en confirmacion del Jansenismo! Los deplorables estrayíos de e eros pastores, seducidos ] la. secta mas perversa riblej que debieran stos priastimosamente por ,», Son. una leccion termeditar y tener siempre A mera 8 EA AMARO mero se aparte del Papa, como se puede ver en el lib. 5. de Locís Theolog. cap. 5. = Al insigne Francisco Victoria se le cita en la segunda pastoral (*) (pág. 25) para justificar la apelacion con su doctrina en la Relect. de potest, Pape et Concil. prop. 2. Si estos compiladores de citas desatinadas no hubiesen estado ciegos , hubieran advertido que este sabio teólogo, sobre no favorécerlos en aquel lugar , los condenaba espresamente poco mas ade— lante (en la proposic. 19), donde despues de haber negado el derecho de apelación , añade: Sed dato quod secundum sé licéret appellare, dico quod non expedit. Primo probatur experientia et exemplis, Om nes enim appellationes hactenus facte ad Concilium» male cesserunt, et tandem devenerunt in schisma: ali quod, vel etiam in heresim, Se — Oigamos tambien á su discípulo Cano: Vilius mod; appellationem in fidei presertim dogmate, Ecclesia nescit, nam ea haretici solum utuntur (lib.:6, cap. 9). (9) Aunque esta segunda pastoral salió en sú nombre, no es obra suya, ó es dudoso que lo sea, .0-
(79) á la vista esos predicadores modernos, y exageradores atrevidos, de los derechos inherentes á la persona de cada Obispo ; esos nova= dores temerarios, teólogos y canonistas que quieren hacer de cada Diócesis una Iglesia independiente, y no reconocer mas centro de unidad que un centro nominal, inerte y meramente pasivo, sin derechos. ni facultades para promover y conservar esta unidad, y la union que de ella depende, reprimiendo y castigando á los perturbadores que la rompan y disuelvan, 28. Pero volvamos á los apelantes, los cuales nos ofrecen ya una de las mas escan= dalosas é inauditas escenas que puede uno figurarse; escena de una originalidad en tanto grado estravagante, que debiera por lo mismo haber sido la última de la secta, si la heregía fuese capaz de arrepentirse, ó siquiera de avergonzarse, humanamente hablando, cuando está en la cumbre del deliz rio y de-la demencia de su orgullo, Uno de los apelantes habia dicho ja: que casí todos los Obispos Católicos eran apologístas de pro- Posiciones. monstruosas y .abominables (1). ar ii (1) Mr, Colbert , Obispo de Montpellier, en su Jnt, past, contra el Concilio de Embrum,
(86) negocio, la série de crím en él se cometieron, la e de los cómplices del error, la duracion y propagacion de éste (1), la tenacidad y el endurecimiento de los sectarios, y otros muchos pormenores, largos de referirse aquí, se sentirá inclinado á Creer que Dios castigó por este medio el orgullo y pertinacia de estos. noyadores, que abúsaban de su santo Nombre para confirmar con él los errores y crímenes que cometian; 7. radidit ¿llos Deus ¿n reprobum sensum, 30. Verdad es que no todos los apelantes y refractarios, aprobaban las escenas de san Medardo, y las contra escenas ó ramificaciones suyas de Reims (2), Blois, «c. e (1) Véase comio hablaba en 1765 el precitado Mr. de Fumel, Obispo de Lodeve: Se vé todavía en algunas casas de París la escena de convulsiones Y milagros, no 'menos chocantes Y Obscenos que los antiguos de san Medardo y de otras partes (Loc. sup, cit), (2) En Reims habia echado profundas raices el Jansenismo por la tolerancia indiscreta, ó sea proteccion de Mr. Le-Tellier. De esta ciudad se propagó á otros pueblos de la Diócesis, y metió no poca bulla en Avernai con los pretendidos milagros de Mr. Rousse. Oigamos á un Jansenista, que los refiere y los defiende: Mr, Rousse , dices enes y locuras que alidad de muchos
(87) En la Biografía Universal se atribuyen al Padre Laborde las cuestiones curiosas sobre el. figurismo, y una; Memoria contra las convulsiones. Lo que prueba que no le agradaban estas farsas indecentes y abominables. Tampoco las aprobaba en su totalidad el famoso doctor Le-Gros, aunque como se ha Visto, era un defensor acérrimo de los pretendidos milagros, en los cuales veia el triunfo del Jansenismo, así como creia por otra parte que la abdicacion voluntaria del Obis- A Canónigo de Avernai , murió , lo mismo que Mr, París, apelante y reapelante de la Bula: por consiguiente , segun los aceptantes , ambos murieron escomulgados, Pero á los ojos del público enirambos hacen milagros despues de su muerte (Cart. á un ami- 80 sob. la Const. Unig. pág. 203 ). Refiere á continuacion algunos milagros obrados sobre la tumba de Mr, Rousse, y añade: No dudemos que defen— demos la causa de Dios en vista de la multitud de milagrós que su Omnipotencia obra delante de nos— Otros para convencernos (ibid. pág. 209). Estas Cartas cismáticas, impresas sin fecha, y sin nombre de lugar, corresponden por lo menos á mediados del siglo XVIII, porque se cita en ellas ( página 165) la Carta 6 Breve de Benedicto XIV al In- Quisidor general de España , que salió en 1 748. ago esta advertencia para que se vea la tenacidad de los milagreros en sus absurdas pretensiones, sobre lo cual se hablará luego mas largamente.
(88) po de san Papoul bastuba para consolar á la Iglesia en su vejez (4). Esta divergencia de opiniones, y contrariedad de pareceres, hija natural del error, y propia de los hereges de todos tiempos, causó entonces una especie de cisma entre los Jansenistas, y dió margen á varias divisiones y subdivisiones de estos sectarios. Hubo muchos que defendian los milagros y las convulsiones sin escrupulizar en los horrores consiguientes, que el pudor no permite individualizar aquí: hubo tambien algunos , que avergonzados de estas farsas indecentes y abominables por todos títulos, no las querian aprobar, contentándose solamente con solos los milagros; hubo quienes reflexionando que los milagros dependian en cierto modo delas convulsiones, contorsiones, cabriolas, manteamien= tos , crucifixiones, locuras y obscenidades, (1) Discurso. sobre las Noticias Eclesiásticas de 7 de abril de 1735, pág. 17. En el mismo se halla la definicion de un Jansenísta, que es, segun Le- Gros: Un hombre de bien, que sabe y ama la: Re= ligion, y reune á su fé y á su mérito la probidad (notoría ) y la piedad. Pocos hereges habrá habido que no se hayan gloriado de lo mismo. Pero 12 humildad y la obediencia siempre quedan desalradas en el catálogo de sus virtudes,
(89) se declararon desafectos á todas estas escenas: hubo, en fin, milagreros y antizmi- - lagreros , convulsionistas y anti-convulsio- nistas, figuristas y antifiguristas, securistas y anti-securistas (1); y hubo aun quienes defendiesen todas estas locuras juntas, Y mas todavía durante todo aquel siglo, y hasta en el siglo XIX. Tan lejos estuvo el sepulcro de Mr. París de haber sido tambien el sepulcro del Jansenismo , como lo dijo Voltaire con su acostumbrada ligereza. Lo que hay de cierto es, que los Jansenistas mas cuerdos, y mas diestros sin duda en prornover los intereses de la secta, procuraron echar un velo sobre este asqueroso y hediondo sepulcro, y sepultar en el silencio todas aquellas escenas afrentosas y horribles, replegándose poco á poco á las antiguas baterías para continuar la guerra con menos estrépito Dr a e (1) Entre los mismos partidarios y defensores de estas escenas hubo diferentes bandos, que to— maban la denominacion de sus gefes Ó maestros. Los discípulos de Montgeron , por egemplo , se llamaban Mongeronistas; los del frenético Agustin, Agustinistas ; y así respectivamente: los Otinistas, Valentistas, Se. ; pero casi todos convenian en predicar el Securismo, el Milenarismo , la próxima Yenida de Elías, Sc., «e,
(90) y con mejores resultados. Dejémoslos aquí, mientras damos una ojeada sobre la marcha de los otros, que por su franqueza ó exaltacion, si se quiere, fueron mejor conocidos, y menos favorables por lo tanto á los deseos del partido, y á sus miras ulteriores. 34. En el largo catálogo que se pudiera formar de estos Jansenistas exaltados, merece un lugar distinguido el autor ya citado de las Cartas á un amigo sobre la Constitucion Unigenitus, que como queda dicho, escribió hácia el medio del siglo anterior. Apenas habrá sutileza ni falacia de cuantas se discurrieron y emplearon en defensa de los apelantes y de la secta, que mo se halMe contenida en este librejo. Pero no obstante todo esto, acude su autor á los milagros, y los alega como prueba perentoria de que la Bula proscribe las verdades mas fundamentales de la Religion (pág. 87): que es una obra de Satanás (pág. 47): un instrumento de que el diablo se sirve para perder á una infinidad de Cristianos ( pág. 73). Oigasele ahora probar la verdad de la proosicion noventa y una de las de Quesnel: “ Madama Stapar, dice, muger de un no- » tario de Epernai, fue en 1728 al sepulcro » de Mr. Rousse (apelante y reapelante ), en-
90) > tredicho sopena de escomunion, por el tri » bunal eclesiástico de Reims. Sin embargo, » recobró al momento la vista del ojo izquier- »do, y quedó tambien libre de una paralí- »sis que padecia (pág. 204). ¿Qué prueba » mas sólida, dice poco despues, de que obró »como debia? ¿Quién osará condenarla, cuan- » do Dios se. declara en su favor, haciendo » Sonar su voz, que consuela y alienta á los » defensores de la verdad, así como descon= » cierta y confunde á sus enemigos (página 207)? Tal es el lenguage de éste solista (1), A A a AA RE (1) Los principales sofismas de este apelante se dirigen contra la autoridad de la Iglesia, como aún tendremos ocasion de notarlo y de probarlo. Pero trae tambien algunos que van manifiestamen= te contra los Sacramentos. Un egemplo lo probará. En la pág. 122, echándola de moralista rígido, establece que los apelantes no pueden en concien— cia confesarse con los aceptantes de la Bula, los cuales son cismáticos en su concepto. En seguida se pregunta á sí mismo; ¿qué se ha de hacer cuan= do no haya otros confesores ? Hé aquí la respues— ta: “ ¿Quereis saber un medio escelente para suplir »la escaséz de confesores apelantes? Wedle aquí: » Dirigíos á Jesucristo. ¿Quién os quita de hacerle »una confesion humilde de vuestras faltas ? Si nos »hubiéramos confesado muchas veces con este So— »berano Sacerdote, dice Mr. Hamon (médico de » Port-Royal), no nos pareceria estraño el hallar=
(92) y tal era pocos años despues, $ por aquel mismo tiempo, el del Abate Barral en el Diccionario Jansenístico, mas bien que lo demas de que se ha hecho mencion en el número sexto de este Discurso. Tan lejos estaban los milagreros de abandonar sus exorbitantes y desatinadas pretensiones. 32. Las llamadas Noticias Eclesiásticas de París suministran otra prueba, que basta por sí sola para persuadir á cualquiera hombre imparcial, que estos errores y desvaríos espantosos no fueron escesos de un momento, ni efectos de una efervescencia pasagera. Por espacio de mas de medio si- AI A »nos reducidos á esta sola confesion , tan consola= »dora y tan eficaz, cuando se hace como se debe, » ¿ Pensais vosotros que en los bellos siglos de la Igle= »sía se confesaban los Cristianos tan á menudo? »No por cierto, y por eso no eran menos santos; »ni menos agradables á Dios.” Añádase este ras= go sofístico á la lista de pruebas de todas clases que demuestran evidentemente la realidad de la guerra jansenística contra los Sacramentos de/ la 1glesia, contra estos canales divinos de la gracia del Redentor. En un libelo latino de la secta, titulado: Aurea fodina (mina de oro), se dice hablando de san Agustin, lo que no me atrevo á poner en castellano, esto es: Y, Augustínus nunquam de peccatis confessus fuit. Es palpable la consecuencia,
(93) glo, es decir, desde 1797 hasta cerca de la revolucion , estuvo este papel incendiario, este fenómeno de indolencia, y demencia respectivamente, este órgano del partido y calendario de sus héroes, predicando sin ce= Sar, y canonizando, por decirlo así, las lo- a y estravagancias del Fanenisio, Ni el horroroso abismo de la revolucion que los Jansenistás abrieron en parte, sirvió de sepulcro á sus errores y delirios, ni en esle punto mi en los demas. Dígalo sino el famoso Padre Lambert, 6 respondan á nombre suyo los muchos escritos jansenísticos que su fecunda é incansable pluma nos dejó. Este hombre singular, Jansenista decidido, y reconocido desde luego por uno de _los mejores teólogos de la secta, se vé muy pronto precisado á huir de convento en convento, y de ciudad en ciudad, hasta que ha- Ma por:fin un asilo seguro. en Leon, donde Mr. de' Montazet le hace su teólogo de Cámara. Guiada ó impelida desde entonces su pluma por el espíritu del odio que sugieren á los sectarios los errores que abrazan é idolatran, se la vé sucesivamente ocupada en luchar contra todos aquellos que ba- Jo de cualquier aspecto disienten de sus opiniones, ó se oponen á sus designios. Ya se
(94) bate con los Incredulos (1), ya defiende 4 los Jansenístas, ya refuta el Origen de los cultos de Dupuis, ya sostiene las Convulsio= nes de san Medardo: aquí escribe la Defensa de la Religion Católica; y allí se declara enemigo encarnizado de la autoridad del Papa (2). ¡Qué conjunto monstruoso de contradiciones € inconsecuencias ! tiembla y se estremece al ver ] estravíos de que son capaces a cabezas, cuando se abandonan luces ó se dejan gobernar por e ¿Y quién no os prodigiosos un las mejores á sus propias l espíritu sec= xHE—_—_—a — _— (1) Los biógrafos franceses que yo he yisto, convienen en que á Lambert se le deben los ma-= teriales y el fondo de la Instruccion pastoral que publicó Mr. de Montazet en 1776, la cual ha si do muy celebrada, Y acaso escesivamente, si se reflexiona sobre lo mucho que le falta: Dum CAS tella defenditís, arcem proditis, (2) En 1795 y 96 publicó Lambert la Ápo— logía de la Religion Cristiana y Católica » Contra las blasfemias y calumnias de sus enemigos, la cual se halla en castellano á continuacion de los Apologistas involuntarios. Puede notarse de paso la oportu= nidad de esta invectiva en aquellas circunstancias : * Sucedan , dice, las oblaciones voluntarias á esos » diezmos odiosos, á esos vastos dominios, Sc. Con »qué alegría verá la Religion renacer aquellos dias »gloriosos de su antigua sencillez Y primitiva glo= »ria, en los cuales mo tenia otros fondos que la
(95) tario! ¿Qué delirio mayor, por egemplo, que el proponer las convulsiones de san Medardo por preservativo eficaz de las convulsiones revolucionarias? Pues á esto cabalmente se reduce una obra de Lambert, publicada en 1793, con este título: _4dvertencia á los fieles sobre los. signos que anuncian que todo se dispone para la vuelta de Israel, y el - cumplimiento: de las amenazas hechas á los gentiles apóstatas (un t. en 8.”). Es decir,' que la revolucion de Francia era la época en que se iban á cumplir las predicciones de los convulsionarios de san Medardo sobre la venida de Elías, y otros delirios. ¿Quién creyera que en 1793 se hubiese escrito aún la Apología de.las convulsiones, y que á un hombre de talento se le hubiese ocurrido la idea de: curar la ¿mpiedad »Ccaridad de sus hijos y sus ofrendas diarias ( pág. »395, edic. de Madrid de 1813).” Es decir, con qué alegría verá la Religion que la Iglesia sea despojada de sus legítimas posesiones y propiedades, Puesto que no siempre las tuvo; que sean demoli— dos sus magníficos Y emplos , pues tampoco los te— Dia en los siglos primitivos; que los Príncipes la persigan de UTE, como la persiguieron enton= Ces, Ge, , Kc. ¡ Qué bellas Apologías las del Jansenismo!
(1092) ral. Toda su ciencia se puede reducir á saber destruir con una mano lo que se construye y edifica con la otra. ¡Qué contraste, á la verdad, el de estas máximas severas del Jansenismo con sus opiniones libres, atrevidas y anti-católicas en órden á la autoridad, gerarquía y gobierno de la Iglesta! Agrava con una mano el yugo de la ley; pero aligera ó sacude con la otra el de la autoridad , que debe interpretarla y aplicarla: predica por un lado virtudes angelicales; pero enseña por el otro el modo de resistir y desobedecer impunemente á las personas destinadas por Dios para dirigir á los fieles por la senda de las virtudes cristianas: afecta mucho celo por la pureza de la fé y por la sana moral; pero dá tambien reglas y consejos para organizar un cisma, y sostener abiertamente la resistencia y rebelion contra los pastores de la Iglesia: aparenta por último unos deseos vivísimos de dar á las ovejas de J.Ú. el pasto mas conveniente y saludable; pero no reconoce por tal, antes bien califica de dañoso y de mortífero, el que les señalan los pastores establecidos por Dios al: efecto. -35.. Las consecuencias de estos principios son evidentes y palpables al observador
(103) atento y reflexivo: y sería dificil, en mi concepto, discurrir otros mejores para promover con capa de celo, y con apariencia de rectitud, el trastorno mas completo de la doctrina y disciplina de la Iglesia, y la mas desenfrenada libertad en la fé y en las costumbres. ¿Qué servirian, en efecto, las leyes mas sábias y justas, si no hubiese jueces y tribunales competentes que procurasen su observancia, hiciesen su aplicacion á los ca= sos y circunstancias ocurrentes, castigasen su infraccion y reprimiesen á los bransgresores?, Pues en el ¡sistema de los Jansenístas en vano se buscará una autoridad legítima, un tribunal visible, accesible y permanente que resuelva las dudas, dirima las controverstas, . ponga fin á las disputas, y castigue, sl es menester, á los díscolos y rebeldes. Solo en la region de lo futuro se vislumbra uno que parece legítimo, porque no es mas que posible. Pues que, ¿estará la Iglesia siglos enteros sin ningun tribunal ó juez competente para juzgar en última instancia los errores que nazcan en su seno, se opongan á su doctrina, insulten su: autoridad y pervier= tan á sus hijos? ¿es posible que esta sociedad divina, fundada por el Hombre-Dios, erigida con el precio de su sangre, ordena=
(104 ) da por su sabiduría y dirigida por su Providencia, sea la sociedad peor constituida y organizada de cuantas hubo y hay en el mundo? Tal sería, sin embargo, en el sistema Jansenístico, ya se le considere teórica, ya preícticamente. ¿Qué importa, pues, que los Jansenistas protesten que reconocen la autoridad de la Iglesia, si niegan con sus obras y desconocen de hecho la de los primeros pastores, que por espacio de dos siglos, poco menos, estan pronunciando contra ellos los juicios mas solemnes ? Figurémonos á unos hijos aviesos, díscolos y desobedientes, que para eludir constantemente la. observancia de los preceptos paternos, usasen de estas Fórnrulas 'ó de otras semejantes: “Nosotros »reconocemos la autoridad paterna, y esta- » mos prontos á respetarla y obedecerla; pero » vosotros, que ahora nos mandaís, no sois » nuestros padres.=“* Nosotros reconocemos » vuestra autoridad de *padres, y queremos »someternos á ella; pero lo que nos mandais »en esta Ocasion, mo nos acomoda ni nos » parece justo; haremos lo que nos mandás- »tels en otro tiempo y en otras circunstan- »cias, 6 lo que nos mandeis en adelante » en tales y tales, términos.” Tal es cabalmente la conducta de los Jansenistas en órden
(105) á la autoridad de la Iglesia docente, esto es, del cuerpo de los Obispos: con su Cabeza vi= . sible el Romano Pontífice. Para jofringir la Disciplina vigente se retiran á los siglos pasados; para resistir á las declaraciones y, decisiones dogmáticas, apelan á los tiempos - futuros. Cuando la Iglesia les habla, los llama y los exhorta, oyen su voz, pero niegan que sea suya: Tú no eres nuestra madre: así responden á todos sus clamores. 36. Por este punto capital, escollo del Jansenísmo, como lo fue siempre, tarde ó temprano, de todas las heregías; por aquí, digo, quisiera yo empezar este mi_discurso para probar con los mismos hechos y escritos de la secta, y con la evidencia mas 1r- resistible, que los Jansenistas desconocen, atacan, destruyen y echan por tierra, en cuanto está de su parte, la autoridad visible é infalible de la Iglesia de J. C.; que sus teorías y sistemas acerca de la Gerarquía, jurisdiccion y gobierno de la Iglesia Católica, vienen, y tienen que venir por precision, á parar en una especie de Jacobinismo , destructor y subversivo de todo órden, subordinacion y dependencia; que son, en fin, unos verdaderos anarquistas, pre- -CUrsores y maestros de los Jacobinos y Je
(106) los revolucionarios de todas. clases. Los ar= gumentos de hecho que prueban esta verdad, objeto principal de mi Disertacion, quedan apuntados en parte, y se apuntarán todavía sucesivamente. Si fuera oportuna en este lugar una discusion mas larga y detenida, cual la exige la importancia del asunto, sería Co”. sa facilísima el hacer ver igualmente la exactitud de esta asercion con una multitud de testimonios, textos y pasages, tomados de los escritos del partido, de sus mismas Instituciones teológicas y aun canónicas, y de sus producciones de varios géneros. En-atencion, sia embargo, á la gravedad y trascendencia de la materia, no puedo menos de poner un egemplo, y presentarle por ensayo de lo que acabo de insinuar. Egemplo que vale por muchos, consideradas todas las circunstancias del libro, del tiempo, del lugar, y de las personas que le suministran. Al efecto, pues, hablaré anticipadamente, cometiendo una especie de anacronismo, y saltando por encima de otros hechos, que aun habrán de ser citados; hablaré, digo, de antemano de una de las producciones pistoyanas, que se uede «considerar, no solo como el testamen- to de aquellos congregantes, sino tambien como el código del Jansenismo en aquella
(107.) época, ya por lo bien esprimido que está en ella el: espíritu de la secta y lo mucho que abunda en sus máximas favoritas; ya tambien, y principalmente, por el uso contínuo que hace de los escritos jansenísticos, tales como las Exaplas, y las obras de Osstraet, Dupin, Le-Gros, Gerberon , Duguet, y otros Jansenjstas y apelantes de los mas desaforados; y la gran satisfaccion con que las cita, las recomienda y las pone por modelos á. la par de los santos Padres. ] 37. Hé aquí el título de la obra: Resultado de las conferencias. Eclesiásticas , ce lebradas el año de 1789 en la ciudad y Diócesis de Pistoya y de Prato, impreso en Pavía en 1790(1). Esta produccion perniciosa es un resumen de las .4ctas y decre- (1) El sumarío de estas Conferencias se publica, dice Monseñor Ricci, con el fin de que nues— tros carísimos hermanos y cooperadores bendigan de consuno al Señor por la abundancia de luces que se derraman en esta Diócesis (t. 1. pág. UI). Buenas Inces serian las que le comunicaban sus corresponsales de París, Mirabeau , Camus, Martineau, y otros filosofistas y Jansenistas semejantes. ¡ Y qué buenos para reformar abusos los ayentureros y ba= gabundos que le rodeaban , que como dice un sá— bio, eran ellos mismos un abuso intolerable!
(108) tos del famoso Sínodo: diocesano; de los Opúsculos de Pistoya; de varias obras de Tamburini y de otros Jansenistas, antiguos y modernos, italianos , franceses y alemanes. Es la ley fundamental, 6 el pacto social eclesiástico del Jansenismo, redactado por un teólogo noyador, y sancionado por un Obispo seducido. Dejemos, empero, á Monsefor Ricci, que al fin reconoció sus estravíos, y hablemos solamente de Tamburini, autor principal de:estas Conferencias, y de tódos los atentados pistoyamos. Veamos ya como habla Tamburini por boca de Ricci. Trátase de averiguar en la Conferencia séptima (t. 4. cap. 3. pág. 158) si hay en la Iglesia un juez supremo é infalible de Jas controversias que se susciten sobre la doctrina revelada, y sobre su inteligencia y aplicacion. Se responde que sí, como responden todos los Católicos. ¿Y cuál es este juez? Se responde que la Tglesia, Ahora bien: ¿qué se debe entender, y qué cosa entienden todos los Católicos por la voz Iglesia, cuando se trata de los juicios doctrinales, de las decisiones y definiciones de los puntos controvertidos? ¡el juez de las controversias es toda la sociedad Católica, la Congregacion ó el cuerpo moral de todos los
(109) fieles, 8 son algunas personas determinadas, establecidas por Dios para el gobierno, la enseñanza y la direccion de su Iglesia? En suma, la autoridad -suprema é infalible en la enseñanza, en la interpretacion y en la declaracion del depósito sagrado de la doctrina revelada, contenida en la Escritura y en la Tradicion, y de las dudas que ocurran, cuestiones que se susciten, y disputas que se muevan en órden á ellas; esta auto-- ridad, repito, ¿reside en todos y cada uno de los fieles, ó en ciertas y determinadas personas ? ¿pertenece por divina institucion á las ovejas y á los pastores, 6 á los pasto= res solamente? Y puesto que sean los pastores quienes gocen de este privilegio, ¿son todos los que se designan en «general por - esta palabra, ó no son mas que los primeros pastores, es decir, los Obispos? ¿es todo el Sacerdocio, ó solo el Obispado, el juez supremo de las controversias? Hé aquí varias cuestiones de la mayor importancia, que no se proponen, ni se resuelven categóricamente en estas Conferencias de Pistoya. En vano se buscará en ellas la definicion de la Iolesia; su distincion en docente y creyente; su infalibilidad en definir y. creer, ó activo Y Pasiva; en vano se buscarán estas nocio-
“(440) nes y espresiones, ú otras equivalentes, consagradas por. el uso de las escuelas Católicas para fijar las ideas, evitar la confusion, y determinar de un modo preciso las da tes relaciones que tienen entre silos Magístrados y el pueblo cristiano, los superiores y los súbditos, los pastores y las ovejas del rebaño de J. €, Estos términos facultativos, indispensables por otra parte para responder á las cabilaciones y sutilezas de los hereges, habrán parecido á los Péstoyanos meras ficciones de la Escolástica, contra la cual, y sus profesores (sin oe á uno siquiera, ui al mismo Doctor Angélico ), pronuncian en la conferencia 9.% el mas solemne decre- to de condenacion y esterminio. Era menester dejar aquí los términos en una acepcion vaga é indefinida para que á la sombra de los equívocos, y por entre la confusion de las ideas, pudiese. pasar el error sin. ser advertido de todos, y recusar allí el testimonio de los teólogos escolásticos, que como diestros conocedores de esta clase de artificios, podrian descubrirlos y denunciarlos á la Lolesia. 38. Pero veamos ya las pruebas de todo lo que acabo de indicar. “La infalibilidad, »dice Tamburini, ha sido concedida á to-
A (111) »do el cuerpo de la Iglesia, mo al mayor » número (1). “Es nueva é infundada la »opinion de la infalibilidad del Papa, aun- »que esté unido al. mayor número de los » pastores (2)."="El cuerpo de la Iglesia ha- »bla infaliblemente en la doctrina de los Te PP e er, (1) Si hablase de la infalibilidad pasiva, ó en creer, diria lo que enseñan todos los teólogos, por-= que Ecclesia in credendo errare non potest. Pero esta infalibilidad en creer , supone otra en juzgar y definir , la cual no pertenece, ó no reside, por ha= blar con mas precision, en el cuerpo entero de la Iglesia, compuesto de todos y cada uno de los fie— les, sino en el cuerpo Episcopal, que en este caso se llama la Iglesía , así como los Magistrados se lla— man /a Ciudad. Los Pistoyanos citan mas adelante un pasage de Melchor Cano á favor de esta infa= libilidad popular, Pero este sábio teólogo enseña to do lo contrario cuando habla de la infalibilidad en definir: Veritas fidei, dice, in catholicorum contro— versiís non est á populo queerrenda ( De Loc. Theol. lib, 4. c. 4. conc.4.) Véase todo aquel capítulo y el siguiente. (2) Sin esta regla Febroniana mo se puede sos» tener el Jansenismo, que es lo que se busca. Nótese aquí el lenguage insidioso de la secta, usado tambien á cada paso en la Teología de Leon, en estas frases: Moralis pastorum unanímitas,= Eccle— sía per suos pastores infallibiliter judicat y Sc, ¿Qué significa la palabra Pastores en estos casos? ¿Juz= gará temerariamente quien crea que los Jansenis-
(118) bíteros, aunque sean-Párrocos, no son jueces en los Concilios generales; que no son jueces de las controversias sobre la doctrina, sino meros consultores. Por eso nunca se contó mas que con los Obispos para los sufragios, para las suscripciones autoritativas, para calcular el número de los Padres de cada Concilio, XKc., 8c. Hé aquí una de las muchísimas pruebas que ocurren. Acabada de leer en el Concilio de Calcedonia la Carte del Papa san Leon á san Flaviano, contra los errores de Eutiques, Anatolio, Patriar= ca de Constantinopla, se levanta y dice: “Es- »ta Carta es conforme al Símbolo de los »318 Padres de Nicea, y de los 150 de » Constantinopla, que confirmaron la misma »té. ” Epistola S. Leonís consonat Symbolo 318 SS. Patrum, quí apud Niceam, et 150 quí apud Constantinopolim postea collecti sung, (Gonc. Chalc. sess. 4.) Tal es el lenguage de toda la antigiiedad. El Concilio Niceno, y los 318 Padres, son una misma cosa para el Concilio Calcedonense: y así respectivamente en los otros y de los otros. Luego TT A o personas; no se oponen, antes confirman la regla general.
(119) los Concilios y la Iglesia nunca tuvieron á los Presbíteros por jueces natos de la fé; nunca reconocieron en ellos el derecho de sufragio decisivo. Luego en vano se fatigan los Jansenistas y apuran su erudicion en formar largos catálogos de los presbíteros que asistieron á. cada Concilio. No se les niega que hayan asistido; pero sí que asistiesen como Jueces en virtud de su carácter sacerdotal, ó en calidad de sucesores de los setenta y dos D7scípu- los. Puede verse bien tratado este punto en la obra de Bolgeni contra Tamburini, titulada; rabia de la (pretendida) verdadera dd de la Santa Sede. 41. Volviendo aquí al asunto principal, que ha dado márgen á esta digresion, y dejando aparte los muchos errores que hormiguean en las Conferencias pistoyanas sobre otros puntos de la mayor gravedad, veamos ahora si podemos hallar el tribunal ó Juez supremo: de las controversias. “Las Escritu- »ras, continúa Tamburíne, atribuyen la z¿n- » falibilidad de juicio á; la sola unidad, al »solo cuerpo entero de la Iglesia (ibid. pág. 217).?="Pero el Papa con el mayor nú- »mero de pastores, no es toda la Iglesia (ibid. pág. 205),” como habia dicho antes. Por consiguiente, dice á cada paso, el ma- A
(120) yor número de pastores, unidos al Papa, pueden errar en sus decisiones. Véase como lo prueba con un argumento de hecho: “Las »ocurrencias de estos últimos tiempos, dice, » ponen nuestra asercion en la mayor evi- » dencia. No era, en efecto, el mayor nú- »mero unido al Papa, el que seguia la doc- »trina de la Escritura y de la Tradicion so- » bre los principios de la Gerarquía (1); el HO E a EEE (1) Es la cosa mas graciosa del mundo el oir á los anarquistas eclesiásticos quejarse á cada paso del trastorno de la Gerarquía. “Admitiéndose el »tribunal de la Inquisicion, dice Bernabeu, se tras> »tornaron los imprescriptibles y divinos derechos »de la Gerarquia eclesiástica, ( España vent. p. 10).” En otro folleto infame que publicó tambien en 1820, pone igualmente la Gerarquía de la Talesia en el número de las verdades que, dice, fueron condenadas por la Bula Auctorem fidei (Obser». sobre la prohib. del Juicio, Hist. can, , Sec, pág. 87 ). No es mucho, pues, que grite contra esta Bula; que se queje del Rey, porque permitió publicarla, y de muestras Obispos porque la aceptaron, “ cuan- »do uno solo, dice, que tocára la trompeta en el »campo de Israel, mereceria que Dios hiciese ba- »jar del Cielo un fuego devorador que consumiera »la paja de las vanas pretensiones de la Córte de » Roma (ibid. pág. 88 ).” No parece sino que Bernaben estaba viendo el fin del mundo en la Bula Auctorem fideí. Cuantos errores jausenísticos se con= denan en ella, son para él otras tantas yerda-
(191) » que combatia por los sagrados derechos de »la gracia de J, C., y el que se oponia á la. »relajacion de los Atriícionarios (14) (ibid. »pág. 220 ).? Aquí se nos dice á las claras que fueron falsos é injustos los juicios mas solemnes de la Santa Sede y del Episcopado, moralmente unánime; que la unanimidad des, verdades que claman al Cielo y piden justicia contra Roma, y venganza contra sus amigos. Los solitarios de Port-Royal eran unos pigmeos en comparacion de este solitario español, que hasta en el nombre ha querido imitarlos.: ' (1) ¿Qué secta será esta de los Atricionarios ? No'se niega que algunos -casuistas hayan aventu— rado en todos tiempos ciertas proposiciones falsas Ó peligrosas, y máximas laxas d¿ relajadas. Pero muéstresenos tna secta organizada que haya levan— tado el estandarte del cisma contra los decretos de la Santa Sede en que fueron proscriptos estos erro— res. Muéstresenos un partido de casuislas rebeldes, obstinados , apelantes, y conjurados contra la Mo ral Cristiana, Non est mirum quod novi heretici ca— tholicis 4 quióus exeunt, novum nomen imponunt. Hoc et alii fecerunt , quando similiter exierunt. Perfec= tamente cuadran á los Jansenistas estas palabras que san Agustin dirigia contra Juliano, el cual llamaba Traducianos á los que admitian el pecado original: Contumelioso ore Traducianos vocas. .... con Jitentes originale peccatum. (Lib. 1. oper. imperf. > contr. Jul, n, 6, edit, Venet. an. 1730).
(199) moral de los «pastores, unidos á su cabeza el Romano Pontífice, trató de erigir en dogmas los errores, y en máximas cristianas las doctrinas relajadas. Aquí se canoniza la rebelion del menor número por pequeño que sea; se establecen fundamentos que hacen imposible la condenacion de ningun error, por via de autoridad, con tal que cuente algunos pastores entre sus partidarios; se contradice á la práctica constante de la Lglesia, y de todos los :tribunales del mundo; y se aboga finalmente por la causa de los díscolos, refractarios, revolucionarios, cismáticos y hereges de todos tiempos. Con efec- to, ¿cuántos mas pastores tenian á su favor los Arrianos, los Nestorianos, Jos Pelagianos, «c., que no los Jansenistas? Sin embargo, tiene Tamburini la osadía de sostener que los Refractarios y Apelantes de los últimos siglos fueron los únicos defensores de la verdad, sin embargo de su corto número, que no puede menos de confesar. ¿Por qué, pues, el menor número de los pastores Pelagianos, por egemplo, no bastó para neutralizar las decisiones del mayor, y basta por el contrario, el menor número de los pastores Jansenistas? ¿En qué consiste la diferencia? en que la causa de los Pelagianos
(193) era mala, y la nuestra es buena, y la única buena, responden los Jansenístas. ¿Y por donde hareis constar la justicia de vuestra causa? ¿cuál será-el tribunal ó juez que dirima la controversia? El mayor número no puede ser, porque le recusais. ¿Será por ventura el menor? Tampoco, segun 'Tamburini: “Esta pequeña porcion, dice la: con- » ferencia, no tiene ciertamente la autoridad »de la Iglesia, pero enseña la doctrina de »la Iglesia; no tiene toda la autoridad del » tribunal, pero se atiene á la verdad de la » Tradicion. Así que, el juicio de estos ficles »seguidores de la Tradicion no es un Jui- » cio. infalible; pero como está apoyado en »la doctrina antigua de la Iglesia, tiene á »su favor una regla infalible. Este pequeño » (piccol) número no tiene Ja autoridad que »se requiere para hacer que sea creido su » juicio; pero puede hacer que sea creida la » Tradicion que espone con caracteres visi- » bles (¿bid. pág. 224 ).? Tan lejos estamos aún de hallar el juez que se busca. No lo es el mejor número de los Pastores, porque no tiene razon. Ni lo es tampoco el me- nor, porque, si bien tiene razon, carece de autoridad competente. Entretanto siguen las controversias y las perplexidades. ¿ Quién
(124) será el que las dirima? En lugar de un tribunal infalible se nos propone una regla infalible. Pero “la regla misma es el objeto de la disputa. No se duda que sea infalible; pero se duda de su inteligencia, se qfúicre saber su interpretacion, se busca, y se necesita su aplicacion, ¿Qué juez, qué tribunal, qué autoridad queda ya sobre la tierra, que pueda fallar estas causas definitivamente, y sentenciarlas de un modo infalible? Ninguno ciertamente, si 'se ha de proceder por via de autoridad. ¿Y será infalible el tritribunal de la débil y flaca razon humana? ¿Serán infalibles estos fieles seguidores de la Tradicion, que se nos proponen por modelo? Y dado que lo fuesen, ¿cómo podrán hacerlo constar? ¿cómo podrán persuadir á los fieles que la verdad está de su parte, que ellos són los verdaderos intérpretes de la doctrina revelada? ¿qué otro recurso, ni medio, ni arbitrio les queda mas que el del exdmen y el de la discusion? Estos medios, empero, ni son posibles á todos los fieles, ni sob seguros, ni son infalibles, mi son los que nos enseña J. C. Luego podrá la Iglesia estar siglos enteros sin ningun tribunal ó juez competente, que interprete. y aplique la doctrina revelada, disipe las dudas
(195) de los fieles, y fije su creencia sobre las disputas de los novadores. : 42. Véase con asombro lo que respons de Tambaurini á una consecuencia tan evidente, y tan legítimamente deducida de sus principios: “La doctrina revelada, dice es- »te novador, será siempre enseñada en el »seno de la Iglesia, y la Tradicion será siempre una regla infalible, aun en el ca- »so en que la obscuridad cunda y se estien- »da sobre algunas verdades hasta cegar el »entendimiento del mayor número de los » Pastores. En este! mismo caso la Iglesia »permanece siempre visible, Católica, infa- »lible, y depositaria fiel de toda la revela=. »cion, sin dejar de enseñar hasta aquella » misma verdad sobre la cual cae, digámos- » lo así, el obscurecimiento ( ¿bid. pág. 925). Digase ahora de buena fé, si podrá darse un modo mas insidioso, y mas implicatório al mismo «tiempo, de obscurecer y embro- Mar los dogmas capitales de la víszbilidad € enfalibilidad de la Iglesia. No parece sino que Tamburini se puso de intento á cubrir de tinieblas estas verdades Católicas. Una Iglesia sin autoridad conocida, aun en los tiempos mas tranquilos, y con todo eso visible é infalible; una Iglesia depositaria fiel
(126) de la revelacion, y que permite no obstante que se obscurezcan é ignoren por espacio de siglos enteros las verdades reveladas, y verdades de la mayor trascendencia; una Iglesia que está viendo las ovejas que se le han encomendado, dispersas, descarriadas, amenazadas las unas, y devoradas las otras por los lobos, y que no puede sin embargo hacer que estas ovejas, que desean encontrar el aprisco, oigan su voz, la Conozcan y Ssepan donde está, de donde y adonde las llama, ¿son estos por ventura los caractéres de la Iglesia de J. C.? ¿no son mas bien un amasijo de cabilaciones absurdas, y contradiciones chocantes, que la insultan atrozmente, y la quieren desfigurar? Pero aun cuando fuese cierto, segun este sistema monstruoso, que la verdad obscurecida sería sin embargo enseñada constantemente en la Iglesia, falta saber todavía por quiénes, y en dónde, y cómo, y con qué título, con qué mision, y con que autoridad, Oiganse los despropósitos de Tamburini, cuando trata de prevenir esta réplica: “En el caso de obs- » curecimiento, dice, el que mo sabe de que » parte esta la verdad , debe buscarla con hu- »mildad y constancia en el seno de la Lgle- »sia, cuya voz, aunque despojada del carác-
-= APESTA A A qm OE 4<«E2<O<EO_v AAA > k he (197) »ter de unanimidad, no deja de manifestar- .»se por muchos medios á los escogidos del » Señor. En efecto, la Iglesia, aun en me- »dio del mayor obscurecímiento, hace siem- » pre que su voz sea oida de sus hijos en »todos los monumentos de la venerable anti- »gúedad, en sus oraciones, en sus ritos » catecismos, y en la enseñanza pública de las » Iglesias (particulares ). Por lo tanto, cuan- »do hay una controversia, el que desea no »pertenecer al número de los errantes, debe » consultar estos monumentos, y ver cuál de » las opiniones los contradice ó se opone á »ellos, para abandonarla (2b2d. pág. 244)” 43. ¡Qué conjunto de contradiciones é inconsecuencias! Si en tiempo de controversia no sabe uno de qué parte se halla la verdad, ¿cómo sabrá donde está el seno de la Iglesia? Y si sabe donde está el seno de la Iglesia, ¿cómo podrá ignorar que allí mismo sé halla tambien la verdad? Si la voz de la Iglesia carece del carácter de unanimidad, ¿cómo podrá ser manifiesta, no siendo ya voz de la Iglesia? ¿y cómo ha de ser manifiesta en el seno de la Iolesia una voz, que solo es conocida de los escogidos del Señor, que son desconocidos, y estan ocultos, que no se sabe quiénes son, ni
(134) sofístico de estos sectarios, Acaso los Pisto- y anos tomaron este argumento, si tal nombre merece una sutileza ridícula, de las Cartas á un amigo sobre la Const. Unigenitus, “ Confieso, dice su autor, que casi todos los » Obispos y los ministros del segundo órden »estan de acuerdo en decir: Yo recibo de > corazon y. de espíritu la Const. Unigenitus, »Sin examinar aquí los motivos de su con- >ducta en este punto; sin averiguar si los »unos obran por ambicion, los otros por ¿n- »terés ó por vtolencia, y algunos tal vez por »2gnorancia y prevencion; como quiera que »sea, siempre se dice con verdad que todos »convienen en estas palabras: Yo recibo. »¿Pero convienen todos en la doctrina que »enseña la Bula? ¿tienen todos los mismos » sentimientos acerca de lo que se debe creer, » y dan todos el mismo sentído á la Const. »Unigenitus (pág. 64)?” 45. De estas Cartas infames sacó Tamburini, á mi parecer, una gran parte de los errores, sofismas y paralogismos, que se hallan diseminados en las Conferencias Pisloyanas. Pregunta el sofista francés ¿si los Obispos aceptantes (pues no es menester hablar aquí de los ministros) convienen todos en la doctrina que enseña la Bula? Se
(135) le responde que: sí: que convienen todos en O que es necesario que convengan; que convienen todos en que la Bula es ortodoxa; que convienen todos en que las ciento y una proposiciones condenadas en ella, son malas y falsas por muchos títulos y bajo de diferentes aspectos, y dignas respectivamente de las calificaciones con que las censura la. Bula; que convienen todos en que el libro de las Reflexiones morales de Quesnel es pernicioso á la Religion, y renovador de heregías condenadas; que convienen todos, por último, en lo que se requiere y basta que convengan para formar una decision dogmática de la Iglesia universal. Los verdaderos Católicos creo que convendrán tambien conmigo en que el apelante frances insulta y calumnia del modo mas atroz al Obispado, tanto en lo que ya se ha dicho, como en lo que repite y añade todavía: El consentimiento, dice, de casí todos los Obispos y de los ministros del segundo órden, consiste únicamente en pronunciar ó escribir ciertas palabras, y nada mas (pág. 66): Hé aquí, Católicos, la idea que nos da de nuestros Obispos un Jansenista. Segun este apelante convienen casi todos en afirmar de palabra, ó por escrito, que creen lo que no
(136) creen, que sienten lo que no sienten, que tienen por bueno lo que no tienen por bueno. Una de dos: ó convienen ó no convienen estos Pastores en el juicio que espresan las palabras que os dirigen: si no con= vienen, son unos impostores, que dicen una cosa, y sienten otra, Y si convienen ¿qué Os parece que serán en el concepto de este apelante? ¿Qué? unos pastores mercenarios y cobardes, que abandonan su rebaño á merced de los lobos carniceros; unos viles tral-= dores, que sacrifican la verdad á sus miras de interés y de ambicion; unos preocupados é iguorantes, que.ni quieren ni saben defender la causa de la Religion revelada. ¡Qué Pastores sonestos, que convienen todos ó cast todos en aceptar una Bula tan fatal! ¡Una Bula, que segun el apelante francés, toma- a en su sentido propio y natural, trastorna los fundamentos de la Religion (pág. 19)=;¡Una Bula, que quita á la gracia de J. E. su fuerza, su imperio y su eficacia (ibid. )/=¡Una. Bula, que. contiene varias blasfemias (pág. 20)/= ¡Una Bula, que tiende nada menos que á destruir la Es crilura y la Tradicion ( pág. 30)/—=¡Una Bula, en fin, por decirlo todo de una vez, anti-cristiana (pág. 197)!=Tal es la Bu-
(137) la Unigenilus, segun este y otros Janstnistas: Pal es la Bula de la cual dicen, sin embar-. go, casi todos los Obispos Católicos: Po recibo de corazon y de espíritu la Constitucion Unigenitus. 46. Volvamos á Tamburini, el cual, sin acalorarse tanto como el apelante francés, adopta los mismos principios, y saca en parte las mismas consecuencias. “Resulta, dice, » que jamas podrá ser reputada por juicio de »la Iglesia universal una decision dogmáti- »ca de un Concilio particular, ó del Papa, » por mas que se diga: estar aceptada por »el cuerpo entero de los Pastores, mientras »se pruebe que no todos la han examinado »antes de aceptarla, para reconocer el mis- »mo sentido y formar de él un mismo jui- »cio. De esta especie pudiera decirse que es »la famosa Bula Unigenitus, si se quisiera » prescindir de la resistencia pública que es- » perimentó siempre en la Iglesia por parte » de personas de todas clases. (1) Porque mu- A AAA AA AA 1) Entre las personas de todas clases , que apelaron de la Bula y se desencadenaron contra ella» se comprenden tambien los legos y las mugeres; 5e comprende Madama Mol con su Diario histórico de las convulsiones; se comprenden Catalina Lurpin,
(138) » Chos de los Pastores no la examinaron, si- »no que la aceptaron simplemente, ó por » ignorancia, Ó por miedo de la Inquisicion, »ó por la falsa persuasion en que estaban » de la infalibilidad del Papa (1): otros que Dionisia Regné, Petra Pichon y la famosa Rosalía, Sec, , Ge, ¿Querrá por ventura Tamburini que la resistencia y apelacion, los gritos y alaridos de estas convulsionarias y de otras personas semejan— tes, puedan impedir los efectos de una decision solemne de los primeros Pastores ? ¿qué viene á ser esto sino apelar delos Pastores á las ovejas , de los Magistrados á la plebe, y poner la soberanía cris. tiana en manos del vulgo? (1) Todas estas quisquillas insulsas, pero sediciosas y anárquicas, se hallan tambien 4 cada paso en los escritos de los apelantes franceses. En la Instr. pastoral del Cardenal de Noailles de 1719) se dice, por egemplo: Trescientos Obispos de los que admiten la infalibilidad del Papa, no valen mas que por uno (pág. 30). Si esta circunstancia los despojase de su autoridad judiciaria, ni por uno: debe rian valer, como respondia muy bien Mr. Languet. No se pueden leer sin la mayor indignacion las invectivas é injurias que salieron en nombre de aquel Prelado contra los Obispos de Italia y España, y contra la mayor parte de los del orbe católico. Por lo demas, estaba tambien reservado para la insolencia jansenística el relegar al pais de las quimeras y de los errores funestos la fundadísima opinion de la infalibilidad del Papa en los
Ana (439) »la examinaron, ó aparentaron haberla exa- » minado, la recibieron con mil modificacio- . » nes, restricciones (1), Sc.” (pág. 241 ). Tantó molís erat Clernentis perdere Bullam. Hé aquí el objeto principal de las Conferencias Pistoyanas sobre la Iglesia; el blanco de todos los tiros lanzados en ellas tan insidiosa y traidoramente; este, este era el designio de los Jansenístas de Italia, y el verdadero fin de sus tentativas, maquinaciones, emboscadas y estratagemas; el esterminio de la Bula Unigenitus, de esta. Bula fatal publicada por Clemente XI, no por la Iglesia, y rechazada hasta nuestros días por: los simples legos, que son los testigos de la Tradicion de nuestros padres; por mu= chos Obispos, y muchas personas del Clero, que son los jueces de esta Tradicion (2). Así hablaban pocos años antes los Anales ecle- A A juicios doctrinales, y el llamarla, como lo hace Bernabeu, invención pueril, pretendido privilegio, que está ya en su decrepitud (Obs. cit. pág. 77). (1) El P. Gazzániga se esplica sobre este pun- to con muy poca exactitud, cuando dice que la Asamblea de 1714 recibió la Bula Adjectis quibusdam eaplicationubus. Véase lo que dice y prueba Lafitau. (2) Continuazione degli Ann, eccles, secol. 18. (n. 13) x, Aprile 1786,
(140) siásticos, 6 mas bien anti-eclesiásticos y an= ti-católicos de Florencia, dignos colaboradores de los Jansenístas Pistoyanos, y ecos fidelísimos de las noticias eclesiásticas de Pas rís. Dígase ahora francamente si he abultado las especies, ó exagerado alguna cosa en todo lo que llevo dicho acerca de las teorías subversivas y anárquicas, y de los principios anti-grárquicos y revolucionarios de la - secta jansenística. Dígase de buena fe, ¿qué decreto, qué Bula, qué juicio doctrina] del Obispado Católico podrá ser decisivo, perentorio, irreformable, irrecusable para estos nuevos fabricadores de iglesias y reformado. res insolentes de la Iglesia de Jesucristo? Si los Obispos los coudenan, apelan á los Presbíteros y «demas personas del Clero: si aun todo el Clero los condenase, apelarian á los legos, testigos de la T, radicion, al cuerpo entero. de la Lelesía, á la universalidad de los fieles. Pero esta misma universalidad no podrá nunca juzgarlos con la unanimidad necesaria, mientras ellos no consi ten y autoricen la sente cion (*), entan, acepncia de su condena- (1) Oigamos aún al autor de las Cartas sobre la Const, Unigenitus: “En. vano, dice, se nos alega *
(141) 47. Pero estos errores jansenísticos no conducen solamente á enervar y destruir la autoridad de la Iglesia dispersa , sino que se encaminan tambien á frustrar é inutilizar sus juicios, aun en el caso de que celebrára el Concilio general que tienen reclamado los apelantes. Dejo. apuntado ya, y lo probaré todavía con nuevos egemplos, que segun estos sectarios, hasta los simples Presbíteros, y con mas razon los Párrocos, tienen derecho de asistencia y voto decisivo en los Concilios generales. Asentado este prin= »el grande número de Pastores con el Papa, mien- »tFas no se pruebe tambien que la verdad está de »su parte. Por aquí deberian comenzar los acep- »tantes de la Bula (pág. 103 ).” ¿Se puede dar un trastorno mas completo de la economía de la fé, y un principio mas subversivo de la autoridad de la Iglesia? Hé aquí este trastorno en sus términos mas sencillos: No se prueba la verdad con la autoridad, sino la autoridad con la verdad. De manera que, segun el apelante francés, el que se hallase persuadido de que la Bula era intrínsecamente ma= la, como lo estaba él, no debia hacer caso de nin= guna autoridad que quisiese disuadirle: Digo que en este caso no debo alender á la autoridad: que me propone la Bula, por mas respetable que sea ( página 63). Bórrese, pues, para siempre la palabra autoridad, poniendo en su lugar la independencia del juicio privado, ó la anarquía espiritual, ,
(142) _cipio, ¿qué Concilio se celebrará contra el cual no puedan reclamar los Jansenistas ? Aunque asistiesen á él varios Presbíteros en calidad de consultores, y algunos con privilegio de votar, siempre serian muy pocos en comparacion de los demas, y siempre se podria pretestar que á semejante Concilio le faltaba este requisito, Supongamos, empero, gratuitamente que no quisiesen llevar adelante sus pretensiones en este punto, y que se contentasen con 'un Concilio de Obispos, como los demas que se celebraron en la Iglesia. En este caso hipotético, y en el indubitable para todo Católico, de que la Iglesia reunida concilzarmente pronunciaria contra el Jansenísmo la misma sentencia que pronunció ya y confirmó repetidas veces, en su estado habitual y ordinario, es decir, fuera del Concilio (1): en tal caso, repito, ¿qué se AA A A A A AECA Y 1) Una de las máximas cismáticas y anti-ca= tólicas de Febronio, tomada, segun él dice, de Almaino, consiste en afirmar que la Iglesia fuera del Concilio, se halla en un estado de nulidad: Ecclesia ut dispersa actum jurisdictionis exercere non potest , nec aliquid sententialiter definire, = Ecclesia disparata in exercitio nihil valet (t. 1, cap. 6, par. 8 ). Consiguiente á este principio establece esta otra propo= sicion: Concilia generalia absolute necessaría esse Ec
(143) s puede creer que harian los Jansenistas obrando segun los principios de su sistema? ¿Qué? lo mismo que hicieron siempre; buscar efugios y subterfugios, suscitar cuestiones inauditas, mover dudas y poner dificultades, y eludir, en fin, con sus cabilaciones y sutilezas el juicio mas solemne de cualquiera Concilio Ecuménico que confirmase y ratificase la condenacion de sus errores. Las mismas alegaciones de nulidad que hacen contra el jucio extra-conciliar de los Obispos, harian igualmente, y mas todavía contra su juicio conciliar. Uno diria, por egemplo, que los Padres del Concilio eran ignorantes ó estaban preocupados: otro que se dejaban arrastrar por miras de ambicion ó de interes : otro que obraban por miedo de la Inquisicion, ó por la falsa opinion de la infalibilidad del Papa: otro que no habian examinado la materia controvertida, y que solo convenian en las palabras, mas no en los sentimientos : cuál clesía seepius agnovit. (1b). Asi que, el gobierno legítimo de la Iglesia no puede ser otro que una Asamblea general y permanente. En las Cartas citadas del doctísimo P. Mamaqui se pueden ver re futados sólidamente los muchos errores y: absurdos de este libro singular de Febronio, sae
(246) » cion pastoral, dejé de leerla, y no me ha » venido despues el pensamiento de concluir- »la.” = Remite cierto sabio á un amigo suyo la traduccion de un capítulo de la (Gaceta de Florencia de 13 de septiembre de 1786, en el cual se refiere la reforma que está haciendo del Breviario Romano el señor Obispo de. Pistoya, pará acomodarlo al uso de su Diócesis, los Santos que ha suprimido, los que nuevamente ha colocado, las copal , como renovador del Jansenismo pernicioso y herético; este mismo libro de las Reflexiones morales del astuto Quesnel, abandonado hasta por algunos Jansenistas de los Apelantes y enemigos de la Bula: estemismísimo libro, semillero de tantos errores y causa de tantos disturbios, es ]lamado libro de. oro por el Obispo de Pistoya, y recomendado, y canonizado , y propuesto por él á sus Curas, para que le lean en las Iglesias , y le enseñen á los fieles , enseñándoles en el mismo hecho á burlarse del Papa y de los Obispos, prefiriendo el dictamen de uno solo al de todos los demas. Y se quiere que el autor, ó á lo menos €! instrumento de tamaños atentados sea tenido po£ infalible. Y se dice que el Sínodo en que se come” tieron se celebró con tanta dignidad y decoro , y 5 esplicó con un entusiasmo tan divino , que sería un0 especie de sacrilegio el hablar mal de él, (Carta cit. de don José Yeregui , publicada en el número 34 del Universal de 1820). Por manera, que en ade”
(247) , himnos , lecciones que ha compuesto, con otras muchas cosas pertenecientes al Oficio “divino; y antes de la traduccion de dicho capítulo, pone (el autor: de la Carta) una advertencia en la que refiere las calumnias con que muchos han querido denigrar el buen nombre de este sabio Obispo; y llegando á nuestro punto, dice así: “Es innegable que algunos de estos ciegos »insultadores lo son únicamente por san- . E A . lante el decoro y la dignidad con que se hagan las cosas, y el entusiasmo divino con que se es pliquen las personas, serán la regla de nuestra creencia; y el juicio privado de cada uno será el intér— prele de esta regla, como lo enseñan los Protestantes. Mahoma » Por egemplo, se esplica en la Sura 1.2 del Coran > Y €n otras varias Suras y pasages con bastante dignidad, y con cierto entu— siasmo que tiene aire de inspirado y divino. ¿Quién sabe si algun Jansenista inferirá de aquí que sería una especie de sacrilegio el hablar mal del Coran 8 de Mahoma? El Coran de Pistoya se asemeja al eca en no pocos puntos, Quía Alcoranus pie de M | late larvatus incedit ) Tec est quí larvam trahere illi Jam pene orbem decepit. oraciones studeat , aut'curet, totum Tal es el juicio del doctísimo Marracci sobre el Coran de Mahoma. (De matería Álcorani, cap. 3. Pag. 35, column. 2 ). Será dificil hallar otro pasa- Be que mejor cuadre, guardada la debida ropor— cion, al Conciliábulo de Pistoya : Pietate larpa= turn incedit,
e di a AR A (250) 84. Basten estos egemplos para dar alguna idea de la especie de embriaguez filosófico-jansenística que dominaba en aque: lla época las cabezas de muchos españoles, A a e os ES bo uno de los que asistieron á aquella tertulia, hasta los criados de la casa , que no hayan sido constitucionales en las dos épocas. A la mano tenemos originales las contestaciones de aquel señor (á cuya falta de conocimientos teológicos deben atribuirse en gran parte sus procedimientos , acaso con las mejores intenciones) con un Padre del Oratori0 del Salvador de Madrid, en esta misma Década que cita el autor del Discurso, en las cuales se leen cosas que hacen estremecer por el veneno que encierran, y le hacian tragar á dicho señor socolor de celo por la verdad; y se vé el espíritu de la sectas y los medios de que'se valian para denigrar á los que les convenia, hasta forjar artículos para en” viarlos á la Gaceta de Holanda, por no hallal aquí libertad contra los Regulares, cuidando mucho el celoso oratoriano de iusinuar el nombre denigrativo con que eran los de cierta religion ridiculizados fuera de España , para que se usase de él con preferencia: las mismas calumnias contr? los realistas franceses, que hemos oido despues 4 boca de nuestros constitucionales contra los reali5” tas españoles, las mismas inyectivas contra las prác” ticas piadosas y Ordenes religiosas, y anejos U? sin número de apuntes contra las sanás doctrina% que no parecia sino que dicho Padre habia ido 1% cogiendo, como el escarabajo, toda la inmundicia cuanto habia leido, ¡ Y era el hombre por quier se dirigia para la compra de libros, Sc. !
? (951) de estos españoles tan graves y sensatos, Ó segun el estilo moderno, tan tenaces de sus máximas antiguas, y tan supersticiosamente adictos á las preocupaciones de sus antepasados : de los mismos españoles, que por testimonio de todos los regeneradores del mundo, van atrasados en dos siglos, y solo por una especial providencia de Dios dejan de andar todavía en cuatro pies, como poco hace lo decian los apóstoles del Lzberalésmo español (4). Considérese ahora. cuál sería entonces el calor y el entusiasmo de las cabezas extrangeras, y en especial de las france- (1) El Liberalismo solo por adopcion es español, no menos en cuanto al nombre, que en cuan- to á la substancia. Entre millares de pasages que lo prueban, me ocurre uno digno de copiarse. “La »palabra ¿iberal, tomada metafísicamente, me ha »servido tanto como la verdadera liberalidad, Las _ »espresiones de ideas liberales, y sentimientos libe- »rales, que á nadie empobrecen, y encantan á los ideólogos , son de inpencion mia. Este talisman , in- »ventado por mí, nunca servirá mas que para pro- »mover mis intereses, y abogará siempre por mi »gobierno aun en manos de aquellos que me han »destronado,”? Así hablaba el tirano de Francia, Prisionero en la isla de Elba ( Machiavel. commenté par Napoleon Buonaparte, pág. 153, not. 2, ed, de París de 1816),
(259) sas, que son tan inflamables. En efecto, la esplosion del volcan que fermentaba en ellas, era ya inevitable, humanamente hablando. La fermentacion de los sofismas y de los errores tocaba ya en el último grado de actividad. El Filosofismu y el Jansenismo de Francia, instigados por sus colonias de Italia y Alemania, y por todas las sectas cons: piradoras é impías, aplican á porfía nuevos combustibles con la última preparacion, y el volcan revienta en fin por donde las materias estaban mas dispuestas y el cebo de las llamas era mas seguro. El volcan revolucionario , trastornador y devorador, hace su erupcion en Francia; pero lanza sus lavas inmundas, pestilentes y mortíferas hasta muchas leguas en contorno, y apenas queda Estado alguno en Europa donde no prenda su fuego infernal. 85. Este acontecimiento, para: siempre memorable por los crímenes y horrores que abortá (1), por los fenómenos de impuden- O da (1) Y abortará » tal vez, si Dios mo se compa" dece del género humano, y alzando su mano jus» ticiera, corta el vuelo á las alas del orgullo revolucionario, que bien lejos de abatirse á vista de sus maldades, se complace neciamente de sus triunfos,
(253) cia, demencia y atrocidad, que separan aque- Ma época de todas las demas épocas del mundo; esta conjuración pública, formada por, “unos monstruos en figura de hombres, con= tra la naturaleza humana bajo de todas las relaciones posibles, como la llama Mr. de La-Harpe, que la conocia muy á fondo, y, la llamará tambien cualquiera que la conozca, y reconozca en la humanidad algo mas que un mero nombre: esta revolucion fran= cesa de 1789, por decirlo todo de una vez, no fue, como algunos piensan, obra del Filosofismo solamente, sino del Filosofismo coligado, confederado y hermanado con el Jan senismo. Mablen aquí los hechos, y digan, si entre los novadores mas atrevidos, entre los revolucionarios mas turbulentos, entre los Jacobinos mas furibundos, entre los au- A A y ostenta sin cesar las conquistas y los trofeos de esta revolucion sublime, gloria eterna de la Francia, egemplo de los pueblos esclavos , leccion para los Monarcas , y asombro de los tiranos, como la llama -. an aun en 1818 en medio de París, y á la faz de todo el mundo, los editores de la espantosa Coleccion de Eymery (pref. du £, 2), titulada Choiz des rappurts, Sec. , publicada con el objeto de cahonizar la repolucion Es s
(254) tores promotores mas acérrimos de la cismática Constitucion civil del Clero, y de la subversion religiosa, por no decir nada de la política; entre los que tiñieron sus manos fieras y atroces en la sangre inocente de Luis XVI, votando y acelerando su alevosa muerte; entre aquellos monstruos de insensatez, que no solo proscribieron el Catolicismo en Francia, sino que llegaron tambien, por un esceso de frenesí desconocido en el mundo, á proclamar el Azeismo, queriendo necia é impiamente dedicar á este monstruo caduco un altar permanente y perpetuo sobre las ruinas ensangrentadas de la- Religion verdadera; hablen los hechos, y digan, si entre todos estos insensatos no tuvo muchos hijos el Jansenísmo; digan si no tuvieron éstos respectivamente una parte muy activa y principal en todos aquellos atentados inauditos, en todas las escenas infames y horrorosas de aquella bárbara, sanguinaria y sangrientísima revolucion 0. Puede verse dema ALARTE RR AN A a A t IA (1) Entre los Jansenistas de la Asamblea son bien conocidos Camus, Freteau, Treilhard, Martineau, Expilly, Gregoire, Maillane, Apia co Muchos de los juramentados,, intrusos y renega”
(255) do todo esto en la obra del Abate Gustá in4 titulada: Del! influenza dez Gransenisti nella revoluzione dí Francia (ed. de Ferrara de 1794,-un tomo en 8.*). Los escritores que tratan. de aquella revolucion espantosa , como Burke, Calonne, Audainel, Barruel, Sc. convienen en esta verdad, y se pudiera pro= bar aquí con hechos incontestables, si lo per= mitiera la naturaleza de este escrito, y no se hubiese alargado ya demasiadamente. 86. Habré, pues, de cortar aquí el hilo de mi Discurso que va degenerando en un libro. Serian, á la verdad, necesarios muchos tomos para seguir la filiacion fecunda de los errores filosófico-político- -jansenís- ticos desde esta época fatal hasta nuestros dias; para demostrar con testimonios escritos que no pueden tergiversarse, la tenacidad increible de las cabezas sistemáticas en leyar adelante y en promover por todos los medios posibles sus proyectos irreligiosos y anárquicos; en producir un sin número de males reales y permanentes, socolor de pro- TA A A A A A A A O A A a PE dos, eran tambien Jansenístas notorios , como se Puede ver en la obra del Abate Gustá citada en este número,
(256) curar bienes futuros y eventuales, 6 imaginarios y fantásticos; en olvidarse de todo lo pasado y no contar para nada con las lecciones de la esperiencia; en sepultar en el silencio y cubrir con un velo tenebroso los hechos que contradicen sus teorías y desacreditan sus empresas; en desconocer ó desfigurar los efectos funestos de sus principios, planes y tentativas, negando las causas yerdaderas, y atribuyendo á las víctimas los crímenes de los verdugos; en maldecir de todo órden de cosas que no esté comprendido en la esfera de sus ideas y de su pretendida ilustracion; en insultar, por último, á las naciones y á los pueblos (1), dándoles en ca- A O NN a A E (1) Todas estas aserciones descansan en milla= res de hechos y testimonios recientes, Oigamos á Mer. de Pradt, ancien Archevéque de Malines, que E ha tomado sobre sí la regeneración española con tanto empeño y ardor como su antiguo amo Buonaparte. Hé aquí como nos honra en su obra estravagante de Los cuatro Concordatos, impresa en París en 1818: La civilizacion en España está poco mas ó menos como en Turquía (t. 1, pág. 57).= España es aún el Africa de Europa (ibid. pág 173). Hay paises donde se exige á los labradores que presenten su arado; en España se les pide que presen ten su Credo, ¡Pobre España ! (LaS pág. 24). Mi
(257) ra con la pobreza y desnudez en que yacen á consecuencia de los principios destructores que fabricaron y vendieron estas mismas cabezas soñadoras; calumniando atrevidamente á los gobiernos porque no remedian al momento, y con un solo rasgo de pluma, la miseria y desolacion de sus Estados, despues que las doctrinas revolucionarias, armadas de bayonetas, los robaron, los corrompieron, los diezmaron y los arruinaron. No era ciertamente de creer que á vista de tantas y tan terribles lecciones de la mas dolorosa esperiencia hubiese aún hombres tan tenazmente preocupados, y tan aferrados, digámoslo así, en aquellos mismos principios AA AAA A PA A A A A A pluma se resiste 4 copiar sus invectivas groseras, sus negras imputaciones , sus acusaciones calumniosas contra nuestro Clero, nuestros Jesuitas, nuestra Inquisicion, y todo lo que es nuestro. Vado lo quiere regenerar con su puna. todo le causa lástima, de todo se lamenta. Quisiera este politico que abrazásemos los sublimes descubrimientos de la Asamblea constituyente , que fue, segun él, una nueva Cibeles, madre de divinidades: Luta Deum partu (t,.2, pág. 2). Se manifiesta resentido por— que no pusimos el cuello, sin resistir poco ni mu-= cho, al yugo del tirano del Sena, del monstruo que abortó la revolucion , del feroz Buonaparte. Se Tom. XVIII. 17
(264) | escribir en su totalidad, y sería de descar que algun sabio la escribiese. El autor de es”. te Discurso tampoco ha tenido ni tiene otras miras, ni otros intereses, mas que el deseo de manifestar, segun sus cortos alcances, lO mucho que hay que saber acerca del Jansenismo, y lo muchísimo que interesa para el bien de la Iglesia y del Estado el conocer á fondo los errores de esta secta perversístma, su carácter singular, sus medios de pro" pagarse, sus progresos y atentados, sus con", quistas y destrozos, y lo indispensable que es por lo mismo el combatirla sin cesar j oponerse constantemente á sus contínuas J, nunca interrumpidas tentativas y agresiones. Si este cuadro, bosquejado toscamente, pudiese contribuir á los fines indicados, y servir de alguna utilidad á la juventud estudio” sa, quedarán los deseos del autor completa: mente satisfechos. 0.S.C.S. R. E.
LOS JANSENISTAS ¿SON O NO JACOBINOS? PROBLEMA propuesto á la resolucion del público, en respuesta 4 las Cartas Teológico-políticas, sobre el estado actual de las cosas Eclesiásticas : POR ) EL ABATE JUAN VICENTE BOLGENI,
A A Ex fructibus eorum cognoscetís eos, (Matth. y. v. 16). Perfidiam eorum expossuisse, superasse est, (S. Hieronymus, epist. 41, edit. Veronens, num, 4),
(267) CARTA DEL AUTOR dá un amigo de Milan, que puede servir de Prólogo. : e Ads He recibido las cinco Cartas Teoló. gico-políticas sobre el estado actual de las cosas eclesiáslicas, que os servís remitirme, anónimas, sin fecha ni lugar de impresion; pero que con toda seguridad afirmais son del señor don Pedro Tam-— burini, Catedrático de Pavía. A poca llegó tambien la Carta de Agatopisto- Filarco al autor de las Cartas Teológico-políticas, Gc., sobre la cuestion de si los Jansenístas son ó no Jacobinos , tambien, co= mo se supone, anónima. Confieso mi pecado, á primera vista sospeché si el tal Agatopisto, que tan á manos llenas prodiga elogios al autor de las Cartas Teológico-políticas , sería el mismo Tamburini: no lo estrañeis; este modo de proceder no le es: nuevo. Pues no ha mucho tuvo la humildad (debilidad quise decir ) de esparcir con profusion las flores de sus encomios, é incensarse'á sí mismo como autor del Analisis de las Prescripciones de Ter= tuliano, bajo el título y nombre de un teólogo pla— centíno : mas pues con tanta aseveracion afirmais que el Filarco-.Agatopisto, ú Agatopisto-Filarco, es el buen Palmier?, tan conocido en los anales de los Sucesos eclesiásticos de Toscana, depongo mi jui- CIO : al Caso. * €Mpeñais que he de responder á las Cartas
(269) Teológicc -políticas , que no es bueno queden sin contestacion , y que esto sea pronto: mucho pedir es; pero pues vos podeis mandármelo, y yo nada debo negaros , ahí va esa, que no puede ser mas en breve. La reduzco á un solo punto, á saber; el Jacobinismo de los Jansenistas en órden á los Gobiernos civiles. Esto no es mas que dar un bosque- Jo de la materia, á fin de que pueda servir de nor= ma y estímulo á otra pluma mas bien cortada y erudita, y formar una obra mas estensa sobre el particular, que en verdad sería utilísima en los tiempos tan calamitosos en que mos hallamos. Tal cual ella sea, recibidla como una nueva prueba de mi estimacion y deseo de serviros, y de la amistad con que siempre me he reconocido y de nueyo protesto ser : Roma 10 de abril de 179%. Vuestro obligadísimo servidor , Juan Vicente Bolgeni, ,
ADVERTENCIA. D ada ya una idea del Jansenismo en el Bosquejo que de él nos ha trazado la obra anterior , podrán los lectores entrar con conocimiento de causa á la re= solucion del interesante Problema que en esta les presentamos. Su título solo, á nuestro entender, bas— ta para despertar la atencion del público, y pene— trarse de su importancia : se trata de conocer á los enemigos de nuestra tranquilidad y Religion , á los autores de nuestros males , de los males que de medio siglo á esta'parte, y aún mas, se han agrava do sobre la Europa, y no estan aún cicatrizados: nunca por lo mismo interesa mas el conocer la causa del mal: el humor serpentea aún por las venas del cuerpo” político, é importa mucho para su salud to— mar todos los preservatipos, á fin de evitar las recaidas, impedir sus daños, espelerlo de sí , Ó neutras lizarlo: este es nuestro objeto al publicar este Opúscu— lo: él en Italia abrió los ojos á muchos incautos Y es de creer, y así lo esperamos de Dios, de quien viene todo bien y todo don perfecto, haga el mismo efecto entre nosotros, Su autor, bien conocido por sus ataques contínuos contra los errores del tiempo, lo es Juan Vicente Bolgeni, teólogo de la sagrada Penitenciaría , "atural de Bérgamo , donde nació el 22 de enero de
(9709 1733 : entró despues en la Compañía de Jesus el 3% de octubre de 1747) y enseñó en ella Filosofía Y Teología: en la desgraciada extincion de su Orden permaneció en Macerata , donde habia enseñado an tes con mucho aplauso la Teología moral, y el santo Pontífice Pio VI lo hizo llamar despues á Romd» con el destino de teólogo de la sagrada Penitenciaría, y allí murió el 3 de mayo de 1811, | Las muchas obras con que se distinguió entre sus naturales, han merecido siempre la aprobacion de los buenos. Entre ellas se cuentan : Los Hechos dogmáticos, ó sea de la Infalibilidad de la Iglesia en decidir de la buena ó mala doctriua de los libros; que viene á ser como una pigorosa impugnacion de todo el Janseniísmo , y que nos consta está traducida en nuestro idioma, y no sabemos por qué entibiado el celo del que la posee , y ú quien en su muerte la confió el traductor, no la ha hecho ver ya la luz pública. = La economía de la fé Cristiana , en 8.9% el Exámen de la obra de Tarnburini , dicha por antifrasis sín duda : verdadera idea de la Santa Sede; exámen que mereció tan buena acogida del público, que desde el 1785 al 9! se hicieron de él tres impresiones. = Respuesta á á la pregunta: qué cosa es un Apelante, en 1787, en 8.2, contra dos folletos impresos en Plasencia de Italía con este título: = Jl Obispado, en dos tomos en 42, tradu= cido ya al español. = La Defensa y analisis de dicha obra, = Apología de la misma. = Visertacion
(271) sobre la jurisdiccion Eclesiástica en confutacion de la diatriba de Jorge Sicardi, = Refutacion de la cen - sura hecha al Exámen de la verdadera idea de la Santa Sede , ó el Crítico corregido. = La Posesion, principio fundamental para decidir en las materias y casos morales. = Una segunda Disertacion en continuacion de la misma. = Estado de los niños que mueren sin bautismo, con otras »arías. Aunque el Gustá le atribuye el Espejo de los errores del dia, cuya primera parte la forma la graciosa Geo grafía del Jansenismo, y así se insínia en el Prólogo de la ultima edicion española del Obispado, po= demos asegurar que es de Francisco Antonio Mon— dels, Los muchos escritos con que los Jansenístas de Italia procuraban estender sus malos principios para llegar á obtener los desastrosos fines que habian con= seguido sus hermanos en Francia, le hizo presentar al público para su resolucion el presente Problema, donde ofreciendo victoriosamente toda clase de prue— bas de razon y esperiencia, pone á los lectores en estado y disposicion de verificarlo exactamente. Su estilo es sencillo y acomodado , Como convenia á la Capacidad de todos, como que á todos interesa su Conocimiento : á veces se convierte y habla con Tamburini, corifeo de los Jansenistas de Italia, y cu= yas obras trata de combatir é úmpugnar , especial= mente. las Cartas teológico-polílicas ; otras habla en seneral con todos, En la traduccion por do cumun
(272) hemos usado de este último medio por creerlo asi mas conveniente, y que se entienda que no solo á Tamburini , sino á todos los que piensan como él, se dirigen las reflexiones y doctrina, Como la obra se presenta en tono de Problema, lleva todo el aire de tal; y asi en lugar de otro Prólogo usamos Y _la voz de Notandos ó Advertencias prévias , qué son las que convienen , y se ponen regularmente al frente de esta clase de escritos, para fijar bien 10 cuestion de que se trata. Las Notas y Adiciones qu el autor insertó al fin de la obra en la edicion Y Roma de 1794, van colocadas en sus respectivos lu” gares , como él parecia desearlo. ¡Ojalá que el público. español , que tantos males ha esperimentado de estos enemigos disimulados que aqui se le descubren , $ aproveche de estas verdades, y llegue á persuadirse de una vez que es mas pernicioso un traidor ocul- to, que un enemigo declarado, : e
(273) Notandos ó Advertencias previas. o de P rimeramente, := Supongo como cosa indudable para Tamburini y para mí, y en que no tendremos ya que disputar, que hay Jansenistas. Aunque en algunas de sus obras, sin duda por divertir á sus lectores, habia dicho que no hay tales Jansenistas en el mundo; que el Jansenismo es un fantasma, una quimera nacida del cerebro destornillado y fanático de los. Molinistas, aquí ya en las presentes Cartas con toda seguridad y seriedad afirma que los hay, y en mucho número, que son personas de respeto, de notoria y conocida probidad, y consagrados, dedicados ó empleados tenazmente en sostener y defender la Religion y los 'Tronos. Y si alguna vez se le escapa decir los llamados, los pretendidos Jansenistas, debe ser ceremonia de estilo, ó un epiteto de buena crianza, 2. En segundo lugar. = Debemos suponer que el Jansenísmo, segun de él hablamos, comprende todos los apasionados de la doctrina de Bayo, Jansenio y Quesnel. Nadie ignora que este último ha sido el res- Tom. XVIII, 18
(280) » belos sediciosos y fanáticos, en que se pin- »ta á la parte mas sana como aliados de los »enemigos de los Tronos (pág. 5).” En una palabra, los pobres Jansenistas (¡qué dolor!) llegan á hacerse sospechosos de Jacobinismo, es decir, del proyecto infernal de destruir y arrojar del mundo la Religion revelada, - y hacer desaparecer las Monarquías. 7. Esta sospecha cunde no solo por el vulgo, sino que se apodera de las cabezas de los políticos y de los Ministros de los Reyes, y aun de los Reyes mismos, con gra- ve peligro é inminente riesgo de algun gol-. pe fatal contra los fieles discípulos de san Agustin. ¡Pobrecitos! ¡será caso de negarles socorro y ayuda! “Con ocasion de la revo- »lucion francesa se ha visto, dice (pág. 74 »y 72), un fenómeno que no era de espe- »rar, á saber: el espíritu de desconfianza en »que han caido muchos políticos y sostene- » dores de las máximas mas justas de la Re- » ligion y del Estado. Hasta ahora (los Jan- »senistas) estaban tenidos por defensores de » la doctrina pura de la Iglesia y de la se- »guridad del 'Frono.....¿ pero con esta oca- » sion, por una metamortfósis estraña, han lle- »gado á hacerse sospechosos, y sus máximas »se miran como peligrosas al Trono y al Al-
(981 ) 5tar,=Las sospechas se aumentan cada dia > Contra los pretendidos Jansenistas: aun mas, » para muchos son sinónimas las voces de » Jausenista y Jacobino (pág. 173). Esta es »la actual y tristísima situacion para los lla- »mados Jansenistas. Se les confunde con to- » das las sectas. Despues de la revolucion de » Francia, Jansenistas, Francmasones, Jaco- » binos, Ateos, y qué sé yo qué mas, son » idénticos (pág. 143). Todas las cartas Cstan sembradas de semejantes lamentos, y Bn ellos se vé espresada al vivo la tierna efu- Sion del corazon de Tamburini. Como la caridad bien ordenada empieza ¡por sí mismo, Y luego se difunde al prógimo, lo estimula á purificar á sus. amados hermanos de tan Negras sospechas, y á conjurar la tempestad QUe amenaza sobre sus cabezas. 8. Con este objeto ha impreso las sobredichas Cartas, en las que con todas sus fuerzas intenta probar que las doctrinas de los Jansenistas son utilísimas á la Iglesia por pureza del dogma, por la severidad de su Moral, y por la reforma de la Disciplina. En órden á los gobiernos temporales, dice (pága 178): “Sostendré siempre que el sis- > tema de los Jansenistas es el mas opuesto » que se puede imaginar al de los Jacobinos:
(989) »que todos los mas célebres Jansenistas han » combatido é impugnado las perniciosísimas »ideas jacobinas sobre la soberanía; y que »ningun Jansenista bien instruido en su$ » máximas, puede ser Jacobino sin ponerse » y estar en abierta contradicion consigo mis »mo.” Con estos puntales se lisongea s0S* tener la casa, que hace quiebra y amenaZ ruina de todos lados. Objeto de nuestra contestacion. 9. : De las sospechas escitadas en el público sobre los Jansenistas, resulta un pro” blema muy importante y digno de 'exami” narse y resolverse, á saber; si en efecto 10 Jansenistas son ó no Jacobinos. Tambv rini resuelve que no, y dá sus razones; y Po tengo valor para tanto; suspendo mi jul” cio, y espongo solamente los datos y razo” nes que pueden guiar para una resolucion justa y exacta, y dejo al público que Jo decida, 10. No hablo ahora aquí de los JansC” nistas en materia de Religion ó' puntos 104 lógicos , porque sería perder el tiempo in' tilmente, y cantar 4 sordos. Ellos ya han hecho callo en esta parte, y por mas que %
(283) diga, no se apartarán un punto de sus má- Ximas. Millares de veces se les ha conven- Cido de errores gravísimos, y millares de Veces han vuelto de nuevo á sostenerlos: en Estas. mismas Cartas nos dá un bellísimo “Semplo Tamburini: en todas ellas va semtando (4 dos manos la semilla de las má- Ximas erróneas de que ha sido convencido asta la evidencia, en tantos libros como se an escrito directamente en su contra; mas él siempre imperturbable; ¿de qué serviria, Pues, oponerle de nuevo doctrinas, razones, Mt autoridades? De nada: mañana volveria á Tepetir la misma cancion, desentendiéndose de todas nuestras réplicas; y así abandonaremos este camino didáctico ó doctrinal. 11. Fuera de que, con pocos pasos, me Parece que terminaremos felizmente nuestro Vage,. ¿Se quiere ver en tierra á un solo Solbe todo el aparato de las largas Cartas teológicas? Pues hélo aquí. ¿Cuál es el fon= ES Y Sustancia de la defensa que hace Tam- "ini de los Jansenistas en puntos y órden > Religion ? Sus palabras son estas, y ahí estan las Cartas mismas que no me dejarán Mentir: “La doctrina y máximas de los Jan- “Senistas son las mas justas en órden á la
(284) q 01 » pureza del dogma, de la moral y discipli » na: luego los Jansenistas no son Jacobinos r e . . E . . 2” »en órden á la Religion ó puntos ralig10s0$. Qué bueno era todo esto si fuera cierto; pe” ro el caso es que no todos piensan así, cual” to menos lo harán vuestros contrarios. Esto dicen que las máximas de los Jansenistas sol erróneas, cismáticas, heréticas: que los Jal” senistas con su doctrina han combatido, 10” pugnado, corrompido y arruinado la Rel” gion Cristiana (1).=¿A quién hemos Y ercer? ¿de parte de quién está la razon' Aun cuando, por no tirar mucho la barfh de una sola vez quisiésemos suponer la 0 sa indecisa, á lo menos teníamos ya que * e e E > ES II (1) Todas las personas de juicio han crei | siempre que el Jansenismo era una cabala form" da para arruinar y destruir la Religion Católi%! y hacer triunfar al Luteranismo y Calvinismo. citado Mr. de Preville, hablando de las Cartas * Jansenio, dice: que son una prueba de esta may” nacion, y del designio formado por una parte ent Jansenio , Obispo de Iprés, y de otra el Abate Sar Ciran contra la Iglesia y la Religion (Dedic? toria, p. 1). Y servirá para instruir á la poster dad de las intrigas y manejos de estos hombres) Y han emprendido reformar la Religion, y llevar al E bo los designios de Lutero y de Calvino (Brólos* pág. 2).
(285) Punto estaba en disputa; y que si por una Parte se afirma, por otra se niega. ¿Y en medio de esto un Catedrático de la universiad de Pavía mos dá por prueba de una Cuestion la misma proposicion que se disputa? ¿sienta como cierto lo mismo que conslantemente se le niega? En vuestra Lógica ¿Ho se enseñaba lo que llaman círculo vi- C10so y peticion de principio? Si mo lo haeis del todo olvidado, sabreis muy bien que este desliz es la falta mas vergonzosa que Puede caer en un escritor que se precie de taciocinar bien. ¿Qué resulta pues? Una sola palabra; á saber: que las Cartas de Tamburini en defensa de los Jansenistas sobre Religion, son todas ellas una clara, clarísi- Ma, y contínua peticion de principio. 32, Diréisme tal vez que en este mismo defecto caen tambien vuestros contra= "los cuando acusan á los Jansenistas de re- 'gion violada, puesto que ellos sientan igual- Mente que las máximas jansenianas son er- Yóneas y perniciosas, lo que niegan á boca lena los Jansenistas. = No os responderé que los adversarios de los Jansenistas pruean lo que dicen, porque tal vez tendríais alor para decirme lo mismo de los Janse- OR HO; por esta Yez no entramos en dis- M
(286) puta; hay un camino mas corto y mas lla: no para llegar á la verdad y al convencr miento. Hélo aquí: Cuando vosotros afirmals que la doctrina jansenística es sana y Co tólica, solo podeis contar á vuestro favo" alguno que otro Obispo. (bien conocido Y por otra parte), y unos cuantos, sean SÍ quercis muchos teólogos (los sastres y 20 pateros , las hermanas apelantes , las damas de la gracia, y otra gente de este jaez 10. entran en número, ni componen mundo para estas cosas); pero ningun Papa, nin guna escuela Católica. Al contrario, vuestro adversarios cuando dicen, afirman y 'sostic* nen que la doctrina jansenística es errónet, herética, cismática, tienen de su parte 10” dos los Papas que ha habido de dos siglos á esta parte, con cien Breves y Bulas dog máticas (*) aceptadas en toda la Iglesia: es” tá el cuerpo entero de Obispos estendidos el todo el orbe católico: estan muchas Asanr bleas del Clero de Francia, varios Concilios Diocesanos y Provinciales, las escuelas To” místicas y aun la Agustiniana, á cuya soMY” A A A (*) . Véase el catálogo formado por el erudit? simo Mozzi de las 958 condenaciones hechas po" ha Santa Sede del Jansenismo,
(287) bra quisieran ocultarse los Jansenistas , y de donde sus profesores los desechan y re- Pelen con ignominia. ¡Qué nube de testigos Contra el Jansenismo y los Jansenistas! Com- Parad autoridad con autoridad , y decidid despues quién es el que comete el círculo Vicioso, ! 13. Mas para volver de la digresion al Púnto principal de donde habíamos salido, no hablaré, pues, del Jacobinismo religioso de los Jansenistas , y sí solo del civil y político, ó que tiene relacion con los Gobier=' nos. La defensa que sobre este punto hace amburini de los Jansenistas, se reduce á este raciocinio: “Los Jansenistas han ense- »fíado , y constantemente sostienen la doc- » trina' mas favorable á la autoridad de los So- »beranos, y á la sumision de los pueblos, ->probando que la potestad de los Príncipes ” Viene inmediatamente de Dios; que éstos no ” Teconocen ningun superior humano en las > “osas temporales, ni son responsables sino á > Dios, y de ninguna manera estan sujetos á » los pueblos, ni aun en caso de una clara y ” COnsumada tiranía. Luego los Jansenistas no A son Jacobinos en punto al gobierno civil.” € aquí toda la defensa Tamburiniana. Si/como esto se afirma, fuera ello
(288) cierto j no habia mas que pedir, y la causa estaba concluida; pero necesita mucho examen. Procedamos, pues, con fidelidad, serenidad y atencion escrupulosa: yo pro” pondré mis dificultades, que no faltan, J veremos el resultado: podria en verdad, % quisiese dilatarme, llenar de ellas un tom0 en folio, pero quiero consultar á la breve” dad: para hacerlo con claridad al mismo tiempo, las dividiré en varias clases: en C2” da una de ellas indicaré con rapidéz las r2” zones con sus pruebas, haciendo al paso al gunas reflexiones que el lector por sí podri desenvolver despues, y darles toda la esten” sion y fuerza de que scan susceptibles, £5 preciso tener presente que no trato de ag0” tar la materia, sino de dar un ensayo, W” bosquejo, para que despues, si gusta ot mas sabio, pueda formar sobre él una ob completa en bien de los pueblos, de los Kit” yes y Gobiernos. | 15. En resúmen digo, que el raciocÍ nio de Tamburini es falso en las premisa é ilegítimo en la consecuencia; por cons” guiente, que nada prueba: Demostraré, put primeramente que lo que afirma es falso; Í despues, que aun cuando fuese cierto, se infiere de ello lo que quiere deducir.
(289) PARTE PRIMERA, Es falso lo que en su raciocinio nos da por cierto Tamburínz ¡€__—— PRIMERA CLASE DE PRUEBAS. 16. Los Jansenistas , dice Tamburini, han enseñado siempre una doctrina favorabilísima á la autoridad de los Príncipes, Y - G la sumisión de los pueblos. = Nada mas falso, = Es de creer no se habrá olvidado Tamburini de aquella descarga cerrada, que con su mansedumbre jansenística dió al Aba. te Spedalieri por haber enseñado en su obra de los Derechos del hombre una doctrina, á Su modo de entender, perniciosísima á los AeJyes y á los pueblos. Pues oiga ahora una Cosita que le conviene y toca á sus amados Cc lentes, y pese allá en su razon qué doc- “Winas son las que han enseñado los Janse- Distas, y de ellas deducirá la exactitud de su Proposicion : oigamos sobre ello á escritores, Y no del dia. um, XVI IT, 49
(296) Rey y de su Consejo de Estado, que protegia, como era regular, las decisiones y decretos de la -Iglesia. De aquí nació aquel contraste tan estraño de hechos y máximas entre los súbditos y el Rey, que no ha terminado sino con los horrores de la revolu= cion. De los hechos hablaremos luego : las máximas son las mismas que las citadas de Fauvel y las de los cuarenta abogados, aunque envueltas bajo un artificioso rodeo de palabras, que ya mas abierta, ya mas ocultamente se dejaban traslucir segun las ocasiones. Estendiéronse en toda la Francia bajo el tí. - tulo de humildísimas representaciones al Roy; se repitieron una y muchas veces en el so. bredicho periódico de Noticias E clesiásticas, y se estendieron y propagaron en toda Europa por medio de varias Gacetas, No es decible el daño que hicieron, y en cuantas personas débiles ó de corazon corrompido por medio de ellos, se entibió el debido amor, respeto y sumision á los Soberanos, El Papa Clemente XUL se vió obligado á detener todas las Gacetas de Lugano que se introducian en los Estados Pontificios , y á prohibir bajo las mas severas penas su introduccion, Las Asambleas del Clero de Francia cada tres años hacian enérgicas repre-
(297) sentaciones al Rey sobre este desórden , y con libertad Apostólica, digna de su celo como pastores de su grey, y como súbditos fieles por otra parte, le manifestaban cómo por mano de los Quesnelistas se iban minando y socabando los fundamentos de su trono, Entre estas es notable la que se hizo á Luis XV por la Asamblea de 1765, en la que llevó la palabra Mr. de Brienne, entonces Arzobispo de Tolosa, luego Cardenal, y despues privado justamente de esta dignidad por sus desórdenes revolucionarios , cuya muerte desgraciada y repentina en el monstruoso cisma, en que por seguir las máximas que ahora combatia «se habia enredado, se ha sabido en estos momentos (*), Tn (*) Nadie ignora como el Mathan de este siglo habia provocado y atraido sobre sí los anate— enas de la Iglesia, y la privacion de la dignidad de sardenal que á instancias repetidas del Rey Crislianísimo habia conseguido: pero no á todos son nolorias otras particularidades. Cárlos Esteban Lome- Me de Brienne nació en París en 17275 Mientras fue Obispo de Condon y Arzobispo de Tolo- Sa fue benemérito de la Iglesia, y la hizo servicios "Mportantes en las Asambleas del Clero de 1762, A Y 72; pero despues que fue promovido al zobispado de Sens, y á fuerza de elogiarle los
(298) El Rey conoció al fin el peligro, y no halló otro remedio á mal tan grave, que un golpe fuerte de autoridad, y suprimió los Parlamentos. Estas son cosas de todos conocidas filósofos, se le nombró Ministro de Hacienda por el Rey, ya no se encuentra sino un hombre abandonado á la voluntad de los sectarios; él fue quien en 19 de noviembre de 1787 renovó el Edicto de Nantes, concediendo ámpliamente franquicias y derechos á los Protestantes: odiado de los Pueblos por sus necias, y aun mas perniciosas determina” ciones en el Ministerio, hubo de dejar la Francia y retirarse á Niza; pero no bien se publicó la Gonstitucion civil del Clero por la Asamblea , y vió qué tomaba cuerpo el partido revolucionario, se presentó de nuevo en su Diócesis de Sens, hizo el execrable juramento de ella, y tuvo el descaro, pro” piamente filosófico , de gloriarse y alabarse pública” mente ea un sermon de haber preparado durant? su Ministerio la revolucion; que fue lo mismo qué hacer caer sobre su cabeza todos los crímenes qué ella ha producido. Temiendo ser depuesto por sl Santidad (á quien fraudujentamente habia escril0 durante este tiempo dos ó tres veces, pintándole los tristes sucesos que afligian á la lolesia de Fran” cia, y amenazaban al Clero por unos hombres qU* eran enemigos Jurados de la Religion de Jesucristó que las máximas de la Asamblea y sus determina” ciones eran cismálicas, y conducian abiertamente O Presbiterianismo , y pidiendo con este motivo SU dictámen , que no esperó para jurar, y seguirlas
(9299) no solo respecto á los hechos, sino tambien á las máximas sediciosas, y asi no hay para que detenernos en individualizarlas mas. 22. ¿ Direis aún y sostendreís que el sisdecididamente) , hizo dimision de su dignidad Cardenalicia: semejante á un delincuente ya condenado á muerte que cree evitar el suplicio con el suicidio. Fiel al sistema de destruccion , igualmente ti ránico que sacrilego, que habia abrazado, quiso rodear de ruinas la silla de su Obispado constitu— cional (que habia aumentado por los simples de= cretos de la Asamblea con varias porciones de los Otros inmediatos ); y habiendo comprado á la Nacion una Abadia (se habian hecho Bienes nacionales estos , como se ¡ba ejecutando ya en los años de 20 y siguientes entre nosotros ), en donde se venera— ban los cuerpos de los santos Mártires Sabiniano y Potenciano, primeros Apóstoles de Sens, arrojó de allí á los religiosos , alejó á los fieles que venian á tributar contínuamenle sus cultos y homenages á los ante las reliquias de sus Santos, demolió su lermoso y magnífico templo, y de sus antiguas y venerables Catacumbas hizo..... un establo ó poeil= ga para cerdos. Hasta este estremo llega el hombre Cuando se abandona á la impiedad. Hé aquí los grandes pensamientos de los filósofos. Mas el cielo Vengó su Santuario y las cenizas de sus Santos: las Atacumbas se desplomaron súbitamente, á pesar de la solidez de los arcos, y grandiosas hóvedas que les servian de apoyo, sepuliando en sus rui= nas 4 los inmundos animales que acababa de in
(300) temá de los Jansenistas es el mas opuesto que se puede imaginar al de los Jacobi 108, como poco ha afirmábais que siempre sostendríais que ellos han enseñado siempre TOOKXK—_ . V h troducir, y las ocupaban. Un aviso del cielo £omo este, que hubiera movido á una piedra, DO hizo en Brienne ninguna impresion. Sonrióse - oirlo, y..... ¡el infeliz mo veia que su endurecimiento era la pena mas terrible con que el Cielo castigaba sus sacrilegios! Al fin fue arrestado por los mismos revolucionarios (que sucesivamente se fueron devorando unos á otros), y conducido 4 la prision eon aquel jóven Brienne, cuyos talentos habia corrompido; y aunque escapó de las ma”. nos del verdugo, no se substrajo á la desgracia Y á la infamia, En el momento mismo en que un 27 dalso público iba 4 justificar á la Providencia , es” _ta misma Providencia le castigó de un modo aúl mas señalado. Brienne se dió á sí mismo la muer” te: debia morir como Judas el Apósiol, habiend0 vivido como él. Véase la €oleccion de Decisiones 4 la Santa Sede, relativas á la Constitucion ciyil de Clero de Francia; tomo 2.9, desde la página 22 donde principian las Actas del Consistorio secreto 16” nido por el santo Pontífice Pio VI el 26 de septiemo bre de 1791 , sobre la dimision de Lomenie , y. $ Notas á la Pág. 290 y siguientes; y las Memoria5 para servir á ta Historia de la Persecucion francesa por D' Auribeau, tom, 2. = Este sobrino ; coadjutor suyo en Sens > y Arzobispo in partíbus con e título de Trajanópolis, consagrado en 1789, y Age"
(301) Una doctrina la mas favorable á la autoridad de los Reyes, y á la sumision de los Pueblos? Los hechos os desmienten, los do- Cumentos-estan á la vista; ¿qué decís á ellos ? en ellos se trata, sin lugar á tergiversacion, de Jansenistas, de cosas hechas y escritas á Su favor y en su defensa. No se habla de alguno que otro individuo en particular, sino de muchos juntos, y aun de cuerpos poderosos y numerosos. Se trata, no de alguna espresion dicha en un acaloramiento, ó estampada sin reflexion, siño de doctrinas estudiadas, examinadas detenidamente, y enseñadas constantemente por casi un siglo, propagadas en muchas ciudades de Francia, y esparcidas por toda Europa: ¿qué teneis que reponer? 23. Que la máxima de que la Soberanía reside originariamente (*) en la Nacion, y de A te general del Clero desde el año anterior de 1788, “póstata como su tio , que le habia corrompido, se Casó con una prima suya divorciada, y poco des Pues de la muerte de su tio fue guillotinado con ella, en 1794, en París. Tales desórdenes no suele 10s dejarlos sin castigo aun en la tierra: llamá- 7 > Pedro Francisco Marcelo” de Lomente. ) oda soberanía trae su orígen de Dios: en
(302) esta se comunica á los Príncipes, ¿es 1am- bien de algunos Católicos contrarios 4 los Jansenistas? Celebro mucho el que nos rer cordeis tan oportunamente la detestable doc trina del tiranicidio; el tiempo-y la ocasiod en que las cabezas estan todas medio tras” tornadas con las voces de libertad € ¡gual- | dad, no puede ser mas oportuno..... pero, se” ñior mio, el tener compañeros en el delito, no es buena defensa para un reo: tan miserable razon os acreditará de mal abogado, pues perdeis la causa por falta de razones. 94. Pero ni aun en eso consentimos; NO señor; los Católicos en aquellas palabras 00 dicen lo mismo: la causa de los Jansenistas * A los gobiernos electivos los pueblos podrán designa" la persona, pero la autoridad, su soberanía es Q Dios : esto es lo que dicen los Católicos; pero lo Jansenistas y sus adherentes cuando usan la yo originaria, es haciendo venir la soberanía del pue” blo : aunque lo comun en vez de originaria , se YY len de la voz de esencialmente , que es muy diver” so; pues lo que es esencial no se puede enagent ni desprenderse de ello aunque quiera, y por con= siguiente nunca el Pueblo podria haberse desprer” dido de la Soberanía , y podria por lo tanto reco” brarla cuando gustase. ¿Estrañamos aún que 1% Jansenistas sean constitucionales? lo son y debe? serlo en yirtud de sus principios.
(303) de peor estado y situacion muy diversa de la en que se encuentran Jos escritores que os atreveis á indicar, En el caso de los Jansenistas se trata no de usurpadores, sino de Soberanos legítimos, de Príncipes llenos de clemencia, justicia y de amor para con sus súbditos: en quienes, si os empeñais en buscar defectos y faltas en su gobierno, no hallareis tal vez mas que la de haber tratado con demasiada benignidad á los Jansenistas, hombres refractarios á la autoridad eclesiástica y civil, duros é inflexibles, y de una obstinacion que estremece. Esta, os lo concedo, y la esperiencia lo ha acreditado bien, ha sido en los Reyes, ó. mas bien en sus ministros, una falta política. ¿Mas cuándo ha salido jamas de la boca ni de la pluma de un Católico, ni de un hombre sensato, la máxima infernal de que el Pueblo puede á sy arbitrio deponer á su Soberano ? ¿Que nadie, y por consiguiente ni aun el Príncipe supremo, es superior ú los decretos del Par-. lamento; es decir, de una corta reunion ó Corporacion de súbditos? ¿Que el Rey no puede tratar con sus súbditos sino como de ¿igual á ¿gual? Estaba reservado á la invioable fidelidad de Jos secuaces de Quesnel “er valer estas máximas de rebelion; yá
(304) que naciese tambien don Pedro Tamburini, Catedrático en la Universidad de Pavía en el siglo XVII, para que hiciese mirar á los Jansenistas como defensores aguerridos y acérrimos de la autoridad de los Reyes y Soberanos. Este fenómeno, diré mas bien, este cometa que habia aparecido ya sobre nuestro horizonte, ha esparcido una nueva luz el 1794 con la larga cola de sus Cartas Teológico-políticas, impresas subrepuciamente, Segunda clase de pruebas, 25. Aquí es preciso hacer justicia á todos. Es cierto que muchos Jansenistas, y los mas célebres entre ellos, han enseñado que los Príncipes reciben inmediatamente de Dios su autoridad, y no de los Pueblos; que és” ta, asi como sus personas, son inviolables; y que en su egercicio no son responsables sino á solo Dios, «tc. Esta doctrina ciertamente es verdadera, y favorable cual otra alguna á los Príncipes y Soberanos. Hasta aquí vamos conformes, y por mi ingenuidad en confesar lo bueno que en ellos se halla, se conocerá que solo el amor á la ver dad y al órden me hace escribir, ¿Mas por
(305) eso quedarán los Jansenistas purgados. ya de la nota de Jacobinismo? Tamburiai sin vas Cilar dice que sí, y yo tambien quisiera que asi fuese; pero me parece demasiado preci Pitado en sacar consecuencias: yo ando mas Paso á paso, y para dar á este punto la clatidad conveniente, aunque veo que las dis. linciones no son del gusto del dia, y mucho menos del de Tamburini (que por lo comun las carga de todo el oprobio de so= fisterías, asi como lo hacian tambien los Luteranos en el siglo XVI), no obstante, aunque me cueste un enojillo suyo, voy á dar aquí una que me parece conveniente, y aun necesaria, para la exacta inteligencia de lo que vamos diciendo, 26. La doctrina de los Jansenistas ¿quedará purgada ya con lo dicho de la nota de Jacobinismo? Distingo: si por doctrina se entiende únicamente el punto de la dimahacion inmediata de Dios de la autoridad de los Príncipes, y su inviolabilidad en'cual- Quier caso, convenimos eh ello, y lo concedo respecto al grande número que decís de Jansenistas : podria en verdad moverse su litis sobre este muchos , y no fal Sar; pero quiero ser franco, y “0Sas. con todo Tigor, Tom, AVUL 90 E arta que aleno lleyar las
(319) »gobierno absoluto (pág. 196 y 197 de »sus Cartas).” 0 32. Ahora bien: el Jansenismo no es otra cosa que un Calvinismo disfrazado: con que..... Sí, no es mas: las palabras, las frases, el giro de la espresion es algun tanto diverso, pero la doctrina substancialmente es la misma. Acaccióme. un dia en Macerata (ciudad de Italia) tener una disputa con un Padre de la mision llamado Barry, el cual habia estado muchos años en Francia, y par recia, y lo era, hombre de talento y de instrucción, Decíame que el Jansenismo era una heregía imaginaria, y se empeñaba en sosr A licos; la admision á los empleos, y que en cada parlamento hubiese una cámara compuesta por mitad de Católicos, y mitad de Protestantes, Gc. Los males que estas franquicias habian traido al reino, el espíritu continuamente turbulento de los sectarios obligaron al fin á Luis XIV, despues de muchas deliberaciones, á revocarlo , como lo hizo el 18 de octubre de 1685. Los últimos revolucionarios, para preparar la espantosa que ha sufrido aquel relno, empezaron renovándolo, engañando con capi de bien y de caridad fraternal al santo Luis X VÍ, que vino al fin'á ser víctima desu condescenden= cia, siendo de notar que un Protestante (Barnabe) era el Presidente de la Conyencion cuando se 1 sentenció á muerte, ooo
(313) téner que era un fantasma. Yo me esforza: ba á probarle lo contrario; pero él sereno continuaba en su dicho, y como yo me manifestase como escandalizado de su modo de hablar, entonces él con mucha tranquilidad me dijo sonriéndose: vmd. amigo se engaña; yo he tenido ocasion de tratar, y conozco bien de cerca á muchos, muchísimos, de los que en Francia se llaman Jansenistas, y aun he disputado con ellos, y no hay tales Jansenistas; no son Jansenistas, nO señor, son Calvinistas de por vida en las materias de gracia, libre albedrío y predestinacion: y así, si vmd. entiende por Janses nismo una heregía nueva, distinta y diver= sa esencialmente del Calvinismo en estos puntos, está equivocado, y en este sentido es cierto lo que he dicho, y repito de nuevo, de que el Jansenismo así entendido, es una heregía imaginaria; con lo que fácil- Mente nos convinimos. 33. Vmd. no lo hará, y clamará por el contrario que esto es una calumnia: Arnaldo, Nicole, y otros muchos Jansenistas Célebres, direis han confutado con obras clá= Sicas el Calvinismo (*): ¿con qué justicia, IR x (*) Dicen los Jansenistas (escribia el célebre
(314) pues, se les puede contar entre los Calvinis: tas? = ¿Cómo? Distingue tempora, se solia decir antiguamente, el concordabís Jura: una distincioncita breve lo pondrá en claro; óigala vmd.: no son Calvinistas en todos los puntos de la doctrina Calviniana, lo damos por sentado: no lo son en las materias de gracia, libre albedrío, y predestinacion; eso no lo dirá ninguno que entienda la materia, E Maistre en su obra de la Iglesía Galícana en sus relaciones con la Santa Sede, cap. 2) que Pascal, Arnaldo y Nicole han escrito escelentes libros en fa= vor de la Religion: sea así; pero tambien 4bba- día, Ditton, Sherlock, Leland, Jacquelot , y otros cien protestantes han escrito escelentemente sobre ella. “ Bossuet, en su Historia de las Variaciones »(dib, 5, c. 103 ), da solemnemente las gracias en »nombre del Clero de Francia al doctor Bull, An- »glicano, por el libro que compuso sobre la fé an- »te=nicena ; y sin embargo creo que Bossuet no te- »nia á Bull por Católico. = Y así (habia escrito »antes en el cap. 3.2) cuando nos vengan á de- »cir Pascal, Nicole, éc., los Luteranos y Cal- » vinistas nos llaman Papistas, y dicen que el Pa- »pa es el Ante-cristo, y nosotros los hemos im- »pugnado, y decimos que estas y otras semejanales proposiciones son heréticas, por consiguien- »te, no somos hereges ; nosotros les respondert- » mos: por eso lo sois de un modo mas peligroso (Vide, tom, 17 de esta Biblioteca ),
(315) y no quiera seducirse ó seducirnos. Y no me quiero meter ahora en otros puntos 1m- portantes, en los que los Jansenistas han sobrepujado con mucho á la doctrina Calviniana. 35, No quiero que se me crea sobre mi palabra: la acusacion de Calvinismo que intento aquí contra los Jansenistas, €s muy, grave, y exige buenas y sólidas pruebas: voy á dar algunas, aunque no sea mas que de paso, | 35. La doctrina del famoso Sínodo Calvinista de Dordrecht no se puede á ymd. ocultar que agradó á Jansenio, Hé aquí el juicio que formó de las actas de aquel conciliábulo, y que en carta particular (que es donde regularmente habla el corazon, porque se habla con confianza) escribe á un amigo: “Aquí los Calvinistas siguen Cast »enteramente la doctrina de los Católicos »sobre la predestinacion y reprobacion: han » quitado todo lo que habia de duro en la »opinion de Calvino, escepto la certeza de » la predestinacion é inamisibilidad de la gra- »cia, con alguno que otro error (1).? En: a (1) Carta 12 de Jansenio del 1620, = Historia del Bayanismo y lib. 4, $. 16.
(316 ) rique Ott, Ministro protestante en Zurich, pretende que Jansenio habia formado su sistema sobre los dogmas establecidos en Dorrecht; tan grande es la conformidad de sentimientos, pruebas y raciocinios que nota en uno y otros (1), Es notorio: tambien a A (2) Henr. Otii Oratio de causa jansenistica, im presa el año 1653. La cita de la carta de Janse= nio es exacta, y se encuentra en la página to, 11 de la edicion citada de Preyille: está dirigida al Ab. de San Ciran á Poitiers. La oracion de En-— rique Ott, ú Oltio se imprimió en Zurich: Sus pa= labras son estas: Quid si Jansenio vestro Patrum Dordracensium Cánones Augustini intentíus ¿NSPÍCiCNm di causam attulerint ? quía eadem disputationis ma= teria, idem fere tempus, vicínitas, Sc.: refiérelas Preville en una nota marginal á la citada Carta de Jansenio. En otra de 29 de abril de 1622 á San Ciran, dirigida á París, escribe Jansenio asf: “He sabido que un Gomarista ha impugnado la »doctrina de los Arminianos, que es la misma que »la de los Jesuitas, y la ha confutado tan bien con »testimonios de san Agustin, que no se puede aña= »dir mas.” Y muestra grandes deseos de obtener aquel libro (del Gomarista). Por la Historia de las Variaciones de Bossuet (lib. 14 ), se sabe que los Gomaristas eran unos Cal vinistas rígidos , que se= guian la' horrible y herética opinion de Calvino sobre la reprobacion” absoluta de los no predestinados: los Arminianos habian mitigado esta opinion, y por lo tanto fueron escomulgados en el Sínodo de
(317) que invitado Jansenio vivamente á que escribiese contra aquel Sínodo, se escusó de todas maneras para substraerse del empeño por temor de no descubrir demasiado pron- to sus sentimientos (Carta 101 de Jansenio del 24 de marzo de 1631). El P. Laborde, Oratoriano fogoso, escribió entre otras la famosa obra: Testimonio de la: verdad; y basta abrir los ojos para ver que toda ella está apoyada sobre un principio heretical acerca de la constitucion y autoridad de la Iglesia, Y así es que el célebre Basnage, Ministro Calvinista en Holanda, en una obra suya publicada en la Haya, espresamente confesó, que el principio del Zestímonio de Dordrecht. Por la citada carta se vé que Jansenio seguia la opinion ó error de los Gomaristas»,:y por consiguiente que era un Calvinista de los mas rígidos sobre este punto. = La carta de Jansenio de 21 de marzo de 1631 está dirigida á Mr. de Maitze en Paris, y se encuentra en la mencionada edicion á la pág. ror.= En la pág. 151 y siguien tes de ella, se vé tambien la sobredicha oracion de Enrique Ot, de la cual dice Mr. de Preville: “ha= »bian suprimido y hecho desaparecer los Jansenis- »tas de Port-Royal cuantas copias ó egemplares ha— »bian podido haber á las manos, para evitar y »substraerse de la confusion que debia causarles la »grandísima conformidad de sentimientos con los »de los hereges,”
(318) la verdad era del todo Protestante (Lafiteau, Hist., lib. 3, pág. 95). En ciertas reglas enviadas por el P. Quesnel el 1699 á una Religiosa, y que en forma auténtica se presentaron al Duque Regente, se confesaba que habia en ellas algo que parecia copiado de los Calvinistas; y que éstos obraban con prudencia en no esplicarse clara y abiertamente sobre el misterio de la Eucaristía (1). El P. Courayer, religioso de santa Genoveva, y Jansenista conocido, publicó una disertacion sobre la validez de las Ordenaciones de los Ingleses, y despues una Apología de ella. “En ambas el Autor im- » pugna á la Iglesia Católica en su Sacrificio, »en su Sacerdocio, en la forma de sus orde- » naciones, en sus ceremonias, en la autoridad » y primado de su cabeza..... Se yen renova- »dos, y se enseñan los errores de los Pro- »testantes como si fueran verdades irrefra- » gables; se combate atrevidamente la pre- »sencia real de Jesucristo en la Eucaristía; »se trata con el mayor desprecio á los teó- »logos escolásticos, y poco menos al Conci- »lio de Trento (2).” E A E A (1) Lafiteau, Hist., lib, 5, p. 168, (2) 16d, lib, 5, p, 199.
(319) Samuel Desmaretz, catedrático de teología en la universidad de Groninga, tradujo al latin el Catecismo de la Gracia, obra de Mateo Faydeau, doctor Jansenista de la Sorbona, y lo puso en theses ó conclusiones para defenderlas públicamente, las que imprimió en la misma ciudad el 1655; tanta era la conformidad que ballaba en él con sus sentimientos (4). En el prólogo á su traduccion se leen las siguientes palabras (pag. 10 y sig.): 1dem revera in hac capitali controversia (de la gracia y libre albedrío) sentire Pontificiorum Jansenistas, quod docetur ¿n nostris Ecclesiis, et Canonibus Synodi nationalis Dordracene fuit definitum..... Jam eo. usque saltem nostri sunt fortes ¿lli ¿n Papatu Gratie precones (los Jansenistas, cuyo elogio va formando), quod et in rez summa quoad hec capita sentiant nobíscum. Así es que de este Catecismo hicieron muchas ediciones tanto los Jansenistas, como los Calvinistas, quie: nes en sus libros lo elogian como una cosa preciosa; y la razon es porque, como dice el Calvinista Melchor Leideker, “esta obra » ó Catecismo, contiene todo el jugo del grue- EE, E EA e (1) El título de las sobredichas theses es este: Sinopsis vere, catholicaque doctrine de Gratía,
(390) s'so volumen de Jansenio titulado el 4ugus- »tinus; ha hecho muchos prosélitos al parti- » do (del Jansenismo), y ha abierto los ojos » para que vean la injusticia y futilidad de las » Bulas de los Papas, que han condenado la » doctrina del Obispo de Iprés (1).” -, Otro Calvinista, ministro de su secta en Leerdam, en Holanda, en una carta al hermano de Jansenio, fecha el 13 de febrero de 1641, habla del libro de Jansenio, que acababa de recibir, y dice: “que él contie- »ne la defensa de uno de los principales » dogmas de la Religion verdaderamente Cris- » tiana bajo el nombre del santo Padre Agus- »tino, y que este es el mismo dogma que » constantemente enseñan y predican los Cal- » vinistas (2). ¿Pero quereis aún un testigo superior á toda espresion? Hélo aquí. El mismo P. Quesnel confiesa: “ Que en las » materias de Gracia no hay diferencia no- »table entre los Calvinistas y los Católi- »cos (3).” Ya se supone que por Catolicos E ETA A O A O dc DEA IDAS - (1) La Fontaine: Constitutio Unigenitus theologice propugnata, en los Prolegómenos, pág. 78» tom. 1, Colonia 1717. (2) Ibiaem. (3) Tradicion de la Iglesía Romana sobre la Gracia, tom, 3, pág. 152,
| (391) en la boca de Quesnel no se entienden sino sus secuaces y los de Jansenio. Tuvo, pues, 'mucha razon el Calvinista Pedro Jurieu para decir en su libro intitulado: el Espíritu de Arnaldo, que los Jausenistas en las materias de Gracia se han unido con los Calvinistas. Otros veinte y mas testigos de escepcion podrian presentarse que testifican la union de los Jansenistas con los Calvinistas en.muchos puntos de doctrina; pero consultando á la brevedad que me he propuesto, los omito, y paso á cosas de hecho, que son testimonios no menos seguros. 36. Por los años de 1728 á 1729-.la Corte de Francia hizo imprimir siete Memorias sobre los proyectos de los Jansenistas; Memorias formadas y estendidas á la vista, y con presencia de muchas cartas originales de varios Jansenistas interceptadas á Mr. de Blondel, preso al tiempo que andaba recorriendo la Holanda. Entre los otros proyectos sediciosos é infames que en dichas Memorias se descubren, uno es el de la reunion de la Iglesia de Francia con la de In- 8laterra, como conformes en doctrina, es decir, el de los Jansenistas con los Puritanos de Inglaterra, porque aquellos benditos seflores solo llaman y entienden siempre por Tom. XVII. 91
(323) »blecer una entera libertad de conciencia. » Entonces, es indudable, los Quesnelistas se »unirán á los Protestantes para hacer un » mismo cuerpo con ellos, como con quie- » nes tienen un mismo espíritu (4). Notad con qué seguridad se esplica este político: es indudable , dice, é indudable es que el suceso ha verificado en nuestros dias su pro= fecía en la revolucion de Francia. Esto lo haremos yer mas bien al fin de esta obrita; en el entretanto obsérvese cuán exacto y jus- to es el raciocinio fundado sobre una conjetura, que yo llamo prevencion ó preocupacion de juicio legítima, á saber: los Jansenistas tienea unmismo espíritu con los Cal= vinistas en muchos puntos de doctrina: lue= go harán un cuerpo con ellos en legando la ocasion de un Zrastorno general. A O (2) Lafiteau, Hist,, lib, 6, pág. 229.
(329) sin Doctrinas de los Jansenistas, perniciosas á la Soberanía. AAA 41. He dicho anteriormente que en el complexo de las máximas de los Jansenistas, habia varias doctrinas perniciosas á la autoridad soberana de los Príncipes, y á la ' debida sumision de los pueblos á ellos : he presentado algunas conjeturas que Jo acre: ditan, y es tiempo ya de que lo probemos directamente, esponiendo al público y poniéndole delante de los ojos las tales doctrinas perniciosas. 42, En primer lugar recordemos las pri- ' bras de la carta cuarta de Tamno. podrán recupues, ask: “ Sa- o de Jesucris- e la sociedad meras pala burini, que siendo suyas, sarlas sus amigos; dicen, » beis, amigo, que la Religio »to es el vínculo mas firme d » humana, y el apoyo mas seguro de los » Tronos (pág. 185 ). Conoceis bien (pag. » 189) cuán análogas son á la seguridad de »los Tronos, Y cómo forman una base in- » alterable de ellos: base por lo mismo que'
(330) » disminuye en firmeza y solidez, 4 propor- »cion que se aparta mas ó menos de. la pu: »reza de los priacipios de la Religion de » Jesucristo.” = Ahora bien: los Jansenistas se han apartado ¡Dios mio, y cuánto! de la pureza de los principios de la Religion de Jesucristo: Juego han debilitado y conmovido la base de la seguridad de los Tronos, y relajado ó allojado por lo menos el vínculo de la sociedad, 43. ¿Obstinadamente persistís aún en que los Jansenistas no se han apartado de la pureza de los principios de la Religion de Jesucristo ? Nunca fue mi objeto , como lo protesté desde un principio, y repito ahora nuevamente, entrar en discusiones doctrinales : la Iglesia lo ha dicho condenándoos, y esto á un Católico le basta, Señor mio, es preciso con personas que todo lo quieren meter á barato, para que con lo espinoso de las discusiones, que el pueblo no percibe, no se entiendan sus errores, y los conozca por lo que son, echar por el atajo, y con una razon decisiva y acomodada á la capacidad de todos, pues á todos tratan de seducir los Jansenistas , terminarlo todo, y dar la causa por concluida. Diga vmd. pór un: momento, y si ticne oidos para oir, y ojos
(8845) para ver, oiga y vea: la triste figura que debe hacer en el mundo. Todo este sabe que de dos siglos acá, es decir, desde Bayo, los Jansenistas inquietan la Europa con sus doctrinas. Durante este transcurso de años, todos los Romanos Pontífices que ha habido, todos ó casi todos los Obispos de la Cristiandad, ya dispersos, y cada uno en su Diócesis respectiva, ya reunidos en legítimos Concilios, muchas y muy numerosas Ásambleas del Clero de Francia, todas las Universidades de Europa ( esceptuando , y eso solo por algun corto tiempo, las de Lovaina y Sorbona, y al presente la de Pavía), todas las Escuelas Católicas, así de Tomistas, como de Escotistas, Agustinianos, Suaristas ó Molinistas, una infinidad de teólogos y Eclesiásticos del Clero secular y regular, y aun de doctos seglares , todos constante y uniformemente deponen contra los Jansenistas, y testifican al mundo entero que se han apartado de la. pureza de los principios de la Religion de Jesucristo, y tanto, que han enseñado doctrinas escandalosas, fautoras y favorables á la heregía, cismáticas, y aun forma]mente heréticas: ¡ pureza en verdad admirable de-los principios jansentanos! Cuéntanse ademas á centenares los libros de Jan-
(332) senistas condenados con todas las censuras y notas teológicas por las autoridades Eclesiásticas, muchos de ellos lo han sido igualmente por la potestad civil. = Son innumerables, y apeuas se pueden reducir á guarismo, los edictos é instrucciones pastorales de los Obispos contra las doctrinas y libros de los secua-- ces de Jansenio y de Quesnel: pasan de novecientos los Breves de los Romanos Pontílices cóntra el sistema , que pueden verse con sus fechas y personas, ú ocasiones en que fueron dirigidos en la Coleccion, que recicatemente hizo de ellos (hasta el número de 954) el Conde Luis Mozzi, tan benemérito de la Iglesia por sus obras contra los errores del tiempo (4), sin contar las Bulas dogmáticas de san Pio V y Gregorio XII, Inocencio X y Clemente XI, que no pueden haberse borrado de la memoria. 44. Punto aquí, señor don Pedro Tamburini. Yo os cito numerosísimos testimonios públicos , solemnes , auténticos , noto- AAA, (1) Titúlase esta coleccion Compendio histórico cronológico de las decisiones mas importantes dadas por la Santa Sede Apostólica Romana sobre el Bayanismo, Jansenismo y Quesnelismo » 2 tom, = Foligno, por Juan Tomassini, 1792»
(333) rios, que deponen en toda forma contra los Jansenistas, como reos de separacion, ó de haberse separado enormemente de la pureza de los principios de la Religion de Jesucrisdo, y de haber sembrado á manos llenas en el campo de la Iglesia la cizaña de doctrinas perniciosas, erróneas, cismáticas, heréticas. La existencia, Ó sea como os complace llamarlo, el hecho de los tales testimonios no lo podeis negar: ¿negareis el derecho , es decir, negareis que hay tales doctrinas? ¿direis que los contrarios de los Jansenistas, esto es, los Papas, Obispos, Concilios, Asambleas del Clero, Universidades, los teólogos de todas las escuelas , Sacerdotes seculares y regulares, y seglares doctos ¡ahí es nada! no saben lo que es Jansenismo, ni distin-= guen lo blanco de lo negro, que son unos ignorantes , embusteros, calumniadores, impostores, perseguidores, £c.? Sin duda que la luz de la verdad solo ha rayado en vuestra casa; y por todas las demas partes no hay mas que tinieblas: oidlo, gentes todas: la ciencia teológica es privativa de los Jansenistas; es género estancado ya Cn solas sus Aduanas. 45. Y véanos vind. aquí con esta nueva decision Tamburiniana escomulgados y
(334) desterrados de la sociedad de las personas inteligentes : sin embargo, aquí á lo rústico se me ofrece una prueba bien sencilla: no es necesario devanarse mucho los sesos para entenderla; con solo saber un poco de cuentas (no me atrevo á decir de 4rítme- tica, porque esa es voz facultativa), solo con saber sumar basta. Dígame vmd. por su vida, así le ayude Dios en la hora de su muerte, ¿cuántos son vmds., los del partido digo, cuántos son vids. en comparacion - con los.Católicos? Por mas que se haga mucho ruido, conoce vid. y lo sabe, aunque lo siente, que en comparacion son muy pocos. Es cierto que se pone en accion el tan sabido estratagema militar de tocar muchos tambores (multiplicando los Tamburinis con obras que uo lleven su nombre), para ocultar la escasez de los soldados, y hacer creer que son muchos á la numerosa tropa de los enemigos; pero aquí entre nosotros , de buena fé (si la puede haber en un Jansenista ), tiremos la cuenta: ¿ cuántos serán vmds. en proporcion de los Católicos ? Apenas uno contra ciento; bien vé vid. que no soy escaso. Pues bien, resulta que tenemos cien testigos contra uno que afirman que los Jansenistas se han apartado de la purezo
(335) de los principios de la Religion de Jesucristo. A fé mia, señor Tamburini, que si se tra- “tase de unos pocos reales, no os atreveríais á arriesgar vuestra causa en un tribunal con apoyo tan mezquino. Abjurad, pues, el Jansenismo, Se trata de la Religion Católica, del reino de: Jesucristo, de la salud del alma, de la seguridad de los Reyes, de la tranquilidad de los pueblos. 46. Ex ore tuo te judico: vmd. nos ha dicho y confesado que la base de los 'Tronos y reinos temporales se debilita en firmeza y solidez, á proporcion que se aparta mas ó menos del centro de la pureza de los principios de la Religion de Jesucristo: júzuese ahora por los lectores imparciales cuán- to habrá perdido de solidez y firmeza dicha base con las doctrinas jansenianas: midiendo la proporcion” de cuanto se han separado de la pureza de los principios de la Religion Católica, está el cálculo hecho. ¿Se deberán, pues, segun estos datos, creer ya y llamar los Jansenistas Jacobinos? Es muy pronto aún para sacar esta consecuencia, pues hasta ahora no tenemos mas que cien razones para decir que sí, contra una sola para negarlo. Y así suspendamos el juicio por algun tiempo.
(336) 47. Igual raciocinio se puede formar sobre los siguientes pasages de Tamburini. “Los negocios y asuntos de Religion, y las » vicisitudes de la Iglesia, interesan sumamen- »te á la política de los Estados (pág. 25). » La Religion es uno de los objetos mas im- » portantes para la política; y los males que »se introducen en el egercicio de ella (de »la Religion ) son de una índole sumamen- »te delicada, y tienen relaciones muy es- » tensas y profundas con el bien de los pue- »blos, y con la tranquilidad de los Estados » y Gobiernos (pag. 29). Verdad constante, y que la acredita la esperiencia de todos los siglos. Los males introducidos en el egercicio de la Religion por Lutero en Alemania, y por Calvino en Francia, ¡qué turbaciones , qué trastorno no produjeron de la tranquilidad pública! ¡cuántas guerras Civiles no suscitaron ! ¡cuánta sangre no ban hecho derramar! Vea vind., si tiene valor para ello, ese cuadro sombrío de desórdenes y horrores, y vuelva despues los ajos al Jansenismo; y hé ahí, me atreveré á decirle con las palabras que allá pronunció Daniel despues de haber hecho reventar con las masas de pez al dragon. de Babilonia, Ecce quem colis : lé ahi vuestro caro idolo que
(337) adorais. Mas por Dios no hagais por yuess tra parte conmigo lo que hicieron los Babilonios con Daniel y con el Rey de Babilonia: Trade nobis Danielem, alioquin énderficiemus te, eb domum tuam (Dan. 14, e. 26, 28). i - 48. Ensegundo lugar, la doctrina y esfuerzos de los Jansenistas se dirigen todos á reformar, segun dicen, los abusos introducidos en la Iglesia. Ellos no hacen otra cosa que clamar contínuamente contra estos su= puestos abusos, y no hay libro de Jansenista que no esté atestado de semejantes declamaciones. Segun ellos, la Iglesia es ya vieja (*), y está en un estado de suma languidez. Nuestro bendito autor en su segunda carta, en términos espresos, nos lo dice, pues asegura que la reforma es dificultosísima por la estrema languidez y edad casí decrepita de la Iglesia (pág. 45). Y si el celo de los fervorosos Jansenistas no la sostuviese con mucho trabajo algun tanto en el A TANTA (*) Lo mismo decia Bonaparte de la Monar= quía de España, y por eso queria regenerarla, que equivale á reformarla , es decir, apoderarse de ella y destruirla: iguales deben ser los sentimientos de los Fansenistas respecto de la Iglesia. Lom, XVIII, 22
(344) do, al fanatismo, á las pasiones; atizá y só pla el fuego de la división y de la discordia entre los superiores y los súbditos; ¡n= tenta y trata de abatir una máxima absolutamente necesaria para prevenir y precayer las turbaciones, y asegurar la sumision de los pueblos; y en suma, introduce la confusion en el Estado. Luego se deberá inferir tambien que siendo este el objeto y tendencia de las máximas Jacobinas, los Jansenistas son seguramente Jacobinos. 55. Figúraseme aquí inquieto un tanto á Tamburini, y que con aire desdeñoso y fruncidor, clama que los Jansenistas no condenan en la obediencia sino aquella ceguedad - que nada quiere ver, y se deja arrastrar á los mayores delitos contra Dios y contra la Ley natural, = Y bien, (¿eso á qué? ¿lo niegan por ventura las personas que sostienen la obediencia ciega? ¿quieren que ella sea tal que por todo atropelle ? Por Dios; no queramos huir con declamaciones y espresiones vagas la dificultad , ó cou impostura maliciosa atribuyamos á los contrarios sentimientos irra-= cionales, para presentarlos ante el público como hombres que quieren se obedezca cuando se manda pecar: mas buena fé, mas buena, fé; por su vida, ¿no ha visto cómo es”
(345) ceptúan todos el caso de un delito eviden= te, ó de la evidencia del delito, es decir, cuando clara ó evidentemente se vé que lo que se manda es malo? En este caso ¿no se les oye á todos decir que es preciso obedecer antes á Dios que á los hombres, y repetir é inculcar esta máxima como aprendida de nuestros primeros Padres en la fé? ¿bay unó que no se esplique segun ella cuando hablan de la sobredicha obediencia? Vál= ganos Dios por imposturas. Lo sabíamos ya que á los Jansenistas les acomoda mucho pintar las cosas de otro modo; es necesario hacer creer que vencen en las contiendas con sus contrarios, y para ello se forman el enemiso á.su modo, con el fin de dar á entender despues que lo han convencido ó con= fundido; pero á poca reflexion que se haga, la confusion y el oprobio recae sobre ellos, que se fingen enemigos como no los hay: sobre este punto son ciegos, ó mas bien quieren cerrar los ojos á la verdad por si. pueden cegar á los otros, y atraer el desprecio ú odio contra sus adversarios : lo que en buenos términos se llama mentir y calummar: bien que esta es una virtud propia de Jansenistas, por la cual no se sourojan jamas. 56. Podrian acaso decir que ellos no
(346) han impugnado la obediencia crega sino en las cosas y materias Eclesiásticas; que sus miras se dirigian solo, y sus palabras se referian únicamente al Papa y los Obispos, y no á los Soberanos. =Sé muy bien que los hijos de este siglo son muy sagaces en su obrar: prudentes sunt fil hujus seculí in generatione sua (Luce 16, v. 8). Y en efec- to, como ellos temen poco las censuras, y han hallado á la mano el secreto de nueva invencion de descartarse de ellas, diciendo que no tienen el consentimiento, á lo menos presunto, del pueblo, les importa poco que los Obispos y el Papa los anatematicen; ahora, de la horca ó del destierro no han hallado hasta el presente el secreto de no temer; esas son cosas que se palpan con las manos, y sería un lance espuesto el aventurarse :. por eso siempre que se trata de mandatos de Papa ú Obispos, los tiene vmd. al punto en la palestra clamando contra la obediencia ciega; pero cuando son decretos ú órdenes de los Príncipes seculares, se agachan hasta que pase la tempestad. Sin embargo, no parecerá fuera del caso recordemos aquí aquella profunda y estensa relacion que tienen los males introducidos (con las malas máximas ) en el egercicio de la Re-
(347) ligion, con el bien de los pueblos y tranquilidad de los Estados (supra n. 47 ), y se verá si la superchería de los Jansenistas en ocultarse % disimularse de este modo, sirve para eximirlos de la acusacion de que debilitan con sus máximas, y casi aniquilan la obediencia debida á los Príncipes seculares. 57. Ademas de eso, es preciso confesar que Tamburini tiene la mayor facilidad en formar sus raciocinios de manera, que puedan volverse contra él: es felicidad imapreciable; entre otros admiro la exactitud de los que en la Carta cuarta (pág. 272 y sé guientes ) hace contra el Molinismo; substituiré á esta voz la de Jansenismo, y se le puede dar todo el valor que de sí arrojan las espresiones y razones que allí se usan; pues recaen no sobre los sugetos, sino so= bre las máximas que ellos establecen. “ ¿Có- » mo quereis, dice alí, y con razon, que el » Cristiano se acostambre á la subordinacion » debida á los Príncipes de la tierra, cuan= » do el Jansenismo por sus doctrinas erróneas »lo substrae de la subordinación al Papa y »á los Obispos de la Iglesia? ¿cómo quereis » que un hombre se preste con docilidad á la » voluntad del Príncipe, y la' cumpla de co- » razon, si está empapado por los Jansenis-
(348) » tas en unos principios, que lo acóstumbran »á mirar la obediencia ciega como una es- »tolidez (pág. 273)? No puede ser buen »súbdito de su Rey el que en virtud de sus » principios es mal súbdito de la Iglesia (pág. »ibid.)..... ¿no es natural que un hombre » criado en la escuela jansenística transfiera y »aplique sus ideas de obediencia limitada y, »yacilante al gobierno político, usando co-= »mo usa de ellas respecto del Eclesiástico »(pág. 278 y 279 )2>” 58. Véase cuán peligrosas son las má-= ximas de los Jansenistas, El mismo Tamburini confiesa que la causa de los Jansenistas, en la que todo el poder sagrado y profano no pudo hacerles doblar la cabeza (tan dura é inflexible es), es muy dudosa € ¿ncierta (pág. 130 y 135). ¿Pues cómo así? en las cosas dudosas ¿mo es constante entre todos la obligacion de obedecer en los súbditos é inferiores? ¿pues cómo nada bastó para hacerlos inclinar á ello? ahí se conocerá el efecto de su doctrina, Convenzámonos que sin esta obediencia en las cosas dudosas no habrá sino confusion en los gobiernos, sean sagrados, sean profanos ó temporales; que el mundo sería un caos de confusion: el poder dado por Dios para gobernar los pueblos
/ (319) vendria 4 ser inútil, y aun pernicioso, y origen de choques contínuos entre los súb= ditos y los Príncipes. 3 59. Cuarto.=Es sabido -de todos que el Rícherismo forma y establece en el gobierno de la Iglesia una verdadera democracia: doctrina impía que trastorna toda la gerarquía instituida por Jesucristo en su reino sobre la tierra, y autoriza á los pueblos á erigirse en jueces de sus pastores, y á negarles la obediencia, si pudicra ser, legitimamente. Tamburini hablando de este sistema en la Carta tercera de estas que examinamos, se esplica así: “ Dícese que cuan- » do Richer publicó su obra sobre la Potes- »tad Eclesiástica, la política del Ministro de » Estado se resintió de ello, y trató mala- » mente al Autor, en la persuasion de que » fácilmente del gobierno Eclesiástico se res- » balaria el pensamiento al gobierno civil, y »que en el momento que la forma del go- » bierno espiritual se aplicase al temporal, »se arruinaria por sus cimientos la Monar- » quía (pág. 86).” Guanta razon tuvo aquel Ministro para pensar así del sistema de Richer, lo conoce cualquiera que penetra los principios y-las consecuencias naturales y necesarias que se deducen de aquel impío SIs=
(350) tema destructor de la autoridad monárquica y aristocrática, 60. Sin embargo, los Jansenistas han adoptado sus principios, y van adoptando sus consecuencias, ya mas secreta, ya mas abiertamente, segun las circunstancias. Tamburini dice (pág. 47), que no es necesario detenerse á citar monumentos en prueba de lo que afirma; yo le imitaré por esta vez, en lo que no hay peligro alguno, siendo la cosa como es á todos tan notoria. Tenemos pues en esta uniformidad de sentimientos con KRicher un nuevo capítulo de acusacion, . ó nuevo motivo y fundamento para asegurar que el complexo de las doctrinas Jjansenísticas es fatal á los gobiernos tempora= les (1). 64, Quínto.= Aun mas; El espíritu del ÑO (1) En las Cartas de Jansenio se encuentran muchas pruebas de que los errores de Richer des tructivos de toda la gerarquía Eclesiástica institui— da por Jesucristo, eran muy de su gusto; pero que no era tiempo ni se podia esplicar sobre ellos con - claridad por temor de las censuras de Roma, y otras tristes consecuencias que se seguirian. Entre otras manifiesta estos sentimientos en la larga car= ta á Mr. de Haitze en París, fecha en Loyaina á 7 de marzo de 1632 (pág. 113),
(351) Jansenismo por su naturaleza ó esencialmente, es contrario á la sumision de los súbditos á sus superiores; en una palabra, es espíritu de independencia, de insurreccion, de Jacobinismo. En efecto, todas sus doctrinas se apoyan en un principio, que por su naturaleza conspira á quitar al hombre el freno de la autoridad, y á constituir á cada uno árbitro de sus pensamientos y de sus obras. ¿Y cuál es este principio? El juicio propio ó particular contrapuesto á la prescripcion de las autoridades legítimas. Es verdad que este pecado no es peculiar de solos los Jan- . senistas, sino que es comun á todos los hereges, y aun el origen de todas. las heregías: mas sin embargo, los hereges de los siglos pasados, si han seguido su juicio privado en uno ó mas dogmas de la fé, han dejado subsistir los otros, separándose luego abierta ó francamente de la Iglesia: han sido mirados con horror por los Católicos, Y por consiguiente se han puesto en estado de da- Ñíar menos, y no propagar tan fácilmente el contagio de sus errores, Pero los Jansenistas con sus falsas doctrinas, ocultas bajo el denso velo de sus sutilezas, anonadan, si no especulativamente, á lo menos de hecho, la autoridad de la Iglesia así en las definicio”
(352) nes del dogma, como en el establecimiento de la disciplina; y por lo tanto corrompen substancialmente toda la Religion de Jesucris to, y destruyen porque lo hacen ú ocioso, ó inutil, el tribunal que el Hombre-Dios es= tableció en la tierra para tener los pueblos sumisos á sus preceptos y enseñanza, y obedientes á sus leyes. En lo cual son peores y mas perniciosos que todos los demas hereges. Fuera de que el Jansenista hace todos los esfuerzos posibles, y agota todos los recursos de su ingenio y de la hipocresía para cubrirse siempre con la máscara de Catolicismo, y hacerse pasar por Católico, con lo que le es mas fácil comunicar ó pegar su enfermedad á muchos incautos y sencillos, que llevados de la apariencia de algunas esterioridades, no se precaven del veneno mor= «tífero que les dan á beber en sus libros, discursos y conversaciones. Por lo mismo bay, mucha razon, y no menor derecho de imputarles á ellos especialmente las funestas consecuencias que nacen y se originan del fatal principio del juicio privado ó sobera= nía de la razon individual. Algo insinué ya de esto arriba (nm. 54); pero es punto que debe tratarse con mas estension. 62, En la Religion de Jesucristo la rex
(353) gla que dirige y fija nuestra fé es la autoridad de la Iglesia docente, es decir, el cnerpo de los Obispos unidos á su cabeza el Romano Pontífice, Las santas Escrituras y los - monumentos de la Tradicion estan sujetos á varias interpretaciones é inteligencias diversas: la Iglesia, intérprete auténtico é imfalible de la palabra de Dios, fija su verdadero sentido, y de este sentido no es lícito apartarse, ni dudar, ni contradecirle. En una palabra, la fé Cristiana se apoya sobre la palabra de Dios, entendida y esplicada no como quiera, sino entendida y esplicada segun el sentido fijado por el cuerpo de los Obispos unidos al Papa. Así es que la fé Cristiana es un negocio de autoridad, no de ciencia ni de saber, de deferencia y*sumi- sion al juicio de los otros, no de raciocinio y juicio propio (4). 63. Los Jansenistas van siempre fuera de este camino, y jamas quieren seguir ni siguen esta regla, que ha sido y es la de los verdaderos fieles. Escogen á su gusto el pas- (1) Véase sobre esto la obra intitulada Eco nonta de la fé Cristiana, que imprimí en Brescia el 1790, donde“ con mas esteosion se trata este punto detenidamente. Lom. XV ALT. 23
(360) puestos y contribuciones para mantener espías y soldados que en un caso le sostengan contra una sedicion ó alhorotos..... apelo aquí á todo lo que hemos visto en la Europa. ¡Qué poco segura es, cuán poco de fiar la obediencia que nace solo de temor, y temor de esclavo! “El temor y la utilidad, ó inte- »rés propio, confiesa el mismo Tamburini »(pág. 274), sou guardas poco seguras de » la subordinacion que se debe al Soberano..... » Solo la persuasion interior 4 convencimien- »to íntimo, y la conciencia, pueden asegurar »los Tronos, y garantirlos de los peligros »que les amenazan de parte de las pasiones ' » de los hombres.” No tenemos que añadir á esta verdad confesada por boca de nuestro mismo enemigo, sino reasumiendo todo lo dicho en este parágrafo, concluir ¡gualmente que por este capítulo la totalidad ó complexo de las doctrinas jansenianas favorece y promueve el Jacobinismo. 68. Sexfo:= Es máxima corriente que * en caso de guerra entre dos Príncipes oe ranos, los súbditos de uno y otro pueden y deben someterse y obedecer (pasivamente al menos) al que prevalece contra su contrario, y con la fuerza se posesiona de sus Estados: prescindo ahora de la verdad ó falsedad de
(361) esta máxima; sólo quiero hacer presente el uso y aplicacion que han hecho de ella los Jansenistas. Para ellos ha sido un grito de guerra y de rebelion contra todos los Soberanos legítimos. El ex-Obispo Ricci ha tenido, no sé si decir la malicia ó la impradencia de aplicarla á la revolucion de Francia en un voto y parecer escandaloso suyo, ue con su mismo nombre ha circulado por toda la Italia, sin que lo haya reclamado, como debia por todos títulos si no hubiera sido suyo, declarando la impostura. En él, suponiendo manifiestamente la sobredicha doctrina, sin hacer reflexion de que en el caso no se trata de Soberanos entre sí, sino de Príncipe y “súbditos, Rey y vasallos , aprueba y justifica el impío, cismático y herético Juramento establecido por la Asamblea nacional de Francia, y condena la resistencia que opusieron á prestarle los Católicos. ¡Los obedientísimos señores ! El mismo Tamburini da tambien una pincelada sobre esta sentencia en su Carta tercera, que €s 19- na de referirse: “El hombre que raciocine, »dice (pág. 168 y sig), reflexionará que »es cosa muy diversa mover, escitar y fa- » vorecer una revolucion, al obedecer en me- » dio de ella los decretos de una potestad su- 1 pl
(362) » perior. Un eclesiástico puede estar conven- »cido que no debe mezclarse en el órden 6 »arreglo de las constituciones políticas, y de » al ¡$ es, que puede interiormente detestar »uua revolucion, y creerse no obstante obli- »gado 4 prestarse á los decretos de la ma- » yor fuerza, que no sean contrarios á la ley »de: Dios... Siempre será verdad que los » hombres de estos sentimientos y conducta »se podran llamar obedientes á las leyes de »la fuerza mayor; pero no autores, promo- » tores ó fautores de la revolucion.” Sabemos que los revolucionarios de Francia se sirvieron de esta máxima para tratar á los Católicos que se resistian como rebeldes á la Nacion y á la Patria, , 69. Reflexiónese en la ocasion en que los Jausenistas han aplicado esta doctrina, y se verá palpable nuestro aserto. En este caso y ocasion no se trataba:de poder superior, ni de mayor fuerza entre dos Soberanos ó Príncipes, sino entre un puñado de súbditos y su Rey y Señor, su Soberano legítimo, que ha reinado y reinaba pacíficamente. Se trata de un puñado de súbditos, cu= yos poderes y comision estaba espresamente limitada y limitados á no alterar en nada la Religion Católica, ni la autoridad del Monar-
(363) ca; pues así por escrito se lo habian comunicado y maudado espresamente sus comitentes. Se trata de unos decretos que por declaracion de la misma Asamblea no deben tener fuerza ni obligar hasta que esten aprobados y sancionados por el Rey: de un Rey abian que desaprobaba altamenque todos s y no queria sancionatte aquellos decretos, los; y si lo hizo últimamente, fue arrastrado de la mas injusta y notoria violencia. 70. Pues hé aquí aquel poder y autori- - dad superior, aquella mayor fuerza, á cuyos decretos, segun los Jansenistas, estaban obligados á prestarse los súbditos del Rey de Francia. Doctrina por sí sola bastante para autorizar todas las revoluciones, y Capaz de arrastrar al esterminio á todos los Soberanos legítimos, y que altamente, espliquémonos así, toca al arma en todos los Estados de Europa para escitar rebeliones, y favorecer las maldades y crímenes de los usurpadores (*). Y tal es el espíritu de los clubs de Francia, el verdadero Jacobinismo. No A A A bia cuando los (+) Obsérvese que el autor escri ses estendian egércilos de los revolucionarios france sus estragos por la Europa.
(364) perdamos el tiempo en registrar la historia de los tiempos pasados; tenemos delante de los ojos una que habla bien claramente. Hablemos de buena fé: ¿si en las circunstancias sobredichas los súbditos de Luis XVI bubiesen opuesto acordemente todos á la rebe: lion de la Asamblea, deberé decir con mas exactitud, á la rebelion de alguna parte de la Asamblea, el escudo de la fidelidad debida, las cosas habrian llegado al estremo en que las vemos con tanto horror? La Francia ¿hubiera llegado á ser el teatro de las mas enormes atrocidades, y el objeto de execracion de todo el mundo? Pero ¡ay! París y la Francia toda estaba llena de Jansenistas, ó sea de Calvinistas disimulados con la capa de Quesnelistas y filósofos de moda, es decir, Deistas, Materialistas, Ateos, Libertinos especulativos y prácticos, y era preciso que los sucesos fuesen cuales han sido. Siempre los sectarios se pondrán de parte de los insubordinados, ó6 lo serán ellos mismos (*), A A A A o (*) Es gracioso, ó mas bien lamentaWe , lo sucedido en este punto en Italia con el mismo 'Tazburini, que aquí tanto defiende á sí y á sus” her-
(365) 74. Poco ha citamos á un profeta polt tico (n. 40), en testimonio de lo que decíamos; presentaremos ahora otro no menos verdadero, y cuyos anuncios vemos por desgracia cumplidos. Éste es el difunto Abate Giachetti, bien conocido en lkioma, y que vivió en París desde el año de 1752 hasta el 4755, el cual en un manuscrito suyo (que conservo original, y se me asegura haberse impreso tambien. ea dicho año de 1755), refiere circunstanciadamente, y Muy por me- nor, los actos de contumacia y monstruosa desobediencia del Parlamento de París contra las repetidas órdenes y vigorosos Decretos del Rey, solo por sostener y favorecer á los Janseuistas apelantes contra los Obispos y Párrocos Católicos, que justamente negamanos de armas , de Jacobinismo: apenas entraron los franceses en Milan, y formaron República, 'Tamburini fue uno de los vocales diputados en el cuerpo legislativo, autorizando asi con Los hechos cuanto aqui decimos de sus principios y doctrina. Del famoso Serrao de Nápoles, autor de la obra Le claris Cathechistis, que tanto detuvo á Pio Vi para darle las Bulas para el Obispado de Cosenza, por espresar en ella la doctrina de los Apelantes, sabemos lo mismo: apenas entró Championet en Nápoles, se puso al lado de los revolucionarios, agradeciendo asi el interés que su Rey habia to-
(366) a RS , ban á aquellos conocidos rebeldes á la Igle: sia los Sacramentos en la hora “de la muerte, vicudolos en vez de arrepentidos, obstilación en su “apelacion (1). Discurriendo, pues, y rellexionando el Abate Giachetti sobre estos estrañlos acontecimientos , prevee desde entonces y predice la ruina de la Religiou y de la Monarquía, del Altar y del Trono. Del mismo modo todos ó casi todos los escritores Católicos que han combatido el Jansenismo, han creido una obligacion suya el prevenir á los Reyes y demas Soberanos del peligro que les amenazaba del espíritu revoltoso de esta infame heregía y sus secuaces. Por desgracia no se hizo caso del celo prudente y secundum scientiam de los Católicos, se les trató de visionarios, fanámado por él, que llegó hasta el estremo de casi amenazar con un cisma á Roma, si no se concedian las Bulas al propuesto. (G 1) El que mas por menor quisiese cuicos de este estraño coniraste y choque de la pervicacia jansenística com la autoridad del Rey, puede leer la Historia de tos años 1651, 52, 53, Gc. que se publicaba por entonces en Venecia á espensas de Francisco Pitteri, aunque lleva la data de dmster= dam, doude estan descriptos individualmente los hechos,
(367) ticos, impostores y perseguidores únicamente por contiendas y disputas teológicas; se acariciaron en vez de bollar la cabeza á estas serpientes mortíferas, que sulilmente se fueron introduciendo: por entre Jas flores, y el resultado ya lo hemos visto: Luis XV en un momento cansado ya de-sus rebeliones, desterró y suprimió todos los Parlamentos; ero el inocente Luis XVI curó luego á luego esta llaga, haciéndolos volver á ocupar sus puestos: y el término ¿cuál “ha sido? aquellas sirenas que en los priacipios encantabau y adormecian con sus dulces palabras, hacen temblar ya á Ja Europa con sus rugidos como leones furiosos. La Francia ha venido á. ser el teatro de la mas monstruosa rebelion que han conocido los siglos; la sangre del ungido del Señor, de su Sobera= no ha corrido sobre un cadalso, y los súbditos amaestrados con las lecciones de tales doctores, han lavado sus manos en ella con la mas desenfrenada alegría, y su corazon aún no parece satisfecho con tan horrendo espectáculo. 79. Permitaseme aquí ahora una refle: xion, No ha habido nacion en el mundo que haya proclamado ni declarado mas solemne: mente su adhesion, fidelidad, respeto y amor
| (368) á sus Soberanos que la francesa; y en efec- to, por el transcurso de algunos siglos vemos que las obras correspondieron á las palabras; pero desde que en aquel reino se introdujeron los Calvinistas, y despues que aquellos fueron arrojados por el edicto de Nantes, se arraigaron los Jansenistas, transformándose sucesivamente, ó sea unidos con los Filósofos, Deistas, Materialistas, la historia de aquel reino no es otra cosa que una série, primero de guerras civiles y abiertas rebeliones, y despues de cabalas , intrigas, inquietudes, alborotos, resistencias á la autoridad Real, y desobediencias obstinadas y manifiestas, ¿Quién, pues, creerá á semejantes personas, aunque llenen y atesten sus libros de las máximas seguras de que la Soberanía viene inmediatamente de Dios; que no son responsables de su gobierno, ni reconocen otro Juez ni mas Superior que á Dios solo; que el juramento de los súbditos á los Reyes es inviolable en todo caso, así como tambien debe ser inalterable la fidelidad al Príncipe en cualquiera hupótesi? Estas espresiones en unos sugetos, Cuyas operaciones y direccion de sistema sabemos que es el trastorno general, ¿no serán un velo para cubrirse y substraerse, iuterin son los mas dé-
(369) biles, de la persecucion y poder 4 la som= bra de estas máximas tan favorables á la seguridad de los Tronos y sumision de los pueblos, introducir y diseminar artificiosamente su veneno? 73. Demos una ojeada rápidamente por la Francia, y dígaseme despues de. buena 1é, si todo el aparato de razon y argumentos de que se vale Tamburini, y en que apoya la defensa de los Jansenistas, merece la pena siquiera de escucharse. = Los Jansenistas, dice, han enseñado siempre y SOstenido con todas sus fuerzas la doctrina mas favorable á la soberanía y á los Soberanos: luego los Jansenistas no son Jacobinos. = ¿Cómo hay valor despues de lo que hemos visto y palpado por nuestros propios ojos en, estos tiempos, para gloriarse tanto en este raciocinio, cuando los tristes y lamentables sucesos de la Francia han demostrado con evidencia su falacia hasta á la imfima plebe? La evidencia salta á los ojos , y como la evidencia no se prueba, sino que se siente íntimamente por todos, es vano cuan- to se quiera mezquina y fraudulentamente oponer para obscurecerla. Hubiera estado mejor 4 Tamburini y á sus clientes callar en este punto, para no dar ocasion á sus conlra- Tom. XVIII, 24
(376) Duque de Orleans, y males que de esto se originan, num. 24, 25, 26. Apelacion de la Bula, ¿bid. = Lastimoso estravío y Se= duccion del Cardenal de Noailles y de Mr. Colbert, num, 27, = Llegan hasta fingir milagros para apoyar su rebelion, num, 28, 29, 30. = Division entre los 4pelantes; unos milagreros , y otros no milagreros ; figuristas unos, y otros anti-figuristas, ó moderados; pero todos rebeldes á la Iglesia, num, 31.= A los primeros pertenecen el periódico conocido bajo el nombre de Nouvelles eccle= siastiques,= Yl Padre Lambert con sus diversas Obras, y otros mil, num, 3a2.= El primer escritor de un Código de Deismo eu ropeo es un Jansenista, num. 33. ÁAnti-figuristas: máximas fundamentales gene— rales suyas: Agrapamiento del peso de la ley: aligeramiento del de la Autoridad: Con secuencia de estas máximas en la Iglesia y en el Estado, num. 34, 35, 36. — Egemplo de estas máximas subversivas en una obra pistoyana , por cuya simple esposicion se demuestra que toda la tendencia de estos sectarios es la destruccion de la autori dad, y el entronizamiento de la Razon ín= dividual filosófica , ó espíritu privado del Protestantismo , num, 37 y síg. = Nuevas pruebas de las tecrías anárquicas , y principios anti-gerárquicos de la secta, num. 44, 46. No se contentan con destruir la autoridad de la Iglesia dispersa, síno aun reunida en Con— cilio, num, 47.= Modo como entienden que los Padres en éste representan la. Iglesia, num. 48, 49,
(377) Nuevos artificios Jansenísticos : 1.0, llamar Mo linistas á los Católicos; 2.0, despues Pela. gianos á los Molinistas , num. 5o, 52.=: Odio frenético de los Jansenistas á los Je=. suitas, favorecido por los Parlamentos de Francia, num. 543 55. = Libro calumnioso de las Aserciones , ec. ibid. = Conformi= dad en: este punto con los Patos su objeto y miras en ello, num. 56 y 5o. Afinidad del Jansenismo con el Filosofismo Tem volucionario, num. Lo y sig. =El Jansenis= mo promotor del suicidio, num, 62-(en la cita . ' Biblias en lengua vulgar; otró medio Jansenis-— tico-protestante para poner en manos, del vulgo la interpretacion de los Libros santos, — y sacudir el yugo de la autoridad, num. 6/.= Confesion de Llorente sobre esto, ibid. =- Disciplina esterna; otro medio á cuya som-= bra sacan estos sectarios de su quicio todos los asuntos religiosos y los «ponen en-má= nos de la autoridad temporal, 65. = Prac— tícanlo así los Parlamentos de Francia: con motivo de la Bula Unigenitus, num. 66 sig. = Impudencia descarada de Bernabé y de Villanueva sobre: la autoridad de: esta* Bula, num, 68.= = Testamento fanático, de... otro apelante, num, Di Estréchanse los víntulos de los Jansenistas con el Filosofismo- en la época de, la destruccion de los Jesuitas, num, Jn Nápoles, Por=-. tugal, la Toscana, «Kc. sienten. su influen=.., cia con los Proa Cestaris , los Analis— tas “Florentinos”, Kc. num, 72. = Hacen guerra' abierta al Papa y al Episcopado,
(378) queriendo substraer 4 éste de la autoridad del Papa , é igualando á los Presbíteros con los Obispos , señalando á aquéllos como-Jueces de la fé, num. 72 y sig. Resumen de todas estas innovaciones promovidas por Rtcci en Pistoya y: num, 76. = Idem, por el Congreso de Ems en Alemania el 1786, num. 80. = Propagacion en España tambien por aquellos dias, num, 82. El Jansenismo, en union con el Filosofismo, abortar el monstruo de la revolucion fran cesa, num. 85. Conclusion, num. 86. Los Jansenistas ¿son ó no Jacobinos? PROBLEMA. Advertencia y nota biográfica de Bol- EC A. EN, dio pág. Carta del Autor, que sirve de Prólogo (está equivocada la numeracion). Notandos.:ó advertencias previas, nú- ET E a Objeto de las Cartas dé Tamburíni, RA e o E Objeto. de esta Contestacion, núm, 9... Parte primera. = Es falso lo que: da por cierto Tamburínt. ........ Primera. clase de pruebas, núm. 46... 270 267, 2973 277 282 289 id.
(379) Noticia sobre el Cardenal de Lamenie (nota ). 997 Segunda 1á3) de pruebas, núm. 95, . 304 Hechos que inducen-á creer que los Jansenistas son Jacobinos, núm. 98. . 306 Doctrinas perniciosas de los Jansenistas contra los Reyes , núm. 414... 399 ERRATAS DEL TOMO XVIII. rag. Lin. ploteo 14 Léase. 6 27 prevezioni prelezioni 12 24 inflamar . infamar 13 26 ciencias eclesiásticas noticias eclesidsticas 123 24 mejor mayor 129 7 conotro. en otro 196 28 Progart -* Proyart . 200.27 :enseñarlás enseñarla 276 25 aquel tiene aquel : tiene 286 24 tomísticas. tomástica 294 id. Lagano Lugano 321 25 el de los la de los 329 27 los tronos tronos sus doctrinas 330 id. diga. > oiga
(380) CONTINÚA LA: LISTA DE LOS SEÑOR ES SUSCRIPT ORES, — NAAA —— R. P. Fr. Manuel del Cármen Bustamante y Secretario de la provincia de san Pablo. R. P. Mtro. Fr. Joaquin Ligero, de la Orión de san Bernardo. ' R. P;: Mtro. Fr. Ambrosio Jugete, del Orden de san Gerónimo , en Prado. R.+P. Procurador del. Mido de san Bernardo de Valladolid. R. P. Fr. Francisco de san Antonio, Trinitario descalzo. Don F.: Luis de Flubia, Paborde mayor de san Cucun fate del. Vallés. - Un Presbítero del Obispado de Gerona. Dr. Don Pablo Fraginals, Cura Párroco de san Marti Sarroca. Don Joaquin Rafart, de Mataró. Don Domingo Malet, Presbítero, Don José Guraz Javiera; Abad de Sarde en el Obis= pado de Orense. - - Sr. Marqués de Cagros, en Granada... Sr. Don Baltasar de España, Regidor de Barcelona. Dr. Don Jaime Cabot, Catedrático de Teología. Don Vicente Blanco, del comercio de libros de Sala= mAanca. , : R. M. Alejo Feliu. econo” : Don Luis Andrés Casanovas y Cahtacel 5 Don Miguel Oliver Diacano. Don Fr. Juan Bolós, monge Benedictino. Don Gerónimo Robira, Clayero de la colegiata de san Keliu de Gerona,
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