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Manifiesto de la anti-arquitectura

Muñoz Cosme, Alfonso

Abstract

Ante la imparable evolución de la tecno-mediatización no cabe más que especular sobre el final de una era, la de la materia , que alumbrará el espacio habitable del futuro liberado de la materia

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MANIFIESTO DE LA ANTI-ARQUITECTURA Alfonso Muñoz Cosme Ante la imparable evolución de la tecno-mediatización no cabe más que especular sobre el final de una era, la de la materia, que alumbrará el espacio habitable del futuro liberado de la materia. M e encontraba una mañana en una de esas construcciones que se elevan sobre troncos a orillas del mar Menor. El sol destelleaba sobre la superficie del agua en la que se reflejaba un cielo azul profundo. Allí surgió en mi mente la idea. Hagamos una silla sin patas, sin asiento y sin respaldo. Liberémonos de la materia, esculpamos la energía. Hemos llegado al futuro. Vi claramente que la silla no es el conjunto de materiales diestramente ensamblados que la componen, sino tan sólo el espacio que éstos definen. Lo que usamos de la silla es esa curva invisible que traza nuestro cuerpo sentado, el resto es superfluo. La idea no es nueva, estaba ya en el Tao te King: Treinta radios convergen en el círculo de una rueda el vacío que hay entre ellos es donde reside la utilidad del carro. Modelando el barro para hacer una vasija, es el vacío de ella la utilidad. Se abren puertas y ventanas, es el vacío de ellas la utilidad de la casa. Por eso el <<ser» es utilizado y el «no ser» desarrolla las funciones de utilidad. Nuestra incapacidad para actuar sobre nuestro entorno de una manera más eficaz que con las herramientas físicas nos ha obligado a crear una silla a través de la manipulación de una materia efímera que se rompe, se quema, envejece. Abandonemos la materia, el futuro es la energía. -LXIX69 ASTRAGALO, 11 (1999) Attribution-NonCommercial-ShareAlike - CC BY-NC-SA Article, ISSN 1134-3672 https://dx.doi.org/10.12795/astragalo.1999.i11.08 Arquitecto, profesor de la E. T. S. de Arquitectura de Madrid y escritor. Cuando consigamos crear una silla a través de un campo electromagnético que venza la gravedad en una región limitada del espacio, tendremos un mueble hecho de energía pura. Será limpio, duradero, probablemente invisible, cómodo, variable, fácilmente transportable, seguramente barato. A partir de ese momento nuestras viviendas se despojarán de esa acumulación de objetos a la que estamos acostumbrados y que irán adquiriendo la bella desnudez de los interiores de la casa japonesa o de la choza maya. Pero la revolución rebasará rápidamente el terreno del mobiliario. Nuestras viviendas, nuestros edificios, podrán constituirse también de energía pura conforme la anti-arquitectura vaya evolucionando técnicamente. Después de todo, ello no es sino la culminación de un proceso que hemos desarrollado en el último milenio. Del muro medieval de un metro de espesor, que realizaba las funciones portante, de cerramiento y de climatización, a la fachada de vidrio respaldada por una enorme maquinaria y una estructura casi etérea, se ha recorrido un camino de abandono de la materia para trabajar cada vez más con la energía. Ahora hemos de dar el paso decisivo. Abandonemos la materia. Dejémosla que viva en la naturaleza, en los árboles, en las montañas, Trabajemos sólo con la energía. La tierra dejará de verse 70 destruida sistemáticamente. Creemos mediante campos electromagnéticos y flujos energéticos un receptáculo en donde no entre la lluvia, no sople el viento y se pueda controlar la temperatura. Ésa es la vivienda del futuro. No tiene muros, ni pilares, ni vigas, ni tejado. No está compuesta de ladrillos, ni de hormigón, ni de acero. No es arquitectura, ni es representativa, ni habla de sí misma. Pero es eficaz, barata, portátil, adaptable. Ya lo adelantaba Le Corbusier cuando escribía: «Diógenes, en su tonel y tirando su escudilla porque el hueco de la mano le bastaba, era un summum de Sachlichkeit, y una cima, también, de arquitectura». El arte en el siglo xx ha abandonado la forma clásica y la representación del mundo para adentrarse en la abstracción. Ahora es preciso dar un nuevo paso. Tras abandonar la forma hay que abandonar la materia. La anti-arquitectura será pensamiento hecho energía para dar vida que genere pensamiento. Si en una función humana como es la transmisión escrita del pensamiento se ha producido una revolución s in precedentes en cuanto se ha prescindido de la mat er ia -papel y tintay se han utilizado impulsos eléctricos con la informática, ¿qué sucederá cuando ese esquema lo traslademos a la función de habitar? - LXX - Un mundo en que la vivienda sea accesible y portátil, donde se quiebre el poder de la propiedad del suelo y la especulación, un mundo de nómadas que se desplacen en sus livianas casas inmateriales y las sitúen en el lugar que deseen. Un mundo sin construcciones y sin edificios, sin ciudades y sin arquitectura. Una vez que se ha vislumbrado ese futuro, el debate de nuestras escuelas de arquitectura, el formalismo vano de nuestro presente cemado parece absurdo. Han cambiado las formas pero seguimos trabajando como en el siglo XIX. Hemos de dar un salto cualitativo que libere nuestra mente y nos permita un nuevo inicio. Estamos al final de una era. Séneca en sus Cartas a Lucilio decía: «Créeme, hubo una época feliz antes de que existieran arquitectos, antes de que existieran carpinteros». Ahora estamos por fin cerca de esa edad dorada. Tal vez la arquitectura no muera, pero como sucedió con la pintura tras la invención de la fotografía, cambiará su función y se transformará. Hago desde aquí un llamamiento a los físicos, a los biólogos, a los ingenieros industriales, a los informáticos, a todos aquellos que están habituados a trabajar con la energía. Construyamos entre todos el espacio habitable del futuro, utilizando la energía y reduciendo la materia. Antes que el hombre destruya su planeta, antes de que se destruya a sí mismo. No hay mucho tiempo, es urgente crear la anti-arquitectura. .--- -LXXI71 ASTRAGALO,11(1999)ISSN 1134-3672 Kiko Mozuna, «Kojiki of Architecture", 1991. -LXXII-