El movimiento obrero a través de la fotografía (1839–1941)
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1 UNIVERSIDAD DE SEVILLA FACULTAD DE COMUNICACIÓN El movimiento obrero a través de la fotografía (1839–1941) Proyecto fin de Máster Comunicación y Cultura Directora: Dra. Carmen Espejo Cala MANUEL BLANCO SEVILLA, 2011
2 La complejidad [de la fotografía obrera] viene dada [...] por la dificultad de localización y acceso a los materiales y documentos, cuando no por su inexistencia (no hay que olvidar que esta es una historia de perdedores y perseguidos). Jorge Ribalta, 2011 Algún día será el fotógrafo quien escriba la historia: el periodista tan sólo tecleará los caracteres. Collier, 1913.
3 ÍNDICE 1. Introducción...................................................................................................................5 1.1. Tema, objeto de estudio y trascendencia de la investigación ..................................5 1.2. Hipótesis...................................................................................................................8 1.3. Estado de la cuestión ...............................................................................................9 1.4. Perspectivas de investigación ................................................................................10 1.5. Fundamentos teóricos y metodología ....................................................................11 2. La figura del trabajador en la Historia del Arte ........................................................14 2.1. La figura del trabajador en la Historia del Arte anterior a la fotografía ...................14 2.2. La figura del trabajador en los primeros años de la fotografía: de la barraca de feria a la inclusión en el mundo del arte y las ciencias..........................................................16 3. La figura del obrero en los primeros años de la fotografía: la fotografía obrera en Alemania y la URSS ........................................................................................................23 3.1. El nacimiento de la fotografía obrera en Alemania y la URSS ...............................28 3.2. Desarrollo y éxito de la fotografía obrera en la URSS............................................31 3.3. La fotografía como vanguardia artística en la Europa de entreguerras y el fin de la fotografía obrera............................................................................................................34 4. La figura del obrero y la fotografía obrera en los Estados Unidos: la League y la FSA ...................................................................................................................................39 4.1. Contexto social de la clase trabajadora en los Estados Unidos de América en las últimas décadas del 1800..............................................................................................40 4.2. Antecedentes de la fotografía obrera en los Estados Unidos de América: el precursor de la modernidad: Alfred Stieglitz..................................................................43 4.3. Contexto en que se desarrolla la fotografía en los Estados Unidos de América en las primeras décadas del 1900: Paul Strand, autor a caballo entre las vanguardias y la fotografía obrera............................................................................................................47 4.4. La WIR de Lenin y su primera consecuencia en los Estados Unidos de América: la Photo League de 1921 ..................................................................................................50 4.5. El crack del 29 y la fotografía de la FSA de Roosevelt...........................................54 4.5.1. El crack del 29.................................................................................................54 4.5.2. El New Deal norteamericano...........................................................................55 4.5.3. La FSA y el documental norteamericano.........................................................57 4.5.4. Conclusiones sobre la League y la FSA (el documental norteamericano)......61
4 5. Las diferentes representaciones del trabajador en la fotografía obrera...............63 5.1. Análisis de 24 Stunden aus dem Leben einer Moskauer Arbeiterfamilie (“24 horas en la vida de una familia obrera de Moscú”),................................................................63 5.2. Dorothea Lange y su fotografía Madre Inmigrante.................................................70 5.2.1. La historia real.................................................................................................70 5.2.2. El icono histórico .............................................................................................73 5.2.3. Análisis técnico de la fotografía Madre Inmigrante..........................................73 5.3. Conclusiones..........................................................................................................74 5.3.1. La fotografía del trabajador y su entorno frente a la fotografía del trabajador aislado: leyes de Gestalt ...........................................................................................74 5.3.2. El reportaje fotográfico frente a la fotografía única..........................................76 5.3.3. La fotografía como lucha social contra el Estado burgués frente a la fotografía al servicio del Estado burgués...................................................................................76 Conclusiones...................................................................................................................78 Bibliografía.......................................................................................................................84
5 1. Introducción 1.1. Tema, objeto de estudio y trascendencia de la investigación La fotografía se ha convertido, en el mundo de hoy día, en un elemento muy común de nuestras vidas, especialmente desde el nacimiento de la fotografía digital. No obstante, es necesario tener en cuenta la revolución que supuso, con su invención, para toda una serie de campos del saber y de las artes. Simplemente hay que imaginar lo que pudo suponer la posibilidad de dejar registrado y difundir públicamente cualquier tipo de dato de la realidad, objeto de estudio de alguna ciencia –experimentos y muestras médicas, muestras de flora y fauna, paisajes y construcciones, individuos de grupos étnicos desconocidos, todo lo que existe en el mundo y puede ver el ojo humano, puede recogerlo una cámara fotográfica–. Pero, además, tempranamente, esta nueva técnica irrumpe de forma frenética en el mundo del arte. Si bien la cámara obscura se conocía desde el medievo, en que ayudaba a los pintores en su trabajo, esta era la primera vez que podría reproducirse la realidad con más fidelidad que la pintura. De ahí que durante décadas la fotografía intentara imitar a la pintura para ganarse su hueco como Arte. Una vez conseguido esto último, se comienza a utilizar con fines “documentales”1, con la intención de relatar sucesos que acaecen en el mundo. A los pocos años del invento de la fotografía, la humanidad, no obstante, experimenta una de sus hitos más importantes con la Revolución Industrial y lo que, socialmente, conllevó. Ambas revoluciones, la industrial y la implantación y desarrollo de 1 Es una manera actual de nominarlo, porque como veremos más adelante, ese concepto no se emplea como tal hasta bien entrada la década de los 1930.
1. Introducción 6 la fotografía, coincidieron casi al unísono en el tiempo. Este trabajo es la historia de una revolución que nace al albor de una nueva manera de contarla. Y viceversa. Las imágenes de trabajadores retratados en los inicios de la fotografía muestran a una clase obrera dignificada. Lo que en los primeros años del siglo XX será ya el retrato de una nueva epopeya; el trabajador anónimo como héroe social, como épica en la construcción de la nueva sociedad. Pero el fotógrafo que retrataba al trabajador era siempre ajeno al propio mundo de esa clase trabajadora: en los primeros años de la fotografía el prototipo de fotógrafo es un burgués que, atraído por la ciencia y la técnica y con cierto poder adquisitivo para conseguirse el equipo, fotografía de manera más o menos folclorista al obrero y su trabajo. De modo que, en los primeros años de la fotografía, la imagen del obrero es siempre desde una perspectiva burguesa, la cual remite a una tradición de la que no logra separarse: la del canon humanista burgués. En esta primera época no consta que hubiera ni un solo campesino que consiguiese equipo fotográfico y retratara él mismo su campo y sus compañeros de faena, como tampoco hubo un obrero industrial que, desde dentro de la propia fábrica, fuera cargado con placas de vidrio, bombonas de químicos y los carricoches necesarios para obtener los daguerrotipos y calotipos. Hubo, no obstante, un cambio sustancial: propiciado por la técnica –como veremos– y, al calor de los nuevos movimientos sociales revolucionarios, los obreros empezaron a usar la fotografía como “arma”, convirtiendo así la documentación de su dura cotidianidad en una auténtica vanguardia intelectual. Esta nueva fotografía nace en Alemania y rápidamente se extiende por todos los países en que está cada vez más presente el movimiento obrero, con toda su red de partidos políticos, sindicatos, organizaciones, grupos, revistas, editoriales, prensa obrera, etc. Así, cuando un obrero parisino ve una imagen de una larga cola para comprar pan en una panadería de Berlín, automáticamente se identifica con los sujetos de la foto, puesto que él también sufre esas mismas condiciones de vida. Ello, el mutuo reconocimiento de la clase trabajadora en un imaginario identitario global, transnacional, si se vertebra es, obviamente, un instrumento político: ni más ni menos que el acceso a lo que en la terminología marxista se denomina la toma de conciencia de clase.
1. Introducción 7 Pero estas imágenes de obreros realizadas por obreros –que en su mayoría han sido perdidas, cuando no deliberadamente destruidas–, dejaron huella en el imaginario colectivo con una concepción de la fotografía que, más tarde, seguiría teniendo seguidores en latitudes lejanas del planeta. Los propios Estados Unidos admiraron el movimiento de la fotografía obrera y, dado que era el país más industrializado del planeta en aquel momento, comienza a documentar “desde dentro” las condiciones míseras de la clase obrera. Liderados por la Photo League y la FSA, pese a que ambos tienen un enfoque radicalmente distinto, realizaron el retrato de una clase colectiva que, ya en esta época, había de luchar contra las barreras que para su difusión puso el sistema y los que lo representaban. Hace muchos años que, con el keynesianismo y, muy especialmente desde la caída de la Unión Soviética, es imposible hablar de arte obrero. Los libros de historia hablan de arte burgués, y se sabe quiénes son, cómo viven, y qué votan, pero la clase obrera internacional, hoy, está profundamente desdibujada. En nuestros días un neologismo inunda las conversaciones cotidianas: mileurista –dícese de persona cuyo salario es de mil euros–. ¿Las clases sociales las marcan las remuneraciones?, ¿se consideran generalmente “obreros” los profesores de universidad distinguidos con una beca de estudios que no llegan a mileurista?, ¿se consideran generalmente “obreros” los licenciados universitarios cuya remuneración es de mileurista?, ¿y los licenciados jóvenes y desempleados: dirían de ellos mismos que son “obreros”? Globalmente todos estos colectivos se consideran a sí mismos burgueses o, como eufemísticamente se denominan, clase media. Pero no puede ser nunca y en ningún caso clase media un trabajador cuyo 75% de ingresos se destinen al pago de su vivienda, ni una pareja cuyo nivel de endeudamiento sea el de varias veces su activo líquido. En el momento actual, de una crisis planetaria que, al menos, es igual de profunda que la de la Gran Depresión, la clase obrera en la sociedad occidental está profundamente desorientada por una dictadura de los mercados que se muestra cada vez con menos máscaras. Y, frente a eso, nos encontramos ante una clase de subproletariado y proletariado que ni siquiera tiene conciencia de serlo, una clase obrera dependiente del subsidio y muy poco acostumbrada al reclamo de sus derechos, unos sindicatos que presionan para tener ellos más subvenciones estatales y no para cambiar el sistema laboral. En momentos como estos, se nos antoja pertinente realizar una
1. Introducción 8 reflexión que busque esclarecer diacrónicamente paradigmas pasados sobre la figura del obrero. El trabajo que aquí presentamos, dentro de sus limitaciones, quiere ser un primer paso hacia ese objetivo; analizar cómo en el siglo XIX y primeros años del XX, la imagen que el sistema y los medios reproductivos que tiene a su alcance da de los obreros; una imagen que ha acabado ganando la partida al imaginario obrero de los propios obreros vistos a sí mismos. 1.2. Hipótesis Un pueblo oprimido que pierde la conciencia de estarlo se convierte en un pueblo de nuevos esclavos. En los primeros años de la fotografía, y al calor de los movimientos sociales obreros, la imagen se descubre como un arma poderosa al servicio de la lucha revolucionaria. Los movimientos obreros, en un momento dado, comprenden que lo visual es el mejor transmisor de los posibles: al contrario de los textos escritos, la fotografía es icónicamente descifrable por sí misma, de modo que una revista de fotografía obrera editada en Alemania es fácilmente exportable a Rusia y viceversa. Asimismo, es relativamente barata de producir: los reportajes tan solo contaban con un par de fotógrafos –y ellos mismos solían revelar sus películas–, un maquetador, y una imprenta. Cuando el sistema capitalista de libre mercado comprende que la fotografía está sirviendo para alentar la lucha obrera –cuyas consecuencias sufre el capitalismo de manera inmediata: en forma de huelgas, paros, piquetes, boicots y pérdida económica en definitiva–, su reacción natural fue combatirla. Pero la combate, como argumentaremos, con una sutileza tal que hará que el estatuto de la imagen fotográfica sufra, poco a poco, una transformación para estereotipar una imagen digna, pero inofensiva, del obrero heroico que se darán en los medios impresos. Las luchas políticas y el desmantelamiento de los grupos de oposición al sistema de libre mercado, así como la persecución de sus líderes2 hará el resto, dejando, como veremos, la representación iconográfica de la clase obrera a merced del sistema de libre mercado, con todo lo que ello conlleva. 2 Persecución política, como se verá en el presente trabajo, del Macarthismo en los Estados Unidos de América, del Estalinismo en la Unión Soviética, y con la llegada del nacionalsocialismo en la Alemania de Hitler.
1. Introducción 9 1.3. Estado de la cuestión Para acometer este trabajo de investigación hemos realizado una lectura en profundidad de los textos que nos permiten conocer los entresijos de la sociedad y la política de la época. La historia siempre la escriben los vencedores, y conviene no olvidar que esta es una historia de derrotados, perseguidos y ajusticiados. De modo que para acercarnos al asunto y trasunto origen de nuestra investigación, no sólo hemos acudido a la literatura más difundida sobre cada unos de los temas, sino que hemos intentado sumergirnos dentro de cada marco histórico desde el trabajo que de ello se hizo de primera mano. Así, por ejemplo, cuando hablamos de la penetración del marxismo en los Estados Unidos de América, no sólo acudimos a los libros de historia contemporánea de referencia, sino a otras fuentes como la autobiografía de John Reed, uno de los fundadores del Industrial Workers of the World en América. Pero también hemos acudido a fuentes rara vez citadas en trabajos que estudien la composición social de los Estados Unidos en la época objeto de nuestro trabajo, como los del anarquista Howard Zinn, profesor de la Universidad de Boston, y el catedrático libertario Murray Bookchin, de la Rampo College de Nueva Jersey, entre otros. El tema de nuestra investigación goza, a nuestro juicio, de pertinencia y actualidad plena. Es por ello que nos llama más que poderosamente la atención la poca bibliografía existente. Si ya escasean los estudios de rigurosidad crítica sobre la FSA norteamericana (entre otras cosas porque, como veremos, se destruyó con el Macarthismo gran parte de su archivo), la literatura hallada sobre la fotografía obrera es casi inexistente. Tan solo en abril de 2011 se publicó un gran volumen con trabajos de un buen número de investigadores sobre la fotografía obrera, así como las primeras traducciones al español de algunas de las revistas de fotografía obrera de referencia dentro de la época. Se trata de la exposición Una luz dura, sin compasión, que ha permanecido abierta en el Museo de Arte Contemporáneo Reina Sofía de Madrid hasta agosto del presente 2011. De especial interés ha sido la obra del profesor Jorge Pedro Sousa, cuyo trabajo fue la primera tesis doctoral sobre Fotoperiodismo defendida en España (Historia crítica del fotoperiodismo occidental, defendida en la Universidad de Santiago), y con cuyo autor hemos conversado telefónicamente para esclarecer un buen número de asuntos. Así
2. La figura del trabajador en la Historia del Arte 16 sobre las clases bajas, será con el Realismo que, tanto los pintores como los literatos, ponen el foco en las clases sociales más desfavorecidas, muy especialmente en los campesinos y la clase obrera. No en vano son los años del socialismo utópico francés y la posterior Revolución de 1848. Sería este Realismo el verdadero germen del Naturalismo, tendencia esta ya abiertamente militante y comprometida. Los pintores realistas retratan a una clase obrera y campesina que, pese a la situación de extrema dureza en que viven, no pierden la dignidad. Se trata de figuras estilizadas, esbeltas, que jamás aparecen en un plano que no sea el paralelo (huyendo del picado y contrapicado), con unas posturas que aparecen rectas, egregias, firmes. Así en El Ángelus (1857) de Jean–Françoise Millet, una pareja de campesinos ora al amanecer para disponerse a trabajar la tierra. La clase obrera siempre aparece retratada de manera singularizada, siempre con dignidad, pacífica. También la escultura, por primera vez, se centra en las figuras marginales y humildes: obras de Max Klinger, Adolf von Hilderbrandt, Aimé–Jules Dalou, los hermanos Agapit y Venanci Vallmitjana, Ricardo Bellver, Mariano Benlliure, etc. Una mención especial merece Constantine Meunier, principal evocador de la figura del proletario, siendo el precursor del obrero como héroe moderno en la escultura. 2.2. La figura del trabajador en los primeros años de la fotografía: de la barraca de feria a la inclusión en el mundo del arte y las ciencias. Antes de la actual invasión del imaginario visual, en que, desde expresar un estado de ánimo –que se hace por emoticonos– a las entradas o salidas del audio de un ordenador, se hace por representaciones gráficas del concepto, el mundo vivía en la era de la transmisión oral y escrita. Las artes plásticas, hasta la llegada de la fotografía, tenían un uso bien distinto al actual. Como señala Coronado e Hijón (2005: 24) la fotografía supuso una auténtica revolución, ya que “se trataba de un nuevo sistema de representación que, antes de caracterizarse por el grado de parecido mimético que mantiene la imagen con su referente, tiende a incluir a la propia naturaleza referenciada dentro de la imagen, desplazando así el viejo papel reservado al artista”.
2. La figura del trabajador en la Historia del Arte 17 El 7 de enero de 1839, en una sesión extraordinaria de la Academia de las Ciencias de París, el astrónomo y físico Louis–François Arago, que era una gran figura de la ciencia francesa de la época y diputado republicano, presenta al mundo un nuevo procedimiento que permitía reproducir de forma mecánica –sin intervención del hombre– las imágenes que se formaban en la cámara oscura, viejo invento del siglo XVI usado por los artistas para ayudarse en el trazo de los dibujos. Conviene recordar que prácticamente toda la intelectualidad atacó sin piedad a la fotografía en su nacimiento como medio de expresión, tanto que Henry Delaborde –pintor de la academia parisina– publica en 1856 su famosa diatriba en contra del uso de la fotografía como medio artístico, proponiendo restringirla sólo como herramienta auxiliar del grabador. En 1859, Baudelaire escribe: “en vista de que la industria fotográfica es el refugio de todos los pintores frustrados, mal dotados o vagos para acabar sus estudios, estoy convencido de que es un mal uso del progreso lo que supone la fotografía: contribuirá al empobrecimiento del genio artístico francés; ¿acaso un hombre digno del apelativo artista o un amateur verdadero ha confundido alguna ver arte con industria?” (Frizot 1987: 34). Apenas unos años después, un hombre de provincias francés, que huye a París en busca de fortuna, inventa su “carta de visita”. Se trata de Disdéri y, por un módico precio, retrata a personajes anónimos a los que entrega una pequeña fotografía tamaño carnet. En pocos meses, casi todo París frecuenta su estudio: jóvenes soldados, artistas callejeros, escritores, letraheridos, bohemios... Todos usan esas fotografías para enviarlas a casa, a las colonias transoceánicas, o simplemente como recuerdo fetiche democratizado. Así, podemos atrevernos a afirmar que se le debe a Disdéri la instalación en el subconsciente colectivo de la fotografía como un elemento popular. Paralelamente, algunos de los mejores retratos de la historia de la fotografía se lo debemos a otro francés: Nadar. Fue el primer fotógrafo al que los intelectuales respetaron como artista: sus retratos, pura introspección psicológica del retratado, no podían ser
2. La figura del trabajador en la Historia del Arte 18 meras herramientas al uso de un pintor. Nadar estaba, haluro a haluro, creando su propio lenguaje: tanto que no dudó en usar lo que hoy conocemos como aterezzo para sus fotografías (como en el autorretrato incluido en el Anexo: realizado en su estudio pero caracterizado como si estuviera en pleno vuelo de globo aerostático). Debieron transcurrir algunos años para que Taine se planteara la inclusión de la fotografía en el terreno de arte, si bien como arte menor (servo–arte)6, siempre al servicio de la pintura; “la fotografía es ese arte que, sobre superficie plana de líneas y tonos, imita con perfección y ninguna posibilidad de error la forma del objeto a reproducir. Sin duda la fotografía es un instrumento útil al arte pictórico. Utilizada gustosamente y con frecuencia por personas cultas e inteligentes. Eso sí, nada en el mundo ha de compararse con la pintura”. (Taine 1865, citado en Coronado e Hijón 2005: 32). Es un gran paso porque, de aquí en adelante, la fotografía irá entrando poco a poco en los círculos artísticos parisinos. Eso sí, para poder ser considerada arte, la fotografía no puede por más que nacer de la mano del arte pictórico. Imitando a la pintura se ganaría un pedacito del parnaso del arte. Son los años de los escorzos a imitación de la pintura, del sujeto inmóvil durante horas para poder conseguir una toma: son los años de lo prefabricado, del atrezzo pictorialista. Hasta que algo sucede y empieza a considerarse a la fotografía como un lenguaje en sí mismo e, incluso, en las vanguardias, será nada menos que la pintura la que imite a la fotografía. ¿Puede entenderse el fauvismo sin las investigaciones del movimiento que hizo a través de la fotografía Muybridge, o el cubismo sin la fragmentación poliédrica de la fotografía? Probablemente Emerson será el primero en plantear, desde el campo de la representación artística, la disociación semejanza–diferencia entre visión retiniana y visión fotográfica: las imágenes retinianas “son aquellas que tienen por finalidad la visión, mientras que las fotografías se prestan a una visión ulterior; están hechas para ser miradas” (Emerson 1865, citado en Coronado e Hijón 2005: 54). Así las cosas, podríamos 6 Entendemos por servo–arte aquella disciplina artística que carece de fin propio, no siendo más que un mero medio para que puedan desarrollarse otras artes. Es esta la consideración que se tenía sobre la fotografía, de forma generalizada, en los primeros años de la misma.
2. La figura del trabajador en la Historia del Arte 19 decir que la visión retiniana es “lo real” (perspectiva naturalis), mientras que la imagen artificial es “lo que se vuelve realidad” (perspectiva artificialis). Asimismo, Emerson no fue no sólo un teórico, sino un fotógrafo que, a través de su lente, a menudo recogía las condiciones de vida del campesinado. Comienza a entenderse que la fotografía puede ya marcar un nuevo estatuto de la realidad, tal y como lo entiende De Vicente (2011: 86): “Se entiende por estatuto de realidad aquellas reglas, disposiciones, acuerdos, tesis epistemológicas, o cualquier otro modo de relación intelectual que se establezca entre un sujeto y un mundo. Por sujeto, se entiende un individuo específico producido históricamente; por mundo, es decir, un sistema social específico producido históricamente, lo cual implica que están excluidos de este estatuto los discursos y las interpretaciones unilaterales (como las que señalan a Dios como fuente de realidad o el mito como forma de comprensión de la realidad) o mecanicistas. Que ese estatuto sea de realidad significa que existe un referente, es decir, un hecho social sobre el que se construye la idea. Se entiende pues que estatuto tiene la misma entidad conceptual que la que tiene en estética, por ejemplo, la palabra régimen, en tanto que concepto que pone determinadas prácticas en relación con formas de visibilidad y de inteligibilidad específicas. Naturalmente el nivel del estatuto es diferente al de régimen: uno opera en el nivel científico y el otro en el nivel ideológico (o de producción de sentido).7 Este nuevo estatuto de la fotografía vino acelerado, además, por importantes innovaciones técnicas: ópticas, químicas, etc. que permitían a los fotógrafos abandonar los estudios para avanzar hacia la documentación de un mundo que, ni la pintura, lograba captar con tanto “realismo”. La primera vez que la fotografía abandona el estudio para documentar lo que sucede es, como no podía ser de otro modo, con la guerra. La participación inglesa en la Guerra de Crimea en 1855 –y el interés popular que ello despertó– lleva al editor Thomas Agnew a invitar al fotógrafo oficial del Museo Británico Roger Fenton a trasladarse con 7 Véase la obra Imagen y Sociedad: el mundo a través de la fotografía y el documental, (VV.AA., m2ediciones, 2011. Sevilla) en donde se encuentra este y otros ensayos interesantes sobre imagen fija y en movimiento en el ecosistema informativo actual. Libro de actas del congreso que se celebró en la Facultad de Comunicación de la Universidad de Sevilla en la primavera de 2011.
2. La figura del trabajador en la Historia del Arte 20 todo su equipo fotográfico al propio campo de batalla, lo cual le daría fama de “primer reportero gráfico de la historia” (Sougez 1991: 161). A pesar de que fue un primer acercamiento al trabajo fotoperiodístico, la labor de los casi 600 contactos fotográficos que Fenton consiguió reunir no contienen ni un solo cadáver: sólo oficiales posando y, a menudo, soldados sonrientes y fraternales entre sí. Tiene una explicación más simple que la mera limitación técnica de la velocidad de obturación y el exposímetro: Agnew financió la aventura de Fenton a condición de que “no fotografiara nunca los horrores de la guerra, para no asustar a las familias de los soldados” (Freund 1994, 97). De modo que aquí aparece la guerra como siempre se retrató en la pintura: hombres heroicos, egregios, que combaten por pura convicción romántica de su patria. Pero, casualmente, otro fotógrafo llegó a la Guerra de Crimea, un joven y desconocido James Robertson. Cuando cubrió la caída de Sebastopol fue el primer fotógrafo en retratar cadáveres, si bien estos estaban apilados durante varios minutos para poder hacer la toma, debido a los condicionantes de la precaria técnica de la época. Por lo tanto, estaba muy lejos aún de la foto de acción bélica actual y a años luz del ritmo frenético, esquizofrénico con que los fotorreporteros de guerra trabajan en la actualidad. Poco a poco la estética de la fotografía de guerra va evolucionando, al tiempo que evolucionan las cámaras y las emulsiones del revelado8 y, así, en la guerra del opio de China –1860–, el fotógrafo Felice Beato toma ya material violento: cadáveres ensangrentados, a menudo en estado de descomposición. Con respecto a la Guerra de Secesión norteamericana, la toma de conciencia de la verdadera situación social que se vivía sí empieza a traducirse –y traslucirse– en la cobertura que, fotográficamente, se hace del conflicto. La Guerra de Secesión contó con cerca de medio millón de prisioneros (constatados, al menos, 194.000 federales y 8 “Con el perfeccionamiento del coludión y de los incipientes procedimientos de estampación fotomecánica, la fotografía comenzaba a contar con las condiciones básicas para desarrollarse como industria: rapidez, nitidez y reproductibilidad; en el umbral de los sesenta [por 1860] los fotógrafos ofrecían ya imágenes de todo género –retratos de celebridades, reproducciones de obras de arte, vistas de paisajes y ciudades exóticas, escenas de guerra”. (López Mondéjar 2003: 37)
2. La figura del trabajador en la Historia del Arte 21 214.000 confederados). Las condiciones de los campos de reclusión eran infrahumanas: en el de Andersonville (Georgia), al no haber agua corriente en ningún punto de las 27 hectáreas que comprendía el campo, los presos “bebían el agua de un charco estancado que, a su vez, usaban también para lavarse y defecar. Las epidemias9 generalizadas eran incontables”10. Asimismo, al no tener techo estaban a merced de las condiciones climatológicas, en verano hay constatadas una media de cien muertos cada día. La fotografía de la época muestra algunos de los ajusticiamientos en la horca en Washington. Ya en el material gráfico de la Guerra Franco-Prusiana (1870) comienza a introducirse el concepto de velocidad en la fotografía. El fotógrafo11 ahora está junto a las tropas en el momento de la defensa y el ataque: carga con ellos y usa el obturador de la cámara para “congelar” el momento. Como en la fotografía adjunta, en que la infantería en segundo plano –a caballo– y un soldado en primer término observan el frente esperando órdenes de atacar. (Adjunta en el Anexo, Fig. 11). AsImismo, en los sucesos de la Comuna de París (1871), la fotografía adquirió tintes represivos, ya que un estudio meticuloso de las imágenes dieron a la policía justificación para encontrar y procesar a los obreros que participaron en la caída de la colonne Vendôme12. El fotógrafo francés Liébert publicó la obra Cimes de la Commune: obreros retratados sobre fondo parisino. Cuando tomó las instantáneas no pensó nunca que sus imágenes servirían para localizar y ajusticiar a varios miles de obreros revolucionarios. El desastroso resultado de la Revolución de la Comuna de París, unido al detonante de la fotografía como “delatora” hizo que se perdiera la inocencia con respecto 9 Asimismo, al no tener techo estaban a merced de las condiciones climatológicas, en verano hay constatadas una media de cien muertos cada día. 10 Todos los datos están extraídos de la biblioteca del Congreso Norteamericano. www.loc.gov . Las traducciones son nuestras. 11 El término fotoperiodista es moderno y, en caso alguno, puede aplicarse a los fotógrafos que cubrieron la Guerra Franco-Prusiana. Es importante hacer notar que los fotógrafos de entonces ni siquiera se veían a sí mismos como periodistas, en tanto que no había un cuerpo autónomo que los identificara. Habrá que esperar a la última década del siglo XIX para que la profesionalización del fotoperiodismo empezara a extenderse. Será, además, con el surgimiento de la prensa popular cuando Pulitzer y Hearts contratan a un fotógrafo a tiempo completo, ofreciéndole así un contrato profesional como Fftoperiodista propiamente dicho. 12 Para tener una visión de los sucesos de la Comuna de París desde una óptica artística en general, y fotográfica en particular, se puede acudir a la obra Historia de un incendio (Ed. La Felguera, 2007. Madrid) cuyo autor, Servando Rocha, desde una perspectiva neo–situacionista, analiza los hechos con una profunda labor de archivo y de investigación.
2. La figura del trabajador en la Historia del Arte 22 al medio fotográfico. Desde aquello no se volvería a ver a la cámara como una mera herramienta, ni al fotógrafo como un mero espectador imparcial, aséptico con respecto a los sucesos que acontecen. Un gran paso hacia adelante a nivel técnico se produjo en 1884 con un invento de George Eastman y W. Walker: la aparición de la película fotográfica en tira de negativo. Se trataba de un trozo rectangular de plástico fotosensibilizado mediante emulsiones que, una vez debidamente revelado, era capaz de hacer innumerables copias idénticas en positivo. Ello reducía el peso que el fotógrafo debía llevar consigo, pues reducía las decenas de kilos en planchas de metal y vidrio a unos pocos gramos en pequeños chasis de plástico con la película fotosensible. Apenas cuatro años más tarde, Eastman inventa, patenta y fabrica la primera cámara Kodak, con lo que el oficio de fotógrafo gana en versatilidad. Hemos de reseñar además que, en 1871 el periódico sueco Nordisk Boktryckeri– Tidning comienza a imprimir fotografías junto a sus textos, mediante un técnica propia conocida como Halftone. El autor de este invento fue Carl Carleman, absolutamente innovador para la época, ya que dotaba a la fotografía de la instantaneidad: ahora podría ser reproducida en la prensa del día. El diario francés Le monde illustré lo aplica desde el 10 de marzo de 1877. Asimismo, las experimentaciones con el movimiento que estaba haciendo Edward Muybridge hacían que, prácticamente, un fotógrafo pudiera estar en casi cualquier lugar y, en pocas semanas, estar su fotografía publicada en su periódico correspondiente. Ello hace que, pese a la resistencia inicial13, en las dos últimas décadas del siglo XIX la práctica totalidad de diarios importantes ya se hubieran adaptado a la fotografía en los dominicales, si bien su prensa diaria seguía conteniendo el dibujo o grabado como principal fuente gráfica, ya que era mucho más económico que la adquisición del costoso mecanismo de Halftone. De hecho, en esta época aparecen las primeras revistas dedicadas sólo a la fotografía, como la Illustrated American (que aparece en Estados Unidos el 22 de febrero de 1890), The Photographic News (en el Reino Unido) o La Ilustración Española y Americana (en España). 13 El periódico The Ilustrated London News se negó a cambiar su grabado clásico con que ilustraba las noticias por el Halftone escandinavo.
23 3. La figura del obrero en los primeros años de la fotografía: la fotografía obrera en Alemania y la URSS En los primeros años del siglo XX la fotografía, como hemos visto, se desprende de su deuda histórica con la pintura y, una vez que ha adquirido autonomía, se desarrolla en una doble vertiente. Por un lado se vuelve vanguardia artística y, por otro, al calor de los acontecimientos de la historia, vanguardia política. Esta dicotomía entre vanguardia artística y vanguardia política será, de hecho, uno de los puntos de diferenciación fundamentales para comprender el desarrollo de la fotografía y, en general, del arte en la época que estamos tratando. Como señala Michell (2005: 4), en su trabajo Vanguardia artística y vanguardia política, estos dos conceptos se caracterizan por una serie de rasgos opuestos. Por un lado, y en primer lugar, la vanguardia artística evoluciona siempre en el ámbito de lo simbólico, mientras que la vanguardia política actúa sobre la realidad, incluso aunque sus integrantes sean siempre una minoría en la sociedad, y hasta en la gestión política misma. La vanguardia política tiene, además, una insoslayable dimensión estética, pero dicha dimensión estará siempre al servicio del juego político y, por ello, esa estética será siempre susceptible de adecuación, actualización, modificación, deformación o degradación, que se comprende al observar los temas que suele tratar, de carácter eminentemente social y comprometido, por lo que su evolución está estrechamente vinculada a la evolución de la sociedad que quiere reflejar: emancipación de la clase trabajadora, libertad intelectual, consecuciones de derechos por parte de la clase obrera, etc. En cambio, dentro de la terminología del marxismo, la vanguardia cultural y artística, dado que es el aparato intelectual de la
3. La figura del obrero en los primeros años de la fotografía: la fotografía obrera en Alemania y la URSS 24 producción iconográfica del Estado, será la que deba ajustar sus actividades, así como el contenido de sus obras, a las premisas que el partido obrero en el poder determinen –en esta fase de dictadura del proletariado– como adecuadas a los intereses superiores del nuevo orden político, institucional, social y cultural (simbólico e ideológico). Es entonces “el momento de la aparición de una nueva figura: el comisario [político] para las artes y la cultura, cargo que será ocupado por un funcionario, "conocedor", proveniente de las filas del partido, o bien por un "artista – burócrata". La actividad artística corre el riesgo de quedar sometida a un nuevo academicismo”. (Michell 2005: 6). Entiéndase por “nuevo academicismo” la homogenización del lenguaje artístico, la síntesis de discursos artísticos y, en última instancia, el control de la producción del creador. La vanguardia política siempre va a querer ejercer una labor de supervisión, cuando no de liderazgo para con la vanguardia intelectual, puesto que los mecanismos estatales para la toma de decisiones pueden no identificarse plenamente con la dimensión cultural de su proyecto político. Estas vanguardias, pues, van a tener un gran interés, derivado de su ideología, por la figura del trabajador, del obrero –como clase social aparecida con la Revolución Industrial–, la cual, a lo largo de la historia del arte, siempre había sido observada desde el exterior, por artistas alejados de la situación que era objeto de su arte, lo cual, sin duda, marcaría la manera en que lo representaban. Los primeros fotógrafos no se diferenciarían de estos artistas. La mayoría de los fotógrafos de las primeras décadas de 1900 eran burgueses, profesionales liberales –casi siempre con formación universitaria, de ahí que a su fotografía se la conozca como “fotografía academicista”– y, en definitiva, hombres pertenecientes al sistema dominante en el que fueron formados. En algunas ocasiones, cierto es, estos fotógrafos no pertenecerían a estos estratos pudientes, como ocurrió en el caso de la fotografía francesa de finales del siglo XIX, desarrollada por artistas pertenecientes a lo que luego se dio en llamar los movimientos artísticos de vanguardia14: la bohème parisina, socialmente marginada y de vida miserable, aunque con un acercamiento al trabajador y al obrero semejante al imaginario burgués: obreros 14 Hay que aclarar que el concepto marxista de “vanguardia artística” nada tiene que ver con los movimientos artísticos parisinos que, bajo la autodenominación de “arte de vanguardia” desarrollaron nuevos métodos de expresión artística: si bien la inmensa mayoría de estos artistas presentaba afiliación política marxista, acabaron dejando –precisamente por la presión del aparato federal comunista– su militancia, como el famoso caso del padre del Surrealismo, Andrè Bretón.
3. La figura del obrero en los primeros años de la fotografía: la fotografía obrera en Alemania y la URSS 25 rudos y cosificados aparecen aquí retratados de manera folclórica junto a fulanas, escritorzuelos, pintores de poca monta o buscavidas callejero15. Pero la fotografía de obreros hecha por obreros aún tardaría algún tiempo en producirse. Hasta el surgimiento de la fotografía en la que el obrero es también sujeto y artista, este aparecerá a los ojos de los burgueses y bohemios16 como una clase de trabajadores caracterizada por su dignidad y un carácter que llega a rozar lo épico. Pero esa mirada, que es condescendiente, aun cuando su apariencia sea de admiración y exaltación de valores heroicos, formaba parte del juego maniqueo en que, también desde la perspectiva de la imagen, se quiso sumir a la clase obrera. Esta visión será la dominante hasta bien entrados los años de la propagación del comunismo. El movimiento de los trabajadores industriales aparecía así desprovisto de todas las miserias laborales que, día a día, se endurecían y empeoraban. Las condiciones de trabajo de un obrero industrial de principios del siglo XX en occidente no aparecían, si quiera de lejos, en el arte fotográfico. Pero no puede haber fotografía de obreros hechos por los propios obreros porque no existía ni siquiera la conciencia de clase. El paso del trabajo manufacturado a la cadena de montaje, en Europa, se hizo con una aceleración desconcertante; en una época de avances de la técnica que propiciaron la llamada Revolución Industrial. El viejo campesino, ante el empobrecimiento del medio acude en masa a la ciudad a buscar trabajo en la floreciente industria: una industria que tiene mano de obra a precio de saldo, y con unas condiciones de miseria. Pero aún así, no existía la conciencia obrera hasta más adelante. Si bien las primeras manifestaciones por la miseria del obrero son espontáneas, en buena parte violentas (véase el ludismo), hubo de ser en 1864, en Londres, cuando se convoca la llamada Asociación Internacional de Trabajadores (AIT), a iniciativa de los sindicalistas ingleses, aunque englobó también a anarquistas rusos y a socialistas franceses, así como a italianos republicanos con la finalidad de cohesionar un 15 No quiere ello decir que dicho trabajo esté exento de mérito: basta mirar las obras de Atget, Aubert, Ronis… para comprobar que escribieron una de las páginas más hermosas de la fotografía francesa de principio de siglo: pero no pueden ser considerados en caso alguno obreros. 16 Hasta tal punto hubo –y probablemente hay– similitud entre artistas burgueses y bohemios que, no por casualidad, en francés acuñaron el término “bobò” como acrónimo de “bourgeois bohème”.(La definición de un “bobó” prototípico bien podría ser la de un joven intelectual, de familia pudiente, siempre con estudios universitarios, idiomas, viajero… y, no obstante, simpatizante con las ideas libertarias o marxistas).
3. La figura del obrero en los primeros años de la fotografía: la fotografía obrera en Alemania y la URSS 32 de materiales, el Estado Soviético siempre manifestó un enorme interés en la imagen y el poder que esta tenía para movilizar a las masas. Y esto, visto desde un punto de vista histórico y social, puede llegar incluso a sorprender, pues antes del asalto al Palacio de Invierno la afición por la fotografía caracterizaba únicamente a las familias adineradas. Así pues, el hecho de “armar” con cámaras fotográficas a los obreros se convirtió una de las técnicas que el joven Estado Soviético utilizó para exaltar a su clase obrera. De hecho, son los propios sindicatos los que, al principio, lo fomentan como una manera de incentivar a la vida socio–cultural de sus trabajadores sindicados, hasta entonces poco dados al ocio responsable y nada propensos a la cultura. Un activista sindical en un congreso de círculos fotográficos para campesinos advertía en 1927: “La fotografía eleva el nivel cultural. Son muchos los que se interesan por la fotografía. Abandonan el tabaco y las bebidas fuertes, e invierten muchos recursos en esta disciplina. Esto resulta muy elocuente. Es necesario inculcar la fotografía a las masas de obreros y empleados” (cf. Wolf 2011: 32) En la década de los años 20 del siglo pasado la fotografía fue, de manera paulatina y constante, ofreciéndose a la oferta cultural que proponían los clubes obreros. En concreto, en los años 1926 y 1927 la fotografía se convertiría en auténtica moda en todos los sindicatos moscovitas. Se fundaron círculos fotográficos19 para empleados de la industria alimentaria, jornaleros agrícolas, operarios textiles, farmacéuticos y empleados municipales. En abril de 1926 ve la luz Sovetskoe foto, cuyo editorial, atribuido al foto– reportero Koltsov, reivindicaba el liderazgo de la fotografía soviética, un ámbito que, según Koltsov, era, a pesar de su falta de organización y del insuficiente reconocimiento por parte del gobierno y de la sociedad, uno de los más importantes en la construcción cultural del socialismo. El joven estado soviético pensó que las imágenes fotográficas ayudarían a modelar el imaginario colectivo de los rusos, de modo que se respaldó la fotografía con un marcado carácter ideológico y con trabajos que aportaban a la sociedad la visión de la vida cotidiana del nuevo Estado: la producción industrial, la existencia 19 También es cierto que, con respecto a la composición de los círculos obreros, no todos los socios eran, propiamente, obreros. A menudo profesionales liberales, farmacéuticos, profesores, funcionarios, técnicos, es decir, [...] clase media, en definitiva, que ya eran aficionados a la fotografía antes de la Revolución. Citado en (Wolf 2011: 32)
3. La figura del obrero en los primeros años de la fotografía: la fotografía obrera en Alemania y la URSS 33 cotidiana, el trabajo social, las vidas de los jóvenes y sus mejoras respecto al antiguo régimen20. Ahora bien, el desarrollo y crecimiento de la fotografía obrera también se encontró con serios obstáculos, a pesar de su presencia en la sociedad fuera de una importancia cada vez mayor, comparable incluso con la radio amateur. Uno de los editoriales de Sovetskoe foto se lamentaba, en 1927, de la falta de cámaras al alcance de los obreros y constataba que, del mismo modo que en Alemania una cámara costaba, al cambio, unos siete rublos, en la Unión Soviética sólo había cámaras profesionales importadas que nunca bajaban de varios cientos de rublos. Por no hablar de los laboratorios de revelado, escasísimos y de ínfima calidad, o de las condiciones reales para poder ejercer su trabajo. Esta era, además, una cuestión que separaba a los fotógrafos obreros amateur de los profesionales, pues las autoridades no acostumbraban a extender permisos a obreros para fotografiar en muchos lugares, así como en determinados acontecimientos públicos cuando, en cambio, a los reporteros profesionales sí solían autorizárselo. Es este un tema importante porque, del mismo modo que los fotógrafos profesionales del Estado tenían libertad para fotografiar, a los obreros los permisos para cubrir eventos políticos, sociales, o entrar en determinadas instalaciones, se les vetaban. Es el principio de unas leyes que buscan favorecer la visión oficialista del Estado, y dificultar todas aquellas propuestas fotográficas críticas con el sistema, cuestión esta que, como veremos más adelante, llegará a ser la muerte de la fotografía obrera. Por último, no queremos dejar de señalar que el surgimiento de la fotografía como modo de comunicación y propaganda política no fue único, sino que afectó también, y con mayor importancia, al cine. A mediados de la década de los 20 el estado soviético comienza a dar curso legal a ese impulso político para fomentar la fotografía obrera, la cual, no obstante, estaría siempre marginada con respecto al cine, el medio de comunicación basado en la imagen que más atrajo a las autoridades rusas, tal y como lo muestra la cita de Lenin: “de todas las artes, la más importante para nosotros es el cine, si bien también la fotografía tiene potencial propagandístico, pero el cine demanda mayor cantidad de recursos (Lenin 1924, apud Lunacharsky 1988, 56–57). El apoyo que desde 20 En este contexto hay que situar la convocatoria de numerosos concursos y talleres de fotografía, siempre con temas relacionados con todo aquello que sirviera para crear la nueva identidad del pueblo soviético y las nuevas condiciones de vida de sus ciudadanos. Muchos de los asistentes a estos cursos serían luego profesores en sus propios centros fotográficos.
3. La figura del obrero en los primeros años de la fotografía: la fotografía obrera en Alemania y la URSS 34 el Gobierno –y muy especialmente con Lenin a la cabeza– se da al cine hace que la proliferación de cine soviético tuviera una importancia capital en su cultura. Aún con una escasez de medios manifiesta, debida a la complejidad de medios que conlleva el cine, el gobierno de la URSS centró los incentivos en el cine, que, aunque más costoso, su resultado final era más fácilmente controlable por el Estado, que en una fotografía que, democratizada por la técnica, podía convertirse en un arma de doble filo al servicio de casi cualquiera para hacer de contra–poder de la URSS. 3.3. La fotografía como vanguardia artística en la Europa de entreguerras y el fin de la fotografía obrera No toda la fotografía que se hacía en la Unión Soviética tenía al obrero en el visor de su cámara, ni al reportaje social como finalidad en sí misma. Uno de los mayores exponentes de ese otro arte –a veces de difícil convivencia, como veremos– es Lászlo Moholy–Nagy, que bebe de fuentes bien lejanas a los conflictos sociales de su país y su época, pues “debe mucho de las teorías del biólogo Raoul Francé que, en 1920 publica Die Pflanze als Erfinder (La planta como inventor); defendiendo la hipótesis de la finalidad funcional del proceso de crecimiento de las formas de la Naturaleza (Baqué 1993: 20). Nacido en 1895 en Hungría, fue uno de los principales fotógrafos de la Escuela alemana de la Bauhaus21 y uno de los pilares de la fotografía de su tiempo. Practicó todo tipo de técnicas –solarizaciones, fotogramas, rayogramas, etc.– en su obsesiva búsqueda de la luz a través de los más dispares artilugios. En definitiva: “Moholy defendía un uso experimental de la cámara para borrar definitivamente toda dependencia con el arte del pasado: nuevas perspectivas y heterodoxos puntos de vista, sirviéndose si era preciso de espejos cóncavos y convexos: instalación de ópticas deformantes en el cuerpo de la cámara: películas sensibles a distintos espectros electromagnéticos. Más que incluir la fotografía en el panteón de las artes, su interés era promover un nuevo sistema de percepción visual y con él, el alumbramiento de una nueva “civilización de la luz” en cuya base se encontraría la óptica fotográfica o la “nueva visión” como germen de un nuevo hombre, el homo photographicus” (Coronado e Hijón 2005: 69). 21 Cf. el espléndido trabajo sobre la fotografía de la Bauhaus de Vadillo (2011).
3. La figura del obrero en los primeros años de la fotografía: la fotografía obrera en Alemania y la URSS 35 Pero todas las experimentaciones artísticas vanguardistas de Moholy, en Estados Unidos producían asombro, duda, cuando no estupor. Man Ray, que sería uno de sus seguidores americanos, hubo de emigrar de Estados Unidos a causa del rechazo visceral que su trabajo producía en su propio país. El americano Edward Weston (uno de los fotógrafos más representativos del grupo F6422) escribió en su diario al ver la obra de su compatriota Man Ray: “sólo se me ocurre una pregunta: ¿por qué?” (Coronado e Hijón 2005: 69). En esos mismos años de marcado desinterés por esta estética, Man Ray, en Francia obtiene automático reconocimiento de la crítica burguesa, así como el abrazo unánime del Surrealismo y de Dadá, probablemente como una reacción a tantos siglos de un canon visual humanista más o menos homogéneo. La llamada fotografía de vanguardia es heredera de la historia del arte misma. La auténtica revolución que la fotografía supuso en el mundo del arte tuvo varias consecuencias, como hemos visto. La fotografía de vanguardia es una reacción a ese canon visual del humanismo y que, en modo alguno tiene que ver con la fotografía obrera. Dentro del movimiento de la fotografía obrera, las obras fotográficas de los vanguardistas: de Man Ray a Kandinsky pasando por Moholy–Nagy o cualquier fotógrafo de la Bauhaus fue marginal, cuando no deliberadamente ignorada. Mientras, en los países más industrializados de la vieja Europa, la fotografía opuesta a las vanguardias sigue manchándose de realidad buscando, en latitudes 22 El F64 fue un grupo fotográfico norteamericano que se fundó en California en 1932 y existió hasta 1935. Lo apadrinó el propio Paul Strand, y el gran gurú del movimiento fue el fotógrafo Ansel Adams: uno de los padres de la fotografía paisajística, y autor de la gran teoría para el positivado fotográfico que él mismo llamó Sistema de Zonas. Asimismo, también fueron miembros destacados Edward Weston, Imogen Cunningham, Willard Van Dyke, Henry Swift y Sonya Noskowiak. Su primera exposición se realizó en el M. H. de Young Memorial Museum de San Francisco el 15 de noviembre de 1932, en la que junto a los siete miembros declarados del grupo expusieron los fotógrafos Preston Holder, Alma Lavenson, Consuelo Kanaga y Brett Weston. Utilizaban cámaras de gran formato y sólo retrataban paisajes. El nombre de F64 indica el diafragma de la cámara, el de abertura más pequeña, con el que solían trabajar siempre: dicho diafragma garantiza una nitidez total en la imagen (profundidad de campo máxima), pero requiere de un tiempo de exposición fotográfica muy largo (en ocasiones, varias horas para obtener una toma). Eran partidarios de la fotografía directa, es decir, no manipulada, de gran realismo, con una cuidada composición, y el control tonal de la copia final. La fotografía pura del F64 se oponía tanto a las contradicciones del pictorialismo como a la experimentación que realizaban las vanguardias. Los antecedentes de f64 se encuentran en la última etapa del grupo Photo Secession, por las reflexiones que introdujera Alfred Stieglitz a través de la revista Camera Work; y claramente en la obra fotográfica y en las ideas de Paul Strand sobre la fotografía artística. En Alemania el grupo de características similares fue llamado nueva objetividad alemana.
3. La figura del obrero en los primeros años de la fotografía: la fotografía obrera en Alemania y la URSS 36 radicalmente opuestas al arte burgués, ofrecer una visión comprometida de los trabajadores, en lo que Coronado e Hijón llamó “vanguardias europeas: realismos norteamericanos” (2005: 69). Sin embargo, la historia de la fotografía obrera en la Unión Soviética cambiará para siempre el 23 de abril de 1932, fecha en el Comité Central del Partido Comunista de la URSS emite una resolución para la reconstrucción de las organizaciones artísticas y literarias. La llegada al poder de Stalin significó de facto el fin de la fotografía obrera, ya que por la propia lógica del funcionamiento orgánico estalinista, no tenía sentido que un Estado que necesitaba ocultar sus fracasos en materia de logros laborales y condiciones de vida de su clase trabajadora, así como algunas de las consecuencias sociales de los primeros planes quinquenales y las posteriores purgas, animara a su propia clase obrera a constatar “desde dentro” el estado de la masa trabajadora, lejos del control del Estado estalinista. Bujarin, uno de los foto–reporteros de referencia dentro de la fotografía obrera soviética, fue obligado a dejar la dirección de la revista Pravda, a raíz de sus desavenencias con Stalin a propósito de la colectivización obligatoria de toda la agricultura. Además, desde el estado estalinista se da curso a toda aquella fotografía que sirva para denunciar “a los enemigos de clase y saboteadores” (Wolf 2011: 44), con lo que la fotografía –como hace años hubiera ocurrido en la Comuna de París– acabó convirtiéndose en herramienta para delatar a ciudadanos. La fotografía queda, pues, reducida, en el estalinismo soviético, como tantos aspectos del arte, a una dimensión doméstica, cuasi clandestina, clausurándose gran parte de sus revistas y quedando congelados los fondos con los que habían contado los sindicatos para la adquisición del material fotográfico para distribuir entre los obreros. Paralelamente, y también al inicio de la década de los treinta, en Alemania se produce el ascenso del Nacionalsocialismo. Buena parte de los fotógrafos obreros con simpatías por el Marxismo fueron arrestados, otros emigraron al Sur (como Walter Reuter, que vino a España), otros al Este (como Heartfiel, que huyó a Praga). Todas las revistas fueron clausuraras y, a menudo, sus líderes depurados. Para la fotografía obrera la llegada del estalinismo y el nazismo alemán fue el inicio del declive.
3. La figura del obrero en los primeros años de la fotografía: la fotografía obrera en Alemania y la URSS 37 Tanto el nazismo como el estalinismo suponen el inicio de la muerte de la fotografía obrera, pero además, en gran medida, también la propia fotografía burguesa– humanista, la que retrata a trabajadores de forma independiente, será en algunos casos perseguida, con episodios paradigmáticos en uno y otro país. Especialmente relevante es el caso del fotógrafo Erich Salomon23, quien, de familia judía, fue detenido y murió en el campo de concentración de Auschwitz. Salomon es el paradigma de fotógrafo burgués que se acerca al mundo obrero desde una perspectiva exterior, pero relacionada (era ingeniero). No obstante, el fin de la fotografía obrera llegará de forma definitiva en 1936 en la Guerra Civil española de España, cuyas consecuencias llegan a la Segunda Guerra mundial, tras cuyo desenlace, la fotografía obrera no se recuperará nunca. La guerra civil española supone la mutación, de facto, del obrero en guerrero. La fotografía obrera pasa de retratar al obrero en tanto sujeto de su imaginario para retratarlo como el combatiente contra el fascismo (no ya el capital). Es una mutación que marcará la muerte de la fotografía obrera y que, es importante reseñarlo, tiene una raíz histórica. Desde una decena de países de Europa, militantes comunistas y anarquistas se ofrecen voluntarios para luchar en el frente español contra el fascismo. Los fotógrafos obreros son algunos de los que primero se embarcan, como Brigadistas, dentro de lo que probablemente ha sido el mayor gesto realizado nunca de solidaridad obrera internacional. La guerra civil española es el tablero de juego en que media Europa hace de banco de pruebas y los fotógrafos obreros cumplieron en ella una de las etapas más apasionantes de la historia de la fotografía de guerra, y acaso de la historia de la fotografía universal. Son los trabajos que han marcado ya la historia: de aquellos extranjeros que vinieron aquí a fotografiar: Robert Capa (a la postre fundador de la agencia MAGNUM) y su mujer Gerda Taro, Henri Cartier–Bresson, Saymour..., pero también del mejor trabajo de los españoles: Agustí Centelles, Francisco Boix y un largo etcétera nunca resuelto porque, y esta fue una de las grandes novedades que logró la 23 Para más información puede consultarse la obra Erich Salomon, de Janos Frecot (Ed. Schirmer/Mosel. Berlín, 2004). Original en alemán, inédito en castellano.
3. La figura del obrero en los primeros años de la fotografía: la fotografía obrera en Alemania y la URSS 38 MAGNUM, no existía la propiedad intelectual entre los fotógrafos que, a menudo, intercambiaban cámaras, películas,y trabajos. Pero la guerra civil se pierde, en lo que será la derrota anímica de toda la clase obrera española: el 1 de abril de 1939 Franco, aliado de Hitler y Mussolini, da por ganada la guerra a la República. Apenas 5 meses más tarde, el 1 de septiembre de 1939 la Alemania Nazi invade Polonia en lo que será la declaración de guerra de los aliados; comienza la Segunda Guerra Mundial. El avance alemán es tal que en apenas ocho meses Hitler se fotografía desde Trocadéro frente a la torre Eiffel: sus ejércitos acaban de conquistar Francia. Es un momento en que, como dijo Winston Churchill, “casi toda Europa está conquistada por el ejército alemán, excepto España, que está conquistada por el ejército español”. El obrero, a ojos de los propios obreros, muta de su rol de trabajador al de soldado. Y a su vez, por la pérdida de España, Francia, y el posterior resumen de bajas en la Guerra Mundia (no menos de veinte millones de muertos), la iconografía que cierra la fotografía obrera lo convierte en víctima, cerrando así, a su vez, un círculo de muerte y miseria de las que, en proporciones casi idénticas, son protagonistas los obreros y la fotografía.
39 4. La figura del obrero y la fotografía obrera en los Estados Unidos: la League y la FSA La primera mitad del siglo XX será, para la fotografía norteamericana, una época de búsqueda incesante de un lenguaje propio, su propia voz, lo cual, unido al propio carácter heterogéneo que siempre identificó aquella cultura, permitió el nacimiento de multitud de ramas, grupúsculos y movimientos. Si en Europa los fotógrafos estaban transformando, como hemos visto, la visión humanista de un arte que, marcado por más de cuatro siglos de un canon visual institucionalizado, avanzaba hacia sus propios designios con la llegada de los movimientos de vanguardia, en Estados Unidos la falta de una tradición enraizada en la academia y las propias circunstancias sociales de este país hicieron que el panorama fuera bien diferente. En Europa esta transformación, motivada, además, por la amenaza del fascismo y la posterior II Guerra Mundial, supuso un giro –como ya vimos– en el imaginario de la fotografía obrera, que pasó de retratar al obrero como trabajador, a mostrarlo como guerrero contra el fascismo y, finalmente, como víctima de destrucción y muerte en la contienda. Cuando a finales de los años 30 ya toda Europa se ha convertido al vanguardismo, en Estados Unidos, en cambio, florecerá la semilla que la fotografía obrera había sembrado en el viejo continente diez años antes. Se trata de los apenas 50
4. La figura del obrero y la fotografía obrera en los Estados Unidos: la League y la FSA 40 años que transcurren desde el nacimiento de los movimientos obreros, la crisis del 29, la salida de la crisis (precisamente, y como veremos, gracias al impulso de la industria armamentística norteamericana y sus grandes ventas, que, a su vez, contribuyeron a alimentar la Segunda Guerra Mundial) para desembocar, por último, en la Guerra Fría y el Macarthismo y, con ellos, la destrucción de los proyectos fotográficos de tipo social que habían nacido con el New Deal: la FSA y la League24. 4.1. Contexto social de la clase trabajadora en los Estados Unidos de América en las últimas décadas del 1800 A finales del siglo XIX, la principal diferencia de los Estados Unidos con Europa era la juventud del país americano con respecto a las viejas naciones antaño potencias mundiales. Esa juventud propiciaba un notable sentimiento de vacío patriótico, que se veía incrementado, además, por una reciente guerra civil. Tenía, además, un vastísimo territorio, que lo convertía, en aquel momento, en el país más grande en extensión del mundo, y, consecuentemente, una población fragmentada en identidades heredadas de la migración: la vieja migración africana, procedente de antiguos esclavos negros y la nueva migración europea que en busca de El Dorado arribó a los puertos de las costas norteamericanas. Y es que, en el fondo, no podemos entender la fotografía obrera en Estados Unidos sin entender también cómo estaba compuesta la propia sociedad, una sociedad que, por su composición, suponía una diferencia enorme con respecto a la vieja Europa. Para empezar, una enorme migración acudió en cifras tales que se considera “el mayor movimiento migratorio de nuestra civilización: al menos 14 millones entre 1900 y 1920” (Zinn 1980: 335). En los años en que apareció la fotografía obrera en Alemania y la Unión Soviética, los Estados Unidos de América eran un polvorín, ya que la masiva llegada de mano de obra a precio de saldo hizo que cualquier empresario tuviera muy fácil adentrarse en el mundo industrial, lo cual favoreció la proliferación casi descontrolada da fábricas, comercios, industrias y trabajos manufacturados, al tiempo que, irremediablemente, las condiciones laborales disminuían drásticamente. 24 Para estas cuestiones generales sobre la FSA y la League pueden verse las clásicas obras de referencia de los autores: Newhall (1937) y Sougez (1979).
4. La figura del obrero y la fotografía obrera en los Estados Unidos: la League y la FSA 41 En la década de los 1900 apenas había organización sindical ni partidos políticos obreros, pero las voces disonantes para con la situación de los trabajadores no tardaron en llegar. El poeta Edwin Markham escribió en 1907: “En habitaciones sin ventilación, las madres y padres cosen día y noche. Los que trabajan en las casas explotadoras deben trabajar por menos dinero que los que trabajan en las fábricas explotadoras....y a los niños que estén jugando, les llaman para trabajar junto a sus padres.... ¿no es cruel una civilización que permite que se agoten esos pequeños corazones y se aplasten los hombros bajo las responsabilidades de los adultos, mientras en los bonitos bulevares de esa misma ciudad, una dama luce a un perro engalanado y mima en su regazo de terciopelo?” (apud Zinn 1980: 287) La situación social era tan insostenible que se calcula que de todos los Estados Unidos de América “treinta y seis familias ricas poseían unos ingresos equivalentes a los del 42% de la población. Igualmente, de los 27,5 millones de familias, 21,5 no poseían ninguna clase de ahorros” (Desbiens 1991: 253). Son los años en que, de manera idénticamente proporcional, el nivel de vida de los Estados Unidos de América crece exactamente al mismo ritmo en que decrecen las condiciones de vida de sus trabajadores. La doctora Elizabeth Shapleigh escribió: “un número considerable de chicos y chicas mueren en los primeros dos o tres años de trabajo. De cada cien hombres y mujeres que trabajan en la fábrica, treinta y seis mueren a los veinticinco años o antes” (apud Zinn 1980: 296). Paralelamente, los Estados Unidos de América no habían resuelto aún el problema, de tipo racial, de los negros procedentes de la esclavitud, la cual, no obstante, había sido abolida tras la Guerra Civil. La situación de facto en 1910 era la de una desigualdad manifiesta, pues “en 1910, los trabajadores negros ganaban un tercio de lo que ganaban los blancos. También ellos estaban excluidos de la American Federation of Labor” (Zinn 1980: 290). Si, a los salarios míseros, la ausencia de control en una jornada laboral inhumana y vacío de poder estatal en el mundo del trabajo, así como el problema de racismo, sumamos la creciente ideologización, se llega al hecho de que
4. La figura del obrero y la fotografía obrera en los Estados Unidos: la League y la FSA 48 Manhattan, actualmente de referencia dentro del cine americano, que narra el día a día de los más humildes. No obstante, Strand también se caracterizó por una trayectoria, marcada por etapas distantes entre sí que van desde lo pictórico, donde es patente la influencia de su admirado Stieglitz, a lo más social, en donde bebe de las fuentes de Lewis Hine y, sin duda, de la fotografía obrera soviética. Es decir, en él “las ideas progresistas o revolucionarias producían una peculiar coexistencia con las formas conservadoras o reaccionarias” (Tucker 2011: 331). Sólo se vuelve su discurso más combativo y menos experimental cuando la situación empieza a instarle éticamente al compromiso, en primer lugar primero con el crack del 29: “No es de extrañar, por consiguiente, que ante el crack del 29, que deja en la más absoluta miseria a incontables decenas de miles de trabajadores, Strand adopte un punto de vista de absoluta urgencia; la fotografía la servicio de la sociedad. Ante los acontecimientos económicos y políticos de los años treinta, lo único que podía hacer Strand era fotografiar objetos que expresaran las causas sociales de las que eran efecto” (Weaver 1990: 197). Desde el punto de vista de la concepción de su propio arte, pese a que Strand cuidaba con mimo su archivo y el proceso de revelado de su material, nunca entendió su trabajo como susceptible de ser expuesto en gran formato, sino que concebía sus fotografías para ser impresas en libros, folletines o revistas –heredado esto de la fotografía obrera soviética–, más que para galerías burguesas30. Al fin y al cabo 30 La época fue testigo de ciertos debates entre formalismo y anti–formalismo. Se sabe que Dorothea Lange trataba con menos cuidado sus copias positivas que Strand, quien llegaba a ser un obsesivo del positivado perfecto, tanto que llegó a desconfiar de las exposiciones y del trabajo al que se somete al fotógrafo en ellas. En 1933 le escribirá a Ansel Adams que no tenía “el menor interés en exponer” su obra. Fue un fotógrafo visionario, ya que gustaba de mostrar su trabajo en pequeños formatos, más tendentes al formato libro o revista que al de la exposición. Él entendía, además, el reportaje como una mezcolanza entre fotografía y texto, en un equilibrio complejo de conseguir porque ambos lenguajes tienden a tener una actitud de connivencia difícil. Las pocas veces que expuso, lo hizo acompañando siempre sus fotografías de enormes paneles donde se reproducían sus brillantes textos que, a su vez, acompañaban a la muestra dondequiera que ésta fuera: en cines, sindicatos, bibliotecas. Se empezó a trabajar de manera conjunta en documentales, de estética más fotográfica que cinematográfica, en los que se empleaban recursos estéticos sofisticados, aunque sin renunciar a que fueran inteligibles para el público al que iban dirigidas.
4. La figura del obrero y la fotografía obrera en los Estados Unidos: la League y la FSA 49 “Paul Strand entendía la figura del fotógrafo como el resultado de la confluencia de dos elementos. En primer lugar, el fotógrafo debía guardar un gran respeto y entendimiento con los materiales que manejaba, para lograr un determinado nivel de dominio por medio de la práctica y, en segundo lugar, el fotógrafo debía disponer de un elemento, difícil de definir, que le pusiera en contacto el resultado de su trabajo con la vida como conclusión de un profundo sentimiento y experiencia de la vida misma. A ambos elementos daba una importancia primordial: al primero de ellos por medio del oficio que es la base fundamental para conocer y desarrollar la operatividad de los materiales fundamentales como son la cámara y la química aplicada a la luz, en el segundo elemento la importancia del mismo está en su vitalidad”. (Susperregui 2000 :123). Tras el crack del 29, Strand comienza su particular lucha contra el nazismo: es entonces cuando rompe amarras con Stieglitz y teje un discurso muy personal, casi un “discurso de emergencia” en que no ya las ramas de la fotografía, sino los distintos tipos de artes se entremezclan entre sí31, con la intención manifiesta de causar una reacción en el receptor que le lleve a la toma de conciencia de sus luchas: guerra contra el capitalismo salvaje, guerra contra el nazismo, guerra contra la propia guerra. Strand comienza a tener ya vínculos insoslayables con el marxismo internacional, y muy especialmente con la fotografía obrera soviética. Viajero impenitente, el gobierno revolucionario mexicano le invitó entre 1932 y 1934 a fotografiar los logros de la Revolución diez años después de la misma. Asimismo, Strand pasó cinco semanas en la URSS en 1935 y quedó entusiasmado con el movimiento de la fotografía obrera soviética;,de modo que a su vuelta a los Estados Unidos reimpulsó los contactos para reformar lo que, a la postre, sería la League, un movimiento heterogéneo y con un número ingente de grupúsculos, ramas, familias políticas que, él intentó unificar gracias a su liderazgo intelectual y personal: “Paul Strand era una especie de santo patrón. Todos 31 Por ejemplo, en su trabajo “esqueleto/esvástica” de 1939, donde “Strand encargó construir a dos fabricantes de muebles una esvástica de cuatro metros de altura y la montó para poder fotografiarla con el cielo de fondo. Un médico con simpatías antifascistas le prestó un esqueleto [humano] que colocó como si lo hubieran crucificado: esta composición tiene numerosos antecedentes posibles, desde la escultura medieval a los fotomontajes de John Heartfield, que probablemente Strand había visto en AIZ” (Tucker 2011: 331).
4. La figura del obrero y la fotografía obrera en los Estados Unidos: la League y la FSA 50 los miembros de la League le admiraban profundamente” (Burckhardt 1975, apud Tucker 2011: 331). 4.4. La WIR de Lenin y su primera consecuencia en los Estados Unidos de América: la Photo League de 1921 En 1921, Lenin y el Partido Comunista Soviético organizan la Workersʼ International Relief (WIR), cuya responsabilidad era la de “coordinar la ayuda internacional destinada a acabar con el hambre y la sequía que asolaban Rusia” (Tucker 2011: 322), cuya división alemana, la Internationale Arbeiterhilfe (IAH, en alemán), estaba a cargo de Willi Münzenberg quien, en palabras de Ribalta “fue el principal promotor e innovador en los medios de comunicación visuales de la izquierda europea, e inició publicaciones como AIZ y Der Arbeiter Fotograf” (Ribalta 2011: 332) debido, entre otras cosas, al gran aparato de difusión y propaganda que buscaba extender la buena nueva del marxismo en el mundo. De ahí la gran importancia de la imagen y, muy en particular, de la fotografía obrera en la WIR. La WIR no llega a los Estados Unidos de América hasta 1928, con el nombre de Workersʼ Camera League, más tarde cambiado por el de Camera League. Hacia 1930 había en torno a unos 100 fotógrafos afiliados y trabajando para ella, suministrando fotografías a la prensa obrera, a las publicaciones y, además, impartiendo talleres32 sobre fotografía y reportaje. Evidentemente, el gran ejemplo a seguir fue la AIZ alemana y la fotografía obrera rusa. En 1935 se produce una escisión en el seno de la Photo League, quedando por un lado los llamados cineastas, que querían rodar auténticos films con actores, guiones dramatizados e incursiones en la ficción y, por otro lado, los fotógrafos, que entendían que ficcionar sobre la realidad le restaba credibilidad y, por tanto, era contraproducente para los intereses intelectuales del marxismo. Estos últimos se autodenominaron a sí mismos League, a secas33, y los cineastas crearon un subgrupo llamado Nikino, al que se 32 Aunque la sede de la League era la misma que la de la vieja Film & Photo League, dependían económicamente de las cuotas de los socios para subsistir. 33 La nómina de integrantes de la League arranca con los cofundadores Sol Libsohn y Sid Grossman, que era director de la Photo League School, ambos militantes revolucionarios. Además, Walter Rosenblum (editor de la revista de la League, la Photo Notes), Eliot Elisofon, (que
4. La figura del obrero y la fotografía obrera en los Estados Unidos: la League y la FSA 51 sumó ipso facto Paul Strand, y que, más tarde, se fusionará con Frontiers Film para funcionar como productora cinematográfica. El espíritu de la League es, en el fondo, absolutamente coincidente con el de la fotografía obrera alemana y soviética, como dijo Frank Ward en una conferencia pronunciada en la sede: “se insta a todos los trabajadores a que tengan cámaras, a que tomen fotografías y las envíen a la National Exchange de la Film & Photo League, ubicada en el número 12 de la calle 17 en Nueva York. Convertid la cámara en una auténtica “arma en la lucha de clases””. (apud Ribalta 2011: 342) La Photo League, que funcionó de 1936 a 1951, alcanzó su máxima difusión como una asociación de voluntarios formada por fotógrafos profesionales, periodistas, intelectuales, aficionados, y también –si bien en muy menor medida– obreros. Tenían sede central en Nueva York, donde organizaban exposiciones, conferencias y simposios, producción de reportajes fotográficos y, muy especialmente, administraban el legado fotográfico de Lewis H. Hine. Con respecto a estos trabajadores, eran en su mayoría obreros industriales neoyorkinos nacidos entre 1900 y 1925 en barrios de la periferia urbana como Bronx, Lower East Side y Brooklyn. El crack del 29 supuso un punto de inflexión entre los miembros de la League, que aceleró sin duda la agenda de proyectos ante la urgencia de los acontecimientos. Pero, además, dio lugar a debates que podríamos llamar identitarios en su interior, como la cuestión de la obligación o no de un fotógrafo de crear imágenes socialmente significativas pero, también, expresivas desde el punto de vista personal: “queremos buscar viejos sujetos que sean factores poderosos y representativos en la presente lucha de fuerzas sociales. Queremos banqueros, obreros, trabajadores del campo (ricos y pobres), oficinistas, policías, esquiroles, jóvenes desarraigados, corredores de bolsa, etcétera. Queremos verlos en relación con las cosas que hacen, dónde viven, cómo trabajan, cómo juegan, qué necesitan y qué posteriormente sería reportero de LIFE), Morris Engel, Jerome Liebling, Aaron Siskind, Jack Manning (miembro del Harlem Document Group, grupo adscrito a la League y que también fue fotógrafo del New York Times), Dan Weiner, Bill Witt, Lou Bernstein, Arthur Leipzig, Sy Kattelson, Lester Talkington, Ruth Orkin, Arnold S. Eagle, George Gilbert, Morris Haberland, Sidney Kerner, Richard A. Lyon, Edward Schwarz, Lou Stoumen, y Sandra Weiner
4. La figura del obrero y la fotografía obrera en los Estados Unidos: la League y la FSA 52 piensan”. (Editorial de la revista Film Front, nº 1, a 15 de marzo de 1935, citada en Tucker 2011) Si bien el canon de la fotografía humanista burguesa, como hemos visto, está ya plenamente establecido, la League busca establecer una suerte de espina dorsal vertebradora en lo temático y en lo formal, que dé como resultado una cierta homegenización de la fotografía obrera en los Estados Unidos, tal y como habían conseguido en Rusia y Alemania. En otro editorial de la revista Film Front, el asunto de cómo fotografiar para conseguir ese discurso cohesionado e icónico del mundo obrero, lo abordan de la manera que sigue: “Lo siguiente servirá como guía acerca de qué fotografías se pueden enviar a la oficina: 1.– Fotografías generales con implicaciones sociales y económicas. Por ejemplo: trabajadores desempleados, miseria infantil, entrega de alimentos a los más necesitados, prostitución, condiciones de vivienda, destrucción de cultivos, maquinaria que sustituye a mano de obra. 2.– Acciones obreras. Por ejemplo: huelgas, manifestaciones, encuentros de protesta. 3.– Manifestaciones contra la guerra y el fascismo”. (Editorial de la revista Film Front, nº 2, a 7 de enero de 1935, citada en Tucker 2011). En un conocido ensayo de Frank Ward, que llevaba el esclarecedor título de La cámara como un arma en la lucha de clases, afirma: “Por desgracia, el valor de las fotografías hasta el momento presente ha sido enormemente infravalorado por el movimiento obrero [...]. Los capitalistas, por el contrario, explotan al límite el uso de la fotografía, como queda patente en la mayor parte de los anuncios comerciales y en la prensa, y como muestra la enorme circulación de tabloides. [Los obreros] no tienen tiempo de leer los periódicos, de modo que ahorran tiempo limitándose a leer las fotografías de los tabloides. [...] Es urgente que los trabajadores utilicen la fotografía para combatir la propaganda maliciosa de la prensa capitalista [...]. Incluso los analfabetos son capaces de leer una fotografía. Nuestros camaradas de Alemania, a través de su revista AIZ, han demostrado el valor político de la fotografía [pues] con un número
4. La figura del obrero y la fotografía obrera en los Estados Unidos: la League y la FSA 53 suficiente de buenas fotografías, podrían organizarse exposiciones que se mostrarían en clubes obreros por todo el país. Se insta a todos los trabajadores a que tomen fotografías y las envíen a la National Exchange de la Film and Photo League, ubicada en el número 12 de la calle 17 este en Nueva York: convertid la cámara en una auténtica “arma en la lucha de clases”. (Frank Ward 1934, apud Ribalta 2011: 343). Se trata, además de un texto que, en cierto modo, es una declaración de intenciones. En los Estados Unidos de América, en lo relativo al mercado del arte, existía, además, una tendencia por parte de las galerías a depositar buena parte de la gestión comercial en la figura del “marchante”, papel que en la lógica revolucionaria estaría reservado –aunque con matices– al “comisario”. El material visual obtenido por la fotografía obrera no nace para ser expuesto en una sala burguesa (sea el museo, sea la galería de arte), generando dividendos y usando el arte como mera mercancía más o menos manufacturada, sino para ser expuesto en todo lugar en que pueda hacer de correa de transmisión de las ideas revolucionarias. En una conferencia celebrada en la sede de la Photo League el 27 de julio de 1938, la ponente Elizabeth McCausland ironizaba: “no puedo recordar haber tenido nunca una crisis nerviosa ante el pensamiento de si la fotografía es o no es arte”. [...] Asimismo, tengo la impresión de que los fotógrafos de prensa han sido los artistas populares, los primitivos del nuevo movimiento de la fotografía actual. Han trabajado directamente y sin florituras artísticas, utilizando sus cámaras para decir cosas definitivas acerca de lo que está sucediendo en el mundo, [porque] las fotografías de Vogue y de publicaciones similares son sólo imágenes en hueco, un poco más sofisticadas y edulcoradas. Es la última fase de esta degradación del arte.” (McCausland 1938, apud Ribalta 2011: 349). Finalmente, y a modo de resumen, la conferencia de McCausland terminaba así: “De modo que tras las excentricidades del “arte por el arte”, el arte regresó a su papel histórico de portavoz de la experiencia y la vida humanas. Después de una década, más o menos, en que el asunto a tratar había perdido importancia, de repente el tema se convirtió en el criterio artístico definitivo. Una pintura, una escultura, un grabado o una fotografía deben tener contenido, pero no un mero contenido de carácter personal romántico, sino social” (McCausland 1938, apud Ribalta 2011: 349).
4. La figura del obrero y la fotografía obrera en los Estados Unidos: la League y la FSA 54 La muerte de la League, si bien tardó algunos años más en llegar, no fue menos cainita. El fiscal general Tom C. Clark la incluyó en la lista negra de asociaciones comunistas, subversivas y totalitarias, junto con el PCUSA (Partido Comunista de los Estados Unidos), los veteranos de la Brigada Lincoln y otras 90 organizaciones y escuelas. Varias personas dudosas, que apenas habían pertenecido a la League unos pocos meses, testificaron en el juicio que “el Aparato del PCUSA los captó para trabajar al servicio de la Liga” (Tucker 2011: 343). Se trataba de la era McCarthy y, en pocos meses, los periódicos y las revistas dejaron de reseñar las actividades de la League, cuando no hablaban de la encarcelación de varios de sus líderes acusados de comunismo. En el verano de 1951 ya no quedaba nada de ella, y con su desaparición también desapareció la propia fotografía obrera, que había supuesto la única manera de establecer el canon estético proletario en la historia de la fotografía. 4.5. El crack del 29 y la fotografía de la FSA de Roosevelt 4.5.1. El crack del 29 El llamado crack del 29 fue el origen de lo que hasta 2009 se ha considerado la mayor crisis financiera de la historia del sistema capitalista. Muy brevemente, podemos decir que la codicia llevó a los inversores a sobrecalentar la economía hasta el punto de que uno de cada diez ciudadanos norteamericanos había encomendado todos sus ahorros a Wall Street. Ante el temor de que la bonanza de la época dorada terminara, los inversores decidieron vender acciones. El efecto llamada y el caos hicieron que la bolsa hundiera su valor, lo cual provocó un pánico globalizado que llevó a que millones de ciudadanos norteamericanos sacaran el dinero de sus bancos, para lo cual estos se vieron obligados a vender las acciones y así obtener liquidez, propiciando aún más la caída de los mercados. Ello desencadenó la quiebra, una tras otra, de todas las entidades bancarias. El famoso jueves 24 de octubre de 1929, el llamado “jueves negro”, el sistema bursátil quebró y con él todo el mecanismo financiero de la primera potencia prestamista del mundo. En apenas tres años más de 32.000 empresas desaparecieron y el paro alcanzó a más de quince millones de trabajadores: “la producción industrial cayó al 50% y para 1933, unos quince millones de personas –un tercio de la mano de obra– estaba en el paro” (Zinn 1980: 340).
4. La figura del obrero y la fotografía obrera en los Estados Unidos: la League y la FSA 55 Este proceso de descomposición del capitalismo, unido a la buena marcha de la economía comunista soviética34 y sus logros sociales35, hizo que la masa trabajadora de todo el mundo depositara sus esperanzas en el marxismo, al que vieron como la ideología que era capaz de defender sus intereses y prometerles la salida de la miseria. Del mismo modo, el hundimiento de la economía de Norteamérica supuso que todas las economías que dependían de ella se hundieran también. En el caso de Alemania, esta crisis no hizo más que empeorar la precaria situación económica derivada del Tratado de Versalles y la obligación de pago de todos los costes de la Primera Guerra Mundial. El advenimiento del marxismo y el éxito que empezó a tener entre las clases obreras fue, junto con la crisis, el factor principal que explica el hecho de que un personaje como Hitler36, anticapitalista, antimarxista, populista y cuya obsesión era la construcción del Tercer Reich, “el sistema que duraría mil años”, se hiciera con el poder en este país y, con el expansionismo que lo caracterizó, en gran parte de Europa. Dicho auge del nazismo expansionista daría lugar al comienzo de la Segunda Guerra Mundial. 4.5.2. El New Deal norteamericano El New Deal es el nombre que el presidente de los Estados Unidos de América, Franklin D. Roosevelt, da su política económica nacional para luchar contra los efectos del crack del 29. Se desarrolló entre 1933 y 1938 y sus objetivos fueron paliar la pobreza de los millones de norteamericanos en situación de desempleo, reformar los mercados 34 “El número de trabajadores y empleados en la “economía socializada”, es decir, en el conjunto del sector nacionalizado –industria, transporte y comunicaciones, construcción, enseñanza, investigación, administración, granjas estatales y estaciones de maquinaria agrícola–, creció desde 10,8 millones de 1928 hasta 31,2 millones en 1940, llegando casi a triplicarse. Sólo en la industria, el crecimiento fue desde 3,8 millones de personas hasta 11 millones”. (Hutchings 1971: 130) 35 “Desde el punto de vista del objetivo industrializador perseguido por el estado, los resultados alcanzados a lo largo de los años treinta fueron altamente satisfactorios. Según las cifras oficiales, la Renta Nacional se había incrementado un 86% durante el primer plan [quinquenal], y otro 110% durante el segundo plan, de modo que en diez años [la Renta per cápita Rusa] se había cuadruplicado”. (Palazuelos 1990: 119) 36 Algunas de las grandes empresas alemanas, temiendo el éxito del comunismo, se encomiendan a Hitler como un mal menor. Es sabido que algunas grandes empresas de la época –como la germana Mercedes– dotaron de vehículos al dictador. Asimismo, durante los años del rearme se trata al Reich alemán con políticas de apaciguamiento, sin condenas por parte de ningún estado europeo y con el apoyo tácito de la Iglesia católica en la persona del Papa Pío XII, quizás, a nuestro juicio, no tanto por evitar la guerra sino por entender que era un mal menor que, en todo caso, evitaría o retrasaría el advenimiento del Marxismo.
4. La figura del obrero y la fotografía obrera en los Estados Unidos: la League y la FSA 56 financieros con políticas intervencionistas que acotaran los límites del poder de los mercados –para que no fuera posible llegar al vértigo bursátil que propició la Gran Depresión– y, por último, dinamizar el músculo industrial de los Estados Unidos de América, cuya maquinaria económica estaba aletargada desde el crack. Comprendía dos fases, una primera “marcada particularmente por los Cien Días de Roosevelt en 1933, que apuntaba a un mejoramiento de la situación a corto plazo: se pueden encontrar, pues, leyes de reforma de los bancos, programas de asistencia social urgente, programas de ayuda para el trabajo, o incluso programas agrícolas. El gobierno realizó así inversiones importantes y permitió el acceso a recursos financieros a través de las diversas agencias gubernamentales. Los resultados económicos fueron moderados, pero la situación mejoró. La segunda fase del New Deal se extendió entre 1935 y 1938, poniendo por delante una nueva distribución de los recursos y del poder en una escala más amplia, con leyes sindicales de protección, la Social Security Act, así como programas de ayuda para agricultores y trabajadores ambulantes. No obstante, la Corte Suprema juzgó numerosas reformas como inconstitucionales, pero algunas partes de los programas fueron reemplazadas rápidamente, a excepción de la National Recovery Administration. El segundo New Deal fue mucho más costoso que el primero, y aumentó el déficit público. Por otro lado, a pesar de programas como la Public Works Administration, el desempleo todavía alcanzaba a 11 millones de estadounidenses en 1938” (Desbiens 2005: 254). En realidad, no hay ni una sola prueba de que el New Deal tuviera eficacia alguna en la lucha contra la crisis económica. Tampoco hubo resultados en el aspecto social, con el racismo instalado en el seno de la sociedad y sobre el que la política no hizo nada para combatir: “los programas del New Deal ignoraron a la mayoría de los negros: los negros que eran arrendatarios, labriegos, trabajadores itinerantes o trabajadores domésticos, no tenían derecho al subsidio por desempleo, al salario mínimo, a la seguridad social ni a los subsidios agrarios [...]. En las fuerzas armadas, los blancos y los negros estaban separados. El barrio negro de Harlem, a pesar de todas las
4. La figura del obrero y la fotografía obrera en los Estados Unidos: la League y la FSA 57 reformas del New Deal, continuó como estaba [...]. Diez mil familias vivían en bodegas y sótanos” (Zinn 1980: 360). No obstante, el New Deal sí se preocupó y alcanzó notables logros en la documentación fotográfica, con la fundación de la Farm Security Administration (FSA). 4.5.3. La FSA y el documental norteamericano La FSA, al contrario que la League, sí fue un experimento gubernamental. Ambos movimientos, pues, aunque en ocasiones llegaron a establecer contacto, compartiendo autores, material gráfico, ediciones, etc., tuvieron de raíz organizativa distinta. El presidente Roosevelt, consciente de la fuerza de la fotografía y la imagen y de la importancia que podía llegar a tener para dar a conocer al gran público sus ideas, patrocinó una campaña dirigida por Rexford Tugwell y perteneciente a la Resettlement Administration –equivalente a un ministerio de agricultura–, a partir de la cual se proyectó que una serie de fotógrafos hicieran reportajes que recogieran el impacto de la política del New Deal allí donde más resultados tuvo. Así, “el material gráfico de la transformación del país era tan importante como los estudios sociológicos, las estadísticas, o los informes económicos. Se convirtió en una importante arma para despertar las conciencias sociales, debido a algún sentido crítico y denunciante que, independientemente de las coacciones gubernamentales, algunos fotógrafos, como Evans o Lange, le dieron” (Sousa 2005: 131), Y es que, “aunque en principio la FSA no era una iniciativa de fotógrafos, son ellos quienes fijarán las líneas de acción37” (Lugon 2010: 98). Efectivamente, se eligió a los mejores fotógrafos norteamericanos del momento. En 1930, un joven Lincoln Kirstein promovió una exposición de fotografía que, en el seno de la Universidad de Harvard, recogería una amplia muestra de los autores del momento. “Dicha exposición marca una clara ruptura con la tradición y con el círculo de Alfred 37 La nómina de autores que trabajaron para la FSA arranca con su alma mater: Walker Evans, cuya obra sigue siendo de referencia en todos los estudios de fotografía social, al cual siguieron Dorothea Lange (creadora de un estilo que sigue imitándose hoy por todo el mundo), Russell Lee (que hizo una documentación escrupulosa de los detalles pequeños del día a día del campesinado, documentando la decoración de las habitaciones, su arquitectura, sus muebles...), Gordon Parks (uno de los pocos negros del movimiento, que permaneció fotografiando hasta el final para constatar el racismo del norteamericano blanco con la raza afroamericana) y Jack Delano (uno de los primeros en utilizar la fotografía a color). Asimismo, también estuvieron a nómina los fotógrafos: Arthur Rothstein, Carl Mydans, Jonh Vachon y Marion Port Wolcott.
5. Las diferentes representaciones del trabajador en la fotografía obrera 64 como hemos explicado dentro de este movimiento, compaginaban su trabajo proletario con la función “ideológica” de la fotografía para su Partido. En su paginación todos los elementos han sido cuidadosamente dispuestos en las hojas de la revista. Dado que los occidentales –condicionados por la lectoescritura– miramos la realidad de izquierda a derecha, y de arriba a abajo, la primera ojeada al reportaje nos descubre en portada a una pareja de jóvenes deportistas que, raqueta en mano, ríen a la cámara; la primera chica da una visible carcajada –es la primera a los ojos del lector– mientras que, la de la derecha, sonríe tímidamente. El faldón de texto de la portada reza40: “estas son Vera y Nadiescha, las hijas del obrero moscovita Filipov, con domicilio en la calle Donskaya 59. Relatamos con fotografías cómo viven hoy estas chicas, sus padres y hermanos. Es un reportaje realista tan variado y arrebatador que interesará particularmente a todo aquel que viva fuera de las fronteras de la Unión Soviética”. Un escueto texto introductorio da una serie de contextos sobre el reportaje a modo de introducción, con lenguaje enfático y propagandístico, afirma que desde la revista: “queremos asistir en primera persona a la vida cotidiana de una familia obrera de Moscú; hay una familia, los Filipov, que vive en el número 59 de la calle Donskaya, en la vivienda 638. La forman el padre, la madre, tres chicos y dos chicas. Es una más entre los millones de familias de trabajadoras que, como ellos, viven en las numerosas ciudades de la unión soviética. ¡Y es precisamente por eso que nos interesan!. Con estas fotografías queremos observar cómo es el día a día soviético, desde la mañana a la medianoche, y compararlo con la vida cotidiana del mundo capitalista en cuya indigencia vivimos. Y por ello, porque nuestras imágenes se mantienen alejadas de cualquier idealización, porque dicen la verdad y nada más que la verdad, que plantean a cualquier persona que viva y trabaje en los países capitalistas la acuciante cuestión: ¡o perecemos en la barbarie capitalista o luchamos por la construcción del socialismo!”. 40 Si no se indica lo contrario, todas las traducciones del alemán son las ofrecidas por Erika Wolf, (extraído de Ribalta 2011: 137–153).
5. Las diferentes representaciones del trabajador en la fotografía obrera 65 El reportaje fotográfico comienza con una primera página compuesta por una fotografía marco de los pisos de nueva construcción (“estos nuevos bloques están en el barrio obrero de Samoskwaryeche, y en uno de ellos, en el nº 59, vive el obrero Filipov con su familia”, dice el pie de foto): en la fotografía –tomada desde una de las ventanas– se aprecia un día soleado, con unas sombras contundentes fruto de la hora del día escogida, y un plano paralelo levemente contrapicado que da credibilidad a la pieza. A esta imagen –que espacialmente ocupa casi la mitad de la hoja–, le siguen 3 fotografías verticales inferiores, sensiblemente más pequeñas, que retratan (por este orden); en primer lugar una imagen de un jardinero regando un jardín abajo de los edificios, seguido de una imagen ampliada del jardín que hay entre los edificios (“entre los edificios crecerá zonas de césped y árboles, para que estos nuevos barrios obreros no se parezcan a las lúgubres casas de vecindad que hay en las ciudades capitalistas”), y por último, la fotografía de una chabola de madera con el pié de foto: “antiguamente el obrero Filipov no vivía en condiciones tan modernas, hace dos años residía aún en esta casita de madera que amenazaba derrumbe: herencia y residuo de la época del zar. Pero hoy son cincuenta y seis mil las familias obreras que, como los Filipov, viven en edificios de nueva construcción”. Estas tres fotografías son tomadas en planos paralelos, nada arriesgados, y en la que apenas hay presencia humana. Todo edificio aquí aparece tranquilo, en calma. La página siguiente, de una limpieza compositiva que podría incluirse, perfectamente, en cualquier dominical actual, muestra una gran imagen de un desayuno con el texto abajo y a la izquierda: “A las 6:30 de la mañana, la familia Filopov al completo se sienta a la mesa para desayunar. El padre, Dimitri Petrovich Filipov, su mujer: Anna Ivanovna, la hija mayor: Vera, la pequeña Nadiescha, el mayor de los chicos, Konstantin, el mediano, Nikolai, y el pequeño que, como muchos niños de su edad, se llama Volodia en memoria de Lenin”. En una época de profunda carestía alimentaria en toda Europa, y con unos niveles de hambruna que sólo se vieron sobrepasados con la miseria de la guerra que vendría después en el mundo, el artículo prosigue:
5. Las diferentes representaciones del trabajador en la fotografía obrera 66 “Veamos ahora qué hay en la mesa de desayuno de los Filipov. Ahí se observan claramente los principios con los que el Estado soviético regula hoy el abastecimiento, pues mientras se realice el plan quinquenal será necesario el racionamiento de los víveres para garantizar alimentos suficientes a todos los ciudadanos: el padre de los Filipov es un “obrero de choque” y recibe en consecuencia la ración más abundante. Por eso vemos dos huevos en su plato. Al pequeño Volodia, como es un niño, le corresponde leche y un huevo. Mientras que en el caso de los adultos el reparto de alimentos se efectúa según pertenezcan una u otra clase, en el caso de los niños no se hacen distinciones. Todos los niños, incluso los de las antiguas familias burguesas sin derecho a voto, reciben la cuantiosa ración infantil, leche, etc. El resto de adultos deben contentarse con té, pan y embutido. Azúcar y mantequilla hay para todos”. La fotografía aparece aquí tomada en un plano contrapicado y, pese a las dimensiones parcas de la estancia, renuncia a cualquier tipo de lente que pueda deformar la realidad. Los alimentos aparecen en las justas proporciones que el texto indica, y toda la familia respira naturalidad: ninguno mira al fotógrafo. La habitación tiene el lujo de tener una planta natural junto a la ventana. Un mantel impoluto blanco corona la mesa. Debajo de la fotografía del desayuno, y paralelo al texto anteriormente citado, hay una imagen recortada, de tamaño cuadrado (ya que eran cámaras de paso universal de 35mm, los negativos tenían un tamaño estándar de 2x3, rectangulares). Dicha imagen es de un tranvía de madera. En él, los obreros aparecen tranquilos, mirando sonrientes por los cristales del vehículo algunos, charlando con su compañero de silla otros, y leyendo la prensa obrera algunos. Todos con su ropa digna (chaqueta algunos, monos industriales otros), su típica gorra de plato, zapatos cuidados. El pié de página dirá; “el padre de los Filipov acude en el tranvía, con sus dos hijos, a la fábrica Krasni Proletari (“el proletario rojo”), en la que se fabrican piezas y componentes. La hoja siguiente sí que tiene una composición más obtusa, con una fotografía “desencajada” de su composición natural para, muy al gusto de la época, aparentar espontaneidad. Son fotografías que muestran el lugar de la fábrica (una fábrica sin humos, ni suciedad, ni grasa), y unos obreros atentos al producto que realizan, con varias
5. Las diferentes representaciones del trabajador en la fotografía obrera 67 fotos individuales y con algún plano detalle de la industria. Asimismo, el texto, aparte de explicar varias de las labores de los trabajadores indica: “en el patio de la parte nueva de la fábrica hallamos una construcción tan extraña como ostentosa. Se trata de un palacio del antiguo propietario de la fábrica, un hombre rico que fue expropiado por la Revolución. Hoy alberga las instalaciones del comité de empresa de la fábrica El proletario rojo”. Dentro de la página, se reproducen las cartillas de pago del padre y de sus dos hijos: en el texto adjunto a dicha cartilla se explican las condiciones laborales de la fábrica: trabajan 7 horas diarias durante cuatro días: libran el quinto. Además, se especifica que el padre cobra más por llevar 40 años trabajando y que, pese a que podría haberse jubilado, pidió voluntariamente seguir en la fábrica. Sus hijos –uno fresador, el otro taladrador–, cobran menos por ser aprendices, además están asistiendo a la escuela de la fábrica: de modo que su trabajo les forma de manera teórica y práctica. Un epígrafe especial lo constituye el enunciado: Las mujeres de la familia Filipov. Las siguiente hoja del reportaje gira en torno a la madre; a quien se muestra en la ventana, cosiendo, una gran fotografía de Vera –la hija mayor– trabajando de delineante, y una fotografía circular inferior que muestra cómo las mujeres llevan a sus hijos a la guardería. El texto inferior, afirma: “cuando los chicos y las chicas se han ido a trabajar, la madre de los Filipov lleva al pequeño Volodia al parvulario. El conjunto de edificios en el que viven los Filipov dispone de un parvulario propio al que todas las madres del bloque llevan a sus hijos”. Además, cita textualmente una frase de la madre tras dejar a su hijo en la guardería, a modo de recurso enfático que refuerza la imagen de la sociedad soviética como una “gran familia”: “bueno –dice la madre, en el texto– ahora ya he dejado también al niño en buenas manos”. En la página enfrentada, una gran fotografía –ocupa media página– muestra a un cocinero ofreciendo comida ante una fila de personas, el texto de pie de página reza: “al mediodía, el padre Filipov almuerza con sus hijos en la cantina de la fábrica El proletario rojo. El menú consta de tres platos (sopa, un plato de carne o de pescado con guarnición, y compota o pudin): cuesta 30 kópeks. El gobierno obliga a todas las fábricas de la Unión Soviética a disponer de comedores como este.
5. Las diferentes representaciones del trabajador en la fotografía obrera 68 La siguiente hoja está dedicada al pequeño Volodia y su guardería: muestra a los chicos haciendo gimnasia, en clases paritarias y coloreando con una compañera. El reportaje continúa mostrando momentos de ocio y esparcimiento: el padre de familia, juega a las damas junto a sus camaradas aprovechando que aún le queda tiempo libre del descanso de la comida. Asimismo, también afirma el texto que al terminar la jornada laboral de siete horas, el joven duda entre ir “a la casa o a la pista de deporte”, y a Vera “de camino a casa la acompaña su novio, que acuerdan ir a pasar la hermosa tarde de verano en el parque de cultura y descanso”. Nadiescha, en cambio, “mira libros y prensa en el quiosco de las inmediaciones de la cooperativa y trata de elegir un libro que leer esa misma tarde”. Además, “esa tarde el padre y la madre de los Filipov han acudido con Konstantin a la tienda de corte y confección que lleva la cooperativa de los bloques de edificios. Allí –prosigue– el muchacho adquiere un traje que cuesta 27 rublos”. Las fotografías muestran –como ha avanzado el texto– a una sonriente pareja de novios, a unos compañeros de la fábrica, y a un kiosko, así como al joven en la sastrería. Son casi siempre planos paralelos, cuando no levemente contrapicados, nunca en planos picados o enfáticos. Tienden a tener mucho aire, y a retratar siempre al sujero en su ambiente: con un diafragma de apertura media que posibilita que casi todos los planos están nítidos. Las últimas imágenes muestras a los padres y al pequeño en el parque, y a las jóvenes haciendo deporte (remo), así como a los ciudadanos en paseos por una zona boscosa. El reportaje 24 horas en la vida de una familia obrera de Moscú fue realizado desde dentro de la propia clase social; en él los fotógrafos, obreros alemanes en visita a la URSS, no ocultan su asombro ante la calidad de vida de sus colegas soviéticos, y el retrato es, huelga decir, de una idealización enfática. En unos momentos en que la crisis en Alemania está empobreciendo muy velozmente a la sociedad (agravado, como hemos visto, por el Tratado de Versalles), las imágenes de sus hermanos proletarios soviéticos se le debieron de antojar como el triunfo final para la propia clase obrera emancipada. El trabajo tiene estéticamente un acabado sencillo, bien terminado, y un discurso visual
5. Las diferentes representaciones del trabajador en la fotografía obrera 69 nada impostado: con una mirada que se nos antoja sincera para con sus sentimientos de clase. Hay, no obstante, ciertas características colindantes con el gusto fotográfico burgués de la época, geométrico, de expresión contenida, pero apenas una mirada a vuelapluma revela que, más allá de la forma, el fondo es lo verdaderamente rompedor: trazar con el lenguaje fotográfico las ansias de emancipación de todo un pueblo, el obrero, y de todos los países. Por otro lado, el reportaje tuvo tanto éxito que otras agrupaciones de fotógrafos–obreros pronto se lanzaron a reinterpretarlo. En Alemania, un grupo de fotógrafos coordinados por la camarada Erich Rinka realiza el reportaje Los Filipov alemanes, ciertamente la puesta en escena, el montaje de las páginas, y la combinación de fotografías y textos recordaba mucho al reportaje ruso, pero aquí la familia sufre las consecuencias del típico capitalismo del siglo XX que, en la década ya de los años 20, se muestra como un sistema que genera una bolsa de pobreza ingente para que una ínfima minoría de propietarios de los medios tenga la práctica totalidad de la riqueza del país; en plena crisis económica de la época de Weimar. Es, en realidad, la construcción en la praxis de lo que en la teoría el intelectual Edwin Hoernle llamó “el ojo proletario” como principio antagónico con respecto al humanismo burgués, que, miraba con compasión al mundo obrero como expresión de su superioridad de clase. La frase textual es: “debemos proclamar la realidad proletaria en toda su repugnante fealdad, con su denuncia a la sociedad y su exigencia de venganza [...] debemos presentar las cosas como son, con una luz dura, sin compasión” (Hoernle 1913: 15). La fotografía hecha por obreros para otros obreros del mundo (“liberados” o no). Ese será el propio canon del estatuto fotográfico obrero. Frente a la mirada estética, condescendiente del canon de la fotografía humanista burguesa; el estatuto de la fotografía obrera habría de representar toda suerte de pensiones inmundas, fondas horrendas de pasillos lúgubres y edificios cochambrosos: puesto que esa era la realidad que habitaba la masa trabajadora. La mirada heroica del obrero en la fotografía humanista burguesa pasa ahora a las condiciones infrahumanas en que viven... hay fotógrafos obreros especialmente sensibles en el gusto al detalle: manos destrozadas por el uso de maquinarias, caras de niños marcadas de cicatrices, pies mutilados... se trata
5. Las diferentes representaciones del trabajador en la fotografía obrera 70 de la “estética del feísmo” (de la que hablaba el Trotkista Vicente Huidobro), como trasunto y asunto de las condiciones de la clase trabajadora. 5.2. Dorothea Lange y su fotografía Madre Inmigrante 5.2.1. La historia real La obra de Dorothea Lange, el retrato de la Madre Inmigrante tiene connotaciones heroicas, cuasi divinas.La historia de esa fotografía, según el estudio de Mark Durgen41 del que partimos, es la siguiente: en marzo de 1936, tras terminar la campaña de la remolacha en el sur de California (concretamente en una zona conocida como Valle Imperial), una familia viaja hacia el norte para incorporarse a la siguiente campaña de recogida. En el camino, el vehículo se estropeó y el padre de familia decide ir a un pueblo cercano a reparar el automóvil, dejando antes hecha su mujer Florence Owens Thompson (que así se llamaba la señora de la famosa fotografía) una improvisada tienda de campaña para que se resguardaran del viento y la llovizna. Es el momento en que la fotógrafa Dorothea Lange para por la carretera, trabajando para la FSA, observa a la señora con sus niños y, pidiéndole permiso, comenzó a tomar fotos de ellos. En unos 10 minutos le tomó seis imágenes. El bloc de notas de Lange afirmaba: "Siete niños hambrientos. El padre es nativo de California. Son indigentes en el campamento de recolectores de guisantes y no hay cosecha de guisantes tempranos. Estas personas acababa de vender sus neumáticos para comprar comida." Lange escribió más adelante: "Yo no pedí su nombre o su historia. Ella me dijo su edad, tenía 32 años. Me dijo que habían estado viviendo de verduras congeladas y que los niños cazaban pájaros. Ella acababa de vender las ruedas de su coche para comprar alimentos." Sin embargo, la señora Thompson, años más tarde, dijo que nunca Lange le preguntó nada y muchos de los detalles son incorrectos. Contó lo siguiente: "No hay manera de que quisiéramos vender nuestros neumáticos. Los únicos que teníamos 41 Durgen, Mark (2001): Dorothea Lange, Phaidon, New York. (Inédito en castellano).
5. Las diferentes representaciones del trabajador en la fotografía obrera 71 estaban en el río Hudson. Dorothea Lange estaba mintiendo, quizás tenía una historia mezclada con otra: ¿o era para justificar otras cosas?". Thompson también afirmó que Lange prometió que las fotos nunca serían publicadas, pero lo cierto es que las envió a las noticias de San Francisco, así como a la FSA en Washington. La prensa publicó las imágenes casi de inmediato, con la afirmación: “Entre 2.500 y 3.500 los trabajadores migrantes se mueren de hambre en Nipomo, California”. A los pocos días, en esa finca de siembra y recolecta de guisantes, se recibió una dotación de 20.000 libras de alimentos por parte del gobierno federal. Sin embargo, Thompson y su familia se había trasladado ya de aquella finca en aquel momento. La sexta imagen de la serie, que más tarde se conoció como la Madre Inmigrante, ha logrado una condición mítica, simbólica, y define toda una época en los Estados Unidos de América. Roy Stryker afirmaba que Madre Inmigrante era la última foto de la era de la depresión. "Nunca [Lange] la ha superado. Para mí, era la imagen ... Las otras fueron maravillosas, pero esta era especial .... Ella es inmortal". En conjunto, las fotografías tomadas por la FSA han sido ampliamente considerada como la etapa más gloriosa de la fotografía documental. Edward Steichen los describió como "los documentos más notables jamás prestados en las imágenes." Nunca se supo quién era la mujer, hasta finales de 1970 en que la identidad de la señora Thompson fue descubierta. En 1978, siguiendo una pista, el reportero Emmett Corrigan encuentra Thompson en su casa móvil y la reconoció. En una carta que escribió la señora Thompson y que fue publicada por la Associated Press afirmaba: "Me gustaría que [Lange] no se hubiera llevado a mi imagen. No he hecho ni un centavo de ella. No preguntó mi nombre y me dijo que no vendería las fotos. Me dijo ella que me enviaría una copia. Nunca lo hizo." La hija de la señora Thompson, Katherine Thompson, dijo en una entrevista42 de diciembre 2008 que “la fama de la foto hizo que la familia sienta vergüenza de su pobreza“. El propietario de todo el material de sus fotógrafos era la FSA y, por tanto, el gobierno: de modo que la imagen era de dominio público y Lange no recibió directamente dinero por los derechos de esa fotografía en concreto. Sin embargo, es 42 Consultable en: http://edition.cnn.com/2008/LIVING/12/02/dustbowl.photo/index.html
5. Las diferentes representaciones del trabajador en la fotografía obrera 72 cierto que esa toma hizo de Lange en una celebridad y que con ella ganó "el respeto de sus colegas"43. Como si se tratase de un personaje de John Steinbeck y su genial Las uvas de la ira, la señora Thompson representa la columna vertebral de la unidad familiar: en ella se apoyan (literalmente) sus tres hijos en la foto. Emily Hahn, escritor de The New Republic, abordó las dificultades de las mujeres durante la Gran Depresión en 1933 su artículo "Las mujeres sin trabajo". Al entrevistar a varias mujeres en las agencias de desempleo, descubrió que no tenían miedo o vergüenza de hacer cualquier cosa por el bien de sus familias. Hahn escribió que la señora Thompson trabajó en un bar de comida rápida por cincuenta centavos al día y que le permitía llevarse las sobras para que pudiera alimentar a sus hijos44. En una entrevista con CNN, la hija de Thompson, Katherine McIntosh, recuerda cómo su madre era "una mujer muy fuerte... nunca tuvimos mucho, pero ella siempre se aseguraba de que hubiera algo. Ella podía no comer, a veces, pero se aseguró de que siempre comieran los niños”. En efecto, la desnutrición fue un factor importante para las niñas y los niños de la Depresión. Los investigadores recogieron el testimonio oral de hombres que decían haber tenido tanta hambre de niños que algunos llegaron a masticar sus propias manos45. Dado que los alimentos eran escasos sufrían sistemáticamente de estómagos hinchados y enfermedades como la neumonía, la anquilostomiasis, la fiebre tifoidea entre otras. De 1930 a 1938, la tasa de mortalidad infantil aumentó en más del 20 por ciento. La educación fue factor dramático, pues muchos no iban a la escuela por no tener ropa que ponerse. La primera dama Eleanor Roosevelt recibió miles de cartas de los niños y niñas en todos los EE.UU. que explicaban sus historias y le pedían ropa, trabajo, dinero y comida. Mientras que la imagen estaba siendo positivada para presentarla en 1941, el negativo de la famosa foto fue retocado para eliminar el pulgar de la protagonista (en la esquina inferior derecha de la imagen). Stryker dijo que eso equivalía a la manipulación de la verdad, pero la fotógrafa insistió. Esa obsesión de Lange en el borrado de los detalles fruto de una distracción en la toma, confirma la medida en que este tipo de fotografías documentales estaban muy preparadas y determinadas por el fotógrafo. 43 Consultable en www.famouspictures.org/mag/index.php?title=Depression_Mother 44 Noticia original en: www.ganzelgroup.com/books.html 45 Brucccoli, y Horn (1996: 312).
5. Las diferentes representaciones del trabajador en la fotografía obrera 73 La señora Thompson, 43 años después de ser retratada por Dorothea Lange, fue hospitalizada y su familia solicitó ayuda financiera a finales de agosto de 1983. En septiembre, la familia había recogido 25,000 $ en donaciones para pagar su atención médica. Finalmente murió de cáncer y “problemas de corazón" en Scotts Valley, California el 16 de septiembre de 1983. Fue enterrada junto a su marido George, en Lakewood Memorial Park, en Hughson, California, y en su lápida se lee: "Florencia Leona THOMPSON Migrant Mother – Una leyenda de la fortaleza de las madres de América". 5.2.2. El icono histórico La fotógrafa hizo una reinterpretación (más o menos intencionada) del clásico madonna con i figlio del Renacimiento. Esta imagen hizo de icono no ya de un país o una época, sino como un símbolo de la miseria humana. Esta fotografía, por ejemplo, se reprodujo durante la Guerra Civil española en las octavillas republicanas que denunciaban la situación del pueblo. En este mismo sentido, años más tarde la reprodujeron los Black Phanters acompañada de la siguiente leyenda: “La pobreza es un crimen y su víctima es el pueblo”. Esta fotografía reflejó de forma espléndida el estoicismo con que los excluidos del “sueño americano” soportaban esta situación. En 1978 Florence Thompson, la madre inmigrante de la fotografía, concedió una entrevista en el diario “Tribune” y declaró: “...estoy harta de simbolizar la miseria humana pese a que mis condiciones de vida han mejorado”. 5.2.3. Análisis técnico de la fotografía Madre Inmigrante A nivel morfológico, podemos decir que el peso visual de la pieza recae por completo en el tercio superior central de la imagen: el punto de anclaje visual es el rostro con una mueca indescriptible, cuya ambigüedad es el alma misma de este retrato (¿triste?, ¿melancólico?, ¿resignado?) es el leitmotiv de la toma, de la serie, del trabajo y, acaso, de todos los objetivos de la propia FSA. El centro, además, aparece levemente más sobreexpuesto que los laterales, en cuyos extremos hay dos niños que dan la espalda –literalmente– a la realidad. La madre
Conclusiones 80 los países los mismos objetivos, alberga los mismos intereses, padece las mismas miseria y sufre idénticas condiciones laborales de precariedad inhumana. Frente a esta fotografía obrera hecha por obreros, una serie de gobiernos occidentales europeos, además de los Estados Unidos de América, con un sistema basado en la democracia liberal burguesa –y, por tanto, con los medios de producción controlados por el capital privado–, reaccionan invirtiendo el estatuto fotográfico de la clase obrera y, con prácticas de gran sutileza técnica, de gran calado epistemológico, y con intenciones bien definidas en su agenda política, tal y como hemos analizado en el capítulo 4: la iconografía de los trabajadores poco a poco se va alejando de su germen inicial, hasta transformarse en otra cosa, o incluso desaparecer. Tras su mutación se convertirá, en estos países, en una fotografía de canon visual humanista burgués. En la Unión Soviética tras la muerte de Lenin supone el fin de la fotografía obrera que se había desarrollado durante las décadas anteriores. El estatuto de la imagen proletaria será a partir de ahora unificado bajo la nueva denominación de “arte socialista soviético”, donde ya no tiene cabida la constatación del día a día del trabajador, sino únicamente la imagen que de ese día a día proyectará el estado soviético estalinista. La Segunda Guerra Mundial, además, ayudará a esa transformación iconográfica natural del “obrero como héroe” al “obrero como guerrero contra el fascismo” y, tras las consecuencias de la contienda, en la que murieron no menos de 25 millones de obreros, a su vez en “obrero como víctima de la muerta y la destrucción”. Este último aspecto, además, se extendió sobre el resto de países europeos en los que se había desarrollado la fotografía obrera. En los Estados Unidos, la fotografía obrera se encarna en la League. Si bien nació como un experimento fruto de la Workersʼ International Relief (WIR), creada por el Gobierno Soviético para recaudar dinero para su revolución, acabó siendo –gracias a su división de propagandauno de los grandes elementos de propaganda soviética a través del cine y la fotografía. Esta League, con el tiempo,
Conclusiones 81 sufrió un progresivo empobrecimiento, provocado, como se ha visto, por diferentes factores, como la persecución a sus líderes, las escisiones dentro del grupo y los problemas para visibilizar su trabajo. El punto final de la League lo pondría el Macarthismo, que encarcelaría a buena parte de sus integrantes durante la Guerra Fría, como vimos en el capítulo 4. Paralelamente, en los primeros años de la creación de la League, se crea una especie de “contrapoder” fotográfico: la desarrolla la Farm Security Administration (FSA), que fue un experimento gubernamental para documentar los efectos de la Gran Depresión del 29 en la población rural, así como el éxito de los programas estatales de incentivos a la recuperación. No obstante, y pese a ser un proyecto dirigido por el gobierno, la censura tuvo una repercusión importante, hasta tal punto que la producción fotográfica de la FSA fue parcialmente destruida por su Director, Stryker. La parte no censurada, sin embargo, gozó de una de las mayores campañas estatales de difusión que se hayan visto jamás en los Estados Unidos de América. La hipótesis central de nuestro trabajo partió, pues, de la idea de que el movimiento obrero utilizó la fotografía como un elemento identitario del imaginario obrero internacional, con un canon estético muy definido, de modo que este tipo de fotografía, la obrera, al volverse arma política, fue aprehendida por el poder económico, reorientada, y materializada por la FSA quien, además, hizo de potente altavoz. Porque, efectivamente las fotografías de la FSA tienen, ciertamente, un mensaje duro, de constatación de la miseria pero, al mismo tiempo, esperanzador, puesto que trataba de demostrarle al pueblo que “con trabajo y esfuerzo” se podía entrar en el paraguas del Estado del bienestar. En los capítulos centrales del presente trabajo hemos analizado cómo la agenda política del marxismo pasaba no por integrarse en el capitalismo, sino por construir el socialismo como alternativa, cambiar el estatuto general del proletario y dotarle de la misma calidad de vida de
Conclusiones 82 que gozaba la burguesía, haciéndolo extensivo a todas las capas sociales. Esto tiene una influencia en la fotografía de tema obrero, de manera que la fotografía de la FSA no hace pensar, sólo iconiza, congelando lo que hubiera podido quedar de dicho pensamiento. La diferencia entre ambas propuestas políticas, traducidas y traslucidas ambas a la fotografía respectiva de la FSA y la Legue, es, pues, no sólo estética, sino política. Asimismo, cuando se mutila la posibilidad de auto-representación icónica de una clase social, al perderse sus referentes identitarios, su conciencia de clase social en cuanto a tal también desaparece. Ello explica, a nuestro juicio, que con el endurecimiento progresivo de las condiciones laborales que vivimos hoy día, y con la dictadura encubierta de eso que se ha convenido en llamar “los mercados” no haya si quiera resquicio de movimiento obrero contestatario. La situación actual es manifiestamente peor que la de la gran depresión del 29 y, sin embargo, aquélla sólo pudo salvarse cuando la maquinaria prestamista norteamericana arrancó por el inicio, a su vez, de la maquinaria de la industria bélica de los Estados Unidos en la II Guerra Mundial. Por todo ello, y con la mirada puesta en una futura tesis doctoral, nuestra intención es la de realizar un profundo estudio mucho más ambicioso de las representaciones que de la clase obrera se hacen en la actualidad, en diferentes partes del mundo. Para su entendimiento, no obstante, era necesario analizar cómo en la década de los años veinte y treinta ya se comienza a invertir el estatuto de la imagen del trabajador. Las consecuencias sociales de dicho cambio del estatuto las seguimos padeciendo hoy día, representada en una clase obrera internacional que, al no tener herramientas de representación icónica de su propio imaginario identitario de clase, carecen de dicho concepto de clase y, consecuentemente, se consideran a sí mismos –erróneamente, a nuestro juicio- “clase media”. Dicha falsa clase media, esa legión de proletarios carente de conciencia de clase, en última instancia, serán las primeras víctimas sociales –
Conclusiones 83 como ya ocurrió en la Gran Depresión del 29de esta operación de los reajustes financieros de los mercados, comúnmente llamada hoy día: “crisis”.
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