Fernando Quiñones : La gran temporada. Relatos, Madrid, Alianza, 1998 [Reseña]
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Revista de Estudios Taurinos N.º 9, Sevilla, 1999, págs. 247-252 Fernando Quiñones: La gran temporada. Relatos, Madrid, Alianza Editorial, 1998, 234 págs. Fig. n.º 70.– Portada del libro La gran temporada, de Fernado Quiñones.
En 1996, Alianza Editorial encargaba al gran escritor gaditano Fernando Quiñones la revisión de su antología de cuentos publicada ya en 1987 bajo el título de Viento Sur. La nueva versión cambiaba levemente el título (una actitud muy característica del autor, que, según confesión propia, nunca emplea la fotocopia como medio de reeditar sus obras) y salía ahora bajo el epígrafe de Con el viento Sur, prologado por la vieja nota con que Jorge Luis Borges acompañara la primera edición del libro de relatos El viejo país (1978), que ya presentaba sobre todo cuentos referidos al mundo del vino y de los toros, un mundo por cierto que provocaba las reticencias del maestro argentino. Con el viento Sur incluía tres cuentos de tema taurino procedentes de uno de los primeros libros de Quiñones, el titulado La gran temporada, cuya primera edición (a cargo de las madrileñas Ediciones Arión, en su colección “Espejo y Flor”) databa del año 1960, en concreto Los toros del Puerto, Las bodas y Después o El primero de la tarde. Pues bien, ahora finalmente, Alianza Editorial publica íntegramente aquella primera colección, aunque, siguiendo la inveterada costumbre del autor, se han producido cambios de orden y de títulos y, sobre todo, la sustitución de algunos relatos por otros, hasta quedar constituida por las siguientes quince piezas: las tres reseñadas, (la tercera de las cuales ha pasado a llamarse simplemente El primero de la tarde), más Una mejicana bombón, La vuelta de Ramón Vázquez, El desencajonamiento, La corrida en Madrid, Muy cerca del final, La espera, Dos orejas perdidas, Aquel tan raro, El señor Arruza, La seguiriya sin cabeza o Ahí en la cama está el maestro, El manso y La gran temporada, el que entonces como ahora da título al volumen, porque es tal vez el más acabado de todos. Carlos Martínez Shaw 248
El libro de Quiñones es la recreación de un tiempo y un paisaje. Un tiempo borroso que viene a coincidir con los años cincuenta, con la lenta recuperación económica y espiritual que se va operando en un país que todavía no ha visto cicatrizar las heridas de la guerra civil (como patentizan los numerosos alfilerazos de crítica social que jalonan los relatos), con los años en que el NODO al ofrecer la reseña de una corrida animaba a los espectadores con un par de chistes comentando algunas imágenes capturadas fugazmente («vean a estos pimpollos de espectadoras» o «pero no, amigo, no hay que comerse el puro»). Yun paisaje que es, fundamentalmente, Cádiz (con sus barrios, sus playas, sus terrazas al lado del puerto, “El Telescopio” o el “Hotel Atlántico”) y, un poco más allá, la bahía entera (con la calle Principal del Puerto de Santa María o “La Mallorquina” de San Fernando), más algunas pinceladas de Sevilla (el “Andalucía Palace” para tomar una copa, o el “Llorens” para ver una película) y de Madrid (sobre todo, la calle de la Victoria, pero también la puerta del Sol, la Gran Vía o la calle del Arenal). Un tiempo y un paisaje que no se describen morosamente, sino sólo aparecen sugeridos (en su color, su clima o su música), aunque no exclusivamente como un telón de fondo, sino como una realidad viva que ya nos introduce a la trama o a los personajes. El libro es naturalmente una evocación de la fiesta y su ambiente. Por sus páginas desfilan en primer lugar los toreros (los reales, como en El señor Arruza, o los ficticios), los integrantes de las cuadrillas, los apoderados, los chóferes, los aficionados, el público en general. También los toros, que alcanzan en algunos relatos la categoría de protagonistas. Y las plazas, con una especial predilección por las gaditanas y Recensiones de libros 249
las madrileñas, tanto Las Ventas como Vista Alegre, que siempre aparecen como la meca hacia la que peregrinan los espadas, como el tribunal ante el que van a pasar el examen decisivo, como el dorado que les puede dar la fama y la riqueza (y ello no sólo en el relato que lleva el título de La corrida en Madrid). Yla prensa, ejemplificada sobre todo, aunque no exclusivamente, en El Ruedo y en Dígame, capaces junto a las páginas taurinas de ABC o Pueblo de elevar o hundir a un diestro. La recreación de este mundo parece fluir insensiblemente de la pluma del escritor, que no ha de esforzarse en demostrar su experto conocimiento de todas las suertes de la lidia (baste como ejemplo el relato Dos orejas perdidas), de toda la liturgia que comporta una corrida o de todas las pasiones (confesables o no) que rodean el planeta de los toros como satélites en una órbita fatal. Pero, finalmente, esta es la materia para hacer literatura. Literatura en clave realista, pero siempre dotada de una gran penetración sicológica para revelarnos el drama interior de los personajes. Porque los personajes, que son esencialmente toreros, no son extrovertidos triunfadores, sino que son normalmente perdedores, hombres castigados por el hado terrible del fracaso, del miedo, de la indecisión, de la melancolía. Una melancolía que se cuela por las rendijas de los burladeros, por las persianas de los hoteles solitarios, por las ventanillas de los coches (las “rubias”) que llevan a los espadas de una ciudad a otra en medio de la noche. Una melancolía que se apodera incluso de los toros cuando son los animales humanizados los que protagonizan el relato (El primero de la tarde, El manso), aunque en ambos casos la salida hacia la muerte pueda ser también la salida hacia la libertad. No es mucha la narrativa (contrariamente a la poesía) Carlos Martínez Shaw 250
directamente inspirada en el mundo de los toros. Sin embargo, el libro de Fernando Ouinones no debe destacarse sólo por su valor testimonial, por ser una de las honrosas excepciones que ponen a toros y toreros como protagonistas literarios. Debe destacarse antes que nada porque constituye una de las obras que con mayor hondura han sabido explorar las posibilidades dramáticas que se esconden bajo la superficie de la fiesta, que con más cuidado han sabido rehuir los tópicos acunados por los gacetilleros y los hagiógrafos, que con mayor sensibilidad han sabido captar los sentimientos encontrados que brotan del rico manantial de una experiencia tan singular como es la de la vida taurina. Carlos Martínez Shaw Fundación de Estudios Taurinos Recensiones de libros 251
