Sade, cinco modos de negar el cuerpo
Abstract
En este ensayo se consideran cinco maneras de entender el cuerpo en Sade: como abismo, como sexo, como naturaleza, como eîdos, y como signo. Son cinco vías que conducen a la nada. El libertino sadiano busca su propio cuerpo negando los cuerpos de los otros. Esta acción aniquiladora es una búsqueda de la libertad. Una libertad que sólo se reconoce en la nada. Aquí se anuncia un nuevo personaje que ocupará la escena filosófica europea durante todo el siglo diecinueve: el Espíritu (Geist).
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Thémata. Revista de Filosofía Nº 46 (2012 - Segundo semestre) pp.: 465-480. – 465 – SADE, CINCO MODOS DE NEGAR EL CUERPO Jesús Ezquerra Gómez Universidad de Zaragoza (España) Recibido: 15-07-10 Aceptado: 14-09-10 Resumen: En este ensayo se consideran cinco maneras de entender el cuerpo en Sade: como abismo, como sexo, como naturaleza, como eîdos, y como signo. Son cinco vías que conducen a la nada. El libertino sadiano busca su propio cuerpo negando los cuerpos de los otros. Esta acción aniquiladora es una búsqueda de la libertad. Una libertad que sólo se reconoce en la nada. Aquí se anuncia un nuevo personaje que ocupará la escena filosófica europea durante todo el siglo diecinueve: el Espíritu (Geist). Palabras-clave: Sade; cuerpo; libertino; Geist. Abstract: This paper shows five different forms to understand the body that can be found in Sade’s Work: the body as an abyss, as sex, as nature, as an eîdos and as a sign. These are five ways that lead into nothingness. The sadian libertine looks for his own body by denying the bodies of other people. This annihilating action is a search of freedom. A freedom that recognizes itself only in nothingness. We could see here the appearance of a main character in nineteen century European philosophical scene: the Spirit (Geist). Key-words: Sade; Body; Libertine; Geist.
Jesús Ezquerra Gómez Thémata. Revista de Filosofía Nº 46 (2012 - Segundo semestre) pp.: 465-480. – 466 – 1. El cuerpo del libertino El gran jurista romano Gayo, en el comentario primero de sus Institutiones, divide a los hombres en libres y esclavos. Los hombres libres, a su vez, son o bien “ingenuos” (ingenui) o bien “libertinos” (libertini). “Ingenuos -escribe Gayoson quienes han nacido libres; libertinos los que han sido manumitidos de una lícita esclavitud”.1 La libertad del libertino es, por lo tanto, una libertad recobrada, frente a la del ingenuo, que es ingénita. Es significativo que se llame “libertino” no a aquel que es libre desde su nacimiento, sino a quien recobra su libertad a partir de una “lícita esclavitud”. La libertad adquiere sentido en contraste con su opuesto; como negación de su opuesto . Sólo quien emerge del sueño tiene pleno derecho a denominarse “despierto” y no el perpetuo insomne. Sólo quien puede morir puede genuinamente sentirse vivo y no el inmortal. Análogamente, quien no ha conocido la esclavitud no merece llamarse libre. Se trata solamente de un ingenuo. El ingenuo es el que posee, desde que nace, su cuerpo. Por lo tanto, como legítimo propietario, lo puede dar. O le puede ser arrebatado. Como todo lo que es suyo. El libertino, por el contrario, es quien hallándose de entrada desposeído de su cuerpo, puede recibirlo de otro (de su amo) como un don. El ingenuo es donante (potencial) de su cuerpo. El esclavo, por el contrario, es receptor (potencial) de un cuerpo (el suyo) que no es suyo. Este se convierte en libertino cuando, finalmente, ha recibido ese don. Tal extrañeza respecto a su propio cuerpo es una seña de identidad del libertino. Su cuerpo viene del otro. Es lo otro. La negación de sí. Estamos ante una situación análoga a la del niño en la fase lacaniana del espejo: “Tú eres eso. Eso que no eres tú”. Para Lacan el yo es una instancia unificadora. Se construye a partir de esa imagen extraña, que vemos en el espejo al final del sexto mes de desarrollo. El yo en su forma primordial es ese otro que unifica las partes dispersas del cuerpo del niño. Originalmente, la autopercepción del niño le “entrega el cuerpo como despedazado”. 2 En ella tienen su origen las fantasías de desmembramiento (como la de castración) así como el instinto de muerte freudiano.3 La imagen especular tiene, por lo tanto, una función salvadora de este estado de miseria original. Esta imagen no sólo conforma primordialmente el yo sino que también lo aliena.4 La identidad alcanzada mediante la imagen especular es, como escribe [1] Gai institutionum commentarii quator, commentarius primus, III, §§ 9-11, en R. Domingo (coord.), Textos de Derecho Romano, Cizur Menor, Aranzadi, 2002, p. 41. [2] J. Lacan, La familia, Barcelona, Editorial Argonauta, 1978, p. 54. [3] J. Lacan, “Acerca de la causalidad psíquica”, en J. Lacan, Escritos I, México, Siglo Veintiuno Editores, 1984, pp. 176-177 [4] Lacan, La familia, p. 56.
Thémata. Revista de Filosofía Nº 46 (2012 - Segundo semestre) pp.: 465-480. Sade, cinco modos de negar el cuerpo – 467 – Lacan, una “identidad enajenante”.5 Por eso la enajenación, la locura, expresa la verdad del yo. Decir “soy yo” es decir “soy (es) otro”. Todos somos, por lo tanto, en cierta medida, un cuerpo negado, esclavos de una imagen. El intento de reapropiación, de reconquista del cuerpo, es lo que nos hace libertinos. En la obra del Marqués de Sade, los cuerpos negados de los otros funcionan como espejos en los que el libertino busca su propio cuerpo negado. 2. El palacio de las vísceras Somos opacos. Llenamos nuestro interior con palabras e imágenes; por ejemplo las que nos ofrecen los libros de medicina. Pero cuando abrimos un cuerpo nos encontramos con algo indecible e inimaginable; algo caótico e informe: lo real. La primera forma de negación del cuerpo que opera el libertino sadiano (y sádico) es su apertura. El cuerpo, en el boudoir, es despedazado, eviscerado, saqueado, quebrado, violado, descuartizado, quemado, violentado, cortado, aplastado, pulverizado...6 La víctima es para el libertino como para un niño su juguete. Como nos recuerda Hegel, lo más racional que los niños pueden hacer con sus juguetes es romperlos.7 Eso es justamente lo que hacen los libertinos sadianos con sus juguetes de carne y hueso. El cuerpo así negado ya no es algo unitario, identificable, nombrable, “mais ce quelque chose devant quoi tous les mots s’arrêtent et toutes les catégories échouent, l’objet d’angoisse par excellence”.8 Estas palabras que acabo de reproducir pertenecen a la sesión del seminario del 16 de marzo de 1955. En esta y en la anterior Lacan analizó el sueño de la inyección de Irma, que como es sabido, tuvo el propio Freud la noche del 23 al 24 de julio de 1895 y cuya interpretación se ofrece como modelo hermenéutico en Die Traumdeutung. En el sueño Freud aparece como un anfitrión que está recibiendo a muchos invitados en un amplio hall. Entre ellos está Irma, una paciente suya amiga de la familia, con la que no ha logrado más que un éxito parcial en el tratamiento. En el sueño Freud se acerca a Irma y le reprocha: “si todavía tienes [5] Lacan, “El estadio del espejo como formador de la función del yo [je] tal como se nos revela en la experiencia psicoanalítica”, en Lacan, Escritos I, p. 90. [6] Me remito a la descripción de la muerte de Augustine al final de Les cent vingt journées de Sodome en D.a.F. De SaDe, Oeuvres (ed. De Michel Delon), Paris, Gallimard, Bibliothèque de la Pléiade, 1990, t. I, pp. 371-372. [7] g.W.F. HegeL, Enzyklopädie der philosophischen Wissenschaften § 396, Zusatz, en g.W.F. HegeL, Werke (ed. E. Moldenhauer & K.M. Michel), Frankfurt a. M., Suhrkamp, 1986, t. X, p. 80. [8] J. Lacan, Le Séminaire. Livre II. Le moi dans la théorie de Freud et dans la technique de la psychanalyse (1954-1955), Paris, Seuil, 1978, p. 196.
Jesús Ezquerra Gómez Thémata. Revista de Filosofía Nº 46 (2012 - Segundo semestre) pp.: 465-480. – 468 – dolores es exclusivamente por tu culpa”.9 Ella le responde que en ese momento tiene intensos dolores en la garganta, en el vientre y en el estómago. Freud, entonces, la acerca a una ventana y le examina la garganta, venciendo su inicial resistencia: “por fin -escribe Freudabre bien la boca, y veo a la derecha una gran mancha blanca, y en otras partes, singulares escaras grisáceas, cuya forma recuerda al de los cornetes de la nariz”.10 Lo que nos interesa aquí es la mirada que Lacan superpone a la mirada del Freud del sueño, asomándose al abismo de la garganta de Irma: «ce qu’il voit au fond, ces cornets du nez recouverts d’une membrane blanchâtre, c’est un spectacle affreux (…). Il y a là une horrible découverte, celle de la chair qu’on ne voit jamais, le fond des choses, l’envers de la face, du visage, les secrétats par excellence, la chair dont tout sort, au plus profond même du mystère, la chair en tant qu’elle est souffrante, qu’elle est informe, que sa forme par soi-même est quelque chose qui provoque l’angoisse. Vision d’angoisse, identification d’angoisse, dernière révélation du tu es ceci – Tu es ceci, qui est le plus loin de toi, ceci qui est le plus informe. »11 Eso es lo que somos: lo más lejano a nosotros, lo más informe: lo profundo del cuerpo, el envés del rostro, lo indecible, lo irrepresentable. Sade también se ha asomado, antes que Freud, a esa boca-abismo. Y nos cuenta lo que ve. Lo que podríamos llamar la parresía sadiana, es decir, el ansia de decirlo todo, le obliga a decir también lo indecible del cuerpo: lo que desdice al cuerpo. Sade nos enfrenta así a nuestras vísceras. Por eso es tan angustioso leerlo: Sade desnuda al cuerpo de sus velos imaginarios. Desnuda al cuerpo de sí mismo. En un cuento de Alphonse Allais evocado por André Breton, una bailarina se va desnudando velo a velo mientras baila para el sultán. Cuando queda finalmente despojada de toda su ropa, el sultán hace un gesto para que siga desnudándose y entonces su gran visir ordena que le arranquen la piel. 12 Esa bailarina desollada, desnudada de sí, es el cuerpo sadiano por excelencia. Lacan, en el texto antes citado, habla de “l’envers de la face” lo que hay detrás de la cara, su anverso. En el Cabinet des Estampes se conserva un boceto al natural de las cabezas cortadas y pinchadas en picas, tras la toma de la Bastilla, del Marqués de Launay, gobernador de la Bastilla, de Foulon, consejero de Estado y de Berthier de Sauvigny, intendente de Paris.13 Lo más [9] S. FReuD, La interpretación de los sueños, cap. II, en S. FReuD, Obras completas, Madrid, Biblioteca Nueva, 1981, t. I, p. 412. [10] Ib. [11] Lacan, Le Séminaire. Livre II, p. 186. [12] a. BReton, Manifiestos del surrealismo, Madrid, Visor Libros, 2009, p. 200. [13] Sobre estos personajes y su terrible destino durante los días 14 y 22 de julio de 1789 véase J. micHeLet, Historia de la Revolución Francesa, lib. I, cap. VII y lib. II, cap. II, Barcelona, Ed. De los Amigos del Círculo del Bibliófilo, 1982, t. I, pp. 155-156 y 184-191.
Thémata. Revista de Filosofía Nº 46 (2012 - Segundo semestre) pp.: 465-480. Sade, cinco modos de negar el cuerpo – 469 – espeluznante es la cabeza sin cara de Berthier de Sauvigny. Un rostro sin rostro, el “envés de la cara”, masa sanguinolenta, colgajo irreconocible. Dibujos hechos por Girodet al natural de Launay, Foulon, y Berthier de Sauvigny tras la toma de la Bastilla Sade nos ha invitado a asomarnos, por primera vez en la literatura, a ese rostro de lo sin rostro, al envés de la piel, a las entrañas. El cuerpo sadiano, al igual que el de la Venus anatómica que Clemente Susini modeló entre 1781 y 1782, no sólo es el de una diosa dormida sino también, y sobre todo, el de una mujer destripada.14 Bajo las manos del libertino el telón del cuerpo se abre. Lo interior se exterioriza. El horror emerge anulando la belleza de la que es condición y límite.15 [14] Véase g. DiDi-HuBeRman, Venus rajada, Buenos Aires, Losada, 2005, pp. 124 ss. [15] Véase e. tRíaS, Lo bello y lo siniestro, Barcelona, Seix Barral, 1982.
Jesús Ezquerra Gómez Thémata. Revista de Filosofía Nº 46 (2012 - Segundo semestre) pp.: 465-480. – 470 – Venus anatómica de C. Susini (1781-1782) Este cuerpo abierto ya no es cuerpo: es dispersión heterogénea de partes sin unidad. Colección de vísceras colgando o ensartadas en palos. Es diversidad: diferencia indiferenciada, sin identidad.16 Es multitud disgregada, masa sin forma, carne sin eîdos. [16] Así define Hegel la diversidad (Verschiedenheit) en su Wissenschaft der Logik (1813), g.W.F. HegeL, Gesammelte Werke, ed. crítica de la Rheinisch-Westfälischen Akademie der Wissenschaften en colaboración con la Deutschen Forschungsgemeinschaft, Hamburgo, Felix Meiner, 1968 y ss., t. XI, pp. 267 ss.
Thémata. Revista de Filosofía Nº 46 (2012 - Segundo semestre) pp.: 465-480. Sade, cinco modos de negar el cuerpo – 471 – Las entrañas fueron el primer laberinto al que se enfrentó el hombre.17 Un lugar donde perderse. Un perdedero. Tal vez por eso es la imagen del inframundo. “Palacio de las vísceras” (êkal tirâni) llamaban los antiguos babilonios al infierno. El rostro del demonio Humbaba (o Huwawa), enemigo de Gilgamesh, es una masa de intestinos (véase ilustración). Su rostro es el rostro de lo sin rostro. El envés de la cara. Laberinto donde el yo se pierde definitivamente. Rostro de Humbaba. Terracota de Sippar 1800-1600 a.C. (Museo Británico) 3. La foudre Decir “cuerpo” en Sade es decir “sexo”. Todo en el cuerpo sadiano es sexo. Podríamos decir que la sexualidad en el divino Marqués más que polimorfa como en Freud, es pantomorfa. ¿Es necesario añadir que ese sexo es, además, perverso? No está, en efecto, enderezado a la reproducción sino a la destrucción. [17] K. KeRényi, En el laberinto, Madrid, Siruela, 2006, pp. 52 ss.
Jesús Ezquerra Gómez Thémata. Revista de Filosofía Nº 46 (2012 - Segundo semestre) pp.: 465-480. – 472 – Un ejemplo conspicuo de ese pansexualismo sadiano es el rayo (la foudre) que atraviesa el cuerpo Justine invirtiéndola. Esto acontece al final de la Histoire de Juliette, cuando Mme de Lorsange (Juliette), rodeada de sus amigos libertinos, decide el destino de su hermana Justine: “Un orage horrible se forme, livrons cette créature à la foudre ; je me convertis, si elle la respecte. –A merveille, s’écria tout le monde! –Voilà une idée que j’aime à la folie, dit Mme Lorsange, ne balançons pas à l’exécuter ».18 La naturaleza no duda en secundar su deseo: “l’éclair brille, les vents sifflent, le feu du ciel agite les nues ; il les ébranle d’une manière horrible ; on eût dit que la nature, ennuyée de ses ouvrages, fut prête à confondre tous les éléments, pour les contraindre à des formes nouvelles”.19 El verbo “ébranler” que usa aquí Sade para describir la acción que ejerce el relámpago con las nubes, evoca el que usa siempre Sade para referirse a la masturbación (branler). De hecho aparece un poco más adelante para describir la que Juliette, excitada, lleva a cabo ante las actividades necrófilas de sus amigos: “l’execrable Juliette se branle, en les voyant faire [es decir, viéndoles sodomizar el cadáver de Justine]”.20 El “fuego del cielo” masturba las nubes hasta la eyaculación: el rayo. Hagamos notar, además, la homofonía de los vocablos “foudre” (rayo) y “foutre” (joder). Es el orgasmo de la naturaleza, por lo tanto, el que mata a Justine. [18] SaDe, Histoire de Juliette, en Œuvres, t. III, p. 1258. [19] Ib., pp. 1258-1259. [20] Ib., p. 1259. El subrayado es mío.
Thémata. Revista de Filosofía Nº 46 (2012 - Segundo semestre) pp.: 465-480. Sade, cinco modos de negar el cuerpo – 473 – Frontispicio e ilustración del final de Justine ou les Malheurs de la vertu Los cuatro libertinos dejan afuera, a merced de la tormenta, a su víctima y esperan regocijados tras la ventana a que se consume la violación. En efecto, apenas llega Justine al gran camino que bordea el castillo “un éclat de foudre la renverse, en la traversant de part en part”.21 Lo que hace el rayo, al atravesar de parte a parte a Justine, es la renverser; es decir, invertirla. Asistimos, en efecto, a una inversión de lo que ella representa. Como escribe Philippe Roger, “lo que dice el trazo de fuego, es el discurso del cuerpo sexuado”.22 El rayo convierte a la virtuosa Justine en un sexo violado. Hipersexualiza así a la asexual Justine. Con ello, paradójicamente, la descorporeíza, la convierte en cenizas.23 El que esta hipersexualización se haga al precio de su muerte muestra a las claras que el sexo en Sade está, en última instancia, del lado de la muerte y de la nada. El cuerpo se convierte en puro sexo, aniquilándose. Como dice Mme de Lorsange en el episodio paralelo de Justine ou les Malheurs de la vertu (1791) ante el cadáver de Thérèse atravesada por el rayo: [21] Ib., p. 1259. [22] PH. RogeR, Sade. La philosophie dans le pressoir, Paris, Grasset, 1976, p. 154. [23] SaDe, Histoire de Juliette, en Œuvres, t. III, p. 1259.
Jesús Ezquerra Gómez Thémata. Revista de Filosofía Nº 46 (2012 - Segundo semestre) pp.: 465-480. – 480 – gramatical. Los signos que el acto amoroso construye y destruye están vacíos. Es la nada haciendo el amor. * * * La acción aniquiladora del libertino sadiano es una búsqueda de la libertad. Una libertad que sólo se reconoce en la nada. Esta nada anuncia un nuevo personaje que ocupará la escena filosófica europea durante todo el siglo diecinueve: el espíritu (Geist). “Ich bin der Geist der stets verneint!”41 podría exclamar como Mefistófeles el libertino sadiano. La esencia del espíritu, como escribe Hegel, es la libertad (Freiheit) entendida como “la absoluta negatividad del concepto en tanto que identidad consigo mismo.”42 En esa libertad que no es sino “la forma suprema de la nada para sí”43 ve Hegel lo propio del espíritu. El espíritu no puede ser sino negación. Negación de la naturaleza, pero sobre todo, negación de sí. En ese acto autonegador reconocerá el idealismo lo humano del hombre. “L’échafaud même serait pour moi le trône des voluptés; j’y braverais la mort, et déchargerais en jouissant du plaisir d’expirer victime de mes forfaits, et d’en effrayer un jour l’univers.”44 Estas sobrecogedoras palabras de Olympe, nos muestran que sólo la nada da la medida del desmedido placer que busca el libertino. La propia muerte, en un acto extremo de libertinaje, no destruye al libertino: lo define. Es la culminación de su libertad. Esa nada que lo crea en el mismo punto en que lo desposee de sí, es, en rigor, el espíritu. [41] J.W. GOETHE, Faust I, v. 1338: Id., Gedenkausgabe (ed. Emst Beuder), Artemis-Verlag. Zurich, 1950, t. V, p. 184. [42] “Das Wesen des Geistes ist deswegen formell die Freiheit, die absolute Negativität des Begriffes als Identität mit sich.”, HegeL, Enzyklopädie § 382, en HegeL, Gesammelte Werke, t. XX, p. 382. [43] “Die höchste Form des Nichts für sich wäre die Freiheit“, ib. § 87, t. XX, p. 124. [44] SaDe, Histoire de Juliette, en Œuvres, t. III, p. 775.
