Algunas reflexiones sobre la trayectoria de la enseñanza de las Ciencias Sociales en las últimas décadas
Abstract
Se reflexiona sobre la trayectoria de la enseñanza de las Ciencias Sociales en las últimas décadas, abordando algunos problemas relevantes: la identidad del profesorado, el conocimiento escolar y la metodología de enseñanza, teniendo como referencia una perspectiva de mejora de la educación. Al hilo de esta reflexión se plantean algunas cuestiones de debate y se presenta como opción deseable un modelo didáctico de trabajo en torno a problemas sociales y ambientales relevantes.
Full text
CEP Cór dob a
Cór doba
nº 14
Año
201 7
ISSN: 169 7-97 45
Depósito le gal: CO -113 9/20 09
R evista Digital de Educación y F or mación del P r ofesorado
Artículo s
R eseñas
Entr evistas
Experiencias
Monográfi co
LA ESCUELA EN
PERSP ECTIV A
HISTÓ RICA
eCO. Revista Di gital de Educac ión y Formac ión del Prof esorado. Nº 14, 2017.
ISSN 1697-9 745
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¿Qué es e-CO?
e-CO es una rev ista digital sobre educació n y formación del profesorado que
edita el Cen tr o del Profesorado de Córdo ba d esde ener o de 2 005. Desde el 20 08
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Coordinación del monográfico
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A sesorías c olaboradoras
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SUMARIO
EDITORIAL ........................................................................................................ 6
A RTÍCULOS ...................................................................................................... 9
FACTORES A TENE R PRES ENTES EN LAS ACTIVIDAD ES PAR A LA P RÁCTICA
Y EVALU ACIÓN DE LA S DES TREZAS ORALE S . Juan Carlos A raujo Portugal .. 10
ELABORA CIÓN DE LA UN IDAD DIDÁ CTICA IN TEGRAD A PARA LA CLASE DE
RELIGIÓN. José A ntonio Fernández Martín ............................................................... 30
APRE NDIZAJE Y COMPROM ISO CON LA COM UNIDAD . HACIA LA
CONCIEN CIACIÓN DE LOS ES TUDIAN TES DE ED UCAC IÓN SOCIAL DE LA
UNIVER SIDAD DE CÓRDOBA . Mª del Carmen Gil del P ino. .................................... 43
POSIBILIDA DES DID ÁCTICAS DEL RELA TO RELIG IOSO. C ON UNA
APLICAC IÓN PARA EL A ULA . Miguel Gómez Muñoz ................................................ 52
LA EDU CACIÓN EN LA CRE ATIVIDAD A TRAV ÉS DE LA M Ú SICA. A na María
Gutiérrez Martínez ................................................................................................ .............. 70
DIAGNÓS TICO DE LA PER CEPC IÓN DEL ALUM NADO (3- 12 AÑOS) D E UN
CENTRO EDU CA TIVO DE LUCENA (CÓRDOB A, ESPAÑA ) SOBRE LA
PARTICIPACI ÓN DE LA FAM ILIA EN LAS TAREAS DEL HOGAR. Víctor Pablo
Pardo A rquero ..................................................................................................................... 80
LA TRANSIC IÓN ES PAÑOLA, UN A PR OPUESTA D IDÁCTICA . Ra fael Gon zález
Requena .............................................................................................................................. 108
EL PAPE L DE LA F ORMAC IÓN DEL PR OFESOR ADO EN EL PLAN
ESTRA TÉGICO DE DESAR ROLLO DE LAS LE NGUA S EN AND ALUC ÍA.
HORIZON TE 2020. Bea triz Ma rtínez Serrano ............................................................ 121
EXPERIENCI A S EDU CA TIV A S .................................................................... 129
IMP LEMENTACIÓN DE U NA AGEN DA ESC OLAR COLABORA T IV A CO N
GOOGLE CALE NDA R. PR OYECTO Y TU TORIAL. Federico A bad Ruiz .............. 1 31
RECORD AND O A LORCA EN LAS PALM ER AS . A zahara A ré valo Galán ............ 166
PROGRAM A ER AMUS + EN EL CEP D E CÓRD OBA (ACCIÓN CLAVE 1):
DESTREZA S FORM ATIVAS BÁSICAS PARA UN A ESCU ELA DE LA SOCIEDAD
DEL CONOC IM IENTO . T rinidad Jerez Montoya ........................................................ 180
MATEM ÁTICAS... VAM OS A JUGAR. Rafael Li narres Garc ía. . ............................. 188
PROYEC TOS ERAM U S +: UNA VÍA PARA LA ME JORA DE LA EDU CAC IÓN .
María Isidora López-Cóza r A guilar .............................................................................. 1 94
PROGRAM A ER AMUS + EN IES AN TONIO GALÁ N ACOSTA (ACCIÓN CLAV E 1):
LA IM AGEN EN EL AP REND IZAJE: UNA VIS IÓN IN TEGRADORA. Món ica Luque
Fernández y Manuel García C ruz ................................................................................. 2 00
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CIENCIA Y C ONVIVE NCIA: UNA INTER DEPA RT AM EN TAL E INOLVID ABLE
AVEN TURA POR ALM ER ÍA . Sonia Mon calvillo C oracho y José R. Ped raza
Serrano ................................................................................................................................ 20 5
NUES TROS CUENTOS PRE FERIDOS PAR A EL DÍA DEL L IBRO EN ED UCA CIÓN
INFANTIL Belén Rodr ígue z Jerónimo y Lourdes Morales López ........................ 2 31
PROGRAM A ER ASMUS+: PROYE CTO KA 219. CR OSS-CURRICULA R
APPR OACHES TO MATHEM ATICS AND SC IEN CES IN F ORM AL AND INFORM AL
CONTEX TS . A lberto Segovia A lonso .......................................................................... 245
MONOGRÁ FICO: L A ESCUEL A E N PERSPECTIVA HISTÓRICA .............. 250
UNA NU EVA M IRADA A LA HISTORIA DE LA E DU CACIÓN A TRAVÉS DE LOS
MUS EOS PEDA GÓGICOS UNIVE RSITARI OS. Pablo Á l varez Domíng uez ......... 252
ILUM INAR LAS SOMB RAS Y ESCU CHAR LOS SILEN CIOS . Pilar Ballar ín
Domingo ............................................................................................................................. 26 7
ALGUNAS REFLEXION ES SOBR E LA TRAY ECTORIA DE LA EN SEÑAN ZA DE
LAS CIEN CIAS SOC IALE S EN LAS Ú LTIMAS DÉ CADA S . Francisco F. García
Pérez .................................................................................................................................... 280
POR TERRENOS LA BR AN TÍO S : LAS M ISI ONES P EDA GÓ GIC AS DE LA
SE GUND A REPÚ BLICA . Jav ie r Gimeno Perelló ...................................................... 2 93
EVOLUCIÓN DE LA DID ÁCTICA DE LA EDUC ACIÓN FÍSIC A . Raúl Lan da
Nav arro ................................................................................................................................ 33 8
EL M AESTRO Y LA PE DAGO GÍA SUPLA NTADA DE L FRANQUISM O D E LA
POSGUERR A. APUN TES DES DE LA LITERA T URA . Ramón López Mart ín ........ 3 48
PEDR O SALINAS, O MEDITACI ÓN SOBRE EL SE NTIDO DE LA EDUC ACIÓN
UNIVER SITARIA. Leon or María Martínez Serrano ................................................... 368
NOTICIAS DE LOS CE NTROS DE COLAB ORACIÓN PEDAGÓG ICA EN EL
ARCH IVO DEL IES SA NTA CA TALINA DE SIENA DE CÓRDOBA . CURSO
1965/1966. A na Moreno Moreno ................................................................................... 3 76
POR UNA ES CUE LA PARA LA VIDA Y LA FELIC IDAD DE LA S PERSON AS.
Francisco O lvera Lópe z .................................................................................................. 401
LAS ESC UELA S DEL CAM PO DE LA VER DAD : UN INTEN TO DE ME JORAR LA
EDUC ACIÓN CORDOB ES A. Manue l A . García Parody ................................ ........... 413
DE YÁS NAIA POLIANA A CAS TRO DEL RÍO . A PUNTES D E ESCU ELAS
LIBERTARIAS . Raúl Ru ano Be llido .............................................................................. 4 30
LOS MOVIM I ENTOS DE RE NOVACIÓN PEDA GÓGICA. UN M ODELO DE
FORM ACIÓN DEL PR OFES ORADO C OMP ROMETIDO EN LA DEFE NSA DE LA
ESCU ELA PÚ BLICA. Blas Segovia A guilar . ........................................................... 4 50
CARM EN DE MICHELEN A (MA DRID 1914-BEAS DE SEGURA 2012) . Rosa Mª.
Solano Fernánde z y Beatriz T oledo Mar ín) ................................................................ 469
JOSÉ M ARÍA REY DÍAZ.(1891 -1963). UN PED A GOGO CORD OBÉS. Manu el
Toribio Garc ía. ................................................................................................................... 478
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ENTREVIST A ................................................................................................ . 511
RETA Z OS DE TIEMPO, NOSTA LGIA Y SOLEDA D . ................................................. 512
E N T R E V I S T A A R A F A E L R U I Z S E R R A N O . Leonor Martínez Serrano ................ 512
RESEÑA ................................................................ ........................................ 520
A R A NDA A G UILAR , José Carlos. Cómo habl ar en público . Córdoba : Ber enice,
2015. ISBN : 978- 84 -15441- 78 -6 . Beatr iz Martín ez Serrano ..................................... 521
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EDITORIAL
Es necesario tomar com o objeto constante de
reflexión la relación nueva que pued e y debe ser
instaurada entre lo que es necesario mantener
del pasado y la adaptación, no m enos necesaria,
al futuro .
Pierre Bourdieu
La educación como f en ómeno social, cultural, político o inclu so, económico, está
dotado de un a complejidad t al q ue no p uede ser abarcado desde una única
perspectiva d e análisis. Se impone la perspectiva multidisciplinar y en este
sentido, la Historia, en general, y la Historia d e la Ed ucación, en particular, tienen,
sin duda, u na papel fundamental. En una é poca de cambios inces antes, e n la
que no se tiene muy claro hacia dónde nos dirigimos, echar la vista atrás nos
puede ayudar a e x plicar la realidad d el tiempo presente y, má s aún, aclarar el
incierto futuro. Se trata, en palabras de Paulo Freire, de repensar lo pensado.
Conocer los discurso s pedagógicos históricos, la ev olución de las políticas
educativas en nuestro en torno, las técnicas y méto dos pue stos en práctica en
anteriores etapas, l as soluciones aplica das a los problemas ed ucativos
planteados o, sencillamente, conocer cómo fu eron y cómo llevaron a cabo su
labor los m aestros y ma estras en otros momentos del pasado más o menos
reciente, son a spectos esenciales por los que nos deberíamos interesar como
profesionales de la enseñanza.
En este nuevo número de la revista eCO hemos creído oportun o dedicar el
monográfico correspondiente a la Ed ucació n en perspectiva histórica , esto es,
realizar nuestra modesta aportación a e sa necesaria ref l exión intelectual sobre
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el pasado de la educación en n uestro pa ís. Que remos agradecer since ramente
el e s fuerzo que han realiz ado todas las colaboradoras y colaboradores que han
respondido afirmativamente a nuestra propu esta.
A la hora de con feccionar el monográfico, quisimos realiz ar un planteamiento lo
más completo e inclu sivo posible, p artiendo de lo loca l, desde Córdoba, para
llegar a una esca la lo más a mplia posible. De igual fo r ma con lo temporal: int entar
recabar aportaciones desde los albo res d el siglo X X h asta lo más reciente.
Vamos a poder leer algunas aportaciones relacionadas co n la educación
libertaria en municipios cordobeses o la labor de personajes significativos e n la
historia de Córdoba relacionados con la educación (el a rquitec to Azorín Izquierdo
o el pedagogo Rey Díaz), las misiones pedagógicas de la Segunda República;
la p edagogí a suplantada de los maestros del primer franquismo, la du ra
posguerra, la labor durante e l etapa f inal de la dictad ura de alguna institución
relacionada con la formación del p ro fe so rado, o la labor crucial d e lo s
Movimientos de Renov ación pedagógi ca, duran te el período de la T ransició n
democrática.
También he mos indagado en aspectos concr etos relacio nados con la educación
de las mujeres, la ev olución de las Ciencias Sociales o de la Educación Física o
la labor de los Museos Pe dagógicos e n cuant o a la f ormación histórico-educativa
del profesorado y de la memoria histórica de la educación.
Finalmente, encontraremos también d os a portaciones s ubjetiv as, la primera
sobre una maestra precursora, que simboliz a el abnegado trabajo de las
maestras durante la la rga y oscu ra dictadura, en lucha perm anente contra las
resistencias impuestas por el rég imen, y e n segundo l ugar, el testimonio personal
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de un protagonista de esos momentos cruciales, de aspiracio nes de cambio, qu e
se d esarrollaron en lo s p rimeros mom entos de nuestra joven y aún vacilante
democracia.
No hemos pretendido b uscar n arrativ as sumamente complejas ni subjetivismos
exacerbados, sino tan sólo proporcionar algunas ideas sobre temas que no
suelen tratarse habitualmente e n la lit eratura especiali zada y que sirvan, a través
de una lectura atenta y crítica, a la formación del profesorado. Sin embargo, no
hemos aspirado a a barcar tanto -decía e l m achadiano maestro Ju an de Maire na -
que aprendamos tantas cosa s que no te ngamos tiempo de pensar en ningun a
de ellas.
A todas las personas que han colaborado en e s te número queremos dar las
gracias por creer en la necesidad d e di fundir las experiencias e ducativ as que se
realizan en l as aulas, l as reflexiones e ideas q ue nos ha cen avanzar y en gene ral,
intentar contribuir a la mejora de nuestro sistema e ducativ o para que se a prenda
en un futuro de su inmenso pasado.
José Moraga Campos
Director de la revista eCO
Asesor de Secundaria del CEP de Córdoba
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Respecto a lo que se pe rsigue con la mism a, se corresponde al objetivo
específico de la comprensión auditiv a que dicho currículo fo rmula del siguiente
modo: “identi ficar las intenciones comunicativas, la inf ormación esencial, los
puntos principales y los detalles relevantes de interv enciones, debates,
conferencias, instrucciones y n arraciones, sobre temas gener ales o de s u
especialidad, en registro estándar, emitidos de forma clara y con posibilidad de
alguna aclaración” (p. 194).
Está estructurada en tres fase s (pre -escucha, e sc ucha y post -escucha), que
suele ser lo habitual e n las actividades d e comprensión a uditiva, con
independencia del tipo de tarea que se incluy an (Talaván, 2010 ). Com o señala
esta autora, la fase d e pre -escucha busca crear expectativas. Las tareas de la
fase de esc ucha propiamente dicha buscan mantener la atención del a lumno así
como rela cionar el te xto con las expectativ as. Por últim o, las ta reas de la f ase
post-escucha (que pueden estar relacionadas con las actividades de las f ases
anteriores, siendo preferible que así sea) tienen por objeto poder transferir ese
aprendizaje a otros contextos o destrez as.
Talaván (2010) también hace referencia a tres fa ctores fu ndamentales en el
proceso de escu cha: los interlocu tores, el tex to y la situación. Por su p arte W eir
(2005) establece seis variables relativas a los interloc utores que pueden facili tar
o dificultar la comprensión, entre las que se pueden destacar:
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1. La velocidad del discurso: cuanto m ás rápido sea este, más difícil de
comprender.
2. La variedad de a cent o: cuanto má s m arcado, reg ional o d esconocido, más
complicado será de comprender el te xto, algo que corrobora Buck (2001).
3. El número de hablante s: cuantos menos haya, menor di ficultad.
4. La facilidad para poder distinguir los hablantes. Si to dos son h ombres o
mujeres, será más difícil distinguir sus intervenciones.
Como se ha indicado, se ac onseja oír el texto dos veces. De este modo la tarea
resultará m ucho más fá cil (Berne, 1995; Cerv antes & Gainer, 1992). Al m ism o
tiempo ayudará a reducir e l ni vel de estrés al que se ven sometidos los alumnos,
puesto que al escucharlo tan so lo una vez, est e aumenta de f orma inn ecesaria
en los estudiantes (Buck, 2001).
Dado que lo que se necesita pa ra comprender u n texto oral es el tip o de
conocimiento que se a ctiva en un momento dete r minado y que ayuda a
comprender el texto (Rost, 2 002), en la fase de pre -escucha, se introducirá la
situación y se preguntará a los alumnos si a l go parecido les ha sucedido alguna
vez, así como qué tipo de problemas o cambios respecto al a nuncio cabría
esperar.
De esta fo rma se e star á activando la “atenció n se lectiv a” a la qu e hace referencia
Rost (2002), que permite a los alumnos centrarse en lo que están escuchando,
anulando de ese modo cualquier otro detalle q ue pueda servir de distracción.
Lynch (1996) señala que cuanto más se sepa sobre un tema, m enos hay que
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depender de la lengua que se utilice para com prender el mensaje q ue se quiere
transmitir.
Se consid era q ue textos orales que duren más d e tres minutos consiguen que el
esfuerzo por man tener la atención sobrecargue la memo ria a corto plazo
(Cornaire, 1998), m otivo por el q ue se reco mienda no sobrep asar d ic ha duración.
Esa es la razón por la q ue se ha f ijado que l a conversación dure tre s minutos.
A la hora de d ecidir la tarea a realizar du rante la fase de escucha propiamente
dicha, se h a te nido en cuenta lo que s eñala Rost (2 002) respecto a las
estrategias específicas para desarrollar la comprensión auditiva: predecir, inferir,
monitorizar, aclarar, responder y ev aluar. Asimismo se ha tenido presente lo que
Ur (19 84:25) m ani fiesta respecto a la nec esidad de rea liz ar a ct ividades de
comprensión centradas en u na tarea concreta para que los alumno s interactúen
de forma organizada según lo que oyen, y comp rueben p or ellos mismo s d e un
modo efectivo lo que han comprendido.
Con el ejercicio de v erdadero o f also, e l objetiv o q u e se persigue e s que los
estudiantes presten atención a l d etalle, y al compa rar las respuestas con un
compañero, p odrán decidir si f inalmente m antienen sus respuestas o las
modifican. La fo rma de la actividad debe ser l o más s encilla posible p ara que los
estudiantes se centren en escuchar el texto y no tengan que dedicar mucho
tiempo a entender lo que tienen que hacer ( Talaván, 2010).
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Como post -t area se ha optado por la c arta o correo electrónico de queja para
integrar u n objetivo n o lingüístico, además d el lingüístico h abitual en las clases
de idiomas, para q ue l os alu mnos perciban l a utilidad práctica de las activ idades
realizadas durante las tres fases de la actividad y las p uedan ex trapolar a l a v id a
real. Además, es un ejemplo de prueba comunicativa q ue se podría haber
empleado también en la fa se de escucha propiamente dicha (Rost, 2002). Po r
ser una tarea comunicativ a y au téntica, permitirá una mejor valoración de la
competencia real del alumno ( W eir, 2005).
Como se ha señalado, se p er mitirá a los es tudiantes tomar notas mientras
escuchan el texto. Rost (2002) señala que la comprensión auditiva comparte
algunas características con otras de str ezas de comprensión e inferencia, entr e
las que se puede incluir la co mprensión de lectura. Según este autor un a forma
muy habitual de esc ucha selectiv a consiste en tomar apuntes mientras se
escucha. En o pinión de Flowerdew (1994) esta es una macro -destreza mu y
importante a la hora de oír con ferencias o clases, y se considera que int eractú a
con la comprensión de le ctu ra, la expresión escrita y la expresión o ral. En la
actividad p ropu esta las n otas p ueden serv ir de ayuda para la rea li zación de la
actividad de la fase d e post-escucha. Tanto esta part e, como la de p re -escucha,
representan una integración de la destreza de comprensión a uditiva con el rest o
de destrezas lingüísticas. Como se ñala Berl o (1960) el objetivo d e todo acto
comunicativo es influir sobre alguien para conseg uir algo.
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A CTIVID A D DE EXPRESIÓN OR A L PROP UEST A
La actividad c onsiste e n lo sig uiente: dos ami gos q ue van siem pre de vacaciones
juntos quedan para tomar algo y d ecidir sobre las vacacion es de este verano.
Sin embargo, la situación pe rsonal de cada uno d e e llos ha variado en relación
a otros años y e sto les obligará a introducir alguno s cambi os con respecto a lo
que venían haciendo hasta ahora: la duración de las vacaciones, e l destino
elegido, etc. El alumno A quiere que esta s sean m ás c ortas ( más o menos la
mitad que o tr os año s). E l alumno B también no de sea gastar m uch o dinero, y le
gustaría tener unas vacaciones más cortas y en un d estino barat o. Su amigo no
sabe nada de la situación en su empresa porq ue ante s de comentárselo querí a
tener la certeza de qué iba a suceder.
Una vez fina liz ada la activ idad, para la q ue se les dejará de tres a cinco min utos
de preparación ind iv idual, los alumnos tendrán que r eflexionar con su compañero
sobre el aspecto al que han prestado má s atención mientras la realiz aban , es
decir, a desarrollar la tarea o a que las es tructuras y el vocabulario que utilizaban
fuesen correctos. A continuación, el c ompañero intentará recordar las
expresiones que ha usado la otra persona a la hora de tra nsmiti r las ideas
principales y a l mismo tiempo, e ntre ambos tratarán de reflexionar sobre si se
podría haber empleado alg una otra fórmula o forma alternativ a que expresara el
mensaje de u n mod o más exacto, concreto, conciso, o fuese más breve, directo,
etc.
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JUSTIFICACIÓN DE LA ACTIVID A D DE EXPRESIÓN OR A L
Engloba el aspe c to sociocultural y tema de viajes que se recoge en e l curr ículo
del nivel intermedio para la enseñan za especializada de idiomas en la
Comunidad Autónoma de Castilla y León (Decreto 59/2007). Resp ecto a lo que
se persigue con la m is ma, se corresponde al objetivo específico de la expresión
oral que dicho c urrí culo f ormula del siguiente m odo: “expresarse c on adecuación,
eficacia, razonable f luidez, p recisión y corrección en una amp l ia gama de
situaciones y tem as, narrando aconte ci mientos, describiendo experiencias y
sentimientos y transmitiendo información, prese ntand o un tema conocido y
justificando las propias opiniones” (p. 194).
La activ idad de expresión oral propue sta en este artí culo está dividida en dos
partes claramente diferenciables, y no va dirigida a e valuar la actuación de los
alumnos pa r a s u promoción a otro curso o nivel sup erior, o a la ob tención de un
certificado o cua li ficación que les abra las puertas a distintas oportu nidades, tal
y como hacen los exámenes que menciona Hughes (2011).
Las partes d e comprensión auditiva y comp rensión de lectura de l os exámenes
oficiales suelen optar p or formas tradicionales de ev aluación de esas destr ezas,
tales como ejercicios de respuesta de elección múltiple, verdadero o falso, etc.
Sin embargo, e n el caso de las partes de expresión oral y expresión escrita, se
suelen inclu ir ejercicios en los que hay que rea liz ar una serie d e tareas y se
califican por medio de rúbricas (Abedi, 2010).
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En la a ctualidad, existe la n ecesidad de desarrollar mejores estrategias para
evaluar la e x presión o ral, tal y co mo señala Cañete Outeiral (2014). Esta a utor a
manifiesta que los doc entes pueden ayudar a los e studiantes a que se ha ga n
responsables de su proceso de a prendiz aje al mismo tiempo que les informan
sobre lo que se espera de ellos a la hora d e expresarse de forma oral.
La a ctiv idad d e expresión oral propuesta en el artículo inten ta en primer lugar
presentar una situación e n la que los alumnos se vean o bligados a emplear la
lengua f uera del contexto académico, tal y com o indica Luoma (200 4), para
simular o intentar reproducir una situación habitual e n la vida. Al mism o tiempo,
puesto que tan solo se les pide que s e pong an de acuerdo, permite que los
estudiantes d emuestren que dominan las d estrez as ling üísticas necesarias par a
emplear la lengua meta con el fin de conseguir un o bjetivo concreto.
Para d otarle de may or autenticidad, y que la activ idad no se co nvierta en un me ro
intercambio o enumeración de ideas e información que compa rten ambos
alumnos, se incluye un “vacío de información” (los cambios en la situa ci ón
personal de cada a lumno q ue d esconoce el otro), porq ue tal y como dice
Kremers (2000), los participantes en una situ ación comunicativa real nunca
disponen de la misma información cuando comienzan una conversa ción.
Si los alumnos se ven inmersos en actividades en las que se v ean obligados a
intercambiar información desconocida, es más probable que se produzca una
comunicación más auténtica en un aula de idiomas (Jondeya, 2011). Al mismo
tiempo, estas actividades facilitan la adquisición de la lengua meta (Doughty &
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Pi ca, 1986). E ste tip o d e activ idades ca da v ez go zan de may or aceptación y son
altamente recomendables para el aprendiz aje de u na lengua e x tranjera
(Jondeya, 2011). Son e fe ctivas porque todo e l mundo ti ene la o portunidad de
hablar ampliamente en la lengua meta (Af riz al, 2015; Kayi, 2006).
Autores como Harmer (1991 ), Hess (2001), Lee & Va nPatten (2003) y Li (2005)
que señalan varias ventajas de este tipo de actividades frente a otras más
tradicionales:
Sirven de estímulo para la producción oral.
Se pueden ad aptar a estud i antes d e diferentes niveles, desde alumnos
principiantes a estudiantes de niv eles avanzados.
No solo resultan útiles en la f ase de producción sino también en la de
recepción.
Promueven un estilo de aprendizaje autóno mo por parte de los alumno s.
Proporcionan a los estudiantes un motivo por el que participar.
Hacen que los alumnos tengan una raz ón pa ra entender lo que les dicen .
Propician la formación de un sentimiento de cohesión del grupo, así como
una necesidad de comunicación y coo peración, puesto que cada
estudiante depende de los demás para poder finaliz ar la tarea.
Este tip o de actividades pueden d esarrollar otras microdestrez as como
clarificación de lo que se quiere decir, parafrasear, negociación de significad os,
resolución de problemas, recopilación de información y to ma de decisiones (Son,
2009). Por lo que se r efiere al profesor, este tan solo tie ne que explicar en qu é
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consiste la ac tividad y repasar el vocabulario que se p recisa para llevarla a cabo.
A partir de e se momento se deja s olos a los alumno s para que la d esarr ollen
(Afrizal, 2015).
Es importante que los e studiantes sean conscientes de que las conversaciones
habituales, tal y como de talla Hughes (2011), norma l mente son “incorrectas” en
lo que se refiere a los criterios de ev aluación empleado s en dicho tipo de
exámenes, pero precisamente el que tengan ese carácter hace que se an el
medio idóneo p ara alcanz ar el objetiv o que se pretende, y por tanto los alumnos
tienen que se r capaces de m anejar de f orma efectiva todos los mecani smos y
elementos que in terv ienen en l a comu nicación oral ( fa lsos comienzos,
autocorrecciones, o raciones incompletas, muletillas, etc.) y de ese modo
conseguir un objetivo y especialmente la competencia comunicativ a a la que se
refiere Luoma (2004).
La segunda parte de la actividad de ex presión or al propuesta, q ue lo s
estudiantes reflex ionen sobre las expresiones y f órmulas empleadas así co mo
sobre posibles alternativas, tiene que v er con lo que señala Luoma (2004)
respecto a que los e studiantes tienen que ser capaces de se lecci onar lo qu e
mejor se adapte a cad a situación de entre los conocimientos que poseen de la
lengua a nivel gramatical, léxico, m orfológico, etc. Esta es un a tarea difícil p ara
un h ablante nativo y mucho más para uno que no lo es, p or lo que intentar
hacerles re flexionar so bre ello puede resultarles ú til cuando teng an que
demostrar su capacidad para expresarse de forma o ral en un contexto fo rmal
que suponga un mayor niv el de e strés, co mo es realizar un examen oficial.
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Para llev ar a cabo esta segunda pa rte de la activ idad, se p uede hacer uso de la s
siguientes técnicas o e strategias que se inclu yen dentro del aprendizaje
colaborativo (Azlina & Nik, 2 010): el debate, y la técnica de piensa, júntate y
comparte o think-pair-share . Esta técnica (Ly man, 1981, 1987) promueve el
aprendizaje de los e s tudiantes a tra v és de tres fa ses consecutivas (Slon e &
Mitchell, 2014; Velázquez Callado, 2013):
1. De fo rma individual los alumnos reflex ionan sobre una cuestión.
2. A continuación, y trabajando en parejas, intercambian y comparten sus
opiniones al respecto.
3. Finalm ente, se compar ten las ideas a niv el de grupo.
Se consi dera q ue esta estra tegia de apr endizaje no s olo aumenta el aprendizaje
de los alumnos/as sino que también los invo lucra en debates, incluso a los que
son más reserv ados y se m uestran m enos dispuestos a participar en clase
(Karge et al. , 20 11).
La seg unda parte de la actividad de expresión oral, p ermite q ue tanto los
compañeros como los propios alumnos faciliten información so bre su actuación.
Finalmente, y tal y como señala Kremers (2000), las e strategias se aprenden c on
la práctica y a utoexperimentación en situaciones reales y comunicativas.
Nuevamente con esta autoe valuaci ón de la actuación de los alumnos y su
evaluación por p arte de un compa ñ ero s e está pro piciando su aprendizaje
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El desarrollo curricular de las leyes de educación en las últimas d écadas ha
girado en torno a los siguientes as pectos y su inte rrelación: o bjetivos, como ejes
de articulació n de los diseños cu rriculares; unidades didácticas, co n un en fo qu e
activo del alumnado como resulta do de la discriminación entre diferentes tipos
de contenido (conceptos, procedimientos y actitudes); proyectos educativos ,
como ámbito de conex ión e ntre el d iseño curricular y la programa ción a pie de
aula, y competencias.
La relación entre estos e lementos aboca a u na renovación del proceso de
enseñanza-aprendizaje así como la necesidad de orden y claridad en la
planificación y práctica educativa, esto es, en la organización y d esarrollo de las
experiencias que un estudiante pu ede ll egar a vivir en las aulas. Estas
experiencias d e aprendizaje p resentados en forma d e unidades didácticas, han
derivado en una adapt ación de éstas c omo respuesta a las nuevas ex igencias y
necesidades de este modelo educativ o: la Unidad Didáctica Integrada (UDI).
Consiste en un inst rumento de p lani ficación que def i ne las condiciones que
permitirán generar las ex periencias educativas para el aprendiz aje de las
competencias. Además, se logra alcan zar u n equilibrio en tre sus e lementos
con stitutivos: “concreción curr icular”, “transposición didáctica” y “valoración de
los aprendizajes”.
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Estructura
Diseño curricular
Transposición
Didáctica
Valoración de los
aprendizajes
Relación de elementos
curriculares: objetivos,
contenidos, criterios de
evaluación, estándares
de aprendizaje,
competencias
Definir producto final,
estructura de tareas,
temporalización,
seleccionar tipos de
pensamiento,
agrupamientos, recursos
y escenarios didácticos.
Elaborar una rúbrica a
partir de los estándares
o indicadores de
aprendizaje y de las
tareas planteadas y
seleccionar los
instrumentos de
evaluación más
adecuad os.
Se denom i na “integrad a” p orque relaciona todos los elementos curriculares. No
implica que necesariamente tenga que ser interdisciplinar. Que sea gl o balizada
y q ue inte rv engan varias asignatu r as o no, será decisión del equipo docent e.
Los pasos para elaborar la UDI son los siguientes:
Paso 1. Identificar la Unidad Didáctica Integrada que se va a elaborar
En primer lugar, se identificará co rrect ament e con su títu l o y se concretará la
etapa/ciclo/nivel para los que se diseña así como el área o las áreas imp licadas
en su desarrollo. Es imp ortante que esta iden ti ficación incluy a una breve
justificación d el valor y relevancia del producto fina l en el conte xto para el que s e
ha programado y que especifique la participación del alumnado en la práctica
social que implica su desarrollo.
Esquema para la Identificación de la UDI
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Título:
Etapa:
Ciclo:
Niv el:
Área/s:
Justificación:
Paso 2. Concreción curricula r
Consiste en seleccio nar los elementos curriculares y su relación con las
competencias , se gú n la etapa, el nivel, el ciclo o la materia curricular, a cu y a
adquisición contribuye la UDI. En def initiva se trata de especificar qué quere mos
que aprenda el alumnado.
El diseño d e la UDI forma parte de la P r ogramación Anual que realiza un
determinado profesor o equipo docente. Representa el momento en que se
deben adapta r los elementos curriculares a l as ca racterí sticas d el alumnado y a
las condiciones del centro y del aula.
La concreción curricular se expresa a través de los objetivos (de área, si están
definidos, o d e etapa, en caso que no existieran los anteriores), así como de lo s
contenidos, criterios de evaluación , estándares de a pr endizaje evaluables y su
relación con las competencias a cuya adquisición contribuyen.
El currículo de área se presenta bajo la estructura de los elementos curriculares
(contenidos, criterios de evaluación y está ndares de ap rendiz aje) nu merados
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para indicar su c orrelación. A demás, existen comunidades autónomas d onde, en
el ejercicio de su comp etencia, define o bjetivos de área; en c aso de no disponer
de ellos, se a cudirá a los objetivos de Etapa porque la LOMC E no define
objetivos específicos de área ya que todas las materias deben tener como
objetivos los generales de Etapa y contribuir a su logro.
Por lo que, este paso, sólo requiere acudir a l currí culo y seleccionar aquellos
elementos curr iculares que se a decuen a nuestra UDI. La contribución del
estándar d e ap r endizaje a las competenci as suele estar re flejada en do cumentos
elaborados por las comun i dades autónomas. En el caso del área de Religión, lo
encontramos en vario s d ocumentos publicados por la Conferencia Episcopal
Española denominados Categoriz ación de estándares
2
.
Esquema para la concreción curricular:
Objetivos
Contenidos
Criterios de
evaluación
Estándares
de
aprendizaje
Competencias
Paso 3. Transposición didáctica
2
Encontrará la referencia bibliográ fica de dichos do c umentos junto con el
currículo de Religión católica de las di ferentes etapas en la bibliografía
reseñada al final del artículo.
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El siguiente pa s o se ha denominado como transposición didáctica . Este término
engloba todas las condiciones que permiten al alumnado vivir las experiencias
didácticas adecuadas pa ra alcanzar el l ogro de los distintos elementos
curriculares expuestos en el p aso anterior. La Tran s posición Didáctica define el
trabajo d e aula, mejor que cualquier otro elemento d e la UDI, tanto de l alumnado
como del profesorado.
La definición d e los aprendizajes en términos de co mpetencia evidencia la
necesidad de adquirir el conocimiento de modo que pueda ser mo v iliz ado
adecuadamente p ara la resolución de tare as. Una tarea consiste en la
elaboración de un producto f i nal relevante que permita resolver u na situación -
problema rea l en un contexto preciso, aplicando contenidos m ediante el
desarrollo de actividades y de ejercicios y po niendo en ma rc ha procesos
mentales imprescindibles para la correcta resolución de la tarea.
La elaboración del producto (tarea) exige la realiz ación de una serie de
actividades , las cuales incluyen un grupo de ejercicios .
Tarea
Preparar un cartel para pedir a los pedir a los demás que
conserven en buen estado la escuela
A cti v idad
Realizar entrevistas a v arias personas.
Elaborar un
informe.
Ejercicio
Redactar
las
preguntas.
Elaborar un
cuestionario en un
procesador de
texto.
Imprimir el
cuestionario.
Redactar el
título
correctamente.
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De ahí que co mience desde la estructura de ta reas , con s u se cuencia de
actividades y selección de e jercicios . Pero desarrollar un a secuencia didá ctic a
implica dedicarle el tiemp o ne cesario p ara lograr los ob jetivos p ropuestos. Para
ello habrá que establec er qué sesiones, cuántas y el tiempo n ecesario . Es lo que
se denomina temporaliz ación , esto es, la org anización temporal.
La transposición didáctica quedará culminada con la selección de las
metodologías que el profesorado utilizará p ara facilitar la real ización de las
tareas, las cuales, quedarán registradas en la UDI. En este p roceso se
mantendrá un principio básico: el pluralismo metodológ ico.
El sig uiente elemento espe ci fica qué proceso co gnitivo se e jecuta o se d esarr olla
en cada actividad. Es ya un a constante en los autores y distintas prue bas de
evaluación (PISA, de diagnóstico, evaluaciones ex ternas, etc.) t omar como
referencia la clasificación realizada por Bloom.
Reproducción
Conexión
Reflexión
Acceso e
identificación
Comprensión
Aplicación
Análisis y
valoración
Síntesis y
creación
Juicio y
valoración
Este requisito implica realizar el diseño de cada actividad de forma q ue, pa ra s u
correcta resolución, el a lumnado deberá p oner e n juego sus esque mas mentales
para desarrollarlos o adquirir o tros nuevos. Lo que garantiz a, de fo rma objetiv a,
que las situa ciones de aprendizaje po seen un planteamiento correcto enfocado
a la adquisición de Competencias.
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Conviene recordar que la organización de l alumnado en grupos favorece la
adquisición de competencias. Siendo así, el siguie nte e lement o de la UDI
consistirá en especificar q ué tipo d e a grupamiento requiere la e lab oración de la s
tareas propuestas: trabajo individual, en grupos f l exibles, estables, pequeños
grupos, gran grupo…
Por ú lti mo, conviene señal ar los recursos (m edios físicos o del en torno)
necesarios p ara la correcta reso lución de las tarea s y los distintos escen arios
donde se desarrollará el trabaj o, ya que el aula tradicional n o es el ú nico posibl e
y puede n existir otros con unas condiciones m á s favorables para la a dquisición
de los aprendizajes propuestos: labo r atorio, aula de informática, biblioteca,
gimnasio, patio, sala de usos múltiples, etc.
Esquema para la transposición didáctica
Paso 4. Valoración de los aprendizajes
Tareas/
A cti v idades/
Ejercicios
Temporalización
Metodología
Procesos
cognitiv os
A grupamientos
Recursos
Escenarios
Tarea 1
1ª sesión
Actividad 1
1ª sesión
Ejercicio 1
1ª sesión
Ejercicio 2
1ª sesión
Actividad 2
2ª sesión
Tarea 2
3ª sesión
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Valorar el a prendiz aje del alumno signi fica definir el nivel de logro d e los
estándares de aprendiz aje y de sarrollo de las competencias implicadas en la
UDI, lo cual requiere e stablecer una graduación de distintos n iv eles de
desempeño de dichos estánda res y/o competencias que se e x presan en los
denominados indicadores de log ro . Por tanto, los indicadores pueden hacer
referencia a los distintos aspectos implicados tanto en e l proceso como en e l
producto de la tarea.
En este paso se p ropo ne la e laboración de u na rúbrica porque es instrumento d e
evaluación idóneo para dicha valoración. Una rúbrica es una matriz específica
de indicadores que permite reconocer y valorar los a prendizajes asociado s a la
realización d e una tarea. Su elaboración culmina el diseñ o de la UDI,
favoreciendo la v aloración f inal d e los aprendiz ajes adquirido s por cada
estudiante en relación con los objetivos propu estos.
En la identificación de los apren dizajes adquiridos será necesario asociar el éxito
en l as tareas p ropuest as en l a UDI a los estánda res de aprendizaje; además de
seleccionar, e speci ficar y utili zar adecuadamente aquellos instrum entos o
técnicas de evaluación que puedan do tar de mayor v alidez y fiabilidad el p roceso
de obtención de datos o información relev ante. Asi mism o debemos establecer el
peso o porcentaje que dicha info r mación tendrá pa r a definir la nota final, ya que
no todos los indic adores poseen la mis ma “im portancia” de cara a la consecución
del estándar. De ahí que se p r oponga una ponderación de dichos indicado res.
La nota o calificación de cada indicador se pu ede realiz ar sobre 10 p untos y
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aplicando el porcentaj e adjudicado resu ltará la cali ficación total. La v aloración
del estándar será la suma de la calificación de sus indicadores de log ro.
Teniendo en cuen ta estos presupuestos, se m uestra a continuación un posible
esquema para elaborar la rúb rica d e los estándares de aprendizaje que
componen la UDI.
Rúbrica de Evalu ación
Estándares
de
aprendizaje
Tareas
Instrumentos
de
evaluación
Indicadores de log ro
Peso
(%)
Valoración
Excelente
Satisfactorio
A de cuado
Inadecuado
Nota
To tal
Valoración f inal para el estándar propuesto
Valoración f inal para el est ándar propuesto
A modo de ejemplo, tomamos el estándar 1.1 del 2º bl oque de contenidos en
una hipotética UDI para 2º de ESO
3
. La rúbrica podrí a ser la siguiente:
3
Las siglas del e stánda r corresponden al e specificado en e l documento de
categorización de estándares publicado por la CEE men cionado en notas
anteriores.
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Rúbrica de evaluación
Valoración
Estándares
de
aprendizaje
Tareas
Instrumen tos
de
evaluación
Indicadores de logro
Peso
(%)
Excelente
Satisfactorio
Adecuado
Inadecuado
Nota 4
Total 5
RE2.1.1 Busca y elige personajes significativos del pueblo d e Israel e identifica y analiza la respuesta de fe en ellos
Tarea 1.
Exposición de
cuadros sobre
personajes
significativos
del pueblo de
Israel
Observación
Aporta
imágenes que
ilustran
perfectamente
la repuesta de
fe de los
principales
personajes
significativos
del pueblo de
Israel
Aporta
imágenes
adecuada s
sobre los
principale s
personajes
significativos
del pueblo de
Israel
Aporta
imágenes
pero no
todos son
personajes
significativos
del pueblo
de Israel
No aporta
imágenes o
no
corresponde
a personajes
significativos
del pueblo
de Israel
10%
Tarea 2.
Elaborar
tríptico
informativo
sobre la
historia de
cada
personaje
siguiendo un
guión
prefijado
Trabajo en
grupo
Investiga,
conoce y
expresa de
forma escrita
la vida de
cada
personaje.
Identifica la
respuesta de
fe en ellos.
Completa la
información
con otros
elementos:
imágenes,
mapas del
tiempo, etc.
Investiga,
conoce y
expresa de
forma escrita la
vida de cada
personaje sin
ayuda.
Identifica la
respuesta de fe
en ellos
Investiga y
conoce la
vida de cada
personaje
aunque
necesite
ayuda par a
expresarlo
por escrito.
Identifica la
re spuesta de
fe en ellos
No conoce ni
expresa de
forma escrita
la vida de
cada
personaje.
Tampoco
identifica la
respuesta de
fe en ellos
30%
Tarea 3.
Seleccionar y
explicar
noticias de
prensa digital
que reflejen
actitudes o
acciones
semejantes a
los
per sonajes.
Exposición
oral
Analiza e
identifica la
repuesta de fe
de los
personajes
asociándolos
con hechos y
personas
actuales y lo
ex pone
claramente
utilizando
material de
apoyo (mural,
TIC, etc.)
Analiza y es
capaz de
ex poner la
respuesta de fe
de esos
pe rsonajes
identificándolas
y asociándolas
con hechos y
personas
actuales.
Analiza y es
capaz de
identificar la
respuesta de
fe de esos
personajes
en hechos y
personas
actuales con
ayuda.
No analiza ni
identifica la
respuesta de
fe de esos
personajes
en hechos y
personas
actuales
40%
Tareas
individuales y
Cuaderno de
clase
Las tareas se
realizan en
Las tareas solo
se trabajan en
Se realizan
las tareas en
Se trabaja
esporádica -
20%
4
En esta columna se inserta la calificación so bre 10 puntos.
5
Sobre la nota o calificación anterior se aplica el porcentaje y el resultado
es el total.
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Por otra parte h emos d e seña l ar que utilizamos estrategias variadas con el f in de
favorecer el de sarrollo de la iniciativ a de nuestro alumnado y de of ertarle s
oportunidades de trabajo de relevancia. Consideramos f undamental que e stos
pudieran rea liz ar su prop ia e xperiencia me diante la utiliz ación de l saber
construido, resolviendo problemas concretos planteados en situaciones nuevas
y distintas a las cr eadas artificial me nte en las au las tra dicionales. Este
presupuesto nos situó de lleno en una metodologí a que, po r lo que ata ñe a los
alumnos, se caracteriza por ser activ a, pa rtici pativa, motivadora y reflexiv a.
Cabe especificar todavía una última connotación de nuestro di seño
metodológico. Este se ha orientado a p r oducir los recu rsos y e strategias
necesarios para el establecimiento d e relaciones intersubjetivas y sociale s. Ha
sido la apertura –a la so ciedad, a los compañeros…– un a caracterí stica bá sica
de la presente inno vación. Los a contecimie ntos del mundo real no pu eden ser
ajenos al futuro educador social.
4. L A EXPERIE NCIA
El proyecto que estamos p resentando h a contado con la participación de s esenta
y dos estudiantes de pr imero d e Educación Social y se ha desarrolla do a lo larg o
del primer cuatrimestre del curso académico 2016/2017 en las sig uiente s tr es
fases: a) planificación; b) intervención; y c) ev aluación.
En la fa se d e planificación, que ocupó los meses de septiembre y octubre,
abordamos todas las tareas que tenían que ver con los asp ectos organizativos
preliminares. Fue n ecesario repartir responsabilidades entre l os alumnos:
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elaboración d e m aterial, constitución de grupos, prep aración de las distintas
actividades, etcétera. Se elaboraron también un as normas de funcionamiento y
se decidieron las organizaciones o contextos en los que se iba a intervenir. Esto s
fueron Fundación Prolibertas , Centro So cial Rey Heredia , P royecto Hombre ,
Asentamientos de rumanos d e la z on a no rte de Córdoba, Centro de Día d e Santa
Ro sa, Residencia de Mayo res El Yate, Centro de Protección de Menores Juan
de Mairena y Centro de Protección de Menores Beatriz En ríquez . Una vez
decididos los núcleos de interés, el coordinador de cada grupo de e studiantes
estableció contacto con e llos y les of ertó su proyecto de intervención. T ras
aceptar, se organizaron conjuntamente los encuentros.
Figuras 1 y 2. Dos m om ent os de la preparaci ón de las intervenciones soc ioeducativas
La segunda fase tuvo lugar en el mes de nov iembre y en ella se realiza ron las
distintas activ idades preparadas, desde campañas de recog ida de alimentos y
talleres de animación sociocu ltural hasta p rog ramas d e s ensibilización sobre l a
importancia de la asistencia a la escuela en asentamientos d e rumanos o de
concienciación sob re la gravedad del bullying entre escolares de Educación
Secundaria. También hubo que h acer en este período más materiales, ajustes
de horarios y un nuevo reparto de tareas.
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Figura 3. Taller de baile fla menco en Proyecto H ombre
Figura 4. Recogi da de alimentos en la Facu ltad de Cie ncias de la E ducación
Finalmente, la fa se de evaluación, ya en d iciembre, incluyó la exposición y
defensa de los proyectos de los estudiantes, el debate sobre los mismo s y las
propuestas de mejora.
5. LOS RESULTA DOS
Los resultados de la experiencia han sido excelentes. Basta con r ecurrir a las
valoraciones hechas por los beneficiarios de las intervenciones so ci oeducativas
así como po r los profesionales de los ce ntros en los que estas se han llevado a
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cabo. Unos y otros han dejado buena constancia de que les han resu lt ado
sumamente inte r esantes, los prime ros con multitud de manifestaciones
emocionales de las que dan b uena cuenta los materiales gráf ic os que han
recogido los alumnos y a lumnas y que obran en n uestro poder y l os se gundos
con infinidad de comentarios positivos y manifestándonos su deseo de recib irnos
en una próxima ocasió n. Por su parte , los estudiantes también han valorado el
trabajo como muy prov echoso y pertinente y con fiesan haber aprendido más
Historia de la Educación que con un mé todo tradicional y haber alcanzado una
conciencia crítica y un compromiso social que no tenían cuatro meses antes.
Cabe, pues, decir que con proyectos como este empezamos a supe rar las
restricciones que impone el status teórico dom inante en la fo r mación inicial
universitaria de los educadores y que avanzamos hacia una f ormación personal
y profesional en la que tiene cabida la creatividad, el trabajo colectivo, el
aprendizaje conectado con la experiencia, las relaciones fluidas, et cétera.
Ahora bien, lo anterior no quiere decir que e l proceso haya e stado e xento de
problemas. Usar una meto dologí a activa, organizar el tiempo d e d i ferente
manera, f lex ibilizar y diversificar la ofe rt a curricular, dar p rota gonismo al
alumnado, etcétera , en trañan, sin duda, serias dificultades. Sin embargo,
logramos superarlas. E s por ello que no s p roponemos co ntinuar la inici ativa
durante el curso 2017-2018, mejorándo l a cuanto nos resulte posible.
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Resumiendo, la pe culi aridad de este proyecto es que h a permitido a los
estudiantes de 1º de Educa ci ón Social aplicar el saber desde el rol de agentes
sociales, lo que por sí m ismo justifica so bradamente la experiencia.
Consideramos, pues, que h a rep resentado un avance didáctico sig nificat iv o.
Ahora bien, somo s conscientes de que hemos d e avanzar hacia u nos logros
mayores.
6. REFERENCI A S BI BLIOGRÁ FIC A S
HABERMAS, J. Teo rí a de la acción comunicativa. Racio nalidad de la
acción y racionalidad social. Madrid: Taurus. 1987.
FREIRE, P. Pedagogía de la indignación. Madrid: Siglo v eintiuno. 1997.
TAPIA, M. N. Aprendizaje y servicio solid ario. Bu enos Aires: Editorial
Ciudad Nueva. 2008
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POSIBILID A DES DIDÁCTICAS DEL REL A TO RELIGIOSO. CON UN A
A PLIC A CIÓN P A R A EL AULA
Didactic possibilities of re ligious stories. W ith a n application for the
classroom.
Miguel Gómez Muñoz
Profesor de Religión del IES El Tablero. Córdoba
[email protected]
RESUMEN
La palabra, la narración o el relato fo r man parte de nuestras v idas.
La construcción de la identidad personal, con todo el complejo mundo de
vivencias y de experiencias, necesita poder narrarse para sit uarse en el espac io
y e n el tiempo. El ser humano necesita narrar su hist oria personal y su ubicación
en el grupo social a l que se encuentre.
Difícilmente puede d ar se, con ciertas garantías de éxito, el proceso e nseñanz a -
aprendizaje sin el con curso de la palabra, de la narración o del r elato e n sus
múltiples variantes. Lo que presentamos pretende reflexionar sobre al gunas de
las posibilidades didácticas que nos ofrece el relato religioso. Nos acercarnos a
su lógica desde la perspectiva del cristianismo y e xpondremos un ejemp lo para
ser aplicado en el aula..
PALA BR A S CL A VE : narración, religión, didáctica
A BSTR A CT
W ords and stories a re part of o ur lives. Persona l identity is mad e through time
and space, within a social context that is being openly narrated. Th is article
hinges on the a dvantages of religious sto ries an d their positiv e e ff ect on t eaching.
W e approach it f rom a Christian outlook, by providing a n actual example to be
applied into a lesson plan.
KEYWORDS : Narrati on, religion, didactic
Fecha de recepción del artí culo: 01/03/2017
Fecha de Aceptación: 13/03/2017
eCO. Revista Di gital de Educac ión y Formac ión del Prof esorado. Nº 14, 2017.
ISSN 1697-9 745
53
Citar artículo: GÓMEZ MIÑOZ, M. (2017 ). Posibiulidades didácticas del relato
religioso. Con u na ap li cación pa ra e l a ula. eco. Revista Digit al de Ed ucación y
Form ación d el profesorado . CEP de Córdoba.
1. PUNTO DE PART ID A
Asistimos a los efectos de un nu evo paradigma cu ltural
7
. Todo momento histórico
tiene sus peculiaridades, tiene sus luce s y so mbras. Si m iramo s a n uestros
educandos, sobre t odo son jóvenes o adolescente s, p ode mos ob s ervar una seri e
de rasgos, que tienen mucho de retos y de posibilidades:
La velocidad. Se tiene la sensaci ón de vivir en entornos cambiantes, nada
es definitivo. Participa mos en una carrera vertig inosa para adaptarse y
asumir los cambios. Más aún, aquello que no se ad quiere con rapidez
parece carecer de inte rés o de valor. Son h ijos de los ritmos impuestos
por los entornos informáticos. Por eso, se requiere m ucha audacia y
creatividad p ara captar su atención o para retarda r una recompensa al
esfuerzo realizado que se demanda como inmediata.
La d ispersión. Lo que les interesa parece no coincidir con lo que les
ofrecemos en los entornos escolares, sus centros de interés parecen ser
muy distintos. Es co mo si viv ieran y endo de un sitio a otro, de una
actividad a otra. Muchas veces, l os alumno s no saben dónde van, p ero se
mudan. Hay que h acer todo un esfuerzo para q ue se centren. Más aún,
para que calen algunos de nuestros mensajes, hay que repetirlos u na y
7
Se habla d e “ modernidad líquida ”. Es una cate goría s ociológica que debem os a Z. Baum an
con la que se pre tende des cribir el m omento actual car acterizado por el c ambio, la transitoriedad,
la d esregulaci ón y la liberalización de los m erc ad os. La metáf ora de la liquidez también se aplica
a la precarieda d de los ví nculos hum anos: vivim os en una soc iedad f uertemente individualista y
privatizada, m arcada por el carácter transitorio y por lo volát il de las relaciones.
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otra vez. Por eso , nos preguntamo s cómo llevarles de la dispersión a la
atención, de lo anecdótico a lo nuclear.
El ser audiovisuales. Es una gen eración predominan tement e audiovisual .
Su fo rma de percibir, d e analizar, de entender la realidad pasa por el
camino rápido e intuitiv o de la imagen y el sonido, antes que por el lento
y pausado de la palabra. Por eso, nos preguntamos qué lugar hemos de
dar a la palabra, o ral o e scrita, a la narración, al relato como elementos
configuradores de la persona.
Ahondando en lo anterior, hemos a sistido, con la post modernidad
8
, a la
destrucción de los grandes relatos de sentido, aquéllos que nos orientan
y nos sitú an en la existen cia; a lo sumo, nos h an quedado una serie de
microrrelatos. Por eso, hay que revisar có mo nuestro alumnado puede
acercarse y en tender plan teamientos vitales y cultu rales que nos han
aportado o tr as genera ciones, cómo realizar e sas grandes preguntas
existenciales q ue están de trás de esos grandes relatos de nuestra cu ltura
occidental. Si no los conocen, difícilmente pueden posicionarse.
La unidad ha dejado p aso a la d iv ersidad y a la pluralidad. Frente a un
igualitarismo en ten dido como h omogeneiz ación, ca da vez so mos m ás
conscientes de que c ada persona es única e irrepetible, que la div ersidad
de planteamientos vita les, de perspectiv as, de culturas son una riqueza.
De ig ual modo, n o resulta extrañ o considerar que cada u no h a de recorrer
su propio proceso de crecimien to y de aprendiz aje po rque cada persona
8
Movim iento cultural occi dental q ue surg ió en la década de 1980. Se caracteri za por la
crítica a l rac ionalism o, la atenció n a l o form al, el ecl ecticism o y l a búsqu eda de nuevas f orm as
de expresión, junto con un a carencia de id eología y com promiso social.
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tiene sus potencialidades (hablamos de inteligencias múltiples). Algo
similar podemos a firmar cuando trata mos de acercarnos a la realidad. Y a
no e s vista como susceptible de ser reducida a un único principi o, a una
única explicación. Nos llama la aten ción su c omplejidad, las
interrelaciones que están presente s y cómo de esas relaciones surg e su
dinamicidad. En consecuencia, nuestra form a de acercarnos a ella
también ha d e ser diversa, dialógica y plural, ya que a la v erdad se puede
llegar p or c aminos y métodos diferentes. Por eso, habría que propiciar
que se cultiv en todas las dimensiones d e la p ersona (tanto l as que ti enen
una dimensión lógico-instrumental como las de índo le emocional o
vivencial) de la forma más seria, ar mónica y respetuosa posibles.
Sea como sea, lo que subrayamo s, yendo m ás allá del mome nto h istórico que
nos h a to cado viv ir, e s el valor d e la persona, com o sujeto singular co n capacidad
para construir, para crear, para elegir su pro pia trayectoria vital.
Una vida que tiene una historia que ne cesi ta ser narrada, que aprende de la
palabra dicha o e scrita, de la palabra reflexionada. De ahí que la contribución d el
entorno escolar a todo este proceso es suma mente esencial y determinante.
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2. Palabra
9
, relato
10
, narración
11
.
El se r pe rsona e stá a s ociado al lenguaje. Es una relación que se retroalimenta:
la persona crea e l leng uaje y se crea a tra v és de él. Si no hay palabra, la persona
pierde la posibilidad de co nocer y de conocerse, de cre ar su propi a iden tidad y
de adentrarse, c on cierto sentido, en la m is ma dinámica de la his toria y de la
cultura de la q ue forma parte. Es muy dif ícil separar “lo humano” de la capaci dad
de conocer y de repres entar simbólicamente el mundo q ue l e rodea. La p ersona
sólo se p uede construir y de sarrollar a través del len guaje. Necesitamos d e la
palabra, d el relato, de la narración, como herr amientas bás icas para la
construcción de la persona, de ah í su importancia en e l proceso de enseñanz a -
aprendizaje.
3. El lenguaje religioso
12
.
El ser humano no nace en un caos cuando viene a la v ida. Nace a un
mundo que está med i atizado humanamente, un m undo que está interpretado y
9
Según la RA E, del lat. para bŏla 'com paración', en lat. tardío 'pro verbio', 'pará bola', y este
del gr. παραβολή parabolḗ.
10
Del lat. Relātus: C onocim iento que se da, ge neralm ente detallado, de un hecho.
11
Narración, cuento. N arrar. ( Del lat . narrāre). Cont ar, referir lo s ucedi do, o un he cho o
una historia f icticios.
12
Nosotros hablarem os de le nguaje rel igioso, e n si ngular, para ref erirnos al l enguaje q ue
surge del e ncuentro en tre la person a y lo s agrado, se gún s e nos m uestra en l a fenom enología
de la religión. D esde un pu nto de vista m ás filológico y exegét ico, te ndríam os que tener pres ente
que en e l m undo b íblico exi ste u na gran d iversida d de géneros literar ios (m ítico, poético,
histórico, jurídico, sap iencial, profético, …). Nos enc ontram os, por tanto , con d iversos lenguajes
religiosos. La f inalidad de es te esc rito nos lleva a m antenernos en el pr imer significado, el
derivado del enc uentro entr e el sujeto religioso y lo sagrado.
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Avan z ad a ya la tarde, se le acercaron sus discípulos y le dijeron: el luga r e s un
despoblado y es ya tarde; despídelos que vayan a los cortijos y alde as y se
compren de comer.
Él les contestó: Dadles vosotros de com er.
Le d ijeron: ¿va m os a comprar pa nes por doscientos denarios de plata para
darles de comer?
É l les dijo: ¿Cuántos panes tenéis? Id a ver.
Cuando lo averiguaron, le dijeron: Cinco, y dos peces.
Les ordenó que los h i cieran recostarse a todos en la hierba verde form ando
corros, pero se echaron formando cuadros de ciento y de cinc uenta.
Tomando él los cinco p anes y los dos peces, alz ó la mir ada al cielo, pronunci ó
una bendición, partió los panes y los fue da ndo a los discípulos para que los
sirvieran; también los dos peces los dividió para todos.
Comieron to dos hasta saciarse, y recogier on de troz o s doce c estos llenos,
también de los peces. Los que comieron los panes era n cinco mil adultos ."
(Mc. 6, 34 - 44)
Después de leer c on cierto detenimie nto e ste relato, y tener presen te los
interrogantes iniciales, vamos a hace r el recorrido LEO - COMPRENDO-
APLICO.
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LEO
1. - ¿Qué expresa, a pr imera vista, el relato?
2. - ¿Quiénes son los personajes?, ¿cóm o
reaccionan?:
¿Quién parte el pan?, ¿q uiénes lo reparten?
¿A quiénes se da?, ¿qué suced e después de
comer?
Contesta:
SABÍAS QUE…
Esta escena se sitúa e n e l evangelio de Marcos y narran la actividad de Jesús,
quien anuncia su mensaje me diant e acciones. Los protagonistas, además de
Jesús, son los discíp ulos quienes no sienten n ingún tipo de solidaridad con la
multitud. No se conmueven. No so n de los suyos. Piensan co n las categorías de
la sociedad de su época, (y de la nuestra): cada uno debe proveer par a sí mismo,
por medio del dinero. Jesús insiste en el dar, e n servir (por eso serán los que
repartan el p an), m ientras ellos contraargumentan con la imposibilidad de poder
realizar la propuesta de Jesús (doscientos denarios de plata= muchísimo dinero).
Se apunta a una experiencia fá cilmente comprobable: la vivencia y la práctica de
la solidaridad es la que g enera solidaridad, no los discursos sobre ella, aunqu e
sean necesarios.
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COMPRENDO
3. - ¿Para qué se parte el pan?
4. - ¿Por q ué hay tanta dificulta d para re partir?
5. - ¿Qué significa que "haya so bras"?
Contesta:
SABÍAS QUE…
Desde el inicio, Jesús va enseñando que en el centro de la vida han de esta r las
personas, que las relaciones entre los seres humanos han de basa rse en el
ayudarse, en la so lidari dad, que es lo que crea justicia y mejora la convivencia.
Estas relaciones son el germen de una nuev a hum anidad. Al p rin cipio, sí hubo
una a c eptación acrítica, pe ro muy pronto empezaron los rechazos hacia esta
forma de entender la convivencia. A quí s e s eñalan las incomprensiones de sus
directos colaboradores, los discí pulos, quienes después de haber v ivido que esta
forma de entender las relacion es entre los seres humanos f unciona, sig uen
aferrados a la ide a de que ca da uno ha de valerse po r sí mism o. A lo sum o, hay
que ser solidario con mi familia o con mis amig os o con mi pueblo.
Lo mis mo s ucede con la multitud, se les propone que se organicen de o tra manera
(= formar co rros ), pero siguen aferrados a “lo que siempre se ha hecho” ( formar
cuadros de ciento y de cincuenta = como se organiz aban las t ribus d e Israel en el
desierto). No es f ácil romper co n inercias y rutina s aprendidas, a un que a hoguen
la libertad y la creatividad.
Por o tro lado, cuando los bienes creados se desvinculan de la propieda d que los
acapara, bastan sobradamente para alimentar y saciar a toda la humanidad.
Para llegar a esto hay que te ner presente, además, lo que significan algunas
expresiones, algunos números y algunas figuras que sí e ntendían los primeros
destinatarios de estas narracion es:
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Israel = judíos (los míos); Paganos = los no j udíos, los demás pu eblos (los otros).
Pan = doble sentido del a limento: comida y mensaje que ayuda a vivir mejor.
Echarse/recostarse sobre hierba verde = postura para comer de las personas
libres y promesa de abundancia.
Los números:
Cinco más dos, siete = la to talidad de lo que hay; Cuatro (o sus m últiplos)=
universalidad ("lo que sirve para to das las personas"); doce = tribus de Israel o
figura de un nue v o pueblo; cinc o (o sus múltiplos)= indica l a prese nci a del Espíritu
Santo o cu ando las cosas se hacen como Dios quiere, donde predomina la
abundancia y el estar saciad os (= haber cumpli do las expectativas que ca da uno
tiene).
A PLICO
6. - ¿T iene sentido el com partir?, ¿mejora en
algo la conviv encia cu an do hay generosidad
y solidaridad?
7. - Narra alguna experiencia que hayas te nido
en la que esté presente la generosidad o la
solidaridad.
Contesta:
CONCLUSIÓN
El compa rtir todo lo que somo s y tenemos genera d inámicas de generosidad
personal y de solida ridad. Saca lo bueno de nosotros mismos, porque el acento
está en lo que es la persona, no en lo que tiene o representa, permite que nadie
pase necesidad y pueda viv ir con dignidad y libertad.
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Estas actitudes se h an de vivir y ap licar con todos y hacia todos los seres humanos,
no s ólo con mis fa miliares y am igos, que se p r esupone, sino con quien no conoz co,
pero p asa necesidad. Porque lo esencial son las personas y lo que tenemos son
medios que han de estar al servici o de t odos l os seres humanos.
Si vivimos esto no e staremos solamente centrados en nuestros propios gustos e
intereses, sino que compartiendo y siendo solidarios, además de tener acce so a
vivencias que nos proporciona n dosis raz onables d e fe licidad, contribuiremos a que
nuestra sociedad tenga unos mejores pará metros de justicia y equidad. Aquí e s
donde está el milagro: no es algo extraordinario que rompe las leyes naturales, sino
que e s un cambio profundo en la forma de ve r a l ser humano y de cómo h an de sus
relaciones c on todos l os bienes y con lo s d emás. Es cree r que e s posible una n uev a
humanidad, y luchar por ello, porque cuando se comparte, además de sentirnos
mejor, todo funciona de forma más justa y más humana.
Con todo es te recorrido, hemo s tratado de mostrar que las narraciones religios as
tienen su lógica, si se tiene en cuenta el carácter evocador y constructor de
realidad que nos pr oporciona lo si mbólico, y que ofrecen u na se rie de
posibilidades, unidas al de sarrollo de la capacidad lingüí stica, y a que pueden
ayudar a la con figuración y a la madurez de los e ducandos en la totalidad d e sus
dimensiones.
Bibliografía.
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LA EDUC A CIÓN EN LA CRE ATIVIDAD A TR A VÉS DE LA MÚSICA
Education in creativity through music
A na María G utiérrez Martínez
Universidad de Córdoba
[email protected]
RESUMEN
El ráp ido a vance de la sociedad del siglo XX I hace que, en el campo educativo,
el alumnado precise de mecanismos y recursos cada vez más complejo s. En el
presente a rtículo, repasaremos qué se e ntiende por creatividad y cóm o la m úsica
puede contribuir a su d e sarrollo, realizando finalmente una re flexión a modo de
conclusión.
PALA BR A S CL A VE : CREATIVIDAD, MÚSICA, EDUCACIÓN.
A BSTR A CT
The rap i d advance of the XXI ce ntury implies that, in the f ield of education,
students are required of mechanisms and incr e asingly comp lex reso urces. In this
article, we will review what is meant by creativity and how music can contribut e
to its development. Finally , we will make a reflection as a conclusi on.
KEYWORDS : CREATIVI TY, MUSIC, E DUCATION.
Fecha de recepción del artículo: 10/11/2016
Fecha de Aceptación: 23/03/2017
Citar artículo: GUTIÉRREZ MARTÍNEZ, A. M. (2017 ). La educación en la
creatividad a través de la m ú sica . eco. Revist a Digital de Educación y Fo rm ación
del profesorado . C EP de Córdoba.
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1. INTRODUCC IÓN
En la a ctualidad, la educación a ún c ontinúa u tili zando m etodologí as tradicion ales
incapaces d e adaptarse a las nuev as demandas de la sociedad d e la informaci ón
y las tecno logí as. El nivel d e exig encia es m áximo y, po r ello, el alumnado
necesita contar co n r ecursos suficient es p ara asegurar su éx ito en la v ida
cotidiana y resolver los problemas de su entorno de una manera eficaz.
En este sentido, el desarrollo de la creatividad es algo f undamental, ya que
permite e ncontr ar nuevas fo r mas de afrontamiento antes realidades cada vez
más complejas. Dado que el desarrollo de la creatividad implica numerosos
factores que interactúan entre sí de fo rma sinérg ica – motivación, imaginación,
autocontrol, conocimiento de uno m ismo, etc. – , conviene u tiliz ar una herramienta
que pueda trabajarlos en c onjunto. Por su carácter participativo y su g ran
versatilidad, la m úsic a resulta muy recomendab le no sólo en la etapa escolar,
sino más allá de ella. Creativ idad y música v an de la mano, p ues la composició n
e interpretación ya son p rocesos creativos en los que el sujeto aprende nuevos
procesos de aprendizaje, además de conocerse m ás a sí m ismo y de poder
compartir sus emociones y ex periencias co n los demás.
2. EST A DO DE L A CUESTIÓN
2.1. EL CONCEPTO DE CREA TIVID A D
La cre atividad es una cualidad filogenética humana basada en la relación del
individuo con su entorno y donde inte rv ienen procesos internos – de ba se
biológica – y externos – de base ambiental y relacional (Marina, 2014 ) – .
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En el p roceso creativo se establecen nuevas c one x iones neuronales que
mejoran o amplían las rede s ya existentes. Se trata de un fenómeno complejo
en el que no sólo se establecen relaciones biológicas, sino donde los co ntex tos
sociales y am bientales son esenciales a la ho ra de responder ante estímulos
concretos.
Aunque pueda parecer un término reciente, la creatividad ha estado presente
desde las épocas má s remotas de la humanidad , llegan do hasta nuestros días
de fo rma ren ovada. Así, cada período hi stórico ha sido fruto de p roceso s
creativos en los qu e se h an roto l os esquemas tradicionales pa r a da r lugar a
otros más a daptados a otra clase de necesidades que m arcan cada proceso
evolutivo. Es por ello que la creatividad se relaciona c on el interés por romper las
barreras establecidas, por e ncontrar solu cion es más innovadoras y por extender
el pu nto de acción hacia otras fo rmas de pensamiento hasta entonce s inusita das
(Lago, 2006).
Así, la creativ idad n o es algo e x clusivo de los genios, sino que toda pe rso na
puede en tr enarla de formas muy diversas. Una de ellas es a través de la música,
especialmente dentro del aula, ya que ofrece m étodos de enseñanza b asados
en la creación personal y grupal, con múltiples posibilidades de aplicación. Todo
ello facilita el acceso y adaptación a toda clase de alumnado.
2.2. MÚSICA Y CRE ATIVIDA D EN EL A UL A
La música en sí y a es un proceso creativo donde, a través del f enómeno sonoro
y su s diversas po sibilidades, se crea un resultado fina l que puede provocar
diferentes sentimiento s y e vocar toda clase de respuestas. Del mismo modo, e l
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BIBLIOGRAFÍA
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DIAGNÓSTICO DE LA P ERCEPCIÓN DEL A LUMNA DO (3-12 AÑOS) DE UN
CENTRO EDUC A TIVO DE LUCENA (CÓ RDOB A , ESP A Ñ A ) SOBRE LA
PARTICIPACIÓN DE LA F A MILI A EN L AS TAREA S DEL HOG AR
A dia gnosis on the pupils’ (3 -12 y ears old) awareness of th eir family ’s
involvement in household tasks at a schoo l from Lucena (Córdoba, Spain)
Victor Pablo Pardo Arquero
CEIP Antonio Machado de Lucena (Córdoba)
v ictorppa@ hotmail.es
RESUMEN
El p resente trabajo pretende f acilitar la labor de diagnóstico que la Administración
Educativa ha delegado en los centros educati vos, pretendiendo ser un referente
para presentes y futuras investigaciones en este ámbito. Abordamos la
percepción hacia el reparto d e tarea s domésticas en el hogar. Y a unque la
incorporación de las mujeres al ámbito laboral, social o cultural, unas veces p or
necesidades e c onómicas y o tras personales, requiere que el homb re asuma
compartir las tareas familiares, obse rv amos pocos avances , y a que los modelos
de una sociedad p atriarcal persisten y con ello el alumnado continúa v ivenciando
modelos que no fomentan el desarr ollo hacia una sociedad más justa.
PALA BR A S CL A VE : Diagnóstico, percepción d e responsables de ta rea s
domésticas, corresponsabilidad en el ho gar, alumnado de educación infantil y
primaria
A BSTR A CT
This researh aims to f acilitate th e diagnostic work, w hich Educational
Administration has delegated in educational centres, pretending to become a
reference f or th e cu rr ent and future research in this area. In o ur case we are
dealing with the p upil’s a w arenes of the distribution of household tasks at their
home. And, although wom en’s transition into the labourr, social or cultural scope,
brought about by some times economic and so metimes personal nee ds, requires
that men take on sharing out the family tasks, w e observed little progress,
because models of a traditional patriarchal societ y still persist in m ost
households, a nd thus p upils still continue experiencing those models whic h do
not promote development tow ards a fa irer s ociety.
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KEYWORDS : DIAGNOSIS, BEING AWA RE OF RESPON SIBLE FO R
HOUSEHOLD TA SKS , COR ESPONSABILITY AT HOM E, PRE-SCHOOL AND
PRIMARY SCHOOL PUPILS, HOUSEWORK
Fecha de recepción del artí culo: 17/01/2017
Fecha de Aceptación: 30/03/2017
Citar artículo: PARDO ARQUERO, V. P. (2 017). Diagnóstico de la percepción
del alumnado (3-12 años) de un c entro educativo de Lucena (Córdoba, España)
sobre la participación de la fa m ilia en las tareas de l hogar . e co. R evista Digit al
de Educación y Form ación del profesorado . CEP de Córdoba.
INTRODUCCIÓN
Partimos de la n ecesidad de coeducar en nuestra sociedad como una cuestión
de Salud, y a que si tenemos en cuenta que la Organiz ación Mundial de la Salu d
(OMS, 1948) define como e l estado completo d e bienesta r psíquico, f ísico y
social, podemos co nsiderar que los problemas de la so ciedad m achista afectan
gravemente la salud de las mujeres. A demá s, la Declaración Universal d e los
Derechos Human os (ONU, 1 948) o la Con s titución E spañola (1978) respa l dan
los d erechos y libertade s sin discriminación alguna, entre las que señ ala, por
razón de sexo.
Por ello, la escu ela de be esta r abiert a a los camb ios co nstantes que se producen
en la sociedad y en las f amilias. Al identificar d iscriminaci ones y este reotipos
sexistas se van a p ermitir promover las m edidas educativas que corrijan las
desigualdades. Y po r tanto, la elaboración de un plan de igualdad requiere del
compromiso e implicación de toda la comunidad educativ a, donde resulta
recomendable la creación d e una Comisión que comience realizando e l
Diagnóstico que recopile información del contexto, su a nálisis, y con ello, un Pla n
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realista que recoja los o bjetivos, acciones, destinatarios, cronograma, recursos,
seguimiento, valoración... que garanticen la mejor intervención posible (Institu to
de la Mujer, 2007; Castilla Pérez, 2008)
El sex o es una car acterí stica biológica, q ue clasifica en hembra y macho.
Mientras que el géne ro es una caracterí stica social y cultural, qu e clasif ica en
femenino y masculino, delimitando qué v alores, conductas y expectativas deben
ser propias de h ombr es y cu áles propias de mujeres en cada conte xto. La
sociedad patriarcal d iscrimina y opri me a las m ujeres y reduce las posibilidades
de las personas pa r a desarrollar libremente su s capacidades y libertades
(Bergara et al, 2008; Pardo, 2016).
La socializ ación f omenta actitudes que se con sideran adecuadas para cada sex o
y reprime las que no se ajustan a los estereotipos establecidos. A s er h ombre o
mujer, o ni ño o niña, se aprende, a unque condicionamos desde antes del
nacimiento (eligiendo nombres, decorando habitación, comp rando ropa...),
construyendo la identidad personal e interiorizando las nor mas y v alores sociales
(Pardo Arquero y Tirado Monzó, 2006; Bergar a et al , 2008).
Por o tro lado, la incorporación de la mujer al ám bito laboral, social o cu ltural ha
supuesto un a porte al de s arrollo de la sociedad, aunque en la mayoría de los
casos le implica una doble jornada. En otras ocasiones, la precariedad laboral
obliga a a mbos progenitores a buscar aporte económico para su fragar las
necesidades. No obstante, la igualda d debe ir acompañada d e
corresponsabilidad d e los h ombres en tareas domésticas y familiares, aportando
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beneficios tanto a mujeres como a homb res. (Ruiz, 1 998; Elliot, 2001; Kelley et
al, 2001; Bergara et al, 2008; Ceballos, 2014) .
El alumnado percibe la capacidad de los padres y las madres p ara realizar tarea s
domésticas d esde tempranas e dades (Pardo Arquero y Tirado Monzó, 2006). El
95% de los n iños y niñas en tre 9 y 18 a ños c reen que las tareas domésticas se
deben repartir entre todos (Maganto et al, 2003). El 77 % de hombres y el 86%
de mujeres conceden m ucha o bastante importancia a la igualdad, y el 79% de
hombres y el 8 8% de mujeres consideran que deberían tom arse más med iada s
a favor de la igualdad . Los hombres consideran métodos para e rradicar la
desigualdad: asumir tareas domé s ticas, dando ejemplo a sus hijos e h ijas (94%);
considerar a las mujeres como sus iguales, dando v alor a sus deseo s, opin iones,
trabajos... (93%); criticar los comportamie ntos poco respetuosos hacia las
mujeres que tengan sus compañeros y amigos (92%); asum ir que la igualdad
tiene beneficios, tamb i én hacia ellos (88%); y ser activos en la defen sa de los
derechos de las mujeres (89%) (Be rgara et al, 2008).
No o bstante, pa r ece que los roles no han variado sustancialmente en décadas,
ya que los varones dedican poco tiempo a las tareas del h ogar, aunque los
jóvenes ded ic an más tiem po (Instituto de l a Mujer, 2007b; Sán c hez -Herrer o
Arbide et al, 2009; Ce ballos, 2014). Además, los hombres consideran que las
mujeres llevan la ma yor carga d e ta reas doméstica s (Bianchi et al, 20 06 ;
Sánchez-Herrero Arbide et al, 2009). Independientemente del sexo, som os
capaces d e realizar las ta reas d omésticas, y por tanto una mane ra de coeducar
desde la familia es compartir en casa las responsabilidades y en señar a los h ijo s
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e hijas a compartirlas (Pardo Arquero y T irado Monzó, 2006; Castilla Pérez,
2008).
Finkel (1997 ) señalab a que el 65,7% d e las m adres siempre h acía n la compra,
el 81,4 % lavaban la ropa, el 63,4% llevaban a los hijos al médico, el 61,6% iban
a hablar con los docentes, y el 44,4% de los padres se en c argaban de pequeños
arreglos. Otras investigaciones ponen de manifiesto q ue el 87,4% de los niños y
niñas de 9 a 10 años perciben que la carga diaria de las tareas recae sobre las
madres (Maganto et al, 2003). El 91,9% de las mu jer es a partir de los 10 años
realizan tareas domésti cas y se ocupan del cuidado d e otro s m iembros fa miliares
ded icando unas 4 ’30 horas semanales, frente al 74,7% de los varones que
dedican 2,30 horas (INE, 2012).
Entre un 60 -80% de niños y niñas de 9 a 10 años rea liz an las siguientes tareas:
recoger su do r mitorio, poner la m esa, bajar la ba sura, hacer su cama, h ace r
recados. La m itad de los niño s y niñas participan en o rdenar las cosas de otro,
recoger las cosas de otro y barrer. La pa rticip ación de las niñas es superior a la
de l os ni ños, y m ayor diferencia a mayor e dad. Sin e mbargo, cuando aumenta la
participación en las tareas se a umenta la cohesión, la expresiv idad y la
organización percibida por los hijos e hijas en la familia (Maganto et al, 2003).
Por otro lado, en los últimos años ha habido un pequeño incremento del
porcentaje de mujeres con carnet de conduc ir, siendo en el año 2003 del 39% a
en 2012 el 41% de las mujeres poseedoras de dicho carnet (DGT, 2012).
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Asimismo, los patrones f emeninos y ma sc ulinos se ven re forzados desde la
publicidad, los j uegos y los juguetes. Los juguetes masculinos potencian los
juegos rudos y activos, y los femeninos fomentan los juegos p asivos y tranquilos
(Lera Rodríguez, 2000).
Debemos ap rend er a utilizar el lenguaje masculino y f emenino, y hacer visible a
la m ujer, utilizar con n iñas y niño s el m ismo vocabulario, los mismo s gestos,
expresiones, etc., atendiendo a c ada pe rs ona de fo r ma indiv idual, con sus
características y n ecesidades concretas, pero evitando generalizar por el sex o
(Pardo Arquero y Tirado Monzó, 2006; Castill a Pérez, 2008).
Por todo ello, pretendemos o rientar posibles d iagnósticos que puedan re aliz arse
en o tr os centros, así como marcar un p unto d e partida para la evolución de las
actuaciones que se vay an a llevar a cabo en nuestro centro educativo, y tene r
un referente para futuras intervenciones.
METODOLOGÍ A
Se pretende recoger me diant e una encuesta la percep ción del alumnado sobre
la pa rticip ación de la familia en las responsabilidades en el hogar en un centro
educativo ubicado en Lucena (Córdoba, España).
Muestra
El ce ntro cuenta con 634 alumnos y alum nas, y se ha establecido la
heterogeneidad del grupo en e l 50%, el niv el de confianza en el 94% y el margen
de error en el 5% , obteniendo la recomendación de encuestar a 228 personas
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(DSIIFM, 20 16). Ante ello hemos encuestado a l azar un mínimo de 4 alumnos y
4 alumnas en las 27 clases del centro, tres grupos por curso desde Educación
Infantil de 3 años hasta 6º de Educación Primaria.
Instrumentos
Se generó una encuesta seleccionando un pequeño número de cuestiones que
permitieran al a lumnado realiz arla con f acilidad, y al profesorado un rápido
análisis, y a q ue el programa re aliza el análisis de los datos y g enera las gráficas.
Las cuestiones f ueron creadas tras consultar diferentes fue ntes bibliog ráficas y
considerar interesante valorar la p articipación de los distintos m iembros de la
familia en las ta reas do mésticas. La encuesta fu e pasada por un docente de
forma oral al alumnado más pequeño y pudo realiz arla por sí solo el a lumnad o
de los cursos superiores.
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Temporalización
Durante los meses de octubre a diciembre d e 2016 se reali zó la búsqueda
bibliográfica, comenz ando la recogida de pr opuestas sobre diferentes encue stas
realizadas e n otros estudios. A primeros de diciembre se d eterminó el tipo de
encuesta a realizar, y tras diversas sesiones de inicia ción al manejo de Dr ive, se
procedió a la e laboraci ón y recogida de dato s. Rea liz ándose d urante los meses
de diciembre de 2016 y ene r o de 2017 el análisis y realización del presente
documento.
RESULTA DOS
Se p resent an los resultados de f orma global en f rec uen cia y po rcentajes, y
cuando se ha considerado interesante, separadas la s respu estas por género en
porcentajes, y los que corresponden a los 1 40 a l umnos y alumnas que han
señalado que su s mad res realizan trabajo remunerado en f recuencia. L os
resultados se muestran en las siguientes gráficas:
Aunque en el 52,2% de las f amilias trabajan ambos p roge nitores, se percibe un
38,2% de hogares en los que el poder adquisitiv o lo obtienen los varones.
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A la hora de jugar con las nuevas tecnologías, 61,8% del a lumnado participa de
esta activ idad con o tros miembros de la familia que no son los progenitores. Los
niños perciben ju gar más con sus padres que con sus madres, mientras que las
niñas perciben jugar más con sus madres que con sus padres.
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El 78,9% del alumnado percibe la li mpieza del suelo como responsabilidad de la
madre, y existe un 10,1% de hogares donde ambos progenitores realizan d icha
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actividad. Hay mayor porcenta je de ni ñas q ue perciben q ue limpian m ás el suel o
ellas, así como entre todos, y el porcentaje es a lgo mayor para los niño s que
indican que esta tarea la realizan los p adres . De las 140 mad res que trabajan,
más de 102 son las únicas responsables de la limpieza de la casa.
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El padre es percibido como el princ ipal resp onsable de tirar la basura en un
31,1% de los hogares, la madre en u n 22,4% , y el 15,8% del alumnado, aunque
hay más niños que niñas que indican ser los resp onsables de tirar la basu ra.
Cuando la m adre trabaja, las madres son también u nas de las p rincipa les
responsables de tirar la basura.
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En el 28,5% de los hogares se perciben las madres como responsab les de poner
la m esa, el 25,4 % los alumnos y alumnas que contribuyen en dicha tarea, y los
niños p erciben más qu e las niñas que los padres c ontribuyen e n e sta ta rea más.
De las 140 madres qu e trabajan, 34 son las únicas responsables d e poner la
mesa, a unque se aprecia un incremento de la participa ción d el resto de la familia.
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Las madres se perciben como las principales responsables d e recoger la me s a
en un 35,5% de los hogares, aunque las hijas perciben más que l os hijos que lo
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realizan más padres. De las 140 madres que trabajan, 44 son las únicas
responsables de recoger la mesa después de comer.
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El 76,8% de las ma dres so n p ercibidas como las responsables de cocinar, y un
16,2% del alumnado pe rciben que e s una tarea compartida entre ambos
progenitores. De las 140 madres que trab ajan, 101 son las únicas responsables
de realizar la comida.
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Las madres se pe rcib en como l as responsa bles de la ropa que el a lumnado se
pone en un 76,8% de los hogares, y el 13,2% del alumnado s e hace responsable
de prepa rar su ro pa. Hay un ma yor po rcentaj e de ni ñas que de ni ños que deciden
la ropa que van a ponerse. De las 140 m adres que traba jan, 109 se perciben
como las responsables de preparar la ropa
.
DISCUSIÓN Y CONCLUSIONES
El alumnado percibe que el hombre está vinculado a proporcionar los ingresos
en m ás de un te rcio de las fam ilias, aunque nuestro porcentaje de m adres que
trabajan es s uperior al obtenido en 2015 por el INE (2016).
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A la hora d e jugar con los progenitores, los niños perciben que sus pa dres jueg an
más c on ellos y las niñas que ju egan más co n sus madres, s alvo a los muñecos ,
que tanto n iños como niñas, perciben que juegan má s con sus m adres. Y a la
hora de recoger sus juguetes nuestros varones realizan más que las n iñas e sta
tarea.
Encontramos una participación notable por parte de la mu jer en la conducción
del coche, aunque no se refleja el porcentaje de mujeres con car net se ñalados
por la DGT (2012)
En cuanto a la persona encargada de llevar a los niños a l médico, hemos
encontrado valores similares en la responsa bilidad d e la m adre a los ind ic ados
por Finkel (1997).
Obtenemos que nuestro alumnado realiza su cama con p orcentajes la mitad de
los señalados por Maganto et a l (2003) para n iños de 9 -10 años, quizás de bido
a que nuestro rango de edad es más amp lio hacia e dades inferiore s. Así mismo,
parece en nuestro est udio una tarea tanto de niños como de niñas, frente a su
participación en la tarea superior de niñas que de niños.
La lim pieza de la casa sigue sien do percibida como responsabilidad de las
madres, e incluso son las niñas las qu e realiz an esta activ idad en mayor
porcentaje que los niños.
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Maganto et al (2003) s eñalaba u n alto porcentaj e de niño s y niñas que eran
responsables de baja r la basura, mientras que en nuestro estudio hemos
encontrado unos valores m uy b ajos, aunque en nuestro estudio se p ercibe que
son los p adres los principales responsables de tirar la basura y los hijos varones
señalan realizarlo en mayor porcentaje que l as niñas.
En el estudio d e Maganto e t al (2003) se indica un alto porcentaj e de niños y
niñas que contribuyen a p oner la m esa. En nuestro estudio, aunque las madres
son las principales res ponsables de poner la mesa, parece s er una de las tarea s
con mayor participación por parte de todos los miembros de l a familia, a
diferencia del mayor porcentaje de madres en la responsabilidad d e recogerla.
A la hora d e cocinar y prep arar la rop a d e los hijos e hijas, las mad res se perciben
como las principales responsables de realiz ar d ichas tareas domésticas.
Así mismo, sigue apareciendo la mujer como la principa l responsab le de ta reas
en el h ogar aunque po sea además un tr abajo remunerado, por lo q u e la
liberación de la mujer y su i ncorporación al mundo la boral sigue manifestándose
como una carga adicional (Ruiz , 1998 ).
Bergara et al (2008) recogía como principal método pa ra erradicar las
desigualdades en tre los sexos el asumir tareas do mésticas ta nto hombres co mo
mujeres, y aunque se percibe implicación de n uestros pa dres en las tareas
familiares, son las madres las p rincipales responsables, lo que suele llevar al
aprendizaje por imitación tanto para hijos como hijas.
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4.2. Fuer zas políticas y soc iales democr áticas:
4.2.1. La Junta Dem ocrática y la P lataform a de
Convergencia Democ rática.
4.2.2. El m ovimiento obrer o: huelgas, m ovilización,
represión.
4.2.3. La gran red popu lar antif ranquista: m ujeres,
estudiantes y asoc iaciones de vecinos .
4.2.4. La clave exterior: Revolución de l os claveles y
Guerra fría.
5. La ruptura pact ada o la r eforma dem ocrática de Suáre z :
5.1. Adolf o Suárez, pres idente del Go bierno (d el 1 5 de j ulio
de 1976 l 4 de ju lio de 197 7)
5.2. Reacciones al nom bram iento de Suárez en l a prensa de
la época.
5.3. Valoración d e Suáre z por la oposición democ rática de
izquierdas.
5.4. ¿Ruptur a o reform a? La Ley para la ref orm a política.
5.5. Los lím ites del diálogo con l a oposici ón: la huelga del 12
de noviem bre de 1976.
5.6. El ref rendo de la Le y para la reform a política.
5.7. La “sem ana trágica de la transición”
5.8. Las elecc iones del 15 de junio de 1977.
5.9. La tardía r espuesta a la c risis económ ica: los “Pact os de
la Mon cloa”
6. La transición inacabada:
6.1. Am nistía, impunidad y olvido.
6.2. El franquism o en las Fuer zas arm adas.
6.3. La lucha por e l autogobiern o en Andalucía .
SÍNTESIS,
RECAPITULA CIÓN Y
“R ESULTADOS Y REPERCUSION ES. MIRANDO AL FUT URO”
1. La correlación de las fue rzas políticas, clave del resultado final.
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EXT RAPOLACIÓN DE
CONT ENIDOS A
NUEVAS SIT UACIONES
DE APRENDIZ AJE
2. Pasado-futuro: ¿condiciona el resultado de la transición la calidad
de nuestra dem ocr acia?
3. La m emoria fam ili ar de la transici ón.
4. E l m ural de la transici ón.
A la hora de fundamentar historiográficament e la propuesta didáctica, debemos
entender que pocos periodos históricos son tan complejos como el abordado
aquí. Para unos h istori adores la transición es impecable, fruto del consenso ,
idílica e incuestionable (Javier Tussell, Santos Juliá, Antonio Elorza.. que
encabezan la denominada co rriente interpretativa “of icialista”), mientras que para
otros no (Ferrán Galle go, Carme Molinero o Rafael Qu irosa, representantes de
una corriente “revisionista crítica”). A modo de ejemplo:
“El 20 de noviembre de 19 75... no había ningú n guión escrito... El res ultado
final, por lo menos a partir de 1982, fue una monarquía parlam entaria
basada en una Constitución democrática, con un amplio catálogo de
derechos y libertades, el fruto de una tran si ción co m pleja, s embrada de
conflictos, de o bstáculos previsto s y de problemas ine sperados, en un
contexto de crisis económ ica y de ince rtidumbre política”
18
“La tran sició n política en España… fue un proceso marc ado po r una idea
central: encontrar una salida pacífica y n eutraliz a da a la dictadura del
general Franco… L a tran sición fue concebida como un proceso de
transacción entre é lit es, ajenas a reivindica ciones más transformadoras
18
CASANOVA, Julián y GIL, Carlos (eds.). Historia de España en el siglo XX.
Barcelona: Ariel, 2009, pág ina 305.
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nacidas d e la oposició n a la di ctadura que, por otro lado, n o pudieron reu nir
fuer z as suficien tes como para im poner su s puntos de vista rupturist as”
19
Otros h ist oriadores utiliz an el con cepto de “revolución pa siva com o modo de
reacción política ante la crisis o rgánica d e un sistema. Con stituye é sta una
especie de salida inte r m edia e ntre la dictadura y el cambio revoluciona rio. Par a
que pueda rea liz arse, tiene que existir una amena z a lo basta nte fuerte para
poder de rribar u n régim en y lo suficientemente débil pa ra instaurar un nuevo
sistema. En esta situación mezclada de debilidad y fo rt ale z a, algunos
representantes de las clases po líticamente débiles y económ icamente fuertes
logran integrar y ha cer su yas partes de l programa de dem anda s de los grupos
adversarios y consiguen realiz ar una re volución pasiva”
20
Nuestra te sis se centra en demostrar cómo las cosas se hicieron de un a fo rma
(la denominada “reforma d emocrática”), p er o que bien pudieron haber sido de
otra si la correlación de las fuerzas político -sociales hubiera sido distinta y el
contexto internacional de guerr a fría n o h ubiese b loqueado los logros de la
revolución de los claveles.
Didácticamente hablando, resumo brevemente las actividades má s de stacadas
de la propuesta:
19
MONEDERO, Juan C. La transición contada a nuestros padres.
Nocturno de la democracia española. Madrid: Ediciones de Los Libr os de la
Catarata, 2013, página 226.
20
TRÍAS VEJARANO, Juan. Gramsci y la izquierda europea. Madrid:
F.I.M., 1992, páginas 97- 114.
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1. Actividades de motiv ación inicial: “Demo cr acia versus di ctadura”
-Objetivos:
a. Analizar, explicar y dif erencias las n otas definitorias de un sistema
democrático y otro dictatorial.
b. Conocer el continuum h istóri co de n uestro pasado reci ente, diferenciando los
períodos verdaderamente democráticos de lo s que n o lo son.
c. Aflorar los conocimi entos que el alumnado posee sobre la historia reciente de
España.
-Estrategias.
Se trata de una activ idad en la que el alum nado de be consta tar las
características bá sicas del funcionam iento de un sistema político democrát i co
deferenciándolo de otro d ictatorial, vinculándose además, los p rincipales
episodios hist óricos de la España recien te . Se pretende que el a lumnado
diferencie a partir d e i mágenes concretas la impo rt ancia de viv ir e n un sistema
democrático. Para aplicarlo al caso español, se utiliza también un texto del
profesor Tuñ ón de Lara en el q ue se explican sucintamente las diferencias entre
la Dictadura f ranquista y el sistema demo crático. Por último, se plantea un d ebate
en el grupo clase para que s e argumente, di scu ta y valore razonadamente la
conveniencia de un sistema político u otro.
2. Activ idades de tratamiento de la nueva información: “Las fu erzas políticas y
sociales que luchaban por la de mocracia: la Junta democrática”
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Como n o podemos profundizar en toda s ellas, se leccionamos ésta a modo de
ejemplo.
-Objetivos:
a. Conocer, diferenciar y v alorar las distintas f uerzas políticas y sociales que
lucharon por la democracia d urante la transición, d isti nguiendo las aportaciones
de partidos políticos, mo v imiento obrero, a sociaciones vecinales y movimientos
estudiantiles.
b. Profundiz ar en la id ea de que la lucha democrática fue, e ntre otras m uchas
cosas, un a acción col ectiva de l pueblo e spañol y n o la labor solitaria de unos
cuantos líderes políticos.
c. Distinguir el alcance de las distintas propuestas para el establecimiento de la
democracia: reforma, ruptura y reforma pa cta da.
Dada la complejidad d e los aconte ci mientos acontecidos entre 1973 y 1977,
ofrecemos a l alumnado u n m apa conceptual y crono lógico de los mismos, del
cual vamos a exponer el papel de la Junta democrática como ejemplo d e la
opción rupturista con el f ranquis mo y el esta blecimiento de la democracia. Par a
ello, seguimos el siguiente itinerario pedagóg ico:
Formación de la Junta democrática. Programa y reivindicacione s en 1974.
El papel del P.C.E. Dentro de la Junta.
El P.C.E. en la lucha por la democracia durante la Dictadura. Represión y
oposición al régimen. Los casos de Julián Grimau o el Proces o 1001.
La sociedad española del tardofranquismo y las propuestas del P.C.E.
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Los instrumentos de lucha del P.C.E.: la “huelg a nacional”.
Como ejemplo de otras a ctividades dentro de e sta fase metodológica,
destacamos tres:
1. Mostrar al alumnado, a tra v és de vídeos alte rnativos de la época y las letras
de las canciones más de stacadas del momento (“Am nistía, libertad; amnistía,
libertad”) que las huelgas en la transición no eran sólo instrument os de lucha
para la reivindicación de derechos sociolaborales sino también ar mas de tipo
político. Asi mismo, s e realiza un proceso de lectura pasado -presente para
contrastar dichas huelg as con la s actu ales.
2. Analiz ar y valorar la incidencia de la coyuntura internacional en e l proceso de
la transición, incid ien do en cómo se obstaculiz aba alternativas y propue stas
lideradas por el P.C.E. o se favorecí an otras ligadas al aparato del régimen.
También proponemos una actividad de contraste con la situación vivida en
Portugal, pa ís en el que triunfó la opción rupturista durante la revolución de los
claveles, al contrario que en España.
3. Mostrar al alumnado cómo la represión y la violencia no f ue un rasgo propio
de la Dictadura, sino q ue también se produjo en estos años. A partir del trabajo
con tablas estadística s, imágenes y vídeos de las situaciones conflictivas y el
análisis de la prensa y los te stimonios de los prota gonistas, tratamos de poner
de reliev e cómo hubo m omentos de m áxima tensión q ue hicieron tambalearse al
proceso de construcción democrática (por ejemplo, en la “semana trágica de la
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transición”), generand o unos temores al bloque dominante, tal y como a parece
en el análisis de la entrev ista a Rod olfo Martí n Villa anteriormente citada.
Por último, introduzco e n esta fa s e un apartado titulado “La tra nsición
inacabada”, donde abordamos el est udio de tres temas básicos “no resueltos” e n
estos años: la amnistía y el pacto de silencio, la organiz ación territorial del esta do
y la democratización de las fuerzas armadas.
3. Actividades de g eneralización, extrapolación y arg umentación de
conclusiones: “La cor relaci ón de fuerzas d urante la tra nsición, la clav e del
resultado final”.
La intención metodológica en esta fase f inal de l plan de trabajo es sintetizar los
contenidos f undamentales trabajados en la prop uesta y extrapolarlos a otras
situaciones históricas. El p ropósito de la actividad señalada es que el alumnado
compruebe cómo e l r esultado del proceso de la transición está í ntimamente
relacionado c on el p eso de las distintas fuerzas políticas prota gonistas del
mismo. P ara ello, proponemos un itinerario peda gógico distribuido en tres fases:
Cuáles eran las opciones políticas frente a la Di ctadura.
Por qué triunfa una opción reformista y no otra rupturi sta.
Cuál fue la c orrelación de f uerz as q ue permitió el desarrollo de unas po líticas
y no de otras.
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Seguidamente, planteo una actividad para que e l alumnado relacione pasado y
presente: ¿condiciona nuestro presente la forma y los resultados finales del
proceso d e transición a la democracia? E n un debate f i nal, el alu mnado d ebe
valorar aspecto s co mo la ruptura democrática, el sistema d e partido s, la je fatura
del Estado , el papel d el pueblo en los procesos políticos, la idoneidad de la
Constitución...
Terminamos con unas conclusiones generale s sobre el periodo estudiado:
- En nuestra transición triunfó un modelo de “ refo r ma democrática” d ebido a la
conjunción de v arios fa ctores explicativ os: la corr elación de fuerzas ex istente en
el momento, el con tex to internacional de la guerra f rí a o el temor entre los
poderes fá ctic os de l rég imen y las potencias occide ntales a qu e en Esp aña se
repitiese una nueva “rev olución d e los clav eles” portuguesa.
- La c onstatación de q ue las decisio nes to madas durante l a tra nsición marcan l a
calidad de nuestro sistema democrático actual, para bien y para mal.
- Decisiones “aparentemente” secundarias en la tran sición , como la
promulgación de la Ley de amnistía de 1977, sirvieron para generar un pacto d e
olvido y silencio, provocando una “a mne sia colectiva” sobre la represión y los
crímenes de la Dictadura franquista.
- Didácticamente ha bla ndo, este periodo histórico provoca, d ebido a su
complejidad estructural, un d i fícil aprendizaje por parte del alumnado. Hemos
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huido de una v isión “trad icional” del tema basado en los gran des hechos, los
“principales” protagonistas y los grandes doc umentos .
Para terminar, la elaboración d e propues tas didácticas sobre este p eriodo
histórico tan comp l ejo, incluyendo las ú lti mas aportaciones historiográficas es
absolutamente necesaria pa ra que nuestro alum nado construya un relato veraz
y objetivo de estos m ome ntos históricos trasc endentales para la c omprensión de
nuestro actual sistema democrático. Nos corresponde a nosotros, profesores y
profesoras d e enseñanza secun daria, poner los cimientos de u n edificio que se
irá autocon s truyéndose a lo largo de un p ro ce so vital y que deter minará que,
como ciudadanos y c iudadanas d e este p aís, participen activa mente en l a
consolidación de un verdadero siste ma democrático.
BIBLIOGRAFÍA .
ARÓSTEGUI, J. La transición (1975 – 1982). Madrid: Acento, 2000.
CASANOVA, J y GI L, C. (e ds.). Historia de Es paña en el sig lo XX .
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didáctica. Los retos de la transició n: 1973 -1978. De la Dictadura franquista
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Península, 2006.
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1991
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textos, ví deos que contengan e x plicaciones e infografías para que los
estudiantes trabajen en casa los contenidos teór icos. E stos pueden leer
los documentos y ver los vídeos todas las veces que sean necesarias.
Así, se favorece la atención a la div ersidad y la implicación de las f amilias.
Al trabajar los conteni dos teóricos en casa, el tiemp o de clase se de dica
a resolver las d udas y a favorecer el debate, la reflex ión crítica, el
aprendizaje cooperativo, el ABP, entre otros.
- Design Thinking (pens amiento del diseño). E s una metodologí a inspirada
en los diseñadores de p roductos que combin a el pensamiento creativo y
el pensamiento analítico. Co nsta de cinco fa s es: (i) empatiza: el alumnado
detecta las necesidad es de los u suarios para los que v a a diseñar un
producto; (ii) define: se criba la información más importante que se ha
recabado en la fase anterior; (iii ) idea: se tra ta de generar todas las ideas
que se ocurran sin de scartar ningun a; (iv ) p rototipa: consiste en hacer
tangibles las ideas p revias; y (v) testea: en esta fase se prueban l os
prototipos para ver cuál es el m ás adecuado y satisfa ce las nece si dades
de los usua rios .
Del mismo m odo, se potenciará la creaci ón de Grupos de Trabajo y Fo rmaciones
en Centro vinculado s a l fomento d el p luri lingüismo y a l de s arrollo de la
competencia lingüística, así com o la solicit ud d e proyectos de investigación,
innovación y e l aboración de materiales curriculares centrados en estas
temáticas. Tal y como puede vislumbrarse, se recoge una ambiciosa oferta
formativa, m uy am plia y com pleta, que d ar á cabida a diversas m odalidade s
formativas (congresos, jornadas, encuent ros, cursos p resenciales, cursos
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semipresenciales, cursos online), que potenciará la cooperaci ón con las
universidades y o tro tipo de instituciones, y que cubrirá todas las necesidades
del pr ofesorado andaluz , quien muestra un compromiso sin f isuras con la me jora
de la co mpetencia en comunicación ling üística del alumnado. Sin l ugar a dudas,
es digna de reconocer y elogiar la encom iable labor que están llevando a cabo
los d ocentes de los centros educativos de Andalucía a la h ora de ofrecer una
educación de calidad.
REFERENCIAS
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http://www.juntadeandalucia.es/educacion/webportal/w eb/pel
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XPERIENCI A S
EDUC A TIV A S
EXPERIENCI AS
EDUCATIVAS
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IMPLEMENTA CIÓN DE UNA A GEND A ESCOL A R COLA BORA TIV A CON
GOOGLE C A LEND AR. PROYECTO Y TUTORIAL
F EDERICO A BAD R UIZ
IES Gran Capitán
[email protected]
RESUMEN
Durante el pasado año aca démico 2 015 -2016 nos p lanteamos en el
Departamento de Formación, Evaluación e Innovación Educativa de nu estro
centro poner en funcionam i ento una agenda escolar colaborativa sirviéndonos
de un a herramienta onl ine . S e trataría de llev arla a cabo como un pro yecto piloto
aplicada a un solo grupo, aunque su finalidad real sería, en caso d e que la
evaluación de la experiencia resultara positiva, extender su implementa ci ón a la
totalidad de los grupos..
PALA BR A S CL A VE : AGENDA ESCOL AR, TR A B A JO COL ABORA TIVO,
GOOGLE C A LEND AR
Fecha de recepción del artículo: 14/01/2017
Fecha de Aceptación: 23/03/2017
Citar artículo: ABAD RUIZ, F. (2017). Implementación de una agenda escolar
colaborativa con Google Cale ndar. Proyecto y tuto rial. eco. Revista Digita l de
Educación y Form ación de l profes ora do . CEP de Córdoba.
Objetivos y requisitos
Durante el pasado año aca démico 2 015 -2016 nos p lant eamos en el
Departamento de Formación, Evaluación e Innovación Educativa de nu estro
centro poner en funcionam i ento una agenda escolar colaborativa sirviéndon o s
de un a herramienta onl ine . S e trataría de llev arla a cabo como un pro yecto piloto
aplicada a un solo grupo, aun qu e su finalidad real sería, en caso d e que la
evaluación de la experiencia resultara positiva, extender su implementa ci ón a la
totalidad de los grupos.
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Dicho proyecto ha de regir se por los siguientes objetivos :
1. Eliminar la agenda e scolar en papel, re duciendo así el peso de lo s
materiales impresos que nuestro alumnado acarr ea en su mochila,
2. Arbitrar una fórmula ho mogénea para dejar consta ncia d e las tareas,
exámenes y actividades por reali zar, evitando que su anotación de penda
de la capacidad o el interés de cada alumno . La info rmación recogida pasa
de ser individual a ser común, esto es, única para todo el colectiv o.
3. Avanz ar en la incorporación de las nuevas te cnologías al aprendizaje del
alumnado, e n este caso a la organiz ación d e la actividad académica. Co n
ello se trata de contribuir a la Competencia D igital
21
.
4. Proporcionar visibilidad a la carga de trabajo real d el alumnado tant o p ara
él mismo como pa ra el equipo docente. De e se modo se hace factible
ponderar el volumen de tareas que se han de realizar fuera de las horas
lectivas -un tem a de actualidad entre los medios de comunicación -, y se
nos ofrece la posibili dad de equilibrarlas o de d emostrar que no existe
sobrecarga de trabajo basándonos en datos fehacientes.
21
BOE. Orden ECD/65/201 5, de 21 de enero, por la que se de scriben las relaciones entre
las com petencias, l os c ontenidos y los criter ios de evaluación de la e ducación prim aria , la
educación secu ndaria o bligatoria y el bach illerato [en l ínea]. [Cons ulta: 24 d e m arzo de 2 017].
Disponible en http://www.b oe.es/diario_boe/tx t.php?id=BO E -A-2015-7 38
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5. Dejar co nstancia de la distribución de pruebas y exámenes, al obj eto de
que se puedan program ar de mod o que fa vorez ca su preparación por el
alumnado.
6. Ofrecer a los padres y las m adres del alumnad o un control sobre el tr abajo
de sus hijos, evitando l os casos en los que determinados alumnos puedan
dar una información errónea a sus padres.
Los requerimientos que a nuestro en tender de be cumplir e ste sistema son los
siguientes:
. Facilidad de uso tanto en la edición como en la consulta para los colectivos
implicados: profesorado, alumnado y padres,
. Accesibilidad óptima desde distintas plata formas y dispositivos: ordenadores
W ind ows, MacOS o Guadalinex, y teléf onos o tableta s Android, iO S o
W ind ows.
. Evitar el empleo de plataformas educativas com o Edmodo o Moodle. Sus
características rebasan notablemente la limitada f i nalidad que nos
marcamos, lo que redunda en una curva de aprendizaje más lenta con el
consiguiente consumo de horas lectivas.
. Evitar la necesidad de instalar apps voluminosas en los dispositivos móviles
-de hecho existen versiones de E dmodo y Mod dle para Android e iOS - ,
pues comprometen la frecuente e sc asez de memoria en aparatos de
gama baja, y obligarían a las familias con m enos recursos a hacer
inversiones adicionales.
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. Evitar la suscripción a nue v as cuentas o servici os distinto s de los empleados
de forma habitual, lo que en ocasiones provoca reticencias,
. Que n o i mplique n ingún desembolso a ninguna de l as partes i mplicada s:
centro, p ro fesorado y fa milias del alumnado. Es de cir, solo aplicaciones
preinstaladas o gratuitas.
Elección de Google Calendar como herramienta
Con las premisas indic adas decidimos finalmente analiz ar las posibilida des que
ofrecía Google Calendar, y comprobamos que la operatividad de este calendari o
electrónico creado en 2 006 daba respuesta a nuestras limitadas exigencias,
pues permite:
1. Crear la plantilla horaria para to do el a ño académico -con el nombre de la
materia impartida en cada sesión - adaptándose a l horario específico d el
centro, incluida su fecha de fina liz ación, que coincide obviamente con el
final de curso. Permite además asignarle un co lor distinto a ca da materia
(aunque en a lgunos calendarios que vien en de serie en ciertos
dispositivos no se muestren).
2. Editar ca da uno de esos evento s -en ten diendo que los eventos de la
agenda coinciden e n este caso con las sesiones de cada materia -, de
manera que al térmi no de cada clase puedan apuntarse las tareas,
pruebas o exámenes que han de realizarse pa ra la próxima, e incluso
anotar cualq uier activ idad que ocupe una o v arias horas determinad as en
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las sig uiente s fe chas. Y to do e llo sin que af ecte a la plantilla básica creada
al comienzo.
3. Otorgar diferentes tipos de permisos sobre el ca l endario creado ,
principalmente dos: edición -realizar cambios en los eventos- y consulta -
consultar detalles de los eventos -.
4. Acceder al calendario desde distintos disposi tivos:
a. Desde cualquier ordenador o d ispositiv o mó vil a través de cualquier
navegador: Microsoft IE /Edge, Mozilla Firefox, Go ogle Chrome,
Safari, etc.
b. En los d is positivos Android viene preinstalado -quienes tengan una
versión de se rie antigua pueden instalarse la última y actualiz ada
gratuitamente en la tienda de Google
22
-.
c. En los dispositiv os iOS (iPhone o iPad) usando una cuenta de
Google/Gmail desde la aplicación pr einstalada Apple Calendar o
instalando la aplicación desde la tienda de A pple
23
.
d. En los o rdenadores y tabletas con W in dows 1 0 usa ndo una cuenta
de Google/Gmail desde la aplicación preinsta lad a Calendario.
Por otra p arte, si bien es cierto que Google Calendar e x ige a sus usuarios tener
una cuenta d e Google, e l hecho de que dicha cue nta es necesaria para utilizar
un dispositivo And roid, y que dicho sistema operativo ha alcanzado en España
22
GOOGLE PLA Y. G oogle Cale ndar [e n lí nea]. [Consulta: 24 d e m arzo d e 2017 ].
Disponible en https://pla y .g oogle.com/s tore/apps/details?id =com.google.an droid.calendar&hl=es
23
i TUNES. Google Cal endar: aprovecha tu día al m áximo [en línea]. [Consulta: 24 de
m arz o de 2017]. Disponible en : https://itunes.apple.com /es/app/goog le -calend ar-
aprovecha/id 909319292?m t=8
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una cuota de mercado del 93,9 %
24
, tien e como resultado que casi la totalidad
de los participantes no necesitarán crear una nueva cuenta.
Toma de decisiones
Para poner en marcha e l proyecto sopesamos de entrada cuál serí a el grupo con
el que se llevaría a cabo, y decidimos h acerlo con el de 2 º de ESO A. Entre los
argumentos a favor de esta elección figuran los siguientes:
. Es u n grupo reducido de 13 alumnos, pues com parte horas lectivas co n el
grupo de PMAR -Programa de Mejora del A pr endizaje y d el Rendimiento -
.
. Se da la circunstancia de que el alumnado de dicho grupo presenta u na
competencia curricular media -alta y una motivación no menos alta, lo cual
favorece el adiestramiento en s u uso en un momento tan crítico co mo es
su primera implementación.
. Una b uena d isposición tanto p or parte del tuto r como, e n general, del e quipo
docente.
. Se trata de u no de los grupos de Primer Ciclo de la ESO que f orm an parte
del proyecto de a prendiz aje de Música con d ispositivos m óvil es o M-
learning
25
que inicié el pasado curso. Como consecuencia de ello este
alumnado ya conocía el funcionamiento de alg unas aplicaciones Android
24
CINCO DÍAS. Android al canza s u m a y or cuo ta d e m ercado en Españ a [en línea].
[Consulta: 24 de marzo de 2017]. Dispo nible en:
http://c incodias .com /cincodi as/201 6/06/15/ tecno logia/1 4659872 35_75 0846.htm l
25
W IKIPEDIA. Aprendizaje e lectrón ico móvil [en línea]. [Consulta: 24 de m arz o de 2017].
Disponible en: https://es.wik ipedia.org/wik i/Aprendizaje_electrón ico_móvil
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Ilustración 3
Esta op ci ón nos lleva a la pantalla de creación de l calendario. Aquí h abrá que
rellenar o seleccionar los siguientes ítems:
Nombre del calendario . Puede ser cualquiera. He optado po r darle las
iniciales IGC (Instituto Gran Ca pitán) para i denti ficarlo claramente cuando
haya varios disponibles, seguido del g rupo (2º ESO B en este ejemplo; no
he querido u sar el de 2º de ESO A porq ue ya est á creado y en
funcionamiento) y del año acadé mico.
Descripción . Podría se r opcion al, pero n os a yuda a identificar el
calendario en caso de duda.
Zona horaria d el calendar io . Conv iene asegurarse de que está
seleccionado nuestro país y su correspo ndie nte z ona horaria.
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Hacer público e ste calendario . Marcar este c asillero para poder
compartir posteriormente el calendario con los usuarios.
Ilustración 4
Una vez cum plimentado lo indicado pulsamos en cualq uiera de los dos botones
ro tulados como Crear calendario [Ilustración ]. Una advertencia nos informa d e
que los eventos serán públicos. Pulsamos en Sí . Regresamos de ese modo a la
vista general del cale ndario y en unos segundos v eremos que aparece el
calendario creado en la sección Mis calendarios [Ilu stración ].
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Ilustración 5
Crear la plantilla horaria de la agenda
Bien, ha lleg ado el momento de crear el primer evento (sesión de cl ase).
Podemos comenzar e n cualquier lugar de la semana. E n este caso hemos
pulsado sobre la casilla 08:00 d el lunes. No importa que la sesión no comience
a esa hora: luego la ajustaremos. Al pulsar a parece una ventana em ergente .
Rellenamos la casilla d el nombre d el evento con la materia seguida de do s
puntos y un espacio (esto facilitará la anotación posterior de las tareas).
Conviene usar ab reviaturas c on vistas a mejorar su v isualización en d ispositivos
móviles, donde la tipog raf ía e s gran de y el espacio menor. He a punta do
“TECNO: ” para referirme a la Tecnología.
Y q uizá lo m ás importante: en el ap artado C alendario hay que pulsar en la pun ta
de flech a a la d erecha y elegir el calendario del grupo; de lo contrario anotaremo s
el evento en nuestro prop io calendario, que es el que aparece por defecto.
Obsérvese que en la ima gen ya he elegido IG C 2º E SO B 201 6 -201 7 .
Seguidamente pulsaremos en Ed itar evento (¡ no en Crear !) [ Ilustración ].
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Ilustración 6
Esto no s lleva a la pantalla de edición detallada del evento, do nde tendremos la
oportunidad de ajustar la hora exacta -en nuestro caso desde las 0 8:15 a las
09:15- y también, p ar a una m ej or identificación de las materias, de asignarle un
color a la materia -verde eléct rico en nuestro caso-. E l resto d e los camp os se
mantienen intactos, pero o jo, antes de guardar hemos de marcar e l ca sillero
Repetir… para hacer el evento periódico [ Ilustración ].
Ilustración 7
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Al pulsar en ese casillero se ab re la ventana emergente de Repe tir . Todo es
correcto para nuestro p ropósito salvo e l f inal d e la repetición, que en principi o
está definido como Nunca (calendario infinito). Por tanto, en la sección Fina liz a
tendremos que pulsar en el botón 3º, d onde pone El . No es preciso e scribir la
fecha -es fácil que no s equivoquemos -, sino que pulsamos en dicho casillero y
se nos a br e un pequeño calendario de un mes con su rótu lo superior. Pu lsando
en la doble punta de flecha derecha lo h ace mos avanzar hasta el mes en que
finaliza el curso y pu lsamos sobre el día en que finaliza el curso -en nuestro caso
el 22 de junio de 2017; da igual que ese d ía no se i mparta esta materia -. Al
seleccionarlo se cierr a este pequeño c alendario y ya se ha inserta do la f echa en
el campo correspondiente. Ahora solo queda pulsar en L isto [Ilustra ción ].
Ilustración 8
Con ello regresamos a la pantalla anterior y co mprobamos que el ca sillero
Repetir qued a m arcado y que se ind ica a co ntinuación cada semana los lunes,
hasta: 22 de jun de 2017 . Al fin podemos pulsar en el botón Guardar [Ilustración
].
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Ilustración 9
De este modo reg resamos a la pa ntalla princi pal del calendario, don de podremos
ver que el rectángulo de la se sión creada o c upa justo el emplazamiento que le
corresponde en día, horas y minu tos.
Puede lla marnos la atención el hecho de q ue el co lor aparezca más claro del
atribuido; eso se debe r ía, si es el caso, a que e l d ía y ho ra ya ha vencido, po rqu e
en su interfaz para na v egador web Google Calendar discrimina el tiempo pasad o
del tiempo futuro. Si nos desplazamos c on el botón sup erior de flecha derecha a
la sig uiente semana, co mprobaremos que e l color sí es del tono asi gnado
[Ilustración ].
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Ilustración 10
Siguiendo todos los pasos indicados en est e apartado iremos introduciendo e n
la misma semana to da s las sesion es de clase. Procurar, en caso de usar colores
identificativos, que cada materia comparta el mismo color. No obstante Google
Calendar of rece un atajo para evitar tener qu e introducir una a una las se si ones
semanales de la misma materia. Pulsamo s sobre el evento creado, y e n l a
ventana emergente pulsamos en e l b otón Edita r evento -o más rápido aún:
pulsamos una vez e n el título del evento y nos a horraremos la ventana
emergente-. Esto nos lleva a la pantalla de edición. Desplegamos el menú
superior Más acciones y elegimos Duplicar evento . A continuación m odificamo s
el día y la hora e n los casilleros correspondientes y pulsamos e n Guardar
[Ilustración ].
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Ilustración 11
Si en algún momento queremo s correg ir un evento, basta con seguir e l mismo
procedimiento para ir a la p antalla de e dición. E n el ejemplo siguiente [Ilu stración
] he co rregido el color -podría ha cer cualquier otra corrección -, asig nánd ole e l
amarillo. Lo importante en e s te caso es que, tras pu ls ar el botón Gu ardar y
mostrársenos la panta lla emergente, pulsemos en e l b otón Todos los eventos ,
de modo que el cambio afe c te a toda la serie. Más adelante vere mos que pa r a
apuntar las tareas al f inal de cad a clase ha y que h acer justo lo c ontrario: elegir
Solo este evento para evitar que el cambio s e aplique a todo el curso.
Ilustración 12
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El resultado, al int rod ucir e l horario comple to d e la agend a, quedará m ás o
menos así [Ilustración ].
Ilustración 13
En caso de que m anejemos varios calendarios simultáneamente, Google
Calendar nos of rece la posibilidad de h acer visibles u oculta r unos u otros. La
fórmula má s sencilla consiste en pu lsar sobre el ca sillero de co lor que p recede
al nombre d e cada calendario e n e l panel iz quierdo. Puede verse aq uí [ Ilustración
] que, al estar marcados los de los grupos 2º ESO A y 2º ESO B, se visualizan
juntos compartiendo las mismas horas.
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Ilustración 14
Aclararé que hast a este momento no aparecía e l de 2º de ESO A porq ue lo
mantenía oculto. Dich a operación se co nsigue pulsando en l a ya c onocida punt a
de flecha a la derech a de Mis calenda rios -o de Otros calendarios igualmente-, y
eligiendo la opción Configuración [Ilustración ].
Ilustración 15
En esta panta lla podremos, además d e otras opciones que no nos int er esan
ahora, activar o desactiv ar la visualización de los c alendarios. Ob serv amos
[Ilustración ] que e l calendario IGC 2º ESO A 20 16-2017 , que ya creé e n su
momento, lo mantenía o culto por no estar marcad a la casilla Mostr ar en la lista
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trascendentales que h an ido aconteciendo a lo largo de los sig los, hasta llegar a
nuestros días. Como señala G uichot Reina
36
, la Historia de la Educación estudia
diacrónicamente una parcela de la actividad y de l comportamiento humano. Se
trata de la a ctiv idad d e ed ucar, sin descuidar que no s referi mos a una actividad
inserta en un to do más am plio que la condiciona d e manera sistemática. De esta
forma, c ualquier fenómeno e ducativ o, pensam iento, idea o teorí a sobre la
educación, ha de estu diarse en r elación c on u n contexto social, po lí tico, cultural ,
etc.
A través de la histo rio grafía educativa, concebida como el conjunto de técnicas
y méto dos con los que contamos para describir los hechos histórico -ed ucativ os
acontecidos y registrados en el p asad o, e s tamos obligados a hacer uso del
método cientí fico y del histórico, s obre todo, si nuestra intención es l a de
proyectar una m irada crítica a la educación desde una perspectiva histórica. En
este sentido, no cabe duda de que si q ueremos mirar al pasado d e l a educación
para p ensar, analizar y ente nder nuest ras escuelas actuales, tenemos que ser
capaces de examinarlas y de verlas desde u na p erspectiv a histórica. Pues en
cierto sentido, n o de be habe r d uda en reconocer que la realidad e ducativ a está
más que condicionada por el signo de la historicidad.
36
GUICHOT REINA, V. H istoria de la educ ación: Ref lexiones sobre s u objet o, ub icación
epistemológica, devenir histórico y tendencias actuales. Revista Latinoamerica na de Estudios
Educativos, 2 006, 2 (1), Enero - Junio, p p. 11- 51.
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Si bien e s cierto, como seña la Escolano Benit o
37
, que la Historia de la Educa ci ón
como disciplina docente ha ido declinando en su p resencia en los últi mos planes
de estudios de f or mación del prof esorado, también es verdad, que en la última
década se han venido de sarrollando novedosos planteamientos didácticos a la
hora de e nseñarla. En este sentido, y al ma rgen de la posibilidad de impartir una
docencia histórico-educativ a más a corde con los planteamientos pedagógicos
actuales, conviene tener presen te la necesid a d de la Historia de la Educación
para formar a l os docentes del mañana. Y esto es así porque como discipli na
ayuda a pensar históricamente y a explicar las realidades del tiempo presente,
contribuyendo a comprender y expresar l as experiencias pasadas; perm ite
ejemplificar el carácter cultu ral e histórico de cuantos discursos y prácticas
pedagógicas se visualizan en la actualidad; educa para la comprensión de las
interacciones y converg encias que se producen entre las culturas empírica,
teórica y normativa de la escuela; c ontribuye a instalar a los futuros docentes en
una trad ición, d otándol os de memoria e identidad; desarrolla en e llo s e l sentido
crítico, ayudándoles a convertirse en dinamizadores del cambio social; etc.
La Historia de la Educación, como argumenta Ruíz Berrio
38
, ha d e esforz arse por
favorecer la f ormación d e una conciencia del se ntido histórico d el ser hu mano y
de su educación; ha de colaborar activ amente en la f ormación de una actitud
reflexiva y crítica ante el pensamiento pedag ógico y los proceso s educativos
presentes y fu turos; ha de posibilitar e l co no cimiento y la utilización de té cnicas
37
ESCOLANO BENIT O, A. Reflexión curricular acerc a del sentido form ativo de la Historia
de la Educación y nue vos planteam ientos. Cu adernos de Histori a d e la Educación, 2004, 2, p.
13 - 15.
38
RUÍZ BERRIO, J. R eflexi ón curr icular sobre la m ateria Historia de la Ed ucación en
España: propuest a de tem arios. Cu adernos de Hist oria de la Ed ucación, 2004, 2, p. 28.
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y mé todos propios de la investigación histó rico pedagógica, a dq uiriendo los
instrumentos conceptu ales de a nálisis y de trabajo interdisciplinar, capace s de
afrontar los hechos educativos cien tí ficamente; y ha de permitir el conoci miento
de la memoria de la educación, entre otras cuestiones.
Aunque se han puesto de manifiesto distintos int entos por justi ficar la presenci a
de la Historia de la E ducación en la formación d e profesores, tal y como comenta
Viñao Frag o
39
, lo cierto es q ue su enseñ anza s eguirá te niendo si empre sentido,
sobre to do si la utilizamos pa r a promover e n el futuro do c ente el desarrollo de un
pensamiento o mente histórica. Y, en esta lí nea, su existencia viene just i ficada,
entre o tras c uestiones, por su capacidad para situar el pens amiento y la praxis
educativa en un contexto temporal más amplio, que no s muestre cómo llegaron
a con figurarse. Si realmente estamos interesados en c omprender por qu é
nuestras escuelas son lo que son, d ebem os descartar la idea de que son
productos surgidos de la ne cesidad lógica o de la percepción científica. Como
señala Gray
40
e n esta línea, la educación actual es producto de la historia. Esta
educación, tal y como la conocemo s hoy en día, solamente cobra sen tido si la
analizamos desde la historia.
Así, al hilo de lo expresado, queremos just i ficar e l pap el dinamizador, significativo
y de carácter práctico que ha n adquirido los M useos Peda góg icos existentes en
las Fa cultades de Educación de nuestras un i versidades e spañolas, con cebidos
39
VIÑAO FR AGO, A. La Historia de l a Educ ación com o disciplina y cam po de
investigación: viejas y nuevas cu estiones. Es pacio, Tiempo y Educación , 2016, 3 ( 1), pp. 21- 42.
40
GRAY, P. Una breve h istoria de la educación. Free to l earn . Editorial Basic Book s, 201 3.
En línea: http:/ /zolani.es/un a-breve-histor ia- de - la -e ducacion/
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como laboratorios de p rácticas histórico -educativ as con entidad académica y
administrativa. Y , preci samente, del protagonismo de estos espacios educativ os
en la Universidad a ctual, en ge neral, y en la docencia histórico educativa, en
particular, comentaremos a continuación un a serie de c uestiones qu e nos
ayudarán a concebir su papel en el m arco de una renovada didáctica de la
Historia de la Educación en España.
3. LOS MUSEOS PEDAGÓGICOS UNIVERSIT A RIOS COMO ES PA CIOS
PARA L A E NSEÑ A N ZA Y EL A P RENDIZAJE DE L A HISTORI A DE L A
EDUC A CIÓN
Las universidades son instituciones que, históricamente, han tenido y tie ne n
encomendadas las funciones d e pro mover los avances de la ciencia y la cultur a ,
de en s eñarlos y de divulg arlos. Y a ellas, especialm ente en la actualidad, se les
suma las de propiciar su transferencia e internacionalización. Hoy día, somos
conscientes de que en la universidad son muchos los objetos que tienen un gran
significado a cadémico y patrimonial, y que reposan e n sus instal aciones a la
espera de la op ortuna puesta en v alor, ex posición y divulgación científica.
Justamente, d esde esta perspectiv a, adqui eren u n papel preponderante la s
colecciones universitarias y los museos universitarios, quienes valiéndose de
distintos planteamientos museológicos y museográficos, facilitan la
resignificación e interpretación de sus bienes patrimoniales.
Los estatutos del Inter national Council of Museums (ICOM) a dopta dos por la 22ª
Asamblea general en Viena (Austria), el 24 de agosto de 2007, n os recuerda que
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un mu seo es “u na institución permanente, sin f ines de lucro, al serv icio de la
sociedad y abierta al público, q ue adquiere, conserv a, estudia, ex pone y di funde
el patrim onio material e inm aterial de la humanidad y su ambiente con f ines de
estudio, edu c ación y recreo”. Así, u n museo universitario es u na institución que
depende o está asociada a una universidad o a una institución de educació n
superior, y que tiene encomendada la función de p rote ger su patrim onio ,
poniendo un énfasis espe cial en l a v ertiente didáctica. En est a línea, y a
diferencia de los museos creados para todo tipo de públicos, los univ ersitarios,
normalmente han si do conf ormados para acometer el d esarr ollo de l as f unciones
propias de toda universidad: docencia, investig ación y dif usión de la cultura. Se
trata de un tipo de museo cu y a naturaleza podemos definirla desde un punto de
vista h istórico, cientí fico, artístico o educativo, entre o tros. Es el Comité
Internacional para los Museos y Colecciones Universitarias (UMAC), adscrito al
ICOM, el encargado de proteger el patrimonio del que se encargan las
universidades.
En muchos caso s , las colecciones museográficas y los museo s universitarios
son tan a ntiguos como las propias Univ ersidades. Los museos univ ersitarios del
siglo XXI son impo rtant es espacios de enseñanz a -aprend iz aje, concebidos como
agentes culturales, dinamizadores d e cambio social
41
. Y e n esta línea, dado e l
respaldo académico con el que cuentan los Museos Pedagóg icos Universi tarios
41
Anuncio de la 9ª Reunión: Ref lexiones sobre nuestro s m useos universitarios ( miradas
globales: objetos, ideas , ideologías, personas ). Museos e historias controver tidas: decir lo
indecible en e l m useo. Un iversidad Panam e ricana, Campus Guadalajara, (Zapopan, J alisco,
México), 4 y 5 d e ma y o de 2017 .
Cfr.
https://docs.goo gle.com /forms/d/e/1FAIpQLSf c yusYSm ZQvalT7RqfSwI w E1731L LcrlPXKYBhf v
TqJ CeoJQ/viewform ?c=0&w=1
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por parte de los historiadores de la educación, p ensamos que son los m ás
indicados para ex hibir las hist orias sil enciadas del pasado educativo; para c eder
el p rotagonismo a tantos objetos escolares que sin tener v oz son capace s de
hablarnos sobre la escuela del ayer; y p ara visi bili z ar tan tos escenari os, ideas,
ideologías, discursos, acto res y públicos que han per manecido ocult os a lo l argo
de la Historia de la Educación.
Cuando nos referimos a los Museos Pedag ógicos en la actualidad, h emos de
hacerlo poniendo en valor y recon ociendo en ellos, la ex istencia de unos
novedosos recursos didácticos d e carácter histórico -educativo al serv icio de la
ciencia, la investigación, el con ocimiento, la histo ria, la cultu r a y la educació n
curricular y e xtracurr icular. S e trata de espacios museísticos doce ntes que se
presentan an te nuestra sociedad como u na a tractiva, interactiva, dinámica e
interesante puerta de a cceso al descubrimiento y al conocimiento del pasado de
la educación, no solo p ara los estudiantes univ ersitarios, sino también para toda
la ciudadaní a
42
. E n el caso que nos ocupa, e l museo pedagógico universitario se
caracteriza por conser var un a gran riq ueza patrimonial ligada a l mundo de la
educación y de la escuela, y por fomentar nuevas fo r mas de e xpresión y
divulg ación d e la cultura histórico-educativa desde la Universidad.
La sensibilidad y toma d e concien cia de los historiadores de la ed ucación e n la
universidad -en relació n con la necesidad de salvaguardar, conse rv ar y difundir
el patr i monio de la educación -, han ido p rop iciando en l os últimos quince años,
42
ÁLVAREZ DO MÍNGUEZ, P. (Co ord.). Los Museos Pedagógicos en España: entre la
memoria y la creat ividad. G ijón: TREA Ed iciones y Editorial Un iversidad de S evilla, 2016.
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especialmente, la fundación de distintos museo s pedagógicos, en los que s e
albergan importantes restos, piezas y hue llas vinculadas a la historia d e la
educación. Especialm ente signif icativos resu ltan los casos de museos fundados
en las Universidades Com plutense de Madrid, Hue lva, La Laguna, Murcia, País
Vasco, Salamanca, Sev illa, V alencia y Vic, cuyos casos queremos dar a conocer
en este trabajo. Se tr ata d e museos un iv ersitarios f ísi cos en algunos casos, y
virtuales, en otros, que a caballo entre la tradición y e l f uturo, la memoria y la
creatividad, v ienen u sándose como instrumento didáctico p ara la enseñanza y e l
aprendizaje de la Hist oria de la E ducación en el m arco u niversi tario, y co mo
recurso para la difusión del patrimonio histórico educativ o en la comunidad
43
.
Museos
Pedagógicos
Universitarios
1)
Denom inación:
Museo Laboratorio d e Histo ria de la Educación “M anuel B. Cos sio”
Dependencia
adm ini strativa:
Universidad C omplutense de Madrid
Fundación:
1989
Ubicación:
Madrid
Dirección web:
http://pendient edemigracion.ucm .es/inf o/ m uscosio/
2)
Denom inación:
Museo Pedagógi co de la Un iversidad de Huelv a
De pendencia
adm ini strativa:
Universidad de Huelva
Fundación:
2011
Ubicación:
Madrid
Dirección web:
http://www.uhu. es/m useopedagogico/
3)
Denom inación:
Museo de la Educa ción d e la Universidad d e la L agu na
Dependencia
adm ini strativa:
Universidad de La Laguna
Fundación:
1999
Ubicación:
San Cristóbal de La Lagun a. S/C de Tenerif e
Dirección web:
http://m useoed u.webs .ull.es /
4)
Denom inación:
Centro de Estudios sobre la Memo ria Educativa (CEM E)
Museo Virtual de Hi storia de la Educa ción (M UVHE)
43
ÁLVAREZ DOMÍNGU EZ, P. y P AYÀ RICO , A. Los Museos Pedagó gicos Univer sitarios
en España: tradición y futuro an te l a difusión del patrim onio hi stór ico educativo. En RIVERA, R.D
y GARCÍ A, I. (Co ords.): Actas del I Congreso In ternacional Museos Univers itarios. Tradición y
futuro . Ma drid: CIMU, 2015 , pp. 237-2 42.
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Dependencia
adm ini strativa:
Universidad de Murcia
Fundación:
CEME: 2009
MUVHE: 201 0
Ubicación:
CEME: Murcia
MUVHE: Virtua l
Dirección web:
http://www.um .es/web/cem e/
http://www.um .es/m uvhe/user/
5)
Denom inación:
Museo de la Educa ción d e la Universidad d el País Vasco
Dependencia
adm ini strativa:
Universidad de País Vasco
Fundación:
2016
Ubicación:
San Sebastián
Dirección web:
http://www.ehu. eus/es/web/m useoeducacion
6)
Denom inación:
Centro M useo Pedagógic o de la Univ ersidad d e Salamanca (CEMUPE)
Dependencia
adm ini strativa:
Universidad de Salam anca
Fundación:
2010
Ubicación:
Zam ora
Dirección web:
http://cam pus .usal.es /~cem upe/
7)
Denom inación:
Museo Pedagógico de la Facultad de Ci encias de la Edu cación de la
Universidad de Sevilla
Dependencia
adm ini strativa:
Universidad de Sevilla
Fundación:
2012
Ubicación:
Sevilla
Dirección web:
http://instituciona l.us.es/m useopedagogia/
8)
De nominación:
Seminario-M useo d e Historia de la Escuela d e la Univ ersidad de
Valencia
Dependencia
adm ini strativa:
Universidad de Valencia
Fundación:
2010
Ubicación:
Valencia
Dirección web:
http://www.uv. es/uvweb/departam ento_educaci on_com parada_historia_e
ducacion/es/sem inario-m useo-historia-es cuela/pres entacion-obj etivos-
128587536751 7.htm l
9)
Denom inación:
Museo Univ ersitario Virtu al de Pedagogía (M UVIP)
Dependencia
adm ini strativa:
Universidad de Vic
Fundación:
2006
Ubicación:
Virtual
Dirección web:
https://www.u vic.cat/es/m uv ip
Tabla 1: Museos Pedagógic os Universitarios en Esp aña. Fu ente: elaboració n propia.
Los Museos Pedagógicos Universitarios, fieles al desarrollo de su fun ci ón
docente, tienen encomendada la tarea de enseñar historia de la educación a toda
la ciudadan ía, p oniendo especial énfasis en la fo rmación de l profe s orado. Para
ello, de sde estos m useos resulta fundamental trabajar en la recreación de una
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memoria e historia que nos a y ude a conocer y situar el pasado de la educación;
fomentar programas formativos relaci onados con el estudio y difusión del
patrimonio educativo a través del mu seism o pedagógico; organizar actividades
y program as didácticos e n e l que el ajuar etnográfico de la escue l a de antañ o
actúe como protagonista; proponer el uso de nuevas metodologías docentes
ligadas al deseo de configurar una didáctica del patrimonio histórico educativo
que nos a y ude a reforzar conte nidos y competencias de manera transversal;
atraer a sus dependencias a diferentes c olectiv os y grupos, con la i ntención de
sensibilizarlos en la necesidad de participar activ amen te en l a recuperación del
patrimonio escolar, para legarlo a las generaciones venider as; etc.
En cualquier caso, cuentan a hora nuestro s estud i antes de las Fa cultades de
Ciencias de la Educación -futuros docentes-, con u n nuevo recurso p edagógico
que les a yuda a e stu diar y conoce r la hist oria de la e ducación desde una
perspectiva má s p ráctica, iconográfica, ilustrativ a, co nstructiva y significat iv a,
con ayuda del patrimonio de la educación que se co nserv a en estos espacios
museísticos. Y de igual forma, los centros d ocentes de primaria y secunda ri a
tienen a su disposición un recurso didáctico más de carácter ex tracurricular, que
puede contribuir novedosamente en la formación de nuestro alumnado, sobre
todo si el profesorado es capaz de denot ar en estos espacios una fuente
importante de conocim iento e inspiración para el desarrollo de la identidad y la
personalidad de la infancia y la adolescenci a.
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Im ágenes 1, 2 y 3: Recreac ión de un aula de posg uerra en el Mu seo Pedagógico de la Facultad
de C iencias de la Educac ión de la U niversidad de Se villa, ocupad a por estudi antes de primaria,
secundaria y universidad, respectivam ente (de arriba abajo, y de d erecha a izquierda).
Fotografías: col ección parti cular del Museo Pe dagógico.
4. REFLEXIÓN FINAL. A MODO DE CONCLUSIÓN
Es cierto que al igual que han cambiado los tiempos, también lo han hecho las
formas de enseñar y de aprender contenidos históricos. Y, en el contex to
universitario, para propiciar una f ormación his tó rico-educativa a los profeso re s
del mañana y a tod a la ciudadanía, han surgido los m useos peda gógicos,
concebidos como nuev os recursos docentes adaptados a nuevas m etodolog ías
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No e s fá cil ver a trav és d e a quello que parece “normal”, buscar lo que se
desconoce, p ero e s imposible n o hacerlo cuando se piensa que el mundo podría
ser más justo. Es en e ste punto donde quiero situar la i mportancia de conocer la
historia de las mujeres y de su educación.
2- Buscar luz en las sombras
Para deshacer un n udo hay que s aber c ómo se ha hecho. Esta f rase aristot élica
llama la atención sobre la imp ortancia de b uscar la génesis de todo lo que sucede
a nuestro alrededor. Pregun tarse por có mo han llegado las chi cas a estar
equiparadas (o ser mayorí a) a los chicos en e l aula en la q ue se encuentran,
suele conv ertirse, en mi a ula
44
, en la primera i nterpelación a l o que s e considera
“normal”.
Una segunda pregunta relevante es invitar a bu scar respu estas a qué sabemos
de las mujeres del pasado. Analiz ar cualquier texto histórico
45
es suficiente para
que concluyan que, a golpe de exámenes (y de suspensos), todas y todos han
aprendido m ucho sob r e los hombres y mu y p oco o nada d e las mujeres y cóm o
las chicas se h an sentido incluidas en un genérico que te óricamente las subsu me
donde ni siquiera están.
44
Asignatura “Histor ia de la educación de las m ujeres ” en el Grado de Pedagogía.
Facultad de Ci encias de la educaci ón de la Uni versidad de Gra nada.
45
Vid. MORENO SARDA, Am paro: El arquetipo viri l protag onista de la hist ori a. Ejercicios
de lectura no a ndrocéntrica . Barce lona, La Sal, 19 86.
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La historia tradicionalmente escrit a por los hombres cuenta con una larga
tradición y en ella se h a registrado lo que ellos consideraban que m erecía ser
recordado (gestas, batallas, conquistas, contribuciones a la vida social y política
de la que eran protagonistas). Esta visión, denominada androcéntrica
46
, fue
denunciada por la hi storia de las mujeres ya hace muchos años pero su
persistencia nos a lerta de que los cambios, en ocasiones, s on sólo aparentes y
se producen para que todo siga igual.
Es por esto que hasta hace muy pocos años, la h istoria en general y la
historiografía de la educación, en pa rticular en España co mo en el resto de
países de n uestro ento rno, no prestó atención a l as desigualdades de géne ro, ni
a cómo éstas estaban marcadas por rel aciones d e poder y g eneraban discursos
y prácticas políticas y sociales dife r enciadas. Nada decía de las mujeres, dando
por supuesto que “todo” quedaba ex plicado sin ellas.
Así pue s, e l a lejamiento histó rico de las mujeres de los centros de p roducció n
del conocimiento hiz o p osible el a ndrocentrismo científico cu y os efe ctos se
aprecian, por un lado, en que la experiencia de las mujeres no forma parte del
conocimiento construido y, po r o t ro, que los me c anismos sobre los que este
conocimiento se ha desarrollado impiden comprender la contribución de las
mujeres sin una p rev ia deconstrucción del mismo. P ero, f rent e al sentido
reproductivo de la e ducación hay que d estacar su valor para dotar d e
46
” Adopción de un punto de vista centr al, que se afirm a heg emónicam ente relegando a
los m árgenes de lo no s ignificativo o i nsignificante, de lo ne gado, c uanto se c onsidera im -
pertinente p ara valorar com o super ior la perspect iva obtenida". Este punto de vista s ería propio,
no de "cualquier ser hum ano de l s exo m asculino, s ino de aquel los hom bres que s e sitúan en el
centro hegem ónico de la vida soc ial" varón blanc o, de clase a lta y adulto (M oreno , 1986; 6)
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instrumentos para la liberación y mostrar cómo las mujeres no son m eras
receptoras pasiv as de la cult ura m asculina, ya q ue su a ctitud crítica ante el olv ido
se ha desarrollado a pesar de un proceso educativ o en el que se han asimilado
claves conceptuales del pensamiento androcéntrico.
Que algo no se vea no quiere decir que no exista, p ero es d ifícil encontrar las
preguntas que lo saquen a la luz. Ob s ervando lo que la h istori a ha iluminado y
preguntándonos por lo que queda ba en las som br as ha avanzado la historia de
las mujere s y de su educación y ha hecho posible comprender cómo se genera,
se transmite, se reproduce, se transforma y cambia el significado del "ser mujer",
al tiempo que cambia t ambién el de "ser varón". La educación, como transmisora
de los modelos culturales, es u na clave f undamental para la comprensión d e los
cambios en la vida de varones y mujere s. La acción educativa co n
intencionalidad reproductora d e la c ultura hegemónica no deja por ello de ser
potenciadora de autonomía y libertad. E s p or esto que abordar la historia de l a
educación de las m ujeres requiere un análisi s diná mico que, al tiempo que
desvele los mecanism os y fines de l a subordi nación de las mujeres, nos per mita
también descubrir las contrad icciones y el papel desempeñado p or ellas en su
liberación.
Rescatar la contribución de las m ujeres requiere rev isar las cond iciones en que
éstas generan sus pro ductos, reconocer q ue la inno vación no tiene un parámetro
universal -toda n ovedad no lo es n i f ormal n i significativ amente par a todos los
colectivos sociales- y el cambio que esta pueda provocar no tiene el m ismo
impacto de género.
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3. Recuperar la voz de las mujeres
Las sombras y silen cios de la historia d e la educación fueron mi mayor centro de
interés desde finales de la d écad a de los ochenta de l siglo XX y e mpe z aron a
dar sus f rutos a me diado de los noventa
47
. Escu char las voces de maestras
españolas del periodo de e ntre siglos XIX -XX me permitió releer la histo ria con
otras claves. La tensión de tr asladar a la docencia los nu e vos conocimientos
resultado de la inv estigación hicieron posible su avance. La importancia de l a
palabra de las mujeres tie ne un recorrido largo y complejo p ero q ue considero
muy útil como hilo conductor de nuestra hist oria educativa.
Ha sido f ácil excluir a quienes no tienen voz , esa voz que queda registrada,
escrita, aquella que “importa” desde que las sociedade s occidentales iniciaron
un po tent e dispo sitiv o alfabetizador que d efinió una cultura oficial convirtiendo
en “incultura” la que no fuera letra da.
Negar la palabra a las mujeres en las culturas occidentales y ejemplarmente en
la judeo-cristiana, fo rma p arte del m ás antiguo dispositivo patriarcal para su
dominación. San Pabl o, los Padres de la Iglesia Fray L uís de León o Juan L uís
Vives marcaron u na tr adición judeo-cristiana que da buena c uenta del inter és en
que las mujeres se mantuvieran calladas. No inventa ban nada n uevo, el mundo
47
Pro y ecto F inanciado p or l a DIGICYT. Contribuc ión de las maestras a la construcción del
conocimiento educativo co ntemporáneo en España (1847 -1914) , equipo com puesto por Áng ela
Caballero, C onsuelo Flech a, Mercedes Vico y Pilar Ballarín ( I P).
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clásico y otra s tra diciones culturales también incidían e n la misma ide a. Ahora
son ya numerosas las mujeres sabia s, recuperadas por la historia de las mujeres
con relevantes aportaciones durante la Edad Media y el Renacimiento. Pero fue
La Querella de las mujeres
48
la que mostró, a l o largo de v arios sig los a p artir del
XV, la resistencia de las mujere s que, por su po sición y co ndiciones, pu dieron
seguir el conse jo de Christine de Pizan (1364 -1430) e h icieron oír su voz otras
que a poyándose en hombres ilustres, salieron al paso de los numeroso s textos
misóginos que las vilipendiaban. Años m ás tarde, el racionalista pre ilustrad o
Poullaine d e la Barre (1647 -1725)
49
, y la ilustrad a Mary W ollstonecraft (17 59 -
1797)
50
constituyen las v oces m ás claras en la reivindicación de la educación de
las mujeres que marcarán e l arranque de la reconocida como prime ra ola del
feminismo, p ues dejaron muy claro que las desigualdades de las m ujeres se
basaban en prejuicios y no e n la raz ón.
Sin embargo, la b reve relación de voces legitimadas que a c abamos d e señalar,
no suelen ser incluidas e n los p rogramas d ocentes d e histo rias de la educació n
que no se definan como “de las mujeres”. Explicar a las mujeres sigue
considerándose una parte del tod o general masculino y n o el reconocimiento de
media humanidad.
Los nuevos modelos de estado -nación con secuencia del desarrollo ind ustrial,
pensamiento ilustrado y re volución burguesa, trans formarán las normas sociales
48
Vid. VARGAS MART ÍNEZ, Ana. La Quere lla de las Mujeres. Tratados hispánic os en
defensa de las mujeres (s. XV). Madrid: Ed. Fund amentos, 2 016.
49
DE LA BARRE, Poullain [1 673]. De la educación de las Damas. Madr id, Cátedra, 1993
50
W O LLSTONECRAFT , Mary [1792]. Vindicaci ón de los Derechos de l a Mujer . M adrid.
Cátedra, 1994
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de jue go y m arcarán las pa utas que alcanzan a nuestro presente. L a exclusión
de las mujeres de la ciud adanía, fruto de un pacto social entre varones y la
emergencia de los sistemas de educa ción como instrumentos al se rv icio d el
estado b urgués para legitimar u na cultura oficial letrad a, reforzará las m edidas
para m antener el silencio de las mu jeres cuando la “voz ” (instrume nto po lí tico
clave de la democracia) se convirtió en crucial para los h ombr es libres. Con
retraso y con muchas limita ciones, las mu jeres fueron accediendo a distintos
niveles d e enseñanza en los que n o me dete ndré. S í quiero, sin embargo,
destacar que su creciente alfabetización se acompañó de numeros os controles
a su palabra. Se les enseñó que podían reproducir las palabras de otros, las que
les venían dadas, per o n o generar y difundir pensamiento propio. E l deseo de
expresión escrit a de la s mujeres se orientó hacía cartas y d iarios, lit eratura d e lo
íntimo, pero todo quedaría en p riv ado.
La amenaza de desnatu raliz ación sirvió d e freno a l a palabra pública de las
mujeres y el lenguaje s e ocupaba de devaluar su discurso: cotillas, parlanchinas,
cotorras, habladoras, cha rlatanas, deslenguadas, mu rmura doras, etc.,
calificativos que todavía estigmatizan la palabra de m ujer. Aquellas que en
España, en el siglo XIX y b uena parte del XX , f ueron reconocidas com o
escritoras no se libraban de ser consideradas como poseedoras de una
“inteligencia masculina”.
Sin embargo, como se suel e decir coloquialmente, “cuando se cierra un a puerta,
se ab r e una ventana” y el mo delo burgués de esferas separadas y excluyentes
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de homb res y mujeres
51
que se vehiculizó a trav és de sistemas de educació n
nacionales diferen ci ados en f unción del sexo y con r etraso para l as mujeres ,
abrió la puerta a las maestras. El interés social reclamaba de las mujeres una
actividad profe sional que se venía con siderando contrapuesto a su naturale za :
la transmisión pública de conocimientos, que contrav enía la prohibición de
enseñar y les reconocía “v oz”.
A pesa r de que los discursos políticos, p edagóg icos, de moralistas, etc. , se
encargaron de revestir a las mae s tras de características a decuadas al papel de
género, el ma gisterio público de las mujeres ha pasado a s er u n c o lectiv o crucial
para comprender a las m ujeres como agentes de cambi o educativ o, social y
político. Gra cias a su e scritura, recuperando sus voces, hemo s podido releer la
historia educativa co nsiderando q ue ellas fueron l as q ue se ntaron nuevas bases
a la educación d e la s niñas; denunciaron los prejuicios que limitaban a las
mujeres, irremedia blemente, a la v ida familiar y do méstica; defendieron la
legitimidad d e su s aspiraciones; luc haron por u na m ayor dignificación profesional
y se organiz aron para conseguir los derechos civiles y po líticos para todas las
mujeres. Y n o hay que olvidar que su presencia también mostró otra f orma de
“ser mujeres”
52
.
51
BALLARÍN DO MINGO, Pil ar. “ La escuela de n iñas en el s iglo XIX: la leg itimación de la
sociedad d e esf eras separ adas”. H istoria d e la Educación. Re vista In teruniversitaria, vol. 26,
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52
BALLARÍN DOMINGO, Pi lar. T raslaciones d e las m aestras españolas de entre siglos
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Málaga. Pers éfone. Edicion es electrónicas de la A EHM/UMA, 2015 ,. pp. 252- 279
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CONCLUSIÓN
La historia de las m ujeres, desde su orig en, se considera a lgo m ás qu e la h istori a
de media hu ma nidad po rque concierne tanto a varones como a mujeres. Así
pues la que se presenta como histo ria d e la humanidad d ebí a revisarse en su
conjunto a la luz de la historia de las mujeres. Y así se sigue postulando:
“ La sociedad del pasad o solo podr á ser mejor conoc ida y con ella, la rea lidad de
nuestras an tepasadas, mediante un m odelo de multiplic idades que n o plantee la
dicotomía entre h istoria ge neral e historia de las mujeres , o entre el centro y s us
márgenes, sino qu e an alice un entramado co mpuesto por hilo s muy d istintos que s e
entretejen y se c ombinan ”
53
.
Reconstruir la h istoria colect iv a es el ob jetiv o pero al trabajo de recuperar la
historia para las mu jeres aú n le queda mucho camino pa r a alcanz ar m ás de
veinte siglos d e historia sin ellas. Bien es ciert o que ca da ve z son más
numerosos los libros escolares que intentan visibilizar a las m ujeres pe ro a l no
modificarse el escenario tradicional diseñado para explicar a l “hombre”, encajar
más mujeres en él, au nque sin duda lo merecen, no e x plica los cambios e n la
vida de las mujeres ni los de las relaciones de g énero.
La c onstrucción de un discurso común sigue siendo un reto, una h istoria qu e
recoja la de los dos pilares de la humanidad que se construyen en relación
(hombres y mu jeres) redefiniendo los tradi cionales h it os histó ricos , crean do un
nuevo marco para un cuadro pintado con otras luces.
53
LÓPEZ- CO RDÓN, Mª Victoria: “Juan Scott y la historiograf ía m odernista en Es paña:
influencias y desencue ntros”. En BORDERÍA S, Cristi na (Ed.): Joan Scott y las políticas de la
historia. Barc elona: Icaria, 2006, p. 156
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A LG UN A S REFLE XIONES SOBRE LA TR A YE CTORI A DE L A
ENSEÑ A NZ A DE LAS CIE NCI A S SOCI ALES EN L AS ÚLTIM AS
DÉC A D A S
Reflecting upon social studies teaching p ractices in the last decades
Francisco F. García Pérez
Universidad de Sevilla
[email protected]
RESUMEN
Se reflexiona sobre la trayectoria d e la enseñanza de las Ciencias Sociales en
las últimas décadas, abordando algunos problemas relevant es: la identidad del
profesorado, el conocimiento escolar y la metodología de en s eñanza, teniendo
como referenci a una p erspectiva de m ejora d e la educación. Al hilo de e sta
reflexión s e plantean algunas cuestiones de debate y se presenta como opción
deseable un modelo didáctico de trabajo en torno a problemas sociales y
ambientales relevantes.
PALA BR A S CL A VE : CIENCIAS SOCIALES, ENSE Ñ ANZA, IDENTIDAD DEL
PROFESORADO, METODOLOGÍ A, MEJORA, MODELO DIDÁCTICO.
A BSTR A CT
In this article, a re flect i on is made on the tea c hing p ractices unfolded by te achers
of Social Studies in the last decades. Some of the m ost relevant issue s are
tackled: teachers´ profiles, thei r knowledg e of the contex t and tea c hing
methodology im plemented, having the continuous im pr ovement of education as
a f ramework of reference. As a result, a deba te is generated and an alte rnative
model is provided, w hich hinges on relevant social and env iro nm ent al problems.
KEYWORDS : social studies, teaching process, teachers´ profiles, meth odology ,
improvement, didactic model
Fecha de petición del artí culo: 21/06/2016
Fecha de Aceptación: 23/03/2017
Citar a rtí culo: GARCÍ A P ÉR EZ, F. F. (2017). Algu nas reflexiones s obre la
trayectoria de la enseñan z a de las Cien cias Sociales en las ú ltimas décadas.
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frecuencia se ha b uscado e l cambio de la enseñanza en la fo rma de e nseñar, en
el “cómo”, más que en el “qué”, sob re el supuesto, implícito, de qu e lo s
contenidos a enseñar son los que son y que lo que puede variar, e n to do caso,
es la f orma de e nseñar. Sin embargo, ac abamos de pla ntear, precisamente, q ue
los contenidos de ense ñanza de las Ciencias Sociale s respond en a una tradició n
disciplinar que probablemente no cumple ya la f unción educativa que quizás
cumpliera h ace más de un siglo. A la estructura tra dicional de los contenidos le
va como anillo a l dedo una me tod ología tradicional e xpositiv a; así to do cuadra.
Pero si nos planteamos otro tipo y estructu r a de contenidos, corresponde otra
forma de enseñarlos. Y e n e l terreno de las f ormas de enseñar los do centes
innovadores han (hemos) explorado mucho.
En efecto, f r ente a los modos tradicionales, se han buscado caminos diversos,
que – a riesgo de resultar simplificador - me atrev ería a agrupar en do s grandes
líneas: una lí nea más “técnica” – con ri esgo d e d eriv a tecnocrática- que ha puest o
el énf asis en un tratamiento de los contenidos a través de una organización
detallada de las actividades, atri buyendo el control del proceso básicamente al
profesor; otra línea más “espontánea” – con riesgo de deriva espontaneísta - que
ha puesto e l énfa sis en el descubrimiento del conocim iento , atribuyendo el
control del proceso básicamente al alumno que aprende.
No nos podemos detener en hacer un análisis valorati v o deta llado de amba s
líneas, con s us variantes, pero es e v idente que los mod elos técnicos no han
acabado d e dista nciarse de la lóg ica tradicional, en cuanto q ue no suele n
cuestionar la e structura clásica del contenido e scolar y term inan reservando al
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alumno un papel po co activo (si enten demos la actividad como un proceso
interno y no sólo externo). Asim is mo, los mo delos que han pro pugnado la
actividad de descubri miento del conocimiento, al conside r ar que ese
descubrimiento puede ocurrir casi espontáneamente, llegan demasiado pronto a
un tec ho q ue no pue de ser superado, pues los aprendices n o p ueden re -
descubrir por sí mismos toda la cultura que l a escuela preten de transmitirles. En
todo caso, habría que ha cer justicia co n esta segunda línea metodológica y
reconocer que, en gran p arte, ha sido la matriz , o, al menos, el caldo de cultivo
en el que han madurado propuestas metodológicas más sólidas de carácter
constructivista.
En efecto, hay otra alternativa m etodológica que se centra en el proceso de
construcción el conocimiento y que atiende, por tanto, a la complejidad del
propio co nocimiento, es d ecir, que co ntempla a la vez el qué y el cómo se enseña
y se aprende. Est a opción ti ene div ersos retos, y no es el m enor intenta r
favorecer ese proceso de construcción del conocimiento en un contexto, como
el e scolar, que, en principio, por su estructura (de e spacios, d e tiem pos, de
regulaciones…) es muy inadecuado para aprender de esta forma.
Asumiendo que dentro de este camino h ay d iv ersidad de concrecione s
metodológicas, m uchos coincid i mos en la opción de una metodología de carácter
constructivista centrad a en el “trabajo en torno a pro blemas”. Y esa opción, co mo
antes apuntaba, va más allá de una metodologí a, p ues supone también una
opción a lternativ a respecto a los conte nidos. Así, estructurar la enseñanza en
torno a problemas puede solucionar la tradicional dicotomía entre temas
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disciplinares (con fuerte arraigo e n la cultura escolar) y temáticas transversale s
(que ponen el énfasis e n los valores). P lantear los contenidos como prob lemas
– y n o como temas cerrados- p ermite ro mper la rí gida e structura del c onocimiento
escolar tradicional, fa cil itando la integración de conceptos, procedimientos de
construcción del conocimiento y v alores v inculad os a la búsq ueda de soluciones
para dichos problemas.
La opción por un modelo didáctico de estas características conlleva,
lógicamente, el uso de una m etodologí a de “inv estigación escolar”, co nsistente
en desarrollar el proceso de e nseñanz a partiendo del planteamiento de
problemas, ten i endo en cuenta las ideas de los alumnos y apo rtando
gradualmente informa ciones adecuadas que p er mitan la co nstrucción de
conclusiones que respondan a las cuestiones planteadas (Garcí a Pérez, 2 0 14).
En el proyecto IRE S (Investigación y Ren ovación Escolar), del que formo parte,
entendemos que los problemas a trabajar, como conocimiento escolar, han de
ser problemas sociales y amb ientales (“socioambientales”, en definitiva),
relevantes (García Pérez, 2000; García Pérez y Porlán, 2000) y argumentamos
esta opción de sde una triple fundamentación: “de sde u na perspectiva sistém ic a
y comp leja, los problemas f avorecen un e nfoque más abierto y llen o de
posibilidades -por tanto, más complejo- del conocimiento; desde una perspectiva
constructivista, trabajar e n torno a problemas constituye un plan teamien to
coherente con los procesos de construcción del conocimiento; d esde una
perspectiva social crítica, son los problemas so ciales y ambientales los que
deben ser objeto relev ante de e nseñanza, y n o el conocimiento académico,
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legado por las tradiciones disciplinares, que tend rí a que estar, en todo caso, al
servici o del tra tamiento de aquellos problemas” (Garcí a Pérez, 2014, p. 120).
Concluy endo
Volviendo a las cuestiones pl anteadas al comien zo, sin duda, trabajar en t orno a
problemas socioambientales relev antes se presen ta, en m i opinión, como la
opción más adec uada para educar a l os jóv enes ciudadanos y ciud adanas en el
sistema escolar, pese a los de sajustes q u e puedan generarse dadas las
características de dicho sistema; inclu so, si vamos al sentido de l a educación
que proclama el propio cu rrí culum oficial, esta opció n respondería m ejor al
cumplimiento de las f inalidades de las Ci encias Sociales en la ed ucació n
obligatoria, en un momento en que los grav es prob lemas del mundo en que
vivimos están exig iendo – no sólo de la escuela, pe ro también de la escuela -
respuestas urgentes, que supongan no sólo co mprensión de la situación sino
también orientaciones para la ac ción, en definitiva p ara la participación
ciudadana. H ablamos d e problemas q ue afectan a la propia s uperviv encia de la
humanidad en la Tierra; y, ya que todos somos habitantes d e este planeta, to do s
deberíamos afrontar estos p roblemas con una perspectiva de ciudadan ía
planetaria (Morin, 2011; García Pérez y De Alba , 2008; Garcí a Pérez, 2014).
Ese, y no o tro, es el gran reto que los profesores y prof esoras de Ciencias
Sociales te nemos hoy an te nosotros. Es distinto del que teníamos hace décadas,
pero hay algo en común en ambos caso s: somos educadores y no solo
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especialistas en un campo cie ntífico, y podemos utilizar el conocimiento cie ntífic o
que manejamos para que la educación de los jóv enes sea mejor.
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POR TERRENOS LA BRA NTÍOS : L A S MISION ES PEDA GÓ GICA S DE
LA SEGUNDA REPÚBLICA
For arable terrains: The Pedagogic Missio ns of the Second Republic
Jav ier Gimeno Perelló.
Bibli ote cari o de la Univers id ad Co mplu tense d e Madr id.
jgim eno@u cm .es
RESUMEN
Se descri ben los antece de ntes, cre ació n, desarr ollo y p ri ncip ale s funciones de
las Misione s Pedagóg icas de la II Rep úblic a durante el perí o do compre ndid o
entre su fund ació n en 1931 y el Golpe d e Esta do en julio d e 1936, que sig nifi c ó,
en la práctica, el fin de las misiones y de muchos otro s proyectos educ ativ os,
culturales y sociales emprend idos en aquell os años . Inspira das en la obra de la
Institución Libre de Enseñanz a y en el pe nsa mient o r egen eraci oni sta y
krausista de f inales del siglo XIX de int elec tual es como Fra ncisc o Giner de los
Ríos y Manue l Bartol omé Co ssí o, será éste qu ien fund ará las Misi one s
Pedag ógic as el 29 de mayo de 19 31. Entre sus pri ncip ales f unciones,
desta caba la de acercar la educaci ón y la cultura a l as zo nas rurales “ con
obj eto de alegr ar , hum aniz ar y civiliz ar el camp o” (Co ssío) ; o la difusión,
especi al ment e en esas tier ras, de lo q ue el pr opio Cossí o lla maba edu car
del eitan do , media nte la r epr es entac ión de obras teatr ales , pr oyec ci ón de
pelíc ul as, lec turas, audici ones music al es, exposi ci ones itinerantes, etc. Los
misioneros fueron piez a funda ment al; sin ellos no hubiera sido p osible est a
labor. Juan Ram ón Jimé nez les denomi nó “ m arin eros del entu sias m o”. Especial
trasc end enci a t uvier on las biblio tec as que las misi ones crearo n en la mayorí a
de pu eblos y ald eas dond e est uvier on. Bi blio tec as que hici er on también la
funci ón de pública s, ade más de escolares, abiertas a todos los veci nos . Las
que no fue ron liq uida das por los rebeldes han per maneci do hast a la actualidad,
como l a bi bli otec a de Castrop ol (As turi as).
PALA BR A S CL A VE : MISIONES PEDA GÓGIC AS , SEGUNDA REPÚBLICA,
EDUC ACIÓN PÚBLIC A, CUL TUR A PO PUL AR, DIFU SIÓN DE LA CUL TURA
A BSTR A CT
This paper descri bes the history , cr ea ti on , d evel opm ent and feature s of t he
Pedag ogic al Mi s si on s of 2nd Spa nish Rep ublic during the period between its
foun datio n in 1931 and the Mi li t ary pronou nceme nt in July 193 6, w hi c h
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mea nt, in practi ce, the end of the missio ns and many other e du cati onal ,
cult ural and social projec ts in thos e y e ar s. The Pedag ogic al Missi ons w er e
inspi red in th e work of the I nsti tuci ón Libre de Enseñ anza and rege ner acio nist a
and krau sist phil oso phy of the lat e 19 th-c ent ury dev elo pped by intell ectu als
as Fr anc isco Gi ner de lo s Rí os and Ma nuel Bartol omé Cossí o, w ho f ounded
– th e l as t one - the Pedagogi ca l Missi on s on May 29, 1931. Its main functi on s
inclu ded th e approa ch bet w ee n f iel d and urban ce nter s in cul tur al and
educ atio nal matt ers and their difus sio n, esp ecial ly in rural areas, "in order to
br i g hte n, humaniz e and civiliz e the field " (Cossi o) . Anot her matter w as wh at
Cossi o c all ed educate to deligh t, throu gh t he atral repr ese ntati ons , film
proj ecti ons , readi ngs, musical perfor manc es , e x hibi tio ns, and so on. The
missi onari es were the most imp o rt an t piec e; with out them it woul d`nt hav e
been possi bl e this w ork. Juan Ramón Jiménez name d them "sailors of
excit eme nt". Sp ecial im porta nce had l ibrar i es cre ated by miss i ons in most
vil lages w her e missi onari es us ed to g o. Those li br aries asse mble d both t he
role to ins truc t and the fu nct ion of publi c libr ary, as we ll as sch ool, open to all
resid ents . Some of th ese libr ari es not destr oye d by rebels hav e remai ned to
pres ent day , such as the libr ary of C astr opol (As turi as) .
KEYWORDS : PEDAGOG ICAL MIS SI ON S, SECOND REPUB LIC, PUB LIC
EDUC ATION, PO PUL AR CUL TURE , CU LTURE DIFU SSI ON
Fecha de petición del artí culo: 06/06/2016
Fecha de Aceptación: 31/03/2017
Citar artículo: GIMENO PERELLÓ, J. (2017). Por te rre nos labrantíos. Las
Misiones Pedagógicas de la Segunda República. eco . Revista Digital de
Educación y Form ación de l profesorado . CEP de Córdoba.
A nteceden tes : las mision es ambul ant es de Cossío y la transforma ción del
sist ema edu cativ o
Las m isiones pedag ó gicas, segú n vari os de sus inv est igad ore s, no era un
proy ect o que pudiér am os definir como o rig inari o de la II Repúbl ica, aunqu e
ésta lo adapt ara a su fil osofí a. Los oríge nes de las m isi o nes datan de finales
del s iglo X IX, de la mano de la Ins tituci ón Libre de Ense ñanz a (ILE) y de sus
princ ipal es va ledor es, Franc isc o Giner de los Ríos y Manue l Bart olo mé
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Cossí o
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, ins pira dos en corrientes de pen sami ent o como el Reg ener aci oni smo o
el Krau sism o. Ambos f ueron los autor es del progra ma de refo rmas de la
educ ació n nac ion al del Gobie rno liberal de Sag asta.
La IL E fu e una in stit ució n clav e en el desa rroll o cultural y peda gógico de la
Esp aña de f inales del siglo XIX y primer terci o del XX hasta el go lpe de es ta do
de 1936. Baj o su influ enc ia fuero n crea das enti dad es de trasce nde ntal
relev anc ia para nues tra cultura, como el Muse o Ped agógi c o Naci onal (18 82), la
Junta para la Ampli ació n de Est udi os (190 7), la R esidencia de Es tudiantes
(1910), el Centr o de Estud ios His tóric os (1910) y las Misione s Pedag ógic as
(1931).
Desde los primer os años del nuevo siglo hasta la p r ocla maci ón de la II
República se suc ede n diver sos acont ecimie nt os p olí ticos q ue s entar on las bases
inici ada s por Gine r y Cossío para el establ ecimi ent o de las fut ura s misiones
pedag ógic as. Así, el maestr o inst ituc ioni sta Áng el Llorca y miembro despu és
del Pa tro nato de Misi ones Pe dag ógic as, habl ó en el C ongr eso de Pri me ra
Ens eñanza de Barc elo na de la imperio sa necesidad de org aniz ar “un cuerp o
55
Bartolo mé Cossío, pedagogo y cél ebre historiador y c rítico de arte, biógra fo de El
Greco, f unda ría en 1882 el Mus eo de Instrucci ón Pública, también conocido como Muse o
Pedagógi co Nacional, del qu e f ue su director y c atedráti co de pedagog ía, una entidad,
como antes decíamo s, perteneci ente a la ILE . La principal f inal idad del Museo, por empeñ o
de su f undador, era transf ormar rad ical m ente el trad icional y anquilosado siste ma educa tivo
español, ba jo el prepond erante influjo de la Iglesia católi ca, en un sistema m oderno e
innov ador, con metodologí as pedag ógica s avanz adas. En efecto, tanto Giner com o Cossío
reclama ban al Gob ierno en 1881 la necesidad de enviar “misione s ambu lantes” a las
poblacion es rurales, con el f in de apoy ar a s us maestro s “combati endo su aislamiento y
realz ando la labor que real iz aban en un medio tan difíci l y poco estimulante” . El año
siguiente, Bartol omé Cossío ha bló en el Congreso Nacional Pedagóg ico de “misioneros de
la educaci ón ”. Añ os después, en el m arco del llamado desas tre de 1898, Joaquín Cost a
recogió las tesis del prog rama de r efor mas educati v as de Giner y Coss ío, r eclamando al
Gobierno , al igual que hicie r an ellos , la formación de grup os de misionero s que apoy asen a l os
maestro s rurale s en su ar dua l abor.
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de misi onero s pedag ógic os” vinc ula do al Muse o Pe dagóg ic o de Cossío, cuy a
finali d ad ser í a la de pr est ar t odo el ap oyo posible a los maestro s rural es para
mejor ar la cali dad educ ativa y dina mizar la vid a cultural de la pobla ción e scolar
camp esina .
Pero pro babl emen te el mayor av ance políti co para la c onstit ució n de finitiv a de
las mision es pedag ógi cas se produce en 1911 con la cr eació n de la Dir ecci ó n
General de Pri mera Ens eñanz a, co n el histor iad or instit ucio nist a Rafae l
Alta mir a a la cab ez a, quien dese oso de ll evar a la práct ica m uchos de l os
postu lad os de la ILE, elaboró un p r ogram a de refor mas neces arias para la
prim era enseñanz a consig na ndo un presu puest o para la puest a en ma rc ha de
las prim eras misiones ambulantes, que in cluí a, en tre otra s medidas , la dot aci ón
de bibli ot ecas escola re s en pueblos y aldeas campes inas. Esta me dida su puso ,
sin duda ningu na, el gran sa lto hacia la institución, vei nte años después, de l as
misiones pe dag ógicas republic an as, pu es la labor de est e direct or general de
prim era ens eña nza no c ayó en saco r oto. Así, en 1913, el cond e de
Roma none s tomó el testig o de Alta mira cont in uand o su lab or medi ante el env ío
de m ás misi on eros a las zonas rural es. Estas pr i mera s misi ones con tar on
también con import ant es apoy os de partic ula res, como la toledan a “Asociación
de Misio nes P ed agóg ica s” del ins pect or de enseña nza Manuel M a rt í n Cha có n,
o la asociación del ta mbién inspector José Puig Cherta, en la locali da d
tarra cone nse de Fals et (Vid. O ter o, p. 76).
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también las m isio nes se pre ocup aran tant o de di fundir el arte allá d on de i ba n,
de mostr ar las gr an de s obras, sobr e todo pictóri ca s, de los gr an des artistas de
todos los tie mpos , y en la medid a de lo pos ibl e, e ns eñar a ver un cuadro para
apr ehen der la carga de profun did ad de su luz, de sus formas, de su color.
Como diría Rem brandt , ll egar a perci bir “el alma de un cuad ro” . Como ha
puest o de r eliev e el hist oria dor del a rt e Val eria no Bozal
65
, el co ncept o lúd ico de
Cossí o qu e impreg nó a las misiones coincidí a ple name nte con un arte de
vang uard ia empe ñado en vi nc ular é ste con la vida, hu maniz and o ambas. Lo s
misi oner os, g uia dos por el pro fund o sab er de Bartol omé Coss ío, supieron
hacer v er al campe sin ado el ar te clásico en forma de pintur a y ta mbién de
música en su vari a nte trad icio nal y popul ar, y al mism o tiemp o, el arte más
mod erno y actual, repr ese ntad o no sólo en la músic a o la pintur a
conte mpor án ea, sin o muy princi pal ment e, en el cine, que ya en la décad a de
los treinta del sigl o pasado “apuntaba maneras” de lo que décadas después iba
a ser uno de los espec tácul os de masa s más importan tes de todos los tiemp os
– y el séptim o arte -
El otro gran obje tivo , tanto políti co como cív ico, de la República y de las
misiones en particu lar , era “sald ar la deuda moral que la s ocied ad españo la
habí a contraí do con el mun do campesino”
66
. La Cons titu ción de 1931, en su
Artí culo 47 se hace ec o de la pro tecci ón al camp esino: “La Repúbli ca prot eger á
al ca m pesin o y a este fin legis lará , entre otras m ateri as , sobre el patrim on io
famili ar i nem barga ble y e x ento de toda clase de impue sto s, crédi to agrícol a,
65
Boz al, V ., pp. 115-119 . Vid . Bi b.
66
Cossío. Pat ronato, op. cit., p.13
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ind emniz a ción por pé rdid a de las cose chas, c ooper ativ as de producci ón y
consum o, cajas de previsi ó n, escuela s práctic as de agricul tur a y granjas de
experi me ntaci ón agro pec uari as, obras para rieg o y ví as rurale s de
comu nica ció n”
67
.
En pala bras de Cos sío: “Si la misión no sirviera de nad a, ni dejara otra huel l a
en el pueblo , le bast arí a pa ra justif icars e la emoció n hab itu al de sorpr es a, de
alegría y de gra ti tud que despier ta en los al d eanos el ver que la nación … por
fin se ac uerda de ellos y les envía a varios señores que, conviv ien do en el
puebl o unos día s, les hablan de histori as que les gust an; les e nse ñan cosa s
que no habí an visto; les divi ert en con p oe sías , m úsic a y e s pect ácul os; al marc har
les dejan libr os para que sigan apren die ndo… y todo est o de balde, cu and o
ellos no reco rda ban haber vist o por allí m ás que al reca udad or de
contri b ucion es o a algú n can did ato o m uñi dor sol ici tan do vo tos”
68
.
Venimos a enseñ aro s algo y a divertiros. Organiz ación y acti vid ad de las
misiones.
Las misi ones ped agóg icas fu er on consti tui das por el Decre to 202, de 29 de
mayo de 1931 ( B oza, p. 4 3), por el qu e se crea el Patro nato de Misio nes
Pedag ógic as, depend ie nte del Mini steri o de Instrucción Pú blica y Bellas Artes,
y presidido por el pro pi o Man uel Bar tol omé C ossí o y Luis Alvare z Santull an o
como secret ari o y estrecho colaborador. El Patr onat o estab a estruct ur ado en
67
Vid. B ib.
68
Cossío. Pat ronato, op. cit., p.12
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difere nt es serv ic ios para la organiz aci ón y realiz ación de las diver sa s
activ ida des: el Museo Pedag ógic o Naci on al; el Muse o Circ ula nte; el Coro y
Teatro del Pue blo y Retab l o de Fant och es; el Servici o de Ci ne y P r oyec cione s
Fij as; el S ervici o de Músi ca; y el S ervici o de Bi blio tec as.
Cua ndo un m uni cipi o re q uerí a la visita de las mision es, su alcald e debía realiz a
una propues ta con un informe qu e incl uyer a a s pect os com o sit uació n c ult ural ,
gra do de esco lariz aci ón, situaci ón e conóm ica, e lementos releva nte s de su
geogr afí a, esta do de las comu nicac iones , distrib ució n de la pobl ació n, a sí como
un posibl e itiner ario que facilitara el acces o de la misión. Dur ante los primero s
meses de iniciarse las misiones no se reci bie ron muchas sol ici tude s, pero poco
a poco come nzar on ést as a i ncr ement ars e de ta l mod o se hizo im pres cind ibl e
una rig ur osa selecci ón, de modo que se at en dier an con priori d ad los pu eblos
más peq ueñ os y ai sl ados .
La duraci ón de las mis ion es podía se r entre uno y quince días, dependien do de
las activ id ades progr ama das en cad a lugar y del itinerario pendi ente . Por lo
gener al, las actua cion es tenía n lug ar al caer la tard e, al acab ar las labores del
camp o y la escuela, y ten ía n lugar casi siempre en la plaz a del pueblo si el
tie mpo a co mpa ñaba , o en algún local dispo nibl e del muni cipi o. Las m isi o nes
facili ta ban a los m i sio ner os los útiles impresci ndi bles , como lotes de libro s y
discos, gra mófon os para las audicio nes musical es, proy ect ores para p elíc ula s,
escen ari os de guiñol o tít er es, etc.
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Final iza da la vi sit a, el maestr o rec ibí a en ocasi ones un gra mófo no con alguno s
discos para audi ci ones music al es dirigi da s no sólo a los e sc olar es, si no
también al resto de veci nos . En ca si todas las oca siones, el maes tro recibí a
también un lote de li br os para armar una modesta b i blio tec a, que si bien s ol í a
qued arse en la escuel a, su f in alid ad era tambié n abrir se a to do el pueblo par a
conver tir se en bibli oteca públic a que despe rtara la afición por los li bros y la
lectura y elevar su nivel cultural. Éste era el ún ico serv ici o q ue perma necía , un a
vez que la misión march aba a otro lug ar .
Segú n Boza y Sánche z (p.4 3), las activi dade s de las Mi sion es Ped agógi cas se
pued en clasificar en tres grupos, si bien , es en el pri mero donde hay que situar
el grues o de sus acciones:
El primer gru po de acti vida des es el f omento de l a c ultur a ge nera l.
Activ ida des pr opi as de este gr upo er an:
a. El estudio del entor no natural, geog ráfi co e hist óric o de la
soci edad hu man a, m edian te confe re ncias , proy ec cione s y
docu ment ales .
b. La contem placi ó n de obras de arte, para con ocer “l as cosas que
los hombres han hecho sólo para diver tir se y p ara d ivertir a los
dem ás… las cosas que llamam os bonitas, las cosas bell as, cuya
finali d ad no es otra que dar place r y ale grar” (Patronato, 1 93 1). Pa ra
ello , los m i sioner os c onta ban con un museo circulante, do nde se
expo nían repro duc cio nes de grand es obras maestr as, o bien
proy ecci ones de templos antig uos y catedrales gót icas y de otro s
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estilos, esta mpas de joyas a rq ueol ógi cas como la Acró polis de A ten as
o Po mpey a, etc.
c. La div ulga ci ón de los libros , la lectura y la literatura y la mús ic a,
medi ante lecturas en vo z alta, au dicio ne s m usicales a trav és de
gra mófon os y donació n de libr os para dejar en los puebl os y crear así
una b i blio teca esc olar que hici era tamb ién l as v eces, co mo decí amos ,
de bibli oteca p úblic a de lectur a y prést amo de li br os, casi siempre
bajo la direcci ó n del maestro. Para la Repú blica , la lectura era un bien
esenci al y tanto las misiones pedag ógic as a través de su Patro nat o,
como el propio M inis teri o de Instru cci ón Públic a, tuv iero n es pecia l
dedic ació n p ara la enseña nza de la lectura y su a mor por e ll a y el
“despertar el afán de le er en quien es no lo si ente n”.
d. En su prete nsión de edu car del eit ando, la Rep ública, y muy en
especial, las m isi ones pedag ógica s, llev aro n a térmi no e sta máxima ,
en las má s de cinco mil loc alid ad es don de llegar on, median te la
difusi ó n del ento nces todav ía llamado cin emat ógr afo, proye ctan do
pelíc ul as mudas y sonoras, cuid ando qu e fueran é stas de cali dad y
diver tid as, con cl ásic os co mo Cha plin , los h er ma nos Marx , El G ord o y El
Flac o, Bus ter K eato n, etc.
e. En e s te m ism o o rden de cosa s, las m i sion es cuidaro n tambi én
mucho el teatr o, org aniz ando r epr esent aci ones te atra les en v ivo en
much os de los puebl os y a ldeas donde llegar on mediante el lla mado
Teatro y Coro del Pue blo, en el que tuv o especial rel evan cia el Teatro
Unive rsi tari o La B arr aca , dirig id o por E duard o Ugar te y Federi co Garc í a
Lorca, q uien también partici pó en las misiones leyend o su s poemas y
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repr ese ntan do pa pel es de va ri as de sus obras teatr ales , así como la
entus iast a par ti ci paci ón de actores vol unt ario s que colabor aba n
altr uist amen te co mo misi o neros; o el teatro de guiñ ol y de títe res con
el Re tablo de Fantoc hes , que si bien gust aba mucho a los adult os ,
deleitaba a los niños, a qui en es iba esp ecial men te desti nad o. (A .
Tiana, pp.87-89).
El segundo gran gr upo de activid ad es de las mision es co nsis tía en el
conoci mi ent o del espír it u de la Repú blic a y la Consti tuci ón de 1931, por medio
de charl as y coloqu i os sobre educaci ón y derechos y deber es de los
ciud adano s, fun da mento s de la de mocraci a, etc., todo ell o de una maner a
cercana, fomentan do la partici pa ción de los v ecinos en debat es a biertos.
El te rcer grupo cons i stía en orie nt ar a los maes tr os de las e s cu elas rurales
sobre cómo mej or ar la m etod ologí a doce nt e y la c alid ad de la enseñanz a,
par a lo cu al los mision eros exp ert os en ped agog ía impar tía n c harl as y talleres.
Como hemos vist o, no era objetiv o de las misio nes suplir la función de la
escuela sino comple mentarl a con e st e tipo de activ ida des.
Las pel ícu las, la músi ca y la convi ven cia han hecho el mil agro. La s
prim eras mision es.
Las m isiones se ina ugurar on en el p ue blo seg ovia no de Ayll ón el 13 de
diciembre de 1931 , dirigid a por Enriq u e Rioja y Amp aro Cebrián , espos a, a l a
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sazón , del minis tro de Esta do
69
y miembro d el P artid o Re for mist a, Luis de
Zulueta, a sistidos p or los pro fesor es aux ili are s del In stituto-Escuela de Madri d,
Elena Feli pe y Guillermo Fernán dez , en tre otros a yu dant es. Ade más de Ayllón,
las misio nes realiz aro n co rtas visi tas de un día a las locali dad es vecinas de
Ribota, Es teba nvela , Sta. M arí a de Riaz a o Sald aña.
Rodolfo Llopis, quien fuera Dire ctor Gen eral de Prim era Ense ñanz a y
desta cado dirig ente socialista, en su libro
70
descri b e muy grá fica ment e la s
impr esion es de los pri meros misi onero s: “Dura nt e ocho días, en el único sal ón
compl et o del pue blo, en la sala de bail e cong reg aron a los vecin os. Al princip io
acudi er on sólo los moz os. Después, las moz as. Al fin al, todo el pue blo […]
Hub o inmedi atam ent e una relación cordia l entre el puebl o y nos otr os. Desd e el
alcalde hasta los niños má s peq ueños de las escuelas, el puebl o enter o
part icip aba en nu estr a obra con toda el al m a ” .
Las Mem oria s del Patron ato de Mision es Pedagógicas
71
recoge n las
experi e ncias viv idas por los mision eros allá dond e iba n. De la misión de Aylló n
y alrededore s, se dice : “No había m ás que el salón de baile del puebl o: un a
gran panera , co n el suelo de tierra y un peq ueño tingla do para los m úsicos ,
dond e se ins tal aron lo s op erador es de cin e. Local sin ventil aci ón apen as, si n
asie ntos, y natur alme nte, sin som br a de calefac ci ón, se prest ab a mal a nuestr o
tipo de trabajo . Más de quinie ntas pers onas, m oz os, viejos y chiquillos con
bufa nda y boi na pues ta; muc hos fum ando. Mujeres, m oz as y viejas, que c ada
69
A partir de 1938 pa sa a ll amarse Mini sterio de A su ntos Exteri ores
70
La revolución en la es cuel a . Vid. B ib., pp. 2 00- 201
71
Patronato , op. cit. Vid. B ib.
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día aume ntab an en núm ero y se pasa ban la sesión e ntera de pie… Y era
neces ari o trabajar en esas condici one s. El rum or de tan tos pies , el inquie to
remov erse de gente tan ma l instalada, form a un fo ndo poco p r opic io a la charla
famili ar que hubiés emos queri do […] Para el segund o día ya se ha improvis ado
una maniv ela . Las películ as, m u y hermosas , pasan ahora con tod a perfecc i ón.
Much os esp ecta dores se qui tan la gorra cuando se empiez a a hablar. Y a saben
alg unos que no deben fumar. Hay m ás mujeres … Me nos bufanda s. Má s
sil encio… El sáb ado podem os le er ya poes ías. No hay necesi dad de recl am ar
sil encio; las pelíc ulas , la músi c a y, sobre todo, la conviv encia , han h ec ho el
mil agro ”
72
Al ll egar los mision ero s a una poblac ión , solí an recibir a sus ve ci nos co n unas
palabras de D. Manuel Bartol omé Cossí o: “E s natural que queráis sab er, a nt es
de em pez ar , q uiénes somos y a qué venim os. No tengái s mie do . No ve nim os a
pedir os nada. Al contr ario : venim os a d aros de balde m uchas cosas. Somos
una esc uela ambul ante que quier e ir de pue blo en puebl o. Pero una esc uela
dond e no hay li bro s de matr ícul a, donde no hay que aprender con lágrima s,
dond e no se pondr á a nadie de rodil la s, donde no se necesit a hacer novillo s .
Porqu e el Gobi er no de la Repúbl ica, que nos enví a, nos ha dicho que
veng amos ante tod o a las aldeas, a la s má s pobres, a las m ás esco ndid as, a
las má s abando nada s, y que ven gamos a ens eñar os alg o, algo de lo que no
sabéis por es tar si empr e tan sol os y tan lejos de donde otros lo apr end en, y
por que nadi e, hast a ahora, ha venido a e nse ñár oslo; pero que ven gam os
72
Patronato , op. cit. , p.35
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tamb ién, y lo pr imero , a div er tir os…”
73
.
A las loc ali dade s seg ov ianas de Ayll ón, Esteb anvel a, Ribo ta, etc., conti nuar o n
otras much as a lo largo de toda la geogr afía esp añola : desde Toled o – sien do la
localidad tole dana de Navalc án el de sti no de la s egu nda m isión- hasta
Guad alaj ara, desde Ávi la ha sta Álav a, pa sa ndo por cient os de pue blo s en
Andal ucí a, Extre madu ra, Galicia… hast a 5 .5 22 lugar es cuan do se produjo el
gol pe de estad o, seg ún datos facilitados por el Patronato.
La acogi d a fue desig ual . En unos sitios fuero n recibi dos con entus iasmo desd e
el primer moment o –“El reci bimie nt o cor dial ísi mo, ferviente, resp et uoso que nos
hiz o la casi totalidad del p ueblo : la gran ape tenci a por escuc har y ver de
aquel las encant ador as gent es nos conm ovió profun d amen te”
74
-, per o en otros
lug ares los mision ero s fuer on acog id os co n r ecelo por los ve cinos – “ Las
prim eras gentes que enc ontram os… veíamos por la te nsió n especi al de su
mir ada que ha cían un e sf uerz o g rande p ara no huir… Las m ujer es corrí an
entre risa s y sus tos…”
75
o enco ntr ándos e con dificultades por la mala pre nsa
de alg una s autori d ades contrari as a la R epúbl ic a –“Ex iste en dicho pueblo
cierta p r evenci ón co ntra la misión , motiva da por falsas y tende ncios as
pro paga ndas ”.
76
73
Cossío. Patron ato, op. c it., p p.1 2 - 13
74
Navas del Madroño (Cá cer es). Pat ronato , 1934; Tiana, p.24
75
Puebla de la Mujer Muerta (Madrid), op. cit. ; Tiana, p.2 5
76
Respenda (P alen cia). Ib. ; Tiana, p.26
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Con cara de terreno l abra ntío. Migu el Her n ández, misio n ero
El poet a Migu el Her nánd ez f ue tambi én un dest aca do misio ner o. Con esta s
palabras descri be alg un a de sus experi enc ias: “He hec ho una sola misió n y ha
sido por tierras , mej or dich o, por p i edr as salm antin as. Inolvi da bles p ara mí los
espec tác ulos de los cuatr o pue blos en que estuv e y su s gent es de l ab or.. .
Recuerdo sobre todo una mujer c on car a de t erreno lab ran tío.. . C omo el viaje
fue por l os final es de abril, salí a cu erpo lim pio pa ra allá. El frí o me cogió, y tuv e
que pedi r auxili o a la capa del alcalde en el primer pueblo, a la del maestr o en
el seg undo , a la de un la brador en el terce ro y a la de o tro en el cuarto. Un
suceso: el cu r a de Pri nco nes -casad o por detrá s de la iglesia-, un a cabez a de
cerdo ameri cano , rubi o y rosa, se diri gió , con el sagrar io abiert o y el cáliz en la
espal da, al puebl o en p l ena misa del do m in go de Ascensi ón y c l am ó y trinó
contra los a te os destr uct ores de la igl esi a que habían llega do al puebl o, citand o
fras es de la Biblia, de los ev angeli os y suyas de los sermon es. Los ca m pes inos
lo escuchar on sever ame nte, algun os com ulgar on, cantar on el Tedeum, y
desp ués nos dijer on que el cura hac ía negocio con la cera y las e rm itas y que
era un tío puter o. "Aqu ello s dos z ag al es son su yos y de la... -dij o uno
señal ándom e dos r ubia ncos arr ebat ad os, y aña dió socarrón- : ¡Y quin ce o
veinte más qu e an dan por ahí desp erdi gados !"
77
.
77
http:// mhernan dez .narod.r u/ misione s.htm [Consulta : 22 /02/2017]
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revis tas, y un largo etc. Contaba con el apoyo de soci edad es cív icas de dive rs a
natur alez a, ayudas e conómicas de perso nas adi ner adas amante s de la cultur a
y, m uy especi alme nte, de muchos castr opol ens es que emig rar on a Amér ic a a
hacer f ortuna, y la hici er on, a q uien es a su vuelt a se c onocí a n com o in dianos .
No en van o, Bart olo mé Cossí o ll eg ó a desear p úblicamente “ mil castr opole s en
Esp aña” (S ala berri a, p.307) . En el resto de España , l as pocas biblio tec as que
habí a proce dían de col ecci one s pr oduc to de la desa mortiz aci ón, con li bro s de
escaso valor liter ari o, cientí fico, de div ulg aci ón o bi blio tec ario , por ser, o bien
obsol eto s, o bi en tex tos en latí n (muc hos eclesiásticos) u obras en otros id ioma s,
o malas tr adu ccio nes .
Las bibli ot ecas de m isiones pedagógic as , por especi al emp eño de su fundad or ,
fue una de s us grand es m isi ones. P ara Cos sío , no h abí a nada m ejor para
educ ar del eita ndo, como veí amos, que el de difu ndir por toda Españ a el plac er
de leer. El ya mencio na do ministro de instr ucci ón públic a, Marc elin o D oming o,
adver tía que “n o bast a construir esc uel as par a que se cum pla pl e namen te el
dese nvolv im ient o cult ural que E s paña nec esit a. Ur ge… divulga r y ext ender el
libr o” . A pesar de ex presar su confia nza en los gran des resul tados qu e
alca nzar á la po líti ca r epubl ic ana de dotar de esc uelas públic as a to dos los
puebl os de Espa ña, reco nocía la enorme carenci a de algo que consider ab a
impr esci ndi ble: “ pe queñ as b ibli otec as rur ales que des piert en, vié nd olas, el amo r
y el afán del libro ; que hici eran el libr o ase qui ble y deseabl e; que lo llev en
fácilm en te a todas las m anos” (Tiana, p. 95)
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Asu me el m ini st ro co n sus p ala bra s el e spí rit u de las Misi ones que consagr ar a
su fund ador : llev ar al mun do rural y a sus ri ncon es más a l eja dos y rec óndit os el
amor al saber y al conocim ien to mediant e el p lacer de la lec tur a. La bibli otec a,
para la Repú blica , po dí a llegar a “ ser un instrum ento de cultu ra ta n eficaz o
m ás efica z que la escuela… y m uy especial mente en el me dio rur al, don de s us
gent es, sobre todo las pers onas adult as, nunca han ido ni tendrá n ya
oport uni dad de ir a la escuel a, ni apre nder án a l eer muchas de ellas” . Pero la
lectura en v oz alta, primer o, de los mision eros , desp ués, de los hij o s
escola riz ad os de los ca mpesi nos, les abriría las puerta s de su imag inaci ón y de
otras reali da des y conoci mie ntos que de otro mod o nu nca adqui rirí an,
descu bri end o el plac er, no de leer , pero sí de escuchar lo que cue ntan lo s
libr os en la voz de su s hijos. Los niños y jóvenes del mun do rur al sí p odrán
experi me ntar por sí mismos el gu sto y el p lacer por l os libr os y por la lect ur a
por que serán ellos qui enes descubr an los tesoros o c ult os en sus p ági nas ,
dand o riend a suelt a a su im agi nació n y a su fantasía . Nada de tod o esto sería
posible sin una bibli ote ca escol ar q ue hicie ra a su vez el p ap el de biblioteca de
lectura públi c a y de prést amo para tod os los veci nos del puebl o, sean aq uéll os
niños o mayor es, mujer es u hombres. La bibli ote ca rural iba a conver tirs e, por
consig uie nte, en el ins tr ument o m ás eficaz par a hacer cumplir la máxi ma de la
República: “acerc ar la ciud ad al campo c on obje to de a l egr ar, humaniz a r y
civil iz ar el cam po”
87
.
33
87
Cossío, op. cit. , pp. XI I I- XIX
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Para la Re públ ica era una pri orid ad que todos los españoles, esp ecial men te los
niños y jóven es supieran leer, y en la medida de lo posible , todos los adul to s
que quisi era n y pudieran , a pesar de que para muchos , en especial los
camp esino s, era una tarea difícil , por no decir imposible, debi do a las duras
condic ion es que las faenas del camp o im ponen a sus labri eg os, en jornadas de
sol a sol de lunes a domi ngo. Por ello, tan imp ortan te como sab er leer e ra tene r
motiv ació n para la lectura y “desp ertar el afá n de le er entre los que no lo
sien ten”. “Cuand o todo e s pañol no sólo se pa leer, sino tenga ansi a de lee r, de
goz ar y de div ertirs e… l eyend o, h abrá una nuev a Esp aña”
88
.
El antece dent e más inmedi ato de las bibli otec as de las misiones f ue la
consti t ución de una comi sión, a tr avés de una Real Orden de 6 de marzo de
1931 , p ara la orga niza ción de una misión diri gid a a las escu ela s ru rales con el
obj eto de llev arl es los nu evos méto dos ped agógi cos . Esta Orden no ll egó a
lleva rse a efect o, debi do a los convuls os acont ecimie nt os político s del
mome nto, que cul mina ron con la procl amac ió n de la Repúbli c a un mes y unos
días des pués.
El Gobi er no de la II Re públic a inst auró dos tipos de b i blio tec as: las municip ales
y las de Misiones Ped agógi cas. El Min is ter io de Instr ucción Pública crea la
Junta de Inter camb io y Adqui sici ón d e L ibros pa ra Bibliot ecas Públic as (JIAL)
89
,
con un presu pues to de 600 mil peseta s para adqui sició n de libr os, partida q ue
88
Patronato , op .c it ., p p. 13 - 15
89
Decreto de 21 de novie mbr e de 1 9 31
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contr asta con la de stin ada en 1930 por el Gobi ern o ant erior, bajo el r ein ado de
Alfonso X III, de 35 m il pts.
Para la cre ación de bibli otec as, el Patro nato disponí a en sus i nicio s de un
pres upue sto inicial de 100 mil peset as, canti dad que su pone un terc io de su
asig nació n total (Canes, p.1 55)
90
. P ara su des emp eño, conta ba con el Mu se o
Pedag ógic o Naci onal o el propi o Minis teri o de Instr uc ción P úbl ic a y Bell as Artes
y la JIA L, y, fundame ntal ment e, con el Servi cio de Bi blio tec as, coordi na do por
el po eta Luis Cernuda, los bibli otecar ios M aría Mo li ner y Juan Vicens de la
Llav e y el inestimable apoyo de María Zam bra no, Pedro Salina s, Ra fael Alberti
o Garcí a Lorca. Este servic io fue el más import an te de los siete que tenía el
Patr onat o, y el mejor dot ado ec onómic a mente , con cerca del 60 % de su
pres upue sto en sus tres p ri mer os años, lo que permi tió la creación ha sta juni o
de 1936 de 5.52 2 bibliot ecas, la may oría en locali d ades de menos de cinco mil
habit ante s, muchas tan so lo e ntre cincu enta y doscientos (Sala ber ría, p. 306).
Este pre supu est o no compr endí a únicame nte la adquisi ción de libr os, sino
también otr os aspect os esenciales como embal aje y portes, encuader nac ión ,
talon ario s para el recu ento est adísti c o de lecturas y lect ores, carnés de
bibli otec a, señal ador es, etc. Desafor tuna da mente , el rit mo de creación de
bibliotecas no f ue sie mpre el m ismo. Como veremos en el últim o ap artado, los
gobie rno s repu blic ano s cons erva dor es apli car on desd e 1935 drást icos recortes
pres upue stari os a las partida s desti nad as a cultu ra, hech o que llev ó a Amér ico
90
Canes Garrido, F.: La s misi ones… Vid.Bi b.
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Castro a ll a marles din amiter os de la c ultu ra en un ar tíc ul o pu blic ado en el
peri ódic o El Sol . (C aud et, p .107)
91
Las bibli ot ecas de las misio nes eran de dos tipos : fijas y ambula nt es. El Servici o
de Bib liot ecas del Patro na to con tó con la co l abor ació n de los propi os
ayunt amie nt os y otros o rg anis mos provi nci ale s y locales, así co mo de la ayuda
altruista de par ticul are s. C ualq uier a l cal de de cualq uier muni cipi o, sin import ar
el tamaño o número de habita ntes, podí a solici t ar a la JIAL o al Serv icio de
Bibliotecas lot es de libros para orga niza r una biblioteca municip al, con la úni c a
condic ión de dis pon er de un local, por modest o q ue fuere, pero mínimamente
acon dicio na do, y una perso na que, normal ment e de forma vol untar ia, se hicie ra
carg o de la bi bli otec a: por lo g eneral , el ma estr o, per o en o tr os casos se
encarg a ba el p orter o del ayu nt amient o, un jardinero mu nicip al en puebl os donde
habí a, amas de casa también o el propio secretari o de la cor porac ió n. Casi
nunc a bibli ot ecari os pro fesi onale s porque, entre otr as r azon es, única men te
habí a 126 en toda España (Boz a, p.50). Los encarg ados de las bibliot eca s,
incluidos los maestr os, no reci bía n una míni ma forma ció n técnic a en mater ia
de organiz a ci ón bibliotecaria, razó n por la cual aquél las adolecí a n de
impor tan tes deficie nci as, como una mala clasi fic ació n de los li bros y, en
gener al, m últi ple s defectos org aniz ativo s, a pesar de la superv isió n que
lleva ban a ca bo los bibli otec ari os p r ofesi ona les col abor ador es en las m i sion es,
como los mis mos Juan Vicens, Marí a Mol iner o Teresa Andrés . H abitu alme nt e,
la JIAL se ocupa ba de coordinar las bibli otecas de las ciudades y poblaci one s
91
Caudet, F . : La s cenizas del fénix… V id. Bib.
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gra ndes, m ientras qu e el Servic io de Biblio tec as era el enc argad o de crear y
superv is ar las bibl iot ecas de pueblos y a lde as más peq ueñas ( Boz a, p.47)
Por otro lado, la co ntr ibuci ón de las ins tit ucio nes munici pal es y p r ovin cial es a
las bibli otec as de las m isiones no sie mpre fue la espera da y para evit ar la falt a
de col ab oraci ón de alg unas de ell as, pres idi das por p olí tico s c ons ervad ores la
mayorí a , el Mini steri o de Instr ucci ón Pú blic a prom ulgó una Orden de 25 de abri l
de 1932 por la q ue reg ulaba el r égi men de funci onamie nt o de las bi blio tec as
creadas por las misiones. Esta disposición oblig aba a todos los ayunt amie nt os
y dipu taciones a contri buir eco nómic ame nte al m ant eni mie nto y a la mejor a de
las bibli ote cas, suminis tr ando el Patro nato una lista de recome ndaci on es
bibli ogr áfica s para su futu ra co mpra .
Así, la República esta ba empeñad a en dotar a todas las escue l as rurales de
bibli otec as . Bi blio tec as que, como se ñal ábamos ant es, no f ueran sólo de us o
de la escuel a, sino tambié n de todos los habi tant es de los puebl os, de maner a
que cualq uiera co n su carné de so cio pudi ese tomar l ibro s pres ta dos para su
casa.
Para no abrum ar con las cifras, señalar em os algunas de las más sig nific ativ as
que ofrece R amó n S ala berrí a (p.308):
- Entre 1932 y 1933 , las bibliotecas rural es – si empr e bajo la
superv isi ón del Pa tronat o de Misi ones- co ntar on con 467. 775 lect or es ,
de los cua les, m ás de la mitad eran n iños: 57,5% ( 269. 325), tenien do
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en cuenta qu e se tratab a de bibli ote cas escolares, aunq ue hacía n
también la función de bibliote cas p ública s.
- Si nos atene mos al número de lect uras, es deci r, tanto los libr os
pres tado s com o los leídos en la pr opia bibl iot eca , el n úmero se elev a en
ese perí odo a má s de dos mill ones (2. 196. 495 lectura s) , de las cuales ,
basta nt e más de la mit ad fueron infantile s: 64% (1. 405. 845)
“Son los m uc hacho s, de ordi nari o, quie ne s muev en a leer a sus padres y
herm anos. Li bro que e l chico lle va a su casa es leí do p or el rest o de la
famili a”
92
Eran los inspectores de enseña nza los res pons abl es de hacer la selecció n de
los li bros p ara comprar y los maestro s los princi pal es bibli ot ecari os , encarga dos
de expedir carnés a los socios de la bibli otec a, ca tal ogar los libr os o llev ar el
regis tro de prés tam os, todo ell o b ajo la su perv isi ón del Co nsej o Local de Prim er a
Ens eñanza , que, a su v ez, organiz ab a activid ades pe dagógi ca s – c onfer enci as ,
coloq ui os sobre libros-, pero ta mbié n lúdic as -rifas , f ies tas, c oncurs os-, para
esti mular y fomentar l os libros y la lectura entre lo s v ecin os.
La sel ecci ón de libr os no era tarea sencill a , habi da cuent a del heterog éneo
públic o al que iba n des tin ados: desd e mujeres rurales y cam pesi nos, la gra n
mayorí a anal fabe tos o semianal fab etos , hasta niños y jóv enes , escol ariz ados
much os pero otros co n un nivel muy bajo de asis tenci a a la e s cuel a por la
necesi da d de acu dir a las lab ores del ca mpo con sus progen it ores. La mayor
parte de los futuros usuari os de las b i blio tecas q u e s abía n l eer , o bien no
92
Patr onat o, op.ci t., 1934
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habí an leí do un li bro en su vida , o no esta ban a co stu mbr ados a una lectur a
conti nua , de maner a que les cost aba compre nder el sig nific ado de un texto. En
un princi pio , se clas ifi ca ban los libros en dos grande s categ orí as para cada uno
de l os gr upos de ed ad: para los niños se s elec cion aban obra s de aut or es
clásicos de cuent os y narraci on es infant il es, co mo Perra ult, los herma nos
Grimm, A nders en, así como ada ptaci on es de otros clásicos como Homero,
Dante, Cerv an tes , Queved o, All an Poe, Julio Verne ; o biogr a fías de gr an des
pers onaj es como Nap ole ón, Alejand ro Magno, Marco Polo, así com o po esí as
del R omanc er o, Manri que, Larra, Bécqu er, o de poetas conte mpor áneo s co mo
Anto nio Mach ado, Lor ca, Juan Ramón Jimé nez , etc., ade más, obv iamen te, de
libr os sobre hist oria, art e, de viajes, l eye ndas… Para los adultos , además de
much as de las obras sele ccio nada s para niños, se incl uían muchas otra s
clásicas y cont empor án eas, desde la propi a Ilíada y O disea hasta el Quijo te ,
Fuent eov ejun a o La vida es sueño, pasan do por Goethe , Voltai re , Dicke ns,
Byro n, S hak espear e, Dost oiev sky, Toslto y y un l arg o etcétera, sin olv idar, desde
luego , en say os y o tros textos de f i los ofía, his tori a, g eogr afí a, socio log ía, polític a,
arte, p edag ogía… (Tiana, pp.9 7-9 8)
Marí a Moliner
No queremos termi nar este apartad o sin referir nos a la excel en te bibli otec ari a,
misionera y lexicógra fa Marí a Moli ner . Su extraor di nari a labor al frente de la
Deleg aci ón de las Mis io nes Ped agógi cas en Val enci a ates tig uan su voc aci ón
bibli otec ari a y su ingente val í a pe rsonal y profe sio nal. A ut ora del Dicci o nari o de
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uso del español – obr a que redactó ya en el desg arr o de su e xil io in t erior en
plena dicta dur a-, lo f ue también del mejor pla n de org anizac ión de bibliotecas
de Espa ña
93
, por el cual se creaba una red bibliot ecar ia a partir de las 115
bibliotecas establ ecid as en 1935 por el Patro nato de Misi ones Pedag ógi cas en
la región val encia na . Con su b i blio tec a cent ral en Valencia, se encarg ada de la
coor din ación de los serv icio s, qu e incl uía a su vez la creación de una Escuela
para b i blio tec arios r ura les, en colabor aci ón con la Esc uel a Nor mal de Maes tros ,
lo que permití a que los f uturos enseñ ante s pudier an formarse también en
técnicas bibl iot ecari as o bibl io teco no mía, de modo que en un futuro cerc ano
pudie ran enc arg arse de las bibli otec as de la red. La bib li otec a ce ntr al a demás
conta ría con una sec ció n in fantil y otra e sp ecializ ada en ob ras de pedag ogía , y
funci onarí a también como biblio tec a públic a, co n una colección de 400 libr os .
Para el funci on amie nto eficaz de estas bibliotecas rurales escribi ó unas
“Instrucciones para el se r vicio de peque ñas bibliote cas”
94
, publi cada s en 1937,
y muy a preciadas tanto en Españ a com o el extra njero . El plan de Marí a Molin er
se anti cipa ba en dec eni os a las modern as r ed es i nfor matiz adas de bibli ot eca s
que hoy tenemos . Su fin era cre ar una org aniz aci ón bibli ote cari a, extensi bl e a
otras r egio nes, dond e las bibli ote cas rurales t uvier an u na m isió n pr epond era nt e,
coor din adas en re d por una b i blioteca centr al que permiti ese a cual qui er lector,
sin impor tar su lugar de resi den cia, obtener cualq uier libr o de cualq uier
biblioteca de la red – lo que los b i blio tec arios ll ama mos prést amo
interb ibli o tec ario- . Esta e xp eri encia serí a fundame ntal para la poster ior
93
Moliner, M.: Apuntes… Vid.Bib.
94
Id.
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redacción del ambi cios o “ Pro yec to de Base s de un Plan de Organiz ación
General de Bi blio tec as del Es ta do ”
95
, qu e no lleg ó a ver la luz.
Otro gran b i blio tec ario , dir ec tor de la bibli otec a de la Univ ersi da d Cen tral de
Madri d, Javi er Lasso de la Vega, pre dijo que “ sin libro s, sin prensa, ni
bibli otec as , España no podrá ser un país democrá tico , j amás” (Bo za, p.49). Él
mis mo tuvo ocasi ón de compr obar c uá n ciert as fuer on sus p ala bras .
1934- 1936 : Triste f in al para unas m isio nes c argada s de fut uro
“ Nos en terró el o lvi do. Pa recí a que no hablaba n de nosotro s porq ue no le s
dej aban, y era, s im ple m ente, que nos habí an olv ida do” (Teresa Andrés)
96
En 1934 co mienz a el decliv e de l as misio nes co n una disminu ción consi derab le
de su pres upues to: de 800 m il pts. en 1933, desci en de a 700 m il en 1934; el
recorte para bibli ote cas es aún mayor: de 453.0 49 en 1933, el año sigui ente se
qued a en poco más de la mit ad: 248 .043 pes eta s. Ya en 1935 la asig naci ón del
Patr onat o se queda en 400 m il pesetas y apenas nada para las bibli otec as
(Cau det, p.106). La raz ón la expl ic a sin artificios el dip ut ado tra dicio nali sta
Lam armi é de Clairac : “ ¿Comprenderéis voso tros [lo s diput ado s] que a un
ente ndim ient o rústico, sin form ación de nin guna clase… es posibl e dar le
pro grama s de Misi on es Peda gógic as en que se les habla de gra ndes hombr es
95
Vid . Bib.
96
Teresa A ndrés fue bibl iote caria je fa de la S ección de Bi blioteca s de Cultu ra Popu lar. Se
exilió en P arís, donde murió en 1946 . En : Pérez Iglesias, p.3. Vid. Bi b.
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EVOLUCIÓN DE L A DID Á CTIC A DE L A ED UCACIÓN FÍSICA
Ev olution of Ph y sical Education Didactics
Raúl Landa Navarro
109
CEP de Córdoba
[email protected]
RESUMEN
Una m irada personal retrospectiv a a la didá ctica de la Educación Física desde
los años 80 hasta la actualidad, unida a unas perspectivas futuras cambiantes ,
reflejan el enorme cambio metodológico realizado po r el profesorado de
Educac i ón Física en estos año s y la f lexibilida d como ca racterí stica principal p ar a
afrontar los futuros retos.
PALA BR A S CLAVE : EDUCACIÓN FÍSICA, DIDÁC TICA, HISTORIA,
FORMACIÓN DEL PROFESORADO
A BSTR A CT
A retrospective personal look at the didactics o f Phys ical Educa ti on since the
1980s to t he present, linked to ch anging f uture perspectives, reflect the e normous
methodological change made by Ph y sical Education teachers throughout these
years and flexibility as the main characteristic to face the future chall enges.
KEYWORDS : PHYSICAL EDUCAT ION, HISTORY, TEACHER T RAINING,
DIDACTICS
Fecha de petición del artí culo: 11/01/2017
Fecha de Aceptación: 31/03/2017
Citar artículo: LANDA NAVARRO, R. (2017). Evolución de la didáctica de la
Educación Física. eco. Revista Digital de Educación y Formación del
profesorado . CEP de Córdoba.
109
Doctor en Ciencias de la Activid ad Fís ica y el Deporte por la Univers idad de Gr anada.
Asesor de Formac ión en el CEP Córdoba.
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Hace 31 a ños correteaba por el patio de arena de un colegio de Salesianos en
Madrid. Carezco de una buena memoria, p or lo que cobra m ás importancia que
tenga recuerdos tan n ítidos d e mi experiencia allí, especialmente de las clases
de Educación Física (EF). Y e s que son d i fíciles de o lv idar p ara todo aquel que
haya vivido la evolución que ha tenido su didáctica hasta la actualid ad.
Estaba en 7º de EGB, con 11 años, en un grupo de 40 alumnos (sólo había
chicos). Teníamos un horario de mañana (de 9:00 a 14:00) y otro de tarde (16:00
a 18:00). Sin duda, la E ducación Física era la asignatura más atractiva de todo
el currículum para u na gran parte de los alumno s. Lo s deportes colectivo s
acaparaban los recreos y las tardes en e ste co legio con c ertado. Ahora me d oy
cuenta de lo afortunados que fuimos en cuanto a instalaciones d eportiv as. No
tanto respecto a las clases de EF.
Ese año te nía mos E ducación Física después de comer. En el comi enzo de l a
clase, teníamos que presentarnos ante el profesor en una f ormación militar de
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cuatro columnas, de 10 alumnos cada una, ordenados de m enor a m ayor altura
y con el mismo c olor de camiseta. El pro fesor se presentó el primer día como un
antiguo ofic ial de la Brig ada Paracaidista m ientras se crují a e l cuello. To dos los
días seguía la misma reta híla: órdenes directas a las que respon díamos con
disciplina militar: “Firmes, ¡ ar!” (barbilla ligeramente ha ci a arriba), “Cúbranse,
¡ar!” (levantar e l brazo p a ra m arcar la d istancia co n e l d e d elante), “Descansen,
¡ar!” (paso lateral se pa rando l os pies y man os co gidas detrás de la espalda). A
continuación, nos explicaba qué íbamos a hacer esa sesión.
Fuente: https: //neider.blogi a.com /
De las do s horas de Educación Física, solíamos tener un día en el gimnasio (una
antigua capilla con suelo de iglesia y techos mu y b ajos) y o tro día e n las pista s
polideportivas exteriores (con campo s de balonce sto, voleibol, fú tbol y f útbol-
sala). El día que nos tocaba la pista exterior, nos dividí amos pa ra jugar a los
distintos deportes. Siempre me maravilló la destreza de mi p rofes or para pegar
“patadones” de 40 metros a los balones, los cuales ca ían en el centro de cada
campo. A continuación, como una jauría de lobos hambrientos, salíamos
corriendo detrás del balón para empezar el parti do.
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En el gimna sio hacíamos una gimnasia analítica en la que, co n una organiz ación
militar, se nos daban órdenes de mo v imientos muy espe cí ficos: “r odillas arriba,
mano de rec ha to ca pie izquierdo y viceversa, ¡uno, d os, tres, cuatro!. Ab ri mos y
cerramos piernas y br azos, ¡ u no, do s, tres, cu atro!” E ste tipo de ejercicios son
los que d ieron nombre a la asignatu r a de “Gimnasia” durante el r égimen
franquista.
Nuestras notas s e solían evaluar mediante baremos de condición f ísica: Test d e
Cooper de 1 2 minutos (sin una preparación p revia de acondicionamiento
aeróbico), test de ab dominales y flexiones, etc. Las aguje tas duraban un a
semana y luego se olvida ba. Yo no t uve grandes proble mas, pero p ued o
imaginar lo traumático que sería para el a lumnado qu e no tení a una mínim a
condición física
En d efinitiva, era una Educación Física cuyos co ntenidos e stab an m uy centrados
en los deportes y en la condición fís ica. P r obablemente, este tipo de didáctica de
la EF provenía de la Academ i a de Mandos José An tonio, encarg ada de la
formación de los prof esionales de la Educ ación Física durante e l régimen
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franquista donde se realizaban ejercicios g imnástico s p rovenientes de la escuel a
sueca de Ling. La Ley General de Educación (LG E) d e 1970 introduce la
Educación Física como una asignatura específica impartida progresivamente p or
un profesorado especializado.
Posteriormente, durante los años 80 y 90, s e producen avance s en el campo d e
la psicomotricidad, la e xpresión corporal y la didáctica. S e incl uy eron bloqu es de
contenido c omo las habilidades m otrices básicas, los juegos y d eportes, la
expresión corporal, las actividades en el m edio Natural y la condición física. La
LOGSE (1990) supuso un reconocimiento en el cu rriculum en cuanto a horas y
cursos en los que se impartía la E F . A demás, se reconocía al maestro de EF
como especialista para impartir esta materia (Diplomatu ra en Magisterio de
Educación Física). Actualment e, existe un Grado en Ciencias de la Educa ci ón
(Mención en Educación Física), con una menor carga lectiv a espe cífica de EF.
La fo rmación de l os d ocentes de Educación Física tamb ién ha evolucionado
mucho en materia de igualdad y coeducación. Durante el ré gimen de Franco, l a
Sección F emenina se enca rgaba de la f or mación d e las profesoras, basada
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principalmente e n activ idades de ritmo y danza. Person almente, fue en el INEF
de Madrid (cuya activ idad académica c omenz ó en 1967) cuando to mé mi primer
contacto con actividades de expresión corporal (ritmo, danza, bailes populares,
expresión co rporal, aerobic, etc.). Antes d e entrar en INEF, creía que las chicas
tenían una predisposición genética a las actividades rítmicas, pe ro pronto me dí
cuenta de que el factor m ás in fluyente era el tipo de estimulación que habían
tenido en edades tempranas alimentado p or los estereotipos tan acentuados en
ese momento. E l profesorado de EF actual está mucho m ás sensibilizado y
formado respecto a la igualdad y a la coeducación, d e s arrollando de portes y
actividades alternativas (cuya práctica no está tan estereotipada), así como
contenidos de expresión corporal, danza y ritmo (independientemente de qu e
sea profesor o profesora). Aún así, h e podido comprobar desde mi a ctual trabaj o
de a sesor de fo rmaci ón en el Centro del Profesorado, que existe un a gran
demanda de formación sobre la didáctica de la expresión corporal, por parte del
profesorado de EF, lo que no s advierte que todavía queda un camino por
recorrer en este campo.
Autor: m cmrbt. Fuente: fl ickr CC B Y- NC -ND 2.0
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A p esar de la gran evolución que ha tenido la fo rmación de los docente s de EF
durante los últimos 50 años, la imagen que una parte de la sociedad ha d ado,
especialmente en los m edios de comunicaci ón, ha sido descontex tualizada e
injusta. V arias series de televisión, quiz á co n guionistas que han vivido o
escuchado ex periencias como l as que y o cue nto en est e artículo, se han d ejado
llevar por la te ntación de p lasm ar e s as vivencias en sus guiones, dando una
imagen de la EF actual alejad a d e la realidad, con el consiguiente daño para la
imagen de un colectivo que lleva m uchos años demo strando que la Educación
Física que se imparte actua l mente, poco tiene que ver con la e xistente en los
años setenta. Afortunadamente, creo que la percepción d e la im po rtancia de la
EF por parte de la soci edad e incluso por parte del pro fesorado de otras materias
ha mejorado mucho. No me e x trañaría que en un futuro podamos ver la
implantación de una hora de EF diaria para nuestro alumnado, y a que el
sedentarismo y la obesidad se co nvertirá en breve en el enemigo público núme r o
uno de nuestra sociedad.
Autor: Sandor W eisz. Fuen te: f lickr CC B Y -ND 2.0
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1. El valor de la li teratura como fuente de conocimiento para la historia de
la escuela
En el marco de las renovadas tendencias de la historiografía pedagógica
desarrolladas durante l as últi mas d écadas, con a poyo de los prof undos cambios
acontecidos en el mundo educativo, ha cobra do especial interés el estudio de la
escuela como un espacio social que se construye con una cultura propia, capaz
de reinterpretar el inf lu jo de f actores exógenos y explicar así bu ena p arte de la
estructura d e su organi zación interna (López Martín, 2001 y 2017). Este en fo qu e
heurístico ha propiciado un nuevo impulso, una tercera dimensión e n el ámbito
docente e investigador de la Historia de la Escuela que, e ntre o tros aspectos, h a
consolidado la importancia de fue ntes de investigación no vedosas, antes
inimaginadas -caso de la literatura -, que pueden completar y po ner en valor el
conocimiento propio de la metodol ogía tradicional.
A los clásicos doc umentos o testi monios escri tos (manuscritos o i mpresos) de l a
hermenéutica en su sentido m ás p uro, hay que añadir toda una g ama de huellas
o rest os del pasado (objetos, imágenes, fuentes orales, utensilios, mob iliario ,
material didáctico…), su sce ptibles de ser utilizados para el análisis de la
educación y e l descubrimiento de sus procesos genealógicos, ofreciendo una
visi ón com plementaria a las fuentes tradicionales, quizás exce siv amente
focalizadas en los d isc ursos pedag ógicos y poco ate ntas a la hora de valorar los
vestigios de la c ultura empírica de la escuela. La rápida consolid ación de los
estudios sob re el patrimon io escolar (R. López Martín, 2 012 -13), el cine , la
literatura (R. López Martín, 2014 y 2016) -como es el caso- y otras técnicas
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au xil iares se están convirtiendo en eficaces he rra mientas de análisis de la s
temáticas históricas, en general, y del mundo escolar, en particular.
La literatura, lejos de oponerse a los códig os d el co nocimiento histórico, como
cualquier otra ma ni festación a rtística, refleja las ca racterísticas del momento
histórico en el que se gesta y se instala e n un marco de interrelaciones con la
sociedad, po ni endo en marcha un sistema d e influjos recíprocos que nos
aproximan al conocim i ento de la mentalidad de la ép oca, de la que el autor es
siempre testigo, real o im aginario. Los narratorios literarios, en definitiva, te
invitan a transcender e l archivo documental para co mpletar su conocimiento c on
textos vivos, reales o f icticios, acaecidos o imaginados, pero siempre
históricamente relevantes. Y no pa r ece apropiad o p lantear aquí la discusión
sobre la distancia entre realidad y ficción en las obras literarias, máx ime cua nd o
resulta e vidente que todo lo vehiculado por e l len guaj e se convierte en f icción,
ya sea una narrac ión ficcional o un relato del propio y o. No hay u na novela de l
género fantástico que no contenga elementos sugeridos de la propia v ida del
autor, ni hay un relato a utobiográ fico de la m ás pu ra realidad donde no
detectemos elementos d e ficción, más o men os vertebrados. Memoria e
imaginación, realidad y f icción, por tanto, se presentan como categorías
conceptuales, siempre en continua te nsión, retroalimentadas de mane r a
sinérgica, formando parte de un mis mo proceso.
Esta afirmación, válida para e l conocimiento históri co gen eral, aún resulta de
mayor potencia revel adora para el mundo escolar. L a e sc uela, conviene
recordarlo, ha sid o y es uno de los territorios privil egiados de la memoria
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histórica, por lo que no parece extraño que la literatura le haya d edicad o una
atención especial. Nu merosos son los autor es que recogen testimonios de su
memoria escolar, c on m ás o menos pro fundidad, a lo largo d e s us o bras; es m ás ,
no faltan textos qu e recopilan f ragmentos de célebres literatos referentes a la
escuela y sus m aestros, a lgunos con cierta e x tensión (Lomas, 2002 y 20 07 ;
Gracida y Lomas, 2005; Carbonell, Torrents, Tort y Trilla, 1987 o Museo
Pedagógico de Aragón, 2007), otros de citas más b reves (Ez peleta, 2006;
Jiménez, 2010 y Lomas, 2011), o rela tos d e escritores con temporá neos, todav ía
no consagrados por la crítica literaria, sob re sus recuerdos escolares (VV.AA,
2007; Rojo, 2008; Regalado, 2008 y Cantón, 2009). En cualquier caso, lo cierto
es que la literatura ref l eja con sentida precisión el mundo escolar, “ n os habla -
apunta C. Lomas (20 07: 214) - d e las luce s d e la instrucción escolar, de las
utopías educativas y de los af anes em ancipadores de maestras y maestros, pero
también nos ofrece las sombras de la miseria, de la injusticia, del m altrato, del
analfabetismo endémico, de las tenaces inquisi ciones ”.
Esta “poética e scolar” (Lo mas, 2002: 17) nos invita al recu erdo de nuestra
infancia y adolescencia, de ilusiones y nostalgias pa s adas, de amores y
desamores vividos, de hue llas de ese escenario de la vida cotidia na d onde uno
realiza su primera inmersión cultural, forma parte de nuestro imaginario personal
y colectivo y no pa rece extraño que se convierta en objeto literario de p rimera
magnitud. Un v iaje p or la liter atura de la época, en definitiv a, nos pe rmite
descubrir las claves de los cód igos pedagógicos de las e scuelas y sus maestros ,
ayudándonos a per filar el conocim iento que la historiografía escolar viene
aportando sobre la cultura pedagógica en tod as sus dimensiones.
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2. La pe d agogía sup lant ada . Pobreza mat eria l y abundancia espiritual en el
primer franquismo
El ansiado f inal de la Guerra Civil da rá p aso al nacimiento del “Nuev o Estado”
enmarcado en el c ontexto de una p rofund a precariedad eco nó mica y una
necesaria -para u nos- e injusta -para otro s- de puración ideológica. La escuela
del nacional-catolicismo caminará entre la pobre z a material y la abundanci a
espiritual , entre la escasez de med i os y recu rsos pa ra la enseñanza y el control
de su labor ideologizadora hacia la defensa de l pa triotismo, la religión c a tólica,
la tradición y un renovado esp íri tu de ciudadanía, eliminando cualquier
reminiscencia liberal d el periodo republicano anterior. La pedagog ía de la época
queda suplantada por esto s valores de militancia patriótica y la pres encia de una
iglesia católica como juez implaca ble de todos los aspe ctos de la vida,
principalmente del ámbito educativo. La ape lación al placer, el juego o l a
actividad de l niño, como códigos del sentido modernista de la pedagogí a d e
tiempos pasados -siempre vinculada al concepto de edu cación propugnado p or
el movimiento de la Escuela Nueva-, deber án ser revertidos, suplantados, por
una pedagog ía de l a v oluntad, del s acrificio, del esfuerz o (J. Talay ero, 1938), de
la disciplina y de la vid a ascética de la “nuev a España” (V. Garcí a Hoz , 1941); la
tradición y la esencia de sus valores más ide ntitarios, por tanto, serán los nuevos
ideales de lucha contra las “ falsedades” de la pedagogía cien tí fica del pasado
republicano.
Las palabras dirigidas al Magisterio por D. Gonzalo Gálvez Car mona (193 8: 175-
77), In spect or de Primera En señanz a de Granada, discípulo d el Padre Manjón,
sobre lo que debe en s eñar la escuela, es un ejemp lo muy v álido -de entre los
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muchos testimonios que po dríamos citar aquí - de l pe nsamiento e idea ri o
pedagógico d e la época: “Q uiérote d ecir, y tú ya l o h abrás a divinado, q ue
Religión, Esp aña y Trabajo es lo que tienes que enseñar, y por mucho que
detalles el programa, y por muchos nombres técnicos que des a lo qu e quieras
enseñar, ya verás có m o te cabe todo en esos tres grandes campos que yo ha go.”
La técnica pedagógica queda revertida, anestesiada, por las nuevas directrices,
que orientarán, ahora de manera rigurosa, la tota lidad de los aspectos de la
práctica educativa. El propio Onieva (1939: 5), en la dedicatoria a l o s maestros
de La Nueva Escuela Española , una d e las o bras señeras de la educación
franquista de la é poca, expresa la importancia de los nuevos v alores, con un
cierto meno sprecio hacia la pedagogí a científ ica, poniendo e n valor la trad ició n
gremial y la cultura empí rica de los docentes: “Esto no es un libro d e Pedagogía
ni tiene pretensiones cientí ficas. E s un conjunto de observaciones a través de
muchos años d e práctica escolar e ins pectora, viajes e inform aciones (…) ¿Qu é
he pretendido? Lo que ha ido mi p reocupación de siempre: hacer u na escu ela
estrictamente española, para niños espa ñoles y con doctrina hispánica.”
La vida escolar, en consecuencia, est á marcada por activ idades encaminadas a
la f ormación del espíritu na ci onal y , sobre todo, a la extensión y profund iz ación
en el e jercicio del ideal ca tólico. La memoria literaria de numeros os escritores
del m omento es verdaderamente a bundante y revelado ra de estas cuestiones.
Nos quedamos, a modo de ejemplo, con el recuerdo d el intelectual p oli fa cético ,
C. Barral (1975: 21 -22 ), en su primera e ntreg a de la trilogía de memorias, Añ os
de penitencia , en la que rememora la atmós fera de aquel tiempo y sus años de
escolar en un colegio jesuítico de la Barcelona de po sguerra: “Aquellas oscuras
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y raras personas estaba n allí, sobre todo, para introducirnos en u na nueva
legalidad, eterna, pero que tenía m anifestaciones i nmediatas: l a e stricta y
obligatoriedad de la vida reli giosa y las prácti cas patrióticas. Unas y otras tenían
importancia y eran el marco co tidiano, las fronteras con el mundo y con el cielo,
de la monótona vida académica. La jornada comenz aba con la concentració n
para la m isa, el o ficio a golpe de palmeta y de comunión prácticamente sin
excusa (…) Al empez ar cada clase había que repetir e n vo z alta una ja cu latoria
y a la m itad de la permanencia de la noche, así se llam aban las h oras de estudi o
bajo vigilancia de los celadores, se re z ab a e l rosario (…) Naturalmente yo n o me
daba cu enta entonces , p ero esa espesa e structuración conventual de la vida
escolar, ese abuso de prácticas obligatorias, e ran una magnífica, casi infalible
vacuna contra el sentimiento religioso .”
Toda la obra educativ a deberá est ar “e mpapada”, impr egnada, del espíritu
cristiano y del ideal católico. Serrano de Haro (1941: 92 -93), otro de los
intelectuales afecto s al régimen, Inspector General de Enseñanz a Primaria,
refiere al resp ecto con sum a claridad: “Escuela en la q ue no se ame a Dios y a
España, en la que no s e practique la ley supr ema de l a caridad y en la qu e no s e
afiancen y apr ieten los vín culos sagrados que unen en ha z apreta do y e terno a
todos los hijos de España, es un o rganism o muerto, sin engarce con los
problemas trascendentales, e s la Escuela raquítica de la decadencia que más
vale cerrar que abrir.”
Y no fa ltan ilustre s literatos que vierten en sus obras y testim onios de m emori a
escolar duras críticas al régime n y a la escuela “suf rid a”; es el caso de Rafael
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Alberti (1975: 28 -29): “De todos a quellos colegios andaluces, tanto de p rim era
como de segunda ens eñanz a -escribe con amargura- , se salí a sola m ente con la
cabe z a loca de padrenuestros, pláticas terroríficas y con ta l cúmulo de falta s
ortográficas e ignorancias tan grandes que yo, a un a los veinte años, d espués
de cinco ya en Madrid, me so nrojaba de vergüenz a ante el s aber elemental de
un chiquito de on ce, alumno del Instituto Escuela o de cualquier otro ce ntro
docente. ¡Lam entab l es ge neraciones españolas sa lidas de tanta podredumbre,
incubadas en tan mediocres y s ucias guaridas! A unque en la actualidad deteste
y odie el im bécil alarde antirreligioso, si no peor en su extr emo, por lo m enos ta n
desagradable e inculto co m o el del más cerril d e los beatos, quiero consignar
una ve z más la repugn ancia que siento por ese último e s píritu católico español,
reaccionario, salvaje, que nos entenebreció d esde niños los a z u les del cielo,
echándonos ci en c apas de ceniz a, bajo cuya negrura se han asfixiado tantas
inteligencias verdaderas.”
Al espíritu religioso, profundo y extenso, debemos añadir toda una serie de
prácticas y a ctividade s propuestas por la Falange, de marcado carác ter e stético,
que co mplementan la l abor de formación de la juv entud española: el iz ar y arriar
banderas, los cantos pa trióticos, la consigna diaria, los actos conmemorativos,
las biograf ías ilustres, las leccione s p atrióticas, la gimn asia y nocion es
premilitares, o los cuadernos de rotación, son algunas de las parafernalias más
significadas (J. I. Cruz , 2001). El propio Barral (1975: 22 -23), e n el mismo texto
anteriormente citado, se ref iere a este nuevo refe ren te escolar: “Los ritos
políticos, de educación patriótica como se llamaban, eran e m inentemente
formales y yo creo que casi nadie se los tom aba en se rio. E xistían unos
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monitores, profesores d e educación política, que dirigían y controla ban l os actos
premilitares, los cantos b raz o e n alto, y q ue d aban unas delgadas clases de
joseantonismo. Pe r o aun con respecto a los profeso r es laicos de las disciplinas
normales, eran personajes de segundo ran go”. Y aca bará el pasaje
sentenciando de manera ta xativ a: “Como se ve, todo estaba previsto, ha s ta las
sugerencias de meditación; la vida en el colegio e staba perfectamente o rdenada
y é ram os la se mentera, dispuesta ´more g eom étrico`, de la futura España del
Orden Nuevo.”
Este contexto ideológico, como decimos, impregnará todo el sentid o de las
orientaciones pedagógicas del sistema escolar (R. López Martín y A.
Mayordomo, 1999: 41-103). Ad emás, la tradicional ausencia de p rogramas o
pautas pedagógicas prescritas por la administración de s de la propia gestación
del sistema e sc olar español, condena la vida escolar a los tonos rutinarios y de
dependencia te x tual, donde priman las tradiciones artesanales de los maestros,
en e l m arco de una educación ascética y tota litaria. El Magisterio, huérfano de
ese apoyo metodo lóg ico, conf i ará la práctica d e su trabajo a los manuales
escolares o a los “modelos de lecciones prácticas” publicitado s por los medio s
profesionales de la época: “La Escuela en Acción”, suplemento de El Magiste rio
Español ; Escu ela Española y su sección “La vida en la escuela”; en menor
medida la Revista N acional de Educación ; incluso la revista del Fren te d e
Juventudes, Mandos , publicarán leccio nes desarrolladas en toda s u e xtensión
didáctica (objetivos, contenido s, medios a utilizar, textos, ejercicios...),
dispuestas para ser aplicadas a la realidad del aula.
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En el mejor de los casos, los maestros avezados por la experiencia se rán
capaces d e adaptar el contenido d e los m odelos d e lecciones, planificadas en
enciclopedias y libros escolares, como d ecimos, a l a realid ad específica de su
aula. Los “cuadernos de p reparación de lecciones”, obligatorios d esde la Orden
de 20 de enero de 1939, como un elemen to de control de la a ctiv idad d el docente,
se p resenta como e l instrumento adecuado para p lasmar un b rev e diseño de
intervención educativa, tanto de la serie de circunstancias contextuales que
rodean el proce so d e en señanza -aprendiz aje, como del tipo de alumnos a los
que va d irigido, ob jetiv os, conte nidos, materiales, recursos didácticos, medios
más adecuados para su desar rollo…; no se trata , a unque pudiera parecerlo, de
una e x posición d etalla da de cada lección, sino de u n esquema -guía orientado a
facilitar su desarrollo, personalizando y adaptando los programas a la realidad
específica de cada escuela y a los usos y costum bres del docente.
Con todo, los maestros, refugiado s má s en esa “tradición inventada” o conjunto
de reglas artesanales apren didas por mecanismos de a propiación empírica y
transmitida por conductos gremiale s, que en los currícula a cadémicos de las
Escuelas Normales o en la inexistencia de orienta ciones d e la administración,
fueron construyen do u na pr áctica alejada de otros reg istros d e esa cu ltura
pedagógica, pero m uy acom odada a su escasa preparación y a la penuria
económica de una escuela sin medios ni p osibilidad es de me jora. Luís Land er o
(2000: 76 - 79), en uno de sus cuentos titulado “El País de Maricastaña”, nos
ofrece u n e jem plo d e una me todología cu rios a y prop ia de u na época revanchista
de p osguerra, con un maestro excombatiente y po co o nada f ormado : “ entraba
en la e scuela, se sentaba en el pupitre y sacaba u n cartelito donde ponía
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‘Albacete’. Porque él entonces, desde luego era sólo Albacete. (…) El maestro
se llam aba d on Fermín y te nía u n caballo. Muy de mañana sa lía siempre a
cabalgar un rato y, com o el aula estaba en la planta baja, y como para entrar en
la cuadra tenía que pasar forz osa m ente por a llí, pue s a veces irrum pía en la
clase montado en el ca ballo. Y a veces aprovechaba ya para exa m inar los
deberes o tomar la lección desde la montura. Er a mutilado de guerra, tenía un
ojo ch afado y una mano o rt opédica, y dividía la clase en z ona nacional y z ona
republicana. Los primeros eran los listos y los otros los torpes, y todos
empez aban de republi canos m enos él, cuya misión co nsistía en liberar de l a
ignorancia a la z ona reb elde. Según los m uchachos iban pasando a la z ona
nacional, les iba adjudicando los nombres de las ciudades liberadas, y a los
prim eros en pas ar, le s ll amaba Ceuta y Melilla. Al final del curso, q uienes
acabasen de republicanos sus pendían, y los otros aprobaban, según la ciudad
así la nota. Ya ven ustedes qué fácil era la p edagogía de entonces.”
Y no con tento con esto, Don Fermín, en otro e pisodio que refleja con precisión
los valores de esta pedagogía su plantada de l nacional -catolicismo, de sde la
montura de su ca ballo, preguntó a n uestro que rido “Albacete”: “ ‘¡A ver, A lbacet e!,
¿qué cosa grande es Dios? ’ Manue l no lo sabía pe ro vió a un com pañero que,
por entre las pa tas del ca ballo, empez ó a hacerles señ as. Fingía que fum aba u n
pu ro, exagerando el gesto com o si fu ese un b anquero o un apoderado taurino.
Entonces cayó en la cuenta. ‘Dios es el Espíritu Pu ro’ , procla mó. Y don Fermín
le dijo: ‘M uy bien. Y, en premio, vas a elegir l a ciudad que prefieras ser’ . Manuel
bajó la c abe z a y su surró: ‘El País de Maricastaña, esa es la ciudad que yo quiero
ser’. Él e ntonces encabritó el caballo y montó en cólera: ‘¡C on España no h ay
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Histórico- Educativo”. En DÁVILA, P. y NAYA, L. Mª. (Coords.). Espacios y
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PEDRO SA LINAS, O MEDITACIÓN SOBRE EL SENTID O DE L A EDUC A CIÓN
UNIVERSITARIA
Pedro Salinas, or Meditation on the Purpose of Univ ersity Education
LEONOR MA RÍ A M A R TÍNEZ SERRA NO
A SESORÍA DEL ÁMBITO LI NGÜÍSTICO
CEP PRIEGO - MONTILLA ( CÓRDOBA )
[email protected]
RESUMEN
En los a ños 40 el gran poeta del amor Pedro Salinas pronuncia dos confe rencia s
magistrales en Puerto Rico en torno al cometido s ocial d e la un iv ersidad y el
papel del estudian te un iversitario arquetípico . Más de 75 años después, sus
palabras sig uen contando con una incontestable v igencia. Nos rec uerda Salin as
que la universidad es el espacio social en que e l ser humano se fo rma para el
mundo y la vida respo nsable, en que adq uiere mu cho más que un c onocimiento
técnico para el desempeño d e una pro fe si ón, en q ue se impr egna de los v alores
imperecederos que debe cuidar con c elo la univ ersidad: verdad y justicia, el amor
por las ide as, el respet o al conocimiento como tarea anc estral y res ponsabilidad
de la especie humana, y el gusto por el trabajo bien h echo, (sea cual sea su
naturaleza). De paso, Sa linas hace una defensa a ultranza del ete rno estudian te ,
ese que está altame nt e motivado y experimenta con atención el alumbramiento
de su conciencia a la complejidad del mundo y de las relaciones humanas.
PALA BR A S CL A VE : Pedro Salinas, educación, humanismo, universidad,
valores
A BSTR A CT
In the 19 40s the great love poet Pedro Salinas deliv ered two conferences in
Puerto Rico. They dealt with th e social fu nction of University and the role of the
archetypal univ ersity s tudent. 7 5 years later, h is words remain true despite the
passage of time. Sa li nas re minds us that University happens to b e the social
space where h uman beings are ed ucated to be c ome responsible citizens of the
worl d and where they a cquire much more than simple technical knowledg e to
fulfill the r e quirements of any job w ith sel f -efficacy. University is that social space
par e x cellence where hum ans learn the me ani ng of ancestral val ue s such as tru th
and just ice, love of ideas, respect for kn owledg e as a collective enterprise tha t
must be acc omplished by the hu man speci es, and the desire to do any activity to
the highest standard of performance (regardless of its nature). In th e p roce ss
Salinas defends the eternal university stu dent, who is highly motivated and kno w s
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what it means to o pen one’s soul and m ind to th e intricacy inheren t in the world
and in human relationships.
KEYWORDS : PEDR O SALINAS, EDUCAT ION, HUMANISM, UNIVERSITY,
VAL UES.
Fecha de petición del artí culo: 11/01/2017
Fecha de Aceptación: 31/03/2017
Citar artículo: MARTÍNEZ SERRRANO, L. M. (2 017). Pedro Salina s , o
meditación sobre el sentido de la educ ación universitaria. eco. Revista Digital d e
Educación y Form ación de l profesorado . CEP de Córdoba.
Gran poeta d el amo r de la Generación d el 27, a Pedro Salinas (Madrid 1891 –
Boston 19 51) se le recuerda principalmente p or L a vo z a ti debida (1933 ), uno
de esos poemarios esenciales d e la poesía ca stellana del siglo XX y de todos los
tiempos. P ero en este breve artículo no n os ocupamos d e su labor de o r feb r e de
la palabra ritm ada, si no de o tra fa ceta de este humanista liberal e int electual
comprometido acaso menos conocida: de s u vertiente como or ador público y
conferenciante. En los añ os cu arenta, estando en Puerto Rico, el po et a
pronunció dos con ferencias, inéditas hasta 2011, tit uladas “Defensa del
estudiante” y “Confe r encia sobre la universidad”. Ambos textos, de gran
brevedad, ahondan en la transcendencia de la educa ción universitaria en la
formación de una ciudadanía crítica y respo nsable, que se debe a sí misma y a
la comu nidad humana de l a que fo rma parte. Desde p r emisas absolutamente
humanistas de profunda raigamb re socrática, Salinas entiende que la
universidad debe contribuir de forma decisiva al perfeccionamiento moral de la
especie humana.
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En “De fensa d el estudiante”, des taca el poet a, p rofesor universitario y a l a s azón
conferenciante, la n ecesidad de que “la Universidad sea, má s que u na escuela
de entrenamiento pro fe sional, u n ce ntro de formación d el hombre y de
orientación de su tarea vital al servicio de to dos” (2011: 43). No d ebe olvidarse ,
con todo, en ningún momento “el valor humano, s uper técnico y super intelectual
de la educación universitaria” (43) . Al m argen de e sta fo rmación espe cí fica y
técnica pa ra el desemp eño de una profesión, entiende Salina s que la universidad
debe educar a la ciudadanía para una vida comprometida. Con meridiana
claridad, el poeta y p rofesor define el co nce pto de estudiar: “ Estudiar supone
aplicar la inteligencia a los libr os o a la adquisición del conocimiento. Esto es,
consiste en fijar la a tención mental en un punto para entenderlo.” (44) Estudiante
es, pu es, el que estudi a, y S alinas distingue entre dos c ategorías d e e stu diantes
según el propósito que guía su estudio o, d icho d e otro m odo, según “la calidad
del interés que tienen en su fo r mación” (58):
Este propósito puede s er el deseo de conocer la verdad, el afán de saber
por saber; el deseo de hacer avan z ar la cien cia, esto es, el te rreno de lo
conocido y posible por el hom bre; el deseo de formar la personalidad , por
el cultivo de l a intelig encia; el deseo de servir directamente a la sociedad,
de contribuir e n u na i nstitución o actividad social al mejoramiento de l a
vida de todos. Y po r último, el deseo d e g anarse la vida , de buscar un
modo de vivir que p on ga al que estu dia fuer a de las incertidumbre s de la
necesidad m ateriales. La diferencia entre los primeros y el último es el
desinterés: l a ac titud del estudia nte, en los p ri m eros, dir ige su actividad, o
a la materia de estudio en sí […], a sus verdades o a la sociedad, a los
prójimos; en el ú ltim o, la materia estudiada e s u n instrum ento que se po ne
al servicio del provec ho particular de cada uno, y acaba en un interés
personal o individual . (44- 45)
En la época en que le tocó vivir a Salinas, ya se percató de que predom i naban
claramente los estudiantes del segundo tipo, debido a “la valoración d el
conocimiento técnico” (46) por encima de t odas las de más consider aciones . Por
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el contrario, e scaseaban los e studia ntes del prime r tipo, aquellos que asistían a
las aulas universitarias movidos “po r el deseo de conocim i ento” (46) y de
perfeccionarse a sí mismos como seres h umanos, de s eo que y a identificara hace
siglos Aristóteles al com ienz o de su Metafísica como una a petencia natural
( cupiditas naturalis ) universal y co mún a l os morta l es. En este e sta do de cosas,
Salinas tenía la plena convicción de q ue la universidad no podía se r “una simple
mandataria d e la sociedad” (47), si no que debía pe r manecer muy alerta y en
escucha, “no para reflejar lo que de la sociedad v enga, como un espej o
infecundo, sino p ara comprender su sentido, y elevarlo a p l ano superior
integrándolo en la visión general de la cultura, o rechazándolo” (48). Ma s
recordemos que e l hilo conductor principal de esta conferencia es precisamente
una defensa de l estudiante. Salinas h ace, pues, una anatomía exhaustiva del
estudiante ideal y de l a actitud vig ilante que debe acompañarlo en su p aso por
la universidad:
El estud i ante necesita tener conciencia de serlo. […] Un estudiante es un
hombre q ue tiene fe en que p or medio del estudio y de la ampliación de
sus conocim ientos va a m ejorar y en riquece r su naturale z a humana, no
en cantidad, sino en calidad, v a a hacerse má s pe rsona, m ejor persona y
a cumplir mejor su de stino, va a entender m ejor los p roblemas del hombre
y el mundo. El que tom a el estu dio como vía de a cc eso a beneficios de
imprevisible grandez a, y no a la posesión de u na habilidad que le perm ita
ganar d inero. Lo que hay que fom entar en el estu diante es ese valor vital
de la c ultura, esa fe en su capacidad p ara elevar la naturale z a del hom bre.
No tie ne que de stacar ta nto el prop io saber, sino el respeto, la confianz a
que se deposita en el saber . (49- 50)
Es p recisamente e s te am or desinteresado por el sa ber y el conocimiento el que
la universidad, en cal idad de institución q ue se ded ic a a “l a co nservación,
transmisión y creación del saber” (51), d ebe inculcar en el estudiante. Lo
contrario, el desapego y la ban a liz ación, “la indiferencia o la falta de respeto al
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saber puro y a la cultura desinteresada” (51), con stituy e, en su op inión, “el
principio de destrucción” (51) de la p ropia univ ersidad. E n e ste se nt ido, a l igual
que la escuela, la un i versidad es el espac io de l as sociedades humanas por
excelencia e n qu e el e studiante “se hace par a el mundo, […] p ara el benef icio de
los grandes valores humanos, verdad, justicia, no para su benef ici o económic o
personal” (52). En todo caso, “la f ormación del e studiante const ituye un acto de
altruismo y no de e goí smo” (53). La universidad e s el espacio social en que el
ser hu mano se f or ma pa ra el mundo y la vida responsab l e, en que adquiere
mucho más que un conocimiento técnico p ar a el desempeño de una prof esión ,
en que se imp regna de los valores imperecederos que debe cuidar con celo la
universidad: verdad y just icia, e l amor por las idea s, el respeto al conoci miento
como t area ancestral y respon sabilidad de la especie humana, e l gusto p or el
trabajo bien hecho, sea cual sea su natu ral ez a.
Concluye su conferencia Sa linas con un catálogo de las virtudes que deben
adornar a la p ersona del buen estudiante, a aquel que se entrega a un f in superior
a sí mismo y de servicio a la sociedad. Es “el e studiante ete rno, el estudiante
típi co, el preocupado d e ánimo, el alta mente interesado” (57), el que d ice Salinas
que hay que defender por encima de to das las cosas. Dice de él el poeta que
aúna en sí estas pasiones:
El deseo de saber por e l beneficio mismo que traen el conoci miento y la
verdad, independiente mente de todo provech o material inmediato para l a
persona.
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La vocación intelectual: a mor a las i deas, al en tendi miento del mundo,
más allá d e sus apariencias y f or mas inconex as, en b usca del sentido de
las cosas.
La fe e n la eficacia de la cultura espiritual, del ejercicio d el esp íri tu, p ara
la mejora del hombre y la sociedad. No la cultura por la cultura , escéptic a
de sus efectos, n arcisista, sino la cu ltura creyente en su capacidad para
mejorar el ind ividuo y e levarlo d e nivel. Debe se r esa fe doble: A. en l a
mejoría del individuo. B. en la mejoría de la sociedad.
La subordinación a los v alores ex puesto s de todos los p ertenecientes a la
esfera de lo utilitario y lo práctico. (56)
En “Conferencia sobre la Universidad”, la segunda d e la s conferencias de las
que nos ocupamos aquí, Salinas profundiz a en la a lt a labor que la universidad
está llamada a cumplir en las so ciedades hum anas. Como “depositaria de las
normas más altas y nobles de la vida d el esp íri tu” (60), en m edio de una socieda d
caracterizada por “una psicosis d e la v elocidad” (60), Salinas se atrev e a pensar
que “la obligación de la Universidad es ense ñar a hacer cualquier t rabajo bien, y
no deprisa”. (61) Como toda facultad o actividad humana, el alma humana, que
es “el objeto de la educación” (64 -65 ), tiene su propio ritmo y no puede ser
esclava de la vorágine d e los tiempos n i “atemperada ni ajustada a medidas de
velocidad externa” (62). Así lo argumenta Sali nas:
… algo tan delicado co m o el proceso form ativo del ser humano, f in
esencial de la Universidad. No consiste este en una acumulación
cuantitativa de datos o d e leyes de la materia, sino e n un deli cado
adiestramiento del alma pa ra ir p ercibiendo, sint iendo directamente, toda
la complejidad de los problemas d el h om bre d el m undo, y hacerles cara
con conciencia y sentido de respo nsabilidad o moral. Este proce so de
conquista de la conciencia d e la vida, de formación de la perso nalidad
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para vivirla dignamente, bien merece que se le dé el tiempo debido … (61 -
62)
Si n os detenemo s a releer estas pa labras con atención, advertimos que esta es
precisamente la tarea primordial de la educación. El alma humana debe
experimentar por sí m i sma “el alumbramiento de las verdades de la conciencia”
(64) y no amedrentarse ante “el conocido fant a s ma, que tanto ame naz a a la
humanidad contemporánea: ca ntidad contra ca lidad, rapidez contra excelencia,
prisa contra perfecció n” (65). La v ida universitaria no es, pues, u na mera
sucesión de clases, sino “una é poca psicológica del individuo” (66 ) que deb e
despertar en el estudiante “co nciencia y ap ete ncia d e la verdad” (69 ). Salinas no
hace otra cosa, pues, que una apología encendida del conocimiento, del amor al
saber, m as n o como quien de sea quedarse en las alturas de la dialéctica p or
puro amor a las idea s , sino como u n inst rum ento orientado a la perfección ética
y moral del se r human o y, por ende, de las sociedades humanas. Sus palabras
no son un de c hado de nostalgia trasnochado de otra época, sino una
enunciación clara y alta de cuál h a de ser el nort e que guíe la e ducación,
universitaria y no un iv ersitaria. Si ya advir tió e l gran poeta del amor que el ser
humano es taba acosado p or la so ciedad de la p risa y el trasiego permanente, no
menos cierto es que hace un llamamiento a la vida tranquila que busca la
excelencia, a la lentitud que gene ra f rutos maduros de gran calado, a la
formación sólida de una ciudadanía que se espera sea crí tica, responsable y
sensible a cuanto ocurre a su alrededor.
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BIBLIOGRAFÍA
Salinas, Pedro. Defensa del estudiante y de l a universidad . Edición de
Natalia Vera Ferrero. Se vil la: Ren acimiento, Colección Clavo Ardiendo,
2011.
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NOTICIAS DE LOS CENTROS DE COL A B ORA CIÓN PED A GÓGIC A EN EL
A RCHIVO DEL IES SA NT A C ATA LIN A DE SIENA DE CÓRDOBA. CURSO
1965/1966
News about pedagogical collaboration centres fo und out at IES Sant a
Catalina de Siena (Schooly ear 196 5/ 1966)
A na Moreno Moreno
Servicio de Inspección (Sevilla)
[email protected]
RESUMEN
En los años del de sarrollismo f ranquista se recuperaron los centros de
colaborac i ón pedagógica que se cre aron durante l a Segunda República. Se trata
de grupos de maestros y maestras de la misma o de distintas escuelas de
Enseñanza Primaria organizados y dirigidos en cada provincia por la inspección
educativa que se reunían de ma nera p eriódica para intercambiar doctrina s y
experiencias co n el f in de me jorar la institución escolar. Se abordaban temas
generales propuestos por la Dirección General de Enseñanza Pri maria, a trav és
de la Inspección General, y p or e l Cen tro d e Documentación y Orientación
Didáctica para la Enseñanza Primaria (C.E.D.O.D.E.P.) y también temas m ás
específicos, de carácter local, propuesto s por el Consejo de Inspección
Provincial. La s conclusiones más relev antes se pu blicaban en la Revista Vida
escolar .
La información que h emos p odido obtener del archivo histórico d el IE S Santa
Catalina de Siena es muy escasa y parcial, pe ro nos ha permitido esbozar el
trabajo realizado por los ce ntros de colaboración pedagógica en Córdoba
durante el curso 1965/1966, un añ o después de q ue se aprobara el Reglament o
que regulaba estos centros.
En 1965 se publicaron los nuevos cuestionarios que f ijaban el currí culo de la
Enseñanza Primaria y en los ce ntros de co laboración se elaboraron propuestas
para el nuevo horario según las materia s. También hay noticias sobre los
asistentes a las reuniones y las dietas que co braron.
PALA BR A S CL A VE : Colaboración pedagógica, o rganiz ación e scolar,
Enseñanza Primaria, Inspección educativ a
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pues en esa ép oca lo que se pretendía era que los centro s fu eran completamente
autónomos
117
. Los maestros de una zona se reunían periódicamente para
unificar criterios y señ alar normas didá cticas a seguir . A nivel provincial, la
Inspección tenía que tener en cuenta las necesidades de las escuelas bajo su
jurisdicción y las caracterí sticas de los maestros que las regí an. Una vez
seleccionados los temas, e l Consejo de Inspecció n Provincial coordinaba los
programas y el calendario de sesiones.
En la re unión de consti tución del ce ntro de col aboración de Altea, lo p rimero q ue
se hizo fue la de signación de los carg os de presidente, tesorera y secretario, y
acto seguido,
“el inspec tor, en sen cil la charla y con gran claridad, explicó el alcance de
estos centros y los fines que con ellos persigue la Dirección Ge neral d e
Enseñanza Primaria al crearlos. Hiz o patente que en este acto le
corresponde a él hacer uso de la palabra para e xpli car las directrices
emanadas de la Dirección General y las normas a seguir en futu ras
reuniones, en las cuales serán los prop ios m aestros los que traigan al
centro sus inquietudes, su s problemas o sus experiencias para encauzar
esta labor conjunta en benef icio de la enseña nza”
118
.
117
López del Casti llo, M.ª T., Historia de la inspección d e Prim era E nseñanza en E spaña ,
Madrid, 2013, pp . 491-49 2,
118
“ Centro de Colaboraci ón Pedagógica de Altea”, en Escuela Españo la , Año XX V, n ú m
1.352, Madrid, 3 0 de junio de 1965, p. 944
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Esta ex periencia revitali zó el papel que la inspección educativ a había tenido con
mayor o menor relevancia, según las épocas, en la formación de los mae s tros y
maestras
119
. A demás, eran un espacio p riv ilegiado para el intercambio de
experiencias y el trabajo conjunto entre los maestros y la inspección educativa,
la cua l podía tener una rad iogra fía sobre la realidad de las escuelas y sus
necesidades.
Para abordar los temas a tratar, el Reglamento daba unas pauta s generales de
organización, que el J efe del Departa mento del Material Didáctico, J uan N avarro
Higuera, concretaba en un artículo haciendo hincapié en la importancia de la
especialización
120
. En concreto habla de la formación de pequeñas comisiones
para poder trabajar d e forma expresa algún tema y, después, re alizar una pues ta
en común general y extraer las conclusiones pertinentes.
En Córdoba, también a instancias de la inspección e ducativ a, se constituyeron
los centros de cola boración pedag ógica. Co mo y a se ha señala do anteriorm ente,
la documentación que conserva el IES Santa Catalina de Siena es muy parcial y
principalmente rela cionada con los temas de tesorería, pero hemos encontrado
noticias de alg unos de los temas tratado s en las con vocat orias de las reun iones .
La primera reun ión d e la que ha y constan cia es la del 23 de mayo de 1964,
celebrada en el Grupo Escolar “Sa nta Catalina de Siena”. En ella se a bordó el
119
Arroyo del Castil lo, V., “ Evoluc ión histórico -legal de los centros de col aborac ión
pedagógica”, e n Revista Vida Escolar , núm . 85-86, año 1967, pp. 6-9
120
Navarro Higuera, J., “Ac tividades esp ecializadas en l os centros de colaborac ión
pedagógica”, e n Revista Vida Escolar , n úm . 85-86, año 1967, pp. 54- 57
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tema “El curso como unidad de trabajo escolar” y fue ponente D. Si món Sánchez
García, director del Grupo Escolar “Lópe z Diéguez”.
Del curso 1965/66, se ha n conservado dos convocatorias de reuniones. La
primera tuvo lugar el martes 19 de octubre d e 1965 e n e l Grupo Escolar “Pe dro
Barbudo”. No se especifica el t ema a tratar, p ero sí se advierte que la asistencia
era obligatoria y que se proce derí a a abonar las dietas de las dos reuniones
celebradas an teri ormente y de esa misma. La segunda se conv ocó p ara el 2 2 d e
junio de 1966, en este caso a las 10 de la mañ ana (las otras se ce lebraron en
horario de ta rd e). El tema que se trató fu e “Los medios a udiov isuales en la
enseñanza” con la intervención d e los Colegios Naciona les “Dª Rosario de
Torres” y “Alcántara Garcí a”.
Por último, hemos encontrado una convocatori a del cu rso siguie nte del día 22 de
junio en el Colegio Nacional “Santa Catalina de Siena”, con el tema “Programa
de 4º curso de Cie ncias Naturales y d esarrollo de una lección de l mismo” a carg o
de la Sra. Directora y Maestras de la Escuela Graduada “San Lore nzo”.
Todas estas convocatorias esta ban firmadas por el insp e ctor que presidía el
centro de colaboración, pero no se señala su nombre.
A ellas podemos añadir el esquem a que se debió entregar en la reunión q ue tuvo
lugar el 1 d e fe brero de 19 66 en e l Grupo E scolar “Pe dro Ba r budo”. Tenían que
analizar el T ema 5º: “A d aptación programática de los cuestionarios a los distint os
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tipos de escuela”. En la primera parte se llevó a cabo e l desarrollo del tema con
los siguientes puntos:
El medio y su importancia socio-pedagógica
Tipos de escuelas más diferenciados en función de l medio:
◦ Escuela rural
◦ Escuela de suburbio
◦ Escuela de zona fronteriz a
◦ Escuela denominada Hogar
◦ Escuela desde el punt o de vista de la organiz ación vigente
Para terminar con un as conclusiones, y en la seg unda parte se abordó la
adaptación programática a un Grupo Escolar Urbano con una lección práctica.
Los ponentes fueron D. Rafael Balsera del Pino , Dª María del Carmen Neria
Manrique y la Srta. Concepción Poole Ceball os.
En los centr os de co laboración de Córd oba se realizaron propuest as a nivel de
centro o mediante la unión de v arios centros pequeños, en relación a la
confección de l h orario escolar, una vez que por Orden Ministerial de 8 de julio de
1965, se habían p ublicado los cues tionarios q ue habí an de regir todas las
actividades didácticas en las Escuela s Primarias
121
.
Estos cuestionarios, equiv alentes al actual orde namiento curricular, venían a
sustituir a los a nteriores q ue databan d e f ebrero de 1953, y su objetivo era in dicar
121
Orden de 8 de ju lio de 196 5 por la que se aprueban los cuestionar ios que h an de reg ir
todas las activ idades en las Esc uelas Primarias, BO E Núm . 229, 24 de septi embre de 1965.
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los f ines tanto a niv el general co mo para cada m ateria a los cu ales debían as p ira r
los maestros, l os rendimientos que habían de conseguir y las con dici ones en q ue
debían realizar su acción educativa. Para su estructuración, según se puede leer
en la citada Orden, se había pretendido
“encontrar una po sició n ecléctica e intermedia e ntre la redacción de un
simple inv entario de nociones y la elaboración meticulosa y p ormeno rizada
de unos program as an alíticos, ricos en ejercicios, actividades y
experiencias didácticas”.
El co ntenido de los cuestionarios estaba e structurado en cinco se ctores
educativos fundamentales:
a) Té cnicas instrumentales d e la cultura, es d ecir, dominio del len guaje y
comprensión de las relaciones numéricas.
b) Unid ades didá cticas para que el alumnado adquiera un con ocimient o
progresivo y diferencial en torno a la Naturalez a y a la vida social.
c) Técnicas de expresión artística (Dibujo, Música y Manualizaciones)
d) Materias d e carác ter e special (Relig ión, Educación Cí vico -Social, Prácticas de
iniciación profesional, Enseñanzas del hogar y Educación física)
e) Habi tuación. Para que no quedaran olvidados “los háb it os m ás interesantes
dentro de una necesaria sistemática”, se con fe cci onó un cu estionario cuy o
desarrollo e integración no debía ser rele gado a “la sim ple improvisación o
espontaneidad”.
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En la Orden se hacía una prop uesta de distribución h oraria de l as distintas
materias para cada uno de los cursos y se instaba a los m aestros a que junto a
los conocimientos prop orcionados por los distintos sectores disciplinarios, habí a
que ex igir el desarrol lo pro fu ndo d e h ábitos, capacidades y destrez as q ue
posibilitaran la formación integral de la personalidad.
Teniendo en cuenta la realidad co ncreta de su escuela (“el grado d e madu rez
global del escolar, el m edio geográf ico y social e n que la Escuela está ubicada,
las distintas fuentes de m otiv ación e intereses d e los alu mnos y las posibilidades
de los instrumentos y material didáctico existen tes en la Escuela), el m aestro
debía realizar “la adecuada transformación del cuestionario en programa”.
El calendario de a pli caci ón de los n uevos cu estionarios se f ijó en e l 1 d e
septiembre de 1966 para los cursos de 1º a 4º de Primaria y el 1 d e se ptiembre
de 1967 para los cursos de 5º a 8º.
A fina les del curso 1965/1966, en los centr os de colaboración pedagógica de
Córdoba se celebraron d i fe r entes reuniones para a bordar el tema de l Horario
escolar. En la certi ficación realizada po r el director d e la Graduada de Niños de
Villarrubia de las reuniones celebradas los días 20 de mayo y 17 de junio de
1966, a las que a sistier on t odos lo s m aestros de la misma y los del G rupo E sc olar
del “Patronato de Santa T eresa”, afecto a los organism os de Falange con sede
también e n Villarrubia, se indica que fueron presentadas varias ponencias en las
que se abordó el tema de l horario escolar desde dis tintos puntos d e vista: el ni ño,
el grado de fa tigabilidad y el medio rural donde se hallan esta s escuelas. Como
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consecuencia de este trab ajo, ap r obaron este horario co n la siguiente
distribución semanal de materias por cursos.
1º
2º
3º
4º
5º
6º
7º
8º
Lectura
6
6
5
4
3
3
1
Escritura
6
5
5
4
4
4
3
4
L. española
1
2
2
3
3
3
3
3
Matemáticas
4
5
5
5
5
5
6
6
Religión
3
2
2
2
2
2
2
2
E. cívico-social
1
1
1
1
1
2
2
2
Geografía-Historia
1,30
2
2
2
3
3
3
3
Ciencias Naturales
2
2
3
3
3
3
Educación Artística
1,30
2
2
3
3
2
3
2
L. extranjera
3
3
Prácticas de iniciación
profesional
5
5
Juegos, Educación
Física y Rec reo
6
5
4
4
3
3
2
3
Total
30
30
30
30
30
30
36
36
También en el Grupo Esco lar “San Vicente Fe rrer” , b ajo la presidencia de su
Director y con a sistencia d el mae str o de la Escu ela Parroquial de San Vic ente
Ferrer, se constituyó un Centro d e Cola boración Pedagógica con el f in de
estudiar y co nfeccionar un Horario Escolar que respondiera a los C uestionarios
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de Enseñanza Primaria que iba n a comenza r a regir en el mes de sep tiembr e
próximo.
En prim er lugar, se estudiaron los citados cue stionarios, con d is ertación del
director, dete niéndose en el “est udio de las m aterias que los c omprenden, la
extensión d e cada una de ellas, los f ines q ue se bu scan con su enseñanza, el
método de globalización que se pretende emplear e n los d os primeros cu rsos y
el tiempo que serí a nec esario emplea r en manualiz aciones, formació n de hábitos
y destrezas, prácticas de taller, etc”. A continuación se a brió un coloq uio sobre
el tema y co mo se tuv o conocim iento de que el Centro de Colaboración n.º 1
había confeccionado un Horario Escolar de acuerdo con los cuestionarios, se
acordó celebrar una nueva reu nión el día 14 y darlo a conocer, discuti rlo y, en su
caso, aceptarlo. Después del d ebate planteado sobre e l m ismo en d i cha reunión,
y reco nociendo el trabajo realiz ado por estos maestros, se aprobó d icho horari o.
A través de un oficio de fe cha 21 de junio de 19 66, el inspector de zona ordenó
la reunión de los cent ros d e colaboración pedagógica para e l estudio y
elaboración de un proyecto de horario escolar. Para la ju sti ficación de las dietas
de los maestros que asistieron a estas reuniones, los directores que ejercieron
la presidencia de los centros, emitieron ce rtificaciones donde daban cuenta de lo
tratado en las mismas.
Este es el caso de l certif icado del director d e la Escuela Graduada de niños
“Padre Manjón”, Manuel Canalejo, de las reuniones celebradas los días 23 y 24
de junio de 19 66 “para el e studio y ela boración d e u n proyecto de h orari o e scolar,
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de acue rdo con los Nuevos Cuestionarios Naciona les que será sometido a la
Inspección de E nseñ anza Primaria, en cumplimiento de lo ordenado p or la
misma”.
Los mismos días se c elebraron r euniones en el colegio “Ló pez Diéguez” y la
Escuela Grad uada “José de la T orre y del Cerro”, en cuya certificación const a
que se hicieron fuera de las horas de clase.
La directora del Grupo Escolar “Alcalde Pedro Barbudo” certificó el 27 de jun io
de 1966 que s e habían dedicado dos sesiones extraordinarias para confeccionar
los Horarios d el Grupo Escolar, “según lo dispuesto en la O. M. de 8 de julio de
1965, y las Normas complementarias dict adas p or la Dirección General de
Primera Enseñanza sobre Cuestionarios y distribución de tiem p o y m aterias para
cada curso” y lo m ismo hizo el director del Grupo Escolar “Nuestra Señora de
Linares”.
En la reunión que tuvo lugar e n la Escuela d e niño s de “Miraflores” se hab l ó
sobre los niveles y el cu adro d e la distribución del tiempo y del tr abaj o en l a
Escuela de maestro único y se acordó c elebrar u na reunión al d ía sig uiente par a
confeccionar el horario escolar, la cual se llevó a ef ecto con la elab oración de
dicho horario.
Por su p arte, la directora y m aestras de l colegio Nacion al “Julio Rom er o de
Torres”, la maestra de la Escuela Unitaria de Niñas nº6 de Córdoba, la maestra
de la Unitaria de ni ñas de Encinarejo de los Frailes, e l maestro de la Escuela
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Unitaria de niños nº3 de Córdoba y el m aestro de la Escuela Unitaria d e niños
de Encinarejo de los Frailes elaboraron un p royecto de horario escolar que
consideraban q ue se pod ía a daptar a los d i versos tipos de escuelas y que se
ajustaba a la distribución de tiempo dispuesta en los Cuestionarios Naciona l es
para los d iv ersos cursos de la Enseñanz a Primaria, especialmente de 1º a 6º. “El
desenvolvimiento de este horario, a plic ándole las diversas ma terias de
Enseñanza, daría el horario semanal”.
Mañana. Entrada a las 9,30h
10 minutos
Entrada, izar bandera, dedicación relig iosa del día
10 minutos
Pl anteamiento, comentario, de e femérides o consigna. Escritura
caligráfica sobre la misma
20 minutos
Cálculo mental o escrito
Entrada a la Unidad Didáctica o lección de la mañana: Co mbinación del
quehacer escolar que lleve a una mayor compresión y asimilac ión de la misma
20 minutos
Lectura (silenciosa, oral, comentada…) en re lación con la U.D. o
Lección de la mañana
20 minutos
Unidad Didáctica o Lección propiamente dicha
10 minutos
Ejercicios de lenguaje sobre el mismo tema
30 minutos
De 11 a
11,30h
Juegos libres o dirigidos; Educación Física y Recreo
20 minutos
Ejercicio escrito en torno a la U.D. o Lección, Redacción,
dictado, copiado etc. de resúmenes, comenta rios, etc.
10 minutos
Ejercicios de corrección. Diálogos conducentes a lograr
conclusiones encamin adas a la formación Religiosa, moral
25 minutos
Actividades de Educación artística (dibujo, canto, música,
audición de discos, ilustración de trabajos, etc.)
5 minutos
Recogida de material, oración y salida
Tarde. Entrada a las 15h
10 minutos
En trada y oración de la tarde
20 minutos
Cursos superiores: Lecturas literario -recreativ as, instructivas o
formativas de niñas y maestras; uso de Biblioteca; lecturas de
prensa y revistas con comentarios y diálogos sobre la actualidad
nacional o extranjera; organización de fichas de estudio, etc.
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El cheque remitido po r la inspección a sc endía a 40.404,00 pesetas a razón de
57 ,30 p tas. la asistencia para los mae stros de Córdoba capital y 1 71,90 ptas.
para los m aestros de los anejos (Villarrubia, Trassierra, Cerro Muriano y
Encinarejo de los Frailes). Quedó un saldo d e 4.763,40 ptas.
Las conclusiones a las que podemos lleg ar de spués de l análisis y ex plicación de
lo recogido en la documentación del curso 1965/1966, es que las r euniones s e
llegaron a celeb r ar, con el consiguiente pago de las dietas por desplazamiento,
y que el tema d el horario escolar se debatió en los centros. Ah ora b ien, esta
visi ón se sgada de la realidad por la escasez de datos que no s aporta la
documentación del IES Santa Catalina de Sien a se pod ría completar con un
trabajo más amplio que debería tener como fu ente documental el archivo d e l a
inspección educativa en Córdoba y los de los colegios en los que se hayan
conservado los libros de actas de las reu nio nes. Allí se po drán encontrar, entre
otras muchas cuestiones, noticias del Centro de Colaboración Pedagóg ica núm.
1, que parece q ue f ue quien elaboró la pro p uesta de horario escolar que después
se aprobó en otros y conocer cuál f ue el que definitivamente se adoptó en l a
provincia de Córdoba
En cualq uier caso se h a podido poner de manifiesto que estos cent ros suponía n
un cambio de mentali dad para los maestros y maestras ta n a costumbrados al
trabajo individual, en especial para aquellos que de sempe ñaban sus funciones
en escuelas unitarias y rurales. Se guramente que hubo m uchas s ombras en e l
camino, pero que supusieron una renovación en el magisterio y e n la
coordinación entre maestros e inspección educativa.
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Y te rminamos con las palab ras del inspector Álvaro Buj Gimen o, para quien el
centro de colaboración constitu ía u n auténtico o rg anismo de pe r feccionamiento
del Magisterio, pues en cada uno de ellos confluían “diversas promociones de
maestros, múltiples puntos de vista, aptitudes p ersonales dife rencias , etc. y to do
esto, debidamente encauzado, produce un m utuo enriquecimiento”
125
.
125
Buj Gim eno, Á., “ Form ación de equipos de trab ajo”, e n Revista Vida Escolar, núm . 85-
86, año 1967, p p. 46- 49
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POR UNA ESCUELA PARA L A VID A Y L A FELICIDAD DE LAS PERSONA S
For a school for the life and the happiness of the persons
Francisco Olvera López
Maestro e Inspector de Educación (Granada)
[email protected]
RESUMEN
En este artí culo se realiz a un recorrido por la tray ectoria v ital y profesional de s u
autor, conectando con los momentos más importantes de la reci ente historia del
país y con los profundos cambios que se ha n ido suce diendo en e l sistema
educativo.
PALA BR A S CL A VE : Historia d e la Educación, biografía, carr era profesional,
Freinet, Movimientos de renovación pedagógica.
A BSTR A CT
In this a rticle a tour is realized by the vital and professional path of his(her,your)
author, connecting with the most important moments of the recent histo ry o f the
country and with the deep changes that h ave been happening in the educational
system.
KEYWORDS : History of the Education, biography, professional career, Freine t,
Movements of pedagogic renovation.
Fecha de petición del artí culo: 16/09/2016
Fecha de Aceptación: 20/03/2017
Citar artículo: O LVERA LÓPEZ, F. (2017). Por una escuela para la vida y la
felicidad de las p ersonas . eco. Revista Digi tal d e Educación y Formación del
profesorado . CEP de Córdoba.
Terminé mis estudios de Magisterio, lleno de ilusión e ignorancia. Casi nada de
lo que h abíamos “aprendido” en la Escuela Norma l, nos iba a servir de mucho.
De todas aquellas asig naturas que llevaban delante el pomposo título de
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“Didáctica de ...”, apenas n os aportaron algo más de lo q ue y a habíamos
estudiado en el Bachillerato. Las partes de di dáctica, brillaban por su ausencia.
Desde que terminé la carrera h asta llegar a Coín (Málaga), ha bían pasado dos
años. Al habe r salido por acceso directo, estuve e l primer año de prov isi ona l en
Granada y al año siguiente me de sti naron a Am orebíeta (Viz caya). En e sos dos
cursos me fui dando cuenta, que si quería ser y sentirme co mo un b uen maestro ,
tenía que construir una idea de Escuela que c oincidiera con mis sueños.
Mis conta ctos con el Movimiento
Cooperativo de Escuela Popular de
Granada y la asistencia a las reuniones
de la librería “Escuela Pop ular” fueron
en esos mome ntos esporádicos. S in
embargo, mi asistencia al IV Congreso
del MCEP ce lebrado en Cogollos Vega (Granada) en el v er ano de 1977, me
iluminó de tal forma, q ue desde ese m omento m i vida docente, e incluso podría
decir que toda mi v ida, se fundieron en la innov ación pedagógica de la m ano del
MCEP y la pe dagogí a Freinet. Después de aquel primer con gr eso, asistí de
manera ininterrumpida a los siguientes veinte y tres congresos celebrados por
toda E spaña. Durante ese tiempo conocí m uchas personas ma ravil losas, de las
que aprendí m uchas técnicas y estrategias didá cticas, pero sobre to do aprendí
los valores de la amistad, la cooperación, la generosidad, la solidar idad,...
“...si quería ser y s entir m e
co m o un buen m aestro, tenía
que constr uir una idea de
Escuela que coincidier a co n
mis sueño s”
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“La Casa de la Pradera”
Los ci nco años que est uve en Coín con l os mismos niños y niñas, me marcarían
para si empre. Ju ntos comenzamos la maravillosa aventura de hacer u na E scuela
que fu era útil para sus vidas, pero también una Escuela donde fuéramos felices
respetando y potenciando los intereses y capacidades de cada persona.
¿ Por qué olvidan los niños y las niña s, lo que con tanto empeño y e sfuerzo les
explico ?. Esa era la pregunta que me repetía cada ta rde a l terminar las clases,
cuando me iba a casa. La estabilidad en m i nuevo d estino y la concienciació n a
la que h abía ido llegando, me determinaron a ser valiente e implantar los cam bios
radicales en los que creía.
Decidí desde e l principio, que no íbamos a te ner libros de texto, que el currí culo
lo íbamos a ir construyendo a partir de los intereses d e los niños y las niñas, qu e
tendríamos ta lleres para unir las destrezas manuales con los saberes
intelectuales, que resolv eríamos to das las cosas en asamblea, qu e
dispondríamos de una cooperativa de clase c on la que gestionarí amos nuestras
actividades, que saldríamos a conocer e n todo lo posible nu estro entorno, qu e
invitaríamos a clase a cuantas personas tu vieran cosas interesantes que
contarnos, que la creativ idad iba a estar presente entre otra s muchas m aneras
a través de los textos libres y el teatro, q ue construiríamos el conocimiento
mediante p rocesos de investigación, que los textos y las investigacione s serían
pr esentadas a la clase a m odo de conferencias para aprender a h ablar en
público, …
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404
Durante esos cinco m arav illosos años, se fue gesta ndo “L a Casa de la Prad era”,
nombre con el que bautizamos a nuestra cla se y cuya experiencia se puede ver
en Youtube, escrib iendo ese n ombre y el añadido de una escuela para la v ida,
la creatividad y la investigación.
El proyecto colectivo de Almanjayar
En e l el curso de l 82 -83 vuelvo a Granada. No m e fu e f ácil. Dejar Coín m e su pus o
un de sgarr o emocional importante y no so lo a mi, sino también a mis a lumnos y
alumnas, co mo hemo s tenido oc asión de saber año s d espués. Pero el motiv o de
volver a Granada merecía la p ena. Nos ofrecieron al MCEP, hacernos cargo de
un p roy ecto educativo de c ompensatoria para los c olegios del Polígo no de
Cartuja, un barrio marginal de la capita l. Dura nte todo el verano estuvimos
reuniéndonos y valorand o los pros y contras de aceptar el reto como colectivo
pedagógico. Finalmente dijimos que si, y y o formé pa rt e del equipo del colegio
“Alfaguara”, en d onde ad emás d e otro s estupendos y estupendas compañeros y
compañeras, quiero desta car por razones de amistad a Miguel Pereira, Manolo
Quintero y José Manuel Gutiérrez, entre los que crecí com o profesional y me
sentí muy feliz durante los cinco años que du r ó la experiencia.
Esta segunda gran experiencia, se diferenció de la primera, en que en esta
ocasión fue un proy ecto colectivo, nada q ue v er con la figura del maestro
“guerrillero” y aislado de los años en Coín.
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