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Victoriano Sainz Gutiérrez (Madrid, 1961) es doctor arquitecto por la Universidad de Sevilla (1997). Desde 2000 es Profesor Titular de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Sevilla, de cuyo Departamento de Urbanística y Ordenación del Territorio ha sido director (2012-2020). Es el investigador responsable del Grupo de Investigación HUM-710 del Plan Andaluz de Investigación y su investigación ha estado centrada en el proyecto urbano como instrumento de intervención en la ciudad y en la evolución del planeamiento urbano en Andalucía. Ha publicado, entre otros, los siguientes libros: La cultura urbana de la posmodernidad (1999); El proyecto urbano en España (2006); Aldo Rossi: la ciudad, la arquitectura, el pensamiento (2011); Aldo Rossi y Sevilla. El significado de unos viajes (2019). Sevilla y el río Guadalquivir en la planificación reciente: encuentros y desencuentros Seville and the Guadalquivir river in recent planning: encounters and disagreements VICTORIANO SAINZ GUTIÉRREZ Victoriano Sainz Gutiérrez, “Sevilla y el río Guadalquivir en la planificación reciente: encuentros y desencuentrosr”, ZARCH 15 (diciembre 2020): 96-109. ISSN versión impresa: 2341-0531 / ISSN versión digital: 2387-0346. https://doi.org/10.26754/ojs_zarch/zarch.2020154679 Recibido: 17-05-2020 / Aceptado: 28-09-2020 Resumen La relación de Sevilla con el Guadalquivir presenta una doble vertiente: de una parte, el río ha sido para la ciudad una importante fuente riqueza gracias a la actividad comercial desarrollada en su puerto y, de otra, una causa de problemas por las frecuentes riadas que han venido dañando con regularidad su tejido edificado. La ingente obra hidráulica realizada desde finales del siglo XIX para mejorar la accesibilidad de las embarcaciones al puerto y defender la ciudad de las inundaciones no ha dejado de provocar conflictos tanto a nivel urbano como territorial. El artículo repasa la historia de esos conflictos dominados por una neta hegemonía portuaria, centrándose a continuación en los retos y oportunidades a los que se enfrenta la Sevilla metropolitana para dar un nuevo significado a los espacios vinculados al cauce vivo del río Guadalquivir y su llanura de inundación. La construcción de la ciudad-territorio contemporánea se presenta como una ocasión para integrarlos en la infraestructura verde metropolitana. En esa dirección han ido tanto el planeamiento urbano como el territorial vigente, pero el camino no está exento de dificultades, que aquí se ilustran con los debates recientes respecto al futuro de la dehesa de Tablada como gran parque periurbano. Palabras clave Relación ciudad-río, planeamiento urbano y territorial, infraestructura verde, Guadalquivir, Sevilla. Abstract Seville’s relationship with the Guadalquivir has a double aspect: on the one hand, the river has been an important source of wealth for the city thanks to the commercial activity carried out in its port and, on the other, a cause of problems due to the frequent floods that have been regularly damaging its built fabric. The huge hydraulic work carried out since the end of the 19th century to improve the accessibility to the port and to defend the city from floods has continue to provoke conflicts at both urban and regional levels. This article reviews the history of those conflicts dominated by a clear port hegemony, focusing next on the challenges and opportunities that Greater Seville faces to give new meaning to the spaces linked to the living channel of the Guadalquivir river and its plains of flood. The construction of the contemporary city-region represents an opportunity to integrate them into the network of regional green spaces. Both urban and regional planning have gone in this direction, but the way is not without difficulties, which are illustrated here by recent debates regarding the future of the Tablada fields as a great peri-urban park. Keywords City-river relationship, regional and urban planning, green spaces, Guadalquivir, Seville
1 Claude Chaline, dir. Ces ports qui créèrent des villes (París: L’Harmatan, 1994). 2 Puede verse al respecto Loïc Menanteau y Jean-René Vanney, “El cauce del Bajo Guadalquivir: morfología, hidrología y evolución histórica”, en El río. El Bajo Guadalquivir, Equipo 28, ed. (Sevilla: Ayuntamiento y Junta de Andalucía, 1985), 116-27. Las ciudades portuarias constituyen un magnífico laboratorio para estudiar el modo en que los sistemas hídricos han condicionado el desarrollo urbano-territorial, pues en muchos casos fue el puerto el que creó la ciudad, según una expresión acuñada por Chaline1; en especial, cuando se trata de ciudades fluviales, la progresiva artificialización de los cursos de agua ha comportado profundas modificaciones de los sistemas ambientales, llevadas a cabo con el fin de resituar el espacio portuario —a menudo separándolo del urbano— y mejorar su rendimiento económico. Más recientemente, la toma de conciencia del valor del medio ambiente y del significado del agua han hecho aparecer una nueva visión, basada en la ecología y la sostenibilidad de las intervenciones. El caso de Sevilla resulta paradigmático de todos estos procesos por la relevancia de las obras hidráulicas realizadas y por la secular conflictividad de los usos portuarios y los usos agrarios en un contexto territorial tan sensible como el del bajo Guadalquivir. Su singularidad hace que no existan situaciones comparables en las ciudades fluviales europeas; cabría pensar en los casos de Estrasburgo o Ruan, pero no es fácil sacar de ellos lecciones válidas para Sevilla. Por eso mismo resulta de particular interés detenerse a examinar la relación río-ciudad-puerto en la capital andaluza y apuntar alguna vía de trabajo futuro desde una perspectiva urbanística. La ciudad y el río, una relación conflictiva La significación fundamental del Guadalquivir y su sistema de afluentes en el proceso de formación y transformación de Sevilla ha sido reiteradamente señalada por la bibliografía que se ocupa de la ciudad. Su condición simultánea de ciudad-puerto y ciudad-puente la convirtió, ya desde tiempos antiguos, en un emporio comercial, al estar situada en un enclave que, de una parte, podía ser alcanzado con cierta facilidad por los barcos que remontaban el río y, de otra, servía de paso para las rutas que comunicaban ambas márgenes del valle en un entorno de marisma. Ahora bien, si el río aparecía como una importante fuente de riqueza para la ciudad, constituía a la vez su principal amenaza, toda vez que el régimen torrencial al que estaba sometido el Guadalquivir fue causa de frecuentes inundaciones.2 De ahí que su relación haya estado marcada tanto por la búsqueda de la mejora de la navegabilidad de la ría como por las actuaciones destinadas a defender el núcleo urbano frente a las riadas [figura. 1]. [Fig. 1] Panorámica del puerto de Sevilla inundado (1926); fotografía tomada desde la Torre del Oro. Archivo de la Autoridad Portuaria de Sevilla.
ZARCH No. 15 | 2020 Procesos urbanos, dinámicas del agua y cambio climático Urban processes, water dynamics and climate change VICTORIANO SAINZ GUTIÉRREZ Sevilla y el río Guadalquivir en la planificación reciente: encuentros y desencuentros Seville and the Guadalquivir river in recent planning: encounters and disagreements 98 3 Leandro del Moral, La obra hidráulica en la cuenca baja del Guadalquivir (siglos XVIII-XX). Gestión del agua y organización del territorio (Sevilla: Universidad de Sevilla y Junta de Andalucía, 1991). 4 “Proyecto de defensa de Sevilla contra las inundaciones: plano general / ingeniero Javier Sanz / año 1900” (Biblioteca Nacional, Madrid: signatura MR/33-41/831). Conviene advertir que la orientación de los planos de la Autoridad Portuaria y del Ayuntamiento de Sevilla no coincide; por lo general, es exactamente la inversa. 5 Para esas actuaciones véanse Manuel Trillo, La Exposición Iberoamericana: la transformación urbana de Sevilla (Sevilla: Ayuntamiento, 1980) y Amalia Zapata, La reconversión del puerto de Sevilla en la primera mitad del siglo XX: de los muelles fluviales a la dársena cerrada (Sevilla: Junta del Puerto, 1992). 6 Moral, La obra hidráulica en la cuenca baja del Guadalquivir, 221. Ambos aspectos han sido ejemplarmente estudiados por Leandro del Moral, quien ha realizado un completo recorrido por las diferentes actuaciones que, desde finales del siglo XVIII (corta de Merlina) hasta finales del XX (corta de la Cartuja), han ido pautando la ejecución de una obra hidráulica sin precedentes que se halla en la base de la configuración urbana de la Sevilla moderna.3 Y es que, como consecuencia de las intervenciones sobre el Guadalquivir y su red tributaria a lo largo de una centuria, la ciudad ha pasado de 260 hectáreas defendidas de las inundaciones a tener casi 6.000 hectáreas defendidas; es esta transformación hidráulica de carácter territorial la que ha hecho posible la expansión urbana tanto hacia el oeste, sobre la vega de Triana, como hacia el este y el sur, gracias a los sucesivos reencauzamientos del Tagarete, el Tamarguillo y el Guadaira. No obstante, las realizaciones que sirvieron para materializar ese complejo y articulado sistema de defensa discurrieron en gran medida paralelamente a las promovidas por las autoridades portuarias para la modernización y mejora de sus instalaciones, pudiéndose afirmar que fue la planificación portuaria la que sirvió de punta de lanza para el resto de los proyectos, municipales o estatales. Así, como lo demuestra un plano de 1900 conservado en la Biblioteca Nacional,4 el proyecto redactado por Javier Sanz Larumbe para la defensa de la ciudad frente a las inundaciones [figura 2] tuvo ya en cuenta las previsiones del plan de Luis Moliní para la corta de Tablada; más aún, tanto el plan como el proyecto se aprobaron en 1903 y su ejecución permitió, de una parte, el desplazamiento del puerto hacia el sur y, de otra, la construcción de la Exposición Iberoamericana de 1929, operaciones ambas que se reforzaron mutuamente por cuanto se desarrollaron en continuidad sobre los mismos suelos.5 Esa prevalencia de los intereses portuarios sobre los urbanos se ha basado en un discurso, elaborado a mediados del siglo XIX y ampliamente difundido hasta nuestros días, “que identifica el progreso del puerto con la condición fundamental [Fig. 2] Javier Sanz Larumbe, Proyecto de defensa de Sevilla contra las inundaciones (1900). Biblioteca Nacional de Madrid.
7 Ese Plan General había previsto, dentro de la zona de servicio del puerto, dos ámbitos de ordenación: uno de carácter más urbano y otro propiamente portuario, cada uno con su propio Plan Especial; véase al respecto Antonio Piñero y Victoriano Sainz, “Planeamiento y espacio portuario en la Sevilla contemporánea”, en Puerto y ciudad. II Foro de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad de Sevilla (Sevilla: Escuela Técnica Superior de Arquitectura, 2004), 78-84. 8 Antonio Piñero y Victoriano Sainz, “¿Nuevas perspectivas para las relaciones ciudadpuerto en Sevilla?”, Méditerranée. Revue Géographique des Pays Méditerranéens, 111 (2008): 96. 9 Un Plan de Utilización, ahora denominado Delimitación de Espacios y Usos Portuarios, está en tramitación desde finales de 2017; su aprobación es necesaria para la redacción de un nuevo Plan Especial. De salir adelante la Delimitación, sería la primera vez que el puerto de Sevilla cuenta con un documento de esa naturaleza, y ello a pesar de que la figura fue creada por la Ley de Puertos de 1992. 10 Leandro del Moral, “Riego o navegación: la cuestión de la reserva del caudal en el río Guadalquivir”, en El río Guadalquivir, Javier Rubiales, ed. (Sevilla: Junta de Andalucía, 2008), 287. del desarrollo [económico] de Sevilla y la región que articula”.6 Sus consecuencias están a la vista: las decisiones de la planificación portuaria han sido tradicionalmente consideradas inatacables por parte de la ciudad y cuando en la década de 1980 se intentó iniciar desde el planeamiento urbano un proceso de integración puerto-ciudad en espacios que el puerto ya no necesitaba para el desarrollo de su actividad, las autoridades portuarias recurrieron ante los tribunales la aprobación definitiva del Plan General de 1987, exigiendo que un único Plan Especial ordenase todos los terrenos pertenecientes a su “zona de servicio”. Sólo tras un laborioso y controvertido proceso se llegaría a un acuerdo de mínimos [figura 3] que obligó al Ayuntamiento a renunciar a sus pretensiones en favor de las tesis de la Junta del Puerto.7 Aparentemente, el siguiente Plan General, aprobado en 2006, sirvió para que la ciudad y el puerto iniciaran un proceso de acercamiento de sus posiciones, con vistas a que las necesidades de ambos llegaran a imbricarse en un proceso de planeamiento concertado. Sin embargo, a medida que iba avanzando el proceso de redacción del Plan fue haciéndose visible una verdadera capitulación municipal ante las demandas portuarias, pues “a la hora de la verdad la Autoridad Portuaria siguió imponiendo sus criterios y su línea de discurso, y el Ayuntamiento se siguió plegando a ello, introduciendo incluso modificaciones sustanciales en sus propias decisiones de ordenación”.8 Las operaciones planteadas por el puerto en época reciente tanto en el entorno de la dársena de Batán como en la avenida de las Razas, aunque de muy diverso carácter, lo han puesto claramente de manifiesto, máxime cuando no se ha aprobado aún ni un Plan de Utilización de los Espacios Portuarios ni un nuevo Plan Especial del Puerto.9 Las consecuencias territoriales de la hegemonía portuaria Pero los conflictos no se han limitado al ámbito de lo urbano, sino que han afectado también a la escala territorial. De singular importancia, por sus repercusiones económicas y ambientales, fue el gran pleito mantenido, desde mediados del siglo XIX, entre la navegación y el riego agrario por la gestión del agua en la cuenca baja del Guadalquivir. Con la declaración en 1868 de la navegación en la ría como servicio preferente al de riegos, a despecho de lo establecido con carácter general por la Ley de Aguas de 1866, se introdujo la reserva de caudal para la navegación desde Sevilla a Sanlúcar que, aunque reducida en su magnitud a comienzos de los años treinta, continúa hasta la actualidad. La reserva de caudal “cumplió con eficacia la misión de cercenar legalmente importantes iniciativas particulares de riego. […] En ese debate se enfrentaron el proyecto de relanzamiento de Sevilla como metrópoli regional, apoyada en el acondicionamiento náutico y portuario de su ría, y las posiciones partidarias del desarrollo productivo centrado en la agricultura de regadío”.10 [figura 4]. [Fig. 3] Plano del convenio firmado por el Ayuntamiento y la Autoridad Portuaria para la redacción del Plan Especial del Puerto de Sevilla (1993). Archivo de la Gerencia de Urbanismo de Sevilla.
ZARCH No. 15 | 2020 Procesos urbanos, dinámicas del agua y cambio climático Urban processes, water dynamics and climate change VICTORIANO SAINZ GUTIÉRREZ Sevilla y el río Guadalquivir en la planificación reciente: encuentros y desencuentros Seville and the Guadalquivir river in recent planning: encounters and disagreements 100 Un cambio en el orden de prioridades comienza, no obstante, a atisbarse en la década de 1930 con la aprobación de la Ley de Obras de Puesta en Riego de 1932, en el marco del reformismo alentado por la II República. Esa Ley, que pretendió “abrir caminos de convergencia para la política hidráulica y la política de colonización interior”,11 quiso impulsar el regadío en la cuenca baja del Guadalquivir [figura 4], y su promulgación vino a coincidir con la paralización de las obras portuarias del Plan de Delgado Brakenbury, que se prolongarían hasta entrados los años cincuenta. El decidido impulso dado por la iniciativa estatal a la obra pública de carácter hidráulico en el ámbito agrario, iniciada en los años de la República y consolidada a través del Instituto de Colonización durante el franquismo, se encuentra en la base de la explotación de las marismas de ambas márgenes del Guadalquivir, aguas abajo de Sevilla. La construcción del canal del Bajo Guadalquivir y el trabajo de desalinización de los suelos promovido por Ricardo Grande Covián han permitido la progresiva puesta en cultivo de unos suelos dedicados al girasol, al algodón, a la remolacha y, sobre todo, al arroz.12 Así, pues, la pugna por el agua en la cuenca baja del Guadalquivir ha estado marcada durante la segunda mitad del siglo XX por la necesidad de disponer de agua suficiente para el riego y por las demandas crecientes de agua para la navegación, en un contexto en el que la razón científico-técnica ha pugnado por buscar soluciones en cada uno de esos ámbitos que han significado transformaciones ecológicas de envergadura, llevadas a cabo con lógicas de carácter ingenieril, de diferente signo y no siempre compatibles entre sí. Desde el punto de vista de los intereses portuarios, la intervención más controvertida y radical fue el proyecto del canal Sevilla-Bonanza, lanzado en los años cincuenta y sólo ejecutado en una pequeña parte13; desde la perspectiva del regadío, la principal novedad tal vez sea el recurso a las aguas subterráneas, iniciado en los años setenta sobre la base de los estudios de la FAO acometidos en la década anterior, lo cual ha venido a complejizar notablemente un panorama hidráulico ya de por sí complicado.14 La creación del Parque Natural del Doñana en 1969 vino a limitar la extensión del cultivo del arroz en las marismas, en medio de unas polémicas que se han incrementado en tiempos recientes por la pretensión de la Autoridad Portuaria de Sevilla de llevar a cabo un dragado de profundización en el Guadalquivir, con el fin de rentabilizar la nueva exclusa de acceso al puerto hispalense inaugurada en 2010.15 Tanto la construcción de la exclusa como el dragado asociado a ella estaban contemplados en el Plan Director de Infraestructuras de 2000 [figura 5], que pretendía fundamentalmente la mejora del acceso al puerto sevillano para [Fig. 4] El regadío en la cuenca baja del Guadalquivir: arrozales en Lebrija. Fotografía de Clemente Delgado. 11 Nicolás Ortega, “Las propuestas hidráulicas del reformismo republicano: del fomento del regadío a la articulación del Plan Nacional de Obras Hidráulicas”, Agricultura y Sociedad 32 (1984): 124. Sobre la evolución de la política hidráulica española a lo largo del siglo XX pueden consultarse las síntesis de N. Ortega y L. del Moral recogidas en Ramón Garrabou y José Manuel Naredo, eds., El agua en los sistemas agrarios. Una perspectiva histórica (Madrid: Fundación Argentaria y Visor, 1999), 159-80 y 181-97, respectivamente. 12 La bibliografía al respecto es amplia y con enfoques diversos. Para una visión de conjunto de la cuestión véanse Josefina Cruz, “La intervención del hombre en la ría y marismas del Guadalquivir”, Ería 16 (1988): 109-23; José González, Las marismas del Guadalquivir: etapas de su aprovechamiento económico (Sevilla: C. P. Antonio Cuevas, 1993). 13 Victoriano Sainz, “El canal Sevilla-Bonanza (1953-1973): la frustración de una desmesura”, en El patrimonio industrial en el contexto histórico del franquismo (1939-1975). Territorios, arquitecturas, obras públicas, empresas, sindicatos y vida obrera (Gijón: CICEES, 2016), 169-75. 14 Jesús Suso y Ramón Llamas, “El impacto de la extracción de aguas subterráneas en el Parque Nacional de Doñana”, Estudios Geológicos 141 (1993), 317-45. 15 Ese proyecto de dragado, que había sido incluido en el Plan Hidrológico del Guadalquivir de 2013, fue anulado definitivamente por el Tribunal Supremo “por los riesgos que conlleva para los objetivos medioambientales de las masas de agua afectadas y el Parque de Doñana” (Sentencia nº 1003/2019 de la Sala de lo Contencioso-Administrativo, de fecha 8 de julio).
posibilitar la llegada al mismo de buques de mayor calado, con un planteamiento netamente de oferta. La decisión de anteponer la construcción de la exclusa a la clarificación de la viabilidad ambiental del dragado era un modo de presionar a las autoridades responsables de autorizarlo, que provocó también la airada reacción de los arroceros temerosos de que un incremento de la salinidad del agua de la ría pudiera dañar los cultivos.16 La escenificación de los conflictos recientes en torno a la gestión del agua en un ámbito tan delicado ambientalmente como el estuario del Guadalquivir manifiesta la necesidad de una perspectiva unitaria y global, no sólo para la comprensión de los procesos en curso, sino también para su planificación. Y es que, junto a las cuestiones ya mencionadas —la navegación, los usos agrarios, los espacios naturales protegidos—, todas ellas con una evidente componente territorial, es necesario contemplar también el papel que el cauce fluvial a su paso por Sevilla juega en la configuración urbana de la escala metropolitana. Ante un nuevo horizonte: la territorialización de lo urbano Desde hace varias décadas, Sevilla viene experimentando un proceso de expansión de su dinámica urbanizadora allende los reducidos límites municipales, en una pugna por configurar una “nueva ciudad” más abierta y menos densa, cuyas claves están en gran medida a la espera de ser desveladas. Como sucede en tantos otros lugares, nos hallamos ante un fenómeno de territorialización de lo urbano que, en el caso sevillano, ya fue entrevisto en los años sesenta y que dio origen a un primer intento de ordenación de esa incipiente realidad a través de la puesta en marcha de un Plan Comarcal, que no pasaría de la fase de Avance.17 En este nuevo contexto, el cauce vivo del Guadalquivir y su llanura de inundación se han convertido en el ámbito central en torno al cual gira toda la Sevilla contemporánea y, en consecuencia, en el elemento articulador de la misma; un ámbito que, sin embargo, por falta de atención presenta todavía hoy el aspecto de un espacio residual e informe al que la ciudad formal ha dado la espalda. Ciertamente, el río constituyó uno de los argumentos principales del Plan General de 1987: sus redactores fueron conscientes de la necesidad de restañar las viejas heridas que las actuaciones hidráulicas habían producido en la traza urbana [figura 6], recuperando la continuidad de la lámina de agua que la obra portuaria había fragmentado. Resultaba, no obstante, algo “incuestionable que el Guadalquivir no podría ya jamás fluir por ese [viejo] cauce”, pues el río vivo se había apartado definitivamente de la ciudad histórica, escindiéndose así el cauce fluvial “en recorridos duales y geométricamente irreconocibles”.18 La opción de proyectar Sevilla con río no era algo que cupiera dar por descontado, ya que eran “tales y tan sin senti- [Fig. 5] Plan Director de Infraestructuras del Puerto de Sevilla (2000-20). Archivo de la Autoridad Portuaria de Sevilla. 16 Al aumento de salinidad del agua habría que añadir otros problemas ambientales del proyecto de dragado, como el incremento de erosión de las márgenes de la ría o el aumento de la turbidez del agua, que provocaría la proliferación de vertederos de sedimentos a lo largo del cauce. 17 Victoriano Sainz, “En el origen de la Sevilla metropolitana. Algunas notas sobre el Avance del Plan Comarcal de 1974”, Cuestiones Urbanas 1 (2010): 234-55. 18 Damián Quero, “Proyectar Sevilla con o sin río. Simbolización y función en el espacio público de la ciudad”, Geometría 2 (1986): 1.
ZARCH No. 15 | 2020 Procesos urbanos, dinámicas del agua y cambio climático Urban processes, water dynamics and climate change VICTORIANO SAINZ GUTIÉRREZ Sevilla y el río Guadalquivir en la planificación reciente: encuentros y desencuentros Seville and the Guadalquivir river in recent planning: encounters and disagreements 102 19 Quero, “Proyectar Sevilla con o sin río”, 5. 20 Ayuntamiento de Sevilla, Plan para la Recuperación Integral del Río (Sevilla: Gerencia de Urbanismo, 1992), citado por Piñero y Sainz, “Planeamiento y espacio portuario”, 86. 21 José Pérez de Lama, “Una conversación con Manuel González Fustegueras sobre la Sevilla que con-viene”, Boletín FIDAS 32 (julio 2001): 4. do las transformaciones morfológicas e hidráulicas, las afrentas hechas al río por los hombres, que bien podría [haberse decretado] por medio del Plan General la definitiva clausura de la condición fluvial de Sevilla”19; es, por tanto, un importante legado de ese Plan. Pero como sucede con la mayoría de los Planes Generales de esa generación, centrados en acabar la ciudad y en recomponer sus partes, las cuestiones territoriales no entraban en su horizonte de trabajo, de ahí que su visión del río se limitase al espacio de la dársena que discurre desde Tablada a San Jerónimo. Ahora bien, con ser importante el conjunto de actuaciones promovidas desde el Plan de 1987, se dejó pasar la que sin duda era la cuestión fundamental de aquel momento: el papel que estaba llamado a jugar el acondicionamiento del espacio fluvial del Guadalquivir en la construcción del espacio de la aglomeración metropolitana (incluido el antiguo cauce del Guadaira). El asunto ya quedó apuntado en el Avance de Directrices de Coordinación Metropolitana de 1989, pero sólo se planteó de manera concreta en el Plan para la Recuperación Integral del Río, elaborado por el Ayuntamiento de Sevilla en diciembre de 1992 [figura 7]: es ahí donde por primera se habla de que “el río debe reinsertarse en Sevilla en toda su magnitud, desde Tercia a la Punta del Verde”.20 Sería el Plan General de 2006 el que reconociera abiertamente que Sevilla “ya no se puede entender como una ciudad recinto, sino que es una ciudad en el territorio”, sacando de ello como primera consecuencia que “esto nos va a llevar a una reflexión sobre el río”.21 Para lo que aquí nos interesa esa reflexión fue desarrollada ya en el documento de Oportunidades y Estrategias de 2001, donde se recogió el siguiente criterio de ordenación: “El sistema que conforma la red fluvial es el elemento clave de articulación territorial en el área metropolitana de Sevilla. En [Fig. 6] La obra hidráulica portuaria en el entorno de Sevilla (1903-51). Archivo de la Autoridad Portuaria de Sevilla.
22 Aunque formulado inicialmente en el documento citado, ese criterio pasó luego al texto refundido del Plan; véase Ayuntamiento de Sevilla, Plan General de Ordenación Urbanística de Sevilla. Memoria de ordenación (Sevilla: Gerencia de Urbanismo, 2007), vol. 1, V.10. este sentido, las láminas de agua, las llanuras de inundación y el dominio público asociado principalmente a los ríos Guadalquivir y Guadaira […] constituyen un recurso territorial de primer orden”.22 Ese criterio quedaría ilustrado mediante algunos proyectos estratégicos elaborados en esa primera fase de redacción del Plan, que sólo en cierta medida pudieron ser incorporados al documento final, habida cuenta de que en determinados casos su ámbito rebasaba el límite municipal sevillano [figura 8]. [Fig. 7] Plan de Recuperación Integral del Río (1992). Archivo de la Gerencia de Urbanismo de Sevilla. [Fig. 8] Documento de Oportunidades y Estrategias del Plan General de Sevilla. Propuesta de espacios libres (2001). Archivo de la Gerencia de Urbanismo de Sevilla.
23 Manuel González Fustegueras, “El Guadalquivir y Sevilla. La reinterpretación”, en El río Guadalquivir, Javier Rubiales, ed. (Sevilla: Junta de Andalucía, 2008), 424. 24 González Fustegueras, “El Guadalquivir y Sevilla”, 425. 25 Véase al respecto lo señalado en Consejería de Obras Públicas y Vivienda, Plan de Ordenación del Territorio de la Aglomeración Urbana de Sevilla (Sevilla: Junta de Andalucía, 2010); concretamente, lo relativo a la ordenación (90-3), así como los artículos de la Normativa relativos a la red de espacios libres (155-61) y lo previsto en la Memoria económica (126-34). 26 Junto a las investigaciones que cabría calificar de independientes, no han faltado otras financiadas por la Autoridad Portuaria de Sevilla con vistas a alcanzar nuevas bases que permitan en su momento elaborar un nuevo proyecto de mejora de la navegabilidad de la ría, es de esperar que más respetuoso con las exigencias ambientales. 27 Puede verse al respecto Victoriano Sainz, “Hacia un nuevo sistema de espacios libres: proyecto, territorio y paisaje”, en Espacios fluviales de la cuenca baja del Guadalquivir, Antonio Barrionuevo, coord. (Sevilla: Confederación Hidrográfica del Guadalquivir, 2015), 137-44; una consideración más general, con algunas experiencias concretas, en Enric Batlle, “El sistema de espacios libres urbanos”, en El paisaje y la ordenación del territorio, Rafael Mata y Àlex Tarroja, coords. (Barcelona: Diputación, 2006), 103-12. 28 Antonio Barrionuevo, “Sevilla y el Guadalquivir. La construcción de nuevos lugares públicos”, en El río Guadalquivir, Javier Rubiales, ed. (Sevilla: Junta de Andalucía, 2008), 414. En todo caso, lo más relevante fue la reinterpretación del significado de ese espacio hasta entonces olvidado, en el que se han ido mezclando las infraestructuras, los usos agrarios, las actividades terciarias y las escombreras, y que sobre la base de esa nueva lectura pudo llegar a ser un “nuevo argumento de construcción urbana”.23 La propuesta del Plan General de 2006 se sustanciaba en una estrategia capaz de enlazar la dársena histórica con el nuevo cauce del río vivo mediante una serie de actuaciones capaz de garantizar la articulación y la continuidad del sistema de espacios libres. De este modo, “el río se muestra, jun- to con el cauce del Guadaira, como un área de oportunidad para la construcción de signos urbanos de la ciudad metropolitana que Sevilla quiere ser, poniendo en valor los dos espacios con mayor carga significante para convertirse en los signos de identidad espacial de la morfología metropolitana: el cauce vivo del río Guadalquivir y su llanura de inundación y el conjunto de la dársena de Alfonso XIII y el puerto”.24 Esto es importante, pues en ese carácter significante reside su carácter patrimonial. Agua, territorio, paisaje: ¿hacia una nueva infraestructura verde? Cabría haber esperado que, puestas las bases por el vigente planeamiento urbano de Sevilla para un diferente tratamiento del cauce del río vivo a su paso por Sevilla, la planificación territorial se hubiese encargado de desarrollarlas, pero no ha sido así. El Plan de Ordenación del Territorio de la Aglomeración Urbana de Sevilla, aprobado en 2009, no realizó avances de importancia en cuanto a la conformación de una red de ejes fluviales y espacios vinculados al agua como elementos vertebradores del territorio metropolitano, limitándose a reconocer la importancia del Guadalquivir y el Guadaira y a prever programas de recuperación y fomento del uso público de sus márgenes,25 que en el tiempo que lleva vigente el Plan no han comportado cambios relevantes en las dinámicas en curso. De los parques metropolitanos ahí previstos sólo se han ejecutado el de la Vega de Triana (2012) y del Guadaira, éste en dos partes, correspondientes a las riberas del río (2011) y al antiguo cauce (2014); tanto uno como otro ya estaban recogidos en el vigente Plan General de Sevilla [figura 9]. Los principales avances en el modo de considerar esta temática no han estado, pues, vinculados al planeamiento, sino a trabajos de investigación desarrollados en el ámbito universitario con diversos enfoques.26 Me referiré aquí únicamente a alguno de los que proponen la elaboración de una estrategia proyectual que permita articular agua, territorio y paisaje como elementos constitutivos de una nueva red de espacios públicos para la ciudad-territorio hacia la que nos encaminamos. Y es que en la estructuración de la ciudad contemporánea, ésa que constituye una nueva realidad urbano-territorial aún necesitada de comprensión y de proyecto, la infraestructura verde está llamada a jugar un papel de primer orden, como elemento articulador de una ciudad de otra escala que encuentra en su matriz territorial el soporte para una ordenación sostenible, en la que no se pierden de vista los procesos ecológicos y antrópicos que están en juego.27 También en este sentido se ha señalado ya el relevante papel que le corresponde al agua —y, más concretamente, al Guadalquivir y su red tributaria— en la ordenación del territorio de la región urbana de Sevilla. Así, se ha podido afirmar no sólo que “el cauce fluvial del Guadalquivir y su entorno próximo reúne condiciones especialmente idóneas para convertirse en uno de los elementos articuladores del área metropolitana”,28 sino que además se han dado pautas concretas de cómo hacerlo, proponiendo una especie de gran “parque central” del Guadalquivir en el que deberían quedar integradas todas las actividades de carácter agrario, fores-