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La escritura como destino Borges y las implicaciones metaflsicas de la literatura Juan Arana Universidad de Sevilla Las relaciones entre lo etico y lo estetico constituyeron para Jorge .Luis Borges una constante preocupacion tanto personal como profesional. En un libro que consagre hace algun tiempo al signifieado de los motivos filosoficos en su obra, trate de analizar como se entretejen ambos elementos y llegue a la conclusion de que existe un doble movimiento que va por una parte de lo etico a lo estetico y, por otra, de lo estetico a lo etico •. Borges aspiraba a reconciliar el bien que la moral promueve con los valores especificos de la literatura, pero desgraciadamente para el (y quiza por fortuna para sus libros) no pudo obtener el anhelado encuentro, porque la etica borgiana busca la belleza en el piano que le es propio —es decir, el de la conducta, a traves de las acciones que conforman la vida humana—, mientras que el artista, para justificar su trabajo y a si mismo, no puede abandonar la carcel de palabras en que el mismo se encierra. El intento de sintesis entre la moral y el arte desemboca en una negra frustracion que a su vez puede ser cantada por el poeta y asumida con resignacion por el moralista. El propio Borges ejerce un poco de lo uno y de lo otro, lo que conforma la amable tragedia que le hace tan atractivo. ' Vease: Juan ARANA: El centro del laberinto; Eunsa: Pamplona 1994, pp. 111133. Topicos 13 (1997), 27-44
28 TOPICOS No obstante, hay algunos indicios de que para Borges la literatura no esta irremisiblemente recluida en un ambito apartado de la vida —de la existencia real— y, por tanto, humana y ontologicacmente empobrecido. Existe una posibilidad, aunque sea remota, de devolver la belleza a la actividad literaria, no ya como tema ni como instrumento, sino como encuentro con sus fuentes mas genuinas y profiindas: no se trataria ya de cantar las bellas gestas de los demas, ni tampoco de hacerlo bellamente, sino de convertir el mismo canto en epopeya. El proposito de este articulo es desarrollar un poco esta perspectiva, tomando como punto de apoyo complementario los ensayos eontenidos en el tomo cuarto de sus Obras completas^, que no fueron tenidos en cuenta al redactar el trabajo anterior. Lo primero que debe ser constatado es que la actividad literaria no constituye un aspecto tangencial de la existencia humana, o al menos no necesariamente. Para muchas personas puede representar un mero pasatiempo, un entretenimiento mientras se va al trabajo en los medios de transporte publico o una forma de evadirse de las urgencias y angustias de la vida. Pero para otro colectivo, del que Borges forma parte, es mucho mas que eso: una fuente de alegria, un camino por el que tal vez se encuentre la felicidad y el sentido de la existencia. Para ello no es indispensable dedicarse a produeirla: basta con saber disfrutaria. La funcion del lector, en efecto, se sobrepone a todos los efectos a la del escritor: «Yo he dedicado una parte de mi vida a las letras, y creo que una forma de felicidad es la lectura; otra forma de felicidad menor es la creacion poetica, o lo que Uamamos creacion, que es una mezcla de olvido y recuerdo de lo que hemos leido.» (BO, 170). El hombre de letras es pues, ante todo, el lector^. Podriamos ^ Vease Jorge Luis BORGES: Obras completas; vol. IV, Emece: Barcelona 1996. En adelante empleare las siguientes siglas: —OC: Jorge Luis BORGES, Obras completas. Emece: Barcelona 1989-1997, 5 vols. —BO: Borges, oral (1979), OC IV, pp. 161-205. —BP: Biblioteca personal. Prologos (1988), OC IV, pp. 445-529. —^P: Prologos con un prologo de prologos (1975), OC IV, pp. 11-160. —TC: Textos cautivos (1986), OC IV, pp. 207-443. ^ Veanse a este respecto los comentarios de Gerard GENETTE («La litterature selon Borges», en: Cahier de l'Herne. J.L. Borges, l'Heme: Paris 1981, especialmente pp. 366 y ss.)
LA ESCRITURA COMO DESTINO 29 aludir aqui a la conocida declaracion en la que Borges se ufana de las paginas que ha leido antes de las que ha escrito y muchas otras parecidas, que hacen de el un exponente destacado de la Uamada estetica de la recepcidn. En sus reseiias bibliograficas y semblanzas aporta numerosas razones en pro de tan (en su momento) sorprendente actitud. Por ejemplo, al comentar una traduccion de una obra clasica de la literatura japonesa, La historia de Genyi de Musaraki, afirma que este tipo de obra hubiese sido inconcebible en Europa antes del siglo XIX, no por falta de autores de igual o superior talento, sino por la inexistencia de un publico suficientemente sutil (TC, 383). Incluso el mismo sentido de los textos depende fundamentalmente de como los entiende su destinatario. Por eso resulta tan diferente el Quijote de Menard con respecto al que escribio Cervantes. Claro esta que el autor es por necesidad el primer (y a veces unico) lector de sus composiciones. De ordinario (aunque no siempre) tambien es el mas perspicaz. Tal vez sea ese el linico merito que le hace acreedor de nuestra admiracion. Sin embargo, entre los ingeniosos y discutibles motivos barajados por Borges para otorgar prioridad a Ia lectura sobre la escritura, hay uno que da la clave de la traseendencia etica de la literatura: mientras que la escritura pertenece al ambito de lo circunscrito y limitado, la lectura —la siempre abierta posibilidad de releer creativamente un texto— remite directamente a lo infmito^. Borges propone esta curiosa doctrina al hilo de lo que interpreta como dos concepciones rivales de la literatura, presentes en la poetica de Paul Valery: «Una parece reducir la literatura a las combinaciones que permite un vocabulario determinado; la otra declara que el efecto de esas combinaciones varia segiin cada nuevo lector. La primera establece un numero elevado pero finito de obras posibles; la segunda, un Obviamente, el infmito no es aqui «el concepto corruptor y desatinador de los otros», segun la acepcion habitual en Borges (Vease Ana M' BARRENECHEA, La expresion de la irrealidad en la obra de Borges, CEAL: Buenos Aires 1984, pp. 18 y ss.), sino ese desbordamiento de lo absolutamente abierto e inagotable, por lo que tanta fascinacion siente. Vease Georg BORRONG, «La infinitud del lenguaje en la obra de Jorge Luis Borges», en: V. POLO (ed), Borges y la literatura, Universidad de Murcia 1989, pp. 211 -247.
30 TOPICOS numero de obras indeterminado, creciente. La segunda admite que el tiempo y sus incomprensiones y distracciones colaboran con el poeta muerto.» (TC, 368). En esta perspectiva, la escritura denota mas bien el aspecto objetivo y factico del quehacer literario, que se reduce a una conjuncion peculiar de signos que, con suficiente dosis de paciencia, podria ser formulada con cualquier procedimiento aleatorio, desde la maquina lulliana de pensar (TC 321-322), hasta baterias de «simios dactil6grafos». La Biblioteca de Babel, en la que estan recogidos todos los libros posibles, contiene en sus numerosisimos anaqueles una recopilacion exhaustiva de las obras maestras de la literatura, perdidas entre la ingente multitud de todas sus imaginables variantes. Borges arremete con celo iconoclasta contra la cosa misma representada por la secuencia lineal de letras, silabas y palabras. Lo que convierte a la obra literaria en algo venerable es la adquisicion de sentido, gracias al trabajo demiurgico del autor y la actividad confirmatoria de los lectores, que tratan de restituir el signifieado originario y encuentran siempre otro diferente, mejor o peor. Existen menos de treinta letras diferentes, unos cuantos millares de palabras, millones de frases gramaticalmente correctas, cantidades enormes de poemas, discursos y relatos admisibles en una determinada lengua... pero hasta a la mas sencilla e incoherente combinacion de sonidos o letras puede ortorgarse un numero ilimitado de significaciones. La sabiduria popular asegura que a buen entendedor pocas palabras bastan, y en rigor las palabras mismas son una mera excrecencia de ese proceso magico que Uamamos comunicacion y que tiende puentes inverosimiles entre mentes de otro modo condenadas a una perfecta soledad. Si bien se mira, entre los libros que pueblan la biblioteca babilonica no hay uno solo que no contenga todos los*pensamientos bellos, sabios y valiosos del mundo si lo desciframos con la clave adecuada: un confuso grupo de signos —«wnshte lnkoindiw por ejemplo— puede significar la teoria de la relatividad en el evolucionado lenguaje de una cultura fiiturista, o el mas admirable de los poemas para los miembros de una secreta civilizacion de avezados literatos. Por esa razon, Borges no se extraiia de que las palabras de los grandes maestros de la humanidad nos parezcan a veces insulsas y decepcionantes: «Ideas que estan muertas en el papel fueron alentadoras y vividas para quienes las escucharon y conservaron, porque detras de ellas, y en tomo a ellas, habia un hombre. Aquel hombre y su realidad las baiiaban. Una entonacion, un
LA ESCRITURA COMO DESTINO 31 gesto, una cara, les daban una virtud que hoy hemos perdido.)) (P, 80). Por consiguiente, la literatura se vuelve humanamente valiosa, vital y relevante para la etica cuando no permitimos que cristalice en mera cosa, ni siquiera al modo de obra maestra. El interes de Borges se desplaza del producto objetivado a la produccion por parte del autor y a la re-produccidn que aporta el lector, porque a traves de esas acciones se abre un ambito ilimitado de sentido que desborda y trasciende el estrecho horizonte del relato o poema reducidos a si mismos. En el mejor de los casos, la obra literaria constituye un enigma que nunca es dado acabar de resolver, porque, aunque traduzca las ideas y vivencias de su creador, nunca poseemos la formula infalible para recrearlas. La siempre ingenua creencia de que, a pesar de todo, el lenguaje es un medio transparente y que a traves de los textos es posible que dos espiritus vibren al unisono, tropieza con la dramatica sospecha de que cada hombre esta encerrado en su propia celda solipsista, rodeado de muros de incomunicacion apenas disimulados por su fertil imaginacion para fabular dialogos imposibles. El prejuicio de «creer entender» tiene cierta verosimilitud cuando se aplica a las personas proximas y a las que comparten el misriio idioma; mas cuando trabajamos con palabras cuyo origen es distante en el tiempo y en el espacio, la fragilidad del engano es mucho mas ostentosa. Borges lo subraya con una divertida anecdota que inventa comentando las dificultades de Ia traduccion: «A1 recorrer con entusiasmo y credulidad la version inglesa de cierto filosofo chino, di con este memorable pasaje: "A un condenado a muerte no le importa bordear un precipicio, porque ha renunciado a la vida." En este punto el traductor coloco un asterisco y me advirtio que su interpretacion era preferible a la de otro sinologo rival que traducia de esta manera: "Los sirvientes destruyen las obras de arte, para no tener que juzgar sus bellezas y sus defectos". Entonces, como Paolo y Francesca, deje de leer. Un misterioso escepticismo se habia deslizado en mi alma.» (TC, 396). De estas consideraciones parecen seguirse eonclusiones desesperanzadas y seguramente exageradas. Una cosa es que no
32 TOPICOS quepa restituir al cien por cien el signifieado otorgado por el emisor a los mensajes que nos envia, y otra que siempre estemos abocados a entender algo radicahnente diverso de lo que se nos quiso decir. Es posible que la traduccion del chino y de otras lenguas exoticas nunca llegue a presentar problemas tan insolubles como sugiere la situacion caricaturizada por Borges. Pero lo cierto es que, cuando se tiene una conciencia escrupulosa, lograr versiones fieles constituye una tarea de gran dificultad, y todos hemos vivido situaciones en que resulta desesperadamente arduo comprender las palabras que mas nos importan. A pesar de todo, las lamentables limitaciones de la comunicacion humana no deben ser evaluadas exclusivamente en clave pesimista. La dificultad para entendemos se debe, por una parte, a que no somos meros clones insertados en una red mediatica todopoderosa y, por otra, a que el mundo de las significaciones es tan rico que no puede ser reducido a un conjunto de items intercambiabies. Cada expresion linguistica es en cierto modo un Aleph por el que podemos escrutar las profundidades insondables del alma que la formulo y del universo que se filtra a traves de ella. La comunicacion es fatigosa y problematica, si, y justo por esa razon es tambien valiosa y enriquecedora. El intercambio de informacion entre computadores no presenta ninguna dificultad una vez resueltas las cuestiones de hardy software, pero tambien dejamos de interesaAios en el una vez que hemos ajustado las clavijas y compatibilizado los programas. En eambio, ningun ser humano podra alardear jamas de haber conseguido una comunicacion absolutamente perfecta, inmejorable, con un semejante. En gracia a este detalle podemos seguir creyendo que somos algo mas que simples maquinas de pensar. Aunque Borges evite insistir en el alegato humanista que me he permitido extraer de sus tesis sobre la literatura y el lenguaje^ esta claro que ellas le alejan sin retomo de una concepcion meramente objetivista de la obra literaria a la que, sin embargo, tiende por sus convicciones platonicas. Asi lo reconoce cuando, a proposito de El injierno de Henri Barbusse, comenta: «Barbusse ensayo la escritura ' «Ainsi, Borges redit a sa maniere que la poesie est faite par tous, non par un. Cette redite est peut-etre la parabole modeme de rhumanisme» G. GENETTE, La litterature selon Borges, p. 373.
LA ESCRITURA COMO DESTINO 3 3 de una obra clasica, de una obra intemporal. Quiso fijar los actos esenciales del hombre, libres de las diversas coloraciones del espacio y del tiempo. Quiso exponer el Libro general que late bajo todos los libros», y termina senalando que fracaso en «la ejecucion de aquel proposito platonico: del todo inaccesible, por lo demas.» (TC, 267). Aqui se plantea un delicado problema: la obra literaria es de algiin modo infinita, pero no por su contenido intrinseco, como acabamos de comprobar, sino por el inagotable caudal de signifieado que le presta el usuario. Ahora bien, el usuario es el sujeto humano, el yo individual, del que Borges reniega, sobre el que lanza ansiosas condenas y al que impugna con elaborados argumentos*. Parece por tanto improbable que el odiado yo este en la raiz de la infinitud que dignifica la literatura. La unica altemativa logica (si es legitimo emplear la Idgica como criterio orientativo en este contexto) es' que ademas de la objetividad de la obra literaria y de la subjetividad del escritor o la del lector intervenga un tercer factor en y a traves de los otros dos. ^Cual puede ser este? Adjudicarle una denominacion ahora mismo resulta demasiado prematuro. Acerquemonos a el de forma anonima mediante referencias impersonales a las propiedades de lo literario. Borges, en efecto, tributa a la literatura un respeto mitad religioso, mitad etico y, en ultimo termino, mistico. Cree que de alguna manera trasciende al tiempo y al espacio, razon por la que no es legitimo poneria en fiincion de su historia (BP, 501), tentacion a la que sucumben tantos criticos. Igualmente rechazable es la mediacion politica: «Es absurdo que el arte sea un departamento de la politica.» (TC, 403). Como maximo, admite que la politica infiuya en ella, pero sin determinar como (TC, 381). Infiuye la politica, como infiuye la historia, la educacion, los traumas infantiles, el alcohol, las migraiias y los innumerables elementos que conforman la existencia. La cuestion estriba en que todos esos ingredientes son perfectamente compatibles con el ejercicio mediocre o nulo de la literatura: lejos de resolver el problema examinado, este tipo de referencias extemas nos distraen de el. Pero tampoco son validas las propuestas explicativas meramente literarias: reducirse a ellas seria lo mismo que caer de Vease El centro del laberinto..., pp. 135 y ss.
34 TOPICOS nuevo en el objetivismo y probablemente en un ohietivismoformalista doblemente empobrecedor (recuerdese que estamos aludiendo a lo literario como designacion impersonal del factor, mas alia de lo objetivo y de lo subjetivo, que da traseendencia a la literatura). De ahi la insignificancia de los generos literarios, cuyo establecimiento depende, una vez mas, del gusto del lector: «Yo agregaria una observacion personal: los generos dependen, quiza, menos de los textos que del modo en que estos son Ieidos. El hecho estetico requiere la conjuncion del lector y del texto y solo entonces existe. Es absurdo suponer que un volumen sea mucho mas que un volumen.» (BO, 189). Ahora bien, si el sentido ultimo de lo literario no depende de las reglas de la poetica, tampoco esta subordinado a las normas de la ontologia: la propia distincion entre fantasia y realidad resulta por completo insustanciai desde la optica de lo literario: «Toda literatura [...]'es simbolica; hay unas pocas experiencias fundamentals y es indiferente que un escritor, para transmitirlas, recurra a lo "fantastico" o a lo "real".» (P, 29). Puesto que ni los principios que rigen «lo bello» o «lo expresivo», ni los que fiindan la realidad del «ente» valen para explicar la traseendencia de lo literario, ^.donde se asienta esta? Quiza sea innecesario dar una respuesta. Kant ha pasado a la historia del pensamiento por ser el defensor de la autonomia de lo etico: los principios de la accion humana no estarian segun el filosofo aleman basados en la psicologia, la metafisica, o la religion, sino en la soberana independencia de la buena voiuntad. Borges podria haber asumido una posicion analoga y abogado implicitamente por la completa autonomia de lo literario y, por extension, de lo artistico. Para explorar esta posibilidad deberemos inquirir si existe algo asi como un buen gusto esencial, por encima de todos los condicionamientos extrinsecos (heteronomos) al arte y, en segundo lugar, habra que cuestionar si desde la suprema libertad del arte se puede fundar el buen obrar y hasta la misma realidad, es decir, si se puede otorgar una justificacion artistica a la etica y a la metafisica. La independencia del quehacer literario respecto a las axiologias (sistemas de valores) ajenas a el es una tesis inequivocamente defendida por Borges. Asi, condena a los que juzgan a Rudyard Kipling por sus ideas y, en general, a los defensores de la literatura
LA ESCRITURA COMO DESTINO 3 5 comprometida: «Fatalmente incurrieron en el error de juzgar a ese hombre genial por sus opiniones politicas. Ese mal ejemplo tiene hoy muchos seguidores; es comun oir hablar de literatura comprometida:» (BP, 496). Esto podria interpretarse como mero esteticismo, pero en mi opinion seria una interpretacion precipitada y falsa, al menos si se entiende el esteticismo como la reivindicacion de la independencia del arte en virtud de su mismo aislamiento con respecto a las otras dimensiones de lo humano. En Borges no existe tal desvinculacion. El arte esta para el en las antipodas del juego intrascendente: es tan importante que de hecho compromete todo el ser del artista y ni siquiera esta bajo su control: «nadie sabe del todo lo que ejecuta»''. Por eso ocurre a veces que el personaje avasalla al autor, como Don Quijote a Miguel de Cervantes (P, 87-88). Las jerarquias ontologicas se invierten, lo imaginario impone su ley a lo real y literalmente se realiza: «Fierro, que al principio no era otra cosa que un sonido apto para la rima, se impuso a Jose Hemandez. Se convirtio en el hombre mas vivido que nuestra literatura ha soiiado, en un hombre tan vivido y complejo que ha sugerido interpretaciones contrarias.» (P, 92). La literatura no es juego, tampoco se reduce a la objetividad de unas leyes, ni esta a mereed de la arbitraria libertad del sujeto que la ejerce. Es cierto que podemos descubrir algunos reglas, a las que a veces se refiere Borges con las poco intimidatorias denominaciones de «trucos» 0 «astucias»^. Una de ellas es la necesidad de evitar explicaciones extravagantes en las intrigas detectivescas: «En los relatos policiales, el hipnotismo, las alueinaciones telepaticas, los elixires de malefica operacion, las bmjas y los bmjos, la magia verdadera y la fisica recreativa, son una estafa.» (TC, 216). Sin duda contempla tambien otras prescripciones mas dignas de Aristoteles o Boileau que esta; pero es evidente que importa menos inventariarlas que tener el instinto de saber cuando hay que violarlas, porque todos los generos viven en ultimo termino «de la continua y delicada infraccion de sus leyes» (TC, 359). Y es que el secreto del arte radica precisamente en las simetrias imperfectas, ya que, al fin y al cabo. "^ J.L BORGES, La rosa profunda (1975), OC m, p. 77. ^ Vease, p. ej. Elogio de la sombra (1969), OC n, p. 353.
42 TOPICOS ayudan a olvidarlo, pero la rigida critica de la razon hace que se disipe la quimera. Por eso, un escritor no debe condescender con ningun tipo de argumento: «Mientras un autor se limita a referir sucesos o a trazar los tenues desvios de una conciencia, podemos suponerlo omnisciente, podemos confiandirlo con el universo o con Dios; en cuanto se rebaja a razonar, lo sabemos falible»^'. Esta eonsideraeion pertenece sin duda a la categoria de las astucias que Borges dice haber aprendido tras largos afios de ejercicio literario. En la coyuntura de la superacion de las concepciones subjetivistas y objetivistas del arte tiene sin embargo un valor mayor. Nuestra cultura ha eliminado, en su afan desmitificador, los signos de trascendencia en todas las disciplinas sometidas al logos, hasta el punto de que la misma realidad del mundo ha empezado a tambalearse. Por ser la patria de los mentirosos, la literatura es el ultimo reducto de la capacidad fabuladora del hombre. Pero a este no le gustan sus propias fabulas: prefiere escucharlas credulamente a urdirlas con cinismo y, sobre todo, aiiora las que provienen de una revelacion superior. Y eso es precisamente lo que Borges ofreee: literatura como revelacion, escritura como empresa sobrehumana, artista como profeta y hagiografo: «Nadie puede escribir un libro. Para Que un libro sea verdaderamente, Se requieren la aurora y el poniente. Sighs, armas y el mar que une y separa>P-'^. De ese modo «tal o cual verso afortunado no puede envanecemos, porque es don del Azar o del Espiritu; solo los errores son nuestros))^^. Borges interpreta la teologia cristiana de la inspiracion biblica en clave panteista (BO, 190-191), en el sentido de que si una pluralidad de textos escritos por diversas manos en diferentes epocas han sido dictadas por una sola voz, todos los que han tomado la pluma a lo largo y ancho de la historia obedecen en el fondo a la misma e identica llamada. 2' Otras inquisiciones (1952), OC n, p. 76. 22Elhacedor, OCn, p. 214. 23 Elogio de la sombra (1969), OC E, p. 354.
LA ESCRITURA COMO DESTINO 43 Quiza decepcione una solucion asi para un problema tan estimulante como era la superacion de la polaridad sujeto-objeto en la teoria literaria. Pero era de suponer que, siendo la infinitud el punto de partida, resultaria inevitable acabar hablando de Dios. Borges declaro que su primer contacto con el infmito nada tuvo que ver con la magnificencia ontologica del Ser necesario: se trataba de una modesta caja metalica en la que aparecia la imagen de una segunda caja igual y dentro de ella una tercera y asi sucesivamente... (TC, 433). Pero este infinito de la reduplicacion es exclusivamente negativo y solo sirve para suscitar las paradojas de Zenon y sumimos en la perplejidad. Esta vacio por ser de caracter exclusivamente formal (consiste en una estructura que se reproduce a si misma o, mejor, que consiste en su propia reproduccion); por otro lado, cualquier intento de llenarlo de contenido y materializarlo se convierte eo ipso en argumento teologico. En esa tesitura, el panteismo es la altemativa teorica mas alejada del Deus ex machina. Por ella opta Borges en la medida que no tiene mas remedio que optar^'': «Nuestro destino es tragico porque somos, irreparablemente, individuos, coartados por el tiempo y por el espacio; nada, por consiguiente, hay mas lisonjero que una fe que elimina las circunstancias y que declara que todo hombre es todos los hombres y que no hay nadie que no sea el uruverso.» (P, 40). Sin embargo, lo que convierte en lisonjera una doctrina sirve tambien para hacerla sospechosa. El dios panteista es anonimo (da lo mismo llamarle Azar o Espiritu) y resulta de una operacion totalizadora absolutamente indiscriminada. De sus dos atributos mas caracteristicos, despersonalizacion e inmanenda, la primera resulta de trasladar a la divinidad la aversion que Borges profesa al yo personal, aversion motivada por la finitud e indigencia del yo, mientras que lo divino por defmicion ni es finito ni es indigente. La segunda es una extrapolacion de la inmediatez de las cosas que nos rodean al conjunto de todo lo que hay. Como tal, resulta tan arriesgada como improbable. Lo unico que queda en pie de la admirable exploracion efectuada por Borges en las raices de la vocacion literaria es que se apoya en algo (o en alguien) de insondable ^'' Sobre el panteismo en Borges, veanse: J. ALAZRAKI, La prosa..., pp. 74-89; A.M. BARRENECHEA, La expresion..., pp. 60-76.
44 TOPICOS magnitud y sin lo que (quien) no tiene sentido ni la objetividad de la obra ni la subjetividad del artista. Que o quien sea ello es algo que cada cual debera averiguar y decidir por si mismo.