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Jugando con fuego en un polvorín. La izquierda haitiana en el proceso de la consolidación y el declive de la izquierda latinoamericana (1991-2021)

Belan Alvarado, César Augusto

Abstract

El presente artículo busca hacer un recuento del desarrollo, evolución y disgregación de las agrupaciones políticas de izquierda en Haití, desde la transición democrática hasta el presente, en el marco de la historia política haitiana reciente. Se examinará, asimismo, la relación de las políticas planteadas y ejecutadas por estos movimientos y la relación de estas con los objetivos de los organismos de la izquierda internacional, en especial el Foro de Sao Paulo (FSP) y los entes patrocinados por el chavismo, como el ALBA y Petrocaribe. Buscaremos responder cuál fue la actuación de la izquierda haitiana, y las relaciones que ésta tuvo con la izquierda latinoamericana, en la crisis que vive Haití desde 2018 hasta la actualidad y que cobró la vida de su joven mandatario Jovenel Moïse, dejando al país en una situación anárquica.

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Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 26, nº 56. Segundo cuatrimestre de 2024. Pp. 313-338. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2024.i56.14 Jugando con fuego en un polvorín. La izquierda haitiana en el proceso de la consolidación y el declive de la izquierda latinoamericana (1991-2021)1 Playing with fire in a powder keg. The Haitian left in the process of consolidation and decline of the Latin American left (1991-2021) César Belan Alvarado2 Universidad Continental (Perú) ORCID: https://orcid.org/0000-0002-1030-066X Recibido: 13-10-2023 Aceptado: 22-012-2024 Resumen El presente artículo busca hacer un recuento del desarrollo, evolución y disgregación de las agrupaciones políticas de izquierda en Haití, desde la transición democrática hasta el presente, en el marco de la historia política haitiana reciente. Se examinará, asimismo, la relación de las políticas planteadas y ejecutadas por estos movimientos y la relación de estas con los objetivos de los organismos de la izquierda internacional, en especial el Foro de Sao Paulo (FSP) y los entes patrocinados por el chavismo, como el ALBA y Petrocaribe. Buscaremos responder cuál fue la actuación de la izquierda haitiana, y las relaciones que ésta tuvo con la izquierda latinoamericana, en la crisis que vive Haití desde 2018 hasta 1 Nota de los editores: El presente artículo fue presentado a esta revista meses antes de los sucesos en Haití de marzo de 2024. 2 ([email protected]). Abogado y Magister en Derecho Penal por la Universidad Católica de Santa María (UCSM). Licenciado en Educación por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (UNMSM). Maestro en Historia por la Universidad Católica San Pablo (UCSP). Actualmente cursa estudios de Doctorado en historia en la Universidad del País Vasco (UPV/EHU). Docente de la Universidad Continental – Sede Arequipa, de la Universidad La Salle de Arequipa y del Seminario Arquidiocesano de San Jerónimo de la misma ciudad. Última publicación: “¿Impunidad sistémica o delito simbólico? La investigación fiscal y punición del delito de aborto en Arequipa, Perú (2008- 2020)”. en: Estudios Socio Jurídicos, Universidad del Rosario, Colombia. No.26. 2024, pp. 1-31. 314 César Belan Alvarado Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 26, nº 56. Segundo cuatrimestre de 2024. Pp. 313-338. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2024.i56.14 la actualidad y que cobró la vida de su joven mandatario Jovenel Moïse, dejando al país en una situación anárquica. Palabras-clave: Haití, Foro de Sao Paulo, Nueva izquierda latinoamericana, Chavismo. Abstract This article seeks to recount the development, evolution and disintegration of leftist political groups in Haiti, from the democratic transition to the present, within the framework of recent Haitian political history. Likewise, the relationship of the policies proposed and executed by these movements and their relationship with the objectives of the organizations of the international left will be examined, especially the Sao Paulo Forum (FSP) and the entities sponsored by Chavismo, such as ALBA and Petrocaribe. We will seek to answer what was the action of the Haitian left, and the relationships it had with the Latin American left, in the crisis that Haiti is experiencing from 2018 to the present and that claimed the life of its young leader Jovenel Moïse, leaving the country in a anarchic situation. Keywords: Haiti, Foro do Sao Paulo, New Latinoamerican Left, Chavismo. Introducción Con su novela El reino de este mundo (1949) el escritor cubano Alejo Carpentier inauguraría el movimiento literario latinoamericano conocido como realismo mágico; una particular maniera entre las letras universales que años después despertaría la admiración del orbe. En este texto, Carpentier presenta la figura de Henri Christophe, esclavo negro nacido en la isla de San Cristóbal en 1767, llevado luego a trabajar en las plantaciones de azúcar en Haití en su juventud, y que terminaría fungiendo como cocinero en un prestigioso mesón de la ciudad de El Cabo. El cubano relataría así los hechos: Esta prosperidad [la del Cabo Haitiano] favorecía muy particularmente la Calle de los Españoles, llevando a los más acomodados forasteros al albergue de La Corona, que Henri Christophe, el maestro cocinero, acababa de comprar a Mademoiselle Monjeon, su antigua patrona. Los guisos del negro eran alabados por el justo punto del aderezo —cuando tenía que vérselas con un cliente venido de París—, o por la abundancia de viandas en olla podrida, cuando quería satisfacer el apetito de un español sentado, de los que llegaban de la otra vertiente de la isla con trajes tan fuera de moda que más parecían vestimentas de bucaneros antiguos. También era cierto que Henri Christophe, metido de alto 315 Jugando con fuego en un polvorín. La izquierda haitiana en el proceso de la consolidación y el declive de la izquierda latinoamericana (1991-2021) Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 26, nº 56. Segundo cuatrimestre de 2024. Pp. 313-338. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2024.i56.14 gorro blanco en el humo de su cocina, tenía un tacto privilegiado para hornear el volován de tortuga o adobar en caliente la paloma torcaz. Y cuando ponía la mano en la artesa, lograba masas reales cuyo perfume volaba hasta más allá de la calle de los Tres Rostros (Carpentier 2006: 403). Pocos imaginarían que aquel obsecuente posadero se convertiría, algunos años después, en uno de los primeros reyes negros de aquella isla, y en uno de los pocos que la historia contemporánea recuerda. Como es de costumbre, las caóticas circunstancias que atravesaba el mundo en las décadas finales del siglo XVIII y las iniciales del XIX harían posible este meteórico ascenso, similar al de un pequeño cabo corso, años después convertido en emperador de toda Europa. Como lo describiera con acierto C.L.R. James, en su libro Los Jacobinos Negros (2003), en la vida de personajes como L’Overture, Dessalines y – especialmente– Christophe, se entrecruzan los más inquietantes y dispares elementos, produciendo finalmente un retrato tan épico como lleno de contrastes. Así pues, Christophe, activo defensor de la abolición de la esclavitud y quien redimió a una multitud de almas de color mientras atravesaba cada rincón de la isla con su ejército, fue también partícipe del genocidio en las tierras de La Española, participando en la masacre haitiana de 1804 que exterminó a la población blanca en el extremo occidental de la isla, y liderando al año siguiente el genocidio dominicano luego de la segunda invasión a Santo Domingo. Christophe –como Haití, a quien representa cabalmente– despierta actualmente fascinación entre los académicos, generando opiniones encontradas. Algunos lo recuerdan como Henri I, rey de Haití, símbolo del empoderamiento de la raza negra en un sistema empedernido de opresión. Otros lo describen como un arribista inhumano, quien para obtener el trono no tuvo reparos en asesinar a Jean-Jacques Dessalines –el emperador Jacques I–, otro caudillo de color quien fungió como su mentor e impulsó su carrera militar. Su gobierno y el amor que tuvo a su pueblo también son objeto de polémica. Si bien, durante su reinado impulsó la educación inaugurando escuelas y hasta una cátedra de medicina, sometió a las masas empobrecidas de antiguos esclavos a un régimen de trabajo obligatorio y de residencia fija, consagrando así unas medidas de fuerte carácter feudal mediante el “modernísimo” código civil que promulgó. La ambivalencia de Henri Christophe en el ejercicio por el poder, sus extravagantes costumbres y su obsesión por emular el fasto y lujo de las cortes europeas no se agotaron con su muerte. La historia de la política haitiana estará marcada por fieros caudillos militares, como Henry Namphy, Prosper Avril, o Raoul Cédras, quienes no dudarán en sacrificar a su pueblo por asegurar su permanencia en el gobierno; o por extravagantes gobernantes como Jean- Claude Duvalier, que vivieron en medio de una frenética ostentación y derroche constante, mientras el país descendía a niveles ínfimos de desarrollo humano; o 316 César Belan Alvarado Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 26, nº 56. Segundo cuatrimestre de 2024. Pp. 313-338. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2024.i56.14 tiranos como su padre, François Duvalier, que, emulando superficialmente los formatos políticos europeos, los conjugaría con una manera tribal de desplegar su autoridad, como aterrorizar a la población personificando al Baron Samnedi –deidad vudú de los cementerios y del sexo sadomasoquista– u organizando bandas paramilitares como los Tontons-Macoutes (Kean y Stern 1992; Ferguson 1988). La izquierda haitiana, a pesar de haber encabezado loables esfuerzos para oponerse a la dictadura y corrupción gubernamental, no ha sido inmune a las tendencias políticas que se remontan al siglo XIX. Figuras como Jean Bertrand Aristide ilustran el carácter ambiguo y errático de la política de los sectores progresistas en Haití. ¿Fue el antiguo sacerdote salesiano un líder de la democracia? ¿o fue, más bien, un demagogo que sacrificó la estabilidad del país por su personalismo desatado, aquel que provocó finalmente la fragmentación del movimiento Lavalas? René Preval, por su parte, ¿fue un pragmático sucesor del movimiento, y el único quien supo leer las claves del contexto internacional para moderar el discurso populista de la izquierda y adaptarlo a un escenario geopolítico más favorable? ¿o fue un “traidor” a los orígenes de Lavalas, que, en su derechización, torció los objetivos de este prometedor proyecto político? ¿Cuál fue, además, la relación entre la fracturada izquierda haitiana y la pujante alianza bolivariana en los inicios del segundo milenio? Asimismo, ¿cuál fue la relación entre esta izquierda internacional latinoamericana y los terribles sucesos de 2021 que llevaron al país al borde del desastre? Estas y otras interrogantes buscarán ser resueltas en el presente artículo. Para ello se buscará dibujar un panorama de la acción de la izquierda haitiana entre el 2004 y el presente; distinguir entre sus ramificaciones y escisiones, y sondear la relación de éstos y los gobiernos de turno con los lineamientos operativos establecidos por el Foro de Sao Paulo (FSP). I. El auge y el declive de la izquierda haitiana (1991-2004) La crisis económica y la corrupción generalizada que se vivieron en los últimos años del régimen de Jean-Claude Duvalier –Baby doc– generaron una convulsión social en la década de los 80. Asimismo, el progresivo fin de la guerra fría tuvo mucho que ver con el fin de este dictador. Hay que recordar que tanto él como su padre –Papa doc– fueron sostenidos por los EEUU para, así, asegurar aliados en su entorno geopolítico inmediato, como lo hizo con Rafael Leónidas Trujillo en República Dominicana. La flexibilización política de fines del siglo pasado y un cambio en la opinión internacional sobre los regímenes autoritarios y la injerencia estadounidense dieron paso a un débil pero continuo alejamiento de los intereses políticos norteamericanos con sus antiguos socios 317 Jugando con fuego en un polvorín. La izquierda haitiana en el proceso de la consolidación y el declive de la izquierda latinoamericana (1991-2021) Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 26, nº 56. Segundo cuatrimestre de 2024. Pp. 313-338. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2024.i56.14 en el Caribe. En ese contexto, como era de esperarse, la caída de Duvalier se produciría tarde o temprano. Los círculos militares eran los más interesados en suplirle, como efectivamente sucedió en 1986 y en 1988, luego del golpe de estado dado a Leslie François Manigat. Sin embargo, las enemistades e intereses personales dividían a la cúpula militar –que, por otro lado, mantenía fuertes vínculos con la oligarquía duvalierista– impidieron hacer de ellos un bloque sólido y aceptado por la población (Sánchez Hernández 2010: 4). Es allí que la respuesta popular emerge de manera insospechada. Comunidades organizadas en torno a la Iglesia Católica, otrora proscrita por Duvalier, se erigieron en centros de ayuda mutua y en núcleos políticos. En ese contexto sobresale la figura de Jean Bertrand Aristide, apodado Titide, un sacerdote salesiano y encargado de la parroquia de San Juan Bosco en Puerto Príncipe. Su carisma, dinámico liderazgo y los luctuosos eventos de la masacre que perpetró el ejército en su iglesia en 1988, lo apuntalaron rápidamente como dirigente de la oposición que clamaba por la transición democrática. Aristide, afín a los círculos de la Teología de la Liberación, aparecía como un personaje muy en sintonía con los tiempos que le tocaba vivir. Así pues, una vez reducido al estado laical, conformó la plataforma política Lavalas (“avalancha”, en creole), organización de izquierda que logró satisfactoriamente aglutinar a la oposición democrática en una coalición de amplio espectro y que terminó haciéndose de la presidencia en 1991. Rápidamente, Aristide se convirtió en un símbolo, y luego en un mito, de la democracia, especialmente entre los círculos llamados progresistas. El mismo año que reasumió el poder, Aristide y su Lavalas se incorporaron al naciente Foro de Sao Paulo en su segundo encuentro (1991). A pesar de su afiliación izquierdista, por esos años su retórica no abundaba en el discurso confrontacional típico de los partidos de izquierda por aquella época. A pesar de ello, el ex sacerdote salesiano trató de impulsar una política de cambios estructurales, incluyendo la disolución del ejército, la reforma agraria y un ambicioso programa alfabetizador. Ante ello, la oligarquía duvalierista se vio amenazada y, aliada con los militares defenestrados, intentó en varias ocasiones dar un golpe de estado. La tentativa definitiva se dio meses después de alcanzar el poder. Raoul Cédras fue el militar que protagonizó la exitosa intentona. Sin embargo, el escenario internacional había cambiado bruscamente. Se condenó de manera generalizada a la junta, que fue asfixiada por castigos económicos. La llegada de la administración Clinton permitió que, en 1994, Aristide fuese repuesto, aunque por muy poco tiempo, pues debió ceder el poder en ese mismo año al cumplirse su mandato. Este sería el punto culmen de la izquierda haitiana en la historia contemporánea del país. Aristide mantenía un prestigio notable en el ámbito 318 César Belan Alvarado Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 26, nº 56. Segundo cuatrimestre de 2024. Pp. 313-338. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2024.i56.14 internacional y su movimiento era respetado por los duros esfuerzos, incluyendo el sacrificio de muchos militantes, que había aportado para la causa democrática. Con el colapso de la URSS, el escenario geopolítico mundial había dado un vuelco, y EEUU se había convertido, por lo pronto, en su valedor. Sin embargo, a pesar del alentador contexto el éxito fue efímero, y le siguió un progresivo fracaso, generado en gran parte por tensiones internas y luchas personalistas, especialmente por parte de Aristide. Como se indicó, Aristide tuvo que dejar el poder en 1994, meses después de ser repuesto por las fuerzas militares de la comunidad internacional. Así estaba previsto constitucionalmente. Su periodo presidencial había culminado a pesar de la usurpación militar, ya que se le consideró el legítimo presidente de Haití en el exilio. Su régimen, entonces, fue meramente simbólico, ya que nunca gobernó realmente. Aristide tenía prohibido reelegirse, sin embargo, su movimiento se presentó a las elecciones ese año y las ganó con holgura. El sucesor de Aristide fue René Preval, agrónomo haitiano afiliado al movimiento Lavalas. Fue un intelectual de izquierda y activo integrante de la oposición a los Duvalier. Luchó contra la junta militar golpista. Presidió el Comité Pa Bliyé, dedicado a localizar a los desaparecidos del régimen duvalierista (Ortiz de Zárate 2022). Fundó su propio grupo político, La Fanmi Selavi (La Familia es la Vida), y el Comité de Acción Democrática, antes de integrarlo a la plataforma Lavalas. Fue elegido por el 88% de los votos, manifestándose así la ascendencia de Aristide en ese momento, ya que él lo había elegido como sustituto. Sin embargo, apenas se consiguió el triunfo electoral, el movimiento Lavalas comenzó a sufrir rupturas internas y luchas entre sus dirigentes. Así pues, a pesar que Aristide era, indiscutiblemente, la imagen y el líder del movimiento, algunos políticos comenzaron a criticar la orientación personalista que estaba adquiriendo Lavalas. El primero de ellos fue Gérard Pierre-Charles, antiguo dirigente del Partido Unificado de los Comunistas Haitianos. Él se hizo fuerte en el partido más importante que integraba la plataforma Lavalas: la OPL (Organización Política Lavalas, que luego sería renombrada por causa de estas pugnas internas como Organización del Pueblo en Lucha). Aristide opuso a Pierre-Charles y su ascendencia en la dirigencia de los partidos su propio carisma y arrastre entre las bases de Lavalas, lo que generó un progresivo distanciamiento entre ellas y la cúpula partidaria (Silié 2000: 18) Sin embargo, la pugna entre Pierre-Charles y Aristide no era la única. El perfil parco, técnico y pragmático del presidente Preval pronto lo distanció de Aristide. Creemos que el estilo de Titide, caudillista y populista, hizo que éste recelara de Preval por la importancia que estaba tomando en el proceso de modernización y democratización de Haití. Pero éste no era el único motivo de alejamiento. Sus objetivos de mediano y largo plazo separaban profundamente a estas dos figuras. 319 Jugando con fuego en un polvorín. La izquierda haitiana en el proceso de la consolidación y el declive de la izquierda latinoamericana (1991-2021) Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 26, nº 56. Segundo cuatrimestre de 2024. Pp. 313-338. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2024.i56.14 Cuando Preval se hizo de la presidencia se preocupó fundamentalmente por la ejecución de una serie de medidas exigidas por el FMI que, teóricamente, sanearían la economía del país y desencadenarían su potencial económico. Titide, por su parte, estaba más apegado a sus concepciones ideológicas –forjadas en el contexto de la Guerra Fría– planteando medidas más radicales, desarrollistas y con mayor énfasis en políticas asistencialistas. Aristide y su círculo no tardaron en considerar a Preval como un “neoliberal” a pesar que era un probado socialdemócrata. El entorno de Titide, y el propio expresidente, comenzaron por esos tiempos a desplegar una retórica más agresiva e ideologizada, en la que los tópicos de colonialismo e imperialismo y la confrontación contra EEUU, Francia y, en general, con todo Occidente, se hicieron comunes. Todo esto lo acercaba a las posiciones de una naciente figura política: Hugo Chávez Frías. Preval y sus primeros ministros, por contrario, se mostraban cada vez más dispuestos a conciliar con aquel Occidente que las bases de Lavalas satanizaban (Belan 2019). Más allá de las diferencias entre Aristide y Preval, la presidencia de éste último dio cierta estabilidad en el plano económico a Haití. Esto se dio a pesar de la impopularidad de las medidas dictadas por el FMI como las privatizaciones, y al descontento social que le siguieron. Asimismo, el gobierno, como era lógico, era incapaz en gran parte de corresponder las necesidades sociales que estaban pendientes. Sin embargo, su visión pragmática y la sintonía que mantuvo con los organismos internacionales pudieron impulsar la alicaída hacienda, aunque basándose en gran parte en los subsidios internacionales, tara que mantiene el país hasta hoy. La política de Preval, por otro lado, se dirigió a matizar la polarización política que se vivía desde los tiempos duvalieristas. La lógica del mandatario fue el hacer posible la convivencia entre la oligarquía empresarial y el pueblo, cada vez más sumido en la pobreza. Sin embargo, para Aristide, condicionado por los esquemas ideológicos marxistas, no podía haber acuerdo posible y la solución no pasaba por la coexistencia y el reformismo, sino en la socialización y el fin de los privilegios. Como lo señaló Velásquez Rivera (2021: 232): “Aristide y Préval encarnaron dos tendencias y así lo percibió la población”3. Así pues, las discrepancias entre los líderes de Lavalas se desataron a los dos años de asumido el poder. Para algunos, estas fricciones también 3 “Quien hasta hacía poco había dado pábulo a acusaciones de izquierdismo radical pasó a ser criticado por su “autoritarismo liberal”. Además, la OPL se sumió en una grave crisis interna al enfrentarse abiertamente los partidarios de Préval, decantado por la línea moderada, y un nutrido sector del ala izquierda cuyo caudillo natural no podía ser otro que Aristide. El cisma era imparable y en noviembre de 1996 el ex salesiano bendijo la creación de la Fanmi Lavalas (Familia Lavalas), partido personalista que debía allanar el terreno para su regreso a la Presidencia en las próximas elecciones. La Fanmi Lavalas se concentró en regatearle a la OPL, quedado bajo el liderazgo del veterano dirigente comunista Gérard Pierre-Charles, cuantas parcelas de poder pudiera y en segar la hierba a los pies de Préval” (Ortiz de Zárate 2022). 320 César Belan Alvarado Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 26, nº 56. Segundo cuatrimestre de 2024. Pp. 313-338. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2024.i56.14 representaron los conflictos entre las plataformas políticas que integraron Lavalas (especialmente la OPL), y las bases sociales que aseguraron el triunfo del movimiento (Velásquez Rivera 2021: 224). Todo esto se tradujo en una primera ruptura de esta histórica agrupación de izquierda: Aunque en el Parlamento la mayoría de la OPL apoyó al gobierno de Smarth, los parlamentarios partidarios de Aristide formaron el Grupo Antineoliberal, que a su vez influía sobre otros 24 diputados independientes (Silié 2000: 20). La escisión era imparable y en noviembre de 1996, el mes en que nació la primera de sus dos hijas, Christine, el ex presidente bendijo la creación de la Fanmi Lavalas (Familia Lavalas), partido personalista que debía allanar el terreno para su regreso a la Presidencia en las próximas elecciones (Ortíz de Zárate 2010: 20). Por su parte, Preval y Pierre-Charles compartieron la dirigencia de la OPL (ya llamada Organización del Pueblo en Lucha) el partido mayoritario y más importante dentro del movimiento Lavalas. Ambas organizaciones, a pesar de sus divergencias, pertenecerían al espectro de la izquierda latinoamericana, afiliándose incluso al por entonces naciente Foro de Sao Paulo. En el 2001 René Preval debió abandonar el poder para ceder democráticamente la presidencia a su sucesor. Ese año, en unas elecciones tachadas de fraudulentas por la oposición y muchos actores internacionales, Jean Bertrand Aristide se hizo por segunda vez de la máxima magistratura. A pesar del clima de descontento y las probadas simpatías de las autoridades electorales al caudillo izquierdista, se terminó aceptando su triunfo. En el segundo gobierno de Aristide –el primero en el que gobernó realmente– su sesgo ideológico emergió al punto de enceguecer su tarea de estadista. Como lo señalan Feldmann y Montes (2008: 247): “…su segundo término, sin embargo, estuvo caracterizado por desaciertos en el manejo económico, corrupción generalizada y gran represión en contra de las fuerzas de oposición política”. Asimismo, a pesar de la acuciante situación del país, su dependencia de la ayuda internacional y la ilegitimidad que se cernía sobre su figura, quiso consolidar su imagen utilizando una retórica mucho más antagónica contra EEUU y Occidente, calcando fórmulas previas a la caída del muro de Berlín. Por ejemplo, achacó el desastre financiero al “terrorismo económico de los gobiernos extranjeros”, e inició una serie de exigencias irreales y de fuerte acento demagógico como la devolución de veintiún billones de dólares americanos por parte de la República Francesa (dinero que fue otorgado por Haití en compensación a su exmetrópoli por todas las propiedades francesas confiscadas desde 1825 hasta 1947); y a la proclamación del vudú como “religión en pleno derecho”, con un estatus igual al catolicismo (Ortiz de Zárate 2010). 321 Jugando con fuego en un polvorín. La izquierda haitiana en el proceso de la consolidación y el declive de la izquierda latinoamericana (1991-2021) Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 26, nº 56. Segundo cuatrimestre de 2024. Pp. 313-338. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2024.i56.14 Por su parte, su actitud hostil, su incapacidad de negociación con las entidades mundiales (como el FMI), y su acercamiento al emergente fenómeno chavista y a Fidel Castro, hicieron que se comprometieran los subsidios internacionales de los que dependía la isla, agravando la ya oscura situación económica. Así pues, alrededor de 500 millones de dólares en ayuda internacional se congelaron durante su régimen (Velásquez Rivera 2021: 237). Las tensiones entre el FMI y la opinión pública internacional y el gobierno haitiano de Aristide, que incluyeron el condicionamiento de los préstamos y ayudas financieras a ciertas medidas económicas, fueron –y aún vienen siendo– etiquetadas como un “embargo internacional contra Haití” por la prensa cercana a Aristide y los sectores de la izquierda mundial. Se culpó a los organismos internacionales de buscar fundamentalmente debilitar al régimen de Aristide, al imponerle condiciones –muchas veces mínimas– sobre la ayuda monetaria, simplemente por el hecho de que la economía del país dependía únicamente del apoyo internacional (cerca del 100% del PBI de Haití viene de la ayuda foránea) (Belan 2019: 342). Como vemos, el viraje a la izquierda a Aristide, radical para los inicios del 2000, supuso su aislamiento internacional y el inicio de una crisis económica severa. Como señalamos en otra ocasión (Belan 2019), la imposibilidad de Aristide de adaptarse al nuevo esquema geopolítico de post-guerra fría y su personalismo causaron su ruina política, a pesar del enorme prestigio ganado por su gesta contra la Junta Militar, en los años 90. Aristide no caería en cuenta de la nueva situación en la que vivía, y siguió insistiendo en el discurso de la “conspiración neoliberal” y la victimización. La crisis económica del segundo gobierno de Aristide hizo proliferar la conformación de bandas –legado de los grupos armados paramilitares duvalieristas–, esta vez dedicadas a la extorsión y al narcotráfico. Algunas de ellas tuvieron una actuación política. En esa línea, el “ejército caníbal”, pandilla a órdenes de Amiot Métayer, gánster vinculado al narcotráfico y ligado al gobierno hasta que Aristide ordenó su encarcelamiento en 2002, cambió su nombre a Front pour la Libération et la Reconstruction Nationale (FLRN). Este grupo de origen delincuencial se uniría, luego, a algunos antiguos miembros del ejército desmovilizados por Aristide, unidos bajo la denominación Front pour l’Avancement et le Progrès Haitien (FRAPH). Ellos se enfrentaron a los paramilitares organizados por el propio Aristide: les chimères. La ofensiva militar del FRAPH desató una violenta confrontación y sembró el caos en el país: mientras los rebeldes avanzaban sobre Puerto Príncipe desde su base en la ciudad nortina de Gonaïves aterrorizando y saqueando, las fuerzas leales del presidente Aristide apoyadas por grupos paramilitares –los chimères–, cometieron toda clase de excesos en contra de la población civil. el sistema 328 César Belan Alvarado Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 26, nº 56. Segundo cuatrimestre de 2024. Pp. 313-338. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2024.i56.14 Martelly consolidaría su poder con un enfoque más personalista con la fundación de una nueva formación política, el Partido Haitiano Tét Kale (PHTK), en 2012, un año después de su elección (Haiti Libre 18-08-2012). El propio nombre del partido, “cabeza rapada o calva”, evidencia su estilo, oficialmente liberal de centroderecha, pero fuertemente orientado al protagonismo político de su fundador, Martelly, quien era apodado de esta manera. Frente al triunfo de Martelly, la izquierda latinoamericana, y en especial el FSP, tuvo una actitud ambigua y expectante, buscando establecer vínculos con esta fuerza “no alineada” para reconducirla a su espectro. En la declaración de Caracas, de 2012, se expresó lo siguiente con respecto a la gestión del exmúsico: Por ello, consideramos necesario el apoyo y el respeto al actual Gobierno del Presidente Michel Martelly, el cual ha destacado en sus esfuerzos y políticas para la reconstrucción de este país. La solución de los problemas esenciales, necesidades y prioridades de esta Nación, debe hacerse respetando, en todo momento, la soberanía, libre determinación e integridad del pueblo haitiano […] (Foro de Sao Paulo 2012a). Estas esperanzas se pudieron deber a que, como se reveló años después, parte de la campaña del presidencial ex-músico fue financiada por operadores chavistas relacionados a Petrocaribe: La ruta del dinero apunta también a la obra social de Leonel Fernández, ex presidente de República Dominicana; y al financiamiento de campañas de candidatos presidenciales como Michel Martelly, quien obtuvo la victoria en Haití en 2011, y de Alejandro Toledo, ex presidente peruano quien intentó retornar fallidamente al poder en los comicios de ese año (Alvarado y otros 2015: 3). A pesar de ello, el tan esperado giro político no se dio y algunas voces de la izquierda latinoamericana comenzaron a atacarlo, aunque tímidamente. El gobierno actual es encabezado por un presidente populista y demagogo, integrado por representantes de las antiguas dictaduras. Y se denuncia que con fondos de Petrocaribe se intenta privatizar la educación (Foro de Sao Paulo 2012b). La izquierda latinoamericana tenía por esas épocas, más bien, como objetivo fundamental el retiro de las misiones de la ONU y de las ONGs humanitarias, a quienes denunciaron –y aún denuncian– como «intervencionistas», «neocolonialistas» y culpables del «Capitalismo del Desastre, convirtiendo a Haití en el centro del negocio humanitario de la región» (Foro de Sao Paulo 329 Jugando con fuego en un polvorín. La izquierda haitiana en el proceso de la consolidación y el declive de la izquierda latinoamericana (1991-2021) Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 26, nº 56. Segundo cuatrimestre de 2024. Pp. 313-338. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2024.i56.14 7-08-2012); a pesar que su presencia era la única garantía para que la anomia no se apoderara del país, como ocurrió posteriormente. La gestión de Martelly se centró en hacer frente a la inseguridad y la crisis humanitaria. Sin embargo, su gobierno fue incapaz de hacer frente a los gravísimos problemas que arrastraba el país. No pudo paliar los estragos producidos por las catástrofes naturales y la inseguridad y faccionalismo que se vivía en las calles. Justamente, el destino de la mayor parte de los escasos recursos del gobierno se dirigió a combatir el crimen organizado, lo que dejó cada vez más postergados a cientos de ciudadanos que aún viven en campos de refugiados sin servicios básicos. Esto, paradójicamente, reforzó la inseguridad ya que, por efecto de la precariedad, muchos de estos habitantes pasan a conformar el grueso de las bandas armadas de delincuentes y narcotraficantes. Los recursos con los que contaba Haití provenían casi íntegramente de la ayuda internacional, tanto de la que proporcionaba EEUU y Francia, como la que ofreció Chávez desde Petrocaribe. Luego de finalizar su mandato, Martelly postuló a Jovenel Moïse, joven empresario agrónomo para que le sucediera. El candidato por Tét Kale cargó con el pasivo de la no tan brillante gestión de Martelly. Asimismo, el clima político se enrareció y los bloques antagonistas, sobre todo desde la izquierda, se opusieron fuertemente a su asunción al poder. En 2015, fecha de las elecciones, Moïse se enfrentó al, una vez más, candidato de centroizquierda, Jude Célestin, y lo venció. Como se dio en las últimas elecciones, el ausentismo electoral fue muy significativo y la oposición pretextó fraude. Se repitieron las elecciones en 2016 y Moïse ganó una vez más por escaso margen. Si Preval y Martelly tuvieron que hacer frente a los estragos del terremoto, Moïse debió enfrentar y gestionar la pandemia del COVID-19, que, sin embargo, se cobró en Haití tan sólo 780 víctimas, siendo uno de los países con más bajos estándares de mortalidad por esta enfermedad (El Economista 09-06-2021). A pesar de este relativo éxito, pronto debió enfrentar una algarada en las calles en 2021, promovida por sectores de izquierda y, en especial de la ultra izquierda de Jean-Charles Moïse, líder de la plataforma política radical Pitit Desalin. Este partido político, a pesar que tenía muy escasa representación política en el parlamento, se destacó en su retórica agresiva y confrontacional contra el gobierno. Jean-Charles Moïse es un político ligado a Maduro y Díaz Canel, y se considera un seguidor de Fidel Castro. La razón de las protestas fue el escándalo de corrupción sobre los fondos de Petrocaribe; que, supuestamente, habían ido a parar en los bolsillos de Moïse y Martelly (Antonin 2018b). La otra razón fue la suba de los combustibles, luego de que los subsidios chavistas se anularan. Posteriormente, la oposición discutió la duración del periodo presidencial de Jovenel Moïse, exigiendo su salida en 2021, y no en 2022 como alegaba el gobierno. 330 César Belan Alvarado Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 26, nº 56. Segundo cuatrimestre de 2024. Pp. 313-338. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2024.i56.14 Los disturbios tuvieron como antecedentes unos similares en 2018, en los que también se alegó la corrupción del régimen por el caso de Petrocaribe. La algarada no tardó en tomar forma de lucha de clases, y las masas agitadas atacaron y destruyeron vehículos y casas de las zonas más pudientes (Charles 2019). Las manifestaciones, iniciadas en febrero de 2019, fueron prácticamente continuas hasta el asesinato de Jovenel Moïse, en noviembre de 2021. Ni siquiera fueron apaciguadas por el terremoto ocurrido el 14 de agosto de 2021, que se cobró 2.248 muertos. Muchos ponen en tela de juicio el carácter espontáneo de los movimientos, tanto por su duración como por su extensión territorial, como su coordinación: La primera característica de este movimiento es su simultaneidad en puntos distantes del país, y su organización. Existe un debate en las redes sociales sobre si ha sido un movimiento espontáneo del pueblo enfurecido o si ha sido un movimiento bien preparado y dirigido. Contra la tesis de la espontaneidad juegan la buena organización y la enorme extensión territorial de los motines, junto con el hecho de que la mayoría de los blancos de los ataques parecían bien determinados de antemano. Aparte de algunos daños colaterales, las principales víctimas fueron las grandes tiendas, hoteles, concesionarios de vehículos, todos ellos pertenecientes a familias acaudaladas, en muchos casos descendientes de cristianos sirio-libaneses, así como sucursales de las compañías de teléfonos celulares. No se tocó ningún medio de comunicación, ni siquiera la Televisión Nacional de Haití (RTNH) (Antonin 2018a). Por su parte, los representantes de la izquierda internacional no tardaron en condenar a Moïse, Martelly y a Tét Kale, aunque la corrupción tenía como contraparte a los funcionarios venezolanos que fueron operadores y gestores de Petrocaribe. A pesar de ello, el FSP y el chavismo fue el que más destacó este escándalo de corrupción, justificando la insurrección –que tenía activa participación de bandas de narcotraficantes– y condenando “la represión a la protesta”: Los presidentes Michel Martelly y Jovenel Moïse fueron directamente impuestos por Washington […] Los escándalos de desviación de fondos de la ayuda internacional incluyendo a PetroCaribe detonaron un ciclo de protestas que venía potenciándose contra los gobiernos del Partido Haitiano Tèt Kale (PHTK), fundado por Martelly y garante de las corporaciones extractivistas estadounidenses y canadienses. (Foro de Sao Paulo 2021a). Para la izquierda latinoamericana organizada en el FSP, y la extrema izquierda haitiana representada por Jean-Charles Moïse, y los remanentes de las bases de Aristide, el escándalo de los petrodólares fue la oportunidad para hacerse con el poder, a pesar de lo peligroso que era optar por la rebelión en un escenario de total precariedad e inseguridad como el que vivía –y aún 331 Jugando con fuego en un polvorín. La izquierda haitiana en el proceso de la consolidación y el declive de la izquierda latinoamericana (1991-2021) Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 26, nº 56. Segundo cuatrimestre de 2024. Pp. 313-338. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2024.i56.14 vive– Haití. La crisis económica por el alza de los combustibles, propiciada por la propia política chavista, que decidió dejar de enviar los barriles pactados, también tuvo que ver con el descalabro social producido (Voz de América 17- 05-2019). Así pues, estos actores políticos animaron el turbulento escenario que, finalmente, se cobró la vida del propio presidente Moïse, asesinado por sicarios colombianos dentro de la propia casa de gobierno. Tan sólo después del magnicidio los representantes del FSP moderaron su discurso, condenando estos hechos (Foro de Sao Paulo 2021b). El crimen de Moïse, en un primer momento, fue atribuido a los líderes de bandas locales de narcotraficantes que, en la práctica, habían parcelado el país y lo controlan hasta ahora. Luego, se planteó que haitianos residentes en la Florida con “aspiraciones electorales” habían preparado el homicidio (Infobae 12-07-2021). No obstante, rápidamente se descartó esta hipótesis; luego empezaron a barajarse muchas versiones sobre sus móviles. El hecho de que participaran sicarios colombianos ha dirigido la atención, últimamente, a los líderes de izquierda. Es decir, a quienes sacarían, eventualmente, mayores réditos del hecho si no fuera por el caos generalizado en el que vive el país luego de la muerte de su mandato. Hablamos tanto de los sectores de ligados al chavismo y al mismo escándalo de Petrocaribe. Actores que fueron parte de la oposición radical que sufrió Moïse en los últimos meses en el poder. Así pues, la teoría más sólida apunta a que el propio Ariel Henry, actual primer ministro, y miembro del partido centroizquierdista Inite –fundado por René Preval–, estuvo involucrado en el magnicidio. Por ello, un juez de investigación penal haitiano ya ha comenzado una investigación en contra del mandatario (Kurmanaev 2022). El ex senador Joseph Joël John, representante de Inite, se ha declarado culpable en Miami del asesinato (Isaac y Morland 2023), y en la trama están involucrados elementos cercanos a ese partido, como el ex alto funcionario del ministerio de justicia y operador de inteligencia, Joseph Felix Badio (Rama 2021). Resulta también significativa las semejanzas entre este asesinato político y el operado en este año contra el candidato ecuatoriano Fernando Villavicencio, crítico de Rafael Correa, el chavismo y las mafias de narcotráfico relacionadas a su gobierno (BBC Mundo 10-08-2023). Luego de la revuelta y el magnicidio de 2021, el partido radical de izquierda Pitit Desalin, liderado por Jean-Charles Moïse, se negó a aceptar la creación de un concejo para la transición democrática (HTC), exigiendo su participación en el gobierno (Haití Libre 16-12-2022). A pesar de la anarquía generalizada, los elementos más radicalizados de la izquierda haitiana se opusieron a la normalización democrática, todo por aprovechar la “oportunidad política” que traía el vacío de poder. Es en esa coyuntura que Jean-Charles Moïse, cada vez más asociado con el régimen chavista, encabezó una movilización popular oponiéndose a la intervención militar extranjera a pesar de la inseguridad 332 César Belan Alvarado Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 26, nº 56. Segundo cuatrimestre de 2024. Pp. 313-338. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2024.i56.14 absoluta en Haití a causa del crimen organizado (TeleSur 17-10-2022), y amenazó con derrocar al primer ministro Henry. En medio de las protestas, Jean-Charles Moïse llamó a sus simpatizantes a “comprar machetes para hacer la revolución” (El Litoral 20-10-2022). La muerte del presidente Moïse, finalmente, ha significado la caída de Haití en la anomia. Sin gobierno a la vista, las bandas criminales se han hecho del control del país. La violencia se hace insoportable dentro de sus fronteras. “La Oficina Integrada de Naciones Unidas en Haití (BINUH) estima que los grupos criminales en Haití asesinaron a más de 2.000 personas entre enero y junio de 2023, lo que supone un aumento de cerca del 125% en comparación con el mismo periodo de 2022” (Cotrino y Sawyer 2023). La solución no se muestra cercana, y a pesar de la insistencia de la izquierda para evitar otra intervención que afecte la “soberanía” y refuerce una cultura “neocolonialista”7, la única posibilidad de salvación de Haití pasa por la intensificación de brigadas militares internacionales, sobre todo ante la escalada de tensiones con República Dominicana a propósito de la construcción de un canal que afectaría los intereses hídricos de ambas naciones (Haiti Libre 16-09-2023). A manera de conclusión Durante la transición democrática, la izquierda haitiana jugó un papel fundamental para la institucionalización del país y un tránsito a patrones constitucionales de gobierno. Apoyado por la comunidad internacional, el movimiento Lavalas, liderado por Jean-Bertrand Aristide, fue uno de los actores fundamentales en esa transición. Lavalas, temprano miembro del Foro de Sao Paulo y del movimiento de izquierda latinoamericana que nació luego del fin de la guerra fría, pronto caería en los errores que prometió corregir, impulsando una política personalista, corrupta y de represión contra los disidentes mediante la organización de hordas paramilitares. Su propio partido se quebraría en una facción más conservadora, liderada por René Preval, y que sería la raíz de la izquierda institucional en el isleño país. La política de Preval, por su lado, buscaría estabilizar Haití mediante la captación de ayuda internacional procedente tanto de los EEUU y Francia como del naciente bloque chavista, en forma de subsidios en hidrocarburos. En el mediano plazo esta política dio éxitos, sin embargo, sumió aún más Haití en la dependencia. 7 Es ese sentido es que la izquierda latinoamericana, y en especial el FSP, no deja de utilizar a Haití como un símbolo de la lucha de la descolonización, especialmente al recordar que fue el primer país latinoamericano en independizarse. Las celebraciones por el bicentenario de la independencia de Haití fueron una muestra de ello. Poco celebradas en el país, fueron ocasión para la utilización de esos tópicos. 333 Jugando con fuego en un polvorín. La izquierda haitiana en el proceso de la consolidación y el declive de la izquierda latinoamericana (1991-2021) Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 26, nº 56. Segundo cuatrimestre de 2024. Pp. 313-338. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2024.i56.14 Por otro lado, uno de los tópicos comunes de la izquierda latinoamericana congregada en el FSP fue el de la intervención imperialista norteamericana. El país arquetípico fue Haití, ocupado directa o indirectamente por los EEUU desde el siglo XIX. Sin embargo, y a pesar de su retórica, el proyecto chavista de expansión de influencia internacional incluyó a Haití como un posible estado satélite. La dependencia del combustible venezolano para el despegue del país caribeño y los acuerdos de Petrocaribe consolidaron el plan geopolítico de Chávez desde la segunda presidencia de Preval. Sin embargo, el viraje hacia una derecha populista representada por Martelly, Jovenel Moïse y Tét Kale, hizo tambalear esos acuerdos tan necesarios para la sostenibilidad democrática de Haití. La alianza de la oposición radical a Tét Kalé, en la figura de Jean-Charles Moïse con el chavismo en la versión de Maduro, impulsó numerosas protestas, muy probablemente organizadas y subvencionadas, que aprovecharon el clima de malestar generado por las propias medidas venezolanas dirigidas a limitar la entrega de combustible a una isla sumamente dependiente de esas ayudas. Además, se explotó la trama de corrupción que los dirigentes haitianos habían creado con los encargados chavistas de Petrocaribe. Finalmente, la muerte de Jovenel Moïse y el régimen de descontrol posterior al magnicidio impidieron el objetivo de las fuerzas de izquierda: la sustitución de ese presidente por uno más comprometido con los dictados ideológicos de su órbita, alguien como Jean-Charles Moïse. La injerencia del bloque de izquierda latinoamericana, de manera deliberada o poco calculada, ha agravado la ya sombría situación haitiana, ensayando levantamientos e insurrecciones en un país que está marcado por la miseria y es un polvorín de violencia e inseguridad. A pesar de ello, no cesan los llamados por parte de sus representantes y simpatizantes a acabar con el “capitalismo de la catástrofe” y el neocolonialismo en la versión “humanitaria”, mediante la expulsión de los representantes de los organismos internacionales y las ONGs que buscan poner algo de concierto en el país de Dessalines, L’Ouverture y Christophe. 334 César Belan Alvarado Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 26, nº 56. Segundo cuatrimestre de 2024. Pp. 313-338. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2024.i56.14 Referencias: Alvarado y otros (2015) Petrofraude. 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