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PATRIMONIO ARQUEOLÓGICO Y POLÍTICAS TERRITORIALES EN
ANDALUCÍA
TESIS DOCTORAL
DEPARTAMENTO DE PREH ISTORIA Y ARQUE OLOGÍA
Autora: Silvia Fernández Cacho
Directora: Maria Ángeles Querol Fernández
Tutor: Víctor Hurt ado Pérez
- Sevilla, marzo 2006 -
A mis abue los, que ya no están
A mis pad res
A Leo
“Viajando así por el territorio de Ersilia encuentras las ruinas de las
ciudades abandonadas, sin los muros que no duran, sin los huesos
de los muertos que el viento hace rodar: telarañas de relaciones
intrincadas que buscan una forma”
Las Ciudades Invisibles (Italo Calvino)
INDICE GENERAL
INTRODUCCIÓN 001
CAPÍTULO I
ALGUNAS CLAVES PARA EL ANÁLISIS, INTERPRETACIÓN Y ORDENACIÓN DEL
TERITORIO DESDE LA ARQUEOLOGÍA
1. Introducción 009
2. El enfoque nomológico/cuantitativo 014
3. El enfoque idealista /cualitativo 021
4. Consideraciones metodológicas 028
4.1. Las escalas del análisis 028
4.2. Terri torio, SI G y análisis cuanti tativ o 032
5. Conclusiones 041
CAPÍTULO II
EL PATRIMONIO ARQUEOLÓGICO EN LOS PLANES DE ORDENACIÓN DEL
TERRITORIO
1. Introducción 049
2. El Patrimonio Arqueológico como objeto de
planificación territorial 052
2.1. Justi ficación y objeti vos 052
2.2. Normativa internaci onal 056
2.2.1. Documentos relati vos al Paisaje 056
2.2.3. Documentos relati vos al Patri monio Histórico 061
2.2.3. Documentos relati vos al Patri monio Arqueológico 063
2.3. El marco legisl ativo andaluz 066
2.4. Algunas experi enci as nacional es e internacio nales 070
3. El Patrimonio Arqueológico en las Bases y Estrategias del
Plan de Ordenación del Territorio de Andalucía 077
4. El Patrimonio Arqueológico en los Planes Subregionales
de Ordenación del Territorio 085
4.1. Plan de Ordenación de l Territori o del Poniente
Almeri ense 085
4.2. Plan de Orde na ción del Territori o de la Aglomeración
Urbana de Granada 097
4.3. Plan de Ordenación del Territ or io de la Si erra de Segura 110
4.4. Plan de Ordenación del Terr itorio de la Bahía de Cádiz 119
4.5. Plan de Orde na ción del Terr itorio del Ámbito de
Doñana 130
5. Conclusiones 134
CAPÍTULO III
EL PATRIMONIO ARQUEOLÓGICO EN EL PLANEAMIENTO
MEDIOAMBIENTAL
1. Introducción 145
2. Patrimonio Arqueológico y Medio Ambiente 147
2.1. Razones para una di cotomía i nexistente 147
2.2. Patri monio Arqueológico y M edio Ambi ente en la
normativa internaci onal 157
2.3. Los Espacios Natural es Protegid os como lugares
privil egiados para la actuación admi nistrati va coordi nada 161
3. El Patrimonio Arqueológico en los Planes de Ordenación
los Recursos Naturales y en los Planes Rectores
de Uso y Gestión 165
3.1. Protección y documentaci ón 168
3.2. Conservación y restaur ación 178
3.3. Puesta en valor, uso y/o difusión 181
3.4. Investig ación 185
3.5. Educación 187
4. El Patrimonio Arqueológico en los Planes de Desarrollo
Sostenible 190
5. Conclusiones 200
CAPÍTULO IV
ANÁLISIS ARQUEOLÓGICO PARA LA PLANIFICACIÓN TERRITORIAL I:
ALGO MÁS QUE INVENTARIOS
1. Introducción 217
2. Registros de entidades arqueológicas y planificación
territorial 219
2.1. El marco legisl ativo 219
2.2. Plani ficación del registro 225
2.2.1. Función 225
2.2.2. Enti dades registradas 226
2.2.3. Locali zación de l as entidades 235
2.2.4. Contenidos bási cos y manteni miento 239
3. El tratamiento de la información arqueológica para la
planificación territorial 244
3.1. Introducción al análi sis de la información del REA 244
3.2. Análi sis del grado de reconocimi ento del terri torio 248
3.3. Sistemas de valoraci ón de entidades arqueológi cas 287
3.3.1. Característi cas y objetiv os 287
3.3.2. Ejemplos de sistemas de v aloración 291
3.3. 3. Un caso p ráct ico: va lora ción de las entida des
arqueológi cas de la Bahía de Algeciras 298
3.4. Análisis de densi dad de enti dades arqueológi cas 313
3.5. Redes de sitios arqueol ógicos 318
3.5.1. Introducci ón a las redes 318
3.5.2. Redes de sitios arqueol ógicos 319
4. Conclusiones 327
CAPÍTULO V
ANÁLISIS ARQUEOLÓGICO PARA LA PLANIFICACIÓN TERRITORIAL II:
ESTUDIOS PAISAJÍSTICOS, CARTAS DE RIESGO Y MODELOS PREDICTIVOS
1. Introducción 339
2. Integración de variables culturales y naturales en el
análisis arqueológico para la planificación territorial 342
3. Estudios paisajísticos 346
3.1. Paisaje, Arqueologí a y ordenación del territori o 346
3.2. Paisajes arqueológi cos 354
3.2.1. Clasificaci ones de paisajes 354
3.2.2. Caracterizaci ón de los paisajes arqueológi cos 358
3.3. Criteri os de i ntervenci ón pai sajística desde el punto
de vista arqueol ógico 366
3.4. La Arqueol ogía en l os proyectos integral es de gestión
paisají stica 371
4. Cartas de riesgo 373
4.1. Caracterís ticas y objeti vos 373
4.2. Experi encias i nternacionales 376
4.3. Medi ci ón del riesgo y Patri moni o Arqueol ógi co en
Andalucía 387
5. Modelos de predicción arqueológica 390
5.1. Caracterís ticas y objeti vos 390
5.2. Experi encias i nternacionales 399
5.3. El Modelo Andaluz de Predicci ón Arqueológica 413
6. Conclusiones 419
CAPÍTULO VI
CONCLUSIONES: ESTRATEGIAS DE GESTIÓN PARA LA PLANIFICACIÓN
TERRITORIAL DEL PATRIMONIO ARQUEOLÓGICO
1. Introducción 425
2. Oportunidad de un Plan Territorial de Patrimonio
- Introducción -
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Propósito
La Arqueología como di scipli na científica ha experi mentado
importantes cambi os conceptuales y metodológicos a lo
largo del siglo XX , que han afectado de forma cr ucial a su
objeto de estudio. Del interés por los objetos singulares, casi
siempre producido por y para las élites sociales, se pasó al
análisis de sitios arqueológi cos complejos, y con ellos del
urbanismo antiguo , las relaciones sociales , la demografía , los
intercambios , las prácticas funerari as, los modos de vida,...
Es a partir de los años 1970, un decenio más tarde en España ,
cuando v uelve a cambiar la orientación de la disciplina , que
empieza a int eresarse por las relaci ones Intergrupales en
marcos territ oriales cada vez más ampli os. Las herramient as
de análisis se refinan , se adoptan métodos de análisis
geográfico y se generali za el uso de la informáti ca y su
capacidad de pro cesami ento de dato s.
En la actuali dad, en una sociedad ca da vez más
preocupada por el efecto de sus propias acci ones sobre el
planeta, la Arqueología centra también su atención en las
relaciones entre los grupos humanos y el medio físico, y en la
huella que esta interacción ha dejado en el medi o ambiente.
Por otra parte , los restos arqueológicos han sido considera dos
legalmente como Patrimonio de la sociedad , con
INTRODUCCIÓN
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independenci a de su monumentali dad o característi cas
estéticas, y es la sociedad a través de sus In stituciones la que
define los criterios para su gesti ón.
La re alid ad d el P atrim onio A rqueo lógic o an da luz muestra, sin
embargo, la ca ra y la cruz de una misma moneda . Lugares
tan conocidos como Baelo Claudi a, Medina Azahara, la
Alhambr a o Itálica, entre ot ros, han sido protegidos,
inve stig ad os, con serva do s y, q uizá lo m ás im por tante,
devuelto s a la sociedad para su disfrute cult ural, lúdi co,
estético y económico. Al mismo tiempo , un riquísimo legado
disperso por toda la regi ón, tanto en ámbitos rurales como
urbanos, ha sufrido e n los últimos decenios la fuerte presi ón
de un crecimiento económico qu e se ha reflejado en nuestro
territorio en forma de grandes i nfraestructur as, urbani zaciones
turísticas y residenci ales, conurbaci ones, agricultura intensiva,
etc. Las consecuencias del expolio arque ológico también se
ha dejado senti r con fuerza y , a pesar de los import antes
esfuerzos reali zados para controlarlo medi ante la aplicaci ón
de medidas legi slativas y la impli cación de los cuerpos y
fuerzas de seguri dad del estado , sus efectos , lejos de
convertirse en un hecho resi dual, siguen constit uyendo un
problema de primera magnitud.
Las sociedades más modernas y maduras se car acteri zan, sin
embargo, por su capaci dad para ant eponerse a las
situaciones de riesgo y prever las consecuenci as perniciosas
derivadas tant o de procesos naturales , más o menos
catastrófi cos, como de la a ctividad huma na. Y es la pérdida
irreparable del patrimoni o de una sociedad (sea este natural,
cultural o paisajísti co) una de las conse cuencias más grav es
de la imperfección de las políticas preventiv as de las que se
arma como escudo protect or y garantía de salvaguarda de
su legado histórico.
E n l a ú l t i m a d é c a d a s e h a r e a l i z a d o u n a i m p o r t a n t e l a b o r
diri gida a la arti culación de program as de Arqueología
urbana, la aplicaci ón de nuevas tecnologías para la gestión
de la in for ma ción ar que oló gic a, la difusión de los result ados
de las investigaci ones subvenci onadas por la Junta de
Andalucía , la redacci ón del Reglamento de Activi dades
Arqueológicas, etc. El futuro i nmediato debe gi rar en torno a
la rentabilizaci ón del trabajo reali zado mejorando su
aplicación efectiv a y, sobre todo, diseñando una política
preventiv a más eficaz .
La especial vulnerabilidad del Patri monio Arqueológico
requiere, además , el concurso de v arias admini straciones
públicas a t odas las escalas com petenci ales para que t enga
éxito: la coordinaci ón interinstituci onal, la cooperaci ón con
las admini straciones locales y la relaci ón franca y abiert a con
los centros de inv estigación, pueden ser, en este context o, las
priori dades de la administración cult ural en los próximos años .
Por otra parte, no existe aún la conciencia social de que el
Patr imo nio Ar que ológi co e s un re cu rso d e la c iud adanía y l a
mejor forma de comunicar esa idea es transmitiendo el
compromiso de los poderes públicos en su conserv ación para
el uso y disfrut e del conjunto de la soci edad.
Pero la complejidad de los procesos que se desarrollan en el
territorio hace que la necesaria prev ención y valorización del
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Patrimoni o Arqueológico tienda a integrarse en los planes
que abordan su ordenación de forma integral. La Ley de
Ordenación del Terri tori o de Andalucía (1999), est ablece
entre sus objeti vos específicos la ar monización de las
actividades y los usos del suelo, el desarrollo económico y la
protección del Patrimonio Histórico. Sin embargo, la
impli cación de la administraci ón cultural en la planificaci ón
territorial es aún insuficient e, quizá porque aún carece de los
criterios ópti mos para ejercer sus competencias
trascendiendo el an álisis de los bi enes individuales y su
entorno inmediato.
Lejos de un modelo de desa rrollo que se rev ela insostenible y
del conservaduri smo a ultranza, la única sali da válida parece
situarse en la planificación territorial y en la colaboración
interinstitucional, de manera que los procesos de cambio en
el territorio s e ajusten a determ inadas es trategias de
desarrollo que garanticen el equilibrio territorial y la
conservación de los recursos nat urales y culturales.
En base al diagnósti co anteriormente expuesto, en materia
de Patri monio Arqueológico se hace ne cesario pot enciar los
sigui entes aspectos de la políti ca cultural :
1. Incremento y cualificación del conocimiento del
Patr imo nio Ar que ológ ico and alu z. El de scono cim ien to d e la
verd ad era d ime nsió n te rr itor ial de l Pa trim onio A rque oló gico
de la comunidad aut ónoma no permite la anticipación a sus
procesos de deteri oro, debido tanto a factores nat urales
como a factores humanos, que ponen en riesgo su propia
inte gr ida d fí sic a.
2. Colaboración con los Centros de Investigación ,
especialmente las Universidades andaluzas. En los últimos
años se ha detectado un di stanci amiento ent re la labor de
investigación universitaria y la gestión públi ca en materia de
Patrimoni o Arqueológico. La colaboración más estrecha
puede ayudar a rentabi lizar esfuerzos en t orno al objetivo
co mún de la pr ese rvac ión del Pa trim on io a nd alu z.
3. Cooperación con las administraciones locales , a trav és de
las corporaciones muni cipales o las mancomunidades de
municipios. Son los propi os agentes locales los mejores
conocedores del P atrimonio Arqueológico de su munici pio y,
sin embargo, a menudo adolecen de cri teri os técnicos para
documentarlo o intervenir sobre él, incluso disponiendo de la
necesaria fi nanciación a trav és programas europ eos. La
cooperación en este ámbito es im pre sc ind ible par a a cerc ar
la política de bienes culturales a la ci udadanía, canalizando
sus propuestas y tomando en co nsideración sus i nquietudes.
4. Diseño de una política preventiva i ntegral , t an t o en
ámbitos rurales como urbanos . Es necesari o potenciar la
redacción e im plementación en el planeamiento urbanístico
de las cartas de ri esgo que ya realiza la admi nistración
cultural. Del mismo modo , hay que integrar de for ma más
clara el Patrimonio Arqueológico en los planes de orde nación
del terr itori o y en los planes y actu aciones c on incidenc ia en
la o rde nac ión te rr ito rial, tanto a es ca la re gion al com o
subregional. La Consejería de Cultura carece de criterios
consolidados en la delimit ación de áreas culturale s
asociadas a medi das tanto preventiv as como de v alorización
e n e l c o n j u n t o d e s u t e r r i t o r i o . S e h a c e n e c e s a r i o p o r e l l o e l
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diseño de un Plan Territo rial del Patrimonio A rqueológico (o
His tór ico ) qu e fac ilit e la inte gra ci ón d e cr iter ios c ult ura les en
la planificación territori al diseñada por otras admini straciones.
5. Coordinación en políticas territoriales horizontales con
incidencia en la tutela del Pa trimonio Ar queo lóg ico. Desd e la
Consejería de Cultura se pueden impulsar vías de
coordinación con otras Consejerías de la Junta de Andalucía:
• Con la Consejería de Obras Públicas en materia de
planeamie nto urban o y ter ritorial, sea este inte gral o
sectorial.
• Con la Consejería de Medio Ambiente en la planificación
de los espacios naturales prot egidos.
• Con la Consejería de Agricultura a través de su
pla nif ica ció n se cto ri al, sobre t od o es tabl ec iend o me did as
concretas en zonas de cambi o de uso y/o implantación de
técnicas agrícolas es pecialmente agresiv as.
• Con la Consejería de T urismo y Deportes, coordinando
esfuerzos en aquellas zonas de t urismo alternativo en la que
el aprovechamiento de los recursos culturales endó genos
sea una alternativa para el desa rrollo.
En este momento podría decirse que el desencuen tro entre
los objetivos de preservación del Patrimonio y las dinámicas
territoriales supone una important e amenaza para su
integridad pero también nuevas posibili dades de uso y
disfrute. En efec to, la ampliac ión del objeto de estu dio
arqueológico haci a áreas cada v ez más extensas y la
aceleración de los procesos de intervención en el territorio
hacen muy di fícil conjugar la s expectativas de qui enes
entienden que la conservación del Patrim onio es una
garantía de crecimi ento sostenido en el tiempo, y de quienes
asocian el desarrollo económico a compl ejas actuaciones
territoriales que tienen en la mejora de las infraestructuras y
en la expansión inmobiliaria su pri ncipal fundamento.
Paralelamente se está produciendo un fenómeno nuev o: la
movilidad de personas y recursos en torno a la indust ria
turística. Las estimaciones de i ncremento del turismo mundi al
aumentan considerablemente y, con él, la diversificación de
este importante sector económi co. En el contexto de un
m u n d o c a d a v e z m á s g l o b a l i z a d o , l a b ú s q u e d a d e l a
autentici dad, de las señas de identidad so ciales y t erritori ales,
se revela como un poderoso atractivo y un important e
activo.
La Consejería de Cultura ha de jugar en adelante un papel
decisiv o en este proceso, para lo que se hace necesaria una
reconsideración de sus objet ivos y procedi mientos de t rabajo.
También debería disponer de los presupuestos y del personal
técnico adecuado aunque, para obtenerlos, tendrá que
convencer de la efi cacia de su gestión y de los benefici os
económicos, soci ales y cult urales que comporta. El cambio
puede resultar más lent o de lo que sería desea ble pero,
teniendo en cuenta la evolución que en esta materi a ha
caracterizado a los países europeos más avanzados, es
conveniente prepararse para nuev os modelos de gestión que
tend rá n en l a pl anif icació n te rr itor ial c oo rdi nad a s u bas e má s
sólida.
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Ante un Patrimonio Arqueológico ingente como el de
Andalucía, solo el esfuerzo coordinado es garant ía de éxito.
Establecer los criteri os de partida desde la propia
administraci ón cultural y trabajar en común para aprov echar
las sinergias de las políticas territoriales es el mayor y más
ilusionante desa fío de futuro .
Estructura
El resultado de esta i nvestigación se ha estruct urado en seis
cap ítul os. Tod os e llos inco rpo ran al inic io un e squ ema de su
contenido y finalizan con un ap artado de conclusiones , que
pasa a ser de reflexión fi nal en el Capítulo VI.
Se h a pa rtid o d e do s co nsid erac ion es b ási ca s in icial es qu e
han sido apoyadas en la normativa internacional:
1. E l P a t r i m o n i o A r q u e o l ó g i c o h a d e s e r o b j e t o d e
ordenación del t erritorial , como recurso territorial finito
y no renovable. La A rqueología ya no sólo se centra
en e l an ál isis de l pa sad o s ino ta mbié n en l a ge stió n d e
los restos de ese pasado en el presente.
2. Los bienes integrantes del Patri monio Arqueológico
forman parte del medi o am biente, no como objetos
ai slad os en el ter rit ori o si no con m últ ip les co nex io nes
con otros elementos del sistema territorial.
A partir de estas premisas, en el Capítulo I se ha presentado
de forma suci nta un panorama de los aspect os clav e que
han caracterizado los estudi os territoriales desde el punto de
vista arqueológico y se han relacionado con los de otras
disciplinas que también ti enen en el territorio su objeto de
estudio y que están impli cadas en su ordenación . Se ha
tratado así de expo ner los presupuestos sobre los que se
basan los análisis, diagnósticos y propuest as que se realizan
en capítulos posteriores.
En el Capítulo II, tras algunas reflexiones en t orno a la
con sid era ción del Pat rimo ni o A rqu eol ógic o c omo ob je to de
ord ena ció n ter ri tor ial, se ana liza su inte gra ció n en los Pl anes
de Ordenaci ón del Territori o, tanto de ámbito regi onal como
subregional. A escala regi onal se ha examinado el Plan de
Ordenación del Terri torio de Andalucía, actualmente en fase
de info rma ción púb lic a y cuyo d ocu mento de Bas es y
Estrategias publicó la Consejería de Ob ras Públicas en 1999. A
escala subregional, se han co nsiderado aquellos planes que
ya están aprobados y, por lo tant o, vigentes y que afectan al
poniente almeri ense, la aglomeración urbana de Gra nada, el
ámbito de Doñana, la Bahía de Cádiz y la Si erra de Segur a.
T r a s e l a n á l i s i s d e c a d a d o c u m e n t o , s e i n c o r p o r a n u n a s e r i e
de tablas en las que se han incluido aquellos aspectos
concretos de los planes que afectan di rectament e al
tratamiento del Patrimonio Arqueológico.
El análisis del planeamient o medioambient al se ha realizado
en el Capítulo III. En este capí tulo se ha tratado la estrecha
relación entre Patrimonio A rqueológico y medio ambiente y
la necesidad de art icular medidas de preserv ación comunes ,
a pesar de que la gestión administrativa se desarrolle en la
actualidad en ámbi tos competenciales diferent es.
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Posteriorment e se han comentado los aspe ctos más
destacados del tratamiento del Patrimonio Arqueológico en
los Planes de Ordenaci ón de los Recursos Naturales, los Planes
de Rectores de Uso y Gestión y los Planes de Desarrollo
Sostenible de los Parques Naturales andaluces , ámbitos
territoriales sobre los que se ha centrado fundamentalmente
la inves tigac ión e n e ste ca pítu lo. Pa ra c ompl etar esta visión,
se ha realizado un estudio de la información patrimonial en
los Centros de Recepción de Visitantes y en la Red de
Senderos de los parques , con el fin de presentar una
aproximación a la di fusión que los valores culturales ,
especialmente arqueológicos, ti enen en estos espacios
protegidos.
En los Capítulos IV y V, se muestran diversos tipos de análisis
arqueológico especialmente úti les para el diseño de
estrategias t erritoriales de gestión del Patrim onio
Arqueológico. En el primero de ellos, se hace especi al
hincapié en los que se basan casi exclusiv amente en el
mantenimiento de un regi stro de enti dades arqueológi cas
cualificado y actualizado. Aunque la utili dad de est e tipo de
instrumentos pare ce fuera de duda, en muchos casos el
diseño de complejos sistemas de regist ro no lleva apareja do
un e sf uer zo s oste nid o par a l a cu alif icació n d e l a inf or mac ión
sobre el que se basa, en definitiva, su verda dero valor. No por
sabido es menos preciso i ncidir en la idea de que este ti po de
registros es la base de la gesti ón patrimonial, y que la
alternativa a su existencia es la contin uidad de una prácti ca
admini strativa asentada sobre a ctuaci ones puntuales poco o
nada planificadas , orientadas hacia det erminados objetos-
insignia y a merced de las preferencias, más o menos
fundamentadas , de quienes tienen capaci dad de de cisi ón.
Variables de análisis territorial más complejas se i ntegran en
las propuestas de análisis presentadas en el Capítulo V. La
consideración del paisaje tiene en este capítulo una doble
vertiente. Por una parte existen pai sajes singulares que
pueden identificarse , delimitarse y caracterizarse desde una
perspectiva de fuerte conteni do arqueológico. Pero existen
otros que, sin tener esta consi deración, albergan un
impor tante P atrim onio Ar queo lógico, cuyo estu dio e s cr ucia l
para conocer su ev olución y para int ervenir sobre ellos con la
sufici ente solvenci a. Ambos aspectos serán en el futuro líneas
de desarrollo disci plinar fundament ales en el contexto de la
ge stió n pa trimon ia l.
Tanto en los est udios pai sajísticos, como en los di rigidos a
preveni r los principales riesgos que p ueden afectar al
Patrimonio Arqueológico o a la delimitación de áreas de
potencial arqueológico, la integración de variables del
medio físico , de los usos del suelo, de los procesos territ oriales,
etc., exigen un mayor esfuerzo en el desarrollo de líneas de
trabajo interdisci plinares y una mejor co ordinación ent re
instituciones, tanto de diferentes ámbitos competenci ales
(medio ambient e, obras públicas, agricultura, turi smo, cultura,
etc.) como espaciales (regionales, comarcales, locales) y,
además, con los centros de investigaci ón.
Como conclusión , en el Capítulo VI se defiende la necesi dad
de diseñar un Plan Territorial del Patrimonio Arqueológico . E l
Plan tendría como objetivo básico tanto la planifi cación de
las propias actuaci ones territoriales de la Conse jería de
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Cultura, como la elaboraci ón de crit erios y di rectri ces para la
inte gra ció n d el Pa trim onio Ar qu eológ ico en l a pl anif ica ció n
territorial de otras admi nistraciones, fundamentalment e la
Consejería de Medio Ambiente y la Consejería de Obras
Públicas y Transportes.
Agradecimientos
Recibir el apoyo de det erminadas persona s e instituciones en
un trab ajo como el que a quí se presenta r esulta, a veces, tan
impo rta nte como e l pr opio esf ue rz o de quie n lo re aliz a.
En primer lugar, quiero expresar mi agradeci miento a D.
Victor Hurt ado Pérez , tutor de est a Tesis, y a Dña. Mari a
Ángeles Querol Fernández que la ha diri gido. Al primero me
une una larga amistad que se forjó durante intensas
campañas de excav ación arqueológi ca que fueron mi mejor
escuela de Arqueología. En el caso de la Dra. Querol esta
relación no exi stía cuando me recibi ó en su casa y ace ptó de
inmediato di rigir mi pro yecto de te sis. Después de aquel
encuentro, sólo puedo decir que superó con creces mis
expectativas y que ha sido un verdadero placer conv ersar,
discutir y aprender co n ella.
Mi im pl ica ció n en l a g est ión d e Pa trim onio pr oc ede del
trabajo que he veni do desarrollando en el Instituto Andaluz
de Pa trimo nio H istó ric o de sde e l año 199 4. Es ta vinc ula ció n
profesional ha supuesto un estímulo constante para la
renovación de mis conocimientos y, lo que es más
importan te, para su apl icación pr áctica.
He recibido un i nestimable apoyo, también, del Grupo de
Investigación al que pertenezco desde 2002, Atlas. T erritorios
y Paisajes de la Prehistoria Reciente de Andalucía
Occidental , del Departamento de Prehistoria y Arqueología
de la Universidad de Sevilla. Graci as a él he dispuesto de
cobertura i nstituci onal y ayuda financi era para los
desplazamientos que he tenido que re alizar a lo largo del
desarrollo de este t rabajo.
Entre estos desplazami entos destacan dos estancias de
investigación que he di sfrutado en París, invitada por el
profesor D. Xavi er Greffe de la Universi dad de París I-Sorbona
al que quiero agradecer su amabilidad.
También quiero expresar desde estas primeras páginas mi
agradecimiento a D. Pedro Salm erón Escobar, con el que me
sumergí en un trabajo sobre pai sajes culturales, junto con un
nutr ido y c ualif icado gru po de profe sion ale s, que h an
enriqueci do mi visión del territ orio y de la responsabi lidad de
las administraciones públi cas en el mantenimiento de sus
valores. Sus comentarios y sugeren cias sobre algunos
aspectos de e sta investi gación sin duda han mejorado
sustancialment e sus planteamientos iniciales.
Muy estimulantes fueron, así mism o, las opiniones del profesor
D. David Wheatl ey, de la Universidad de Southampton, con el
que tuve la oport unidad de discuti r algunas de las propuest as
que en ella se plantean. Del mismo modo, me resultaron de
gran utilidad las orientaci ones que me planteó el profesor A.
Hildenbrand Scheid, de la Universidad de Sev illa, y las
referencias faci litadas por D. Gonzalo Acosta Bono de la
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Consejería de Obras Públi cas y Transport es de la Junta de
And al u cía .
Otras personas han i nfluido de cidi damente en la reali zación
de esta investig ación. Entre ellas se encuentr an Anton io
García Car mona, que a ctuó como d etonante, José Luis
García Valdivia, que dedicó horas de su ti empo para
facili tarme el trabajo , Nieves del Coso, por su compañía
durante algunos de mis desplazami entos , A lberto Ber nárdez e
Isabel Guzmán por su ayuda en mi s pesquisas bibli ográficas y
Rain ier o B agl ion i, Luis Mar tíne z M ont iel y Jo sé M ar ía R odr igo
Cámara por su int erés y útiles sugerenci as. Junto a ellas, se
encuentran mi familia y mis amistades más cercanas, que
han perdonado mi alejamiento durante los últi mos años y me
han ofrecido siempre su apo yo.
Pero el principal respaldo lo recibí ant es incluso de concebir
el tema concreto de investigación. Aunque concluí mis
estudios universitarios en el año 1990 y obtuve el Grado de
Suficiencia Investigadora en 1994, pasaron casi 10 años hasta
que tuve la certeza de que era el momento de cerrar el ciclo
académico con la reali zación de la Tesis Doct oral. Durante
todos esos años fue sobre todo Leo quien mantuvo vivo ese
deseo y quien desde entonces me ha alentado para que no
abandonara mi objetivo , a pesar de que otros empeños
profesionales ocuparan la mayor parte de mi tiempo y a
cambio de sacrifi car, en gran medida, el nuestro.
Sevilla, 4 de marzo de 2006
- Algunas clav es epistem ológi cas -
- 9 -
En los últimos decenios la sociedad andaluza está asisti endo
a un proceso acelerado de ocupación del suelo p ara usos
urbanos, residenci ales e industri ales que están cambi ando la
fisonomía de terri torios y paisajes cara cterísti cos de forma a
menudo irrev ersible. En un modelo de desarrollo que no se
está distinguiendo por su sost enibilidad, los recursos
territoriales se ven sometidos a una presi ón y
sobreexplotación que pone en evidente riesgo el equili brio
medioambiental. Ante esta situaci ón, se han diseñado
políticas territor iales tendentes a or denar los u sos del suelo, a
proteger aquellos espacios que han mantenido unas
co ndic ion es de equil ibrio ó pt ima s y a fom enta r a que llo s
aspectos que más y mejor revierten en el desarrollo sost enible
y distribuido del territo rio.
El Patr imo nio A rqueol ógic o ( PA) co nstit uye u no de lo s
recursos territ oriales más afectados por la inadecuada
gestión del medio y, si n embargo, su integraci ón en los
documentos de planificaci ón territorial no es todo lo eficaz
que cabría esperar en función de los pot enciales riesgos a los
que está someti do. En la actualidad di cha i ntegración no
e s t á g e n e r a l i z a d a y , c u a n d o s e p r o d u c e , n o s i g u e u n o s
estándares normalizados en el conjunto de la comuni dad
autónoma an daluza. Los objetivos bási cos de esta
investigación son, pues, analizar los planteami entos teóricos
que sustentan los procesos de conocimiento y plani ficación
territorial, las consecuencias y efectos que tienen sobre el PA
y la elaboración de propues tas para su i nserción en los
procesos derivados de las políti cas de ordenación del
territor io.
Aunque las propuestas planteadas sean de índole
fundamentalmente técnica, el hecho de realizar un análisis
territorial sobre unas entidades (las arqueológicas) que ti enen
una clara dimensión espaci al, plantea la pertinencia de
presentar una previa aproximación a los referent es teóricos
CAPÍTULO I
ALGUNAS CLAVES EPISTEMOLÓGICAS PARA EL ANÁLISIS, INTER PRE TACIÓN Y ORDE NACIÓN DEL TERRI T ORIO DESDE LA ARQUEOLOGÍA
1. INTRODUCCIÓN
ESQUEMA:
1. Introducción
2. El enfoque nomológi co/cuantitativo
3. El enfoque idealista/cualitativo
4. Consideraciones metodológicas
4.1. Las escalas del análisis
4.2. Territorio, SIG y análisis cuantitativo
5. Conclusiones
- Silvia Fernández Cacho -
- 10 -
desde los que se han abordado los est udios territoriales por
las diversas di sciplinas cient íficas que tienen como objet o de
estudio ya sean las sociedades del pa sado como las del
presente y su relación con el medio. Esta aproximación
aportará las bases epi stemológicas fundamentales en las que
se basará esta investi gación, tanto en la formulació n de
propuestas previ as como en los análisis posteriores. Es
imprescindible, pues , presentar someramente los pri ncipios
teóricos y metodológicos que ori entan de forma más
significativa los est udios territori ales y su influencia en las
distintas met odologías de análisis planteadas para situar est e
trabajo dentro del cont exto ge neral del conocimiento en el
que se insert a.
El anális is d el territor io, entend ido este tanto d esde una
acepción semánti ca restrictiva (espacio físico que confi gura
el ámbito polít ico de control d e los integr antes d e una
comunidad humana det erminada) co mo desde una
perspectiva más am plia (espacio físico ant ropizado), es
abordado desde di ve rsas disciplinas ci entíficas (Geografía,
Ecología, Arqueología, A r quitectura, A ntropología,
Sociología, Psicología, etc.) co n miradas muy parti culares y
diferenciadas. Si n embargo, en el conjunto de estas
disci plinas, destaca tradi ciona lmente la Geograf ía que ha
aportado conceptos y métodos f undamentales en el
desarrollo de los est udios territoriales en general y los
relacionados con el tema del presente trabajo en particular.
Esta ap ortación ha si do posterio rmente rec iclada, adaptad a
y completada, a menudo a través de contribuci ones
originales específi cas , por el resto de las discipli nas científicas
configurando armazones teóricos y metodológicos más
adecuado s al objeto particular de estudio de c ada una de
ellas.
Así pues, en general, podría decirse que en la actualidad la
ordenación del territorio y la gestión medioambiental son
campos profesionales vinculados fundamentalmente a la
Geografía, mientras el urbani smo está comparti do entre esta
disci plina y la Arquitectura. Por ot ra parte, es en muchas
ocasiones a trav és de los crit erios y análisis de la Geografía en
el marco de la orde nación del territ orio a diversas escalas
espaciales, que se organizan , integran y articulan las distintas
aportaciones y propuestas sectori ales en los documen tos de
de pla nific ación terr it oria l, con el fin de obtener un mejor
aprovechami ento de las potenciali dades del te rritorio y la
distribuci ón más racional y eq uilibrada de los r ecursos
disponi bles.
En contraposición , la integración superficial de los estudi os
patrimoniales en los planeamient os territoriales, tanto a
escala municipal como supr amunicipal y regional es
sup erf icia l. Lo s b iene s in tegr ant es d el P atr imon io H istó ric o-
Cultural (PHC) se incluyen en los docume ntos de
planificación como un mero i nventario de objetos a proteger
a través de unas det erminaciones de plane amiento
normalmente muy generales. Esta tendencia es la
consecuencia de dos factores fundamentales:
1. Desde la Geografía y la Arquitectura no se profundiza
e n l a e s c a l a t e m p o r a l d e a n á l i s i s d e l t e r r i t o r i o . E l P H C
aparece como un elemento más del mismo sin tener
en cuenta que está en el territor io y es también el
- Algunas clav es epistem ológi cas -
- 17 -
asentamientos, en la que ya el objeto de estudio no es el sitio
arqueológico singular , sino la estructura socioeconómica que
evidencia su distribución espacial ( Trigger, 1992: 26 6; Alcina,
1989: 158 ).
La defensa que de sde la Ecología Cult ural se hizo del
carácter nomológi co de las cienci as soci ales, propició el
desarrollo y la adaptación de sus pri ncipios metodológi cos
para definir las t endencias adapt ativas de las sociedades al
medio y su respuesta cultural a los condi cionantes que
impo ne. Ello su pus o la in co rpo rac ión d e n uevas meto dolog ías
de aná lis is p ro pic iad a po r la revolución cuantit ativa (Capel-
Hurteaga , 1984: 20) que a mediados de siglo afectó al
c o n j u n t o d e l a s c i e n c i a s d e l a n a t u r a l e z a e n e l m a r c o d e l
neopositivismo y la T eoría General de Sistemas.
La Teoría General de Sistemas 7 fue concebida por el biólogo
L. Bertalanffy en diversos trabajos publi cados tras la segunda
gu err a mu ndia l, qu e c ulm inan c on la p ub lic ac ión e n N ue va
York en 1968 de su li bro General System . Su finali dad consis te
en formular un marco conceptual general “ donde insert ar
un a te orí a ci en tí fica o u n pr oblem a téc nic o sin qu e é sto s
pierdan sus características esenciales ” (V oltes, 197 6: 4). Los
sistemas se componen de conjuntos de el ementos y de las
relaciones existent es entre los mismos, pero no sólo son el
producto resultant e de su adición sino que forman un todo
que trasciende la mera suma de las partes.
7 En adelante TGS
Del mismo modo, la TGS promueve la interdi sciplinariedad de
la investigació n científica en t anto que los sistemas son
entidades complejas en las que i ntervienen multitud de
factores que pueden ser abordados de sde los enfoques
propios de di ferentes disci plinas ci entíficas. En cualqui er caso ,
se persigue la formulaci ón matemática del funci onamiento
de los sistemas , para poder identificar con mayor pre cisión las
tendencias y leyes generale s que caracterizan a los
elementos que los componen y a sus relaciones recíprocas ,
ya que las v ariaciones en un sistema afect an a sus
subsistemas y viceversa.
Ante la compleji dad de i ncluir en una úni ca teoría t odas las
clases de si stemas y, por ello, a todas las disciplinas
cientí ficas, la TGS proporci ona unos princi pios generales que
permiten afrontar el estudio de ese conjunto complejo
“ puesto que será más vent ajoso considerar a ést e como un
sistema que resignarse a est imar su complejidad como
invencible ” (V oltes, 197 6: 6).
Desde el punt o de vista de las ci encias sociales , la TGS
proponía una mayor integraci ón con las cienci as naturales,
p a r a f a c i l i t a r l a u n i d a d d e l a c i e n c i a y d e l a e d u c a c i ó n
cient ífica 8 , proporci onando una serie de herrami entas
8 “En su preoc upación por i ntegrar los c ontenidos de l as div ersas ciencias
medi ante el es tableci miento de una l ógi ca común a todas ell as, la teoría
sistém ica está p ermiti endo la decantaci ón de un ampli o conjunto de
conceptos, técni cas analíti cas y de un l enguaje normali zado que, además
de contri buir a superar el creciente ai slami ento en tra las ci enci as (…) ha
estimulado un des arrollo teóri co paralelo en di versos campos de
- Silvia Fernández Cacho -
- 18 -
epistemológi cas y de leyes gener ales del comport amient o de
los sistemas que fueran aplicables a cualqui er investigación ,
sin necesidad de renunci ar a los posicionamientos teóri cos de
quie nes inves tig an 9 . Esta adaptabili dad permiti ó en décadas
posteriores int egrar aspectos propi os de la Arqueología
cognitiva por parte de arqueólogos y arqueólogas que
mantenían posturas deriv adas de la teoría sistémi ca
(Johnson, 2000: 110), es deci r, que entendían que el análisis
de un número finito de vari ables permite una aproxi mación a
la causalidad de las di námicas de cambi o cultural.
Sin embargo, la aplicaci ón específica de la TGS en el campo
de las cienci as sociales ha sido más tardía y de menor
alcance que en la Economía, la Cibernética o la Biología, por
un problema derivado quizá de la escasa formaci ón
cientí fico-técnica y del rechaz o del posprocesuali smo a la
aplicaci ón de métodos cuantit ativos. De hecho ya en 1977
D. L. Hardesty, señalaba que el desarrollo de la Ecología de
sistemas en Antropología estaba todavía en una fase inicial
(Hardest y, 1979: 15) y B. Tri gger, que en 1971 valoraba
positivame nte las apor taciones teór icas y metodológicas d e
la TGS, en 1989 lamentaba la aparente incapacidad de
quienes se dedican a la Arqueolo gía para aplicar la TGS “ en
todo su rigor mat emático ” ( Trigger, 1992: 284). Por su parte K.
W. Butzer , si bien advierte que un modelo biológi co sistémico
no puede aplicarse globalmente en las ciencias sociales, sí
investi gaci ón al favorecer las transf erenci as interdi sci plinares” (Méndez-
Molinero, 1987: 21).
9 “Parti cular el ements or c om ponents com prisi ng a cul tural system are, no t
surprisi ngl y, defined in varyi ng ways dependi ng upon the interes ts and
theoreti cal orientati on of the indivi dual anthrop ologi st” (Kirch, 1980: 108)
apuesta abiertament e por las aportaciones reales y
potenciales de la TGS en Arqueología, sobre todo “ para
integrar la dimensión medioambiental en la arqueología
context ual ” ( B utzer, 1989: 5).
Quizá una de las propuest as más ambi ciosas y suger entes en
el campo de las cienci as sociales es la de nominada Teoría
de los Siste mas Mund iales. Su objeto de estud io fundamenta l
son las relaciones entre sociedades en procesos de larga
duración y en amplios mar cos espaci ales. Su formulaci ón ,
p r o p u e s t a p o r I . W a l l e r s t e i n , s e b a s a e n e l a n á l i s i s d e l o s
orígenes de la economía capitali sta contemporánea,
entendida como un sistema mundial basado en una
acumulación de capital sin precedentes que comienza a
operarse hace 500 años ( García Sanjuán, 2005: 269 y ss.).
Posteriormente, este planteamiento se ha enr iquecido ,
mediante su aplicación a ot ros momentos de la Historia y la
Prehistoria. De hecho, hay quienes defienden que las
características bási cas del si stema mundial actual se pueden
retrotraer hasta los 5000 años desde el present e (Frank-Gills,
1993), lo que permite el an á lis is d e mu ch os a spec tos
económicos de época pre-capitalista ( incluso prehistórica)
bajo parámetros simi lares a los actuales.
Las primeras propuestas de apli cación de modelos
matemáticos en Geografía humana anteceden en dos
décadas a las producidas por la Arqueología y fueron la
c o n s e c u e n c i a d e l a r e a c c i ó n a l r e g i o n a l i s m o e n l o s e s t u d i o s
geográficos que dificult aba el establecimiento de leyes
generales. La denominada Nueva Geografía tiene como
objeto de estudio las tendenci as existentes en la relación del
- Algunas clav es epistem ológi cas -
- 19 -
ser humano con el espacio físico 10 . Estas leyes ti enden a ser
expresadas matemáticamente mediante la construcción de
modelos teóricos que pueden ser contrast ados, de manera
que el inductivi smo de las reconstruc ciones históri cas da paso
al método hipo tétic o-deduc tivo, hasta ese momento
circunscri to a las disci plinas tradici onalmente consideradas
“cie ntíf ica s” ( Clava l, 1979: 25- 31). La s ap ortacio nes de esta
Nueva Geograf ía han sido múltiples y, a pesar de que en
fechas posterio res algunas fueron cuesti onadas , marcan un
importante punto de inflexión de los estudios geográficos que
es reconoci do incluso por quienes han anali zado
críticamente algunos de sus pres upuestos 11 .
En sus versiones “nuevas”, Geografía y Arqueología abogan
por la aplicación de modelos matemáticos con el fin de
establecer predicciones y expli caciones empíricas de los
fenómenos sociales , al igual que podían realizarse en ot ras
disci plinas científicas . De este modo , se intent a reducir la
ca rga s ub jet iva q ue con lle va to da inve st ig ació n, asum iend o
10 “La nuev a geografía ex ami na el papel del espaci o en la vi da de cada
cual y en el funcio namiento de l a sociedad , y d escubre los pri nci pios que
atan a los ho mbres al medi o natural, los que les i mpulsan a di spersarse, y l os
que tienden a reunirl os” (Claval, 1979: 51)
11 “Ya era hor a, en efec to, de que la “nuev a geografía” denunci ara l a
degeneraci ón de la geog rafía tradi cional en u na especi e de col ección
académi ca de “sellos de correo s”, adici onando entre sí las descr ipci ones
locales, regi onal es o terri torial es, si n preocuparse e n reali dad de hacer
progresar de maner a signifi cativ a el conoci miento de l os procesos qu e
hayan causado tal o cual situaci ón geográfica, tal o cual estruc turación
espaci al. Nadie deberí a di scutir hoy que ya no es ti empo de un s aber
parti culari zado en térmi nos de acumul ac ió n r e pe t it iv a d e un a in for ma ción
descriptiv a. Por otra parte, no p arece que , a este niv el, exis ta nadi e que
quiera v olver atrás” (Racine, 1978: 9 )
el método hipoté tico-dedu ctivo par a elaborar teorías que
deben ser empíri camente contrast adas. Ello se hizo posi ble
gracias a la si mplificación de los procesos de to ma y
verificaci ón de datos, al desarro llo de métodos estadísti cos y
a la s po sibi lid ad es d e la in for mát ica par a pro ce sar am pl ios
volúmenes de información (Claval, 1979: 44), analizados
desde un posicionamient o alejad o de su simple acumulación
y descripción, tal y como se había trabajado anteriormente
(Butzer, 1989: 3).
La Nueva Arqueología o Arqueología procesual empieza a
gestarse como paradi gma en los años 60 en Estados Uni dos y
el Reino Unido , y tiene entre sus más destacados exponentes
a L.R. Binford, D. Clarke y I. Hodder. Cada uno de ellos
desarrolló alguno de los aspect os clave de esta corriente
teórico-metodológica: la importancia de las analogías
etnográficas y la etnoarqueología (B info rd, 1962; 1994), la
aplicaci ón de conceptos deriv ados de la TGS a la
inves tiga c ión a rqu eológ ica ( Clar ke, 1971) y la util iza ció n de
los principios geográ ficos del análi sis espacial desarrollados
fundamentalmente por la Ecología botánica y la Geografía
locacional ( Clarke , 1977; Hodder-Orton, 1976).
Es en este moment o, a finales de los años 1960 , cuando se
opera uno de los avances más significativos y fructífero s en el
aná lisis ter ri tor ial en Ar que olog ía. La de termin ac ión d e ár eas
de captación de recursos o la defi nici ón de territoriali dades
teóricas abren nuevos caminos en el con ocimi ento
arqueológico, que acaban conformando una línea de
- Silvia Fernández Cacho -
- 20 -
investigación especializada: la Arqueología espacial 12 . L o s
conceptos y técnic as que de rivaron de esta co rriente han
otorgado desde entonces a la A rqueología un papel
fundamental en los estudios inte rd isc ipl inar es d e la s
dinámicas espaci ales en los que la escala temporal aporta
un elemento esencial para la compresión de lo pasado y de
lo por venir ( Burel-Baudry, 2002) .
J . A l c i n a F r a n c h r e s u m e l a a p o r t a c i ó n f u n d a m e n t a l d e l a
Nueva Arqueología en los siguientes aspect os (Alcina, 1989:
87):
1. El métod o hipotét ico-dedu ctivo se impone frente a l
indu ct ivo 13 y la Arqueología entra a formar parte de
las ciencias experimentales frente a la Hi storia
trad ic iona l.
2. Del análisis cualitativo del regi stro arqueológi co se
pasa al análisis cuantitativo.
12 No se va a i ncidi r en los análi sis espaci ales concretos a pli cados a la
Arqueol ogía que se pueden cons ultar en gran núm ero de publi caci ones
(Hodder-Orton, 1990; Shennan, 1992; Or to n, 1988; etc.). Más ad elante se
discuti rán detenidam ente algunos m étodos de es pecial utilidad dentr o de
la pr o pu e st a de in cl us ión de l PA e n la pla nif ic ac ión t err ito ria l.
13 Hay que destac ar, no obstante, qu e el propi o L.R. Binford cri ticó la
defensa a ultranza del método deducti vo en A rqueologí a que se habí a
llevado al absurdo en algunos casos ya que según él “el modo en que
investigamos es triba en obs ervar datos , reconocer modelos, tener
intui ciones o i deas bri llantes, o si mplemen te revivi r viejas noci ones ya
gastadas pero que s obrevivi eron durante años; per o, vengan de dond e
ven gan la s id ea s, in t en t amo s da r s e nt id o a lo q ue ve mo s.” (B info rd , 1994 :
115)
3. Se destierran los estudi os particularistas para
promover generalizaciones a parti r de la
formulación de modelos derivados de los datos
registrados .
4. De las exposiciones narrativas y literarias de los
resultados de las investigaci ones se pasa al uso de
un lenguaje que incorpora las matemáticas y la
estadística y que, por ello, es más entend ible por el
resto de las ramas de las cienci as naturales.
5. Se aboga por la interdisciplinariedad de los estudios
frente a la postura aislacioni sta de la discipli na en
los decenios anteriores.
Sin embargo, y a p esar de esta i mportante influencia , según
J. Rossignol los métodos de la Arqueología procesual “ no han
tenido todo el éxito que podrían haber tenido ” y ello po r
varias razones (Rossignol, 1992: 8-9):
a) La teoría d e alcance medio propuesta por Bi nford tuvo
una pobre relación con la teoría general acerca de l a
naturaleza de la cultura humana. Es decir, el regi stro
arqueológico (estático) permite una aproximación a
las dinámicas del comportamiento humano, pero el
resultado obt enido no se ha relacionado
convenientemente con la teoría general 14 .
14 “…el desafío que la ar queologí a plantea consi ste en l a trascri pción, de
manera li teral, de la inform ación está ti ca contenid a en los restos m ateri ales
observabl es para reconstrui r la di námica de la vida en el pasado y estudiar
- Algunas clav es epistem ológi cas -
- 21 -
b) No se ha abordado en profundi dad el análisis del
registro arqueológi co como producto resultant e de la
acción de determi nadas estrat egias de uso del suelo .
c) Convivencia de convenci ones científicas y n o
cientí ficas (como la noción de sitio arqueológi co) en la
investigación arqueológica procesual.
d) Por último, se argumenta que ha habido una
defici ente integració n de métodos diri gidos al análisis
del registro arqueológi co y de los sistemas humanos. El
método ha sido una preo cupación preemi nente,
ten iend o la dis cu sión te ór ica u n pa pe l se cund ar io 15 .
Una visión más moderna , pues, de esta corri ente aboga por
integrar en la inv estigación algunos aspectos consi derados
estáticos (restos arqueológicos) con otros dinámicos (causas
d e s u d i s t r i b u c i ó n ) , p a r a a u m e n t a r e l c o n o c i m i e n t o d e l o s
procesos naturales y del comportami ento humano que
determin an la estructura final del regi stro arqueológi co
investigad o (Rossignol, 1992: 9). La v ariabilid ad observable en
el registro material trasluce una estrategia específi ca en el
uso del espacio y la tecnología derivada de unas
las condi ciones que han hecho p osi ble que es tos materi ales ha yan
sobrevivi do y llegado hasta nosotros.” (Binford, 1994: 25)
15 E s t a c r í t i c a , a c e p t a d a p o r e l p r o p i o B i n f o r d ( B i n f o r d , 1 9 9 4 ) , e s
especi almente apli cable según I . Hodder al ámbito de l a gestión de
pat rimon io ya que la reacc ión a nte la destrucción debe ser rá pida y ante
ell a no cabe la teori zaci ón sino l a correcta y efici ente apli caci ón de
métodos fi ables. Hodder defi ende si n embargo “… a di scipline with a clea r
and certai n image of itself, able to gai n fundi ng and win publi c confidence
in conflicts over ri ghts to the past” (Hodder , 1992: 2)
determin adas circunstanci as y no son necesariamente el
reflejo de diferencias étnicas entre grupos (Binford, 1994: 117),
sino de procesos adaptativos de los di stintos grupos a su
entorno particular. A través de esta aproximación se persigue ,
pues, “ conocer el pasado y no especula r sobre él” (Rossignol,
1992: 5 )
La reacci ón ant e los nuev os pri ncipi os teóri co-m etodo lógi cos
y el dominio de los números en los análi sis territoriales se
p r o d u j o e n l o s a ñ o s 1 9 8 0 c o n l a a f i r m a c i ó n d e l a G e o g r a f í a
radic al y huma nista, la An tropología in terpr etativa y simból ica
y la Arqueología posprocesual.
Esta reacción acabará desemb ocando en la adopci ón de
principios epistemológicos extremos aportados por el
posmodernismo 16 si endo sus aspectos fundament ales de
oposición al movimiento anterior los siguientes (Rey noso,
1998):
1. Negación de que las cosas se agrupen y relacionen
formando sistemas 17 . Los sistemas son product o del
16 S e g ú n l a d e f i n i c i ó n d e A . H e r n a n d o “ … l a p o s t m o d e r n i d a d p o d r í a
def inirse co mo la cris is de la moder nid ad pr ovocad a po r la ru ptura que
implic a el t riu nfo de la su bjetiv idad frente al dominio de la razón uni versal
que caracterizó la modernidad.” (Hernando, 2002: 30)
17 “Los instru mentos de r azonami ento es tán cambi ando, y cada v ez se
representa m enos a l a sociedad como u na máqui na elaborada o como un
3. EL ENFOQUE I DEALISTA / CUALI TATIVO
- Silvia Fernández Cacho -
- 22 -
discurso creado por la ci encia occident al para
org an izar su pr opio a nál is is.
2. Imposibili dad de buscar el con ocimi ento objetiv o de
las cosas, por cuanto dicha objetivi dad es
inalcanzable, ya que siempre estará mediati zada por
quienes realizan las investi gaciones, su entorno y el
lenguaje en el que se apoyan para transmiti r o
representar dicho conoci mient o 18 .
3. Inexistencia de “lo verdade ro” y de l carácter
“nomológico” en las cienci as sociales. Al no exi stir una
“verdad” tampoco tiene sentido establecer le yes
generales del comportami ento humano basadas en su
exis tencia 19 .
4. El sometimiento a los análisis cuantitativos y a
corrientes epistemológicas precedentes, no es más
que un producto del someti miento de los científicos
occidentales a un cont exto domi nantemente
cuasi organi smo, que como un ju ego seri o, un drama call ejero o un texto
conducti sta” ( Geertz , 1998: 63).
18 “La conclusión más r eiterada del posmoderni smo antropológi co es que
la idea del conocimi ento objeti vo es un motor p uramen te literari o, un
motor que impul só una for ma de escri tura “reali sta” q ue ya está ob soleta”
(Reynoso, 1998b: 57)
19 “…en el pos moderni smo la búsque da de l a verdad se proscri be a priori ,
porque se d ecreta que no hay ni ngún hecho qu e pueda es tablecerse ,
ninguna certi dum bre en lo que s e percibe , ningún conce pto que resi sta su
deconstrucción” (Reynoso, 1998b: 58)
capitalista, que no tiene en cuenta otras formas de
entender el mundo 20 .
5. El s ujeto no explica el mundo, lo in terpreta, y esta
interpret ación es una más entre las much as posibles
(Hernando, 20 02: 30)
Pa rtien do ento nce s d el pr inc ipio de la i nexiste nc ia de l a
adecuada rigurosidad que re quieren los análi sis de las
sociedades humanas para ser úti les, se pasa a la n egación
absoluta de la posibi lidad de encorsetar el comportami ento
humano en la lógica de la razón 21 y, mucho menos, en
modelos matemá ticos . P.J. Taylor siguie ndo el trab ajo de H. G.
Johnson (1971), recuerda que, en realidad, el intento de
aplicaci ón de dichos modelos no es más que un o de los
aspectos que caracteri zan las transforma ciones
epistemológicas en contextos ac adémicos, esto es, introducir
un alto nivel de dificult ad que impida a los mi embros de la
tradición precedente entender conveni entemente los nuevos
trabajos reali zados. Del mismo modo, cit a a S. Andreski (1973)
20 “Si el observ ador no es consciente d e que él tiene un a determi nada
manera de e ntender el mundo y las rel aciones hum anas, di stinta a l a que
sostienen o tros grupos hum anos, creerá que el mundo es como él lo v e, de
forma que trasl adará esta convicci ón –es decir, su visi ón del mundo- a
cualqui er sociedad que estudi e o a cualqui er aspecto que i ntente
analizar” (Hernando, 2002: 29)
21 “En años reci entes los ci entí ficos cogni tivos han a umentado nuestr a
compresi ón del tipo de ideas qu e subyace a l a acción no raci onal, y ha
llegado a ser cada v ez más ev idente qu e el l enguaje , el pensam iento y la
sociedad se cons truyen so bre id eas que caen más all á del terri tori o de la
eval uación lógi ca o ci entí fica, i deas para l as que no h ay cri teri os
normativ os univ ersalmente vi nculantes” (Shwed er, 1998: 91-92)
- Algunas clav es epistem ológi cas -
- 23 -
para apuntar que las matemáti cas sólo sirven de doble
“camuflaje” mediante la utilización de símbolos matemáticos
para reflejar conceptos no matemáticos , o su uso correcto
para expresar de forma matemática conocimi entos que ya
se poseían sin aportar nada novedoso 22 (T aylor, 19 77).
Se cuestiona , así mismo, la formulaci ón de algunos aspectos
de la TGS , ya que h a y fact ores cogn iti vos y afe cti vos que
influyen también en las relaciones entre los sistemas humanos
y que deben tenerse en cuenta.
Esta crítica lleva a consi deraciones extremas cuando M.A.
Jochim (1981), reivi ndicando la importancia de est os factores
que se sitúan fuera del sistema, cuestiona el intento de
encorsetarlos en diagramas de flujo il egibles “ dentro de una
creciente maraña de tinta formada por fl echas
entrecruzadas ” 23 . No hay un sistema entendido como
total idad y, por lo tanto, no hay subsiste mas, ni relaciones
sociales que pueda n referirse a una pr opiedad sistémi ca
inexis tente (Frank-Gill s, 1993: 31), no siend o reducibles a
simples flujos de energía , ya que la producci ón no solo se
22 Este au tor es, si n embargo , más moderado al presentar l as conclusi ones
en el mi smo trabajo , inten tando hui r de una desapro bación gener al de la
cuantificación en Geografí a: “…la ma yor parte de la “nuev a geografía”
utili za los conceptos matemáti cos o estadísti cos en las i nvestigaci ones
concretas como i nstrumen tos para increm entar el conoci miento y no
sim plemente par a re-es cri birl o de una forma nuev a, extr aña per o
potencial mente impresi onante. Así, estas críti cas deben ser di stinguidas de
algunas cond enas gener ales de l a cuanti ficaci ón, que están basadas
generalm ente en una i ncomprensi ón del propósi to y de las posi bilidades
del tratam iento m atemá tico” (Taylor , 1977: 9).
23 Citado en (Storå, 1994: 18-19)
restringe a las calorías sino que , también, incumbe a los
valores (Tay lor, 19 77)
Algunas de las críticas centrales a la TGS se resum en en los
siguientes aspec tos (Ellen, 1978):
Delimitación del ámbit o de análisis : A veces los límites
de los sist emas se modi fican para a daptarlos bien sea
a los datos disponi bles o a presupuestos apriorísticos
para hacerlos encajar en un modelo .
Adaptación cultural : Aunque se plant ea que la
conducta social es adapt ativa, no se defi ne a qué
nivel lo es ( sociedad , comunidad local , grupo
parentelar, individuos , sistema político, etc.). Es decir,
no se aclara a qué escala de análisis y en qué
aspectos la cultura e s adaptativa.
Capacidad de carga ecoló gi ca : La realización de
análisis encaminados a evaluar las capa cidades de
carga ecológica de un ámbit o espacial requiere una
minuciosa recogida de datos y una alta calidad de los
mismos para que los cál culos sean realmente
orientativos.
Este debate produci do entre las dos perspectiv as analizadas
se originó en el marco de la Antropología económica y luego
se extendió a la Hist oria y a otras ramas de la s ciencias
sociales. El principal punto de discusió n se centraba en la
convenien cia d e aplicar métod os y conceptos d e la
sociedad capi tali sta occidental (muchos de ellos derivados
de la Economía) a otro tipo de realidades espacio-
- Silvia Fernández Cacho -
- 24 -
temporales en los que la relaci ón entre el ser humano y la
naturaleza adquiere signi ficados diferent e.
Un ejemplo con el que puede ilustrarse esta controversi a lo
protagonizaron historiadores e hi storiadoras que en el análisis
económico de las sociedades antiguas defendían posturas
antagónicas . La visión más particularista o sust ant ivi sta ,
mantenía la existencia de reglas “extraeconómicas” que
regían los procesos económicos en las sociedades anti guas
que, por su misma naturaleza, son incomprensi bles
a c t u a l m e n t e s i n o e s s i t u á n d o s e b a j o l a ó p t i c a d e l a
mentalidad antigua . Se infravaloraron los conoci miento s que
sobre las fluctuaci ones del mercado y so bre las leyes básicas
que rigen la actividad económi ca poseían quienes
administraban y comerciaban (G arnsey -Saller, 1989; Finley,
1975), basándose sobre todo en:
L a n e g a c i ó n d e l a e x i s t e n c i a d e u n m e r c a d o c a p a z
de crear precios ( Polanyi, 1976; Hopkins, 19 76; Neale,
1976)
La ine xis te ncia o po ca impor tanc ia de la
comerciali zación de productos de us o corri ente
(Dunca n-Jones, 1974; Finley, 1975) o de mercanc ías no
destin adas a la mera satisfacción de necesi dades
básicas.
Se reducía así la investigaci ón a una mera descripci ón o
“ análisis de cómo está institucionalizada la act ividad
económica en diferent es épocas y lugares ” (Polanyi, 1976:
295).
Por el contrario , desde una postura más universalista o
for ma li s ta s e defe ndí a el an ális is eco nómic o de la
An tigüe dad con crite rios mod ern os, incl uso capita lis tas a
veces, en base a la afi rmación de que , al igual que en las
sociedades moderna s, existían mercados de productos de
uso corr iente no limitad os al abastecim iento d e necesidades
básicas o de que se poseían conoci mientos sufi cient es sobre
las reglas de comportamiento económico que iban más allá
de los básicos conoci mientos empíri cos (Carandini , 1981;
1989; Clavel-Levêque, 1977; Dyson, 1981) .
Esta pos tura es res ultado ta mbién de la influ encia d e algunos
aspectos del estruct uralismo y del marxi smo. El estructurali smo
antepone al concept o de adaptación el de expresión , es
decir, la cultura es el modo en el que se expresa el sistema
cognitivo ( Johnson, 20 00: 123), mientras que para la N ueva
Arqueología la cultura e s una form a extrasomáti ca de
adaptación medi ante la cual los seres humanos se adecuan
al medio, asegur ando su permanencia y conti nuidad. Si bi en
contrapuest os en algunos aspectos fundament ales (como el
papel del medio en la det erminación de l a conci encia de las
personas), algunos pri ncipi os marxistas in fluyen en el
pensamiento posmodernista. Esta influye se evidencia en la
defensa de la idea de que la intelectualidad desarrolla una
activi dad política que lleva , en definitiva, a defender una
determinada ideología. Es imposible, por lo tanto, la
objetividad ci entífica pret endida por la Nue va Arqueología y
la división que propugnaba entre teoría y método 24 .
24 “Theory and soci al practi ce are pensed as the oppos itions bet ween fac t
and value, obj ect and subject a re demolished. The theory of pra xis argues
that th eory i s transf ormati ve and i s poten tiall y revoluti onary . It asser ts tha t
- Algunas clav es epistem ológi cas -
- 25 -
En último extremo , se rechaza el empleo de análisis
cuantitativos en las cienci as so ciales y la visión nomológica
del conocimi ento (adoptándose a veces el relativi smo
epistemológico) por l o cual, se entiende i nviable e inútil el
intento de determinar unas leyes generales del
comportamient o de los seres humanos y su rela ción con el
medio porque los seres human os no pueden sustit uirse por
series estadísti cas, ni a los indivi duos por modelos
matemáticos ( Johnson, 2000: 64, 1 13).
En el ámbito del análisis de la re lación de los seres humanos
con su entorno físi co, estos pri ncipi os empezaron a gestarse
como respuesta a la escasa importanci a que se había
otorgado a la valoración de lo percibido subjetiv amente por
el ser humano en su respuest a social y en su comport amiento
en relación con su entorno , teniendo en cuenta “ su ca rga
emotiva, estética y simbólica ” (P edone, 2000: 5). La
definici ón de “contexto” o “ent orno” v aría ahora en relación
con las propuestas ecológicas de manera que se pasa de la
referencia a una reali dad física a otro tipo de realidades
cognitivas. En Antropología se hablará de vari os tipos de
entorno: el perceptivo, el efectivo y la realidad total. El
primero se refi ere al entorno que se perci be, el segundo al
que ejerce una influenci a en el organismo y el tercero la
total idad del entor no, s ea o no percibid a y ejerza o no un a
influencia directa ( Storå, 1994: 6). Clasificaciones semejantes
del medio se hacen desd e la Arqueología, parti endo incluso
we do not passiv ely observe, contempla te the world, but that we create i t.
Science cann ot therefore , be separated from soci ety” (Hodder, 1992 : 3)
de presupuestos ecológicos 25 , aunque es la Arqueología
posprocesual la que atribuya un papel decisivo a los factores
cognitivos en la interacción del ser humano con la
naturaleza 26 .
Se entiende que, según su clase soci al, su lugar de trabajo , su
edad, etc. cada i ndivi duo interactúa con su contexto soci o-
espacial de una manera di stinta (Thomas, 2001: 176): la
imagen que cada in dividuo tiene en su mente respecto al
medio en el que desarrolla su activ idad vital no se puede
medir en términos exclusiv amente matemáticos y, por ello, la
Psicología ambient al adquiere ahora un im portante campo
de acci ón 27 frente al “ hiperempirismo superespecializado” al
q u e s e l e a t r i b u y e l a f a l t a d e v i s i o n e s g l o b a l e s y u n e x c e s i v o
interés por la acum ulación de dat os, modelos de a nálisis e
hipótesis in terpretativas (López Sil vestre, 2003: 296) .
25 K. W. Bu tzer, por ejempl o, disti ngue cuatro ti pos de medi oambi ente: el
geográfico (paisaje fí sico y bi ológi co donde i nteractúa el grupo hum ano),
el operativ o (espaci o de aprov echamiento de rec ursos), el m odifi cado
(área de m anute nció n inmedi ata donde s e prod ucen modi ficaci ones
tangi bles del medi o por frecuente acti vidad humana ) y el percibi do
(partes del m edioambi ente geográfi co y operati vo de las que el grupo es
consciente y r especto a las cuales se tom an decisi ones) (Butzer, 1989: 243).
26 “… la A rqueologí a tendrá qu e prestar u na creci ente ate nción a las
cuestiones cogni tivas, pues esa es la preocupaci ón íntima subyacente de
gran part e de la cl ase medi a i ntelectual que re aliza l a inv estigaci ón
arqueológi ca, por lo que no podr á evi tar “proyectarla” al pasado”
(Hernando, 2000 : 28)
27 “La expli cación i nterpre tativ a (…) enca rril a su atenci ón sobre l o que l as
instituci ones, las acci ones, las im ágenes, las expresiones , los sucesos, las
costumbres y todos l os objetos habitual es de interés cientí fico-soci al,
signi fican p ara aquel los cuy as i nstituci ones, ac ciones , cost umbres,
etcéter a, son .” (Geertz , 1998:65)
- Silvia Fernández Cacho -
- 26 -
Se reabre ahora la discusi ón entre la posibilidad de realizar
una aproximación al conoci miento “objetivo” en las cienci as
sociales, o la de ad mitir que la carga s ubjetiva de qui enes
inves tig an 28 y de l obj eto in ves tiga do es tan fuer te qu e dic ha
aproximación es imposi ble 29 . Ello redunda directamente en
las aproximaciones met odológicas que gi ran a favor de la
potenciación de los métodos cualitativos frente a los
cuantita tivos ( Pedone, 2000) .
Para el posprocesualismo, el análisis espacial procesual no
había tenido en cuenta en absoluto la forma en que las
sociedades estudi adas perciben su entorno , que n o puede
ser considerado como algo cartogr afiable , estático,
producto de int eracciones entre vari ables físicas objetivas 30 .
28 “¿cómo podemos situarnos al margen de nosotr os mi smos?, ¿cómo
pretender qu e nues tra observ aci ón es asépti ca e i nocente, si para reali zar
el propio acto de l a observaci ón ya tenemos que haber si do entrenados
en una deter mi nada manera de comprend er el mundo y rel acionar nos
con él? , ¿cómo no darn os cuen ta de que nuestra observ aci ón del mundo
parte de un a cierta i dea que tenemos sobr e él , es decir, de un a
subjetivi dad construi da cultural mente y qu e se nos transmi te al nac er?”
(Hernando, 2002 : 29)
29 “… el COMO vemos lo que vemos, sea del pasado o del presente, está
medi atizado por nues tra f orma de v er, y ésta está fa bricada con factores
que pueden depe nder de nosotr as –lec turas, form ación, afi ciones , religi ón-
y por otros factores que NO dependen –soci edad, historia, economí a-, al
menos de f orma di recta. Si n olvidar que , además , en el ca so de la
Arqueol ogía, la A ntropología o la Histori a, el objeto y el sujeto de la
investigaci ón coinciden: el ser humano.” (Querol , 1997: 396)
30 “… el reduccioni smo ambi ental , las relaci ones planas comuni dad-
natural eza, la i gnoranci a de factores no económi cos, el uso de concep tos
anacróni cos como el de rentabi lidad, son algunos d e los pri ncipales puntos
de crítica a las visiones netamente pr ocesuali stas.” (Orejas, 1998)
Por lo tanto, se considera que l a aplicación de métodos y
conceptos más o menos v álidos de las sociedades
capitali stas occidentales no son en absolut o adaptables a
otro tipo de realidades en las que la nat uraleza adquiere un
significado t rascendental. Los resultados de los estudios
espaciales en función de fa ct ores como los suelos , las
pendientes, la flora, etc., no tienen sentido por cuando
ofrecen una información no disponi ble para la sociedad que
se pretende estudiar (Thomas, 2001: 171). Los patrones de
asentamiento tienen que ver más con la percepci ón que las
poblaciones ti enen del medio, con su “mapa mental”
(Alterbeng , 2003: 2 ).
Así pues, a la Geografía de la percep ción y las imágenes
espaciales y a algunas ramas de la Psicología y la Ecología 31 ,
viene a unirse la denominada Arqueolo gía del paisaje, que
incide en la noci ón de paisaje como im agen que los
individuos perci bían de su entorno físico, más o menos
alterado por los fact ores de caráct er antrópico , y en como
esa percepción condujo a un as determinadas for mas de
actuación en él.
31 En los tr abajos más reci entes, la Ecol ogía se conti nua pres entando com o
una disci plina para l a que el ser humano y el medio am biente no son
separables , aunqu e sí i ncide e n la exi stenci a de una dependenci a no sól o
del ser humano resp ecto al medi o sino tambi én en senti do inverso: “I n
traditi onal Western culture, human beings ar e conceived as separa ble from
thei r environment, so tha t everythi ng that is not hu man (…) i s defined as
‘other’ and consid ered to be subordi nate and potenti ally expl oitabl e.
Ecology shows us that our v ery humanness i s defi ned not by ou r
separateness from the rest of the world, but by our un ique but
interdepend ent relati onships to al l those ‘others’” (Di ncauze, 2000: 5)
- Algunas clav es epistem ológi cas -
- 33 -
de análisis diacrónico la di stingue claramente de los
enfoques que pueden aportar la Geografía o la Antropología
(Johnson, 2000: 45).
Pero desde el punt o de vista arqueológico la escala t emporal
puede focali zarse también en el presente desde una triple
ver tie nte 41 :
1. La Arqueología, como la Hi storia, tiene sentido en
tanto que estudia el pasado para entender el
presente.
2. La Arqueología se ocupa del estudio de restos
materiales que existen en el presente para describi r,
explicar y/o interpretar el pasado 42 .
explicativ o y marco taxo nómi co, ajustándose el nivel expli cativo a l os
patrones de peri odi zación que cada grupo de i nvestig adores establece”
(González Marcén-Picazo, 1998: 12)
41 A pesar de afi rmaci ones como la de M . Johnson cuando escri be: “Los
arqueólogos regi stramos cuid adosament e piedras , huesos y trozos d e
vasijas, su po sici ón y distribuci ón en el suelo en el hoy y aquí. Pero no
estamos i nteresados e n el hoy y aquí si no en el pasado : nuestr o trabaj o es
hacer las oportu nas preguntas so bre estos ma teriales en el presente par a
saber cosas acerca del pasado” (Johnso n, 2000: 72) El subrayado no
pertenec e al tex to ori ginal. ¿Qui ere deci rse con es ta afi rmación qu e
quienes des arroll an su trabajo en insti tuciones respo nsables de la tutela d e
esos restos no pueden considerarse co mo tales como profesi onales de l a
Arqueol ogía? ¿ Para qué se estudi a el pasado si no s e esta blece su
conexión con el presente?
42 “Aunque el objeti vo de l a investi gación sea conocer soci edades y a
desapareci das, la arqueol ogía estu dia un conj unto de materi ales
presentes, compuesto por lo que fueron objetos d el pasado. Por tanto ,
para lelame nte a la evalua ción de la s pot encialida des de los ha llazgos
arqueoló gicos par a las l ecturas hi stóri cas, hay q ue con siderar en qué
3. Desde la gestión del PA el estudio de los sitios
arqueológicos no se realiz a generalmente desde una
perspectiva prehist órica o histórica, sino desde la que
adopta la sociedad actual, que enti ende que hay
que conserv arlo y protegerlo, ya sea para aportar
nuevos conocimi entos del pasado, para explotarlo
como recurso cultural de un t erritorio , o para disfrutarlo
en el paisaje. De este modo, los sitios arqueológicos
adquieren una dimensi ón actual, son
contemporáneos desde ese punto de vista, puesto
que existen en la actualidad en mejor o peor estado
de conservaci ón.
Los principios epi stemológicos adoptados en el análisi s del
terr ito rio inc ide n sig nif ica tiva me nte en su rep res entac ión
cartográfica . Para quienes lo investigan desde un p unto de
vista simbólico , la elaboración de cartografía e s casi
imposible ya que no se puede representar cartográfi camente
la mente del sujeto que observ a. Además, la cart ografía
trad ic iona l, que of rec e u na pe rsp ec tiva ver tic al de l as
variables territoriales representadas , no permite plasmar la
multitud de visiones y posicionamientos que se pueden
adoptar en la percepción del entorno, y la multitud de
aspectos que influyen en di cha percepción (colores, texturas,
formas, luz, etc.).
condici ones y por qué mecani smos se han pres erv ado hasta la actu alidad”
(González Marcén-Picazo, 1998: 36)
4.2. Territorio, SIG y análisis cuantitativo
- Silvia Fernández Cacho -
- 34 -
Sin embargo, ant e la necesidad de elaborar doc umentos
cartográficos que permitan analizar , diagnosticar y elaborar
propuestas de actuaci ón en el planeamiento territori al
(incluidas las que se refieren a aspectos pai sajísticos) se han
realizado algunos i ntentos de cart ografiar aquellas v ariables
que lo caracteri zan, aunque asumi endo que el apriori smo de
la selección de dichas v ariables y la difi cultad para
representar algunas de ellas (como las v ariaciones intra-
anuales de los colores y las formas o los cam bios de
luminosidad), supone una dificult ad añadida a la ya
compleja tarea de cartografi ar los paisajes, desde el punto
de vista de la persona que observa que es “ el ref erent e y la
unidad de medida ” (Sancho, 2002: 55).
Desde el punto de vista del análi sis cuantitativo y sistémi co
del territorio y/o paisaje (conceptos que llegan a asimilarse
desde esta perspectiva) la cartografía es un i nstrumento
fundamental pues representa el territorio observado con las
variables seleccionadas (mapas descriptivos), las valora
(mapas de di agnóstico) y en funci ón de todo ello permite
realizar propuestas (mapas prescriptiv os o de
recomendaciones de uso). No o bstante , cuando desde esta
perspectiva se aborda la cartografía pai sajística , se detectan
también problemas deri vados de la falta de una
metodología unificada o, cuan t o menos, delimitada , de
manera que no sean “ confundidas y mezclada s ” (Muñoz
Jiménez, 2002: 113) 43 .
43 “Parece claro que , al día de hoy, n o existe n sistem as de cartografí a
aplicada de pai sajes am pliamente aceptados con n ormas de
levantam iento es tri ctas y preci sas ni con l eyendas pro pias bien el aboradas
En el marco de esta concepci ón sistémi ca del medio, en los
países anglosajones se han desarrollado métodos para su
evaluaci ón y represen taci ón cartográfica a trav és de la que
se ha denominado cartograf í a geocientífica del potencial
del medio nat ural ( Pérez-Chacón, 2 002:123). Otra corriente
proveni ente de la Europa del Este ha sistematizado su marco
epistemológico en la denominada Teoría de Geosistemas,
basada en la delimitación de uni dades de paisaje
homogéneas, que en España se refleja en los trabajos de M.
Bolòs (1981), E. Martínez de Pisón ( 1993; 199 8), J. Muñoz
Jiménez (1998; 2002), y las publicaciones monográfi cas de
L’E.Q.U. I.P.
La delimitación de estas unidades se establece como
resultado del an álisis de los di ferentes factores que
interactúan en un territ orio (sean naturales o antrópicos)
dotándolo de unas especiales característi cas que lo di stingue
del resto. Ello plantea la necesidad de determinar el
funcionamiento interno del que ha sido denominado a v eces
como cr iptosistema (factor es suby acentes) para pod er
explicar el fenosist ema (factores emergent es), de manera
y de v alidez contrastada por el uso ; más bi en lo que pr edomi na es una
cierta i mprovis ación y un exces o de flexi bilid ad, que introducen co n
frecuenci a altas dosi s de subjetivi dad en el an álisi s y de imperfecc ión en el
diseño . (…) Ante esta si tuaci ón, no ca be pr omov er el desarrol lo y di fusi ón
de un solo t ipo de c artogr afía de l pais aje, con una so la ley enda y unas
únicas normas , porque son div ersas las perspec tivas desde l as que se le
puede enfoc ar como obje to car tográfi co. Sí cab e insi sti r en la i dea de que
dichas pers pectiv as no puedan ser c onfundi das y mezcladas y av anzar
hacia la el aboración y consoli daci ón de normas y l eyendas adap tadas a
cada una de ell as.” (Muñoz Jim énez, 2002: 113)
- Algunas clav es epistem ológi cas -
- 35 -
que se pueda proce der a la clasi ficación de los paisajes .
Dicha clasificaci ón se realiza, siempre dentro de la teoría
geo sisté mi ca del paisa je, en fun ción de su e stru ctu ra
(paisajes nat urales y antrópi cos) y su funcionami ento (en
equilibri o, en regresi ón y en progresión) (Pérez-Chacón, 2002:
128).
El concepto de ‘unidad de paisaje’ es fundamental en la
metodología de análisis de los pai sajes por parte de la
cor rie nte g eo sisté mi ca, sie ndo crit ica da por l a sim ból ica y
cognitiva, ya que para su delimit ación se emplean
procedimientos analíticos sobre variables que no son
percibibles por los sujetos que us an, aprovechan y di sfrutan el
p a i s a j e . E s t a n e g a c i ó n s e r e f l e j a t a m b i é n , c o m o y a s e
mencionó anteriormente, en la crítica a las representaci ones
cartográficas t radicionales y, deriv ado de ello , al uso de los
Sistemas de Informa ción Geográfica 44 .
En el caso del uso de los SIG, a la imposibi lidad de refl ejar la
realidad del territorio tal y como es perci bida (carencia de la
que adolece igualmente la cartografía convencional), se
une el hecho de q ue las rutinas analíticas que incorporan
derivan en muchos casos de los pri ncipios del análi sis espacial
asumido por la Nueva Arqueología. Por este motivo , en el
análisis del territorio desde un punto de vista posprocesual , se
manifies ta un re chazo, total o parcia l, a muc hos de los usos
de estos sistemas.
44 En adelante SI G
Las críticas más generali zadas hacia el uso de los SIG se
dirigen a su capacidad de reali zar análisis espaciales
combinando sólo v ariables territoriales “objetiv as”. Los SIG
inducen a trabajar con ellas desde una óptica claramente
dete rmin is ta m edio amb ient al, pue s in trod uce n val ore s d e
causa-efect o entre las diferentes v ariables te rritoriales y las
pautas de asentami ento humano y de su aprovechami ento
del medio, perpetua ndo, además , una visión del mundo
etnocentrista en el que los principios económicos del mundo
occidental se t rasladan mecáni camente al análisis de las
sociedades pretéritas.
Ante estas críticas , las posturas adoptadas son vari adas. P.
Fisher, por ejemplo, sin negar algunos de los inconv enientes
del uso de los SIG desde los nuev os posicionamientos teóricos
defendidos por el posmodernismo , entiende que ofrecen un
método para trat ar datos con vari ados procedi mientos
analíticos que pueden ser selecci onados en cada caso
según las cara cterísticas y objetiv os de estudi o. También
defiende la i doneidad de algun os análisis , especialmente los
de visi bilidad, en relaci ón con la percepción humana del
entorno ( Fisher, 19 99: 9-10).
Pero la reflexi ón más interesante de est e aut or en relación
con la presente investigación es su defensa de la idon eidad
del uso de los SIG en los planes de gesti ón de Patrimonio.
Efectivament e, Fisher asume que los SIG in corporan rutinas
analíticas que derivan de un implícito determinismo
medioambi ental pero, aunque di chos análi sis se realizan
sobre sitios arqueológicos conoci dos mientras muchos ot ros
no se conocen o no se han conservado, plantea que los
- Silvia Fernández Cacho -
- 36 -
mapas probabilísticos (modelos predictivos), pueden ser muy
útiles para el desarrollo y la planificaci ón, usándose
adecuadament e como indicativ o de las áreas donde
pueden existir siti os arqueológicos
Desde otras perspe ctivas se defienden post ulados más
crí tico s, como lo s mant enid os p or R. E. W itche r. La oposic ión
fundamental se establece, según él , entre espacio abstracto
y espacio humanizado, entre aproximación cuanti tativa y
aproximación cualit ativa, o entre perspectiv as científicas y
perspectivas humanizadas (W itcher , 1999: 14). W i tcher c ritica
el determinismo medioambiental que caracteriz a la lógica
de los análisis espaciales realizados con los SIG , muy alejados
de su pret endida neutrali dad ci entífica , negando i ncluso la
ausencia de v aloraciones subjetiv as en algunos análisi s
considerados viables desde la propia ópti ca posmoderna
como son los análisis de visibilidad o de cost e-superficie 45 .
Una de las alternativas planteadas para un uso de los SIG de
forma más acorde con esta corriente de pensami ento es el
desarrollo de la idea de “prefer encia”. Dicha idea se basa en
que, ya sea medi ante la aplicaci ón de métodos i nductivos
(análisis de siti os arqueológicos conoci dos), como de ductivos
(modelos predictiv os) se pueden interpretar o compren der las
preferencias de las sociedades en el uso del territorio. W itcher
va un poco más lejos al afi rmar que es la percep ción del
territorio la que influye en dicha decisión y no las propias
45 “V isib ilit y a nd co st- s ur fa ce a na ly se s pr o vid e t he inf o rm at ion t ha t is
observed , but we need to thi nk careful ly about how we relate this t o the
actual mental insight, the perc epti on such informati on offered to pas t
populati ons” (Witcher , 1999 : 16)
características q ue lo defi nen 46 (Witc her, 199 9: 17). También
plantea la necesidad de no confundi r las posibili dades
descriptivas de los SIG con las interpretativas o , citando a D.
Wheatley (1996), las asociativas con las causales. De este
modo se niega que sea el medio el que determin a las pautas
de comportamiento humano sino que puede prese ntar una
gran variedad de condi ciones y es el ser humano el que
establece sus preferencias, que pueden estar o no
directament e relacionadas con ellas o con ot ros factores
inta ng ibl es (ps íq uic os, ideoló gic os , …).
Muchas de estas críti cas pueden resumirse en la planteada
por M. Gillings y G.T. Goodrick , recogida por C .A. González:
“La utilización de las tecnologí as GIS en arqueo logía, d esde sus
comienzos hasta hoy, se ha caracterizado por (…) una absoluta
carencia de fundam entación te ór ic a subyacen te” (González Pérez,
1998: 72)
Este argumento se puede aplicar , sin embargo , a muchas
otras herramient as metodológicas empleadas en
Arqueología e Historia. Es decir, la falta de fundamentos
teóricos no es asociable directamente al uso de los SIG, sino
más bien a un problema de defici ente preparación o
desinterés de los proyect os y programas de i nvestigaci ón ,
usen o no estos sistemas. En efecto, la reclamación de que
las tecnologías ( incluidos los SIG ) deben usarse como lo que
son, es decir, herramientas de análi sis, y no como un fin por sí
mismas en la investigaci ón arqueológica (González Pérez ,
46 “Hence, i t is not th e envi ronm ent per se which determ ines l andscape use,
but percepti on of it” (W i tcher, 1999: 17 ).
- Algunas clav es epistem ológi cas -
- 37 -
1998: 75), puede hacerse extensible a los estudios de series
tipológi cas de artefact os, o a la propia excav ación
arqueológica.
Por otra parte , se ha planteado que los pro blemas generales
derivados de la apli cación de análisi s espaciales en
Arqueología se concretan en la propia naturaleza de la
informació n arqueológica (Hod der-Orton, 1990: 260). Los
datos arqueológicos son i ncompletos en muchos casos, tanto
por la falta de un reconocimiento sistemático del territorio
como por la destrucción de muchos de ellos debi do a causas
naturales y/o antróp icas y, además, es muy difíc il establecer
para numerosos sitios arqueológicos no excav ados,
cronologías precisas que de muestren su coetaneidad.
Sin embargo, no parece razonable mantener posturas
radicales en uno u otro sentido . El uso de los SIG ha ap ortado
indudables av ances en los análisi s arqueológicos , desde la
propia gesti ón de grandes volúmenes d e datos, hasta el
establecimiento de sugerentes planteamientos en la
investigación arqueológi ca a escalas macro , semi-mi cro y
micro-espacial. En el primero de los aspectos, el uso de los
SIG como potent es bases de datos georreferen ciados ha
favoreci do su gestión más efi caz en relación con su co nsulta,
visualización y edición. En el ámbito de la gesti ón de
Patr imo nio, estas po sib ilid ad es ha n per mit ido c ua lific ar
sustancialment e los procedi mient os administrativ os de
tratami ento de la información de los registros de enti dades
arqueológicas 47 (García Sanjuán-Wheat ley, 1999 ; 2002) y no
se pone en duda el importante avance que ha supuesto la
rea liza c ión d e a nál isis e sp acia les pa ra su ge rir hipó tes is y
propuestas sobre las relaci ones de los sere s humanos con el
medio y con otros seres huma nos en el territorio (Hodder-
Orton , 1990; Lock-Stan č i č , 1995; Wheatley -Gillings, 2002) .
Desde posturas má s cercanas al posi bilismo y al probabili smo
frente al determini smo medioambi ental, es decir ,
entendiendo que el medio defi ne la variedad de respuestas
que el ser humano puede adoptar si endo unas más
probables que otras , la posición ante los SIG tambi én es
abierta. Para P.F. Fisher, por ejemplo, el uso de los SIG es
fundamental como herramient a que automatiza los análisis
espaciales en los que la componente ecológi ca es
destac ada. En es te contexto, los SIG pued en facilitar la
formulación de hipótesi s de trabajo basadas en la búsque da
d e l a o p c i ó n m á s probable dent ro de las posibles , t en i e nd o
en cuenta, posteriormente, el papel que otros factores,
subjetivos y simbóli cos, pueden tener en las variaci ones
observadas en su contrast ación .
Pero la crítica a los análisis espaci ales y su im plementación
informáti ca se vio precedida por una críti ca similar haci a la
aplicación de otros m étodos cuantit ativos (Tabla 2). El uso de
ordenadores se v aloró de una forma desigual de manera
que, por una parte, se asocia ba al indudable progreso que
suponía la posibili dad de manejar grandes volúmenes de
47 Para el caso andal uz (Amores y otros , 1997; 1999a; 1999b; Fernández
Cacho, 2002a; 2003; 2004a; Fernánde z Cacho-García Sanjuán, 2004)
- Silvia Fernández Cacho -
- 38 -
datos y, por otra , a su carácter de herrami enta normalizadora
de la comuni dad ci entífica según los parámetros de la
ciencia occ idental (De Guio, 1992: 311).
Pasado ya el umbral del si glo XXI, y tras las críticas que el
abuso del empleo de de los métodos cuant itativos en
Arqueología ha mereci do en las últimas décadas , conviene
reconsiderar los princi pios que llev aron a su apli cación y
difusión a finales de los años 19 60 y principios de los 1970,
teniendo en cuenta que nunca han dejado de tener una
gran influenci a en los fundament os metodológicos de la
disci plina.
A mediados de los 19 70, un balance de los estudios
espaciales en Arqueología subrayaba las razones que
llevaron a su generalizaci ón (Hodder-Orton, 1976:12):
1. Porque la investigación precedente era limitada en
objetivos y métodos, en general acríticos y de escasa
utilidad para inte rpretaciones detalladas .
2. Porque entendían que la realización de valoraciones
subjetivas de las distribuci ones espaciales podían ser
peligrosas.
3. Por la necesidad de disponer de herrami entas
metodológicas úti les para procesar una informaci ón
cada vez más abundante.
Estas tres razones siguen estando vi gentes y la aplicaci ón de
métodos cuantitativos conti núa siendo esenci al, sin negar por
ello la validez y complementariedad de otros tipos de análisis
con una componente más cualit ativa que cuan titativa
aplicados a determi nados objet os de estudi o y escalas de
trabajo 48 .
Por ello, a pesar de los problemas planteados, a lo largo de
esta investigaci ón se defenderá la apli cación de análisis
cuantitativos, entre los que se integran los espaciales, como
único medio de llegar a co nclusiones que pue dan ser
comparadas con otras reali zadas en los mismos términos y
para establecer p autas de di stribución de l os sitios
48 "La oposi ción absol uta, entre l os métodos cuanti tati vos y cuali tativ os, es
una falsa di sputa. Frente a el la, abog amos por una com plementari edad,
pero en ma yores térmi nos de igualdad, puesto que l a contrastación y
ver ifi ca c ión par a pr oba r la va lide z de nu es t ra s in vest iga c ion es, de be n s er
propuestas p or nosotros m ismos, en c ada caso es pecífi co, no quedando
reservada ni a lo cuantitati vo ni a lo cuali tativo” (Pedone, 2000).
Métodos Cualitativos Métodos Cuantitativos
Datos cuali tativos Datos cuan ti tativ os
Escenarios natur ales Escenari os experim entales
Búsqueda de conoci miento Identi ficaci ón de comporta miento
Rechazo a la ci enci a natural Adopci ón de l a ci enci a natural
Aproxi maci ones inducti vas Aproximaciones deductiv as
Identi ficaci ón de patrones Consecuci ón de leyes ci entíficas
Perspectiv a idealista Perspectiv a realista
Entrevistas cualitativas Entrevistas cuantitativas
Muestra de tam año pequeño M uestra de tamaño am plio
Entrevi stas extens as Medi ciones pequeñ as
Muestreo s no aleatori os Muestreo al eatorio
Tabla 2
Métodos cualitativos versus mét odos cuantitativos
Fuente : (Pedone, 2000: 2000- Tomada de L.J. Philip (1998))
- Algunas clav es epistem ológi cas -
- 39 -
arqueológicos para su mejor conoci miento e i ntegración en
las políticas de ordenaci ón del territorio.
Si parece restrictiva la pretensión de que el em pleo de
métodos cuantitativos en el estudio de las relaciones entre los
seres humanos (y entre estos y los lugares donde des arrollan
sus activi dades vitales ) resulta la panacea de la i nvesti gación
histórica (no todo se puede cuanti ficar o tiene cualidades
para ser cuanti ficado), tambi én parece muy condi cionada la
investigación circunscri ta a los pri ncipios deriv ados del
posmodernismo. Algunos de dichos condi cionantes pueden
paralizar una investigación hasta el punto de conv ertirla en
una especie de document al donde se i ntenta dejar al
público receptor la interpretación final de lo que se ha
intent ado transmitir si n connotaciones subjetiv as
mediatizadoras 49 como las que se relacionan a continuaci ón:
Qu iene s r eal iza n la s in ves tig ac ione s e stán
influenciados de una forma de cisiva por su entorno
habitual.
Cuando se desplazan a ot ro entorno para realiz ar el
trabajo de campo (cambio de entorno espaci al) o
intent an interpretar la i nformación del pasado
(cambio de entorno temporal), no pueden integrarse
en el nuevo contexto de forma total ya que no
pertenece a él.
Tanto la selección de los datos como su análisis e
interpret ación están medi atizados por sus preferen cias.
49 Véase la ex perienci a del trabaj o de campo de C . Pedone al Norte de
Mendoza en Argenti na (Pedone, 2002).
Finalmente tienen que transmitir o “representar” por
medio de la publicaci ón los resultados obtenidos y en
dicha transmi sión existe una nuev a selección y una
forma subjetiv a de presentar los resultados.
Así, llevando al límite el intento de evitar la subjetividad en el
discurso , la represe ntación escri ta del conocimi ento bajo
perspectivas posmodernas es muy problemáti ca en tanto
que se entiende que el lenguaje nunca es inocente , sobre
todo cuando se escribe con el fin de perpet uar las ideas que
se represent an. El callejón epist emológico sin salida al que se
llega en estos casos p uede verse refleja do en la carta de de
D. Tedlock a S. Tyler:
“ Cuando tú abogas por una antrop ología dialógica basada en el
‘diálo go como evocac ión’, no pued o sino pr egun tarme por tus
planes de publicaci ón. ¿Dejarás que ese diálog o sea
representa do? Y si l o haces, ¿no prefe rirías una represe ntación
razonablemen te exacta que una e n la que el editor corte algun o
de los pasaj es más enér gicos, acorte a lgunos de los más d elicados,
elimine todas la s bastardillas y los signos de exclamaci ón, sustit uya
palabras y frases que suen en neutrale s por otras que su enen
cargadas de emoción, cambie todos los pronombr es y verbos en
primera y segunda persona a la tercera persona del plural, y
transforme todas la s citas en discur so indirecto? Esos son lo s mismos
tipo s de ca mb io qu e l os antr op ól og os d esa rr olla n ru tinari am en te,
en una escala masiv a, cuando trabajan sobre diálog os entre
trabajadores de campo y nativos, transf ormándolos en etno grafías
estándar (… ) Cuando di ces que ‘ca da acto de represen tación es
un acto de represió n polí tica’ ¿quiere s decir realmen te que cada
vez que a lguien nos diga algo en un a conversac ión y que lo
ci tem os lue go a te rc er as p ar tes, es tamo s pr ac tic and o r ep res ión
política? Si rehusamos r epetir lo que algu ien nos dijo ¿serí amos
- Silvia Fernández Cacho -
- 40 -
entonces inocen tes del cargo de repr esión? (…) Si evitamo s
representa r su represe ntación de la represi ón, ¿est aríamos
escapando d e reprimirlo ? ” (Tedlock, 1998: 29 5-296)
Ante tod os estos c ond iciona ntes y sin la ex istenc ia de forma s
objetivables, contrastables y comparables de realizar las
investigaciones, la tarea es prácticamente imposible si no es
admitiendo que, da da la imposi bilidad de la objetiv ación de
la investigación, toda ella es igualmente válida. No existen ,
pues, lecturas correct as o incorrectas , todas son admisibles y
respetables (J ohnson, 2000: 140).
En cualquier caso , puede subrayarse que , del mismo modo
que ocurría con la perspectiv a nomológica, desde la
perspectiva relativista también se reconoce la di ficultad del
intento de llegar ha sta las últimas consecuen cias en el
objetivo final de la investigación (la defini ción de
generalizaciones en torno al comportamiento humano y la
interpretaci ón del regi stro arqueológico desde el punt o de
vista de la sociedad que lo produjo ) y, al igual que en
aquella, se concluye afirmando que el esfuerzo merece la
pena (Johnson, 2000: 117) .
Igualmente, una de las críticas principales de ambas
perspectivas respect o a la cont raria es su acienti ficidad. La
Arqueología procesual y sus deri vaciones actuales t achan de
poco rigurosos much os de los est udios de la Arqueología
posprocesual, mientras que est a criti ca a la procesual por
mantener una aparienci a de cientificidad do nde, en
realidad, hay una tendenciosidad manifiesta en las
investigaciones en las que implícitamente se a cepta y
promueve la forma de entender el mundo de la sociedad
capit alist a occident al 50 . Desde algunas corrient es
posprocesuales estructurali stas se critica, incluso, tanto a la
Arqueología procesual como a la posmoderna en base a
este último aspecto: ambas toman como referente la lógica
capitalis ta contemporánea ( Hernando, 2002: 31).
Pero la utilizaci ón de métodos cuantit ativos no tiene porqué
relacionarse exclusivamente con la Arqueología procesual 51 .
Como se ha apuntado en otros apartados de est e capítulo ,
desde visiones posmodernist as de análisis del territorio se han
inco rpo rad o e ste t ipo d e an ális is tamb ién par a pro ce sar
datos referidos a con ceptos de índole cualitativ a e incluso de
percepción del espaci o. Ello hace que cualquier especiali sta
pueda valorar y cont rastar investigaci ones ajenas, además
de intentar expli car las regularidades que pueden ser
detectadas en el registro arqueológico (Shennan, 1992: 19-
20).
50 “Si nos detu vi éramos sólo un mom ento a reconoc er, como sugi ere El ías
(1993, p. 29) has ta qué punto es tos model os [funcionali stas] de “si stema
social” son i nadecuados como instrumentos teóric os para la investig ación
cientí fica de soci edades caracteri zadas por la desi gualdad, como las
sociedades escl avistas , las feudales o l as estamentales –por no salir de
nuestra pro pia tr ayectori a históri ca-, no nos q uedaría otro rem edi o que
reconocer que l os modelos teóri cos utili zados para anali zar el pasado
están, en r ealidad, centrad os en el presente .” (Hernando, 2002 : 26).
51 “…no creo que lo s cambios teóri cos que han te ni do lugar en la disci pli na
como un todo, produzcan la deca denci a del uso de las t écnicas
cuanti tativ as, porque el estudi o de las rel aci ones entre fenóm enos si gue
siendo de importanci a fund amental , sea cual sea l a orientaci ón teó ric a
adoptada.” (Shennan, 1992 : 21)
- Algunas clav es epistem ológi cas -
- 41 -
Las diferentes perspectiv as teóricas y epistemológicas muy
sucintament e presentadas en los epígrafes ant eriores, son
aplicables a todo t ipo de an álisis territorial en el que la
relación entre los seres humanos y el medio sea su objeto de
estudio, ya sea en un contexto temporal pretérito como en
un contexto actual.
En la presente inv estigación los restos arqueológi cos serán
tratados , excepto indicación cont raria, como entidades
localizadas en el espacio físi co en el presente, que deben
protegerse y gestionarse de forma plani ficada, evitando
situaciones de emergenci a mediante proc esos de
anticipación ante los factores que pue den incidir en su
inte gr ida d fí sic a.
No obstante, para que ese proceso de anti cipación sea
eficaz, se deben reda ctar documentos de plani ficació n
claros, que sugieran di rectrices y líneas de a ctuación en base
a criterios explícitos, que aporten elementos de juicio a
quienes deben tomar decisiones que afectan al
conocimiento , investigación, protección y/o difusión del PA.
Los restos arqueológicos son la huella mat erial, tangible, de la
ocupación humana del espacio, pero al no ser analizados en
esta investigación con el o bjetivo de acrece ntar el
conocimi ento sobre las sociedades que los produjeron y
usaron origin almente, sino como una realidad act ual,
contemporánea, algunas de las críticas reali zadas en
relación con la aplicaci ón de métodos cuantit ativos o análisis
espaciales por parte de la Arqueología posprocesual
quedan, cuanto menos, atenuadas. Es decir , la crítica
fundamental al empleo de estos métodos analíticos en
Arqueología es la que proviene de la idea de que no se
pueden aplicar los prin cipios económicos contemporáneos
que subyacen en los mi smos a sociedades disti ntas a la
capitalista occidental, que entienden el mundo en base a
prin cip ios org aniza tivos, func ion ales y simb ól ico s dis tin tos. No
obstante, también se trat arán posiciones teóricas que
plantean la invali dez de los pr inci pios de la ordenación del
territorio desde metodologías que ayudan a perpetuar una
visión del medi o demasiado condi cionada por la lógica
capit alista.
Pero las huellas arq ueológicas de di chas soci edades han
llegado en muchos ca sos, mejor o peor conserv adas, hasta el
presente y, desde el momento en que se ha tomado
con cie ncia de su ex isten cia y de su va lor, se con viert en en
entidades que hay que gestionar desde el presente y para el
futuro.
Ello no quiere decir que, asumiendo esta premisa, queden
descartadas muchas de las propuestas que part en de la
Arqueología posprocesual en todas sus v ariantes. Incluso
tratando el PA como una realidad contemporánea , caben
diversos modos de aproxi mación a su análi sis desde el punto
de vista de la p lan if ic ació n te rr ito rial . En e fec to, de l a d iver sa
forma de entender la relaci ón entre los seres humanos y el
medio físico, deriv ará la distint a selección y tratamient o de
las variables que inciden en di cha relaci ón según las
5. CONCLUSIONES
- Silvia Fernández Cacho -
- 42 -
diferentes ópticas epistemológ icas y teóric as adoptad as. Así,
los distintos posi cionamientos asumi dos influyen
decisiv amente en las respuestas a preguntas como ¿Qué se
debe conserv ar? ¿Dónde se debe i nvestigar? ¿ Qué ti ene
más valor? ¿Qué se debe v alorizar? Las posibles respuestas
pueden expresarse formulando otros i nterrogantes ¿Cada
municipio debe conserv ar lo que estime conv eniente? ¿Ha y
que inve rt ir r ec urso s en f un ción del crite r io pe rs onal de qu ien
asume dicha responsabi lidad temporalment e en la
admini stración públi ca? ¿Es necesario di sponer de
docu men tos d e pla nif icac ión c on c riter ios ex plíc itos bas ado s
en análisis contrastables (y criticables) por los diferent es
agentes implic ados en la tutela d e los bienes pa trimo niales?
En esta investigación se parte del criterio de que , en el
momento de tomar decisi ones, las personas que poseen la
responsabilidad de t utelar el PHC en general , y el PA en
particular, deben disponer de esos docume ntos de
planificación en los que basar su s propuestas.
Estas propuestas han de considerar otra seri e de valoraciones
procedentes de juicios personales o so ciales de má s difícil
cuantificac ión. La valoración de det erminados eleme ntos del
PA, por ejemplo, puede realizarse también a través de
criterios prov enientes del sujeto que lo di sfruta (o lo sufre) en
la actualidad , de su actit ud y de los atri butos que as ocie a
dicho Patrimonio desde el punto de vi sta educativo , estético,
cultural, económico, lúdico, identitario, etc.
En cu alqu ier caso, ni el a nális is de los pais aje s des de el p unto
de vista arqueológico ha sido abordado exclusiv amente por
la Arqueología posprocesual, ni la totalidad de arqueólogos y
arqueólogas posprocesualistas criti can el uso de métodos
cuantitativos incluso para evaluar variables de cará cter
cualitativ o. Entre ambas perspectivas existen una seri e de
variantes que llegan a ser di fícilmente defi nibles. Se ha escrito
mucho sobre la Arqueología interpretativa, cognitiva, de la
identidad, del paisaje, contextual, de la mente, procesual-
cog niti va, etc. y a sí, igu al q ue ha hab ido quie nes de sd e el
procesualismo han abanderado los principios del
posprocesualismo (Hodder , 19 86; 1987), también hay quienes
han incorporado a su análisis procesual algunas interesant es
aportaciones deri vadas del análi sis de aspectos co gnitivos
( Llobera, 1996; 200 2; 2003a; 2003b) y de los ‘paisajes de la
mente’ (De Guio, 1991) medi ante el empleo de aplicaciones
informáticas de mayor o menor complejidad. Del mismo
modo, siguen produci éndose trabajos que adoptan prin cipios
teóricos y metodológicos defendidos por la Nueva
Arqueología aunque no lo explicit en abiertamente por ser
considerada una corrient e, cuanto menos, anticuada.
En e sta in ves tigac ión ta mb ién se m ante ndr á u na pos ició n
flexible. El análisi s del medio físico , las transformaci ones
natura les y a ntrópic as y su mutua inter acc ión, permit irán
obtener una visión más empíri ca del territori o y del paisaje . El
cruce de est e análisis con v ariables relacionadas con la
percepción i ndividual y soci al lo dotará de a spectos
complementarios cuyo peso en el conjunto será más
importante cuanto ma yor sea la escala de análisis.
En relación con este aspecto pueden plantearse v arios
ej emp los. Un aná lisis de la s ign if ica ció n de lo s s itio s
-El Patri monio Arqueol ógi co en los Pl anes de Ordenación del Territori o-
- 49 -
Son muchas las definiciones que se han form ulado del
concepto de Ordenación del T erritorio y en cada una de
ellas se han acentuado algunos aspectos concret os que le
son característicos : la distribuci ón equilibrada de la poblaci ón
y las actividades económi cas, la coordinaci ón de las diversas
políticas con inc idencia en la estru ctura territor ial, la
asignación espaci al de los disti ntos usos del suelo, etc.
G . S á e n z d e B u r u a g a y a l o d e f i n i ó e n 1 9 6 9 c o m o “ el estudio
interdisciplinario y prospectivo de la transf ormación óptima
del espacio regional y de la dist ribución de est a
transformación y de la población total entr e núcleos urbanos
con funciones y jerarqu ías diferent es, con vistas a su
integración en áreas supranaci onales ” ( Pujadas-Font, 19 98:
11).
Más recientemente, tras la promulgación por parte del
Consejo de Europa de la Cart a Europea de Ordenación del
Territorio en 1983 , se han ido proponiendo nuevas defi niciones
para complet arla, perfilarla o, simplemente , plantear
alterna tivas. Según la c itada Carta, la ordenación del
territor io es “ la expresión espacial de las polí ticas
económicas, sociales, cult urales y ecológicas de la sociedad.
CAPÍTULO II
EL PATRIMONIO ARQUE OLÓGICO EN LOS PLANES DE ORDENACIÓN DEL TERRITORIO
ESQUEMA:
1. Introducción
2. El Patrimonio Arqueol ógico como objeto de planificación
territorial
2.1. Justifica ción y objeti vos
2.2. Normati va internacional
2.3. El marco legislativo andaluz
2.4. Algunas exp eriencias nacionales e internacionales
3. El Patrimonio Arqueol ógico en las Bases y Estrategias del Plan
de Ordenación del Territorio de And alucía
4. El Patrimonio Arqueoló gico en los Planes Subregionales de
Ordenación del Territorio
4.1. Plan de Ordenación del Territorio del Poniente Almeriense
4.2. Plan de Ordenación del Territorio de la Aglomeración
Urbana de Granada
4.3. Plan de Ordenación del Terri torio de la Sierra de Segura.
Jaén
4.4. Plan de Ordenación del Territorio de la Bahía de Cádiz
4.5. Plan de Ordenación del Territorio del Ámbito de Doñana
5. Conclusiones
1. INTRODUCCIÓN
-Silvia Fernán dez Cacho-
- 50 -
Es a la vez una disciplina cient ífica, una técnica
administrativa y una política co ncebida como un enf oque
interdisciplinario y global, cuyo objetivo es un desarrollo
equilibrado de las regiones y la organización física del
espacio según un concept o rector ” . E s t a d e f i n i c i ó n e s
recogida por D. Gómez Orea que i nterpreta la ordenación
del territor io “ como la proyección en e l espacio de las
políticas económica, social, cultural y am biental de una
sociedad, y el sistema t erritorial, como el resultado de
aquellas ” (Gómez Orea, 200 1: 30).
Hay quienes, sin embargo, no comparten la definición del
Consejo de Europa porque , como expone “ confunde los
resultados con el instrument o ” proponiendo como
alternativa que “ la ordenación del territ orio es la voluntad y la
acción pública para mejorar la localización y disposición de
los hechos en el espacio geográfico propio; especialment e
de aquellos a los que atribuimos un sentido estruct urante o un
mayor significado respect o a las necesidades y con diciones
de vida de quienes lo habitan ” (Zoid o, 1998: 21) .
A. Hildenbrand también inci de en la importancia de la
voluntad políti ca en la ordenación del territorio y añade a su
defini ción la necesidad de q ue unos objetivo s, criterios o
principios rectores orienten el proceso. Se gún él sería pues
una “ política pública con la finalidad de coordinar y
compatibilizar los di ferent es usos y funciones que se
desarrollan en un determinado t erritorio (región o subregión ),
en consonancia con unos principios rectores ( cohesión y
equilibrio territorial, desarrollo sos tenible, compet itividad de
los territ orios)” (2002: 374)
La Ley 1/1994, de 11 de enero de 1994 de Ordenación de l
Territorio de la Comunidad A utónoma de Andaluc ía (L O T A )
recoge la defi nici ón de la Carta Europea añadi endo que
constituye “ una f unción pública dest inada a establecer una
conformación f ísica del territorio acorde con las necesi dades
de la socieda d ” y que “ debe ser democrát ica, global,
funcional y prospectiva, en la que to do ciudadano debe
tener la posibilidad de participar por est ructuras y
procedimientos adecua dos, en def ensa de sus legítimos
intereses y del respet o debido a su cult ura y marco de vida ”.
A veces el concept o de ordena ción del territ orio se asimila al
de pla nific ación te rr ito ria l, util izá nd ose prác tica men te c om o
sinónimos, mi entras que otras v eces se asume que dentro del
primero se in cluye la ordenación urbanística que, sin
embargo, no formaría part e de la planificaci ón territorial
circunscrit a a los planes regionales y subregionales. E n este
trabajo se adoptará l a acepción del t érmino implícita en la
LOTA, según la cual el concepto de orden ación territori al es
aplicable a ámbit os supramunicipales y, por ello, deja fuera
el planeamiento municipal , asociándose al concepto de
pla nif ica ció n ter ri tor ial .
Seg ún l o expu esto en la LOTA , la p lan ific ac ión te rri toria l se
realiza a través de los sigui entes instrumentos :
Plan de Ordenación del Ter ritorio de Andalucía (POTA):
S u ám b i t o t e r r it or i a l d e o r d en ac ió n e s e l c on ju n t o d e l a
comunidad autónoma, estableciendo su organizaci ón
y estructura. Se especi fica que entre sus contenidos se
-El Patri monio Arqueol ógi co en los Pl anes de Ordenación del Territori o-
- 51 -
incluirán los crit erios territoriales para la protección del
PHC.
Planes de Ordenaci ón del Territori o (POT) de ámbito
subregional: Su ámbito de actuación es
sup ram unic ipa l, afec tand o a te rr itor ios fu ncio nal mente
homogéneos. Igualmente deben contener
indicaci ones sobre las zonas de or denación , la
compatibilización de los usos del territorio, la
“ protección y mejora del paisaje, de l os recursos
naturales y del patrimonio histórico y cultural ”,
estableciendo criterios y medidas que deben ser
asumidas y desarrolladas por los organi smos
competentes.
También establece la LOTA otro tipo de planes y
actuaciones: los Planes con Inci dencia en la Ordenación del
Territorio y las Actuaciones con Incidencia en la Ordenación
del Territorio .
Entre los primeros se encuentran los planes regionales y
subregionales de infraest ructuras (carreteras, ferrocarri les,
puertos, etc.), los planes hidrológicos, de abastecimiento de
agua, gestión de residuos o los propi os Planes de Ordenaci ón
de los Recursos Naturales.
Por su parte , actuaciones como la modi ficación de la
categoría de las carret eras, nuev as líneas ferroviarias o
puertos, alteraciones en las delimitac iones munic ipales,
creación de ár eas metropolitanas , localización de
equipamiento educativo y sanitari o, etc. se incluyen dentro
de las Actuaciones con Inci dencia en la Ordenaci ón del
Territo rio.
En resumen y haciendo especi al hincapié en aquellos puntos
que pueden estar más relacionados con el objeto de esta
investigación, se tendrán especialmente en cuen ta los
siguientes aspectos que caract erizan a la ordenación del
territor io:
Política territ orial emanada de la admi nist ración
pública con carácter normativ o
Coordinación de políticas sectoriales con reflejo
espacial
Preservación del medi o ambiente
Equilibr io terr itorial
Formulación de objetiv os y criterios para
alcanzarlos
Delimitación de zonas de especi ales
características p ara la de fini ción de acciones
específicas
Expresión cartográfi ca de t odas sus fases de
desarrollo
Hay que apuntar, por último, el carácter sistémico inherente a
la ordenación del territorio. En el territorio, el PA, y el rest o de
bienes integrantes del PHC, se encuentran relacionados con
otros elementos que confi guran el si stema territorial 57 . La
57 “La ordenación terri tori al (…) adopta u n enfoque global y sistémi co, que
incorpora en un modelo conjunto l os aspec tos económi cos, soci ales,
culturales , estéti cos y físi co-natural es, que busc a el e quili brio y la cohesi ón
-Silvia Fernán dez Cacho-
- 52 -
n e c e s i d a d d e s u o r d e n a c i ó n s e f u n d a m e n t a e n e l o b j e t i v o
de canalizar los pro cesos y tendencias que se ev idencian en
la sociedad moderna alterando su equili bro y que D. Gómez
Orea (2002: 41 y ss.) clasific a en:
a) Tendenci a del desarrollo hacia el desequili brio territorial
b) Pautas de consumo y com portami ento irraci onal de la
población
c) Pug na entre interés público e interés pr ivado
d) Aparente contradicci ón entre conservaci ón y desarrollo
e) Competencia entre sectores socioeconómicos
f) Conflictividad entre i nterés local e intereses derivados de
ámbitos superiores
Estos problemas de ade cuación de intereses múlti ples
afectan directamente a la preservaci ón del PA, que no
siempre cuenta con el respaldo sufi cient e para que su
preservación se anteponga (cuando sus características así lo
aconsejan) a otras alternativ as de explotación del suel o en el
que se ubica.
En 1975 la legislación urbanística estatal definió lo que debía
ser el Plan Nacional de Ordenaci ón que nunca llegó a
redactarse y los Planes Di rectores Terri toriales de Ordenación
que entre sus directrices in cluían las siguientes (Pujadas-Font,
1998: 19 8):
terri torial medi ante la i ntegraci ón de los sector es y de las di ferentes
unidades terri torial es.” (Gómez Orea, 2002 : 40)
Establecer medidas de protección para preserv ar el
suelo y los demás recursos naturales de los procesos de
urbanización en las áreas q ue por sus características
naturales o su valor pai sajístico deban ser excluidas de l
proceso de distribución geográfi ca de usos del suelo.
Establecer medidas d e protección del PHC.
Aunque no se sobreentiende que en el ‘valor paisajístico’
estén incluidos los sitios arqueológi cos y otros element os del
PHC, se asume en esta investigación que, en la prácti ca, la
protección de un pai saje incidi rá positivamente en el PA que
albergue, por lo que se señala est a directriz , junto con la
propiamente referi da al PHC, como positiva a efe ctos de su
preservación .
En todas las de fini ciones en torno al con cepto de orde nación
del territorio ( o planificación territorial), un aspecto queda
claramente remarcado: el objeto de ordenación tiene reflejo
espacial al igual que sus resultados .
El PA integra entidades de carácter mueble e inmueble y
estas últimas están di stribuidas por el territorio y deben ser
tenidas en consideración en la ordenación del territorio como
parte in tegrante de l PHC. La atención especial que merecen
2. EL PATRIMONIO ARQUEOLÓGICO COMO OBJETO DE
PLANIFICACIÓN TERRI TORIAL
2.1. Justificación y objetivos
-El Patri monio Arqueol ógi co en los Pl anes de Ordenación del Territori o-
- 53 -
esta s en ti dade s en la p lan if icac ión terr itoria l d eri va
fundamentalmente del riesgo de destrucción al que están
sometidas en funció n de los usos del suelo, cuya ordenaci ón
e s c o m p e t e n c i a , c o m o s e h a v i s t o , d e l a p l a n i f i c a c i ó n
territorial. Este riesgo , que es extensivo a otros elementos que
forman parte del PHC, afecta de forma especi al a las
entidades arqueológi cas (EA) por :
Su distri bución espacial no sólo se circunscri be a los
ámbitos ur banos, s ino también, y mayoritariamen te, a
los rurales.
En muchos casos no son fáci lmente detectables , por lo
que a menudo son descubi ertas en el transcurso de la
ejecución de obras que i mplican movimientos de
tierra. Ello puede suponer la de strucción de alguna
parte del regi stro arqueológico de forma previa a la
eje cuc ión de c ual qu ier tip o de inte rve nc ión
arqueológica 58 .
No todo el PA conocido est á regist rado en los bancos
de datos de la admi nistraci ón cultural, por lo que es
difícil que esta cump la eficazmente la misi ón de su
salvaguarda medi ante la deseada anti cipación a los
procesos que pueden afectar a su i ntegridad física.
58 “Queremos dejar constanci a de que en todos los casos en los que s e ha
procedido a la parali zación de unas obras apli cando tal artí culo [37 . 2 de
la Le y de Pat rimon io H istó rico Es pañol p or la que se permit e a la
admini stración competente la interv ención y protecci ón de lugares
arqueológi cos no declarados ante l a amenaz a de su deteri oro o
destrucci ón], se había produci do ya una destrucci ón más o menos grave
de bienes arqueol ógi cos” (de la Casa et al., 1998: 264 )
Volviendo a los aspectos que ca racteri zan la ordenaci ón del
territorio que han sido ci tados en el apart ado anterior , se
podrán añadir algunas ot ras razones que justi fican la inserción
de la variable arqueológica en la plani ficación territorial y, al
mismo tiempo, permit en detectar algunos de los motivos de
su tímida i ncorporación a los planes actualment e vigentes.
La pl anif ic ac ión ter r itor ial e s u na po lít ica p úb lica de
carácter normativo , es decir, establece medidas de
actuación vinculantes para t odos los agentes que
operan en el territorio, ya sean públicos o privados. La
gestión del PA tambi én se sirve de i nstrumentos
normativos y su tutela depende de las
admini straciones públicas .
Forma parte de una de las po líticas sectori ales con
reflejo espacial , por lo que debe i ntegrarse
coordinadamente con el resto en el marco del
planeamien to territor ial.
El PA forma parte del medio ambient e y, como tal,
debe ser protegi do de actuaciones potencialmente
agresivas para los propi os bienes y sus entornos.
El PA es un recurso endógeno que puede ser
rentabilizado cult ural, soci al y económicamente , por lo
que las actuaciones encami nadas a su post erior uso y
disfrute han de resp onder tambi én a criteri os de
equ ilib rio te rri tor ial y rac iona liza ción de las in ver sio nes.
Este proceso deber á regirse por cri terios y objeti vos
reflejados cartográfi camente.
Del mismo modo, es necesario planifi car las diversas
actuaciones que determinadas zonas , que tienen que
ser delimitadas , requieren en fun ción de las
-Silvia Fernán dez Cacho-
- 54 -
características esp ecíficas qu e afectan a su P A:
paisajes singulares , áreas de riesgo, áreas de potencial
arqueológico, áreas de densidad si gnifi cativa de EA,
etc.
A pesar de lo anter iormente expuesto, la óptima in tegra ción
del PA en la planificación territorial no ha llegado a
producirse hasta el moment o. Una de las razones
fundamentales de esta situación es el hech o de que desde la
administraci ón cultural aún no se ha abordado su análi sis
trascendiendo al propio objeto inmueble o, como mucho, a
su entorno inmediat o. El reflejo de esta política sectori al se
deja traslucir post eriormente en los propios planes que ,
independientemente de su escala de ordenaci ón, lo
incorporan como element os aislados, sin relaci ón aparente
entre ellos ni con otros elementos territoriales como las
infraestructuras , equipamientos, etc. Así pues, mientras que
en otros ámbitos de actuaci ón como la política agraria ,
med ioam bien tal , de o bra s púb lic as, etc ., la pl anif ica ción
sectorial traslada a la i ntegral sus propias determi naciones
(Pujadas-Font , 1998: 23), la planif icación territorial sectorial del
PHC es inexistente. Este puede considerarse uno de los
motivos de su débil imbri cación en la ordenación del
territor io.
Efectivamente, la incorporación del PA en la mayoría de los
P O T s e l i m i t a a l o s u m o a u n i n v e n t a r i o d e e l e m e n t o s
inmuebles i ncorporado a modo de anexo y con escasas
medidas no rmativas asociadas más allá de las que emanan
de la Ley 1/1991, de 3 de julio, del Patrimonio Histórico de
Andalucía (LPHA). Estos inventarios son necesarios pero, si
bien a la escala local del planeamiento urbano puede ser el
mín imo im pr esc indib le requ er ido 59 , a esca la subr egiona l y
regional este t ratamiento es clarament e insufi ciente. Es
imprescindible establecer clases de relaci ones espaciales
existentes entre los bienes integrantes del PA, su reflejo
cartográfico , sus característi cas propias y los tipos de
actuaciones que les afe ctan.
La protección del medio ambi ente es tenida en cuenta
ampliamente en los POT, que coordi nan la planificación
sectorial en la mat eria con el resto de las políti cas con
inc iden cia terr ito ria l. La adm inis tra ción me dioa mbie ntal ha
desarrollado sus inst rumentos de planificación y , además de
tener las máximas compet encias de orden ación territorial en
los espacios naturales prot egidos, incorpora al planeamiento
regional sus directrices para el rest o del territorio 60 .
59 Aún así , con buen cri terio, desd e hace al gunos añ os la Consej ería de
Cultura de la Junta de A ndalucía potenci a la realiz ación de Cartas de
Riesgo i ntegradas en el plane ami ento urbano . Su pri nci pal objeti vo es l a
zonificación de l os ámbi tos urbano s en funci ón de su potenci al
arqueológi co para prev enir la destrucción de l os restos conserv ados en su
subsuelo (Rodrí guez de Guzmán-González Campos, 2002; Rodrí guez
Temiño, 2004 a: 93 y ss.). No obs tante esta inici ativa afecta a u n reducido
grupo de muni cipios hasta el momento .
60 “La cuesti ón medi oambiental es o tro de los apar tados importa ntes de los
planes terri to rial es y plantea de nu evo la neces aria coordi nación e ntre
pl an ific ació n t er rit o r ia l y se ct oria l. Nor ma lm en te e s l a p la n if ica ció n se ct oria l
la encargad a de interv enir en tem as medi oambi entales de orden di verso
(…) pero la plani ficaci ón terri torial ha de apor tar l a visi ón de conjunto ,
buscando la armonizaci ón de los diversos usos del suel o” (Pujadas-Font,
1998: 219-220).
-El Patri monio Arqueol ógi co en los Pl anes de Ordenación del Territori o-
- 55 -
La administración cult ural andaluza no ha elaborado aún un
planeamiento sectorial que le permita establecer pautas de
actuación y de prot ección en áreas más o menos extensas
de especial i nterés arqueológi co, y continua ciñéndose a la
protección i ndividualizada de los bi enes incorporados al
Catálogo General del Patrimonio Histórico de Andalucía.
Siendo esta protección fun damental, las escalas regional y
subregional tendrían que i ncorporar otras áreas de
protección en funció n de criterios arqueológi cos.
El PA es, por otra part e, un testi go único para anali zar los
procesos de cambio territorial y de organización del
espacio 61 . No es posible entender la e structura espaci al
actual sin anali zar su evoluci ón histórica y est e hecho es un
elemento más que justifica su estudio y protección. Así pues,
además de establecer las medi das oportunas para s u tutela,
ha de ser estudiado en el contexto de los análi sis y
diagnósticos territoriales 62 .
Será sólo desde la i nvestigación de su signi ficado y relev ancia
histórica como se podrá realizar una aut éntica plani ficación
61 “El hecho d e que h aya div ergenci as sobre la defi nición y con tenidos de
la ordenaci ón del terri tori o, no inv alida el hecho de que la huma nidad está
ordenando el territori o prácti camente desde sus orígene s ” (Pujadas-Font,
1998: 14) (Subrayado propi o)
62 Como bien expresa n H. Lizaur y P . Cisneros, “…i ncorporar la arqueol ogía
a los plane s de OT en el m ás alto ni v el supone, en prim er lugar, r econocer
que la arqueol ogía pertenec e a la pol ítica cul tural, que desarrol la la
admini straci ón en sus diferen tes niv eles y que, al form ar parte del pai saje y
del terri tori o, es impresci ndi ble tenerl a en cuenta a la hora de toma r
decisi ones d cualqui er í ndole sobre el espa ci o en que se asi enta y al que
pertenece” (Llavori , 1998: 312).
territorial sectorial que establezca líneas de actuación en
áreas espaciales dot adas de una si ngularidad destacada en
el conjun to del territori o objeto de ord enación. E ste será uno
de los principales aspect os de los que tendrá que ocuparse
la Arqueología como disciplina científica, aportando
orie nt ac ion es y cr iter ios pre cis os p ar a la pla nif ic ació n
territorial, junto con el resto de disci plinas involucradas en la
ordenación del t erritorio 63 . La Arqueología ha desarrolla do sus
útiles de análi sis espacial suficient emente para elaborar
propuestas en esta direcci ón, aunque su partici pación en la
gestión patrimoni al desde esta perspectiv a sea aún muy
deficiente. A pesar de ello, la sola consideraci ón de la
Ar que olog ía c omo obj eto d e in ves tiga ció n c ien tíf ica j us tif ica
para profesi onales como V. Negri la conservación del PA y su
traducci ón jurídica en los documentos de planifi cación
(Negri, 1995: 307).
Por otra parte, el PA debidamente conserv ado y
promocionado es un indudab le atractivo turístico y, por
tanto, generador d e renta y empleo (Greff e, 2001). Tanto
desde el ámbito público (administraciones competentes),
como privado (turoperadore s), se dem anda la necesari a
protección, conservaci ón y puesta en valor de los elementos
patrimon iales del territor io (ya sean natura les, cultu rales o
paisajísticos ) salvaguardando s us característi cas distintivas y
huyendo así de la temida banalización o globalización de los
recursos (Requejo, 2002). El turi smo reclama ahora espaci os
63 “La misi ón de los profesi onales de l a ordenación ter ritorial no será la de
hacer avanzar es tas di scipli nas cientí ficas, sino l a de recoger sus
formulaci ones para enco ntrar en el las cri terios que con tribuyan a enca rril ar
la toma de deci siones en la di recci ón adecuada” ( Pujadas-Fon t, 1998: 17)
-Silvia Fernán dez Cacho-
- 56 -
ordenados con div ersificaci ón de la oferta y el PA en este
contexto adquiere una relev ancia particular 64 .
La ordenación del uso turísti co del PA tiene en la
pla nif icac ión terr itoria l s u me jor esca la d e actu ac ión. Más allá
de la valorización de un determinado enclav e habría que
tender a pr esentar u n producto tur ístico qu e trasciend a la
escala local hacia la escala regi onal y, sobre todo,
subregional. Ello contribuirá no sólo a la ampliación de esta
oferta, si no también a la de scongesti ón de lugares co ncretos
y a una mayor preocupa ción y sensibi lización hacia la
conservación del PA.
Los documentos internacionales (Recomendaciones,
Declaraciones, Convenios, etc. ) que reflejan explícitamente
la necesidad de i ncorporar norm as y direct rices de act uación
en la ordenación urbana y territorial , relacionadas directa o
indirectament e con el PA, cent ran su atenci ón en aspectos
relativos al pai saje, el PHC en general o , de forma esp ecífica ,
al propio PA. La mayor parte de est os documentos han si do
promulgados por el Consejo de Europa, y no t odos poseen los
64 “El mejor futuro en el mercado del turi smo es para l os productos turísticos
enmarcados en terri tori os bien ordenados , basados en los pri ncipi os del
desarrollo sos teni ble y en l a conservaci ón y mane jo adecuado de l os
valor es lo cale s ( patrimo nio nat ural, patr imon io cult ural y paisa je) ” (Req uejo,
2002: 67)
mismos efectos jurídi cos. Los Convenios se someten a la fi rma
de los Estados miembros del Consejo y son los que poseen
mayor eficacia jurídi ca, mientras que las Recomendaciones
comprometen a los Estados pero no los obli ga a aplicarlas
como norma. Las Declaraciones suponen un recono cimi ento
de intención pero su “fuerza normativa” es aún menor
(Á lvarez , 20 04a: 825).
Para su coment ario se clasificarán en aq uellas que se refi eren
al paisaje, al PHC y al PA, optándose por una de ellas en los
casos en los que un mismo documento se refi era a más de
una de clase 65 .
La consideración del pai saje en los documentos
interna cion ales ha tenid o, des de su orig en, una f uerte
relación con las políticas de planificaci ón territor ial. Al no
tratarse de un bien gesti onado como objeto aislado sino
como característi ca intrínseca del conjunto del territ orio que,
a su vez, puede pre sentar valores ex cepcionales, quedaba
claro que su articulaci ón con la ordenación del t erritorio
debía ser primordial.
Esta asociación se establece claramente ya en la
Recomendación relativa a la protección de la belleza y del
caráct er de lugares y paisajes , promovida por la UNESCO y
firmada en París en 1962. En es t e documento , el carácter de
65 Los textos legales i nternaci onales ha n si do consultados , salvo refere ncia
expresa, en l a base de datos adj unta al Repert orio de T extos
Inte rna cion ale s del Patr imon io Cu ltur al ( Salmerón, 2004b).
2.2.1. Documentos relativos al Paisaje
2.2. Normativa internacional
-El Patri monio Arqueol ógi co en los Pl anes de Ordenación del Territori o-
- 57 -
los lugares y paisajes se asoci a a su aspect o , y s e a pl ic a t an to
a los rurales o urbanos, se an estos naturales o “ producto de la
mano del hombre ”, estén o no p rotegidos.
La UNESCO, propone como dest inatarios de esta
Recomendaci ón a aquellos organismos encargados de la
protección de lugares y paisajes , de la ordenación del
territorio, de la protección de la naturaleza y de las
organizaciones de la juv entud. Ello muestra la doble vertiente
de las recomendaciones que contiene el docum ento: la
protección y la educación.
Es en la primera vertiente, la de protección, en la que se
demanda una mayor implicaci ón de las políticas de
ordenación del t erritorio en la preserv ación de determi nados
lugares y pai sajes, así como en la elaboraci ón de direct rices y
aplicaci ón de medidas q ue guíen las act uaciones que
pueden tener un mayor impacto en ellos.
Si bi en, en general, se expres a la necesidad de apli car
medidas correctoras ante los daños que puedan causarse
(Art. 10), la Recomen dación hace un mayor hincapié en las
medidas de prot ecci ón de caráct er prev entivo ante
potenciales amenazas entre las que se citan las siguientes
(Art . 7):
a) Co nstr uc ción de e dif icio s, púb lico s y pri vado s
b) Construcción de carreteras
c) Líneas eléctricas y otras instalaci ones energéticas,
aeródromos, instalaci ones de telecomuni caciones,
etc.
d) Au tose rvicios para la distribuci ón de carburant es
e) Carteles publicitarios y anuncios luminosos
f) Co nta mina ción
g) Minas y canteras
h) Instalaciones hi dráulicas
i) Instalaci ones de acampada
j) V ertederos
Aunque en general se aconseja el control de todas estas
amenazas como pot enciales causantes de dañ os a los
lugares y pai sajes, se plantea con mayor rotundidad la
exigencia de no tolerar que estas acti vidades se desarrollen
en zonas especialmente clasi ficadas o protegidas (A rt. 9),
entre las que se citan las proximi dades de los monumentos
(Art . 5).
Entre las medidas de protección propuest as (A rt. 12) se hace
mención a “ la imposición de servidum bres en los planes de
urbanización y en los planes de ordenación de todos los
ámbitos: regionales, rurales y urb anos ”, a la clasificación “por
zonas” de los paisajes ext ensos y de los lugare s de interés
aislados.
Respecto al primer aspecto , se establece que los planes de
ordenación rurales y urbanos “ han de contener disposiciones
relativas a las ser vidumbres ” (Art. 14). También h abrán de
promoverse medidas y disposi ciones generales de carácter
estético y de protección en aquellos paisajes que sean
clasificados por su i nterés (Art. 17 y 18).
-Silvia Fernán dez Cacho-
- 58 -
En cuanto a los lugares de i nterés aislados, se pro pone la
cla sif icac ió n de aque llos qu e of rezc an u n inte rés
excepcional , así como los que go cen de vi stas también
excepcionales o circunden un monumento notable (Art. 20),
estableciendo normas que prohíban su alteración.
Para aplicar estas medi das se recomi enda crear organi smos
especiali zados de carácter ejecutiv o (encargados de su
ejecución y control), consultivo (c omisiones) y no
gubernamentales (información a la opini ón pública y a los
servicios responsables) (Art. 30-34).
Por último, se apuesta por la potenci ación de acciones que
promuevan la educación del públi co sobre el respeto por los
lugares y paisajes y po r la difusión de sus v alores.
A pesar de la temprana formulaci ón de esta Recomendación
podría decirse , más de 40 años después, que sigue estando
vigente , y que la observancia de sus recomen daciones
hubieran sin duda evitado que se hubieran perdi do en
muchos terr itorios, y concretamente en el and aluz, muchos
de los paisajes costeros que le eran característi cos y que han
dado paso a complejos t urísticos, residenciales o productivos
insosteni bles, paisajes urbanos que han si do agresivamente
transformados o entornos de monumentos masivamente
ocupados por construcci ones que les restan va lor
interpret ativo y simbólico.
En 1994, el Consejo de Europa formula la Recomendación
(94) 6 para un desarrollo y uso sostenible del mundo rural, con
especial atención a la salvaguardia de la vida salvaje y de
los paisajes . En este documento el concepto de paisaje se
asocia al medio natural o a determinados usos agro pecuarios
del territorio que le confi eren caract erísticas peculiares
( boca ge , huertos, terrazas o par edes de pi edra seca). En est e
sentido, el concepto es más re strictivo que el asumido en el
documento anterior , promulgado 32 años antes. No se hace
mención expresa a la ordenación del territorio, aunque se
refiere a la necesidad de armonizar las act ividades humanas
con el potencial y los límites de los há bi tats naturales, objetivo
básico de di cha política. También plantea como in strumento
fundamental para la gesti ón de los paisajes rurales la
re aliz ac ión de in ven ta rio s “ para entender mejor, entre ot ras
cosas, el desarrollo de los p aisajes y de los element os –
artificiales y naturales- que los constituyen ”.
Para finali zar se proponen medidas de armonización de la s
distintas políticas y acciones que afectan a la salv aguarda
de los paisajes rurales, y de educación para la población
local y foránea, con el fin de promov er la conservación de los
paisajes y de la naturaleza.
Un año después , en 1995, el Consejo de Europa adopta la
Recomendación ( 95) 9 relativa a la conservación de los sit ios
culturales int egrada en las políticas de paisaje . E n e s te
documento el concepto de paisaje se relaci ona
inequívocament e con factores cult urales cuan do se defi ne
como “ la manifestación formal de las m últiples relaciones
que existen ent re el individuo o una sociedad y un espacio
topográficament e definido en un periodo det erminado, y
cuyo aspect o result a de la acción en el tiempo, de f actores
naturales y humanos y de su combinación ” (Art . 1). Ad emás
-El Patri monio Arqueol ógi co en los Pl anes de Ordenación del Territori o-
- 65 -
1) “Buscar la conciliac ión y coordinación de las necesidades
respec tivas de la arqu eologí a y de los planes d e desarrollo ,
garantizando la participac ión de los arqueó logos en: a) La
elaboración de las polí ticas de planificac ión, para establec er
estrategia s equi libradas de pro tección, con servación y pues ta en
valor de lo s si tios que poseen un inter és arqu eológico ; b) En la s
distintas fases de la realización de los programas de desarrollo;
2) Asegurar qu e exista una consulta sis temática en tre arqueólogos,
urbanistas y encargados de la orde nación del territorio en general,
para alcanzar:
a. La modificación de los planes de desarrollo que puedan
ten er efe cto s nega tivos s ob re e l pa trimo nio arq ueo lóg ico ;
b. La concesión de tiempo y medios suficientes par a
efectuar un es tudio científico ad ecuado del sitio, con la
subsig uiente public ación d e los resul tados;
3) Superv isar qu e los es tudios d el impac t o med ioambien t al y la
adopción de deci siones q ue de ellos res ulten, den c omple ta
cuenta de los sitios arqueológicos y de su co ntexto;
4) Disponer, cua ndo sea posible, la conservación in situ de lo s
eleme ntos d el patr imonio ar queoló gico que hayan s ido
encontrados durante la realización de las obras;
5) Garan tizar que la aper tura al pú blico de los sitio s arqueo lógicos
y, en especial, las disposiciones necesar ias para acoger a un gran
número de visi tantes, no suponga un perjuicio para el carácter
arqueológic o y científic o de estos s itios y de su en torno.”
Convenio europeo par a la protecc ión del Pa trimon io Arqueoló gico
(Revisión)
Consejo Euro peo. La Valeta, 1992
En materia de planificación, en el artículo 5 se establece por
primera vez que los países firmantes se comprom eten a
buscar la conci liación y la art iculaci ón de las necesi dades
respectiv as de la Arqueología y de la ordenación
promoviendo que profesionales de aquell a participen en las
pol ític as d e p lanif icació n de cara al e sta blec im iento de
estrategias equili bradas de protección , de conservaci ón y de
puesta en v alor de los sitios de i nterés arqueológi co, de
manera que sea posi ble la modificación de planes de
ordenación sus ceptibles de alterar el PA (Querol-Martínez
Díaz, 1996a ).
Otro aspecto importante en el que inci de este Conveni o es el
acuerdo de i ncrementar el presupuesto destinado a la
Ar que olo gía pre ven tiva, gara ntiz and o la dis pon ib ilid ad de
recursos sufici entes para la elaboraci ón de estudios previ os,
desarrollo de trabajo s de campo y difusi ón de resultados . En
este sentido, se aprueba in cluir en los presupuestos de los
grandes proyectos de desar rollo los gastos deriv ados de la
realización de “ prospecciones y estudios arqueológicos
previos, document os científicos de s íntesis, así co mo la
comunicación y publicación completa de los
descubrimient os ” (Art. 6). Est a Conv ención ha sido rat ificada
por 24 países entre los cuales no se encuentra España (Sanz ,
2004).
Lo que parece claro, es que la integración del PA en la
ordenación del t erritorio requi ere de una coordi nación entre
organismos con com petencias diversas, y es esta una de las
cuestiones más i mportantes qu e hay qu e afrontar y cuya
necesidad se det ecta en el conjunt o de Europa (Va sallo,
-Silvia Fernán dez Cacho-
- 66 -
2001). S in esta coordinac ión difícilmente s e podrá articu lar
una política efectiv a orientada a su salv aguarda del PA.
Tras el traspaso de competencias en materia de ordenación
territorial , los POT sustituyeron a los Planes Direct ores
Territoriales en las comuni dades autónomas , y la mayoría de
ellas han desarrollado ya su propia legislación en la materia.
En Andalucía , la LOTA se promulgó en 1994 como
culminaci ón de una etapa de “ren acimient o” de la
planificación t erritorial en la comuni dad autónoma
(Hildenbrand, 2002). En ella se hacen varias referencias a los
aspectos culturales y al PHC que van a ser analizadas a
continuación para valorar posteri ormente si están reflejados
suficientemente en los propios planes territoriales 66 .
a) C o m o s e h a s e ñ a l a d o c o n a n t e r i o r i d a d , e n l a
e x p o s i c i ó n d e m o t i v o s d e l a L O T A s e e s t i p u l a q u e l a
ordenac ión del territor io cons tituye “ una función
pública destinada a establecer una conf ormación
física del territ orio acorde con l as necesidades de la
sociedad (…) en la que todo ciudadano debe t ener la
posibilidad de participar por estructuras y
procedimient os adecuados, en defensa de sus
legítimos intereses y del respeto debido a su cult ura y
marco de vida ” . Posteriormente se perfila est a idea
cuando se expone que sus objetivos específi cos “ son
66 Los subrayados en l as citas tex tuales de la LOTA son propi os.
la articulación territ orial interna y con el exterior de la
Comunidad Aut ónoma y la distribución ge ográfica de
las actividades y de los usos del s uelo, armonizada con
el desarrollo económico, las potencialidades existentes
en el territorio y la pr otección de la naturaleza y del
patrimonio histórico ”.
b) Los mismos objetivos específicos v uelven a reflejarse de
forma literal en las di sposiciones generales del tít ulo
preliminar de la ley. Ello supone que la ordenación
propuesta por los distintos planes te rritoriales en ningún
caso puede obvi ar la realización de un est udio
pormenorizado de los valores naturales y culturales del
territorio. Entre estos valores culturales , la exi stencia de
bienes integrantes del PA es fundamental en el marco
de estos planes que, si bi en no establecen
determinaciones relativ as a los que se si túan en ámbito
urbano, sí podrían hacerlo respecto a los que lo hace n
en ámbito rural, sobre todo de aquellos que tenga n
una es pec ial s ign if icac ión ter ri tor ial.
c) En el Artículo 7.1. se especifican los contenidos que
debe tener el POTA entre los que se encuentran “ los
criterios territ oriales básicos para el mejor uso,
aprovechamient o y conservación del agu a y demás
recursos naturales y para la protección del patrimonio
histórico y cult ural ”. Este punto supone que se debe
trascender a los criterios puramente individuales de
protección, es decir , referido s a cada in mueble
perteneciente al PHC en función de sus propi os
valores, sino de su art iculaci ón en el contexto territ orial
del que forman parte.
2.3. El marco legislativo andaluz
-El Patri monio Arqueol ógi co en los Pl anes de Ordenación del Territori o-
- 67 -
d) En el Artículo 11.1. se establece que entre los
contenidos de los POT deb e figurar “ la indicación de
las zonas para la ordenación y compatibilización de los
usos del territ orio y para la prot ección y mejora del
paisaje, de los recursos naturales y del pat rimonio
histórico y cult ural , estableciendo los criterios y las
medidas que hay an de ser desarrolladas por l os
distintos órganos de l as Administraciones Públicas ”. Es ,
por tanto , un requisito en todos los POT, indi car zonas
de protección y mejora del PHC, insistiéndose de
nuevo en la nece sidad de incorporar cri terios y
medidas para ser a cometidas por las admi nistraciones
públicas competentes.
e) En la LOTA se expone así mismo con carácter general
que “ el análisis territorial requiere la incorporación de
una numerosa información text ual, estadística y
cartográf ica que permit a prever las modif icaciones
que se producen en el t erritorio ”. La necesidad de
expresar cartográficament e el resultado de los análisis,
diagnósticos y propuestas de ordenaci ón debería
estimular a la admi nistración cult ural a avanzar en la
elaboración de una cartografía t emática de calidad
sobre PA a di stintas escalas , que sirv a de referenci a y
bas e a la p lan ific ac ión terr itoria l.
En definitiva , la LOTA contiene las sufi cient es indicaci ones
relacionadas con la protecci ón y fomento del PHC (y el PA
como parte integrante de este) como para que los planes
recojan esta vari able con un pe so específico import ante en
su conjunto. Sin embargo, su consideración y el nivel de
detalle que alcanza en cada POT son muy desi guales, como
se analizará a lo largo de este capítulo.
Las determinaciones de los POT vinculan a ot ros planes
sectoriales (excepto a los que ordenan los espacios nat urales
pro teg idos que s on as umid os en s u in tegr id ad) y al
planeamiento urbanísti co mediante normas, di rectrices y
recomendaciones. De hecho, el objetivo primordi al de los
POT es art icular una coordi nación entre políti cas sectoriales ,
estatales o a utonómicas que no pu ede asumir e l
planeamiento urbanístico ( Chinchilla, 2002: 19).
Las normas son de obligado cumpli mient o para todas las
admini straciones públicas y los particulares. En el caso de que
entre en contradicción con alguna de las determinaciones
del planeamient o urbanístico, este deberá ser revisado y
adaptado. Las di rectrices , por su part e, son vinculantes en
cuanto a sus fi nes. Los planeamientos sectori al y urbanístico
serán los competent es para establecer las medi das
concretas para su cumpli mient o. Por último , las
recomendaciones no son vinculantes, pero si el
planeamiento sectorial o el urbanístico proponen
actuaciones no ajust adas a ellas, se deberá justi ficar su
inco mp ati bi lid ad.
Sin embargo, en la LOTA no se establecen indicaciones en
rel ació n co n el pro ced imie nto d e g estió n d e lo s pl ane s, cuya s
determinacio nes quedan delegadas a las corporaci ones
locales a través de sus planes urbanísticos municipales y de
-Silvia Fernán dez Cacho-
- 68 -
los planes sectoriales sin garant ías de plazos ni de ejecución
de las medidas propuestas ( Benabent, 2002: 8-9) 67 .
Así, a pesar del intento de solventar el problema de la falta
de coordinaci ón de las políti cas sectori ales estatal y
autonómica del que adolecía el planeamiento urbanísti co,
en la práctica la ejecución efectiva de los POT vuelv e a
recaer en las corporaci ones locales. Ello es debido a que las
regulaciones de los usos del suelo y reservas de terrenos que
trad ic iona lme nte ha a dqu ir ido c ar áct er de nor ma e n e l
planeamiento urbanístico, siguen teni endo el mismo carácter
en los POT, mient ras que las direct rices afectan sobre t odo a
las competencias de la Consejería de Obras Públicas y
Transportes y las recomendaciones a las de otras consejerías
(Chinch illa, 200 2: 18-19) .
En materia de PA, pues , si se establecen determinaciones
concretas en los PO T serán mayoritariamente
recomendaciones , excepción hecha de la indicación al
planeamiento urbanístico de la obli gatoriedad que tienen de
calificar como suelo no urban izable aquel en el que se
localicen bi enes arqueológicos tal y como se especi fica en la
legislación de PHC .
A la le gisl ac ión p ro pia d e l a pl anif icació n te rr itor ial, se
superponen un conjunto de leyes emanadas desde el ámbito
67 “El resultad o puede ser , en la prác tica y a medi o plazo, un l ógico
rechazo al plan por p arte de l as Corporaciones Loca les concerni das, que
pue den ter mina r cons iderá ndolo c omo un inst rument o de c ontrol de las
competenci as munici pales pero n o como un elemento de desarroll o
terri torial del ámb ito” (Benabent, 2002: 9)
de la gestión cultural, que no siempre son coincidentes en sus
objetivos, pero que, en teoría, están abocadas a entenderse .
En la LPHA se incorporan sólo parcialmente los preceptos
emanados de los document os internacionales ya que ,
aunque establece importantes medidas de protección del
PA, estas son apli cables especialment e a los sitios inscrit os en
el Catálogo General del Patrimonio Histórico de Andalucía.
Para el resto de si tios arqueológicos (que son la abrumadora
mayoría) no se establecen suficientes medidas preventiv as,
limitándose a in star a los Ayuntamient os a comunicar a la
Consejería de Cultura la aparición de restos arqueológicos
durante la ejecución de obras y a proteger a través del
planeamiento urbanísti co el PA de su térmi no municipal . La
legislación andaluza no establece su parti cipación en el
proceso de realización de los planes más que en el trámite
de informaci ón pública y sólo cuando esto s afecten a bienes
culturales protegidos.
-El Patri monio Arqueol ógi co en los Pl anes de Ordenación del Territori o-
- 69 -
1. En la tra mi tac ión d e pl ane s te rri tor ia les o urb aní sticos , así como
de los planes y programas de car ácter sec torial, que afe cten a
bienes inm ueble s objeto de inscripc ión especí f ica en el ca tálogo
general de l Patr imonio Histórico Andaluz o declarado s bien d e
inter és cul tural, será oí da la Consej erí a de Cultura y Medio
Ambien te una vez que los documentos hayan adoptado su
redacció n final y an tes de ser so me tidos a aprobación definitiva.
2. El trámi te previs to en el párrafo anter ior será igualm ente de
aplicación a la re visión o modific ación de plan es y programas.
3. Con el fin de facilitar la co ordinación interadm inistra tiva s e
notificará a l a Consejerí a de Cultura y M edio Ambien t e la iniciac ión
del procedimiento de elaboración, modificación o revi sión de los
planes o programas a que hace refe rencia el apar tado 1 de este
artículo , y se incluirá a esta Consej ería entre los ó rganos a consul tar
en el sup uesto d e que sea prece ptiva la r ealiza ción de trámites d e
informac ión públ ica o insti tucional.
Ley 1/91 , de 3 de J ulio, d e Pa trimonio Histórico d e Andalucí a
También la LPHA reconoce la existenc ia de áreas o zonas
amplias que deben someterse a una especi al protección.
Son las Zonas de Servidumbre Arqueológica , espacios en los
que se presume la existencia de restos arqueológi cos, que
también son reconocidos en algunas de las leyes que sobre
PHC han formulado otras comuni dades autónomas. En el
artículo 48 estas zonas se de finen como “aquellos espacio s
claramente det erminados en que se presuma f undadamente
la existencia de restos arqueológicos de interés y se considere
necesario adopt ar medidas precauto rias ”. Con respecto a la
inserción de estos espacios en el planeami ento territor ial la
Ley establece en su artículo 49 q ue “ El plant eamiento
urbanístico o t erritorial que se apruebe, r evise o modif ique
con posterioridad a la ent rada en vigor de esta Ley y af ecte
a zonas declaradas de servidumbre arqueológica, incluirá
medidas espec íficas de prot ección de los valores c ulturales
que han dado lugar a la declaración ” . Trece años después
d e l a p r o m u l g a c i ó n d e l a L e y , a ú n n o s e h a d e c l a r a d o e n
Andalucía ninguna zona de servidumbre arqueológica,
aunque se encuentra en fase de t rámite la referida al
patrimonio subacuático andaluz, que protegerá los posibles
sitios arqueológicos subacuáti cos en toda la franja costera .
En Andalucía poco ha cambi ado, pues , la situación respecto
al análisis que en 1994 reali zaba M.R. Alonso Ibáñez cuando
exponía la escasa imbri cación del PHC en los planes de
ordenación t erritorial, sobre todo si se comparaba con la de
otras políticas sect oriales. A través del análi sis que realizó de
la normativa de las Comunidades Autónomas constat ó
“… la ausencia de la problemáti ca real de lo s espacios cul turales
dignos de protección por su inte rés histórico, artísti co,
paleontológico, arqueológico, etnogr áfico, cient í fico o t écnico (…);
independ ientemen t e de que en tre el con tenido mínimo d e alguno
de los co ncreto s ins trumen tos de ordenac ión te rritoria l figure el
señala miento d e las áreas a pro teger por la ex iste ncia de
constr ucciones d e in terés h istórico o artís tico o por la existenc ia de
yacimien tos arqueológi cos. Eviden temente, alcanzar los objetivos
que se pretend en con la ordenación territ orial exige i r mucho más
a l l á d e l a i n t r o d u c c i ó n d e m e d i a s d e c o n s e r v a c i ó n d e
“construcciones de in terés”. Requiere , por lo pronto, que la política
sectoria l de tu tela de los espacios c ultura les sea una m ás de las q ue
-Silvia Fernán dez Cacho-
- 70 -
se coordinen en el marco de la gestión de la ordenación del
terri torio, al mi smo nive l que se le da a las polí ticas de conservació n
del medio nat ural, de equ ipamient os y serv icios y de
infraes tructur as, tom ando concienc ia de qu e tod as ellas , de la
misma manera d eben ser fun damento de los r espectivos
programas econó micos con los que se pretend a esa utiliz ación
racional y equilibrada del territorio.” (Alonso, 1994: 21)
Estos espacios culturales no se incluyen en la LPHA, y las Zonas
Arqueológicas, a pesar de la amplitud de su definición 68 ,
suelen circunscribi rse a sitios arqueológicos si ngulares y su
entorno inmediat o 69 . Tampoco in corpora los valores
paisajísticos históricos en su articulado, por lo que “ la política
andaluza en materia de pat rimonio his tórico aún no ha
aprovechado sus posibilidades para contribuir a la
preservación de valores paisajísticos que en numerosos casos
están inseparablemente ligados a determinados bienes
inmuebles del patrimonio histórico andaluz ” ( Hildenbrand
2000: 18 ).
A través de experi encias internacionales o de otras
comunidades aut ónomas del Estado Esp añol, tanto en el
ámbito legislativo como en algunos planes ordenación del
territorio, se pueden ejemplificar las formas de afrontar el
68 “Espaci os claramente delimi tados en los que se haya comprob ado la
existenci a de restos arqueológi cos de interés rel evante” (Art. 21)
69 En el A nteproyec to de l a nueva Ley de Patrim onio Históri co de Andal ucía
admiti do a trámite en diciem bre de 2005 se i ncorpora la fi gura de Zona
Patrim onial y Parque Cultural que serán anali zadas más adel ante.
análisis del PA desde el punt o de vista de su planificaci ón
territorial en algunos lugares fue ra de Andalucía.
Como apunta V. Negri (1995), existen dos alternativas básicas
para la planificación territorial del PA. La primera se basa en
la elaboración de una plani ficación sect orial en la materia, y
la segunda en la i ncorporación de los análisis y
determinaciones específi cos en materia de PA en el
planeamiento territor ial integral. Ambas alternativas se han
experimentado aunque parece que la segunda opción es la
más extend ida.
Normalmente, en los documentos de plani ficación territorial
dentro del cont exto europeo occi dental , el PA (y el resto del
PHC) es consi derado (al menos en teoría) como un factor de
importancia clave para el de sarrollo sostenible, sobre t odo de
zonas rurales necesit adas de una cierta revitalización
económica 70 .
1. En Italia, la inserción del PA en los planes regionales y
provinciales de ordenación de l territorio es también muy
importante y se conduce , en la mayoría de los casos, a través
de una per spectiva integrad ora entre medio natur al y PH C,
ref lej ada en la p olí tic a d e pais aj e. La in clu sión d e a spe cto s
70 Así se incluye li teralm ente, por ejemp lo, en el proyec to de revisi ón de
1992 del Plan de Desarroll o Terri torial de Bav iera donde “ La protecci ón,
conservación y ges tión de l os Monumentos de i nterés históri co, artísti co,
urbanísti co, etnol ógico o ci entí fico debe n contri bui r a fortalecer el
atra ctivo de l mundo rur al, especia lment e de aq uellas zonas cuyo
desarrollo debe ser reforz ado de ma nera sosteni da“ (Hild enbrand, 1996:
426)
2.4. Algunas experien cias nacionales e internacionales
-El Patri monio Arqueol ógi co en los Pl anes de Ordenación del Territori o-
- 71 -
propiamente na turales ( geología, flora, fauna, ecología, etc.)
junto con otros aspectos culturales ( infraestruct uras del
territor io o patrones de as entamiento) hac e que dentro de la
categoría de bienes ambi entales queden incluidas zonas con
destacado s valores históricos y arqueológicos .
En l os d oc ume ntos de pla nif icac ión ter ri tor ial ita lia nos, el
paisaje se presenta pues como contenedor de una serie de
valores territoriales de car ácter nat ural y cultural q ue han
dado lugar a espacios privilegiados en los que la
componente estética está siempre presente. Así, por ejemplo ,
en la revisión del Plan Territ orial Regional de Coordinación del
Véneto (PTR CV) de 1992, el paisaje representa la visión
unitaria y de sist ema que conjuga ambos aspectos (PTRCV ,
2004: 82 ).
No obstante , en los planes provinciales de coordi nación ,
sobre todo en los del norte del país, la inserción de la variable
arq ue oló gica ha te nid o una cier ta re le vanc ia y orig ina lid ad,
ya que se ha adoptado una perspectiva más ampli a a la
hora de trascender el análisis de los sitios arqueol ógicos ,
hacia la consideración de otros elementos arqueológi cos
que han dejado una profunda impronta territorial.
Es el caso del Plan Territorial de Coordinación Provincial de
Bologna (PTCPB) en el que la valoración del paisaje se reali za
también desde una perspectiv a integrada entre medio
natural y PHC. Incluso en los casos en los que el paisaje está
dañado, se propone una compensaci ón cualit ativa “ de
reequilibrio ambiental y paisajístico y de redescumbrimiento y
revaloración del patrimonio de los bienes e infraestructuras
histórico-arqueológicas que penet ran fuertemente en toda la
trama de asent amientos ” (PTCPB, 2004: 9 8)
La delimitación de áreas protegidas tiene en este plan un
doble objetivo: la protección del patrimonio natural, histórico-
cultural y pai sajístico y la promoci ón socioeconómica de la
comunidad a t ravés de la rev alorización de di cho pat rimonio ,
siempre que las condi ciones sean idóneas. Estas área s
pueden ser también zonas y element os de int erés
arqueológico , resultado de indivi dualizar y recuperar la red
de elementos históricos legibles que ofrecen una lectura
comprensiv a de la organización hi stórica del territorio , y que
disponen de normas específi cas de protecci ón (PTCPB. 2004:
106). Las zonas de interés arqueológi co incluyen tanto las que
concentran material arqueológico como las que muestran la
estructura de las centuriaciones o de elementos signi ficativos
de las mismas.
Las trazas reconocibles de las centuri aciones roman as son
tamb ién p rot eg idas en zonas de interés arqueológico en el
Plan Territorial de Coordinación Provin cial de Módena
(PTCPM) en el que se establece que deben constituir una
ref er enc ia pa ra l a pl anif ica ción mu nic ipal . E sta p rote cc ión s e
jus tif ica p orqu e la s centu ria cion es fu ero n un ins tru mento de
organización social y de transf ormaci ón territorial realizado
con el mejor aprovechami ento del suelo agrícola (PTCPM,
2000: 37- 39) y aún pue de reconocerse en el paisaje actual .
En el Plan Territorial de Coordinación Provincial de Prat o
(PTCPP), las áreas de i nterés arqueológico se est ablecen
comprendiendo tanto los rest os arqueológi cos existentes
-Silvia Fernán dez Cacho-
- 72 -
como las áreas limítrofes que pueden albergar ot ros
descubrimientos o que se entienden estratégicas para la
val or iza ci ón 71 de los propios elementos considerados
individualmente, como del si stema de relaciones presente en
el territorio (PTCPP , 2003: 49). Otro aspect o interesante
destacado en el art ículo 28 del PTCPP, y en ot ros PTCP como
e l d e T o r i n o ( P T C P T , 2 0 0 3 ) , e s l a i m p o r t a n c i a o t o r g a d a a l a
preservación del viari o histórico como “ element o que ha
estruct urado el territorio y ha cont ribuido a determinar la
formación y el des arrollo del sist ema de asent amientos
histórico” (PT CPP, 2003: 50), teniendo en cuenta también el
valor paisajístico del viario rural. Di cha preservación se ve
reforzada por la salvaguarda del PHC conectado con la red
viaria histórica.
2. En el Reino Unido se ha optado igualmente por una línea
de actu ación sobre el pa isaje co mo base para la
delimitación de áre as amplias de interés histórico y/o
arqueológico. El English Heritage , por inic iativa de la
71 Según el punt o 7 de l art ículo 27 del cita do pla n, los proye ctos
encami nados a la salv aguarda y la v alorizaci ón de áreas de i nterés
arqueológi co deberá n cumplir los si guientes requi si tos:
“ - verifi ca delle aree di cui ai preceden te commi e indi viudazi one di altre
aree di potenzi ale i nteresse archeol ogico pres enti e ad assoggettare i si ti
alle d ispo sizio ni del pre sent e art icolo , fer ma re stan do la po ssib ilità di ogn i
opportuna ar ticol azione e speci fic azione;
- nel le aree di potenzi ale ri trov amento di materi ali archeol ogi ci v algono
le di sposizi oni della vi gente normativa , e le mi sure di salvaguardi a
concordate con la competen te Sopri ntendenza ar cheologi ca;
- nel caso i n cui le prospezi oni e i saggi di scavo, nonc hé gli eventuali
rtrovam enti di m ateriali archeologi ci , comporti no l ’ampliamento dell e aree
già i ndividuate , la di scipli na espli citata nel presen te arti col o si i ntende
applicata anche a quel le porzi oni.” (PTCPP, 2003: 50)
Secretaría de Est ado de Medi o Ambiente , ha creado un
registro de Paisajes de Importancia Hist órica que son
evaluados para det erminar su relev ancia y significación a
distintas escalas esp aciales y admi nistrativ as. Los objetivos
básicos de este regi stro son (R od ríguez Temiño, 1998: 298)
Considerar todos los elementos históricos del medio
rural.
Ayudar al planeamiento y a la locali zación de los
recursos.
Definir y evaluar los rasgos antrópi cos del medio rural.
Asesorar para que la s decisi ones de las aut oridades
locales y los propietarios no afecten a su conservación.
Aunar el trabajo de diferent es administraci ones con
una concepci ón dinámica del pai saje históri co.
Por otra parte , el Departamento de Medio Ambient e,
Alimento y Asuntos Rurales (DEFRA) ha implementado un
programa de protecci ón del medio rural y de áreas
sensibles 72 ( Countryside St ewardship ( CS) and Environmentally
Sensitive Areas ( ESA) ) entre cuyos objetiv os se encuentra la
conservación de sitios arqueoló gicos y otros elementos de
interés histórico. Para alcanzar estos objetiv os se establecen
acuerdos con las per sonas propietarias de t errenos agrícolas
para que abandonen práct icas de agri cultura i ntensiva y
mantengan las tradicionales a cambio de subvenciones
calculadas sobre el potencial productivo al que renuncian
(Donno, 1999: 120-121) . Así, por ejemplo, en St on ehen ge se
ha dotado de una cobertura h erbácea a los t úmulos para
promover el pastoreo extensivo. Este mismo uso se intenta
72 Regulation 19 of Council Regu lati on 85/797 on farm structures (Cookson,
2000: 263).
-El Patri monio Arqueol ógi co en los Pl anes de Ordenación del Territori o-
- 73 -
implantar en los márgenes de Aveb ury , c am bi a n do el us o
agrícola por el pastoreo a t ravés de la imposición de tasas.
Otras actuaci ones de los últ imos años se han cent rado en la
restauración de granjas y graneros , algunos de ellos de origen
medieval ( DEFRA, 2004).
Estas prácti cas, desarrolladas en el Reino Uni do a través de
diversos programas promovi dos por el English Heritage o con
su participación activa , muestran una clara tendencia
integradora de polí ticas culturales y medioambi antales,
articuladas en torno a crit erios extensivos y de promoción de
actitudes acor des con los principi os del desarrollo sostenible
(Fairclough, 1995 ; Brown, 1995).
En cualquier caso, estas ini ciativas no se han visto aún
ref lej ada s en la l eg isla ció n pa trimo nia l ing les a, que no
contempla la protección de áreas o pai sajes históricos
entendidos como espacios que contienen monumentos y
otros elementos t erritoriales no necesariamente asociados a
un determinado periodo hi stór ico ( Cookson , 2000: 33). El
tratami ento de los sitios arqueológicos en la legi slación de
planificación territorial es todavía ai slado, a pesar de haber
sido la primera en la que se vinculó el planeamiento con la
protección del PA a trav és de la Planning Policy Guidance16;
Archaeology and Planning (1990) elaborada por el
Departamento d e Medio Ambiente. En este doc umento se
ju stif ica la impo rta nci a de tene r en cu ent a la ex iste ncia de
restos arqueológicos con ant erioridad a la ejecuci ón de
inte rve ncio ne s co n inc ide ncia ter ri tor ial, tanto en á mbitos
urbanos como rurales 73 . Se asume la dificultad que exi ste
73 E n e l p u n t o 1 9 d e l d o c u m e n t o , s e e x p o n e l a i m p o r t a n c i a d e l a
prevenci ón medi ante l a anteposi ci ón a los posi bles confli ctos : “The needs
of archaeology a nd development ca n be reconc iled, and pote ntial
para garanti zar su conservación en t odos los casos por lo que
se establecen una serie de criterios para fundamentar, de
forma indicativ a, su mayor o menor relevancia.
En relación con el planeamiento urbano , en el Reino Uni do se
han delimitado , sobre todo, áreas de alt o potencial
arqueológico y área s de import ancia arqueológica (AAIs),
aunque las designa ciones son múltiples dependi endo de
cada plan (zonas de priori dad arque ológica, áreas de
sign if ica ció n ar qu eol ógic a, área s lo ca les d e imp or tanc ia
arqueológica , áreas de alert a arqueológica, áreas de
especial priori dad arqueológica, etc.) (Mc Gi ll, 1995). Los
criterios locales en l a delimitaci ón de estas áreas dejan en
evidencia, sin embargo, que cada municipi o organiza la
protección según intereses pro pios , de manera que, por
e j e m p l o , e n a l g u n o s l a p r o t e c c i ó n s e e x t i e n d e a s i t i o s d e u n
determinado periodo histórico o tipología con total o parcial
ausencia de los demás ( McGill, 1995: 116).
3. E n F r a n c i a , l o s p l a n e s d e e s c a l a r e g i o n a l ( Schéma
Directeur ) incorporan directri ces paisajísticas sobre to do tras
la promulgación en Francia de la Ley nº 93-24 de 8 de Enero
d e 1 9 9 3 r e l a t i v a a l a p r o t e c c i ó n y p u e s t a e n v a l o r d e l o s
paisajes y a la modificación de ciert as disposiciones
legislativas en materia de invest igación pública . Sin embargo,
en su articulado el tratamiento del P A sigue basándose con
carácter general en la protecci ón de los siti os individuales
(Breda, 1999:60) .
Por su parte, en la planificación urbanísti ca francesa, desde
1983 se vienen delimitando las denomi nadas Zonas de
conflict v ery much reduced, i f developers di scuss thei r preliminary pl ans for
developm ent with the pl anni ng authori ty at an earl y stage.” (DoE, 1990)
-Silvia Fernán dez Cacho-
- 74 -
Protección del Patrimonio Arquitectónico, Urbano y
Paisajísti co ( ZPPAUP) 74 cuya máxima virt ualidad se gún A.
Marinos (1995) es la de “conjugar, en el seno de un mismo
pr oy e cto , « pa trim on i o c on str u id o » y « pa tr im on io na tu ra l » ,
«arquitectura », «ciudad » y «pai saje », desp ués de realizar un
estudio global concluyendo, no con una «Zona de
Protección» sino con un verdadero «Plan de
Patrimonio »” (Marin os, 1995: 1 59).
Estas zonas, delimitadas con criterios estrictamente
patrimoni ales, muchas v eces exclusivament e de carácter
arqueológico 75 , se integran después en los planes de
ocupación del suelo (POS ), repartiéndose las comp etencias
en función del tipo de gesti ón elegido para ca da una de
ellas. Con las ZPPAUP, se amplían de forma notable los rígidos
criterios previamente existentes según los cuales se protegía
exclusivamente un radi o de 500 metros alreded or de ca da
bien considerado de form a indivi dual. Los bienes y sus
entornos así protegidos que están in cluidos en las nuevas
ZPPAUP pasan a v erse afect ados por los criteri os de
p r o t e c c i ó n d e l a n u e v a f i g u r a . L a a m p l i t u d e s p a c i a l d e e s t a s
es variable y , aunque en la mayor parte de los casos se
i n t e g r a n e n e l p l a n e a m i e n t o d e u n ú n i c o t é r m i n o m u n i c i p a l ,
74 Cuando se creó esta fi gura en 1983 para coo rdinar l a gesti ón sobre el
patrim onio construi do (ZPPA U), no se incl uía l a vertiente paisají stica que fu e
incorporada a trav és del artícul o 6 de la Ley de 8 de enero de 1993 que
crea las ZPPA UP. A partir de esta revi si ón el paisaje se i denti fica como
patrim onio con su hi storia, estruc tu ras y componentes propios (Marinos,
1995: 156)
75 Son, por ejemplo, los casos de las ZPPA UP de Plobanna Lec, La Feuillée,
Huelguat, Penmarch’h , Plouguerneau, Treffl agat, etc. (Sadorge , 1996: 160)
en otros pueden ser varios los municipi os afectados 76 . En
cualquiera de los casos, se t rata de documentos
concertados con los organismos competentes a nivel del
Estado, de un muni cipi o o de un grupo de ellos , en los que la
puesta en valor constituye uno de los ejes princi pales de
actuació n (Sadorge, 1996: 25 ; Breda, 1999).
Las ZPPAUP, además de ser una fi gura concertada , presentan
una característi ca que las hace económi camente viables. Se
han previsto iniciativas financieras para la rehabi litación de
construcciones que forman parte de las Z PPAUP y otras obras
necesarias a trav és de la Agenci a Nacional para la Mejora
del Hábitat (ANAH) y de la Di rección de Arquitectura y
Urbani smo.
4. Quizá una de las propuestas más ambiciosas en la
planificación territorial del PA sea la de la Agencia Danesa
de Bosques y Nat uraleza (DFNA) del Mini steri o de Medi o
Ambiente y Energía de Di na marca (Lund , 1995). Es un
ejemplo de planificación propiamente cultural pensando en
la traslación de sus resultados a las políticas de ordenaci ón
del territor io a escala r egional. Su a portación metod ológica
se basa en i dentificar y valorar espaci os culturales para su
protección y valori zación. Est os espaci os se defi nen como
áreas geográficame nte deli mitadas en las que exi sten
elementos relevant es del desarrollo soci al, y su propuesta es
la d e c ons erva r u na amp lia y s ign if ica tiva p orc ión del PH C
(DFNA , 2001: 7).
76 “L’intenz io ne del legi slator e non è di determi nare un sempli ce perimetro ,
ma di va loriz zar e, in un prog etto c ollet tivo, la memoria e l’ iden tità di un
luogo” (Breda, 1999: 39).
-El Patri monio Arqueol ógi co en los Pl anes de Ordenación del Territori o-
- 81 -
PLAN DE OR DENACIÓN DEL TERRITO RIO DE AND ALUCÍA. BASES Y ESTRATEGIAS .
3. El aprovechamient o de las potencialidades endóge nas y de
la cooperación inter territorial se consideran principios básicos
para consolidar a A ndalucía como un espacio bien
estr uc tura do y com pe titi v o.
La mejora de la compet itividad del sistema productivo
La cohesión social
La mejora de la articulación fí sica del terri torio regional
El u so r aci on al d e lo s re cu rso s y la va lor aci ón d el p at ri mon io n atu ral y cu ltu ra l
JUSTIFICACIÓ N, ALCA NCE Y
OBJETIVOS
4. El Plan de Or denación del Territorio de Andal ucía constituye
el desarrollo consecuente de los ant ecedentes de la política
territorial andaluza
Del diagnóstico terri torial se conclu ye:
La gran diversidad y riqueza de los elementos te rritoriales del sistema urbano, sistemas productivos
locales, usos del suelo y recursos pat rimoniales (naturales y culturales)
Las potencia lidades que ofr ecen dichos elem entos para integrarse en estrategias de desarrollo a
todas las escalas, constatándose el val or añadid o, en términos d e efi cacia y mejo ra de l a
competitividad, que genera la puesta en marcha de estrategias de integración y cooperación en
el territorio.
La existencia de condicionantes ( históricos, económ icos y culturales ) que limi tan el desarroll o de los
procesos de cooperació n territorial , y la constataci ón de l a necesidad de avanzar en la integración
económica del terri torio regional , aspectos clave para el desarroll o de Andalucí a.
DIAGNÓSTICO TERRITORI AL
2.4.5. Base natural y organización del territorio
Los habitantes de Andalucía han creado, con su actividad, paisaje s propios, que part iendo de una base física, constituyen hoy u n rico pat rimonio para la región,
tanto por su diversidad como por su interé s y, muy especialme nte, por las potencialidades de desarrollo, con las que se asocia.
Dentro de es te planteamiento no debe conf undirse lo cultural co n lo e xc lusi vament e m onu ment al, ni los va lore s a mbi ent ales só lo con los espacios protegidos
naturales. Debe3 av anzarse, al contrario, en una interpretación más amplia e integradora del conc epto de patrimonio, acorde con planteamientos que e mpieza
a ser ya habituales en l a planificación de bienes culturales. Te ndrían, así, la consid eración de pa trimonio todos los elementos natural es o culturales, material es o
inmaterial es, here dados del pasado o cr eados en el pr esente, e n los que una determinada sociedad reconoce sus señas de identida d. Es más, el análisis territorial
del patrimonio –en sus vertientes natural y cultural- no puede l imitarse a identificar bienes y espacios valiosos, que deban pr eserv arse para las futuras generaciones
de andaluces. Es necesario contemplarlo, en última instancia, co mo valor que debe ser ampliado, mejorado y , en definitiv a, utilizado para obtener una utilidad
social, económica y territorial.
(…) Es co nvenien te, no obs tante es tablecer agrupacion es en grand es bl oques:
El primero coin cide con l as áreas de montaña (…). La singularidad de su pobl amiento histórico, la posición mil itarmente estratégica, que han tenido durante
siglos, y los biene s, que han ido creando las sucesivas formas de explotación de los recursos naturales, unido a la atonía soci oeconómica , en la que se ha n
mantenido la mayoría de l as comarcas serranas, han hecho posibl e qu e, en primer l ugar, se haya acumulado un patrimonio particul arm ente atr activ o, y, en
segundo, qu e éste di sfrute h oy de un aceptabl e grado de conserv aci ón. Como ocurría en el caso de los espacios naturales, la pro tección de estas formas de
patrimonio en las áreas de montaña ha venido a reconocer su im portancia regional. A sí, aproximadamente la mitad de l os actuales Conjuntos his tóricos, más de
un tercio de los Monum entos y más de la mitad de las Zonas A rqu e oló gic as d e t oda An da luc ía se loc ali za n en áre as de mont añ a. A el lo h abr ía q ue añ ad ir la
presencia de un rico y variado patrimonio –no siempre ma terial - vinculado a l as actividades product iv as tradicionales, que sólo en una mínima parte ha recibido
una protección específica y que, con frecuencia , es todavía poco conocido y por l o general insuficientemente v alorado. La plasm ación física de toda esta
riqueza patrimonial es, lógicamente un paisaje de altísimo valor y con una a lta significación como seña de ident idad territoria l. Sobre él, adem ás, hay un cons enso
para que se c onvierta en un el emento bás ico en l as estr ategias de desarroll o, que se plante en para estas zonas, y que, en buena medida pasan por el
aprovechamiento turístico de estos recursos. Se trata, sin embarg o, de un paisaje que, a corto y medio plazo, puede v erse afect ado por grav es problemas de
degradación. En parte, éstos t ienen su origen en la utilizació n, que comienza a hacerse de los recursos patrimoniales – interve nciones no respet uosas, pérdida de la
autenticidad de los paisajes, nuevos crecimientos urbanos y prod uct ivos, etc.-. Pero, paradójicamente, los mayore s peligros pue den encontrarse en la crisis que
amenaza a muchas de las actividades, que –no hay que olvidarlo- han sido responsa bles de la formación de los paisajes que hoy d isfrut amos. Formas ta n
representativas como las dehesas o construcciones del medio rural, como molinos, instalaciones mineras, lagares, o acequias tie nen como principal amenaza la
inviabilidad económica de las producciones tradicionales y la co nsiguiente obsolescencia que su desaparición está originando en este tipo de cons trucciones.
-Silvia Fernán dez Cacho-
- 82 -
Un segundo bloque de unidades l o forman las áreas agrícolas interiores (…). Los paisajes de vegas y campiñas son unos de los más maduros de la región.
Resultados de un l argo proceso de col onización y muy condicionados por l a presencia de sus anti guas ciudades han pasado a ser u na de las imágenes más
difundidas de Andal ucía, la de la feracidad de sus recursos na tu rale s y d e s u po te ncia lida d a gríc ola . S on t am bién es paci os pa rt icularmente atractivos por su
patrimonio histórico, de carácter mayoritariamente urbano –conju ntos históricos- y monumentos, pero en el que también sobresal e n elem entos rural es muy
significativos –haciendas, cortijos, etc.- y una presencia des tac ada de grandes zonas arqueol ógicas. Hay, por último, un segund o grupo de problemas - en par te
vincul ado con el ante rior, que tiene s u orig en en el débil val or social q ue, en gener al, se da todavía a lo s paisajes agrí cola s y, más en particular a numerosos
aspectos de su patrimonio. L os procesos de cambio que se han experimentado en las últimas décadas han sido, probablemente, dema siado rápidos para unas
estructuras sociales y cul turales de relativ a rigidez. Es result ado ha sido, con frecuencia, la adopción ac rítica de patrones p ropios de l as grandes ciudades y una
acelerada pérdida de la identidad de numerosos paisajes, pueblos y ci uda de s. Así, en el m ed io r ura l la i mp lant ación de la s g ran des infraestructuras han adol ecido
de adecuación paisajística a su ent orno y las nuevas construccion es h abitu almente han r oto l os equil ibrios anteri ores . En el in terior de los cascos urbanos los
edificios monumentales sí han sido normalmente respet ados, si bien la atenc ión que reci ben suel e ser men or que l a que obti enen en otras áreas. No ha ocurrido lo
mismo, en cambio, con el resto del caserío tradicional, y en meno r medida aún con l os crecimientos de borde, en los que la degradación urbanística y paisajíst ica
es hoy en dí a más notable.
La franja litoral constituye el ter cer gran bl oque de unidades (…). En estos pa isajes coincide un alto valor de los espacios naturales y del pat rimonio histórico con
una acusada fragilidad de l os mismos. Esta se deriva tanto de las propias caract erísticas de los espacios y bi enes, como de las tensiones que soportan e n un
entorno marcado por el rápido crecimiento de un os usos productiv o s cada vez más intensi vos (…). Con independencia de su interés ambiental, los paisajes
litor al es tam bi én es tán des tin ado s a j ugar u n pap el tr asc end enta l en el desarroll o de estas áreas. Su potencialidad dentro de l as estrategias para mejorar el sector
turístico tradicional es evidente. Los e spacios naturales y el pa t rimonio cultural están en condiciones de aportar la diversifi cación y la cualificación que demanda l a
oferta turística más conv encional , aunque ta mbién es cierto que l a s experiencias de su utilización como recursos turísticos est án sie ndo, en ocasiones,
insatisfacto rias. La valoración que suele hacerse de los recursos patrimoniales, en razón exclusivamente de su rent abilidad tur ísti ca i nme diat a, da lu gar a un a
banalización de paisajes y bienes, que crea una imagen de formada de la cul tura andaluza. En este aspect o debe recono cerse que, ha sta la fe ch a, no se ha
conseguido crear una sensibilidad social suficientemente sólida co mo para hacer siempre compatible el crecimiento de la act ivid ad turística con el
mantenimient o de la autent icidad del patrimonio.
El último de los bloques a considerar es el de las áreas urbanas organizadas en torno a l as princip ales ciudades andal uzas . La polarización que se pro duce en ell as
de población, activ idad productiva, infraest ructuras y creci mientos urbanos genera fu ertes tensiones sobre el medio rural, los espacios ambi ental mente más
interesantes y e l pa trimonio histórico.
A este res pec to, pue den dif erenci arse dos ti pos de situaciones: las relacionadas con lo s espacios urbanos ya consolidados y las que se originan en los espacios
rurales limítrofes. De ntro de los primeros, e l peso en la imagen urbana de su patrimonio, que abarca desde conjuntos monumen tales a aspectos inmateriales de l a
actividad cultural , es determinante. De hecho, siete de los ocho centros urbanos de las capit ales provinciales andaluzas tienen la consideración de Conjuntos
Históricos. Esta coincidencia entre los cent ros funcionales de las distint as áreas metr opolitanas y los espacios de mayor valor patrimonial debe int erpretarse, en
principio, como un valor añadido para l a competitividad de las ciudades andaluzas. La evolución seguida en las últimas décadas ha puesto de manifiesto, sin
embargo, que este tipo de coincidencias también ha prov ocado un deterioro generalizado del paisaje urbano, que sólo en parte es tá consiguiendo rec onducir el
planeami ento urbaní stico.
Fuera de los centros urbanos las tensiones se concent ran en las amenazas que cr ean los nuev os crecim ientos sobre es pac ios rural es qu e, si bien no si empre
pueden co nsiderarse de alto v alor ecol ógico, sí tienen un a especi al rel evancia social y amb iental en un c ontexto d e progr esiva congestió n, lo que los dota de un
valor estratégico especial. Algo simi lar ocurre con el patrimonio histórico de estos ámbitos –yacimientos arque ológicos, constr ucciones rurales, pat rimonio industrial,
etc.-, para el que muchos de l os actuales crecimient os desordenados pued en supone r, bien su desaparición física, bien una pérdi da de significación o una seria
limitación para su puesta en valor.
Del anterior diagnós tico por unidades subreg ionales queda cl ara la trascendencia terri to rial de la riqueza y diversidad de los espacios naturales, bi enes
patrimoniales y paisaje s con los que cuenta Andalucía. Su importan cia ha sido ya pl enamente reconocida por la Administración, q ue se ha dot ado de
instrumentos de protección que han dado lugar a div ersas redes de lugares con v alores ambientales y culturales ya consolidadas (L e y d e I n v e nt ar i o de E s p a ci o s
Naturales de Andal ucía, Registro de Bienes Cul turales, Catá logo Ge neral del Patrimonio Histórico de Andalucía, et c.
-El Patri monio Arqueol ógi co en los Pl anes de Ordenación del Territori o-
- 83 -
Aunque la idoneidad y eficacia de estos instrumentos están fuera de duda, no debe deducirse de ello que toda la problemática re lacionada c on la protección
del patrimonio cultural y ambiental puede abordarse exclusivamente desde este tipo de instrumentos. En primer lugar, porque, po r su propia naturaleza, ést os
suelen q uedar restringi dos a l os espacios y bienes d e mayor r eleva ncia, y difíci lmente p odrán abarcar tambi én paisajes y elemen tos dotados de menor
singularidad, pero necesitados , de igual forma, de un tratamiento especial. En segundo, porque la eficacia de los mecanismos de protección creados por las
respectivas legislaciones aumenta considerablemente si consiguen in corporarse a formas de interv ención más integrales, que perm itan, entre o tras cues tiones ,
abordar simultáneamente los problemas de ambos tipos de patr imonio, el natural y el cultural.
Desde es tos planteam ientos , la ordenaci ón del territorio es tá en co ndiciones de aporta r sol uciones a much os de los conflictos e xistente s y servir de referencia a las
propuestas de utilización y acrecentamien to del patrimonio natural y cultural . En definitiva, la conserv ación y la puesta en va lor del patrimonio debe ser concebida
también horizontal mente y, en consecuen cia, incorporada a la planificación terri torial.
Objetivo
marco
Vertebrar la región andal uza
Consolidación de A ndalucía como espacio común desde el punto de vista político, social, económico y cultural.
Objetivos
global es
Pot enc iar la ar ti cula ció n f ísic a d e An da luc ía
Contribuir al desarrollo económico, la calidad de vida y el bienestar social.
Favorecer el uso sostenible de l os recursos naturales y culturales
Objetivos del plan
Objetivos
concretos B. En re lac ión con la g est ió n de lo s re cu rso s na tu rale s y e l pai sa je.
Establecer criterios territoriales relativos a los usos del suelo y la ut ilización de los recursos y la protección del patrimon io y el paisaje:
Establecer criterios territoriales relativos a los usos del suelo y la utilización de los recursos naturales y culturales en la s U nidades Territorial es
Configurar un Sistema Regional de Protección de los recursos naturales y culturales de interé s territorial
Establecer criterios para la conservación y mejora del paisaje
Incorporar la consideración de los riesgos naturales en la ordenación territorial, urbanística y sectorial.
UT -1. Com pat ibi liza r e n las Un ida des lit orale s la
dinámica de los desarrollos urbanos y económicos
con un uso racional de los recursos y la
conservación de los ecosistemas y paisajes
Acotar y dimensionar los usos y activi dades urbanas y agrícolas con
criterios de sostenibilidad.
Incorporar en las propuestas de desarrollo urbano y turístico los recursos
patrimoniales y paisaj ísticos sobre la base de la preservación de sus valores.
UT. Establ ecer c riterios
territoriales relativ os a los usos
del suelo y la utilización de
los recursos naturales y
culturales en l as Unidades
Físicas Territoriales.
UT-3. Fav orecer en las Unidades interiores de
secano la diversificación de los usos del suel o y los
aprovechamientos productivos.
Ori ent ar la or de nac ión ur bana hac ia la prese rvac ión de los va lor es
patrimoniales de las ciudades históric a s, el mant enimient o de una id entidad
propia en las áreas de crecimiento, y el t ratamiento paisajístico de las áreas
periurbanas.
La perspectiva territorial debe basarse en un entendimiento global de los recursos patrimoniales, que han de constituir e l Sist ema
Regional de Protec ción, tanto na tural como cultural, y en una a t ención especial a las oportunidade s de integración y conexión e n
el territorio de esta red. Para la configuración de este sistem a se incorporan los espacios y eleme ntos que actualmente e stán y a
incluidos en otras planificaciones de carácter reg iona l (…) . E l POT A no p uede limi ta rse, sin e mba rgo, a la s imp le r eco pila ció n,
como si de elementos yuxtapuestos se tratara, de los ámbitos en umerados, sino que debe avanzar en la configuración del sistema
r e g i o n a l d e p r o t e c c i ó n a p a r t i r d e l a i n terconexión e integración de sus dist intos elementos en el territorio, así como debe se r la
oportunidad para profundizar de forma más integrada y global en los conceptos de protección ambiental, territorial y urbanístic a,
a s í c o m o e n e l c o n c e p t o d e p a t r i m o n i o . E l P O T A h a d e s e r e l instrumen to que p recise la fu nción que el pl aneamien to terri torial y
urbanístico deba tener en relación a la protección a espacios y bienes que, por sus propias características, no tienen cabida e n las
grandes figura s de pro tección amb iental y cultural, p ero que exi gen cier to niv el de pro tección des de otras p erspectiv as o
funcionalidades.
SP-1. Profundizar en el inventario y categorías de protección
SP-2. Vincular el Sistema de Protecció n a la promoción del uso público compatible con l a conservación
ESTRATEGIAS DE ORDENA CIÓN TERRITORIAL
4.2. Estrategias relativas a la gestión de los recursos
naturales y el paisaje
SP. Configurar un Sistema
Regional de Protec ción de
los recursos naturales y
culturales de interés territorial.
SP-3. I ntegrar l os elem entos d e pro tección en tre sí , hasta g enerar redes coh eren tes e interc onec tadas
-Silvia Fernán dez Cacho-
- 84 -
PJ-1.1. Establecer criterios para la ordenación y conserv ación de los paisajes rurales PJ-1. Considerar a los componentes del
paisaje como información y recurso para
una correcta or denación de us os del suel o PJ-1.2. Establecer criterios para la ordenación y conserv ación de los paisajes urbanos
PJ-2. Analizar, identificar y catalogar los paisajes de Andalucía y formular criterios para su gestión
PJ-3. Incorporar criterios paisajísticos en los proyectos de in terv ención sob re el terri torio
PJ-4.1. Establecer criterios territoriales para la diversificación paisajística
PJ. Es tabl ecer cri terios para
la pr ot ecc ión y ge sti ón de l
paisaje PJ-4. Corregir procesos d e deterioro
paisajístico PJ-4.2. Establecer criterios d e ordenación terri torial para la reconstrucción y
restauración de paisajes deteriorados, y para el desarrollo de actuaciones singulares.
* Solo se i ncluye en l a tabl a el conteni do de aquell os apartados Tabla 4
que pueden afectar di rectamente al PA. El PA en las Bases y Estrategi as del POTA
F u e n t e
: Elaboraci ón propia basada en el POTA. Bases y Estrat egias.
Consejería d e Obras Públi cas y Transpor tes. Ju nta de Andalucí a.
Sevilla, 2003.
-El Patri monio Arqueol ógi co en los Pl anes de Ordenación del Territori o-
- 85 -
El Plan de Ordenación del T erritorio del Po niente Almeriense
(POTPA) se aprobó a trav és del Decreto 222/2 002, de 30 de
julio, publicado en el número 119 del Boletín Oficial de la
Junta de Andalucía. Su ámbit o territorial se circunscri be a los
municipios de El Eji do, La Mojonera, Roquetas del Mar, Vícar ,
Dalías, Berja, Adra, Énix y Félix, abarcando en total una
sup erf icie de 929 kms 2 y una densidad de población de 193
hab/km 2 .
Esta zona se caracteriza fundamentalmente por la ex tensión
de la agricultura forzada bajo plásticos que, aunque en la
actualidad se ha extendi do por otras zonas de la r egión ,
tiene en el municipi o de El Ejido su princi pal referente (Lámina
1). La rentabili dad económi ca de estas explotaci ones parece
haberse antepuest o a cualquier otro tipo de control y está
generalizada la i nstalaci ón indiscrimi nada de las estruct uras
necesarias, t anto en aquellas áreas que le s on especialment e
favorables, como en aquellas ot ras que, no siendo i dóneas,
han sido colonizadas a cost a de su necesari o
acondici onamient o 82 (Lámina 2).
82 “No se di spone de una regulación seri a de es te ti po de i nstalaci ones y su
extensión se basa en factores c omo l a rentabili dad, la r apidez de la
con stru cción, los r end imie nto s rápido s, la fle xibil ida d del me rca do, la
movilidad de los productos, etc.” (Salmerón, 2003: 37)
4.1. Plan de Ordenación del Territorio del Poniente
Almeriense
4. EL PATRIMONIO ARQUEOLÓGICO EN LOS PLANES
SUBREGIONALES DE ORDENACIÓ N DEL TERRIT ORIO
Lámina 2
Desmontes para invernaderos en El Ejid o (Almería)
Lámina 1
Invernaderos en El Eji do ( Almería)
-Silvia Fernán dez Cacho-
- 86 -
Pero hay tambi én otras áreas característi cas de este espacio .
Sobresalen entre ellas el Paraje Natural de Punta Entinas-
Sabinar al sureste y la Sierra de Gádor al Nort e, que
flanquean amplias superfici es en la que el plástico se ha
convertido en el elemento predominante, a veces único, del
territor io.
Esta s ituación pr ovoca tensione s terr itorial es en las qu e la
conservación de los recursos na turales y culturales (entre los
que se encuentra también el paisaje) son los principales
perjudicados por la falta de or denaci ón de este uso del suelo
que se incrementa gradual mente sin las necesarias
cautelas 83 . En efecto, el POTPA delimita zonas de reserv a,
sob re to do en func ión d e crite rio s me dioa mbie nta les , pero
sólo prevé la elaboración de ev aluaciones de impacto
ambiental ante la i nstalación de inv ernaderos en zonas con
pendientes de entre un 5% y un 10% , y en áreas de cultivos
trad ic iona les do nde se pre tenda re aliza r u n ca mbio de us o
hacia la agricultura intensiva bajo plásticos (Cañete, 2002).
Si en el POTPA se articulan algunas medidas para preservar la
calidad de los recurs os naturales y paisajísticos , el PA no ha
sido obj et o de l tra tam ien to m ás ó ptim o e n fu nció n d e los
evidentes ri esgos a los que está someti do. En la Tabla 5 , se
muestran los aspectos refleja d os en el POTPA, que inci den
más directamente en la consi deración que la variable
83 “Los accesos, desmontes ordenados, i mpactos visuales atenuados,
adaptaci ón al terr eno, m odulaci ón, et c ., son los grandes desconocidos de
este sec tor acogi do a sub v enciones de todo ti po y cuya i nstalaci ón en el
terreno se hace medi ante permi sos someros”. (Salmerón, 2003: 39)
patrimonial, en concreto el PA, tiene en el documento
aprobado.
En la memoria informativa , presentada a modo de sí ntesi s del
diagnóstico territorial, aparece el PHC específicamente
tratado por pri mera vez en el apartado de oportunidades y
problemas territoriales en un epígrafe denomi nado La
degradación del paisaje. Pot encialidades de este recurso y
del Patrimonio Histórico y Cultural . En relación con el PA, se
hace mención general a la existencia de pobladores
antiguos, entre los que se destacan los de origen púni co,
romano y árabe, que han dejado “ huella con la presencia
de importantes rest os arqueológicos ”. Es la única mención de
carácter hist órico anterior a la edad contemporánea . que se
realiza en el documento.
El PA se co nside ra u n re curs o patr imon ial de in teré s pa ra su
aprovechami ento lúdico y recre ativo , estimándose qu e debe
ser tenido en consideraci ón en la conformaci ón del sistema
de espacios li bres del poniente almeri ense. Sin embargo ,
también se hace mención a su m al estado de conservación y
a las limitaci ones de su aprovechami ento por su carácter
disperso y deteriorado . Esta afirmación no deja de sorprender
ya q ue, a falta de inf orm ac ión ad icio nal más prec isa, el
deterioro y la di spersión de e ste ti po de patrim onio son
características que prácticamente siempre le son
consustanciales. Además, en el documento previo de
inf orm ac ión p úb lic a s e ha cí a me nció n incl us o a o tra
difi cultad añadi da: “ la dif icultad que acarrea la puesta en
valor de estos rest os arqueológicos ” ( POTPA, 2000: 28).
-El Patri monio Arqueol ógi co en los Pl anes de Ordenación del Territori o-
- 87 -
Acertadamente esta apreciación se eliminó en el
documento final.
Por otra parte , a pesar de q ue se plantea la opción de
integrar en el sistema de espacios libres del ámbito
subregional aquellos elementos del PHC y PA con más
posibilidades de recuperaci ón, el hecho es que en el
epígrafe correspondiente que se i ncluye en el apartado de
Estrat egias y Propue stas , no se hace menci ón alguna a
dichos elementos (POTPA , 2002: 73 y ss.).
Lo más reseñable del document o son, sin embargo, las
determinaciones relativ as al Patrimonio Cultural (POTPA, 2002:
197-198). El Artículo 133 plant ea como objetivos generales el
impulso a la protección del Patrimonio Cultural y el estímulo a
su uso público, aspectos que, como se ha dicho
anteriormente, no son particularmente tratados en el plan.
Pero lo más llamativo es el punto 1. del Artículo 134, en el que
s e c a m b i a l a d e n o m i n a c i ó n d e P a t r i m o n i o C u l t u r a l p a r a l o s
bienes que son objeto de las det erminaciones que se
desarrollan bajo di cho epígrafe . En el citado punt o se precisa
que tienen la consideración de recursos cult urales, y que
forman parte de ellos “ tanto los elementos del patrimonio
histórico-artístico y etnográficos present es en la comarca
como los elementos del patrimonio natural y paisajístico ”,
para pasar a con cretar la orientaci ón de las actuaciones
sobre dichos re cursos . Así, se v uelve a i ncidir en la necesi dad
de incorporar a los itinerario s turísticos y recreativos los
recursos culturales de la comarca cuando a lo largo del
documento solo se propone la i ncorporación de áreas de
interés natural y paisajísti co, entendidas como zonas de
singulares caract erísticas estéticas y natura les.
Sigu ien do la m isma lín ea de in ser ción de l p aisa je, los rec urs os
naturales y el PHC dent ro del concepto de recursos
culturales, se hacen extensibles las actuaci ones y propuestas
del plan para la protección y mejora del estado de los
recursos naturales y del pai saje al PHC. Esta extensi ón se
establece sin haber realiz ado un estudio previo de los rest os
arqueológicos conserv ados en el ámbito de actuaci ón,
asumiendo así deter minaciones que están especi almente
formuladas desde el estudi o de otras v ariables no
patr imo nial es.
Por último, entre los cinco bienes que se citan expresamente
para el establecimient o de medidas de protecci ón
específicas a través del planeamiento territorial, sólo uno, el
área arqueológica de Turaniana, pertenece al PA. Ninguna
otra entidad arqueológi ca se incluye en el plan que ,
además, carece de catálogo y cartografía de otros
elementos de interés de carácter arqueológico.
Esta situación de desconoci miento y/o fal ta de tratamie nto
del PA en el POTPA es especialmente grave si se tiene en
cuenta, además, la enorme presión territor ial deri vada de la
extensión de los cultivos forzados bajo plástico. Este s istema
de explotación agrícola prov oca daños irreparables al PA,
debido a los aterrazami entos que se llev an a cabo para la
instalación de las i nfraestruct uras necesari as. Además , la sola
cu bric ión de to do t ipo de evid enc ias s upe rf icial es e s m oti vo
sufici ente para la adopción de medi das de anticipaci ón
-Silvia Fernán dez Cacho-
- 88 -
frente a los pot enciales riesgos que est a prácti ca supone
para el PA ( Lámin as 3 y 4).
E n l a F i g u r a 1 se observ a el aumento progresivo de la
superficie ocupada por los cultivos bajo plástico que casi han
cubierto la mitad meri dional de la comarca y se sigue
extendiendo entorno a las poblaci ones de Berja y Dalías . Así,
de los 216,5 km 2 de superfici e dedicada a est a activ idad en
1987, se pasó a 228, 7 km 2 en 1991, 246, 3 km 2 en 1995 y 275 ,7
km 2 en 1999, por lo que el incremento cuatrienal se produce
en progresión ascendente (12,2 - 17,6 - 29,4).
Esta expansión provoca un deterioro paisajísti co directo y
pone en riesgo el PA no documentado , sobre el que es difícil
establecer medidas de protección concretas 84 . D el mi s mo
modo, siti os conocidos y muy característicos , de indudable
interés c ientíf ico y potencial mente explotables des de un
punto de vista turístico y educativo, no son mencionados en
el POTPA. Es el caso de los alji bes medievales que superan la
veintena y que está n siendo engulli dos por las grandes
extensiones cubiertas de plástico 85 (Fig ura 2) . Estas EA son
84 Sin embargo , en el POTPA se sugi ere la idea de que el pai saje produci do
por los plásticos en l a zona es ya una señ a de identidad: “Proteger el
paisaj e si gnifica, en esenci a, preserv ar l os espaci os no tran sformados ,
natural es o con aprovech amientos tra dic ional es, no distorsionantes de l a
image n de co njun to, y d ignific ar aque llas u nidade s qu e con u n
aprovechami ento i ntensivo en i nv ernadero se han consti tui do en un
elemento caracterí stico del Poniente” (POTPA, 2001: 107 )
85 “La arqui tectura vernácul a, determi nadas estructur as producti vas
relaci onadas con el agua como las aceq uias, pozos o al jibes, (…)
establece n con el territori o lazos m uy estrec hos qu e definen pai sajes co n
una carga emoci onal y es téti ca de pri mera magnitud pero tambi én
rentable que puede ser integrad a en procesos ev olutiv os posteriores”
(Salmerón, 2003: 42)
Láminas 3 y 4
Preparación del t erreno para inst alación de
invernaderos. Camino de San Roque ( Berja, Almería)
-El Patri monio Arqueol ógi co en los Pl anes de Ordenación del Territori o-
- 89 -
elementos identitarios relacionados con la cultura del agua
del poniente almeriense y cuyo reconocimi ento se ha
producido a través de su i nscripci ón en el Catálogo General
del Patr imo nio H istó ric o d e An dalu cía (Lá minas 5-8) .
La arquitectura defensiv a medieval fuera de los cascos
urbanos, representada por t orres ubicadas t anto en la costa
como en el inter ior, también s e ve afec tada de forma similar.
Tampoco se ci tan en el POTPA, a pesar su gran i mpronta
paisajística , ni se determinan criterios de act uación a escala
comarcal para preserv ar los valores de su entorno (Figura 3) y
potenciar su difusi ón 86 (Láminas 9-10)
Por último , hay que destacar otras EA si ngulares, no sólo por
su interés cultural , sino por su estado de conserv ación, que los
convierte en bienes susce ptibles de recuperaci ón y
potenciación turística como recurso endógeno. Es el caso del
sitio arqueológico de Villavieja, con restos constructi vos de
época romana y medieval (Lámi nas 11-14), o El Cerrón,
ambos declarados Bienes de Interés Cult ural 87 .
86 “Si at en demos a esla bone s muy se nsib les de l pat rimon i o cult ura l por s u
relación con el patri monio inmateri al, o cuya cualidad está relaci onada
con el ai slami ento como la arq uitectur a defensiv a, v eremos que el v alor
que ti enen como objeto s está referi do de modo i mportante al espaci o
formando un si stema deli cado y ri co de relaci ones (…). No pret endemos
argu menta r la co nservac ión de la costa por la exist encia y rela ción c omo
sistema de la s torres d e observaci ón, pero sí reconoc er como un sarcasmo
la si tuación de m uchas de ell as arrinconad as entr e bloques y
urbaniz aciones , que impide una l ectura coh erente de su papel , mucho
más interesante que su v alor como objeto ” (Salmerón, 2003: 42)
87 A los bienes ci tados se añade una l arga lista de si ti os arqueológi cos qu e
superan el centenar, fundamental mente ed ifici os agropecuari os,
asentami entos y necróp olis , de la prehistori a reci ente, época ro mana y
época medi ev al.
-Silvia Fernán dez Cacho-
- 90 -
PLAN DE OR DENACIÓ N DEL TERRITORIO DEL PO NIENTE AL MERIENSE
MEMORIA I NFORMATI VA
La degradación de paisaje. Potencialidades de este recurso y del Patrimonio Hist órico y Cultural
Los recursos culturales constituyen un elemento de interés, no solo por su valor como recurso patrimonial, sino t ambién por su interés para el aprovechamiento didáctico y
recreativo. El marco histórico que configura este patrimonio está marcado por la presencia de un poblamiento antiguo que aprov e chó la riqueza en metales de la Sierra de
Gádor y que ha dejado hu ella con la presencia de impor tantes rest os arqu eo lóg ico s. A las co loni as lit or ale s de or ige n pú nic o le sucedieron asent amientos romanos y una
dominación árab e que tr aslada el p eso es pecífico de sus pobl aciones al interior.
El Renacimiento y el Barroco coinciden con un periodo de recupe ración l igado al desarrollo de una agricul tura en regadío que ap rovecha l os limitados recursos hídricos
disponibles gracias a artefactos e infraest ructuras, prosperidad que llena de palacios e ig lesias a ciudades como Berja, asent a mientos que se protegen mediante sistemas
defensivos ante las amenazas que suponían los piratas berberiscos o los levantamientos de los moriscos de la Alpujarra. En el s iglo XIX se produce un florecimiento
económico por el despegue indust rial ligado a la explotación de los recursos mineros de Gádor, y la proliferación de cultivos i ntensi vos como la caña y los parrales, y que
deja su impronta en el paisaje con instalaciones como hornos, ingenios azucareros, sistema de regadí o y otras infraestructuras, principalmente en torno al próspero puerto
de Adra. A lo largo del siglo XX es tos aprovechamientos económic os entran en crisis y son sust itui dos por otros, arruinándose y desguazándose el conjunto de
infraestructuras, artefactos e inmuebl es ligadas a la explotación tradicional de los recursos. En términos de patrimonio, la in tervención de may or incidencia en el medio rural
fue la p ro voca da p or e l Ins t itut o N acio na l de Colon iz ació n, que con virt ió en re ga dío b ue na p arte del C amp o de Dalía s, cr eó nu ev as pob laciones con tipologías
características y dio pie a l a profunda transformación económica y social de la comarca.
Este conju nto d e bienes , sal vo aquell os qu e tienen un caráct er mo numen tal, apenas es tá aprovechado, y no goza d e protección en su mayoría y se puede considerar que
sus posibilidades de puesta en valor son escas as por su carácter disperso y deteriorado, si bien se debe atender a su efectiva catalogación y pro tección; ad emás el diseño
de una estrategia de conformación de un sistema de espacios libre s en el Poniente debe tener muy en cuenta las posibilidades de estos recursos.
Carencia de un sistema de espacios libres de escala comarcal
Otros el emento s que p ueden atender a es te tip o de uso s on la s es tribaciones serranas, en los valles en cajados, donde en la actu alidad ya se da este tipo de usos. Al igual
que las playas y formaciones costeras menos frágiles, y los rest os del patrimonio hist órico-cult ural con mayores posibilidades de recuperación.
OBJETIVOS
* Establecer las estrategias de intervención para res taurar las zonas degradadas, para el trat amiento de las principales rutas de interé s paisajístico y para la integración de los
recursos culturales.
* Dictar las normas que permitan evitar o disminuir los impactos y que promue van la puesta en valor del paisaje y de los recurs os culturales.
NORMATIV A
* Objet iv os: a) Impulsar la prote cción del patrimonio cul tural b) Estimul ar el uso púb lico e l os el ementos del patrimo nio cul t ural q ue sean susc eptibl es de ell o.
* Determinaciones: 1. Te ndrán la considerac ión de recursos cul turales tanto los elem entos del Patrimonio hist órico-artístico y etnográficos presentes en la coma rca como l os
elementos del patrimonio natural y paisajístico. 2. Las actuacione s sobre los recursos cultural es se orientarán a: a) Comp atibi lizar la conserv ación de los recursos cul turales con
su utilización. b) Incorporar a los itinerarios t urísticos y recr eat ivos lo s recursos cul turales presen tes en la comarca. 3. La s a ctuaciones y pr opuestas contenidas en el presente
p l a n c o n e l o b j e t i v o d e p r o t e g e r y m e j o r a r e l e s t a d o d e l o s r e c u r s o s n a t u r a l e s y e l p a i s a j e s e e n t e n d e r á n c o m o e x t e n s i v a s a l o s bienes del patrimonio histórico y cultural de
estos espacios. 4 . El pl aneamien to urbaní stico m unicipal proc ederá a es tabl ecer medi das de p rotecció n especí fica de l os si guien tes bines de carácter hidrául ico
característicos de l a comarca: a) El acueducto de Car cauz b) El conjunto de edificaciones de los molinos de Celí n-Dalías y su p resa. C) El canal Real de S an Fernan do d) El
área arqueol ógica de Turani ana e) El canal de la Fuente Nuev a.
-El Patri monio Arqueol ógi co en los Pl anes de Ordenación del Territori o-
- 97 -
La aglomeración urba na de Granada est á constit uida por los
municipios de A lbolote, Alfácar, A lhendín, Ar milla, A tarfe ,
Cájar, Cenes de la Vega, Chau chita, Churriana de la Vega ,
Cijuela, Cúllar Vega, Dílar, Fuente V aqueros, Las Gabías,
Gójar, Granada , Güevéjar, Huétor Vega, Jun, Lachar,
Maracena, Monachil , Ogíjares, Otura, Peligros, Pinos Genil,
Pinos Puente, Pullianas, Santa Fe, Vegas del Genil , V íznar y L a
Zubia. En total una superficie de 891 km 2 y una densidad de
515 hab/km 2 . El Plan de Ordenación del T erritorio de este
ámbito (POTAUG) fue aprobado por decreto el día 27 de
octubre de 1999 con una seri e de objetivos en torno a cinco
ejes o bases fundamentales que aparecen en la Tabla 6:
Base 1: Racionalizar el c ons umo de recursos ambientales
Proteger los espacios con valores naturales y ambientales
Restaurar los espacios degradados ambien talmente
Proteger el paisaje de la aglome ración
Restaurar los espacios dañados paisajísticamente
Racionalizar el consumo de a gua en la aglomeración
Restaurar el drenaje superficial de la aglomeración
Base 2: Adecuar la estructura territorial a la ci udad funcional
Completar la red vi aria de carácter nacional-regio nal y de
aglomeración
Mejorar y com pletar la red v iaria de carácter l ocal-
supramunicipal
Racionalizar y mejorar las instalaciones ferroviarias
Construir el sistema de espacios libres de la aglomeración
Co mple ta r las in st alac ion es del cic lo de l agu a pa ra tod a la
aglomeración
Racionalizar la gestión integral del agua en l a aglomeración
Base 3: Promover la ordenaci ón coordinada d e los núcleos urbanos
Establecer el sistema de núcleos de población de la
aglomeración
Jerarquizar el sistema urbano de la agl omeración
Establec er el escenari o posib le de crecimi ento pob lacional
Compatibilizar la ordenación global de las áreas conurbadas
Establec er la ordena ción ge neral de las áreas es tratégicas
Pro teg er las á rea s c on valor es arq ue oló gic os, arq uit ect ónico s
y urbanos de interés para la aglomeración
Base 4: Garantizar la prestación adecuada de dotacion es y servicios
a los ciudadanos
Adecuar el transporte públ ico supramunicipal a la demanda
de los ciudadanos
Mejorar y adecuar los canales principales de transporte
público
Coordinar los equipamien tos básicos con la jerarquía urbana
del ámbito
Garantizar las rese rvas para los equipamientos básicos
supramunicipales
Est ablece r re serva s pa ra las dot aci on es ge nera les d e la
aglomeración
Posibilitar la desconcent ración de los servicios terciarios
Base 5: Potenciar los recursos productivos territoriales
Proteger los suelos de al to valor productivo agrí cola
Mejorar el sistema de reg adío de l a Vega de Granada
Reservar suelos para las infraestructuras int ermodales de
transporte de mercancí as
Vincular el uso de los suelos estratégicos para las actividades
productivas
Reservar suelos para un parque industrial ligado al Campus de
Salud
Potenciar la descentralización de las actividades del sector
servicios Tabla 6
Bases del POTAUG
Fuente : Elaboraci ón propia basada en el POTAUG .
Consejería de Obras Públi cas Transpor tes . Junta de
Andalucía. Sevilla, 2000.
4.2. Plan de Ordenación del Territorio de la Aglomeración
Urbana de Granada
-Silvia Fernán dez Cacho-
- 98 -
Estas bases y objeti vos, junto con las estrategias planteadas
para su consecución , pretenden sobre todo articular un
terr ito rio que ha su frid o cam bio s sig nif ica tivo s en el ú ltimo
tercio del s . XX hasta converti rse en una verdadera
aglomeración, pasando por una fuert e fase de centrali dad
urbana, poblacional y funcional de la ciudad de Granada a
otra en la que los municipios de su ent orno han recuperado
parte de su protagonis mo ( POTAUG, 2000: 16-2 1).
La estruc tura ac tual de la ag lomeración urbana, sin
embargo, ha sido provocada por la ruptura del equi libri o que
secularmente exi stía en la Vega de Granada entre sus
habitantes y la unidad espacial que conformaba 88 . Este
proceso ha sido muy rápi do y con él se han perdido grandes
extensiones de cultivos en regadío que se habían visto
favoreci dos por unas condici ones ambientales óptimas y
configuraban (en algunas zonas aún lo hacen) una seña de
identidad hi stórica de este ámbito territor ial. Sin embargo, el
suelo dedicado a estos cultiv os ha ido cedi endo terreno a
otros usos, especialment e, residencial , industrial y comerci al,
que se han triplicado (Figura 4). El establecimiento de pautas
y criterios de ordenación de estas transformaci ones en gran
88 Como se explica en el propio POTAUG , el desarroll o reciente de las
aglomeraci ones urb anas andal uzas “s e ha bas ado en el sistem a urbano y
relaci onal preexi stente, m anteni endo en mayo r o menor m edi da la ínti ma
relación de l os mismos co n las caracterí sticas básicas del terri torio que los
sustenta. Sólo l a ejecuci ón de grandes infraestructuras o el desbordami ento
urb ano in iciado res ultan capa ces de rompe r la re lación sist ema urban o-
unidad geográfi ca, formándose e ntonces nor mal mente un área
metropoli tana o una ci udad-regi ón” (POTAUG, 2000 : 23)
Figura 4
Expansión del suelo urba nizado, indust rial y comerci al en
la aglomeración urbana de Granada ( 1987-1999)
-El Patri monio Arqueol ógi co en los Pl anes de Ordenación del Territori o-
- 99 -
medida anárquicas es, pues, el objetivo fundame ntal del
POTAUG .
En la Tabla 8, se muestran aquellos aspectos que pueden
incidir en la preservación del PA del ámbito objeto de
ordenación . Como puede observ arse, la mayoría de ellos se
refieren al tratami ento de los recursos ambi entales,
integrados por los recurso s naturales y paisajísticos , que han
sido definidos si n el concurso de la variable arqueológi ca. En
efecto, el plan considera dent ro de los recursos am bient ales
la atmósfera, el agua, el suelo, la i ntegración de las an teriores
más la vegetación ( unidades ambientales) , y el paisaje
(POTA UG, 2000: 36). El paisaje es entendid o como un
“ complejo dinámico de elementos nat urales y cult urales ”
pero se valora sobre todo su v alor escénico y los posibles
riesgos de impacto que le hagan perder ante todo sus
características vi suales 89 . Este énfasi s en la percepci ón visual
de los paisajes, hace que se integre entre ellos el Conjunto
Monumental de La Alhambra y el Generalife aunque
posteriormente, como señala J. M. Chinchilla (2002: 18), no
queda incluido en el catálogo de elementos de i nterés de la
aglomeración a pesar de que sí se incluye n otros elementos
situados en el centro urbano.
Sin embargo, en el POTAUG se produce un avance
significativo en la incorporación del PA y otros elementos
89 “Se propone l a integraci ón de las futuras ac tuaciones q ue alteren en
esencia los elementos co nformadores de los escenari os paisají sticos más
valorabl es, signifi cativos y/o “consumi dos” por l a poblaci ón residente o por
visitantes , precisamente por sus cuali dades percepti vas” (POTAUG, 2000:
59) [Subrayado propio]
integran tes del P HC como objet o de tra tamiento espec ífico
con respecto al POTPA. La primera mención expresa al PA se
realiza en la exposi ción de objetivos de la Base 3 del plan,
relativa a la promoción de la ordenaci ón coordinada de los
núcleos urbanos . Uno de los objetiv os de esta base es el de
proteger las áreas con v alores arqueológicos, arqui tectóni cos
y urbanos de inte rés. Para llevar a cabo esta prot ección se
establecen 3 estrategias que se concretan en la elab oración
de un inventario de bi enes de interés para la aglomeración ,
estableciendo para ellos medi das de prot ección,
conocimi ento y valorizaci ón.
Sigu ien do esta líne a, se c ita l a ex iste nc ia de die cisé i s
yacimientos arqueoló gicos en el ámbito, además de catorce
monumentos declarados y otros dieci séis incoados, entre los
que se encuentran algunos ejempl os de arquitec tura mil itar y
fáb rica s del siglo XI X, qu e pod ría n co nside rar se ta mbié n
como sitios de caráct er arqueológi co.
En el plan, no obstant e, se precisa que el PHC an daluz se
encuentra altamente prot egido a través de su propia
legislación por lo que se hace especial hincapié en la
necesidad de i ncluir específi camente en el plan aquellos
elementos que sean especialmente relevantes para la
aglomeración, ya que el resto s e entiende protegido por la
LPHA y por el propio planeamiento urbanístico.
Sin e mbar go, no se ex plic ita n lo s c riter ios de sel ecció n de
esos elementos de interés, que se agrupan en tres categorías
(POTA UG 2000: 140-141) :
-Silvia Fernán dez Cacho-
- 100 -
Ed ific acio ne s: La s e dific ac ione s p ued en clas if icar se a
su vez en Arquitectóni co-Monumentales,
Arquitectónicas, Tipológico-Ambientales o
Amb i ent ales .
Infraestructuras : Los elementos integrados en esta
tipología se protegen bajo la clasificaci ón de
Monumentales, T ipológicas o Ambientales.
Restos arqueológicos emergentes: No se hace ninguna
distinción entre ellos y se corresponden con los ya
declarados Bi en de Interés Cultural.
Esta cl asif ic ació n de l os b iene s in clu ido s en el Ca tálo go
motiva su di ferente int egración en el plan. Así, dentro de la
tercera categoría (restos arqueológicos emergentes) se
incluyen un total de 8 elementos (Figura 5), frente a los 31 de
la segunda y los 182 e lementos prot egidos bajo la categoría
de Edificaciones .
Como ya se ha a puntado, a esta cl ara escas ez de E A
incorporadas al catálogo se suma la inexistencia de criterios
explícitos de selección de unos elementos frente a otros. La
selección de los ocho elementos arqueológi cos se realiza
teniendo en consideraci ón únicamente su categoría de
Bienes de Interés Cultural y este criterio no es necesariamente
el que puede aglutinar aquellos elementos que pueden ser
más representativos o singulares en la zona. Además, son
precisamente estos bienes los que gozan de una mayor
protección tanto por la LPHA como por el plane amiento
urbanístico.
-El Patri monio Arqueol ógi co en los Pl anes de Ordenación del Territori o-
- 101 -
Figura 5
Patrimo nio Arq ueoló gico en e l PO TAUG
-Silvia Fernán dez Cacho-
- 102 -
Las determinaciones de ordena ción para el PA incorporado
al Catálogo son las siguientes:
Denominación Tipo Usos
admisibles Necesidades de intervención
Torreón de
Albolote Arqueológico ----- ------
Rest aurac ión del fu st e y la
coronación. Recuperación
de la iluminación artística.
Limpieza y protección con tra
graffitis .
Cantera romana
(Albolote) Arqueológico ----- ------ Señalización y protección.
Villa romana
Cortijo del Canal
(Albolote) Arqueológico ----- ------ -----------
Torre de Roma
(Romilla-
Chauchina) Arqu eo lógic o C ult ur al
Urgente consol idación de los
muros que impida el proceso
de ruina, recons trucción de
las bóvedas o consolidación
de la ruina y por último
tratamiento de los revocos
exteriores de sus muros. E s
importante garantiz ar un
correcto sistema de cubiert a.
Torre de Baldonar
o de los Moros
(Cijuela) Arqu eo lógic o C ult ur al
Urgentísima consolidación de
la ruina (Limpieza de l
perímetro y reutilización de
material disperso).
Cerro de la Encina
(Monachil) Ar que o lóg ico Cu ltu ra l Señal ización y pro tección.
Puente roman o
del río Velillos
(Pinos Puente) Arqu eo lógic o C ult ur al
Lo más urgente es datarl o
con precisión y
posteriormente realizar un
estudio arqu eoló gico in situ .
Cerro de los
Infantes (Pinos
Puente) Ar que ológ ic o ----------- Señalización y pro tección
Tabla 7
De los ocho bienes citados , sólo para la mitad de ellos se
propone un uso cultural, mientras que para el rest o no se
realiza ni nguna propuesta con creta. Sin embargo , al menos
en el caso de las torres , este uso se podría compatibi lizar con
la localización de miradores, que permitirían contemplar
desde puntos de observ ación privilegiados gran parte del
territorio como en los casos de la Torre del Moro y Torre de
Albolote (Láminas 15 y 16) o en lugares de interés desde el
punto de vista cult ural como la Torre de Roma y su entorno
(Lámina 17). En otros , como los de la cantera romana
(Lámina 18) o la villa del Cortijo del Canal, su uso cultural es
factible puesto que se integr an en áreas actualmente ya
frecuentadas como lugares de esparcimiento, aunque ello
supondría el mantenimiento de unas mínimas con diciones de
limpieza del entorno de las que ahora no disponen . Además ,
en el caso concreto de la cantera, la delimit ación y
cerramiento de un espaci o reducido de la mi sma y la falta
de info rm ació n e n el lu ga r, no pe rmi te p er cib ir s u verd ad era
dimensi ón y cara cterísti cas.
PA en el Catálogo del POTAUG
Fuente : Elaboraci ón propi a basada en e l POTAUG . C on se
j
ería
de Obras Públicas y Tran sportes. Junta de A ndaluc ía. Sevilla,
2000.
-El Patri monio Arqueol ógi co en los Pl anes de Ordenación del Territori o-
- 103 -
Lámina 15
Torre de Baldonar (Ci juela, Granad a)
Lámina 16
Torreón de Albolote ( Albolote, Granada)
Lámina 17
Vist as desde la Torre de Roma ( Romilla-Chauc hina, Granada)
Lámina 18
Cantera romana ( Albolote, Granada)
-Silvia Fernán dez Cacho-
- 104 -
Más inte resante si cabe que el cat álogo, es el sistema de
espacios libres (64 en total) propuesto por el plan en base a
sus singulares caract erísticas ambi entales, culturales, soci ales
y/o paisajísti cas. Ninguno de ellos se ha delimitado
exclusivamente por sus v alores culturales, pero en algunos
estos son muy destacados.
Es el caso de los espaci os lineales que transcurren por
antiguas vías pecuarias y otros, como el de la Vega Alta de
Monachil (Lámina 19), en el que puede contemplarse un
paisaje heredado del modelo de explot ación agrícola árabe
que aún pervive en la actuali dad, o como el de El Purche-
Cerro Sanatorio , que situado entre Sierra Nevada y la
Depresión de Granada , fue paso de ganado trashumante
entre la sierra y la vega. To dos son ejemplos de ámbit os
territoriales que pueden considerarse de alto conteni do
cultural y arqueoló gico, a pesar de que no sean
precisamente los sitios arqueológi cos concretos los que se
i n t e g r a n e n e l l o s . E s e l u s o q u e s e h i z o e n e l p a s a d o y s u
posibilidad de contemplaci ón presente el que le confiere su
valor cultural ; esta caract erística junto con otras de carácter
geomorfológi co y/o biológi co, le añaden, a su v ez, v alores
ambientales y pai sajísticos que just ifican la propuesta de su
uso y disfrute .
En el marco del POTAUG, muchos de estos ámbitos podían
haber sido objeto de cat alogación con det erminaciones de
protección concret as, pudi endo así trascender la escala de
los elementos individuales. No obstante , la sola delimitación y
definici ón de los valores de est os espacios permi tirá en el
futuro su consideración como objeto
de protección, al menos en el caso de que se rompa el
equilibri o entre el medio y los usos antrópicos que hasta el
momento le son caract erísticos.
En resumen , aunque no deja de s er importante la
incorporación de bienes integrantes del PHC en general y el
PA en particular en un amplio Catálogo de eleme ntos de
interés de la aglomeraci ón urbana de Granada, los crit erios
de selección de los mismos, al menos en el caso del PA, son
mejorables. Aunque ya se aludió en páginas anteri ores a que
uno de los principales objetivos de los POT es el
establecimient o de medidas de protecci ón del PHC, la sola
incorporación de los Bi enes de Interés Cult ural en el caso del
PA no parece suficiente, sobre todo porque estos bienes ya
se encuentran protegidos.
Lámina 19
Cultivos en la Vega de Monachi l (Monachi l, Granada)
-El Patri monio Arqueol ógi co en los Pl anes de Ordenación del Territori o-
- 105 -
A pesar de que esta reiteración en la protección de
determinados element os será siempre posi tiva, son
precisamente los “restos no emergentes” los que padecen
una mayor v ulnerabilidad y preci samente estos no han sido
incorporados al plan subregi onal. Entre ellos se encuent ran,
por ejemplo, el área ocupada por la ciudad y necrópolis
árabe de Medina Elvi ra en Atarfe, los ejemplos de hábitat
paleolítico en cueva como l os de La Colomera y Los
Cabezones también en Atarfe, los asentamientos y necrópolis
e n c u e v a d e l a E d a d d e l B r o n c e d e L a Z u b i a , o l a n e c r ó p o l i s
calcolítica de Zujaira en Pinos Puent e. La mayor parte de
estos sitios arqueológi cos carecen de prot ección efe ctiva y
presentan huellas de expolio.
Así pues, quizá la verdadera aportaci ón del POTAUG en
materia de PA es la delimitación de algunas áreas que se
incluyen en el si stema de espacios li bres y que , aunque no se
haga explícito en el propio plan, podrían constituir en el
futuro verda deros paisajes cult urales de alto v alor
arqueológico.
-Silvia Fernán dez Cacho-
- 106 -
PLAN DE OR DENACIÓN DEL TERRITO RIO DE LA AGLOMERACIÓN URBAN A DE GRANADA
MEMORIA I NFORMATI VA
El proceso de agl omeración realiza un co nsumo innec esario de recursos ambien tales
Se consideran recursos ambientales básicos de la aglomeración lo s siguientes: la atmósfera, el agua, el suelo, la inte gración d e lo s anteriores más la vegeta ción ,
que se denominará unidade s ambientales y el paisaje.
El pais aje como recurso ambi ental es, tal vez, el menos valorado (…) sin duda porque no es una fuente de riqueza ni un el emento imprescindible de consumo
humano, ni su deterioro afecta patológicamente a l a calidad de vida. El paisaje es un recurso cu yo con sumo es es piritu al y cult ural y cuya del ectación precisa
de la favorable predisposición de los indiv iduos que lo contempl an. Sin emba rgo, cada pai saje es irrep etib le, cons tituy éndos e c omo un signo d e identidad del
grupo social al que acoge, res ultando en l a práctica un recurso no renov able una v ez deteriorado o destrui do.
El marco físico de la aglomeración presenta paisajes concretos que se pueden señal ar como de belleza y singularidad relevante, entr e lo s que de st acan p or s us
car act er íst ica s nat urale s: los valle s e nca jad os d e lo s río s D arr o, Geni l, Ag ua s B lan cas , Mo nac hil y Dí lar; el nac imie nto de l Da r r o y e l p a r a j e d e l a A l f a g u a r a e n l a
sierra de Huétor; la Cortijuela, e ntre los picos del Trevenque y Huenes; o los Borreguiles de Sierra Nevada. Y por sus caracter ísti cas de tra ns fo rma ci ón a n tró pi ca:
las vegas interiores de los mismos rí os; y, como no, el conjunto monumen tal de La Al hambra y el Generalife.
Proteger los espacios con
valores naturales y
ambientales
* Señalar las áreas susce ptibles de protección por sus valores naturales y ambie ntales
* Establecer los usos, act ividades, obras y transformaciones compatibles con los valores de cada área
* Dictar normas vinculantes que l imiten las intervenci ones a las consideradas compatibl es con los valores
existentes
Restaurar los espacios
degradados
ambien talmen te
* Señalar las áreas que deben ser objeto de programas específicos de mejora medioambiental
* Diseñar o coordinar con las administraciones co mpetentes los programas de actuación necesarios,
priorizándolos en el plan según su necesidad
* Dictar normas vincul antes que impidan la continuidad del proceso de degradación
Proteger el paisaje de la
aglomeración
* Señalar y caracter izar las grandes unidades de paisaje, así como los ámbit os de alto valor
* Dictar normas vinculantes sobre los ámbitos de alto valor que impidan su transformación, privatización u
ocultamiento
* Dictar normas directivas que promu evan la puesta en val or del paisaje y la adecuada integración de l as
actuaciones e n el mismo
Racionalizar el
consumo de
recursos
ambientales
Restaurar los espacios
dañados paisajísticamente
* Señalamiento de l as áreas degradadas por impacto sobre paisajes excepcionales o bien más perceptibles
* Diseñar o coordinar con o tras administraciones pr ogramas de inte rvención sobre las áreas señaladas
* Establecer un programa de intervenciones sobre las principales vías de comunicación a fin de disminuir el
impacto visual sobre el usuario
OBJETIVOS, EST RATEGIAS Y PROPUESTAS
Promover la
ordenación
coordinada de
los núcleos
urbanos
Proteger las áreas con
valores arqueológicos,
arquitectónicos y urbanos
de interés para l a
aglomeración (Pg. 76)
* Inventariar el patrimonio histórico, arquitectónico y arq ueo lóg ico de i nte rés pa ra la ag lom er ac ión
* Elaborar un Catálogo y dictar normas para el mism o que impidan la destrucción o m enoscabo del Patrimonio
inventariado
* Diseñar, junt o con los Departamentos competentes, un programa de mejora, interpretación, planificació n y
conocimiento del Patrimonio Cultural señalado
-El Patri monio Arqueol ógi co en los Pl anes de Ordenación del Territori o-
- 113 -
Denominación Tipo Propuestas Concordancias
1. Villa
romana de
Los Baños
Yacimiento
arqueológico Señalización - Vega de Arroy o del
Ojanco
2. El Castellón Yacimiento
arqueológico
Excavación de
urgencia y
protección
- Senda principal A -314
- Vega de Beas de Segura
3. Piedra del
Águila Yacimiento
arqueológico Señalización y
protección - Senda recreativ a de
Orcera a Valdemarí n
4. Hoya
Somera Yacimiento
arqueológico
Excavación,
protección,
señalización
- Senda recrea tiva del río
Zumeta a La M uela y
Marchena
5. Bujalamé Yacimient o
arqueológico
Excavación,
protección,
señalización
- Senda recreativ a de Pte.
de Génave a la Puerta por
los L lanos
- Vega del Guadal imar en
La Puerta
6. Puente
Mocho Yacimiento
arqueológico
Señalización
- Espacio de protección del
río Beas-Cornicabral
- Puente Moch o
7. Collado del
Guijarral Pinturas
rupestres Señalización y
protección --------------
8. Las Cuevas Pinturas
rupestres Señalización y
protección --------------
9. Fuente
Segura Pinturas
rupestres Señalización y
protección --------------
10. Segura la
Vieja Yacimiento
arqueológico -------------- --------------
11. Puente
Mocho Infraestructura
viar ia Afianzamient o
y señalizac ión - Espacio de protección
Beas-Cornicabral
12. Puente
romano del
Segura
Infraestructura
viar ia
Afianzamient o,
re stit uc ión de
tabl ero ,
señalización
- Senda recrea tiva de la
Cumbre a Las Juntas
13. Puente de
Romillán Infraestructura
viar ia
Limpi eza,
afianzamiento,
señalización --------------
14. Calzada
romana Infraestructura
viar ia Consolidación,
señalización --------------
15. Salero de
Hornos Establec imient
o industrial Señal ización ,
accesibilidad - Red de primer niv el
( varian te Hornos Sur)
16. Castillo
de Bujaraiza Construcción
defensiva
Afianzamient o,
limpieza,
señalización
- Senda recrea tiva del
Tranco a la Torre d el
Vin ag r e
- Hito de Cabeza de la
Viñ a
17. Castillo
de
Espinareda
Construcción
defensiva Afianzamient o,
señalización
- Senda recrea tiva del
Tobazo
- Castillo de La
Espinareda
18. Cas a
Fuerte de
Miller
Construcción
defensiva Señalización
- Intervención integrada
en aldeas
- Vega de Miller
- Castillo de Miller
- Almazara de Miller
- Mirador de Miller
19. Torres de
Peñolite Construcción
defensiva Afianzamient o,
señalización
- Senda recrea tiva de
Puente Génave a
Peñolite
- Espacio de protección
de Arroyo de P eñolite
- Balsa de al pechín
20. Castillo
de Puente
Honda
Construcción
defensiva Afianzamient o,
señalización --------------
21. Torre de
Valdemarín Construcción
defensiva Señalización
- Senda recrea tiva de
Orcera a Valdemarí n
- Espacio de protección
Río Hornos y Guadalimar
22. Torres de
Orcera Construcción
defensiva Afianzamient o,
señalización
- Senda principal JV7031
- Senda recrea tiva de
Orcera a Segura de la
Sierra
- Espacio de protección
Río Hornos y Guadalimar
23. Castillo
del Cardete Cons trucción
defensiva Afianzamient o,
señalización
- Senda principal (A-310)
- Espacio de protección
Río Hornos y Guadalimar
24. Castillo
de Tasca Cons trucción
defensiva
Limpi eza,
afianzamiento,
señalización
- Senda sin pavimentar
del Ventorrillo a Siles
- Espacio de protección
-Silvia Fernán dez Cacho-
- 114 -
interconexión visual entre ellas, necesaria en origen para
controlar adecuadam ente el territorio (Lámina 22).
D e e s t a m a n e r a , s e t r a s c i e n d e e l o b j e t o d e p r o t e c c i ó n
individual hacia el territorial con alt o contenido cult ural en
algunos casos. Quizá cabría añadir la necesidad de
incorpor ar la to talida d de los bienes integ rantes del PA en
suelo no urbano y la formulación de una propuesta más
ambiciosa de trat amiento territo rial de la arquitectura
defensiv a.
En efecto, se detecta una insufici ente atención hacia las
construcciones defensivas medi evales ubicadas tant o en
suelo urbano como rústico , que qui zá debieran tratarse en su
c o n j u n t o d e n t r o d e u n p r o g r a m a e s p e c i a l d e p r o t e c c i ó n y
revalorización como elementos singulares del paisaje de la
Sierra de Segura , por su signi ficación hi stórica y su pot encial
interpretativ o actual que los hace es pecialmente atract ivos
para su promoci ón turística (Láminas 20 y 21).
Además, la posición estratégica de estas construcciones, las
convierte en lugares privilegiados para la contemplaci ón de
un paisaje de alto v alor ecológico y cultural. Tambi én cabría
evitar impactos visuales innecesari os que afectaran a la
La justificación de este hecho es que se han selecci onado los
elementos patrimoniales en función de los o bjetivos del plan ,
es decir, “ la apuesta interpretativa del paisaje ” ( C aparrós,
2001:233) que no se centra en la protecc ión sino en el
fomento 90 .
El equipo redactor considera que la política de protecci ón
está consolidada por parte de la admini stración competente
en la materia, defendiendo la idea de que las políti cas
territoriales deben centrarse más en ot ros principios basados
“ en la coincidencia de los campos semánticos del
patrimonio, el territorio y el pa isaje, dirigida a utilizar los
elementos pat rimoniales en una estrategia de ree dición del
vínculo territorial con un nuevo f undamento cultural ”
(Caparrós, 20 01: 2003) renunciando a abordar una “ polí tica
complementaria o sustitutoria” de la cultural.
El tratamiento del PA y de los espacios v aliosos en el POTSS ,
ha sido quizá posible en una zona como la Sierra de Segura
gracias a que los intereses urbanísti cos, y la presión que se
90 “Garanti zada, en lo que cab e, la protecci ón de los el ementos
ambiental es y culturales a tendiendo a su v alor intrí nseco, por la acci ón de
las políti cas correspondi entes, se impone una r eflexi ón que deberí a ser el
signo de di stinción de l as polí ticas terri toriales, acer ca de las acci ones
necesari as para facili tar el v ínculo ter ritori al sobre nuev as base s, nuev os
argumentos y nuev as propuestas” (Caparrós, 2001 : 2003)
25. Torre del
Zarracotín Cons trucción
defensiva Afianzamient o,
señalización --------------
26. Castillo de
Matamoros Construcción
defensiva Afianzamient o,
señalización
- Red de primer nivel (N-
322)/ Senda principal
- Espacio de protección
Salfaraf
27. Castillo de
Altamira Construcción
defensiva Señalización - Red de primer nivel ( A-
314)/ senda principal
Tabla 9
PA en el Ca tálogo del PO T de la Sierra de Segura
Fuente : Elaboraci ón propia basada en el POTSS . Co ns e
j
ería de
Obras Públicas y Transpor tes. Junta de Andalucía. Sevilla, 2000.
-El Patri monio Arqueol ógi co en los Pl anes de Ordenación del Territori o-
- 115 -
deriva de ellos, no son tan acus ados com o en otros lugares
de la comunidad aut ónoma, donde prevalece la
rentabilidad económi ca a corto plazo frent e al desarrollo
endógeno y sosteni ble 91 . Esta zona tampoco es tá sometida
aún al desborda do flujo turísti co que puntualmente afect a a
la Sierra de Cazorla. Una correcta gesti ón y aplicación de la
normativa del plan ayudará a evitar los posibles efectos
perniciosos que ello supondría.
91 “La incorpor ación de l os principi os de sostenibilidad, has ta la fec ha, no
han sabi do pasar de una sim ple envolvente ge néri ca que, bi en es verdad,
impregna l a casi totali dad de l as estrategi as de desarrol lo aunqu e, en la
prácti ca, priman claram ente los obj etivos producti vistas y, como mucho, se
toman en consi deraci ón determi nadas medidas correc toras de l os
impactos ambiental es de la activi dad productiva” (Acosta, 2002).
Lámina 20
Castillo Puente Honda (Ben atae, Jaén)
Lámina 21
Castillo de Cardete ( Benatae, Jaén)
Lámina 22
Torres de Orcera (Orcera, Jaén)
-Silvia Fernán dez Cacho-
- 116 -
PLAN DE OR DENACIÓN DEL TERRITO RIO DE LA SI ERRA DE SEG URA. JAÉN.
MEMORIA I NFORMATI VA
B.2. Potencialidades de los recursos asociados al uso turístico (1 ): (…) La m otiv ación fundamental de l a visita suel e tener u n claro compo nente “ambien tal” o “natural ”, tal
como se en tiende com únmen te. I nteresan tes elem entos o recursos propios de l a zona de Segu ra perm anecen inédi tos fren te a estas pautas dominan tes de consumo
turístico. Son especial mente los de tipo his tórico-monumental , pa isaj ístico y de costumbres y tradiciones producto de la dilata da ocupación humana (gastronomía, folcl ore,
arquitectura popular, oficios artesanos). L a puesta en valor de estos recursos aconseja su identificación, establecimiento de l as garantías de conserva ción y protección, y su
promoción mediante señal ización, diseño y ofer ta de ruta s especializadas a partir de ce ntros de información.
Potencialidades de los recursos asociados al uso turístico (2): Aunq ue no pued en consi derarse ex clusiv amente p or su asocia ción con el uso turí stico, es n ecesario
destacar en este dia gnóstico la riqueza de recursos culturales de tipo histórico y monumental, que ya se han citado. Como parte de la identidad y del patrimonio colectivo,
estos recursos merecen una adecua da protección y promoción. Su vincul ación con determinadas demandas de consumo turístico puede considerarse un valor
c o m p l e m e n t a r i o , y a q u e e n l a p r á c t i c a s e c o n s t i t u y e n e n m o t i v a c i ó n d e v i a j e . T a n t o p o r u n a s p e c t o c o m o p o r o t r o , l o c i e r t o e s q ue en el ámbito de la Sierra de S egura
estas edi ficacio nes des tacadas cons tituyen u n elem ento de percep ción y de entendimiento del dilatado proceso históric o de ocupa ción humana qu e conviene pro mover
e integrar en las acciones de puesta e n valor de l os recursos.
C.6. Un espacio con grandes valores paisaj ísticos: La riquez a, diversidad y originalidad de los escenarios paisa jísticos en la comarca aconseja acciones en caminadas a su
protección y pues ta en v alor. La acción p aisají stica nec esari a en el ám bito, a tendi endo a los elementos articul adores de l a per cepción, a l a cualidad de lo observ ado y a
los distinto s escenarios resultantes, puede contemplar diversas iniciati vas: señalización, identificación de zonas para protecc ión especial, adaptación de observ atorios y
miradores, diseño de rutas con especiales contenidos paisajísticos . La integraci ón de es tas acci ones en un p rograma específ ico puede contribuir a la puesta en valor de
este recurso infraut ilizado. Es especialmente importante señaliz ar las rutas de acercamiento desde fuer a del ámbito y atender p rioritariamente a los principales elementos
articuladores del valle y la sierra, lugares donde los atractivos paisajíst icos son más notables. La integración de los recurso s culturales (monumentos, ejemplos de arquitectura
popular, de cultivo e instalaciones tradicionales) en las propue st as paisajísticas puede se r un elemento complementario de inte rés. Son necesarias acciones de corr ección
de los efectos paisajísticos provocados por las canteras y a cti vi dade s ex tra cti v as no conv eni en temen te trata da s.
3.1. Controlar los procesos erosivos
3.2. Correg ir los vertidos que no t ienen tratamient o adecuado
3.3. Estab lec er un r égimen de pro tección
adecuado a espacios valiosos que en la
actualidad no están protegid os
Identificar y delimitar e stos espacios
Establec er diferen tes regí menes de pro tección atendiend o a sus diferen tes carac terísticas
Dictar normas para que qu eden ad ecuadam ente recogi dos en el planeami ento muni cipal
3.4. Poner en v alor los recursos naturales y
culturales y mejorar l a percepción del
espacio con tratamient o paisajístico
integrado.
Elaborar un inventario de elementos de articulación paisajística
Detectar los hitos y zonas con valores singulares para su prote cción
Establecer las medidas de perce pción del espacio (señalización, observatorios, encaminamientos)
Dictar las normas para la protección del paisaje urbano y rural
Dictar normas para protección de l patrimonio histórico-artístico
Dictar normas para la correcc ión de efectos pa isajísticos de vertidos, canteras e incendios
Objetivo ge neral:
Corregir los
desequilibrios
producidos por la
explotación de los
recursos naturales
y aprovechar las
potencialidades
paisajísticas
3.5. Proponer acciones para paliar los efectos de los riesgos nat urales
MEMORI A DE O RDENACIÓ N
2.Ordenación de
los recursos del
territorio.
2.2. Los recursos asociados al uso turíst ico.
Situación : La existencia de numerosos elementos de interé s para la comarc a, de tipo natur al, cultural, monumental , tradicional, que debe rían
disponerse tanto para el reforzamiento de la identidad local como para estimular los usos turísticos y recreativos han aconseja do p la ntea r es te ob jeti v o
de ordenación del territorio. Junto a es to, determinadas ac ciones po drían venir a com plem entar estos elemen tos ya exi stentes co n un tratamiento
intencionado para procurar su efectiva disposición como recursos.
-El Patri monio Arqueol ógi co en los Pl anes de Ordenación del Territori o-
- 117 -
Criterios de inter vención : Mul titud de el ementos de i nterés , tanto d e origen n atural como an trópi co se encu entran rep artid os en el enor me y
compartimentado espacio comarcal , con unas condiciones de l egibili dad muy precari as. En es te objeti vo debe n empren derse la s acc iones necesarias
y proporcionadas para que estos elementos pasen a ser un act ivo de los usos turísticos, recreativos y de uso y disfrut e del esp acio. L a diversidad
tipológi ca de estos elemen tos, y la gradación de interv enciones neces arias en aten ción a su v alor y estad o de conserv ación acon sejan una entrada
de información y ordenación de los programas de actuación a través de una base de datos, que tenga salidas aptas para el seguim i ent o y la ge sti ón
del programa de ac tuaciones. Adopta así la forma de Inv entario, del cual se extraen los programas de actuación y el régimen de afección norma tiva
para cada ele mento o grup o de el ementos del I nventario . En ese i nv e ntario no solo se valora el int erés y estado de cada element o, sino que se pone
en relación con su factor de locali zación y de integración en itinerarios y rutas, y con los procesos que pueden afectar a su e stado, a efectos se
discriminar los elementos que just ifican una intervención más inte nsa. La tipol ogía gen era de estos elemen tos (…). El tra tamien to de la información del
Inv entario permi te una segm entaci ón de es tos elemen tos en f unció n de la intensidad de interven ción: señalización; accesib ilidad ; protecci ón
administrativa; afianzamiento; rehabilitación; reutilización. Para los hábitat s de fauna y formaciones vegetales, la intensidad de las acciones dep enderá
de su calificación ambiental y serán adaptadas a la capacidad de carga para evitar su deterioro por un uso turístico inadecuado .
Propuesta: La propues ta descans a en el I nventario de elemen tos de in terés, elemento de gestión en el que se int egra: la información sobre los
elementos; su inclusión en programas de actuación; las normas que l e afectan.
Principales recursos asociados al uso turístico : Se clasifican en: Formaciones vegetales ( 7), Geoforma s (21), Restos arqueológicos (14), Hábitats de fauna
(11), Elementos de la red hidrográfica (15) y Edificios y const rucciones históricas ( 17).
3.1. I ntervenci ón en los proces os erosiv os
3.2. Corrección de l os vertidos
3.3. Protección territorial de espacios: El rec onocimiento genera l i z a d o d e l a e l e v a d a c a l i d a d d e l a S i e r r a d e S e g u r a c o m o e s p a cio de interesantes
características fisiográficas , paisajísticas, biog eográficas, se extiende más allá de los límites administrativos del Parque N atural a la v ez que, dentro d e
él, cabe rev alorizar determinados l ugares por su v alía como info rmadores de las relaciones territoria les tradicionales. En cons ecuenc ia, se han
identif icado determi nados esp acios q ue no gozan de una protec ción adecuada a pesar d e que han conserv ado cierta na turalidad a l a v ez que una
funcionalidad gracias al papel desempeñado en un esquema de rela ci ones tradici onalmen te establ e (formaci ones v egetal es de riber a que minimizan
los efectos de las avenidas sobre cultivos cercanos, áreas forest ales que aportan un compl emento de la activ idad agrícola permi ti endo el pas toreo y l a
obtención de recursos). Se trata en definitiva de zonas agrupabl es en espacios serranos y áreas de regadío t radicional, donde p untual mente se ha
advertido la incidencia de algunos factores ( roturaciones, ince ndios, cambios de uso) que podrían comprometer su continuidad y el mantenimi ento de
sus valores.
3.4. Intervención paisajística
Inventario de punt os de int erés paisajístico
Tratamiento de zonas y se ndas de interés paisajístico
Puesta en v al or de los el emen tos articul adores de l a percepci ón
Dotación de equipamiento paisajístico y mejora de l paisaje urbano
3. Los recursos
naturales y el
paisaje
3.5. Riesgos naturales
NORMATIV A
Capítulo III.
Protección
territorial de
espacios
Ar t. 73- D Ob jeti v os es pecí fi cos
a) Apo yar y co mple men ta r los cont enido s de la planificación ambiental mediante una regulación urbanística de l os usos en los espac ios que
se identifican.
b) Tutela r el equil ibrio terri torial al canzado his tóricamen te con el manejo del monte y l a ex plotación de los terren os de reg adío que en la
actualidad se hallan en desuso o en proceso de sustitución
c) Preservar los element os físicos que informan sobre modos de ocupación históricos que tienen un claro v alor cultural
d) Establecer las condicione s de convivencia de los nuevos usos con estos elementos físicos
e) Procurar las condiciones adecuadas para el disfrute paisajístico de estos espacios
-Silvia Fernán dez Cacho-
- 118 -
Art. 77-N Elementos de Inventario incluidos en los espacios de protección territorial
Cuando dentro de un espac io de protección terri torial se ubique algún el emen to , bie n o v al or tu tela do po r otr os ar tí cul os de es ta normativ a, l as
actividades sometidas a autorización o licencia estarán afectadas por la norma más restrictiva de l as que le sean de aplicación .
Capítulo IV.
Los recursos del
patrimonio
cultural
Ar t. 78- D Ob jeti v os es pecí fi cos
a) Proteger los distintos elementos de cualquier alteración que puedan sufrir por el desarrollo de distint os usos
b) Afianzar aquellos elemento s que estén sometidos a procesos de deterioro
c) Garantizar la accesibilidad y la se ñalización adecuada para su disfrute
d) Procurar la rehabilitación y, en su caso, re utilizació n de los elemen tos que r eúnan condici ones pa ra tal f in
Art. 79 . Iden tificación y acciones sobre el ementos de inter és
1-N Los recurs os a que s e refiere el presen te Capí tulo s e encuen tran identificados y clasificados en el Inventario de el ementos de interés, dentro de las
categorías de Yacimientos Arqueológicos y Pinturas Rupestres, Infraestructura viaria histórica, Establecimiento Industrial, Con strucciones Defensiv as.
2-N La inclusión en el Inventario de todos los elementos supone su de claración de interés por l o que se aplica cautelarmente a cada emplazamien to
u n p e r í m e t r o d e p r o t e c c i ó n d e 5 0 m . d e d i á m e t r o p a r a t o d a s l a s c a tegorías y de 50 metros alred edor de todo el contorno para los yacimientos
arq ue oló gic os.
3-N En esa zona de prot ección , hast a tant o se de sarr ollen deter m inaciones en los respectivos planeamientos urbanísticos para or denar l as acciones del
Conveni o de Col aboración del art. 14.1.a ), queda pr ohibid o todo uso qu e pueda poner en pel igro la integridad de es tos b ienes.
4-R A demás de l a pro tección p rev entiv a contempl ada en l os números an teriores , los elemen tos d e inv entario d e los que se ha elab orado ficha
incluyen una serie de propuestas según su interé s o singularidad, que pueden servir de orientación a las i niciativas que se desarrollen en cumplimiento
de los o bje ti vos del a rt ícu lo an te ri or e n e l mar co d el C on venio de Cola bor aci ón cit ado.
Art. 80 -D Protec ción de lo s yacim ientos arq ueol ógicos
1. El planeamiento urbanístico calificará los yac imientos arqueológico s ubicados en el medio no urbano como suel o no urbanizable d e especial
protección.
2. En el caso de los yacimientos no de limitados espacialmente en el medio no urbano se l es marcará un área de protecció n cautelar.
3. El plane amient o urban ístico de berá orie ntar la orden ación haci a la conservación de los restos arqueológicos de los yacimientos ubicados en
el suelo urbanizable.
Capítulo V.
El Paisaje
Ar t. 81- D Ob jeti v os es pecí fi cos
a) Poner en v alor los recursos naturales y culturales
b) Mejorar la percepción del espacio con un tratamiento paisajístico inte grado
c) Aprovechar el potencial paisajístico del ámbito para mejorar su legibilidad
d) Potenciar dist intas actividades recreativas, t u rísticas y de interés cie ntífico y didáctico
e) Ordenar y prot eger los el ementos qu e articul an la p ercepción paisají stica
f) Establecer el equipamiento paisajístico necesario para e l cumplimiento de los objetivos.
CARTOGRAFÍA
E n e l I n v e n t a r i o d e E l e m e n t o s d e I n t e r é s s e i n c l u y e u n m a p a d e l o c a l i z a c i ó n c o m a r c a l y o t r o d e d e t a l l e s o b r e l a l o c a l i z a c i ó n d e cada uno de los
elemen tos inv entariados .
Se incorpora así mismo un mapa a escala 1:150.000 con todos los elementos de interés para la comarca que han sido inventariado s en el POTSS
* Solo se incl uye en la tabla el contenido de los apartados
que pueden af ectar directam ente al PA. D:Di rectrices N: Norm as R: Reco
mendaciones
Tabla 10
El PA en el POT de la Sierra de Segura
Fuente : Elaboraci ón propi a basada en el Plan de Ordenaci ón del
Territorio de la Sierra de Segura. Jaén. Conse
j
ería de Obra s
Públicas y Transportes . Junta d e Andalucía. Sevilla, 2003.
-El Patri monio Arqueol ógi co en los Pl anes de Ordenación del Territori o-
- 119 -
El Plan de Ordenación del Terri torio de la Bah ía de Cádiz
(POTBC) se aprobó por el Decreto 462/ 2004, de 27 de julio y
su ámbito de ac tuación compr ende los munic ipios de Cá diz,
Ch ic la na d e la F ro n te ra , El P u er to de San ta M a rí a, Pue rto R e al
y San Fernando, con una supe rfici e total de algo más de 92,7
kms 2 y una densidad de población de 686 hab./km 2 .
Una de las peculiaridades de la estructura del territorio en la
provincia de Cádiz es la localizaci ón en ella de tres de las 10
aglomeraciones urbanas de la comuni dad autónoma de
Andalucía: Cádi z, Alg eciras y Jerez de la Frontera. Así pues , a
diferencia de lo que ocurre en otras provinci as, Cádiz no ha
asumido totalmente la centralidad administrativa y de
servicios como en el resto de las capit ales de provincia. Ello
ha sido debi do, entre ot ras causas , a la limitaci ón física de su
propio término municipal que no ha permitido su creci miento.
Este factor s e hace notar también en el propio ámbito
subregional objeto de ordenación , ya que ha favorecido la
existencia de núcleos urbano s de tamaño medio con
tendencia al crecimiento y a la i mplantación de
equipami entos y servicios autó nomos. Por lo t anto, la habitual
jerar quía en la estr uctur a de asentam ientos no se evidencia
en este espacio y la competencia entre ellos genera una
expansión urbana poco contro lada a cost a de algunos de
sus recursos territoriales (POTBC, 2002: 15).
El POTBC presenta, en relación con su tratami ento del P A,
características ambivalent es (Tabla 11):
a) Por una parte, el PHC en gen eral no se in cluye en
ninguno de los apartados de la memoria de
informaci ón y, además, ninguna de las
determinaciones in corporadas a la normativ a en esta
materia adquiere el r ango de Norma , siendo en t odos
los casos Directrices o Recomendaci ones. Hay que
señalar también, que los v alores culturales no son
apenas tenidos en cuenta en la valoración de los
paisajes de la Bahía, por lo que sólo son regulados a
través de determi naciones relaci onadas con los
recursos naturales .
b) Por otra, su integración en la memoria de ordenaci ón
y, sobre todo, en las fichas de actuaciones y en la
cartografía que acompaña al document o presenta
importantes avances en el análisi s del PA de la zona
con respecto a los otros planes analizados .
4.4. Plan de Ordenaci ón del Territorio de la Bahía de Cádiz
-Silvia Fernán dez Cacho-
- 120 -
Por primera v ez este plan incluye ámbitos delimitados en
fu nció n de cr iter ios pa trim onia le s, siend o e stos en oc asione s
de caráct er estrict amente arqueo lógico. Estos cri teri os se han
establecido en base a la agrupación espaci al de bienes
culturales (Conjunto Hi stórico de Cádiz , Conjunto Histórico de
El Puer to de Santa M aría, Conjunto H istóric o de Pu erto Real,
Conjunto Histórico de San Fern ando, Conjunto Histórico de
Chic lana, Sierr a de San Cr istó ba l, Puente Zu azo, Gal line ras,
Las Mesas, Sancti Petri , Loma del Puerco, Consulado-
Tr ocade ro) ( Figu ra 7) o a su u nid ad fu ncio nal ( Sis tema
defensivo del Saco de la Bahía, explotación de la marisma ,
indust ria alfarera romana de Puerto real, factorías púnicas de
salazón de El Puerto de Santa María , acueducto romano de
El Tempul)
Para diez de estos ámbi tos se han realizado fi chas de
actu ac ión ( Figu ra 8) en la s qu e se in cluy en l os sig uien tes
apartados:
Ju stif ica ció n: Se j ust ific a la inc lusió n de l ám bito e n el
plan.
Influencia en el desarrollo del territ orio: Se realiza un
recorrido hi stórico que caracteriza al ámbito en el
contexto de la aglomeración urbana y su influencia en
la evolución del territorio.
Fuentes: Se especi fican las fuentes de informaci ón
empleadas en la redacción de la ficha.
Unidades: Se hace una relación de t odos aquellos
elementos de interés que se incluyen en el ámbito,
aportando una serie de dato s básicos de los mismos
como son su denominación , tipología funcional,
cronología, estado de conserv ación, grado de
protección y localizaci ón expresada en coordena das
UTM.
Articulación y funcionalidad: Son las medidas y
actuaciones encami nadas princi palmente a fomentar
la relación del ámbito con las áreas urbanas y el
sistema de espacios libres , posibilit ando en su caso el
desarrollo de núcleos de uso público integrados.
Protección: Se i ncluyen las medi das y a ctuaciones
encaminadas principalment e a la salvaguarda de
aquellos valores pat rimoni ales que caracterizan
históricamente al territorio de la Bahía de Cádi z.
Recuperaci ón y desarrollo: Se trat a de indicar medidas
dirigidas al Planeami ento Urbanístico y a los planes con
incidencia en la ordenación del territorio, en relación a
las posibles modi ficaciones o futuras revi siones de los
mismos, planteando posi bi li dades de int erv ención
para la recuperación de los element os de interés de
los ámbitos.
Soporte gráfi co: Se incorporan a la ficha un mapa de
localización de cada ámbito cultural en la Bahía de
Cádiz y otro de ubicaci ón específica sobre la
cartografía de usos propuesta por el POTBC.
La in tegr ació n de la var i abl e p atr imon ial e n es te doc um ento
se adapta así a la escala de trabajo , es decir, a una escal a
su pra mun icip al, que per mite el a nális is pat rim onia l desd e un a
perspectiva ter ritoria l y no obj etual, def iniendo espacios de
interés aunque los element os integrantes no sean, por sí solos ,
-El Patri monio Arqueol ógi co en los Pl anes de Ordenación del Territori o-
- 121 -
especialmente relevantes desde el punto de vista de la
ordenación del t erritori o 92 .
92 Por ejemplo, en el ámbi to subregi onal es m ás relev ante consid erar la
industri a alfarera romana de Puer to Real o l as factorías de sal azón de
pescado púni cas de El Puerto de Santa María como un conjunto de
evid encias arqueol ógi cas que permi te corroborar l a importanci a de estas
activi dades productivas ya desde la an tigüedad. Estas ac tivi dades
relacionadas con la pesca, han si do uno de l os princi pales pilares
económicos de l a costa gadi tana durante toda su histori a y, por lo tanto ,
seña de identi dad de sus habitantes .
Figura 7
Ámbitos espaci ales (patri moniales) e n el POT de la Bahía de Cádiz
Fuente : POT BC. Conse
j
ería de Obras Públic as y Transportes . Junta
de Andalucía. Sevilla, 2004.
-Silvia Fernán dez Cacho-
- 122 -
Se tiene en cuenta, además, la existencia de otros sitios
arqueológicos no in cluidos en los ámbitos delimitados a la
hora de diseñar las propuestas del plan. En el POTBC se
incorp ora, entre o tra c artograf ía adj unta, un mapa de
información de afecci ones con la localización de los recursos
naturales y culturales del conjunto del territorio objeto de
ordenación . Entre estos se localizan un total de 181 element os
de interés que son, en su gran mayoría , sitios arqueológicos
ubicados fuera de los núcleos urbanos act uales que han de
ser tenidos en consideraci ón en cualquier tipo de act uación
que pueda afectar a su estado de conservaci ón.
Hay que destacar que en el proceso de tramitación del
POTBC al gunos de los apart ados en los que se hacía
referencia a los r ecursos culturales del t erritorio han
cambiado sustanci almente. En el documento de Avanc e del
plan, en el apartado III de la memoria de ordenaci ón en el
que se establecían sus objetivos, el subapartad o III.1. 5. se
titulaba ‘ Prot eger los recursos cult urales del territorio ’. En el
documento finalmente aprobado, este subapartado pasa a
ser el 3.3. ‘ Poner en valor e integrar los recursos cult urales del
territorio’ . Este cambio de orientaci ón en el que se suprime la
referencia a la pro tecci ón ha conducido al ca mbio de
algunos de sus conteni dos, por ejemplo, eliminando el
siguient e párrafo:
“La protecci ón de los elementos pat rimoniales que da asegurada
por la leg islación en la ma teria: Le y de Pa trimonio His tórico Espa ñol
y Ley de P atrimon io His tórico de Anda lucí a y por los in ven tarios
estab lecido s al respec to en l a Comuni dad. Ad emás, el
pla nea mi en to d e lo s d is tin tos mu nic ipi os c ue n ta co n c a tálog os
Figura 8
Ficha de Catálogo del POTBC
Fuente : POTBC. Conse
j
e r í a d e O b r a s P ú b l i c a s y
Transportes. J unta de Andalucí a. Sevilla, 2004.
-El Patri monio Arqueol ógi co en los Pl anes de Ordenación del Territori o-
- 129 -
NORMATIV A
Capítulo Sexto: De la protecci ón del patrimonio histórico y cultural
Artículo 115: Objetivos generales para la prote cción del Patrimonio histórico y cultural (D).
La actuación de las Administ raciones Públicas atenderá a la consecución de los siguiente s objetivos:
a. Impulsar la pro tección del pa trimonio cultural como recurso de l a Bahía que representa un rasgo de diferenciación y for talec e la competitividad frente a otros
territorios.
b. Estimular en todos los niveles el mantenimiento y conservación del patrimonio inmobiliario facilitando su puesta en uso.
c. Garantizar la protección integral de los centros históricos co mo represen tan tes de l a historia, l a forma de v ida en l as ciud ades y contenedore s de las instit uciones y la
vida pública.
d. Poner en valor los lugares que, entendidos por el territorio de la Bahía, ponen en evidencia el paso del hombre y l as accion es para colonizar el medio.
Artículo 116 : Directrices para la protección de los Cascos Histór icos (D)
(…)
d. Conserv ar el legado arquitectónico, arqueol ógico, urba nístico y cultural mediante actuaciones orientadas a :
1. Conservar los trazados y e spacios libres urbanos.
2. Proteger el patrimonio inmueble con valores históricos o culturales.
3. Rehabilitar las zonas degradadas, actual izando el patrimonio etnológico.
Artículo 117 : Directrices para la puesta en valor de los ámbitos con recursos culturales para el reconocimiento del territorio de la Bah ía (D )
1. Las Administraciones Públicas, de acuerdo con sus compet encias, pr omoverán la puesta en valor de los ámbit os identificados por este Pl an y l os el ementos
patrimoniales en ellos incluidos. El presente Plan ident ifica lo s siguientes ámbitos: San Cristóbal, LC-1 – Puente Zuazo, LC-2 – Gallineras-Río Ari llo, LC-3 – Las Mesas, L C-4
– Sacti Petri, LC-5 – L oma del Puerco, LC-6 – Sistema defensivo de l Saco de la Bahía, LC-7 – Explotación de la marisma, LC-8 – Acueduc to romano, LC-9 – Trocadero-
Consulado, LC-10.
2. La puesta en val or de los ám bitos con recurs os cul turales para el reconocimien to de la Bahí a se realizará d e acuerdo con l as si guientes medidas:
a. Los Planes Generales incorporarán las dete rminaciones que permitan el desarrollo de los ámbit os establecidos, ajustándose a las directrices y
recomendaciones que para cada una de e llos se establece en su F i cha de Actuación. Son determinaciones con c arácter de direc tric es las iniciadas con la
let ra D y con ca ráct er de reco mend ac ione s las iniciadas con la letra R.
b. Los bienes inclui dos deberán s e puestos en val or mediante l as actuaciones de conserv ación, restauración y rehabil itación que pr oceda según los casos y las
indicaciones contenidas en la Ficha d e Actuación.
c. El destino de los bienes incluidos se orientará a la incorporac ión de actividades privadas o públicas que estimulen su uso y el recono cimient o del legado
cultural que contienen . Cuando las Fichas conten gan un uso concr eto tendr á consideración de R ecomendación.
d. Los bines incluidos en los ámbitos ident ificados serán incluidos en los instrumentos de protección del patrimonio andaluz.
Zonas de especial reserva para la localización de actividades
Áreas para la reserva de espacios libres
Actuaciones en la red viaria
Actuaciones en la red ferrov iaria
FICHAS DE
ACTUACION ES
Legado cultural para el reconocimiento del territorio
(En las fichas de actuaciones se presentan 10 relacionadas con el artículo 117 de la normativa. En ell as se incluyen los siguie nte s apartados: Justificación, Influencia en
el d esa rro llo d el t errit ori o, Fu ent es, Un ida des, Art ic ulac ión y fu nc ion alid ad, Pro tec ció n y rec upe ra ción y De sarr ollo . S e in cor pora, así mis mo, mapas de lo ca liz aci ón y
delimitación dentro d e la Bahía de Cádiz e información foto gráfica)
CARTOGRAFÍA
En la memoria de ordenación se incluye un mapa d e de limit ac ión de lo s ám bit os c ult ura les d elim it ado s par a el r eco noc imie nt o del t erritorio.
En cada ficha de actuación en dichos ámbi to s se incluye cartografía de integración de dicho ámbito en l a Bahía de Cádiz y en su entorno inmediato.
Se incorpora un mapa general de la Bahía de Cádiz con información de las afecciones. En el se incluyen todos los elementos pert enecientes al patr imonio
histórico, fue ra de los cascos urbanos. Se suman un total de 181 elementos entre los que se incluye n todos los sitios arqueológ icos documentados.
*Sólo se incluye en la tabla el cont enido de los apartados que
pueden afe cta r directamen te al PA.
D: D irect rice s N: Nor mas R: Reco mend acione s
Tabla 11
El PA en el POT de la Bahía de Cádiz
Fuente : Elaboraci ón propia basad a en el POTBC .
Consejería de Obras Públi cas y Transportes. Junta de Andal ucía. Sevilla, 2004
-Silvia Fernán dez Cacho-
- 130 -
El Plan de Ordenación del Territorio del Ám bito de Doñana
(POTAD) fue aprobado en diciembre de 2003 y afecta a
trece municipios entre las provinci as de Huelva (Almonte,
Bollullos Par del Condado, Bonares, Hinojos, Lucena del
Puerto, Moguer , Palos de la Frontera y Rociana del Condado)
y Sevilla (A znalcázar, Pilas, La Puebla del Río, Villamanrique
de la Condesa e Isla Mayor). Este plan es el que presenta
unas carenci as más signi ficativas en relaci ón con el
tratami ento del PA.
En el diagnóstico t erritorial se apunta la presenci a de 256 siti os
arqueológicos document ados, a pesar de que una gran
extensión del ámbito lo ocupan t errenos de marismas de
formación reciente en los que no hay presencia humana
hasta fechas muy próxim as en el tiempo. En el documento de
informaci ón pública de febrero de 2002, los datos relativos al
PA eran algo más detallados que los recogidos en el
documento definitivo. Se hacía entonces referencia a la
distribuci ón de este pat rimoni o por términos municipales e,
incluso , por su adscripción cultural (Tablas 12 y 13).
4.5. Plan de Ordenación del Territorio del Ámb ito de
Doñana
Tabla 12
Informaci ón de PA en el POT del Ámbito de Doñana
Fuente : POTAD . C on s e
j
ería de Obra s Públic as y
Transportes. J unta de Andalucía. Sevilla, 2003.
-El Patri monio Arqueol ógi co en los Pl anes de Ordenación del Territori o-
- 131 -
A pesar del elevado número de si tios arqueológicos
al que se refiere el documento, y de que entre los
objetivos generales del Plan fi gura la protecci ón,
mejora y regenera ción de los espacios de v alor
amb ienta l, pais ají sti co o cultu ra l, l as me dida s
concretas propuest as por el plan se dest inan
fundam entalmente al P atrimon io E tnológico,
aso cia do a edific ac ione s r ur ale s de va lor
arquitect ónico o a la mejora del paisaje en los
espacios relacionados con la romería de El Rocío.
No se hace mención alguna al origen medieval , o
incl us o ro man o, de mu cha s de l as edif icac ion es
rurales del ámbit o, circunstanci a que tambi én
tendría que ser valorada en el di agnóstico que se
haga de ellas , ya que en este punto sólo se cit an sus
posibles cualidades arquitectóni cas y etnológicas.
E n e l c a s o d e l P A , l a m e d i d a p r e v i s t a e n l a m e m o r i a
d e o r d e n a c i ó n d e l p l a n e s l a d e s u i n s e r c i ó n e n e l
planeamiento urbanístico, no incluyéndose entre el
PHC con pot encial aprov echamient o turístico o
recreativo. Tampoco la cart ografía muestra la
localización de bienes integrantes del PA, a
excepción de las t orres de vigilancia costera por
estar reconoci das como Bienes de Int erés Cultural
(Fi gur a 9 ).
Figura 9
Bienes de Int erés Cultural en el POT del Ámbit o de Doñana
Fuente : POTAD. Conse
j
ería de Obr as Púb licas y
Transportes. J unta de Andalucí a. Sevilla, 2003.
-Silvia Fernán dez Cacho-
- 132 -
A pesar de señalar en la cart ografía de la memoria de
ordenación di chas construcciones defensiv as, estas
no son citadas en el documento. Mientras, en la
Delegación de Cult ura de Huelva , se ha realizado un
trabaj o de delim itación ta nto de la s propias torr es
como de sus entornos y se está promoviendo el diseño
de una Ruta de las torres almenaras de la costa
onubense que las incluye todas: la Torre de Arenillas
en Palos de la Frontera y las Torres de La Higuera ,
Asperillo, San Jacinto, Zalabar, Carboneras y del Oro
en Almonte (Rivas – Fernández-Baca – Gámiz, 2002).
En la cartografía referi da a Recursos y Riesgos , aún
estando tímidamente señaladas, no se incluyen en la
leyenda entre los recursos del ám bito ( Figura 10).
En el apartado normativo del plan , el PA no queda
recogido en el planteamiento de objet ivos, cent rados
en los siguientes puntos (POTA D, 2003: 125):
a) Reforzar la función territ orial de los conjuntos
h i s t ó r i c o s c o m o s o p o t e d e l a i d e n t i d a d
comarcal y recurso cul tural , social y productiv o.
b) Proteger y poner en valor las edi ficaciones de
interés cultural , etnológico y de arquit ectura
tradicional rural en la escala comarcal.
c) Conservar y restaurar la div ersidad de paisajes
que conforman el ámbito de Doñana y evitar
su degradación.
Figura 10
Cartografía de Recursos y Riesgos del POT del Ámbito de Doñana
Fuente : POTAD. Conse
j
ería de Obr as Púb licas y
Transportes. J unta de Andalucí a. Sevilla, 2003
-El Patri monio Arqueol ógi co en los Pl anes de Ordenación del Territori o-
- 133 -
PLAN DE ORDENACI ÓN DEL TERRITORIO D EL ÁMBITO DE DO ÑANA
MEMORIA DE
INFORMACIÓ N
3. Diagnóstico
territorial
Se localizan en este territorio un total de 256 yacimientos arqueológicos, que dibuja un vacío en torno al espacio marismeño, á rea que ha
carecido históricamen te de ocupación hum ana, concen trándose es te patr imoni o, fund amental men te en A znal cázar, Mogue r, La Pu ebl a del Rí o,
Pilas, Almonte y Villam anrique de la Condes a. La distribución de los yacimiento s por épocas históricas refleja la import ancia d el periodo romano,
del que se han localizado 86 restos, situados en su mayoría en Aznalcázar. También son significativos los rest os de épocas ante riore s (Pre historia y
Prerromanos ), sob re todo en Almon te y Mogu er. De l a época m ediev al aparec en 59 ya cimien tos con una distribución m uy di spersa, e n la que
re salt an Pilas y V illaman riq ue, y d e la é po ca m ode rna, ca be de st acar los 11 yacimientos localizados e n Pilas y los 9 situados e n V illamanrique (….)
El interés de este patrimonio, desde la perspectiva del Plan, de be valorarse y tomarse en consideraci ón es tablecien do, por un l ado, medidas y
directrices de protecci ón para el planeami ento urbaní stico, que com pleme nten l as establ ecidas p or su legisl ación especí fica (ca so de los
yacimi entos arquel ógicos y Bienes de I nterés Cul tural) y, por ot ro, apoyando el mejor aprov echamiento de sus pote ncialidades tu rísticas y
recreativ as (caso de los encl aves Doñana-El Rocí o y del conjunto Palos-Mo guer-La Rábida.
1. Objetivos del
Plan
A. Proteger, mejorar y regenerar l os espacios con valor ambien ta l, paisajístico o cultural y reducir los riesgos naturales y te cnológicos sobre l a
población, actividades y recursos.
MEMORIA DE
ORDENAC IÓN
3. Descripción de
la Ordenación
A9. Pro t ege r lo s va lor es cu ltu ra le s de l ám bit o y,
especial mente, l os que se refi eren a la iden tidad de
Doñana.
El pl aneamiento urbaní stico debe considerar aquellas edificaciones
de interés etnológ ico a fin de evaluar su interés arquitectónico para su inclusión
en los catálogos de edificios y bie nes pr otegidos y los yacimientos arqueológicos
a fin de su protección.
NORMATIV A
TITULO TERCERO . DETERM INACI ONES E N RELAC IÓN CON L OS REC URSOS NAT URALES , CULTU RALES Y DEL PAIS AJE
Capítulo Segundo. Patrimonio cultural y paisaje.
Artículo 112. Yacimientos arqueológicos. (D)
1. Los yacim ientos arqueol ógic os situados en s uelo no urba nizabl e deberán ser cal ificados como s uelo no u rbanizabl e de esp ecial protec ción por el pl aneamiento
urbanístico general.
2. En los casos de yacimientos no delimitados espacialme nte, se les marcará un área de protección cautelar.
CARTOGRAFÍA En ningún mapa se incorpora la localización de los sitios arqueológicos.
* Solo se incluye en la tabla el contenido de los apartados que pueden
afectar directamente al PA. D:Directrices N: Normas R: Recomendaciones
Tabla 13
El PA en el POT del Ámbito de Doñana
Fuente : Elaboraci ón propi a basada en el POTSS .
Conse
j
ería de Obras Públ icas y Transp ortes. Junta de
Andalucía. Sevilla, 2000.
-Silvia Fernán dez Cacho-
- 134 -
Con carácter general M. Benabe nt (20 02:11) estima que el
contenido de los planes de ordena ción del territ orio de
ámbito subregional es semejante, y se estructuran en torno a
cuatro bloques temáti cos:
Articulaci ón territori al
Ord en ación y c om patib il izac ión de us os
Recursos naturales, culturales y del pai saje
Otras in fraestructuras básicas
En relación con los recursos culturales , el mismo autor expone
que en el marco de los POT , su protección tiene senti do si
“juegan un papel en la est rategia territo rial ” ( Benabent , 2002:
13), ya que la LPHA y los catálogos de los planes urbanísti cos,
contemplan los mecanismos de prot ección sufici entes tanto
para los que no respondan a esa estrategi a como para los
ubicados en suelo urbano o urbani zable que están fuera de
su marco de actuaci ón 93 .
Sin embargo, el problema fundamental de algunos de estos
ámbitos, es la falta de ordenaci ón del crecimi ento urbano y
93 “El Plan sólo i ncorpora aquel las edi ficaci ones o instalaci ones que
adquieren un papel terri torial com o elementos de la i dentidad cul tural del
ámbito que , junto a o tros elem entos terri tori ales (pai sajes o espaci os
natural es), con tribuyen a una estrate gia de valo rizaci ón de recursos,
aunque en ocasi ones deba ser l a prote cci ón un objeti v o en sí y, en todo
caso, sólo de aqu ellas que se encuentr an fuer a del suel o urbano o
urbanizabl e” (Benaben t, 2002: 13)
de determinadas act ividades producti vas especi almente
agresivas con los recursos naturales y culturales . En ellos,
como en otros que tienen sus planes en proceso de
redacción o aprobaci ón, se prevé una cont inui dad e incluso
incremento de di cho creci miento que puede superar el de
décadas anteriores ( López Canto, 2002). El papel de los
planes territoriales para armonizarlo es fun damental en este
contexto.
Como se ha expuesto en diversos apartados de est e capítulo,
par ec e exis tir una co nc ienc ia e xtend id a re sp ecto a la
necesidad de i ntegrar el PHC en general y el PA en particular
en la ordenación del territorio y ello se materializa tanto en la
LOTA como en las Bases y Estrategi as del POTA. Sin embargo,
esta conciencia no se concreta suficientemente en los planes
subregionales que se han anali zado en este capítulo y en el
futuro se comprobará si llega a integrarse en mayor medi da
en el POTA.
La diversa consideració n que el PA adquiere en cada uno de
los planes y la falta de unos criterios comunes entre todos
ellos se deben a una conjunción de factores entre los que
de sta can: la esc as a imp lic ac ión dis c ipl inar de la Ar queo log ía
en los procesos de ordenación territorial, la ausencia de
crite rio s d e g est ión te rr itor ial del PA, la apues ta pr ior ita ria p or
activi dades producti vas de rentabi lidad i nmediata, la
atención de la o rdenaci ón territori al hacia la solución de
problemas más que al aprovechami ento de oportunidades y ,
una vez más , la falta de coordinaci ón interinstituci onal.
5. CONCLUSIONES
-El Patri monio Arqueol ógi co en los Pl anes de Ordenación del Territori o-
- 135 -
1. L a d i s c i p l i n a a r q u e o l ó g i c a h a i n c o r p o r a d o e n l a s ú l t i m a s
déca das compl ejos pro ced imien tos de a nális is espac ial entre
el conjunto de métodos y técnicas más comunes para el
análisis del territorio. Sin embargo, este av ance ha redundado
más en el conocimi ento de las sociedades pasadas que en el
análisis del PA como enti dad territorial que debe ser
preservada, es decir, gesti onada desde el presente para
garantizar su conservaci ón y uso futuros.
Por otro lado, los eq uipos redact ores de los PO T no siempre
incorporan asesorami ento especiali zado en materia de P A.
Par ece una nec esid ad inel ud ible l a inte gr aci ón d e
profesionales con est e perfil discip linar en el proceso de
elaboración de los planes (Querol-Martínez Díaz, 1996b: 212)
tal y como se recomi enda en la ya citada Convenció n de La
Valeta , para realizar diagnósti cos más precisos, propuest as
más ambiciosas y, sobre todo, participar en la elecci ón de las
zonas de especial int erés que, en base a criterios
arqueológicos de protección , investigación y/o puesta en
valor, pueden delimitarse t anto a escala regi onal como
subregional 94 .
94 “La arque ología es i ncómoda en tan to ocupa u n l u g a r f í s i c o o b j e t o d e
intereses di versos y no es reduci ble a una vi trina de museo. Los arq ueólogos
sabemos que los datos arq ueológi cos descontextualizados (…) carecen de
valor ci entí fico, por lo qu e su comprens ión dentr o del terri tori o donde se
emplazan y del que forman parte sup one una condi ción i nsoslayable. Por
esta razón, su gesti ón debe v incularse a aquell as fases d e planeami ento y
organiz ación lo m ás generales po sibl es desde el punto de vi sta
admini strativ o y territori al, y más tempranas en cuanto al desarroll o
temporal de l os proyecto s (Cano et al . 1992: 37 ; Gómez y Escoba r 1991:50),
para evi tar que su suerte en rel aci ón con un proyecto con creto de obra
pública sea , sino deci dida sí por lo menos m ediati zada, sin el concurso
E l h e c h o d e q u e l a L O T A f i j e s ó l o d e f o r m a g e n é r i c a e l
contenido de los POT, hace que en cada caso el PA (como
otras muchas materias) sea tratado de forma di ferente en
función de las propi as características del t erritorio y, sobre
todo, de la composi ción del equipo redactor (V ega , 2002: 36;
Chinchilla, 2002: 17). Por ello, mi ent ras dichos contenidos no
sean fijados con mayor con creción de for ma reglamentari a,
la inter dis ci pl inar ied ad de be s er una car acte rís tica ex igid a a
los equipos redactore s 95 que deb en integrar espe ciali stas en
materia de PA.
2. Una de las razones más plausibles que justi fican el hecho
de que los POT no i ncorporen más que, en el mejor de lo s
casos, listados de sitios arqueol ógicos t ratados como objetos
superpuestos al territori o es que, desde la propi a
administraci ón competent e en la materia (Consejería de
Cultura) no se han aportado ha sta el momento directri ces de
mayor alcance que afecten, no sólo a los bienes in dividuales,
sino también a las relaci ones entre ellos y a sus posi bilidades
en la conformación de la estruct ura territorial 96 . Much os de
profesional de especi alistas o si n ten er en cuenta l as parti culari dades del
mismo” (Llavori, 1998: 312)
95 “Desde el punto de v ista técni co (…) result a necesario mejorar l a
int erd isc ip lin ar ie da d d e lo s eq u ipo s de redacción de estos Planes que
deben abarcar la ordenaci ón d e l t er r it or io in t eg ra n do pe r sp ec ti va s y
sensibili dades diversas” (Vega, 2002: 40).
96 “Es evid ente que, en gran m edida, el territori o lo hacen l as políti cas
sectori ales. La elaboraci ón del Plan de Ordenaci ón del Territorio obedece,
en gran med ida, a l a necesi dad de que di chas polí ticas cuenten com o
referenci a con un M odelo Terri torial explí cito en el que se i denti fiquen l os
objetiv os a que aspi ra A ndalucí a en cuanto a su organi zaci ón y
funcionami ento terri torial en el futuro” (Acosta, 2002: 395)
-Silvia Fernán dez Cacho-
- 136 -
estos bienes que dan ai slados y abandonados en zonas que
no poseen siquiera los míni mos requisit os de accesibili dad
p o r q u e n o s e h a p r e v i s t o s u i m b r i c a c i ó n e n l a a r t i c u l a c i ó n d e
la red viaria, espacios libres , itinerarios culturales, etc.
A este r espec to, R. Pico y M. Humanes c onstata n que,
mientras en los principios expuestos en los planes territoriales
se observa una fuert e preocupaci ón por los recursos
patr imo nial es, su gra do de co nc reción es deficiente, mientras
que la administraci ón de cultura “ no dispone, de moment o,
de herramientas ágiles para el conocimiento y la transmisión
de la información pat rimonial a nivel territorial ” ( Pico-
Humanes, 1998: 107 ).
El uso de los SIG como herramient a informática para el
aná lis is de l te rr itor io s e ha ido inc orp ora ndo le ntam ente a lo s
procesos de gesti ón administrativa, pero en la ma yoría de los
casos esta i ncorporación ha quedado circunscri ta a la
producción de cart ografía digital para la locali zación del P A
inmueble y de su uso como un v isuali zador de datos
espaciales. Los sitios arqueológi cos se han representado en
dicha cartografía como elementos in dependientes unos de
otros, en forma de puntos o como polígonos que, a su vez,
han sido trazados sin criterios uni formes para toda la
comunidad autónoma (Fernández Cacho, 2004a).
Sin embargo, las posi bilidades de análi sis que ofrece esta
herramienta van más allá de la consulta espaci al (que en sí
misma ya es un notable avance frente a las bases de datos
tradicio nales), ya que permit en realizar más fáci lmente un
tratamiento territor ial del PA (Fernández Cacho-García
Sanj uán, 2004) . Per o la f orma ción técn ica y la in tro duc ción
en la gestión coti diana de estos si stemas de gesti ón de datos
espacialmente referenciados en materia de P A no está
siendo todo lo ágil que cabr ía esperar, y ello afecta
necesariamente a la falta de superaci ón del concepto de
ficha = sitio arqueológico y, por tanto , su gestión
individuali zada.
Las diferentes escalas t erritoriales requieren diferent es
tratamientos de los objetos en el espacio . Desde el punto de
vista estricto de su representación cart ográfica , los sitios
arqueológicos delimitados i ndividualmente no son
apreciables si se i ntentan visualizar en un mapa de escala
regional. Para reflejarlos en la cartografía de los planes
regionales y subregionales las opciones son dos : a) por medio
de elementos puntuales que pueden ser trasladados a
cualquier escala cartográfi ca b) agrupán dolas en áreas más
amplias que reflejen sistemas de relaciones entre ellos. Los
criterio s de delimitación pueden ser variados pero , en
cualquier caso , estas áreas deberían int egrarse en el
planeamiento territorial con las corresp ondient es
determin aciones en función de sus característi cas.
Si se entiende que e xisten estas amplias áreas en las que el
PA requiere de un trat amient o específico , podrían formar
parte de “ aquellos espacios con una vulnerabilidad o
fragilidad especial q ue hace recomendable la adop ción de
medidas espec íficas de orde nación ” (Pujadas-Font, 1998:
249), al igual que los espacios de alta mont aña, los litorales o
los de interés natural . Estas medidas específi cas de
ordenación podrían concretarse en la elaboración de unos
-El Patri monio Arqueol ógi co en los Pl anes de Ordenación del Territori o-
- 137 -
criterios territoriales de ordenaci ón del PA a escalas regional y
subregional , que puedan coordi narse con otros planes y
directrices t erritoriales en los documentos de planificaci ón
territorial, al igual que ocurre con los espacios naturales
protegidos 97 . Sin embargo, en el único documento editado
por la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía en el
que se establecen consideraciones generales en relación
con el PA y la ordena ción del territor io a distin tas es calas
espaciales (Fernández Sali nas, 1996), se v uelve a plantear la
realización de inv entarios como úni ca propuesta de
inte gra ció n.
Estas carencias influyen di rectamente en el tratamiento que
los distintos recurso s territoriales ( naturales , culturales y
paisajísticos) tienen en los POT. Por e jemplo, en el POTAUG se
han delimitado espaci os de interés ambi ental por criteri os de
si n gu la ri d ad , r i es go , et c ., m i e nt r as que estos criterios no se
aplican en absoluto a los bi enes integrant es del PA. A este
respecto, aunque la LPHA establece la protecci ón de estos
bienes a través de su inscripción en el Catálogo General del
Patr imo nio His tór ico, esta pro tec ción no af ecta a to dos los
inmuebles que según la misma Ley se consideran parte de él
(todos los sitios arqueológicos protegidos o no) y, sobre todo,
en la práctica no protege áreas territoriales en funci ón de sus
valores culturales o, específi camente , arqueológicos.
97 “La incl usión de los temas medi oamb ienta les dentro de la or denación
del terri torio es un ejemplo tod avía más cl aro de apari ción de probl emas
terri toriales que en o tras etapas de desarr oll o no se habían teni do en
cuenta” (Pujadas-Font, 1998: 25)
Probablemente esta situa ción también d erive de que la LPHA
se promulgara con anterioridad a la LOTA. G. Vega apuesta
por la redacción del Reglamento que desarrolle la LOTA, por
ejemplo, “para discernir el alcance de estos Planes respect o
a materias reguladas en leyes especiales promulgadas con
anterioridad a la Ley de Ordenación del Territorio, y en las
que se t uvo más en cuenta el planeamiento urban ístico pero
no el territ orial (paisaje, riesgos naturales y t ecnológicos,
tratamiento del patrimonio cultural, etc.)” ( 2002: 41)
3. En un recient e trabajo sobre la inserción del pai saje en los
planes de ordenac ión del ter ritorio, J.M. Sánchez Biec apunta
una serie de motivos por los que dicha inserci ón no se realiza
de la forma más adecuada (2002). Sus reflexiones podrían
trasladarse al terreno del PA prácticamente sin ninguna
modificación . Entre los aspect os que señala dest aca quizás la
apuesta priorit aria de los POT por ordenar las acti vidades
productiv as de rentabilidad inmediat a que generan valor
añadido 98 .
Ello ha conducido a una relajaci ón normativa para la
regulación de determinados usos muy agresivos con los
recursos territori ales, incluido el PA, pero muy rentables a
corto plazo, como los espaci os productivos de la agr icultura
bajo plástico en el poniente almeriense que constituye un
problema de inadecua ción de los inst rumentos de
98 “De es te modo, la arqueol ogía (…) se co nvi erte en una di scipli na no
inocente (…) si no generadora de confli ctos por entra r en el á mbito de
competenci a de áreas consi deradas fuerte s dentro de la polít ica de
desarrollo de cual quier ad ministraci ón, como son el urbani smo, las obras
públicas o incluso la economí a” (Llavori , 1998: 317)
-Silvia Fernán dez Cacho-
- 138 -
ordenación di fícil de resolver 99 (Vega, 2002; Sánc hez Biec,
2002)
No se tiene en cuenta que ac tividades produ ctivas como el
turismo, necesit an de estos recursos t erritoriales para
diversificar su oferta . Del mismo modo, otros sect ores
económicos no necesariamente relaci onados con la in dustria
turística, requieren cada v ez más unas determinadas
cualidades en el entorno territorial en el que se ubican, que
ofrezcan una variada oferta cult ural y de ocio (Hildenbrand,
2000).
En la actualidad, parece que aún no se ha asumido la idea
de que la preservación del patri monio de una soci edad no
sólo contribuye a disfrut ar de un a mayor c alidad de vi da, sino
que genera recursos económi cos si se gestionan y ordenan
desde una óptica no maximalist a, sostenible 100 . Ello es en
99 “Igualmente l as propuestas de ordenaci ón de los espaci os productivos
de agricul tura i ntensiv a inclui das en los Planes del P oni ente o de l a Costa
Noroeste resu ltan i nsufi cientes res pecto a l as necesi dades de orde nación,
aunque en este caso, l a ausenci a de i nstrumentos p ara la i ntervenci ón en
estas zo nas, que so n espacios agrí colas cl asifi cados como no urbani zables ,
pero cuyo funci onami ento es simi lar al de un polí gono industri al, ha
resultado un a limi taci ón para es ta bl ecer propuestas má s radi cales y
efectiv as para la reordenación de estas áreas” (Vega, 2002: 39).
100 “Par a las polít icas lo cale s de p rote cción y valor izac ión de p atrimo nio de
interés p úblico , el turi smo puede ser un ali ado conveni ente y po deroso.
Esta opci ón ha sido señal ada por orga nismos interna cionales dedi cados a
la protecci ón y fomento de los espaci os naturales y del patrim onio cultural.
Tambi én se ha señal ado en di ferentes foros el riesgo asoci ado a una
utiliz ación desordenada de los espacios con p atrimoni o por parte de
excursioni stas y turi stas. Por ell o, el aprovechami ento de las p otencia lidades
turísti cas de un espaci o valioso debe ir asoci ado a una polí tica de
parte debido a la falta de una política preventiva y de
revalorización del PA que es percibi do más como un
‘inconv eniente territorial’ que como un recurso .
4. Otra de las causas que puede n influi r en las caracte rísticas
de la integración del PA en los POT es la preferenci a de estos
planes por resolver problemas más que por apro vechar
oportunidades (V ega, 2002: 38). La presi ón que se ejerce
para solucionar las necesidades t erritoriales más acuci antes,
que responden a dem andas previas, deja en segundo plano
otras actuaciones sobre las qu e no se pueden establecer
garantías de ejecuci ón por parte de las admini straciones
competentes 101 . En este c ontexto, solo se actú a cuand o el
problema es especialmente grave y las intervenciones
negativas ya se han producido, y no mediante la
elaboración de un pronósti co que permita ejecutar medi das
de carácte r preventivo 102 .
ordenaci ón terri torial que op timi ce y establezca l as condi ciones
compatibles de uso” (Requejo, 2002: 65)
101 “La urgenci a y la presión por dar respu esta a los pro blemas acucian tes,
la volu ntad de la admi nistraci ón regi onal de consensuar todo el conteni do
del Pla n co n todas la s admin istr acione s, y la falt a de sens ibilida d res pecto
al papel que esto s Planes podrían desarroll ar, no sólo como instrum entos
para la coordi naci ón urbanísti ca, si no como dinami zadores de otras
inic iat ivas en la es cala supr amun icipa l, ha n impe dido p rofu ndizar o
considerar otr os aspectos de l os que, probablemente, la si guiente revi sión
de estos Planes tendrán qu e ocuparse” (Vega, 2002: 38).
102 “Es probable que con el agrav ami ento de los probl emas se imponga l a
nec esidad de recu rrir a la plan ifica ción, a la coo rdina ción y a la
ordenación. El agotamiento d e los recursos es un buen bálsamo par a
resolver l a falta de interés de los actores soci al es en las visi ones a largo
plazo y en las visi ones integradoras” (Requejo, 2002: 67)
- Aná lisis ar que ológ ico pa ra la Pla nif ica ción T er ritor ial ( I ) -
- 241 -
obtenida debería i ntegrarse siempre en los RE A orientados a
la tutela patr imonial.
En la mesa redonda de la reunión sobre invent arios y cartas
arqueológicas que tuv o lugar en Soria en 1991 (Jimeno-Val-
Fernández Moreno, 1993), G. Ruiz Zapatero apuntaba que
había que utilizar la teoría que F . Criado había denominado
“teoría del zoom” que consiste en determinar la escala de
trabajo para ajustar los dat os que se pue den registrar en un
tiempo y costo viable, poniendo como ejemplo el caso de
Castilla-León, dónd e difícilmente se podía plantear la
rea liza ció n d e un in ven tar io ex hau stivo co n crit er ios d e
investigac ión (J imeno-Val-Fernánd ez Moreno, 1993: 256).
En la misma mesa redonda , V. Antona mostraba una postura
firme en defensa de la realización de regi stros de EA para
cubrir las necesidade s propias de la admi nistraci ón, sin negar
la posibili dad de que sean usados para ot ros fines o que
desde otros ámbitos se realicen ot ros para dar repuesta a
necesidades diferent es (Jimeno-Val-Fernández Moreno , 1993:
256-257 ).
No obstant e, parece razonable reali zar un esfuerzo por
inte gra r e n u n mis mo REA la info rm ació n bá sic a que se
con sid ere útil, tanto des de lo s ámb itos de g est ión c omo
desde los de la inv estigaci ón. De este modo, se podría
disponer de unos dat os esenci ales para la gesti ón que
puedan servi r de base de futur as inv estigaciones. Una v ez
finalizadas , sus resultados tendrían que cualifi car e
incrementar el REA. La admini stración puede y debe abordar
la elaboración de los REA, pero también coordinarse con los
centros de investigación para la rev ersión del producto de las
investigaciones que se realicen en su calidad y precisión, o
incl us o or ientar lí nea s d e in ves tig ac ión d irig ida s a comp leta r
el conocimiento d e deter minada s áreas terr itoria les qu e le
sean prioritarias 225 . De este modo, no habría que plantearse el
dilema del que se hace eco G . Delibes de Castro, ent re la
opción de di sponer de una informaci ón muy detallada par a
áreas reducidas y una muy general para áreas extensas
(Jimeno-V al-Fernández Moreno, 1993: 253) . Desde la
administraci ón se puede emp render el REA más general
permitiendo la inclusión de información más detallada de
aquellos lugares que son investigados específi camente 226 .
Para que es ta integ ración d e datos en u n REA a la escala d e
una comunidad autónoma com o la andaluza sea posi ble, los
225 “Coordinam ento, insomm a, non come reci proca limi tazione e
imposi zione di luoghi , tempi e mo di, ma come mutuo risparmi o di energie e
soprattutto c ome possibi lità di utili zzare ognuno per i propri fini , dati
speciali sticamente differenzi ati” (Azzena, 1999: 22)
“L a ba se de c ua lq u ie r g est ión de l Pa tr imo n io Ar q ue o ló gic o de be s e r l a
ide nt ifi ca ción y e l in ven ta rio de d ich o pa t rim o n io . En el c aso de la
arqueologí a, la prospecci ón sistemática con vistas a confeccionar cartas
arqueológi cas es, según K risti ansen (1989 : 28), el pri ncipal obj etivo de l a
gestión de l os recursos cul turales , dado que si rve com o base ta nto para la
investigaci ón como para la protección” (Llavori, 1998: 315)
226 “… no se trata de una i nformaci ón exclusiv a de cri terios ju rídico-
admini strativos (por otro lado, sumamente i mportantes en el Patri moni o
Históri co); sino tambi én y en fu nción a l a precisa cl ari dad y fi nalidad,
acompañad a de los cri terios ci entífi co técni cos (…). Evi dentemente el lo
lleva i mplíci to una investig ación crí tica o base concep tual con el fin de
proteger, con servar y v alorar; la defi nición de exhau sti vos y efi caces datos ,
una preci sa indivi dualiz ación y una co mpleta docu mentaci ón del obj eto”
(Fernández-Baca , 1996: 14).
- Silvia Fernández Cacho -
- 242 -
criteri os emanados de la administración de cultura han de se r
convergentes con los empleados en la investigación
histórico-arqueológica, de manera que esta revierta en la
gestión y vicev ersa 227 . De hecho, los REA no son simples
registros de dat os para reali zar consultas puntuales , son la
bas e de cu alq uie r po lít ica d e pla nif ica ció n. Una
administraci ón que no apuesta por ellos es una
administraci ón que no planifica sus act uaciones, ni sobre los
propios bienes ni sobre el territorio de su competencia 228 .
En Andalucía, la colaboración d el IAPH con el Depart amento
de Prehistori a y Ar queología de la Univ ersidad de Sev illa para
la realización de la primera cartografía digital de PA a escala
regional, a partir de los dat os del REA elabor ado por la DGBC
e informatizado en el propi o IAPH 229 , abri ó una fruct ífera v ía
de trabajo en la apli cación de nuev as tecnologías en la
gestión de la in formación arqueológica. Esta línea fue
227 “Ten uto c onto de lle var i diff icolt à di c omunicaz ione tra i devers i live lli
ammi nistrativi e poli tici e la attuale cond izio ne storica, credo che u n modo
per risolv ere sia quel lo di incomi nciare ad av ere un raccordo fond amentale
tra il m omento dell a ricerca e quel lo della pi anificazi one (…) in uno
scambio di conoscenza reci proca fra i due livelli” (Bordon, 1999: 10)
228 “Lo que sucede es que muchas v eces la falta de coordi nación o
colaboraci ón entre la A rqueologí a que gesti ona y la que i nvestiga es
consecuenci a de una falta de pl ani ficación (…). No obstante , estamos
todos de acuerdo en que la pri mera fina lidad de un inventar io h a d e s e r la
de gesti onar el Patri moni o, la de salv arlo. Pero se olv ida que el inv entario
tiene tam bién una fu nci ón realmente pr imordi al, como es la de program ar
y programar no es solamen te arqueol ogía de urgenci a, sino ha cer una
polít ica a rque ológ ica, c ubrir de ter minada s lagu nas, etc. ” ( M.D. Fern ández
Posse en Jimeno-Val-Fernandez M oreno, 1993: 254)
229 Para obtener una vi sión global de la creación y ev olución de es te
sistem a informáti co (Fernández Cacho, 2002a)
extendiéndose de forma paul atina a ot ros campos de
conocimiento como el Patrimonio Arquitectónico o el
Etnológico. No obstante, en la alimentación del sistema de
registro creado no parti cipan direct amente los centros
universitarios de manera que, por ejemplo, el aumento del
número de prospecci ones arqueológi cas autori zadas
redunda sólo tími damente en el incremento de la
informaci ón almacenada (Fernández Cacho-Mondéjar-Díaz
Iglesias, 2002b: 145-146) .
Pero no son los centros de investigación los únicos qu e
pueden colaborar en la cuali ficación de los REA. Se h a
defendido en capítulos anteriores la i ntegración de
profesionales de la Arqueología en la redacci ón de los
docu mento s de plan ifica ció n terr itorial. Los datos
proporcionados por un óptimo REA pueden aportar la
informaci ón de partida , pero necesariament e se deberá
revisar e interpret ar en el contexto de la situaci ón territorial
que exista en cada momento y en función de todas las
variables analiz adas para la formulación de la propuesta de
ordenación. La nueva docume nt ación gráfica generada , los
datos sobre el estado de conservación, los posibles cambios
de uso operados , etc., pueden ser de gran utilidad para
actualizar el banco de datos general .
Museos arqueológicos, Ayuntamientos y Diputac i ones, son
otros de los virtuales genera dores de i nformación que
tamb ién pu ed en co ntr ibu ir a l a cua lific ac ión d e l os REA
- Aná lisis ar que ológ ico pa ra la Pla nif ica ción T er ritor ial ( I ) -
- 243 -
disponiendo de la s herramientas necesari as 230 . Estas
herramientas no son exclusivamente informáti cas, sino
también de conocimiento. Para ello, la redacción de Guías
que expliciten concisa y claramente los criterios de registro es
una tarea que hay que emprender 231 .
Así pues, entre los criteri os básicos relativos al quién y al cómo
se debe abordar la elaboraci ón, revisión y/o act ualizaci ón de
los REA, se deben tener en cuent a los siguientes:
1. Los REA han de ser auspiciados por la admini stración
cultural, faci litando las directri ces para su elaboració n.
2. Estas directrices t ratarán de sati sfacer priorita riamente
las necesidades de la gestión del PA, aunque
aplicando cri teri os técnicos y ci entíficos acord es con
el avance de la disci plina arqueológica.
3. La colaboración con otras in stituciones , especialmente
los centros de inv estigación , resulta fundamental, no
sólo para disponer de informaci ón progresivamente
más cualificada, sino tambi én para implicar en la
misión de salv aguarda y reversión social del PA al
230 Esta col aboraci ón es tanto más importante si , como apun ta G. Rosad a ,
se ti ene en cuen ta que un a gran parte del ri esgo al que es tá som etido el
PA “resta ancora nel perd urante anta goni smo di enti istituzi onali che non
riescono a s tabili re a tutt’oggi un flusso regol are di ‘si nergi e’ (…) e spesso si
affidano solo a i ncerte, sal tuarie e non d efi nite (come è na turale i n questi
casi) re lazioni am icali” ( Rosada, 2001: 148)
231 En el Rei no Uni do, por ej emplo, l a falta de estándares comune s en los
REA abordados por los di ferentes cond ados llev ó a la Royal Comi sión on
the Hi storic al Monuments o f England , a elaborar un manual de refere ncia
para proced er a l a unificaci ón de cri terios en todo el terri tori o nacional
(RCHME, 1998).
con jun to de prof es ional es q ue lo inve stig an y /o
gestionan 232 .
4. la documentación de los REA debe ser producida sin
exc epc ión por pro fe sion ale s cu alif ic ado s.
5. El sistema de almacenami ento y gesti ón de datos ,
integrado necesariamente en un SIG , tiene que
permitir diversos niveles de profundi zación en la
informaci ón, siendo preferible di sponer de un conjunto
bien articulado de dat os básicos de las E A regist radas
en el territorio admi nistrado que una i nformación muy
pormenorizada de un número muy limitado de ellas.
6. El acceso a la información debe ser amplio. Las
nuevas tecnologías permiten una fácil di fusión de la
informaci ón que es una de las obligaciones de la
administraci ón y, más im portante aún , un derecho de
la ciudadanía.
Como exponía A. Melucco, los ac uerdos en el ámbito de la
arqueología son priorit arios por los siguientes motivos
(Melucco , 2001):
“ La arqueo logí a constituye la parte más frágil del patrimo nio
cultural y existe un riesgo ‘para’ la Arqueologí a, de
destrucción y de pérdida, antes incluso de convertirse en
objeto de conocimiento y de tutela;
232 “Evidenci ando el problema , resta el asumi rlo consci entemen te y
potenciar una pol ític a de acercamiento y enri queci miento mutuo en tre
estos dos ti pos de Arqueol ogías, que desembo que en un mejor desarrol lo
cientí fico de la A rqueología de Gesti ón y en una mayor promoci ón soci al
de la Arqueología de Inv estigación” (Burillo-Ibáñez-Polo , 1994: 37)
- Silvia Fernández Cacho -
- 244 -
Existe ta mbién un r iesgo ‘d e’ Arque ologí a y el conoci mien to,
la calidad y l a oportuni dad del conocimient o, son los
instrumen tos principal es para la li mitación de los con flictos
entre valo res , tales co mo la mod ernización d el paí s y junto a
ello la sal vaguarda de l as caracterí sticas de especific idad y
de unici dad por las que merece aún el apelat ivo de Bel
Paese ” (M elucco, 2001: 53).
Como se ha expuesto en el apartado anterior, el REA es una
importante herramienta sobre la que basar cualquier ti po de
política preventiva. Sin embargo, no constituyen el final de
d i c h a p o l í t i c a , s i n o m á s b i e n e l p r i n c i p i o , l a b a s e d e
conocimiento sobre la que elaborar la informaci ón necesaria
en cada momento , para actuaciones diversas que r equieren
su tratami ento particularizado 233 .
Las actuaciones habituales que t ratan este tipo de
informaci ón de una forma más básica son las que t ienen que
ver con la ejecución de obras con incidencia territorial en las
que la remoción de ti erras constituye un factor de riesgo
233 “Ya sean de protecci ón o de prevenci ón, además de confecci onarl as ,
hay que co nsegui r que las cartas se c onvi ertan en her rami entas de trabaj o
par a la p rotec ción y par a la in vest i gac ión, es dec ir, e n verda dero s út iles”
(Querol-Martínez Dí az, 1996b: 216)
sobre el PA. En estos casos , la superposición del área
directament e afectada y su en torno más o menos próxi mo
con un mapa de di stribución de EA es la condición mínima 234 ,
sin renunciar a la v erificación de los dat os sobre el t erreno
para contrastarlos a una escala de trabajo más detallada.
Estas condici ones de partida no siempre se cumplen con la
m i s m a e f i c a c i a , p r o d u c t o d e l a c a r e n c i a d e u n m a p a d e
distribuci ón de EA, de su falta de actualiz ación y/o de la
deficient e contrastación de los datos sobre el t erreno. Como
ejemplo, se puede r ecurrir a casos de segui miento de obr as
de alto impacto arqueológi co, como las de const rucción de
gaseoductos, que han implicado el desarrollo de estrategias
preventiv as específicas para este tipo de actuaciones.
En el término municipal de Sola na de los Barros (Badajoz), se
localiza uno de los asentamientos calcolíticos más extensos
de E uro pa occ ide ntal, que ocu pa una s upe rf icie de 8 0
hectáreas deli mitadas por un foso y una doble línea de
muralla: La Pijotilla. Los trabajos arqueológicos en este
asentamient o se han desarrollado a lo largo de los últimos 25
años, importantes materiales recuperados pueden
contemplarse en el Museo Provincial de Badajoz , y
publicaciones ci entíficas dan cuenta de su rel evancia
234 “En definit iva, la labo r de in venta rio del Patr imonio H istó rico por part e de
las diferentes admini straciones au tonómi cas en la forma de repertori os
munici pales o provi nciales (tipo carta a rqueol ógi ca) es im presci ndible para
disponer de una base i nmej orable de l a que par tir a la hor a de anali zar
cada proyec to pa rticula r y, a sí, halla r la mejor s oluc ión pa ra los inter eses de
la obra y del patrimonio histórico” (L lav ori, 1998: 326)
3. EL TRATAMIENTO DE LA INFORMACIÓN ARQUEOLÓGICA
PARA LA PLAN IFICACIÓ N TERRITORIAL
3.1. Introducción al análisis de la información del REA
- Aná lisis ar que ológ ico pa ra la Pla nif ica ción T er ritor ial ( I ) -
- 245 -
(Hurtado, 1980; 1 986; 19 88; 2 003; Enríquez, 1990; Hunt-Hurtad o,
2001; Hurtado-Mond éjar-Pecero , 2002; Polvori nos y otros, 2002;
etc.). A pesar de ello, y de que la Consejería de Cultura de la
Junta de Ext remadura disponía de numerosos i nformes de las
excavaci ones arqueológi cas que desde mediados de los
años 1970 se vienen realiz ando en el sitio arqueológico , la
falta de un REA actualizado provocó la imprevisión sobre los
daños que podría sufrir a consecuen cia de las obras del
gaseoducto de ENAG AS que une Córdoba con Badajoz a su
paso por el municipio de Solana de los Barr os.
La pr ensa se h izo e co de l a not ici a ( HOY 2 0 y 21 de Agosto de
1996; ABC 20 de Agost o de 1996; HOY 20 y 21 de Septiembre
de 1996; El Peri ódico de Extremadura 21 de Sept iembre de
1996) 235 y los responsables de cult ura atri buyeron el
‘inc idente’ al desc onoc imie nto de la gr an ex tens ión del
asentamient o por parte de quienes, mediante una relaci ón
contractual con la empresa adjudicat aria , realizaron las
prospecciones arqueológicas previ as a la ejecución de las
obras. Ello hace suponer que no di spusieron de una
235 ABC : Martes 20 de A gosto de 1996: "L as obras de Gas Natural destrozan
un importante yaci miento prehi stóri co"; El Periódi co EXTREMADURA : S áb ad o
21 de Septiembre de 199 6: "Un error de cálculo faci litó abrir la zanja en La
Pijotill a" ; HOY. Diari o de Extremadura : Mart es 20 de Agosto de 1996: "Las
obras del gasoducto par ten en dos el poblado de la Pi jotilla", Miércoles 21
de Agosto de 1996: "L os arqueólogos del proyecto de g asoducto
desconocían el tamaño de La Pijoti lla", Viernes 20 d e Sept iembre de 1996 :
"El gasoducto causó da ños irreparabl es en el mejor yaci mi ento prehi stóri co
regional ", Sábado 21 de Septiembre de 1996: "La Jun ta autori za a Enaga s a
seguir el gasoducto por La Pi jotilla"
adecuada cartografía con la delimitación completa del sitio
y que en sus prospecciones superfici ales no contaron con la
informaci ón de la que disponía la administración pública. El
resultado fue la destrucci ón del registro arqueológi co de
parte de los si los del poblado, de una cabaña y la remoción
de parte del área del asentamiento sin control arqueológi co
(Lámi nas 57 y 5 8).
Un ejemplo opuesto al anterior es el del gaseoducto que
entre 1980 y 1987 se construy ó en territorio d anés a lo largo
de 13.000 kilómet ros, encajado en una zanja de 25 metros de
ancho. La disponibili dad de cartografía arq ueológi ca
permitió elegir el trazado más r espetuoso con anteriori dad al
inicio de las obras para que , una vez deci dido el recorri do, un
equipo de espe ciali stas hiciera un segui miento de la obra
sobre el terreno. Un trabajo minucioso y bien coordinado
permitió rentabilizar culturalmente esta intervención a través
de publicaciones y exposiciones de los pri ncipales hallazgos,
además de actualizar el propi o REA del país (Hertz y otros,
1987 ; Querol, 1993a: 120- 121).
También en esta línea se enmarcan los trabajos que el Grupo
de Investi gación en Arqueología del P aisaje de la Universidad
de Santiago de Compostela ha realizado para controlar el
impact o arqueológico de la red de gasificaci ón de Gali cia ,
v e r t e b r a d a a l o l a r g o d e 7 0 0 k m s . U n a m p l i o e q u i p o
universitario elaboró un proyecto marco 236 financi ado por el
236 “El Proyecto Marco se pued e defini r como el útil de g estió n o tu tela que
p o s i b i l i t a r e i n t e g r a r l a u n i d a d d i s p e r s a d e l o r e a l d e n t r o d e u n p r o g r a m a
arqueológico com prehensivo . Es el instrum ento que permi te compati bili zar
la ob ligac ión de t utela p ública del Patr imon io Arque ológ ico co n la
- Silvia Fernández Cacho -
- 246 -
Grupo Gas Natural, que permitió la realización de un t rabajo
de documentació n, inter vención y corrección d e impacto
arqueológico con cri terios unit ar ios, científicos y divulgativos
(Criado-Amado-Ma rtínez López, 1997; Mart ínez López-
Amado-Barrei ro, 1997; Criado y otros, 2000).
En Andalucía no se han de sarrollado proyectos de est as
características . Más bien se ti ende a la in clusión del PA en las
declaraciones de i mpacto ambient al y a la exigencia de un
control direct o por parte d e alguna persona con la
cualificación requeri da. Además , no ha existido una
estrategia global de intervenciones arqueológi cas como en
Galicia, y la red de gasi ficación se ha ejecutado por t ramos,
careciéndose de un proyecto marco de las característi cas
del gallego.
Para comprobarlo pueden consult arse las medidas
preventiva s tomad as para la cons trucción d el tramo de
gaseoducto entre Villafranca de Córdoba (Córdoba) y
Porcuna (Jaén). En ningún caso se recomi enda la redacción
de un proyecto ex profeso para la corrección del i mpacto
arqueológico, ni para que se amorticen ci entífica o
divulgativamente las posibles i ntervenciones arqueológi cas,
aun cuando se exige “ la presencia de un arqueólogo,
debidament e acreditado, a pie de obra a lo largo de todo el
trazado ” (Min ister io d e Me dioam bien te, 2003).
dispersi ón de las prácti cas y conflictos que i nteracci onan con es e
Patrimoni o” (Criado-Amado-M artínez López, 1997: 4)
Lámina 57
La Pijotilla (Solana de los Ba rros, Badajoz). Depósitos
arqueológicos af ectados por las obras del gaseoducto
Foto : V. Hurtado Pérez , 1996
Lámina 58
La Pijotilla (S olana de los Ba rros, Badajoz). Excavaci ón de
depósitos arqueológi cos afect ados por el gaseoducto
Foto : V. Hurtado Pérez, 1996
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