El paraíso : periódico semanal de filosofía, historia, literatura y bellas artes
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EL PARAISO, PERIÓDICO SEMANAL DE FILOSOFIA, HISTORIA, LITERATURA YBELLAS ARTES. El titulo del periódico áque damos priucipio con ci presente luímero, nos La sido inspirado por la atmósfera de encantos cu que vivimos. Donde la naturaleza se sonríe, se sonríe también nuestra aliiia^ donde lodo es deleite, no somos por cierto nosotros los últimos en g-ozar. Nosotros, entusiastas, poetas, si no de dicción ai menos de sentimiento ,moradores de un palacio aéreo con mag'as envueltas en nubes de púrpura, con torres de íiüg^rana y baños de pórfido, con alboradas soñolientas yarmoniosas, nosotros, condenados áver nuestros cuerpos en divorcio completo de nuestras almas ,condenados áarrastrar este inmundo sudario de carne por encima del fang:oso lodazal del mundo, nosotros hemos pasado los breves dias de nuestra existencia sonando un cielo de deleites. En el hemos visto todo lo que en la tierra nos falta: paz en el corazón, bienaventuranza en el alma; en él no liemos hallado esa encubridora hipocresía que Kúm. t. es el antifaz de la maldad humana; en él no habita ese inmoral egoísmo que, vampiro de sí propio, roe basta sus entrañas, yvive escuálido yhambriento siempre. —Por eso hemos soñado un cielo de ángeles, un cielo en que la generosidad no es una virtud, sino una cualidad inherente ála naturaleza divina, en que fuera vileza no ser sublime, pe€|ueñez no ser grande, eterno. Por eso hemos atribuido alas á nuestra imaginación, rayos ánuestras miradas. —¡Felices cuando el quejido de nuestros hermanos de destierro no han venido ádesbaratar con su soplo de hielo el palacio de nuestras ilusiones! ¡felices cuando las maccraciones del cuerpo no han lastimado nuestra alma ! Hé aquí que la suerte, la predestinación, si hay suerte, si hay predestinación, nos han arrastrado áeste vergel de España, á esta encantadora Andalucía que cerca de aroma la Atenas moderna, la inspiradora Sevilla. Hé aquí que, sedientos de tranquilid^, de Sevilla 7de Octubre de 1^38.
2EL Paraíso. emociones puras y^bllmes ,hemos cruzado sus estrechas calles con respe- to religioso, yhasta sus carcomidas rejas yveladas celosías nos han revelado secretos de inspiración. —Hé aquí que en todas partes hemos hallado impresas las huellas de los ilustres árabes, civilizadores de la Europa moderna, que en todas hemos visto la mano sublime de genio de los siglos posteriores, poderosa, fuerte, c|ue do quier hemos vis^ to ála colosal Giralda, guardián de la ciudad, yal Guadalquivir parlero que va álejanos climas ácontar las mara^ villas de su señora. Vimos yestudiamos esa catedral magestuosa, libro de piedras ymetales en que está escrita la riqueza de la Europa cristiana^ las haces inmesas dé tubos de sus órganos únicos jsu reló, el mas antiguo de España^ sus cálices de ágata, su pavimento de mármoL Vimos los preciosos restos del morisco alcázar, sus voluptuosos jardines, el regio salón colgado de filigrana de piedra, cuyos balcones están desiertos ahora eomo lo estuvieron cuando el Cain moderno, el cruel D. Pedro, asesinó ásu hermano. Vimos los cuadros de Zurbaráu, Cáno yMurillo, los edificios de Herrera^ las esculturas del Montañés. Vimos las ruinas inspiradoras de Itálica, Santiponce yS. Juan de Alfarache. Vimos por fin esos jardines ypatios árabes, bordados unos yotros de azahar ynardo, ylas muelles habitadoras de estos deliciosos vergeles, ora flexibles como la caña de indias ,ora erguidas como la palma de Cades, sus cabellos que ondean inquietos orgullosos de cubrir tales cabezas, su andar magestuoso, su porte altivo que parece esperar el momento de saltar de un vuelo ála región celeste, su pátrla^ sus ojos, turbadores dei sosiego ageno, sus labios, que sin moverse, anuncian elplacer^ ydijimos entusiasmados: ¿para qué soñar un cielo estando en iin Paraíso^ He aquí el origen de nuestro periódico. Si, pues, hemos dicho qué nos ha inspirado un periódico, ¿á qué decir cual será su objeto? ¿Quien no adivina que será un eterno canto de bendición? ¡Ah! ¡ojalá pueda él llevar la paz á algún corazón inquieto, ydejar en el nuestro la tranquilidad que las tormentas de una vida agitada nos han robado tal vez para siempre!.... Jacinto de Salas yQuiroya^
EL PARAISO. 5 EL SüELO ANDALUZ. cilo d^otu.. ^acuito SeJ §(x,(oca ^(i) Esa hermosa cuidad, rica yfulgente, la hechicera Sevilla, adiulración de la estrandera gente J la que cuenta en su suelo Í iara memoria eterna de grandeza acatedrul, que cual gigante, brilla, octava maravillaj esa que tiene bajo grato cielo palacios afamados, ricamente esmaltados con columnas de jaspe, ymármol yoro, ypraderas que riega mansamente el JSétis con sus aguas perfumadas, corte de la dichosa Andalucía, esa mi cuna es, la patria mía. IOh !cuán hermosa al parecer la aurora con recamado manto de záfiro yde grana, la miro seductora sus cumbres ostentar con dulce encanto, doradas en la plácida mañana ! ]Ay! cual en sus jardines, al recibir la luz ,ricos matices forman cntretegidas las rosas con los juncos yjazmines que grata esencia vierten confundidas, llenando en toruo la ligera brisa de aroma delicada ! todo es pura sonrisa en la pradera amada que baña el Bétis con su linfa helada* ('i.)Insertamos esta composición^no ácausa de la imnerecida dedicatoria^ sino apesar de ellop en '^acia de las bellezas que encierra. —
4EL PARAISO. Mas ¡ay ltodo ventura era una vez, cuando el Señor quería hacer feliz la dulce patria mia. ••••••• ••••••••• •«'• •»• ••••t ¿Dónde se hundió su dicha yhermosura? ¿perdiéronse por siempre los acentos del amador Herrera, cuando, sentado triste en Ta pradera cercana al manso rio, sus cuerdas daba álos ligeros vientos, ytriste lamentaba el rigor de la bella que adoraba? Allí cual cisne presagió su muerte, yeí raudal contemplando cristalino, mezcló en sus aguas su abundante llorOj ylamentó su suerte, ysu amargo destino en su envidiada cítara de oroi ¿IVo escuchan ya las destrozadas ruinas los cantos de Rioja,, que eternizaron la ciudad que un dia fue el esplendor de la vetusta Roma,, donde el héroe Trajann sus infantiles pasos afírmára^ donde sentó su trono soberano, yjustas leyes vencedor dictára ámil pueblos ymil ? del tiempo presuroso, Hevad envueltos los lamentos mios. Mas no, no tan amargo debe ser vuestro mal. Si el brillo ufano^ que al sol burló, perdistes en un dia, Itálica famosa, Rioja le lloró^ con diestra mano fiel celebró tu fausto ypoderío. Cese el dolor en tu desierto umbríoy mitiga tu agonía que Rioja es hijo de la patria mía. Tií, Jáuregui, también adormeciste al Rétis con tu lira; sí, tú también gemiste, en su ribera que amorosa inspira* Cantaste yla corriente Despojos frios^^ i
EL PARAISO. 5 paró su curso lento por escuchar tu melodioso acento. Ytú, Cadalso, amante desg’raciado, que dos lauros ceuistes inmortales, descansa; sí; que tu sepulcro helado quede por siempre álos> demas mortales, yque con fé profunda lamenten al poeta yal soldado andaluz en esa tumha. Vosotros, ¿dónde estáis ,hombres sublimes Murillo yZurharán yCano, Herrera? ¿dónde están las paletas ideales con que ála Europa entera asombrabais ?los mágicos pinceles, los toques divinales dignos por eierto del sublime Apeles ? ¿Huisteis de la tierra?. ... . ¿De vosotros qué queda en la memoria? polvo menudo, inacabable gloria. Yaced en paz. Mis húmedas megillas 03 digan mi profundo sentlmieiito. —¿Quién de boy mas, tus orillas hará sonar, óRétis, con su acento iiiaertos tus hijos hora tus tiernos hijos que la España llora? grita ydesde lejos suena euai nuncio de la paz yla ventura? Qid, oíd, (lel llanto enfrena, «ó Bardo del dolor, que vendrá un dia «en que el mundo asombrado «admire, de placer cnagenado, «los hijos de la bella Andalucía.” -Dijo yveloz perdióse en el vacío, también dejando absorto el pecho mío? — Venid yláuros verdes yla gloria con entusiasmo ardiente ógenios alcanzad, ycada frenta ciña mirtea corona. Vuestra es la fama, vuestra la vtet(u*ia^ eutre tantí> log
6EL PARAISO. de los antig^uos Bardos, que espiraron sus puras preces por el pátrio suelo elevarán hasta el diviao cielo. Ytú, tauihieii, que árecibir viniste,. Jacinto, aquí, la inspiración divinade este encantado cielo, tu frente erguida de amaranto cine, suelta tu voz al aire peregrina, canta también las glorias de este suelo^ aquí está la armonía •que en ios lejanos climas tú buscabas^ ven ytu canto celestial, sublime en iní abrasado corazón imprime. Sevilla ySetiembre 1ode 1838*— Mlmttadas^ Píotura* SAN CRISTOBAL EN LA CATEDRAL* Cuando el amor álas artes os lleve avisitar la suntuosa catedral de Sevilla, al pasar cerca de la puerta que sale ála Lonja, deteneos un instante, yved en aquella pared la colosal figura de un S. Cristóbal que allí se encuentra, Aquel gallardo yfornido cuerpo, diestramente colorido al fresco cuyas proporciones yaptitud son notables, aquella elevada figura que tie^ ne 53 pies de altura yes ,segiin la opinión de muebos, la mayor obra de pintura que en España ecsiste ,es ejecutada por el pintor J/áfeo Perez de jdLlesio^ natural de Roma, gran dibiijádor ytallador. Reparad en el tronco de palmera que le sirve de bordou, en el mar que rompe, en la playa desierta, yadmiraos del descuido ytravesura con que está pintado allí un papagayo que muchas veces han esperado ©ir hablar ios que le miran El pintor yílesio vino áEspaña en lá década GG i. 540 áen 1548 acabo esta colosal figura. ^—Para empezarla, hizo primero muebos dibujos pequeños yiiii cartón del mismo tamaño con solo los perfiles, aunque muy bien acabado, obscureciendo yplumeando con destreza suma, el cual estuvo miielio tiempo en el salón del Alcázar. La inscripción latina que se lée en su pedestal es obra del canónigo Francisco FácileeOi D. Pablo de Espinosa ,en su teatro de la iglesia de Sevilla, en el discurso 8.® folio 45, dice que costó esta pintura 14.000 ducados. —N.
EL PARAISO. / Di Pedro Megia, veinte veuatl*o de Sevilla vCoroaisía del seaoi* emperador Carlos V, nació en Sevilla áprincipios del ano de loOO. Fue célebre en toda Europa* Como g:ran matemático (jue fiié 5consultá?- banle los mercaderes de Indias. líabia* adivinado Pedro Meg-fa por la posiciónde los astros de su iiaciiii lento5que liahia de morir de un seiMíao, yanduvo siempre abrlg:ado con uno ydos bonetes cu la cabeza deba-- jo de la g'orra que entonces se* usaba, por lo cual le llamaban siete Bonetes.- Estando ádeshora em sa aposento, oyóse un ruido p'rande en una casa vecina, ysaliendo sin prevención al sereno, se le ocasionó la muerte, siendo no muy viejo. Escribió la vida de los Cesares, desde Julio Cesar hasta Carlos Silva de varia lección. Diálog-os de ios elementos que los físicos ilamau meteorológicos, imitando el discretísimo, africano Lucio ApuIevOi Alabanzas del Asno en estilo gra- - cioso. (Esta obra se iniprimió en. todas las lenguas de Europa.^ Empezó la vida de Carlos V, que otro publicó en el sigiiieiite siglo sin tomar en boca el ", erdadero dueño. Estuvo cu correspondencia con los hombres mas doctos de sa edad; Joan Cines de Sepúlveda yErasmo Reto- ^ nodano. Este último le envió su rc- U'ato del que se sacó una copia que estuvo en el siguiente siglo cii la librería de Juan de Torres Alarcon. Zúñiga eii sus anales lib. 6,págv 225 ylib. 15, pág. 450 yD. Aleólas Antonio tomo 2.^’ Bib. ñor. pág. 174, hablan de este varón. (Jopiado íle un manuscrito del siylo décimo séptimo. APUNTES BIBLÍOGRAFÍCOS. Uno de los inslrunicntos manuscritos que hoy se conservan cfi España ypor ventura el mas antiguo, es el Códice lilspalense que se lia lia en fa blblioleca del Escorial. Está escrito con letras longobardas, yparece ha sido escrito por i^elascoy cabalicro mozárabe sc^ illano. Conliecc la colección de cinciieiiia Vun cooejiios de España ynoventa ydos ep/stoJas decretales. Ei arzobispo Le aisa ,al principio de la colección que hizo de ios mismos concilios, quiere que sea mas antieuo el Códice aibiildetise v pone en segundo lugar al hispaler.se. Por 1,misma cuenta que Iiace coiisia que el alhuldeiise se escribió en 076, yel hispalense se sabe que es del 862, catorce años anterior. Del mismo manuscrito.
?> EL PARAISO. Hay iin número crecido de jóvenes muy edadiosos que desean solo conocer la fuente en que deben beber el saber, para saciar su sed de ciencia* De estos no pocos anbeian por conocer las obras raras desconocidas casi que hablan de las cosas notables de Se- Tilla. Les spn familiares el Ziíñigaj el Caro tal vez, pero sus conocimientos no se estienden genecálmente ámas. Con el objeto de suplir esta falta, áfin de servir de guia áesta juveaíndzestuíiiosa, insertamos ácontinuación una lista de algunos inaiiuscriíos raros que podrán ensancbar iníiüito e! círculo de sus conocimientos. Aos vemos precisados ámanifestar que no por ver que el tíiülo de mucbos es sobre asuntos eclesiásticos, ysus gustos sean otros, se arredren, porque no ignorarán sin duda que hubo un tiempo.en que todo estaba bajo el imiíediato iuflujode! clero, yno se escribía casi de cosas profanassino intercalándolas con negocios sagrados. La ignorancia de esta costumbre Lace que la historia de España sea tan poco conocida, pues nosoíims no tenemos por tal bistoria las patrañas que, con mengua nuestra, circuiati en libros acreditados. Las crónicas de las órdenes reilgiosas, las de las casas ilustres de España, las de los conventos religiosos ,las de las pobiaciojies de importancia ,son los múltiples documentos que tenemos para conocer los hechos de nuestros padres. Los amantes de las letras no deben arredrarse por lo unido del estilo, lo escabroso del lenguaje,—la perla está en Ci fondo de los mares. Auestra calidad de forasteros en la ciudad de Sevilla nos hace preciso el rogar que no se tenga ápedantería nuestro celo. Hemos venido á,estudiar ynos creeraoS:Con derecho de creer que nuestros trabajos no serán inútiles ála juv-entud sevillana. Cristóbal Aíuíiez; ,capellán real de Ja capilla real de Sevilla,=Memorial MS. de cosas notables de Sevilla. Andrés jGascOy racionero de la iglesia de.Sevilla, memorialJlIS. J)r. ¡Fr, Juan de Mesa^ monje eardiijo, memorial histórico de la fundación de la Cartuja de Sevilla MS. Geróniino de jMontoyayclérigo capellán de S. Gil de Sevilla MS. Mlstoria latina manuscrita de cosas eclesiásticas de Sevilla, ele autor incier- to, CUYO orjo’inal dice es notable, v tuvo en su poder el abad Gordillo, en la prefación ásu memorial de bistoria eclesiástica de Sevilla, donde está álos 5tomos citados aquí. Francisco Pacheco ,canónigo de Sevilla, memorias de los arzobispos de Sevilla. MS. Edificios aiiiiguos de Sevilla, ilustrados con varias notas eruditísimas. r%fs. Ledo. Juan de Torres Alarcon^hizo unas notas al libro del Morgado, y se cita su libro de los inscripciones del aparato de la historia de Sevilla. J). José Maldonado Saavedra ,natural de Sevilla, grande observador de antiguallas, dejó varios manuscritos de que se valió su sobrino el célebre P. Diego Ortiz de Zimiga para escribir los anales de Sevilla. Son los principales los siguientes : — Discurso histórico de la capilla real de Sevilla. MS. El emperador Trajano, donde nació Vestá enterrado. MS. Apuntamientos de cosas memora-
HL PARAISO. 9 bles tocantes ála ciudad de Sevilla’ desde ei año de 1248 basta su tiempo. MS.^ El Maestro Franeisco de Medma^ Abad de la universidad de beneficiados de Sevilla. Apuntaniientos MS. Alonso Sánchez Qordillo^ Abad mayor de los beneficiados de Sevilla, t7 escribió: Memorias de bistória eelesiástiea de Sevilla. MS. Sumaria relación del monasterio de Santa María de las Cuevas de Sevilla. MS. Fiindacioa del iüsigr’ne "monasterio s de la Santísima' Trinidad de Se\i- 11a. MS. Memorias del estado vfandacion del convento de monjas dci Dulce nombre de Jesús de Sevilla. ^IS. Religiosas estaciones que frecuenta la devoción sevillana l.“, 2.^ V5.^ parte, MS. con otros varios papeles ádiferentes asuntos, todos llenos de noticias sevillanas, sin otros muchos que imprimió. =A medida que vayamos adquiriendo noticias de otros manuscritos raros, iremos dando cuenta de ellos á nuestros lectores. — S* Eres precioso búcaro escondido Dentro del cual, fiotaudo en agua piira^ Ajita una azuceua su hermosura^. Sin tallo protector. Su vaivén amoroso te acaricia. El placer es compás de tu existencia. Tu corola preciada es la inocencia,- Será tu tallo el virginal amor. Yo, infeliz! en mi vida solitaria No tengo^ tallo amigo que me guarde, Ea flor en un volcan es planta que arde — ^Mi corazón de fuego la abrasó. — Sé' mas dichosa tú; de las pasiones El cáliz apurar jamas pretendas; Vi alzados yo soberbios torreones, Yel soberbio buracan los desplomó
16 EL PARAISO. quienes los necesiten :ning^uno mas acreedor que vos^* venid. Enmedio del descanso que os ofrezco, una sola Ocupación tendréis continuamente. Seis años son ya que la tumba encierra ámi padre :solo en el mundo, puedo caer en la escena que habéis lamentado; sed pues mi Mentor: vos conocéis el corazón humano, dirig^id el mió, yya que es forzoso padecer en esta tierra miserable, que no ha mucho consideraba yo venturosa, preparad mi alma para que cuando lleg^ue el dolor sepa resistirlo :haced mi felicidad :sois mi padre desde aliora. Dije, ybrillando la alegaría en su semblante; pero como aquella aleg;:ría que despide la luz de la lámpara, cuando se va áconsumir, quiso arrojarse ámis pies :lo contuve ,io levanté en mis brazos, vlo llevé conmig|:o. Desde éntóiices es mi Mentor efectivamente, siembra en mi corazón las máximas del talento yla esperiencia. ¡Ojalá corresponda el resultado álos deseos! £i huérfano. cilí)..*. (33 También ámi me lo juró ymentía. Larra. Mi corazón, cruel, te idolatraba Yen tí uii arcángel divinal veia. Las huellas, que tu planta señalaba, Delirante besé. Enagenado contemplé mil veces Flotar tus trenzas de brillante oro, Yotras mil veces mi amoroso lloro En tu nevada mano derramé.= Eras tú joven, tierna, encantadora Yen tu mirar ardiente contemplaba El puro rayo de rosada aurora. Esparciendo su luz. Mi voz oíste ycariñoso ruego. Cuando átus pies tu corazón pedía Yalhagaste una vez mi ardiente fuego Ycalmaste mi bárbara inquietud.
EL PARAISO. 17 Mas ;ayl burlaste la constancia mia Yfué ilusión tu alhago placenterOj Un tósigo mortal vertiste impía En mi pecho infeliz. Yo te ofrecí, muger, un alma ardiente, Ricas diademas de amaranto yrosas, Tu codiciaste alhajas ostentosas. Coronas de oro con tu planta hundir. Yte olvidaste de mi blando acento Yel laurel de mis versos despreciaste, Yla fé que, traidora, me juraste Ante el cielo uiia vez. Yáun poderoso entre tus brazos miras Que inunda de placer tu desvarío Yque mañana cual el cierzo impío Marchitará tu seductora tez. Adiós ,adiós :si en el malvado suelo La nueva de mi muerte llega átí. Eleva hermosa tu plegaria al cielo Yesclama «ha muerto de pasión por mí.” E. jR. Noticias biográficas. —o — Fernando Herrera, el segundo poeta español del siglo XVI, el Homero de su época, fue hijo de Sevilla. Se ignora absolutamente en que tiempo nació Vmurió ysolo se sabe que exis- %X tía por los años de looO. Fue clérigo de órdenes menores ycultivó con mucha ventaja yutilidad la filosofía, las niateniáticas, la q-eopfrafía ylas lenguas griega, latina éitaliana. Sobresalió tanto en las humanidades que con razón le dieron el título de Divino y hay autores que le destinan el primer lugar que obtuvo indudablemente Garcilaso ,príncipe de la poesía castellana. Tuvo Herrera, como todo ingenio superior, infinitos enemigos yentre ellos Qiievedo es el que mas procuró disminuir su fama, atribuvendo mil defectos ásus versos, en el prólo-
18 EL PARAISO. go que puso álas poesías del bachiller Francisco de Latorre, pero la mordacidad de susrivales no pudo conseguir des tronarle de la fama que había adquirido, aun mas que entre los naturales, en los estrangeros, que le colocan en el primer escalón de los poetas. Francisco de Riója, tino de sus amigos que contribuyeron mas ásu gloria yála publicación de sus obras, dice en el informe, que sobre el mérito de ellas le había pedido el conde de Olivares, que jamás hubo un poeta que enriqueciera mas la iengiia española que Herrera, que sbs "versos estaban líenos de fuerza yespresion, adornados de colores yfiguras pééticas sin carecer por eso de gala yhermosura^ y Lope de Vega ,alabando áeste grande humanista en su silva segunda se espresa así :—- - Pero después del justo séntiiniento, Quefuera darle igual atrevimiento. El docto Herrera vino, Llamado en aquel evo IVo menos que divino^ Atributo de Apolo, áEspaña nuevo Herrera, que al Petrarca desafia, Cuando en sus rimas cóménzó diciendo, Osé ytemí^ mas púdo la osadía^ No fue en prosa menos escritor que en rimas :la misma pureza yelegancia que le distinguió en el verso castellano, la misma usó siempre en sus obras prosaicas, donde brillal)a el ingenio mas superior. =Fublicáronse sus poesías bajo el título de nobras en verso óversos de JFeimando Merre~ ra^ en 1502,* en prosa escribió relación de la yuerra de Chipre ysucesos dé la batalla naval de Lepanto^ publicada en 1.d72. ^Anotaciones sobre las obras de Garcilaso de la Vega, insigne poeta castellano que vieron la luz pública en 1.o80. t^iday muertede Tomas Moroj uno délos escritos quebonraii mas la Iiisioría literaria de miestra patria^ impreso en 1.Í582. Escribió ademas, aunque desgraciadamente se perdieron antes de su publicación, la batalla de los gigantes en Flegra^ elrobo de Proserpiua^ el Amadis yuna historia de España fidelísimajbasta la época del emperador Cárlos V. Afines del siglo XVÍII el erudito colector D. Ramón Fernandez piihlicó sus rimas, al dar áluz las obras de los mas insignes poetas de la antigüedad.—ili.
EL PARAISO. 19 ¿‘^''.... -- ."^_t .-^ aQue donde para celos fio hay paciencja de los dos males es meiior la ausencia,'' ,^--^^Lope de Vega. ¡Infelíce de mi! Lloren mis ojos. Aeterna pena condenado he sidor objetos siempre de aflicción yenojos el destino me ofrece encrudecido. ,/ Negra estrella es la mía. Casi yerto .-^ sufre mi pecho su dolor profundo, yr., es ya ámi vista on arenal desierto >..r. /. - de abrojos lleno, el dilatado mundo. ;.,; ¿Será el destino que fijara el cíelo, al formar con un soplo el ser humano, que triste viva en sempiterno duelo, .víctima infausta de tormento insano? /"«. .í ¿O solamente su poder visible en mí enconára la punzante espina, yen su santo misterio incomprensible para otros guarda su bondad divina? Yo viera una miiger encantadora, que del trono de Dios bajára al suelo, pura como la risa de la aurora, bella como en los males un consuelo. Yo la vi yla adoré. ¿Quien no la amara? Insensato de mí^ ¿quien lo creería? el hechizo de amor que me brindára fue veneno que el alma consumía. El mundo su oropel que encubre al dolo seductor me mostraba^ el alma mia la lumbre de mi bella ansiaba solo, que eclipsa al astro luminar del dia.
EL PARAISO. ^Cuantas veces ycuantas me estasialia, contcinpJando su cáudida hermosura, yen inl ardiente deiirio imag-inaba que hasta el cielo envidiaba mi ventura! Morada de placer entonces era el mundo para mí, bien que brillando el sol g^irase en la azulada esfera, el orbe entero con su luz llenando^ Obien que con su manto tenebroso envolviese la noche al ancho suelo, lanzando yerta su fulgor dudoso pálida luna en estrellado cielo. El prado con sus flores yla fuente de líquidos cristales circuida, el Bétis, su pacífica corriente dirigiendo ála mar embravecida, El ave cariñosa revelando con sentidos cantáres su ternura, en eco triste óplacentero yblando, todo anunciaba amor, todo ventura! Mas ¡ay! que ya pasó. La dicha es breve, la dicha del amor dura un momento, aquel que en copa deliciosa bebe halla en las heces punzador tormento. Asi lo sufro vo. Su mano airada la suerte levantára en triste dia^ •con furia separóme de mi amada, muro de bronce interpusiera impía. De amor el fuego en sus entrañas arde por mas feliz morUl^ ¡ella le adora! contempla mi dolor, haciendo alarde^ gozosa rie cuando el alma llora. De fiel cariño el delicioso lazo los une por mi mal, yes su ventura! tal vez la estrecha con amante abrazo, yla copa de amor tal vez apura!
EL PARAISO. 21 ¡Suerte de maldición! ¡Recuerdo horrible!... ¿y tu ingrata, pretendes que delante contemple ese riyal aborrecible, dichoso entre los brazos de su amante? ¿Quieres que escuche en aparente calma su enternecido alhago, cuyo acento cual acero sutil me hiere el alma, yespire ante tus pies de sentimiento? Oh! no será. Distancia inmensurable me apartará de tí: yo tristemente cantaré mi amargura imponderable con voz llorosa yabatida frente. Yallá donde el acaso mi pisada dirija tembloroso, allí rendido al seno bajaré de tumba helada ciilíriendo tanto mal perpetuo olvido. Ymientras, 6muger encantadora, un recuerdo de mi ten en tu suerte, ydi, ((Fernando con pasión me adora un tiempo yo le amé, yesa es sn muerte!’! Setiembre 2de 1858. Fernando Cabezas. VIAGES. Los dos volúmenes primeros de la colección de viajes ymemorias, publicadas por la sociedad de geografía de Paris, contienen solamente relaciones ymemorias. Las relaciones que se trata de incluir en esta colección no son de las que merecen la aprobación del gusto popular, sino las que nada tienen de romancesco ,ven cuvas observaciones, nuevas, exactas yescrupulosas ocupan el lugar de la charlatanería délos forjadores de viajes. El célebre Matie-Brun decía en el prólogo de esta colección ((un itinerario, un diccionario, constituyen muchas veces el mérito de una relación álos ojos del mnndo ilustrado^ algunas grandes y hermosas cartas bastan para contener el resultado de un viaje estendido y memorable ,pero por desgracia hay editores, cuyo primer cuidado es el de quitar ódisminuir semejantes oh-
EL PARAISO. jetos, cuyo valor no conocen. Es ele dessar que ningim via|jero entregue eis adelante sus mamiscritos áespeculadores que ios ailerau con perjuicio de la ciencia. Allí tiene ála sociedad que le proporciona ios medios de publicarlos.’ El veneciano Marco Polo ,verdadero padre de la geografía oriental, y de la ciencia de ios viajes, ba sido, el que ha recibido los primeros hosiienages de la sociedad. Eu efecto, se ha publicado una traducción de su obra del francés, en el lenguaje del siglo XÍV, sacada de un MS. de la biblioteca del rey :esta copia es la mas exacta yla mas completa de todas. Los demás trabajos, ya publicados, son coucernientes áia Cirenáica yá Pentíipolis :algunas relaciones acerca del interior del Africa^ un itinerario de Constantinopia ála Meca^ los gobiernos de de Ot^a y Aíepo^ con una noticia de Air. G. Barhié de Bocage .ylas provincias meriílionaies de la Fersia, descritas por Mr, Hammer, Pasaremos por alto ia importancia ynovedad de estos docimieiitos geográficos ,adornados la mayor parte con cartas ymapas, ylíamai’cmos Ja atención de las personas instruidas sobre ia América ,reden nacida ,yque parece no haber existido ,sino despties de la que descubrió el célebre Colon. ¿Era posible que sin nosotros hayan vivido en ella grandes pueblos, que sin nosotros hayan construido opulentas ciudades ymagníficos edificios yque tenga sus ruinas lo mismo qiieia Europa^el Africayel Asia^ sus hermanas primogénitas, en ia historia del mundo? {Se continuará,) ASEVILLA EN EL ANO DE 1247. —o — Salve Sevilla: en tu gigante .torre glorioso esplende el pabellón cristiano, Yvencido el soberbio mahometano para nunca tornar deshecho corre. La sacrosanta fé confunda vborre el rito, que Luzbel sostuvo en vano : prosiga triunfador el castellano, pues que el cielo propicio le socorre. Ya eres cristiana, ¡oh dicha!: el orhe entero al ver la cruz donde imperó el turbante, la gloria aclama del poder Ibero^ Bendice áDios, yadmira un sol radiante del cristianismo en el invicto acero de un monarca español, santo ytriunfante. J. A, de los Ríos,
EL PARAISO. 25 % Teatros. Es ciertamente miiv sensible que se repitan los desgraeiados sucesos de Abril líllimo, respecto á los artistas del de esta ciudad, vseguramente no estrañamos en varios de ellos muestras de timidez ypoca soltura, en las funciones que han verificado, después de recibir aplausos de públicos uo menos ilustrados ysensatos. El rigor que con ellos se usa yno podémosmenos de culpar, hace que aparezcan efectivamente muy débiles sus trabajos yesperamos, que demuestren sus grandes conocimientos en el difícil arte de retratar el corazón humano, cuando se convenzan de que el públieo de esta ciudad sabe apreciar el mérito, muy lejos de ceder áinútiles éinfundados enconos. El Miércoles último se egeciitó en celebridad del fausto cumpleaños de la Reina nuestra Señora Doña Isabel II una función patriótica, compuesta de una pieza francesa yotra española. Ala primera sírvale de escusa la analogía que conserva con los brillantes rasgos, que coronan las páginas dcl gran libro, destinadas ánuestra inmortal Cristina; es una pieza francesa representada en España, aunque no en español, pues apesar de estar traducida ánuestra lengua, quizás se hubiera entendido mejor en el original. Xotamos varias palabras que no tienen de este idioma sino el amaneramiento de que es susceptible. Sin embargo algunas escenas, aenque bastante frias éinsípidas, contienen rasgos 7'emai'cahleSj por los que no nos atrevemos áproscribir la Ana de Francia. La segunda pieza, española, apesar de no tener mas objeto que censurar una costumbre, poco acostumbrada yUy encierra un precioso ridículo yunas gracias tan sencillas y naturales, que encantan. El nombre solo del autor, D. Manuel Rreton de los Herreros, tan conocido de todos los amantes de la literatura, bastaría para presagiar el éxito que debían tener los dos p7‘eceptoreSy obra verdaderamente original. Respecto álos actores, la Sra. Baus nos agradó infinito, el Sr. Tamayo caracterizó con tino el papel del viejo Croo», yel Sr. Arjona menor entendió suposición, y supo sacar partido de un papel l>astante frío éinsignificante. La Sra. Fenoquio yel Sr. Cubas nos gustaron por su gracia, sencillez y naturalidad incomparables. El quinteto de arcos estuvo bien ejecutado. =En Cádiz acaba de representarse una comedía de mágia, no ejecutada hace 20 años, con el título la segunda edad del inundo óel diluvio universal. ¡Brillante farsa para el siglo XIX í =Los periódicos de la Corte anuncian ya el nombre del jóven literato, autor del drama ^moj’ venga sus agravies^ que es D. Luis Seura yPalomares. Apesar de la enconada oposición que hacen ásu argumento y álos defectos de que adolece, con-
24 EL PARAISO. vieaeu todos ea la favorable disposicion las huellas de los Escosuras^ Escioa, cjiie distiagrue ásu autor eii alproncedas yPerez de Miranda. Con g-iuias escenas yrasgos de im maratan dignos modelos creemos podrá viüoso efecto. conseguir felizmente el objeto.—M. —igualmente hablan de otra nueva también del moderno íjiisto titulada — Intrigar para morir. Parece no ha Revista de Madrid.—Recomendasido muy bien recibida del público, que mos muy particularmente ánuestros funda sin embargo muy buenas eslectores este periódico que sale en Maperanzas en su desconocido autor. drid desde Junio último, ycuyo obje- El tomo 10 de la colección del tea- to es el exámen de las cuestiones mas tro moderno español, ha visto ya en interesantes de política, de legislación, Madrid la luz pública; contiene las de filosofía, de historia, de literatura,, producciones siguientes:—E/ Poeta yde administración, de guerra yde bela Beneficiada., de D. Manuel Rreton Has artes, tratadas con la mayor intelide los Herreros. —Adolfo, de H. gencla ytino. La lista de los nom- Fulgenclo Renitez.—jPoíia Urraca, de bres que firman las producciones ha- D. Eugenio Azquerlno, yRodrigo de ce inútil el entrar en mas esplica- D. Antonio Gil yZarate, autor de clones. Carlos 11 el Hechizado] las fir- Hemos visto con placer algunos mimas de estas producciones aseguran meros yno nos engañamos al formar su mérito. un concepto sobresaliente de esta obra, Vaápublicarse también una codigna de ser leida por todos los amanleccion de leyendas jerezanas, en la tes de la literatura. La abundancia que su autor trata de revelar ála rede sus preciosos originales yla cornopública literaria, los Innumerables didad del precio de suscricion nos Imcuentos yfamosas tradiciones de la pelen árecomendarla ánuestros lecanligua época, siguiendo en su redaclores. Sres. Empresarios del PARAÍSO.—Muy Sres. ralos. == Por motivos que me son personales ,me hallo imposibilitado de tomar parte en la redacción del periódico, que ávds. pertenece. Espero que me hagan vds. el obsequio de manifestarlo así al público, insertando esta carta niia, en el número próximo de su publicación semanal. —Dando ávds. las gracias por esta gracia que espero merecerles, les ofrezco cordialmente mi inutilidad. —Sevilla y Octubre Dde iB5B. — Jacinto de Salas yQtiiroga. Editor responsable Rafael María de Soto.
EL PARAISO, PERIÓDICO SEMANAL. FILOSOFIA, HISTORIA, LITERATURA YBELLAS ARTES. Es lástima que en una ciudad, como Sevilla ,que cuenta con tantos buenos fundamentos para aumentar su celebridad en el estudio de la literatura ^que ba abortado de su seno tantos claros ingenios yvarones ilustres, ycuya situación topográñca es tan amena, tan encantadora^ es lástima repetimos, que no se aprovechen las brillantes disposiciones que encierra. Para ello no ignoramos que es preciso desterrar ciertas preocupaciones, que son la principal causa de esta decadencia. Sabido es que sin la unión no hay fuerza ,yque tanto en lo físico ,como en lo moral ,dos causas reunidas hacen mas efecto, indudablemente, que su duplo desordenadas. —Precisamente este es uno de ios grandes males que existen aquí, respecto ála ciase apellidada de literatos^ mal, cuyo remedio es tan necesario, que sin él ,es imposible adelantar. Cada joven se juzga un Séneca deg> de que dá áluz alguna producciofi, Vo rium. o. ycensura sin tasa las obras del mas erudito. Por el contrario los que ya están en este caso, escuchan con desprecio al joven yen vez de tenderle una mano amiga, en vez de procurar sus progresos, ayudándole con sus luces ,se desdeñan de mirar al principiante ,cual hace el fiero león ai pasar por el lado del gozquecillo, ymilagro aun, si el león, estendien-' do su mortífera garra, no confunde Vdesmenuza al infeliz. =Enborabuena que el literato respire una atmósfera de encantos, un suelo mas puro yembalsamado, que adore sin cesar el mundo de ilusiones, que forja su atrevida yrica fantasía^ enhorabuena que formando república aparte, desdeñe el mundo insociable, que separe de su vista esc resto, por desgracia poderoso ,de fatuos que juzgan por las apariencias, hombres débiles, ómas bien seres mecidos por doradas cunas ,cuto saber es la malicia vcuvo afan ci de fiíjurar ,se- Sevilla 21 de Octubre de 1835.
muestran las Sores al nacer la aurora sus tallos ysus liojas delicadas. Abandonad mortales esa tierra que domina el engaño yla falsía, que en su seno maldad tan solo encierra, envuelta con un manto de alegría. Venid, íes que pintáis áJa natura, yleéreis en su libro misteriose, yese inundo que llaman de ventora se trocará en desierto tenebroso. Ved ese sol que mi abrasada frente eorona eon sus rayos de amaranto, esa antorcha que nace en el oriente yque dei orbe entero es el encanto. Mirad cual lace en la elevada esfera continuamente con fulgor divino, bañando con su lumbre placentera los prados yel arroyo cristaiioo. Contemplad el saber de un Dios potente que preside la inmensa eternidad, del alto de este mente prominente que domina dei mundo la maldad. Vereis el cielo abrirse ávuestros ojos, el manto del Señor os cubrirá, despreciaréis un mundo, que es de abrojos, vuestra voz áDios se elevará. %f-— Vo te salado iñonte magestoso que tu frente levantas hasta el cielo, que en el mundo té ostentas cual coloso, dominando los valles de este suelo. A- Un baile de Mascaras. —o-— Era la noche del Domingo llamado ra presidir la alegría de un pueblo ende Fm«ía en 1838: un gentío inmentero. —Yo paseaba solitario ysilenso cruzaba bullicioso por las calles, cioso enmedio de aquella niucbcdum- La luna alumbrando amarillenta, sin bre, ycontemplaba, cuán grato es paqiie una nube la oscureciese tras larra el hombre ir en pos del placer amigos dias de terribles temporales, paque safra mil molestias, ycuan trarscia que se ostentaba majestuosa^ pabajoso practicar ia virtud sin inconio-
EL PARAISO didad. Las ¡deas bolliao en mi imag^inacioo; yo meditaba en las delicias del mundo, en su vaior; to veia reunidos ydirigirse chistes, los que antes se habían odiado, los que se odiarían después. De \ez en cuando un rumor sordo me sacaba de mi enageuamicnto, absorvía mi atención; pasaba junto ámí, que impasible contemplaba una turba vocinglera ycbirreadora que comparaba ála dicha, que desparece al punto de presentarse risueña. sin deiar mas que un recuer- 7Jí do.—«¿Por que no tomo parte en esa alegría esterlor? me decía; un entretenimiento honrado nunca daña, la moral no lo prohíbe, la sociedad lo aprueba. Busquemos pues ese entretenimiento, ácuenta de lo mucho que padezco por desgracia.”—Presuroso beutlí por enmedio dei gentío, yentré en el hermoso edificio de la Casa- Lonja ,obra de mérito de Herrera^ aunque por concluir; de uno en otro ángulo recorrí todo el recinto. ¡Que variedad de con¡unto! Cuantas reflexiones podía hacer el profundo observador de las costumbres! Aquí la tímida doncella, escudada con su disfraz, declaraba su amor al mismo que se io había inspirado. Allí un esposo cortejaba ásu misma esposa, sin conocerla, sin pensar que pudiera ser. Mas allá nn padre procuraba despertar sentimientos impuros en su bija, por la que hubiera espuesto su existencia si un seductor amaote la bubie-' se levemente insinuado una idea desdorosa. Al otro lado dos hermanos se enamoraban. Casi junto una turba descabria, sin temor de Dios, áun infeliz secretos, que ignoraba yquisiera haber ignorado siempre. Aquí sonaba una espresiou impropia: allí un cbiste insolente; acá se 'x eía una acciou atrevida. Este tenía lleno su corazón de ideas voluptuosas, aquel de venganza, el otro de disgusto, algunos de fastidio, entre estos yo, la gritería, el continuo discurrir en direcciones opuestas, la música, las luces eran bastantes para arrebatar la imaginación ydislocarla. «¡Santo Dios! csclanié: he aquí la historia del mundo entero !”La diversidad de trages, de caractéres, de pasiones, de vicios formaban un nuevo mundo reunido en un corto espacio. — Ya hacía mucho tiempo que duraba mi reflexión. Enmedio de la juventud, nohabía podido despertar aquella que se llama diversión, el deseo de que yo contribuvese áella. Me consideraba pues en aquel sitio como una columna mas ,destinada á la perspectiva del edificio. De repente una máscara rarísima, una inuger de esbelto talle, de gracioso aspecto, pasó delante de mí. «Máscara, me dijo, que ahurriílo estás. ¿Quieres pasear conmigo?”—No sé lo que sentí; mi profunda enagenacion voló con tal pregunta Vas acompañada, le contesté. —Vete, le dijo al ofroj y apoyándose en mi brazo comenzamos ádisem-rir de un lado para otro. ¿Por qué vienes tu áestas diversiones, si no te pueden distraer? — Yo no be venido^ rae ha traído un engaño. —Alguna cita falsa... Es menester que conozcas al mundo.—Es verdad! poro es tan difícil conocerlo! Dicen que pensando mal se acierta; yes tan sensible pensar mal cuando se obra bien!—Déjate de filosofía; este sitio no es para eso. —Ylo dijo-
54 EL PARAISO. con risa burlesca. —Yo la pregunté eolonces: tu me dijistcs que te era conocido^ ¿y yo te conozco?—Mucho, tanto como átí propio.—Poco es, milagro cuando yo me conozco, como por ejemplo ahora, —Tu eres F. amas áAmelia yuo há muchos días que se lo has dicho, pero... —Amelia! sí, háblame de Amelia. ¿La conoces?—Como ámí misma ,¿no ha venido esta noche?-—Creo que sí, pero no la he visto aun. —Yno la buscas?—Mo sé... Su edad, sus ideas se adaptan áestos eaíretenimientos, sentiría molestarla, porque de mí no escucharía sino amor... —¿Y hay alga* na cosa mas encantadora?—No, ninguna^ pero se tiene generalmente la galantería de un número crecido de jóvenes, por .placer mas estremado que la espresioa franca de mi solo corazón.—Esa es una injusticia. = Lo creerá^ pero esa idea me ha contenido para no buscarla^ sentiria su molestia. La quiero tanto! Mira yo la amo tau puramente como aman á ©ios ios ángeles que le, circundan. Ella es mi sola felicidad, sin ella me seria insoportable la existencia ,porque el placer de mirarla, de escuchar su voz cariñosa ydulce, es ünicaiaeote quien me dá la vida. Amelia! Amelia es para mí la gloria en este mundo!...^Si tu supieras cuan diferente... ah, ah, ah!..—Máscara! ¿que has dicho? repítelo, repítelo, ¿acaso no me ama?... —Como áun amigo... —¿Como áun amigo? ¿de donde lo sabes tü, de donde?., desdichado!=Lo sé de su boca misma. Cálmate^ tus ojos centellean, tus mejillas palidecen5estás trémulo.... A ©ios...=No por piedad! Amelia no me ama? Justo cielo! ¿quien te lo ha dicho?... Es imposible, te burlas. =No ,no te ama cual la amas tú. =¿Eila lo ha dicho?=ElIa.-=Ella!! —Anoche mismo: está tratando su casamiento...=¿^Su casamiento? con quien? di =Con.-..=Mi rival! Maldición!!! Déjame, quiero buscarla... =río, detente: ¿por que tanta ecsaltacioa? ¿vale tanto una muger?— Nada vale si es pérfida, mucho si es uu ángel como yo la contemplaba. La ingrata!—Olvídala. ==¡Oividarla!. . Yquien eres tú, máscara? Pareces uu demonio que ha venido para precipitarme ála perdición... ¿Quien eres? descúbrete, ósi no..==Siielia! =Es preciso saber quien eres. Imposible... =Sileacio^ ¿quien eres? dímelo, por piedad!=¿Quieres saber- Io?=Sí... ana cuando fueras el genio de la muerte! Alzóse la mascarilla, descubrió su rostro y... era Amelia. —Amelia!! grité fuera de mí ¿Es ilusión?— No, todo es realidad! Dijo, yveloz como pasan las cosas de la vida se perdió entre el concurso iunieuso. 5de Marzo de 1858.—JLl huérfano.
EL PARAISO. 33 FRAGMENTOS. oHo Cubre azul manto la tierra de estrellas mil tapizado, dormita el hombre cansado de su continuo afanar. El inundo presenta entonces* la imág^en del mar tranquilo, las aves buscan su aúlo huyendo la oscuridad, Ysobre un sofá pintado de purpurados colores, entre perfumes yolores que alg^una vez cesarán^. cuenta una joven sus dichas ásu enamorado amante, yle dice ácada instante que por siempre le amará. — Brilla en los ojos del hombre^ de amor el ardiente fuego en vano mira, que ciegO' al vivo rayo quedó,^ sí que la hermosa pupila de su sílfide adorada, del sol la llama abrasada siempre orgullosa eclipsó. — ¿Te acuerdas, muger, del día que te vi la vez primera ? ¿recuerdas, hermosa mia, lo que tu labio me habló ? Me dijiste «yo te amo ’ con encantador acento^ envidia tuve del viento que tus voces escuchó. — Te acuerdas que arrodillado tus plantas besar quería, yme alzaste, prenda mia, en aquel mágico Edeni ? ¡Oh! qne dulce es el recuerdo de la pasada ventura, cuando la dicha asegura la presencia del placer. — Ytus hermosos cabellos en que el oro puro brilla, alhagaban mi megíUa con movimiento sutil^ entonces entusiasmado te repeti «yo te adoro,” yel tierno, abrasado lloro^ refrescó el aura de Abril.- Ella á su amante le dice de placer enagenada, sin tí para mí no hay nada, no hallo placeres sin tí. —Yo te adoro, ángel deamor,’ hermosísima María, tii me colmas de alegría yme haces ora feliz. =J. 31^
EL PARAISO. ^O oo El Domingo anterior se puso en es- Cómo España lia de ser grande cena, en el de esta ciudad, el drama si consiente que la mande Carlos 11 el Hechizado, Eotusiasquien la imprime tal borron?” tas de lo bueno no podemos menos de unir nuestros débiles aplausos álos mu- En una palabra ,el drama del Sr. ehos que áesa obra ha tributado eí Gil yZarate ofrece un contraste, mundo literario. Siempre recibida exactamente presentadoí el siglo XVH 4!on placer, siempre eseuchada con inyel XIX :aquel con su superstición, definible complacencia, el público jaeste con su ilustración, mas se satisface de admirarla. Amas ¿Creerían pues que alguna voz se de la versificación armoniosa ysostelevantára procurando ajar esta obra, nida^ á mas de la exactitud en el cacuyo mérito está reconocido ?Parerácter principal yen algunos de ios ce imposible^ lo bubo^ una represenbeehos que el autor ba sacado de la tacion se dirigió álas Cortes contra historia ,presentándolos con verdad el autor por haber trazado el cáracter inimitable, ofrece una lección saludadel P. Frailan Diaz^ del convenio <loble para un pueblo que hace esfuerzos miníeos de Atocha^ bien como fue, por su regeneración ¿Quién Hoacrimlcosa fácil de probar, bien como el poena la conducta débil yreprensible dá ta necesitó suponerlo. El que fué caliijo de Felipe IV ?¿Quién no odia paz de persuadir al rey del fingido made corazón las atrocidades cometidas ieficio, tambieu debe serio para mayopor un tribunal ,que suponiéndose res atentados. emanado del Dios de la justicia, Ime- La ejecución estuvo muy bien; en Ha con planta impura la sublime particular la Baus, ylos Sres, moral. Tumayo yArjona mayor en quienes admiramos mas conocimientos artísíl- <(¡Y ministro entre furores eos, que los que antes hablamos sude ia religión se dice !puesto. Hemos visto que la primera la religión le maldice vá persuadiéndose de que está ante un ydetesta sus horrores.^’ público conocedor éindulgente, que ¿Quién no siente en su alma renahace justicia ásu graude mérito. Concer el amor patrio al ver ála tristíiiue así, ynes proporcionará el píate España Juguete desprecialde de la cer de tributarla merecidos apiaiísos. mas refinada astucia? ==C. Editor responsable Kafael María de Soto.
Eli PARAISO^ PERIÓDICO SE3IANAL 1>£ riLOSOFIA^ HISTORIA, LITERATURA YBELLAS ARTES. frn nn -¡wr-i _ ANTIGÜEDADES. •lii" TEATRO R03IA'SO- =AIlTICüLO R ‘Los jnegos escénicos de Roma, llamadosasí porque la comedia yla tragedia liaciaii su principal objeto, eran lo mismo que las demas diversiones públicas, el efecto de un voto popular, Lecho con motivo de una peste que atormentó áaquella capital, hacia el año de su fundación hahian entonces recurrido sus habitantes álas JLectistejmns^ (1) pero no cediendo el contagio ,se imaginaron que los juegos escénicos, que aun no habiaa tenido lugar entre ellos ,serian por su novedad mas agradables álos Dioses, tal era la preocupación de aquellos tiempos ytal el origen de las citadas diversiones. Estas se reducian según Tito Livioj áunas sencillas danzas ,al son de la ilauta campestre ,sin que hubiese en ellas, ni poesía, ni canto, ni algún otro movimiento estudiado^ unos danzarines, que hicieron venir de Etruría, bailaron al uso de su pais, en un tablado, tan poco decente, como poco considerable era este espectáculo5 llamaron áestos actores 7íÍAÍr/cne5, de la voz toscana hister qire signica farsante, nombre que heredaron ya los que se dedicaban ála ejecución de la comedia. Algún tiempo después se añadió á-estas fiestas una especie de poemas dramáticos ,llenos mas bien de bufonadas insípidas yridiculas que de gracias ,álos que llamaron juegos fescénincos, vcuvos actores eran lar- 9'cc santes. En seguida apareció otra nueva clase de composición, la Sátira, mas ordenada yy)ropia de la declamación, yque también se acompañaba de flau- (1) Divet'sienes que dedicaban álos J}wses. Núm. 4, Serilla 2S de Octubre de íS3S.
3a EL PARAISO. ta, con los gestos ymovimientos convenientes al objeto^ esta tuvo al principio algún partido, pero hallábase en ella tan poco arte que la abandonaron al punto, que vieron ejecutar una pieza drainátiea, aunque muy imperfecta ,de Livio Andvónico ,natural de Grecia ,compuesta en el ano de la fundación de Roma 314 5época en que ya los romanos comenzaban á probar las bellezas ydulzuras del buen gusto por las cieaeias, yámodificar la rudeza de sus costumbres^ la sátira volvió ála escena, pero se la consideraba coiiio un accesorio divertido ,para hacer olvidar un tanto las fuertes sensaciones de la tragedia. Cuando los juegos escénicos, perfeccionándose ,tomaron algún carácter, tres grandes cuerpos le daban una altura magestuosa ycolosal: el primero todo de mármol sostenido por 560 columnas de 58 pies de alto cada una; el segundo revestido de piedra, yel tercero ,aunque de madera ,magníficamente trabajada en pórtico sostenido por columnas ,dorado todo con el mayor primor :se habían empleado en este teatro ,según refiere P/ínioy basta 5.000 estátuas de bronce, dispuestas en todos los parages, en que pudieran servir de adorna 5sin contar un considerable número de cuadros de grande mérito. Los trages de los actores eran de tegidos de oro ylas decoraciones correspondían también áesta magnificencia. Es verdad que ningún otra ea Roma pudo iguase hicietoii. para sus representaciones teatros de armaduras mas sólidas, tomando para ellos la forma Griega, así como las reglas del arte para su ejecución; pero conformándose al gusto ygenio de su nación.. Amedida que el luja hacía progresos eu Roma ,, los espectáculos se resentían de él, yaun fué el objeta de mas opulencia ybrilla en la capital. Los personages que aspiraban álas grandes magistraturas^ conociendo, el -placer yafición del pueblo por estas diversiones ,principalmente en la época anterior ála estincioa de la república, no perdonaban medios algunos de alcanzar de esta suerte ^ favor para las dignidades que pretendían :testigo de esta verdad el teatro que erigió Síeauro ^durante su magistratura de Edil, yen el que inlarse áScauro ,porque hubo pocos que estuviesen en estado de hacer tan exorbitantes dispendios ,yno todos eran, como él, yernos de S^dla para enriquecerse con. los abundantes despojos de los proscritos. Tal era la emulación que reinaba entre los magistrados, enla magnificencia de los espectáculos. Los que no podían captarse así la volantad del pueblo trataban de lograrla: por algunas novedades, que introducían en los juegos; Cimon-, amigo del Césaryqueriendo regalar aRoma un espectáculo de G/odíadoí’e^, hizo construir dos máquinas de madera, que figuraban las dos mitades del anfiteatro yse movían por medio de un. eje ,sobre el cual estaba cada una sostenida,, yque podían juntarse ysepararse ,apesar de la inmensa multitud de espectadovlrtió grandes caudales. Era tal la res que sobre ellos circulaba. Por esta estension de este edificio que contemáquina poderosa, donde reunidas las nia cóiaodamente á80.000 personas;, dos mitades se ejecutaba la diversión,;
59 EL PARAISO. se puede juzgar del conocíralento que en aquellos tiempos de las fuerzas movibles se tenia. Se sirvieron después los romanos de teatros de armazón de madera, que no eran permanentes, hasta que el gran Pompeyo levantó uno estable de piedra de cabida de 40.000 personas, igual idea se liabia ocurrida ya áfines del siglo VI de Roma álos Censores M. Valerio Jilessala yC. Casio Longinoy que al abandonar sus cargos empezaron esta obra^ éiba ya bastante adelantada, cuando Scipion JVasica representó al Senado impetrando su demolición, por ser perjudicial la estabilidad de estas diversiones al pueblo romano. £1 Senado entonces dió un decreto prohibiendo que dentro de los muros de la ciudad se hiciesen teatros en que el pueblo estuviera sentado; pero duró hien poco, puesto que después de esta prohibición construyó Scauro, el que hemos ya referido y en el cual estaban con toda comodidad los espectadores. 3/. ello o., cB... I. Cauílida ypura yamorosa ybella te mostraste ámis ojos, C.... inia, como en el cielo refulgente estrella, como el nacer del sonrosado dia. Yuna hoguera en mi pecho tu encendiste; ylabraste de amor los dulces lazos; si soy pues el sultán que tu elegiste, sultana de mi amor, ven ámis brazos. Ylejos de este mundo corrompido en el desierto entre olorosas flores lecho hallaremos del amor mullido sin temer de la suerte los rigores. IVinuestra dicha envidiarán rivales; ni nuestro gozo acabarán los años; son del amor los gozos inmortales si no envenenan pérfidos engañosi
EL PARAISO. 40 Ven ydeja las ciudades si quieres liallar la calina^ del campo las soledades aquietan el corazón. Allí libre ^-oza el alma del bien que debiera al cielor goza paz, goza consuelo j no se turba la razón. IVo como débil barquilla surcando el mar encrespado teme escollos en la orilla marinero del amor. Que allí libre de cuidado pasa el yermo de la vida^ sus glorias son su ciiieridaj sus riquezas una flor. Será, sí, toda mi gloria ver ese rostro divino: no liabrá diclia en inl memoria, que todo será gozar. Yde flores el 'éamino bollará tu planta hermosa ^ ¡Ay! G.... ven cariñosa allí la vida ápasar. Cuando apacible ysereno nazca el luminoso dia, yo pondré en tu blanco seno de cada planta una flor. Yserás tu C... mía, reina del mundo yo el rey^ ni fuerza Iiabrá, uso, ni ley 5 allí todo será amor. La brisa alegre del prado será de tus labios rojos el aliento embalsamado, que anhelante aspiraré. Yde tas divinos ojos ni una lágrima corriera, ángel mió, ni muriera creyendo te perderé. Hulee rayo de esperanza, bálsamo consolador, ¿quien no teme tu mudanza? quien vive lejos de tí. Ilusiones del amor son ya mis sueños dorados^ recuerdos desventurados, ¿que es lo que queréis de mí? II. Tal era la noche hermosa, cuando ámis solas le hablaba^ yen su semblante de rosa pálida luz reflejaba de la luna silenciosa. Yora en loco desvarío yen eterna confusión me bailará el invierno frio^ yte encuentro, dueño mió, tan solo en mi corazón. No veré de tu alba frente, flotar la rubia madeja 5 como en el mar de occidente cuando nuestro suelo deja el sol su corona ardiente. Ni veré de tu sonrisa la dulzura angelical, mas alegre que la brisa que las flores mece yriza con murmullo desigual. Que aquella reja dorada guarda ya tanta liermosuraj tanto amor, tanta ternura^ . yen mí tanta desventura porque la miro cerrada. Tengo un corazón empero donde retratada está, yallí de su amor primero gravó el roas dulce ate quiero ^ que nunca se borrará. Volvera la roche umbría yla veré ana mas hermosa^
EL PARAISO. 41 volverá el iiiciente día Tia tendré caririosa aun mas que serlo solía. Guarda, pues, coa ta! desvelo de mi dueño la mansión; si mi amor ¡o aprobó el cielo con invisible vuelo •^ lleeará ásu corazón. Yte pfozarás, cervero, ^i] de arrancarla de mis ojos, ycon ceño airado yfiero no atenderás que yo muero al crug^ir de sus cerrojos. Aohay C... en esta tierra «I piedad de los corazones, todos nos pronuncian guerra, porque la maldad se encierra entre dorados festones. No es este mundo agitado para nuestro amor reposo; •ven ysurca el mar salado, que del uno al otro lado nos llevará proceloso. Yen la muda soledad yo te aderaré, sultana, como al sol de la mañana que entre nubes de oro ygrana alza su ardiente beldad. Ven, Sultana, al desierto, álos campos, ydejemos el mundo infernal, allí siempre seremos dichosos gozarémos placer celestial. ül. JSkilia yAstillero. (Conclusión.) II. Era un hermoso dia de invierno; el sol se elevaba triunfante ásu zenit, lanzando ála tierra sus vivificadores rayos, ydisipando con su fulgente luz la turbia niebla que osciirecia la condeiisada atmósfera. El réló de la Basílica de S. Ambrosio, acababa de dar las siete, cuando por diferentes calles se vieron venir los cuatro conjurados, juntándose después en una de las mas apartadas glorieta del jardin. Una melancólica sonrisa brilló un instante en los labios de ílíoníano, al estrechar en sus brazos ásus discípulos, retuvo en ellos áOlglati un largo rato, una lágrima brotó de sus ojos yrodando por sus
La mufjev de un artista. —El Poe~ sí mismo, arrojándose por una \eiiírt fy la Beneficiada. —Hemos asistítana, una favorable casualidad le da do ála representación de estas dos áconocer la virtud de Matilde ycoaobras ynada nos baii dejado que deciiiye el drama coa las siguientes pasear. La primera filé escrita en franlabras, aAmigos míos ^llevadme— á cés por el célebre Seríbe ypor el oirla canlar,^^ aiitoi' del Píliuelo ytraducida ámies- Con justicia lian hablado favorabletro idioma por el elegante escritor D. mente de esta obra todos los periódi- Veutura de la Vega. Pocos dramas eos de la corte en su primera represe pueden contar que igualen al que sentacion ,caracterizándola, como la ahora nos ocupa en interés, novedad mejor función presentada en el teatro, gracia yunidad de su argumento; panosotros así lo juzgamos yagradecerece qíie su autor lia escogido un iiiicmos ála beoefieiada nos haya regavo método que divida las opiniones lado con tan brillaiiíe función, ypartidos que boy iiiclian por-eon- El Poeta yla Beneficiada, manisegiiir la aprobación literaria ycierfiesta el gran partido que sabe sacar tamente su estilo cuenta ya infinitos su célebre autor de cualquier leve prosélitos —Un artista distinguido que ocurrencia ,ócostumbre de la soeiecII la primavera de su edad queda éiedad ^es inimitable en sus gracias y go yarruinado ysu joven esposa, cu- en las picantes sátiras que sin cesar yas gracias yliermosuraarrebatan, son distrilíuye en todos sus escritos, los dos protagonistas dél drama. Acjuel La ejecución estuvo felicísima^la babia perdido la vista por conservar Sra. Baus nos agradó infinito en el lujo de Matilde yporque nada la tilde ^ yel Sr. Tamayo dió una prucdejase recordar con pena el antiguo ba de sus conocimientos artísticos, esesplendor de su familia ,yBlatilde pecialmente en el segundo acto, repaga este sacrificio al artista ,apropresentando con la mayor nobleza el vechándose de los talentos distinguícarácter de ciego, celoso yque al misdos que el cielo le concedía ycon seino tiempo traía de disculpar ála que creta conducta se ajusta para dar fiinél cree culpable, coa una naturalidad y eiones en el teatro de la ópera ypi’operfección esíraordinarias ,igiialmenporcionar de este modo ásu espote nos arranciS repetidos aplausos el so los medios que necesitaba para sajoven Arjona en su trabajoso papel de liar de su enfermedad. El artista con Agustín yla Sra. Fenoqiiio yArjola imaginación llena de mil objetos na mayor ejecutaron coa verdad ytino ysin poder representarlos al mundo, los suyos. ciego yceloso ,cree culpable ásu En la segunda pieza se bicieron nomiiger, cuyas apariencias lo son, pero tar particularmente la Sra. Fcrrer y cuya.conducta real es inimitable yen el Sr. Cubas, por la inimitable solel momento que intenta libertarla de tura ymaestría que demostraron — M. Editor responsable Rafael MAPaA de Soto.
EL PARAISO, PERIÓDICO SEüIAiVAIi DE FILOSOFIA, HISTORIA, LITERATURA YBELLAS ARTES. T—ñlTiT.n Enrique III de Castilla. —o — I. Presentaba la ciudad de Biirg^os en 140D, el aspecto mas brillante jsuntuoso 5el rey D. Enrique lil apellidado por sobrenombre el Doliente^ Itahia traido áesta capital la córte de Castilla, yallí habian fijado su residencia todos ios ricos bonibres ycíaros varones que componían su numeroso séquito. Enrique habla declarado su mando ála edad de trece anos, Vdescansaba en manos de háblles yprudentísimos consejeros el pesado carg:o de los neg'ocios de la corona, procurando distraerse de la tristeza ycontinua enfermedad que le ag^ovlaba, yque le produjo el sobrenombre referido. El único medio de aliviarse de aquella dolencia era el ejercicio de la caza, yse aficionó tanto áella, que casi todos los dias salla al campo, por lo cual ásu vuelta se encontraba con apetito y deseando descansar de las fatig^as de la jornada. Era Enrique sumamente afable y complaciente, dadivoso como su abue- JNúm. 5. lo, el sucesor del trono castellano, después de la muerte de D. Pedro el cruel^ pero con demasiado carácter y nobleza, tan propia de todos los reyes de esta nación. Habla ocupado el trono, cuando aun pululaban gruesos partidos áfavor de varios personages que se creían con dereebo ála regencia, durante su minoridad ypor esto mismo declaró su aptitud átan corto tiempo. Había liecbo infinidad de presentes á;los mal conlcnfos, porque sabia que era el único medio de sosegar las disensiones^ pero de esta largueza que con ellos usó, resultó que quedaron reducidas ála mas mínima espreslon las rentas de la corona, que antes ascendían ámas de 60 millones. Un dia que fatigado de andar á caza volvía ápalacio con muy buen apetito, bailó que el despensero no tenia que presentarle, porque careciendo de dinero no habian querido fiarle provisiones de ninguna clase. Este suceso puso átal estremo la cólera de En- Serilla 4de Noviembre de l835.
oO EL PARAISO. rique qoe sofocado ycob voz airada esclamó. ¿Y queyel rey de Castillete señor de sesenta cuentos no tiene hoy lo tiecosario pai'a su mesa? Imag:íncse el lector cual puede ser la ira de im rey, cuyo caudal reparte entre sus subditos yáquien se niegan ellos prestar el inas indispensable alimenta. La reina Doña Catalina le disuadía de sus propósitos de venganza, moderando con sus placenteras palabras el fuego que devoraba en aquel instante el corazón de sn esposo. Couoeia la propensión tan fuerte de que era susceptible por cualquier ocurrencia desagradable,- y lo débilísimo de sus fuerzas, vtrataba por lo mismo de aparentar ima ignorancia en los vasallos que no era realmente sino orgullo yvanidad. Ultimamente conformándose e! rey con las razones de Catalina, cogió su jubón de mangas que traia puesto y dándolo al despensero le dijo — lindad yque esta prenda satisfaga la avaricia yegoísmo de esos usureros del trono. Había pasado muy corto rato yya el rey estaba sentado ála mesa al lado de su esposa, que le obsequiaba de vez en cuando con alguna pechuga de codorniz ysabrosas presas de carnero ,único manjar de los soberanos de Castilla. El despensero les servía ála mesa solamente vno se veia m en aquel acto ninguna de las grandesceremonias ypreparativos que para tales casos se ha usado después. Tal era la bondad yllaneza de aquellos tiempos.—Acorta distancia de la frugal yreducida mesa estaban reunidos en plática muy seguida los pages de S* M.; conversando al parecer con bastante acaloramiento sobre la pasada ocurrencia ysobre el castigo que sus fautores merccian. Según el original de donde arreglamos ysacamos esta historia se espresaban así Ferrando de Hinestrosa, Alonso Perez , Pero Gómez de Lizana, Martin Dávalos, Rodrigo Enriquez yotros varios pages, cuyos nombres na indica el autor del testo áque me refiero. Ferrando pricipió : — —Sabéis señores que es sumamente sensible ver áD. Enrique III, nuestro buen amo yseñor yásu esposa doña Catalina (Q. D. G.) cenar tan escasamente vcomo mendlgando el pan de caridad de sus vasallos, cuando él solo es el dueño absoluto de cuanto existe en Castilla, sin salvar las vidas de esos grandes, administradores del tesoro del rey ? —Ciertamente que es muy sensible, respondió Pero Gómez, ymucho mas cuando esos grandes no escasean nada que pueda servirles de placer, sin cuidarse tal vez de los deseos éintereses del rey5 aunque ámi parecer son mas culpados de lo que se quiere, porque ellos no ignoran el estado de las rentas del trono, ni los cortos medios con que por gracia áellos, cuenta hace algunos años. —Qué han de ignorar, interrumpió Hinestrosa, que han de ignorar !lo saben, lo conocen todo ymas bien por ese motivo hacen ostentación de sus riquezas, no cediendo su poder ni al mismo soberano. Todos los dias se reúnen por turno en casa de uno de ellos los señores principales ycelebran sus convites con un fausto ymagnificencia estraordinarios thov toca dar «/ ^ el opíparo banquete ádon Rodrigo
EL PARAISO. ^1 Jiménez, arzobispo de Toledo. —Qué decís ? —Pues que no sabíais?—Satisfecbos ya de liaber apurado las arcas rea*» les por medio de las exorbitantes peticiones que han hecho al rey ,ahora se ocupan de disfrutar alcg^remente todos aquellos bienes que el mismo Sr . D. Enrique se ha quitado por decirlo así de su boca para reg-alar ásus vasallos con no muy prudente liberalismo. — Sabéis, Sres., prosiguió Hiiiestrosa, quienes son los principales persoiiages de tan brillante complót? iVo lo sabéis, según conozco, yvoy áreferiros sus nombres. El primero es el digno arzobispo de Toledo, don Rodrigo Jiménez ,cuya mitra debe ála liberalidad de Xtro. Sr. (Q. E. P. D.) D. Enricfue 11 \cuvas rentas ha adquirido por usurpaciones ymentidas especulaciones. ¡Ah es sabio ybien conoce el modo de ganar áun monarca! El segundo es el grave D. Enrique de Aragón, deudo de nuestro amo, marques de Villena yconde de Cangas yTinco, el cual alucinado por el favor que le dispensa el rey yenriquecido con sus dones tiene ásu disposición ámas de infinidad de tercios, todo el escuadrón de brujas ymagas liecbiceras por lo cual ha conseguido el sobrenombre de jucliciario. El engana ai vulgo con sus mentidos liados ysu artificioso modo de adivinar y mas de un castellano creerá óqaees el diablo en forma bumana óalgún profeta que* predice el destino de los demás hombres. —El tercero es Mesen Rerm^rdo de Reame yFox, conde de Medínaceli, hijo del célebre capitán francés que ayudó e» la conquista de Castilla al rey R. Enrique II. Los tesoros que aquel monarca concedió ásu padre en premio de sus buenos servicios por su causa, los posee boy el hijo haciendo alarde de su inmenso poder. El cuarto es D. Juan Alonso de Pimental, jóven caudillo que áfuer de valiente, desafia con espada en mano á los héroes de la antigüedad ycontrasta con infinito absolutismo las órdenes de su señor.=Siguen después los adelantados Juan de Velasco, yAlonso de Guzman ricos hombres que han conseguido el oro que derrochan ácosta de la sangre mil veces vertida en los campos de los moros en la batalla dcl Salado.—Estos son señores los mas principales corifeos de esa pandilla aristocrática que celebra sus banquetes espléndidos sin cuidarse de la salud de su señor Vrev. —Pardiez ,esclamó Pero Gómez, que yo apuesto que con los restos de tan abundante comida habría para servir opíparamente por diez semanas consecutivas toda la necesaria para la real casa. —Ciertamente, dijo otro yes muy sensible que se toleren tan graves desórdenes en el estado: solo la clemencia de nuestro buen señor puede hacer que medren bajo sn solio tan malos servidores. ¿Ao os parece, como ámí, que este escándalo debía terminar por un castigo Jiorrendo? porque en siiina, señores, áquien deben esos varones sus riquezas y su poderío sino ádon Enrique? y acaso puede jamas compararse un miserable vasallo del trono, con el augusto principe que nos gobierna? es por^ ventura bien visto que mientras que este sin faustoj^grandeza dá
62 EL PARAISO. «n vivo yclaro ejemplo al mundo de su bondad yeconomía, otros se diviertan en suntuosos brindis haciendo como befa de la potestad real?.. Aquí ileg-aba el coloquio de los fieles pagues que presenciaban la cena del rey, cuando este acompaíiado de su esposa daba fin ásus manjares, levantándose, de la mesa. Enrique, que habla estado oyendo con la mayor atención las quejas de sus servidores abrig;:aba en su pecho los medios de una venganza para la cual encontraba tantos ytan poíierosos motivos. Nada dijo áCaíaliiia de sus proyectos, ytomando capa yvirrete colorado,, disfrazóse lo mejor que pudo ysalió sin acoiiipaiianiienía del palacio, pretestando antes áia reina un grave negocio que ecsigia en aquel iuslantc su presencia. lí. La campana de la catedral de Burgos sonaba las odio, hora en que debía verificarse la reunión ele ios orgullosos palaciegos en ia morada áej arzobispo de Toledo. Muclia gente de la ciudad venia ávisitar el magnífico preparativo de la cena que iba ódar aquel prelado. Iluminaban Ja mesa doce arañas escogidas ,cuyas primátlcas píeíiras reílejaudo la luz de las vecinas bujías daban ios colores primarios, conocidos por el arco iris. Ademas de las ricas colgaduras de damasco con franjas de oro que pendían de las paredes del pavimento, mirábanse con admiración los mejores cuadros yretratos de autores distinguidos. El de I>. Enrique II presidia aquel acto yásu derecha éizquierda se veiau los de D. Juan IyD. Enrique III sucesores de aquel en la coronaj después seguía el de B. Rodrigo Jiménez, el mismo arzobispo de Toledo yotros varios cuyo mérito yvalor eran incalculables. El suelo estaba ricamente vestido de alfombras tunecinas y un lujo asiático se observaba eu los muebles góticos ypintadas vidrieras. La mesa del banquete era simtiiosísima^ el mayor gusto yelegancia yla mayor ymas franca prodigalidad se usaban en el magestuoso Íesíin, Un concurso insisenso presenciaba aquel acto yen opulentos sillones se asentaban con ¡dacer el arzobispo ,el Marques de Viilena, el duque de Benaveiite, el conde de Trastamara, el de Medina Coeli, Juan de Velasco, Alonso de Guzman, adelantados del reino, D. Rui López Dávalos, conde de Rivadeo, D. Martin Vázquez de Acuíía, conde de Valencia yotros que rodeaban la soberbia mesa. Entre el concurso que estaba presente liabia oculto un persoiiage, que al parecer procuraba no ser conocido de los demas, envuelto en un largo ropon oscuro yvirrete encarnado sin piama, que indicaba en su trage ser algún hidalgo de gotera, que venia allí para contentarse con el olor; no era sin embargo, sino el esclarecido B. Enrique, que queriendo examinar por sí las personas que componian el banquete, vino allí disfrazado, ypor no ser descubierto, celaba con el embozo casi todas sus facciones. Cuando ya estuvieron los convidados sintiendo los efectos del esquisl- to licor que de vaso en vaso circu-
EL PARAISO. uar oo !aba con profusión, trabóse entre ellos un debate sobre las rentas vfrutos % (|ue poseían yel de Beiiavente preguntó al arz^obispo. —Que renta disfrutáis, señor, por vuestros bienes? —La mas rica, respondió, ysaneada que señor alguno. Amas de 500^ ducados anuales llega mi pontiílcal, sin contar ea ellos los gajes ypercances infinitos-de misseñoríos, por lo cual, juzgando bien puede valuarse en un tesoro las rentas niias de un año. —Pues yo, respondía el de Beuavente, reúno, con los cuentos que se me dan de ayuda, de costa para sustentar, si quiero, mil hombres en campaña perfectamente provistos, como va en otras ocasiones lo be demostrado. —Trastamara decía, yo juzgo, señores, que en nada cederé ávosotros, pnes con haber esper¡mentado bastantes atrasos en todas las vueltas yrevueltas anteriores, rae queda aun mas que suficiente para comer, gastar, y prestar. —Ao quiero vender caras mis agujas (decía el de Alebla, Alonso de Guzman) pero ninguno de vuestras escelencias me ba de neíjar que no hay renta mas saneada que la inia, pues con la flota de atunes, que cada- año me producen mis Almadravas, no tengo que envidiar las rentas ni tesoros del rey. —Eso, señor Guzman, interrumpió el de Villena, quédese para mí pues que ya se sabe que el rey me ba menester vvo le necesito bien poco ónada, pues desde la cabeza de mi estado, si quiero atravesar toda la Manclia v!a una votra Castilla, puedo hacer noche en villas y lugares mios. Díganme pues cual de vosotros podrá decir otro tanto. Todos respondieron con esclamaciones de alegría a! escuchar áeste último personaje, ybasta los criados prorniiipian en vítores repelidos por D. Enrique de Viliena. Igualmente fué siguiéndose la conversación álos demas ricos hombres ycada cual, cuando menos, se juzgaba por mas poderoso que el misino rey, que escondido entre la muchedumbre ,eseiicbaba no sin indignación tan declarados insultos. LT- timameote no pudiendo sufrir mas, se hizo, como pudo, camino por entre los concurrentes yse encerró en su palacio, donde concertó el medio de vengarse de la burla de aquella noche. Con este objeto hizo circular la voz de que agravado aun mas en sus achaques estaba casi espirante yque deseando fijar su última voluntad, convocaba al día siguiente alos nobles de Castilla para razonar sobre su testamento. (Se concluirá.)
EL PARAISO. Ganta^ poeta en tu dorada, lira las roces que natura con entusiasmo mágico te inspira: canta tii la rentura de este verg^el consolador^ ameno salpicado de flores bajo de un cielo encantador, sereno^ canta sí la armonía del ruiseñor que llora sus amores bajo la copa umbría del verde roble cuya sombra empaña el puro espejo que las ondas baña. Entona al pie del templo sacrosanto los sublimes cantares,* que como aroma basta el olimpo santo suban de los altares, donde en ofrenda de piedad revelen al Señor poderoso la fe que inflama al corazón piadoso. Esoscantos tal vez, joven humano, tu nombre lleven áconfin lejano. No ves, no ves la majestosa torre que aun hasta el ciclo su soberbia frente pretende levantar? Ves la g^randeza con que al austro inclemente desprecia yde las aguas la fiereza? la ves. gigante, amenazando impía, fiel guardadora, con semblante airado áesa ciudad, dó reina la alegría? Pues solo de ella mirarás un dia un recuerdo pasado^ verás escombros, polvo vil ynada. Poeta, ven, tu cítara apreciada estrecha con tu mano, ycuento abmafido su esplendor ufano
EL PARAISO. OO para qae el mundo vea con entusiasmo ardiente cuando los fastos de la historia lea que donde encuentre nada hoy fue una torre escelsa yeelebrada. L.a historia fué la que leg^ó ánosotros en sus eternas páginas de oro la muerte del Señor^ cuando pendiente de la cruz en el Gólgota eminente al mundo daba celestial tesoro con su sangre divina^ cuando, cercada de punzante espina su marchitada frente, le vio el pueblo con bárbaro contento lanzar ¡ay !tristemente del hondo pecho el postrimer aliento. Todo la historia nos enseña 5un dia fué Roma poderosa, sus águilas osó con bizarría por todo el orbe dilatar. —Gozosa sugetó con sus armas imperiales ála robusta Gales, ycon mentido alhago la España conquistó, venció áCartago. — Hoy ya de aquella principal Señora, por dó quier vencedora, queda solo en el mundo una memoria, yaun esta moriría, si entre sus bronces la eternal historia no esculpiera de Roma la osadía.— España vió áColon^ viole rompiendo con su valor los nítidos cristales ymontes altos de brillante plata,' en su risueña mente revolviendo la placentera idea^ de descubrir mil vastos* arenales^ los torrentes ,desata que ociíltan los tesoros que desea. Llegó, esteiidió su hueste valerosa, Vun dilatado suelo. hallo por premio de su ardiente anhelo. Femamlo ornó su frente victoriosa con láuros efernales,
se EL PARAISO. Tcolocó SUS Itcclios en la lústoria que annientaii hoy del espaíio! la gdoría. — Hubo también de Córcega im guerrero que casi en nuestros dias^ amagó coa sus águilas impías valiente ai orl>e entero: ganó batallas, siigetó naciones yvió ásus pies ya rolos los pendones del Austria, Rusia yde Milán altiva^ tembló Bretaña al escuchar su nombre yabsortos contemplaron los hombres el esfuerzo de otro hombre: Meció su infancia miserable cuna yluego le acataron los pueblos ycual rey le proclainaron yel que coronas con su planta hundia yace debajo de la tierra fría, quedando solo de su invicta gloria un renglón en los fastos de la historia. Mubo un Taso, un Petrarca yun Virgilio soles i*adiantes de la culta Italia 5 Hubo un Lope de Vega en nuestra España Yua Calderón también, yhubo un Cervantes, que iluminaron, del saber aiiiantes, su castellano suelo^ Poetas fueron que con dulce lira entonaron amores la sien ornada de laurel yflores 5 los hechos celebraron de sus héroes yreyes, yla fama por el orbe llevaron que con asombro los contempla yam«, boy un oscuro impenetrable velo oculta sus reliquias apreciadas, yesculpe de ellos la feliz historia sus versos ysus obras adoradas. Esos lienzos sublimes que ora retratan de Jesús la muerte, ora el valor d«l castellano fuerte en la ardiente pelea, esos los restos son, aunque eternales, de los hombres que un dia artistas proclamó la patria mía,
EL PARAISO. o7 solo sus lienzos en el mundo quedan Vverdes lauros en la tumba fría. Poeta, ven ynuestro canto alzemos como la voz del órg'aiio sonoro, yen delicioso coro ai Señor yásus obras alabemos. Ven, yalcancemos juntos en la historia la corona inmortal que da la gloria. ^J. Montadas, Es digna ciertameate de elog’io la conducta de los pintores de esta ciudad yel desvelo con que procuran adelantar sus conocimieníos por todos los medios posibles, para abricar nn dia en Sevilla el glorioso nombre que adquirió en tiempo de los Zurbaranes yMiirilios. Con tan laudable objeto nos consta se ban reunido yásus espensas celebran una academia diariamente, en la que por el solo estímulo de los adelantos ypor el de conseguir la corona de laurel yla fama que aquellos alcanzaron, trabajan con la mavor asiduidad vesnsero. Nosotros algo parciales ciertamente por las cosas de nuestro pais ymuebo mas ana por esta clase de artistas áquienes tanto lustre debe la nación, desearíamos que se mirase con mas preferencia que la que liasta ahora con ellos se ha tenido. No es lo mismo decir que se protegen las artes, que hacerlo efectivamente yuna prueba de ello es ver cual permanece cerrada yen completa inacción la academia pública de esta ciudad, en donde pudlcrau tener tantos los coiioclmieoios que necesitan. El total descuido con que hasta ahora se lia mirado esta institución por parte del público, lia cesado ya con el restablecimienlo de las luces^ hoy dia un artista de fama debe ser tan bien mirado como el mas opulento señor y aun mas, ynos íisongeamos de que antiguas preocupaciones se hallan desterrado del suelo de España para nunca volver. Son por otra parte los trabajos de nuestros pintores, un efecto de sii mucha aplicación yno se aprecian en todo su mérito; no estrañamos por esto no ver en las esposiciones mensuales mas que cuadros de costum-
EL PARAISO. depende, ieñor, de veros sano ybueno, de lo que nos alegramos todos vuestros servidores, pues la noticia que se ha esteiidido por la ciudad, tiene en completa tristeza los ánimos de los leales, que creían acabarse para ellos toda esperanza de ventura. Mas pues es lo contrario, damos mil gracias al ciclo por vuestro pronto restabiecimiento ycreemos que habrá coiichíído ya miesira pesada ytriste comisión. No debemos tratar de tcsnez, digno arzobispo de Toledo, responded ¿habéis conocido muchos reyes? —¡Cinco, señor! —No mas?... ycuales son? tened la bondad de referírnoslos. —AD. Alonso, visabuclo de V. M. áD. Pedro su hijo, áD. Enrique vuestro abuelo, al rey i>. Jnan vuestro padre yávos, señor. —Pocos son, prelado., yvos Alonso de Guzman. lamento, cuando aun podéis, señor, pasar cincuenta ymas priíuaveras. —Gracias, duque, por la lisonja y favor que me hacéis, pero yo estoy débil, yaunque niño, hace bastante ’ tiempo que deposité el gobierno en manos de mis consejeros yesta es una prueba de lo que sufro. Sin embargo, algunas cosas tenia que preguntaros acerca del estado de mis dominios ydel ánimo de mis pueblos5 no me diríais que pieasan mis vasallos de mi? —Nada que no deba lisongearos infinito, dicen que sois bueno, magnámo, generoso yque acaso, acaso os pasais de prudente, el pueblo os adora ytodos dieran gustosamente su sangre por conservar no hora la vuestra tan apreciada. —De veras, señor arzobispo? —Si señor. —Cuatro. —Yel de Benavente? —Dos no mas, señor! Asi fué preguntando álos demas señores que le respondían uno dos, otro tres ócc. Ultimamente después de haber oido átodos yestado un momento pensativo, dijo. —Bien veo, que de poco os han servido vuestras reverendas canas, señor arzobispo, puesto que átal edad no habéis alcanzado mas de cinco, mientras que con la mía temprana conozco mas de veinte... ¿que os asusta?.... os los voy ánombrar. Pero antes ¿decidme cuantos debe haber en Costilla? —Vos solamente, señor. —De suerte que los demas son usurpadores ,ycomo tales deben ser muertos sin compasión No esperaba menos de vuestra fidelidad.—En —Pues yo ámi vez, señores, no quiero que el pueblo se descontente, yvoy ádarle las pruebas mas sinceras de reconocimiento: acortaré de hoy mas las riendas ámi generosidad ycastigaré álos orgullososy.,,. ¿no os parece bien? —Señor! —Decidme tos, D. Rodrigo Jimeseguida dirigiéndose hácia unaventana hizo señal con un pañuelo yse presentaron en el momento las guardias de palacio ycon ellos un verdugo que traía en su mano una reluciente hacha de acero bien templado. Vosotros, pues así lo queréis, señores, continuó Enrique, entregaos en el momento y«1 verdugo que divida
EL PARAISO. prontameale vuestras gargantas; vosotros sois ií^ reyes de Castilla, en poder yriquezas yyo solo he servido aquí para burla yescarnio.^Atrás, cortesanos impnidcutes, atras, peusábais que jamas D. Enrique vuestro amo babia de castigar esa insolencia, decid, ¿creiais que impunemente se ofendía al monarca castellano?—Abora pagareis bien caras las pesadas burlas que anoche en el opulento festin se diiúgian ála magestad. Pronto, guardias, haced vuestro deber ytú Godiucz, ejecuta tu grave misión en el momen- to. Tú eres dichoso pues cortas boy impunemente las cabezas mas nobles y orgullosas de todo mi reino. Atónitos quedaron los referidos señores al escuchar tan atroz sentencia de los labios del enojado rey;—ni uno solo se atrevía álevantar los oj’os del pavimento, por miedo de no encontrar sus miradas con las centelleantes de Enrique yuna corta escena de silencio sucedió áaquel discurso tau elocuente. — El Arzobispo de Toledo, tomando últimamente la palabra, habló así : Señor! cuán graves sean los delitos que han cometido tus fieles vasallos, que ora miras átus pies confusos yperplejos, bastaute los conozco. Es verdad que ayer blasonábamos de poderosos yque con mengua de tu dignidad regia hnbo algunas palabras que te ofenderían; pero ten piedad de nosotros yno quieras manchar tus tiernas sienes é inocentes manos con la sangre de tus nobles. Tal vez ,ellos ignoraban, como yo, la miseria de tus rentas yseñoríos; que ásaberlos, oli Rey ,se hubieran apresurado áponer en tns manos sus haciendas ,riquezas yhasta las mismas vidas, —Perdona pues estas ofensas yála generosidad qne te caracteriza se añadirá aun la de clemente ycompasivo. —Jamás ¡traidores! —Oye, continuó el sabio prelado, ves esos grandes dominios que confinan por una yotra parte con esta ciudad; todas pertenecen áestos señores; los cuales te los ofrecen gustosos, como yo mis tesoros, átrueque de salvarnos las vidas—¿quién de vds., señores podría negarse átal ofrecimiento? —Nadarespondieron los nobles; pero demasiado dejábase percibir en sus semblantes ápesar de la pérdida de sus bienes, un deseo de conservar ia vida átodo trance.—Mucho tiempo después tuvo que luchar el arzobispo para conseguir la derogación de aquella pena cruel yel rey consintió al fin en dejarles libres, pero con ía condición de que no habían de salir de palacio, sin haberle antes hecho cesión de todas las rentas ,dominios yseñoríos. IV. Dos meses se pasaron para la liquidación yentrega de los bienes de aquellos grandes, al fin de los cuales, salieron sin fausto ni orgullo aquellos mismos que poco antes desafiaban el poder del rey yeste vió al fin aumentadas sus rentas en la numerosa cantidad áque aseendiaii las fortunas de aquellos. —J. M,
EL PARAISO. ^empfo <u íiXJ cReí^^ Inmensa mole de piedra por alta torre guardada, donde el hombre se anonada porque la iniágeii le arredra de la sombra de su nada, Se alza al cielo cual g’igante que mira el muiido ásus pies, yque confiero talante dice orgulloso,—«este es un reptil agonizante.” El iiombre la fabricó, Yde su obra admirado dijo, «este templo sagrado no pude formarle yo tan sublime yelevado.” Yuna vos aterradora respondió, «yo te guié^ que es mi voluntad agora, que el hombre se arrastre al pié de ese recinto que adora. Asi los años corrieron ylos hombres se arrastraron, los años mas no volvieron, los hombres se consumieron I. Solo existe el templo santo sobre tanta destrucción, siendo el asombro yespanto de tanta generación que lo regó con su llanto. — El vió unos hombres nacer, el los miró bautizar, yapenas los vió crecer los vió también sepultar para nunca mas volver. Que es pues la vida?—es un sueno: un sueño que no se siente, áveces puro yrisueño, yque nos lleva áotro sueño ádormir eternamente. Durmamos pues, si el dormir es disfrutar un placer 5 ¿para que sirve el vivir? — ¿no es mejor ¡ay! no existir que vivir ypadecer? Aque arrastrar lina vida llena siempre de amargura, por el cielo maldecida? — Vivamos en otra vida ysus casas se arruinaron. mas inocente ymas pura. Que el mundo es solo una farsa, Sí, que tras esta morada una parodia, una nada de agonía yde dolor, por donde pasa ignorada hay una gloria encantada de los hombres la comparsa, donde mora el Redentor de oropeles adornada.—coa la Virgen^ madre amada. Solamente allí se goza, solamente allí se vive 5 el alma allí se alboroza, Vcu su seno la recibe el que la formára hermosa.
EL PARAISO. 07 II. El liombre corre al templo áprosternarse ante las aras del altar de Dios, yDios (|«e en su recinto lo recibe acoje bondadoso su oración. Clava su frente cu el sagrado suelo yeleva su pleg’aria con fervor^ yel auge] de la vida, que le escuda, la lleva entre sus alas al señor. Llora, suspira, ypor sus niuclias culpas implora de los cielos la piedad^ yacabada su tímida plegaria, siente su seno palpitar de paz. Que la oracíoii descarga el grave peso que el pecado arrojara ai corazón, yle alivia yconsuela, como el agua presta consuelo ála agostada flor. ¡Todo en el templo es sauto! todo augusto! el canto religioso, el murmurar de las preces de muerte, todo anuncia del alto Dios la escelsa magestad.— — Del órgano la plácida armonía que rueda por la bóveda, yque va perdiéndose á lo lejos entre el viento cual se pierde la voz del luiracan, Todo inspira pavor,* todo respeta en la torre fortisima de Dios, ^yel corazón se siente dilatarse de la paz al acento bieiiheelior. — ¡O religión/—Inagotable fuente donde bebe las dicbas el mortal, tu le prestas alivio en su amargura, tu le su’vcs de manto vde cendal. — Cúbreme pues con tus hermosas alas, préstame algún consuelo en mi dolor, ydisipa las nubes, que ámi alma están siempre agitando con iiorror. 3Ii labio enagenado te bendice!— - tu eres del mundo norte, tu eres luz que en este triste ymiserable suelo la morada nos muestra del querub.
es EL PARAISO. Tu sola enmedio la común ruina firme te ostentas, eterna! padrón^ mas dura aun que roca diamantina, tan alta casi como el mismo Dios. Yaunque el templo perezca ysu g^randeza, yaunque perezca el hombre ysu maldad, yaunque el mundo en pedazos se deshaga, sobre el mundo ylos hombres vivirás. Badajoz 1858. Üf. Cañete^ iVo es posible fijar la época en que se establecieron los primeros, de donde se infiere que son antiquísimos. En los templos de Délos, de Delfos, yde Minerva en Atenas, yde Apolo, de Vesta ydel capitolio en Ro^ ma, los griegos ylos romanos conservaban los tratados de paz yde alianza, los límites del imperio ,los anales de la república, yen fia todos ios actos que podian tener relación con la tpanquiiidad., ylos intereses del pais yde los particulares. La revolución que hizo César en la república ,no solo no alteró esta parte del gobierno, sino que los mismos emperadores establecieron en su propio palacio, arehivos relativos ásu dignidad con el nombre de Sacra Scrmia^ yeste uso se estendió en términos que cada ciudad, cada pueblo yaun cada corporación yfamilia estableció archivos particulares; pero las guerras generales yciviles, las irrupciones de los bárbaros yotras eron ia mayor parte da estos preciosos depósitos; lo que dió mái'gen luego ásuplantaciones de títulos, áfalsificaciones v fraudes de varias especies. Asemejantes abusos proveyó en gran parte en España Felipe II, disponiendo el año 1568, que se depositasen en la fortaleza de Simancas, ciudad de Castilla la Vieja, todas las escrituras y documentos públicos, asi sagrados como profanos, pertenecientes áios reinos de España, que antes se bailaban dispersos en muchas partes, dotando para su arreglo ycustodia varias personas ycomo gefe un archivero, empleo que posee por sucesión la casa de Ayala. Acerca del archivo general de la corona de Aragón ,en el diccionario enciclopédico que se publicó por cuadernos en Barcelona ,se hallaba el artículo siguiente. «Este archivo. caiamidades destruy
EL PARAISO 60 en Opinión de varios escritores que lo han examinado, es el mas precioso del mundo: encierra sobre veinte mil Vtantas escrituras sueltas, en perg‘amino: ocho mil tomos en folio voluminosos de infinitos registros de escrituras diplomátieas5 mas de novecientas balas pontificias originales, y otra multitud de papeles auténticos y curiosos sobre todo pertenecientes á los condes de Barcelona, Urge!, Roseilon. Provenza yCerdeña, reinos de Aragón, Valencia, Mallorca, Kápoles, Sicilia, Cerdeña, Córcega, señorío de Montpeiier, ydemas estados que formaban la antigua corona de Aragón yse estiende desde la época ygobierno de los primitivos condes de Barcelona en el siglo IX inclusive, en que empezó la monarquía por la remisión del feudo del emperador Cárlos el calvo áD. Wifredo Iel velloso basta í>. Fernando VII de Castilla, ÍV de Aragón yXXXVII de Barcelona. Atribuyese comunmente el origen de este archivo vde los tres esta- %< mentos de Cataluña ála famosa acta de Aquisgran de de Enero de la octava indicción, en €|ue después de la restauración de Barcelona por Ludovico Pió, ylos catalanes de la septímania, el emperador Garlo-Mag- no concedió ásus nuevos súbditos varias gracias yprivilegios ydispuso que de este documento se sacasen tres traslados yprivilegios, yse pusiese uno en el archivo del obispo, otro en el del conde gobernador ycaballeros Vel tercero en el de los ciudadanos yque el original se custodiase en el de su imperial palacio. Sin embargo las colecciones de documentos no empiezan basta algunos años después de acta en el condado de dicho B. Wifredo Iydesde este conde hasta el último monarca todos tienen su colección cronológica, mas ómenos voluminosa, con índices metódicos mas ó menos estensos', de gracias, privilegio» ventas, feudos, negocios comunes y diversos, sentencias, procesos de cortes, ydemas documentos que se han espedido en sus respectivos gobiernos, siendo mas completas ymas generales las colecciones de la época en que los monarcas de Aragón residieron en la ciudad de Barcelona después de su enlace con los condes, hasta la unión de los reyes católicos. Este establecimiento se llamó archivo real, ácausa de haber existido mas de nueve siglos en el palacio real de Barcelona, de donde áinstancia del archivero D. Francisco de Garma, el señor D. Cárlos III por Beal resolución íle de Setiembre de 1766 lo mandó trasladar al palacio de la antigua diputación de Cataluña, hoy dia casa de la audiencia. Tiene para su conservación yarreglo un archivero, yotros dependientes pagados por S. M. S. 1,
70 EL PARAISO. Naciste tii del bosque en la espesura Tcual roca en el mar la frente alzabas, al leve viéiito sin cesar fletabas tu corona vestida de verdura. Ycimbraste de pronto en la llanura dejando aquella selva que adorabas, de las ondas la espuma tu cortabas, hendiendo el Ponto con feroz bravura. Yo te viera en las aguas de Lepanto el pendón tremolando de victoria llenar la luna de terror yespanto. Mas al fin fracasaste, tu memoria eon lira triste, sin cesar yo cantoj pues asi fracaso mi diclia ygloria. L. P, Aceh edo. (COXTINÜACION.) Véase nuestro número segundo. En todas las partes de la América septentrional^ bañada por [el Oído, desde el lago Cric yel estado de Illinosis, basta el g'olfo de Méjico, y ])6r la orilla del Mlsuri bástalos montes Roeby, la tlera descubre indicios de épocas pasadas ymanifiesta la ecsisteñeia de una grande ypoderosa población, cuya historia sin duda se perdió para siempre. Inmensas eie- ^aciones ,eiivo uso jp uoran los indios modernos, llenas de huesos lumianos que al parecer pertenecieron ápueblos estrados, armas de cuya forma idiigiioas se bao fabricado en aquel cosííineníe después de su descubrimieaío, restos de ciudades clrcunvavaladas con iniirallas de tierra, cindadelas fabricadas de ladrillos v cal, gruesos paredones, en que han ecliado raíces desde miicbos siglos árboles de prodigioso tamaño, algunas
EL PARAISO 71 - construcciones regulares, babltaclones abovedadas, éinscripciones en lengua que en los mismos tiempos de los primeros vlageros ya no se entendía^ todo anuncia la antigua existencia de un pueblo muy diferente de los que en aquellos mismos países encontraron los europeos, yestas profundas señales de remotísima antigüedad, de las cuales ni aun el mas le- ve vestigio nos ofrece el pais situado al este de los montes Alieghany, parece que nos están diciendo que estamos muy lejos de saber lo que pasó en aquel pais antes que le descubriesen los europeos. Rasgos iguales de antigüedad se encuentran también áveces en las provincias marítimas del norte. La roca de Oioditon en el estado de Mas- o sacbusset ba fatlg'ado el ingenio de los dos mundos. Unos se han limitado áencontrar en su inscripción la forma de los caracteres fenicios yde cousiguieale una prueba de las espedicioues comerciales de los cartagineses ála Amérieaj otros mas atrevidos se han figurado leer muy claramente eii dicha roca el nombre de hijo de indios^ que vivía según dicen ellos en los tiempos del emperador de la China Yao, el año del mundo de 2206,cuarenta yocho años despues de haberse sumergido la Atláutida. En Fayeteville en la orilla del Elfc, no lejos de una fortificación arruinada se acaba de encontrar una moneda romana que debe ser del segundo siglo de nuestra era, pues lle>a en muy buen estilo numismático, por un lado el nombre de Antotiino pió ypor el otro el de Mareo Aurelio. Ala verdad esta es una medalla que prueba muy poco, porque probaría demasiado, sin embargo es cosa muy particular el haberla encontrado en aquel paraje. Es todavía mas interesante la descripción de las ruinas descubiertas cerca de Palenque en la provincia de Guatemala, restos magesluosos de sus edificios, que lian quedado escondidos por espacio de algunos siglos entre bosques impenetrables yque hasta nuestros días no lian conocido los historiadores del nuevo mundo. Estas ruinas manifiestan un estado de sociedad mas íloreciente que la de los pueblos que babltarou el valle de Obio. Acueductos que parecen de construcción romana, bajos relieves en que algunos han creído encontrar asuntos fabulosos de la antigüedad clásica y emblemas análogos álos del antiguo mundo lian inducido al capitán del Rio, uno de los observadores mas prolijos de este nuevo Herculano ápensar que fenicios, griegos óromanos pudieron estender sus conquistas ósu comercio basta aquellas remotas regiones ydejar en ellas algunas ligeras señales de sus artes yde su creencia. Otros en los confusos rostros de aquellos ídolos han pretendido encontrar el Iris yel Osiris de Egipto, apesar de que aquellas eslravagantes figuras se parecen mas bien álos dioses de la india yqne esta semejanza concuerda mejor con la opinión mas probable de que la América recibió su primera población de la parte del Aordeste. Otros se lian aventurado basta fijar año por año ycasi dia por dia la época cierta en que aquel iiércules líbicu desembarcó en la Atla^*
72 EL PARAISO. tida (seg^un ellos la Isla de Sto. Dopor opmíoii, yno se necesita ser min^o) desde cuya costa espidió una muy temerario para decir que tiene nueva colonia para el continente amerazón. ricano. Mr. \Varden no se decide fSe concluirá,) COSTUMBRES DE LA INDIA. Entre las bárbaras costumbres de te monstruc^o idolo^ basta decir que este pais, era una de ellas en las viuse conocen las avenidas del teuiplo das de distinción, quemarse en la hoála distancia de algunas leguas alreguera en que se consumía el cadáver dedor, por los muclios huesos de los de sus maridos. Los ingleses por fin que creyeron hacer una obra mistela prohibieron, como asi lo reclamariosa álos ojos del ídolo, haciéndoban la religión yla humanidad. Otro se despedazar, bajo las ruedas de im de los ritos bárbaros era la peregricarro. Creemos que el gobierno innacion áJagrenate^ célebre pagoda gles, con la misma facilidad con que yla principal de la india, en la cual ha prohibido la quema de las viudas, bay uu ídolo tenido en gran venerapuede impedir semejante superstición, clon por aquellas gentes. Está sitúaeomo también el asesinato de varias da en la costa de Orixa entre Madras doncellas que se comete en GuzerayBengala, Numerosas cuadrillas de íe, yla muerte de los niños que se peregrinos llegan todos los años yarrojan al Ganges eu Sangor\ coses increíble el número de víctimas lumbres inhumanas que reinan todaqLie se sacrifican voluntarlamente áesvía en la India. S, Nos consta que la Sra. Ferrer, nido de los huesos de su rodilla, por dama característica ygraciosa del de cuya razón permitió se colocase en el esta ciudad, dará pronto su benefisitio en que aun se conserva, para ció con uu drama titulado La vieja del denotar que no pudieiido castigarse candilejo^ composición de varios iiila magestad, se espone ála vergüeogeuios, bastante conocidos en la corte, za pública. El argiiinento de dicha función es Deseamos ver el drama en escena el suceso ocurrido en la esquina de que sabemos se presentará con todo la calle de aquel nombre dm’ante el su aparato correspondiente yentoufaaioso reinado de D. Pedro el cruel^ ces hablaremos del mérito de dicha el cual mató áun caballero yfué producción. descubierto por una vieja, por el so- M, Editor responsable R. M. dk Soto.
EL PARAISO, PERIODICO SEMANAL DE FILOSOFIA, HISTORIA, LITERATURA \BELLAS ARTES. §l.° Í7SI. (CO^CLCSION.) III. Al cabo de cuatro' diás estaba coñ- "cluido el spartito áescepcióu de aii pasag-e, cuya fejeciicioii uo estaba álos alcances del compositor. Habiá sido 'consultado en vano el buen KellcTj yfué preciso ver al poeta. ~ —Habéis puesto en éáté dráma que debe haber uUa tempestad; pero yo jamas las lie visto yíiie es imposible sacarla, teneis la bondad de des- 'cifrarla? —También lo ignoro, respondió el poeta, he puesto la tempestad entre paréntesis, yno me he atrevido áhacerlo en verso por ese mismo inconveniente. —La dificultad era de consideración. ¿Como salir de ella? José se' dirigió ácasa del arleqiiin. —Habéis visto una tempestad, señor? —Pardiez! ojalá no! Estuve cuatro veces ápique de perecer. Núm. 8. -' —Esplicádla, amigo mío, yo me -pondré al piano. —Con niuclio gusto^ toj árepre- ‘sentarte una, yagotando tódos ios reeursós de la pantomima, ydando *ásu'vóz 'mil irifiexiones’ variadas, em- “'pezó^á gesticular de diferentes ma- 'ñeras, 'bajando y‘elevando sus bra- -zos, balanceando su cuerpo de la popa ála proa, como el décia, para figurar el movimiento del navio undiéndose entre las agnas, yal mismo tiempo procurando imitar el ruido de ios truenos yel silvido de los vientos. —Comprendes, hombre? —Ao, por desgracia, eso es otra cosa ,vuestra tempestad no se distingue de una pelea de dos gatos. —Fignrate, prosigoiój trastornando yrevolviendo con pies ymanos todos' los muebles de la habitación ^ Sevilla 25 de Noviembre de í833.
02 EL PARAISO. v.ereis deiiíro de qiiiivcc tilas yos lo teiidré licclio” Respoes cooílücieüdp á.«l idio liasta la puerta de la calle le repitió con \m acento mareado adentro de ,aiilnce dias volved vos entrejL «j garé nii mortero. Julio se apartó de aquel Ijombre^ pensando cii sus misteriosas paíabrasj pii vano trataba de coBiprender su SCSI tillo, dentro de (jiiiuce dias voh uedy os entregaré un ‘mortero ¿qnp quería decir psío? ¿que había de coimui entre su amor yun mortero? -'Mj ¿era acaso uu sueño? no, todo era realidad. Pasados ios quince djas presenta nuevameote en casa de aquel inisterioso personaje. Este se hivantó, yabriendo ou viejo armario sacó de ei un mortero que puso en las manos del jóvep. Acepta este presente qoe te hago, le vcíiderás j te darán por él oro suficiente para aplacar la aiishicíoii del padre de Nb sida yobtener su mano pero te lo entrego con una condición. Hablad. Lleva este mortero ácasa de ese artista ydile de parte mia que le haga el mazo. Julio quedó esiupeíacto ála vista del mortero. Era del mas hermoso mármol de Ccwrara yse vela en él eseiilplíia con una esqiiisita dclLeadeza toda la Pasión de nuestro Señor «I.esucrislo^ aquellas figuras parecían querer salir de su centro, yagruparse como si cstiivlerau en la representación de aquel solemiie drama. Se notaba en sus semblantes una grave preocupación en el divino misterio que los ocupaba, un dolor lento y resignado yla fé cristiana brlliaíido al íravés de aquel dolor, como la am rora de los altos destinos que el hombre Dios acababa de prometer al género humano. Todo en aquel trabajo era sublime. Allí no se encontraba solamente aquella corrección del arte, que ayudada de ciertas reglas agrada. Allí había una cosa que no puede espresarse pero que sin embargo encanta los sentidos yagrada sin saber porqué. Era en fin una obra maestra. fSe eoncluírá.) .(COXCLUSION.) Eaalquiera que sea la opinioii que se adopte acersa de estos restos de una civilización borrada por tanto tiempo, es cierto que ecsisteu yque los Jian descrito hombres dignos de toda fé. Robertsoii, pues, no tiene razón euaudo dice, que los españoles con su coiiqnisía destruyeron todos los antiguos monunientos de la América yaun sepultaron sus mismas ruinas. Hánle refutado completamente ios viages de los señores ílumboidt IBuiioch óze. ynos han manifestado que también ei nuevomuiido tenia sus antigüedades. Yaun se cree, que muchas de estas magníficas ruinas se habían ya perdido en en la oscuridad de los tiempos cuan-
EL PARAISO áo se verificó ia conquista, yque ia fecunda yrica >egetacion que hoy mismo permite apenas que se conozcan los palacios ,las termas ylos templos ,los ocultaba ya en aquella época. Estos restos son algo mas tristes que los de nuestro antiguo mundo yapenas les corresponde el título de monumentos ^ pues lio aluden ahecho alguno conocido, «i traen ála memoria historia ahgima. Los de la Grecia yde Roma, tienen por intérpretes los escritos inmortales de estos dos grandes pueblos, ycon podemos seguir entre bers siglos sus largas vieisitmies* Mas oscuros Yconfusos son ciertamente los anales dé las del Egipto yPaliiiiraj sin embargo las tradiciones de lo pasado no son del todo mudas con respecto ásu origen ysu destino^ hasta se espera disipar algún día la oscuridad misteriosa que oculta los antiguos templos de la índla^ pero ninguna esperanza queda con respecto álos monumentos de ia América.^ El pueblo que edmeó aquellos templos, aquellos ídolos ¿pero que digo el pueblo? sus mismos libros, sus mismos anales, todo I?a desaparecido. La América, sobre lodo en el norte, no ofrece ála inútil curiosidad del viagero, sino señales de iina lengua perdida para siempre^ yruinas sin recuerdos. Todos saben cuantos sistemas se han Imaginado los modernos, desde Rudbeeh hasta Raillv, acerca de la Atláiítida dé Platón, isla mayor segun dice este filosofo, que el Asia yAfrica juntas, yque el mismo Platón eoloca frente álas columnas de 9*5 Hércules. Cuenta en Timeo que los reves de airuel vasto continente, diienos ya de una parte del Africa yde la Europa, trataron de conquistar á Atenas, que salvó su libertad por medio de una victoria. «Con el discurso de Jos siglos, auade Platón, llegó por fin tras del dia inevitable la horrorosa noche, en que por un temblor de tierra, eninedio de las inundaciones ,fueron arrastrados álas profundas, simas todos los soldados de Atenas, yla isla Atlantiila quedó sepultada para siempre debajo de lasólas. En el dia este mar es inaccecesihle, yci fango del sumergido continente detiene álos navegantes (jue quieren visitar aquellas ruinas. Esta es la relación que anciano Ciillas ovó de la boca de Soion.” Vemos- en Precio, que el mismo Platón h?.-» bia leído esta misma relación escrita en caracteres geroglííicos en las columnas egipcias, yFamblico añaile que eran las de Kermes Trimegisto. Convienen muchos en que semejante tradición no es enteramente fabulosa; que la isla sumergida, pudo muy bien existir en el occéano atlántico, yque quizá las Canarias ylas Antillas son algunos restos de ella. La memoria de ima gran catástrofe de esta naliiraieza, parece haberse conservado entre algunos pueblos, errantes de la América del norte. Arrojados sin cesar álos desiertos por la civilización de los estados que forman la unión americana, no dudan que sus iribus perecerán sucesivamentejpero se consuelan con la esperanza de que sus enemigos perecerán igualmente, como en otro tiempo perecieron los Atenienses con los habitantes de la
94 EL PARAISO. Atlántida áquienes habían vencido. «Cuando ios hombres blancos, dicen ios sabsos, habran acabado de matar ádos hombres cobreños, el grande espíritu liará la señal de la vengaiiza5la gigantesca .tortuga que lleva sobre su cpnclia nuestra tierra, sacudirá su carga como lo hizo en otro tiempo^ los blancos todos serán víc^ timas de este nuevo diluvio vel eran- ••Ai .O de espíritu restiliiirá eníoiices la tierra áios hombres cobreños.’’ Estas relacionas son sepuramente •V> iniíy siagalares: otras varias mas notables pudiera yo reunir, si ecsami- 11 ase la ciiestlou que se discute en nna obra de que no hace mérito Mr. Warden yque se público en Boston con el título «de la América conocida por los antiguos. ’Para no emperiariiie en decielo todo, cuando puedo apenas indicar rápidamente algunos hechos me limito áuna comparación que todavía ánadie ha ocurrido, según creo y^iie someto álas reflexiones de los sáblos. "Ea topografía de Méjico es baslariíe conocida. Esta ciudad, dice lloberston, está situada en una llanura cercada de montañas: las aguas que bajan de ella se reimen en tlifere iíes iagiioas de las cuales las dos iiiavores se comuuican. En la orilla de la una yen algunas islas contiguas estaba edificada la capital de Sléjico, adonde se llegaba por calzadas de piedras ytierras de unos treinta pies de ancho. Como en las temporadas de las lluvias las aguas de las llanuras inundaban el llano, las calzadas tenían muellísima estensioii. jVo habiendolas por el lado de levante era preciso valerse de canoas para llegar á la capital. En cada calzada había de trecho en trecho para la comimicacion de las aguas, unas cortaduras con pasadizos que servían de puentes. Aoera menos admirable la consíruccion de la ciudad en que se distingoiau por su iiiagnificeiicia los templos, el palacio deí emperador ylas casas de los personages principales. Léase aliora el Critias de Platón. Como no puedo traducir aquí, toda su descripción de la Atláníida, me ceñiré ápocos trozos. «Aeptiino comenzó por cerrar con fosos llenos de agua, el terreno en que fundó su ciudad, cortándolos de trecho en trecho con lenguas de tierra mas ómenos anchas. Estos fosos eran otras tantas barreras, destinadas á que la ciudad fuese inaccesible. Hiciéronse cortaduras en las diversas calzadas, construyéndose sobre ellas puentes de tal forma qi epudiese pasar debajo de ellos mi trlreine Los reyes de la Atlántida eran tan «/ poderosos, que ningiia príncipe, minea tuvo ni era posible que tuviese jamás tantas riquezas como las soyas dcc. Esta semejanza quizá es casual^ pero ¿es acaso imposible que «nos navegantes Feaicios, iievasen hasta Egipto, algunas noticias de otro hemisferio, yque sobre estas remotas tradiciones, formase Platón su descripción poética de un continente que ya no ecsistia yque se consideraba destruido? En la historia de la América todo es conjeturas, yporque su descubrimiento es reciente yporque las circunstancias yla época del descubrimiento, hicieron desauarecer muchos ?'JL
EL PARAISO. testimonios de lo pasado, pero las pulosa por entre semejantes vestig-ios conjeturas son menos ayenturadas de una osciu’ísima antigüedad, se concuaado se apoyan, no en la relación seguirá aumentar sucesivamente los de algunas palabras óde algunos usos conocimientos ópor lo menos las sino en el terreno mismo, ycuando Tcrosimilitudcs lilstóricas. pueden servil* de guia al ylagero ibis- La civilización con pie victorioso trado éiinparcial, que entre bosques ymauo generosa, se adelanta en aqueimpenetrables, nos muestre todavía, lias regiones por tanto tiempo deseolos rastros de ciudades, de fortificanocidas, introduciendo en ellas su be- Clones yde cementerios, ynos transnéfica antorcha. mlíe la copla de las inscripciones, de El desierto va desapareciendo ya las piedras esculpidas, de las aroiafe 'cada nueva tentativa, deja dcscubieryde los hronces, obras de un puctos algunos de sus secretos. Los bio olvidado. Las costumbres varían Mnmboldt, los del rio vlos de Waryla analogía del idioma suele eiigaden han comenzado ya álevantar mía ñar^ pei*o las grandes construcciones punta del velo que cubre la antigua ylos restos magníficos atestiguan qué cuna del nue> omundo. Mucho qiic- en otro tiempo da industria ylas arda todavía que liacer^ aun es probates reinaron en esas inmensas soléble que nunca llegue ádisiparse endades, que solo de ciiaíido en cúaiiteramente la incertidiimbre^ pero ya do suelen atravesar en el día, salse dio el impulso, las investigaciovages sin anales ni tradiciones. Con nes hacen progresos ypresto ótarei auxilio de las probabilidades, de de, la agricultura ylas ciencias, lle^ la ciencia moderna ycaminando pagarán ácultivar esas imueusas cam_ so ápaso, con una lentitud escrapinas.. S,. 1 La Georgia es un país de grande raneaban las jóvenes del seno de su faestension en el Asia, a! norte de la milia, hacienda con ellas un infame co- Armeuia entre el mar Carpió yel mas* mercio :veste vergonzoso contraban- Negro. Mientras formó un reino indo fuá uno de los motivos que alegó la dependiente sostuvo varias guerras Rusia para la última guerra contra la contra los persas que por fin le some- Turquía. Quiebra el corazón el estieron ásu dominación. En 1785 el tado de humillación y* abatimiento á príncipe Heraclio sacudió el yugo de que están reducidas tan hermosas criala Persia yelevó otra vez la Georgia turas ypara cpie nuestras lectoras den ála clase de reino independiente^ pero gracias al cielo por haber nacido en un ía Rusia le reunió por fin ásu imperio, pais, en que se hace justicia ásu mérl- La hermosura ygracia de sus muge- to, considerándolas como una parte inres íiaescitado en todos tiempos la cotegrante del género humano, áquien dlcia de los clialanes turcos que para dió la naturaleza atractivos ygracia surtir los baremes de ia Turquía arpai*a <jue equilibren la fuerza yvigor
9G EL PARAISO. que repartió álos liombres, iiiseríarénios alg^iinos poriiieiiores que pnbUca uii lajero acerca de este j)arlícular. IV 06 llenó 5dice, de imJienacíoii la triste cfcena de que fuimos teátig^os ea Ja üitiíiia semana que peraianeciínos ea llarnah* Llej^aroa lípa líocke cuatro turcos de niída catadura con traje, ^casi manera de solda¿os ,ycapitaiieados por mi (jefe que au!\q«e algpo laejor vestido, su ,trazan ao ^e diíerenciaba de la de sus satélites. .Go^ducian cousláonce líeoreianas,- (¡ue see’iia supimos despues eraU; el ti’ resjp 4e ‘"cuarenta óeiáicu8|ita .doncellas robadas ásus padres eu la frontera de su patria* Traíanlas para veisdcrtaa como esclavas ó concubiji^ áJúreos ricos que pudiesen pa^jarias bien. Alojadas estaban las infelices cu im Cavanserail^ ó posada turca eu aposentos inmediatos "al nuestro. Casi tojlastendrbni de 15 á20 anos ydos apenas líegariau á12 Eran estraordiuariameule bonitas, epu oíos iicc’ros YmuYvivos, la tez sonrosada, el cabello lar^o ycegTo, como el ébano ylas facciones perfectas. El precio subido que pedian .par ellas y el que le pfrcHíian. ,manifestaban el valor i|ue.teIlla entre Ips tnreps seinejante inarcaiicia. Prcsenciarnps el afuste ana se hizo de una de aouelias^ desp-raciadas. El clialan pedían 25 bolsas (55.000 rs.) :el eoiiiprador ofrecía 10^ pero no pudo epnseg’uir reba- ja algiiiia^ entre tanto la infeliz gepr- (jlana que jio pasaba de 15 aíios ,se bailaba presente al ignominioso trato, aguardando de pie yen la mayor desolacion.su rejsiiltado. Cuatro veces la? sacaron todas de su eucierro para irlas áofrecer álos turcos mas ricos de la ciudad, conduciéndolas, como las bestias que se llevan al mercado. Dos veces vioieron varios compradores á examinarlas para tratar de su ajuste^ ysiempre se las presentaron sin pudor5tip faltando en el regateo, ni impudentes elogios de parte del vendedor ni vergonzosos reparos de parte de ips compradores. IVingiino de los quese presentaron para comprarlas bajaba de 50 anos ysiempre fecaia sil elección sobre las mas jóvenes, JEl aliipeiitp que se summistaba á estas inlTellccs era igual al trato que recibían en ,todo lo demas. No les daban sinp un pedazo de jpan con un poco de queso que )es distribuían dos veces a] dia. Cuando los chaláñes salian. Jas encerraban ciiidadosamen- Ae en sus aposentos llevándose la llave. Aveces cuando volvían sus verdugos oíamos los tristes lamentos de alguna de esas pobres criaturas ,áquien anunciaban estar ya vendida yque de consiguiente tenia que separarse de sus hcrinanas ócompañeras. Desventuradas, una fatalidad las había entregado áun vil comerciante de esclavos,, de cuyas manos no podían salir sin incurrir en otra mas terrible desgracia. Coiiiliicláiila de ciudad en ciudad á caballo ,que es como las habían traidp de Georgia. En todas partes las .esppnian al público. Las restantes estaban destinadas para Damasco ,en donde los cbalanes esperaban venderías veotajosamente^ yeii efecto salieron dos dias antes que nosptros,, dejando en nuestra memoria un doloroso recuerdo. Editor responsable J. Z. yLari.
EL PARAISO, PERIÓDICO SEMANAL DE FILOSOFIA, HISTORIA, LITERATURA YBELLAS ARTES. £L MORTERO YEL MAZO. (CONCLUSION.) Julio se apresura állevar el mortero ácasa del escultor yle esplica el objeto de su visita. Nísida estaba presente: Imbiérasela visto acercarse áaquel pedazo de mármol, fingiendo mirarle, solo para ver ásu amante vdeclararle su eterd_ no amor, áburtadillas de su padre, que metiendo sus manos en los gran des bolsillos de su casaca, arqueando las cejas ydando una vuelta alrededor del mortero dijo: ¿Está regular? ¿Y de donde lo has robado? —Señor!... le respondió Julio. Ao te enfades, óte lo habrás encontrado, es lo mismo, pero eso no importa, ¿quieres que le haga el mazo, bien: rae parece que dándole la figura de un Ganimedes... —Me parece padre mió, le interumpió Nisida que un Gaoimedes con Ja Pasión.... Kúm. 9. —Silencio, replicó el escultor fuera de si, ¿que entiende la muy necia de artes? En cuanto áti Julio, deja el mortero yvuelve dentro de tres dias. Fue preciso obedecer. Apenas liabia salido, cuando se presentó un hombre vestido de negro en el taller del escultorj era un ministro de justicia, que venia áembargarle sus bienes para pagar áios muchos acreedores áquienes adeudaba. Aísida desconsolada, pide una hora de término yse la conceden. La jóven candorosa ysencilla cree po íer salvar ásu padre, recurriendo ála piedad de sus muchos adoradores, ¡inocente! ¡que mal conocia áaquellos hombres de placeres ardientes y de índole generosa, cuando tenian que pagar el vicio, pero egoistas y frioks delante de la virtud ¡desgraciada! '¡En vano los implora! ¡Algunos le ofrecen socorros pero ¡á que precio! La joven ruborizada ydesecha en lágrimas se apartó de su vista. Habiendo transcurrido el ^plazo concedido, el ministro de justicia procedió al embargo de las figuras que Sevilla 2de JDicienibre de l83S.
98 El. PARAISO. poblaban aquel taller yque mandó conducir ála plaza pública, para ser allí subastadas, sin olvidar el mortero, que como mueble inútil se arrojó entre aquellas caricaturas. Una infinidad de personas de ambos secsos se ag^olpa en derredor de aquellos objetos yempieza la subasta de las estatuas. Una muchacha alegre ybulliciosa, obtiene un cupidillo, que envuelve en su delantal, por miedo de que no se le ensucie: una vieja compra una Vcnus; un Apolo va áadornar el salón de un peluquero, que la echa de lírico, porque rasca las cuerdas de una guitarra, yun tabernero se hace adjudicar nn gigantesco Baco para que le sirva de muestra. Liega por fin el turno del mortero. Uno de los espectadores se aproesima ydice, ¡cien piastrasi al mismo tiempo que la voz de un eclesiástico pronuncia, ¡mil! La voz del pregonero se escucha entre tanto, anunciando las posturas de ios concurrentes. Todos se admiran., Julio no sabe si dar crédito álo que acaba de oir. El artista de morteros está también allí, oculto entre la multitud, sus labios entreabiertos dejan escapar una sonrisa sardónica ysii pálido semblante se ilumina con la luz del genio que brilla en sus ojos. La lucha continua, los dos posto-^ res se acaloran yvan aumentando «« prodigiosamente sus puestas. En fin el eclesiástico adquirió el mortero por el precio de S.OOO piastras. —Señor (dijo el primer postor. ) Podéis agradecer áque teneis ávuestra disposición los tesoros del Papa, porque siendo de otro modo no bubiérais obtenido esa magnífica escultura. Efectivamente: aquel eclesiástico era legado del Papa yhabía hecho aquella adquisición solo con el objeto de enriquecer el museo del \aticano.é Julio se acerca temeroso al Eclesiástico le cuenta la aventura del mortero, hace valer sus derechos y reclama la cantidad ea que se lia vendido. —Es muy justo, respondió aquel^ esa cantidad joven se te entregará, si viene áconfirmar tus palabras la misma persona áquien debes tu felicidad. Retienen al instante al escultor del mortero que se alejaba, yapssar de su tenaz resistencia fué presentado al legado, que al miraxde esclamó. Que ¿sois vos señor? ¡fatal encuentro! es muy penosa mi comisión, pern sabéis que una gran acusación pesa sobre vos yque mi deber me obliga áapoderarme de vuestra persona. Haced vuestro deber, dijo coa frialdad el desconocido^ yal poco tiempo filé conducido preso. Hagamos conocer este bonibre, era Kaddiy que en aquella época gozaba de una gran reputación como escultor. Los cardenales Pett'ucci y Santi liabian tramado una conspiración contra JLeon XyRadcliy olvidando la noble ygrave misión del artista, que es traducir en la lengua sublime del genio, los hechos memorables, las pasiones humanas ólos prodigiosos efectos de la naturaleza, se había arrojado imprudentemente
EL PARAISO. 90 en tan horrorosas maquinaciones. La conspiración fiié descubierta, Pctrncci fué ahorcado, ylladdi tuvo que huir yocultarse en Florencia, donde hacia morteros para poder subsistir. Pero volvamos á¡V isida yáJulio. Nuestro lector habrá adivinado qne las 5.000 piastras allanaron bien pronto los obstáculos que se oponían ásu himeneo. Fueron unidos^ pero podían ser felices cnauílo el g’rande artista ácuya g-encrosidad debían su dicha estaba entre cadenas? JVo; la tierna Nisida estaba muv triste no pensando mas que en su bicnechor. Julio, le dijo un dia^ querido esposo, partamos áRoma, quiero ver al Papa, arrojarme ásus pies ypedirle ci perdón de Raddi^ partamos. En efecto al dia siguiente partieron. Nisida es presentada áLeón X, y se arroja á sus pies palpitando de temor yde esperanza. La santa misión que va állenar da un encanto poderoso ásu belleza, enjuga algunas lágrimas ydeja escapar de sus labios el voto de eterno reconocimien- to, pronunciado con el acento del corazón. —Bien hija inia! dijo el soberano pontífice: este paso os honra, el reconocimiento es también uiia virtud cristiana^ por vos bella ysensible joven perdono áMaddi pero decidle que concluya la obra que al presente poseo haciéndole el mazo. JRaddi acababa de ser transportado áRoma. Xisida yJulio vuelan ásu prisión ¡que dulces momentos! se arrojan en sus brazos, rompen sus hierros ylo restituyen áCortona que era su patria. Allí fué donde hizo el mazo dcl mortero yque remato no con un Ganimedes, sino con una granadilla óflor de Pasión, esculpida con todo la linura de su cincel ycon la esquisita delicadeza y gracia de su talento. — Aben-Farax. AMIS AMIGOS. =RECUERDO. —o — Las dos épocas mas solemnes de la vida, son el instante en que nos volvemos áver, yaquel en que nos separamos. \OLTAIRE. ~ Son los recuerdos de amistad, dorados como el disco del sol puro yhermoso^ son ensueños de gloria, mas preciados que el astro de la noclie silencioso.
100 EX PARAÍSO. Recuerdos que en el alma eteruamente existen esculpidos, yconsuelan los pesares que ag^ovian nuestra frente, yen torno de vosotros siempre velan. — Recuerdos venturosos!—Era im día que yo írauquiio ysin temor, gozaba de mis dulces amigos la alegría ósus lágrimas tristes enjugaba. Diclioso fuera entonce. —Ora apartado del suelo en que nací, yáquien natura con todos sus encantos La adornado^ de aquel suelo de gala yliermosura. Gimo sin fruto, pues estéril llanto es el que inunda mi infeliz mejilla, como es estéril el pasado encanto de la mustia ycaída floreciüa. Aquí deploro de mi amarga suerte la iíicoastancia cruel yalevosía^ aquí sin miedo ála terrible muerte, espero el íiii de la existencia mía. En el florido marzo, eiiaiido aromas esalan las campiñas esmaltadas de flores de la rica yfecunda Aiidalucia^ cuando su sol de amores, rey que preside el dia, hace mas bello aparecer su suelo, brillando liermoso en el inmenso cielo, To abandoné las márgenes del Bétis en que está retratada la famosa Sevilla , por todos los poetas ensalzada, cual grande maravilla, eual ciudad encantada que el orbe avaro en sus entrañas cierra, yáquien se rinde hasta ¡a misma tierra. — Sevilla!! Nombre májico ydivino que mi ser estremece 5 que resuena en mi alma, ydespierta en mi pecho sensaciones
EL PARAISO. 101 qne Die roban la calma, yqiic siempre con gratas Ilusiones envueltas vienes, cual sagrado nombre, ádar consuelo al corazón del hombre. — Tú, por quien han pasado tantos siglos, CUYO nombre es la historia de cien generaciones que fueron largos años en tu suelo con sus dominaciones, traillas por lo hermoso de tu cielo^ tu eres del mundo octava maravilla, yo tu nombre bendigo, sí, Sevilla. Cual suele el caminante, que en el puerto de salvación tocaba, ydel viento impelido se lanza en alta mar sin rumbo alguno, ygrita dolorido sin encontrar ninguno, perdido ya yáperecer cercano si Dios no lo detiene con su mano. Asi fui yo cuando dejé tu suelo dó ^í la luz primera5 yatligido, ylloroso, maldiciendo ála suerte por impía, recordaba mis horas de reposo cuando la vista ála ciudad volvía. Entonces, ¡ay! mis ojos se anublaron ylágrimas ardientes derramaron. Allí dejaba ámis amigos fieles 5 dejaba los recuerdos de mi infancia^ yenmedio de recuerdos tan crueles, los vía aun ápesar de la distancia. — 3Ias ¡ay! que esta ilusión consoladora alhagará muy poco al alma mía, jmes al llamarlos en la blanca aurora el viento solamente respondía.
IOS EL PARAISO. luiestra lo estaba ciertamente al mi-’ rar en dicha escena nuestras costum^ bres nacionales con todos sus encantos. >De otros defectos que pudiéramos ponerle tal vez nos responderá su autor diciendo^ «lo lie titulado la ñim'za del sino. J. V. ALBUM. ^tí Avisan de Madrid que va ápo^ nerse en escena ála mayor brevedad Müchet drama de Shakespeare traducido por uno de Iqs ni^jores literatos de la Corte. «Ig^uainiente acaba de presentarse una comedia dcl estiló antig-uo, titulada ñíüs vale llegar átiempo que rondar un ano composición de un joven de mérito. Tenemos buenas noticias de ella ycreemos que el nuevo campeón de Morete, alcanzará la palma que consiguió aquel en sus tiempos. Se ha remitido tanjbiea ála comisión de lectura de teatros otra nueva producción en verso, La Aurora de Colon. Ignoramos hasta ahojra la calificación que haya merecido. Acaba de representarse una comedia del Sr. Bretón yharto decimos con indicar al antcn* para qne se crea desde luego el mérito que deba tener. Es una sátira directa al gobierno que ha encontrado elogiadores yj enemigos. Pronto tendremos el gusto de verla en escena. También acaban de presentarse á la comisión los siguientes dramas, Una mugergenerosa primera composición de un joven desconocido. Las mas caras negras^ traducción del francés^ .esta ha sido ya ejecutada yalabada como una de las mejores piezas del teatro traspirenáico. Doña Mencia original histórico en verso, cuyo autor no se dice aun, yque iba áejecutarse ábeneficio de la primera actriz. Catalina de Mediéis. La segunda dama duende ,dos traducciones, según dicen, de las qUe mas merecen ese trabajo. No podemos menos de lisongearnos de que se presenten nuevas producciones, aunque no sean todas originales y salgamos de aquel estado de esterilidad en que nos veiamos hace poco. D. Fadrigue ólos amot'es de Doña Dlanca^ drama original en versó yprosa composición de un jóven humanista de esta ciudad va áponerse en escena. Tenemos de ella felices ylisongeras noticias ynos alegramos de poder decir que no solo Madrid es corte. Esperamos su representación para hablar de su mérito. Editor responsable J. Z. tLari.
EL PARAISO, PERIÓDICO SEMANAL DE FILOSOFIA, HISTORIA, LITERATURA YBELLAS ARTES. Arquitectura. Sí por esta palabra se entiende simplemente el arte de reunir diferentes materiales, para constituir habitaciones sólidas, todos los pueblos civilizados han tenido acerca de esta parte de las artes conocimientos ig^uales. El hombre en todos tiempos se ha visto precisado ábuscar un asilo contra la inclemencia de las estaciones Vla ferocidad, de los animales: de consiguiente, áía necesidad debió la arquitectura su origen yal lujo su perfección. Las primeras habitaciones fueron proporcionadas á las circunstancias locales de cada clima Yrelativas ála civilización vsre- «> «U iiio de los diferentes pueblos. Las ramas de los árboles, las liojas, las cañas, el barro dCc. ,fueron los primeros materiales de que se sirvieron los hombres. Las primeras casas de los egipcios fueron de cañas entretegidas, ylas primeras casas de los griegos no fueron sino de barro y Núm. lO. de arcilla. En tiempo de Viíruvio se enseñaban todavía en Atenas, como una cosa curiosa por su antigüedad, los techos del Areopágo hccbos de barro, yen Roma en el capitolio se veia la cabaña de liúmulo, cubierta de paja. Para la construcción de estos edificios no se necesitaban grandes máquinas ni muchos instrumentos, ylos que servían para cortar los árboles ypulirlos, eran de piedras duras como los que se ven en algunos gabinetes de antigüedades, Vlos mismos aue se usaban en mu- %X chas partes de la América, cuando la descubrieron los españoles. Vinieron después los edificios de madera, los cuales dieron Ja idea de las columnas yde los arquitrabes. Alos edificios de madera sucedieron los de ladrillo yáestos los de piedras sillares^ sin que se pueda fijar la época en que comenzaron áconstruirse edificios de piedra. Lo mismo sucede con respecto ála cal, á las almácigas, al yeso dCc., porque estos descubrimientos se fueron haciendo iiiseusibiemeote ypor progresión. Civilizados ya los pueblos, yau- Seyiiia 9de Diciembre de fS33.
lio EL PARAISO. •.c-,, irientántlose sus conocimientos áía cinco órdenes, de que se compone par de su civilización ,trataron de ia arquitectura. añadir ála solidez de los edificios El uso de reunir varios órdenes la eleg-ancia, yentonces la arquitec- en ira mismo edificio ,se inventó tura debió llamar en su auxilio otras muy tarde entre los g^ricg:os, los ciiaartes. En este sentido, ni el Asia, les por muy larg^o tiempo emplearon ni el Egipto pueden reclamar la glosolo el dórico yel jónico. El teñirla de haber inventado, ni tampoco pío de JE^éío yel de Júpiter en conocido las verdaderas bellezas de Olimpia, que deben considerarse cola arquitectura. Propendiendo el ca»- mo los dos monumentos mas antiracter de estas naciones álo giganguos de la Grecia civilizada, eran el tesco ymaravilloso, se dedicaron mas uno de orden jónico yel otro del bien ála estension ymagnificencia dórico. El famoso templo de Míde ios edificios, que áia gracia ynerúa en Atenas yel de Teseo^ son delicadeza de sus proporciones ^asi igualinente del dórico. Vemos por lo comprueban tanto las famosas pifin, que de los cuatro templos mas rámides, el lago de Meris, el labefamosos de la Grecia, segim Vitriirinto yotros muchos moiiimieBÍos vio, ios dos mas antiguos eran de que existen todavía en el Oriente, órdeii jónico, el tércero del dórico como la descripción que nos lian deyel cuarto del corintio, jado los antiguos de los que ya no (Se concluirá.) existen. Alos griegos debe la arqulíecíu- = ra ia regularidad, el orden yel admirable conjunto que escita nuestra admiración. Con efecto, en las co- UNA RECONCILIACION (1). loiiias del Asia menor empezó áformarse lo que en el dia se llama pro- —- — piameiite arquitectura. Los dos primeros órdenes de c|ue se valieron los ptÍcí^os fueron el dórico vel ió- I. líico, que tomaron su nombre de la J}órica yla Jónica^ provincias de la En un magnífico yembalsamado Grecia asiática en que se inventaron, gabinete, ocho ódiez personages es- Ei orden corintio no se. conoció sitaban sentados en derredor de una no miiclio después, yparece que se joven yhermosa dama, que se veia inventó en Corinto ,ciudad de la recostada graciosamente sobre un ri- Geecia europea. Es el mas maguíco sofá de seda. Los diez persofico yel mas elegante de todos ios nages eran jóvenes, hijos de Vene- (iJEl episodio que sirve de objeto áeste titulo es histórico ,cuyo argumento hemos sacado de nno de los periódicos estrangeros ,publicados en 1835.
EL PARAUSO 111 cía, yla dama una célebre actriz, apellidada 3/arma, del teatro de la Fenicia. —Esta corona es fresca todavía, dijOel conde Sjwsi^ mostrando á Clarilla con el dedo alg'iinas flores, que hacían parte de muchas coronas ya marchitas. —La debo ámis favorecedores de aver, después de la Semirámide . —Yesta, encantador Arsace? -^Fué premio, liará tres dias, en la Venerentola. —Deshojada ya, repuso el abate JFameti poeta Improvisador, deshojada como todas sus compañeras^ mañana esta lo estará también! —Yque importa? dijo el conde^ ¿no tiene Marina una que jamás se marchitará, el entusiasmo de Veuecia? Los concurrentes aplaudieron, y Marina dió g-racias al conde, con un ligero movimiento de cabeza yuna so nrisa sutil ,que encubría bastante amargura. —Venecia! si, Véncela me ama, pero no mas que amar. Tres meses bá, Venccia me idolatraba. Lna mañana, era tiesta solemne cu la ciudad aquel dia, iiguraba mi nombre en los anuncios^ ypor la noche, ah! por la noche, cuando me presenté, los aplausos hacían estremecer el teatro^ cuando cantaba reino un profundo silencio, ydespués de cantar escuché mil demostraciones de placer que embargalian mis sentidos! —Xada de eso os falta Marina, dijo el marqués RoUt, que pasaba en Italia, por uno de los mas sublimes ingenios. —Lo pensáis así marqués?... Pero, creedme, las manos que me arrojan esas coronas son frias, los lábios que me elogian no tienen emoción^ será también por costumbre, por aprecio, pero no por entusiasmo! —Es verdad, dijo Sposi, que Relima es seductora yque cauta con no gusto incomparable —Si asi lo creéis, interrumpió la artista con cólera^ si así lo crecis, por que no vais esta noche áaplaudir ese gusto incomparable. Luego por piedad de mi poder ya abatido me hacéis este momento compañía? Oh!... pues yo aborrezco áesa muger, la aborrezco con rabia con furia de veneciana. ¡Cuantas veces, cuando el teatro temblaba por la violencia de los aplausos que áella se dirigian, siniestros pensamientos, pensamientos de sangre lian atormentado mi imaginación. Alos 17 años hubiera asesinado ála que fuera capaz de rivaiizarme en amores. Alos 24, hoy ,Rellina es mi ri> ai en gloria. —Ypor que os llamáis, poder ya abatido? Vos sois la reina todavía. Sola vos habéis ocupado el trono. Ademas ¿vuestra causa es tan desesperada que todos la abandonen? no estamos reunidos aqui todos los amigos en el mismo momento en que Bellina sufre una difícilísima prueba? —Lo agradezco señores; hoy habéis querido sacrifícar las diversiones ámi tristeza ytal vez pasado mañana os contará Bellina en el niímero de sus jueces ymezclareis vuestros aplausos álos de la multitud. —Pues qué ¿ignoramos por ventura que sois la amiga preferida del conde de Aqnapita? de ese gran se-
112 EL PARAISO. ñor, de cuya vida depende tal vez la suerte de Veneeia entera! —Aquavita, decís! Me amó cuando Veneeia me amaba, ótal vez era su interés lo que amaba en mí. Yo era entonces la reina de la ciudad, Vel era mi rev; esto era todo lo que faltaba ásu orgullo. ¿Y llamáis áesto amor, conde Sposi! decid iiias bien amor propio. Ypara probar mi dicho, desde que triunfa Bellina, su nombre está coiistanlemeiilc en los labios del duque. Hace ocho dias que dile quejas, amargas sobre este mismo punto yno lo be vuelto áver. Quizá áestas horas estará cerca de mi rival! Al decir esto sus bellos oíos nekJi gros estaban liúmedos de las lágrimas. —Yesta corona, prosiguió el conde, esta corona que ayer brillaba sobre la frente de Arsace... II. En aquel momentos interrumpió el discurso del conde, la llegada de jlí. Rulleiiianu, caballero aleman que habitaba en Veneeia hacia un año, muy bien quisto con la nobleza por su talento, aunque ácausa de sus opiniones adelantadas yde la franqueza ruda de sus espresiones era llamado el filósofo. Habiendo oido las últimas palabras del conde sobre una corona, dijo. —Acabo de ver una exactamente parecida áesa entre las muchas que han arrojado áBellina. —Salís del teatro? preguntó con viveza la actriz, cuyo rostro se cubrió de un color de amaranto subido. —Si señora. —Y... su triunfo es completo? —Completo. La han hecho salir después de la función. —¡Ay! una sola vez be merecido ese honor! —Después de salir los músicos le han dado una serenata magaífica. —Jamas tuve esa dicha! Marina se babia puesto pálida ysus ojos se cubrieron de una tristeza mortal. —Acabo de dejarla, contimió Mtiliemann, ycon ella al señor duque de Aquayila que la ha acompañado hasta su casa. .—Decís.... Los sollozos abogaron la voz de Marina yse desmayó. Cuando recobró sus sentidos todos los tertulianos se despidieron con el aleinau áquien hizo eneoí^er de hombros la pasada escena. El abate Farneti, que no habla encontrado ocasión de intercalar un solo verso en tan rápida conversación, se despidió también, pero no sin improvisar antes un alejandrino al accidente de la señora. III. Ai día siguiente, sentados estaban al rededor de una mesa de cuatro cubiertos dos hombres yuna muger, disfrazada con un dominó negro. Aquellos eran el duque de Aqiiavita, yRullemannj la máscara era Beilina. .—El conde hablaba al oido áso
EL PARAISO. 115 convidado, dicléndolc ¿creeis 'qtle vendrá? —r^i seaor. —Ylo|jraréni03 reconciliarlas? —¿Quien lo duda? Aj^esar de que un buen resfriado óun mutismo completo que sobreviniera áRellina, seria mejor intercesión que todo el poder del duque de Aquavita. —Ob! diablo! eso seria comprar muy cara esta reconciliación. Rellina recompensó al duque con una graciosa sonrisa. Un carruage se oyó en la calle, Bcllina se puso al momento su careta Vsu rival entró allí, también vestida de dominó con la -siiva en la mano. IV. Aquavita ,dijo ella al momento que el duque iba áhablar, bien sé para que be sido llamado por tí. Quieres que nos abrazemos Reiiiua Vvo? Con mucho aiisto. Descriw «o bi’c pues tu rostro. La envidia es una pérfida consejera yla ira que yo experimentase, añadiría mas triunfo ánii rival. ^li venganza mejor y mas segura la encontraré en aplaudirte ávista de Veiiecia entera. —Bien Marina, bien. Este es el modo de olvidar injustos resentimientos. Venecla yyo te lo agradeceremos. —Sentados todos ála mesa sirvieron una esqiiisita cena. En los postres brindó Beilina por el triunfo de su compañera que debía ejecutar de allí ados días la Semirámide. Esta correspondió áaquella demostración, diciendo: brindo por el triunfo de Beilina: mañana desempeñará por primera vez la ópera de 11 Dar- .hiere. Después tle unir mis aplau* sos álos del público, arrojaré áDosina una corona que no se marebitará como las que nos prodiga la admiración de los venecianos. La fisonomía de Marina había tomado al pronunciar estas palabras una espresion admirable. Su rival, conmovida la abrazó, llorando de alegría. Mañana, dijo el duque, será un bello |dia para Italia. Riillcmann bajó la cabeza. V. Ala noche siguiente, el teatro de Fenicia estaba lleno de bote cíl bote. La noticia de la reconciliacioQ de las dos cantatrices rivales se habla difundido por la ciudad. Los partidarios de cada una se hablan reunido aquella noche, no como en otro tiempo, separados, sino reconciliados igualmente para admirar áambas artistas. Frenéticas demostraciones de entusiasmo arrebataban álos espectadores al mirar áMarina en un palco de segundo piso que dominaba la escena prodigando ásu rival los mas repetidos elogios. Yentre tantos aspectos variados, uno solo conservaba su inmutable gravedad, Este hombre era Rullemaun. Ala calda del telón, pidieron que se presentase Beilina. Cuándo esta apareció una lluvia de coronas cubrió el proscenio. En medio de los bjavos, Mai'ina arrojójia suya.
Il4 EL PARAISO. De repente se oye nn grito pene- *trante yag'udo. Dellina cae muerta de repente yla corona de Marina la liabia herido en la frente. Esta corona era de bronce ma* CÍ20. VI. ¡Que bello día para Italia! dijo Rullemann al conde que estaba al« terado^.., si me hubierais creído.... Mientras que el abate Farneti improvisaba en alta voz un epitafio en verso para la víctima^ Marina, á quien hablan arrestado, al pasar por delante de ellos, les decia con firmeza. ¿IVo le habia yo prometido una corona que jamás se marchitaría? J. M, La entrada del invierno. ¿Que se han hecho ¡ay de mí! los bellos dias en que, ceñida de laurel la frente, cantaba yo de primavera el triunfo? el grato bosque de clavel yrosas, perfumado recinto, donde admiraba al precursor del dia cercado en torno de amarillas nubes, vida yluz esparciendo por el mundo, donde la luna contemplé mil veces con pálido esplendor brillar ufana en la serena yapacible noche, rodeada de fúlgidas estrellas, que la naturaleza allí pusiera para aumentar su brillantez ligera? ¿Que se hicieron los campos de verdura que recamada alfombra parecían en la estación divina de las flores? dó de natura el arte poderoso por dó quier se miraba, aquí elevando su matiz la rosa, allí entre juncos la violeta hermosa? ¿Donde se fué el cantar nunca aprendido
EL PARAISO. 4í^ de las pintadas ares que dentro el árbol, rústica morada, amorosas en torno ásus hijuelos placenteras el tiempo disfrutaban? ¿y aquellos arroyuelos, que por dó quiera libres discurrían, bañando al par las renacientes flores? Todo despareció^ ya el crudo invierno, amenazando horrores, roba al campo el verdor, el sol al dia, la blanca luz ála serena noche yel g^ozo yel placer al alma mía. Pronto con furia desatando el viento su intrépida carrera, arrastrará los árboles que un tiempo del campo fueran agradable adorno^ pronto la cima del soberbio moute^ con bramido profundo, despeñará torrentes de turbias aguas, que caerán del cielo, entonces ¡ay! inundará la tierra, arrancará las piedras de los valles, devastará los campos, que floridos ayer la gala del Abril hicieron, ymañana en lagunas pantanosas convertirá inclemente el aterido invierno de repente» He aquí del mundo la fatal carrera, oropel brillador que ál alma engaña, mísero instante de placer, que luego trueca en acerbos males el destino, ilusión, que enagena el pensamiento ycuya realidad es lamentable. ¡Mezquina vida la del triste humano, que abre apenas los ojos cuando la muerte mira! semejante ála gentil yhermosa primavera que ostenta ayer resplandecientes galas, yque el Invierno crudo en yermo vuelve con audacia fiera. Mas ay! que si huracán áspero silva Tcorta el tallo de las frescas flores ylos frondosos campos tala yquema,
IIG EL PARAISO, otra vez volverán ásu hermosiiaa; Jas aves otra vez con dulce canto entonarán sus himnos áJa aurora, nuevos campos, ypalmas de esmeralda ondearán sus hojas, sacudidas por dulce brisa que ei Abril adora. Volverá el arrovuelo mansamente %r SUS ag:uas áesparcir por la corriente, yllueva vida volverá álos prados^ quedando solo del invierno crudo vano recuerdo triste! Ai oasí ios hombres? pasarán los illas, Jos años correrán con raudo vuelo ytras los años los ligieros siglos que miiica babrán de ver; reauevan ellos, tristes mortales, los pasados años, mas en ia frente gravarán las luiellas que el tiempo al escaparse dejó sobre ios hombres señaladas. Vuelve, pues, primavera, ámis jardines, torna la paz al encantado suelo yborda presurosa mis campos con las rosas yjazmiues, antes que llegue impía la tormenta enojosa ylas nubes desgarre oscurecidas, robe de mis praderas la verdura yámi pecho la paz yla veníiira. J. ñlontadas.Agosto 1838. LAS DOS MELLIZAS. NOV^SLITA ORIGINAL DEL ViZGONDE DE ARLíNCOIiRT, Vivían desconocidas yolvidadas del mundo, bajo el reinado de Luis el Grande, en el interior de un antiguo castillo, situado en las montañas que están al norte de Francia, dos nobles huérfanas, bijas del marqués d’Arlnval ,las cuales hablan cumplido ya diez ysiete primaveras. Frescas ylozanas, como las llores dei mes de mayo, yhermosas, como las ninfas deí tiempo fabuloso, Alix yBlanca eran mellizas. Estas dos jóvenes tenían las mismas facciones, el mismo cuerpo, los mismos cabellos vel mismo acento; quien contemplaba la belleza de la una ,contemplaba la hermosura de la otra ,porque el cielo las había formado completamente iguales, yles habla dado e» Jo moral la misma se-
EL PARAISO. 117 mejanza que en lo físico. Alegares ála vez ytristes al un tiempo, estaban gozosas óafligidas en una misma hora, en un mismo instante. Si Alix estaba enferma ,Planea lo estaba también. Confoi’mldad de principios, analogía de sentimientos, armonía en los gustos yvoluntades^ gozaban ósufrían juntas^ era en fin un solo ser en dos cuei’pos, era un solo cuerpo bajo dos formas. Una tia anciana las lialna educado €011 esmero en el castillo beredila- YÍo. La señora de Clamore adoraba ásus sobrinas, pero tenia ya oebenta años^ conocia que se apre: suraba el íln de su existencia ysolo pensaba en casar álas dos Iiiiérfanitas que estaban ásu euidado.^ II. Una grande noticia circula de repente en el castillo d’Arlnva!. La señora de Clamore ha finalizado ya SU proyecto. Pos contratos de boda van ácstenderse, vlos dos es- ^^ posos deben llegar bien pronto. El uno, destinado áAlix, es el conde Rodolfo d^Jlermt^ny ^ yel destinado áPlanea es el barón Raoul greville. Ambos son jóvenes, ricos ynobles. —Hermana mia, dijo Alix áBlanca, vamos áver áRodolfo yáRaoul, álos maridos que nos destinan Mira, yo no sé por qué, pero te igo miedo. —Yyo también, respondió Blanca. —Siempre las mismas impresiones, querida hermana. —Alix, tú vas ácasarte con Rodolfo yyo con RaoaL ¿Crees que podrémos an>arlos? —Iba áhacerte la misma pregunta. —Ysi el mió no te agradase? —Le odiaría^ ydime, si Rodolfo unido ámi suprte me hiciese morir de pena? —Moriría yo también 5pero no temas, los dos son amables. ¡Ojalá hagan la felicidad de sus esposas. ira, Blanca, dicen que el amor es un sentimiento muy dulce, yyo quisiera amar. III. El conde d’IIermigny yel barón d’Aigrcville, montados sobre dos fogosos corceles ,yseguidos de una multitud de caballeros llegan por fin ála puerta del castillo. Rodolfo y Raoul, cubiertos con unas bruñidas v ricas armaduras, son los primeros que, enmedio de mil aclamaciones, atraviesan el puente que separaba álas dos tiernas doncellas del trato dcl mundo. Las dos hermanas ycolocadas en un baleon ,pasean con admiración sus miradas sobre el magestuosa cuadro que se ofrece ante su ^ista; es el lujo de la córte de Luis XIV el que ostentan aquellos nobles caballeros. Las mantas de sus caballos, bordadas de oro, sus libreas de púrpura yazul, los ondeantes y\isr tosos pliimages de sus cascos, el brillo de sus armaduras yde sus espadars, todo aquello admiraba álas dos tímidas Luerfanas. Blauca, dijo Alix ásu hermana, observa ese caballero que se adelanta, que hermoso es. Qnisiera que fuese Rodolfo, el que la suerte me destina. Si, debe ser el, ¿no es verdad, hermana?
124 EL PARAISO. No exajcreinos nuestros tormentos. Es preciso que mis votos se cumplan. Yo padezco, ylloro es verdad, pero en medio de mis dolores diviso una ráfaga de placer que cual la estrella que se presenta cu el cielo en una nociie oscura, iluminándolo con su brillante luz asi consuela mi corazón, mis tristes pensamientos desaparecen ydejan lugar árisueñas ilusiones. Es la esperanza^ ybasta siento deslizarse tu felicidad por la senda de mi infortunio. Blanca no piído seguir yarrojando torrentes de lágrimas se precipitó en los brazos de su hermana que no podía contener las suyas. AI día siguiente la futura esposa de Rodolfo d’Hermlgiiy recibió una carta dirigida desde un convento de Reaedictinos. Aquella carta era de Blanca. AIík temblando abrió aquella carta yleyó lo siguiente. «Querida hermana. Yo adoro demasiado áRodolfo para poder unirme con Maonl yme be consagrado á©ios. He aquí mi resolución, eo vano tratarás de disuadirme, debes conocer por tu mismo corazón que todo será inútil para hacerme abandonar mi proyecto. Une tu suerte ála del conde d’Hermigni, serás feliz ytu felicidad duleiñcará un tan- to los dolores de mi corazón. Sé feliz yyo lo seré también. Las dos amaremos, sí Alix, tu amarás á un hombre ytu hermana al Todopoderoso. Yo seré mas dichosa que tu. Si la muerte destructora arrebata áRodolfo de tus brazos hermana querida, ven yentonces amaremos juntas áun mismo ser postradas en un mismo altar. Avísame cuando llegues áser condesa d’Hermigni. No lloraré no, rogaré al dios de los buenos.” x# k(Se concluircL) VANHIK. L La ciudad de Genova parecía que era llamada árealzar con el rutiJante sol de sus bellos dias el desposorio del conde Brignole, Las danza pastoril no se mirába yel muelle estaba desierto delante de la fuente de S. Cristóbal: las góndolas del puerto estaban descansando entre las aguas serenas yazules reflejando en su espejo el dorado peristilo del palacio Bória. Todo el bullicio yel desordenado rumor de la muebedumbre se esciicbaba en el camino de San Luca^ todos ios habitantes dei Banchi ^ se dirijían hácia S. Lorenzo^la catedral, ocupando las angostas ytortuosas calles que sirven de centinelas áaquel vasto edificio de la magnificencia gótica, formado solo de mármol blanco ynegro. Las genovesas son muy hermosas, pero lo era mas todavía la nueva condesita de Brignole^ tenia 18 años yera imposible haber encontrado otros cabellos tan negros ylucientes sobre otra frente tan pura ymodesta como aquella^ oti:^ blanda y
EL PARAISO. 126 suave tez rasada sobre ua rostro tan ^ngelicah era elog’iada en Italia en tiempo en que abundaban tantas mugieres que pudieran dar modelo á los ardieutes artistas de aquella época. El conde Brig;nole. el aliado de los Diirazzo yde los Doria- Tiirri liabia mandado construir un palacio digno de la adorable miiíjcr que ib® áser su esposa. La iglesia de S. Lorenzo brillaba mas que nunca: toda la nobleza, abandonando sus doradas babitaciones ocupaban im lugar distinguido en la nave yen el santuario. Ninguno de los innumerables concurrentes en aquel día ,habla venido ádirigir votos reverentes ai santo patrón de la catedral sino áfestejar ála reina de aquella fiesta solemne yreligiosa, ála condesa Rrigiiole, era muy dificil mirarla arrodillada delante del sagrado altar^ pero ciiaudo se levantaba yal recoger su velo, tendía su vista eu derredor de los circunstantes, un sordo murmullo de admiración subía álas celestes bóvedas mezclado con el incienso vcon las no- •%) tas del cántico georgiano, yera dudoso acertar si la concurrencia dirigía un himno de alabanzas ála futura esposa óála virgen de la Asunción. Era digno de notarse también, á pocos pasos de las columnas del santuario, un joven de figura hermosa, de mirada penetrante ycuya manera de estar, daba objeto álos espectadores para reparar en el, su Irage no era el de mi señor, ni el de UQ aldeano, ni el de un mercader^ era todo igual de seda yterciopelo negro, pero su rostro estaba pálido ysus grandes vigotes ennegrecían el escondido labio. Estaba arrodillado siempre, pero jamás oraba: miraba ála condesa con ojos de misteriosa espresiou^ inmóvil apoyado sobre un pilar se le hubiera tenido por un retrato derribado de su lienzo cincrustado en una columna de S. Lorenzo. Este hombre silencioso era el célebre pintor Antonio D^an-Dick, La fisonomía de este pareció animarse en el momento que bajaron los cofrades los gallardetes ybanderas del altar inavor ven que cuatro gondoleros de las galeras de Doria conducían ála Virgen por cnmcdlo del inmenso gentío. Después de la ccremoiiia del casamiento, empezó la procesión. La condesa seguía inmediatamente ála Virgen ydetras de ella su esposo, orgulloso por demas de ser el personage de aquella acción. Al pasar este por delante del pintor, dijo Van-Dlck ásu compañero el conde Palluvicini. Daría mi vida por ser un cuarto de hora este hombre. Ninguno oyó estas palabras que se perdieron eu el vien- to, entre los enérgicos cantos de Salve lief/inay que entonaba el pueblo devorando con la ansiosa vista ála linda desposada. El artista se confundió entre el noble acompaíiamiento de Brignole yllegó con ellos al cuartel de San Pedro de Arena. El día estaba próximo á couclttlr, el sol iba escondiéndose ya en las bellas aguas del golfo Ligurlense ylas altas colinas aparentaban .el reflejo de amaranto que las dejaba el astro que se liuia. Se oían sonar las campanas; los navios saludaban con sus repetidas salvas á
12a EL PARAISO. las dos trMmfantes^ vírg-enes; los gallardetes ybanderolas flotaban ámerced de la brisa,, los inciensos perfumaban el ambiente delicado de la tarde ycuando= de euraedio de esta algazara alegre ybulliciosa, de enine-^ dio del rumor yalegría general, se elevaba al cielo el himno divino Ave jllíiría Síellay Van-Dick sentía sus párpados húmedos yarrasadas de lágrimas las mejillas. El palacio Doria abrió sus ferradas p:iertas al clero de San Lorenzo. El himno san- to resonó mil ymil veces por las cóncavas bóvedas de tan suntuoso edificio yparecía que el cielo la tierra yen fin todos los elementos saludahan con respeto ála jóven yhermosa condesa de Rrigiiole que lucia como un astro en medio del riquísimo palacio Doria. Aaii-Dick salió del concurso yse encaminó hácia los solitarios j|ardines que se elevan en forma de anfiteatroj detras del palacio, por el lado de la estátua del gigante. Allí se recostó para pensar con mas libertad sobre su desdicha. El amaba á la condesa pero no con un amor común yvulgar, sino con una pasión frenctica de artista, muchos anos hacia. Había visto ostentar su encantadora hermosura ála bella flor del condado Turis enmedio de sus alliagiieños jardines. El pintor no tenia que ofrecer áfamilias tan opulentas ni ricos castillos, ni dorados palacios con mármoles suntuosos, ni empavesadas galeras en el puerto: siempre había guardado secreto sobre tan ardiente amor vsolo el conde Pallaviti ciar era depositario de sus confianzasf noble ygeneroso señor, que hubiera dado la fortuna áVan-Dik si sus bienes no le hubieren arruinado. fSe contiuuará.J AMI AMIGO D. J. A. QUERO EPISTOLA. (1) Desde las rocas de la sierra inculta que el infelice Guadalete baña, ydo mí vida mísera se oculta^ El pedio que amoroso te acompaña ásentir la crudeza de la suerte (1) Esta composición merece indulgencia por ser de las primeras de su jóven autor.
EL PARAISO. 127 siempre que el hrlllo del placer te empañaj^ Hoy ;oh amig-o! propónese ofrecerte, ya que nueva aflicción te abate impía, el pai’ca aaxilío de su lira inerte. ¿Y coma un alma tierna, cual la mia, viendo tus versos en verdad sentidos, pudiera abandonarte en tu agonía? ¡Ah! ¿por que no tus ecos doloridos me son ¡lira de Anfión! comunicados? ¿por que mi voz no iguala átus sonidos?' iVo entonces los deleites estimados cantara del magnate poderoso que habita los alcázares dorados^ Ai la alta gloria de adalid famoso, que el pendón de conquista tremolando, en páramos trocára presuroso Los pueblos que opusiéranse ásu mando. Laureles adquiridos mal ¿que valen? ¿que los placeresde opulento bando? Aúlleos vates su esplendor señalen: yo quiero solo que los cantos mios, acentos dulces' de amistad exhalenf Prestándome esa lira aquellos bríos que mueven ¡ay! al irritado cielo, al fiero tigre, álos peñascos frios^ Un cántica entonara de consuelo que el rigor endulzase de los hados que tienen tn vivir en crudo anhelo. ¿Quien vió, amigo, en Ahril selvas óprados mústios como en Agosto, sin verdores? quien álos verdes tallos delicados Lácios ápoco de nacer las flores? ¿Que alha gentil hrilló sin alborozo? ¿Pues como entonces en la edad de amores^ Alega un lugar tu corazón al gozo? Ao asi te rindas al dolor impío: goza tu juventud, que aun eres mozo. Como el correr pacífico de un rio vase la edad florida deslizando, ynunca vuelve átu pesar yal mío. ¿Pasarla quieres, infeliz, llorando el vil perjurio de quien amas tierno? no,, amigo, la razón ve recobrando,
12S BL PARAISO. Yapaga de tu amor el vivo Infierno? que el que esforzado véncese ási mismo eonsigue un lauro inmarcesible, eterno. Si hundido estás del mal en el abismo, tiempo es hora que muestres evidente que en tus venas circula el beroismo. ¿Para que una pasión tan imprudente alimentar? IVo tanto mereciera la misma madre del Amor fulgente. Yaunque tu luz con ella compitiera, ¿que importará? ¿quizás no fue perjura? ILas que mienten, ni dignas son siquiera De la simple afición de un alma pura. Yíbrate de ella, pues: calma tu seno. ¿Yaciias...? ¿aun te rinde su hermosura? ¡Mas no! que estás de fortaleza lleno como el bravo huracán en la montaña, como en el mar la tempestad yel trueno. En vano el cierzo silvador se ensaña en el Peñón (1) famoso de esta tierra; procura en vano derribar con saña Ea inmensa mole colosal que encierra: luchando yreluchando enfurecido, discurre el monte yla fragosa sierra: Rugiendo lanza horrísono bramido: penetra en la caverna impunemente, "V es entonces allí mas atrevido: oEmbravece por último al torrente, ydel cerro ála falda se despeña^ empero en valde: todo es impotente: El gran Peñón al aquilón desdeña^ yfirme en su lugar permaneciendo, iergue la frente, yla victoria enseña. Asi el hidalgo pecho resistiendo de la desdicha al combatir sañudo triunfante sale al fio, solo teniendo Magnánima constancia por escudo. Deja ya por lo mismo tu quebranto, que cosa alg:una conseguirse pudo Triste vertiendo el abundoso llanto. Yel Abril bullicioso de la vid^ (1) San Cristóbal,
EL PARAISO. 429 ao está, no, condenada áduelo tanto. La fortaleza cerrará la Lérida que átu pecho carcome candoroso^ que aunque el destino con dolor convida, Aunca es eterno su rig-or odioso. IDesecha, sí, tu padecer aleve, yalienta, alienta el corazón brioso. — Cubre el invierno con escarcha ynieve ála inculta montana ponderosa: pródigo luego viene Alarzo en breve, Yfragante la esmalta flor hermosa. El tiempo, ¿que no vence? ¿que no alcanza? ¿No ves cómo tras noche tenebrosa, Velóz la aurora por oriente abauza riendo bella, con su rostro puro? Pues bien: no le abandone la esperanza^ Que si la abrigas, sanarás, lo juro, del infortunio que te cerca insano, poniendo al gozo impenetrable muro. En las ninfas del Bétis siempre ufana ©tro ángel hallarás mas cariñoso, que tus pesares dulcifique humano. Osi piensas alli no hallar reposo, ven áesta sierra, que verás hermosas, puras cual aire de vergel frondoso. Aqui olvidando las pasadas cosas, de la que amarte con pasión se obligue las sienes ornarás con mirto yrosas. Ysi ni aun esto alivia te consigue, corre al punto átu amigo verdadero que tal vez puede tu dolor mitigue. Mas ^ay! que yo otro mal padezco fiero como el que rudo bulle por tus venas, yno podrás hallarme placentero. Cuando de amor arrastro las cadenas cuyo peso me abruma yme desploma, ¿como podré dulcificar tus penas? De ingratitud la bárbara redoma basta las heces apuró mi vida: que una bella ¡nocente cual paloma Un tiempo fue, que en ilusión perdida su amor creí me consagraba fino, con el alma en placer embebecida.
150 EL PARAISO. :|Y era vana ilusión!!! Porque el ^destino por siempre me miró con torvo ceño: ysi una vez placerme le convino, Fué solo mi ventura un dulce sueño que huyó eual lumbre que embellece clara la cima de los montes, cuando empeño Muestra ya el sol en ocultar su cara. ¿Mas quien en este mundo de tormento pensó, ramig^o, que estable bien se ballára? ¿Que son en el la dicha yel contento? Fantasmas vanos, ilnsiosí, mentira, vidrio que quiebra la impresión del viento. ;|Ab! ven, ven al reclamo de mi lira: no importa que tu amigo llore triste el desgraciado amor porque suspira^ Para que dejes de acudir do existe consuelos dar yrecibir ansiando. ¿Tú mi angustia quizá no conociste? ¡Ay! llega, llega por piedad volando, que ya mis brazos al amor deales te están harto impacientes aguardando. Entonces yo presenciaré tus males^ al par que tú contemplarás mi frente abatida por penas infernales: Entonces nuestro lloro mutuamente ardiendo en amistad enjugarémo35 yacaso de penar tan inclemente júbilo ydielia renacer verémos. Orazalema Setienibrc de 1858. M. Chaves y 9
EL PARAISO, 131 FILOSOFIA. CamiuaiKÍo pnca, hácia el noble fin que nos hemos propuesto, libres de toda prevención yolvidando todo lo que otros han visto ócreído ver antes que nosotros, diremos que de las ciencias que tienen por objeto la especie humana, ning-una con mas justos títulos, como tampoco mas acreedora ála consideración del hombre que la lógica, base yfundamen- to de todas las demás yque nos enseña el como conocemos, juzgamos -y razonamos. Con efecto, si la consideramos detenidamente", veremos -que adeanas de ser el conocimiento de la parte principal de nosotros mismos, el único medio de hacer rápida ysegura la marcha del espíritu humano en todo genero de indagaciones, que es el objeto yía per- 'feccion del arte, es también, por de- -cirio asi, la que madura nuestro juicio, la que nos hace racionales yen fin, la que sacándonos de las man- -tilias de la infancia nos enseña ácaminar con paso firme hácia los objetos dignos de un amor inteligente. Ella no es otra cosa que la metafísicar no la antigua que respecto de la verdadera, es lo que la astrología comparada con la astronomía, yla alquimia con la química5sino la ciencia de la formación ¿de nuestras ideas de su espresion, combinación ydeducción, óen dos palabras el estudio de nuestros medios de conocer. Ahora bien: colocados en este terreno, según lo presenta la misma naturaleza, examinemos libremente b al menos con ánimo despreocupado, nuestras facultades, sus primeros actos, sil poiler, su esteusion ysus límites, asombroso laberinto que parece muv dificil discernirlo, observar- »y lo yexaminarlo, pero que hecho por menor, no es tan complicado como aparece áprimera vista ysi tiene su cierta regularidad. Comencemos. El hombre cuando nace no trac al mundo mas que la facultad de seulir, y su modo de sentir es el verdadero criterio, óla única regla de sus juicios. Sentir es nuestra misma existcDcia^ cada uno lo experimenta en sí ytiene de ello un convcncimíea- to íntimo. Esta facultad se distingue muy bien en cinco especies de sensaciones, que son las que tenemos, porque el olfato excita los olores, el gusto los sabores, el oído ios sonidos, el tacto el calor yel frió y la reslsleiícia de los cuerpos, yla vista en fin, la sensación de la luz ylas de los colores. Entiendo por sensación toda modificación del alma excitada por los sentidos ypor alma un ser espiritual, que reside en nosotros en intima unión ycomercio (iel cuerpo, distinto de toda materia yque consideramos como principio único de nuestras operaciones^ ómas bien un principio de razón por el cual pensamos de nosotros mismos ypodemos formar ideas justas de los diferentes objetos que se nos presentan. El alma es quien siente: áella sola pertenecen las seiisaeiones^ de estas unas son esternas, producidas por la aoclon de los cuerpos estemos en nuestros órganos yotras internas efectos de los movimientos que obran en el interior de dichos órganos. F. Barrientos,
152 EL PARAISO. Insertamos ácontinuación un articulo (jue nos ha sido enviado por el autor del drama de ^ue hicimos mención en el párrafo de teatro del mhnero anterior^ titulado amor coati*a la ley. Se queja aquel de que haya usado <lé una espresion transpirenaica para deprimir el drama y exije una censura en forma de aquella Composición^ que estamos Prontos «dar^ sindicando ai Sr. C,, de C,. que ¡mya justicia ánuestros sentimientos^ porque nosotros ceusuramos ai drama pero no d^priraimos al autnr.COMUNICADO. Sevilla 15 de Diciembre de i058. Sr. editor dei Paraíso^ Ael Ter en el núm. 10 de su apreclable periódico un artículo de teatro firmado por M., en el qne con bastante fundamento éimparcialidad, dedica una muestra de afecto al jóyen autor de D. Fatb’iqae, áquien uo tengo el bonor de cnoociar ysí de felicitarle por el lisonjero éxito de su pHmer ensayo dramático^ lie estragado, que con el fin de dM’le mas realce, advierta que es la iroica pieza que de mifdie tiempo áesta parte, se ha >isto ejeeatar por primera vez en esta ciudad «si se eseeptua un misei^a- «ble potpmirri que apareció el año «pasado en la -eseena con el 'iiombre «de Amor confina ¡u ley^ clícual tu- «vimos el ííñsto de no volver áver «mas amineiado yalgunas iraíkiccio- «nes dcl fraiici^, entre las que de- «bemos hacer eí justo elogio al ívean «del señor ^jeda.” Ire creído, que para alabar á (*) Dicho drama se hciUu venal en unos autores sea necesario deprimir á otros^ pero de todos modos doy Jas gracias al Sr. J. M. por haber sacado del olvido al malhadado drama titulado El Amor contra la ley, provocando una polémica literaria que deseaba desde el dia 16 de febrero del presente año, en el que tan mutilado salió ála luz pública: único motivo .que he tenido para imprimirlo tal cual yo lo escribí ysegún espresé cu una adv¿ertencia preliminar. (*) Hasta aquí be guardado silencio por no aparecer orgulloso, pues mas que nadie conozco yconfieso sus defectos yse los lie hecho ver álos amigos áquienes he regalado ejemplares. Ya que el Sr. J. M. lo ha clasificado con la traspli’cnaica palabra qne no puetlo graduar con exactitud, se ha pimsto en el eorapromiso de liacer su análisis, persuadiéndose de que le dai’c la razón en lo í|ue juzgue que la tiene yáque dcfeníleré coa ja urbanidad que corresponde álos amantes de las letras lo que crea tener fundamento para ello. El hacer mas de treinta años que empecé á escribir para el teatro ylos recuerdos de lo que el público ha favorecido viu'ias de íuIs produeciones, me da algún derecho á esp^esar qne el Sr. J. M. áqnien deseo aplausos para sus coiuposleiones poéticas, no esquivará lo que le propo!q>’o. No dudo señor editor que usando fde imparcialidad se servirá insertar este arlículo el primer uúuíeroque piibllrjue 4c su periódico, álo que le vivk-á agradecido su atento servidor Q. S. M. B. Ejl €., de C.. la Mlmerm de la viuda de iCm'o^ Editor responsable d. yLaui»