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El Nuevo diccionario francés-español y español-francés (1856) atribuido a Vicente Salvá

Bruña Cuevas, Manuel

Abstract

La composición del Nuevo diccionario fr.-esp. y esp.-fr. de 1856 se basó fundamentalmente en tres diccionarios: el de Capmany, el de Domínguez y el de Bescherelle. La influencia de estos dos últimos dificulta la asignación a Salva de la autoría de la obra. También la dificulta la propia historia del diccionario. Pero el prestigio del nombre de Salva, aprovechado por ciertos intereses comerciales, llevó a que la obra acabara atribuyéndose indebidamente a este insigne lexicógrafo.

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Manuel Bruña Cuevas El Nuevo diccionario francés-español y español-francés (1856) atribuido a Vicente Salvá In: Bulletin Hispanique. Tome 108, N°2, 2006. pp. 577-609. Resumen La composición del Nuevo diccionario fr.-esp. y esp.-fr. de 1856 se basó fundamentalmente en tres diccionarios: el de Capmany, el de Domínguez y el de Bescherelle. La influencia de estos dos últimos dificulta la asignación a Salva de la autoría de la obra. También la dificulta la propia historia del diccionario. Pero el prestigio del nombre de Salva, aprovechado por ciertos intereses comerciales, llevó a que la obra acabara atribuyéndose indebidamente a este insigne lexicógrafo. Abstract The Nuevo diccionario fr.-esp. y esp. fr. (1856) has been written from three main sources: Capmany 's dictionary, Domínguez 's and Bescherelle 's. Now, on one hand, the influence of the two last seems in opposition with the attribution of this work to Salva, and one the other hand, the actual story of the dictionary makes this attribution questionable too. However this attribution prevailed in the end as a resuit of the publishing house taking advantage ofthe prestige of Salva's mame. Résumé Le Nuevo diccionario fr.-esp. y esp.-fr. (1856) a été composé à partir de trois sources principales: le dictionnaire de Capmany, celui de Domínguez et celui de Bescherelle. Or, d'une part, l'influence de ces deux derniers semble s'opposer à l'attribution de l'ouvrage à Salva et, de l'autre, l'histoire même du dictionnaire rend également douteuse cette attribution. Celle-ci a pourtant fini par prévaloir comme résultat de la mise à profit du prestige du nom de Salva par la maison d'édition du dictionnaire. Citer ce document / Cite this document : Bruña Cuevas Manuel. El Nuevo diccionario francés-español y español-francés (1856) atribuido a Vicente Salvá. In: Bulletin Hispanique. Tome 108, N°2, 2006. pp. 577-609. doi : 10.3406/hispa.2006.5269 http://www.persee.fr/web/revues/home/prescript/article/hispa_0007-4640_2006_num_108_2_5269 El Nuevo diccionario francés-español y español-francés (1856) atribuido a Vicente Salva Manuel Bruña Cuevas Universidad de Sevilla Le Nuevo diccionario fr.-esp. y esp.-fr. (1856) a été composé à partir de trois sources principales: le dictionnaire de Capmany, celui de Domínguez et celui de Bescherelle. Or, d'une part, l'influence de ces deux derniers semble s'opposer à l'attribution de l'ouvrage à Salva et, de l'autre, l'histoire même du dictionnaire rend également douteuse cette attribution. Celle-ci a pourtant fini par prévaloir comme résultat de la mise à profit du prestige du nom de Salva par la maison d'édition du dictionnaire. La composición del Nuevo diccionario fr.-esp. y esp.-fr. de 1856 se basó fundament almente en tres diccionarios: el de Capmany, el de Domínguez y el de Bescherelle. La influencia de estos dos últimos dificulta la asignación a Salva de la autoría de la obra. También la dificulta la propia historia del diccionario. Pero el prestigio del nombre de Salva, aprovechado por ciertos intereses comerciales, llevó a que la obra acabara atribuyéndose indebidamente a este insigne lexicógrafo. The Nuevo diccionario fr.-esp. y esp. fr. (1856) has been written front three main sources: Capmany 's dictionary, Domínguez 's and Bescherelle 's. Now, on one hand, the influence ofthe two lastseems in opposition with the attribution ofthis work to Salva, and one the other hand, the actual story ofthe dictionary makes this attribution questionable too. However this attribution prevailed in the end as a resuit of the publishing house taking advantage ofthe prestige of Salva 's ñame. Mots-clés : Vicente Salva - J. B. Guim - F. de P. No riega - Dictionnaire françaisespagnol - Diccionario francés-español - 1856. BHi, Tome 108, n° 2 - décembre 2006 - p. 577 à 609. 577 BULLETIN HISPANIQUE ~T^ 1 Nuevo diccionario francés-español y español-francés aparece en 1856, -L/l siete años después de la muerte de Salva (1786-1 849)1, a quien suele atribuírsele. En las dos portadas, correspondientes a las dos partes de la obra, se lee: Nuevo diccionario francés-español [...] Arreglado con presencia de los materiales reunidos para esta obra por D. Vicente Salva, y con otros sacados de los diccionarios antiguos y modernos mas acreditados; compuesto con mejor método, mas exacto, correcto y completo que todos los publicados hasta el dia, por D. J. B. Guim [...] Nouveau dictionnaire espagnol-français [...] Rédigé d'après les matériaux réunis par D. Vicente Salva, et les meilleurs dictionnaires anciens et modernes, par F. de P. Noriega [...] La redacción de estas portadas y el lugar preeminente que ocupa en ellas el nombre de Salva parecen responder a una intención de presentar a este lexicógrafo como el verdadero autor de la obra. Ello nos lleva a preguntarnos cuál sería su verdadera participación en la elaboración de la misma. Pero, antes de responder a ello, comenzaremos por hacer un análisis del diccionario en sí. 1 . La biografía de Salva fue escrita por C. Reig Salva ( Vicente Salva. Un valenciano de prestigio internacional, Valencia, Institución Alfonso el Magnánimo, Patronato José María Quadrado, CSIC, 1972). Puede encontrarse un resumen de su vida, basado en este libro, en la reedición de la Gramática de la lengua castellana de Salva hecha por M. Lliteras (Madrid, Arco Libros, 1988, p. 13-24) y en La teoría gramatical de Vicente Salva, Madrid, SGEL, 1992, p. 15-21, también de M. Lliteras. Véase también M. Mourelle Lema, «Datos inéditos para una biografía de Vicente Salva», BRAE, 45, 1965, p. 497-505. Por nuestra parte, haremos una observación en cuanto a la fecha del fallecimiento de Salva. Reig Salva {op. cit., p. 285) y Lliteras {op. cit., 1992, p. 20) sostienen que murió el 5 de mayo de 1849, a los cinco días de su llegada a Paris. Pero esto podría no ser exacto. P. Salva y Malien, hijo de Salva, cuenta en su Catálogo de la biblioteca de Salva (Valencia, Ferrer de Orga, 1 872, p. VI) que su padre emprendió viaje a París, en el mes de mayo de 1849, «huyendo de los rigores caniculares» de España, y que en esta «capital murió el dia 5 de junio, cuatro después de su llegada». No hay, pues, coincidencia entre la fecha que da Reig Salva y la de Salva y Malien. Pensamos que Reig Salva seguramente se lió con los meses y los días. En efecto, por un lado, nos parece difícil que el hijo de don Vicente, tan unido a él, se equivocara de mes, y no acertamos a imaginar una razón que le llevara a falsear conscientemente la fecha. Por otro lado, su relato nos parece perfectamente coherente: Salva deja España cuando empieza a apretar el calor (lo cual no suele ocurrir a principios, sino a finales de mayo), llega a París al comenzar junio y fallece cuatro días después, o sea, el 5 de junio. Añadamos, por último, que tampoco puede tratarse de un lapsus ocasional el que Salva y Malien hable en el prólogo de junio y no de mayo, ya que en el interior del libro vuelve a referirse a junio: «Después de la muerte de mi padre acaecida en junio de 1849 nuestros sucesores de París, los Sres. Garnier hermanos, han publicado...» {Op. cit., p. 301). 578 NUEVO DICCIONARIO FRANCÉS-ESPAÑOL Y ESPAÑOL-FRANCÉS (1856) 1 . Las fuentes El diccionario propiamente dicho va precedido de un «Prólogo», que, aunque supuestamente redactado por los responsables de la editorial Garnier, debió de serlo en realidad, dado su contenido, por los dos redactores de toda la obra, J. B. Guim y F. de P. Noriega. 1.1. Los diccionarios criticados en el prólogo Este prólogo comienza haciendo una crítica de los diccionarios francésespañol más conocidos de entre los que se publicaron en la primera mitad del siglo XIX. Solo el más antiguo de ellos, el de Capmany, merece el respeto de los redactores. Todos los publicados posteriormente en París reciben, en cambio, comentarios desfavorables: el de Núñez de Taboada por ser una copia fiel del de Capmany y por los errores que sus pocas innovaciones encierran; el de Trapani y Rosily por haber pasado prácticamente inadvertido pese al bombo que quiso dársele; y los de Martínez López y Fonseca por no ser más que versiones resumidas del de Taboada2. En cuanto a los aparecidos en Madrid, el único criticado es el de Domínguez3. 2. A. de Capmany, Nuevo diccionario francés-español. En este van enmendados, corregidos, mejorados, y enriquecidos considerablemente los de Gattel, y Cormon, Madrid, Sancha, 1805; M. M. Núñez de Taboada, Dictionnaire français-espagnol et espagnol-français, plus complet et plus correct que tous ceux qui ont été publiés jusqu'à ce jour y compris celui de Capmany, Paris, BrunotLabbé, Rey et Gravier, T. Barrois, 1812; D. G. Trapani y A. de Rosily, Nouveau dictionnaire français-espagnol et espagnol-français avec la nouvelle orthographe de l'Académie espagnole rédigé d'après Gattel, Capmany, Taboada, Boiste, Laveaux etc., Paris, Thoisnier-Desplaces, 1826; P. Martínez López, Diccionario francés-español y español-francés conforme los mejores diccionarios franceses incluso el de la Academia, París, Charles Hingray, 1839; J. da Fonseca. Dictionnaire français-espagnol et espagnol-français avec la nouvelle orthographe de l'Académie espagnole; rédigé d'après Gattel, Sobrino, Nuñesde Taboada, Trapani, etc.; l'Académie française, Boiste, Laveaux, etc., Paris, Thiériot, 1840. Puede consultarse una bibliografía comentada de los estudios dedicados a estos y a otros diccionarios francés-español en M. Bruña Cuevas, «Los estudios sobre la lexicografía franco-española de todos los tiempos», Anales de Filología Francesa (Universidad de Murcia), 11, 2003, p. 55-78. 3. R. J. Domínguez (1811-1848), Diccionario universal francés-español y español-francés, por una sociedad de profesores de ambas lenguas, bajo la dirección de D. Ramón Joaquín Domínguez, Madrid, Viuda de Jordán e Hijos (tomo I), Establecimiento léxico-tipográfico de R. J. Domínguez (tomos II a VI), 1845-1846. El prólogo del Nuevo diccionario de 1856 lo cree editado en 1848, pero no hubo tal edición. Tras la primera edición de 1845-1846, la segunda, que es seguramente con la que trabajaron Guim y Noriega, lleva fecha de 1853-1854 (Madrid, Mellado). 579 BULLETIN HISPANIQUE Ahora bien, mientras que los comentarios sobre el conjunto de los diccionarios publicados en París solo ocupan un párrafo del prólogo, la crítica, directa o indirecta, del diccionario de Domínguez ocupa siete de las ocho páginas del mismo. Tanta atención a este último diccionario persigue convencer al lector de la mala calidad de la obra, a la que los redactores se refieren alguna vez como «el diccionario de Domínguez», pero de la que suelen hablar englobándola en un plural que intenta no darle demasiada publicidad: prefieren criticarlo bajo la apelación «les dictionnaires édités en Espagne». Por lo demás, y dejando aparte ciertas exageraciones puntuales, la crítica que el prólogo lanza contra el diccionario de Domínguez no está falta de fundamento; así, es verdad que éste presenta un carácter netamente enciclopédico, mal adaptado a la demanda del público mayoritario que compra diccionarios bilingües; y es cierto que fue compuesto con demasiado descuido, lo cual se manifiesta, por ejemplo, en una altísima cantidad de errores tipográficos, en una pronunciación figurada a menudo inexacta o en ciertas definiciones inapropiadas debido a que son una traducción equivocada o truncada del original francés que se tomó como modelo. Tal original francés fue el Dictionnaire national de Bescherelle4, utilizado por el equipo que compuso la parte francés-español del diccionario de Domínguez5 como fuente para elaborar un diccionario bilingüe en el que, además de las equivalencias españolas para las entradas francesas, se hallan, para la mayoría de éstas, verdaderas definiciones, similares o idénticas a las que podrían encontrarse en un diccionario monolingue. Si la fuente del diccionario de Domínguez hubiera sido un diccionario como el de la Académie française, esas definiciones que acompañan en él a las equivalencias nunca hubieran sobrepasado unos límites razonables; pero, dado que su fuente es el Bescherelle, o sea, una obra de carácter enciclopédico, muchas de las definiciones del Domínguez mantuvieron ese mismo carácter, alcanzando así una amplitud desacostumbrada en la lexicografía bilingüe. Y si el Bescherelle ejerció esta influencia en la composición de las definiciones del Domínguez, también la ejerció en la selección de los lemas: el criterio seguido fue el de admitir desde el vocabulario más especializado hasta los términos 4. L.-N. Bescherelle (1802-1884), Dictionnaire national on Dictionnaire universel de la langue française, Paris, Simon et Garnier, 1845-1846. 5. Parece ser que este diccionario, conforme a una de las tendencias que caracterizaron la lexicografía española del XIX, fue redactado por un equipo coordinado por Domínguez. Así se lee, al menos, en la portada (véase nuestra nota 3). 580 NUEVO DICCIONARIO FRANCÉS-ESPAÑOL Y ESPAÑOL-FRANCÉS ( 1 8 5 6) más inusitados6. En cuanto a las equivalencias españolas para las entradas francesas, aunque a veces originales y bien halladas, en general están sacadas del diccionario de Capmany, ya sea directamente, ya —como nos parece lo más probable— por mediación del diccionario de Núñez de Taboada, plagio descarado del de Capmany7. 1.2. Deseo de ocultar las fuentes Si hemos dedicado los párrafos anteriores a la descripción del diccionario de Domínguez es porque creemos que ello nos servirá para describir mejor el de Salva. Por lo pronto nos permite comprender la facilidad que tuvieron Guim 6. El mismo carácter enciclopédico posee el Diccionario Nacional ó Gran Diccionario Clásico de la Lengua Española (Madrid, R. J. Domínguez, 1847-1848), cuyo autor es igualmente Domínguez y que también está inspirado, en gran parte, en el Dictionnaire national de Bescherelle. Sobre la lexicografía de carácter enciclopédico es un referente clásico A. Rey, Encyclopédies et dictionnaires, París, P.U.F., 1982. Véase también, sobre el mismo tema en la lexicografía hispánica, H. Hernández Hernández, «Del diccionario a la enciclopedia: los diccionarios enciclopédicos», Contribuciones al estudio de la lingüística hispánica. Homenaje al profesor Ramón Trujillo, ed. por M. AlmeidayJ. Dorta, Barcelona, Montesinos, 1997, t. II, pp. 155-1 64, así como los varios trabajos dedicados al tema por I. Anaya Revuelta, entre los que solo recordaremos su libro La definición enciclopédica. Estudio del léxico ictionímico, Madrid, CSIC, 1999 y su artículo «Sobre el carácter enciclopédico de los diccionarios del español», Boletín de la Real Academia Española, 80, cuaderno 279, 2000, p. 177-207 '. Paralo enciclopédico en el siglo XIX español, véanse D. Azorín Fernández, «La lexicografía española en el siglo XIX: del diccionario a la enciclopedia», Estudios de lingüística. Universidad de Alicante (ELUA), 11, 1 9961997, p. 111-1 22 yj. Martínez Marín, «La lexicografía monolingue del español en el siglo XIX: la corriente no académica», Cinco siglos de lexicografía del español, ed. por I. Ahumada, Jaén, Universidad de Jaén, 2000, p. 66-67 y 70-71. Sobre el enciclopedismo en la historia de los diccionarios francés-español, véase M. Bruña Cuevas, «Les dictionnaires encyclopédiques bilingues français-espagnol», Le Français face aux défis actuels. Histoire, langue et culture, ed. por J. Suso López y R. López Carrillo, Granada, Universidad/APFUE/GILEC, 2004, tomo II, p. 35-44. Sobre la inclusión de tecnicismos en los diccionarios generales francés-español, véase, además de ese mismo trabajo de M. Bruña Cuevas, M. C. Cazorla Vivas, «El léxico técnico en los diccionarios bilingües español-francés de los siglos XVIII y XIX», Diccionarios y lenguas de especialidad, ed. por I. Ahumada Lara, Jaén, Universidad de Jaén, 2002, p. 120-130. 7. Taboada hasta se atrevió a incluir literalmente en la primera edición de su diccionario el polémico prólogo que Capmany había puesto al frente del suyo, lo que, en ediciones posteriores, obligó a la casa editora a defender la lengua francesa de los ataques que le había lanzado Capmany. Sobre esta cuestión puede consultarse M. Bruña Cuevas, «L'universalité de la langue française dans les grammaires de français pour les Espagnols et dans les dictionnaires bilingues antérieurs à 1815», Historiographia Lingüistica, 26, 1/2, 1999, p. 54-57 (reeditado en History ofLinguistics in Spain II I Historia de la Lingüística en España II, ed. por E. F. K. Koerner y HJ. Niederehe, Amsterdam / Philadelphia, J. Benjamins, 2001, p. 229-262). 581 BULLETIN HISPANIQUE y No riega para criticar tan extensamente en su prólogo la obra de Domínguez. De la lectura de este prólogo parecería desprenderse que el diccionario de Domínguez, dadas las deficiencias que se le achacan, no se encuentra entre «los diccionarios antiguos y modernos mas acreditados», entre «les meilleurs dictionnaires anciens et modernes» a los que aluden como fuentes propias las dos portadas (la de la parte francés-español y la de la parte españolfrancés) del Nuevo diccionario atribuido a Salva. Que así se piense nos parece ser, en efecto, el objetivo principal de una crítica tan extensa y despiadada. En su ímpetu demoledor, Guim y No riega dicen incluso (p. II), con el fin de denostar más aun el diccionario de Domínguez, que los diccionarios de Taboada y de Capmany son, contrariamente a todos sus sucesores de París o Madrid, «buenos en el fondo», una afirmación que no extrañaría si hubiera sido aplicada solo al de Capmany, siempre bien considerado en el prólogo, pero que resulta sorprendente aplicada al de Taboada, fuertemente despreciado, como hemos visto, en los comentarios que se le dedican en la página precedente de ese mismo prólogo. He aquí el texto: En el lugar que ocupan esas frases [las locuciones del diccionario de Domínguez] y su traducción literal hubieran podido ponerse [...] las muchas cosas útiles que se hallan no solo en los Diccionarios franceses de donde se han copiado, sino en los de Capmany y Taboada, buenos en el fondo y que todos han debido tomar por base, habiéndolos copiado algunos demasiado servilmente. (Prólogo, p. II). En realidad, si los ataques contra el Domínguez buscaban hacerle creer al lector que esta obra no se hallaba entre las fuentes modernas a las que aluden las portadas del Nuevo diccionario de 1856, los comentarios positivos sobre el Capmany procuran convencerlo de que este diccionario era una de sus fuentes antiguas; dado que la obra de Capmany no podía encontrarse ya en el mercado, hacerle buena publicidad no podía dañar los intereses comerciales de los editores del Nuevo diccionario. Tal no era el caso, en cambio, del Taboada, que seguía reeditándose cuando aparece el diccionario de 1856; pero Guim y Noriega sabían, y así lo expresan, que la parte francés-español de este diccionario era una copia literal del diccionario de Capmany8, lo que posiblemente les llevaría a afirmar que, como el de Capmany, era «bueno en el fondo»: solo «los artículos que añadió ó aumentó» Núñez de Taboada estaban llenos de errores, dice el prólogo del Nuevo diccionario (p. I). Así expresado, el comentario conjunto del prólogo sobre los diccionarios de Capmany y 8. Sólo la parte francés-español del Taboada era copia del Capmany por la simple razón de que este último no incluye una parte español-francés. 552 NUEVO DICCIONARIO FRANCÉSESPAÑOL Y ESPAÑOL-FRANCÉS (1856) Taboada era solamente una pequeña concesión que permitía resaltar con mayor contundencia la mala calidad del diccionario de Domínguez. Nótese en nuestra cita anterior la alusión a los diccionarios franceses de que había copiado Domínguez. Guim y Noriega hablan de ellos en plural, y de igual modo lo hacen, como hemos dicho, cuando, refiriéndose en realidad al diccionario de Domínguez, hablan de «los diccionarios editados en España». Pero sabían bien que el único diccionario monolingue francés que había servido de base a los redactores del Domínguez era el de Bescherelle. Lo citan incluso explícitamente alguna vez como fuente del Domínguez. Lo que no hacen nunca es citarlo como fuente propia. Véase, por ejemplo, cómo se expresan, en lo relativo a sus propias fuentes, hacia el final del prólogo, después de varias páginas de críticas contra el Domínguez y antes de empezar a exponer las principales ventajas del Nuevo diccionario (como ya hemos dicho, los enunciadores del prólogo se supone que son los responsables de la editorial Garnier): Dos literatos españoles muy laboriosos, á quienes hemos encargado este trabajo, ordenando y utilizando los materiales que dejó reunidos D. Vicente Salva, lo han desempeñado concienzudamente y á satisfacción. Sin atenerse á los Diccionarios franceses-españoles y españoles-franceses publicados en Madrid ó Paris, todos mas ó menos defectuosos, como hemos advertido, y es fácil conocer, han tenido á la vista los mejores y mas modernos que se han escrito para los Franceses [...] (Prólogo, p. VII) Obsérvese, en primer lugar, la contradicción flagrante entre lo dicho en esta cita y lo que se lee en la portada: en la portada se dice que el Nuevo diccionario fue redactado a partir de los materiales de Salva y de «los diccionarios antiguos y modernos mas acreditados», mientras que en la cita que acabamos de hacer ya solo se habla de «los mejores y mas modernos». Y obsérvese asimismo que las únicas fuentes lexicográficas admitidas en esta cita son los mejores diccionarios monolingues franceses recientemente publicados, sin mención precisa, por lo demás, a ninguno de ellos; en la página I del prólogo se lee, en cambio, que la obra se compuso «con el auxilio de todos los Diccionarios últimamente impresos en España y Francia». Contradicciones entre el prólogo y las portadas, contradicciones en el interior del prólogo, espacio desmesurado dedicado a la crítica del Domínguez, empleo del plural para hablar de un solo diccionario... Como se ve, las explicaciones del prólogo tienen toda la pinta de pretender borrar las pistas que pudieran llevar al descubrimiento de las fuentes lexicográficas del Nuevo diccionario. Solo se reconoce, y hasta se resalta, la aportación de los materiales legados por Salva. 583 BULLETIN HISPANIQUE ¿Cuál es la verdad de todo esto? ¿Cuáles son realmente las fuentes lexico gráficas de la obra? ¿Cuál es la verdadera aportación de Salva a la composición del diccionario? Empezaremos por responder a las primeras de estas preguntas para ocuparnos luego de la contribución de Salva. 1.3. Rastreo de las fuentes El análisis de los artículos de la primera parte, francés-español, del Nuevo diccionario nos ha revelado que fue compuesto fundamentalmente a partir de tres diccionarios: los de Capmany / Taboada9, Domínguez y Bescherelle. Ahora bien, el diccionario de Domínguez, como ya hemos dicho, está redactado a partir de una adaptación de las definiciones que proporciona el Bescherelle y a partir de la incorporación de las equivalencias españolas para las entradas francesas proporcionadas por el Capmany / Taboada10. De ello se deduce que Guim, el redactor de la parte francés-español del Nuevo diccionario, repitió la misma operación ya llevada a cabo por el equipo de Domínguez. Solo que Guim contó con un nuevo aporte: el propio diccionario de Domínguez. 9. Si hablamos del diccionario de Capmany / Taboada es porque, como ya hemos dicho, el de Taboada es un plagio prácticamente literal del de Capmany. En el caso del diccionario de Domínguez, seguramente se partiría del Taboada y no del Capmany, ya que no hemos encontrado ninguna referencia a éste en la obra, mientras que se cita el de Taboada en repetidas ocasiones (véanse las voces avade, cornier) . Por otro lado, al no incluir el diccionario de Capmany una parte español-francés, como ya hemos dicho, el de Taboada, que sí la incluía, tuvo que ser guía para Domínguez. De hecho, también en esa parte español-francés del Domínguez (véanse aborrecedor o aboyar) se cita expresamente la obra de Núñez de Taboada (cf. M. C. Cazorla Vivas, «Lexicografía bilingüe del siglo XIX. La primera edición del Diccionario francés-español y español-francés deR.-J. Domínguez», Adquisición, enseñanza y contraste de lenguas, bilingüismo y traducción-, ed. por I. Doval Reixa y M. R. Pérez Rodríguez, Vigo, Universidad de Vigo, 2003, p. 68). En lo que respecta al Nuevo diccionario de 1 856, no tenemos datos para afirmar que los redactores consultaron uno u otro, el Capmany o el Taboada, por lo que, dada su similitud, preferimos hablar, al referirnos a sus fuentes, del diccionario de Capmany / Taboada. 10. La aportación original del diccionario de Domínguez consiste, pues, en la idea de hacer un diccionario bilingüe de carácter enciclopédico (en sentido amplio: largas definiciones y alto número de términos de especialidad entre las entradas) a partir del Bescherelle, así como en el enriquecimiento frecuente con nuevas correspondencias de las equivalencias españolas dadas por el Taboada, en la traducción de las numerosas entradas sacadas del Bescherelle y no incluidas en el Taboada, y en la incorporación de la pronunciación figurada para todas las entradas. Para un estudio general del diccionario bilingüe de Domínguez, véase M. C. Cazorla Vivas, op. cit., 2003 y M. Bruña Cuevas, «Un diccionario bilingüe enciclopédico (Ramón Joaquín Domínguez, 1845-1846)», El texto como encrucijada. Estudios franceses y francófonos, ed. por M. J. Salinero Cascante e I. Iñarrea Las Heras, Logroño, Universidad, 2003, tomo II, p. 283-294. 584 NUEVO DICCIONARIO FRANCÉS-ESPAÑOL Y ESPAÑOL-FRANCÉS (1856) Nuevo diccionario. Jacobin, [...] Jacobino, partidario del jacobinismo. Nuevo diccionario. Jacobinisme, [...] Jacobinismo, sistema, doctrina de los revolucionarios llamados jacobinos. El resultado de todos estos cambios, de todas las operaciones de adaptación de sus fuentes realizadas por Guim, fue un diccionario mejor presentado, más corto, de manejo más cómodo, mejor adaptado a la demanda del público mayoritario interesado por los diccionarios francés-español: un buen diccionario, en suma. Pero, por bueno que sea el Nuevo diccionario, su prólogo miente. Dice, como hemos visto en una de nuestras citas, que la obra estaba basada únicamente en los diccionarios monolingues franceses más recientes, lo cual, además de ser falso, denota falta de honradez, al no confesar que la fuente lexicográfica monolingue realmente usada como guía había sido el Bescherelle. Y miente, sobre todo, porque oculta que el diccionario bilingüe que más denigra, es decir, el de Domínguez, había sido el punto de partida para la confección de la nueva obra. Y si esto es cierto para la parte francés-español, no deja de serlo para la parte español-francés, donde el Bescherelle no era de gran ayuda15. Reconocer abiertamente las fuentes de las que se partía, al modo como lo habían hecho hasta entonces la mayoría de los diccionarios francés-español16, habría sido un rasgo de honradez y un signo de seguridad en cuanto a la valía de la nueva obra que se lanzaba al mercado. En el hecho de que se ocultaran solo podemos ver, en cambio, una falta de probidad intelectual y comercial para la que únicamente se nos ocurren dos explicaciones. La primera sería que los redactores del Nuevo diccionario tuvieran un sentimiento —solo en parte justificado— de haber plagiado la obra ajena después de haberla desprestigiado. La segunda, que la editorial Garnier se desquitara así de la misma falta de 15. La parte español-francés, a pesar de que recoge con frecuencia voces exóticas de las incluidas por Domínguez en su diccionario, no incorpora, en cambio, las voces antiguas que Salva añadió a su diccionario del español y que no se hallaban por entonces en el de la Real Academia (véase nuestra nota 29). Es sorprendente que Noriega siguiera más fielmente la obra de Domínguez que la propia obra del autor cuyos materiales, según la portada, había utilizado. 16. Véase nuestra nota 2; podrá comprobarse que todos los diccionarios citados en ella declaran en portada las fuentes de que se inspiraron. Otra cosa es la veracidad de tales declaraciones, cuestión en la que no podemos detenernos ahora, si bien puede consultarse, en lo relativo al diccionario de Capmany, M. Bruña Cuevas, «Las mejoras aportadas a la traducción por el diccionario de Capmany (1805)», La traducción en España (1750-1830). Lengua, literatura, cultura, ed. por F. Lafarga, Lérida, Edicions de la Universitat de Lleida, 1999, p. 99-110. 591 BULLETIN HISPANIQUE honradez de que hizo gala Domínguez. Este, tanto en su diccionario bilingüe como en su diccionario monolingue castellano, realiza una operación de trasvase de los contenidos que encontró en el Bescherelle, sin por ello mencionarlo ni en las portadas ni en los prólogos; pues bien, el Bescherelle lo editaba la casa Garnier, que quizá decidiera pagarle a Domínguez con la misma moneda17. 2. El legado de salva ¿Y los materiales legados por Salva? ¿Realmente existieron? Vistas las inexactitudes o mentiras que ha sacado a la luz nuestro análisis del Nuevo diccionario y su prólogo, nos parece necesario preguntarnos si la editorial y los redactores de la obra no habrán faltado a la verdad también sobre ello. 2.1. El proyecto de diccionario francés-español de Salva No dudamos de que Salva comenzara a componer un diccionario bilingüe francés-español. Es una idea que tenía en mente al menos desde que abrió su Librería Hispano-Americana en París. Acababa de abrirla cuando le dice por carta a su hijo que desea una librería en que se den a los precios más baratos que se pueda los libros de España y donde haya el fondo de ediciones que yo me propongo hacer. Desde luego voy a estereotipar el Diccionario latino-español de Valbuena en un volumen como el más delgado del de Nuñez de Taboada [...] (París, 22-6-1830; según Reig Salva, op. cit., p. 127). Como se ve, para el fondo de librería que Salva quería forjarse pensaba ya en un diccionario de Núñez de Taboada. Las indicaciones que da esta carta no bastan para saber si se refería al diccionario francés-español de Taboada (1812) 1 7. El posible desquite estaría tanto más j ustificado cuanto que Domínguez era también editor. Editó en su propia imprenta, el «Establecimiento Léxico-tipográfico de R. J. Domínguez», los dos tomos de su Diccionario Nacional ó Gran Diccionario Clásico de la Lengua Española y cinco de los seis tomos de su Diccionario universal Francés-Español y Español-Francés. Ciertamente, en 1856 el editor de estos dos diccionarios ya no era Domínguez, muerto en defensa de sus ideas durante la asonada madrileña de 1848; pero el nuevo editor, Mellado, no había cambiado -ni cabía esperar que lo hicieralas portadas y los prólogos originales en lo que se refiere al tema que estamos tratando. Sobre la vida y circunstancias de la muerte de Domínguez, consúltese M. Seco, «Ramón Joaquín Domínguez», Estudios de lexicografía española, Madrid, Paraninfo, 1987, p. 152-164. 592 NUEVO DICCIONARIO FRANCÉS-ESPAÑOL Y ESPAÑOL-FRANCÉS (1856) o a su Diccionario de la lengua castellana (París, Seguin, 1825). Dos hechos, sin embargo, nos hacen sospechar que se trataba del bilingüe. Por un lado, en 1838 la librería de Salva da a la luz un diccionario monolingue del español; pero se trata de una edición revisada del Diccionario de la Real Academia: Diccionario de la lengua castellana, por la Academia española, reimpreso de la octava edición publicada enMadriden 1837, con algunas mejoras, por D. Vicente Salva. Nos extrañaría, pues, que en ningún momento de su vida Salva hubiera pensado en revisar el diccionario monolingue español de Taboada, máxime cuando éste no era, a su vez, sino una versión del de la Academia Española. La segunda razón que nos hace pensar que Salva se refería en su carta de 1830 al diccionario bilingüe de Taboada es que Reig Salva18 dice haber tenido ante los ojos un catálogo de la librería de Salva, con fecha de uno de julio de 1832, donde se podía leer (páginas 8 y 13) que nuestro autor andaba atareado por entonces en la elaboración de un Diccionario francés-español y de un Diccionario español-francés, cuyo plan de redacción ya expone; a la luz de este dato, cabe interpretar que en la carta de 1 830 Salva anunciaba ya a su hijo la intención de publicar un diccionario francés-español y que ese proyecto seguía en pie cuando aparece el catálogo de su librería del año 1832. Ahora bien, lo igualmente seguro es que no pudo lograr por esa época dar cumplimiento a tal proyecto. Entre 1830 y 1832 no había podido dedicarse a él porque había estado ocupado en dos grandes empresas: su Gramática de la lengua castellana según ahora se habla19 y la primera de sus ediciones del Diccionario latino-español de Valbuena20. Posteriormente también le faltaría 18. Op. cit., p. 309. 19. París, Librería Hispano-Americana. La portada lleva fecha de 1830, pero apareció realmente en 1831; Salva lo hizo así, según Reig Salva {op. cit., p. 141-142), para poder afirmar que Alcalá Galiano, que leyó el manuscrito, era profesor de la Universidad de Londres y para disimular que no se lo había querido enseñar a algunos españoles residentes en París en 1831, particularmente a Martínez de la Rosa. Durante buena parte de 1 830, en efecto, Salva se hallaba aún en Londres: se exilió a Gibraltar en 1823, a finales de 1824 se instaló con su familia en la capital inglesa, donde abrió su Librería Española y Clásica, y se trasladó de Londres a París en el transcurso de 1830. Para entender la importancia de la gramática de Salva son fundamentales las obras de Lliteras {pp. cit., 1988, 1992); entre los estudios posteriores, véanse M. J. Martínez Alcaide, «Vicente Salva», Corpus représentatif des grammaires et des traditions linguistiques, t. 1, 1998, p. 31 1-313; M. C. Henríquez Salido, «La formación de palabras en la Gramática de la lengua castellana según ahora se habla de Vicente Salva», Estudios de Historiografía Lingüística. Actas del III Congreso Internacional de la Sociedad Española de Historiografía Lingüística, ed. por M. A. Esparza Torres, B. Fernández Salgado y H.J. Niederehe, Hamburgo, Helmut Buske, 2002; M. A. K. Unger, «Aspectos ideológicos en la Gramática de Vicente Salva», Res diachronicae, 2, 2003. 20. París, Salva, 1832. 593 BULLETIN HISPANIQUE tiempo para acometer en serio la composición del anunciado diccionario francoespañol21. Uno de los importantes proyectos que más tarde llevó a cabo fue, como ya hemos señalado, la publicación de una versión mejorada de la octava edición del Diccionario de la Real Academia; pese a otras publicaciones de menor calado, pese a su regreso a España (1834) tras la amnistía concedida a los liberales exiliados, pese a su reelección como diputado en Cortes por Valencia, este diccionario aparece finalmente, en París, en 1838. Pero, para lograrlo, Salva tuvo que aplazar una vez más su proyecto de diccionario bilingüe francés-español. Esta imposibilidad de sacarlo adelante se entiende mejor si se considera que, seguramente, no se trataría para él tan solo de copiar un diccionario bilingüe ya existente y de publicarlo a su nombre, como hicieron otros. No es eso, por lo menos, lo que realizó en el caso de su edición del Diccionario de la Real Academia: aunque lo editara en 1838 como tal diccionario de la Academia «con algunas mejoras», su aportación había sido considerable; y lo será aún más en la reedición de 1841 y, sobre todo, en la de 1843, compuesta ya a partir de la novena edición del Diccionario de la institución académica. Sus añadidos y mejoras a esta última fueron tan importantes que la obra resultante puede considerarse como propia22, lo que explica que, en 1 846, se decidiera a publicarla por fin a su nombre con el título de Nuevo diccionario de la lengua castellana25. Está claro que si, partiendo del diccionario de Taboada 21. Era este el tercer diccionario bilingüe en el que Salva había de trabajar. Además de su versión del latino-español de Valbuena, también colaboró en el Diccionario de las lenguas española e inglesa de Newman y Baretti que M. Seoane publicó en 1831 (Londres, V. Clowes). Según C. Reig Salva (op. cit., p. 31-34), Salva revisó toda la parte inglés-español de esta obra, así como unas doscientas páginas de la parte español-inglés. El propio Seoane reconoce en el prólogo que le debe muchas mejoras. Según P. Salva y Malien (op. cit., n° 2350), Salva ayudó a Seoane incluso en la corrección de las pruebas. 22. Véase D. Azorín Fernández, «La labor lexicográfica de Vicente Salva: su Nuevo diccionario de la lengua castellana», Los diccionarios del español en su perspectiva histórica, Alicante, Publicaciones de la Universidad de Alicante, 2000, 258-259. 23. París, V. Salva, 1846. La crítica actual está de acuerdo en considerar a Salva como uno de los mayores -si no el mayorlexicógrafos peninsulares del siglo XIX. Así lo expresa M. Seco, por ejemplo: «Vicente Salva es el lexicógrafo mejor preparado de ese momento [1842-1853] y sin duda también de todo el siglo XIX.» («El nacimiento de la lexicografía moderna no académica», Estudios de lexicografía española, Madrid, Paraninfo, 1987, p. 151). Para su obra lexicográfica monolingue remitimos al ya clásico trabajo de M. Seco que acabamos de citar (especialmente p. 143-145 y 147-149) y a los estudios que le ha venido dedicando D. Azorín Fernández desde hace años; entre los más antiguos de esta investigadora, realizados en colaboración con R. Baquero Mesa, están «Los americanismos en el Nuevo Diccionario de la Lengua Castellana de Vicente Salva», Actas del IL Congreso Internacional de Historia de la Lengua Española, Sevilla, Pabellón de España, 1992, p. 963-970 y «De la teoría a la práctica 594 NUEVO DICCIONARIO FRANCÉS-ESPAÑOL Y ESPAÑOL-FRANCÉS (1856) o del de Capmany24, quería hacer en lo relativo a su diccionario bilingüe francés-español lo mismo que hizo para su diccionario monolingue, el tiempo para componerlo tenía que faltarle por fuerza. Y, sin embargo, Salva no cejó en su empeño. Siempre según Reig Salva, «en marzo de 1840 publicó un largo prospecto de su Diccionario francés-español con una muestra de ambas partes»25. No hemos podido consultarlo, pero de ello habría que deducir que, en 1 840, el plan de la obra estaba ya plenamente definido y que la redacción de algunos de sus artículos estaba completamente terminada. Es un hecho que parece confirmar el testamento de Salva, fechado el 30 de junio de 184026, donde se especifica el valor pecuniario de los clichés correspondientes a las varias obras editadas por su librería: entre tales clichés se encontraban los de un Diccionario francés-español. Cuesta creer que estos clichés a los que alude el testamento sean los que sirvieron para imprimir el prospecto de 1840, ya que no hubieran tenido tanto valor como para lexicográfica: El Nuevo diccionario de la lengua castellana de Vicente Salva», Estudios de Lingüística. Universidad de Alicante (ELUA), 10, 1994-1995, p. 9-20; entre los más recientes, firmados sólo por Azorín Fernández, véanse, además del ya citado de 2000, los siguientes: «El léxico de especialidad en el Nuevo Diccionario de la Lengua Castellana ( 1 846) de Vicente Salva», Presente y futuro de la Lingüística en España, ed. por A. Bernabé, J. A. Berenguer, M. Cantarero y J. C. de Torres, Madrid, Sociedad Española de Lingüística, 2002, p. 329-337; «Un proyecto original en la lexicografía española del siglo XIX: el Nuevo diccionario de la lengua castellana (1846) de Vicente Salva», Lexicografía y Lexicología en Europa y América. Homenaje a Günther Haensch en su 80 aniversario, coord. por M. T. Echenique Elizondo y J. Sánchez Méndez, Madrid, Gredos, 2003, p. 115-131. También P. Alvarez de Miranda ha publicado últimamente interesantes estudios sobre el diccionario monolingue de Salva, tanto en su versión definitiva de 1 846 como en sus versiones previas del838yl84l: «En torno al Nuevo diccionario de la lengua castellana (1846-1847) de Vicente Salva», Actas del V Congreso Internacional de Historia de la Lengua Española, ed. por M. T. Echenique Elizondo y J. Sánchez Méndez, Madrid, Gredos, 2002, t. II, p. 1875-1886; «Vicente Salva, editor y corrector del Diccionario de la Academia (1838 y 1841)», Lexicografía y Lexicología en Europa y América... {op. cit.), p. 99-1 14. 24. Aunque Salva, en la carta de 1 830 que hemos citado, habla sólo de Núñez de Taboada, era también buen conocedor de la obra de Capmany (1742-1813), cuyo Arte de traducir (Madrid, A. de Sancha, 1776) reeditó en colaboración con Alcalá Galiano: Arte de traducir el idioma francés al castellano compuesto por D. Antonio de Capmany; revisto y aumentado ahora por D. Antonio Alcalá Galiano y por el editor D. Vicente Salva, París, V. Salva, 1835. Para un estudio del prólogo que los dos editores pusieron a esta reedición, consúltese F. Lafarga, «Alcalá Galiano y V. Salva ante la traducción. A propósito de una nueva edición del Arte de traducir de A. de Capmany (1835)», Neoclásicos y románticos ante la traducción, ed. por F. Lafarga, C. Palacios y A. Saura, Murcia, Servicio de Publicaciones de la Universidad, 2002, p. 1551 64. El Arte de traducir será fuente de inspiración para Salva en su Gramática para los españoles (véase nota 28). 25. C. Reig Salva, op. cit., p. 31 1. 26. C. Reig Salva, op. cit., p. 286-303. 595 BULLETIN HISPANIQUE consignarlos en un documento tan importante; más bien nos inclinamos a pensar que corresponden a los estereotipos de que habla su hijo en el catálogo de su biblioteca de libros raros, asunto del que nos ocuparemos más adelante. Con una parte de los clichés del diccionario ya hechos e incluso con una muestra del mismo ya publicada, ¿qué es lo que pudo impedir la aparición del diccionario bilingüe francés-español proyectado por Salva desde 1830? En 1 84 1 nuestro autor tuvo que aminorar su actividad intelectual: andaba aquejado de fuertes dolores de cabeza27. A la espera de que se le pasaran, emprendió una gira por diversas ciudades españolas para comprar libros antiguos; era un viaje que, siendo productivo, podía además favorecer un restablecimiento más rápido de su estado de salud. Su hijo, no obstante, temía seguramente que Salva siguiera empecinado en adelantar su proyectado diccionario francés-español. A una de sus cartas, en que aludía a este asunto, Salva le respondía de esta guisa: No temas que por más que Mr. Bourgoing u otro pongan [al] corriente la parte española-francesa del Diccionario, emprenda yo la mía, hasta que mi cabeza esté para ello; pero si algo he de hacer en esta vida, solo o auxiliado de otro, es esa obra; por estar ya más que principiada y porque nos sería de una gran utilidad. (Madrid, 31-8-1841; citado por C. Reig Salva, op. cit., p. 242). Esta carta contiene varios datos de interés. Por un lado, descubre la importancia económica que Salva atribuía al diccionario bilingüe en ciernes. Su librería, en efecto, editaba regularmente su propia gramática castellana, su versión del diccionario de la Real Academia y el bilingüe latín-español de Valbuena; en la serie faltaba claramente un diccionario francés-español. El testamento de Salva nos informa, como hemos dicho, sobre el alto valor pecuniario de los clichés ya preparados para esta última obra. Por otro lado, el texto que acabamos de citar menciona a un tal Bourgoing, encargado de poner al día la parte español-francés de la obra en preparación; parece deducirse de ello que Salva solamente se ocupaba, al menos por aquella época, de la otra parte del diccionario, la parte francés-español, interpretación que viene a confirmar la expresión «solo o auxiliado de otro». 27. El propio Salva se refiere a estos dolores en el prólogo que redactó para la segunda edición (1841) de su Diccionario de la lengua castellana: «Tales son las mejoras [...] Aquellas les probarán que si el estado débil de mi cabeza no me permite continuar al presente las empresas que requieren más atención asidua y seria, no renuncio por ello al esmero [...]» (citado por P. Alvarez de Miranda, op. cit., 2003, p. 112). 596 NUEVO DICCIONARIO FRANCÉS-ESPAÑOL Y ESPAÑOL-FRANCÉS ( 1 8 5 6) La cita anterior, por último, nos revela la firme decisión de Salva de no dejar sin terminar una obra en la que venía pensando desde hacía tanto tiempo. Lo que esa cita no nos descubre, en cambio, es la extensión o la importancia de la parte ya elaborada de la obra; leemos que se encontraba ya «mas que principiada», pero esta expresión se presta a múltiples interpreta ciones: ¿una treintena de sus primeros artículos, casi toda la letra A, un tercio de la obra...? Pese a la resuelta voluntad de llevar a buen puerto la publicación de un diccionario francés-español, éste no tiene visos de haber rebasado, en vida de Salva, el estadio en que se hallaba cuando redactó su testamento de 1840. Entre las correcciones posteriores de tal testamento no parece que haya ninguna referida a los clichés ya listos en esa fecha. Suponemos, por ende, que es, o bien a estos clichés, o bien, más probablemente, al prospecto publicado en 1840, a lo que aluden, en 1856, los redactores del prólogo del Nuevo diccionario cuando afirman esto: «Nuestro predecesor D. Vicente Salva empezó en 1840 la publicación de su Diccionario francés-español y español-francés.» (Prólogo, p. I). Sabemos que Salva tuvo que restar brío durante un año a su ritmo de trabajo por mor de sus dolores de cabeza, pero después lo vemos de nuevo plenamente embebido en sus publicaciones y negocios editoriales; fue precisamente con motivo de un viaje a París para ocuparse de su librería cuando se topó con la muerte (1849), víctima de una de las epidemias de cólera que azotaron esta ciudad en el siglo XIX. Y, sin embargo, pese a su actividad recuperada, su diccionario bilingüe no progresó. Podría pensarse que son justamente esas otras ocupaciones las que siguieron impidiéndole dedicarse a él28, pero también podría pensarse que se lo estorbó un factor inesperado: la publicación en 1845-1846 del diccionario bilingüe de Domínguez. Ya hemos explicado que este diccionario responde a un modelo nuevo. Si Salva había partido para hacer el suyo del modelo usual en su época, el de Capmany / Taboada, su propia inquietud intelectual le llevaría, al examinar el diccionario de Domínguez, a considerar como insatisfactorios sus clichés de 1840. Un impresor que no hubiera sido al mismo tiempo un gran lexicógrafo no hubiera dudado, probablemente, en utilizar los clichés ya preparados; pero uno se imagina difícilmente a Salva publicando un diccionario de corte 28. Entre las publicaciones que lanzó por entonces se halla una especialmente significativa para nosotros. En 1847 publica su Gramática para los españoles que deseen aprender la lengua francesa sin olvidar la propiedad y el giro de la suya, París, Salva. Ya se ve que, si Salva dejó paralizado durante este periodo su diccionario bilingüe, por lo menos no abandonó el campo de los estudios contrastivos francés-español. 597 BULLETIN HISPANIQUE tradicional como si el de Domínguez no hubiera aparecido. Es muy posible que Salva no hubiera estado de acuerdo con Domínguez en lo que atañe a la incorporación a un diccionario bilingüe de tantos términos de especialidad29, que hubiera evitado o reducido sus definiciones enciclopédicas, que le hubiera resultado sencillo corregir las muchísimas imperfecciones técnicas, gramaticales y demás del diccionario de Domínguez; es seguro, ya que tuvo oportunidad de expresarse sobre ello30, que hubiera rehuido el subjetivismo extremo que caracteriza la obra de Domínguez. Pero solo el número de acepciones nuevas sacadas del Bescherelle e incorporadas por Domínguez a su obra para la mayoría de las entradas era tal en relación con los diccionarios de Capmany o Taboada que Salva se percataría de que no podía publicar el suyo sin tenerlas en cuenta; no hacerlo hubiera condenado su diccionario a parecer pobre o antiguo con respecto al de Domínguez. Debió de notar que el enriquecimiento en acepciones nuevas no siempre había sido realizado por el equipo de Domínguez según el mejor de los criterios, que este equipo a menudo había incluido algunas acepciones dadas por Bescherelle y dejado de lado otras según un criterio difícil de compartir; pero, aun así, consideraría que no le quedaba más remedio que reemprender la misma operación llevada a cabo por el equipo de Domínguez a partir del Bescherelle; quizá, eso sí, aprovechando una parte de lo que tal equipo ya había realizado, pero, en todo caso, intentando mejorar los resultados. En resumen, tras la aparición del Domínguez, a Salva solo le quedaba un camino: tenía que volver a empezar la composición de su diccionario francés29. Así lo suponemos en el caso de un diccionario bilingüe, dado que ni siquiera era partidario de multiplicar excesivamente los tecnicismos en los diccionarios monolingues. D. Azorín Fernández señala que el Nuevo diccionario de la lengua castellana (1846) de Salva contiene un millar de voces técnicas y científicas más que la novena edición del Diccionario de la Real Academia, pero que, siendo una cifra nada despreciable, su actitud hacia estas voces fue la misma que la mantenida por la corporación en el prólogo de esa novena edición: la de poner coto a la tendencia de los lexicógrafos no académicos de la época a incorporar en masa tales vocablos a sus diccionarios {op. cit., 2003, p. 130). Lo que, en cambio, no es probable es que Salva compartiera la condena que hace el prólogo del Nuevo diccionario de 1 856 de la presencia de voces antiguas en el diccionario de Domínguez. Como ha puesto al descubierto P. Alvarez de Miranda, el monolingue de Salva recoge un alto número de ellas, entre las que cita un conjunto comprendido entre b y bajoca que la Real Academia solo con posterioridad recogió en su diccionario {op. cit., 2002, p. 1881-1883). Hemos tenido la curiosidad de comprobar si alguna de las doce voces de ese conjunto se hallan como entrada en la parte español-francés del Nuevo diccionario de 1856: ninguna de ellas figura. 30. M. Seco («El nacimiento...», op. cit., p. 143) cita la condena lanzada por Salva en la introducción de su diccionario monolingue {op. cit. , 1 845, p. XIV) contra el sesgo subjetivista de ciertas definiciones {preadamita, selenita, íncubo, súcubo) del diccionario de la Real Academia. 598 NUEVO DICCIONARIO FRANCÉS-ESPAÑOL Y ESPAÑOL-FRANCÉS (1856) español. No podemos saber a ciencia cierta si dudó un tiempo en hacerlo o si nunca lo hizo; pero lo seguro es que la aparición del Domínguez fue una razón de peso para dejar sin acabar un proyecto en el que siempre había estado empeñado. No se olvide que, aunque la publicación del Domínguez empezó en 1845, su último tomo vio la luz en 1846, muriendo Salva en 1849: un lapso demasiado corto para que un hombre tan atareado y concienzudo como Salva rehiciera su proyecto. 2.2. Los estereotipos dejados por Salva Acabamos de decir que desconocemos si Salva comenzó o no, tras la aparición del Domínguez, la recomposición de la parte de su diccionario bilingüe que ya tenía lista para la imprenta. ¿Haría nuevos clichés a partir de los de 1840? ¿Reformaría éstos con los cambios que le parecieran necesarios tras la publicación del Domínguez? No nos plantearíamos estas preguntas si no fuera por una declaración de su hijo, Pedro Salva y Malien. Como ya hemos indicado, éste publicó en 1 872 un Catálogo de la rica biblioteca de libros antiguos que él y su padre habían allegado. También incluyó en él las obras de Vicente Salva. El número 2280 de tal catálogo corresponde al Nuevo diccionario de 1856. Pedro Salva lo comenta así: Mi padre dejó abundantes materiales para la formación de este Diccionario; y la letra A y gran porción de la B de la parte francesa-española, se han copiado al pie de la letra de lo que él tenía ya estereotipado á su fallecimiento. (P. Salva y Malien, op. cit., t. II, p. 271). Pues bien, nuestro análisis de los artículos de la letra A del Nuevo diccionario nos ha descubierto que tanto la influencia del Bescherelle como la influencia del Domínguez son ya patentes en ellos; estas influencias son en la letra A tan claras como en el resto de la parte francés-español. Véase el artículo Aérolithe, que ha sido traducido al pie de la letra del Bescherelle por Domínguez y que ha pasado literalmente, salvo las reducciones y correcciones habituales, al Nuevo diccionario: Domínguez. Aérolithe, s. m. a-é-ro-li-t. Aereolito, se da este nombre en mineralógia y en astronomía á unas masas minerales inflamadas, ya sólidas y duras, ya blandas y pulverulentas, que bajan de la atmósfera acompañadas constantemente de fenómenos luminosos y de detonación. Al llegar cerca de la tierra estallan... [sigue una larguísima explicación enciclopédica]. También se llaman globos de fuego, ó piedras caidas del cielo. [...] 599 BULLETIN HISPANIQUE Nuevo diccionario, aérolithe, m. aerolít. Aerolito: se da este nombre en mineralogía y astronomía á unas masas minerales inflamadas, que bajan de la atmósfera acompañadas constantemente de fenómenos luminosos y de detonación. También se llaman globos de fuego, ó piedras caidas del cielo. La literalidad entre el Domínguez y el Nuevo diccionario es igualmente patente en otros muchos artículos de las letras Ay B. Véanse affiley affleurement, los cuales, al igual que aérolithe, no recoge Capmany, cuya influencia no puede, pues, invocarse en estos casos31: Domínguez. Affile, s. m. a-fi-l. Art. Muñeca de lienzo llena de tocino ó grasa con que se untan algunos instrumentos cortantes para que corran mejor. Domínguez. Affleurement, s. m. a-fleu-r-man. Nivelación, reducción de dos cuerpos contiguos á una misma superficie, sin que el uno sobresalga mas que el otro. || Min. Extremidad de una vena de ornaguera. Nuevo diccionario, affile, m. afi'l. Art. Muñeca de lienzo llena de tocino ó grasa con que se untan algunos instrumentos cortantes para que corran mejor. Nuevo diccionario, affleurement, m. aflenremdn. Nivelación, reducción de dos cuerpos contiguos á una misma superficie, sin que el uno sobresalga mas que el otro. || Min. Extremidad de una vena de hornaguera. Igualmente, como decíamos, la influencia del Becherelle en la letra A no se ejerce en el Nuevo diccionario sólo indirectamente a través del Domínguez, sino que, conforme a lo que ocurre en el resto de la obra, puede ser ya también directa. Obsérvese en el siguiente ejemplo cómo todo lo que en el Nuevo diccionario difiere de la definición que ofrece el Domínguez está inspirado del Bescherelle32: Bescherelle. abajoue. [...] Les zoologistes donnent ce nom à une double poche qu'un assez grand nombre de mammifères portent sur le côté de la bouche, soit à l'extérieur des joues, comme dans quelques rongeurs; soit à l'intérieur, entre les joues et les mâchoires, comme dans beaucoup de singes - Dans le langage familier, on appelle abajoues des joues volumineuses et pendantes. [...] 3 1 . Nótese que, en la entrada affleurement, el Nuevo diccionario sustituye ornaguera por la forma académica hornaguera. 32. Recuérdese que el Bescherelle fue editado en 1845-1846. 600 NUEVO DICCIONARIO FRANCÉS-ESPAÑOI Y ESPAÑOI-FRANCÉS (l8 56) En 1981, la casa Diáfora de Barcelona reedita la versión de Larrieu y García Morente según el copyright de 1951. Pero, como la editorial quiere dar impresión de modernidad, cambia la cubierta, el formato, la distribución de los preliminares: nada que ver, aparentemente, con los diccionarios del pasado. El título del diccionario también cambia; se adapta a las consignas de las nuevas técnicas de venta: Diccionario maior francés-español españolfrancés Diáfora. El término Salva no podía ser bien acogido en una edición de este tipo; recordaba demasiado la tradición. Los nombres de Larrieu y García Morente, en cambio, no connotaban nada para el gran público. De ahí que Salva no aparezca por ningún sitio en la portada de 1981; en ella, inmediatamente después del título, lo que se lee es: «Por Robert Larrieu [...] Manuel García Llórente41». Mientras que el nombre de Salva favoreció las ventas, su nombre figuró en la portada del diccionario; en cuanto que dejó de hacerlo, D. Vicente Salva fue desposeído del derecho de autoría que graciosamente se le había otorgado en exclusividad a principios del siglo XX. Por lo menos en lo que a la portada se refiere; el prefacio de 1981, simple reimpresión del de 1951, confiesa aún, imprudentemente, que el diccionario deriva «de l'ouvrage classique de Vicente Salva». Pero ¿acaso leen los prólogos los usuarios de diccionarios? Y si los leen, ¿lo hacen antes de comprarlos? 4. Para acabar Hasta aquí una parte de la historia del diccionario francés-español y español-francés de Salva. En nuestra opinión, la obra debiera conocerse como diccionario de Guim y Noriega. Mas hoy día, y desde antiguo, para encontrarlo en los catálogos de las librerías, en los ficheros de las bibliotecas o en las bibliografías de los estudios lexicográficos, hay que buscarlo casi un Nuovo vocabulario moderno razionale pratico italiano-spagnuolo, spagnuolo-italiano : contenente tutti i vocaboli della lingua pratica colla pronunziafigurata ecc... I per cura di Salva e Angelí Enenkel. 41. En la portada aparece, en efecto, Llórente en vez de Morente. Este profesor de la Universidad de Madrid murió en 1 942, lo que por sí mismo puede dar una idea de la modernidad del diccionario de Diáfora. Ya señalaba R. A. Verdonk que su «nomenclature est identique à celle de Salvá/Larrieu/García Morente 1951» («La lexicographie bilingue espagnol-français, français-espagnol», Wôrterbiicher, Dictionaries, Dictionnaires: Ein internationales Handbuch zur Lexicographie I An International Encyclopedia of Lexicography I Encyclopédie internationale de lexicographie, éd. por E J. Hausmann, O. Reichmann, H. E. Wiegand y L. Zgusta, Berlin / Nueva York, Walter de Gruyter, t. 3, 1991, p. 2980). 607 BULLETIN HISPANIQUE siempre a nombre de Salva42. El propio hijo de don Vicente, sin embargo, no se atrevió a llegar tan lejos como lo hacemos hoy día influenciados por las maniobras comerciales que hemos explicado. Ya hemos dicho que en 1 872, en su Catálogo, Salva y Malien quiso resaltar la participación de Vicente Salva en la composición del Nuevo diccionario de 1856. Aunque las obras consignadas en el catálogo pertenecen en su mayoría a la categoría de libros raros, bajo la entrada Salva recoge, a modo de homenaje, las obras compuestas por su padre con todas sus reediciones (n° 2402 a 2422). Pues bien, el Nuevo diccionario no figura entre ellas: las entradas del catálogo siguen el orden alfabético de los nombres de autor, pero el Nuevo diccionario no está entre las entradas de la letra S de Salva, sino entre las entradas de la letra G de Guim (n° 2280). 42. Hágase una prueba buscando, por ejemplo, en el Catalogue bn-opale plus de la Bibliothèque nationale de France las obras de Guim. Se verá que el Nuevo diccionario de 1856 se le atribuye a éste solamente como «éditeur scientifique», asignándose la autoría de la obra a V. Salva. En ciertos casos, los catálogos caen incluso en contradicciones flagrantes. Así, en el volumen 6 {Les manuels d'espagnol, 1995) de la serie Les manuels scolaires en France de 1789 à nos jours (dir. por A. Choppin, Paris, INRP, Publications de la Sorbonne), hay dos entradas diferentes para el Nuevo diccionario de 1856: una (n° 166) solo da el título en francés de la segunda parte español-francés, presentando a Noriega como autor de la obra y a Salva como lexicógrafo meramente citado en la portada; la otra, inmediatamente después de la anterior (n° 167), da el título en español correspondiente a la primera parte, presenta a Salva como autor de la obra y no hace mención alguna de Guim. 608 NUEVO DICCIONARIO FRANCÉS-ESPAÑOL Y ESPAÑOL-FRANCÉS (i 8 56) ANEXO NUEVO DICCIONARIO FRANCÉS-ESPAÑOL ESPAÑOL-FRANCÉS, CON LA PRONUNCIACIÓN FIGURADA EN AMBAS LENGUAS, ARRI-.ÍÍL ADOt'ON I»RÍ:SI:NCIA 1)1! i.OS MAil:KIAI.tS Rl:UNHX>S I'ARA Í:S! A OUR\ POR D. VICENTE SALVA, N (ONOfROSN.UAlXJS !>¡ ! US !)K.<'1ONAR1()S ANIKillDS V MOIÎI RNOS M-VS A( Rf J}I1A!X)S. •'.'••I ! SIOlON MI JOR Mi lOlJO. M\S ! .\A(. H). IDRRICIO YO>MI*1I UXjl'l IOIXJS i OS !'l B¡ K -\U»S HAS S \ M.lílA. POR D. J. B. GUIM, ,;'INt lAIXÍt-Nl ANONl S Vt -MI ORAIKMQUf H.'l. t>l J(i:MANIOAt>! S ! N 1 \ K! \l rM\l(iMl)\:>l)l v¡kVi!{\ 609