Recepción en España de las novelas de Michel Houellebecq.
Full text
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Universidad de Sevilla
Fac ultad de Filología
RECEP CIÓN EN ESPAÑ A D E LAS NOVEL AS DE MICHEL
HOUELLEBECQ
Tesis doctoral
ESTUDIOS FIL O LÓGICOS
Realizada por Esmer alda Vicente Castañares,
Bajo la direcc ión de la Dra. Dña. Carmen Camero Pérez
Año aca démico 2017-20 18
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Tesis doctoral que prese nta Dña. Esmeralda Vicente Castañares para la obtención del
título de DOCTORA en Estudios Filológicos de la Universidad de Sevilla.
El presente trabajo ha sido dirigido por la Dra. Dña. Car men Camero Pérez
En Sevilla, a 30 de se ptiembre de 2018.
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AGRADECIMIENTOS
A mi directora de tesis, la Dra. Dña. C armen Camero Pérez, por su inestimable ayuda, su
infinita pacienc ia, tesón, rigor y profesionalidad.
A mi familia.
A las Dras. Inmaculada Illanes Ortega , Isabel Ais a Fernánde z, María Soledad Gutierrez
Marín y Evangelina las Heras Pérez.
A Ana Campos Vega y Javier de la Puerta González Quevedo.
A todos ellos gracias por su apo y o en esta labor investiga dora.
Agradecimientos asimismo a la editorial Anagrama, al Gru ppo Feltrinelli, a la editorial
Alfaguara, a Penguin Random House Grupo Editorial, al Grupo Bertelsmann, a Salvat
Editores S.A., a R.B.A., al Grupo Plane ta y al Institut França is.
Esta tesis ha recibido en el curso 2016 -2017 una ay uda d e la Asociación de F rancesistas
de la Universidad Española (A.F.U.E.) para la realización de tesis doctorales.
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ÍNDICE
1. Introducción.
CAPÍTULO 1: MICHEL HOUELLEBECQ ............................................................ 18
1.1. Presentac ión del autor ........................................................................................ 18
1.2. La obra de Michel Houellebecq ......................................................................... 28
1.2.1. Obra poética ........................................................................................ 29
1.2.2. Obra ensay ística, epistolar, filosófica ............................................. … 46
1.3. Corpus estudiado: las novelas de Michel Houellebecq ……………………… 61
1.3.1. Presentación del corpus …………………………………………………6 1
1.3.2. Influencias literaria s ……………………………………………………. 64
1.3.3. Temas presentes en las novelas de Miche l Houellebecq………………. .75
CAPÍTULO 2: CUESTIONES METODOLÓGICAS …………………………… ... 98
2.1. La Teoría de las Recepciones ............................................................................ ... 98
2.2. La Teoría de los Polisistem as …………………… …………………………… . 109
2.2.1. El sistema literario ……………………………………………………. 109
2.2.2. La importación como procedimiento en la construcción del re pertorio 121
2.2.3. La literatura traducida ……………………………………………… ....128
2.3. Los Estudios Culturales ………………………………………………………. . 140
2.3.1. Capital cultural y aculturación …………………… ………………… ...141
2.3.2. La importancia de las reescrituras y los factores y estrategias de
rece pción en el proceso de canonización de obra y autor …………..… 145
CAPÍTULO 3: EL SISTEMA LITERARIO ESPAÑ OL: …………… ………… .... 160
3.1. Sector e ditorial y mercado ……………………………………………………. . 160
3.2. Aspectos socio-culturales en las novelas de Michel Houellebecq ………… .... 172
5
3.2.1. El envejecimiento: del ― bien llevado‖ envejecimiento masculino al
maltratado enve jecimient o femenino ................................................... 172
3.2.2. Sumisión al modelo femenino tradicional ............................................ 188
3.2.3. Turismo sexual ..................................................................................... 198
3.2.4. Terror ismo y regímene s totalitarios ..................................................... 203
3.2.5. Religiones y sec tas ............................................................................... 208
3.2.6. Mapas, territorios y e spe culación inmobiliaria ................................ .... 218
3.2.7. La tele- cultura españo la ....................................................................... 224
3.3. Anexos ................................ ................................................................................ 227
-Entrevista con Evange lina las Heras Pérez, realiz adora audiovisual de RTVA ......... .227
-Entrevista con Javier de la Puerta,
co -fundador y CEO/Director ejec utivo de S earching Ideas S.L y de ―Dare think….. ..232
-Entrevista con Javier Moreno, editor de Salvat Editores S.A ..................................... .239
-Entrevista con I rene Lucas Ale man y , editora de Seix Barral y Planeta ..................... .240
-Entrevista con Jane Pilgrem,
responsable de la compra de derechos extranjeros de Anag rama ................................ .245
-Entrevista con María Fasce, directora editorial de Alfaguara …………… ……….… 250
CAPÍTULO 4: F ACTORES Y ES TRATEGIAS DE RECEPCIÓN
DE LAS NOVELAS DE MICHEL HOUELLEBECQ EN ESP AÑA………… … 253
4.1. Traduccion es …………………………………………………………… .. 253
4.2. Adaptaciones cinematográficas, gráficas, teatrales y musicales…… ... 27 9
4.3. El discurso crítico: prensa, revistas, blogs y trabajos académ icos …... 31 4
4.3.1 Ampliación del campo de batalla ………………………………………… 316
4.3.2 Las partículas elementales ………………………………………………... 323
4.3.3 Lanzarot e……………………………………………………………………. 334
4.3.4. Plataform a ………………………………………………………………… . 346
4.3.5. La posibilidad de una isla ………………………………………… …… ... 361
4.3.6. El mapa y el territorio …………………………………………………… .. 382
6
4.3.7. Sumisión ……………………………………………………………………. 398
4.4. Pr omotores y detractores ………………………………………………. 427
4.4.1. Michel Houellebecq promotor de sí mismo ........................................ 427
4.4.2. Apoyos institucionales .................................................................... … 436
4.4.3. Premios……………………………………………………………… 444
4.4.4. La s amist ades devocionales ................................................................ 469
4.4.5. La s amistades peligrosas ..................................................................... 481
4.4.6. Michel Houellebecq: un ―desaparec ido‖ muy presente ...................... 504
CONCLUSIONES ...................................................................................................... 518
BIBLIOGRAFÍA ........................................................................................................ 528
-Obras de nuestro c orpus : novelas ............................................................................... 528
- Ediciones france sas… ……………………………………………………………….. 528
- Traducciones e n español, catalán y gallego…………………………………………. 528
-Otras obras de Miche l Houellebecq ............................................................................ 531
- Obra poética…………………………………………………………………………. 531
- Ediciones france sas… ……………………………………………………………….. 531
- Tr aducciones en español…………………………………………………………….. 532
- Obra ensayística, e pistolar, filosófica……………………………………………….. 532
- Ediciones france sas… ……………………………………………………………….. 532
- Traducciones e n español…………………………………………………………….. 533
-Estudios sobre Rece pción, Polisis temas y Estudi os Culturales .................................. 533
- L ibros……………………………………………………………………………… ...533
- Capítulos de libros………………………………………………………………… ...536
- Artículos…………………………………………………………………………… ..538
-Pág inas web ………… ……………………………………………………………… .538
-Estudios sobre Michel Houellebec q …...……… ……………………………………. 540
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- L ibros……………………………………………………………………………… ...540
- Capítulos de libros………………………………………………………………… ...541
- Artículos…………………………………………………………………………… ..543
-Pag inas web ………… ………………………………………………………………. 543
- Blogs ……………………………………………………………………………… ....563
- Entrevistas [no publicadas]………………………………………………………… ..565
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1. INTRODUC CIÓN.
En las últimas décadas no cesa de comentarse la importancia del p apel de los
lectores como parte d e la cadena d e actores impulsores que ha cen posi ble l a aceptación o
recha zo de una obra literaria. Sin embargo, no creemos que esto sea n ada nuevo. La
razón es que, desde que existió la escritura, siempre hubo lectores. Es más, antes de que
existiera la escritura, ya hubo receptores de la li teratura oral. No es menos cierto que la
aceptación de la importa ncia de la r ecepción y del papel del lector h an sido elevadas en
los últimos tiempos, merc ed a los numerosos trabajos de investi gación dedic ados al
respec to
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, a la ca tegoría de dig nos de tener en c uenta en e l invalorable impacto que
supone la rece pción literaria de una obra. Adem ás, es a estela alcanza a su autor y a todos
los ag entes que intervienen e n el proc eso de dicha recepción en el siste ma literario del
TO y del TM.
Desde que existió la escritura fueron las élites, monjes, aristocracia y bu rguesía,
los e ncargados de fijar los cánone s r eceptores de la li teratura y , po r e nde, d e im pulsar su
divulgac ión. Como en los inicios ésta se desarrol l a, como ya sa bemos, sob re todo en los
monasterios, la tendencia del c anon estará vinculada a aspectos r elacionados con la
liturgia. P osteriormente, con el apoyo d e las élites gobernantes, necesarias ade más para
sustentar este patrimonio cultural, la literatura c rece y con ella los lí mites de l canon se
expanden a los intereses conquistadores, de entretenimiento, de ex altación de los va lores
guerreros de aquellos que van a financiar el c oste de mantenimiento de dicho arte. Así
será como dicho canon ir á modificándose con el curso de los acontecimientos históricos,
puesto que va ineludiblemente liga do al mismo.
Lo que ha ocurrido, tant o en Fra ncia como en Es paña, dur ante los si glos en que
esa literatura estuvo financiada, en concreto, tanto por rey es o emperador es, como por
aristocracia y bur gue sía, es que ese c anon estuvo, quiz á más visi blemen te que nunca,
sujeto al curso histórico de los acontecimientos marcados por estos s ectores de poder y ,
por tanto, a su servicio, y así, la aceptación o rechazo de un determi nado autor como
capital cultura l de una época venía marcada por unos pocos poderes tácticos.
Además, hemos de añadir que el público lect or durante siglos ha si do muy
1
A de más de los estudios que considera mos en nuestro cap ítulo 2, m encionare mos aq uí, a título de
ejemplo, lo s nombres de M. Picar d (1994), V. Jouve (200 5), P. P ardo (2005), C. Cam ero ( 2005), P.
Campion (2010 ), M. Macé (2011) o C. Ra mírez (201 7), autores d e interesa ntes trabaj os en torno a la
recepció n y a la lectura, cuyas referencias ap arecen recogida s en nue stra bibliografía final.
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limitado. Se reducía en origen al clero, y más tard e, concre tamente a aquel los miembros
de las mencionadas élite s que podían acceder tanto económicamente , como por rango y
clase social a la adquisición o disfrute de las obras. Ello incidía a su ve z en limitar el
desarrollo estético y la calidad artística a unas pautas mu y concretas q ue habían de
someterse al gusto de quienes las financiaban.
El canon litera rio se fue democr atizando en España y Francia -que son,
concre tamente los sistemas literarios qu e nos afe ctan en el tr abajo in vestiga dor que
desarrolla mos- con el transcurso de los si glos, a la par que sur gían los cambios históricos
en las estruc turas de lo s órganos de pod er político y eclesiástico, fundamentalmente,
entre los que dichos cánones surgieron y se fomentaron.
Ahora bi en, una vez llegados al punto histórico actual, e n que e l c anon de ambos
países, siguiendo el curso de los acontec imientos hist óricos hace posi ble un abanico de
gé neros, temáticas, modelos de realidad, calidad literaria y tratamiento de tex tos mucho
más abierto, los equipos investiga dores pueden concederles a los lect ores de las obras la
importancia que hasta ha ce escasas décadas se les había estado n egando o, al menos, no
había sido tenido en cue nta con la notoriedad actual.
La traducción ha sido una herramienta comunicativa fundamental entre ambos
sistemas literarios a lo largo de todo este proceso de cambios acaecidos en la historia de
la literatura que han desembocado en e l reconocimiento presente de la unión entre
traducción y recepción. Durante siglos, la traducción estuvo fundamentalmente centrada
en la transmisión de obras per se , sin tener incluso en cuenta la figura de los tra ductores,
actores imprescindibles en esta cadena de comunicación entre culturas. Sin luga r a
dudas, aquellos primeros coautores de las obras vertidas a una segunda lengua que se
atrevier on a firmar sus tr aducciones, fueron abriendo camino a los intelectuales que ho y
día realizan ese gesto de manera natural. De todos modos, al ig ual que en la Edad Media
la figura del autor primigenio de un texto no se considera ba relevante, la
trascendenciaconce dida a aquellos que h acen posi ble que ese tex to ll eg ue a otras culturas
como Tex to Meta ha evolucionado siguiendo l os pasos de la importancia dada a la
autoría del Texto Or igen. B uena muestra d e la pr eocupación de la labo r realizada en la
actualidad desde el en torno universitario espa ñol por la traducción como puente
necesario entre cultur as son los g rupos de investig ación creados en las universidade s
españolas que dan finalmente a esta materia científica el peso que merece. La importancia
adquirida ho y dí a por quienes traslad an, en el caso que nos ocupa, obras procedentes de
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apertura en la labo r de di fusión investigadora al e ntorno científico del que es un notable
exponente.
Nuestro autor es un escritor del siglo XXI y como tal ha tratado ampliamente la
cuestión de la relevancia de las comunicaciones en línea en una novela entera como La
posibilidad de una isla . Por nuestra parte, para recopilar la información que genera un
autor vivo en este momento sincrónico de la literatura francesa, recurrir a la Red es no
sólo obvio sino necesario. De ello han tomado nota sus propios editores y el propio autor,
y a qu e, además de la mencionada novela, otros d os libros que recogemos en el apartado
dedicado a obra ensa yística, e pistolar, filosófica , c omo son Interventions (1998), e
Interventions 2: trace s (2009), respectivamente, están construidos a base de
publicaciones en su m a yoría aparecidas en la prensa digital. La s publicaciones en libros
electrónicos, frecuentemente nombrados con la denominación an glosajona E-Book ,
presentes actualmente en todas las universidades españo las, y ent re las que se ha yan
publicadas bue na parte de la obra de nuestro a utor necesitan a simismo del uso de la Red
para poder ser consultadas.
Sinceramente , creemos que a este respecto Hans Robert Hauss diría que es hora de
quitarle el polvo a las estanterías, dado que la historia de la literatura no puede quedarse
estancada e n consideraciones de este tipo y ha de admitir la evidencia d e la fluidez de la
información, la rapidez y facilidad de acceso de la documenta ción public ada en la Red.
A todo ello habría que sumar el beneficio de in tercambio de datos, entre otras de las
caracter ísticas que ponen de manifiesto la va lía d e este medio c omunicativo, como en su
día lo fueron el correo, lo s pergaminos y la im prenta. Todos estos avances comunicativos
y tecnoló gicos han sido criticados por las sociedades que los han recibido en primicia,
del mismo modo que con el ti empo han sido admitidos com o facilitadores de las tareas
comunicativas, y en el caso que nos ocupa, int ernet, de las tarea s académicas e
investigadoras. A este r especto, quisiéramos aludir a l as palabras de Daniel Cassan y,
profesor e investi gador d e Análisis del Discurso de la Univ e rsidad Pompeu Fabra y autor
de En_línea. Leer y escribir en la red (2012), que recogía la periodista Virginia Collera:
La lectura científica ha cam biado muchísimo. Yo hace v einte años leía revistas y libros.
En cambio ahora esto es solo una parte, y no la m ás importante, de lo que hago. Cuando
algo me int eresa, lo primero es busca r el nom bre del autor e ir a su blog, a You Tube, a
Slideshare ; lo s l ibros son complem entarios. En cam bio, leer literatur a cam bi ará poco
porque los autores princi pal es van a seg uir escribiendo lib ros y, en vez de leerlos en papel,
los leerem os en un iPad, buscaremos una palabra en el di ccionari o o un t opónim o en
Wikipedia, subrayarem os o veremos qué personas han subrayado un determ inado
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fragm ento. Hay un enr iquecim iento, pero se sigue leyendo la m ism a obra. (Colle ra, 2012 )
Dicho esto, en esta tesis, los investi ga dores encontrarán una biblio grafía en la que
las fuentes extraídas en l ínea serán numerosas, por las ra zones que y a hemos comentado
y en las que no necesitamos redundar.
Con esto queremos dejar c onstancia d e la tremen da dificultad que supon e a cotar l a
documentación aportada en este trabajo, y corroborar así la necesidad de establec er una
línea de estudio que facilite lo más posible su seg uimiento y posibilite, con ello, su
mayor y mejor asimilación. De tal modo, este estudi o podrá ser d e uti lidad a aqu ellos
investigadores e investi gadoras qu e de cidan e mbarcarse en una ta rea similar con éste u
otros autores. El orden establecido para abordar este trabajo nos parece el más lógico en
relación al tema que nos ocupa, ya qu e entendemos que el mi smo apo rta con clusiones
notablemente destacadas en cuanto a la evoluc ión que dicha recepció n va a suf rir
conforme la obra , así c omo el autor, vay an g anando peso en los siste mas literarios
francés y español. Así, consideramos que este ordenamiento cronológico nos ofrece,
como ning ún otro, tanto a quienes hemos realizado esta tesis, c omo a los lectores -
rece ptores de la misma, una ruta definitiva a seguir, con la que alcanzar con éx ito las
mencionadas conclusiones. En ella, de reescritura en reescritura, guiados por las normas
preliminares (Tour y , 199 5:58), las normas de recepción (Even - Zoha r, 200 7-2011), y los
prece ptos de And ré Lefevere y el Giro Cultural (Cultural Turn), nuestro modelo de
análisis estará enmarcado e n la/s Teoría/s de la recepc ión, la Teoría de los Polisistemas y
en L os Estudios Culturales, respectivamente.
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CAPÍTULO 1. MICHEL HOUEL LEBE CQ
1.1. Presentac ión del autor.
El título de un artículo publicado por La Vanguardia.com del 13 de junio de 2016,
escrito por Óscar Caballero y titulado ―Houellebecq: de maldito a icono nacional‖,
podría servir p erfectamente para r esumir la tr ayectoria del que la crí tica empezó a
catalogar como enfant terrible de las letras francesas, y que ahora, tras vari os premios a
sus espaldas, e l exit oso Goncourt y el boom d e su novela Sumisión, aparece reflejado en
el campo internac ional de las letras como uno de los destacados exponentes del sis tema
literario franc és. La exposición de 2000 m 2 , organizada en el P alais de Tok y o de París
entre el 23 de junio y el 11 de noviembre de 2016, es buena prueba del reconocimiento
otorga do a e ste escritor, nacido e n l a Isla de La Reunión en 1956, y que es ho y, según
reza en el citado artículo, ―el novelista francés vivo más tradu cido en el mundo‖. Un
francés, sin embargo, que, entrevistado por Óscar Caballero con motivo de la citada
exposición, confiesa se ntirse más eu ropeo qu e francés
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y ello, a pesar de su clara
concienc ia de las dificultades que asolan el continente:
En Calais f otog rafió una gran inscripción EUROPA, soporte de cem ento carcom ido.
[Houellebecq ]: ―Sólo con la carcoma sientes que Europa va mal‖ Un Car refour. ―Europa,
no lo sé. Ca rrefour es tá hecho par a durar ‖. (Caballe ro, 2016)
Sin embargo, no son pocas las ocasione s en que Michel Houellebecq, bastante
dado a entrar en cu estiones políticas, ha manifestado no creer en el pro y ecto Europa. Su
exilio voluntario a Irlanda y España respectiv amente, con objeto de esca par de l a
polémica suscitada tras l a publi cación de Plataforma (2001) y probablemente también en
busca de inspiración para sus escritos, no parecen haber generado en él un arraig o
imperioso en nuestro continente más allá del que proporciona el recogimiento nece sario
para escribir lejos de los vaivenes mediáticos que generan sus propias declaraciones a la
prensa francesa. Con ocasión de la publicación de la antología de poemas Confi guration
du dernier rivage , Michel Houellebec q vu elve a residir y a cotizar en Francia en 2013,
momento en que el gobierno está reclamando a los artistas su aportación a l erario
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Óscar Caball ero , le preg unta po r su co ndición de e ur opeo: ―¿Se con sidera un autor europeo?
[Houellebecq :] Sí. Sólo en El map a y el territorio so y u n autor francés. Ese co ncepto d el terruño es muy
francés‖. (Caballer o, 20 16)
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público.
Nuestro autor ha ce su entrada en la arena pública francesa con la indiscreción que
le caracter iza, y se desmarca inmediatamente de su afinidad con los gobernantes del
momento. Así lo recoge La Jornada el 6 de ma y o de 2013:
¿Por qué ha reg resado a F rancia ?
[Houellebecq :] No vuelvo porque apoye al gobi erno. Vuelv o porque me he hecho may or,
necesito un seguro médico, confesó con su típico estilo. Pero tam bién que él y su patria
tienen algo en común: Me parezco a Francia, por que m e quejo mucho. Franc ia no es el
país de Europa al que peor le v a, p ero es un país con g ente que tiene un a p redispo sición a
la depresión, a la que l e gusta lam ent arse. ( La Jornada , 2013)
Ese gobierno, al que M. Houellebecq dice no ap o y ar es, como se sabe , el presidido
por el socia lista Fra nçois Hollande, muy alejado ideológica mente de nue stro autor, que
prefiere situarse en las filas del Frente Nacional de Marine Le Pen:
Acaba de salir en el país vecino un l ibro que se titula Memorias de otra Franc ia , en dond e
Gavin Bowd cuenta que antes de l a publicación de Sumisión , Michel Houellebecqya le
habría confesado al autor que él votaría a Marine Le Pen, y que él no considera el Frente
Nacional como un partido de extre ma d erecha. Suena decepcionant e, aunque tampoco
tanto. En julio de este año, el escritor le contaba a El País que Francia es un país de
derechas y que, de hecho, é l prefiere un g obierno de de rechas. (Rodríg uez, 2016)
La s cuestiones políticas constitu y en uno de los temas en los qu e tanto el escritor
como sus personajes g ustan de opin ar e inmiscuir se con cierta asiduidad. Sorprende po r
ello la declaración de Mi chel Houelleb ecq, en un artículo de l a Revista Arcadia del 19 de
enero de 2017, de no querer volver a es cribir sobre el a sunto. Y nos preguntamos si será
realmente capaz de abstenerse a pesar del trágico atentado a Charlie Hebdo, perpet rado el
mismo día en que salía a la venta en Francia Soumission : ― El escritor, que n o suele hacer
declaraciones públicas, aseguró el martes 18 p or la noche a la c adena France 2 que
"dejará" de escribir libros con connotaciones políticas.‖ ( Revista Arcad ia , 2017). De
hecho, en el mismo artículo:
I nterrogado sobre l a vida política en Francia, que este año celebrará elecciones
presidenciale s, el escritor aseguró que es abstencioni sta, recordando que "le gust a" Nicolas
Sarkoz y, el ex presidente cons erv ador que intentó volver a presen tarse este año, pero
perdió en la s prim arias de su partid o. ( Revista Arcad ia , 2017).
¿Significan estas de claraciones que no hablará de política en los libros pe ro sí en
las entrevistas? Seguimos poniendo en duda que pueda contenerse ante tan suculenta
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tinta para su ti ntero, y e ntendemos que, en tal caso, se perdería parte de la esencia del
escritor. Ac ontecimientos como el acaecido el 7 de enero de 2015 podrían haberlo
llevado a él y /o a sus editores a replantearse tal cue stión, sin e mbarg o, no vemos c ómo
podría sobrevivir su plu ma sin uno de sus tem as fetiche. Sobre todo , porq ue la polí tica se
ve mezclada con otros t emas de inte rés para M. Houellebecq, caso, por ejemplo , de la
relig ión musulm ana, presente en sus escritos e indefectiblemente unida, como sabemos, a
la política, la cultura y l a sociedad. Quiz á se t rate solamente de un Ram adán intelectual,
hasta que las aguas se calmen, para pas ar de nuevo luego a la acción con... pongamos por
caso. ¿Y después de Tru mp…qué?
La organiz ación jerárquica con la que Michel Houellebecq gusta de definir a sus
personajes en relación con las escalas polí tico- económicas y publicita rias que marcan el
devenir de las socie dades contemporáneas, la utili za el periodista Óscar Caballero con e l
fin de descr ibir a nuest ro autor dentro de esas mi smas escalas de valores: ―Y en la
distancia corta Houellebecq es perfil bajo, clase media y actitud dubitativa, como en sus
libros‖ (Caballero, 2016) . Consciente de q ue sus detractores pued en ser ta ntos como sus
admiradore s, M. Houellebecq rememora en las fotos expuestas en el Palais de Toky o esa
cínica mirada su ya a la sociedad de la que forma parte y a la que ataca sie mpre que tiene
ocasión, utiliz ando aquella máxim a de que la mejor defensa es un buen ataque: ―al se gu ir
vivo fr ustras al mundo q ue quiere d estruirte‖ (C aballero, 2016). Este aparente perfil bajo
social, con un supuesto pasado tormentoso, seguramente esconde de sí mi smo más de lo
que desvela, como muestran sus dec laraciones a la entrevistadora de LaVanguardia.com ,
en su sección ― La contra‖, del 3 d e octubre de 2012: ―No se crea m i biografía, h e
mentido mucho.‖ (Sanchís, 2012). De hecho , ésta es una cuestión a la que Houellebec q
está continuamente sa cándole jugo promocional, y no parece tener r eparo en revel ar
determinados aspe ctos de su vida íntim a, como lo hac e, por ejemplo, en un esc rito
titulado « Mourir » publicado en su blog en 2005, donde achaca los estragos emocionales
plasmados en su obra a las ca rencias afectivas de su madre hacia su persona:
20 août 2005. 3 heures du matin.
Je suis né en 1 956 ou en 1958, je ne sais pas. Plus pro bablem ent en 1958. [… ] Lorsque
j'étais bébé, ma mère ne m'a pas suffisam m ent bercé, caressé, cajo lé ; elle n'a sim plement
pas été suffisamm ent tendre ; c' est tout, et ça expl ique le reste, et l'intégra lité de ma
personnalité à p eu p rès, ses zones les plus dou loureus es en t out cas … Aujou rd' hui encore,
lorsqu' une fem m e refuse de m e touche r, de me caresser, j' en ép rouve une souffrance
atroce, intolérabl e ; c'est un déchirement, un effondrement, c'est si effray ant que j'ai
toujours préfé ré, plutôt que de prendre le risque, re noncer à toute tenta tive de séduc tion. La
douleur à ces m oments est si violente que je ne peux même pas correctem ent la décrire ;
elle dépasse t outes les douleurs moral es, et la quasi -tot alité des douleurs physiques que j ' ai
pu connaître par ailleurs ; j 'ai l'im pression à ces mom ents de mourir, d'être ané anti,
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vraim ent. Le phénomène est simple, r ien ne me para ît plus sim ple à expliquer ni à
interpréter; je crois aussi que c' est un m al inguérissable . (Houellebecq, 2005 )
Esta experiencia tra umática de la infancia, la corrobora su biógrafo no autorizado,
Denis Demompion, en la bio grafía que publicó Maren Sell Editeurs el 2 6 de agosto de
2005, semanas antes del veredicto del Goncourt. También hace referencia al supuesto
pasado tormentoso de M. Houellebe cq el crítico Bruno Viard, cuando alude al
paralelismo vital entre H ouellebecq y B alzac, y e voca el carácter autobio gráfico de Las
Partículas elementales :
Le biog raphe de MH, Deni s Dem onpion, c onfirm e le ca ract ère largem ent
autobiograph ique des Pa rticul es. MH fut confié à 5 m ois à ses grands-m ères , eut une
demi- sœur dans la vraie vie, qu' il connut à peine, Cath erine et fut pensionnaire au lycée de
Meaux. Le triang le balzacien Honoré / Laure / Henry ne diff ère pas du triangle
houellebecqu ien Michel /Janine/Cath erine ni du triangle rom anesque Bruno/Janine /
Michel. La différ ence, c'est qu' il n 'y a pas de complexe de Ca ïn chez MH comm e chez
Balzac. MH s'est si mplem ent désintéressé de sa de m i- sœur Catherine, elle-mêm e aussi
délaissée que lui. Mais la ressem blance, c'est un terrible ressen timent envers la m ère
adultère et envers toute sa génération. La b iograph ie de Denis D emonpion m et vraim ent
m al à l ' aise quand il évoque telle affreu se lettre de MH à sa m ère [...] ou l e désespoir de
celle-ci après la parution des Particules où elle s'est reconnue, sous son nom de jeune fille,
rentrée pr écipitam m ent de l a Réunion, errant dan s Pari s à la recherche de s on fils. (Viard,
2008: 97)
En el escrito titulado « Mourir » , que acabamos de mencionar, redactado entre el
26 de febrero y el 24 de a gosto de 2005, nuestro autor ofrece su v ersión personal de su
propia biografía. Michel Houellebec q se h alla exhausto tra s la composición de L a
posibilidad de una isla . Denis Demonpion, periodista de Le Point , le propuso escribir
una biografía, y M. Ho uellebecq no le hiz o mucho caso por estar enf rasca do e n la
escritura de la e xtensa novela:
24 août 2005. 6 heures du s oir.
Lorsque l'individu m'a pour l a prem ière f ois informé de son projet, j ' ai d' abor d eu l'idée
d' écrire une brève autobiog raphie, de m on c ôté, quel que chos e qui rég lerait rapid em ent la
question ; m ai s j e n'av ais pas du tout terminé « La possi bilité d'une î le » à l'époque, j'ai mis
le dossier de cô té.
Mon rom an une fo is t erminé j 'y ai repensé, vaguement, et j e m e suis v ite rendu compte
que l ' exercice serait assez fas tidieux. C' est al ors qu'une i dée m'est venue, que je continue à
trouver éblouiss ante. Je laisserais Demorpion [sic] écrire sa biog raphie, enquêter, etc., puis
il me r em ettrait son m anuscrit term iné. J e le lirais, pu is j'y raj outerais des no tes de bas d e
page. Je n' interviendrais en aucune mani ère sur le text e de l'auteur, m ais lui -m eme
s'engag eait à un respect total pour m es notes . On obtiendrait au final un objet curieux, ne
ressem blant à m on avis à rien de c e qui a pu être fa it dans ce dom aine.
Le projet lui a d'abord été soum is par l ' interm édiaire de Rapha ël Sorin ; il a dem andé à y
22
réfléchir. J'ai alors envoyé un e -mail a Dem orpion [sic] pour mieux lui expliquer m on idée
; com m e il souha itait absolum ent m e rencontrer, je lui a i indiqu é que s on acceptation était
le p réalable à un e rencontr e, et la seule chose à mon avis qui pu isse lui d onner un sens.
Après réflexion, il a refu sé ; je trouv e que c' est domm a ge. (Houellebecq, 20 05)
Michel Houellebecq con traataca a Denis Demon pion, dejando claro qu e si se ha
erig ido e n su bió grafo, en todo c aso, no ha sido con su autorización, y lamenta la
participación de todos aquellos que él creía s us amigos, y qu e han aportado testimonios
al libro sin su consentimiento:
Par la suite, je m e sui s désintéressé du projet de Demorpion [sic]; il n'est pas du tout vrai
que j' ai tenté de lui « mettre des bâtons dans les rou es »; aux g ens, très rares, qui m'ont
consulté pour savoir s' i ls dev aient, ou non, tém oigner, j' ai demandé de ne pas le faire ; m ais
je n'ai pris a ucune in itiative dans ce se ns.
I l n' empeche qu' hi er, en fin de soirée, que lqu'un qui avait l u cette biog raphie un peu avant
les autres m ' a téléphoné ; [...]
La seule chose que j 'ai demandé à cette personne, c'est de m e lire la liste des gens que
Dem orpion [sic] remerciait en fin d' ouv rage pour l'avoir aidé dans son « enquêt e non
autorisée » ; [ … ]Jam ais plus je ne pourrai considére r comm e un ami q uel qu' un qui s'est
permis de r évéler, dans un ouvrag e destiné à la public ation, de s faits app artenant à m a vie
privée, et sur lesquels je n'avais pas souhaité, au moins jusqu'à présen t, écrire moi-m ême.
Je ne pactise pa s av ec les se rviteurs d e la transp arence. Ma v ie m' appartient. [ … ]
Tous mes a m is m' ont t rahi; presque tous. Ecouter la lecture de cette li ste au téléphone était
un moment cruel ; il ne me reste plus, à l'heure actuelle, que très peu d'amis. (Houellebecq,
2005)
Houellebec q no solo tiene palabras de reproche hacia aquéllos que piensa le han
traicionado, también l as tiene de a gra decimiento hacia qui enes h an guardado sil encio,
amores y amigos.
No es éste un espacio reservado a contar página por pá gina el libro de Denis
Demonpion: Houellebecq non a utorisé. Enquête sur un phénomè ne (2005). De él
extraemos solo frag mentos que hemos considerado cruc iales para la carrera literaria de
nuestro autor, que es, en definitiva, lo que a quí nos ocupa. Se gún su biógrafo no
autorizado, tras la s alida al me rcado de Extension du domaine de la lutte , Michel
Houellebec q propuso a su editor y des cubridor, Maurice Nadeau, la pub licación de un
poemario que éste rec hazó. Nuestro autor buscaba una nómina que finalmente le
ofrecería Flammarion:
« Ça m e paressait insuffisant, comm ente, acide, Maurice Nadeau. Quand on aime
Michaux, Char, etc. je le soupçonne de m'av oir apporté ses mauv ais poèmes pour être libre
23
d' aller ailleurs. Il avait be soin d'une rente que j ' étais incapable de l ui donner mais que
pouvait lui assurer Flamm a rion. Il y a eu tromperie de sa part. » Flammarion récup ère la
m ise. I l a signé un con trat p our Le sens du comba t . (De m onpion, 2005: 188- 189)
Entendemos que en ese mom ento de negociaciones con su editor puede estar una
de las c laves del despegue de nue stro autor hacia el Olimpo del sistema li te rario fr ancés,
y por ex tensión, al de todos aquellos sistemas en que se traduce su obra, co mo el nuestro.
Michel Houellebecq cu mple a la perfección su rol dual de productor y miembro d el
mercado. En su faceta d e mi embro del me rcado está tratando de defender sus productos
ante las editoriales, y sabe con cretamente dónde quiere llegar. Maurice Nade au lo ha
descubierto como novelista, y lo ha lanzado a la arena del estrellato con Extension du
domaine de la lutte (1994). Puede decirse que negándole la publicación de Le Sens du
combat (1996), el editor lo pone directamente en el regazo de Flammarion . La potencia
económica de est a editor ial lo atrapa con esta primera publicación poétic a e n 1996, y ahí
se queda M. Houellebecq para e char raíces con cada una de sus nove las, salvo una
pequeña esca pada a Fa y ard, aspecto que ampliaremos en el capítulo 4.
En su relato « Mourir » , Houellebec q insiste en el vacío ex istencial que le queda al
escritor al finaliz ar una novela. Un tex to al q ue puede llevar e ntregado años de su
existencia, años que se h an ido en un soplo de vida y que, sin embar go, c uando ll ega el
momento de desprenderse del tex to que ha sido su fundamental c ompañía durante todo
ese tiempo, éste deja tras de sí un halo de desesperanza, soledad y abismo. ¿Ante qué?
Ante la vuelta a la r ealidad cotidiana, al exist ir, al estar entre los otros, a la obligación d e
socializar y haber probablemente encontrado oxidadas las armas relacionales
imprescindibles para hacerlo. Ante si, la nada:
26 février 2005. 11 heures du soir.
Je n'en peux pl us. Je so uffre tr op. J' arr ête. Je m et s fin. C ette fois, je suis vraim ent fatigué.
Je n'y cr ois plus. Je ne souh aite fai re de mal à personn e.
Je ne publie rai pas « Mourir » . [ ...]
16 août 2005. Midi.
Lorsque j ' ai écrit l es lignes qui pré c èdent, je venáis de ter m iner « La poss ibilité d'une île »
; j 'av ais envoyé le manuscrit à mon éditeur. Une période d'une intensi té exceptionnelle
venait de pr endre fin ; m a vie, je le savai s, allai t maintenant m e pa raître vide.
Cela avait été, aussi, une période à peu près constamm ent doulou reuse. Jamais j e n'av ais
senti à quel point l'écritur e d'un r om an est une activité solitaire et pénib le ; je croi s, en
réalité, que c' es t l'activ ité la plus triste du m onde. [...]
Quelques mois se sont écoulés d epuis que j 'ai terminé ce liv re ; je l es ai esse ntiellem ent
consacrés aux m odifications sur épreuv es ; je n'ai donné le bon à tirer déf initif que le 4
juillet. (Houe llebecq, 2005 )
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He aquí las palabras que podrían justificar todo d esplante, posible engreimiento y
afán poste rior de convert irse en fenómeno mediáti co de nuestro autor, que quizá no halle
término medio entre el silenc io sepulcra l necesario para el retiro del creador y e l ruido
mediático del produc tor promotor de sí mis mo ante los medios.
Podríamos decir que el relato « Mourir » sería una de esas excepciones en que
nuestro autor muestr a p úblicamente su f ace ta existencial más íntima. P or lo general,
Michel Houellebecq parece qu erer desvincul arse completamente d e lo que es u na
constante en la refle xión de sus personajes:
[Houellebecq :] Raramente me cuesti ono sobre la existencia. De hecho, no me pregunto
m ás de lo que lo h ace un perro. [ … ] Me limito a desc ribir lo que v eo. [ … ] Creo que nada
m e ha marcado especialm ente. Soy un espectador. Es un poco excesivo decir que no m e he
comprom et ido con casi nad a, pero es cierto. (S anchís, 2012).
Al hablar d e sí mismo M. Houellebecq prefiere jugar con los medios a l vaivén
constante de sus opinio nes respecto a casi todo: ―Y h e vuelto a men t ir, en realidad
encontrar tu lugar también ti ene que ver con el dinero‖ (Sanchís, 2012). Tampoco
esconde, con estas palabras, una de las temáticas constantes en su s novelas: la
importancia del dinero e n la sociedad cont emporánea, y cómo la lucha p or la ob tención
de posi ciones sociales d estaca das en las que me dia la moneda lleva a los indi viduos a
desarrollar todo ti po de actividades, y a s ean éstas consideradas lí citas o il ícitas. Así, sus
personajes nos aclaran enseguida a qué clase soc ial pe rtenecen, su nivel adquisitivo, su
escala social dentro de la empresa en la que trabajan, o los pro y ectos empresariales en los
que tienen pensado embarcarse, y los bene ficios económicos que éstos les van a reportar.
Todo esto acompañado de estudios d e mercado, o estudio del entorno l aboral en que se
mueven y desarrollan sus actividades, como, por ejemplo, los tres pr otagonistas de
Plataforma (2006k) . C on todo ello, tanto en la ficc ión c omo en la realidad vemos a un
Houellebec q mu y consciente de la n ecesidad de tener en c uenta el lu gar e conómico qu e
uno ocupa en la sociedad contemporánea. La esca la de v aloración monetaria se rá, para
sus personajes, una d e esas jerarquías que sitúan a cada uno en su sitio, y le dejan claro a
qué puede aspirar, con quién puede relacionarse y dónde puede y no puede estar. En
definitiva, el dinero, hoy día, se gún lo vería nuestro autor, no admite medias tintas o
líneas difusas. Quien lo tiene reina sobre el resto y comparte r einado con aquellos que
también lo tienen, como François en Soumission (2015), aunque tenerlo suponga, en
ocasiones, conocer cierto s límites relacionales c on el r esto de sus semejantes, y d espierte
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en sus poseedores actitudes humanas como la desconfianza, el aislamiento y la soled ad,
por reticencia a la mezcla c on aquellos seres inferiores como el Daniel de La posibilidad
de una isla (2005). Esa soledad final que aparece como acompañante fi el, y que ll eva a
sus personajes a desvanecerse en algún ti po de vacío y a desaparecer, acompañará sin
embargo a l escritor para alimentar su obra.
Aún así, el creador neces ita de cuando en cuando abandonar la cueva platónica en
la que desarrolla sus escritos y ca mbiar impresiones con su público r eceptor. En sus
apariciones públic as, esquivo, escurridizo en las respuestas y cuestionador, nues tro autor
capea el aluvión de p reguntas re feridas a su oficio, del mismo modo que las que apuntan
a su persona. No oculta, sin embargo, la necesidad de todo a rtista de la complicidad de su
público, así como e l l aborioso trabajo de construcción del t exto, r e spondiendo a su doble
face ta de elemento de la institución y del mercado. Así contesta a El Periódico.com en la
sede del Institut F rançais de Barcelona, en septie mbre de 2012, cu ando vi ene a presentar
la publicación biling üe de Poesía :
Cuando se l e pregunta ¿p or qué escribe? asegura susurran te y dubi tativ o en su viejo
registro ho nesto y m aldito: « Porque soy vanidoso, po rque busco los aplausos, porque es
divertido ar mar la arqui tectura de una novela. ¿Cuál es el sentido de todo esto ? No estoy
seguro» . ( El Periódico.com , 2012)
Houellebec q recurre a la escritura como una forma de terapia, que le ay uda a
escapar de su dificultad personal para entender a la sociedad en la que h abita y d e la que
no puede desembarazarse. Ante este mundo contemporá neo en el que viv imos y que es
sencillamente detestable, nuestro autor adopta la postura de un ag udo espectador,
observando cual voyeur y con gra n realismo el sentimi ento trágico d e la vida, de la
existencia de los otros, esos a los que no alcanza a comprende r. Así lo reco ge Óscar
Caballero:
[Houellebecq :] Cier tos lectores me di cen detestar el m undo. Yo int ento se r neut ral.
Siempre pensé que para criticar el m undo basta con narrar lo de form a objetiva. Con eso
alcanza. (Cab allero, 2016 )
Asimismo, Sanchís muestra la re flexión de Houellebe cq sobre la re levancia de la
soledad como espacio r ecreativo necesario en est e mundo desenfrenado, superpoblado y
no por ello exento de melancolía, del ab andono de los otros. Sin embargo, nuestro autor
ve en el retiro voluntario de la mar abunta de l vivi r cotidiano ac tual una oportunidad para
la filosofía. Pensar se ha queda do quiz á sin un e spac io im prescindible que ocupaba hast a
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Le sens du combat :
L'hôtel est con fortab le;
On ne peut r ien lui re proch er, à l'hôtel.
C'est simplem ent la prése nce de l a vie qu i pése sur m oi ,
Qui rend les so irées pra tiqu em ent impossibles. (Houellebecq, 2016 : 460)
De ese modo, la de spreciable existencia de unos sere s y ot ros tiene como punto de
confluencia el h echo de que todos ellos pueden ser consumidor es. Así, en consonancia
con la miserable vid a que se rev ela en novelas y poemas en sendos b andos, e n gran p arte
de los textos, los elementos de referencia s e reducen a aquellos que cubren las
necesidades básicas: dón de c omprar para c omer, donde ll evar la compra, donde repostar,
donde aparcar, como este extracto que r ecogemos del po ema « Répartition-
Consommation » d el libro Le sens du combat :
Répartition - Con so mmation
II. Au m ilieu des fours m icro-ondes,
Le destin des consom m ateurs
S'établit à chaque sec o nde ;
I l n'y a pas de risque d' er reur.
Sur mon ag enda de dem ain,
J'avais inscr it:« Liquide vaisselle » ,
Je suis pour tant un être hu m ain;
Promotion su r les sac s-poubelle![...]
III. [...] J' ai cro isé un v ieux prolét aire
Qui cherchai t son fils dispa ru
Dans la tour GA N, au c imetiè re
Des révoluti onnaires déçus. (Houe llebecq, 2016 : 458-459)
No ha y tal combat e ni con la vida ni por ella, ni siquiera entre las dist intas clases
sociales, siendo consumidores. Todo está trazado, señalado. Se encarrila a los clientes
por los pasillos de los supermercados p ara que se pan qué tienen qu e hacer: no pensar, no
decidir, no actuar, las decisiones ya están planificadas por el mercado. Es la finalidad de
la existencia de la especie humana postmoderna, reflejada en todas y cada una d e las
novelas. Consumir revistas de moda, como en Las partículas , consumir paquetes
turísticos, como en Lanzarote y Plataforma , consumir televisión, como en El mapa y el
territorio y Sumisión , consumir sexo, como en todas.
Otro extracto de Le sens du combat puede darnos una idea de la inacc ión del poeta
vencido, como lo están esos « révolutionnaires dégus » mencionados en « Répartition -
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Consommation » , yacentes en sus tumbas: un ser humano más, prisionero como el Kafka
de La metamorfosis , contemplándose cual simple insec to, a la espera del amor o del
cambio, pero en cualquier caso paralizado. Esa misma inacción la observaremos luego en
los pe rsonajes prota gonistas de las novelas, recreándose, como el poe ta, en sus batallas
perdidas, como este « premier maria ge » , y esta « séparation » esbozadas en el poema, en
la búsqueda constant e del afe cto, que se queda reducido al apego a las cosas, que sigu en
ahí, im ponentes, después que los seres que formaban parte del universo persona l del
amante se ha n ido:
Les insectes cou rent en tre les pier res,
Prisonniers de leurs m étam orphoses
Nous somm es prisonn iers aussi
Et certains so irs la vie
Se réduit à un défilé de choses
Dont la présen ce ent iè re
Définit le cad re de nos d éc héances
Leur fixe une lim ite, un dér oulement e t un sens
Comm e ce l ave-vaisselle q ui a connu ton prem ier m ariage
Et ta séparati on,
Comm e cet ours en peluch e qui a connu tes cr ises d e rag e
Et tes abdic ations. [... ]
I l n'y a plus que des o bjets, des ob jets au m il ieu desque ls
On est soi-m ême imm obil isé dans l' a ttente
Chose entre l es chose s,
Chose plus fragile qu e les choses
Tr ès pauv re chose
Qui attend to ujours l'am our
L'amour, ou l a m étamorphose. (Hou ellebecq, 2 016: 46 2 -463)
Esa inacción mezclada d e incapacidad comunicat iva se revela en un t exto de La
poursuite du bonheur , « L e train de Créc y- la Chapelle» .M. Houellebecq rememora a
aquél adolescente al que la timidez impedía acerca rse a las chica s que encontraba en el
tren al volver del inst ituto. La soled ad p resente y l a pasada se d an la mano en ese
flashback . El mensaje d e llamada de socor ro en ese vacío de soledad s e muestra tan
directo, tan desesperado y des garrador como en e l resto de su obr a, y s ervirá de aviso y
de guía a los lectores para aventurarse lue go por los senderos pedregosos d e sus novelas.
Vemos aquí r eflejado lo que podría ser el esboz o del tímido Michel de L as Partículas
elementales , c u y o retraimiento adolescente arrastra ha sta la edad adulta:
Muré dans m a méfiance e t m a t imidité […]
On m e dit que je perd s m es m eilleures années.
Ah ! ces ado lescentes que je n' ai pas aim ées
Quand je prena is le tra in de Crécy- la - Chapelle
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Le samedi m i di, revenant du ly cée ;
Je les voy ais bouger et je le s trouvais b elles.
Je sentais bat tre en m oi un m onde de désirs
Et le sam edi soir je regarda is m a gueule ;
Je n'osais pas da nser, je n' osais pas par tir,
Personne ne m ' embrassait. Je me senta is bien m al . (Houel lebecq, 201 6: 190)
Al igua l que este adolescente, los protagonistas m asculinos de las nove las, no sólo
no aciertan en sus relaciones con las féminas, tampoco tien en grandes dotes para
relacionarse con sus p rogenitores. Así, los evitan, a ser posible, reduciendo las
posibilidades de pe rder un combate frente a ellos, pues no interpretan una relación c on
los mismos en un ambiente parcial, sin ve ncedores ni vencidos.
La sensación d e ab andono de los personajes masculinos de las nov elas por parte de
sus padres y e l tedio con que hablan de los mis mos estaría y a reflejado en el po ema «
Non reconcilié » perteneciente al li bro La poursuite du bonheur . T ambién encontramos
aquí ecos de esa r evulsión de estos mismos personajes a la sola idea de ser padres que
veremos luego de sarrollada en las novelas:
Mon père éta it un con so litair e et barba re;
Iv re de déception, seul d evant s a télé, [... ]
I l m'a toujours trai té comm e un rat q u' on pourcha sse ;
La simple idée d' un fils, je crois, l e rév ulsait. (Houellebecq, 20 16: 158)
Nuestro autor marcha en busca de la infancia y l os padres perdidos que no hallará
ni en los poemas ni en las novelas. Así redundarán sus narradores-protagonistas una y
otra vez en el reproche hacia la madre, sím bolo para ellos de la unión familiar que no
tuvieron, y que no s erán capaces luego de recrear en ninguna de las posi bles relaciones
en las que se a venturan. Si no ha habido unión familiar y ellos no han re cibido cariño, es
como si vinie sen y a g enéticamente incapacitados para darlo. No bastará con que lo
reciban de otros seres, en su esfera de conocimiento no cabe la auto -regeneración de ese
afec to, por lo que no se mol estan en busc ar las fórmulas de desarrollarlo.
En Renaissance (1999) tenemos también antecedentes d e lo que podrían ser
proy ectos para futuras novelas. Uno de ellos sería el poema « Playa blanca »
(Houellebecq, 2016: 964), posible e sbozo inicial para la creación de Lanz arote au mili eu
du monde (2000), como vere mos en el capítulo 4.
35
Así mismo en el poe ma « Le puits » podemos ob servar trazos de p ensamiento que
apuntan hac ia la escritura de L es particules éléme ntaires (1998) :
L'enfant techno logique g uide le cor ps des hom mes,
Des sociétés aveug les
Jusqu'au bord d e la m ort, [...]
C'est un puit s tres pro fond
Et c'est un v ide imm ens e,
Tr ès dense,
On v oit les particules tourn oyer, s' effacer.
La simple idée d' un fils, je crois, l e rév ulsait. (Houellebecq, 20 16: 158)
La obra poética de nuestro autor irá alcanz ando el territorio español de manera
escalonada hac iéndose un hueco entre la publicación de sus novelas traducidas.
Renacimiento (Traducc ión de Altair Díe z y Abel H. Poz uelo, M adrid, Ac uarela
Libros, 2001)
La s tr aducciones Renacimiento y Super vivencia han visto la luz en Espa ña en
ediciones separadas, antes de formar p arte de u na recopilación antológica traducida en
2012. En el año 2010, cuando Éditions J 'ai lu, edita y a el recopilatorio p oético Poésies
(2000), la editorial An agrama está más centrada en la producción novelística de Mi chel
Houellebec q. Otra emblemática editorial e spañola, recoge el testig o de Éditi ons J'a i lu, y
se aventura con la publicación de Renacimiento y Supervivencia . Acuarela Libros, que y a
pertenece a A. Machado Libros S.A. Ésta últ i ma sería un ejemplo representativo de esas
pequeñas editoriales que se han mantenido entre la marabunta de grande s grupos, y que
lo han hecho además con el mérito de no renunciar a la difícil publicación de la poesía en
la era postmoder na de la velocidad tecnológica y virtual:
La librería Antonio Machado se f undó en el año 1971, en el mism o local donde
anteriorm ente se ubicaba una tienda de sombreros. Nació como un lugar de encuentro
donde se hacían conciert os, exposiciones y muchos mítines, coloquios y pr e sentaciones de
libros. Con l a muerte de Franco, […] la entonces dirección de la librería perdió el i nteré s
en continuar con el negocio y la vende en 1975 a José Mi guel García Sánche z, edi to r,
librero y distribuidor d e Visor.
En un principi o con la nuev a di rección se m antiene la galería de arte y se siguen haciendo
presentaciones de libros. […] En el añ o 2001 se añadió l a librer ía del C írculo de Bellas
Artes. (A. Machado L ibros, 2017)
Gracias al int erés de esta editorial por mantener su identidad primigenia como
36
micro espacio de difusi ón cultural, y mer ced ta mbién a la disposición del Círculo de
Bellas A rtes de potenciar este asp ecto, los poemas de nuestro autor han visto la luz en
España, antes de ser recopilados posteriormente por la editorial Anagrama.
Entendemos que ligado al hecho de la presencia de Michel Houellebecq en Madrid,
concre tamente en el Círculo de Bella s Art es, con ocasión de la ya cons agrada la Feria d el
libro madrileña, está el p osterior interés de A. Machado por publi car su obra poétic a baj o
el sello Acuarela L ibros.
En El Cultural , L uis Antonio de Villena publi ca una crítica sobre el li bro, en la
sección ‗L ibros‘ , el 22 de ma y o de 2002, en su edición impresa:
Para la m ayoría, Houe llebecq es, sob re todo, e l autor de una n ov ela, Las partícul a s
elementales (1998) que supuso su consag ración, dent ro y fuera de Francia. S in em bargo,
antes Houe llebecq h abía publicado v arios si ngul ares libr os de p oem as. Renacimiento ,
posterior (1999) es el primero que se publica en español. Nada tiene que ver el t ít ulo conla
época a sí llamada, s ino c on el sentido origina l de l a pa labra, volver a nacer , un no
tanoculto deseo del pesim ista autor, para el hombre y para el mundo. [...] Aunque por edad
no le correspo nde, diríam os que Michel Houellebecq, com o poeta, parece un representant e
sabio de lo que se llamó Generación X . Sus poemas -que pueden representar m últiples
voces, aunque se note un cam i no autoral - presentan escenas cotidiana s donde se descr ibe y
reflexiona sobre un m undo de bienestar anodino y de profundas i nsa tisfac ciones y
desencuentro s. ―El núcleo del m al de existir‖ (título de un poem a) bien podría habe r
titulado el libro, hasta el fi nal desesperanzado y casi h abituado (con belle za) a es a
cotidiana desesperanz a. Sól o en l os poem as finales (y más concreto e n el final, sin título)
Houellebecq parece ver -si no hubiese ironía- en lo m ás si m ple de la cot idianeida d y de la
pareja, una esperanza de estabilidad, cua ndo antes -anchamente- m ezcló desesperaci ón
sensata, nih ilism o y escenas de c otidiano sinsentido. Un a poesía que retorna a l más actual
existencial ismo, a la angust ia de t antos, con un detalle (que e n francés y a usó Gen et y que
no ha sido infrecuen te en p oetas actual es) pues en la mayoría de sus poem as Houellebe cq
usa estrofas clásicas y rima, lo que nada resta al tono desaso segado y meditativo-coloquia l
de esos poem as. (Vil lena, 2 002)
Observamos cómo e n l a é poca e n que Luis Anton io de Villena redacta e sta re seña,
Michel Houellebecq lleva tras de sí la alargada estela dejad a po r la primera novela con la
que quiso optar al premio Goncourt, Las partículas elementales . Aún así, se esmera el
periodista en encontrar a nuestro autor un hueco como poeta dentro del marco poético del
grupo creador llamado Generación X . El inclasificable Michel Houellebecq
probablemente t endría su s dudas al r especto. En todo caso, la ob ra h a calado e n la crítica
española, y éste puede ser un buen ejemplo del interés causado po r esta fac eta confesable
de nuestro autor, toda vez va adquiriendo popularidad gracias a su carrera novelístic a.
37
Tal y como acabamos de apuntar en lo que respecta a la disposición d el Círculo de B ellas
Artes de Madrid de ofrecer un espacio a la poesía en su sede física, de modo que se
recupere en cierto modo la venerac ión del espíri tu creador de que fu eron gran mu estra
dos sig los at rás espac ios emblemáticos como el C afé Gijón, entre otros, se traduce lue go
probablemente en comentarios sugestivos como el que acabamos de citar.
Precisamente, en lo que respecta a la complicada forma del poemario, en 2001, en
la traducción de R enacimiento , los traductores incluían una nota final a la traducción, en
la que reconocían la dificultad de trasladar la poesía de Mi chel Houellebecq al
castellano:
Mantener la rim a nos pare ció desde el princi pio una tarea no ya titán ica sino prácticamente
imposible si queríam os reproducir con exactitud el sentido y no destrozar la capacidad d e
transm isión de la forma. Consideram os que en esta versión se ha mantenido tanto el
sentido rítm i co como cierto afán burlesco , cóm ico y de auto parod ia que estaban im plícitos
en el mane jo de tales recursos por parte del autor. (Alta ir Díez y Abel H. Poz uelo, 2001)
Supervivencia . (Traducción de Altair Díez. Madrid, Acuarela & A. Machado Lib ros
S. A., 2007)
Supervivencia , fue editado por Acuare la & A. Machado el 1 de marzo de 2007.
Han pasado seis años desde la publi cación del anterior poema rio en español, y Michel
Houellebec q y a ocupa plenamente el centro del sistema litera rio español. Siendo todo un
hito novelístico a nivel global, Acuarela & A. Machado ven ren t able continuar con la
edición de la obra poéti ca de nuestro a utor. El 7 de junio de 2007, El Cultural , en su
sección ‗L ibros‘ ofrecía al gunos de los poemas que apa recen en la pu blicación, pa ra
recreo tanto de consumidores directos como in directos de liter atura, en un artículo
titulado « Michel Houell ebecq. Supe rvivencia » :
Antes de conv ertirs e en el t em ible provocador q ue hoy es, M ichel Hou ellebecq fu e poeta.
Un poeta implac able, tragicóm ico y des garrado, que quería, ante todo, Golp ear do nde más
duela y qu e apostaba por ― I r has ta el fondo de la ause ncia de amor. Cultivar el odio a uno
m ismo. Odio a uno m ismo, desprecio por los dem ás . […]‖. Ahora la pequeña editorial
Acuarela reúne en Supervivenc ia sus po em as inéditos en España, en versión de Altair
Diez, ( El Cu ltural , 2007)
En este e xtracto de El Cultural se vuelve a rec ordar a los lec tores la faceta poética
de Michel Houelleb ecq. I ndudablemente, el lanzamiento a e scala mundial que ya están
teniendo sus novelas por entonces, hace que p robablemente consumidor es indirectos de
38
literatura que quizá se hayan acerca do p arcialmente a nuestro autor y a su obra, conozcan
tan sólo la cara del novelista Houellebecq. Se hace necesaria, por parte de la crítica esta
presentación directa del autor, antes de entrar en materi a sobre cualquier comentario
posterior. S obretodo si el material artístico que se va a presentar es nuevo, extraño a los
posibles lectores noveles de su obra .
Así mismo, la e ditorial A. Machado S .A., con su sello Ac uarela li bros, inclu y e una
reseña en su propio blog , de la que destacamos este extracto:
El poeta es antes qu e nada ciru jano de su propia vida, y en sus solilo quios tra ta de entend e r
y enc ontrar una razón para su existenci a. Casi s iempre hurga en lo l eve de nuestras vidas,
la segura caducidad de nue stros cuerpos, en los intent os vanos de amplificar elásticam ente
el deseo más allá de su límite, en la derrota cieg a de una libertad liberal, de una m oral de
plástico. Tras publicar « Re nacimien to » , en 2001, Acu arela & A. Machado reúne n el resto
de su obra poét ica en este tom o l lamado « Supervivencia » . (Acuarela libros, 2007)
Acuarela y A. Machado quieren hacer notar a los lectores de su blog que no es la
primera vez que apuestan por este autor, que seis años antes ya se aventuraron a
publicarlo en Espa ña. Con este comentario están d ando a entender la relevancia que par a
ellos tiene este crea dor . Asimismo, entienden que Michel Houellebecq no necesita
grandes preámbulos para los consumidores de litera tura, fundamentalment e directos, que
acudan a lee r la reseñ a que ofrecen sobre esta traducc ión. De tal modo, en su
presentación de la obra van directos a la esencia de lo qu e los receptores pueden
encontrar en e lla, que es en definitiva lo que buscarán, cuando acceden al blog .
También se hace eco de la publicación el Diari o de León , tierra de su incondicional
amigo, el filósofo y dramaturg o, F ernando Arrabal, bajo el titular «L a poesía
provocadora de Michel Houellebecq lle ga ahora a España» . En la sec ción ‗Cultura ‘ ,
Carmen Sigüe nza describe el libro en estos términ os:
Estrella, provocad or, polém i co, agudo y cr udo observ ador de la realidad de hoy o cínico.
Estos son algunos de los calificativos que acom pañan siempre a Houellebecq, el me jor
escritor que exis te en palabras de otro irreverente, F ernando Arrabal. [...] Supe rvivenci a
m uestra l a mirada implacable y des olada del autor, en t extos, algunos más bien pros a
poética, cargados sobre todo de odio, de ne cesidad, de fascinaci ón po r el se xo y de m i edo
a la soledad o al v acío interior. (Sigüenz a, 2007)
La cercanía del terruño de Fernando A rrabal se hace nota r en el comentario de
Carmen Sigü enza, que no quiere dejar lu gar a dudas sobre la posición que le merece
39
nuestro autor en nuestro sistema literario: completamente central. Unas l íneas escuetas
que, sin embarg o, -como en el caso del blog de la propia editorial que trae el libro
traducido a España- van directas al núcleo del planteamiento del poem ario. Lectores
directos e indirectos de literatura sabrán así a q ué se exponen si deciden trasvasar la
estrecha línea que s epara la sociedad relatada por Houellebecq en esos v ersos de la que
esos mismos receptore s f orman parte en su cotidianeidad.
Poésies (Rester vivant, Le Sens du combat, La Poursuite du bonheur, Renaissan ce)
(P aris, Éditions J'ai lu, 2000); Poesía ( Sobre vivir, El sentido de la lucha, La búsqu eda
de la felicidad, Renacimiento ), (Tradu cción de Alb ert H. Pozue lo, Altair Díez.
Barcelona, Anagrama, 2012).
Los po emarios que h emos comentado s e concentrarán m ás tarde en una
publicación conjunta titulada Poésies , que Anagrama traerá a España como Poesía .
Recoge La búsqueda de la felicidad, El sentido de la lucha, Renacimiento y Sobrevivir.
En la presentación del libro, la editorial, curios amente, antes d e definirlo como
poeta, destac a la figura provocadora y polemista de Michel Houellebecq, a ludiendo
igualmente a la ligazón ex istente entre su poesía y el resto de su obra, así como a la
mezcla de estilos exist ente en su tr abajo líric o. El poe mario s alió a la luz el 6 de
septiembre d e 2012. Anagrama no se detiene en detalla r qu e se trat a de cuatro libros d e
poesía ni habla de sus títulos. I nteresa mucho más, como vemos, alu dir a la vena
provocadora y polemista de su pluma. Si los lectores quieren, ya descubri rán el interior
de los textos siguiendo las directrice s de esta descripción:
Nov elista y polemista, prov ocador y subyugante, Houellebecq es también un destacado
poeta. Este volum en reúne sus cuatro poemarios, que son en algunos casos su g erm en y en
otros prolong ación de su narrativ a, y conforman un corpus l iterario i m pres cindible par a
construir el mapa com pleto de uno de los pocos esc ritores verdade ram ente radicales de la
literatura contemporán ea. Rabiosam ente anclados en l a contemporaneidad , alternando si n
comple jos verso libre, v erso clásico y prosa, sus poe m as parten de la observación de lo
cotidiano para ofrecer nos una m i rada implac able, tragicóm ica y lírica sobre el mundo ,
sobre la rui ndad de l os conv encionalismos y las ideas dominantes, sobre la caducidad de
nuestros cuerpos. Y el poeta también hurga sin com pasión en su propia intimidad,
lanzando sol iloquios en los que intenta encontrar un sentido a su existencia. «En estas
poesías uno se reencuent ra cara a cara con Houel lebecq, que explica quién es y t e conf ía
las claves d e su es tética y de su fascina nte univer so» (Le Point).
«Poem as que van a la i dea y corren esqu ivando a l monstru o de la re tórica» (Público). «U n
escritor viv ificante» (Literary Review) . (Anagram a, 2012)
40
Este poemario rezuma la necesidad del autor d e contar la vida en alaridos, porque
hacerlo de otra manera supondría redactar un relato infiel de la cruda r ealidad que vive la
sociedad occidental del siglo XX I . Así, Michel H ouellebecq dibuja su percepción en los
distintos ámbitos de la lucha diar ia del ser humano por sobrevivir en la jun gla social en la
que ha de desenvolverse, avanzar o estancarse, apo y ado o z ancadillea do por el propio
entorno al que p ertenece. Cuestiones, éstas, que M. Houellebecq no pued e y no quiere
dejar en el ti ntero, d e ahí que las introduzca en s us poemas para luego d esarrollarlas e n
novelas, o viceversa. Temáticas y formas van y vienen, poniéndose en ambos casos al
servicio de la d enuncia, mezclada con leves dosis de idealismo, porque aumentarlas sería
faltar a l realismo.
A continuación, c onoceremos la impresión que el libro Poesía ha dej ado en
algunos artículos de la prensa española. Uno de ellos, firmado por C armen Sigüenza,
apareció en la sección ‗ Libros ‘ de LaVanguardia.com , el 7 de septiembre de 2012, con el
siguiente titul ar : « Toda la poesía de Houellebecq en un solo volume n » , Ana gra ma
publica los cuatro libros de poesía de l autor de 'El mapa y e l territorio' » :
El libro reúne Sobrevivir , El sentido de la lucha , La búsqueda de la felicidad , y
Renacimiento , unos libros que completan l a figura literaria de Houellb ecq, quien repite
m uchas de l as claves encerradas en sus novelas, marcadas por todos los temas de la
contemporan eidad; de l día a día.
La l evedad de la vida, lo incorrecto, la sexualidad y también su par te más sini estra, el
cuerpo fragm entado como en un cuadro de Bacon, l as ideas pre supuestas y bendecidaspor
la autoridad, la idealizac ión de la bellez a. Todo ello está aquí remov ido zarandeadopor la
m ira ag uda y sin tr egua del escritor. [...]Una poesía os cura y rab iosa en m edio de un siglo
XXI en plena crisis. (S igüe nza, 2012)
Tras indicarnos que s e tr ata de una edi ción bil ingüe, Carmen Sigüenza compara las
« recomendaciones » de Ril ke en torno al arte, plasmadas en las Cartas a un joven poeta,
con el traba jo publicado por Houellebecq:
Rilke plasm ó en Cartas a un joven poeta , de 1908, algunas de las recom endacione s
eternas sobre l a creación a rtística. Y hoy, en el sig lo XXI , el polém ico narrador y poet a
francés Michel Ho uellebe cq con sidera que la base de todo poe ta son las diferen tes
m odalidades del sufr imient o y la desespe ranza. (Sigüenza, 2012)
Si nuestro autor y a aparecía suficientemente retratado por An agrama en el e xtremo
del punzante cinismo, la periodista le añ ade unos cuantos calificativos má s, que a decir
verdad no le sobran, sino que pueden perfectamente a comodarse y se rvi r de espejo de su
trabajo. Del mi smo modo, incide en la complicada labor traductora en p alabras de los
41
propios profesionales Alt air Díe z y Ab el H. Pozuelo, c on quienes Anagrama ha dec idido
contar para esta laboriosa tarea. Al fin y al cabo, a ellos les tocó iniciarse en las lides de
traducir sus versos al ca stellano:
Un poeta lacerante, implac able, desgarrado, tragicóm ico, de grito, prov ocador, nihilista,
incorrecto, como en su s nov elas, y que d ice que "es cribir poem as no es un traba jo, sino
una carg a". Un auto r que u tiliza estr ofas c lásicas, pr osa o versos libres, y que es difícil d e
traducir, com o explican Alt air Díez y Abel H. Pozuelo , que han vertido al castel lano toda
su obra. (Sig üenza, 2012 )
Al igual que La Vangu ardia , El Periódico.com del 20 de septiembre de 2012,
también se hará ec o de la publicación de este volumen de la obra po ética del autor,
dedicándole el texto titulado « Mich el Houellebecq reúne su obra poética ». L a r edacción
de El Periódico. com se ce ntra en el propio p ersonaje que Houe llebecq c rea c on su
particular indumentaria, que es y a un icono de s í mismo. Voyeur profesional, nuestro
autor es consciente de que a su v ez él está si endo continuamente observado y , cual
vedette televisiva, aparece preparado para la ocasión, de tal modo que consig ue centrar la
atención de los periodistas, como casi siempre, en el propio pe rsonaje que é l lleva
continuamente a cuestas. Michel Houelebecq no olvida, con estos detalles
minuciosamente cuidados, que es tanto integrante del mercado como productor, y
desempeña con esmero ambas funciones. Su est ilo desaliñado y descuidado unido a la
lengua mordaz de sus declaraciones a yuda n a inclinar la balanza del lado de los
escritores más vendidos, y esa imagen ha y que cuidarla
5
:
No es que su aliño indum entario sea t orpe, es q ue es inexistente, pero por lo menos est a
vez en su visita a Barcelon a Michel Houe llebecq llev a cinturón y no una cuerda atada a la
cintura. Tra e bajo el brazo P oesía (Anagrama), la edición com ple ta y bilingüe de sus
poemas es critos en la últi m a década del s iglo XX. Entonces H ouel lebecq era todavía u n
completo destroy er que se empleaba a fondo a la hora de epatar a los bu enos burg ueses .
Dura tarea, p orque l os burg ueses ya no son lo que eran, creando a ese person aje llamado
Houellebecq, un tipo con el que nadie en su sano juicio se i ría a tom ar una copa. Lo cuen ta
en uno de sus poem as: «Me echo un vistazo con la pose «artista» . / Y enc uentro el
espectáculo poco menos que repugnante. / Aunqu e soy un artista, sigo estando t riste , /
Rodeado de ca brones qu e m e muestran los d ientes» . ( El Periódico.com , 2012 )
Configuration du dernier rivage (Paris, Flammarion, 2013); Configur ación de la
última orilla (Traducción de Altair Díez . Barcelona, Anagrama, 2016)
5
Como a lter ego en el cine esp añol Ho uellebecq tendría p osiblemente a Santia go Segura . Ahí están las
sucesivas sec uelas de « T orr ente » para d ar fe de lo que im porta la pose de artista desaliñado.
48
Dividido en cu atro partes, la obra es un m anifiesto del modo en que Houellebecq entiende
la lit eratura y la creación artística. Su idea de poeta se inserta, en cierta forma, en el l inaje
de los poetas m alditos franc eses del siglo XI X . (Passes, 2016)
Una edición de tales cara cterísticas no escapa a nu estra lupa analítica, y nos lleva a
concluir la relevancia que nuestro autor tiene ya en 2006, no sólo como no velista o poeta,
sino también como filósofo, para el sistema li terario español. Como comentábamos al
cierre de l epígrafe ‗ 1.2.1. ‘ , los inicios del siglo XX I no son aptos para la filosofía y la
poética. Sin embargo, h ay editoriales valientes, y en este caso asociaciones culturales
preocupa das por mantener a flote una rama com o la filosófica, tan ligada a la ciencia
literaria. Resulta asimismo significativo el h echo de qu e sea d esde Granada, uno de los
focos fundamentales de nuestra geografía en los que la t raducción se ll eva por bandera,
donde el pensador Michel Houellebec q ha y a despertado tal interé s.
H.P. Lovecraft. Contre le m onde, contre la v ie , (Monaco, Éditions d u Rocher, 1991 )
. H.P. Lovecraft. Contra e l m undo, contra la vida (Traducción de Encarna Gó mez
Castejón.Madrid, Siruela, 2006).
Michel Bulte au, uno d e los primeros contactos de Mi chel Houellebec q en el
ámbito litera rio, que como ya c omentamos e n el apartado ‗ 1.2.1. ‘ , le publicaba sus
primeros poemas, también se hace cargo, con el sello Éditions du Rocher, de publicar
este ensa yo en 1991. En el prefacio, nuestro autor rememora su descubrimi ento de
Lovecraft:
La première chose qui m'av ait surpris en découvra nt Lovecraft, c' est son matérialism e
absolu ; [...] L'autre grande sour ce d'étonnem ent, c'est son racisme obsessionnel ; j amais,
en lisa nt ses descriptions de créatures de cauch em ar, je n'aurais supposé qu'elles pui ssen t
trouver l eur source dans des êtres hum ains r éels. L'analy se du racisme en littérature se
focalise depuis un dem i- si ècle sur Céline ; le ca s de Lovecraft, pourtant, est plus
intéressant et pl us typique. Chez lui les constructions intellectuelles, les analyses sur la
décadence ne jouent qu' un r ôle très secon daire. Auteur fantastique (et un des p lus grands),
il ram ène brutalement le racisme à sa source essentielle, sa source la plus prof onde : la
peur. […] Peu d' aut res, y com pr is parmi les plus ancr és dans la litté rature de l' i m agina ire,
ont f ait aussi peu de conce ssion s au rée l. À t itre personnel, j e n' ai manifestement pas suivi
Lovecraft dan s sa dé testation de t oute forme de réal ism e, dans son re jet écoeur é de tou t
sujet ayant t rait à l' argent ou au sex e ; m ais j 'ai peut-être, bien des an nées plus tard, tiré
profit de ces lignes. (Houe llebecq, 2016 : 16-15)
También B runo Viard hará alusión a esta obr a y a la identificación de Michel
Houellebec q con el autor ameri cano, así como a personajes o posibles i ndividuos que
pueblan el planeta ficticio houellebecquiano, el racista que se verá también luego
49
presente en las novelas
6
:
Le Lovecraft décrit un double de MH; c'est une sorte d'autoportrait qui est tracé à trav ers
le portrait du romanci er américain. Lovecraft connut un effondrement nerve ux à 18 ans
suivi de létha rgie. Sonie qu'il épousa à 32 ans fut son tuteur de résilience, m ais pou r
quelque tem ps se ulem ent. Quand il du t chercher un em ploi à New York , l' incapacité ,
l'inadaptat ion du WASP
7
qu ' i l était l'accablèrent et i l a ccusa l e m onde entier de son échec.
I l restait s eul sur l e carreau tandis qu e des émigrants de tou tes races s'eng ouffraient sans
difficulté dans l e m elting- pot am éricain. Le racism e ext r êm e de Lovecraft viendrait de là
ainsi que son univ ers tératolog ique. […] le sentim ent d'infériorité et la psychos e
constituent le soubassem ent de la xénopho bie obsessionnelle de Lovecraft. MH prend un
ton clinque et détaché pour en parler. Mais com pte tenu de son adm iration fanati que pour
cet auteur et de sa tr ès g rande pro ximité p sychologique, on peut s' interroger sur son deg ré
de complaisance envers ce racisme. Les romans vont dans ce sens, mê me si le racisme y
est plutôt de l' ordre de la pe tite phras e. (Viard, 2008: 6 2- 63)
Interventions , (P aris, Flammarion, 1998) ; El mu ndo como superm ercado
(Traducción de Encarna Gómez Castejón. Barcelona, Anagrama, Argumentos,
2000 /2005)
En el año 2000 Ana grama publica la primera edición de El mundo como
supermercado , que r eedita el 1 de septiembre de 2005. Se trata de la traducción de una
recopilac ión de textos ex traídos de diversas revistas y publicaciones, que Fl ammarion
editó como Interv entions , en 1998. La s reacciones a los pensamientos plasma dos en esta
obra no se hacen esperar en el entor no académico.
El 9 de octubre de 2000, la revista Arquitectura Viva. com , bajo el título « O bras
de consumo» , hace referencia a la obra El m undo como supermercado , de Michel
Houellebec q, en un artículo que firma Luis F ernández Ga liano. Éste hace una autocrítica
a las obr as arquitectónicas de la era contemporánea, he chas no para sobr evivir sino bajo
las directrice s de quienes las encargan, y sujeta s a las tendencias de moda. Ta mpoco
parece ve r una conexión entre las ob ras y las ciudades que l as albergan. Como si cada
una fuese por su lado, sin estar interesadas ambas en un proceso de si nergia que les
6
El libro de Bruno Viard se p ublica en 2008 , por tanto, cuando Vi ard se r efiere a las cuatro novelas habla
de las publicad as hasta la fec ha. Es dec ir, todavía no hace r eferencia ni a El mapa y el territorio ni a
Sumisión .
7
WASP: a white Anglo -Sax on Pro testant, esp. w hen considered to b e a m ember of the p rivileged,
established, white upper m idd le class in t he U.S. ( Blanco, an glosaj ón pro testante, especial m ente cua ndo es
considerado m ie mbro de la ac omodada y pr ivilegiada clase b lanca media -alta.) Par a las ci tas en inglé s que
aparecen en este trab ajo , ofreceremos en lo suc esi vo y a pie de página nuestra prop ia traducción.
50
compenetre . ¿Qué h acer entonces con ellas? ¿Quién las pe rcibe? ¿Quién las disfruta?
¿Quién las entiende? ¿ Para quién son? ¿No se suponía que el a rte era un producto de la
naturaleza? ¿A dónde nos ha llevado tanta modernida d? ¿A esa deshumanización del arte
que Houellebecq tanto predica en sus novelas? Ejemplos como los pabellones
millonarios construidos en Sevilla c on oca sión de la Expo'92, que l uego h an sido
derrumbados y dilapidados casi con la misma cel eridad que fueron construidos, dan una
idea de las idas y ve nidas de la arquitectura moderna: tan sóli da como sus mate riales, tan
frágil como las nece sidades mediáticas y políticas que muchas veces la sustentan.
Fernández Galia no alude también a arquitectos como C alatrava :
El escritor Michel Houelle becq y el último premio Pritzk er, Rem Koolhaas, coinciden en
sus diagnós ticos. Si el novelista francés describe el mundo como un supermerca do y cree
que la arquitectura moderna sól o puede aspirar a diseñar las secciones de ese gra n centro
comercial, el holandés aseg ura que el prod ucto con struido de la modernización es ‗el
espacio basura': un interior infinito e indiferenci ado, definido por innovaciones com o el
aire acond icionado, las escaleras m ec ánicas, l os t abiques ligeros o los falsos tec hos, qu e
han erosionado para s iempre la cre dibilidad de la arqu itec tura.
La arquitec tura se cons um e en la hog uera del m undo. El m agma urbano deglute s us obras
de la mism a manera que el m agm a mediático digiere sus imág enes, [...] En el universo
ca m biante de las tend encias estéticas, [ …] los cic los de vig encia se acorta n. […]
Si, com o argum enta el n ovelist a y poe ta francés Michel H ouel lebecq, el m undo no es sino
un colosal superm er cado, el t iem po m edio de perm anencia en l a es tanter ía de l as
novedades arquitectónica s es apenas el necesar io par a ser consumidas y olvidadas,
arrojando su s objetos a l torr ente vor aginoso de lo s inter cam bios y las m udanzas. [ …]
Sean los bultos burbujeantes de Frank Gehry para el Museo del Rock de Sea ttle, […] o las
osamenta s t itánica s de S antiago Calatrava en el Museo de la C iencia de Valencia, […] La
arquitectura fing e producir el m undo que la co nsum e. (Fernández Galiano, 2 000)
La propia obra El mundo como supermercado ti ene su pres entación oficial en la
pág ina web de Anagrama. En ella vemos perfilados buena parte d e los aspectos
fundamentales que s erán desarrollados en su obra novelística. Podríamos aventurar y a
que ha y dos Houellebec q, o ampliar el reparto y utiliz ar también para él la prohibida
palabra tríada, de la que t anto gustan consumir su s personajes. Ello nos da ría juego para
hablar como ha bla él aquí, como el bueno, el feo y el malo. Houellebecq los a glutina y
los separa a placer, tanto en esta entrega socioló gica y ensa yística en concreto, como en
las continuas reflexiones a tenor de todos los temas aquí nombrados que se esparcen
luego a lo largo de sus novelas:
El aut or de las más vitriólicas nov elas sobre la sociedad contem poránea pase a su f eroz
m irada sobre algunos fenóm enos culturales y soci ales del sig lo XX: a t aca el « r epugnante
realismo poético» de Prévert; realiza un apasionado elogio del cine mudo; con sidera l a
51
poesía no sólo como otro lenguaje, sino como « otra m irada» ; af irma que en el sexo no se
busca placer, sino la gratifi cación narcis ista; nos habla de la muerte de Dios com o preludi o
de un increíble folletín metafísico; del arte cont em poráneo; de una visita al salón del víde o
hot y de la clonación. U n libro transg resor sob re el m undo co mo supe rmercado y como
burla. (Anag ram a, 2000)
Por el contrario, otro artículo de Daniel L ink, de 2001, titulado «L a vuelta de la
palabra» , se centra únicamente en la parte d el texto dedicada a cómo las nuevas
tecnolog ías pueden darle un giro tanto a la form a de tratar y trabajar con la cultura en
ge neral como con la literatura en particular:
Más allá (o más acá) de l os aspectos instituciona les y mercantiles que, sin duda, afectan al
desenvolvim i ento de l a l itera tura, las cosas son mucho más complej as, como el mism o
Houellebecq reconoce. Porque si es cierto que el l ibro si gue sien do un objeto (una
herram ienta) m ás dúctil y duradera que los soporte s ele ctrónicos qu e pretenden co m petir
con él, podrí a pensar se que ese equilib rio no será eterno y que alguna v ez se podrá lee r en
una pantalla con la misma eficacia que en una pág ina . [...] En ese mercado , viene a
decirnos I nternet, la expe r imentación literaria no es sólo posib le, sino necesaria. Y la
literatura, así , segui rá su march a triunfa l. (Link, 2001 )
La vigencia del com entario de Daniel Link si gue dando muestra de cómo el libr o
físico, en papel, y el electrónico, así como las posibles vertiente s ofrecidas por la Red de
redes para acceder a los diferentes productos de la indus tria li teraria están obligados a
entenderse. Muchos han sido los debates suscitados al respec to de la po sibl e caída en
picado del libro en papel, así como d e la posible pr eponderancia de otr os formatos y
tipos de uso de los respec tivos productos que ho y en día produce esta industria.
Ediciones como la realizada po r la Asociación Cult ural Contemporánea p ara l a Difusión
del Arte, del ensa y o Seguir vivo: mé todo (Houellebec q, 2006), son un ejemplo de la
convivencia en pleno s iglo de ebullición tecnológica , de la necesaria y bienvenida
convivencia de unos y otros formatos.
Interventions 2: traces, (Par is, Flammarion, 2009); Intervenciones (T raducción de
Encarna Gómez Cast ejón. Barcelona, Anagrama, 2010)
El 3 de fe brero de 2009 Flammarion publica una recopilac ión de textos extra ídos
de diversas revistas y publicaciones, edición aumentada de Interventions ( 1998). En esta
ocasión, para la p resentación de su traducción al castellano, Anagrama optará por un
título más apega do al del T.O.
El tex to que presentamos a continua ción es una muestra de lo que a cabamos de
52
comentar al ini cio de este epí grafe. La presentación en la web de Ana grama d el libro
Intervenciones , publicado por la editorial el 20 de diciembre de 2010, nos da una idea de
la amplia v ariedad de contenidos y posibles géneros y modelos que autor y editoriales
han querido mezclar en un mi smo producto:
Los textos de este libro, cartas, entrevistas o artículos, aparecieron a partir de 1992 en
publicacion es diversas, des de la NRF hasta Paris Match, 20 Ans o L es Inrockup tibl es. Ya
no estaban disponibles. En el los se habla de arquit ectura, de filosofía, de la fiesta, d el
feminism o, de la rehabilita ción del macho francés, reaccionario y falócra ta, de la est upidez
de Jacques Prévert o inclus o del indi ges to Ala in Robb e - Grillet... Recorrid o estrep itoso que
dibuja una reflexión de una coherencia y exigenci a agudas. El result ado es implaca ble :
«N os he mos divertido mucho, pero la fiesta ha terminado. La l iteratura, en cambio,
continúa. Atr aviesa per íodos huec os, pero d espués resurge.»
«Las luchas d e Houellebe cq son fundamentales, neces arias, dan u na visión del arte y de la
sociedad» (D NA).
« Michel Houellebecq es a veces gracioso, a m enudo i ntelig ente, siem pre definitiv o»
(Paulin Césa ri, Le Figaro) .
«Imprescindib le leer lo» (Les Inrockuptibl es) . (Anagra m a, 2010)
Esta prese ntación de Anagrama va a ser ampliamente c riticada por la e ntidad sin
ánimo de lu cro, ‗Colectivo Mediterráneo Sur ‘ , qu e publica en su r evista di gital M' Sur , en
marzo de 2011 un artí culo titul ado « F logging a dead hors e Michel Houellebecq:
Intervenciones» , en el q ue desgranan los contenidos del li bro Intervenciones . Así se
presenta este Colectivo en la página web de M'Sur :
Colectivo MediterráneoS ur es una i nic iativa para el conocim iento de la
culturamedi terránea. [ ...] N uestra v isión de las soci edades que forman el c onjunto cultura l
m editerráneo se basa en el compromiso con la paz , l os derechos hum anos, la igu aldad de
m ujer es y hom bres y el laicismo, desde el convencim iento de que la l arg a historia común
de estas so ciedades llevará a un f uturo cada vez más co mpartido. (Colectivo
MediterráneoSu r, 20 07)
Alejandro Luque, que firma el artículo, lamenta la actitud grosera y gratuita de
Houellebec q frente al femi nismo, con el único fin de recaudar más fondos para su causa
de niño malo de las letra s francesas, que poco puede asustar ya a una burguesía
intelectual que está de vuelta de todo. Lo v e un poco pasado d e fecha en su empeño en ir
de escritor contra-corriente, y a que, si de veras lo fuese, no sería éxit o de ventas; lo que
en sí mismo supondría una contradicción. T ampoco estima nece sario el in sulto a grandes
de la literatura francesa y a desaparecidos como J acques Prévert, una vez más para que
« ses chiffres » sean las mejor es del mercado editorial a l final de cada día. Además,
Alejandro Luque afirma que hasta en lo de inj uria r se sirve Houellebecq de otras fuentes,
53
que no se ha inventa do nada nuevo, y menciona a Schopenhaue r:
Este libro comienz a con la flagelación de un caballo m uerto. El caballo en cuestión se
llama Jacques Prévert , y su muerte es doble porque a) dejó de respira r hace treinta y pico
años, y b) no conoz co a nadie qu e cite a P révert como su poet a favorito, n i siqu iera com o
una lectura recur rente. S in em bargo, ese g énero popularizado po r los Sex Pistols, la
flagelación de caballo m uerto, no está al alcance de cualquiera. Ya quis iéram os en España ,
país pródig o en insultadore s de insufrible vulg aridad y cobar día, tener a algúnesti lista del
zurriagaz o sobr e la carne en descomposición como ( démosle la bienvenida )Michel
Houellebecq. [...] Houellebecq gusta de dormir l a siesta, no lo olvidem os, a la sombra de
Schopenhaue r, que elevó el insulto a la categoría de obra de arte. Y ¡chas, chas!, a golpe
de látigo, nos introduci m os en estas Interven ciones , ram illete de artículos, cartas ,
entrevistas y textos var ios que el autor de Platafo rma ha ido publicando desde 1992 en
reputados m edi os como Pa ris Match o L es Inro ckuptibles . (Luqu e, 2011)
Destaca Alejandro Luque lo acertado de sus pensamientos sobre la humanidad y su
alabanza a la lectur a, así como la ex posición realista de Houellebecq sobre la sociedad de
consumo actual, que basa su funcionamiento en dar respuesta a los im pulsos narcisistas
donde sexo y diner o se d an la mano:
A ese alarde de i nútil ensañamiento l e sigue, unas páginas más adelante, una reflexión
sobre el m undo actual, i nfinit am ente más interesante, que rec uerda por m omentos a Paul
Virilo y a Lipovetsky , y q ue viene a concluir en un origina l elogio de la lectura y en un
alegato contra el ritmo demencial que nos impone la soc iedad de consum o. Est e discurs o
entronca con algunas curiosas i deas que Houellebecq d esgrana en una entrevista post erior ,
acerca del sexo y el dinero como puntales de una cultura construida sobre el deseo, es
decir, una cu ltura eg oísta, q ue también tienen su g racia . (Luque, 2011 )
Con g ran sutileza e ironía, Alejandro Luque hace alusión a l as nada amable s
palabras que Hou ellebecq dedica al feminismo. Ocurrencias houellebecquianas que no
vendrían sino a ejercer de entretenimiento para la corte bu rguesa, po r otro lado, y a d e
sobra acostumbrada a tales lides, hasta el punto de acumularlas como el polvo en sus
bibliotecas. L a fusta de Alejandro Luque, como portavoz en este a rtículo del Colectivo
MediterráneoSur, a tiza también de pleno a la editor ial Anagr ama y a la presentac ión que
ha hecho de Houellebe cq, atacando a otro autor, Alain Robbe -Grillet, al que en su
momento publicó, para poner ahora en la cúspide a Houellebecq, utiliz and o la fórmula de
―a rey muerto, re y puesto‖:
Seguim os pasando l as páginas y asistimos a consi deracion es varias sobre el arte
contemporán eo, la creación poéti ca, la juer ga, la pornografía, el m odelo alemán, Nei l
Young , la metafísica, con unos poem as francam ente malos deslizados por medio...El auto r
no tiene p roblem a en afir m ar: « sie mpre he considerado a las fem inistas unas amables
gilipollas » . [ …]
El libro concluye, en fin, como e mpez ó: con el azote de un cabal lo muerto, éste reciente.
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Se llamaba Robbe-Grille t, el « indigesto Alai n Robbe- Grillet » — aprueba en l a
contraportada l a mism a editorial que publicó Las gom as y La casa de las citas : ¿no les
parecía tan ind igesto entonces? (Luqu e, 2011 )
También se hace eco de esta publicación Daniel Serra no, que utili za un tono más
zalamero con nuestro autor en Diario Abierto.es , el 22 de marzo de 2011, en un artículo
titulado « Un refrito suculento » . Daniel Serrano d estaca la publi cació n de Interve nciones
(2010) como un a entrega intermedia para los lectores que él presupone están a la espera
de recibir en el sistema literario esp añol el pre mio Goncourt 2010; co mo un entrante
mientras ll ega el plato principal, que en este caso sería la de mor ada novel a tradu cida El
mapa y e l territorio . Aludiremos a esta posible tardanza estratég ica en el capítulo 4 de
nuestra tesis:
Hay ocasiones en las que las sob ras d e almuerz os pr etéritos nos recon fortan t anto como el
m ejor festín. No menosprec iemos la delicia de un buen refrito. He aquí el ca so.
Intervenciones . Un m ontón de v iejos artículos, poemas y entrevistas de H ouelleb ecq que
ahora publica Anag ram a para hacernos más soportable a los houe llebecqian os de pro la
espera de El mapa y el t erritor io , flamante P remio Gon court del terrible Mi chel.
¿Qué hallamos en Intervenciones ? […] vacío del hiperesp acio, eco de m is propios pasos,
Houellebecq en estado puro o esa tradición tanfrance sa del agent provoca teur que lanza el
hum o de sus gauloises a la cara de lo sbiem pensantes. [...] pequeños r astro s de esa
inevitable te ndencia al sentim ental ismo bien en tendido con la que Hou elleb ecq se consuel a
del ruido y la furia de este sig lo XXI . (Serrano, 2 011)
Ennemis publics (Flammarion / Grasset & Fasquelle, 2008); Enem igos públicos
(Traducción de Encarna Góm ez Castejón. Anagrama, 2009)
Ya se había aventurado anteriormente nuestro autor en las lides epistolares en
compañía de Mich el Henri- Lévy . Hábil y astuta recopilación d e sus comuni caciones
electrónicas por parte de la editorial Flammarion, esta vez en compañí a de Grasset &
Fasquelle, y suculento p lato de tradu cción para Anagrama, que trae la o bra al sis tema
literario español el 22 de diciembre de 2009. Dos cara s de una moneda que podría
calificarse de incunable y qu e, s in embargo, ahí está. L o qu e no haga posible el mercado
editorial y la disposición de los productores a formar parte del mismo nos sorprenderá.
Ésta es la pre sentación del libro en la página web de Anagrama:
Entre enero y julio de 2008, Michel Houellebecq y Bernard- Henri Lévy se interc am biaron
los correos electrónicos que componen este libro, que constituyó un acont ecim ient o
editorial y l iterario en Francia. Dos autores disp ares: por una parte un novelist a
m isántropo, autoexiliad o en Irlanda, y por otra un filósofo com prometido y bon vivant que
ha ocupado en Francia un lugar central. Se solidariz an, sin embargo, en la dificultad po r
encontrar un lug ar habitable para un escrito r de hoy en dí a, y en las cartas tratan los modo s
actuales de leer filosofía y literatura. E l intercam bio es áspero pero lleno de observaciones
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agudas. Y, además, el vívido rescate del género epi stolar crea en este libro un a
convergencia de rapidez periodística y especulación fi losófica, una mezcla estim ulante de
confesión y declaración de princip ios. « Está lo mejor d e cada uno» (Ma rie -Laure Delorme,
Le Jou rnal du Dimanche ); «N unca H ouellebecq y Lévy,quitándose las máscaras, ha n
explicado m ejor lo qu e los ha convertido en esc ritores» ( Jérome Garc in, Le Nouve l
Observateur) . (Anagram a, 2009)
La supuesta inicial tirada de dardos entre ambos -probablemente no lejana de la
que hayan recibido p or cualquier medio d e comunicación en al guna de sus
publicaciones- irá desarroll ándose en apo y o mútuo y entendimiento. Con l o cual, a partir
de ahora, ¿de qué serviría criticarles si y a lo han hecho ellos? Además , lo hacen a lo
grande, sin dejarse nada en el tintero. BHL se queja de que lo critican p or ser judío y
Houellebec q de ser pers eguido por los medios, atac ado en su vida privada y del despiece
al que la prensa y la crítica está sometiendo a su primera p elícula. BHL l e da ideas pa ra
lidiar con los periodistas y é stas nos recuerdan sobremanera al e spectáculo « Dalí » d e Els
Joglars, en el que Dalí despacha con gra n a gilidad a los medios cada vez que éstos s e
acerca n a interrogar al tímido y escurridizo Miró sobre su obra. Al igual que BHL y
Houellebec q no pueden ser los artistas plásti co s más dispares tanto como personajes
privados como públicos. Bernabé Sarabia se hará así mismo eco de esta publicación. El
periodista esboza una vi sión de lo que ofrecen estas cartas electrónicas a sus posi bles
lectores:
Houellebecq abre este intercam bio epistolar con cartuc hos de dinam ita. [...] Con eso y más
increpa a […] BH L, […] q ue acusa e l golpe pero lo amortigua y devu elve en un tono más
equilibrado. Tono que se rá cap az de mantener hasta el f inal. […] pasada l a prim era
explosión perciben que están unidos por la despiadada crítica de los m edios de
comunicación francese s. […] Sin embarg o, l a di sputa que esp eraba el le ctor se transform a
en un di álog o acerca de las vidas de ambos, las viv encias de l a escena literaria parisina y
sus visiones del m undo. […] (Sa rabia, 2 010)
Los es critores aprovechan cada carta para sacar a relucir las mismas miserias que
les rec uerdan los periodistas en los diarios. Así mezclan las referencias a sus autores y
obras de cabecera con asuntos espinosos como la previa publicación del libro de la m adre
de Houelle becq, en el que ésta no lo d eja mu y bien parado. Libro en el que desmiente
muchas de las d eclaraciones públicas hech as por el autor entorno a su bio grafía, y que,
por qué no, bi en podría haber sido la caus a o el germen de la publicaci ón de un libro
como Enemigos Públicos . Se supone que, bajo el pretexto de insultarse mutuamente, lo
que en r ealidad hacen tanto uno como otro, finalm ente, es apo ya rse, y la té cnica utilizada
es hablar abie rtamente de todos los fantasmas de sus vidas públi cas y supuestamente
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privadas, como sería el caso de la ma dre de Houellebecq:
La lectura discurre por sus referentes literarios y filosó ficos: Flaube rt, Baudel aire,Malraux ,
Rom ain Gary, Nietzsche o Schopenhaue r conform an jalones que hacenin telig ible la
Francia de Cam us, Sartre, Ionesco o Beckett. [...]. Ambos discurren por l a sugerente per o
amarg a se nda que evoca a Pa scal, y es entonces cuando BHL escribe a Hou ellebecq para
decirle que está enterado del escándalo org anizado por su madre con la publicación de su
libro autob iográfico L'Inno ce nte (Cecca ldi, 2008 ). (Sa rabia, 2010)
Lueg o vuelv en al tono intelectual, como si nada. Una curiosa estrategia que viene a
decir que todo está habla do y discutido. Ya no hay nada más que de cir. Pasemos a otros
temas. Como si ellos mismos fuesen esos periodistas de telediario, que narr an una noti cia
tras otra y han de poner l a mi sma cara de indiferencia mientras anuncian un atentado que
cuando de scriben la fiesta nacional. Y lo hac en pasando a tratar aspectos trascendentes
como las creenc ias religiosas frente a la ciencia, el estado de la cuestión de los géneros
literarios en la actualidad, e tc. L amenta Bernabé Sara bia que se h a y an quedado sin
evocar tem as cande ntes como el pape l del entonce s jefe del Elíseo, Nicolas Sarkozy , o
las mujeres. Nosotros entendemos que, seg uramente, y a juzgar por lo que ambos
aspectos le han dado d e sí, Houel lebecq reservaba esas declaraciones para entrevistas
posteriores y p ara ser perfiladas luego más e xtensamente en la si guiente entr ega
novelística, Soumission :
Para r ecuperar el tono i ntelectu al ambos autores r etoman la reflexión sobre el vano i nten to
de Com te de organizar una religión sin Dios apoy ada en la raz ón científica.S e cierra el
volum en con una más que interesante discusión sobre los género s literarios y la primacía
ontológica. Para H ouellebe cq est a última reside en l a poes ía. BHL es más caut o. (Sar abia,
2010)
La s rentré es 2016, 2017, y 2018 han sido p ro y ectadas p ara llenar las estanterías
con los productos del escritor francés vivo más conocido y traducido de l mundo en la
actualidad. Cit amos a continuación obras que, a unque no corresponden al cont ex to
ensay ístico-filosófico-epistolar, pueden darnos una idea de cómo se ha preparado el
inicio de estas tres últimas temporada s li terarias lanzando práctica mente junt os diversos
productos litera rios, en los que el contexto ensay ístico - filosófico-epistolar tiene
preponderancia sobre e l resto.
El 6 de enero de 2016 Flammarion publica el pri mer volumen de las obras completas de
Michel Houellebecq, consagrando c on esta publicac ión a uno de sus autores fetiche. El 8
de junio, Flammarion vuelve a editar La carte et le territoire (2016), esta vez con una
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presentación de A ga the Novak- Lechevalier. Es e mi smo día, Anagrama sacó en Esp aña,
Configuración de la última orilla (2016), como hemos visto en el aparta do anterior.
En enero de 2017 salen al mercado del libro la ed ición de bolsillo de Soumissi on
(4 de enero), que edita J'ai lu, el seg undo volum en de sus obras completas (18 de enero),
un « Cahier d e l'Herne » dedicado al p ropio Michel Houellebec q (4 d e enero), y un
pequeño libro en el que Michel Houellebecq homenajea a su filósofo de cabecera,
Schopenhauer, en la c olección ‗Carnets L'herne‘ (11 de enero). Como vemos,
Houellebec q se hace omnipresente en esta tríada de re ntrées litt éraires que ha seg uido al
boom de la rentrée 2015, con la salida al me rcado de Soumission. Los seguidores de
Michel Houelle becq están acostumbrados ya a ser a ga sajados con la pluma del pensador
por estas fechas, sus e ditoriales lo saben y se esfuerzan en complacerles.
Houellebecq 1991-2000 (F lammarion, Mille &Une pages, 2016)
Houellebecq 2001-2010 (F lammarion, Mille &Une pages, 2017)
Una bomba como lo ha sido Soumissi on en 2015 tenía que provocar que su
editorial fetiche se decidiese, tras haberlo hecho y a con la poesía, a editar la obra
completa de Michel Houellebecq, que en este caso, se limit a hasta la obtención del
premio Goncourt 2010. El primer volumen se po ndrá a la venta con la rentrée 2016, p ara
saciar la sed de los se guidores de nuestro autor, q ue esperan cada año la presencia de sus
textos en las librerías. Saldrá el 6 de ene ro, un año después de Soumission . Éste
comprende H.P. Lovecraft, rester vivant, La poursuite du bonheur, Extension du
domaine de la lutte, Le sens du combat, Les particules élémentaires, Renaissance y
Lanzarote. El propio Houellebecq lo presenta e n estos t érminos en el avant-propos :
Je conçois que l'on ach ète un Pléiade, et mê m e beaucoup, pour garnir sa bibliothèque.
C'est parfa it pour les auteurs avec lesque ls on entr etient une relation distant e, la parent é
éloignée. Mais j am ais un Plé iade ne pourra devenir un ami, u n compagnon de tous les
jours ; et c' est bien cela que j 'am bi tionne d' être, pour certains de m es l ecteurs. C'est donc
avec la pleine conscience de pr opose r au pub lic un exem plaire de ce que l'édition
française, à l ' heure actuelle, peut produ ire de plus ach evé, que j e me sui s lancé dans la
préparation de cet ouv rage.
J'ai participé à tous les choix, concernan t sa fabrication . D' abord, celui de la typograph ie ( à
l'élég ante sensualité du Gar am ond, j'ai préféré l' austérité tendue du Bodo ni ; opte r pour le
caractère des romantiques au détriment de celui d es humanistes, c'est un cho ix, aucun
doute là- dessus ). Ma is au ssi celui du p apier, de sa c ouleur, d e son gramm a ge. Celui des
titres couran ts, de la pagination, de la rigidité de la couverture. Enfin, j'ai fait de mon
m ieux pour que l' objet que vous tenez entre vos m ains soit le meilleur qu' il puisse être,
compte t enu du prix envisag é. À chaque étape, mes discussions avec T eresa Cremisi ont
été agréables et fructue uses ; nous étions décidém ent faits pour travailler ensemble.Je me
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en la cumbre del éxit o, soledad al princ ipio y al final del camino.
Soumission (Paris, Flammar ion, 2015)
Sumisión (Traducción de Joan Riambau Moller. Barcelona, Anagrama, 2015).
Resumen.
François será testi go directo del cambio en el mapa político que en la ficción de
Sumisión le espe ra a Fra ncia en 2022. Est e profesor universita rio, narcisista y
faloególatra, pasa d e ser espectador ina ctivo del panorama políti co francés, a se guidor
confeso del nuevo ré gimen del dicta dor islamista Mohamed Ben Abbes. En un entorno
en el que sus pasos se podían ha ber enfocado ha cia el progre so en todos los niveles, al
ser compañero de trabajo de una catedrática ex perta en Estudios de género, al reencontrar
en su vida a ami gos casados que asumen el derecho a la i gualdad de la mu jer en todos los
campos, al salir con una chica, M y riam, con la que podría, si quisiera llegar a algo
serio... Sin embarg o, enfoca l a cuarentena desinteresado por las relaciones serias, sin
familia, sin amigos, y e mpachado de sexo per se .
1.3.2. Influencias literarias.
En este apartado r epasaremos algunas d e las numerosas fuentes de Michel
Houellebec q a las que aluden tanto el mismo autor com o otros escritores y críticos. L as
referenc ias a otros autores que Michel Houellebecq deja notar en sus nov elas pueden ir
desde la simple enuncia ción del nombre de un escritor que admira, hasta la citac ión de
pasajes de algunas de sus obras, críticas a su estilo, o seguimiento de toda su obra.
Amelia Gamoneda en su a rtículo del 1 de junio de 2003, « Houelle becq, el e stratega d e la
confusión » encuentra trazos de otros autores en la obra de Houellebec q:
Es usu al compara r a Houellebec q c on K afka, Célin e y Camus por su neg ro y vacío
diagnóstico de la socieda d, por la violencia ver bal, por la inconsisten cia del sujeto y su
tendencia depresiv a. El propio autor hace aspaviento s -m ás que guiños- culturales en el
principio de Plataforma, qu e es a la vez eco de El extranjero y escena en l a que se mata al
padre y se ventila soezmente el c om plejo d e Edipo. P er o no confundam os a la literatu ra
con su paráfrasis. Ni nos confunda t ampoco esta cultura mediáti ca que convierte a los
agresores en v íctimas potencia les, y que inspi ra a Arraba l [ una] defensa de H ouel lebecq
como dig no aspirante a l m artirologio. (Gam oneda, 2003)
De hecho, pensamos que el autor hace uso en más de una o casión de autores
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referenc iales en sus obras como propa ganda y reclamo hacia los lectores, ofrec iéndole s
casi trazado el horiz onte de expectativas, a modo de guía de lectura, de forma que nadie
se sienta perdido en el aparente caos d e sus obras. Así Bruno Viard coincide en señalar
algunas de e stas fuentes, como es el caso de L' Étranger :
Entre les génér ations, il n' y a que des ruptures. […] [Dans Les pa rticu les ] L‘attitude de
Michel et Bruno devan t l‘agonie de leur mère a tout d‘un « Crève salope ! hurlé en
réponse au « Fam illes, je vous hais ! » dont ils ont pâti. Et ça recomm en ce d ans
Plateforme .L' ouvertur e de L 'Etranger : « Auj ourd' hui m aman est morte » para î t bi en pâle
quand on lit c elle de ce rom an : « Le v ieux con était m ort. » ( 31). (Viard, 200 8: 16 )
Inevitable referencia asimismo a Marcel Proust en A la Recherche du temps perdu ,
a quien M. Houellebecq hacía un claro guiño en el person aje laureado d e la abu ela de
Bruno y Michel de Las partículas elementales :
Michel et Bruno dans Les particules souffrent du syndrom e de l ' enfant abandonné. La
souffrance est i mm ense et les conséquence s effrayant es ! Les gra nd s-m èr es héroïques d e
Michel et de Bruno n'ont pu que différer la catastrop he, l eur assurant une enfance à peu
près heureuse suivie d'une adol escence atroce. MH a magnifié ces pe rsonnag es de g rands -
m ères en les plaçant sous le patronag e de Proust nommém en t cité dans Les particul es (239) .
On sa it que le seul personn age absolument i nta ct de la Recherche est justem ent la grand-
m ère du narr ateur. Le renvoi au personnag e de Proust est presque transparent . (Viard,
2008 : 14- 15)
Muriel L ucie Clement, en « Michel Houellebecq. Asce ndances litt éraire s et
intertextualités » destaca asimismo el homenaje de nuestro autor a clásico s como Marcel
Proust, por ejemplo en las profesiones de algunos de los pe rsonajes de las n ovelas, en las
que utilizan como parte de su re pertorio las obras del maestro del siglo XX:
L'analyse littéraire est po u r B runo un e occupation professionnel le. [...] il travaille Proust
avec ses élèves : « La puret é d'un sang o ù depuis plusieurs génér ations ne se rencontrai t
que c e qu'il y a de plus g rand dans l'histoi re de F rance avait ôté à sa m anière d'être tou t ce
que les gens du peuple appellen t « des maniè res » , et lui avait donné la plus parfait e
simplicité » (Clément, 2007 : 98)
Marce l P roust será igualmente utiliz ado por Michel Houellebecq no y a como
es critor modelo, sino como ejemplo a se guir a la hora de pl asmar una po sible biografía,
en este caso, en La posibilidad de una isla :
Proust, il sert d' exemple aux hum ains, selon Danie l24, pour la r édaction de leur récit de v ie
: « l'exemple le plus souv ent c ité par les instructeurs était celui de Marcel Proust, qui,
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sentant la mort venir, avait eu pour premier réflexe de se précipiter sur le m anuscrit de la
Recherche du temps perdu afin d'y noter ses im pressions au fur e t à mesure de la
progression d e son t répas. Bien peu, en p ratiq ue, eure nt ce courag e » ( Clément, 2007: 10 0)
Sin embarg o, Roger Celesti n, en « Du st yle, du plat, de P roust et de Houellebe cq » ,
confronta a Houellebecq y a Proust para d ejar claro que Hou ellebec q, que evidentemente
ha tenido en cuenta el acercamiento de otros autores como Proust a la focalización y al
trabajo desarrollado por los narra dores para aproximar la novela al público, tratará de ir
más allá:
Le projet et le style de Houellebecq se démarquent nettem ent de cette possibilité
d' observer en r estant à part. […] I ci, l e narrateur d' Extension est en province, a Rouen,
Place du Vi eux Marché, u n dim anche:
J'observe ensuite que t ous ces gens semblent satisfaits d'eux -m êmes et de l'univers
[...] tous comm uniquent dans la certitude de pa sser un agréable apr ès-m idi,
essentiellem ent dév olu a la consomm at ion, [...] J'observe en fin qu e je m e sen s
différent d' eux, sa ns po ur autant pouvoi r préc iser l a natur e de ce tte dif férence.
(Célestin, 2 007: 346)
Los narradores houellebecquianos están impli cados en la trama, forman parte
ineludible de aquello que observan, el mundo presente, que viven en sus pr opios seres y
que cuentan con una mirada directa, que ha pasado por el nouveau roman y el
existencialismo, y los ha dejado atrás, imponie ndo un nuevo enfoque. Además, La
crudeza del mundo presente que viven los protagonistas narradores de l as novelas de
Houellebec q requiere de una pluma punzante y ag uda que nece sita de otro elemento
fundamental para que la narración de estas historias no decaiga y llegu e a buen puerto, la
ironía:
C'est précisém ent cette c apacité de se voir et de se regarder tout en rega rdant qui
différencie le narrateur de Houellebecq non seulem ent de l ' « obj ectivi té » des nar rateu rs
du nouveau roman m ais également de l'impassibilité d'un Mersault, narrateur « a bsurde »
ou « existentiel » qui, lui aussi, regarde passer les autres un dim anche accoud é au balcon
de son appar tement. Les d eux narra teurs obs ervent u ne société du dehors et s' en senten t
séparés.
Le sarcasme serait en effet une f igure de ce style que Houellebecq, ou plu t ôt son narrateur,
a nomm é un style « plat ». Mai s ce qui a changé entre ce s années cinqu ante o ù
réfrigérateurs, automobiles , fours et aut res produ its com m en çaient à devenir m onnai e
courante, c'est que cette société d e consomm at ion sem ble aujourd'hui appartenir à une
époque désuete, époque o ù on pouvait encore croire à la possibilité d' une rem ise en cause
révolutionnai re. Aujou rd' hui, mom ent « postmoderne » , mom ent « post -capitaliste », ou
m oment de la « m ondialisati on », la marchandise se m ble avoir tout conqui s. C' est le
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m onde des narrateurs d e Houellebe cq. (Cél estin, 2007 : 347-348)
Frente a l a ironía houellebecquiana, la m etáfora proustiana. En la crudeza de la
narración desarrollada por los prota gonistas de l as no velas de Mi chel Houellebecq no
hay lugar pa ra met áforas ni figuras de e stilo elaboradas que embellezcan el discurso de
los pe rdedores. Introduc irlas supondría una par adoja e n sí, una ne gación de la evidente
precarieda d ilusoria que los propios personajes e s tán viviendo. Ni siquiera la escritura u
otras artes suponen pa ra los que las practican un esca pe a la realidad vejatoria. Los
personajes houellebecqui anos que desarrollan pro fesiones artísticas, como, por ejemplo,
Jed Martin o el propio alter ego más pat ente del autor de todas las novelas ‗Michel
Houellebec q ‘ , personajes ambos de El mapa y el territ orio , son en sí mismos artistas
malditos, destinados a desaparecer con el tiempo perdido. M. Houellebecq e stá con sus
personajes en el aquí y el ahora consumis ta y desh umanizado. En la crudeza de ambos, ni
la más grande de las me táforas podría servir de coraza pa ra vivirlos. Ma rcel Proust ha
sido para Houellebecq un gran maestro a se guir, desde luego. Sin embargo, este alumno
aventajado no puede dejar estancados sus propios hallazgos. Toda vez se ha dejado
impreg nar por Proust, se impone en Houe llebecq un estilo direc to, áspero, si ca be,
desposeído de todo ado rno y acompañamiento figurado, fie l reflejo de las vivencias de
sus personajes:
Pour Proust, dans notre passé, en ce début du XXe siècle, la m étaphore s'insc rit dans une
problém atique du tem ps et de la longueur ( de la durée et de l' espace - contrairem ent à la «
psychologie plane ») au-delà de la mort, tandis que l e st yle de Houellebe cq s'inscrit bien
dans le plat, notre présent o ù l e style doit être élag ué, débarrassé de se s métapho res pour
pouvoir av ec un c ertain de gré de suc cè s - du moins selon H ouellebec q- ref léter c e présen t.
[...] En d'autr es termes, Proust croit en la capac ité salvatrice de l'écriture et p lus
précisement en cette vale ur d'éternité que peut l ui conférer l a métaphor e. [...] Or,
Houellebecq n' est pas du tout platonicien : pas de prof ondeur chez lui ; m ais, à sa pl ace, du
plat . (Célestin, 2007 : 352- 354)
Ciertamente, en lo que a su visión del mu ndo post moderno se refiere, Michel
Houellebec q se acercaría más a esa sombra alar gada omnipresente en su obra que sería
Arthur Schopenha uer, au nque evidentemente tengan también puntos discordantes.
A propósito de S chopenhauer, Walter Wagner en « L e bonh eu r d u néant: une
lecture schopenhauerienne de Houellebecq » , nos recuerda esos puntos de unión entre el
maestro y el pupil o, así como las huellas dejad as por el m entor en l a obra de Mi chel
68
Houellebec q:
Les univers philo sophico- esthétiques de Schopenha uer et de Hou ellebecq ont pour
fondement une av ersion pr ofonde cont re le monde. Dès lors, il n'est pas étonnant que [ M.
Houellebecq] [… ] ai t rédigé une biographi e de H .P. Lovecraft qui se distingue par « Une
haine absolue du monde en général, aggrav ée d ' un dé go ût pour le monde moderne » . Cette
attitude est p artag ée par le narrateur d' Extension du domaine de la lutte , qui aff irm e : « Je
n' aime pas ce m onde [...]» ( p. 82). Valé rie, à son tou r, di t à Miche l dans Platefor me : « je
n' aime pas le monde dans l equel on vit ». Finalement, Daniel1, en vrai m embre de la
famille houe llebecq uienne , avoue « Je haï ssais l'hum anité [...] » […] T outefois, le
véritable m alaise dans la culture est « la logique du supermarché » , cor ollair e de
l'économ i e de marché libéralisée où toute marchandise a une valeu r d'échang e. (Wagner,
2007: 109- 110)
Precisamente, si bien Michel Houellebecq es un claro deudor de los postulados
schopenhauerianos, tam bién pasará cual peregrino c aminando al lado de éstos, y en
ocasiones se desviará por un insta nte d el c amino tr azado por el filósofo deci monónico. Y
es que a pesar d e hallar se mu y cercano a Schop enhauer en l a concepción del universo
filosófico-estético, en la temática d el amor romántico nuestro autor trataría de
desmarcarse de él. Ciert o es que Mich el Houellebecq deja constancia en cada novela de
la cuestión de la procreación, tan fundamental para e l filósofo maestro como causa
necesaria d el anhelo de vivir de los se res hum anos. De h echo , el punto ál gido de ese
guiño a este precepto schopenhaueriano del ansia human a d e viv ir ligado a la
procreación, y por tanto a las r elaciones sexuales, lo encontraríamos en Soumission . En
esta novela, bajo el pr etexto de la necesidad de la p rocreación p ara asegurar la
continuidad de la e spe cie, en una socied ad somet ida a un dictador, se instaura la
poligamia, o lo que es lo mismo, el haré n casero.
Sin embargo, los perso najes protagonistas m asculinos de las nov elas de M.
Houellebec q, sobre todo cuando se muestran hast iados de las relaciones s exuales de las
que prá cticamente, como e n un círculo vicioso, no saben salir, reclaman un amor
romántico despojado de toda connotación sexual. A ello h ace alusión así mismo Walter
Wagner:
Même si les romans de Houellebecq fourmillent de débauchés et que les relations
hum aines deviennent de plus en plus précaires, l'am our r om antique y a droit de cité. Se lon
Schopenhaue r, ce se nt im ent est caus é par le v ouloir - vivre, force i rrationnel le qui se
perpétue dans l'espèce par la procréa tion. [...]Loin d'être une chimère déterminée p a r
l'instinct de procréat ion, comme l e souligneSchope nhauer, chez Houellebecq, l'amour
continu e à exister. Débarrassé de ses connotations sexuelles, il se transform e en amitié
désintéressée, en souci d'autrui et en plaisir innocent d'attouchem ent. Héla s, cette affe ctio n
69
ne peut dur er, ca r les hum ains et néo-hum ai ns, après tout, ne sont p as fa its pour le
bonheur. La g râce ou le hasard, peu importe sur qu el ang le on j uge de tels év énem ents,
touche Bruno, M ichel d e Plateforme et Danie l25 en les gratifiant a u m oins temporairem ent
d' un amour qui leur a semblé impossible. Si la m ort l es replonge dans la solitude, c' est
comm e pour rendre hommag e à Schopenhauer qu i n ie l' existence d'un bonheur permanent
ici-bas. (Wag ner, 2007 : 117, 119)
Quizá e sa fu erza c entrípeta que a trae a los pe rsonajes houellebecquianos a seguir
indagando algún resquicio de humanidad y entr ega desinter esada a la que asirse en este
planeta, tan sumam ente deshumanizado, sea la necesidad de se guir estudiando a esa
especie humana de la que forman parte y con l a que están obli gados a entenderse. Ya
sean creye ntes en alguna fe o ex cre y entes, o estén en vías de ser adeptos a alguna
cree ncia, si bien sus vidas están continuamente al borde del propio abismo, finalmente
encuentran al guna vía de escape de la cruda realidad que les lleve a seguir siendo
partículas ele mentales de la sociedad en la que habitan, aunque no la comprendan:
À la différence de Schope nhauer, qu i ne croit pl us qu'à la pitié, l' éduc ation sentimentale
des héro s houel lebecqu iens ne se limite pa s à cela. Ils continuen t àê tre mus pa r ce désir
obstiné d'échang es humain s vrais et pr ofonds avec autru i tout en sachant qu e l'am our n'a
pas d' avenir. Si Schopenh auer p roclam e que le sen s de notre destin consiste dans la
souffrance et que « notre condition, en revanche, est quelque chose qu'il vaudrait mieux ne
pas y avoir » [(Schopenhauer, 1960 : 739) ], Houellebecq, à son tour, aménage des
enclaves d'optimism e où l ' individu renonce à l a tentati on du néant au profit d'une présence
de l'autre sus ceptib le de com bler notre vide exi stentiel. (Wagne r, 2007 : 122)
En esa búsqueda continu a de la presencia de otro ser humano que rompa la c adena
existencial de la soledad, del abismo, de la nada, los personajes protagonistas masculinos
y al gún que otro se cundario, han conocido ya la instit ución del matrimonio: Rudi en
Lanzarote , Daniel en La posibilidad de una isla , Bruno en Las part ículaselementales,
Jed Martin en El mapa y el territorio...
De nuevo h emos de re montarnos a los siglos XV III y X I X para encontrar las
claves en este clásico entre los clásicos: el matrimonio. Veremos cómo en los postulados
y a expuestos por autores como Rousseau o Balzac podremos hallar trazas de los
mensajes que luego se transmiten a este re specto en las novelas de Houellebecq.
En el caso de Balzac, ést e nos presenta el matrimonio por dote, en el que eran las
mujeres las que llegaban a él con un fuerte poder adquisitivo, o bien biene s inm uebles, o
ambos, que luego administraba el marido. En este caso, como bien apunta Bruno Viard,
era e l contra y ente el que, de algún modo, se vendía a dicha unión:
70
Balzac est le rom ancier du mariage: or en raison de la dot, le mariage appar aît dans La
comédie humaine comme « une pr ost itution légale » , sauf que c e sont l es f illes qui payent.
[…] La prostitution, c‘est, en effet le contraire de la famille. L‘idé al comm un aux deux
auteurs [ Balz ac et Houelle becq], c‘est le m ariage d‘amour, mis à mal par la société de
concurrence m oder ne. (Via rd, 2008: 98 )
Sin embargo, como v amos a comentar a continuación, es por el matr imo nio por
amor por el que los particulare s protagonistas masculinos de las novelas de Houellebecq
tienen nost algia y sient en pre dilección. Y eso, a pes ar d e la constante doble moral
houellebecquiana en la q ue tan pronto los pe rsonajes masculinos g ozan de la li beración
sexual del 68, como están criticando a la I glesia c atólica y al PC por estar por una vez de
acuerdo en algo: el matrimonio por amor ( Las partículas elementales ). En este caso,
como a su vez nos indic a Bruno Viard, hemos de dirigirnos al siglo XV III , y fijarnos más
bien en el escritor de L 'Emile para en contrar las raíce s del promotor del matrimonio por
amor:
L'inv enteur du m ar iag e d'am our n'est pas Balzac, mais Rousseau. [...] Comm e les héros de
MH, Rousseau fu t un enfan t abandonné p ar son pè re q ui, à son tou r, abandonn a ses enfant s
et resta, toute sa vie, hanté par l e problème. Les deux auteurs c oncluen t au mariage
d' amour. Rousseau, à partir de son pr opre ca s de p ère i ndig ne, réagissai t contre le
libertinag e répandu dans l'aristocratie et cont re la conception classique du mariag e qui
vouait tant de jeunes filles des classes aisées à une union sans am our avec un homm e
qu' elles n'av aient pas choisi. Rien de tel autou r de Houellebecq : le libertinag e
aristocratique avec sa forte dimension transgre ssive a di sparu ains i que les mariages de
raison arrang és par l es fam illes. C' est àl ' anom ie sexuelle qu' il s'oppose.
Si Rousseau fut, dans le Livre V de l 'Emile , l e grand théoricie n du m ar iage d' am our, ce
n' est pas seulem ent par fém inisme, c 'est d'abord po ur éviter à la République le fléau que
constitue la prolifération des enf ants sans père. « Un enfant n' aurait point de p ère si tous
pouvaient en usurper les droits » , ecrit -il. Ce souci est exactement celui de MH quand il
s'élèv e contre l' anom ie sexuelle. […] « Un lien d' une f orce exception nelle entre mariage,
sexualité et am our » . ( Extension , 69). ( Viard, 2008 : 100- 102)
Del mismo modo que la cuestión religiosa es im portante en las novelas de
Houellebec q, como comentaremos en el capítulo 3, otro tanto pasa con el matrimonio.
Tampoco es un aspecto ex clusivo de n inguna de las novelas, como en el caso de la
relig ión, sin embargo está presente en todas ellas.
Pero esa presencia es sobre todo de manera indirecta. Es decir, raramente vere mos
casado a un personaje pr otagonista mas culino. Lo escucharemos y a e n la f ase terminal, o
sea, y a divorciado, quejándose del mismo, o lamentándose de lo que pudo ser, etc. Tal es
el caso de Bruno, en Las part ículas eleme ntales , donde h abla del matrimonio con
nostalgia al recordar también que no tiene vocación de pad re, cuando la r elación con su
71
hijo es tan insostenible, por nula en comunicación, como escasa. Otro caso sería el de
Daniel en La posibilidad de una isla , que se casa por compasión con I s abelle, que está
enamorada de él. Lo qu e convierte este supuesto acto d e amor en uno de repulsa del
lector hacia el personaje masculino en cuestión. L a única vez que se le oy e a un
personaje protagonista m asculino decir que desearía de veras casarse es en Plataforma , y
es que lo haría con un personaje tan imposible e inverosímil como Valérie, que
afortunadamente p ara la autoestima de tod as las mujeres del mundo, al final del libro
Michel Houellebecq se permite la licencia poética de eliminarlo, merced a un atentado
terrorista yihadista en Ta ilandia.
El punto climático de las novelas en el tema del matrimonio para los pe rsonajes
protag onistas masculinos de Houellebec q es la llegada de Ben Abbes al pode r e n
Soumission y la instaur ación de la poligamia, en definitiva, el matrimoni o perfecto p ara
estos seres faloegoístas. Sumisi ón , que utili za las obras d e J oris K arl Hu y smans
práctica mente como esqu eleto de red acc ión para Houelle becq o guía de u na vida para su
personaje, Fran çois, con la ex cusa de que éste está haciendo la tesis doctoral sobre el
autor, recurre a lo largo de sus pág inas a las distintas obras de Hu y smans, y con e llas va
estableciendo un par alelismo tanto con aque llo qu e le sucede, c omo con sus expectativas
o de seos sobre la vida, sobre la muj er ideal, l os matrimonios ideales, las creenc ias
espirituales, etc.
No es sólo la omnipresente evocac ión a Huy smans a lo larg o de todo el texto de
Sumisión lo que nos ll eva a r econocer a Houelleb ecq como un d eudor del siglo XIX, él
mismo gusta tanto en entrevistas como en los textos escritos d e mencionar algunas de sus
fuentes.
Especialmente en lo que concierne al ámbito novelístico, Balzac, Schopenhauer,
Huysmanns o Rousseau no serán las únicas influencias literarias d estacables. Hemos de
mencionar el a cercamiento de Michel Houellebecq a Émi le Z ola, como bien lo constata
Sandrine Rabossea u en « Houellebec q ou le renouveau du roman expérimental » :
À l'instar du r om ancier natural iste, Hou ellebecq adopte systém atiquem ent un di scour s
sociobiolog ique dans son œuvre romanesque. [ ...] L ' observation du m ilieu dans les
m anifestations intel lectuelles, le po ids de l ' hérédité et la mise à jour des bas in stincts s ous
couvert d' un discours s cientifiq ue peuv ent être considér és comm e autant d'homm a ges
appuyés au naturalism e dans chacun des r om ans houellebecquie ns. […] Zola et
Houellebecq abordent en toute libe rté les suje ts explosif s de la vie sociale oc cide ntale : le
travail, l'arg ent, la sexualité, la fam ille. [ ...] Cette intertex tualité dans l ' œu vre
houellebecqu ienne, que certains qualifi ent de « néo - n aturaliste » (Rabosseau, 2 0 07 : 43-
44)
72
Sin lug ar a dudas, uno d e los puntos fue rtes de la novelística de nuestro a utor sería
ese abordaje de la clase media occidental, su vida cotidiana y sus problemas. El fuerte
contraste utilizado en este género a lo largo de l a historia de la literatura, en la
presentación de dos clases sociales tan distancia das como los señoresburgueses y sus
sirvientes u obreros, ha bía dado juego durante mucho tiempo a los escritores del género.
Era hor a y a de renovar esa focaliz ación y lleva rl a a aquéllos que muev en el mundo ho y
día: los ciudadanos medios de a pie qu e tienen trabajos comunes y que sostienen la
economía d e los sistemas culturales pa gando sus facturas e impuestos. La clase media
trabajadora inte gra a su vez a los posibles consu mi dores de literatu ra que p odría comprar
los productos g enerados por nuestro autor. Eri giéndose en lícito promotor de sí mismo,
es comprensible que M. Houellebecq busque -d esde el momento de la c omposición de
sus textos- llegar al público a l que éstos van a ir dirigidos:
Parler du citoyen moy en, tr op longtem ps oublié des ro m anciers qui l ui préfér aient l'ouv rier
ou l e bourgeois, voilà le sujet d'observation et de la réflexion du rom an houellebecquien ,
se situant au carrefour du sa rcasm e et de l a com passion. Usant de l'ironie pour décrir e
l'univ ers social occiden tal, Houellebecq s'inscrit d ans la lig née des écr ivains naturalistes .
Le roman houellebecquien m arque le retour du roman social au début du XXI e si ècle. Le
réalisme de ses r om ans, ser vi par la précisio n ch irurgica le de l'écriture qui se veut
faussem ent neutre ou objectiv e, est un des éléments sty listiques les plus f rappants . […] La
description houe llebecqui enne du monde du trav ail rappelle celle de Zola dans
L‟Assommo ir, Ge rmina l ou Au bonheur d es dames. [...] Mais l'écriture de Houellebecq est
similaire à celle de Zola tant la dim ensi on sociologique et polémiste l eur est comm une.
(Rabosseau, 2007 : 44-45)
Antoine Jurga, en « Michel Houelleb ecq, auteur c lassique » , ratifica este he cho d el
productor que el abora p roductos a la medida del público rece ptor al que v an dirigidos, es
decir, el mé todo de elaboración de una literatura sincrónica:
[Sa l ittératur e] s'adresse à un lectora t, t rès l arge. E lle suscite des réactions qui ne se
limitent pas à des con sidérations incongrue s sur l es th èmes et si tuations évoqués p a r
l'auteur. E lle propos e une véritable résistance, une capacité exceptionnelle à cam per des
personnages, à instaurer les dialogues, à m ettre en œuv re des situat ions romane sques, qui
font écho à une percepti on diffuse des inqu iétudes de n otre époque. (Jurga, 20 17: 17)
No sólo le debe M. Houellebecq a Émile Zola esa inmersión directa entre las filas
de los traba jadores, bregando codo con codo con ellos, en este ca so, desde la barrera del
escritor qu e pone sobr e el tapiz sus p enurias, sus preocupaciones actuales. De i gual
modo, nuestro autor es un gran deudor en lo que concierne al acometimiento de los temas
73
científicos que aparecen e n sus novelas, hec ho que pone de manifiesto nuevamente
Sandrine Rabossea u:
L'invention du ro m an sci entifique
Les termes d' « hypothalamus » , d' « endor phines », de « néo -cortex », de « corpuscules de
Krause » employés par le nar rateur des Parti cules élémentaires sont l es signes de ces
dernières découv ertes scien tifiques, qu i son t au centre de la réfléxion que prop ose le rom an
néo- naturaliste au lecteur. T andis que dans le roman zolien les personnages sont m arqués
du signe de la bestialité et de la frustration et placés dans un biotope afin de les observer,
les personnag es de H ouellebecq év oluent, qua nt a e ux, au sein de la sphère privée et
professionn elle, m arques des mêmes si gnes, Houellebecq se réclame de Claude Bernard
comm e jadis Zola, qui fu t fortem ent influen cé par L‟Introd uction a l ‟étude de la médicine
expérimental e [ (Bern ard, 1865) ]. […] Les références à la science et a la médicine se
retrouvent à l a fois chez Zola et chez Houellebecq pour débattre de l'homm e matérialiste,
dans un mêm e dési r de prov ocation anthropologique. On peut ainsi établir un parall èle
entre le docteu r Pasca l et Miche l, le héros d es Particules élém entair es , qui est cher cheur au
CNRS. [...] À la différenc e de Zola dans la Pr éface de la second e édition de Thérè se
Raquin ou dan s
Le Roman expér imen tal , Houellebecq n e fait m ontr e d'aucune thèse. (Rabo sseau, 2007:
49- 50)
Los consumidores directos de litera tura poseedores en su propio legado intelectual
de un amplio horizonte de expectativas en lo que respecta a la hist oria de la literatura
francesa, podrán identifi car en l as novelas de n uestro autor aspe ctos reivindicativos,
polémicos y empíricos que les llevarán a reconocer como fuente literaria la obra de
Émile Zola.
De todos modos, entendemos que la novela futurística ha de tener asimismo c abida
en la novela científica de la que bebe nue stro autor, y e n ell a entraría uno de sus autores
más significativos, Aldous Hux ley. Muriel Lucie Cl ément, en su artículo « Michel
Houellebec q. Ascendances littéraires et int ertextualités » , mencion a este apego de
nuestro autor por el padre de Brave New World:
Lorsque Bruno r end vis ite à Michel il com par e son univers diég étique av ec la réalit é
fictionnelle d' Aldous Huxley dans Brave New W orld (1932). Le t itre du chapitre, « Julien
et Aldous » , suggèr e déjà l'intertextual ité avec le roman de Huxley . Dans Le meilleur des
mondes, l'utopie r éal isée, où l'hom m e ne connaît plus les turpitud es des désirs i nassouv is,
est une s ociét é divisée en castes avec ça et là des « réser ves de sauv ages » . Par contr e, Les
Particules élémenta ires ne décrivent que tr ès brievèm ent l' utopie réal isée dans le récit
encadrant relaté par un narrateur hom odiégétique, le clone de la nouvelle es p èce
intelligente, im m ortelle et asexué e. La Possibilité d‟un e î le pr ésen te aussi ces rése rves don t
les habitants, race quasi - révolue, sont très éloig nés des néohum ains. À cause de cette
reprise de thème, la presse a vu dans ce dernier rom an une continuation des Particules
80
embargo, en la ma yoría de los casos eludirán se r padres, o se pasarán bu ena pa rte del
tiempo hablando mal de los niños, de lo molestos que son, de qu e podrían haberlos
tenido, que su pareja in cluso se lo p ropuso, como en el caso de Isabelle a Daniel en L a
posibilidad de una isla . Sin embargo, en alguna oc asión, levemente reconocen su
aprehe nsión a ser padres, y si por azar lo fuesen, los resultados serían catastróficos, como
el caso de Bruno en Las Partículas elementale s .
En el caso de sus relaciones con las muj eres, se reproduce un patrón similar. Es
decir, los protagonistas masculinos no cederán ni se adaptarán lo más mí nimo pa ra tratar
de llegar a un punto común. Si no se preocupan en entender a sus hijos, pa ra qué se van a
preocupar en entend er a las mujeres, se an estas madres o no. Ellos y a tienen trazada su
vida, reconocen sus incapacidades en la sombra pero ex ternamente no podrán hacerlo.
Han de ganar todas las batallas para subsistir en esa lucha social qu e ellos mismos se
crea n al no ver más que un camino, el su y o, y un horiz onte, la obediencia a sus deseos: O
las muj eres que en cuentren en su camino se ad aptan y s e someten a esta d ominación que
los personajes masculinos no cesa n de ejercer sobre ellas p ara sentirse se guros y
superiores, o no habrá relación. De i gual modo, en e l momento en el que a lguna de estas
mujeres sumisas decida o muestre al gún a tisbo de cambio en otro sentido, su pareja -a mo
romperá la relación. Para ello se servirá de recursos simples: una mirada que diga qu e
ella ha e nvejecido (pero él no), el merca do del sexo, iniciar otra relac ión igual de
superficial e irreal con otra mujer, concentrarse temporalmente en una nueva religión,
etc.
Precisamente, a lo lar go de cada novela de Michel Houe llebecq las reli giones
tienen una p resencia consta nte. Ninguna de ellas se trata definitiva o c ategórica mente
como pr edilecta o mejor que las otras. Entre los personajes de las novelas los hay
practica ntes, adeptos en vías de convertirse a una u otra religión (François en Sumisi ón) ,
creye ntes dese ncantados (el cura de A mpliación del campo de batalla , el egipcio de 50
años que vive y trab aja en Reino Unido, en Pla taforma ), no cre y entes (Bruno en Las
Partículas ), miembros de sectas (el ex poli cía bel ga de Lanzarot e , Daniel en La
posibilidad de una isla ), etc. Ninguna de las religiones c onstituye aparentemente el tema
central de las novelas. Sin embargo, su tel ón de fondo es p ermanente. Como
comentare mos e n el capítulo 3, L a posibilidad de una isl a , por ejemplo, a parentemente
centrada en la temática de las sectas, contiene continuas pinceladas referidas a las
relig iones consid eradas oficiales. Sumisión , e n teoría una novela sobre política, no puede
81
en modo alg uno desvincularse de la cuestión re ligiosa. En el mundo islámico, relig ión,
política y cultura son inseparables. De ese modo, si en Sumisión el nuevo miembro del
Elíseo es musulmán, todo el pueblo fra ncés debe ser musulmán.
A este re specto de la preponderancia de una cultura y /o reli gión sobre otra, y a que
en este caso van de la mano, alude Mohamed A ït-Aarab (2015) en « Mi chel Houellebecq
et les arabes, une lecture de l'oeuvre romane sque pa r un Berbèrelaïc » . De igual modo,
hace hincapié en l a bús queda de los protagonistas masculinos de una moral o libro de
instrucciones al que asirse, viéndose a sí mismos p erdedores en el unive rso occidental
que habitan, moralment e gobernado en ma y oría por ot ros credos qu e y a no les son
válidos. Así, aunque vemos esta búsqueda de v alores como una vuelta a las antípodas,
fundamentalmente para l as féminas, sin duda debe de sup oner un recon ocimiento a la
figura de estos seres p erdidos en la deriva de la evolución que han tenido las sociedades
que ellos no dan por válidas para sí mismos. Se señalan como objetos va rados y sin
rumbo fijo, pero a l mismo tiempo no son capace s ni de r emar ni de dirigir su barco. Una
salida hacia delante, dej ándose llevar por la marea de un nuevo credo -por más que lo
que tiene pr ecisamente el isl am es antigüedad - les da la tarea hecha: no pe nsar, no sentir,
solo actuar, en la nue va creencia, que se rá u n cam bio, y eso es lo que importa. Hasta que
nuevamente el hastío les invada y se aburran del nuevo juguete, porque es tos personajes
viven del c ambio y están demasiado acostumbrados a él. A nivel sexual coge n un objeto
y su eltan otro. ¿ Por qu é no hacer lo mismo con las religiones? Si además la nueva
relig ión les favorece en ese sentido...No piensan en poder regenerarse o reencontrarse y
avanzar. Si un credo h asta ahora no pr acticado les da el camino trazado, solo tendrán que
andarlo:
L‘oeuvre r om anesque de Michel Houellebecq, du point de vue d e la question arabe et
m usulmane, est une oeuvre qui fonctionne sur le double principe de l'hég émonie -au sens
où l'entend Gram sci de supériorité d' un concept culturel sur un autre -et de la nostalgie,
celle d'un Orient comm e lieu, hélas perdu, de toutes les fantaisies et de toutes les liberté s.
Confronté à une société occidentale dont la du reté n'a d' égale que la violence avec laquelle
elle traite les vaincus du combat économique et sexuel , le héros houellecbequ ien se r éfugie
dans l e rêve anachronique d'un monde di sparu. Homm e du Xl Xe si ècle, Michel
Houellebecq l'est non seulem ent par les référen ces lit téraires, m ais également p ar le s
présupposés i déolog iques q ui hantent s on oeuvre. (A ït-Aarab, 2 015: 102)
No es e xtraño este vaivén tanto de críticas positivas o negativas por p arte de sus
protag onistas m asculinos a las dist intas re ligiones, como de los deseos de conversión o
de desentenderse de una u otra creencia. En cu alquier caso, Mich el Houellebecq no es
82
creye nte, así lo recoge Boris Viard, y esto estaría en consonancia con las actuaciones de
sus personajes:
MH n' aime pas l ' islam. De toute façon, il n'est pas croyant. [...] Dans une interview, MH
affirma en 1998 : « J e ne crois pas en Die u. [...] Je manifeste une v ive sympathie pour toute
m anifestation ca tholique. La compassion a pour moi une valeur centrale. Plus qu e pour le s
catholiques. C ' est pour ça que je bifurque v ers le b ouddhism e. » (V iard, 2008: 10 8)
Pero, entonces. ¿A qué viene tanta insistencia en hablar de las religiones y
relacionarlas con todos los aspectos del vivi r? Quizá esta tendencia aglutinadora le v enga
a nuestro autor d el contexto musulmán de su nacimiento. En todo caso , Houellebecq
piensa y p ro y ecta en sus personajes una ide a global sobre las so cieda des y su equilibrio
sociológico. Esta idea no es otra que la n ece sidad de asirse a un e nte que les proporcion e
una seguridad ante e l abandono, la decepción, el envejecimiento, la muerte.
En el caso de La posibilidad de una isla , se barajan varias opc iones: catolicismo,
budismo, sec ta r aeliana . Así, Daniel25, el clon d e Da niel1, s e intere sa por el budismo, al
igual qu e el p ropio Michel Houellebecq. Por su parte, Daniel1, se deja cautivar po r la
secta elohimita, según nos apunta Murielle L ucie Clément:
Les lectures ex traites de textes p lus ou m oins relig ieux ne son t pas exem ptes de La
Po ssibilit é d‟un e île. Tous l es matins, selon ses dires, Daniel25 lit le sermon de Bouddha.
[...] Passag e recomm andé par la Soeu r suprê m e pour aiguiser la consci ence de soi. [...] Il
n' est pas le seul dans le rom an à se pencher sur les r eligions. Dan iell pren d consci ence de la
secte raëlienne e t de ses concept s. (Clément, 200 7 : 1 28)
La religión, sea cu al fuere, aparece como un refugio, l a cueva a la qu e rec urrir
siempre a resguardarse de todo evento que ponga en peligro la inte grida d del ser
humano, tan frágil ante la más mínima batalla socia l: sexual, política, económica,
laboral, fa miliar, amistosa.
Sin embargo, una línea común en las novelas de M. Houellebecq es el
desenca ntamiento de sus protagonistas masculino s por las creencias re ligiosas. El islam
sale bastante mal parado a lo lar go de l as novelas. Si no directamente, in directamente.
Por ejemplo, con la técnica del enfre ntamiento entre personajes. Si la madre de L as
partículas elementales se convierte al islam y los hijos no son fans de ella, su inmediata
reacción será r echazar esa religión. En Plataforma y a se alude a los miembros de
cree ncias islamistas extremistas en los atentad os de Tailandia. Y por si no fuese
83
suficiente, en la vida real, el autor e nciende la chispa con las dec larac iones provocadoras
en los medios de comunicación en contra de dicha creencia. Sin embargo, M.
Houellebec q d ebería, por lógica, alabar esta r eligión, ya que se gún sus personajes aún
conserva la unidad familiar que otras religiones practicadas en Occidente no habrían
cuidado tanto. L os protagonistas houellebecquianos tienen comportamientos
contradictorios al respecto de esta creencia cuan do los interese s personales se mez clan
con las lí neas fundam entales de la doctrina. Mich el, en Plataforma , podría sentir empatía
por el musu lmán que li quida a su cor rupto padre, pero cuando mue re Valérie po r los
atentados de Tailandia, vuelve a sentir odio hacia esa re ligión.
De i gual modo, Murielle Lucie Clément d estaca en Plat aforma opiniones de otros
personajes se cundarios, como el egipcio que comenta con Michel su propia apreciación
del Corán:
À l a lecture du Coran, déj à, on ne peut manquer d'être frappé par la regrettable ambiance
de t autolog ie q ui caractéris e l'ouv rag e : « il n'y a d' autr e Dieu que D ieu seul. » Avec ça,
convenez- en, on ne peut p as al ler bien l oin » (Clément, 2007 :129)
Como vere mos con más de tenimiento en el ca pítulo 3, tampoco la religión católica
sale mu y bien parada. Así, Pawel Hladki (2015 ), en « Le christianisme d ans l'oeuvre de
Michel Houellebecq » se pregunta qué consid erac ión ti ene esta religión para los
personajes houellebecqui anos. Destaca que éstos gustan de citar las escrituras, pero que
no lo hacen por convicción relig iosa, ya que, así como su autor, son en su may oría no
creye ntes. Utilizan tanto el Nuevo como el Antiguo testamento para sus razonamientos a
nivel cultural, más que a nivel evangélico:
Ainsi, désireux de conférer un sens à son malheureux destin, le héros d' Extens io n a r ecours
au messianism e, l orsque séjournan t en maison de repos, il perd progressiv em ent l'espoir : «
au fil des sem aines grand issait en moi la conviction que j 'étais l à pour accompli r un plan
préétabli -un peu comm e, dans les Évangiles, le Christ accomplit ce qu' avaient annoncé les
prophètes » [ Extens ion ][… ] (p. 150). Es t-ce l à un signe de sa foi profond e ? Sûrem ent pas.
Car, à l ' instar de pratiquem ent tous les autres protagonis tes houellebecquie ns, i l se
considère a thée. (Hladk i, 2015: 12 7)
Igualmente, Murielle Lucie C lément destaca las referencias en las novel as a tex tos
relig iosos de diversa índole, que aparecen en la historia como parte d el equipaje que
acompaña a p rotagonistas y secundarios, entre otros los cristianos, en segundo plano,
para dar prefe rencia a otras creencias, como el budism o:
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Michel dans Platefo rme découvre dans la t able de nuit de sa chambre, la Bible et des écrits
sur l ' enseignem ent de Bouddha qu'il commence à lire à cinq heures du matin. [...] Bien que
le paragraphe lui r este obscur, il pense saisir la dernière phrase qui lui apporte quelque
soulagem ent. (Clém ent, 2007: 129 )
Esta inserción de textos budistas a l lado de los d e otras religiones tra dicionalmente
más conocidas en Occidente, nos daría una perspectiva de hacia donde podrían ir algunos
de los crey entes desen cantados de otra s cre encias, de los que sería n representativos los
personajes de las novelas, así como en la vida real habría hecho e l propio Michel
Houellebec q, siguiendo a su vez los pasos de otras ce lebridades artísticas.
Así, los críticos insisten en el uso de las tr es religiones con más tradición de culto
en Francia como simples catálogos o rutas de viaje a s eguir, pero ex entas de la fuerza
ag lutinadora de antaño. Pawel Hladki alude a su vez a la para dójica inclusión del
protag onista de Ampliación del campo de batalla en un contexto aplicado al
recogimiento y la paz espiritual como la misa de medianoche, con el ú nico objeto de
llevar a cabo la conversión de Tisse rand a la doctrina del a sesinato en serie, de modo que
estos actos viles puedan borra r el recuerdo de los fracasos sentimentales:
Jalon i m portant de la stra tég ie narrative, le recours aux th èmes religieux renforc e de plus
la vis ion du monde de MH : les préceptes du christianism e ne font plus partie de la
m entalité française. Ains i, le h éros d' Extension se rend à la messe de minuit, non qu'il
prétende s' inspirer de la m iséricorde chrét ienne, mais par ce qu'il ent end inciter
ultérieurem ent son am i Tisserand à deven ir un tueur en série. (Hladki, 2 015: 127)
Del mismo modo , Bruno en Las partículas ele mentales y Mi chel en Plat aforma
trivializan la relig ión y la mezclan o la comparan con el sexo.
El problema de no creer en ninguna religión para estos personajes es que s e topan
cada día de bruces con l a rea lidad que les rodea y que tanto les pesa . Con lo que ellos
juzgan como la d ecadencia de la sociedad occidental en la que viven, que s egún e llos no
va a nin guna parte, y con la que y a no se sient en i dentificados. Necesitan ll enar ese v acío
existencial sea como fuere, y utilizan todos los recursos disponibl es a su alcance,
fundamentalmente el sex o, que no les ll eva más que a volve r a cerrar el círculo d e la
insatisfacción. No soport an el pasar d e los días, c on su cotidianidad incorporada, ávidos
como están de s ensaciones nuev as a cada instante que poder gozar, como consumidores
nativos que son de l ace lerado mundo de relac iones de usar y tira r que ell os mismos se
han creado. N ada les a ta y nada les une a nadie. S i tampoc o ti enen un ente superior en el
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que creer, ¿qué pueden hacer con sus vidas? Tanto en Ampliación del campo de batalla ,
como en Plataforma , en El mapa y el territorio, sus personajes prota gonistas hablan, en
momentos de desesp eranza, de lo bien qu e estaría poder creer en Dios, de lo consolador
que sería ese pe nsamient o, como Jed Martin e n El mapa y el territorio , o los intentos de
Bruno de creer en Las partículas eleme ntales , o la felicidad de poder llenar con algo la
ang ustia de vivir que se hace esp ecialmente cargante los domingos, pa ra e l na rrador de
Ampliación del campo d e batalla . Pawe l Hladki alude a esta necesidad d e llenar el v acío
existencial que los protagonistas houellebe cquianos tienen al no creer en nada:
Sans jamais se départir de références chrétienn es, les héros qui naissent de la plum e de
Houellebecq re stent r ésolu m ent sceptiques v is - à-vis de l' existence d' un être suprêm e. Loin
d' apporter un soulagem ent psychique, cette attitude inspire un certain sentim ent de vide
spirituel, d'autant qu'être athée rend t oute tentative d ' échapper à la pesanteur du quotidien
impossible - démarche pourtant i ncontest ablem ent recherchée par les personn ages
houellebecqu iens. [...] Suiv ant cette persp ective, l'athéisme condam ne l'individu à viv re
pleinem ent la r éalit é sa ns pouvoir espérer s'y soust raire. Or l' inaccessibilité de moy ens
m enant á l'escapisme désespère toute créature chez MH. À défaut de croyance qu elconque,
ses personnag es soit plon g ent dans le m onde des li vres, de la science et de l ' art, soit
s'isolent dans des recoins ruraux. Seuls quel ques rare s mom ents de leur v ie font r egre tter
leur incapaci té de croi re en Dieu. (Hladki, 20 15: 128- 1 29)
De todos modos , s ea c omo fuere, esta r eligión no acaba de convencer a los
personajes houellebecq uianos desde Ampliación del campo de batalla hasta La
posibilidad de una isla . En Las partículas elementales Bruno no entiende las palabras del
cura en su boda y c asi se duerm e. Aunque participa en un grupo católico está más
pendiente de las piernas de una coreana y de engañar a su mujer que de la doctrina
católica. El pr opio cura de Ampliación del campo de batalla piensa y act úa con el sexo
contrario como un hom bre co rriente m ás que como un hombre de Dios. En la misma
Ampliación , Tisserand se aburr e en la misa.
En las novelas ha y un v aivén de unas creencias a otras. Como telón de f ondo, las
tres religiones más p racticadas tanto en Francia como en Esp aña, y un a y otra vez ,
frec uentemente la alusión a otros textos refe ridos a religiones de práctica minoritaria en
Francia, si bien presentes, dada la diversidad cultural de que ac tualmente goz a el país, o a
sectas. En este sentido, menciona Muri elle Lucie Clément la referencia a otros textos
relig iosos distintos del crist ianismo, islam y judaí smo, y la interfere ncia c onstante de las
sectas, a las que se a dhieren al gunos pe rsonajes, como en Lanzarote :
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Dans Lanzarote , un homme lit la Baghav ad Gita à une terrasse d e café. Les inscription s
sur son sac à dos, rappellent la teneur de sa lecture : « I MMEDIATE ENLIG HTMENT -
INFI NI TE LIBERATIO N -ETERNA L LIGH T » . Da ns le même li eu de villégiature, un
jeune homm e of fre une brochure de la R elig ion azra ëlienne au n arrateur. Celui-ci en
entame i m m édiatement la lecture et la compare plus ou m oins au m agaz ine Elle . Ce
m agazine est tr ès apprécié des pe rsonnag es houe llebe cquiens ainsi qu' un grand nombre de
catalogues et d e brochu res. (Clém ent, 2007: 129)
Sin embargo, y para seguir la costumbre, Houellebecq da una vuelta de t uerca en
El mapa y el territ orio y convierte a su a lter ego al cristianismo, como bien apunta P awel
Hladki:
I l est à remarquer toutefois que conformém ent à l a volonté de MH - personnage fictif (La
Carte et le terr itoire) depuis peu converti au catholici sm e, ses obs èques ont été cél ébrée s
selon le rite chrétien, ce qui trouble considérablem ent l'univocité de l' approch e
houellebecqu ienne env ers cett e religion. (H ladki, 2015: 130- 131)
Michel Houellebecq no dejará un a y otra vez de sorprender a sus lectores. Si bien
se había de clarado en la vida real s eguidor del budismo, cierto es que los rece ptores del
libro premio Goncourt serían probablemente de mayoría laica, cristiana o judía. Había
que tratar de no aventurarse demasiado a jugar con el horizonte de ex pectativas de los
lectores que podrí an comprar este libro tanto para sí mismos como para regalarlo a la
familia. Había que ser conservador. Mich el Hou e llebecq, c amaleónico c omo é l solo, se
convierte así en la fi cción al cristianismo para sat isfacción de una gra n masa de lectores
que comprará su libro en Fra ncia y en todos aquellos sistemas literarios a los que llega su
obra traducida, entre otros, España y Latinoamérica.
¿A qué podemos atenernos entonces? S eg ún este giro, nue stra hipótesis inicial se
confirma. L o que encontramos en las nov elas es lo que experimentan los prota gonistas
masculinos de Michel Houellebecq: un ir y v enir de una c reencia a otr a, sin una razón de
peso aparente. La inconsistencia de sus creencias es t al que ni siquiera en cuestiones
relig iosas son capaces de sostener una tesis coh erente. Se dirí a que usa n y tiran una y
otra, al igual que hacen con las mujeres que ut iliz an para su sa tisfacción propia. Un
contento por otro lado imposible de colmar, pues en este v aivén d e sustit utos a l vacío de
su vivir, nada puede llenarles porque no se dedican ni se entregan a nada ni a nadie l o
suficiente como para poder c rear nada duradero en común.
Sin embargo, faltaríamos a nuestra hipótesis si dijésemos que nos s orprende
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completamente el giro de creencia asi gna do al personaje ficticio Michel Ho ullebebecq en
El mapa y el territorio . Lo cierto es qu e pens amos que el autor ya p repara ese viraje con
la decepción que crea e n los lectores tras la experienc ia d e Daniel1 en la secta en La
posibilidad de una isla . Si nos fiamos y seguimos la pist a de la oscilación hacia unas u
otras c reencias en la qu e nos ha sumer gido el a utor desde el inicio de s us novela s, ya
tocaba, por tanto, volver a una de las re ligiones clásicas por parte d e un personaje
houellebecquiano. El ser humano necesita creer en algo, incluso los llamados perdedores,
que parecen negarse a cr eer hasta en sí mismos y en su plausibl e capacidad d e cambio. S i
las religiones convencio nales no les ofrecen ese a lgo, irán en busca de otra cosa, un
sustituto, un a ntídoto a su soledad y a todas las estrategias de reemplazo de las reli giones
que la li bertad d e las soci edades occidentales les h aya ofrecido . Finalmente irán en bus ca
de una sec ta, si otra religión disti nta a la suy a no les ha convencido.
En este or den de cosas, ¿Qué creencia le toca abrazar al prot agonista de S umisión ?
Claramente el isl am. No podía ser de otro modo. François se va a convertir al isl am
porque es lo que toca, porque a pesar de que admira a Hu y smans, es much o más cómodo
y reconfortante en e l contexto que tiene que vivir, adaptar se y aceptar el bi enestar que le
va a p roporcionar el ré gimen islamista de Ben Abbes, tan solo po r el h echo d e ser
hombre. Así, a pesar de ir tras los pasos del católico Hu ysmans durante to da la novela, y
visitar por tanto los lugares sagrados que éste visitó, y asistir a mi sa, y de servirse de sus
obras para articular el esqueleto compositivo de la mi sma, François se convierte al
islamismo. Además, deja c laro, g racias al asesora miento del marido de su cole ga , Marie -
Françoise, que los cristianos acabarán convirtiéndose al islamismo. Con este giro,
Houellebec q recordará a los lectores españoles qu e ha estado viviendo en España, y que
tiene alguna idea de la época de convivencia de las tres religiones en nuestro país y de las
posteriores expulsiones de moros y judíos, así como de las forzadas conversiones de
aquellos que se quedaron e n ti erra hostil. Interesan te jugada d e Miche l Ho uellebecq para
asegurarse receptores en todos los bandos. Y es que tampoco hemos de olvidar la
compasión mostrada hacia los judíos, a los que sa lva de la quema al enviarlos a Israel
antes de la se gunda vuelt a de las e lecciones. Además , les muestra fieles e indomables en
sus convicciones reli giosas, ya que se alude a s u negativa a convertirse al isl am y su
preferenc ia por ejercer una retirada a ti empo h acia sus bases. Un guiño a su compañero
de escritura en Enemigos públicos .
Los protagonistas de las novelas de M. Houellebecq, perdidos en medio de su falta
de creencias reli giosas, o acercándose a ellas sin demasiada convicción, por la sim ple
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necesidad d e asirse a una tabla de salvación a su d epresiva existencia, faltos de un cariño
que no han aprendido a dar, se hallan continuamente al borde d el abismo. S in embargo,
como acabamos de ver con las reli giones, éstos no dedic an a nin guna el tiempo o la
energía suficiente como para que éstas supongan un verdadero ancla en su realidad
personal. De i gua l modo, en las relaciones con otros seres humanos, y en especial con las
mujeres, repiten el mismo patrón de uso que con las religiones. S u falta de conce ntración
y e ntrega en algo que no sea ellos mismos, hace que el círculo vicioso se cierre
nuevamente en torno a la auto-contemplación ex cesiva. Pero esta visi ón no tiene nada de
bucólico, o místico, o meditativo, que les haga e ncontrar una paz espiritual, que sería lo
que inconsciente mente estarían buscando y nece sitarían encontrar. Muy al contrario, se
cierne en exceso en la búsqueda con lupa de la satisfacción continua. Un estado
imposible del ser, ni siqui era desde el intento de llevarlo a cabo con posibles
económicos, como pr etende por ejemplo Daniel1, el nuevo rico de La posibil idad de una
isla . Olivier Bessard-Banqu y en « L e d egré zéro de l'écriture s elon H ouellebecq » ,
expresa cómo las relaciones en las que se embarcan los prota gonistas de las novelas de
M. Houellebecq serían un fiel reflejo del funcionamiento del sistema e conómico. En est e
cas o, nuestro autor no estaría sino dando constancia de la relevancia de todos los
elementos de un sis tema cultural y de su interinfluencia, trasladando para e llo los
patrones económicos del comportamiento de la bolsa a for mas de vida social y amorosa:
Depuis Extens ion du domaine de la lutte en effet, Houel lebecq ne fait que dépeindre des
êtres désespérés de ne plus croire en rien ; seuls avec leurs désirs toujours plus e xigeants,
ils vont de f rustra tion en frustration j usqu'à s ' échouer imm anquablem ent sur les rives de la
dépression. On connaît bien la thèse centrale de ses livres [...] : b âtis sur le m odèle des
relations économiques, les r apports sociaux et am oureux so nt dev enus une bo urse d es
valeurs. Et de la même manière que le libéra lism e produit des i négalités à grande éc helle
qui aboutissent à la paupérisation de populations tou j ours plus grandes, de même la
libération soci ale et sexu elle aboutit à une sorte d'extraordinaire accro issem ent des
frustrations et du m al-être. (Bess ard-B anquy, 2007: 35 8)
¿Qué podemos dec ir de los vaivenes, contra dicciones o posturas tan diversas que
adoptan los personajes protagonistas masculinos e n temas como el sex o en las novelas de
Houellebec q? A tenor de lo que acabamos de comentar, que esta inconstancia en su
modo de vivir no sería sino el fiel r eflejo d e la fluctuación de su v alor como seres
humanos en el parquet de la vida. Al modo en que las acciones suben y bajan en el
mercado de valores, así s u e go y su inestabilidad emociona l se muestran en los actos qu e
estos protagonistas llevan a cabo, y mu y a menudo, en la inacción prop iamente dicha,
89
como remarcábamos antes, a propósito del personaje de F rançois en Soumission.
Walter Wagner, en « Le bonheur du néant: un e lectur e schopenhauerienne de
Houellebec q » , destaca los perfiles bajos en la escala social de lo s protagonistas
masculinos:
Si les un s sont e n ca rence s exuelle en raison de leur faible v aleur d' échange sur le marché
de la séductio n (on penserait surtout à Bruno et à Tisserand mais aussi à Dani el1 après le
départ d'Esther), les autres voi ent leur libi do dim inuée p ar une dépression qui
correspondra it à une négation de la volonté de v iv re, nécessaire à l a réalisation du bonheur
précaire sc hopenha uerien. [...] La dépression ou, en l ' occurrence un traumatisme, peuvent
tempérer l' éternel le naissa nce de dé sirs, c' est - à -dire le voul oir-v ivre qui, aux y eux de
Schopenhaue r, correspo nd à la chose en soi de Kant. Il consid ère celle- ci comme l a seule
constante de l'espèce hum aine et soutient qu'elle surviv ra à l'individu. (Wagner, 20 07: 113-
114)
A este respecto, nuestro autor focaliz aría su discurso en los personajes masculinos
que cotizarían a la baja en el me rcado de valores del sex o, no como ellos creen porque no
tengan nada o no deban ofrecer nada a las féminas, sino, fundament a lmente, por no
querer d arse por aludidos de la evolución de éstas en múltiples á mbitos. Estos personajes
masculinos, que se han que dado obsoletos en sus demandas de la e sclavitud sexual
femenina de otros tiemp os, son en sí mismos un signo de que lo están en otros aspectos
del vivir. Así, unos se sienten tan perdidos por haberse quedado estancados en al gún
punto de la rueda d e la evolución que se fo calizan hacia l a depr esión y con ello a la
escase z de sexo / las relaciones. Otros, tr atarán de just ificar su vora z apetito sexual
nuevamente eludiendo r esponsabilidades, y excusándolo con la falta de ent rega sex ual de
sus respectivas mujeres, como puntualiza Sandrine Rabosseau, en « Houellebecq ou le
renouvea u du roman expérimental » :
S'il es t u n point qui déclenche nom bre de pol ém iques lor s de la publication des r om ans de
Houellebecq, c'est sa ns nul doute la descript ion de la misère se xuel le de certain s d'entre
nous, résu ltant de l a libéra lisation des mœurs et de l 'âpreté de la compétition économ ique.
[...] Com me Z ola qui considère le « derrière de la femm e » comme un capital économ ique
à part entière, et ce notam m ent dans Nana, Houellebecq perçoit quant à lui le corps
féminin de la mêm e manière, frolant parfois avec la misogy nie. Dans les romans
houellebecqu iens, on enten d une v oix qui est indubit ablement ce lle d' un pol émiste. Zola
comm e Houell ebecq, tous deux confinen t au génie, sont étrangem ent puissants et brutaux
dans leurs écrits fictionnels. I ls ont c ette paren té d'av oir osé peindre l a sexuali té dans toute
sa bestialité.
Dans Nana, Plat eforme et La Possibilité d‟une île, les deux romanciers posent comm e
postulat une phobie du sexe : par ce que l es f em m es occi dent ales ne veulent plus fai re
l'am our de maniè r e généreuse et spontanée […] les homm es se lancent frén é tique m ent à la
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Los protagonistas masculinos de las novelas de Michel Houellebecq, como hemos
indicado, gozan de buena salud mon etaria. En L a posibilidad de una isla , Daniel1 es un
acaudalado cómico que se ha comprado un a ex tensa casa en una z ona n atural protegida
almeriense, información que el personaje deja di cha entre líneas. Es decir , una de esas
construcciones que se h an realizado con la burb uja inmobiliaria y la especulac ión del
suelo por nuevos ricos a los que se l es han conced ido ciertos privilegios de c onstrucción.
Así viven en sus chalets, rodeados y flanqueados por hectáreas d e natural eza pre servada,
donde el r esto de trabajadores co rrientes no les p uedan molestar. Además, cuando lo d eja
Isabelle, y la extensión de la casa se le viene encima, piensa en venderla y comprarse un
chalet en M arbella, para estar cerca de otros nuevos ricos a los qu e como a él, les gusta
mostrar que tienen c audales pero sólo en su ento rno de seguridad millonaria, no va ya a
ser que se les acerquen moscardone s mileuristas o cuatrocienteuristas, que sería lo más
cercano a la realidad tan to de la déc ada de comp osición de La posibilidad de una isla
como de la d écada en la que ahora nos en contramos. En esta novela, y a propósito de su
relación con l a secta d e los elohimi tas, Daniel1 hace referencia a que el profeta pu eda
estar inter esado en captarlo porque además de ric o es un personaje popular , y su
presenc ia podría atr aer a otros adeptos. A este respecto, menciona otros casos de famosos
que han cambiado de cre encias espirituales, e incluso han creado sus pr opias creencias, y
hace referencia a Tom Cruise, el f amoso y bien asentado económicamente actor
hollywoodiense. Como a puntaremos en el c apítulo 3, también señala a David B isbal, a
quién podemos considerar otro nuevo rico, si tenemos e n cuenta la rapidez con que sus
discos fueron promocionados por las discogr áficas asegurando su éxito de ventas en el
mercado.
En Nexos.com , en su sección ―Cultura‖, del 12 de octubre de 2015, César Morales
Oyarvide señala la presencia en la novela El mapa y el territorio del magnate mex icano
Carlos Slim Helú:
En una escena del libr o que transcur re en una galería de Par ís donde el protag onista
expone s u obra, apa rece un invitado sing ular: Carlos Slim Helú, a qui en se nos presenta
como un « anciano de cara extenuada y l igeram ente a botagada, con un big otito gris y un
traje negro mal cortado» . Después de observar con cuidado uno de los lienzos de Martin
durante unos momentos, Slim abandona la galería a bordo de u na lim usina. (Moral es
Oy arvide, 2015)
Del mismo modo, en El mapa y el territorio , J ed Martin, el protagonista, acaba
siendo un cotizado artista, que conoce y frec uenta al propio alter ego d e Mich el
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Houellebec q. Con la mención en sus novelas de estos personajes sobradamente
conocidos por la masa c onsumidora, Houellebecq no está sino a cercando sus tex tos a sus
lectores poten ciales y vi rtuales, en cuanto sus n ovelas sean traducidas. Se acerca, por
tanto, desde el momento de la produc ción del tex to, hacia ese posible futuro público
rece ptor, por ejemplo, con los tres famosos que a caba mos de men cionar, a los mercados
del libro norteamerica no, español y latinoamericano, entre otros. Además, nombrándose
a sí mismo, la autopromoción es automáticamente directa, tanto en el sistema literario
francés como e n todos aquellos a los que llega su obra traducida.
En Sumisión, su personaje prota gonista, François, es profesor en la Sorbona.
Cuando cambia e l gobierno y el país está sometido a un rég imen isl amista su situación
laboral incluso mejora , ya que se le ofrec e la posibilidad de cobrar una pensión suculenta
si se adapta a los preceptos del nuevo régimen.
Este repaso a la situación económica de los personajes de las novelas de Miche l
Houellebec q nos da un a idea de cómo d e la primera novela a la últ ima el rango
económico de dichos personajes se ha elevado considerablemente.
98
CAPÍTULO 2: CUESTIONE S METODOLÓGIC AS
La Teoría de las Re cepciones, la Teoría de l os Poli sistemas y los Estudi os
Culturales constituirán nuestro marco de estudio en esta tesis . En nuestr a
investigac iónfusionaremos estas tres cor rientes porque entendemos que juntas pueden
proporcionar nos un a lcance y un a perspectiva empírica más rigurosa a la hora de abordar
la obra novelística traducida en España de Michel Houellebecq. Habida cu enta d e la
necesaria relevancia con cedida en las últimas década s por la hist oria de la literatura al
papel de los receptores, era insosla y able acometer el tratamiento de la Teoría de las
Recepc iones en un tr abajo como el nuestro, de dicado precisamente al análisis de la
rece pción de la menciona da obra. Siguiendo precis amente los preceptos del padre de esta
corriente, h emos querido además emprender el estudio de la misma con el apoyo de la
Teoría d e los Polisistemas porque entendemos que al igual que la literatura no deb e
observarse aislada de otr as ciencias, como bien apuntaba Hans Robert Ha uss , tampoco
debemos ce ntrar nuestra exploración exclusivamente en los receptores. Si éstos forman
parte d e un engranaje ll amado sistema cultur al, en el qu e se in terrelacionan con otros
elementos como el me rcado, el repertorio, et c, queremos conoc erlo y an alizarlo.
Íntimamente re lacionado con el funcionamiento de un sistema cultural o varios están los
Estudios Culturales, por eso ellos también van a estar en el foco de nu estra atención.
Conceptos como el capit al cultural, la aculturación o el pat rocinio afectan dire ctamente a
las relaciones e ntre los elementos de todo sistema cultural y al modo en que se acoge e n
un sistema receptor una de terminada obra tradu cida como la que en e ste trabajo es
propósito de nuestro análisis. En consecuencia, procederemos a int erpretar estas t res
ramas de estudio con objeto de aplicar las aportaciones de todas ellas a la investigación
que llevamos a cabo en nuestra tesis . Así, tras haber presentado a nuestro a utor, su obra y
el corpus objeto de nuestra investigación en el capítulo pr ece dente, p rocederemos a
aplicar sinérgicamente estas tres teorías en los capítulos que siguen, dedicados al S istema
literario español y a los factores y estrategias de recepción d e las novelas de Michel
Houellebec q en España.
2.1. La Teoría de las rece pciones.
El receptor y su contex to desarrolla n un rol fu ndamental como intérpretes del
contenido de los textos. Sin embargo, este papel no siempre ha gozado de tal
consideración por parte de la teoría y de la historia de la literatura, que sí han aprec iado
99
significa tivamente tanto a los autore s como a la trascendencia inherente a sus obra s. Es
decir, el discurso crítico se ha basado más en el sujeto y el objeto que en el consumidor
literario. Conviene, no obstante, recordar qu e y a en « Au sujet du Cimetière marin »
(Valéry , 2010:1496-150 7), Paul Valéry, que no creía en la posibilidad de « con clure de
l'oeuvre à l'auteur et de l'auteur à l'homme» (Camero, 2000: 40), señalaba la necesidad de
abrir la obra li teraria a las miradas int erpre tativas de los re ceptore s de la misma: « Une
fois publi é, un te xte est comme un a ppareil dont cha cun se peut servir à sa guise e t selon
ses moye ns » (Valér y, 2010: 1507)
La s palab ras del po eta estarían en consonanc ia con afirmaciones más rec ientes,
como la de Umberto Eco (1992), sobre el carácter multiplicativo de la literatura en lo
referente a la exé gesis de las obras literarias. Eco les confiere el apelativo de « obras
manifiestamente abie rtas» , no sujetas a una apr eciación limitada, y más bien expuestas a
una posible variedad de lectura s.
Añ adamos a estas consi deraciones, el interés que la sociología y la psicología
habían mostrado ya por la recepción y el receptor de la liter atura. Ejemplos de ello
podrían ser la estopsicología de Émi le Henne quin ( La Critique scientifique , 1888) y ,
posteriormente, la teoría de la poesía de Ivor Arm strong Richards ( Principles of Literary
Criticism , 2011), estudios a los que podríamos añadir los de Levin Ludwig Schüking
( Sociología del gusto li te rario, 1969), Queenie D orothy Leavis ( Fiction a nd the Reading
Publ ic , 1932), Richard Daniel Altick ( The English C ommon Reader, 1957), que vienen,
por otra parte, a mostrar el int erés en ámbitos angloamericanos y alemanes por el gusto
literario y el público lector. En c ualquier caso, la cuestión solo ha sid o aborda da de
forma parcial y no se cundada de manera generalizada por la m ayor parte de los
investigadores y e scuelas.
Indudablemente, para que el resto de estudios os decidan afrontar una posible
mirada diferente hacia l a fina lidad de la literatura y sus diversos compone ntes, otros
intelectuales, como los inmediatamente mencionados, han tenido que a brirles ca mino
previamente. Afirmacion es de los propios escritore s en pro del destacado papel de la
rece pción y el rol activo de los rece ptores co mo las proferida s por Paul Val éry o
Umberto Eco no vienen sino a darle más fuste a la cuestión. Podríamos hablar y a d e
reorientación de las investiga ciones literarias, cuando además surgen estudios concretos
al respecto, como el desarrollado po r Jean -Paul Sartre (1948) Qu'est -ce que la
littérature?, que se aventuran a hablar d e la lectura como una « création dirigée » . (Sartre,
100
1948: 56)
Toda gran metamorfosis en los posicionamientos de una ciencia n ecesita de un
proceso d e asimilación d e c ada movi miento que s e aleja de las concepciones anteriores.
Así le habría ocurrido a la ciencia liter aria en la búsqueda de una fo calización más
pormenorizada hacia la recepción y el r eceptor. Estos cambios de postura se habrían
dado merced a la conjunción de dist intas aportaciones. Por un lado, los posicionamientos
hermenéutic os (Ha ns-G eorg Gadamer, Paul Ricoeur) y , por otra, ciertamente
fundamental, el enfoque que la semióti ca da a la l iteratura , reconociéndola como uno de
los proce dimientos de interacción social. A estos pronunciamientos habría que añ adir, a
su vez, el propio enfoque ergocéntrico, bien en la prospección de la constante
intersubjetiva de la obra litera ria, en oposición a sus concreciones permu tables (Roman
Witold I ngarden), bien a l crea r un patrón de la evolución y desarrollo li terarios ( Felix
Vodicka). Convien e destacar además el inte rés de los estudiosos por analiz ar la li teratura
de masas, esp ecialmente en su relación con la recepción, a specto qu e nos interesa
sobremanera a la hor a de a bordar la producción nove lística traducida en Esp aña de
Michel Houellebecq.
Cuando Roland Barthes trataba de li diar con la crítica clásica, sobre todo c on el
Estructuralismo francés, Hans Robert Jauss hiz o lo propio con las bases teórica s d e los
estudios filológicos ale manes y , aunque r ecogió los más des tacados postulados del
Formalismo ruso, sin embarg o, echaba en falta una conexión histórica. Hans R obert
Jauss bebe, a su vez, del Estruc turalismo checo para la formulación de sus hipótesis, del
mismo modo que presta atenc ión a las divers as investi gaciones sociológicas qu e se
habían interesado por la utilidad del texto como propósito de sus estudios.
Considerado hoy como figura clave de la Estética de la Recepción, su conferencia
Literaturgeschichte als Provokation der L iteraturwissenschaft , pronunciada en 1967, no
dejó indifere ntes a otros estudiosos de la litera tura, como bien prueban las publicaciones
entre las que cabe d estacar los libros de W olfga ng I ser: The Implied Reader (1972) y The
Act of Reading (1978). De igual modo, estudiosos de la RDA como M anf red Na umann y
Robert Weimann, hicie ron sus aportaciones sobre el tema con sus propios
trabajos: Society, Literature, Reading: The Reception of Literature Considered in its
Theoretical Context . Á msterdam, J ohn Benjamin (Naumann, 1973 ), Structure and
society in li terary hist ory: studies in the history and theory of historical criticism ,
101
(Weimann, 1977).
En cuanto al contexto polac o, Roman Ingarde n, entre otros, servirá de av anzadilla
en el estudio de la cuestión, que tendrá focalizaciones de diversa índ ole, c o mo los
estudios sociológ icos de la rece pción contempor ánea habitual de la li teratura (Antonina
Kloskowska y su escuela , National cultures at the grass-root level , (2001)).
A este respecto y como acabamos de reseñar, s obre todo en las últimas cuatro
décadas han visto la luz un nutrido número de publicaciones dedicadas al estudio de la
rece pción. Sin embarg o, tal y como apuntábamos antes, no es una novedad que los
investigadores se intere sen por esta materia. Sencillamente, este « área ha tenido
anteriormente otros no mbres; por ejemplo, in vestigación del libro ( Buchforschung ),
sociología del gusto, hermenéutica, teoría de la narración, investigaci ón del estilo »
(Hohendahl, 1987).
De todos estos trabajos, nos centrare mos e n los más destacados publicados por el
padre de la Estética de la Rece pción, teoría qu e habría comenzado a florecer en los
propios seminarios que Hans Robert J auss impartió en la Universidad de Constanza. De
ahí que a los estudiosos que siguen la línea investi ga dora trazada por el teórico alemán se
les reconozca como críticos y teóricos de la Escuela de Constanza.
Como venimos comentando, el hecho de que movimientos críticos an teriores,
como el formalismo ruso, o al menos buena parte de sus miembros, tuviesen relegado al
lector a un segundo plano , habría d esembocado en corrientes como l a her menéutica y l a
fenomenología de l a década de los cin cuenta, para dar como resultado la Teoría de la
rece pción. Ésta sienta sus base s en una pl ausible pluralidad de interpretaciones de la
realidad. Aunqu e como cabeza de filas de dic ho estudio fig ura generalmente Hans
Robert J auss, éste desarr olla dicha teoría junto con el crítico y teórico litera rio antes
mencionado W olfgang I s er, otro humanista y colega del primero, si endo ambos doc entes
en la mi sma universidad en la década de los sesenta. La teoría se deno mina a su vez
Estética de la recepción (Rece ptionsaesthetik) en relación al discurso pronunciado por
Hans Robert Jauss en 1967 , en la inauguración de la Universidad de Constanza.
La Teorí a de l a recepción le co ncede al lector una posición predominante dentro
del sistema li terario. El re ceptor no es un mero espectador de acontecimientos, hist orias,
organizaciones tex tuales y r ecursos formales. Es, en sí, un elemento activo cu y a
actuac ión f rente al texto se consid era necesaria para poder con cretar la exist encia del
102
propio texto en el a cto de la lectura. Partiendo de esta base , sus estudiosos la enfocan e n
dos líneas de pensamiento. Por un lado, la Estétic a de la recepción, de Hans R obert Jauss
y Wolf gang Ise r, y po r otro, la Teoría de la respuesta del lector, desarrollada
fundamentalmente por los estudiosos estadounid enses Norman Holland, David Bleich,
Michael Riffa terre y Stanley Fish.
La Estética d e la recepción, entre otros postulados, defiende la visión del tex t o
como un conjunto de respuesta s a las p reguntas formuladas por un horizonte de
expectativas que posee todo lector. Así, habría que abordar el estudio de cualquier tex to
partiendo de la historia de la recepc ión de una ob ra. Se guidamente, hab ría que observa r
el comportamiento de ésta con respecto a las normas que le venga n dadas por la
poética/estética y a quellos horiz ontes de expectativas que surjan al pasar por el proceso
de lectura en distintos períodos de l a historia. Esta postura justificaría que el est udio de la
obra no se cernie se al experimento de un receptor particular.
En cuanto a la Teoría de la respuesta del lecto r, esta utiliz a métodos diversos para
abordar el acercamiento al lector: Norman Holland y David B leich proponen la
psicología, Michael Riffaterre la semióti ca, Stanley F ish la hermené utica. L os estudiosos
de esta corriente explican la obra como aquello q ue se expone a la pe rcepción del l ector.
Según dicha concepción, se puede inferir la subjetividad de la obra, que se manifiesta
como la experiencia misma del re ceptor. Desde esta perspectiva, la c rítica se centraría en
analizar el acercamiento del lector al tex to, y la forma en que éste, al llenar espacios en
blanco, al h acer sus p ropias conjeturas e intentar dedu cir qué va a su ceder, consig a
encontrarle sig nificado y comprobar si sus expectativas se cumplen o no.
Centrándonos en la línea de la Estética d e la recepción, el ape go de Hans R obert
Jauss a la historia le ll eva a conceder a la literatura un papel preponderante dentro de
ella. Así, éste ve al crítico como un intermediario que ha de reconocer y sa ber transmitir
cómo el texto era apreciado en épocas pasadas y c ómo lo es en el momento presente. D el
mismo modo, e ste enfoque de los estudios litera rios permitiría utilizar éstos como puente
entre tiempos remotos y actuales, si se entienden los textos como una producción
humana que puede lle garnos tanto de culturas cerc anas como de otras remotas y /o
extrañas. Así lo justifica Hans Robert J auss en u na entrevista realiz ada en 1996 para la
revista Salud m ental y cultura al c omentar qué le aportó el estudio de la obr a À la
recherc he du temps perdu de Marcel Proust:
103
En busca del tiempo perdid o supuso un reconocimien to de l a alteridad del m undo del otro
y de una cul tura extran jera: la francesa. Mi en cu entro con el mundo de Prous t, pese a su
solipsism o, me i ncitó a elabora r una teoría de l a com unicación: y , ante su obra, per cibo
asimism o una al teridad t emporal pues nuestro mundo act ual está mucho más
instrumenta lizado que e l suy o. ( Salud mental y cultu ra , 1996: 315)
De modo similar a lo ex presado por Hans Robert Hauss, l os receptores españoles
de la obra novelística de Michel Houellebecq en E spaña tendrían,por tanto , la posibil idad
de re conocer esa alteridad y esa cultur a ex tranjera en los modelos de re alidad aportados
por nuestro autor.
En la conferencia inaugural de la Unive rsidad de Constanza en 1967, Hans Robert
Jauss daría un empaque oficial a estos planteamientos y a partir de entonces la Teoría o
Estética de la recepción daría sus primeros pasos como corriente de los estudios
literarios. Ésta pretendía abanderar un giro en e l enfoque d el entendimiento autor-
rece ptor de la obra lite raria que, ineludiblemente, como oc urre con el desarrollo de
cualquier corriente artística, traspasaría los límites de la literatura, y sería tomada como
base por las demás expresiones estéticas.
De tal modo, en su conoc ida obra Lit eraturgeschichte als Provokation ( La literatura
como provocación ) de 1970, Hans Robert Jauss reexamina buena parte de las
mencionadas co rrientes empíricas de las que se nutre y/o a las q ue se enfrenta.
Concretamente, descarta aquellas qu e ponen coto a la singularidad de la comunicación
literaria. Le int eresa en p arte el Formalismo ruso, pero entiende que un a hi storia li teraria,
estructurada en un encadenamiento de sistemas pero separada de la historia general
resulta, a todas lu ces, incompleta. Igual consideración le mer ece el enfoque marxista.
Hans Robert Jauss busca fusionar sendos pensamientos:
Mi intento de superar el abism o exi sten te entre lit eratura e historia, entre conocimient o
histórico y conocimiento estético, pued e comenzar en el lím ite ante el cual se han detenido
ambas escuelas. Sus métodos co nciben el h echo lite rario e n el cír culo cerrado de una
estética de la p roducción y de la pres entación. Con ello quitan a la litera tura una di m ensión
que f orm a parte imprescin diblem ente tanto de su carácter estético com o de su función
social: la dim ensión de su recepción y efec to. (Jauss, 1 976: 162)
Con Hans Robert J auss la literatura vuelve a ten er un lu gar en la histori a. Se le
reconoce su papel artístico sin por ello olvidar la relevanc ia de su rol rece ptor. Las
actividades literarias no se estudian bajo una perspectiva histórica particular y
diacrónica : se analiza su conexión a la re percusión soci al que tienen en el contexto en el
104
que se desarrollan. Este enfoque se corrobora en la antes mencionada entrevista a Hans
Robert Jauss para la re vista Salud mental y cultura :
Para m í, un maestro decis ivo fue Werner Krauss, marxista heterodoxo y gran
hum anista.[...] Me i m presionó mucho, aunque yo no fuese m arxista, r eencontr ar en sus
páginas un acceso a la real idad socia l de l a literatura: leyendo pronto los Manuscritos de
juventud d e Marx llegué a la convicción de q ue la teoría de l a histor ia liter aria sólo puede
concebirse en su relación con l a praxis histórica y la actividad social. ( S alud mental y
cultura , 1996 : 315)
Decididamente , Hans Robert J auss observa un peso creador e histórico en el
público receptor, tan considerable y me ritorio como el que la crí ti ca anterior le vení a
otorga ndo al autor y al texto. Así, el devenir hist órico de la obra literaria ha de estar
marcado por un receptor activo. Ello nos lleva a dar por s entado que el lector no aborda
la lectura de un texto como una concepción v acía, care nte d e información e stética previa.
Dicho lector, incluso in conscientemente, parte de un le gado propio de l ecturas realizadas
con anterioridad. De tal modo, al lector se le reconoce una función pre dominantemente
activa en la historia literaria, integrándolo como pe nsador y transmisor de la obra
literaria:
La implicación estética […] incluye ya una comprobación del valor estético en
comparación con otra s obras ya leídas. La implicac ión histórica se hace visible en el hecho
de que la comprens ión de los prim eros lectores prosigue y puede enriquecerse de
generación en genera ción e n una ser ie de recepc iones. (Jauss, 1976: 164-165).
Entendemos - y así lo hizo el propio Hans Robert J auss - que éste no está t ratando
de establecer parámetros totalmente novedosos en los enfoques contemporáneos de la
historia de la literatura. Ya Aristóteles o Kant, y más recientemente Arnold Hauser,
Arthur Nisin o, como hemos mencionado anteriormente, Jean-Paul Sartre , entendieron la
trascendencia de conceder al receptor un papel más d estacado en los estudios empíricos.
Aludimos, de nuevo, a la entrevista de 1996:
Me siento en la tradición ilustrada. Y he estud iado, más que los autores, las experiencia s
de la literatura o del arte a través de la historia, por ello he tenido que ir desde la poética
aristotélica y des de los vínculos del cristiani sm o con la escritura hasta la época moderna,
para estudiar las relacion es com erciales del público lector con la literatura. ( Salud mental y
cultura , 1996 : 318)
Lo que o curre es qu e será a p artir d e la E scuela de Constanza y las tesis
105
promulga das por Jauss y c oncretadas e n la Estética de la recepción cuando finalmente la
curia intelectu al comenzará a reconocer a los receptores un verdadero puesto en los
estudios literarios. Una vez la crítica litera ria oficializa la conexión int erac tiva entre el
texto y el r eceptor, ésta admite que la obra literaria se constru y e merc ed a dicho vínculo.
El texto ha perdido aquí su carácter de intocable, y necesita del receptor -pensador p ara
que éste colabore en la construcción de significado, llenando los vacíos (o lugares de
indeterminación se gún Roman Ingarden) con a y uda tanto de l a información
proporcionada por el tex to, como de la propia vivencia p ersonal y social de l lec tor. De
ese modo se constru y e el horizonte d e expectativas de Jauss, deudor en parte de
Blumenberg :
Mucho más importante, para mí, siendo ya profesor en Giessen, y par a la nueva escuela de
análisis l iterarios qu e form a mos, ha sido Ha ns B lum enbe rg, filóso fo alem án de m i
generación. Y [...] un libro muy interesante sobre la leg ibilidad del mundo (Die Lesbarkeit
der Welt ) De él prov iene la conc epción de l «horizonte de espera» , así como el interés po r
el vínculo entre preg unta y respuesta que se rehace en cada relación con el pasado
justam ente cuando se reconstruy e, en lo posible, l a cues tión a la que un texto quer ía
responder en su tiempo. Esta dialéctica estaría en la base de una historia de la ci encia ,
según Blum enbe rg. ( Salud mental y cu ltura , 1996: 317 - 318)
Tal reflexión estaría relacionada a su vez con el horiz onte del preguntar de
Gadamer , que concibe que la comprensión global de un texto se adquiere una vez se h a
conseguido abordar el horizonte del preguntar, que está abierto a otras respuestas
posibles. De tal modo, una frase cobra sentido en relación a la p regunta a la que
responde, lo que implica que no está comple tamente limitada semánticamente . En
resumen, el horizonte de ex pectativas, está sujeto al entorno espacio-tempor al
determinado de la acción de la recepción, pero además cue nta c on u n leg ado
experimental del pensador-receptor que le lleva a poder abordar los textos artísticos con
una predisposición a encontrar en ellos ciertos rasgos, h echos o sistemas organizativos
sólidos. Por otro lado, este pensador-receptor estará también presto a recibir una sucesión
de hechos pseudo-imprevisibles, más polari zados en el caso de hallarse dentro de un
entorno social inestable, como pudiera ser una g uerra o una crisis, ec onómica o de otr a
índole.
Hans R obert J auss diferencia, además, conforme avanzan sus investigaciones,
entre un horizonte de expectativas literario (o int ra-literario) y un horiz onte social (o
extra-literario). El horizonte literario comprendería el grupo de tex tos, de uno varios
gé neros literarios, que fu ncionan como mapas del entendimiento, señalando la ruta que
112
no sólo reconocer la figura del productor sino tener en cuenta, además, su s relaciones con
el resto de el ementos. Gracias a las hipótesis formuladas por los pioner os de la T eoría de
los polisistemas -fundamentalmente Boris Ejx enbaum-, encaminadas a buscar ne xos de
unión entre el productor y el resto de elementos q ue integran el sistema, se ha conseguido
una conexión entre los estudios focalizados en l os receptores/consumidores y aquéllas
centradas en los productores. De esa manera, est as investi ga ciones tienen en cuenta la
paradójica y dual funció n del productor como elemento inf lu y ente y susceptible de ser
influenciado.
Según esto, se hace imprescindible tener en cuenta que el productor n o sólo
construy e textos, si bien ésta es la base primera para ser considerado como tal. Sin
embargo, no se comporta como un ente aislado dentro del sistema. La producción y la
cantidad de tex tos producidos, serían una parte minúscula a considerar d entro de lo que
el conce pto de productor impli ca pa ra la teoría de los polisistemas en la actualidad.
En efecto, las funciones de los productores en est a teoría tienen una
consideración más ampl ia. Probablemente, el desarrollo de los acontecimientos que
dentro de una cultura dada influyen en los sistemas cultura les ha y a obligado a los
productores a d esarrollar otras l abores antes acota das a otros agentes del si stema. Se gún
los teór icos, en la actual concepción del funcionamiento de un polisistema literario, las
frontera s entr e los roles desempeñados por unos u otros elem entos, podría decirse que
están cada v ez más difus as. Dicho d e otro modo, la interrelac ión constante y necesaria -
para el buen funcionamiento del sistema - entre los miembros del grupo, hace que éstos se
muevan continuamente de posición y oper en en distintos ámbitos, incluso de manera
simultánea, como veremos más adelante también, cuando hablemos, con cretamente, de la
institución y del mercado .
Por lógica, al ocupa r po siciones y roles en ámbitos diversos y en cierto modo
opuestos, podría d arse el caso d e que las labo res a desarrollar resultasen d e algún modo
difícilmente compatibles . S in emba rgo, ahora y a no podemos hablar de un productor
aislado, ni tan siquiera de un grupo de p roductores individuales. Lo que lo s estudiosos de
la teoría polisistémica reconoc en en el panorama actual de la literatura son agrupaciones
de individuos que form an parte de la cadena productora , interrelacionadas entre sí al
igual que con sus plausibl es consumidores. Es decir, han de ser considerados como
miembros de la institución y del mer cado literario. C omo he mos a notado antes, sus roles
113
se han ampliado o, más bien , la consideración por parte de los estudios empíricos de
estos roles se ha hecho más exhaustiva. Ahora se tienen en cu enta no solo la tarea
individual y m ás sobresaliente del productor, si no también la numerosa cantidad de
actividades dive rsas a l as que éste está sujeto al pa rticipar en comunión con el resto de
miembros integrantes del sistema. Actividades de toda índole relac ionadas con la
producción de textos, que los críticos añaden a la tarea inicial del productor, porque todas
ellas, en suma, dan cuent a de los hec hos literarios, (presentaciones y prom ociones de las
obras por parte d el autor, talleres, lecturas de sus obras, asocia ciones de e scritores,
fundaciones...) sirviendo su interdependencia para ―la formulación de normas y del
estado de cosas en el repertorio‖. (Ev en -Zohar, 1990a: 33). A lo largo de esta tesis
veremos que Mic hel Houellebecq desarrolla ampliame nte todas y cada una de las face tas
y actividades que s e espera por parte d e un productor en la historia d e la literatura
contemporánea.
Con frecuencia la historia de la literatura ha relegado a un segundo pla no las
limitaciones y comportamiento de la existencia de los productos literarios. Eso, cuando
no han sido simplemente obviados y d elegados a otras ciencias, como la sociología,
entendiendo éstos como caracter ísticas no inhere ntes al sistema y , por ende, indignos d e
consideración. Como excusa para esta n egligencia se alude, en ocasione s, a la calidad
efímera d e e stos frutos d e la literatura, sin tener e n cuenta, por tanto, la contribución que
su estudio pudiera aportar al conocimiento global de la labor productora en sí.
Si la teoría de los polisis temas ha a mpliado la concepción del productor con
respec to al rol que le otorgaba la teoría literaria general h asta el momento, otro tanto le
sucede a la d el consumidor/es. Al i gual que el productor ha de movers e en diversos
ámbitos del sistema, y aba ndonar, de cuando en cuando, la solitaria c averna de l a
producción de textos, los consumidores no pueden considerarse, exclusivamente, como
lectores o esc uchantes de tex tos. L as labo res de los consumidore s ta mbién se han
diversificado y, siguiendo los patrones establecidos para los productores, los primeros
también están llamados a operar en distintos ámbitos como integrantes de los he chos
literarios. P or ejemplo, Itamar Even -Zohar h abla de consumidores de literatura directos e
indirectos, clasificaciones que, así mismo, presenta como flexibles, ya que ambos
coinciden en un punto: ser consumidores de tex tos íntegros solo de manera pe riférica.
Del mi smo modo, incide en la pr áctica im posibilidad del público de consumir un
producto puro. A sab er: incluso sin proponérselo, cualquier individuo integrante d e un
grupo está expuesto de mane ra cotidiana a ser consumidor indirecto de textos literarios:
114
Com o miembros de la co m unidad, consumimos sencillam ente una cierta cantidad de
fragm entos literarios, diger idos y transmitidos por variados agentes culturales e i nteg rados
en el discurso dia rio. Fr agm entos de viejas narracione s, alusiones y fr ases hec has,
parábolas y expresiones acuñadas, todo esto y mucho más, constituye el repertorio vivo
depositado en el alm acén de nues tra cu ltura. (Ev en-Zohar, 1990a: 33- 34)
En lo que resp ecta a lo q ue él mismo define com o consumidores di rectos, quienes
expresamente muestran un interés concreto en los hechos li terarios -un grupo que más
bien sería reducido-, el investigador observa q ue resultaría di fícil considerar si su
verdadero afán se centra en la lectura concreta de un texto o si está más cerca no a ser y
sentirse partícipe de dich os hechos literarios:
Los "consum idores" de lit eratura (com o los de m úsica, teatro, b allet y muchas ot ras
actividades socio-culturales i nstituc ionaliz adas) cons um en a menudo l a función
sociocultu ral de l os actos im plicados en la activid ad en cuestión (qu e a veces t om a
abiertam ente la f orma de "acontecim iento" ["happenin g "]), más de lo que se concibe como
"el producto". Rea lizar esta clase de consum o incluso cuando obviam ente consum en "el
texto", pero l a cuestión aquí es que podrían real iz arla inc luso aunq ue no estuviese
implicado ning ún consum o de t exto s. (Even-Z ohar, 1990a: 3 5)
Varios sociólogos y estudiosos de la cultura (Vid . principalmente Bou rdieu, 1971;
Viala, 1985; L af arge, 1 983) han aportado destacados tr abajos en este ámbito. En el
enfoque de Lafar ge (1983: 84), "[ L' analyse de] la li ttérature comme lecture nous montre
qu'il fa ut parler d'une activité comme ensemble et non pas du produit seulement."
Teniendo en c uenta estas aportac iones teóricas, podemos considerar ento nces que
consumir tex tos sería una parte del consumo literario genérico. Como anotamos
previamente, ni siqui era posicionándonos en la visión de los llamados consumidores
directos, podríamos lle gar a afirmar que éstos consumen un producto puro, sino más bien
alterado por el resto de hechos literarios.
Si en el apartado anterior hablábamos de productor y productores, del mismo modo
podemos hablar aquí tanto de consumidores in dividuales como grupales. Esto es, el
público. Con respecto a otros elementos inte grantes del sistema, hemos de r econoc er, tras
considerar los distintos estudios que e stamos teniendo en cuenta en este trabajo, que este
usuario colectivo ti ene, cada vez más, el apo y o d e los investigadore s. S in embargo, aún
quedarían l agunas en su tratamiento, con respecto a la interrelación d el público con el
resto de inte gra ntes del sistema. Es decir, cuál sería la posible influencia ejercida por este
ente, si la hubiese, sobre los otros elementos que conforman e l sistema.
115
Uno de los componentes del sistema que ma y or re sponsabilidad e je rce sobre el
funcionamiento del mi smo sería lo que, en rasgos generales, Itamar Even -Zohar reúne
bajo la denominación de I nstitución. Es la en cargada del funcionamiento de los hechos
socio-culturales aglutinados bajo el ampar o de la li teratura . Ella re gula y vigila la
vitalidad del sistema, permitiendo, premiando o vetando las actividades realizadas por
productores y agentes, es timando a éstos mismos en asociación con instituciones sociales
dominantes en las que e stán integradas. Se erige, en parte, r eprese ntante de la cultura
oficial. Lo que l e confiere el pod er de d ecidir qué productores, mod elos y productos
permanecerán e n la memoria colectiva de un determinado sistema de manera cuasi
indefinida, ejerciendo para ello de su propio paragua s prot ector. Itama r Even- Zohar
muestra una posible lista de entidades / ele mentos integrantes de la institución:
En términos específico s, la institución incluy e al m enos parte de los produc tores, "crítico s "
(de cualquier clase ), casas editoras, publicaciones peri ódicas, cl ubs, grupos de e scritores ,
cuerpos de gobierno (como oficinas ministeriales y ac adem ias), institucione s educativa s
(escuelas de cu alquier ni ve l, incluyendo l as univ ersidades ), los m edios de com unicación
de masas en todas sus fa cet as, y m ás . (Even-Zohar, 1990a: 3 6)
Al tratarse de un ente t an dispar y hetero gé neo es difícil qu e éste pu eda operar
siempre de manera coordinada y que consiga establecer sus preferencias en todo
momento y lugar.
Al modo en que los productos se mueven por el sistema posicionándose h ac ia el
centro o la periferia, en el seno de la institución se dan también luchas por el pod er, en
aras de h acerse con la posición dominante. L o que oc urre es que, c omo comentábamos
en el caso d e los product ores, que no se hallan sujetos a un único ámbito, de i gual modo,
las distintas instituciones pueden e jercer su influencia a distintos niveles:
Por ejemplo, mientras cierto grupo de innov adores pueden haber ocupa do ya el centro de
la in stitución literaria, las escuelas, ig lesias y otros c uerpos y act ivida des so ciocultural es
organizadas pueden obede cer todavía ciertas nor m as que es e grupo y a no acep ta. (Even -
Zohar, 1990a : 36)
A pesar de que las diversas instituciones no formen un todo homogéne o, las
resoluciones o acciones llevadas a cabo por alguno de los inte grantes d e la institución
global, estarán sujetas a las reglas y permisi bilidad otorgadas por cada part e integrante de
dicha institución.
116
Por supuesto, los ti pos de producción y consumo vendrán determinados por ésta
siempre que su influencia funcione en la red sinérgica con el resto de elementos del
sistema. Nuevamente , la formulación de Bourdie u es mu y pertinente en este asunto:
Ce qui « fait les ré putation s, » ce n'est pas, com m e le croient naïvement l es Rastig nacs de
province, tel le ou t elle personn e « influente, » telle ou telle institu tion, rev ue,
hebdomadair e, académ ie, cénacle, marchand, éditeur, ce n'est mê me pas l'ensemble de ce
qu' on appelle parfois « les personnalités du monde des arts et des lettres, » c'est l e champ
de production com m e système de relations objectiv es entre ces agent s ou ces instit utions et
lieu des l uttes pour le m onopole du pouvoir de consécration ou s'eng endrent contin ûment
la valeur des œ uvres et la croy ance dans ce tte v aleur. (Bordieu, 1977 : 7)
Además de la Institución, el otro f actor con un gran pod er d entro del sistema
literario es el que Zohar denomina Mercado:
El "mercado " es el ag regado de los factores implica dos en la compraventa de productos
literarios y en la prom oción de tipos de co nsum o. Esto incluye no sólo ins titucione s
abiertam ente dedicadas al intercam bio de mercancías, tales como librerías, clubes del libro
o bi bliotecas, sino t am bién todos los factores q ue participan en el intercam bio se m iótico
("simbólico ") en que éstas es tán implicadas, j unto con o tras ac tividades relacionadas .
(Even-Z ohar , 1990a: 37)
Por una parte, la inst itución literaria tratará de e ncauzar y determinar los tipos de
consumo, concretará los pre cios (v alores) de los d istintos productos. Por otra parte, e n el
entorno socio-cultural, los elementos del mercado y de l a inst itución pueden operar en un
mismo ámbito. Eventos como los salones liter arios, podrían considerarse instituciones y
mercados. Un producto r contemporáneo como Michel Hou ellebecq está ll amado a
actuar, ho y día, como elemento de la institución y del me rcado. A pesar de ejemplos
como éste, los agentes concretos de c ada ente, como mer caderes o clientes, no tienen por
qué coincidir. En una facultad, que fo rmaría parte del punto ce ntral de la institución
literaria, los profe sores actuarían como a gentes y los e studiantes como clientes. Por
tanto, el mercado está presente en gran cantidad de ámbitos de la vida co tidiana, como
las inst ituciones académicas, salones li terarios, y en otros tiempos fue también punto
central en las cortes reales al igual que en los mercados m edievales. Los criterios de
producción, las normas que vienen dictadas des de la institución quiz á hay an variado,
pero el h echo innegable es que el m ercado es otro elemento esencial del sistema literario.
Cualquiera de los men cionados espacios de posi ble promoción está abierto para que los
productores pu edan d ar a conocer y vender sus productos, mer ced a los mencionados
117
profesores, o a editores, c ríticos literarios, o cu alquier otro ti po de a gentes. En todo c aso,
los hechos literarios necesitarán de este factor para d esarrollarse y crecer como tales.
Como hemos apuntado anteriormente, la inte rrelación entre los dist intos ámbitos del
sistema se hace p atente con la interacc ión qu e se produce entre los mismos. Además, en
este caso, sin promo ción de obras y autores, sin actos y relaciones sociales encaminadas
a la promoción d e productos y productores, no hay sistema. Por ello, resulta de vital
interés para todos los elementos de una literatura, la ex istencia de dicho mercado y el
mantenimiento del mismo en plena a ctividad y ex pansión, lo que se manifestará en el
funcionamiento a pleno desarrollo de los hechos literarios que conforman la esencia
misma del sistema como actividad socio-cultural.
Uno de esos ele mentos indispensables del sistema sería el Repertorio:
"Repertorio" d esig na el agr egado de regla s y m at eriales que rig en tanto la confecc ión como
el uso de cualqu ier pro ducto. Estas r eglas y m ateriales son así ind ispensables para
cualquier p rocedim iento de producción y consum o. (Even-Z ohar, 1990a: 38 )
Dado que es la propia co munidad la que produce y utiliza determinados productos,
el tamaño de la misma habrá de estar proporcionalmente relacionado con el pacto -entre
los integrantes del siste ma- referido al repertorio que ésta va a utilizar. Dicho acu erdo
incluirá un pre-conoci miento por parte de los int erlocutore s de una situación
comunicativa. Evident emente, productores y receptores no ti enen por q ué disponer del
mismo nivel de conocimiento de un repertorio concreto, pero sí se h ace indispensable
que los interlocutores se an co -partícipes de un porcentaje de sapiencia en relac ión con el
mismo para que e l intercambio comunicativo tenga lugar.
A menudo se recurre a la afirmación de que los te xtos serían la parte más v isible de
un sistema o literatura concretos. El repertorio sería, pues, el conjunt o de normas y
materiales que sirven tanto para producir como para comprender textos concretos. Así
mismo si, como hemos comentado, los hec hos literarios se dan en distintas esfe ras o
grados, podría vers e el repertor io literario como una suma de repertorios específicos para
cada estadio. Más pr ecisamente, de manera global, podríamos ver el repertorio como el
saber b ásico y esencial compartido por productores y receptores par a producir y
comprender tanto un texto como otros productos del sistema literario. De igual manera,
podríamos concebir la ex istencia de repe rtorios para uso de cada uno de los elementos
del sistema, es decir, para que éstos sepan cóm o desenvolverse en el rol que les toca
118
repre sentar dentro del mismo. Todos ellos h abrían de tener la con sideración de
repertor ios literarios. El tipo, la ca pacidad y el alcance de un repertorio darán c onstancia
del comportamiento dentro del sistema de prod uctores y consumidores. Éstos tendrán
mayor o menor flexibi lidad en la capacidad de produc ción y uso, respectivamente,
dependiendo del ti po de relaciones que pued an establecer con el resto de eleme ntos del
entorno socio-cultural.
La edad del sistema sería otro aspecto que podría ser determinante p ara el uso del
repertor io y para las decisiones relacionadas con el desarrollo del mism o, así como con la
posible importación de productos y modelos.
En el caso de un sistema joven, lo más probable es que disponga de un re pertorio
limitado, hecho que r edun dará en la búsqued a de experiencia en otros si stemas que se
encuentren dentro de su radio de acción, y a se a por proximidad geográfica, lingüística
cultural, protocolaria, po lítico -social, etc. Así mis mo, si se trata d e un sistema viejo, que
seguramente dis pondrá de un nutrido repertorio, ello no impide que en momentos
puntuales de su historia literaria recurra a utilizar mecanismos de reactivación, por
ejemplo, si se halla en un periodo de cambio.
Por el contrario, pod ría d arse el caso d e que un sistema vie jo con un repertorio rico
no fuese competente para renovarse merced al repertorio creado en el sen o de su propio
contexto interior.
Cuando anteriormente hemos aludido al mercado, hemos insistido en la
importancia de su existencia para el funcionamiento del sistema y d e la n ecesaria
interacc ión de todos los factores d el entorno socio -cultural p ara asegurarlo. Lo mismo
puede aplicarse al rep ertorio. Si en el propio c ontexto literario doméstico existen trabas
por parte del r esto de ele mentos que lo conforman para que el sistema se regenere, éste
podría estancarse .
En otros términos, de n ada se rvirá que una literatura cuente con un repertorio si
éste no se pone a disp osición tanto de productores como de consumidores para que
ambos puedan utili zarlo. Del mismo modo que el mer cado no puede estancarse pa ra el
óptimo funcionamiento del sistema, lo propio es aplicable al r epertorio. Si la instit ución
y el mercado no lo ofertan a sus usuarios y no facilitan el acceso libre al mismo, de nada
les sirve a éstos tener c ono cimiento o no de su existencia.
119
Anteriormente observábamos la im portancia de que en un int erca mbio
comunicativo los interlocutores compartiesen un mínimo de pre -conocimiento del texto.
Ahora bien, habremos de reconocer, así mismo, u n cier to porce ntaje de p re conoc imiento
que ambos interloc utores pueden no compartir. Si nos centramos en los modelos, éstos
pueden ser vistos por los productores como elementos susceptibles de ocupar posiciones
distintas y , por ello, acceder a relaciones tex tuales diversas. S eg ú n esto, los productores
centrarán ese porcentaje de pre -conocimiento, qu e probablem ente no compartan con los
consumidores, en cono cer esas posibles posi ciones. Del mismo modo, los consumidores
focalizará n ese po rcentaje del pre- conocimiento, que no tiene n por qu é compartir con los
productores, en la manera en la que se a cercan al c onocimiento del texto. De todo e llo se
deduce que los modelos utilizados por los productores no tienen por qué ser un calco de
aquellos de los que pue dan servirse los consumidores.
Los estudiosos de la Teo ría de los polisis temas, entre ellos I tamar Even -Zohar, no
ven indispensable elaborar una etiquetación que indique el nivel del m odelo, y a que
podrían reconocerse modelos a utiliz ar tanto para un texto completo como para partes de l
mismo, lo que supondría establecer una sucesión d e ca talogaciones.
A pesar de esta negación de clasificaciones relativas a los tipos literarios,
curiosamente, la idea romántica de creación libre que libera al crea dor artístico del marco
de modelos y a est ablecidos ha perdido fuste frente al reconocimiento por el sistema de
« los tipos c otidianos de discurso (como la c onversación y la na rración c otidianas) »
(Even-Zohar, 1990a: 4 0). Tampoco fue aprec iada esta p erspectiva en las épocas
anteriore s en las que ade más el acto de crear, y hacerlo de manera ex itosa, no se entendía
si éste no estaba sujeto a prototi pos reconocibles. De i gual modo, en la tarea de los
rece ptores estaba implícita la capacidad de reconocer esos modelos.
Precisamente, la teoría d el habit us de Bourdieu vendría a poner d e manifiesto la
interrelación existente e ntre el repertorio ge nerado en/ y por el entorno socio -cultura l,
además del importado y /o adaptado por éste y las estrategias desarrolladas por el mi smo
para proyectarlo y promoverlo de modo que éste sea aceptado, asimilado y reconocido
como propio por sus individuos:
Construire la notion d'habitus comm e syst ème de schèmes ac quis fonctionnant à l'éta t
pratique comme catégories de perception et d'appréciation ou comm e pr incipes de
classement en même temps que co mm e princi pes organisateur s de l ' action, c'était
constituer l' ag ent social dans sa v érité d' opér ateur pra tique de cons truction d' obj ets .
120
(Bordieu, 1987: 24)
Cuestión igualmente interesante es la que concierne a qu é es lo que produce la
literatura, y cómo pue de materializarse dicho p roducto o productos que serán lue go
aceptados o no por la comunidad receptora. A l a hora de abordar cu alquier materia, es
del todo lógico que tendamos a acotar mediante conceptos o re presentaciones concre t as
aquello que quere mos ob servar. Sin embarg o, en el c aso de los productos litera rios, sería
incompleto afirmar que los textos y concretamente los textos ínteg ros son la materia que
define la actividad literaria en sí. Todo depende d el enfoque que le demos al estudio de
esta cuestión.
Si nos limitamos a un análisis literaturológ ico, habremos de centrarnos en analizar
aspectos como estrategias de composición, "historia", estados de ánimo y "oficio"
manifestados en un "texto". (Even-Zohar, 1990a: 43)
Ahora bien, en un estudio más amplio, esto es, culturoló gico (o s emiótico)
habríamos de considerar los textos como parte de los productos de la literatura que están
a disposición de los consumidores. Dentro de este estudio tendríamos que incluir los
modelos de re alidad, a su vez, como productos, si cabe, de may or poder dentro de una
literatura, y que no estarían disponibles únicamente merced a la producción de textos. A
este respecto Zohar hace una clara diferenciación entre lo que los críticos de manera
teórica aprecian como textos y l as distintas modalidades que de los mismos podríamos
encontrar en e l mercado:
Desde el pun t o de v ista del cons um o, los "tex tos" circulan en el m er cado de m odos
variados y apenas nunca - especialm ente si están altam ente canonizados y a lm acenados
finalmente en el canon histórico- como los ven los cr íticos literarios, esto es, com o textos
íntegros. [...] Fragm entos (segm ent os) para uso diario son un m uy notabl e producto
literario. Citas, parábo las cortas y episodios a los que puede hacers e referenc ia fácilment e
son al gunos e jemplos de estos fragm entos. De nuevo, estos fragm ent os pueden ser tratados
como un inventario listo para usar en l a comunicación diaria o com o trasfondo perm anente
frente al que pueden generarse y con el que pueden com pararse nuev os t extos y
fragm entos. (Even-Z ohar, 1990a: 43)
121
Al hablar de la im portación como procedimiento en la construcc ión del repertorio
cultural (2.2.2.) mencionamos los repertorios activos y pasivos en relación con los modos
de re alidad calificados con el mismo nombre, que la socie dad utilizaría como fórmulas
de interacc ión interpersonal dentro de su sistem a doméstico. Esos repertorios estarían
compuestos, por tanto, no solo de textos íntegros, sino también de los frag mentos
mencionados. Todos ellos conforman una b ase significativa del contexto socio -cultural
en el cual se desarrolla y se mantiene una determinada cultura. En mucho s casos, como
y a hemos apuntado, solo se entra en contacto con partes de la relación del canon local, y a
sea por medio de la enseñanza e n las aulas o por medio de la lectura libre de todo tipo de
productos, ho y en día, sobre todo, en formatos mu y dive rsos. Podrían o bservarse, por
tanto, recursos de los tipos de habit us de dicha cultura social. Sucede que,
probablemente, tanto a l a institución como al mercado les interese transmitir la idea de
que los verdaderos y legendarios productos literarios son los textos íntegros, como pura
estrategia para su venta. En ese sentido les puede atañer seguir marcando la diferenc ia
entre textos no literarios (cotidianos) y literarios, por el simple hecho d e que serían un
producto más tangible y, reconocible para proy ectarlo ha cia lo s potenciales
consumidores. Así, preferirían hacer uso de estas c lasificaciones más cerc anas a un
análisis literaturológ ico que sistémico. Como ya hemos comentado previamente, tanto la
existencia del merca do c omo la del resto de los componentes es la clave para mantener el
sistema.
2.2.2. La importación como proc edimiento en la construcción del repertorio.
En todo sis tema cultural dado se generará de manera intra-sistém ica un
determinado repertorio cultural que, a su vez, tenderá a nut rirse de tr ansferencias int er -
sistémicas por medio de la importa ción de literatura tra ducida y mod elos litera rios.
Argumenta Itamar Ev en -Zohar qu e ―El repert orio cultural constitu y e la suma del
conjunto de opciones utilizadas tanto por un grupo de ge nte como por sus miembros
individuales para la organización de la vida.‖ (Even -Zohar, 2008: 218) En definitiva, lo s
productos literarios (textos, fragmentos, citas, r eferencias...) generados por un contexto
socio-cultural determinado serán d e utilidad a la misma sociedad que los genera y los
importa para construir y /o cimentar sus propios modelos de realidad social, que les
ay uden a interactuar dentro de su propio entorno a todos los niveles.
De tal modo, la disposici ón del grupo a utilizar un determinado repertorio cultural
128
concreto hay muchos prod uctores textuales y el neg ocio de l a tra ducción es f undam ent al
para ellos, entonces esta preocupa ción per se puede prov ocar ciertas pre ferencia s para la
adopción de ot ros rep ertorios. (Ev en-Z ohar, 2008: 226 )
Como conclusión, para que una transfe rencia sea oficialmente adm itida y
asimilada por el público rece ptor, habrá que contar oficiosamente con la «naturaleza y e l
volumen de a ctividad » d e los ag entes implicados en la misma, que serán rea lmente los
encargados de diseñar una exitosa rece pción.
En resumen, habrá que analizar meticulosamente el entramado de vínculos
existentes entre los podere s tácticos del sistema domésti co, el tipo de actividad de la
transferencia, y , desde lu ego, l a cor respondencia entre los grupos de pode r y el mercado.
En este último punto será fundamental tener en cuenta « la actividad de los fabricantes del
repertor io que son al mismo tiempo agentes de la transferencia » (Even-Zohar, 2008:
225), y a qu e ésta determ inar á la necesidad d e recepción de la li teratura traducida como
ge neradora del repertorio de destino.
2.2.3. La literatura tr aducida.
En el punto ‗ 2.2.1. ‘ , de este ca pítulo observábamos que escritores como Paul
Valéry y posteriormente investigadores como Hans Rob ert Jauss mostraban su
descontento ante la escas a importancia que se ha dado desde la hist oria de la literatura a
la recepción. I t amar Even -Zohar (1999) expresa este mi smo malestar con respecto a la
falta de r econocimiento otor ga do a la litera tura tradu cid a, c omo contribuidora de la
edificac ión de los reperto rios y c ulturas meta a los que se transfiere.
La s obras traducidas que finalmente consig uen entrar como tales en un repertorio
doméstico ajeno al su y o están expuestas, por un lado, a un proceso selectiv o establecido
por el propio sistema lite rario de acogida. Por ot ro lado, en su trayec toria de llegada al
nuevo entorno estar án sujetas a la normativa, procedimientos y método s concre tos de
dicho contex to. De tal modo, podría decirse qu e no llega n a entrar en el nuevo sistema
porque sí, sino guiada s e n todo momento por el a parato op erativo receptor, que s e pon e
en marcha mucho antes de que los lectores vean finalmente las obr as e xpuestas en
librerías virtuales o físicas. Quiere esto decir que dichas obras co mpartirán un repertorio
específico y en cierto m odo único, aunque sus orígenes sean mu y dispar es; esto es, de
129
países y culturas dif erentes. En re sumen, sí podría ser ló gico entender la literatura
traducida a un entorno literario conc reto como un propio sis tema . Con referenc ia a esto,
el estudioso de Tel Aviv no concibe la posibilidad de llegar a un análisis empírico de un
polisistema litera rio dado , y a sea en un momento concre to d e su historia c omo a lo larg o
de la misma, sin tener e n cuenta esta circunstancia:
Considero la literatura traducida no solo como un sistema integrante de cual qui er
polisistema literario, sino como uno de los más activos en su seno. (Even -Zohar, 1999:
223)
Del mismo modo, Yves Chevrel (1989 ), señ ala la relevancia de la sin cronía y
diacronía como herramie ntas indispensables para los estudios de re cepción, y a que éstas
pueden ofrecer perspectivas distintas -si bien c omplementarias- según sea necesario
poner el punto de mira en los productos o en los receptores de los mismos. Esta
focalización diversa es la que, a su vez, explicaría la diferencia e ntre un análisis desde la
estética de la recepc ión o desde la historia de la recepción:
Le couple synchronie/diac hronie, [...] peut pe rmettre d'aider à disting uer entre e sthétiqu e
de la réception et histoire de la ré ception. Dans la prem ière, l ' accent est mis sur l'obje t
artistique et les capaci tés de production d' une jouissance que cet ob jet rec è le; [...] Une telle
démarche peut appa raître, en fin de com pt e, com m e assez traditionnelle . L'histoire de la
réception m et l' accent sur les le cteurs; faisant, elle aussi, intervenir la durée, el le se
préoccupe beaucou p des relations que l es lecteurs entretiennen t entre eux (par
l'interm édiaire des moy ens de format ion et d'information, notamm ent) et avec la société
dont ils font partie: des coupes synchroniques peuv ent être utiles, voire indispensab les .
(Brunel, Chev rel, 1989: 20 8)
Ahora bien, una vez dicha litera tura ha penetrad o en e l nuevo marc o lite rario, de
manera cuasi automática, los estudios literarios tienden a atribuirle, más o menos
oficialmente, una posición periférica.
Atengámonos nosotros a las reivindicaciones e xpuestas, funda mentalmente, a lo
larg o del si glo XX y en l o que ll evamos del XXI por los ex pertos ya mencionados en el
punto ‗ 2.1. ‘ , así como en este mi smo epígrafe. Haciéndonos e co de las mismas, no
podemos sino tratar de constatar que esta literatura, al igua l que la que podríamos
denominar doméstica pe r se , una vez cae en manos de los lectores, no va a quedarse
quieta en un rinc ón del sistema. Si hemos partido de la base de las Teorías de la
rece pción, con Hans Robert J auss como representante máxim o, y hemos otorgado al
130
público la última palabra en este tem a, no podemos sino admiti r que esta literatura no ha
de quedarse inmóvil o inmoviliz ada una vez ha entrado en nuestro feudo. E l público lo es
tanto para la liter atura local, como par a la lite ratura tr aducida. Hemos con cedido a éste la
potestad de llenar los vacíos de los tex tos que consideramos inacabados sin su lectura,
hemos reconoc ido un horizonte de expectativas en los ejemplare s que hojean e
interpretan, y sus anteojos van a des cifrar enigmas tanto de obras lo cales como de obras
traducidas. Si hemos permitido el paso a éstas últ imas, habremos de reconocer que tienen
tanto derecho como la literatura originaria de nuestro sistema a circular de un lado a otro
del mismo, a reproducirse incluso e n sucesivas reescrituras, y , por t anto, a adquirir
distintas posi ciones a lo l argo de su historia. El uso lector, junto con los apo y os recibid os
por parte del mercado y de la institución acabarán por proporcionarnos muestras del
lugar, o lu gare s, que va o cupando en este nuevo entorno, y de las relacione s que adquiere
con el mismo. Así lo expresa Itamar Even- Zohar:
Que la litera tura tradu cida sea central o p eriférica y que su posic ión aparezca c o nectada
con repertorios innovadores (primarios) o conservadores (secundarios), dependerá de la
ordenación es pecífica del p olisistem a en cues tión. (Ev en -Z ohar, 1999: 223)
Si barajamos la hipótesis de que la literatura tr aducida ocupa una posi ción central
en el poli sistema literario de acogida, con ello admitimos que, precisamente, ha de estar
en movimiento, que ha de ser tenida en cuenta por las élites del sistem a de dist intas
maneras. Tanto si el mercado y la instit ución deciden otorgarle este puesto , como si han
tomado nota de la de man da lec tora, y no han tenido más remedio que permitirle acceder
al mismo, una vez en él, no podrá n presentarla en unos términos cualesquiera. Habrán de
buscarle un as vestiduras adecuadas al c argo que o cupa y , por ende, presentarla en todos
los ámbitos del entorno doméstico del que ahora forma parte como un miembro más, con
sus mejores galas. Se codeará con los grandes productores de la casa y co n sus productos
y modelos, será presentada en los más pre stigiosos círculos litera rios y se sucederán
debates en to rno a ella en todos los cenáculo s del territorio. L os mass media , los
académicos, las inst ituciones de ens eñanza, todo s los elementos de la inst itución y del
mercado la tendrán presente y sabrán, a su v ez, de la im portancia de tenerla pr esente,
para mostr ar y demostrar que están sinc rónicamente pendient es de lo qu e ocurre en el
sistema. No obstante, co mo comentábamos anteriormente, para que todo esto suceda, el
mercado y la institución previame nte habrán tenido que ll evar esas obras de la mano por
el tortuoso camino del nuevo contexto, y seleccionar para ello a los mejores
131
profesionales para qu e se pongan al servicio de tales fine s: los traductores o escritores-
traductore s que en ese momento sean punt a d e lanz a de l as innovaciones estéticas que
demande el públi co lector. Es más, estos productos y /o modelos li terarios, si se ha
decidido que formen parte central del sistema, indudablemente acabarán influye ndo en el
repertor io del m ismo, probablemente siendo causa o herramienta mo delar p ara la
reelaborac ión d el propio sistema. C omo apunt a Itamar Even - Zohar, merced a esta
literatura tra ducida se incorporan al sistema local nuevos valores y componentes:
Así se incluyen posiblemente no solo nuevos modelos de realidad que sustituy an a los
antiguos y a otros bien asentados y a no operativos, si no tam bién t oda otra ser ie de r asgos ,
como un lenguaje (poét ico) nuevo o nuev os modelos y técnicas compositiva s. (Even -
Zohar, 1999: 224)
Precisamente, en este punto es donde habría de ser fundamentalmente considerada
la producción novelística de Miche l Houellebecq traducida en España.
Además, como ya indic amos en al ap artado anterior al habl ar de l a importación
como procedimiento en l a construcción del repert orio cultural, los textos a importar han
sido seleccionados en orige n se gún unos criterios y normas que han de acoplarse
perfectamente a lo que se espera de ellos en el sis tema de lleg ada. S u rol dependerá del
estado de la cuestión en el sis tema r eceptor. En un momento dado, se puede desear que
cumplan con el papel de ejercer de co -representantes de la vanguardia en tot al
concorda ncia con los productos locales que así están clasificados.
Itamar Even-Zohar habla de tres posibles requisitos o circunstancias que habrían de
darse en el sis tema de a cogida pa ra qu e éste recurriese a la liter atura traducida como
motor de renovación de su repertor io:
Cuando un polisistem a no ha cristalizado todavía, es decir, cua ndo una literatura
es« joven», está en proceso de cons trucc ión; cuando una literatura es «periférica » (dentro
de un amplio grupo de literaturas i nterrelaci onadas), o « débi l» , o am bas cosas ; y cuando
existen puntos de inflexión, cris is o vacíos literarios en una literatur a. (Even -Zohar, 1999:
224)
En el primer caso, este procedimiento puede ser frecuentemente utilizado por las
naciones e mergentes, as í como por r egiones de seosas de convertirse en tales, y a qu e
éstas son mu y cons cientes de la importanc ia del «capital cultural » (Lefevere, 1998: 43 -
45) para ganar enteros en la consecución de tal fin. Saben que el volum en de productos
132
literarios en su haber será tenido en cuenta a la hora de ser considerados por otros
sistemas mayores o de más rancio abolengo, para conferirles la importancia que ellos
buscan en todos los ámbit os que puedan generar relaciones entre sí para conformar un
nuevo sistema con identi dad propia. Cada tr aducción realizada, proveniente de lite raturas
con ma y or tra ye ctoria en la historia de la liter atura dará un nuevo im pulso a la len gua
utilizada en el TM. De ese modo, al no poder ésta generar un volumen de tex tos de
creación pr opia en un escaso margen de tiempo, recurrirán a la traducción. I mportar el
mayor número de model os literarios posible, será su tabla de salvación para acrecentar el
volumen de ejemplares en sus bibliotecas, librerías, y , con todo ello, conseguir situar a su
joven literatura en un puesto destacado entre el resto de li teratura s en tiempo récord. Ello
redundará, a su vez, en la concesión de importancia a su lengua com o lengua literaria,
poseedora d e un cont exto y una hist oria propios que le permitan, a ella y a su públi co
rece ptor, hacerse un hueco más o menos destacado dentro d e la historia estética. En otros
términos, esa literatura j oven, gracias al mercad o de la tr aducción busca las fórmulas
necesarias p ara dejar d e serlo y cambiar su estatus experimental por ex perienc ia
rece ptora. Así, las li teraturas em erge ntes se rán l as mejore s y más dispuestas c andidatas a
acoger la literatura traducida. André Lefevere incide so bre el mismo asunto: la
recurrenc ia a la tra ducción como apo y o p ara la consecuc ión de un sist ema sólido en
territorios en los que su propia or ga nización pol ítica, y /o cultural no está ciertamente
delimitada o está en con tinua lucha por la supremacía de unas lenguas y culturas sobre
otras:
I t should not com e as much or a surprise, [. ..] th at t ranslation activity arose in the West in
cultures t hat were not hom o geneous, t hat were, in fact, interna lly divided by linguistic
differences, o r certain degr ees of bi l ing ualism . (Lefevere, 1998: 13)
9
Son de análoga opinión, autores como Giselle Sapiro y Johan Heilbron:
[La traduction littéraire] es t un mode d'accum ul ation de capital littéraire pour des
littératures nationales en voie de constitution, com m e l'illustre le cas de la littérature
hébraïque au d ébut du s iècle. (He ilbron, Sapi ro, 2002: 4)
9
No debería sorprender, [. ...] que la ac tividad traductora floreciese en Oc cid ente en culturas que no eran
homogéneas, que estaban, d e hecho, inter namente d ivididas por dif erencias lin güísticas, o por cier tos
grados de bilingüismo.
133
Lo mismo sucede en el segundo caso, literaturas con una lar ga trayectoria
productiva y que, sin em bargo, observadas dentro de un macro sistema lite rario, aparece n
como más débiles o periféric as.
Esta debilidad podría mostrarse tanto en la escasez de actos y celebraciones en
torno a la vida li teraria como en la posible precariedad d e repertorio de tectada por el
mercado y /o la instituci ón, en relación con las literaturas que, en s inergia con ésta,
forman un vasto grupo y que parecen disponer de una oferta artística más amplia en
ambos casos. En especial, la literatura tra ducida s erá un recur so efectivo para f renar esas
supuestas debilidades.
Si la escasez re novadora, no y a en la pe riferia, si no incluso en el seno central de
estos sis temas más frág il es perdura, el hábito importador puede estar supeditado a la
vang uardia de las literaturas vecinas, supuestamente más fue rtes. Es de cir, l iteraturas con
una ca pacidad creadora may or y más intensa durante el tiempo e n que pe rdure el nexo
exportador-importador entre a mbos sistemas. Itamar Even - Zoha r apunta como ejemplo el
caso de la relación de las literaturas europe as contemporáneas entre sí:
Puesto que las literaturas periféricas del hem is ferio occ idental tienden m uy a menudo a
coincidir c on las l iteratu ras de las naciones m ás pequeñas, «por mucho que nos desag rade
esta idea, nos vem os obligados a admitir que dentro de un grupo de literaturas nacionale s
interrelacionad as, como es el caso de las literaturas europeas, se han establecido relacione s
jerárquicas de sde sus m ismos com ienzos. » (Even-Zohar, 1999: 226- 227)
A esto aluden también Giselle Sapiro y Johan Heilbron, in cidiendo en las
relaciones jer árquicas i nter-sistémicas, en este caso, a nivel interna cional, y su
determinante influjo e n la circulación o estancamiento de las obras traducidas:
En tan t q ue transfert c ulturel , l a tr aduct ion suppose d'abord un espace de relations
internationa les, constitué à partir de l'existence des États - nations et des groupe s
linguistiques liés entre eux par des rappo rts de concurr ence et de rivalité. [...] Le f ait que la
traduction d' un roman polonais ne signifie pas la même chose que la traduction d' un roman
anglais ou allemand, rappelle q ue l e fl ux des liv res tra duits et leur sig nification dépendent
d' abord de la structure de l'espace transnational, es pace hiérarchisé avec ses m odes de
dom ination, dont on peut se faire une i dée sans doute imparfaite lors des grandes foires d e
livres comm e cel le de F rancfort (Heilbro n, Sapiro , 2002 :4)
De igual modo, L efevere alude a las épocas en que el latín era la leng ua de
prestigio en el panorama c ultural europeo, y cóm o este va perdiéndolo frente a algunas
134
de las len guas (francés e in glés) y culturas vernáculas qu e van tomando posi ciones de
mayor fuerza conforme sus propios sistemas culturales se van fortaleciendo:
I n the Mi ddle Ages, Latin occupied a po sition analogous to that of Sumerian, t hat of the
prestige l anguag e, whereas the various national l anguag es, t he still called ‗vernacular s‘ ,
m eaning literally ‗languages for slav es ‘ , which is rather obvious in its implic ations abou t
their cultural status, wer e in a position analogous to that of Akkadian. After the
Renaissance, and in t he centuries that followed, Latin w as gradua lly superseded as a
prestige languag e, first by Fre nch and then by English, but the basic equation remained th e
same, outs ide France and E ngland, of course. (Lefever e, 1998: 16 )
10
Quizá el hecho de que los sistemas anglosajón y f rancés fuesen los pri m eros en
desprenderse, en su día, de la influencia del uso del latín en sus literaturas, pudiera tener
algo que ve r con qu e éstas sean aho ra algunos d e l os contex tos literarios fuertes a los que
alude Even-Z ohar, dentro del hemisferio europeo contemporáneo.
Si tomamos como ejemplo el polisistema europeo, podríamos observar cómo las
literaturas fuertes ha rían uso de la literatura traducida de manera más o menos puntual,
con objeto de insuflar un halo de aire renovado a su repertor io, procedente del citado
grupo.
Ahora bien, en el mi smo contexto, las literaturas más débiles se verían abocadas a
hacer uso de la literatura traducida de mane ra casi sis temática con el fin de mantener y
reac tivar sus repertorios, sus modelos, en la punta de lanza de la vanguardia, y estar así
en armonía de ntro del vasto grupo.
Estas li teratura s han sido probablemente estructuradas siguiendo las directrices de
alguna de las considera das grandes d el mi smo grupo, d e modo que, aunque puedan
adquirir puntualmente posiciones centrales en e l mencionado polisistema europeo, su
lugar más común sería, probablemente, la periferi a.
El tercer caso viene marc ado por esos « puntos de inflex ión » (Zohar:1999, 227), en
los que las nuevas genera ciones rechazarían productos y modelos que, hasta ese
10
En la Edad Media, el latí n o cupó una po sición análoga a la del s umerio, la de un a lengua presti gi osa,
mientras q ue varias lenguas nacionales, tod avía conocid as como « vernác ulas», lo que liter almente signi fica
‗lenguas p ara esclavos ‘ , lo que es más bie n o bvio en sus implicacio nes sobr e su es tatus cultural, ocupaban
una posición análo ga a la del akadio . T ras el Renac imiento, y los si glos po sterior es, el latín
fuegradualmentesobr epasado co m o le ngua de pr estigio, primero por el francés y l uego por el inglés, pero
la ecuación básica se guía sien dola misma, apar te de/fuera de Fra ncia e Inglaterra, por supuesto .
135
momento, habían sido acogidos como vá lidos por los receptores.
Esta cuestión estaría en estrecha relación con lo comentado en el epí grafe referido
a la estabilidad e inestabilidad del sistema y su volumen de produ cción, cuando
tratábamos de establecer los puntos clave y la definición del sistema literario (cfr. 2.2.1.).
Así, las supuestas literaturas fuertes pued en, a su vez, sufrir un viraje hacia la
periferia, empujadas por circunsta ncias especiales como c risis, g randes vacíos literarios,
en los que no tendrán más remedio que ce der el paso a la li teratura traducida, como tabla
de salvación para r ecobrar produ ctos y mo delos primarios y dar muestras de
heteroge neidad e innovación.
Si ni siquiera un re pertorio mínimo gara ntiza la estabilidad de dicho sist ema, a l
no ser admitido y aplau dido por el público lector, la posi ción central d el sis tema será
ocupada po r la literatura traduc ida. En cu alquier c aso, si hablamos d e un si stema estable,
consciente de la n ecesidad de inco rporar y ad mitir estos ca mbios co ntrolados a nte
situaciones o hechos qu e precisan de la aceptación de transferencias int er - sistémicas,
podemos también ver al mismo como vital y p erdurable. En otras palab ras, éste tiene la
capacidad de reconocer una fractura importante en su volumen de modelos, en l a
inadecuación temporal, mom entánea , d e su re pertorio, y no tiene reparos en admitirlo y
tomar medidas drá sticas. Así, si fuera necesario, podría depender dura nte un tiempo y en
exclusiva (o casi) d e la lit eratura traducida para r eactiva rse y tomar prestad os productos
y modelos, ha sta s er capaz de recobrarse, de restablecer un principio productivo que le
permita crear sus pr opios modelos y productos acorde con la demanda.
Este mismo vacío literario podríamos aplicarlo a las literaturas débiles y/o que
además tengan difícil acceso a la renovación d e su repertorio y sus modelos, al no
disponer de literaturas v ecinas con su ficiente c arácter literario. Más precisamente, no
podrán tomar de las mismas préstamos de dichos elementos mediante la importac ión
inter-sistémica y , por ello, su paupérrima situació n podría ace ntuarse, a riesgo de c aer en
el estanca miento vital del sistema.
Curiosamente, la posición tradicional que se le otorga a la literatura traducida
cuando se trata de establece r clasifi cac iones g enerales r eferidas a unas u otras li teraturas,
sería la periférica. Esta clasificación estaría directamente en contraposición con lo qu e
acabamos de comentar en los epígrafes precedentes. En ellos destacábamos que la
literatura tr aducida venía a ser una suerte de c readora de tendencias, una especie de
136
corriente innovadora que solía sacar del estancamiento, incluso, a las literatura s más
fuertes, en períodos de importante vacío vanguardista.
De todos modos, no ha de sorprendernos e l opuesto uso que se le pueda dar a la
literatura traducida por parte del mercado y la instit ución como simple relleno del
repertor io, po r así decirlo, cuando a éstos les interese. Este caso estaría estrechamente
relacionado con los productos o tipos primarios y secundarios y las r elaciones entre
canonicidad e innovación:
La oposición prim ario frente a secundario es la de innovación frente a conserv adur ismo en
el repertorio. Cu ando se establece un rep ertorio y todos sus m odelos derivados s e
construyen de com pleto acuerdo c on lo que permite, n os las habemos con un repertorio (y
sistema) conservador. Cualquier producto individua l (enunciado, texto) será entonces
altam ente predecible, y cualquier desviació n se considerará escanda losa. A los productos
de tal estado l os denom i no "secundario s". (Even-Z ohar, 1990:13)
Pueden darse momentos, en la hist oria de la li teratura de un sistema doméstico
dado, en que tanto al mercado como a la instit ución, o a uno de los dos, les convenga la
prevalencia del conservadurismo frente a la innovación. En estos caso s , uti lizarán el
mecanismo de secundarización:
Naturalm ente, una v ez que se produ ce una conquista, el nuevo repertorio no adm itirá
elementos que puedan vero símilm ente poner en pel igro su dom inio del sistem a. El proces o
de "secundarización " de lo primario re sulta así inevitab le. Lo r efuerza adem ás otro
m ecanismo de "secundariz ación" paralelo, po r medio del cual un si stem a logra reprim ir l a
innovación. Mediante tal proce so, nuevos el emento s son retraducidos, por así decirlo, a
términos viejos, im poniend o de este m odo funciones anteriores a por tadores nu ev os, antes
que cambia r funciones. (Ev en-Zohar, 1990:14- 15)
En dicho contexto, será diseñado por ambas instancias un mecanismo de llegada de
la literatura importada en que ésta se adecúe de tal modo a las norma s y c onvenciones
gobernantes de la literatura doméstica a la que ll eg a. En otr os términos, es como si
hubiese habido para ella un cierre de fronteras, tras ha ber a travesado éstas, para llegar al
nuevo sistema. Ésta pierde, en el proceso de importación, la id entidad innovadora de la
que podría venir cargada, al perder el contacto con su literatura de orige n, qu e,
probablemente, siga un c urso reformador. Así, paradójicamente, la literatura traducida no
será mostrada por el merca do y la institución c omo ba ndera de la modernidad, del
cambio, del progreso, sino como un producto y un modelo secundario y conservador.
137
Será utilizada, como señala Z ohar, para garantizar el gusto tradicional:
Así, una litera tura que t al vez aparec ió com o elem ento revolucionario pue de seg uir
existiendo com o un systéme d'anta n petrificado, m uchas vece s fanáticam ent e custodiad o
por los agen tes de los modelos secundarios contrarios al más m íni m o ca mbio. Las
condiciones que perm iten esta situac ión son por supuesto diametralm ente opue stas a las
que favorecen que la literatura t raducida se c ons tituya en sis tema ce ntral: o bie n no hay
cambios importante s en el polisistem a o bien estos cambios no se efectúan mediante la
intervención de relaciones interliterarias, materializad as en form a de traducci ones. (Even-
Zohar, 1999: 228)
Frente a la ralentización innovador a a la que se somete a la literatura traducida al
introducirla en el sistema de acogida con modelos secundarios como no rma, quienes
controlan éste pueden insuflar a la literatura doméstica air es vanguardistas, permitiéndole
evolucionar gana ndo posiciones frente a la anterior, y apareciendo ante el públi co lector
como la genuina prod uctora de reserva d e modelos y repertorios, acorde con la
contemporane idad. Entendemos que esta circunstancia po dría d arse perfectamente,
justamente después de l o que Z ohar apuntaba como terc er caso en que una literatura
fuerte podría manifestar la nec esidad de un a ur gente transferencia inter - sistémica tras
« puntos de inflexión » (Zohar, 1999: 227) que crea sen un v acío literario destacado en
dicha literatura fuerte. Los mecanismos de poder verían, seguramente, tras esta permisiva
e interesada política de i mportación literaria masiva, la misma urgente obligatoriedad de
poner las cosas en su sitio, y hacer llegar al públic o receptor el mensaje de que su sistema
y su literatura doméstic os sig uen siendo los que era n antes de tal vacío, a saber, los
fuertes. Para conse guir tal fin, recurrirían a los medios necesarios con t al de conseguir
desdibujar las líneas dentro del p ropio sistema doméstico entre literatura traducida y
literatura local. Intentarían, además, volver a enviar a la literatura traducida a una
posición periférica y , lo que es más important e, dar cu enta de e llo ante su públi co
rece ptor por todos los medios disponibles a su al cance, que como sabemo s no son pocos,
y que hemos comentado en los sucesivos epígrafes dedicados a defini r la estructura
misma del sistema literario (cfr. 2.2.1.). Todo lo cual resulta bastante lógico si se siguen
las dinámicas de los sis temas literarios y el a fán de los mismos por mantenerse en
posiciones estratégica s que les permitan ser vistos por otros sistemas, no sólo como
productores de v anguardia, sino también y como consecuencia de ello, co mo candidatos
a producir tra nsferencias para otros sistemas. La suma de estas a ctuaciones garantiza
sobremanera la vida liter aria y cultural del mismo y , por end e, su mantenimiento dentro
de otros macro sistemas; circunstancia que se hace sumamente indi spensable en el actual
144
read Pride and Pre judice , the novel, and if m ore and more people watch version s of it on
television i nstead, i t stan ds to rea son that the visual rewriting of the nov el will e ffectively
replace the orig inal, or rather, fu nction as the original fo r many peopl e. (Bassne tt,
Lefevere, 1998 : 7- 9)
13
En definitiva, los estud iosos en materia d e Estudios Culturales insisten en la
necesidad de conocer todo el proceso de aculturación y canonización de una obra y un
autor, así como las posibles ag endas que planifican todo ese proceso.
A propósito de este proceso de re escritura de modelos y productos, y de la pérdid a
de la hegemonía d e las cult uras dominantes europeas como c asi exclusivas exportadoras
de sus cánones hacia otros sistemas c onsiderados más débiles, cit amos las palab ras
delpoeta brasileño Au gusto de Campos: « A poe sía, por definiçâo. nâo tem patria. Ou
melhor, tem una patria maior » . (De Campos, 1978: 7-8).
Si tenemos en cuenta este pre cepto, y lo aplicamos a cualquier producto o modelo
literario, podríamos de cir que no pertenecerían a n inguna nación e n particular, por lo que
estos podrían ser transferidos a otros países, a otras culturas que también quiera n hacer
uso de los mismos, como capital cultural de la hu manidad, sin ningún tipo de bande ra de
apropiación ex clusiva. A este respecto, las no velas traducidas en Esp aña de Michel
Houellebec q serían un reconocido paradi gma de capital cultural adquirido por nuestro
sistema literarario e incorporado a nuestro repertorio.
13
[En] el proceso de acu lturación, […] es importante, además, constatar que las reescrituras y trad ucciones
funcionan co mo ori ginales p ar a la m ayoría, si no para tod os los m iembros de una cul tura en aq uellos
campos que no constit uyen una p arte importante de su e xperiencia p rofesional. Si, ca da vez, menos y
menos gente lee Orgullo y Pr ejuicio , la n ovela, y, cada vez, m á s y más gente v e versiones d e ésta en la
televisión, es lóg ico que la ree scritura vis ual d e la nove la ree mplace al o riginal, o m ás bien, funcione co m o
el original para mucha gente.
145
2.3.2. La importancia de las reescrituras y los f actore s y estrate gias d e recepción en
el proceso de c anonización d e obra y autor.
Anne Ca y uela ofrece en « D e reescritores y reescrituras: teoría y práctica de la
reescritura e n los paratextos del Siglo de Oro » una posible definición de reescritura:
La « reescritura» designa toda operación que consiste en transform ar un texto A para llegar
a un text o B, cu alquiera que sea la distancia en cuanto a la expresión, el co ntenido y la
función, así com o todas las prácticas de « seconde m ain»: copia, cita, alus i ón, plag io,
parodia, pastiche, imitación, transposición, traducció n, resumen, comentario, explicación,
corrección. (Cayuela, 2000 : 37)
Partiendo de Bertolt Brecht y Mütter Courage , André Lefevere nos indica, en el
capítulo séptimo de Constructing Cultures (1998), posibles estrategias de recepción de
un producto y un model o li terario en el sistema de aco gida, haciendo un seguimiento de
la llegada de la obra a Estados Unidos, y de cómo ésta ha sido recibida por la crítica y los
propios actore s que la han int erpretado.
Los r eescritores (traductores, productores teatrales, cinemato grafícos...) puede n
crear una imagen con creta de un autor en un sistema determinado uti lizando,
fundamentalmente, tr es tipos de re escrituras: traducciones claramente influenciadas por
la ideología del sistema de llega da, aparato crítico y artículos en obras de referencia.
Raúl Rojas Soriano, en su libro Investigación social teoría y praxis , proporciona
una definición de aparato crítico:
Se le conoce también com o r eferencias o citas bi bliográficas. Son las notas que se escriben
en e l texto, a p ie de página o al fina l del l ibro para señalar la fue nte de donde se obtuv o la
inform ación o las id eas exp uestas.
El aparato crítico tam bién incluye las notas que se refieren a explicaci ones de los tér m inos
que se presentan en el traba jo de investig ación, así como la exposición de datos qu e
apoyen o com plem enten el tex to. (Roja s Soriano, 2002 : 124 )
Estas re escrituras tend rían una relación simbiótica entr e sí. Por su parte, los
reescritores, operarían con su propia ag enda, siend o elementos decisivos en el proceso de
aculturac ión de una obr a y un autor y en su posterior c anonización en el sistema de
llega da. Ellos habrían conseguido que obr a y aut or fuesen a ceptados, por ejemplo, en el
caso qu e presenta Lefevere, por el sistema c apitalista americano, a pesar de los
postulados comunistas profe ridos por Bertolt Brecht y de los aires de renovación de la
146
escena que introduce en su obra.
Así, destacamos que el trabajo de la crítica puede influi r en que se acepte /
traduzca o no, a un a utor. Del mismo modo, los traduc tores pueden adecua rlo, por
ejemplo, a un público capitalista/comunista/protestante/católico etc. También las
instituciones que apoy an a los intelectuales, como, por ejemplo, las compañ ías teatral es o
teatros que deciden r epresentar la obra de un autor o llevarla de gira , contribuirán a
difundirla y a ha cer de dicho autor un c lásico en lugar de un olvidado.
Otras inst ituciones implicadas en tal promoción positiva serían centros
culturalesque difund en y produ cen la difusión de los artistas, como p udieran se r el
InstitutFrança is o el Instituto Cerva ntes en Franci a, en España y a lo lar go del g lobo. De
tal modo, las reescrituras jugarían un pap el fundamental a la ho ra de convertir a un
escritor y a su obra en clásicos, como apunta Lefevere:
Writers and their works are transla ted di fferent ly when they ar e considered ‗classics ‘ ,
when their work is rec ogni zed as ‗ cul tural capital ‘ , and when they are not. Writer s become
classics, and their wo rk becomes cul t ural ca pital no t only on thei r/its own merits, but a lso
because they are rewr itten. (Lef evere, 1998: 1 09)
14
La s estrategias de recepción que Lefevere comenta habrían sido utili zadas por los
reescritores de Mütter Courage , para manejar los incómodos postulados de Be rtolt
Brecht ante sus audiencias de Europa (fundamentalmente las I slas Británicas) y Estados
Unidos (contexto capitalist a), de modo qu e la o bra de teatro fuese aceptada por éstas.
Serían cuatro estrategias evolutivas y consecutivas, a saber: (1) ob ra buena versus autor
maldito, (2) préstamo racionaliz ado por los reesc ritores par a salvar la obra del mal (el
escritor del T.O.), (3) la obra no es tan revolucionaria como pudiera pare cer, (4)
consagración de obra y autor. La primera estrategia prepararía el ter reno a la segunda, y
así sucesivamente.
En el primer nivel, e l pr oc edimiento general serí a el siguiente : la obra importada,
el productor, el producto, el nuevo modelo literario, se van introduciendo, merced a la
crítica, sose gadamente, de mane ra convincent e, si bien cautelosa, en el sistema de la
14
Los escri tores y su s o bras se t raducen de manera diferente c uando son co nsiderados ‗clási cos ‘ , cua ndo su
trabajo se r econoce co mo ‗cap ital cult ural ‘ , q ue cuando no lo son. Los escr itores se co nvier ten en clásico s,
y su trabaj o en capital c ultural no solo po r sus propio s m éritos, sino ta mbién porq ue son reescritos.
147
audiencia local tomada como objetivo. L os críti cos, productores teatrales, traductores,
con objeto de aseg urarse desde el primer instante, tanto la atención como el
convencimiento d e la audiencia, p arten de un en frentamiento entre la obra y el autor:
utilizan, de manera subliminal, los clásicos conceptos del bien y d el mal. Así, en un
principio, ambos factore s aparecen totalmente distanciados y los críticos no se enfre ntan
en ningún momento ni con la curia intelectual, ni con el gran público en defensa d el
autor. Los críticos, productores teatrales y tradu ctores no imponen ni a los cenáculos
artísticos ni a posibles receptores en general la aceptación de la obra, y mu cho menos del
autor, con objeto de esquivar así l a censura directa e ir revocable de la élite culta (de corte
tradicional), así como una multi tud exaltad a de detractores entre los posibles
espectadores que no irían a ver la obra. Éstos atenderían al juicio promu lga do por los
poderes locales qu e juz garían la obra d e inf ame y transgresora d e las norm as del sistema.
Al contrario, desde el p rimer instante d e introducción de l a reescritura en el sistema de
acogida, los c ríticos halagan tanto a los eruditos del arte loc al como a la audiencia en
ge neral, cont ándoles aquello que quieren oir, utilizando argumentos que saben que no
serán rechazados. Pueden aducir, por ejemplo, que aún no teniendo el autor y sus
comentarios cabida en la mencionada cultura meta, quizá por ser éstos un tanto radicales,
sin embargo, habría que dar un voto de c onfianza a la obra. En otras palabras, divulgan el
mensaje de que s e estaría ante una ob ra posible mente buena pe ro escrita por un autor
maldito que profiere afirmaciones inde seables -por novedosas y no comprensibles-, sobre
la política y el arte.
En un segundo nivel, los críticos reconocen ante la élite intele ctual y el g ran
público que al tratarse de un préstamo, éste contie ne factores irr acionales (para la cultura
meta, por supuesto) que se han tenido qu e racionaliz ar (por los reescritores) groso modo,
para salv ar la ob ra (del mal: el propio escritor) una vez que ésta h a entrado y a en su
territorio (que entendem os, por supuesto, sim bolizaría el bien). Recordemos que desde el
primer punto se inculca a la audiencia el voto de con fianza en la obra, con lo que,
implícitamente, ésta podría también formar pa rte del bien. Por e jemplo, en este caso, los
traductore s suavizarán, omi tirán o ada ptarán p ara la audiencia receptora discursos en
torno al ámbito de la guerra o la lucha de clases , y las canciones reivindicativas ser án
transformadas en melodías de musical de Broadway .
En un tercer nivel, los re escritore s int eresados en c anonizar esta obra y a s u autor
mostrarán que r ealmente, lo que la obra dice no es ni tan nuevo ni tan revolucion ario
148
como pudiera p arecer; encuadrándolas, para tal fin, en conceptos li terarios más
tradicionales. Si la ob ra en cuestión trata d e rom per moldes respecto a género, modelos
repre sentados, etc, éstos se rán pre sentados ante e l público como verdade ramente algo y a
conocido, aunque ll egue con otro nombre. Pa ra ello podrían utilizar el mecanismo de
secund
arización, (Eve n- Zohar, 1990:14-15).
Y en el cuarto y definitivo nivel, la labor de los reescritore s consiste en consagrar
tanto a la obra como al autor, y afirmar que esta obra merece se r representada en uno de
los teatros del país (tras lo cual podría s erlo en todos ) porque los viejos conce ptos d el
teatro/literatura pu eden perfectamente adaptarse a las afirmaciones del auto r. Es decir, en
esta últim a fase de aculturación, los ree scritores se aventura n a lanzar un órdag o, de
modo que obra y autor aparecen en perfecta sinergia positiva. Ahora y a no s e les
presenta enfrentados, sino coherentes. Es el mom ento de decirles, tanto a los
intelectuales como al gran público, que lo que esta obra presenta y lo que el canon local
dicta, pueden estar también en perfecta comunión, como lo están la ob ra y e l a utor. Se
busca una posi ción central para produ ctor y pr oducto, se defiende tal posición y s e
consigue que al gún miembro influyente de la institución y el me rcado la acepten
definitivamente como tal, tras lo cual la mas a de consumidores, que seguirá sus
prece ptos, hará lo propio.
Lefevere incide así en la importancia del pape l de los reesc ritores y de la imagen
que van a dar de un autor y una obra concreta en u n sistema local determinado. Este rol y
esta im agen adquieren una relevancia superlati va en el caso de receptores que no
entiendan la leng ua de origen y no conozcan tampoco esa cultura. (Lefe vere, 1998:121)
Resulta obvi o que entre la élite int electual que los propios reesc ritores procurarán
que acepten la obra h abrá fundamentalmente miembros de la aristocracia y/o la
burguesía, ya que éstos serán los que por r azones económica s habrán estado expuestos a
lo largo de su ex istencia a los bienes culturales de manera continuada. Del mismomodo,
habrán gozado de un tiempo material necesario para c onocerlos y apreciarlos, como bien
apunta Pierre Bordieu en « Les trois états du capital culturel » :
On voit i mm édi atement que c'est par l ' interm édiaire du t em ps nécessaire à l'acquisition
que s'établit le lien entre le capital économ ique et le capital culturel. En effet, les
différences dans le capital culturel possédé par la famille i m pliquent des différences
149
d' abord dans l a précocit é d u comm encem ent de l' entreprise de transm ission et
d' accumulation, avec po ur limite la pleine utilisation de la totalité du temps
biologiquem ent dispon ible , le temps libre m axim um étant m is au serv ice d u cap ital
culturel maxim um, ensui te dans la capac ité ai nsi déf inie de satisfaire aux exi gence s
proprem ent culturelles d' une entreprise d' acquisition prolongée. En outre, et
corrélativ em ent, l e temps pendant lequel un individu déterminé peut pr olo nger son
entreprise d' acquisition dépend du temps pendant lequel sa fam ille peut lui assurer le
temps libre, c'est- à-dire libéré de l a nécessité économique, qui est l a condition de
l'accum ul ation initiale (tem ps qui peut être évalué comme manque à gagner). ( Bordieu ,
1979: 4-5)
En suma, los reescritores, en concordia con el mercado y l a institución, -pues
forman parte de los mismos- uti lizarán estas posibles estrategias y/u otras, para conseguir
la aceptación definitiva del producto y el prod uctor por parte de la é lite int electual
oficial. Ha de hacerse dir igiéndose directamente a ellos, ya sean aristocracia o burguesía
o, en nuest ros tiempos, llá mense Ministerio d e Cultura , Grupo Plane ta, Atresmedia,
Mediaset, etc, ...en todo caso, no se podrán hace r atajos, ya que son ellos los que ostentan
el poder mediático y por tanto difusor de información, contenidos y divul gación hacia el
resto de la masa receptora, de los hechos li terarios y productos que ell os, a su vez,
deciden que ha y que consumi r.
Así, podemos observar un nuevo ejemplo que nos presenta Le fevere, y aplicarlo a
nuestro autor y a su ob ra. En este caso, concier ne a otr a de las formas de reescritura,
quizá la más evidente: la obra traducida. Ésta se presenta ante los patrones que harán de
proy ecto v ehicular de m odo que comience a circular par a el resto de la audienci a con el
califica tivo de capital cultural, entendiendo por éste aquellos elementos, pr oductos,
productores que necesitan conocer los individuos para ser vist os como inte g rantes de los
círculos adecuados en la sociedad en que se mueve n. Le fevere pone como e jemplo la
sociedad en la que Dry den debía presentar su trabajo.
John Dry den, poeta, dramaturg o y crítico inglés (1631-1700), sería un ejemplo de
productor qu e sabe de la necesidad de todo a rtista de contar con el apo y o d e los patrones
para sacar adelante s us productos. S e ini cia en e stas lides como secretario del chamb elán
Oliver Cromwell en 165 7. Como cabía esperar l e dedica sus poemas. Ca mbia el signo
político y John Dr y den, como buen artista sobreviviente que sabe lo que conviene hacer
en un sistema de patrocinio indiferenc iado, se hace monárquico y d edica sus poemas a
Carlos II . Va más allá y hacia 1662 comienza la escritura de piezas teatrales, adecua ndo
asimismo su pluma a la demanda de la élite int electual y política. A p esar de su sa gaz
150
olfato como productor q ue se sabe en una épo ca en que los artistas son equilibristas en
medio del vacío que han de saber ejercer ante todo la autocensura, su obra The King
Keeper (1678) se prohíbe por indece nte.
La faceta de J ohn Dryden que nos interesa para nuestro es tudi o es la de t raductor
de Virgilio. Sin duda, John Dry den aprende del trabajo de lidiar con sus patrones para
sacar a flote la publicación y/o re presentación de sus propias obra s y de es ta experiencia
como miembro de la ins titución fundamentalmente, ya q ue sus l abores c omo miembro
del mercado le están bastante más restringidas en su época de lo qu e lo están para los
artistas de nuestro ti empo. Est e apr endizaje a l lado de patrone s de la talla política,
económica e intelectual del rey y su corte, que e jercen como elementos de control del
sistema cultural, ll eva a Dr yde n a sabe r de ant emano qué pasos ha de dar para conseg uir
que sus traducciones d e la obra d e Vir gilio sean aceptadas por estos patr ones, sin cu y a
venia, estas im portaciones inter sistémicas no t endrían lugar, según hemos apuntado,
fundamentalmente, en el apartado ‗2.2.2.‘ de nuestra tesis, dedic ado a la importación
como procedimiento e n la construcción del repertorio cultural.
La re cepción d e obras y autores ha r equerido en todas las é pocas la ex istencia de
patrones que pu edan financiar los costes de tales menesteres en todo el p roceso. En los
tiempos de J ohn Dry den la aristocr acia c omenzaba a caer. Le interesa ba más el capital
económico que el c apital cultural. L a burguesía, e n ocasiones, con más po der adquisitivo
que algunos aristócratas, ponía su capital econó mico al servicio del encumbra miento
hacia la aristocracia por medio de la adquisició n de capital cultur al. En la época tener
acceso al latín y fundamentalmente a los tex tos de Virgilio era sinóni mo de prestigio
cultural y por e nde social. Financiar una traducción era invertir para ascender en la escala
social. No había, por tanto, una audiencia hom ogénea, lo que se asemeja bastante al
mapa re ceptor que podría mos encontra r hoy día con la producción novelísti ca de Michel
Houellebec q traducida e n España y, por ello, este ejemplo nos resultará de utilidad para
nuestro estudio. Así, en su introduc ción de la traducción d e La Eneida , Dr y den s e
justifica de modo que su tra bajo pu eda lle gar a s at isfacer a ambas audienci as: a ristócrata
y bur guesa. Éste uti liza como argumentación el no haber tenido much o ti empo para
poder dedicarlo a la traducción como quisiera, y en la misma -dedicad a a un patrón
aristócrata-, cita unas lí neas del original ale gando que ― I give not h ere m y translation of
these verses [ ...] because y our Lordship is so great a master of the ori ginal‖
15
(L efevere,
15
No ofrezco aquí mi traducción d e estos versos […] p orque su señor ía es un gran conoce dor d el original.
151
1998 : 43-44).
En la época en cuestión, quiz á y a hubies e aristócratas que supieran el latín
perfectamente, p ero otro s sim plemente po drían guardar las apariencias, d ejando recaer
esa sapien cia en los clérig os, como venía haciénd ose desde la Edad Media . Asimismo, la
burguesía necesita no sólo conocer la obra de Vir gilio sino además tener a cceso al latín
para tener acceso a la s ociedad cort esana como para escalar puestos en el comercio a
través de ella form ando parte de aquellos que conocen y adqui eren al capital cultural.
Además, esa prosperidad económic a y cultural les permitirá posterior mente escalar
igualmente puestos a nivel social y, por tanto, ser reconocidos como miembros de la élite
culta. En cualquier caso , Dr y den usa la dipl omacia para content ar y llegar a ambas
audiencias. Así podemos observar interrelacionados, los factores más si gnificativos para
la distribución y r egulación del capital cultural por medio de la tr aducción. Factores
íntimamente dependientes de la cultura de re cepción: potenc ial audiencia, patrones que
financien la ree scritura en la cultura receptora, y prestigio de las culturas fuente y meta:
The distribution and regulation of cultural capital by m eans of tr anslat ion, then, depends
on at least the follow ing t hree factors, to which more will be added a s our ana lysis
proceeds: (i) the need, or rather needs, of the a udience, or rather audiences, a factor I shall
address last, (ii) the patron or initiator of the translati on, and (iii) the relativ e prestig e of
the source an d target c ultures and their la nguag es. (Lefevere, 1998: 44 )
16
Entendemos que es irrelevante si el patrón de Dryden era capaz de com parar su
versión y el ori ginal, lo significativo es qu e hubiese una audiencia disp uesta a leer la
traducción par a este fi n. En cualquier caso, l os patrones o iniciadores van a s er
factoresdetermina ntes en todo el proceso implicado en la recepción de un a obra
traducida, eso lo s abían Dr yde n, Voltaire, y cualquier otro ree scritor c ontemporáneo de
Houellebec q. De ahí la importancia de complacerles tanto si se ti ene claro quiénes son,
como si no.
Del mismo modo que Itamar Even - Zohar considera qu e en deter minadas
actividades ciertos elementos del sistema pueden llegar a coincidir en los roles de
16
La distribució n y regulación d el cap ital cultural p or medio de la traducción, dep ende, p ues, al menos de
los tres factores si guientes, a lo s que podr án añadirse o tros: ( i) la nece sidad, o necesidades, de la audie ncia,
o audiencias (ii) el patrón o iniciador de la traducción, y ( iii) el prestigio relati vo de las cult uras y le nguas
fuente y obj etivo.
152
institución y mercado Ev en- Zohar, (1990a), Lefevere (1998) apunta que e stos patrones a
veces pueden conocerse, pero otras, pueden ser simplemente editores que detectan un
hueco potencial en el me rcado, o incluso algo tan abstracto como las expe ctativas de la
audiencia. Ambos coinciden, por tanto, en la dificultad existente, en ocasiones, de
delimitar donde acaba el mercado y donde e mpieza la institución. Con este último
ejemplo, vemos cómo un factor del mercado, un traductor, un grupo editorial, puede
utilizar a la audi encia, para crear e n el mi smo p úblico unas perspectivas que quiz á este
no haya ex presado ni lleg ado tan siqui era a plantearse. Sin embargo, basta poner en boca
del mismo dicha ca rencia cultura l y da rle la suficiente publicidad en los medios, como
para que el propio público acabe interpretando que, efec tivamente, estaba falto de tal
producto o modelo literario y que los pa trones -en la actualidad, probablemente, el gr upo
editori al -, se van a ocupar de subsanar esta carencia.
Si la publi cidad se ha encaminado, por ejemplo, a comparar lo que un sis tema
vecino tenía y ellos no, quizá les hay a hecho sentir complejo de cultura infe rior (como
apuntábamos al hablar de la importación como procedimiento en la construcción del
repertor io cultural (cfr. 2.2.2). De ser así, ésta sería una posi ble estrategia preparatoria
para la recepción d e un determinado p roducto o m odelo litera rio que la audiencia estaría
incluso ex pectante por recibir. D e tal modo, p odría sentir que, efectivamente, se ha
conseguido llenar ese destacado hueco intelectual que venían sufriendo, al no disponer -
como sí lo hacía la cultur a vecina- de dicho ca pital cultural. El potencial público ha
perdido pues, el rastro, o bien no lo ha conocido e n ningún momento, de quién o quiene s
han pro y ectado la idea de la emerg encia de contar con dicho modelo y/o produc to
literario. Es más, p robablemente, hallándose ya en l a fase de a ceptación de la
incorporación de t al reescritura en su me rcado, ni siquiera se lo cuestionen ni le den
relevancia. Simplemente, se hallará n con toda probabilidad a la espera de su rece pción.
Si bien, como hemos comentado, las líneas entre patrones y mercaderes resultan
difíciles de d efinir, Lefevere concreta un poco más detalladamente quienes podrían ser
los posibles patrones:
Patronage can b e exerted b y persons (not nece ssarily the Medic i, Maec enas or Lo uis XI V),
groups of pe rsons (a religious body , say, or a political party), a social c lass, a ro yal cour t,
publishers (whethe r they hav e a virtual monopoly of the booktrade or not) and, last but not
153
least, the m edia: (Lefever e, 1985:2 28 ).
17
Como observamos, los patrones pu eden estar p resentes en todos los estamentos
sociales de pod er políti co, religioso, de mercad o, cultural, mediático, etc. Vistos los
posibles patrones de manera más tangible, en The Manipulation of literature (1985),
André Lefevere presenta otra cara del patronazgo, como mecanismo de control de l
sistema literario. Afirma que éste y el sistema s oci al están abiertos el u no al otro y se
influencian mut uamente. De igual modo, podría decirse que la liter atura controla la
cultura socia l y viceversa. Así, e l sistema literario estar ía supervisado por dos elementos
o factores de control, u no int ra-sistémico y otro e xtra-sistémico. El elemento extra-
sistémico, encarnado po r los patrones, marcaría dichos parámetros de control. En el
primer elemento encontraríamos a los intérpret es/traductore s, críticos, directores de
medios. Estos podrían refre nar la cir culación d e obras literarias conc retas en el caso de
que no se adaptasen convenientemente a la id eología, l a visi ón del mundo espec ífica de
la sociedad de aco gida, en un momento puntua l de su historia. Ciertamente, estos
reescritores opta rían por una especie d e auto censura de los productos y productores que
quisieran aculturar y posteriormente canonizar, aproximándolos a la poética y l a
ideología r einantes en el contexto local. En el elemento intra-sistémico podemos ver
perfectamente reflejadas estrategias de recepción como las que hemos me ncionado para
la obra Mütter Courage en el sistema c ultural norteamericano.
De ese modo, o freciendo la mitad del trabajo he cho al se gundo f actor de control,
extra-sistémico, represe ntado por los patrones propiamente dichos, éste vería conbuenos
ojos la introducción de obra y autor en el siste ma doméstico. Así define L efevere el
segundo fac tor de control:
The powers ( pers ons, ins titutions) w hich h elp or h inder the writing, read ing and rewriting
of l iterature. Patronage i s usually m ore interested in the i deolog y of lit erature than in i ts
poetics. (Le fevere, 1985 : 227)
18
17
El p atronazgo lo p ueden ejerce r p ersonas ( no necesaria mente lo s Medici, Mece nas o L uis XIV) , gr upos
de per sonas (un es ta m ento religioso, o un par tido po lítico), una clase social, una co rte real, publicistas
(tengan o n o un monopolio v irtual d el mercado d el libro) y, finalmente y no por ello menos destacable, los
mass media.
18
Los p oderes (personas, instit uciones) que ayudan o impiden la escritura, lectura y r eescritu ra de la
literatura. A m en udo, el patr onazgo está más interesado en la ideo logía de la liter atura que en su poética.
256
y describe sin pelo s en la lengua el campo de batalla de la actual sociedad neoliberal con
sus perdedore s en los ám bitos económico y sexual. (An agram a, 2017b)
Esta muestra se aprecia mucho más desenfadada y desprovista de tapujos. Tras
dieciséis años desde su primera incursión tradu cida en el mercado literario español, los
lectores ya saben a qu é atenerse con Houellebecq. La editorial lo aprovecha y h ace este
breve preámbulo, más directo y c ercano al lenguaje utilizado por el propio autor.
En las tres páginas que ocupan en junio de 2015 las obras sacada s al mercado
editorial español sobre Michel Houellebecq, la pr esencia del libro en las dist intas
colecc iones por orden de relevancia concedida por la propia editorial sería la sig uiente:
-Ebook en castellano: 1 a pág ina, 1er lugar (con respecto al resto de colecciones de la
propia obra)
-Traducción en pa pel al catalán (Llibres Anagrama): 1ª página, 2° lugar
-Traducción en pa pel al castellano (Panorama de narrativas, la colección con más solera):
2a página, 3er lugar.
-Traducción al castellano y ree scritura reducida de la obra original (Compactos): 3a
pág ina, 4° lugar.
Este reordenamiento de los productos liter arios of recidos po r Ana gra ma n os lleva
a concluir cómo la primera presentación en que apareció el libro, en la colec ción
Panorama de n arrativas, ha perdido fuste entre los lectores, que s e inclinarían cada vez
más por las ediciones más aborda bles, como la digital. A su vez y sobre todo hay que
tener e n cuenta qué ofrec e o qué quiere ofrecer la editorial y hac ia dónde se de canta a la
hora de ex hibir la obra e n uno u otro formato, y 'dirigir' sosla y adamente el gusto d e los
lectores ha cia una u otra prese ntación. Vemos, por ejemplo, cómo se h a introducido la
traducción al catalán, qu e salió al m ercado en febrero d e 2014, en el se gundo pu esto
inmediatamente se guida de la presentación en Ebook al castellano. Esta reescritura en
catalán quizá esté fundamentada en el relanzamiento del autor y su obra merced a la
proy ección en Francia de la película « T he kidnap ping of Mi chel Houellebecq » . Además,
podríamos aventurarnos a pensar, dada la información ofrecida por la editorial e n su
propia página en l a presentación de Soumissió y Sumisión respectivamente, que esta
escala podría verse alterada por una aparición en Ebook en catalán que pudiera ocupar el
primer puesto en la difus ión de la 1 a novela traducida en España de Houellebecq. Como
nos contaba Jane Pil grem en la entrevista de may o de 2017, todo podría depende r d e la
257
posibilidad de adquirir los derechos para la repr oducción del Ebook en catalán y de la
rentabilidad o no de e sa posi ble edición:
Si son anterio res al 2008 es más complicado pasar los a Ebook , o porque no tenem os los
derechos, porque en es a época no se hacía. Es caro convertirlo en un archivo di gital.
Depende del libro, si es rentab le se puede hacer. También está el h echo de que la venta de l
Ebook ha creci do en E spaña pero ha b ajado en ot ros países. (V icente Cast añares, 2017d)
Resumiendo, podríamos decir qu e la editorial se adapta a los nu evos tiempos y a
las nuevas demandas de las generaciones dig itales de sus plausibles nu evos lectores. A
su vez, conce de ca da ve z más relevancia a los lectores en catalán que, sin duda , a juzga r
por el reordenamiento que la editorial ha establecido a la hora de presentar las obras en
su web oficial en 2015, han de representar un número im portante en su cif ra de negocios.
Así, plausiblemente, se les dispensa una consideración destacada en agradecimiento a su
fidelidad o, si no fue ra el caso, se busca esa l ealtad en un mercado que la editorial quiere
cuidar, ampliar y promocionar. No en vano, la sede central de Anagrama está situada en
Barcelona, y como veremos más adelante, la ed itorial y a ha int entado previamente dar
este paso, si bien no tuvo el éxito y la rentabilidad esperados.
En ma yo de 2017, tant o Jane Pilgrem, r esponsable de la compra de d erechos
extranjeros de Anagrama, como Irene Lucas Al emany editora del Grup o Planeta, nos
confirman en sendas ent revistas ex clusivas que al separarse el Grup 62 de Anagrama
para unirs e a Planeta, Anagrama retoma aquel proy ecto inicial que trató de llevar a cabo
con Empúries en 2002, filial del Grup 62, al publicar conjuntamente Plataforma en
catalán.
34
De ese modo, vemos cómo Anagra ma se ha lan zado de nuevo en 2014, ya en
solitario y con el auspici o de Feltrinelli, con la edición de la primera nov ela de nuestro
autor Ampliació del camp de batalla , y la última, Submissió , en 2015, bajo la colección
Llibre s Anagrama.
Jane P ilg rem (Vicente Castañares, 2017d) nos comentaba asimismo que en este
formato sacan los títulos premiados con el n ombre de la colección, y además en
34
Ver anexos, pp . 23 9 y 246 de esta tesis.
258
publicación simultánea títulos en castellano y c atalán de su propio fondo q ue consideran
viables económica mente.
Además, en abril de 2017, observamos una o rdenación distint a de las novelas en
la web de Anagrama (Anagrama, 2017), más concisa y concentrada. Ahora, todas las
obras del autor se presentan en la mi sma página y desde allí se puede acceder a
cualquiera de ellas, nov ela, poesía, ensayos y filosofía, etc.Esta r eordenación conjunta de
todos los títulos del au tor (así como del re sto de autores) puede responder a una
estrategia de márquetin para e nfocar a los lector es al mayor número posi ble de obras a
consultar y comprar. De tal modo, un lector interesado por las novelas de M.
Houellebec q podrá, a su vez, curiosea r en sus obras ensa y ísticas, filosóficas o poéticas al
estar disponible toda la oferta literaria en una única lista.
Las partículas elementales .
Autor
Edición
Título
Ciudad
Editorial/col.
Traductor/a
Michel
Houellebec q
[1998]
Les particules
élémentaires
Paris
Flammarion
Michel
Houellebec q
[1999]
Las partículas
elementales
Barcelona
Anagra ma, Panorama
de narrativas
Encarna Castejón
Michel
Houellebec q
(2000)
Las partículas
elementales
Barcelona
Círculo de Lec tores
(Bertelsmann)
Encarna Castejón
Michel
Houellebec q
(2002)
Las partículas
elementales
Barcelona
Salvat Editores S. A.
[Parte de obra
completa: T.18
Encarna Castejón
Michel
Houellebec q
(2005)
Las partículas
elementales
Barcelona
Anagra ma, Panorama
de narrativas
Encarna Castejón
Michel
Houellebec q
[2006]
Las partículas
elementales
Barcelona
Anagra ma, Panorama
de narrativ as
Encarna Castejón
Michel
Houellebec q
[2006]
Las partículas
elementales
Barcelona
Anagra ma,
E-book
Encarna Castejón
Michel
Houellebec q
[2006]
Las partículas
elementales
Barcelona
Anagra ma,
Compactos
Encarna Castejón
Michel
Houellebec q
(2009) *
Las partículas
elementales
Barcelona
RBA coleccionables
[parte de obra
completa, vol. 24]
/Biblioteca
Anagra ma
Encarna Castejón
Michel
Houellebec q
(2014)
Las partículas
elementales
Barcelona
Anagra ma,
Compactos
Encarna Castejón
Michel
Houellebec q
[2015]
Las partículas
elementales
Barcelona
Anagra ma,
Compactos
Encarna Castejón
259
El libro se publica en Francia en 1998 y un año después Anagrama e dita su
traducción. S egún observamos en el r egistro de la sbases de d atos de libros editados en
España del Ministerio d e Cu ltura
35
, no aparece esta reseña como ocurría en el caso de
Ampliación del campo de batalla , seguramente por la misma circunstancia: la no
informatización de dichos datos antes del año 2000.
Lo que sí consta es la pri mera edición y segunda i mpresión por parte de Círculo
de Le ctores ( Bertelsmann, por entonces propietario único del sello hasta 2010) en junio
de 2000, con un precio li geramente sup erior al de la edición de ma yo de 2002 de Salvat
Editores, S.A, que cuesta tan sólo 5,98 euros. Éste último se ofrec e en un tomo y como
parte de obra completa. Con las mismas características consta otra edición en junio de
2009 de la editorial RB A Coleccionables al prec io de 9,57 euros. En septiembre de 2005
se nos ofrecen datos de l li bro en la colección Panora ma de narrativas de Anagrama. Esta
es la 5 a impresión de esa primera edición. Su precio: 16, 35 euros, se ace rca más al
ofrec ido por Círculo de Lectore s (Bertelsmann). S i bien en última instancia mostramos la
primera constanc ia que ofrecen los datos del Mi nisterio s obre Anagrama, sin embarg o,
ésta dat a de la edición de noviembre de 2002, e iría y a por la 19a impresión de
Compactos Anagrama en octubre de 2014. Este último dato nos indica lo bien que está
funcionando la colecció n C ompactos, por la que la editorial apostó con la entrada de
siglo.
En el caso concreto de la edición sacada por Salvat, parece que respondió a un test
parcial que se hiz o en varias ciudades, para ve r si la publi cación era rent able, se gún nos
comentaba J avier Moreno, editor de Salvat Editores S . A., en la entrevista que ya hemos
incluido al final de nuestro capítulo 3.
Como conc lusión observamos que el im pacto editorial de esta se gunda novela
parece haber sido may or, al haber alcanzado á mbitos más allá de la e dit orial que en
principio lo presentó traducido e n el sistema litera rio español. Círculo de L ectores,
Salvat Editores, S.A y RBA Coleccionables se cuentan entr e las marcas editoriales de
gran difusión en España. Círculo se interesa por la novela un año después d e que ésta sea
lanzada por Ana gra ma, v iendo, sin duda, en ella, una gran posibilidad de mercado entr e
sus fieles lectores, ya qu e la avalan va rios premios literarios en Francia. Además, es un
formato ma y or al de la primera novela, lo q ue según nos comentaba I rene Lucas
35
« B ASES DE D ATOS del Min isterio de cultura sobre Las pa rtículas elementa les ».
[Consulta en línea : http:// www.mcu.es/ webISBN/tituloSi mpleDispatch.do ; 01/05/2 015].
260
Alemany, e ditora de Seix Barra l y Planet a (Vicente Castañares, 2017c), sería un fa ctor
decisivo para qu e Círculo lo encontra se rentable. Salvat Editores, S.A. lo hará tres años
después, cuando la ob ra ha adquirido y a su s primeros premios internac ionales,
incluyé ndola en una obra completa, lo que apunta directame nte a la óptima consideración
que les merec e el autor y , por ende, su obra. T ambién habría que destacar el hecho de
que S alvat Edito res, S.A. fue adquirida por Hachette Livre en 1988, y que el Groupe
Lagardère se hiz o con Hachette en 1992, lo que podría igualmente haber contribuido al
interés de la histórica m arca española bajo el auspicio de L a gard ère, por publicar a este
autor en 2003. Lo propio hará la marca cien por cien española RBA Colec cionables, 10
años después de la incu rsión de la novela en España y con nuevos premi os en su haber,
como apuntaremos más adelante . La obra es ya un producto seg uro, que es lo que prima
en este tipo de cole cciones. Y si en 10 años d e estadía en nuestro país no sólo se ha
mantenido, sino que, como ha sido el caso, su cotiz ación ha ido en alza, no es de extrañar
que estas dos últimas ediciones de obra compl eta ha y an salido al mer cado. Es más,
podrían considerarse co mo una prueba tangible de que la obra litera ria de Michel
Houellebec q sigue ocupando una posición central en el sistema literario e spañol.
En las tres pá ginas que o cupan en junio d e 2015 en la web de Anagrama la s obras
sacada s al me rcado editorial español sob re Michel Houellebecq, la presenta ción del libro
en las dist intas colecciones por orden de import ancia concedida por la propia editorial
sería la siguiente:
-Ebook en castellano: 1 a pág ina, 1er lugar (con respec to al resto de colecciones de la
propia obra)
-Traducción en papel al castellano (e n Panorama de na rrativas, la edición con más
solera): 2a página, 2° lugar.
-Traducción y reescritura reducida de la obra or iginal (en Compactos): 3a página, 3er
lugar.
El Ebook de L as partículas elementales en castellano aparece posicion ado en
junio de 2015 en la primera página de l os títulos dedicados a Houe llebecq,
inmediatamente después de todas las ediciones en catalán y castellano respectivamente,
consagra das a Soumissi on , que aparecen en primer lugar. En esta se gunda novela
observamos que a ún no se han publi cado e diciones en c atalán, ya sea e n Ebook o
impresas. Si bien no des carta mos qu e se h allen en proceso de tradu cción en manos de
alguno de los nuevos traductores contratados por Anagra ma para est a nueva fase de
expansión foc alizada ha cia los lectores de e sta leng ua. Ve mos, por ta nto, un orden
261
similar al de la presentación de la anterior n ovela en el que se concede ma y or
importancia a las ediciones digitales que , por t ener ma yor difusión, podrán también
suponer unos ingresos extra en las arcas editoriales y sufragar así los gasto s del
lanzamiento de las nuevas colecc iones en catalán o castellano en papel o digitales.
Ya en junio de 2015 la edit orial propone, junto con los datos técnicos del libro, la
posibilidad de lee r un frag mento e n la colecc ión Panora ma de narrativas en un ar c hivo
PDF. Sin duda una iniciativa que quier e impulsar las compras d e la misma, ha ciéndola
más atractiva a los lector es con el of recimiento de la inmediatez de acceso a un retazo de
información sobre el argumento. En 2017, siguen ofreciendo la posibilidad d e acceder a
la lectura de un fragmen to, aunque han cambiado el acceso medi ante un a rchivo PDF a
un archivo E-Pub . (Anagrama, 2017c)
En las reseñas de junio de 2015 de l a propia editorial en las colecciones Ebooks y
Compactos se vuelven a citar las palabras del propio autor, y el resumen del argumento
ofrec ido en la Colección Panorama de narrativas, para terminar con varia s citas de firmas
conocidas, fundamentalmente de la prensa francesa, así como una c ita de Jorge Semprún:
«U na autopista del de seo» (Bertrand L eclair. La Quinz aine littéra ire) .
«El libro m ás interesante d esde Un homb re que due rme de Per ec. L a gran nov ela del fin
del milenio» (Fabrice Gaignault, Elle ).
«H ouellebecq reconst ruye l a tram a de la vida de hoy en día con un sen tido de la
progresión y de la disg resió n» (Jorge Sem prún).
«Por más de una razón me r ecuerda a Céline. Al igual que ocurre en Vi aje a l final de l a
noche , Houell ebecq al terna pas ajes de de sesperaci ón y odio por uno m i smo con episodios
de ternura y com pasión» (Adrian Tahourdin, Times L iterary Supp lement ).
«A lerta del desconc ierto, e xperto en nih ilism o, virtuos o de no future : M ichel
Houellebecq» (Pie rre Assoulin e, Lire ).
«I nsolente y políticam ent e incorrec to, es un lib ro de ca za m ayor, al revés q ue tant os otros
que cazan cone jos» (Julian B arnes). (A nagram a, 2017c)
En la presentación en 2017 única mente se amplian los datos téc nicos con e l
código EAN (9788433935908), el códi go del Ebook (EB 390) dentro de la propia
colecc ión y la fecha de publicación (01/03/2015), a sí como la posibilida d de compartir
en Facebook y Twitter (Anagrama, 2017c)
En esta pr esentación, Compactos Anagrama no ofrece la posi bilidad de leer un
fragmento del libro, com o sí ocurre en P anorama de Narrativas, limitando la información
a los datos técnicos:
ISBN 978-84- 339-6730-5
262
PVP sin I VA 10,48 €
PVP con I V A 10,90 €
Núm . de páginas 328
Colección Com pactos
Traducción Enca rna C astejón (Anag ram a, 2017d)
En los datos téc nicos de 2017 se ha añadido el códig o de European A rticle Number
(EAN) (9788433967305 ), el código identificativo del tí tulo dentro de la colección (CM
299) y la fecha de publicación (18/04/2006) . (Anagrama. 2017d)
Lanzarote.
Autor
Edición
Título
Ciudad
Editorial/col.
Traductor/a
Michel
Houellebec q
[2000]
Lanzarote: au milieu
du monde
Paris
Flammarion
Michel
Houellebec q
(2000)
Lanzarote: en el
centro del mundo
Barcelona
Anagra ma
Encarna Castejón
Michel
Houellebec q
[2002]
Lanzarote et autres
textes
Paris
Flammarion,
Librio.
Michel
Houellebec q
(2003) *
Lanzarote
Barcelona
Anagra ma,
Panorama de
narra tivas
Javier Calzada
Michel
Houellebec q
[2006]
Lanzarote
Barcelona
Anagra ma.
Panorama de
narra tivas
Javier Calzada
Michel
Houellebec q
(2006)
Lanzarote
Barcelona
Anagra ma,
Compactos
Javier Calzada
Michel
Houellebec q
(2015)
Lanzarote
Barcelona
Anagra ma.
Compactos
Javier Calzada
Michel
Houellebec q
[2017]
Lanzarote
Barcelona
Anagra ma.
Compactos
Javier Calzada
Por fin percibimos que, en lo que con cierne a L anzarote , frente a las no velas
anteriore s, el libro sí aparece reflejado en las bases de datos del Mi nisterio de Cultura
36
desde su primera edición e impresión. En su caso, como Lanzarote, en el centro del
mundo en diciembre de 2000. La obra constaba en sí de dos libros: relato y fotos de la
isla. Este hecho parece h aber influido en su clasificación en el apartado ‗Materia‘, como
‗ Fotografía y fotógrafos, geografía, comunidad autónoma de Canarias ‘ . En esta ocasión
36
« B ASES DE D ATOS del Min isterio de cultura sobr e Lanza rote ».
[Consulta en línea :http:// www. mcu .es/ webISBN/tituloSi mpleSearch.d o?p arams.cisbnExt=&par
ams.forzaQuer y=N¶ ms.cdispo=A&layout=bu squedaisb n&language=es &prev_la y out =busquedaisb n&
params.ord erByFormId=3&par ams.liConceptosE xt[0].texto=LANZAROT E&T OTAL=551&POS=3 50&
MAX=50&action= goTo Page&PAGE=4 ; 01 /05/2015].
263
no se muestra encuadrado en ninguna colección concreta. Tres años después Anagrama
vuelve a e ditarlo en Pa norama de narrativas. Esta vez con un título más directo y
simplificado, que se guirá siendo utiliz ado en la siguiente edición en la colección
Compactos de mar zo de 2006, cuya impre sión salió a l mer cado e n enero de 2015,
aprovec hando el éx ito d e ventas que se e staba produciendo en Francia y Alem ania con
Soumission, como nos h a confirmado J ane Pilgrem ( Vicente Castañares, 2017d). Como
veremos con La posibilidad de una isla en el c aso de Alfaguara, el pr ecio se ha ido
reduciendo en cada edi ción. De hecho, la prime ra, más costosa s eguramente al incl uir
fotografía s, se abandona y se retoman Panoramadenarrativas y Compactos , más
asequibles ec onómicamente para los lectores.
En las tres pá ginas que ocupan en junio de 2015 en la web de Anagrama las
obras sacadas al mercado editorial español sobre Michel H ouellebecq, la presentación
del libro en las distintas colecciones por orden de importancia concedida por la propia
editorial sería la siguiente:
-Traducción en pa pel al castellano (Panorama de narrativas, la edición con más solera):
2 a pág ina, 1er lugar.
-Traducción y reesc ritura reducida de la obra original (Compactos): 2a página, 2° lugar.
Consecuentemente, echamos en falta en est e caso al menos la edición en Ebook en
alguna de las 2 lenguas co oficiales del Estado español con las que viene trabajando l a
editorial. Probablemente la rentabilidad de este proy ecto no ha ya sido a ún avalada d e
interés por no tener la mi sma repercusión y /o aceptación entre el público l ector que otr as
obras literarias d el mismo autor. Nos confirmaba esta cuestión la propia J ane P ilg rem ,
responsable de los derechos de traducción de Anagrama, que nos detallab a asimismo a
qué c riterios respondía el orden en que aparecían las distint as ediciones en su página
web .
37
Anotamos a continuac ión la rese ña de la obra en la colección Panorama d e
narrativas en junio de 2015, que se conserva en 2017:
En Lanzarote el pa isa je es como m íni m o lunar si no marciano, según la ag encia de v iajes.
Sin embarg o, es posible encontrarse con interesan tes especímenes humanos: por ejemplo,
Pam y Bárbara, lesb ianas alem anas no e xclusiv as, lo que puede o rigin ar in teresant es
combinacio nes. ¿Serán capaces de se duci r a Rudi, el inspector de policía luxem bur gués
exiliado en Bru selas? ¿O bien este se incorp orará a la secta de lo s azraelianos pa ra
preparar la regene ración de la humanida d por los extraterrestres ?... Un texto publicado
antes, fuera de colección, acom pañado por un ál bu m de fotos del prop io Houellebecq.
37
Ver anexos, p. 2 46 de esta tesis.
264
(Anagram a, 2017e)
En abril d e 2017 s e man tiene esta mi sma descripción, se añaden los datos que y a
comentamos para la novela anterior, EAN (9788433970206), códi go del libro (PN 560) y
fecha de publicación (18/04/2006). Del mismo modo que con el resto de novelas y
colecc iones se ofrecen los enlaces con Facebook y Twitter. ( Anagrama, 2017e)
No se propone aquí a l lector -como sí ocur ría con Las partículas elementales - lee r
un fragmento de la obra por medios digitales. Simplemente responde a u na cuestión de la
plantilla de Ana gra ma, según nos confirmaba la propia Jane Pilgrem: « D e pende d e la
persona que lle va la we b. No somo s mucho pe rsonal » (Vicente Castañ ares, 2017d).
Observemos así mismo la re seña de la obra en Compactos Anagrama de 2 015:
En el segm ent o de las vaca ciones crazy techno afternoons , a la isla de Lanzaro te le r esult a
difícil riv alizar con Corfú o Ibiza. Ni pensar siqu iera en el turismo verd e , ni en el turismo
cultural. En Lanzarote , como testimonian las fotos de Houellebecq, el paisaje es como
m ínimo lunar..., si no m arci ano, según la ag encia d e via jes.
Sin embargo, es posible encontrarse con i nteresan tes especímenes humanos: véase, por
ejemplo, Pam y B árbara, les bianas alemanas no exclusiv as ... lo qu e puede originar
interesantes com binacione s. ¿Serán capac es de seducir a Rudi, el inspec tor de policía
luxemburg ués exiliado en Bruselas? ¿O bien éste se incorporará a la secta de los
azraelianos, a fin de preparar la regeneración de la hum ani dad por los extraterrestre s? Y l o
m ás importante, ¿se lo pasará b ien nues tro héroe du rante su semana de v acacio nes?
«U n r elato t an á cido como desencantado, t an desencantado com o fr ívolo, con pág inas p or
las que se des liza el m e jor Houellebecq» (J esús Ferrer o, El País).
« Michel Houel lebecq ironiza sobre lo qu e son las v ac aciones al uso, en este ri nc ón
perdido del mapa, entre ―jubilados anglosajones‖ y ―f antasm ales turistas noruegos‖»
( ABC) .
« Tanto Houellebec q com o Rem K oolhaas describen la m oder nidad a trav és de una pup ila
helada que desdeña la concesión amable o l a interpretación acaram elada» (Luis
Fernández- Galiano, Arqu itectura Viva).
«H ouellebecq es el perfec to narrador de nuestros tiem pos: cínicos, despiadados , pérfido s,
ridículos y dep rim idos» (M. Belpoliti, L'Espres so). (Anag ram a, 2017f)
Nuevamente en 2017 vemos la misma presentac ión y únic amente añadido s los datos que
y a hemos comentado para la colección Panorama de narrativas: EAN (978 8433972484),
código del libro (CM 394) y fecha de publicación (18/04/2006). (Anagrama, 2017f)
265
Plataforma.
Autor
Edición
Título
Ciudad
Editorial/col.
Traductor/a
Michel
Houellebecq
[2001]
Plateforme
Paris
Flamm arion
Michel
Houellebecq
(2002)
Plataforma
Barcelona
Anagram a -Em púries
Encarna Cas tejón
Michel
Houellebecq
(2003)
Plataforma
Barcelona
Círculo (Ber telsm ann)
Encarna Cas tejón
Michel
Houellebecq
(2004)
Plataforma
Barcelona
Anagram a, Co mpactos
Encarna Cas tejón
Michel
Houellebecq
[2006]
Plataforma
Barcelona
Anagram a, Co mpactos
Encarna Cas tejón
Michel
Houellebecq
[2006]*
Plataforma
Barcelona
Anagram a, Panor ama de
narrativas
Encarna Cas tejón
Michel
Houellebecq
[2006]
Plataforma
Barcelona
Anagram a, E-book
Encarna Cas tejón
Michel
Houellebecq
[2006]
Plataforma
Barcelona
Anagram a, Co mpactos
Encarna Cas tejón
Michel
Houellebecq
(2007)
Plataforma
Barcelona
Anagram a, Panor ama de
narrativas.
Encarna Cas tejón
Michel
Houellebecq
[2007]
Plataforma
Barcelona
Anagram a, Co mpactos
Encarna Cas tejón
Michel
Houellebecq
(2014)
Plataforma
Barcelona
Anagram a, Co mpactos
Encarna Cas tejón
Michel
Houellebecq
[2016]
Plataforma
Barcelona
Anagram a, Co mpactos
Encarna Cas tejón
Como dejan constancia las Ba ses d e datos del Mi nisterio de Cultura
38
, Empúries
no podía mi rar para otro lado y t enía que implicar se en la prime ra edición en España d e
Plataforma para el mercado catal án junto co n Anagrama. Era inevi table, ante el
crec imiento en interés editorial que va a suponer el lanzamie nto de esta novela, tanto por
lo ya conocido del autor, sus obras y premios anteriores, como por las editoriales que se
interesaron por ellas pre viam ente y la polémica su scitada nuevamente por el esc ritor y la
novela.
Empúries, filial del Gr up 62, por entonces aún no perteneciente al Grupo
Planeta, será la que ofici almente figure como edit orial del libro en catalán, coeditado con
Anagra ma en una colección llamada Anagrama-Empúries en septiembre de 2002.
Pese, por t anto, a lo comentado sobre las ediciones en catalán de las tres novelas
38
« B ASES DE D ATOS del Min isterio de cultura sobr e Plata forma ».
[Consulta en línea :http:// www. m cu.es/webISB N/tituloSimpl eDispatch.do;j sessionid= A13705 8CADF320
BAB5FB1 3D963E4481 1 ; 01/05/2015].
272
Presumiblemente, en ese mom ento el escritor considera que su caché ha de subir,
viéndose él mismo y viéndolo el ámbito literario como posible premio G oncourt y éste
aprovec ha la ocasión para lanz ar su cotización al alza, reto que no pudo asumir
Anagra ma, como nos confirmaba Jane Pilgrem: « Se fue. Fue una decisión del autor. Le
ofrec ieron más dinero. Se fue y luego volvió ». (Vicente Castañares, 2017d )
También Irene Lucas Al eman y , del Grupo Plan eta, nos ratificaba esta posibilidad
de adquirir una obra concreta o hacerse con un escritor productivo p ara la editorial
siempre que se tenga el capital económico requerido . Por su parte, María F asce, directora
literaria de Alfag uara ( Penguin Random House Grupo Editorial) a ludía a relaciones
concre tas del anterior director de Alfaguara para conseguir La posibil idad de una isla .
44
Teniendo en cuenta sus declaraciones, hemos constatado que Ana gra ma tend ría
relaciones más estr echas con Flammarion que c on Fa y ard, y qu e, probablemente en
aquellas fechas Alfaguara podía disponer d e ma yor capital inversor que A nagrama par a
conseguir los derechos de traducción de e sta novela.
En el caso de Las partículas elementales, vimos que la editorial esp añola Salvat
Editores S.A., y a perteneciente en 2002 a Hachette livre se interesó por publicar la
novela. Dos años más tarde, el mi smo grupo francés del que fo rman par te Hachette y
Salvat, el Groupe L agardère, le toma la d elantera a Flammarion y publica La possibilité
d'une î le con su sello editorial Fayard. Los derechos se venden a Alfaguara, perteneciente
al Grupo S antillana desde 1980, y éste a su vez al Grupo Prisa desde 2000. Entre grandes
grupos andaba el juego, y este p astel no pudo est ar al alcance de la pequeña Anagrama,
que aún resistía por entonces a l as embestidas y solicitudes de compra por parte de sus
pretendientes y rivales d entro de la piel de toro y sus islas. Tan es así que nuestro autor
parece r ecapitular con s u siguiente nov ela -l a d efinitiva en su c amino d e ascensión al
Goncourt- y vuelve con la casa Flammarion. Lógicamente, atendiendo a las palabras de
Irene Lucas Aleman y,Jane Pilgrem y María F asce (Vic ente Castañares, 2017c, 2017d,
2017e ) -a las que acabamos de aludir- el retorno de Michel Houellebecq con Flammarion
incluye la vuelta con Anagrama, como veremos a continuación.
44
Ver anexos, pp . 24 2 y 248 de esta tesis.
273
El mapa y el territorio.
Autor
Edición
Título
Ciudad
Editorial/col.
Traductor/a
Michel
Houellebec q
[2010]
La carte et le
territoire
Paris
Flammarion
Michel
Houellebec q
(2011) *
El mapa y el
territorio
Barcelona
Anagra ma,
Panorama de
na rr a ti va s
Jaime Zulaika
Goicoechea
Michel
Houellebec q
[2011]
El mapa y el
territorio
Barcelona
Anagra ma,
E-book
Jaime Zulaika
Goicoechea
Michel
Ho uellebecq
(2011)
El mapa i el
territori
Barcelona
Empúries
Oriol Sánchez
Vaqué
Michel
Houellebec q
(2012)
El mapa y el
territorio
Barcelona
Círculo de
lectores
(B e rte lsm a nn -
P lane ta)
Jaime Zulaika
Goicoechea
Michel
Houellebec q
[2012]
El mapa y el
territorio
Barcelona
Anagra ma,
compactos
Jaime Zulaika
Goicoechea
Michel
Houellebec q
(2014)
El mapa y el
territorio
Barcelona
Anagra ma,
Compactos
Jaime Zulaika
Goicoechea
Michel
Houellebec q
[2016]
El mapa y el
territorio
Barcelona
Anagra ma,
Compactos
Jaime Zulaika
Goicoechea
Según consta en las bases de datos del Ministerio de C ultura
45
, en a gosto de
2011 Anagrama sa ca l a primera edición en castellano de El mapa y el terri torio en la
colecc ión Panorama d e n arrativas. En la web del Ministerio aparece catalogado con una
de las clasificaciones con que habitualmente se encuentran ordenadas las novelas del
autor: ‗Ficción moderna y contemporánea‘. Mu y poco tiempo después, en diciembre de
2011, Círculo de l ectore s (Grupo Berte lsmann- Grupo Plane ta) recoge e l testi go edi torial
en enero d e 2012. En este caso, el libro ha sido cataloga do como: ‗G énero policíaco y d e
misterio. Francés‘.
Un año de spués, en en ero de 2013, Ana grama lo edita de nuevo en la Colección
Compactos y lo vende e n julio de 2014, c uando está en plena promoción en España la
película « El secuestro de Michel Houelle becq » . Se aprovecha pr obablemente la difusión
del falso documental p ara sacar de nu evo rentabilidad a esta nueva edición del li bro. S e
incluye en la web del Ministerio un aparta do ll amado ‗Notas‘ sobre esta obra, que
especifica: ‗Premio Goncourt‘.
Tras su experienc ia con el Groupe Lagardère, Michel Houellebecq vuelve con
Flammarion y Anagra ma para editar su premio Goncourt.
45
« B ASES DE D ATOS del Min isterio de cultura sobr e El map a y el territorio ».
[Consulta en línea :http:// www. mcu .es/ webISBN/tituloSi mpleDispatch.do ; 01/05/2015 ].
274
La ordenación de las distint as colec ciones aparecidas de la obra en la web de
Anagra ma en 2015 era la siguiente:
-Traducción y reesc ritura reducida de la obra original (Col. Compactos): 1 a página, 1er
lugar.
-Ebook en castellano: 2a página, 2° lugar (con respecto al resto de colecciones de la
propia obra)
-Traducción en pa pel al castellano (Panorama de narrativas, la colección con más solera):
2a página, 3er lugar.
Observamos diferencias con respecto a la presentación de otras obras. Y e s que,
en esta ocasión se ofrece al lector primero el soporte Compactos, seguido del Ebook en
castellano y de la colección Panorama de narr ativas. Genera lmente estas dos últimas
suelen preceder en otros casos a la primera. Entendemos que si se presenta así ha de
atender a la demanda qu e esta obra está teniendo en el formato Compactos, o quizá más
bien a que s e trata de l a reedición más reciente de la obra sa cada por Anagrama e
impresa en julio de 2014, como nos apuntaba Jane Pilgrem (Vicente Castañares, 2017d ).
Ahora estamos en e l tercer momento d e la agenda de llegada de la no vela a
España: la publi cación de la traducción . En la página web de la editorial Anagrama
encontramos una d escripción y pr esentación física del libro con datos concretos: I S BN,
precio, etc. También descubrimos que la traductora propuesta antes de la aparic ión del
libro, es decir, En carna Castejón, y a no s e muestra. El traductor elegido finalmente es
Jaime Zulaika Goikoechea. Observamos además un compendio conciso del li bro, que
hemos omitido aquí, y a que hemos preferido mostrar la lista de firmas célebres elegidas
por Anagra ma para dar p eso a esta publicación con sus comentarios. En primer lugar, se
proporcionan críticas procedentes de la prensa fr ancesa, como para decir: si se habla bien
de Houellebecq en su propia casa, eso es en sí una garantía. Y luego, se nos ofrece una
lista de periodistas de toda la prensa española, as í como una crítica del periódico Frente
de Méx ico como representante de los potenciales lectores l atinoamericanos. Como sería
de esperar, toda s las críticas elogian El mapa y el territ orio :
(Nelly Kap rielian, Les Inro ckuptib les).
(Le Figaro ). (Ro bert Sa ladrig as, La Vanguard ia ). (Sant iago G am boa, El País ).
(Antonio G. I t urbe, Qué Leer ). (Nuria Az ancot, El Mu ndo ). (Manue l Rodr íguez Rivero,
El País ).
(Manuel Rodr íguez Riv ero, El País ). (I ñaki Ez querra, El Correo Español ).
(Antonio Loz ano, La Vang uardia Ma gazine ). (Pa u Arenós, Dom inical ). (Andrés I báñez,
ABC ).
275
(Nadal Suau, E l Mundo ). ( Milo Krm potic, Sigueleye n do ). (Lucas Ma rtín, La Opi nión de
Málaga ).
(Em iliano Monge, Frent e , México) .
(Anagram a, 2017m )
En 2017 se man tiene una presentación simil ar. En este caso se ofr ece también
como en otras novelas, un enlace a un archivo E -Pub para leer un fr agmento de la novela
y enlaces a otras reseñas de prensa:
La Opinión de Málaga
La Vanguardia
La Opinión de Murc ia
Frente,
Diari de Ma llorca
El País
Leer
Vanity Fair
El Periódico
Sur
Go Magaz ine
El Correo B ilbao
Qué Leer (Anag ram a, 2017m )
Sumisión.
Autor
Edición
Título
Cidudad
Editorial/col.
Traductor/a
Michel
Houellebec q
[2015]
Soumission
Paris
Flammarion
Michel
Houellebec q
(2015) *
Sumisión
Barcelona
Panorama de
narra tivas
Joan Riambau
Möller
Michel
Houellebec q
(2015)
Submissió
Barcelona
Anagra ma,
Llibre s
Anagra ma.
Oriol Sánchez
Vaqué
Michel
Houellebec q
(2015)
Sumisión
Barcelona
E-books
Joan Riambau
Möller
Michel
Houellebec q
(2015)
Submissió
Barcelona
E-books
Oriol Sánchez
Vaqué
Michel
Houellebec q
[2017]
Sumisión
Barcelona
Compactos
Joan Riambau
Möller
Cuando parecía qu e todo estaba dicho, publicado, criticado, autorizado en
Houellebec q llegó, tras el sosega do L a carte et le territoire...Soumission... En la web del
Ministerio
46
aparecen la ed ición castellana en P anorama de narrativas, tradu cida por Joan
46
« B ASES DE D ATOS del Min isterio de cultura sobr e Su misión ».
[Consulta en línea :http:// www. m cu.es/webISB N/tituloSimpl eDispatch.do;j sessionid= A13705 8CADF
320B AB5FB13D96 3E44811 ; 01/05/201 5]
276
Riambau y la traducció n c atalana de Or iol Sánc hez Va qué, que, aunque la web no
especifica, ha d e re ferirse a Llibres Anagrama, si tenemos en cu enta la in formación que
da respec to a la encuadernación. Ambos formatos cuestan 19,13 euros, lo que nos da una
idea de cómo Anagrama quiere unificar criterios en ambas ediciones, dando el mismo
valor e conómico y , por ende, la misma importancia, a ambas tradu cciones a las lenguas
cooficiales. En ninguna de las dos se refleja el nú mero del volum en de la colecc ión e n la
que se int eg ran estas publicac iones. No a parecen tampoco aún los datos de los Ebook en
catalán y castellano que sí vamos a ver en la web d e Anagrama.
De hecho, son las ediciones en Ebook en ambas lenguas las que encab ezan la
presentación del li bro en las tres páginas que la editorial dedica a las obras de
Houellebec q. En este caso, además, se da prioridad a las e dic iones del mismo en catalá n
frente al c astellano. En las tres pág inas que ocupan en junio de 2015 las obra s sacadas al
mercado editorial españo l sobre Michel Houellebecq por Anagrama, la presentación del
libro e n las distintas colecc iones por orden de impor tancia concedida por la propia
editorial sería la siguiente:
-Ebook en catalán: 1 a página, 1er lu gar (con respecto al resto de colecciones de la propia
obra)
-Ebook en castellano: P pág ina, 2° lugar
-Traducción en pa pel al catalán (Llibres Anagrama): 1a pá gina, 3er lugar
-Traducción en papel al castellano (Panorama de narra tivas, la colección con más solera):
1a página, 4° luga r.
Han aparecido, por t anto, de manera sim ultánea dos ediciones en Ebook y dos
ediciones en papel, en ca talán y c astellano, respec ti vamente. Por el momento, la editorial
ha dejado a un lado la e dición en Compactos, que como nos coment aba J ane Pil gre m
(Vicente Castañares, 2017d) se saca ya cuando se considera que la edición en P anorama
de narrativas ha dado sus frutos, a no ser que, por contrato con la editorial que ti ene los
derec hos de traducción, Flammarion, esté estipulado que salga antes.
Todo sigue igual en lo que respecta a la presentación de Soumission en la web de
la editorial en 2017 (Anagra ma, 2017n). Es decir, no ha habido mo vimientos de nuevas
ediciones en otros form atos. Entendemos, po r t anto, que el f enómeno S oumission está
resultando aún suficientemente productivo en estas ediciones, con lo que n o se consid era
aún la necesidad de sacar una edición en Compact os.
277
En el caso de Su misión en P anorama d e narrativas, se ofrece la posibil idad de leer
un fragmento, como en las demás novelas, además de los datos técnico s que aparecen
también en el re sto de ob ras novelísticas (A nagrama, 2017n).
De características mu y simil ares es la pr esentación del libro en la colección L libres
Anagra ma, que sería la gemela en formato a Pano rama de narrativas. Si bien en L libres
Anagra ma parece no v erse necesario exponer tantas reseñas como en su homóloga, y
únicamente se muestran dos, una corre spondiente al ámbito francófono y otr a al
ang losajón:
«D ivertida, im pertinent i de sesperada, Subm issió amag a una lligó inaudit a. Meny s
escandalosa d el que s' ha dit i m és subtil del que sem bla» (Sébastien L apaque, Le
Figaro).
«N o és només un escriptor de sátir es, sinó un escriptor de sátires ―sincer‖, francament
entristit pel s disbara ts de la historia i per la bogeria hum a na, i a ixo és més inusual» (Adam
Gopnik, The New Y orker). (A nagram a, 2017o)
Entendemos que para l os lectores catalanes tie ne más peso conocer c ómo ha
funcionado la novel a en los mercados f ranceses y anglos ajones que en l os propios del
sistema literario español. De tal modo, tener acceso a la opini ón que de la mi sma tiene la
institución en esos mi smos sistemas literarios les podría animar con más ahínco a
interesarse por la nove la según las apreciaciones de la propia editorial.
De esa manera, pensa mos que bajo el auspicio de l a poderosa Feltrinelli,
Anagra ma no dud a en el éx ito de ventas de Submissió y Sumisión, pues ya conoce las
cifras obtenidas fundamentalmente en Franc ia, Alemania e I talia del ori ginal, así como
las respectivas tr aducciones puestas a l a v enta en estos países. A esto se le puede suma r
su repercusión económica allende los mares, como en Estados Unidos, y L atinoamérica,
por ejemplo.
Ello les habrá llevado, seg uramente, a apostar directamente por el lanzamiento de
las ediciones en Ebook , que podrán ll egar con m ás celeridad al mer cado i nternacional y
abarcar, por ejemplo, las Américas en un sólo golpe de ratón. A su v ez hemos de tener en
cuenta las subven ciones que re ciben las editoriales, concretamente para este tipo de
ediciones por parte de las instituciones, hecho que contribuye a impulsar la salida al
mercado de estos formatos. Éxitos internac ionales como Plataforma, El mapa y el
territorio y Sumisión / Submissi ó fundamentalmente, habrían contribuido a animar a las
instituciones a apo y ar eco nómicamente en este caso a Ana grama con las ediciones en
Ebook , que han ido aplicándose lueg o a otras novelas de nuestro autor.
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