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THÉMATA. Revista de Filosofía Nº 61, enero-junio (2020) pp.: 29-48. ISSN: 0212-8365 e-ISSN: 2253-900X doi: 10.12795/themata.2020.i61.2 LA COMUNICACIÓN BIDIRECCIONAL ENTRE LA COGNICIÓN SOCIAL Y LA COGNICIÓN MORAL TWO-WAY COMMUNICATION BETWEEN SOCIAL COGNITION AND MORAL COGNITION Aníbal Monasterio Astobiza1 Universidad del País Vasco (UPV-EHU) Institute for Logic, Cognition, Language and Information (ILCLI) Recibido 5 Agosto 2019 Aceptado 12 Febrero 2020 Abstract: In this article, I present three conceptions of the evolution of intelligence understood as social cognition and its precursors in other non-human primates. Each of these models will be evaluated on the basis of two cross-cut- ting issues, namely: a) What factors affect the development of social cognition? and b) What mechanisms regulate or control social cognition? Likewise, I will describe the bidirectional communication between social cognition and moral cognition by defending a model I call “morality as social intelligence” which suggests that in order to have a full and mature “moral sense” it is necessary to know what other people think (social cognition) in order to be able to do as much good as possible and not cause harm, and vice versa, to have a full and mature “social competence” it is necessary to take into account normative information (morality) in order to be able to attribute mental states. Key words: social cognition, moral cognition, morality as social intelligence model. Resumen. En este artículo presento tres concepciones de la evolución de la inteligencia como cognición social y sus precursores en otros primates no humanos. Cada uno de estos modelos se evaluará sobre la base de dos cuestiones transversales, a saber: a) ¿Qué factores afectan al desarrollo de la cognición social? y b) ¿Qué mecanismos regulan o controlan la cognición social? Igualmente, describiré la comunicación bidireccional entre la cognición social y la cognición 1. Agradezco el patrocinio del Gobierno Vasco para desarrollar una beca posdoctoral de investigación en el Uehiro Centre for Practical Ethics de la Universidad de Oxford y a esta última institución su cálida acogida. También agradezco al Center for Bioethics, Harvard Medical School, de la Universidad de Harvard por acogerme como Visiting Fellow in Global Health and Social Medicine. Los comentarios de varios revisores anónimos y Cristina Villegas y Laura Nuño de la Rosa han mejorado este texto, aunque como siempre cualquier error u omisión solo es atribuible al autor. Este trabajo se ha realizado en el marco de los siguientes proyectos de investigación “El futuro de la cognición social” (POS_2018_2_0024); (MINECO FFI2014- 53926-R); (FFI2015-67569-C2-2-P); (FFI2016-79000-P); INBOTS (ref. 780073) and EXTEND (ref. 779982) H2020 Programme. E-mail personal: [email protected]
Aníbal Monasterio Astobiza Thémata. Revista de Filosofía Nº61 (2020) pp.: 29-48. 30 moral defendiendo un modelo al que llamo “moralidad como inteligencia social”, que sugiere que para tener un “sentido moral” pleno y maduro es necesario saber qué piensa el otro (cognición social) para así poder hacer el mayor bien posible y no causar daño y, viceversa, que para tener una “competencia social” plena y madura es necesario tener en cuenta información normativa (moral) para así poder atribuir estados mentales. Palabras clave: cognición social, cognición moral, modelo de moralidad como inteligencia social 1. Introducción. La cognición social es considerada por muchos autores la joya de la corona de las funciones de la arquitectura mental del ser humano (Lunay et al. 2015, Krupenye et al. 2016, Zani, Butterfill y Low 2020). Por cognición social se entiende el conjunto de capacidades cognitivas que permiten explicar, predecir, entender y responder de manera apropiada ante el comportamiento de otros individuos de la misma especie. La cognición social nos permite atribuir estados mentales a otras personas como intenciones, deseos, creencias, etc. En la literatura de investigación hay distintos términos y expresiones para referirse a la cognición social: psicología popular, mentalización, inteligencia maquiavélica, inteligencia social, teoría de la mente, metacognición... Algunos de estos términos se usan indistintamente para referirse a la cognición social per se y para aspectos o procesos particulares que forman parte de la cognición social entendida como un todo (facultad general que media el comportamiento social). Sin lugar a dudas, la cognición social es una de las características fundamentales del ser humano. Ahora bien, cabe preguntarse si es exclusiva de los seres humanos, si también se observa en los primates no humanos, o si está presente en toda especie social (pájaros, cetáceos, elefantes...). En este artículo quiero presentar tres concepciones clásicas en torno a la evolución de la inteligencia (cognición social) y sus precursores en otros primates no humanos. Una vez descritas estas tres concepciones clásicas sobre la evolución de la inteligencia, introduciré el modelo moralidad como inteligencia social en el cual se presta atención al rol que juega la cognición moral para entender la cognición social. Cada una de las tres concepciones sobre la evolución de la inteligencia que presentaré forman parte de una rica literatura de investigación que no ha prestado suficiente atención en explicar la posible relación bidireccional entre la cognición social y la cognición moral. Es decir, el modelo que exploro aquí, moralidad como inteligencia social, ex-
Thémata. Revista de Filosofía Nº61 (2020) pp.: 29-48. La comunicación bidireccional entre la cognición social y la cognición moral 31 pande el alcance de las concepciones previas y a diferencia de ellas sitúa a la capacidad moral como esencial para la adscripción de estados mentales. Las tres concepciones clásicas de la evolución de la inteligencia son las siguientes: 1-La inteligencia es única de los seres humanos Es una concepción que vincula directamente la inteligencia con la capacidad lingüística de los seres humanos. Dado que sólo los seres humanos “hablan”, se concluye que la cognición social de los seres humanos es única (Macphail 1985). 2-La inteligencia es gradual A partir de los datos filogenéticos comparados de otros primates no humanos esta teoría postula que la inteligencia es gradual y nos ofrece pistas sobre la forma de adquisición de la inteligencia y su origen evolutivo (Hare y Tomasello 2001, Krupenye et al. 2016). 3- La inteligencia no es única ni unitaria La inteligencia es el resultado de un conglomerado de habilidades, procesos y capacidades y no necesariamente ligadas a rasgos humanos que generan un comportamiento que es denominado “inteligente” (Sternberg y Kaufman 2002). Cuestiones de investigación básica que son transversales a cada uno de los tres modelos evolutivos de origen de la cognición social son: ¿Qué factores afectan al desarrollo de la cognición social? ¿Qué mecanismos regulan o controlan la cognición social? En este artículo presentaré las premisas y tesis de cada uno de los tres modelos evolutivos de la cognición social arriba señalados y de forma transversal aplicaré a éstos las cuestiones de investigación básica, a y b. En relación a la evolución de la cognición moral exploraré el modelo de la “moralidad como inteligencia social” en el que se identifica el rol que tiene la cognición social en la moralidad y cómo las normas morales o de otro tipo influyen en la cognición social. 2. Tres concepciones de la evolución de la cognición social. En esta sección presentaré tres concepciones de la evolución de la cognición y comportamiento social y sus precursores en otros primates
Aníbal Monasterio Astobiza Thémata. Revista de Filosofía Nº61 (2020) pp.: 29-48. 32 no-humanos. Cada una de estas tres concepciones será evaluada por dos cuestiones transversales a cada uno de estos modelos: ¿Qué factores afectan al desarrollo de la cognición social? ¿Qué mecanismos regulan o controlan la cognición social? 1-La inteligencia es única de los seres humanos. Si uno mira a lo que es capaz de hacer el ser humano uno no puede más que asombrarse. El ser humano es capaz de manipular la realidad física a través de herramientas, crea artefactos culturales en forma de arte, símbolos… y a través de la instrucción, pedagogía y proceso acumulativo cultural se facilita la trasmisión de conocimiento entre personas e incluso generaciones para adaptarse al entorno y sobrevivir (Henrich 2015). Muchas y variadas definiciones de cultura se han ofrecido a la largo de la historia (Kroeber y Kluckohn 1952), pero son tres las categorías generales que se distinguen para agruparlas y dar sentido a todas. Por un lado, la categoría de cultura material, que comprende a los objetos y artefactos que el ser humano crea. Por otro lado, la categoría de cultura como valores, pensamientos que incluyen creencias, preferencias en relación a lo que la gente entiende como cultura. Y, finalmente, la cultura mediada por la facultad del lenguaje. En los primeros estudios comparados de cultura, muchos investigadores solo se centraban en entenderla desde la perspectiva de esta última categoría. Desde este enfoque era imposible observar o rastrear precursores de cultura en otros animales no humanos. Si trasladamos este mismo enfoque a las capacidades cognitivas, los primeros estudios de psicología comparada seguían manteniendo el lugar único y exclusivo en la scala naturae del ser humano. Esta línea de pensamiento se remonta a Aristóteles, pasando por Descartes, y en esencia describe cómo las habilidades cognitivas le permiten al ser humano resolver una gran cantidad de problemas que otros animales no humanos no pueden. La principal premisa de este modelo trasladado a las capacidades cognitivas y, en concreto, al estudio de la cognición social es que dado que son capaces de resolver una gran cantidad de problemas, recurrentes o novedosos, los seres humanos son más inteligentes que otros animales no humanos, ocupando así la cúspide de la jerarquía en inteligencia animal. En palabras de Jensen (1980, p. 175): …en términos de capacidades de aprendizaje y resolución de problemas cuantificados y medidos, los organismos unicelulares (por ejemplo, la ameba) se sitúan en la base de la jerarquía seguido por orden por los invertebrados, vertebrados, mamíferos, primates y el hombre. En este marco teórico, la principal propiedad que caracteriza esta inteligencia aventajada del ser humano frente al resto de animales es la
Thémata. Revista de Filosofía Nº61 (2020) pp.: 29-48. La comunicación bidireccional entre la cognición social y la cognición moral 33 facultad del lenguaje. Todos los estudios experimentales, de acuerdo con este modelo, apuntan a la hipótesis nula de no existencia de diferencias en la resolución de problemas en laboratorio y comportamiento observado en la naturaleza de animales no humanos. Aunque no se hayan encontrado diferencias relativas en otros animales, este modelo prescribe la diferencia medible en la capacidad de resolución de problemas del ser humano y por tanto el estatus de su inteligencia diferenciada y única cualitativamente hablando. Para este modelo la inteligencia no se puede disociar empíricamente de la facultad del lenguaje (Macphail 1982). Es gracias al lenguaje que hemos alcanzado la superioridad en la inteligencia que nos diferencia del resto de animales. Una de las preguntas centrales desde este modelo es si el ser humano es inteligente porque adquiere la capacidad del lenguaje o si porque es inteligente adquiere el lenguaje. Esta duda teórica ha alimentado la primera oleada del programa de investigación en psicología comparada desde finales de los años 70 hasta los 90 del siglo XX. “Nim Chimsky”, cuyo nombre es un juego de palabras que alude al filósofo y lingüista norteamericano Noam Chomsky, fue un chimpancé sujeto a un intenso y extenso estudio de adquisición del lenguaje en la Universidad de Columbia dirigido por Herbert S. Terrace. Con este estudio se pretendía conocer si el lenguaje es innato y aclarar este interrogante. A pesar de que “Nim” aprendió ciertas palabras con el lenguaje de signos americano, seguía comportándose como un chimpancé. Esto indicaba que aun siendo posible el uso de ciertas palabras para referirse a, y, además, solicitar objetos por parte de animales no humanos, el lenguaje maduro y desarrollado es indispensable para la inteligencia. Muchos filósofos, como Daniel Dennett (1994), argumentan que la función expresiva y la capacidad ilimitada de codificación de información del lenguaje hace impensable que sea posible imaginar ningún tipo de inteligencia sofisticada sin la contribución del lenguaje. Para otros autores, “verbos psicológicos” como creer, querer y sus correspondientes conceptos de creencia o deseo que son estados mentales intencionales que los agentes tienen y que podemos atribuirles para explicar su conducta, solo se pueden entender gracias al rol que el lenguaje juega (Astington y Baird 2005). Es por ello que estos estudios experimentales dieron munición a los defensores de la tesis de que la inteligencia es única en los seres humanos para seguir defendiendo la idea de que el lenguaje tiene un rol extremadamente importante en la inteligencia y que no está presente la capacidad de adquirir lenguaje ni siquiera en nuestros primos evolutivos. Pero, ¿cómo el lenguaje contribuye a la inteligencia? De acuerdo con las dos cuestiones transversales intentaré estructurar la respuesta a esta pregunta.
Aníbal Monasterio Astobiza Thémata. Revista de Filosofía Nº61 (2020) pp.: 29-48. 34 ¿Qué factores afectan al desarrollo de la cognición social? Desde este modelo se defiende que todas las mentes de distintas especies, incluida la nuestra, sufren de “clausura cognitiva”. Ésta implica que sus preocupaciones son tan inconmensurables a las nuestras y viceversa que tal y como Wittgenstein concluyó en las Investigaciones Filosóficas (1953, p. 223): “si un león pudiera hablar, no le entenderíamos”. Los sistemas de comunicación animal se diferencian del lenguaje humano en la propiedad de la sintaxis, que es única en este último. Solo los seres humanos usan categorías sintácticas mientras que los sistemas de comunicación animal, especialmente el de los primates, estructuran el mundo en categorías semánticas de agente e instrumento. Los seres humanos utilizan el lenguaje para el pensamiento, la comunicación de emociones y la regulación de las interacciones sociales. En la medida en que otros primates no humanos no pueden adquirir categorías sintácticas, la lingüística se debate sobre cómo los seres humanos las adquieren. Desde el programa de la gramática generativa de Chomsky se postula una mutación genética como causa responsable de esta habilidad (Berwick y Chomsky 2011). El ambiente es también importante en el desarrollo y formación de la inteligencia desde la perspectiva que ofrece este modelo. Como sin lenguaje no hay inteligencia, es necesario para activar la base biológica de las capacidades innatas del lenguaje exponer al potencial hablante a cierta cantidad de estímulos del lenguaje provenientes de la comunidad de hablantes (Berwick y Chomsky 2008). ¿Qué mecanismos regulan o controlan la cognición social? Para este modelo hay una interfaz directa entre el lenguaje y la inteligencia (cognición social). El lenguaje infecta todos los niveles de nuestro pensamiento. La estructura de la gramática del lenguaje que hablamos moldea nuestros hábitos de pensamiento. Los defensores de un lenguaje del pensamiento (mentalese), entre los que se encuentra el recientemente fallecido Jerry Fodor (2005), sostienen la idea de que hay un medio linguo-proposicional que media todo proceso cognitivo. En relación a la dimensión sobre qué estímulos ambientales regulan y controlan la inteligencia (cognición social), este modelo argumenta que si un niño crece y se desarrolla sin interacción social y sin lenguaje, ésta no se dará. 2-La inteligencia es gradual Este modelo observa que las similitudes y diferencias en inteligencia son de grado y no cualitativas. Para muchos autores que se posicionan dentro de este modelo, estudiar a nuestros parientes genéticamente más cercanos, los chimpancés, pero también a otros primates no humanos y
Thémata. Revista de Filosofía Nº61 (2020) pp.: 29-48. La comunicación bidireccional entre la cognición social y la cognición moral 35 de igual modo otras especies filogenéticamente próximas al ser humano, puede arrojar luz sobre nuestra propia historia evolutiva. Parece ser que muchas especies o taxones exhiben comportamientos colectivos o actividades que implican varios individuos coordinándose entre sí, lo cual solo se puede explicar si todas estas especies comparten mecanismos similares responsables de la cooperación, coordinación, prosocialidad, e incluso la cognición social. Dentro de las especies que exhiben comportamientos colectivos y que son capaces de coordinarse existe un subgrupo que utiliza la cognición social, percibe la mente de otros y atribuye intenciones (Call 2009, p. 369). A pesar de existir un debate desde hace décadas sobre si realmente los animales no humanos atribuyen estados mentales, qué estados mentales o si simplemente generalizan sobre la mera observación de la conducta; múltiples evidencias apuntan a que los grandes simios tienen una cognición social precursora o co-cursora de nuestra cognición social humana. El programa de investigación de la inteligencia en animales no-humanos se ha desarrollado a lo largo de varias décadas comenzando todo con una simple pregunta: ¿Los chimpancés tienen teoría de la mente? (Premack y Woodruf 1978). Dejando de lado la idiosincrasia de la expresión “teoría de la mente”, que en el actual debate implica una postura teórica, “teoría de la mente” es sinónimo de cognición social y para nosotros equivalente a inteligencia. Las experimentaciones con chimpancés, córvidos y cánidos investigan si los individuos pueden establecer predicciones basándose en la experiencia perceptual sin establecer una correlación entre las características observacionales de la situación y la conducta del que es sujeto de atribución de un estado perceptual. Es decir, si predicen la conducta en términos de estados perceptuales y no en términos de pistas conductuales. Esta última posibilidad, la de entender a los “otros” no por atribución de estados mentales, sino por pistas conductuales se conoce como “behaviour reading interpretation” en oposición a “mindreading”, y para muchos filósofos es un problema lógico de base (Lurz 2011). Este problema lógico parte del hecho de que para atribuir estados mentales se necesita tener en cuenta pistas conductuales (conducta no-verbal), pero, entonces: ¿cómo diferenciar experimentalmente un individuo que predice y entiende la conducta de otro a través de estas pistas conductuales de otro individuo que además atribuye estados mentales? Entender mejor cómo este modelo acomoda la cognición social se consigue al aplicar las cuestiones transversales: ¿Qué factores afectan al desarrollo de la cognición social? Para el rasgo de la inteligencia (cognición social) cabe la pregunta sobre si es resultado de una homología (heredado de un ancestro común) u
Aníbal Monasterio Astobiza Thémata. Revista de Filosofía Nº61 (2020) pp.: 29-48. 36 homoplasia (convergencia evolutiva). Si fuera el caso del primer escenario, existiría una conservación en la evolución que desde LUCA (siglas en inglés para Último Ancestro Común) hasta el ser humano, o puede que desde otros estadios evolutivos intermedios, señalaría la presencia de la inteligencia (cognición social) a través del curso evolutivo gradual. Si fuera el segundo escenario, se podría pensar que los nichos ecológicos de distintas especies ejercen presiones selectivas idénticas favoreciendo la presencia de una habilidad para predecir y entender la conducta de los demás porque es adaptativo. La heterogeneidad de los elementos que integran la inteligencia (cognición social) y su hereocronicidad (desarrollo de dichos elementos en distintos periodos temporales del desarrollo) indican que un posible escenario de homología no es la respuesta completa. Más allá de un primatocentrismo, evaluar la historia evolutiva del rasgo de la cognición social desde los puntos de vista privilegiados de las especies primates más cercanas al ser humano, diversos autores empiezan a considerar la homoplasia o convergencia evolutiva como un escenario extremadamente plausible (Emery 2016). Por ejemplo, la familia de los córvidos posee “teoría de la mente”, ya que recuerdan lo que otro congénere ha hecho con anterioridad y a partir de esta información predicen su comportamiento en el futuro. ¿Qué mecanismos regulan o controlan la cognición social? Dado el actual conocimiento disponible resultado de asumir una visión darwiniana de la evolución de los rasgos de los organismos, incluida la cognición social, se entiende que esta habilidad se regula y controla bajo la influencia de factores genéticos, sociales y culturales. Esta habilidad evoluciona desde este modelo gradualista gracias al desarrollo ontogenético y se modifica en respuesta al entorno. 3-La inteligencia no es única, ni unitaria La perspectiva mosaicista defendida por este modelo aboga por ver a la inteligencia como un conglomerado de procesos, habilidades y capacidades heterogéneas, y se describe muy bien por la expresión “múltiples inteligencias” (Gardner 2006). Este modelo sugiere que hay una miríada de formas por las que los individuos perciben y entienden el mundo, y postula siete formas de inteligencia, incluyendo la inteligencia lingüística, … 1) Lingüística: la habilidad de usar palabras 2) Lógica-matemática: la habilidad de razonar lógicamente e inferir (inducción y deducción) 3) Visuo-espacial: la habilidad de visualizar mentalmente objetos y dimensiones del espacio
Thémata. Revista de Filosofía Nº61 (2020) pp.: 29-48. La comunicación bidireccional entre la cognición social y la cognición moral 37 4) Corporal-cinestésica: la habilidad de controlar el movimiento físico 5) Rítmico-musical: la habilidad de crear música 6) Interpersonal: la habilidad para relacionarse con personas 7) Intrapersonal: la habilidad para conocerse a uno mismo Para los propósitos de este artículo quiero detenerme en la inteligencia interpersonal, que sería la expresión utilizada por este modelo para referirse a la cognición social. Desde esta perspectiva, la cognición social no es única, ni unitaria, en el sentido de que es una de las inteligencias de entre muchas otras observables y medibles. Cada una de las inteligencias desde este modelo es un constructo separado y único que en su conjunto dan lugar al comportamiento inteligente. Esta teoría tiene en Howard Gardner a unos de sus máximos exponentes. La literatura en inteligencia social o cognición social no difiere de las definiciones que Gardner aplica para dos de los siete tipos de inteligencia, en concreto 6 y 7 (interna y externa) que corresponden a conocerse a uno mismo y conocer a otros. El problema es que muchos críticos de esta posición consideran que este modelo ha tratado de reificar, es decir, de otorgar estatuto ontológico a propiedades que pueden asimilarse a lo que la literatura ha definido desde principios del siglo XX como estilos cognitivos, variaciones e idiosincrasias de una única inteligencia. Sea como fuere, veamos aplicando las cuestiones transversales cómo se acomoda la cognición social desde las premisas de este modelo: ¿Qué factores afectan al desarrollo de la cognición social? La base biológica de esta visión mosaicista vendría a sugerir que la inteligencia no es más que el resultado de la integración de procesos que fueron seleccionados para cumplir distintos propósitos y que mantienen un encapsulamiento informacional o, dicho de otra manera, son módulos diferentes que han evolucionado para resolver problemas específicos en contextos variados: el módulo para la inteligencia ritmo-musical sería el subproducto de varios procesos dedicados a procesar sonidos con una determinada estructura y organización; el módulo para inteligencia visuo-es- pacial sería el subproducto de una capacidad para dar descripciones estructurales y no meramente recibir fotones, etc. ¿Qué mecanismos regulan o controlan la cognición social? Este modelo prima especialmente el entorno y contexto socio-cul- tural para la regulación de la cognición social o como ellos denominan las múltiples combinaciones de inteligencia.
para explicar la conducta de otros se puede recurrir a atribuir estados mentales (e.g. intenciones, deseos…), pero también se puede apelar a normas morales o de otro tipo . La(s) norma(s) influye(n) en la cognición social y la cognición social influye en la norma(tividad). Esta es la tesis principal del modelo de moralidad como inteligencia social. El modelo de la moralidad como inteligencia social tiene varias ventajas con respecto a otros modelos, entre ellas, su parsimonia explicativa. Al defender la mutua relación bidireccional entre cognición social y cognición moral y su co-construcción por refuerzo interactivo, no habría necesidad de postular un módulo de dominio específico para la cognición social y otro para la cognición moral. Por otra parte, este mismo modelo de moralidad como inteligencia social explicaría fenómenos como la moralidad estratégica o el moralismo que sirve muchas veces para castigar y sancionar conductas de terceras partes para ejercer un control social. Este modelo que establece una comunicación o relación bidireccional entre la cognición social y la cognición moral se apoya en varios estudios que observan la esencialidad constitutiva de la moralidad en la percepción de personas (cognición social). Por ejemplo, Goodwin y colaboradores (2014) han mostrado que la moralidad se percibe de manera distinta de una persona a otra y que el carácter moral es un buen predictor de juicios sobre la identidad, deseabilidad y otros rasgos de personalidad. Dicho de otra forma, la moralidad o información sobre la moralidad predice de manera más satisfactoria la impresión global de una persona. El modelo moralidad como inteligencia social sostiene, entonces, que la moralidad diagnostica la evaluación de una persona, y del mismo modo, las características de una persona influyen en nuestros juicios morales. La moralidad como inteligencia social no separa la cognición social y la cognición moral como si fueran dos dominios cognitivos separados, sino que la información moral dirige la formación de impresiones sobre las personas, y a su vez la percepción de personas (cognición social) permite ver a alguien como un agente moral. El modelo de la moralidad como inteligencia social postula una comunicación bidireccional entre la cognición social y la cognición moral y de ello se deriva que la moralidad afecta la adscripción de estados mentales, pero también que la adscripción de estados mentales no se puede entender sin el efecto modulador de la moral. La moralidad no se puede separar de la sociabilidad y la sociabilidad no se puede separar de la moralidad. Conclusiones En este artículo he presentado tres concepciones de la evolución de la cognición social y sus precursores en otros primates no humanos. Cada una de estas concepciones ha sido analizada desde dos cuestiones que considero transversales, a saber: a) ¿Qué factores afectan al desarrollo de la cognición social? y b) ¿Qué mecanismos regulan o controlan la cognición social? Cada uno de
estos modelos que he presentado ofrece una visión distinta sobre la evolución y función de la inteligencia. El primero de ellos identifica la exclusividad de la cognición social en los seres humanos que son únicos en su capacidad para entender, explicar y predecir el comportamiento de otros en términos de estados mentales y que para ello es imprescindible la facultad del lenguaje. El segundo modelo es filogenista y gradualista, en el sentido de que traza las relaciones de interdependencia en la inteligencia entre distintas especies. La principal función de la evolución de la inteligencia es resolver problemas de interacción y navegar con éxito el mundo social. Finalmente, el último modelo sostendría la existencia de múltiples inteligencias en lugar de una única inteligencia general. Mientras que los dos primeros modelos serían programas adaptacionistas, hay una función clara que cumple la inteligencia , el último modelo negaría que la cognición social haya sido seleccionada por la evolución para cumplir una función adaptativa única, sino que es fruto de productos o subproductos derivados (Marcus 2008). Finalmente, he presentado el modelo de la moralidad como inteligencia social, que afirma que para tener un “sentido moral” pleno es necesario saber qué piensa el otro (cognición social) para así poder hacer el mayor bien posible y no causar daño y, viceversa, que para tener una “competencia social” plena y madura es necesario tener en cuenta información normativa (moral) para así poder atribuir estados mentales. Referencias Astington J. y Baird J. Why Language Matters for Theory of Mind. Oxford. Oxford University Press, 2005 Call J. “Contrasting the social cognition of humans and nonhuman apes: the shared intentionality hypothesis”. Topics in Cognitive Science. (2009) 368-379. Berwick R. y Chomsky N. “The biolinguistic program: The current state of its development”. En: Di Sciullo AM, Boeckx C, (Eds). The Biolinguistic Enterprise. Oxford: Oxford University Press, 2011. 19–41. Berwick R. y Chomsky N. “Poverty of the stimulus’ revisited: Recent challenges reconsidered”. En B. C. Love, K. McRae y V. M. Sloutsky (eds.), Proceedings of the 30th Annual Conference of the Cognitive Science Society. Cognitive Science Society, 2008. 383 Boehm, C. Moral origins: The evolution of virtue, altruism and shame. New York: Basic Books, 2012 Brothers L. “Brain mechanisms of social cognition” Journal of Psychopharmacology. 10, (1996) 2-8. Davies, M. y Stone T. (eds.). Folk Psychology: The Theory of Mind Debate. Oxford: Blackwell, 1995 Dennett D. “The Role of Language in Intelligence”. En Jean Khalfa (ed.) What
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