1 EMPLEO DE IRONÍA EN LA TERTULIA POLÍTICA. ANÁLISIS CUALITATIVO-CUANTITATIVO Marina González Sanz (Universidad de Granada)
[email protected] RESUMEN: En este trabajo analizamos, desde un punto de vista pragmático-discursivo, el empleo de ironía en un corpus conformado por transcripciones de diferentes tertulias periodísticas de tema político emitidas por la radio y la televisión españolas. Tras proponer una taxonomía de los diferentes tipos de enunciados irónicos localizados en el corpus, los analizamos desde una perspectiva pragmático-discursiva, prestando especial atención a los empleos de enunciados irónicos usados como mecanismo de descortesía, una de las funciones más frecuentes en esta situación comunicativa específica. Por último, ofrecemos un análisis cuantitativo de los enunciados irónicos observados, atendiendo a parámetros tales como el medio de difusión del programa, y el sexo y rol del hablante. A partir de la realización de esta investigación podemos establecer que la ironía constituye un recurso altamente utilizado en esta situación de comunicación y que, aceptando su naturaleza polifuncional, es esencialmente empleado como mecanismo descortés y argumentativo. Palabras clave: medios de comunicación; tertulia política; ironía; polifonía; pragmática. ABSTRACT: The purpose of this paper is to analyse how ironic utterances are used in a corpus made by political talk shows broadcast on TV and Radio. To investigate the question, a taxonomy of ironic utterances found in the corpus is proposed. Those ironic utterances are analysed from a pragmatic perspective, with a particular focus on the impolite function, characteristic
2 of this specific communicative situation. Finally, the results of a quantitative analysis are shown, taking into account the media of the programme, and the sex/role of the speaker. The paper will conclude the high presence of ironic utterances in the political talk show, where they might be used as impolite and argumentative mechanisms. Keywords: mass media; political talk show; irony; polyphony; pragmatics. 1. INTRODUCCIÓN Entre los mecanismos que sirven para configurar un discurso polifónico se encuentra la ironía, un instrumento empleado para incluir la voz de un enunciador que se presenta como ridículo. Este fenómeno se utiliza en discursos de todo tipo: conversación coloquial (Fernández Sánchez, 1993), discurso político (Nuolijärvi & Tittula, 2011; Brenes 2012), discurso publicitario (Rodríguez Rosique & Provencio Garrigós, 2012), discurso mediado por ordenador (Noblia, 2004), etc. En el caso del discurso político, la aparición del fenómeno irónico depende de ciertos factores (Alcaide Lara, 2004: 183); uno de ellos es la presencia o no de mediadores entre el hablante político y sus destinatarios; así, los enunciados irónicos son abundantes tanto en textos periodísticos realizados por políticos, como en mítines electorales, en los que se produce un alto nivel de interacción con el destinatario. Por el contrario, el uso de la ironía no es usual en entrevistas o intervenciones parlamentarias, por el temor que sienten los políticos a que los medios malinterpreten el enunciado irónico, de manera que el mensaje no llegue correctamente a los votantes (Alcaide Lara, 2011b: 50)i. En lo que respecta al discurso mediático, la presencia de ironía ha sido constatada en el periodismo escrito (Cuvardiz García, 2013; García García, 2015), en particular en las columnas de opinión (Veres, 2003), pero no se ha analizado con la misma profundidad en el discurso mediático oral difundido a través de la radio y la televisión (Flores Treviño, 2008; Martínez Hernández, 2014).
3 En este trabajo nos ocuparemos de analizar el empleo de la ironía en un género que no ha recibido una gran atención hasta ahora: la tertulia periodística de tema político. Es este un discurso híbrido, a medio camino entre el discurso político y el mediático, en el que resulta interesante comprobar la rentabilidad de uso y las funciones que desempeña el fenómeno en la interacción. Para efectuar este análisis, comenzamos describiendo el marco teórico en el que se inscribe el trabajo. 2. EL ESTUDIO DE LA IRONÍA El fenómeno de la ironía ha atraído la atención de filósofos, lingüistas y críticos literarios desde hace décadas (Reyes, 1992: 24). Las definiciones tradicionales han caracterizado este recurso como ‘decir lo contrario de lo que la expresión manifiesta literalmente’ (Scari, 1974: 87; Grice, 1975: 53; cfr. Berrendonner, 1987; 143)ii. Sin embargo, esta concepción del fenómeno ha sido puesta en entredicho por numerosos estudiosiii: por un lado, esta visión de la ironía contradice el uso económico y eficiente de la lengua (Reyes, 1992: 29), por lo que el fenómeno debe poseer valor comunicativo y argumentativo propio; por otro, la definición tradicional no es válida para explicar todos los casos de enunciados irónicos (Haverkate, 1985: 351; Utsumi, 2000: 1778). La perspectiva pragmática intenta proporcionar una explicación a todos aquellos usos en los que la interpretación del enunciado irónico no coincide con la paráfrasis contraria de lo dicho. Desde este enfoque, la ironía se concibe como un fenómeno pragmático (Alvarado Ortega, 2005: 34), que forma parte del conjunto de “hechos idiosincrásicos del uso de la lengua como realización, como intención, como uso interpretativo o argumentativo” (Ruiz Gurillo, 2006: 115). En concreto, la interpretación irónica se infiere a partir del significado menos codificado de los mensajes lingüísticos. Diferentes marcos teóricos han pretendido resolver los problemas que plantea el estudio de la ironía, como la Teoría de la Relevancia (Sperber & Wilson, 1981, 1994; Torres Sánchez, 1999; Wilson & Sperber, 2004). Según D. Wilson y D. Sperber (2004), un enunciado “es irónico PORQUE es ecoico: la ironía verbal consiste en hacerse eco de un pensamiento o
4 emisión que se atribuye de modo tácito, mediante una actitud distante y también tácita respecto a ella (2004: 265)”iv. En tanto que la ironía se equipara con una actitud del hablante, podemos esperar encontrar “casos dudosos que no son claramente irónicos ni tampoco claramente no irónicos, y también casos donde la actitud expresada combina la ironía con otras actitudes” (Torres Sánchez, 1999: 96). Este enfoque, si bien ha contribuido a superar varios de los problemas planteados desde la gramática tradicional, cae en el error de considerar burlón y, por tanto, descortés, todo enunciado irónicov (Alvarado Ortega, 2005: 34), cuando en la realidad la ironía carece de esa carga descortés intrínseca, puesto que es posible encontrar empleos del fenómeno que conllevan efectos positivos en la interacción. En este trabajo adoptaremos la perspectiva proporcionada por el marco teórico de la polifonía de la enunciación (Ducrot, 1986), que bebe en gran parte de la teoría de la mención propuesta por D. Sperber y D. Wilson (1981, 1990). Desde el enfoque polifónico, hablar de manera irónica equivale para un locutor L a presentar la enunciación como si expresara la posición de un enunciador E, posición que por otra parte se sabe que el locutor no toma bajo su responsabilidad y que, más aún, la considera absurda. Sin dejar de aparecer como el responsable de la enunciación, L es homologado con E, origen del punto de vista expresado en la enunciación (Ducrot, 1986: 215). De esta forma, la ironía es utilizada en el discurso para incluir la voz de un enunciador que queda ridiculizadavi. Consiste en un uso intencional y fuertemente expresivo, que supone un “desajuste entre el enunciado y su sentido [...], con lo que el efecto que se consigue es mayor que con la mención directa” (Cascón, 1991: 71) al “romper el patrón de expectación de quien se ve enfrentado con la locución o el acontecimiento correspondiente” (Haverkate, 1985: 345). Desde este enfoque, la ironía se alza como un recurso normal en diferentes tipos textuales, que es usado por los hablantes para ridiculizar tanto la figura del enunciador, en tanto que sostiene una posición absurda, como “los entes reales –la persona, personas, tipo de
5 personas, publicaciones, instituciones, medios, organismos, etc.- en el que el discurso ironizado se encarna y que, por tanto, se identifican con él y lo ejercen” (Bruzos Moro, 2009: 48). El significado último del enunciado irónico es extraído por el interlocutor a partir de un conjunto de marcas que facilitan la interpretación (Muecke, 1978; Alvarado Ortega, 2005), si bien en ocasiones esta puede desprenderse exclusivamente del choque que se crea con el contexto en el que tiene lugar la comunicaciónvii. Aunque existe cierta divergencia a la hora de determinar cuáles son esos indicadores de ironía, los estudiosos suelen catalogarlos en: una sonrisa, un gesto o un guiño en el nivel kinésico (Schoentjes, 2003: 135-137; Cestero Mancera, 2009); determinados rasgos prosódicos o entonativos en el plano fonético (Padilla García, 2009)viii; o indicadores verbales. Entre estos últimos figuran la colocación anómala de los adverbios, repeticiones, yuxtaposiciones, evidenciales, lítotes, hipérboles, oxímoros, ciertos marcadores del discurso (Gurillo, 2010) o palabras de alertaix (Schoentjes, 2003: 143)x. En lo que afecta al nivel sintáctico, es relativamente frecuente producir una interpretación irónica a través de oraciones coordinadas o condicionales (estructuras sintácticas configuradas por proposiciones entre las que se establece una relación semántica de causalidad) o por medio de sintagmas nominales configurados por un sustantivo modificado por un adjetivo, generalmente en posición antepuestaxi (Haverkate, 1986: 347-347). 3. EL CORPUS Para la realización de este análisis partimos de un amplio estudio previo que hemos efectuado sobre un corpus de tertulias periodísticas difundidas a través de la radio y la televisión españolas entre los años 2009 y 2013 (González Sanz, 2014)xii. En esta situación comunicativa específica, que constituye una variante del macrogénero talk show, varios participantes intervienen para opinar sobre la actualidad política española y, en menor medida, internacional. La interacción está regulada por un moderador, encargado de gestionar el sistema de alternancia de turnos y los temas tratados en la tertulia. Se produce, además, un tratamiento ideológico de
6 los temas abordados: en este sentido, tanto moderador como contertulios intervienen en la interacción en virtud de su pertenencia a un grupo ideológico (su endogrupo), que se opone a un grupo contrario (el exogrupo)xiii. El interés de este género estriba en su doble naturaleza: por una parte, se trata de un género mediático, cuyo fin último consiste en entretener a la audiencia; por otra, se produce un tratamiento ideológico de los asuntos que se abordan, a través de cual se pretende persuadir a los receptores de las bondades de un determinada opción política. Nos encontramos, por tanto, ante un corpus de naturaleza oral, que constituye un cruce entre los discursos mediático y político, de gran interés para el estudio de la ironía. Para la interpretación de cada caso, atenderemos de manera especial al contexto, ya que “la ironía es un fenómeno pragmático: solo se percibe en contexto, y depende de las intenciones del locutor y de las capacidades interpretativas del interlocutor” (Reyes, 1984: 154; Alba Juez, 1995: 11)xiv. 4. LA IRONÍA EN LA TERTULIA PERIODÍSTICA DE TEMA POLÍTICO Desde el punto de vista tipológico, partimos de la distinción propuesta por H. Haverkate (1985: 352), que diferencia entre la ironía que afecta a la fuerza ilocutiva del enunciado (cambio o negación) y aquella que se vincula con el contenido proposicional de los enunciados. No obstante, hemos añadido otros parámetros que consideramos de interés para el estudio del corpus que manejamos, tales como la identificación del enunciador o el objeto de la ironía. En esquema:
7 FIGURA 1: Esquema de la tipología de enunciados irónicos. En el corpus aparecen algunos ejemplos de ironía que afectan a la fuerza ilocutiva de los enunciados, en los que se produce una “transformación ilocutiva” (Haverkate, 1985: 361), esto es, un cambio en la fuerza ilocutiva del enunciado. Las ocurrencias pertenecientes a esta modalidad halladas en el corpus están fundamentalmente orientadas a descalificar al otro. Para ilustrar este tipo de enunciado irónico partimos del siguiente fragmento de la tertulia televisiva del programa “La noria”, que gira en torno a la gestión del por entonces presidente del gobierno J. L. Rodríguez Zapatero, en el que el tertuliano A. M. Carmona emite dos intervenciones en las que realiza diferentes actos de habla: (1) Antonio Miguel Carmona: lo primero que tengo que decirte es darte mis más sinceras felicitaciones↓/ es la primera vez de mucho-/ desde muchos años que te conozco que durante VEINTE minutos has estado hablando↑ y no has pronunciado el nombre de Zapatero↓ Isabel Durán: Carmona↑ [no he esta(d)o veinte minutos] Antonio Miguel Carmona: [gracias Isabel/ gracias Isabel]/ Isabel Durán: ¡ya quisiera [veinte minutos!] Antonio Miguel Carmona: [¡la primera] vez! te he escuchado tantos veintes minutos la primera vez que no dices (“La noria”, 17/09/2011)
8 La primera intervención de A. M. Carmona se corresponde formalmente con el acto de habla de felicitar, explicitado a través del enunciado darte mis más sinceras felicitaciones; la segunda intervención, por su parte, constituye un agradecimiento (gracias Isabel/ gracias Isabel). Sin embargo, se constata una inversión de la fuerza ilocutiva de estos enunciados, que se desprende tanto del tono con el que A. M. Carmona formula su intervención, como de la información relativa a intercambios previos (en los que A. M. Carmona ha recriminado en múltiples ocasiones las reiteradas acusaciones formuladas por I. Durán al expresidente Zapatero), de manera que a través de la estructura darte mis más sinceras felicitaciones el hablante, lejos de felicitar al alocutario, está llevando a cabo una crítica, que es el sentido con el que interpreta el enunciado I. Durán, que defiende su comportamiento interactivo durante su turno siguiente (Carmona/ no he estado veinte minutos). La crítica aparece, además, intensificada debido a la aparición del adjetivo sincera, que acentúa el sentido irónico de felicitaciones. Idéntica explicación recibe la segunda intervención de A. M. Carmona, que constituye asimismo un ataque en el que se produce una inversión de la fuerza ilocutiva del acto de habla original. La ironía de estos enunciados no radica, por tanto, en el contenido proposicional de los mismos, sino en la insinceridadxv con la que el hablante enuncia el acto de habla, causante del desfase existente entre el sentido inherente del acto de habla y su interpretación en la interacción. En los casos de aquellas secuencias irónicas que afectan al contenido proposicional de los enunciados es necesario establecer una segunda división, en función de la identificación literal con otro hablante que lleve a cabo el enunciador:
9 FIGURA 2: Esquema de modalidades de enunciados irónicos que afectan al contenido proposicional. Así, dentro de los enunciados irónicos que tienen efectos en el contenido proposicional de las intervenciones podemos diferenciar entre aquellos en los que la voz del enunciador se identifica literalmente con la del alocutario, aún a sabiendas de que la posición mantenida por este último es absurda, de aquellos otros casos en los que la voz del enunciador se homologa con una instancia no alocutaria. La identificación que se produce entre la voz del enunciador y la voz ajena es de tipo formal: esto es, el enunciador no asume la intención con la que fue originalmente emitida la intervención, sino que reproduce irónicamente las palabras literales del otro con el objetivo de generar una interpretación nueva. A continuación, ofrecemos un ejemplo de un enunciado irónico en el que se produce la identificación de voces enunciador-alocutario: (2) Isabel Durán: en el otro proceso de paz↑/ Garzón acuérdate que hizo un auto/MEMORABLE/ y tú sabes de derecho= Moderador: mm Isabel Durán: =en el que decía que [la izquierda-] Mario Conde: [Garzón un au]to memorable↑ Eduardo García: RISAS Isabel Durán: sí porque decía por lo que decía [pero precisamente] Mario Conde: [¡no digo nada!] Isabel Durán: [precisamente por la salvajada] Mario Conde: [¡aquí no se puede decir nada!] ("El gato al agua", 23/03/2010)
16 y tan importante como es España/// esta semana↑/ Esperanza Aguirre ha hablado sobre sus posibilidades/ las de ella y las de otros políticos del Partido Popular de convertirse en ministros con Rajoy/// ¡bueno! yo pregunto contará con ella Mariano Rajoy/ y con Ruiz Gallardón/ otro político del PP con muchísimo carisma y muchísimo tirón popular// a quién llamará el presidente del Partido Popular para formar gobierno↑/ creo que incluso nos hemos atrevido a hacer nuestra propia QUINIELA↑ Y vamos a escuchar con atención a Sandra Barneda y luego ABRIMOS el debate (“La noria”, 17/09/2011) Como se desprende de (6), estamos ante un tipo de autoironía que pone el acento en la reafirmación del individuo por encima del grupo: el moderador alude irónicamente a sus dotes de clarividencia para afirmar su postura. Su intención es, además, claramente argumentativa: emplea la ironía como un recurso potenciador de la dimensión argumentativa de su intervención (Gutiérrez Ordóñez, 1997a: 43). En este sentido, la ironía constituye uno de los procedimientos más rentables para orientar las conclusiones propuestas por el autor de un texto.xxvi Su eficacia radica en el impacto que el desdoblamiento del productor del texto causa en el interlocutor y los destinatarios del texto. Poner en ridículo la propia situación de la mano del propio locutor provoca un extrañamiento al receptor que lo convierte en un oyente más receptivo ante ese recurso que ante cualquier otro. A esta capacidad se le une su propiedad para resaltar el verdadero sentido del enunciado (Beinhauer, 1964[1978]: 229). Las ocurrencias de enunciados irónicos en los que la voz del enunciador se homologa con la de un locutor cuya posición se ridiculiza a través de la reproducción de un discurso ajeno centrado en un aludido (Fernández Sánchez, 1993: 252; Sperber & Wilson, 1998: 287; Escribano, 2009: 58-59), son, por el contrario, muy frecuentes el corpus.xxvii La ironía surge de la inadecuación o escasa pertinencia del discurso que se reproduce
17 y el contexto que rodea a la situación de comunicación (Escribano, 2009: 59):xxviii En la comunicación irónica que recurre a la cita, el movimiento de distanciamiento realizado por el hablante respecto de su enunciado se relaciona con una evaluación acerca de la inadecuación o no pertinencia del mismo (Fernández Sánchez, 1993: 255). La modalidad de discurso reproducido elegida para vehicular el ataque irónico suele ser el discurso indirecto libre (Méndez García de Paredes, 1999) con inclusión de islotes léxicos (Maingueneau, 2009: 171), cuyo enunciador original resulta fácilmente reconocible: (7) Moderador: ¡bueno don Frenan! Fernando Ónega: dígame don Carlos§ Moderador: §ee-ha sido un fin de semana muy intenso el Barça el juego que enamora/ Contador que se impone a los fantasmas// y en la vida/ política con Rubalcaba no elegido ¿no? sino ungido proclamado Fernando Ónega: efectivamente un Rubalcaba/ que hoy se encuentra ante al folio en blanco preguntándose quizá por donde empieza/ para el análisis político hay varias perspectivas (…) (“Herrera en la onda”, 30/05/2011) En el fragmento que transcribimos en (7) es posible observar el inicio del tratamiento del tema principal del programa: la elección de A. Pérez Rubalcaba como candidato a las elecciones generales de 2011. El moderador de la tertulia, C. Herrera, recoge en su discurso unos términos muy repetidos y ampliamente difundidos, pertenecientes a la tradición católica, para aludir irónicamente a la designación directa de Rubalcaba por parte del Partido Socialista, debido a la imposibilidad de realizar elecciones primarias por ser el político el único candidato presentado. Por medio de este mecanismo, el periodista formaliza el ataque hacia el aludido, que se convierte en una estrategia argumentativa que pretende modificar la concepción que los receptores tienen de A. Pérez Rubalcaba (Escribano, 2001: 394), a la vez que refuerza los lazos con los miembros de su
18 endogrupo presentes en la tertulia, que aceptan la crítica al miembro del grupo contrario. En este sentido, atacar irónicamente al opuesto consigue un doble objetivo: por una parte se realiza el acto de habla descortés hacia un miembro del exogrupo; por otra, tanto los tertulianos presentes en el estudio de grabación como los receptores ausentes fortalecerán su sentimiento de pertenencia a un mismo grupo ideológico al interpretar correctamente el ataque irónico lanzado al contrario. En otros casos asistimos a la reproducción irónica de un discurso ficticio, cuya autoría se adjudica al aludido que constituye el objeto del ataque: (8) José María Fidalgo: no pero [tienen que pensar en eso] David Gistau: [y lo-lo segundo] esa introspección a la que tú te refieres la están haciendo con extirpación del ismo zapateriano↓ con el personalismo de Zapatero↓// le TODO TODO a-a él lo extirpan↓/ Rubalcaba ya estaba en una operación curiosísima que hoy he percibido en el Congreso/ de yo no he sido / yo no estuve en este gobierno↓/ yo pasaba por aquí↓ yo soy el futuro↓ no tengo pasado↓/ y ahora→ y con extirpar a Zapatero ellos consideran que que todo cuanto ha estropeado (“Herrera en la Onda”, 26/05/2011) En este caso es un tertuliano el que, para ridiculizar la actitud del político A. Pérez Rubalcaba, inventa una intervención que connota su manera de pensar y actuar (Fernández Sánchez, 1993: 256), a través de la imitación de su discurso prototípico.xxix El ataque al aludido miembro del grupo ideológico opuesto resulta, así, intensificado. Desde nuestro punto de vista y de acuerdo con el tipo de interacción que manejamos, que toma la descortesía como constante configuradora del discurso, y cuyos hablantes tienen que atacar la imagen del otro reduciendo en la medida de lo posible el coste para la suya propia (González Sanz, 2014), la descripción que hace M. Fernández García (2001) del fenómeno nos parece la más adecuada. Según esta investigadora, [h]emos de pensar que, por ejemplo, al llevar la contraria o criticar a alguien mediante un enunciado irónico, tales actos adquieren una especial fuerza
19 descalificadora de la que carecerían si hubieran sido enunciados de manera directa, por lo que tal vez pueda considerarse que, en muchas ocasiones, la ironía no actúa como mitigador de las amenazas a la imagen sino, antes al contrario, como potenciador (Fernández García 2001: 110). Lo que ocurre, en opinión de Fernández García, es que la ironía blinda de alguna manera la imagen del hablante, cuya responsabilidad por el ataque emitido se rebaja (Fernández García, 2001: 111). Pero este hecho no conlleva una mitigación del acto descortés en todos los contextos: en intercambios producidos en situaciones de conflicto, el uso de la ironía puede conllevar una intensificación de la agresión (Bellenger, 1996: 73; Noblia, 2004: 389), especialmente porque reduce el margen de reacción del receptor víctima de la descalificación (Laborda Gil, 2002: 314)1. Al mismo tiempo, constituye una poderosa arma defensiva, puesto que el hablante siempre puede remitirse al sentido literal de su discurso o reafirmar su interpretación irónica en función del transcurso de la conversación (Torres Sánchez, 1999: 113; Noblia, 2004: 372). La ironía se presenta a ojos de los participantes de las tertulias políticas como un mecanismo que posibilita la expresión indirecta de descalificaciones,xxx impidiendo que la imagen propia sufra consecuencias negativas en exceso. Más bien al contrario: el hablante que opta por la utilización de este procedimiento muestra la imagen de un individuo inteligente, capaz de ejecutar un mecanismo complejo. El ataque efectuado irónicamente es, además, difícil de rebatir por parte del agredido, lo que constituye otra ventaja en el uso de este mecanismo. Por último, en caso de que no sea rentable sostener la interpretación irónica de un enunciado, el hablante siempre puede acogerse al sentido literal de su mensaje, y salir airoso de la situación. 4.2. Análisis cuantitativo de la presencia y funciones de los enunciados irónicos Una vez analizado el fenómeno desde el punto de vista cualitativo y profundizado en los diferentes tipos de secuencias irónicas halladas en el corpus, presentamos los resultados de un estudio de índole cuantitativo que confirme las conclusiones obtenidas. El discurso desarrollado en las tertulias presenta un marcado empleo de enunciados irónicos, como es propio de la
20 modalidad oral del español.xxxi En concreto, el índice de frecuencia de aparición de los enunciados irónicos es de un 1,28 (212 casos/ 16465 intervenciones).xxxii Atendiendo al parámetro medio de difusión, su empleo es más alto en televisión (1,35 - 122 casos/ 9030 intervenciones) que en radio (1,21 – 90 casos/7435 intervenciones): FIGURA 4: Índice de frecuencia de aparición de enunciados irónicos según el parámetro medio de difusión. Esta leve diferencia puede deberse a que la radio carece de la comunicación en el plano kinésico y gestual, por lo que solo puede valerse de recursos prosódicos o lingüísticos para que la audiencia interprete correctamente el enunciado irónico.xxxiii Aportamos también aquí los índices de frecuencia de los enunciados irónicos según los programas, puesto que existen notables diferencias:
21 FIGURA 5: Índice de frecuencia de aparición de enunciados irónicos según el parámetro espacio mediático. Como se observa, en algunos espacios se produce una total ausencia de empleo de enunciados irónicos (“Hoy por hoy”, cuya barra no es visible en la gráfica). Por el contrario, programas como “La noria” o “La noche de César” resaltan por su elevada frecuencia de aparición del mecanismo. Si atendemos al parámetro carga cortés/ descortés de las secuencias irónicas, podremos observar que, en líneas generales, se produce un predominio de la función descortés en ambos medios. No obstante, si prestamos atención a la presencia de enunciados irónicos corteses, podremos concluir que los resultados son superiores en las tertulias radiofónicas (13.37%), que en las televisivas (3%):
22 FIGURA 6: Números absolutos de enunciados irónicos con efecto (des)cortés según el parámetro medio de difusión. ¿Hacia qué objeto se dirige el ataque vehiculado mediante el enunciado irónico? Los resultados extraídos del análisis cuantitativo del objetivo de la ironía pueden observarse en la siguiente gráfica, en la que hemos mantenido el parámetro medio de difusión: FIGURA 7: Números absolutos de enunciados irónicos según el objeto al que se dirige la evaluación y el medio de difusión. De los datos parece extraerse que los enunciados irónicos descorteses formulados por los participantes de las tertulias emitidas a
23 través de la televisión se inscriben en la situación de comunicación, y tienen como meta final el daño a la imagen del interlocutor, mientras que las ocurrencias halladas en las tertulias radiofónicas toman con foco al aludido. Estas apreciaciones van en consonancia con las extraídas de la gráfica anterior: hay algo más de enunciados irónicos corteses en radio que en el medio televisivo, y los enunciados irónicos descorteses se centran en aquel medio, fundamentalmente (88%), en el aludido, por lo que pueden desarrollar más fácilmente una función afiliativa con el resto de tertulianos del espacio. Para comprobar los efectos que el empleo de la ironía conlleva en la interacción, ofrecemos aquí el gráfico correspondiente a las reacciones que despierta la aparición del fenómeno entre el resto de participantes de la interacción. Las reacciones se producen más frecuentemente, como es lógico, si el objeto de la evaluación irónica es el propio interlocutor: FIGURA 8: Reacciones de los participantes en función de los parámetros medio de difusión y objeto de la ironía.
24 Mientras que los datos referentes a la reacción de los interlocutores si el objeto de la ironía descortés es el aludido son equivalentes en ambos medios (la pauta normal suele ser la falta de reacción), en el caso de las reacciones motivadas por la emisión de enunciados irónicos encaminados a dañar la imagen de los interlocutores podemos observar que, mientras que en radio no aparece ninguna reacción, en televisión las reacciones de los contertulios afectados por el acto de habla descortés alcanzan el 62% de las ocurrencias. De este hecho es posible extraer que los enunciados irónicos dirigidos a los interlocutores de las tertulias televisivas constituyen descalificaciones a la imagen más graves que los emitidos en radio, lo que obliga a los tertulianos cuya imagen ha resultado dañada a contraatacar o a exigir algún acto de reparación de su imagen. 5. CONCLUSIONES La realización de esta investigación nos ha permitido extraer algunas conclusiones relativas al uso de la ironía en las tertulias periodísticas de tema político. Por un lado, hemos completado la taxonomía de los enunciados irónicos al incluir los parámetros de identificación de la voz del enunciador y del objeto al que se dirige la ironía. Prestar atención a estos dos fenómenos nos ha permitido profundizar en el efecto que conlleva en la interacción el uso del fenómeno. Por otro lado, hemos constatado las funciones pragmático-discursivas que suele desempeñar la ironía en esta situación de comunicación. Los enunciados irónicos vertidos por los participantes de las tertulias analizadas tienen como objetivo general un fin argumentativo, en un doble sentido: por una parte, pretenden convencer al interlocutor para que asuma una determinada conclusión; por otra, tienen como objetivo persuadir a la audiencia de las bondades de la opción ideológica que defienden. A este fin persuasivo se unen dos funciones adicionales de la ironía, que son propias de esta situación de comunicación: 1. mecanismo de ataque al interlocutor o al grupo contrario. La rentabilidad del empleo de este fenómeno radica en que el acto de habla descortés intensifica la agresión, minimiza la
25 posibilidad de reacción y constituye una potente arma defensiva, al permitir al hablante que, en caso de necesidad, pueda recurrir a la interpretación literal de su discurso; 2. Labor de imagen: especialmente en los casos de autoironía, el hablante puede efectuar labores de imagen al usar este fenómeno, al reafirmarse como individuo por encima del grupo. Desde el punto de vista de la teoría de la (des)cortesía verbal, la emisión de ataques a través de enunciados irónicos acarrea menos consecuencias negativas para la imagen que proyecta a la vez que, en el caso de que el ataque irónico gire en torno a un aludido, refuerza los lazos entre los miembros del endogrupo ideológico. Finalmente, hemos constatado algunos usos lúdicos y humorísticos del recurso, que se explican en virtud de la naturaleza mediática del género: a través de la emisión de estos enunciados, los tertulianos pretenden aligerar el tono dialéctico y aumentar la capacidad de entretenimiento del espacio. Desde el punto de vista cuantitativo, parece que los ataques irónicos formulados contra un interlocutor presente en la interacción son más fuertes, a juzgar por el número de reacciones que despierta entre el resto de participantes. Si atendemos a su nivel de uso podemos confirmar que se produce un considerable empleo de este mecanismo. ¿A qué debemos aducir la elevada frecuencia de uso de enunciados irónicos por parte de los analistas políticos? Un primer motivo estaría relacionado con la naturaleza coloquial de las interacciones manejadas, un registro de la lengua que parece favorecer la aparición de enunciados irónicos, junto con las repercusiones positivas que entraña su uso en la configuración de la imagen del hablante, que se presenta como un ser ingenioso y poderoso (Laborda, 2002: 316). Pero también podemos entender como causa de la aparición de este fenómeno el tipo de imagen que defiende el tertuliano político, alejada de la imagen que sustenta el político, en este tipo discursivo específico. En la situación comunicativa que se establece en las tertulias periodísticas de tema político, el contertulio no teme una mala interpretación de los medios de sus enunciados irónicos porque forma parte de esos medios de comunicación de masas. Su situación, más cercana con el telespectador, le posibilita ciertas licencias, como puede ser la de utilizar la ironía como mecanismo argumentativo sin temer reacciones adversas.
32 i De hecho, si no se maneja cierto conocimiento complementario de naturaleza normativa, que genere un ambiente adecuado para la interpretación de la ironía (Utsumi, 2000: 1803), el político corre el riesgo de quedar ridiculizado ante aquellos miembros del grupo que no acepten las reglas previas (Perelman & Olbrechts-Tyteca, 1989: 325-326). ii Cfr. M. Fernández Sánchez (1996) o M. A. Torres Sánchez (1999) para un repaso por las distintas aproximaciones realizadas al fenómeno de la ironía. iii Cfr. los trabajos de Haverkate (1985, 1990a), Sperber y Wilson (1986), Ducrot (1986), Berrendoner (1987), Maingueneau (1987), Reyes (1984, 1990), Alba Juez (1995), Gutiérrez Ordóñez (1997a: 34), Fernández García (2000), Utsumi (2000), Marimón (2004-2005), Alvarado Ortega (2005, 2006), Ruiz Gurillo (2010), Brenes Peña (2009). iv Resaltado en mayúsculas en el original. v En palabras de H. Haverkate “podemos argumentar que en nuestro ejemplo-modelo la tradicional definición de ‘dar a entender algo distinto de lo que se dice’ ha de interpretarse en el sentido de que la cortesía formalmente expresada da a entender irónicamente desprecio o enojo” (1985: 361). vi Ridiculización que se efectúa mediante duplicaciones o estructuras especulares dentro del yo, que se mira a sí mismo desde cierta distancia (De Man, 1996: 8). vii Puesto que la ironía representa uno de los procedimientos polifónicos no marcados, que se caracterizan por no marcar unívocamente el desdoblamiento enunciativo (Pendones de Pedro, 1992: 10). Coincidimos con G. Reyes (1992: 33) en que la postura del intérprete es esencial, si bien también funciona como parámetro para inferir ironía la intención del autor (Schoentjes, 2003: 129). viii Como un refuerzo del acento de intensidad, el alargamiento silábico o la articulación nasalizada (Haverkate, 1986: 347). ix Se trata de ciertas formas cuyo empleo irónico es tan frecuente que han llegado a desarrollar un significado irónico junto a su sentido original (Schoentjes, 2003: 143). x Para un listado completo de indicadores de ironía, v. Alvarado (2005). xi La explicación que se ha proporcionado para la frecuente interpretación irónica de los adjetivos antepuestos estriba en que este mecanismo constituye un medio a través del cual el hablante hace alusión a la información previa que presupone en el oyente, necesaria para que se produzca la lectura irónica (Haverkate, 1985: 349). xii En concreto, se trata de las emisiones de los siguientes programas: “El gato al agua” (23/03/2010, 15/09/2011, 15/06/2012, 18/11/2012), “La noria” (19/09/2009, 03/10/2009. 08/11/2009, 17/09/2011), “El programa de Ana Rosa” (06/11/2009, 02/12/2009, 08/06/2010, 20/12/2010) y “Espejo Público” (09/11/2009, 19/11/2009, 30/11/2009, 04/12/2009) en televisión; y “La linterna” (04/11/2010, 14/12/2010, 15/12/2010, 23/05/2011), “La noche de César” (03/07/2012, 10/05/2012, 16/09/2011, 26/03/2012), “Hoy por Hoy” (01/03/2013, 05/03/2013, 13/03/2013, 26/02/2013) y “Herrera en la Onda” (25/05/2011, 26/05/2011, 30/05/2011, 01/06/2011) en medio radiofónico. xiii Cfr. Van Dijk (2003). xiv Cfr. también D. Vanderveken (1991). Además, es posible que varios receptores realicen interpretaciones diferentes de un mismo enunciado irónico (Álvarez, 1986). xv Concepto pragmático que se corresponde con el estado psicológico o intencional del hablante (Haverkate, 1985: 385). xvi Risas de E. Palomeras. xvii V. M. A. Torres Sánchez (1999: 113) o L. Ruiz Gurillo (2006). xviii Constuiría, por tanto, un caso de ironía con efecto cortés en la conversación (Alba Juez, 1995 o Alvarado Ortega, 2005). xix Que constituye uno de los casos en los que el fenómeno irónico supera un enunciado para desarrollarse en en el diálogo (Alba Juez, 1995: 11). xx Se refiere al dispositivo electrónico Mp3. xxi Que ha sido analizado por R. Hidalgo Downing y S. Iglesias Recuero (2009). xxii Para las reacciones de los interlocutores a las manifestaciones irónicas, v. J. Jorgensen (1996). xxiii Han sido varios los autores que han puesto de manifiesto la relación existente entre la (des)cortesía y la ironía (Beinhauer, 1964[1978]; Brown & Levinson, 1978[1987], Leech, 1980[1997]; Alba Juez, 1994- 1995; Haverkate, 2003; Alvarado, 2005, 2009), si bien no existe unidad en torno a las funciones desempeñadas en la interacción por este mecanismo. Así, encontramos una corriente de trabajo, encabezada por P. Brown y S. C. Levinson (1978[1987]: 221), G. Leech (1980[1997]: 144) y D. Bravo (2003: 101-102), para los que la ironía constituye la emisión indirecta y cortés de un acto de habla amenazante, puesto que el ataque es formalizado implícitamente. De esta forma, el receptor atacado es libre de realizar la interpretación, cortés o descortés, del enunciado irónico. En la misma línea se sitúan J. L. Blas Arroyo (2010a:73), M. Fernández Sánchez (1993: 237-238), y J. Jorgensen (1996: 627). Este
33 último, en concreto, parte de las reacciones de los interlocutores para afirmar que los enunciados irónicos resultan más indirectos que los ataques o las críticas, por lo que la actitud de defensa del oyente se reduce. Otros autores, por el contrario, no consideran que la vinculación entre ironía y mitigación del ataque se establezca forzosamente en todos los casos (Pendones de Pedro, 1992: 17; Alba Juez, 1994- 1995: 10-11; Torres Sánchez, 1999; Fernández García, 2001; Laborda Gil, 2002: 314; Noblia, 2004). xxiv Sostiene el periódico “La Razón”, que lleva en la portada de esa edición una imagen de Mariano Rajoy. xxv Entre risas procedentes de los contertulios. xxvi De hecho, para algunos autores la ironía supera el rango de mecanismo para convertirse en una forma de argumentar (Crespo, 2008: 4). xxvii En efecto, este procedimiento es muy habitual en el discurso mediático, en tanto que una buena parte de su discurso está construido sobre discursos que son citados (Méndez García de Paredes, 1999). xxviii En estos casos, la entonación se convierte en marca reveladora de la ironía (Fernández Sánchez, 1993: 256). xxix Este procedimiento ha sido denominado por D. Tannen “ventriloquizing” usado “to refer to instances in which speakers frame their utterances as representing other’s voices” (2010: 310). xxx En palabras de B. Alvarado (2009) “el hablante que utiliza un enunciado irónico viola la máxima de cualidad (miente) y la segunda máxima de manera (es ambiguo), y deja en manos del oyente el cometido de inferir que aquello que le está comunicando no equivale el significado literal. Así, pretende que su oyente infiera lo que no se ha dicho para obtener el significado completo de su enunciación” (2009: 336- 337). xxxi Si bien no es un fenómeno exclusivamente coloquial, como señala E. Cascón (2000: 46), es muy frecuente en el español hablado, donde se detectan los usos más antiguos de la ironía (Schoentjes, 2003: 131). xxxii Este índice es el fruto de dividir el número ocurrencias del fenómeno entre la cifra total de intervenciones en todas las tertulias radiofónicas/ televisadas, lo que da como resultado el porcentaje de aparición del elemento que se produce en cada intervención. La cifra resultante se ha multiplicado por 100 para garantizar la correcta visualización de la gráfica. xxxiii Como apunta M. Álvarez (1986) en relación a la ironía en la comunicación diferida “debe ser el mensaje mismo el que lleve implícitamente las marcas que nos permitan captar la fuerza perlocutiva del discurso irónico” (1986: 84). No obstante, también es necesario que el receptor domine cierta dosis de información contextual (Yus, 1997-1998).