Reseña al libro de Gabriela Dalla-Corte Caballero, San Francisco de Asís de Laishí. Sensibilidades tobas y franciscanas en una misión indígena (Formosa, 1900-1955)
Full text
182 Dalla-Corte Caballero, Gabriela. San Francisco de Asís del Laishí. Sensibilidades tobas y franciscanas en una misión indígena (Formosa, 1900-1955). Prohistoria ediciones, Rosario, 2013, 280 págs. ISBN 978-987-1855-70-4 Sara Macías Tejada Universidad de Sevilla San Francisco de Asís del Laishí. Sensibilidades tobas y franciscanas en una misión indígena (Formosa, 1900-1955) nos narra la creación y el desarrollo, así como las distintas problemáticas de la Misión Indígena Nuestro Padre San Francisco de Asís del Laishí, desde sus inicios a cargo de Fray Pedro Iturralde hasta su final en la década de los cincuenta bajo el mandato de Juan Domingo Perón, cuyo gobierno obligó a los franciscanos a abandonar las misiones de Laishí y Tacaaglé. A modo de introducción, el texto comienza haciendo un breve recorrido sobre los orígenes de la orden franciscana en los territorios que correspondían al Chaco Central, hasta llegar a los inicios de la Misión de Laishí, con los primeros pasos que llevó a cabo Iturralde hasta conseguir la aprobación de la Misión y su inauguración el 25 de marzo de 1901 en el territorio de Formosa. Los franciscanos fueron conocedores de la cultura, la lengua y las costumbres de estas comunidades indígenas, y la sensibilidad que desarrollaron para con los indígenas provocó que, en ocasiones, fueran vistos como personajes molestos para el gobierno, el cual llegó a retirarles su apoyo en determinadas ocasiones. Para este trabajo se ha utilizado documentación procedente de la Biblioteca y Archivo Histórico de la Provincia Franciscana de San miguel, Museo Conventual San Carlos de Borromeo de San Lorenzo, además de cartas personales escritas, enviadas y recibidas por los misioneros franciscanos establecidos en Laishí, junto al registro fotográfico que hicieron los misioneros franciscanos. En el primer capítulo se aborda la fundación de la misión y el papel que ejerció en ella el Estado Nacional y la Gobernación formoseña, así como su relación con los franciscanos en los primeros años. Para esta primera etapa fue clave el papel ejercido por Fray Pedro de Iturralde hasta 1907, cuando fue sustituido por Fray Buenaventura Giuliani. Tras varias negociaciones en las que tuvo un papel decisivo Iturralde, la
183 misión consiguió el beneplácito para su fundación del Poder Ejecutivo y de la Gobernación de Formosa. Entre las distintas peticiones y negociaciones que Iturralde llevó a cabo, se encuentra la tarea de concretar el territorio para la Misión. También hizo referencia a otros puntos que él consideraba indispensables para el éxito de ésta. Iturralde consideraba que los misioneros debían estar a cargo no sólo de la economía de de la misión, sino también de la política y la vida social de los indios, ya que muchos aspectos sociales les eran desconocidos y lo más recomendable era un gobierno paternalista que les educase poco a poco en los nuevos conceptos sociales y no un sistema militar y autoritario. Además, defiende la necesidad de separar las misiones del resto de la sociedad, tanto porque se pensaba que el contacto de las Misiones con el exterior era la causa de que se produjeran injusticias con los indios, citando como ejemplo los abusos de los comerciantes, como por la necesidad de garantizar la propiedad de las tierras a los indígenas. Finalmente, en marzo de 1901 pasó a propiedad de la Misión un terreno situado a 20 leguas de la ciudad de Formosa, y en el mismo mes se inauguró, con el nombre de Nuestro Padre San Francisco de Asís, constando en un principio de una casa para los misioneros, ranchos para la población aborigen y una escuela. En “Fray Buenaventura Giuliani”, la atención se centra en la figura del personaje que da nombre al capítulo, quien fue el máximo responsable de la Misión Indígena Nuestro Padre San Francisco de Asís hasta 1928. Para conocer a este personaje se habla en primer lugar de su origen, una provincia de Italia llamada Friul, de la cual emigran en 1877 cincuenta familias con destino a una fábrica de carbonato de potasio en Santa Fe. Con afán colonizador, entre 1877 y 1880 salieron 7.713 emigrantes friulianos, entre los que se encontraba Buenaventura Giuliani, nacido en 1876. En 1891 se convierte en novicio del convento de San Lorenzo, confirmando sus votos cuatro años después, ordenándose sacerdote en 1899 y siendo responsable de la Misión Indígena Nuestro Padre San Francisco de Asís del Laishí en 1907. Gracias a la biografía de Fray Avelino Juan Giuliani, sobrino del protagonista de este capítulo, podemos saber más acerca de este personaje y de sus acciones para con los pobres y los aborígenes tobas de Laishí. En un primer momento, Fray Buenaventura
184 se alojó en el “Hospicio de Aislamiento”, que actualmente se ha transformado en el Hospital Carrasco, hasta que en 1903 es enviado al Chaco Santafesino, donde se encarga de los aborígenes mocovíes de la Reducción del Santo Cristo, con la finalidad de garantizar la supervivencia de los tobas y pilagás. Poco después, fue enviado a la Misión Indígena Nuestro Padre San Francisco de Asís del Laishí, donde permaneció algunos meses de 1907 entre las familias tobas, hasta que fue finalmente trasladado a Laishí en ese mismo año en calidad de Superior. En un principio se dedicó a la medición del territorio, el registro de las actividades de los tobas y la asistencia sanitaria, así como a bautizar y dar la primera comunión a algunos indígenas, tareas que se vieron facilitadas gracias al conocimiento que tenía Fray Buenaventura Giuliani de la lengua y la idiosincrasia indígena, aunque este conocimiento no está completamente asegurado. En cuanto a la dirección de la Misión Indígena Nuestro Padre San Francisco de Asís de Laishí, fue necesario que Fray Buenaventura Giuliani se dirigiera en repetidas ocasiones al Ministerio del Interior para solicitar un dinero que se le había prometido y que iría destinado a la alimentación de las familias tobas y a garantizar la producción agrícola de la Misión, que ya contaba con 236 familias. Más adelante, recibiría la visita de varias personas que garantizaron el buen estado de la Misión, aunque realmente, tanto Fray Buenaventura Giuliani como los tobas tuvieron que enfrentarse a varios problemas, como fueron el reclutamiento de indios por grandes empresas, el robo, el contrabando… En 1913 se realizó un nuevo proyecto de Reglamento para la dirección y administración de la Misión Indígena Nuestro Padre San Francisco de Asís del Laishí, para avalar la vida y la libertad de más de 200 familias tobas, y que se acabó promulgando en 1914 bajo el título de “Reglamento de la Misión Indígena de Nuestro Padre San Francisco de Asís del Laishí en la Gobernación de Formosa, Chaco Central”. Tras dos décadas de convivencia con las familias tobas, Fray Buenaventura Giuliani abandona Laishí con destino a Santa Fe, y en 1928 sustituye a Fray Pedro Iturralde como Prefecto de Misiones. Fray Buenaventura Giuliani muere en 1961. El tercer capítulo arranca con los bautismos en Laishí, que comienzan a registrarse desde 1908 gracias a Fray Buenaventura Giuliani, quien se encargó de esta
185 tarea durante el periodo comprendido entre 1910-1927. La importancia de estos registros reside en la información que aportan sobre los niños. La mayor parte de estos bautismos se realizaron en la iglesia de San Francisco de Asís, localizada dentro de la Misión, a pesar de que no todos los niños provenían de la misma, sino de tierras vecinas como Pirané o Pilagás. También encontramos un apartado dedicado a Fray Pablo Rossi, quien tomó posesión de la dirección de la misión en 1930 sustituyendo a Giuliani. En un momento de crisis y guerras internacionales, se produjo una desconfianza generalizada hacia el papel de los misioneros franciscanos. Ante la difícil situación de estos religiosos, Rossi se dedicó a una serie de labores para asegurar su permanencia, entre las que destaca la elaboración de informes sobre las actividades llevadas a cabo por los indios. También realizó escritos, por petición del Poder Ejecutivo, en los que daba a conocer las tareas realizadas por los misioneros en la Laishí y justificaba la existencia de la Misión, pero no pudo escriturar las tierras en las que se encontraban, factor necesario para la estabilidad de la Misión. En este contexto, comenzaron a surgir una serie de intelectuales que defendieron el papel ejercido por los franciscanos en las Misiones Indígenas, el cual no sólo fue clave para la supervivencia de los indios del Chaco, sino también de los parajes naturales de la zona, afirmaban algunos. Concretamente destacaron el papel de los franciscanos en las escuelas, que según los intelectuales eran de las más avanzadas de la región, donde no sólo aprendían la enseñanza básica, sino también los saberes necesarios para la vida diaria. El cuarto capítulo se encuentra dividido a su vez en otros cuatro sub-apartados. En primer lugar, hay una breve introducción que comienza con el informe que se emitía en el año 1942 por el Comisario Provincial Fray José F. Zurflüh, donde se advertía sobre el fracaso del sistema colectivista implementado por los Misioneros del Chacho y de Formosa. Este informe tuvo un impacto directo en el futuro de las familias tobas, cuyos miembros fueron rebautizados como los “humildes descamisados”. A su vez, esto provocó que los franciscanos pidieran ayuda a Eva Duarte de Perón, con el fin de que les proporcionase medios para garantizar la supervivencia de estas familias tobas. El primero de los cuatro sub-apartados nos habla sobre la gestión para la adquisición de la propiedad de las familias tobas y la presencia de “sectas protestantes”
186 que amenazaban la Misión Indígena Nuestro Padre San Francisco de Asís del Laishí y el papel de Fray Pablo Rossi en defensa de las Misiones franciscanas. Este ultimo solicitó al Poder Ejecutivo ayuda pecuniaria, al igual que su compañero, ya nombrado, Fray Buenaventura Giuliani, además de otras peticiones, que fueron comunicadas a Edelmiro Julián Farrel, quien se encargó del asunto. El segundo, “correspondencia pública y presencia franciscana”, analiza la correspondencia que envió Fray Pablo Rossi a personalidades tales como el Comisario Provincial de la Orden Franciscana Fray Santiago Barilaro, cartas en las que aportaba valiosa información sobre la situación del territorio del Laishí y de las familias tobas, así como de otros asuntos de interés, o al Obispo de Resistencia Monseñor Nicolás de Carlo, a quien le comunicó tanto una serie de problemas, entre ellos la mala alimentación de los indios o el deterioro de algunas instalaciones, como su postura de defensa de los Misioneros Franciscanos de la zona de Laishí. En tercer lugar, se nos narra el recelo de algunos franciscanos, como Fray Valentino Schaaf o Fray José F. Zurflüh, quienes temían por la supervivencia que las Misiones Franciscanas ante la falta de apoyo de las autoridades nacionales, entre otros motivos. En el cuarto y último sub-apartado se nos describe la carta que enviaron los Misioneros Franciscanos a Juan Domingo Perón con el fin de transmitirle la situación de la Misión Indígena Nuestro Padre San Francisco de Asís del Laishí y una serie de solicitudes de ayuda, las cuales no sabemos si fueron escuchadas, ante la difícil situación tanto de los Misioneros Franciscanos como de sus Misiones. Para finalizar, el epílogo hace un brevísimo resumen de la historia de la Misión, así como los años posteriores a la retirada de los franciscanos del territorio. La obra presentada nos muestra de forma ilustrada, apoyándose en fotografías y testimonios de la época, tanto el nacimiento como el desarrollo y el importante papel que jugó la misión formoseña de Nuestro Padre San Francisco de Asís del Laishí en las relaciones con los indígenas de la zona.
