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La fuente clásica del preámbulo al “fatigado fin y remate que tuvo el gobierno de Sancho Panza” (Quijote II, 53

López-Cañete Quiles, Daniel

Abstract

El presente artículo estudia, por primera vez, el comienzo de DQ II,53 como exponente de un antiguo tópico (la antítesis ‘ciclos eternos de la naturaleza-linealidad y brevedad de la vida huma-na’) con frecuencia recreado en el Renacimiento. Se defiende que el principal modelo literario es Horacio, carm. 4,7,9-16 y se intenta corroborar esta tesis mostrando, en el texto cervantino, reminis-cencias verbales del comentario al carmen 4,7 ofrecido por J. Villén de Biedma en su Declaración magistral en lengua castellana de Horacio (1599). Adicionalmente, se analiza una posible evocación del Libro de Job, no detectada con anterioridad, y se analizan aspectos de la confluencia de la fuente horaciana con ese antecedente bíblico y con ecos de un verso de Góngora

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MINERVA. Revista de Filología Clásica 32 (2019) 185-209 ISSN: 2530-6480 La fuente clásica del preámbulo al “fatigado fin y remate que tuvo el gobierno de Sancho Panza” (Quijote II,53)* The classical source of the preamble to the “fatigado fin y remate que tuvo el gobierno de Sancho Panza” (“About the troubled conclusion to Sancho Panza’s governorship”) (Quixote II,53) DANIEL LÓPEZ-CAÑETE QUILES Universidad de Sevilla Departamento de Filología Griega y Latina Facultad de Filología Calle Palos de la Frontera s/n 41004 Sevilla (España) [email protected] ORCID: https://orcid.org/0000-0001-7564-6349 Recibido: 23.05.2019 | Aceptado: 02.09.2019 Cómo citar: López-Cañete Quiles, Daniel, “La fuente del preámbulo al ‘fatigado fin y remate que tuvo el gobierno de Sancho Panza’ (Quijote II,53)”, MINERVA. Revista de Filología Clásica 32 (2019) 185-209. DOI: https://doi.org/10.24197/mrfc.0.2019.185-209 Resumen: El presente artículo estudia, por primera vez, el comienzo de DQ II,53 como exponente de un antiguo tópico (la antítesis ‘ciclos eternos de la naturaleza-linealidad y brevedad de la vida humana’) con frecuencia recreado en el Renacimiento. Se defiende que el principal modelo literario es Horacio, carm. 4,7,9-16 y se intenta corroborar esta tesis mostrando, en el texto cervantino, reminiscencias verbales del comentario al carmen 4,7 ofrecido por J. Villén de Biedma en su Declaración magistral en lengua castellana de Horacio (1599). Adicionalmente, se analiza una posible evocación del Libro de Job, no detectada con anterioridad, y se analizan aspectos de la confluencia de la fuente horaciana con ese antecedente bíblico y con ecos de un verso de Góngora. Palabras clave: Quijote; las estaciones y la mortalidad humana; tradición clásica; Horacio; Villén de Biedma; Biblia; Góngora. Abstract: This article presents a novel study of the beginning of Don Quixote II,53 as an instance of an ancient literary topos that was often revisited in the Renaissance, namely the antithesis between the eternal cycles of nature and the linearity and brevity of human life. It is argued that Horace, carm. 4,7,9-16 is the main literary model Cervantes followed here. This viewpoint can be further corrobo- * Deseo expresar mi agradecimiento a Bartolomé Pozuelo y a los informantes anónimos por su lectura atenta del original de este artículo y sus muy oportunas observaciones. 186 DANIEL LÓPEZ-CAÑETE QUILES MINERVA. Revista de Filología Clásica 32 (2019) 185-209 ISSN: 2530-6480 rated by demonstrating that Cervantes’s text evokes the commentary on carm. 4,7 provided by J. Villén de Biedma on the poetry by Horace in his Declaración magistral en lengua castellana (Magistral Declaration on Castilian Language, 1599). The discussion further includes previously undetected associations with the Book of Job, along with the possible convergence of this Biblical source with Horace’s poem and with echoes from a passage by Góngora. Keywords: Quixote; the cycle of seasons versus human mortality; classical tradition; Horace; Villén de Biedma; the Bible; Góngora. Sumario: 1. ASUNTO Y OBJETIVOS | 2. INVESTIGACIONES ANTERIORES SOBRE LAS FUENTES DEL PREÁMBULO A DQ II,53 | 3. LA ETERNIDAD DE LAS ESTACIONES Y LA “LIGEREZA E INSTABILIDAD DE LA VIDA” HUMANA: BREVE REPASO DE UN AÑEJO TÓPICO | 4. HOR. CARM. 4,7 Y DQ II,53 | 5. EL PREÁMBULO A DQ II,53 Y LA DECLARACIÓN MAGISTRAL DE HORACIO POR JUAN VILLÉN DE BIEDMA (GRANADA, 1599) | 6. LA CONFLUENCIA DE HORACIO CON ECOS DE LA BIBLIA Y DE LA LITERATURA ESPAÑOLA (CON ESPECIAL ATENCIÓN AL LIBRO DE JOB Y A GÓNGORA) | BIBLIOGRAFÍA Summary: 1. SUBJECT-MATTER AND AIMS | 2. PREVIOUS INVESTIGATIONS ON THE SOURCES OF THE PREAMBLE TO QUIXOTE II,53 | 3. THE ETERNAL CYCLE OF SEASONS AND THE “LIGEREZA E INSTABILIDAD” (“BREVITY AND INSTABILITY”) OF HUMAN LIFE: A BRIEF OVERVIEW OF AN ANCIENT LITERARY TOPOS) | 4. HOR. CARM. 4,7 AND QUIXOTE II,53 | 5. THE PREAMBLE TO QUIXOTE II,53 AND THE DECLARACIÓN MAGISTRAL (“MAGISTRAL DECLARATION”) OF THE POETRY BY HORACE BY JUAN VILLÉN DE BIEDMA (GRANADA, 1599) | 6. THE CONVERGENCE OF HORACE WITH BIBLICAL AND HISPANIC SOURCES (WITH PARTICULAR ATTENTION TO THE BOOK OF JOB AND GÓNGORA) | BIBLIOGRAPHY 1. ASUNTO Y OBJETIVOS l pasaje que nos ocupa es el siguiente1: “Pensar que en esta vida las cosas della han de durar siempre en un estado es pensar en lo excusado; antes parece que ella anda todo en redondo, digo, a la redonda: la primavera sigue al verano, el verano al estío, el estío al otoño, y el otoño al invierno, y el invierno a la primavera, y así torna a andarse el tiempo con esta rueda continua; sola la vida humana corre a su fin ligera más que el viento, sin esperar renovarse si no es en la otra, que no tiene términos que la limiten”. Esto dice Cide Hamete, filósofo mahomético; porque esto de entender la ligereza e instabilidad de la vida presente, y la duración de la eterna que se espera, muchos sin lumbre de fe, sino con la luz natural, lo han entendido; pero aquí nuestro autor lo dice por la presteza con que se acabó, se consumió, se deshizo, se fue como en sombra y humo el gobierno de Sancho. 1 Para el texto del Quijote, sigo a RICO (2015) I,1163-1164; otras ediciones y comentarios aquí cotejados son los siguientes: IDELER (1804) 304-305; CLEMENCÍN (1839) 82-83; CORTEJÓN (1913) 39- 40; SCHEVILL y BONILLA (1941) 436; RODRÍGUEZ MARÍN (1948) 187-188; MURILLO (1978) II,440; GAOS (1987) II,743-744; SEVILLA ARROYO y REY HAZAS (1993) 958, n. 1; SEVILLA (2014) II,617, n. 2. Salvo mención expresa en otro sentido, las ediciones de los demás textos hispánicos citados –inclusive los de Cervantes – son las del CORDE, al que remito para la referencia de editor, fecha y página, datos aquí sacrificados a la brevedad. E LA FUENTE DEL PREÁMBULO AL ‘FATIGADO FIN Y REMATE QUE TUVO EL GOBIERNO DE SANCHO PANZA’ 187 MINERVA. Revista de Filología Clásica 32 (2019) 185-209 ISSN: 2530-6480 Sin duda, los dos detalles más curiosos y debatidos de estas líneas son el número de estaciones (cinco en vez de las cuatro tradicionales), y el orden aparentemente inverso en que se representan (“la primavera sigue al verano”, etc.). Sobre ambas cuestiones, que en buena medida atañen a la Historia del español, trataré en su momento de ofrecer algunas propuestas explicativas tomando como referencia la Antigüedad latina2. En el presente trabajo, que en cierta medida servirá de premisa a esas futuras aportaciones, me interesan principalmente las fuentes literarias del argumento expuesto por Cide Hamete y comentado por el narrador. Se trata de una cuestión a la que el Hispanismo, como espero mostrar, no ha parece haber dado una respuesta suficiente (§ 2), y a cuya discusión cabe hacer, según entiendo, alguna contribución de sustancia desde la Filología Clásica (§§ 3-4). La tarea se apoyará en una contextualización histórico-literaria del tema tratado por Cervantes (§ 3), y en el cotejo de la edición presumiblemente empleada por el novelista para acceder a la que considero fuente latina de su texto (el Horacio de Villén de Biedma: § 5). Sobre esta base heurística, me propongo también ampliar aportaciones de estudiosos anteriores sobre la presencia de ecos bíblicos e hispánicos, considerando la confluencia de estos antecedentes con la fuente horaciana como ejemplo de un sincretismo literario congruente con aspectos ideológicos perceptibles en el comentario del narrador a las palabras de Cide Hamete (§ 6). 2. INVESTIGACIONES ANTERIORES SOBRE LAS FUENTES DEL PREÁMBULO A DQ II,53 No ha escatimado esfuerzos el cervantismo en la Quellenforschung de este pasaje, acudiendo a tal propósito a la Biblia y las letras hispánicas. Aptos y abundantes son, especialmente, los paralelos cotejados con la imagen que emplea el narrador al final de su comentario (“se fue como en sombra y humo”), paralelos entre los que destaca un famoso endecasílabo de Góngora sobre el que volveremos (cf. § 6)3. Menos 2 Véase nn. 8 y 40, y § 6; para la discusión sobre ambos aspectos, remito de momento a RICO (2015) I,1158, n. 1; II,702-703, 918; cf. SCHEVILL y BONILLA (1941) 436. 3 Se trata, naturalmente, del verso que cierra el célebre soneto “Mientras por competir con tu cabello”; cf. RICO (2015) II,703; SEVILLA (2014) II,617, n. 2; GAOS (1987) II,744. SEVILLA ARROYO y REY HAZAS (1993) 958, nn. 3 y 4, y SEVILLA (2014) II,617, n. 2 citan asimismo los vv. 3-4 del Doctrinal de privados del Marqués de Santillana al Maestre de Santiago don Álvaro de Luna: “assí commo sonbra o sueño / son nuestros días contados”; RODRÍGUEZ MARÍN (1948) 187-188 colaciona paralelos de Manrique, Camões, Quevedo y Duque de Rivas; del Antiguo Testamento, el mismo erudito (ibid.) cita: I par. 29,15 Dies nostri quasi umbra super terram; Iob 14,4 fugit velut umbra cita; sap. 2,5 umbrae enim transitus est tempus nostrum; psalm. 101 (102),4 sicut fumus dies mei. Otros paralelos bíblicos citados por diversos estudiosos son: Iob 7,6 Dies mei velocius transierunt quam a texente tela succiditur; et consumpti sunt absque ulla spe; 8,9 sicut umbra dies nostri sunt super terram; psalm. 144,4 Homo vanitati similis factus est; dies eius sicut umbra praetereunt; eccles. 6,12 (cf. MONROY [1979] 55; FINE [2001] 485, [2014] 206; cf. MURILLO [1978] II 440, n. 2; GAOS [1987] II 744; RICO [2015] I 1158, nn. 2 188 DANIEL LÓPEZ-CAÑETE QUILES MINERVA. Revista de Filología Clásica 32 (2019) 185-209 ISSN: 2530-6480 convencen, en cambio, los resultados de las pesquisas sobre el meollo de las reflexiones de Cide Hamete4. Dos son, hasta donde alcanzo a ver, los modelos invocados. Uno corresponde a un pasaje de Petrarca (De remediis utriusque fortunae II, praef.) y a su versión / recreación por Fernando de Rojas (Celestina, ‘Prólogo’)5: Todas las cosas ser criadas a manera de contienda o batalla dice aquel gran sabio Heráclito en este modo: “Omnia secundum litem fiunt”, sentencia a mi ver digna de perpetua y recordable memoria. [...] Hallé esta sentencia corroborada por aquel gran orador y poeta laureado Francisco Petrarca, diciendo “Sine lite atque offensione nil genuit natura parens”, ‘Sin lid y ofensión ninguna cosa engendró la natura, madre de todo’. Dice más adelante: [...] ‘En verdad así es, y así todas las cosas desto dan testimonio: las estrellas se encuentran en el arrebatado firmamento del cielo, los adversos elementos unos con otros rompen pelea, tremen las tierras, ondean las mares, el aire se sacude, suenan las llamas, los vientos entre sí traen perpetua guerra, los tiempos con tiempos contienden y litigan entre sí uno a uno y todos contra nosotros.’ El verano vemos que nos aqueja con calor demasiado, el invierno con frío y aspereza; así que esto que nos parece revolución temporal, esto con que nos sostenemos, esto con que nos criamos y vivimos, si comienza a ensoberbecerse más de lo acostumbrado, no es sino guerra. Y cuánto se ha de temer manifiéstase por los grandes terremotos y torbellinos, por los naufragios y encendios, [...]. Pues entre los animales ningún género carece de guerra: peces, fieras, aves, serpientes; de lo cual todo una especie a otra persigue: el león al lobo, el lobo el perro, el perro la liebre y, si no pareciese conseja de tras el fuego, yo llegaría más al cabo esta cuenta. Es de observar que Cervantes coincide con Petrarca y Rojas tan sólo en poner la observación del ciclo estacional al servicio de una reflexión filosófica, procedimien- to por lo demás tópico6. Más significativas son las diferencias. En Petrarca / Rojas, y 5). También al Antiguo Testamento parece remontar alguna imagen empleada por el propio Cide Hamete: “sola la vida humana corre a su fin ligera más que el viento”, cf. Iob 7,7 Memento quia ventus est vita mea. El paralelo interesa a la crítica textual del pasaje: la lectura que aquí seguimos con RICO ([2015] I,1158, n. 2; II,918) es conjetura de Hartzenbusch que encuentra, entre otros apoyos, el de aquel versículo bíblico (la lectio original es “[...] ligera más que el tiempo”); véase también RODRÍGUEZ MARÍN (1948) 187, n. 2. 4 Cf. IDELER (1804) 304-305; CLEMENCÍN (1839) 82-83; CORTEJÓN (1913) 39-40; SCHEVILL y BONILLA (1941) 436; RODRÍGUEZ MARÍN (1948) 187-188; GAOS (1987) II 743-744; SEVILLA ARROYO y REY HAZAS (1993) 958, n. 1; SEVILLA (2014) II 617, n. 2; RICO (2015) II 702. 5 Bastará reproducir, y aun abreviadamente, el texto de Rojas; sigo la edición de LOBERA ET AL. (2011) 15-16. 6 Los ritmos de renovación y declinación de la naturaleza han servido de analogía a los de la vida humana ya desde Homero (símil de las hojas de los árboles y los hombres en Il. 6,145-149). Tradicional es también la ecuación de edades de la vida humana con el ciclo las estaciones (desde al menos Pitágoras, cf. D. L. 8,10; Ov. met. 15,199-213); vid. n. 30. Sobre el tema en general y sus diversas modalidades en la Antigüedad grecolatina la bibliografía disponible es amplísima: baste aquí remitir a FUHRMANN (1986); HECKEL (2008), con más referencias; MACCIÒ (sin fecha); para otras referencias, vid. nn. 14-21. LA FUENTE DEL PREÁMBULO AL ‘FATIGADO FIN Y REMATE QUE TUVO EL GOBIERNO DE SANCHO PANZA’ 189 MINERVA. Revista de Filología Clásica 32 (2019) 185-209 ISSN: 2530-6480 la rueda de las estaciones constituye uno entre varios ejemplos (fieras, terremotos, etc.) tomados del mundo natural; en Cervantes, el único7. Mucho más importante: Cide Hamete presenta las estaciones no en conflicto mutuo o con los seres humanos sino en simple sucesión, e invoca el giro eterno del año no como emblema de la discordia heraclitea que gobierna todo lo creado, sino como antiemblema (permítaseme el término) de la “ligereza e instabilidad de la vida presente”8. Esta apreciación no significa, naturalmente, que Cervantes no conociese los citados pasajes de Petrarca y de Rojas; por el contrario, tanto el De remediis como La Celestina figuran, a decir de los estudiosos, entre las múltiples lecturas de nuestro novelista9; parece, sin embargo, improbable que una u otra obra hayan inspirado las líneas iniciales de DQ II,53. Las palabras del falso cronista mahometano han sido asimismo comparadas –es el otro de los paralelos a los que me refería arriba– con un pasaje del Guzmán de Alfarache (I 7)10: “la vida humana es milicia en la tierra: no hay cosa segura ni estado que permanezca”. Sin duda, esta sentencia halla refrendo innegable en el destino que a la postre corre el gobernador de Barataria (“la presteza con que se acabó, se consumió”, etc.), y su asunto coincide obviamente con la tesis del pasaje (“la ligereza e instabilidad de la vida presente”); hay, además, coincidencias léxicas (las destaco tipográficamente: “Pensar que en esta vida las cosas della han de durar siempre en un estado es pensar en lo excusado”); existe, pues, fundamento para postular una reminiscencia de Mateo Alemán (vid. § 6 en este trabajo). Con todo, ese posible modelo no incluye mención alguna de estaciones ni antítesis entre los ciclos celestiales y la brevedad evanescente de la vida o de los asuntos humanos. En suma, los paralelos bíblicos y renacentistas aducidos hasta el momento parecen insuficientes: apreciación tanto más justificada si los comparamos, como se hará a continuación, con otras posibilidades de referencia que ofrece la tradición literaria. 7 Nótese que, mientras Fernando de Rojas se limita al verano y al invierno, Petrarca menciona el ciclo completo de las estaciones (empleo edición impresa por E. Le Preux: PETRARCA [1613] 372-373): tempora temporibus concertant; secum singula: nobiscum omnia: ver humidum, aestas arida: mollis autumnus: hyems hispida; vid. LOBERA ET AL. (2011) 716-718. 8 Como mucho, podría apreciarse alguna semejanza entre la presentación de las especies animales persiguiéndose en cadena depredatoria (Petrarca: leo lupum, lupus canem, canis leporem insequitur; Rojas: “[...] una especie a otra persigue: el león al lobo, el lobo el perro, el perro la liebre”), y la de la primavera “siguiendo” al verano, el verano al estío, etc. en Cervantes (sobre este uso de “seguir”, vid. § 1 y n. 2). 9 CASTRO (1925) 129 vio influjo de la citada obra de Petrarca en el Curioso impertinente; baste aquí remitir a GÓMEZ (1990) para otras referencias sobre la repercusión del De remediis en el Renacimiento español; sobre lecturas petrarquistas en Cervantes, vid. MANERO SOROLLA (1991). 10 Cf. SEVILLA ARROYO y REY HAZAS (1993) 958, n. 1; SEVILLA (2014) 617, n. 1. 190 DANIEL LÓPEZ-CAÑETE QUILES MINERVA. Revista de Filología Clásica 32 (2019) 185-209 ISSN: 2530-6480 3. LA ETERNIDAD DE LAS ESTACIONES Y LA “LIGEREZA E INSTABILIDAD DE LA VIDA” HUMANA: BREVE REPASO DE UN AÑEJO TÓPICO En realidad, la melancólica doctrina de Cide Hamete sobre las estaciones del año y el humano existir no es sino variación sobre un tópico más amplio, el de la contraposición entre la eternidad de la naturaleza y la caducidad del hombre, del que tenemos a mano instancias diversas sin salir del Antiguo Testamento o de las letras renacentistas11. Así, en el Libro de Job. Muy oportunamente, Rodríguez Marín citó 14,4 fugit velut umbra a propósito de “se fue como en sombra” (vid. n. 3). Ahora bien, cabe sacar más provecho filológico de ese antecedente con sólo ampliar el foco de lectura a su contexto inmediato, donde se comparan la capacidad de un árbol caduco para reverdecer y la mortalidad irrevocable de un hombre (vv. 7-10)12: 7 Lignum habet spem: si præcisum fuerit, Un árbol tiene esperanza: rursum virescit, et rami ejus pullulant. si fuera podado, verdea de nuevo y [proliferan sus ramas. 8 Si senuerit in terra radix ejus, Si envejeciera en la tierra su raíz, et in pulvere emortuus fuerit truncus illius, y si convertido en polvo se muriese su [tronco, 9 ad odorem aquæ germinabit, germinará al olor del agua, et faciet comam quasi cum primum. y dejará crecer su cabellera, como cuando [plantatum est [fue plantado por primera vez. 10 Homo vero cum mortuus fuerit, et En cambio el hombre, en habiendo [nudatus [muerto, y en quedando desnudo atque consumptus, ubi, quæso, est? y consumido, ¿dónde está, por favor? 11 Véase, sobre todo, FANTUZZI (1987); WRITJIES (1991); MONDIN (1997) 179, n. 116; FEDELI y CICCARELLI (2008) 342-343; MACCIÒ (sin fecha); cf. también LAGUNA MARISCAL (2003). 12 FINE (2002) 109 sostiene que Cervantes seguramente se basó “en la versión [sc. de la Vulgata] unificada y oficial tridentina: la sixto-clementina, o quizás en traducciones parciales al romance que siguieran dicha versión” (cf. FINE [2001]). Con todo, según FINE (2002) 109, conviene no “descartar de modo concluyente la posibilidad de que el escritor haya conocido otras, incluso la de Casiodoro de Reina- Valera”; de estas otras versiones posibles, sin embargo, la misma estudiosa se inclina por excluir la Biblia de Ferrara, cuyo uso por Cervantes consideran en cambio como posible algunos autores (FINE [2002] 109-110). No he podido acceder a ediciones de la Vulgata entre las que estaría, probablemente, la usada por el novelista (1590, 1592, 1598); el texto que reproduzco arriba, respetando la ortografía del impreso, corresponde a VULGATA (1692) 352. Ofrezco mi propia traducción, que es asumidamente literal; una versión al uso en nuestro país como la de NÁCAR y COLUNGA (1944) está realizada a partir del hebreo y del griego, y no refleja del todo alguna expresión (v. 10 “Pero el hombre en muriendo se acabó”) cuya posible relevancia para nuestra discusión se mostrará más abajo (vid. § 6). LA FUENTE DEL PREÁMBULO AL ‘FATIGADO FIN Y REMATE QUE TUVO EL GOBIERNO DE SANCHO PANZA’ 191 MINERVA. Revista de Filología Clásica 32 (2019) 185-209 ISSN: 2530-6480 Volveremos más abajo sobre este texto (§ 6). F. Macciò recoge los siguientes ejemplos del Renacimiento italiano13: el soneto “Quand’io veggio dal ciel scender l’aurora” de Petrarca (Canzoniere, CCXCI); la balada “Il fior, che ’l valor perde” de Boccaccio (Rime LXXVII); la balada “Ben venga maggio”, de Poliziano; y dos pasajes de Torquato Tasso, Gerusalemme Liberata (octavas 14-15 del libro XVI) y Aminta (Acto I, Coro II 719-723): paralelos a los que cabe aquí añadir el soneto “Dolce Fillide mia, mentre il bel viso” del propio Tasso14. También conviene tener en cuenta a los poetas del Renacimiento español y lusitano: trataron el tópico, entre otros, D. Hurtado de Mendoza en “Elegía fúnebre por Doña Marina de Aragón” (vv. 58-69); António Ferreira, el llamado Horacio portugués, en su oda II,2 (“Fogem, fogem ligeiros”, cf. vv. 8-13): “Torna nova verdura, / torna verão, e inverno, / claro após chuva o sol, pós noite o dia. / Ah, nossa lei tão dura!, etc.”, o Luis de Camões, en la oda IX (“Fogem as neves frias”)15. Pero antes está, claro es, la Antigüedad grecolatina, al fin y al cabo fuente y referente principal del Renacimiento16. Recuérdese que, según dice expresamente Cervantes, “muchos sin lumbre de fe” se habían ya pronunciado en el mismo sentido que el apócrifo autor mahometano; acudir, pues, al acervo de los clásicos paganos no es sino seguir la indicación del propio novelista (cf. § 6). 13 MACCIÒ (sin fecha) 12-14. 14 Vv. 9-14: “Quei fior vermigli e quelle verdi erbette / che in mezzo ai prato son del verno spenti / fien via più vachi a primavera nova: / ma una sol volta che i suoi strali aventi / la morte in noi, mai più non si rinova / la beltà e le virtù sparse e neglette” (sobre cuyas fuentes catuliana y horaciana, vid. infra en este apartado). Un testimonio neolatino de interés es el Epicedio a la muerte de Durero compuesto por E. Hesse (1528; cf. vv. 101-113), en el que se combinan, entre otras, influencias del Epitafio de Bión, así como de Catulo, Horacio y la primera Elegía a Mecenas (SCHMID [1971] 510-517). LAGUNA MARISCAL (2003) remite a un poema de Samuel Daniel (“A Pastoral”, 1601) en cuyos versos finales se lee: “Let's love; the sun doth set and rise again, / but when as our short light / come once to set, it makes eternal night” (sobre el modelo catuliano de este pasaje, véase más abajo en este apartado). 15 En contextos sentimentales, los cambios estacionales y la capacidad de la renovación de la naturaleza se invocan a veces para enfatizar, por contraste, el pertinaz “invierno” de un alma atribulada, cf. F. de la Torre, oda IV, 36-45: “Todo brota y extiende, / ramas, hojas y flores, nardo y rosa / [...] Yo triste, el cielo quiere / que el yerto invierno ocupe el alma mía, etc.” (PÉREZ-ABADÍN BARRO [2017] § 50, [2018]); Diego Hurtado de Mendoza, canción XIX (“Ya el sol revuelve con dorado freno”); Francisco de Rioja, soneto IX (“Ya la hoja que verde ornó la frente”) y XXI (“Este sediento campo, que abundoso”): vid. HERRERA MONTERO (1995) 110-112; cf. también Camões, Endechas: “Qualquer esperança / foge como o vento; / tudo faz mudança / salvo meu tormento”; Petrarca, soneto CCCX, “Zephiro torna, e ’l bel tempo rimena” (PÉREZ-ABADÍN BARRO [2017] § 50); cf. n. 17 en nuestro trabajo. 16 Para la fuente catuliana de Hurtado de Mendoza (carm. 5), vid. CRISTÓBAL (1994) 61-63 e infra en nuestro trabajo; para la fuente horaciana de Ferreira (carm. 4,7), vid. PÉREZ-ABADÍN BARRO (2017) § 50, (2018) e infra en nuestro trabajo. 192 DANIEL LÓPEZ-CAÑETE QUILES MINERVA. Revista de Filología Clásica 32 (2019) 185-209 ISSN: 2530-6480 Entre los diversos documentos helenos y romanos del tópico, dos especialmente parecen haber influido en el Renacimiento17. De un lado, el famoso carmen 5 de Catulo, donde sin embargo no aparecen aún las estaciones: es el ciclo cotidiano del sol, eternamente renovado, el que se contrapone a la nox perpetua que nos aguarda a los seres humanos al morir (vv. 3-6)18. De otro lado, está el carmen 4,7 de Horacio, donde sí encontramos ya la rueda de las estaciones y su giro eterno como emblema inverso de la vida humana, breve e irreversible. Un lector de literatura romana tan cualificado como A. E. Housman, autor también de una traducción famosa de la composición, la calificó como “the most beautiful poem in ancient literature”19. En los Siglos de Oro de nuestro país, el carmen 4,7 fue vertido, reelaborado o evocado por ilustres cálamos: junto al célebre endecasílabo de Luis de Góngora, “En tierra, en humo, en polvo, en sombra, en nada” (cf. el v. 16 horaciano pulvis et umbra sumus; vid. § 6, y n. 51), cabe destacar la traducción de los versos 9-16 realizada por Fray Luis de León, e incluida en su Comentario al Libro de Job20. De 17 Los ejemplos disponibles de la Grecia antigua no incluyen aún, de modo explícito, las estaciones como paradigma de tiempo eterno: cf. v.g. Baquílides (3,85-90); Teognis (vv. 1007-1012); el cómico Ánfide (fr. 8 Kassel-Austin); Mosco, Epitafio de Bión (vv. 99-104); para Roma, cf. infra en este apartado; vid. FANTUZZI (1987); MONDIN (1997) 179, n. 116; LAGUNA MARISCAL (2003); FEDELI y CICCARELLI (2008) 342-343; MACCIÒ (sin fecha) 3; 9-19. Un desarrollo del tema consiste en la antítesis entre la larga vida de ciertas especies animales (el ciervo, la corneja) y la ὀλιγοχρονία del hombre (cf. ELEG. in Maecen. 1,117-118; Ov. ars 3,77-80); la idea, que está en Teofrasto y se atribuye a Aristóteles, enlaza con el tema del ars longa, vita brevis (cf. v.g. CIC. Tusc. 3, 69, FANTUZZI [1987] 102-103 y n. 4). Para otro desarrollo del tópico (‘cambia la naturaleza, pero mi sufrimiento es perenne’), cf. Íbico, PMG 283 (parafraseo): “es primavera, y en el jardín de las Vírgenes florecen los membrillos [...] pero conmigo Eros no reposa en ninguna estación”; HOR. carm. 2,9,1-12; 11,9-12; vid. ejemplos renacentistas de esta versión del tema en n. 15. 18 ARCAZ POZO (1989a) 248; cf. ARCAZ POZO (1989b); para el Renacimiento inglés, vid. PÉREZ ROMERO y OLIVA (1998), con bibliografía en p. 12. 19 Sobre Housman y Horacio, vid. v.g. OTIS (1967); la admiración del gran filólogo y poeta británico por el carmen 4,7 presta sustancia a la pieza teatral The Invention of Love (1997), de T. Stoppard. La fortuna de la oda es antigua: TARRANT (2007) 285-286; FEDELI y CICCARELLI (2008) 324-363; ARCAZ POZO (1989c); para la tradición del verso 16 (pulvis et umbra sumus), cf. LAGUNA MARISCAL (1999) 209-211, (2000) 245-247, con especial atención a Góngora (vid. § 6); RUIZ SÁNCHEZ (2006), sobre paralelos neolatinos de Góngora (vid. § 6); CASTELNUOVO (2015); para otras recreaciones y reminiscencias del poema horaciano en el Renacimiento, vid. supra en este apartado y nn. 14-16 y 20. Ecos modernos del carm. 4,7 hay en “Il tramonto della luna” (1836), de G. Leopardi y “Pianto antico” (1871), de G. Carducci: vid. MACCIÒ (sin fecha) 14-17; en “The wheel” (1922), de W. B. Yeats (WIRTJES [1991]); en “The Burial of the Dead”, perteneciente a The Wasteland (1922), de T. S. Eliot, cf. vv. 27-30: “And I will show you something different from either / Your shadow at morning striding behind you / Or your shadow at evening rising to meet you; / I will show you fear in a handful of dust” (compárese con el v. 16 de Horacio); cf. GARRISON (1991) 335: “T. S. Eliot called April «the cruelest [sic] month» because nature’s renewal of itself mocks our own unrenewable mortality”. 20 Curiosamente, esta versión no aparece en el comentario al capítulo 14 (vid. supra en este apartado y cf. § 6), sino al 38; cf. SAN JOSÉ LERA (1991). OSUNA (1993) 385, n. 3 menciona a los siguientes traductores auriseculares de esta oda: Fernando de Herrera (cf. NAVARRO DURÁN [1982]; HERRERA LA FUENTE DEL PREÁMBULO AL ‘FATIGADO FIN Y REMATE QUE TUVO EL GOBIERNO DE SANCHO PANZA’ 193 MINERVA. Revista de Filología Clásica 32 (2019) 185-209 ISSN: 2530-6480 entre los tratamientos poéticos que conozco del tópico, elaborados por autores con o “sin lumbre de fe” (cf. § 6)21, el poema de Horacio es el que más se asemeja a las consideraciones de Cide Hamete en DQ II,5322. Nada sorprendente hay en ello. A. Marasso, se recordará, llegó a calificar el Quijote “el libro más horaciano en lengua castellana”23. Por su parte A. Close observa que, en la ‘Aprobación’ a la Segunda Parte del Quijote, firmada por el Licenciado Márquez Torres, Cervantes es descrito como una especie de Horacio cristiano24. Quizá significativamente, la frase “citar a Horacio o a quien lo dijo” constituye la primera mención de un autor romano en el Quijote, si bien se formula en un contexto humorístico, y a propósito de un verso que, en realidad, ¡no es de Horacio!25 Recientemente he explorado y analizado la influencia –importante, a mi juicio– de la epístola 1,7 en el desenlace de DQ II,53, capítulo cuyo preámbulo aquí nos ocupa26. Según creo, dicho preámbulo debe buena parte de su sustancia literaria al carmen 4,7. No hallo, sin embargo, mención de este poema en el libro de Marasso o en repertorios, por lo demás competentes, de MONTERO [1998] 32-34); Francisco de Medrano (cf. RAMÍREZ DE VERGER [1984]); Luis Martín de la Plaza, y Esteban Manuel de Villegas. A esa lista convendrá añadir, junto a la citada versión de Fray Luis, la libre adaptación de Diego de Barreda, publicada en la segunda edición de los Quinti Horatii Flacci emblemata, de O. van Veen (Amberes, 1612; cf. MORENO GARCÍA [2012]). Sobre el influjo de los vv. 21-29 de Horacio en la supracitada “Elegía fúnebre por Doña Marina de Aragón” de Hurtado de Mendoza (cf. supra en este apartado), vid. CRISTÓBAL (1994) 65-68; la canción XVI del mismo poeta presenta huellas de carm. 4,7; 1,4 y 4,12 (ARCAZ POZO [1998] esp. 179-180). Francisco de Rioja evoca estas tres odas horacianas en su silva “Al verano” [= ‘primavera’; vid. n. 40], donde también se perciben (vv. 86-87) huellas de carm. 1,11 (HERRERA MONTERO [1995] 111); pero Rioja omite en dicho poema el tema ‘estaciones vs. vida humana’, que aquí nos interesa de Horacio; para otros ecos de carm. 4,7 en la oda hispano-portuguesa del s. XVI, vid. PÉREZ-ABADÍN BARRO (2017), (2018) y supra en este apartado, con nn. 15-16. 21 Variaciones paganas posteriores a Horacio, aunque sin aparente influencia de carm. 4,7, son v.g. ELEG. in Maecen. 1,113-118 (cf. FANTUZZI [1987] 102; MONDIN [1997] 179, n. 116); De rosis nascentibus 47-48. En las letras modernas, cf. A. Machado, “A un olmo seco” (vid. n. 30), Juan Ramón Jiménez, “El viaje definitivo” (LAGUNA MARISCAL [2003]; vid. n. 14 en el presente artículo), y L. Cernuda, “Los espinos”. 22 Evidentemente, más que el pasaje arriba citado de Iob 14,7-10 (vid. § 6). 23 MARASSO (1954) 224. 24 CLOSE (1990) 496, con n. 11; RICO (2015) II,66. Según algunos estudiosos, Cervantes habría redactado él mismo la ‘Aprobación’ (vid. CLOSE [1990] ibid.; RICO [2015] II,519, con discusión y referencias). 25 DQ I, Prólogo. Se trata de un hexámetro del Esopo latino de Galtero el Inglés: “Non bene pro toto libertas venditur auro”; cf. RICO (2015) I,15; II,332. No procede entrar aquí en la discusión sobre el sentido de este titubeo en la cita, detalle que posiblemente es parte de la parodia de pedantes y pseudoeruditos de florilegio –entre ellos, Lope de Vega– a los que satiriza Cervantes en la imaginaria escena del pasaje: cf. n. 56; SEVILLA (2014) 97, n. 51; CONDE PARRADO y GARCÍA RODRÍGUEZ (2002); FUENTE MARINA (2019) 119-122. Horacio es el quinto autor clásico más citado en el Quijote (BARNÉS VÁZQUEZ [2009] 28-32). 26 LÓPEZ-CAÑETE QUILES (2019); sobre otros ecos de Horacio en Cervantes me ocupo en LÓPEZCAÑETE QUILES (2015) (epist. 1,6,24-25 y DQ II,25) y LÓPEZ-CAÑETE QUILES (en prensa) (ars 52-72 y DQ II,43). Sobre algunos ecos de carm. 1,4,13-14 en Cervantes, véases OSUNA (1968). 200 DANIEL LÓPEZ-CAÑETE QUILES MINERVA. Revista de Filología Clásica 32 (2019) 185-209 ISSN: 2530-6480 6. LA CONFLUENCIA DE HORACIO CON ECOS DE LA BIBLIA Y DE LA LITERATURA ESPAÑOLA (CON ESPECIAL ATENCIÓN AL LIBRO DE JOB Y A GÓNGORA) Cabe decir, con palabras de Cervantes, que estudiar las fuentes del preámbulo a DQ II,53 requiere “citar a Horacio o a quien lo dijo” (DQ I, Prólogo; cf. § 3 y n. 25): el carmen 4,7 puede considerarse, sí, el modelo principal (§ 4-5), pero claro es que no el único. Tal cabe observar ya a propósito de la frase inicial: a mi entender, no hay mayor dificultad en postular aquí un solapamiento de reminiscencias del comentario de Villén (cf. § 5) y del Guzmán de Alfarache (“la vida humana es milicia en la tierra: no hay cosa segura ni estado que permanezca”: cf. § 2). Algo parecido ocurre tal vez en “sola la vida humana corre a su fin ligera más que el viento”: si este es el texto auténtico, como creemos, la recreación del modelo horaciano se adornaría aquí con un recuerdo del Libro de Job (7,7 Memento quia ventus est vita mea; cf. n. 3). Ejemplo del mismo fenómeno parece también frase final, que recabará ahora buena parte de nuestra atención. En “se fue como en sombra y humo”, escrito en el remate de un párrafo inspirado fundamentalmente por el horaciano carmen 4,7, la elección de este lenguaje figurado guardará, como ya se adelantó, alguna deuda con el v. 16 del mismo poema (pulvis et umbra sumus: cf. § 4). Pero las mismas metáforas son también recurrentes en la Biblia y en la poesía hispana: recuérdense los abundantes paralelos indicados, en tal sentido, por los comentaristas del Quijote (§ 2 y n. 3). Más aún, el cotejo de estas fuentes es útil para explicar otros detalles elocutivos de aquella frase y de su contexto inmediato que no encuentran correspondencia en Horacio: de nuevo, es obligado tener presente el parecido de “se fue como sombra” y Iob 14,4 fugit velut umbra, citado por Rodríguez Marín (cf. §§ 2-3). A renglón seguido apuntaré algunos datos y consideraciones adicionales sobre el mismo respecto, que servirán para poner “fin y remate”, por seguir parafraseando al novelista, a estas ya dilatadas páginas. La influencia del Antiguo Testamento en el Quijote ha sido estudiada, sobre todo, por R. Fine42. Podría considerarse, tal vez, la adición de Iob 14,9-10 y DQ II,53 al elenco de paralelos entre ambas obras registrados por esta estudiosa43 y demás comentaristas del pasaje (cf. n. 3). Como ya se indicó arriba (§ 3), el capítulo bíblico contiene una variación –la capacidad de un árbol para reverdecer en contraposición a la mortalidad irrevocable del hombre– del mismo tópico que Cervantes recrea, imitando sobre todo a Horacio. Pongamos ahora el foco en el siguiente detalle: 42 Sin desdeñar, claro es, otras contribuciones como MONROY (1979). 43 Ps.102,3; 144,4; FINE (2001) 485 compara estos pasajes veterotestamentarios con la frase final del narrador (“porque esto de entender [...] sombra y humo”), a la vez que los describe, sorprendentemente, como “intertextos bíblicos atribuidos explícitamente a Cide Hamete Benengeli” (cursiva mía); cf. FINE (2014) 206, donde se colacionan también I par. 29,15 y eccl. 6,12 (vid. n. 3 en este artículo). LA FUENTE DEL PREÁMBULO AL ‘FATIGADO FIN Y REMATE QUE TUVO EL GOBIERNO DE SANCHO PANZA’ 201 MINERVA. Revista de Filología Clásica 32 (2019) 185-209 ISSN: 2530-6480 Iob 14,9-10 DQ II,53 [...] et faciet (sc. lignum) comam, [...] la presteza con que se acabó, se consumió, quasi cum primum plantatum est. se deshizo, se fue como en sombra y humo Homo vero cum mortuus fuerit, et nudatus, el gobierno de Sancho. [atque consumptus, ubi, quæso, est? Como ya vimos, las estaciones del año brillan por su ausencia en Iob 14 (cf. § 3), al igual que falta en el texto de Cide Hamete cualquier referencia al mundo vegetal. Ahora bien, en el comentario del narrador llama la atención la coincidencia de “se consumió” con consumptus, tanto más al figurar ambos verbos en contextos temáticamente afines y en secuencias climáticas semejantes (“se acabó, se consumió, se deshizo, se fue” / mortuus et nudatus atque consumptus); recuérdense, una vez más, la concurrencias de lenguaje metafórico con el mismo capítulo del Libro de Job. Cervantes, en suma, parece evocar estos versículos tras recrear unos versos, como los horacianos, a los que es afín, temática y tonalmente, todo aquel pasaje bíblico (cf. § 3). Desde esta perspectiva, la creación de su texto cobra una dimensión interesante como ejercicio filológico. En nuestra época, los estudios clásicos procuran informarnos, recurrentemente, de que Iob 14 es un antecedente significativo de HOR. carm. 4, 7, 1-16, si bien las semejanzas entre ambos textos, probablemente, no deban atribuirse a influjo transcultural sino a coincidencia poligenética44. Sabemos también que describir nuestro destino irreversiblemente mortal y la fugacidad de la vida humana en términos de ‘sombra’, ‘polvo’, ‘humo’ o ‘viento’ es un procedimiento recurrente tanto en la Biblia y como en las letras grecorromanas45. A través de su praxis creativa, ya Cervantes habría establecido parangones semejantes en el preámbulo a DQ II,53: su posible imitación conjunta del carmen 4,7 y de Iob 14, entre otros pasajes bíblicos, significaría su reconocimiento de que se trata, efectivamente, de paralelos literarios. En la misma frase final del narrador, la retractatio del verso 16 de Horacio se enriquece con otras curiosas complejidades. La gradación cervantina no sólo recuerda a Iob 14,10: inevitable es, asimismo, pensar en el famoso endecasílabo, arriba citado, que da remate al soneto “Mientras por competir con tu cabello”, de Gón- 44 Cf. COMMAGER (1995) 279-280; LAGUNA MARISCAL (2003); MACCIÒ (sin fecha). La tradición clásica registra antecedentes claros de Horacio (cf. § 3); con todo, no cabe descartar categóricamente que entre los poetas augústeos hubiese algún conocimiento de la Biblia: véase ahora DYSON HEJDUK (2018), con bibliografía y discusión en pp. 76-78. 45 Vid. sobre todo LAGUNA MARISCAL (1999), (2000). 202 DANIEL LÓPEZ-CAÑETE QUILES MINERVA. Revista de Filología Clásica 32 (2019) 185-209 ISSN: 2530-6480 gora: “en tierra, en humo, en polvo, en sombra, en nada” (§ 2; n. 3)46. Datada por los estudiosos en 1582, esta composición se hizo célebre ya en vida del autor gracias “esencialmente al extraordinario logro del verso final”47. En 1600 se localiza la primera de varias imitaciones de Lope de Vega48; el modélico soneto se incluyó en la Primera parte de las Flores de poetas ilustres de España, de Pedro de Espinosa (1605); y también parece haber reminiscencias de él en la Primera parte del Quijote (1605)49: conocido es el aprecio artístico de Cervantes por Góngora, ya expresado de manera elocuente en 158550. No es de extrañar, pues, que en DQ II,53 se evoque el mismo texto poético, junto a Horacio y la Biblia. Ahora bien, en el verso castellano reverbera a su vez la secuencia pulvis et umbra sumus51; y, al igual que nosotros, Cervantes bien pudo haber reconocido ese vínculo genético: él mismo alabó el 46 Es el número 13 en la edición crítica de los sonetos gongorinos realizada por MATAS CABALLERO (2019) 340, cuyo texto sigo; para la varia lectio “en tierra, en polvo, en humo, en sombra, en nada”, véase el aparato crítico de esta edición (pp. 341 y 343). El mismo poema es el número 24 de la edición integral de A. Carreira (2000), en la que se basa la edición electrónica del corpus gongorino publicada por la Universidad de la Sorbona (OBVIL [2016]; agradezco a un revisor anónimo la noticia de este utilísimo instrumento). 47 SENABRE (1994) 1090; sobre el verso en cuestión, sus fuentes y proyecciones en la literatura posterior, sigo fundamentalmente el trabajo de este autor, los de LAGUNA MARISCAL (1999), (2000), y MATAS CABALLERO (2019) 331-343. 48 SENABRE (1994) 1091-1092; LAGUNA MARISCAL (2000) 247-249. 49 Cf. el soneto preliminar, en DQ I, “del burlador, académico argamasillesco a Sancho Panza” (vv. 12- 14; RICO [2015] I,651): “¡Oh vanas esperanzas de la gente, / cómo pasáis con prometer descanso / y al fin paráis en sombra, en humo, en sueño!”; significativamente, se trata también del verso final del soneto. No encuentro este paralelo en los trabajos citados en la n. 47. 50 Cf. Galatea VI, “Canto de Calíope”, vv. 481-488; posteriormente, se repiten los elogios en el Viaje de del Parnaso II 58-68; VII 256-258 y 322-327; véase MONTERO (2014) 380-381; 691-692, con bibliografía sobre las relaciones literarias entre Cervantes y Góngora. 51 Esta reminiscencia, junto con VVLG. gen. 3,19, es reconocida por SENABRE (1994) 1090, quien sin embargo observa lo siguiente (pp. 1090-1091): “el modelo –mejor, el estímulo– más próximo que pudo tener Góngora” corresponde al v. 40 de una elegía de Fernando de Herrera, “A la pequeña luz del breve día” (1582): “sombra es desnuda, humo, polvo, nieve”; pero LAGUNA MARISCAL (2000) 246-247 se inclina por pensar que Góngora bebió directamente de la Biblia, de HOR. carm. 4,7,16 y de una recreación paremiológica de este verso producida en el Medievo: Pulvis et umbra sumus; pulvis nihil est nisi fumus / sed nihil est fumus: nos nihil ergo sumus. (cf. LAGUNA MARISCAL [1999] 210-211); sin embargo, según el mismo autor, “no es descartable, y aun es plausible, que el pasaje de Herrera fuera para Góngora un acicate para la emulación, un estímulo inmediato” (LAGUNA MARISCAL [2000] 245-246); tampoco es de descartar, claro es, que a su vez Herrera bebiese de Horacio o de alguna imitación de Horacio (v. g. Petrarca, vid. infra en esta n.), o de ambas fuentes: de esto me ocuparé en otro lugar; para otros posibles modelos de Góngora (Camões, Cristóbal Cabrera), vid. MATAS CABALLERO (2019) 343. LAGUNA MARISCAL (1999) 213 recoge las siguientes recreaciones del mismo verso horaciano por Petrarca: “Veramente siam noi polvere et ombra” (CCXCIV 13); “et voi nude ombre et polve” (CLXI 1; cf. CCCL 1-2); “ché quant’ io miro par sogni, ombre, et fumi” (CLVI 4); cf. LAGUNA MARISCAL (2000) 245-246. Sobre los paralelos neolatinos del endecasílabo gongorino, véase RUIZ SÁNCHEZ (2006). LA FUENTE DEL PREÁMBULO AL ‘FATIGADO FIN Y REMATE QUE TUVO EL GOBIERNO DE SANCHO PANZA’ 203 MINERVA. Revista de Filología Clásica 32 (2019) 185-209 ISSN: 2530-6480 “saber alto y profundo” del poeta bético (Galatea VI, “Canto de Calíope”, v. 486). Al mismo tiempo, Góngora parece haber escrito el texto en cuestión bajo la influencia del Antiguo Testamento. Como se ha observado, ‘tierra’, ‘polvo’ y ‘sombra’ figuran en diversos pasajes bíblicos que, naturalmente, el canónigo cordobés conocería, entre ellos Iob 8,9 Quoniam sicut umbra dies nostri sunt super terram y 14,1- 252. Ahora bien, si Góngora estuvo expuesto efectivamente a la influencia de Iob 14, ¿habrán dejado también los versículos 9-10 mortuus et nudatus atque consumptus alguna impronta en la gradación “en humo, en tierra, en polvo, en sobra en nada”? No hay documentos que confirmen tal sospecha, por razonable que ésta pudiera parecer53. Sin embargo, lo relevante para la presente discusión es que el preámbulo a DQ II,53 podría constituir un indicio indirecto de que, para Cervantes, el famoso endecasílabo de Góngora remontaría –o, en cualquier caso, se asemejaba– a ese y otros antecedentes bíblicos, como también al carmen 4,7 horaciano: buscar la confluencia de esas tres fuentes en un mismo pasaje, como parece hacer novelista, supone identificar los parecidos entre ellas y reconocerlas hasta cierto punto como paralelos literarios. En otras palabras: en el preámbulo al “fin del gobierno de Sancho”, Cervantes habría imitado no sólo a dos modelos con mutuas semejanzas, Horacio y la Biblia, sino también, y con probable conciencia de hacerlo, una imitación hispana de ambas fuentes que hizo grande y rápida fortuna en las letras españolas54. También, pues, desde esta perspectiva, la composición del texto parece implicar una mirada del autor a la tradición literaria del tema que aborda y una reflexión filológica, ahora sobre antiguos modelos –o siquiera antecedentes– de un verso ya constituido en un clásico contemporáneo de Cervantes55. En definitiva, estudiar la influencia preponderante del carmen 4,7 en el preámbulo a DQ II,53 requiere también reparar en la confluencia de sus versos con fuentes de la Biblia y de la poesía hispana. En los pasajes citados, el Antiguo Testamen- to, Mateo Alemán o Góngora apuntan, mutatis mutandis, en una dirección semejante a la del carmen 4,7: con mayor o menor extensión, con variaciones de lenguaje y recursos retóricos, todos ellos vienen a hablar en tonos lúgubres sobre la caducidad, 52 SENABRE (1994) 1090; LAGUNA MARISCAL (1999) 202-203; 211-212. 53 SENABRE (1994) 1090 no veía mayor utilidad en invocar el poema horaciano o VVLG. gen. 3,19 (cf. n. 51) a los efectos de explicar “el logro formal del endecasílabo” gongorino, dependiente en gran medida de “la distribución progresiva de cinco sustantivos”; como he apuntado, quizá arroje alguna luz sobre este aspecto la consideración de Iob 14,10, si bien aquí la distribución progresiva es de tres participios. 54 También Ariosto practicó la “imitación de imitaciones” en el Orlando Furioso: sobre esto, vid. JAVITCH (1985). 55 Conviene observar que Cervantes pudo conocer también los paralelos de Petrarca (cf. n. 9) y de Fernando de Herrera (cf. Galatea VI,353-360; MONTERO [2014] 689) paralelos que quizá conoció también, a su vez, el propio Góngora (cf. n. 51). Igualmente, el novelista podía tener noticia de las imitaciones del verso gongorino como las realizadas por Lope de Vega (cf. supra en este apartado y n. 48). 204 DANIEL LÓPEZ-CAÑETE QUILES MINERVA. Revista de Filología Clásica 32 (2019) 185-209 ISSN: 2530-6480 “instabilidad y ligereza” de la vida y asuntos humanos. Se diría que, en cierto modo, el preámbulo a DQ II,53 deja traslucir un pequeño florilegio de loci similes relativos a un asunto universal e intemporal56. Se trata, en efecto, de loci procedentes de literaturas y épocas diversas, y entre algunos de ellos se advierten líneas de continuidad genealógica; la selección de estos materiales literarios por el mal llamado “Ingenio Lego” lleva aparejado, si se me permite el anacronismo terminológico, un reducido pero no incompetente estudio de literatura comparativa57. Esta apreciación, según creo, es congruente con una frase del propio texto: “muchos sin lumbre de fe así lo han entendido”. Con estas palabras recurre el narrador a una fórmula muy común en contextos de comparatismo cultural, usada entre otros propósitos para alabar el mérito de intelectos paganos en función de su capacidad de anticiparse o asemejarse, pese a sus supuestas limitaciones espirituales, a intelectos asistidos por la luz superior de la fe y la gracia58. Sobre esta base confirmábamos más arriba la necesidad de acudir a la Antigüedad gentil en busca de modelos para las consideraciones del “filósofo mahomético” (§ 3); pero sobre la misma base parece confirmarse también la conveniencia de acudir, a tales efectos heurísticos, a la Biblia y al Renacimiento; por su propia sustancia conceptual la tópica frase implica la noción de que, guiado por la “lumbre de fe”, el espíritu humano habrá sido igualmente capaz de expresar verdades parecidas: ejemplo conspicuo de ello, a ojos del novelista, bien podría ser Iob 14. Con razón se ha visto repe- 56 Entiéndase: un florilegio que sería de elaboración suya; cebar textos propios con la erudición prefabricada de los florilegios, género libresco muy difundo a la sazón, era práctica que Cervantes censuró en otros: por ejemplo, Lope de Vega; cf. n. 25; vid., sobre todo, CONDE PARRADO y GARCÍA RODRÍGUEZ (2002). Hasta donde sé, ningún florilegio de la época reúne las referencias literarias que se evocan en el preámbulo a DQ II,53. 57 No cabe aquí comparar detenidamente este modelo de apropiación de materiales literarios ajenos con el procedimiento de la “imitación compuesta”, concepto y término acuñados por H. Weber (cf. LÁZARO CARRETER [1979]). Sobre el amplio y variado acervo de lecturas de Cervantes, cf. CLOSE (2015). 58 Cf. v.g. Galatea IV (MONTERO [2014] 253): “Y tiene la belleza tanta fuerza para mover nuestros ánimos, que ella sola fue parte para que los antiguos filósofos, ciegos y sin lumbre de fe que los encaminase, llevados de la razón natural, y traídos de la belleza que en los estrellados cielos y en la máquina y redondez de la tierra contemplaban [...]”; Anón. Baldo (1542): “O, vida digna de loor aquélla de algunos gentiles que, sin lumbre de fe, tales cosas hazían como su fama nos lo declara”. G. de Tejeda, Memorial de crianza y banquete virtuoso para criar hijos de grandes (1548): “Y para dezir cosa tan grande, fue mucho que sin lumbre de fe ni de gracia atinassen, en que todo el bien estaua en ser vno virtuoso.”; Pedro Mexía, Silva de varia lección (1540): “Y, aunque algunos de los dichos exemplos nuestra santa fe no los aprueva ni alaba, porque nadie puede matarse a sí proprio, todavía, considerados en hombres gentiles y sin lumbre de fe, en mucho se deven tener y ser muy notados”; J. de Arce y Otálora, Coloquios de Palatino y Pinciano (ca. 1550): “Muchos religiosos confiesan que cada día que se levantan, la primera cosa que hacían era dar gracias a Dios por haberles hecho frailes y a fray Francisco de Victoria he oído muchas veces que después de haberle hecho Nuestro Señor cristiano, no le había hecho más señalada merced que hacerle fraile. Y aun los gentiles, que no tuvieron lumbre de fe, como Séneca y otros sabios, dicen que la cosa que más ha de procurar un hombre sabio y virtuoso es una vida recogida y una familia honesta, adonde nadie le dé enojo y viva con reposo”. LA FUENTE DEL PREÁMBULO AL ‘FATIGADO FIN Y REMATE QUE TUVO EL GOBIERNO DE SANCHO PANZA’ 205 MINERVA. Revista de Filología Clásica 32 (2019) 185-209 ISSN: 2530-6480 tidamente en el preámbulo a DQ II,53, a tenor de la referida coletilla, un testimonio de ecumenismo espiritual y sincretismo intelectual59; cabe añadir aquí que, en cierta medida, estos valores se reflejan en el conjunto de modelos evocados por Cervantes. El autor predica con el ejemplo de su praxis imitativa; también la genealogía literaria de su texto es, en definitiva, sincrética. De este modo, la secuencia “muchos sin lumbre de fe...” se deja interpretar en un sentido autorreferencial. Al escribirla, Cervantes no podría sino pensar en las fuentes que usa en su texto: otro tanto, efectivamente, hacemos nosotros al leerla. Cabría preguntarse si mediante tal frase el novelista pretendía efectivamente dirigir la atención del lector, de manera sutil y discreta, hacia su propio despliegue – no declarado– de doctrina literaria. Correlativamente, también cabría indagar por qué la única cita expresa del pasaje corresponde a un autor imaginario. Estos interrogantes, sin embargo, van más allá de un estudio de fuentes, objeto del presente trabajo, para adentrarse en el sentido del texto literario que Cervantes elabora procesando creativamente esas fuentes; dicho de otro modo: una cosa es identificar a Horacio bajo las palabras de Cide Hamete, y otra investigar qué significaría el que la voz del poeta romano se transmute en la de un apócrifo “filósofo mahomético”, y ello mientras el narrador puede estar invitando oblicuamente al lector a reconocer esa metamorfosis, como también la de otras voces que resuenan bajo la superficie del texto explícito. No cabe aquí, evidentemente, internarse en tales vericuetos hermenéuticos; en otro lugar intentaremos discutir y elucidar esta cuestión. BIBLIOGRAFÍA ALCINA, Juan Francisco (2005), “Horacio en latín en España (1492-1700)”, Edad de Oro XXIV, 7-25. ANDINO SÁNCHEZ, Antonio de Padua (2008), Las fuentes grecolatinas en el Quijote, tesis doctoral, Universidad de Granada. 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