Fray Servando Teresa de Mier en los Toribios de Sevilla
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FRAY SERVANDO TERESA DE MIER EN LOS TORIBIOS DE SEVILLA por CARMEN DE MORA VALCÁRCEL DE PRISIONES Y DE FUGAS Perteneciente a la generación de la Independencia, «a horcajadas en la frontera del butacón barroco y del destierro romántico» —que diría Lezama —, surge en México una de las figuras más apasionantes y olvidadas de la historia y la literatura hispano -americanas: Fray Servando Teresa de Mier. Disputan en él dos personalidades muy diferentes. Una, la del revolucionario que toma partido por la emancipación poniendo a su servicio la inteligencia y la pluma. Otra, la del «fraile trotamundos» que recorre toda Europa de prisión en prisión practicando el arte de la fuga con «una maestría de fantasma» y «algo de magia », según Reyes; «único crimen de Mier personalisimo e incomunicable a otros », según Bustamante. Es el héroe de talante picaresco que inspira la biografía novelada El mundo alucinante, del cubano Reinando Arenas. Edmundo O'Gorman ' divide su vida en tres etapas. La primera transcurre desde su nacimiento en Monterre r, en 1763, su destierro del Virreinato, las persecuciones, cárceles y fugas en España, peregrinaciones y aventuras por tierras de Francia e Italia, 1 Prólogo a Servando Teresa de Mier: Escritos y Memorias, México, Imprenta Universitaria, 1945. UNIVERSIDAD INTERNACIONAL DE ANDALUCIA
260 CARMEN DE MORA VALCÁRCEL hasta su establecimiento en Londres en 1811. El desencadenante de tales andanzas fue el célebre sermón sobre la Virgen de Guadalupe que el fraile dominico pronunció el 12 de diciembre de 1794, delante del Virrey, del Arzobispo y de la Audiencia: «Y su palabra fue un largo combate entre los antiguos dioses y las nuevas leyendas... Y el Arzobispo se tragó el anillo cuando el predicador puso en duda la aparición de la Virgen de Guadalupe como la referían los españoles y la trasladó a tiempos remotísimos: cuando la llegada del Mesías, quitando de esta manera toda razón que justificara la presencia de los españoles en tierras ya cristianas antes de su llegada. Los indios oían entusiasmados y los criollos se ponían de pie y a cada momento rompían en aplausos. Sólo los gachupines y las diferentes ramas de lacayos reales guardaban un gran silencio y observaban con discreción a Su Ilustrísima, que constantemente cambiaba de posición en su asiento como si algo le molestara debajo de las gruesas nalgas... ». Z El Arzobispo lo desterró diez años a la península, con reclusión en el convento de las Caldas (Santander), perpetua inhabilitación para enseñar, predicar y confesar, y privación del título de doctor. Con esa fuerza de levitación que viera en él Alfonso Reyes lleva a cabo su primera fuga. En Burgos sufrirá dos nuevas reclusiones con las fugas correspondientes hasta que desde Bayona consigue pasar a Burdeos y a París, donde le ocurren dos hechos notorios: el encuentro con Simón Rodríguez —héroe de otra biografía novelada: La isla de Robinson, de Uslar Pietri— y la traducción al español de Atala. Con ánimo de conseguir la secularización viaja a Roma en 1802 y. de allí, una vez concedida por el Papa, regresó a España. En Madrid fue encerrado de nuevo y de allí fue trasladado a los Toribios de Sevilla. Culmina esa etapa con una estancia de tres años en Portugal y está marcada por la prisión del cuerpo. En cambio, la etapa londinense (1812-1826) está signada por la libertad espiritual. Los sucesivos presidios y fugas de Mier no son sino metáforas de cárceles y libertades más abstractas y trascendentes: las de las ideas. Y en este orden sitúa Lezama el papel inaugural de Mier: «.:.Fue el primer escapado, con la necesaria fuerza para llegar al final que todo lo aclara, del señorío barroco, 2 Arenas, Reinaldo: El mundo alucinante, Barcelona, Montesinos, 1981, págs. 41-42. UNIVERSIDAD INTERNACIONAL DE ANDALUCIA
ACTAS V JORNADAS DE ANDALUCÍA Y AMÉRICA 261 del señor que transcurre en voluptuoso diálogo con el paisaje. Fue el perseguido, que hace de la persecución un modo de integrarse ». 3 A partir de entonces la obsesión por la verdadera aparición de la Virgen de Guadalupe se desplaza hacia la obsesión independentista, la otra cara secreta de la moneda. Los ideales de libertad ^ emancipación quedaron planteados en las dos Cartas de un Americano, dirigidas a Blanco White, y en la Historia de la Revolución de Nueva España antiguamente Anahuac. De esta etapa afirma O'Gorman: «Inglaterra es todo el amor del Padre Mier; para ella todos los elogios, todo honor, Inglaterra es la escuela adonde el Padre Mier almacena su cultura política que tantas ventajas como ocasiones de lucimiento le proporcionará en su futura actuación parlamentaria en México ». 4 En 1820 lo encontramos encarcelado en la fortaleza de San Juan de Ulúa al rendirse la guarnición de Soto la Marina. Allí escribió la Apología y las Memorias. Una autobiografía y una autojustificación; un salir al paso de injustificadas acusaciones que difamaron su integridad moral y religiosa e hicieron resentir su salud. La tercera y última etapa está presidida por la conversión al republicanismo, de la que ha dejado constancia en la Memoria Político Instructiva. La filia estadounidense desplaza al fervor inglés: «los Estados Unidos son la utopía realizada, la utopía experimentalmente comprobada; modelo sin extravío, clave de aciertos». 5 De regreso a México, en febrero de 1822, el republicano Mier, a quien las muchas prisiones no bastaron para adocenarle el ánimo, reprocha al recién nombrado emperador Iturbide su coronación y da por octava y última vez con los huesos en la cárcel. Ya apenas quedaba tiempo. Con Iturbide perdió el cargo de diputado por su 3 Lezama Lima, José: La expresión americana, en El reino de la imagen, Caracas, Ayacucho. 1981, pág. 405. 4 O'Gorman, Edmundo: op. cit., pág. XII. 5 Ibídem, págs. XVI-XVII. UNIVERSIDAD INTERNACIONAL DE ANDALUCIA
262 CARMEN DE MORA VALCARCEL región nativa, que recupera con la República. La era convulsa, el período de despotismo y anarquía había llegado tras las guerras de Independencia. Murió el 3 de diciembre de 1827. Toda su vida fue la gran metáfora del cuerpo - prisión y, a semejanza de la tradición literaria, ese aislamiento fue camino de ascesis espiritual y de ejercicio literario, pues ya sentenció otro mexicano: «es ley de nuestra lengua que la cárcel hace los buenos libros ».. CRIOLLISMO Y UTOPÍA La peripecia vital de Fray Servando, desde el sermón guadalupano hasta el regreso a México, reviste un significado que trasciende la mera anécdota literaria para alcanzar la dimensión, más amplia, de la utopía americana. El término utopía presenta un significado superficial y otro profundo. El primero se aplica a sociedades imaginarias e ideales situadas en remotos lugares alejados en el espacio y en el tiempo. El segundo, adosado al anterior, es que toda utopía, o sociedad ideal, conlleva implícitos la crítica y el rechazo de la sociedad real, y, por consiguiente, un propósito reformista, cuando no revolucionario. Cuando hablo de la proyección utópica de Fray Servando me refiero a esa voluntad de progreso y reforma social que en el dominico mexicano adopta una forma concreta: el proyecto independentista. No es casual la vocación utópica de este hombre, inmerso en una de las épocas más revueltas de la historia americana. «América —afirma Fernando Ainsa— que había sido hasta ese momento el escenario propicio para la utopía «de otros», empieza a proyectar «utopías para sí». Ya no se trataría de construir una «ciudad ideal» que es «contraimagen» de Europa, sino de proyectar la utopía americana, aunque para ello se utilicen las ideas utópicas en boga en Europa o Estados Unidos». 6 Fray Servando tuvo la fortuna de ver realizado ese sueño, parte de un secreto que es preciso descifrar en el libro de la historia 6 Ainsa, Fernando: Notas para un estudio de la función de la utopía en la historia de América Latina, en Latinoamérica, Universidad Nacional Autónoma de México, 1983, pág. 110. UNIVERSIDAD INTERNACIONAL DE ANDALUCIA
ACTAS V JORNADAS DE ANDALUCÍA Y AMÉRICA 263 americana, cuyos orígenes se remontan al siglo XVI, a la génesis del criollismo. De la rivalidad entre peninsulares y criollos surgida de la colonización nació el sentimiento criollista. En realidad, fue la reacción lógica de una clase que vio continuamente obstaculizados sus deseos legítimos de ocupar los mejores cargos en la administración y gobierno de las provincias de ultramar, la conciencia de ser «dueños de un destino vicario », en palabras de René Jara. «La discriminación de los criollos de las esferas de poder e influencia económica y social justificaba por sí sola la separación de la metrópoli». ' La animadversión entre criollos y peninsulares se acentúa con el correr de los siglos favoreciendo la identificación con el pasado azteca o neoaztequismo, fórmula sustitutiva del pasado español. Ya en la Monarquía Indiana de Juan de Torquemada existe una incipiente defensa del indio deformada, sin embargo, por el rechazo de las religiones indígenas. Sin duda el espíritu de la Contrarreforma impedía un razonamiento lúcido sobre el problema criollo. Hará falta el impulso de la Ilustración europea para reactivar la conciencia criolla y, más concretamente, el neoaztequismo. De ello se encargó el jesuita Francisco Xavier Clavijero. Ya con anterioridad, Sigüenza y Góngora había logrado una especie de sincretismo religioso al asimilar la cultura azteca con la herencia cristiana. Cita René Jara en la misma línea a Lorenzo Boturini y Mier. Este último conquista la independencia espiritual con la «revivificación de los mitos de Quetzalcóatl y Guadalupe». Posteriormente, alcanza la isla afortunada: el México independiente. «Fray Servando — explica Lezama— es el primero que se decide a ser el perseguido porque ha intuido que otro paisaje naciente, viene en su búsqueda, el que ya no contaba con el gran arco que unía el barroco hispánico y su enriquecimiento con el barroco americano, sino el que intuye la opulencia de un nuevo destino, la imagen, la isla, que surge de los portulanos de lo desconocido, creando un hecho, el surgimiento de las libertades de su propio 7 Jara, René: El criollismo de Fray Servando Teresa de Mier, «Cuadernos Americanos », México, núm. 1, ener ofebrero 1979, año LXXVIII, vol. CCCXXII, pág. 42. UNIVERSIDAD INTERNACIONAL DE ANDALUCIA
264 CARMEN DE MORA VALCÁRCEL paisaje, liberado ya del compromiso con un diálogo mantenido con un espectador que era una sombra». 8 LAS «MEMORIAS »: UN CRUCE DE GÉNEROS Estos antecedentes permiten adentrarnos en las Memorias de Fray Servando y los motivos que nos da de su prisión en los Toribios de Sevilla. Escritas durante el tiempo que estuvo preso en la Inquisición de México a partir de 1817, las Memorias junto con la Apología constituyen la mejor aportación literaria de Mier. Durante el siglo XVIII las memorias más o menos fidedignas de personajes verdaderos fue el género aventajado de una sociedad que desdeñaba la imaginación y ostentaba pretensiones realistas. 9 No menos importantes que la autobiografía fueron los viajes. Al interés científico añadían la curiosidad por las costumbres e idiosincrasia de los diversos países. Por su parte, el escritor sometía a prueba las dotes de observación y análisis en las descripciones «exactas» de los mismos. Precisamente las Memorias de Mier concluyen con unas palabras que hacen referencia a todos estos elementos: «Hagamos alto aquí sin internarnos en Portugal, porque según mi costumbre debo notar todo lo que noté desde que salí de Madrid hasta salir de España ». 10 De la misma manera que los europeos ilustrados dejaron en los libros de viajes sus impresiones sobre las provincias americanas, Mier, desde la vocación independentista, supo observar con mirada criolla las costumbres europeas. La reflexión y el contraste guían las experiencias de aquellos viajes. Admira a Inglaterra y los Estados Unidos porque, a diferencia de España, en aquellos países es el pueblo quien vela por la aplicación de la justicia, y no hay fuerza que valga contra la autoridad civil: «Allí y en Inglaterra --dice—, los militares, en todo lo que no es la guerra, están sujetos a la autoridad civil. Donde están exentos no puede haber libertad» (pág. 427). 8 Lezama Lima, José: op. cit., pág. 405. 9 Vid. Albérés, R.-M.: Historia de la novela moderna, México, UTEMA, 1966. 10 Teresa de Mier, Fran Servando: Memorias, Prólogo de Alfonso Reyes, Madrid, Editorial América, s. f., pág. 428. En lo sucesivo citaré por esta edición. UNIVERSIDAD INTERNACIONAL DE ANDALUCIA
ACTAS V JORNADAS DE ANDALUCÍA Y AMÉRICA 265 A veces la pintura de la realidad mostraba el lado más grotesco y satírico en la malicia del pícaro y sus desventuras. Recordemos que en el siglo XVIII el Gil Blas de Lesage remozó el género tradicional español de la picaresca que dio origen a la primera novela hispanoamericana: El Periquillo Sarniento. No parece casual que estas tres modalidades literarias: la memoria, el viaje y la picaresca se crucen en la prosa de Fray Ser -vando. Si realmente fue así, el dominico mexicano vivió la literatura de su tiempo o, como escribió E. A. Imbert: «si sus memorias son novelescas, puede discutirse: nadie discutirá que él, Fray Servando, fue héroe de novela». último, en la vida de Mier hay algo mágico, maravilloso. ¿Acaso no es lo real maravilloso que Alejo Carpentier encontraba «en estado bruto, latente, omnipresente en todo lo latinoamericano»? No es extraño que frases de Mier como «Al sangrarme del pie quedaron atónitos de ver mi sangre negra como el corazón; tan requemada estaba mi alma» (págs. 421-422) hayan guiado los pasos de Reinaldo Arenas hacia lo maravilloso hiperbólico, hacia el mundo alucinante de Fray Servando. FRAY SERVANDO EN LOS TORIBIOS DE SEVILLA A fines de enero de 1804,don Francisco Antonio León, fiel perseguidor de Mier que trabajaba de oficial mayor con el ministro Caballero, dio orden para internarlo en la casa de los Toribios de Sevilla, 12 «la más bárbara de las instituciones sarracénicas de Es- 11 Imbert, E. A.: Historia de la literatura hispanoamericana, México, F.C.E., 1977, 7.a reimp., pág. 192. 12 Francisco Aguilar Piñal lo ha descrito así: «Sin llegar a ser propiamente una cárcel, se hizo famoso en toda Andalucía el correccional de los Niños Toribios, llamado así por su fundador, Toribio de Velasco. Fue concebido como escuela, después como hospicio de niños huérfanos y desamparados, para concluir como casa de reclusión de menores. Aunque se inició en una modesta casa de la calle Peral, su indudable rentabilidad política movió al Ayuntamiento a darle mayor acomodo en la Inquisición vieja, a costa de los propios municipales. Después de la expulsión de los jesuitas fue trasladado al antiguo Hospital de Indias, anejo al colegio de San Hermenegildo. Toribio de Velasco, tan pobre y menesteroso como los niños asilados, consiguió que su caritativa obra fuese comprendida y auxiliada no sólo por los poderes públicos y eclesiásticos, sino también por la generosidad de los caballeros sevillanos ». (Aguilar Piñal, Francisco: Historia de Sevilla, siglo XVIII. Universidad de Sevilla, 1982). UNIVERSIDAD INTERNACIONAL DE ANDALUCIA
266 CARMEN DE MORA VALCÁRCEL paña», al decir del mexicano. Lo sorprendente es que Fray Servando no se limite a contarnos sus desventuras en la institución, y nos haga un resumen histórico de la misma. Que aquélla le impresionó vivamente es una deducción fácil a partir de los detalles retenidos en la memoria. No me parece extraño que Fray Servando conociera Los Thoribios de Sevilla, de Fray Gabriel Baca (1776), fuente de donde proceden la mayoría de los estudios existentes sobre la Fundación. Pero donde el primero vio la labor de un alma compasiva que, movida por la más celosa caridad hacia el prójimo, recogió bajo su tutela a unos niños ignorantes y viciosos y los sometió a una estricta disciplina para adoctrinarlos y enseñarles un oficio, Mier sólo veía un régimen que bajo la apariencia de religiosidad encubría las más crueles atrocidades. Por ejemplo, en lo relativo a la recogida de muchachos, Fray Gabriel Baca nos dice que fue a propuesta del hermano Toribio previo consentimiento de los padres: ((Esta piadosa propuesta tuvo todo el efecto que deseaba aquel corazón piadoso, pues convinieron en ella los padres gustosísimos y agradecidos, enviando a sus hijitos a casa del montañés Toribio, en donde se juntaba, especialmente a prima noche, un buen número de chicuelos, a los que agasajaban con tan industrioso cariño, que los más se le iban ya sin repugnancia a su casa)). 13 Veamos cómo lo cuenta Fray Servando: «... vendió sus libros, tomó una casa a propósito, y con bizcochos y merengues fue atrayendo a ella a los muchachos, como para enseñarles la Doctrina. Cuando hubo atraído una porción considerable, los tomó por asalto, y encerró en su casa: y regalando y acariciando a los más grandecitos, éstos le sirvieron de guardianes y escolta para la gente más menuda, a quienes sujetaba al vapuleo frecuentísimo». (395). Aun reconociendo a veces los progresos de la Casa y el aprendizaje 13 Baca, Fray Gabriel: Los Thoribios de Sevilla, Madrid, Imprenta de Francisco Xavier García, 1766, pág. 6. UNIVERSIDAD INTERNACIONAL DE ANDALUCIA
ACTAS V JORNADAS DE ANDALUCÍA Y AMÉRICA 267 de los muchachos, le interesa mostrar el lado negativo: «...también progresó en barbarie, 'y se acreditó en ésta de tal manera que de todas partes se comenzaron a enviar a Berbería todos los muchachos indómitos y traviesos 'y luego hasta los hombres» (pág. 396). Determinadas costumbres impuestas por Velasco seguían vigentes, por ejemplo, las velas. Es decir, la disciplina de que continuamente anduviesen toda la noche por el dormitorio tres niños velando y rezando el rosario, bajo la vigilancia de uno de los grandes, el vela mayor. A cada hora se renovaba la vela para que pudieran descansar. Veamos el testimonio de Mier sobre este punto: «... no me dejaba dormir el rosario de los toribios y los gritos de su arráez. Toda la noche se siguen a cantar entre dos el rosario, mientras los otros duermen. Pero fuera de los dos primeros misterios observé que jamás acababa ninguno. Las infelices criaturas, levantadas desde las cinco de la mañana al oratorio, que dura una hora, como otra por la noche, muertas de hambre y cansadas del trabajo de todo el día se caen dormidas sobre las camas. Despierta el arráez, da gritos, vuelven los pobres a caer. Así están toda la noche, y yo la pasaba en vela» (pág. 420). Tras estos datos de contenido —que no de intención— semejante a los de Baca, refiere otros inexistentes en la bibliografía y documentos que hemos manejado, probablemente porque corres -ponden a la historia del hospicio, menos conocida, a partir de la muerte de su fundador. Así nos habla de un tal Mier, sucesor de Toribio, cuando el verdadero sucesor fue su amigo Antonio Manuel Rodríguez, quien quedó encargado interinamente de la dirección, y cuyo nombramiento confirmó el Arzobispo. A ésta añade otras novedades, las barbaridades cometidas por unos inválidos llamados «culones», bajo las órdenes de Mier, con aquellos a quienes sus familiares querían tener presos, con tal de cobrar la peseta diaria por su manutención. Por último da a entender que el hospicio se hizo cargo de los locos a los que daba pésimo tratamiento. Con toda la animosidad y la ira del criollo resentido se pregunta: «¿No tiene razón el arzobispo de Malinas cuando dice que España se cuenta en Europa por un error de geografía ?» (pág. 396). UNIVERSIDAD INTERNACIONAL DE ANDALUCIA