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LA EDUCACIÓN PARA LA MUERTE DESDE LA PERSPECTIVA DEL MAESTRO/A DE EDUCACIÓN INFANTIL Autora: María Gálvez Mitchell Tutora: Pilar Moreno Crespo Modalidad: Investigación en el ámbito de la educación y/o Formación Curso: 2021/2022
Este trabajo no hubiera sido posible sin el persistente apoyo de mi familia y la colaboración de todos los compañeros y compañeras docentes que se han ofrecido a prestarme un ratito de su tiempo. Y a mi tutora, Pilar Moreno, por haber guiado el presente trabajo desde el inicio hasta el final.
Resumen: Este Trabajo Fin de Grado estudia el impacto que tiene hablar o tratar la muerte en la sociedad actual, y, consecuentemente, qué es de ella en las aulas de Educación Infantil. Para ello, se ha elaborado un marco teórico en el que se abarca el concepto de muerte, la muerte y la infancia, el duelo en las distintas etapas del desarrollo y la Pedagogía de la Muerte. Este estudio gira en torno a la Pedagogía de la Muerte y cómo se trabaja en las aulas de Educación Infantil. Para ello, se han realizado entrevistas a maestros y maestras de Educación Infantil con las que se descubrirá la percepción de cada persona y si trabaja o no el concepto en su día a día. Tras analizar los datos obtenidos, se concluye que la muerte, el duelo y la finitud siguen siendo un tema a evitar e ignorar por quienes no se sienten con la suficiente confianza y formación para abordarlo. Palabras clave: Pedagogía de la Muerte, Educación Infantil, Formación del profesorado, Estrategias de afrontamiento, Procesos de duelo. Abstract: This Final Degree Project studies the impact of talking about or dealing with death in today's society and, consequently, in the Early Childhood Education classroom. To this end, a theoretical framework has been developed which covers the concept of death, death and childhood, mourning in the different stages of development and the Pedagogy of Death. This study revolves around the Pedagogy of Death and how it is worked in early childhood education classrooms. To this end, interviews were conducted with early childhood education teachers to discover each person's perception and whether or not they work with the concept in their daily lives. After analysing the data obtained, it is concluded that death, grief and finitude continue to be a subject to be avoided and ignored by those who do not feel confident and trained enough to deal with it. Key words: Pedagogy of Death, Early Childhood Education, Teacher Training, Coping Strategies, Grief Processes.
Índice 1. Introducción y justificación ................................................................................... 5 2. Marco teórico ......................................................................................................... 8 2.1 Qué es la muerte ................................................................................................ 8 2.2 La muerte y la infancia ...................................................................................... 9 2.3 El duelo en las distintas etapas del desarrollo .................................................. 11 2.4 Educación para la muerte: La Pedagogía de la Muerte.................................... 15 3. Metodología de la investigación .......................................................................... 17 3.1 Instrumento ...................................................................................................... 18 3.2 Procedimiento de recogida y análisis de datos ................................................ 20 4. Resultados ............................................................................................................ 20 5. Discusión y conclusiones .................................................................................... 24 6. Referencias bibliográficas ................................................................................... 28 7. Anexos ................................................................................................................. 32
5 1. Introducción y justificación “Aunque no nos muriéramos al morirnos, le va bien a ese trance la palabra: muerte”. “Muerte es que no nos miren los que amamos, muerte es quedarse solo, mudo y quieto y no poder gritar que sigues vivo”. Gloria Fuertes En los últimos años el mundo entero se ha visto involucrado en una crisis sanitaria de gran envergadura como es el actual COVID-19. Al principio y cuando aún no se tenían grandes noticias, era todavía un rumor lejano, que se iba extendiendo desde el otro lado del mundo, pero que no se había convertido aún en una espeluznante realidad que iba a paralizar las vidas. Sin embargo, a partir del 3 de marzo de 2020 las cifras de hospitalizados, ingresos y víctimas mortales comenzaron a subir y se convirtieron en una rutina siniestra, diaria, de números. Por aquel entonces no había mascarillas, geles hidroalcohólicos ni respiradores suficientes, ni tampoco se conocía bien la enfermedad. El mundo prestaba una atención obsesiva a los medios de comunicación mientras se hallaba encerrado en casa, viviendo la muerte ajena y aterrorizados por lo que podría pasar (Altares, 2021). Pasarán lustros para que los estudios sociodemográficos puedan mostrarnos lo que la pandemia derivada de la enfermedad COVID-19 ha repercutido no sólo en las evoluciones poblacionales previstas para las próximas décadas, sino en la esperanza de vida de los diferentes sectores. Hemos dejado atrás una foto fija en la que se mostraba un proceso de envejecimiento de la población que Pedrero-García et al. (2018) calificaba como constante e implacable. En este sentido, aquellas pirámides poblacionales que estaban dejando su forma clásica por adaptarse al perfil de una punta de lanza (Menéndez, 2017; Moreno-Crespo, 2018; Moreno-Crespo et al., 2022; Peláez et al. 2017), han sufrido un fuerte revés que las ha cercenado devolviéndolas, probablemente, a estadios muy anteriores al siglo XXI. Una vez analizada esta nueva situación ante la que nos enfrentamos, debemos recordar que antes del 2020 el protagonismo del peso poblacional estaba en quienes contaban con más de 64 velas en la tarta (Moreno-Crespo, 2010, 2011, 2015; Moreno-Crespo et al., 2022; Pedrero-García et al., 2018).
6 Las tasas de mortalidad de las personas mayores de ochenta años son cinco veces más altas que el promedio mundial, debido en parte a las comorbilidades que, de manera natural los acompañan por la edad. La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que el 66% de las personas de setenta años en adelante tiene al menos una enfermedad preexistente, lo que incrementa los efectos del virus COVID-19. A ello se suma la discriminación que han padecido con respecto a las decisiones médicas, el triaje, los problemas de movilidad o los tratamientos vitales. Todo ello ha sumado para que la vida de los mayores se haya puesto en riesgo (Padilla Muñoz, 2021). Con esto se quiere concluir que la muerte de los abuelos fue la primera toma de contacto de la infancia con la muerte durante estos últimos años. Y, llegado este momento, al dolor de la pérdida se unen las dudas de cómo hacerles comprender que el abuelo ya no volverá nunca (García, 2019). La muerte se torna una necesidad y es por ello que es el tema principal de este trabajo, enfrentar un hecho tan próximo y desconocido a la vez. Sin embargo, a pesar de la pandemia y de estar cercanos a la pérdida de seres queridos, actualmente nos seguimos encontrando una situación de negación del fenómeno de la muerte en toda nuestra sociedad. Las instituciones educativas no permanecen ajenas a este fenómeno. En las escuelas, institutos, centros de formación y universidades no se habla de la muerte. En general, nos encontramos con que la temática de la muerte parece que no existiera y en absoluto fuera una temática vinculada al ámbito educativo (Herrán y Cortina, 2006). Sin embargo, consideramos que siendo la educación una de las principales responsabilidades de la sociedad, debe considerar la Educación para la Muerte de forma explícita. De igual forma, debería estar presente en la educación que comienza en el seno familiar, así como la formación que facilita la escuela y que también tiene una gran relevancia a la hora de proporcionar una educación adecuada al alumnado. La verdadera educación es aquella que se compromete a fomentar el conocimiento, la exploración, la experimentación y la búsqueda de significados que permita el libre desarrollo. Lo ideal a la hora de aprender es partir de cuestiones o ideas internas que promuevan la búsqueda del nuevo conocimiento (Sanz, 2016, recuperado de Bulnes González, 2018). En este sentido, la muerte es un hecho ineludible al que todas las personas tenemos que enfrentarnos. Si la educación trata de educar para la vida, mediante el desarrollo integral y armónico, es necesario también introducir la muerte en ella (Gorosabel Odriozola, 2013). La idea de la muerte, como cualquier otra, aparecerá en algún momento de la vida de la persona, ya sea por curiosidad, necesidad o experiencia,
7 y será en ese momento cuando se precisa su intervención (Sanz, 2016, recuperado de Bulnes González, 2018). Junto con lo expuesto, en esta investigación se justifica la necesidad de la educación para la muerte con argumentos válidos para introducirla en los currículos de las diferentes etapas educativas, desde la Educación Infantil hasta niveles superiores. El reto educativo que se plantea parte de la premisa de que la persona no sólo descubre el sentido de su vida a través del placer, de la creación, del goce, de la felicidad, sino que también puede encontrar dicho sentido a través del sufrimiento y la muerte (Poch y Herrero, 2003, citado en Pedrero García, 2012). Desde una perspectiva personal, son muchos más los motivos que nos mueven al escoger esta temática para desarrollar el Trabajo Fin de Carrera. Uno de ellos, la curiosidad por descubrir cuál es la percepción de la infancia en cuanto a la muerte se refiere, así como la de los docentes cuando tienen que enfrentarse a ella. La primera experiencia por nuestra parte, aunque vivida en segundo plano, fue la muerte de un niño de la clase de cinco años de Educación Infantil de un colegio de la zona. Siempre encontramos noticias por el estilo en los medios de comunicación, pero nos toca tan de lejos que no nos hiere la sensibilidad, quizás porque nos encontramos en un constante bombardeo de noticias estremecedoras. El colegio al que asistía el niño al que nos referimos unas líneas más arriba organizó una especie de evento en su nombre en que todo el alumnado salió al patio y se soltaron globos blancos para recordarle siempre. Pero ya no se volvió a escuchar nada más sobre aquello. Por ello, creemos en la importancia de la Educación para la Muerte en la escuela, estando de acuerdo con las palabras de Cid Egea (2012, p. 17): “Sería muy beneficioso si se incluyera en el proyecto educativo de las escuelas un trabajo preventivo sobre el desarrollo de recursos para cuando aparecen situaciones difíciles o dolorosas, como puede ser la muerte de un ser querido”. El presente Trabajo Fin de Grado constituye la elaboración de una investigación en el ámbito de la educación, que ha sido el pilar fundamental para el desarrollo y desenlace de este trabajo. Para ello, el estudio se ha diseñado sobre la documentación que queda recogida en el marco teórico que abarca cuestiones relacionadas con la muerte. En concreto, revisamos cómo la muerte se considera a día de hoy tabú, y por consecuencia, no está muy presente en las aulas. Sin embargo, es percibida y experimentada por el alumnado, así como el duelo. También quedan expuestos cómo actúan en consonancia los conceptos de muerte e infancia y qué es la Pedagogía de la Muerte en la escuela y su
8 importancia. El diseño de la investigación se basa en la entrevista abierta como instrumento para dicha exploración. Se ha escogido una muestra de tres perfiles que coinciden con el de docente de Educación Infantil para descubrir cómo conciben la muerte y cómo la trabajan en sus respectivos niveles. Los resultados y conclusiones nos hacen conocer en mayor profundidad cómo se aborda la Pedagogía de la Muerte en el Aula de Educación Infantil. Inicia en los siguientes párrafos la lectura de un estudio que se centra en la idea que se apartar a la infancia y dejar que no sepan o vean no es una forma de evitar su sufrimiento. No los protegemos apartándolos de la realidad del ciclo de la vida (Cid Egea, 2012). 2. Marco teórico 2.1 Qué es la muerte La muerte es el tema constantemente vetado. Es negativo, de mal gusto. Al muerto se le encajona, se le acristala, se le tapa, se le camufla con flores y olores tan significativos que cuesta olvidar. Así, se le relega y se le aparta, se le desintegra de la familia, con frecuencia, precipitadamente (Cortina y Herrán, 2007, p. 1). Bravo et al. (1998) señalan que, a pesar de ser tan antiguo como nuestra propia existencia, de que aparezca a diario en los medios de comunicación o de la actual apertura y flexibilidad educativas, todavía nadie nos ha enseñado a encontrarle sentido a la muerte y mucho menos a morirnos. Los ponentes creen que, si desde las aulas no se incluye la educación para la muerte como un contenido global y ordinario, no se nos enseña a vivir completamente. Según la RAE, se entiende el concepto “muerte”, en primera instancia, como el cese de la vida. También como un acontecimiento inevitable y que va adherido a todo ser humano, reconociendo por tanto la finitud del mismo. A pesar del gran desarrollo científico y tecnológico actual, así como de los grandes avances sanitarios, no se tiene certeza alguna sobre qué ocurre tras la muerte, así que tratamos de especular qué ocurre cuando aparece o aferrarnos a las respuestas que nos da la religión, la filosofía o la antropología. Aun así, todas se centran en una misma conclusión: la muerte como acontecimiento que afecta a la persona y que genera cierto choque cultural, ya que, dependiendo del contexto, lugar o
9 entorno, puede vivirse o experimentarse de formas muy diferentes (Rodríguez et al, 2020). Hoy día, y a pesar de considerarnos una sociedad que ha alcanzado cierto grado de desarrollo, es cierto que las palabras “muerte” o “morir” no dejan de asustarnos e incluso hacernos sentir incómodos. Hablar de la muerte se considera un tema de mal gusto e incluso usamos eufemismos cuando nos referimos a ella: “se ha ido a un largo viaje”, “se fue para no volver”, “ahora está descansando”. Evitamos mirar de frente a este hecho natural de la vida; lo tapamos, ocultamos y alejamos (Cid Egea, 2011). De acuerdo con Cortina y Herrán (2007), consideramos que la muerte no debe afrontarse como algo que asusta, sino algo de lo que hay que aprender, ya que irremediablemente forma parte de nuestra existencia. Normalizarla puede ofrecernos la oportunidad de dar sentido a mi vida y a la de otros, de aceptarnos como seres finitos capaces de asumir nuestra realidad finita. 2.2 La muerte y la infancia Algunos factores que intervienen en una adecuada elaboración comprensiva de la muerte por parte del niño y el adolescente son las familias y sus características psicológicas. Con respecto a las familias, nos referimos a las actitudes de padres y madres hacia la muerte, cómo la abarcan (o no) abiertamente y cómo la presentan u ocultan. Por otro lado, y con respecto a sus características psicológicas intervienen pues la capacidad del niño o la niña para exteriorizar sus sentimientos, sus dudas y cuestiones, sus habilidades cognitivas, su consistencia emocional, las experiencias personales previas con la muerte, etc. Las experiencias y conceptos que se forman en edades tempranas son básicas para la vida. Factores como el afecto, la comprensión, la información pertinente a su edad o la perspectiva social podrán formar parte de una filosofía que actuará de base y guía del comportamiento de niños y niñas con relación a la muerte (Pedrero García, 2012). Pedrero García (2012) apunta en su tesis cómo De la Herrán y Cortina (2006) han dedicado años para estudiar la conciencia de la mortalidad en la infancia. En sus obras, ambos exponen que no existe una unificación de criterios con respecto a las aportaciones de autores y autoras que se recogen en sus obras. A continuación, se explicitarán algunos:
16 De la Herrán y Cortina (2007) consideran que el fondo del asunto no es más que un mal aprendizaje que se lleva transmitiendo de generación en generación durante muchos años y alimentado continuamente desde la resistencia al desempeoramiento. Como consecuencia de ello, una mala formación generalizada en educadores y alumnado resultante de dos dualidades: por un lado, el miedo y por otra la doctrina, como evitadora de autoconocimiento. Ambos pretenden indagar sobre esta materia y prestarle atención preferente, como cualquier dolor requiere. “¿O acaso una herida o una jaqueca no se tiende a solucionar con prioridad a otras necesidades superiores o más placenteras?”. Se propone, por tanto, abordar la muerte como un contenido de importancia máxima para la vida. A continuación, Cid Egea (2011) facilita algunos recursos con el fin de proponer una manera adecuada de tratar la muerte con el alumnado teniendo en cuenta su desarrollo evolutivo. Sin olvidar, además, que cada alumno o alumna se verá condicionado por una serie de elementos personales (personalidad, curiosidad, afán de saber, experiencias vividas), familiares y sociales, que también deberán tenerse en cuenta para trabajar con él o ella: Hasta los seis o siete años encontramos los siguientes libros: - Ramón E. y Osuna R. (2003) ¡No es fácil pequeña ardilla! Pontevedra: Kalandraka Editorial. - Bawin M. y Hellings C. (2000). El abuelo de Tom ha muerto. Barcelona: Editorial Esin, S.A. - Verrept P. (2001). Te echo de menos. Barcelona: Editorial Juventud. - Durant A. y Gliori D. (2004). Para siempre. Barcelona: Grupo editorial Ceac, S.A. - Wild M. y Brooks R. (2000). Nana vieja. Venezuela: Ediciones Ekaré. Desde los siete a los doce años se pueden trabajar los siguientes libros: - Mundy M. (2001). Cuando estoy triste. Ante la pérdida de un ser querido. Madrid: Editorial San Pablo. - Mundy M. (2010). Cuando fallece un ser querido. Guía para niños ante la muerte de alguien. Madrid: Editorial San Pablo. - Allen R. W. y Grippo D. (2010). Cuando faltan mamá o papá. Un libro para consolar a los niños. Madrid: Editorial San Pablo.
17 - Bauer J. (2011). El ángel del abuelo. Salamanca: Lóguez Ediciones. - Canals M. y Aguilar S. (2011). Mi amiga invisible. Barcelona: Salvatella Editorial. - Jeffers O. (2010). El corazón y la botella. Méjico: Fondo de cultura económica. - Gil Vila M. y Piérola M. (2007). El jardín del abuelo. Barcelona: Editorial Bellaterra. - Rugg S. (1997). Los recuerdos viven eternamente: Un libro de recuerdos para los niños afligidos por una muerte. EEUU. Publicado por Sharon Rugg, LCSW. Para adolescentes los libros con los que se pueden contar son: - Wolfelt A. (2001). Consejos para jóvenes ante el significado de la muerte. Barcelona: Editorial Diagonal. - Bunnag T. y Jaume E. (2008). El arco iris de la abuela. Barcelona: La liebre de marzo. S.L - Erlbruch W. (2007). El pato y la muerte. Barbara Fiori Editora 3. Metodología de la investigación El presente estudio ha desarrollado un proceso de investigación cualitativa con profesorado del Segundo Ciclo de Educación Infantil. Mejía (2004) describe la investigación cualitativa como procedimiento metodológico que utiliza palabras, textos, discursos, dibujos, gráficos e imágenes para comprender la vida social por medio de significados y desde una perspectiva holística, pues se trata de entender el conjunto de cualidades interrelacionadas que caracterizan a un determinado fenómeno. La investigación desarrollada forma parte del Trabajo Fin de Grado que se orienta a conocer la Educación para la Muerte desde la perspectiva del maestro/a de Educación Infantil, quedando los objetivos específicos del estudio establecidos de la siguiente forma: - Describir la percepción sobre la muerte que posee la sociedad. - Analizar el conocimiento con el que cuentan relativo a la Pedagogía de la Muerte. - Determinar los procesos de afrontamiento de la muerte en el aula. - Identificar si existe una necesidad de formación sobre la educación para la muerte.
18 Para dar respuesta a los objetivos determinados se ha realizado un estudio cualitativo que se desarrolla a través de la técnica de la encuesta, implementada mediante el instrumento de recogida de datos de la entrevista (Facchin Soto y Rubiano Albornoz, 2018; Jiménez López, 2020). Se ha contado con una muestra de tres personas cuyo perfil coincide con el de profesor o profesora de Segundo Ciclo de educación infantil. 3.1 Instrumento Para la recolección de los datos se ha utilizado la técnica de la encuesta seleccionando como instrumento de recogida de datos la entrevista abierta. La entrevista es una técnica antiquísima en la cual una parte obtiene información de la otra. Es un método de investigación oral con la cual quien entrevista pretende obtener información sobre la persona entrevistada, a través de afirmaciones que se plantean para llegar la respuesta o su opinión. En el momento de preparación de la entrevista se deberán considerar los objetivos de la entrevista, concretar los perfiles que van a ser entrevistados, así como formular las preguntas y secuenciarlas. Durante el desarrollo de la entrevista, quien entrevista tratará de mantener una actitud abierta y positiva, y usar un lenguaje que resulte familiar a la persona entrevistada, facilitando así la comunicación entre ambos. Por último, deberá registrar la información, preferiblemente con una grabadora si la persona entrevistada ofrece su consentimiento para ello (López Estrada, Deslauriers, 2011). Para el diseño de la entrevista se ha tomado como referencia el instrumento utilizado por Pedrero García (2012) y se han realizado adaptaciones atendiendo al objetivo de la investigación, así como el contexto de recogida de información (ver tabla 1). Tabla 1: Adaptación de los ítems de la entrevista diseñada por Pedrero García (2012) para la presenta investigación. Pedrero García (2012) Adaptación ¿Piensa usted que la muerte es un tema tabú en nuestra sociedad? ¿Piensa que la muerte es un tema tabú en nuestra sociedad? En su opinión, ¿cree que se habla de la muerte en nuestra sociedad? ¿Cree que se habla de la muerte en nuestra sociedad con naturalidad?
19 ¿Ha escuchado alguna vez el término Pedagogía de la Muerte? ¿Podría explicar brevemente qué entiende por ello? ¿Piensa que es importante hablar con los alumnos del tema de la muerte, aunque no nos encontremos delante de la situación concreta? ¿Piensa que es importante hablar con el alumnado de la muerte, aunque no nos enfrentemos a la situación concreta? ¿Se ha encontrado en alguna ocasión frente a la realidad de la pérdida y la muerte en su práctica educativa? ¿Alguna vez se ha visto involucrado en una situación docente relativa a la muerte? ¿Cómo ha actuado? ¿Cómo actuaría a día de hoy? ¿Cómo se ha sentido al tener que afrontar la situación con el alumnado? ¿Ha encontrado recursos externos que le hayan ayudado? ¿Cuáles? ¿Ha encontrado recursos que le hayan ayudado? Si es así, ¿cuáles? ¿Cree que tener conocimientos relacionados con la Educación para la Muerte puede serle útil en el ejercicio de su profesión? ¿Cree que tener conocimientos relacionados con la Educación para la Muerte le es útil en el ejercicio de su profesión? ¿Cómo? ¿Ha asistido a algún curso de formación que hable de la muerte, la pérdida o el duelo? ¿Le resultó útil? ¿Ha asistido a algún curso de formación que hable de la muerte, la pérdida o el duelo? Si es así, ¿le resultó útil? ¿Sería una asignatura demandada por usted para su departamento? ¿Por qué? ¿Demandaría este tipo de formación para perfeccionar su práctica docente? ¿Por qué? La entrevista consta de nueve preguntas con las que se pretende investigar dimensiones diferentes entre sí (ver tabla 2). Tabla 2: Relación entre ítems de la entrevista y objetivos específicos de la investigación Ítems de la entrevista Objetivos específicos de la investigación 1. ¿Piensa que la muerte es un tema tabú en nuestra sociedad? Describir la percepción sobre la muerte que posee la sociedad. 2. ¿Cree que se habla de la muerte en nuestra sociedad con naturalidad?
20 3. ¿Ha escuchado alguna vez el término Pedagogía de la Muerte? ¿Podría explicar brevemente qué entiende por ello? Analizar el conocimiento con el que cuentan las y los docentes entrevistados relativo a la Pedagogía de la Muerte. 4. ¿Piensa que es importante hablar con el alumnado de la muerte, aunque no nos enfrentemos a la situación concreta? Determinar los procesos de afrontamiento de la muerte en el aula, así como los recursos para su gestión. 5. ¿Alguna vez se ha visto involucrado en una situación docente relativa a la muerte? ¿Cómo ha actuado? ¿Cómo actuaría a día de hoy? ¿Cómo se ha sentido al tener que afrontar la situación con el alumnado? 6. ¿Ha encontrado recursos que le hayan ayudado? Si es así, ¿cuáles? 7. ¿Cree que tener conocimientos relacionados con la Educación para la Muerte le es útil en el ejercicio de su profesión? ¿Cómo? Identificar si existe una necesidad de formación sobre la educación para la muerte. 8. ¿Ha asistido a algún curso de formación que hable de la muerte, la pérdida o el duelo? Si es así, ¿le resultó útil? 9. ¿Demandaría este tipo de formación para perfeccionar su práctica docente? ¿Por qué? 3.2 Procedimiento de recogida y análisis de datos Las entrevistas se desarrollaron de manera presencial, previo acuerdo entre entrevistadora y entrevistados. Las entrevistas fueron grabadas y transcritas. Se protegieron los datos de las personas entrevistadas, utilizando en su lugar Entrevistado I, Entrevistado II y Entrevistado III. Todos manifestaron el consentimiento informado antes de la realización de las entrevistas. 4. Resultados Para iniciarnos en el análisis de los datos, se comenzará por la primera pregunta de la entrevista, ¿piensa que la muerte es un tema tabú en nuestra sociedad?, a lo que los
21 entrevistados responden en consonancia que sí. Se apunta que no es un tema que suela estar presente en conversaciones cotidianas (Entrevistado I: “No se habla mucho de ella”). Los entrevistados II y III coinciden en que se trata de evitar para no herir los sentimientos de quienes son más aprensivos, más sensibles a la hora de tratar el tema (Entrevistado II: “…a los niños y a la infancia, tanto a las personas que son más aprensivas se les intenta ocultar”), (Entrevistado III: “…todo aquello que pueda afectar en mayor o menor medida a la sique o la sensibilidad de las personas se intenta siempre apartar). Con respecto a la pregunta correlativa a la anterior, ¿cree que se habla de la muerte en nuestra sociedad con naturalidad?, la encaminamos con el mismo objetivo que la primera, que no es otro que continuar con la descripción de la muerte en nuestra sociedad. Los entrevistados vuelven a coincidir en sus respuestas, apuntando que existe una tendencia a apartarlo de las conversaciones (Entrevistado I: “Se tiende a no tocarlo, a no sacarlo en las conversaciones”), a no sacar el tema de conversación para no hacer sufrir a la persona que escucha (Entrevistado II: “Por lo mismo, porque se intenta evitar el sufrimiento a los otros”), para que sus sentimientos no salgan a flote y no hacerla recordar, o sentirse mal. También se objeta que, en muchos casos, aún se sigue considerando un tema muy tabú (Entrevistado III: “…de hecho, en muchos casos se considera un tema muy tabú”). Con la tercera pregunta de la entrevista se pretende analizar el conocimiento con el que cuentan las y los docentes entrevistados relativo a la Pedagogía de la Muerte. En esta tercera pregunta ya sí observamos un ligero desacuerdo con respecto a las respuestas que ofrecen los entrevistados. Los entrevistados I y II creen no haberlo escuchado antes o no saber de qué se trata (Entrevistado II: “No sé qué es. Supongo que trabajar la muerte en el aula por el contexto en el que me lo preguntas, no sé”). Aun así, y por el contexto en que se les pregunta, sacan sus conclusiones y se acercan al término. Con esto queremos decir que cuando responden se aproximan al concepto tal y como queda definido en el marco teórico de este trabajo. Sin embargo, la afinidad no es completa. El entrevistado III no solo sabe de qué se trata, sino que lo aplica en su día a día: (“Sí. De hecho, yo intento (…) aplicar esa pedagogía, que trata sencillamente de entender la muerte como un proceso totalmente natural”). Las preguntas 4, 5 y 6 responden al mismo objetivo común: determinar los procesos de afrontamiento de la muerte en el aula, así como los recursos para su gestión. Para ello, se realiza la primera cuestión, ¿piensa que es importante hablar con el alumnado de la
22 muerte, aunque no nos enfrentemos a la situación concreta? y de nuevo se observa una disonancia entre el entrevistado I y los entrevistados II y III, aunque todos ellos están de acuerdo en consultar previamente a las familias. El primero afirma que no se lo ha planteado, ya que para ello se debería contar también con el apoyo de padres y madres (Entrevistado I: “Yo normalmente no me lo he planteado (…). Si se nos ocurre plantearlo, nos planteamos si a las familias les parece bien o no…”). Una respuesta parecida da el segundo y tercer entrevistados, que afirman que sí que están totalmente de acuerdo ya que la muerte es intrínseca a la vida, formando parte de nuestro ciclo vital, pero sí que se debe hacer una consulta previa a las y los familiares (Entrevistado III: “Totalmente. Es absolutamente vital. Lo que pasa, que muchas veces, tienes antes que pasar por el filtro de las familias”). La segunda cuestión o pregunta 5 es la más extensa: ¿Alguna vez se ha visto involucrado en una situación docente relativa a la muerte? ¿Cómo ha actuado? ¿Cómo actuaría a día de hoy? ¿Cómo se ha sentido al tener que afrontar la situación con el alumnado? Todos los docentes que han participado en la entrevista se han visto involucrados en un acontecimiento de estas características, pero no han actuado de la misma forma. El primer entrevistado responde que decidió no decir nada al alumnado de lo que había pasado y dejar a las familias que fuesen ellas las que contaran lo sucedido (Entrevistado I: “Yo no me pude enfrentar a la clase en ese momento (…) se hizo cargo otra compañera”), (“Decidí no decirles nada al alumnado de lo que había pasado (…) Que cada familia, en casa, pensara cómo contarlo”). El segundo entrevistado afirma que sí que trató el tema en clase, momentos previos al regreso del hermano del alumno que había fallecido. Respondió dudas y todo tipo de preguntas que iban saliendo a flote, involucrándose en lo sucedido (Entrevistado II: “…tuve que trabajarlo con toda la clase, desde la perspectiva que había sido un accidente y que se murió”), (Entrevistado II: “Lo hice dejando que ellos pudieran preguntar todo lo que quisieran. (…) Ellos necesitaban hablar sobre ese caso y que les respondiésemos o buscar las dudas hacia el tema”). El tercer entrevistado también afirma haber vivido algo así, y apunta que se necesitó terapia psicológica en más de diez alumnos porque no se acababa de afrontar lo sucedido (“La muerte de la niña en cuestión fue un palo muy duro (…) Hizo falta terapia psicológica en más de diez alumnos de la misma clase porque no se acababa de afrontar la desaparición de una niña que tenía nueve años”).
23 La última pregunta que responde al objetivo común, la sexta, ¿ha encontrado recursos que le hayan ayudado? Si es así, ¿cuáles? permite saber que los docentes entrevistados sí que han encontrado recursos que les hayan ayudado a tratar o aprender sobre lo ocurrido. El primer entrevistado objeta que encontró recursos en aquel momento, y también les cedió material la compañera de religión (“Sí que encontré (…) buscamos en Internet recursos (…) También los que me pasó la compañera de religión”). El segundo entrevistado aporta que también encontró algunos recursos en Internet (“Encontré recursos materiales. Lo único que no encontré fueron cuentos”), y el tercero nos ofrece la misma aportación, aunque apunta que fueron pocos, en su mayoría relacionados con la pedagogía de la muerte y que a día de hoy los conserva (“Lo poco que he encontrado ha sido a través de Internet y cosas relacionadas con la pedagogía de la muerte”). En las respuestas de la séptima pregunta ¿cree que tener conocimientos relacionados con la Educación para la Muerte le es útil en el ejercicio de su profesión? ¿Cómo? también observamos unanimidad entre las respuestas de los entrevistados. Todos apuntan que sí que le es útil y no solo en el entorno escolar, sino también fuera de él. El tercer entrevistado, con su respuesta, (“¡Hombre claro! Muchísimo. Porque, además, es que la muerte ahora mismo, por desgracia está más presente que antes”), hace un guiño a la situación sanitaria en la que nos encontramos actualmente, produciéndose, aunque en menor medida, una cantidad de muertes diarias. También existe unanimidad en las respuestas de los entrevistados con respecto a la penúltima pregunta ¿ha asistido a algún curso de formación que hable de la muerte, la pérdida o el duelo? Si es así, ¿le resultó útil? Ninguno de ellos ha asistido nunca a un curso de formación sobre el tema que estamos tratando (Entrevistado I: “No, nunca he hecho un curso sobre eso”). Esta pregunta tiene relación con la última de la entrevista, ¿demandaría este tipo de formación para perfeccionar su práctica docente? ¿Por qué? De nuevo aquí vemos respuestas y opiniones dispares. Los entrevistados II y III afirman que sí la demandarían, aportando este último que sería muy interesante que se trabajase a través del Centro del Profesorado (Entrevistado III: “Totalmente. Creo que es una temática muy interesante para que a través del CEP se desarrolle un curso. Es muy importante”). El primer entrevistado no se muestra de acuerdo, y apunta que no sabría si la demandaría, (Entrevistado I: “…pienso que cualquier otra pedagogía se actualiza, no siempre sirve lo mismo”) y cree complicado hacer un curso sobre ello. También hace referencia a la intimidad de cada familia, entendemos por ello el ser creyente o no, el
24 pensar de una forma o de otra; ve complicado se haga de manera unánime (Entrevistado I: “Veo un poco complicado hacer un curso sobre eso. (…) También pienso que la forma de afrontar eso es algo personal. (…) Es muy íntimo”). 5. Discusión y conclusiones En las siguientes líneas resaltaremos las conclusiones derivadas del análisis de los datos obtenidos a través de las entrevistas realizadas. De igual forma, establecemos la discusión en relación a las conclusiones principales. Para agilizar la organización y lectura del presente apartado, los objetivos marcados para la investigación serán el hilo conductor de la redacción. El primer objetivo de la investigación, describir la percepción sobre la muerte que posee la sociedad, corrobora lo que se había descrito anteriormente en el marco teórico. Se confirma lo expuesto: la sociedad muestra cierta repulsión cuando la muerte se torna presente en alguna conversación cotidiana. Todos los entrevistados opinan que sí creen que, a día de hoy, la muerte se considera un tema tabú en la sociedad y que no se habla de ella con naturalidad, coincidiendo con los resultados obtenidos por Jiménez Aboitiz (2012) o Pedrero García (2012) cuando apunta que un 55,8% de los estudiantes consideran la muerte como tabú, frente a un 35,6% que creen que no y un 8,6% que NS/NC. Le sigue el objetivo: Analizar el conocimiento con el que cuentan las y los docentes entrevistados relativo a la Pedagogía de la Muerte. Se puede afirmar que existe una mayoría que no sabe de qué se trata, y por consecuencia, nunca lo ha trabajado. Hay una carencia notable sobre el trabajo de la muerte en el aula. Sí es cierto que los sujetos entrevistados proporcionan una idea muy vaga y general sobre ella, que se produce al contextualizarlas en la conversación a través de la entrevista. Es la minoría la que sí sabe de qué se trata y lo mantiene presente en el aula. En los casos en los que algún docente posee conocimientos sobre el tema, es consecuencia de la formación voluntaria mediante cursos o el autoaprendizaje, que en ningún caso han sido específicos sobre la Pedagogía de la Muerte. Se deduce pues, que no existe unanimidad en el contexto de la educación a la hora de abarcar el concepto coincidiendo con Bulnes González (2018) y Pedrero García (2012).
25 A la hora de determinar los procesos de afrontamiento de la muerte en el aula, así como los recursos para su gestión, encontramos que hay una mayoría que sí que lo enfrenta, comentando el hecho y permitiendo que se les haga preguntas para matar su curiosidad. No dan de lado u ocultan lo que ha ocurrido, sino que lo procuran tratar con la mayor sensibilidad posible. Con respecto a la minoría, entendemos que no se trata porque hay una reticencia a ello por parte de las familias. Consecuentemente, volvemos al punto inicial de la discusión: la muerte como tema tabú. Se reafirma la idea que el hecho de morir es algo que las personas no quieren tener presente en su día a día, no se contempla como algo que forma parte de la persona misma y, por tanto, se le niega a la infancia. (Fernández Alvargonzález, 2014). También se puede deducir que los y las docentes han trabajado el concepto Pedagogía de la Muerte como consecuencia de la pérdida en el aula de algún integrante, y no como complemento al currículum. Es decir, son actuaciones puntuales a lo largo del curso escolar para dar solución al problema de pérdida o duelo que se les presentó. También se debe hacer el apunte en que, los o las docentes que lo trabajaron, manifestaron que su implicación fue a beneficio del grupo clase, ya que se trató de aliviar el dolor o la incertidumbre de las y los compañeros de la persona fallecida. Por otro lado, el motivo principal por el que los y las docentes no lo trataron el tema de la muerte y el duelo en el aula fue porque no creían que les repercutiese a ellos, sino a las familias del alumnado. También porque no se sentían preparados o capacitados para hacerlo en el momento de la pérdida o momentos posteriores (Fernández Alvargonzález, 2014; Pedrero García, 2012). En esta línea, el Trabajo Fin de Carrera de Saray Bules González (2018) observamos en la pregunta cinco, ¿ha tratado alguna vez el tema de la muerte en el aula? en la que el 70,49% afirmó haber tratado la muerte en el aula en alguna ocasión, mientras que, por el contrario, el 29,51% no lo hizo. En la pregunta de esta misma investigación, Bules González plantea ¿qué recursos utilizarías?, nombrándose recursos diversos: la asamblea, vídeos, películas, Internet, juegos, cuentos o dramatizaciones, entre otros. Encontrando que un 77,78% de los entrevistados utilizaría cuentos, el 41,67% lo haría en la asamblea, un 55,5% utilizaría vídeos y películas, el 2,78% acudiría a Internet, otro 2,78% se decantó por juegos y un 5,55% por canciones. Por último, al identificar si existe una necesidad de formación sobre la educación para la muerte, hallamos que, de nuevo, concurre una mayoría que sí que la demanda. Podemos concluir, tras la conversación con dichos entrevistados, que a la mayoría les hubiera
32 7. Anexos ANEXO I: Transcripción de las entrevistas realizadas Entrevistado I: 1. Yo creo que un poquito sí. No se habla mucho de ella, y, además, cuando por ejemplo mi madre, empieza “pues ya me queda poco…” da coraje. Yo siempre le digo, “¡tú qué sabes!”. Generalmente gusta poco hablar de la muerte. 2. No. En general, no. Cuando sale el tema se aborda, pero como algo natural pienso que no. Se tiende a no tocarlo, sacarlo en las conversaciones. 3. Creo que no lo he escuchado. Entiendo que, desde el contexto que se me está preguntando, entiendo que sería plantearnos cómo abordarlo en la escuela o en el instituto. 4. Yo normalmente no me lo he planteado. Y también es verdad, enlazando con que lo tenemos como tema tabú, son temas que, si se nos ocurre plantearlo, nos planteamos si a las familias les parece bien o no que lo toquemos. 5. Por desgracia sí. Repentinamente, el año pasado falleció un niño. Vino el director tal día como hoy por la mañana y nos dio esta tremenda noticia. Yo no me pude enfrentar a la clase en ese momento, no me metí en la clase. No pude entrar. Así que se hizo cargo otra compañera. Decidí no decirles nada al alumnado de lo que había pasado, ni siquiera me lo planteé. Que cada familia, en casa, pensara cómo contarlo. María José, la compañera de religión fue la que, de alguna manera tomó las riendas, empezó a buscar información en Internet sobre cómo podíamos abordar aquello que estaba pasando, cómo decirlo y qué hacer, porque de repente él ya no iba a estar en la clase. Decidimos que al día siguiente el centro iba a hacer un acto de despedida. Todo el cole bajó al patio después del recreo y soltaron unos globos blancos en los que se había puesto mensajes para Pepe. Ese acto fue el que gráficamente les hizo ver a ellos y ellas que pepe se había ido. Fue entonces cuando yo decidí hablar, decir que Pepe ya no iba a venir más, pero, aunque ya no íbamos a volver a verlo, teníamos que intentar recordarlo siempre. Recuerdo que pasábamos lista, como siempre, y cuando llegó el turno de Pepe no sabíamos que hacer. No lo podíamos poner en casa, porque no estaba en casa, pero tampoco en
33 el cole. Dijeron que Pepe se había ido al cielo, y teníamos que ponerlo alto. Y lo pusimos en alto, un poco más alto. Le pusieron estrellitas y lo adornaron. Yo también tenía una pegatina para contar cuántos niños y niñas había en clase. Dije que no sabía qué hacer porque no sabía si contar o no a Pepe. Y dijeron que no. Pusimos un número menos. Ellos y ellas asumieron que ya no estaban. Pero fue el momento detonante que a ellos les hizo clic cuando vieron los globos blancos irse al cielo y desaparecer, perderse. Ahí ellos sí lloraron. Fueron conscientes de que aquella fue una pérdida definitiva. Así fue como lo afrontamos; pensando que lo teníamos que recordar con alegría y cariño, pero sabiendo que ya no lo íbamos a volver a ver más. Mis niños tenían por aquel entonces cinco años, tenían su vida segura y bien agarrada, y la dinámica de la clase siguió. 6. Sí que encontré. Como te dije buscamos en Internet recursos, pero ya ahora no me acuerdo. También los que me pasó la compañera de religión. 7. Claro. Me es útil en los casos en los que nos pueda pasar algo así. No solo en clase, sino que algún alumno o alumna por desgracia sufra una pérdida así en su entorno familiar. Desde clase también habría que afrontarlo. Y si sabemos cómo, pues mejor. 8. No, nunca he hecho un curso sobre eso. 9. No lo sé. Afortunadamente pasa poco, entonces pienso que cualquier otra pedagogía se actualiza, no siempre sirve lo mismo, bien por la mentalidad, por la variedad de alumnado que va llegando. Veo un poco complicado hacer un curso sobre eso. Sí que es verdad que al vivir en la época de Internet tenemos recursos a mano cuando los necesitemos. También pienso que la forma de afrontar eso es algo personal. Por eso yo no quería decir nada a esos niños y niñas. Algunos me contaban que se había ido al cielo, otros no mencionaban nada de eso. Es muy íntimo. Entrevistado II: 1. Sí. Respecto a los niños y a la infancia, tanto a las personas que son más aprensivas se les intenta ocultar. Pasa incluso con los animales. A los niños se les oculta que sus animales, sus mascotas mueren. 2. No. Creo que no se habla de la muerte con naturalidad. Por lo mismo, porque se intenta evitar el sufrimiento a los otros. Incluso cuando vemos las noticias que se
34 refieren a guerras, conflictos y actos de ese tipo hasta de evitar contar si hay muchísimos suicidios, las causas que los llevan a hacer eso… ese tipo de cosas se van ocultando. 3. No lo he escuchado nunca. No sé qué es. Supongo que trabajar la muerte en el aula por el contexto en el que me lo preguntas, no sé. 4. Sí. Porque es parte del ciclo vital. Entonces hay que hablarlo con naturalidad, aunque no les haya ocurrido a ellos directamente, con algún familiar cercano o con algún animal doméstico suyo propio. Pero sí que hay que hablarlo. Es que es parte de la vida misma. 5. Sí he estado involucrada. Murió el hermano de un alumno, que tenía cinco años en un accidente. Entonces tuve que trabajarlo con toda la clase, desde la perspectiva que había sido un accidente y que se murió. Y aunque eso está y puede ocurrir, no es lo habitual y no tiene por qué ocurrirles a ellos. Lo hice dejando que ellos pudieran preguntar todo lo que quisieran antes de que volviese el hermano. Respondí todo tipo de preguntas, a algunas se iban respondiendo ellos mismos. Era curioso porque algunos eran de educación religiosa y otros no. Entonces algunos me hablaban de fe, y otros no. Unos decían que ibas al cielo y otro que te morías y punto. Estuvimos hablando de que lo lógico era agotar tu ciclo vital, que no eras mayor aún para morir. También les conté que su compañero necesitaba ayuda pero que no lo agobiasen a preguntas. Si lo veían llorar, que lo ayudaran. Y si ellos necesitaban llorar, que llorasen. Iba a buscar algún cuento, porque tenían seis años, pero no fue necesario. Ellos no querían un cuento en alusión a la muerte porque les había ocurrido un hecho real. Ellos necesitaban hablar sobre ese caso y que les respondiésemos o buscar las dudas hacia el tema. 6. Encontré recursos materiales. Lo único que no encontré fueron cuentos. Después no he encontrado más nada. 7. Sí que me puede ser útil. Porque te encuentras en una situación que no sabes si hablar las cosas, si hablar sobre ello abiertamente o no, si les puede afectar… yo elijo siempre trabajarla con naturalidad. 8. No he asistido a ninguno. 9. Sí.
35 Entrevistado III: 1. Sí. Nos encontramos en una sociedad muy dulcificada, donde todo aquello que pueda afectar en mayor o menor medida a la sique o la sensibilidad de las personas se intenta siempre apartar. 2. No. Reitero lo que dije antes, no se trata con naturalidad. De hecho, en muchos casos se considera un tema muy tabú. 3. Sí. De hecho, yo intento con el alumnado en la mayoría de las veces, aplicar esa pedagogía, que trata sencillamente de entender la muerte como un proceso totalmente natural. Igual que está sobrevalorado actualmente el tema de la felicidad, el tema de la muerte considero que se infravalora. Es interesante que en los colegios exista una pedagogía de la muerte, pero desde edades muy tempranas, no hay que esperar a que los niños estén en sexto. 4. Totalmente. Es absolutamente vital. Lo que pasa, que muchas veces, tienes antes que pasar por el filtro de las familias. Hay padres que están de acuerdo, aunque son la minoría, y otros que se encuentran en absoluto desacuerdo. Estoy harto de escuchar “el abuelito se ha ido al cielo”, “el abuelito está en el universo”, “el abuelito se ha convertido en energía”, y realmente no se afronta la realidad de que lo que le ha pasado al abuelo, como ser vivo, es que su etapa vital ha terminado. 5. Me ha pasado en varias ocasiones. He tenido la muerte de una alumna y la muerte de una compañera. Todo es muy dramático. Evidentemente, aunque la muerte de un ser vivo no es más que una muerte, pero no se afronta de la misma forma la muerte de un niño que la de una persona anciana que ya ha vivido. La muerte de la niña en cuestión fue un palo muy duro para el centro en sí. Hizo falta terapia psicológica en más de diez alumnos de la misma clase porque no se acababa de afrontar la desaparición de una niña que tenía nueve años. En el caso de la compañera, sufrió un cáncer de pecho y no lo pudo superar. También fue tremendamente duro superar la muerte de alguien con la que compartes muchas horas en el día y a lo largo de una vida. 6. Lo poco que he encontrado ha sido a través de Internet y cosas relacionadas con la pedagogía de la muerte. También solicité ayuda a la psicóloga del Ayuntamiento en cuestión y me mandó una información muy relevante que me ayudó a afrontar este tipo de cosas. A día de hoy aún guardo esa información.
36 7. ¡Hombre claro! Muchísimo. Porque, además, es que la muerte ahora mismo, por desgracia está más presente que antes. Yo recuerdo que cuando mi abuela falleció, mi abuela se quedó en casa. Entonces, tú estás viendo que está en su cama. Eso incluso, para los abuelos era algo totalmente natural. El fallecido permanecía en casa uno, y a veces hasta dos días esperando a que vinieran a llevárselo para enterrarlo. Fíjate si es complicado que incluso la última tendencia es la de no enterrar, sino incinerar el cuerpo directamente. Leí en cierta ocasión que también tiene relación con todo esto. Si el cuerpo se queda dentro de un ataúd o sepulcro, parece que aún existe un reducto de vida y no. Lo que leí es que se quería eliminar directamente todo tipo de rastro para que, según decía el artículo, el daño sea más atenuado. Sea menor. Que desaparezca por completo. Que quede una leve ceniza de la que además te vas a deshacer, porque no tienes intención de llevarla a un cementerio, de tener que ir a sufrir, a pasarlo mal, a llevar flores o a tener que limpiarla. 8. No. 9. Totalmente. Creo que es una temática muy interesante para que a través del CEP se desarrolle un curso. Es muy importante. De hecho, mi sobrina aún está arrastrando unos problemas importantes porque a la niña no se le ha guiado correctamente con el tema del duelo y la desaparición de su madre.