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Cuentos, leyendas y costumbres populares

Castro, Federico de; Machado y Álvarez, Antonio

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Don Federico de Castro Y DON ANTONIO MACHADO Y ALVAREZ. des 0 as SEVILLA. E Z DON taTira E IMPRENTA GADITANA, VELAZQUEZ E. fm $ 1S73. N Op : $ jo ie > E 57 b ds EA 43 y) IN ñ E TAS e ES” NA e OO 4 pas e BIBLIOTECA DE LA VOZ DE LA JUVENTUD. CUENTOS, LEYENDAS Y COSTUMBRES POPULARES, POR D, FEDERICO DE CASTRO. SEVILLA. IMPRENTA GADITANA, TRAJANO 29. 1872. ta obra es propiedad de su autor, el que se reserva todos los derechos. Mp rs ms 4 : E | * 4 d 4 o A A 0 0 OA LA CODICIA. (1) SUEN TOROS Cerca de una ciudad de cuyo nombre y circunstancias la tradicion no recuerda más de que era antigua y populosa, y en época que los narradores no se detienen á fijar (2), habia, apartado de todo camino, un extenso y ruinoso caseron. ¿Quién lo levantó? ¿Cuál era su destino? Nadie lo sabia. Abandonáronlo sus dueños, la lluvia horadó sus techos y ennegreció sus dorados artesones, millares de plantas nacidas entre los huecos de sus paredes con sus pequeñas raices movieron los sillares, el topo y las culebras socabaron sus cimientos, la polilla consumió sus riquísimas maderas, las aves anidaban en sus carcomidas torres, por todas partes mitHiadas de pequeños insectos buscaban en él habitacion y co- (1) Tomado de la tradicion, hasta en el detalle, ofrece este cuento, además de su carácter esclusívamente moral, muy raro en los populares españoles, la inapreciable singularidad de expresar un momento artístico muy superior al simbolismo orien— tal y á la leyenda milagrosa de la Edad Media, y que parece producido por la compenetracion de estos dos elementos en un más alto ideal. Los doctos juzgarán si nos equivocamos. 4 (2) Aunque os propio de la musa popular la indeterminación de los lugares y de los tiempos, como que expresando aspiraciones generales de la nacion, en todos los momentos y en todas Jas localidades pueden encontrarse, es muy de otro género la indeterminacion que aquí señalamos: Cada cual atribuye ásu pátria la gloria de haber presenciado los sucesos que en la leyenda se refieren; ninguno se ha atrevido á poner un nombre ni una fecha en la tradicion que transcribimos, y es que las leyes morales son universales y eternas. - TE mida, era un moribundo que los gusanos devoraban antes de espirar. Nadié sabia por qué, quizá ninguno se atrevia á confesarlo, pero todos huian de su encuentro. Sólo la miseria pudo vencer esta general repugnancia. Dos mujeres destituidas de todo amparo buscaron entre sus ruinas un albergue. Por las mañanas, al nacer el sol, salian á la cercana ciudad; por las tardes, al ponerse volvian con la limosna recogida. Un dia (era yá el otoño) el cielo encapotado con densas y blanque-= cinas nubes amenazaba récia tormenta, por lo que: nuestras mujeres temerosas se apresuraron á recogerse. Y no sin motivo, pues apenas habian entrado bajo su carcomido techo, cuando la tormenta estalló. El trueno estremecia los yá débiles muros; gruesas y cálidas gotas, arrastrando al pasar pedazos de la vieja techumbre, penetraban hasta el pequeño cuarto en que madre é hija, puestas de rodillas, se encomendaban á Dios, creyendo llegado para ellas el último trance. De pronto y cuando un inmenso relámpago rasgaba el nublado, récios gol: pes amenazan derribar la desvencijada puerta. ¡Quién era capaz de penetrar en aquel sitio y en tan tremenda hora! La puerta, cede, en fin, á los repetidos empujes y aparecen en el - extenso patio dos hombres que, por sus trajes y extraña catadura, no tienen semejante con ninguno delos nacidos; acaso debieron pertenecer á alguna remota y desconocida tribu del Oriente á juzgar por los anchos y negros turbantes con que rodeaban sus cabezas y por los poderosos dromedarios que montaban. Demandan los extrangeros posada por una noche y Ofrecen en pago una moneda de oro. Quedan suspensas las infelices mujeres sin saber qué hacer, ¿Cómo quedar á merced de aquellos que si hombres eran y nó diabólicos engendros de la tormenta, trazas tenian de hechiceros y nigrománticos más que de honrados mercaderes? ¿Y por otra parte, no seria faltar los deberes de la hospitalidad despedirlos con tan crudo tiem- a po? ¿Ni cómo podrian obligarles ápartir aunque quisieran? Además, negarles la entrada ¿no sería cederá una perversa é injustificada sospecha? Tales fueron las reflexiones que de tropel y en un momento acudieron á las asustadas mujeres y que al cabo las decidieron á condescender con la súplica de los extranjeros, proponiéndose tomar, sin embargo, contra cualquiera tentativa de su parte las convenientes precauciones. El narrador de esta historia me aseguró, sin embargo, que no poco influyó en esta decision: el brillo tentador de la moneda que, léjos de ser como sus dueños anticuada y difícil de clasificar, era de reciente cuño y de cumplido peso. ana - Hecho el contrato como queda referido é ínterin los extraños mercaderes buscaban (empresa no muy fácil) por las cuatro alas del castillo sitio donde pudieran permanecer ellos y sus cabalgaduras, defendidos de la lluvia, encerráronse las mujeres en su habitacion, y no contentas con atrancarla puerta con todas las cosas que tuvieron á mano, decidieron de comun acuerdo quedarse de atalaya toda la noche en una pequeña ventana, remudándose, á guisa de centinela, por temor de que las rindiera el sueño. Las horas trascurrian, sin embargo, y nada parecia justificar la necesidad de tan severa vigilancia. El aposento en que los huéspedes se encerraron permanecia mudo; sus temidos habitadores no daban señal de sí, y la tormenta, disipándose, dejaba ver un cielo azul y sereno que convidaba al reposo. Tentada estaba la hija, que era la que velaba entonces, enabandonarlaentreabierta ventana, donde comen- Zaba á sentirse un airecillo penetrante, cuando hé aquí que apenas las estrellas del carro señalaron la media noche salen de improviso los orientales huéspedes y se dirigen al patio. a A Jonteniendo el aliento y disimulando sus pisadas llama ásu madre la vigilante moza y juntas esperan ver el progreso de esta aventura, dispuestas á descolgarse al campo por uno de los huecos de la galería si las cosas llegáran á punto de que en conciencia se creyeran obligadas á tomar tan desesperado patrtido. Mas no eran ciertamente sus personas lo que ocupaba á los viajeros. Salidos de su cámara colocaron cabalisticamente y con extrañas ceremonias una gran antorcha de cera encendida en cada uno de los ángulos del patio y situándose en su centro murmuraron á modo de salmodia cuatro palabras desconocidas que repitieron despues en cada uno de los estremos, haciendo con la mano unas como bendiciones ó señales de dividir. Escuchóse entónces un temeroso estruendo, temblaron las paredes, comprimiéronse las anchas y marmoóreas losas y dejaron abierta una profunda sima que permitia ver los peldaños de una no muy incómoda escalera. Penetró por ella el más jóven y robusto de los extranjeros y no tardó en volver agobiado con un pesado saco de barras de oro y de preciosas piedras henchido, que al depositarse en el suelo alegró los oidos y los ojos de nuestras dos heroinas con el ruido metálico que produjo el choque y con el brillo de los diamantes, topacios y záfiros que de él profusamente se derramaron. Recogiólos el viejo y continuó el jóven en sus viajes hasta que las antorchas casi consumidas, la proximidad del dia y la cantidad extraida con que apénas podian moverse los valientes dromedarios aconsejaron dar la operacion por terminada. Apagaron las luces, cerróse la sima, marcháronse los viajeros y de tal manera recobró todo su acostumbrado aspecto, que nuestra, mujeres creyeran fascinacion del sueño los sucesos que ante sus Ojos habian acontecido á no ser por los grandes montones de cera derretida-que sobre las losas encontraron. , - Clareaba apénas la nueva aurora y yá nuestras heroinas habian reconocido minuciosamente todas las estancias del edificio para asegurarse de la partida de sus huéspedes. Recómpusieron luégo con gran trabajo la puerta que aquellos habian forzado, cerráronla y fortificaron interiormente, y arrancando -y reuniendo luego con tanto esmero como si de polvos de oro del Tibar ó de menudas perlas se tratára, la cera que las losas del patio conservaban, formaron con ella y algunos hilos cuatro toscas cerillas, con lo que, y con repetir contínuamente las misteriosas palabras, esperaron impacientes la media noche. ¡Con qué lentitud se deslizaban las horas! ¡Cuántos temores venian á turbar sus lisonjeras esperanzas: ¿Se habrian olvidado de las palabras misteriosas? ¿Las habrian entendido mal? ¡Necesitarian de alguna preparacion ignorada? ¿Todos los dias serian igualmente favorables? Tales eran las dudas que incesantemente se le presentaban, y despues de dar pretesto á larga y entretenida conversacion se desechaban al cabo para renacer de nuevo. Algunas veces llegaron á temer si distraidas dejarian pasar el precioso instante, y eso que sus ojos no se apartaban del cielo, empresa que, como la yá antes referida, no fiaban la unaá la otra, quizá porque sin darse cuenta de ello creyerán más digno de atencion el cuidado de sus futuras riquezas que el de su vida y honra amenazadas. ¿ Otras, pero esto no se atrevian á comunicárselo, pensaban si aquellos dones serian comprados con la condenación eterna de sus almas; entónces un sudor frio cubria sus cuerpos, palidecian sus rostros, pero el recuerdo de los amontonados tesoros y los goces que con ellos se prometian, alejaban al punto su imaginacion de tan tristes ideas. | o que lo sapongamos, que no sacrifique secretamente un poco de su incredulidad al natural deseo de averiguar si los sueños de . su ambicion se verán cumplidos, ni muchacha casaderaá quién no encuentre el dia que la iglesia conmemora al precursor de Jesus en la melancólica situacion de ánimo, que tan bien retrata el siguiente romancé, para nosotros uno de los más bellos que se han escrito en castellano: Yo me levantára, madre, Mañanica de San Juan; Vide estar una doncella Ribericas de la mar; Sola lava, sola tuerce, Sola tiende en un rosal: Miéntras los paños se enjugan Dice la niña un cantar: | «¿Dó los mis amores, dólos, Dólos andaré á buscar?» Mar abajo, mar arriba Diciendo iba el cantar; Peine de oro en las sus manos Por sus cabellos peinar: Dígasme tú el marinero, Que Dios te guarde de mal, Si los viste á mis amores, Si los viste allí pasar. La ambicion y el amor ¿quereis lograrlos hasta un punto que ningun mortal se atrevió siquiera á presumirlo? venid conmigo; mas ¿qué digo? ¿pof qué han derribado la Torre de las Arcas? Si la víspera de San Juan, á punto de dar las doce de la noche, hubiérais estado al lado del pilar que al pié de la torre de la Catedral turba el general silencio con el monótono ruido de sus abundantes aguas, apénas estremeciera vuestro oido la primera vibracion con que el sagrado bronce anuncia la fatídica hora, cuando por encanto hubiérais encontrado á vuestro lado dos estraños y por extremo desemejantes personajes. Cubre al uno, de estatura ménos que varonil, blanco ropaje al uso morisco, y lleva su rostro tambien de fino cendal cubierto; mas las envidiosas telas no son bastantes á disimular la exquisita delicadeza de sus formas, y el paso, semejante al suave movimiento de los claveles movidos por la brisa de Mayo; el pié menudo y la cintura frájil y flexible como el tallo de la azucena, y sobre esto cierto perfume juvenil que toda su persona exhala, os hubieran delatado que es toda una princesa, y nó de las comunes y de pacotilla, la que teneis delante. Acompáñala un fornidísimo y gigantesco negro, de sangrien-= tos ojos, llevando en una de sus manos abultado manojo de pesadas llaves. Si las torbas miradas, y, sobre todo, los robústos brazos del atlético etiope no 0s inspiraron pavor, acercáos sin miedo á la encubierta dama y ofrecedla ygalantemente vuestra compañía, que ella, al punto que tal ofrecimiento la fuere hecho, habrá de contestaros con voz más pura y armoniosa que la de los querúbicos coros: $970 st quiere. Con esta respuesta, que cual suavísimo bálsamo se difundirá por vuestras venas, cobraréis tal aliento, que en pós de ella habréis de atravesar la distancia algo más que mediana que 0s separa de la Torre de las Arcas, á cuya puerta habréis de llegar precisamente al sonar la undécima campanada. —Abierta se halla la DS misteriosa Torre; graciosos manojos de delgadas y transparentes columnas sostienen arabescos arcos de afiligranada argentería, que allí se pierden en dorados artesones artísticamente sembrados de perlas y záfiros; fuentes de azogue, saltando entre plantas de todos los climas, se recogen formando lagos de buyente plata; más léjos elegantes cuadras cubiertas de pérsicas alfombras muestran sus paredes con preciosas labores de alicatado, no de grosero barro compuesto, sino de riquisimos metálicos esmaltes sobre que se alzan bordados arabescos de finísima plata, que entre poéticas leyendas abren paso á escondidos alhamíes; aquí rodeadas de índicas flores, anchas mesas cubiertas de todo género de apetitosos y exóticos manjares; acá, muebles entreabiertos no pueden contener la carga de gruesas y preciosísimas piedras que los agobian; más léjos, la ancha gradería que conduce 4 las habitaciones superiores, y todo esto profusamente adornado por antorchas, que reflejan en los lagos de azogue, en la plata, en el oro y en las piedra con luz tan vária y tan intensa, que no hubiera ojos capaces de sufrirla si no fuera templada por las abundantes y aromáticas ondas que continuamente exhalan escondidos pebeteros. Mas no os extasieis en la contemplacion de tantas bellezas, que yá la hermosa Galiana, tal es el nombre de vuestra compañera, ha pisado los umbrales de la encantada Torre; yá separa el ligero cendal de su rostro, qué ninguna lengua humana será osada á describir; yá os mira con tiernísimos ojos, que penetran hasta el corazon y suspenden sus latidos; yá toma las llaves, que respetuosamente le ofrece su negro acompañante, en sus preciosas manos, y acercándolas á las vuestras os dice conacento de suavísimo mando, capaz de hacerse obedecer de los verdugos infernales: loma. Pero ¡ah desgraciado! Loco, fuefa de tí, elevado á los cielos, te has olvidado de pronunciar el sacramental daca. Mira con qué rapidez des- ciende porla ancha egradería un severo sacerdote con los negros manteos extendidos; mira con qué rapidez apaga las antorchas: mira cómo se-estrechan y juntan los ántes abiertos muros; oye que 'vá:4sonar yá la última campanada; pero no mires ni oígas; huye si no quieres quedar sepultado en la maciza Torre, . 6, al ménos, preso por tu levita ó tu gaban, como yá ha sucedido muchas veces á otros tan imprevisores como tú. ¡Qué significa esta leyenda? preguntarémos nosotros para concluir, ¿Es una creación puramente arbitraria de la musa popular, 6 es el acento de dolor con que-recuerda y llora beneficios de: una: civilizacion que le arrancó .la intolerancia? Júzguelo el lector: A, nosotros nos basta con cumplir el deber de consignarla-ántes que el olvido la sepulte. Guárdela el papel, yá que las. ir cs la: recordaban han nr Eon Pe COSTUMBRES POPULARES. , e A ME ob 20 2 E oc A MAY A. ah _—— bi 7 bboig ; | ¡Singular tenacidad la do las pate colita! Cambian. las idéas y se conserva el símbolo, arrójase el idolo: dela conciencia y del altar, y el pueblo continúa, reuniéndose como ántes en los lugares que dejó desiertos; pasan las generaciones... gentes de diversa procedencia sustituyen las antiguas, y. en: los mismos tiempos «celebran idénticas Ceremonias. Nadie conoce. yá su «sentido; todos ¡enoran su orígen: mas ¿que importa? Tratad de suprimirlas; las personas 3 =T18= cultas se disgustan; la plebe murmura y se subleva. Apelad á lo mas íntimo del espíritu; mostrad la abominacion que encierran, y la más tímida doncella, y el niño más inocente, y el fanático más preocupado, desafiarán vuestras censuras y vuestra excomunion. y | Las religiones positivas se han trasmitido sucesivamente sus templos, sus fiestas y sus ritos. El robledad 4 que, en el majestuoso silencio de la noche y ú la pálida claridad de la luna, que dificultosamente penetraba por entre las entrelazadas ramas, acudia el drúida con su hoz de oro para recoger el sagrado muérdago, que, cuando todo en el bosque muere, mudamente enseña con sus azules abundantes hojas como de la muerte nace la vida, se trasforma en el lucus romano consagrado á los dioses de la naturaleza, que en templos, maravillas del arte, reciben á la luz del brillante sol del Mediodia, entre los cantos de numeroso coro, el humo que despide la grasa de las sacrificadas víctimas, mezclado con el de oloroso incienso. Más tarde, el bosque abandonado será tal vez escondida mansion de piadosos anacoretas, que se retiran á su soledad huyendo de los halagos de la comodidad y de las seducciones de la carne, y acaso atrayendo su fama en derredor las gentes, convertiráse su retiro en tosca aldea que, andando los dias, llegará á ser ciudad populosa, y la pobre ermita magnífica catedral, digna de la piedad y la riqueza de la ciudad de los obispos. Columnas arrancadas de millares de paganos santuarios, sostenarán la techumbre de la mezquita, orgullo de la sultana de las ciudades de Occidente, que al fin romperá sus graciosos arcos para levantar sobre ellos las agudas ojivas de gótica catedral. Y el menhir céltico recibirá, al cabo de sielos, entre sus mal labradas aristas, la cruz cristiana, y las fiestas celebradas en honor de Saturno servirán para conmemorar el nacimiento de Jesus.... ¿== Siempre la misma ley: mas ¡cuánta diferencia en estos cambios! Roma lleva un mismo principio á los cielos y á la tierra: el derecho. Los númenes, ántes enemigos, se reunen jerárquicamente en el panteon, como los pueblos en el foro. La fórmula de dedicion comprende igualmente á los dioses y á los hombres. Pero si Roma condiciona, no créa; obliga á todos, dioses y hombres, 4 mantenerse en paz; pero no logra fundar ni una religion, ni un pueblo. El panteismo indio, el "naturalismo asirio, el sincretismo persa, el antropomorfismo griego, la firme creencia en la inmortalidad de los pueblos célticos, y hasta el monoteismo hebráico y la misteriosa relicion de los egipcios, todo lo junta sin confundirlo, pero tambien siu anuarlo; y si á un tiempo Dios es adorado en todos los ideales que la antigúedad concibe, éstos son de tal manera fragmentarios, que bien pudo decir un apologista cristiano, que á todo se adoraba menos d Dios mismo. Nada tiene, pues, de extraño que los antiguos cultos subsistieran en el mundo romano; si en sus postrimerías Roma se hace cruel y perseguidora, es porque la nueva religion, no tolerando las antiguas, amenazaba destruir su Obra. El cristianismo, por el contrario, trao consigo un renacimiento y una renovacion universal. Destinado á espiritualizar el mundo, no puede transigir con el sentido naturalista de la antigúedad clásica. Mas como unas mismas cosas se dán, aunque de distinto modo, en la naturaleza y en el espíritu, donde no puede romperla conserva la tradicion trastormándola. Uno de los ejemplos mas bellos de este género de trasformaciones nos recuerda el encabezamiento de este artículo. Griegos y romanos santificaban el principio fecundador de la naturaleza en la primavera, celebrando alegres y magnificas fiestas en honor de Maya ó Flora. Tambien solian representarlo mediante el mayo vestido de hojas, costumbre que, como de la que vamos á ocuparnos, se conserva todavía'en algunas provincias de España. El eristianismo no podia divinizar la naturaleza; pero ¿cómo destruir en un momento prácticas seculares? Al frondoso tronco del mayo se sustituyó el seco y desnudo árbol de la Cruz: 4 la regeneración anual de ¿la vida en la naturaleza, la regeneración moral del espíritu, -me- diante el sacrificio cruento del Hombre-Dios:' ¡Admirable y probablemente no pensada oportunidad del pensamiento 'religioso! Una misma idéa, aunque referida 4.distintos órdenes de la vida, santificada on los: mismos dias, «y hasta:con: símbolos semejantes ¡una misma esperanza sepia con las mismas flores y parecidos, cánticos! +1 abia Mas el primer sentido nofué por esto iia aha | - donado por el pueblo. Pudiera en verdad causar maravilla que en las más católica de las naciones latinas; despues de diez+y nueve siglos do: cristianismo, y apesar de la: oposicion inteligente de la Iglesia; subsista todavía una festividad pagana en la. que se conservan el nombre de la diosa, -y casi casi los: antiguos ritos. Y sinembargo, es un hecho fácil: de comprobar: Cualquiera que en la tardo del primer dia de Mayo transite por las:calles de la ciudad de Almería, donde tuvimos la dicha de nacer; muy luego tropezará en las'esquinas ó portales con improvisados templos. Allí, sobre: un altar cubierto de damásco 6 desotras vistosas telas, una hermosa niña, elegantemente vestida; cubierta y * circundada: de amorosas f.ores, escucha: los cantos que coros de doncellás, asimismó de elegantes guirnaldas' coronadas; con-las manos entrelazadas formando un gracioso Círculo, entonan en su derredor: con: paradas que aseme- Jan á la estrofa, antizestrofa y.épodon de los coros griegos. Más léjos otras, con pintadas bandejas:ó: platos cubiertos con: hojas de rosa, persiguen á los ERAN a con esta perpétua: y casi sacramental cantinela; A -Un: cuartito pata la Maya, | «Que no'tiene manto ni saya: Gt Rath ola “sin embargo, se encuentra dncllio lid que quiera hacer el papel de la'diosa; es'axioma constante, por más que los hechos/no' vengan siempre en' “su abono,» que la que cae en tamaña tentacion tendrá que renunciar á los: goces del matrimonio-y de: la! familia. verse Led «Dos dias despues cambia la escena, y ls cambia de Flora se convierten 'ensadoradoras de Jesús. Engalánase el Sagrado Madero; cúbrense las paredes de: los portales de:telas. espejos y hojas. Las.mismas flores;,-los mismos cantos; las mismas bandejas y parecida. patear sólo peta entónees se: demanda para la Cruz. jogo qu od ¿No es ciertamente notable pere ii del sitos pape al lado del cristiano? ¿Noes una de esas costumbres populares dignas de fijar el ojo fonreins del filósofo y del histomadera Arbor oi Onis! 4d 7 FODIESO < "EL MÉDICO BONITO. NA “CUENTO POPULAR: LA = AFA Habia ercla ciudad de Cádizun artesano honrado y pobre. mas” por su' mala estrella de naturaleza tan“apropósito para engendrar hijos'como de fortuna escasa para mantenerlos) con lo que andábase mohino y pesaroso y atribulado sin: saber qué partido tomar para dar pan á tanto angelito como Dios era servido enviarle; Despertábase con el alba; y la: luz del sol que, “omo agradecida por encontrar quien tan de mañana la reci- A =29= biera, entrábase alegremente por las ventanas de su vivienda, sorprendíale siempre ocupado en las rudas faenas de su oficio. Indecible es el afan: con que durante todo el dia nuestro artesano trabajaba; mas, al sentir en las largas horas de la siesta el paso lento y. reposado de algun fraile del vecino convento, que á su celda se volvia; y al ver 4 sus pcqueñuelos abalanzarse á la puerta por ir á besarle la mano, tuvo momentos en que envidió la vida del yermo, donde tan descansadamente y sin ruidose alcanza la gloria eterna; y áun lenguas murmuradoras aseguran que llegó en ocasiones hasta á dudar de la Providencia divina que-tan mal reparte y tan mal distribuidas tiene las cosas de este mundo. Empero, como el trabajo cumplido y la conciencia satisfecha tienen en sí algo que incita á la alegría y al retozo, concluida: su tarea, ahuyentada la luz solar y olvidadas:aquellas ligeras blasfemias, de muevo reparaba en su mujer, quemó ménos hermosa le parecia que cuando de novio y en mejores tiempos le rondaba la calle. Quitábale ésta á la sazon el pecho á su pequeñito, arrullábalo con esos tiernos cantares que adormecen á los hijos del pueblo y, dormido el niño, miraba ella tambien á su marido con 0jos de enamorada y entrambos á dos se persuadian de que Dios es grande, y que á Él y áno haber jamás abandonado el artesano sus faenas ni sus quehaceres ella, debian que el hambre no hubiese roto hasta entónces el puro y tranquilo sueño de sus pobres hijos. | Hallábase, pues, en la época que comienza este cuento, tan en cinta ella como en años anteriores y más (que nunca atortolado él, que veia aumentarse su familia y no sus recursos, sin ocurrírsele á quién volver los ojos para que sirviera de padrino á lo que de su mujer naciese, toda vez que no habia vecino en la vecindad á quien con motivo semejante no hubiese yá ocupado. =23= Acertaba á pasar todos los dias por delante de la tienda de nuestro artesano un.caballero, que bien mostraba serlo en : su porte y en. la familiaridad y buen agrado con que: á aquellas buenas, gentes saludaba: en éste pensó: la mujer para que sirviera de padrino álo que de ella naciese y con esta idea á su marido. habló «para que á ser: su compadre le invitára. Mas como la timidéz suele irsunida á la hombría de bien y:4 la pobreza, sucedió: que, aunque dos veces intentó nuestro artesano detenerle y hablarle del asunto, dos veces vino la cortedad á deshacer sus planes. Reprendióle esti: falta de ánimo su mujer, diciéndole: «Por dar ese paso nada pierdes, advierte que esto yá no sufre dilacion ni espera y que á lo que de mínazca habrémos de cristianar.». Juraba él y perjuraba de ser más animoso al dia siguiente, mas llegada la ocasion, poníasele:un nudo en la garganta que le impedia declarar sus intentos y volvia de nuevo ámeterse en su tienda. Corria el tiempo entre estas vacilaciones y dudas, cuando su mujer: dió 4 luz una mañana á: la heroina de este: cuento: decidióse por fin el artesano, y, haciendo de tripas corazon y valor del cariño paternal, no bien pasó el caballero con su cara afable y bondadosa de ordinario, propúsole si queria ser padrino de su hija, á lo que con mucho gusto accedió el desconocido, solicitando ver á su ahijada: entró, pues, en aquella pobre casa y encontró entre miserables harapos envuelta á una niña, bonita como los rayos del sol y las rosas de la mañana; envió en seguida por primorosas envolturas para aquella criatura, tan linda como de humilde linaje, y luego mandó traer alimentos sanos para la parida y cuanto de necesario se ocurre en trances apurados, de que tan cuerda como sábiamente libró naturaleza á los varones; cristianaron al dia siguiente á la niña con gran solemnidad y pompa; pusiéronla de nombre Maria, y habria cuartos á. pelon para los muchachos, y cuartos para los pobrecitos cu- Hasta aquí; lector; loque me han contado... Y ahora dos palabras de mi cuenta y riesgo: sí quieres hallar la moraleja de'este cuento, fúmate un cigarro y mientras fumes, piensa y tecapacita sobre él, seguro de queno ha de pesarte; yo en él he encontrado, siendo" ciertamente ménos lince que tú, una enseñanza no poco provechosa, (4 saber: que tambien los:mudos hablan: cuando apremia el-caso y hablan áun cuando de 'su declaracion se siga perjuicio á personas: de . tanta importancia y categoría como lo era sin duda la. reina ¿de mi cuento. ¿Era por ventura la hermana del rey. de :con- -dicion: más callada que el crucificado de la Antigua:y el Cristo de la Vega? Pues uno y otro hablaron si hemos de dar crédito'4: dos “tradiciones populares conservadas por Zorrilla en sus dos bellisimas leyendas tituladas: Un testigo de bronce y Á um buen juez mejor testigo. Ante la: injusticia y la sinrazon bueno es que protestén los Cristos en fantásticas leyendas y: los mudos en truhanescos cuentos y chascarrillos. | | Réstame ahora decirte que del caballero que apadrinó4la pobre hija del artesano no sé lo que fué, ni á tí ni ásmi' nosimporta saberlo: vino de incógnito sin que nadie haya: podido averiguar: su edad, su nombre, sus costumbres, Ti áun las señas desu casa; vino cuando hacía falta y se marchió.cuando noera necesario. Amémosle, porque era noble y caballero: no queramos saber de él más que lo que quiso decirnos; sus razones tendria para ocultarse; "sepamos respetar los sécretos deotrol* sudo! y losa vet: end dci dd ANTONIO MACHADO Y ÁLVAREZ. * ¿Una nueva: prueba. de:que la felicidad y la riqueza no son siempre compañeras tan inseparables. como algunos suponen ofrécela. el matrimonio de este cuento,,el cual con ser acaudalado «silos hube y gozar de todas las comodidades que sus pingies rentas le proporcionaba creíase mas'que dela alegría. cerca de la tristeza y de la desdicha. Causa,de estas era.el ver que pasaba los dias mas hermosos de su vida sin que el, cielo les:concediera hijos no obstante. ser ambos de buena edad. y mantenerse áun en el cariño y buenos propósitos. de su. pro- ,¡¡Oongada luna de miel. ¡Con cuanto gusto no hubiera trocado “la buenw señora todos sus bienes por elincalculable de una tendera vecina suya que acaso la envidiaba madre de ocho robustos muchachos que con los pies desnudos y las piernas al aire alborotaban el barrio en los festivos dias que no iban.á la escuela! ¡Con cuanto placer no bubiera cambiado la tendera aquella fecundidad natural conque el cielo la dotára por unas cuantas, de las muchas y muy buenas monedas del matrimonio que con ellas por tan desgraciados se tenian! Un tanto amostazado, y no poco irritado hallábase el marido con lo que él, que al cabo no se reputaba por menos artista que su vecino el tendero, no sabia ya.á que achacar en tanto que á su esposa de natural mas piadoso aunque no menos == tenaz pensaba desconfiar acaso de los profanos medios” hasta allí empleados en hacer una formal promesa á una imágen de San Antonio que en su casa tenian: puso por obra su pensamiento despues de consultarlo con su marido y ambos recordaron la sábia máxima que aconseja, de que á Dios rogando y con el mazo dando, de nuevo y con insistencia mayor volvieron á RATA ECO lo sincero de.la resolucion en este caso, lo poderoso de la 6, Lo Teal de la promesa ó la felíz combinacion de la divina y de la humana gracia, que todo pudo ser, es lo seguro que la señíora empezó á padecer del estómago como no tenia de costumbre de sentir un cierto malestar de que no logró desembararse * hasta los nueve meses, época'en que dió á luz un hermoso niño con el que vino á la casa yal matrimonio mucha mayor riqueza que la que en sus dinerales tenian: ¡Cómo ponderar ahora la dicha de aquella familia en tan faustos momentos, cómo describir yo, pecador de mi, la solemne y pomposa' funcion hecha á aquella santa imágen autora probable, segun la muger, de aquel felíz y fecundo desenlace: como encarecer el gozo de aquel marido quemas que á divina, á gracia suya atribuyó el motivo de tamaño acontecimiento! Mas ¡hay! que no hay en la tierra ni felicidad eompleta, nialegriacomplida como alprincipio de mi cuento os indicaba;aquelniño tan deseado, aquel niño hijo del cielo y dela tierra segun todas lasprobabilidades, aquel niño por su hermosura portento de la gente tenia en su espalda un letrero que le: condenaba á ser ahorcado 4 los veinte años: era «su sino aquel letrero y su sino habia de cumplirse. 1050 08 | Que es del destino inapelable el fallo.: * Algunos años que pasaron hicieron de “aquella criatura tan hermosa como en mal hora nacida al juzgar por elletrero de su espalda, un niño que iba á la escuela distinguiéndose en ella por su despejo y aplicacion que le valiéron el cariño de sus maestros y la admiracion de cuantos le conocian; y, como las inclinaciones son algo que desde pequeño se deja traslucir, en tan corta edad manifestaba el niño sus místicas y devotas aficiones: por eso, mientras sus pequeños compañeros en los campos y plazuelas empeñaban sendas y descomunales batallas tomando partido por opuestos bandos y remedando, ora - torneos, ora las huestes de Pompeyo y César, nuestro” jóven retirábase solo á su cuarto haciendo de cada palo de escobon no un Babieca ó un Bayaldo como los chicos acostumbran, sino una manguilla de parroquia, no habiendo en su casa escalon que no hubiese consagrado de altar, ni aceitosa luz que que no hubiese reputado buena para alumbrar á sus santos, dis- -tinguiendo en sus devociones al glorioso San Antonio que era por tan pueril cariño el santo mas alumbrado de todos los de la corte celestial. Recreábase la madre viendo á su hijo en tan buena amistad con-S. Antonio el cual debia. de ser, en su sentir, algo pariente suyo toda vez que por algo entró, (á ella nadie le quitaba esto de la cabeza) la intervencion del Santo' en el nacimiento de la criatura: pero cuanto mas embelesada estaba con aquellos religiosos juegos mas venia á su memoria el letrerofatal aguando sus gustós y cuajando de lágrimas sus maternales ojos. Fácilmente, ocultó estas en los primeros años Asu hijo, que más que en la tierra tenia en el cielo fijas sus miradas: pero cuando yá cumplió los diez y seis hízose imposible de todo punto el disimulo. Un dia en que la buena señora entregada á tristes y amargos pensamientos creía hallarse completamente sola y daba libertad 4 las lágrimas que silenciosamente rodaban por sus Mejillas, la sorprendió su hijo que entre las mas tiernas cari- Cias preguntola lleno de amante solicitud: ¿Por qué llórais, madre mia? Varias veces he visto 5 E vuestros ojos anegados en llanto y én balde hasta ahora os he preguntado la causa. —No lloro por nada hijo, me habeis contestado siempre. —Qué penas quieres que tenga teniéndote á mi lado? —Cavilaciones tuyas y no mas. Y sin embargo, ma- «dre, hoy como en otras ocasiones os encuentro llorando, hoy como otros dias veo que vuestro dolor no cesa con verme y antes como que parece que con mi presencia se redobla. ¿Hé hecho algo que os entristezca, madre mia? S —Lloro por tí, hijo mio, pero no por tú culpa, que eres bueno y tus obras aceptas á los ojos de Dios; lloro porque tu suerte vá á ser muy desgraciada.... tú nacistes en mal hora... el cielo me ha castigado por pedirle lo que no estaba en sus designios concederme. —Sois muy buena, para que el señor pudiera tener de qué castigaros; ¿en, qué habeis podido delinquir vos, madre mia? | -—$í, yo he pecado al desear ansiosamente lo que el cielo me negaba; yo he pecado en destar con tantos empeños tener hijos, cuando Dios, cuya sabiduría es infinita, nome concedia este bien á que yo sin duda no era acreedora. Por eso tu sino es fatal, por eso nacistes con un letrero en la espalda que te condena á morir ahorcado á los veinte años de edad. Hijo mio, pobre hijo mio! —Madre, no lloreis, que acaso evitemos ese sino con la ayuda deDios Todopoderoso. Confiad en él, entregaos á la esperanza y preparadime vuestra bendicion para que yo fortalecido con ella parta á tierra remota á donde viva ignorado mientras se cumple ese plazo fatal. Vuestra alegría será mayor al recobrarme tras el temor de perderme: no sé por qué pero oigo una voz interior que me tranquiliza y me anuncia que volveré á abrazaros y conseguiré escapar de la mala “estrella en que naci. : O —Oígate el cíelo, hijo mio, y dé por purgados mis irreligiosos deseos con lo mucho que he sufrido hasta aquí y con la terrible separacion á que mis pasadas culpas me condenan pero si está escrito... si es la voluntad de Dios que he de perderte... —No, madre, pensad que ofendeis su divina misericordia; habeis pecado al desear tan ansiosamente lo queen sus altísimos fines os negaba, pero la pena escederia á la gravedad de vuestro pecado, y Dios es justo. —Tienes razon, hijo, la pena sería demasiado cruel para la falta: Dios esjusto y misericordioso, sin embargo.... —Aprestaos á darme vuestra bendicion y á obtener permiso de mi padre para que parta. -—Tu padre te la concederá como yo én la confianza de - que será para tu bien. Ahora, antes de partir y ya que estamos solo oye un consejo que quiero darte. Huye hijo mio de reunirte con ambiciosos; huye de acompañarte con quien - á los del cielo prefiera los bienes terrenales que son perecederos. Eres rico y de pocos años, muchos se unirán á tí y te ofrecerán sus servicios, muéstrate afable com todos: pero al brindarles con lo que lleves, aunque fuese un miserable pedazo de pan, cuida siempre de ofrecer dos partes desiguales para que puedas comprender en la eleccion si le mueve el desinterés ó la codicia: si dejan para tí, que le regalas, la parte peor óÓ ' mas pequeña, evita su compañía, abandonalos, son unos ambiciosos; pero si por el contrario, agradecidos, se inclinan á tomar para sí la peor parte, otórgales tu confianza, que en estas pequeñas cosas, como en las grandes, se revelan las buenas ó malas inclinaciones del corazon. Sé cauto, hijo mio, y DO olvides. este consejo, que para tu ventura te dá tu pobre Madre: ruega por ella que es gran pecadora y no la olvides húunca en tus oraciones. Dias despues, U 'asto, que este es el nombre de nuestro héroe, salió de su casa provisto de cuanto en su largo via- - Je podría necesitar, y acompañado de-la bendicion de sus padres y del cariñio de cuantas personas le conocian, emprendió su peregrinacion resignado á sufrir la suerte que Dios le tuviese preparada lejos de aquel matrimonio, cuyos imprudentes deseos, en su opinion Dios habia de castigar, por mas que él como buen hijo, hubiese ocultado este pensamiento en la conferencia que con su madre tuvo para no aumentar sus lejítimos dolores. Habia, sin embargo, algo en él, de que en vano procuraba darse cuenta, que le movia irresistibleménte á confiar de queno se cumpliría en él aquel, por su parte, no merecido sino; algo que «upartaba de su memoria aquellas fatídicas ideas avivadas con la dolorosa ausencia que se imponía. Entre estas esperanzas y temores, llegó cerca del oscurecer áun pueblecillo á donde pidió posada para descansar aquella noche, rogando «que le avisaran al dia siguiente muy temprano para ir 4 visitar la Iglesia y pedir á Dios que le iluminase en su incierto camino. Hízolo nuestro posadero como se.lo mandaron; y cuando la próxima mañana, vuelto ya de rezar sus oraciones. se disponia de nuevo á emprender su viage, se encontró en la puerta de la posada con un rico mercader, que se ofreció gustoso á servirle de guia hasta el pueblo inmediato, á donde segun dijo, le llevaban negocios de importancia Alegre y confiado admitió la desintesada oferta que aquel improvisado compañero le hacia; oferta que fué motivo de su primer engaño; pues en el camino tuvo ocasion de conocer, valiéndose del maternal consejo, que - no «era la conveniencia suya, sino la propia, la que buscaba en acompañarle “aquel desconocido. Vanamente recorrió Casto pueblos y mas pueblos en la es- F o peranza ¡pobre niño! de encontrar hombres diferentes, mudando tierras: mercaderes y labrieyos y militares y, oh! para el inesperado caso! hasta gente de sotana dieron el mismo pago á su candorosidad y á su falta de mundo. Ya llegaba quizás, al. terrible trance de perder la fé en los hombres,- cuando, en una caloroga mañana de verano que caminaba solo sin otra compaña que la de Dios y la de sus devotos pensamientos, tropezÓ con un anciano que con voz digna y reposada pidióle humil- - demente una limosna por amor de Dios. Habia tanta tranquilidad, tanta resignación y dulzura en aquella súplica que Cas- to levantó su cabeza agobiada por dolorosas ideas y, deteniendo la poderosa mula que montaba, fijó sus ojos en quien se la dirijía mientras buscaba en sus bolsillos una moneda de plata para echarla en el sombrero que hácia él veia estendido. Encontrola porfin y dándola al pobre con un vaya! hermano! se” disponia á seguir su marcha; pero aquel, lejos de tomarla, la rechazó diciendo: Dios que agradece lo mismo lo poco que lo mucho prohibe al pobre tomar lo innecesario; dadme una moneda de cobre y San Antonio irá en vuestra compaña. El recuerdo del santo para él tan querido, la estraña respuesta del 'pobre y el cariñoso acento con que pronunció sus palabras hicieron á Casto fijarse de nuevo y con curiosidad mayor en el anciano, advirtiéndole esta vez un aspecto tal de recojimiento y de virtud que le inclinó á pensar sí seria algun peregrino vuelto de Tierra Santa, que acaso encerraba aún los destrozados pies en la misma rota sandalia salpicada de sangre con que híciera su santa peregrinacion: asegurábale más de esta idea que ocurrió 4 su mente, el rosario de gruesas cuentas que colgaba de su muñeca y el escapulario que pendia de su cuello. —Perdonad, hermano, si al ofreceros una limosna qu OS parece escesiva, os he ofendido. —Cuando se dá por amor de Vios nada € es mucho: si no 0 he pS ; 00 = tomado la moneda que me habeis ofrecido es sólo porque ella pertenece á pobres que mas que yo la necesitan. En el morral que veis en mis espaldas llevo cuanto puede hacerme falta para mi mantenimientode hoy. En cuanto á mi vestido... considesad como crecen los lirios del campo: no trabajan ni hílan. —Al menos montad en mi mula que es muy fuerte el calor y el camino largo y pedregoso. —A pié y solo á pié consentiré en acompañaros: mas estrecho aún es el camino que dleva á la vida: y pocos son los que alinan con el. Desistió Casto de su porfía convencido de su inutilidad y apeándose de la mula y tomándola del ronzal echó á andar con aquel estraño compañero entablándose entre ambos un animado diálogo que se interrumpió, cuando mediado el dia, y sintiéndose el jóven con erandes ganas de comer y descansar un rato, propuso á su compañero que á la vera de una fuente se sentasen para tomar un bocado y templar la sed con aquella , Agua pura y cristalina que la naturaleza tan generosamente les brindaba. Asílo hicieron, negándose el anciano á tomar otra cosa que el menor de dos pedazos de pan que Casto con toda intencion cortó desiguales, acordándose de los consejos que al partir le diera la buena de su madre. Lo bien que en esta ocasion le salió la prueba animóle á suplicar al anciano que no le abandonase; prometiéndole compartir con él cuanto llevaba; mas este contestó que él vivia de pedir limosna, .que solo de raices silvestre en los campos y pan duro en las ciudades por penitencia se alimentaba y que á todas las riquezas y honores del mundo, aquella miserable vida preferia; que él queria atesorar su tesoro donde el o7in ni la polilla lo consumtese, y en donde ladrones no lo desenterrasen ui robasen, que era inútil, por tanto, cuanto hiciera por separarlo de aquella vida; que caminára solo ya que á su edad y buenas prendas, buen porvenir de- =39= . bia estar reservado, muchomas siendo, como en suconversacion habia descubierto, creyente en Dios y en su Santísima Iolesia. Razones á su juicio tan de seso y poco comunes hicieron desistir de su intento á Casto, quien propuso al anciano que le concediera permiso para acompañarle en su peregrinacion y para con él pedir limosna, Accedió el pobre, no sin hacer antes á Casto muchas reflexiones sobre lo azaroso de la vida que iba á emprender, sobre su falta de costumbre para resistirlas fatigas y penalidades propias de ella, imponiéndole además la condicion de que se despojase de sus bienes, obligándose á compartir con él todo cuanto en adelante adquiriese el dia en que por cualquier circunstancia se separasen. Así lo otorgó Casto y, reposado del camino, emprendieron ambos á pié la marchaá una ciudad populosa no muy distante con gran contento del jóven que desde aquel momento comenzó á mirar á aquel añciano como á un segundo padre, encantado de sus sanos y relieiosos consejos y atento siempre úla salvacion de su alma. Únele siempre d quien prefiera los bienes del cielo á. los terrenales que son perecederos, recordaba que le dijo su madre antes de partir. side Entrados en la ciudad nuestros caminantes y despues de vender la mula y cuanto llevaban y distribuir todo el dinero entre los pobres, comenzaron á ejercer su Cristiana profesion pidiendo de puerta en puerta una limosna: la caridad de las - gentes subvino con holgura á sus reducidas necesidades y al ¡pago de una modestísima sala donde juntos oraban dando gra- “cias al Todopoderoso porque les conservaba la salud del cuerpo bien de no mucha monta que les permitía continuar en compañía, procurándase la salud del alma, bien de los bienes. Un dia, hacia ya muchos que estaban en la ciudad, entró Casto en una tienda de comercio á pedir una limosna en ocasion que un dependiente preparaba una cantidad que habian tumbre y, no hallándole en casa, volvióse á la tienda. La prontitud con que su-principal habia aceptado sn oferta de irse,:el cariño y amabilidad con que le habian tratado siempre,»el temor de ser acaso injusto conaquella familia, el eserúpulo de no haber tenido la mansedumbre suficiente para: sufrir la inmerecida desconfianza que de él hacían y aún el no haber encontrado á su padrino. en. su casa, cosas. eran todas que le tenian en un tristísimo estado de ánimo.' Así se: hallaba cuando bajó. un mozo á. decirle que los señores le esperaban para Cenar, estrañóle á nuestro jóven lo; temprano:de la hora, mas obedeciendo y: procurando desechar sus ideas subió como le mandaban. Mayor fué su. estrañeza al encontrar en el comodor,, además del principal y su'señora'á:/una anciana y 4. una jóven cuya cara al pronto no pudo ver: por hallarse en un rincon'conversando con la esposa de su. principal. «Sentados 4:1la “mesa dijo, este á Casto señalando -4.la señorita que sentó 4:su lado, con una sonrisa benévola y cariñosa; os presento el lesoro cuya ocultación tan: ¡quejoso os tiene conmigo, y luego dirigiéndose á. la niña añadió;;María este es el jóven. de quien tu madre y yo te hemos hablado en nuestras cartas; una Ca- *sualidad te nos conocerle porque, nos abandona ro mañana. E sl os Se: fica usted? dijo leia con nisbmbil: ingen ml cÚla levantó entonces. los. azules ojos y. fijólos en la jóven, ¡Luego volvió. 4 bajarlos. y balbuceó .muycortado: .. iMo a engañado . y... no me habian engañado. . ¿La jóven no entendió. una! gi pero. se Puso colorada como una, amapola... | : Úasto aquella.noche :somanzó. mas DIES nm ONE de los o tenia «le costumbre: en,sus/sueños vió 4 San: Antonio con el ie muy fruncido.: , Pasaron tres dias y el j jóven nose fué de la casa: era Man ía =4M= tímida, ruborosa y sus ojos castaños de una dulzura superior á la del caramelo: recojida en su habitacion y entregada á. las tareas de-su sexo solo veia 4 Casto á las horas delacomida'y dela cena. Cómo pasaron las cosas no me lo supieron nunca esplicar, ni por saberlo yo hice: grandes esfuerzos. Solo me dijeron que el jóven al principio esquivaba mirará la jóven luego buscaba: con avidez sus purisimos :ojos, y que llegó : por: último 4 encontrarlos para'su dicha Ó su pr como mas' adelante sedeclarará en este cuento. 1 0 BAGOASIOAS SLIELOO 20) Una esquela: amorosa oculta en un: ¡lindo .ramo'de: flores: elite jóven:otra de letra mas redonda y rasgueada que orto=. erafiwen la que sele confirmó «por escrito lo que ya le'habian: - anticipado' las:miradas de la doncella; 4: esta primera :esquela siguieror otra y otra y otra, cor.las'que acabaron de-confun- dirse:en uno aquellos dos:corazones, 6 segun la cuentista, de enredarse para siempre en: las ZarzaS pre amor ue son lasizar= zas nias: enredadoras: del mundo. ' sp 9d: zocoinilsas ep! Los: padres de María hacianse deca osea sin protejer iia ni'impedir de hecho el:crecimiento:de aquellasplanta que con tal esmero cultivaban aquellos dos jóvenes; pensando (y: 4-fé:.que cuerdamente) que, aún siendo el jóven pobrísimo en dinero, tenia en sus buenas prendas y en su amor al trabajo caudal «mas ic sobrado: ca id dal buena dote de la niña. | Pasados: algunos Meses, drnte lós da EOlRSN enamorados se quisieron mucho y.se lo dijeron cuantas veces pudieron, toda vez que hasta:tanto, segun la: jóven, no llegaban las prohibiciones del Evangelio, Maria indicó 4. su.amado' que Pidiese su mano á:sus padres, hizolo así: Casto saliendo; de «su empeño tan bien: y tan airoso como el Jector podrá haberse:calculádo. Obtenida esta licencia fué á.consultar á su padrino;,sobre la resolución que con, Maria tenia-concertada deunirse con: =—48 — ellaante los altares para el dia :del Purísimo Nombre: dijóle:su padrino, que no-podia casarse hasta tener cumplidos los:veibte años, desu: edad, y en:su vittud le aconsejó. esperar hasta que - el plazo:se: cumpliese. Muy mal:supo á la jóven: este: consejo, quebrantándose tanto en.susálud desde entorices qive «los médicos/llegaron á:vaticinar mal de su suerte sino seponia pronto y eficaz remedio al abatimiento. moral que la dominaba.:' Preciso;fué al jóven insistir de nuevo consu padrino para. que les consintiera casarse, y este, en vista de lascireunstancias, dióles permiso, pero imponiéndoles la condicion de que por bajo ningun concepto durmiese con su mujer ni la tocase á su cuerpo hasta tanto no cumpliese los: veinte años. Con gran regocijo. acojió la noticia esta vez. la purísima doncella á quien halagó sobre manera la idea de no dejar de serlo con el. nuevo lazo, «pues aunque: es verdad que ella:no sabia: que su «marido tenia.algo de santo, con cuya ignorancia cabe la sospecha “de los maliciosos te que no confiase:en el estricto cumplimiento de la: promesa, es. lo cierto también que: no hay primeriza tan ignorante que no conozca el teson de los varones que somos en cuanto á castidad, cuando firmemente:nos proponémos esta evangólica virtud, mas incorruptibleséimpecablesque las severas-estátuas de Lain:Calvo:y Nuño Rasura; des las: cuales ni aún las lenguas mas: murmuradoras y maldicientes osaron nunca decir que entornasen ó guiñasen los adustos:ojos 4: las lindas burgalesas que de contínuo las miran y sonrien: 0 Casarónse pues; nuestros enamorados y aunque él respe- to:la condicion impuesta, ella ¡niaún por esto! se mostrabatan satisfecha:como de tan: virtuosísimo: matrimonio podía 'presumirse, antes bien y sin: duda por loque hemos dado:«en llamar incomprensil:les misterios del,corazon humano, comenzó á:encelarse deaquel escrupuloso padrino 4:quien Castoiba'á visitar todas las noches, viejo:que:acaso 'acaso:y, aún ¡siendo tan:bne- =492=. no como su. marido lo pintaba, fuese el pretesto bajo el cual ocultaba este su verdaderamente admirable y prodigiosa fuerza de voluntad. ' Tenia María un tio coloradote: y en estremo bondadoso que la conoció desde niña y que la queria como á hijá propia: á este tio, á quien sus tareas religiosas dejaban mucho tiempo desocupado, encargó la niña vigilar la conducta de Casto quien. - la tenia cada dia mas recelosa y acongojada con sus contínuas salidas de por las noches. Avínose el buen sacerdote á tan caritativo papel y desde entonces comenzó á observar los pasos de Casto convenciéndose hasta la evidencia que eran de todo punto infundadas las dudas de su sobrina y que aquel no iba á otra parte que á casa de su padrino con quien pasaba las horas,muertas, como decirse suele, rezando y conversando.—Sé razonable dijo á su sobrina y reflexiona que el tiempo pasa muy pronto y ya está muy cercano el dia en que tu esposo no piense mas que en dedicarse completamente á tí. Conformábase la jóven, en cuanto era posible, con. estas razones, ocultando sus lágrimas delante de su marido, á quien idolatraba, y así, entre enjugarse los ojos y pedir noticias á su tio, corria - el tiempo y se acercaba el plazo fatal. Una pesada noche de verano, en que negras y densas nu- . bes encapotaban el cielo, amenazando tormenta, el servicial sacerdote, rebujado en los negros manteos y oculto en un estrecho portalillo, acechaba la morada del padrino de Casto: asi estaba hacia un rato cuando le vió salir agarrado del brazo de su ahijado: y llamándole la atencion aquella salida 4 tan desusada hora, determinó seguirlos recatándose con las sombras de los edificios y escondiéndose al doblar las esquinas. Puso por obra. su pensamiento,.creciendo por instantes Su estrañeza al ver á los nocturnos rondadores correr calles y 7 — 0 mas calles y atravesar callejones y plazas, y ya más de una vez, picado de miedecillo, que al fin su oficio más era de manso que de valiente, tuvo intenciones de retroceder en aquella rara aventura, y en más de una ocasion llegó á creer que el ruido de sus propias pisadas era rumor de gentes que le seguían y que las sombras cada vez más crecientes, que en las paredes se dibujaban, eran bultos de personas reales, malhechores sin duda, que venian á pedirle además de la bolsa, cuenta de aquel caritativo espionage, en que para daño . de sus culpas y por amor á su sobrina se habia metido. Hubiera realizado sin duda su prudente propósito 4 no haber visto á sus descuidados perseguidos entrar sin recelo aleuno en una iglesia que al paso se encontraba, sacó entonces fuerzas de flaqueza y alentado por lo sagrado del lugar penetró tras ellos en la confianza de que allí al menos nada habia que temer de brujas, duendes, ni demás gente de esta ralea, aunque algun escozor le quedaba todavía de tener que habérselas con séres mas córpóreos y macizos. Serenóse un tanto su ánimo al ver á Casto y 4 su padrino arrodillados junto al altar mayor dirigiendo sus preces al Altísimo, ante unos gruesos cirios cuya amortiguada luz que mas parecia arder que no alumbrar, hacian mas densas las sombras de aquel templo s0- litario sobre cuyas bóvedas amenazaban estallar las iras del cielo y se arremolinaban yá como fatal agúero, las apiñtadas mubes y caliginosos vapores de aquella oscura y tenebrosa noche. Estaba sin embargo de Dios que el pe. sacerdote nogo0- - zase de tranquilidad por mucho tiempo y que á un sobresalto sucediese otro sobresalto, y 4 un temor otro temor: diez minutos no | haría que arrodillado tambien cerca de la puerta rezaba por lo bajo una oracion, cuandó un horroroso trueno le obligó á cer- 2 ES ojos, persienándose apresuradamente. A Mayor fué su asombro al abrirlos de nuevo y creer distinguir sobre un lienzo mortuorio estendido en el centro de la iglesia un catafalco revestido de graves paños negros. y encima un banquillo á cuyos lados destacábanse informes dos bultos de siniestra catadura: vino: trocar su asombro en estupor un relámpago á cuya luz rojiza vió distintamente una escalerilla apoyada en aquel estraño tablado, ¿Casto subiendo por ella y á su padrino con los brazos estendidos mirando hácia lo alto con suplicante actitud. ¿Qué significaba todo aquello, qué. estraña ceremonia iba á verificarse en aquella Santa Iglesia miéntras dormian los moradores de la ciudad ó azorados y temblando cerraban las puertas y ventanas de sus viviendas, encendíenda precipitadamente religiosas luces á Santa Bárbara patrona de las tormentas y. de.los artilleros? No lo sabia. Pero la hora, el lugar, su mísmo eclesiástico carácter, aquel repentino cambio de decoracion, de,que en vano procuraba darse cuenta, y algo terrible, que sentia pesar sobre su cabeza, hacíanle ya mirar las esbeltas columnas que sostenian las bóvedas como si fuesen los gruesos, pesados y fatigantes pilares de las igleslas bizantinas que abruman el espiritu y agobian el corazon. En esta situacion de ánimo el reloj de la torre dió una... dos... tres... cuatro... cinco campanadas... hasta doce: con la dilatada vibracion dela última coincidió un efecto de luz que lengua humana no fuera osada á describir fielmente: el. interior del. templo minutos antes imponente y abrumador, ¡comenzó á reflejar delicado bello encunto, que siente el artista en presencia del monasterio de las Huelgas ú de cualquier otro monumento del arte románico: los objetos todos fueron distinguiéndose unos de otros, destacándose dulcemente y adquiriendo con aquella luz melancólica un leve movimien- to de vida: la blanca barba del padrino de Casto que ele- Vaba los ojos: al cielo en actitud reverente, la resignada fi- | =59= gura de aquel jóyen cristiano sentado en el banquillo dispuesto á morir, en cumplimiento de su síno ahorcado por dos hermosos angeles que ya se aprestaban á cenir'á su inocente cuello blanquisimo dogal, y la sacratísima imágen de la virgen que contemplaba' aquella escena tristísima por lo que representaba, y dulce por el género de luz que la iluminaba, hicieron al ya estupefacto sacerdote caer en un vértigo y sentir en su alma cosas que jamás acertó á esplicarse. Cuanto tiempo permaneció en aquel estado nunca lo supo, solo sí que llegó un momento en que nuevas y mas poderosas oleadas de luz fueron coloreando á los personajes de aquel drama ignorado; que comenzó á sentirse ese delicado ambiente en que se mue-- ven y respiran los santos de Murillo y que por último, cuando yalos angeles apretaban con sus dogales el inocente euello de la víctima y cubria á este palidez mortal, la vírgen irradió sobre su cabeza una aureola. resplandeciente estendiendo sobre ella un riquísimo manto cuajado de oro y perlas cuyo brillo deslumbrador traia involuntariamente á la memoria el fastuoso lujo de los Orientales: adelgazáronse entonces las columnas, eleváronse las elegantes bóvedas y rasgándose el templo como por un efecto de fantasmagoría, vióse á la virgen ascender á los cielos: el sol, rompiendo entonces las nieblas de la mañana y descomponiéndose en las pintadas vidrieras de aquella ojival capilla en miles.de colores, trajo al sacerdote el sentimiento de la realidad. Habíase cumplido el sóno de una criatura y habia lucido un nuevo dia: la virgen y “los angeles, Casto y su padrino y el catafalco y el paño mortuorio todo todo habia desaparecido. Los gritos de los vendedores en las calles trajeron á la mente del sacerdote la: idea de que era ya necesario abandonar la iglesia; hízolo así y el airecillo fresco de la madrugada y lo mojado del piso obligáronle á aligerar el paso y á retirar- == se á su casa á descansar de las distintas y contínuas emociones de aquella noche. Punto creí que pondria aquí la cuentista á su largo cuen- to, pero como aún no llevaba trazas de concluir me fué imposible resistir á la tentacion de preguntarla si á Casto lo ahorcaron por fin ó no le ahorcaron antes de la aparicion de la virgen y si lo que vió el sacerdote fué ilusion de su turbada mente 0 fué efectivamente realidad. —Si señor fué realidad, me contestó: á Casto lo ahorcaron porque ese era $u sino, solo que no murió; pero para saber esto y algunas cosas mas preciso será que me presteis paciencia por algunos minutos. po | Continúe V. Pues señor, como decia á V. de mi cuento que por lo largo, segun parece, ya le vá cansando, nuestro héroe aunqué fué ahorcado no murió porque la virgen despues de estender sobre él su rico manto ordenó á los ángeles que le descubriesen y desatasen los cordeles que ceñian su resignado cuello: María en tanto que aunque no estaba en los pormenores del séno sabia que aquella noche terminaba. la forzosa y prolongada cuaresma á que el padrino los habia condenado, esperaba á su marido con mas impaciencia que de costumbre, impaciencia nacida por un lado del temor de (ue le hubiese ocurrido alguna desgracia y por otro ¿porqué no decirlo? de recelos de tanta devocion y padrinazgo á horas tan avanzadas de la noche. Inútilmente procuraba dis- - traer sus dolores arreglando los preparativos del viaje que con su esposo tenia concertado para el dia siguiente al en que cumpliese aquel veinte años y espirase el plazo fatal: con' las horas que trascurrian crecian sus: amarguras y des- Consuelo hasta el punto que, cuando desechada la tormenta y alboreando el dia, vió entrar á su marido sano y salvo acompañado del anciano, cayó en.sus brazos hecha una Magdalena de lágrimas —No llores María y enjuga para siempre esos hermosos ojos: ya soy enteramente tuyo y no tenemos que pensar mas que en despedirnos de tus padres é irá ver á los mios que lloran por nosotros ansiando el momento de estrecharnos contra su pecho.—¿Pero dónde has estado? ¿acaso :otra mujer....? Casto y el padrino contaron entonces á María todo lo ocurrido en aquella lóbrega noche, con gran admiracion de esta. que vió desde aquel momento. á su esposo :como á un ángel del cielo y le pidió perdon de sus dudas y de sus desconfianzas. A esta escena tan conyugal como era posible, dada la venerable presencia del padrino, sucedió otra no menos tierna. en que se despidieron de los comerciantes y emprendieron la marcha para el pueblo de Casto. | | | ( Sin incidente que sea de referir continuaron nuestros 4res viajeros hasta que. llegados á la .fuente donde se reunieron«por primera vez .el jóven y el padrino, propuso este á los «esposos quese. apearan «de los caballerías para despedirse alli. de ellos y llevará sefecto.lo que hacia dos años habia convenido con Casto en «aquel «mismo sitio. Apeados y dejando á.los caballos:pacer la abundante yerba, sentáronse los tres caminantes y el:-anciano dirijiéndose á su ahijado dijo con la. misma voz:solemne con que pidió la limosna: ou: Aquí nos reunimos y aquí - nos” hemos de separar, réstate 4: tí ahora cumplir la promesa que me biciste de.partirlo todo conmigo «el dia que por cualquier circunstancia tuviésemos que «separarnos: tú estás casado: yo aún no he terminado mi peregrinacion: preciso esque te abandone: preciso esque cumplas tu promesa. -:=No la mitad, sino todo loque poseemos os lo daremos con gusto, dijo timidamente la doncella. —Padre mio no os separeis de nosotros, en María y. en mi tendreis dos amorosos hijos que os cuidarán 'en vuestra ancianidad, dijo Casto. No hijo mio; el casado casa quiere, en ella mi presencia seria importunia, además un deber de que no puedo prescindir me obliga á abandonarte: antes sin embargo tengo que pedirte un horrible sacrificio: es necesario que 'consientas que con esta espada, añadió sacando una que llevaba oculta en su traje, divida á María en dos iguales partes, ya: que compartirlo todo fué el pacto, ' que hiciste” pa á: la orilla de esta misma fuente. —Hágase tu voluntad Dios Todopoderoso, dijo Casto, elevando los ojos al cieló mientras el padrino levantaba la airada espada sobre la purisima cabeza de María. —No, Casto: no temas: tu sino está cumplido, añora he conocido que temés d Dios: véte con tu mujer y goza de la felicidad que es posible'en la tierra; yo soy el santo á quier tú tanto rezabas cuando niño; yo soy San Antonio. Mientras el “anciano pronunciaba estas palabras transformábase por momentos su figura y rodeado de una aureola de luz divina, ascendia á los cielos á la vista de Casto y de María que postrados de hinojos CERA oir” uma música yenciosA y celéstial... Alejado San Antonio, único personaje que A Prost á este cuento cierto tintécillo de divino , las cosas' sucedieron como suelen suceder en este mundo infame. 'Casto que por primera vez vió á María con ojos de marido púsose de travieso insoportable, porlo que la inocente niña se creyó en la necesidad de huiriá nn sitio retirado y sombrío dónde se ocultó, pero tal fué'su desgracia que Casto dió con ella á los poco momentos y reparando en lo ameno y aparente del lugar y encontrándola fatigadita de correr descansando sobre un