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Historia del mal

Choza Armenta, Jacinto Luis

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HISTORIA DEL MAL THÉMATA SEVILLA 2022 JACINTO CHOZA HISTORIA DEL MAL Título: Historia del mal Primera edición: abril de 2022 © Jacinto Choza © Editorial Thémata 2022. Editorial thémata C/ Antonio Susillo, 6. Valencina de la Concepción 41907 Sevilla, ESPAÑA TIf: (34) 955 720 289 E–mail: [email protected] Web: www.themata.net Imagen de cubierta: El Bosco, El jardín de las delicias (fragmento) Diseño de cuibierta: JGM Maquetación y Corrección: MPP y ICM. ISBN: 978-84-123136-4-2 DL: SE 425-2021 Imprime: Masquelibros (Jaén) Impreso en España • Printed in Spain Reservados todos los derechos exclusivos de edición para Editorial Thémata. El contenido de esta obra está protegido por la Ley, que establece penas de prisión y/o multas, además de las correspondientes indemnizaciones por daños y perjuicios a cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública y transformación, total o parcial, de esta obra sin contar con la autorización escrita de los titulares del Copyright. A Ananí, mi mujer. A Irene, mi hija. A Javier Hernández-Pacheco, In memoriam. A todos los que piensan de otra manera, porque ayudan a pensar y sus pensamientos son respuestas válidas a la pregunta evangélica: “y vosotros, ¿quién decís que soy yo?” «Y es justo que estemos agradecidos no solo a aquellos cuyas opiniones podemos compartir, sino también a los que se han expresado más superficialmente. Pues también estos contribuyeron con algo, ya que desarrollaron nuestra facultad de pensar». Aristóteles, Metafísica, II, 1, 993b 12-15. «Créame, amigo mío, el error también tiene su mérito». Voltaire. — 16 — y para estudiarlos empezaba por el Big Bang, o bien por las especies del género homo. Y así he realizado también este estudio sobre el mal. A lo largo de la investigación, me he convencido de que el bien y el mal, en la historia de la especie humana, se dan en proceso de incremento constante, a tenor del desarrollo del hombre, según van adquiriendo protagonismo sucesivamente, en el individuo y en la especie, la sensibilidad, la imaginación, el intelecto y el centro mismo del espíritu. El hombre como individuo y como especie, en la vida personal y en la historia, desarrolla desde su inicio un proceso de “crecimiento hacia sí mismo y el acto”, como dice Aristóteles. Ese crecimiento se describe desde los puntos de vista de los diversos saberes, especialmente la teología, la filosofía, la psicología, la antropología, la sociología y la historia. Las etapas en el crecimiento hacia sí mismo y el acto son etapas de la redención, de la autoconciencia, de la libertad, de la responsabilidad, etc., que obviamente se corresponden con etapas de la inocencia originaria, la caída, el pecado, el mal y la salvación, tanto en sentido teológico como en sentido secular. Casi no es preciso aclarar que, en este estudio, estos términos están tomados en sentido secular, dado que se realiza desde el punto de vista de la filosofía de la cultura. En el Paleolítico y el Neolítico el mal se vive, se padece y se remedia, sin elaboraciones intelectuales, mediante ritos. En el léxico primitivo existen las palabras espíritu, cuerpo, alma, mal, pecado, muerte y felicidad celestial, y los diferentes ritos se llevan a cabo en referencia a esas dimensiones del ser humano. En el Paleolítico y la neolitización, los binomios conceptuales materia/espíritu, terreno/celestial, todavía no tienen el sentido y la vigencia que adquieren en los seis mil años comprendidos entre el Calcolítico y el final de la época histórica. El Calcolítico y la época histórica son los periodos de esa civilización cuya fundación se debe al héroe por excelencia, — 17 — Hércules. A partir del Neolítico, a partir de los trabajos de Hércules, el medio natural de los cazadores recolectores, compuesto por los bosques, las estepas, los animales y los astros del cielo nocturno, queda sistematizado y organizado en cuatro elementos, tierra, aire, agua y fuego. En el Calcolítico se inicia la reflexión sobre los términos que designan las dimensiones y capacidades del hombre, y la elaboración teórica de su significado y su función en la existencia humana. Es cuando el intelecto empieza a estar dado para sí mismo. Primero está dado para sí mismo en sus expresiones, en la escritura y la matemática, y se reelaboran los relatos sencillos de origen neolíticos, en versiones imaginativas más complejas, en mitos. Entonces empieza la diversificación de las esferas de la cultura y las de la religión, la diferenciación del culto, la moral y el dogma. Entonces empiezan también a hacerse más acusadas las diferencias culturales entre las religiones. Y entonces empieza la reflexión y la elaboración teórica sobre el mal. El mal como problema, su origen y su sentido, es un tema típicamente calcolítico y de la época histórica, y absorbe la mente humana desde el cuarto milenio AdC hasta el siglo XX. La elaboración de ese problema, su comprensión y sus interpretaciones, son determinantes para la aparición y elaboración de binomios conceptuales claves en la cultura occidental como los de inocencia/pecado, espíritu/materia, inmortalidad/muerte, salvación/ condenación, eternidad/temporalidad. En el tiempo heráclida, la vida y la muerte de los hombres está ubicada en la tierra y el agua, y mediada y separada por ambas. La tierra y el agua determinan, con la amplitud y el ritmo de sus procesos, la acción, la producción, la reproducción y la comunicación humana, y el mal es una modalidad de eso procesos. En la Antigüedad, en la era Axial, el intelecto empieza a estar dado para sí mismo, no sólo en sus expresiones, sino en sí mismo y en su fundamento, y empieza la mística y la oración de unión con lo sagrado en la intimidad. — 18 — En la Antigüedad el mal se enfoca más bien desde el punto de vista del castigo, de la pena y la expiación por la falta cometida, que de algún modo restituye la justicia. Así aparece en la tragedia griega y en el Antiguo Testamento judeocristiano. En la Modernidad se enfoca como un momento o una etapa quizá necesaria, que requiere el sacrificio de algunos, para alcanzar la liberación y salvación de todos. Desde el punto de vista existencial, de la persona singular, el mal se percibe, tanto en la Antigüedad como en la Modernidad, como un misterio que se resiste a la racionalización en términos de culpa, expiación y restablecimiento de la justicia. En la Antigüedad, el misterio incomprensible del mal se vincula al misterio incomprensible de la misericordia de Dios en el libro de Job. Después de la Modernidad, tras la universalización de las libertades individuales y el despliegue del punto de vista existencial, el mal y el sufrimiento se absolutizan, y quedan referidos al misterio de la desesperación en la obra de los maestros ateos (Albert Camus, Jean Paul Sartre y otros), o bien quedan referidos al misterio de la misericordia divina en la obra de los maestros de la esperanza (bien maestros religiosos, teólogos o literatos, como Charles Péguy, Paul Claudel, Rilke, Cesar Vallejo y otros). En la era digital operan otros esquemas y otras categorías. La mente de la era digital está fuera de la determinación cognoscitiva del paradigma calcolítico. Por eso comprende el mal, el pecado y la muerte de otro modo, y necesita reescribir e interpretar esos acontecimientos desde su propio y nuevo punto de vista. En la era digital, aunque la vida de los hombres sigue estando ubicada en la tierra y el agua, y mediada y separada por ambas, está también mediada y separada por el aire y el fuego (la luz, las ondas electromagnéticas, etc.). En un medio de esas características la comunicación es instantánea, y la acción, la producción y la replicación, también. — 19 — La infraestructura del mundo digital es diferente de la del mundo heraclida. El cambio de una habitual duración a una habitual instantaneidad altera de modo directo e inmediato los binomios espíritu/materia, eternidad/temporalidad y, de modo indirecto, en cuanto a la comprensión, los binomios inmortalidad/muerte, salvación/condenación, y los binomios historia/escatología y otros. El mal y la muerte aparecen de modo diferente en un mundo mediado por la tierra y el agua y en un mundo mediado por el aire y el fuego. La instantaneidad es el tiempo del mundo, de la comunicación y la acción, en la era digital. Así es el mundo del internet de las cosas y también el mundo de la magia y el de los espíritus puros, el de los serafines y querubines babilonios, el de los ángeles hebreos, el de los dioses griegos, el de los arcángeles cristianos y el de los ángeles islámicos. Esta historia del mal se divide básicamente en cuatro etapas, una anterior al periodo heráclida, o sea el Paleolítico, dos del periodo heraclida, que son el Calcolítico y la época histórica, y otra posterior al periodo heraclida, que es la era digital. Las cuatro etapas en que se divide esta historia del mal, están en correlación con el protagonismo y la hegemonía, en esos periodos, de determinadas capacidades humanas, como se ha dicho. Por eso hay una cierta correlación entre los periodos de desarrollo de la especie humana y las etapas de la existencia individual o edades de la vida. En el caso de los niños antes del uso de razón, que viven de los sentidos y para ellos, y que exploran el mundo desde la inocencia, el mal tiene un sentido, de algún modo análogo, al que tiene en el Paleolítico. Para los adolescentes antes de la mayoría de edad, que viven de los sueños y de la imaginación, y que están aprendiendo a organizar y disciplinar su vida, el mal tiene otro sentido, reconocido por los códigos penales, de algún modo análogo al que tiene en el Neolítico. — 20 — Para los mayores de edad y los hombres maduros, que viven de la reflexión, las elecciones y los compromisos, el mal tiene otro sentido, de algún modo análogo al que tiene en el Calcolítico y en la época histórica. Para los ancianos y retirados, que viven en la totalidad simultanea de una vida ya vivida y recogida en el recuerdo, el mal tiene otro sentido, en alguna medida análogo al que tiene en la era digital. Entonces el mal no se percibe en el presente, o no existe en el presente, en cierta manera. Acaso el mal se muestra entonces como enfermedad, más que como responsabilidad. En ese caso el mal, como resultado de la acción responsable, pertenece al pasado. Durante la redacción de este texto he tenido conversaciones sobre algunos de los problemas tratados con Higinio Marín, de la Universidad CEU Cardenal Herrera de Elche (Alicante). Han leído algunos capítulos Jacobo Negueruela, de la misma universidad, Pau Arnau Paltor, de la Universidad Internacional de Valencia, y Ananí Gutiérrez Aguilar, de la Universidad Nacional de San Agustín de Arequipa, Perú. Les quedo muy agradecido por sus observaciones, su ánimo y su compañía. La edición del texto ha estado al cuidado de Santiago García Acuña, de la Universidad San Dámaso de Madrid, que ha realizado un trabajo esmerado, ha hecho valiosas sugerencias para mejorar la calidad y la claridad de la redacción, y también interesantes observaciones al contenido. Le quedo muy agradecido por su tarea. Durante este tiempo de confinamiento debido a la pandemia del Covid-19, he vivido el dolor y la muerte de mi amigo Javier Hernández-Pacheco, y he experimentado también el ánimo y la compañía de mi mujer, Ananí, y de mi hija, Irene. Quiero darles las gracias aquí a todos ellos y dejar constancia de lo mucho que valoro su ayuda y su aliento. Sevilla, 17 de noviembre de 2020. — 21 — CAPÍTULO I ANTROPOLOGÍA DE LA VIDA, LA MUERTE Y LOS ESPÍRITUS § 1.- Vida originaria y tipos de vida § 2.- La fuerza inteligente y la vida de los vivientes § 3.- Animismo universal. Vivientes minerales, vegetales y animales § 4.- El animismo precolombino y el “espíritu” en Oriente Medio. El mal § 5.- Muerte, léxico antropológico primitivo y estructura de la subjetividad § 6.- Unidad de los poderes cósmicos. Males prehistóricos y contemporáneos § 1.- Vida originaria y tipos de vida Los hombres de la cultura occidental contemporánea describen el ciclo biológico de los organismos vivientes, de animales y plantas, según las fases de nacer, crecer, reproducirse y morir. El ciclo de la vida biográfica de los seres humanos lo describen en los mismos términos. Los primeros grupos de la especie humana, quizá desde el Paleolítico, y hasta bien entrada la época histórica, en cambio, describen ese ciclo de la vida biográfica según las fases de creación e inocencia, lucha por la supervivencia entre amenazas y auxilios, muerte, y vida eterna feliz. Generalmente el ciclo — 22 — biológico queda englobado en el ciclo histórico biográfico, como un momento particular[1]. Para el sentido común de la cultura occidental del siglo XXI, en que la interpretación pública de la realidad se encuentra bajo la hegemonía de la ciencia moderna, resulta más “natural” el ciclo biológico, pero en épocas anteriores resulta más obvio el ciclo biográfico terreno-celestial. Los relatos de los cazadores recolectores, y probablemente todos los relatos paleolíticos, refieren unos rituales en los que se describe la vida en tres momentos: 1) generación a partir de un poder sagrado primordial (simbolizado todavía en algunas culturas por un animal, por ejemplo “la cigüeña”), 2) vida terrena y lucha por la supervivencia, y 3) muerte y retorno a una vida eterna feliz con el poder sagrado primordial. Quizá fuera esta también la visión de los neandertales y la de otras especies del género homo[2]. Estos tres momentos están diferenciados entre sí, y separados por barreras transitables. La vida que pasa de un momento a otro es la misma, y el tránsito no es especialmente problemático, excepto en el caso de las almas en pena, que tienen que ser reconducidas por el chamán a su descanso. En el proceso de neolitización, las primeras sociedades sedentarias van diferenciando las fases de la vida en cuatro momentos, en correlación con el desarrollo y consolidación de la agricultura y la ganadería, por una parte, y de la imaginación humana, por otra. En Occidente estas fases son 1) creación, a veces imaginada mediante metáforas de la alfarería, a partir del barro, 2) caída y culpa originaria, 3) vida terrena y lucha por la supervivencia [1] La primera versión de este capítulo apareció como artículo: J. Choza - a. GutiérrEz aGuilar, “Antropología del pecado, la muerte y los espíritus”, en Thémata. Revista de Filosofía 60 (2019) 133-151. Agradezco a Ananí Gutiérrez Aguilar su autorización para modificarlo y reproducirlo aquí. [2] r. PiGEaud - é. lE BrunE, Néandertal versus Cro-Magnon (Éditions Ouest-France, 2019); J.-L. lE QuEllEC - B. SErGEnt, Dictionnaire critique de mythologie (Éditions du CNRS, 2017). — 23 — contra los enemigos, y 4) muerte y felicidad eterna. Estos cuatro momentos están diferenciados y separados por barreras que siguen siendo transitables. Durante la formación y consolidación de las sociedades estatales, en el Calcolítico, se van diferenciando con nitidez esos cuatro momentos. 1) En el primero, momento de la creación, los relatos describen más minuciosamente los rasgos propios de la divinidad. 2) En el segundo momento, aportan más detalles sobre el origen del mal y de la muerte. 3) En el tercer momento de la vida terrena, ya con la presencia y efectos del mal, se añade más información sobre la expulsión del paraíso y lucha entre el bien y el mal. 4) En el cuarto momento, el de la salvación, se registran cada vez descripciones más precisas. Todo ello en correlación con el despliegue de la sociedad urbana, en el marco de la emergencia y consolidación del lenguaje ordinario o lenguaje natural[3]. Cuando en el Calcolítico aparecen las sociedades estatales complejas, el lenguaje ordinario y la escritura, empieza a darse una división del trabajo civil y del ejercicio sacerdotal. Entonces los chamanes recitan y conmemoran, para todos, sus recuerdos de la comunidad en la época en que vivían de la caza y la recolección, y de la época en que probaban y tanteaban asentamientos. En esa tarea rememorativa, los chamanes son auxiliados por los sacerdotes y los aedos, que son figuras surgidas en ese tipo de sociedades para esos y otros menesteres religiosos, y que expresan la actualización de capacidades de la psique humana hasta entonces inéditas. [3] Se tienen en cuenta en esta exposición las formas de la religión descritas en los volúmenes de la filosofía de la religión de Choza, J., El culto originario: la religión paleolítica, (CORP), (Thémata, Sevilla 2016); La moral originaria: la religión neolítica, (MORN), (Thémata, Sevilla 2017), La revelación originaria: la religión de la Edad de los Metales, (ROREM), (Thémata, Sevilla 2018), La oración originaria: la religión de la Antigüedad, (OORA), (Thémata, Sevilla 2019) y Religión oficial y religión personal en la época histórica, (RORPEH), (Thémata, Sevilla 2020). — 24 — Cantan primero, y recitan y escriben después, los recuerdos sobre la búsqueda angustiosa de nuevos modos de vida y de supervivencia, y los recuerdos sobre la llegada a unos nuevos territorios conquistados mediante la guerra, donde pueden vivir a salvo del hambre, de la muerte y de los combates, es decir, de los males, para los cuales todavía no hay un nombre genérico que pueda describirse lingüísticamente como sustantivo, masculino y singular. Estos recuerdos son idealizados desde la nueva situación de paz y orden, y referidos a una infancia y una vida felices, en un jardín primordial o paraíso. La palabra “paraíso” viene del latín paradisus, del griego parádeisos(παράδεισος), del antiguo iranio y del proto-iranio parādaiĵah, “recinto amurallado”, de donde en antiguo persa p-r-d-y-d-a-m /paridaidam/, y en avestanio pairi-daêza. En la antiguo Persia “paraíso” significa, jardín y, más en concreto, recinto de caza reservado al rey[4]. Como dice Vico, el paraíso/edad dorada se construye realmente, y, al mismo tiempo, se elabora el relato de cómo se construye y era en el principio. Los recuerdos se elaboran y los cantos se recitan remodelando una y otra vez los rasgos de una edad dorada o un paraíso, una época y un lugar, un tiempo y un espacio, que se tuvo que abandonar y se perdió. La salida del paraíso se expresa unas veces como simple salida a buscar alimentos, otras como fuga, otras como expulsión, y a veces se relaciona con acciones erróneas o poco respetuosas con la tierra o con el cielo, en cualquiera de los dos casos, poco respetuosas con la divinidad. Después de la edad dorada y la expulsión se recuerdan las peregrinaciones y las luchas por un territorio. Ese es el contenido y la elaboración de la memoria épica humana, edad dorada y paraíso, en primer lugar, y salida, peregrinación y guerras en [4] R. S. P. BEEkES, Etymological Dictionary of Greek (Brill, 2009) 1151, «Online Etymology Dictionary»: https://www.britannica.com/topic/paradise-religion. Entrada: 6 octubre 2014. El término “Paraíso” tiene un significado análogo en árabe antiguo, hebreo antiguo y otras lenguas del Próximo Oriente. Cf. https://en.wikipedia.org/wiki/Paradise. — 25 — segundo lugar. Esos dos momentos, en la posterior elaboración moderna de la historia, se describen como Paleolítico y Neolítico, y el periodo en que se elaboran una y otra vez y se escriben, se designa como Edad de los Metales o de las sociedades estatales complejas. Esas dos grandes etapas, se encuentran en esos primeros relatos reelaborados en el Calcolítico, en la calma de la ciudad, del orden estatal y de la división del trabajo, que permiten paz y sosiego a chamanes, sacerdotes y aedos. Así los aprecia la interpretación de los textos del Mahabarata hindú, el Enuma Elish Babilonio, la Biblia hebrea, la Iliada homérica, los ciclos mitológicos egipcios, el Popol Vuh maya, y de otras colecciones de los versos más antiguos[5]. Cuando se componen y se reúnen esas primeras historias sagradas de los primeros pueblos, y a la vez, se desarrolla la construcción, la geometría y la astronomía, se descubren el tiempo sideral y la eternidad, y empieza a roturarse el mundo objetivo, el mundo eidético o el mundo ideal, concebido por el hombre mediante conceptos y sabido por él intelectualmente, según el “logos”. El intelecto, el Nous, ha madurado en el seno de la imaginación neolítica y hace eclosión. Entonces se descubre un nuevo sentido del tiempo y de la muerte desconocido anteriormente, a saber, la eternidad y la muerte eterna. A partir del Calcolítico las cuatro etapas en que se desglosa la vida empiezan a estar separadas por barreras insuperables, las características de la vida en cada una de ellas empiezan a diferenciarse neta y profundamente, y pasan a ser descubiertas y analizadas en exploraciones y aventuras muy heterogéneas. [5] Una comparación muy hipotética y sugerente de estos libros sagrados entre sí puede verse en: F. L. ValiEntE ContrEraS, Popol-Vuh. O libro del consejo de los indios Quichés (Edición del autor, Nicaragua 2013): https://circuloliterarioaqoya.files.wordpress.com/2017/07/el-popol-vuh-ensayo-de-fredy-leonel-valiente-contreras.pdf); cf. Id., Popol-Vuh. O libro del consejo de los indios Quichés (FCE, México, 1993), estudio introductorio de Adrián Recinos. — 32 — que posteriormente son representados como enanos que sirven al dios mayor. El dios Tlaloc aglutina numerosas fuerzas telúricas, lluvias, ríos y lagos, por una parte, y también siderales, rayos, truenos y vendavales, que traen beneficios y perjuicios a los hombres aleatoriamente, independientemente de su conducta moral, pero que ellos pueden propiciar y aplacar. Entre los indios de la península de Yucatán, el Popol Vuh dedica numerosos capítulos de la segunda parte a la lucha y colaboración entre las plantas, los animales y los hombres, todos los cuales tienen a veces carácter divino y comparten el mismo mundo y la misma lengua, o al menos el mismo medio de comunicación[16]. En los andes peruanos, el Manuscrito de Huarochiri, el Popol Vuh de la cultura quechua, cuenta la historia de los animales que, alternativamente, le ayudan o no al Dios Viracocha a encontrar a su mujer hermana, a saber, el cóndor, el puma y el halcón, sí le ayudan, y el zorrino, el zorro, y el loro, no lo hacen[17]. El Manuscrito de Huarochiri, a lo largo de sus 31 capítulos, registra numerosas ocasiones en que la divinidad suprema, o una divinidad particular, convoca a las “huacas”, para asambleas, tareas y misiones, de un modo análogo a como en el Apocalipsis de Juan se convocan a las siete iglesias de Asia (Apocalipsis 2, 1-29 y 3, 1-22). Un modo que, por lo demás, también tiene analogía con el procedimiento del consejo de Seguridad de la ONU para convocar a Francia, Reino Unido, etc. [16] Aunque el Popol Vuh y el Manuscrito de Huarochiri no son textos reelaborados, y con sus capítulos agrupados y reagrupados diversamente, tantas veces como el Enuma Elish o el Génesis, la segunda parte del Popol Vuh podría decirse que corresponde al periodo de semi-nomadismo y pre-asentamiento del Neolítico de Oriente Medio, anterior al estado de civilización o de sociedades estatales urbanas complejas. [17] Hombres y dioses de Huarochirí, texto Quéchua y traducción al castellano (Instituto de Estudios Peruanos, Lima 2008) cap. 2. — 33 — La “huaca” preincaica, y la “huaca” incaica, es una fuerza viviente o un espíritu que designa, a la vez, un lugar geográfico, que puede ser un monte, una comunidad, y un viviente singular, que es a la vez “material”, “moral” y “espiritual”[18]. En todos los relatos de las culturas nómadas y seminómadas americanas la vida es un ciclo de inocencia, caída, lucha entre bien/mal y salvación, pero esas fases no están tan diferenciadas, ni tan precisamente descritas en los relatos, como lo están en los relatos de las primeras sociedades estales de Oriente Medio. La vida y la muerte, el mundo de este lado y el del otro, son transitables sin especiales problemas ni traumas. Sahagún refiere que los difuntos pueden habitar el infierno, el paraíso y el cielo, sin dolor ni sufrimiento, y reunirse con los vivos con la misma naturalidad con que lo hacen los antiguos griegos en la fiesta de la Antesteria, los antiguos celtas en el Halloween, y los actuales mexicanos en el Día de muertos[19]. § 4.- El animismo precolombino y el “espíritu” en Oriente Medio. El mal La sociedad azteca parece más compleja, más organizada, y más urbana, que la incaica y la maya, y las descripciones que hace Sahagún de ella, en algunos aspectos, no difieren de las descripciones históricas y sociológicas de las ciudades de Castilla del siglo XVI. Pero aun así, los relatos aztecas no tienen debajo o detrás el soporte de una cultura más compleja, es decir, no están acogidos, elaborados y reelaborados, por sociedades de una historia milenaria, y tan complejas como son las del Oriente Medio en la Antigüedad. Sus textos no están recogidos, interpretados y [18] Ibid., cap. 23, 30-31. [19] Cf. SahaGún, Historia general de las cosas de la Nueva España, apéndice al lib. III; cf. lóPEz auStin, alFrEdo, Etnología del Istmo Veracruzano (UNAM, México 1983). — 34 — transmitidos una y otra vez, y por estudiosos como Filón de Alejandría, Orígenes o Proclo. Ese soporte transmisor les da una mayor densidad a los textos sagrados Medio-orientales. Mayor densidad quiere decir mayor cantidad de interpolaciones y de excursos, mayor número de versiones y de transmisiones, y, por eso, mayor número de interpretaciones pertenecientes a momentos culturales posteriores más complejos. Por otra parte, Dioses y hombres de Huarochirí, el Popol Vuh, y la Historia General, relatan acontecimientos contemporáneos al informante que los transmite y al letrado que los escribe. Es decir, en el siglo XVI, los incas, los mayas y los mexicas han constituido el estado y han alcanzado el monopolio de la violencia legítima, pero no han descubierto el bronce ni el hierro como materiales de construcción de viviendas y de armas, no han descubierto la muerte eterna, continúan realizando con toda normalidad los sacrificios humanos (que también son práctica generalizada en el Neolítico de Oriente Medio) y no han descubierto de un modo completo la relación entre conducta terrena y tipo de vida ultraterrena. Es decir, las culturas precolombinas padecen numerosos males y saben cómo remediarlos, pero no han descubierto el mal. Los sacrificios humanos, desde el punto de vista de los pueblos precolombinos que lo practican, no son una forma del mal, sino un modo de contrarrestarlo y de superarlo, pues ese es el sentido general del sacrificio. Así lo interpreta, por lo demás, Las Casas, cuando defiende a los indios de cometer “atrocidades”: hacen lo mismo que los cristianos cuando celebran el sacramento de la eucaristía, es decir, el sacrificio de la muerte de Cristo en la cruz. El periodo americano equivalente del Calcolítico afroasiático conserva numerosos rasgos neolíticos: Sahagún dice que — 35 — Uitzilupuchtli es el nombre con que los mexicas designan a Hércules[20]. Por otra parte, el Viracocha inca realiza también las hazañas que en Oriente Medio se atribuye al mismo héroe y a sus homólogos, a saber, la domesticación de plantas y animales, el regadío, la navegación, la fundación de ciudades, etc., es decir, los desarrollos sociales y organizativos pertenecientes al Neolítico. El Oriente Medio ha vivido una experiencia de la muerte con una intensidad y un traumatismo que no se encuentra en América y quizá tampoco en África ni en Asia, y, correlativamente, ha vivido una experiencia del dolor y el sufrimiento que parece no darse en los otros continentes. Es decir, las sociedades de Oriente Medio han descubierto el mal. Como contrapartida, los relatos americanos tienen una ingenuidad, una frescura y una proximidad al comienzo cronológico y ontológico, que resulta más difícil recuperar en los relatos del Oriente Medio. La ciencia precolombina está al mismo nivel que la del Oriente Medio, y eso es lo que se puede percibir cuando se comparan la matemática, la astronomía, la medicina, la botánica, la astrología y la ingeniería de cada uno ellos, al menos la de los incas y aztecas con la de los babilonios y egipcios. Por lo que se refiere a las “humanidades”, el derecho, la moral privada y la pública, la historia, los juegos y el deporte, la poesía y la composición de himnos, los pueblos afroasiáticos y los precolombinos también parecen estar al mismo nivel. Pero parecen no estarlo en gramática y lingüística, y, a pesar de los argumentos de Las Casas, o más bien precisamente por ellos, puede decirse que no lo están en religión. Las culturas precolombinas no están al mismo nivel que las de Oriente Medio, [20] Cf. ibid., lib. I, cap. 1; lib. II, cap. 9. Sahagún dice que es Hércules, y que es dios de la guerra. Se le atribuye la fundación de México-Tenochtitlan y es hermano de la serpiente emplumada Quetzalcoatl. En general, Sahagún dedica el libro I a establecer las correspondencias entre los principales dioses mexicas y los dioses griegos calcolíticos, Venus, Ceres, Juno, etc. Cf. ROREM, §§ 33-40. — 36 — en lo que se refiere a reelaboración de los mitos de identificación de los dioses con los hombres, en la soteriología y la escatología, en el desarrollo de la mística y la teúrgia, y en su experiencia y comprensión del mal. En los individuos de las sociedades estatales precolombinas parece haberse actualizado el intelecto discursivo, el nous, en el mismo grado en que se actualiza en los hindúes, sumerios, babilonios y egipcios. Pero no parece haberse actualizado esa parte del intelecto espiritual mediante la que acontece la experiencia mística, que los Oráculos caldeos llaman “la flor del intelecto”, y Plotino el “intelecto amoroso” (nous erón), y que describen a su vez como una parte de lo que Aristóteles llama “intelecto agente”[21]. En último término, en las culturas precolombinas parece no haberse descubierto esa identidad sustancial individual, cuya aniquilación es vivenciada como el mal por Gilgamesh, por los egipcios a partir del Imperio Antiguo, y por sus herederos culturales hasta Kierkegaard y Unamuno. § 5.- Muerte, léxico antropológico primitivo y estructura de la subjetividad El ser humano es una unidad, un viviente unitario. En el principio era el cuerpo en movimiento, y así aparece en las experiencias y expresiones más primitivas[22]. Una parte de ese ser humano corpóreo es un principio que le hace moverse, actuar, y, en general, vivir. Los hombres de las tribus de cazadores recolectores saben que hay un momento a partir del cual ese hombre ya no realizará más esas actividades. Es la muerte, y saben que [21] Cf. OORA, § 84. [22] G. raGazzi, “La danza perpetua. Gesto, spazio sacro, rappresentazione e linguaggio nell’arte rupestre della Valcamonica”, en The Importance of Place. The Site, the Message, the Spirit (Symposium ’92, Valcamonica 1992) 76-85. — 37 — el principio que le hacía vivir ya no está allí, en el cuerpo, y el cuerpo queda inerte, inanimado[23]. La experiencia de la muerte no es la experiencia de que al viviente se le amputa el cuerpo o de que al cuerpo se le amputa otra cosa. Es una experiencia que se describe como el cambio de piel de las serpientes, como la experiencia de un sueño del que no se despierta, como el resultado de una especie de juego de adivinanzas en el que se comete un error, y de otras maneras análogas[24]. El cuerpo se vuelve inerte, inanimado, se seca, se desbarata, y hay alguna otra cosa que continua con otro tipo de actividad. Esa otra cosa recibe en las diferentes culturas un nombre, que se suele traducir a las lenguas europeas actuales por “alma” o por “espíritu”, a veces indistintamente. El léxico antropológico, las palabras que designan las actividades, las partes y las capacidades del hombre, lo que le acontece, y los efectos de otras realidades sobre él, emergen en la vida cotidiana justamente para designar lo que hace y lo que le pasa. Por eso el significado de las palabras que designan las partes del cuerpo, y las actividades de la vida, viene dado por el uso que se hace de ellas al describir las vidas humanas. En la medida en que hay unas partes del cuerpo, unas actividades de la vida, y unos sucesos humanos universales, se pueden señalar correspondencias entre los léxicos de diferentes lenguas y culturas. Entre los mapuches, el alma es el lawe, por la cual el hombre tiene mongen, salud-vida. Se mantiene en buenas condiciones cuando recibe bien la luz y la energía del sol, Antü. Cuando no recibe bien la luz y energía del sol, se debilita su decisión firme y [23] La mayor parte del contenido de este epígrafe se toma de OORA § 30.- Almas y espíritus en la vida diaria. Léxico de la antropología pre-histórica. [24] lE QuEllEC, “Les mythes d’origine de la mort”, en La grande oreille, 67-68 (2017) pp. 20-27. “Au début, la vie était éternelle, et puis, disent les mythes, est venue la grande rupture: l’apparition de la mort. Quels sont les récits qui racontent ce terrible mort événement? Que disent-ils de notre condition humaine?” (Id., Art rupestre et mythologies en Afrique, pp. 8-17). — 38 — voluntaria (yafiduami), y también se debilita su yo, la vigilancia y atención a sí mismo (inche), y entonces el control de su mente (rakiduam), su corazón (pinke) y su cuerpo (kalül), es tomado por poderes ajenos o voluntades extrañas, los wekufe. Cuando ocurre eso el hombre está enfermo, poseído por una entidad autónoma inteligente a la que se le expulsa dándole órdenes. Entonces se acude a quien puede curar, al ampife, o sea, a la persona que “puede dar órdenes con su palabra” (pife) al am, al doble etéreo del alma (lawe, principio de salud-vida). Quien puede curar así, quien actúa como ampife, es sobre todo la mujer chaman (machi), la cual, mediante sus cantos, ensalmos y órdenes, captura a los poderes ajenos que controlan al enfermo, los expulsa, y concita a los poderes de los buenos espíritus (pellu) para que le devuelvan la fuerza al pellu del enfermo. Entonces el pellu del enfermo se robustece y llena de salud-vida (mogen) el alma (lawe). El pellu es la llama interna de la vida humana, nace del sol y es inmortal[25]. Es posible que estos términos, en todas las culturas, sean anteriores a la formación del lenguaje ordinario en el Neolítico y Calcolítico, y que pertenezcan al léxico de las voces, gritos y cantos de los rituales paleolíticos. Incluso es posible que algunos de ellos pertenezcan al léxico de los sapiens que salieron de África en la migración de hace setenta u ochenta mil años[26]. El “alma” del ser humano de los mapuches tiene sus modalidades análogas en el kami de los japoneses o el ka de los egipcios[27]. El vocabulario antropológico más primitivo designa la [25] Z. mora PEnroz, El arte de sanar de la medicina mapuche (Uqbar editores, Santiago de Chile 2013); cf. Id., Filosofía mapuche. Palabras Arcaicas para Despertar el Ser (Kushe, Concepción - Chile 2001). [26] Es posible que varios de estos términos se correspondan con algunas de las 27 raíces de palabras del milenio setenta, que se conservan en la mayoría de las lenguas actualmente habladas según Ruhlen. Se ha tratado de este tema en Choza, Filosofía de la Cultura, (FC), (Thémata, Sevilla 22014) § 20. [27] En las referencias a Egipto sigo a o. PiulatS, Egiptosophia. Relectura del mito al logos (Kairós, Barcelona 2005), y también, F. lara PEinado, “estudio introductorio”, en: Libro de los muertos, ed. de F. Lara Peinado (Tecnos, Madrid 1993). — 39 — vida paleolítica según la experiencia que hasta entonces hay de ella, e igualmente el léxico neolítico. El alma es principio de vida, está en la sangre y en el aire, y se va cuando el viviente muere y no respira. El alma-espíritu de la machi puede separarse del cuerpo en el trance, socorre al alma-espíritu en pena, gestiona los poderes de la naturaleza, la lluvia, la pesca, la caza, las enfermedades, y conoce los poderes de las piedras, las plantas y los animales, porque tiene trato con el pellu de las piedras, las plantas y los animales[28]. En el Calcolítico empieza a haber experiencias nuevas y aparecen nuevos aspectos y capacidades en la acción humana que se manifiestan en el vocabulario antropológico. En el Libro de los muertos, especialmente en el capítulo 188, aparecen Det, cuerpo; Ib, corazón, sede de la vida consciente, la conciencia, la razón y los deseos; Ka, alma; Bai, doble del alma, Akh, alma separada; Re, nombre y Khabit, sombra[29]. Esas nociones y los términos correspondientes se encuentran también en el vocabulario antropológico de las culturas china, hindúes, iranias y en la Biblia judía, que forman también sus lenguas en el Calcolítico, cuando el intelecto se emancipa de la imaginación y se forman las lenguas naturales actualmente en uso. Se encuentran en las culturas americanas precolombinas, en la lengua quechua y en la náhuatl[30]. Como es obvio, se encuentran en todas las culturas antiguas, y en el universo lingüístico grecoromano, que constituye la matriz del mundo cultural del Occidente contemporáneo. [28] mEnard, “Sobre la vida y el poder de las piedras: Newenke kura en el Museo Mapuche de Cañete”. [29] Cf. A. BonGioanni, “Modalità dello spirito nell’antico Egitto”, en: m. PaGano, Lo spirito. Percorsi nella filosofía e nelle culture (Mimesis, Milano 2011); cf. El libro de los muertos, estudio introductorio de F. Lara Peinado. [30] Los términos del quéchua están tomados del Diccionario Qéchua-Español Runasimi on line: https://aulex.org/qu-es/; los del náhuatl están tomados del Diccionario español - náhuatl en línea: AULEX, https://aulex.org/es-nah/ — 40 — La correspondencia entre el vocabulario antropológico paleolítico, calcolítico y contemporáneo se puede percibir en el siguiente cuadro. Términos antropológicos paleolíticos y calcolíticos. Occidental moderno Mapuches Egipcios antiguos Nahuatl Inca Griegos / romanos Espíritu Pellu Akh cemacitica hayni Pneuma /Spiritus Mente Rakiduam Re, (nombre) /(palabra) Nous/ Logos/ Intellectus/ Verbum Yo Inche Khabit, (Sombra) Ne nehuatl Ego/Ego Alma Lawe Ka Yolia Aya Mulla Samay Psique/ Anima Doble del alma Am Bai Daimon/ Genius Fantasma kukuchi Vida Mogen Anjo Anhk Yoliliztli Nemeliztli Kawsay Dsoé, Bios/ Vita Cuerpo Kalül Det Nacayo Aicha, Hanchi Soma, Sarx/ Corpus, Caro Corazón Pinke Ib Yollotl Sunqu Kardía/ Cor Voluntad Cenyolloca Tlanequiliz Lo que en el Paleolítico y en el Neolítico se interpreta como enfermedad o como débil influjo de los poderes creadores celestes, en el Calcolítico empieza a interpretarse en muchos casos como culpa moral, pecado y castigo. Por otra parte, los puntos — 41 — y factores clave de la vida humana, la estructura de la subjetividad, se perfila con diferenciaciones y articulaciones más precisas. El mal paleolítico es un debilitamiento de factores vitales propios, y también el influjo y la posesión por parte de otros poderes de vida, que actúan en contra y no a favor del individuo. Es un desajuste de la armonía y el orden cósmico. Se contrarresta reforzando o restaurando esos poderes sagrados en su orden y armonía. En el Calcolítico el mal no es solamente debilitamiento, enfermedad. Es también responsabilidad moral, acción culpable, tanto si se realiza intencionadamente (lo que ocurre en el caso de David) como si falta la menor advertencia (lo que ocurre en el caso de Edipo). La superación del mal no es solamente la curación médica, la actuación de los poderes sagrados naturales (la distinción entre poderes naturales y sobrenaturales aún no se ha formulado), sino también la confesión de las culpas, el arrepentimiento y la penitencia, justamente como se muestra en los casos de David y Edipo. En el Calcolítico la estructura de la subjetividad es más compleja y el daño es de algún modo nuevo y diferente, porque es el daño de una vida y una subjetividad con más hondura. Hay sentido y reconocimiento de la culpa, y arrepentimiento, y puede haber también perdón, pero no es absoluto e incondicional, sino que implica el pago de la deuda y la expiación de la culpa, como ocurre en el caso de David y en otros casos del Antiguo Testamento, y en textos sumerios y egipcios del mismo periodo cultural. § 6.- Unidad de los poderes cósmicos. Males prehistóricos y contemporáneos La práctica y la técnica de activación y de corrección de los flujos de los poderes sagrados en los procesos de organización — 48 — La unidad del sistema ontológico-religioso de las diferentes culturas se resquebraja en la cultura occidental a partir de la Modernidad, cuando se inicia la hegemonía de la ciencia moderna como la clave de interpretación pública de la realidad. La unidad cultural precedente, de inspiración ontológico-re- ligiosa pasa a ser desplazada por un nuevo paradigma inspirado en la racionalidad científica, es decir, pasa a ser sustituido por la cultura ilustrada. La unidad ontológico-religiosa expresada en el cuadro se mantiene en las culturas no occidentales. Dentro del cristianismo, la iglesia católica mantiene su tarea de modernización y de integración de la religiosidad popular, de delimitación entre lo sagrado y lo sacrílego, lo mágico, etc. A este respecto, y en relación con la historia del mal y de los males, resulta ilustrativo el Ceremonial de la Iglesia Católica, editado en el pontificado de Juan Pablo II, en el que se reordena y redefine el sentido que tienen para la Iglesia católica los elementos de las columnas I y J, es decir, el universo de los “sacramentales”[34]. Lo que se denomina proceso de secularización y de escisión entre ciencia y filosofía, puede verse como el proceso de generación y diferenciación de las lenguas. El desarrollo de la física mensurable a partir del siglo XVIII, da lugar a hábitos mentales especializados en dos direcciones que no pueden dialogar ni articularse entre sí, la del lenguaje matemático y la del lenguaje filosófico. Probablemente la clave es qué lenguaje se opta por adoptar para describir el mundo, y el hecho de que la habilidad y destreza en el uso de un lenguaje, por ejemplo, el de la matemática, inhabilita para el otro, por ejemplo, el de la filosofía. Si no [34] La nueva edición del Ceremonial de la Iglesia Católica, actualiza y sistematiza el conjunto de elementos naturales y artificiales, como agua, aceite, cenizas, ramas de olivo, sal, etc., oraciones, bendiciones, etc, que se utilizan en el conjunto de ritos de la Iglesia Católica. — 49 — inhabilita, al menos desacostumbra, y, desde luego, no capacita para el otro, y da lugar a que lo expresado en el otro lenguaje resulte primero extraño, luego increíble, y finalmente ininteligible. Se hablan y entienden los lenguajes que cada uno aprende a hablar, y no los que no aprende Galileo, Leonardo, Descartes y Newton calculan y a la vez hacen filosofía y a la vez rezan, con cada una de las tres lenguas. Para ellos, en el momento de la separación de las lenguas, era subjetivamente lo mismo que rezar, entender el lenguaje de Dios y hablarlo, aunque las lenguas eran ya objetivamente diferentes. Podían hablar el lenguaje matemático y el filosófico con Dios mismo, en un tercer lenguaje que es el diálogo religioso íntimo, y así lo declaran. Lo mismo puede decirse que les ocurrió antes a Pitágoras, Platón, Plotino, Jámblico y Proclo, y también a Ibn Arabi y Al-Juarismi, y quizá les ocurrió después también de Fichte y Goethe. Pero a lo largo de los siglos XVIII y XX, las matemáticas y las ciencias configuran los hábitos de los lenguajes ordinarios, que pasan a ser cientificistas, y se pluralizan y se distancian de los lenguajes filosóficos y religiosos, que entran también en la configuración del lenguaje ordinario. Eso es lo que les ocurre a las lenguas indoeuropeas y afroasiáticas en el Calcolítico, y lo que se cuenta en el relato de la torre de babel, pero en un proceso de unos cuatro o cinco mil años. Un proceso similar es el que se da en la formación de las lenguas vernáculas a partir del latín, desde la caída de Roma en el siglo V, hasta la aparición de los primeros textos en las nuevas lenguas en los siglos X y XI (Poema del Mío Cid, Divina Comedia, Chanson de Roland, etc.). Esta vez el proceso en vez de durar cinco mil años dura cinco siglos. El francés, el italiano y el español se distancian del latín y entre sí en cinco siglos, y sus hablantes ya no se entienden Por su parte, el proceso de separación de los nuevos lenguajes científicos se realiza quizá en los 300 años de los siglos XVIII, — 50 — XIX y XX. Los matemáticos, los filósofos, los lingüistas y los químicos, no se entienden entre sí, y no pueden pensar a la vez en la lengua propia y en la de los demás. Calcular no es rezar y hacer metafísica no es ninguna de las dos cosas. Por otra parte, el mal y los males dejan de ser temas expresables en lenguaje matemático, físico o químico. La ciencia, porque es objetiva, no tiene registros para designarlos y explicarlos. — 51 — CAPÍTULO II GÉNESIS DEL LENGUAJE, LOS RELATOS Y EL MAL § 7.- Lenguaje e historia. De Hércules a Agamenón y de Caín a Abraham § 8.- La idea de principio. Intelecto, lenguaje ordinario y concepto § 9.- Vida mortal e inmortal. Gilgamesh, Osiris, el mal y la salvación § 10.- El paredro. Desdoblamiento de la divinidad y esquema trascendental de la soteriología § 11.- Espíritu y mal, biografía e historia § 12.- El origen del mal. El Popol Vuh, la Teogonía y el Génesis § 13.- Espíritu y materia. La levitación en los buenos y malos espíritus § 14.- Del animismo originario a la daimonología de las sociedades complejas § 15.- Ruptura y reajuste del orden cósmico. Astrología, alquimia y magia § 7.- Lenguaje e historia. De Hércules a Agamenón y de Caín a Abraham En § 3 se ha dicho que el mal es deficiencia de un mismo principio de actividad, que es a la vez, e indiferenciadamente, principio del ser, de la vida, de la fuerza física, del conocimiento y de la voluntad. Se ha dicho también que en el proceso de desarrollo cultural y psíquico individual y social, comunicativo, el principio mismo se va diferenciando también según sus diferentes sentidos: — 52 — principio ontológico, principio cronológico, principio biológico, causa física, principio político, principio social, etc. Se ha dicho que el hombre prehistórico siente ese principio, y experimenta que “en él vivimos, nos movemos y existimos” (Hechos, 17, 28). Y se ha dicho que siempre, en todos esos sentidos, el principio tiene un aura que le hace respetable, venerable desde el punto de vista de la subjetividad humana, y también inaccesible y sagrado desde el punto de vista de las realidades en sí. En el área cultural de Oriente Medio, la primera y decisiva diferenciación de los sentidos del principio tiene lugar en los comienzos del Calcolítico, hacia el milenio 5 AdC, que es cuando se forman las lenguas actuales, es decir, el léxico y las estructuras sintácticas, y en Asia, África y América, donde las lenguas se forman en ese milenio y en los posteriores[1]. La memoria épica registra el comienzo de las lenguas y la diversificación de los sentidos del principio en ese periodo. La memoria épica de la cultura natufian (13.000-9.000 AdC), se diversifica en varias direcciones, y en una de ellas, la cultura hebrea, se sitúa lo que la historia actual denomina Neolítico, entre los relatos que se refieren a la figura de Caín y los que se refieren a la figura de Abraham. Abel, que es pastor de ovejas, muere a manos de su hermano Caín, que es agricultor y constructor de ciudades (Génesis 4, 2 y 17). La lucha de Caín contra Abel y la muerte de éste, refieren las guerras de los pueblos de Oriente Medio durante los asentamientos neolíticos y durante el desarrollo de la agricultura y la ganadería. La salida de Abrahán de Ur y el sacrificio de Isaac señalan la abolición de los sacrificios humanos y el comienzo [1] Una visión panorámica, bastante completa y actualizada de la aparición de asentamientos neolíticos en el mundo, se encuentra en la versión en inglés de Wikipedia, https://en.wikipedia.org/wiki/Neolithic. Las últimas culturas que hacen la transición del nomadismo a los asentamientos parecen ser la de América, en concreto, sería la civilización Caral, en la costa central del actual Perú, datada hacia el milenio 4 AdC. — 53 — de los estados y sociedades complejas del Calcolítico, particularmente los imperios sumerio y egipcio. El paralelo contemporáneo de las culturas natufian afroasiáticas en el sureste de Europa, entre el mar Negro y el mar Caspio, son las culturas indoeuropeas y la del mar Egeo. En ellas la memoria épica atribuye a Hércules el desarrollo de la agricultura y la ganadería, así como la violencia intrafamiliar o intra-tribal. El sacrificio que hace Agamenón, rey de Micenas, de su hija Ifigenia como propiciación ante la guerra de Troya, marca la abolición de los sacrificios humanos y la emergencia de los imperios griegos, particularmente el imperio minoico[2]. Las correspondencias entre los reyes y dioses precolombinos con Hércules, señaladas por Sahagún, permiten también seguir una evolución paralela en el continente americano, y observar lo que es un desarrollo de las culturas y mentes neolíticas hasta la creación de los imperios y del estado, pero sin llegar a una religión y una escatología configuradas desde una autoconciencia del “espíritu” como la de Oriente Medio. Quizá la abolición de los sacrificios humanos, mucho más radicalmente que la abolición de la esclavitud, puede tomarse como reconocimiento y expresión de la igualdad de todos los hombres entre sí y en su relación con Dios. La construcción de ciudades, la consolidación del poder y la organización estatal, la invención del lenguaje y la construcción de la historia, en Oriente Medio son simultáneas con la abolición de los sacrificios humanos, el descubrimiento de la eternidad y el descubrimiento del mal, y marcan el paso a un nivel nuevo y diferente, superior, de las comunidades humanas y de las mentes integradas en ella. Se trata de un paso que tiene carácter sistémico. Numerosos mitos de diferentes culturas relatan que primero hay una creación del hombre y un estado paradisíaco, [2] La mejor panorámica de la civilización minoica on line se encuentra en la versión de Wikipedia en portugués, https://pt.wikipedia.org/wiki/Civilizaçao_Minoica — 54 — después una especie de corrupción, de luchas de los hombres contra los dioses o de los hombres entre sí, una gran decepción por parte de la divinidad, una destrucción de la humanidad y un nuevo comienzo de ésta, que tiene como arranque el nuevo comienzo de un remanente que se salva, o una nueva creación del hombre. El Popol Vuh refiere que los hombres son creados y destruidos varias veces, porque no acaban de salir bien. En un primer momento están hechos de madera, pero no hablan y no dan culto a los dioses, por eso quedan convertidos en los monos. Después de varios intentos, finalmente los dioses logran crear un hombre que habla y que los venera[3]. Es decir, la creación definitiva es la que pone al hombre en el escenario calcolítico, donde hay lenguaje ordinario y templos, donde hay autoconciencia y donde conoce espiritualmente los diversos sentidos de su principio y puede seriarlos. La historia que satisface a los que las escriben y a quienes las escuchan es la historia que se compone y se cuenta en primera persona. Es la que relata el comienzo de la sociedad narradora y narrada, la aparición del lenguaje, y el proceso por el que se llega hasta el momento presente del narrador y de los oyentes, que, en ese acto narrativo y ritual al mismo tiempo, dan culto a los dioses de un modo adecuado: a saber, se reconocen unidos en el principio. En el Neolítico la divinidad se sigue manifestando como poder cósmico, como el rayo, el viento, el fuego o la montaña, y esas entidades cósmicas y geográficas se siguen percibiendo como fuerzas vivas y sagradas, percepción que se mantiene también en la época histórica. Pero a la vez se empieza a diferenciar de esos entes inorgánicos en que se manifiesta, sin separarse nunca del todo. En efecto, el cristianismo asume todos los símbolos del Antiguo Testamento de los poderes cósmicos, el trueno, [3] Popol Vuh, parte III, caps 1-4. — 55 — el viento, las lluvias, etc., como manifestación del poder de Dios, que cada vez está más diferenciado de esos poderes[4]. El Neolítico es el periodo de lucha por los asentamientos, por la conquista y defensa de los territorios, en el cual los lugares mismos, los montes, ríos, mares, etc., son también divinidades beligerantes, y se mencionan como tales en las epopeyas. Esos acontecimientos, descritos en pequeños himnos, salmos y cantos de diverso tipo, se unifican y organizan en forma de epopeya en el medio urbano estatal, mediante la inspiración de las musas al aedo, o mediante la inspiración o revelación de los dioses a los chamanes, a los sacerdotes, a los profetas y a los conductores del pueblo, ya sean Darío, Moisés o Alejandro. Las religiones reveladas y las religiones mistéricas emergen en un medio cultural educado por las epopeyas. En la epopeya la fuerza viva originaria se ha diferenciado en varios sentidos y direcciones, y la epopeya es el contenido mismo de la revelación como señala Orígenes, y como se ve en Filón de Alejandría y en Proclo[5]. En uno de esos sentidos, esa fuerza viva se describe y se concibe con el término y el concepto de “espíritu”, con el cual se designa la parte más elevada y propia del hombre, y con la cual se describe y se concibe también la divinidad suprema. El cristianismo surge cuando ya se ha inventado y sistematizado la episteme (la ciencia), la ontología, y utiliza ese léxico en los episodios de construcción de la ortodoxia, en los cuales se clarifica conceptualmente el contenido de ambas, el de la ontología de las escuelas griegas y el de la ortodoxia cristiana. [4] «Le dice la mujer: “Señor, veo que eres un profeta. Nuestros padres adoraron en este monte y vosotros decís que en Jerusalén es el lugar donde se debe adorar”. Jesús le dice: “[…] Pero llega la hora (ya estamos en ella) en que los adoradores verdaderos adorarán al Padre en espíritu y en verdad, porque así quiere el Padre que sean los que le adoren. Dios es espíritu, y los que adoran, deben adorar en espíritu y verdad”» (Juan 4, 19-24). [5] oríGEnES, Sobre la oración (Rialp, Madrid 1994); cf. OORA, §§ 35-39. — 56 — § 8.- La idea de principio. Intelecto, lenguaje ordinario y concepto Cuando los hombres empiezan a utilizar el lenguaje ordinario para comunicarse entre ellos, lo usan también para comunicarse con Dios. En este punto, las epopeyas americanas y las de Oriente Medio son muy semejantes. Cuando la distancia entre los hombres y el soberano en cuanto a poder es muy grande, cuando la eficacia de la amistad y la enemistad entre ellos es muy grande, cuando la eficacia de la ofensa, el castigo y el perdón, entre los soberanos y los súbditos es muy perceptible, también lo es la distancia entre los hombres y Dios en cuanto a poder y eficacia de la hostilidad y la amistad, la ofensa, el castigo y el perdón. En este punto, las epopeyas americanas y las de Oriente Medio difieren un poco. Cuando los hombres empiezan a organizarse socialmente según el monopolio de la violencia legítima y regulan la sociedad mediante la ley y la justicia, entienden la relación de los dioses con los hombres según la ley y la justicia. En este punto, en el desarrollo de la escatología, las epopeyas americanas y las de Oriente Medio se diferencian más y más. Cuando los hombres descubren la muerte eterna, desarrollan los ritos de purificación y empiezan los ritos de iniciación de las religiones mistéricas. Empieza la mística. Se abandonan la práctica de los sacrificios humanos. En este punto, se da la mayor diferencia entre las epopeyas americanas y las de Oriente Medio. Cuando los hombres empiezan a entenderse a sí mismos como espíritus, como igualmente mortales y como igualmente inmortales, conciben también a Dios como espíritu. El comienzo del lenguaje ordinario, del logos, parece ser simultáneo con la emergencia del intelecto, los conceptos abstractos de nada y ser, la conciencia del comienzo del lenguaje, y la autoconciencia de comienzo del hombre y de la sociedad, o sea, la autoconciencia de la historia. — 57 — Por eso los relatos de la creación empiezan situando en el principio el concepto de “la nada”, representada por figuras imaginativas y sensibles como el caos, la oscuridad de la noche o el silencio. Y por eso tales relatos tienen como segundo momento la palabra. Después del primer momento abstracto e intelectivo de la nada, sigue el primer momento abstracto e intelectivo de la creación mediante la palabra, que es la expresión imaginativa, sensible y ritual del concepto. Cuando eso ocurre, en el orden de las prácticas los narradores y los oyentes de la epopeya ya están familiarizados con la nada a través del número cero y las operaciones de sumar y cambiar. El número cero lo descubren y lo usan los hindúes, los babilonios y los mayas, y lo representan mediante figuras sensibles. En el caso de los mayas, como una concha, que representa también la vulva femenina[6]. El Popol Vuh empieza relatando el comienzo absoluto en los siguientes términos[7]: Esta es la relación de cómo todo estaba en suspenso, todo en calma, en silencio; todo inmovil, callado y vacía la extensión del cielo. […] No había nada que estuviera en pié; sólo el agua en reposo, el mar apacible, solo y tranquilo. No había nada dotado de existencia. Solamente había inmovilidad y silencio en la oscuridad, en la noche. Solo el Creador, el Formador, Tepeu, Gucumatz, los Progenitores, estaban en el agua rodeados de claridad. […] Llegó aquí entonces la palabra, vinieron juntos Tepeu y Gucumatz, en la oscuridad, en la noche, y hablaron entre sí Tepeu y [6] Cf. MORN, § 14, “Del matriarcado al patriarcado. El cero de los mayas y la pornografía ritual”. Los genitales y los procesos reproductivos proporcionan los primeros elementos de iconografía sagrada paleolítica y neolítica, y los puntos de partida para los primeros conceptos abstractos calcolíticos, incluido el término “concepto”. [7] Popol Vuh, cap. 1, p. 169-170. — 64 — vida como otra vida, como la vida eterna en la felicidad de los inmortales[14]. § 10.- El paredro. Desdoblamiento de la divinidad y esquema trascendental de la soteriología La promesa de salvación se cumple en varias fases. Tiene una primera parte, que es la ejecución en esta vida de unos cambios en el hombre y una preparación por su parte, que permiten el logro de la vida eterna después de la muerte. El proceso consiste en una serie de ritos, con su correspondiente representación imaginativa, que prefiguran y describen en esta vida lo que va a ocurrir en la otra. Esos ritos implican al hombre y lo refieren al proceso de salvación. El proceso de salvación consiste en que el hombre alcanza a tener naturaleza divina, gracias a que la divinidad asume la naturaleza humana, porque se desdobla en dos dimensiones, una divina y otra humana. Esta dualización de la divinidad, permite que lo humano pueda pasar a ser divino y lo terreno o infernal se eleve hasta lo celestial. Este parece ser el esquema universal de la soteriología, y se puede encontrar en las concepciones que van, desde los ritos de caza paleolíticos, y los ritos del ciclo agrícola de las estaciones en el Neolítico, hasta las fórmulas de Nicea de “una persona y dos naturalezas”. La resurrección siempre se simboliza en la primavera porque la primavera es una resurrección, una renovación de la vida que surge de lo enterrado en la tierra inferior. El paredro surge y tiene su desarrollo a partir del Calcolítico, es decir, a partir del descubrimiento de la muerte eterna, porque a partir de entonces la salvación se hace mucho más difícil. [14] ROREM, §§ 18-19. — 65 — La distancia entre el invierno y la primavera es menor que la distancia entre la muerte y la vida entendidas como distancia entre la nada y el ser. Salvar esta distancia requiere una tarea mucho más ardua y un ejercicio más pleno del poder divino: la muerte, el descenso a los infiernos y la resurrección[15]. La divinidad concede al hombre vivir con la vida inmortal que ella goza, y para ello tiene que transferir al hombre su propia vida inmortal, tiene que hacer al hombre vivir con la vida de los inmortales, y tiene que ir a dásela al abismo de la muerte eterna, donde está condenado al mal eterno. Tiene que sacarlo del abismo de la muerte eterna, y llevarlo al ámbito de los inmortales. Ese proceso se prefigura ritualmente en los cultos mistéricos indoeuropeos y de Oriente Medio, y se describe imaginativamente en los mitos de Osiris, Dionisos, Deméter y Perséfone, el Minotauro, y numerosas variantes calcolíticas. Un modo de transferir el principio del propio vivir de los dioses a los hombres, quizá el modo más obvio, es que la divinidad pase a ser el principio vital de los vivientes mortales, que se encuentra en tres elementos: la sangre, el alimento y el semen. El procedimiento más obvio para otorgar la salvación a los mortales, es la trasformación de la divinidad en alimento humano, o la unión de la divinidad con algún humano en tanto que esposo/esposa. Por eso también, junto al paredro, aparece como elemento ritual y simbólico el betilo, la piedra sagrada que simboliza el poder de dios, el poder de generar vida. Originariamente el betilo (del hebreo Beth-El: Morada de Dios o Recuerdo de Dios)[16], es un meteorito, que se coloca erguido y se venera como símbolo de la divinidad, del poder de dar vida. Ese es también el simbolismo del menhir, de los símbolos fálicos, [15] Un análisis pormenorizado de la transformación del proceso soteriológico puede verse en F. ortEGa martínEz, La matriz prehistórica de la Semana Santa de Sevilla, en preparación, pro manu scripto. [16] https://en.wikipedia.org/wiki/Baetylus; https://es.wikipedia.org/wiki/ Betilo. — 66 — de las columnas tronco-cónicas y, en general, de las columnas sobre las que se coloca la imagen de la divinidad. Los procedimientos más obvios para transferir la naturaleza divina a los seres humanos son tomar como alimento al mismo dios (hierofagia), o bien desposarse con él o con la diosa (hierogamia), para que la descendencia tenga las dos naturalezas. Perséfone, hija de Zeus y Deméter, se casa con Hades, se traslada al infierno, y posteriormente su madre la saca de allí con la ayuda de Zeus para llevarla a la salvación, es decir, a vivir la vida eterna de los dioses. Gea concibe de Urano, Dánae concibe de Zeus transformado en rocío y nace Perseo, el fundador del reino micénico. María concibe del Espíritu Santo, la Iglesia recibe como esposa a Jesucristo y se une a él como esposo. En general la hierogamia en sus distintas versiones, es un acontecimiento común en el nacimiento de las figuras mesiánicas, que suelen tener una concepción virginal, o sea, divina[17]. El paredro es justamente esa unión de dos “naturalezas”, o está asociado generalmente a formas extraordinarias de la concepción e indican su modalidad. Es posible que esta comprensión del rito mistérico dionisiaco, eleusino, osiriaco o isiaco (de la diosa Isis), tenga como consecuencia la percepción de los sacrificios humanos como ritos completamente inútiles respecto de la salvación, es decir, para la obtención de la otra vida, por muy consagrada que estuviera la víctima. Yo soy Isis, señora de todas las tierras; curo en nombre de Hermes y descubrí junto con Hermes la escritura pública, para que no todo sea escrito por los mismos. Yo di las leyes a los hombres y establecí lo que era justo que nadie puede alterar. Yo soy la hija mayor de Cronos. [17] Cf. OORA, § 20. — 67 — Yo soy la esposa y la hermana del rey Osiris. […] Yo puse fin, junto con mi hermano Osiris, a la antropofagia. Yo di a conocer los misterios a los hombres[18]. La salvación solo puede provenir de la unión, mediante el sacrificio, del hombre con la divinidad, lo cual solo acontece si la víctima es divina, y no si es de la misma condición humana[19]. Así es como lo entiende también la dogmática soteriológica cristiana, que opera con ese mismo esquema trascendental de salvación. Por eso la abolición de los sacrificios humanos puede entenderse como un reconocimiento de la igualdad y de la unidad del género humano, antes y de un modo más ontológicamente radical que la abolición de la esclavitud, como se ha dicho. Quizá donde aparece con más claridad el esquema trascendental de salvación, en una exposición a la vez ritual, imaginativa y conceptual, es en el mito de Osiris, en su versión más completa y amplia, la del capítulo 17 del Libro de los muertos[20]. La diosa madre Nut, el cielo, se une a la tierra, el dios Geb, y engendran tres hijos, el dios Osiris, la diosa Isis, y el dios Seth. Osiris y su hermana-esposa Isis, se unen y rigen el mundo mientras que Seth, envidioso y celoso de Osiris, lo mata, lo descuartiza y esparce sus trozos por la tierra. Isis, la hermana-es- posa recoge todos los pedazos de Osiris y lo retorna a la vida. Se unen de nuevo y nace Horus el joven, símbolo y expresión de la divinidad que cuida y acompaña a todos los mortales. [18] Himno de Íos (III dC) en: E. muñiz GriJalBo, Himnos a Isis (Trotta, Madrid 2006) 92. [19] En los himnos a Isis de la época alejandrina y de los comienzos de la Antigüedad, Isis aparece como la que cancela los sacrificios humanos. Cf. muñiz GriJalBo, Himnos a Isis. [20] Libro de los muertos, 44-58. En el Poema de Gilgamesh, la salvación de Enkidu, su salida de los infiernos, se recoge en la tablilla XII y última. — 68 — Las formas mitológicas imaginativas están en correlación con los conceptos teológicos cristianos, y las dos series expresan un mismo esquema soteriológico trascendental. La congruencia de las tres series puede representarse en la siguiente tabla: A Figuras mitológicas B Conceptos teológicos C Esquema trascendental 1.- Antes de la creación Urano y Gea Zeus y Deméter Nut y Geb Dios trino Tres personas y una naturaleza Dios creador 2.- Creación Encarnación Hades desposa a Perséfone Osiris-Isis-Set, hermanos Logos encarnado Una naturaleza dos personas Divinidad humanizada 3.- Mal total Bajada del dioshumano Perséfone encerrada en Hades Osiris troceado y repartido Sacrificados al Minotauro Muerte de Jesús Descenso a los infiernos Divinidad repartida y compartida por todos los hombres 3.- Rescate del hombre Deméter rescata a Perséfone Isis recompone a Osiris Teseo mata al Minotauro Institución de Eucaristía Resurrección de Jesús Rescate de los hombres 4.- Unión de rescatados Osiris e Isis se unen y nace Horus Iglesia Celebración Eucarística Comunidad en camino a la salvación 5.- Salvación Salvación de los hombres Salvación de toda la humanidad Escatología final universal El esquema vale para las variantes mitológicas de Osiris, para las de Isis y para las de Horus, en las diversas capitales y diversas épocas del imperio egipcio, del imperio griego y del imperio romano. Lo mismo cabe decir en relación con las variantes en el espacio y en el tiempo, de Deméter y Perséfone, de Ceres y Proserpina, Orfeo y Eurídice, de Dionisos, hijo de Zeus y Perséfone, que muere y resucita cada año como su madre, y otras figuras análogas. — 69 — Asimismo, el esquema es válido para las formulaciones teológicas de Arrio, Sabelio, las diferentes gnosis, Nicea, etc. Tanto en el caso de las figuras mitológicas como en el de las formulaciones teológicas, los ritos de iniciación y los sacramentos de la Nueva Ley registran variaciones litúrgicas, que resaltan unos u otros aspectos del proceso de salvación. En el aspecto teórico, imaginativo o intelectual, las diferencias se refieren al modo de entender la humanización y abajamiento de la divinidad, y al modo de entender la divinización y glorificación de lo humano. Es decir, las discrepancias están en los diversos modos de señalar la identidad y la diferencia entre lo divino y lo humano. El esquema es válido igualmente para el islam y sus variantes. A partir del Calcolítico y del descubrimiento de mal como muerte eterna, se abren los binomios de categorías que roturan y delimitan la existencia del hombre histórico: inmortalidad/ muerte, salvación/condenación, inocencia/pecado, espíritu/materia, eternidad/temporalidad. Así aparece y se perfila lo que se llama el “espíritu”, como el poseedor de un tipo de vida, diferenciada de y contrapuesta a la de los vivientes que tienen “materia”. El espíritu, y los espíritus, aparecen, pues, como diferenciaciones cualitativas, específicas, de una noción originaria de fuerza viva, de una vida que implica movimiento y actividad. A partir también del Calcolítico, y a pesar de que el destino eterno se concibe como remuneración del comportamiento terreno, el poder salvador es capaz de cancelr cualquier comportamiento perverso. Los rituales mistéricos son de tal eficacia soteriológica, que cancelan los muchos pecados del iniciado, provocando la — 70 — envidia, los celos y la ira de los no iniciados, como en el siglo V AdC documenta Sófocles[21]: ¡Cómo! ¿Quieres decir que Patecio, el ladrón, tendrá una porción mejor en el Más Allá que Epaminondas, sólo porque es iniciado? § 11.- Espíritu y mal, biografía e historia La muerte eterna se descubre a la vez que se descubre la identidad individual. La muerte eterna es el mal absoluto no solamente porque es eterna, sino también porque es individual. O bien, es la muerte individual la que permite comprender el nuevo sentido del mal, que aparece en el Poema de Gilgamesh y en el Libro de los muertos, y que se mantiene así hasta la actualidad. El faraón Pepi II (2246-2152 AdC), último de la VI dinastía, y uno de los últimos del Imperio Antiguo, con capital en Menfis, construye pirámides para las tumbas de sus esposas[22], lo que significa que la inmortalidad ya no es solo privilegio de faraón, sino que alcanza también a ellas. Al final de la XII Dinastía (1980-1790 AdC), que coincide con la parte principal del Imperio Medio, con predominio religioso de Tebas, se registran cambios en el culto que dan lugar al uso de la momificación y de los rituales fúnebres por parte de la nobleza, y, en general, por parte de los ciudadanos corrientes (que tienen posibilidad de costeárselo). Es decir, la inmortalidad individual se extiende a todos los habitantes del reino[23]. A comienzos del segundo milenio AdC, los egipcios, al igual que Gilgamesh, junto con los sumerios, babilonios y micénicos, [21] Frag. 573 de Sófocles, citado por Cicerón, Quomodo adolescens poetas audire debeat, 4. Citado en muñiz GriJalBo, Himnos a Isis, 2006, 26 nota. [22] https://en.wikipedia.org/wiki/Pepi_II_Neferkare [23] O. PiulatS, “El mito de Osiris”, en Raphisa, 7 (2020); R. aGuStí torrES, Textos funerarios del antiguo Egipto (Sociedad española de egiptología, edición digital). — 71 — desarrollan su vida ordinaria habiendo incorporado la vivencia de la muerte eterna y la de la salvación eterna, y consiguientemente tienen autoconciencia de ser espíritus y vivientes individuales. A lo largo del segundo milenio, en el que Moisés (quizá 1391- 1271 AdC) organiza al pueblo hebreo y lo conduce a la ocupación y fundación de Israel, la autoconciencia de la espiritualidad e inmortalidad individual parece establecida en Oriente Medio y el sudeste de Europa. El sistema sacramental de las religiones queda referido a unos individuos que ya están más constituidos en su individualidad de lo que lo están los individuos paleolíticos y neolíticos cuando celebran los ritos de paso. Los sistemas sacramentales calcolíticos individualizan mucho más a unos vivientes que ya están muy individualizados. En el Calcolítico la profesión determina la forma de vida de cada miembro de la comunidad, que empieza ya a tener su propia biografía[24]. Cuando los hombres empiezan a tener una individualidad bien definida, su biografía queda recogida en la escatología, es decir en el tránsito de la muerte eterna al juicio final y a la salvación eterna. Y eso es lo que se registra en los ritos que integran los Textos de los sarcófagos, y el Libro de los muertos. Los sistemas sacramentales egipcios tienen como punto principal lo que en el cristianismo es la unción de enfermos, rito en el que se incluye el simbolismo que tienen los sacramentos del bautismo y la eucaristía en el cristianismo. En líneas generales, parece bastante establecido en el sentido común de las comunidades de Oriente Medio, que el espíritu es la parte del viviente, o la parte de su vida, que no resulta afectada por la muerte o que triunfa sobre ella. El que sucumbe a ella es otro viviente, u otra parte de él, la parte carnal, material o no espiritual en su totalidad. [24] Cf. OORA, formas de vida, §§ 16-17. — 72 — Los hombres parecen tener claro, en los momentos iniciales y también en los posteriores, que son espíritus, es decir, que son inmortales, y así se refleja en el léxico antropológico más antiguo. Quizá no está claro inicialmente la relación que hay entre unos tipos de vida mortal y unos tipos de vida inmortal. Parece estar claro, para el rey en Sumer y el Faraón en Egipto en el milenio tercero AdC, que ellos son inmortales, mientras que no lo está para Abraham ni para Moisés, y posteriormente, llega a estar claro que muchos hombres lo son. Pero no llega a haber unanimidad sobre el modo en que lo son, o el grado. Históricamente lo que sea el viviente espiritual, o la parte espiritual del viviente terreno, resulta del modo y el grado en que el viviente terreno, incluido el hombre, es mortal en parte y es en parte inmortal. Y eso que es depende de o se manifiesta en lo que hace, en lo que puede. Un rey es inmortal o merece serlo, y quizá un héroe también, pero un esclavo, no tanto, o no en absoluto. § 12.- El origen del mal. El Popol Vuh, la Teogonía y el Génesis Cuando en el Calcolítico se componen los relatos sobre la creación, se recoge, en algunos de ellos, un relato sobre la aparición del mal, que suele tener dos momentos, una acción transgresora por parte del hombre, y un castigo por parte de la divinidad. Ese castigo no es el Diluvio. El Diluvio, y en general las destrucciones sucesivas de la sociedad humana, no tienen el rasgo más característico del castigo correspondiente a la primera transgresión, que es una especie de trastocamiento psicofisiológico. El material y el contenido inicial son los ritos paleolíticos y los pequeños relatos neolíticos. Los mapuches instalados en el sur de Chile probablemente en el pleistoceno, han vivido allí el final de la Edad del Hielo, pero no han desarrollado una cultura — 73 — neolítica de asentamientos agrícolas y ganaderos hasta después de la conquista española, quizá hasta después de la independencia. Poseen relatos simples, reelaborados en diversos periodos de su historia. Entre una amplia variedad de versiones, el siguiente relato parece uno de los más sencillos y antiguos[25]: Antes de la actual humanidad vivían otros hombres. Un día, la serpiente marina Kai Kai Vilú decidió exterminarlos ahogándolos con el agua del mar. La serpiente buena Treng Treng Vilú se compadeció de los humanos y los condujo a las montañas para salvarlos, así mismo hizo crecer el tamaño de estas a medida que Kai Kai hacía crecer el mar. El duelo entre estos dos espíritus fue largo y significó la muerte de muchos hombres, a quienes Treng Treng los convirtió en aves, peces y lobos marinos. Solo un puñado de hombres sobrevivió (los antepasados de los mapuches) y tras hacer un Nguillatún o ceremonia lograron aplacar a Kai Kai y luego poblar la tierra. Sin embargo, ante sus maldades Treng Treng les envió erupciones de volcanes, que los obligaron a vivir en territorios más seguros donde no están expuestos a los maremotos que les envía Kai Kai o las erupciones de Treng Treng. El relato mapuche no refiere la caída primordial o la transgresión originaria. En cambio, el Popol Vuh sí da cuenta de eso. En el capítulo 2 de la tercera parte, refiere que los hombres fueron creados directamente por los dioses, que no nacieron de ascendientes humanos y que no tenían nombres patronímicos, o sea, apellidos. Eran hermosos y dotados de sabiduría, pero para que no se llenaran de soberbia por ser igual que sus creadores, los dioses les despojaron de ese don[26]: [25] C. VillaGrana - m. a. VidEla, “El mito del origen en la cosmovisión mapuche de la naturaleza: una reflexión en torno a las imágenes de filu - filoko - piru”, en Magallania (Chile) 46 (2018) 249-266. [26] Popol Vuh, parte III, cap. 2, 264-266. — 80 — § 13.- Espíritu y materia. La levitación en los buenos y malos espíritus La noción de espíritu y la terminología correspondiente resulta, por una parte, de un triple proceso de desarrollo psicosocial y sociocultural, y, por otra, de la consolidación de las categorías ontológicas en el Calcolítico y en la Antigüedad. Por lo que se refiere al desarrollo psicosocial y sociocultural, el triple proceso de desarrollo y de maduración lleva consigo: 1) un proceso psico-fisiológico u orgánico y subjetivo; 2) un proceso sociocultural o social organizativo; y 3) un proceso lógicolingüístico o ideal. Estos procesos se dan en el individuo y en la especie. Mediante ellos el niño pasa la adolescencia y llega a la mayoría de edad, a la maduración del intelecto y de la voluntad, y a la plena responsabilidad moral. Análogamente, la especie humana pasa, como se ha dicho, de una cierta infancia a una cierta adolescencia, y a una mayoría de edad intelectual y moral, de orden psicológico y sociocultural. Por lo que se refiere a la consolidación de las categorías lingüísticas y filosóficas, en el Calcolítico y la Antigüedad, con el nacimiento del lenguaje ordinario y la escritura, se genera la posibilidad de discernir sobre el carácter espiritual o material de los vivientes orgánicos en general, vegetales, animales y humanos. En concreto, nacen entonces las lenguas indoeuropeas y se generan las categorías lingüísticas y las filosóficas, y, entre ellas, surgen las nociones de materia, cantidad, etc., con sus propiedades[28]. En el Paleolítico no hay lenguaje ordinario ni escritura, no hay materia, ni contraposición entre materia y espíritu como dos órdenes enfrentados. Sólo hay vivientes, y hay ritos, cantos y léxico. [28] Cf. MORN, §§ 38-39 — 81 — En el Neolítico, en el periodo heraclida, se forma la noción de naturaleza, desglosada en cuatro fuerzas o cuatro elementos: tierra, aire, agua y fuego, domesticados por Heracles[29]. Cada una de las cuatro fuerzas o elementos son una divinidad que da lugar a su propio orden de divinidades, y esa diferenciación se consolida en el Calcolítico, en tanto espíritus más perfilados y definidos. Estos nuevos órdenes de divinidades expresan la transición del animismo primitivo a las nuevas formas de la religión en el conjunto de las nuevas prácticas en relación con los metales, los números, los astros, los difuntos, etc., es decir, expresan el nacimiento de la alquimia, la astrología, la numerología, la nigromancia, y otros saberes que se perfilan en la época histórica. En el Calcolítico y la Antigüedad el intelecto desarrolla el lenguaje, la matemática y la escritura, descubre el mundo ideal y sustancial, que es el de los números, el del contenido de la escritura, y el del principio de los seres. El eje del universo viene definido por la física y la metafísica, que determinan la organización de los cuatro elementos. El antiguo axis mundi simbolizado por el árbol de la vida, es representado ahora por el eje de rotación y el centro de gravedad físico del sol y de la tierra, y por el centro de gravedad metafísico del poder creador. La duración de los dioses se parece a la de los números, a la de las leyes grabadas en piedra, a la de la piedra misma con la que se hace el templo, figura del universo, y a la del principio de la vida. Se comprende mejor y de un modo nuevo el modo de ser y de actuar de la divinidad, del principio de la vida, y el de las divinidades menores y auxiliares. Son fuerzas divinas y eternas, que mueven el universo y cada una de las realidades materiales, como en el Paleolítico y en el comienzo de la neolitización el sol era ayudado por una corte de estrellas, rayos, etc. [29] Cf. MORN, §§ 21-22. — 82 — El logos matemático y el logos lingüístico son la expresión del intelecto, expresión objetiva que permite al intelecto mismo, al ser humano, acceder a su mayoría de edad, a encontrarse consigo mismo y a comprenderse a sí mismo como espíritu, como viviente mortal y como espíritu quizá inmortal, animado por el supremo principio vital que anima a todas las realidades[30]. La fuerza inteligente, que era un único principio, se diferencia en el Calcolítico en principio físico, principio psíquico, principio intelectual y principio espiritual. Correlativamente, el animismo originario, o la unidad indiferenciada del principio, da lugar a cuatro aspectos del principio o a cuatro principios diferentes, que siguen siendo el único principio del vivir y del ser, pero ahora diferenciado en sus aspectos. Los principios o los aspectos del principio son: un principio físico y material, que puede estar ligado a la muerte y al mal, y que se vincula a la tierra y se simboliza por ella. Un principio vital, que contiene los principios vitales, ligados también a la vida y a la muerte, que se suele vincular al agua y se simboliza por ella. Un principio intelectual, que contiene los principios del ser y del no ser, que se suele vincular al aire y se simboliza por él. Un principio espiritual, que contiene el principio del amor y de la unidad, que se suele vincular al fuego y se simboliza por él. Elementos físicos y principios ontológicos Tierra Agua Aire Fuego Principio espiritual Eros, amor Principio intelectual Nous, logos Principio vital Principio psíquico Psiché, alma Fuerza divina Principio físico Elemento indeterminado (Ápeiron) [30] La caracterización reflexiva y teórica de ese principio corresponde a la teología de las diversas religiones. — 83 — Los elementos diferenciados en el Neolítico se articulan con los principios perfilados en el Calcolítico, según un orden espacial que expresa la jerarquía ontológica y también la jerarquía moral del bien y el mal. La tierra, la quietud, lo muerto y el mal se ubican abajo. La vida, el movimiento, la mezcla y la fluidez, se ubican sobre la tierra. La inteligencia, el orden, el cálculo, el saber, se ubican más arriba. La luz, el amor, la máxima rapidez de lo instantáneo, la fusión, el bien supremo y la unión se ubican arriba. El principio vital de los vivientes, el alma, sale del cuerpo y flota, levita. Los espíritus y los dioses son de luz, y enseñorean los espacios. También levitan, no tardan en los traslados. Pero hay espíritus malos, que también levitan, y son rápidos como la luz, aunque su reino es el de la muerte, lo que está abajo, en lo inferior, en los infiernos. El hecho de que estos cuatro estados de la materia y estos cuatro aspectos del principio, o estos cuatro principios, estén diferenciados no quiere decir que estén separados ni que estén bien distinguidos. No están separados, y no están distinguidos suficientemente, sino precariamente (y seguramente continúan estando así). § 14.- Del animismo originario a la daimonología de las sociedades complejas En el orden físico, tierra y agua son elementos de la physis, son materia. En el orden moral, representan la vida, la mezcla, el mal y el caos. En el orden físico, aire y fuego son materia, physis, y en el orden moral representan el amor, lo puro, la velocidad infinita, la unión. Son el bien, el espíritu. La gravedad, la masa, la oscuridad, es materia y es mal, y la liviandad, la velocidad, el aire y la luz, la claridad, que también son materia, son lo bueno y lo espiritual. En la Antigüedad, — 84 — quizá a partir de Platón, el intelecto y el espíritu pierden su carácter material, y son solamente “espíritu”. No obstante, en la escuela estoica, el espíritu se sigue concibiendo como material, y así es como lo conciben también algunos maestros espirituales y filósofos como Eckart[31]. A partir de Descartes el intelecto y el espíritu se definen como lo carente de extensión espacial. A partir de Newton la noción de materia es reemplazada en la física por la noción de masa. A partir de Einstein la noción de “entidades físicas” se definen como las que están distendidas en el tiempo y se desplazan con una velocidad siempre finita, que no supera los 300.000 km/s. A partir de Planck, la física cuántica define y describe procesos reproducidos simultáneamente en escenarios espaciales separados y distantes. En cierto sentido la física cuántica, en la medida en que anula algunas de las antiguas definiciones, obliga a definir de un modo nuevo y mejor delimitado las nociones de materia y espíritu. Lo que para los cazadores recolectores y para los hombres del Paleolítico era la parte de fuerza inteligente que había en cada cosa (animismo), en el Calcolítico es el aspecto del principio o el “espíritu” de cada cosa. Ese “espíritu” puede imponer su propio dinamismo o poder a la cosa o al organismo y separarlo del lugar que ocupa, es decir, puede hacerlo “levitar”, y también puede separarse de la cosa, pasar a ocupar otra ubicación, volver luego a su ubicación habitual o “natural”. En términos generales, en el Calcolítico el principio del organismo viviente genera el nuevo organismo viviente, creando, por una parte, en alma y espíritu (psiché y nous), y por otra, un doble de ese espíritu, vivo y consciente, pero no orgánico, que forma parte diferenciada de cualquier realidad, sean minerales, vegetales, animales o cuerpos celestes. En Grecia ese doble espiritual [31] Cf. m. PaGano, Lo spirito. Percorsi nella filosofia e nelle culture (Mimesis, Milano- Udine 2011). — 85 — del ente físico recibe el nombre de dáimon y en Roma el genius, como consta en el léxico antropológico primitivo indicado anteriormente (§ 5)[32]. Los espíritus son, también, la realidad viva y consciente que forma parte diferenciada de las entidades artificiales como los templos, las ciudades y los estados, y de los entes ideales como los números y las órbitas celestes. El animismo paleolítico y neolítico se transmuta en el Calcolítico en daimonología y angelología. Entonces las fuerzas que en los periodos anteriores actúan unas veces en beneficio y otras en perjuicio de los hombres, o como fuerzas polivalentes desde el punto de vista vital moral, se van agrupando en dos grandes clases de espíritus, a saber, los buenos y los malos. En la medida en que los reinos y ciudades tienen sus espíritus protectores, cuanto las entidades políticas se enfrentan los espíritus protectores siguen ejerciendo su oficio en ambos bandos, como se percibe bien en la Iliada, pero no por eso se convierten en “malos espíritus”. Los malos espíritus no son los que protegen a los pueblos que tienen a su custodia. Son los que impiden al hombre la salvación y procuran su muerte eterna. § 15.- Ruptura y reajuste del orden cósmico. Astrología, alquimia y magia Con el paso del Paleolítico al Neolítico y al Calcolítico se produce un cambio de escala en la imagen del universo. En el [32] En hebreo bíblico se designa con el término malʼākh, que se traduce al griego como angelos (mensajero) y al latín como angelus (mensajero). En la lengua Avesta, se designa como Fravashi, que es un espíritu personal de un individuo, ya sea difunto, vivo o aún no nacido (cf. https://en.wikipedia.org/wiki/Fravashi). Para una visión más de conjunto, cf. ROREM. Para una visión especializada, cf. E. PaChoumi, “The religious-philosophical concept of personal daimon and the magico-theurgic ritual of systasis in the greek magical papyri”, en Philologus, Zeitschrift für antike Literatur und ihre Rezeption 157 (2013) 46-69; cf. S. mECCi, “Il demone di Socrate nel medioplatonismo”, en Giornale Critico della Filosofia Italiana 97 (2018) 56-75. — 86 — orden del macrocosmos, el axis mundi pasa del árbol de la vida al eje de rotación de las constelaciones y las esferas celestes, y en el orden del microcosmos, los principios de la vida siguen en las plantas y en los espíritus animales, pero se encuentran también en los espíritus minerales, y además se descubre la continuidad entre todos ellos. En el orden del macrocosmos se produce un desarrollo de la astronomía y la astrología, y en el del microcosmos un desarrollo de la magia y de la alquimia, tales que, además, se percibe la convergencia de ambos entre sí. La unidad de la astronomía y la astrología con la magia y la alquimia permite una comprensión global del universo y una interacción con él, que será ya patrimonio de la humanidad. Esa unidad registra versiones diversas, cada vez más completas, en ediciones diversas, desde esa primera edición del Calcolítico hasta la de la cuarta revolución industrial, con la convergencia de física, biología e informática, y las que le sucedan. La unidad calcolítica del macrocosmos y el microcosmos, del mundo sideral y el de los vivientes orgánicos, queda recogida en las correspondencias entre astros, minerales, vegetales, animales, entes ideales y artificiales, que se ha mostrado antes al tratar de la unidad de los poderes cósmicos (§ 6). En la nueva unidad del macrocosmos y el microcosmos, hay una experiencia de la vida que resulta nueva, una comprensión del mal completamente nuevo, y una mutación de las religiones y de los procedimientos y recursos para hacerle frente. Una vista panorámica de estas fases de la comprensión de la vida y del mal, y de las correspondientes fases de configuración de las religiones, puede representarse en la siguiente tabla: — 87 — Paleolítico Neolítico Calcolítico Antigüedad Tipo de vida Caza y recolección Seminómadas Asentamientos Sociedades estatales urbanas Imperios Imperios Era axial Tipo de religión Culto y ritos Ritos y ley Culto y moral Proto-mitos Historia sagrada Revelación Mitos, Salvación Relig. mistéricas Dogmas, Plegaria Mística Tipo de sociedad Estado de naturaleza Agricultura ganadería Estado civil Polis Sociedad global Humanidad Tipo de psique Infantil Adolescente Imaginativa Organizativa Adulta Intelecto racional Logos, geometría Madura Intelecto racional Tipo de guía religioso Chaman y jefe Chaman, jefe, rey, héroe, Hércules Sacerdotes, magos, profetas Mesías, salvador Religiones institucionales Iglesias Tipo de bien y mal terrenos Enfermedad Catástrofes naturales Guerras, dominios Descendencia, posesiones, ruina, olvido Reino, ciudad Abusos, pecados. Pecado original Reflexión sobre el alcance metafísico del pecado Tipo de bien y mal eternos Muerte, juicio Infierno, gloria Unión mística purificación — 88 — — 89 — CAPÍTULO III COSMOLOGÍA DEL MAL EN LA ANTIGÜEDAD. EL INFIERNO DE LOS CONDENADOS § 16.- Tiempo y redención en el Calcolítico § 17.- El mal en Oriente y en Occidente § 18.- La cosmología del mal y el nuevo Axis mundi § 19.- El tiempo de la especie y del individuo. El mal en la historia y en la biografía § 20.- Sentido calcolítico occidental del mal. Psicología del pecado § 21.- Génesis del infierno en la época histórica. El fuego eterno § 22.- Relatos alejandrinos sobre el origen del mal. Hefestos, Enoch, Job, Gnosis § 23.- Formas alejandrinas de redención. Hermes Trismegistos § 24.- La Tabla esmeralda y el Opus Magnum § 25.- El cosmos atómico y el Axis mundi de Zósimo de Panópolis § 16.- Tiempo y redención en el Calcolítico Los poderes cósmicos tienen, cada uno, su ritmo de expresión, su tiempo[1]. El poder de la vida animal y humana, el poder del cielo (Urano), se rige por un tiempo de ciclos lunares, que es generalmente el de los cazadores recolectores. El poder sagrado de la vida agrícola, el poder del sol (Cronos, Saturno), que [1] Cf. MORN, § 20. — 96 — En la cosmología calcolítica y antigua, lo máximamente material es la tierra; y los seres malvados, los demonios y las almas de los condenados se representan como lo máximamente oscuro, pesado, y se ubican en las profundidades del universo, en los infiernos. Así se puede ver desde las primeras descripciones iranias hasta la apoteosis representativa de Dante. El bien y lo máximamente espiritual tiene un lugar y un estatuto físico, y el mal y lo máximamente material también. Lo máximamente espiritual es el fuego, el estado ígneo o luminoso de la “materia”, y los seres divinos, cuyo lugar es el cielo empíreo, se representan como fuego y luz desde los mitos sobre Ra en Egipto y Helios en Grecia hasta la Divina Comedia (“Pa ra í so”, XXX), que es, en versión popular, la representación “canónica” de la cultura occidental. El axis mundi calcolítico señala el itinerario espacial del proceso de caída y purificación y redención, de descenso a lo más degradado, impuro y maldito, y de ascenso a lo máximamente puro y redimido. Ese proceso tiene una vertiente material, con numerosas expresiones rituales y doctrinales, de entre las que destaca la alquimia, que arranca precisamente de la metalurgia calcolítica[8], y una vertiente espiritual, con numerosas expresiones rituales y doctrinales también, que se expresa en la purificación de las religiones orientales y en la redención de las occidentales. En Sumeria y Babilonia, en Egipto, la India, China y Japón, el infierno va perfilándose tanto cosmológicamente como éticamente, al igual que el Hades griego, el Infernus romano y el Sheol hebreo. Cosmológicamente, en la medida en que es un “lugar” inferior, denso, oscuro y sin luz, es también frío. A veces, muy frío. La imaginación irania lo representa como lo más propiamente material, como lo máximamente alejado de lo ígneo y [8] Cf. m. EliadE, Herreros y alquimistas (Alianza, Madrid 1959). — 97 — lo luminoso, o sea, gélido. El infierno primitivo, en la religión irania, tiene una temperatura de cero grados Kelvin, y correspondería a lo que la física actual llama la muerte térmica del universo. En las religiones orientales, de la India, China y Japón, el frío se alterna con el fuego, porque el proceso de purificación que acontece tras la muerte, tiene lugar mediante el elemento purificador por excelencia, el fuego, que puede transformar lo máximamente material y terrenal en espiritual y celestial[9]. § 19.- El tiempo de la especie y del individuo. El mal en la historia y en la biografía Los relatos calcolíticos vinculan unos acontecimientos a otros, los mencionan y los diferencian, pero no analíticamente, no mediante una reflexión diferenciadora y organizadora de los contenidos, según el orden esencial de las cosas. La episteme, la “ciencia”, la madurez del intelecto, la mayoría de edad, el encuentro del espíritu con su producto, el logos, y sobre todo consigo mismo, no acontece hasta la Antigüedad. La vinculación organizada esencialmente de todos los acontecimientos de la vida social e individual entre sí, es la que van alcanzando, poco a poco, los contenidos de las vivencias de un joven a partir de la mayoría de edad. La conciencia humana, al iniciarse la mayoría de edad, tiene mezclados tanto los acontecimientos mismos como lo que se interpreta como causa de ellos, es decir, lo tiene todo junto y revuelto: la actuación humana, electiva o no, el pecado, el castigo, etc. La conciencia humana del joven que alcanza la mayoría de edad no contiene de entrada ciencia ni sabiduría. La ciencia y la sabiduría tienen que ser elaboradas, a partir de la experiencia y a lo largo de la vida, aunque ambas cuentan para esa elaboración [9] G. minoiS, Historia de los infiernos (Paidós, Barcelona 1999), primera parte, passim. — 98 — con una base insuperable e insuperablemente valiosa también, a saber, el lenguaje natural o lenguaje ordinario, que se forma precisamente en el Calcolítico. Más tarde, en la Antigüedad, en la era axial, a partir del siglo VI AdC, las dos fuerzas vitales, que vienen caracterizadas como espíritus del bien y espíritus del mal, con las doctrinas de Orfeo y Pitágoras en la cultura griega, y con el descubrimiento socrático de la esencia y la sistematización de la ontología, son caracterizadas como espíritus de diverso signo y como “materia”. En el Calcolítico occidental nace la historia y nace la psicología como formas de seriar el tiempo de la comunidad y el individual. Obviamente los ritos de paso cumplen esa función desde el Paleolítico más remoto, y quizá la cumplen también en los neandertales y en otras especies del género homo. Pero no parece haber una elaboración lingüística autoconsciente de esta seriación del tiempo común, o historia, y del tiempo individual, o biografía, hasta que aparecen las sociedades estatales, el lenguaje ordinario y la escritura en el Oriente Medio en el milenio cuarto AdC. A partir del Calcolítico el hombre elabora las historias de la aparición del mal, en relación con la nueva cosmología en Oriente, y como resultado de sus acciones en Occidente. Los cuatro momentos de 1) creación y estado de inocencia originaria, 2) caída y aparición de la muerte y el mal, 3) vida terrena y lucha entre el bien y el mal, y 4) salvación, se corresponden, en cierto modo, con las fases en que la Modernidad se representa, simultánea y paralelamente, el despliegue de la humanidad y el de la existencia individual. Parece como si la conciencia y las representaciones del tiempo, se proyectasen a la vez sobre la especie y sobre el individuo, a saber, Paleolítico e infancia, Neolítico y adolescencia, Calcolítico y época histórica y, finalmente, mayoría de edad y ancianidad, que se correspondería con la Ilustración y la época actual. — 99 — El conjunto de los momentos de la vida se representa, en cada una de las cuatro etapas del desarrollo del hombre, como especie y como individuo, según el grado de desarrollo psicoespiritual, y según el grado de desarrollo socio-cultural. A su vez, en correlación con cada uno de esos momentos o etapas, también el bien y el mal se representan de una u otra manera. Los grandes periodos temporales de la historia del homo sapiens, y las cuatro fases del ciclo de la vida biográfica humana, situados en la primera columna de la izquierda, se corresponden con las formas de comprensión del bien y del mal según la siguiente tabla: Fase 1 Inocencia original. No discernimiento Fase 2 Caída. Mal y muerte. Discernimiento Fase 3 Vida terrena. Lucha entre bien/ mal Fase 4 Salvación Restauración de felicidad Descripción del ciclo Paleolítico Cazadores recolectores/ Infancia Convivencia de animales, vegetales y astros Disarmonía entre animales y hombres Hambre Enfermedad Convivencia con los poderes sagrados Cuentos de animales (mapuches, yorubas, etc.) Neolítización Tribus sedentarias/ Adolescencia Paraíso Edén Diluvio Cataclismos Acciones humanas Hambre Enfermedad Muerte Guerras Conquista y dominio del mundo Cantos, relatos de opciones libres (Eva) Calcolítico Sociedades estatales/ Mayoría de edad, Madurez Paraíso Jardín del Edén Bien/mal Muerte Tentaciones por Belleza, Eros, Riqueza, etc. Pecado, mal Hambre Enfermedad muerte Conquista del mundo Vida eterna con los dioses Acciones dramáticas complejas: Epimeteo, Pandora Época histórica Oriente Occidente Mayoría de edad, Madurez Oriente: Preexistencia _____ Paraíso terrenal Emanación y desajustes en lo finito Génesis del mal y de la muerte Procesos de purificación Redención Vida con los dioses Recapitulación Vida eterna con Dios Interpretación teológica de relatos. Enigmas y paradojas — 100 — En correlación con la diferencia de los dos grados ontológicos de vida mortal y vida inmortal, la totalidad de la realidad se desglosa en ámbito de la Divinidad y ámbito de la criatura, o Universo creado. En el ámbito de la divinidad se ubica el centro de gravedad metafísico y en el de la creación el centro de gravedad físico. El primero es el orden del ser y el segundo el orden del no ser, que se contraponen como el bien y el mal, el espíritu y la materia, y otros pares de opuestos. El eje que une los dos centros de gravedad es el nuevo axis mundi, como se ha dicho antes. § 20.- Sentido calcolítico occidental del mal. Psicología del pecado Los relatos calcolíticos occidentales del origen del universo y del mal sitúan al hombre como protagonista, porque tanto el narrador como los narrados se siente libres, porque se sienten señores del universo, y porque se sienten en un cierto pie de igualdad con los dioses. Y se sienten así por un motivo bien poderoso, y es que han vivido para contarlo. De otra manera no podría concebir historias como la del Génesis y sus análogas. Si se les contaran a tribus de cazadores recolectores, o a pueblos de culturas no esteparias, no las entenderían, y si las entendieran, les resultarían increíbles. Esa imposibilidad de comprensión, que tienen los hombres de las sociedades urbanas estatales en relación con los relatos paleolíticos, se da también entre los cazadores recolectores actuales en relación con los relatos de las sociedades urbanas. La incomprensión es mutua. La concepción del pecado como origen del mal en Occidente, a diferencia de Oriente, implica una conciencia de libertad y de protagonismo de una arrogancia inaudita. La descripción de esa libertad y ese protagonismo, en tanto que dado para sí mismo, es el nacimiento de la psicología a la vez que el nacimiento de la historia. — 101 — En el Occidente, el hombre es la prima donna de la creación y además ejerce de tal, hasta el punto de que se atribuye el logro de desequilibrar todo el universo, y casi de arruinarlo, mediante su actividad. El pensamiento oriental no alcanza esos niveles de megalomanía. El mal surge de suyo, al exteriorizar Dios sus pensamientos de un modo natural, y no por un acto reflexivo de voluntad. Incluso si la creación fuera un acto reflexivo, tampoco podría evitarse el mal como previamente dado. Sencillamente porque lo otro que Dios, lo otro que lo absolutamente perfecto, no tiene más remedio que ser imperfecto, y la manifestación de esa imperfección intrínseca es, a la vez, la creación y la expansión del mal en el cosmos. El mal aparece como desajustes entre la pluralidad de seres emanados, y se produce simplemente por ser imperfectos (por no ser Dios) y por tratarse de muchos en un espacio común. En el Occidente, el hombre —el superviviente del clima estepario—, lo ejemplifica y lo preludia todo. Cada episodio y cada momento de su vida está compuesto de desajustes, estruendos, choques, rechazos, etc., es decir, pecados, surgidos de un pecado primordial. Para el Oriente ese pecado primordial es salir del estado de pre-existencia; en cambio, para Occidente, una elección originaria, un acto de voluntad seguido de otros muchos actos. Lo que está en el comienzo de la historia para Oriente es un acontecimiento cosmológico; en cambio, para Occidente, lo inicial del inicio histórico consiste en un acontecimiento psicológico. Ese pecado primordial, primero se cuenta en relatos muy sencillos que vienen del Paleolítico, y que entonces no podían ser entendidos desde una autoconciencia libre. Cuando no se puede distinguir entre actos del hombre y actos humanos, entre acción efectiva y acción intencionada, como le pasa a Edipo, el pecado como responsabilidad personal no se puede entender, o cuando el engaño es una estrategia — 102 — para la victoria tan inocente moralmente como cualquier otra, como le pasa a Josué, el pecado como culpa tampoco se puede entender. El pecado, en esos casos, se puede entender sólo como acción que afecta a la totalidad humana y como culpa que afecta a la totalidad humana, o a la totalidad hebrea o tebana, que es lo mismo que “humanidad” para las conciencias tribales de Edipo y de Josué. La concepción de la transgresión originaria o del mal originario como algo que afecta a la totalidad de la creación, y a cada individuo personalmente, se va comprendiendo en el Calcolítico, y se va elaborando entonces a medida que se recomponen y se remodelan los relatos de los orígenes. La psicología aparece en primer lugar como descripción de comportamientos en los relatos elementales sobre el origen del universo y del mal, y solo en la Antigüedad esa psicología elemental deja paso a una psicología descriptiva y fenomenológica articulada con una ontología de la subjetividad y una ontología fundamental general. Ese es también el terreno de la teología. § 21.- Génesis del infierno en la época histórica. El fuego eterno El acontecimiento de la caída, pecado original o degradación, empieza a formar parte de la autoconciencia humana a partir del momento en que empieza a haber relatos verbalizados. En relación con el episodio del diluvio, es posible establecer correlaciones entre la memoria épica que se transmite en los mitos, y el conocimiento y lenguaje científicos utilizados en el siglo XXI. Los registros arqueológicos y geológicos aportan mucha información sobre el final del pleistoceno, y el holoceno, o sea, sobre las glaciaciones, los periodos interglaciares y el fin de la Edad del Hielo. No ocurre lo mismo con el episodio de la caída, — 103 — que parece pertenecer más al orden histórico cultural que al geológico, más al orden psíquico y moral que al físico. No obstante, casi todas las culturas y religiones vinculan estrechamente los dos órdenes. La mente humana es intelectiva en todas sus etapas. La paleolítica es animista, como la del niño, según la describen Lévy- Bruhl y Piaget, entre otros. La mente neolítica es imaginativa y creativa como la del preadolescente. La mente calcolítica es racional, como la del joven que ha alcanzado la mayoría de edad. En el Calcolítico los ritos y los relatos que explican la vida y el mundo, y el origen del mal, son reelaborados según la mayor amplitud de esas capacidades psíquicas y esa mayor sensibilidad moral[10]. Las nuevas explicaciones establecen diferencias entre 1) creación e inocencia originaria, y 2) origen del mal o caída, y articulan dichas fases según las categorías de la causalidad y la remuneración, es decir según lo que se entiende como una modalidad del logos, o razón. De ese modo las narraciones y explicaciones resultan más satisfactorias para una psique que cuenta con más registros, que se siente dotada de intelecto y que, por eso, indaga con más profundidad y discernimiento, y además siente más exigencia de orden y de justicia. Más aún, si no se describen los acontecimientos con “orden”, no se comprenden y, en último término, no se describen en absoluto. En la era axial aparece la inteligencia para sí misma, y se percibe a sí misma en las dos primeras formas de su producto o de su expresión, en las dos primeras formas del logos, a saber, en el lenguaje natural y en la cantidad y el número, es decir, en el relato y el himno, y en la matemática. Mediante esas dos dimensiones del logos, la inteligencia percibe y relaciona más aspectos y dimensiones en ese universo, [10] La correspondencia entre la mente prehistórica y la mente infantil y juvenil del hombre, según las tesis de Vico, Durkheim, y otros autores, se expone con más detenimiento en ROREM. — 104 — anteriormente interpretado de un modo más sencillo, y empieza a explicarlo de un modo más completo y complejo. También ahora el caos puede concebirse como más complejo y el mal como más terrible, como un monstruo que devora todo orden humano en un laberinto ininteligible, como el de Creta. Entonces se va perfilando como un momento singularísimo el episodio de la caída, episodio clave de la historia humana, en que se pone particularmente de relieve la confrontación entre dos tipos de fuerzas vitales. En el Neolítico, y también en el Calcolítico, en las sociedades estatales urbanas, la oposición entre el bien y el mal se describe como oposición entre espíritus buenos, o fuerzas vivas buenas, y espíritus malos o fuerzas vivas malas, no entre espíritu y materia. En la era axial, el bien y el mal, la salvación y la condenación, se declaran en relatos y en ritos que integran la propia historia y la propia cultura, lo cual es precisamente lo que hace posible la comprensión de lo que se declara. El Hades griego, el Sheol hebreo, el gélido infierno iranio, y el infierno de las culturas euroasiáticas, se transmutan, mediante la integración de la “gehena del fuego inextinguible” del judaísmo, en el infierno del cristianismo y el islam. «Gehena» deriva de Ge Hinnom, que significa «Valle de Hinom», también denominado Gai ben Hinnom, «valle del hijo de Hinom». Es un valle situado fuera de la muralla sur de la antigua Jerusalén, que se extiende desde el pie del Monte Sion hasta el valle de Cedrón, al este. En unas versiones aparece transcrito como gehena, y en otras se traduce por infierno. En épocas antiguas, en ese valle, los cananeos sacrificaban niños al dios Moloch, quemándolos vivos. Después del año 638 AdC el valle de Hinón se convirtió en el lugar utilizado como vertedero de Jerusalén, donde se incineraba la basura, y también los cadáveres de animales o los de algunos criminales. Es el lugar maldito por excelencia. El basurero y el fuego suministran — 105 — los elementos de la metáfora para indicar que la «basura» (desobedientes) arde de día y de noche[11]. El término gehena (Gehenem, Yahannam) se utiliza en el Corán para designar el lugar del tormento para los pecadores, y es el equivalente islámico del infierno cristiano. Las representaciones islámicas parecen ser las que más inspiran a Dante[12], cuya versión del infierno, y la de los ilustradores de la Divina comedia y de la Biblia desde la invención de la imprenta, determinan en gran medida el imaginario occidental del infierno. Por lo que se refiere a las determinaciones éticas, hay un infierno popular que tiene sus puntos de partida en Homero, Virgilio y Dante, y un infierno culto, que, junto con el cielo, tiene su punto de partida en las doctrinas órficas y en Platón, que hace el primer diseño de la escatología[13], como el de todos los grandes temas de la filosofía y teología occidentales. Una expresión plástica de la degradación y la purificación, material y espiritual, conjuntamente, se encuentra en la obra pictórica de El Bosco, conocedor de la alquimia, por una parte, y perteneciente a los seguidores de la devotio moderna en el siglo XVI, por otra[14]. [11] Cf. K. kohlEr - l. Blau, “Gehenna (Hebr.; Greek, Γέεννα)”, en: http://www. jewishencyclopedia.com/articles/6558-gehenna; https://es.wikipedia.org/wiki/ Gehena. [12] Cf. M. aSín PalaCioS, Dante y el islam (Urgoiti, Pamplona 2007; ed. original, 1927). [13] minoiS, Historia de los infiernos, 64-75. [14] Cf. P. J. mESa - a. mª. romEro Coloma, El Bosco. Los enigmas de su obra y su personalidad (Editorial Universidad de Sevilla-Secretariado de Publicaciones, Sevilla 2020). — 112 — purificación como modo de dar poder, pues el oro puro y el hierro puro son más fuertes que mezclados con otros elementos, que justamente al mezclarse con ellos los debilitan. También la metalurgia implica el descubrimiento de un tiempo nuevo, como señala Eliade[20], de una velocidad nueva, la de la luz, que es también la velocidad de esos espíritus que los acadios llama serafines y querubines. Como en algunos fenómenos cuánticos (el entrelazamiento cuántico y la computación cuántica), en el mundo de esos espíritus hay distancia, espacio, pero no hay tiempo. La divinidad que descubre y practica la metalurgia en Egipto, como se ha indicado, es Ptah, en Grecia, Hefestos, y en Roma, Vulcano. La sabiduría de la metalurgia egipcia es custodiada y transmitida por el dios Toth, y la comparte con el dios griego Hermes, quien a su vez la transmite a los hombres. En época alejandrina el Toth egipcio y el Hermes griego están ya fusionados en la figura de Hermes Trismegistos, la divinidad que unifica, transmite y enseña la sabiduría práctica metalúrgica y la teúrgia. Hermes Trismegistos instruye a los hombres mediante la Tabla esmeralda, y mediante la correspondiente sabiduría teológica y religiosa en el Corpus Hermeticum, y son estos documentos los que constituyen el fundamento teórico y el comienzo de la alquimia[21]. A partir de la época alejandrina, el espíritu y la materia, el macrocosmos y el microcosmos se articulan formando una unidad en interacción continua. En la Edad de los Metales, y especialmente en la Edad del Hierro, ya hay diferencia entre acción e intención, entre actos del hombre y actos humanos. Ya hay claridad y distinción respecto de los sentidos del principio: principio del ser, de la fuerza física, [20] Cf. EliadE, Herreros y alquimistas. [21] S. l. GrimES, Zosimus of Panopolis: Alchemy, Nature, and Religion in late Antiquity (University of Syracuse, Disertación para el grado de Doctor en Filosofía 2006). Para todos los términos de las antiguas ciencias ocultas, cf. W. J. hanEGraaFF, Dictionary of gnosis and western exotericism (Brill, Leiden 2006). — 113 — de la vida, de la voluntad, del pensamiento y del orden. Pero no se prescinde de ninguno. La realidad es interpelada en su unidad, invocando a la vez todos sus principios. Así puede percibirse en la predicación de Miqueas (740-670 AdC): 1 Escuchen lo que dice el Señor: ¡Levántate, convoca a juicio a las montañas y que las colinas escuchen tu voz! 2 ¡Escuchen, montañas, el pleito del Señor, atiendan, fundamentos de la tierra! Porque el Señor tiene un pleito con su pueblo, entabla un proceso contra Israel; […] 7 ¿Aceptará el Señor miles de carneros, millares de torrentes de aceite? ¿Ofreceré a mi primogénito por mi rebeldía, al fruto de mis entrañas por mi propio pecado? 8 Se te ha indicado, hombre, qué es lo bueno y qué exige de ti el Señor: nada más que practicar la justicia, amar la fidelidad y caminar humildemente con tu Dios[22]. Las realidades físicas, el cosmos entero, es convocado a la justicia y al orden, como si tuviera su propia alma y su propia responsabilidad. El profeta Miqueas habla en los mismos términos que el filósofo Empédocles, y que el músico Orfeo. Comenzada ya la Edad del Hierro, los hombres distinguen entre todos los sentidos del principio, y apelan a todos ellos unitariamente. Desde el punto de vista religioso, de la relación con Dios, el enfoque que destaca es el ético y no el ritual, y desde el punto de vista filosófico y artístico, ese es el que destaca también. Miqueas, Empédocles y Orfeo comparten no pocas valoraciones y prioridades con los activistas de los derechos humanos del siglo XX. A partir de la época alejandrina, las técnicas de la metalurgia y la orfebrería, la alquimia, y el neoplatonismo, convergen en un saber que es a la vez teórico y práctico, y por el que se descubre un sentido nuevo y más profundo del mal. El mal arranca desde [22] Libro de Miqueas, 6, 1-2, 7-8. — 114 — el más arcano principio del ser y de la vida, y quizá anidan en el alma del mundo, en su desajuste y disarmonía. Eso es lo que enseña Hermes Trismegistos. § 24.- El alma del mundo, la Tabla esmeralda y el Opus Magnum La cosmología del cielo y del infierno se inicia en el Paleolítico con la geometría sagrada, se desarrolla mediante la astronomía y la astrología neolítica, y en la Edad de los Metales da lugar al modelo de universo de las esferas que elabora Pitágoras, reelabora Aristóteles y culmina con los Ptolomeo al final de la época alejandrina. El cielo empíreo, o el último cielo, la morada de los dioses y de los bienaventurados, es la última y más elevada de las esferas celestes[23]. La muerte y el mal tienen su polo en el centro de gravedad físico, centro de la tierra y centro del universo. La vida y el bien tienen su polo en el centro de gravedad metafísico, que está fuera y más allá del cielo empíreo. Todos los sentidos del principio operan en todos los seres, como explican los magos persas, los sabios egipcios y Platón, y como desarrollan de una u otra manera las diferentes escuelas neoplatónicas. En todos los seres está el uno, está el ser y está la vida. En el alma de cada uno de los seres está el daño y por eso pueden y deben ser reparados, redimidos. El alma de todos y cada uno de los seres está vinculada con el alma del mundo. La noción de “alma del mundo”, de origen platónico, es uno de los sentidos diferenciados del principio originario indiferenciado, y es quizá la noción que juega el papel mediador más importante entre el mundo y Dios, en las cosmologías [23] Cf. GrimES, Zosimus of Panopolis: Alchemy, Nature, and Religion in late Antiquity. — 115 — antiguas, y en las modernas, desde Newton y Leibniz hasta Einstein y Plank y hasta Gamow y Witten[24]. Hay ritos de iniciación y prácticas salvíficas que sanan a los hombres, incluso independientemente de sus actos, y hay también procedimientos para restaurar los elementos dañados, materiales, vegetales y animales, directamente o bien a través de sus componentes de rango inferior. El universo entero se puede re-sintonizar y cada elemento material puede volver a la adoración del centro de gravedad metafísico. El conjunto de los procedimientos conocidos y utilizados desde la fundación de las ciudades, particularmente las del Imperio Antiguo egipcio, transmitidos por Hermes Trismegisto quedan expuestos en su texto la Tabla esmeralda[25]. El contenido de la Tabla esmeralda, que establece la famosa correspondencia entre el microcosmos y el macrocosmos, señala la vía para la realización de la Gran obra, la redención propuesta por el Corpus hermeticum y la Alquimia. Preceptos de Hermes Trismegisto en Tabla esmeralda: I. Lo que digo no es ficticio, sino digno de crédito y cierto. II. Lo que está más abajo es como lo que está arriba, y lo que está arriba es como lo que está abajo. Actúan para cumplir los prodigios del Uno. III. Como todas las cosas fueron creadas por la Palabra del Ser, así todas las cosas fueron creadas a imagen del Uno. [24] El “alma del mundo” es una de las nociones importantes para la comprensión de los Principios matemáticos de la filosofía natural (Philosphiae naturalis principia mathematica) de 1687 (tr. y ed. de Eloy Rada de la tercera edición de 1726, versión digital: ePub r1.0, casc 06.02.16), porque Newton niega sistemática y firmemente su existencia. La eficiencia del cosmos Newton la refiere a Dios, quizá en los mismos términos que Tomás de Aquino en su segunda vía para la demostración de la existencia de Dios, o vía de la eficiencia. [25] Uno de los mejores y más accesibles resúmenes sobre la Tabla esmeralda se encuentra en la versión francesa de Wikipedia, https://fr.wikipedia.org/wiki/ Table_d’émeraude. — 116 — IV. Su padre es el Sol y su madre la Luna. El Viento lo lleva en su vientre. Su nodriza es la Tierra. V. Es el padre de la Perfección en el mundo entero. VI. Su poder es fuerte si se transforma en Tierra. VII. Separa la Tierra del Fuego, lo sutil de lo burdo, pero sé prudente y circunspecto cuando lo hagas. VIII. Usa tu mente por completo y sube de la Tierra al Cielo, y, luego, nuevamente desciende a la Tierra y combina los poderes de lo que está arriba y lo que está abajo. Así ganarás gloria en el mundo entero, y la oscuridad saldrá de ti de una vez. IX. Esto tiene más virtud que la Virtud misma, porque controla todas las cosas sutiles y penetra en todas las cosas sólidas. X. Éste es el modo en que el mundo fue creado. XI. Éste es el origen de los prodigios que se hallan aquí [¿o, que se han llevado a cabo?]. XII. Esto es por lo que soy llamado Hermes Trismegisto, porque poseo las tres partes de la filosofía cósmica. XIII. Lo que tuve que decir sobre el funcionamiento del Sol ha concluido[26]. La Tabla esmeralda es la forma verbal preceptiva o imperativa del Uroboro, la serpiente que se muerde la cola con la boca, y representa el movimiento circular eterno en clave de ser viviente. La Tabla enuncia lo que el Uroboro es y lo que el Uroboro hace, que es vivir, pues para el Uroboro ser se resuelve en vivir y vivir se resuelve en ser, lo cual está enunciado en la fórmula aristotélica «para el viviente, vivir es ser» (δὲ ζῆν τοῖς ζῶσι τὸ εἶναίἐσιν, vivere viventibus est esse)[27]. [26] La enumeración de los preceptos está tomada de https://es.wikipedia.org/ wiki/Tabla_de_Esmeralda. Una versión bien documentada de la Tabla y su influjo se encuentra en la versión francesa de Wikipedia, https://fr.wikipedia.org/wiki/ Table_d’émeraude. Sigo la versión española de Miguel Ángel Muñoz Moya: hErmES triSmEGiStoS, Tabla de la esmeralda (Mestas, Madrid 2011), que recoge los comentarios de Hortulano y Fulcanelli. [27] ariStótElES, De anima, II, 4, 415b 13. — 117 — La Gran obra (Opus magnum) consiste en el descubrimiento de la piedra filosofal, que es el elemento originario de la creación del universo. Reúne en sí el poder de todos los sentidos del principio, precisamente por eso puede transmutar unos elementos inferiores en otros superiores, y resintonizar todo lo que se ha desajustado. La piedra es la sustancia originaria que contiene los principios del ser mineral, vegetal y animal, y la clave de la integración de los cuatro elementos en cada uno de esos ámbitos. Así se dice en La Tabla y en el capítulo III del Corpus hermeticum, que recoge buena parte del contenido de la tabla[28]. La materia prima, la piedra filosofal, la sustancia originaria, es el elemento primordial en el que los pensadores alejandrinos buscan la unidad de los cuatro elementos heredados del Neolítico, tierra, aire, agua y fuego. Son los primeros cuatro elementos pensados por los primeros filósofos y teólogos milesios en su búsqueda del elemento, resuelto en la unidad de un elemento único por los filósofos alejandrinos. Los cuatro elementos no son simplemente “materia”. Son poder, physis, actividad (enérgeia, energía), vida, intelecto y espíritu. La ciencia, la religión y la magia no están diferenciadas, delimitadas e incomunicadas en la época alejandrina ni en los primeros siglos del cristianismo. La noción de “naturaleza”, physis, se está perfilando y su perfilamiento acontece en esos tres ámbitos a la vez. El universo dañado por la exteriorización y por la actividad libre de la criatura, puede ser restaurado también por la actividad libre de la criatura, afinando su oído al máximo para lograr la re-sintonización adecuada. [28] hErmES triSmEGiStoS, Corpo ermetico e Asclepio, ed. B. M. Tordini Portogalli (Boringhieri, Torino 1965, reimpr. 1997) cap. III, 32-34. — 118 — § 25.- El cosmos atómico y el Axis mundi de Zósimo de Panópolis En el Paleolítico los poderes sagrados, la luna, el sol, las constelaciones de la noche, se muestran directamente por sí mismos a los hombres. La luna y las constelaciones les muestran también cuándo hay que fecundar a la mujer, y cuándo y dónde hay osos, toros, salmones, y todo lo necesario para sobrevivir. En el Neolítico el héroe Hércules y el héroe Caín, separan los cuatro elementos de la naturaleza, tierra, agua, aire y fuego. Enseñan a los hombres la agricultura, la ganadería, la navegación y los regadíos, y además les enseñan a construir ciudades. Hércules y la divinidad solar proporcionan todo lo necesario para sobrevivir cuando crecen, se multiplican y llenan la tierra[29]. En el Calcolítico, cuando se descubre la metalurgia, el oro y el bronce, las aleaciones del cobre y el estaño, se desglosan de nuevo los cuatro elementos revelados por Hércules y la divinidad solar, especialmente la tierra, en partes más elementales. Se desarrolla entonces una búsqueda de lo más elemental todavía, que los filósofos griegos Leucipo, Demócrito y Epicuro llaman precisamente átomo, o sea, lo indivisible, lo que no se puede partir. Los científicos modernos desde Lavoisier y Dalton hasta Avogadro y Mendeléyev, mantienen para el elemento el mismo nombre de átomo, y lo describen con mayor detalle. En los inicios [29] Génesis 1, texto posterior tanto a Hércules y Caín como a Agamenón y Abraham, se expresa de la siguiente manera: 28 Dios los bendijo; y les dijo Dios: «Sed fecundos y multiplicaos, llenad la tierra y sometedla; dominad los peces del mar, las aves del cielo y todos los animales que se mueven sobre la tierra». 29 Y dijo Dios: «Mirad, os entrego todas las hierbas que engendran semilla sobre la superficie de la tierra y todos los árboles frutales que engendran semilla: os servirán de alimento. 30 Y la hierba verde servirá de alimento a todas las fieras de la tierra, a todas las aves del cielo, a todos los reptiles de la tierra y a todo ser que respira». Y así fue. 31 Vio Dios todo lo que había hecho, y era muy bueno. Pasó una tarde, pasó una mañana: el día sexto. — 119 — del siglo XX el elemento se perfila con más detalle todavía y con un carácter aún más elemental, y se formula como quantun de acción de Planck. En el siglo XXI, en un nuevo progreso hacia lo más elemental, el elemento se describe como dos conjuntos de esos quanta, los fermiones (elementos con masa) y los bosones (elementos sin masa), que constituyen el filamento o la cuerda matriz de la teoría de cuerdas. En el siglo XXI la teoría de cuerdas integra en sí los diversos tipos de partículas subatómicas[30]. El axis mundi alejandrino está más elaborado que el del Calcolítico, y se despliega, por una parte, en el orden de la cosmología y, por otra, en el de la antropología, en el del macrocosmos y en el del microcosmos, y en ambos hay una ubicación espacial del bien y del mal. En el orden de la cosmología, Pitágoras, Aristóteles y Ptolomeo configuran un cosmos según el diseño pitagórico de las esferas. Elaboran el modelo geocéntrico, que tiene como centro de gravedad la tierra, y como límite último el cielo empíreo, sobre el cual se sitúan los dioses precristianos y el Dios cristiano. La religión y la teología, en la medida en que se presentan como discursos sobre cosas reales, no disponen de un imaginario autónomo respecto de la cosmología, y operan en el único escenario que ella proporciona. En el cosmos de los astrónomos tienen que acomodar las religiones y las teologías sus divinidades, si es que quieren darles legitimidad ontológica, es decir, un estatuto de verdadera realidad. El beneficio de la legitimidad ontológica empieza a ser cada vez más el patrimonio del diálogo entre los saberes, que van apareciendo a lo largo de la época histórica en la comunidad científica, y que configuran la parte del sentido común que le corresponde a cada uno. [30] Un buen resumen de la historia de la teoría atómica se encuentra en la versión inglesa de Wikipedia, https://es.wikipedia.org/wiki/Átomo; https:// en.wikipedia.org/wiki/Atom — 120 — Hacia el año 300 dC, Zósimo, en la ciudad de Panópolis, al sur de Egipto, escribe el tratado de Alquimia más antiguo conocido, con el título de Cheirokmeta, (en griego “cosas hechas con las manos”)[31]. En sus diversos tratados, da cuenta del origen del mal a partir de los ángeles seductores, según la tradición judía de Enoch, y del origen del universo ptolemaico, y a partir de la acción creadora de Dios, según la tradición hermética y según la tradición gnóstica[32]. En el extremo terreno del axis mundi, en la parte más baja del universo, se sitúa el mal, y en el extremo celestial, por encima del cielo empíreo, se sitúa Dios, el bien. Ese es el ámbito de la realidad, del bien y del mal, desde el punto de vista teórico. Por otra parte, desde el punto de vista práctico, Zósimo propone los procedimientos técnicos y rituales para la purificación del cosmos y del hombre, para redimir el mal partiendo desde el sí mismo primordial del cosmos y desde el sí mismo primordial del hombre, de cada ser humano. En esta propuesta de orden práctico, armoniza los relatos de Enoch con la física de Hermes, según una relación entre la Hermética técnica y la Hermética teórica profunda y estricta[33]. Zósimo relata un sueño en el que el sacerdote Ion es empalado con una espada, que lo desmembra “de acuerdo con la regla de armonía” (según los cuatro elementos) y en el que sus partes son quemadas en un altar, y vertidas en un caldero de agua hirviente hasta que se transforman en espíritu. Después de ese sueño sobre el sacerdote Ion, Zósimo vuelve a dormir y reaparece él mismo con la forma de cobre, cae en el caldero y reaparece según el espíritu del cobre. Después debe volver a padecer lo mismo con la forma de la plata para adquirir [31] Cf. GrimES, Zosimus of Panopolis: Alchemy, Nature, and Religion in late Antiquity. [32] K. A. FraSEr, “Zosimos of Panopolis and the Book of Enoch: Alchemy as forbidden knowledge”, en Aries 4 (2004) 125-147. [33] C. h. Bull, “Wicked Angels and the Good Demon: The Origins of Alchemy According to the Physica of Hermes”, en Journal of Gnostic Studies 3 (2018) 3-33. — 121 — el espíritu de la plata, y después vuelve a suceder lo mismo con la forma del oro para adquirir el espíritu del oro. La inmersión en el caldero en el que están todos los hombres, expresa el proceso de transmigración y purificación de las almas, mediante la ebullición, mediante el sacrificio, hasta la transformación en espíritu[34]. Jung interpreta el homúnculo de bronce, el homúnculo de plomo, etc., como alegorías de los protagonistas de los episodios a través de los cuales se lleva a cabo el proceso de individuación, de realización del sí mismo[35]. Todavía, por otra parte, además, Zósimo está pendiente de las desviaciones de la alquimia y de la magia, como lo están actualmente los filósofos respecto de las desviaciones del transhumanismo, y señala los cauces de la alquimia ética y religiosamente aceptables, y los inaceptables. La práctica de la alquimia ortodoxa según la Tabla esmeralda, articulada con la teoría del Corpus hermeticum, se entiende a sí misma como una vía hacia la unión con Dios, a través de la realización del sí mismo. No se trata de un panteísmo, rechazado secularmente por los alquimistas. Se trata, al parecer, de una vía a la vez técnica, mística y teórica hacia Dios, en la que el hombre acompaña a Dios teórica y técnicamente en el proceso de creación, y acompaña a Dios teórica, ascética y místicamente en proceso de redención de sí mismo[36]. [34] zóSimo dE PanóPoliS, Lecciones de alquimia (Biblioteca de Mirasala, Las Heras- Santa Cruz, Argentina), en: https://dokumen.tips/download/link/zosimo-de- panopolis-lecciones-de-alquimiapdf. Entrada: 9 agosto 2020. [35] C. G. JunG, “The vision of Zósimo”, Alchemical Studies, en: The Collected Works of C. G. Jung, XIII (Princeton University Press - Routledge & Kegan Paul, Princeton 1970). [36] Ese es el punto de vista de M. A. Muñoz Moya en su “Introducción” a la edición preparada por él de hErmES triSmEGiStoS, La tabla de esmeralda, ed. cit., y el de S. L. Grimes, en su estudio ya citado: Zosimus of Panopolis: Alchemy, Nature, and Religion in late Antiquity. — 128 — su vez, en ambas corrientes se pueden encontrar visiones negativas o positivas de la religión, según la valoración que se haga del orden racional y del orden existencial. § 27.- Ciencia y filosofía en el Renacimiento y la Modernidad. La Prisca sapientia El universo paleolítico (el de los cazadores recolectores), el neolítico, el calcolítico y el de la Antigüedad, muestran una sintonía e interconexión estrecha de los elementos y factores del universo entre sí, astrales, climáticos, minerales, vegetales y animales, y también una sintonía e interconexión estrecha entre el universo entero y los vivientes humanos, entre el macrocosmos y el microcosmos. La universalidad de esta interconexión funcional, en correlación con los léxicos particulares de cada cultura y cada localidad, son registrados y descritos en Occidente por primera vez por Heródoto en el siglo V AdC[8]. Esas correspondencias tienen sus primeras formulaciones teóricas en la Antigüedad por parte de los filósofos presocráticos y los alejandrinos, especialmente en los Oráculos Caldeos, el Corpus hermeticum y los textos neoplatónicos. Tienen sus reelaboraciones en la Edad Media, cuando se recogen como manifestación de una antigua sabiduría natural y revelada a la vez, a la que denominan Prisca sapientia. En el siglo XVI Marsilio Ficino y Pico de la Mirandola asumen esa sabiduría con esa denominación, y otros humanistas como Erasmo y Vives acogen esos conocimientos y esos textos, junto con algunos más, y designan a todo el conjunto como Philosophia perennis. En la cultura occidental, tanto la Prisca sapientia como la Philosophia perennis se consideran, a partir del Renacimiento, como un cuerpo de conocimientos que constituyen la sabiduría [8] hEródoto, Historia (Gredos, Madrid 2000). — 129 — originaria, natural y revelada por Dios, poseída por la humanidad desde el principio del género humano. Esta sabiduría originaria, aunque poco valorada por algunos científicos e intelectuales ilustrados, es tomada sin embargo por otros como cuerpo doctrinal de las logias masónicas, y en general de la religión natural, como una manifestación de Dios en su creación. A los ilustrados les resulta más consistente, persuasiva y digna de la divinidad, que las historias recogidas, transmitidas y reelaboradas en relatos muy simples, de pueblos y culturas muy particulares. Surge así una forma de religión, el deísmo, que presenta a Dios en toda su grandeza, como creador del universo y del hombre, y no como el protagonista de unos relatos que aparecen como infantiles. El deísmo es al relato revelado, que propone la iglesia institucionalmente para ser creído, como la teología de los primeros filósofos griegos es a la mitología de Homero, a su vez, revelación enseñada por las instituciones religiosas de la Grecia clásica. Los poemas homéricos no muestran una divinidad creíble para una sociedad que ha descubierto las diversas formas de la episteme, de la ciencia. A su vez, los relatos de la Biblia judeocristiana presentan los mismos rasgos de inverosimilitud para los hombres cultos de la Modernidad[9]. Algunos ilustrados se confiesan directamente ateos, pero la mayoría intenta una adaptación de la revelación bíblica al entendimiento y al sentido de la dignidad de los hombres modernos. No pocos de ellos intentan esa adaptación no solo teóricamente, como hicieron en Grecia Platón y Aristóteles, sino también institucionalmente, como Epicuro y algunos estoicos. Ellos generan nuevas formas de religión civil o de iglesias civiles, y con esas instituciones religiosas entroncan las diversas formas de la masonería. [9] Sobre el deísmo, en el contexto de la evolución de las religiones, cf. RORPEH. Sobre la confrontación entre Homero y los comienzos de la filosofía, cf. W. JaEGEr, La teología de los primeros filósofos griegos (FCE, Madrid 1977). — 130 — Newton, como la mayoría de los miembros fundadores de la Royal Society, pertenece a una de estas logias masónicas o iglesias de la religión civil. Por su parte, estas iglesias asumen, junto con buena parte de las doctrinas de la Biblia judeocristiana, la Prisca sapientia y la Philosophia perennis, para llevar a cabo una síntesis y hacer unas propuestas doctrinales creíbles y aceptables para los hombres de su tiempo. Esa es la misión y la tarea que asumen hombres como Locke y Newton, Leibniz y Kant, Voltaire y D’Alembert con los enciclopedistas, y las diferentes escuelas masónicas y formaciones espiritualistas, cualquiera que fuese la relación entre esos intelectuales y las instituciones religiosas tradicionales. La Prisca sapientia y la Philosophia perennis enseñan que la armonía y la disarmonía del hombre y el cosmos entre sí explican la salud y la enfermedad, la vida y la muerte, lo benéfico y lo maléfico, el bien y el mal. Dios está, actúa y se manifiesta en el orden cósmico. El universo y el hombre mismo existen y viven en esos poderes sagrados. Como dice Pablo de Tarso «en él vivimos, nos movemos y existimos»[10]. Por lo que se refiere a los humanistas, en el siglo XVIII Vico sistematiza las correlaciones y tesis de Heródoto, y establece los procedimientos de comparación y comprobación de las correspondencias en nuevas propuestas teóricas, en las que establece las bases de la moderna antropología y, en general, de las modernas ciencias humanas y sociales[11]. En el siglo XX, la escuela francesa, desde Durkheim a Lévi- Strauss, examina la universalidad y la estructura lógica de esas formas prehistóricas de pensamiento y acción[12], y Clifford [10] Hechos de los apóstoles, 17, 28. [11] J.-B. ViCo, Ciencia Nueva (Tecnos, Madrid 2006). [12] E. durkhEim, Las formas elementales de la vida religiosa (Alianza, Madrid 2003); C. léVi-StrauSS, El pensamiento salvaje (FCE, México 1964). — 131 — Geertz y la antropología simbólica establecen la legitimidad de las formas locales de prácticas y de conocimiento[13]. Por lo que se refiere a los científicos, quizá el más eminente de cuantos acogen esta Prisca sapientia es Newton, que a partir de 1680 inicia su Theologiae gentilis origines philosophicae, para poner en claro la relación entre ella y las religiones paganas. Newton entiende que el espacio y el tiempo son el sensorium Dei, el sensorio de Dios, y entiende con Pablo de Tarso que “en él vivimos, nos movemos y existimos”. Su comprensión de esa expresión paulina, basada en el Corpus Hermeticum, le permite pensar en la fuerza de la gravedad como un aspecto del poder divino, y de la medida a la que todo queda sometido según la sabiduría divina[14]. En la actualidad, en el siglo XXI, uno de los mejores modos de pensar de nuevo la unidad del saber, es pensar la relación entre religión y ciencia según el proceder de algunos ilustrados, y especialmente según el proceder de Newton. De esa manera, se puede examinar la conjunción de los poderes sagrados del Neolítico y el Calcolítico, recoger la Prisca sapientia y a la Philosphia perennis, y ubicarse en el punto en el que se sitúa Newton en el nacimiento de la ciencia moderna, para entender la acción de la fuerza de la gravedad, que para los físicos actuales es el último elemento mágico animista de la física. La fuerza de la gravedad es algo con lo que todos los individuos de las sociedades urbanas del siglo XXI están familiarizados, si han sido escolarizados al menos en el nivel de la [13] C. GEErtz, La interpretación de las culturas (Gedisa, Barcelona 1987); Id., Conocimiento local (Paidós, Barcelona 1983). Cf. J. nEGuEruEla, Clifford Geertz y el nacimiento de la antropología posmoderna (Thémata, Sevilla 2018). [14] El Corpus hermeticum dedica el discurso segundo, sin título, al tema del lugar, el movimiento y el vacío, y el ‘discurso tercero’, “Discurso sagrado de Hermes”, a la cosmología y a la creación de las criaturas vivientes. Cf. hErmES triSmEGiStoS, Corpo ermetico e Asclepio; M. Ponza, “Isaacus Neuutonu. Jehova Sanctus Unus”, en Ciencias 78 (2006) passim; H. R. BErnStEin, “Leibniz and the Sensorium Dei”, Journal of the History of Philosophy 15 (1977) 171-182; J. zaFiroPulo - C. monod, Sensorium dei, dans l’hermetisme et la science (Belles Lettres, Paris 1982). — 132 — enseñanza primaria, sin caer en la cuenta de su formulación mágica y animista ¿Qué quiere decir que las masas “se atraen” o “son empujadas una hacia la otra”? ¿Por qué y cómo se atraen?, ¿se aman, como dice Empédocles y como dice Dante?, ¿o cómo son empujadas por la curvatura del espacio? Si desde el punto de vista de los cálculos matemáticos, desde el punto de vista de las formas, no hay demasiada diferencia entre la teoría de la atracción y la de la curvatura, ¿hay realmente tanta diferencia, desde el punto de vista de la eficiencia y de la finalidad, entre que las masas sean atraídas y sean empujadas? § 28.- La unidad del saber y la metáfora de la gravitación universal A mediados del siglo XX, en la época del servicio militar obligatorio y de las medidas para erradicar el analfabetismo en España, circulaba un episodio chistoso sobre la gravedad, para ilustrar la incultura de la población rural media de entonces. El sargento explica en clase de tiro a los reclutas. ¿Por qué cae al suelo la bala del cañón después de dispararla? Pues, porque la atrae la fuerza de la gravedad. ¿Y qué pasaría si no la atrajera la fuerza de la gravedad? Pues que caería por su propio peso. En la fuerza de la gravedad, en nuestro propio peso, en los campos gravitatorios, magnéticos, eléctricos, etc., “vivimos, nos movemos y existimos”. La cuestión es saber cuántos campos de fuerzas hay y de qué tipos de fuerzas son. Si se pregunta eso, se cae en la cuenta de que no sólo el sargento que adiestra a los reclutas no sabe qué es la gravedad, sino también de que no lo saben Galileo ni Newton, no lo saben Einstein ni Planck, no lo saben Gamow y Guth, y tampoco lo sabemos nosotros. Vivimos, nos movemos y existimos en campos magnéticos, en campos eléctricos y lumínicos, constituidos por fotones, por — 133 — partículas carentes de masa, en campos de fuerzas nucleares, y quizá en otros campos todavía no identificados. Todos esos campos, y más, se requieren para formar medios fluidos acuáticos, en los que surgen los compuestos orgánicos y los organismos vivientes. Los organismos vivientes se comportan como concentraciones de ondas, como receptores y emisores de ondas (gravitatorias, magnéticas, eléctricas, débiles, etc.), y también como corpúsculos o cuerpos, como entidades separadas de las demás por diversos tipos de membranas, que son sistemas autónomos de ondas y corpúsculos. A su vez, los sistemas de ondas y corpúsculos del organismo están constituidos por campos interconectados, por sistemas de actividades articuladas, algunas de ellas mediante conexiones cuánticas, computaciones cuánticas y teleportaciones cuánticas. No se sabe bien cómo y por qué operan las conexiones cuánticas, aunque se sabe que algunas de ellas lo hacen a velocidades infinitas, es decir, según una simultaneidad rigurosa de elementos espacialmente separados, pero se sabe que funciona. Así parece que funcionan el desarrollo embriológico, algunas conexiones mentales, los localizadores GPS, algunas conexiones del Internet de las cosas, y algunos procesos más, o quizá muchos. Aunque no se sabe cómo y por qué, sin embargo, hay procesos distantes y sincronizados, que funcionan en simultaneidad. Los astros, el clima, la vida vegetal, la animal y la humana aparecen para las mentes paleolíticas, neolíticas, calcolíticas y del periodo histórico como sistemas de actividades, diferenciados y articulados, según uno o varios sistemas de conexión, que parecen muy heterogéneos respecto de los sistemas físicos convencionales. Por su parte, el hombre de las sociedades urbanas del siglo XXI, está familiarizado con las conexiones físicas de la mecánica clásica, pero no lo está con las de la mecánica cuántica. — 134 — La noción de fuerza de vida y de muerte originaria y unitaria, según su elaboración y su diversificación, prehistórica e histórica hasta el Renacimiento, se puede rastrear hasta lo que queda en el siglo XXI como referente más familiar de la unidad de todos los vivientes, a saber, la “fuerza de la gravitación universal”, que mantiene unidos a todos los entes del universo. La gravitación universal es una guía intuitiva para comprender esa unidad de todo el universo y de la totalidad de lo real, tomándola en sentido metafórico. No es improcedente hacerlo así, porque desde Newton y desde antes, ya tiene un sentido metafórico, y porque los físicos, desde el siglo XVIII hasta ahora, confiesan no saber lo que es, aunque saben medirla. No disponemos de un “sentido propio” de la “gravitación universal”, por referencia al cual puedan fijarse otros sentidos como “metafóricos”. § 29.- Física y deísmo en el pensamiento de Newton Newton, como todo el hermetismo y toda la Prisca sapientia, sabe que el movimiento de los cuerpos celestes depende del poder divino, y que a través de él es como se comprende, pero, además, establece matemáticamente la medida según la cual operan esos cuerpos celestes, cuyo motor último es la voluntad divina, como insistentemente repite, y como declara en el Escolio general de los Principios matemáticos de la filosofía natural. Como indica Rada, en el Escolio con que cierra la Sección XI del Libro I, Newton afirma que términos como atracción o impulso tienen una dimensión cuantitativa, «de cantidades y proporciones matemáticas», como ya «he explicado en las definiciones». Y con esa dimensión matemática han de ser tomadas esas Proposiciones en que habla de la gravedad. Pero añade que, «cuando se desciende a la física, hay que comparar estas razones matemáticas con los fenómenos para que quede claro cuáles condiciones de las — 135 — fuerzas correspondan a cada clase de cuerpos atractivos». Y en el “escolio general” dice: Hasta aquí he expuesto los fenómenos de los cielos y de nuestro mar por la fuerza de la gravedad, pero todavía no he asignado causa a la gravedad. Efectivamente esta fuerza surge de alguna causa que penetra hasta los centros del Sol y de los planetas sin disminución de la fuerza; y la cual actúa, no según la cantidad de las superficies de las partículas hacia las cuales actúa (como suelen hacer las causas mecánicas) sino según la cantidad de materia sólida; y cuya acción se extiende por todas partes hasta distancias inmensas, decreciendo siempre como el cuadrado de las distancias. […] Y bastante es que la gravedad exista de hecho y actúe según las leyes expuestas por nosotros y sea suficiente para todos los movimientos de los cuerpos celestes y de nuestro mar. Bien podríamos ahora añadir algo de cierto espíritu sutilísimo que atraviesa todos los cuerpos gruesos y permanece latente en ellos; por cuya fuerza y acciones las partículas de los cuerpos se atraen entre ellas a las mínimas distancias y una vez que están contiguas permanecen unidas; y los cuerpos eléctricos actúan a distancias mayores, tanto repeliendo como atrayendo a los corpúsculos vecinos; y la luz se emite, se refleja, se refracta e inflexiona y calienta a los cuerpos; y toda sensación es excitada, y los miembros de los animales se mueven a voluntad, a saber, mediante las vibraciones de ese espíritu propagadas por los filamentos sólidos de los nervios desde los órganos externos de los sentidos hasta el cerebro y desde el cerebro hacia los músculos. Pero esto no puede exponerse en pocas palabras; y tampoco está disponible un número suficiente de experimentos mediante los cuales deben determinarse y mostrarse exactamente las leyes de las acciones de este espíritu[15]. [15] El Escolio general”, es introducido en la segunda edición de 1713 y es mantenido igual en la tercera de 1726. Cf. nEWton, Principios matemáticos… (ed. Rada), 588-589. Las cursivas son mías. — 136 — Para Newton resulta muy claro que medir no es explicar algo causalmente, según la eficiencia. El hecho de que los cuerpos se atraigan en razón directa de sus masas y en razón inversa al cuadrado de sus distancias, no explica por qué se atraen. Como señala Rada, las protestas de Newton «en este sentido son muchas […] pero es oportuno recordar aquí la firmeza de su negativa a suscribir esa opinión en carta a Bentley de 1693 donde dice: “… a veces habla usted de la gravedad como esencial e inherente a la materia. Ruego que tal idea no se me atribuya, pues la causa de la gravedad es cosa que no pretendo conocer y además necesitaría mucho más tiempo para considerarla”»[16]. Como ya se indicó anteriormente, la noción de “alma del mundo” es clave para entender el planteamiento de Newton en los Principios matemáticos de la filosofía natural. para la comprensión de la Monadología de Leibniz de 1714, y para la de las cosmologías de los románticos. Desaparece del horizonte mental de los científicos de orientación positivista y cientificista del siglo XIX, y continúa desaparecida del horizonte de esa física en los siglos XX y XXI. A partir de los desarrollos de la física en el siglo XX, es decir, a partir de la física relativista y la física cuántica, algunos teóricos hablan del “alma del mundo” en elaboraciones de cosmología y de física teórica. Entre los que recientemente retoman esa noción se encuentra Michio Kaku, uno de los constructores de la teoría de cuerdas, para designar una entidad única que gestiona unitariamente la actividad del universo. Parece darse una concordancia, o una analogía, entre algunas formulaciones de la teoría de cuerdas y la noción platónica y neoplatónica de alma del mundo[17]. La teoría de cuerdas postula que la pluralidad de partículas elementales son funciones de ondas, [16] Ibid., nota 53 (nota del editor); cita de Corresp, III, 234. Las cursivas son mías. [17] Cf. m. kaku, Universos paralelos. La ciencia de los universos alternativos y nuestro futuro en el cosmos (Atalanta, Vilahur 2008). — 137 — filamentos o cuerdas, que operan en un sistema unitario en el orden cuántico. Cuando Newton intenta explicar el movimiento, la luz, etc., habla de un modo que resulta afín al lenguaje y al universo de la Prisca sapientia y de la Philosophia perennis, y se expresa de este modo: Quizá toda la trama de la naturaleza [escribió] pueda no ser más que varias texturas de ciertos espíritus etéreos o vapores, condensados como si fuera por precipitación, de manera muy similar a como los vapores se condensan en el agua, o las exhalaciones en sustancias más gruesas, aunque no condensables de manera tan fácil. Y después de la condensación, convertida en varias formas por la inmediata intervención del Creador al principio, y desde entonces por el poder de la naturaleza la cual, en virtud del mandato, se incrementa y multiplica llegando a ser un completo imitador de las copias que ella hace por el protoplasto. De esta manera quizás todas las cosas se pudieron haber originado del éter. Poco después, luego de haber declarado que la naturaleza es una “trabajadora perpetua”, Newton sugiere que el éter puede estar imbuido en el Sol, «para conservar su brillo y para evitar que los planetas se alejen de él» y que puede ser «el combustible solar y el principio material de la luz». Luego se nos dice que «la luz y éter actúan entre sí». Ideas afines sobre la naturaleza del éter aparecen nuevamente en la carta de Newton a Robert Boyle de febrero de 1679[18]. Donde Newton dice Éter, un físico actual podría decir “energía oscura” o bien “la cuerda primordial”[19]. [18] nEWton, Opticks, or a Treatise of the Reflections, Refractions, Inflections and Colours of Light. Query 31, London, 1717 (Dover Publications Inc., New York 1979) 401, citado según hEnry, “Isaac Newton: ciencia y religión en la unidad de su pensamiento”, 69-101. Las cursivas son mías. [19] kaku, Universos paralelos…, cap. 9. — 144 — Newton se sitúa en la posición de Eusebio de Cesaréa, que es la de un monarquismo subordinacionista, que equidista de Sabelio y de Arrio, y que es más clara y precisa que la de Nicea. § 31.- Ciencia, cientificismo y sabiduría El proceso por el cual se produce la separación, y la escisión, entre ciencia moderna, filosofía y religión, tiene lugar en dos ámbitos que se pueden diferenciar y separar, a saber, el ámbito sociocultural objetivo y público, y el ámbito existencial, subjetivo y privado. Por lo que se refiere al ámbito público, la ciencia moderna se desarrolla, cuantitativa y cualitativamente, al ritmo al que lo hacen las sociedades modernas en sentido demográfico y democrático. El ámbito de lo público crece exponencialmente y la nueva ciencia contribuye muy determinantemente a crear una nueva interpretación pública de la realidad y un nuevo sentido común de la sociedad civil. Y en ese espacio social, la mecánica newtoniana se expande e impera en el sentido común como una nueva emperatriz, cómo árbitro de la elegancia y del saber. «Las leyes de Newton tuvieron tanto éxito que hicieron falta doscientos años para que la ciencia diera el siguiente paso, que fue la obra de Albert Einstein»[27]. Al igual que la episteme griega, la ciencia moderna crea adicción, sobre todo la mecánica clásica. Cautiva las mentes, convierte al científico en un mente-capto, en un mentecato, y transfiere esa cautividad de mente a la interpretación pública de la realidad, al sentido común de la sociedad civil. De este modo la ciencia configura la mente del hombre común, y quizá en mayor medida a quienes utilizan esos saberes y a quienes los cultivan. Esa configuración y situación de cautividad mental se denomina cientificismo. [27] kaku, Universos paralelos…, cap. 2: “El universo paradójico”. — 145 — En esa situación de cautividad mental se puede decir que «la primera fase de la cosmología culminó con la obra de Isaac Newton, que finalmente estableció las leyes fundamentales que gobiernan el movimiento de los cuerpos celestes. En lugar de depender de la magia y el misticismo, se vio que las leyes de los cuerpos celestes estaban sometidas a fuerzas computables y reproducibles»[28]. Para Newton, establecer matemáticamente las leyes de la mecánica no implica ningún saber sobre las causas eficientes de esos movimientos, que, por tanto, singuen dependiendo de Dios, es decir, “de la magia y el misticismo”. La matemática no cancela la mística en el caso de Pitágoras, no la cancela en el caso e Newton, y no la cancela en el caso de Einstein. La expresión de Michio Kaku es ilustrativa del cientificismo, porque toma un saber hegemónico, nuevo y particular, como si fuera un saber que permite el conocimiento de todo, y margina como inútiles, despreciables y anticuados, los conocimientos y los saberes que han tenido vigencia en las épocas anteriores. El desarrollo de la ciencia como saber de lo mensurable a partir del siglo XVIII, da lugar a hábitos mentales bifurcados en dos direcciones, que no pueden dialogar entre sí ni articularse, la del lenguaje matemático y la del lenguaje metafísico-poético. La interpretación pública de la realidad y el sentido común dependen del tipo de lenguaje que se adopta para describir el mundo, y del hecho de que la habilidad y destreza para un lenguaje familiariza con lo que se nombra con él, y en cierto modo inhabilita para lo que se nombra de otra manera. Para Galileo, Leonardo, Descartes y Newton calcular era lo mismo que rezar, entender el lenguaje de Dios y hablarlo. Hablar unas lenguas y olvidarse de otras, es acostumbrarse a unos procedimientos de comunicación y desacostumbrarse de otros, pues las creencias son hábitos. Pero como el hábito es acto [28] Ibid., “Prólogo”. — 146 — primero, acostumbrarse a una lengua es metamorfosearse en lo que se aprende y se habla. Hay almas que se expresan con el cuerpo y la danza, la voz y el canto, la pintura y los colores, mejor que con otros lenguajes. Cuando Pitágoras se acostumbra a la matemática, Newton a la mecánica, Mendeleiev a la química y Kaku a la astrofísica, quiere decir que el alma se matematiza, se mecaniza, se alquimiza y se astronomiza, se hace uno con lo inteligible que entiende sin dejar de ser inteligente. El alma se hace una con la cosa conocida. Por eso las ciencias crean adicción y sus usuarios y cultivadores no lo perciben. Sólo perciben belleza, gozo y felicidad, verdad y bondad. Y sólo comunican con los de su especie, como las distintas especies animales. El cientificismo llega a ser inconsciente, y genera la arrogancia, un tanto infantil, de creer que un procedimiento de comunicación, una ciencia, lo es todo, sin poder evitarlo, como lo refiere Vico de la mente del primitivo y los antropólogos de la mente de los hombres de cualquier cultura. Desde el siglo XVIII al siglo XX el mundo del ámbito existencial, subjetivo y privado, no tiene acceso a la interpretación pública de la realidad, no puede ser expresado en ese lenguaje, muy determinado por la nueva ciencia, y el orden del sí mismo queda relegado al ámbito familiar y privado. Esto produce una escisión en los individuos de la sociedad civil, descrita en primer lugar por Rousseau y Kant, y examinada por los filósofos y sociólogos posteriores. En el siglo XX, con la nueva física, la sociología de Weber y Simmel, y la fenomenología, Husserl y el existencialismo, el mundo privado vuelve a la vida pública y tiene lenguaje propio y legítimo. Con la tercera y cuarta revoluciones industriales, los adjetivos “milagroso” y “mágico”, que designaban el grado máximo de lo asombroso, incomprensible, maravilloso e increíble, de la magia y el misticismo, es sustituido por el adjetivo “cuántico”, que expresa todas esas cualidades en un grado bastante más intenso y a la vez más cercano, familiar y dominable. — 147 — Por su parte, el mundo del ámbito existencial, subjetivo y privado, el mundo del sí mismo, se escinde del mundo objetivo, del mundo de la atención a la vida ordinaria, del mundo del yo, por otra serie de factores que no son de índole lingüístico y cultural, sino de orden personal y moral, como Rousseau señala antes y con más agudeza que ningún otro pensador. La sociedad civil se constituye como el ámbito en que el hombre nuevo, el ciudadano, el profesional, tiene que realizarse a sí mismo justamente mediante en triunfo profesional y social. El yo se entrega al logro del objetivo más premiado y celebrado socialmente, aunque no sea el que implique una mejor realización del sí mismo. De ese modo, el resultado acaba siendo «un exterior engañoso y frívolo: honor sin virtud, razón sin sabiduría y placer sin dicha»[29]. La ciencia es a la sabiduría como el placer a la felicidad, y el cientificismo es el olvido de esta correspondencia, incluso la inmersión en una situación en que no resulta posible comprenderla. Obviamente esa no es la situación de Newton, ni de ninguno de los autores mencionados. Pero es porque la subjetividad de todos ellos tiene capacidad para unificar subjetivamente las placas tectónicas de una cultura que se están separando y que objetivamente no se articulan entre sí. No hay tantos científicos que sean cientificistas[30]. El cientificismo es algo que afecta más a la interpretación pública de la realidad que a los científicos singulares. No aparecen, en el sentido común y en la nueva interpretación pública de la realidad, usos, costumbre y procedimientos para articular ciencia con sabiduría, placer con dicha y honor con virtud. Eso no empieza a darse hasta la segunda mitad del siglo [29] J. J. rouSSEau, Discurso sobre el origen y los fundamentos de la desigualdad entre los hombres (Alianza, Madrid 1985) 286. [30] arana, La cosmovisión de los grandes científicos del siglo XX. Madrid: Tecnos 2020, Introducción, pp. 21-33. — 148 — XX, con la física del Big Bang, con la filosofía de la comprensión y la interpretación, en una sociedad civil definida por los derechos humanos. La Modernidad vive la épica de la igualdad y la libertad, del reconocimiento del yo, y no le queda oxígeno para dedicar atención al sí mismo. Esa es la épica de la sociedad digital, de la cuarta revolución industrial. La difusión y aceptación de la mecánica de Newton se puede considerar, desde el punto de vista de la historia de la cultura, como causa principal del cientificismo, de la cosmología atea, y de la exclusión del conocimiento científico del problema del mal, que pasa a refugiarse en la literatura y el arte. Pero hay que insistir en que es la difusión y aceptación de una comprensión parcial de su pensamiento, y no su pensamiento mismo, lo que puede considerarse como causa de esos reduccionismos. § 32.- Visión ilustrada del mal. Rousseau, Vico, la objetividad y la reflexión En el Calcolítico tiene lugar el episodio descrito por los ilustrados como tránsito del estado de naturaleza al estado civil, de las formas de vida más sencillas a las formas de vida más complejas y organizadas, de los pequeños asentamientos y aldea a la polis y el Estado. Entonces se produce una nueva comprensión del bien y del mal, y el conocimiento de ambos extremos se representa como más imprescindible y a la vez como más enigmático. Entonces la exigencia de orden y de justicia es mayor, como lo es en el adolescente que alcanza la mayoría de edad, y la amenaza y presencia del mal resulta también más angustiosa. Esta transformación calcolítica de la vivencia del bien y del mal, es percibida, examinada e interpretada por los ilustrados, por Vico y Rousseau, entre otros, pero también, y antes, es vivenciada y expresada por Gilgamesh, Moisés y Agamenón. — 149 — El problema fundamental de Rousseau es éste: en oposición a los ilustrados, que confiaban ciegamente en que la propagación de la razón forzosamente conduce a la mejora de la humanidad, él constata que, en su desarrollo, la reflexión se acaba escindiendo de la vida inmediata. La representación de la realidad desplaza a la realidad inmediata misma; exigiendo, arrogándose y usurpando la verdad que corresponde a ésta última, se hace más poderosa, y desde su posición de poder se vuelve inmune e incluso sorda a toda reivindicación moral, abocando a la humanidad a la catástrofe[31]. El cambio por el que los hombres dejan de estar en manos del cielo y de la naturaleza, para pasar a estar en manos de sus organizaciones, a estar en sus propias manos, como les ocurre a los adolescentes cuando llegan a la mayoría de edad, puede y suele ser vivenciado como peligro y como angustia. Pasar a depender del orden civil, del Estado, se puede interpretar como una desgracia originaria, y en algunos casos, como el de Rousseau, como el origen del mal. Vico percibe la historia como una espiral de vueltas y revueltas. De génesis y declive de las culturas, que se inician en la praxis vital de la supervivencia, pasan a la fase de la madurez organizativa, y entran en la fase final de la teoría, el lujo y la reflexión en la que se descomponen[32]. Esos efectos colaterales no deseados del tránsito de la barbarie a la civilización, que los ilustrados registran en el siglo XVIII, son percibidos y descritos también por los románticos, con especial alusión a sus repercusiones sobre la religión en los casos de Hölderlin, de Kierkegaard y de Nietzsche. [31] Cf. r. lauth, Desarrollo como autodestrucción. Estudios sobre el problema fundamental de Rousseau (Thémata, Sevilla 2012) 80-82. [32] Choza, “Reflexión filosófica y desintegración sociocultural en la antropología de G.B. Vico”, en Anuario filosófico 14 (1981) 23-48. — 150 — En el siglo XX, la filosofía abandona el camino de la reflexión, es decir, la crítica, como procedimiento fundamental para la “tarea del pensar”, que es el término que Heidegger utiliza para sustituir al de “filosofía”, y toma el camino de la tópica, como había aconsejado Vico en el siglo XVIII, según los nuevos modos de hacer filosofía de Husserl, Heidegger y Gadamer. En el nuevo orden, y según las nuevas exigencias de justicia de las sociedades urbanas, se recuerda y se entiende que hay una situación originaria, buena. En esa situación originaria, el hombre lleva una existencia paradisiaca, como los dioses, un tipo de vida “espiritual”. Después hay un acontecimiento desgraciado, una caída desde la situación originaria buena. Pasa inmediatamente a una existencia desgraciada, mortal, material, terrena y temporal, en la que se debate entre el bien y el mal, de la que ha de ser salvado. Finalmente accede a una vida divina, eterna, feliz y también “espiritual”. Al descubrir la eternidad, el hombre descubre un sentido completamente nuevo del bien y del mal, a saber, el sentido de la muerte eterna, y el de la vida eterna, como le ocurre a Gilgamesh. La muerte eterna es un final completamente insoportable, y por eso las religiones se transmutan también y empiezan a ser religiones de salvación, religiones que demandan salvación con divinidades que la prometen. Las religiones empiezan a ser religiones reveladas y religiones de fe. El joven mayor de edad comprende la muerte y el mal de modo distinto a como la comprenden el joven y el preadolescente. Interpreta los relatos aprendidos de niño y los elabora de otro modo, según la cultura en que se encuentre. Indaga sobre su propio ser desde su propia cultura. Entonces hace ciencia, muchas ciencias, hace filosofía y hace teología, si está enraizado en la cultura occidental. — 151 — § 33.- Cronología del universo. Nueva cosmología y nueva épica La cosmología del Big Bang es la formulación teórica que permite unir la física relativista y la física cuántica, y hace posible una teoría unificada de campos de fuerzas. Proporciona una imagen unitaria del cosmos, que guarda analogía con la que tiene vigencia desde la Grecia clásica hasta Newton, en cuanto que permite alojar en el universo a los seres vivientes e inteligentes, en un proceso de desarrollo de todos ellos en combate con las grandes fuerzas de la destrucción, es decir, del mal. Una cosmología en la que cabe una lucha de los vivientes frente a la destrucción, o el mal, abre el escenario adecuado para las grandes épicas, como son las del Calcolítico, periodo en el que justamente empieza la épica y el hombre empieza a dar cuenta narrativamente de sí mismo. En este sentido, una cosmología y una física que pueden integrar una épica constituyen una imagen completa del universo, es decir, que no excluye a nadie, y, especialmente, no excluye a los vivientes ni al ser humano. La cosmología, desde Pitágoras hasta prácticamente el siglo XX, es una reflexión sobre la Vía Láctea, pues hasta entonces se cree que el universo es ese conjunto de estrellas. Newton también lo cree, y su fundación de una nueva cosmología viene dada por la matematización del cosmos que lleva a cabo, no por su ampliación. Newton diseña un cosmos estático, objetivo, mensurable, matematizable, en un espacio y un tiempo absolutos e infinitos, en el que no hay lugar para los seres vivos. Esa es la imagen que pasa a la interpretación pública de la realidad, al conocimiento común, y que mantiene su vigencia hasta el siglo XX. Una cosmología con una imagen del universo completa, como la del Big Bang, en el que hay lugar para los seres vivos, y para el hombre, y que se fundamenta en las formas puras de la matemática y se resuelve en ellas, es la que construyen en la — 152 — Grecia clásica Pitágoras y los primeros filósofos, la que desarrollan Platón y el neoplatonismo, Aristóteles y el aristotelismo, y la que se encuentra en la Prisca sapientia y en la Philosophia perennis. Pero, además, es también la que cumple las aspiraciones de Newton y Mendeléiev. El logro de las cosmologías del siglo XX, y especialmente de la cosmología del Big Bang, es la unificación y la articulación orgánica de las cosmologías anteriores, por una parte, y de las cosmologías con las filosofías, por otra. Pero ese logro, como en el caso de Cristóbal Colón en su intento de llegar a las Indias, se encuentra en medio con un amplio continente, que ha de ser colonizado. Colón se encuentra con que antes de las Indias está América, y algunos precursores y cultivadores de la física del Big Bang (como por ejemplo Newton, Mendeléiev, Einstein y otros) se encuentran con que, antes de llegar a Dios, entre él y el mundo físico, está el mundo de las formas puras, el amplio continente de la matemática, como indican Platón y el neoplatonismo. Los datos proporcionados por la sonda de la NASA Wilkinson Microwave Anisotropy Probe (WMAP), lanzada en junio de 2001 para medir las diferencias de temperatura que se observan en la radiación de fondo de microondas, un remanente del Big Bang, y operativa desde 2001 a 2010, permite sacar las siguientes conclusiones: - La edad del universo es de 13.700 ± 200 millones de años. - El universo está compuesto de un 4% de materia ordinaria, 23% de materia oscura y de un 73% de la misteriosa energía oscura. - El universo está en continua expansión, es inflacionario, y los modelos cosmológicos inflacionarios se verifican con las observaciones, aunque hay una anomalía inexplicada a grandes escalas angulares. - La Constante de Hubble es 70 (km/s)/Mpc, +2.4/-3.2 — 153 — - Los datos del WMAP confirman, con sólo un 0,5% de margen de error, que la forma del universo es plana[33]. - La Constante de Hubble, o ley de Hubble–Lemaître, indica la velocidad a la que las galaxias se alejan de la tierra, que es proporcional a su distancia de nuestro planeta[34]. A partir de esos y otros datos, la física actual puede describir la duración del universo desglosada en diversas partes o fases. Una de las divisiones utilizadas es la que distingue cinco etapas a partir del Big Bang[35]. El término “Big Bang” no se refiere a una explosión en un espacio ya existente, sino que designa la creación conjunta de materia, espacio y tiempo, a partir de lo que se conoce como una singularidad, es decir, un punto al que matemáticamente nos podemos acercar más y más, pero sin llegar a él. Para entenderlo, uno debe imaginarse el desarrollo del universo en expansión en sentido temporal inverso, retrocediendo hacia el pasado. El universo se va haciendo cada vez más pequeño, pero la cantidad de materia es la misma, de manera que la densidad va aumentando, hasta llegar al punto en el que la densidad de materia y energía se hace infinita y obviamente, superior a la densidad de Planck. Esto significa que las ecuaciones fallan y el proceso no se puede explicar. En este estado, la teoría de la relatividad general carece de validez; para explicar la situación del universo en ese momento habría que recurrir a una teoría, aún desconocida, de gravedad cuántica. De ahí que la física actual no conozca [33] https://es.wikipedia.org/wiki/WMAP; https://en.wikipedia.org/wiki/Wilkinson_Microwave_Anisotropy_Probe; [34] https://es.wikipedia.org/wiki/Ley_de_Hubble-Lemaître; https:// en.wikipedia.org/wiki/Hubble’s_law. [35] En la secuencia que ahora se expone se combinan la de kaku, Mundos paralelos…, cap. 10: “Las 5 fases del universo”, y la de https://en.wikipedia.org/wiki/ Chronology_of_the_universe, más clara que la de Kaku. — 256 — Sitios web http://revistademetalurgia.revistas.csic.es; https://en.wikipedia. org/wiki/Gold_mining http://www.clerus.org/bibliaclerusonline/es/ffp.htm http://www.intratext.com/IXT/ESL0057/_PA.HTM http://www.jewishencyclopedia.com/ articles/5773-enoch-books-of-ethiopic-and-slavonic http://www.jewishencyclopedia.com/articles/6558-gehenna; http://www.tertullian.org/fathers/origen_philocalia_02_text. htm#C1 http://www.vatican.va/archive/catechism_sp/ p1s2c1p7_sp.html. http://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/ documents/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html, Lumen Gentium, 16, https://dokumen.tips/download/link/ zosimo-de-panopolis-lecciones-de-alquimiapdf https://en.wikipedia.org/wiki/Baetylus; https://es.wikipedia.org/ wiki/Betilo https://en.wikipedia.org/wiki/Cherokee_spiritual_beliefs https://en.wikipedia.org/wiki/Chronology_of_the_universe https://en.wikipedia.org/wiki/Emerald_Tablet https://en.wikipedia.org/wiki/Hopscotch https://en.wikipedia.org/wiki/Hubble’s_law https://en.wikipedia.org/wiki/Paradise https://en.wikipedia.org/wiki/Pepi_II_Neferkare https://en.wikipedia.org/wiki/Refraction https://en.wikipedia.org/wiki/ Wilkinson_Microwave_Anisotropy_Probe — 257 — https://es.wikipedia.org/wiki/Átomo; https://en.wikipedia.org/ w i k i/Atom https://es.wikipedia.org/wiki/Big_Bang https://es.wikipedia.org/wiki/Galaxia https://es.wikipedia.org/wiki/Gehena https://es.wikipedia.org/wiki/Ley_de_Hubble-Lemaître https://es.wikipedia.org/wiki/Paradoja_EPR https://es.wikipedia.org/wiki/Polarización https://es.wikipedia.org/wiki/Shahname https://es.wikipedia.org/wiki/Sincronicidad https://es.wikipedia.org/wiki/Tabla_de_Esmeralda https://es.wikipedia.org/wiki/WMAP https://fr.wikipedia.org/wiki/Table_d’émeraude https://pt.wikipedia.org/wiki/Civilizaçao_Minoica https://www.britannica.com/topic/paradise-religion — 258 — — 259 — Obras de Jacinto Choza Antropologías positivas y Antropología Filosófica. Tafalla (Navarra): Cenlit, 1985. Segunda edición: Sevilla: Thémata, 2015. La Supresión del Pudor y Otros Ensayos. Pamplona. EUNSA. (2) 1990. Tercera edición, Sevilla: Thémata, 2019 Conciencia y Afectividad (Aristóteles, Nietzsche, Freud). Pamplona. EUNSA. (2) 1991. Tercera edición, Sevilla: Thémata, 2019 Manual de Antropología Filosófica. Madrid. Rialp. 1988. Segunda edición: Sevilla: Thémata, 2016. La Realización del hombre en la cultura. Madrid. Rialp. 1990. Segunda edición, Sevilla: Thémata, 2019. Antropología de la Sexualidad. Madrid. Rialp. 1991. Segunda edición: Sevilla: Thémata, 2017. Amor, Matrimonio y Escarmiento. Barcelona. Tibidabo Ediciones, S.A. 1991. Segunda edición: Sevilla: Thémata, 2017. Al Otro Lado de la Muerte. las Elegías de Rilke. Pamplona. EUNSA. 1991. Segunda edición: Sevilla: Thémata, 2019. Los Otros Humanismos. Pamplona. EUN SA. 1994. — 260 — Ulises, un Arquetipo de la Existencia Humana. Barcelona. Ariel. 1996. Segunda edición, Sevilla: Thémata, 2019 San Agustín, Maestro de Humanismo. Sevilla. Fundación San Pablo Andalucía CEU, Servicio de Publicaciones. 1998. Antropología Filosófica. las Representaciones de sí mismo. Madrid: Biblioteca Nueva. 2002. Segunda edición, Sevilla: Thémata, 2019 Metamorfosis del cristianismo: Ensayo sobre la relación entre religión y cultura. Madrid: Biblioteca Nueva, 2003. Segunda edición: Sevilla: Thémata, 2018. Heidegger: 2° Bachillerato. Pozuelo de Alarcón, Madrid. Editex. 2003. Locura y Realidad: Lectura Psico-Antroplógica de el Quijote. Madrid, España. You & US, S.A. 2005. Locura y Realidad. Lectura Psico-Antropológica del Quijote. Sevilla. Themata. 2006, (2), 2015. La Danza de los Árboles. Sevilla, España. Themata. 2007. Presencia Ausencia. Catálogo exposición de Melero. Alicante: Caja de Ahorros del Mediterráneo, 2007. Historia cultural del humanismo. Sevilla-Madrid: Thémata-Plaza y Valdés, 2009. — 261 — Breve historia cultural de los mundos hispánicos. Sevilla-Madrid: Thémata- Plaza y Valdés, 2010. Historia de los sentimientos. Sevilla: Thémata, 2011. Mutadismo. Catálogo exposición de Melero. Cartagena: Ayuntamiento de Cartagena, 2011 Filosofía de la cultura. Sevilla: Thémata, 2013, (2) 2015. Filosofía para Irene. Sevilla: Thémata, 2014. Filosofía del arte y la comunicación. Teoría del interfaz. Sevilla: Thémata, 2015. El culto originario: la religión paleolítica, Sevilla: Thémata, 2016. La privatización del sexo. Sevilla: Thémata, 2016. Philosophie für Irene. Sevilla: Thémata, 2017. La moral originaria: la religión neolítica. Sevilla: Thémata, 2017. La revelación originaria: la religión de la Edad de los Metales. Sevilla: Thémata, 2018. La oración originaria: la religión de la Antigüedad. Sevilla: Thémata, 2019. Filosofía de la basura. La responsabilidad global tecnológica y jurídica. Sevilla: Thémata, 2020. El sexo de los ángeles. Sexo y género desde las bacterias a los robots, Sevilla: Thémata, 2020 — 262 — Religión oficial y religión personal en la época histórica, Sevilla: Thémata, 2020 Religión para Irene, Sevilla: Thémata, 2021 Historia del mal, Madrid; Universidad San Dámaso, Sevilla: Thémata, 2021 — 263 — Volúmenes editados por Jacinto Choza Identidad humana y fin del milenio. Sevilla: Thémata, 1999. Infieles y bárbaros en las Tres Culturas. Sevilla: Fondo Editorial de la Fundación San Pablo Andalucía CEU. 2000. Orden religioso y orden político en las tres culturas, Sevilla: Fondo Editorial de la Fundación San Pablo Andalucía CEU. 20010. La Antropología en el Cine (2 vols.) Madrid: Ediciones del Laberinto, 2001. Sentimientos y Comportamiento. Murcia. Universidad Católica San Antonio. 2003. Antropología y ética ante los retos de la biotecnología. Sevilla: Thémata, 2004. Infierno y Paraíso. El más allá en las tres culturas. Madrid, Biblioteca Nueva. 2004. Danza de oriente y danza de occidente. Sevilla: Thémata, 2006. La Escisión de las Tres Culturas. Sevilla: Thémata, 2008. Estado, Derecho y Religión en Oriente y Occidente. Sevilla-Madrid. Plaza y Valdés. 2009. La Idea de América en los Pensadores Occidentales. Sevilla-Madrid. Thémata- Plaza y Valdes. 2009. — 264 — Pluralismo y Secularización. Madrid: Plaza y Valdés, 2009. Narrativas fundacionales de América Latina. Sevilla: Thémata, 2011. Dios en las tres culturas. Sevilla: Thémata, 2012. La Intelección. Homenaje a Leonardo Polo, Sevilla: Thémata. Revista de filosofía, nº 50, 2014. Fibromialgia. Un diálogo terapéutico. Sevilla: Thémata, 2016. Los ideales educativos de América Latina. Sevilla: Thémata, 2019. — 265 — Colecciones y títulos de Editorial Thémata 1. Colección Arte y Literatura Directores: Francisco Rodríguez Valls, Miguel Nieto, Juan Carlos Polo Zambruno, Ernesto Sierra y Alejandro Colete. Obras de creación literaria en general. Novela, relato, cuento, poesía, teatro. Guiones y textos para creaciones musicales, visuales, escénicas de diverso tipo, montajes, instalaciones y composiciones varias. Traducciones de textos literarios de los géneros mencionados. 1. La Danza de los árboles. Jacinto Choza. 2. Cuentos e imágenes. Francisco Rodríguez Valls. 3. El linaje del precursor y otros relatos. Francisco Rodríguez Valls. 4. Filosofía y cine 1: Ritos. Alberto Ciria (ed.). 5. Cuentos completos. Oscar Wilde. Edición de Francisco Rodríguez Valls. 6. Poemas del cielo y del suelo. Francisco Rodríguez Valls. 7. II Certamen Literario Dos Hermanas Divertida. Ayuntamiento de Dos Hermanas. 8. Al otro lado de la muerte. Las elegías de Rilke. Jacinto Choza. — 272 — 14. Celosías del pensamiento. Jesús Portillo Fernández. 15. Historia de los sentimientos. Jacinto Choza. 16. ¿Cómo escriben los estudiantes universitarios en inglés? Claves lingüísticas y de pensamiento. Rosa Muñoz Luna. 17. Filosofía de la Cultura. Jacinto Choza. 18. La herida y la súplica. Filosofía sobre el consuelo. Enrique Anrubia. 19. Filosofía para Irene. Jacinto Choza. 20. La llamada al testigo. Sobre el Libro de Job y El Proceso de Kafka. Jesús Alonso Burgos. 21. Filosofía del arte y la comunicación. Teoría del interfaz. Jacinto Choza. 22. El sujeto emocional. La función de las emociones en la vida humana. Francisco Rodríguez Valls. 23. Racionalidad política, virtudes públicas y diálogo intercultural. Jesús de Garay y Jaime Araos (editores). 24. Antropologías positivas y antropología filosófica. Jacinto Choza. 25. Clifford Geertz y el nacimiento de la antropología posmoderna. Jacobo Negueruela. 26. Ensayo sobre la Ilíada. Bartolomé Segura. 27. La privatización del sexo. Jacinto Choza y José María González del Valle. 28. Manual de Antropología filosófica. Jacinto Choza. — 273 — 29. Antropología de la sexualidad. Jacinto Choza. 30. Philosophie für Irene. Jacinto Choza. 31. Amor, matrimonio y escarmiento. Jacinto Choza. 32. El arte hecho vida. Reflexiones estéticas de Unamuno, d’Ors, Ortega y Zambrano. Alfredo Esteve. 33. Sebreli, la Ilustración argentina. José Manuel Sánchez López. 34. La experiencia de la persona en el pensamiento de Edith Stein. Ananí Gutiérrez Aguilar. 35. Ulises, un arquetipo de la existencia humana. Jacinto Choza y Pilar Choza. 36. Antropología filosófica. Las representaciones del sí mismo. Jacinto Choza. 37. La supresión del pudor y otros ensayos. Jacinto Choza. 38. La realización del hombre en la cultura. Jacinto Choza. 39. Conciencia y afectividad (Aristóteles, Nietzsche, Freud). Jacinto Choza. 40. Interés, atención, verdad. Una aproximación fenomenológica a la atención. Jorge Montesó Ventura. 41. Palabras ante el suicidio. Ana López Vega. 42. La persona y su entorno. Bases de un personalismo analógico. Mauricio Beuchot. — 274 — 43. Philosophy of culture. Jacinto Choza. 44. Philosophy for Irene. Jacinto Choza. 45. Los otros humanismos. Jacinto Choza. 46. La nostalgia de Ciorán. Catalina Elena Dobre. 47. La perspectiva nostálgica. Jorge Montesó-Ventura. 9.- Colección Problemas Culturales Directores: Marta Betancurt, Jacinto Choza, Jesús de Garay y Juan José Padial. Investigaciones y estudios sobre temas concretos de una cultura o de un conjunto de culturas. Investigaciones y estudios transculturales e interculturales. Con atención preferente a las tres grandes religiones mediterráneas, y a las áreas de América y Asia oriental. 1. Danza de Oriente y danza de Occidente. Jacinto Choza y Jesús de Garay. 2. La escisión de las tres culturas. Jacinto Choza y Jesús de Garay. 3. Estado, derecho y religión en Oriente y Occidente. Jacinto Choza y Jesús de Garay. 4. La idea de América en los pensadores occidentales. Marta C. Betancur, Jacinto Choza, Gustavo Muñoz. 5. Retórica y religión en las tres culturas. Jesús de Garay y Alejandro Colete. — 275 — 6. Narrativas fundacionales de América Latina. Marta C. Betancur, Jacinto Choza, Gustavo Muñoz. 7. Dios en las tres culturas. Jacinto Choza, Jesús de Garay, Juan José Padial. 8. La independencia de América. Primer centenario y segundo centenario. Jacinto Choza, Jesús Fernández Muñoz, Antonio de Diego y Juan José Padial. 9. Pensamiento y religión en las Tres Culturas. Miguel Ángel Asensio, Abdelmumin Aya y Juan José Padial. 10. Humanismo Latinoamericano, Juan J. Padial, Victoria Sabino, Beatriz Valenzuela (eds.). 11. Los ideales educativos de América Latina, J. Choza, K. Rodríguez Puerto, E. Sierra. 10.- Colección Sabiduría y Religiones Directores: José Antonio Antón Pacheco, Jacinto Choza y Jesús de Garay. Textos de carácter sapiencial de las diferentes culturas. Textos sagrados y sobre lo sagrado y textos religiosos de las diferentes confesiones de la historia humana. Textos pertenecientes a confesiones y religiones institucionalizadas del mundo. 1. El culto originario: La religión paleolítica. Jacinto Choza. 2. La religión de la sociedad secular. Javier Álvarez Perea. 3. La moral originaria: La religión neolítica. Jacinto Choza. — 276 — 4. Metamorfosis del cristianismo. Ensayo sobre la relación entre religión y cultura. Jacinto Choza. 5. La revelación originaria: La religión de la Edad de los Metales. Jacinto Choza. 6. Rābi‘a de Basora. Maestra mística y poeta del amor. Ana Salto Sánchez del Corral. 7. Vigencia de la cultura griega en el cristianismo. José María Garrido Luceño. 8. Desarrollo doctrinal del cristianismo. José María Garrido Luceño. 9. La oración originaria: La religión de la Antigüedad. Jacinto Choza. 10. Religión oficial y religión personal en la época histórica. Jacinto Choza. 11. Evangelio de Marcos. Historia cultural. Jacobo Negueruela y Álvaro Berrocal. 12. Religión para Irene. Jacinto Choza. 13. La Iglesia de Jesús en el mundo posmoderno. Jesús Olmedo 14. Secularización. Jacinto Choza 15. Historia del mal. Jacinto Choza — 277 — — 278 — — 279 — Este libro se terminó de imprimir el día 30 de marzo de 2022, festividad de San Zósimo de Siracusa.