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Polarización, radicalización y sesgo confirmatorio en la red: una lectura desde las teorías de los efectos de los medios y la democracia deliberativa

Hernández-Santaolalla, Víctor; Candón-Mena, José

Abstract

Las redes sociales han facilitado que individuos alejados geográficamente, pero con intereses comunes, puedan con-formarse como grupo, al tiempo que han contribuido a que ideas minoritarias o más extremas tengan cabida en la agenda mediática. Como contrapartida, han fomentado la aparición de ciertos fenómenos considerados nocivos para la esfera pública. Este es el caso de las cámaras de eco y los filtros burbuja, que conducirían a una retroalimentación de la visión propia, incrementando la polarización y fomentando la radicalización de posturas. No obstante, por mucho que se cierren los grupos, siempre habrá espacios en los que las personas tendrán que enfrentarse a voces contrarias, incluso aunque hagan uso de la exposición selectiva o el sesgo confirmatorio. Por otra parte, estos fenómenos pueden tener también efectos positivos, sirviendo como espacios de deliberación y empoderamiento de grupos y posturas marginalizados en la esfera mediática. El presente trabajo acude a las teorías de los efectos mediáticos, la acción colectiva o la democracia deliberativa para tratar de ilustrar y alimentar el complejo debate sobre estos fenómenos y sus posibles efectos, tanto negativos como positivos, en los procesos de deliberación ciudadana y la conformación de la opinión pública.

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Maio de 2024Estudos em Comunicação nº38, 23-39 DOI: 10.25768/1646-4974n38a03 Polarización, radicalización y sesgo confirmatorio en la red: una lectura desde las teorías de los efectos de los medios y la democracia deliberativa Víctor Hernández-Santaolalla & Jose Candón-Mena Universidad de Sevilla [email protected] / [email protected] Palabras clave: cámara de eco; discurso de odio; efecto de refuerzo; filtro burbuja; acción colectiva. Polarization, radicalisation and confirmatory bias on the network: A reading from media effects theories and deliberative democracy Abstract Resumen Data de submissão: 2023-12-14. Data de aprovação: 2024-03-20. Revista Estudos em Comunicação é financiada por Fundos FEDER através do Programa Operacional Factores de Competitividade – COMPETE e por Fundos Nacionais através da FCT – Fundação para a Ciência e a Tecnologia no âmbito do projeto LabCom – Comunicação e Artes, UIDB/00661/2020. Las redes sociales han facilitado que individuos alejados geográficamente, pero con intereses comunes, puedan conformarse como grupo, al tiempo que han contribuido a que ideas minoritarias o más extremas tengan cabida en la agenda mediática. Como contrapartida, han fomentado la aparición de ciertos fenómenos considerados nocivos para la esfera pública. Este es el caso de las cámaras de eco y los filtros burbuja, que conducirían a una retroalimentación de la visión propia, incrementando la polarización y fomentando la radicalización de posturas. No obstante, por mucho que se cierren los grupos, siempre habrá espacios en los que las personas tendrán que enfrentarse a voces contrarias, incluso aunque hagan uso de la exposición selectiva o el sesgo confirmatorio. Por otra parte, estos fenómenos pueden tener también efectos positivos, sirviendo como espacios de deliberación y empoderamiento de grupos y posturas marginalizados en la esfera mediática. El presente trabajo acude a las teorías de los efectos mediáticos, la acción colectiva o la democracia deliberativa para tratar de ilustrar y alimentar el complejo debate sobre estos fenómenos y sus posibles efectos, tanto negativos como positivos, en los procesos de deliberación ciudadana y la conformación de la opinión pública. Keywords: echo chamber; hate speech; reinforcement effect; filter bubble; collective action Social media has facilitated the formation of groups by geographically distant individuals with common interests, concurrently contributing to the prominence of minority or more extreme ideas in the media agenda. Conversely, they have fostered the emergence of certain phenomena deemed detrimental to the public sphere. This is the case with echo chambers and filter bubbles, which may lead to a reinforcement of one’s own perspective, intensifying polarization, and promoting the radicalization of stances. However, even as groups close in, there will always be spaces where individuals confront opposing voices, even if they engage in selective exposure or confirmatory bias. Moreover, these phenomena can also have positive effects, serving as spaces for deliberation and empowerment of marginalized groups and positions in the media sphere. This paper draws on theories of media effects, collective action, and deliberative democracy to illustrate and contribute to the complex debate on these phenomena and their potential effects, both negative and positive, on citizen deliberation processes and the formation of public opinion. LABCOM COMUNICAÇÃO & ARTES 24 Polarización, radicalización y sesgo confirmatorio en la red: una lectura desde las teorías de los efectos de los medios y la democracia deliberativa Estudos em Comunicação nº38 (Maio, 2024) Polarização, radicalização e viés confirmatório na rede: uma leitura a partir das teorias dos efeitos midiáticos e da democracia deliberativa Palavras-chave: câmara de eco; discurso de ódio; efeito de reforço; bolha de filtro; ação coletiva. Resumo As redes sociais têm facilitado a formação de grupos por indivíduos geograficamente distantes, mas com interesses comuns, ao mesmo tempo que contribuíram para que ideias minoritárias ou mais extremas tenham destaque na agenda midiática. Por outro lado, elas têm fomentado o surgimento de certos fenômenos considerados prejudiciais para a esfera pública. Este é o caso das câmaras de eco e das bolhas de filtro, que podem levar a uma retroalimentação da própria visão, intensificando a polarização e promovendo a radicalização de posturas. No entanto, mesmo quando os grupos se fecham, sempre haverá espaços nos quais as pessoas terão que enfrentar vozes contrárias, mesmo que recorram à exposição seletiva ou ao viés confirmatório. Além disso, esses fenômenos também podem ter efeitos positivos, servindo como espaços de deliberação e empoderamento de grupos e posições marginalizadas na esfera midiática. Este trabalho recorre a teorias dos efeitos midiáticos, da ação coletiva e da democracia deliberativa para ilustrar e contribuir para o debate complexo sobre esses fenômenos e seus possíveis efeitos, tanto negativos quanto positivos, nos processos de deliberação cidadã e na formação da opinião pública. 1. Introducción Internet, y las redes sociales digitales en particular, han sido objeto de estudio principalmente desde dos posturas contrapuestas. A aquellos optimistas que entienden que la red puede ser una herramienta y un espacio para el debate y la participación social, aunque asumen que se puedan cometer vicios en relación con determinados usos (Rheingold, 1994), se enfrentan aquellos otros menos esperanzados que advierten que las nuevas tecnologías solo incrementarán las desigualdades sociales y el control vertical de arriba-abajo (Vallespín, 2011; Dencik & Leistert, 2015; Morozov, 2012; Margolis & Resnick, 2000). Frente a esta dicotomía, resulta interesante cómo diferentes trabajos se han aproximado al estudio de las redes sociales y los efectos de la desinformación y la radicalización atribuidos a estas, apuntando planteamientos que dejan de lado las teorías y escuelas tradicionales de investigación en comunicación. El presente trabajo pretende realizar un ejercicio de reflexión y síntesis teórica en torno a los conceptos de cámara de eco, filtro burbuja y polarización en la red desde los modelos y las teorías de los efectos de la comunicación, pero también de la acción colectiva, el capital social o la democracia deliberativa, con el objetivo de conocer hasta qué punto se trata de un problema nuevo y circunscrito al entorno digital, o bien son viejos problemas con nuevos instrumentos. En este sentido, no se pretende establecer una dicotomía entre lo viejo y lo nuevo, sino que se parte de la idea, desde un punto de vista más continuista, de que hay una problemática subyacente que va más allá de la incursión de las redes sociales digitales, alejándose así este trabajo de los presupuestos más extremos del determinismo tecnológico. Si bien las nuevas tecnologías afectan a la manera en la que nos comunicamos/relacionamos, muchos de los interrogantes que se planteaban y debatían a principios del siglo XX en torno a los efectos de la comunicación, siguen vigentes en la actualidad. 2. Polarización, cámaras de eco y filtros burbuja Las personas muestran una tendencia a favorecer la información afín a sus creencias y se asocian en torno a narrativas compartidas. Esto no es, obviamente, una novedad de internet, pues se encuentra en el germen de la formación de cualquier grupo de amistades u otros grupos sociales como, por ejemplo, en los colectivos fandom, desde un punto de vista de la cultura participativa (Jenkins, 2012). 25 Víctor Hernández-Santaolalla & Jose Candón-Mena Estudos em Comunicação nº38 (Maio, 2024) Respecto a los estudios sobre la influencia de la comunicación, la importancia del grupo cobró especial relevancia, entre otros, gracias a los estudios fraguados en el seno de la Universidad de Columbia en la década de 1940, que daban más importancia a la influencia interpersonal que a la que pudiese derivarse de los medios de comunicación de masas (Berelson, Lazarsfeld & McPhee, 1954; Katz & Lazarsfeld, 1979). Una influencia personal que le restaba poder a los mass media y se lo otorgaba al individuo, anticipando, de algún modo, lo que sería la teoría de usos y gratificaciones (Katz, Blumler & Gurevitch, 1973), máximo exponente de la llamada era de los efectos limitados y del rol activo del usuario. La llegada de internet y, sobre todo, de las redes sociales digitales, trajo consigo una multiplicación de canales y fuentes, con la consecuente fragmentación de la audiencia, que comenzó a vincularse entre sí en función de aficiones, opiniones e intereses compartidos, sin necesidad de conocerse y sin las limitaciones del espacio físico (Rheinghold, 2002). De esta forma, se pasó de vivir y compartir en grupos a hacerlo en redes (Christakis & Fowler, 2010), lo que implicaba una mayor interconexión y globalismo, aunando, en cuanto a estructura, los principios de funcionamiento de la comunicación de masas con los de la comunicación interpersonal, en un fenómeno que Castells (2009) denominó “autocomunicación de masas” (p. 88). La eclosión de las redes sociales digitales, más allá de todos los cambios que han supuesto y su rol dentro del campo más amplio de la transformación tecnológica, trajo consigo la esperanza de un nuevo orden, en el sentido de un mayor control y participación de las cuestiones sociopolíticas por parte de la ciudadanía, que a su vez podría intervenir en el discurso mediático más convencional (Candón Mena, 2012a). Internet fue visto como un espacio para el surgir de una renovada esfera pública; un entorno en el que, gracias al acceso a una gran cantidad de información plural y a las oportunidades de conexión y discusión entre los diferentes agentes sociales, se podría hablar de una democracia participativa real. Sin embargo, ni el acceso a la información es tan libre e independiente como se esperaba, ni la conversación con determinados agentes es tan sencilla y fluida. En este punto cabría mencionar, por ejemplo, el concepto de interacción y la supuesta bidireccionalidad con los dirigentes políticos o empresariales en la red (Pedersen & Rahat, 2019); una ilusión de conversación que se reduce a la emisión de mensajes por parte de dichos representantes, los cuales pueden ser contestados con “me gusta”, “retuits” o comentarios, pero que difícilmente podrán ser debatidos, formar parte de una discusión o dar lugar a un intercambio deliberativo. En esta línea, resulta interesante el estudio de Hunter (2023), quien analiza el efecto que las redes sociales tiene en la democracia con un estudio transnacional en el que se analizaron 158 países entre 2000 y 2019. Su conclusión es que las redes sociales pueden tanto apoyar como restar valor a la democracia dependiendo de cómo se utilicen: esta se ve mejorada gracias a la inclusión de distintos puntos de vista o al uso dado por los políticos en las campañas, fortaleciendo así la tolerancia y compromiso políticos y la sociedad civil en su conjunto, pero se ve afectada negativamente por la desinformación, la polarización o la incitación a la violencia offline. A esto se añade la desilusión derivada del supuesto fracaso de ciertos movimientos sociales originados en la red, si bien aquí el problema sería definir qué se entiende por éxito en este terreno, pues en muchas ocasiones se olvida cuál es el rol (difusores, catalizadores, generadores de debate…) que pueden cumplir los medios sociales al respecto (La Rosa, 2016; Amaral, 2023). Por ejemplo, Monnery y Wolff (2023), a propósito del movimiento francés de los chalecos amarillos y la consulta ciudadana a través de la plataforma Grand Débat, se preguntan acerca del impacto de este tipo de iniciativas ciudadanas, en tanto que la respuesta dada a través de dicha plataforma no se correspondía con el sentir del público general. Las dudas sobre la selección de los participantes se traducen en un cuestionamiento de la propia representatividad de estas consultas públicas a gran escala que no hacen sino mermar la confianza en este tipo de herramientas. De este modo, y a nivel general, ante todo atisbo de ventaja que la red brinda como instrumento a la ciudadanía para su participación en la esfera pública, surgen conceptos que lo rechazan: el activismo digital se ve denostado por el slacktivism (Gladwell, 2010); la monitorización por parte de la ciudadanía o 26 Polarización, radicalización y sesgo confirmatorio en la red: una lectura desde las teorías de los efectos de los medios y la democracia deliberativa Estudos em Comunicação nº38 (Maio, 2024) la contravigilancia (Monahan, 2006; Krona, 2015; Hermida y Hernández-Santaolalla, 2016, 2018) tienen su contrapartida en el control y la vigilancia vertical desde arriba y la vigilancia horizontal e interpersonal (Albrechtslund, 2008; Tokunaga, 2011; Ramonet, 2015); el periodismo ciudadano (Penney & Dadas, 2013) o alternativo (Poell & Borra, 2011) debe enfrentarse a las amenazas de las fake news y los bulos, y el debate a la actuación de los trolls. Afortunadamente, la red también ha permitido la diseminación de ideas que en primera instancia podrían ser minoritarias, pero incluso estos casos se enfrentan a la proliferación del negacionismo o de las teorías conspirativas, que buscan paliar la incertidumbre social con falsedades y explicaciones alternativas alejadas de la evidencia científica (Mocanu et al., 2015), o en cómo la ultraderecha intenta copar la red para incluir su discurso en la agenda de los mass media (Hernández Conde y Fernández García, 2019; Schradie, 2019). En este contexto surgen los conceptos cámara de eco y filtros burbuja, popularizados por Sunstein (2009) y Pariser (2017), respectivamente. Aunque utilizados en ocasiones de forma indistinta, para Bruns (2017) la diferencia entre ambos términos estriba en si estamos hablando de conexión o de comunicación. Así, el autor señala que una cámara de eco surge específicamente cuando un grupo de participantes decide conectarse preferentemente entre sí, excluyendo a los de fuera. De esta forma, cuanto conexa sea la red (es decir, cuantas más conexiones se establezcan dentro del grupo y más conexiones se corten con los de fuera), más aislado estará dicho grupo de puntos de vista externos, mientras que las opiniones/percepciones/interpretaciones internas circularán con facilidad y rapidez. Por su parte, un filtro burbuja surgirá cuando un grupo de participantes, con independencia de la red de conexiones subyacente, se comunique preferentemente entre sí, excluyendo al resto; algo que vendría fomentado por el uso de algoritmos. Al respecto, las cámaras de eco permitirían reforzar los puntos de vista del grupo a partir de la conexión con otros usuarios de ideas afines, mientras que las burbujas filtro les prevendrían de obtener perspectivas contrarias (Bruns, 2021, p. 33). Así, aunque ambos términos no hagan referencia un mismo tipo de proceso, y los fenómenos no tengan por qué darse de forma conjunta, están íntimamente relacionados y responden a una retroalimentación constante entre las elecciones de los usuarios y la actuación del algoritmo en función de estas. En cualquier caso, Bruns (2017) es bastante escéptico a la hora de afirmar que estos fenómenos sean un elemento generalizado en las redes sociales: there is a considerable danger that these (along with ‘fake news’) simply represent the latest in a long line of moral panics associated with new media technologies, embraced for various reasons by journalists and politicians who may indeed live in their own professional filter bubbles but for that reason falsely assume that their experience is shared by ordinary social media users (p. 3). En este sentido, si bien los usuarios podrían ir creando sus propios filtros burbuja en función de sus intereses, acorde con el concepto de ciberbalcanización (Van Alstyne & Brynjolfsson, 1996), esto no significa una desconexión total del exterior (Weeks, Ksiazek & Holbert, 2016), por lo que podrían seguir circulando opiniones contrarias, que podrían ser discutidas o rechazadas. Bruns (2021) no descarta tampoco que haya determinados contextos y eventos, como unas elecciones, que sean más propicios para el germen de filtros burbuja y cámaras de eco, pero incluso en esos casos el aislamiento difícilmente sería total. De esta forma, apunta que estas manifestaciones son objeto de un temor infundado “that presents a convenient technological scapegoat (search and social platforms and their affordances and algorithms) for a much more critical problem: growing social and political polarization” (p. 33). De tal modo, el problema no es que se difunda y comparta una información y no otra, pues siempre quedaría espacio para opiniones diferentes. Al fin y al cabo, no debe olvidarse que, dentro y fuera de internet, las personas forman parte de diversos colectivos sociales, compuestos por miembros que, a su vez, constituyen otros grupos en los que pueden circular otras ideas. El concepto de ecología mediática (Treré, 2023) sostiene, precisamente, que la mayoría de las personas no consumen de forma exclusiva y aislada medios tradicionales o digitales, sino que viejos y nuevos espacios/canales configuran un eco- 27 Víctor Hernández-Santaolalla & Jose Candón-Mena Estudos em Comunicação nº38 (Maio, 2024) sistema complejo íntimamente relacionado, al tiempo que la idea de hibridación (Díaz Parra y Candón Mena, 2014) contribuye a cuestionar la separación entre espacios físicos y virtuales de interrelación, pues ambos resultan inseparables y complementarios, constituyendo así un nuevo escenario on-life. De este modo, más allá de lo que ocurre en la red, el problema radica en el incremento de la fragmentación social y los consecuentes niveles de polarización ideológica y afectiva que, si bien pueden verse alimentados por las oportunidades que ofrece internet, existen más allá de sus límites. En otras palabras, las posturas ideológicas pueden llegar a extremarse o radicalizarse, e incluso aumentar el odio hacia toda postura ajena, especialmente cuando se reducen los mecanismos de control en el canal (Ferré-Pavia & Sambuceti, 2022). Un ejemplo de esto puede verse en la red social GAB, la cual ha sido denunciada en numerosas ocasiones e incluso prohibida porque, en esa suerte de no-moderación y libre manifestación de pensamientos que la caracteriza, se ha convertido en un escenario proclive a los discursos de odio y de extrema derecha (Castro Martínez & Díaz Morilla, 2021; Lima et al., 2018). Lo anterior no quiere decir que las cámaras de eco o los filtros burbuja no signifiquen (o puedan significar, al menos) un serio problema en la red, sino que su existencia no está tan extendida como pudiera parecer ni, por supuesto, que son fruto exclusivo de la tecnología (Guallar & Martínez-Cañadas, 2023; Zuiderveen Borgesius, 2016). La polarización y la radicalización de posturas ideológicas es algo que va más allá del entorno digital, de modo que no puede caerse en lecturas reduccionistas que, si bien permitirán alcanzar explicaciones sencillas, difícilmente servirán para explicar la realidad sociopolítica global. De hecho, en consonancia con el miedo hacia las nuevas tecnologías mediáticas que apuntaba Bruns (2017; 2021), cabe recordar que esto tampoco es algo nuevo de internet, pues todos los medios de comunicación de masas han vivido episodios en los que han sido dibujados como altamente nocivos para la sociedad, siendo capaces de una manipulación exacerbada del público (De Fleur & Ball-Rokea- ch, 1993; Hernández-Santaolalla, 2018). Así, por ejemplo, en la historia de los medios de comunicación podemos encontrar un alarmismo similar en los primeros debates en torno al uso del teléfono (Fischer, 1992). Entonces, como hoy, el debate se centraba en el supuesto aislamiento social que provocaría su uso: la conversación telefónica sustituiría las actividades sociales cara a cara, como las visitas entre amigos y familiares, el ocio al aire libre y otras formas de sociabilidad y capital social (Putnam, 2002). Frente a estas alarmas finalmente se impuso, sin embargo, una realidad incuestionable: el uso del teléfono no solo no reducía las relaciones sociales, sino que las fomentaba. Otro ejemplo, más actual, sería el llamado clickactivism (activismo en línea) o slacktivism (activismo de sofá), que postula una actitud pasiva frente a los asuntos públicos de los usuarios de las redes sociales, los cuales tendrían, sin embargo, la falsa sensación de estar participando al interactuar con el medio. Sorprende el paralelismo con la clásica noción de “disfunción narcotizante” (Lazarsfeld & Merton, 1948), por la cual, supuestamente, los lectores de prensa tendrían esa misma sensación de involucrarse socialmente por el mero hecho de leer el periódico mientras que el medio fomentaría la apatía, como si de un sedante se tratara. Continuando con la problemática de los miedos a la influencia mediática y, en concreto, a las nuevas tecnologías, resulta cuanto menos interesante que el informe del World Economic Forum (2013) sobre los riesgos globales utilice la famosa retransmisión de La guerra de los mundos en 1938 para hablar de los peligros de internet con respecto a la desinformación. Según recoge este informe, internet, como entonces la radio, es un medio joven, y el pánico que provocó esta dramatización podría tener su correspondencia en la actualidad. Sin embargo, estudios sobre el programa dirigido por Orson Welles llegaron a la conclusión no solo de que las supuestas consecuencias de la retransmisión se debieron a factores contextuales y a la sensación de inseguridad latente más que a la adaptación radiofónica (Cantril, 2005), sino que las propias cifras de afectados pudieron ser intencionadamente exageradas por la prensa para que la radio fuese vista como un medio imprudente y, así, recuperar la inversión publicitaria perdida en los años anteriores (Pooley & Socolow, 2013). De forma similar, los grandes medios y poderes fácticos, que inicialmente perdieron con internet la iniciativa y el monopolio del debate público, pregonan hoy un discurso alarmista que podemos denominar como “despotismo ilustrado 2.0” (Candón-Mena, 2020); 28 Polarización, radicalización y sesgo confirmatorio en la red: una lectura desde las teorías de los efectos de los medios y la democracia deliberativa Estudos em Comunicação nº38 (Maio, 2024) un llamamiento a volver a confiar en las formas más tradicionales del periodismo y de las instituciones, cuya crisis de legitimidad es muy anterior a la llegada de las nuevas tecnologías (Barber, 2003; Norris, 2011). Este tipo de discursos vienen a culpar a internet del deterioro del debate democrático como excusa para retomar su anterior monopolio de la palabra. Volviendo al caso de la dramatización radiofónica que hizo Orson Wells del texto de H.G. Wells, y más allá de las explicaciones apuntadas, cabe recordar que la supuesta respuesta a la retransmisión se interpretó, también, como un indicativo de la capacidad explicativa de la hipótesis de la aguja hipodérmica o de la bala mágica. Sin embargo, esta explicación, que se erige como el máximo exponente de la concepción de la influencia todopoderosa de los medios de comunicación de masas, nunca pudo comprobarse empíricamente, y solo tenía sentido en un contexto en el que primaban las teorías de la herencia biológica y, lo que es más importante, donde había una falta de fuertes lazos sociales (Hernández-Santaolalla, 2017, 2018). Todas estas referencias a los peligros de internet, en conexión con fenómenos como la desinformación y los filtros burbuja, hace pensar que, como señalábamos al principio del texto, un marco interpretativo que tome en consideración tanto la teoría de los efectos de la comunicación como los presupuestos de la acción colectiva o la democracia deliberativa podría servir para analizar los procesos de polarización que ocurren actualmente en la red. 3. Del efecto de refuerzo a la radicalización En 1922 Walter Lippmann (2003) establecía dos condicionantes para que los medios influyeran sobre la opinión pública: que los individuos no tuviesen contacto directo con la realidad informada y que no hubiese versiones contradictorias sobre un mismo tema. Las redes sociales en internet permitirían, precisamente, impulsar la proliferación de dos salvaguardas para la manipulación, en tanto que la pluralidad de voces no solo invitaría a dar diferentes puntos de vista sobre un mismo tema, sino que además permitiría, asociado con conceptos como los de periodismo ciudadano y periodismo alternativo, conocer de primera mano hechos (y versiones) que de otra forma solo hubieran alcanzado cobertura si los medios de masas hubieran optado por ello. Al conectar esta idea con los principios de la teoría de la agenda-setting (McCombs & Shaw, 1972), podría afirmarse que las redes sociales permitirían romper dicho establecimiento de la agenda (Candón-Mena, 2012b). No obstante, lo que parece haber ocurrido es que ha habido un cambio en la configuración de dicha agenda, y en ocasiones una individualización de la misma (McCombs, 2006), propiciada por la fragmentación de las audiencias y el control del mensaje por parte del usuario o, en su caso, la personalización de estos, fruto del algoritmo, lo cual enlazaría de nuevo con la idea de los filtros burbuja. La multiplicación de canales y de posibilidades de elección conduciría no solo a una limitación de los efectos, sino también a un mayor protagonismo y control por parte del usuario en cuanto a los usos y gratificaciones (Katz, Blumler & Gurevitch, 1973). En esta línea, como apuntaba Klapper (1974), parecería que el efecto más frecuente en la actualidad debería ser el del refuerzo, pues el hecho de controlar las fuentes que consultamos y los mensajes que recibimos haría que nos expusiéramos a aquellos mensajes con los que estamos de acuerdo de antemano. Sin embargo, este refuerzo por sí solo no terminaría de explicar por qué se producen las cámaras de eco y la polarización/radicalización de posturas. Al fin y al cabo, el efecto de refuerzo se inserta en la noción de la influencia limitada de los medios de comunicación de masas, mientras que las consecuencias derivadas de las cámaras de eco y los filtros burbuja se presentan generalmente como determinantes. Para explicar este fenómeno resulta clarificador atender a la discusión que mantuvieron en el Journal of Communication Bennet e Iyengar (2008; 2010) y Holbert, Garret y Gleason (2010). Para los primeros, la postura de la audiencia en un contexto mediático cada vez con una mayor oferta sería eminentemente selectiva, acorde con sus preferencias. Frente a estos, Holbert, Garret y Gleason señalaron 29 Víctor Hernández-Santaolalla & Jose Candón-Mena Estudos em Comunicação nº38 (Maio, 2024) que esta capacidad selectiva no eximiría de que se pudiesen producir efectos de otra índole, ya fuese porque la predisposición a aceptar los mensajes del emisor/canal derivase en una maximización de la influencia, ya fuese porque se atendiese a opiniones no buscadas en un primer momento. La postura de estos últimos autores podría servir de base explicativa para analizar lo que está ocurriendo con las redes sociales digitales hoy en día. En un primer momento, los usuarios seleccionarían y participarían de forma activa o pasiva en torno a aquellos temas o conversaciones con los que ya están de acuerdo. Sin embargo, en esta primera fase, esta aproximación se realizaría de forma pausada y a la defensiva, pues primaría más la postura previa y la búsqueda de confirmación que el propio debate en sí. No obstante, con el paso del tiempo, la conversación dentro de determinados círculos “seguros” llevaría a estrechar y fortalecer la idea de grupo, permitiendo que, dentro de este, de la red, se difundan mensajes más extremos, produciéndose así esta influencia “máxima”. La era de los efectos limitados se inauguró, precisamente, porque comenzó a valorarse el papel del público a la hora de interpretar el mensaje transmitido por los medios de masas. En este punto, Mutz y Martin (2001) señalan que son precisamente los medios los que favorecen la exposición de voces contradictorias, algo que no suele ocurrir en el terreno de la comunicación interpersonal. Para desarrollar esto último es conveniente acudir a otros dos planteamientos teóricos de explicación de los efectos mediáticos que tradicionalmente se han situado como parte de la vuelta a los efectos todopoderosos, siguiendo la estructura de McQuail (2000): la espiral del silencio y la teoría del cultivo. La primera, si bien guarda estrecha relación con la comunicación interpersonal, señala que los medios de comunicación de masas son los responsables de crear un clima de opinión dominante (Noelle-Neumann, 1995). La segunda, por su parte, desarrolla el poder socializador de los mismos, sobre todo de la televisión, indicando que esta defenderá, ante todo, una postura política moderada de la realidad (Gerbner et al., 1984). Sin embargo, para crear el clima de opinión dominante o esta socialización que sostienen estos dos planteamientos teóricos, los medios de comunicación de masas “tradicionales” daban voz a opiniones de distinta índole, aunque en mayor medida las mayoritarias y temperadas. Esto, no obstante, no ocurriría en el caso de la comunicación interpersonal, pues las personas, como ya se ha indicado, se congregarían en torno a seres semejantes, rechazando aquello que se aleje de la norma del grupo. Es esta estructura la que parecen haber adoptado las redes sociales. Sin embargo, incluso así hay un problema que todavía ha quedado sin solución: aunque las personas se distribuyan en grupos afines, físicos o virtuales, no podrán evitar enfrentarse a opiniones más o menos alejadas de la suya, si bien es cierto que los mecanismos de exposición o atención selectivas permitirían controlar dicho mensaje y rechazarlo, lo que significaría una vuelta al modelo de usos y gratificaciones. Al respecto, la exposición selectiva conlleva la conformación de grupos homogéneos en torno a ciertos contenidos, que a su vez alimentarían las cámaras de eco (Del Vicario et al., 2016). Por otro lado, aparte de esta capacidad selectiva, cobra especial relevancia también el concepto de sesgo confirmatorio, el cual permite al usuario centrarse solo en aquellas informaciones, sean de la índole que sean, que confirmen su opinión, planteamiento que encuentra su origen en la disonancia cognitiva de Festinger (1957), ya que el sesgo confirmatorio sería una herramienta para frenarla. Así, una vez que una persona forma una creencia, ofrece una resistencia importante a la contraargumentación (Ross y Anderson, 1982). De esta forma, la información falsa podría dar lugar a creencias erróneas que, una vez adoptadas, difícilmente serán olvidadas/rechazadas por el individuo (Mocanu et al., 2015). Es más, el desmentido de estas noticias falsas podría ser contraproducente en tanto que activaría los sesgos de los individuos y radicalizaría más la postura propia (Garrett & Weeks, 2013); una cuestión que, a la luz de los resultados de los experimentos de Walter y Salovich (2021), se vuelve más compleja si se tiene en cuenta que la verificación de información parece depender de la capacidad del auditorio para distinguir los hechos de las opiniones, lo cual no siempre sucede. El sesgo confirmatorio permite una gratificación cognitiva personal, ya que da la razón al individuo, pero también actúa en el terreno de lo social. En este sentido, Ling (2020) acude a la propuesta 30 Polarización, radicalización y sesgo confirmatorio en la red: una lectura desde las teorías de los efectos de los medios y la democracia deliberativa Estudos em Comunicação nº38 (Maio, 2024) de Del Vicario et al. (2017), quienes relacionan dicho sesgo con la homofilia, es decir, la atracción de valores compartidos que ya señalaran Katz y Lazarsfeld (1979) como una de las cuatro razones para integrarse en un grupo y seguirlo. Sin embargo, más interesante para el caso que nos ocupa resulta la referencia al modelo de espirales de refuerzo (reinforcing spirals model, RSM) de Slater (2007, 2015). Este autor relaciona su propuesta con la teoría del cultivo, aunque, en lugar de versar sobre un contenido que es difundido de forma uniforme a través de los medios de masas, se centraría en la selección de mensajes diferentes –contexto en el que Cöster y Shehata (2024) introducen el concepto de self-culti- vation–, pero coherentes con los valores de determinados subgrupos sociales, llegando así a conclusiones opuestas a lo marcado por la teoría de la espiral del silencio en cuanto a la homogeneización de la opinión pública (Slater, 2015). En esta línea, el propio autor señala que su modelo está más próximo a la propuesta de Klapper (1974) y Berelson, Lazarsfeld y McPhee (1954). Al respecto, apuntará que, por lo general, aunque la retroalimentación de una misma opinión dentro del grupo pueda fortalecerla e intensificarla, llegará un momento en el que dicho crecimiento se parará, tendiendo dicho grupo y sus miembros a la homeostasis. Sin embargo, en aquellos escenarios en los que la identificación dentro del grupo es muy fuerte y la identidad se ve –esto es, se percibe– fuertemente amenazada, sí que podrían surgir posturas extremas (2015). 4. El otro lado de la fragmentación de la esfera pública Las cámaras de eco y los filtros burbuja son vistos, en general, tal y como ya se ha comentado, como efectos perversos para el debate democrático y la convivencia en sociedad. Ambos fenómenos llevarían a la fragmentación del debate público, la polarización, la radicalización o a la llamada “balcanización” de la opinión pública (Wolton, 2000 y 2006; Sunstein 2003 y 2018; Putnam, 2000). Además, internet y las redes sociales digitales fomentarían estos fenómenos y serían responsables de sus consecuencias nocivas. A esto hay que añadir, asimismo, el uso partidista de bots (Robles et al., 2022) o las posibilidades de la inteligencia artificial (López, Mila & Ribeiro, 2023), cuestiones sobre las que no se han profundizado en esta reflexión, pero que complejizan mucho más el ecosistema comunicativo y sociopolítico actual. No obstante, sin por ello minusvalorar los riesgos asociados a las nuevas tecnologías comunicativas, algunas consideraciones pueden servir para relativizar el debate en torno a este asunto, cuestionar algunos presupuestos de partida e incluso señalar aspectos positivos de estos fenómenos. Una de las premisas en torno a este asunto parte de considerar la importancia de que existan espacios de deliberación amplios sobre una agenda compartida de asuntos de interés público. En este sentido, los medios convencionales como la prensa, la radio o la televisión, con sus amplias audiencias, se presentarían como garantes de estos espacios comunes de deliberación democrática sobre asuntos generales. Por contra, internet y las redes sociales, dadas las posibilidades de personalización y selección de los contenidos desde multitud de fuentes, incluso más allá del periodismo profesional y los medios, fomentarían la fragmentación de las audiencias y una exposición selectiva reforzada que amenazaría la interrelación y comprensión mutua entre amplias capas de la sociedad. En esta línea, Sunstein (2003) resalta la necesidad de que la mayoría de la ciudadanía o una gran parte de esta tenga unas experiencias comunes como forma de cohesión social. Del mismo modo, para Wolton (2000) “los medios de comunicación de masas, con relación a este objetivo esencial del estar juntos de una colectividad, están, por su lógica de la oferta generalista y de gran público, mucho más avanzados que los medios de comunicación temáticos o las nuevas tecnologías”, llegando a afirmar que “el gran público de los medios de comunicación de masas es el equivalente, en cultura, al sufragio universal en política” (p. 78). Estas posturas resaltarían el papel principal de la televisión como vínculo social. Desde otras perspectivas, no obstante, se cuestiona el carácter democrático de esta agenda compartida de temas de interés público o de esta visión funcionalista (Parsons, 1937; 1951) de la cohesión so- 31 Víctor Hernández-Santaolalla & Jose Candón-Mena Estudos em Comunicação nº38 (Maio, 2024) cial. Para Noam Chomsky y Edward S. Herman (1990), esta cohesión resulta más bien de la imposición de un consenso fabricado por los medios, que restringe los límites de lo debatible y, por tanto, limita la pluralidad característica de las sociedades democráticas, despolitizando la propia idea de democracia al rehuir del conflicto inherente de la política. La postura “moderada” que, según Gerbner et al. (1984), fomentaría la televisión no sería más que la postura funcional y proclive al mantenimiento del sistema dominante. Por su parte, Nancy Fraser (1997) duda de que la proliferación de múltiples esferas de debate represente una regresión para la democracia y que sea preferible una esfera discursiva única e integral. Para la autora, en sociedades fuertemente estratificadas, el choque entre una pluralidad de públicos va más allá de promover la participación en igualdad de condiciones, criticando que, en una esfera unificada, los procesos de debate tienden a beneficiar a los grupos dominantes. Según Mansbridge (1990), las limitaciones de una única esfera equivalen a "absorber a los menos poderosos en un falso ‘nosotros’ que refleja a los más poderosos" (p. 127). En la misma línea se sitúan autores como Laclau (2016), Mouffe (1999), Dörre et al. (2023) o Sousa Santos (2016), cuando cuestionan esta idea consensual de la democracia que, en un contexto de fuertes desigualdades, resulta conservadora y funcional al statu quo. Denuncian, así, la imposición hegemónica del “pensamiento único” neoliberal (Ramonet, 1997) que promovería un modelo tecnocrático de democracia, basado en la asunción de supuestas metas consensuadas (por ejemplo, el desarrollo económico) gestionadas por expertos burocráticos acusados de desempoderar al ciudadano (Sanderson, 1999); un modelo que, como decíamos, despolitiza la idea de la democracia, considerando como negativo y un riesgo para el sistema al conflicto que excede los márgenes de estos consensos impuestos (Crozier et al., 1975) y calificando a los actores que lo cuestionan como agentes externos o simplemente antisistema (Sartori, 1976). Sobre ello resulta pertinente la clásica distinción de Mouffe (1999) entre lo político, “ligado a la dimensión de antagonismo y de hostilidad que existe en las relaciones humanas” y la política, “que apunta a establecer un orden, a organizar la coexistencia humana en condiciones que son siempre conflictivas, pues están atravesadas por lo político” (p. 18). Desde esta perspectiva, la polarización de posturas en el debate democrático se naturaliza como parte indispensable e ineludible del antagonismo propio de sociedades plurales y con altos índices de desigualdad. Aunque, como también subraya la autora, más que antagonismo deberíamos hablar de un “pluralismo agonístico”, el cual no niega ni pretende suspender las desigualdades sociales y culturales o la diferencia de intereses contrapuestos entre grupos en disputa, pero aboga a su vez por un acuerdo de mínimos o el establecimiento de “meta-normas” que garanticen la convivencia pacífica en sociedad. A su vez, la teoría de la democracia deliberativa subraya el hecho de que la auténtica deliberación democrática se daría en entornos formales e informales de afinidad, como asociaciones, sindicatos, partidos o movimientos sociales (Cohen, 1989; Dryzek; 2000; Mansbridge, 1996). La esfera pública general sería, desde esta perspectiva, más que un lugar de deliberación y consenso, un espacio de conflicto y lucha política entre actores diversos que se movilizan hacia el exterior, pero que deliberan verdaderamente en espacios concretos de afinidad, donde alcanzan verdaderos consensos y dan forma a sus propuestas políticas. Esta distinción puede ayudar a matizar las visiones apocalípticas de los filtros burbuja o las cámaras de eco, ya que abre la puerta a la idea de que dichos fenómenos sean compatibles con la convivencia social, siempre que se respeten unos mínimos valores democráticos y de reconocimiento a los otros. El propio Sunstein (2003) reconoce que la polarización de grupos también puede alimentar muchos movimientos de gran valor, ya que facilita lo que denomina una “deliberación de enclave”, la cual tiene lugar en el seno de grupos más o menos aislados en los que personas de ideas afines hablan fundamentalmente entre ellas. 38 Polarización, radicalización y sesgo confirmatorio en la red: una lectura desde las teorías de los efectos de los medios y la democracia deliberativa Estudos em Comunicação nº38 (Maio, 2024) Monahan, T. (2006). Counter-surveillance as political intervention? Social Semiotics, 16(4), 515-534. https://doi.org/10.1080/10350330601019769 Monnery, B. & Wolff, François-Charles (2023). Is participatory democracy in line with social protest? Evidence from the French Yellow Vests movement, 197, 283-309. https://doi.org/10.1007/s11127-023-01105-5 Mouffe, C. (1999). El retorno de lo político. Comunidad, ciudadanía, pluralismo, democracia radical. Paidós. Mutz, D. C. & Martin, P. 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