Full text
27 LA MIRADA DE LAS MUJERES AL MUNDO ACADÉMICO Por: Consuelo Flecha García1 Abstract La presencia de mujeres en las universidades españolas ha cumplido ya más de 130 años. Algunas chicas empezaron a matricularse cuando querer estudiar en sus aulas suponía la entrada en un espacio entendido como ajeno a lo femenino. Hoy la situación ha cambiado mucho si nos detenemos en los datos que ofrecen las estadísticas; pero esta presencia ha transformado poco, tanto sus esquemas de funcionamiento como los conocimientos que en ella se crean y transmiten. De ahí que un número importante de profesoras haya comenzado a incorporar a las mujeres en sus investigaciones y en su docencia y que hayan creado redes que permiten relaciones de intercambio, coordinar tareas, contrastar resultados y difundirlos, además de servir de estímulo y de apoyo. Llama la atención la demanda que tienen los cursos específicos que, desde la docencia, transmiten saberes e informaciones sobre las mujeres; su ausencia en el bagaje cultural recibido hasta ahora contribuye a la elección de estas disciplinas académicas y a la dedicación que le prestan. La experiencia nos va diciendo la dificultad de transformar un statu quo tan arraigado, aunque parezca brindar cada vez más posibilidades a las estudiantes y a las profesoras que se incorporan a él2. Palabras clave: Estudios de las mujeres, Universidad, Investigación, Docencia, Ciencia. It is already more than 130 years since Spanish Women started going to University. Some of them registered at a time when their mere presence in the classrooms was understood as a nonfeminine sign. Nowadays statistics show that this situation has changed to a great extent; however, this has altered very little both the general functioning of the universities and the knowledge that is originated and transmitted in them. That’s why a large number of female teachers has started to include women in their research and their teaching; furthermore, they have created nets for them to be connected, to coordinate tasks, to compare and divulge results and to act as a stimulus and a support. 1 Doctora en Ciencias de la Educación. Universidad de Sevilla, España. Catedrática de Historia de la Educación. 2 Este texto tiene su origen en una conferencia pronunciada en el Primer Encuentro Universitario “Por una educación en igualdad”, organizado por el Servicio Gallego de Igualdad de la Junta de Galicia. REVISTA ARGENTINA DE SOCIOLOGÍA AÑO 1 N° 1 — ISSN 1667-9261 (2003), pp. 27-43
28 We should emphasize the fact that the specific courses that offer knowledge and information about women are in great demand; it is their absence in the former cultural scene that helps now to the amazing interest they raise. Experience tells us that a deep-rooted ‘statu quo’ is very hard to change, even though it may offer more and more possibilities to the female students and teachers that join it. Key words: Women’s studies, University, Research, Teaching, Science. La presencia de mujeres en las universidades españolas ha cumplido ya más de 130 años. Se inició por el deseo de adquirir conocimientos y de poder utilizarlos para tener derecho a un lugar social que les permitiera disfrutar de una vida personal más autónoma; un saber que modificaría en casi todos los casos el destino prescrito para las mujeres al abrirles vías de construcción más libres de sí3. Su acceso se produjo muy lentamente pues, como la universidad era una institución pensada y organizada para la formación cultural y profesional de hombres, no de mujeres, la transformación de la mentalidad primigenia y la ruptura de una costumbre que se había hecho certeza, costó mucho tiempo y necesitó invertir muchas energías. Querer estudiar en sus aulas suponía la entrada en un espacio entendido como ajeno a lo femenino, lo que seguramente despertaría en el imaginario de las chicas un sentido de no pertenencia, de ámbito inconciliable con su destino; sin embargo, no podemos dudar de que muchas mirarían, con cierta envidia y hasta con desasosiego, las posibilidades que las aulas universitarias ofrecían, al ver cómo se las mantenía alejadas de ellas. A pesar de una tradición tan consolidada, hubo algunas jóvenes que, para cumplir el deseo que sentían, traspasaron sus puertas; chicas que fueron capaces de introducir un corte en la condición femenina que se les asignaba e imponía. Con estas decisiones, protagonizadas por cada una en las universidades y contextos concretos en las que se produjeron, aquellas primeras universitarias contribuyeron a desencadenar un debate sobre la educación de las mujeres en la opinión pública, el cual, poco a poco, fue haciendo evolucionar la postura de al menos algunos grupos y disminuir la sospecha hacia las jóvenes que se matriculaban en la universidad4. 3 Cfr. Dominijanni, Ida: “El deseo de política”, en Cigarini, Lia: La política del deseo, Barcelona, Icaria, 1995, p. 11. 4 Cfr. Flecha García, Consuelo: Las primeras universitarias en España. 1872-1910, Madrid, Narcea, 1996, 266 ps. REVISTA ARGENTINA DE SOCIOLOGÍA AÑO 1 N° 1 — ISSN 1667-9261 (2003), pp. 27-43 La mirada de las mujeres al mundo académicoConsuelo Flecha García
29 Un escenario diferente Hoy la situación ha cambiado mucho si nos detenemos, bien en parte de los datos que ofrecen las estadísticas, bien en algunos de los espacios universitarios: en las aulas, en las bibliotecas, en los laboratorios, en los pasillos, etc. Ahora, si miramos más detenidamente la distribución numérica, el conjunto de los espacios y otros elementos, nos damos cuenta de que esa evolución ha sido muy parcial, sólo en determinados sectores, lo que hace que, en muchos de ellos, las mujeres estén invisibles o no estén5. De ahí que no tenga que llamarnos la atención que la presencia femenina haya transformado todavía poco, tanto las estructuras con las que estos centros de enseñanza superior funcionan, como los conocimientos que en ellos se crean y se transmiten. Y sabemos que es uno de los asuntos, sin duda, importantes, que cada vez más mujeres, y algunos hombres, estamos introduciendo en el debate sobre lo que debe ser la universidad en los próximos años: una institución a la que no puede seguir condicionando su origen y su experiencia multisecular masculina; que tiene que dejar de presentarse como un lugar pensado para los hombres en las formas de organización que se da, y en los objetivos y contenidos de las funciones que tiene que desempeñar; todo ese conjunto de normas, de inercias y de certezas que responden todavía a los contextos androcéntricos en los que nació y en los que fue cristalizando a lo largo de los siglos. En España, en los últimos veinticinco años, grupos de mujeres para las que el feminismo, que criticaba el papel social determinante asignado a mujeres y a hombres, se convirtió en una referencia, han ido introduciendo una nueva perspectiva de análisis y de intervención dentro de la vida intelectual y académica, esa que está contribuyendo y que tiene que permitir visibilizar, también en la universidad, que el mundo es uno pero que los sexos son dos6; porque la experiencia de muchas universitarias es que, debido a estereotipos científicos de predominio masculino, la actividad investigadora, las disciplinas académicas y la gestión y representación institucional, habitualmente reflejan sólo una mitad de la existencia humana, la que corresponde a los hombres. 5 Una situación que, desde hace años, está siendo objeto de observación y análisis por parte de muchas profesoras universitarias españolas, lo mismo que se hace en otros países. Cfr. Sanz Rueda, Carmela (Coord.): Invisibilidad y presencia. Género y trayectoria profesional del profesorado universitario, Madrid, Comunidad de Madrid,Universidad Complutense, 1995, 371 ps.; y García de León, María Antonia; García de Cortázar, Marisa: Las académicas, Madrid, Instituto de la Mujer, 2001, 623 ps. 6 Cfr. Cigarini, Lia: “Due sessi, un mondo”, en Via Dogana, nª 56-57, settembre 2001, ps. 5 y 6. REVISTA ARGENTINA DE SOCIOLOGÍA AÑO 1 N° 1 — ISSN 1667-9261 (2003), pp. 27-43 La mirada de las mujeres al mundo académicoConsuelo Flecha García
30 De hecho, las chicas, más del cincuenta por ciento del alumnado desde 1986, se siguen incorporando a una universidad en la que se ofrecen unas disciplinas académicas cuyos contenidos hablan más de hombres que de mujeres; en la que tienen que leer y formarse en textos escritos mayoritariamente por hombres; en la que, cuando son profesoras, tienen que adaptarse a un estilo de vida y de carrera académica masculina, sin espacio para el reconocimiento de otro itinerario profesional con inevitables y/o deseadas interrupciones, por las diferencias biológicas y sociales entre hombres y mujeres, que suelen poner límites a su dedicación de tiempo a la carrera profesional y marcar ritmos diversos en el discurrir de ella. A una universidad en la que las relaciones que establecen como profesoras son habitualmente con alumnas –por ser la mayoría en las aulas, salvo en las carreras técnicas–, y con otras colegas mujeres –cada vez más numerosas en la docencia universitaria7–, mientras que suelen ser casi exclusivamente con hombres cuando se producen sobre asuntos de gestión y de toma de decisiones. Todo ello sucede, quiero entender, antes que por una voluntad de desvaloración, por el hecho de que quienes planifican y gestionan no miran esa presencia de mujeres como diversidad con la que hay que contar, sino desde un horizonte de homologación progresiva –supuesta como normal, y esperada–, con los modos de estar y de actuar masculinos que son, en su opinión, los que se han ido mostrando eficaces para los objetivos que la universidad tiene que cumplir y que, por lo tanto, no requieren cambios; de ahí que muchas cosas sigan como si no estuviéramos, como si no se nos viera. En el caso de las profesoras universitarias, de la misma forma que en el de otros grupos de mujeres, la salida del destino biológico tradicional ha significado acoger también en la universidad el principio de igualdad con lo masculino, un modelo asumido en mayor o menor grado, pero que ha llevado a algunas de ellas a tener que esforzarse para parecerse o para ser como sus colegas hombres si querían ocupar con propiedad el espacio académico –porque, mientras que ellos confirman su identidad al colocarse en la escena pública, al actuar en asuntos que van más allá de la gestión familiar, las mujeres perciben que sólo lo pueden hacer si se olvidan de su condición femenina8–; o, cuando no quieren entrar en esa dinámica ajena, buscando 7 Aunque el porcentaje de profesoras apenas ha avanzado en la última década, precisamente en unos años en los que el conjunto del profesorado universitario ha crecido significativamente en números absolutos y en su promoción profesional. Las mujeres, con un mejor nivel de formación como media, no logran que se refleje en su estatus profesional dentro de la universidad. Para un estudio más detenido de esta situación puede consultarse el libro de García de León, María Antonia; García de Cortázar, Marisa: Las académicas, ob. cit. 8 Cfr. Tavernini, Luciana: “Danni della storia ‘neutra‘”, en Donne e Conoscenza Storica, www.url.it/sonnestoria/incontri/Lucianainterconv.htm, 23 de julio de 2002. REVISTA ARGENTINA DE SOCIOLOGÍA AÑO 1 N° 1 — ISSN 1667-9261 (2003), pp. 27-43 La mirada de las mujeres al mundo académicoConsuelo Flecha García
31 estrategias contrastadas en otros ámbitos de defensa de los derechos de las mujeres. Unas formas de intervención que han sido importantes, inevitables en cuestiones determinadas, pero que en los últimos años están conviviendo con otros deseos y posicionamientos femeninos que empiezan a reconducir esa trayectoria; se puede ya encontrar a un buen número de profesoras que han tomado conciencia de los límites de la política del “poder académico”, de los modos acuñados para competir, y que no están dispuestas a abandonar procedimientos y estilos propios, sin que esta manera de situarse signifique renunciar a que su voz tenga eco, a que su presencia genere prácticas sustitutivas. Seguramente se ha llegado a esta actitud, podemos pensar, porque, al menos desde el punto de vista jurídico formal, cuentan ya con unos parámetros de igualdad que garantizan una base común de oportunidades. O, quizá, porque no aceptan que la aplicación y disfrute de los derechos tenga que producirse desde una interpretación que niega sus experiencias y sus saberes. Profesoras que, desde hace tiempo, se han distanciado de la exigencia de una identidad de carácter adscriptivo, es decir, construida a partir de las normas, las representaciones y los discursos sobre el sujeto mujer que todavía encontraron en algunos contextos culturales. Y, sabiéndose acompañadas en este deseo, intentan reflejar en el mundo del trabajo académico no sólo lo que tienen y saben, sino también lo que son en otros ámbitos de su vida; en lo que les es posible, aplican a las tareas que realizan su capacidad de pensar y de actuar desde sí mismas, sin tomar siempre medida del mundo masculino9. Son mujeres que ya han interiorizado no sólo que lo personal es político, sino también que lo político es personal, y se mueven en los espacios que ocupan, en consecuencia con ello. Mujeres que forman parte de un movimiento cuyo origen y desarrollo ha sido posible gracias a la toma de conciencia individual y colectiva que se ha ido produciendo de manera creciente, y a las relaciones establecidas entre ellas desde los espacios en los que actúan10. ¿Qué están suponiendo estas nuevas presencias? En primer lugar, y como parte de un doble compromiso –desde luego con las cuestiones de actualidad a las que no puede permanecer ajena cualquier reflexión y, al mismo tiempo, con la práctica política, con las prácticas 9 Cfr. Piussi, Anna Maria: “Más allá de la igualdad”, en Lomas, Carlos (comp.): ¿Iguales o diferentes? Género, diferencia sexual, lenguaje y educación, Barcelona, Paidós, 1999, p. 48. 10 Cfr. Cigarini, Lia: La política del deseo, Barcelona, Icaria, 1996, p. 189. REVISTA ARGENTINA DE SOCIOLOGÍA AÑO 1 N° 1 — ISSN 1667-9261 (2003), pp. 27-43 La mirada de las mujeres al mundo académicoConsuelo Flecha García
32 que contribuyen a poner en circulación zonas más amplias de libertad–, un número de profesoras que empieza a ser importante, ha comenzado a incorporar a las mujeres en sus investigaciones y en su docencia no sólo como objetos de estudio sino también como sujetos de actividad, como sujetos sociales; lo que ha permitido iniciar un proceso, a la vez de construcción y de ruptura de las formulaciones científicas, que se está desarrollando con carácter transversal y que pone de manifiesto la necesidad de una nueva articulación de lo que nos hemos encontrado en el campo de la ciencia y de la transmisión académica; que descubre que las teorías que se presentaban como universales sólo eran, en realidad, un tipo de conocimiento que explicaba un mundo en el que las mujeres no estaban contempladas como sujetos. Las profesoras están protagonizando este cambio desde la responsabilidad de releer y de reinterpretar los saberes de la ciencia específica que cultivan, ya que han comprobado que ningún texto y ninguna formulación es estable en su objetividad y generalización. Y lo hacen –aplicando en muchos casos la perspectiva de género que introduce un cambio de paradigma en la rutina del proceso investigador–, movidas por la exigencia de participar en una lectura crítica y en un análisis más pormenorizado de todos esos discursos científicos y académicos que siguen queriendo moldear y definir, tanto la realidad pública como la privada, aunque sea ésta una división que no creemos siempre pertinente. Una postura ante la que vemos cómo numerosas alumnas están respondiendo con sorpresa y con entusiasmo porque perciben, no sólo que ellas forman parte y están implicadas en esas nuevas propuestas de lectura del mundo, sino también porque han captado con mucha rapidez el hasta dónde ese saber que sale a la luz puede afectar a sus propias vidas. La investigación crítica que desde aquí se está generando rompe con algunos presupuestos convencionales –la ciencia como verdad objetiva y neutra– y pone al descubierto la construcción social del conocimiento. Es una investigación que quiere, lógicamente, corregir las ausencias femeninas pero que busca, al mismo tiempo, reinterpretar el significado de los espacios en los que las mujeres han estado tradicionalmente y liberar de los sesgos de una asignación de género, aquellos en los que han entrado en las últimas décadas. Para hacerlo posible, estas académicas se están moviendo dentro de los parámetros que requiere una investigación de calidad, teniendo que sortear con frecuencia las dificultades y las resistencias a tolerar algunas de las aproximaciones a los temas de estudio desde una perspectiva diferente; esa que utiliza el partir de las mujeres, de su práctica y de sus relaciones, como una categoría de análisis que busca contribuir, y que ha iniciado ya, una “elaREVISTA ARGENTINA DE SOCIOLOGÍA AÑO 1 N° 1 — ISSN 1667-9261 (2003), pp. 27-43 La mirada de las mujeres al mundo académicoConsuelo Flecha García
33 boración sexuada” de la ciencia; es decir, que tenga en cuenta también a las mujeres, no sólo a los hombres. Ha sido precisamente desde esta modificación rompedora, que pone fin a lo que únicamente era pretendida universalidad y objetividad de la ciencia11 , como las mujeres están llegando a hacerse visibles en los espacios académicos, demostrando que la construcción del conocimiento a lo largo de la historia ha sido parcial y limitada en cuanto ha presentado como total, como universal, lo que sólo describía y representaba a una parte. La historia de la ciencia nos muestra ejemplos evidentes acerca de un conocimiento sesgado –en razón del sexo predominante y de otros indicadores– en su elaboración, que puede ser comprobado por quienes cultivan cualquiera de sus áreas en la abundante bibliografía de la que disponemos12 . Como consecuencia de esta actividad y del deseo de que repercutiera, en consecuencia, en las prácticas universitarias, más tarde hemos conocido en no pocos departamentos universitarios la preocupación despertada por las distorsiones que podían sufrir los programas docentes de cada una de las materias objeto de transmisión y de aprendizaje, si se introducían estas nuevas visiones ofrecidas por las investigaciones de las profesoras. Surgió la inquietud por la integridad convencional de las disciplinas académicas que, si se integraban las nuevas visiones, tendrían que impartirse aceptando convivir con unos planteamientos y con unos conocimientos sin tradición teórica explícita y a los que se considera, en muchos casos, sin base intelectual contrastada. Posturas de duda, de sospecha y hasta de rechazo que se producen dentro de la universidad, pero no únicamente, ya que fuera, y por parte de algunos movimientos de mujeres, se ha planteado el temor de que se estén agotando en esta empresa –dicen que, al fin y al cabo, minoritaria y elitista si se mira desde una perspectiva de mundialidad– muchas de las energías y la vitalidad con que diferentes grupos feministas habían actuado hasta ahora en otros espacios sociales. Todas estas resistencias hacia los “estudios de las mujeres” han existido en otros países antes que aquí, pero fueron relativizándose –por ejemplo, en las universidades anglosajonas, las primeras en introducirlos– por razones, entre otras, de mercado y de potencial rentabilidad ante una población estu11 Ídem, p.125. 12 Entre otros estudios sobre este tema señalo aquí los de Keller, Evelyn Fox: Reflexiones sobre género y ciencia, Valencia, Edicions Alfons el Magnanim, 1991, 191 ps.; Harding, Sandra: Ciencia y Feminismo, Madrid, Morata, 1996, 237 ps.; Cruz, Marina; Ruiz, Luisa (eds.): Mujer y ciencia, Jaén, Publ. Universidad de Jaén, 1999, 161 ps.; Wyer, Mary, & others: Women, Science and Technology, New York-London, Routledge, 2001, 376 ps.; y Pérez Sedeño, Eulalia,; Alcalá, Paloma (Coords.): Ciencia y género, Madrid, Editorial Complutense, 2001, 545 ps. REVISTA ARGENTINA DE SOCIOLOGÍA AÑO 1 N° 1 — ISSN 1667-9261 (2003), pp. 27-43 La mirada de las mujeres al mundo académicoConsuelo Flecha García
34 diantil en la que crecía la proporción de mujeres. A la constatación del interés suscitado en el alumnado que elegía este tipo de cursos, debemos, en parte, la creciente tolerancia que despertaron por parte de los gestores universitarios. Antes de 1970 en Estados Unidos ya se impartían más de un centenar de cursos y de seminarios sobre mujeres. En 1995 eran quinientos los programas que se desarrollaban y casi cuarenta los centros de estudio e investigación dedicados a este campo de conocimiento. Un camino al que enseguida se empezaron a incorporar universidades de diferentes países, especialmente europeos, pero no únicamente, podemos decir hoy13 . Un planteamiento renovador A pesar de que no siempre, aquí y en otros lugares, hayan sido aceptadas y promovidas con entusiasmo las actividades propuestas desde los “estudios de las mujeres” dentro del engranaje formal de la estructura académica, la fuerza de lo que representa un planteamiento renovador –un movimiento que centra su atención en un grupo social sólo muy recientemente vislumbrado como relevante en una sociedad llena de intenciones igualitarias– está empujando al reconocimiento y legitimación de lo que desde él se aporta. Lo que no es óbice para que pensemos que el hueco que se les ofrece en la actualidad es todavía insuficiente, que su desarrollo docente y su arraigo académico se encuentra con muchos obstáculos, y que hay que seguir intentándolo con mayor convencimiento si cabe pues, como ha señalado recientemente la Comisión Europea al referirse a este tema, “quedarse a la espera de la igualdad no servirá de nada... permitir que existan barreras... no es económicamente prudente ni socialmente justo”14 . Por la actividad desarrollada hasta ahora creo que hay que reconocer que la paulatina presencia de este ámbito de “estudios de las mujeres” en las universidades españolas, está representando una de las más significativas innovaciones que se han introducido en la investigación y en la docencia en varias décadas15 . La vitalidad de los grupos implicados ha contribuido a generar 13 Cfr. Flecha García, Consuelo: “Género y ciencia. A propósito de los ‘estudios de la mujer’ en las universidades”, en Educación XX1, Madrid, 1999, nª 2, ps. 225-227; y García Sainz, Cristina: “Modificar las relaciones de poder”, en Perspectivas (ISIS Internacional), nª 25, abril-julio 2002. 14 COMISIÓN EUROPEA: Informe: Política científica de la Unión Europea, Luxemburgo, Ed. Publ. de las Comunidades Europeas, 2001, p. 95. 15 Los informes elaborados sobre los “estudios de las mujeres” en las universidades españolas reflejan la cantidad y calidad de lo realizado desde 1975. Cfr. Ballarín, Pilar; Gallego, Teresa; Martínez, Isabel: Los estudios de las mujeres en las universidades españolas. 1975-1991, Madrid, Instituto de la Mujer, 1995, 490 ps.; Ortiz, Teresa; Birriel, Johanna; Marín, Vicenta: Universidad y feREVISTA ARGENTINA DE SOCIOLOGÍA AÑO 1 N° 1 — ISSN 1667-9261 (2003), pp. 27-43 La mirada de las mujeres al mundo académicoConsuelo Flecha García
35 avances, grandes unas veces, pequeños en otras, pero continuados, constantes; logros que van provocando una interesante evolución de la mentalidad respecto de esos límites de la ciencia no reconocidos hasta ahora y que se perciben como nuevos, lo mismo que una mayor sensibilización ante una perspectiva que supone renovar e innovar las fuentes que alimentan el bagaje cultural recibido. A lo cual creo que se une, además, la oportunidad del actual contexto sociopolítico en el que es más difícil ejercer el poder de control sobre “un conocimiento cada vez más plural, construido a partir de experiencias y culturas diversas”16 . Y, como origen y como consecuencia de todo ello, vemos afianzarse la voluntad de muchas profesoras y alumnas de mantener el compromiso con los objetivos que se propone y con las acciones que implica esta mirada de mayor ángulo. Pero quiero destacar que la dinámica expansiva de la modalidad de análisis científico utilizada en estos estudios está abriendo, sobre todo, nuevos espacios físicos y mentales para las futuras generaciones de mujeres y de hombres; está creando conciencia y solidaridad política entre las mujeres –y también con los hombres– para acercarse al saber con mayor libertad y horizontes, lo que no impide que, paralelamente, como ya he apuntado, se puedan seguir percibiendo las resistencias que aún provoca en algunos sectores la introducción en el mundo académico de unos saberes que se presentan, pero no siempre se entienden, como innovadores. Unas transformaciones de diferente calado dentro de la universidad y con repercusiones fuera de ella –ya que están dejando de tener un efecto relativamente amplio en la sensibilidad de otros grupos que se mueven desde prioridades diversas–, favorecidas sin duda por las estrategias–-modo de abordar el estudio, redes que se establecen, difusión de lo obtenido, incidencia en las acciones y proyectos que se desarrollan– con las que, por lo general, hoy se abordan dentro de la universidad las cuestiones que afectan al sentido, al lugar y a las formas de presencia de las mujeres dentro de esa institución y en la sociedad. Grupos atraídos, igualmente, por la finalidad del trabajo intelectual y de desarrollo del pensamiento que mueve, el camino que se está recorriendo y la meta que se tiene como horizonte, que no es otra que el buscar e intentar una mayor conexión con la libertad de las mujeres, con la evolución de las mentalidades y, en definitiva, con el cambio social deseado. minismo en España (I). Bibliografía de estudios de las mujeres (1992-1996), Granada, Ed. Universidad de Granada, 1998, 238 ps. y Ortiz, Teresa; Martínez, Cándida; Segura, Cristina, y otras: Universidad y feminismo en España (II). Situación de los estudios de las mujeres en los años ‘90, Granada, Ed. Universidad de Granada, 1998, 448 ps. 16 Evans, Mary: Introducción al pensamiento feminista contemporáneo, Madrid, Minerva Ediciones, 1998, p. 81. REVISTA ARGENTINA DE SOCIOLOGÍA AÑO 1 N° 1 — ISSN 1667-9261 (2003), pp. 27-43 La mirada de las mujeres al mundo académicoConsuelo Flecha García
42 mayor financiación económica. Se puede observar y registrar en las reuniones de nuestros consejos de departamento qué relación hay entre asistencia y uso de la palabra del profesorado que participa en ellas25 . Se puede hacer una recogida y un diagnóstico de las necesidades, de los recursos, de las dificultades y de las expectativas que tienen y que rodean a las mujeres y a los hombres que conforman cada comunidad universitaria, tanto dentro de ella como a la hora de conciliar responsabilidades familiares, laborales y de formación. Y, a la luz de los resultados obtenidos, efectuar una propuesta de medidas de intervención que contribuyan a eliminar la desigualdad de oportunidades detectada. Una radiografía que daría respuesta a todas esas mujeres universitarias que han empezado a preguntarse por el espacio que ocupan en el ámbito de actuación y de gestión al que pertenecen, en los órganos donde se diseñan, se distribuyen y se financian las políticas universitarias; en las redes académicas de influencia, de cuyos mecanismos aún se mantienen muy ajenas así como en las plataformas que generan nuevas propuestas y alternativas. En definitiva, que se cuestionen por qué les es tan costoso incidir en los lugares desde los que parece que se podría empujar más para abrir los huecos que permitan presencias innovadoras. Un camino aún largo, pero que cada vez brinda más posibilidades a quienes se incorporan a él. Quiero terminar subrayando que la presencia en la universidad, iniciada como alumnas en el último tercio del siglo XIX, como ayudantes de clases prácticas en la segunda década del siglo XX y como profesoras unos años después, en el inicio de este tercer milenio, nos permite percibir las transformaciones que esa incorporación ha empezado a producir en el interior de una institución ocho veces centenaria, y las que seguirá produciendo cuando se asuma más ampliamente una nueva forma de mirar el mundo, esa orientación interpretativa renovada que tiene en cuenta a las mujeres. Después de más de un siglo las mujeres tenemos un espacio ganado en las aulas, para recibir y para transmitir ciencia, cultura, pero tenemos que continuar trabajando para tenerlo igualmente en la creación de ciencia y en la reinterpretación de los saberes. Ya estamos, podemos decir con propiedad, pero hemos de preguntar y preguntarnos con fuerza por el cómo estamos. Hagámoslo pues, en cada caso, apoyándonos en lo que hay, en las posibilidades abiertas y, sobre todo, en nuestros deseos, para ir ganando lo que falta. 25 Cfr. Guil Bozal, Ana: “El viaje de Penélope: vicisitudes de las mujeres en el mundo académico”, en El telar de Ulises. Revista electrónica, 2002. REVISTA ARGENTINA DE SOCIOLOGÍA AÑO 1 N° 1 — ISSN 1667-9261 (2003), pp. 27-43 La mirada de las mujeres al mundo académicoConsuelo Flecha García
43 Bibliografía Ballarín, Pilar; Gallego, Teresa; Martínez, Isabel (1995): Los estudios de las mujeres en las universidades españolas. 1975-1991, Madrid, Instituto de la Mujer. Cigarini, Lia (1996): La política del deseo, Barcelona, Icaria. Cigarini, Lia (2001): “Due sessi, un mondo”, en Via Dogana, nª 56-57, settembre. Comisión Europea (2001): Informe: Política científica de la Unión Europea, Luxemburgo, Ed. Publ. de las Comunidades Europeas. Cruz, Marina; Ruiz, Luisa (eds.) (1999): Mujer y ciencia, Jaén, Publ. Universidad de Jaén. De Torres, Isabel (2000): “La huella de las mujeres”, en CRÍTICA, nª 873, marzo. Dominijanni, Ida (1995): “El deseo de política”, en Cigarini, Lia: La política del deseo, Barcelona, Icaria. Evans, Mary (1998): Introducción al pensamiento feminista contemporáneo, Madrid, Minerva Ed. Guil Bozal, Ana (2002): “El viaje de Penélope: vicisitudes de las mujeres en el mundo académico”, en El telar de Ulises. Revista electrónica. Flecha García, Consuelo (1996): Las primeras universitarias en España. 1872-1910, Madrid, Narcea. Flecha García, Consuelo (1999): “Género y ciencia. A propósito de los ‘estudios de la mujer’ en las universidades”, en Educación XX1, Madrid, nª 2, ps. 223-244. García de León, María Antonia; García de Cortázar, Marisa (2001): Las académicas, Madrid, Instituto de la Mujer. García Sainz, Cristina (2002): “Modificar las relaciones de poder”, en Perspectivas (ISIS Internacional), nª 25, abril-julio. Harding, Sandra (1996): Ciencia y feminismo, Madrid, Morata. Keller, Evelyn Fox (1991): Reflexiones sobre género y ciencia, Valencia, Ed. Alfons el Magnanim. Ortiz, Teresa; Birriel, Johanna; Marín, Vicenta (1998): Universidad y feminismo en España (I). Bibliografía de estudios de las mujeres (1992-1996), Granada, Ed. Universidad de Granada Ortiz, Teresa; Martínez, Cándida; Segura, Cristina, y otras (1998): Universidad y feminismo en España (II). Situación de los estudios de las mujeres en los años 90, Granada, Ed. Universidad de Granada. Pérez Sedeño, Eulalia; Alcalá, Paloma (Coords.) (2001): Ciencia y género, Madrid, Editorial Complutense. Piussi, Anna Maria (1999): “Más allá de la igualdad”, en Lomas, Carlos (comp.): ¿Iguales o diferentes? Género, diferencia sexual, lenguaje y educación, Barcelona, Paidós. Sanz Rueda, Carmela (Coord.) (1995): Invisibilidad y presencia. Género y trayectoria profesional del profesorado universitario, Madrid, Comunidad de Madrid, Universidad Complutense. Tavernini, Luciana (2002): “Danni della storia ‘neutra‘ ”, en Donne e Conoscenza Storica, www.url.it/sonnestoria/incontri/Lucianainterconv.htm. Wyer, Mary, & others (2001): Women, Science and Technology, New York-London, Routledge. ACEPTADO: JULIO 2003 REVISTA ARGENTINA DE SOCIOLOGÍA AÑO 1 N° 1 — ISSN 1667-9261 (2003), pp. 27-43 La mirada de las mujeres al mundo académicoConsuelo Flecha García