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RLCS, Revista Latina de Comunicación Social, 81, 230-246 [Investigación]https://www.doi.org/10.4185/RLCS-2023-1891| ISSN 1138-5820 | Año 2023 Recibido: 17/10/2022. Aceptado: 27/10/2022 Publicado: 20/01/2023 230 Lógicas y orientaciones del activismo digital. Del uso y la apropiación al desarrollo de herramientas autónomas Logics and orientations of digital activism. Froom use and appropriation to the development of autonomous tools José Candón-Mena. Universidad de Sevilla. España [email protected] David Montero-Sánchez. Universidad de Sevilla. España. [email protected] Proyecto “Sostenibilidad del Tercer Sector de la Comunicación. Diseño y Aplicación de Indicadores” (SOScom) PID2020-113011RB-I00, Financiado por MCIN/ AEIN/ 10.13039/50110001103 Cómo referenciar este artículo Candón-Mena, J. y Montero-Sánchez, D. (2023). Lógicas y orientaciones del activismo digital. Del uso y la apropiación al desarrollo de herramientas autónomas. Revista Latina de Comunicación Social, 81, 230-246. https://www.doi.org/10.4185/RLCS-2023-1891 RESUMEN Introducción: A partir de la revisión teórica el presente artículo distingue dos lógicas diferenciadas que van desde el uso por parte de los activistas de herramientas comerciales al desarrollo de tecnologías autónomas impulsadas por los propios movimientos. Objetivos: El objetivo del texto es definir distintas orientaciones del activismo digital a partir de contribuciones que nos permiten reconocer lógicas de acción diferenciadas en torno a la relación entre movimientos sociales y tecnologías digitales. Se analiza críticamente dichas aportaciones y las contrastamos con la realidad empírica para cuestionar y complejizar las nociones de partida, señalando contradicciones o usos complementarios que trascienden etapas y cuestionan la lógica bipolar o evolucionista que a veces se perfila en otros enfoques. Conclusiones: Las conclusiones apuntan a una multidimensionalidad de factores que inciden en las formas en que los movimientos usan la tecnología: prácticos o utilitaristas, estratégicos y tácticos, e ideológicos o identitarios. Palabras clave: movimientos sociales; tecnopolítica; ciberactivismo; soberanía tecnológica; capital informacional.
RLCS, Revista Latina de Comunicación Social, 81, 230-246 [Investigación]https://www.doi.org/10.4185/RLCS-2023-1891| ISSN 1138-5820 | Año 2023 Recibido: 17/10/2022. Aceptado: 27/10/2022 Publicado: 20/01/2023 231 ABSTRACT Introduction: The text departs from a theoretical review in order to distinguish two specific dynamics involving the use of commercial tools by activists on the one hand, and the development of autonomous technologies driven by social movements themselves on the other. Objectives: The aim of this article is to define various logics of digital activism by engaging critically with several scholar contributions that, generally through a historical analysis, allow us to establish theoretical distinctions and recognize differentiated logics of action when it comes to determining how social movements actually use digital technology. In the paper, critical engagement with the literature is examined against our empirical findings to challenge pre-existing assumptions, as well as evolutionary approaches sometimes observed in some of these contributions. The text also makes a point of transcending closed historical stages. Conclusions: The article’s conclusions point towards a multidimensionality of factors (pragmatic-utilitarian, strategic-tactical and ideological/identity-related) regulating the ways in which social movement leverage technology. Keywords: social movements; technopolitic; cyberactivism; technological sovereignty; informational capital. 1. INTRODUCCIÓN Desde que se produjese el denominado “giro computacional” en el seno de los movimientos sociales (Tufecki, 2014), buena parte del debate teórico acerca de la relación entre los movimientos y la tecnología digital se ha centrado en el papel que juega la tecnología en las movilizaciones o el sentido de su influencia. Aunque predomina la crítica al determinismo tecnológico, algunos autores privilegian el papel de la tecnología como fuerza impulsora de la movilización (Benkler, 2006; Bennett y Segerberg, 2012; Shirky, 2009) mientras otros mantienen el foco en los actores sociales y su capacidad de agencia (Flesher, 2014; Mattoni, 2012 y 2017). Respecto al sentido de la influencia, las visiones tecno-optimistas destacan el potencial emancipador de las TIC (Rheingold, 1993; Benkler, 2006; Shirky, 2009) mientras que los más escépticos subrayan sus riesgos y amenazas para los movimientos críticos (Dencik y Leistert, 2015; Morozov, 2012; Margolis y Resnick, 2000). Las formas complejas en las que la acción comunicativa se nutre de y da lugar a dinámicas sociales, económicas, culturales y políticas dentro de las coordenadas contextuales de cada movimiento, creando complejos ecosistemas comunicativos (Treré, 2019), han recibido mucha menos atención. El presente artículo se centra en el análisis crítico de contribuciones recientes que facilitan distinciones conceptuales que nos permiten reconocer lógicas de acción diferenciadas en torno a la relación entre movimientos y TIC. Aunque no se trata de aportaciones que evalúen los mismos fenómenos o periodos, estimamos que resulta posible establecer, a partir de la comparación crítica entre ellas, una serie de puntos de referencia desde los que enmarcar nuestra propia conceptualización sobre el uso de las TIC para la acción colectiva y los factores que determinan distintas lógicas de activismo digital. Nuestra propuesta tiene un carácter heurístico, pues la realidad empírica es mucho más compleja, llena de contradicciones y paradojas que mostraremos con ejemplos basados en investigaciones empíricas. Apuntamos como hipótesis a una multidimensionalidad de factores que inciden en las formas en las que los movimientos usan la tecnología, teniendo en cuenta la influencia del estado del desarrollo tecnológico en cada momento, de la ideología o factores identitarios, del tipo de acción colectiva o los fines perseguidos por el movimiento, etc. La incidencia de esta multiplicidad de influencias resultará en distintas “lógicas de acción” (Juris, 2012) u “orientaciones tecnopolíticas” (Gerbaudo, 2017) que a veces conviven en el mismo movimiento, pero que también caracterizan a sectores de activistas o movilizaciones concretas, aunque cuestionando la imagen estanca y evolucionista que a veces se
RLCS, Revista Latina de Comunicación Social, 81, 230-246 [Investigación]https://www.doi.org/10.4185/RLCS-2023-1891| ISSN 1138-5820 | Año 2023 Recibido: 17/10/2022. Aceptado: 27/10/2022 Publicado: 20/01/2023 232 percibe en otras propuestas. Siendo este texto un ensayo teórico basado en la revisión documental (Randolph, 2009; Callejo, 2009), empíricamente nuestra investigación se apoya de forma secundaria en un trabajo de campo previo realizado en los últimos años y consistente en la realización de más de 50 “entrevistas activas” (Holstein y Gubrium, 2016) y 5 grupos de discusión (Barbour, 2013) con activistas de diferentes movimientos sociales, sobre todo el 15M o el movimiento feminista en España y #YoSoy132 en México. Partimos también de la información recabada en distintos procesos de observación participante (Shah, 2017) de iniciativas como Indymedia Estrecho, los orígenes de la plataforma Democracia Real Ya, de la red social autogestionada Lorea N-1, o distintos encuentros del Hackmeeting (Málaga 2008; Madrid 2009; Vallbona 2012; Marinaleda 2014), entre otros. Este trabajo empírico complementa la presente aproximación teórica y nos ha permitido contrastar las conceptualizaciones de partida extraídas de la revisión bibliográfica con la compleja realidad empírica. En ciertos momentos del texto este conocimiento empírico se usará para contrastarlo con el marco teórico de partida e ilustrar la propuesta teórica que guía el contenido del presente artículo. 2. OBJETIVOS El objetivo del texto es definir distintas orientaciones del activismo digital a partir de contribuciones que nos permiten reconocer lógicas de acción diferenciadas en torno a la relación entre movimientos sociales y tecnologías digitales. En los últimos años una serie de contribuciones teóricas tienen el mérito de complejizar un debate que en ocasiones se ha caracterizado por las visiones reduccionistas del determinismo tecnológico o las aproximaciones que evalúan el uso de las tecnologías digitales en términos de posibilidades (affordances) y limitaciones (constraints) (Cammaerts, 2015). El concepto de affordances plantea un juego entre estrategias de regulación, ajuste y reconstitución, entre poder y resistencia inherente a los “dramas tecnológicos” (Pfaffenberger, 1992). Las nuevas coordenadas de la discusión buscan principalmente enriquecer el estudio de la relación entre movimientos y TIC incluyendo aspectos como la identidad colectiva, los valores, la cultura e imaginarios sobre las tecnologías digitales y la incidencia del contexto político y socio-económico en el que surge la acción colectiva. Gerbaudo (2017) distingue entre el enfoque del “ciber-autonomismo”, propio del tipo de activismo digital del movimiento anti-globalización y que enlaza con la tradición de medios alternativos y la cultural DIY (Do it yourself) característica del primer Internet (Padilla, 2012), y un enfoque del “ciberpopulismo”, representativo de los que denomina “movimientos de las plazas”, entre los que encuadra fenómenos como el 15M, #YoSoy132, Occupy o las Primaveras Árabes y que relaciona con la aparición de la Web 2.0 (O'Reilly, 2006) y la emergencia de redes sociales comerciales como Facebook, Twitter o YouTube. El autor, aun atendiendo al desarrollo tecnológico y la evolución desde el primer internet al surgimiento de la Web 2.0, vincula estas dos fases del activismo digital con el concepto de ideología, entendido como “una cosmovisión y un sistema de valores” que incide en la forma de la acción colectiva digitalmente mediada (Gerbaudo, 2017, p. 11). Atiende por tanto a la “compleja imbricación de la política, la cultura y la tecnología” que influye en las formas de acción colectiva (Gerbaudo, 2017, p. 17) para distinguir entre “ciber-autonomismo” y “ciber-populismo” como las dos orientaciones tecnopolíticas asociadas a diferentes estados de desarrollo tecnológico, pero también a la transformación cultural y política desde el movimiento global hasta los más recientes movimientos sociales. Por su parte, pero de forma similar a Gerbaudo, Guiomar Rovira (2017) distingue entre las “redes activistas”, que igualmente remiten al uso de la tecnología digital en el movimiento altermundista, y
RLCS, Revista Latina de Comunicación Social, 81, 230-246 [Investigación]https://www.doi.org/10.4185/RLCS-2023-1891| ISSN 1138-5820 | Año 2023 Recibido: 17/10/2022. Aceptado: 27/10/2022 Publicado: 20/01/2023 233 las “multitudes conectadas”, características de los movimientos que emergerán en los últimos años de la primera década del siglo XXI. En las “redes activistas” primarían lógicas de acción encaminadas a escapar del control de los medios de comunicación corporativos mediante la creación de medios radicales (Downing, 2001) en internet, destacando al igual que Gerbaudo la autonomía como principio central de estas acciones, y contextualizándolas en el caso de Rovira en torno a referentes culturales y políticos más amplios como el punk, el movimiento okupa, el propio movimiento hacker y del software libre, la información alternativa o el espíritu DIY. Frente al protagonismo de los activistas, contrainformadores, programadores informáticos, etc., en las multitudes conectadas primarían las actividades de “los cualquiera” (Moreno Caballud y Grabner, 2015). Se señala por tanto un giro en el que prima la apropiación de herramientas y redes de amplia penetración con el objetivo de movilizar apelando a amplias mayorías (Toret, 2013, p. 45), perdiendo peso los vínculos identitarios más propios de los movimientos autónomos de los 60 y 70 y también del ciclo global. Esta misma idea sobrevuela la reflexión de W. Lance Bennett y Alexandra Segerberg (2012) en la que distinguen entre la tradicional “acción colectiva” con un fuerte protagonismo de organizaciones formales y una identidad colectiva sólida y diferenciada, y la nueva “acción conectiva”, en la que la movilización surge de la articulación a partir del uso de las tecnologías de comunicación que convocan y difunden -a veces anónimamentela protesta, sustituyendo el llamado desde organizaciones formales mediante el acto de compartir un contenido altamente personalizado. Temporalmente, Bennett y Segerberg también señalan la denominada Batalla de Seattle de 1999 como el momento del surgimiento de la acción conectiva (Bennett y Segerberg, 2012, p. 749). Para los autores, los movimientos sociales altermundistas representan una especie de fase de transición en la que son las propias organizaciones formales las que promueven la aparición de redes inclusivas, mientras que movimientos sociales más recientes se caracterizan por una lógica de acción auto-organizada surgida y gestionada a partir de formas de “autocomunicación de masas” (Castells, 2009) en las redes sociales. Por su parte, las reflexiones en torno al activismo digital de Robles y Ganuza (2011) diferencian entre lo que llaman la “política en Internet” y la “política con Internet” (Robles y Ganuza, 2011, pp. 248- 249). Para estos autores, la “política con Internet” apunta principalmente al uso de la Red como elemento dinamizador de las estructuras democráticas (Hauge y Loader, 1999) mientras que la “política en Internet” aborda la tecnología digital como espacio de lucha política “por el control sobre la producción y distribución del conocimiento y la información política, así como por la apropiación de las herramientas digitales” (Robles y Ganuza, 2011, p. 249). Finalmente, Athina Karatzogianni (2015) construye una categorización más detallada en la que identifica cuatro fases distintas: orígenes del activismo digital (1994-2001); surgimiento del fenómeno (2001-2007); difusión (2007-2010) y, por último, la llegada del activismo digital al ámbito de la política mainstream (2010-2014). Cabe situar la aportación de Karatzogianni en el ámbito del estudio de los medios, en tanto su interés apunta principalmente hacia el activismo digital como un fenómeno de comunicación. Aspectos como la relación entre el activismo digital y los actores que emplean dichas formas de acción o los objetivos que persiguen aparecen en esta ocasión algo más desdibujados. De hecho, la tesis principal del trabajo de Karatzogianni apunta hacia la normalización del activismo digital en el panorama comunicativo y político actual, cooptado por los gobiernos y actores políticos institucionales: el paso del ciberactivismo a la tecnopolítica según nuestra terminología. Lo que trasluce a estas reflexiones en torno al activismo digital, desde lógicas de acción autonomistas hacia dinámicas populistas o ciudadanistas, no es más que una tendencia general en la cultura,
RLCS, Revista Latina de Comunicación Social, 81, 230-246 [Investigación]https://www.doi.org/10.4185/RLCS-2023-1891| ISSN 1138-5820 | Año 2023 Recibido: 17/10/2022. Aceptado: 27/10/2022 Publicado: 20/01/2023 234 identidad y estrategias de los movimientos sociales ampliamente tratada en la literatura sobre la acción colectiva. En este sentido, diversos autores señalan, por ejemplo, un “radicalismo autolimitado” (Cohen y Arato, 1992) en los movimientos de los 60 y 70, con la aspiración de transformar totalmente la sociedad a través de microluchas en la vida cotidiana, renunciando a la política formal y la toma del poder institucional y apostando en su lugar por la creación de “comunidades críticas” (Rochon, 1998) dedicadas a la revolución contracultural (Romanos, 2018), promoviendo la construcción de alternativas desde abajo a través de una acumulación de microrevoluciones y la apertura de “zonas temporalmente autónomas” (Bey, 1991) o comunidades alternativas fuera del control del estado y el mercado. Posteriormente, emergería a partir del movimiento altermundista una nueva cultura organizativa que Della Porta y Mosca (2007) denominan “contaminación en acción”, donde se enfatiza el valor de la diversidad frente a la homogeneidad, la subjetividad personal sobre la disciplina organizativa, la transparencia o la búsqueda del consenso por encima de la toma eficaz de decisiones o la “contaminación ideológica” frente al dogmatismo (Della Porta, 2005, p. 73). Lo que Ángel Calle (2013, pp. 67-101) define como el paso de la “cultura del o” (cerrada, disyuntiva) a la “cultura del y” (abierta, agregativa) en el seno de los grupos movilizados. En tiempos recientes, la orientación de la acción colectiva inaugurada por el movimiento altermundista se acentuaría mediante un refuerzo o ampliación de la inclusividad, incluso más allá de los colectivos organizados -más o menos informalesdel movimiento altermundista, para apelar a amplias mayorías sociales mediante una identidad cada vez más inclusiva y abierta. Por ejemplo, en el movimiento 15M se producirá un giro estratégico (Flesher, 2015, p. 154) en el que los indignados se esfuerzan por superar las identidades clásicas, huir de los dogmatismos y los guetos ideológicos y construir un sujeto plural identificado con el “ciudadano ordinario” (Flesher, 2015, p. 150) sin renunciar por completo a la construcción de herramientas autónomas (Micó y Casero-Ripollés, 2014) Si bien en el movimiento global se produce un proceso de agregación en el que colaboran movimientos diversos, a través de la icónica unión de “tortugas y camioneros” (Wainwright, 2007), no se da un fenómeno de generación de una nueva identidad diferente a la de la izquierda clásica, sino que más bien sigue vigente una identidad militante fuerte, aunque menos sectaria, así como el deseo de construir “otro mundo” alternativo. Por contra, movimientos como el 15M cuestionan las identidades y actitudes militantes de la izquierda tradicional o el activismo autónomo y, como afirman Perugorria y Tejerina (2018), “se han afanado por construir un movimiento de ‘cualquiera’ basado en un ‘nosotros’ terriblemente inclusivo que pretende superar viejas filias ideológicas o partidistas y las dinámicas autorreferenciales, formas organizativas, discursos e identidades de movimientos sociales tradicionales” (Romanos, 2018, p. 5). El discurso y la acción política se vehicula a través de un sentido de inclusividad orientado al 99% de la población, como señala el movimiento Occupy (Fuchs, 2014). Una identidad basada en la empatía y mucho más abierta y transversal, más ciudadanista que izquierdista, tratando de evitar las lógicas autorreferenciales y apelando a la gran mayoría de la sociedad, sin preocuparse tanto por la pureza ideológica o la coherencia entre medios y fines característica de la estrategia performativa. Un enfoque más pragmático que también influye en las estrategias comunicativas y el propio uso de las tecnologías digitales, ya que se valora más la utilidad y el sentido práctico, por ejemplo haciendo uso, aunque sea crítico y subversivo, de las redes sociales comerciales y preocupándose menos por garantizar la independencia tecnológica a través de la creación y uso de redes o medios propios bajo el control de los activistas, como la red Indymedia, el uso de servidores autogestionados o el software libre. Se trata de una orientación que se reproduce en movimientos sociales más recientes como Black Lives Matters (Tillery, 2019) o el movimiento #MeToo que evolucionan a partir de patrones de acción basados en el uso disruptivo de redes sociales
RLCS, Revista Latina de Comunicación Social, 81, 230-246 [Investigación]https://www.doi.org/10.4185/RLCS-2023-1891| ISSN 1138-5820 | Año 2023 Recibido: 17/10/2022. Aceptado: 27/10/2022 Publicado: 20/01/2023 235 comerciales. En este sentido Postill (2016) define a los activistas como “visionarios pragmáticos” que combinan una firme creencia en el poder político de las tecnologías digitales con una actitud pragmática que les permite evaluar su verdadero potencial. Al menos las “vanguardias digitales” (Gerbaudo, 2016) de movimientos como el 15M, comparten el mito de lo “sublime digital” (Mosco, 2011) y consideran que Internet e ideales como la libertad o la democracia están estrechamente entrelazados, pero lejos de ser soñadores tecno-utópicos “tienen una visión muy práctica de los límites y las posibilidades de las nuevas tecnologías para el cambio político” (Postill, 2016, p. 149). Estas dinámicas generales respecto a las formas de acción colectiva se traducen, respecto al uso de las tecnologías digitales, en dos tendencias que ya hemos adelantado y sobre las que profundizaremos más adelante: el uso de redes comerciales o corporativas y la apuesta por herramientas autónomas desarrolladas por los propios movimientos. Para abordar esta cuestión conviene definir antes algunos conceptos útiles como el de la “soberanía tecnológica” (Haché, 2014), que viene a subrayar el anhelo de independencia a través del uso de herramientas propias bajo el control de los movimientos. El concepto se relaciona con el de la soberanía alimentaria y al igual que esta promueve la gestión social de los recursos digitales en pro del desarrollo local, la autonomía y la solidaridad, fomentando tecnologías “desarrolladas desde y para la sociedad civil” y ceñidas a “imperativos de responsabilidad social, transparencia e interactividad” (Haché, 2014, p. 17). La privacidad de los datos, los términos de uso abusivos, la posibilidad de censura, el control o la vigilancia al que están sometidos los usuarios de herramientas comerciales, así como la acumulación de poder en pocas manos que conlleva el control de tal cantidad de información, suponen un grave riesgo para la privacidad, la libertad y la democracia señalados desde la Economía Política de la Comunicación (Mattelart y Vitalis, 2015; McChesney, 2012). Esto afecta especialmente a los movimientos sociales sometidos a la presión de los gobiernos y poderes económicos sobre los que enfocan su crítica. La soberanía tecnológica se torna así un concepto fundamental para tratar de evitar dichas amenazas y subraya la necesidad de un mayor control de la sociedad sobre las herramientas tecnológicas, así como de incluir los derechos digitales en el acervo reivindicativo de los movimientos, máxime cuando se ponen en evidencia las implicaciones políticas de unas tecnologías que, por su carácter comunicativo, afectan directamente a los procesos sociales y políticos (Castells, 2001). El concepto de soberanía en el ámbito tecnológico se relaciona así con la aspiración general de autonomía característica de los movimientos sociales de los sesenta y setenta y presente también en épocas posteriores. Representa en el entorno digital ese anhelo de independencia que se vislumbra en la orientación “ciber-autonomista” descrita por Gerbaudo. Si bien la plena soberanía tecnológica se puede caracterizar como un ideal, el concepto de “capital informacional” nos ayuda a detectar distintos grados de control de las TIC por parte de los movimientos sociales y usuarios en general. La idea de “capital informacional” fue desarrollada por Hamelink (2000) a partir de la idea de capital cultural y capital simbólico de Pierre Bourdieu (Bourdieu y Passeron, 1977) como respuesta a las nuevas realidades tras la incorporación de las TIC. Sierra Caballero (2008) distingue tres niveles de capital informacional: La disponibilidad de equipamientos e infraestructuras (acceso), la habilidad técnica para manejar estas infraestructuras (alfabetización digital) y la capacidad de evaluar la información y aplicarla a situaciones reales (construcción colectiva del conocimiento y de redes). Niveles que Surman y Reilly (2005) identifican con etapas sucesivas de un camino que va desde el acceso a la adopción y de esta a la apropiación de las TIC. Por su parte, León et al. (2001) describen estos tres mismos niveles, definiendo el acceso como la disponibilidad del equipamiento necesario y la conexión a las redes electrónicas (hardware y software disponible, conectividad a Internet, etc.), el uso o adopción como la capacidad para utilizar la tecnología disponible, y la apropiación tecnológica e informativa como la disposición organizativa para integrar
RLCS, Revista Latina de Comunicación Social, 81, 230-246 [Investigación]https://www.doi.org/10.4185/RLCS-2023-1891| ISSN 1138-5820 | Año 2023 Recibido: 17/10/2022. Aceptado: 27/10/2022 Publicado: 20/01/2023 236 recursos y usos, para procesar información y utilizarla en situaciones concretas. La apropiación supone por tanto un acercamiento a las herramientas tecnológicas que va más allá del uso pasivo de las mismas, incluyendo usos disruptivos no previstos para adaptarlas a las propias necesidades y fines de los usuarios, lo que Galis y Naumayer (2016) denominan prácticas de “desviación” de material cibernético. Más allá de la apropiación, que supone alterar los usos previstos, pero sin modificar las propias herramientas, nosotros optamos por añadir un nivel superior de “desarrollo” que viene a describir aquellos casos en los que los movimientos o activistas no solo se apropian de las herramientas disponibles para sus propios fines, sino que crean y diseñan nuevas herramientas digitales propias o modifican las existentes (Candón-Mena y Calvo, 2021, pp. 137-139). Estos desarrollos serían por tanto un grado superior de capital informacional que se relaciona con la mencionada soberanía tecnológica, aspirando a la citada creación de herramientas desarrolladas por y para la sociedad civil, aunque también incluiría la modificación o hackeo de herramientas preexistentes para realizar adaptaciones menores. 3. ANÁLISIS Y RESULTADOS Como hemos señalado, las propuestas de periodización y conceptuales tratadas tienen fines heurísticos y deben ser confrontadas con la realidad empírica para mostrar la complejidad existente, que cuestiona y matiza tanto las periodizaciones estancas como los conceptos puros y antagónicos, perfilados en términos dualistas o bipolares. Por motivos de espacio nos limitaremos a algunos ejemplos que sirvan para ilustrar la convivencia de distintas lógicas y usos que transcienden las etapas, se complementan y navegan a contracorriente respecto a la imagen evolucionista. Para subrayar esta complejidad que se da en la práctica usaremos algunos ejemplos del movimiento 15M que, como vimos en el marco teórico, autores como Gerbaudo sitúan en la estela de los movimientos “ciber-populistas”, mientras que de forma similar Rovira lo define como “multitudes conectadas”, en oposición a movimientos precedentes como el altermundismo, que definen respectivamente como “ciber-autonomista” o “redes activistas”, y otros autores lo han presentado como un movimiento paradigmático de las lógicas de acción conectiva y auto-organizadas (Anduiza et al., 2014). Enmarcar al 15M de esta forma tiene todo el sentido dado, por una parte, el uso predominante que hizo de redes comerciales como Facebook (y también Tuenti), Twitter o YouTube (Casero-Ripollés, 2015), y por otra, la clara transversalidad e inclusividad del movimiento, con una identidad abierta y ciudadanista muy diferente de la actitud militante que aún pervivía en el movimiento global, así como su estrategia muy enfocada a incidir en la opinión pública y ganarse su aprobación más que a crear espacios alternativos disidentes y en cierta medida autoreferenciales. En este contexto, resulta conocido que la convocatoria de la primera manifestación que dio origen al 15M se gestó y difundió principalmente a través de Facebook. Surge de un grupo en la red social llamado “Plataforma de coordinación de grupos pro-movilización ciudadana” y que luego se convertirá en Democracia Real Ya (DRY). Tanto por el discurso de la convocatoria (“No somos ni de izquierdas, ni de derechas […] unos nos consideramos más progresistas, otros más conservadores...”) como por las herramientas utilizadas, la orientación “ciber-populista” resulta evidente. Lo que es menos conocido es el papel fundamental que juegan desde el inicio personas con una trayectoria e identidad que, sin embargo, resultan prototípicas de la orientación “ciber-autonomista”, lo que evidencia que incluso en este caso ambas estrategias conviven y se complementan. Podemos
RLCS, Revista Latina de Comunicación Social, 81, 230-246 [Investigación]https://www.doi.org/10.4185/RLCS-2023-1891| ISSN 1138-5820 | Año 2023 Recibido: 17/10/2022. Aceptado: 27/10/2022 Publicado: 20/01/2023 237 tomar el ejemplo concreto del hacktivista apodado Manje. 1 Su trayectoria se enmarca de forma directa con el ciclo anterior altermundista, hasta el punto de ser uno de los protagonistas esenciales en la creación de uno de los nodos de la red Indymedia (Indymedia Estrecho) (Teruel y Cabello, 2006), señalada como prototipo de la orientación “tecno-autonomista” del movimiento global. En los albores del 15M, sin embargo, además de crear la página web de DRY, Manje se encuentra en el núcleo central de la organización y la convocatoria de la protesta en Facebook, usando una red comercial muy alejada del ideal hacktivista. Pero incluso ahí, el uso que hace de la misma resulta hasta tal punto disruptivo que provoca el cierre por parte de Facebook de los eventos creados para convocar la manifestación del 15 de mayo, debido al uso de un script que permitía invitar al evento de la protesta a todos los amigos, sin la necesidad de seleccionarlos uno a uno. El uso de este script, recomendado en la propia descripción del evento, resultó contravenir los términos de uso de Facebook al facilitar la difusión de spam, lo que motivó su cierre temporal –lo cual finalmente benefició la difusión de la protesta generando el conocido “efecto Streisand” (Ortega-Barba, 2018)–. Activistas como Manje no hacen pues un uso pasivo de las redes comerciales, fuerzan a la propia plataforma según sus intereses, desbordando, por tanto, en términos de capital informacional, el nivel del uso y apropiación de la herramienta para incluir el de desarrollo (al menos con una leve modificación del funcionamiento de la misma). Si ya en los albores de la primera manifestación podemos comprobar el papel fundamental de los hacktivistas, este se acrecentará en la segunda fase del movimiento, cuando comiencen las acampadas. Se incorpora entonces al 15M buena parte del activismo tradicional, entre ellos colectivos hacktivistas como el Hacklab del centro social okupado Patio Maravillas, que promoverá el Hacksol, el laboratorio hacker creado en la acampada de la plaza del Sol de Madrid. Estos colectivos crearán toda una infraestructura tecnológica al servicio del movimiento, como por ejemplo la red de páginas web de cada acampada tomalaplaza.net o takethesquare.net, enfocada a su difusión internacional. El movimiento crece y, más allá de la convocatoria inicial a través de Facebook y las tareas de difusión, comienza a requerir herramientas para la organización y coordinación sostenida de un colectivo que se multiplica. Por inercia, los grupos generales y locales creados en Facebook son empleados para este fin, lo que resulta caótico, pues la red social se muestra totalmente inadecuada para la organización y el debate a largo plazo (Candón-Mena, 2013, pp.145-153). Ante esta situación, en un determinado momento se decide usar la red N-1, impulsada por el propio Manje a partir del semillero de redes sociales Lorea. Se produce entonces una migración masiva desde Facebook -que seguirá no obstante usándose para tareas de difusión- a N-1, que pasará en mes y medio de 3.000 a 30.000 usuarios (“habitantes” en la terminología de la propia red) y de 370 a 2.100 grupos. El carácter autónomo de la nueva red se refleja claramente en uno de sus lemas: “las herramientas del amo nunca desmontarán la casa del amo”. Como resume Spideralex, activista de Lorea/N-1, “dentro de Facebook la lógica es individualista, los intercambios y herramientas están centrados en el individuo”, en N-1 en cambio “también se parte de la subjetividad individual, pero ésta es tan importante como lo son los grupos” (Grasso, 2011). Lorea se define explícitamente como un proyecto de redes sociales “libres, seguras, federadas y autogestionadas”. La orientación “tecno-autonomista” resulta pues evidente. N-1 es de hecho una red desarrollada por activistas (máximo nivel del capital informacional) con el fin de lograr 1 Los datos aquí expuestos se extraen de la observación participante. En concreto mediante el contacto personal con Manje (http://www.manje.net/) desde hace años y la colaboración en distintas movilizaciones. Para el caso que nos ocupa señalar por ejemplo la participación conjunta del autor principal del texto y el propio Manje en el colectivo del nodo Indymedia Estrecho, la participación, por invitación de Manje, en el grupo de Facebook “Plataforma de coordinación de grupos promovilización ciudadana” semanas antes de la manifestación del 15M -lo que dió lugar a datos inéditos de la difusión previa a la manifestación del 15 de mayo publicados en Candón-Mena (2013)-, o la participación en la red Lorea/N-1 iniciada también por Manje, siendo el autor de este texto el 4º habitante (usuario) de la misma.
RLCS, Revista Latina de Comunicación Social, 81, 230-246 [Investigación]https://www.doi.org/10.4185/RLCS-2023-1891| ISSN 1138-5820 | Año 2023 Recibido: 17/10/2022. Aceptado: 27/10/2022 Publicado: 20/01/2023 238 la soberanía tecnológica de las herramientas usadas por el movimiento (Casas et al., 2011). Pero lo que queremos señalar con estos ejemplos es la combinación, en la práctica, de estrategias “ciber-autonomistas” y “ciber-populistas”, la hibridación entre espacios autónomos y herramientas comerciales o la adaptación en cada caso según las necesidades del movimiento. Los activistas tecnopolíticos navegan en un mar de contradicciones entre usos autónomos y pragmáticos de las herramientas tecnológicas, conscientes de que “hay que contradecirse con cabeza”, como afirma la veterana activista y responsable de redes en la acampada de Sol Marta Franco (entrevista, junio 2012). Así, la misma persona que crea un proyecto autónomo como Indymedia en el ciclo altermundista puede volcarse en el uso, aunque disruptivo, de Facebook en los inicios del 15M, para luego promover la migración a la red alternativa N-1. El movimiento en general hará un uso continuado de Facebook, Twitter, Tuenti o YouTube pero también en su seno se crearán grupos hacktivistas como HackSol y se impulsarán proyectos autónomos como Propongo, bookcamping, 15M.cc, SolTV, Ágora Sol radio, Oiga.me, etc. Estos ejemplos empíricos nos permiten matizar y cuestionar las periodizaciones propuestas, lo que no les resta su utilidad para detectar tendencias y lógicas de acción tecnopolítica que pueden ser características de un movimiento determinado o de un sector del mismo. Pero, sobre todo, confrontar los conceptos teóricos con la realidad empírica resulta de utilidad para perfilar las distintas lógicas de acción y tratar de detectar los factores que en cada caso influyen a la hora de tomar una u otra orientación. 4. CONCLUSIONES La reflexión teórica y el contraste de los conceptos con la realidad empírica nos ayudan a detectar una serie de factores complementarios que inciden en la orientación respecto al uso de las TIC para la acción colectiva en cada caso concreto (Candón-Mena y Montero-Sánchez, 2021). Destacamos tres tipos de factores que nos parecen relevantes: utilitaristas; estratégicos o tácticos e ideológicos o identitarios. Propuestas como la de Gerbaudo tienen el mérito de subrayar los motivos ideológicos o identitarios, cuestionando el determinismo tecnológico. De acuerdo con Lévy “la tecnología condiciona pero no determina”, esto es, no resulta determinante como factor monocausal, pero sí que tiene su influencia ya que “condiciona o constriñe, abre y cierra el abanico de posibilidades” (Lévy, 2007, p. 11). Por ello señalamos cómo la utilidad práctica de las herramientas disponibles en un momento determinado tiene también un peso relevante. Estos factores prácticos y utilitaristas debemos entenderlos tanto en sentido positivo como negativo. En sentido positivo, la amplia difusión de herramientas comerciales como Facebook y su capacidad para alcanzar un público masivo sería un importante motivo para que los activistas usen una herramienta que, en el fondo, puede no gustarles. La argumentación en este caso no sería cualitativa, sino más bien cuantitativa, los activistas se decantan por usar Facebook no porque les parezca una buena herramienta para el activismo digital, sino porque todo el mundo la usa. En sentido negativo, también influirá la percepción de los riesgos de censura, control o represión que cada vez están más presentes tanto en el entorno activista como en la sociedad en general. Por supuesto, estos factores utilitaristas también influenciarán el uso de herramientas autónomas. La disponibilidad de alternativas que, además de ser más coherentes con las ideas o principios de los activistas, sean realmente prácticas, usables y estables, resulta fundamental para su adopción. En el caso de España, hemos vivido movilizaciones autoconvocadas por mensajes SMS (13M)
RLCS, Revista Latina de Comunicación Social, 81, 230-246 [Investigación]https://www.doi.org/10.4185/RLCS-2023-1891| ISSN 1138-5820 | Año 2023 Recibido: 17/10/2022. Aceptado: 27/10/2022 Publicado: 20/01/2023 245 Contemporary Spain: The 15M Movement, 36-53. Routledge. https://doi.org/10.4324/9781315574875 Pfaffenberger, B. (1992). Technological dramas. Science, Technology & Human Values, 17(3), 282- 312. https://doi.org/10.1177/016224399201700302 Postill, J. (2016). Freedom technologists and the future of global justice. In: Buxton, N., & Eade, D. (Eds.) State of power: Democracy, sovereignty and resistance, 147-163. The Transnational Institute. Randolph, J. (2009). A guide to writing the dissertation literature review. Practical Assessment, Research & Evaluation, 14(13), 1-13. Rheingold, H. (1993). The virtual community. Addison Wesley. Robles, J. M., & Ganuza, E. (2011). Internet y Deliberación. Dos ideas para comprender cómo afrontan los Indignados la participación política. Sociedad y Utopía, 38, 243-262. Rochon, T. (1998). Culture Moves: Ideas, Activism, and Changing Values. Princeton University Press. https://doi.org/10.1515/9780691186719 Romanos, E. (2018). Del 68 al 15M: Continuidades y Rupturas entre Ciclos de Protesta. Arbor, 194(787), 1-11. https://doi.org/10.3989/arbor.2018.787n1003 Rovira, G. (2017). Activismo en red y multitudes conectadas. Comunicación y acción en la era de Internet. Icaria. Sampedro, V. F. (2005). 13-M Multitudes On-line. Catarata. Schradie, J. (2019). The revolution that wasn’t: How digital activism favors conservatives. Harvard University Press. https://doi.org/10.4159/9780674240438 Shah, A. (2017). Ethnography? Participant observation, a potentially revolutionary praxis. HAU: Journal of Ethnographic Theory, 7(1), 45-59. https://doi.org/10.14318/hau7.1.008 Shirky, C. (2009). Here comes everybody: How change happens when people come together. Penguin UK. https://doi.org/10.14318/hau7.1.008 Sierra Caballero, F. (2008). Capital informacional y apropiación social de las nuevas tecnologías. Telos, 74, 126-133. Surman, M. y Reilly, K. (2005). Apropiarse de Internet para el cambio social. Cuadernos de trabajo de Hegoa, 38, 1-93. Teruel, L. y Cabello, F. (2006). Hackeando la frontera: Presentación de Indymedia Estrecho. Razón y Palabra, 49. Tillery, A. B. (2019). What Kind of Movement Is Black Lives Matter? The View from Twitter. The Journal of Race, Ethnicity and Politics, 4(2), 297-323. https://doi.org/10.1017/rep.2019.17 Toret, J. (coord.). (2013). Tecnopolítica: la potencia de las multitudes conectadas. UOC.
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