El primer amor de un rey
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dels EL PRIMER AMOR —— Y e AE TIT DEN A Ed tl > hi Id, Y Led SA “A pa y e R E 4 Y a), — ENILA E ¡DAD LOTE. Ñ POR | CUNNER y. NA OO, JULIO NOMBELA. o Mm” SEVILLA: renta y Litografía de EL PORVENIR | SIErpes , 1,
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A A A A A A A AO A A A e PX PP e [A AX XX XP MECA ATRAS DASS ARMAS RISE DO DL DANI LAI : EL PRIMER AMOR DE UN REY. $ , CAPITULO PRIMERO. .. 0 30 do +37 La limosna. e JU? 3 En los primeros dias del mos de setiembro del año 1517, habia en el puerto de la ciudad de Mideilburgo, capital de la Zelandia en los Pajses-Bajos, una soberbia escuadra de ochenta navíos, compuesta en su mayor parte de embarcaciones españolas que el cardenal Jimenoz de Cisneros habia enviado al heredero del trono de Castilla, el principe D. Cárlos, hijo do D, Felipe el «Hermoso» y de Doña Juak il 44 11a:1 cal» para qu pccodie do 4, sis Ea £ 103 dl li ndo; Edy os destinos
uz) A debia regir, se apresurase á abandonar sus Estados de Flandes y se dirigiese 4 la Península Ibérica, que deseando poner fin á las conspiraciones y trastornos que Jos nobles del reino ocasionaban, pedia á grandes voces la presencia del nieto de los Reyes Católicos, esperanza de paz y de prosperidad, Los navíos esperaban de un momento á otro la órden de levar anclas, y tanto en el puerto al pié de la rouralla de Rarmmekens como en las calles de la ciudad era estraordinaria la animacion Por otra parte, nunca habian visto los habitantes de, la isla de Walcheren, en cuyo centro está situada la ciudad de Midelburgo, una escuadra tan formidable; y la novedad del espectáculo, unida al áneia que todos tgnian por saludar al nioto del emperador Maximiliano, traía revueltos á los pacíficos midelburgueses. a. Os Marinos españoles, coniundidos con. los Mamencos, contaban las aventuras de sus viajes en las hosterías yen las casas ere Hi donde la curidsidad de sus moradores les abria la puerta y les ofrecía las más delicados Vinos y los más spbrosos manjares, y 10s mercados smbaten
ER tes se aprovechaban de la acumulacion de genle, del movimiento que reinaba en: la poblacion para meter por los músicos y danzantes que recorrian las calles y las plazas un aspecto de los mas pintorescos á la ya pintoresca de por sí capital de la Zelandia. Los dias pasaban, y sin embargo, el jóven príncipe no parecia. Los unos achacaban su tardanza á los temores que podia abrigar, porque siendo aquella la época del equinoccio y no dejando las tempestades de poner en peligro á las embarcaciones que surcaban la costa, era temible etuprender un viage tan largo á través del Occéano: los que 58- Dian que el hijo del archiduque vivia supeditado á la voluntad del señor de Chievres, decian que no saldria de Gante hasla que ayo se hubiese. despedido de todos los demás flamencos á quienes había hechú la corte, y que esta operacion debia durar mucho si se daba cródito á las murmuraciones. ' ; Cada cual formulaba una version distinta, y en últinio resultado nadie sabia una palabra de ejerto. de: Quizás l6s primeros aturtaban; porque
o las tempestades se sucedian, y á todas horas llegaban á los puertos del Océano noticias de desastres ocurridos ea alta rar; pero de todos modos la anciedad de los midelburgueses duró poco, porque una. mañana, á mediados de setiembre, las campanas de la ciudad anunciaron eon su repiqueteo un seontecimiento estraordinario, y este aconteciiniento todos comprendieron desde Inego era la llegada del príncipe don Cárlos y de sus cortesanos. El burgomaestre, tódas las demás autoridades y algunos individuos de los gremios de la ciudad salieron á recibir al jóven monarca; pero. con gran estrazeza de todos, contaban tenerle á su lado algunos dias, uscucbaron de sus lábios Ja noticia de que solo se detendria en Ja ciudad muy pocas horas, porque en aquela roisma tarde queria darse á la vela. Esta determinacion fué juígada de absurda, porque justamente el cielo estaba encapotado; un huracan violento azotaba á las embarcaciones fondeadas en el puer- to, y la tempostad, aunque lejana, amenazaba no tardar en estallar, ¡Al mistmo fieropo gatró pqrénutcba o la dde de ls idos el ver T4-
ds Ur LM llidas sus esperanzas Ue parsar unos cuantos dias entre fiestas y regocijos que en honor del monarca debian celebrarse y esdaban preparados de antemano. . -Se hicieron á don Cárlos algunas indicaciones para que desistiera de su propósito, para que suspendiese su marcha: pero ruego y manifestaciones fueron inútiles, el jóven rey, despues de haber dudado en acceder á los ruegos del cardenal Jimenez de Cisneros y de los nobles de Lastilia, se habia decidido 4 presentarse en su reino, 4 coronar-su frente con la diadema de sus ilustres abuelos, y nada podia disuadirle de llevar á cabo su resólucion. ? Dió órden á los navíos de estar prontos, y despues de una brove permanencia en la ciudan, se dirigió al puerto para embarcorso y abandonar de una vez los paises donde habia pasado los años de su infancia. El mieto de Isabel y de Fernando contaba entonces diez y sels años. Privado de la compañia de sus padres, porque la reina doña Juana se ballaba desas la muerte de su esposo en el convento de Tordesillos, incapacitadi para e: sobiérnb por su enferméliad; y porque €
sando al dia siguiente de su salida del puerto de MideIburgo el Paso de Calais. Dos dias despues doblaron el cabo del departamento de Finisterre francés, dando vista al terreao de la antigua Armórica, y entraron en pleno Océsno al amanecer del cuarto dia de viaje. : Hasta entvuces, la numerosa escuadra habia caminado con regularidad, y las proas du Jos navios avanzaban con direccion al cabo Ortegal; pero todavía 1e- vian que dejar muchas millas Aras sí para legará las costas de Galicia. Durante eldia <e ballaron los práclicos sobrecogidos de un gran temor. Áquellos hombres acostumbrados á vivir en el mar conocian en el aire que respiraban los síntomas de la tormenta, y aguardaban de un momento á otro el huracan ensgrberbecieose 4las olas, á que lás olas, y que las olas hiciesen juguetes de su furia á las embarcaciones. -Elegó la noche, y: poto á=poco arreció elviento y las olas sa binéharon, Fué preciso recoger velas; pero con' todo, el balanceg de los buques anunció á los viajeros que eptaban 4 pros du las olas... HO de prónió Ma y Bl ciclo se cu
—if5 nubarrones; el horaran dejó oir sus rugidos, y las ol»s parecian despertarse 4 su voz y levantarse hasta las nubes: para luchar cou él. relámpago sucedió el truéno; los navíos zozobraban y cada golpe de viento los hacia volar como sí solo fueran eadebles lanchas... La escuadra comenzó 4 desordenarse, Y todas cuantas maniobras hacian los ma= rineros eran inútiles para dominar el ímpetu de las revueltas ¿guas. El pánico mas grando que puede darse 30 apoderó de los viajeros, y las oraciones y losjeramentos se mezclarón con las yoces de mando... El espectáculo era grandioso $ imponente. Sobre una superficie espumosa se veian los ochenta navíos confandidos, disper- S0s, siendo cada cual 4 su vez juguete de las olas. lus «Los mástiles crujian-al Guebranterse” > impelidos por ol viento; los cascos, azota dos porel agua, parecia que se sume glan y que se elevabau despues hasta tocar las ngves con sus" palos. +. dl La cadenas de hidro Menton 4l ar.
os E rastrarse por el puente, los gritos y las lamentaciones las ensordecia el huracan con sus silvidos, y á su vez el huracan CH- llaba para dejar cir con toda su espantosa mejestad el estampido del trueno. La noche estaba oscura, pero el: resplandor delos relámpagos iluminaba de tiempo en tiempo aquel cuadro de desolación capaz de intimidar á los mas desereidos. sl pt De pronto aparecicron Cn casi todos los navios unas luces de colores, y lss tripulaciones delos diversos buques se apresurado ¿contsrlas. Creian contar ochenta, ¿pero no estaba completo este nútnefo; fa)- ban doca y debian baber perecido otros tantos navíos. . La consternación se aumentó, á cada instante se separaban mas y mas unas luces de otras, todos creian ser llegados sus últimos momentos, y el espanto, el terror llegó 4 su colmo cuando vieron levantarse <obre el mar una columna de fuego acto continuo do haber caido una exalacion. sp 5 41d Esto espectáculo ee mucho mas terrible que el anterjor:' In'rayo hebia, atravegido la Ban ta Bárbara de wit mavió, Ja
al a ita ió lr eS a, ly PER pólvora habia volado incendiendo el buque, y en muy breves instantes desapareció aquella horrorosa hoguera, ánun-= ciando á cuantos la habian presenciado que una de las embarcaciones habia 'perecido por.completo. pd Como no podian saber si la que' conducia al jóven príncipe era la que tan desastroso fin habia alcanzado, la ansiedad fué mayor, y jugando el todo por el todo se echaron en los brazos de la Providencia... S La tempestad acabó de separar á los navíos: rauchos fueron echados á pique por las enfurecidas olas, otros impulsados por el viento caminaron hácia las costas de Galicia, hácia el golfo de Gascuña; pero abandonémóslos para arriesgarnos 4 penetrar en un navío que, aislado por com- “pleto de los demás, y llevando en uno de sus palos una linterna blanca, recibía las violentas sacudidas del mar y avanzaba á la ventura por aquel azaroso piélago. El huracan no habia podido tronchar sun ninguno de sus mástiles, pero la tripulacion y los viajeros estaban ámedrentados é invocaban al cielo para que los 1 primer ambr de AM. Rey. —3.
A ¿E e a librase de la terrible muerte que les ame-- nazaba. | En medio de unos y olros se vela á- un jóven en quien al parecer no hacían mella ni los clamores de los náufragos, mi los espantosos rugidos de los desencadenados elementos. Permanecia impasible como una cstátna, : De pronto resonó su voz. —Que 'arrien velas, dijo, y que el viento nos lleve donde quiera, al puerto de salvacion Ó á estrellarnos contra las rocas. Esta órden llenó de asombro aun más que el temporal á los marineros. —-¿No me oís, gritó de nuevo el jóven, ó es que sois tan cobardes que preferís á una pronta muerto Ó á una pronta. salvacion la dudosa esperanza? Los marineros no se hicieron de rogar; arriaron las velas, y el navío, azotado por el huracan, no corria, -volaba como una débil pluina. | - El jóven se recostó en una piel de leon - que había tendida sobre el puente, y se entregó á merced del viento... El navío avanzaba cou una celeridad pasmosa; cón tanto fmpeta que hasta las
“— 49 — oles se doblegaban á su empuje. Ús BLjóven se durmió, en medio del peli- o gro, con una tranquilidad inmensa, como si estuviera en su mullido lecho. Un relámpago iluminó por un instante la cubierta del buque. A su fulgor pudo descubrir el monarca á su lado una mujer hermosa, una aparicion celestial. Sus ojos centelleaban; parecían haber recogido y guardado la lux del último relámpago.. E El monarca, impulsado por una fuerza irresistible, cogió las manos de aquella mujer fascinadora, preguotándola al mismo tiempo: -— ¿Quién eros? ¿Por qué estás junto á mí en el momento del peligro? El fantasma sonrió. —¡¿No me conoces?... le dijo con un acento dolcísimo que penetró hasta lo más 4ntimo del corazon del rey. "Qárlos la miró de nuevo... —N6... esclamó, no te conozco; pero : tn rostro me revela que eres algo del cielo. Dime por Dios tu Hombre... Site lo digo; no lo olvidarás nunca;
llegará 4 ser en tualma uba pasion tenaz insaciable; querrás tenerme á todas horas: 4 tu lado; anhelarás posecrme, y mi po- ' sesion cuesta muy cara; mi trono se levanta sobre montones de cadáveres, s0- bre rios de sangre; la eternidad que yo - puedo ofrecer es. á costa. del holocausto de innumerables vidas. No importa... lengo valor bastante para adorarte siempre... Dímo quién eros, ¡ilumina mi inteligencia, exígemo los saerificios que desees; pero só mia, porque despues de haberte visto es imposible separarso de tí. ] —¿No piensas que . la muerte le: amenaza, que tu navío es una endeble. tabla á merced de las olas, que dentro de un instante puedes. hundirte en el abismo para siempre? o. 0000 cd —$81 tú no meabandonas, desafío á los elemenios enfurecidos; tu vista me da ónimo, tu adoracion me haría un héroe. -———Pues bien, escucha: el destino te ha hecho monarca de una nacion grandiosa; hijo privilegiado de la suerte, realizarás el pensamiento de tu-abuelo el emperador de Alemania, reunirás bajo un solo cetro los paises inás ritos y más pbderosds de
E la tierra, tuimperio será tan célebre como el de Alejandro, dominarás laz sediciones qué se levanten contra tí, pondrás freno á la soberbia de los que van á ser tus cortesanos, tu nombre será inmortal y reasumirás entítodas las grandezas de tu siglo. Esta es tu mision; cada paso que avances por esta senda será un estrecho lazo que te unirá á mí; pero tanta ventura exige sacrificios. Esos sacrificios los has de hacer por mí. ¿Quieres ahora saber oi nombre? ¿Quieres que sea tuya, que nunca te abandone? —Sí, sí... esclamó el jóven estrechantlo con efusion las manos del fantasma. -—Antes escucha las condiciones que te 1pongo. — Habla. —Tu corazon será mio, enteramente mio; le dominaré de tal modo, que nada podrá en él más que yo: padres, hijos, esposas, amadas, todo lo abandonarás para seguirme; yo sola podré hacerle gozar, embria- «garte de felicidad. Mis órdenes serán tus deseos. 5; —¿Estarás siempre 4 milado, me amarás, me darás ánimo?... —Estarójuntoá tí siempre que lo desees. —¿Y dónde podré ballarlv?
A e —En los combates... —Dome una prenda de que no faltarás á tu palabra —¿Qué prueba quieres? —¡Un beso! e -—Antes escucba mi nombre... Pero no... aun noes tiempo; no olvides mis palabras y espérame. Al decir esto le imprimió sus lábios en los de Cárlos; este quiso estrecharla contra su corazon y no-pudo: un espantoso trueno le hizo abrir los ojos. El fantasma babia huido, la tempestad se alejaba, empezaba áamanecer, y la tripulacton del buque, de rodillas sobre cubierta, daba gracias á Dios por haberle librado de la muerte. e — ¡No está! se dijo Cárlos, pero la he vis- to una vez en el peligro, y en los peligros la buscaré siempro. ¡Tierra! .. ¡tierral... gritó uno de los marineros. ¡Tierra! oselamarontodos saltando de alegcia. V —¿Dónde estamos? preguntó el monarca. —En la costa de Astúrias. —¿Y los demás navíos? pido rd -—A 10'lÓjOS se Ven sleunas velos; póro , pr
O muchos han perecido. —Bendito sea Dios, quenos ha libertado. —¡Viva nuestro monarca! gritó un marino. —¡Vival esclamaron todos. . Media hora despues saltó el monarca en tierra. : ha Se hallaba en el lugarejo de Tazones, á muy poca distancia de Villaviciosa, De todos los navíos, solo doce y el de Cárlos I Vegaron'á la costa. Los demas se habian perdido. kn o
e AU o IAE A 5 30 — = de Wurtémberg, sus desenvueltos discursos siempre próntos á mezclarse en todas las cuestiones de su época, le alcánzaron £ “una reputacion universal en Jos conventos aah ata aa 5 Di AA 'qué por/entonces eran los centros monopo- Jizadores de la civilización. É + Estando Lutero en esta opinjon, sucedió ¿que el'papa Leon X concedió unxs indulgencias para la fábrica de San Pedro. Pacrasu predicación nodibró el Santo Padre comisario general en Alemania al carde- "nal Alberto, arzobispo de Maguncia, príncipe elector” y marqués de Brandeburgo. Era cóstumbre “muy. aatigita en. Alemania confiar 4-1los fenilás agustinos la predicacion de la Cruzada; pero énlónces el cardenal/ por gustoó Cu alquiér otra causa que Ja historia no cuenta, la confió á los de la Orden de Banio Pomiogo. 24 frentál gritarón los de San Agustin; ¿sto es holMar nuestros derechos; rebajar > nuestra dignidad. z | 0 Como el duque 'de Wurtemberg ora déudo y amigó' del vicario general de la Orden, él y Lutero sé quejaron dela in- 20 justicia del" dardenalo ye Yes dí > Ag 9iOLis malo y el duque, les 01 f”>. Ñ Ñ 4 ds trail olicltimds apurlrln Codes lós.
Ag RA -—vituperios posibles para calificar á los do- “mínicos y á sí protector, 0 0cUL Los dominicos, decian los agustinos, son unos egoistas, “unos 'hipócratas: la 200 publicacion de las bulas nós pertenece de derecho; y al publicarlas ellos “nos lo USUPPAN. E oo —¿—4¿Son unos usurpadores! —¡Y unos embusteros! Con las búlas engañan 4 los bobos sacándoles monedas, -—Reyonciamos 4 describir esta série de improperios, entre hombres llamados por su mision á moderar las pasiones; y debiendo, por su carácter, saber moderar las -— suyas, sobre todo cuando tan bajas y miserahles eran. od dia dl Si los domínicos engañabaná los boboscon las bulas, ¿nodo habian hecho ántes ellos? La historia íntima de los conventos, no de Ja religión, porque es pre- “eiso no confundir la idva con el 'hotobre, el espiritu cow la forma, nos suminis- —traria mueclíos datos para probar, que si hoy falta 4la fé el entusiasmo primitivo, +Jos encargados de sostenerle ban.terido la Ho $ 10 Dri 2 PU o culpa AOS? 7] 097 a REO + Laltro, enfutetido ctn Th determinación
0) y ns (Id: del cardenal primado, le escribió una tarta ridiculizando las indulgencias, y más tarde formuló sus protestas, ofreciéndose - á sustentarlas contra todos los campeones del Catolicismo quese atrevieran á lucha con óL. os lios e Este fué, pues, el origen de la secta protestante. La onyidia encontró un hombre, tomó su forma, se exaspéró; en su rabia quiso destruir cuanto hallara 4 supaso: y una siwple querella entre dos Ordenes religiosas dividió la cristiandad y arrojó las semillas de innumerables Juchas que aun hoy duran ocultas, sordas, por ás que la toleranciareligiosa se baya proclamado en algunos paises como base de la preponderancia del comercio. + Estos sucesos que referimos tuvieron lngar en el año 1547, sunque al principio do su era la nueva secta inquietaba ya á los hombres políticos; á los unos porquela te- - mian; á los Otros porque podrian servirse de ella como de un insteumento para reali- Zar sus ambiciosos planes. La Europa, como vemos, estaba ame- , hazada de una fuerte convulsión, despues. 4 - de ballarse herida por el choque de los in- , foresos ialianos, francests y alemaités.
| —M-= , con mangas anchas, un sayo frisado sin mangas, un capuz abierto con orillas guarnecidas y su espada era toda de oro yla vaina y correas de hilo de oro labradas. Sus borceguíes eran leonados, y su caperuza de terciopelo con un rico joyel. El marqués de Villena llevaba una loba de paño morado muy fino, un sayo de grana y una ceperuza de terciopelo morado. Garcilaso iba adornado con una cadena de oro que pesaba tres mil castellanos; y Fonseca ostentaba otra que le regaló el emperador de Alemania cuando fué embajador de 5us altezas cerca de este soberano. -Predicó el obispo de Málaga, y todo el sermon fué de alegría y de alabanzas á la princesa, refiriendo su vida desde su niñez. ; Terminada la ceremonia religiosa, fué la reina con sus dueñas y sus damas á visitar á su hija. El marqués de Villena la daba el brazo, y delante iba el duque de Nájera. Despues se retiraron á comer, y cuando concluyeron, estaba ya ordenado eljuego de cañas en el corral grande de pulacio, situado en el paraje de la huerta. El pvintr cmd de un. Rey io.
e AA La reina se asomó á una ventana ricamente adornada, y su servidumbre se colocó en los corredores. pe Hechos los preparativos se presentó el duque de Nájera con cincuenta caballeros lojosamente ataviados. Llevaba seis caballos del diestro con muy costosos jaeces, muchas trompetas, y atabales, y só colocó “cerca de la ventana de la reina. El marqués de Villena, su competidor, salió vestido todo da grana y morado, con otros seis caballos muy bien enjaezados. Asu vez se puso en frente del duque, acompañado como él de trompeta y alabales. Jugó el duqno de Nájera Jas cañas, y no se tañian trompetas sino cuando él salio, El marqués no se movió de su sitio, donde duró el juego una bora, y de allí comenzaron á: hacer escaramuzas, convirtiéndose los unos en moros y representando los otros el papel do cristianos. La escaramuza duró media hora, despnes pasaron carrera el duque, el marques y otros muchos, y cada cuadrilla se retiró, despidióndose” antes con el mayor acatamient de sa soberana. 8 EIA El sóbado siguiento se entoldó toda la
— A3 - calle del Palacio basta Son Justo, porque debia pasar por ella la comitiva del bateo; pero llovió y fué preciso acelerar la ceremonia para el siguiente dia. Las damas flameucas iban vestidas á la española. El duque de Nájera tomó al infante en sus brazos"y Jo envolvió en un mantillo de brocado, forrado de armiños por las espaldas y por los bombros. El adelantado de Castilla llevaba las fuentes -dedoro y las toallas, el conde de Fuensalidala copa en que iba la sal, ayudado por ur paje, porque, la copa era de oro maciz0 y de gran dimension: Mr. Mubi llovaba el plato con el capillo, Bautizó al régio vástago el arzobispo de Toledo, y fueron sus padrinos el duque de Nájera y el marqués de Villena. Esti es la relacion que testigos oculares hicieron de la solemne ceremonia del bautizo del tercer hijo de los reyes Felipe el «Hermoso» y Juana la «Loca » Muerto el rey D. Fernando el «Católi- .£0,» fué heredero del trono de Cástilla su nieto el principe D. Cárlos; pero á la muerte del esposo de la magnánima Isabel 1, los nobles, ambiciosos y enemigos de la dominacion cstranjera que Tes áenizaba
o al subir al podor el hijo do un rey de España de orígen aleman, deseando por otra parte gobernar el reino á su antojo, crearon un partido en favor del infante don Fernando, nacido y criado en España, y demasiado niño aun para tener voluntad propia, con lo que lograrían dominarle por completo y saciar sus ambiciones de mando y de lucro. | Cárlos I estaba dominado por su ayo el señor de Chievres, quien, queriendo contrarestar la influencia del cardenal Jimenez de Cisneros, habia hecho nombrar gobernador, en compañía del primado de España, á su pariente el dean de Lovaina. . El infante D. Fernando tenia por ayo, como hemos disho antes de ahora, al ceomendador mayor de Calatrava, Gonzalo Nuñez de Guzman, hombre de edad, uno de los más probos de Castilla, y que como buen español se lamentaba de que se aprovechasen los flamencos y tralasen de utilizar los estranjeros la gloria tan costosa que los Reyes Católicos habian conseguido para España. Hombre :de corazon, de buenos sentimientbs, de carátier enérgico, háBia édu-
a — A cado á su discípulo en el temor á Dios, pues habia procurado ilustrar su inteligencia, desarrollar en él las virtudes que aumentan el esplendor de'un príncipe, y dotarle de cualidades á propósito para que en caso da realizarse sus proyectos de corónarle como rey de Castilla, pudiese competir con su hermano, del que tampoco bueno se esperaba en vista de las impresiones que al examinárle habien recibido les enviados desañoles que habian tenido ocasion de verle en Ganto. Bien es verdad,como hemos dicho, que Cárlos, ántes de emprender su viaje 4 España para encargarse de las riendas del gobierno de su nacion, babia vivi-. do de tal manera bajo Ja+tutela del Sr. de Chievres, que sin manifestar voluntad propia no revelaba nicon mucho al valiente capitan, al hábil político, al fuerte soberano que mas tarde debia desarrollarse al tiempo que su complexion y su talla. Con este motivo, creyendo Gonzalo Nuñez de Guzman que haria un verdadero servicio á la pátria dándola un rey digno de su esplendor, con la mayor buena fé del mundo, y auxiliado por otros personajes que, á decir verdad, no caminaban con los mismos fitt8s quo él Lovrudó tutbr, pusó En
—= 4 — juego todos los recursos con que contaba para realizar sos designios. Despues de la muerte del rey Católico, los consejeros de la corona, que habian permanecido en Madrigalejos, dieroncartas para todos los corregidores, ciudades y villas-del reino, pro - rogándoles los edificios y ordenándoles que los desempeñasen «n paz, ¿cto contínuo eseribieron «l cardenal C:sneros indicándole que el rey le habia nombrado gobernador de Castilla hasta la venida del príncipe su beredero, y rogándole acudiesa 4 Gnadalupe, adonde todos se ditigian para disponer de comun scuerdo medidas que en las circunstancias.ena que se ballaban debian to -, marse. st; y No sabiendo el infante D Feruando, ú mejor dicho suayo, la variacion que el rey Católico habia introducido eu su testamen- to juzgando que el niño príncipe quedaria nombrado gobernador, como sa abuelo lo habia dispuesto y ordenado en Búrgos, aconsejado por las personas que le rodeaban, eseridió al Consejo y á otras personas, * poniendo al principio de sus epístolas «El Infante,» y mandando á todos que fuesen ásu encuentro 4, Guadalupe, Al llegar 6l sociutarió encargado de én-
e Ns - tregar las citadas cartas á presencia de un miembro del Consejo, y al entregarle la destinada para él, como viera al principio la fórmula; «El Infante...» —Decid 48 A., habló al secretario, que pronto iremos á Guadalape á obedecer sus órdenes; pero que ne tenemos rey sino César. Esta respuesta fué muy celebrada en España ven Flandes, y más tarde parecia una profecía, porque el infante no solo fué rey sino emperador de romanos. Se reunieronea Guadalupe los miembros del Consejo, el gobernador nombrado por ol rey difunto, el infante y su servidambre, y +l dean de Lovaina enviado por el príncips Cárlos como sa embajador. Arregladas las diferencias, contenidos los partidarios del iofente por la sagacidad y la energía del cardenal Cisneros, todos seencarminaroná Madrid en 1 * de febrero de1536; pero no por eso los enemigos del cardenal y del primer bijo d+] flamenco Felipe T dejaron de animar al infante 4 que se declarara eontra su hermano, si no para conseguir el trinifo, el ménos para suscitar dificultades al gobierno provisional. A pesar de sus pocos años estabi lán Pur
E A AS A A nda A A O o ac O cs O = E _Cazar mucho era entónces su único desuo; en élcifraba toda su dicha. Sin despegarsus labios, Mevando á su 1z- quierda á su paje, y seguido de seis n00- teros y de los criados con la jauría, continuó avanzando por una senda árida. Solo de trecho en trecho hallaba árboles secos y mutilados por el hacha del leñador. A medida que adelantaba se aumentaban los ¿rboles, empezándose á divisar á lo lejos el bosque, aunque no con todo el. esplendor que prometía ofrecer en los apacibles dias de la primarera. Posada una hora hbicteron ¿llo en la resideueta de los monarcas, se desayunaron, y á las ocbo comenzó la batida. Nuestros lectores conocen segnramente las emociones de la caza, emociones á que no sin razon se las llama placer. El teiaofo del bombre +obre las fieras montaraces, la lucha que precede á este momento de embriaguez, en que el cazadorsin esplicárselo respira con la satisfaccion de los héroes, la agitación, la zozobra la ansiedad, la fiebre que se apodera del que acecha la fiera, del que la azuza, del que la porsiguo, los gritos de los que la espantan, el sonido de la Bdriná qué como
a una chispa eléctrica llega á los cazadoros y los dispone á descargar el golpe sobre la pieza cuya proximidad le anuncian; todas estas inquietudes, estas sorpresas, estas asechanzas, estas emociones tan diversas hacen de la caza una de las pasiones que más goces ofrecen. El hombre con sus triunfos olvida por un instante que está sometido 4 las Jeyes de la sociedad, se cree el verdadero tipo de la obra primitiva de Dios, el verdadero rey de la naturaleza. Los monteros cumplieron su deber, y á las tres de la tarde habia ya várias reses teodidas, y el infante se hallaba ébrio de gozo. Peroen uredio de su espontánea y viva satisfaccion ténia un pesar. Un herimoso venado habia pasado ácsu vista, lo batia opuntado, había disparado y Je habia herido; pero el animal, sin abandonar su fugitiva carrera, se había escondido en lo uwás hondo del oiunte, y los criados y los perros babian perdido su pista. Esto inquíotaba al jóven. -—¿Dóndese habrá escondido? preguntaba con ánsia á sos monteros: La herida que le he hecho tú ha pddido dejarle vivirinu.
e O A AA — 36 — cho tiempo... quizas hemos pasado junto á el sin verle. —¡Y la pieza era hermosa, á fó mia, soñorl dijo Ramiro. Bion merece buscarla “hasta no poder mas. -—Ese es mi deseo. Comencemos ahora, y despues... —Despues, si Y. A. melo permite, yo le acompañaró. -—Todos iremos, dijo D Fernando. Dos horas despues, el infanto, el paje y los monteros buscaban en todas las gua- .ridas del monte al venado que de aquel modo habia escitado el deseo del jóven eazador. : El venado no parecia, y porque ya la noche se echaba encima y el infante no queria volver al alcázar sin la presa, dispuso que se diseminaran sus servidores para esplorar el monte. D. Fernando, por su parte, despues de señalar el sitio en que volverían á reunirse, se encaminó á la ventura, Anduvo una buena porcion de terreno, y al llegar 4 una prominencia que esto formaba, se-presentó 4 su vista una figura estraña que al pronto le detuvo asustándole; pero repuesto dela primera emocion, se PAL AA RDA LA DARAS AGAR DA OS A e
ES: Ar ARO disponia á pasar á su lado sin hacer caso dejala uti otr dt , Era un ermitaño de enjuto rostro, de ojos hundidos y brillantes como carbunclos. > E a La penitencia y el ayuno habian impre- -so en sus facciones las huellas de la muerte; todo en él era repugnante, inspiraba lástima y horror. + —Señor... dijo con débil voz poniéndo- - se delante del caballo de D. Fernando; «señor, detenéos un momento, oid al cielo que quiere bablaros por miboca, escuchad el consejo de la sabiduría. eds —¿Quién sois? le preguntó el infante: ¿cómo os hallais en estos sitios? -—Vengo desde rovy lejos á pié para anunciaros vuestra suerte, para destubriros el porvenir... —¿Pero quién sois? --Un ermitaño, señor, un pobre pecador arrepentido que solo haciendo bien halla consuelo. ] j ——¿Y qué venís 4 anunciarme? —Una nueva muy grata. ——Hablad. —El cielo, señor, os destina para rey El primer amor do un IKoyi—8.
O A, A A A A al a a - Ad ad E PA NA A A % 1 A ú 3 AD da de Castilla. En vano vuestro abuelo ha «querido impedirlo legando su corona á «vuestro hermano; contra los altos designios no hay poderen la tierra, y el cetro que 'boy conservan para 1. Cárlos dará en 'yuestras augustas manos dias de esplendor 4 vuestra patria. No desmayeis, señor, que no puedan desalentaros los obs- «etáculos; la nacion 'os prefiere, os ama; los nobles que os rodean, los que os sirven, os defenderán y velarán por vuestra se- + guridad y vuestra preponderancia; confiad en ellos, seguid sus consejos, cobrad ámmo, disputad 4 vuestro hermano y al mundo todo un derecho que os pertenece; si es preciso luchar, confiad en que la suerte os protege. A wnsstra voz, toda Castilla se levantará, combatirá á vuestro lado, y con el triunfo de vuestro derecho eonseguireis el triunfo de conquistar con vuestra energía, con vuestro prestigio la corona más esplendente del universo. El infante escuchaba embebecido estas palabras que creia proféticas por el estraño y misterioso especto del que las pro- “nunciaba y que halagaban su amor propio y sunaciónte ambición personal. El ermitaño cóntinió.
PA AN popol ab Dios, que os depara esta fortuna; ie dijo, Dios, que os prolegó de este modo, exige vuestra gratitud, y no: podreis «negarosá satisíscer sus prescripciones. Os da el bien, pero os manda que no le re- -chaceis, y que os bagais digoos dé sus altos beneficios. Solo” si na cuomplís las órdenes que en su nombre he venido á daros, añadió el ermitaño con voz. más: húgubre, aun volveremos á vernos, pero no será en la tierra. a Estas últimas palabras! sobrecogieron al - adolescente, su vista se turhó, quedó eo- ; ELhre mo peítrificado, comprendió lo. terrible de la lucha que tendría que trabar con su hermano, se horrorizó cómo otras veces, y al abrir sus ojos, 6 mejor dicho, al quitarse de ellos la nube que los cubria, buscó al ermitaño, y no lo halló. Más asustado avnceon su desaparición, tocó su bocina, y poco despues fueron atudiendo á su encuentro su paje yaos monleros. Les refirió el suceso, y entonces no fu6 la res sino el ermitaño el que Eonia en- Je le habi y al ido. do
60 = de lejos, le hovisto y le he reconocido. +: Cuando gusteis saldremos una notcbe del alcázar y os llovaré 4 un paraje, Codo» có encontraremos ¿Lo deseajs? - ¿ 2 Susto. mañana iremos. : 2.02 a Esta nooho, si quiere Y. 4. «Bien, esta noche... hcdimaentó áMade bdinan «+ Dadas las órdenosy dos monteros y los -seriados siguieron al infante. | «La noche comenzaba, y D. Fernando y su sóquito caminaban en silencio. El nieto do los Reyes Católicos suspirabal de'cuando en cuendo, y parecía estar «súmamente preocupado. Ramiro le contemplaba y una sonrisa - maligna se dibujaba ensus Jábios al sorprender en el semblante del jóven los pensamientos que eruzaban por su mente: Don Fernando pensaba en que por todel partes lo perseguía la idea de recobrar lo que él testamento de su abuelo lo habia E pensaba en que ser rey de nna nacion como Castilla era una honra y una “gloria suprema; pensaba que. todos le -aconsejabao que intentase disputar 4'su hermano el derecho en que se: fundaba pued dictár desde Flándés úrtlenes 4105
AL gobernadores de España; pero al mismo - tiempo pensaba en que por las venas del príncipe D. Cárlos corria su propia sangre, -Que:era mayor, el elegido por la suprema voluntad del monarca católico para Ocupar el trono; pensaba en que sus gustos'íntimos «Je Hamaban per otro camino; queria y no queria escuchar los augurios, los consejos, casi las prescripciones de los que le ser- «vien; y en esta duda, en esta alternstiva, asustado sin suber de qué, porque á pesar de su capacidad carecia de la esperiencia suficiente para conocer el valor de los peligros, deseaba volver 4 ver alermitaño y lo temia, y todo era en él confusion y descontento. : 1 —Nigun en mis horas de recreo me abandonan los que mas me quieren, segun dicen, y los que más me mortifican, segun veo, pensaba para sí. Al toque de oraciones llegaron al alcázar, y otro nuevo disgusto esperaba al infante: su ayo, disgustado porque habia salido 4 caza sin advertírselo, estaba dispuesto á reconvenirle como se reconviene á los príacipes, con respecto sí, pero en el fondo todas las reconvenciones son una misma. - En Esta situatión aRertiió D. Fernando
e E, ' br eS 62 pa PEE su peeptegidad basta el pontode tomar un partido estremo. : co —Raniro, dijo 4 sa paje en secreto, esta nouke á las lecircie seré contigo donde quieras. No 0s pesará, señor, contestó di tajmado... Saldremos sin qne nos vean y vol-' veremos con luz. El infante quedó solo en su estancia con Nuñez de Guzman. Despues sabremos lo que hablaron.
CAPITULO VI. El lazo. Parecerá estraño á nuestros, lectores que titulando á este libro «El primer «mor de ua rey,» despues de haber empezado describiendo el viaje y el temporal que sufrió en alta mar nvestro protagonista el emperador Cárlos Y, le bayamos abandonado para referir cuentos ¿ historias de Europa, de Castilla y de algunos personajes. PO CULT OE AN Tal vez al escribir nuestro libro lallsmos
—= 10 — nácar, dibujaba las línsis azules de sus yenas. Su traje era precioso; una falda de damasco azul con franjas de oro y abierta por delants, cubria otra falda blanca por delante, adornada cón las caidas de un cinturon de bilillo de oro. El corpiño era tambien azul y no llegaba mas que debajo de los brazos, estando sujeto á los hombros por dus cordeles de oro. Una especie de camiseta de finísima tela bordada dejaba ver su pecho, rodeaba su cuello una gorguera de encaje, sus brezos estaban vestidos con una manga de lo mismo con pequeños bullunes y una sobremanga perdida de damasco blanco. Sus puños estaban rodeados de perlss, en el pecho formaban una preciosa lista tres hilos de perlas, un collar de esmeraldas y rubíes caia por,encima de su camiseta, y el adorno de su cabeza era tambien de perlas y ubios. Era una belleza privilegiada, y se reunian para hacerla mos bella aun los encantos del lujo. > —¿Sois, yozy señor, el infante don Fernátido? preguntó dl jóven ¿mbelesindole
IEA “con la melodía de su voz. ¿En que puedo serviros? | : —Señora .. balbuceó cortado el infante... yo... deseo saber. | —Hablad con confianza, Castilla, aunque no sois su rey todavía, os mira como á tal, y yo soy castellana y por lo tsnto vasalla vuestra. 2 La idea de ser dueño de una mujer como aquella, siquiera fuese civil esta posesion entusiasmó á don Fernando, y acercándose á olla: q $e -—Me han dicho que sois maga, escla- “136... ¿me han engañado? - —Por lo menos, señor, todos así me nombren: pero ¡pobre de mí! yo no sé nada. . —Cuentsn que leis en el porvenir. —Alguna vez. —(Que adivinais los misterios mas oenltos del alma. . —No siempro. : —One podreis satisfacer la enriosidad que me deyora, que podreis con vuestros consejos mitigar la tristeza que me persigue. . Quizá, señor, pueda aliviaros, peró yo no tHépóndo. EAS EEN A RA y NS A, is ANA E xs
—$i, podreis aplacar el ánsia que sientoen mí, vuestra vista me [ba consolado, sa atrevió á decir el jóven... Sed buena... habladme con lealtad, examinad mis ojos y mis manos, guiidme, ahuyentad al mónos las dudas que me combaten, deyo!- vedme la paz y pedidme en premio cuan- to gusteis. SS Ána se sonrió, tenia que haberselas “con un niño, algo exigente desde sl principio, pero que prometia contentarse 1á- cilmento. o de La maga conocia el corazon humano, y casi la daba lástima jugar con un corazon tan inocente, tan puro, tan Ical como el que acudia á ella á pedirla con- «suelos. —¿Cuántos años teneis? le preguntó. Presto cumpliré quince. -—¿No habeis pensado nunca en el porvenir. "—Algunos veces han fijado mi imaginacion en el mañana, presentándomelo como un fantasnia. : e —¿Habeis sufrido mucho? -—Yo sé que el mundo se disputa el amor paternal, ypor mi parle no he conocido 4 wi padre; muriócuando apcnas ha-
INE bia cumplido yo tres años, y mi madre, onferma, loca, encerrada siempre, apenas ha podido ofrecerme sus dichosas caricias. —¿Y habeis necesitado ese amor que engalana los primeros años de la vida, no es verdad? ¡Ah! si lo leo en vuestros ojos; poseeis un alma «ardiente, apasionada, ávida de emociones, que se consume dentro del círculo de hierro que el frio cáleulo de los cortesanos que os rodean la ha trazado. Os fatigan las ocupaciones 4 que quieren dedicaros, necesitais libertad, necesitais recorrer la clave de los sentimientos y embriagaros con los suaves verfumes delas pasiones; necesitais reaizar lo que habeis soñado al pié del trono de vuestros abuelos, libertad, amor... -—Sí, sí... esclamó el infante, entusiasmado” porque Ana babia herido las fibras mas delicadas de su corazon... yo necesi- to eso que decís. Bd ? —La política os enfada. —Mo irrita... me desespera... Sin embargo, la gloria 0s interesa... - ser monarca de un reimo como España, amar y ser amado, ser dueño de infinitas El primer conbr de un Rófialo,
Aa voluntades... eso bien vale los Idisgustos que os ocasiona la política. Esta observacion paró por un instante - el ímpetu del jóven, que ilusionado por las fascinadoras palabras de la maga, estaba pronto á arrojarse en sus brazos y ¿OCIO . 09 : " —Tú eres mi salvacion, tus palabras son una música celestial que we arrullo; - note separes nunca más de mí. Pero cuando le recordó. que era infante, que podia.aspirar al trono, coraprendió que la política más que nada le habia llevado á aquel sitio, y mudando de voz: -—Decid, señora... ¿conoceis la suerte que la Providencia debe otorgarme? —Si, y 0s puedo jurar que es una verdadera suerte. | - —El trono .. —Vos «lo ocupareis, —¿Cuándo? —Muy pronto. , ¿Qué necesitó hacer para revocar la última voluntad del Rey Católico? - —0Oponeros á los actos del gobierno del cardenal Cisneros, declararos en contra de las órdenes que, ditto ves ro hermano, confiar en lós noblés qub ds folléan, padir-
1: yl, PER les apoyo en todo, contar con ellos y luchar si es preciso. Toda Castilla estará 4 vuestro lado y os aclamará. —¿Conoceis á un ermitaño que se me ha aparecido esta tarde en el monte del Pardo? - — —Es un santo, señor; siempre que os hable, oidle y veneradle, —Con que decís... —Que el porvenir que 0s aguarda es muy risueño... | ——Y si yo no le aceptara... —Seríiais ingrato con la Providencia. —¿Podré volver á veros? —Cuando gusteis. —¿Qué debo daros en pago de vuestros augurios y de vuestros consejos? —Vuestra amistad, señor. —¿Me dejareis que bese vnestra mano? Ana tendió su diestra, y D. Fernando, embriagado de felicidad, imprimió en ella un beso que reveló á4la maga cuánta era la influencia que ya tenia sobre su infantil corazón. PA : —Qué tal, señor? preguntó Ramiro al infante cuando salieron de la casa. ¿Os ha SS tá
7] —Es hermosa, ¿noes cierto? —Es divina... | E —Esa mujer debe sembrar de flores la senda do la vida del hombre que posea su corazon. —No sé cuánto daría por poseerto... —La amais, señor? —Yo no lo sé porque no he amado nunca; paro quisiera estar 4 sulado, respirar sa aliento perfumado, sentir su mano ardiente entre las mías... Un beso suyo me -dería valor para todo. —Veo, señor, que he obrado mal pro- —porcionándoos una ocasion de conocerla. “Al contrario, me has dado á gustar un placer que yo no sospechaba que existiera, y lo prometo recompensarto, Señor... -—Mañana volveré yo solo. "Lomo gusteis.. : "Nadie sabrá lo que ha pasado. —Por mi parte, señor ., Aa -—— Ahora ya 00 me importa que me molesten durante el diacon las combinaciones de los que quieren vermo rey. El premio de mi paciencia al escucharlos, serán algunes bras 41 ld do ld muga. >
ii El ivfente y el paje llegaron al Al- CúZar.- . Eran las doce de la noche, y como conocian perfectamente todas les habitaciones de la morada régia, y algunos de los. arqueros que la custodiaban estaban avisados, pudieron penetrár hasta la estancia del infante. de < Su paje le desnudó,” y al separarse de él le dirigió una mirada en la que uu hombro observador hubiera pódido adivinar que Ramiro era el instrumento de una intriga, y que estaba satisfecho de sus actos porque vela triunfante su perfidia. Don Feruando apénas «pudo pegar los ojos, le parecia 4 cada instante ver y oir á la maga, el calor de su mano lo sentia en sus lábios, comprendia sin esplicárselo que aquella mujer podía hacerle tuuy feliz, deseaba algo cuyo hombre ignoraba, sentia nna fuerte opresion en su pecho, y no sabja si era el ónsia, el afan do volver á verla, de estar 4 su lado el qué le mortificaba, ó si cran sus pensamientos ó susideas las que le ahogaban. só Aluellu notht 5850, y sl dia siguitn-
dl ae te estaba entusiasmado, cuendo á las diez de la mañana se presentó en su estancia el cardenal Jimenez de Cisneros. Veamos lo que habló el gobernador de Castila al hermano del rey.
CAPITULO VII, Ua aviso del cielo, El cardenal de España entró con repo- - Sado paso en el aposento del jóven. Su rostro infundia respeto y cariño á la vez, y por mas quelos nobles que rodeaban. al infante tratasen de kacerle odioso á sus ojos, no podian conseguir que dejase sentir hácia Cisneros una veneración y un afacto grandísimo. — or ac señor, le dijo el car denúl; que verga tan de mena 4 tio
== UE, hecha con toda la cireunspeccion debida, exasperó al infante. ROS —Bienestá, dijo 4 sa ajo; yo no abandonaró vuestra amistad, jo haré cuanto querais; pero dejadme en paz, ho me hableis nunca de tronos ni de triunfos, no quiero nada mfs que vivir tranquilo. Obrad á vuestro antojo, y yo aprobaré lo que hagais, con tal de que nadie vuelva á pronunciar á mi lado esas frases que son mi eterna pesadilla. Desde hoy vos sereis mi cabeza, pensad por mí y yo ejecuré vuestros pensamientos; pero dejadme vivir con el corazon. É y Gonzalo Nuñez de Guzman comprendió al escuchar las palabras del Infante que tenia razon y que mortificaban su alma arrebatándola los primeros goces de la javentud, y tanto por complacerle como por solvarle aceptó su proposición Cuando le dejó solo, el infante, aburrido y fatigado, llamó 4 Ramiro porque necesitaba hablar de Ava, y solo'él, que era su confidente y que la conocia, podia satisfacer sus deseos. | | Estaba enamorado de la maga; pero ena- A
e MEA 87 a corazon , templado en el de su madre, y / ya saben nuestros lectores que hayan loido «La pasion de una reina,» que doña Juana reasumia en su pasion á su esposo todo el fuego, toda la intensidad de las pasiones reunidas en una sola. : Al toque de Animas volvió á salir con : Ramiro, dirigiéndoso á la morada de Ana. * No estaba: habia salido, y esta contrariedad inesperada fué un nuevo cubo para el deseo del jóven. — ¡No me: aguardaba! se dijo. ha quizá otro, Aquel pensamiento avivó su pasión, parque engendróen su alía los celos más terribles, los que no pueden desahogarse porque no tienen níngun derechosobre la persona que los motiva. Aldia siguiente no quiso verla. —Esta noche me esperará, se dijo, y su- * frirá lo mismo que yobe sufrido. El inocente jóven jazgaba por su corádOn el de la cortesana, por que cortesana era la maga en cuestion y preciso es Eos brirlo de una vez; a hermose|[mujer, á 0d polola ¿cd E0CU0
A sus gracias. había sido elegida por los conspiradores para que apoderándose de Jos sentidos del infante le sometiese á su voluntad, voluntad comprada de antómano... Si el jóven con su alma púrisima hubiese ' podido adivinar que aquel rostro angelical, que aquella hermusurajocultaba un corazon - de qiero, hubiera huido de ella horrorizado, y no teniendo en donde guarecerse,” Dios sabe lo que hubiera hecho en un momento de desesperacion; pero su inesperiencia y sus deseos ponia una venda en sus Ojos, y no veía en Ana más que un sér sobrenatural que tenia en suspenso, su alroa, que ocupaba toda su mente y que hacia latir su corazon ofreciéndole una folicidad que hesta entonces nunca habia gozado. | Pas Su ayo, Nuñez do Guzman, despidió al paje, porque aunque no sabia de cierto lo que hacia por perder á su señor, sospechaba que ¿wantenia trato con sus sobrinos los bijos de Romiro Nuñez, y que les obedecia en todo y por todo; sabiendo al mismo tiempo que unos y Otros eran catdo el! pd
e h 39 ¿s 50 Nuñoz de Guzman sostuvo con seriedad y”, - Phergía que era preciso despojar de su oficio al paje, el infante se obstinó on que ' 20 dejaran á su lade,'y hubo que hacerle : esta concesion para que ásu vez transi- ' - Blese en otras cuestiones dé mayor im-: Portancia. e ias En la primera entrevista que D. Fer- > Bando volvió á tener con Ana acabó de - Pmbriagarso, por decirlo. así, y no tardó. € pedirla que wudase de. habitacion y > Que vivieso solo para él. : ¿OR Un mes despues, el infante no podia: Vivir sin ella, porque habia despertado a Sús pasiones y las habia satisfecho. ES ¿ Éba era para él un nuevo mundo, yan Solo en él quería vivir, porque en él en= > “ontraba una felicidad sin límites de la Yue ya no podia desprenderse, Si Ana le hubiera pedido la: vida, se la hubiera dado. : 9 En guante á ella, preciso es confesarlo, - Pa una desgraciada mujer que habia apu- Fado los goces materiales ¿ntes de esperi- * Mentar el menor do los purísimos goces' a Aa ES + Era una méquina; la habian” propuesto z El Ett ambr de un Móy—19,
» £ Y — 90 — | una intriga, la habian ofrecido muchas joyas y muchos escudos si.triunfaba, y habia aceptado segura de ganar; pero no contaba con que tenia corazon y con que su corazon necesitaba más aun que sus sentidos. 1% be bs La seguridad del triunfo la inspiró lástima, y el infante fué 4sus ojos un ángel que debia convertir en hombre; pero la gustó tanto el ángel, oyó de sus lábios un lenguaje. tan nuevo, que quiso tardar en cambiarlo, en humanizarlo; jugó con fuego, y cuando quiso ser dueña de sí era ya tarde. Amaba al iofante y le amaba con el primer amor de su alma. Cuando cediendo á la misma fascinación que causaba fué suya, sintió algo nuevo, algo desconocido que la embolesaba, que la trasportaba á unas regiones donde nunca habia podido penetrar. Desde entónces adoró á su amante y olvidó la mision que la habian confiado: el precio de su intriga era para ella una vergúenza... lodo lo abandonó para entregarse á.una vida distinta de Ja que basta el momento de arar al e habia hecho, se ocultó álos ojos de tudos, se horrórizó de su pugutlo, y pur str pura y 10
ble hnbiera Di eu nt hi hubicran YE dido. Lu, Los: grandos ROñOFeR que la habian elegido para instrumento de sus planes, tovieron que renunciar ásu influencia, buscando otros carainos para llegar al mismo. fin, y ewvez de perseguirla la protegieron . porque entretenia alinfante, y les permitia obrar, seguros de que; preocupado con su pasion,aceptaria enanto hiciesen por él. Los dos amantes pasaron algunos DiA-. ses disfrutando de Horás felicos, de horas sin medida. Un dia desapareció de pronto Ava: En' vano la buscó D.: Fernando; adie «sabia su paradero. r El primerdistarite de Aotorfué terrible. para el jóven: al dolor sucedió una profunda melancolía. El cardenal de España le dijo: wea —Respetad los: designios de la ' Providencia y olvidaos de esa mujer 4 quien habeis dado las primicias de vuestro amor. El infante quiso saber dónde se hallaba, El cardenal no le respondió. | Nuestros lectores la conocieroH al prin= Cipio de nuestra! histeria, ' * Ava exa 14 uujér raj83a eo ton ura
* e niña de pocos meses enlos.brazosimploró la caridad de Cárlos Y cuando el monarca salia de, Midelburgo para embarcarse; y die rigirse á. España. Unos enmascarados penetraron en su morada, A apoderándose de ella y ven- > dándola los ojos, la, Mevaron á un calabozo de la Inquisición. De alli ¿4 poco tiempo la “sacaron, tambien con-los ojos * potcadón y la condujeron á..un puerto de Galicia, , embarcándola allí con órden de no yolyer jamás á España si no quería morir en una mazmorra da la Inquisición. Desermbarcó en un «pueblo de la costa de Zelandia; allí dió á luz una niña, y en la mayor miseria continuó su camino sin saber á dónde. Aquella niña era fruto de.sn amor, y el: infante lo sabia; pero ella no podia descubrir á nadie aquel misterio, porque peligraba, su cabeza, y necesitaba vivir para su hija y para el padre de su hija, á quien quería ¡volver Á, yer... ' Mas tarda volveremos! á encodirarla1 ahora, despues de haber referido el estado en 0 se hallaban los ánimos en Castilla, las bi eun. que contulan lgs untmis 3 AAA
o 93 er A PIO gos del heredoro de la corona; despues de nuestra larga digresion, repetimos, volvamos nuestros ojos al instanteen que, despues de habersufrido la espantosa tormenta de que hablamos en el capítulo segundo, desombarcó en Tazones Cárlos V, y pusa el pié en sus dominios españoles en medio de los gritos: de entusiasmo de las gentes que le acompañaban, entre los cuales - venian por la primera vez á4 España algunos arcabuceros de Borgoña, entusiastas por susoberano y dispuestos 4Juchar por él basta perderla vida. No olviden nuestros lectores que esto ecaecia á mediados de setiembre “del año 1517. Ea, E a
CAPITULO VIIL. La casa del señor do Hevia. yA * Tazones era un trozo de costa que formaba un miserable lugarejo, solo porque kabiaen el cuatro ó seis chozas de pescadores. No pudiendo permanecer en él Cárlos Y, decidió encaminarse con los suyos á Villaviciosa, puerto muy inmediato á Tazones, y allí se reanió con cl resto de suj sertidunabr qui sb habia liBirado del táufrugib,
| ' E Allí encontró 4 su hermana doña Leto. nor, á privado el señor de Chievres, á su canciller Juan Salvaje, y á otros varios cuyos nombres seria largo apuntar, y todos se hospedaron en la casa de los señores de Hevia, cuya nobleza los hacia pasar por la gdl familia de Astúrias. Se aposentaron, como decimos, en su casa, despues de ser todos recibidos en Villaviciosa con las mayores muestras de entusiasmo, y juntos todos yo primero que bicieron fué dar gracias á Dios por habérlos librado de la muerto. Los que vieron al salir de Midelburgo al principe D. Carlos, notaron, en su rostro, al hallarle en Villaviciosa, un cambio que no se esplicaban. Estaba pensativo, ensimismado, sus grandes ojos se halliban oscurecidos por Una sombra de pesar. ¿Qué motivaba - Squella visible alteración del monarca? Unos creian que la causaba la emocion de verse on sus dominios, en los dominio ' donde le esperaba el radiante trono de los Reyes Católicos. Ote alaban su brain yl co
/ — 102 — que contrasu voluntad le recordaba 4 su aparición. La falta de sueño animó su curiosidad, y levantándose se acercó á la ventana porque desde ella percibia mejor la voz y las palabras que articulaba. Un largo rato estuvo etobelesado estuchando una música que caía como un bálsamo en su ogitado corazon, y cuando ce= só de oirla, impulsado por una fuerza misteriosa llamó 4 uno de sus pajes. —¿Rugiero, le dijo has oido hace poco una voz que cantaba? «Hace un instante que ha callado, ¿no es verdad, señor? —Si.... hace un instante... Averigua quién es esa mujer que ha cantado, y yuelve á referirmelo que sepas. Guarda el secreto de lo que te pido y cuenta con mi proteccion. | El paje salió, y al cabo de algun tiempo volvió á la estancia del monarca. —¿Has sabido?... >. Aid » —Señor, la mujer que ba cantado es una jóven huérfana que habita en esta ORSA. yr id 109 hos y -—¿La has pisto? : Y Iii: ton seal e
| ee | -— 103 — adiós contado su historia. Sh padre murió on la toma de Granada: su madre quedó vinda con dos hijas, la quo habeis escuchado y otra cuyo paradero nadie sabe. La madre se retiró á su casa solariega situada en el pais, un incendio la destruyó hace seis años y la única hija que vivia á su lado quedó huérfana y pobre. El señor de Vevia la recogió por lástima y vive en esta casa cuidando á su protector y endulzando las horas de su vejez con las lindas caucionos que ha aprenpido de los trovadores gallegos. Está siempre muy iriste, porgue segun me han dicho, es sumamente cariñosa y ha perdido átodas las personas que amaba Perdió ¿su padre, á su maare, y no ha sabido nada de su hermana desde un dia en que cuando apenas contaba nueve años desaparoció robada por unos gitanos, siendo inúliles cuantos esfuerzos habia hecho para Encontrerla. Estas son las noticias que he podido adquirir. ' —¿Y su nombre? —María. a ! —Bien está... silencio y dí 4 mi camara pláydr que venga inmediatamente. AAA Cade a, ¡e 41% de be a
—. 104 — tana y descubrió 4 una jóven que paseaba por el jardin, acompañando al anciano señor de Hevia. A) verla dió dos pasos hácia atrás, qués dándose estupefacto. —¡Es ellal esclamó... | —¿Quién, señor? preguntó el camarero mayor Guillermo de Croy, señor de Chiovres. pi jeros tú! dijo el rey serenándo- . Escucha... ¿vés esa jóven que pasea 2 el jardin con el dueño de la casa en que estamos? —Si... es toda una belleza. | —Pues bien... mañana de madrugada partiremos, y necesito volver á verla en Valladolid. | _—Compredo... y sereis obedecido, dijo Guillermo con una sonrisa cínica que jamas se separaba de sus lábios, Pasaron algunas horas; entró la noche, el príncipe durmió, y al' dia siguiente de madrugada salió pe Villaviciosa con su hermana, y su comitiva, airigisndos9a Ben Vicente de la Barquera. eine cumplirán mis alEsuso preguntó ms artir á Chievres. j pl y ae Pd dar vuts-
— 105 — iros deseos son órdenes. La vereis en Valladolid: de ello responde con mi cabeza El rey partió, embarcándoso por no poder ir portierra ¿San Vicente, y desde allí envió sus navíos á Santander. y RR Cuién AS ' ' añ ' Ñ . 11?4 oO o 7 «En ahy 0 4 ' ; del ml 3 ef ss l » ar? 8 E El primos mor de un Rey 140
A y 3 e. - > de ns IVARREDAISA DO SOTA STA RABO LE - A ie AS A pri CAPITULO X. Muerte del cardenal Cisneros. « De buena gana hubiera visitado el rey las reliquias de Oviedo, pero la peste diez- —mabaá los: habitantes de la ciudad, y to- «dos le aconsejaron que pasase adelante sin detenerse en la capital de Astúrias. Llegó, pues, á San Vicente de la Barquera, y allí se detuvo algunos dias á pesar del desco que le aguijoneaba, deseo que era llegar cuanto antes á Valladolid. Ya dijimos en ¿do di los alicrióres ca-
— 107 — pítulosque habia: «dirigido Uva carta, al «cardenal y al dean de Lovaina, entog ¿ya obispo, de Tortosa, mandándole. que «Separase al. infante delos nobles que; le servian. Esta medida, ejecutada fielmente por el cardenal, apenas, causó, impresion en. el infante, porque continuaba ¿preocepado con la desaparicion de Ana, había sabido que se ballaba en Ale y desvaba.con cualquier pretesto jr áivisitar su abuelo paterno, más.que pa nada para buscarla, porque en vez, de: >> vidarlasentia que. cada dia: se arraigaba -más y més. en su alma la, prsion que la profesaba, . Gonzalo Nuñez de Guzman, proye nos y los otros,vobles señores destinados al servicio del. infanta vieron, todos sus planes w«bortados al ser despedidos ¡sin - 8pelagion; y cortada de este.modo la eabeza de la conjuracion, . quedaron los demás miembros exánimes, y Castilla, tuvo que alegrarse mal de sngrado en cierto Modo al saber la Megada, oficial de Cárlos, entónees todavía «primero» de Espa- Ma, noticia que ol mismo rey comunicó á bes: 292 los era ades y á-todas las ciudades, li ¿uyd: m btivo. bo. Cilobráron. fiestas
MAA ESAS ES cd ed in a — 108 — ', “muy lucidas, en las que la plebe princi- «palmente mostró: el contento que sentia “al! ver que al fin iba 4 tener un mónarca “que estioguiría las luchas parciales que la "mortificaban á4todas horas. "0 >El cardenal, satisfecho de la: entereza - que habia usado para con los servidores «del infante, complaciéndole al mismo ttiempo-lé envió á Flandes, y esperó enel - "nionasterio de Aguilera” el instante de Y tea gi las manos de Cárlos las riendas del gobierno que en las suyas habian sujetadó la ambicion y el desenfreno da los nobles y' consolidado la política tan sábiameute iniciada por los reyes Fernando 6 ¡ABE LA YO ¿MAMERO ad bajos "Los flamencos, que conocían su carácter y la influencia que podia tener en las determinaciones que tomase el monarca, tenian un decidido empeño en que ho se viesen: Particularmente los que le habian “acompañado desde Flandes, temian que por su mediación los despidiera el rey, ¿y querían conservar sus oficios á toda Costa. A E cin E "Con este fia hablaban al soberano todo lo mal que podian del cardenal, y tenian al ládo del prelado, pura que le asistidso
PA A - 1409 — en su enfermedad, un: médico amigoque les» participaba día por. dia. los progresos de la dulencia que Jlevaba poco á pocoal -sepulero al. gran: Jimenez de Cisneros.» + Cárlos tenia oculta en su Corazon la ambicion que, gracias á Su energía, debia mas tarde encumbrarle á la altura de dos Cisrresrimico otto Sh iD - Por otra parte, la muger de sus. sueños, «que habia visto personificada: en la huér- Sana protegida por el señor de Hevia alapasrecórsele, le habia prometido que reuniria bajo un solo cetro los «paises mas ricos y «poderosos de la tierra, que su imperio seria tan cólebre como el de Alejandro, que dominaria las sediciones y pondria freno 4 la soberbia; y estas palabras, -en las que creia, porque halagaban su orgulio «de soberano y porque ella las habia proiunciado, lo hacion amalgamar la ¡idea de su soberanía: con la desu pasion. AL hollar el: territorio: español, Nuevo y belio á sus ojos, comprendió, sugran- “deza, su; poderio, + y 56 desarrolló. en él Is energía, que en lo sutosivo caraslorizó os actos dé su vida. 20 22007 o —El cardenal, que ha. estado al frente del gobierno désdo la muerto de vutstio
— 140 — : abuelo, le dijo su camarero mayor, sien te vuestra venida, porque le arrebata toda su preponderancia; y si le veis, lo que vuestros amigos queremos evitar 4 to- “da costa, llegará vá dominaros como á todas las personas quede rodean Todos los nobles que me han hablado de él lo creen partidario de vuestro hermano, y si no lo, protege; porque eso: seria faltar á vuestra autoridad, y es demasiado hipócrita para cometer este desafuero, al ménos 08 exigirá en premio de su forzada lealtad una - obediencia ciega, y esto no conviene ni Á vuesfra digvidad ni al: nombre ovgusto que habeis heredado de vuestros abuelos, No será, vivo Dios, comúo. tu dices, esclamó: el principe.. Vendrá 4 Mojados con el Consejo, y despues de enterarme del estado de los asuntos, le mandaré pasar el resto de sas dias en un convento; y para-que comprenda que está bien meditada mi determiuacion, siéntate y escribé una carta para él. Guillermo de Croy obed+ció, y en aquel instante pagó Cárlos al hombre que con su vigorosa lealtad lo habia conservado sn reino, le hábla aplacado, echando en el los ditilnidsak: la ¿Obéranto; 16 pagó, e] a ii E NL E E a dt ic ia ii
— 1411 —- decimos con una ingratitud de las más negras que refiera la historia en sus in- _ teresantes páginas." 000 00 El cardenal: estaba muy enfermo, sentia ayudos dolores, y corrian rumores de que su enfermedad era la consecuencia de un veneno que los flamencos le habian dado. ci Hasta decian que el veneno lo habia tomado en una trucha que le habian servido; pero estas voces, generalizadas entre el yulzo, no pasaban de ser una vul- —garidad. — At Estaba eofermo, porque los años, la - conquista de Orán y los graves disgustos que la Regencia la habia ocasionado, le habian herido de muerte; pero la carta del príncipe que recibió cuaudo se hallaba en Roa, fué el mayor de los dolores de su vida. ¡Tantos años de servicios, de abnegacion, de lealtad, pagados con un desprecio tan profundo como el que le niunifestaba el príncipe! Aquel golpe para na hombre como Cisneros, en los' ochénta años de su vida, aceleró su enfermeda t y Je ocasionó la muorte. duna e PahO el My USO Sa Vidal la
PARA AIR e A e A A e E cs Md o O A JA | voluntariamente á abandonar su pacifico alberguo. Sin embargo, Chievres habia prometido al rey gue volveria á verla en Valladolid, y necesitaba cumplir su promesa, aunque para cumplirla tuyiese que emplear la fuerza Ó la perfidia. No quiso valerse de nadie, y acercándo- 'se á la jóven al mismo tiempo que se encaminabaá la capilla. de Ja casa al toqué da Oraciones: —Señora, dispensadme si os suplico que me concedais una entrevista, la dijo; una casualidad me ha becho saber el paradero de vuestra hermana, y deseo hablaros de ella. María se sorprendió. —No 03 conozco, caballero. —Soy el señor de Chievres, camarero mayor de S. M. -—Y decÍs... —Que si descais volver á ver á vuestra hermana, yo puedo eonduciros ásu ore- CR A na... —Por volverla á estrechor en mis brazos daria la vida. ; —¿Cuándo podré volver á voros? “Esta nduhe á las árfimas. 4)
— 119 — Chievres no faltó 4 la cita, la alucinó, encargó 4 una de las damas de la comitiva quo la acompañase hasta Valladolid, dándolas la servidumbre necesaria. De tal modo logró convencerla, que ol- <vidada de la gratitud que debía al señor de Hevia, 6 mejor-dicho alucinada, consintió en seguir las instrucciones do Chievres. Al “ día siguiente salió poco despues que el mo- - marca, dejando un pliego á su protector, en el que le pedia que la perdonase v lo prometia volver despues de haber abrazado á su hermana. | “Chiovres debla volver á encontrarla en Valladolid. Combinado su plan, y seguro de que todas sus órdenes seriam cumplidas, fué á dar cuenta de todo lo sucedido al roy, y le halló más preocupado de lo que le convenía en los asuntos del Estado. —¿No os entusiasman las noticias que 0S doy? le preguntó. —=8í... pero tambien domina en mi alma otro sentimiento, el de la gloria. —Ved que María es hermosa, no hay dos como ella en toda Castilla. — (¿Qué tha dicho al saber que deseaba verla en Valladolid? e Mó lb dino que Seria vuestra gstluyx,
— 120 — —Bien está... no vuelvas 4 hablarme de ella basta que entremos en Valladolid. Guillermo comprendió que era preciso incitarlo, para que cediendo ála pasion que le inspiraba María, le dejase en mayor libertad para obrar — Yo haré que le domine esa mujer, dijo... y desde eniónces procuró escitar en el corazonde su jóven pupilo los terribles deseos que en la adolescencia, si no se satisfacen, llevan basta al sepulero. Asistamos ahora á la entrada triunfal en Valladolid del nieto de los Reyes Católicos.
- CAPITULO XII. El rey y el hombre. Antes de llegar $ Valladolid se detuvo - Cárlos en Mojados, y permaneció despues en el monasterio de Abrojos, habitado «por frailes descalzos, en-las riberas del - Dúero, mióntras que se preparaban'en Va- —Madolid las fiestas concertadas en su loor | para rogibirle con todos los'honorés de- . bidos á su calidad de soberano. : El 18 de getubro.fué el dia señatado pas . ra la entrada triunfal dal monarca. El primer amor Ho un Hip 10.
o — 122 — Salieron 4 su encuentro muchos grandes y caballeros castellanos, la iglesia, la universidad, la chancillería y Consejo. Tambien salieron á recibirle el condestable de Castilla, el duque de Alba, el marqués de Villena, el conde de Benavente, los duques de Arcos y de Segorbe y muchos obispos y prelados. Entre todos los ginetes hubo más-de seis mil, y en su mayor parte ¡ban vestidos con telas de oro' y plata El rey se presentó vestido de brocado con mucha pedrería, y en la gorra llevaba un diamante de inestimable precio. Montaba un brioso caballo español, y su aspecto, su aire arrogante, ogradó mucho á los castellanos. . El estoque del rey Jo llevaba el conde de Oropesa. ; Detrás y junto al palio iban la infanta Doña Leonor seguida de sus damas, el dean de Lovaina con el capelo que no hacia mucbo le habian dado, y un numeéroso séquito en su mayor parte formado por los flamencos que constituian sn servidi poi El rey y su gomitiva,se apearon ep ¿a Corroduta de Sab Pablo, en las basta de E
— 123 — . D. Bernardino Pimentel, que primero habian sido del marqués de Astorga. Al día siguiente hubo juego de' cañas en la Plaza Mayor. | Los caballeros vallisoletanos, vistieron albornoces de damasco blanco y marlotas amarillas. Los contrarios llevaban albornoz de color de naranja, marlota de terciopelo verde y leonado, y en la manga derecha una banda encarnada. Tambien se presentó á jugar otra cuadrilla de caballeros con albornoces de damasco azul y marlutas de terciopelo del mismo color. Todos entraron en la plaza, y picaron y mataron un toro. Como entre todos los caballeros en plaza habia más do ciento, y no era posibla que ceda uno matase un toro, dispuso el rey quese colocáran en fila formando círculo, y que ninguno lancease al toro mientras que no se viese atacado por él. Este espectáculo agradó con estremo á las damas que lo presenciaban, y més aun á los caballeros lanceadores, que pudieron hacer alarde de su destreza y de su valentía. | , Despues se dividieron las cuadrilles y Ñ jugaron carit3.
— 124 — Eo La diversion duró hasta muy entrada la noche, y nobles y plebeyos vilorearon á su nuevo monarca, quien, ¿brio de alegría y de entusiasmo, se dejó acariciar por aquella muchedumbre, que vela en él, harto confiada, una esperanza da paz y de esplendor. Por entonces escribió el doctor. Agustin de Tejada este soneto en su loor, y al copiarlo creemos egradar á nuestros lectores: a ies A la gloriosa espada fulminante Del magno Augusto Cárlos, Marte ardiente, Su blason postrará el francés valiente, Y el turco humillará su alto turbante; - Invicto le verá siempre triunfante La tierra del Ocaso; al rojo Uriente Rota. el padre del mar verá su frente Con sus fuertes columnas de diamante. Más cubierta estaría del olvido Fama tan justamente celebrada, Y España sin la luz de su memoria Si el pueblo todo afecto agradecido A tu amor santo, á tu valiente espada, No proclamaso férvido tu gloria. Cuando Cárlos se retiró á su morada, quedo solo con Chistres en su hobitavivn,
HTA, 193 — .«—Y bien, señor... Je dijo... ¿no Os acordais de la jóves cantora que visteis en Vilaviciosa en casa de vuestro Le vasallo él Sr. de Hevia? P o —So.. la recuerdo.. et] ¿está en Valladolid? --¿No la habeis visto entre las damas de la serviduwbie de vuestra augusta hermana? —La gloria mo ha ofuscado. ¿Sabes lo que es un triunfo? . . —Lomo el que os han tributadolos castellanos, no; pero yo tambien sé lo que es triunfar. -—Mira, Guillermo... tú eres quizás el único amigo leal que tengo en el mundo: el afecto que te profeso es grande, y la confianza que tengo en tí ma- «yor aun.. Quiero hablarte, quiero decirte todos los pensamientos que han ocu- -pado' mi mente desde.que abandonamos á Gante; mizalma necesita espansion, porque son tantas las emociones que he esperimentado y qué se mantienen vivas en ella que me ahogan. —Gracias, señor, dijo Guillermo, .Cógiendo su mano y besándola* cont una venerdtiun hijfócrita; veo que aun sis ed
E A , TA o qe” e A Ó al AAA MAT TA EAN REPARA IA MAI TN O e e — 12 — el mismo, cuando habia empezado á creer que os separábais de mí. Nadie os ama como yo, porque además de la gratitud que os debo, os he visto muy : niño, he educado vuestro corazon, y puedo captarme de ser vuestro segundo padre, porque los maestros, señor, lo son... hablad... hablad con confianza... si,es precisa mi vida para satisfacer el más insig - nificante de vuestros deseos, indicádmelo y moriré Cárlos se animó al escuchar estas pa- Jabras, cuya pertidia no conocia, y cogiendo la mano de Guillermo y estrechándoia con efusion continuó: —Mira, Guillermo, yo no soy el mismo que era. Siento un cambio total en wi alma, óÓ por mejor decir, empiezo á comprenderla; hasta ahora no sabia lo que era vivir. ¿Te acuerdas la trayesta que hemos hecho? La tempestad ha destrozado nuestras naves, el rayo ha destruido por completo una embarcacion, y durante muchas horas el peligro ha estado ú nuestro lado amenszándonos > una espantosa muerte. Pues bien; en nstantes mas. críticos, desafiando lds e os de lá Wrmenta) mandó urriar 1 Pr Nr
Í — 127 — | velas y me eché, confiando en el destino, Sobre la cubierta de mi embarcacion. Desde ,entónces no sé lo que «pasó por mí... oia los silbidos del viento, el estruendo del trueno; veia el resplandor del rayo, y sin embargo mis ojos estaban cerrados y me.creia habitar en otros inundos,- en otras regiones.... De pron- to al fulgor de un relámpago ví que estaba á mi lado una mujer hermosa, una mujer... parecida á María, si es que no era ella misraa. Sus manos se juntaron con las miss, y al estrecharlas yo sentíf correr por todo mi cuerpo un frio glacial, algo que. me agradaba, que me hacia gozar. Yo que nunca habia pensado en la mujer, la comprendí instantáneamente, Ó mas bien la adiviné. Me dijo... jah! si tú supieras lo que me dijo, la hubieras edorado como yo' entónces.... Tocó todas las fibras de mi corazon... Me habló de mi destino, de la gloria, del poderío que alcanzaría mi trono, y al suplicarla que me revelase su nombre, que no me abandonase: «No lo quietas saber, ne dijo, ni desees amarme,» - pofub te csclayizaró 4 ui; 11 tendrás
—134 — estaba prometida á un jóven capitan de arqueros: sus padres la obligaban á escoger entre el claustro 6 la union que la ofrecian, y aunque muy enamorada del es-. tudiante Zumel, tuvo que renunciar á su pasion y se enlazó con el capitan en la misma ciudad de Salamanca á principios del: año 1490. La bendicion del sacerdote no debió ser para ellala Hendicion del cielo, porque, á partir del día de su boda, por una parte la falla de su amor para pagar el esposo que «le habian destinado sus padres el mucho que la profesaba/y por otra la creciente pasioo queseutia hácia Zumel la sumieren en una serio de disgustos que la pusieron á pique de perder la vida, Suesposo partió á Italia 4 mediados del año 1491, y no volvió hasta fines del siguiente, partiendo en seguida con lashnestes de los Reyes Católicos á clavar el estaudarte santo en las muraMas de la arabosca Granada. Mientras permaneció. en ltalia, quedó su esposa en Salamanca, y Una funesta casualidad volvió á poner en su camino al estudiante Zuwel, que no habia cesado de ema: a quy resputando. la psivitn
| 135 — £n que la jóven se encontraba, habiá huido de ella, temeroso de no poder contener Su vista la ardiente pasion que llenaba su alma. / | Los dos bajaron los ojos al hallarse: pero Zumel,- contra. su voluntad, impul- Sado por una fuerza superior, la siguió, quedándose parado como petrificado al —Pió de la reja de la casa que habitaba Beatriz. Vino á sacarle de sa abstracción un pa=: Pel que cayó junto á dl. «Te espero á media noche.» Este era el “Ontenido de aquel pliego, hijo de una lu- Cha terrible entre el amor y el deber, y. tl verlo e] jóven, olvidándose de los pro- Mesas que se habia hecho, decidió seudir lacita y darrienda suelta á su comprirni- a pasion. La entrevista de los dos amantes fué una , ¿“rie de reconvenciones, de llantos, de que- Jas, de protestas de adoracion. Hasta el “Manecer nose separaron, y al despe- Irse... al despedirse, Beatriz pensó en SU esposo, y en su rostro se leia la yer- Suenza que le inspiraba la debilidad Yue Ja habia cthado tn los brozus de su dame. PR
Sin embargo, el amor los embrisgó hasta el punto de hacerles olvidar por completo sus deberes, y Beatriz confesó á Zumel que sentía en sus entrañas el fruto de , SU aD1Or. Salió de Salamanca, retirándose á un lugarejo pequeño Habitado en su mayor parte por gitanos, y confió” el cuidado de una hija que dió á luzenél á una pobre «mujer. Cuando volvió su esposo, tornó Belriz á Salamanca, y apenas permanecieron juntos quince dias. : Durante este tiempo, ella, mas cariñosa que nunca, pudo disimular á los ojos de su esposo la vergonzosa falta que habia cometido; y como no tardó en separarse de él, apasionada mas que nunca del padre de su hija, corrió á su encuentro, y juntos fueron al lugarejo donde babi- - taba Ana, el primer fruto de sucriminal adoracion. ep Alí supo Beatriz la rouerte de su esposo, y allí se separóZumel, á quien su anciano padre en los últimos momentos de su vida quiso tener á su lado. Poco tiempo despues vió naver otra niña Beátriz: ora Murid.
—138— * Vivió con las dos, basta que, llegando á su noticia la de la muerte de su amante, y creyéndose la mujer más desgraciada de la tierra, decidió volver á Astúrias, donde sus padres la habian dejado una casa algunos recursos para vivir desahogadamente. é : Como saben nuestros lectores, desapareció su hija mayor.” A Unos gitanos del lugarejo donde las dos - hermabas habian nacido, conociendo. la historia de su nacimiento y esperando algun dia sacar partido del rapto de la niña, -espiaron una Ocasion, so aprovecharon de ella y se la Mevaron. : Desgraciadamento Beatriz no volvló 4 verla, y Ana, muy niña todavía, se olvidó de su niádre y de eu hermana, y á través - de diversas silusciones llegó hasta ena- .morerse del infante D. Fernando, y. despues hasta Flandes, dosde donde formó á España, comono tardarán en ver nuestros lectores. les: k del El año 4510, cuando María camplia —— quinece años, va incendio consumió la 'ca- : sa de su madre, perecirndo ella al mismo tiempo, y dejando ú su hija huérfana y 000 El primer amor de un Rey —18. ¿a sl « : £ ' , Dd TP A. AA A O TA
ARS * 4 PORTADO O A O O E AA E pia O A A A a A ms A e / — 138 — desamparada; pero antes de esta calástrofe supo que aun existia Zumel, que habia hecho llegar basta su oido la noticia de su muerte, porque arrepentido y teniendo que unirse á otra mujer, no quería volver á verá la mujer que le recordaba faltas de las que nunca creia poder alcanzar el perdon. Un presentimiento la anunció su próxima muerte, y deseando depositar en su hija, el secreto que martirizaba su Corazon, la refirió su historia, encargándola que si moría procurase buscar á su hermana y 4 sn padro para decir á la primera cuanto sabia, llevándola la “bendicion de su pobre madre, y al segundo que le habia perdonado y que habia pedido al cielo muchas veces por su felicidad Para conocerá su bermana le serviría media cadena de una labor estraña que puso á su cuello. La otra media debia conservarla Ana, si sus raptores no la habian arrebatado de su cuello para satisfacer su codicia. Lo demás ya lo saben nuestros lectores. -¿Comprenderán ahora por qué al ofrecerla Guillermo do Croy una entrevista con su hermana, escuchó los bid de Chiowres y siguió 4 la régia tomitiva,
abandonando 4 su bienhechor, al sér que más cariño la profesaba, á su padre adoptivo? (y -——Desdela muerte de sa madre/ el único deseo de su vida, ó por lo menos el mayor, era hallar á su hermana, repetirla las palabras de Beatriz, juntas buscar al autor desus dies. Conseguido esto, despues po= dia el Señor disponer de su existencia. ¡Dios mio, esclamaba, que yo abrace 4 mí hermana y á mi madre... y no habrá saerificio que no arrostre para alcanzar una dicha tan inmensal y Siguió á la córte entusiasmada, y el entusiasio daba mayores atractivos 4' su rostro de ¿ngel. : - Enlo más íntimo de su alma bendecía al jóven rey, porque, segun Guillermo la habia dicho, 4él debería encontrar á su hermana. 5 ate Sin embargo, al mismo tiempo que tenia fijo su pensamiento en la alegría que iban 4-+proporcionarla los brazos de su hermana, acaso el beso de su padre, la nueva vida con que vivió desde que aban- *donó“las*solitarias y tristesparedes de la casa de Heyia, los cuadros que, el paisaje degarrvllaDa ante uz yjue, Is triunfós
— 140 — que el monarca conseguía al entrar en las ciudades, los gritos y los vivas de la multitud que corria 4 saladarle ébria de gozo, las músicas y los. festinos, los torneos y losjuegos de cañas, todo el nuevo espectáculo á que asistia por la primera vez ocupó su imaginacion de tal manera, que muchas veces permanecía gran espacio. de tiempo pensativa, ensimismada, recordando los confusos rumores de las fiestas, los encantos de la música, la gloria que alcanzaban los caballeros en plazas, las miradas apasionadas que cambiaban algunos con las damas que contemplaban su arrojo y su aposiura, y €ntóncos una profunda é incomprensible melancolía se apoderaba de su corazob, y esclamaba para sí: —¿Por qué la suerte me habrá negado la dicha de vivircomo todas esas mujeres?... A pesar de esto, la dominaba el deseo de ver á su hermana, el hablar con elia de sus desgracias, de sus esperanzas, y aguardaba impaciente el momento de asistir 4 la audiencia del rey, porqueel señor de Chievres la habia dicho: ES ma RI arica se iniWlrida pur vos) Hori . hatid rá SÓ :
y Su _—A AAA nn RS A AR — 141 -- ra,quiere saber evustros pesares, y consolaros. El mismo os conducirá á los brazos de vuestra hermana. LE — ¿Cuándo? preguntaba lajóven á Gui- HNermo en todas las ocasiones en que podia dirigirle la palabra. --Tn poco de paciencia, decia el astulo camarero mayor del rey... ántes que un vasallo son todos los vasallos, y el. monarca recien Negado 4 sus dominios tigre que pensar ántes en la gloria, en el brillo de su nacion, que en la felicidad de unp mu- . jer hasta ahora desgraciada. * María escia las palabras de Cbievres y esperaba. Un dia fué Guillermo á su encuentro. —-¿No deseóbais ver al rey? la preguntó. —Sí, lo deseo con impaciencia. —Pues bien, hoy mismo le vereis. -—¡Hoy! q - —Sí; esta noche veudré á buscaros, lo iremos juntos á su régia morada. —¡Cuánto os debo, señork . —A mí nada, á 6l todo... se interesa - tanto por vos. bs 5 Es tan buevof mobles —Aun es an niño, señora, pero su alma EX 19 YY uu ht rpreeictas 0, El mismo TA ss á is, TES Y 3 , . “E
do. o E A A A AS : o e —442 — no se ospliva el sentimiento que Hena «su corazon; pero yo, que leconozcó, lo he adi- , vinado,me consta que piensa mueho en vos. —En mí, senor.. en una pobre buérfana. —Su alma generosa busca la desgracia para favorecerla. — ¿Y eréecis? .. —Qreo que el rey 05 ama... —Suñor... ¿No lo dudeis... no habla mas que de vos, y Os antepone á los negocios del Estado, ámodo:.. María bajó los ojos rnborizada; pero notando que las palabras de Guillermo eran una música mas dulce para:su oido que las que babia escuchado en las fiestas y en las ovaciones que habian comenzado á enloquecer su razon. — ¿No decís nada?.. preguntó maliciosamento Chievresá María.. ¿Os pesa que vuestro soberano haya fijado en vos sus ojos? -S. M. we honra, murmeró 4 media voz la jóven... y no puedo creer... —Haceis bien, porque pudiera equivocarme. El monarca no me ha confiado sus O a O Estas palabras destruyeron en parte el Castinb des htrnregas ilustdnts que ul jUvvr
FE E A SE A, , SE e v es SS > TE id ido AI TAR y [3 ds AIRIS A NEAR ' e > A A A AS o 4 — 143 — se había forjado; y comprendió que si Cárlos la pedia su corazón, se lo daria. Turbadasu imaginacion con lo que acababa de escuchar, no pudo añadir más sino que esperaría con ansia el momeuto de arrojarse á los pies del monarca para implorarsu proteccion. . Chievres la abandonó, y María, mecida por sus dolces ilusiones, apesarada por sus dudas, queria que el tiempo volase, porque la parecian siglos las horas de espegzuza.
ponia, y María le contó todo su pasado, la revelacion de sa madre, la gratitud y el amor que sentía hácia él; se echó confiada eg los brazos del favorito 4 quien debia todá su felicidad, y dueño de ella Chievres, que no dejaba pasar las ocasiones, comprendiéudo cuánta influencia podria tener la amante del monarca y la híja de un personajo, porque Zumel lo era entónces, y Guillerrao no dudó que fuese el vadre de María el que entóuces manifestaba mayor oposicion'á que Castilla jurase á: Cárlos porrey de España. : | 48 Ató todos los hilos dispersos y aguardó el momento de utilizarlos. Entretanto llevó 4 María 4 la morada que la munificencia de su rey la había destinado, y la jóven, sin comprender el lazo que la tendian, admiró las preciosidades. que encerrabon sus babitaciones, y pensaba que aquella casa seria un templo consagrado al amof mas puro de la tierra, porque su imaginacion estaba muy lójos de ser dominada por sus sontidos.. + Hasta llegó á olvidarse de su, hermana, de su pasado y su porvenir, y era porque el ur la bastaba para considerarse la ms MichBsu de las mujerós.
á ' o «E 151 ai . Sin saber cómo, llegó 4 adorar al rey, pero mezclando eon su amor una veneracion, una admiracionsia límites -— Cárlos fué ¿visitarla en la noche siguiente ála de su primera entrevista, y desde entónces no cesó de irá verla. Su amor se aumentaba, y aunque escitado porlos consejos de Chievres, al estar apartado -de María la amaba con sus sentidos, al sentir su mano entre las suyas, al oir sus palabras inocentes, sl recibir sus pu- «ros besos, se sentia dominado por su alma, y el espíritu salia siempre triunfante de la materia. 4 En vano las contrariedades políticas asestabau golpes de muerte al orgullo de Cárlos. | El hombre dominaba al rey, y gl hombre amaba y era amado. Debemos advertir que el sentimiento que esperimentó el señor de Hevia al saber la fuga de Maria fué iwinenso, y que temiendo de la rapacidad de los flameneos alauna terrible intriga, envió gente á Valladolid, al mónos para que velasen por la suerte, no de'su ingrata porque no la mor ALDEAS sind de su desgraciada pro- 3idá.
— 152 —- Veamos ahora cómo se hallaban los ániwos en Valladolid, y cuál era el partido que Chievres se proponia sacar de las, confidencias que habia merecido Á María. CAF e
AAA a gg 0 AD TN CAPITULO XV. Intriga y honradez. Cuando Hegó Cárlos 14 Valladolid, los nobles, en su mayor parte, queriendo obrar 4su sntojo y dorinar al jóven rey, se pusieron en pugna con los flamencos que le servian, y particularmente con el señor de Chievres, de quien las malas lenguas murmuraban bastante, acusándole de vender los oficios y de proteger á los suyos con perjuicio de los españoles. El printer antor de un Rey. —20.
- A o. e. A IES A A E ic. ATA CA AS A A , ls. ESO Ze Muchos grandes soñores, por el contr - rio, apoyaban á los flamencos y se mosúmamente afectos al camarero mayor del rey. á Los primeros, abatidos al ver llegar 4 Castilia 4 Gárlo=, porque habian proyec-. tado elevár al tronoá su hermano, y su plan estaba destruido con la jiegada del jóven rey; los segundos, haciendo alarde de su influeocia, tenian trastornados los ánimos de las poblaciones españolas: y en medio de entrambos se levantaba una plebe vigorosa, ofendida por los de«sprecios que se habian hecho al cardenal Jimenez de. Cisneros, á que venerába, y muy capaz de inanifestar so desagrado de. un modo que podía alarmar á los fieles servidores del monarca y á los que fingiendo serlo querían medrar á su sombra. ¡ Estos eran los olemontos que Cárlos debia dominar, sus parciales, los enemigos de sus parciales y la plebo. Pero en vez do aco!llar los clamores de esta última, la exacerbó dando el arzobispado de Toledo, vacante porla muerte de Cisneros, á un sobrino de Chiovros,-to- davia puuy jóven pofa ¿spirár 4 fanta
—= 150 honra, al dean de Lovaina, que habia compartido con el primado de España los cuidados del gobierno de la nacion. Este nombramiento, el Ódio que inspi==' raban los flamencos, el espíritu de liber tad que la política d» los Reyes Católicos habia hecho cundir entro todas las clases, el deseo de poner cortapisa 4 los caprichos de un soberano dominado por sus más cercanos servidores que abrigaban algunos hombres ilustrados revestidos con: la procura de las provincias y con derecho para esponer sus sentimientos, todo esto contribuyó 4 suscitar una série de obstíenlos al reinado de Cárlos J, que solo la enargía de carácter del jóven monar» ca, el espírita monárquico español, y la.. astucia de sus ministros podian vencer consolidando la posesion del trono ibero en la essa de Austria. El ray llamó á las Córtes, y despues de recibir 4 muehos embajadores de. todos los reyes cristianos, y por ellos las felicitaciones de los soberanos de Kuropa, encontró grandes dificultades para que le reconocieran como rey los procuradores de Castilla; los que se fundaban en: que viviendo todavía lá reina doña Juana, no
— 156 — podian reconocer en su hijo la majestad - de que todavía se hallaba revestida la madre, y mucho méños si antes no juraba Cárlos respetar y eumplir los acuerdos de las Córtes de Búrgos reunidas por el rey . don Fernando en 1511. Además se trató de impedir que asistieran á la córte los estranjeros; y estas cuestiones, unas de forma, otras de fondo y de la más vital importancia, tenian en suspenso al rey y á sus consejeros, y amenazaban sembrar de dificultades, de invencibles obstáculos que debia recorrer Cárlos para echar los fundamentos de su reinado en la nacion que por herencia habia adquirido. , Entre todos los procuradores, el más activo, el más enérgico, el más resuelto 4 no tolerar la granjerta de los servidores del rey, era el de Búrgos, llamado el doctor Zumel. - Su oposicion tenaz escitó la cólera de los flamencos y de otros muchos señores de Castilla, que adúlaban al rey hasta el, punto de verso amenazado por unos y por otros; pero Zumel, impertérrito en. sus Eo bastaba á destruir su opúsición, á Cntou oter gu cl hiutnle lense
—-i= gua, que tan bien acusaba y contra la cual no habia réplicas que hacer. Las diversas gestiones que se hicieron para comprar su silencio, para ganar su afeczo, para alemorizarle, fueron inútilos. Su obstinacion podia ocasienar un calaclismo.. - ¿Qué hacer con ese hombre tenaz? preguntaba el consejo á cada instante. —Yo le venceré, dijo Chievres. - —¡Vos! repusierontodos, asombrados de la audacia del camarero mayor del rey. —Yo, sí; poseo un talisman precioso que Mo hará dueño de su voluntad. | —0s chanceais. -—No á 16. Dadme de plazo una semana; Trabajad cerca de los demas procuradores, y el roy hasta abora por el testamento de - Fernando, lo será tambien por el voto 8 sus vasallos. wpeñada su pelabra, buscó Chievros al doctor Zumel: no estaba seguro que él fue- Ta el autor de los dias de las dos hermanas; Pero ¿y si una feliz casualidad le proporcio- Daba la dicha depedir á un padre, en cam- 10 de sus hijos, un silencio, un apólogo rones se habia podido comprar? decidióá4 hablarlo, y hombro de pi8.
— 158 — dra se conmovió. Sus ojos asomaron lágrimas á la vez de amor y de arrepentimiento, —Sed leal conmigo, le dijo Chievres: esas jóvenes buérfanas son vuestras hijas, ¿no es verdad? | | de —Sí, dijo Zumel, son mis hijas; y vos que sabeis el paradero de ellas, me guiareis para que pueda estrecharlas entre mis brazos. rr ala ASI Esto es lo que deseaba el bábil cortesano. --Bien está, yo 0s prometo esa entrevista que deseais; pero os exijo en pago vuestra adhesion al monarca D. Cárlos. ¿Serois capaz de venderme tan cara una felicidad tan justa como la que os pido? Noves cara, Zuciet. Ved que tos bijos son pedazos de ovostras entrañas, y que la dicha que al llevarosá su presencia voy á dará vuestro corazon, merece bien el saerificio que os pido en cambio. —Nunca, naonea retrocederé. La senda porque sigo es lade la houradez: el bien de la patria me escita á continuar por ella; y si soy tan mezquino, tan miserable, que confundís al padro con el procurador, que negais alalma lo que os suplica, yo sabré qrrancaros vuestro sedrelo y probar de esp + Le modo qué si 03 téngo por enemigos á vos
-- 159 — y álos vuestros, vo me falta razon; porque + basta del sentiniento paternal querershacer un vil comercio, una infame granjería. Chievres estaba harto acostumbrado 4 — Vevse tratado de una manera tan despreciablo como la que empleaba Zumel para ha= blarle, y no mostró ofenderse, por mas que la cólera hubiese aguijoneado su corazon. Pero ante todo era nn hombre de Estado, y Zumel tenia una influencia poderosa en Castilla. Pagó con una sonrisa los insultes del procurador da Búrgos, y despidiéndoso de Gl: : —Pensadlo bien, señor doctor, le dijo, Porgue tengoen mis manos la vida de vues- = Vas hijos y vuestro bónor; yal finy al Cabo s10s cbstinajs en que midamos nuestras armas, las mediremos y me mata- Pe1S, pero vuestras hijas perecerán con- Migo y vuestra honra quedará manchada. Una semana os doy de tiempo para decidir, —Niun dia... ni un minuto, contestó el doctor. 6 ——Pensadlo... pensadlo bien, repitió Uillormo separáudose de Zumel. El procurador de Bútgos quedó Suwido