Recomendaciones para el establecimiento de un sistema de indicadores para la previsión, el seguimiento y la gestión de la sequía
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RECOMENDACIONES PARA EL ESTABLECIMIENTO DE UN SISTEMA DE INDICADORES PARA LA PREVISIÓN, EL SEGUIMIENTO Y LA GESTIÓN DE LA SEQUÍA María Fernanda Pita López Universidad de Sevilla
Recomendaciones para el Establecimiento de un Sistema de Indicadores para la Previsión, el Seguimiento y la Gestión de la Sequía en España 69 Resumen En el texto se proponen unos principios generales a seguir para el establecimiento de un sistema de indicadores de utilidad para el seguimiento de la sequía. Además, tales principios se acompañan de unas propuestas concretas para la formulación de los indicadores. Para ello se parte del propio concepto de sequía y del análisis de otros conceptos estrechamente asociados a él, tales como la escasez de agua o la aridez. Así mismo, se toman en consideración la realidad climática e hídrica de España y las exigencias que en este sentido establecen las principales normas y regulaciones relativas a estos temas, en particular, el Plan Hidrológico Nacional y la Directiva Marco del Agua, los cuales habrán de presidir las tareas encaminadas a la gestión del agua y, por ende, a la gestión de las sequías en los próximos años. Estas exigencias son muy determinantes en lo relativo a la necesidad de deslindar las sequías estrictamente naturales de aquellas otras que pudieran derivarse de la gestión antrópica de los recursos hídricos, y ello nos obliga en estos momentos a realizar un esfuerzo para delimitar bien ambos fenómenos a partir del sistema de indicadores utilizado. Esta exigencia ha presidido el conjunto de nuestro texto. Los principios, en un total de 10, constituyen una especie de decálogo que se puede seguir someramente a partir de los epígrafes que componen el texto. En un esfuerzo de síntesis estos principios se traducirían en la necesidad de establecer, no un único sistema de indicadores, sino cuatro: indicadores de sequía (natural), de escasez, de peligrosidad y de fragilidad respectivamente. Por su parte, los indicadores de sequía se deberían subdividir en indicadores de sequía pluviométrica, edáfica, hídrica y sequía de la vegetación para recoger todas las modalidades que puede revestir este fenómeno. Las propuestas concretas de indicadores para expresar las distintas manifestaciones de la sequía se sintetizan en la figura 2, situada al final del texto. 1. INTRODUCCIÓN El presente informe pretende recoger una serie de recomendaciones para el establecimiento de un sistema de indicadores que permita realizar el seguimiento de la sequía en España. Aunque en él se realizan algunas propuestas concretas de índices, su objetivo esencial no es ese, sino más bien el de aportar unos principios generales que sirvan de base para el desarrollo de esos u otros índices, pero desde unas nociones claras acerca del propio concepto de sequía y de otros conceptos próximos a él y con los que con frecuencia se confunde. Las recomendaciones se hacen, además, partiendo de la realidad climatológica e hidrológica españolas, de forma tal que están especialmente adaptadas a nuestro escenario, aunque son lo suficientemente generales como para poder ser aplicadas también en otros contextos. La elaboración de un documento de este tipo se justifica porque, a nuestro entender, y a pesar de la larga experiencia de sequías vividas en España, todavía persisten confusiones en su caracterización. Tales confusiones se derivan en parte de la propia complejidad del fenómeno de la sequía, uno de los riesgos más escurridizos para su aprehensión, en parte de la desconexión existente en muchas ocasiones entre climatólogos, hidrólogos, usuarios, políticos y otros tantos actores que intervienen en la gestión del agua, y en parte también de que con frecuencia se trasplantan hacia nuestro país indicadores elaborados en otros contextos climáticos y económicos, lo que produce un cierto desajuste que merma su utilidad en nuestro territorio. La confusión más frecuente concierne a la propia utilización del término de sequía para aludir a realidades que no le corresponden exactamente; en ese sentido, los denominados “indicadores de sequía” utilizados en la mayor parte de las cuencas españolas no son tales,
Recomendaciones para el Establecimiento de un Sistema de Indicadores para la Previsión, el Seguimiento y la Gestión de la Sequía en España 70 sino indicadores del estado de sus recursos hídricos o, si se prefiere, del grado de escasez de agua existente en ellas. La confusión es aún mayor cuando en la elaboración de los “indicadores de escasez” se introducen procedimientos derivados de la noción de sequía y en esos casos no estamos ya sólo ante una cuestión de confusión terminología, sino, además, de confusión metodológica, lo cual introduce mayores perturbaciones. Estas confusiones nunca son convenientes, pero en el marco de la aplicación de la Directiva Marco del Agua resultan absolutamente imposibles de mantener, dado el empeño que ésta pone en la delimitación precisa de las situaciones de sequías prolongadas, excepcionales y debidas “a causas naturales o de fuerza mayor”, las cuales serían las únicas susceptibles de rebajar las exigencias medioambientales que la Directiva plantea en la gestión del agua. Es nuestro objetivo con este informe colaborar a evitar todas estas disfunciones utilizando para ello el formato del decálogo, de forma que el documento podría titularse también “Decálogo para la elaboración de un buen sistema de indicadores de sequía para su aplicación en España”. El primero de los puntos del decálogo se dedicará a justificar la necesidad absoluta de un buen sistema de indicadores; los puntos segundo y tercero establecerán el conjunto de indicadores necesarios; en los puntos cuarto al noveno se precisarán los caracteres de cada uno de los indicadores y sus modos de interrelación, y en el punto décimo se abordará el tema de las actualizaciones necesarias para cada uno de ellos. 2. DE LA ABSOLUTA NECESIDAD DEL SISTEMA DE INDICADORES. Muchas razones abogan en favor del establecimiento de un sistema de indicadores capaz de realizar el seguimiento de la sequía en el territorio: • En primer lugar, la necesidad de anticiparse a la sequía y de preverla, dentro de la tendencia actual a considerarla como un riesgo más y no como una crisis pasajera a la que hubiera que hacer frente mediante mecanismos de resolución de emergencias. • Esta necesidad se ve además favorecida por dos caracteres de la sequía que hacen especialmente favorable y posible esta anticipación: su duración prolongada y su lenta velocidad de implantación, que determinan que el déficit hídrico se vaya excavando progresivamente, permitiendo en este lapso temporal todo tipo de medidas de ajuste capaces de minimizar los impactos negativos. • También apunta en la misma dirección la Directiva Marco del Agua cuando señala la necesidad de justificar el carácter extremo y estrictamente natural de una sequía para justificar cualquier descenso en los parámetros de calidad de las aguas o en el estado ecológico de los ríos. Tal justificación sólo puede realizarse a partir de un sistema de indicadores capaz de reflejar con claridad ambos caracteres. • Los indicadores son también esenciales como instrumentos de ayuda en el establecimiento de las primas a pagar por los seguros frente a la sequía y en la toma de decisiones respecto al pago de las correspondientes indemnizaciones cuando existen dudas acerca de la naturaleza del fenómeno. En la actualidad es la actividad agraria la que hace uso masivo de estos seguros, pero es previsible que se extiendan hacia actividades cada vez más diversas, como sucede también con otros tipos de riesgos. Todo ello aboga por la necesidad de un sistema de indicadores aplicable a todo el país y, en esa medida, lo más homogéneo posible, aunque respetando las peculiaridades de cada territorio. Además, debería ser lo suficientemente sofisticado como para recoger tanto los aspectos naturales del fenómeno como su dimensión humana y socio-económica. También debería ser –aunque parezca paradójicolo suficientemente sencillo como para poder ser
Recomendaciones para el Establecimiento de un Sistema de Indicadores para la Previsión, el Seguimiento y la Gestión de la Sequía en España 71 aplicado con comodidad por todo el territorio. Todas estas exigencias se van a traducir en la necesidad de diseñar, no un único indicador sino varios, tantos cuantos sean necesarios para captar la diversidad de mecanismos que intervienen en la génesis de la sequía y para garantizar una adecuada gestión de la misma. En las páginas que siguen ofrecemos algunos apuntes sobre los caracteres generales que debería tener este sistema de indicadores para satisfacer las expectativas puestas en él. 3. DE LA NECESIDAD DE DIFERENCIAR EL SISTEMA DE INDICADORES DE SEQUÍA Y EL SISTEMA DE INDICADORES DE ESCASEZ. El esclarecimiento de algunos conceptos relacionados con la sequía nos permitirá esclarecer a su vez las necesidades existentes en relación con los sistemas de indicadores necesarios para su seguimiento. La sequía se puede definir como un déficit hídrico inusual, una anomalía pluviométrica negativa lo suficientemente intensa y prolongada como para generar impactos adversos en la sociedad que la padece. Frente a este concepto, la aridez alude a condiciones permanentes y habituales de escasez de agua; es pues un rasgo caracterizador de ciertos climas, y no un fenómeno coyuntural y anómalo, como la sequía, la cual puede registrarse en cualquier tipo de clima, incluso en aquellos dotados de abundantes precipitaciones. También conviene precisar las diferencias existentes entre la sequía y la escasez de agua, pudiendo definirse esta última como la existencia de unos aportes inferiores a las demandas requeridas por la sociedad. Este desequilibrio entre aportes y demandas puede venir dado por la existencia de un periodo prolongado de sequía, que reduce coyunturalmente las aportaciones, pero puede deberse también –y así sucede con mucha frecuencia- a una gestión inadecuada de los recursos hídricos, consistente en el establecimiento de unas demandas de agua superiores a las que el clima está en condiciones de ofrecer incluso en sus periodos de total normalidad, de forma tal que se generan problemas de déficit hídrico sin la intervención de ninguna anomalía pluviométrica negativa importante. Sintetizando, pues, podríamos definir la aridez como la situación permanente de escasez de lluvias, la sequía como el déficit hídrico anómalo y coyuntural, y la escasez como la situación de desabastecimiento de agua, en ausencia de situación de sequía y en un contexto no por fuerza árido. De estas definiciones se deriva que los dos hechos definitorios esenciales de la sequía son su origen natural y su carácter extremo, siendo los impactos un corolario que la acompaña como posibilidad aunque no como rasgo esencial. Frente a ellos, la escasez presenta un origen predominantemente antrópico, un carácter no por fuerza coyuntural y, sobre todo, un protagonismo incuestionable de los impactos negativos. Estas diferencias, que están en la base de los propios conceptos de sequía y escasez de agua, imponen de manera automática la necesidad de establecer también dos sistemas de indicadores diferentes para hacer su seguimiento respectivo: un sistema de indicadores de sequía y otro de indicadores de escasez. Cada uno de ellos deberá posibilitar el seguimiento de su respectivo fenómeno en tiempo real o casi real, pero, además, la relación entre ambos constituirá un excelente instrumento para evaluar la calidad del sistema de gestión de los recursos hídricos. Lamentablemente se confunden con demasiada frecuencia ambos conceptos y es relativamente habitual utilizar la denominación de indicadores de sequía a valores que lo que realmente están expresando es la escasez de agua existente en un determinado sistema
Recomendaciones para el Establecimiento de un Sistema de Indicadores para la Previsión, el Seguimiento y la Gestión de la Sequía en España 72 de explotación. No estoy segura de que esta confusión esté totalmente desprovista de intencionalidad. Es evidente que el interés esencial de los organismos de cuenca o de los responsables de los sistemas de abastecimiento de agua es disponer de indicadores del balance entre recursos y demandas (de “indicadores de escasez”), al objeto de gestionar adecuadamente las situaciones más amenazantes. Es evidente también que, en condiciones de gestión adecuada del agua, tales situaciones sólo deberían producirse con ocasión de sequías excepcionales. De ahí a generalizar la expresión de indicadores de sequía para todas las situaciones sólo va un paso, y éste se da de manera inmediata, aunque no sea más que para evitar una expresión tan cargada de connotaciones negativas como la de “indicadores de escasez”. El Canal de Isabel II utiliza para remplazarla una expresión próxima al eufemismo, pero que puede ser muy afortunada y de gran utilidad, como es la expresión “sequía operativa”, ésta sí cargada de connotaciones positivas (la operatividad remite a nociones como eficacia, dinamismo, actividad…) y que, además, no miente ni traiciona la realidad de los hechos, dado que, a efectos de gestión y funcionamiento del sistema, es decir, a efectos operativos, es irrelevante que la causa de la escasez de agua sea natural o antrópica, lo importante es resolver el problema del déficit. Aunque desde la administración ésta puede ser una expresión cargada de futuro, a lo largo de este texto seguiremos utilizando el término escasez para aludir a estas situaciones deficitarias en agua y reservaremos el término de sequía para el fenómeno estrictamente natural. 4. DE LA NECESIDAD DE ESTABLECER TAMBIÉN INDICADORES DE PELIGROSIDAD Y VULNERABILIDAD FRENTE A LA SEQUÍA PARA LOS DIFERENTES TERRITORIOS. Además de los indicadores de sequía y escasez ya desarrollados, conviene establecer también indicadores de peligrosidad y vulnerabilidad frente a la sequía para caracterizar a los diferentes territorios. Tales indicadores se derivan de la concepción de la sequía como un riesgo natural más, y de la conveniencia de la gestión de la sequía en términos de gestión de riesgo más que en términos de manejo de crisis, tal como se manifiesta en la mayor parte de la documentación y la bibliografía existentes actualmente tanto en el escenario nacional como en el internacional (ver http://www.drought.unl.edu/). Esta concepción de la sequía como riesgo requiere de algunas aclaraciones previas. Se entiende por riesgo natural todo fenómeno extremo del medio físico que resulta perjudicial para el hombre y que está originado por fuerzas externas a él, siendo estas fuerzas incontrolables e imprevisibles, de manera que otorgan al desastre un carácter azaroso que lo convierte en amenaza para la sociedad (Es evidente que la sequía participa de todos estos rasgos). De la propia definición se deriva a la vez que en la génesis del riesgo natural intervienen dos componentes diferentes aunque igualmente imprescindibles: la componente extrema y azarosa del evento físico y la componente humana y socio-económica, constituida por los impactos generados. La ausencia de cualquiera de los dos componentes imposibilita el acaecimiento del riesgo; de hecho, el umbral separador entre el mero fenómeno extremo y el riesgo lo establecen los impactos, de forma tal que en un territorio en el que la ocupación humana fuera nula el fenómeno extremo constituiría solo eso, un mero fenómeno extremo, una manifestación más o menos espectacular de la naturaleza, pero no sería un riesgo. Esto es lo que ha motivado que en la literatura científica relativa a este tema tienda a establecerse una distinción entre la peligrosidad y el riesgo asociados a un territorio (Ayala Carcedo, F.J., 2002 y Olcina Cantos, J. y Ayala Carcedo, F.J., 2002). La primera aludiría al fenómeno estrictamente natural y se definiría como la probabilidad de ocurrencia
Recomendaciones para el Establecimiento de un Sistema de Indicadores para la Previsión, el Seguimiento y la Gestión de la Sequía en España 73 o periodo de retorno de un determinado peligro de cierta intensidad. El segundo sería el producto de la peligrosidad por las pérdidas potenciales generadas por el fenómeno, y se expresaría, en consecuencia, en unidades monetarias. A su vez, las pérdidas potenciales serían el resultado del producto entre la exposición y la vulnerabilidad, siendo la exposición el conjunto de personas, bienes, servicios y procesos expuestos a la acción de algún peligro y la vulnerabilidad el tanto por uno de la exposición que puede ser dañado por la acción de un peligro con una determinada severidad (ver figura 1). En consecuencia, la expresión del riesgo sería la siguiente: R = P · E · V Donde R es la pérdida anual esperada, que puede medirse en euros/año o víctimas/año etc.., P es la probabilidad de ocurrencia en tanto por uno, E es la exposición (personas, euros...) y V es la vulnerabilidad o tanto por uno de la exposición que se perdería. El conjunto de la exposición más la vulnerabilidad no ha recibido hasta ahora ninguna denominación, pero podría proponerse para él el término de fragilidad, que es el más parecido al de vulnerabilidad en el lenguaje coloquial.1 Recapitulando los conceptos abordados en este epígrafe y volviendo a las realidades territoriales, podemos afirmar que cabe imaginar la existencia de lugares dotados de una elevadísima peligrosidad por sequía pero con muy baja exposición, por ser terrenos muy poco ocupados, lo que generaría pocas pérdidas (la zona del Cabo de Gata en Almería podría ejemplificar este tipo de situaciones). También son imaginables zonas con alta peligrosidad y alta exposición, pero poca vulnerabilidad porque haya una excelente gestión de los recursos y ordenación del territorio y de las actividades económicas, de forma tal que, aunque haya déficit de lluvia prolongados y mucha ocupación del espacio el porcentaje de pérdidas sea muy reducido (cualquier sistema bien gestionado de las áreas urbanas interiores o mediterráneas de España podría situarse en este tipo). Podría haber también zonas con mucha exposición y vulnerabilidad, pero poca peligrosidad, porque haya poca frecuencia de secuencias secas intensas y prolongadas, lo cual también daría pocas pérdidas (las áreas urbanas de las cuencas del norte de España podrían constituir un ejemplo razonable), y otras tantas posibilidades que habría que analizar en cada caso para aplicar las medidas oportunas encaminadas a la reducción del riesgo, que sería el objetivo final. Ni que decir tiene que la peor de las situaciones sería aquella en la que los tres componentes fueran elevados, situación en la que se encuentra actualmente buena parte del litoral mediterráneo, con una elevada peligrosidad por sequía, una exposición creciente gracias al desarrollo de la agricultura intensiva, la urbanización y el turismo, y una vulnerabilidad también elevada dadas las exigencias hídricas que estos usos del suelo presentan. Un buen diagnóstico en ese sentido por sistemas de explotación, cuencas y subcuencas hidrográficas sería de gran utilidad en la gestión de las sequías, y todo ello partiendo de la base de que poco podemos hacer para controlar la peligrosidad, pero tenemos todo en nuestra mano para controlar la exposición y la vulnerabilidad. 1 El término de vulnerabilidad es uno de los muchos que en el lenguaje de los riesgos suscitan problemas en su utilización, dado que no siempre coincide su significado técnico con el que se le asigna en el lenguaje coloquial. Como acabamos de ver, en lenguaje técnico la vulnerabilidad alude al porcentaje de bienes expuestos que puede sufrir daños como consecuencia del desastre. En lenguaje coloquial, sin embargo, la vulnerabilidad podría ser asimilable a la fragilidad, a la facilidad mayor o menor de una sociedad para ser dañada por un evento. De hecho, las definiciones de frágil y vulnerable que ofrece el Diccionario de la Real Academia Española son muy similares entre sí.
Recomendaciones para el Establecimiento de un Sistema de Indicadores para la Previsión, el Seguimiento y la Gestión de la Sequía en España 74 De lo expuesto en los epígrafes anteriores se deriva la necesidad del establecimiento de cuatro sistemas de indicadores distintos y complementarios. En los epígrafes que siguen trataremos de precisar sus características respectivas. PELIGROSIDAD Severidad Probabilidad RIESGO Económico Social Ecológico EXPOSICIÓN Humana Económica Ecológica VULNERABILIDAD Humana Económica Ecológica FRAGILIDAD FIGURA 1: EL RIESGO COMO PRODUCTO DE LA PELIGROSIDAD, LA EXPOSICIÓN Y LA VULNERABILIDAD. FUENTE: MODIFICADO DE AYALA CARCEDO, F.J., 2002 5. DE LOS PRINCIPIOS GENERALES A SEGUIR EN LA ELABORACIÓN DE LOS INDICADORES DE SEQUÍA Los principios que se enuncian a continuación se inspiran en la propia noción de sequía que hemos explicitado en el epígrafe segundo del texto, esencialmente, en sus rasgos de fenómeno excepcional y natural, que son los realmente definitorios y por ende de consideración inexcusable en el sistema. 1) Deben ser indicadores diseñados para medir la dimensión natural de la sequía y, en consecuencia, deben estar elaborados sobre variables expresivas de fenómenos naturales y no contaminadas por el efecto de la acción antrópica. La precipitación es la más utilizada, pero también resulta adecuada la lluvia útil (resultante de restarle a la precipitación la evapotranspiración), la aportación o la escorrentía, éstos últimos cuando se pretende enfatizar el aspecto hidrológico de la sequía. En ningún caso parece conveniente la introducción de variables en las que se refleje la intervención humana, tales como los volúmenes embalsados. 2) Deben ser indicadores expresivos de la anomalía de la situación respecto a lo normal o habitual, con lo cual deben elaborarse mediante parámetros que reflejen anomalías. Las diferencias o cocientes de los valores de la variable seleccionada respecto a los parámetros de tendencia central de dicha variable suelen ser los procedimientos más habituales para cubrir este requisito. Conviene destacar en este sentido que en nuestros climas es siempre más recomendable usar como parámetro de tendencia central la mediana que la media, dado que ésta última está muy sesgada por los valores extremos y distorsiona los resultados relativos a anomalías. Esto es especialmente aplicable a nuestros ámbitos mediterráneos, en los
Recomendaciones para el Establecimiento de un Sistema de Indicadores para la Previsión, el Seguimiento y la Gestión de la Sequía en España 75 que la elevada variabilidad pluviométrica determina que las medias de las series estén muy distorsionadas al alza por el efecto de los valores excepcionalmente altos. Ello da lugar a una sobrevaloración de la lluvia “normal” y, en consecuencia, una exageración de las anomalías pluviométricas negativas. 3) Deben ser indicadores capaces de reflejar los caracteres más definitorios de la sequía. Entre estos caracteres destacamos la intensidad y la duración, lo cual aconseja la acumulación en el tiempo de las anomalías pluviométricas, de forma que ambos caracteres se vayan reflejando simultáneamente. 4) Deben adaptarse, en la medida de lo posible y sin perder su carácter natural, a los diferentes impactos que pueden generar y, consecuentemente, a los diferentes tipos de sequías que suelen distinguirse. La sequía pluviométrica es la primera de todas ellas y la que da origen a las demás; eso le otorga un carácter anticipatorio que la convierte en esencial. La sequía edáfica le sucede y da origen a todos los impactos concernientes a la vegetación y a la agricultura de secano. Las variables relacionadas con el balance de agua del suelo (precipitación, evapotranspiración potencial y real, déficit de agua en el suelo…) son las más adecuadas para su análisis. Por último, la sequía hidrológica sería de aplicación a todos los sectores que se alimentan con aguas reguladas, y en ella se utilizarían variables naturales tales como las aportaciones o la escorrentía. Otras variables más influenciadas por las intervenciones antrópicas, tales como los caudales de los ríos, los niveles de los acuíferos o los volúmenes de agua embalsada son más útiles en la definición de la escasez, de la “sequía operativa”, que en la de la sequía propiamente dicha, que debería ser estrictamente natural. 5) Aunque con menor importancia que los requisitos anteriores, también los indicadores deberían utilizar unidades standard al objeto de que fueran comparables entre diferentes lugares y épocas, ser poco exigentes en requerimientos de información, de manera que pudieran aplicarse por todo el territorio, y ser cómodos y fáciles de manejo. 6) Tratando de recoger todos los posibles tipos de sequías antes mencionados, y los principios propugnados para su análisis, realizamos la propuesta de indicadores que se recoge en la tabla 1. Naturalmente, no constituyen un inventario exhaustivo de los indicadores existentes (ver más propuestas en Marcos Valiente, 2001 y Tate, E.L. y Gustard, A., 2000), pero todos ellos reflejan muy adecuadamente el nivel de sequía correspondiente y resultan muy sencillos de aplicación, por lo que podrían alimentar regularmente el Observatorio Nacional de la Sequía.
Recomendaciones para el Establecimiento de un Sistema de Indicadores para la Previsión, el Seguimiento y la Gestión de la Sequía en España 76 Tipo de indicador de sequía Indicador propuesto Beneficios del indicador Pluviométrica Índice Estandarizado de Sequía Pluviométrica (IESP) o, en su defecto, el Standardised Precipitation Index para 12 meses (SPI12) (1) -Indicador de fenómeno natural -Expresivo de intensidad y duración de la sequía -Asociado a probabilidad de recuperación en un tiempo dado -Susceptible de integrar umbrales de severidad de sequía Índice de Evapotranspiración (ETR/ETP) (2) -Expresivo del déficit de humedad del suelo y bien correlacionado con agricultura y vegetación -Fácil de realizar con la información disponible en una primera aproximación Edáfica Índice de Evapotranspiración relativo al valor normal Indice/Indice normal del periodo (2) -Expresivo de la anomalía registrada en la humedad del suelo respecto a los valores normales del periodo Normalised Diferenced Vegetation Index (NDVI) (3) -Expresivo del stress de la vegetación, que depende estrechamente de la humedad del suelo -Realizado y disponible para todo el territorio nacional. Sequía en la Vegetación NDVI relativo a los valores normales para la época -Expresivo de la anomalía del índice respecto a la situación normal para la época de que se trate. Hidrológica Aplicación del IESP o, en su defecto, del SPI12 a las aportaciones -Valor similar a los indicadores respectivos de sequía pluviométrica, pero más próximos a la gestión del agua. TABLA 1: INDICADORES DE SEQUÍA PROPUESTOS. FUENTE: ELABORACIÓN PROPIA. Notas. 1. Para el primero de los índices ver Pita López, M.F., 2001 a; para el segundo, ver Mc Kee et al, 1995; la comparación entre ambos se puede ver en Pita López, M.F., 2001 b 2. Ver Pita López, M.F., 1995 3. Ver Vicente Serrano, S., 2006 6. DE LOS PRINCIPIOS GENERALES A SEGUIR EN LA ELABORACIÓN DE LOS INDICADORES DE ESCASEZ En este caso los principios se inspiran en la noción de escasez de agua, más ligada a la intervención humana y a la gestión de los recursos hídricos, aunque en la mayoría de las ocasiones tenga su origen en una sequía de determinada intensidad. • Deben ser indicadores diseñados para medir la dimensión antrópica de la sequía y, más específicamente, las dificultades existentes para satisfacer las demandas de agua. En consecuencia, se realizarán a partir de variables antrópicas, siendo las idóneas las expresivas del balance existente en un momento dado entre recursos hídricos disponibles y demandas de agua. • Deben utilizar parámetros volcados hacia el futuro y no hacia el pasado. Dado que el objetivo es gestionar adecuadamente los recursos hídricos existentes para evitar el desabastecimiento, lo importante ahora no es saber hasta qué punto la situación es más o menos anómala respecto al comportamiento de la serie temporal en el pasado; lo importante es cuantificar la magnitud del desequilibrio entre los
Recomendaciones para el Establecimiento de un Sistema de Indicadores para la Previsión, el Seguimiento y la Gestión de la Sequía en España 83 INDICADORES SEGUIMIENTO REVISIÓN Indicadores de sequía Seguimiento continuo en tiempo real (escala mensual) Revisión periódica, aunque no frecuente, de los valores normales sobre los cuales se construyen los indicadores. Indicadores de escasez Seguimiento continuo en tiempo real (escala mensual o semanal) Revisión periódica y frecuente de los procesos ligados a la captación de recursos y la generación de demandas de agua Indicadores de peligrosidad Valores fijos y estáticos caracterizadores de las cuencas y sistemas de abastecimiento Igual que los indicadores de sequía, de los que se derivan. Indicadores de fragilidad Seguimiento continuo (escala anual o bienal) Revisión anual o bienal de los fenómenos implicados en la fragilidad (exposición, vulnerabilidad, presión sobre los recursos hídricos etc.) TABLA 3. PAUTAS DE COMPORTAMIENTO TEMPORAL DE LOS DIFERENTES INDICADORES. 12. CONCLUSIONES La conclusión esencial que se puede extraer de todo lo anterior es que no basta con la elaboración de un único indicador para caracterizar el estado de la sequía en un determinado territorio; es más, el intento de reflejar las múltiples facetas implicadas en la sequía en un único indicador sólo puede conducir a errores y confusiones o a simplificaciones excesivas. Cada porción del territorio con significación hídrica o hidrológica (cuencas, subcuencas, sistemas de explotación) debería disponer, al menos, de cuatro tipos de indicadores diferentes y con utilidades también distintas y complementarias: 1) Indicadores de sequía, que habrían de seguirse en tiempo real (a escala mensual sería suficiente) y que avisarían tempranamente de la posible aparición del riesgo, orientarían a los gestores en la organización del plan de actuación a seguir, tanto en la prevención del propio riesgo como en la gestión de la emergencia, y que valorarían el grado de extremosidad del fenómeno en términos naturales, lo cual será de fundamental importancia para el cumplimiento de los imperativos ambientales de la Directiva Marco del Agua, y para el establecimiento de las primas y pagos de las compañías aseguradoras. 2) Indicadores de escasez de agua o de “sequía operativa” (con presencia o ausencia de sequía natural), que permitirían tomar las medidas oportunas para garantizar los suministros indispensables de agua, y que serían el instrumento esencial para la prevención y gestión de los recursos hídricos, especialmente en situaciones de emergencia. 3) Indicadores de peligrosidad, que serían más o menos fijos o estables y que servirían para calificar a cada territorio en función de la probabilidad de ocurrencia de sequías en él existente. A mayor peligrosidad de un territorio, mayores precauciones habría que tomar en la gestión del agua y en la prevención de las sequías. 4) Indicadores de vulnerabilidad o fragilidad, que serían variables en el tiempo al
Recomendaciones para el Establecimiento de un Sistema de Indicadores para la Previsión, el Seguimiento y la Gestión de la Sequía en España 84 ritmo marcado por los propios ritmos socioeconómicos y de los patrones de gestión de los recursos hídricos. Debería seguirse atentamente su evolución en cada territorio para ir corrigiendo los aumentos de vulnerabilidad al ritmo en que se fueran produciendo y, siempre, sin rebasar determinados umbrales, que denotarían claros síntomas de insostenibilidad. El sistema de seguimiento en su conjunto aparece reflejado en la figura 2. FIGURA 2. ESQUEMA DE LOS SISTEMAS DE INDICADORES DE SEGUIMIENTO DE LA SEQUÍA APLICABLES A LOS DISTINTOS TERRITORIOS CON RELEVANCIA HIDROLÓGICA. SISTEMA DE INDICADORES INDICADORES DE SEQUÍA INDICADORES DE ESCASEZ INDICADORES DE PELIGROSIDAD INDICADORES DE FRAGILIDAD Sequía Pluviométrica (IESP sobre precipitaciones) Sequía Hidrológica (IESP sobre aportaciones) Sequía Edáfica -(ETR/ETP) -(ETR/ETP relativo a la normalidad) Sequía en la vegetación -NDVI -NDVI relativo a la normalidad Ver Canal de Isabel II Frecuencia de meses con IESP<-1 Producto de la exposición por la vulnerabilidad Umbral de sequía Ratio Ind. Sequía/Ind. Escasez Presión sobre los recursos hídricos Demandas/recursos disponibles
Recomendaciones para el Establecimiento de un Sistema de Indicadores para la Previsión, el Seguimiento y la Gestión de la Sequía en España 85 13.REFERENCIAS BIBLIOGRAFICAS Ayala Carcedo, F.J., 2002 “Introducción al análisis y gestión de riesgos”, en Ayala Carcedo, F.J. y Olcina Cantos, J.: Riesgos naturales. Barcelona, Ariel Ciencia, pp. 133-146 Ayala Carcedo, F.J. y Olcina Cantos, J., 2002 Riesgos naturales. Barcelona, Ariel Ciencia, Gil Olcina, A. y Morales Gil, A., 2002, Causas y consecuencias de las sequías en España. Alicante, Instituto Universitario de Geografía de la Universidad de Alicante y Caja de Ahorros del Mediterráneo Mac Kee et al., 1995 “Drought Monitoring with multiple time scales”. Proceedings of the 9th Conference on Applied Climatology, Dallas, TX, 233-236 Marcos Valiente, O., 2001 “Sequía. Definiciones, tipologías y métodos de cuantificación”. Investigaciones Geográficas, nº 26, pp. 59-80 Olcina Cantos, J. Y Ayala Carcedo, F.J., 2002 Riesgos naturales. Conceptos fundamentales y clasificación. Ayala Carcedo, F.J. y Olcina Cantos, J., Riesgos naturales, Barcelona, Ariel Ciencia, pp. 41-74 Pita López, M. F., 1989 Riesgos hídricos en Andalucía: Sequías e inundaciones. Sevilla, Dirección General de Protección Civil, Junta de Andalucía. Pita López, M.F., 1995 Las sequías: Análisis y tratamiento. Consejería de Medio Ambiente de la Junta de Andalucía, Sevilla. Pita López, M.F., 2001 a “Sequías en la cuenca del Guadalquivir”, en Gil Olcina, A. y Morales Gil, A. “Causas y consecuencias de las sequías en España” Alicante, Instituto Universitario de Geografía de la Universidad de Alicante y Caja de Ahorros del Mediterráneo, pp. 303-343 Pita López, M.F., 2001 b “Un nouvel indice de sécheresse pour les domaines méditerranéens. Application au bassin du Gaudalquivir (sudouest de l’Espagne)”. Publications de l’Association Internationale de Climatologie, vol. 13, Nice, pp. 23-35
Recomendaciones para el Establecimiento de un Sistema de Indicadores para la Previsión, el Seguimiento y la Gestión de la Sequía en España 86 Tate, E.L. y Gustard, A., 2000 “Drought definition: a hydrological perspective”, en Vogt, J.V. y Somma, F. (Ed) Drought and Drought Mitigation in Europe, Kluwer Academic Press, pp. 23-48 Vicente Serrano, S., 2006 Evaluación de las consecuencias ambientales de las sequías en el sector central del valle del Ebro mediante imágenes de satélite. Posibles estrategias de mitigación. Zaragoza, Consejo Económico y Social de Aragón. Vogt, J.V. y Somma, F. (Ed), 2000 Drought and Drought Mitigation in Europe Kluwer Academic Press http://www.drought.unl.edu/ Web del National Drought Mitigation Center (NDMC). Universidad de NebrasKa-Lincoln