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Los verbos de la participación social y sus conjugaciones: contradicciones de un patrimonio democratizador

Quintero Morón, Victoria; Sánchez Carretero, Cristina

Abstract

El objetivo de este artículo1 es reflexionar sobre algunas de las propuestas y paradojas de las innovaciones que introduce la Convención para la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial de 2003 y su relación con la participación social. Para ello se introduce el debate que en los últimos años se ha producido en antropología, museología y disciplinas afines centrándonos en dos aspectos: las paradojas que implica el uso de la expresión “comunidades, grupos y en algunos casos individuos” en la Convención de 2003 y en las implicaciones del giro participativo para la gestión patrimonial y su pretendido efecto democratizador. Se presta especial atención a la distancia entre los diferentes infinitivos vinculados a la participación (los “verbos” de la participación) y la forma en la que se ponen en acción (las “conjugaciones”).

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REVISTA ANDALUZA DE ANTROPOLOGÍA. NÚMERO 12: PATRIMONIO IN MATERIAL: REDUCCIONISMOS, CONFLICTOS E INSTRUMENTALIZACIONES. INTANGIBLE CULTURAL HERITAGE: REDUCTIONISMS, CONFLICTS AND INSTUMENTALIZATIONS. MARZO DE 2017 ISSN 2174-6796 [pp. 48-69] http://dx.doi.org/10.12795/RAA.2017.12.03 Recibido: 03/11/2016 Aceptado: 23/01/2017 LOS VERBOS DE LA PARTICIPACIÓN SOCIAL Y SUS CONJUGACIONES: CONTRADICCIONES DE UN PATRIMONIO “DEMOCRATIZADOR”1 THE VERBS OF SOCIAL PARTICIPATION AND ITS CONJUGATIONS: CONTRADICTIONS OF A “DEMOCRATIZING” HERITAGE Victoria Quintero Morón Universidad Pablo de Olavide Cristina Sánchez Carretero Instituto de Ciencias del Patrimonio (Incipit), CSIC Resumen. El objetivo de este artículo1 es reflexionar sobre algunas de las propuestas y paradojas de las innovaciones que introduce la Convención para la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial de 2003 y su relación con la participación social. Para ello se introduce el debate que en los últimos años se ha producido en antropología, museología y disciplinas afines centrándonos en dos aspectos: las paradojas que implica el uso de la expresión “comunidades, grupos y en algunos casos individuos” en la Convención de 2003 y en las implicaciones del giro participativo para la gestión patrimonial y su pretendido efecto democratizador. Se presta especial atención a la distancia entre los diferentes infinitivos vinculados a la participación (los “verbos” de la participación) y la forma en la que se ponen en acción (las “conjugaciones”). 1 Este artículo se enmarca dentro del proyecto de I+D del Plan Nacional, ParticiPat, “Patrimonio y participación social: propuesta metodológica y revisión crítica” (HAR2014-54869-R) y del proyecto NEARCH financiado por el programa CULTURA de la Comisión Europea. 48 Palabras claves. Patrimonio inmaterial; Participación social; Régimen patrimonial; Convención de 2003 Abstract. The goal of this article is to analyze some of the proposals and paradoxes of the 2003 Intangible Heritage Convention in relation to social participation. To do so, we introduce the debates that have taken place over the last decades in anthropology, museology and nearby disciplines. The article has a twofold focus: the paradoxes embedded in the expression “communities, groups and, if applicable, individuals” of the 2003 Convention;and the outcomes of the participatory turn in heritage management and its alleged democratizing effect. Special attention is dedicated to the different infinitives linked to participation (the “verbs” of participation) and the different ways in which participation is enacted (the “conjugations”). Key Words. Intangible heritage; Participation; Heritage Regime; 2003 ICH Convention 1. INTRODUCCIÓN Recientemente, en un coloquio en torno a los Patios de Córdoba y el Patrimonio Inmaterial2, una de las participantes se preguntaba si estábamos pensando en los deseos y aspiraciones reales de las personas que habitaban los patios; cuestionaba quiénes querrían seguir viviendo en casas muy envejecidas, con mucha humedad, sin aire acondicionado, muy costosas de mantener tanto en recursos económicos como en trabajo… Si no era lógico pensar –seguía argumentandoque los jóvenes se quisieran marchar y no diesen continuidad a los “saberes” y modos de vida de sus mayores, puesto que no tenía sentido paralizar el tiempo y puesto que las cosas han cambiado para mejor en cuanto a la habitabilidad en las viviendas actuales. En sencillas y sabias palabras, esta vecina planteaba hasta qué punto no se estaban idealizando las tradiciones; si no se estaba construyendo un escenario para que otros pudieran ver una realidad que ya no tenía razón de ser y de qué modo se estaban teniendo en cuenta las vivencias cotidianas y los problemas reales de ser un habitante de unos espacios considerados parte del “Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad” según la Convención para la Salvaguarda del Patrimonio Cultural Inmaterial de 2003 de la UNESCO3 (en adelante Convención de 2003). 2. Programa de “Diálogos con la Cultura” organizado por la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Córdoba, coordinado por el profesor José María Manjavacas. La sesión se titulaba “Patios y Gentes. Patrimonio Inmaterial y Compromiso Ciudadano” y se celebró el 14 de octubre de 2016. 49 En pocas palabras esta vecina centró la problemática de forma práctica en el habitar, en los cuidados, en los deseos y expectativas de la gente que habita esos espacios, así como la sostenibilidad del modo de vida que hace posible seguir manteniéndolos y los problemas de la gentrificación. Esta intervención tan directa y conectada con la realidad del día a día de los llamados “portadores” o “depositarios” del patrimonio, nos sirve de marco para reflexionar sobre algunas de las propuestas y contradicciones de las innovaciones que introduce la Convención de 2003 y su relación con la participación social. Dentro de la antropología del patrimonio se llevan décadas insistiendo en la necesidad de entender el patrimonio de forma holística y los problemas que trae consigo la compartimentalización en categorías dicotómicas que reproducen un sistema de pensamiento basado en la propiedad de exclusión: patrimonio material/inmaterial; patrimonio cultural / natural; o patrimonio de élites o artístico frente a patrimonio popular o folklore. También existen otras dicotomías no estandarizadas en etiquetas pero no por ello menos reproducidas -ya que se han naturalizado en la gestión patrimonialcomo el patrimonio para las poblaciones locales/patrimonio para los turistas; valor de uso/valor de cambio; o patrimonio del norte/del sur. Si bien la superación de estas dicotomías se ha dado en un plano analítico, el llamado “régimen patrimonial” (Hafstein, 2012; Bendix, Eggert y Peselmann, 2012) las reproduce en sus diferentes niveles. En este artículo queremos señalar la reproducción de dicotomías vinculadas a la categoría “patrimonio inmaterial” y las contradicciones que esto implica; centrándonos especialmente en las contradicciones que la implementación de la participación está generando. Para ello, nos parece importante pensar el patrimonio como régimen, vinculándolo a la idea de “regímenes de verdad” de Foucault, como sistema de procedimientos ordenados para la producción, regulación, circulación y funcionamiento de afirmaciones que no se cuestionan (Foucault 1977). La idea de “régimen patrimonial” ha sido usada por Hafstein (2012) y Bendix, Eggert y Peselmann (2012) en el mismo sentido en el que Alonso González usa el término “máquina patrimonial” (2013) o Jeudy la expresión “la machinerie patrimoniale” (2001). La perspectiva de entender el engranaje sobre el que se articulan las estructuras patrimoniales y el “discurso patrimonial autorizado” (Smith 2006) se ha vinculado en el mundo anglófono -y francófono canadiense- a los llamados “estudios críticos de patrimonio”, que se han desarrollado de la mano de la Asociación de Estudios Críticos de Patrimonio. Como indican en el manifiesto inaugural de esta asociación, uno de sus objetivos es “invitar a que participen activamente la gente y las comunidades que hasta el 3. La Fiesta de los Patios de Córdoba forma parte del listado de UNESCO desde 2012. Un resumen de los valores y la documentación sobre esta declaración puede consultarse en la página web de UNESCO http://www.unesco.org/culture/ich/es/RL/la-fiesta-de-los-patios-de-cordoba-00846 50 momento han sido marginalizadas de la creación y gestión del patrimonio”4. Un objetivo común con el imperativo de la participación que analizaremos aquí. 2. UN PATRIMONIO “DEMOCRATIZADOR”: DESAFÍOS Y PARADOJAS DEL PATRIMONIO INMATERIAL Si retomamos el coloquio mencionado al principio del texto sobre los habitantes de los Patios de Córdoba, en las palabras de esta señora se alude por una parte, a la idea de la dinámica cultural -o como se afirma por parte de la UNESCO, al principio de que el Patrimonio Cultural Inmaterial (PCI) es un patrimonio vivo- y por otra parte, al protagonismo que se otorga a las “comunidades, grupos y en algunos casos individuos” en el“nuevo paradigma participativo” del patrimonio (Adell et al., 2015). En los siguientes párrafos vamos a tratar sintéticamente estas nociones en el marco de la Convención, en cómo influye y se desborda en distintas escalas de los regímenes patrimoniales y en las paradojas y desafíos a los que nos enfrenta. A pesar de las apariencias, la patrimonialización de ciertas prácticas culturales –eso que hoy damos en llamar patrimonio inmaterial– no puede considerarse una acción muy novedosa, puesto que existen precedentes directos tanto en acciones museísticas –museos al aire libre, ecomuseos, museos de comunidad, vecinales…– (Quintero, 2005; Santamarina, 2013), como en el tratamiento del folklore (Hymes, 2000 [1975])5, del llamado folklore público (Baron y Spitzer, [1992] 2007] y también en las legislaciones patrimoniales estatales en referencia a las actividades, saberes y prácticas consideradas parte del “patrimonio etnológico”(Rioja, 1996; Agudo, 1999; Pérez Galán, 2011). La noción fue transformándose: durante los treinta años que preceden a la publicación de la Convención de 2003 hubo trabajo de expertos y un debate internacional sobre el tratamiento de este tipo de patrimonio (Kurin, 2004)6y una evolución del concepto – por ejemplo de la Convención de 1989 a la de 2003–. Pero, en paralelo a ese proceso en UNESCO, en los entornos de los distintos Estados-Nación la expansión del patrimonio etnológico –o etnográfico– era una pauta en la que cada vez más se patrimonializaban también prácticas culturales. De hecho, ese crecimiento del patrimonio etnológico en las últimas décadas del siglo XX visibilizaba un conjunto de transformaciones de carácter 4. La asociación se formó a raíz de un manifiesto leído en 2012 en el primer congreso de la asociación en Goteborg, Suecia. Véase la web de la asociación http://www.criticalheritagestudies.org/ 5. Dell Hymes, ya en 1975 introdujo el concepto de “procesos de tradicionalización” para superar la visión inmovilista de los estudios sobre el folklore (Hymes, 2000). 6. Como explica Koïchiro Matsuura, que fue director general de la UNESCO entre 1999 y 2009, se trabajó para introducir la categoría de PCI con un fin compensatorio norte-sur, para corregir el desequilibrio entre los lugares declarados patrimonio de la humanidad en ambos hemisferios (Matsuura, 2004:4). 51 económico y político que hunden sus raíces en la expansión neoliberal y del proceso de globalización7. En definitiva, la noción de PCI no es novedosa, véanse por ejemplo, las similitudes de la definición de PCI de la Convención de 2003 de la UNESCO con la definición de folklore de 1846 de William Thoms (Sánchez-Carretero, 2005: 149); aunque sí que lo son las formas en que se define como patrimonio (Kirshenblatt-Gimblett, 2004; Arizpe, 2004; Quintero, 2005; Pérez Galán, 2008; Bortolotto, 2011; Villaseñor y Zolla, 2012; Santamarina, 2013) y una serie de nuevas relaciones y protagonismos entre los actantes de la patrimonialización (Tauschek, 2015; Adell et al., 2015)8. La presentación de prácticas, expresiones, saberes, rituales y performances en este “nuevo envoltorio” del PCI (Santamarina, 2013) ha tenido bastante éxito9 y sigue la estela de la expansión patrimonial de las últimas décadas (Ariño, 2002)10. Esta capacidad de difusión y la aceptación con que se ha acogido el PCI se relaciona con un giro en el discurso de la UNESCO que va del exotismo del pasado a una pretensión de ensalzar 7. Desde el punto de vista político, el auge de estos patrimonios visibilizaba diversos procesos de etnización y reconstrucción nacional, tanto para la construcción de nacionalismos periféricos y regionalismos (Albert, 2003), como en el apuntalamiento de identidades nacionales poscoloniales uniendo tradiciones y colectivos étnicos diferenciados bajo la idea de un mismo Estado-Nación (Collomb, 1999; Segalen, 2003). Desde el punto de vista más ligado a los procesos económicos globales, la expansión de “nuevos patrimonios” -como el denominado etnológicoestá claramente conectado con el desarrollo y las nuevas necesidades de la industria turística (Alsayyad, 1999; Santana, 2002; Prats, 2003) y con la reestructuración de ciertas áreas –consideradas periféricas respecto a otros procesos productivosque se pretenden reorientar hacia los servicios y el turismo (Aguilar y Amaya, 2007; Pazos Cárdenas, 2016). 8. Tauschek (2015) propone aplicar la teoría del actor-red considerando que las distintas formas de patrimonialización deben ser analizadas a través de las relaciones e interacciones del conjunto de actantes humanos (depositarios heterogéneos, empresarios, expertos, políticos, turistas, etc.) y nohumanos (normas, procedimientos, referencias…). Afirma que los actores no-humanos, como las infraestructuras burocráticas, los protocolos, guidelines y los textos legales “son muy importantes en la emergencia y distribución global de los regímenes patrimoniales porque garantizan la interpretación común de conceptos, definiciones y parámetros legales y definen estrictamente los procesos” (2015: 300, la traducción es nuestra). 9. Un éxito que se refleja en los 170 países que han firmado la Convención de 2003 hasta ahora (datos de UNESCO a fecha 10/6/2016), pero, lo que nos parece aún más importante, por cómo este modelo del PCI está afectando a los regímenes patrimoniales estatales (Bendix et al. 2012); y cómo está remodelando las relaciones entre expertos y ciudadanos (Adell et al. 2015) –aunque esto último todavía tiene más efecto en las legislaciones y los protocolos que en las prácticas de gestión-, Bruman llega a afirmar que la Convención del Patrimonio Mundial es en la actualidad “la arena global con más influencia en la conservación” (2015:274, la traducción es nuestra). 10. Un éxito que se refleja en los 170 países que han firmado la Convención de 2003 hasta ahora (datos de UNESCO a fecha 10/6/2016), pero, lo que nos parece aún más importante, por cómo este modelo del PCI está afectando a los regímenes patrimoniales estatales (Bendix et al. 2012); y cómo está remodelando las relaciones entre expertos y ciudadanos (Adell et al. 2015) –aunque esto último todavía tiene más efecto en las legislaciones y los protocolos que en las prácticas de gestión-, Bruman llega a afirmar que la Convención del Patrimonio Mundial es en la actualidad “la arena global con más influencia en la conservación” (2015:274, la traducción es nuestra). 52 y acoger la diversidad cultural, dando cabida a producciones y saberes de pueblos y grupos claramente infrarrepresentados en las listas declaratorias del patrimonio mundial (Kirshenblatt-Gimblett, 2004; Matsuura, 2004; Santamarina, 2013). Tampoco se puede obviar que la “fama” obtenida por estas fórmulas de patrimonialización se relaciona con las siempre crecientes demandas de la industria turística en busca de nuevos mercados y productos. Son diversos los autores que señalan, críticamente, el éxito en mercadotecnia que supone ser parte de las Listas de Patrimonio de la Humanidad y las implicaciones que ello tiene en las definiciones de los bienes –materiales e inmateriales-, así como las transformaciones que supone en las sociedades receptoras (Villaseñor y Zolla, 2012). Sin embargo, parte del éxito y expansión de la Convención de 2003 se debe a su propuesta democratizadora que, además de visibilizar a nuevos colectivos, da expresamente el protagonismo de la patrimonialización a las “comunidades, grupos y en algunos casos individuos” pues son sólo ellos los capacitados para “reconocer como parte integrante de su identidad cultural” a “los usos, representaciones, expresiones, conocimientos y técnicas” que constituyen el PCI, tal como se afirma en el art. 2 de la Convención11. Es decir, son las “comunidades, grupos y en algunos casos individuos” los que deben identificar, definir y diseñar, entre otros, los inventarios, programas y nominaciones. Esta relevancia de las comunidades y grupos supone un giro radical, en teoría, respecto a las lógicas y prácticas de las Convenciones anteriores de la propia UNESCO que depositaba en los técnicos, expertos y académicos la asignación de un valor supuestamente objetivo y universal a los bienes culturales. En las visiones hegemónicas del patrimonio hasta la aparición de la Convención de 2003, la legitimidad para la selección y la atribución de valores a los objetos patrimoniales –incluso a las prácticas y conocimientos tradicionales o popularesprovenía exclusivamente de los expertos. Depositar la legitimidad de la patrimonialización en las comunidades y grupos locales supone una transformación profunda: es lo que ciertos autores denominan como el nuevo “paradigma participativo del patrimonio” (Adell et al., 2015; Sánchez-Carretero y Jiménez-Esquinas, 2016; Cortés Vázquez, Jiménez-Esquinas y Sánchez-Carretero, 2017) inscrito en los actuales modelos de gobernanza neoliberal. Este cambio, al mismo tiempo, es un proceso que continúa la lógica de los últimos 50 años en la transformación del concepto de patrimonio; donde 11. Artículo 2: “Definiciones. A los efectos de la presente Convención, 1. Se entiende por “patrimonio cultural inmaterial” los usos, representaciones, expresiones, conocimientos y técnicas -junto con los instrumentos, objetos, artefactos y espacios culturales que les son inherentesque las comunidades, los grupos y en algunos casos los individuos reconozcan como parte integrante de su patrimonio cultural. Este patrimonio cultural inmaterial, que se transmite de generación en generación, es recreado constantemente por las comunidades y grupos en función de su entorno, su interacción con la naturaleza y su historia, infundiéndoles un sentimiento de identidad y continuidad y contribuyendo así a promover el respeto de la diversidad cultural y la creatividad humana. A los efectos de la presente Convención, se tendrá en cuenta únicamente el patrimonio cultural inmaterial que sea compatible con los instrumentos internacionales de derechos humanos existentes y con los imperativos de respeto mutuo entre comunidades, grupos e individuos y de desarrollo sostenible.” Convención para la Salv 53 se produce un giro del Arte y la Historia a la Cultura, de la universalidad a la identidad y de las obras maestras a la representatividad (Agudo, 1999; Hafstein, 2009; Querol, 2010). La integración de las comunidades y grupos locales en la selección del patrimonio, en la definición de qué valores contiene y representa, en la decisión de cómo transmitirlo, transformarlo y usarlo supone, sin duda, una transformación de las jerarquías habituales de la patrimonialización y también dotar de voz y de visibilización en la “vitrina del patrimonio” a colectivos minorizados, subalternos, poco visibles… Supone también cuestionar la supremacía de las creaciones occidentales basadas en la materialidad, en la obra de grandes arquitectos o artistas, creadas para el consumo prioritario de las élites, para el mantenimiento de su poder, para la reproducción de su distinción (Bourdieu, 1987). Este protagonismo de comunidades y grupos autóctonos es además necesario para mantener y transmitir un patrimonio que se define como “vivo”, dinámico, sujeto a hibridaciones y cambios… y que reposa en los quehaceres, prácticas, sentires y expresiones de sus usuarios: ¿cómo celebrar Carnaval de Cádiz sin sus protagonistas, sus chirigotas, sin los gaditanos?, ¿cómo mantener los saberes en torno a la cal sin los caleros? ¿cómo dar continuidad a una cocina sin los paisajes, los procedimientos, los pequeños trucos, los conocimientos y las formas de compartir de cocineras y comensales? 3. EN TORNO AL GRUPO “DEPOSITARIO” Y AL CONCEPTO DE “COMUNIDAD, GRUPOS Y EN ALGUNOS CASOS INDIVIDUOS” Sin embargo, uno de los principales problemas del giro participativo en el que el protagonismo pasa a los colectivos en este “hacer el patrimonio” se sitúa en cómo se definen esos colectivos. Por ejemplo, ¿quiénes componen el grupo “depositario” o “comunidad” de los saberes y prácticas asociados al Flamenco, a la Dieta Mediterránea, a la Fiesta de los Patios de Córdoba, a la Patum de Berga? En el primer caso, se podría pensar que el flamenco se circunscribe a los artistas, los aficionados, los flamencólogos, los empresarios de flamenco… pero,¿dónde quedan los amateurs, o los públicos no expertos? En el caso de la Fiesta de los Patios,¿son los vecinos de esos patios, es decir, de los patios que participan en el concurso? O, por el contrario, ¿se debería ampliar a los vecinos de Córdoba que hacen posible la fiesta? ¿y a los turistas que acuden a ella? En este sociograma de la Fiesta de los Patios también podrían figurar los políticos locales, técnicos y expertos, así como las instancias político-administrativas autonómicas y estatalesque promueven o se resisten a la patrimonialización, Estas y muchas otras cuestiones forman parte del presente debate en torno a cómo definir a las “comunidades, grupos y en algunos casos individuos” que protagonizan o forman 54 parte de los procesos de patrimonialización. Veamos concretamente estas fracturas y contradicciones de las nociones de comunidad y grupos propuestas en los textos y protocolos patrimoniales recientes. Especialistas en antropología vienen señalando que el concepto de comunidad que utiliza la Convención de 2003 y otros documentos de UNESCO se caracterizan por definirla de un modo idealizado, normalizado y bien delimitado. Es decir, se produce una esencialización de la comunidad (Arrieta, 2011; Hertz, 2015; Kirshenblatt-Gimblett, 2004; Tauschek, 2015; Villaseñor y Zolla, 2012; Waterton y Smith, 2010), considerándola inherentemente buena, exenta de conflictos, homogénea, sin jerarquías internas, con una sola voz. En realidad, los colectivos o comunidades inmersos en o afectados por procesos de patrimonialización, son heterogéneos en su composición e intereses, tienen diferentes percepciones de la acción o del ritual o del procedimiento y le atribuyen a menudo significados distintos. De hecho, como numerosos autores vienen señalando, la arena patrimonial se define como un espacio de conflicto (García, 1999; Rosas, 1999; Santamarina, 2005; Quintero, 2005; Pérez Galán, 2008; Sánchez-Carretero, 2012a) puesto que pone de relieve las contradicciones y tensiones inherentes a la sociedad desigual y compleja que habitamos. Los procesos de patrimonialización, en tanto que suponen la selección de unos elementos y por tanto excluyen a otros, (Tunbridge y Ashworth, 1996) y en tanto que obligan a una resignificación de esos bienes y a una reducción de su polisemia, son procesos en los que las alianzas, las negociaciones y los conflictos son frecuentes (Sánchez-Carretero y Jiménez-Esquinas, 2016) y donde la heterogeneidad de intereses y de poder se muestran. De ahí que el giro participativo suponga un desafío y una paradoja ya que desde un principio nos lleva a señalar o delimitar quiénes conforman la comunidad o el grupo en la patrimonialización. A este propósito la antropóloga Ellen Hertz (2015) muestra cómo en las definiciones de “comunidad, grupos y en algunos casos individuos” de los textos internacionales aparecen tres conceptos diferentes de comunidad o colectivo que se usan indistintamente y se mezclan, pero que sin embargo, tienen efectos prácticos muy distantes entre sí. Esta autora, siguiendo a Noyes (2012) distingue entre: un concepto fundacional de comunidad (es un colectivo esencialmente definido, por su vinculación con la tierra y la historia), un concepto relacional (un colectivo que se define por oposición a otros, que son diferentes y antagónicos) y un concepto performativo (un colectivo que se performa, se define y reconstituye en el “hacer patrimonio”, en la misma transformación social que “hace” el patrimonio). Los dos primeros conceptos son los que aparecen implícitos en la Convención de 2003, están ligados a comunidades (o grupos) étnica e históricamente definidos y tienen cierto sesgo esencialista; el tercero se opone a estos dos, se concibe como red y no existiría independientemente del patrimonio (Hertz, 2015), es decir, se conforma a través de la patrimonialización. Esta última es lo que en 55 la Convención de Faro de 2005 se ha denominado “comunidad patrimonial” y lo que proponen los académicos en el Expert Report on Community Involvement de UNESCO de 2006. Si seguimos el ejemplo de la Fiesta de los Patios de Córdoba, la definición de “comunidad o grupo” según el primer concepto -la definición fundacional o esencialista de comunidadreferiría prioritariamente a los vecinos de los patios que consuetudinariamente han venido habitando en ellos y presentándose al Concurso, es decir, participando en la fiesta y también son los que han desarrollado los modos de vida ligados a los patios, los depositarios de los saberes en torno a las plantas y los ciclos de la ciudad… Sin embargo, esta delimitación resulta confusa por cuanto que quiénes sean esos habitantes es un concepto flexible que no puede restringirse a una comunidad o grupo primigenio e intocado: dentro de las dinámicas urbanas de los centros históricos en las últimas décadas ha habido una gran transformación, muchos de los inquilinos de los patios de vecinos viven hoy en barriadas de la periferia, los patios comunitarios son hoy escasos y esos modos de vida están casi desaparecidos y nuevos habitantes han venido a sustituir a los antiguos: ¿cuál es la “auténtica” comunidad aquí? Además, esta comunidad, ¿incluye sólo a los que participan activamente? ¿no debería incluir a todos los cordobeses que celebran la fiesta? Pero, ¿quiénes conforman ese “todos”? La transformación de las comunidades y los grupos, la aparición de nuevos habitantes, de migrantes, las mezclas y las hibridaciones son constantes en el mundo actual e imposibles de encajar en esta definición esencialista de comunidad. Sin embargo, si nos vamos a la “comunidad patrimonial” o “concepción performativa” de las comunidades y grupos, el problema no desaparece. Es cierto que esta noción se adapta mejor a la idea de patrimonio vivo, en continua evolución o a la idea de que el PCI no debe ser considerado producto, sino proceso. La “comunidad performativa”, implicada en la patrimonialización incluiría a los vecinos de patios, los residentes en cualquier barrio de Córdoba, las asociaciones festivas y de vecinos, los empresarios del turismo -hosteleros y restauradores-, la administración local y regional, los expertos y académicos de la patrimonialización. Sin embargo, esta inclusividad abre la cuestión de si en la definición patrimonial deben tener todos la misma legitimidad y capacidad de decisión. En esta Fiesta de los Patios, por ejemplo, uno de los colectivos interesados son los turistas, lo que plantea el tema de si deben éstos tener la misma capacidad de decisión que los locales. Lo mismo puede plantearse, por ejemplo, de los touroperadores. ¿Acaso no son un grupo con intereses bien palpables en la promoción del destino? En un caso del PCI como el de la Fiesta de los Patios de Córdoba, donde ahora mismo uno de los principales problemas es la saturación turística y la masificación que está poniendo en peligro muchos de los elementos caracterizadores de este patrimonio, una definición laxa y no diagnosticada de “comunidad performativa” puede ser precisamente una forma de acabar con lo que se está pretendiendo proteger. 56 formas “malas” hacia formas “buenas” de participación (Cornwall, 2008: 271). Aquí planteamos la importancia de analizar los propios términos sobre los que se construye la participación. Parafraseando a Hafstein, la fuerza magnética de lo patrimonial hace que se pase fácilmente a criticarlo usando los propios términos sobre los que se asienta el régimen patrimonial, en vez de analizar dichos términos (Hafstein, 2012:501). En este artículo hemos puesto en cuestión los verbos que se vinculan con la participación, sobre los que se asienta el giro participativo en patrimonio, así como la ausencia de sus formas verbales conjugadas. Entender los términos sobre los que se asienta el régimen patrimonial y el papel de los procesos participativos en patrimonio, pasa por comprender qué procesos y fórmulas de participación se están poniendo en marcha desde las administraciones de gestión del patrimonio; comparar los distintos regímenes patrimoniales en el Estado y Autonomías y su relación con las actuaciones de la UNESCO. También pasa por comprender que la lógica del “coste 0” que está detrás de muchos procesos participativos implica una violencia estructural del régimen patrimonial que, probablemente, desencadenará una desafección por el patrimonio. Este es uno de los efectos de las instrumentalizaciones de la participación que se puede y debe minimizar trabajando con fórmulas de diagnóstico inicial de colectivos que incluyan a actantes (humanos y no humanos como normativas, procedimientos, leyes o planes directores) y que partan del conocimiento de lo que “hace” la participación en el régimen patrimonial. 63 REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS Adell, Nicolas; Bendix, Regina; Bortolotto, Chiara y Tauschek, Markus (2015) Between Imagined Communities and Communities of Practice: Participation, Territory and the Making of Heritage. Göetingen: Universitätsverlag Göttingen. Adell, Nicolas (2015) “Polyphony vs. Monograph: The Problem of Participation in a French ICH Dossier”. En Nicolas Adell, Regina Bendix, Chiara Bortolotto y Markus Tauschek (eds.)Between Imagined Communities and Communities of Practice:Participation, Territory and the Making of Heritage. Göttingen: Universitätsverlag Göttingen, pp. 237- 248. 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