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Las cartelas en la cartografía del territorio andaluz (Siglos XVI-XVII)

Posada Simeón, José Carlos; Iglesias Cumplido, Alicia

Abstract

Los mapas están compuestos por elementos geográficos y ornamentales. Estos últimos además de pertenecer a la marginalia decorativa de la cartografía nos transmite un mensaje concreto, cumpliendo la función para la que había sido creado. A la vez, los tipos y la decoración de cartelas han ido evolucionando paralelamente al proceso artístico imperante en cada momento histórico. A lo largo del periodo estudiado las características de estos grabados han sido muy distintos tanto por la belleza ornamental como por las implicaciones sociales o políticas que han pretendido. Durante esta época se han seleccionado todos aquellos mapas que tenían representado el territorio andaluz, para así examinar la transformación de las cartelas en una misma región geográfica.

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511 Copyright: © 2025 ULPGC. Este es un artículo de acceso abierto distribuido bajo los términos de la licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivar (by-nc-nd) Spain 3.0. Vegueta. Anuario de la Facultad de Geografía e Historia 25 (1), 2025, 511-529 eISSN: 2341-1112 https://doi.org/10.51349/veg.2025.1.20 Las cartelas en la cartografía del territorio andaluz (Siglos xvi-xvii) The cartouches in the cartography of the Andalusian territory (16th-17th centuries) Carlos Posada Simeón∗ Universidad de Sevilla https://orcid.org/0000-0002-9386-163X [email protected] Alicia Iglesias Cumplido Universidad de Sevilla https://orcid.org/0000-0002-3299-2521 [email protected] Recibido: 20/03/2024; Revisado: 30/07/2024; Aceptado: 13/10/2024 Resumen Los mapas están compuestos por elementos geográficos y ornamentales. Estos últimos además de pertenecer a la marginalia decorativa de la cartografía nos transmite un mensaje concreto, cumpliendo la función para la que había sido creado. A la vez, los tipos y la decoración de cartelas han ido evolucionando paralelamente al proceso artístico imperante en cada momento histórico. A lo largo del periodo estudiado las características de estos grabados han sido muy distintos tanto por la belleza ornamental como por las implicaciones sociales o políticas que han pretendido. Durante esta época se han seleccionado todos aquellos mapas que tenían representado el territorio andaluz, para así examinar la transformación de las cartelas en una misma región geográfica. Palabras clave: cartografía histórica, cartela, marginalia, mapas regionales, cartografía andaluza. Abstract The maps are composed of geographical and ornamental elements. The latter, in addition to belonging to the decorative marginality of cartography, transmits a specific message, fulfilling the function for which it was created. At the same time, the types and decoration of cartouche have evolved in parallel with the artistic process prevailing in each historical moment. Throughout the period studied the characteristics of these engravings have been very different both for the ornamental beauty and for the social or political implications they have intended. During this time, all those maps that represented the Andalusian territory were selected, in order to examine the transformation of the cartouche in the same geographical region. Keywords: Renaissance Cartography, Cartouche, Marginalia, Regional Maps, Andalusian Cartography. *Autor de correspondencia / Corresponding author. Vegueta, 25 (1), 2025, 511-529. eISSN: 2341-1112 Las cartelas en la cartografía del territorio andaluz (Siglos xvi-xvii) 512 1. INTRODUCCIÓN En la cartografía de la Edad Moderna, y por ende en los mapas regionales de este periodo, han coexistido dos tipos de elementos. Por un lado, los componentes geográficos que hacen referencia a la localización de determinados hitos territoriales sean puntuales (núcleos urbanos, fortificaciones, puertos…), lineales (ríos, limites, caminos…) o superficiales (reinos, obispados, provincias…). Pero junto a este tipo también queda plasmado en el mapa toda una marginalia ornamental que sirven, en principio, para embellecer el mapa, aunque, como veremos, la información que presentan puede deberse a explícitos factores políticos, sociales o culturales. Así pues, llevaremos a cabo un procedimiento de selección de uno de los elementos ornamentales más utilizados de la marginalia cartográfica y que mejor refleja la parte artística de los mapas renacentistas: las cartelas, a pesar de lo inexacto del nombre. El término procede de otra área de conocimiento y fue incorporado a la cartografía a partir de la muestra expositiva Marginalia in cARTography, celebrada en la Universidad Wisconsin-Madison. Cartouche, que es el término más extendido de estas imágenes decorativas aplicadas al arte en general y a la cartografía en particular, es una palabra de origen francés que tiene muchas acepciones en español. Podríamos traducirlo como orla, adorno, cartela, tarjeta, escudo, tarja, cartucho... Cartouche procede de cartoccio, vocablo italiano que deriva de carta, que significa papel y que proviene, a su vez, de la palabra latina charta, es decir hoja de papiro preparada para recibir escritura. Esta amplitud de significados en español origina gran dificultad conceptual cuando intentamos utilizar una expresión que pretenda englobar todo su contenido. Teniendo en cuenta esta discrepancia optaremos por cartela por ser el vocablo más ampliamente aceptado en los estudios de cartografía histórica, aunque no alcanza la profundidad explicativa del término francés. Si bien en un principio estas cartelas solo se utilizaban para enmarcar de forma simple y escueta los títulos de los mapas, posteriormente se fueron aplicando para otros fines (nombre del autor, fecha de realización, dedicatorias, descripciones locales o regionales, leyendas…). Pero a su vez, además de diversificarse su desempeño también se fueron enriqueciendo sus adornos de acuerdo a las características artísticas y arquitectónicas de la época. Incluso, permitían a estos grabadores unas oportunidades ilimitadas para mostrar sus habilidades artísticas (Albornedo, 2010: 113). A lo largo del periodo examinado la tipología y el estilo de estos grabados han sido muy distintos tanto por la belleza decorativa como por las implicaciones sociales o incluso por su simbolismo. Por tanto, estas cartelas han ido evolucionando en su lenguaje visual, sabiendo que fábulas, alegorías, leyendas y otros textos insertados en estos mapas se han utilizado para transmitir determinados mensajes gráficos (Shirley, 2008: 341). No debemos olvidar que los mapas, como elemento de comunicación, tiene siempre una intención. Carlos Posada Simeón y Alicia Iglesias Cumplido Vegueta, 25 (1), 2025, 511-529. eISSN: 2341-1112 513 2. OBJETIVOS Y METODOLOGÍA El objetivo esencial de esta investigación es la de identificar y analizar las cartelas en los mapas andaluces de la época analizada sobre un territorio regional concreto, la mayoría de producción foránea debido a las circunstancias políticas de la corte española de procedencia flamenca. Fue una simple condición de confianza en los cartógrafos flamencos, autores de las ilustraciones un amplio número de la época. Para ello será fundamental tener en cuenta que los proyectos en papel fueron considerados como un laboratorio de ideas por especialistas como Jesús Miguel Palomero Páramo (1982: 56-57), que no dudó en afirmar que los grandes avances en arquitectura tuvieron siempre antecedentes en la retablística y éstos, a su vez, en las artes suntuarias y en el dibujo. Para él, las cartelas dibujadas, pintadas o impresas, funcionaron como catálogo para las que se realizaron después con materiales y procedimientos mucho más lentos y costosos. Si lo tenemos en cuenta, podremos valorarlas desde una nueva perspectiva, por lo que significan en sí mismas y por cuanto tienen de elementos activos en procesos complejos y determinantes en otros géneros, de ahí la necesidad de análisis transversales que aporten una visión más amplia y completa. El periodo estudiado comienza en el siglo xvi y culmina a finales del xvii. Durante esos dos siglos tuvieron lugar unos cambios sustanciales tanto en el continente como en el contenido de las cartelas. Al principio del xvi los mapas de regiones europeas no eran objetivo prioritario, ya que se tenía la mirada puesta en la expansión territorial transatlántica, por lo que había más interés en hacer mapas de zonas de ultramar que de nuestro continente. Pero una vez pasado la primera fase de expansión comenzaron a proliferar los mapas de regiones europeas. Uno de esos espacios fue Andalucía que por su situación y sobre todo por su transcendencia en la época de los descubrimientos y posteriormente con el continuo comercio con los territorios ultramarinos fue propósito de abundantes representaciones cartográficas. La primera fase de nuestra investigación ha consistido en la localización de dichos mapas y en el análisis de esta documentación histórica. Una vez identificados éstos han sido objetos de selección, clasificación, comparación e investigación, siguiendo uno de los métodos más utilizados para la cartografía histórica (WoodWArd, 2007: 9; SAn Antonio, 2006: 82). Una vez localizados se ha llevado a cabo una selección de mapas de ambos siglos y cuyo territorio principal representado es Andalucía. Se han descartado por tanto mapas de carácter comarcal como Hanc insulam perlustrabat et Sua manu depingebat Georgius Hoefnaglius antuerpian Belga. Dum extendar de 1584 donde sólo se cartografía la Bahía de Cádiz o por representar un territorio mucho más amplio que Andalucía como Nova Descriptio Hispaniae de Pirrho Ligorio de 1589, primer mapa de España y Portugal orlado por todos sus lados, con vistas de ciudades y personajes ataviados con trajes de la época. Del mismo modo también se han descartado aquellos mapas que carecían de elementos ornamentales como los de Alonso de Santa Cruz y Pedro de Esquivel realizados entre 1555 y 1570 (Mapa de la parte occidental de Andalucía o Mapa de la parte suroriental de Andalucía). El total Vegueta, 25 (1), 2025, 511-529. eISSN: 2341-1112514 Las cartelas en la cartografía del territorio andaluz (Siglos xvi-xvii) de mapas seleccionados han sido 27, 4 corresponden al siglo xvi y 23 al xvii. La clasificación de estos mapas se ha llevado a cabo de acuerdo a las características de las cartelas utilizadas y a una categorización en base al continente y al contenido de cada una de ellas. Todo esto debemos de entenderlo desde la doble dimensión cartográficaartística y, por otro lado, la topográfica y geodésica (CortéS, 2011: 13) que realzan el valor intrínseco de los mapas (romero-Girón, 2023). En su origen estas dos categorías las ejercían individuos distintos (hArley, 1988: 68), incluso se daban casos en los que el cartógrafo y el grabador podían tener algún desencuentro, entrando en conflicto los elementos ornamentales con los puramente geográficos. Por este motivo y siguiendo la opinión de Harley (2005: 101) es importante entender que la decoración en los mapas no es un ejercicio marginal o que incluso pueden restarles valor a los mapas como sugieren algunos autores (robinSon, 1986: 17), sino que las imágenes estéticas como las geográficas son partes entrelazadas de una imagen total (hArley, 2005; 31). Pero no solo esto, sino que debemos entender que los elementos decorativos no son superfluos en la mayoría de los mapas, desde un punto de vista económico, ya que tanto editores como cartógrafos empleaban a grabadores para producir esta labor, evidentemente con un costo final de producción mucho mayor (Petto, 2009: 229). 3. PRECEDENTES Aunque algunos autores consideran que las primeras cartelas comenzaron a utilizarse con los portulanos mallorquines e italianos, coincidimos con Lynam (1953: 48) al afirmar que fueron los mapas medievales los primeros en los que se utilizaron espacios acotados dentro del mapa para ilustrar uno de los principales objetivos que tenían en su confección: la localización del jardín del Edén. La mayoría de los mapas del medievo estaban orientados hacia el Este, fundamentalmente porque era en este punto cardinal donde se situaba el Paraíso (PoSAdA, 2008: 158. PoSAdA, 2019: e 025). Dos ejemplos claros de este uso naciente de las cartelas son el mapamundi de las distintas versiones del Beato de Liébana, una en el Manuscrito de Saint Severn conservado en la Biblioteca Nacional de Francia, en París (GArCíA-ArAez, 2004: 11-36); el de Hereford, en la catedral de dicha ciudad; y el de Cresques o Atlas Catalán, conservado en la Biblioteca Nacional de Francia, en París. El primero utiliza la representación del relieve por medio de perfiles abatidos coloreados para rodear y confinar a este territorio paradisíaco del resto del mapa. En él se muestra a Adán y Eva junto con la serpiente que trepa al árbol de la vida. En el mapa de Hereford, contrariamente, el Edén queda separado totalmente del resto del mundo por el Mare Oceanum que rodea a la tierra plana, representación inconfundible de los Orbis Terrarum aunque en la época casi ningún autor la considerara ya así. En este mapa la imagen del Paraíso se complementa con el nacimiento de un río que se divide en cuatro, fiel al libro del Génesis: «un río salía del Edén para regar el jardín, y desde Carlos Posada Simeón y Alicia Iglesias Cumplido Vegueta, 25 (1), 2025, 511-529. eISSN: 2341-1112 515 allí se dividía, y se convertía en cuatro cabezas, llamados: río Pisón, que se dice, rodeó toda la tierra de Havila (Arabia); el río Gihón, que habría rodeado toda la tierra de Cus (Etiopía); el río Hidekel (río Tigris); que iría al oriente de Asiria; y el río Éufrates». A partir de este momento las cartelas se desarrollaron pasando por distintas fases. De esa idea cristiana inicial evolucionaron hasta tener funciones puramente ornamentales y/o alcanzar unas aplicaciones concretas y subjetivas. De hecho, podemos considerar que este arte decorativo transmite un sentido cultural específico, dejando de ser la cartografía una ciencia gráfica imparcial (ClArke, 1988: 472; hArley, 1989: 9). Con el surgir de los portulanos, las escuelas mallorquina y genovesa comenzaron a utilizar de forma más significativa el uso de las cartelas, llegando a convertirse en una de sus características principales e incluso pudiéndose identificar a cartógrafos por la forma particular de su diseño. Podían contener leyendas, fábulas, poemas o datos geográficos tanto físicos como humanos. De la escuela mallorquina destacamos el Atlas Catalán de 1375, realizado por Abraham y Jafuda Cresques, en el que aparecen cartelas con este tipo contenidos (FArrAdellAS y SobrequéS, 2012). Por otra parte, es interesante destacar un mapamundi oval italiano denominado Portolano 1, que se encuentra en la Biblioteca Nacional Central de Florencia de autor desconocido y fechado en 1457. Aunque haya aparecido en Florencia, la presencia de una bandera genovesa en la parte superior izquierda del mapa y el dibujo del escudo de armas de la familia Spinola de Génova determinan su origen, aunque algunos autores como Farradellas y Sobrequés no lo consideren así. La riqueza iconográfica del mapa es extraordinaria: animales, peces monstruosos, sirenas, barcos, ciudades en perspectiva, banderas, reyes,… pero para el caso que nos ocupa subrayamos la presencia de 56 cartelas entre toda la marginalia representada (CAttAneo, 2010: 82) repartidas por todo el mapa y donde se insertan leyendas medievales, descripciones regionales, características geográficas o incluso la propia fecha de ejecución del mapa, lo que deja claro desde un principio la naturaleza multifuncional de las cartelas. Además de esta característica, la influencia que podía producir la cartela era muy significativa ya que si las imágenes eran eminentemente sugestivas o paradisíacas (paisajes exóticos, escenas cortesanas,…) atraían a un amplio grupo de compradores que quedaban fascinados por este tipo de imágenes. Los argumentos políticos (emblemas del poder real, retratos de reyes,…) influían a favor de un público interesado por un determinado régimen o gobierno o simplemente para reafirmar la autoridad del estado, reino o provincia. Los símbolos religiosos (fundamentalmente en mapas de arzobispados u obispados) fortalecían la fe de un público a través de la representación de diferentes tipos de escenas bíblicas. Las enseñas militares atraían a una clientela específica a través de imágenes ambientadas en ofensivas terrestres o adornadas batallas navales. Todo esto nos lleva a pensar que toda esta marginalia cumplía una determinada función y no eran meramente ilustraciones ornamentales. Vegueta, 25 (1), 2025, 511-529. eISSN: 2341-1112 Las cartelas en la cartografía del territorio andaluz (Siglos xvi-xvii) 4. EVOLUCIÓN DE LAS CARTELAS ENTRE LOS SIGLOS xvi Y xvii. DE LOS «FLYING SCROLL» A LOS GRABADOS DE MADERA En la era de los descubrimientos, las primeras cartelas tenían forma de «flying scroll», una variedad de filacteria que se colocaba en la parte superior de los mapas, fuera o dentro del margen, en forma de pergamino volado con las extremidades enrolladas, por lo general hacia adelante. Fueron los cartógrafos franceses y alemanes los que implantaron el «flying scroll» (lynAm, 1953: 48; Sáenz-lóPez, 2014: 29). En la cinta se colocaba una inscripción que habitualmente era el título del mapa en cuestión. Esta forma de adornar el mapa se extendió pronto por toda Europa (duzer, 2023: 31-45). El siguiente paso fue incluir en esas cintas con texto otro tipo de indicaciones como el nombre del autor, fecha y otras informaciones adicionales. Con posterioridad su uso se fue extendiendo a otras partes decorativas del mapa, llegando incluso a utilizarse como forma de ubicar los elementos geográficos. Como ejemplo de esto último destacamos el Libro de grandezas y cosas memorables de España del cosmógrafo y humanista Pedro de Medina, publicado en Sevilla en 1549. En su frontispicio se muestra el mapa de España y que comentamos en este apartado, a pesar de abarcar todo el territorio español, por ser el primer mapa impreso de la península del que tenemos conocimiento (Fig.1). En él se utiliza el recurso de la filacteria no sólo para el título del mapa sino también como forma de denominar cada uno de los territorios en que está organizado España. Cuando hablamos de los textos de la cartografía náutica medieval, como los del Atlas catalán, no hablamos de cartelas propiamente dichas, sino de modos de exponerlos desde un punto de vista gráfico. Para ello tenemos en cuenta que la filacteria fue un elemento plástico propio del arte gótico tardío, como podemos ver en el refectorio de la catedral de Pamplona (AzCárAte, 1990: 280) y en numerosas obras de esa época y años que median con el mapa de Pedro de Medina, como la Anunciación de Jaume Ferrer (AzCárAte, 1990: 341) y la Virgen de mosen Sperandeu del maestro de Lanaja, ya del siglo xv. En el Renacimiento italiano quedó relegada y su impacto en el siglo xvi fue muy inferior, por lo que podemos hablar de un elemento arcaizante en este momento. La utilización en sentido vertical o en diagonales con la misma dirección tiene una función práctica, pues aporta un sentido premeditado y en relación con los posibles desplazamientos. En cualquier caso, la propia movilidad y el sentido curvilíneo mantienen las características góticas en una época en la que comenzaban a estar en desuso (ArGán, 1996: 31-43). Desde el punto de vista plástico, más que un ensayo que pudiese tener un nuevo alcance, debemos considerarlo un aprovechamiento de un recurso muy conocido y propio de otro tiempo. 516 Carlos Posada Simeón y Alicia Iglesias Cumplido Vegueta, 25 (1), 2025, 511-529. eISSN: 2341-1112 Figura 1. Detalle del Mapa de España (1549) de Pedro de Medina. Fuente: Biblioteca Nacional de España (R/31730). A mediados de siglo los grabadores italianos dieron un paso más y las cartelas se diseñaron como rectángulos relativamente grandes con relación al mapa. En ellas se incluían el título, al que se le agregaba el autor y la fecha de ejecución. Este rectángulo tendía a simular un panel de madera grabada (lynAm, 1953: 16). A su alrededor habitualmente se podían proyectar elementos ondulados que parecían sostener el panel. Hacia el tercer cuarto del siglo xvi los cartógrafos flamencos y holandeses tomaron el relevo a los italianos en la edición de mapas. Tenían una característica común y era la pasión por el ornamento, basándose para el proyecto de las cartelas en los libros de decoraciones de escultores de la época (SAénz-lóPez, 2014: 29). Así, alrededor de ese recuadro, componente central del grabado, se diseñaba toda una serie de elementos arquitectónicos con figuras como ninfas, cariátides, ángeles… y otros motivos naturalistas como peces, monos, mariposas… (lynAm, 1953: 50) o, incluso, inspiraciones de vegetación natural o floral. Precisamente en el mapa Hispalensis conventus delineatio de 1579 queda reflejado este tipo de diseño de la cartela. Esta obra pertenece al Theatrum Orbis Terrarum de Abraham Ortelius. Su autor, el sevillano Jerónimo de Chaves, fue el primer catedrático de Cosmografía y piloto mayor de la Casa de Contratación. La importancia de este mapa se extiende mucho más allá de la parte ornamental, fundamentalmente por la muy particular forma con que Chaves plasma la orografía, la zona marítima, la red fluvial y los núcleos de población (morAto, 2012: 33). En este mapa se trazan tres cartelas, una para el título y autor donde se dibuja de forma bellamente enriquecida en la esquina inferior izquierda del soporte con las mismas características antes descritas (Fig. 2). Jerónimo de Chaves tuvo en cuenta Las medidas del romano de Diego de Sagredo, editadas en 1526 y, desde ese momento, fundamentales para la introducción de las normas renacentistas en el arte español. Las ilustraciones de la primera edición, debidas a Felipe Bigarny (buStAmAnte y mAríAS, 1986: 131), muestran la equiparación de figuras humanas o 517 Vegueta, 25 (1), 2025, 511-529. eISSN: 2341-1112518 Las cartelas en la cartografía del territorio andaluz (Siglos xvi-xvii) con esta apariencia a elementos arquitectónicos. Los dos querubines de la cartela cumplen esa función; no obstante, la composición tiene también un contenido simbólico, pues si los contemplamos como pilares y no olvidamos que tienen las piernas introducidas en el agua del mar, podemos compararlos al principio y el fin al que aludieron los arquitectos florentinos con las figuras de Hypnos y Tanatos (nieto, morAleS y CheCA, 1993: 135-137) como sustento del viaje. Sería una alegoría de la importancia de la miliaria aportada como medio para lograr el objetivo de la navegación. Por eso, no tiene mayor desarrollo plástico, sólo las dos figuras y el sistema de medida velado. La comunicación es directa, simple, plástica y partícipe de significados cifrados. La otra, situada en la parte superior derecha del soporte, está destinada a la escala expresada en millas hispánicas y la fecha de ejecución. En este caso se remata con motivos arquitectónicos y florares a modo de guirnaldas. La superposición de planos recortados recuerda los trabajos de los artesanos del cuero y el carácter cartilaginoso anticipa el remate de las cajas de numerosos retablos barrocos de finales del siglo xvi y sobre todo del siglo xvii. Podemos compararla con la cartela cartilaginosa de Abraham Ortelius en Hispalensis conventus delineatio, del año 1579. Ese tipo de ilustraciones fueron fundamentales en las siguientes décadas y alcanzaron su mayor nivel de expresión con los retablos de Felipe de Ribas y Bernardo Simón de Pineda, avanzado el siglo xvii. El carácter plano de esta representación adquirió en esos ejemplos una nueva proyección plástica tridimensional, de hecho, de ese tipo de cartones parten las cartelas de Alonso Cano, como la del retablo de San Juan Evangelista del convento de Santa Paula de Sevilla, en 1635-1637; y la pintada por Gaspar de Ribas en el banco del retablo mayor de Juan Martínez Montañés en la iglesia de San Miguel de Jerez de la Frontera (dAbrio, 1985: 605), en 1654-1655, derivadas de ejemplos como el que aquí estudiamos. La tercera hace referencia a la autorización para la publicación del mapa. Está situada en el margen inferior derecho del soporte. La estructura arquitectónica sigue el ejemplo de la puerta de los Lirios en Florencia y anticipa la evolución de los tabernáculos andaluces de finales del siglo xvi y principios del siglo xvii. Si observamos otros mapas de la época que cartografían el territorio andaluz, como Zee cus ten van Andaluzien gemacckt naet mesen en ghedaente (1583) del cartógrafo holandés Lucas Janszoon Waghenaer o el Hydrographica descriptio maris Mediterranei à freto Gaditano (1595) de Willem Barents, en todos los casos utilizan un diseño muy parecido al que hemos descrito anteriormente. Además, plantean dos cartelas localizadas en dos disposiciones distintas y, como casi siempre, en el interior del marco del mapa, este último dibujado a modo de greca. Tenemos que esperar hasta los inicios del xvii para ver mapas con márgenes graduados. Carlos Posada Simeón y Alicia Iglesias Cumplido Vegueta, 25 (1), 2025, 511-529. eISSN: 2341-1112 519 Figura 2. Detalle del Hispalensis conventus delineatio (1579) de Jerónimo de Chaves. Fuente: Biblioteca Nacional de España (MR/34/795/2). 5. Siglo xvii: De los adornos escultóricos a la exuberancia ornamental En Ámsterdam se localizaban los mejores grabadores y editores desde mediados y finales del xvi y durante todo el xvii (PoSAdA, 2018: 28). En ese momento aparecen cartógrafos como Ortelius o Blaeu que monopolizaron el mundo de la cartografía de toda Europa Así, a comienzos del xvii esos recuadros que imitaban paneles de maderas grabados dejan de elaborarse, salvo excepciones que obedecían a reproducciones y copias de mapas del xvi. Esas nuevas cartelas intentan parecerse más a obras escultóricas o arquitectónicas, podemos verlos en los ejemplos antes expuestos. Esto se complementaba con la aparición de figuras, muchas de ellas inspiradas en fuentes clásicas y muchas veces también coincidentes con los prototipos de la escultura del momento, sobre todo de la época de Juan Bautista Vázquez El Viejo. Remataba esta serie de elementos la aparición de querubines que sostenían, como excusa, diversos instrumentos topográficos (lynAm, 1953: 95; Sáenz-lóPez, 2014: 26) o simplemente se grababan para engalanar las diferentes cartelas. En los mapas de Andalucía de la primera mitad del xvii se aprecian una gran diversidad tipológica de cartelas. Están en primer lugar las que aún mantienen las mismas características del xvi, como Andaluziae nova descript.[io] (1606) de Jodocus Hondius y publicado en Ámsterdam. Este mapa corresponde al Atlas sive Cosmographicae Mediationes de Fabrica mundi et fabricati figura de Gerard Mercator. Estas planchas las adquirió Jodocus Hondius, de ahí que mantenga las particularidades del xvi (lAtvA y Skurnik, 2016: 6/1; PoSAdA, 2018: 27). En él aparecen tres cartelas distribuidas en tres espacios diferentes del mapa y que siguen el mismo patrón. Sobre un rectángulo o una elipse se desarrolla una serie Vegueta, 25 (1), 2025, 511-529. eISSN: 2341-1112526 Las cartelas en la cartografía del territorio andaluz (Siglos xvi-xvii) doetiChum, J. van y JAnSzoon WAGhenAer, L. (1583): Zee custen van Andaluzien gemacckt naet mesen en ghedaente, met zijn Rivieren een Hauenen. En: JAnSzoon WAGhenAer, L. Pars Prima. Speculum nauticum super navigatione maris Occidentalis confectum… Leiden. Biblioteca Nacional de España. [ca. 1:423.300] Grabado, 33 x 51 cm. Pag. 61. Sig.: GMG/1025. Flórez, E. (1752): Betica antigua, con sus montes, rios i pueblos conocidos. En: Flórez, E. La España Sagrada. Madrid. Biblioteca Nacional de España. [ca. 1:1.500.000]. Grabado, 27 x 40 cm. Tomo 9, pp. 48. Sig.: MV/10. Flórez, E. (1752): Mapa de la Betica antigua segun el Sistema de Ptolomeo. En: Flórez, E. La España Sagrada. Madrid. Biblioteca Nacional de España. [ca. 1:2.700.000]. Grabado, 20,5 x 30,5 cm. Tomo 9, pp. 336. Sig.: MV/10. FoSmAn y medinA, G. 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