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M.ª Belén ALVARADO ORTEGA y Leonor RUIZ GURILLO 305-20 Un acercamiento fraseológico a desde luego Clark COLAHAN 321-36 El mundo lazarillesco de los procesos de pesquisas: muestras del archivo catedralicio de Oviedo Adrián CURIEL RIVERA 337-53 Los piratas esópicos de la colombiana Soledad Acosta de Samper Julián GONZÁLEZ-BARRERA 354-77 “En boca del mentiroso hasta lo cierto se hace dudoso”: ¿fue Lope de Vega realmente un poeta soldado? Eugenia HOUVENAGHEL y Aagje MONBALLIEU 378-99 Entre bombones, porsches y arañas: imágenes de la feminidad maléfica en dos cuentos de Julio Cortázar Lorena Ángela IVARS 400-23 El Brasil imperial y la obra de un condenado a muerte: Inconfidencia (El Aleijadinho) de Abelardo Arias Jaume PERIS BLANES 424-40 Ironía, ambivalencia y política en Memorias del subdesarrollo , de Edmundo Desnoes Pablo ROJAS 441-62 Luis Astrana Marín contra las vanguardias y contra Góngora Oana Andreia SAMBRIAN-TOMA 463-76 La España del espejo: la imagen de España en los escritores rumanos Miron y Nicolae Costin Antonio SÁNCHEZ JIMÉNEZ 477-500 Del Quijote al Persiles : Rota Virgilii, fortitudo et sapientia y la trayectoria literaria de Cervantes REVISTA DE FILOLOGÍA HISPÁNICA 2011 / VOLUMEN 27.2 / JULIO-DICIEMBRE / ISSN: 0213-2370 RILCE 301 Rilce_27-2d.qxd:Maquetación 1 11/3/11 14:52 Página 301
Alfredo J. SOSA-VELASCO 501-33 La ciencia en La vida es sueño : una lectura experimental Analía VÉLEZ DE VILLA 534-45 Actantes, actores y roles en Hoy, Júpiter de Luis Landero RESEÑAS / REVIEWS Adriaensen, Brigitte, y Marco Kunz, dirs. Pesquisas sobre la obra tardía de Juan Goytisolo. Ken Benson 546-51 Aguilera Sastre, Juan, e Isabel Lizarraga Viscarra. Federico García Lorca y el teatro clásico: la versión escénica de “La dama boba”. Joaquín Zuleta 551-54 Andres-Suárez, Irene, y Ana Casas, eds. Juan José Millás. Alicia Nila Martínez Díaz 554-57 Andres-Suárez, Irene, y Ana Casas, eds. Antonio Muñoz Molina. Esther Navío Castellano 557-62 Arbona Abascal, Guadalupe. El acontecimiento como categoría del cuento contemporáneo. Las historias de José Jiménez Lozano. Rosa Fernández Urtasun 562-65 Arellano, Ignacio, ed. Poesía del Siglo de Oro. Antología. Carola Sbriziolo 565-68 Barnés Vázquez, Antonio. “Yo he leído en Virgilio”: la tradición clásica en el “Quijote”.Adrián J. Sáez 568-72 Díez de Revenga Torres, Pilar. Estudios de Historia de la Lengua Española: desde la Edad Media a nuestros días. Miguel Ángel Puche Lorenzo 572-79 Díez de Revenga, Francisco Javier. Los poetas del 27, clásicos y modernos. José Manuel Vidal Ortuño 579-81 García de Arrieta, Agustín. El espíritu de Miguel de Cervantes y Saavedra. Luis Galván 581-83 Garrido Gallardo, Miguel Ángel, dir. El lenguaje literario: vocabulario crítico. Luis Galván 583-86 Graff Zivin, Erin. The Wandering Signifier: Rhetoric of Jewishness in the Latin American Imaginary. Rodrigo Pereyra-Espinoza 586-89 Juana Inés de la Cruz, Sor. Neptuno alegórico. Frederick Luciani 589-92 Lillo, Baldomero. Obra completa.Miguel Donoso Rodríguez 592-97 Martín Ezpeleta, Antonio. Las “historias literarias” de los escritores de la Generación del 27. Eva Soler Sasera 597-601 302 Rilce_27-2d.qxd:Maquetación 1 11/3/11 14:52 Página 302
Meunier, Philippe, y Edgard Samper, eds. Mélanges en hommage à Jacques Soubeyroux. Dámaso Izquierdo 601-06 Penas Ibáñez, María Azucena, y Rosario González Pérez, eds. Estudios sobre el texto: nuevos enfoques y propuestas. Enrique Baena 606-11 Peñalver Castillo, Manuel. La Andalucía lingüística de Valera. Esteban Tomás Montoro del Arco 611-16 Romero Gualda, María Victoria. Léxico del español como segunda lengua: aprendizaje y enseñanza. Dámaso Izquierdo 616-20 Schneider, Stefan. Reduced parenthetical clauses as mitigators. A corpus study of spoken French, Italian and Spanish. Catalina Fuentes 620-625 SUMARIO ANALÍTICO / ANALYTICAL SUMMARY 626-36 SUMARIO VOLUMEN 27 637-40 INSTRUCCIONES A LOS AUTORES. NORMAS EDITORIALES Y ESTILO 641-42 SOBRE EL PROCESO DE EVALUACIÓN DE RILCE 643 303 Rilce_27-2d.qxd:Maquetación 1 11/3/11 14:52 Página 303
JULIÁN GONZÁLEZ-BARRERA Departamento de Filologías Integradas Facultad de Filología. Universidad de Sevilla Palos de la Frontera, s/n. 41004 Sevilla [email protected] “En boca del mentiroso hasta lo cierto se hace dudoso”: ¿fue Lope de Vega realmente un poeta soldado? RECIBIDO: DICIEMBRE DE 2008 ACEPTADO: DICIEMBRE DE 2008 odo lo que rodea a un autor, dentro y fuera del papel escrito, constituye un universo por sí mismo con sus propias reglas, claves y, sobre todo, secretos. En el Siglo de Oro, a la luz del pensamiento renacentista, el poeta contemplaba, sentía y razonaba sus experiencias al mismo tiempo, es decir, no tenía por qué existir un vínculo directo entre el hombre que sufre y el espíritu que crea. El yo poético barroco no era una prolongación de la psyche, a la manera romántica, sino un torrente de ideas en perpetuo movimiento. Bajo la égida de Aristóteles, por aquel entonces sólo se exigía que fuera verosímil: “[…] la nueva estética de lo verosímil que domina en el llamado Renacimiento, le impedía seguir admitiendo la identificación del ‘yo’ real con el literario. O mejor, se le imponía un ‘yo’ literario verosímil” (Blecua 153-54). La alineación de la mente humana, con sus filias y fobias, sería una parte más del proceso creativo. Estaríamos ante lo que Stephen Greenblatt llamó self-fashioning o ‘autofiguración’, según la traducción de Carreño. Por consiguiente, la personalidad reflejada en un texto no sería el retrato fidedigno de su autor, sino un modelo de individualidad que vive en el poema, pero no en el poeta –al menos, no de manera absoluta–. Entonces, la vida se convierte en arte y como tal puede ser reconstruida en la mente de cada lector, que acepta el baile de máscaras que se le plantea: “His poetic uni- T RILCE 27.2 (2011): 354-77 ISSN: 0213-2370 354 Rilce_27-2d.qxd:Maquetación 1 11/3/11 14:52 Página 354
GONZÁLEZ-BARRERA. ¿FUE LOPE UN POETA SOLDADO? 355RILCE 27.2 (2011): 354-77 verse spins on a uniquely transformative energy, one that converts the experiences of his life into art, and, for the reader, his art back into a reconfigured life. It makes the past present, the present past, and turns the words of others into his own” (Torres 274). En el caso de Lope de Vega, su compleja personalidad, tan inclinada a trucar su imagen bajo mil disfraces y la vida azarosa de la que fue protagonista, dificultan aún más la labor de discernir la realidad de la ficción. Aventurarse conlleva el riesgo añadido de caer en su juego, y más conociendo la facilidad que tenía el dramaturgo para incluir pinceladas autobiográficas en sus obras y, por ende, manipular el retrato de sí mismo con distintas personas o máscaras poéticas, por usar la terminología actual1. Para un lector moderno, desenmascarar a Lope es todo un reto cerca de cuatrocientos años después de su muerte. Ya sea por el camino de la biografía o la literatura, adentrarse en el kósmos del Fénix de los Ingenios es una tarea harto delicada. Bien es sabido que nunca se dejó sujetar por normas o preceptos, ni siquiera los suyos propios, y, acorde a los principios dominantes en la época, autor, obra y lector no eran compartimentos estancos a sus ojos. El yo poético lopesco estaba inmerso en una evolución inagotable que ocasionaba que se estuviera reinventando a sí mismo de manera continua. Esta predisposición provoca las suspicacias de los especialistas, que examinan con recelo cualquier noticia biográfica escrita de su puño y letra. En ocasiones, incluso hechos probados son puestos en cuarentena. Toda cautela parece poca, pues es cierto que Lope barajó fechas, nombres y acontecimientos a conveniencia. Estas ‘fantasías’ o medias verdades eran para mayor gloria de la fama de un poeta que supo manejar con inteligencia su imagen pública, tan dañada por los frecuentes escándalos amorosos. EL PERFECTO CORTESANO Para aquel hijo de un modesto bordador, retratarse como el perfecto cortesano era mucho más que una pose obligada o un convencionalismo vacuo. Herencia de la Antigüedad clásica –como no podía ser de otra forma–, el modelo renacentista entroncaba directamente con la noción griega de superioridad o arist˘eia, con los héroes homéricos como paradigmas. Esta búsqueda de la perfección era un principio de fuerte carácter individual, si bien puesto al servicio de la comunidad –representada por la polis o el rey–. Como premio, los laureles de la gloria, el honor y el buen nombre, aunque le costaran al héroe una muerte prematura. Ya en época helenística, la arist˘eia guerrera se acabaría Rilce_27-2d.qxd:Maquetación 1 11/3/11 14:52 Página 355
RILCE 27.2 (2011): 354-77356 abriendo a hazañas de otra naturaleza, como, por ejemplo, las resultantes de actos políticos o espirituales. Este concepto renovado será el que asimilarían los conquistadores romanos, que encumbrarán la dicotomía fortitudo-sapientia como el camino recto hacia la virtus. Este ideal clásico será revitalizado en el Renacimiento para guiar al homo novus de la Edad Moderna. Vinculados de manera estrecha a los poderes señoriales, los humanistas les exigirán algo más que un noble linaje: virtud. Por esta razón, el Quinientos es el tiempo de los tratados doctrinales llenos de avisos, consejos y advertencias sobre la educación de príncipes, donde la fortaleza y la sabiduría romanas serían sustituidas por las armas y las letras renacentistas. No encontraron poca resistencia, pues buena parte de la nobleza de principios del siglo XVI arrastraba aún el prejuicio medieval de que los libros eran propios de los monjes: “Pues los caballeros en armas por Cristo debe luchar, no con palabras, ¿a qué entonces trabajar en las letras?”, escribió Francisco Decio en boca de un noble (ff. B1r-1v). El Humanismo defenderá su programa educativo recordándole a los más reacios su condición varonil, y, por lo tanto, su obligación moral de alcanzar la virtus, es decir, ‘ser un hombre’: “Por su parte, los humanistas esgrimen frente a los enemigos de las letras otros argumentos. El primero es el recurso a la propia naturaleza humana. Así lo señala Vives: ‘Como si por ser noble no tuvieras que ser hombre’” (Rausell Guillot 578). Segundo, se cristianizará su sentido y significación, atendiendo a las Sagradas Escrituras, ya que en la Biblia se puede leer: “Hace más el sabio que el valiente, el hombre de ciencia más que el fuerte” (Proverbios 24, 5). Por último, no se cansarán de recordar con fino oportunismo que las letras, al posibilitar la lectura del Evangelio, conducen necesariamente a la fe en Cristo. Como es sabido, será en la España de los Austrias donde mayores sean los aplausos al hombre nuevo pregonado desde los círculos académicos. En la península Ibérica, el debate quedará definitivamente clausurado con el triunfo del modelo teórico de Il libro del Cortegiano de Castiglione –y más desde la traducción de Boscán– y el ejemplo de Garcilaso de la Vega, prototipo del perfecto cortesano. En tiempos de Lope, en pleno declinar del siglo, la excelencia a través del ejercicio de las armas y las letras era un espejo de virtud que continuaba inspirando a la sociedad, aunque por desgracia sólo de manera teórica, especialmente para gran parte de la nobleza, que se había vuelto indolente, palaciega y adocenada. La misma literatura culta que había abogado por GONZÁLEZ-BARRERA. ¿FUE LOPE UN POETA SOLDADO? Rilce_27-2d.qxd:Maquetación 1 11/3/11 14:52 Página 356
una educación para las clases dominantes, destinada a un mejor gobierno de reinos y repúblicas, comenzó pronto a quejarse de la falta de predisposición al estudio, la disciplina y el sacrificio que la aristocracia mostraba sin ningún pudor. Una de aquellas obras fue El Cortesano de Luis Millán: El Cortesano de Luis Millán […] nos revela como ningún otro texto la imagen de toda una élite autocomplacida y encerrada en sí misma, que convierte el Palacio Real en escenario de la representación de sus modos de vida, que se deleita en festejos y lecturas poéticas, representaciones, debates sobre las cualidades del perfecto cortesano y del buen amador, danzas, máscaras y torneos. (Ferrer Valls 22) En el resto de la sociedad, el ideal de las armas y las letras envejecía con salud, particularmente entre los jóvenes poetas, deseosos de ser ‘un segundo Garcilaso’.2Antes y después de Lope, una larga nómina continuaba el ejemplo del toledano: Cervantes fue soldado en Lepanto, Quevedo espía en Venecia, Calderón luchó en Flandes..., y así hasta componer una lista interminable de escritores del Siglo de Oro que pasaron una parte significativa de sus vidas bajo una bandera del Rey Católico. Por supuesto, el Fénix no podía ser menos y anhelaba un pasado militar glorioso. Más aun conocida su profunda admiración por Garcilaso. Como proclama en La bella malmaridada (1596),3seguía siendo un modelo para cualquiera que se atreviera a componer versos: CONDE Decir podéis la de ayer. MÚSICO ¿Cuál fue? CONDE La de Garcilaso, que tiene ingenio divino. MÚSICO Es vieja ya, y está impresa. CONDE ¿De que está impresa te pesa? Lo más viejo es lo más fino. (Vega 2001, 157-158) En la biografía de aquel ‘monstruo de la naturaleza’, que diría Cervantes, tenemos un par de episodios de juventud donde dice haber llevado “un arcabuz al hombro”, si bien se encuentran algo separados en el tiempo y son más bien de carácter puntual, limitados a campañas concretas: las islas Azores (1583) y la Armada Invencible (1588). RILCE 27.2 (2011): 354-77 357 GONZÁLEZ-BARRERA. ¿FUE LOPE UN POETA SOLDADO? Rilce_27-2d.qxd:Maquetación 1 11/3/11 14:52 Página 357
RILCE 27.2 (2011): 354-77364 No reproduce la misma cantidad de infantes –nueve mil doscientos sesenta y dos–, pues hubiera provocado algunas risas en una narración que presumía de ser heroica, pero sí redondea la cifra en nueve mil soldados. Lo mismo sucede con la marinería. El número de hombres de mar acaba en cuatro mil cuando el licenciado apunta tres mil ochocientos veintitrés en su relación de fuerzas. En cuanto a los aventureros o ‘particulares’,20 Lope vuelve a coincidir con la lectura del Comentario: cincuenta. Además, habría que señalar un pasaje casi al final del parlamento de Celio. Ganada la playa, los fuertes y las trincheras, el Marqués manda marchar sin descanso para entrar en la ciudad de Angra antes de que los rebeldes puedan reagruparse detrás de sus muros. Sola y desamparada, la flota enemiga, que estaba fondeada en su puerto, es presa fácil de los cañones de la armada española. [CELIO] y a la ciudad de Angra vuelve nuestro ejército triunfante, donde a la Armada francesa la nuestra acomete y bate. (vv. 213-16) Una vez más, el dramaturgo sigue la línea narrativa marcada por el licenciado sevillano. Tanto el uno como el otro celebran la idea de don Álvaro de Bazán de forzar el paso para llegar a las murallas antes que los franceses, aunque, lamentablemente, le acabara costando la vida a varios soldados, que morirían de puro agotamiento. Al mismo tiempo, la armada tampoco descansaba, pues se le ordena que penetre en el puerto y hunda las naves rebeldes antes de que puedan salir a mar abierto. La Hacienda real estaba tan necesitada de fondos que la Corona española no sólo exigía la victoria, sino también una campaña corta: Y en tanto que el exército vencedor endereçava hazia la ciudad, que sería poco más de tres leguas, queriendo el Marqués prevenir a todo con el cuydado que se requería, conforme al estado de las cosas, mandó que las galeras embistiessen con el armada francesa y portuguesa que estava en el puerto de Angra. (Mosquera de Figueroa f. 84r) Si bien está claro que Lope continúa parafraseando la obra de Mosquera de Figueroa; a nuestro entender, no lo suficiente como para poder descartar que el dramaturgo estuviera recurriendo a otra fuente –al fin y al cabo, todas tratarían el mismo asunto–21 o incluso que fueran sus propios recuerdos de soldado. GONZÁLEZ-BARRERA. ¿FUE LOPE UN POETA SOLDADO? Rilce_27-2d.qxd:Maquetación 1 11/3/11 14:53 Página 364
Tanto en la comedia como en la crónica, la tensión alcanza su momento cumbre con el más que peligroso desembarco en las playas de la Tercera, misión que, como era costumbre en la época, se encomendó a los tercios de infantería española: [CELIO] entra a seis de julio, un martes, remolcando los barcones, las pinazas y patajes en que irían cuatro mil y más quinientos infantes de los tercios de don Lope y de otros tres capitanes. (vv. 154-60) El desembarco se emprendió de madrugada, alrededor de las dos de la mañana. Al abrigo de la oscuridad, las galeras comienzan a remolcar hacia la playa las barcazas de asalto, cargadas hasta arriba de hombres. Así lo cuenta un testigo presencial: […] començó la galera capitana a çarpar y, palpando los remos en el agua, todas las demás hizieron lo mesmo, trayendo con mucha orden remolcando los barcones, pataches y pinaças que no podían serles de provecho sus remos si las galeras no los traxeran, a causa de la mucha gente que en ellos avía cargado, porque de la primera desembarcación eran quatro mil infantes de vanguardia de los tercios de don Lope de Figueroa con su compañía de soldados viejos de la Liga, con señalados capitanes. (Mosquera de Figueroa ff. 60v-61r) Lope reproduce literalmente “remolcando los barcones, / las pinazas y patajes” (vv. 155-56) de un texto del que también podemos leer: “remolcando los barcones, pataches y pinazas” (f. 60v). A continuación, parafrasea los mismos datos: “en que irían cuatro mil / y más quinientos infantes / de los tercios de don Lope / y de otros tres capitanes” (vv. 157-60) cuando en el Comentario se explica: “[…] de la primera desembarcación eran quatro mil infantes de vanguardia de los tercios de don Lope de Figueroa con su compañía de soldados viejos de la Liga, con señalados capitanes” (f. 61r). Tenemos, por un lado, los cuatro mil infantes de los tercios de don Lope, sacado tal cual de la crónica del auditor general; por otro, la “compañía de soldados viejos de la Liga”, que el RILCE 27.2 (2011): 354-77 365 GONZÁLEZ-BARRERA. ¿FUE LOPE UN POETA SOLDADO? Rilce_27-2d.qxd:Maquetación 1 11/3/11 14:53 Página 365
RILCE 27.2 (2011): 354-77366 dramaturgo convierte en “y más quinientos infantes”, y, para terminar, los “señalados capitanes” que al subir a las tablas se han transformado en “y de otros tres capitanes”. Otro pasaje algo más extenso, pero igual de significativo, se encuentra en el detalle del combate que se entabló nada más pisar la arena. A pesar de haber elegido el punto más desprotegido de la costa, la playa estaba bien guarecida por una marea de hombres, gruesas piezas de artillería y profundas trincheras: [CELIO] Entró en efecto, el Marqués al tiempo que el alba sale, […] comenzando a un cuerpo de galera el gran combate, las que llegaban, haciendo de suerte, que en varias partes la gente en barcas arrojan de asperísimos lugares. (vv. 161-82) En Mosquera de Figueroa, la narración del desembarco se prolonga a lo largo de varias páginas, sobre todo por la importancia del momento y porque el autor se detiene largamente en alabar la actitud heroica del marqués de Santa Cruz, que comandó el asalto en primera línea de fuego, como un arcabucero más: Entonces envistió el piloto hasta que el Marqués se le opuso a cuerpo de galera […] Llegaron brevemente las barcas a tierra, donde saltaron los españoles con grande esfuerço […] mucha razón tuvieron los antiguos de poner premio a los primeros que se arrojavan en semejantes peligros. Viose luego una vandera de Castilla y, assí, subieron todos por lugares asperíssimos y dificultosos (ff. 63r y 65r-65v). A nuestro juicio, Lope vuelve a echar mano del Comentario sin ningún pudor. Primero, en el inicio de las hostilidades, no se olvida de que la capitana del Marqués se acercaba tanto que luchaba “a un cuerpo de galera” de la playa.22 Poco más tarde, después de un catálogo de los señores principales que acompañaban a don Álvaro de Bazán (y que hemos omitido por razones evidentes),23 parafrasea el asalto de la arcabucería española. Justo en aquel preciso momento, GONZÁLEZ-BARRERA. ¿FUE LOPE UN POETA SOLDADO? Rilce_27-2d.qxd:Maquetación 1 11/3/11 14:53 Página 366
cuando los soldados se tiran al agua para alcanzar la orilla, que el poeta madrileño escriba “la gente en barcas arrojan / de asperísimos lugares” no puede ser un lance fortuito. Son las mismas palabras que utiliza Mosquera de Figueroa. EL CASO CURIOSO DE LOS CACHOPOS DE LISBOA A vueltas con El galán escarmentado, al poco de comenzar la relación se cuenta un episodio donde el Fénix parece confundir de manera incomprensible el significado de la palabra ‘cachopos’. A simple vista, un yerro fatal, pues podría evidenciar que muy poco o nada conocía sobre el puerto de Lisboa y que en último término demostraría que no sólo no se alistó para la conquista de las Azores, sino que también ensombrecería su participación en la Armada Invencible. Celio relata un pequeño accidente que ocurrió nada más levar anclas. En la salida, cuando la vanguardia dejaba atrás la barra del Tajo, una de las naves aragonesas, la Santa María del Socorro, encalla en unos bajíos, viéndose obligada a volver al río de Lisboa para su reparación. Los soldados que transportaba en su bodega tuvieron que ser recolocados en otras embarcaciones. Mientras, el resto de la flota zarpaba sin mayores incidentes24. Así nos lo explica el poeta madrileño: [CELIO] Los cachopos de Navarra hicieron volver la nave de don Miguel de Cardona: lo demás pasó adelante, haciendo que los soldados en los patajes se embarquen. (vv. 125-30)25 Este fragmento sería fácil de entender de no ser por el vocablo “cachopos”, que en principio parece no tener sitio en un contexto marino. Es conocido por todos que “cachopo” significa ‘tronco seco y hueco de árbol’, según la Real Academia; sin embargo, no se conoce de ningún barco que haya encallado al chocar con un madero a la deriva. El hecho de que la palabra “cachopos” vaya acompañada del complemento “de Navarra” convierte el verso en un pasaje oscuro que podría despejarse por medio de sendas hipótesis, una que disculparía a Lope, culpando del error a una mano ajena, y otra que ahondaría en la idea de que el dramaturgo posiblemente tampoco participara en la conquista de las Azores: RILCE 27.2 (2011): 354-77 367 GONZÁLEZ-BARRERA. ¿FUE LOPE UN POETA SOLDADO? Rilce_27-2d.qxd:Maquetación 1 11/3/11 14:53 Página 367
RILCE 27.2 (2011): 354-77368 1) “Los cachopos de Navarra” (v. 125) llevaría a pensar en otra acepción, ya desaparecida de los diccionarios,26 pero que en nuestros días sobrevive aún en el noroeste de la Península con el sentido de “muchacho, mozo, mozalbete, joven, criado”. Un portuguesismo de uso en tiempos de Lope.27 Por lo tanto, según se puede colegir, sería la falta de pericia o experiencia de la tripulación, navarra se entiende, la que ocasionó en última instancia que el barco quedara encallado a la salida del puerto. Como ya hemos advertido, de ser cierta, el error sería harto difícil de excusar porque bastaría volver sobre el Comentario para hallar unos hechos bien distintos: […] con que todas las naves salieron, si no fue una levantisca del capitán Rusco de Marco, que por aver tocado en los cachopos, no quedó para poder proseguir su viaje y, assí, bolvió al río de Lisboa para repararse […] Llegó a esta sazón a juntarse con la armada el navío que avía tocado en los Cachopos a la salida de Bethlén, como al principio se ha dicho; vino con la compañía de don Miguel de Cardona, del tercio del Maestro de Campo General, y con otra compañía de Garcilasso de la Vega (Mosquera de Figueroa ff. 24r y 105r). A pesar de lo breve de la noticia, el licenciado dejaría en evidencia los versos de Lope: el barco, tras haber tocado en unos cachopos, debe regresar a los astilleros. Ni una palabra de marineros bisoños.28 No sólo contamos con la versión ‘oficial’ del auditor de aquella armada; además, tenemos la suerte de disponer del testimonio de un testigo extranjero, el alemán de origen polaco Erich Lassota de Steblovo, que luchó como lansquenete en una de las compañías tudescas del conde Lodrón a lo largo de toda la campaña de Portugal (1580-1584). En las páginas de su diario, corrobora punto por punto el relato de Mosquera de Figueroa, cerrando el debate: “Un navío llamado de Santa María del Socorro, en que se había embarcado la bandera española de don Miguel de Cardona, encalló en Cachopos y de allí necesitó volver atrás” (Viajes de extranjeros I, 1279). 2) La otra posibilidad, enunciada por Dámaso Alonso, plantea una lectura distinta del verso en cuestión. Si bien no contamos ni con el manuscrito autógrafo ni con un impreso autorizado de la comedia,29 el insigne filólogo concluye que estamos ante un error de copia y que en realidad Lope escribió: “cachopos de la barra”, confundiéndose una lcon una nmayúscula, amén de la libre alternancia b/v, tan característica del Siglo de Oro. Esta última hipó- GONZÁLEZ-BARRERA. ¿FUE LOPE UN POETA SOLDADO? Rilce_27-2d.qxd:Maquetación 1 11/3/11 14:53 Página 368
tesis salvaguardaría la imagen de Lope, que de otra forma quedaría como muy poco cuidadoso: “En el caso de la comedia de Lope [El galán escarmentado], no poseemos autógrafo, pero podemos corregir, con completa seguridad, el pasaje, y afirmar que Lope no escribió ‘los cachopos de Navarra’ sino «los cachopos de la barra»” (Alonso 305-06). Y es que para salir a mar abierto había que atravesar antes la llamada ‘Barra de Lisboa’, el estuario del río, que se estrechaba peligrosamente hacia el centro de la desembocadura, debido a la existencia de los Cachopos, es decir, unos bajíos o escollos a modo de cayos que con la marea baja podían ocasionar graves daños a las embarcaciones (como, de hecho, sucedió aquella mañana del 23 de junio de 1583). Los cartógrafos portugueses todavía avisaban de aquella amenaza a las naves de mayor tonelaje siglos después: [En el plano del puerto de Lisboa de Diogo Correa da Motta (1756)] se hace una descripción pormenorizada del canal indicando dos estrechos: 1) el llamado «o grande paso» defendido por la «torre do Bogio» a Oriente –al final del «Grande Cachopo»- y la torre de San Jullião a Occidente. 2) El «pequeño paso», muy estrecho, pero profundo, entre el «pequeño cachopo» y la torre de San Jullião. (Manso Porto 37) Un peligro natural que durante años se intentó aprovechar sin éxito para establecer una barrera defensiva sobre el puerto y la ciudad.30 Esfuerzo que nunca llegó a completarse por la invasión española de 1580. CONCLUSIONES En los últimos años del Quinientos, cuando Lope pudo haber escrito El galán escarmentado, el ideal del perfecto cortesano seguía vivo en la mente del hombre barroco, al menos entre el pueblo llano, y en especial, para los poetas, con Garcilaso de la Vega como modelo insuperable. Idolatrado por las masas, el Fénix no podía ser menos que nadie y también reivindicó para sí un pasado militar. Como venimos señalando, la falta de documentación que pudiera probar su participación en la empresa de Inglaterra ha hecho correr ríos de tinta en uno y otro sentido, aunque siguen siendo mayoría quienes dudan de su concurso, a la espera de nuevos hallazgos que arrojen luz sobre el tema. En cambio, acerca de las islas Azores muy poco se ha escrito, dándose su palabra por buena, a pesar de que tampoco se cuentan con pruebas fehacientes. A lo largo RILCE 27.2 (2011): 354-77 369 GONZÁLEZ-BARRERA. ¿FUE LOPE UN POETA SOLDADO? Rilce_27-2d.qxd:Maquetación 1 11/3/11 14:53 Página 369
RILCE 27.2 (2011): 354-77370 de estas páginas, hemos intentado demostrar que el fragmento de El galán escarmentado donde se narra la toma de la isla Tercera, no sería un argumento que avalaría su servicio como soldado del Rey Católico, sino todo lo contrario. Un estudio comparativo con el Comentario de Mosquera de Figueroa revela que Lope copió o parafraseó más de un pasaje para componer sus versos. No podemos afirmar o negar su presencia junto al marqués de Santa Cruz, pero que necesitara del testimonio de otro para relatar unos hechos que había vivido en primera persona y que, recordemos las fechas, estaban bastante recientes, pone en tela de juicio aquella condición de poeta soldado de la que tanto se vanagloriaba. Si a todo lo dicho añadimos que de manera inexplicable nunca ofreció el más mínimo detalle que singularizara su experiencia en las Azores –¿quién fue su capitán?, ¿quiénes le acompañaron?, ¿fue herido?, etc.– y su natural inclinación para manipular su imagen pública, incluyendo mentiras o medias verdades acerca de su vida privada en sus obras, la sombra de la sospecha se hace más y más alargada. De este modo, con su participación en el Desastre de la Invencible también en el alero, ¿fue Lope de Vega realmente un poeta soldado? Quizás, más que un perfecto cortesano, fue un [poeta] cortesano. Vale. Notas 1. En los últimos tiempos, parte de la crítica viene haciendo un esfuerzo insistente por resaltar la facultad del Fénix para construir un yo poético distinto según las circunstancias, cumpliéndose así la teoría de Greenblatt acerca de los autores renacentistas. Estudiosos como Weiger, Rozas, Carreño, Sánchez-Jiménez y Torres, por señalar unos cuantos nombres, han incidido en el hecho de que Lope fuera capaz de escribir su propia mitología a través de un florilegio de discursos muy diversos. 2. Todavía en 1619, en un soneto preliminar a las Fiestas reales de Lisboa se alababa al autor, Francisco de Arce, en los siguientes términos: “Gloria del patrio suelo castellano / honor de Apolo, y musas del Parnaso, / primero Arceo, segundo Garcilaso” (Arce 17). 3. La copia manuscrita de la colección de Ignacio de Gálvez (siglo XVIII) lleva la fecha del 17 de diciembre de 1596. 4. “Quelle n’est pas sa surprise lorsque, parmi les ultimes arrivants, il voit apparaître son ami Luis de Vargas accompagné de huit domestiques, puis GONZÁLEZ-BARRERA. ¿FUE LOPE UN POETA SOLDADO? Rilce_27-2d.qxd:Maquetación 1 11/3/11 14:53 Página 370
Félix Arias Girón, mais aussi, outre le cher Claudio Conde, son jeune frère Juan de Vega” (Varga 83-84). En todo caso, hubiera sido su hermano Francisco quien compartiera aquellos hechos de armas con Lope (si es que alguna vez se produjeron). La existencia de otro llamado Juan de Vega es más que dudosa. Probablemente, es confundido con un cuñado del mismo nombre, casado con su hermana Catalina desde marzo de 1579, según se documenta en el archivo de la parroquia madrileña de San Sebastián (Fernández García 62). 5. En el prólogo a La hermosura de Angélica (1602), Lope escribió: “[…] en una jornada de mar, donde con pocos años iba a ejercitar las armas, forzado de mi inclinación, ejercité la pluma, donde a un tiempo mismo el general acabó su empresa y yo la mía. Allí, pues, sobre las aguas, entre jarcias del galeón San Juan y las banderas del Rey Católico, escribí y traduje de Turpino estos pequeños cantos, a cuyas rimas puse después la última lima” (185-86). 6. El archipiélago de las Azores se compone de nueve islas (de mayor a me- nor): San Miguel, Pico, Tercera, San Jorge, Fayal, Flores, Santa María, Graciosa y Cuervo. A la llegada del Marqués, sólo las islas de San Miguel y Santa María, esto es, las ínsulas orientales, eran leales a la Corona española. 7. A lo largo de los últimos años se han escuchado toda clase de teorías acerca del episodio de la Invencible: Lope estuvo en Lisboa, pero ni siquiera pensó en alistarse; sentó plaza en una compañía, pero nunca embarcó; subió a bordo del San Juan, pero se arrepintió al fondear en La Coruña, y así hasta un largo etcétera. 8. Al final, sobre Lope y la Armada Invencible, nos quedamos con el brillante análisis de Rudolph Schevill: “In conclusion: Lope has told us only in the most unconvincing form that he took part in the expedition of the Armada; it is never attested in any serious document. This episode is largely a figment of Lope’s brain; it is in keeping with other assertions which distort and poetize bald facts. There is nothing criminal in this extension of his limited military experience at Lisbon to cover the entire jornada; but it constituted an impressive boast. His casual allusions called for no proof, and have, since his time, only mystified his biographers” (Schevill 78). 9. En estos versos de la epístola a don Luis de Haro también menciona su participación en la Armada Invencible (Vega, Poesía 10). 10. Si bien la guarnición de la isla Tercera estaba compuesta principalmente RILCE 27.2 (2011): 354-77 371 GONZÁLEZ-BARRERA. ¿FUE LOPE UN POETA SOLDADO? Rilce_27-2d.qxd:Maquetación 1 11/3/11 14:53 Página 371
RILCE 27.2 (2011): 354-77372 de portugueses –treinta y seis banderas de infantería y una de caballería–, bajo el mando de Manuel de Silva, mano derecha del Prior de Crato; en realidad, fueron Monsieur de Chaste y sus dieciocho compañías de franceses quienes llevaron el mando, soportando el gran peso de la batalla contra los españoles. Tampoco faltaron algunos mercenarios ingleses: “[…] en la isla de la Tercera, doze compañías de franceses a cargo del capitán Carlos […] y una de ingleses” (Mosquera de Figueroa f. 28r). 11. La fecha de composición es la propuesta por Morley y Bruerton (223- 25). 12. No somos los primeros en advertir de la existencia de un relato en primera persona de la toma de la isla Tercera. Sin ir más lejos, Dámaso Alonso o Frida Weber de Kurlat, por señalar un par de nombres, ya nos pusieron sobre aviso acerca de una relación comediesca de aquellos hechos de armas. 13. El auditor general era el responsable de la administración de justicia en un ejército, sólo superado en autoridad por el capitán general. 14. El clima de euforia pergeñó también otros títulos de menor trascendencia como La victoria conquista de don Álvaro de Bazán de Gaspar García de Alarcón (Valencia, 1585). 15. En el caso de Bernardino de Escalante, no se trata del relato de un testigo directo o un cronista aventajado, sino que, como nos advierte en el mismo comienzo, ni siquiera es su autor: “Léanos V.M. señor Alcayde essa relación, que le embía el Sargento mayor, que razón es que sepamos muy en particular nuevas de tan buen successo” (f. 170v). Para citar mejor el texto de la edición facsímil de los Diálogos hemos preferido modernizar la acentuación, la puntuación y la separación de palabras. 16. La aprobación de jurista tan ilustre, hijo del capitán general de artillería Francisco de Álava, era poco menos que un formalismo obligado después de alabar sin mesura su obra El perfecto capitán (Madrid: Pedro Madrigal, 1590) al comienzo del Comentario: “Pudiera aver escusado algunos d’estos autores, trayendo a la memoria el libro que don Diego de Álava y Viamont ha publicado, si la mal introduzida costumbre no nos uviesse impuesto en persuadirnos que traen más autoridad las cosas antiguas, por la reverencia que a la antigüedad se deve, que las que tenemos entre las manos; y cierto que me dexara llevar d’esta opinión, si en el libro que del perfeto Capitán hizo, no viera las cosas de los griegos, y romanos y de otras naciones que florecieron en las armas estar tan acomodadas para GONZÁLEZ-BARRERA. ¿FUE LOPE UN POETA SOLDADO? Rilce_27-2d.qxd:Maquetación 1 11/3/11 14:53 Página 372
nuestros usos, las quales de antes nos parecían ociosas por la diferencia de las armas y de los tiempos, y aora se veen admitidas y son importantes para nuestros exércitos, en que se muestra su ingenio y erudición y, singularmente, en los artificios de fuego y ciencia de la artillería, donde en medio de su espantosa furia se reconoce el arte y el entendimiento discurre” (ff. 6v-7r). 17. De ahora en adelante, cuando hallemos coincidencias dignas de mención con el volumen de Herrera y Tordesillas o el tratado de Escalante, las reproduciremos a pie de página. 18. En cambio, con la Historia de Portugal en la mano se podría concluir la relación de naves de nuestra comedia: “[…] y estando a punto las dos galeazas y doze galeras que avian de yr a la jornada […] y treynta naves gruessas” (Herrera y Tordesillas f. 192r). En los Diálogos de arte militar, las cuentas se aproximan mucho más a los números ofrecidos por Lope: “Dos galeaças, […] doze galeras, […] tres galeones de su Magestad […] dos galeones del Marqués, […] ocho Patages y quinze Pinacas […], quatro patages, […], catorze caravelas, […] siete barcas chatas (ff. 172v-173v). Incluso si sumamos todas las naves, desglosadas aquí por su procedencia, alcanzaríamos las treinta naos de El galán escarmentado: “Treze naves de la Provincia de Guipúscoa, […] Siete naves Arragocesas […] Quatro naves Venecianas […] Una nave Neapolitana […] Dos naves Ginovesas […] Tres naves Catalanas” (f. 173r). 19. La revista de la infantería, dividida en tercios y capitanes, así como otros documentos de gran interés sobre aquella jornada (cartas, diarios, instrucciones reales, etc.) se encuentran recopilados gracias al generoso esfuerzo de Cesáreo Fernández Duro, en el que sigue siendo el estudio más completo hasta la fecha. 20. Si bien un aventurero y un soldado particular no eran exactamente la misma cosa, ambos vocablos podían intercambiarse como sinónimos, pues todo aventurero había recibido al menos una distinción o ‘ventaja’ a lo largo de su carrera, y, por ende, era también un particular. No a la inversa. El aventurero era cualquier hombre, normalmente un hidalgo o caballero de méritos probados, que se alistaba de manera voluntaria y sin sueldo para una jornada concreta. No quedaban inscritos en ninguna unidad, por lo que era costumbre que formaran parte del séquito del capitán general: “Existían también los aventureros, personas de cierto rango que se unían al ejército para una campaña o incluso una misión determinada. RILCE 27.2 (2011): 354-77 373 GONZÁLEZ-BARRERA. ¿FUE LOPE UN POETA SOLDADO? Rilce_27-2d.qxd:Maquetación 1 11/3/11 14:53 Página 373