Historia del conde niño, y canción de Gerineldo : En la que se espresan los amores y fuga de Gerineldo con la bella Enildas, Sultana favorita del gran Señor
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DEIiCONDENnStO, cmcio^ ‘J'n la que se espresan los amores yfuga de Gerineldo con la bella Enildas, Sultana favorita del gran Señor. Se levanta él conde'Niño, la mañana de San Juan, ádar agua ásu caballo en la corrientedel mar; las aves que van ^volando se han parado áescuchar. Grandes guerras se publican entre España yPortugal ynombran al conde Pliño de capitán general. La hermosa Enildas lo llora tsin, poderlo remediar. pues debe con él casarse, -según contrato formal que sus padres celebraron. Señora de jhí alvedrio -no os toméis tan gran pesar, si álos seis años no he vuelto, con otro os podéis casar. Pasáronse seis años sin haber razón formal para consolar áEnildas que morirá de pesar. .Mas al caho de este tiempo rn'
uir criado muy sa^z,, Tino átraerles noticias de que se iba ácasar el conde Niño su amo con una hermosa deidad que era en Francia celebrada por su garvo ypor su sal. Sabida esta fiel noticia no se detiene en pensar yásu criado le dice kla quiere acompañar, que para Francia la vuelta muy al punto va átomar: * quitóse el trage de seda, yponiéndose un sayal en compaña del criado en el camino están ya; bien provistos de dineros porque no puedan faltar. Andando de dia_^ noche no permiten descansar hasta que áFrancia llagaron; mas cual seria su pesar cuando supieron que el conde en Francia no estaba ya* pues con una gran armada tres dias hacia no mas que se había embarcado. En un mar de confusiones sin discurrir ni pensar ásu criado Gerineldos le hace que vaya ábuscar marineros fun buen buque conque poder alcanzar la escuadra del conde Niño* Todo está listo, Señora, al punto conso queréis ysin detención ninguna* vámonos luego áembarcar. Cuatro dias de buen viento siguiendo las aguas van de la escuadra deseada, del que iba áconquistar la casa santa del moro, mas al quinto ¡qué pesar! siete jabeques morunos los rodea sin parar hasta que abordaje fueron. Los cristianos se defienden con coraje sin igual, pero de tanta morisma es imposible escapar, aquel que no ha sido muerto lo maniatan sin piedad yen la bodega lo meten. El infeliz Gerineldos. sobre la cubierta está todo de heridas cubierto, al agua lo van áechar, pero Enildas presurosa lo apadrina con afan cubriéndolo con su cuerpo. Todos se quedan suspensos yobedientes sin igual álas ordenas de Enildas, que con piedad singular ha labado sus heridas, yen un lecho bien mullido ío ha mandado descansar. El gefé de aquellos moros áEnildas le llega áhablar diciéndole de esta suerte: cCristiana, tú eres mi presa pues no te puedeir librar va, ninguno de los tuyos siendo el golpe musulmán el que átodos ha rendido.. Tu suerte va ácaminar, desde este instante Señora* así me permitirás te cubra con este velo que solo se podrá alzar delante del gran señor áquien destinada vas,» Dichas tan breves palabras manda velas desplegar* yel rumbo áConstantinopla no se detiene en tomar, llegando muy felizmente de! puerto ádesembarcar. El gefe de los Eunucos se ha llegado ápresentar para entregarse de Enildas, el que al punto ysin lardar la conduce presuroso ante el solio del Sultán. Quedóse el Sultán pasmado viendo hermosura tan rara yha mandado la obedezcan cual favorita Sultana.
Enildas no olvida nunca que Gerineldos se halla entre cadenas yherido, yal Sultán pide la gracia que en livertad lo pongan. Esa es muy pequeña gracia la que me pides Sultana manda cosa de importancia en que obedecida sea tu voluntad soberana. AGerineldos lo nombro por oficial de mi guardia pues quiero que su. persona no esté lejos de este alcazar. Rluchos <dias se pasaron sin ver ysin saber nada Enildas de Gerineldos, mas ai fin una mañana lo vio que por los jardines solitario se paseaba.. Entonces con un pañuelo, le hizo señas que llegara ydesde el balcón le dice con cariñosas palabras. cmcioK. Gerineldo, Gerineldo, Gerineldiilo querido, bien conozco que el amor te ha hecho tan atrevido; mas no creas que por eso caigas jamás en olvido de quien tiernamente te ama hace tiempo sin decirlo. Bella Enildas, tu respuesta me ha dejado sumergido en un mar de pensamientos, sin lograr seguro asilo; pues noto la diferencia que va de tu culto al mió, yno abandono mi ley por tu amor ni mi destino. No desmayes, Gerineldo, que amor todo lo ha vencido; estoy de ti enamorada, yesto basta, dueño mió, pero has de ser reservado ácuanto' ahora te digo; hablarte esta noche quiero en este jardín sombrío. Verdad es que amor vence pues tiene gran poderío, yespondré hasta mi existencia si tal fortuna consigo; mas siendo vuestro criado, creo que os burláis conmigo. ¿A qué hora de la noche cumpliréis lo prometido? Entre las doce yla una, que estará el Sultán dormido, para esta hora le espero, que vendrás, bien prevenido: tres, vueltas dá ásu palacio, pero siempre con sigilo: las botas lleva en la mano, yno serás de él sentido. ' Eternas fueron las horas para el amante rendido, • deseando por instantes verse con su amor unido: cumplió fielmente la cita, resuelto, animoso yfino, yentró al cuarto de la dama sin ser de nadie sentido. La Sultana que oyó pasos, dijo con ánimo ybrio: ¿quién se inlr-oduce en mi cuarto? ¿quién ba sido el atrevido que profana mi decoro, yel honor de mi marido? tema, tema la venganza del Sultán enfurecido. Gerineldo la responde al momento: hechizo mió, no os asustéis, gran Señora, que es vuestro amante querido: media hora os ando buscando, todo el jardín he corrido, ypor cumpliros la cita vengo del amor herido. Le toma la mano Enildas, con afectuoso cariño, dándose satisfacciones como muger ymarido; siendo el gozo tan cabal que se quedaron dormidos, yal despertar se encontraron éntre, variados designios. El Sultán quiere vestirse, mas no encuentra el vestido;
ue llamen áGeri«eldp, que es su oficial mas querido: unos dicen' que no estaba, otros que fio habia* venido, yel gran Señor receloso, se., levantó comedido. Al cuarto de Enildas entra, yallí lo encontró dormido: estuvo algunos momentos su Alteza muy pensativo, reflexionando qué baria contra el audaz yatrevido, pues si grande era su ofensa no era menos su cariño. ¿Mataré yo áGerineldo, ya que lo encuentro dormido? pues si mato ála Sultana tengo mi reino perdido; no, pondré'el puñal por medió que me sirva de testigo; hácelo asi, y, se retira del jardin áun bosquecillo. Enildas al despertarse, mirando que estaba el filo del puñal éntre'^los dos, dijo áSu amante querido: levántate, Gerineldo, levántate., dueño mió, que el puñal del gran Señor * entre los dos ha dormido. Al oir esto Gerineldo, se levantó despavorido, todo confusó yturbado, creyéndose ya perdido; la Sultana lo animaba, yel respondía ’afligido: ¡á donde iré, mi hermosa! ¡á donde me iré, Dios mió! No te aflijas, Gerineldo, que siempre estaré contigo; márchate, por el jardin, que luep al punto te sigo; obedeció ála Sultana, haciendo lo qué le dijo: yel Sultán que está en acecho se hizo el encontradizo. ¿Dónde vas, buen Gerineldo? ¿cómo estás tan pensativo? Recorriendo aquestas matas por .ver -si han florecido: yuna rosa muy fragante él color me la ha comido. Mientes, mientes, Gerineldo,' que con Enildas has dormido. Estando en esto el Sultán un gran pliego ha recibido; ábrelo, yen el instante todo el color ha perdido. Que prendan áGerineldo, yencierren en un castillo: marchando determinado -ácumplir lo contenido. En esto la hermosa Enildas, acude áaquel mismo sitio, infórmase muy en breve, yconociénde el peligro, sin esperar áque vuelva el Sultán enfurecido, salta la verja ligera, guiada del ciego niño. Fúgase ála gran Tartaria con su amante yfiel amigo, con dos fogosos caballos, mudando trage yvestido, ycon las joyas que lleva en un rico cofrecillo, "Una vida regalada áSU dueño ha prometido. CAn-MO-’^A=185». ^Imprenía-^c 0. -José Maria Moreno, Descalzas, nüm.si.