Medicina, geografía y geometría. Los espacios de la salud y la enfermedad
Abstract
1.- La organización axiológica y la organización espacial originarias. 2.- Los espacios épicos. Homero y Esculapio. 3.- Los espacios geográficos. Heródoto, Hipócrates y Euclides. 4.- Los espacios científicos y políticos. Erastóstenes, Cicerón, y Galeno. 5.- Los espacios administrativos. Newton, Napoleón y Pasteur. 6.- Espacios culturales de la salud y la enfermedad. El espacio de la OMS.
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1 La mayor parte de los datos médicos y geográficos están tomados de P. Laín Entralgo, Historia de la medicina, Masson, Barcelona, 2004 y José Ortega Valcárcel, Los horizontes de la geografía, Ariel, Barcelona, 2000. Algunos otros están tomados de Juan Arana, Materia, Universo, Vida, Tecnos, Madrid, 2001 y Marvin Harris, El desarrollo de la teoría antropológica, Siglo XXI, Madrid, 1978. Remito a esas cuatro obras para la ampliación y contextualización de algunas de las afirmaciones expresadas, dado que el interés de este estudio no se cifra en la dinámica interna de ninguna de esas ciencias, sino en la comparación y correlaciones entre ellas. Hay datos concretos de fechas y lugares que he obtenido de diversas enciclopedias on-line. THÉMATA. REVISTA DE FILOSOFÍA. Núm. 40, 2008. MEDICINA, GEOGRAFÍA Y GEOMETRÍA. Los espacios de la salud y la enfermedad. Jacinto Choza. Universidad de Sevilla Resumen: 1.- La organización axiológica y la organización espacial originarias. 2.- Los espacios épicos. Homero y Esculapio. 3.- Los espacios geográficos. Heródoto, Hipócrates y Euclides. 4.- Los espacios científicos y políticos. Erastóstenes, Cicerón, y Galeno. 5.- Los espacios administrativos. Newton, Napoleón y Pasteur. 6.- Espacios culturales de la salud y la enfermedad. El espacio de la OMS. Abstract: 1.- Early axiological and spacial organization. 2.- The epic spaces. Homer and Asclepius. 3.- The geographical spaces. Herodotus, Hypocrates and Euclides. 4.- The scientific and political spaces. Eratostenes, Cicero and Galenus. 5.- The administrative spaces. Newton, Napoleón and Pasteur. 6.- Cultural spaces of Health and Illness. The space of the WHO. 1.- La organización axiológica y la organización espacial originarias. En este trabajo se expone la correspondencia entre las formas de concebir y gestionar el espacio y las formas de concebir y gestionar la salud y la enfermedad. La manera de concebirse el hombre a sí mismo y al mundo está distendida en el espacio, y en el espacio se ubican todos los valores y antivalores en relación con los cuales el hombre se realiza o se destruye. Entre ellos se encuentra el valor máximo, el de la vida, y, consiguientemente, el de la salud. En esta primera roturación del campo a estudiar, apenas da tiempo para la reflexión, para hacerse cargo de todos estos datos1. El primer gran despliegue del espacio, y su primera gran configuración viene dada por la liberación de las manos, la posición bípeda y el eje corporal. En función de dicho eje se organiza el espacio mediante la generación de la tópica originaria: delante /detrás, derecha/izquierda, arriba/abajo, y con ella se establecen los adverbios de lugar, cerca/lejos, aquí/ allí, que a su vez determinan la relación del individuo con la comunidad y con los extranjeros: nosotros/ellos. Los espacios nunca son neutros desde el punto de vista del hombre. Arriba/abajo se corresponden con cielo/infierno, bueno/malo con diestro/siniestro, y aquí/allí o nosotros/ellos se corresponde con cosmos/caos. Estos lugares primitivos, que resultan de la organización de los espacios paleolíticos terrestres (no los celestes, pues hay una astronomía paleolítica) se corresponden con los valores de la salud y la enfermedad: los poderes del tótem son los que causan la suerte/desgracia, vida/muerte, fuerza/debilidad.
156 Thémata. Revista de Filosofía, 40, 2008 Hay espacios de los antepasados, de los muertos, y espacios de los contemporáneos, de los vivos. Espacios para los ritos, o espacios sagrados, y espacios ordinarios, o profanos. Espacios puros e impuros. Espacios para la curación y para la muerte. El rito originario, del que surgen diferenciadamente los demás, el de la comida o de la comunión, es el de la salvación y la salud: comer la carne del tótem, del antepasado, y beber su sangre. Recuperar la fuerza y recuperar la vida. Salvarse del hambre, de la debilidad, de la in-firmeza, in-firmitas, enfermedad. Cuando comienzan los primeros asentamientos urbanos y los hombres dejan de ser cazadores y recolectores nómadas, se produce una nueva expansión del espacio, una nueva conexión entre los espacios celestes y los terrestres, una nueva organización de los lugares, y una nueva distribución de los espacios de la salud y la enfermedad. 2.- Los espacios épicos. Homero y Esculapio. El espacio se amplía a golpe de los viajes, expediciones guerreras y comerciales, y el saber acerca de sus características se plasma en lo que Vico llamó geografía poética y que ahora llamamos etno-geografía. La fuente y la forma de la etno-geografía es la épica, cuyos mapas dibujan el caos y el cosmos, los territorios humanos y los inhumanos de los monstruos, el cielo y el infierno. En esos tiempos heroicos y esos ámbitos de los héroes es donde Asclepio, hijo de Apolo y una mortal, fue instruido por el centauro Quirón en el arte de la medicina. Palas Atenea le había dado la cabeza de Gorgona, y le había enseñado que de las venas del lado izquierdo salía sangre y veneno mortífero, y de las venas del lado derecho, una sangre salutífera que Asclepio sabía usar para dar vida a los muertos. El lugar de la enfermedad y de la muerte era la izquierda, y el de la vida, la derecha. Homero sitúa el paraíso en las islas afortunadas (la actuales Canarias), y el infierno en el país de los cimerios, que en los debates académicos unas veces se ha ubicado en el norte de la actual Ucrania y otras en la actual Gran Bretaña. Lo saludable y lo morboso es una característica de los lugares y de los climas, que a su vez permiten y generan diferentes tipos de alimento, los cuales, por su parte, potencian o destruyen la salud. Los dioses viven en el Olimpo, y se alimentan de ambrosía, y por eso son inmortales. Los hombres son los que comen pan de trigo y veneran a los dioses, y habitan en zonas agradables. Los sobrehumanos como Polifemo o Calypso viven en tierras fértiles, donde no se padecen enfermedades, o bien donde se conocen muchos remedios para los males. Más aún, donde puede haber un dominio completo sobre la “naturaleza”, como el que tiene Circe. Circe puede amansar a los leones y a los tigres, puede cambiar a los hombres de valientes en cobardes, etc.A medida que el espacio se amplía por los informes y relatos de guerreros, viajeros y comerciantes, los espacios se modifican, los lugares de los monstruos y los dioses se alejan, el cielo y el infierno se distancian y se reubican. Lo que para Homero en el siglo IX aC y en los anteriosres está geográficamente más allá del alcance del conocimiento humano, no lo está para Virgilio ni para Tácito en los siglos I y II dC. Por eso, el infierno de Virgilio se desplaza hacia territorios polares y hacía más allá de las columnas de Hércules, y allí se sitúa también el mal
157 Thémata. Revista de Filosofía, 39, 2007 y la muerte. Por eso Polifemo ya no vive en el Mediterráneo, sino que es en los territorios polares donde viven los monstruos, seres mitad hombres, mitad osos, según las descripciones que Tácito recoge de los germanos. Y Circe, la de los remedios mágicos, curaciones y transformaciones prodigiosas, tampoco habita en ámbitos donde se desarrolla la vida cotidiana. El infierno de Agustin y Dante se ubica en zonas tórridas o en zonas lúgubres, y el paraíso, con la fuente de la eterna juventud y El Dorado, se sitúan en los más remotos confines del océano, al otro lado del Atlántico. 3.- Los espacios geográficos. Heródoto, Hipócrates y Euclides. Cuando entre los siglos VI y IV aC se inventa la ciencia en Grecia, el mundo se trasforma, y el espacio se despliega de otros modos. No se organiza ni se distribuye ya en clave imaginativa y simbólica, mediante representaciones de animales y vegetales o mediante representaciones antropomórficas, de todo el acontecer cósmico, sino en clave conceptual y mediante signos abstractos. El espacio entonces, y el tiempo, se expresan en números, en medidas y en relaciones numéricas. En primer lugar los relatos épicos y míticos ceden su lugar a los relatos que pasan a llamarse “históricos”. Heródoto, el primer historiador y geógrafo, nacido en Asia Menor, en Halicarnaso (actual Bodrum, Turquía) en 484 adC, y muerto en Atenas en el 425 adC., es uno de los pioneros de la creación científica. Busca leyes generales entre las costumbres de los diferentes pueblos, o sea, busca lo que podríamos llamar ahora instituciones universales, descubre equivalencias funcionales entre dioses de la guerra, de la fecundidad, etc., de las diferentes religiones, y ejerce una crítica muy reflexiva a la hora de aceptar y rechazar relatos como verídicos, comprobados, probables o puramente fantasiosos, y a la hora de interpretarlos. En segundo lugar, y correlativamente, los padecimientos de los hombres dejan también de explicarse en clave imaginativa y simbólica, y pasan a explicarse en clave conceptual, por el trabajo de otro pionero coetáneo de Heródoto, Hipócrates, el padre de la medicina moderna, nacido en Cos, hacia el año 460 adC, y residente toda su vida en Grecia. Ese cambio tiene que ver con la mencionada sustitución de las claves imaginativas y simbólicas en la explicación de los fenómenos del cosmos. Los vientos, el tiempo, el sol, la suerte, etc., que se representaban como fuerzas, como espíritus, y, a la vez, con atributos humanos, pasan a representarse también en clave de medida y número, o sea, de igualdad y repetición, de constancia y regularidad, y al conjunto de lo representado según estas claves empieza a llamársele “naturaleza”. El mayor descubrimiento y la mayor aportación de la antigua Grecia a la cultura occidental y a la global pasa por ser la ciencia, el logos, y consiste en el descubrimiento de homogeneidades, de relaciones de número y medida, de continuidad y cambio, entre los elementos del cosmos. Cuando se han descubierto suficientes relaciones de ese tipo, entonces surge el científico como un conocedor que supera al experto, y la ciencia como algo que sobrepasa a la experiencia. El experto no sabe por qué logra algo y el científico, sí. Por eso puede enseñar, porque universaliza. Pues bien, otra de las primeras ciencias, otro de los primeros descubrimientos, es el que percibe en el hombre Hipócrates, a saber, el logos que articula el organismo humano con el clima, los alimentos, las edades y los cambios morfo-fisiológicos correspondientes. Entonces es cuando surge
158 Thémata. Revista de Filosofía, 40, 2008 propiamente la noción de organismo y de “cuerpo humano” junto a la de “naturaleza”. Platón se refiere a Hipócrates como un médico perteneciente a los seguidores de Asclepio, y aunque su figura es casi legendaria, su nombre se asocia el descubrimiento de que la enfermedad es un “fenómeno natural”. En efecto, a partir de sus actividades y enseñanzas, la “enfermedad sagrada”(epilepsia), deja de ser sagrada, como lo eran, por lo demás, la mayoría de las enfermedades (posesión de los espíritus, maldiciones de los dioses, etc.), y se convierten en “naturales”. Se inicia de ese modo el proceso de racionalización, de secularización. La idea de destino y de fortuna cede su lugar a la de naturaleza, y la de lo singular e irrepetible a la de lo común y reiterado. Se produce así la primera fase del desencantamiento del mundo. Su primer momento es el tránsito de lo misterioso y mágico a lo habitual y burocrático. La medicina primitiva opera, como cualquier otra explicación de cualquier otro periodo histórico, con los elementos considerados entonces constitutivos de la realidad. Por ello, se basa en la idea de que la enfermedad es un castigo divino, o una hechicería, o la posesión del cuerpo del paciente por un espíritu maligno, o la pérdida del alma, o varias otras cosas mas, que tienen todas un elemento común: se trata de “fenómenos sagrados” que pertenecen al dominio de la religión, y, por tanto, del hechicero, el brujo y el sacerdote. Pues bien, Hipócrates piensa que las enfermedades son “fenómenos profanos”, y que en el ámbito de lo profano hay también motivos, acciones, reacciones, etc. Piensa que ese conjunto de motivos, acciones, venganzas, arrepentimientos, perdones, etc., en virtud de sus elementos comunes, de constancias y regularidades que se dan en ellos, pueden manejarse con más comodidad llamándoles “causas” y “efectos”, y pueden describirse como operando en un campo unificado al que llama el ámbito de la “naturaleza”. Junto y frente al antiguo ámbito de lo sagrado, o sea de lo sobrenatural, se constituye el ámbito de lo profano como ámbito de lo natural, en el cual el clima, el aire, el tipo de alimento, el sitio geográfico, etc., operan como “causas” que tienen determinados “efectos” sobre lo que ahora se empieza a llamar organismo. La historia de Heródoto y la medicina de Hipócrates, acontecen también en un espacio nuevo, en un cosmos nuevo. Se trata de un cosmos en el que no hay cielo ni infierno, ni adverbios de lugar, ni lugares sagrados ni profanos, fastos o nefastos. Un cosmos en el que las montañas no son tocadas por los rosados dedos de la aurora. Acontecen en un espacio abstracto, conceptual, justamente el espacio que dos siglos después formalizaría uno de los últimos grandes fundadores de ciencia griegos, Euclides. De Euclides, (Eukleides)(325 adC - 265 adC), uno de los grandes matemáticos de la historia, que trabaja después de que Aristóteles (384 adC-322 adC) compusiera sus tratados de física y de lógica, poco más se sabe aparte de que trabajó en Alejandría, Egipto. En el libro de los Elementos, escrito hacia el año 300 adC, Euclides sistematiza los conocimientos geométricos de la Grecia clásica, proponiendo su deducción a partir de cinco postulados, considerados como los más claros sencillos. El postulado 1.- “Desde cualquier punto se puede trazar una recta a cualquier otro punto”, significa también que la línea recta es el espacio más corto entre dos puntos, y que esa recta es única. Esto significa además que el espacio es recto, tridimensional e isomorfo, es decir, igual en todas sus
159 Thémata. Revista de Filosofía, 39, 2007 direcciones. Esta tesis, que puede parecer evidente a la mentalidad moderna, no lo era para los agrimensores, que tenían que sortear cuestas y curvas, ni tampoco para los ingenieros romanos, que al construir las vías imperiales habían optado por elegir siempre hacer cuestas con tal de evitarse hacer curvas. Por otra parte, tampoco era evidente para Fidias, Policleto ni Praxiteles. Ni en los campos, ni en las carreteras, ni en el cuerpo humano existen lineas con las características señaladas en el primer postulado. El postulado 2.- “Toda recta se puede prolongar indefinidamente”, significa también que el espacio es infinito, o bien que la amplitud de la línea se corresponde con la serie de los números naturales. Después de definir las características del espacio en función de la recta, en el postulado 3.- “Con cualquier centro y cualquier distancia se puede trazar un círculo”, se definen sus características en función de las curvas y las esferas, y en el postulado 4.-“ Todos los ángulos rectos son iguales”, continúan definiéndose en función de las intersecciones entre las rectas y las curvas. Con estos cuatro postulados queda establecida la homogeneidad, la regularidad, la constancia y la universalidad en todo el espacio y en sus partes. Por último, el postulado 5.- “Por un punto exterior a una recta se puede trazar una y sólo una paralela”, refuerza la tesis de que el espacio es recto, tridimensional e isomorfo, y de que esas notas determinan de un modo peculiar las relaciones entre los elementos espaciales. Esta concepción del espacio se mantiene vigente hasta el siglo XIX, y es considerada como “natural” y como “verdadera” hasta entonces, en que empieza a modificarse el 5º postulado para intentar fundamentarlo, y hasta que Bernhard Riemann (1826 - 1866) pone en circulación el concepto de curvatura (del espacio), de cuarta dimensión (del espacio), y abre el campo de lo que Kant había llamado los espacios de más de tres dimensiones y la multitud de espacios posibles que seguramente Dios habría creado. Las tesis de Riemann las recoge en 1920 Einstein para sostener la curvatura del espacio real, el carácter del tiempo como cuarta dimensión, etc. En el universo de Einstein, y según en qué regiones, por un punto exterior a una recta se pueden trazar infinitas paralelas, las líneas rectas desaparecen por efecto de los campos gravitatorios, y, en general, los postulados de Euclides se modifican. Es el trabajo de Heródoto y de Hipócrates, de Fidias y Policleto, de Platón y Aristóteles, lo que allana el campo para el trabajo de Euclides, para una abstracción o una formalización extrema del mundo de la vida. A partir de entonces no se suele hablar de “espacio real” o de “espacio natural”, sino de “modelos teóricos de espacio”, que son más o menos útiles para explicar fenómenos en unas u otras regiones del universo. Correlativamente, a partir de Heródoto se habla de diferentes concepciones y “modelos teóricos” de historia, y, a partir de Hipócrates, de diferentes concepciones o “modelos teóricos” de la salud y la enfermedad, y de modelos teóricos de organismo humano. A partir de entonces, curar, como antes, es saber moverse bien por esos espacios del organismo, del código genético o de las cadenas de ADN, y saber gestionarlos, ya sean espacios sagrados, naturales, microscópicos, urbanos o virtuales, como veremos. Con todo, conviene precisar que aunque los modelos teóricos de universo, de planeta tierra o de organismo son interpretaciones de esas realidades, y en este sentido pertenecen al ámbito de la hermenéutica, también en otro sentido pertenecen al ámbito de la epistemología, es decir, de la ciencia, y permiten un mejor conocimiento del universo, del planeta y del organismo,
160 Thémata. Revista de Filosofía, 40, 2008 es decir aportan más conocimientos verdaderos. Todas las interpretaciones son legítimas y aportan conocimientos inaccesibles desde otros puntos de vista, pero también las aportaciones científicas lo son y el desarrollo de la ciencia suministra cada vez un conocimiento más cercano a la verdad de las cosas. 4.- Los espacios científicos y políticos. Eratóstenes, Cicerón y Galeno. Si los espacios y las enfermedades de Homero y Asclepio son sagrados, y los de Heródoto, Hipócrates y Euclides son naturales y científicos, a partir de Eratóstenes, Cicerón y Galeno van a ser científico-técnicos y también políticos, es decir, urbanos. Eratóstenes es otro gran matemático, astrónomo y geógrafo griego, de origen probablemente caldeo, que nació en Cirene, en 276 adC y murió en Alejandría, en 195 adC. Marco Tulio Cicerón es quizá el mayor político, filósofo, jurista y orador romano, nacido en Arpino, en 106 adC y fallecido en Formia, en 43 adC. Y Claudio Galeno de Pergamo (131-201), más conocido como Galeno, es un médico que nace en Pérgamo (actual Bergama, en Turquía) en 131 dC y muere en 201 dC. Sus concepciones de la medicina, de la salud y la enfermedad, han estado vigentes en la cultura occidental durante más de mil años. Cuando Eratóstenes calcula que el planeta tierra tiene un diámetro de 40.000 kms. y acierta, descubre un procedimiento para determinar geométricamente un lugar de la tierra y su distancia a otro cualquiera. Inventa un modo de describir la tierra, una geo-grafía, que es también un modo de medirla, una geo-metría. El punto de partida son las medidas del mediterráneo occidental, de Marsella a Tunez, y del estrecho de Mesina al de Gibraltar, desde el extremo oriental al occidental de los Pirineos, y desde las Columnas de Hércules al Promontorio Sagrado (cabo de San Vicente). Uniendo mediante líneas rectas esas parejas de puntos, obtiene una rejilla o cuadrícula, a partir de la cual genera el sistema de meridianos y paralelos. Lo percibido por los sentidos queda encuadrado en un sistema teórico tal como Euclides lo había diseñado y enseñado, y operando sobre el modelo teórico es practicable y cómodo la identificación de cualquier punto real del planeta y la medición de las distancias reales entre cualesquiera puntos del espacio geográfico. Cuando Cicerón Relata la historia y la organización de Roma, relata la convergencia de la génesis y desarrollo de la República en su proceso histórico, con un sistema ideal de los fines del hombre que queda expresado y activado en el “Ius civile”, el derecho de los ciudadanos, de los que viven en la ciudad, teniendo en cuenta que ciudad, “civitas” es el conjunto de individuos vinculados mediante un derecho común, a diferencia de “urbs”, la urbe, que es una extensión de terreno donde se asienta la ciudad. Con la constitución del imperio romano, el desarrollo del “Ius civile” y la aplicación de tal derecho a todos los habitantes del imperio, el conjunto de los habitantes del planeta queda articulado mediante un sistema unitario de relaciones normativas ideales, que garantiza la tutela de sus intereses y aspiraciones legítimos. Se constituye así una especie de “reino de los fines del hombre”, que es el precedente de lo que en el siglo XX se llamará el ámbito de los derechos humanos, cuya extensión geográfica humana coincide con la del planeta tierra. Cuando narra esa historia, Cicerón dice que a la hora de organizar la ciudad, de situarla, etc., los fundadores buscan los lugares más salubres,
161 Thémata. Revista de Filosofía, 39, 2007 lejos de los puertos, en colinas bien aireadas, con buen drenaje y aprovisionamiento de aguas...Todo ello es cierto para los fundadores contemporáneos e inmediatamente anteriores a Cicerón, porque en su época la salud y la enfermedad se gestiona científica y políticamente. En la antigüedad más remota, en concreto, en la que se fundan ciudades como Atenas y Roma, los fundadores lo que tomas en cuenta es la voluntad de los dioses, que son los que señalan donde ha de edificarse la ciudad mediante el vuelo de las aves, las entrañas de los animales sacrificados y los sueños. Heródoto, Hipócrates y Euclides hicieron la transición del mundo de Homero y Asclepio, del ámbito y la clave de lo sagrado, al ámbito y la clave de lo profano, y levantaron la frontera entre lo sobrenatural y lo natural, pues antes no existía con una claridad tan precisa. Con Eratóstenes, Cicerón y Galeno el mundo “natural” se multiplica en amplitud y se hace autónomo. Lo natural queda dividido en orden empírico y orden teórico, y ambos órdenes quedan articulados con cierta precisión. El espacio real, la tierra, el planeta, es ahora un espacio empíricamente perceptible, que se hace transitable y manejable al quedar articulado en un sistema geométrico ideal. La gran diversidad de seres humanos se unifica bajo un poder político único, que los articula mediante un mismo derecho para todos los individuos, en virtud de lo cual resultan ahora ciudadanos de una única comunidad, la “humanitas”, la humanidad, que se extiende ocupando justamente todo el planeta, todo el “orbe”, que coincide con la “urbe”. Ambos se identifican, “urbi et orbe”, pues toda la tierra queda abarcada con la inteligencia mediante una geografía y una geometría que la ponen a su disposición, y queda abarcada con la voluntad mediante un poder político y un derecho que la deja expuesta a sus decisiones. A partir de Galeno, la salud y la enfermedad acontecen en un ámbito delimitado y experimental, el organismo humano, cuya estructura y dinámica quedan articuladas en el sistema ideal de la “anatomía” y la “fisiología”, y sus trastornos y disfunciones así como sus modos de recuperación quedan a su vez sistematizados en la “patología general” y la terapéutica o medicina. Ahora el organismo humano con sus vicisitudes queda abierto al conocimiento y la voluntad del hombre, del médico, lo mismo que el planeta tierra y el conjunto de pueblos diversos que constituyen el imperio del mundo. Y ahora se opera sobre él mediante un conjunto de normas, mediante una preceptiva, que llamamos precisamente medicina. Hay una manera de tratar el espacio y de tratar la salud, un estilo de hacer ciencia, de hacer política, de hacer arte y de curar, con vigencia durante mil años, que a continuación deja paso a otra manera de practicar las mismas actividades a la que se puede denominar “administrativa”. 5.- Los espacios administrativos. Newton, Napoleón y Pasteur. Los espacios habitados, los habitantes de esos espacios, sus enfermedades y su salud, pasan a ser organizados y gestionados desde otro ámbito, los espacios administrativos, en virtud de la obra de otros creadores de modelos. Isaac Newton (1643-1727) diseña el modelo de espacio y de universo racional de la modernidad, Napoleón (1769-1821) diseña el sistema de “derecho civil” de la modernidad y la articulación racional de la humanitas en el sistema de “derecho adminsitrativo”, y Louis Pasteur (1822 - 1895). Cuando a partir del Renacimiento se amplían el universo y el planeta de Eratóstenes, el mundo y la humanitas de Cicerón y el organismo humano de Galeno, por acontecimientos como las demostraciones del heliocentrismo y
162 Thémata. Revista de Filosofía, 40, 2008 el descubrimiento de América, por el crecimiento demográfico y la incorporación a la humanitas de nuevas razas y culturas, y por los nuevos descubrimientos anatómicos y fisiológicos de los subsistemas orgánicos y su funcionamiento, el papel de diferentes órganos, la circulación de la sangre, la función terapéutica de elementos botánicos y metalúrgicos y, en general, las aportaciones de Vesalio, Paracelso y Harvey, la racionalidad occidental salió triunfante de una crisis provocada por ella misma, por su vitalidad y sus proyecciones, por el procedimiento de crear nuevos modelos en los cuales se podían inscribir los fenómenos provenientes del universo real, de las poblaciones reales y de las funciones y disfunciones orgánicas reales, y que permitían una mayor intervención y mejor gestión del planeta, de las poblaciones y de las enfermedades. En el modelo newtoniano el espacio es absoluto, infinito, homogeneo, isomorfo, igual en todas las direcciones y constituye el ámbito del universo, en el que ya no hay sitio para el cielo ni para el infierno, ni hay lugares “naturales”. En él no hay subjetividades de ninguna clase, y por eso desaparecen los adverbios de lugar (arriba, abajo, delante, detrás, cerca, lejos, etc.) y los sitios fastos y nefastos. Su imagen más adecuada es el eje de coordenadas cartesianas en el que pueden señalarse la dirección y velocidad de los cuerpos. A partir del siglo XVII no pocos filósofos y científicos sueñan con ser “el Newton de las ciencias sociales”, como Hume o Adam Smith, y algunos consiguen reducir a número los flujos de producción y consumo de bienes económicos o los flujos de población de unos lugares a otros, dando así lugar a la economía y la demografía, y, en general, al conjunto de lo que se llamamos ciencias sociales. Algunas de esas ciencias sí logran operar considerando a los individuos que habitan el planeta como elementos homogéneos, isomorfos, atraídos y repelidos por unas fuerzas determinables y calculables, pero para poder describir la sociedad al modo newtoniano era preciso también constituirla al modo newtoniano, haciendo a todos los hombres libres, iguales y fraternos, y para ello había que suprimir privilegios, nivelar diferencias, definir derechos y aspiraciones, y tutelarlos efectivamente, y universalizar mercados sin barreras para el juego sin trabas de esos elementos iguales. Y para logar eso hace falta algo más que la construcción de modelos teóricos, algo más que la obra de los científicos. Se requiere la aplicación de esos modelos a la organización real de la sociedad real, se requiere la obra de un político. Y esa fue la de Napoleón. El Código Civil Napoleónico, que establecía esa libertad, esa igualdad y esa fraternidad en línea de principio, se promulgó en 1800, y fue introducido en todos los nuevos estados creados bajo el Imperio Francés. Se abolieron el feudalismo y la servidumbre y se estableció la libertad de culto (salvo en España). Le fue otorgada a cada estado una constitución en la que se concedía el sufragio universal masculino y una declaración de derechos y la creación de un parlamento; fue instaurado el sistema administrativo y judicial francés; las escuelas quedaron supeditadas a una administración centralizada y se amplió el sistema educativo libre de manera que cualquier ciudadano pudiera acceder a la enseñanza secundaria sin que se tuviera en cuenta su clase social o religión. Cada estado disponía de una academia o instituto destinado a la promoción de las artes y las ciencias, al tiempo que se financiaba el trabajo de los investigadores, principalmente el de los científicos. La creación de gobiernos constitucionales siguió siendo sólo una promesa, pero el progreso y eficacia de la gestión fueron un logro real.
163 Thémata. Revista de Filosofía, 39, 2007 Desde Napoleón, los espacios urbanos se articulan y numeran a partir de un centro ocupado por el ayuntamiento de la ciudad, y los espacios físicos, nacionales, también. En Madrid, el kilómetro cero de la puerta del sol señala el comienzo de la numeración de las casas de cada calle: los números 1 y 2 son las casas que en la acera izquierda y derecha están más cerca del punto cero, es decir, del ayuntamiento, y los números más elevados son los que están más lejos. Sobre estos espacios administrativos del planeta y de la ciudad, de las clases sociales y de los ciudadanos nacionales o extranjeros, se gestiona también administrativamente la salud y la enfermedad, y en él se juega y se decide la vida y la muerte de masas de esos elementos individuales libres, iguales y fraternos. Pero para eso hace falta otra concepción de la salud y la enfermedad, que es la que en buena parte suministra el químico Louis Pasteur. Con el nacimiento de la ciencia moderna tiene lugar también el triunfo de un cierto particularismo, preconizado por Galileo, según su máxima de que “para saber algo no es necesario saberlo todo”. El nacimiento de la medicina “científica”, tiene una notable componente experimental y a la vez particularistas, se estudian, se experimentan y se curan subsistemas (aparato respiratorio, digestivo, etc.), no organismos completos y, menos aún, personas. La reacción romántica de hombres como Goethe y Hahnemann que pretenden construir una medicina alopática, referida al organismo completo y al hombre entero como una unidad, no llega a hacerle sombra a la medicina científica durante el siglo XIX. Pero sin embargo, a través de Pasteur se abre paso la posibilidad de una medicina dirigida no al hombre completo sino a poblaciones enteras. Louis Pasteur realiza unos descubrimientos de enorme repercusión en diversos campos de las ciencias naturales. Descubre el universo de los microbios, inaugura la microbiología y despliega espacios nuevos de la salud y de la enfermedad. En efecto, los espacios microscópicos, pueden ser gestionados desde los espacios administrativos, al quedar posibilitada en ellos la gestión pública de la salud mediante la aplicación de técnicas profilácticas para los productos de consumo masivo. En efecto, en 1862, Louis Pasteur inventó el proceso que lleva su nombre, pasteurización, que permite destruir los microorganismos dañinos en los productos comestibles. Primero comprobó que al calentar ciertos alimentos y bebidas por encima de los 60º C se evitaba su alteración, porque disminuía de manera sensible el número de microorganismos presentes en su composición. La pasteurización es el proceso de destrucción mediante el calor de las bacterias patógenas que pueden existir en los líquidos, especialmente en los líquidos alimenticios, alterando lo menos posible su estructura física y sus componentes químicos. Posteriormente, los productos se sellan herméticamente con fines de seguridad y se distribuyen durante un periodo de tiempo más amplio que el que permiten los productos “naturales”. Los espacios microscópicos de la enfermedad y la gestión política de los espacios administrativos permiten una mejora de la calidad de vida al posibilitar que productos como la leche puedan transportarse sin descomponerse. Pero eso es solo un caso particular del tratamiento administrativo de la salud y la enfermedad. Los inventos y descubrimientos más determinantes del aumento de la vida media de los seres humanos a partir de la segunda mitad del siglo XX son los que han hecho posible la higiene pública con las técnicas derivadas