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La lucha por la libertad de Gila Giralda en la Serrana de la Vera de Vélez de Guevara

Osuna Cabezas, María José; Osuna Cabezas, María Dolores

Abstract

El objetivo del presente trabajo es analizar al personaje de Gila Giralda, protagonista de la obra teatral La serrana de la Vera de Luis Vélez de Guevara, publicada en 1613. Vélez de Guevara, a partir de un posible trasfondo real, de la tradición literaria popular y de la mitología, construye una serrana de la Vera cuya característica más importante es su lucha por conseguir su libertad y autonomía. Para conseguirlas, Gila tendrá que adoptar comportamientos varoniles que son aceptados por sus familiares y vecinos, pero todo se estropea cuando un hombre se cruza en su camino: el capitán don Lucas. Gila, presionada por su padre y por la sociedad, empezará a comportarse como una mujer, adopta el rol que la sociedad de la época tenía impuesto a las mujeres, pero paradójicamente comenzarán también los problemas para la serrana que perderá su honra en manos de don Lucas. Ante esta situación, Gila hará todo lo posible para recuperar su honra y mantener su libertad y autonomía, ganándose el desprecio de los que antes la elogiaban.

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LA LUCHA POR LA LIBERTAD DE GILA GIRALDA EN LA SERRANA DE LA VERA DE VÉLEZ DE GUEVARA Osuna Cabezas, María José Departamento de Literatura Española Universidad de Sevilla majos[email protected] Osuna Cabezas, María Dolores Funcionaria de la Junta de Andalucía [email protected] RESUMEN El objetivo del presente trabajo es analizar al personaje de Gila Giralda, protagonista de la obra teatral La serrana de la Vera de Luis Vélez de Guevara, publicada en 1613. Vélez de Guevara, a partir de un posible trasfondo real, de la tradición literaria popular y de la mitología, construye una serrana de la Vera cuya característica más importante es su lucha por conseguir su libertad y autonomía. Para conseguirlas, Gila tendrá que adoptar comportamientos varoniles que son aceptados por sus familiares y vecinos, pero todo se estropea cuando un hombre se cruza en su camino: el capitán don Lucas. Gila, presionada por su padre y por la sociedad, empezará a comportarse como una mujer, adopta el rol que la sociedad de la época tenía impuesto a las mujeres, pero paradójicamente comenzarán también los problemas para la serrana que perderá su honra en manos de don Lucas. Ante esta situación, Gila hará todo lo posible para recuperar su honra y mantener su libertad y autonomía, ganándose el desprecio de los que antes la elogiaban. PALABRAS CLAVES Gila Giralda; La serrana de la Vera; Vélez de Guevara; Teatro del siglo XVII; Igualdad de género. - 1464 - INTRODUCCIÓN Todo mito o leyenda tiene un trasfondo real que con el paso del tiempo se va desdibujando para dar cabida a exageraciones, añadidos o supresiones de distintos aspectos. Algo así debió de ocurrir con el personaje de la Serrana de la Vera que para muchos se trata de un personaje real y para otros muchos de un personaje que solo existe en la imaginación de los habitantes de Extremadura y del sur de España fundamentalmente1. Cuenta la leyenda que en la zona de Plasencia, allá por Garganta la Olla, en las tierras de la Vera, existía una serrana con rasgos físicos contradictorios: por una parte era “alta, rubia y sandunguera” y por otra parte era mitad yegua y mitad humana; además, en ocasiones, se la describe con unas dimensiones gigantescas. Asemejándose al comportamiento de las serranillas del Arcipreste de Hita, esta serrana dominaba todo el campo de la Vera y a todos los hombres con los que se encontraba les cobraba un peaje. Pero a esta serrana de la Vera no le movía solo la cuestión sexual, como a las serranas del Arcipreste, sino que su último objetivo era matarlos y guardar como trofeo sus calaveras. Para ganar la confianza de sus víctimas normalmente los agasajaba con carne de distintos animales que ella misma había cazado, recordándonos de esta manera, entre otras, a Diana cazadora2. En ocasiones, no conseguía su objetivo y el hombre en cuestión conseguía escapar. A modo de ejemplo, reproducimos a continuación uno de los tantos romances dedicados a esta figura de la serrana de la Vera: En el camino de Garganta, cinco leguas de Plasencia, habitaba una serrana alta, rubia y sandunguera. Vara y media de cintura, cuarta y media de muñeca, los cabellos que tenía hasta los zancos la llegan. Cuando tenía ganas de agua se subía a las altas peñas, cuando tenía ganas de hombres se bajaba de la sierra. Vio venir a un serranillo 1 Como indican Piñero y Atero, no es el momento de entrar “en la discusión de si el romance de La serrana de la Vera surgió a partir de una historia concreta. Lo que no nos cabe duda es que si esto fue así, este presunto suceso se configuró literariamente echando mano de los elementos que estructuraban este mito de la mujer en la antigüedad” (Piñero y Atero, 1987, p. 418). 2 Como sabemos, Diana es un personaje de la mitología romana a la que se considera diosa de la caza y protectora de la naturaleza. No es baladí recordar aquí también que es un emblema de la castidad. Era hija de Júpiter y Latona. Nació poco antes que su hermano gemelo Apolo, de modo que pudo presenciar los dolores del parto de su madre. Por este motivo surgió en ella aversión hacia el matrimonio y pidió a su padre la gracia de guardar perpetua virginidad, como su hermana Minerva. Por esta razón, estas dos diosas recibieron del oráculo de Apolo el nombre de “vírgenes blancas”. - 1465 - con una carga de leña, al que cogió de la mano y a la cueva se lo lleva. No le lleva por camino, ni tampoco por vereda, le lleva por altos montes, por donde nadie les vea. Ya tratan de hacer lumbre con huesos y calaveras de los hombres que ha matado aquella terrible fiera. Ya trataron de cenar aquella excelente cena, de conejos y perdices y tórtolas y aligüeñas. - Bebe, serranillo, bebe, agua de esa calavera, que podrá ser que algún día otros de la tuya beban. Ya trataron de acostarse, le mandó cerrar la puerta y el serrano, que es muy cuerdo, la ha dejado medio abierta. Cuando la sintió dormida, se ha salido para afuera. Media legua lleva andando y sin volver la cabeza. Cuando le ha echado de menos, ha salido para afuera, Puso una piedra en la honda, que pesaba arroba y media. Con el aire que llevaba le ha tumbado la montera, y si no es por una encina, le derriba la cabeza. - Vuelve, serranillo, vuelve; vuelve atrás por tu montera, que es de paño fino y bueno y es lástima que se pierda. - Si se pierde, que se pierda; - 1466 - no me importa la montera, mi madre me compra otra, y si no me estoy sin ella. - Por Dios te pido, serrano, que no descubras mi cueva, que si acaso la descubres, te he de cortar la cabeza. - Tu padre será el caballo, tu madre será la yegua, y tú serás el potrito que relinche por la sierra3. A partir de un posible trasfondo real, de la tradición literaria popular y de la mitología, muchos autores cultos tomaron esta historia de la serrana de la Vera como temática para componer sus obras literarias, sobre todo, en el Siglo de Oro. Valgan como ejemplos los siguientes textos: Lope de Vega escribió una Serrana de la Vera en fecha imprecisa, anterior en cualquier caso a 1603; Bartolomé de Enciso también escribió una obra titulada La serrana de la Vera o La Montañesa, concebida como auto sacramental y que se representó en Sevilla, en 1618; posteriormente, José de Valdivieso compuso otra titulada La serrana de Plasencia que también fue llevada al escenario en Sevilla, en 1619; Lope de Vega insistió sobre el tema, a partir de 1615, redactando otra obra titulada Las dos bandoleras. En este contexto debemos situar la obra objeto de estudio en este trabajo: La serrana de la Vera de Luis Vélez de Guevara, publicada en 1613. LA SERRANA DE LA VERA DE LUIS VÉLEZ DE GUEVARA Antes incluso de que conozcamos el nombre que recibe la serrana de la Vera en la obra de Vélez de Guevara, se nos presenta a la protagonista a través de una descripción que hace de ella su propio padre, Giraldo Gil: Pues, por la fee de onmbre onrado, que no lo hagáis, que, aunque estoy viejo, padre de hijos soy; y si el Zielo no me ha dado varón que pueda bolber vida arrestando y onor por las ofensas, señor, que vos me podáis hazer, una hija me dio el Zielo que podré dezir que vale por dos hijos, porque sale a su padre y a su agüelo; que, fuera de la presencia hermosa, tan gran valor tiene, que no ay labrador en la Vera de Plasencia 3 Este romance, y otros similares, sobre la serrana de la Vera pueden leerse en distintos trabajos dedicados al tema (Gutiérrez García, 1998 y Piñero y Atero, 1987). - 1467 - que a correr no desafíe, a saltar, luchar, tirar la varra, y en el lugar no ay ninguno que porfíe a mostrar valor mayor en ninguna cosa destas, porque de las manifiestas vitorias de su valor tienen ya grande experiencia que es su ardimiento vizarro. De bueyes detiene un carro; de un molino, la violencia; corre un cavallo mexor que si en él cosida fuera y, en medio de la carrera y de la furia mayor, que pareze que al trabés a dar con un monte viene, suelta el freno y le detiene con las piernas y los pies. Esta mañana salió en uno al monte a cazar, y casi todo el lugar tras ella, que la siguió siempre que a caza a salido, por verla con la escopeta cómo los vientos sujeta, que ningún tiro a perdido al buelo, de tal manera que no ay abe que la aguarde ni todo el furioso alarde de los brutos (Acto I, vv. 121-168, pp. 104-106)4. Varias cuestiones merecen ser comentadas de esta descripción. Para empezar, y si tenemos en cuenta la sociedad del siglo XVII, lo esperable hubiera sido que Giraldo, como cualquier padre de la época, se hubiera centrado fundamentalmente en destacar las cualidades femeninas de su hija, así como su belleza y habilidades en las cuestiones domésticas. En este sentido, es cierto que manifiesta que su hija es hermosa, pero no es su hermosura el motivo por el que Giraldo se siente orgulloso de su hija, sino por otras cualidades sorprendentes. Así, proclama claramente que no echa de menos haber tenido un hijo varón porque su hija equivale a dos hijos; de esta manera considera a su hija la continuadora de la estirpe masculina de su familia, al manifestar que ha salido igual que su padre y abuelo. Por otra parte, se destaca su valentía hasta tal punto que ningún labrador de la zona se atrevería a competir con ella. Además, es fuerte, es una experta amazona y una hábil cazadora. En definitiva, se le atribuyen a la serrana una serie de características que tradicionalmente definirían mejor a un hombre que a una mujer. La forma de ser y el comportamiento de la serrana nos podrían hacer pensar que contaba con el rechazo de la sociedad. Sin embargo, como su propio padre indica, la gente la sigue cuando va a cazar y los 4 Citamos siempre por la edición de Castalia (Bolaños, 2001). - 1468 - vecinos la tienen en tan gran estima que incluso es famosa una canción referida a ella5. Esta canción, cuyo estribillo se cantará en repetidas ocasiones a lo largo de la obra, demuestra la aceptación que la serrana tenía en su entorno y la admiración que despertaba entre sus vecinos que disfrutaban, entre otras cosas, escuchando relatar a la serrana sus peripecias en el ámbito de la caza. Leamos la canción: ¡Quién como ella, la serrana de la Vera! A dar flores sale al prado la serrana de la Vera. En crenchas lleva el tocado la serrana de la Vera, ojos hermosos, rasgados, la serrana de la Vera, lisa frente, roxos labios, la serrana de la Vera; pelo de ánbar, blancas manos, la serrana de la Vera; cuerpo genzor y adamado, la serrana de la Vera. ¡Quién como ella, la serrana de la Vera! A dar flores sale al prado la serrana de la Vera; genzor cuerpo, hermoso talle, la serrana de la Vera. Su belleza y su donaire la serrana de la Vera, viene enamorando el aire, la serrana de la Vera. Sus ojos negros y grabes, la serrana de la Vera, no ay quien mire que no adame, la serrana de la Vera. Dios mil años nos la guarde, la serrana de la Vera, y la dé un galán amante, la serrana de la Vera, para que con ella case, la serrana de la Vera, y para a los Doze Pares, la serrana de la Vera. ¡Quién como ella, la serrana de la Vera! (Acto I, vv. 205-244, pp. 109-110). 5 Distintos personajes, que irán apareciendo en la obra, pondrán de manifiesto además que la serrana ha adquirido fama no solo entre sus vecinos sino en toda la zona de la Vera. Así, D. Garzía dice: “Si es la serrana, señor / don Lucas, tiene en la Vera / notable fama de hermosa / y de mujer valerosa” (Acto I, vv. 470-473, p. 124). - 1469 - La propia serrana, Gila Giralda6, hará su autorretrato, donde va a destacar las cualidades que ella considera más importantes: su valentía, su ligereza y, sobre todo, su fuerza. Como a toro me an dexado; conocieron mi furor. Pésame que con espadas y el montante se me fueron, pero, en efecto, huyeron como gallinas mojadas, tomaos eso que os llebáis, pues para bolber, cuitados, como dizen, trasquilados, con la serrana os tomáis, con la que a brazo partido mata al oso, al jabalí; con la que un molino así mil vezes a detenido; con la que arroxa más alta la varra que el pensamiento; con la que aventaxa el viento quando corre o quando salta; …………………………………… con quien güesos y costillas luchando a un onmbre deshaze; con la que en las manos haze tres herraduras astillas; con quien como minbres tiernos corta una enzina, una oliva; con la que un toro derriba asiéndole por los cuernos; con la que en medio el furor detiene un carro de bueyes (Acto I, vv. 829-856, pp. 154-155). Para terminar con este acercamiento a la figura de Gila queremos destacar la gran cantidad de ocasiones en la que distintos personajes, e incluso ella misma, manifiestan abiertamente la condición varonil de la serrana. Así, el capitán Lucas, cuando ve por primera vez a nuestra protagonista, dice: “De puro admirado, callo. / No e visto en ombre jamás / tan varonil biçarría” (Acto I, vv. 248-250, p. 111). La propia Gila, mientras mantiene una discusión con el mencionado capitán, proclama: “Si imagináis / que lo soy [una mujer], os engañáis, / que soy muy onbre” (Acto I, vv. 349-351, p. 116). Magdalena, prima de Gila, llega a decir: “Erró la Naturaleza, / Gila, en no herte varón” (Acto I, vv. 659-660, p. 139), a lo que Gila contesta: “¡Ay, prima! Tienes razón (Acto I, v. 661, p. 139). Y en otro momento Gila confesará también: “Muger soy solo en la saya” (Acto I, v. 773, p. 148). Esta ambigüedad en torno a Gila se complica cuando ésta acude a Plasencia para participar en unos juegos con armas y toros. A esta festividad han acudido los Reyes Católicos. Mientras que las demás chicas, como su prima Magdalena, aprovechan la ocasión para intentar encontrar algún posible marido, Gila centra su atención en la reina Isabel: Como los Reyes onrar 6 El nombre que recibe la serrana en esta obra de Vélez de Guevara ha sido puesto en relación con el nombre de la veleta que corona la catedral de Sevilla, la Giralda (Montero y Solís de los Santos, 2004). - 1470 - esta ciudad an querido, toda la Vera ha venido, que no a faltado lugar. …………………………… Rabiando vengo por ver …………………………… a la Reyna, porque della, después de dezir que es bella, dizen que es braba muger, que al lado de su marido, (que le guarde Dios mil años), le ven her hechos estraños; mas tal madre la ha parido y tal padre la engendró (Acto I, vv. 626-639, pp. 137-138). Además de hacer referencia a la belleza de la reina, Gila destaca su bravura, indicando algo que ha trascendido a lo largo de la historia: parece ser que la reina Isabel no se limitó a ser solo la mujer del rey sino que demostró tener mucho carácter, e incluso se cuenta que ella fue la verdadera impulsora de los viajes que llevaron al descubrimiento de América, financiándolos ella misma con sus joyas. En este sentido, podemos interpretar que Gila admira a Isabel, la Católica, porque, al igual que ella, no se ha limitado a cumplir el rol que la sociedad de la época exigía a las mujeres. Sin embargo, esta admiración parece un poco desmedida cuando Gila confiesa a su prima: “Madalena, en viendo yo / mugeres desta manera [se refiere a la reina], / me buelbo de gusto loca” (Acto I, vv. 642-644, p. 138). E incluso proclama sentirse enamorada: Que de bos, alta señora, a muchos días que estoy enamorada, y os doy los parabienes agora de los triunfos que gozáis de las cosas que avéis hecho, que bien el valor del pecho en el semblante mostráis. Ruego a Dios que no paréis hasta ganar a Granada, porque después coronada de sus granates quedéis, que dirán bien en la frente de tan dibina amazona. Vos tenéis gentil persona, y ¡malaya yo! Si miente en quanto dize de vos la Fama y, que si onbre huera, por vos sola me perdiera, y aun así lo estoy ¡por Dios! (Acto I, vv. 871-890, p. 156). Para llamar la atención de la reina, Gila demostrará una vez más sus habilidades en el uso de las armas y su valentía con los toros. Estos acontecimientos harán que los Reyes Católicos quieran saludar personalmente a esta singular serrana, sin embargo, Vélez de Guevara impide que se produzca ese acercamiento. Hay que tener en cuenta que estamos en el siglo XVII y que - 1471 - además la obra está recreada en el siglo XV; las manifestaciones que ha hecho Gila hacia la reina se podrían interpretar como rasgos de homosexualidad y esa conducta tenía que ser reprimida por Vélez de Guevara por dos motivos fundamentalmente: porque Gila se estaba oponiendo a las prescripciones del orden natural: los hombres se enamoran de mujeres y las mujeres de hombres y porque se podría estar ante un posible quebrantamiento del estatus social en la medida en que la admiración hacia el rey era normal, pero no hacia la reina que debía de estar sometida o subordinada a la figura del marido. Por estos motivos, Vélez de Guevara hace aparecer en su obra a un mensajero que trae una triste noticia referida al príncipe don Juan, hecho que propiciará que los Reyes Católicos tengan que marcharse inmediatamente y “con esto estorbó el Zielo que no huera / dichosa La serrana de la Vera” (Acto I, vv. 1053-1054, p. 166). Teniendo en cuenta lo anterior, nos podríamos preguntar si realmente Gila tiene o no tendencias homosexuales. Aunque no tenemos una respuesta certera, sí creemos interesante hacer una serie de reflexiones sobre esta cuestión. Para empezar, sabemos que, a lo largo de la historia e incluso en época contemporánea, cualquier mujer que se salga del papel que teóricamente la sociedad les ha asignado corre el riesgo de ser tachada de varonil o, más despectivamente, de “machuna”. En este sentido, quizás Gila, para poder desarrollarse como persona y hacer las cosas que realmente le gustan, no tenga más remedio que comportarse como un hombre e incluso desear serlo, porque solo siendo hombre le estará permitido cazar, jugar con las armas, participar en torneos taurinos, etc. Además, puede haber otro motivo de índole psicológico: cuando se lee la obra se puede sacar la conclusión de que Giraldo siempre deseó tener un hijo varón. Gila, quizás de forma inconsciente, quiso ser ese hijo que tanto deseaba su padre y para ello se situó en el límite entre lo femenino y lo masculino. En cualquier caso, lo importante hasta este momento es que Gila parece ser feliz tal como es. Además goza de la aceptación y admiración de su padre, de otros familiares como de su prima y, en general, de todos los habitantes de la zona de la Vera. Pero todo cambia cuando un hombre, el capitán Lucas, se cruza en su vida. Todo comienza cuando el capitán Lucas se presenta en casa de Giraldo con la intención de alojarse, junto a los hombres de su compañía, en su casa. Giraldo se niega a aceptarlos como huéspedes, interviene Gila y cuando el capitán insiste preguntando “¿quál a de ser mi aposento?”, Gila responde “El cañón de esta escopeta” (Acto I, vv. 390-391, p. 118). Así, Gila consigue echar al capitán y a sus hombres no solo de su casa sino del pueblo, pero el capitán se marcha con el propósito de volver: “Esta serrana valiente / he de rendir si me cuesta / mil vidas, alférez” (Acto I, vv. 486-488). Efectivamente, el capitán volverá a presentarse en casa de Giraldo, pero ya no con una actitud altiva ni violenta, sino con la intención de pedirle a Giraldo la mano de su hija. En un primer momento, Giraldo rechaza la propuesta, pero finalmente tiene que aceptar el matrimonio: ¿cómo le iba a negar la mano de su hija a un capitán de gran honor y de limpia sangre, que pertenecía además a la familia de los Caravajales de Plasencia? Cuando Giraldo se dispone a darle la noticia a su hija: “Vuelve acá, Gila, mira que te aguardan, / con la dicha mayor que muger tubo, / el Zielo y la Fortuna” (Acto II, vv. 1553-1555, p. 193), ella responde con unos versos que creemos interesante reproducir: ¿Anme elegido por general, por rey, obispo o papa? ¿He heredado las casas, las haziendas de los señores de Castilla? ¿Vienen por mí para gran turca bautizada? - 1472 -