Full text
UNIVERSIDAD DE SEVILLA
F ACULTAD DE FIL OLOGÍA
D EPARTAMENTO DE L ITERATURA ESPAÑOLA E
HISPANOAMERICANA
TESIS DOCTORAL
E L MITO DE I FIGENIA EN LAS LETRAS HISPÁNICAS : DE LAS
RECREACIONES MEDIEVALES A LAS LECTURAS ILUSTRADAS
M EMORIA PARA OPTAR AL GRADO DE DOCTOR PRESENTADA POR
Esther Márquez Martínez
D IRECTO R
Juan Montero Delgado
Sevilla, 2021
Esther Márquez Martínez
El mito de Ifigenia en las letras hispánicas (Tesis Doctoral)
Director de tesis
Juan Montero Delgado
Universidad de Sevilla
2021
A mis padres
A GRADECIMIENTOS
A lo largo de estos años he contado con la ayuda y el apoyo de muchas personas,
a las que quiero expresar mi gratitud. Quiero agradecer, en primer lugar, al Dr. Juan
Montero la dirección de esta Tesis Doctoral. Sin su apoyo, sus sabios consejos y su
amplísima formación filológica no habría sido posible llevarla a cabo. Su guía, su
ejemplo y su maestría desde que comencé la carrera han sido los pilares de mi vocación
y formación investigadora. Gracias a sus enseñanzas, desde mis primeras clases, allá por
sep tiembre de 2011, a sus palabras de aliento y a su forma de comprender y entender la
Literatura, me he convertido en la filóloga que soy hoy.
Igualmente, deseo manifestar mi gratitud a todos mis compañeros del grupo
PASO, junto a los que he aprendido y crecido como investigadora. Especialmente, a las
profesoras Isabel Román, Mercedes Comellas y Clara Marías, quienes siempre me han
escuchado y brindado grandes consejos. Asimismo, me gustaría agradecer a todos los
profesores del Departamento de Literatura Española e Hispanoamericana; a mis
compañeros becarios, por su compañía en el largo de esta larga travesía; y, por
supuesto, a todo el personal de administración, especialmente a Encarnación Moreno,
por su ayuda inestimable en todas las labores administrativas.
Debo expresar mi agradecimiento también a los profesores que me acogieron
durante mis estancias en la Universidad de Paris-Sorbonne y en la Universidad de
Cambridge: a la Dra. Mercedes Blanco, cuyos consejos tanto me ayudaron durante la
edición de la Fábula de Verdejo, y al Dr. Bill Burwinkle, por facilitarme el acceso a los
magníficos fondos de la biblioteca universitaria de Cambridge, donde el apoyo y el
entusiasmo de C. L. Rhabbit fue esencial. También tengo que agradecer a todo el
personal de archivos y bibliotecas que me han facilitado datos y ayuda durante toda esta
investigación: al personal de la Biblioteca Nacional y del Archivo Histórico Nacional en
Madrid; al equipo de bibliotecarios del Fondo Antiguo de la Universidad de Sevilla, en
especial a Eduardo Peñalver, quien resolvió todas las dudas que se me presentaron con
gran paciencia y amabilidad.
Aunque son muchas las personas que me han acompañado en este largo y no
siempre grato proceso, querría agradecer especialmente a Silvia Hinojosa, Marina Llera,
Elisa Hernández de la Torre, Beatriz Vera, Aurelio Núñez, Manuel Herrera, Mario
Gómez, Eva Iturbe y Josemi Pérez su generosidad y comprensión. Por último, quiero
agradecer a mi familia, Miguel, Montse y Sonia, su constante apoyo durante estos años.
Gracias a todos.
Í NDICE
1. Introducción ............................................................................................................ 15
2. Marco teórico .......................................................................................................... 27
3. La tradición del mito de Ifigenia en las letras europeas ......................................... 32
3.1. Orígenes ..................................................................................................... 35
3.2. Edad Antigua .............................................................................................. 42
3.3. Edad Media ................................................................................................ 55
3.4. Edad Moderna ............................................................................................ 60
4. Corpus y metodología ............................................................................................. 78
4.1. Cuestión religiosa ....................................................................................... 83
4.2. Cuestión política ......................................................................................... 85
4.3. Cuestión de la feminidad ............................................................................ 88
4.4. Cuestión metapoética ................................................................................. 91
5. Representaciones religiosas .................................................................................... 92
5.1. Isaac e Ifigenia frente a frente en la General Estoria ................................ 92
5.2. Ifigenia, Cristo y la virtud ........................................................................ 107
5.3. De dioses y demonios ............................................................................... 117
5.4. De santas y heroínas ................................................................................. 130
5.5. La familia cristiana ................................................................................... 155
6. Representaciones políticas .................................................................................... 163
6.1. El sacrificio de un rey. Las traducciones hispánicas de la
Consolatio Philosophiae de Boecio ....................................................... 163
6.1.1. La sustitución de Ifigenia ........................................................ 171
6.1.2. La muerte como bien mayor ................................................... 180
6.1.3. Sacrificios en alta mar ............................................................. 183
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pretende, por tanto, catalogar y analizar las distintas relecturas del mito de Ifigenia en el
ámbito hispánico, para demostrar, de este modo, su vitalidad, ya que “lo que caracter iza
el mito es sobre todo su aptitud para ser contado y repetido” (Burkett, 2013: 65).
Así pues, esta Tesis pretende cumplir tres objetivos básicos. En primer lugar,
ofrecer un panorama de la recepción de las distintas versiones del mito griego en las
letr as hispánicas e identificar y catalogar las reescrituras editadas o manuscritas hasta
1800. Así, y a través de este panorama y de su análisis crítico pretendemos recopilar un
repositorio histórico que, dé cuenta, por un lado, de las distintas fases de la evolución
del mito, y, por otro lado, de sus diferentes interpretaciones en las letras hispánicas. En
segundo lugar, vamos a plantear un estudio de las fuentes europeas modernas de este
mito y de su recepción por parte de los autores hispánicos. De esta manera, podremos
ampliar y modificar nuestra perspectiva sobre las redes de influencia de las distintas
literaturas nacionales, adoptando una visión paneuropea. En tercer lugar, vamos a llevar
a cabo un estudio simbólico-literario del personaje de Ifigenia, de tipo diacrónico, que
permita examinar las características que más se subrayan en las distintas relecturas del
mito. Este análisis nos permitirá caracterizar el papel de la joven griega dentro de la
cultura hispánica a través de las interpretaciones que de esta heroína se hacen y de los
mitemas que conforman su historia. De este modo, podremos categorizar al personaje
de Ifigenia, por un lado, como doncella sacrificada y, por otro lado, como mujer fuerte
que acepta un destino terrible por el bien común. Asimismo, y para completar la
investigación aquí presentada, se incluye la edición crítica de la Fábula del Sacrificio de
Ifigenia de Luis Verdejo Ladrón de Guevara, una las principales obras que conforman
nuestro corpus.
En lo que atañe a nuestro objeto de estudio, es necesario tener en cuenta que en
esta Tesis vamos a trabajar las dos versiones que existen del mito de Ifigenia. Por ello ,
evaluaremos tanto las recreaciones de su sacrificio en Áulide, como los textos que tratan
su estancia como sacerdotisa de Ártemis entre los tauros. Hemos acotado nuestro corpus
a un marco cronológico que abarca desde la Edad Media hasta 1800
2
, y hemos
seleccionado las obras que o bien contengan los mitemas esenciales para la
configuración de ambas versiones, o bien incluyan una mención explícita al mito
griego. No pretendemos llevar a cabo un estudio monográfico de cada uno de estos
2
Sin duda, habría sido interesante tratar el auge del mito en la Literat ura del siglo XX, pero
esperamos poder tratarlo en ulteriores investigacion es.
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textos, pues, como ya hemos dicho, el objeto de nuestra investigación es la recepción
del mito. En su lugar, nos centraremos en la evolución de la tradición mítica a lo largo
de los siglos, en los distintos procesos culturales que subyacen a estas recreaciones
mitológicas y en los principales hitos literarios en el ámbito hispánico. No obstante, en
cada uno de los epígrafes ofreceremos un pequeño estado de la cuestión en el que
remitiremos a los principales estudios sobre cada una de las obras.
Para cumplir estos objetivos, la metodología utilizada es la de presentar y
estudiar las relaciones entre los textos y sus fuentes, constatando las presencias y
ausencias de mitemas, que entendemos significativas, en las narraciones míticas y sus
recreaciones hispáni cas. El análisis mitocrítico tiene un papel esencial, ya que nos
permite, por un lado, abordar nuestra investigación desde un punto de vista filológico, y,
por otro lado, poner las obras de nuestro corpus en relación con el contexto socio-
cultural en el que se componen y las cosmovisiones de sus respectivos autores. Para
ello, hemos partido de la metodología propuesta por Gilbert Durand y su escuela,
desarrollada en obras como Les Structures Anthropologiques de l’Imaginaire (1960) o
Figures mythiques et visages de l’œuvre. De la mythocritique à la mythanalyse (1979).
El mitoanálsis durandiano nos permite rastrear las estructuras míticas que recorren los
textos de nuestro corpus y anal izar su repercusión en distintas época s y contextos
socioculturales. De este modo, podremos comparar los mitemas repetidos en las
recreaciones hispánicas sobre Ifigenia, determinar redes de afinidades y correlaciones, y
esclarecer las nuevas significaciones inteligibles de cada lectura del mito para los
miembros de una determinada sociedad.
A s u vez, nuestro método de trabajo se ha enriquecido con las herramientas que
nos ofrecen distintas disciplinas como la Literatura Comparada, que permite aunar
tradiciones literarias diferentes y rastrear sus relaciones a través de autores y obras; o las
met odologías propias de la Crítica textual y de la Historia literaria, con las que podemos
abordar la complementariedad entre el cauce manuscrito y el impreso en la transmisión
de los textos li terarios, el papel de la traducción como mediación entre literatur as
diversas, la emergencia y consolidación del sujeto autorial o su inserción de las redes
constitutivas de la República literaria.
La s investigaciones sobre recepción de mitos clásicos han tenido una larga
tradición en las letras europeas, debido, sin dud a, a la marcada impronta que ha dejado
en las distintas literaturas nacionales y las continuas recreaciones que del material
18
mitológico grecolatino se han hecho
3
. En el mundo hispánico, los estudios mitocríticos
también han dado sus frutos en las últimas décadas. En esta línea, una de las primeras
obras que es necesario destacar es el estudio de José María de Cossío sobre Fábulas
mitológicas en España (1952), que supuso un avance fundamental en el análisis de las
fábulas mitológicas barrocas, y que aportó datos esenciales para nuestra investigación
sobre Luis Verdejo Ladrón de Guevara y su Fábula del sacrificio de Ifigenia , como
podrá comprobarse en el epígrafe 7.5.
Las perspectivas mitocríticas y filológicas se han combinado con gran éxito en
los estudios de autores como José Manuel Losada Goya (1995; 2008; 2010),
investigador principal de ACIS. Grupo de investigación en Mitocrítica y presidente de
Asteria. Asociación Internacional de Mitocrítica
4
. Dentro de su línea de trabajo,
conviene destacar las publicaciones de la revista Amaltea. Revista de mitocrítica, al
igual que las distintas ediciones del Congreso Internacional de Mitocrítica. La labor
crítica e investigadora de Losada Goya ha cristalizado en numerosas contribuciones
científicas, en revistas y libros especializados, sobre distintos mitos, como Fedra
(Losada Goya, 2011), o Ifigenia (Losada Goya, 1995), como comentaremos en el
epígrafe 6.5, dedicado a dos obras del dramaturgo José de Cañizares. Desde el punto de
vista teórico, una de las mayores aportaciones de Losada Goya ha sido la actualización
de la corriente crítica iniciada por Gilbert Durand. Esta nueva “mitocrítica cultural”
(2015: 16) se centra, sobre todo, en el estu dio de los mitos en el mundo contemporáneo,
atendiendo a tres factores fundamentales de la sociedad actual: la globalización social,
la inmanencia y las lógicas de consumo. Estas contribuciones han permitido examinar,
de manera exhaustiva, la pervivencia de los mitos clásicos en el siglo XXI y su papel en
nuestra cultura y pensamiento.
Es importante, asimismo, destacar los estudios de Carlos García Gual (1981;
1995; 1997; 2008; 2014a; 2014b; 2015), que han continuado algunos de sus discípulos,
3
En esta línea, conviene recordar las nuevas perspectivas de trabajo, interdisciplinares y paneuropeas ,
que cuentan con el apoyo de las universidades e instituciones de investigación. Prueba de ello son, por
ejemplo, el proyecto Our Myt hical Childhood.. . The Recepti on of Classi cal Antiqui ty in Children ’s and
Young Adults’ Cul ture in Response to Regional an d Glob al Challen ges de la Univer sidad de Vars ovia y
la mención de Doct orado, organi zad a por las Universid ades de la Sorbona, Bonn, y Florencia, en “ Myth es
fondateurs de l΄Europe dans la litté rature, les arts et la musique ”. En tre otros proyectos convi ene también
recordar las aportaciones del Centre for Myth St udies de la Univers idad de Essex, bajo la dirección de
Rodrick Mai n, especialista en estudios jungianos ; la labor que realizó el Centre de recherches
mythologi ques de la Unive rsidad de Par ís X; y los trabajo s del GRIMM ( Gruppo triestino di ricerca sul
mito e la mitografí a ), coordinado por Ezio Pellizer y Gennaro Tedes chi .
4
Pueden consultarse sus páginas webs en los siguientes enlaces: htt ps://asteriamy th.com y
https://www.ucm.es/acis .
19
como Hernández de la Fuente (2008; 2017) y Movellán Luis (2016), y que han
contribuido al análisis de personajes mitológicos como Orfeo, Ariadna y Prometeo.
García Gual adopta una metodología que aúna el pensamiento filosófico y la tradición
filológica, con su sólida formación como clasicista.
Finalmente, es necesario subrayar los trabajos del grupo PASO y su línea de
investigación dedicada a la mitocrítica. Sus estudios han abordado figuras concretas de
la mitología como Psique y Cupido (Escobar Borrego, 2002) o Narciso (Escobar
Borrego, 2010). También se han centrado en obras de temática mitológica como la
Fábula de Acteón ( ca . 1614) de Antonio Mira de Amescua (Osuna Rodríguez, 2010) o
la fábula Venus y Adonis (1656) de Garcés y Gralla (Ruiz Pérez, 2016). Los
planteamientos del grupo PASO también han abarcado un arco cronológico amplio con
investigaciones sobre el Siglo de Oro (Ruiz Pérez y Cano Turrión, 2015; Cano Turrión,
2005; 2011; 2015), el siglo XIX (Comellas Aguirrezábal, 2003; Comellas Aguirrezábal
y Rom án -Gutiérrez, 2009) y el siglo XX (García Aguilar, 2002). Además, se han
adoptado perspectivas de análisis que atienden a los procesos de recontextualización del
material mitológico grecolatino en las literaturas vernáculas, como, por ejemplo, el
tratamiento burlesco áureo (Cano Turrión, 2007; Martínez Navarro, 2015; Jodar Jurado,
2017a y 2017b). A todo ello, se suman los nuevos campos teóricos que abre la Tesis
Doctoral en marcha de Fátima Rueda Giráldez acerca del debate sobre la mitología
entre la Ilustración y el Romanticismo.
En lo que atañe al objeto de nuestra investigación, hasta ahora, además de los
trabajos parciales
5
, solo existían dos estudios con perspectiva europea sobre Ifigenia:
Iphigénie: De la Grèce Antique à l’Europe des Lumières de Jean -Michel Gliksohn
(1985) y Adventures with Iphigenia in Tauris: A Cultural History of Euripides’ Black
Sea Tragedy de Edith Hall (2013). La monografía de Gliksohn parte de la metodología
propia de los estudios filológicos, y opta por una perspectiva cronológica. Se centra en
la pervivencia del mito en la Literatura francesa, tomando como punto de referencia la
5
Entre los estudios parciales podemos dest acar distintas líneas de trabajo: desde obras dedicadas a la
tradición grecolatina, con Eurípides como máx imo exponente (Siegel, 1980; Wol ff, 1992; Ky riakou,
2006; Hall, 2013), estudios sobre Racine (Pfohl, 1974; Ahmed, 1988) o Goë the (Frederic A. Hall, 1914).
Por su parte, en el mundo hispánico podemos encontrar investigaciones sobre la Ifigenia Cruel de
Alfonso Rey es (Ivonne Carter, 1980; Gl antz, 1989; Tej a, 2004; Arena s Monrea l, 2010; Bar ría Gonzál ez,
2012); sobre la novela de Teresa de la Parra, Ifigenia. Dia rio de una señorita que escribió porque se
fastidiaba (Aizenberg , 1985); o Lorca (Orringer, 2006); Manuel Lassala (Sebastià Sáez, 2015); o el
trabajo de De Paco Serrano (2001) sobre el personaje de Ifigenia en el teatro español contemporáneo; o
estudios comparativos como el de Lugo Miró n (2002), que examina El sacrificio de Ifigenia (1716) de
José de Cañizares y la Ifigenia (1720) de P etros Katsaíti s.
20
Iphigénie de Racine. A pesar de que su objetivo es analizar la presencia de Ifigenia en
las letras francesas, también lleva a cabo un pequeño recorrido por el resto de las
literaturas europeas para plantear los antecedentes del dramaturgo. Entre sus mayores
aportaciones al estudio de este mito cabe destacar, por un lado, la labor comparatista de
Gliksohn que logra demostrar la plasticidad del mito de Ifigenia en sus adaptaciones
literarias, y por otro lado, su examen temático de las recreaciones mitológicas francesas,
en el que analiza los motivos del amor, la religión, el absolutismo, la filosofía y la
representación de la mujer.
Por otra parte, la investigación de Hall (2013) sigue una metodología propia de
la Historia cultural y se propone examinar el impacto de la Ifigenia entre los tauros de
Eurípides en el mundo occidental. El estudio opta por una aproximación tematológica,
que permite analizar la huella de los distintos motivos de este episodio del mito: la
importancia de los viajes, la amistad de Orestes y Pílades, la cristianización del
personaje de Ifigenia, entre otros. Aunque se citan referencias literarias a lo largo de
todo el estudio, solo dos capítulos están dedicados exclusivamente a obras concretas: la
Iphigénie de Gluck y la Iphigenie de Goethe. Su obra destaca por su documentado
análisis sobre la recepción del mito de Ifigenia en la Antigüedad, especialmente, por sus
teorías sobre la popularidad en las pinturas de vasijas griegas, su impacto en el Egipto
del siglo II, y en la importancia de la obra de Pacuvio para el afianzamiento del motivo
de la amistad entre Orestes y Pílades. Asimismo, también es necesario destacar su
revisión del tropo del sacrificio en el Modernismo y su lectura feminista del personaje
de Ifigenia.
Asimismo, conviene recordar los estudios parciales recogidos en Il mito di
Ifigenia: da Euripide al Novecento (2008) editado por Lia Secci y Nicola Bietolini,
cuyos capítulos analizan la representación del mito de Ifigenia en la tradición
occidental. Se trata de una obra interdisciplinar que exam ina la pervivencia del material
mitológico en la Literatura, el Arte figurativo, la Arqueología, la Música, la Danza, la
Filosofía y el Cine.
Tras este somero repaso por los principales estudios de mitocrítica y las mayores
aportaciones al análisis de la recepción del mito de Ifigenia en las letras europeas,
resulta necesario exponer la estructura de la Tesis doctoral que ahora se presenta.
Nuestra aproximación al estudio de la recepción del mito de Ifigenia consta de los
siguientes capítulos: 1) Introducción; 2) Marco teórico; 3) La tradición del mito de
Ifigenia; 4) Corpus; 5) V ersiones religiosas del mito; 6) Versiones políticas del mito; 7)
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Versiones femeninas del mito; 8) Versiones metapoéticas del mito; y 9) Conclusiones.
El segundo capítulo está dedicado al marco teórico y a la metodología que vamos a
emplear en esta Tesis. Asumiendo una perspectiva metodológica propia de la Filología
y aplicando los principios del mitoanálisis durandiano, como ya hemos comentado,
pretendemos examinar las recreaciones hispánicas del mito de Ifigenia para tratar de
identificar los mitemas significativos, las redes de influencias, las diferentes lecturas
que se hacen, y cómo influyen las distintas cosmovisiones de los autores y la época en
la recepción del mito.
En el tercer apartado de esta Tesis, procederemos a rastrear los orígenes del mito
de Ifigenia y examinar su vigencia durante la Edad Antigua, la Edad Media y la Edad
Moderna. Nos centraremos en e l mitema del sacrificio, que se repite constantemente en
todas las versiones, tanto en Áulide como en Táuride, y que hunde sus raíces en los
rituales de purificación de los cazadores paleolíticos (Burkert, 2013). La inmolación de
Ifigenia también presenta grandes semejanzas con los ritos de iniciación de las jóvenes
vírgenes que se celebraban en Braurón y en Muniquia; mito y ritos comparten el mismo
esquema formal: la falta, la calamidad, el oráculo, el sacrificio de una virgen, y la
consiguiente sustitución con un animal (Hughes, 2006; Bonnechère, 2013). En este
acercamiento a los orígenes del mito, examinaremos también la importancia del motivo
de la virginidad, que entronca con los ritos prenupciales griegos y que ha dejado una
huella significativa en las tragedias sobre Ifigenia. Asimismo, analizaremos los
sincretismos de la hija de Agamenón con la diosa Ártemis que recogen varias fuentes
antiguas (Green, 2007; Baring y Cashford, 1993). Tras este panorama de los
antecedentes del mito, procederemos a llevar a cabo un recorrido por la tradición
literaria y artística en Europa. Desde las obras de Eurípides, hasta la Iphigénie (1674) de
Racine, las recreaciones literarias sobre la princesa micénica han gozado de una
importante influencia, que ha dejado su huella en distintas generaciones de escritores.
Esta visión de conjunto presentará, en primer lugar, una idea general del éxito del mito
en las letras europeas; en segundo lugar, nos permitirá familiarizarnos con algunas de
las fuentes de los autores hispánicos; y, por último, planteará las principales similitudes
y diferencias en el tratamiento del mito.
En el cuarto capítulo presentaremos nuestro corpus de textos y estableceremos
nuestra clasificación temática , basada en cuatro aspectos fundamentales: religioso,
22
político, femenino y metapoético
6
. En este primer acercamiento a las obras que vamos a
tratar, procederemos a examinar, en primer lugar, de manera cuantitativa los datos. Este
primer análisis, nos permitirá comprobar el éxito del mito de Ifigenia en la tradición
hispánica y en los periodos que estamos estudiando. Por la variedad de textos en los que
aparece, la Edad Media constituye una de las épocas más importantes para el mito. L a
variedad de lecturas medievales revela una gran riqueza interpretativa como podremos
ver en las recreaciones que se incluyen en la General Estoria , en la Comedieta de Ponza
del marqués de Santillana, en las adaptaciones medievales de la Consolatio
Philosophiae de Boecio o en la Floresta de Engaños de Gil Vicente. Frente a esta
expansión medieval, durante los Siglos de Oro se percibe una tendencia a la imbricación
del mito con otros materiales como en La amistad pagada de Lope de Vega, en el
primer episodio del Persiles y Sigismunda de Cervantes o en San Mateo en Etiopía de
Felipe Godínez, y un importante auge de las recreaciones metapoéticas como en el
“Capítulo” de Boscán. Finalmente, en el siglo XVIII se observa un mayor auge del
mito, motivado, fundamentalmente, por la influencia de la Literatura francesa, como
ilustran las numerosas traducciones de estos años, desde la de Gaspar Melchor de
Jovellanos hasta la de José de Cañizares.
Así pues, siguiendo esta estructura temática , los cuatro siguientes capítulos, que
compondrían el núcleo de nuestra investigación, están dedicados al examen de las
recreaciones hispánicas del mito de Ifigenia. E l quinto capítulo se centra en las
versiones religiosas del mito de Ifigenia y está dividido en seis epígrafes. En estos
apartados, analizaremos las dos narraciones del mito que se incluyen en la General
Estoria de Alfonso X, desde el punto de vista de su tratamiento religioso, que queda
patente por las concomitancias que se establecen entre la historia de la joven griega con
el relato del sacrifico de Isaac. Asimismo, analizaremos una red de textos, unidos por la
consideración de que el sacrificio de Ifigenia es consecuencia de labores demoniacas. Se
trata de un motivo que comienza en el Libro de las diez qüestiones vulgares sobre los
dioses de los gentiles de Alonso Fernández Ribera de Madrigal, también conocido como
el Tostado, y que llega a la Filosofía secreta (Madrid, 1585) de Juan Pérez de Moya,
pasando por la Apologética historia sumaria de Bartolomé de las Casas. La huella de
6
Para poder trazar las relaciones de influencia s entre las distintas obras, hemos seguido un criterio
cronológico dentro de cada uno de los cuatro capítulos que componen nuestro análisis del corpus: 5)
Versione s religiosas; 6) Versiones políticas; 7) Ver siones femeninas; 8) Versio nes meta poétic as. De esta
forma, además de facilitar su lectura, puede observarse la evolución en el tratamien to temático del mito.
Asimismo, hemos est ablecido una serie de epígrafes que destacan los aspectos del mit o más relevantes en
las recreaciones litera rias analizadas.
23
estos textos también puede observase en San Mateo en Etiopía de Felipe Godínez, el
primer autor que imbrica este material mitológico con la tradición hagiográfica de una
santa etíope del mismo nombre, cuya leyenda estaba unida a la predicación de san
Mateo en África. A su vez, la comedia de Godínez influyó en otras dos hagiografías
sobre esta santa: por un lado, una portuguesa, Os Dous Atlantes da Ethiopia (Lisboa,
1738) de Joseph Pereira Santa Anna; y, por otro lado, otra castellana, El Carmelo
Ilustrado con favores de la Reina de los ángeles (Valladolid, 1754) de Francisco
Colmenero. Además, en este capítulo, examinaremos las cristianizaciones del mito en
los Morales de Ovidio de Alfonso Gómez de Zamora, basado en el Ovidius Moralizatus
de Pierre de Berçuire, que demuestra la importancia de los diferentes cauces de difusión
de la mitología, pues la historia de la hija de Agamenón se emplea aquí para la
predicación. Por último, analizaremos una reactualización cristiana de las dinámicas
familiares de los Atridas en la Ifigenia in Aulide de Manuel Lassala.
En el sexto capítulo, procedemos a examinar las versiones políticas del mito. La
primera sección está dedicada al análisis de la tradición vernácula de la Consolatio
Philosophiae de Boecio, que incluía una serie de alusiones al episodio del sacrificio de
Ifigenia (Boecio, IV. VII). Al tratarse de una c olección importante de t extos, pues
incluimos desde las primeras versiones medievales, como la de Pere Saplana, hasta las
áureas, como las de Aguayo o Sánchez de Viana, hemos subdividido este epígrafe en
cinco subepígrafes, que facilitan la lectura del estudio exhaustivo de todas las variantes
mitológicas. Entre las innovaciones que merecen ser destacadas en esta introducción se
encuentran: la sustitución de Ifigenia por una de sus criadas, que acaba siendo inmolada
durante el sacrificio, o el cambio de lugar del ritual, que se sitúa en alta mar tras la
guerra de Troya. En el siguiente epígrafe de este capítulo, tratamos el Teatro de los
dioses de la gentilidad de Baltasar de Vitoria, que pone de relieve los aspectos prácticos
de la guerra, adoptando un tratamiento más realista del mito, en el que se atiende, por
ejemplo, a los problemas de la intendencia bélica. En tercer lugar, analizaremos la
comedia de La amistad pagada de Lope de Vega, y su papel en la construcción de una
serie de ideas sobre la naturaleza de la identidad castellana. Para ahondar en ello, Lope
lleva a cabo un ensamblaje del material mitológico procedente del mito de Ifigenia, y de
la materia histórica de El león de España.
En cuarto lugar, trabajamos la inculturación francesa en la literatura española del
siglo XVIII, y la influencia que tuvieron las múltiples traducciones de teatro francés de
estas décadas. Entre estas adaptaciones francesas, se encuentran dos obras de José de
24
Cañizares, basadas en la Iphigénie de Racine y en el Oreste et Pylade ou Iphigénie en
Tauride (1699), de François-Joseph de La Grange-Chancel, respectivamente. Tras haber
examinado las Ifigenias de Cañizares, procederemos a estudiar el sainete de la Comedia
de Valmojado de Ramón de la Cruz. Se trata de una pieza en la que se representa la obra
El sacrificio de Eugenia , que, como se verá, consiste en una parodia de la obra de
Cañizares. El mensaje de Ramón de la Cruz subvierte el contenido de la obra de
Cañizares. Al análisis de este sainete, le seguirá un examen de la traducción de
Jovellanos de l a Iphigénie de Racine, y la posterior corrección de Cándido María
Trigueros. Finalmente, el capítulo se cierra con el análisis de La Ifigenia en Táur ide de
Domingo José de Arquellada, que ofrece una reflexión de la dicotomía civilización y
barbarie con el trasfondo de la versión de “Ifigenia entre los tauros”.
El s éptimo capítulo analiza las obras que se centran en los aspectos femeninos
del mito, desde la construcción del personaje de Ifigenia como un ejemplo de virtud
para las mujeres, hasta las relaciones, generalmente conflictivas, que establece la joven
griega con otras mujeres del mundo mitológico como Clitemnestra, Helena, Electra o la
propia diosa Á rtemis. En primer lugar, analizaremos la representación de Ifigenia en las
Crónicas troyanas del mundo hispánico. Nos centraremos, especialmente, en las Sumas
de la historia troyana de Leomarte , ya que describe a la hija de Agamenón siguiendo el
prototipo de la doncella guerrera, al considerarla la “primera batalladora” de la guerra
de Troya (Leomarte, 1 932: 188). En segundo lugar, analizamos el papel de Ifigenia
como representación del ideal de la mujer del siglo XV. Para ello, estudiaremos tres
textos en los que la figura de Ifigenia se toma como paradigma de virtudes femeninas:
uno de los poemas recogidos en el Cancionero de Baena, un romance del Cancionero
de Estúñiga , y algunas coplas de La Comedieta de Ponza del marqués de Santillana. A
continuación, analizaremos la Floresta de Engaños de Gil Vicente, que mezcla los
mitemas de Psique y Cupido y los de la historia de Ifigenia. Se trata de una pieza teatral
en la que el material mitológico se toma como base para una de las escenas de la obra,
la que se centra en la trama amorosa entre Grata Celia y Cupido. La caracterización de
la protagonista se inspira en la Ifigenia griega, acentuando el ingenio de la joven y sus
rasgos positivos.
En el cuarto epígrafe, trataremos tres obras que ahondan en las construcciones
del personaje de Ifigenia basadas en arquetipos áureos, unas veces positivos, y otras
negativos. Entre las visiones que alaban las virtudes de la joven griega es necesario
destacar, por un lado, El Scholástico de Cristóbal de Villalón y, por otro lado, la Selva
25
militar y política de Bernardino de Rebolledo y Villamizar. Aunque ambos textos
profundizan en los arquetipos femeninos positivos, El Scholástico contrapone la virtud
de Ifigenia con la maldad de Clitemnestra, en tanto que la Selva militar pone el énfasis
en el adulterio de Helena, que es para Rebolledo la causa última del sacrificio de
Ifigenia y también del de Políxena.
La quinta sección de este capítulo está dedicada a la Fábula del Sacrificio de
Ifigenia de Luis Verdejo Ladrón de Guevara, un largo poema de cuño gongorino. Se
trata de uno de los textos fundamentales dentro de la tradición hispánica del mito. Esta
recreación sobresale, principalmente, por sus innovaciones en los aspectos femeninos
del mito. El poema confronta a Ifigenia con la diosa Ártemis, que se siente celosa por la
belleza, alabada por Agamenón, de la joven griega. La injusta decisión de su sacrificio
provoca la ira de Ifigenia, que se opone a su inmolación hasta el último momento. Este
enfrentamiento es único dentro de la tradición del mito, que se caracterizaba,
generalmente, por la sumisión de la joven, siguiendo el modelo de Eurípides.
Asimismo, la fábula también incluye una serie de críticas a la religión pagana,
probablemente, inspiradas en el De rerum natura de Lucrecio (I, 85).
El siguiente epígrafe está dedicado la zarzuela de Para obsequio a la deydad,
nunca es culto la crueldad. Iphigenia en Tracia, con libreto de Nicolás González
Martínez y música de José de Nebra. El enfoque femenino se aprecia a lo largo de los
diálogos de la obra, donde se pone el énfasis en los conflictos amorosos a los que se
podían enfrentar las mujeres en el siglo XVIII. Finalmente, el capítulo termina con el
examen de dos ballets d’action dieciochescos de Domenico Rossi: Ifigenia en Taurida e
Ifigenia en Aulida, que se enfocan a través de los sentimientos de los personajes
femeninos.
En el octavo capítulo, estudiaremos los textos con carácter metapoético. Desde
el famoso cuadro en el que Timantes de Sición pintó el sacrificio de Ifigenia, el mito ha
estado relacionado con las reflexiones sobre la naturaleza y los límites del Arte. La
maestría con la que ejecutó la escena, cubriendo el rostro de Agamenón con un velo, fue
alabada por distintos autores latinos como Cicerón, Plinio, el viejo, Quintiliano y
Valerio Máximo. Estos juicios positivos se difundieron en la tradición occidental hasta
convertirse en un lugar común, especialmente en las letras hispánicas. Este tópico,
conocido por la expresión “el velo de Timantes”, se utilizó como paradigma de la
32
estructuran la configuración de cada uno de esos textos y, en general, de su ideología y
valores.
3. L A TRADICIÓN DEL MITO DE I FIGENIA EN LAS LETRAS EUROPEAS
Para comprender este mito en su totalidad es imprescindible describir el
contexto en el que se sitúa y la importancia del antagonismo y las desgracias familiares
del linaje de los Atridas.
15
La tragedia tiene su origen en los conflictos y las venganzas
fraternales entre Atreo y su hermano gemelo Tiestes
16
, y en el infame banquete que el
primero preparó al segundo con la carne de sus hijos. Tras el asesinato de Atreo a
manos de Egisto, hijo de Tiestes y futuro amante de Clitemnestra, el atrida Agamenón,
heredó el trono de Micenas y mató a Tántalo, su primo, y al hijo recién nacido de éste,
dejando viuda a Clitemnestra, con quien después se casó. Aunque Clitemnestra
17
aceptó
el matrimonio con reticencias, tuvo con Agamenón varios hijos, cuyo número y nombre
varía según la tradición, aunque, generalmente, se identifica a Ifigenia, Electra,
Crisótemis
18
y Orestes.
Años más tarde, y tras el rapto de Helena, consecuencia directa del juicio de
Paris para dictaminar quién era la más bella de las diosas, Menelao pid ió ayuda a
Agamenón y al resto de caudillos griegos para recuperar a su mujer y vencer en la
guerra contra Troya. Sin embargo, cuando las tropas ya estaban reunidas en Áulide para
15
Esquilo en su Agamenón pone en boca de Ca sandra estas pal abras: “¡A una casa que odian los
dioses, testigo de innúmeros crímenes en los que se asesinan parientes, se cortan cabezas, a una casa que
es matader o de hombres y a un so lar empapado en sangre!” ( Aesch. , Ag . 416).
16
Hijos de Pélope e Hipoda mía, quienes asesinaron a su hermano Crisipo , lo que les acarreó el exilio
del reino y la maldi ción de su padre. Hu yeron a Micena s, donde su odio quedó patente. Años má s tarde,
Atreo encontró en su rebaño un cordero con un vellón de oro, pero a pesar de que le había prometido a
Ártemis sacrificarle lo más bel lo de ese año, dejó vivo al animal y se quedó con el vel lón. Sin embargo,
su esposa, Aérope, amante de su hermano Tie stes, le robó la guedeja, que enseñó a los ciudadanos de
Micena s para ser elegido nuevo monar ca, tras la muer te del rey. No obstante, la intervención de Zeus hizo
que Atreo reinase sobre Micen as tras el mila gro de hacer que el Sol cambiara su rumbo en el cielo.
Entonces, Atr eo exilió a su hermano, hasta que se enteró de la traición de Aérope, y lo hizo llamar. Una
vez Tiestes llegó a Micenas , Atreo mat ó y cocinó a los hijos de su hermano y se los sirvió como banquete.
Tras la comida, Atreo le reveló el o rigen de los alimentos, y lo volvió a expulsar del país. Tiest es se
dirigió a un oráculo que le vaticinó que el hijo que tuviese con su hija Pelopia le vengaría. Vi oló a Pelopia
en secreto, quien más tarde se casaría con Atreo. Atreo cuidó y educó al hijo de Pel opia, Egisto, como si
fuese suyo y cuando creció le pidió que ma tase a Tiestes. No obstante, Egis to descubrió a tiempo que
Tiestes era su padre y volvió a Micenas y mató a Atreo ( Grimal , 1981).
17
Hija de Tindár eo y de Leda y, hermana, por tanto, de los Dioscu ros, Cást or y Póllux, y también de
Helena.
18
Personaje de la Electra de Sófocles y se alude a ella en la Ilíada como hija de Agamenón, donde no se
nombran ni a Electra ni a Ifigenia como hijas del caudillo.
33
zarpar, se produ jo un accidente, que puso a la diosa Ártemis en contra de los griegos
19
.
Fuera cual fuese, provocó el fin del buen tiempo e impid ió que los barcos zarp asen . Los
generales griegos se impacient aron y pidieron consejo al adivino Calcante, que les
indicó que la única manera de aplacar la ira de la diosa era sacrificar a la hija de
Agamenón. Aunque, al final, Agamenón acab ó cediendo a las demandas del resto de
caudillos griegos, sus dudas suelen tener un papel importante en la mayoría de las
versiones de este mito. Una vez que lograron su consentimiento, Odiseo ideó un plan
para convencer a Clitemnestra de que entreg ase a Ifigenia. Para ello, organizaron una
embajada para traer a la joven con la promesa de su matrimonio con Aquiles. Existe una
importante variación entre las relecturas que se tienen de esta primera parte del mito,
pues, en unos casos, Ifigenia murió sacrificada y en otros casos, Ártemis se apiadó de
ella y la salvó en el último momento para trasladarla a Táuride. Los hechos que tienen
lugar en este nuevo escenario se engloban en la segunda versión del mito, que
denominaremos “Ifigenia entre los tauros”
20
.
El sacrificio de Ifigenia
21
a manos de su padre, Agamenón, fue para Clitemnestra
una prueba de la ambición desmedida de su marido y de su incapacidad para enfrentarse
a su hermano Menelao y al resto de comandantes griegos. El sacrificio de su
primogénita sirvió de justificación a la reina para el asesinato de su marido, que planeó
y ejecutó junto con su amante, Egisto, a su regreso de Troya. Estos hechos dieron
comienzo al ciclo mítico de la Orestíada , pues Orestes, persuadido por Electra y
después de consultar al dios Apolo, quien le advirtió de que esta venganza estaba
permitida, mató a su madre para poder vengar el asesinato de su padre. Sin embargo, a
pesar de la promesa de Apolo, el matricidio le supuso la persecución de las Erinias, que
acabaron por volverlo loco.
Electra: […] En cuanto a la justicia de Febo, ¿de qué debo acusarle? Persuade a
Orestes a dar muerte a la madre que le di o el ser, lo que no le atrae la alabanza de
todos. Con todo, él la mató por no desobedecer al dios […] Desde entonces,
19
Se trata de un conflicto que varía según las fuentes. La mayoría de los textos recogen que la caza de
una cierva consagrada a Árte mis por parte de Agamen ón fue la causa fundamental de la ira de la diosa,
como veremos en los próximos epígrafes.
20
En est a Tesis Doct oral , las obras de Eur ípides irán en cursiva (ej.: Ifigenia en Áulide ) mientr as que
las versiones del mito irán entrecomilladas (“Ifigenia en Áulide ” ).
21
Aunque el sacrificio de Ifigenia es probablemente uno de los más célebres de la mitolog ía griega,
tampoco hay que olvidar el de Políxena. La relación entre ambas es manifi esta : ambas hijas de reyes,
sacrificadas una antes de la expedición contra Troya y la otra una vez ha acabado, y ambas son tratadas
como prometidas de Aquiles, Ifigenia en unas bodas falsas y Políxena en unas fúnebres ( Revert Soriano,
2012: 32).
34
aque jado por una feroz enfermedad, se consume el desgraciado Orestes. Aquí yace
tendido sobre el lecho y la sangre de su madre lo transporta vertiginosamente en
ataques de locura. Pues no me atrevo a nombrar a las diosas ( Eur. Or. 28 - 39).
Para poder ser liberado, se tuvo que celebrar un juicio, presidido por Atenea. Los
votos del jurado se repartieron, considerándolo la mitad culpable y la otra mitad
inocente, pero el voto de la diosa, que se encontraba entre los que defendían su
inocencia, hizo inclinar la balanza a su favor. Para curarse definitivamente de la locura,
Orestes le preguntó a Apolo qué debía hacer, y el oráculo le contestó que debía buscar
una estatua de Ártemis en el país de los tauros, en la península del Quersoneso
22
. Al
llegar a Táuride, tanto Orestes como su compañero Pílades son capturados y conducidos
al templo para ser sacrificados.
A partir de este momento, comienza la segunda parte del mito de Ifigenia. Como
ya hemos comentado, Ártemis salvó a la joven hija de Agamenón y la llevó a Táuride,
donde la consagró a s u culto. Según las costumbres locales, Ifigenia, como sacerdotisa
del templo de Ártemis, debía sacrificar a todos los extranjeros que arribaban a las costas
de su nuevo hogar. Al principio, los dos hermanos no se reconocieron, pero tras hablar
con los prisioneros, Ifigenia descubrió su identidad e ideó un plan para escapar. Ifigenia
le dijo al rey Toante
23
que los prisioneros eran impuros para el ritual por culpa de los
crímenes que habían cometido y que, antes de sacrificarlos, era necesario que fuesen
purificados en el mar. Gracias a esta estrategia, Orestes, Pílades e Ifigenia lograron
robar la estatua y huir a Grecia.
Además de estos dos capítulos, que son los más conocidos, existe una tercera
parte, que solo nos ha llegado a través de las Fábulas (CXXI - CXXII) de Higinio
24
. La
22
Algunas leyendas consideraban que la estatua había caído del cielo (Falcón Mart ínez , Fernández -
Galiano, López Melero , 1980: 353).
23
También conocido como Toas en la tradición. Se c uenta que antes de convertirse en rey de los
tauros, Toante había huido de Lemnos. El mito cuenta que las muje res de Lemnos fueron castigadas por
Afrodita con mal aliento a causa de un adulterio, lo que hacía que los hombres no quisiesen yacer con
ellas. C omo represalia, las mujeres degollaron a todos los hombres de la isla. Solo Toante, “auténtico
representante de la sociedad patriarcal” (Burkert, 2013: 296), se salva de morir gracias a su hija Hipsípi la,
quien lo oculta en el templo de Dioniso durante la noche. A la mañana siguiente, y con el pretexto de
purificar al dios en el agua del ma r, esconde a su padre en un arcón de mader a en forma de ataúd y lo
lanza al mar.
24
Parece que fue tratada también por Accio en sus Agammemnoidae y por Licofrón en Aletes (Sebastià
Sáez, 2015). Lucius Accio (h. 170 a.C. - 82 a.C.) fue un autor que vivió en Roma desde muy joven y que
alcanzó un gran renombre gracias a su trabajo como gramático, crítico literario y poeta trágico, como
refleja el hecho de que fue recono cido por Varrón y Cicerón ( Dangel , 20 02: 2 6). Es el único trági co cuyo
corpus está ordenado por ciclos míticos seguidos y coherentes dedicados a las dinastías malditas ( Dangel ,
2002: 31). “En effet, en procédant à une sorte de genèse diachronique de la mal édicti on, effectuée à par tir
35
reconstrucción de esta historia es compleja porque no ha llegado a nuestros días ni el
Crises de Sófocles ni el de Pacuvio (Hall, 2013: 147), pero Higinio indica que en este
nuevo episodio Crises el Viejo, sacerdote de la isla de Esmintos y padre de Criseida, la
cautiva de Agamenón, y su nieto Crises el Joven, ayudaron a Orestes e Ifigenia a matar
a Toante, ya que Crises el Joven no era el hijo de Apolo y Criseida, como esta había
dicho, sino que en realidad era hijo de Agamenón, y, por tanto, hermanastro de Ifigenia
y Orestes. Tras la muerte de Toante, los jóvenes griegos continuaron su periplo para
llegar a su hogar. Mientras tanto, en Micenas un mensajero había advertido a Electra de
que su hermano había sido sacrificado en Táuride en honor a la diosa. Aletes, hijo de
Egisto, al enterarse de las noticias, trató de hacerse con el trono del reino. Ante esta
situación, Electra, para buscar respuestas a la muerte de su hermano, se dirig ió a Delfos,
donde se encontró con Orestes e Ifigenia. Electra, con la ayuda del mensajero,
reconoció a la sacerdotisa táurica y se enfrentó a Ifigenia para vengar la muerte de su
hermano. Sin embargo, la intervención de Orestes provocó una anagnórisis que logró
poner un final feliz a las desgracias que habían asolado al linaje de los Atridas.
Orígenes
El origen de este mito es antiquísimo y, probablemente, como muchas prácticas
sacrificiales, se retrotrae a los rituales de purificación de los cazadores paleolíticos,
donde la división entre caza y sacrificio no era tajante (Burkert, 2013: 19-124). Las
concomitancias entre ambos actos son numerosas, y se apoyan en el carácter
extraordinario que rodea ambas actividades. La caza y el sacrificio no solo compartían
preparativos como la abstinencia sexual y el ayuno, propios de la vida cotidiana donde
predomina un régimen desexualizado, producto de la civilización (Burkert, 2013: 108),
sino también por la “inhibición biológica” (Burkert, 2013: 48), es decir, el rechazo que
provoca la visión de la sangre derramada. El sentimiento de culpa ante el animal muerto
es recurrente en numerosos pueblos cazadores y se plasma en rituales de “disculpa y
reparación que a menudo adquieren tintes grotescos” (Burkert, 2013: 41), pues, aunque
su muerte es necesaria para la preservación de la comunidad, la extinción masiva de las
víctimas podría resultar igualmente catastrófica para el ser humano. A partir de estos
fundamentos psíquicos, tiene lugar un proceso de humanización, que hace que “el
de longues sagas , l’auteur est conduit à choisir, parmi les multiples bourgeonnements d’un même mythe,
des versions qui, conf ormes à une continuité et à une cohérence narratives, sont souvent l es plus rares”
( Dangel , 20 02: 34). Por su parte, Licofrón de Cal cis fue un trágico de época helenística y también
bibliotecario de Alej andría.
36
animal cazado se convierta en víctima” (Burkert, 2013: 47). Gracias a este fenómeno se
explica el carácter intercambiable entre víctimas humanos y animales durante los
rituales sacrificiales:
Con notable constancia, los mitos identifican el principio del hombre con un
pecado original, con un crimen que suele tener el carácter de un acto cruento. El
pensamiento griego buscó detrás de este acto una Edad de Oro caracterizada por la
suficiencia vegetariana, que tuvo su fin con el “asesinato” del buey de labranza
[…] el ser humano se convirtió en tal por la caza, por el acto de matar (Burkert,
2013: 49 - 50).
De estos rituales propiciatorios, los que tienen más semejanzas con el mito de
Ifigenia son los cultos relacionados con los ritos de iniciación de jóvenes vírgenes que
se hacían en Braurón y en Muniquia. Pierre Bonnechère ( 2013), tras la consulta del
corpus mítico que ha llegado hasta nosotros, llegó a la conclusión de que el elemento
base de los mitos que subyacían a estos cultos de la Antigüedad arcaica era la
domesticación de una osa salvaje que se habría instalado en un santuario dedicado a la
diosa Ártemis. Después de un incidente, que varía según las versiones, provocado por
una niña, el anim al ca yó abatido por los miembros de la comunidad masculina, lo que
desencadenó la ira divina y trajo consigo alguna calamidad sobre el pueblo. Tras la
consulta de los oráculos pertinentes, en el culto de Braurón
25
, se llegó a la conclusión de
que, para reparar la muerte del animal, todas las mujeres vírgenes deb ían realizar un
ritual antes del matrimonio, o más específicamente, antes de la consumación de la
primera relación sexual. De esta manera,
Tous les quatre ans, certaines fillettes venaient y “faire l’ourse”, ἀρϰτεύειν, en
l’honneur de la déesse, et les sources anciennes définissent le service des enfants
comme un tribut, une dîme dont les jeunes Athéniennes s’acquittaient en payant de
leur personne. […] Les sources sont claires quant au but de cette prestation: les
filles devaient s’y soumettre avant de cohabiter avec un homme, pour propitier
Artémis, à la veille de leur mariage, de la perte à venir de leur virginité
(Bonnechère, 2013 : 21- 22 )
25
Fanódemo, historiador del Át ica del siglo IV a.C. , sitúa el sacrificio de Ifigenia en Braurón y
menciona su intercambio con una osa y no una cie rva (Bonnechère, 1994: 33 - 34).
37
Para el caso de Muniquia, el oráculo exig ió el sacrificio de una virgen. Uno de
los hombres de la comunidad, Embaros, propuso a su hija como víctima, pero, en
realidad, la escondió, y ofrec ió en su lugar una cabra vestida con sus ropas. A cambio de
su ofrecimiento, se otorgó a su linaje el sacerdocio hereditario del culto.
A pesar de las diferencias, ambos ritos siguen el esquema formal que
Bonnechère (2013: 23) considera clásico: la falta, la calamidad, el oráculo, el sacrificio
de una virgen, y la consiguiente sustitución
26
. Esta estructura básica es la que también
subyace al mito de Ifigenia, por lo que la correlación con estas prácticas rituales parece
sugerir que el mito proviene de algún culto similar, relacionado con Ártemis. Hughes
(2006: 83-85), que comparte las mismas tesis que Bonnechère, insiste también en el
hecho de que, probablemente, en el origen del mito de Ifigenia ya estuviese presente la
sustitución animal, y rechaza las teorías que presuponen que este intercambio se
introdujo posteriormente cuando la sociedad griega ya no toleraba este tipo de prácticas
sacrificiales
27
. Sin embargo, otros autores, apoyándose en el papel que jugaron el
sincretismo y la conciliación religiosa en la cuenca del Mediterráneo, sin los que es
difícil comprender algunas lecturas clásicas, entienden que la sustitución animal y la
salvación in extremis por parte de la diosa muestran el deseo los autores griegos de
distanciarse de los rituales antiguos que implicaban sacrificios humanos, propios de
algunas religiones mediterráneas primigenias
28
(Morenilla Talens, 2012).
La práctica de estos ritos prenupcial es también dejó sus huellas en las tragedias
griegas que versan sobre este mito, y que, en muchos casos, juegan con las semejanzas
entre los rituales del sacrificio y del matrimonio de la joven Ifigenia. El sacrificio
funciona como un ritual de iniciación y transición a una nueva identidad que asegura su
integración dentro de la sociedad. Así, en el Agamenón de Esquilo estas concomitancias
se sustentan gracias a la mención de sus ropas de color azafrán ( Aes ch . Ag . 235-240):
26
Por su parte, Dowden (2014: 12 - 13) indica que los motivos básicos del mito son: 1) Un hombre,
probablemente el fundador del templo 2) mata a un ciervo, lo que encoleriza a Ártemis, 3) que enví a
algún mal (plaga o hambruna. 4) Un adi vino pronostica que solo el sacrificio de la hija del hombre
calmará a la diosa. 5) La hija es traída bajo la promesa de un matri monio. 6) Pero antes de que sea
sacrificada, es sustituida por un ciervo.
27
Esta sustitución ya está explicada en lo s textos de Ovidio, y queda recogida por los humanistas
italianos a través de la obra de Natale Con ti: “Solía inmolarse una cierva a Diana, según dice Ovi dio en
libro I (387 - 8) de los Fastos : Porque una vez fue matada en honor de la triple Diana en lugar de una
virgen, también ahora cae una cierva sin sustituir a ninguna doncella” (Conti, 2006: 84).
28
Esta idea que vincula la evolución y el progreso social con la renuncia a los sacrificios humanos ya
estaba presente en las Leyes de Platón (Hughes, 207: 19). Para má s información sobre el tema de los
sacrificios humanos dentro de las religiones mediterr áneas cfr. José María Bl ázquez (1977): Imagen y
mito: estudios sobre religiones mediterr áneas e ibéricas , Madrid: Edic iones Crist ia ndad.
38
An Athenian audience would have had a hard time hearing of this “saffr on - dyed
robe” ( k r ó k o u bafaV ) wit hout thinking of their own cult of Artemis Braurona ,
especially given that Iphigenia’s sacrifice is linked directly to Artemis (134 - 55). At
the Brauronia, prepubescent Athenian gi rls served the goddess as “bears” and
dedicated their saffron ( kr o kwt ó V ) robes around the time of menarche, par t of the
cultural and ritual preparation for their eventual marriage. In Euripides’
Phoenissae , Antigone clearly distinguis hes her “veil” ( krade µ na 1490) from her
“saffron garment” ( stol í doV kr ok ó e ssan 1491), both of which she removes to
mourn over the corpses of her mother and brothers (Rehm, 1994: 50 - 51).
Por su parte, Walter Burkert, que ha estudiado la sexualización de los ritos de
inmolación en los sacrificios de vírgenes, destaca también el elemento del intercambio
de la víctima por un animal como parte esencial del mito/ritual. Debido a la fuerte carga
sexual que tiene el acto de matar, se genera una importante ambivalencia entre la muerte
ritual y la iniciación sexual de las jóvenes en los sacrificios de vírgenes. Sin embargo,
durante acontecimientos extraordinarios para la comunidad, se suspende, volviéndose
incompatible, esta asociación entre el acto de matar y el sexual, por lo que “con
frecuencia la abstinencia sexual forma parte de la preparación de la caza, la guerra y el
sacrificio” (Burkert, 2013: 107), paradoja que se plasma en el hecho que tanto la diosa
de la caza como la diosa de la guerra en la mitología griega sean ambas vírgenes
29
. El
sacrificio de vírgenes transforma el erotismo de los guerreros en agresividad, por lo que
resulta fundamental en períodos de preparación, ya que, además de reconfigurar los
sentimientos de los guerreros, funciona como “entrega para obtener una ganancia”
(Burkert, 2013: 112).
Si la acción posterior y la acción previa se corresponden, es posible invertir la
secuencia de culpa y expiación, con el sacrificio posterior de vírgenes o mujeres .
Esta práctica tiene lugar sobre todo en el ritual fúnebre, aunque también
encontramos analogías en los ritos sacrifi ciales […]. De este modo se expresan los
sentimientos de culpa, la disposición para la expiación, del mismo modo que antes
la muerte se ha convertido en una matanza , motivada por la agresi vidad y la
29
Los poetas eróticos latinos utilizaron a Diana para plasmar la tensión entre la fidelidad y la
atracción sexual, gracias, en parte, a la ambigüedad sexual que implica el concepto de caza . Ya sea a
través del contraste de la castidad de la cazadora, que se opone a las intenciones del poeta, o bien a través
del motivo de la mujer que persigue y da caza al hombre. “Ovid, after all, recommended Diana’s
sanctuary at Aricia specifically as a prime hunting ground – for tracking down women” (Green, 2007:
123 ).
39
sexualidad. Si la inmolación de Ifigenia precede a la gue rra de Troya, el sacrificio
de Políxena la sucede (Burkert, 2013: 117).
Así, el sacrificio no solo permite conseguir el aplacamiento de la diosa Ártemis,
sino que también al sacrificar a Ifigenia, los griegos esperan poder ganar Troya
30
,
porque anticipa, justifica y perdona las muertes de los troyanos. Este proceso es
fundamental porque justifica el sacrificio de Ifigenia a manos de Agamenón y frustra los
argumentos de Clitemnestra para asesinar a s u marido como vengadora de su hija, ya
que el acto de Áulide motiva y disculpa las muertes troyanas.
Agamenón se ha transformado en un héroe trágico, que tuvo que entregar a su hija
para poder obedecer a su destino de conquistar Tro ya. Una vez sacrificada su hija,
ya no tiene ninguna posibilidad de dar marcha atrás. Tiene que conquistar Troya o
morir. Si regresara derrotado, él sería un simple asesino de niños. El sacrificio de
Ifigenia habría sido en balde […] Sacrificada su hija, Ifigenia, Agamenón debía
vencer sobre Troya para que el sacrificio se mos trara en su fertilidad. Si no vencía,
el sacrificio habría sido en balde y toda la vida de Grecia perdería su sentido.
( Hinkelammert, 1998: 17).
Asimismo, el hecho de que el sacrificio esté dedicado a Ártemis es relevante, ya
que, debido a su relación con la diosa H écate, algunas tradiciones argumentaban que
tenía influencia en las encrucijadas, lo que le permitía amparar a los griegos en su
misión contra Troya: “The early hunter, the young initiate, and the man who went to
unknown territories to sell his goods, to make war, or to learn about the world, turned to
her [Ártemis]” (Green, 2007: 131).
Ártemis
31
es una de las diosas más antiguas y menos civilizadas del panteón
griego y procede, probablemente, de la diosa paleolítica de los animales salvajes y de la
caza, previa al cultivo de la tierra y la construcción de ciudades. Su figura y su culto,
asociados a la luna, se fueron ampliando a través del sincretismo y la asunción de
nuevas esferas de acción, como la protección de los partos, de las encrucijadas y, en
ocasiones, del inframundo (Baring y Cashford, 1993: 322). Para Green (2007: 134-135)
30
Los sacrificios de vírgenes para poder ganar una guerra ya están presentes en el mit o de las hijas de
Erecteo (Grimal, 1981: 167).
31
Para el caso de Diana, la diosa latina que se identifica con la griega Ártemis gracias a la influencia
de la cultura griega en el Lacio, se sabe que su nombre, de raíces indoeuropeas, tiene relación con una
divinidad celestial y brillante (probablemente asociada a la luna) y que sus primeros cultos están
relacionados con la caza y lo salvaje (G reen, 2007: 112).
40
esta pluralidad de formas no implica que fuese, necesariamente, la amalgama de varias
diosas, sino diferentes advocaciones de la misma divinidad. Dada su condición lunar, se
la conoce en muchos casos como la diosa de las tres caras, y puede aparecer como
Selene, Hécate
32
o Perséfone. Como consecuencia, y ya desde la Antigüedad, se
atestiguan fuentes que sincretizan estas advocaciones y justifican la elección de Táuride
como escenario de las peripecias de Ifigenia, ya que respondería a una asimilación de la
princesa micénica con Hécate, diosa de la península de Crimea. De este modo, Hesíodo
en su Catálogo de mujeres recoge la tradición de que Ártemis no convirtió a Ifigenia en
su sacerdotisa, sino que le otorgó la inmortalidad, asimilándose a la diosa Hécate . Lo
mismo propuso Heródoto (Hdt. 4.103), que, por su parte, consideró que los sacrificios
que realizaban los tauros iban dedicados a la diosa Ifigenia, la hija de Agamenón. La
estrecha relación entre estas tres figuras, Hécate, Ártemis e Ifigenia es compleja
33
. Ya
Esquilo cuando se refiere a Ártemis como “la de la mirada estrellada” (Aesch.
Fragmentos , 170) hace referencia a su condición de diosa lunar, que comparte con
Selene o Deméter, como protectora de la luna llena, y con Hécate, la diosa de la luna
nueva, convirtiendo el elemento de la oscuridad en el punto de unión de estas
divinidades (Baring y Cashford, 1993: 328). El sincretismo también ha sido analizado
con respecto a la relación entre Ártemis e Ifigenia, pues los testimonios de Pausanias,
Estesícoro, Hesíodo y Heródoto indican que Ifigenia fue venerada como diosa en
algunas zonas del Mediterráneo, y que su culto pudo haber llegado a rivalizar con el de
la propia Ártemis. Gliksohn (1985) observó que la separación entre Ártemis e Ifigenia
tuvo que ser relativamente tardía para la religión griega, basándose en el hecho de que
ambas figuran comparten atributos esenciales como la virginidad, la transformación en
animales y el contacto con lo salvaje y la muerte
34
:
32
Hécate es una diosa poco conoci da y afín a Ártemis. En épocas más moder nas, se le atribuye la
invención de la hechicería y es protectora de ma gos y brujas. Se la representaba de manera triforme o
tricéfala.
33
“It is difficult to reconstruct the precise st atus of female figures (other than the major Olympians)
who received cult attention in Greek antiquity, es pecially as early as the fifth century BCE. Much of the
evidence derives from Pausanias, an author wri ting centuries after Euripides and influenced by him. The
model of ritual antagonism between god and hero whi ch often works for male heroes – Odysseus and
Poseidon, Oedip us and Apollo – does not much illuminate the more analogical relationship between
Artemis and Iphigenia, who can be a substitute for Art emis (see Strabo 7. 4.2) and whose name can be one
of the goddesses’ titles […]” (H all, 2013: 29).
34
Al final de la Ifigenia entre los tauros de Eurípides se indica que: “Y tú, Ifigenia, has de ser la
clavera de esta diosa en los bancales sagrados de Brauro n. Allí serás enterrada cuando muer as, y te
dedicarán en ofrenda los sutiles peplos bordados que las muje res dejan en su casa cuando mue ran en el
parto” (Eur. IT 1465 - 7). De esta manera , se subraya el sincretismo con la diosa Ártemis que era
protectora de los partos desde que ayudó a su propia madre a dar a luz a su gemelo, Apolo.
41
La estancia de Ifigenia allí [entre los Tauros] y su carácter de sacerdotisa es algo
perteneciente a la tra dición de la época de Eurípides y se basa en un sincretismo de
tres Ifigenias en origen diferentes: la diosa ática identificada con Ártemis (Ártemis -
Ifigenia o “protectora del par to”), la cual recibía culto en Halas y Braurón en la
costa norte del Ática; la diosa táurica que, según Heródoto (IV, 103), “los mismo s
Tauros llamaban Ifigenia, hija de Agamenón”; y finalmente la Ifigenia humana,
hermana de Orestes, Electra y Crisótemis e hija de Agamenón y Clitemnestra
(Calvo Martínez, 1978: 341).
Para el caso de la versión de “Ifigenia en Táuride”, Hall (2013) propuso que el
esquema básico fundamental que sigue es el siguiente: dos jóvenes provenientes de una
comunidad considerada como civilizada se adentran en un territorio bárbaro de donde
deben rescatar a la heroína protagonista. En muchas ocasiones, también, deben robar
algún tipo de talismán, que, en el caso del mito griego, sería la estatua de Ártemis
35
. El
viaje se convierte en un motivo fundamental en estas versiones, no solo por la
importancia de las travesías marítimas para la configuración de la identidad griega, sino
también el viaje psicológico que implica, encarnando el paso final a la madurez de los
dos hermanos. Asimismo, los hechos de Táuride suponen el último eslabón en los
caminos de Orestes e Ifigenia y ponen fin a la maldición familiar de los Atridas (Hall,
68).
Un último motivo sobre el que es necesario llamar la atención en la construcción
y unión de las dos vertientes del mito es la estructuración de los personajes en parejas
de símbolos opuestos que van transformándose y cambiando continuamente de rol. Así,
Ifigenia pasa de ser la sacrificada a la sacrificadora en las dos partes del mito;
Agamenón que comienza el mito cazando la cierva de Ártemis, y terminará siendo
cazado por la venganza de Clitemnestra; y la diosa Ártemis de castigadora a protectora
de la propia Ifigenia.
De forma significativa, estos pares de opuestos no quedan reducidos a un simple
dualismo, sino que cada uno de sus elementos se transforma en el otro, como la
noche da paso al día: el cazador se convierte en presa, el caníbal en abstinente, los
vivos son inmolados y los muertos vuelven a la vida (Burkert, 2013: 155).
35
Por ejemplo, ese mismo esquema se repite en el Miles Glorios us de Plauto (Hall, 2013: 95).
48
Ifigenia en Á ulide presenta una serie de caracterís ticas que nos permiten ubicarla
bien dentro de la producción euripidea, especialmente en la última fase de su
carrera dramática : la provocati va y revisionista actitud de la obra con el mito, su
postura crítica de la cultura contemporánea y los polít icos , su preocupación por la
moral y la corrupción política así como por los conflictos de género e
internacionales, la lucha entre valores cívicos y familiares, la ten sión entre las
personas individuales y las masas, su teatral conciencia de sí mismo y su interés
por los reveses argumentales y por la demostración visual del sufrimiento (Revert
Sorian o, 2012: 41).
Asimismo, es importante mencionar el cambio de actitud con respecto al
tratamiento del sacrificio de Ifigenia. Frente al acto cruento que se describe en la obra
de Esquilo, en Eurípides se genera una “ideología del sacrificio” (Pesthy-Simon, 2017:
41), que implica la aceptación por parte de la víctima propiciatoria y que no aparece
recogida en obras anteriores, pues la actitud de la víctima no era relevante en el ritual.
En la obra de Eurípides, Ifigenia se transforma, movida por un deseo de destruir a los
troyanos, y se convierte en el principal motor de la empresa bélica de su padre
(Hinkelammert, 2008: 15-16). Y a Aristóteles comentaba esta reformulación, al criticar
el cambio de decisión de Ifigenia en Ifigenia en Áulide , que considera injustificado.
[…] pues, aunque sea inconsecuente la persona imitada y que reviste tal carácter,
debe, sin embargo, ser consecuentemente inconsecuente. Un ejemplo de maldad de
carácter sin necesidad es el Menelao del Ore stes ; de carácter inconve niente e
inapropiado, la lamentación de Odiseo en la Escila y el parlamento de Melanipa, y
de carácter inconsecuente, la Ifigenia en Áulide, pues en nada se parece cuando
suplica y cuando la vemos luego (Arist. Poet . 1454a26).
La crítica aristotélica generó bastantes relecturas en las letras occidentales,
especialmente a partir del Renacimiento. Aristóteles también comentó en la Poética la
Ifigenia entre los tauros , aunque, esta vez, para subrayar la genialidad con que se
produce la anagnórisis final (Arist. Poet . 1455a17-20).
El mito también tuvo vigencia en Roma, especialmente, los acontecimientos de
Táuride, por tres motivos: en primer lugar, por la asimilación de este mito con ciertos
rituales que se practicaban en la península itálica desde antiguo; en segundo lugar, por
la importancia que adquirió el mito para el programa ideológico del reinado de Octavio
49
Augusto; y, finalmente, por la amistad de Orestes y Pílades, que funcionó como
paradigma de las virtudes romanas, especialmente durante la República, pero que dio
frutos en épocas posteriores
49
.
Con respecto a los cultos de la península itálica, cabe destacar los rituales que se
practicaban en el templo de Aricia en honor a la Diana Nemorensis en la región del
Lacio, próximo al lago Nemi. Esta diosa, venerada desde antiguo y cuyos atributos se
asemejaban a los de la divinidad griega, fue asimilada con la Ártemis Táurica
50
,
probablemente entre los siglos VI y IV a.C., fechas en las que se han encontrado
numerosos restos arqueológicos, generalmente piezas funerarias de cerámica
51
, aunque
también bajorrelieves
52
. Estos testimonios arqueológicos no solo demuestran el proceso
de sincretismo entre ambas diosas, sino que ilustran, de igual modo, la pervivencia del
mito
53
, ya que, como apunta Hall, “there are more illustrations of IT in Greek vase-
painting of the fourth century than any other tragedy” (Hall, 2013: 69). Sin duda, el
mito de Ifigenia y sus mitemas esenciales cumplían las funciones requeridas para las
representaciones funerarias de este tipo:
Ésta [la escena del sacrificio de Ifigenia] había sido prodigada también por los
etruscos en sus urnas cinerarias. Su simbolismo es patente: la muerte, entendi da
como sacrificio (para evidenciarlo así, aparece un personaje escanciando sobre la
víctima con una pátera umbilical) que permite el arrebatamiento a otra vida. Est a
iconografía autoriza la hipótesis sobre la creencia etrusca en una vida mejor tras la
muerte (Revilla, 2016: 370).
La fusión de estas dos figuras, estrechamente relacionadas con el tema de
“Ifigenia entre los tauros”, generó nuevas variantes del mito que se difundieron por toda
49
La importancia de este mitema en la literatura romana se traslad ará también a la época de los padres
fundadores de Estados Unidos, ya que la Re pública romana fue tomada como modelo cívico y político.
Prueba de ello es, por ejemplo, el grupo escult ór ico Orestes and Pyl ades in Tauris de Carl Johann
Steinhauser situado en el Fairmount Park de Filadelfia (Hall, 2013: 92 - 93).
50
Probablemente, l os cultos del sur de Italia dedicados a Ártemis “Phakelitis” fueron un primer
estadio en el sincretismo entre es tas dos figuras (Hall, 2013: 141).
51
Como ya se ha comentado la historia de “Ifigenia entre los tauros” era especialmente adecuada para
momentos de crisis emocionales, como la pérdida de un ser querido, debido a que su final no incluía
muertes , ni escenas sexuales (Hall, 2013: 80).
52
Green (2007: 22) menci ona un bajorrelieve ar caizante, procedente del valle de Ar icia, en los
alrededores del santuario de la diosa, hoy en Copenhague , que muest ra el asesinato de un rey a man os de
un joven, figuras que se sue len identificar con Egisto y Orestes.
53
Son un total de trece vasijas que se encuentran repartidas en distintos lugares del mundo: cinco en
Italia; tres en Moscú o San Petersburgo, “reflecting Russian imperial interest in this tra gedy” (Hall, 2013:
72); y el resto en París, Basilea, Nueva Yor k, Sídney e Inglaterra.
50
la península itálica (Hall, 2013: 141). Así, Servio en su comentario a la Eneida ( ad Aen .
I.116 y II. 226) hace referencia a este nuevo entramado mítico, en el que la estatua
táurica que robaron Orestes e Ifigenia habría ido a parar a Aricia
54
; también Estrabón
recoge en su obra (5.3.12) que la imagen de la diosa aricina es una copia de la del país
de los tauros; y lo mismo ocurre con Ovidio que da a entender en las Metamorfosis (15.
488-490) que la estatua de Ártemis robada en Táuride fue a parar al Lacio: “[…] en
cuanto a su esposa [de Numa Pompilio, sabino y segundo rey de Roma], abandonando
la ciudad, se esconde y oculta en las densas selvas del valle de Aricia y con sus gemidos
y lamentos estorba los cultos de la orestea Diana”; por último, tanto Higinio ( Fab . 61),
como Catón el Viejo en los Orígenes (III, 4), hacen referencia a una versión que se aleja
de la del mundo griego, en la que, al huir del país con la estatua, Orestes abandona su
espada en un árbol:
Thesunti Tauriani uocantur de fluuio, qui propter fluit. Id oppidum Auru nci primo
possiderun t, inde Achaei Troia domum redeuntes. In eorum agro fluuii sunt sex;
septimus finem Rhegihum atque Taurinum dispescit: fluuii nomen est Pecoli. Eo
Orestem cum Iphigenia atque Pylade dicunt maternam necem expiatum uenisse, et
non longinqua memoria est, cum in arborem ensem uiderint, quem Orestes abiens
reliquisse dicitur (Catón, Orígenes , III, 4 ).
Les Thesunti de Taurianum tirent leur nom du flueve qui coule à proximité. Cette
place - forte a d’abord été habitée par des Au runces puis par des Achéens à leur
retour de Troie. Sur son territoire il y a six fleuves; le septième marque la frontière
entre les territoires de Régium et de Taurinum: le nom de ce fleuve est le Peccoli.
C’est là, dit - on, qu’Oreste avait abordé avec Iphigénie et Pylade pour expie r le
meurt re de sa mère et il n’y a pas si longtemps on pouvait voir, suspendue à un
arbre, l’épée qu’Oreste y avait laissé en partant, d’après ce qu’on raconte
( Chassignet, 2002: 32 - 33 )
55
.
La presencia de esta espada es fundamental para entender la imbricación de l
mito de Ifigenia con la figura de Orestes y con el culto de la Diana de Aricia, y su
54
La estatua de Ártemis robada del país de los tauros ha tenido muchos hogares posteriores y se ha
asimilado a distintos lugares de la cuenca del Mediterrá neo. En el cas o de Aricia, el hecho de que el culto
esté relacionado con la transición a la edad adulta, con la caza masculi na y con la reproducción femenina
suponen puntos de unión con el mito griego y el culto a Ártemis (Hall, 2013: 141 - 142).
55
Citamos la obra en francés porque no existe una edición mod erna en español de los Orí genes de
Catón.
51
asimilación con el ritual del rex nemorensis
56
. En el mundo latino, el mito de “Ifigenia
en Táuride” sufre una serie de variantes hasta convertirse en un mito etiológico del
ritual del rex nemorensis (Green, 2007: 203). Entre estas divergencias hay que destacar
que Orestes mata al rey Toante para poder robar la estatua, oculta en un haz de leña; que
los hermanos no roban la estatua de Ártemis para llevarla a Ática, sino a Aricia; y que,
finalmente, Ores tes abandona su espada junto al templo aricino.
A través de estas acciones, que transgreden, pero son, a la vez, exigidas por la
ley divina, Orestes pone fin a su viaje, que le ha llevado desde el matricidio al exilio,
pasando por una probable esclavitud y barbarismo hasta lograr recuperarse de su locura.
Este mito se convirtió, más adelante, en un paradigma para el establecimiento del ritual
del asesinato del rey-sacerdote que se practicaba en A ricia, hasta el punto de que Nerón
justificó el asesinato de Agripina, recordando las acciones de Orestes en este mito
(Green, 2007: 205).
Octavio Augusto, cuya madre provenía de esta zona según Cicerón, tuvo un
interés particular en el culto aricino, especialmente a partir de la batalla de Accio.
Probablemente fue por esas fechas cuando trasladó los huesos de Orestes desde Aricia a
Roma, exponiéndolos en una urna en el templo de Saturno, cerca del templo de la
Concordia, según apuntan Higinio ( Fab . 261) y Servio ( ad Aen . II.116) y se ve en un
friso de la época claudiana, que muestra a Diana y a Apolo a cada uno de los lados de la
urna donde descansarían los restos de Orestes (Green, 2007: 41). Sus huesos, que se
56
Este c oncepto remite a la muer te periódica y posterior sustitución del sacerdote - rey dentro de una
comunidad. Fue acuñado por James Frazer en La rama dorada: un estudio sobre magia y religión (2006:
25), en la que demuestra que el proceso de evolución religiosa desde un estado de prácticas mágicas hasta
el establecimiento de religiones regladas es común a diferentes culturas. Frazer, que pertenece a la
escuela antropológica clásica, contribuyó en gran me dida a las teorías ritualistas sobre el mito, que deben
ente nderse dentro de la polémica de myth and ri tual , que tuvo un gran impac to dentro del ámbito
anglosajón y que trataba de analizar la precedencia dent ro de las sociedades arcaicas del mito o del rito .
Burkert sintetizó así las tesis ritualistas: “ No son, seg ún esta concepción, las representa ciones las que
originan los ritos, sino que más bien son los ritos los que engendran y configuran las representaciones, e
incluso la experiencia y el sentimiento […] La tradición, al transmitir directamente la costumbre en
cuanto tal, engendra representaciones, moldea experiencias y despierta necesidades ” (Burkert, 2013: 58 -
59). Las teorías ritualistas tuvieron su contestación tras la Segunda guerra mundial, especialmente, a
través de los trabajos de diferentes etnólogos americanos como Joseph Fonterose, Clyde Kluckh ohn o
Willi am Bascom, a los que lueg o se sumaran autores europeos como G. S. Kirk, y más tarde, Claude
Lévi - Strauss. En sus trabajos, acusaron a los ritualistas de haber infravalorado el componente narrativo de
l os mitos, y de la falta de datos concretos que demostrasen la dependencia de mitos y rituales concretos.
La imposibilidad de demostrar fehacientem ente la precedencia de estas instituciones provocó el
surgimiento de una nueva corriente: el funcionalismo de Malinowsk i, que postuló la unidad entre ambas
instituciones y su papel complementario dentro de la comunidad. Malinows ki supera la visión de los
mitos como sistemas cognoscitivos de las sociedades primitivas y, en cambio, subraya su participación en
la vid a de estos pueblos, que los conciben como realidades que influyen en el devenir del mundo. Sus
teorías superaron la visión positivista del XIX, que concebía los mit os como instrumentos de
conocimiento del hombre primitivo, para entenderlos como parte de la vida sagrada de una comunidad
( Meleti nski , 2001 ).
52
convirtieron en uno de los siete pignora imperii
57
(Serv. ad Aen . VII.188), tenían la
función de librar a la ciudad y al imperio de las desgracias tras la guerra civil. Como
han analizado muchos autores (Hölscher, 1990; Green, 2007; Tilg, 2008; Hall, 2013),
Octavio Augusto se autoidentificó con la figura de Orestes, atribuyéndose a sí mismo el
papel de vengador, esencial dentro de su programa ideológico
58
(Tilg, 2008: 369). Sin
duda, la figura de Orestes y, el culto a Diana, tuvieron que ser muy apreciados por
Octavio Augusto, hecho que, para algunos autores, influyó en el gran auge del mito en
esta época:
In fact, the personal and political importance of the cult of Diana to Augustus –
both at Rome and at Aricia – all but guarantees an orthodoxy in contemporary
discussions of the cult unimaginable in any other circumstances in the Latin or
Roman world. Our pr incipal poetic witnesses , Vergil, Ovid, and Horac e, were so
close to the princeps, so dependent on his good will, and therefore so attuned to his
expectations ( whether appr oving them or not), that what they say about Diana or
her sanctuary must have rested on unassailable cultic authority, reinforced by
Augustus’ approval (Green, 2007: 120).
Así, escritores anteriores o contemporáneos a Octavio Augusto como Cicerón,
Horacio, Lucrecio u Ovidio trataron el mito en distintas obras. Por su parte, Cicerón en
De officis III, 95 emplea el mito como ejemplo de que en ocasiones es mejor no cumplir
una promesa, pues a veces las cosas que parecen prudentes son, en realidad, injustas.
Asimismo, retoma otra vez el mito, aunque centrándose solo en el motivo de la amistad
entre Orestes y Pílades en De Finibus bonorum et malorum (2.79; 5.63). A su vez,
Horacio en Sátiras II, 3 hace referencia al sacrificio de Áulide a partir de un comentario
sobre los distintos tipos de locura que asolan al género humano. Estertinio, uno de los
personajes de la sátira, enumera cuatro tipos: la de los avaros, la de los ambiciosos, la de
los hedonistas y la de los supersticiosos. Para ilustrar la locura de los ambiciosos escoge
el ejemplo de Agamenón, a quien se enfrenta en un diálogo fingido acusándolo de que
57
Cada uno de estos objetos era un símbolo que confirmaba la grandeza de Roma y su hegemonía en
el mundo en tiempos de crisis (Green, 2007: 43).
58
En este programa ideológico, Octavio Augus to sería un nu evo Orestes que trata de vengar la muerte
de la figura paterna Julio César - Agamenón, y en el que Mar co Anton io sería Egisto, y Cleopatra,
Clitemnest ra, que había mant enido relaciones con César - Agamenón. Grac ias a su triunfo en la batalla de
Accio, una últ i ma acción sangrienta, se alcanzó el fin de la guerra civil, tal y como el último acto de
venganza de Orestes puso fin a la maldici ón sobre la casa de los Atridas. Asimismo, Apolo, dios pr otector
de Octavio Augus to, fue el que asistió a Orestes en los juici os por su matrici dio (Tilg, 2008: 368 - 369).
53
su locura es mucho peor que la de Áyax, que solo mató a unas ovejas tomándolas por
enemigos.
¿Y tú, cuando en Áulide pones ante el altar, en lugar de una ternera, a tu hija
querida y espolvoreas, cruel , su cabeza con la harina salada, conservas tu buen
juicio? “¿A qué viene esto?” ¿Pues qué hizo Áyax en su locura, cuando abatió con
el hierro el rebaño?: se guardó de hacer violencia a su mujer y a su hijo; y aunque
lanzó mil imprecaciones contra los Atridas, no acometió a Teucro ni al prop io
Ulises. “Es que yo, para poder sacar mis naves paradas en una ribera adversa,
aplaqué prudente a los dioses con sangre” ¿Con la tuya , demente? “Con la mía,
pero demente no” (Hor. Sat . III 199 - 206).
No obstante, no son los únicos tratamientos críticos sobre el sacrificio de Áulide,
ya que también Lucrecio en De rerum natura, I, 85 trata esta versión de forma negativa.
Aquí, Ifigenia, que mantiene el nombre homérico de Ifianasa, es conducida al altar, con
los ojos tapados, creyendo que va a casarse. Una vez allí, la venda que le cubría la cara
se desliza por sus mejillas y descubre lo que va a suceder. Entonces, cae, muda, de
rodillas. Lucrecio emplea este mito como ejemplo de los crímenes que se cometen en
nombre de la religión para llevar a cabo una condena taxativa de todas las religiones.
Pero, sin duda, fue Ovidio uno de los autores que más trató el mito. Ifigenia
aparece tanto en libro XII como en el libro XIII de las Metamorfosis , y en sus Tristia
4.4, donde el mito se entremezcla con su propio exi lio
59
. También aparece en Epistulae
ex Ponto (3.2.39-102), donde se recogen tanto el motivo del sacrificio como los sucesos
acaecidos en Táuride. Es en esta obra donde se introduce por primera vez en la tradición
literaria el motivo del “bárbaro admirado”, en el que un viejo tauro alaba el estrecho
lazo de amistad entre Pílades y Orestes, en lugar de despreciarlo, como habría sido
esperable
60
. Este motivo alcanzará su máximo desarrollo en Toxaris , obra de Luciano de
Samósata.
Otro motivo esencial para el desarrollo de la tradición literaria del mito es l a
preponderancia de la amistad entre Orestes y Pílades que llega incluso, en muchas
ocasiones, a eclipsar la figura de Ifigenia
61
. Es lo que ocurre en el caso de Sobre la
59
Ovidio tiende a representarse como un personaje de tragedia en su poesía del exilio como ha
estudiado Ingleheart (2010).
60
Quizás el moti vo pudo haber estado en la tragedia de Pacuvio (Ha ll, 2013: 105)
61
Para más información sobre este tema cfr. Hall (2013), especialmente el capítulo V de su
monograf ía. Para má s información sobre el concepto romano de amicitia cfr. Burt on (2004). Además de
54
amistad (7.24) de Cicerón, donde se retoma el mito de “Ifigenia entre los tauros”, a
través de una cita de la obra de Marco Pacuvio
62
, pero en lugar de mencionar a la
heroína griega, se centra en el motivo de la amistad entre Orestes y Pílades. Lo mismo
sucede en el epigrama (6.11) de Marcial donde se resalta la importancia de la simetría
en la amistad de los dos jóvenes. El motivo de la relación entre ambos jóvenes llegó a
cuestionarse dentro del seno de la iglesia cristiana por los tintes homosexuales que llegó
a alcanzar en ciertas obras
63
.
Hubo autores latinos posteriores que también trataron el mito. Antonino Liberal
( ca . 200) retoma el mito en el libro XXVII de su Colección de metamorfosis , siguiendo
al poeta griego Nicandro . En esta obra, Ifigenia, hija de Teseo y Helena y criada por
Clitemnestra, también es salvada por Ártemis en el último momento, mientras los reyes
griegos, volvían la mirada para no ser testigos de la muerte de la joven. En este texto,
también destaca el hecho de que un toro aparece junto al altar donde se encuentra
Ifigenia, pues sirve para ligar las dos partes del mito con la etimología del topónimo
Táuride y el epíteto Taurópola de Ártemis. Asimismo, hay que hacer hincapié en el final
del mito, en el que Ifigenia se casa finalmente con Aquiles, junto con el que vive en la
isla blanca, siendo una diosa inmortal conocida como Orsiloquia
64
. Asimismo, Higinio
Cicerón, la legendaria amistad de Pílades y Orestes también aparece en los epigramas de Marcial (6.11),
en los Hechos y dichos memora bles de Vale rio Máxi mo (4.7); en los Tristia (4.4.) de Ovidi o; en las
Confesiones (4.6) de S an Agustín, donde admite que no se habrí a visto preparado para sacrificar su propia
vida por la de su amigo; en las Erotes (47) de Luciano de Samósat a. Llegó a convertirse en el ej emplo
paradigmático de la amistad en la retórica romana (Hall, 2013: 101), y de ahí pasó a la Edad Medi a y al
Renacimient o europeos. Su amistad ha sido vista también en diversas ocasiones como una relación
homosexual: “[…] it is important to notice how emphatically Iphigenia’s em otional life and subjectivity
were effaced in the Ro man worl d, from Pacuvius to August ine, by the male psycho - drama – however we
may define it – of her brother and his best friend” (Hall, 2013: 110).
62
Marco Pacuvi o fue autor de teatro latino, del que solo nos han llegado traged ias. La cita pudo
provenir del Orest es que probablemente pertenecía a un ciclo dedicado al des tino de los hijos de
Agamenón junto con Dulores tes , Hermiona y Cr ises (Hall, 2013: 98). Hal l (2013: 97) especula sobre la
posibilidad de que la obra de Pacuvio incluyese el motiv o de Ifigenia p oseída, debido a la representación
de una serie de frescos romanos y en un epigrama de la Antologí a griega (16.128), en la que se describe
una pintura, donde se da a entender que Ifigenia se encuentra en un estado de mainetai , que podría ser
interpretado c omo una locura dionisiaca previa al sacrificio ritual o como superada por los se ntimientos
de ver a Orestes . Este estado de locura podría haber sido el reflejo de la situación de Orest es, perseguido
por las Furias, o en algunas ocasiones por la sombra de su madr e, como se refiere en la Eneida : “[…] Le
aterran a la par/ las muchas predi cciones de antiguos adivinos con terribles presagios […] o lo mismo que
el hijo de Agamenón, Orestes , / perseguido en es cena va huyendo de su madre, que ar mada con
antorchas/ y con negras serpientes le acosa mientr as en el umbral/ le aguardan las Erini as vengadoras”
(Virgilio, IV. 471 - 473). Para Hall, la influencia de la obra de Pacuvio tuvo que ser grande en las
recreaciones mitológica s sobre Ifigenia de otros autores latinos del reinado de Augusto, en detri mento de
la de Eurípides (Hall, 2013: 100).
63
Se ha analizado, por ejemplo, un pasaje de san Agus tín ( Conf . 3.1.) en el que hace referencia a la
relación de Orestes y Pílades (Hall, 2013: 108).
64
Dicho nombre parece procede r de historiador Amian o Marcel ino en cuya obra af irma que los tauros
hacían sacrificios a Ártemis, a la que denominaban Orsiloquia (Dowden, 2014: 18).
55
en sus Fabulae
65
recoge las tres versiones del mito, y al igual que algunos de sus
predecesores, narra la salvación de Ifigenia a manos de Ártemis. Además de estas obras,
se conoce la existencia de dos tragedias, hoy perdidas: una Ifigenia de Nevio y otra de
Ennio (Sebastià Sáez, 2015: 120).
Finalmente, Plinio el viejo en su Historia Natural también hace un comentario
sobre el sacrificio de la primogénita de Agamenón, aunque lo hace a partir de la écfrasis
de un célebre cuadro del pintor griego Timantes.
Tampoco a Timantes le faltó su buena dosis de ingenio: en efecto, hay un cuadro
suyo, m uy alabado por los oradores, de Ifigenia de pie, esperando la muerte en el
altar; pues habiendo pintado a todos tristes, y sobre to do a su tío, y habiendo
plasmado a la perfecci ón la viva imagen de la tristeza, cubrió el rostro del propio
padre, porque no era capaz de expresar sus rasgos convenientemente (Plin. HN
35.31).
Se trata por tanto de una saga mítica compleja en la que se dan la mano muchos
motivos diferentes y que ha sido empleada en contextos diversos y con objetivos
concretos. Su éxito durante la Antigüedad es incuestionable, tanto en Grecia como en
Roma, como ilustran la gran cantidad de autores que lo han tratado. Todos estos cauces
literarios acabaron transformándose en las fuentes a través de las que penetró el mito en
la Literatura española.
Edad Media
La pervivencia de la cultura clásica durante la Edad Media ha sido ampliamente
demostrada por distintos estudios, tanto en el ámbito europeo, en la Literatura Europea
y Edad Media latina de Curtius o Los Dioses de la Antigüedad en la Edad Media y el
Renacimiento de Jean Seznec, como en el peninsular en La materia de Troya en las
letras romance del siglo XIII hispano de Juan Casas Rigall. La Antigüedad clásica y la
Edad Media no sufren una separación radical como muchos humanistas defendieron
durante el Renacimiento, sino que forman un continuum , cuya delimitación resulta, en
muchas ocasiones, confusa
66
. Durante toda la Edad Media, se dejó sentir la influencia
65
Es la s nú mero 98 ; 120 s.; 238; 261.
66
La discusión sobre la cronología y separación de las distintas categorías es extensa, pero no nos
parece necesaria para el objeti vo de nuestra Tesis. El marco cronológi co que hemos empleado está
56
de los autores clásicos, considerados precedentes de la misma cultura común, aunque
leídos desde la óptica cristiana. La relación ambivalente del cristianismo con la cultura
de la Antigüedad resultó conflictiva durante gran parte del medievo. Por un lado, el
cristianismo veía como una amenaza la cultura clásica, que se erigía con referentes
culturales más potentes de los que ella poseía. Por otro lado, trataba de asimilarla y
adaptarla a sus esquemas interpretativos del mundo. Desde sus orígenes, el cristianismo
bebe en gran medida de la cultura clásica, y muchos de sus autores más instruidos
ejemplifican esta dualidad de pensamiento con respecto a la tradición grecolatina, en la
que muchos de ellos se habían formado
67
. Miembros de la Escuela de Alejandría, como
Clemente de Alejandría u Orígenes, y apologistas cristianos como Justino, exponentes
del llamado humanismo cristiano, tratan de aunar ambas tradiciones durante los
primeros siglos de nuestra era. Para el siglo IV, este sincretismo se había consolidado
dentro de la propia Iglesia (Oroz Reta, 1988: 25-26), a través de las reflexiones de san
Agustín. Su postura innovadora se basa en el aprovechamiento de los elementos
positivos de la cultura pagana para la formación intelectual de los jóvenes, pero, no
obstante, estrechamente vinculados y subordinados a los valores cristianos.
El mitógrafo Fulgencio, en el siglo VI, seguirá estos mismos preceptos en sus
Mythologiae , donde trata de racionalizar la mitología con la ayuda del análisis
etimológico y de otorgarle un valor formativo a través de citas bíblicas. Y, más
adelante, en el siglo VIII, Teodulfo, obispo de Orleans, profundizará en este cambio en
la mentalidad cristiana al afirmar que tras el velo de la frivolidad podían descubrirse en
los autores clásicos verdades ocultas de las que sacar provecho (Seznec, 1980). A partir
de esta línea de pensamiento, muchos autores clásicos, que habían sido rechazados en
un primer momento por sus ideales paganos, comenzaron a interpretarse desde de una
óptica cristiana, aprovechando la elocuencia, gramática y estilo de sus textos, para
asimilarlos a la cultura medieval. Esta mixtura de modelos y materiales de diversas
procedencias determinó el carácter de esta época (Kappler, 2004: 17).
De entre los escritores grecolatinos, cabe destacar a Virgilio
68
, y más tarde a
Ovidio, como exponentes máximos de la recepción y adaptación del pensamiento
pagano a la tradición medieval cristiana. A través de estos nuevos esquemas
condicionado por la naturaleza hispánica de nuestr o corpus , aunque hagamos referencia a textos en otras
lenguas europeas.
67
San Ambrosio, por ejemplo, citaba continuamente a los autores clásicos durante sus sermones y
llegó a inspirarse en ellos para los títulos de sus obras. San Jerónimo ta mbién recurrirá a ellos en
numerosas ocasiones, a pesar de sus continuas críticas (Oroz Reta, 1988: 27)
68
Cfr. Comparett i, 1872: Virgil io nel Medioe vo , Livorno: Coi Tip i di Francesco Vigo.
57
interpretativos se presentaba, por ejemplo, como una profecía mesiánica la cuarta
égloga virgiliana (Bühler, 2005: 17), y Eneas se transformaba en el prototipo del héroe
cristiano (Martindale, 1997: 4). Virgilio, considerado el poeta romano más importante,
mantuvo su prestigio durante los primeros siglos de la Edad Media, como demuestran
los comentarios que de su obra se hacen, entre los que destacan los de Servio, Filargirio
o Claudio Donato, estudiados en las escuelas
69
. El proceso de alegorización de la obra
de Ovidio tardó un poco más en llevarse a cabo que el de la de Virgilio, mucho más
grave y en la que se presenta a los dioses en actitudes más virtuosas.
Boecio, con su De consolatione philosophiae , s erá el primero que siente las
bases para la alegorización ovidiana, lo que permitirá la creación de un ovidius
christianus , que hará de Ovidio el autor más leído durante los siglos XII y XIII, la
conocida como aetas ovidiana . Este auge en la lectura del autor de las Metamorfosis ,
como ya estudió Battaglia (1965), se explica, en primer lugar, por el mayor
conocimiento de la cultura clásica que se alcanza en estos siglos; en segundo lugar, por
la revolución ideológica que representó la lectura de Ovidio, que se oponía a la escuela
tradicional en la que Virgilio era el máximo representante; y, finalmente, por el interés
que despierta su conocimiento de la praxis erótica y psicológica
70
. Ovidio se convierte
así en una de las fuentes fundamentales para los autores medievales, ya sea a través de
los textos latinos originales, o, con mayor probabilidad, a través de relecturas y
comentarios posteriores como las Allegoriae de Arnulfo de Orleans o los Integumenta
Ovidii de Juan de Garlandia.
La obra ovidiana, con las Metamorfosis a la cabeza, resultará fundamental para
la transmisión de los materiales mitológicos, que serán reinterpretados por el
pensamiento medieval. La exégesis de estos textos mitológicos se convirtió en una
práctica extendida durante todo la Edad Media, y dejó profundos vestigios en las obras
literarias del medievo. Ya Seznec demostró que existen tres vías fundamentales de
penetración y recepción de los mitos clásicos durante la Edad Media. En primer lugar,
69
“ Los escritores medieva les conocían a Ovidi o y Virgili o pero, sobre todo, la informació n de los
autores clásicos les había llegado a través de otros escr itores más tardíos como Macrob io, Lact ancio
Plácido, Servio, cuyas ver siones ya se habían desviado de las fuentes originales ” (Franco Durán, 1997:
139) .
70
“Non c’è dubbio che l’avvento di Ov idio coincida con una maggiore libertà intellettuale e una meno
intolerante ortodossia morale. C’è alla base di questo rinnovato e avido desiderio di conoscere Ovidio,
una curiosità anche morbos a e libertina; ma c’è anche l’intento o l’istinto di sublimarn e il complesso,
d’inserirne la lezione nella consapevolezza spirituale e risolverla obiettivandol a como esigenza di vita e
progressivo superamento. Ma soprattutto è il risultato, questo ritorno entusiasta di Ov idio, di una pi ù
profonda e generale attenzion e ai fatti della psiche, alle loro più interne motiva zioni, alla mecca nica
passionale che le genera e le aggroviglia e le fa sperimentare giorno per giorno” (Battaglia, 1965: 29).
64
Pérez de Moya y de Baltasar de la Vitoria
84
, que recogían la tradición de las
compilaciones italianas (Neumeister, 2000).
Además de estas vías de difusión, también hay que considerar otras fuentes de
transmisión del mito de Ifigenia: las artes plásticas y las traducciones. En primer lugar,
cabe señalar que quedan testimonios de la presencia de este mito en producciones tan
variadas como frescos, cua dros, esculturas y tapices, inspirados, sobre todo, en los
compendios sobre mitos de los dioses grecolatinos, especialmente de Ártemis
85
. Así,
durante el siglo XVI, el mito de la hija de Agamenón inspiró a diversos artistas. Entre
ellos, co nviene recordar a Nicolas Béatrizet, que realizó un grabado sobre El sacrificio
de Ifigenia (Béatrizet, ca . 1553), inspirado en un diseño de Miguel Ángel, o Francesco
Salviati
86
; el grabado de Agostino Musi de hacia 1515, en el que representa el momento
en el que Ifigenia, siendo ya sacerdotisa de Ártemis, se encuentra con su hermano
Orestes, preso por los tauros, y que podría estar inspirado en un dibujo de Baccio
Bandinelli (Musi, ca . 1515). Se conservan también en la Biblioteca Nacional algunas
láminas de un alfabeto mitológico de Jacobo Paulini del siglo XVI, en el que distintos
personajes aparecen representados dentro de encuadres ornamentales, imitando las
formas de las letras. La letra “I” está dedicada al sacrificio de Ifigenia, y, en ella, puede
apreciarse cómo Agamenón observa, con cierta distancia, la sustitución de Ifigenia por
un ciervo en el ara sacrificial (Paulini, ca . 1550-1600).
84
En cuanto a la tradición mitográfi ca , que comienza tardíam ente en España, destacan la Filoso fía
secreta (Madrid, 1585) y el Teatro de los dioses de la gentil idad (Salamanca, 1620 y 1623), cuyo éxito
viene probado por el número de ediciones y re ediciones que tuvieron y que se tratarán más
det alladamente: cfr. 4.3. “De dioses y demonios” y 5.2. “Pragmática de la guerra: el Teatro de los dioses
de la gentilidad de Vitoria”.
85
Ya casi en el XVII, en Br ujas, encontramos la presencia del mito de Ifigenia en una serie de tapices,
dedicados a distin tos episodios protagonizados por la diosa Diana: “ Un segundo centro donde se tejió la
serie de Diana en el siglo XVII, en este caso ya dentro del contexto flamenco, fue Brujas. Est a historia se
elaboró según lo propuesto en dos grupos de cartones distintos de aut or desconocido, unos primeros de
estilo más renacentista con elementos arcaizantes creados en torno a 1600 y los segundos, con varios
ejemplares conservados de entre las series tejidas, siguiendo una línea barroca actualizada más próxima a
las variantes parisinas y brus elense. Aunque en la actuali dad no se conserva ninguna serie completa en las
colecciones conocidas, la historia origi nal debi ó estar integrada por ocho tapices con temas como Latona
transforma a los campesinos en ranas; Atalant e caza el jabalí de Calid ó n; Diana acompañada de la
ninfa Calisto; Calisto expulsada de la compañía de Diana; Asclep io revive a Hipólito a petición de diana
o La ofrenda de Ifigenia a Diana (Ramírez Ruiz, 2013: 180).
86
La écfrasis de Plinio del cuadro de Ti mantes que representaba el sacrificio de Ifigenia despertó el
interés por el mito y gener ó obras plásticas que derivaban de ella ( Elvira Barba y Carras co Ferrer, 2018:
264). Pietro Testa (h. 1640) compuso un grabado siguiendo este motivo, en el que Agamenón, ves tido de
guerrero, se tapa la cara. En el siglo XVII, también se continuó este tema con las obras de J. Steen (1671)
y Charles de la Fosse (1680). Y a partir del Barroco Tardío el mi to de Ifigenia cobró una mayor
importancia. En esta línea cabe destacar sen dos El sacrificio de Ifigenia de Carle van Loo (1757) y del
pintor italiano Corrado Giaq uinto (1760), representantes ambos del movimient o rococó. La obra del
italiano, que se encuentra actualmente en el Museo del Prado, recuerda también el motivo del velo de
Timantes, aunque son tres los personajes que ocultan su rostro.
65
En segundo lugar, las traducciones de las Metamorfosis de Ovidio contaron, en
ocasiones, con grabados que ofrecen muchas claves interpretativas de los mitos durante
este periodo, como, por ejemplo, en la de Bustamante ([1ª ed. ca .1542] 1595), que tuvo
un gran éxito en la península (Cossío, 1952: 58), se representa la escena de la
interrupción del sacrificio por parte de Ártemis para salvar a Ifigenia
87
. Por otro lado,
las traducciones también ayudaron a la difusión del mito, especialmente, las de la
Ifigenia en Áulide de Eurípides. Entre ellas, cabe destacar la de Erasmo, de hacia 1506,
al latín ; las dos traducciones al francés, publicadas ambas en 1546, una de Thomas
Sébillet y la otra de Jacques Amyot; y la traducción inglesa (1550) de Jane Lumley.
Parece que también hubo una traducción castellana de Boscán, que hoy se encuentra
perdida (Menéndez Pelayo, 2012: 134).
Igualmente, es necesario mencionar la importancia de diversos tratados como la
Filoso fí a antigua poética (1596) de López Pinciano, en cuya epístola decimotercera se
alude a una representación en el Teatro de la Cruz de la Ifigenia en Áulide de Eurípides,
que da pie a unos comentarios sobre la cuestión los desenlaces de las fábulas, que
comentaremos en el capítulo 8.1. “Ifigenia y las teorías poéticas áureas”
88
. Siguiendo
es ta línea, también Francisco Cascales en su s Tablas poéticas (1617), y a raíz de
distintos modos de acciones en la tragedia, alababa la Ifigenia entre los tauros de
Eurípides (Cascales, 1617: 323).
Además de la influencia de los textos griegos, especialmente de las
redescubiertas tragedias de Eurípides, las versiones latinas del mito de Ifigenia
siguieron teniendo una gran importancia durante el Renacimiento (Hall, 2013: 3) .
Autores como Cicerón, Ovidio o Servio eran fuentes comunes para los autores
europeos, especialmente para los hispanos. Dentro de esta línea podemos mencionar,
por ejemplo, el caso de la entrada dedicada a Ifigenia en el Suplemento al Tesoro de la
lengua española castellana de Covarrubias ( ca. 1611)
89
, cuya fuente principal parece
ser Catón, o quizás las Imagini (1556) de Vincenzo Cartari , aunque no estén citadas,
puesto que hace referencia a la tradición del rex nemorensis :
87
Con respecto a los libros de emblemas y los Hieroglyphi ca sería necesario considerar que, aunque
el mito no está recogido en los Emblemata de Alc iato , hay grabados sobre el mit o en la Se lva militar y
política (1652) de Bernardi no de Rebolledo y Villa mizar, como veremos en el epígraf e 7.4. “Los
arquetipos femeninos de las Atridas en las obras didácticas del Siglo de Oro”.
88
Tampoco hay que olvidar los comentarios humanistas sobre la Poéti ca de Aristó teles, como el de
Francesco Robortel li (1548), donde se hace referencia a las dos obras de Eurípides sobre el mito.
89
Cabe destacar que se trata del único texto en las letras hispánicas que recoge esta versión latina del
mito.
66
IFIGENIA. Hija de Agamemnón y de Clitemnestra cuya fábula se cuenta de
esta manera. Como Agamemnón acaso matase en Aulide un çiervo
consagrado a Diana, indignándose la diosa i mpidió con vientos contrarios la
navegaçión de los Griegos a Troya, y consultando los agoreros sobre este
ca so, respondieron ser necessario aplacar la diosa con san gre dándole a
entender que avía de sacrificar a su hija Iphigenia. Embiando a Ulisses por
ella fingiendo la querían casar con Achylles, la sacó de poder de su madre, y
estando ya para ser sacri ficada la diosa Diana tubo compasión de ella y puso
en su lugar una çierva, transponiendo a Iphigenia a la región Táurica, donde
por el rey Toante fue echa saçerdotissa de los sacrifiçios de la diosa que
hasta allí se solían haçer con sangre humana. Y llegando Orestes agitado de
las furias a este lugar, estando ya para ser sacrificado, conoçiéndole la
hermana le l ibró, con el qual huyó poco después aviendo muerto el rey
Toante, llevando consigo escondido e n una haz de leña el simulacro de
Diana p or lo qual fue lla mada Fascéli de y vin iendo a I talia la colocaron en el
monte Ar icinio. Ovidio lib . 12, Metamor. Va le est e nombr e Iphi genia,
Diana, o cosa perteneciente a Diana (Covar rubias, 2001 : 314).
A partir del XVII, en el ámbito europeo, lo que más abunda es la mezcla del
mito de Ifigenia con materiales de diversa procedencia y la multiplicidad de tramas
90
.
En Rouen, se publica en 1605 la Tragédie de Pryam Roy de Troye de François
Berthrand d’Orléans que abarca una gran porción de la materia troyana (desde el juicio
de Paris hasta las súplicas de Príamo), y cuya innovación del episodio de Áulide se basa
en la mezcla que lleva a cabo con referencias bíblicas y estoicas. En Inglaterra, tenemos
referencias tanto a “Ifigenia en Áulide” como a “Ifigenia entro los Tauros” en la
tragedia Orestes de Thomas Goffe (representada entre 1613 y 1620) y que sigue de
manera laxa la Orestíada de Esquilo. En los Países Bajos, aparece una Iphigenia (1617)
de Samuel Coster, muy influida por el contexto religioso holandés (Gliksohn, 1985),
que añade un nuevo personaje, Eurypylus, cómplice de las estratagemas de Ulises, que
servirá al autor para denunciar a quienes utilizan la religión para medrar y cumplir sus
ambiciones
91
. En las letras hispánicas, podemos observar esta tendencia a la mezcla de
90
Hay también una serie de obras que toman el nombre de Ifigenia para sus protagonistas pero que no
hacen referencia al mito griego, como sucede con los siete libros en prosa de L’ Iphigène (1625) de Jean -
Pierre Cam us (1584 - 1652), obispo de Belle y (Storer, 1946: 725), que influyó a su vez en Bren noralt
(1641) de John Sucklings (Walen , 2005: 92).
91
Además de estos textos, tenemos constancia de otras representaciones del mito de Ifigenia. La
primera escenificación mod erna de la que tenemos constancia es obra de P. Ort ensio Scammacca
67
materiales en La amistad pagada ( ca . 1599-1603) de Lope de Vega (cfr. epígrafe 6.3.),
que imbrica el mito de la hija de Agamenón y el poema histórico-fabuloso El león de
España ; también en San Mateo de Etiopía ( ca . 1635) de Felipe Godínez (cfr. epígrafe
5.4.), que introduce elementos de la hagiografía ; e incluso se perciben las huellas de esta
fábula en el primer episodio de Los trabajos de Persiles y Sigismunda (1617) (cfr.
epígrafe 8.2.).
La difusión de este mito vivió un momento culminante hacia mediados del siglo
XVII, cuando la literatura francesa experimentó un auge de la materia troyana con la
Iphigénie (1642) de Rotrou, la Iphigénie en Aulide (1674) de Racine
92
y la Iphigénie
(1675) de Michel Le Clerc
93
. Conviene que nos detengamos en la obra de Racine, pues
su puesta en escena y publicación supuso un punto de inflexión en las relecturas del
mito griego. Iphigénie , ejemplo del classicisme , llegó a ser la obra más admirada en
vida de Racine, como demuestran las alabanzas de autores como Voltaire o Sainte-
Beuve (Lockert, 2015: 275), a pesar de que en la actualidad la crítica especializada no la
cuenta entre las obras maestras del autor francés
94
. Supuso, además, la v uelta de Racine
a los temas griegos, tras su incursión en los temas históricos con Británico (1669),
Berenice (1670), Bayaceto (1972) y Mitrídates (1973). Aunque su intención era adaptar
lo más fielmente posible la obra de Eurípides a las tablas francesas, Racine incluyó una
serie de modificaciones importantes tanto en la trama como en la caracterización de los
personajes. Racine justificó, en el prefacio de la obra, estas innovaciones, aludiendo al
elevado número de variantes que el mito ha bía experimentado desde época clásica
(Greenberg, 2009: 167). Entre estos cambios destaca la inclusión de Erífile, personaje
(Palermo, 1645); la siguiente data de 1661 en Salzburgo de von Ebeling; la últi ma representación de la
que nos ha llegado noticia es una adaptación de la Ifigenia en Táuride de Eurípides , q ue cambia los
nombres de los personajes y elimina los detall es más crueles, en Linz (Austria), llevada a cabo por un
grupo de alumnos del colegio jesuita ante Leopoldo I de Habsbu rgo y Leonor de Neoburgo en 1680.
También se conserva la noticia de que Gil b ert Gaulmin hi zo representar una Iphigénie en 1640, sin
embargo, no se conocen más datos sobre esta puesta en escena (Glikso hn, 1985).
92
Parece que también comenzó a es cribir una Iphigénie en Tauride de la que solo se conserva un
borrador, publicado en 1747. Raci ne propone que la identidad de Ifigenia es desconocida para Toante y
que fue salvada del sacrificio, no por la diosa Ártemis, si no por piratas que la llevaron hasta Táuride. All í,
el hijo de Toante se enamora de ella, pero su padre desaprueba este e nlace debido a la condición de
esclava de Ifigenia. El príncipe también es el que suplica por la vida de Orestes y Pílades (Heitner, 1964:
290).
93
Le Clerc introduce una variante significativa en su tratamiento del mito. La diosa reclama a Ifigenia
porque en el momento de su nacimiento Clitemnes tra había prometido que la pondría a su servicio
(Hughes, 2007: 105).
94
Para Lockert (2015: 285 - 286) existen dos razones que explican la infravaloración de esta pieza. En
primer lugar, el hecho de que la pieza de Racine, que si gue muy de cerca la trama de Eurípides, no es
capaz de solucionar el problema de unidad del que adolecía la obra griega e incluso su final se carga de
elementos melodra mático s. La segunda razón se debe a que los protagonist as de la obra no alcanzan el
estatus de los grandes personajes racinianos.
68
que toma de Pausanias y cuyo papel en la obra cumple una función esencial en la
novedosa resolución de la trama. Este nuevo desenlace se justifica con la sensación de
insatisfacción que generaban, según el propio Racine, las dos soluciones canónicas del
mito, el sacrificio o la salvación a través de un deus ex machina , y la necesidad de
proponer un nuevo desenlace más acorde con su tiempo:
Si traigo a colación todos estos pareceres tan distintos, y sobre todo el pasaje de
Pausanias, es porque es ese autor a quien debo el feliz personaje de Erifi le, sin el
cual nunca me habría atrevido a tomar entre manos es ta tragedia. ¿Qué habría
parecido que yo hub iera mancillado la escena con el horr ible homicidio de una
persona tan virtuosa y tan amable como la Ifigenia que había que presentar? ¿Y
qué apariencia también la del desenlace de mi tragedia recurriendo a una diosa y a
una máquina, y mediante una met amor fosis que bien podía hallar crédito en
tiempos de Eurípides, pero que sería demasiado absurda y demasiado inverosímil
entre nosotros? (Racine, 2003: 137).
Así, Racine salva a Ifigenia del sacrificio, al inmolar, en su lugar, a Erífile , hija
secreta de Helena
95
. La presencia de este nuevo personaje provoca que el texto de
Racine adquiera tintes novelescos que no estaban en la tragedia griega, gracias al
triángulo amoroso que se crea entre Erífile, Ifigenia y Aquiles. Aunque el motivo del
matrimonio ya estaba presente en la tradición anterior, la inserción de la pasión amorosa
y los celos como sentimientos que embargan a los protagonistas de la obra raciniana
suponen una modernización importante del mito
96
. El drama se aburguesa (Pfohl, 1974;
Barthes, 1979), gracias Erífile, uno de los personajes que mejor representa el rechazo y
el desarraigo, al ser huérfana, no conocer sus orígenes y estar atrapada en un amor no
correspondido
97
. Con estas innovaciones, el autor francés buscaba recompensar la
virtud, encarnada en la joven princesa, y castigar el vicio, siguiendo los cánones
estéticos de su público.
95
La presencia de los secretos es esencial en la obra de Racine , pues g eneran la sensación de
inestabilidad en el ambiente de la obra, que se ve potenciada por las continuas referencias al mar
( Hughes, 2007: 105).
96
Este motiv o amoroso también afecta a la configuración de la protagonista de la obra, pues no solo
se deja engañar por los celos y las dudas, sino que la motivación ulterior por la que acepta su propio
sacrificio, cuyo cambio de opinión tantas críticas habían suscitado de Aristót eles, se basaba en un
idealismo patriótico, en el caso de Racine se sustituye por su devoción filial.
97
La influencia de esta obra de Racine en las letras hispánicas es esencial para entender la
configuración y recepción del mito en el siglo XVIII, como podremos ver en los epígrafes 6.4. “La
inculturación francesa en España: las adaptaciones de Raci ne”, 6.5. “La esclavitud del cet ro en las
Ifigenias de Cañizares” y 6.7. “Racine y Jovellanos: notas sobre la cuestión política en Ifigenia (1769)”.
69
Tras el declive de los movimientos renacentista y barroco, que habían mantenido
y sincretizado las tradiciones clásica y medieval del mito, y con el classicisme francés
como periodo bisagra, la Ilustración inauguró una nueva concepción de la mitología. La
sociedad ilustrada impuso una separación tajante entre la imaginación de los mitos,
vinculados a estadios primitivos del pensamiento humano, y la razón, elemento
imperante de la cultura del XV III. Se produce una revalorización de la razón, que va en
detrimento de la fantasía, lo que provocó un cierto rechazo a los mitos, considerado
fruto de supersticiones y fábulas de épocas pasadas. Los antiguos métodos de exégesis
caen en desuso (Gliksohn, 1985: 200), y, por ende, las alegorías morales generadas a
partir de los mitos clásicos. Esta visión de época se plasma en multitud de obras como
Las costumbres de los salvajes americanos de Lafitau, Los orígenes de la fábula de
Fontenelle y Principios de ciencia nueva (Nápoles, 1725) de Vico
98
. Las principales
líneas de pensamiento de la época aparecen resumidas en la entrada que le dedica la
Encyclopédie de Diderot y D’Alembert:
MYTHOLOGIE, s.f . (Belles - Lettres.) H istoire fabuleuse des dieux, des demi -
dieux, et des héros de l’antiquité, comme son nom même le désigne […]
La Mythologie n’est donc poi nt un tout composé de parties correspondantes : c’est
un corps informe, irrégulier mais agréable dans les détails ; c’est le mélange confus
des songes de l’imagination, des rêves de la Philosophie, & des débris de
l’ancienne histoire. L’analyse en est impossible (Diderot et D’Alembert , 1765:
925).
En la Encyclopédie se advierte entonces que los artistas deben tomar de la
mitología solo aquellos componentes estéticos que puedan alimentar su inspiración, y
que cualquier intento de explicación razonada resulta una tarea imposible por mor de las
98
En primer lugar, Fontenelle mant enía una opinión negat iva sobre los mitos, regida por un
pensami ento racionalista capaz de favorecer el progreso de la civilización. A partir de estas ideas,
Fontenelle interpreta que los mitos son toscas herramientas de men talid ades primiti vas para desentrañar
los fenómenos de la naturaleza ( Gimber , 2008: 3). Por su p arte, Lafitau , iniciador de la etnología
histórico - comparativa, trataba de encontrar en los mitos el origen de las doctrinas cristianas reveladas,
búsqueda de que criticó duramente Volt aire (Meletinski, 2001: 12). Por último, Vi co, siguiendo su
concepción cíclica de la historia, divi dida en fases que se adaptaban a las edades del hombre, considera
que la poesía homérica y la sociedad que la vio nacer, cuyas facultades racionales todavía no se habían
desarrollado en su totalidad, fundamentaban su pensamiento en la imaginación poética, en un estadio casi
prelógico (Vico, 2012: 137) . Te niendo en cuenta que, en su visión de la his toria, en la que las ganancias
del progreso también van asociadas a pérdi das, concluye que, aunque la poesía homérica era fruto de un
pensamiento en los albores del desarrollo, su elevación poét ica no había sido igualada en los siglos
posteriores, a pesar del progreso racionalista.
70
variaciones que han ido acumulando a lo largo de los siglos, que ha convertido todo este
caudal de historias en un todo informe y caótico.
A partir del XVIII se produce un cambio en las teorías sobre los mitos, sobre
todo, gracias a la difusión de las ideas de Johann Joachim Winckelmann y su Historia
del arte de la Antigüedad (1764). A nivel europeo la difusión de sus tesis sobre la vuelta
a los ideales griegos generó un rechazo a la mitología superficial de cuño ovidiano que
se había empleado en siglos anteriores, y dio paso a una reflexión idealista de signo
platónico en la que el arte reflejase el verdadero contenido de la religiosidad antigua
(Elvira Barba y Carrasco Ferrer, 2018: 245-246). Sin embargo, en España no logró una
renovación total del panorama artístico mitológico
99
.
Asimismo, también es necesario considerar la importancia que se le otorga,
durante el siglo XVIII, a la simplicidad como elemento constitutivo del teatro europeo,
y especialmente del francés, y como herencia distintiva del arte griego (Mueller, 1980).
La dicotomía entre simplicidad y complejidad, que derivaba de las discusiones sobre las
teorías aristotélicas en relación con la unidad de acción y a la problemática de las tramas
episódicas, se había esgrimido como rasgo diferenciador entre la literatura moderna
frente a las obras de la Antigüedad, como argumentaron en la “querelle des anciens et
modernes”
100
. Las polémicas se sucedieron con frecuencia, pero, a pesar de la defensa
de la crítica dieciochesca por la sencillez, en la práctica, las subtramas amorosas
mantuvieron un gran éxito durante esta centuria. A todo ello contribuyó el
redescubrimiento del arte antiguo, gracias, en parte, a las excavaciones de Herculano y
las nuevas traducciones de obras de la Antigüedad. Así, en la década de 1770 las
99
T ras la muert e de Carlos III , la importancia de las Academias artísticas condici onaba en gran
medida el c ampo cultural del país, y aunque es innegable su papel en la mejora de la formación teórica y
literaria de la sociedad del momento, su “pasión por la alegoría dominaba en todos los campos, y solo
intentaban componer im ágenes halagadoras de la monarquí a” (E lvira Barba y Carrasco Ferrer, 2018:
244), lo que lastró los proyectos de reforma. La importancia de estas institu ciones en el campo cultural
español dificultó, por tanto, la innovación en la pintura mitológ ica e impidió la infiltración de las tesis de
Win ckelmann , lo que implicó que no se abandonasen por completo los aspectos galantes de los materi ales
ovidianos ( Elvira Ba rba y Carr asco Ferrer, 2018: 243). Ante esta situación, y con la llegada de los
Borbones al poder, la tradición pictórica áurea cedió an te las tendencias clasicistas y la nueva pintura
rococó francesa e italiana que contribuyó a humanizar el tratamiento de los dioses clásicos y dio lugar a
modas como la de los retratos mitológicos .
100
Así, las obras del siglo XVII que habían estado inspirad as en temas de la Antigüedad, se había
difundido el uso de tramas secundarias, que además de otorgarle variedad a la pieza, suplían el papel de
los antiguos coros. Corneill e, por ejemplo, empleó en mucho s casos este recurso para sus obras de teatro
de inspiración clásica, que Racine criticó indirectamente en el prólogo de Bérénice , a través de una
alabanza de la simplicidad de la forma.
71
tragedias de Esquilo fueron traducidas al inglés y al francés, logrando su difusión a un
público más amplio
101
(Bakogianni, 2009: 27).
Esta complejidad se percibe con claridad en la obra del dramaturgo francés
Joseph de Lagrange-Chancel (1677-1758). Lagrange fue el primero en adaptar en 1697
la versión de “Ifigenia entre los tauros” a la estética del teatro neoclásico (Heitner,
1964: 290). La trama, que incluye componentes amorosos y políticos, se s itúa en
Táuride, donde Toante ha usurpado el trono que le correspondía legítimamente a
To miris y ha instaurado el ritual de los sacrificios a los extranjeros, porque un oráculo le
ha vaticinado que un griego le robaría la estatua de Diana y su poder. Para legitimar su
reinado, el monarca debe casarse con Tomiris, pero se ha enamorado de Ifigenia y trata
de casar a la legítima heredera con el rey de los sármatas. Preocupada por su destino y
el de su pueblo, Tomiris organiza la huida de Orestes, Pílades e Ifigenia, que acaba con
la muerte de Toante (Heitner, 1964: 292). Lagrange trata de sobreponerse a las
dificultades inherentes a la adaptación teatral de este mito , como la exploración de los
sentimientos humanos; la necesidad de justificar la presencia tanto de Ifigenia como de
Orestes, sin incurrir en la inclusión de motivos que pudiesen resultar desagradables para
el gusto imperante de la audiencia de su época, como el matricidio; y lo magro de la
trama, con la subsecuente complicación para adaptarlo a una obra de cinco actos
(Heitner, 1964: 290). Lagrange superó estos obstáculos centrando el drama en la
amistad entre Pílades y Orestes, basándose, en parte, en De Amicitia de Cicerón, y
quitándole protagonismo a Ifigenia a favor del personaje de la princesa Tomiris.
Asimismo, se aleja del tratamiento antiguo del tema al elevar el nivel de civilización de
los Tauros, que, si realizan sacrificios humanos, es por culpa de un rey débil,
eliminando, así, el marcado contraste que establecía Eurípides entre este pueblo y los
griegos.
En 1700, el inglés John Dennis retomó este tema, aunque introdu jo cambios
significativos, como la transformación de Toante en una amazona que se opone a la
noble Ifigenia
102
, y la desaparición del personaje de Tomiris. En Alemania, a principios
101
En cuanto al conocimiento directo de la cultura griega, si gue dependiendo, en gran medida , de las
traducciones, tanto en la tín como en las distintas lenguas europeas, pues el estudio de la lengua griega no
deja de retrocede en casi toda Europa a lo largo del siglo XVIII (Gliksohn, 1985: 161).
102
Ifigenia, que fue salvada del sacrificio en Áulide gracias a que sus padres la sustituyeron por una
joven esclava tapada con un velo, lleva más de una década entre los t auros, pero el dí a anterior a que
ocurran los hechos la nombran sacerdotisa del templo, por lo que todavía no ha participado en los
sacrificios humanos. Horroriz ada ante la llegada de un barco de extranjeros, su doncella le recuerda que
los crímenes sangrientos forman parte de su linaje fam iliar y que no debe esperar un desti no más amable.
La reina amazona, aunque ha sido advertida por Diana de que los sacrificios humanos deben parar,
72
del siglo XVIII, Joseph Stranitzky le da una vuelta de tuerca al material mitológico en
su Tempel Dianae, oder der Spiegel wahrer und treuer Freundschaft
103
, y elimina,
prácticamente, todo análisis sobre las cuestiones filosóficas y éticas que había en el
material clásico para convertirlo en una comedia de enredo con toques operísticos.
También en Alemania, Johann Elias S chlegel escribió en 1737 una Die Geschwister in
Taurien , hoy perdida, que revisó en 1742, rebautizándola como Orest und Pylades y,
finalmente, publicada en 1761. El motivo de la amistad vuelve a aparecer, al incluirse
una escena en la que hay que identificar al verdadero Oreste s, de entre Pílades y
Orestes. Ifigenia se ofrece para ser sacrificada en lugar de su hermano y Toante muere
mientras los griegos huir. Schlegel incide mucho en la caracterización femenina de
Ifigenia (Heitner, 1964: 296).
En 1740, otra Ifigenia entre los tauros en latín, obra de un autor jesuita anónimo,
se representó por los alumnos de Freising (Baviera). Parece que seguía muy de cerca la
obra de Eurípides. En 1752
104
se publicó en Londres otra Iphigénie en Tauride de un
cobrador de impuestos de Burdeos llamado Pick. En 1747, el Orest und Pylades de
Christoph Friedrich von Derchau vuelve a poner el foco en la relación de amistad entre
estos dos personajes, reduce la importancia de Ifigenia a rol secundario y convierte a
considera , dominada por el racionalismo ilustrado, que se trata de un sim ple sueño y no abole la tradición.
Las tramas amorosas también tien en cabida en esta obra pues Oreste s e Ifigenia se enamoran el uno del
otro, sin conocer sus verdaderas identidades. Pílades también se enamora de Ifigenia, y la reina amazona
de él. El plan de huida, que vuelve a recaer en Ifigenia, fa lla y conlleva el sacrificio de Pílades. Sin
embargo, Orestes es capaz de gener ar una revuelta junto al resto de marineros griegos y logra liberar a su
amigo. Es en este momento cuando se produce la anagnórisis y los dos hermanos se reconocen. El amor
de O restes cambia hacia la reina amazona, con quien acaba casándose (H eitner, 1964).
103
La trama comienza antes de la llegada al país de los tauros, que se ha tran sformado en una nueva
Arcadia. Toante acaba de construir un nuevo templo , mi entra s el pueblo espe ra la llegada de la
sacerdotisa prometida por los dioses. Cuando Ifigenia llega, oculta su identidad, pero Toante se enamora
de ella a primera vista. El mon arca, sin embargo, teme la llegada pronosticada de Orestes, que, según el
oráculo, perturbará el rei no. Par a evitarlo, se instauran los sacrificios humanos, contra los que Ifigenia y
Clarice, la hija de Toante, sienten repulsión. Cuando Pílade s, que ya estaba enamorado de Ifigenia, y
Orestes llegan, Clar ice se enamora de Oreste s. Asimis mo, Teucrus, un ga lán de Táuride, está enamorado
de Clarice y Toante está a favor de este enlace. La importancia del tema de los sa crificios humanos es
menor, y ni siquiera Toante, que es el que los favorece, los desea, pues, si Ifigenia no lleva a cabo el
ritual, pierde su estatus de sacerdotisa y por tanto puede casarse con ella. Por su parte, Ifigenia no
pretende ni sacrificar a su hermano ni casarse con el rey. En un momento dado, Pílades y Orestes se
intercambian las ro pas para confundir a Toante, pero este declara que ambos deben mori r. Ifigenia se
ofrece como sacrificio en lugar de su hermano, pero gracias a un deus ex machi na , un astrólogo pone
orden en la situación. Teucrus resulta ser el hijo perdido de Toant e, por lo que no puede casarse con
Clarice, que contrae nupcias con Oreste s. Finalmente, To ante, satisfecho con el recuentro con su hijo,
permite que Ifigenia se case con Pílades. Heitn er (1964: 295) considera que las fuentes principales de esta
obra son el texto Niccolò Min ato, Te mpio di Diana in Taurica , que so lo fue representado una vez, y,
probablemente, también la Ifigenia de Joseph de Lagrange - Chancel.
104
Heitner (1964: 297), siguiendo A Bibli ographical Lis t of Plays in the French Language 1700 - 1789
(1947) de Clarence D. Bre nner , afir ma que la obra es de 1740, sin embargo, tras la consulta de varias
bases de datos solo he localizado dos ediciones de esta obra, ambas en la Bibliote ca Naciona l de Francia.
La primera data de 1752 y fue publicada en Londres; la segunda es de 1753, si n lugar de edición.
73
Pílades en el más noble del trío. Asimismo , se introduce de nuevo el personaje de
Tomiris, hija de Toante, que está prometida a Pílades, quien ha llegado al país de los
tauros mucho antes que Orestes. Toante odia a Orestes por haber matado a Egisto, su
hermano y amante de Clitemnestra. Pílades, para salvar a su amigo, finge ser él, pero se
ve en la coyuntura de tener que elegir entre la amistad y su amor por Tomiris.
Finalmente se decanta por la primera, y el rey los sentencia a ambos a morir
sacrificados por Ifigenia, que es la sacerdotisa del templo, que muestra una gran frialdad
y está dispuesta a sacrificar a su hermano. Sin embargo, un nuevo personaje hace su
aparición que desvela que Tomiris no es hija de Toante, sino que este le había usurpado
su legítimo trono siendo ella un bebé. Ante esta noticia, Orestes coge el cuchillo
sacrificial y mata al falso monarca y Pílades y Tomiris se casan.
It is noteworthy that all the Iphigenia dramatists of this period tend to assign the
guilt for the human sacrifices not to a whole culture but to a single person, and
improvement is brought about instantaneously by the remo val (or, in Dennis and
Stranitzky, by the change of heart) of this person. This corresponds to the politi cal
ideas current in the early Enlightenment; the best hope for improvement of
conditions rested on the moral education of the ruler. It was flattering to the
concept of absolute monarchy as the best and mos t natural form of government to
have the evil Thoas exposed as a usurper in the versions of Lagrange - Chancel and
Derschau. A bad King, chances are, is not really a king af ter all – that is the
political l esson of these two plays (Heitne r, 1964: 298).
En 1757, se publican dos nuevas Ifigenias en Táuride : la primera de
Vaubertrand y la segunda de Claude Guymond de la Touche (1757). Esta última obra
innova en la tradición dieciochesca de las “Ifigenias en Táuride” gracias a la
eliminación del personaje de la princesa Tomiris, que había permitido aumentar el
número de tramas y, por tanto, la complejidad de estas tragedias. Tuvo un gran éxito
dentro de la sociedad francesa pues fue una de las obras más representadas de temática
antigua en la Comédie-Française (Mueller, 1980: 73-74).
Las aventuras con los tauros también cobraron un mayor protagonismo a lo largo
de este siglo en otras Artes, como la Pintura, como demuestra, por ejemplo, el cuadro de
Benjamin Wes t (1766), hoy en la colección del Tate, que se centra en el encuentro entre
los dos hermanos (Elvira Barba, 2008: 480). Sin duda, las labores de excavación que se
realizaron en Italia permitieron sacar a la luz obras de la Antigüedad que representaban
80
El primer acercamiento a los datos de nuestros corpus nos permite hacer una
serie de consideraciones previas a un análisis posterior más exhaustivo:
1. En la tradición hispánica se ha tratado mayoritariamente el tema de “Ifigenia en
Áulide”, ocupando “Ifigenia entre los tauros” un porcentaje mucho menor,
concentrado principalmente en el siglo XVII y, en menor medida, en el XVIII.
2. Las dos épocas con mayores relecturas del mito son la Edad Media y el siglo
XVIII
118
.
3. No son tampoco desdeñables las obras en las que ambos temas aparecen unidos,
ya sea por contigüidad, y tratados cronológicamente, como sucede en la mayoría
de las versiones antiguas del mito; ya sea a partir de imbricaciones, en las que
los mitemas esenciales se entremezclan para generar nuevas reactualizaciones.
Estas consideraciones previas son fundamentales para la organización del
material que va a estudiar se . Para el análisis de nuestro corpus vamos a adoptar una
clasificación que atienda a los principales ejes interpretativos del mito, en lugar de
118
Aunque en el siglo XVII aparece una importante concentración, la gran mayor ía son menci ones
breves, que estudiaremos en el Capít ulo 7.4., en el epígrafe dedi cado a las referencias al velo de
Timantes.
0
2
4
6
8
10
12
14
16
18
20
Eda d Me dia Si glo XVI Si glo XVI I Si glo XVI II
Dis tribuc ión de t empor al
If i ge n ia en Á uli de If i ge n ia en T á uri d e Amb os
81
atender a l a s dos versiones del mito de Ifigenia
119
: la de Áulide y la de Táuride. A pesar
de que existen grandes estudios sobre figuras míticas que se centran en los distintos
episodios que protagonizan (García Gual, 2014b; Hernández de la Fuente, 2017),
consideramos que este tipo de planteamiento organizativo no responde a la realidad del
corpus con el que contamos, pues la cantidad de textos dedicados al episodio del
sacrificio superan con creces aquellos que atienden a los sucesos de Táuride, como se ha
mostrado en la gráfica.
Por las razones antes expuestas, para este estudio hemos preferido organizar el
material siguiendo una tipología estructural en la que predomine el análisis de las
dimensiones que vertebran la visión del mito, ya que responde mejor a la casuística
hispánica que la división por ciclos narrativos. Este tipo de mitoanálisis, pone el foco de
atención en los motivos que componen su eje central, que funcionan como lentes a
través de los que se enfoca el mito en los distintos textos y autores, aunque con la s
variantes que les corresponden según los distintos momentos históricos y las ideologías
de la sociedad en la que se recrean. Así, por ejemplo, García Gual y Hernández de la
Fuente en su estudio sobre El mito de Orfeo (2015) destacan como fuerzas primaria s la
música, el amor y la muerte. A partir del estudio del mito de Ifigenia y de su trasmisión
en la literatura española se puede afirmar que hay cuatro componentes fundamentales
imbricados en el mito: el religioso, el político, el femenino y el metapoético. Esta
estructura pretende reflejar las características esenciales del mito, las variaciones que ha
experimentado, y analizar los motivos que funcionan como ejes y las cuestiones que
más han interesados a los autores hispánicos a través de una organización tematológica
Es necesario advertir que el análisis a pa rtir de las cuatro dimensiones que
hemos propuesto para este mito no son compartimentos estancos, sino que reflejan una
realidad flexible en la que los textos pueden nutrirse de varios de los aspectos
considerados. En nuestra organización, se prima el aspecto que resulta más relevante
para la interpretación que se hace del mito, pero debe entenderse como una tipología
que trata de abarcar una realidad tan dinámica como la recepción literaria de mitos
clásicos.
Antes de llevar a cabo la exposición de los planteamientos que predominan en
cada uno de los enfoques del mito, es necesario también hacer una pequeña reflexión
119
Así, por ejemplo, en el caso realizaciones como El mito de Orf eo en la literatura española (1948)
de Pablo Cabañas, el mito se divide en cinco núcl eos temáticos para, a continuación, abarcar otros cincos
aspectos diferentes en su reactualización dentro de la litera tura española .
82
sobre los géneros literarios que lo tratan. Los textos recogidos en nuestro corpus
incluyen obras teatrales, líricas, de prosa de ficción, historiográficas, poéticas y
manuales mitográficos, etc. Para facilitar su análisis los hemos reunido en cinco grandes
géneros: dramático, lírico, narrativo, épico y didáctico o de ideas
120
.
Como se aprecia por su distribución cronológica, en la Edad Media abunda
sobre todo el género de ideas, lo que implica que el mito de Ifigenia fue empleado en
numerosas ocasiones para ilustrar ideas éticas y morales. Así sucede, por ejemplo, en
las adaptaciones de la Consolatio Philosophiae de Boecio, como veremos en el epígrafe
5.1., o en textos de carácter historiográfico como la General Estoria (cfr. 4.1. “Isaac e
Ifigenia frente a frente”). En los siglos XVI y XVII, el género de ideas mantuvo su
vigencia gracias, por un lado, a los tratados mitográficos de Juan Pérez de Moya y de
Baltasar de Vitoria y, por otro lado, a los textos de Cristóbal de Villalón o Bartolomé de
las Casas.
120
La problemática s obre el concept o de género es compleja. En nuestra Tesis , vamos a seguir la
clasificación genérica aplicada a las etiquetas concept uales del proyecto SILEM. Entendemos por género
dramático todos aquellos textos pensados para su representación; por lírico, aquellos textos com puestos
en verso expresivo o de circuns tancias, en arte mayor o menor, exent o o en poemario; por narrativo,
aquellos textos en prosa de ficción, con argumento y predominio de la acción o la manifes tació n de lo
sentimientos de los person ajes; finalmente, el género de ideas alude a aquellos textos generalmente en
prosa, en forma de tratados, discursos o diálogos, que contengan ideas morales, filosóficas, literarias,
políticas o religiosas como componente dom inante.
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Eda d Me dia Si glo XVI Si glo XVI I Si glo XVI II
Dis tribuc ión por g éner o lit er ario
Dramát ico Lír ico Nar ra t ivo Ép i co Ide a s
83
A partir del siglo XVII, se observa un repunte de las versiones dramáticas en el
XVIII, gracias, sobre todo, y como veremos en su respectivo epígrafe, a la influencia de
la Iphigénie (1674) de Racine. Asimismo, el hecho de que se generen obras cómicas a
partir de este mito, esencialmente trágico, no solo demuestra su gran popularidad, sino
que también plantea la cuestión de qué procesos socioculturales llevaron a trasmutar la
esencia genérica del mito de trágica a cómica. Otra muestra de la gran popularidad de
este mito entre 1700 y 1800 son las piezas de teatro lírico en las que se emplea, como la
zarzuela de José de Nebra, Para obsequio de la deidad, nunca es culto la crueldad y
Iphigenia en Tracia .
Cuestión religiosa
La hija de Agamenón se puso en pie y oraba así: “Oh hija de Leto, condúceme a
mí, tu sacerdotisa, sana y salva a Grecia desde esta tierra bárbara y perdona y salva
mi robo. También tú, diosa, amas a tu hermano; considera justo que también yo
ame a los de mi sangre ( IT , 1398 - 1402)
121
.
La dimensión ético-religiosa es uno de los componentes fundamentales del mito
de Ifigenia y se encuentra desde la Antigüedad en las primeras recreaciones literarias de
la historia de la hija de Agamenón. La cuestión de la divinidad adquiere una
importancia notable en las dos versiones del mito. El núcleo dramático de la Ifigenia en
Áulide se encuentra en la transgresión cometida por Agamenón contra la diosa Ártemis,
que desencadena, finalmente, el sacrificio, pues el desacato de las leyes sagradas exige
una compensación. A su vez, en la Ifigenia en Táuride, fue utilizado para elevar críticas
contra los malos usos que hacían los hombres de la religión, que, en numerosas
ocasiones, servía para ocultar ambiciones puramente profanas (Gliksohn, 1985). A
partir de l triángulo de relaciones que se establece entre Agamenón, Ifigenia y Ártemis,
se proponen distintas lecturas estrechamente vinculadas con la religión que ilustran
distintas visiones sobre los deberes religiosos y la relación con el otro.
Entre las líneas interpretativas que se establecen a partir de esta dimensión del
mito , surgen las críticas contra el sistema religioso o alguno de sus aspectos. Así,
Lucrecio en De rerum natura desarrolla una crítica feroz contra las religiones, y
121
Nos basamos en la tra ducción de José Luis Calvo Martíne z (1985) de Gredos.
84
Cicerón en De Officiis emplea el mito para instar a no cumplir promesas que conlleven
un mal mayor, apoyándose en su concepto de las virtudes morales. En el contexto
hispánico, las críticas se dirig en contra los cultos paganos, fundamentalmente, aunque
también se profundizará en el concepto de las virtudes morales.
En lo que respecta a la idea del horror r eligiosus , ejemplificado por las Furias o
por los presagios funestos, que está presente en otras literaturas europeas, como en las
dos Ifigenias de Gluck o en la obra de Guillard, no aparece en la literatura hispánica
(Gliksohn, 1985: 161).
Les dieux ne représentent dans la légende qu’une des données de l’univers humain,
l’une des forces avec lesquelles l’homme doit composer. Dans les rapports entre
mortels et immortels, la hiérarchie poétique semble inverser la hiérarchie
théologique: l’imagerie pathétique (la fille immolée par son père, la v ierge sous le
couteau, la sœur sur le point d’égorger son frère) fait porter l’horreur sur la férocité
filiale beaucoup plus que sur le poids des dieux (Gliksohn, 1985: 45).
En otro orden interpretativo, en las letras europeas, se producirá una asimilación
de Ifigenia con distintos personajes bíblicos y su historia se interpreta siguiendo los
métodos hermenéuticos cristianos
122
. Así, por ejemplo, en algunos manuales de
predicación medievales se equipara a Ifigenia con Cristo, por la concomitancia d el
sacrificio ritual del hijo aceptado por el padre, como veremos en los próximos
capítulos
123
. En el contexto hispánico, tanto en la Edad Media como en el Siglo de Oro,
se profundizó también en este tipo de relecturas, llegando incluso a asimilar el mito a la
hagiografía:
122
Joseph - François Lafitau en el siglo XVII I ya demostró las importantes semejanzas entre el mito
griego y las hist orias bíblicas. Así , el mito de Ifigenia se presenta en paralelo a la historia de Jefté .
Lafitau, a través de una alegorización y siguiendo la estela interpretativa cristiana, suaviza el motivo del
sacrificio como una consagración de la virginidad de Ifigenia. “Dès lors, en proposant un adoucissement
allégorique de l’épisode d’Aulis («n’est la fable de son sacrifice qu’une allégorie de celui qu’elle fit en
consacrant sa virginité à Diane») et un parallèle avec Jephté («la même histoire peut bien être arrivée en
deux endroits») dans un ouvrage sur Les moeur s des sauvages américains comparés au x moeurs des
premiers temps il administre la preuve de l’unité secrète des religions plutôt que celle de la vérité du
christianisme” (Gliksohn, 1985: 195). Hall ( 2013 : 44 - 45 ) asocia también el mito de Ifigenia con la
historia de santa Tecla, gr acias a su p ertenencia a una importante familia, salvada en varias ocasiones por
intervención divina, sus continuos viajes, su asociación a entornos de animales salvajes (como Ártemis),
su defensa de la castidad, su rol como sacerdotisa, y su muer te en uno de los anti guos lugares de culto de
la diosa Ártemis.
123
Cfr. 4.2. “Ifigenia, Cri sto y la virtud”.
85
Iphigenia is obviously an admirable prototype for all ancient priestesses, in her
concern for purity and in the dignity and authority with which she runs her
sanctuary and her rituals […] Iphigenia’s brains, piety, clear sense of priorities, and
courage ma de her unique as a female protagonist in ancient theatre, as well as a
fitting female quester to associate with the origins of an enormously important
international cult (Hall, 2013: 44).
Otro eje de relectura se fundamenta en el personaje a través del que se focaliza
la acción, generalmente, Agamenón. Sus motivaciones, debates internos y su posición
frente a la divinidad tienen un papel esencial en estas primeras recreaciones. No es el
único caso en la tradición hispánica en el que se elige el punto de v ista del transgresor
en un mito con doble foco. Pedraza Jiménez (2008) en su estudio sobre el mito de Fedra
e Hipólito afirma que esta inclinación de los autores hispánicos puede explicarse por el
interés que despierta el concepto de culpa dentro del contexto judeocristiano de la
península:
Por razones antropológicas, ligadas al peculiar sentimiento de culpa del universo
judeocristiano, la tragedia del pecador, del ser arrastrado por sus pasiones, es más
directamente asimilable que la de la víctima de lo s des afueros ajenos. Añádase a
esto la misoginia ambiental para conver tir a esa Fedra delictiva de Séneca en un
elemento de referencia para la tragedia renacentista y barroca (Pedraza Jiménez,
2008: 117).
Cuestión política
I FIGENIA : – […] ¡Conducidme a mí, la conquistadora de la ciudad de Ilión y del
país de los frigios! ¡Dadme coronas que ceñirme, traedlas! Esta cabellera ha de
coronarse […] ¡Me criaste para ser luz de Grecia! No me niego a mori r (Eur. IA ,
1475 - 1503)
124
.
Otro de los elementos que estructuran el mito de Ifigenia desde la Antigüedad es
el componente político o nacional. Las obras en las que se incide en este aspecto tratan
de presentar el mito como cauce de expresión para determinadas posturas ante la
124
Nos basamos en la traducción de Carlos García Gu al y Luis Al berto de Cuenc a y Prado (1979) de
Gredos.
86
constitución de la sociedad y de la nación a la que se pertenece. Las lecturas político -
éticas y los análisis alegóricos de mitos clásicos en las literaturas europeas tienen una
larga tradición dentro del mundo occidental. Estos cambios en la percepción de un
personaje mítico dentro de una sociedad se explican a través de las dinámicas históricas
que producen variaciones de matices en distintos personajes a través de las relecturas
literarias y de los análisis sociales que de ellos se hacen
125
. Ya se plantea en la Ifigenia
en Áulide de Eurípides las cuestiones sobre las leyes y el posicionamiento ciudadano:
Eurípides sigue definiendo la ley, como antídoto al instinto bestial y sanguinario
que destruye de continuo el país y las ciudades, sin embargo, sigue precisando que
sea el hombre quien interiorice dicha ley y no provenga de una diosa por muy
racional que ésta sea (Herreras, 2008: 65).
Otros autores han subrayado el conflicto familiar que surge a partir de la
dicotomía entre dos conceptos griegos: oikos (οἶκος) y genos (γένος). Oikos hace
referencia a la lealtad que se debe prestar para con el grupo con el que se convive,
mientas que genos tiene un significado más amplio, al englobar la solidaridad histórica
para con la propia estirpe (Gliksohn, 1985). Esta clasificación se hace particularmente
evidente en Ifigenia en Áulide de Eurípides, donde el enfrentamiento entre Agamenón,
que esgrime la lealtad que le debe a su hermano Menelao, apoyada en el genos , y
Clitemnestra que arguye sus derechos como madre, recurriendo al oikos , se presenta de
manera más patente (Gliksohn, 1985).
Chez Euripide, Iphigénie acceptait son sort dans un élan d’exaltation patrioti que;
son consentement avait valeur d’exemple pour le camp grec, montrant comment
chacun devait se sacrifier à la cause commune: image exaltante, fondatrice de
l’unanimité, et dont le prodige n’était que le couronnement (Gliksohn, 1985: 96).
Los autores que prestan más atención a esta faceta suelen enfocar el mito desde
la problemática que se establece entre los deseos individuales de Agamenón y el
conjunto de la nación griega. De este modo, su toma de decisión cobra un papel esencial
en el desarrollo de la trama, ya que, a pesar de sus momentos de vacilación, termina
125
Carrasco Ma rtín ez (2017) llevó a cabo un estudi o sobre los giros experimentados en la recepción
del personaje de Catón de ideal nobili ario a símbolo político republicano prerrevolucionario en los siglos
XVI - XVIII.
87
aceptando la imposición de sus obligaciones como caudillo. Su dilema se plantea desde
el polo del individuo frente al Otro, representado por la totalidad del pueblo griego. Al
oponerse al sacrificio de su hija, Agamenón trata de diferenciarse, de mantener su
individualidad frente a la idea de nación. Al claudicar en sus pretensiones, su personaje
renuncia a su libertad y acepta el destino común del conjunto de la sociedad a la que
pertenece. En algunos textos, este sometimiento a los intereses del conjunto suele
conllevar una caracterización negativa de Agamenón, al que se le acusa de soberbio y
ambicioso, retratándolo como un personaje movido por sus ansias de poder (Esteban
Santos, 2005; Morenilla Talens, 2012). Además de estas lecturas, y desde el punto de
vista contrario, también podemos encontrar una serie de textos que se centran en la
elección de Ifigenia, en los que la princesa griega tiende a acept ar su propio destino para
lograr el bien de todo el conjunto de la nación griega, como sucedía en la tragedia de
Eurípides.
A partir del siglo XVII, aparecen versiones literarias del mito en las que los
protagonistas encarnan a personas reales del contexto históricos en el que fueron
escritas. Diversas interpretaciones contextualizadas, notablemente la de Schlegel,
situaron la Iphigénie de Racine en el marco histórico de la política francesa, con la
comparación entre Agamenón y Aquiles, por un lado, y Luis XIV y Condé, por el otro
(Sebastià Sáez, 2015).
La légende d’Iphigénie expose le pouvoir royal à de multiples périls et les
dramaturgues du XVII e siècle n’en atténuent aucun; la faiblesse humaine du
monarque, les manoeu vres de son entourage, la pression de l’armée donnent le
spectacle d’une royauté en crise. Cependant, cette crise est provisoire autant
qu’illusoire: au moment même de son triomphe, l’absolutisme s’offre, dans le
monde clos du théâtre, le spectacle de ce qu’aurait pu être sa faiblesse (Gliksohn,
1985: 90).
Con respecto a la recepción de “Ifigenia en Táuride”, cabe destacar una vertiente
importante que identifica a los tauros con las amenazas bárbaras que se cernían sobre
Europa, sobre todo, a partir de la Edad Moderna, especialmente con el imperio
otomano. Para las tragedias filosóficas de Pick, Vaubertrand et Guimond de La Touche,
como ya se ha indicado (Gliksohn, 1985), los cultos bárbaros aparecen vinculados a la
88
tiranía de Toante, mientras que la religión más humana se asocia a un modelo político
civilizador.
Au reste, en choisissant pour sujet Iphigénie en Tauride plutôt qu’Iphigénie en
Aulide, les dramaturges n’échappaient pas seulement à la concurrence écrasante de
Racine; ils écartaient aussi un sujet de tragédie dont le point de départ obligé était
une exigence divine et la promesse d’un miracle; ils pouvai ent au contraire
estomper les éléments religieux du drama antique, souligner la barbarie du culte de
Tauride et célébrer la mission civili satrice des Grecs (Gliksohn, 1985: 205 - 206).
Goethe cambiará el panorama, al presentar al pueblo de los Tauros de manera
mucho más humana y desacostumbrados a los sacrificios humanos. A pesar de que en
un primer momento Toas exige la mano de Ifigenia para liberar a su hermano y a
Pílades, acabará cediendo sin condiciones, dándole una nueva vuelta de tuerca al mito.
La preferencia por este mito en la Ilustración, como intentaremos demostrar a
través del análisis de estas obras, pudo estar motivada, por un lado, por los conflictos
políticos que se representaban en él , como las tensiones entre los deseos del individuo y
las obligaciones para con el Estado, el problema de la usurpación y las tiranías.
Cuestión de la feminidad
I FIGENIA : – Quer idas mujeres, en vos otras pongo mis ojos. En vuestras manos está
el que ten ga éxito o que me convierta en nada y me vea privada de mi patria, de mi
querido hermano y de mi queridísima hermana. Que éste sea el comienzo de mis
palabras: somos mujeres, especie amiga de ayudarse mut uamente y firmes como
nadie para salvaguardar nuestros comunes intereses. Colaborad en nuestra fuga con
vuestro silencio (Eurípides, IT , 1055 - 1065)
126
El componente femenino
127
es otro de los ejes vertebradores del mito en sus
recreaciones literarias desde la Antigüedad, y centra su interés en la construcción y las
126
Nos basamos en la traducción de José Lu is Calvo Martín ez (1985) de Gredos.
127
Uno de los ejemplos paradigmáticos del empleo literario de este mito para subrayar una visión que
ahonda en los problemas de la mujer es la novela Ifigenia de la venezolana Teres a de la Parra, donde el
mito sirve de telón de fondo para explicar la situación de la mujer en Lati noamérica a princi pio del siglo
XX, y cómo las mujeres deben sacrificarse, met afóri cament e en este caso, para sostener el sistema social.
Así, la protagonista de la novela se basa en dos modelos fe meninos : Ifigenia, “la virgen sacrificada al
chauvinismo masc ulino” (Aizenber, 1985: 546) y Emma Bovary, “la joven burguesa, par a quien la
89
relaciones que se establecen entre estos personajes. Los estudios de género han puesto
el foco de atención en estos componentes de la mitología (Movellán Luis, 2016; Beard,
2017). De este modo, para el caso del mito de Ifigenia, algunos de los aspectos que
cobran interés son la reivindicación como individuo de la protagonista
128
y las
problemáticas que s e establecen con otras figuras femeninas como Ártemis o el resto de
las mujeres de su familia.
La importancia de Ifigenia dentro del ámbito cultural griego y del Mediterráneo
fue muy relevante, como veremos en el epígrafe dedicado a las fuentes, aunque cabe
destacar en este apartado, las versiones literarias que mencionan el sincretismo entre
Ifigenia y Ártemis o la inmortalización de la primera, como recoge Heródoto:
Entre estos pueblos, los tauros observan las siguientes costumbres. A los náufragos
y a los griegos que capturan en el curs o de sus correrías marítimas los inmolan a la
Virgen […] [y] por cierto que , según el testimonio de los propios tauros, la
divinidad a la que ofrecen sus sacrificios es Ifigenia, la hija de Agamenón (Hdt .
4.103 , 1- 2).
En las letras europeas, las relaciones entre la diosa y la princesa micénica se
presentan, en ocasiones, de manera conflictiva, como sucede en las Sumas de la historia
troyana de Leomar te , donde Ifigenia se enfrenta a la diosa pidiéndole explicaciones
sobre su sacrificio; o en la Fábula del Sacrificio de Ifigenia de Luis Verdejo Ladrón de
Guevara, donde la envidia es una de las razones que llevan a Ártemis a pedir el
sacrificio de la joven.
Con respecto a la construcción del personaje de Ifigenia y como vimos en el
epígrafe anterior, el mito sufre una importante cristianización que hace que la joven se
literatura fue el espejo de sueños impo sibles” (Aizenber, 1985: 546). Estos modelos femeninos
representan, para Parra , la abnegación total de las mujeres y conllevan una anulación de su propia
identidad: “ Estas pobres mujere s desconocen su poder. Desl umbradas por la luz idealista del mist icismo y
de la virtud, corren siempre a ofrecerse espontáneamente en sacrificio y se desprestigian a fuerza de ser
generosas. Como las márt ires, sienten exaltarse su amor con la flagelación y bendicen a su señor en
medio de las cadenas y los tormento s. Viven la honda vida interior de los ascetas y de los idealistas ,
llegan a adquiri r un g ran refinamiento de abnegación que es sin duda ninguna la más alta superioridad
humana, pero con su superioridad escondida en el alma, son tristes víctimas ” (Parra, 2007: 134). Los
análisis feministas sobre el mito de Ifigenia continuaron a lo largo del si glo XX, especialmente a partir de
la década de los setenta: “La figura di Ifigenia così come ci è presentata da Euripide nel la Ifigenia en
Aulide sembra essereil prototipo del la situazione della donna in un socièta maschil ista, cioè della sua
condizione di inferiorità rispetto all’uomo” (D ottori, 2008: 215).
128
La importancia de la estrategia ideada por Ifigenia en IT ha sido sub rayada por Hall (2013: 40), que
ha afirmado que la personalidad de la joven, más cercana a otros héroes griegos como Odiseo, opaca la
figura de su hermano Orestes, que es incapaz de proponer un plan para salir ilesos de su captura por part e
de los tauros.
96
En las narraciones del mito de Ifigenia de la GE no aparecen mencionados los
textos en los que se basan, aunque Casas Rigall (1999) en su apartado sobre la materia
troyana de la GE propone como fuente principa l las Metamorfosis
140
, al afirmar que este
pasaje es “de procedencia ovidiana menos rotunda, pero más que probable” (Casas
Rigall, 1999: 139). Para llegar a esta conclusión, descarta la Histoire ancienne jusqu’à
César , en la que no se hace referencia al mito; el Roman de Troie, que ofrece pocos
detalles y no menciona a Ifigenia; y la obra de Dares Frigio, en la que solo se menciona
un sacrificio para apaciguar a Diana, que estaba impidiendo a los griegos zarpar contra
Troya, sin concretar a la víctima del sacrificio. Considera también que Dictis, aunque
ofrece un relato más extenso, difiere en varios detalles de la GE , como en la explicación
de las causas de la ira de la diosa (que no aparecen en la obra alfonsí); la descripción del
modo en el que traen a Ifigenia a Áulide; y en el intercambio final con una cierva, que
se presenta como una acción que realizan los griegos, interpretando así la voluntad de la
diosa, y no un prodigio realizado por Ártemis. En cuanto al comentario de Servio a la
Eneida también presenta diferencias con el texto castellano, por las razones de la cólera
de la diosa y por incluir el plan de Ulises para traer a la doncella. Casas Rigall propone
como fuente principal Metamorfosis , XII, 24-38, por la coincidencia en no incluir ni las
causas de la ira divina ni la estratagema de Ulises y que sea la intervención de Ártemis
la que permita la sustitución de la joven por una cierva.
En cuanto a la segunda narración del mito, la que cuenta Ulises en el pleito por
las armas de Aquiles, Casas Rigall remite a Metamorfosis, XIII, 171-204. Las
similitudes entre ambas versiones y el hecho de que se incluyan dos relatos del mito,
narrados en los mismos contextos y desde perspectiva diferentes, sostienen con firmeza
la hipótesis de Casas Rigall, que nosotros suscribimos
141
. Por lo que respecta a los
hechos posteriores a la guerra (el asesinato de Agamenón y la venganza de Orestes), que
se incluyen en la Parte Tercera en los capítulos XLVIII, LII y LIII, Casas Rigall
140
Resulta difí cil establecer con total seguridad si el texto en el que se basan procede directamente del
original latino o de uno de sus comentarios posteriores, ya que el método compilador al fonsí hace que se
trate de una tarea compleja, dado que en muchas ocasiones o no se citan las fuentes, o se trata de
referencias oscuras o erróneas : “Es decir, los códices de comentarios ovidianos son difíciles de localizar
porque con frecuencia carecen del nombre del autor o bien ofrecen como tal un nombre erróneo en lo s
catálogos, o bien se encuentran insertos en glosas de otro autor di ferente y aparecen atribuidos a aquel, o
se menciona n en la información bibliográfica simplemente como glosas marginales presentes en
manuscr itos de las Metam orfos is ” (Cuesta Torre, 2007a : 140).
141
Sin embargo, Gliksoh n (1985) menciona la presenci a de una obra del XIII inspirada en Ovidio ,
Trojanischer Krie g de Konrad von Wür zbu rg en la que también se dice que la fe y la humildad de
Agamenón son la causa del cambio de opinión de Árt emis sob re el sacrificio. Ambos textos parecen
haberse escrito en fechas coetáneas, por lo que no parecen haberse inspirado el uno en el otro. No
descartamos que tengan una fuente común.
97
propone que la fuente principal es el Ro man de Troie , a pesar de que en la GE se afirma
que toman sus materiales de Dictis Cretense.
La lectura que propone la GE del relato del sacrificio de Ifigenia incide, sobre
todo, en el aspecto religioso del mito. Para apoyar esta interpretación, vamos a
centrarnos en tres elementos fundamentales de esta obra. En primer lugar, se llevará a
cabo un análisis de las variantes en la configuración del personaje de Agamenón y su
comparación con otras historias de sacrificios de la GE . Para ello, nos centraremos en
dos puntos: por un lado, las razones que llevan a Ártemis a sustituir a la joven Ifigenia
con una cierva; y, por otro lado, el hecho de que, en la narración de la GE , no se
transgrede una ley divina, como sucede en la mayor parte de la tradición clásica. En
segundo lugar, se llevará a cabo un estudio sobre las relaciones familiares de los Atridas
en la GE , especialmente, sobre el efecto que tiene el sacrificio de Ifigenia en s us
miembros. Por último, se explicará las repercusiones que tiene el cambio de punto de
vista en el segundo relato del mito de la GE , y lo que conlleva dentro de la cosmovisión
alfonsí.
Hay una variante esencial entre la narración de las Metamorfosis , XII, 24-38 y la
GE que subraya la importancia del aspecto religioso en la relectura alfonsí. Las razones
que se aducen para la compasión de Ártemis y que conllevan la posterior sustitución de
Ifigenia son diferentes en ambas obras. Mientras que, en las Metamorfosis , la diosa
parece conmoverse por la situación en general, en la GE se revela que Diana siente
piedad ante “la omildança del rey Agamenón e las buenas voluntades de los grandes
omnes que allí eran ayuntados e la emienda que le fazién de la querella que d’ellos
avié” (Alfonso X, 2009: 265)
142
. Este cambio cobra importancia, por un lado, ya que
afecta a la configuración del personaje de Agamenón, al que la GE describe como
“ombre bueno y sabio y honrado sobre todos los otros que avié en Grecia a esa sazón”
(Alfonso X, 2009b, 213), y que se presenta como un rex christianus que acata las
determinaciones divinas y sirve de modelo a sus súbditos, rex imitabilis . Por otro lado,
la variación en las motivaciones de la piedad de la diosa permite que se establezcan
142
Este motiv o narrativo no se trata así en versiones clás icas del mito que si guen el esquema de
“Ifigenia en Áulide” . En If. en Ául , Calcante interpreta que Ártemis se apiada de la joven porque no
quiere mancha r el altar de sangre noble; en If igenia en tre los tauros y también en Epítome de pseudo -
Apolodoro se advier te a los lectore s de que el sacrifico se debía hacer, ya que Agamenón habí a hecho
voto de ofrecerle a la diosa lo más bello que naciera ese año, que había sido Ifigenia, lo que sugiere que la
posterior salvación de la joven se debe al interés que la diosa tenía en ella, y no en la piedad que sintiese
por su padre. Antonin o Liberal ( Transf ., 27) no indica las razones que movieron a la diosa a rescatar a la
princesa micén ica; en Hig inio ( Fáb . 98) la diosa siente piedad por Ifigenia; en Cicerón ( De Off ., III, 25) y
en Lucrecio ( De rer. nat. , I, 85 s) la diosa no siente piedad y la joven acaba muriendo sacrificada.
98
concomitancias entre este relato y otras historias de sacrificio, como la de Abraham e
Isaac. No es extraño que estos pasajes estén relacionados si se tiene en cuenta que
comparten algunas invariantes esenciales:
1) el sacrificio de un hijo a manos de su padre;
2) la admiración del dios ante el sometimiento del ser humano a su voluntad; y
3) la sustitución en el último momento del sacrificio.
A lo largo de la Segunda parte de la GE, se plantean diversos casos de conflictos
paternofiliales cuya resolución implica, en un primer momento, el sacrificio del hijo.
Entre los casos que habría que considerar se encuentran: Abraham e Isaac, Jefté y su
hi ja
143
, y por supuesto, Agamenón e Ifigenia. A lo largo del bloque narrativo en el que
se inserta el primer relato del mito de la hija de Agamenón se repite de manera
recurrente la máxima de que es necesario aceptar y acatar la voluntad divina. As í, el
argumento que esgrimen el rey Príamo y la reina Hécuba para aceptar de nuevo a su
hijo Paris en la corte, al que habían abandonado de niño por un presagio que se le
desveló en el sueño a Hécuba, es:
[…] e desque se ayuntaron contóles el rey Priamo todo el fech o de Paris e a lo que
era venido todo el su avenimiento fasta aquella ora en que eran, maguer que los
más de los omnes buenos e de los otros sabían ya de antes todo el fecho de cómo
era, e desí cómo lo recebién públicamente por su fijo lindo él e la reina Ecub a, e
Éctor e sus her manos por hermano otrosí lindo diziéndoles que en lo que avía de
venir que fiziese dios lo que quisiese, ca ellos en aquello fazer querían lo que
devién (Alfonso X, 2009: 230).
La misma idea parece repetirse en distintas partes, incluido en el s acrificio de
Isaac donde se explica que:
Isaac pues que vio a su padre tan fuerte e tan afincado en el mand ado de Dios ovo
grand sabor d’ello, e estas palabras que él dixo, e oyógelas de coraçón, e repuso
d’esta guisa: – Padre, tuerto serié si yo non obedeciesse a lo que tú me mandases
143
Es un personaje bíblico, que aparece en el Libro de los Jueces . Lideró los ejércitos de Israel contra
los amonitas. En un momento en el que par ecía q ue iban a ser derrotados , Jefté le juró a Dios que
sacrificaría a lo primero que viera cuando llegase a su casa si ganaban la batalla. Ganar on la batalla , y al
volver a casa, su hija fue la primera en recibirlo. Así que Jefté, para cumplir su promesa, la s acrificó. Este
motivo concret o, el del sacrificio humano de un hijo para cumplir una promesa hecha a una divi nidad,
está presente también en otros mitos clás icos como el de Idomeneo, rey de Creta; el mito de Hal iarto y su
hijo Lofis; o el mito de Mean dro y su hijo, Arquel ao (Hughes, 2006: 76 - 77).
99
fazer, e grand derecho fuera que yo non fues nacido si yo el juicio de Dios e de ti
refusás e a la su voluntad e a la tuya e a la de amos fuesse yo desobedient (Alfonso
X, 2009: 270 - 280).
Se produce un sometimiento ante los designios de Dios
144
. Los personajes no
cuestionan el mandato divino, sino que lo aceptan piadosamente. Este acercamiento se
opone con fuerza a la tradición clásica donde este tipo de designios por parte de los
dioses y el propio destino adquieren un carácter trágico. Así describe su situación la
Ifigenia de Eurípides: “Desde el principio me fue adverso el destino del ceñidor de mi
madre y de la noche aquella. Desde el principio las Moiras del nacimiento estrangularon
mi juventud con apretado lazo” (E UR ., If. en Táur ., 205-215).
Ya Steiner (1991) postuló que el comportamiento de Abraham
145
, su confianza
ciega en Dios y su abandono a una trascendencia superior había que entenderla dentro
de la cosmovisión judeocristiana a la que pertenece esta historia. Esta concepción del
mundo contrasta con la visión trágica griega
146
, donde la lucha, el ἀγών contra sí
mismo, la naturaleza y los propios dioses provoca un conflicto entre el destino del héroe
y su propia libertad. Es lo que sucede en las tragedias griegas que versan sobre el
sacrificio de Ifigenia. Como ya analizó Nussbaum (2001: 34-35) en el caso del
Agamenón de Esquilo, donde el protagonista se ve enfrentado a dos principios
contradictorios: aceptar la exigencia de Ártemis para poder cumplir el mandato de Zeus
de reparar la violación de la ley de la hospitalidad cometida por Paris, frente al deber
paterno de no derramar la s angre de su propia hija. Naturalmente, cualquiera que fuese
su elección, Agamenón afrontaría un final desgraciado, bien por ser impío y desertor,
bien por sacrificar a su propia hija: “Si ahora paga la sangre de anteriores víctimas y, a
los que murieron, les paga, ya muerto, la pena debida por las otras muertes, ¿qué mortal
144
Tanto es así que, en el caso de Jefté, se incluye una pequeña digresión en la GE en la que se
explica que: “E sobr’este sacrificio fabla Josefo e mae stre Pedr o, que non lo tienen por bueno, ca dize
Josefo que ni n lo manda va la ley nin era cosa nin sacrificio que amase dios nin le pluguiese con él”
( Alfonso X, 2009: 40 ). La crítica a esta his toria bíblica parte de que el sacrificio no parecí a figurar dentro
de los planes de Dios, y que partió del propio Jefté en p rimer lugar, y que por tanto su promesa a Dios fue
un error.
145
“ Su monoteísmo [de Abr aham] es alienación, pues es la ciega aceptación de dictados cuyos
imperativos morales y racionales son inaccesible y enteramente exteriores a él mismo […] En el judaísmo
cobra cuerpo ese abandono del ser más íntimo del hombre que se entrega “a una trascendencia extraña a
él” (Steiner, 1991: 39).
146
“Hegel parece asignar a la μοίρα , con su impersonalid ad dinámica pero su inmanencia existencial,
la paradójica pero decisiva categoría de «cul pabilidad predestinada», de un tipo de culpa en la cual y en
virtud de la cual un individuo (el héroe trágico) cobra enteramente su propio ser, re torna fatalm ente a sí
mismo sin renunciar empero, como ocurre con el judío que sufre, a su armonía en la vida” (Steiner, 1991:
40).
100
que esto oyera podría jactarse de haber nacido con un destino libre de daño?” ( Aesch ,
Ag . 1340).
Sin embargo, estos conflictos que se plantean en la tragedia griega no aparecen
en la GE , debido al tamiz judeocristiano al que se ha sometido el mito. En la aceptación
de los dictados divinos por el Agamenón alfonsí encontramos la misma actitud piadosa
que subyace en el personaje de Abraham. Aunque bien es cierto que opone cierta
resistencia
147
, el personaje de la GE cede al sacrificio de su hija, incluso cuando no se
dan razones para la ira de la diosa Ártemis, tal y como sucede con Abraham. Ni el
Agamenón de la GE ni el Abraham bíblico han transgredido la ley divina ni han
cometido ningún pecado contra la divinidad:
[…] y fuymos todos juntos en la ysla Aulida del mar de Euboea y fueron ý
ayuntadas de nuestras mas de mil naues, y non podimos aver viento ninguno con
que dende saliésemos; y dixeron las suertes que diese el rey Agamenon su fija
Esisona a matar, para fazer della sacrificio a la deesa Diana que era querellos a de
nos, y nos destoruaua la partida (Alfonso X, 2009: 176).
En el texto solo indica que Diana estaba “querellosa”, pero omite las razones de
su ira. Sin embargo, si se compara con la fuente más probable de la GE ( Metamorfosis ,
XII, 24-38), que, como ya se ha comentado antes, tampoco indica explícitamente los
motivos del enfado de la diosa, se percibe una actitud distinta. El texto latino parece
sugerir que la responsabilidad es de Agamenón, al explicar que la falta de vientos se
debe a “la afrenta de uno solo” de los griegos:
Cuando la afrenta de uno solo llegó a los Dánaos todos, y mil quillas llenaron el
eubeo puerto de Aulis, por largo tiempo esperadas no soplaban las brisas o eran
contrarias a nuestra navegación, y un cruel oráculo ordenó a Agamenón sacrificar a
la implacable Diana a su hija inocente (Ov . Met . XIII.181 - 185 ).
Así, mientras en las Metamorfosis las causas de la ira de la diosa no se detallan
por darse por sabidas (Casas Rigall, 1999), parece que en la GE hay una voluntad de
silenciar estos hechos. Es probable que a Alfonso X no le interese incluir este detalle
147
“ El rey Agamenón cuando aquel sacrificio oyó dixo que antes dexarié todo el fecho que dar su fija
a ma tar, ma s travaron to dos d’él tanto que lo ovieron a mo ver que la diese a sacrificar e él diógela ”
(Alfonso X, 2009: 264).
101
para evitar un cuestionamiento al poder regio dentro de la propia obra, pues negaría la
imagen de rex virtuosissimus que intenta transmitir de Agamenón. Así, el hecho de que
siga la voluntad de Ártemis, tampoco conlleva ningún tipo de reproche al rey en el
texto, pues como apuntó Rico (1984), la GE defiende que “[…] hay que aprender a
juzgar a los monarcas, abrumados por una carga superior a la de cualquier mortal”
(Rico, 1984: 105). Al ser el poder un don otorgado por Dios, la monarquía debe estar al
servicio de la fe y cumplir sus designios. Nieto Soria (1986) en sus trabajos sobre las
imágenes religiosas y el poder real en la Castilla de Alfonso X analiza cómo la relación
entre la imagen simbólica regia, concebida como una suma de perfecciones, y Dios
funciona como método propagandístico de la monarquía castellana. De esta manera, y
puesto que la relación entre el rey y Dios sirve de espejo para la relación que debe tener
el pueblo con el propio rey, la obediencia de Agamenón ahonda en la noción de que el
rey es senescal de Dios
148
y su poder en la tierra, una proyección del poder divino.
Madero (1996), en un trabajo sobre la justicia en la obra jurídica del rey sabio,
considera que:
Por un lado, en tanto vicario de Dios, el rey representa la justicia divina, pero
simultáneamente, se presenta a través de la noción de justicia. La justicia pertenece
aquí a la doble constit ución del rey como objeto, es decir, en tanto representante de
la justicia divina sobre la tierra, y como sujeto, situado dentro del orden de los
signos que postulan una identidad, que significan simbólicamen te un status, un
poder y que, paralelamente, en la medida en que este signo pe rtenece a la retórica
de la unidad, encarna el único elemento que permite compensar la fragmentación
de lo real y “presentificar” la coherencia de una comunidad (Madero, 1996: 449 -
450).
Agamenón no solo cumple la justicia divina, sino que la encarna al asumir el
sacrificio de su propia hija. Como resultado de estos conceptos, se proyecta un modelo
moral determinado: del mismo modo que el buen cristiano debe obedecer a Dios, los
súbditos están obligados a una absoluta obediencia a su rey. Parece, pues, qu e este
sometimiento que demuestra Agamenón para con Ártemis profundiza en la idea de que,
si los reyes son capaces de seguir los designios divinos, incluso en casos extremos como
148
Como explica Soria Nieto (1986) podemos encontrar esta idea en el Libro de los Cien Capítulos .
102
este, los súbditos deben también aceptar la voluntad de su rey, lo que encajaría con las
ideas que intenta transmitir el escritorio regio.
En cuanto a la genealogía
149
, también es interesante que no se establezca ningún
tipo de oposición entre Helena e Ifigenia, como sucede en otros textos (E UR ., If. en
Taúr ., Electra , Orestes , If. en Ául. ) en los que aparecen como arquetipos de la mala
mujer y de la doncella inocente. Esta ausencia de contraposición se explica por dos
causas fundamentales. En primer lugar, hay que tener en cuenta que en la GE no hay
una caracterización especialmente negativa del personaje de Helena. No se aprecian
críticas misóginas contra ella, sino que la verdadera censura se centra en el loco amor ,
del que hicieron gala Paris y Helena. El tratamiento de este motivo en la obra alfonsí
funciona como anticipo y causa de todas las desgracias acaecidas a raíz de la guerra de
Troya (Cuesta Torre, 2007a: 157), y es contra ese loco amor contra el que se dirigen
todas las censuras. En segundo lugar, la configuración de estos personajes femeninos
como agentes pasivos con poca o nula capacidad de acción, como Helena, víctima del
loco amor , afecta también a Ifigenia que adolece de falta de profundidad. La
simplicidad de su psicología se agudiza porque la narración alfonsí elude su reacción
ante el sacrificio, sus pensamientos y emociones. Al ser presentada más como un
recurso narrativo en el desarrollo de Agamenón que como un personaje con identidad
propia y rasgos definidos, la contraposición semiótica con otro personaje se hace
innecesaria. Esta inoperancia de la personalidad de Ifigenia la convierte en una víctima
pasiva de la decisión del sometimiento de su padre a la voluntad divina, lo que la
asemeja, en gran medida, a Isaac, que también acata humildemente su destino, sin
rebelarse contra su padre.
Con respecto al resto de los Atridas que aparecen en la GE , habría que llamar la
atención sobre el asesinato de Agamenón a manos de Clitemnestra y la venganza de
Orestes, por constituir los acontecimientos finales de la saga mítica (capítulos XLVIII y
LII de la Tercera parte)
150
. Entre los argumentos que esgrime Clitemnestra para
conspirar contra su marido, no se aduce el hecho de que sacrificase a su primogénita. En
149
“E Efisani a era fija de la reina Clitomestr a, muger del rey Agamenón, e sobrina de la reina Elena,
hermana de la reina Clitomestra , ca la reina Clitomestr a e la reina Elena eran hermanas e fueron fijas de
un padre e de una madre; e el rey Agamenón e el rey Mena lao otrosí hermanos e fijos de un padre e de
una m adre, e casaron am os hermanos con amas hermanas ” (Alfon so X, 2009: 265).
150
Es necesario apuntar que, como ha demostrado Casa s Rigall (1999), estos pasajes han sufrido
cierta manipu lación consciente por parte del traductor, que desconoce ciertos datos que o frece su fuente,
el Roman de Troie .
103
la GE , Clitemnestra decide matar a Agamenón porque Eneo
151
le ha asegurado que
Agamenón conoce sus infidelidades y está dispuesto a matarla. Para salvarse,
Clitemnestra decide adelantarse a su marido: llama a Egisto, su amante, y juntos
asesinan a Agamenón, gesto que la GE describe como “muy grant pecado y muy grant
maldad” (Alfonso X, 2009b, 213). No se hace ninguna alusión al sacrificio de su
primogénita, Ifigenia, lo que podría disminuir en cierta medida su responsabilidad. En
cuanto a Orestes, en la GE se explica que cuando llegó a la edad adulta, fue a consultar
a los dioses qué debería hacer:
Mas ante que allá lle gasen fizo Orestes sus sacrificios a sus dioses en un templo
para aver respuesta y saber cómo le irié en este fecho que començava. Y rogava a
los dioses a cada uno por sí, y ellos dixéronle y consejánronle que mat ase a su
madre con sus manos misma s, y otr o sí que le tajase las tetas porque matara a su
marido y su señor a grant traición y malamente, y otrosí que matase a Egis to lo más
desonradamente que él podiese, y que si esto así non fiziese que nin serié se ñor nin
tenedor del reino nin avrié ninguna honra en él. Y Orestes pues que oyó esta
respuesta y este consejo que le davan sus dioses, teniendo que era cosa derechera
de fazer lo que le ellos mandavan, fízolo saber a su hueste, y non ovo ý ninguno a
quien non pluguiese d’esta respuesta y d’esto que los d ioses mandavan (Alfonso X,
2009b , 219).
De nuevo, aparece el motivo central de que los designios divinos deben ser
acatados por ser “cosa derechera de fazer lo que le ellos mandavan”. Ante la diversidad
de procederes que le aconsejan, la GE recoge a su vez diferentes finales. La primera
versión que ofrece el texto, y la que los compiladores parecen considerar como
canónica, explica que Orestes, finalmente, optará por no matar a su madre, sino que la
encerrará. A modo de conclusión, se remite a otras fuentes, en las que efectivamente
llega a cometerse el matricidio, pero sin ninguna consecuencia negativa para Orestes
que, al fin y al cabo, solamente cumplía la voluntad de los dioses. Como ya ha
comentado Casas Rigall (1999) con respecto a este pasaje:
151
Héroe griego. En la GE se le describe como “ombre engenioso y sabidor de mal” (Alfonso X,
2009b, 209). Se le atribuyen aquí algunos hechos que en la mit ología corresponden a Nau plio (que en la
GE es su padre). En la o bra alfonsí, ambos, tanto Nauplio como Eneo, consagran su vida a la venganza
por la muerte de Pa lamedes, al que Ulise s y Diomedes, ma taron. Eneo opta por engañar a las esposas de
los héroes griegos, fundamentalmente a Egia lea, muje r de Diomedes , y a Clitem nestra, que finalmente
acaba matando a su marido .
104
Sin duda, las circunstancias personales de Alfonso el Sabio, con sus graves
conflictos familiares, alientan la repugnancia hacia el magnicidio y el parricidio,
que requiere la suavización del comportamiento de Orestes en este punto (Casas
Rigall, 1999: 188).
En cualquier caso, el sacrificio de la joven Ifigenia no cumple ninguna función
en el final que otorga la GE a este ciclo mítico, pues no afecta al resto de personajes ni a
la visión que se transmite de ellos.
Otro de los elementos que sería necesario comentar es el caso de la sustitución o
la salvación in extremis de Ifigenia y la similitud que comparte con la historia bíblica de
Isaac. Como ya se ha mencionado, en esta versión de la historia Agamenón no trasgrede
la ley divina al cazar una cierva consagrada a la diosa, por lo que el sistema de
sustitución recíproca clásico (Burkert, 2013: 58) no s e cumple. Este mecanismo, cuyas
raíces se hunden en los rituales de purificación de los cazadores paleolíticos (Baring y
Cashford, 1993; Burkert, 2013), explica la continuada serie de intercambios entre las
identidades de la cierva y de Ifigenia, y subraya el estrecho vínculo que une a la joven
con Ártemis
152
. Este intercambio de roles del mito clásico, entremezclando la víctima
sacrificial con su verdugo, a la hija de Agamenón con la cierva, a la joven princesa con
la diosa, se pierde, en muchas ocasiones, en la tradición hispánica. La transposición del
mito clásico a la cultura española medieval hace que se destaquen los elementos del
mito que trasmiten un valor simbólico dentro de la cultura receptora y que los motivos
ajenos a la cosmovisión de la nueva cultura adquieran nuevas interpretaciones. Así, el
intercambio y la s ustitución de Ifigenia por una cierva, que tenía un carácter sagrado y
relacionado con rituales de iniciación de las niñas griegas, pierde estas connotaciones en
la obra alfonsí. En la GE, se destaca el hecho de que la sustitución que lleva a cabo
Ártemis se produce “tan sotilmente” que nadie llegó a saber nunca que Ifigenia no había
muerto en realidad, ni siquiera Ulises, como ya se comentará más adelante. Este hecho
mágico no recibe una explicación histórica ni ninguna alegorización
153
, a pesar del
152
“It seems, then, as if the figure of Artemis is structured on a paradox, for she is both hunted and
huntress, the prey and the arrow that brings them down. What can it mea n that, as huntress, she showers
her golden arrows upon herself? In Paleoli thic time s the killi ng of an animal was a dis ruption of a sacred
bond, and the primal unity had to be restored for the people to be able to live in harmony with their own
being. The purity of the hunter is a very ancient hunti ng ritual, as is the ritual of restitut ion for the life
taken, either through sacrificing some part of the animal killed or through reconstituting the animal
through art” (Baring y Cashford, 1993: 324).
153
“ Los pasajes de las Met amorf osis que « chocaban » menos con la men talid ad alfonsí no fueron
objeto de explicación de la GE , aunque existieran alegorías y moral izaci ones también sobre ellos […]
105
carácter maravilloso del mismo. La ausencia de racionalización de este pasaje
probablemente se explique por la relación que se establece en la GE entre el mito de
Ifigenia y la historia de Abraham e Isaac, donde la aparición milagrosa del animal para
el sacrificio tampoco recibe ningún tipo de comentario, pues se asume que forma parte
del plan divino, en el que hay que confiar.
Con respecto a la segunda narración que aparece en la GE del mito de Ifigenia,
situada en la Tercera parte, es esencial analizarla en su contexto pues está inserta dentro
de un discurso judicial en el que se emplean las estrategias discursivas y retóricas para
convencer al auditorio. El relato forma parte de los argumentos que ofrece Ulises para
defender su posición en el pleito contra Ajax por las armas de Aquiles tras su muerte.
La narración del pleito se estructura en diversos capítulos en los que, en primer lugar,
cada uno defiende su posición aduciendo los méritos propios para obtener semejante
herencia, y a continuación, se baten en duelo, del que sale victorioso el rey de Ítaca. El
hecho de que el mito de Ifigenia se presente a través de la perspectiva de Ulises, en boca
de un narrador homodiegético, y que además forme parte de los argumentos para avalar
su propia valía, hace que se aporten datos nuevos y puntos de vista diferentes al de la
primera versión.
La narración de Ulises comienza aludiendo a la pérdida y deshonra de Menelao,
sin hacer referencia a Helena o a Paris. Solo menciona el dolor que sintieron los griegos
ante la situación del monarca, motivo que justifica la partida contra Troya
154
. El
testimonio de Ulises ofrece datos concretos sobre la ubicación precisa del sacrificio: en
la “ysla de Aulida del mar de Euboea” (Alfonso X, 2009b: 176), que no se había
mencionado en el relato anterior. Sin embargo, ambas narraciones coinciden en
subrayar la ausencia de viento como la causa que les impedía zarpar contra Troya,
aunque en este segundo texto se omite la participación de Calcas en el vaticinio y se
opta por aludir a “las suertes” (Alfonso X , 2009b: 176). Asimismo, cabe destacar cómo
las palabras de Ulises confirman la primera narración en cuanto que ninguno de los
Lida ya destacó el hecho de que lo que mol esta a Alfonso X y le impele a recurrir a los comentaristas no
es la inmoralidad sino la fantasía ” (Cuesta Torre , 2007a: 151).
154
En la GE no se hace referencia a la promesa que Tindáreo, padre de Helena, arrancó a todos sus
pretendientes en la que les obligaba a aceptar la decisión que su hija tomase con respecto a su mar ido, y a
acudir en auxilio del mari do en caso de necesidad. Es esta la promesa que recuerda Mene lao cuando
propone a los general es griegos partir contra Tr oya. El escritorio al fonsí parece dar a entender que los
jefes griegos siguen a Menelao a la guerra por la lealtad que sienten hacia él, lo que, de nuevo, encaja con
el ideario que el rey quería trans mitir a sus súbd itos.
112
Lápitas y Centauros
Lápitas y Centauros
Sacrificio de Ifigenia II
Ceneo II
Periclímeno
Protesilao y Laodamía
Helena
Muerte de Aquiles
Muerte de Aquiles
En lo que respecta al libro XIII de ambas obras se observa de nuevo esta
discrepancia.
Metamorfosis XIII
Morales de Ovidio XIII
Ulises y Palamedes
Talón de Aquiles
Juicio por las armas de Aquiles
entre Áyax y Ulises (aquí se
narra el mito de Ifigenia)
Hécuba. Las troyanas.
Sacrificio de Políxena
Memnón
Ulises y Circe
Ulises y Polifemo
Penélope y los pretendientes
El peregrinaje de Eneas (I): la
partida de Troya
Las hijas de Anio
Las hijas de Orión
Escila
Diomedes y Egialea
Galatea, Acis y Polifemo
Glauco
Glauco
113
A partir de este esquema comparativo, se constata que el texto medieval sigue
una organización cronológica, y no temática como la obra de Ovidio. Por esta razón, en
los Morales de Ovidio , tras narrar el mito de Ifigenia en el libro XII, continúan con los
episodios de la guerra de Troya, para después centrarse en los episodios de la Odisea en
el libro XIII. D e este modo, en lugar de seguir el eje estructural en la obra de Ovidio,
que eran las transformaciones, opta por ordenar el material c ronológicamente. E ste
hecho provoca que en el libro XIII, no se recoja la contienda por las armas de Aquiles y
que, por tanto, no aparezca el relato que hace Ulises del sacrificio de la joven princesa.
Asimismo, cabe destacar que la aparición doble del mito de Ifigenia en el libro XII se
explica gracias a la estrategia de las narraciones dobles, que ya se vio más arriba.
En el primero de los relatos de la obra de Berçuire, y que aparece fielmente
traducido en los Morales de Ovidio , Agamenón no es el culpable de la muerte de la
cierva de Diana, ya que la transgresión aparece colectivizada. No se menciona quién es
el cazador, ni parece ser relevante en el contexto, ya que se presenta al pueblo griego
como un todo que realiza y sufre las acciones en conjunto. Por ello, Agamenón no es
presionado por el resto de generales del ejército ni tampoco se menciona que tenga
debates internos consigo mismo. Kretschmer (2016) en su análisis de la obra de
Berçuire destacó el cambio que se producía en la divinidad salvadora, que en lugar de
ser Diana era Júpiter. Aunque Kretschmer no justifica este cambio, quizás pueda
deberse a que en la obra de Ovidio justo antes de que se narre el sacrificio de Ifigenia,
se relata un sacrifico que los griegos hicieron en honor a Júpiter. La cercanía entre
ambas narraciones pudo potenciar este cambio de divinidad. K retschmer también
analiza la interpretación antisemita que se incluye en el mito y que no estaba presente ni
en la obra de Ovidio, ni tampoco en la versión del Ovide moralisé
165
.
Tras este relato, se incluye la cita de Isaías, 43:3 (“A Egipto he dado por tu
rescate, a Etiopía y a Seba por ti”), y le sigue la exégesis del mito. En esta primera
narración, se indica que la diosa Diana es un trasunto de Dios que se encoleriza con los
seres humanos por haber mordido la manzana, hecho que en la tradición pagana se
asimilaría con la muerte de su cierva. Se presenta de esta manera a Diana como la
encarnación de una justicia implacable que castiga las faltas de los individuos y que, en
esta versión cristiana, coincide con la ira de Dios. Por esta falta, Dios expulsó del
165
Es relativamente común, como suce de en el Comentario de Co penhague y la traducción francesa
del Ovidio mor aliz ado extraído del Reduct orium moral e de Pierre Bersu ire (Brujas, 1484), y como ha
estudiado J. Van’T Sant, que se pase de una interpretación moral de las fábulas mitológi cas a una crítica
social sobre los vicios de su tiem po (Seznec , 1980: 85 ).
114
Paraíso a los seres humanos al mundo terrenal, que, en el mito sería el mar, donde los
vientos serían las ocupaciones y sinsabores mundanos que les impiden acceder a Troya,
representante del Paraíso. Para poder llegar al paraíso es necesario verter sangre
virginal, la de Ifigenia en un caso, y la de Jesús en otro.
La cita a Isaías 43:3 y la exégesis inciden mucho más en la importancia del
sacrificio de Ifigenia al establecer una asociación con la pasión de Cristo. De nuevo, y al
igual que ocurre con otros personajes mitológicos como Orfeo, Ifigenia se asimila a la
figura de Jesucristo gracias al elemento del sacrificio y la salvación, que se corresponde
con la resurrección cristiana. Debido a esta identificación, se justifican las
interpretaciones y comentarios antisemitas que se incluyen en el texto, respaldados por
el rol de deicidas que, en la cultura católica, se asocia a los judíos: “Y la cierva, que es
la gente de los judíos a la fin por Tito y Vespasiano en su lugar, que es por la muerte de
aquel muerta, y así la ofensa de la divinidad fue afalagada” (Gómez de Zamora, 1992:
262) y que Kretschmer interpreta de la siguiente manera para el texto de Berçuire:
Et voici qu’appara ît l’antis é mit isme de Bersuire , car la biche sacrifi ée figure la
destruction de Jé rusalem par Vespasien et Titus, une punition divine pour la mort
du Christ (Kretschmer, 2016: 240).
Agamenón es otro de los personajes del mito que se ve afectado por esta
moralización cristiana. Como ya s e ha comentado, la transgresión clásica contra la
divinidad no aparece individualizada en su figura, sino que se impersonaliza. Este hecho
se explica dada la asimilación de este relato con la muerte de Cristo, pues la figura
paterna, en este caso Agamenón, no puede ser sino una figura virtuosa que cede al
sacrificio de su hijo para salvar a la comunidad, asumiendo el rol de Dios padre.
Asimismo, la colectivización de la falta, asumida por todo el pueblo griego, se identifica
con el pecado de Adán y Eva, representantes de todo el género humano. A partir de esta
resignificación de los elementos mitológicos, el mito de Ifigenia, a cambio de perder
matices y contradicciones, gana en poder icónico hasta transformarse en un símbolo
religioso.
Por su parte, en el segundo relato se producen ciertas variaciones con respecto al
primero. Aquí, se establece que fue Agamenón quien mató a la cierva de D iana, y que
fue la diosa la que salvó a Ifigenia al trasladarla a un templo en el que la convirtió en su
abadesa. La segunda exégesis repite en gran medida los elementos de la primera,
115
aunque hace hincapié en otros aspectos diferentes del mito. Diana es ahora de nuevo la
divinidad salvadora, y los griegos son la representación de los hombres buenos. La
te mpestad que les impide avanzar estaría formada por los pecados que asolan al género
humano, pero las respectivas muertes de Ifigenia y de Cristo lograron apaciguar la
tempestad, de manera que el viento calmado o el espíritu santo permitió a los griegos ir
contra Troya. Tras su muerte, son resucitados o salvados y llevados a un templo, que en
esta alegoría es el paraíso. La exégesis de esta segunda narración pone el foco en una
nueva lectura del mito, que incorpora el motivo de la naturaleza del ser humano y su
conflicto entre la virtud y el pecado
166
.
A partir de este marco conceptual, analizado desde una óptica cristiana, en la
segunda narración del mito se asume la bondad potencial del ser humano: “los griegos,
que son cualesquier buenos y sabios varones” (Gómez de Zamora, 1992: 262). Sin
embargo, a pesar de esta predisposición natural al bien, el ejercicio de la virtud requiere
una lucha constante, justificada por la caída en el pecado original. La imagen de la vida
del hombre como campo de batalla contra las fuerzas del mal se repite en muchas
ocasiones en los textos medievales (Bejczy, 2011: 225), y, en esta alegoría, se ilustra
con la guerra contra Troya, y, también a través del topos del mare malorum . Por medio
de estos motivos, representados a través de elementos narrativos del mito de Ifigenia, el
texto insiste en la idea de que los hombres rehúyen el camino de la virtud, que lleva al
paraíso, pero está plagado de amenazas, al igual que los griegos se mostraban reacios a
cruzar el mar tormentoso para llegar a Troya: “tanta tempestad de pecados vencía que
ninguno contra esta Troya por virtudes navegar quería” (Gómez de Zamora, 1992: 262).
Para subrayar esta idea, al texto se le antepone una cita a Ezequiel 17, (“Una
gran águila de grandes alas y largos miembros […]”), introductoria de la parábola de las
águilas y las vides, que hace referencia a la traición del rey Sedequías
167
. A través de
este texto bíblico de lectura ético-política y vinculado a la fides se muestra la necesidad
de mantenerse fiel a los juramentos prestados, porque forman parte del plan divino
diseñado para la humanidad. El incumplimiento de la palabra dada supone, por tanto,
alejarse del camino de la virtud y traicionar a Dios. A partir de esta clave de lectura, se
166
Los debates sobre la virtud son continuos durante la Edad Med ia y su análisis e interpretación se
estructuran, fundamentalmente, a par tir de cuatro vías, representadas por distintos autores cl ásicos:
Aristót eles, Séneca, Cicerón y Macrob io (Salinas Espinosa, 1994: 150).
167
Nabucodono sor, rey de Babilo nia y de los caldeos, había otorgado el reino de Jerusalén a
Sedequías, a cambio de su vasallaje. Sedequías, desoyendo las advertencias de Jeremías y escuchando los
malos consejos de su corte, pactó una alianza con Egipto y se rebeló contra Babilonia. Nabucodon osor
sitió Jerusalén, que cayó, lo que acabó provocando la esclavitud del pueblo judío. La parábola de las
águilas hace referencia a este episodio, del que se hace una lectura ético - política.
116
establece el paralelismo entre la historia bíblica y el mito de Ifigenia. Mientras que
Sedequías no mantuvo su pacto con Nabucodonosor, lo que ocasionó la destrucción de
Jerusalén, Agamenón fue fiel a la diosa, a pesar del gran coste personal que implicaba y,
por eso, fue recompensado. Si Dios pudo permitir el sacrificio de su propio hijo y
Abraham asumió la exigencia de sacrificar a Isaac, Agamenón debe aceptar también
este destino y ofrecer a su hija en sacri ficio porque, de lo contrario, cedería a la
tentación y cometería infidelidad.
El motivo de la virtud y la fides ha sido una de las claves interpretativas del mito
desde la Antigüedad. Ya Cicerón en el libro III de De officiis (III, XXV, 95) analiza el
mito para concluir que en muchas ocasiones es mejor no cumplir las promesas, ya que
puede conllevar males mayores. La fidelidad ciceroniana entronca con su visión de la
justicia, una de las cuatro virtudes fundame ntales junto con el conocimiento de la
verdad, la grandeza de espíritu y el decoro. Para el autor latino , la fidelidas es el
principio de la justicia: “Ahora bien, el fundamento de la justicia es la buena fe, es
decir, la fidelidad y la veracidad en las palabras y en los compromisos contraídos” ( De
Officiis I, VII, 22). No obstante, aunque la fidelidad sea la base de la justicia, el cambio
de las circunstancias o de la utilidad del acuerdo torna la naturaleza del compromiso de
justa a injusta. En De officiis , Cicerón considera que la ira de la diosa se debe a que
Agamenón había prometido sacrificar en su honor la criatura más hermosa que naciese
en ese año, que, desgraciadamente, resultó ser su primogénita. Aunque, en un primer
momento, para ser justo el rey tenía obligación de cumplir su compromiso con la diosa,
el hecho de que la víctima propicia resultase ser Ifigenia, un acontecimiento no previsto
cuando se llevó a cabo la promesa, justifica su incumplimiento, pues no es
recomendable cumplir las promesas que puedan resultar nocivas para los
contrayentes
168
.
Esta interpretación negativa de la decisión de Agamenón en De officiis tendrá
también sus seguidores en la tradición hispánica, desde la traducción de esa obra por
Alfonso de Cartagena (1384-1456)
169
. Hacia 1422, siendo deán de Santiago, comenzó la
168
Cice rón retoma también esta idea cuando tra e a colación la promesa de Neptuno a Teseo en De
Officii s (I, X, 32),
169
Alfonso de Car tagena, mi embro de una familia de judíos conversos, tuvo una carrera política y
eclesiástica importante. Formó parte de la embajad a castellana enviada a Portugal, fue enviado al
Concilio de Ba silea como representante de la Castilla de Juan II, en 1435 fue nombrado obispo de Bur gos
y formó parte de la corte del emperador Alberto II de Habsbu rgo (Menéndez Pelayo , 1952: 289).
117
traducción de este texto y de De senectute
170
, por encargo de Juan Alfonso de Zamora,
secretario de Juan II de Trastámara, a quien está dedicado el texto. Su obra como
traductor continuará a lo largo de toda su vida, con el objetivo de instruir a los
cortesanos para que tuvieran cierta formación clásica
171
. En todo caso, mediante la
traducción de estas obras, Alfonso de Cartagena pretende ofrecer una serie de textos en
los que se respete el equilibrio entre la ciencia y la elocuencia y de reflexión y guía
práctica sobre las virtudes morales. En su versión de la obra ciceroniana, el mito de
Ifigenia se encuadra en el debate entre vicios y virtudes, uno de los esquemas más
productivos en el medievo (Salinas Espinosa, 1994: 150). El hecho de sacrificar a su
hija supondría un pecado mayor que no cumplir la promesa a Dios y, por tanto, es más
conveniente elegir el mal menor ya que “mejor era no hacer lo prometido que cometer
tan espantable maleficio”.
5.3. De dioses y demonios
172
Estas relecturas del mito en clave religiosa que se han tratado en los epígrafes
anteriores no fueron, sin embargo, las únicas que inciden en la recepción religiosa del
mito de Ifigenia. Dentro del círculo del Marqués de Santillana, cabe destacar, por su
relación con la mitología, la obra de Alonso Fernández Ribera de Madrigal, también
conocido como el Tostado o el Abulense, maestro de Artes y Teología en la
Universidad de Salamanca, consejero y canciller del rey Juan II de Castilla y obispo de
Ávila. Su intensa labor intelectual generó numerosas obras, de una gran diversidad
temática, desde cuestiones teológicas y políticas hasta mitológicas. El texto que nos
interesa es su tratado Tostado sobre Eusebio
173
, compuesto a petición del marqués de
170
La tradu cción de las obras de Cicerón se sitúa en la primera fase de su carrera, en la que prevalece
su interés moral por las obras clásicas. “Y es que para un jurista de sólida formación escolástica no podía
ser otra la imagen de Cicerón, media tizad a por la tradi ción patrística, Vic ente de Beauva is, Santo Tomás
– ambos dominicos, aun reconociendo la fa ceta cívica de Cicerón, no llegaron a cuestionar la imagen
tradicional – y el Decret um de Graciano , que había sancionado la reprobación de los entusiasmos
ciceronianos de San Jerónimo” (Fernánd ez Gallardo, 2008: 177).
171
Aunque Russel l propone que quizás se trate de una estrategia para al ejar las sospechas sobre el
dominio del latín por parte del monarca (1985: 16 - 17).
172
Una versión previa de este epígrafe de la Tesis ha sido publicada en Escenificaciones del mito en el
contexto hispánico: de los Siglos de Oro a las vanguardias teatrales (Márqu ez Martíne z, 2020).
173
Su primera edición data de 1506 - 1507 (Salamanca) a manos de Han s Gysser, y por orden del
Cardenal Cis neros. Fue redactada, posiblemente, a petición de alguno de los caballeros que se reunían en
torno a Santillana, así “ofrece ad usum de los «cavalleros» que, como don Pedro, quier en demostrar cierto
saber erudito, estos prestigiosos auct ores ya «combinados», trasladados sincrónicamante” (Se rés, 1994:
978).
118
Santillana
174
. Esta obra presenta una serie de capítulos que tratan de mitología clásica,
agrupados bajo la denominación Libro de las diez qüestiones vulgares sobre los dioses
de los gentiles , “el primer tratado importante de mitología en castellano” (Serés, 1994:
975). El Libro de las diez qüestiones está dividido en diez capítulos, de los cuales ocho
están dedicados a personajes mitológicos mientras que los dos últimos versan sobre las
edades de la vida y las virtudes, respectivamente. Frente a los Morales de Ovidio , donde
se hace una exégesis alegórica de los mitos, el Tostado opta por combinar los tres
métodos comunes de interpretación mitológica que analiza Seznec, aunque con una
cierta preferencia por el evemerismo siguiendo la línea de Eusebio de Cesarea.
El mito de Ifigenia se ubica dentro de la historia de Perseo, en concreto, dentro
del episodio de Andrómeda
175
, como una de las numerosas digresiones que inserta
Madrigal. A partir de una diatriba sobre el origen de los sacrificios humanos durante la
Antigüedad, el Tostado cita diferentes mitos clásicos
176
, recogiendo por primera vez en
la tradición hispánica la versión desarrollada de “Ifigenia entre los Tauros”
177
. Madrigal
invierte el orden cronológico del mito e incluye primero la versión que sucede en la
península Taúrica, para más tarde, continuar con los acontecimientos de Áulide. La
inclusión de los hechos táuricos y el nuevo orden permiten que el personaje adquiera un
papel más activo y una mayor profundidad, frente a las recreaciones hispánicas que se
habían dado hasta ahora. Ya no es solo la víctima propiciatoria para acabar con la saña
de Ártemis y lograr que las tropas zarpen hacia Troya, sino que es capaz de llevar a
cabo hazañas de cierta envergadura, como robar la estatua de la diosa, con la ayuda de
su hermano Orestes, y acabar, así, con los sacrificios humanos, desterrando esta
costumbre inhumana de la península del Quersoneso.
Asimismo, Madrigal construye un discurso que no se había dado hasta entonces
en las relecturas del mito de Ifigenia, fundamentado en el motivo de las advertencias y
174
“En efecto, entre los años 1445 y 1450, Alonso Fernández de Ma driga l – que según sus biógrafos
dominaba las lenguas latina, griega y hebrea – recibió de Santilla na el encargo de traducir la versión
latina, llevada a cabo por san Jerónimo en el siglo V, de la Crónica Universa l o Libro de los tiempos ,
escrito en griego por Eusebio de Cesare a en la centura anterior” (Fernández López, 2015: 87).
175
El mito de Andrómed a en la obra del Tostado ha sido estudia do por (Fernández López, 2015).
176
Madriga l incluye los siguientes mitos sobre sacrificios humanos: la leyenda de los sacrificios de los
cananeos a Moloch, la costumbre de los griegos de sacrificar a los propios hijos a Saturno, la tradición de
Ifigenia ent re los Tauros, el mito de Bu siris de Egi pto, el sacrificio de Ifigenia , la autoinmolación de M.
Curcio, el sacrificio de Hesíon e al monstruo marino y vuelve a retomar el mito de Andrómeda.
177
La versión de “Ifigenia entre los Tauros ” hasta ese moment o solo se había apuntado de pasada en
los Morales de Ovidio , donde se menciona que Ifigenia fue convertida en abadesa en el templo de
Ártemis. El desarrollo de esta versi ón en la obra de Madrig al constituye una excepción, pues
prácticamente habrá que esperar hast a el siglo XVI II para encontrar este tema desarrollado en las letras
hispánicas.
119
críticas contra los demonios, a los que achaca la culpa de los sacrificios humanos que se
practicaban en la Antigüedad.
La Iglesia, recordémoslo, no expulsó a las ant iguas divinidades; únicamente las
degradó, poniéndolas a la altura de los espíritus mal éficos. Bajo es a forma,
continúan inspirando un p avor supersticioso; sin duda, tal sentimiento se ve a partir
de entonces calmado, refrenado por la fe en la omnipotencia de un Dios supremo,
cuya voluntad somete las fuerzas adversas: Dios puede salvar al hombre de los
demonios, pero éstos están siempre presentes, vivos y temibles (Seznec, 1980: 48).
El cambio de mentalidad que implica la reinterpretación de las divinidades
grecolatinas como figuras que enmascaran a los demonios cristianos conlleva una serie
de variaciones en la exégesis del relato. Frente a los dioses grecolatinos, que para el
hombre de la Edad Media no tienen una consistencia real, los demonios sí forman parte
de su horizonte metafísico. Lugo (1985) propuso que la atribución de poderes
demoníacos a los dioses mitológicos en la obra del Tostado sería un método para
justificar la fábula mitológica, que adquiere así una lectura moral y política.
En el texto del Tostado se explica que los demonios, bajo la apariencia de los
dioses clásicos, mediante engaños y artimañas, convencen a los hombres de que les
otorgarán un gran bien o de que los protegerán de algún mal mayor que les aceche
178
,
según la situación de su víctima. Esta lectura supone una innovación importante del
material mitológico, pues no tiene precedentes en ningún texto medieval anterior.
Parece que el interés por justificar los sacrificios humanos como obra de los demonios
explica, en opinión de Madrigal y probablemente de sus contemporáneos, las noticias
que recibían de la cultura clásica.
Diremos, pues que esto lo hacían los demonios, permitiéndolo Dios entre los
Antiguos, sobre los cuales tenían grande poder los demonios porque los hombres
daban en adorarlos y Dios por esta causa permitía que por mano de los demonios
muchos males y penas viniesen a los hombres. Esto sucedía por las respuestas que
los demonios daban en algunos templos: así como la diosa Temis solía responder
178
Estos demonios deseaban much o la muerte de los hombres, y más que otras cosas, y así daban
respuestas, en que decían convenir el que algunos hombres en cierta forma muriese n , o por alcanzar y
conseguir algún bien o por excusar algún ma l, y los hombres engañados con las tales respuestas, lo
ponían en ejecución (Madrigal, 1679: 519).
120
en el templo del monte Parnaso, y en él después daba sus respuestas Apolo […] y
cuando a los hombres les venían algunas cosas de bien o mal y que ellos juzgaban
ser grandes, luego iban a consultar y pedir consejo sobre ellas a los tales templos
donde respondían los demonios (Madrigal, 1679: 519).
La equiparación de los dioses griegos a los demonios no es inusual en la época y
nos permite entender cómo el Tostado configura el carácter de Agamenón con rasgos
positivos que van más allá de los tradicionalmente asignados al personaje. Agamenón,
como comandante de la expedición contra Troya, obra por el bien común de todos los
griegos, representando de nuevo al rex virtuosissimus , como sucedía en la General
Estoria . Además, en la versión del Tostado, tampoco la ira de la diosa tiene una causa
objetiva, por lo que no hay ninguna transgresión o violación de los mandados divinos
por parte del rey. El sacrificio de Ifigenia se debe, entonces, a la influencia del mal en la
vida de los griegos, que, por culpa de la adoración de estos seres malignos y su
ignorancia sobre la palabra de Dios, caen en este tipo de trampas trágicas. Su error
consiste en dejarse guiar por los malos consejos de los demonios, enmascarados bajo la
apariencia de los dioses antiguos. La misión de Agamenón como comandante de las
tropas griegas es resolver la complicada situación que se les presenta e, influido por
estas criaturas acaba, cediendo al sacrificio de su primogénita. A pesar de ello, en el
texto de Madrigal no se pone en entredicho su amor de padre. Sin embargo, esta
presentación de rey sin tachas no sigue el modelo de Abraham e Isaac, como sucedía en
la GE , ya que la orden del sacrificio no procede de la divinidad, sino que se trata de una
artimaña diabólica. Asimismo, se enfatiza el componente político del personaje de
Agamenón, al apelar al sentimiento de deber para con todo su pueblo:
Los griegos todos sintieron mucho esta respuesta y aún la lloraron pero Agamenón
como noble capitán prefiriendo el bien público de toda Grecia, a su honor propio, a
su hija, y al amor qu e la tenía como padre, la mandó ofrecer en sacrificio a Diana
como cuenta Ovidio (Madrigal, 1679: 520).
La influencia de la obra del Tostado se hará notar en los años posteriores. El
primer autor que toma el texto de Madrigal dedicado a Ifigenia como fuente es don
121
Pedro, condestable de Portugal
179
, miembro también del círculo del marqués Santillana.
En su Sátira de infelice e felice vida
180
, obra de estilo alegórico y género sentimental, se
se narra la autobiografía amorosa del joven protagonista y sus distintos debates con las
representaciones de las virtudes. La obra entremezcla distintas tipologías textuales a
través de “tres voces diferenciadas, que convergen. La del autor que compone la
epístola a su hermana, la del narrador enamorado y la del glosador” (Lacarra, 2002). El
mito de Ifigenia se inserta en una de las glosas incluidas en el primer capítulo de la
obra, y sirve para equiparar las crueldades que habían infligido distintas figuras
históricas y mitológicas, entre las que se encuentra Busiris
181
, al sufrimiento que la
fortuna causaba al enamorado, al que trataba con inusitada crueldad. A partir de esta
comparación, el glosador lleva a cabo una digresión de cierto cuño historicista en la que
se enmarca la diatriba sobre los dioses que exigían sacrificios humanos, Saturno y la
Diana Táurica, y en la que se considera a los demonios como los principales causantes
de estas prácticas, retomando el hilo que comenzó Madrigal en su obra:
[…] los demonios, pobladores de los aires e de los abismos, tales sacrificios
procurar, segund en nuestros tiempos aún procuran, no seyendo a ellos cosa más
cara ni más acepta que sacrificarles sangre humana con cuchillo inhumano e fiero
sacada, de la cual los nigrománticos de la presente edat se averigua usar, e por tales
i nnuminosos sacrificios rescebir muchas cosas. A los servientes suyos suelen
proferir Busiris por semblante manera, habiendo secreta conversación con los
demonios, a los cuales aquella grosera e engañada edat dios es ser afirmaba (Pedro
de Portugal, 2008: 88 ).
179
“Del célebre obispo de Ávila, Alfonso Fe rnández de Madri gal, el Tostado, ut iliza, para las g losas,
Las diez qüestiones vulgares (lo que, por ot ra parte, nos obliga a retrasar la redacción castellana de la
Sátira hasta después del 1453, año en que Madrig al concluye sus Qüest iones ). La ma yor parte de
ejemplos probatorios, paganos y bíblicos los ext rae de esta obra, ya trasladados, concordados y ordenados
sincrónicamente; y de ella también proceden los rudimentos teóricos y la ma yor parte de las referencias
«científicas», esto es, «exegéticas», de las glosas, que son las que le permiten, además, erig irse en auctor
y hacer que su obra sea un «tractado»” (Serés, 1991: 39).
180
“De este modo, la Sátira es un típico producto del modo de composición de la ma yor parte de los
« cavalleros », aquellos que sienten curiosidad por acercarse a los auctores y por demostrar un ci erto grado
de erudición; en ambos casos, sin embargo, no logran escaparse de la cultura enciclopédica, que, en este
caso, está representada por el obispo de Ávila ” (Serés, 1994: 982)
181
“Busiris fue un monarca muy cruel […] Ocurrió que se habí a abatido sobre Egipto una serie de
malas cosechas, y Frasio, adivino había aconsej ado al rey que todos los años sacrificase a Zeus un
extranjero para aplacar al dios y volver a la prosperi dad. Así lo hizo Busi ris, empezando por inmolar al
propio Frasio. Cuando Heracles pasó por Egipto, Bu siris lo prendió, atólo con bandas, lo coronó con
flores y lo condujo al altar como víct ima propiciatoria. Pero Her acles desat óse y ma tó a Busiris, a su hijo
Ifidamante (o Anfidamante), al heraldo Calbe s y a todos los presentes” (Grimal, 1981: 75 ).
128
todo ello, Las Casas defiende que los sacrificios humanos americanos
190
son la prueba
de la estrecha relación que mantienen los gentiles con sus dioses, y prueban la necesidad
que tienen de descubrir la verdadera fe para acabar con las ofrendas sangrientas.
Para apoyar su hipótesis, Las Casas hace un recorrido por los distintos
sacrificios que hacían otras sociedades, entre las que se encuentran los antiguos griegos
y romanos. De los capítulos CX LVII a CLXV, Las Casas muestra las distintas ofrendas
que se hacían a las principales deidades del panteón grecolatino. De este modo, en el
capítulo CLV, dedicado a los sacrificios que se le hacían a la diosa Diana, Las Casas
incluye una narración más pormenorizada del sacrificio de Ifigenia que la que acabamos
de comentar. Su relato comienza en Áulide, con las tropas griegas dispuestas a zarpar
contra Troya, e incluye los mitemas de la caza de Agamenón de un ciervo consagrado a
la diosa, la ira de Diana, la suspensión de los vientos y la pestilencia que cae sobre el
ejército, el oráculo que revela que solo la sangre de Agamenón apiadará a la diosa, la
estrategia de atraer a Ifigenia con la promesa de una boda con Aquiles, y la sustitución
final de la joven por una cierva (Las Casas, 1992; III: 1028). Las Casas cita como
fuentes principales a S ervio y a Higinio. El relato de Servio (II, 116) comparte la
mayoría de los motivos con el texto de Las Casas, pero no sucede lo mismo con el de
Higinio que hacía mención a la peste y proponía que habían sido las tormentas lo que
había impedido que los barcos zarpasen contra Troya.
Tras narrar el sacrificio de Ifigenia, Las Casas retoma el material mitológico y
continúa su relato con los eventos que vive Ifigenia con los tauros
191
:
Al lí cuenta la historia cómo en aquella región Táurica, Hécate […] constituyó un
templo a Diana, en el cual por cobrar fama de crueldad sacrificaba todos los
güéspedes que por allí pasaban, navegantes. Después sucedió Ifigenia, sacerdotesa
de la misma diosa, la cual para reagradecelle haberla excusado de la muerte
sacrificábale cuantos hombres haber podía. Herodoto, en el libro 4º de su Historia ,
refiere que las gentes Taurinas de la provincia Táurica (que es península o cuasi
isla, por el angostura de la tierra entre dos mares o aguas de mar y de la laguna
Meotis), gentes y pueblos inmanísimas y crueles, sacrificaban a la misma Ifigenia
190
Para Las Casas los indios americanos son superiores a los paganos europeos (Schrade r, 1996 140).
191
En cuanto a las fuentes para este segundo relato, Las Casas se basa en dos obras. Por un lado, cita
la Biblioteca Hi stóric a de Diodoro de Si cilia (IV 44, 7), aunque citando mal el pasaje ya que menci ona el
libro V, en lugar del IV; y por otro lado, hace referencia a la Hi storia de He ródoto (IV, 103), que parece
ser su fuente base pues, de este texto toma que los tauros hacían sacrificios a Ifigenia y la descripción del
ritual sacrificial.
129
virgen todos los náufragos y que escapaban de las naos que se perdían en la mar , y
todos los griegos que por allí pasaban. El cual sacrificio celebran desta manera: que
primero hacían su oración a la diosa y luego dan con una porra en la cabeza al que
sacrifican, que se la hacen tortilla, y, cortada del pescuezo y puesta en un palo,
despeñan el cuerpo de una peña abajo, donde t ienen el templo ( Las Casas, 1992:
1028).
En este segundo relato de Las Casas se aprecian tres elementos fundamentales
de su teoría: el sacrificio como una muestra de la estrecha relación con los dioses, la
explicación evemerista y la concepción del ritual como una técnica. De este modo, en la
narración se propone que Ifigenia sacrificaba a todos los hombres que podía como
forma de agradecer a Diana que la hubiese salvado en Áulide. Como puede apreciarse,
en el relato se modifica el origen de los sacrificios de la península del Quersoneso.
Mientras que en los relatos tradicionales, los sacrificios eran una costumbre local a la
que Ifigenia debía plegarse como sacerdotisa de la diosa, en el relato de la Apologética
las inmolaciones táuricas son elegidas por la propia Ifigenia para dar las gracias a la
diosa por haberle salvado la vida. Al introducir estas variantes en el material mitológico
tradicional, Las Casas utiliza el mito como argumento de su teoría de que los sacrificios
humanos son una forma de representar la intensa religiosidad de las sociedades no
cristianas.
En s egundo lugar, llama la atención, asimismo, el hecho de que en un momento
dado, que no se especifica en el texto, el ritual sacrificial táurico cambia de dedicataria.
Los tauros dejan de ofrecer inmolaciones a la diosa Diana, y, en su lugar, consagran los
sacrificios a Ifigenia. Para la mentalidad de Las Casas, este cambio es una prueba más
de que los pueblos antiguos, al igual que sucedía con las sociedades americanas, tienen
la necesidad de buscar a Dios, pero la falta de guías les lleva a adoptar dioses falsos. En
este caso, Las Casas presenta un ejemplo de deificación de alguien importante para la
comunidad, como era Ifigenia para los tauros.
Finalmente, conviene destacar la descripción que Las Casas hace del sacrificio
humano porque demuestra cómo concibe estas prácticas como una técnica (Silva Tena,
1967: 346). En la Apologética , la técnica refinada con que los pueblos no cristianos
llevan a cabo sus sacrificios revela el deseo de estas sociedades de servir a Dios de la
mejor manera que puedan. Aunque sus acciones están mal encaminadas y corrompidas
130
por los demonios, los rituales son prueba de la capacidad de raciocinio de estos pueblos,
que buscan satisfacer a sus dioses con procedimientos detallados y cuidadosos.
Así pues, la genealogía literaria que se establece entre estos escritos muestra
cómo el material mitológico se interpretó a través de una óptica cristiana, aunque
adaptándose a las distintas épocas y cosmovisiones de sus autores. La introducción de
estos motivos judeocristianos en el mito de Ifigenia permit ió su adaptación a nuevos
contextos socioculturales en los que se imp regnó de nuevos valores, como las
advertencias de Madrigal ante el peligro de los malos consejos, las cuestiones sobre la
fe y la salvación del alma de Pérez de Moya o la defensa de la virtud de los indios de
Bartolomé de las Casas.
5.4. De santas y heroínas
192
La lectura religiosa del mito no solo se aprecia en obras que se acercan a las
historias bíblicas o utilizan el motivo de los demonios con fines moralizantes, como
hemos analizado anteriormente, sino que también se encuentran ejemplos de hibridación
entre el mito de Ifigenia y la hagiografía. La contaminación entre hagiografía y mitos es
un fenómeno relativamente común en el Siglo Oro. Berbara (1999) ha estudiado el
proceso de mezcla de historias paganas y cristianas en el marco de las representaciones
visuales de Laocoonte en los siglos XVI y XVII. Mientras que a principios del siglo
XVI la inserción de imágenes de mitos paganos sacrificiales en representaciones
cristianas funciona como “alusiones tipológicas” (Berbara, 1999: 118), a partir de
finales del siglo XVI y principios del siglo XVII, se aprecia una fusión de las imágenes
sacrificiales surgidas en contextos culturales independientes, como en dos cuadros de
1651 de Guercino, Sibila de Samos y Sibila de Cumas con ángel (ambos en la National
Gallery), en las que aparecen sibilas que prefiguran el nacimiento y la pasión de Cristo
respectivamente. N o obstante, la fusión entre mitología grecolatina y la fe cristiana no
solo se da en obras pictóricas, sino que también abundan los ejemplos literarios.
Dis tintos autores (Menéndez Pelayo, 1941; Páramo Pomareda, 1957; Neumeister, 2000;
Arellano, 2011) han analizado la importancia y la función de la mitología en las obras
religiosas dentro del mundo literario áureo y su empleo, por ejemplo, en las obras de
Calderón, donde se ilustra la íntima relación que se establece entre las doctrinas
192
Una versión previa de este epígraf e de la Tesis ha sido publicada en Studia Aur ea: Revista de
L iteratura Española y Teoría Literaria del Renacimiento y Siglo de Oro (Márquez Martín ez, 2017).
131
católicas y los mitos clá sicos, o en las obras de Felipe Godínez, en sus comedias
hagiográficas y veterotestamentarias.
El sacrificio de Ifigenia también fue objeto de esta práctica en la obra de Felipe
Godínez, San Mateo en Etiopía
193
, que fue escrita, probablemente, en 1635, según los
datos que ha aportado Bolaños Donoso (1983)
194
. Godínez lleva a cabo una
contaminación entre la historia de la santa mártir Efigenia y el mito de Ifigenia, hija de
Agamenón. Esta injerencia del mito griego no es accidental en esta obra, sino que se
trata de un rasgo propio de la poética de Godínez, que lo utiliza en distintas comedias de
tema hagiográfico y veterotestamentario
195
, como en Los trabajos de Job
196
(Albuixech,
2010) o en Celos son bien y ventura
197
(Cortés Hernández, 2003). En San Mateo en
Etiopía , Godínez vuelve a emplear este recurso de manera consciente y s istemática,
como veremos a continuación
198
.
193
Esta comedia p ertenece al grupo de las comedias hagiográf icas, que, junto a las
veterotestamentarias, confor man el mayor grupo de obras de su producción. D ra matiz a la vida del apóstol
s an Mateo desde el mome nto en el que decide part ir a evangelizar Et iopía hasta su enfrentamiento con
Hirtaco, hermano del rey. En la primera jornada, ya en el país africano, s an Mateo se encuentra con el rey
Egipo, que había decidido sacrificar a su primogénita, Ifigenia, para calmar a los dragones que estaban
asolando su reino. San Mateo logra que los dragones huyan, pero no consigue detener el sacrificio, ya que
el sacerdote Arfaxad había convencido al rey de que la muer te de su hija le volvería inmortal. Sin
embargo, al comienzo de la segunda jornada, gracias a la intervención divina de Jesús, Ifigenia logra
escapar de las llamas. Tras su salvación, la joven decide hacer voto de castidad y convertirse en abadesa
de un convento. En la tercera jornada, el rey Egipo muere y sube al trono Hirtaco, que desea casarse con
Ifigenia. Para ello, trata de seducirla de distintos modos, pero sus deseos se ven frustrados por la
intervención de s an Mateo.
194
Para la datación de esta comedia, Bolaños Donoso (1983) se basa en un manus crito de la
Bibliotec a Nacional de España , fechado en 1635, y en el análisis métr ico que sitúa la obra entre 1630 -
1635 por el abundante uso de romances. La primera impresión que se conoce de la obra es de 1667 en
Parte veinte y ocho de comedias nuevas de los mejo res ingenios desta corte , Madrid: Joseph Fernández
de Buendía.
195
En las dos comedias que se comentan a continuación, el ma teria l mitol ógico es es tructuralmen te
importante, pero Godínez también emplea la mitología gr iega para subrayar la caracterización de algunos
personajes, como sucede en El soldado del cielo: San Sebastián , en la que los personajes del Infante
Carlos y su criado Gandalín se asemejan a Eneas y Acates (Bolaños, 1983: 225).
196
Astrea, en la obra de Godínez, es la sobrina de Job. La elección de su nombre no es casual, sino
que sirve para reforzar la historia del profeta, pues As trea desaparece de la escena en el mo mento en el
que Job empieza a padecer sus infortunios y vuelve a escena una vez que su tío ha mejora do su estado
inicial. Este hecho subraya, primero, el paso de una “edad de oro” en la vida de Job a un estado de caos, y
la vuelta a la normalidad al final de la obra. De esta mane ra, “God ínez conjuga en la obra conocidos
mitos bíbl icos y paganos que subrayan la idea de los vaivenes de la fortuna y la periodicidad de los ciclos
históricos” (Albuixech, 2010: 178).
197
“ No se trata de una comedia de santos, sino de una reelaboración de la trage dia edípica para ser
representada en el ámbito cristiano […] La comedia Celos son bien y ventura es, entonces, una pieza
dramática que no tiene relación con el protomártir san Albano, sino que crea una trama para un personaje
de corte edípico al que decide llamar Albano ” (Cortés Hernández, 2003: 79).
198
El mito griego habí a tenido una gran difusión durante el Siglo de Or o en España por lo que no es
extraño que Felipe Godíne z lo conociese, puesto que cursó sus estudios superiores en Sevilla, por lo que
cabe s uponerle una buena formación humanística: “Felipe cursó sus estudios superiores en el Coleg io
Mayor de Sant a María de Jesús, fundado por maes e Fernández de Santaell a, y que luego sería la
Universi dad Hispal ense” (Bolaños y Piñero, 1991: 13).
132
Las fuentes clásicas sobre la evangelización de Etiopía por san Mateo y su
posterior martirio son tempranas pues comienzan con los textos de la patrística, aunque
también son tempranas las disquisiciones sobre su veracidad
199
. Por un lado, algunos
autores han defendido, como ya hicieron san Hipólito de Roma y san Isidoro de Sevilla,
que san Mateo murió de muerte natural en las montañas de Partia, lejos de Etiopía
(McDowell, 2014). El hecho de que ni Eusebio de Cesarea (Eusebio, 2008) ni san
Jerónimo hayan aportado datos concretos con respecto a la muerte de san Mateo, parece
respaldar la hipótesis de que no sufrió martirio (McDowell, 2014). Por otro lado, las
versiones que defienden el martirio tampoco concuerdan en los datos que aportan. En
algunas obras medievales se recoge que fue quemado vivo en Persia. Otra tradición
afirma que fue decapitado en Partia (McDowell, 2014). Con respecto a la
evangelización de Etiopía, Sócrates de Constantinopla en el libro I, capítulo 19 de su
Historia Ecclesiastica , afirma que san Mateo se dirigió a Etiopía tras la dispersión de
los apóstoles para predicar la Buena Nueva. No obstante, hay otras versiones que
consideran que fue el eunuco de la reina Candace, bautizado por Felipe el Diácono,
quien evangelizó Etiopía en tiempos de los apóstoles ( Hechos 8:27). Sin embargo,
ninguna de estas fuentes tempranas relata los sucesos que le acontecieron en el país
africano ni menciona a Santa Efigenia
200
. La primera versión que recoge la historia de la
santa etíope es el Libro VII del Pseudo-Abdías (McDowell, 2014), que posteriormente
pasa a La leyenda dorada . La versión de La leyenda dorada es más breve que la que
presenta Godínez en su obra, al no incluir ni la subtrama amorosa entre Timocles y
Leucipe, ni el sacrificio y la posterior salvación de Efigenia
201
.
A partir del relato de La leyenda dorada
202
, la historia de Santa Efigenia se
vuelve más popular y aparece en distintos libros hagiográficos del Siglo de Oro.
199
La falta de testimonios fidedigno s ha llevado a que, actualmente, estas historias se consi deren
apócrifas.
200
A lo largo de todo el Siglo de Oro, hay una gran variabilidad con respecto a la escri tura de este
nombre. No es rara la alternancia entre Efigeni a / Ifigenia, no solo para la santa sino también para la hija
de Agamenón. He llegado a encontrar testimonios en los que aparece como Eufegemia ( Flos sanctorum
con sus ethimologias ). Suele aparecer junto a s an Eslebaan , al tratarse ambos de santos etíopes.
201
En la obra de Vorágine , Hirtac o desea casarse con Ifigenia, pero s an Mateo se opone porque ella
está consagrada a Di os. Hirt aco decide vengarse y manda a un sicario para que le clave la espada a s an
Mateo mi entra s él está dando misa . Después de eso, le p re nde fuego al convento donde se encontraba
Efigenia y el resto de vírgenes, pero s an Mat eo se aparece y cambia la dirección de las llamas, que acaban
quemando el palacio real. Finalmente, Hir taco, tras huir de pal acio, contrae la lepra y mu ere. El reino de
Etiopía lo hereda el hermano de Efigenia.
202
La edición decimonónica de La leyenda de oro (1866) incluye, al final de la narración, un pequeño
índice de obras donde se trata la leyenda de San Mateo y de s anta Efigeni a “De san Mateo escribe
Eusebio. Lib III. Hi storia . cap. 1; Sócrates, lib. I cap. 78: Doroteo en In synopsi. Isidoro, lib. De vita et
obitu sanctorum, cap. 78, é Hipo lito, lib. De duodocim apostolis : de Metafrast e, Pedro Dami ano en su
133
Bolaños Donoso (1983) se plantea la posibilidad de que Felipe Godínez conociese de
primera mano la leyenda a través de la obra de Vorágine, al tratarse de uno de los textos
de vidas de santos más populares del siglo XVII ( Morrison, 2000). Sin embargo, no
descarta que pudiese haberla conocido a través de otros textos hagiográficos, como el
Fructus Sanctorum (1594) de Alonso de Villegas, obra en la que la historia de Santa
Efigenia alcanza una total independencia de la de san Mateo al incluirse bajo el epígrafe
del elogio a la castidad. Otras hagiografías de la época que Godínez pudo haber
consultado son: la Vitae sanctorum (1575) de Lipomano y Surio, que se centra más en
la evangelización de san Mateo; el Flos sanctorum (1599-1601) de Pedro de
Ribadeneyra, que sigue la versión de la Leyenda dorada ; o también el Flos sanctorum
con sus ethimologias , que sigue la tradición establecida por Jacobo de la Vorágine,
aunque emplea la denominación Eufegemia en lugar de Efigenia o Ifigenia (Cortés
Guadarrama, 2010: 594-597). Los martirios de san Mateo y Santa Efigenia cuentan con
varias representaciones pictóricas, entre las que destaca El martirio de san Mateo de
Caravaggio, de 1600
203
. Asimismo, también es necesario considerar el culto de la santa
etíope en España, que se documenta, por lo menos, desde mediados del siglo XVI, en la
cofradía de los Morenos en Cádiz
204
.
Tras el análisis y comparación de los motivos hagiográficos esenciales de San
Mateo en Etiopía con los legendarios más importantes de la época
205
, parece plausible
postular que Godínez utilizó como fuente principal la Leyenda de los Santos (Márquez
Martínez, 2017), ya que además de los numerosos motivos hagiográficos presentes en
Sermón de s an Mateo y los autores que escri ben sobre los eva ngelios, y todos los martir ologio s (P.
Ribadeneir a)” (Vorágine, 1866: 107).
203
“El pintor luchó durante mucho tiempo con la segunda de sus obras para la capilla Contarel li, El
martiri o de san Mateo . Sus dificult ades eran de dominio público entre los artistas en Roma. Setenta años
después, Bellor i sabía lo suficiente para declarar que Caravaggi o ‘la hizo dos veces’, lo que fue
confirmado por el examen de la pintura durante los trabajos de conservación en 1966” (Graham - Dixon,
2011: 223).
204
“Se veneran en cie rtos lugares como en la iglesia del Carmen de Cádiz, junto con s an Ele sbán,
ambos vestidos de carmelitas descalzos, también en el Carmen de Ant equera y en el de Écija, antiguos
templos de carmelitas, siendo patrona en la actualidad de un pueblecito peruano no muy lejos de Lima. La
conocida Hermandad de los Negri tos de Sevill a lleva sobre el paso de palio de Ntra. Sra. de los Ángeles
un hermoso altorrelieve en plata de esta santa africana” (Martínez Carret ero, 2008: 403 - 404). “En
Espagne, en particul ier à Ca dix, dans l’église de la Vierg e du Rosaire, et à Séville dans la Chape lle de la
Señora de la Antigua , les noirs vouaient une dévotion depuis le XVI e siècle à sainte Ifigenia, la Princesse
nubienne, et à saint Elesbão l’Empereur d’Éthiopie” (Lahon, 2003: 153).
205
Teniendo en cuenta los moti vos hagiográficos en torno a los que se articula esta comedia , el
episodio de los dragones, la conversión al cristianismo de Ifigenia, su voto de castidad y los intentos
frustrados de seducción de Hirtaco , puede postularse que la fuente principal de Go dínez fue alguna de las
hagiografías moder nas, puest o que ni en las fuentes hagiográficas antiguas y ni en las obras de los Padres
de la Iglesia se tratab an estos temas.
134
las dos obra s, ambas comparten la idea fundamental de que el arrepentimiento del
pecador conlleva no solo el perdón de Dios sino también la gracia divina.
La fusión de este material hagiográfico con la mitología se produce a través de
un entramado de diversos motivos. Desde el punto de vista e structural, los distintos
niveles dramáticos se fusionan gracias a dos nexos de unión: en primer lugar, el hecho
de que Ifigenia tenga que ser sacrificada para evitar que los dragones asolen el reino; en
segundo lugar, se aúnan a través de la conversión de Ifigenia y su voto de castidad. El
episodio del sacrificio de la joven es esencial para entender el proceso de imbricación
que lleva a cabo Godínez, ya que en este pasaje se mezclan materiales de distintas
procedencias. Por un lado, de la tradición hagiográfica toma el motivo de los dragones.
Por otro lado, el tema del castigo divino y el sacrificio de una virgen para restaurar el
orden cósmico procede del mito griego. La mezcla de ambos motivos en la obra crea un
nuevo esquema (el sacrificio de una joven a un monstruo) que no estaba presente ni en
la hagiografía ni en el mito de Ifigenia.
Este nuevo planteamiento de Godínez probablemente es fruto de sus fuentes
mitológicas. Como ya hemos comentado antes, en la Filosofía secreta de Pérez de
Moya aparece el mito de Ifigenia inserto dentro del mito de Andrómeda, al igual que
sucedía en la obra del Tostado. En este texto, se narra cómo Júpiter castiga a Casiopea,
madre de Andrómeda, por su soberbia. Para ello, manda que la joven Andrómeda sea
encadenada a una roca como sacrificio a una bestia marina. A partir de ese momento,
Pérez de Moya, explica a sus lectores que los sacrificios humanos eran una costumbre
relativamente común en la Antigüedad, aduciendo como ejemplo el sacrificio de
Ifigenia. El hecho de que en esta obra la mención del sacrificio de Ifigenia se inserte
dentro del mito de Andrómeda, donde se lleva a cabo el sacrificio de la primogénita del
rey de Etiopía para calmar a un monstruo que ha sido enviado como castigo de un dios,
nos hace pensar que Godínez pudo conocer la obra de Pérez de Moya. En ninguno de
los dos textos se ofrecen explicaciones racionales sobre las causas de la ira del dios, y
en ambos se indica que solo el sacrificio de la primogénita calmará s u ira. Asimismo, la
reacción del Agamenón de Pérez de Moya comparte muchos rasgos con el Egipo de
Godínez, como su gran sentido del deber para con su pueblo.
Asimismo, junto a estos rasgos, también resulta necesario detenerse en la
vinculación que se establece con el problema de los demonios. Según Pérez de Moya,
siguiendo al Tostado, los antiguos hacían muchos sacrificios humanos a distintos ídolos
debido a la influencia del demonio, de forma bastante similar a lo que enuncia San
135
Mateo cuando van a s acrificar a Ifigenia. En primer lugar, los humanos se dejan influir
por los espíritus malignos para evitar catástrofes mayores. Así actúa Egipo la primera
vez que manda sacrificar a su hija, para salvar a su reino de la destrucción que están
causando los dragones. No obstante, en la Filosofía secreta también s e señala que el
influjo puede deberse a promesas por bienes futuros, y en San Mateo en Etiopía,
después de que el apóstol haya expulsado a los dragones, Arfaxad manipula al rey para
que sacrifique a Efigenia a cambio de la vida eterna. Así, las dos razones apuntadas por
el Tostado y Pérez de Moya aparecen en la obra de Godínez. Además, la representación
del acto del sacrificio en el texto dramático subraya el carácter demoniaco del acto, al
escenificarse como si se tratase de un agujero en el suelo del que salen las llamas.
Efigenia sería arrojada de esta manera al infierno de los demonios.
F ILENA . Ay, Timocles, que ya quie ren
los sacerdotes de Bel
sacrificar a Ifigenia,
viéndolo su padre el rey.
Ya le quitaron las ropas,
y en hoyo que está al pie
del altar, en viva llamas
volcán de fuego vi arder
y esperando por momentos,
que la arrojen viva en él […] (Godínez , 1667 : 385).
Por último, con respecto a las fuentes mitológicas que maneja Godínez, cabría
preguntarse si consultó la obra del Tostado o la de Pérez de Moya. El uso del nombre
Bel en la comedia de Godínez para el dios pagano de Etiopía, variante del Bal que
reproduce Pérez de Moya
206
, tiene más similitudes que el dios Moloch que recoge el
Tostado. Asimismo, la gran difusión que tuvo la obra y su éxito entre los autores áureos
hace que la fuente más probable de Godínez fuese el tratado de la Filosofía secreta .
206
Esta variante vocálica apar ece, incl uso, explicada por Pérez de Moya : “Y como las gentes fuesen
de diversas lenguas, no tenían una manera de pronunciar ni acabar el vocablo y así algunos lo llamaron
Bel, como se lee en Daniel ; otros Baal , como se lee en los Números y en el libro de los Reyes y en el 4;
otros le decían Baalin , como se lee en el libro I de los Reyes ; otros le llamaron Beelfegor, como se lee en
el Salmo 105 […] Y aunque estos nombres tienen diversas terminacione s o fines según condición de
diversas lenguas, como tienen principio de un solo nombre, todos comienzan por una manera, que es Bel”
(Pérez de Moya, 1599: 10r - 10v).
136
El segundo elemento que une la hagiografía y el mito es la conversión de santa
Ifigenia. Mientras que, en la tradición hagiográfica, la joven es un personaje pasivo que
se convierte al cristianismo gracias a los milagros que obraba San Mateo, en la comedia
de Godínez, Ifigenia es un personaje ac tivo que toma sus propias decisiones. Este
cambio profundo en la psicología del personaje se produce gracias a que la joven se
enfrenta a una serie de dilemas morales que Godínez incorpora en San Mateo en Etiopía
mediante los motivos procedentes de la tradición mitológica. Por un lado, la presencia
del sacrificio supone un punto de inflexión para la transformación espiritual de Ifigenia,
ya que pone a prueba su fe y muestra su disposición de servicio a Dios, al aceptar sin
reticencias su propia muerte. Por otra parte, el motivo mitológico de la salvación de un
dios, en este caso Jesucristo, determina su vocación monástica. El deseo de mantener su
voto de castidad ha enraizado tan fuerte en su psique que la lleva, al final de la obra, a
enfrentarse directamente con Hirtaco, su antiguo prometido y nuevo rey. De esta
manera, al incluir los elementos mitológicos en San Mateo en Etiopía , Godínez logra
que el personaje de Ifigenia adquiera una nueva profundidad psicológica, que no estaba
presente en la tradición hagiográfica, al pasar de ser un carácter secundario que se
dejaba llevar por las determinaciones que otros tomaban por ella a convertirse en un
personaje que decide sobre su propia vida y persevera en sus resoluciones, incluso si
ello supone enfrentarse a Hirtaco o incluso a la muerte.
Los motivos de la comedia de Godínez que pueden vincularse con la materia
mitológica son la ira del dios y el oráculo. Tanto el dios Bel de San Mateo en Etiopía
como Ártemis en el mito griego castigan al pueblo. Para aplacar la ira del dios, los
gobernantes se ven obligados a consultar un oráculo, que dictamina, en ambos casos,
que la única solución es sacrificar a la primogénita del rey. Tanto en el mito como en la
comedia de Godínez, el sacrificio de la joven bus ca resolver una situación problemática
de la nación sobre la que gobierna su padre. Mientras que en el mito griego la muerte de
Ifigenia sirve para permitir que los barcos zarpen rumbo a Troya, en la obra de Godínez
funciona, en primera instancia, como único método de expulsar a los dragones que
amenazan Etiopía. Ante el dilema de permitir el sacrificio de su hija para salvar a su
pueblo, tanto Agamenón como Egipo reaccionan de la misma manera. A pesar de que
ambos progenitores se ven embargados por un gran sentimiento de culpa a la hora de
tomar la decisión, ambos arguyen, tras los consejos de su círculo cercano, que su deber
como reyes es más importante que la vida de sus hijas.
137
Sin embargo, a pesar de las similitudes entre el mito y la obra de Godínez, el
motivo del sacrificio cumple papeles muy distintos, debido al diferente contexto
sociocultural que rodea a ambas obras. Muchos autores han analizado la problemática
sacrificial en Grecia, puesto que se trata de un debate duradero y controvertido dentro
del clasicismo. Aunque, generalmente, se defiende que en las épocas Arcaica o Clásica
los sacrificios que se hacían ya eran de animales, es difícil negar que los ritos más
antiguos hayan incluido sacrificios humanos, como atestiguan las múltiples referencias
históricas que han llegado a la actualidad
207
, los numerosos mitos en los que se
describen y las evidencias arqueológicas. En todo caso, estos sacrificios rituales estaban
intrínsecamente relacionados con la piedad para con los dioses y funcionaban como
núcleo de muchos actos rituales.
Con respecto a la posibilidad de que el mito de Ifigenia esconda prácticas de
sacrificios humanos antiguos, se han propuesto diversas hipótesis. Hughes (2006), que
alude a la estrecha relación que tenían los cultos iniciáticos de doncellas de Muniquia y
Braurón con el mito
208
, argumenta que el hecho de que no se refieran sacrificios
humanos en estos rituales gracias a las sustituciones de niñas por animales, permite
esgrimir la posibilidad de que en su origen no hubiese holocaustos humanos, y que el
intercambio animal fuese uno de los núcleos radicales del mito
209
.
The existence of cult myths connected with initiation rituals in Attica strongly
suggests that the similar story of Iphigeneia also originated in a myth associated
with activities in the cult of Artemis and tha t the animal substitution was an
original feature of the story. Thus the commonly held opinion that the sacrifice of
Iphigeneia reflects an early practice of human sacrifice and that her rescue and the
substitution of an animal represent revisions made at a time when Greek sentiment
no longer tolerated the practice is questionable and simplistic (Hug hes, 2006: 84).
207
Entendiendo como histór icas los hechos que el autor considera históri camente probados, a unque
Bonnechère (2009 : 191 ) señala que en el caso de Heró doto de los dieciséis casos de sacrificios humanos
que recoge, quince son extranjeros y uno solo griego.
208
“In the Mounychi an version a she - bear is killed, plague follows, and the Athen ians are instructed
by an oracle to sacrifice a virgin to Artemis; on the conditio n that his family receive the priesthood in
perpetuity, Embarus vol unteers his own daughter, but hidi ng her in the adyton he sacrifices a goat dressed
in her clothing. In the Brauronia n myth a bear is kil led, plague ensues, and in atonement young girls mus t
‘play the bear’ before marriage” (Hughes, 2006: 83).
209
Por su parte, Solmsen (1981) defiende que la raíz del mito está en los sacrificios humanos,
aludiendo a un pasaje de las Grandes Eeas de Hesíodo.
144
dedicado a su estado seglar, y es el que incluye más capítulos sobre el marco espacial y
social del país, mientras que el segundo se centra en su vida como religiosa, que termina
con un capítulo referido a las excelentes virtudes de la santa. En cuanto a las fuentes, se
suelen indicar, generalmente, en los márgenes de las páginas y remiten tanto a textos
clásicos como a textos modernos. La Colección de vidas de Santos de Petrus Natalibus
es una de las obras que más cita, sin embargo, el texto latino al que nos remite es
considerablemente corto e incompleto, por lo que parece difícil que haya extraído todos
los materiales de esta fuente. También menciona el legendario de Ribadeneyra
214
.
Además de estas obras de referencia, Pereira de Santa Anna también cita a Felipe
Godínez y su San Mateo en Etiopía , de donde extrae el material mitológico que vincula
la hagiografía de la santa etíope con el mito griego: los motivos del sacrificio, del
oráculo y de la salvación por parte de la divinidad, apiadada por la resolución de la
joven
215
. Como ya mencionamos antes, esta imbricación parece presentarse por primera
vez en la obra de Godínez y, el hecho de que su obra alcanzase una gran difusión en
todo el ámbito ibérico (Vega García-Luengos, 2014; Cortés Hernández, 2003) facilitaría
que Pereira de Santa Anna tomase los datos de Godínez, que el autor portugués
considera verdaderos.
Nem o Author necessitava de beber estas noticias em fontes alheyas (o que talvez
executou por evitar falsas suspeições nunca provadas) pois todas ellas como
verdadeiras, saõ tiradas pelos primeiros resistos, de donde emanaraõ os mais
caudalosos rios das mais cristalinas e puras aguas, em que se viaõ, e vem hoje as
memorias Ethiopic as, quaes foraõ os primeiros filhos do grande Patriarcha Santo
Elias e da Virgem Senhora Nossa do Monte Carmelo, que com ellas em seus
Escritos encheraõ o Mondo todo (Pereira de Santa Anna, 17 38:).
No obstante, a pesar de que Pereira de Santa Anna tome muchos motivos del
texto de Godínez, su obra presenta una nueva relectura del texto, y añade algunos
214
Es posible que una de sus fuentes sea n la s obra s de f ray Bernar do de Brito (1609 : 41v ) y Louis de
Blois, a bad de s an Benito (1609: 561), ya que ambas incluyen el nom bre de la reina de Etiopía y madre de
Efig enia, Eupheni sa, que no aparece en el resto de hagiografías comentadas. Ambo s autores citan la obra
de Abdías pero no incluyen el sustrato mítico que está presente en la comedia de Godínez.
215
Toma también algunas citas literales, aunque traducid as al portugués, como sucede en la
revelación que tiene Ifigenia en la que ve a Jesús en la que dice: “Ifigenia, se pretendes saber o
conveniente modo de me servires confórme a minha di vina vontade, fa ze - te Generali ssima de hum
exercito de Virgens pobres, obedientes e castas […]” (Pereira de Santa Anna, 1738 : 68) , y en la obra de
Godínez : “ Ya mi esposa y capitana/ en mil icia , soberana / de vírgenes que me apr este, / porque, huyendo
inconvenientes / del mundo, / en más dulces bodas, / serán religiosas todas, / pobres, castas, y obedientes ”
(Godínez, 1667: fol. 9v - fol.10r.).
145
valores condicionados por su cosmovisión del mundo. Las disimilitudes entre los textos
no solo se explican por la diferente tipología textual, pues mientras que uno tiene ciertos
rasgos de la comedia de enredo y está concebido para la representación, el otro es una
hagiografía al uso, sino que también muestran un cambio en los objetivos que pretenden
alcanzar. Así, Pereira de Santa Anna continúa la estela iniciada en Europa a finales del
XVI por Cesar Baronio, que trataba de imponer una nueva narrativa que se opusiese a la
idea de que la esclavitud era la que había logrado imponer el cristianismo en África. De
este modo, Santa Anna, al igual que otros autores anteriores
216
, opta por subrayar la
importancia de la evangelización de San Mateo en Etiopía, cuya pronta conversión al
cristianismo había logrado extender la fe por todo el continente, y prueba de ello es la
aparición de santos como Efigenia o Elesbão desde épocas muy tempranas.
Mais, tout en luttant contre les juifs grâce à Elesbão , Santa Ana poursuit, comme
quelques autres avant lui, un second objectif: la réhabilitation, à travers l’Ethiopie,
de toute l’Afrique et de ses habitants réduits en esclavage. Et c’est ici qu’intervient
Ifigenia. Si celle - ci, dont l’existence historique est incertaine, a eté introduite dans
le martyrologe par Ce sar Baronio en 1586 c’est, selon E.M. López, pour “rehausser
l’Ethiopie en faisant remonter sa conversion à l’époque apostolique et relier à Saint
Mathieu l’origine de la vie Monasti que parmi les Ethiopiens”. Ne pouvant
s’opposer directement à l’esclavag e de nombreux prêtres, dont António Vieira et
avant lui Alonso de Sandoval, puis à présent Santa Anna, tentent, comme Baronio,
d’étendre à l’ensemble de l’Afrique l’idée de la libre et précoce christianisation de
l’Ethiopie et de contester l’argumentation de sa venue à la vraie religion grâce à sa
réduction en esclavage (Lahon, 2003: 155-156)
Pereira de Santa Anna se inscribe así en esta corriente de los siglos XVII y
XVIII, que fomentó el culto de santos negros como método de evangelización de los
esclavos de origen africano en América, que abrazaron el culto de Efigenia al tratarse de
una de las primeras santas africanas. Gracias a estas circunstancias, su culto se expandió
por toda Latinoamérica (Oliveira, 2007; Castañeda García, 2015). No debe olvidarse
que, frente a esta versión de Santa Anna, en la obra de Godínez todos los personajes son
blancos, como se indica al comienzo de la obra
217
.
216
Como Vieira, Alo nso de Sandoval o el propio Baronio.
217
Así, Godí nez transforma su obra para que sus personajes r epresenten mejo r el ideal de virtud que
intenta transmitir en San Mateo en Etiopía y para que el público aurisecular no asocie a los protagonist as
146
S AN M ATEO . Ángel a Etiopía parto,
Tomé predica a los Negros,
y yo en Región del Ocaso
más apartada que allí;
son los etíopes blancos,
lle guen hasta allá los truenos
de Dios, ahora que al fallo
Apolo consulta el Rey (Godínez, 1667 : 373)
La transformación de los personajes negros en blancos no es un hecho aislado
dentro de la poética barroca. En primer lugar, porque la aparición de personajes negros
en las tablas solía limitarse a papeles cómicos
218
, y ese carácter cómico no encajaba con
la historia de San Mateo en Etiopía . En segundo lugar, por la asociación que se
establecía entre el color negro y el pecado, y el color blanco y la virtud
219
. No sería
extraño, pues, que Godínez presentase a sus personajes blancos para ahondar en el
mensaje religioso de la obra, un hecho que ya se había dado en el teatro español.
En la literatura española del Renacimiento y el Barroc o, los negros viven
desesperados por dejar de ser negros. Es decir, sus autores blancos están
desesperados por negar su negrura y así liberarles. Son liberaciones por negación.
Unos se hacen santos católicos y se vuelven blancos real y metafór icamente, como
los protagonistas de El prodigio de Etiopía y El santo negro Rosambuco (Fra -
Molinero, 2014: 7).
En Os Dous Atlantes da Ethiopia se intenta introducir una nueva relectura del
material en la que el color de la piel no justifique un carácter negativo de los personajes.
con los esclavos negros que llegaban a Es paña . Godíne z tuvo contacto de primera mano con la esclavitud
negra, no solo porque en su familia se compraron y vendieron esclavos (Bolaños Donoso, 1983: 34) sino
también porque Sevilla era una de las ciudades más importantes para este comercio. “Los años de mayor
auge de la esclavitud negra en España fueron los finales d el siglo XVI. En 1565, de los 429.362
habitantes del arzobispado de Sevill a - provincias de Sevilla, Hu elva, norte de Cá diz y part e de Málaga -
14670 eran esclavos, es decir, uno por cada 30 habitantes” (Weber de Kulat, 1963: 383).
218
“La imagen que desarroll ó el teatro barroco español de los negros empezaba y acababa en la risa
por lo general” (Fra - Molinero , 1995: 191).
219
Por ejemplo, esto es lo que indica Natale Conti sobre las prácticas sacrificiales antiguas: “Había
además un cuidado no pequeño en elegir l as víctimas para los sacrificios de cada uno de los dioses,
puesto que unas se sacrificaban en honor de los dioses buenos para que fueran favorables, otras a los
malos para que no fueran dañinos. Y para los malos eran adecuadas las negras, para los buenos las
blancas; a los estér iles las estériles, a los fértiles las preñadas, a los masculin os los machos , a las féminas
las hembras […]” (Co nti, 2006: 83).
147
Para subvertir esta idea que se imponía en las tablas hispánicas, desde los prólogos de la
obra de Pereira Santa Anna se subraya el color de la piel de los santos, pero
estableciendo una contraposición con el brillo de sus almas. Por ejemplo, de Ifigenia se
dirá que, a pesar de la oscuridad de su piel, su alma es brillante como las estrellas
220
. Se
juega constantemente con la contraposición de luz y oscuridad, asociada a las ideas de
bien y mal, pero se desmiente que el color negro de la piel sea un reflejo de la oscuridad
del alma. Al contrario, el color de su piel se intensifica ante al brillo impoluto de sus
almas tras la evangelización del apóstol.
Contavaō - se já oito annos depois da gloriosa Ascensão de noss o Redemptor,
quando no Reino da Nubia (com as sombras do Gentilismo mais, que com a cor
preta dos seus Naturaes, escurecido) entrou, a pesar do Pri ncipe das Trevas, hum
claríssimo resplendor da luz da Fe (Pereira de Santa Anna, 17 38: 18 ).
La defensa que se establece de las personas negras conlleva algunos cambios en
la representación del mito por parte de Pereira Santa Anna. Así, el rey Egipo, trasunto
como ya hemos dicho de Agamenón, es descrito como: “[…] rey de maneira benevolo,
e para todo o genero de virtudes propenso, que de Catholico só lhe faltava a justiça, naō
a piedade” (Pereira de Santa Anna, 1738: 18), y a los etíopes como paganos por
ignorancia y no por maldad.
Frente a esta descripción, Godínez había insistido en la presentación de Egipo
como un personaje débil, manipulado por su consejero, y que se deja llevar por
promesas de inmortalidad a costa del sacrificio de su hija. La debilidad del personaje
facilita el ascenso al trono de su hermano Hirtaco, que se convertirá en el principal
antagonista de la obra al intentar casarse con Ifigenia a pesar de su negativa y estado de
religiosa, y prepara el terreno para Timocles, el galán de la obra.
Por el contrario, P ereira de Santa Anna centra su interés en mostrar que los
etíopes ya estaban preparados para recibir la religión cristiana antes de que llegase san
Mateo, y presenta a Egipo bajo una luz positiva, como un buen monarca para su pueblo.
Mas aún, y frente a los textos anteriores que también ofrecían una consideración
positiva de este personaje, aquí se presenta su dolor como padre y su conflicto interno.
220
“ Santa, posto que pel o accidente da cor, exteriormente preta, de mod o (pela qualidade interior do
sang ue) esclarecida, que comparada com os mais ilustres Principes da terra, he no seu firmamento taō
nobre, como as estrellas ” ( Pereira de Santa Anna , 1738: 1 ).
148
Así, se presenta tanto a Egipo como a Euphenisa, su esposa, llorando cuando se enteran
de la noticia que les han trasmitido los magos.
Já entaõ Egypo, e Eupheniza frenéticos com a impossibilidade do reme dio, de
nehum modo podiaõ tolerar o tormento, que no coraçaõ, e na alma lhes causava a
injusta m orte de sua inocente filha (S anta Anna, 1938: 37 - 38)
Esta construcción del personaje paterno, que se deja llevar por el dolor que
siente ante la pérdida de su hija, lo distancia del modelo de Egipo que había construido
Godínez, figura que, aunque lamenta la muerte de su hija, no duda en sacrificarla por su
propio beneficio. En San Mateo en Etiopía , la figura paterna actúa para satisfacer sus
objetivos, la inmortalidad, a diferencia de la tradición anterior en la que tenemos un rex
virtuosissimus que cede al sacrificio por el bien de su pueblo.
Pereira Santa Anna efectivamente muestra la virtud del rey, dispuesto a cumplir
sus deberes para con s u pueblo, pero representa mucho más vivamente la emoción
paterna, que desea conservar la vida de su hija. De esta manera, el personaje de Egipo
en la obra de Pereira muestra una gran humanidad, que continúa con la intención de
demostrar la bondad de los etíopes, que explica la cristianización temprana de San
Mateo, previa a la esclavitud y colonización de las potencias europeas.
Además, al igual que en otras lecturas religiosas que hemos visto en este
capítulo, la figura paterna no comete ninguna violación de la ley sagrada que conlleve
un castigo divino. En este caso, la aparición del mal que asola a la comunidad (la
llegada de dos dragones que requieren el sacrificio de Ifigenia), se atribuye a la figura
de Satanás mismo
221
. También se añade un motivo ausente en las obras anteriores: el
amotinamiento de los vasallos, elemento que determina la resolución de Egipo, que
acaba cediendo al sacrificio de su primogénita para salvar la vida de sus súbditos. No
solo eso, sino que mientras que el Egipo godiniano se dejaba convencer por segunda vez
por el nigromante para acceder al sacrificio de su hija a cambio de la promesa de la
inmortalidad, en el caso de Os Dous Atlantes da Ethiopia , esta segunda persuasión no se
produce. En tanto que, en la obra de Godínez, los dragones son expulsados por san
Mateo antes de que la joven sea rescatada por la divinidad, en esta hagiografía los
monstruos son derrotados por el apóstol después de que Ifigenia haya sido elevada al
221
Por tanto, la causa no es un dios pagano, representación de espíritus malignos , como sucedía en l os
textos anteriores.
149
cielo por un ángel. Y, más aún, en la obra de Pereira de Santa Anna, el que reta a los
magos para que resuciten a su hijo, es el propio rey, para probar la ineptitud de los
nigromantes, a diferencia de en San Mateo en Etiopía donde es el apóstol el que
propone este desafío. De esta manera, todos los elementos negativos que rodeaban la
figura de Egipo en la comedia, son eliminados en el texto de Pereira Santa Anna para
promover la imagen de un buen monarca cristiano.
El personaje de Ifigenia también recibe un tratamiento algo diferente frente a la
obra de Godínez. Así, la princesa revela una templanza mayor, un carácter más
resolutivo y, en general, un papel más activo que el personaje de San Mateo en Etiopía .
Mientras que, en la obra de Godínez, la santa etíope se caracteriza por una inocencia
curiosa, que le permite comprender los misterios de Dios, pero no resolver ninguna de
las tramas que giran en torno a ella (papel que le corresponde a personajes masculinos
como san Mateo o Timocles) en Os Dous Atlantes da Ethiopia , la princesa adquiere un
carácter más calculador. Así, por ejemplo, cuando se revela el vaticinio del oráculo
sobre los dos dragones, la princesa nubia pide, sin perder la calma, un aplazamiento de
la sentencia porque “não havia ley taõ barbara, nem taõ peremptoria justiça, que aos
delinquentes não concedesse algum prazo, para que nelle pudessem pelo menos chorar
[…]” (Pereira de Santa Anna, 1738: 32). Este uso de la retórica sirve para convencer a
su padre, que le permite extender el plazo
222
e idear un plan con san Mateo para
enfrentarse a los dragones. Su capacidad argumentativa volverá a ponerse de manifiesto
cuando abraza el estado religioso y convence a las doncellas etíopes para que sigan sus
pasos. Asimismo, acepta el sacrificio sin culpar a su padre, y solo toma la palabra para
invocar a Jesús. Su resolución, su deseo de bautizarse, su capacidad argumentativa y
estratégica, no solo a la hora de enfrentarse a su sacrificio sino también cuando provee
de armas a sus compañeras religiosas, previendo una posible ofensiva, hacen de ella un
personaje más complejo y con mayor capacidad de decisión que en la fuente directa de
Pereira de Santa Anna
223
.
En lo que respecta a la divinidad, el dios Bel se mantiene solo como fachada del
demonio, y es a través de él como conocemos la profecía que pesa sobre Ifigenia “Que
222
Así, busca a San Mateo para que la bautice, per o un ángel se le aparece y le explica que tendrá que
enfrentarse a sus enemigos, pero que el señor la protege. Trazan un plan, aunque el apóstol por intuición
divina decide que no la va a bautizar hasta que llegue una ocasión más especial. Justo antes de que las
llamas toquen a Efigenia, invoca el nombre de Jesús, como había acordado con San Mateo , y gracias a
ello un ángel del cielo desciende y la salva.
223
El texto de Pereira también se hará una somera descripción de vida conventual que lleva la
princesa y de las penit encias a las que se somete voluntariamente, siguiendo los ideales de la orden
carmelita.
150
os estragos da Nubia só haviaõ de acabar, quando a Princeza Ifigenia désse principio a
ser Phenix” (Pereira de Santa Anna, 1738: 31). El narrador explica que la única manera
de acabar con el peligro que s uponen los dragones es que Ifigenia abrace la ley
cristiana, pero los magos
224
aconsejan mal al rey para que mande sacrificar a su hija. El
sacrificio de la joven princesa resultaría, entonces, una estrategia para eliminar a uno de
los personajes que mayor poder de persuasión tienen en la Corte y que ha aceptado con
mayor deseo las doctrinas que predica san Mateo. Los magos tratarían, de esta manera,
de eliminar a su competencia y cortar de raíz aquellas creencias que ponían en peligro
su posición de poder dentro del entramado político como ministros y consejeros reales.
Estos proyectos, que en Os Dous Atlantes da Ethiopia se presentan de forma manifiesta,
en el texto de Godínez solo se dan a entender de manera subrepticia y una vez que se ha
desenmascarado la trama sobre las ofrendas al dios. Asimismo, el interés de Pereira de
Santa Anna por revalorizar la cristianización africana queda patente en el sermón que
ofrece san Mateo al pueblo etíope, a los que considera paganos solo por su ignorancia.
El discurso del apóstol ofrece una síntesis de la visión cristiana del mundo, comenzando
con el Génesis y terminando con la Pasión de Cristo, tal y como hizo Godínez en su
obra, aunque añade ciertos detalles que no se encontraban en la fuente original. Así, en
este texto se incluyen una explicación sobre la Trinidad, subrayando que no es una
forma de politeísmo, y una defensa del orden monárquico como argumento contra la
caterva de dioses paganos que poblaban el panteón etíope. Al explicar que la razón del
paganismo africano se encuentra en la ignorancia del pueblo, el hecho de que más tarde
se indique que Hirtaco, el gran antagonista de la leyenda, es criptojudío ayuda a ahondar
en la maldad de este personaje, en contraposición con la bondad de los etíopes y su
verdadera fe cristiana.
La red de textos que siguen la estela de la imbricación del mito de Ifigenia y la
hagiografía de Santa Efigenia continúa con la obra de Francisco Colmenero
225
, doctor
en Teología. En su El Carmelo Ilustrado con favores de la Reina de los ángeles
224
Pereira de Santa Anna si gue los legendarios so bre este motiv o, por lo que los magos pasan a ser
dos, Arfaxad y Zoroes.
225
Nació en 1693 en Enill as de Sayago (Zamora), y estudió en Sal amanca, donde recibió el grado de
doctor en teología. Consiguió el puesto de cur a en Morale ja, que compaginó con disti ntas mision es po r
Galicia, Asturia s y el norte de Castil la. Auto r de varias obras religiosas, como Reflexion es católicas y
devotas instrucciones para desengañar al pecador y dirigirl e por el camino de la salvación (1748) y
varios títulos devocionales. Vivi ó durante distin tas temporadas en el convento del Carmen Calzado de
Medina del Campo. Muri ó en las montañ as de León, cerca de un si tio conocido como Lago del rey hacia
1772 (Ramírez de Luque, 1807: 104 - 105).
151
(Valladolid, 1754), emplea la obra de Pereira de Santa Anna como fuente principal
226
(Colmenero, 1754: ¶¶ 3r) para construir un texto que gira en torno a la alabanza de la
orden carmelita
227
. La obra fue concebida para reforzar las señas de identidad de la
orden, a través de la exaltación de la Virgen del Carmen, dedicataria del libro, de las
devociones y votos particulares del Carmelo y de diversas figuras relevantes que
vistieron sus hábitos, tanto en sus orígenes como contemporáneas. El texto consta de
diferentes tratados: 1) vida de san Elesbán; 2) vida de santa Efigenia
228
; 3) de la orden
tercera de los carmelitas; 4) sobre la oración mental; 5) de la cofradía de nuestra señora
del Carmen; 6) diversos prodigios obrados por la intercesión de la Virgen del Carmen;
7) imágenes de la Virgen del Carmen; 8) vida de fray Angelo de Paoli, en cuyo tratado
226
“ […] y por lo que mir a a las vidas de s an Elesbán y s anta Ifi genia, fue el motivo de ponerlas en
esta obra, el haber llegado a mi s manos (con la ocasión de las mi siones , que me han oído los portugueses)
un tomo en folio, impres o en Lisboa el año de 1735, escrito con la más copiosa, y precios a erudición por
el Rmo. P adre Mro. Fray Joseph Pereira de Santa Ana , religioso carmelita y doctor por la Universi dad de
Coimbra; al que titula: Los dos At hlantes de Ethi opia. San Elesb aán, y Santa Ifigenia ; en el escribió sus
vidas, con las mas sólidas, y afianzadas noticias, vali éndose a este fin de autores de la mayor autoridad.
Ha sido esta obra recibida con estimación de los doctos y universalmente aplaudida ” (Colmenero, 1754:
15).
227
La unión de ambos santos fue relativamente com ún en la época, por ejemplo : “En Bras il la pareja
Ifigenia - Elesbán fue la que predominó en los altares y retablos de las iglesias” (Ca stañeda García, 2015:
159). “ Su veneración no fue exclusiva de la poblaci ón de color, como tampoco de las comunidades que la
tomaron como advocación principal; incluso, su presencia fue más notoria en aquellas dedicadas a otro
santo, en donde ella figuraba com o culto interno ” (C astañeda García, 2015: 155).
228
En España, durante el si glo XVIII, se produce un may or auge del culto a estos santos, aunque
existen noticias de su culto desde el siglo XVI (Lahon, 2003). Su culto se ma ntiene en Cádiz, debido a la
importante población esclava que abundaba en la ciudad, en la hermandad de Nuestra Señora de la Salud,
san Benedicto de Pale rmo, y santa Efigeni a, como atestiguan dos documentos que se encuentran en la
biblioteca de la Univer sidad de Sevil la bajo las signaturas A 109/ 123 (10) y A 109/ 123 (10 - 2). También
en Sevilla, en la capilla de Nues tra señora de la Antigu a y en la cofradía del los negrit os. “ En Sevilla, la
cofradía de l os morenos tenía un Cristo, una Dol orosa y un s an Benit o de Palermo, y ya en el siglo XVIII
se le agregaron dos pequeños lienzos de otros dos santos negros: s an Elesbán y s anta Ifigenia .
Probablemente en otras latitudes de América , donde faltan estudios al respecto, el binomio de este tipo de
advocaciones, santa Ifigenia - san Benito de Palermo y/o santa Ifigenia - san Elesbán, fue recurrente”
(Castañeda García, 2015: 159). En el ámbito hisp ano y durante el siglo XVIII, aumentan las
publicaciones sobres estos santos, especialmente, los textos de carácter devocional como los septenarios,
las octavas y las novenas, que parece que cumplieron la función de ser las principales fuentes de difusión
de su culto en el Setecientos (Castañeda García, 2012). Sirvan de ejemplo el Septenario en honra de la
esclarecida virgen Emperatri z de Ethiopia Sant a Ephigenia, para impetrar por medio de sus mé ritos el
alivio y socorro de nuestras necesidades , que contó con varias reimpresiones (México, 1730; Puebla,
1745; México , 1784) o la Novena de los dos gloriosos Et hiopes San Eles ban, emperador de Aquitani a y
Santa Efigenia, princesa de Ethiopi a, del sagrado orden de nuestra señora del Carmen (1756), que
demuestra la vitalidad de su culto. A pesar de su popularidad, no se han encontrado rastros del mate rial
mitológ ico en estos textos, caracterizados por su sencillez y su accesibilidad al gran públi co, y cuyo
objetivo fundamental era la promoción del culto de los san tos protagonistas a través de ejercicios
espirituales con una duración concreta (siete, ocho o nueves dí as en su mayoría ), que servían para lograr
la intercesión del santo en algún asunto (Castañed a García, 2015). Parece que el culto a santa Ifigenia en
la Nueva España no estuvo mon opoliz ado por ninguna orden concret a, aunque cabe destacar la
importancia de los franc iscanos, sobre todo en un primer momento, por su interés en la evangelización de
la población negra (Castañeda García, 2015: 163). S in embargo, en la península parece que su culto fue
fomentado por los carmelitas, necesitados de autoafirmarse y presentar su tradición ante las dificultades
que encontraron en las luchas entre distintas congregaciones religiosas (M artínez Carretero, 2008).
152
también se incluye una noticia sobre San Alberto Siciliano; y 9) vida de San Franco de
Siena.
La importancia de retrotraer las reglas carmelitas a los orígenes de la expansión
de la religión cristiana permite a la orden adquirir un prestigio tradicional y luchar en el
campo de poder del siglo XVIII.
Todas las órdenes antiguas sin excepción también dieron rienda suelta a la fantasía
y, al soñar en sus orígenes poco definidos […] rellenaron con hechos fantásticos
los vacíos históricos débilmente apuntalados. Pero sin duda hay que reconocer que
los carmelitas se llevaron la palma: no se anduvieron con pequeñeces cuando
trataron de justificar su antigüedad y se remontaron nada menos que al profeta
Elías como fundador. Aquella orden refundada en Palestina a principios del siglo
XIII era la misma que la de los Hijos de los profetas, como ya antes se ha dicho
[…] Aquí entran, por tanto, figuras de santos de todos los tiempos que fueron
asumidas como carmelitas al ser consideradas como eslabones de una misma e
ininterrumpida cadena (Martínez Carretero, 2008: 397 - 398).
El cambio de percepción sobre la utilidad social y política del clero regular a lo
largo del siglo XVIII y las medidas de los sucesivos gobiernos reformistas para limitar
su poder y su influencia (Atienza López, 2012: 198), que llevó a la disolución de la
Compañía de Jesús, pone en una situación difícil a las órdenes religiosas
229
. La
progresiva desafección de la nobleza y la oligarquía, que ya no consideran los
conventos como parte de su estrategia de promoción social (Atienza López, 2012: 205),
la reducción en el número de fundaciones, donaciones y obras piadosas, que generó un
descenso en los ingresos de las órdenes, alentó la competencia entre las distintas
órdenes.
A todo ello, hay que añadir el cambio en el patrón de la religiosidad entre los
sectores más ilustrados, que promovieron una religiosidad más intimista, opuesta a las
manifestaciones extremas que habían florecido a raíz de la Contrarreforma, y que
229
Entre las críticas ilustradas destacaban “el número excesivo de frailes y conventos, las deficiencias
en la observancia de sus reglas, la presión económica sobre las poblaciones, la religiosidad cargada de
contenidos supersticiosos y la difusión de invenciones y devociones infundadas, la ignorancia y la
acumulación de riquezas” (Atienza López, 2012: 201). Sin embargo, Callahan (1989: 30) considera que la
situación de las órdenes mendican tes, aunque compleja, no sufrió una presi ón social negativa. Así,
menciona el hecho de que en 1768 los franciscanos tuvieron que controlar el número de solicitudes para
ingresar en sus filas, y explica este dato por la mejora de las condiciones ma teria les de vida que ofrecí a a
las clases bajas el ingreso en este tipo de órdenes y la importancia que siempre le dieron a la educación
como método de ascenso social.
153
trataron de proyectar una imagen negativa de los regulares (Atienza López, 2012: 42).
Este clima hizo que las órdenes religiosas tuvieran que luchar por la hegemonía y su
posición dentro del campo de poder, “una competencia por la captación de recursos”
(Atienza López, 2012: 209).
Aunque la hagiografía de Colmenero retoma también los motivos del sacrificio y
de la salvación, procedentes del material mitológico, el modelo interpretativo que sigue
esta obra difiere en gran medida del de Pereira de Santa Anna. Ya desde el título de la
obra se pone el foco en la orden carmelita, y no en las vidas de los santos africanos,
como sucedía en la obra del autor brasileño. El libro se abre con una imagen de la
virgen del Carmen, a la que también dedica su texto. Como puede observarse, la
hagiografía de los santos etíopes solo ocupa dos tratados de los diez que componen la
obra, y aunque el texto de Colmenero se presenta como una traducción de la obra de
Pereira de Santa Anna, introduce algunos cambios que responden a su objetivo
principal: entonar un panegírico de la orden carmelita. Así, mientras que el libro de
Pereira de Santa Anna estaba dividido en dos libros dedicados, respectivamente, al
estado seglar y al estado religioso de la santa etíope, estructurados a su vez en cuatro
capítulos cada uno, la obra de Colmenero no sigue esta organización y divide la
hagiografía en seis capítulos, mencionando a la orden del Carmelo en los títulos de las
secciones
230
.
En la obra de Colmenero, las referencias explícitas al color negro de la piel de
los personajes han desaparecido, y aunque se respetan las características físicas y
geográficas del reino de Nubia, se reducen los datos que apuntan a las realidades
sociales e históricas: “Pero dejando estos etíopes bárbaros, y hablando solo de los de la
Monarquía de Efigenia […]” (Colmenero, 1754: 52). Como consecuencia de esta
reestructuración de los contenidos, la caracterización de los personajes también sufre
cambios. La relevancia de la figura del padre, que había sido una pieza clave en el
original debido a su rol en la expansión de la fe cristiana por África, pierde peso y se
reduce su caracterización psicológica. Ya no exhibe preocupación por el pueblo etíope,
rasgo esencial en Os Dous Atlantes da Ethiopia , ni el narrador comparte sus
pensamientos sobre los hechos que tienen lugar. Por ejemplo, el cuestionamiento a la
capacidad y el poder de los magos que se plasmaba en el texto de Pereira de Santa Anna
230
Las diferencias que se encuentran en ambas obras son: del pri mer libro de Pereira, que trata del
estado seglar de santa Ifigenia, Colmenero elimina el primer capítulo que introduce las características
sociales y geográficas del reino de Nubia , y se queda solo con el segundo capítulo, al que cambia el
nombre por “De la patria, nacimiento y padres de santa Ifigen ia”.
256
Estoy muy lejos de repetirte los principios del buen gusto en que se funda este
género de trabajo: las unidades de teatro que observa mi pieza; lo satisfecho que en
ella queda el fin de la tragedia, finalizando en declamar contra nuestros mayores
poetas porque no se propusieron este objeto. Tomando de aquí moti vo para llamar
monstruosas sus composi ciones y despropositados sus lances. Yo s iempre admiraré
sus obras como elevadísimos modelos de la verdadera poesía, como envidiados
fundamentos sobre que levantamo s nuestras glorias; y su método como ligación
precisa que les impuso el gusto del siglo en que escribían. Así viene a ser no
pequeña parte de su mérito lo que la extrema rigidez de muchos crít icos les da en
cara, como defectos. Si te pareciere que caigo en falta no repitiendo las decantadas
reglas del teatro renovado, acude al discurso que por superior precepto formó mi
doctísimo amigo don José Porcel y Salablanca […] (Arqu ellada Mendoza, 1773: 5-
6).
El hecho de que Arquellada Mendoza tradujese la obra de Guimond de la
Touche puede explicase por dos razones fundamentales: por un lado, y como ya hemos
visto, por la influencia ejercida por la cultura francesa en la escena española durante
todo el siglo XVIII; y por otro lado, por el gran éxito que alcanzó el texto del
dramaturgo francés que “[…] was one of the most frequently performed tragedies on
ancient subjects at the Comédie Française” (Mueller, 1980: 73-74)
347
. La obra debió de
tener una importante repercusión en las letras hispánicas, como evidencia el hecho de
que la de A rquellada Mendoza no es la única adaptación que se hizo en la península. En
1801, la aristócrata menorquina Joana de Vigo i Squella llevó a cabo una traducción al
catalán de esta obra de Guimond de la Touche (Vigo, 2019) y en 1826, Bretón de los
Herreros la tradujo al castellano, junto a otras cinco tragedias francesas (Garelli, 2002:
297).
El texto de La Touche tiene un importante contenido político. Así, la obra ha
sido interpretada como una crítica severa contra, en primer lugar, el fanatismo religioso
y el oscurantismo (Lamport, 2004: 47). En la tragedia, los rituales bárbaros aparecen
vinculados a la tiranía de Toas, mientras que la religión más humana se asocia a un
del Buen Gusto , y fue nombrado en 1768 miembro de la Rea l Academia. La traducción a la que se r efiere
Arquella da Mendoz a se conserva en la Bibliot eca de la Univer sidad de Sevill a bajo la signatura: A
250/112 (1).
347
Tanto es así que apenas unas pocas semanas después de su estreno, fue parodiada por Cha rles
Simon Favart con La petite Iphigénie . Fue, además, la obra sobre la que se basó Nicolas - François
Guillard para el libreto de la ópera homónima de Gluck (Hall, 2013: 195).
257
modelo político civilizador (Gliksohn, 1985). En segundo lugar, el contenido de la
Iphigénie en Tauride también se ha interpretado como una crítica contra las
circunstancias políticas en la que estaba inmersa Francia:
Louis XV had become extremely unpopular in France by the late 1740s, and was
regarded by many of his subjects as a stereoty pical tyrant – debauched, extravagant,
willful, stupid, and incompetent. It is indeed tempting to draw the connec tion, as
Hughes has done, between the Thoas of de la Touche’s play in July 1757, Louis
XV, and the appalling public torture and execution in March 1757 of a domestic
servant who had tried unsuccessfully to assassinate the king (Hall, 2013: 198).
Aunque las críticas políticas contra los sistemas tiránicos ocupan también una
posición predominante en la obra de Arquellada Mendoza, las diferentes circunstancias
entre la Francia de mediados de siglo y la España del último tercio del XVIII hacen
variar mucho el significado y la recepción de ambas obras. Por estas razones, en la
traducción española se subraya más la dicotomía entre civilización y barbarie
348
,
asociada, por una parte, parte, con el fanatismo religioso, y, por otra parte, con las
ideologías nacional istas.
En primer lugar, hay que tener en cuenta que el componente divino, que va
paulatinamente disminuyendo en las recreaciones dieciochescas del mito de Ifigenia,
desaparece totalmente de la obra de Arquellada Mendoza, en la que Diana no interviene
en ningún momento en los asuntos de los personajes
349
. La religión solo se enfoca desde
un punto de vista humano y sirve para ahondar en las diferencias entre los personajes
griegos y los tauros, cuyas costumbres repugnan por bárbaras a los protagonistas.
P ÍLAD ES : […]
A mi bajel volvía, no dejando
348
Gluck, en su ópera Iphigénie en Tauride , basada también en la obra de La Touche, acentuó, de
igual modo, la diferencia con el otr o mediant e la música de estilo turco con la que caracterizó a los
escitas. El moti vo de la barbarie también estaba presente en su Iphigénie en Aulide , aunque en esta
ocasión, lo salvaje estaba asociado al fanatismo de la masa griega que demandaba el sac rificio de Ifigenia
(Hughes, 2007: 119).
349
En Francia destaca la Iphigenie en Tauride (1757) de Jean Baptiste Cl aude Vauber trand por
tratarse también de una versión secularizada del mito. En esta obra, Ifigenia escapó de Áulide con la
ayuda de una esclava; fue llevada a Táuri de por unos piratas; Ore stes mat ó a Clitemnest ra
accidentalmente mientr as asesinaba a Egisto, y no por mandat o divino; tampoco le ordenan los dioses que
recupere la estatua de Diana para curarse de la locura; finalmente, la costumbre de los sacrificios de
extranjeros entre los tauros es una imposición del rey Toante para evitar que sus súbditos descubran las
bondades de otras tierras (Hughes, 2007: 109).
258
paraje que mi amor no recorriese,
cuando el pueblo hacia mí se precipita,
corre furioso, y a cercarme viene.
Me armo de ira, presumo disiparlo,
pero su multitud mi esfuerzo excede,
me oprime… y quedo lastimosa presa
de estos monstruos colmados, tristemente,
de terror y alegría […] (Arquellada Mendoza, 1773: 31 - 32).
Mientras que, en el texto de Cañizares, la caracterización de los tauros era
positiva y sus rituales sangrientos eran obra de la tiranía de Toas a la que estaban
sometidos, aquí, todo el pueblo de Táuride es considerado monstruoso. Este salvajismo
se opone a la virtud y los ideales de culturales que encarnan los personajes griegos. En
su obra, los personajes griegos, dignos de compasión y referentes en virtud, llegan a
Táuride con una misión civilizadora. La problemática se enfoca a través de una
perspectiva nacional.
Asimismo, el personaje de Toas es mucho más supersticioso y violento que los
que habían aparecido a lo largo del siglo XVIII. Su crueldad solo es comparable a la que
exhibe el personaje homónimo del Orestes ( ca . 1520) de Giovanni Rucellai, un
“belligerent tyrant who […] merely abuses religious customs in order to defend his
autocratic hold on political power” (Hall, 2013: 166), donde tambi én se recurre al
motivo del barbarismo natural de los tauros. No obstante, mientras que en la obra de
Rucellai se subrayan los elementos religiosos, gracias a los paralelismos que se
establecen entre los personajes griegos y los primeros cristianos, en las obras de
Guimond de la Touche y de Arquellada Mendoza, la dicotomía de civilización y
barbarie se enfoca a través del racionalismo dieciochesco.
En esta obra, cabe también mencionar la relación entre Ifigenia y Orestes, ya que
cobra una mayor importancia de la que hemos visto en la tradición anterior. Mientras
que, en otras recreaciones del mito, se incorporan relaciones sentimentales al material
mitológico, como, por ejemplo, el amor que surge entre Ifigenia y Pílades en la obra de
Cañizares, en esta obra no se organiza ningún matrimonio para la joven princesa griega.
Este hecho subraya la importancia del vínculo fraternal entre los dos hermanos. Por un
lado, y desde el punto de vista de Orestes, el encuentro con su hermana supone una
primera recuperación de la cordura porque:
259
Por absoluta que sea la empatía que vincula al amigo con el amigo, por simbiótica
y generosa que sea la amistad […] Hay sólo una relación humana en la que el yo
puede negar su soledad sin apartarse de su auténtico modo de ser. Hay sólo un
modo de encuentro en que el yo halla al yo en otra persona, en que yo y no yo (las
polaridades kantianas, fichteanas, hegelianas) se hacen una sola cosa. Es una
relación entre hombre y mujer, como seguramente debe serlo para salvar las
brechas primarias del ser. Pero hay una relación entre hombre y mujer que resuelve
la paradoja de la alienación inherente a toda sexualidad (una paradoja que el
incesto no haría sino afianzar). Es la relación de hermano y hermana, de hermana y
hermano (Steiner, 1991: 31 - 33).
Desde el punto de vista de Ifigenia, la relación con su hermano sustituye
cualquier otro tipo de vínculo afectivo. Así, Orestes cumple la misma función que suele
adjudicarse al amante en la literatura de aventuras: el hombre que rescata a la mujer de
entre los bárbaros. Asimismo, el desarrollo de la trama coincide con el de este género
literario: el encuentro entre los dos personajes, las expresiones de amor hiperbólicas, la
huida de una isla extraña y distante y el final feliz. La intervención de Orestes, además,
permite a Ifigenia cambiar su trayectoria vital, y la salva de la melancolía que la
atenazaba en aquella tierra extraña en la que vivía.
I FIGENIA . […]
Y no me ultrajéis hasta igualarme
a un pueblo ciego, aborrecido siempre
por mí, y a cuyos altos grandes dioses
hoy me obliga a servir no vista suerte
(Arquellada Mendoza, 1773.: 39).
Independientemente, de la cadena de desgracias en la que se había visto inmersa
su familia, el reconocimiento de los dos hermanos supone el fin de ciclo de represalias
que pesaba sobre su linaje. El periplo por tierras extrañas y su encuentro, les permite
encontrar su propia identidad, que pasa por reafirmar su condición griega, frente al otro,
encarnado en los tauros. De esta manera, y como explicaba Gliksohn (1985), las
recreaciones dieciochescas del tema de “Ifigenia entre los tauros” incide en la dicoto mía
260
entre civilización y barbarie, al asociar los rituales bárbaros con la tiranía de Toas y el
modelo político civilizador con los griegos.
Así, el siglo XVIII trajo consigo un auge del mito de Ifigenia en las letras
hispánicas. Todas estas nuevas recreaciones del material mitológico llegan a la
península, en gran medida, a través de las corrientes literarias francesas, debido a la
influencia que tuvo este país para la cultura española. El análisis de estas adaptaciones y
traducciones de los textos franceses nos ha permitido conocer hasta qué punto estas
recreaciones condicionaron la recepción de la figura de Ifigenia y cómo interviene el
enfoque político en estas obras.
7. R EPRESENTACIONES DE FEMINIDAD DEL MITO DE I FIGENIA
La capacidad de los mitos para expresar valores universales y, a su vez,
adaptarse a contextos culturales diferentes, trascendiendo las fronteras del espacio y del
tiempo, ha garantizado su supervivencia en distintas sociedades. Así, y como hemos
visto en los capítulos anteriores, sus reactualizaciones funden los arquetipos
fundamentales con elementos propios del contexto sociocultural en el que fueron
creados. Del mismo modo que los componentes religiosos y políticos forman parte del
mito de Ifigenia desde sus orígenes, la cuestión de la identidad de género también hunde
sus raíces en estos primeros relatos:
Los dioses del Olimpo muestr an su condición sexuada, el mito despliega todo su
potencial en la personificación de lo masculino y lo femenino. Las historias de los
dioses y diosas expl icitan la ideología de género que informa su imaginario, nos
demuestran de manera paradigmática cómo en la diferencia sexual se cifra una
instancia primaria de identidad social que impregna el sistema soc iosimb ó lico y
político de toda comunidad humana (Mu ñoz Fernández, 2014: 142).
El componente femenino es otro de los ejes vertebradores del mito de Ifigenia en
sus recreaciones literarias desde la Antigüedad, y centra su interés en la construcción de
los personajes femeninos y en las relaciones que se establecen entre ellos. Así, algunos
de los aspectos que han cobrado mayor interés en las representaciones hispánicas son ,
261
por un lado, la reivindicación de Ifigenia como individuo
350
, y, por otro lado, las
problemáticas que se establecen con otras figuras femeninas como Ártemis o el resto de
las mujeres de su familia.
7.1. Sacrificios olvidados en las Crónicas troyanas
La importancia de las crónicas troyanas durante la Edad Media fue fundamental
para la construcción del imaginario sobre la guerra de Troya, por lo que su estudio y
análisis se hace indispensable para comprender la configuración medieval de este
legado. Teniendo en cuenta que el episodio de “Ifigenia en Áulide” forma parte de este
corpus legendario, al tratarse de un episodio que precede a la incursión griega contra
Ilión, resulta esencial examinar las diferentes relecturas de este ciclo para poder
interpretar cabalmente la pervivencia del mito de Ifigenia en la literatura medieval.
Para llevar a cabo el análisis de estos textos hispánicos, vamos a detenernos en
tres aspectos fundamentales. En primer lugar, estudiaremos, por un lado, la difusión del
tema troyano en la Antigüedad tardía y en la Alta Edad Media; y, por otro lado,
presentaremos un panorama sucinto de la transmisión en la literatura hispánica de las
crónicas troyanas. En segundo lugar, y una vez que se hayan repasado los mitemas
fundamentales de las recreaciones del mito de Ifigenia, se examinará
pormenorizadamente las Sumas de la historia troyana de Leomarte, ya que se trata de
una versión que destaca dentro del panora ma medieval por presentar una serie de
divergencias con respecto al corpus mitológico. Por último, se tratará de rastrear, por
medio del cotejo, las fuentes de estas variantes para ofrecer una explicación de su origen
y función dentro de la tradición literaria en la que se insertan.
El proceso de transmisión de la leyenda de Troya se dilata durante varios siglos
y cuenta con una serie de fases definidas por el auge y la legitimidad que se otorga a las
fuentes que la tratan, aunque, como veremos, experimentó un importante renacimiento
durante el siglo XII. Desde sus orígenes en Época Arcaica, la tradición de la guerra
contra los troyanos se difundió gracias, sobre todo, a cuatro grandes hitos literarios: la
350
Hall (2013: 40) ya subrayó la importancia de la estrategia ideada por Ifigen ia en IT . La
protagonista de IT muest ra una personalidad má s cercana a otros héroes griegos como Odiseo , lo que
conlleva que la figura de su hermano Orestes, incapaz de proponer un plan para salir ilesos de su captura
por parte de los tauros, pase a segundo plano.
262
Ilíada y la Odisea , por parte de la cultura griega, y la Eneida y las Metamorfosis , por
parte del mundo romano
351
.
La recepción de las obras de Virgilio y Ovidio durant e la Edad Media fue
tratada, como ya vimos, en el capítulo 3 de esta Tesis (cfr. 3.3. “Edad Media”), aunque
conviene recordar algunos datos. La información que se transmitió en época medieval
sobre los autores clásicos latinos había llegado mediatizada e interpretada a través de
escritores tardíos como Macrobio, Lactancio Plácido o Servio (Franco Durán, 1997:
139). Durante los primeros siglos medievales, Virgilio había sido considerado el poeta
más importante, lo que conllevó que fuese uno de los autores más estudiados, traducidos
y comentados en las escuelas. El interés que despertaba contribuyó a que su obra fuese
alegorizada desde muy temprano adaptándose a los principios del cristianismo. Este
proceso se normalizó hasta tal punto que: “[…] la alegoría bíblica vendrá a confluir con
la virgiliana” (Curtius, 1995: 292). A pesar del temprano desarrollo de las exégesis
cristianas de Virgilio, en el caso de Ovidio su asimilación por parte de la cultura
medieval fue más lenta. Su auge se vivió unos siglos más tardes, hacia los siglos XII y
XIII, la conocida como aetas ovidiana, como muestran los numerosos comentarios que
podemos encontrar de su obra. La mayor difusión de las Metamorfosis y las Heroidas
contribuyó a una mayor extensión del conocimiento del material mitológico.
Con respecto a los textos homéricos, su difusión durante la Edad Media estuvo
marcada en la Europa occidental por la falta de conocimiento de la lengua griega, que
estaba al alcance de muy pocos. Este hecho conllevó que sus obras fuesen ampliamente
desconocidas
352
, transmitidas, en general, a través de otros autores (Dué, 2005; Ford,
2006). A pesar de ello, las noticias de su fama seguían vigentes en el imaginario
351
A pesar de la importancia que alcanzó el ciclo troyano, y el papel que tuvo el mito de Ifigenia en
algunas de las obras más importantes de la Antigüedad, no es común encontrarlo en las obras más
difundidas en la Edad Medi a. Este hecho resulta compren sible si tenemos en cuenta que el mito tuvo una
pervivencia limitada en la épica clásica, dado que no aparece narrado ni en las obras homéricas ni en los
textos de Virgilio, y que se había dado a conocer, sobre todo, a través de la tragedia. De los cuatro
grandes hitos literarios, solo aparece narrado en las Metamorfos is .
352
Esta situación empezó a revertirse con el primer Humanismo italiano. Así, Leoncio Pilato comenzó
a traducir hacia 1358 - 1359, para Petrarca, los primeros cantos de la Ilíada (del I al V) al latín; unos años
más tarde, entre 1360 - 1362, aunque esta vez por encargo de Boccac cio, tradujo todo el poema homérico.
Finalmente, Leoncio Pilato llegó a realizar una tercera y última revisión de su traducció n. Su labor resultó
fundamental para las sig uientes traduccion es, totales o parciales, que de la Ilíada se hicieron como la de
Leonardo Bruni (1405), la de Pier Candido Decembr io ( ca . 1441) y la de Lorenzo Valla (1442 - 1444).
Algunas de estas traducciones llegaron a la península ibérica, como atestig uan una de las cartas del
Marqués de Santillana y la petición de Alfons o de Cartagena de que De cembrio le dedicara, y quizás,
enviara su texto a Jua n II de Castilla (González Rolán y Barrio, 1985: 49 - 50).
263
medieval gracias a tres grandes vías de penetración: la tradición bizantina, la árabe
353
, y
la latina. La difusión de la tradición griega de mano de la cultura bizantina se llevó a
cabo, sobre todo, gracias a la cristianización y alegorización del corpus textual griego.
No obstante, en muchas ocasiones se ocultaba el nombre de los autores originales,
quizás, para evitar cualquier posible referencia al mundo pagano, y solo pervivieron las
interpretaciones y los comentarios de estas obras clásicas (Lamberton, 1986: 247).
Por otra parte, y aunque la transmisión de ideas griegas a través de textos árabes
fue esencial, esta vía de entrada a los reinos cristianos tuvo su auge durante los siglos
XII y XIII, época en la que la tradición de la leyenda troyana ya estaba asentada en el
otrora imperio romano de occidente. Sin embargo, cabe destacar que el proceso de
asimilación de la obra de Homero por parte de la cultura árabe tuvo un recorrido
paralelo al que se vivió en la Europa occidental. Así, el mundo árabe no contaba con
traducciones de la Ilíada y de la Odisea , por lo que el conocimiento de Homero llegaba
a través de los ataques o alabanzas de otros autores, como los que le dedicaba
Aristóteles en su Poética . Así procedió, por ejemplo, Avicena cuando hacía mención a
los autores griegos en sus comentarios a los textos del estagirita (Lamberton, 1986:
237).
En cuanto a la difusión por el mundo latino, ya en la época del imperio, debido
al progresivo desconocimiento de la lengua griega, a la evolución de los gustos del
público y a las necesidades escolares (González Rolán y Barrio, 1985: 47) se produjo un
cambio con respecto a las fuentes de transmisión del ciclo troyano. Así, Homero perdió
importancia frente a nuevos compendios, más breves y en latín. Entre estos resúmenes,
destacaron obras como las Ilias latina
354
, compuesta en 1070 hexámetros, de hacia el
siglo I, y atribuida, gracias a unos versos acrósticos a Baebius Italicus
355
(González
Rolán y Barrio, 1985: 49-56); las Periochae atribuidas a Décimo Magno Ausonio, del
siglo IV, en prosa; y el Excidium Troiae , texto también en prosa, y probablemente del
353
La entrada de la filosofía griega en Oriente Próximo se produjo en dos oleadas; la primera en el
siglo VI debido al cierre de las escuelas de filosofía por parte de Justiniano y la segunda, desde el siglo
VIII al siglo X, cuando las escuelas alejandri nas tuvieron un renacimien to en Bagdad (Lamberton, 1986:
237).
354
Aunque en el siglo XI empezó a conocerse como Pindarus . y unos siglos después como Pind arus
Theban us (Marcos Casquer o, 1993: 82). Tuvo una especial incidencia en la península, siendo la fuente
d el Libro de Alexandre (González Rolán y Barrio, 1985: 52). Fue también traducida al castellano por Juan
de Mena en su Yliada en romance , tamb ién conocida como Omero romançado .
355
Existen disti ntas teorías sobre su autoría. Algunos defienden que se trata de de Silio Itálico
(Grillone, 1992: 37); otros han afirmado que es Baebius Itálico (Marcos Casquero , 1993: 82). Los
primeros se basaban en la labor autorial de Silio, que ya había compuesto las Puni ca , mi entra s que los
segundos esgrimen la mención de Baebi us antes del Italicus en el códice humanístico de Viena (González
Rolán y Barrio, 1985: 56).
264
siglo V. Este tipo de difusión del ciclo troyano a través de fuentes indirectas fue una
tendencia que se mantuvo, en general, durante la Edad Media, época en la que se
valoraron, sobre todo, obras que se presentaban como textos historiográficos y no como
obras de ficción. Este hecho favoreció el auge de Dictis Cretense y de Dares Frigio,
autores ambos de obras de tradición antihomérica.
Por un lado, Dictis Cretense narró su supuesta experiencia bélica en su Diario de
la guerr a troyana , que conocemos a través de una traducción latina de hacia el siglo IV
y del que se conservan algunos versos griegos del siglo II. Por otro lado, Dares Frigio
compuso su Historia de la destrucción de Troya , que pudo haber sido redactada en la
misma época que el texto de Dictis, aunque no se conserva nada del original griego para
confirmar esta teoría (García Gual, 1988: 131). En todo caso, la traducción latina de la
obra de Dares es de hacia el siglo V o VI. Aunque ambos textos se basan, en gran
medida, en la épica homérica, se erigen como fuentes verdaderas en contraposición a la
Ilíada y la Odisea , situándose, de esta manera, dentro de la corriente de revisión
racionalista del mundo helenístico (González Rolán y Barrio, 1985: 48). Este
movimiento basaba sus críticas contra la obra de Homero en la distancia temporal que
existía entre el poeta y los sucesos acaecidos en Troya. Se caracterizó por un
predominio de la prosa, por ofrecer una explicación racional a los hechos
sobrenaturales, y por la inclusión de digresiones de carácter realista para sostener la idea
de que tanto Dares como Dictis eran coetáneos a los hechos narrados en sus relatos,
haciendo pasar sus textos como fuentes verídicas (Michaelis-Breva, 2010: 68).
La Edad Media conoció el ciclo épico de la guerra de Troya, sobre todo, gracias
a estos dos autores. Esta renovación del interés por la materia troyana trajo consigo un
cuestionamiento de las fuentes que se habían empleado hasta entonces. Este hecho
provocó un desprecio de las composiciones homéricas, o más bien, de sus sustitutos
medievales, como las Ilias Latina , al ser consideradas fábulas en verso sobrecargadas de
elementos sobrenaturales. Frente a estas obras llenas de supuestas falsedades, se irguió
el género pseudo-historiográfico, con textos como los de Dares y Dictis, que habían
alcanzado un gran prestigio y legitimidad gracias a la nueva consideración de la prosa
como garante de la verdad (Spiegel, 1995: 75; Barrio Vega y Cristóbal López, 2001:
159). Asimismo, estas fuentes satisfacían los gustos sobre temas amorosos del público
que encajaban con las ideas propias del amor cortés (Marcos Casquero, 1993: 83).
La influencia de las obras de Dares y Dictis en la península llega hasta el siglo
XVI, con los poemas de Joaquín Romero de Cepeda El infelice robo de Helena
265
(incluido en sus Obras , Sevilla, 1582) y La antigua, memorable y sangrienta
destrucción de Troya (Toledo, 1583), y el poema de Ginés Pérez de Hita sobre Los diez
y siete libros de Daris del Belo Troiano (1596; 2005) (Marcos Casquero, 1993: 87). A
pesar del importante influjo de las corrientes antihoméricas en la península, que siguen
la estela de las obras de Dares y Dictis, hubo también defensores de la Ilíada y la
Odisea . Así sucede, por ejemplo, en la corona de Castilla, donde Juan II ampara y
promueve la labor de revisión de los clásicos, apoyándose en los esfuerzos de dos
poetas fundamentales: por un lado, Juan de Mena
356
, que había llegado a defender a
Homero frente a las acusaciones de Guido delle Colonne, en su Homero romançado
(Marcos Casquero, 1993: 88), y, por otro lado, Iñigo López de Mendoza.
Pourtant, suivant l’exemple italien, le milieu du XVème siècle castillan avait connu
une tentative de rénovation de fond de la matièr e t royenne qui commençait par la
révision de ses sources. Le roi Jean II soutenait cette entreprise de relecture, suivi
par deux auteurs majeurs, Juan de Mena et Iñigo López de Mendoza – celui - ci par
l’intermédiaire de son fils –, qui en furent les artisans. Les deux écrivains tentèrent
alors, dans le cadre d’un même projet littéraire et idéologique, de sortir Homère de
l’oubli et de traduire l’ Iliade en castillan (Alchalabi, 2010: 2).
De las obras clásicas que marcaron la difusión de la materia troyana, el mito de
Ifigenia solo aparece en las Metamorfosis , como ya comentamos en el Capítulo I, y en
los textos de Dares y Dictis. Mientras que, en la obra de Dares, solamente se indica que
una tormenta hizo que las t ropas griegas tuviesen que dirigirse a Á ulide
357
, donde
Agamenón apaciguó a Diana, en el texto de Dictis Cretense, el relato es mucho más
extenso y mantiene los mitemas de la transgresión cometida por Agamenón, el sacrificio
de la primogénita, los ardides de Ulises, y el perdón de la diosa y la sustitución de la
víctima humana por un ciervo
358
. Sin embargo, plantea ciertos cambios con respecto a la
356
“Volver a Homero […] es un imperativo que se impo nía ya a partir de Mena y de su adaptación de
la Ilias latina y ma nifie sta un clima cultural di stinto al que dej an atrás las derivaciones , con todas sus
integraciones, del modelo francés de Benoît” (Grilli, 2004: 64).
357
Las tropas griegas parten de Atenas . En medio del mar , se desata una tormenta que les impide
avanzar y Calcas, interpretando los augurios, indic a a los griegos que deben dirigirse a Áulide.
358
Se explica que, en el moment o en el que los griegos se preparaban para zarpar desde Áu lide ,
Agamenón se adentró en un recinto sagrado de la diosa e ignoran do la prohibición divina mató a un corzo
que por allí se encontraba. Como consecuencia de su transgresión divina, la peste asoló el campamento
causando muchas bajas en el ejercito griego. Una mu jer, poseí da por el furor divino, vaticinó que se
trataba de la ira de la diosa y que solo se apiadaría con el sacri ficio de la primogénita de Agame nón. A
pesar de la insistencia de los caudillos griegos, el jefe de la expedición se niega a traer a su hija, por lo
que es despojado de la autoridad como comandante de las tropas griegas, y en su lugar se nombra a
272
la consulta de la edi tio princeps, se observa que la edición de Juan de Burgos sigue de
cerca la versión de Guido y plantea una recreación del mito de Ifigenia en la que el
sacrificio humano no está presente y la causa de la ira de la Diana es su olvido por parte
de las tropas griegas
374
.
A quel que en aquella sciencia era muy sabio y dijo en como había entendido que la
causa de la tal tempestad y tormenta Era la deesa Diana la qual era movida en y ra
contra los griegos por q uanto ellos se av ían partido del puerto de Atenas sin le av er
fecho sacr e ficio. Por lo q ual colcas amonest o y consejo al rr ey Agamenón que el
mesmo en persona fuese fazer sacreficio ala deesa diana y hiciera aba x ar y b olver
las velas de todas las naves contra el lugar donde el templo era dela deesa que
desque ella fuese amansada toda la tempestad y tormenta y fortuna se esclarecera y
tornara el tiempo sosegado. A sí que sin mas tardan ça Agamen ón en siguiendo el
consejo de colcas mando b olver las velas de todas las naves lo mejor que ser pudo
y aportando ala selva llamada saule la cual era dellos muy luenga luego Agamenón
con mucha priesa descendió en tierra y fue al templo de Diana que all í era y con
devoto corazón el mesmo Agamenón con sus propias manos le fizo sus ofrendas y
sacr e ficios E luego en continente ceso la grand fortuna y tempestad y todo el cielo
se mostro en sereno y el mar muy sosegado y pla z entero alos navegantes. Y así que
cesando la gran fortuna y tornando el tiempo en m ucho sosiego después de
sacr e ficio fecho por Agamenón a Diana (Burgos, 2010: 184).
La última versión hispánica que toma como fuente el texto de Guido en la que
nos vamos a detener es Sumas de la historia troyana de Leomarte
375
, obra que data de la
primera mitad del siglo XIV. Se trata de un texto que se inserta dentro de las tendencias
historiográficas postalfonsíes, de finales del XIII y del XIV, época en la que la prosa
científica, que había triunfado en las décadas anteriores, da paso a una nueva prosa
374
Se trata de una traducción en la que se inclu yen elementos propios de las novelas de caballerías,
porque, como ha propuesto Alchal abi (2010: 10), se prima en mayor medida la ejemplaridad de los
hechos que su autenticidad. Las crónicas troyanas tuvieron un papel importante para el desarrollo de las
novelas de caballerías en España ( Scordilis Brownlee, 1985: 397). Los sacrificios humanos también
tenían lugar en este género: “Cuando en los libros de caballerías aparecen héroes que someten por las
armas a gigantes paganos, que desde sus islas persiguen a los cristianos o cometen pecados tales como
sacrificios humanos a sus ídolos o relaciones incestuosas […] quedará más que justificado ante los
lectores el derecho de los reyes cristianos a ejercer la soberanía en detrimento de los paganos que se
oponen a las leyes morales consi deradas “naturales” en la época” (Cuesta Torre, 2002: 100). Para el caso
de Las Canaria s, el Papa Eugenio IV dictaminó que las conquist as de territorios no se justificaban si los
paganos respetaban las ley es de la moral natural (Cuesta Torre, 2002: 99).
375
El texto de las Sumas nos ha llegado a través de los manus crito s 9256 y 6 419 de la Biblioteca
Nacional, cuya edición llevó a cabo Agapito Rey (1932).
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