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Maeztu ante el centenario del 98

Acedo Castilla, José F.

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MAEZTUANTE EL CENTENARIO DEL 98 (*) Por JOSÉ F. ACEDO CASTIUA 1 Ramiro de Maeztu y Whitney, uno de nuestros más recios intelectuales, asesinado en la zona republicana a lo s pocos meses de haberse iniciado el Alzamiento Nacional, ha sido objeto de riguroso silencio con ocasión del Centenario de la llamada "Generación del 98", a pesar de que fue uno de sus miembros más importantes, y prócer del pensamiento español y cristiano, como de él dijo el Cardenal Gomá. Esta pretensión se asemeja a la que hace ya más de un siglo se planeó y llevó a cabo contra Menéndez Pelayo. Pero el intento resulta inoperante, pues -como escribió Fernández de la Mora (ABC, 5-V-74)- "ninguna idea se anula porque se le encarcele; muere cuando se le refuta y sobre todo cuando se le reemplaza por otra más clara, unívoca y veraz". Y como ninguno de esos supuestos se ha dado, las ideas por las que vivió y murió esta gran figura que fue Maeztu, "señor y capitán de la Cruzada" -como cantó Pemán en las estrofas de su gran poema épicopermanecen vivas. ( *)Diser taci ón leída el 20 de noviembre de 1998 26 JOSÉ F. ACEDO CASTILLA El 4 de mayo de 1874, nació en Vitoria Ramiro de Maez t u, siendo bautizado en la Iglesia de San Miguel , levantada probablemente por Sancho el Sabio de Navarra en 1181. Su padre Manuel de Maeztu. era un hacendado cubano de ascendencia navarra; su madre, Juana Whitney, una dama inglesa, hija del cónsul británico en París. La severa disciplina física e intelectual a la que le s ometió su padre le permitió ingresar a los ocho años en el Instituto de Vitoria y ser bachiller a los trece. Mas la ruina de la ca sa cambió el curso de su vida, ya que, en lugar de orientarse hacia una profesión universitaria, la familia decide colocarlo en una casa de comercio de París, de donde se rá des pedido por s er demasiado "soñador" para el comercio. Vuelto a Vitoria, a los pocos meses, marcha a Cuba, donde según cuenta en su "Autobiografía" oi pesó azúcar, pintó chime - neas y parede s al sol, empujó carros de masa cocida de seis de la tarde a seis de la mañana, cobró recibos por las calles de La Ha - bana, fue dependiente de vidrieras de cambio ... y desempeñó otro s mil oficios de la más modesta condición, entre ellos el de "lector de una fábrica de tabacos". En los años que permaneció eo Cuba -de 1891 a 1894-, Maeztu tuvo ocasión de convivir con el patriota y con el in surrecto, con el blanco y con el hombre de color, lo que le permitió contrastar sus sentimientos nacionales con los de los hombres que iban a alzarse en armas contra España, y, tras sus viajes a América Central y Norteamérica, adquirió conciencia de la catástrofe que se nos venía encima, dada la enorme potencialidad de l os Estados Unidos. Un día de 1894, llamado por su familia , regre sa a la Península y, tras vagar algunos mes es sin sa ber por donde -so n sus propias palabras m _, el azar le condujo a la redacción de El Porvenir Vascongado de Bilbao, donde iniciará el camino que ha de marcar el rumbo de su vida: el periodismo. Porque Maeztu, que fue diplomático, académico, político, por encima de todo y sobre 1 .- RAMIRO DE MAEZTU: "A 11t oh iografia ", Editora Nacion al , Madrid, 1962, p. 26. 2.- ibidem .• Ob . cit., pp. 26 y 27. MAEZTU ANTE EL CENTENARIO DEL 98 27 todo, fue "periodista de ideas" o, si se prefiere, "un pensador de acción", como lo denomina Gonzalo Fernández de la Mora (3). En 1897, Maeztu, que ya cuenta con diversas colaboraciones, se instala en la capital del Reino. Allí asiste a las tertulias del "Café Madrid", donde se reún en literatos, artistas, periodistas y estudiantes, quienes con gran frivolidad, patriotismo exa ltado -por no decir nihilistay desesperado, critican amargamente a quienes consideran dilapidadores de la hacienda nacional, confunden en un mismo anatema a políticos, pensadores, poetas y cuantos descuella n en la generación que va desapareciendo, y tratan de conciliar, -según dice Azorín < 4 >- , la escisión Europa-España, a fin de incorporar a España en el círculo del pensamiento europeo. Como hombre de su tiempo, Maeztu vive este periodo con una gran exaltación y usando del extremismo dialéctico. Es la época de "las barbaridades" que diría su hermana María. Con afán patriótico y ansias regeneradoras, escribe artículos en periódicos como El Globo (diario liberal ilustrado), El País (diario republicanorevolucionario) y en revistas como Alma Española, considerada por algunos como la precursora de las grandes revistas culturales del siglo; Vida Nueva, portaestandarte de regeneracionis mo rebelde , y Germin al, en la que colaboran los nombre s más representativos del 98, influidos todos ellos por la filosofía del Schopenhauer y Nietzsche y, en el orden político, por las doctrinas de Costa; de ese Co sta que, desde años antes, venía luchando por una organización interna de España bajo la conocida divi sa de "escuela y despensa" y "e uropeización'', extremo es te último que Unamuno interpretó como un "¡Muera Don Quijote! ", blasfemia de la que, dice, brotó su "Vida de D. Quijote y Sancho" y su culto al quijotismo como religión nacional <5>. Gran parte de s us artículos sobre el proceso de nuestra decadencia y el programa de "regeneración", los recoge Maeztu en un libro que publica en 1899, bajo el título Hacia otra España. 3.- GONZALO FERNÁNDEZ DE LA MORA : "Maeztu y la Teoría de la Revol11< : ió11 0 ·, Rialp, Madrid. 19 56. p. 11. 4.- AZORÍN: Obras Comple tas. T. IV, Aguilar, 1947. p. 578 . 5.-MIGUEL DE UNAMUNO: "D el sentimiento trágico de la vida". Madrid, p. 30 l. 28 JOSÉ F. ACEDO CASTILLA Su tesis es que nuestra decadencia fue consecuencia de "la lamentable derogación de las leyes dinámicas por una inversión de las tablas de valores sociales", lo que determinó la promoción de lo s menos aptos a los puestos rectores del Estado y "la postergación de lo s hombres de acción, de pensamiento y de trabajo". Maeztu propugna por un nuevo orden, que, superando lo existente, acometa la obra que España necesita a fin de lograr "mejo res alimentos, mejores viviendas, regadíos, instrucción ... " 171 • Para llevar a cabo esa obra, entiende que no se necesitan partidos políticos, ni ideales democráticos, ni tradiciones de orden, sino banco agrícolas, sindicatos, ruda concurrencia <SJ y, sobre todo, hombres de acción, que no han de surgir de los partidos políticos de derecha ni de izquierda, ni de la prensa, ni de las universidades en bloque, sino de lo s centros vitales del país, de la industria, del come rcio, de la agricultura, Obra tan aribiciosa no puede ser empresa de una sola generación, sino de varias, "que luchen heroicamente por lograrlo con el fecundo heroísmo de Ja paz" <9 J, Comentando esta obra, Fernández de la Mora <IOJ llega a la conclusión de que lo que Maeztu propugna en este libro es el arrumbamiento del Estado decimonónico. "Frente al retórico y grandilocuente -dicepedía el poder para el burócrata y el economista. Frente al vaivén gubernamen tal , provocado por la versátil dictadura de la Prensa, pedía el abandono de las polémicas entre la democracia y la tradición, es decir, entre las llamadas izquierdas y derechas. Frente a los debates constitucionales, pedía desarrollo material y elevación del nivel de vida. Co ndenaba en bloque y a secas todo lo que entonces se llamaba política, y concebía al Go - bierno como una gestión empresarial". Todo esto -para Femá nde z de la Mora-era en lo fundamental un desarrollo de la política de realidades de Costa. Y como Costa y Maeztu fueron, a su entender, los piimeros tecnócratas, campeones de un a política de eficacia 6.-RAMIRO DE MAEZTU: "Hacia otra Espw ia" . Rialp, Madrid, 1967, pp. 45 y 46. 7.-lbidem, pp. 245. 249 y 252. 8.- lbidem, p. 178. 9.-lbidem, 99. 151 y 153 . 10 .- GONZALO FERNÁNDEZ DE LA MORA: "P ensamiellto Español 1967-Realis mo ", Rialp. 1967, pp. 179 y 180. MAEZTU ANTE EL CENTENARIO DEL 98 29 y no de prejuicios, estima que Hacia otra España, aunque embrionario e inmadura, es un alegato contra las ideologías. En diciembre de 1901, Azorín, Baraja y Maeztu lanzaron el llamado Manifiesto de los tres, en el que programan como remedio para nuestros males nacionales "ap licar los conocimientos de la ciencia en general a todas las llagas sociales" y, concretamente, "la enseñanza obligatoria, la fundación de cajas de crédito agrícola y la implantación del divorcio". Declaraban que la unión nacional no podía hacerse en tomo a un ideal democrático, al que consideraban "como el absolutismo del número, que no ha producido ni produce la liberación de la Humanidad, sino una especie de nuevos privilegios a favor de los más audaces y de los más indelicados" 01 >. Puesto que ninguno de los autores del Manifiesto tenían madera ni verdadera vocación de político, pronto llegaría la decepción. El propio Maeztu lo reconoció así en la tribuna del Ateneo de Madrid con ocasión de una conferencia pronunciada en 1911 sobre La revolución y los intelectuales < 12 >. El fracaso del programa fue absoluto y todo quedó en eso... en un programa más. Como corresponsal de La Correspondencia en España y de La Prensa de Buenos aires, Maeztu marchó a Londres en 1905. Allí permanecerá quince años, intenumpidos tan sólo por una breve temporada que pasa en Alemania, para asistir junto con Ortega a los cursillos de Filosofía que explica en Marburgo el Profesor de metafísica Herman Cohen. El ir a Inglaterra -cuenta a sus lectores 031-fue "para cerciorarse de que el secreto de la superioridad de los anglosajones, en la que el mundo creía entonces, consistía en sus instituciones liberales y en sus preferencias por la s actividades libres, sobre las oficinas del Estado". Pero no tardó en comprobar -son palabras suyasque el liberalismo político de los ingleses está refrenado y aun dirigido por el tradicionalismo de su 1 1. - Se recoge en el vo l. l. p. 1016 de las obras completas de RAMÓN GÓMEZ DE LA SERNA. Barcelona. 1956. Citada por GONZALO FERNÁNDEZ DE LA MORA en "Ortega y el 98" , Ri al p, 1963, p. 84. 12 .- Un extracto de esta co n fe rencia lo recoge DIONISIO GAMALLO FIERRO en "Hacia 1111 Maez tu total''. Cuadernos Hispano-Americanos. nums. 33 y 34. Madrid. 1952. pp. 399 y 400. 13.-RAMIRO DE MAEZTU: "' Ensayos", Biblioteca Emece de Obras Universales, Bue no s Aires. 1948. pp. 179 y 180 . 30 JOSÉ F. ACEDO CASTILLA carácter. Es una contradicción inherente a ese pueblo que don Alejandro Pidal retrataba diciendo: "Inglaterra es el monstruo de la salud de hierro, que le permite tragar impunemente los venenos". Lo s primeros años de su estancia en Inglaterra le producen una penosa desilusión. Londr es, escribe, es el paí s del silencio: "Aquí hablan la s máquinas, hablan las obras, pero los hombres callan. Sólo se permiten hablar de lo que hacen" 0 4 >. Maeztu da la impresión de hallarse aislado en aquella inmensa urbe, cuando - corno dice Marrero os >_ desde el principio tuvo grandes amigos, entre ellos el Príncipe Kropotkin, uno de los padre s del anarquismo ruso , tan enemigo del Estado como de la dictadura del proletariado. Frecuentó la "Sociedad Fabiana" y l os centros religiosos cuyas discusiones teológicas le interesaban. Estuvo en contacto con el círc ulo de Chesterton y el de Hilaire Belloc y también con el Barón Von HU.gel , que tanto había de influir en la reafirmación de sus convicciones ca tólicas. Por aquellas fechas había surgido en Inglaterra, como posición interm ed ia entre el Socialismo de Estado, que propugnaba la Fabian Society, y el Sindicalismo Tradeunionista, influido por el sindicalismo revolucionario francés, el grupo del "Guild Socialism", que -tomando gran parte de su con te nid o de la escuela corporativa católica y de la teoría de los derechos objetivos y del solidarismo, del que fue exponente el Profesor de Burdeos León Duguitabogaba por el control industrial obrero, denunciaba la burocracia y la dictadura del Estado, condenaba la anarquía y reconocía que la existencia del Estado, co mo instrumento para el andamiaje político de la unidad, es imprescindible. Maeztu, que sie mpre se sint ió atraído por los temas sociales, al punto que él mismo se consideraba liberal socialista, entró en contacto con el grupo intelectual que dirigía la revista The New Age, órgano oficial del "guildismo", y se sintió tan compenetrado con ellos, les aportó tantas ideas desde el plano filosófico, que Orage, el fundador guildista y cuyo libro Socialismo gremial se traduciría al español, llegó a llamar se discípulo y admirador suyo. 14.- RAMIRO DE MAEZTU: "Aurobiografía", ob. cit., p. 139. 15. -VICENTE MARRERO: "Maez lll", Rialp. Madrid, 1955, p. 3l l. MAEZTU ANTE EL CENTENARIO DEL 98 31 Durante la guerra europea, publica Maeztu en lengua inglesa su notable opúsculo Inglaterra en armas, en el que resume sus impresiones acerca de los frentes de batalla aliados, que recorre como corresponsal de prensa, vistiendo el uniforme de oficial del ejército inglés; y publica el libro Autority Liberty and Function in the light uf the wolrd que, corregido y renovado, apareció en español en 1919, con el título La crisis del humanismo, en el que realiza un profundo análisis de los principios de autoridad, libertad y función, para en definitiva, basar en este último todo lo concerniente a la organización corporativas de las sociedades. Maeztu parte de la idea de que los hombres no se asocien inmediatamente los unos a los otros, como creen las escuelas liberales, ni están asociados en un ser genérico transindividual, como mantiene las escuelas conservadoras, sino que están asociados y se asocian en cosas comunes, materiales y espirituales, en bienes colectivos, y, últimamente, en valores universales, De aquí deduce el principio de la "primacía de las cosas" n6 >, lo que le lleva a la conclusión de que no es lícito ni admisible el ejercicio del mando, de la autoridad ni del poder, si no se fundamenta en el ideal de justicia, y en la máxima adecuación de la naturaleza del hombre a los valores que es necesario crear, conservar y acrecentar incesantemente. El principio funcional <1 7 >, en cuanto presupone la organización de las clases productoras, lleva implícita -a su entender-la resurrección de los gremios, en cuanto, con el nombre que sea, constituyen el gran ejemplo históri co de cómo, merced a sus dos grandes principios, el de "limitación" y el de "jerarquía", se ponían trabas a los excesos de autoridad y se limitaba efectivamente el poder de los individuos < 18 >. Y como, frente a la deificación hegeliana del Estado, Maeztu siempre fue opuesto a la absorción estatal de la sociedad, su bordina el interés del Estado al de la Comunidad, al Derecho, a la Justic ia en abstracto; por lo que no es de extrañar que abogue por la descentralización del Estado, no sólo por regiones, sino, sobre todo, por funciones '19>. El ideal - 16 .- RAMIRO DE MAEZTU: " la crisis del Humanism o", Nueva Edición, Libros y Revistas. Madrid, 1945. pp. 245 y 248. 17 .- Ibídem, pp. 23 1, 273, 282 y ss. 18.- Ib ídem, pp. 197 y 2 04 l9.- Ibídem. p. 20l. 32 JOSÉ F. ACEDO CASTILLA dice. no ha de consistir en centralizar los distintos poderes, sino en diseminarlos, de tal suerte que llegue a cada corporación y a cada hombre un poco de poder y que este poder sea sufi ciente para su autonomía, y que cada institución y cada individuo sepa que está obligado a hacer lo suyo y a reclamar a los demás que hagan también lo que les corresponda < 20 >. Para Eugenio d 'Ors, la Crisis del humanismo fue una de las obras de mayor sustancia ideológica salida de la pluma de un español contemporáneo, opinión coincidente con la de Salvador de Madariaga <2 n, quien consideró a este libro como el primer ensayo serio sobre los nuevos rumbos del Estado europeo. 11 La situación anárquica en que se vió sumida la España de los años veinte hizo necesario que, en 1923, se estableciera una dictadura militar para restaurar el orden, restaurar la autoridad escarnecida y sanar la administración municipal que, como denunciara Mella < 22 >, "fuera de algunas provincias era una laguna fétida". La primera actitud de Maeztu frente a la Dictadura fue expectante, no por cautela de torpe índole -como aclara Gamallo < 23i_, sino por legítima discreción. A los cinco días del pronunciamiento publicó en El Sol un artículo que titulaba Agua Pasada <24 i, en el que, tras comentar el espectáculo vergonzoso y desolador a que había llegado la situación parlamentaria y lamentar que las libertades no se hubiese utilizado para formar la conciencia nacional, sino para destruirla, expone su reacción ante el golpe de Estado. Deja a salvo "sus principios doctrinales de hombre demócrata", pero comprende que la anormalidad de las circunstancias reclamaba también medidas de reacción anormales. "Ahora ha surgido 20 .- Ibidem. p. 62. 21.- Citados por MARRERO. ob. cit.. p. 341. 22.- JUAN VÁZQUEZ DE MELLA: "Die/adura ", Obras completas. Madrid, 1933. p. 2 79 . 23.- DIONISIO GAMA LLO Fr ERRO: Ob. ci t.. p. 430. 24.- RAMIRO DE MAEZTU: "C on el DirecJnrio Militar", Editora Na cio nal, Madrid. 1957, pp., 22 y SS. MAEZTU ANTE EL CENT ENARIO DEL 98 33 -dice-lo que surge siempre cuando un pueblo amenaza con disolverse y hay un poder que se opone a su disolución. Esto que ha surgido puede ser bueno o malo ... Todo depende de la manera como se use" <25J. Días después, y desde las mismas páginas de El Sol, vo lverá a insistir sobre el tema, dando por bien desaparecido el régimen que acababa de ser derribado, si bien propugna la necesidad de buscar el modo de que el pueblo se eduque gradualmente en la responsabilidad del Estado y dar nuevos cauces de participación, sin volver al sistema antiguo, pues "si se vuelve a implantar un régimen con las raíces podridas, no extrañe a nadie que su flor se desvanezca como polvo" (26J. Más donde fija definitivamente su postura es en la conferencia que pronuncia el 7 de noviembre de 1923 en el teatro Lloréns de Sevilla sobre La decadencia de Occidente de Spengler (27J, considerada por algunos como clave de su evolución política, y en la Charla personal sobre las nuevas ideas (28J, que tres días después de aquélla da en el Ateneo hispalense. Su conclusión es terminante: "El nuevo régimen -dicetrata de asegurar Ja subsis tencia de la Sociedad española, para que no sea posible "balcanizarla" desde fuera, ni que se abandone desde dentro el espíritu de "i ncoherencia". En el verano de 1925 Maeztu hace un viaje a Norteamérica, invitado a pronunciar una serie de conferencias en el Colegio de Middlebury, sobre ternas españoles, y a su regreso publica el libro Don Quijote, Don Juan y la Celestina, inspirado en el criterio de que los grandes mitos literario s, en cuanto expresan los deseos, esperanzas y temores de una época, son los mejores testigos de la Historia y el más adecuado exponente de los sentimientos que les mueven. En el capítulo que titula "España y el Quijote", Maeztu nos ofrece su visión del pa sado español dentro de una línea ortodoxa, aunque todavía no se mue stra solidarizado con él. "Movidos por el ideal religioso, los hombres hispánicos del siglo 25.- Ibídem, p. 26. 26.-ihídem, p. 32. 27.- Un extracto de esta conferen cia Jo recoge DIONfSIO GAMALLO en ob. cit.. pp. 434 y 436. 28.- RAMIRO DE MAEZTU: "Ensayos"', ob. cit., pp. 143 y 144. También recoge un ex tracto DIONISlO GAMELLO en oh. cit., p. 437. 40 JOSÉ F. ACEDO CASTILLA Aunque Maeztu obtuvo acta de Diputado por Guipúzcoa en las elecciones de noviembre de 19 33, no creía en el s ufragio universal <5 4l, qu e -como dicepenetra en los pueblos como una cuña y ahonda sus divisiones, las encona, las gangren a, convirtiendo cada elección en un conato de guerra civil. Igualmente r ep udia al Parlamento, porque -como decía Berdia eff -el Parlame nto es la legislatura de la "disensión", el pr edominio de la "opos ición" sobre el "sa ber", la incapacidad reconocida de vivir en la verdad (55J. El Parlamento -añadees útil para expresar la voluntad del pueblo, para votar o negar recursos económicos a los Gobiernos, para censurar una política determinada, pero no es apto para la función legislativa, en cuanto le son inherentes los partidos y a los pm1idos la parcialidad. El Parlamento de los partidos es Juez y parte al mismo tiempo, no por corruptela, sino por esencia, y ser Juez y parte es la negación de la Justicia, según el decir de nue stro pueblo (56> . El amparo de los ciudadanos contra los excesos de los Gobiernos no es tá en lo s Parlamentos de partido s, s ino en la independencia y fortaleza del Pod er Judi cia l (57J. El 30 de mayo de 1935 Ma eztu l eyó su discurso de in greso en la Academia Española, que versó sobre La br evedad de la vida en nuestra poesía lírica. Aquel mismo año comenzó a publicar su Defensa del E.lpíritu, en la que -como dice Mlllán Puelles (58J. más que defender abstractamente la existencia del ser espiritual, trata de salvar su concreta y real "persistencia", demos trando , de un lado, que el espíritu es siempre un verdadero poder, y de otro, como el reverso, que el verdadero pod er es si em pr e espíritu. De este modo -añade Mlllán Puelles-, si por una parte se dirige a levant ar de su manifiesto abatimiento a los que están a punto de negar un espíritu, en cuyo poder apenas creen, por otro, en cam - bio, quiere proteger de su latente, pero no menos grave debilidad, a los que han sucumbido a la tentación de adorar un pod er, cuya profunda esencia espiritual ignoran o fal sea n. 54.-RAMIRO DE MAEZTU: "Fre nte a la Re¡níblica"', ob. cit.. p. 16 1. 55.- Ibídem. p. 186. 56.- Ibídem. pp. 184, 185 y 186. 57.- ibídem. p. 18 4. 58.- ANTONIO MILLÁN PUELLES: " M ae ~ t u y la Defensa del Esplrilu ", Amigos de Mn cztu. Madrid. l957. pp. 7 y 8. MAEZTU ANTE EL CENTENARIO DEL 98 41 Maeztu fue sin duda uno de los intelectuales más constructivos de cuantos produjo España en la primera mitad del siglo y, por supuesto, uno de los más honrados, como afirmaba Pemán. Si en su juventud buceó en los tópicos y no escapó a la tentación revolucionaria, en la madurez, con toda valentía, polarizó su pensamiento en torno a la s ideas de Hispanidad y Contrarrevolución, cuyo instrumento político era, a su entender, la Monarquía tradicional. Por este ideal escribió sin tregua, luchó sin desfallecimiento y murió heróicamente ofrendando su sangre, como dijo Eugenio Vegas (59), para que fecundara la tierra española y obtener del Señor que bendijera y llevara al recto camino a los hijos de sus verdugos. La muerte -como ha escrito Fernández de la Moranos arrebató su brazo, pero no queda la obra hecha. " Una manu s ua faciebat opus et altera tenebat gladium". 59.- EUGENIO VEGAS LATAPIÉ: "Evocación de Ramiro de Ma e: tu" , en "Defensa de la Hispanidad", ob. cit., 5' Edición, p. 7. 60.- GONZALO FERNÁNDEZ DE LA MORA: "Maez tu y la Teoría de la Revolución ", ob. cit.. p. 105.