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Humanismo y letras áureas en el entorno cultural del VII Duque de Medina Sidonia (con nuevas perspectivas críticas sobre la Academia hispalense y el Conde de Niebla)

Escobar Borrego, Francisco Javier

Abstract

El presente estudio ofrece un análisis monográfico circunscrito al entorno cultural del VII Duque de Medina Sidonia, con especial atención a su etapa de juventud. Para ello se aportan nuevas perspectivas críticas con el objeto de cubrir cierto vacío documental en lo que atañe al estado de la cuestión. De hecho, la notable labor de mecenazgo por parte de dicho noble, continuada con el tiempo por su hijo, el XI Conde de Niebla, resultó crucial para el desarrollo de la trayectoria profesional de destacados humanistas que vinieron a conformar la denominada Academia hispalense.

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Librosdelacorte.es PRIMAVERA-VERANO nº 20, AÑO 12 (2020) ISSN 1989-6425 Librosdelacorte.es, PRIMAVERA-VERANO, nº 20, año 12 (2020). ISSN 1989-6425 DOI: https://doi.org/10.15366/ldc2020.12.20.002 HUMANISMO Y LETRAS ÁUREAS EN EL ENTORNO CULTURAL DEL VII DUQUE DE MEDINA SIDONIA (CON NUEVAS PERSPECTIVAS CRÍTICAS SOBRE LA ACADEMIA HISPALENSE Y EL CONDE DE NIEBLA) Francisco J. Escobar (Universidad de Sevilla) [email protected] RESUMEN El presente estudio ofrece un análisis monográfico circunscrito al entorno cultural del VII Duque de Medina Sidonia, con especial atención a su etapa de juventud. Para ello se aportan nuevas perspectivas críticas con el objeto de cubrir cierto vacío documental en lo que atañe al estado de la cuestión. De hecho, la notable labor de mecenazgo por parte de dicho noble, continuada con el tiempo por su hijo, el XI Conde de Niebla, resultó crucial para el desarrollo de la trayectoria profesional de destacados humanistas que vinieron a conformar la denominada Academia hispalense. PALABRAS CLAVE: Humanismo; mecenazgo nobiliario; VII Duque de Medina Sidonia; XI Conde de Niebla; Academia hispalense HUMANISM AND AURIAL LETTERS IN THE CULTURAL ENVIRONMENT OF THE VII DUKE OF MEDINA SIDONIA (WITH NEW CRITICAL PERSPECTIVES ABOUT HISPALENSE ACADEMY AND THE COUNT OF NIEBLA) ABSTRACT The present study offers a monographic analysis circumscribed to the cultural environment of the VII Duke of Medina Sidonia, with special attention to his youth stage. For this, new critical perspectives are contributed in order to cover a certain documentary deficiency regarding the state of the matter. In fact, the remarkable patronage work by said noble, continued over time by his son, the XI Count of Niebla, was decisive for the development of the professional career of prominent humanists who came to form the so-called hispalense Academy. 31 Francisco J. Escobar Librosdelacorte.es, PRIAVERA-VERANO, nº 20, año 12 (2020). ISSN 1989-6425 DOI: https://doi.org/10.15366/ldc2020.12.20.002 KEY WORDS: Humanism; noble patronage; VII Duke of Medina Sidonia; XI Count of Niebla, hispalense Academy *** Fue aqueste mozo ilustre un tiempo cortesano y soldado también gallardo y fuerte; […] Aquí llora y divierte con rústico vestido, en estas soledades […] (Lope de Vega, Arcadia, III) «La virtud es un hábito que consiste en la medianía de las cosas, y la honrra y fama son premios della». Son palabras extraídas del Discurso sobre una pregunta que el Duque de Medina Sydonia hiço al comendador Gerónimo de Carrança…, reflejo de nociones conceptuales sobre filosofía estoica, es decir, la virtud y la aurea mediocritas, esenciales para la obtención de prestigio profesional1. Se trataba, en efecto, de una declaración de principios morales y cívicos, que conformaban señas de identidad ideológicas significativas en el entorno cultural de D. Alonso Pérez de Guzmán, VII Duque de Medina Sidonia. Dicho círculo de élite, sustentado sobre políticas de mecenazgo artístico, legitimación social y discursos de poder al servicio de un modelo andaluz de nobleza, se fue gestando ya desde el temprano año de 1565 aproximadamente hasta adquirir un notable floruit o acmé hacia 1582. En este entorno cultural se desarrollaron, de hecho, tertulias culturales protagonizadas tanto por Jerónimo de Carranza, o Sánchez de Carranza, capitán sevillano y preceptor de esgrima del acaudalado noble2, 1 El texto se ha transmitido en tres manuscritos custodiados en la Biblioteca Nacional de España con algunas variantes que afectan especialmente a los marginalia. Los dos primeros son los siguientes: Carta de Carranza a Felipe II sobre una pregunta que le hizo el VII Duque y Discurso sobre una pregunta que el Duque de Medina Sidonia hizo al Comendador Gerónimo de Carranza; Biblioteca Nacional de España, MSS/12933/6; y Carta para el Rey Don Phelippe II del capitán Gerónimo de Carrança. Discurso sobre una pregunta que el Duque de Medina Sidonia hiço al comendador Gerónimo de Carrança, queriendo saver de dos que riñieron quál auía de dar satisfacción, el que llamó judío al otro o el que le respondió mentís. Papeles tocantes à Phe. 2°. Tomo 2°; Biblioteca Nacional de España, MSS/1750, fols. 366-375. El tercer códice, el 17998 (núm. 4, fols. 212r-219v), ofrece como peculiaridad una nota de Pascual de Gayangos, fechada en Madrid el 25 de junio de 1854, en la que apostilla que Nicolás Antonio no tuvo noticia de este opúsculo ni tampoco de otras obras de Carranza. Para esta cita y sucesivas procedentes de fuentes antiguas, conservaré las grafías. Asimismo, regularizo el empleo de mayúsculas y minúsculas, así como la puntuación. 2 Resulta visible la nombradía de Carranza y su Philosophía de las armas (Sanlúcar de Barrameda, 1582) en nuestras letras del Siglo de Oro. De hecho, este afamado capitán sevillano no sólo figuró en destacadas obras de su entorno más cercano, como el Hércules animoso, de Juan de Mal Lara o un ciclo de epigramas satíricos por parte del canónigo Francisco Pacheco, sino también en otras de sumo interés, llegando incluso a ser caracterizado como un personaje literario. Tanto es así que, por su renombre, la expresión «ser un Carranza» aludía, ya en la época, a ser diestro en las armas, habilidad 32 Humanismo y Letras Áreas … Librosdelacorte.es, PRIMAVERA-VERANO, nº 20, año 12 (2020). ISSN 1989-6425 DOI: https://doi.org/10.15366/ldc2020.12.20.002 como por otros preclaros humanistas hispalenses de la altura de Juan de Mal Lara, Fernando de Herrera y Cristóbal Mosquera de Figueroa; es decir, contertulios asiduos en reuniones similares bajo el patrocinio de otros influyentes nobles de la época como D. Álvaro de Portugal, Conde de Gelves, en su finca Merlina3. ponderada por Mal Lara en el Hércules, haciéndose eco de los tecnicismos de su amigo mientras presenciaba una clase de esgrima dirigida a un joven VII Duque de Medina Sidonia. No menos presente se encuentra el diestro en el Poema heroico de las necedades y locuras de Orlando el Enamorado de Quevedo (canto II, v. 292), en el que el humanista madrileño parodia, de paso, como en El Buscón, a su enemigo Luis Pacheco de Narváez. Tampoco faltó su figura en el auto sacramental la Vida del alma de Lope de Vega, autor que pretendió, por cierto, el mecenazgo literario de los Medina Sidonia, y, sobre todo, en Entre bobos anda el juego, de Francisco de Rojas Zorrilla. Se trata esta obra, en particular, de una comedia de figurón en la que, en armonía con unos sugerentes apuntes a Don Quijote y Dulcinea, Carranza aparece retratado como un criado espadachín, seguramente en alusión jocoseria a su actitud servil hacia el Duque y sus lecciones de esgrima. En cuanto a este capitán, ora la espada, ora la pluma, preparo un estudio monográfico, si bien pueden consultarse en lo referente al estado de la cuestión: Claude Chauchadis, “Didáctica de las armas y literatura: Libro que trata de la Philosophía de las armas y de su destreza de Jerónimo de Carranza”, Criticón 58 (1993): 73-84; Stefano de Merich, Armi, lettere, onore nel Libro…qve trata de la Filosofía de las armas de Jerónimo de Carranza (1582) (Tesi di Laurea. Roma, Università degli Studi «La Sapienza», 2003); Id., “Un testo picaresco del 1582: il Diálogo de la falsa destreza di Jerónimo de Carranza”, Rivista di filologia e letterature ispaniche 7 (2004): 43-68; Id., “La presencia del Libro de la filosofía de las armas de Carranza en el Quijote de 1615”, Cervantes 27.2 (2007): 155-180; Pedro Javier Romero Cambra, “Massinger and Carranza: A Note on Fencing and Points of Honour in Sixteenth- and Seventeenth-Century Drama”, Notes and Queries 54.4 (2007): 392-393; José M.ª Hermoso Rivero, “Jerónimo Sánchez de Carranza y el primer tratado de esgrima español publicado en Sanlúcar de Barrameda (1582)”, El Rincón malillo. Anuario del Centro de Estudios de la Costa Noroeste de Cádiz (CECONOCA) 3; accesible en: http://www.ceconoca.org/index.php?option=com_content&view=article&id=100; Stefano de Merich, “La Philosophía de la destreza de las armas de Jerónimo de Carranza, del buen modo de transmitir la ciencia de las armas”, en Hommage à André Gallego: La transmission de savoirs licites ou illicites dans le monde hispanique péninsulaire (XIIe au XVIIe siècles), ed. Luis González Fernández (Toulouse: CNRS – Université de Toulouse-Le Mirail, 2011), 441-452; Francisco J. Escobar, “Dos textos desconocidos de Jerónimo de Carranza a propósito del XI Conde de Niebla y Mateo Vázquez (con unas notas sobre Hernando de Vega)”, en El Duque de Medina Sidonia: mecenazgo y renovación estética, ed. José Manuel Rico García y Pedro Ruiz Pérez (Huelva: Servicio de Publicaciones de la Universidad, 2015), 119-142; e id., “Nouveaux renseignements sur Fernando de Herrera et l’Académie sévillane dans Philosophía de las armas, de Jerónimo de Carranza”, en La Renaissance en Europe dans sa diversité. III. Circulation des hommes, des idées et des biens, héritages, ed. Lioudmila Chvedova, Michel Deshaies, Stanislaw Fiszer y Marie-Sol Ortola (Nancy: Université de Lorraine, Groupe «XVIe et XVIIe siècles en Europe», 2015), 289-303. 3 A los contertulios de esta Academia itinerante les resultaba, en efecto, posible viajar desde el Puerto de Sevilla en Tablada hasta la barra o acceso de Bonanza en Sanlúcar. Repárese, en este sentido, en la importancia del Guadalquivir, esto es, el mítico Betis, bien presente en la laus urbis natalis comprendida en la poesía hispalense, tanto para estos humanistas como para el VII Duque, también nacido en esta ciudad. Vid. en lo referente a la naturaleza y significado de tales reuniones literarias: Francisco J. Escobar, “Noticias inéditas sobre Fernando de Herrera y la Academia sevillana en el Hércules animoso, de Juan de Mal Lara”, Epos 16 (2000): 133-155; e id., “Nouveaux renseignements sur Fernando de Herrera et l’Académie sévillane dans Philosophía de las armas, de Jerónimo de Carranza”, cit. En lo que concierne a la notoriedad del Guadalquivir en la cosmovisión de los Guzmanes: Fernando Cruz, “El patrimonio artístico y los Guzmanes (1297-1645)”, en El río Guadalquivir, del mar a la marisma: Sanlúcar de Barrameda, coord. Javier Rubiales Torrejón (Sevilla: Junta de Andalucía, Consejería de Obras Públicas y Transportes, 2011, vol. II), 161-167 y 480-481 (notas). 33 Francisco J. Escobar Librosdelacorte.es, PRIAVERA-VERANO, nº 20, año 12 (2020). ISSN 1989-6425 DOI: https://doi.org/10.15366/ldc2020.12.20.002 Asimismo, esta actividad humanística en torno al VII Duque no será sino tan sólo un anticipo de la tertulia cultural que se habría de celebrar en torno a su primogénito, el XI Conde de Niebla4, en la Huerta del Desengaño a las afueras de Sanlúcar de Barrameda, en cuyas sesiones participarían Pedro Espinosa y otros escritores en la estela de la nueva poesía5. De su funcionamiento, sea como fuere, ha quedado constancia, entre la realidad histórica y la ficción, en El Desengaño discreto y retiro entretenido (ca. 1668), de Francisco de Eraso y Arteaga (1620-1669)6, obra estructurada en una serie de discursos a cargo de siete contertulios, lo que viene a recordar los siete sabios de Grecia, a partir de las nociones conceptuales de retiro, soledad y desengaño, esto es, mediante una dinámica metodológica afín a la que voy a analizar en el caso del VII Duque y los hombres de letras sevillanos. Con todo, estas lábiles fronteras entre la realidad y la ficción no impedían entroncar con el recurso literario del retiro en una quinta o casa de placer, como en el Decamerón de Boccaccio hasta llegar a obras áureas españolas tan conocidas y reconocidas como Los cigarrales de Toledo, de Tirso de Molina a propósito de las fincas señoriales de recreo o de placer ubicadas junto a las orillas toledanas del Tajo. Pues bien, al margen de retiros, tertulias culturales y desengaños, lo cierto es que en el estado de la cuestión circunscrito al mecenazgo de la casa ducal de Medina Sidonia, los estudios históricos, filológicos y de otras disciplinas se han venido 4 Para dicho puente modulatorio a efectos de mecenazgo: Fernando Cruz, “El mecenazgo arquitectónico de la Casa ducal de Medina Sidonia entre 1559 y 1633”, Laboratorio de Arte 18 (2005): 173-184. 5 Véase: Francisco J. Escobar, “¿Topografía o topotesia en el entorno espiritual del Conde de Niebla?: sobre Soledades contemplativas y el Retrato de Pedro Espinosa (con dos documentos inéditos)” e- Spania. Revue interdisciplinaire d’études hispaniques médiévales et modernes 23 (2016): 1-26, accesible en: https://journals.openedition.org/e-spania/25264; e id., “Restitutio eremiticae uitae et studia diuinitatis: nuevos datos sobre Pedro Espinosa y el Conde de Niebla (con Góngora y la estela de la poesía culta in margine)”, en L’Exemplum virgilien et l’Académie napolitaine à la Renaissance Itinera Parthenopea, I, ed. Marc Deramaix y Giuseppe Germano (París: Librairie Classiques Garnier, 2018), 399-418. 6 Se ha transmitido el texto en un códice con fecha de 1891 y por encargo del I Marqués de Jerez de los Caballeros: El desengaño discreto y retiro entretenido, dedicado a la muy noble y muy leal ciudad de Sanlúcar de Barrameda, compuesto por el capitán D. Francisco de Eraso y Arteaga. Lo custodia la Biblioteca de la Fundación Menéndez Pelayo con la signatura M-255; vid. José M.ª Hermoso y Antonio M. Romero, “Una historia de Sanlúcar de Barrameda inédita, escrita a mediados del siglo XVII por Francisco de Eraso y Arteaga y contenida en su obra El Desengaño discreto y retiro entretenido”, Cartare 3 (2013); http://www.ceconoca.org/?id=312. Pues bien, en sus fols. 5-7 se detiene Eraso en la écfrasis del lugar en el que se celebraban estas tertulias de una forma similar a Carranza en su arranque de la Philosophía de las armas a propósito de las afueras de Sanlúcar y la descriptio loci; a partir del fol. 9 se ofrecen, asimismo, datos relativos a los contertulios del Desengaño, «desengañado Palacio» o «ruijnas [sic] del Desengaño», espacio que eligieron «para Academia de sus discursos y lonja de su amistad». También, como en la Philosophía de las armas, Eraso se vale de nombres simbólicos tales como Feniso, identificado como fray Tomás Fernández de Lima, dominico natural de Sanlúcar y autor del Elucidario de Sanlúcar de Barrameda (obra de carácter histórico no localizada hasta el momento); o Rosauro, personaje que recuerda a Pedro Espinosa por sus reflexiones filosóficas Sobre las excelencias de la soledad en el capítulo III del Desengaño. De Eraso conservamos, además: Del agravio hacer venganza y hablar bien del enemigo. Comedia en tres jornadas; Biblioteca Nacional de España, MSS/16551; véase: José Simón Díaz, Manual de bibliografía de la literatura española (Madrid: Gredos, 1980, vol. IX), 598, nº 4766 y 4767. 34 Humanismo y Letras Áreas … Librosdelacorte.es, PRIMAVERA-VERANO, nº 20, año 12 (2020). ISSN 1989-6425 DOI: https://doi.org/10.15366/ldc2020.12.20.002 centrando en la figura del VII Duque, especialmente en su última etapa y a raíz de ser nombrado responsable de la Armada Invencible, a la que cantaron, entre otros felices ingenios, Góngora en una canción de 1588, incluida en Flores de poetas ilustres (1605) de Pedro Espinosa, antes del conocido fracaso de la flota ese mismo año7. En este sentido, si bien tan sólo traeré a colación datos representativos sobre tal período del Duque, en concreto, como punto de inflexión en su carrera militar, mi análisis tratará de cubrir cierto vacío documental en una etapa anterior, remontándome, para ello, a su niñez y primeros años de juventud. Por último, esta perspectiva resultará de interés para comprender su notorio mecenazgo en la trayectoria profesional de representativos humanistas de la vida cultural sevillana de la segunda mitad del siglo XVI, que habrá de preludiar la labor, también desde esta égida nobiliaria, del XI Conde de Niebla. En fin, antes de entrar en materia, comencemos, en primer lugar, con una sucinta presentación del mecenas, el VII Duque, en cuyo entorno cultural los humanistas hispalenses trasplantaron sus tertulias eruditas a la distinguida villa gaditana de Sanlúcar de Barrameda. EL VII DUQUE Y SU MECENAZGO LITERARIO Alonso Pérez de Guzmán y Sotomayor, conocido como Alonso Pérez de Guzmán y Zúñiga (1549-1615), fue hijo del IX Conde de Niebla, Juan Claros Pérez de Guzmán (1519-1556), y de Leonor Manrique de Sotomayor y Zúñiga, hija del V Conde de Belalcázar y de la Duquesa de Béjar8. Fue bautizado en Sevilla por Alonso de Sanabria, Obispo de Disbasta, contando como padrinos con los Condes de Olivares, Antonio de Zúñiga, con posterioridad, III Marqués de Ayamonte, y Ana de Guzmán, andando el tiempo, Duquesa de Frías. Por lo demás, contrajo nupcias D. Alonso con la princesa Ana de Silva y Mendoza, hija de Ruy Gómez de Silva, I príncipe de Éboli, y de Ana de Mendoza y de la Cerda, II princesa de Melito9. Es más, 7 La canción de Góngora De la Armada que fue a Inglaterra arranca con el íncipit: «Levanta, España, tu famosa diestra»; véase la edición de las Canciones y otros poemas en arte mayor al cuidado de José M.ª Micó (Madrid: Espasa-Calpe, 1990), 63-69, con una introducción previa en 59-62. 8 A propósito del VII Duque pueden leerse los estudios de I. A. A. Thompson, “The Appointment of the Duke of Medina Sidonia to the Command of the Spanish Armada”, The Historical Journal 12.2 (1969): 197-216; Luisa Isabel Álvarez de Toledo, Alonso Pérez de Guzmán, general de la Invencible (Cádiz: Universidad, 1985, 2 vols.); Luis Salas Almela, Colaboración y conflicto. La capitanía general del Mar Océano y Costas de Andalucía, 1588-1660 (Córdoba: Universidad, 2002), 25 ss.; Antonio Urquízar, Coleccionismo y nobleza. Signos de distinción social en la Andalucía del Renacimiento (Madrid: Marcial Pons, 2007), sobre todo, los epígrafes “Riquezas y escenografías de la Casa de Medina Sidonia” y “Un modelo de ornamentación: el VI Duque de Medina Sidonia”, 130-142 (las páginas 140-143 están dedicadas al VII Duque) y 176-207, respectivamente; Luis Salas Almela, “El reinado del duque don Alonso: 1570-1615” y “Consolidación señorial y fortalecimiento regio: don Manuel Alonso (1615- 1636)”, en Medina Sidonia. El poder de la aristocracia (1580-1670) (Madrid: Marcial Pons, 2008), 225-272 y 273-307; y Juan Ruiz Jiménez, “Power and musical Exchange: the Dukes of Medina Sidonia in Renaissance Seville”, Early Music 37 (2009): 401-415. 9 Noticias de relieve referidas a Dª Ana de Silva y Mendoza ofrece su epistolario editado por Trevor Dadson y Helen H. Reed, Epistolario e historia documental de Ana de Mendoza y de la Cerda, princesa 35 Francisco J. Escobar Librosdelacorte.es, PRIAVERA-VERANO, nº 20, año 12 (2020). ISSN 1989-6425 DOI: https://doi.org/10.15366/ldc2020.12.20.002 como otro rasgo de su personalidad, D. Alonso, que pasó a ser X Conde de Niebla tras el fallecimiento de su padre en 1556, estuvo muy vinculado a su abuelo Juan Alonso Pérez de Guzmán y Zúñiga, VI Duque de Medina Sidonia (1518-1558)10. A Juan Alonso no le sucedió, por tanto, su hijo Juan Claros sino su nieto, es decir, el VII Duque, disfrutando este joven de una de las más acaudaladas fortunas de Europa, lo que atrajo, claro está, la atención de estos distinguidos y eruditos humanistas a efectos de mecenazgo nobiliario. En cuanto a sus responsabilidades en la Corte, el VII Duque ostentó los cargos de adelantado de Andalucía, gobernador del Milanesado y capitán general del Mar Océano. Su trayectoria profesional se vio envuelta, además, en cierta polémica, pues dirigió la Armada que debía asaltar Inglaterra por orden de Felipe II y que acabó, como irónico contrapunto, en una notable decepción. Tanto es así que a propósito de su infortunio como estratega militar, se le atribuye a Cervantes un soneto circunscrito a la entrada del noble en Cádiz («Vimos en julio otra semana santa»), tras haber sido asediada la ciudad en 1596 por una flota anglo-holandesa. De hecho, se indica, en un documento custodiado en el Archivo ducal de Medina Sidonia, que les sorprendió dicho ataque, estando, al parecer, entretenidos en los deleites literarios de un corral de Comedias. Incluso, en otro manuscrito procedente del mismo fondo, se subraya que el noble fue objeto de una investigación, de manera que se vio obligado a aclarar su grado de responsabilidad en el asunto11. Sea como fuere, en el soneto de Éboli (Madrid – Frankfurt am Main: Iberoamericana – Vervuert, 2013). De este conjunto de cartas se deduce que el VII Duque no trataba, como hubiera sido deseable, a su esposa, mientras que esta se defendía ante severas inculpaciones que le llevarían, finalmente, a padecer prisión por imperativo de Felipe II. Por tanto, Dª Ana habría sufrido un castigo similar al de su madre. 10 Antonio Urquízar, por su parte, pone de manifiesto la ornamentación y función social de los bienes del VI Duque a partir del inventario post mortem del noble, datado el 26 de noviembre de 1558, a modo de documento anexo de su monografía Coleccionismo y nobleza …, 176-207 (ilustración de las páginas 132-140). Entre otros emblemas significativos, que habrá de heredar, como legado, el VII Duque, destacan valiosos objetos exornados con las armas de los Guzmanes, la cruz de Santo Domingo, imágenes religiosas, así un «San Jorge de Alabastro», tapicería de tema mitológico, como los doce paños de la historia de Hércules, «una tabla pequeña del tamaño de medio pliego de papel de la lucha de Hércules y Anteo», un «lienzo de Flandes de la conversión de San Pablo», un «papel aforrado en lienzo de la isla de Sicilia», vihuelas de arco y otros instrumentos, libros de música, un «libro de mano de las epístolas de San Jerónimo», obras de Boecio, Séneca, Lucano y otros autores romanos de aliento estoico, además de la «vida y fábulas de Esopo». 11 Los documentos se encuentran, respectivamente, en los legajos 2400, a propósito de la relación del saco de Cádiz por Francis Drake el 29 de abril de 1587, y 2403, con fecha de 1596. Luis Salas Almela, por su parte, me transmite que pudo tratarse de un ardid del noble con el objeto de destruir las posibilidades de expansión económica de Cádiz, quedando así sólo Sanlúcar como emporio estratégico y comercial; vid. de este autor, para la concepción portuaria de tales enclaves geográficos relativos al ducado de Medina Sidonia: “Un puerto de invierno para la Armada del mar Océano: la perspectiva señorial de los Duques de Medina Sidonia (1600-1640)”, Huelva en su Historia 13 (2010): 135-148. En lo sucesivo, me referiré al Archivo Ducal de Medina Sidonia bajo las siglas ADMS. Por lo demás, agradezco a su personal, especialmente a su directora, Lilianne Mª Dahlmann, y a su archivera, Caridad López, la amabilidad recibida durante mi estancia de investigación. Asimismo, expreso mi más sincera gratitud a los responsables del Archivo documental del Palacio de Orleáns y Borbón, ubicado también en Sanlúcar. 36 Humanismo y Letras Áreas … Librosdelacorte.es, PRIMAVERA-VERANO, nº 20, año 12 (2020). ISSN 1989-6425 DOI: https://doi.org/10.15366/ldc2020.12.20.002 cervantino destaca el arranque alusivo sobre la Semana Santa y las cofradías, que constituyen una pulla, como guiño paródico-burlesco, a su beatería, heredada ya de su abuelo y que habrá de transmitir a su hijo, el Conde de Niebla12. Y es que el VI Duque había auspiciado, en su momento, justas poéticas y hermandades religiosas de la ciudad hispalense, al tiempo que apadrinó a eruditos como el cosmógrafo Pedro de Medina, cronista de la casa de Medina Sidonia, al servicio también del VII Duque hasta 156113. Ese año justamente, aunque el noble contase con otros distinguidos preceptores como el maestro Oretano14, el fallecimiento de Medina daba paso a un creciente interés de los humanistas sevillanos por los espacios palaciegos de Medina Sidonia. Con todo, esta actitud habría de atenuarse a raíz del fracaso militar de D. Alonso hasta el punto de que Carranza se retiró, de una manera similar al Duque en Sanlúcar, en «huertas» ubicadas en Honduras, donde ejercería como gobernador de la provincia en 1589. Este nombramiento lo obtuvo gracias a Felipe II por sus méritos como comendador de Sanlúcar y servicios militares prestados a D. Alonso, así, la 12 En lo que hace a este retrato cervantino del noble, en el Quijote (I, 22) se viene identificando la alusión a un «alcahuete limpio» con el VII Duque. 13 La Crónica de los Duques de Medina Sidonia por el Maestro Pedro de Medina se conserva en un manuscrito, precisamente de 1561, custodiado en el legajo 1316 del ADMS. Fue editado en 1861 en la colección de Documentos inéditos para la Historia de España con el número XXXIX (Madrid: Vda. de Calera, 1932). 14 Estamos ante el canónigo Alonso Oretano, gramático avezado en latín y, con el tiempo, canónigo del convento de Santo Domingo en Sanlúcar, que se trasladó de Valladolid al Palacio de Medina Sidonia con el objeto de adiestrar al todavía niño D. Alonso a cambio de casa y otros privilegios. Al parecer, se jubiló en 1566 con pensión vitalicia de 150000 maravedís, constando el agradecimiento del discípulo hacia su preceptor como «mi maestro», según se documenta en los legajos 2554, 2547, 2565, 2600, 2649 y 2687 del ADMS. Instalado ya en las posesiones de los Guzmanes, tuvo relación con figuras relacionadas con el Cabildo catedralicio sevillano como Luciano Negrón, el canónigo Francisco Pacheco y, sobre todo, Benito Arias Montano. De hecho, de la amistad entre este último y Oretano ha quedado constancia en una carta del humanista dirigida a este maestro de gramática, con fecha del 8 de junio de 1579, custodiada en la Biblioteca Capitular de Sevilla, ms. 56- 4-8, fols. 107v-108v. Del mismo modo, estos vínculos también se los hace ver Montano a Plantino en otra carta redactada en la Peña de Aracena el 22 de septiembre de 1583. En esta menciona otro contacto suyo en Sanlúcar, en concreto Alonso Brizeño, así como la comunicación entre Sevilla y este gaditano pueblo («Gadiram siue Sancti Lucae aut Lucaris») gracias al Guadalquivir: «Hispalim (ut audio) complures istinc nauigant quibus credere possis epistolam siue Gadiram siue Sancti Lucae aut Lucaris, uulgo, portum siue Hispalim apulsuris. Vbique nobis amici propinquiue reperientur: Gadibus el S[eño]r Castillo, Regidor de Cádiz, apud S[an] Lucarem el S[eño]r Alonso Brizeño uel el S[eñ]or Oretano, Hispali el S[eño]r Veinticuatro Diego Núñez Pérez, o el S[eño]r don Pero Vélez de Guevara. Hi quas a acceperint ad me diligenter perferendas curabunt»; cf. Benito Arias Montano, Correspondencia conservada en el Museo Plantin-Moretus de Amberes, ed. Antonio Dávila (Alcañiz – Madrid: Instituto de Estudios Humanísticos – Laberinto – CSIC, 2002, vol. II), 490- 498 (492). Por último, en su ejercicio de preceptor, Oretano fue relevado por el gramático Bartolomé Ortigosa, como se comprueba en los legajos 2577 y 2714 del ADMS. También el legajo 2700 atestigua que D. Alonso contó con otros maestros en sus primeros rudimentos formativos, tales como Juan de Pedrosa. 37 Francisco J. Escobar Librosdelacorte.es, PRIAVERA-VERANO, nº 20, año 12 (2020). ISSN 1989-6425 DOI: https://doi.org/10.15366/ldc2020.12.20.002 pacificación del Algarve15. Por lo demás, durante dicha estancia, Carranza le compró varias haciendas a Juan Ruiz de los Ramos que lindaban con El Bonete, propiedad del capitán sevillano, y limítrofes, de un lado, con el mar y, de otro, con las heredades de Juan de Flores16. Como se ve, en pagos hondureños, Carranza debió añorar una quinta cercana a un lugar ameno y en parajes arcades, como disfrutase antaño junto al VII Duque y en la compañía de amigos sevillanos. En cualquier caso, D. Alonso, tanto en sus posesiones en Sanlúcar como en sus casas palaciegas en Sevilla, heredadas de su abuelo, el VI Duque17, ofreció a estos humanistas lugares propicios para las tertulias culturales que repercutieron en su formación como «perfecto» caballero cortesano. En cuanto a este palacio sevillano, en concreto, se ubicaba en la plaza o barrio del Duque que hoy conserva tal recuerdo histórico. De hecho, la arquitectura del enclave, evocado ya, en su tiempo, por Mal Lara en el Recibimiento de la ciudad de Sevilla a Felipe II, ha sido reconstruida, en la actualidad, mediante dos planos del siglo XVIII18. Me refiero, en efecto, a las «casas viejas» del Duque, en la collación de San Vicente y San Miguel, que estaban destinadas al juego de pelota19, la representación de comedias y otras actividades 15 Se comprueba en el documento Nombramiento de gobernador y capitán Jerónimo Sánchez de Carranza conservado en el Archivo General de Indias, Patronato, 293, N. 12, R. 1. Otros documentos relativos a la vida de Carranza los analizo en el estudio monográfico referido. En cuanto a la pacificación del Algarve, el VII Duque invadió por orden de Felipe II el sur de Portugal, según consta en la correspondencia de Carranza con el monarca. De manera análoga, un poema en octavas reales del capitán en la Philosophía de las armas constituye un encomio nobiliario sobre las gestas del VII Duque al imprimir paz en esta provincia lusitana («Vos que domastes el furor terrible / del reyno del Algarue lusitano», vv. 57 ss.); véase también la loa de Carranza a D. Alonso en el fol. 256r, donde se alude a la conquista del «reyno del Algarue». Presenta, asimismo, interés respecto a la notoriedad de Carranza en esta campaña, al parecer, bastante pacífica y sin complicaciones, el legajo 2397 del ADMS; vid. también el testimonio de Luisa Isabel Álvarez de Toledo, Alonso Pérez de Guzmán, general de la Invencible, cit., vol. I, 142: «En el Algarbe, Jerónimo de Carranza, en nombre del de Medina, recibió la obediencia de Alcautín. Lagos, que no dio lugar a intervención de la armada, Loule, Mértola y Portimão. […]». 16 Juan José Falla, Archivo General de Centro América (Guatemala). Extractos de escrituras públicas: Archivo General de Centroamérica (Guatemala: Museo Popol Vuh de la Universidad Francisco Marroquín – Auditorio Universidad Francisco Marroquín – Editorial Amigos del País – Fundación para la Cultura y el Desarrollo, 2001, vol. III), 34, 54 y 76. 17 De cuya riqueza y magnificencia da buena cuenta Pedro de Medina en su Crónica de los Guzmanes; vid. también: Luisa Isabel Álvarez de Toledo, El Palacio de los Guzmanes (Sanlúcar de Barrameda: Fundación Casa Medina Sidonia, 2003), passim. 18 Véase: Fernando Cruz, “El Palacio sevillano de los Guzmanes, según dos planos de mediados del siglo XVIII”, Laboratorio de Arte 19 (2007): 247-262. 19 Del que nos ha legado un excelente testimonio Lope de Vega en El anzuelo de Fenisa, en concreto cuando Albano asiste al juego de pelota en el palacio ducal hispalense. Por su parte, aunque sin mencionar esta posesión guzmana, Carranza había aludido, con anterioridad, a este divertimento como ilustración empírica de su reflexión teórica en su Philosophía de las armas (fol. 193v). Finalmente, Pedro Espinosa arranca su Panegírico inserto en el Elogio al Conde de Niebla con una metáfora relativa a dicho entretenimiento tan grato a los Guzmanes; véanse: Obra en prosa, ed. Francisco López Estrada (Málaga: Clásicos Malagueños, 1991), 244; y Poesía, ed. Pedro Ruiz Pérez (Madrid: Clásicos Castalia, 2011), 257. 38 Humanismo y Letras Áreas … Librosdelacorte.es, PRIMAVERA-VERANO, nº 20, año 12 (2020). ISSN 1989-6425 DOI: https://doi.org/10.15366/ldc2020.12.20.002 reservadas para el ocio, entre ellas, a buen seguro, tertulias entre hombres de letras20, colmando así las aficiones del bisoño, aunque también inquieto, noble. Del mismo modo, entre estos espacios sociales, como signos de distinción nobiliaria y espejo de virtudes del linaje, destacó, en buena medida, el Coliseo de comedias, adquirido luego por el Colegio jesuita de San Hermenegildo21, de ahí que un hijo del VII Duque, D. Alonso Pérez de Guzmán, Patriarca de Indias y arzobispo de Tiro, hermano, por tanto, del Conde de Niebla22, siendo joven, actuase en dicho lugar durante la 20 A buen seguro, por esta razón, Luis Vélez de Guevara, en el tranco IX de El Diablo Cojuelo, describe las «ostentosas casas de los duques de Medina Sidonia» en el «Barrio del Duque» como marco para la descripción, aunque en clave paródica, de una Academia, ubicada, al parecer, en la sevillana calle de Armas. En ella participaron, entre otros, Salcedo Coronel, «fénix de las letras humanas y primer Píndaro andaluz», así como otros destacados nombres de las letras hispalenses como Ana Caro, «décima musa sevillana» y autora del Conde de Partinuplés. Por lo demás, el arranque sobre el mito de Ariadna y el laberinto de Creta podría tratarse de una alusión al poema que dedicó Salcedo a este tema. Esta aparece, además, junto al blasón, como marca de magnificencia nobiliaria en las casas del Duque, y el afamado episodio del Guzmán medieval; cf. Luis Vélez de Guevara, El Diablo Cojuelo, ed. Ramón Valdés (Barcelona: Crítica, 1999), 106 ss. En esta visión de los comentaristas de Góngora por parte de Vélez, cabe recordar, igualmente, en el tranco X, a propósito de las Soledades y esta academia, uno de los ítems de las Premáticas y ordenanzas que se han de guardar en la ingeniosa academia sevillana desde hoy en adelante (El Diablo Cojuelo, 123 ss.). Tal práctica paródica recuerda, en fin, el conocido subtema recreado por Quevedo en El Buscón. 21 Justamente en el Colegio de San Hermenegildo y en la Casa profesa tuvieron lugar las fiestas con motivo de la beatificación de San Ignacio de Loyola, en la que participaron ingenios vinculados al entorno de los Guzmanes como Pedro Espinosa, bajo el nombre poético de Pedro de Jesús, y Góngora, así como, formando parte del jurado, Juan de la Sal, Obispo de Bona, como puede comprobarse en la Relación de la fiesta que se hizo en Sevilla a la beatificación del glorioso San Ignacio, fundador de la Compañía de Jesús (Sevilla, Luis Estupiñán, 1610), de Francisco de Luque Fajardo. De otro lado, en el legajo 956 del ADMS consta una escritura otorgada en Sevilla en 1616, en la que el Conde de Niebla vende al Colegio de San Hermenegildo dos propiedades de su mayorazgo en la colación de San Vicente, esto es: el uno en la huerta vieja con su tabernilla, unida con el Colegio y el juego de pelota; y el otro llamado Coliseo de comedias, con 2817 varas, el juego de pelota y las casas viejas del VII Duque, y tres «pajas de agua» o cañerías, con las que se solía regar la huerta. Del mismo modo, en el legajo 952 del ADMS se halla un documento, con fecha de 1606, otorgado por D. Alonso a favor de su esposa en el que le cede el solar de la colación de San Vicente, que sirviera antaño de corral de comedias, por cuenta de una deuda de 3000 ducados. 22 Alonso Tomás Gaspar Pérez de Guzmán, el tercero de los hijos del VII Duque, desarrolló una dilatada carrera eclesiástica que comenzó en 1620 al ser nombrado arcediano de la Santa Iglesia de Jaén. Fue elegido, asimismo, Patriarca de las Indias, Arzobispo de Tiro, capellán y limosnero mayor de Felipe IV y Carlos II. El Patriarca de las Indias fue elogiado, como se sabe, por Vélez de Guevara en El Diablo Cojuelo (cit., 90), en concreto, al final del tranco VII, junto a su hermano, el Conde de Niebla, residiendo en Sanlúcar. También el Patriarca de Indias recibió la loa y aplauso en otras obras; así, en los Asuntos predicables para los domingos después de Pentecostés, de Diego Niseno (Madrid: Francisco Martínez, 1630; Biblioteca Nacional de España, signatura 2/45966). En la portada de dicho libro, brindado, en efecto, al Patriarca de Indias, se identifica el blasón de este religioso Guzmán. Al Arzobispo de Tiro dedica también Pedro Espinosa el Elogio al Duque de Medina Sidonia. Precisamente, sobre la relación profesional entre los dos hermanos, en el legajo 989 del ADMS se revela la cantidad económica que suministró D. Manuel Alonso a su hermano, el Patriarca de Indias, en 1628, así como la disminución que experimentaron sus rentas desde que aquel contrajese nupcias con Juana de Sandoval. 39 Francisco J. Escobar Librosdelacorte.es, PRIAVERA-VERANO, nº 20, año 12 (2020). ISSN 1989-6425 DOI: https://doi.org/10.15366/ldc2020.12.20.002 que heredaría, con el tiempo, el Conde de Niebla, al son poético de Espinosa y su Soledad al gran Duque de Medina Sidonia. RETIRO Y SOLEDADES EN LAS AFUERAS DE SANLÚCAR (CON EL CONDE DE NIEBLA Y ESPINOSA AL FONDO) Tras el desliz en su carrera profesional con motivo de la Invencible, el VII Duque se dedicó a la administración de sus estados y propiedades en compañía de su esposa Dª Ana de Silva y Mendoza. En esta actitud de regencia autárquica, los Duques ampliaron sus posesiones en Sanlúcar, origen del Coto de Doñana41. De hecho, a propósito de esta inclinación de los Medina Sidonia por los lugares naturales, se suele recordar la posesión por parte de D. Alonso de una casa de recreación denominada La Presa, que debía estar cercana a la ermita de San Sebastián en el entorno conocido entonces como Ejido o Palmar de San Sebastián y, ahora, El Palmar, en dirección al Puerto de Santa María42. Esta actitud de retiro a las afueras de Sanlúcar por parte de los Guzmanes43 explicaría, a su vez, que, con el tiempo, el Conde de Niebla erigiese, en el pago de Miraflores y alrededores, la Huerta del 41 Recibe este «Bosque», de hecho, el nombre de Dª Ana de Silva, esposa del VII Duque. A este respecto, en el legajo 703 del ADMS consta una escritura por la que un tal Juan García traspasa, en 1583, a Alonso Pérez de Guzmán el coto de la caza y pesca del Caño y madre de las Rocinas, desde la cerradura de Braynes hasta la divisoria de Doñana. Otros documentos de este legajo versan sobre el VII Duque y el Coto; así, en relación a la caza de conejos entre los años 1586 y 1587. A buen seguro, en este marco arcade y de actividad lúdica en el entorno de los Guzmanes cabe entender, en un plano metafórico y como exaltación de la vida solitaria, los versos 225-232 de la Soledad al Gran Duque de Medina Sidonia, de Espinosa (Poesía... cit., 196): Cifrado, pues, del bosque en verdes paños, 225 sobresalto la paz del conejuelo que acecha de las flores los engaños, árbitro de los vientos su recelo; mas, intimándole el temor de los daños y cometiendo la sospecha al vuelo, 230 se ve alcanzado el vuelo y la sospecha a un tiempo de los ojos y la flecha. 42 Es la hipótesis de Juan Pedro Velázquez-Gaztelu, Historia antigua y moderna de Sanlúcar de Barrameda, ed. Manuel Romero Tallafigo (Sanlúcar de Barrameda: ASEHA, 1994, vol. II), 118-119. Este lugar de recreación ubicado en la ermita de San Sebastián, según consta en el legajo 2546 del ADMS, fue un espacio de diversión para D. Alonso durante su etapa de niñez. Además, a esta huerta o una similar, con rosales, jazmines y una jaula de pájaros, podría referirse Carranza, en su Philosophía de las armas (fol. 170v-171r), cuando describe la «casa de placer» del VII Duque. Andando el tiempo, Espinosa nos ha legado un testimonio sobre esta topografía guzmana en el Bosque de Doña Ana, donde se debía ubicar La Presa y seguramente su entorno playero más cercano, cuando Felipe IV, agasajado por el Conde de Niebla, se trasladó desde Sanlúcar al Puerto de Santa María (Obra en prosa, 391-392). Por lo demás, la afición del VII Duque por las quintas resultaba evidente no sólo en Sanlúcar; así, en el legajo 347 del ADMS consta una provisión expedida en Sanlúcar en 1580, haciendo donación de las huertas La Fortaleza y el Cañaveral al convento de Santo Domingo de Niebla. 43 Desde el VII Duque hasta su primogénito, el Conde de Niebla, todavía en una Edad de Oro para su casa nobiliaria y en una actitud de ocio tanto literario como espiritual. 46 Humanismo y Letras Áreas … Librosdelacorte.es, PRIMAVERA-VERANO, nº 20, año 12 (2020). ISSN 1989-6425 DOI: https://doi.org/10.15366/ldc2020.12.20.002 Desengaño o sólo Desengaño, como consta en los documentos del Archivo Ducal de Medina Sidonia. Dicha quinta se ubicaba, en efecto, junto a lo que sería la ermita de Nuestra Señora del Buen Viaje y el convento de San Jerónimo, hoy de Capuchinos o de Barrameda, que albergaba, a su vez, el primitivo santuario de Santa María de Barrameda, próximo al valle del arroyo de San Juan y la iglesia de San Antón del Valle. Es más, sobre esta topografía concreta a las afueras de Sanlúcar y en relación con el pintor de cámara de los Medina Sidonia, Francisco Ginete o Joanete, en 1605 este artista de origen flamenco compró en Jerez tanto pan de oro como aceite de linaza con el propósito de dorar los marcos de «los doze meses de el año de la güerta de su Excelencia»44, o sea, la del Desengaño. Allí pintaría en 1635 siete bastidores grandes y dos ventanas de la jaula de pájaros, afición guzmana de la que había quedado constancia ya en la Philosophía de las armas. Además, el Conde de Niebla le encargó a Ginete un cuadro de altar para una de sus fundaciones en la ciudad, el convento de Capuchinos, así como dos lienzos grandes y varios de un tamaño más reducido para la casona del Desengaño, así como otros como exorno del Palacio ducal45. No demasiado lejanos a esta huerta se encontraban también el puerto de Bonanza, o de Sanlúcar, y las grutas de los santos ermitaños46, idílico lugar de retiro, esparcimiento y ocio cotidiano por la variedad de aves, plantas y otras delicias naturales que presentaba. En lo que respecta al círculo humanístico hispalense, al decir de Carranza en su tratado, su itinerario se realizaba a caballo (fol. 69r), iniciándose desde el Palacio ducal de Medina Sidonia, aledaño a la Iglesia mayor47, hasta llegar a tan apartado lugar, seguramente próximo a La Presa, la Algaida y Doñana, con el objeto de celebrar tales tertulias48. Es más, este espacio arcade u otro similar a las afueras de Sanlúcar49 podría 44 Como consta en el legajo 2807 del ADMS, libranza 226; vid. igualmente: Fernando Cruz, El patrimonio restaurado de la Basílica de la Caridad de Sanlúcar de Barrameda (Sanlúcar de Barrameda: ASEHA, 2011), 99. 45 ADMS, legajos 1002 y 3119; 3118, fol. 59v; y 3110, libranza 11. Sobre el Convento de Capuchinos: Fernando Cruz, “La casa ducal de Medina Sidonia y el Convento de Capuchinos de Sanlúcar de Barrameda: patronato y construcción”, Laboratorio de Arte 13 (2000): 79-101; e id., El convento sanluqueño de Capuchinos. Arte e historia de una fundación guzmana (Sanlúcar de Barrameda: ASEHA, 2002). 46 Véanse los artículos citados de Francisco J. Escobar: “¿Topografía o topotesia en el entorno espiritual del Conde de Niebla?:...”; e id., “Restitutio eremiticae uitae et studia diuinitatis...”. 47 Espacio, por lo demás, que servía como enaltecimiento de la memoria del linaje, exhibición de riqueza y escenografías domésticas. 48 Cf. «[…] y después de auer gozado [los contertulios] de las razones y subtiles dudas que el valeroso duque les puso, como quien sabía cumplidamente las partes de la destreza verdadera y celebrando mucho las viuas respuestas que daua a todas las cosas que le proponían con una rara cortesía y affable voluntad, honrrándolos mucho después de auer oýdo missa, les dio licencia y se fueron juntos en sus cauallos hazia el lugar do auían estado el día antes, hablando por el camino en la discreción y buen donayre con que este príncipe trataua las cosas de cauallería, encaresciendo la mucha parte que en todas tenía, sin hallar en él cosa que fuesse común; antes las juzgauan todas por tan excelentes y escogidas que unas ajustauan con su grandeza y otras la excedían, considerando su gran juyzio y marauilloso ingenio, y constante ánimo y en la perseuerancia que tenía en hazer mal a cauallos de ambas sillas en exercitar las armas, y tratar la música y seguyr la caça de la bolatería (cosa deleitosa al ánimo), y en montear y matar las fieras, al fin, lo hallaron cumplido en cosas que la mucha 47 Francisco J. Escobar Librosdelacorte.es, PRIAVERA-VERANO, nº 20, año 12 (2020). ISSN 1989-6425 DOI: https://doi.org/10.15366/ldc2020.12.20.002 haber inspirado acaso a Góngora en la concepción de los ambientes piscatorios de sus soledades de ribera, en palabras de Pedro Díaz de Ribas, hasta el punto de que le llegó a dedicar el afamado poeta una égloga al VII Duque tras su fallecimiento en 161550, en concreto, en el contexto de suntuosas ceremonias funerarias organizadas por su linajudo hijo como despliegue escenográfico de poder y virtud nobiliarios, al decir de Pedro Espinosa en su Retrato del Duque de Medina Sidonia (1629)51. Por lo abilidad y en grande ánimo se quedan siempre esperando al uso, por ser las unas tan peligrosas y las otras tan difíciles, de las quales hallauan cumplidamente adornada su tierna edad; y con esto lo juzgauan digno de memoria no menos gloriosa que la que el mundo da a sus pasados prometiendo su valor mayores cosas; y, aunque dexaron de tratar particularmente de sus raras partes por ocuparse en la destreza, no por esso los dexó la admiración de su grandeza; y con el contento que les daua esta consideración, llegaron al lugar señalado, donde se leuantaron nueuas pláticas en admiración de las que auían tenido el día antes […].» (fols. 69r-69v). Como refleja este pasaje de la Philosophía de las armas, si bien en las fronteras entre realidad y ficción, desde una dinámica similar se debían iniciar las tertulias; esto es, a partir de una cuestión o temas planteados por el VII Duque como arranque de cada sesión. 49 Que constituía, como el propio palacio, otra prueba patrimonial más de la magnificencia y la transmisión generacional de tan acaudalado linaje. 50 Sobre tales resonancias piscatorias y en el marco sociocultural de la polémica gongorina, el erudito Martín de Angulo y Pulgar, en su Égloga fúnebre a Don Luys de Góngora... (1638), se propuso establecer un correlato conceptual, en las fronteras entre realidad y ficción, respecto al fallecimiento de dos personajes ilustres: el VII Duque de Medina Sidonia y Góngora. De hecho, la elección de los dos interlocutores principales del poema, es decir Lícidas y Alcidón, constituye un rendido homenaje a la Égloga piscatoria en la muerte del Duque de Medina Sidonia, recogida en la sección o ciclo Sylva fúnebre del manuscrito Chacón y en diálogo, a su vez, con la inserción de esta modalidad piscatoria en la Soledad segunda, que tiene en calidad de interlocutores a Lícidas y Micón. En este contexto, preparo el estudio y edición de la Égloga fúnebre en el Proyecto de investigación, auspiciado por el Grupo Pólemos, Édition digitale et étude de la polémique autour de Góngora, Projet CLEA 3-OBVIL, Université de Paris-Sorbonne, bajo la dirección de Mercedes Blanco (http://obvil.paris-sorbonne.fr/projets/edition-digitale-et- etude-de-la-polemique-autour-de-gongora). Para otros pormenores: Francisco J. Escobar, “Leer y editar a Góngora en el Siglo de Oro: Martín de Angulo o la forja (frustrada) de un cancionero de autor”, Edad de Oro 37 (2018): 96-118; id., “En los «márgenes» de la polémica literaria: Góngora vindicado por Angulo y Pulgar”, Controversias y poesía (De Garcilaso a Góngora), coord. Mercedes Blanco y Juan Montero (Sevilla: Universidad de Sevilla, con la colaboración de Projet Góngora – OBVIL Sorbonne Universitè – París, Grupo Poesía Andaluza del Siglo de Oro, Universidad de Sevilla, 2019), 343-367; id., “Égloga fúnebre a D. Luis de Góngora, de Angulo y Pulgar: caracterización genérica, contexto sociocultural y paratextos”, en Cancionero del Siglo de Oro. Forma y formas, ed. Andrea Baldissera (Pavía: Ibis, 2019), 275-313; e id.,“Ut musica pictura: Góngora y la retórica sonoro-visual en unas anotaciones inéditas de Angulo y Pulgar al Polifemo”, Calíope. Journal of the Society for Renaissance and Baroque Hispanic Society 25.1 (2020): 44-77. 51 En efecto, entre otros episodios del período último del VII Duque, adquiere especial interés el de su fallecimiento, cogiendo de improviso al Conde de Niebla en su retiro onubense. De hecho, en su Elogio al retrato del excelentísimo señor Don Manuel Alonso de Guzmán, duque de Medina Sidonia (Málaga: Juan René, 1625), Espinosa refiere que acababa de edificarse la sanluqueña Iglesia de la Caridad, a instancias del VII Duque, cuando la «triste nueva le halló en su retiro de Huelva, en el mayor gusto de su vida, regando las lechugas con Diocleciano, que nada falta al que nada desea.»; asimismo, «Temió la herencia, señal que la merecía. Saludó la carga con gemido […].» (Obra en prosa, 267). Véase una descripción detallada de las exequias fúnebres del VII Duque, que finalizaron con la toma de posesión del Conde de Niebla, tanto en Espinosa (Obra en prosa, 268-279) y el licenciado Alonso Rodríguez Gamarra, en su Relación dirigida al Conde (Archivo Histórico Nacional, Nobleza, Toledo, Torrelaguna, 48 Humanismo y Letras Áreas … Librosdelacorte.es, PRIMAVERA-VERANO, nº 20, año 12 (2020). ISSN 1989-6425 DOI: https://doi.org/10.15366/ldc2020.12.20.002 demás, en su Soledad del Gran Duque de Medina Sidonia, más que el cambio de eremita a cortesano por parte de Espinosa, se percibe, en contraste, cierto anhelo de retiro en estos espacios de la naturaleza como solaz y descanso de su actividad «áulica» al servicio del respetado noble. De esta manera, el pensamiento del Capellán, como culminación literaria de un ideal filosófico planteado ya con anterioridad por los humanistas sevillanos, estaría relacionado con la filosofía cortesana moralizada practicada años antes por el VII Duque y otras figuras representativas de su círculo ideológico como Mateo Vázquez de Leca (h. 1542-1591), Arzobispo de Sevilla, religioso de Carmona y secretario de Felipe II, por añadidura52. Precisamente a Vázquez el médico Fernando Valdés consagraría su Tratado de la utilidad de la sangría en las viruelas y otras enfermedades de los muchachos (1583), en los talleres de Hernando Díaz, esto es, donde se habían editado buena parte de las obras sufragadas por los Guzmanes53, con octavas laudatorias del humanista Diego Girón, vinculado no sólo a Carranza sino también a Mal Lara54. En efecto, en esta transición hacia el gobierno autárquico del futuro VIII Duque de Medina Sidonia y XI Conde de Niebla, de la que fueron testigos de excepción Carranza, Espinosa y Góngora, entre otros preclaros hombres de letras55, D. Alonso propició, en fin, la consolidación, en su entorno cultural, de un pensamiento espiritual y tendente hacia el neoestoicismo de espiritualidad cristiana. Este andamiaje conceptual o Weltanschauung se tradujo, de hecho, en una actitud de retiro solitario a las afueras de Sanlúcar en consonancia, al menos, en apariencia, con la vida cortesana, como se estaba gestando en su círculo elitista sevillano56. Sobre este particular, el desengaño de D. Alonso en lo que hacía a la vida en la Corte, aunque hubiera sido favorecido por Felipe II, será prolongado por su hijo D. Manuel Alonso, que ni siquiera lo llegó a intentar, contentándose, en contraste, con reinar en sus C-80, d. 11, impreso, 1615), como en Luis Salas Almela, Medina Sidonia. El poder de la aristocracia … cit., 56-58; y para las del Conde de Niebla, ibidem, 58-59. Finalmente, en el legajo 956 del ADMS se halla una escritura de depósito del cuerpo del VII Duque realizada en La Caridad el 29 de julio de 1615, habiendo fallecido el noble el 26; también consta su inventario de bienes. 52 Y antes conocido como Vázquez de Alderete por su benefactor, el canónigo sevillano Diego Vázquez de Alderete. Para otros pormenores ceñidos a Vázquez de Leca, el entorno humanístico hispalense y el posicionamiento en la Corte, véase: Francisco J. Escobar, “Humanismo y espiritualidad en tiempos de Felipe II: posicionamiento profesional de Mal Lara, un cartapacio de Mateo Vázquez y Cervantes a los diecinueve años”, E-Humanista. Journal of Iberian Studies 35 (2017): 16-78. 53 He consultado el ejemplar R/5735(1) de la Biblioteca Nacional de España. Contamos, además, con unas concordancias de esta obra al cuidado de M.ª Estela González de Fauve (Madison: Hispanic Seminary of Medieval Studies, 1995). 54 Este último tanto por lazos de parentesco como por razones de entorno cultural y magisterio; véase también: Francisco J. Escobar, “La obra poética de Juan de la Cueva en el entorno sevillano (con un excurso sobre sus vínculos con Diego Girón y Fernando de Herrera)”, Rivista di Filologia e Letterature Ispaniche 12 (2009): 35-70. 55 Carranza incluso le dedicó al Conde de Niebla un prólogo en su tratado consagrado a la ley de injuria en el que elogia, de paso, al VII Duque con ingentes alabanzas. 56 De ahí la naturaleza y significación filosófica de la cita de Carranza a propósito de una pregunta del VII Duque, como en sus tertulias culturales, con la que he comenzado el presente estudio. 49 Francisco J. Escobar Librosdelacorte.es, PRIAVERA-VERANO, nº 20, año 12 (2020). ISSN 1989-6425 DOI: https://doi.org/10.15366/ldc2020.12.20.002 dominios andaluces57, al calor de sus tertulias formativas y representaciones teatrales en el Desengaño. Estos encuentros culturales fueron conjugados con sesiones de recogimiento espiritual en la cueva de los santos ermitaños, ambos enclaves próximos en las afueras de Sanlúcar58. Ahora bien, una vez analizados los paralelismos entre los dos Guzmanes a propósito del retiro a las afueras de Sanlúcar59, pasaré a adentrarme, seguidamente, en el entorno humanístico del VII Duque, entre Sevilla y Sanlúcar, o lo que es lo mismo: el camino hacia lo que sería, andando el tiempo, la poesía de soledades por parte de Espinosa y Góngora. LA ACADEMIA SEVILLANA SE DESPLAZA: CRONOLOGÍA, CONTEXTUALIZACIÓN Y FILOSOFÍA CORTESANA MORALIZADA EN TORNO AL VII DUQUE Ubicada la topografía sanluqueña como marco natural para el retiro de los Medina Sidonia, procederé, en las páginas siguientes, a la propuesta de una cronología-marco con el objeto de contextualizar el mecenazgo literario de D. Alonso. En este sentido, cabe destacar, en primer lugar, que el encomio nobiliario al cuidado de los hombres de letras sevillanos se inicia en una fecha temprana cuando el VII Duque era todavía muy joven y se encontraba bajo la tutela de su madre, Dª Leonor Manrique de Sotomayor60, a la que elogia Juan de Mal Lara en una epístola en latín dedicada al Duque en sus In syntaxin scholia (1567)61. En consonancia con este panegírico propagandístico, la loa del maestro de gramática a D. Alonso en el Hércules animoso puede datarse hacia 1565, por lo que el Duque contaría con unos quince años, 57 Reinado compartido, entre cortesías protocolarias, con otro poderoso príncipe andaluz, su primo el Conde-Duque de Olivares. Para estas relaciones, que trataban de armonizar lazos de parentesco e intereses nobiliarios, vid. John Elliot, The Count-Duke of Olivares. The Statesman in an Age of Decline (New Haven – Londres: Yale University, 1986); con trad.: El Conde Duque de Olivares. El político en una época en decadencia (Barcelona: Crítica, 1990). Como contrapunto a la tesis de Elliot, me indica Salas Almela que, durante las distintas vicisitudes que experimentaron tales vínculos, primó más la «fuerza de la sangre» que sus ambiciones personales. 58 Como analizo, desde diferentes prismas conceptuales y contextuales, en “¿Topografía o topotesia en el entorno espiritual del Conde de Niebla?:...” y “Restitutio eremiticae uitae et studia diuinitatis...”. 59 Lo que explicaría, por tanto, la inclinación de ambos por el recogimiento espiritual como eremitas y sus respectivas labores cristianas destinadas a la caridad. 60 Véase para otras noticias de interés: Fernando Cruz, “Juan Pedro Livadote al servicio de la Condesa de Niebla: el Convento de Madre de Dios (1574-1576)”, Laboratorio de Arte 22 (2010): 131- 164. 61 Ioannis Mallarae hispalen. in Syntaxin Scholia... Phraseon latino hispanicarum thesaurus... accessit totius Prosodiae ratio quam breuissima (Sevilla: Hernando Díaz, 1567). Me he servido del ejemplar R/6259 de la Biblioteca Nacional de España. Otros ejemplares, en cambio, resultan mútilos de portada y/o de preliminares, como los custodiados en la Biblioteca General Universitaria de Sevilla y la Universidad de Granada. 50 Humanismo y Letras Áreas … Librosdelacorte.es, PRIMAVERA-VERANO, nº 20, año 12 (2020). ISSN 1989-6425 DOI: https://doi.org/10.15366/ldc2020.12.20.002 siendo su maestro de esgrima, por entonces, el capitán Carranza62. Un año después tuvieron lugar las capitulaciones matrimoniales entre el VII Duque y la hija de los príncipes de Éboli, circunstancia, además, en la que redactó Mal Lara la epístola dirigida a D. Alonso, aunque la obra se publicase en 1567. Sobre estas bodas en concreto, en el folio 138v del manuscrito 3948 de la Biblioteca Nacional de España se halla el poema de Baltasar del Alcázar en septetos-lira A la duquesa de Medina Sidonia («Quexábasse de amor la pastorcilla»)63. Los versos 9-10 aluden, por una parte, 62 A estos textos les dedico un estudio pormenorizado en la monografía referida sobre Mal Lara y su entorno humanístico. Con todo, interés tiene recordar por ahora la relevancia de la iconografía estoico-cristiana de Hércules para los Guzmanes y la Casa ducal de Medina Sidonia; véanse los versos de Espinosa en el Elogio al Conde de Niebla consagrados a Alcides y la Hidra, así como alusiones concretas a las calderas de su blasón y Sanlúcar, en calidad de señor en sus dominios (Obra en prosa, 252- 253); además: Ramón Corzo, “El Hombre de las serpientes, Hércules y Laocoonte en el Renacimiento español”, en Temas de Estética y Arte (Sevilla: Real Academia de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría, 2009), 85-125. En cuanto a la importancia de los paratextos como un medio retórico destinado al encomio nobiliario de los Guzmanes: Araceli Guillaume-Alonso, “Construir la memoria y exaltar el linaje: El paratexto al servicio de los Guzmanes”, en Paratextos en la literatura española: siglos XV-XVI, ed. M.ª Soledad Arredondo, Pierre Civil y Michel Moner (Madrid: Casa Velázquez, 2007), 293-306; véase también de la misma autora: “Señorío y monarquía: El ducado de Medina Sidonia y la política imperial”, en Carlos V. Europeísmo y universalidad, ed. Francisco Sánchez-Montes y Juan Luis Castellano (Madrid: Sociedad Estatal para la Conmemoración de los Centenarios de Felipe II y Carlos V, 2001, vol. IV), 347-364. 63 Se refiere Alcázar, en efecto, a las nupcias de Dª Ana de Silva con el VII Duque, con capitulaciones matrimoniales en 1566 y que se llevaron a término el 4 de marzo de 1574. Puede leerse el poema en sendas ediciones de Baltasar del Alcázar al cuidado de Valentín Núñez, así Obra poética (Madrid: Cátedra, 2001), 322, como también Poesía (Sevilla: Fundación José Manuel Lara, 2012), 148: A la duquesa de Medina Sidonia Quejábase de amor la pastorcilla nacida en la gran silva lusitana, viendo que su belleza soberana, su ingenio y su valor no permitía humana compañía, 5 y así, le convenía seguir el ejercicio de Diana. Díjole Amor: «Alégrate pastora que donde paga el Betis el usado tributo al bravo mar, reside y mora 10 el glorioso Alfonso, reservado de mí para tu lado, como un hábito justo cortado a la medida de tu gusto». En cuanto a este manuscrito de la Biblioteca Nacional de España, que incluye, además de poemas de Alcázar, Obras del doctor y sacerdote sevillano Juan de Salinas (1559-1643), cabe referir que presenta visibles conexiones literarias con el entorno ducal de Medina Sidonia, sobre todo, en lo que respecta al círculo cultural de D. Alonso y sus hijos: el Conde de Niebla y el Patriarca de Indias. 51 Francisco J. Escobar Librosdelacorte.es, PRIAVERA-VERANO, nº 20, año 12 (2020). ISSN 1989-6425 DOI: https://doi.org/10.15366/ldc2020.12.20.002 a la residencia del Duque en Sanlúcar (el «Betis» y el «bravo mar»)64 , lugar emblemático para las tertulias entre los humanistas hispalenses y de las que Alcázar debía estar bien informado, dada su amistad con estos preclaros ingenios. Por otra parte, se complementa este enclave geográfico sanluqueño con la «gran silva lusitana» (v. 2), por ser Dª Ana de Silva la hija del noble portugués Ruy Gómez de Silva. En ambos casos, por tanto, cobra una especial importancia el entorno pastoril en la naturaleza, ya desde el primer verso, «Quejábase de amor la pastorcilla»65, recreado sub specie bucolica por Mal Lara y sus contertulios en torno a D. Alonso. El verso 7, en particular, no sólo se refiere al estado de soltería de Dª Ana sino también al «ejercicio» de la castidad, habida cuenta de que las capitulaciones matrimoniales se firmaron cuando aquella contaba con tan sólo cuatro años, por lo que no podía consumar, en realidad, su matrimonio. En consonancia con esta cercana relación entre Alcázar y el entorno literario de Medina Sidonia, en el fol. 139v del manuscrito se halla, igualmente, su octava real Al retrato de Carrança («Sólo un retrato es este, el soberano»)66. Tales versos presentan, en efecto, visibles paralelismos respecto a los de Mal Lara en el Hércules (VI, 3), sobre el mismo asunto67, no sólo por la deíxis ad oculos como arranque del poema a modo 64 Se trata, en concreto, de la imagen del señor en sus dominios tan recreada por estos humanistas y que cristalizará en el entorno literario del Conde de Niebla gracias a Espinosa, Góngora y otros poetas; para esta imagen conceptual: Jesús Ponce Cárdenas, “Góngora y el Conde de Niebla: las sutiles gestiones del mecenazgo”, Criticón 106 (2009): 99-146. 65 Con un eco de Garcilaso en los versos finales («como un hábito justo / cortado a la medida de tu gusto.») a partir de la metáfora de la sastrería, presente en el conocido soneto XXVII («Amor, amor, un hábito vestí, / el cual de vuestro paño fue cortado;»). 66 El manuscrito presenta una variante respecto a la lectura elegida por Núñez (Obra poética, 326; y Poesía, 152) en el primer verso, a saber, «Sólo un retrato es este, el soberano» frente a «Sólo un retrato es éste; el seso humano». Dice así la octava: Al retrato de Carranza Sólo un retrato es éste; el seso humano no se engañe con él como podría; hízole tal la artificiosa mano de Vázquez y el ingenio que la guía. No intentó darle vida, que era en vano; 5 pero púdole dar lo que quería, que fue darle otra vida de alabanza al glorïoso nombre de Carranza. 67 En el que recuerda a otros artistas que trabajaron para el VII Duque, integrados en su entorno cultural. Es el caso del pintor Luis de Vargas, con el que colaboró, según hemos visto, en proyectos conjuntos con Bautista Vázquez: Un Diego de Madrid, con arte y sciencia, valor y ayre pone en sus figuras; 810 el Villoldo ennoblesce a su Valencia, dando luz a las cosas más obscuras. Lüis de Vargas, ya sin competencia, a todos quita el arte y hermosura; 52 Humanismo y Letras Áreas … Librosdelacorte.es, PRIMAVERA-VERANO, nº 20, año 12 (2020). ISSN 1989-6425 DOI: https://doi.org/10.15366/ldc2020.12.20.002 de evidentia, sino por desvelar, a las claras, el nombre del artífice y su representación fidedigna, o al «vivo», de su modelo. Por esta razón, los versos 7-8 de Alcázar aluden al proceso de canonización de Carranza mediante el retrato, o lo que es lo mismo, técnica propagandística recurrente en la Corte del VII Duque sustentada sobre la metodología humanística de Mal Lara. Con todo, como contrapunto a mi hipótesis, se viene argumentando que «Vázquez» (v. 4) podría tratarse del pintor nacido en Ronda hacia 1575 y fallecido en 164568. Por mi parte, propongo, en cambio, que el retrato aplaudido por Alcázar sea justamente el que figura en la portada del libro de a quien las bellas Gracias gracia dieron 815 y a Venus por idëa le pusieron. Vëo el Baptista Vásques en Seuilla con inuención, debuxos excelentes, ymitando con arte no senzilla, d’artificio y de manos diligentes; al que en sus obras haze marauilla 820 ser todas sus figuras diferentes, siendo raro’scultor en lo perfecto y sobre tal pintor gran architecto; el qual, viendo el valor que de Carrança 825 la fama por el orbe auía estendido (quanto de tierra firme y más alcança), al biuo, su retrato assí ha esculpido, que por tiempos no sienta más mudança de verse el natural enuegecido; 830 pero todos dirán: «Este es el mismo que halló en la destreza un hondo abismo». Este retrato enseña aquel claro hombre, la rara juuentud, virtud, biueza, el que ganó por sí otro nueuo nombre, 835 autor a todo el mundo de destreza, y que quando lo vëan, más assombre, poniendo arte en las armas con firmeza; el que la gëometría haze fuerte y da reparo a tretas de la muerte. 840 Glórïate, Seuilla, de las manos que a los hijos has dado por tu gloria; porqu’el uno hará los braços vanos del que piensa auer d’armas gran victoria; el otro, con intentos más que humanos, 845 haze de sí y del fuerte tal memoria que se dirá: «Baptista esto hazía y Carrança el contento le deuía». (Hércules animoso, cit., 915-916). 68 Baltasar del Alcázar, Obra poética, 326, n. 4; y Poesía, 152, n. 4. Este pintor rondeño, aunque afincado en Sevilla, se convirtió en uno de los principales rivales de Francisco Pacheco, si bien este lo recuerda en su Arte de la pintura. Además, ambos colaboraron en el proyecto iconográfico del túmulo de Felipe II en 1598. 53 Francisco J. Escobar Librosdelacorte.es, PRIAVERA-VERANO, nº 20, año 12 (2020). ISSN 1989-6425 DOI: https://doi.org/10.15366/ldc2020.12.20.002 Carranza, tan celebrado por los humanistas sevillanos69 . Tanto es así que fue parodiado por el canónigo Pacheco en su ciclo epigramático70 y, claro está, conocido por Alcázar al estar integrado en el círculo de amistades de Mal Lara, de ahí los encarecidos elogios del maestro de gramática al Marcial sevillano en el Hércules. Es más, no estamos ante el pintor Alonso Vázquez por razones de cronología, dado que si Carranza concluyó la Philosophía de las armas en 1569, según su testimonio y así consta en el colofón del libro, el artista de Ronda no había nacido aún; si este, por el contrario, realizó el hipotético encargo para su impresión en 1582, a lo sumo, tendría siete años, hecho, por tanto, improbable. Como aval de mi propuesta de atribución cabe añadir, además, que el posible retrato de Carranza por el rondeño Vázquez no 69 De hecho, ensalzaron la Philosophía de las armas los otros dos contertulios asiduos en la Corte de D. Alonso, es decir, Mosquera de Figueroa y Fernando de Herrera, quienes incluyeron sendos poemas en sus preliminares; la ausencia de Mal Lara en estos preliminares se justifica puesto que en 1582, año de la impresión del libro, este había ya fallecido. Por tanto, los ingenios sevillanos aplaudieron de forma coral esta obra de y en torno a Carranza. 70 Es más, cabría la posibilidad incluso de que Carranza le hubiera encargado al canónigo un poema preliminar, al igual que habían procedido Herrera y Mosquera de Figueroa, como glorificación de su Philosophía de las armas, por lo que su ciclo epigramático podría considerarse un agudo contrapunto retórico y ético, al tiempo, por parte del canónigo. Pacheco, en consecuencia, podría haber contrahecho en sus epigramas, como respuesta poética, el modus operandi encomiástico de sus coetáneos hispalenses, a modo de antídoto casi apotropaico contra las malsanas influencias de poder irradiadas por el VII Duque y su restringido círculo humanístico, al que, seguramente, el canónigo jerezano debió tratar de acceder sin éxito. Este entorno perseguía, en efecto, una función propagandística y de afinidades electivas, de manera que, junto a las tertulias instructivas para la formación del «perfecto» cortesano también habría ocasión, a buen seguro, para tratos, acuerdos y negocios como la financiación de libros realizados por los humanistas más allegados al Duque, de ahí las dedicatorias y sus procedimientos retóricos en virtud del encomio nobiliario. Sin embargo, Pacheco, pese a su anhelo de imperturbabilidad anímica y visos de modesta actitud moral, no renunció tampoco, como estos coetáneos suyos, a ambiciones personales hasta el punto de que trató de medrar en la Corte. Así, al igual que Carranza, solicitó el apoyo de Mateo Vázquez, quien estuvo durante estos años de éxito «carranzino», como dirá el pintor Pacheco, muy en contacto con el joven secretario de Felipe II y Arias Montano, al tiempo que se carteaba con el VII Duque, no sólo sobre asuntos relativos al «yermo» y la vida retirada sino también a propósitos de negocios cortesanos. En cualquier caso, Pacheco se sumaría así, con estos versos, a una selecta nómina de hombres de letras que prestaron su talento literario al que estaba llamado a ser célebre no sólo por las armas hacia 1565 sino también por su publicitado tratado de esgrima en la Sevilla áurea, incluso siendo mitificado Carranza casi a la altura de una «divinidad». La diferencia principal entre estos versos de Pacheco y los de otros hombres de letras viene dada, en contraste, por su gracejo y sal poética que hacían de la fama del héroe una suerte de retrato paródico-satírico, es decir, otro testimonio más para la poética de la graciosidad en el Siglo de Oro. Así, un término como «ferrera», con el que arrancaba uno de los epigramas, recuerda, de un lado, al Maniferro cervantino del patio de Monipodio, y, de otro, a Herrera, uno de los encargados de enaltecer la Philosophía de las armas en los preliminares. Su apodo bélico Ferrabel fue evocado, de hecho, por Mal Lara en el Hércules junto al de Charilao para Carranza, los dos grandes amigos, en fin, representados siempre juntos en este poema mitográfico como héroes épicos en el entorno ducal de Medina Sidonia y en ambientes tertulianos como los de este noble; poema también el Hércules, junto a La Psyche, parodiados, recuérdese, por el propio Pacheco en su Sátira contra la mala poesía o apologética en defensa del divino Dueñas, al quedarse ambos «sin abrigo», o lo que es lo mismo, sin edición impresa, pese a tan influyentes mecenas de por medio, como el VII Duque de Medina Sidonia o el Conde de Gelves. 54 Humanismo y Letras Áreas … Librosdelacorte.es, PRIMAVERA-VERANO, nº 20, año 12 (2020). ISSN 1989-6425 DOI: https://doi.org/10.15366/ldc2020.12.20.002 se ha localizado hasta el momento, frente al de Juan Bautista Vázquez, tan vitoreado y vituperado, al tiempo, en la Sevilla del Siglo de Oro. Precisamente en 1569, año en el que Carranza concluía su Philosophía de las armas, con ovaciones corales al unísono de Alcázar y otros sevillanos ilustres, D. Alonso, recién casado con Dª Ana, contaba tan sólo con diecinueve años. Asistimos, por lo demás, a un período de transición para la Academia hispalense en el que, todavía con el recuerdo vivo de Mal Lara por su reciente fallecimiento, vería la luz en 1572 la Relación de la guerra de Cipre y Batalla naval de Lepanto, dedicada por Fernando de Herrera al Duque71. Y es que el poeta, quien por entonces estaba asistiendo en Sanlúcar a las tertulias referidas entre amigos sevillanos, llevaría a cabo, al frente de esta obra, un prólogo-dedicatoria que perpetuaba, entre otros aspectos, el tono y estrategias retóricas empleados por Mal Lara en sus escritos laudatorios consagrados al noble72. Andando el tiempo, en concreto, una década después, cuando se publica la Philosophía de las armas73, el Duque contaba con treinta y dos años74, coyuntura en la que Herrera había visto ya editadas sus Anotaciones a Garcilaso de la Vega, mientras que el prócer rechazaba no sólo la presidencia del Consejo de Indias sino también de la Casa de la Contratación. De hecho, decidió centrarse en la vigilancia de la frontera africana en el Estrecho de Gibraltar, las relaciones comerciales y espirituales con el Nuevo Mundo, actividad que dejaría alguna huella en la égloga piscatoria que le dedicase Góngora, así como el gobierno de Milán, cargo este del que sería relevado de manera temporal75. Se trataba, en definitiva, de una estrecha colaboración con Felipe II que dejaba ver el poder señorial del noble durante este período, incluyendo los continentes mencionados en los que irradiaba por entonces su política regente. Como puede advertirse, son años, por tanto, en los que D. Alonso mantiene una intensa relación profesional con el secretario y consejero del monarca, Mateo Vázquez, quien participó en la captura del rebelde Antonio Pérez76, al tiempo que 71 Relación de la guerra de Cipre, y suceso de la batalla Naval de Lepanto escrito por Fernando de Herrera... (Sevilla: Alonso Picardo, 1572); Biblioteca Nacional de España, R/3794 y U/2524. Véase sobre los avatares y vicisitudes editoriales de esta obra: Juan Montero, “Fernando de Herrera, Relación de la guerra de Cipre y sucesso de la batalla naual de Lepanto (Sevilla, 1572): dos ediciones”, en Homenaje al profesor Klaus Wagner: geh hin und lerne, coord. Piedad Bolaños, Aurora Domínguez y Mercedes de los Reyes (Sevilla: Universidad, 2007, vol. I), 339-353; Francisco J. Escobar, “Calliope oubliée par l’action de Thalie: métadiscours poétique et théâtre humaniste. À propos de Juan de Mal Lara et de Cristóbal Mosquera de Figueroa”, en Les genres littéraires de la mémoire dans l’Europe des XVIe et XVIIe siècles, ed. Pierre Demarolle y Marie Roig (Nancy: Université de Nancy II, 2008), 165-185; e id., “Una fuente desconocida para la Descripción de la Galera Real (con unos paralelos textuales en la obra de Cristóbal Mosquera de Figueroa y Juan de Mal Lara)”, Nueva Revista de Filología Hispánica 58. 2 (2010): 663-689. 72 Ese mismo año, justamente, recibiría el Duque una dispensa papal relativa a su matrimonio en 1566 con la hija de los príncipes de Éboli. Son datos todos ellos que analizo en el estudio monográfico sobre Mal Lara y su entorno humanístico. 73 Año, al tiempo, como se sabe, de la impresión de los versos tanto de Fernando de Herrera como de Juan de la Cueva. 74 En tanto que, dos años antes, Carranza había estado a su servicio en la campaña del Algarve. 75 En los legajos 967 y 968 del ADMS se localizan, por cierto, varios documentos entre 1581 y 1582 sobre los gastos de la estancia del VII Duque en Milán. 76 Con el que rivalizaría el influyente religioso en los grupos de poder de la Corte. 55 Francisco J. Escobar Librosdelacorte.es, PRIAVERA-VERANO, nº 20, año 12 (2020). ISSN 1989-6425 DOI: https://doi.org/10.15366/ldc2020.12.20.002 laberinto de Juan de Mena; es decir, como procedía Mal Lara en el Hércules, entroncando así con la tradición literaria de Las Trezientas, y se observaba ya, como ilustres precedentes, desde el Origen de la casa de Guzmán por Mosén Diego Valera102 y las Ilustraciones de la Casa de Niebla (1541) por Pedro Barrantes Maldonado103, hasta, dos décadas después, la Relación de la casa de los Guzmanes (1561) por el preceptor ducal Pedro de Medina. No cabe olvidar tampoco, andando el tiempo, las Fiestas de Denia al Rey cathólico Felipo III de este nombre... por Lope de Vega Carpio (1599), con apuntes a la genealogía de los Guzmanes104, el Elogio al Conde de Niebla por Espinosa105 y el programa arquitectónico de la Basílica de la Caridad, concluso en 1612, cuya ubicación en el lado izquierdo en lo que hacía al noble y derecho para su esposa, que luego recuperará el VII Duque en la forja de los monumentos de sus padres y hermanos en la Iglesia sanluqueña de Santo Domingo, vinculada a humanistas como Alonso Oretano, preceptor del VII Duque. La esposa e hijos de este noble contrajeron, además, fuertes lazos con la hermandad de esta iglesia en 1596; sobre este Convento: Fernando Cruz, “El Convento de Santo Domingo de Sanlúcar de Barrameda: patronazgo de los Guzmanes, proceso constructivo y patrimonio artístico (1528-1605)”, Laboratorio de Arte 23 (2011): 79-106. 102 En el MSS/17909, misceláneo y con fecha del siglo XVII, de la Biblioteca Nacional de España (h. 110-131); vid., asimismo: La otrora Historia de la Casa de Zúñiga atribuida a Mosén Diego de Valera, ed. Pedro M. Cátedra (Salamanca: Seminario de Estudios Medievales y Renacentistas, 2003); y en lo que atañe a la suspecta y controvertida autoría de la obra: Juan Luis Carriazo Rubio, “La atribución a mosén Diego de Valera del Origen de la casa de Guzmán”, en Mosén Diego de Valera, entre las armas y las letras, ed. Cristina Moya García (Woodbridge: Tamesis, 2014), 179-194. 103 Cf. Ilustraciones de la Casa de Niebla, en que se trata del principio y origen de los Guzmanes, duques de Medina Sidonia, marqueses de Casaza (1701), MSS/3299 de la Biblioteca Nacional de España; con edición moderna al cuidado de Federico Devís Márquez (Cádiz: Servicio de Publicaciones de la Universidad – Excmo. Ayuntamiento, 1998) siguiendo la aportación de Pascual de Gayangos y Arce, Ilustraciones de la Casa de Niebla y hechos de los Guzmanes señores de ella (Madrid: Memorial Histórico Español, Colección de documentos, opúsculos y antigüedades, 9-10, Imprenta Nacional, 245), a partir del códice autógrafo de Barrantes custodiado en la Real Academia de la Historia (9/134). Por lo demás, presentan también visible interés para la cuestión que nos ocupa: Diálogo entre Pedro Barrantes Maldonado y vn cauallero estrangero que cuenta el saco que los turcos hizieron en Gibraltar, y el vencimiento y destruyción que la armada de España hizo en la de los turcos. Año 1540... dirigida al... señor don Alonso Pérez de Guzmán el bueno (Alcalá de Henares, Sebastián Martínez, 1566; Biblioteca Nacional de España, R/7894); y Genealogía y hechos del excelente barón y bien afortunado caballero Don Alonso Pérez de Guzmán el Bueno, primer señor de Sanlúcar de Barrameda (1801; Biblioteca Nacional de España, MSS/13139). 104 Como se sabe, la hija de la marquesa de Denia era Dª Juana de Sandoval, esposa del Conde de Niebla. Pues bien, Lope se jacta, y de paso inventa, en el prólogo de La Dorotea, dedicado a D. Gaspar Alfonso Pérez de Guzmán, nieto del VII Duque, de haber estado enrolado en la Galeona de D. Alonso Pérez de Guzmán. El Fénix rememora, de paso, algunas de las principales insignias nobiliarias de este linaje, tales como «la opuesta sierpe a la insigne daga del coronado blasón de su glorioso timbre» y «el nombre de Bueno por naturaleza y sucessión de tantos príncipes que lo fueron»; véase: La Dorotea, ed. Edwin S. Morby (Berkeley – Madrid: University of California Press-Castalia, 1968, 2ª ed., 48-49). 105 Así, en su prólogo Al lector, concluyendo con la mención al VII Duque (Obra en prosa, 234-238). Andando el tiempo, otros textos resultan de interés para la difusión de la genealogía de los Guzmanes; he consultado en la Biblioteca Nacional de España los siguientes textos del doctor Juan Alonso Martínez Calderón, dedicados al hijo del Conde de Niebla, D. Gaspar Alonso: Origen y descendencia continuada por la línea rectal baronil de la Casa de los Excelentísimos Duques de Medina Sidonia con algunas particularidades de sus grandezas, MSS/9682; y Epítome de las historias de la gran Casa de Guzmán y de las progenies reales que la crean y las que procrea, MSS/2256-2258. 62 Humanismo y Letras Áreas … Librosdelacorte.es, PRIMAVERA-VERANO, nº 20, año 12 (2020). ISSN 1989-6425 DOI: https://doi.org/10.15366/ldc2020.12.20.002 iconografía fue desarrollada por el pintor Francisco Ginete bajo los auspicios del VII Duque y su esposa. Por tanto, en este espacio para la creación colectiva y las redes de poder en el entorno humanístico sevillano, hay que subrayar, como estamos viendo, la estrecha relación de Carranza con Mal Lara, de entrada ya, por razones de parentesco, que seguramente tenían que ver, entre otros lazos y afinidades compartidas, con Carmona106. Carranza, en particular, le habrá de tributar, en este sentido, uno de los libros de su tratado sobre la ley de injuria a Mateo Vázquez, Arzobispo de Sevilla y religioso de Carmona, también, al igual que el VII Duque, con poco más de treinta años. Además, como contrapunto a esta forja de obras instrumentales con una función cívica y el cultivo de la espiritualidad, Carranza, mediante un procedimiento análogo a Mal Lara, brindó encomios nobiliarios no sólo a D. Alonso sino a otros miembros de la casa Guzmán y Zúñiga. Ello demuestra, entre otras cosas, que la relación de los hombres de letras sevillanos con tales próceres, en calidad de posicionamiento estratégico y ubicación de su campo literario, se habría de iniciar aproximadamente en el período de culminación del Hércules hasta cristalizar en las Anotaciones de Fernando de Herrera. Es más, a D. Pedro de Zúñiga, hijo del Duque de Béjar107, le dirige, en particular, el afamado capitán, desde Sanlúcar, una epístola laudatoria y moral, al tiempo, que incluye en su Philosophía de las armas (fols. 275r) como apaciguamiento anímico por el fallecimiento de su madre, con huellas, por añadidura, de la Consolación a Hevia de Séneca. De hecho, tras mencionarse que el noble «aora huelga con la soledad»108 y finalizada la carta, se indica que el erudito Cristóbal Mosquera de Figueroa había realizado una «glosa en Salamanca» de este texto, lo que pone de relieve, al margen de lábiles fronteras entre la realidad y la ficción, la cercanía de estos humanistas respecto al entorno nobiliario de la dinastía Guzmán y Zúñiga109. 106 Mal Lara, en el Hércules, llama «deudo» a Carranza. Por lo demás, a propósito de Carmona, el principal precedente español del libro de Carranza debió ser el Tratado de la esgrima con figuras por Francisco Román, natural de Carmona, hoy perdido, impreso en Sevilla en 1532, en casa de Bartolomé Pérez. Del mismo modo, Carranza debió tener en cuenta para su Philosophía de las armas el Diálogo de la verdadera honra militar (1566), del aragonés Jerónimo de Urrea, así como la Oratio de hominis dignitate, obra recordada en el último diálogo de la Philosophía de las armas. Otros datos ofrezco en la monografía dedicada a Carranza y su entorno humanístico. 107 Vid. respecto al mecenazgo cultural de este noble: Manuel Fernández y Natalia Maillard, “Música, libros y torneos: D. Pedro de Zúñiga y el patrimonio cultural de un segundón de la nobleza castellana en el Renacimiento”, en Testigo del tiempo, memorial del universo. Cultura escrita y sociedad en el mundo ibérico (siglos XV-XVIII), ed. Manuel Fernández, Carlos Alberto González y Natalia Maillard (Barcelona: Ediciones Rubeo, 2009), 59-98. 108 Interés reviste en la Philosophía de las armas (fols. 274v-275r) el que Charilao siempre mantuviese «amistad con la gente más principal de España», contexto en el que nombra al VII Duque, a D. Antonio de Zúñiga, III Marqués de Ayamonte, D. Pedro de Zúñiga y su madre, la Duquesa de Béjar; esto es, los nobles más allegados al entorno de mecenazgo humanístico de Mal Lara. 109 El pasaje es el siguiente: «Mel[iso]. Parecéos que tengo razón de decir que es la más cumplida carta que è visto. Pol[emarcho]. No me tengáis por tampoco curioso, en las cosas que tocan a mis amigos, que ya la auía oýdo, y la glosa que le hizo en Salamanca aquel grande ingenio de Seuilla: Christóual Mosquera de Figueroa.» (fol. 279r). Guy Lazure, por su parte, ofrece notas de interés 63 Francisco J. Escobar Librosdelacorte.es, PRIAVERA-VERANO, nº 20, año 12 (2020). ISSN 1989-6425 DOI: https://doi.org/10.15366/ldc2020.12.20.002 Pues bien, en este contexto de trabajo cultural hispalense, cabe recordar, aun siendo menos conocida que la Philosophía de las armas, la entregada afición a la poesía por parte de Carranza, habilidad literaria celebrada por Mal Lara en el Hércules junto a sus profusos elogios al VII Duque, como es el caso de una égloga al estilo herreriano110. De manera análoga, al igual que estas composiciones poéticas, a la autoría de Carranza pertenecen también algunos manuscritos que germinaron en dicho ambiente cultural, tales como la referida carta a Felipe II, con un excurso ceñido a una cuestión formulada por el VII Duque111 y un sucinto compendio dedicado a sus Cinco libros sobre la injuria, desarrollado en una amplia obra con título homónimo112. Completa el conjunto integral del códice su Discurso sobre las armas y las relativas a un debate que viene de lejos a propósito de la Academia sevillana: To Dare Fame: Constructing a Cultural Elite in Sixteenth Century Seville (Baltimore: John Hopkins University, 2003), 264-269. 110 Son poemas que analizo en un estudio bioblibliográfico que estoy ultimando a propósito de Carranza y su obra, tanto en prosa como en verso. Así, cabe recordar los versos que incluye Carranza al frente de su Philosophía de las armas y las coplas burlescas «Ya va cierto la tretilla», en boca del maestro bravucón, que recibe la censura de los contertulios sevillanos en la recreación de una de estas tertulias culturales en torno al VII Duque (fol. 120v). 111 Un ejemplo más de la dinámica reflexiva y de debate colectivo en estas tertulias en el entorno ducal de Medina Sidonia. 112 Junto a la Philosophía de las armas, especial interés adquieren, por tratarse de un texto poco conocido de Carranza y por su relación con el entorno ducal de Medina Sidonia, Los cinco libros sobre la ley de la injuria de palabra o de obra, en que se incluyen las verdaderas resoluciones de honra y los medios con que se satisfacen las afrentas. Con veinte seis consejos y Tratado de la alevosía. La materia jurídica preside la obra al tiempo que entra en diálogo con la Philosophía de las armas y el también opúsculo del capitán sevillano consagrado a las armas y las letras, tan cervantino, por cierto, si recordamos el discurso de D. Quijote (I, 38). Pues bien, de esta obra, que quedó inédita y que celebra, igualmente, la casa de Medina Sidonia, tanto por el VII Duque como por un joven Conde de Niebla, he localizado, hasta el momento, dos manuscritos: uno custodiado en la Biblioteca Colombina de Sevilla (58-2-28; olim: 84-2-22) y otro en la Biblioteca del Museo Plantin-Moretus de Amberes (M.340). En este sentido, a buen seguro, Carranza pudo tener la intención de publicar su tratado en los talleres de Cristóbal Plantino, architipógrafo regio o prototypographus regius en 1575 y miembro de la Familia Caritatis, con el aval del monarca y otras destacadas autoridades, como Mateo Vázquez, influyente y por entonces joven hombre, recuérdese, que estuvo vinculado ya en Sevilla con el canónigo Francisco Pacheco, Pedro Vélez de Guevara y Arias Montano. Sea como fuere, además de Vázquez de Leca como autoridad, quien ayudó a estos sevillanos a promocionarse en la Corte de Felipe II en la etapa en la que se carteaba con el VII Duque, Carranza solicitó el apoyo de Hernando de la Vega y un joven D. Manuel Alonso Pérez de Guzmán, todavía bajo la sombra de su padre. No hemos de olvidar tampoco las relaciones profesionales y humanas de otros conocidos de Carranza hermanados entre sí como Vélez de Guevara y Herrera, así como Arias Montano. Montano, en concreto, al igual que Carranza y Mal Lara, abogaba por el retiro en soledades contemplativas en parajes arcades; por ejemplo, en la Peña de Alájar, en la Sierra de Aracena, o en su hacienda de Campo de Flores o Charco Redondo, por una laguna del arroyo Miraflores; a este último enclave geográfico se hubo de retirar a raíz de un desengaño tras haber sido acusado ante el Inquisidor General por los dominicos de Sevilla y otros enclaves de Andalucía; vid. Juan Gil, “Montano en su retiro”, en Arias Montano y su tiempo (Mérida: Consejería de Cultura de la Junta de Extremadura, 1998), 215-237. Ello explicaría que, en avenencia con esta filosofía moral, Carranza introdujese, en su tratado sobre la injuria, según había procedido en la Philosophía de las armas, su epístola horaciana a la soledad como caballero del hábito de Cristo; esto es, en concordia con los libros espirituales que Plantino estaba publicando justamente en el período en el que los hombres de letras sevillanos habrán de decantarse por esta práctica del retiro y como preludio, 64 Humanismo y Letras Áreas … Librosdelacorte.es, PRIMAVERA-VERANO, nº 20, año 12 (2020). ISSN 1989-6425 DOI: https://doi.org/10.15366/ldc2020.12.20.002 letras113, revestido de un comento y glosa a partir de los Instituta del Emperador Justiniano. Son, como se ve, obras instrumentales y con una función de utilidad cívica como las que se formalizaban en el círculo humanístico de Mal Lara y bajo el mecenazgo tanto de D. Alonso como del Conde de Niebla, aún en calidad de inexperto regente. andando el tiempo, de la Soledad al gran Duque de Medina Sidonia, de Espinosa; baste recordar, en este contexto, cuando Montano se encontraba todavía en Flandes en 1573, su oda alcaica a la vida retirada dedicada a Vélez de Guevara, inserta en su recreación en versos latinos de los salmos del Salterio: Dauidis regis ac prohetae aliorumque sacrorum uatum Psalmi, ex hebraica ueritate in Latinum Carmen conuersi. No menos interés sobre el retiro espiritual presenta, asimismo, su Ad Sanctissimam matrem Ecclesiam Catholicam, illiusque Ponificem Svmmum, atque Legitimos Ministros omnes, Benedicti Ariae Montani Hispalensis Epistola dedicatoria (fols. 2v-3r) en sus Commentaria in Duodecim Prophetas, impresos en la imprenta de Plantino en 1571 y, sobre todo, la denominación de «religioso Mariano» por parte de Mal Lara en el Hércules, sobrenombre, a mi entender, que encubre la identidad de Arias Montano; de hecho, sus Rhetoricorum libri quattour llevan, desde su edición príncipe en los talleres de Plantino (1569), unas notas de su editor Antonio de Morales, que «fueron conocidas y seguramente revisadas por el propio autor». Tanto es así que, en IV, 1299-1325, se refiere a esta misma denominación recogida en el Hércules y el entorno cultural de Carranza, de manera que Mariani consta como aposición a los habitantes que llaman a la Peña de Alájar, o Montes Mariani, el ameno retiro del poeta. Por tanto, esta vinculación de Montano con el círculo sevillano explicaría su relación con Herrera, forjada ya antaño, cuando se asienta en Sevilla, etapa en la que, al decir de Antonio Dávila, «Arias Montano ejerce de vínculo entre la casa plantiniana y los miembros de su círculo intelectual: como testimonio de esto se conservan en la imprenta un puñado de memoriales conjuntos de Montano con los médicos Simón de Tovar y Francisco Sánchez de Oropesa, con el poeta Fernando de Herrera y con el canónigo y humanista Francisco Pacheco.»; vid. Benito Arias Montano, Correspondencia conservada en el Museo Plantin-Moretus de Amberes... cit., vol. I, XXXIV. Asimismo, otro de estos libros editados en la imprenta antuerpiense presenta un título revelador: Solitudo siue Vita solitaria laudata Cornelio Musio... (1566), de Cornelio Musso, Obispo de Bitonto. La obra, con alusiones al seccessus o retiro estoico, el láthe býôsas (‘vivir escondido u oculto’), el elogio a la vida retirada y referencias simbólicas procedentes de la emblemática, presentes en Mal Lara y el Brocense como la cigüeña y la piedad, aunaba, de un lado, la filosofía estoico-cristiana del humanismo sevillano, en consonancia con la armonización de Horacio y los textos bíblicos en obras montanianas como los Humanae Salutis Monumenta, las odas de los Commentaria in duodecim prophetas minores, ambas de 1571, y la traslación en latín de los Psalmos de 1573; y, de otro, cómo no, el entorno salmantino de fray Luis de León, quien solicitó para su primer proceso inquisitorial de 1574, o sea, en el período de promoción de Carranza en el entorno de Medina Sidonia, la ayuda de los amigos sevillanos del círculo de Montano como Vázquez de Leca, Vélez de Guevara y Juan de Ovando. En cualquier caso, estas relaciones de Montano y otros distinguidos hombres de letras de la Sevilla áurea con el entorno salmantino de fray Luis explican no sólo cómo Carranza se encontraba en el centro medular de esta red de relaciones, contando con la segura protección del VII Duque, sino que también contextualizan otros datos significativos en el círculo cultural de los Guzmanes, como los versos consagrados por Mosquera de Figueroa, integrado en dicho grupo elitista y con encomios nobiliarios de por medio, al afamado e invidente músico salmantino, Francisco de Salinas, al margen de su formación como vihuelista; véase: Cristóbal Mosquera de Figueroa, Poesías completas, ed. Jorge León Gustà (Sevilla: Alfar, 2015), 284-286 y 356-357. Creo, en definitiva, que la obra presentada de manera estratégica por Carranza a Plantino, con sutiles compases de oro a propósito de sutiles mecenazgos y siguiendo la máxima labore et constantia, estaba en hermandad con los ideales espirituales, bibliófilos y comerciales entre España y los Países Bajos que dejaba ver dicha imprenta. Por lo demás, analizo detenidamente estas cuestiones en la monografía sobre Carranza. 113 Con un apunte ya en un excurso identificable en la Philosophía de las armas (fols. 269r ss.). 65 Francisco J. Escobar Librosdelacorte.es, PRIAVERA-VERANO, nº 20, año 12 (2020). ISSN 1989-6425 DOI: https://doi.org/10.15366/ldc2020.12.20.002 En efecto, en estos textos misceláneos, Carranza desarrolla cuestiones cívicas apuntadas en su Philosophía de las armas al tiempo que llega a proporcionar pautas conceptuales consonantes con lo que vengo denominando una filosofía cortesana moralizada en torno al VII Duque. Este principio ideológico conllevaba, a su vez, una actitud estoico-cristiana en cuanto al retiro y el desengaño identificables en la oda a la soledad del capitán sevillano114 y que habría de preludiar, por ende, la Soledad al Gran Duque de Medina Sidonia de Espinosa, culminando así la práctica moral del gobernante filósofo, esto es, como Marco Aurelio en sus Confesiones, a las afueras de Sanlúcar, entendida dicha urbe como Corte o República115. En cualquier caso, en dicho marco ideológico, los influyentes dedicatarios de estos textos tratadísticos e instrumentales se encontraban, como el VII Duque, inmersos en el tráfago palaciego; así, su hijo, un todavía bien joven, o «de tierna edad», Conde de Niebla, que debió padecer, de cerca, los desvelos militares y cortesanos del VII Duque; el religioso Hernando de Vega, como presidente del Consejo de Indias; y otro poderoso eclesiástico que conoció Carranza en su estadía en Sevilla, muy importante en las redes de poder de D. Alonso, como estamos comprobando: Mateo Vázquez. Estas dedicatorias están, de hecho, vinculadas a las directrices intelectuales con las que se formó Carranza en el entorno humanístico del VII Duque, movido por su curiosidad y espíritu autodidacta, según recuerda en la Philosophía de las armas y otros escritos afines. Por ello no es de extrañar que la caracterización o naturaleza genérica que presentan sea el de la epístola en prosa, como había procedido, años antes, Mal Lara respecto a D. Alonso en su tratado sobre la sintaxis. A esta continuidad del encomio nobiliario de la casa ducal de Medina Sidonia desde Mal Lara a Carranza116 cabe añadir, por último, motivos recurrentes compartidos por ambos humanistas como la genealogía de los Guzmanes, con un especial interés por Guzmán el Bueno y la toma de Tarifa, tan habitual en la iconografía de la Iglesia de la Caridad, o Alcides como prototipo del héroe virtuoso estoico, de ahí la relevancia del Hércules animoso en este entorno académico117. 114 Inserta tanto en la Philosophía de las armas como en su tratado dedicado a la ley de injuria. 115 Espinosa, en su Elogio al Conde de Niebla, explica, de hecho, esta conciliación de la filosofía y el gobierno de sus posesiones con ecos de la República de Platón, como también de Erasmo y de la Utopía de Moro, que interesó a Mal Lara y Herrera, al tiempo que rememora el pensamiento de Calígula sobre Séneca, al considerarlo arena sin cal (Obra en prosa, 247-248). 116 Es decir, el arco cronológico de transición que abarcaba desde el gobierno de D. Alonso hasta los primeros compases del incipiente mecenazgo y regencia del Conde de Niebla. 117 Baste recordar los versos 5-8 de Pedro Espinosa en su Elogio al retrato de Don Manuel Alonso para comprobar la identificación de los Guzmanes con Hércules: «Vi a Alcides con su clava dimantina, / a Júpiter en Flegra fulminante, / a Mavorte vestido de diamante: / vi al excelente duque de Medina.» (Pedro Espinosa, Poesía... cit. , 257; y en 261, vv. 29-32). Por otra parte, para estos textos manuscritos de Carranza véase: Francisco J. Escobar, “Dos textos desconocidos de Jerónimo de Carranza a propósito del XI Conde de Niebla y Mateo Vázquez (con unas notas sobre Hernando de Vega)”, cit. Por su especial relevancia, destacan, en particular, la epístola que dedicó Carranza al Conde de Niebla, en concreto, la dedicatoria al libro segundo del tratado consagrado a la injuria («El comendador Gerónimo de Carranza al Ilmo. Sr. D. Manuel Pérez de Guzmán el Bueno, conde de Niebla»), tomando como modelo de virtud al VII Duque. Por último, la carta-dedicatoria de Carranza a Mateo Vázquez, incluida en el mismo tratado, presenta puntos de encuentro respecto a la filosofía cortesana moralizada en el período en el que estos humanistas sevillanos estaban vinculados a la casa ducal de Medina Sidonia. 66 Humanismo y Letras Áreas … Librosdelacorte.es, PRIMAVERA-VERANO, nº 20, año 12 (2020). ISSN 1989-6425 DOI: https://doi.org/10.15366/ldc2020.12.20.002 OTROS HUMANISTAS A PROPÓSITO DEL VII DUQUE: DE FERNANDO DE HERRERA AL PINTOR PACHECO A la vista de lo expuesto en los apartados precedentes, si bien se hace evidente el papel protagonizado por Mal Lara y Carranza en calidad de ideólogos en el entorno humanístico del VII Duque, no fueron estos los únicos hombres de letras que disfrutaron de tal patrocinio. Sobre este particular, amigo de Carranza y Mal Lara fue Fernando de Herrera, Ferrabel, en el Hércules y Philandro en la Philosophía de las armas, quien, además de consagrar a D. Alonso la Relación de la guerra de Chipre y Batalla naval de Lepanto, en 1572 le dirigirá también un encomio nobiliario en la canción I («Príncipe excelso, a quien el hondo seno»). En este mismo contexto humanístico habrá de dedicar a Carranza un poema laudatorio por su Philosophía de las armas, recogido en esta obra118. De interés resulta recordar, en este sentido, la labor del poeta en el entorno de trabajo académico o cultural de Mal Lara hasta el punto de que probablemente comenzara a interesarse por la anotación de clásicos como Garcilaso hacia 1565. Incluso en sus Anotaciones, arropadas en sus preliminares por ingenios tan señeros como el canónigo Pacheco, Diego Girón y Francisco de Medina119, señalaba Herrera, en particular, cómo Mal Lara le animó a emprender el proyecto en tanto que 118 Los estudio detenidamente en un capítulo de la monografía dedicada a Carranza. 119 Como le habrá de reprochar, por cierto, el Condestable de Castilla en su Observación 46, aunque soslayando el nombre de Mosquera de Figueroa, quien llevó a cabo su elegía al fallecimiento de Garcilaso («Cisnes de Betis que en su gran ribera»), recordado el toledano bajo el nombre de Salicio por su Égloga I; vid. Juan Montero, La controversia sobre las «Anotaciones» herrerianas (Sevilla: Ayuntamiento, 1987), 145; así como Cristóbal Mosquera de Figueroa, Poesías completas, cit., 230-245. Como contrapunto, la ausencia de Carranza en las Anotaciones, tanto en los preliminares como en la traducción de poemas latinos, pudo deberse, especialmente, a sus obligaciones militares junto al VII Duque en campañas como las del Algarve y otras ocupaciones como el cierre definitivo y consiguiente labor de impresión de su Philosophía de las armas. Asimismo, para la canonización de Herrera, resultaba evidente el mayor e irrefutable prestigio del canónigo Pacheco, Diego Girón o el maestro Francisco de Medina en las letras humanísticas que el capitán sevillano, por muy reconocido que este fuera, en su tiempo, en el arte de la destreza militar. Sea como fuere, en lo que atañe a los posibles vínculos de Medina con Pacheco y el VII Duque, es interesante la conjetura, por parte de Bartolomé Pozuelo, de que el reputado maestro de gramática estuviese al servicio del noble. Este investigador fundamenta su propuesta gracias a un documento a propósito de la prueba del hábito de Santiago por parte de D. Álvaro de Guzmán y Ayala en el que Pacheco, a modo de declaración, manifiesta, entre otras cosas, que ha visto «una Historia compuesta por el maestro Medina, criado de la dicha cassa»; cf. El licenciado Francisco Pacheco, El túmulo de la reina Doña Ana de Austria, ed. Bartolomé Pozuelo (Alcañiz – Madrid: Instituto de Estudios Humanísticos – Laberinto – CSIC, 2004), 123. También intervino como compareciente D. Alonso Pérez de Guzmán, quien alude al canónigo jerezano. Como se ve, esta sugerente contextualización permitiría una continuidad al hilo de la presencia de humanistas allegados al entorno humanístico de Mal Lara en la Corte ducal del VII Duque. Sin embargo, me asalta un único interrogante, a saber, si este Medina no se trataría más bien del maestro Pedro de Medina y su Historia la crónica que dedicó a esta casa ducal cuando estaba a su servicio, de la que Pacheco, amigo del maestro Oretano y Luciano Negrón, pudo ver manuscrita. 67 Francisco J. Escobar Librosdelacorte.es, PRIAVERA-VERANO, nº 20, año 12 (2020). ISSN 1989-6425 DOI: https://doi.org/10.15366/ldc2020.12.20.002 ensalzaba, al tiempo, la memoria del héroe medieval Pérez de Guzmán120, esto es, como había procedido también Carranza en sus escritos121 . Esta formulación metodológica puede confirmarse, no obstante, si se analiza la Tabla de nombres del Hércules, en la que también estaban presentes las hazañas de los Guzmanes. Por otra parte, el Divino, en la dedicatoria de las Anotaciones a D. Antonio de Guzmán, III Marqués de Ayamonte, demandaba para sí la primacía de una obra nueva en lengua vernácula, silenciando, en cambio, la labor del Brocense, amigo y condiscípulo de Mal Lara en Salamanca en el entorno humanístico de Hernán Núñez y León de Castro122. Del mismo modo, Herrera, al tiempo que ofrendaba al Marqués de Ayamonte y a su hijo, Francisco de Guzmán, las Anotaciones en 1580123, el noble aparecía ensalzado en un soneto redactado en 1578 («Aora que, siguiendo el fiero Marte»). Finalmente, en cuanto a otros encomios nobiliarios de Herrera como loor y gloria de la dinastía Guzmán y Zúñiga124, cabe añadir el recuerdo en las Anotaciones a D. Pedro de Zúñiga, hijo del Duque de Béjar, para quien redactó un soneto laudatorio («Las estatuas, las tablas, en que muestra»), así como una elegía funeral («Luego que el pecho me hirió el esquivo»)125. Procede Herrera, en consecuencia, de una manera similar a Carranza, quien le había tributado una epístola amical a este prócer en la Philosophía de las armas126. 120 Con la referencia, por añadidura, a la batalla del Salado en 1340, en la que falleció Guzmán el Bueno; cf. Fernando de Herrera, Anotaciones a la poesía de Garcilaso, ed. Inoria Pepe y José M.ª Reyes Cano (Madrid: Cátedra, 2001), 902. Las hazañas de Guzmán el Bueno, en efecto, siguieron estando muy presentes como propaganda nobiliaria para los Medina Sidonia, como recuerda Espinosa en El Bosque de Doña Ana, al explicar que en el «castillo de pólvora» para los fuegos de artificio estaba representado dicho héroe medieval y su gesta en Tarifa (Obra en prosa, 385-386). 121 Incluso Mosquera de Figueroa, a su vez, recordaba, en su texto preliminar, la Relación de la guerra de Chipre y Batalla naval de Lepanto, obra dedicada al VII Duque. 122 En cuanto a la polémica entre Herrera y el Brocense: Eugenio Asensio, “El Brocense contra Herrera y sus Anotaciones a Garcilaso”, El Crotalón 1 (1984), 399-413; y Begoña López Bueno, “El Brocense atacado y Garcilaso defendido (un primer episodio en las polémicas de los comentaristas)”, en Homenaje a Alonso Zamora Vicente (Madrid: Castalia, 1992, vol. III.2), 159-174. 123 Esta dedicatoria, como se sabe, por el fallecimiento del primero el 20 de abril de 1580 mientras se imprimía la obra; algunos detalles ofrece Herrera como arranque de su preliminar Al Ilvstríssimo Señor Don Francisco de Guzmán, Marqués de Ayamonte (cf. Anotaciones a la poesía de Garcilaso, 177); véase para estos pormenores editoriales de las Anotaciones: Juan Montero, “Algo más sobre las peripecias bibliográficas de las Obras de Garcilaso de la Vega con Anotaciones de Fernando de Herrera”, Archivo Hispalense 201 (1983): 157-172. Por otro lado, D. Francisco de Guzmán era primo del VII Duque, de ahí las concertadas relaciones de Mal Lara, Herrera y otros humanistas sevillanos con distintos nobles pertenecientes a la dinastía Guzmán y Zúñiga. Ello explicaría, además de distintos pasajes del Hércules animoso, la ya antigua labor de servicio y gratitud de Herrera hacia D. Antonio de Guzmán, en su truncada y frustrada dedicatoria en las Anotaciones (174 y 176); en lo que atañe a la relación de Herrera respecto a los miembros de la dinastía Guzmán y Zúñiga: Adolphe Coster, Fernando de Herrera (El Divino), 1534-1597 (París: Honoré Champion, 1908), 92-104. 124 E iniciados ya con anterioridad por Mal Lara, como analizo, de manera pormenorizada, en la monografía dedicada a este humanista. 125 Cuyos versos 154-156 son los que cita, de hecho, en las Anotaciones (618). 126 Del mismo modo, Herrera, por su parte, se vale de la retórica panegírica dirigida a Francisca de Córdoba, esposa del III Marqués de Gibraleón y hermana de Gonzalo Fernández de Córdoba, III Duque de Sessa, como se comprueba en la canción IV («Deciende de la cumbre de Parnasso»). Son 68 Humanismo y Letras Áreas … Librosdelacorte.es, PRIMAVERA-VERANO, nº 20, año 12 (2020). ISSN 1989-6425 DOI: https://doi.org/10.15366/ldc2020.12.20.002 Como los humanistas mencionados, el escritor, jurista y vihuelista Cristóbal Mosquera de Figueroa127, o sea Eudemio en la Philosophía de las armas, acudió también como contertulio en el entorno de D. Alonso, según refleja el tratado de Carranza. Redactó, en concreto, un panegírico nobiliario a este propósito, con alusiones a las posesiones del Duque a modo de laus Sancti Lucae o Lucaris128, y, al igual que Herrera, otro como alabanza del capitán sevillano por su Philosophía de las armas, incluido en esta obra129 . Además, en este maridaje cultural entre Sevilla y Sanlúcar, cabe mencionar, especialmente, su presentación elogiosa de la Relación de la guerra de Chipre y Batalla naval de Lepanto y las Anotaciones, por los años en los que ambos humanistas estaban integrados en el núcleo tertuliano del VII Duque130, así como su prólogo para la Descripción de la Galera Real de Mal Lara, junto al Divino y el pintor Pacheco131. Por último, Mosquera se erige como el único contertulio del entorno de Medina Sidonia encomios nobiliarios todos ellos, en cualquier caso, que estudio en el libro consagrado a Mal Lara y el humanismo hispalense de la segunda mitad del XVI. 127 Precisamente en el entorno cultural de la casa ducal de Medina Sidonia no faltaban vihuelistas, como Mosquera de Figueroa; véanse: Juan Ruiz Jiménez, “Power and Musical Exchange: The Dukes of Medina Sidonia in Renaissance Seville”, cit.; Lucía Gómez Fernández, “El mecenazgo musical de la casa de Medina Sidonia y el nuevo mundo en el siglo XVI”, en La música y el Atlántico: relaciones musicales entre España y Latinoamérica, ed. María Gembero y Emilio Ros-Fábregas (Granada: Universidad, 2007), 59-68; id., “El mecenazgo musical de los duques de Medina Sidonia en Sevilla y Sanlúcar de Barrameda (1445-1615)”, Revista de Musicología 39.1 (2016): 335-344; e id., Música, nobleza y mecenazgo. Los duques de Medina Sidonia en Sevilla y Sanlúcar de Barrameda (1445-1615) (Cádiz: Universidad, 2017). 128 Aunque analizo este poema íntegro en la monografía sobre Mal Lara y el entorno humanístico sevillano, cabe recordar ahora que los versos 51-65 de Mosquera están orientados a enaltecer las posesiones de D. Alonso como señor en sus dominios. Para ello se centra el poeta, de un lado, en el «alcázar de Medina», «a quien la tierra, a quien la mar se inclina [...]», y, de otro, las riberas portuarias de Sanlúcar, o sea, el puerto de Bonanza, a donde llegaban los viajeros ante la mirada de D. Alonso desde su atalaya privilegiada («llegando a tu ribera en tu presencia;»); cf. Cristóbal Mosquera de Figueroa, Poesías completas, cit., 254-258. Por lo demás, en esta recreación de la imagen del señor en sus dominios por parte de Mosquera, destaca, especialmente, la orquestación sonora, paisaje sonoro o sonosfera de la zona portuaria y de la playa sanluqueña como posesiones de Pérez de Guzmán, bien conocidas por los humanistas sevillanos y conectadas con el Guadalquivir. De hecho, los versos 60-65 atienden, asimismo, al sonido del agua chocando contra las rocas como «regalo» para el oído, al tiempo que los vientos («céfiros») de Levante emiten su sonido al unísono como portadores del mensaje de la «Vandalia», en un apunte a la laus urbis natalis. Finalmente, los últimos versos del poema (vv. 93-96) subrayan que, si el «atrevimiento» u osadía de su autor ha superado el «merecimiento», la canción habrá de morir en las «ondas» que tiene cerca; es decir, las posesiones junto al puerto y playa de D. Alonso en Sanlúcar. 129 Textos a los que les dedico un capítulo monográfico a propósito de las relaciones entre Mosquera y Mal Lara en el libro sobre este reputado maestro de gramática. 130 En este sentido, los versos 131-138 del Vaticinio de Proteo de Mosquera para la Descripción de la Galera Real son evocados, por cierto, por Herrera en sus Anotaciones (915). Interesantes son, a este respecto, las palabras de El maestro Francisco de Medina a los letores en su preliminar a las Anotaciones (201- 202) con el objeto de enaltecer la Relación de la guerra de Chipre. También participa tanto en la Relación de la Guerra de Chipre como en las Anotaciones Pedro Díaz de Herrera con sendos sonetos, mientras que el Divino le dedicó otro («Huyo apriessa medroso el orror frío») a modo de correspondencia. 131 Quien se inspiraría en Mosquera para la elaboración de sus datos biográficos en homenaje a Mal Lara; vid. Marta P. Cacho, Francisco Pacheco y su «Libro de retratos» (Sevilla – Madrid: Fundación Focus-Abengoa – Marcial Pons, Ediciones de Historia, 2011), 192-195. 69 Francisco J. Escobar Librosdelacorte.es, PRIAVERA-VERANO, nº 20, año 12 (2020). ISSN 1989-6425 DOI: https://doi.org/10.15366/ldc2020.12.20.002 del que los comentaristas de la Philosophía de las armas, así Pacheco de Narváez, no desvelaron, a las claras, su identidad. Sin embargo, al firmar su poema preliminar junto a Herrera en la Philosophía de las armas, su encomio al Duque de Medina Sidonia132 y los comentarios de Eudemio a lo largo del tratado sobre la destreza militar133 apuntan a esta correspondencia sub specie bucolica134. Sí se devela, en cambio, a lo largo de las páginas de Pacheco de Narváez, un último nombre en la Philosophía de las armas, aunque se encontrase, en un principio, más alejado del grupo de amistad de los humanistas sevillanos. Me refiero al médico cordobés Pedro de Peramato, con apodo simbólico Polemarcho en la Philosophía de las armas, quien, en sus Opera medicinalia (Sanlúcar de Barrameda: Hernando Díaz, 1576), daba a la luz varios tratados financiados bajo el garante y égida del VII Duque135. De hecho, pertrechado de estas enjundiosas y eruditas páginas, trató de formar al noble desde el punto de vista científico aduciendo, a modo de aplicación empírica, variados ejemplos de la vida cotidiana en calidad de medicina aplicada, cercanos al influyente Guzmán136. Al tiempo, Peramato ofrecía, en un prólogo 132 Por los años de gestación tanto de la Relación de la guerra de Chipre y Batalla naval de Lepanto como de las Anotaciones de Herrera. 133 Al margen, claro está, del empleo de la sermocinatio como recurso retórico-literario. 134 Claude Chauchadis considera, por su parte, que se trata de Mosquera; vid. “Didáctica de las armas y literatura …”, 78, n. 5. Sea como fuere, los étimos de raigambre helénica de estos apodos le otorgaban a los personajes cierto abolengo de academia o academía a la manera de la de Platón y Aristóteles, referida por Mal Lara en el Hércules, y en consonancia, al tiempo, con la partenopea de Pontano. Chauchadis, además (ibidem, 78), considera que se debe a que Carranza ubica su obra en la tradición dialogística antigua, si bien no cabe olvidar tampoco la filiación erasmiana de este género así como la influencia por añadidura de la Arcadia de Sannazaro. 135 Bastaba ver, de entrada, el blasón nobiliario al frente de los tratados. Por mi parte, dedico, en la monografía sobre Carranza, un estudio a la obra de Peramato, para la que me he servido de dos ejemplares custodiados en la Biblioteca General Universitaria de Sevilla, es decir, Petri de Peramato... Opera medicinalia, con las signaturas A Res. 07/1/05, olim: 013/111 y A Res. 17/4/02, olim 58/80, y un último en la Biblioteca Nacional de España (R-29621). Los tres tratados o secciones tratadísticas son los siguientes: De elementis, de humoribus, de temperamentis...; Liber de facultatibus nostrum corpus dispensatibus...; y De plenitude et cacochimia liber, qui preambulus est, ad librum de Vacuandi ratione... Ninguno de estos tratados presentan poemas o textos preliminares en prosa por parte de los humanistas sevillanos en torno al VII Duque. Ni siquiera Carranza, elogiado en esta obra, participa de esta alabanza coral que sí estará presente, años después, en su Philosophía de las armas, incluyendo la colaboración de Peramato en los paratextos y su máscara literaria sub specie bucolica en los diálogos que allí se proponen. Por lo demás, Peramato debía reunirse sólo, de manera puntual, con estos humanistas sevillanos en las posesiones del VII Duque, puesto que estaba a su servicio en calidad de médico. En cuanto a dicha labor y su integración en la comitiva, incluso itinerante, de D. Alonso Pérez de Guzmán, véase: Luisa Isabel Álvarez de Toledo, Alonso Pérez de Guzmán, general de la Invencible, cit., vol. I, 49, 66, 377 y 441. Finalmente, además de la obra de Peramato, otros libros circunscritos a la materia médica fueron dedicados a la casa ducal de Medina Sidonia, incluyendo en su portada su blasón. Es el caso del realizado por Simón Ramos: Doctoris Simonis Ramos... Apologia medica: in qua disputatur contra temerariam opinionem cuiusdam Medici asserentis in doloribus pleuriticis exquisitis sepissimè non convenire sanguinis missionem … (Sevilla: Ildefonso Rodríguez Gamarra, 1615); Biblioteca Nacional de España, con signatura VE/1458/1. 136 Como algunos relativos a la dinastía de los Guzmán y Zúñiga, con el marquesado de Ayamonte como telón de fondo. 70 Humanismo y Letras Áreas … Librosdelacorte.es, PRIMAVERA-VERANO, nº 20, año 12 (2020). ISSN 1989-6425 DOI: https://doi.org/10.15366/ldc2020.12.20.002 dirigido a D. Alonso en el primer tratado, visibles alusiones elogiosas a la labor tanto del maestro Oretano como de Carranza, este último no sólo en calidad de preceptor de esgrima del noble sino también por su novedosa doctrina en el arte de la destreza. Y es que en 1576 todavía no había quedado impreso este valioso contenido en el futuro libro de la Philosophía de las armas pero el médico lo conocía, en cambio, de primera mano, de ahí que ponderase los conocimientos demostrados por el capitán sevillano en el campo de la filosofía, la geometría y otras disciplinas, con los que se había adiestrado D. Alonso durante su proceso formativo como «perfecto» caballero cortesano137. Pérez de Guzmán debió tener, además, a Peramato en notable estima pese a su fuerte temperamento, al parecer, algo áspero138, cuando intercedió por él a raíz de ser condenado por un crimen pasional debido al adulterio de su esposa. Con todo, al margen de anécdotas biográficas, interesa subrayar la presencia, en estos encuentros tertulianos, de un hombre de ciencias cordobés, aficionado a las obras teatrales, algunas de ellas se representaron, de hecho, en su casa, y que constituía un verdadero nexo de unión, como trazado de interesantes puentes culturales, entre Sevilla, Sanlúcar y la ciudad natal de Góngora, y también de comentaristas como Pedro Díaz de Ribas. Ya en las fronteras entre la etapa final del VII Duque y el período de esplendor de su hijo D. Manuel Alonso, hay que ubicar la figura del pintor sanluqueño Francisco Pacheco, maestro y suegro de Velázquez. Fiel heredero del espíritu humanístico del entorno humanístico interdisciplinar de Mal Lara, entre la ciudad de la Giralda y Sanlúcar, se le atribuye, asimismo, el liderazgo de una academia en la Alameda de Sevilla y después de Hércules, a la que pudieron acudir ingenios tan celebrados como el pintor y racionero de la Catedral de Córdoba Pablo de Céspedes139. Sobre este particular, en su Libro de retratos de hacia 1599, con dos estadios manuscritos conservados en el Museo Lázaro Galdiano y la Biblioteca del Palacio Real, recuerda a relevantes hombres de letras cercanos al VII Duque, incluyendo a Carranza, sus vínculos con la familia de Mateo Vázquez, especialmente con su sobrino homónimo, arcediano de Carmona140, y un importante religioso 137 Cf.: «[…] Nam non modo musarum studium et bonarum artium cultus (quibus a peritissimo atque integerrimo Oretano, meretissimo tuo magistro, iam diu non sine ingenti fructu instrueris) tibi video placere, sed et arma ipsa, summa, noua ac praestanti arte tradita, a nobili, docto ac dexterrimo didicisti Carrança. In quo quid magis admirari debeamus, an quod nouam artem mundo numquam visam, philosophiae ac geometriae alumnam dederit, an quod te pari dexteritate crearit, ambigo. Deus bone, o quantum in vtraque profecisti disciplina, quam acre ingenium accepisti, quantaque cum comitate fortitudo, animo adhaesit tuo. Hercle si ex praesentibus futura vaticinari licet, fore reor». 138 Según las noticias de sus contemporáneos, entre ellos Carranza, a propósito de Polemarcho, en su Philosophía de las armas. Seguramente, el caso décimo referido por el capitán sevillano a raíz del asesinato de una esposa a manos de su marido como ejemplificación de una injuria personal (fols. 230v-231r) lleve implícito cierto apunte o cariz biográfico, estando este médico al fondo. 139 Lo que sí resulta evidente es el interés de Pacheco por el ambiente de las academias italianas y la metodología de trabajo que allí empleaban, como refleja en el Arte de la pintura, 126. 140 De hecho, se documenta una Inmaculada con el retrato de Vázquez de Leca, de 1621, obra de Pacheco. Asimismo, además de los datos que he apuntado ya sobre la relación de Pacheco y los Vázquez, cabe aducir este otro apunte de su Arte de la pintura (498), con la mención a una de las posesiones de los Medina Sidonia, el Convento de San Isidoro del Campo, en cuyo retablo figura un San Jerónimo, con policromía de nuestro pintor. 71 Francisco J. Escobar Librosdelacorte.es, PRIAVERA-VERANO, nº 20, año 12 (2020). ISSN 1989-6425 DOI: https://doi.org/10.15366/ldc2020.12.20.002 El retrato de Pedro de Mesa por Pacheco concluye, por lo demás, con dos sonetos del pintor en los que se encumbra, de paso, a Carranza y su aportación al arte de la destreza, así como otro del músico y poeta Antonio de Vera Bustos, celebrando tanto al capitán sevillano y Mesa, como el retrato del pintor sanluqueño. De la misma forma, el lusitano Manuel Rodríguez, diestro en armas y en sones de arpa y vihuela, queda englobado en la escuela de Carranza y Mesa, tratando de hacer el relevo a estos maestros160. Por último, también, aunque sin ser discípulo directo de Carranza, el pintor enaltece a Juan Márquez de Aroche, cuya destreza seguía los preceptos de la Philosophía de las armas y, por ende, el «espíritu carrançino»161. En fin, junto a Pacheco, en este contexto cultural interdisciplinar en el que se van asentando las señas de identidad de la poesía barroca, cabría situar otras personalidades ligadas a la literatura en dicho entorno ducal, aunque no puedo abordarlas aquí por economía discursiva. Estos son, entre otros: Juan de la Sal162, el Conde de Salinas, hermano menor de Dª Ana de Silva y amigo de Góngora163, y el referido Arzobispo de Tiro y Patriarca de las Indias. Ellos habrían de retomar y prolongar, entre el gracejo de la poesía de la sal y la dimensión espiritual, a veces contrahecha a lo burlesco con referencias a los «sidonios», los primeros compases para un ambiente de tertulias iniciadas en el entorno hispalense de mediados del XVI. como en la parodia del diestro verdadero en El Buscón. Por ahora, hay que recordar que en el tranco VI de El Diablo Cojuelo, de Vélez de Guevara, quien mantuvo relaciones profesionales con los Guzmanes, se evoca la parodia de Pacheco de Narváez en el episodio del falso diestro de El Buscón. En este pasaje se traen a colación, asimismo, tanto los preceptos de esgrima de Carranza como otras figuras ligadas a los Condes de Niebla, como Góngora, en la «populosa patria de dos Sénecas y un Lucano»; cf. Luis Vélez de Guevara, El Diablo Cojuelo, 65-67. De manera análoga, otras alusiones a los Guzmanes en esta obra («donde todos sus Guzmanes son Buenos por apellido, por sangre y por sus personas esclarecidas»), además de las ya referidas, se encuentran en 73-74; la nombradía de Bueno quizás llegara incluso hasta la segunda parte de El Quijote (cap. 74), cuando Alonso Quijano, «a pique de ser pastores […] como unos príncipes», dice Cervantes, aparecía apodado con «el renombre de bueno», es decir, «El Bueno», como recuerdo del preclaro linaje de los Guzmanes. 160 Libro de descripción de verdaderos retratos, 419. 161 Libro de descripción de verdaderos retratos, 411-412. 162 Además de los datos ya aducidos al trasluz del manuscrito que nos ha transmitido dos poemas de Alcázar relacionados con el entorno del VII Duque, hay que destacar que las buenas relaciones entre Juan de la Sal y el Conde de Niebla podrían datarse, al menos, antes de 1615, dado que el Obispo de Bona figuraba entre los nobles y prelados que acudieron a Sanlúcar para participar en el cortejo fúnebre del VII Duque; cf. Pedro Espinosa, Obra en prosa, 269. A estos datos cabe añadir el siguiente documento que he localizado en el legajo 988 del ADMS; en concreto, se trata de una carta del VIII Duque de Medina Sidonia como recaudador en Sanlúcar, fechada el 19 de diciembre de 1623, en la que le ordena pagar al patrón y remeros de la galera de la Casa de la Contratación de Sevilla lo que importara llevar Juan de la Sal, desde allí a Sanlúcar, para dar órdenes a su hermano, Alonso Pérez de Guzmán. Cf. sobre la obra de Juan de la Sal: Siete Cartas del señor Don Juan de la Sal, Obispo de Bona, al señor Duque de Medina Sidonia, noticiándole hechos notables de cierto clérigo vecino de Sevilla, natural de Moguer, llamado el Padre Méndez, Biblioteca Nacional de España, MSS/12975/26. 163 También a propósito de «apacibles soledades». En efecto, incluidos ambos poetas en las Flores de Espinosa, compartían aficiones literarias en el entorno del VII Duque; cf., asimismo, al margen de analogías y divergencias estéticas entre los dos poetas, el soneto de Góngora «De ríos, soy el Duero acompañado, / en estas apacibles soledades», de 1603, sobre su estancia en la quinta del Conde de Salinas. 78 Humanismo y Letras Áreas … Librosdelacorte.es, PRIMAVERA-VERANO, nº 20, año 12 (2020). ISSN 1989-6425 DOI: https://doi.org/10.15366/ldc2020.12.20.002 UNOS ÚLTIMOS COMPASES SOBRE EL VII DUQUE: DEL DESENCANTO DE LAS ARMAS AL RETIRO ENTRE SOLEDADES Aquí donde me ves tan pobre y roto, he sido en otros tiempos cortesano. (Lope de Vega, La hermosura de Angélica, 669-670) […] ¡Oh bien vividos años, oh canas –dijo el huésped– no peinadas con boj dentado o con rayada espina, sino con verdaderos desengaños! […] (Góngora, Soledad segunda, 363-366) Cabe concluir el presente estudio constatando, en primer lugar, que el mecenazgo del VII Duque en la vida cultural sevillana estuvo vigente ya hacia 1565 a imitación de su abuelo, tan vinculado a la capital hispalense. Encarnaba, de hecho, D. Alonso la figura de un noble adiestrado en armas y letras al compás de los preceptos de Carranza y otros destacados hombres de letras de la ciudad del Guadalquivir164, que llegaron a dedicarle, como Herrera y Mosquera de Figueroa, canciones de aliento épico a modo de encomio nobiliario. Su retiro en las afueras de Sanlúcar, que conllevaba el desplazamiento de la flor y nata del círculo letrado de Mal Lara a sus ricas posesiones, preludiaba, a su vez, un ritual de tertulias culturales en un entorno arcade que habría de retomar, con el tiempo, el Conde de Niebla entre huertas y cuevas de ermitaños165. En otras palabras, esta piadosa actitud por parte de los Guzmanes, armonizada con la práctica de una filosofía cortesana moralizada, como en los casos de Mateo Vázquez y otras figuras influyentes del momento, conllevaba su recogimiento espiritual, en consonancia con el estoicismo cristiano, que constituían señas de identidad ideológicas del VII Duque como «perfecto» caballero cortesano 166 . Recuérdese, en este sentido, la máxima conceptual comprendida en el Discurso sobre una pregunta que el Duque de Medina Sydonia hiço al comendador Gerónimo de Carrança con la que he comenzado estas páginas y que estaba en el «aire» cultural del noble: «La virtud es un hábito que consiste en la medianía de las cosas, y la honrra y fama son premios della». La virtud estoico-cristiana constituyó, en efecto, el único asidero espiritual para el VII Duque, tras perder nombradía y renombre como militar con el objeto de cultivarla en taciturnas soledades. «En triste soledad y desconsuelo» iniciaba, de hecho, Carranza su oda a la vida retirada ofrendada al VII Duque a imitación de los 164 El mítico Betis de una Nueva Roma; vid. Vicente Lleó Cañal, Nueva Roma: mitología y humanismo en el Renacimiento sevillano (Madrid: Centro de Estudios Europa Hispánica, 2012). 165 Dando pábulo, además, a las soledades «morales» y «sonoras» de Espinosa, y «el canto fiero» del Polifemo. 166 Compartidas, como he puesto de relieve, por Carranza y otros hombres de letras de su entorno cultural de élite hasta el final de su vida. 79 Francisco J. Escobar Librosdelacorte.es, PRIAVERA-VERANO, nº 20, año 12 (2020). ISSN 1989-6425 DOI: https://doi.org/10.15366/ldc2020.12.20.002 Sermones del canónigo Pacheco, de ahí su retrato paródico dirigido al capitán sevillano, metido por esos años a poeta moral mientras lisonjeaba al poderoso noble junto a sus contertulios sevillanos167. Para ello se había valido de una impostura o máscara ficticia que no le correspondía y que tampoco estaba a la altura de su fama como soldado, esta sí reconocida por sus contemporáneos. En definitiva, mudable es la fortuna, como fue la de D. Alonso Pérez de Guzmán; así, de ser encumbrado en la más alta torre por Felipe II con el clarín de la fama, como la Giralda cantada por el canónigo Pacheco, hasta llegar a padecer cierta damnatio memoriae, contentándose con una «cumbre modesta», como en la Soledad segunda168 . Por tanto, desengaños humanos y ambiciones frustradas en pos de soledades en apartadas huertas, como el mismo Templo del Desengaño en La Arcadia de Lope o la Soledad segunda de Góngora, espacios presididos, como señor en sus dominios, por un anciano venerable y ya retirado del ejercicio de las armas, a saber, el VII Duque. De hecho, en las fronteras entre la realidad histórica y la poesía ecfrástica169, el honorable y desengañado anciano acogerá al peregrino. Con él 167 Teniendo en cuenta esta contextualización del mecenazgo literario del VII Duque en torno al humanismo de la Sevilla áurea, un dato pone especialmente de relieve la lectura del tratado de Carranza por el canónigo Pacheco en este «aire» espiritual y cultural comunes «a la época». Se comprueba a partir de sendas alusiones, en sus epigramas, a hurtos («plagii», «furta») en los que se ve envuelto el capitán sevillano, por tratarse del dedicatario de esta epístola-satírica en la que se ofrece, como telón de fondo, otro retrato del Duque, como poderoso benefactor de una obra tan ostentosa y ambiciosa al tiempo. ¿A qué hurtos podría estar refiriéndose Pacheco como guiño cómplice epistolar a modo de agudo aprosdóketon inesperado? Seguramente a la referida epístola-oda a la vida retirada y solitaria dedicada al Duque por Carranza con la que comenzaba no sólo la Philosophía de las armas sino también sus manuscritos enviados a Amberes (de hecho, el poema es idéntico en estos diferentes escritos), a buen seguro para que se publicasen en la imprenta de Plantino, aprovechando la influencia de Arias Montano. Pues bien, este cultivo de la filosofía cortesana moralizada pudo dar la impresión al sabio y avisado canónigo de que el capitán sevillano estaba tratando de imitar, y no con su elegancia ni agudeza, ni tampoco con su anhelo de trascendencia, el estilo horaciano y de filosofía practicado por él en sus epístolas morales, o sea los Sermones, de aliento estoico y de desengaño que invitaban al retiro. Incluso Carranza, en su deseo de promoción entre los doctos, dado que su fama como militar, ya la tenía, pudo haberle regalado un ejemplar de su libro impreso al canónigo, puesto que en el primer epigrama indica este último «[…] ignotum munus utrumque mihi», en alusión al tratado («librum») como a las armas («gladium»); esto es, munus (‘regalo’), al margen del tecnicismo de la elegía amatoria romana como en Ovidio, Propercio o Tibulo, obligaba a un intercambio en un contexto comunitario, en este caso, representado por un círculo de amistades comunes, es decir, Vázquez de Leca, Montano, Negrón, el maestro Oretano... El tecnicismo revestía, por añadidura, un matiz jurídico que podría aludir a la vocación un tanto leguleya por parte de Carranza, de ahí su tratado sobre la ley de injuria, que el capitán trató de publicar en Amberes, lo que justificaría, de paso, su dedicatoria a Mateo Vázquez. Ello explicaría, a su vez, cómo a continuación de haber obtenido Pacheco dicho presente o munus, él mismo, en el segundo epigrama, le devuelve, quid pro quo, otro regalo en calidad de ofrenda votiva («Apotheosis et oblatio») como nuevos votos («noua vota», «votiuas libabimus») y «dona» al dios de la guerra o nuevo Hércules, o sea, Carranza, que contaba con ingente poder al ejercer como maestro de esgrima y protegido del VII Duque hasta el punto de ser «divinizado». 168 Similar a la sanluqueña cuesta cercana a las cuevas de los santos ermitaños, enclaves auspiciados tanto por el VII Duque como por el Conde de Niebla. 169 A la manera de las Silvas de Estacio y Poliziano, así como con morosidad descriptiva more horaciano. 80 Humanismo y Letras Áreas … Librosdelacorte.es, PRIMAVERA-VERANO, nº 20, año 12 (2020). ISSN 1989-6425 DOI: https://doi.org/10.15366/ldc2020.12.20.002 compartirá, entre el moderado placer de modestos y ricos manjares propios de un príncipe, valga el oxímoron gongorino, su desencantada y apacible soledad. 81 Francisco J. Escobar Librosdelacorte.es, PRIAVERA-VERANO, nº 20, año 12 (2020). ISSN 1989-6425 DOI: https://doi.org/10.15366/ldc2020.12.20.002 APÉNDICES I. Portada de la Philosophía de las armas, de Carranza con su retrato por Bautista Vázquez 82 Humanismo y Letras Áreas … Librosdelacorte.es, PRIMAVERA-VERANO, nº 20, año 12 (2020). ISSN 1989-6425 DOI: https://doi.org/10.15366/ldc2020.12.20.002 II. Retrato de Carranza por D. J. Senat, custodiado en la Biblioteca Colombina 83 Francisco J. Escobar Librosdelacorte.es, PRIAVERA-VERANO, nº 20, año 12 (2020). ISSN 1989-6425 DOI: https://doi.org/10.15366/ldc2020.12.20.002 III. Escudo de armas del VII Duque de Medina Sidonia en la Philosophía de las armas, de Carranza y en Opera medicinalia, de Peramato 84 Humanismo y Letras Áreas … Librosdelacorte.es, PRIMAVERA-VERANO, nº 20, año 12 (2020). ISSN 1989-6425 DOI: https://doi.org/10.15366/ldc2020.12.20.002 IV. Portada de los In syntaxin scholia, de Mal Lara con el blasón de los Guzmanes y las Virtudes iconográficas por Bautista Vázquez 85 Francisco J. Escobar Librosdelacorte.es, PRIAVERA-VERANO, nº 20, año 12 (2020). ISSN 1989-6425 DOI: https://doi.org/10.15366/ldc2020.12.20.002 REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS Alcázar, Baltasar del, Obra poética, ed. Valentín Núñez (Madrid: Cátedra, 2001). ____. Poesía, ed. Valentín Núñez (Sevilla: Fundación José Manuel Lara, 2012). Alemán, Mateo, Guzmán de Alfarache, ed. Luis Gómez Canseco (Madrid: Real Academia Española, 2012). 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