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Mujeres. Creación de un relato distópico desde la perspectiva de género y la infancia

Collantes Delgado, Celia

Abstract

“Mujeres” es un relato de creación ficcional que cuenta la historia de una madre y su hija en un contexto distópico y hostil en el que las clases sociales se encuentran muy diferenciadas. Está centrado en la visión de la niña, que narra los sucesos dramáticos que les van ocurriendo de una manera imaginativa e infantil. El objetivo es mostrar un mundo distópico a través de una perspectiva de género y dar visibilidad a la violencia hacia la mujer y la infancia, normalmente olvidadas en este tipo de narraciones.

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Universidad de Sevilla Grado en Periodismo Trabajo de fin de grado “Mujeres” Creación de un relato distópico desde la perspectiva de género y la infancia Realizado por Celia Collantes Delgado Tutora: Emre Özmen Curso 2024-2025 2 Índice 1. Resumen ................................................................................................................... 3 2. Creación de un relato distópico desde la perspectiva de género y la infancia: “Mujeres”.......................................................................................................................... 4 3. Memoria creativa..................................................................................................... 31 3.1. Introducción al género escogido: la narrativa distópica feminista ................. 31 3.2. Argumento ...................................................................................................... 33 3.3. Estructura ........................................................................................................ 35 3.4. Narrador .......................................................................................................... 37 3.5. Personajes ....................................................................................................... 38 3.6. Tiempo y espacio ............................................................................................ 41 3.7. Inspiraciones ................................................................................................... 43 4. Bibliografía.............................................................................................................. 46 3 RESUMEN “Mujeres” es un relato de creación ficcional que cuenta la historia de una madre y su hija en un contexto distópico y hostil en el que las clases sociales se encuentran muy diferenciadas. Está centrado en la visión de la niña, que narra los sucesos dramáticos que les van ocurriendo de una manera imaginativa e infantil. El objetivo es mostrar un mundo distópico a través de una perspectiva de género y dar visibilidad a la violencia hacia la mujer y la infancia, normalmente olvidadas en este tipo de narraciones. Palabras clave: distopía, feminismo, mujeres, infancia, madre e hija, desigualdad, violencia hacia la mujer, narrativa, ficción ABSTRACT "Women" is a fictional tale that tells the story of a mother and her daughter in a dystopic and hostile context where social classes are highly differentiated. It focuses on the girl's perspective, which narrates the dramatic events that occur to them in an imaginative and childlike way. The goal is to portray a dystopian world through a gender perspective and to highlight violence against women and children, which is often overlooked in this type of narrative. Key words: dystopia, feminism, women, childhood, mother and daughter, inequality, violence against women, narrative, fiction 4 2. Creación de un relato distópico desde la perspectiva de género y la infancia: “Mujeres” Introducción No era la primera vez que pasaba. La primera vez intentó detenerlo, apartarlo, forcejear. Aunque en cierta manera no le sorprendió. Lo esperaba, incluso. Conocía a otras chicas como ella, niñas huérfanas a las que contratan como sirvientas. Esclavas con cierta sensación de libertad. Sabía que algunos lo hacían, lo oía cuchichear a las otras cuando iba a la compra. Al principio no creía que algo así pudiera ocurrirle. Pero pasó el tiempo. Su cuerpo cambió, sus caderas se volvieron más anchas, empezó a usar sujetador y varios días al mes hacía uso de una cantidad considerable de toallitas femeninas. Fue gradual, casi imperceptible en el día a día. Pero él sí que se dio cuenta. Y se lo hizo saber en continuadas ocasiones. La forma en la que la miraba de arriba abajo, la mano en el hombro o en la espalda, descendiendo cada vez un poco más, los roces accidentales con su pecho cuando la ayudaba a cargar algo. A veces entraba en la cocina cuando ella fregaba los platos y no había nadie más en la casa. La miraba, le ponía la mano en la cadera y la subía. Ella se quedaba inmóvil como una estatua, esperando que pasara el momento, que se escuchara la puerta de la calle abrirse, que sonara algún teléfono en alguna otra habitación y él tuviera que marcharse y la dejara seguir con su tarea. Esperaba. Porque siempre pasaba. Hasta que dejó de hacerlo. Sospechaba que su mujer lo sabía. O que al menos lo intuía y le dejaba entretenerse. Al fin y al cabo, qué más daba. Eso era ella, para eso estaba ahí, para servirles. Sirvienta. Podría ser mucho peor. Podría estar en la calle, mendigando, pasando hambre. Al menos ahí tenía un techo, comida caliente, ropa no muy sucia. Eso empezó a repetirse mentalmente cuando él venía a verla. Le quitaba la falda y le tocaba las piernas. Aguanta. Le pasaba la mano por debajo de la camisa y del sostén. Sé fuerte, solo un poco más. Se quitaba el cinturón y se bajaba los pantalones. Eres afortunada, recuérdalo. Ya casi está. Ya se va a ir. 5 PRIMERA PARTE – LA RUTINA Capítulo 1 Escucho que tocan en la ventana. Dos veces. Ras, ras. Me acerco y aparto la cortina. Es Canijo, que ha venido a verme. Bueno, no ha venido por mí, es que a veces le doy chuches. A mamá no le gusta que venga, dice que es feo y que está lleno de pulgas. Es verdad que no es muy bonito, pero yo no se lo digo. Tiene el pelo negro, aunque en algunos lados está calvo. Creo que es porque se está haciendo mayor. Al Señor también le pasa. No le digo que es guapo, porque sería mentir y eso está mal, así que le digo que es muy listo, porque eso sí es verdad. Ya ha aprendido a dar en la ventana para que le de comida y cuando escucha que mamá viene se va corriendo. Sabe que no le gusta. Le abro para que entre y mientras busco en el cajón las chuches que escondo. Él se pasea por mis piernas y ronronea. Qué pelota es. Está muy flacucho, por eso le puse Canijo. Y por eso siempre tiene hambre. Encuentro mi bolsita, pero está vacía. Él maúlla, como preguntándome qué pasa. No quedan, le digo. Pero, claro, no me entiende. Y no se irá hasta que le dé algo de comer. Tendré que robar algo de la cocina. Espera aquí, Canijo, ya vengo. Él me sigue hasta la puerta, pero no más allá. Sabe que si lo pillan le darán unos buenos palos, así que se queda en la habitación. Qué listo es. Ir a la cocina es un poco peligroso, sobre todo si es para robar. No me gusta esa palabra, parece que estoy haciendo algo malo. Prefiero decir sustraer. Es una palabra que he aprendido. Es como robar, pero suena mejor, como si una princesa hiciera una travesura. Así me imagino mientras ando por el pasillo. No llevo vestido, pero si lo llevara sería largo y rosa, con brillantes, y unos zapatos a juego con alguna piedra de colores vivos en las puntas. El pelo lo llevaría recogido, pero no como lo llevo ahora, sino con trenzas y lazos y una corona grande y dorada. Iría al salón de baile a dar vueltas y vueltas y vueltas. Pero no puedo dar vueltas ahora, haría mucho ruido, y no quiero que me descubran. Ahora soy un bandolero, con un pañuelo rojo en la cabeza, que se cuela de noche en las casas de los ricos a robarles joyas. Quiero decir, sustraer. 6 Paso por el despacho del Señor. Normalmente está cerrado con llave, puede que porque tiene cosas valiosas y no quiere que vayan los bandoleros a por ellas. Pero la puerta está medio abierta. Mal asunto. Eso significa que estará dentro. No pasa nada, soy silenciosa y astuta, como una serpiente. Pasaré corriendo. No, mejor muy despacio, no quiero que el suelo cruja. Sí. Ni lo notará.  ¿Quién anda ahí?  jolines, me ha pillado. Me vuelvo y abro un poco la puerta, como si estuviera mirando si de verdad hay alguien, como si no supiera que está ahí  Ah, eres tú. Ven, no te quedes en la puerta. No pasa nada  hago lo que me dice. Nunca había entrado aquí, me lo imaginaba más grande. Como una guarida llena de tesoros. Pero no es para nada así. Lo que más hay son libros, grandes y gordos, por todas partes. Y muchos papeles  Está chulo, ¿eh?  asiento, aunque en realidad me parece aburrido. Soy muy buena actriz  Ven, acércate. Tengo una cosa para ti. Sonríe y mira hacia los lados, como si fuera él el que está haciendo una travesura. Es muy gracioso. Yo estoy emocionada, nunca nadie me había dado un regalo. ¿Qué será? Lo veo buscando en un cajón. A lo mejor son chuches.  Vaya, creía que estaba por aquí  se rasca la cabeza, confundido  Puede que… Acércate un poco más. Vaya, vaya, ¿qué es esto?  acerca su mano a mi oreja. Cuando la retira me enseña una moneda brillante, que me pone en las manos. Debe ser magia, no hay otra explicación  Será nuestro secreto  susurra a mi oído y me guiña un ojo.  Gracias  le digo, intentando que no se me note mucho el entusiasmo, y salgo por la puerta, antes de que se arrepienta. Estoy tan contenta. Mi propia moneda, solo mía. Tan redonda, tan dorada. Tiene la cara de un hombre que no sé quién es, probablemente alguien importante. Da lo mismo. Podría comprar muchas cosas, un collar de perlas o unos pendientes verdes como los de la Señora. Aunque creo que hacen falta algunas más de estas para comprarlos. No, será mi tesoro. La guardaré para mí solita, para nadie más. Es un secreto. Cuando llego a la habitación está mamá, ni rastro de Canijo. Al final me despisté, no le he dado nada de comer. Se habrá ido cuando ha llegado ella. Gato listo. Yo también lo haría. Mamá me ve. A mí y a mi moneda. Intento esconderla en algún bolsillo, pero ya es tarde. 7  ¿Qué es eso que llevas ahí?  se acerca y me la quita  ¿De dónde la has sacado? No la habrás robado.  Me la ha dado un mago  contesto.  Otra vez con tus tonterías. Nos vas a meter en un buen lío.  No la he robado. Me la he encontrado en el suelo  miento, porque si no lo hago no me la devolverá. Parece que se calma un poco.  Está bien  dice, y me la da  Pero que no te vean con ella  asiento. Ella se va, a limpiar o a hacer la comida, no sé. Tampoco me interesa. Meto la moneda en el cajón, debajo de la ropa interior. En otro momento tendré que ir a por las chuches para Canijo, pero no será ahora, es demasiado arriesgado. Ya me descubrió el Señor, no puedo volver a pasar por ahí. Por un segundo, cuando me llamó, creí que sería para regañarme y decirme que no puedo moverme por la casa como si fuera mía y blablablá. Al menos eso es lo que mamá decía que pasaría si molestaba a los Señores, nos echarían y tendríamos que pasar la vida pidiendo por ahí, como el pobre de Canijo. Incluyendo las pulgas. Pero mamá es una exagerada y estaba equivocada. Mi tesoro lo confirma. Aunque también es verdad que cuando era pequeña me daba un poco de miedo el Señor. Es un hombre super serio y siempre que lo veía parecía que estaba pensando en cosas difíciles e importantes, como problemas de la bolsa o algo así. No sé qué le ven los mayores a las bolsas, pero siempre están preocupados por ellas. A mí me parecía misterioso, como un espía antiguo, siempre con traje y corbata de colores oscuros, incluso en verano. Además, es muuuuy alto. Bueno, es grande en general, por todos lados. Y casi siempre estaba metido en su despacho. Yo me lo imaginaba interrogando a los malos, sacándoles información y preguntando que para quién trabajaban. Y si no lo decían a la primera, le empezaba a sacar los dientes con unas herramientas o a cortarles los dedos hasta que ya no podían más y acababan soltándolo. Amanda dice que así es como lo hacen los espías. Es una amiga mía. A mamá no le gusta que juegue con ella porque dice que está un poco mal de la cabeza y que dice cosas raras y que al final voy a acabar igual. Mamá es una aburrida. No me deja hacer nada. Ni darle de comer a un gatito, ni andar por la casa, ni jugar con Amanda. No le gusta que me divierta. Lo único que me deja hacer es leer libros viejos. Al principio cuando me aburría dejaba que le ayudara en las tareas de la casa, pero decía que no lo hacía bien y que la retrasaba y que al final los Señores se 8 enfadarían. Así que me enseñó a leer para que me estuviera quietecita en la habitación. Y me gusta mucho leer cuentos, de verdad que sí, pero ya estoy harta. Además, ya me he leído los mismos como doscientas setenta veces. Otra cosa que hago para entretenerme es hacerme peinados chulos. Como la mujer del anuncio grande de la calle del mercado. Es el anuncio de una colonia o de un bolso, ya no me acuerdo. Pero la mujer lleva un moño en forma de flor que me encanta. Una vez intenté hacerlo, pero acabé con todo el pelo enredado y mamá tuvo que cepillármelo un rato. Estaba super cabreada porque decía que le estaba quitando tiempo de trabajo, pero a mí no me importó mucho porque me gustaba que me cepillara el pelo. Lo intenté de nuevo más adelante y me pasó lo mismo, así que le dije a mamá que tenía que desenredármelo y ella me dijo que el cepillo estaba en el segundo cajón. Ya no lo volví a intentar después. Ahora me invento historias y las interpreto. Está feo que lo diga yo, pero son muy buenas. Hago como si estuviera en un teatro y fuera la protagonista. Bueno, en realidad hago de todos los personajes. Las que más me gustan son las de fantasía. Algunas veces soy un hada de los bosques y tengo que salvar a los animalitos porque unos hombres malos quieren matarlos. Otras veces soy una sirena que surfea olas grandísimas, como de 20 metros de alto. Aunque nunca he visto el mar, así que no sé si eso es mucho o poco. Quise jugar con Amanda a las historias, pero a ella no le gustaban mucho. Decía que los animales no pueden hablar y que la magia no existe. No entiende que en los cuentos sí se pueden hacer esas cosas. Empieza a haber poca luz así que enciendo el candil. Me gusta ver el fuego. Es como si fuera una personita muy pequeña, un hadita, que cuando baila ilumina la habitación, como un solecito diminuto. De vez en cuando lo encendía de día solo para verlo, pero mamá me pilló y me dijo que no lo hiciera, que gastaba la vela muy rápido. Justo entra por la puerta con la cena. Huevos revueltos y cereales. Perfecto, guardaré unos pocos para Canijo. Nos sentamos las dos a comer en silencio, no le gusta que hable mientras cenamos. Yo voy cogiendo algunos cereales y me los echo en las piernas, poquito a poco para que no se dé cuenta. Cuando terminamos recoge los platos y se los lleva. Aprovecho y recojo todos los cereales que he podido tirar y los guardo en la bolsita del cajón. 9 Normalmente no tarda mucho, el tiempo de fregar nuestros platos y cubiertos y los de los Señores. Pero algunas veces sí que tarda un rato grande. Una vez que no venía me asomé al pasillo y justo la vi salir del despacho del Señor. ¿Será que también le da monedas doradas a ella? Como nunca sé si tardará mucho o poco, ya no la espero para dormir. Me voy directamente a la cama e imagino historias mientras me viene el sueño. La de hoy va sobre un duende que, dando un paseo por el bosque mágico, se encuentra con el Rey de los Magos, que hace un truco y le da un caldero lleno de oro. Capítulo 2 Cuando me despierto mamá ya no está en la cama. Es así siempre, se despierta muy temprano para hacer el desayuno. Normalmente me da igual, pero hoy es distinto. Hoy es el día de la compra, y siempre la acompaño a hacerla. Me gusta hacer la compra, hay mucha gente y flores de colores y puedo ver a Amanda. Es de las pocas veces que puedo salir, así que me da miedo que me haya quedado dormida y se haya ido sin mí. Pero no, escucho sus pasos por el pasillo. Poco después entra con el desayuno. Un vaso de leche fría y una tostada con mantequilla. Pero nada para ella. Le pregunto que si no va a desayunar conmigo.  Ya he desayunado. Come rápida si no quieres que me vaya sin ti. Y vístete. Voy a preparar la cesta  contesta. Me zampo la tostada en dos bocados, casi sin masticar, y me bebo la leche de un solo trago. Me pongo mi pantalón beige y la primera camiseta que encuentro y me recojo el pelo. Ya estoy lista. Le llevo a mamá el plato y el vaso a la cocina para que los limpie, con mucho cuidado de que no se me caiga ninguno. Ya me pasó una vez y la bronca que me llevé luego fue grandísima, por eso no quiere que lo haga. Pero eso solo les pasa a las niñas pequeñas, y yo ya no soy una. Por el pasillo me encuentro de nuevo con el Señor. Me distraigo y me tropiezo. 16  No hay remedio…  dice. Vuelve a levantarse y va a otra habitación. Llega con un sobre en las manos y se lo da a mamá  No es mucho pero…  No, no puedo aceptarlo.  Sí que lo harás. Yo también soy muy tozuda, ¿sabes? Son dos días de viaje. Te he apuntado la dirección y el camino que tienes que seguir para llegar hasta allí.  No sé cómo agradecértelo.  Cuídate mucho, ¿vale? A ti y a esa niña tan bonita que tienes. No dudo en que lo harás bien. Ven aquí, al fin y al cabo es la última vez que nos vamos a ver  se abrazan. Le dice algo a mamá al oído y le acaricia el pelo como si fuera un bebé. Se separan y la mujer me ve. Me hace un gesto para que me acerque a ellas. Mamá se seca las lágrimas muy rápido con la manga. Yo finjo que no me doy cuenta. Nunca la había visto llorar.  Tienes una madre muy valiente. No lo olvides. Estamos de vuelta en la casa. Los Señores no parecen haber notado que hemos estado unas horas fuera. Vamos a la habitación. Mamá me dice que prepare mis cosas, que nos vamos de viaje. Saldremos después de la cena. Le digo que tengo que despedirme de Amanda, pero no me deja, dice que no hay tiempo y que nadie puede saberlo. Me siento un agente secreto. Ella se va a preparar la cena y yo me quedo vaciando los cajones. Cojo mis pantalones y camisetas, ropa interior, el cepillo y algunas gomas de pelo. Decido no llevar ningún libro, pesan mucho y ya los tengo muy vistos. Veo la bolsita de chuches y la moneda. Pienso en Canijo, en que ya no podré darle de comer. Mi feo y flacucho amigo. Saco los cereales que quedaban y los dejo en la ventana, por si viene. En la bolsita, ahora vacía, meto la moneda y me la guardo en el bolsillo. Después de un rato llega mamá con la comida. Cenamos en silencio, como siempre. Aunque es distinto, es un silencio raro. Se va a lavar los platos. La escucho al poco tiempo en el pasillo, hablando con el Señor. Me asomo a la puerta. No me entero de nada, pero mamá parece incómoda. Quiere irse, 17 empieza a andar hacia aquí, pero el Señor la coge del brazo. Intenta soltarse, pero no puede. Luego viene el golpe. El Señor le ha pegado. ¿Por qué ha hecho eso? Estoy furiosa. ¡Mamá!, grito. Se giran y me ven. Él vuelve a su despacho y ella a la habitación. Prepara sus cosas y esperamos un rato más, sin hablar, mirando la llama de la vela bailar. De repente se levanta, la apaga, coge nuestro equipaje, me da la mano y salimos al pasillo. Está oscuro, no veo casi nada. Somos ninjas moviéndonos por las sombras. Otros días ya estaría en la cama, durmiendo. Pero hoy, aunque quisiera, no podría. El corazón me late tan fuerte que creo que hasta los vecinos pueden oírlo. Unos pasos más y estamos en la puerta. Escuchamos un ruido detrás de nosotras. Es la Señora. Hemos sido descubiertas. Ella se queda ahí, mirando a mamá, a su ojo un poco hinchado, luego a mí. No habla. Ni siquiera pestañea. Es como ese juego en el que al parar la música tienes que quedarte inmóvil. Yo tampoco me atrevo a mover un músculo. La única que se mueve es mamá. Abre la puerta sin apartar la vista de la Señora y salimos corriendo. 18 SEGUNDA PARTE – EL VIAJE Capítulo 4 Mamá me lleva de la mano. Tiene las piernas más grandes que las mías, así que corre más rápido que yo. Intento seguirle el ritmo, pero es difícil, como si los cordones de mis zapatos estuvieran enredados el uno con el otro. Me suelto, porque si sigo de su mano acabaré cayéndome al suelo. Ella me coge en brazos y sigue corriendo, aunque más despacio que antes. Todavía no entiendo bien por qué corremos, pero estoy emocionada. Como si fuéramos unas delincuentes que huyen de la policía después de robar un banco, con bolsas llenas de oro. Pero no hemos hecho nada malo. Al menos, eso creo. Y el único oro que llevo es el de mi moneda. Poco a poco mamá va bajando el ritmo. Me deja en el suelo y vuelve a darme la mano. Ahora vamos andando. No como dando un paseo, pero tampoco echando una carrera. No me había fijado en lo vacía que está la calle. Solo nos cruzamos con cuatro personas antes de llegar a la estación: un hombre en traje de chaqueta con el brazo alrededor del cuello de una mujer con un vestido violeta y unos tacones brillantes altísimos, una persona con capucha que fuma en la puerta de un edificio y otro hombre con una botella verde que canta una canción a toda voz y luego vomita en una esquina. A mí me parece divertido, pero mamá no se ríe. El próximo tren no sale hasta por la mañana. Alguien duerme tumbado en los bancos del andén, así que nos sentamos en el suelo, alejadas de él. Bostezo. Estoy cansadísima. Me apoyo en el hombro de mamá y cierro los ojos. Hoy no imagino ninguna historia. Me despierto con el ruido de la bocina del tren. Nunca había oído nada que sonara tan fuerte en mi vida, casi me muero del susto. La estación está mucho más animada que anoche. Hay mucha gente yendo de un lado para otro: hombres con trajes de chaqueta y maletines mirándose el reloj, mujeres con pendientes de colores y zapatos de charol y algunos chavales corriendo y subiéndoles las faldas cuando pasan por su lado. 19  Vamos  dice mamá, poniéndose de pie. Extiende su mano para que la agarre. El tren es grandísimo, como un dragón alargado de metal. Los primeros vagones tienen las ventanas anchas y dentro se ven unos asientos rojos y dorados en los que ya se van sentando algunas personas. Nosotras nos vamos al final, a la cola del dragón. Entramos y nos sentamos al lado de un señor mayor con barba blanca. No hay mucho sitio, así que mamá dice que me siente en sus piernas. Aquí las ventanas son pequeñas y están muy altas, solo se ve el techo gris de la estación. Empezamos a movernos. Ahora veo las nubes en el cielo azul, que cada vez van más rápidas, como si estuvieran corriendo en el viento. Pero las ventanas están cerradas y el aire no entra. El señor de al lado lleva puesta una chaqueta larga marrón y aunque hace mucho calor no se la quita. Se abraza a una maleta grande del mismo color. Me pregunto qué llevará ahí. Tiene que ser algo valioso para que no quiera ponerla con las demás, como hemos hecho nosotras. A lo mejor lleva ropa muy cara, como la que se ponía la Señora para ir a algún evento. Imaginármelo con un vestido plateado y un collar de perlas me hace gracia. Él me mira muy serio. Tiene la cara llena de arrugas y los ojos muy pequeños y azules. Mamá me pellizca en el brazo y me susurra que no me quede embobada en él, que es de mala educación. Así que miro a otro lado. En el vagón hay mucha gente y todos estamos un poco pegados, como canicas dentro de una bolsa. Amanda una vez le quitó una a unos niños mientras no miraban. Sé que está mal, pero no la culpo, la canica era chulísima, de estas que tienen muchos colorines dentro pero por fuera es transparente. Si el hombre de la barba fuera una canica sería una negra con reflejos marrones, no de las feas pero tampoco de las más guays. Mamá sería una canica blanca, de las normalitas que están olvidadas en el fondo de la bolsa, pero todos saben que es de las mejores para ganar. Amanda siempre me dejaba su canica grande amarilla, así que supongo que yo sería esa. No es de mis juegos favoritos, las canicas, pero ojalá pudiera jugar ahora, me aburro como una ostra. Alguien ronca en los asientos de detrás. Un bebé llora y otra persona intenta calmarlo. Unas mujeres hablan y se ríen. Huele a humo. Escucho a un hombre decir que aquí no se puede fumar y un suspiro de enfado.  ¿Serían tan amables de enseñarme sus billetes?  dice el mismo hombre. Lleva un traje como de uniforme azul oscuro y una camisa blanca debajo con el cuello un poco amarillo. 20 Se pasa una mano por la frente, que la tiene brillante. El sombrerito de la cabeza lo tiene un poco hacia el lado. Nunca he visto a un marinero, pero así es como me los imagino. Mamá le da nuestros billetes  Vaya, os queda un largo camino por delante. ¿Primera vez viajando en tren, señorita?  me pregunta. Asiento con la cabeza. Me dice que qué tal la experiencia, que debo estar muy emocionada. Contesto que ya llevo mucho rato sentada y que no hay nada que hacer, que ni siquiera puedo mirar por la ventana y que hace calor. Él se ríe y me dice que tenga paciencia. Mamá le da las gracias y él se va a por los billetes de los demás pasajeros. Después de un tiempo el tren para y algunas personas cogen sus maletas y bajan. Una de ellas es el señor de barba blanca. Camina un poco encorvado. Cuando está por salir del tren se vuelve y me sonríe y me dice adiós con la mano. Yo hago lo mismo. El asiento de al lado ahora está vacío así que mamá me dice que me siente en él, que parece que no pero que peso mucho y lleva las piernas dormidas. Desde aquí veo aún menos a la gente del vagón. Envidio al señor de marrón, que ya está estirando las piernas. No sé bien a dónde vamos, pero sí sé que nos queda mucho para llegar. Le pregunto a mamá que si no se aburre, pero no me responde. El calor está haciendo que me entre sueño y como no tengo nada mejor que hacer, me duermo. Debo de haber dormido un montón porque las luces del tren están encendidas y fuera está oscuro. Somos las únicas que quedamos en el vagón, todo el mundo se ha bajado ya. Tengo un hambre increíble, lo único que he comido en todo el día ha sido un bocadillo que mamá me dio mientras el revisor no estaba, porque por lo visto tampoco se puede comer aquí dentro. Me imaginaba que viajar sería más divertido, al menos eso parece en los libros, pero es un verdadero rollazo. El marinerito vuelve y nos dice que nos acercamos a la última parada del trayecto, que preparemos nuestro equipaje. ¡Por fin! Como si hubiera dicho unas palabras mágicas, me levanto de golpe e intento coger nuestro equipaje, pero pesa mucho y me lo echo encima y el hombre tiene que ayudarme. Mamá viene corriendo y se disculpa con él. Yo no me disculpo, porque no creo que haya hecho nada mal, sino que le doy las gracias por ayudarme y le digo que es muy amable. 21  Su hermanita es muy educada  le dice a mamá. Ella no le corrige. Se queda callada y salimos afuera. Yo le grito ¡adiós, marinero de tierra! y él me despide quitándose el sombrerito y haciendo una reverencia muy dramática. El tren se marcha. Nos quedamos solas en la estación. Esta es mucho más pequeña que la otra y casi parece como si estuviera abandonada. La única luz que la ilumina es la de una farola que tiene los cristales rotos. Alrededor de ella hay muchos bichitos diminutos volando, que forman sombras que bailan por nuestra ropa. Me recuerda al candil. Es casi mágico, como si estuviéramos en un cuento de hadas. Nos acercamos a la casetita de los billetes, que está cerrada. La verdad, no parece que alguna vez haya estado abierta. No hay ni un cartel ni nada que informe sobre los horarios de los trenes. De repente se escuchan unos pasos muy fuertes, como de tacones, y vemos la sombra de alguien, que se acerca a nosotras gritando.  ¡Os he dicho que esta es mi zona, zorras! ¡Como os vuelva a ver por aquí os voy a…! Oh, perdonadme. Creía que erais las fulanas que siempre intentan quitarme los clientes  es una mujer. Lleva un vestido lleno de lentejuelas de colores vivos y unos zapatos altos que hacen que parezca que mide dos metros. Sin duda, si ella fuera una canica sería la que robó Amanda  No debería decir estas cosas delante de unas jovencitas. Lo siento si os he asustado antes. ¿Estás bien, chica? Estás blanca como la pared  le habla a mamá.  Sí, estoy bien. Buscamos los horarios del próximo tren, el que llega al mar  dice mamá.  No los encontraréis. Lleva meses sin pasar. Una inundación estropeó las vías y no las han arreglado. Se ve que prefieren gastar el dinero en moderneces para los de la ciudad en vez de en el transporte para los pueblerinos como nosotros. Un fastidio, porque desde entonces no para casi nadie por aquí y tengo mucho menos trabajo. ¿Seguro que estás bien?  Yo… Solo necesito sentarme un rato  mamá se sienta en el único banco de la estación. Parece que se le ha ido todo el color de la cara y suda un montón. La mujer de colores empieza a abanicarle con las manos.  ¿Tenéis sitio para pasar la noche, cariño?  pregunta.  Pensaba pasarla aquí. 22  ¿Aquí? La calle no es sitio para dos muchachitas. Créeme, lo sé bien. Os llevaré a un lugar. No está lejos. Capítulo 5 Mamá va apoyada en la mujer, que la agarra como puede para que no se tambalee. Yo no sé cómo ayudar, así que las sigo con el equipaje. Llegamos a un sitio lleno de luces brillantes y dibujos de copas. Una de las luces forma la imagen de una mujer de rosa. Le parpadea la pierna, de manera que parece que la sube y la baja. Se escucha música dentro. Creo que es una discoteca. Amanda dice que ahí es donde van los jóvenes a bailar. Dice que es como un salón de baile, pero moderno, sin vestidos de princesa ni lámparas gigantes de araña. En la puerta hay varios hombres fumando, aunque no parecen muy jóvenes, más bien viejos. Creo que están borrachos, porque se mueven raro y se ríen mucho.  Mejor vamos por la puerta de atrás  dice la mujer. Giramos la esquina. Hay plantas que se pinchan en mis zapatos y mi ropa. Huele a pipí de gato. Me pregunto si Canijo estará bien. Entramos por una puerta de metal. Es un poco pequeña, la mujer y mamá tienen que agacharse un poco.  ¡Rubiaaa! Vuelves pronto. ¿Mucho trabajo hoy?  es otra mujer. Esta va de verde oscuro y lleva el pelo recogido en una cola alta  ¿Quiénes son estas?  Me las he encontrado en la estación. Querían coger el tren del mar, las pobres. Les he dicho que no va a poder ser y esta casi se me desmaya. Ayúdame, ¿quieres? Hace lo que le dice y llevan a mamá a otra habitación, donde la tumban en una especie de sillón alargado morado. Empiezan a acercarse más mujeres a ver qué pasa. La habitación no es muy grande, así que se llena enseguida. Todas llevan ropa o pelucas de colores llamativos y hablan entre ellas como si no estuviéramos. La música se escucha más fuerte ahora. Me empiezo a agobiar. La mujer que nos trajo le grita a las demás que se vayan a trabajar y nos dejan solas. 23  Alguien os traerá algo de comer. Yo tengo que irme. ¿Estaréis bien?  me habla a mí, porque mamá sigue medio ida. ¿Estaremos bien? No sé qué responderle. Ella me sonríe y me da un beso en la frente. Mira a mamá, luego se va. Después de un rato llega una chica con una bandeja. En ella trae dos vasos de agua y dos platos con una papilla que no parece muy apetecible. Se sienta en el sillón con mamá, la ayuda a incorporarse y le empieza a dar de comer. Me hace señas para que coja el otro plato, así que lo hago, me siento en el suelo y me meto la papilla en la boca. No sabe muy bien, pero tampoco sabe tan mal como me imaginaba y tengo muchísima hambre, así que me la como. Me quedo mirando a mamá y a la chica. Lleva una bata naranja medio transparente con plumas, el pelo negro rizado muy corto y los ojos de un verde claro. Es hipnótico mirarla, casi como un sueño, y siento que me quedo un poco dormida. Ella nota que la miro.  Tranquila, se pondrá bien  me dice.  Sí, mamá es dura  contesto. Ahora es ella la que me mira, con la boca medio abierta, pero sin decir nada. Ya tiene mejor color. Le quita la cuchara a la chica y empieza a comer sola.  ¿No eres un poco joven para ser madre?  le pregunta a mamá.  ¿Y tú para ser prostituta?  contesta ella. No sé qué es eso, pero la chica se levanta, enfadada.  ¿Crees que esto es lo que quiero hacer? ¿Que tengo otra opción? No tienes ni idea.  Al menos a ti te pagan por ello  la chica, que estaba saliendo por la puerta, se para al escuchar a mamá.  Lo siento. No sabía… Mamá no dice nada. Sigue comiendo en silencio. Ella se sienta en un banquito de madera y nos observa muy callada. Tiene los ojos brillantes. Parece una muñeca cara, de esas que ponían en los escaparates de al lado del mercado. O a lo mejor una modelo de un anuncio de perfume de flores.  He oído que os dirigís al mar. Conozco a alguien con coche. Os puede llevar si le pagáis  dice luego de unos minutos. 24  ¿Por qué quieres ayudarnos?  pregunta mamá.  Porque creo que vosotras sí tenéis opciones. Hemos pasado la noche en el sitio de luces. Creo que mamá ha dormido estupendamente, porque la he escuchado roncar una barbaridad. Yo no tenía mucho sueño porque me pasé casi todo el viaje en tren dormida, pero acabé cayendo. Aunque me he despertado muchas veces por el ruido. Antes de irnos mamá me acompaña al baño. Me da una toallita de algodón y me explica cómo tengo que ponérmela, paso a paso. Creo que piensa que soy tonta, porque no es tan complicado como para que me tenga que enseñar, pero le dejo que lo haga igual. Además, me hace gracia el tono con el que me habla, como si yo fuera un animalito pequeñito al que le enseña a dar los primeros pasos. No le pega para nada. Le damos las gracias a las mujeres por dejar que nos quedáramos y ellas nos desean buena suerte. Cogemos nuestro equipaje y salimos afuera. A la luz del día el sitio parece mucho más pequeño. No hay mucho cerca, se ven las vías del tren y la estación a lo lejos y un camino de tierra. Por las indicaciones que nos dio la chica, allí es donde tenemos que ir. Andamos un ratito hasta llegar a un árbol seco. En la poca sombra que hay, un hombre nos espera al lado de un coche que en otra época debió de ser rojo. La pintura se cae a cachos y debajo se ve el óxido. Parece que tiene escamas, como un lagarto. Desde luego es mucho menos glamuroso que el tren. Aunque, visto de otra manera, es como nuestro transporte personal. Como la carroza de las princesas. Solo que parece que esta ya se ha convertido en calabaza. El hombre nos ve y se gira hacia nosotras. Lleva un sombrero oscuro y ropa vaquera. Solo falta que ruede una bola de paja y entonces él sacará una pistola y mamá otra y el más rápido se quedará con el coche mientras que el otro caerá dramáticamente al suelo, pero no morirá, sino que buscará venganza. Nos saluda quitándose el sombrero y dándonos la mano. De cerca parece algo mayor. Tiene el pelo negro y gris y los ojos verde claro. Mamá le da dinero y le dice que le dará lo que falta cuando lleguemos. Él asiente y nos dice que subamos a la camioneta. El coche arranca con el mismo ruido que hacen mis tripas cuando tengo hambre y empieza a andar. 25 Capítulo 6 No vamos muy rápido, pero no importa. El hombre va conduciendo en la cabina, que se conecta con la parte de atrás, donde estamos nosotras, con una ventanita. No hay techo, así que el aire me da directamente en la cara. Me quito la coleta y dejo que mi pelo vuele en el viento, pero al poco tiempo cambio de opinión porque los mechones se me meten en la boca. Las ruedas del coche levantan mucho polvo del camino. No hay muchas nubes en el cielo que tapen el sol y tenemos que llevar los ojos medio cerrados para que no nos moleste tanto la luz. Las vistas tampoco son muy bonitas: solo hay pasto seco, piedras y algún tronco de árbol muerto. Veo algo moverse entre los hierbajos. Parece una familia de conejitos. Están corriendo por el campo, puede que estén dando un paseo. O a lo mejor son ratas. Un pájaro que volaba cerca cae y empieza a darles picotazos. Le pregunto a mamá que por qué les ataca. Ella me mira, pero no me responde.  Ley de la naturaleza  dice el hombre  Comer o ser comidos.  Pero si no le han hecho nada  contesto.  ¿Tú crees? Te contaré una historia. Hace mucho tiempo tuve una jaula con pájaros. A mi hija le encantaba alimentarlos. Pero un día amanecieron todos muertos. ¿Quieres saber quiénes fueron? Esos bichejos.  Entonces, ¿es su venganza?  el hombre pega una carcajada fuerte.  Sí, supongo que sí.  Es un poco injusto. ¿Por qué no pueden ser amigos y ya está?  Tienen que adaptarse a las circunstancias. Antes toda esta tierra era fértil. Plantábamos todo tipo de cereales, pero sobre todo maíz. Eso hacía que vinieran muchos insectos, que se comían los pájaros. Pero con las sequías y las inundaciones se perdieron los cultivos. Así que empezaron a comer otras cosas. 32 El panorama literario español se ha ido diversificando en los últimos años cada vez más. Hoy en día, existen muchas editoriales que le dan voz a esos discursos que encontramos más cerca de los márgenes, como pueden ser los LGTBIQ+ o los feministas. Algunas de estas son Crononauta, Amor de Madre o Continta me tienes. Aunque pueda parecer que Estados Unidos son los líderes actuales en novelas distópicas (con Los Juegos del Hambre (2008), de Suzanne Collins, o Divergente (2011), de Veronica Roth), lo cierto es que en España hay muchos amantes del género. Encontramos iniciativas como Hispacón, una convención impulsada por la Asociación Española de Fantasía, Ciencia Ficción y Terror (Pórtico) que se celebra cada año en un punto distinto de la geografía de nuestro país, o premios como el Ignotus, que dan un espacio a autores hispanos. En este tipo de relatos la división por clases suele poseer gran importancia. En Nacidos para ser breves (2020), de Toni Mata, la cantidad de personas en el planeta llega a niveles exorbitantes, por lo que deciden deshacerse de gran número de ellas cada cierto tiempo. Por supuesto, todas ellas pertenecen a una clase baja, los llamados Breves, que viven en los suburbios trabajando mientras que en la ciudad los más ricos tienen un antídoto contra la muerte, por lo que se libran de la criba. Atwood también separa por estratos sociales a sus personajes, donde los Comandantes se encuentran en lo más alto de la pirámide, mientras que las criadas están en lo más bajo. Nos hace cuestionarnos quién tiene el poder y por qué, mientras hace una crítica a la riqueza. Por otro lado, el cambio climático está muy presente en las distopías, ya sea de manera explícita (como en la película Mad Max Fury Road (2015)) o sutil (como en El cuento de la criada). Me encanta la escritura creativa y estoy muy comprometida con estas problemáticas, además de ser una aficionada a la lectura de ciencia ficción. Me propuse hacer algo diferente, que fuera entretenido pero también crítico, y para ello la distopía era el género perfecto. Quise darle una vuelta y contar cómo una niña vería este mundo decadente, ya que no hay muchos protagonistas pequeños en estas historias. 33 3.2. Argumento La historia comienza con una niña que quiere conseguir comida para un gato que la visita. Para ello se dirige a robar comida a la cocina de la casa. En el camino a la cocina se encuentra con el Señor de la casa, que la ve y le da una moneda de oro. Por cómo la describe, vemos que la casa pertenece a unos Señores y que ella vive en una de sus habitaciones con su madre, que sirve ahí. El encuentro con el Señor hace que se olvide de su objetivo y vuelve a la habitación, donde tiene una conversación con su madre, que le pregunta que de dónde ha sacado la moneda. Luego ella se va y la niña describe cómo pasa el tiempo en la casa haciéndose peinados y leyendo libros. Al día siguiente, madre e hija se dirigen al mercado a hacer la compra. Antes de salir se vuelven a encontrar con el Señor, que le comenta a la niña lo mayor que está. Esto parece no gustarle mucho a la madre y vemos cómo hay un pequeño enfrentamiento entre ambos. En el mercado la niña va a buscar a su amiga para jugar, pero luego se empieza a sentir mal y vuelve con su madre. Al llegar de nuevo a la casa descubre que le ha llegado su primer periodo. Posteriormente, van a la casa de una conocida de la madre, donde ambas mujeres tienen una conversación que la niña oye, pero no entiende bien. En ella hablan sutilmente del embarazo de la madre por parte del Señor y de cómo esta quiere abortar. Para ello, la mujer le dice que debe viajar a un lugar al lado del mar. En ese momento, la madre decide llevarse a su hija y no volver. Cuando regresan a la casa, la niña presencia una pelea entre su madre y el Señor, que le da un golpe en un ojo. Preparan el equipaje y se disponen a marcharse de la casa, pero son descubiertas por la Señora de la casa. Aunque eso no las detiene y salen de ella corriendo. Llegan a la estación de tren y duermen allí. Por la mañana se montan en uno y vemos cómo los asientos se disponen según la clase social y cómo ellas se dirigen hacia el final, donde el interior es mucho menos espacioso y viajan pegados unos a otros. Se bajan ya de noche en otra estación medio abandonada, donde se encuentran con una mujer, que se da a entender que es una prostituta, a la que le preguntan los horarios del tren que llega al mar. La mujer les dice que el tren no pasa por allí desde hace meses debido a una 34 inundación en las vías, que no arreglan. La madre casi se desmaya y la mujer decide llevarlas al burdel donde trabajan para que puedan pasar la noche. En el burdel una chica les da de comer. Después de una conversación algo agitada entre la madre y la chica, esta decide ayudarlas para que puedan llegar a donde se dirigen a través de un conocido de ella que tiene coche. Cuando despiertan se despiden de las mujeres y van al encuentro de su transporte, que conduce un hombre que entendemos es el padre de la chica del burdel. A lo largo del viaje, se nos describe un paisaje austero y seco. El hombre les cuenta cómo vivían antes de que el campo se secara, su trabajo en una fábrica de palomitas de maíz y cómo han desaparecido varios alimentos como el chocolate o el café. Oscurece y paran para cenar y pasar la noche. La niña ayuda al hombre a hacer la cena y la madre, que estaba dormida, despierta. Al verlos juntos, la madre se enfada con el hombre al pensar que ha intentado aprovecharse de su hija. Esta se asusta y se quema con los utensilios con los que estaba cocinando. El hombre intenta aliviarla con agua fría y luego se marcha algo cabreado con la madre por pensar que podría hacerle daño a la niña. Al día siguiente se disculpan y siguen el viaje. El hombre las deja cerca de una gran ciudad con rascacielos. Se encuentran en las afueras, donde las casas son pequeñas y pobres. La niña se encuentra con un mendigo, al que le da su moneda dorada. Un brillo le da en la cara y empieza a perseguirlo, hasta que llega a una playa. Ninguna de ellas había visto el mar antes y deciden entrar en el agua. 35 3.3. Estructura Me gustaba la idea de que la historia tuviera una estructura simétrica. Para ello, decidí dividirla en dos partes, más la introducción y el final. De esta forma, las partes se estructuran a modo de “espejo”, con la introducción y primera parte más la segunda parte y el final. Cada parte tiene tres capítulos de unas dos o tres páginas cada uno. La historia, por tanto, queda dividida en 8. Sigue una estructura lineal porque me gustaba que fuera sencilla y fácil de entender. También porque creía que así sería como una niña lo contaría. TIEMPO ACCIÓN PRINCIPAL Introducción Años antes de la trama principal del relato Se describen los abusos de un hombre a una sirvienta que trabaja en su casa. Capítulo 1 (Primera parte) Primer día El Señor de la casa le da una moneda a la niña. Capítulo 2 (Primera parte) Mañana del segundo día La niña va a comprar al mercado con su madre. Cuando vuelve descubre que le ha llegado su primer periodo. Capítulo 3 (Primera parte) Tarde y parte de la noche del segundo día Madre e hija van a la casa de una conocida de la primera. Vuelven a la casa, preparan el equipaje y se marchan. Capítulo 4 (Segunda parte) Parte de la noche del segundo día y tercer día Ambas viajan en tren. Al bajar se encuentran con una mujer que les ofrece un lugar para pasar la noche. 36 Capítulo 5 (Segunda parte) Parte de la noche del tercer día y parte de la mañana del cuarto día Duermen en un burdel. Por la mañana se encuentran con el hombre que las llevará a su destino en un coche. Capítulo 6 (Segunda parte) Parte de la mañana, tarde y noche del cuarto día y parte de la mañana del quinto día Viajan en el coche, que conduce un hombre. Él y la madre tienen una pequeña discusión por la noche. Se disculpan a la mañana siguiente y siguen el camino. Llegan a las afueras de una ciudad. Final Parte de la mañana del quinto día (último día) La niña le da su moneda a un mendigo que se encuentra en la calle. Madre e hija se bañan en el mar. 37 3.4. Narrador Aunque prácticamente toda la historia es contada a través de los ojos de la niña, encontramos una parte en la que esto no es así. Esta parte es la introducción, en la que el narrador es externo y omnisciente y cuenta los hechos en tercera persona (narrador extraheterodiegético). Esto es porque en esta primera parte la niña aún no había nacido, así que no puede observar lo que ocurrió en ese momento. Por esta razón puede parecer que el inicio del relato es algo más duro que el resto de la historia, al no tener los comentarios imaginativos de nuestra protagonista. Desde el principio quise que la narradora de la historia fuera una niña porque no suelen tener mucho espacio dentro de la narrativa distópica. La idea era mostrar un mundo decadente con problemas tanto sociales como medioambientales pero sin caer en el dramatismo trágico que caracteriza a este tipo de género, sino desde la óptica de la inocencia que tienen los pequeños, siempre con ganas de jugar y pasarlo bien. Por tanto, el tipo de narrador es interno y protagonista y cuenta los hechos en primera persona, por lo que tiene un gran grado de implicación (narrador intra-autodiegético). La narración es distinta a lo que acostumbramos a leer normalmente. No hay muchas descripciones del espacio o de las personas, y si las hay no son muy detalladas. Además, se entremezclan los hechos con metáforas y comentarios fantásticos. Esto es deliberado; al ser una niña la que cuenta la historia, se intenta emular el hilo de pensamientos de una mente de esa edad. Es por esto también que el lenguaje es muy sencillo y no se usan palabras rebuscadas. Se hace gran uso del monólogo interior, mostrando los pensamientos y opiniones de la protagonista. También hay diálogos y discurso indirecto, aunque son pocos y con menor importancia. 38 3.5. Personajes Ninguno de los personajes tiene nombre, a excepción de Amanda y Canijo. Es intencionado, por varias razones. El hecho de que la mayoría no tenga nombre hace que los personajes se sientan más genéricos; podrían ser cualquiera que se ajuste a la poca descripción de la niña. Otra razón, porque los niños normalmente tampoco saben los nombres de todas las personas que conocen (por ejemplo, te hablan de sus maestros del colegio pero si preguntas cómo se llaman no saben responderte). En el caso de Amanda, me vi obligada a ponerle nombre porque sentía que, si no lo hacía, quedaba muy impersonal. Al ponerle nombre a su amiga hace que sea más cercano. Canijo, sin embargo, es el nombre que le da la protagonista al gato que la visita con frecuencia. No es un personaje como tal, pero es importante en la historia. Son los únicos que tienen nombre porque son los más próximos a la niña. La madre tampoco tiene nombre por dos razones. La primera, porque es una sirvienta huérfana, una chica anónima, a la que nadie se ha molestado en conocer; ignoramos siquiera si tiene uno. La segunda, porque los hijos no suelen llamar a sus padres por sus nombres y, si lo hacen, denota desapego y cierta frialdad. La niña no se dirige a ella como “madre”, sino como “mamá”, que considero que es un término mucho más cercano, propio de una relación más estrecha. La niña: es la protagonista principal de la historia y también la que la narra. Vive con su madre en la casa donde esta trabaja, hasta que escapan. Tiene entre 7 y 9 años y es de una clase social baja. Es alegre, creativa, juguetona y educada. Quiere a su madre, pero piensa que es un poco estricta y aburrida y que no le deja divertirse. Aún con todos los sucesos que vive, siempre se mantiene positiva. La madre: junto con su hija, es otro de los personajes principales. Es huérfana y de clase social baja. Empieza a servir en una casa desde pequeña. Es joven, entrando en la veintena. El Señor de la casa lleva años abusando sexualmente de ella, hasta que se queda embarazada y tiene un bebé (la narradora). Tiene un conflicto interno, pues quiere a su hija y tiene la necesidad de protegerla, pero a su vez su origen es duro y le recuerda los 39 abusos que sufre por parte del Señor. Entendemos que está embarazada de nuevo y que quiere abortar, una de las razones por las que decide escapar con su hija. Es seria, servicial y algo fría. Está siempre en guardia y rara vez expresa sus emociones, aunque al final de la historia se muestra más relajada. Los Señores: son los dueños de la casa donde viven nuestras protagonistas. Pertenecen a una clase social elevada y son algo mayores. El Señor va siempre con traje y corbata y es serio, aunque con la niña parece más amable; incluso le regala una moneda de oro. Abusa de la sirvienta e incluso llega a pegarle. Se nos da a entender que es el padre de la niña, pero no ejerce como tal. Su mujer, la Señora, sabe que abusa de la sirvienta, pero no hace nada al respecto. Usa ropa y complementos caros. Ve a las protagonistas escapar de la casa, aunque no las detiene. Amanda: es amiga de la protagonista. Es algo mayor que ella. Usa palabras malsonantes y es algo vanidosa. Le deja juguetes, como canicas y muñecas, a la protagonista cuando juegan juntas. A la madre de la niña no le gusta que se relacione con ella porque piensa que está un poco chiflada. Canijo: es un gato callejero que de vez en cuando va a la casa para que la niña le de comida. Es flaco y tiene pulgas, con pelaje negro aunque con calvas. Es descrito como feo por la madre de la niña, mientras esta dice que es muy listo. Entendemos que para la niña es uno de sus mejores amigos. La amiga de la madre: en realidad no es amiga, sino una especie de curandera. Ayuda a las chicas proporcionándoles remedios anticonceptivos o abortivos. Es mayor y regordeta, de clase social baja, y vive en una zona pobre de la ciudad. Informa a la madre sobre un lugar donde pueden practicarle un aborto, aunque le dice que es arriesgado. También le ayuda económicamente. Es lo más parecido que tiene a una figura materna. El señor de marrón: viaja en el tren en el asiento de al lado de las protagonistas. Es un hombre muy mayor, con barba blanca, arrugas y los ojos pequeños y azules. No se especifica la clase social a la que pertenece, aunque entendemos que es baja por el vagón en el que va montado. Viste una chaqueta marrón que no se quita a pesar del calor del vagón y va abrazado a una maleta. Parece serio y apático, pero antes de bajar del tren se despide de la niña. 40 El revisor: es el que pica los billetes de las protagonistas cuando van en el tren. Se describe como un hombre joven y simpático. Viste un uniforme azul oscuro, un sombrero a juego y una camisa blanca manchada de sudor, por lo que sospechamos que tampoco goza de gran estatus social. Cree que la niña en realidad es la hermana pequeña de su madre. La mujer de la estación: es una prostituta que ayuda a la madre en la estación de tren cuando esta casi se desmaya. Lleva un vestido de brillos de colores y tacones altos. Es atrevida y expresiva, con ganas de ayudar. Ofrece un sitio a las protagonistas para que puedan pasar la noche. La chica del burdel: les lleva la comida a las protagonistas. Es joven, tiene el pelo corto, negro y rizado y los ojos verdes y viste una especie de bata naranja transparente y con plumas. Trabaja en el burdel porque no tiene otra opción, por lo que entendemos que no tiene mucho dinero. Pone en contacto a las protagonistas con un hombre con coche para que puedan llegar a su destino. El hombre del coche: es el que transporta a madre e hija a las afueras de la ciudad de al lado del mar. Es mayor, de pelo negro y gris y ojos verdes. Su ropa es vaquera y lleva un sombrero. Es el padre de la chica del burdel. Es descrito como un charlatán. Conduce una camioneta roja vieja con la pintura descascarillada. Ayuda a la niña cuando esta se quema al hacer la comida. El mendigo: el destinatario final de la moneda que le dio el Señor a la niña. Es un hombre con barba y pelo despeinado. Tiene un perro que se parece a él, que intuimos que se llama Enano por cómo lo llama el hombre. Ambos viven en la calle. 41 3.6. Tiempo y espacio La historia transcurre, aunque no se especifica concretamente el año, en un futuro en el que el cambio climático ha provocado estragos en el medio ambiente. En cuanto a los hechos que ocurren en ella, se diferencian, cronológicamente, varios tiempos: - La introducción: ocurre mucho antes de la trama principal. A su vez, se nos narra el paso del tiempo y cómo el Señor se va acercando a la sirvienta, por lo que entendemos que pasan varios años durante esta narración. Es, por tanto, una especie de analepsis. - La historia: como vimos en la estructura, desde que la niña empieza a narrar pasan cinco días. Sin embargo, no se nos cuenta todo lo ocurrido en esos días, sino que hay elipsis. Además, por lo general, el tiempo real de los hechos es mayor al de su narración, dando la sensación de que se encadenan rápidamente unos con otros. Respecto al espacio, la historia se desarrolla en un mundo completamente imaginado. La primera parte transcurre en una ciudad que entendemos es de interior y no muy amplia. Tiene un mercado y una estación, algo concurridos, y varios comercios, como la tienda de juguetes de la que nos habla la narradora; algunos se anuncian con pancartas en el mercado. No hay muchas descripciones, pero vemos cómo se divide en zonas pobres y más ricas. La casa donde viven las protagonistas también está dividida en los espacios para los Señores y los del servicio. No sabemos cómo de grande es la casa, pero se diferencia mucho de la de la conocida de la madre, que forma parte de un edificio alto. Es un piso pequeño con pocas habitaciones y muebles y de paredes finas, probablemente de materiales pobres. Intuimos que es uno de los muchos que ocupan el edificio. Como las protagonistas no son de una clase social alta, desconocemos los espacios reservados para las personas más ricas, aunque sabemos que los Señores de la casa acuden a eventos, para los que se visten con ropa arreglada. El transporte público, como el tren, también hay zonas para clases pudientes y pobres; la primera con asientos dorados y espaciosos y ventanas grandes para ver el paisaje, la segunda más estrecha y caótica, con ventanas muy pequeñas que no dejan mirar hacia fuera. En la segunda parte no encontramos ninguna zona glamurosa o lujosa. La estación en la que bajan del tren es casi opuesta a en la que se montan, con las luces rotas, con bichos y 48 Waititi, T. (2019). Jojo Rabbit. Fox Searchlight Pictures.