Full text
PAISAJE TRAS LA ESTIVAL BATALLA CARLOS DíAZ Present-day academic philosophy is frequently centered round a language which, far from serving as a vehicle for reality, is often entangled in fruitless complications. "Compulsive discourse-centrism" -as distinct from inevitable logocentrismreveals an underlying egocentrism which blocks all possibility of dialogue and inclines towards an attitude of nihilism. This modero philosophical attitude, in thrall to the word, shirks one of man's most pressing problems: evil, which would appear to be an essential companion on man's historical voyage. As against this, a personal religious attitude reminds us that "the history of reason was bom of the Word, and not vice-versa". Perhaps this attitude should be adopted today, in order to counteract all that is negative in política! life. A problem already raised in such different symbolic texts as the myth of Prometheus or the Bíblica! tale from Adam to Abraham. We must question the four obsolete paradigms of our Enlightenment --omniscience, disintegrative individualism, suspicion as a basic attitude and conflict between faith and reasonwhile also aiming at correction in four directions: extending science into consciousness, thinking-with and thinking-for, adopting a lucid ingenuousness and, finally, recalling without ceasing to think and pray. Only thus can dialogical reason be extended into eutopoprophetic reason. O. DE POR QUE ESTE TEXTO, Y NO MAS BIEN NINGUNO Habiendo pasado parte del verano de 1991 entre filósofos y teólogos alternativamente, como por lo demás suele ser mi ocupación habitual, aunque más frecuentemente aún desde mi propia soledad interior, me sentí una vez más tan profunda y desmesuradamente decepcionado por los filósofos (o filólogos) como renovadamente atraído por los teólogos (siempre que no quieran parecer filósofos). FRAGMENTOS DE FILOSOFIA 1 (1992) 11-28
12 Carlos Diaz Espero que tras lo dicho pierda parte de su aparente cripticismo o carácter hermético el escrito que sigue, bastante más sencillo de lo que pudiera parecer. De cualquier modo a la pregunta de por qué este texto y no más bien ninguno sólo puedo responder lacónicamente: No hay razón en favor de este texto, sólo amistad, amistad hacia los profesores A velina Cecilia y César Moreno, en favor de cuya bondadosa petición acude este texto escrito. Amistad favorecida funda siempre esfuerzo racional. l. FILOSOFIA: CAPACITE DE POUVOIR DIRE A. Filología Los filósofos académicos, como señaló Nietzsche, tiramos a filólogos casi siempre, porque en la Academia importa mucho la filología, el speech act, toda vez que ella como Institución se resuelve a la postre en lenguaje: El lenguaje de la Institución, o la Institudón como lenguaje. Y, como cualquier ciudadano sabe, el lenguaje lo complica todo: A propos du sujet, au sujet du sujet, siempre igual para objetar objetivando, objetivando el objeto, decidiendo la decisión, o fascinando la fascinación, en definitiva anonadando la nada. ¿Demasiado claro? Oscurezcámoslo un poco. Nada de malo habría en ello si el lenguaje sirviese como vehículo de la realidad, pero tal no ocurre todos los días. Los filósofos nos dividimos en poetas (eso en el mejor caso), y en charlatanes, los primeros llevados por la libertad de lo imaginario, los segundos sujetos a la sujeción de la frástica, la perifrástica y sus derivados en general: Siempre hermeneútica y hermeneútica de la hermeneútica, en cuyo colmo el traductor que traduce del alemán al castellano se traduce primero a sí propio al alemán (a trancas y barrancas) para luego traducir al castellano germanizantemente, y así sucesivamente hasta nada traducir o entregar de veras. Entre ambos grupos de poetas o charlatanes resulta ocasionalmente difícil trazar una línea de demarcación nítida. Así las cosas, y siendo el lenguaje el grado cero de la atestación sobre el que se construyen luego el grado uno, el dos, etc, de grado en grado se degrada la gradación con su gota a gota torturador. Cuanto más arriba, más dura la caída. La soberbia profesional degenera cuando el logocentrismo necesario se toma discursocentrismo compulsivo. A quien pretenda lanzar una buena sospecha genealógica contra los filólogos en cuestión le brindamos ésta. auténtico pecado original del gremio: Lalia en el origen. De todos modos, intentemos salvar a los menos malos de los filólogos diciendo con Paul Ricoeur: "No hay que confundir retórica con sofística. Hoy
Paisaje tras la estival batalla 13 existe ciertamente un buen número de personas enfrascadas en una ramplona sofística, una suerte de retórica negativa. Por el contrario la retórica positiva es una herramienta necesaria a la filosofía. Es la base para la búsqueda de los argumentos probables. Entre el dogmatismo de la necesidad y el escepticismo de la duda universal, está ese imperativo de lo probable. Es la raíz de la filosofía, en las antípodas de la seducción por argumentos falaces ("El Sol", 5/7/91). "Porque cada cual es responsable de su misión. El sueño totalitario intenta solucionar desde arriba todos los problemas, aunque yo creo mucho más en la eficacia de un pensamiento fragmentario". B. Solus ipse Salvado lo cual, empero, todo se ordena al cabo filológicamente hacia el yo soy autor del discurso. He ahí en última instancia la mensura mensurans del filólogo: Yo soy yo y mis discursos. Jemeinigkeit significa en tal ámbito Eigentlichkeit, y viceversa, como ya señalara Max Stimer, maestro en el delirio de la ipseidad, una ipseidad tan insatisfecha, que a pesar de todo los filólogos tratan de dar ante la galería por miennauté del' étre. ¡¡Finalmente, aunque sea reflejado en el espejo deformante de la feria donde Vanitas tiene su asiento, el discurso es mío, para mí el discurseador, la subjetividad devenida autoposición de sí misma!!, rasgo típico del sujeto filológico. La fuerza elocucionaria se reduce en estos pagos nuda y simplemente a ecolatría y autolepsis. Perderá el tiempo quien pregunte al filólogo de quoi parles-tu?, d' ou parles-tu?, pues todo el mundo sabe que hable de lo que hable siempre hablará de sí, desde sí, y para sí, o, si se mayestatiza la cosa, para nos, para nos, y nada más que para nos. Permítanos, filósofo puro: Es usted el rey del botafumeiro, su emblema heráldico. Pour étre le seul, je veux finalement étre seul. Filosofía: Locución sin interlocución, textualidad sin intertestificación, y al final todos a levantar acta del atestado con el cuerpo presente del ego sin deudos que le lloren. La filosofía egótica al uso llora mucho, pero llora porque no la lloran, llora con lágrimas de cocodrilo. Es el precio de un drama anunciado que ha de pagar su peaje cuando no existe solicitud por el otro, cuando se ha pretendido vivir bien sin desvivirse, cuando se ha querido ser capaz sin ser responsable, cuando la memoria (de sÍ) implica el olvido (de ti). Der Angesprochene, celui qui est appélé ¿me habla, habla a mí? No, los filólogos solamente hablan de palabras, no de cosas, y jamás de personas. Su primer gran problema es éste: Cómo hacer cosas con palabras. Tal es en definitiva la pretendida autonomía (Selbstheit, Selhstiindigkeit der Selhst), al fin y a la postre Bestiindigkeit, antítesis del des-inter-essement, pues va del idem al ipse, del ipse al idem, solus ipse: Palabras, palabras, palabras, círculo envolvente de la cárcel de papel, irrealismo al que nunca falta sin embar-
14 Carlos Díaz go el copy right. El texto, papel que todo lo aguanta, es el maestro armero al que habrían de ir las eventuales reclamaciones. Como es evidente, lo escrito posee derechos de autor, pero carece de responsabilidad o autoría, precisamente porque sin el otro no puede existir responsabilidad alguna, por mucho que yo me considere como un otro a mí mismo y hasta lo sea. Lo que hereda un filólogo de otro es la impronta digital. Dicho de otro modo, lo que constituye su identidad narrativa no es el carácter, sino la representación. El teatro será el género lírico del filólogo, mientras que la tragedia el del teólogo, y la comedia el del político. Existen luego variantes en función del género, y así los filólogos prosistas se apoyan en idiomas para sus charlas y charlatanerías, mientras que los filólogos poéticos se sirven de la lírica bailable para su quehacer. De todos modos, subgéneros menores del árbol de Porfirio por cuyas ramas se pasean. Si todo es género chico en este ámbito ¿también lo son estas breves gregerías? También, ay, pues dos que duermen en un mismo colchón se despiertan al cabo de la misma opinión: Defínalas, en todo caso, el benévolo lector amigo como nous poietikós de pie quebrado, o como metáforas de realidad. La metáfora es un rayo de palabras incendiando al caer. Así las cosas, dan ciertamente ganas de cambiarse de oficio, pero ya es tarde. ¿Ganaríamos algo poniéndonos la toga? Verdad es que el jurista no busca tanto el ipse como el idem. La atestación judicial dice así: Nadie es sospechoso por principio, sino inocente ante la ley (mientras en la atestación filosófica todo ha de ser sometido a la sospecha, árboles que caminan). Sin embargo, para el jurista todos somos idem al final. Si el filósofo se siente amenazado continuamente por la pérdida (moi c' est un autre), si teme por el ornitorrinco de su yo ("mi yo, mi yo, que me roban mi yo"), el jurista representa sin embargo por su parte la constante amenaza de encierro en el redil del común de duralex (sed !ex). De un mal gremio a otro peor. Filología, sujeto ausente. En el toque de retreta de la vida académica el ser humano no se presenta, se representa. Tampoco la pregunta es pregunta, sino cuestión, ni la mirada admiración. Allí sólo cabe primera persona (nominativo egonominante), reduciéndose la segunda y la tercera a un impersonal reflexivo. Y por eso la respuesta del interpelado no es un "heme aquí", he me a mí contigo, toda vez que en filosofía sentirse interpelado es sentirse acusado, puesto en solfa, solfeado y golpeado con la mano de medir, que no es la mano de pedir. Empero, sólo en la no filológica voz pasiva (la filología desconoce otra voz que la pasiva, y si es en griego llega hasta la voz media), sólo en la cotidianidad sin reflexión el "me" acusativo interpelado del "he"-me deviene nominativo mariológico: Adsum, fiat, hágase en mí. Este pasivo acusativo fundado puede y debe devenir fundante tras su retraducción nominativa en la voz activa. Es el acusativo quien presta valor denominativo al nominativo, quien des-cubre lo
Paisaje tras la estival batalla 15 antes en-cubierto, pues permite en la convocatoria del otro la evocación de mi nombre y la autoconciencia recognoscitiva del suyo. Tertium non datur: Opción de gratuidad, no filológica, me descubro orando y te descubro orante. Ahora una frase puede ser escrita sobre un muro, y funcionar como rostro, pues la mano que escribe y la mente que recibe reconstruyen el rostro del ladrillo, haciendo de la escritura hogar. Francisco de Asís así. Ahora es el pueblo judío el que hace judío al judío, y no a la inversa. En suma, aquí el horizonte de la caridad deviene la verdad del querer. Opción filológica, no gratuita, te encubro en la sospecha y te vivo como cogito herido por mi yo hiriente en esa lucha por el reconocimiento que no reconcilia porque ahora mi querer es requerimiento, conciencia notarial desventurada, drama biográfico, tragedia, donde lo que primero fue memoria después se convertirá en víctima para tomar por último al polvo del olvido, pues· sólo hay memoria cuando antes en su día hubo rostro presencial. No cabe en tal contexto historia de la víctima, sino historias de victimación. La historia filológica sólo da de sí para el autismo. En suma, aquí el dilema va del querer la nada al nada querer, del ser sin posibilidad, a la posibilidad sin ser. C. El cogito capital Así de contundente. Nada de paraíso ático queda ante el implausible sujeto de la modernidad reducido a palabras para nada significar. El verdadero sujeto de la modernidad no está donde lo depositan los inocuos filólogos, sino en otra parte, en el Capital, sujeto que mueve eso que en la Paz Perpetua llamara Kant Demonen mit Verstand, y que hoy podríamos traducir por egoístas racionales. El segundo gran problema metafísico de este cogito egoísta consiste en saber cómo se puede usar al cogito ajeno para pensar con el propio. Necesitando. del otro mi propio yo, yo sólo acaezco filológicamente en relación destitutiva, fagocitaria. Puede creérseme o no, pero uno de los filósofos de más renombre oficial me decía: Soy un consumidor de hombres. Terrible este cogito cuasiantropofágico o Menschenfresser, casi siempre activo como cogito sádico. En todo caso los escenarios tienen sus actores, y Max Weber fue de los primeros en moverse hacia la subjetividad emergente cuando excluyó de la razón moderna la pasión y la tradición para reconducirla a la coherencia en lo sistémico dentro de un continuo tecnocientífico, esto es, para conformarla y adecuarla a lo dado. De todos modos entre nosotros la cosa empezó a definitivarse cuando Ortega y Gasset, en una de sus peores faenas en el ruedo ibérico, contrapuso irreductiblemente el frailuco de tosco sayal Juan de La Cruz al magnífico y lúcido Renato Descartes, para quedarse indubiamente con éste contra el otro. De entonces abajo la enfatización ilustrada de la libertad, que camina -ra- cionalidad ligerahacia la disolución relativista, rodó en plano inclinado, espe-
16 Carlos Díaz rando sacar todos los regalos de la caja de Pandora. Es conocido el resultado del proyecto moderno: La tardomodernidad o modernidad inercial ha desembocado en un aristocrático ejercicio de nihilismo, aceptando sólo el lenguaje de los hechos (alias "fin de las ideologías", "fin de la historia", etc), ignorando que -como dijera Heidegger- "hecho" es una palabra tan bella como insidiosa. Habitamos las ruinas del edificio de las ideologías modernas, y si es verdad como afirmara Franz Kafka que la estructura interior de un edificio se aprecia mejor tras haber sido incendiada y quedar en ruinas, poco fuste nos parece conservarse en sus cuatro pilares aún fundantes, los cuatro movimientos divergentes que se pretenden respuestas a los cuatro jinetes del Apocalipsis: el ecologismo nostálgico y restaurativo, el pacifismo que es síntesis simbólica de la nueva sensibilidad, el feminismo donde la identidad se disuelve en diferencia que se disuelve de nuevo en identidad, y el nacionalismo tan hipermétrope en la heterocrítica como miope en la autocrítica. Y cuando no habitamos las ruinas de la modernidad nos vemos situados ante la estupidez, aunque ella provenga de un omónimo filósofo venerando y bien comido, que según las apariencias al menos nada quiere saber de las tres cuartas partes que pagan su filosófico condumio: "Afirmo que en el Oeste vivimos actualmente en el mejor mundo social que haya existido nunca, y eso a pesar de la alta traición de la mayoría de los intelectuales, que anuncian una nueva religión pesimista, según la cual vivimos en un infierno moral y nos estamos destruyendo por contaminación física y moral. Afirmo que esta religión pesimista no sólo es una mentira grosera, sino que nunca antes ha existido una sociedad tan dispuesta a la reforma. Ese gusto por la reforma es el resultado de una nueva disposición ética al sacrificio. Vivimos en un mundo precioso y hemos creado aquí, en el mundo occidental, el mejor sistema social que haya existido nunca. América ha demostrado que la idea de la libertad personal, como la intentó Solón en Atenas y como la elaboró l. Kant, no es un sueño utópico. He estado en muchos países, pero en ningún sitio he respirado un aire tan libre como en EEUU. Y en ninguna otra parte he encontrado tanto idealismo, unido a tolerancia y al deseo de aprender, tan activo y tan práctico, y una disposición tan grande a ayudar" (K. Popper:"La libertad contra el cinismo". In "El País", 3-7-91 ). 2. ANTROPODICEA: PAN-DORA, LA CAJA DE LOS MALES A. Los males Bueno estaba y se murió. Que el mundo no es tan leibniziano-popperiano lo saben sin embargo en todo el mundo, menos en los Estados Unidos de Norteamé-
Paisaje tras la estival batalla 17 rica, claro está. Los males, para más inri tá kaká, están ahí negando y agrietando la pretendida identidad redonda del yo filológico, rechazando su oronda autolatría, porque los males hacen polvo y al polvo llevan al hombre horno, al hombre humus. Es el terreno donde la finitud revoca tanta y tan incontinente fogosa verbosidad, y donde la vence con todo el tremendo realismo de lo evidente. A la finitud responde como puede la ética, aunque a véces responde, ay, contra la religión, pretendiéndose malamente su Ersatz. Responde, en todo caso, según se decía, como puejie, explicando el mal que la corroe y cancera por la ignorancia, por su posible superación en el bien mayor, por la privación, por la libertad, por la perfección del mejor mundo, o incluso por nada, como si la realidad estuviese unida por una concatenación causal e inexorable que nos arrastrase fatalmente a ninguna parte, o a alguna parte pero irrevocable, ya sea el progreso de la eucatástrofe, ya la discatástrofe misma, en todo caso indefinidamente, al no haber otra cosa que la mera sucesión del bastidor mecánico. Difícilmente pensable resulta aquí la salvación, toda vez que más difícilmente aún resulta salvar el pensamiento. B. El mal Los males en plural no hacen de todos modos sino maquillar la cuestión más radical y singular, la del mal en su totalidad radical. El mal radical consiste en desgajarse de la raíz, y en este orden de realidades nos situamos no ya en la finitud, sino en la culpabilidad, en la mancha: Solo se es culpable ante lo Radical, ante Dios, sól_o entonces puede hablarse de verdadera hybris. Así las cosas, y como ha escrito Emst Jünger en su obra Radiaciones (1942), "el mal aparece siempre primeramente como Lucifer, luego metamorfoseándose en Diablo, y finalmente como Satanás. Es la progresión que va desde el Portador de Luz, al Disgregador, y definitivamente al Aniquilador". Y llega el día, o la noche, en que Lucifer le dice a Fausto por boca de Goethe: Du glaubst zu schieben, Du bist geschoben: Te crees muy listo, aunque el listo soy yo, porque tu me empujas pero eres realmente empujado por mí. Mientras tanto, Fausto empuja hacia adelante, y a tal cosa le llama progreso, y aún Progreso. C. Culpa, pecado, perdón Se sale in-nocens de las manos divinas, se vuelve nocens tras la culpa original, y sólo se rehabilitará Adán por la restauración de Dios. Adán es la caída, Abraham es el ascenso, Cristo el descenso que asciende. Aquel que pecó no vuelve inocente al jardín del Edén, pero puede volver perdonado, pasando así de lo cacodemónico a lo eudemónico.
18 Carlos Díaz Donde abundó palabrerío pecador o no-respuesta a Dios, sobreabunda ahora el silencio reverencial y confiado cual don que reconoce el per-don. Nietzsche, al situarse allende bueno y malo, pretende huir a esta realidad radical, pues se hace muy difícil definir el mal cuando no se asumen previamente los valores. Afirmar que yo no creo en valores resulta ser de este modo el paso previo para tratar de no situarse ante Dios. Entzauberung y Entgotterung caminan indisolublemente de consuno. ' 3. TEOLOGIA: WANN WERDEN WORTER WIEDER WORT? A. Cuando las palabras se hacen Cister Y mientras los filósofos se acaloran discursivamente y despedazan deconstructivamente los últimos fragmentos de vísceras desparramadas (¿qué comerán, dicho sea de paso, cuando ya lo hayan devorado todo? ¿la antropofagia es la filología del futuro?), mientras hacen un esfuerzo máximo para evitar la caída en el nihilismo absoluto y se aferran a la última tabla de salvación definiendo la verdad como coincidencia del aserto parcial con la visión del mundo subjetiva, al otro lado del aula una monja cisterciense que ha abandonado por unas horas la clausura para dirigirse por unos momentos a los teólogos toma la palabra. Diminuta, enhabitada, con la vista baja, desgranando quedos susurros con una voz que se oye en el silencio no roto ni por el vuelo tenue de una mosca, comienza su loa de la Palabra mientras quiere retirar su propia voz. Nada de preguntarse hiperbólica o filológicamente si las palabras de Dios son una parábola, y mucho menos si Dios sería él mismo una parábola. No. Todo es aquí apalabramiento en la Palabra. No cabe una teología sin Dios, aunque sí un Dios sin teología. Y si es cierto que hay santos que el cielo impone a la tierra, y santos que la tierra impone al cielo, sólo aquéllos podrán hacer teología y aún gustar teofilía. Habla la superiora cisterciense, y yo comienzo a responderme: Sí, modestamente Europa la han hecho los monjes benedictinos cantando salmos y plantando viñas. La historia de la razón nació de la Palabra, y no a la inversa. ¿Acaso fue Voltaire quien primero habló de amor al prójimo? ¿Tal vez Habermas el único en tratar de resolver las discrepancias mediante la universalización del discurso? ¿Lo que se llama diálogo no estuvo mucho antes presente y operante en la Escuela de Traductores de Toledo, ejemplo viviente de pluriconfesionalidad religiosa en un abrirse hacia lo Supremo? ¿La neotolerancia hacia el animal (a costa del hombre) ha de llevamos a mirar con desprecio la belleza de las grandes catedrales por no ilustradas?
Paisaje tras la estival batalla 19 Dice la mujer de clausura que salen tantos textos sagrados de su boca en el continuo orar laborante de cada día, que no puede por menos de sentir su propia pequeñez agrandada. Que otros urgidos por la cotidianidad asilvestrada de la polis demandan de ellas oraciones. Y que sería bueno que cada cual se detuviese para asolarse en la súplica y así reencontrarse en la alabanza: "A cada hombre al que yo pueda atraerle a la categoría de singular me comprometo a hacerle llegar a ser cristiano; o mejor, ya que uno no puede hacer esto por otro, le garantizo que él lo será. Como singular él está solo, solo en presencia de Dios, y ciertamente entonces no le costará obedecer" (Kierkegaard). Porque sólo Dios puede salvarnos, y no nosotros, y porque sólo un hombre salvado puede descubrir que el rey estaba desnudo. Añade la monja cisterciense literariamente que un monje incapaz de aguantar la clausura con sus hermanos puesto que le preguntaban su nombre ('él sólo se preguntaba filológicamente a sí mismo: "¿Cómo me llama mi nombre, cómo se llama mi nombre?") decidió marcharse lejos con un cántaro por toda compañía, pero al poco tiempo apareció roto el cántaro porque el monje enojado lo había estampado contra el suelo: Quien no aguanta a su prójimo derrama el agua de su cántaro, y atenta en última instancia contra la fuente. Es, en efecto, el prójimo de hoy como ese ciervo al que su dieta omnívora y alocada lleva a engullir una serpiente, y que tras sentir en el estómago el ardor del veneno no baja siquiera a la fuente para apagar la gran sed interior. Cuando ya no ingiera más que las víboras de la deconstrución, ¿qué pastará ese ciervo? Y cuando haya roto todo ¿con qué jugará el nuevo ilustrado?. Ignora el que llama "otro" al otro y a los otros pueblos "pueblos otros" que nosotros somos otros otros ... Pero también la clausura es un riesgo, una elección. Una niña entra en la juguetería, y quiere llevarse todas las muñecas, debiendo finalmente elegir entre dos. Consumada la elección, la niña vuelve a la tienda para, resignada solo a medias, depositar un beso amoroso en la no elegida. Mas optar es vivir, vivir optar, y no se puede tener todo en la vida, menos aún a cambio de nada, afirmación que constituye las letras unciales del hombre religioso, especialmente del místico: Para venir a serlo todo, no quieras ser algo en nada. B. Estar al poste Nada más abierto y menos robinsonista que tal clausura, porque ella es etimológica y realmente católica (universal) por cuanto busca lo universal, y lo busca pneumáticamente, sin el anhelo del comun-ismo o del to-mismo, que son ilusiones de universalidad a costa de las singularidades diferenciales. Una mentalidad así católica está al poste, tal y como -me decía Olegario González de Cardedal, teólogo de razase ponían los viejos catedráticos de la Universidad
26 Carlos Díaz asentarse en un común de unidad ahora que escarmentados comenzaban a lograrlo, hete aquí que se les ocurre la idea diabólica o cacodemónica de alzar una gran torre hasta el cielo, más alta que el árbol de la ciencia, tan alta que por ella se pudiera ascender a modo de escala hasta el cielo, para autolátricamente convertir aquella polis así reconstruida en paraíso en la tierra una vez abolidas las distancias entre el arriba y el abajo. Ellos se habían puesto en común para hablar un mismo lenguaje no necesitado de intérpretes por socializado en la palabra, y eso era bueno, mas no tan bueno resultó ser su uso intencional, porque con él pretendían gritar luciferinamente contra Dios. De ahí que Dios les confundiera haciendo ininteligible su filológicamente reconstruido lenguaje: "Todo el mundo era de un mismo lenguaje e idénticas palabras. Al desplazarse la humanidad desde Oriente, hallaron una vega en el país de Senaar y allí se establecieron. Entonces se dijeron el uno al otro: 'Ea, vamos a fabricar ladrillos y a cocerlos al fuego'. Así el ladrillo les servía de piedra, y el betún de argamasa. Después dijeron: 'Ea, vamos a edificar una ciudad y una torre con la cúspide en los cielos, y hagámonos famosos, por si nos desperdigamos por toda la haz de la tierra'. Bajó Yahvéh a ver la ciudad y la torre que habían edificado los humanos, y dijo Yahvéh: 'He aquí que todos son un solo pueblo con un mismo lenguaje, y éste es el comienzo de su obra. Ahora nada de cuanto se propongan les será imposible. Ea, pues, bajemos, y una vez allí confundamos su lenguaje, de modo que no entienda cada cual el de su prójimo'. Y desde aquel punto los desperdigó Yahvéh por toda la haz de la tierra, y dejaron de edificar la ciudad. Por eso se la llamó Babel; porque allí embrolló Yahvéh el lenguaje de todo el mundo, y desde allí los desperdigó Yahvéh por toda la haz de la tierra" (Gn 11, l-9). Algunos ante Babel se comportan ingenuamente, cual si de una mera curiosidad se tratase, mas ¿cuántos justos podrán decir que ellos no pretenden erigirse a sí mismos en torres de soberbia para hacerse famosos? Por lo demás ¿no es la filología lo más parecido a Babel? De Babel han hecho muchos filólogos su animal totémico, y no del buho de Minerva. D. Sodoma Y otra vez los hombres dispersados y reagrupados vuelven a concitarse, en esta ocasión no en tomo a la soberbia, sino en tomo a la lujuria, rivalizando sodomitas y gomorinos en la ostentación respectiva: "Dijo, pues, Yahvéh: 'Grande es el clamor de Sodoma y Gomorra, y su pecado gravísimo. Voy a bajar a ver si han hecho o no realmente según el clamor que ha llegado hasta mí, debo saberlo'"(Gn 18, 20-21). Temiendo Abraham que fuese aniquilado el justo con el malvado por un eventual castigo sin excepción a las dos prostituidas comunidades intercede en-
Paisaje tras la estival batalla 27 tonces reiteradamente ante Dios: Pero no hay allí ni cincuenta, ni cuarenta, ni treinta, ni veinte, ni diez justos ... Quizá cuando clamamos contra la corrupción actual olvidemos tiempos pasados. Mas clamar contra la corrupción sólo puede hacerse en rigor como justo, o como hipócrita: ¿Habrá, así las cosas, sinceramente diez no hipócritas en nuestras sodomitico-gomorrináceas vidas? E. Abraham Lo que sí hay sin embargo, lo que nunca falta, por una u otra causa, siempre en realidad por causa del amor, a pesar de los hombres obstinados, es la misericordia de Yahvéh Dios, setenta veces siete, es decir, siempre, misericordioso. Lo que le pide Dios a Abraham, para convertirle en Abraham fundador de un pueblo elegido, es que ascienda, que ascienda con su hijo al lar sacrificial. Si Adán -habíamos dicho atráshabía bajado a las profundidades del abismo, y Abraham tenía que subir, sólo Cristo, ya en el Nuevo Testamento, descendería a los lugares más bajos (descensus ad inferos) para resucitar y resucitarnos. Y a Abraham le pide Dios el ascenso esperando por lo demás de él poca filología, pocas palabras, sólo un silencio acogedor: "Después de estas cosas sucedió que Dios tentó a Abraham y le dijo:' ¡Abraham, Abraham!'. El respondió: 'Heme aquí'. Díjole: 'Toma a tu hijo, a tu único, al que amas, Isaac, vete al país de Moria y ofrécele allí en holocausto en uno de los montes, el que yo te diga' ... Tomó Abraham la leña del holocausto, la cargó sobre su hijo Isaac, tomó en su mano el fuego y el cuchillo, y se fueron los dos juntos. Dijo Isaac a su padre Abraham:'¡Padre! Respondió: '¿Qué hay, hijo?' -'Aquí está el fuego y la leña, pero ¿dónde está el cordero para el holocausto?' Dijo Abraham: 'Dios proveerá el cordero para el holocausto, hijo mío'. Y siguieron andando los dos juntos. Llegados al lugar que le había dicho Dios, construyó allí Abraham el altar, y dispuso la leña; luego ató a Isaac, su hijo, y le puso sobre el ara, encima de la leña. Alargó Abraham la mano y tomó el cuchillo para inmolar a su hijo. Entonces le llamó el Angel de Yahvéh desde los cielos diciendo: '¡Abraham, Abraham!' El dijo: 'Heme aquí'. Dijo el Angel: 'No alargues tu mano contra el niño, ni le hagas nada, que ahora ya sé que tú eres temeroso de Dios, ya que no me has negado tu hijo, tu único'. Levantó Abraham los ojos, miró y vio un camero trabado en un zarzal por los cuernos. Fue Abraham, tomó el camero, y lo sacrificó en holocausto en lugar de su hijo. Abraham llamó a aquel lugar 'Yavéh provee', de donde se dice hoy en dia: 'En el monte, Yahvéh provee'. El Angel de Yahvéh llamó a Abraham por segunda vez desde los cielos, y dijo: 'Por mí mismo juro, oráculo de Yahvéh, que por haber hecho esto, por no haberme negado a tu hijo, tu único, yo te colmaré de bendiciones y acrecentaré
28 Carlos Díaz muchísimo tu descendencia como las estrellas del cielo y como las arenas de la playa, y se adueñará tu descendencia de la puerta de sus enemigos. Por tu descendencia se bendecirán todas las naciones de la tierra, en pago de haber obedecido tó mi voz'" (Gn 22, 1-19). 7. DE POR QUE ESTE TEXTO Concluyamos. Tanto del mundo judío como del griego hemos elegido como representativos relatos que podríamos hegelianamente denominar figuras de la conciencia histórica. Detrás de ellas, sin pruritos filológicos, antes bien con voluntad fenomenológica, si por tal se entiende querer ir a las cosas mismas, aparecen multitud de cuestiones que hemos de apresuramos a replantear porque sin lugar a duda cuestionan lo que hoy somos o decimos ser. Y o no concibo que pasemos por lo escrito sin que, por ejemplo, nos planteemos con rigor y radicalidad el sentido de nuestra propia Ilustración, pues sus cuatro paradigmas están ya tan pulverizados hoy como lo estuvieron ayer: La omnisciencia sea en la polis sea a través del saber; el individualismo disgregador surgido del ego cogito incapaz de comunión y de comunidad; la sospecha como actitud de acercamiento a la realidad, sea frente a Dios o frente al prójimo; la contraposición entre verdad y creencia, entre fe y razón. Y por ende pido (aunque no al filólogo, claro, bastante tiene el pobre con la opresión inflaccionaria que le invade) empezar a rectificar con modestia en cuatro direcciones: alargando la ciencia (Wissenschaft) en conciencia (Wissen); ampliando el pensar solipsista en el des-inter-essement, porque pensar es pensar-con y pensar-para, tratando de regalar al otro la verdad de que seamos capaces; llevando el magisterio de la sospecha hacia el ministerio de la lúcida ingenuidad; memorando (Eigendenken) sin dejar de pensar (Denken) y sin dejar de orar (Andenken) con esa sabiduría de la memoria anamnética que brota de la gratuidad. Tanto como ampliar la razón dialógica en una razón utoprofética.