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El motivo del guante en algunas comedias barrocas: los casos de Lope de Vega, Mira de Amescua y Tirso de Molina

Teijeiro Fuentes, Miguel Ángel

Abstract

El objetivo de este artículo es analizar la presencia del guante en algunos textos teatrales del siglo XVII y su función dramática según la situación recreada. En este sentido, como muchos otros motivos teatrales, la presencia del guante ofrece diferentes interpretaciones que van desde el mero desafío al encuentro amoroso e incluso a provocar situaciones de gran comicidad que contrastan con el dramatismo o la tensión encontrados en otras obras. En algunos casos, su presencia se deja ver en las comedias palatinas, pero también es recurso del drama histórico o de las comedias de enredo. El motivo del guante lo encontramos en El acero de Madrid, comedia de Lope de Vega que parece haber servido de fuente e inspiración para comedias posteriores de Tirso de Molina o Mira de Amescua, dramaturgos que no dudan en recurrir al guante como recurso escénico.

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EL MOTIVO DEL GUANTE EN ALGUNAS COMEDIAS BARROCAS: LOS CASOS DE LOPE DE VEGA, MIRA DE AMESCUA Y TIRSO DE MOLINA Miguel Ángel Teijeiro Fuentes Universidad de Extremadura [email protected] RESUMEN: El objetivo de este artículo es analizar la presencia del guante en algunos textos teatrales del siglo XVII y su función dramática según la situación recreada. En este sentido, como muchos otros motivos teatrales, la presencia del guante ofrece diferentes interpretaciones que van desde el mero desafío al encuentro amoroso e incluso a provocar situaciones de gran comicidad que contrastan con el dramatismo o la tensión encontrados en otras obras. En algunos casos, su presencia se deja ver en las comedias palatinas, pero también es recurso del drama histórico o de las comedias de enredo. El motivo del guante lo encontramos en El acero de Madrid, comedia de Lope de Vega que parece haber servido de fuente e inspiración para comedias posteriores de Tirso de Molina o Mira de Amescua, dramaturgos que no dudan en recurrir al guante como recurso escénico. Palabras claves: Barroco, dramaturgos, teatro palatino, motivos teatrales, guante. Gloves as a Motif in Some Baroque Comedies: The cases of Lope de Vega, Mira de Amescua and Tirso de Molina ABSTRACT: The purpose of this paper is to analyze the presence of the glove in some dramatic texts of the 17th century and its dramatic function depending on the situation recreated. In this sense, as many other theatrical incidents, the presence of the glove offers different interpretations that go from the mere motive of defiance to the amorous encounter and, even, to provoke situations of great comicality that contrast with the dramatism or tension found in other plays. In some cases, its presence is seen in palatine comedies, but it is also a resource of historical drama or comedies of entanglement. The motif of the glove is found in El acero de Madrid, a comedy by Lope de Vega that seems to have served as a source and inspiration for later comedies by Tirso de Molina or Mira de Amescua, playwrights who do not hesitate to resort to the glove as a resource for some dramatic incident. Keywords: Baroque, Playwrights, Palatine theatre, Dramatic motifs, Glove. ISSN: 2340-1176 Atalanta 2023, 11/2: 110-143 Miguel Ángel Teijeiro Fuentes 111 El motivo del guante en algunas comedias barrocas 112 e entre todos los motivos dramáticos que un lector puede encontrar en una comedia barroca —es el caso de la ronda nocturna, el galanteo amoroso, el duelo, la balconada, la joya, la banda, la carta…—, el guante se propone como uno de los preferidos por los dramaturgos de la época. Su uso social y la facilidad para acomodarlo al desarrollo de la acción permiten utilizarlo en escena para proporcionar momentos de tensión y expectación propiciadores del enredo, funcionando tanto para procurar la comicidad como para favorecer el patetismo. De este modo, el guante se utiliza no solo como una prenda de vestir más, sino también como un símbolo cuyo significado último permite interpretar el sentido de la trama o la condición del personaje que la lleva. Es mi intención en estas páginas repasar su presencia en algunas comedias del Barroco con el fin de reparar en su funcionalidad dramática y aprovechar el repaso para reflexionar sobre algunas cuestiones que se derivan de su uso en el teatro. La nómina de textos recogidos es limitada, como lo es la extensión del trabajo 1 , y se reduce a un corpus de trece textos, publicados entre 1618 y 1638, entre los que se encuentran El perseguido (1603), El acero de Madrid (1618) y El guante de doña Blanca (1636) de Lope de Vega; El ejemplo mayor de la desdicha (1632), Galán, valiente y discreto (1636), Examinarse de rey (s. f.) y El amparo de los hombres (s. f.) de Mirada de Amescua; y La venganza de Tamar (1634), Don Gil de las calzas verdes (1635), Por el sótano y el torno (1635), El Aquiles (1636), Los lagos de San Vicente (1636) y Las quinas de Portugal (1638) de Tirso de Molina. I. EL GUANTE COMO SÍMBOLO DEL DESAFÍO BÉLICO Y AMOROSO Sebastián de Covarrubias avisaba en su Tesoro de la lengua castellana, o española (1611) sobre la significación social de este término de origen francés que definía como «la cobertura de la mano, con distincio[n] de los cinco dedos» 2 . El religioso toledano recogía 1 El recurso está también presente, con más o menos importancia, en otras comedias de la época como, por ejemplo, en La discreta enamorada (1653) de Lope de Vega, El Águila del Agua (h. 1640) de Vélez de Guevara o La fuerza de la ley (1676) de Agustín Moreto. 2 Sebastián de Covarrubias, Tesoro de la lengua castellana, o española, Madrid, Luis Sánchez, 1611, p. 453. D L Miguel Ángel Teijeiro Fuentes 113 algunas de sus acepciones más comunes, no recomendando su uso cuando se estaba en presencia de una persona de más alta condición social o cuando se estrechaba la mano a alguien en señal de amistad. Asimismo el ilustre lexicógrafo toledano advertía que el guante era una prenda que se utilizaba para retar a tu enemigo en desagravio por alguna ofensa cometida, bien lanzándolo al suelo, bien abofeteando con él el rostro del adversario, costumbre muy común en aquellos individuos aficionados al uso de las armas y defensores de su honor: […] entre los soldados y gente belicosa, desafiando vno a otro le arroja el guante en el suelo, y aquella es señal de desafio: el desafiado le alça, y con esto lo acepta. Que orige[n] aya tenido esta ceremonia, no se sabe de cierto: parece que el que desafia le da el guante, para tener ocasión y co[n]fiança de cobrarse del por fuerça: y auiendole de dar alguna prenda, parece que no se halla con otra mas a mano que la que tiene en la mano, y no le haze falta como le haría la capa, la gorra, el çapato, u otro qualquier adorno de su persona…el que da bofetón con guante estima en poco al contrario, y le castiga no haciendo cuenta ni caso del 3 . Será este el motivo por el que lo encontramos recogido en tres de las comedias que voy a comentar a continuación, si bien en todas ellas se relaciona, directa o indirectamente, más con el tema amoroso, y sus derivaciones con el tema del honor, que con el duelo entre caballeros. Es lo que ocurre en El ejemplo mayor de la desdicha (1632), de Mira de Amescua, un drama pseudo-histórico que se remonta al siglo VI d. C. y que dramatiza la caída en desgracia del célebre general romano Belisario, mano derecha del emperador Justiniano, a causa de los celos que provoca en Teodora, la mujer de este. El dramaturgo granadino, ajeno a la verdad histórica, establece un triángulo amoroso que articula buena parte del enredo. Belisario, caracterizado como invicto general, leal servidor de su príncipe y fiel amante de Antonia, sufre el acoso sexual de Teodora, que le desea a toda costa y prefiere verle muerto (ordena la muerte de Belisario hasta en tres ocasiones distintas a lo largo de la comedia que este esquiva con sus acciones virtuosas) antes que casado con su prima. En el acto tercero, tras verse rechazada por Belisario —que rehúye recoger del suelo una banda, primero, y un guante, después, que ella ha dejado caer (incidente muy común 3 Ibíd., p. 453. El motivo del guante en algunas comedias barrocas 114 cuando hablamos de esta prenda)—, la emperatriz, furiosa y desdeñada, trama su cruel venganza: TEODORA. Banda, tomemos venganza, que en el suelo os han dejado. Guante, vuestro honor se halla despreciado como mío; sed guante de desafío; entremos hoy en batalla 4 . Para Teodora la esquivez del general es un acto de desdén hacia ella y como tal lo interpreta. El guante, que en un primer momento debía entenderse como una prueba de su pasión amorosa, se acaba convirtiendo en una excusa para el desafío que amenaza con la muerte del protagonista. Con él se simboliza aquí el honor de la emperatriz y, por tanto, el rechazo de la prenda por parte de este es un menosprecio a su elevada condición. Al mismo tiempo, Belisario aprovecha la caída del guante para entregarle a Antonia una carta declarándole su amor (la vinculación del guante con la carta va a estar presente en otros textos de la época). Teodora, por su parte, logra adueñarse del papel y lo utiliza para hacer creer a su marido que su fiel general pretende deshonrar a ambos con falsas promesas y mentiras. El emperador reconoce la letra de Belisario y no duda en defender su honor sin reparar en la lealtad que siempre le ha demostrado este, conquistando para él todos los territorios que gobierna. Cuenta la leyenda que Justiniano, envidioso de su general, dio pábulo a los infundados rumores de corrupción que corrían sobre él por boca de sus enemigos y mandó que le sacasen los ojos y de este modo se viera forzado a mendigar por las calles el resto de sus días. Aprovechando esta trágica historia, el dramaturgo granadino convierte el drama en un conflicto entre el amor y el honor, tan querido por el público que llenaba los 4 La comedia del granadino fue publicada en la Parte veinticuatro de comedias de diferentes autores, Zaragoza, al cargo de Pedro Escuer, 1632. El fragmento puede consultarse en Antonio Mira de Amescua, El ejemplo mayor de la desdicha, en Teatro, ed. Ángel Valbuena Prat, Madrid, Clásicos Castellanos, Espasa-Calpe, 1957, II, p. 253. Véase el trabajo de Maria Grazia Profeti, «El ejemplo mayor de la desdicha y la comedia heroica», en Mira de Amescua en candelero: Actas del Congreso Internacional sobre Mira de Amescua y el Teatro Español del Siglo XVII, coord. Agustín de la Granja, Granada, Universidad de Granada, 1996, I, pp. 65-91. Miguel Ángel Teijeiro Fuentes 115 corrales de comedias, y lo aplica a la venganza urdida por Justiniano al conocer la supuesta deslealtad de su amigo, ordenando tan cruel acción. Cuando Antonio le confiesa al emperador la verdad del caso y demuestra la inocencia de Belisario ya es demasiado tarde. Este ha muerto a causa de la pena que siente, de modo que el desenlace final resulta excesivamente precipitado y un tanto fallido, pues la historia queda inconclusa sin que sepamos qué destino le aguarda a la despiadada Teodora. Otro drama en donde se propone el asunto del guante como desafío es El Aquiles (1636), de Tirso de Molina. En la última escena de esta comedia mitológica con tintes trágicos se representa la llegada de Aquiles a las puertas de Troya. Desde lo alto de sus muros es retado por Héctor, primogénito del rey Príamo. El joven guerrero le lanza su guante justo en el mismo momento en el que Policena, su hermana, le arroja también el suyo con distinta intención. De nuevo la violenta rivalidad de los héroes se alterna con la presencia del motivo amoroso que empuja a la joven enamorada: POLICENA Y este también os envío que si el de mi hermano os reta, ese os favorece 5 . Como advierte Policena, a diferencia del guante de desafío de su hermano, el suyo debe interpretarse como una declaración de amor que se explica a partir de la escena anterior, en la que la joven y Aquiles se han conocido surgiendo entre ellos un inesperado flechazo, más trágico aún teniendo en cuenta las circunstancias en las que nace su pasión amorosa: la guerra de Troya. El lanzamiento de ambos guantes desde los muros de la ciudad permite la entrada en la acción de dos nuevos personajes. El primero de ellos es Patroclo, amigo de Aquiles, quien atrapa al vuelo el guante de Héctor y reivindica para sí el derecho a batirse con él, pues a él desafió primero. El segundo es Deidamia, la hija del rey Licomedes, en cuya corte Aquiles se había escondido y a la que había enamorado bajo el disfraz de mujer. Ahora es ella quien aparece vestida de hombre (en contraste con el travestismo de él en escena paralela) y cubierto el rostro con una banda. Deidamia reacciona celosa y ofendida 5 Tirso de Molina, El Aquiles, en Quinta parte de las comedias del Maestro…, Madrid, a costa de Gabriel de León, 1636, ff. 119r-119v. El motivo del guante en algunas comedias barrocas 116 recogiendo el guante lanzado por Policena y amenazando a un sorprendido Aquiles con desafiarle si pretende arrebatárselo: «(Échale un guante HÉCTOR y otro POLICENA, coge este DEIDAMIA, y el otro PATROCLO y entrambos AQUILES)» 6 . Esta enrevesada encrucijada en la que los personajes se encuentran, movidos por intereses distintos, no se resuelve en escena, sino que se demora bajo la promesa de una segunda parte de la que no tenemos noticias. Dos años después, de nuevo Tirso de Molina compondría un drama histórico, Las quinas de Portugal (1638), en el que representa la milagrosa victoria del conde Alfonso Enríquez en Ourique contra el ejército moro de Ismael, sin duda uno de los acontecimientos más relevantes cuando se trata de explicar el nacimiento del reino de Portugal. Aquí asistimos a una escena muy similar a la recogida en El Aquiles: en este caso el asedio moro a la fortaleza lusa de Palmela. En lo alto del muro aparece ahora doña Leonor, hija del alcalde de la ciudad, de la que está enamorado perdidamente el caudillo musulmán. De manera inesperada, a doña Leonor se le cae el guante, que es recogido de inmediato por Ismael, quien se apropia de él y a partir de ese momento lo considerará su prenda más preciada porque representa su firmeza amorosa. Ya que es imposible gozar de la mano de doña Leonor, es decir, de su correspondencia amorosa, al menos le queda la posesión del guante que la cubría: (Caésele un guante.) LEONOR ¡Ay cielo! Cayóseme un guante. Déjale, moro. (Cógele el moro.) ISMAEL ¿Que le deje, cuando adoro marfil de quien funda fue? Cifraré en él mis venturas, y ya que la mano no, al telliz que la cubrió, urna de cinco hermosuras, plantel de tanta mosqueta, ocaso de tanto sol, 6 Ibíd., f. 119v. Miguel Ángel Teijeiro Fuentes 117 nube de tanto arrebol, aljaba a tanta saeta, mi esperanza de él vestida será mi mayor tesoro. LEONOR Déjale, bárbaro moro, que te ha de costar la vida 7 . El lirismo de la escena, con sus inevitables metáforas amorosas referidas a la belleza de la mano, contrasta, no obstante, con el conflicto bélico que se adivina a lo largo de la obra. De ahí que el motivo del guante reaparezca en el acto segundo como detonante propiciador del enfrentamiento bélico y recurso estructurador del mismo, pues con él se abre y se cierra esta jornada. Al comienzo de la misma vemos a Ismael, retador, que se presenta ante los muros de Santarén. Trae en el extremo de su lanza el guante de doña Leonor a manera de pendón. El moro viene a desafiar al portugués en Ourique, prometiendo la libertad de la dama y la recuperación de su guante a aquel que le venza, demostrando su fiereza y la obligación amorosa que le empuja, pero que no será suficiente, como veremos, para vencer al cristiano: ISMAEL Conde, suyo es este guante, de el muro se le cayó, en mi fee de más estima que de Asia la posesión. ……………………… Yo he jurado a su hermosura, si en vosotros hay valor, por cada dedo de el guante un portugués, el mejor. De esta prenda y de su dueño será la restauración el que a vencerme se obligue, uno a uno u dos a dos 8 ; 7 Tirso de Molina, Las quinas de Portugal, ed. Celsa Carmen García Valdés, Pamplona, Instituto de Estudios Tirsianos-Universidad de Navarra, 2003, vv. 593-568. 8 Ibíd., vv. 1024-1043. El motivo del guante en algunas comedias barrocas 118 Don Egas Muñiz, caballero portugués enamorado de doña Leonor y ya celoso, urde una ingeniosa estratagema para liberar a su dama. Con la ayuda del rústico Brito pretende hacerse pasar por un mago astrólogo, criado del rey de Córdoba, capaz de convencer a la dama portuguesa para que acepte los amores del moro. Son los momentos más teatralmente divertidos de la obra, pues a la disparatada conversación que Brito, en su papel de gracioso, mantiene con Ismael se une el engaño que trama don Egas. El rey de Badajoz, desesperado, confía en la magia del fingido astrólogo sin sospechar la burla. Don Egas le pide una hora a solas con la portuguesa y le ruega que le entregue su guante porque encierra poderes sobrenaturales que le impiden desplegar bien su magia: EGAS ………… tu esperanza lograrás, en especial si me das por sola un hora su guante; que impide por él el hado lo que el arte facilita, porque sus efectos quita cualquier favor violentado. ISAMEL Toma el guante, el alma toma 9 . Cuando don Egas se ve a solas con doña Leonor huye con ella en su veloz caballo sin que el rey moro pueda hacer nada por detenerlos. Al llevarse con él el guante se lleva también su firmeza amorosa y la imposibilidad de seguir amándola, mientras que doña Leonor, al recuperar la prenda, recupera también su honor en entredicho. Finalmente, en el acto tercero Tirso de Molina retomará la gravedad del asunto histórico que dramatiza y lo aprovechará para representar la portentosa victoria del conde en los campos de Ourique tras encomendarse a la Virgen, su proclamación como primer rey de Portugal y la derrota y muerte del soberbio Ismael, cumpliéndose así el presagio anunciado por doña Leonor cuando predijo que el guante le había de costar la vida al rey moro. 9 Ibíd., vv. 1434-1440. Miguel Ángel Teijeiro Fuentes 125 por prouarles 18 … Ya Menéndez Pelayo 19 señaló que el incidente del guante y los leones respondía a un motivo folclórico universal que documentó en diferentes textos áureos españoles, desde el Infierno de amor de Garci Sánchez de Badajoz hasta las Guerras civiles de Granada de Pérez de Hita o la lírica romanceril. Cuenta la leyenda que un caballero de la corte de los Reyes Católicos, don Manuel Ponce de León, segundón del marqués de Cádiz, decidió recuperar un guante que se le había caído a su dama en una jaula en cuyo interior rugían siete u ocho leones, regalo del rey africano a don Fernando. Cuando la dama recogió el guante e hizo ademán de agradecer al enamorado tan valeroso gesto, este la abofeteó recriminándole haber puesto en peligro su vida por tan insignificante prenda. Otro caballero, don Fernando de Velasco, salió en defensa de la dama retando al ofensor y obligando a actuar al rey, que se negó a permitir tal desafío en su corte 20 . La otra parte de esta facecia viene a completarla don Pedro de Ataide, padre de doña Blanca, quien le ruega prudencia al rey para que no intervenga en el asunto, conocedor de la historia y de su desagradable desenlace que pondría en menoscabo de su honor y le obligaría a enfrentarse al mismo monarca para recuperarlo: 18 Félix Lope de Vega Carpio, El guante de doña Blanca, en la Parte veinte y nueve de comedias de diferentes autores, Valencia, Silvestre Esparsa, 1636, f. 141v. Hay edición dieciochesca a cargo de Antonio de Sancha en Obras sueltas así en prosa como en verso, Madrid, 1777, IX, pp. 11-104, y también apareció publicada en el siglo XIX, bien en la de Antonio de Murguia, Cádiz, 1811, en la de Juan Eugenio Hartzenbusch y sus Comedias escogidas de Lope de Vega, Madrid, Atlas, BAE, 1857, XLI:III, pp. 17-33, o en la de Marcelino Menéndez Pelayo, Obras de Lope de Vega, Madrid, RAE, 1899, IX, pp. 209-41. Ya en el siglo XX apareció recogida en Obras escogidas de Lope de Vega, ed. Federico C. Sáinz de Robles, Madrid, Aguilar, 1974, III, pp. 919-949. Finalmente, en el siglo XXI contamos con dos ediciones destacadas, la de Maria Grazia Profeti, Comedias della Vega del Parnaso. I. El guante de doña Blanca, Firenze, Alinea Editrice, 2006 y la de José Cano Navarro, El guante de doña Blanca en La vega del Parnaso, Cuenca, Universidad de Castilla-La Mancha, 2015, I, pp. 119-278. 19 Marcelino Menéndez Pelayo, Estudios sobre el teatro de Lope de Vega, en Obras completas, Madrid, CSIC, 1949, IV, p. 245. 20 En la Rosa gentil (1573) de Juan de Timoneda, como documenta Marcelino Menéndez Pelayo (op. cit., p. 248), el protagonista de este incidente es un caballero llamado don Alonso Enríquez y su dama doña Juana de Mendoza, quien en este caso parece que lanzó el guante a la leonera voluntariamente para comprobar el valor de su pretendiente. Este, tras recogerlo, le dará un bofetón a la dama por arriesgar su vida y poner en duda su honor, al tiempo que retaba en duelo a todo aquel caballero que le reprochara su feo gesto. Finalmente, todo concluirá de manera feliz, pues la dama reconoce su error y consentirá en casarse con don Alonso Enríquez. Véase también sobre el tema José M. Doussinague, «La Corte de Isabel la Católica», Madrid, Real Academia de Ciencias Morales y Políticas, s. a., pp. 154-156; Christiane Faliu-Lacourt, «Juan y Alejandro de Luna», en Criticón, 19, 1982, pp. 83-112 o José Cano Navarro, Las comedias palatinas de La vega del Parnaso: edición crítica y estudio, Universidad de Castilla-La Mancha, 2015, tesis doctoral inédita, pp. 19-52. El motivo del guante en algunas comedias barrocas 126 DON PEDRO No conuiene, señor, imitar su hazaña, que ese fidalgo valiente le dio un bofetón despues, y mi hija no merece, que alguna mano en el mundo mi honor y su rostro afrente 21 ; Como acertadamente sostiene Menéndez Pelayo: Lope comprendió, con su inmenso talento dramático (el cual en las obras de su vejez aparece ya disciplinado por muy cuerda y madura reflexión), que la aventura de los leones no era teatral, y que podía producir hasta un efecto ridículo. La dama deja caer, aunque no de propósito, su guante en la jaula, y por rescatarlo compiten y llegan a sacar las espadas, amenazándose de muerte, los dos caballeros que son rivales en su amor; pero los leones no aparecen en escena, ni el temerario lance nunca llega a continuarse, porque el Rey se interpone, reduciéndose todo a un recuerdo de la sabida anécdota que anacrónicamente se supone anterior a D. Dionís 22 […] La escena del guante en esta comedia de Lope de Vega constituye el incidente más sobresaliente del posterior enredo y un recurso eficaz para cerrar el primer acto con un momento de gran tensión dramática, cuando doña Blanca le confiesa a su enamorado que su carta está oculta en el interior del guante que ha ido a parar a manos del Rey y que, en caso de descubrirse, pondría en peligro su honor. A partir de ese momento, y a lo largo de todo el segundo acto, se sucederán una serie de incidentes propiciados por la pérdida del guante: don Dionís convoca una academia literaria en la que participan todos aquellos que quieren escribir una composición poética que celebre el episodio del guante, competencia que Brito retrata con humor: BRITO Todo Lisboa, de manera se ha enguantado, que ha ser los guantes sonetos, 21 Félix Lope de Vega Carpio, El guante de doña Blanca, op. cit., f. 141v. 22 Marcelino Menéndez Pelayo, op. cit., p. 252. Miguel Ángel Teijeiro Fuentes 127 cubrieran del Sol los rayos 23 . Se referirá a ella de nuevo más adelante cuando, en galanteo nocturno, el gracioso se asombre de la llegada a la casa de doña Blanca de sus tres pretendientes: BRITO Un hombre pienso q[ue] a las rejas llama, la Musa Blanca por ventura inuoca, que ha hecho aqueste gua[n]te mas poetas que el Sol vapores, y la embidia tretas 24 . Como se puede apreciar, el motivo del guante se convierte incluso en un recurso cómico en boca del gracioso de turno, que celebra con ironía la ventura de tantos poetas que han compuesto versos con dicha prenda. El Rey descubre la carta en el interior del guante; para confirmar que la letra es de don Juan, le pide a su consejero que le copie en un papel una carta que finge querer enviarle a una dama y cuyo texto es el mismo que el que don Juan escribió a la suya. Este, astutamente, procura mudar la caligrafía para no ser descubierto, pero el Rey, más sagaz aún, sospecha del cambio y le propone a don Juan matrimonio con doña Leonor para ver cómo reacciona y este, a su vez, se excusa confesándole un supuesto compromiso con doña Elena, la hija del marqués de Villena. Tan insulsa trama se rellena con la presencia de equívocos, malentendidos, mentiras, encubrimientos de la identidad, amenazas de duelo, falsas apariencias, declaraciones de amor, rondas nocturnas, etcétera, y todo ello para que al final don Dionís acabe premiando a don Juan con el amor de doña Blanca y a don Nuño con un improvisado matrimonio con doña Leonor. El único que no recibe ningún premio por desconfiado es el criado Brito, si bien doña Blanca aprovecha hasta el último momento su guante para pedir cómicamente limosna por él a los caballeros y damas que han asistido a la representación, convirtiendo la prenda en motivo capital de la trama desde el mismo título hasta la despedida final. Es muy probable que la popularidad del cuento y el prestigio del Fénix en los corrales de comedias madrileños animase a Mira de Amescua a imitarle en su citada comedia Galán, valiente y discreto, donde el guante será sustituido por un «lienzo», un pañuelo, para no 23 Félix Lope de Vega Carpio, El guante de doña Blanca, op. cit., f. 143v. 24 Ibíd., f. 148v. El motivo del guante en algunas comedias barrocas 128 repetir el mismo incidente que imaginó en la Jornada Segunda de esta comedia y del que hablé más atrás. Así, en una nueva escena de galanteo nocturno, los tres duques enamorados, a quienes se les adelanta don Fadrique de Aragón, salen a enamorar a la duquesa de Mantua. Los tres nobles le disputan su amor al caballero de Aragón y le amenazan con el propósito de hacerle desistir de su firmeza amorosa. Para rebajar la tensión, doña Serafina, la verdadera duquesa, les lanza su pañuelo desde el balcón, aunque enseguida se arrepiente temiendo provocar una desgracia aún mayor: DUQUE ¡Caballeros, a quién digo: del que ese lienzo nos traiga… Arroja un lienzo …la Duquesa u yo seremos! 25 Los cuatro candidatos compiten por conseguir el trofeo fuera de escena hasta que finalmente aparece don Fadrique con la espada desnuda en una mano y el lienzo en la otra. El ganador, no obstante, le reprocha a la dama que haya arriesgado cuatro vidas con tanto rigor y desdén, y nos recuerda la ya conocida anécdota de los leones, el guante y el bofetón: FADRIQUE En Castilla sucedió que una dama arrojó un guante en presencia de su amante a unos leones. Entró el galán y le sacó y luego a su dama infiel le dio en el rostro con él. Agravios no haré tan claros, pero tengo de imitaros en ser conmigo crüel 26 . El cuento está muy bien traído por parte de don Fadrique. Aunque él no pretende imitar el censurable y violento comportamiento del amante de la historia, se siente 25 Antonio Mira de Amescua, Galán, valiente y discreto, op. cit., vv. 2263-2265. 26 Ibíd., vv. 2355-2364. Miguel Ángel Teijeiro Fuentes 129 ofendido por la ingratitud de la dama y en ese instante decide olvidarla porque «Sin duda que no es vivir, / el vivir desta manera 27 ». Serafina, que a lo largo de la comedia ha puesto a prueba a don Fadrique con el propósito de saber si su amor es verdadero y no interesado, confiesa entonces su arrepentimiento e implora el perdón de este ofreciéndole su mano: DUQUE Si a la dama Castellana dio su amante un bofetón, tienes la misma razón. Borre tu mano la grana de mi rostro, y si villana su mano parecería, ofendiéndome este día amante tan soberano, señor, no te falte mano: aquí tienes ésta mía 28 . Al entregarle su mano, Serafina está admitiendo su correspondencia amorosa justo cuando aparecen en escena los tres duques italianos que han renunciado a fijarse en ella desde el principio, más interesados en el poder representado por Porcia, la duquesa fingida. Se produce entonces la anagnórisis que culmina con el desenlace feliz de la comedia: Serafina confiesa que es la verdadera duquesa de Mantua y entrega su corazón a don Fadrique ante la sorpresa de los tres aristócratas italianos víctimas del engaño. El recurso del guante que se le cae a la dama provocando un momento de clímax que amenaza con un final trágico es un incidente presente en otras comedias del dramaturgo granadino y explica su aceptación por parte del público de los corrales, que veía en este motivo un incidente de gran efectividad dramática. Por ejemplo, lo encontramos en Examinarse de rey (conservada en un manuscrito e impresa en el siglo XVIII), una obra que, como quiere Martínez Calvo, Aunque comparada con otras obras de la época es menos sobresaliente, Examinarse de rey o Más vale fingir que amar no es una comedia de «simplezas» (como dice despectivamente Cotarelo), sino que rompe más el espejismo de la proximidad de los pensamientos del siglo XVII y del actual que otras obras, aparentemente más cercanas 27 Ibíd., vv. 2383-2384. 28 Ibíd., vv. 2395-2404. El motivo del guante en algunas comedias barrocas 130 para nosotros, pero que en realidad ocultan a los profanos una serie de códigos mentales contrarios a nuestra forma de ver el mundo 29 . En esa comedia asistimos al momento en el que la princesa Margarita de Sicilia pierde un guante que es recogido a la vez por el príncipe Federico y el infante don Carlos, quienes se lo disputan en forzosa competencia. De nuevo es una ocasión propicia para la aparición del triángulo amoroso que dará pie a múltiples recursos dramáticos (duelo, paralelismos, ejemplaridad, contrastes…) e introduce el tema de los celos. En esta ocasión la sangre no llegará al río porque al infante se le ocurre la feliz idea de que ambos dejen el guante en el suelo y sea Porcia, una dama de la princesa, quien se encargue de devolvérselo a ella evitando de esta manera el tan temido duelo. Peor fortuna correrán los personajes de El amparo de los hombres, comedia escrita también por Mira de Amescua y de la que ignoramos su fecha de composición. En ella se representan las vicisitudes de Federico, soldado de poca fortuna, que ha llegado a Génova con la intención de viajar a España en busca de una bandera o cualquier otro reconocimiento a sus méritos militares. En esa localidad italiana conoce a un caballero llamado don Carlos a quien le cuenta su vida. Descubrimos, así, que es hijo de ricos padres y natural de Nápoles, en donde se disputó con otro caballero los amores de una hermosa dama. Una mañana, entrando a oír misa en el Domo, FEDERICO Al tomar agua bendita, se cayó al descuido un guante, y a un mismo tiempo llegamos entrambos a levantarle 30 . La fatalidad ha querido que los dos adversarios se encontraran pretendiendo a su dama en el interior de la iglesia. Un hecho sagrado, como la toma del agua bendita, incidente que ya encontrábamos en El acero de Madrid, se convierte aquí en motivo de un desafío a espada que marcará el destino de nuestro protagonista. Federico se enfrenta 29 Antonio Mira de Amescua, Examinarse de rey, ed. María Celeste Martínez Calvo, en Teatro completo, coord. Agustín de la Granja, Granada, Universidad-Diputación Provincial de Granada, 2012, XII, p. 169. 30 Antonio Mira de Amescua, El amparo de los hombres, ed. Remedios Sánchez García, en Teatro completo, coord. Agustín de la Granja, Granada, Universidad-Diputación Provincial de Granada, 2004, IV, pp. 17-112, vv. 205-208. Miguel Ángel Teijeiro Fuentes 131 a su competidor y le mata, razón por la cual se ve obligado a huir de su tierra y enrolarse en los ejércitos imperiales de Carlos V, participando en las batallas de Lombardía y de Pavía, en donde sobresale por su valeroso comportamiento. IV. EL GUANTE PROVOCADOR DE LA SENSUALIDAD El guante, representación manifiesta del tema amoroso, sugiere también una escondida sensualidad que anima al galanteo entre dama y galán, tan poco propensos en aquella época al contacto físico, reservado al matrimonio y constreñido a los rígidos preceptos de la honra femenina, por un lado, y de su obligado retiro en casa al cuidado de padres, hermanos o criadas. De ahí que en los escasos encuentros sociales que los enamorados pueden permitirse, aprovechen la ocasión que se les ofrece para confirmar la correspondencia amorosa. Uno de estos momentos, al que me he referido en otros pasajes, tiene como escenario la iglesia, que se convierte en lugar de cita de los enamorados desde La Celestina de Rojas a La verdad sospechosa de Ruiz de Alarcón, por citar tan solo dos ejemplos de nuestro teatro áureo. La penumbra del lugar, su íntimo recogimiento, las amplias columnas que les permiten esconderse de las miradas ajenas, la pila de agua bendita que el galán utiliza como excusa para esperar ansioso a su enamorada a la salida de misa y ofrecerle el contacto de sus dedos…, el hecho, en fin, de que sea un lugar de encuentro de hombres y mujeres es un buen ejemplo de ello. Es precisamente a la salida de la iglesia cuando la ingeniosa Belisa, protagonista de El acero de Madrid de Lope de Vega, finge tropezar pisándose la saya con el chapín justo cuando se cruza con su amado Lisardo, burlando de este modo la celosa vigilancia de su tía Teodora, que la acompaña a todas partes y que parece sospechar de las intenciones de su sobrina: TEODORA Ya caíste, irás contenta, de que te dieron la mano 31 . 31 Félix Lope de Vega Carpio, El acero de Madrid, op. cit., f. 28v. El motivo del guante en algunas comedias barrocas 132 Se trata de un instante en el que asistimos al fugaz contacto físico de los enamorados que se acompaña de un breve galanteo amoroso en el que los juegos de palabras, la polisemia, las metáforas o las imágenes constituyen la esencia de la pasión que se acompañaría con los gestos y las miradas de los jóvenes amantes: BELISA Beso os las manos, señor, que si no es por vos cayera. LISARDO Cayera un ángel, señora, y cayeran las estrellas a quien da más lumbre el sol 32 . Sebastián de Covarrubias explica, como ya se ha indicado más arriba, en su citado Tesoro de la lengua castellana, o española la significación social del guante en este contexto: «Del mismo modo, [el guante] no se usa cuando se da la mano a alguien en señal de amistad o cuando se está presente delante del Rey o de alguna otra persona importante» 33 . Así parece confirmarlo el comentario de Lisardo al agarrar la mano de Belisa para evitar su caída: LISARDO Perdone vuestra merced el guante 34 . Si bien la excusa también pudiera aludir a la decepción del enamorado por no haber podido disfrutar del contacto físico directo con la mano de su dama, la cual, como sabremos después, no lleva guante, pues ha dejado uno de ellos junto a la pila del agua bendita con una carta dirigida a su galán. Esta escena pudo haber inspirado otra parecida que encontramos en Don Gil de las calzas verdes de Tirso de Molina, comedia representada por la compañía de Pedro Valdés en el Mesón de la Fruta de Toledo entre julio y agosto de 1615. Aquí también el comienzo de las relaciones amorosas ha tenido lugar a las puertas de una iglesia, en este caso la Iglesia de la Vitoria de Valladolid. Doña Juana, que viene ahora vestida de hombre y acaba de llegar a Madrid, le confiesa a su 32 Sebastián de Covarrubias, op. cit., p. 454. 33 Félix Lope de Vega Carpio, El acero de Madrid, op. cit., f. 28v. 34 Ibíd., f. 28v. Miguel Ángel Teijeiro Fuentes 133 criado Quintana que fue allí donde se enamoró del ingrato don Martín de Guzmán. Asimismo, el motivo que propicia el encuentro es la caída de la dama al tropezar su chapín con el escalón del umbral del recinto sagrado, a consecuencia de la distracción que provoca en ella la contemplación de «un Adonis bello» 35 . Como quiere Zamora Vicente: El recurso del tropezón y la subsiguiente caída en brazos de la persona amada debía de ser, como era de esperar, preparado con cuidado. Era una manera fácil de entablar diálogo, de sentir quizá la primera y fugaz caricia. Quizá por esta razón, en algunos sitios las mujeres no usaban chapines hasta que se casaban, como registra Covarrubias 36 . No obstante, en esta ocasión es la dama quien viene enguantada y será la elegante mano del enamorado la que impedirá su caída asiéndola a tiempo: JUAN. Llegó, descalzado el guante, una mano de marfil a tenerme de su mano…. ¡Qué bien me tuvo! ¡Ay de mí! Y diciéndome: «Señora tened; que no es bien que así imite al querub soberbio, cayendo, tal serafín». Un guante me llevo en prendas del alma, y si he de decir la verdad, dentro del guante el alma que le ofrecí 37 . Como en El acero de Madrid, el tropezón favorece los requiebros amorosos. El «ángel» con el que Lisardo había caracterizado en la comedia lopesca la hermosura de Belisa al verla tan de cerca es sustituido aquí por un «serafín» de extraordinaria belleza que propicia el inevitable rechazo. Del mismo modo, en ambas comedias los enamorados, 35 Tirso de Molina, Don Gil de las calzas verdes, ed. Alonso Zamora Vicente, Madrid, Castalia, 1993, p. 84. Esta comedia del mercedario se publicó en la Quarta parte de las comedias del maestro Tirso de Molina, Madrid, María Quiñones, 1635, ff. 283r-308r y hay edición moderna a cargo de Enrique García Santo- Tomas. 36 Ibíd., p. 86. 37 Ibíd. El motivo del guante en algunas comedias barrocas 134 de una u otra manera, consiguen hacerse con un guante como prueba de la reciprocidad amorosa. En el caso de Don Gil de las calzas verdes, el guante simboliza la sinceridad de un amor que traspasa la condición humana para, neoplatónicamente, convertirse en pasión del alma. Con el guante, doña Juana le entrega a don Martín su ser, motivo que explica su desazón y su cólera cuando descubre que el fingido amante, tras darle la palabra de esposo, parece ahora dispuesto a casarse con otra dama más rica, hecho que aclara por qué doña Juana ha decidido abandonar Valladolid y buscar a su amante en Madrid. Un incidente parecido encontramos también en otra comedia del fraile mercedario. Me refiero a aquella que lleva por título Por el sótano y el torno (1635), en donde Tirso de Molina representa un enredo amoroso protagonizado por dos hermanas —doña Bernarda, la mayor, y doña Jusepa— y varios galanes que se disputan el amor de estas. Uno de ellos es un discreto e ingenioso caballero portugués llamado don Duarte, que se enamora perdidamente de doña Jusepa, a quien su hermana le ha concertado un matrimonio de conveniencia con un anciano y celoso perulero cuya presencia desagrada a la joven. Como en El acero de Madrid, que parece volver a inspirar a Tirso de Molina, aquí tampoco se representa en escena el momento del primer encuentro amoroso tramado por la pareja; por el contrario, serán doña Bernarda y doña Jusepa quienes, primero, se referirán a este suceso en los inicios del Acto Segundo. Doña Jusepa ha salido muy de mañana a la iglesia del Buen Suceso de Madrid en la compañía de su hermana, que cumple las mismas funciones que la tía de Belisa en la comedia lopesca. Se trata de otro Argos que vela por el honor de la familia y que ha depositado sus esperanzas en el ventajoso matrimonio de su hermana. Como Belisa, también doña Bernarda se queja del descaro de su hermana y sospecha que su tropezón ha sido a propósito: DOÑA BERNARDA ¿Y tropezó el manto también? No me persüadas a tan rústica simpleza. ¡Bueno es, cuando lo apeteces, que con los pies estropieces, y descubras la cabeza! ¡Qué confiada que estás de tu cara! Ya te vio el que la mano te dio; Miguel Ángel Teijeiro Fuentes 141 protagonismo de Brito sirve para conjugar historia e intrahistoria en un drama de contenido historial pero con tintes sobrenaturales y amores de comedia palatina. Además de salvar la vida al rey, que le recompensa convenientemente, introduce una escena cómica en la que se representa la diferencia social a través de la caracterización de los personajes. Y aunque el guante proporciona en esta comedia un momento de distensión motivado por la ignorancia del pastor, encierra asimismo un fuerte simbolismo. El guante significa aquí la dignidad social del que lo porta, pero también su blandura, su carácter débil y manso, que se constata en el hecho de que el Conde no solo se halla perdido físicamente en la sierra, sino también emocionalmente perdido y turbado como gobernante, pues ha desatendido los asuntos de Estado para dejarse arrastrar por una pasión irracional hacia doña Elvira. Por eso cuando don Alfonso Enríquez se desprende del guante (representación de la indolencia cortesana) y toma la espada, el arnés y el escudo para luchar contra el moro (símbolo de su relevancia histórica) asistiremos a la transformación del personaje en héroe, convertido ahora en caudillo y primer rey de la nación portuguesa. Nuevamente el motivo del guante ha jugado un papel fundamental en el desarrollo de la intriga y en el significado simbólico de la obra. De este modo, la presencia del guante en el teatro barroco —representado en este grupo de trece comedias de diferentes autores— explica la funcionalidad dramática del recurso utilizado. Dicha prenda de vestir, cuyo uso la identifica con la clase social más alta, los poderosos, guarda un evidente componente social que la asocia a diferentes circunstancias de la vida cotidiana —el guante como excusa para representar la ofensa y reivindicar la defensa del honor perdido, el guante como representación del saludo amistoso o enamorado entre personas de la misma o de distinta condición social, el guante como símbolo de la pasión amorosa, y de la sensualidad, el guante como caracterización del personaje que lo porta—. Al mismo tiempo, el guante puede ser motivo de comicidad cuando su presencia resulta exagerada o inesperada por parte de aquellos que desconocen su utilidad. Su presencia está ligada a otros motivos dramáticos —la carta, por ejemplo— y a la aparición de una serie de recursos teatrales —caracterización de personajes, enredo, equívocos, humor, duelos, enfrentamientos de palabra, anagnórisis, contrastes y paralelismos, triángulos amorosos acompañados de celos, desenlaces felices o trágicos— El motivo del guante en algunas comedias barrocas 142 que convierten a esta prenda —junto al sombrero, la capa, la espada o la banda— en una de las más socorridas para el desarrollo de la intriga. Bibliografía Citada Covarrubias, Sebastián de, Tesoro de la lengua castellana, o española, Madrid, Luis Sánchez, 1611. Menéndez Pelayo, Marcelino, Estudios sobre el teatro de Lope de Vega, en Obras completas, Madrid, CSIC, 1949, IV. Mira de Amescua, Antonio, El ejemplo mayor de la desdicha, en Teatro, ed. Ángel Valbuena Prat, Madrid, Clásicos Castellanos, Espasa-Calpe, 1957, II. Mira de Amescua, Antonio, El amparo de los hombres, ed. 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