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Historias arqueológicas bajo la Colegiata del Divino Salvador de Sevilla

Amores Carredano, Fernando J. de

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HISTORIAS ARQUEOLÓGICAS BAJO LA COLEGIATA DEL DIVINO SALVADOR DE SEVILLA De mezquita de Ibn Adabbás a Colegial del Divino Salvador y de aquí al Museo Arqueológico: historias de un fuste afortunado1 1 El origen de este artículo es el texto preparado para mi intervención en las Jornadas sobre Arquitecturas para la Paz, organizadas en Sevilla por el Club Unesco y la Fundación Al Idrisi en 2006, que no se publicó. Me ha parecido oportuno utilizarlo como base para esta colaboración en la revista de la Academía de Bellas Artes Santa Isabel de Hungría, que resume la conferencia dada en su sede el año 2009 y cuya invitación agradezco desde estas líneas. 65 66 LA TRADICIÓN DE LA SUPERPOSICIÓN DE CULTOS: UNA HISTORIA DE DOMINIOS O ENCUENTROS EN EL LUGAR SAGRADO En diversos lugares del entorno mediterráneo encontramos iglesias y mezquitas superpuestas en el mismo lugar adaptando a veces el edificio anterior. Al fin y al cabo se trata de dos de las religiones hegemónicas en los últimos milenios. Este hecho de la superposición de cultos, comprobado en numerosos lugares, es curiosamente creído y supuesto sobre infinidad de sitios de cierta antigüedad. Las crónicas medievales y modernas atribuyen la existencia de antiguos templos paganos bajo iglesias y mezquitas. Esa insistencia ha calado en el inconsciente colectivo llegándose a pensar que en realidad se trata de una costumbre lógica. Rodrigo Caro defendía en 1634 el triunfo de la fe cristiana sobre el mundo pagano en la ciudad de Sevilla al asegurar que la catedral se erigió sobre el templo de Júpiter añadiendo, Porque esta es la costumbre, que todas las naciones vencedoras tienen de hacer su mayor templo sobre el que hallan edificado de la religión de sus enemigos, consagrándolo cada uno conforme sus ritos... Lo mismo hicieron en España los Moros con los Cristianos, que les tomaron las iglesias mayores para hacer las mezquitas suyas mayores O, como refería J. Gestoso en 1889: asegurando los que escribieron de nuestras antigüedades en los siglos XVI y XVII que la mayor parte de las iglesias parroquiales existentes Sesión Académica celebrada el día 16 de diciembre de 2008. 67 HISTORIAS ARQUEOLÓGICAS BAJO LA COLEGIATA DEL DIVINO SALVADOR DE SEVILLA hoy en esta ciudad, ocupan las mismas áreas que las erigidas por los visigodos. En momentos más recientes se asume para Sevilla, como ocurre en otras ciudades, que casi todas las parroquias de estilo mudéjar fueron mezquitas con antelación. Sin embargo, las excavaciones arqueológicas han negado varios de estos supuestos poniendo en entredicho una teoría científica que generaliza lo que procede del pensamiento popular. Estas historias que referimos no son otra cosa que relatos de poder que enmascaran otras cuestiones mucho más importantes y profundas que se refieren a los pueblos, a los individuos y a las ideas. La superposición de los lugares de culto puede expresar dominio para el gobernante y un teórico arrasamiento de la ideología vencida. Sin embargo creemos que este acto revela en el fondo la asunción de que constituye un lugar sagrado para el pueblo y por ello es tratado de manera especial. Se trata de una apropiación del valor de lo sagrado, algo que construyen los pueblos y que los gobernantes aprovechan. Un templo sobre otro supone “lo sagrado sobre lo sagrado” y ello significa respeto y temor profundo. En caso contrario hubieran sido destruidos los templos de inmediato y edificados otros en otros lugares y sobre nuevos fundamentos materiales e ideológicos. Suelo sagrado porque en él se han instaurado aquellas arquitecturas que han cobijado a los pueblos para la comunicación con Yahvé / Dios / Alá; para transmitir pautas de conducta con el prójimo; para favorecer la relación del individuo con lo Absoluto, quien ofrece el don más preciado: la Paz. LA MEZQUITA DE ADABBÁS. Dios tenga misericordia de Abd al-Rahman b. Al-Hakam, el emir justo, el bien guiado por Dios, el que ordenó la construcción de esta mezquita, bajo la dirección de Umar b. Adabbás, cadí de Sevilla, en el año 214 (h.) y ha escrito [esto] Abd al-Barr b. Harum. Esta inscripción fundacional de la llamada mezquita de Adabbás, se conserva sobre un fuste romano reaprovechado y sometido a continuas renovaciones de significados, como demostraremos, hasta llegar al Museo Arqueológico de Sevilla, donde actualmente se contempla. Se trata de la inscripción en árabe más antigua conservada hasta el momento en la Península Ibérica. 68 De acuerdo con cierta tradición, esta mezquita emiral erigida en el 829, la segunda conocida en Al- Andalus tras la que erigiera Abd al-Rahman I en Córdoba en el 784, estaría fundada sobre un templo cristiano al modo de Córdoba. Desde una versión legendaria, el padre J. Zevallos recoge en su manuscrito de 1789, sobre La Itálica, la tradición de relacionar al templo del Salvador con la primitiva iglesia visigoda de Santiponce donde según ciertas tradiciones descansaban los restos de San Isidoro: También se tiene en respeto la torre de la iglesia Colegiata de San Salvador, porque se edificó de las mismas piedras. Fig. 2 Inscripción fundacional de Adabbás, 829 d.C. (214 h.) en la parte superior del fuste (foto: F. Amores) Fig. 1 Dibujo de la inscripción según la trascripción definitiva de M. Ocaña. FERNANDO AMORES CARREDANO 69 Esta tradición se complementa desde la especulación científica ya en el siglo XX cuando A. Blanco propone la interpretación de que la mezquita de Adabbás reaprovecharía la antigua basílica visigoda: Dada la costumbre de los árabes de convertir en mezquita mayor el lugar de culto más importante de sus precursores cristianos, o sólo una parte del mismo para que éstos mantuvieran el suyo en la restante, se supone que en el sitio del Salvador estuviese en tiempos de romanos y visigodos la basílica hispalense, edificio civil primero, adaptado después al culto religioso. Blanco elabora su hipótesis al interpretar las noticias de los hallazgos de ciertos muros cuando se realizaron los cimientos de la nueva colegial del Salvador hacia 1671. Los citados muros se asociaban al hallazgo de monedas de tiempos de Tiberio, de Teodosio y musulmanas. El esquema de atribución de las construcciones a los distintos momentos representados por las monedas, junto con la tradición de la superposición de cultos le llevan a sugerir la secuencia constructiva: Basílica civil romana / Basílica cristiana tras Constantino / Mezquita primitiva. Esta teoría es repetida hasta la saciedad como hipótesis plausible en las reconstrucciones de la ubicación del Foro de la ciudad romana de Hispalis. No obstante, plantea dudas para aquellos que tratan el problema de la reconstrucción de la ciudad visigoda y la ubicación de la sede catedralicia, cuestión que permanece todavía abierta. Sevilla era una ciudad visigoda importante, sede de la monarquía en repetidas ocasiones y de la cátedra de San Isidoro, por lo que la catedral debía tener cierta prestancia. Las excavaciones realizadas en 2005 en el subsuelo de la Colegial, dirigidas por Manuel Vera y coordinadas por el que suscribe, no han podido finalizar debido a la afluencia de agua del subsuelo y por ello disponemos de información limitada. Los datos parciales recogidos hasta el momento parecen apoyar la hipótesis de que la mezquita no se construye sobre edificio anterior alguno. El diseño de la planta de la mezquita, recuperado tras la intervención arqueológica, es musulmán estricto, sin préstamo alguno a otras lógicas arquitectónicas. Las cimentaciones de los muros de la mezquita y del fuste del oratorio hallado in situ se realizaron sobre un paquete potente de depósitos previos en los que no se advierte construcción alguna preexistente sino un panorama urbanístico muy diferente, de abandono. Por suerte, el proyecto de restauración ha mantenido el sótano con el suelo arqueológico accesible de HISTORIAS ARQUEOLÓGICAS BAJO LA COLEGIATA DEL DIVINO SALVADOR DE SEVILLA 70 modo que se pueden acometer excavaciones en otro momento y poder con ello abundar en datos que no se pueden dar por concluyentes en el momento actual. Lo que sí es claro es que la mezquita se construyó con materiales romanos y visigodos reaprovechados. En este caso, y a tenor de los fustes y cimacios del oratorio conservados en los soportales de la Plaza del Pan, los elementos sustentantes eran de longitudes, grosores y mármoles muy diversos, producto del acarreo de incontables edificaciones anteriores, algunas de ellas templos romanos e iglesias sin duda. Este criterio era el usual en la época y así lo vemos repetido en las viejas mezquitas de Córdoba, Almonaster o Archidona, con diferentes soluciones en cada caso. La reutilización de materiales de construcción se venía realizando desde la crisis y desaparición de las estructuras del poder imperial y de la organización de la producción asociada a aquel.La famosa columna fundacional de Adabbás dispone de más información de la que se ha creído hasta ahora. A media altura se distingue una cruz patriarcal, de doble travesaño, en diseño tosco mediante grabado piqueteado (fig. 3). La base de la cruz engloba a dos huecos realizados sobre la columna, rectangulares y unidos, relacionables en origen con la huella de la fijación de una cancela o puerta asociada al fuste en época romana. Lo rodea en forma de bola y la cruz se desarrolla en vertical, aunque de factura y diseño torpes. Este tipo de trabajo se puede adscribir a momentos tardoantiguos o visigodos aunque no de forma excluyente. Fig. 3 Cruz patriarcal en grabado tosco -¿visigoda?- que presenta el fuste romano usado como soporte de la inscripción fundacional de la mezquita de Adabbás. La base engloba a dos oquedades yuxtapuestas que pudieron ser realizadas en origen para fijar una cancela y, posteriormente, para acoger una reliquia. A la izquierda de la cruz, en recuadro y sin superposición alguna, se advierte parte de una inscripción árabe inédita en un picado muy basto (foto: F. Amores). FERNANDO AMORES CARREDANO 71 El uso de la cruz patriarcal se asocia a las catedrales por lo que la presencia de este signo sobre una columna romana pudiera interpretarse como si procediese de la catedral antigua –visigodade Ispali, Sevilla. Los musulmanes la seleccionarían por este motivo y grabaron más arriba su inscripción fundacional. Esta idea reforzaría la hipótesis de la continuidad de la mezquita de Adabbás sobre la catedral visigoda o bien la selección de esta columna de aquel edificio cristiano, aunque estuviera en otra parte. La forma de la base, a modo de globo, acerca este diseño a la cruz sobre orbe del Salvador por lo que podría argüirse que su aparición sería medieval, posterior a la conquista cristiana. No obstante, parece más lógico asociar la forma globular de la base con la existencia de los dos huecos del fuste a los que acoge de forma intencionada. Estos huecos deben de pertenecer a las huellas, de época romana, de fijación de una cancela pero en la actualidad se constituyen en un claro elemento explicativo de la presencia de la cruz, que se organiza en torno y encima de ellos. Quizás estos huecos pudieron contener unas reliquias o una huella mágica explicada por una tradición o leyenda asociadas a un obispo. No queda claro su origen, interesante y misterioso sin duda. No obstante, el hecho de que la inscripción árabe lateral se adapte a los límites de la cruz, cuya presencia está determinada por las oquedades precedentes, podría llevarnos a pensar que la cruz es pre-musulmana. La reconstrucción de la planta de la mezquita de Adabbás cuenta con diferentes hipótesis realizadas por diversos autores con anterioridad a su excavación arqueológica. A falta de otros datos arqueológicos todas las reconstrucciones partían de los restos conservados de las columnas del patio asumiéndolos como evidencias originales. Las escasas descripciones antiguas y la anchura de los intercolumnios fueron tomadas como pauta para la reconstrucción del número y dimensiones de las naves de la sala de oración. Se daba por sentado que los fustes romanos, hundidos en las cotas viejas, con sus capiteles y cimacios asociados, constituían, junto con la torre, los únicos vestigios fósiles supervivientes del edificio islámico. El profesor E. Gómez Piñol ha publicado en su monografía sobre el Salvador interesantísimos documentos a partir de los cuales se interpretaba claramente que las galerías del patio se configuraron tal como las vemos en la actualidad en operaciones sucesivas, en 1583 y en 1602, remodelando el esquema original. Las tareas de excavación arqueológica han confirmado que la secuencia de arcos de las galerías supervivientes del patio es de nueva disposición y no se corresponde con las anchuras de las naves de la sala de oración documentadas en la excavación. Igualmente, el muro de cierre exterior HISTORIAS ARQUEOLÓGICAS BAJO LA COLEGIATA DEL DIVINO SALVADOR DE SEVILLA 72 de la mezquita se dedujo tradicionalmente desde su posición relativa con respecto a la galería, siendo diferente el documentado en la investigación arqueológica. De todo ello resulta que la mezquita se desarrolla en una planta más amplia y diferente que la reconstruida desde la especulación sobre datos parciales, no empíricos. Los hallazgos arqueológicos de la mezquita han sido más parcos de lo esperado. Los trabajos comenzaron con una gran esperanza adobada de cierta euforia por el entusiasmo de poder explorar el subsuelo del Salvador, algo que siempre pareció una ficción. Mediada la campaña pasamos a un optimismo atemperado cuando comprobamos que la construcción de los potentes cimientos en zanja de la nueva colegial barroca, de fines del s. XVII, se habrían surtido de todo elemento sólido de los alrededores. Las solerías, cimientos y criptas previas fueron desmontados y usados como áridos en la nueva cimentación. Las columnas fueron vendidas y, de las 72 columnas del oratorio mas las 18 del patio, 90 según nuestra reconstrucción, tan sólo podemos asegurar la procedencia de los 17 fustes y cimacios romanos que se conservan en los soportales de la Plaza del Pan, más los 10 que actualmente ostenta el patio, más el fundacional que conserva el museo, en total 28. Infinidad de esquineras y soportes de Sevilla se surtieron a fines del s. XVII de la gran cantera en que ahora se convertía el conjunto de la mezquita. Curiosamente, ésta fue en su día destino de antiguos expolios de edificios de Ispali. La planta general arqueológica resulta ser de 9 naves con la central más ancha siguiendo el patrón de Córdoba y andalusí en general (fig. 4). Los arcos eran de herradura sobre fustes y cimacios romanos reaprovechados, en modo similar a Córdoba como refiere el cronista Messía de la Cerda en 1594: muchos arcos a la traça de la iglesia mayor de Córdoba. De las remodelaciones posteriores de la mezquita tenemos noticias por las fuentes epigráficas del rey taifa Motamid, momento en el que se registra la reconstrucción de la torre en 1079, muy dañada por un terremoto; de las galerías que ya ostentaba el patio en el s. XII; de unas reparaciones generales y del adosamiento de sendos contrafuertes al muro de poniente bajo los almohades, que se han documentado en las excavaciones. Como anécdota de interés añadido, la crónica almohade de Al Sala nos refiere la existencia del fuste con la inscripción fundacional y su posición: en la nave segunda del lado oriental, frente al mihrab FERNANDO AMORES CARREDANO 73 del pan en la plaza epónima y muchos otros y capiteles cuya filiación de Adabbás / El Salvador es difícil de demostrar. Sin embargo se podría asociar el destino de cuatro de ellos por fuentes indirectas. Según la anotación en la ficha del catálogo del museo, redactada por M. Campos Munilla, el fuste con la inscripción fundacional, ...Estuvo colocado en el quemadero de la Inquisición de esta ciudad con otras tres columnas empotradas en postes de ladrillo que sobresalían en los ángulos del quemadero en el prado de San Sebastián, el cual miraba al barrio de San Bernardo. Sobre cada columna estaba colocada una estatua de barro cocido. Se destruyó el quemadero, año de 1809, para evitar que los enemigos se aprovechasen de su altura contra la ciudad si acaso se aproximaren a ella. Esta columna se bajó de la venta de la Alcantarilla, en el arrecife de los Puertos. Este comentario recoge una vieja tradición y es repetido por todos los autores pero no sabemos a ciencia cierta de dónde procede. La obra de Braun, Hogenberg y Hoefnagel, editada por vez primera en 1572 y 1597, es quizás la primera en que se comenta algo que bien pudiera ser el origen de todo el relato. En los textos asociados al grabado donde reproduce el sitio de la Alcantarilla (Utrera), con el puente romano y la torre con cuatro fustes empotrados en las esquinas, el autor explica: ... Aún se ve a ambos lados de la torre más grande, los zócalos y capiteles de los pilares que eran de jaspe verde, los cuales fueron transportados a la iglesia catedral de Sevilla para servir de adorno del altar mayor... No hay más noticias al respecto y ésta en realidad bien parece una fantasía recogida en el lugar como explicación local de la ausencia de los fustes Es L. Torres Balbás quien recupera una cita muy perdida acerca de circunstancias complementarias de aquel evento. Según F. González de León el fuste con inscripción fue recogido por el industrial y coleccionista inglés Nathan Wetherell para incorporarlo a su colección arqueológica que exhibía en el patio de la fábrica de curtidos de San Diego –área que ocupa el actual Casino de la Exposición-, inmediata al Quemadero. Su hijo John hace gestiones para conseguir la primera lectura del epígrafe mostrándola a “moros africanos” de la ciudad quienes no entendían la inscripción. Sacaron calco de ella y la HISTORIAS ARQUEOLÓGICAS BAJO LA COLEGIATA DEL DIVINO SALVADOR DE SEVILLA 80 enviaron a Cádiz al padre Pedro Martín quien con mucha dificultad la tradujo. De acuerdo con estas noticias siempre se ha entendido que el fuste de Adabbás procede del Quemadero, habría estado en la colección de Wetherell y fue entregado en 1880 por la Comisión de Monumentos al Museo. Un detalle que puede tener importancia es que en los comentarios sobre la inscripción no se hace mención alguna al sentido vertical de la misma con respecto al fuste, que todo el mundo refiere por anómalo. No obstante, nuevas indagaciones ponen cierta duda en estas noticias tenidas hasta ahora por verídicas. El que nuestra columna estuviera en el Quemadero en 1809 implicaría o que bien se puso allá a fines del siglo XV, según comenta González de León -este triste edificio fue construido por los primeros inquisidores…- o con posterioridad al derribo de la colegial en 1671, debiéndose entonces reformar la estructura preexistente del propio cadalso. De estas hipotéticas operaciones no tenemos noticia por lo que no podemos abundar en ningún sentido. Sí podemos afirmar que es altamente improbable, aplicando la lógica, que la columna viniera de la venta de la Alcantarilla, en el arrecife de los Puertos. Este lugar se encuentra sobre el antiguo camino de Sevilla a Puerto de Santa María/ Puerto Real /Cádiz –los Puertos- en el actual término municipal de Utrera, a más de 20 km de Sevilla. No sólo es extraño que trajeran una pieza tan pesada de tan lejos, habiendo muchas otras similares más cercanas, sino más improbable todavía que del Salvador hubieran salido uno o los cuatro fustes y hubieran sido trasladados en primer lugar a Alcantarilla en un momento del s. XIV, bajo Alfonso XI, en que se fecha esta construcción utrerana. Según esta teoría, el fuste, o los cuatro, habrían sido arrancados del interior de la colegial entre 1248 y 1350, lo cual es absurdo. Los autores desconocían en aquella época que la columna procedía con seguridad del Salvador y trasmiten, no sabemos por qué, esta curiosa tradición. En favor del origen del fuste en el Quemadero está la noticia de F. González de León quien en 1839, personalmente, ayudó a su colega N. Wetherell ofreciendo detalles que han de ser verídicos. Por otro lado, conocemos otra noticia contradictoria con respecto a la columna epigrafiada de Adabbás (fig. 7). En este caso se trata de una curiosa y única referencia que aparece en un manuscrito inédito de José María López fechado en 1848, del mayor interés por su contenido: En el barrio de la Carretería, a la parte de afuera de la puerta del Arenal, y en una calle que da vista al río hay tendida y arrimada a la pared una columna árabe de mármol blanco, con inscripción grabada aunque algo maltratada. Su largo es de cuatro varas y su diámetro FERNANDO AMORES CARREDANO 81 tendrá una. Se ignora donde haya sido hallada, pero basta para curiosidad una exacta noticia de la situación de esta bella antigüedad. También los moros tenían costumbres abrir inscripciones en las columnas. La de ésta la tiene de lado, infiriéndose que esta columna estaría siempre tendida en donde quiera que sirvió, porque no siendo así, no se podría leer sus caracteres. Pero si fuese dable adivinar para lo que serviría, diría yo que estuvo en alguna de las mezquitas de Sevilla, y quizás en la mayor, que es hoy el sitio que ocupa la Santa iglesia catedral. El verdadero diseño es éste. Su mala conservación no permite se interprete, pero siempre diría probablemente alabanzas a Dios y Mahoma, según los formularios del Corán. Finalmente es un egoismo que no se haya recogido esta antigualla en el museo Provincial. Tras el análisis del manuscrito, entendemos que no se puede catalogar a este autor, J. M. López, como erudito sino como un aficionado que recoge y reelabora casi toda la información de escritos anteriores. Incorpora escasas novedades, más bien contextuales o de hechos urbanos que el mismo observa y comenta y en esos detalles es donde reviste mayor interés. Los comentarios sobre la columna de Adabbás, de lo cual no hay duda ya que la dibuja, - se trata del primer dibujo conocido de la pieza hasta la fecha-, merecen toda credibilidad. Los detalles que aporta lo son sobre una pieza que no tenía por entonces la menor importancia historiográfica como para inventarse nada acerca de la misma. No obstante es chocante la referencia al color blanco del mármol porque en realidad es gris-verdoso oscuro de forma evidente. La mención final sobre lo impropio de su abandono es bastante significativa por lo que no atinamos a poner orden definitivo en los pasos dados por la pieza desde su Fig. 7 Dibujo del fuste de Adabbás por José María López (1848) HISTORIAS ARQUEOLÓGICAS BAJO LA COLEGIATA DEL DIVINO SALVADOR DE SEVILLA 82 arranque de la colegial del Salvador hasta el Museo. En la fecha de 1848 ya ha muerto N. Wetherell († 1831) y estaba lejos la fecha de 1809 de desmonte del Quemadero pero existe la crónica de F. González de León, publicada en 1839. Por otro lado, en el barrio de la Carretería, citado por J. M. López, aún se encuentran varios fustes y capiteles romanos usados como elementos portantes en edificaciones de tipología de almacenes de los siglos XVII y XVIII y en esquinas, incluso con capiteles romanos. Esta abundancia de elementos antiguos en un área extramuros –reestructurada en aquellos momentospuede estar relacionada con la salida a la venta de las decenas de fustes del derribo de la colegial en 1671 entre las que pudo ir la de Adabbás, ajena a cualquier valoración cultural en el momento de su arranque. ¿Cómo resolver este entuerto donde varias crónicas son contradictorias y dos de ellas pueden tener razón? No es fácil decantarse por alguna hipótesis y deberemos esperar a que nuevos datos aporten luz sobre este asunto. En cualquier caso, sí nos interesa el que exista una posibilidad fundada de que nuestro querido fuste quede libre del oprobio de haber estado durante un tiempo asociado a aquel macabro monumento –triste edificiodonde se llevaron a cabo los relajamientos del Santo Oficio y que con su sola presencia ejercía la coerción social sobre la población. Tras estos inciertos destinos al aire libre, la columna de Adabbás se incorporó finalmente al Museo provincial de un modo que no acertamos a conocer con detalle. En su nuevo destino recibió una última marca sobre su piel profusamente epigrafiada, en este caso la cifra 258 en pintura negra, que se corresponde con su número de registro de entrada en los libros que atesoran los testimonios de nuestra memoria. El Museo, institución pública creada en la contemporaneidad, se materializa en un contenedor que, metafóricamente, sustenta ahora nuevos mensajes para la paz de los pueblos, un espacio de la Cultura. De igual forma, El Salvador ha re-visitado la totalidad de su historia desde la investigación histórica y arqueológica, exhumando, conservando e interpretando las huellas de su pasado. Recordando desde sus complejos restos a todos aquellos miles ¿millones? de fieles anónimos de distintos credos que han buscado y encontrado la paz orando en sus espacios. A aquellos otros que oraron en otras arquitecturas a las que correspondieron durante un tiempo sus columnas acumuladas y distintas, imponente colección de edificios antiguos que han servido para formalizar otros nuevos. A aquellos que buscaron permanecer en paz en sus tumbas, protegidos por sus queridos muros vecinos que tanto visitaron en vida. FERNANDO AMORES CARREDANO 83 Al hilo de las obras de restauración, el viejo fuste recaló por un tiempo en su lugar de origen conocido más antiguo, exhibiendo su mágica y palpitante presencia y sus herméticas genealogías. Quizás no sea casualidad que exista este excepcional testimonio de los tiempos de la ciudad y de las religiones, y que se haya salvado hasta nuestros días. Descanse por siempre en las arquitecturas de La Paz. HISTORIAS ARQUEOLÓGICAS BAJO LA COLEGIATA DEL DIVINO SALVADOR DE SEVILLA 84