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Cruz Andreotti, Gonzalo - Le Roux, Patrick - Moret, Pierre (eds.), La invención de una geografía de la Península Ibérica. I. La época republicana, Málaga, Centro de Ediciones de la Diputación de Málaga (CEDMA), 2006. 252 pp.

González Ponce, Francisco José

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EMERITA (EM) LXXV 2, julio-diciembre 2007 pp. 374-386 ISSN 0013-6662 EMERITA. Revista de Lingüística y Filología Clásica (EM) RESEÑA DE LIBROS LXXV 2, julio-diciembre de 2007 IV. HISTORIA Y SOCIEDAD pp. 374-386 ISSN 0013-6662 CRUZ ANDREOTTI, GONZALO - LE ROUX, PATRICK - MORET, PIERRE (eds.), La invención de una geografía de la Península Ibérica. I. La época republicana = L’invention d’une géographie de la Péninsule Ibérique (Actas del Coloquio Internacional celebrado en la Casa de Velázquez de Madrid entre el 3 y el 4 de marzo de 2005), Málaga, Centro de Ediciones de la Diputación de Málaga (CEDMA), 2006. 252 pp. La publicación del presente volumen es un ejemplo más del alza que en los últimos tiempos está experimentando el estudio de una disciplina importante y no siempre bien tratada en el conjunto de intereses de la comunidad científica: la geografía histórica (consúltese nuestra breve reseña al respecto en el número de la revista Iris [SEEC] correspondiente al último trimestre de 2006). La obra, como reconocen los propios editores en su breve pero clara y completa “Presentación” (en castellano, pp. 5-7, y francés: “Présentation” [pp. 9-11]), constituye la primera entrega (que cubre la época republicana y aglutina las ponencias presentadas en un Coloquio Internacional celebrado previamente en la Casa de Velázquez [marzo de 2005], organizado conjuntamente por la Universidad de París XIII y la de Málaga) de las dos que los editores se han propuesto elaborar sobre un tema tan sugestivo como el que ya figura en el título: el análisis del papel desempeñado por la disciplina geográfica, fuertemente especulativa y apriorística, máxime al tratarse del extremo Occidente, en el paulatino proceso de dominio territorial (e intelectual) de Hispania por parte de los romanos. La segunda parte de este análisis tomó cuerpo en abril de 2006, fecha en la que se celebró en la misma sede la continuación del Coloquio que ahora comentamos, centrado esta vez sobre la época imperial, cuyas reflexiones verán la luz próximamente en un nuevo volumen no menos prometedor que éste. El contenido del que actualmente hojeamos está estructurado en tres unidades perfectamente complementarias y lógicamente ensambladas. La primera de ellas (La representación geográfica de Iberia: tradición y evoluciones / La représentation géographique de l’Ibérie: tradition et évolutions, pp. 13-114) pretende ilustrar la progresiva concepción de Iberia, entendida como región extrema del poniente, en el marco del complejo diseño teórico de la ecúmene que logró bosquejar la geografía helenística. Y ello atendiendo a diversos aspectos: el papel de nuestro territorio en el esquema cartográfico vigente en la época (F. Prontera [Univ. de Perugia]: “La Penisola Iberica nella cartografia ellenistica”, pp. 15-29), su percepción por parte de los especuladores griegos anteriores a Polibio (D. Marcotte [Univ. de Reims]: “De l’Ibérie à la Celtique: géographie et chronographie du monde occidental avant Polybe”, pp. 31-38), la impronta colonizadora en la formación de su toponimia y etnoni- RESEÑA DE LIBROS – IV. HISTORIA Y SOCIEDAD 375 EMERITA (EM) LXXV 2, julio-diciembre 2007 pp. 374-386 ISSN 0013-6662 mia griegas (P. Moret [Casa de Velázquez]: “La formation d’une toponymie et d’une ethnonymie grecques de l’Ibérie: étapes et acteurs”, pp. 39-76), el papel del megalopolitano como mediador entre los tradicionales clisés helenísticos y el aporte empírico propiciado por la reciente dominación romana (G. Cruz Andreotti [Univ. de Málaga]: “Polibio y la integración histórico-geográfica de la Península Ibérica”, pp. 77- 96) y la configuración geográfica que traza de esta región Artemidoro de Éfeso (B. Kramer [Univ. de Tréveris]: “La Península Ibérica en la Geografía de Artemidoro de Éfeso”, pp. 97-114). De todo el libro es ésta la sesión que más interesa al filólogo y al especialista en geografía histórica sensu stricto. Destaca en ella precisamente la última comunicación reseñada, que aporta como gran primicia la edición de un pasaje hasta ahora ignoto de efesio (extraído del famoso papiro Galazzi-Kramer) en el que éste revela de primera mano las claves de su concepción geográfica de Iberia, antes sólo conocidas por transmisión indirecta. Pero no desmerecen las restantes comunicaciones, obras todas de muy destacados especialistas, que demuestran tratar con solvencia y escrúpulo las temáticas propuestas. La segunda parte del libro (De la exploración a la construcción de un territorio: el papel del conquistador romano / De l’exploration à la construction d’un territoire: le rôle du conquérant romain, pp. 115-174) está pensada como paso de la teoría geográfica a la praxis político-militar, o, más bien, como expediente de comprobación de la hipotética utilidad empírica de esas balbucientes deducciones alcanzadas por el pensador helenístico generalmente sobre la base de principios matemáticos o astronómicos. Tal es el cometido de las tres ponencias que integran esta sesión, bastante homogéneas a pesar de su parcial disparidad temática (P. Le Roux [Univ. de París XIII]: “L’invention de la province romaine d’Espagne citérieure de 197 a.C. à Agrippa”, pp. 117-134, F. Cadiou [Univ. de Burdeos III]: “Renseignement, espionnage et circulation des armées romaines: vers une géographie militaire de la péninsule Ibérique à l’époque de la conquête”, pp. 135-152, y M. Salinas de Frías [Univ. de Salamanca]: “Geografía real y ficticia de la epopeya sertoriana”, pp. 153-174 [de entre ellas destaca la segunda]). Y las conclusiones son absolutamente negativas: se desprende de su lectura que la concepción territorial de la península que se forjan sus nuevos dueños no es el resultado de la aplicación práctica de los principios estructurales de la geografía helenística, disciplina que, a lo sumo, desempeñó un papel muy secundario en el proceso de conquista, a modo de lejano telón de fondo. La nueva visión romana de Hispania obedece, por el contrario, al desarrollo y a la consolidación de lo que puede denominarse una “geografía militar”, basada en el cúmulo experimental de unos generales más preocupados por las circunstancias estratégicas concretas que por disquisiciones especulativas ajenas a sus intereses inmediatos. Y como ejemplo concreto de dicha realidad se ofrece la tercera y última de las sesiones que integran el volumen (Estudio de un caso: el noreste de Hispania, de los Pirineos al valle del Ebro / Etude de cas: le nord-est de l’Hispanie, des Pyrénées à la vallée de l’Ebre, pp. 175-240). Se demuestra una vez más cómo el progresivo control administrativo romano del valle del Ebro es el factor que condiciona la configuración geo-política del cuadrante nororiental de la península: términos como celtíberos y Celtiberia se consolidan a raíz de la expansión militar romana por dicha 376 RESEÑA DE LIBROS – IV. HISTORIA Y SOCIEDAD EMERITA (EM) LXXV 2, julio-diciembre 2007 pp. 374-386 ISSN 0013-6662 zona (P. Ciprés [Univ. del País Vasco]: “La geografía de la guerra en Celtiberia”, pp. 177-197), así como el papel de frontera asignado tradicionalmente a la cordillera pirenaica arraiga sólo a partir de las primeras maniobras bélicas romanas en su entorno (Chr. Rico [Univ. de Toulouse II-Le Mirail]: “L’«invention» romaine des Pyrénées, ou les étapes de la formation d’une frontière”, pp. 199-215 [trabajo interesante]) y el paulatino dominio geográfico del valle no es más que un reflejo del proceso de implantación romana, en clara sintonía con su jerarquización territorial (F. Beltrán Lloris [Univ. de Zaragoza]: “El valle medio del Ebro durante el período republicano: de limes a conventus”, pp. 217-240). La obra se concluye con un utilísimo apéndice (Resúmenes y palabras claves de las contribuciones [por orden alfabético] / Résumés et mots clés des contributions [par ordre alphabétique], pp. 241-248) en el que se ofrecen compendiados todos los contenidos tanto en castellano como en francés, aparte de su lengua original, en caso de que no sea ninguna de éstas. Y se añade a ello un práctico Directorio / Annuaire (pp. 249-250) donde se indican los datos identificativos (dirección profesional, e.-mail, etc.) de cada participante. Al final –y no al comienzo, como hubiera sido deseable– se incluye el Índice / Sommaire (pp. 251-252). Un libro, por tanto, elaborado con solvencia, orgánico, bien documentado, homogéneo y congruente en sus conclusiones, cuyo contenido admite en general pocas objeciones. Sólo en contadas ocasiones se echa en falta algo más de rigor. P. ej., en su escrupuloso trabajo P. Moret no repara (pp. 65-66) en que hoy día suele atribuirse a Caronte de Cartago el Periplo que la Suda imputa a su homónimo de Lámpsaco, aparte de que la cronología y la producción literaria de este último ha suscitado un debate filológico mucho más complejo de lo que allí se deduce (basta con revisar el dossier bibliográfico que ofrece al respecto G. Ottone, Libyká [Roma 2002], pp. 36- 45). De igual modo este mismo autor (p. 70) parece presuponer una finalidad utilitaria y práctica en la periplografía helenística que los muchos fragmentos conservados desmienten sin titubeos en favor de su condición eminentemente literaria. Hay ocasiones en las que se reproducen –casi al pie de la letra y con lujo de detalles– los conocidísimos postulados de P. Janni sobre la concepción hodológica del espacio (F. Cadiou: pp. 143-147 y P. Ciprés: p. 184) sin mención explícita de su divulgador original, al que sólo se cita de pasada y en escuetas notas (p. 147, n. 66 [sin siquiera reflejo en la lista bibliográfica] y p. 191, n. 52 respectivamente). Algunos aspectos se tratan muy a la ligera y con referencia a escasa bibliografía: tal ocurre en la noticia sobre las fuentes de la biografía sertoriana de Plutarco, cuestión en la que M. Salinas de Frías (p. 154, con expresión poco cuidada además: “quizá... quizás”) da a entender que habitualmente se considera como modelo a Salustio (con algunas aportaciones de Posidonio), cuando en realidad la crítica mantiene un arduo debate entre Salustio y Juba (hay bastante literatura al respecto). E igual ocurre en el caso del descrédito que merece a Polibio el relato de Piteas, tema de gran trascendencia que habría merecido un tratamiento mayor del que le da P. Ciprés (p. 182, n. 14) al despacharlo sin más mediante la seca remisión a un solo artículo reciente. En alguna ocasión se traduce de forma poco rigurosa e incompleta, como ocurre en la versión que P. Ciprés ofrece de PLB. III 17, 2 (p. 187, n. 34). Por último da la impresión de que, RESEÑA DE LIBROS – IV. HISTORIA Y SOCIEDAD 377 EMERITA (EM) LXXV 2, julio-diciembre 2007 pp. 374-386 ISSN 0013-6662 al no haberse conservado íntegra, F. Beltrán Lloris (p. 217) concede escaso valor documental a la literatura geográfica fragmentaria (Polibio, Posidonio o Varrón, jun- to a otros restos de mapas, periplos, geografías descriptivas –curiosamente hoy más numerosos que nunca– a la hora de reconstruir la visión geográfica de nuestra península en época de la conquista romana: evidentemente la inoportunidad de tal postura viene avalada por las propias conclusiones de la primera parte de este mismo libro. Tampoco desmerecen el conjunto algunas molestas incorrecciones en las citas bibliográficas, que también hay. Por poner algunos ejemplos: P. Moret habla de “MARCOTTE, D. (2002)” (p. 75) sin aclarar que se trata de una 2ª ed. (la 1ª es de 2000); Chr. Rico (p. 201, n. 10) remite a los “travaux de J. Gorrochategui” sin recoger luego en lista ninguno de éstos; F. Beltrán Lloris (p. 219, n. 9) alude a “FATÁS, F. (1998)” cuando en realidad se refiere a “FATÁS, G.”; pero nadie yerra más a este respecto que F. Cadiou, cuya lista bibliográfica (pp. 150-152) ofrece un compendio de anomalías poco justificables: falta alguna obra (“BERTRAND, A.C. [1997]” [pp. 143, n. 40 y 147, n. 66]), hay trastrueque en el orden (“ISAAC, B. [1992]”) y además errata (“PÉREZ LARCHAGE” en lugar de “PÉREZ LARGACHA”). Por lo demás, no se justifican muy bien en una obra que destaca generalmente por su pulcritud algunas (pocas) erratas: sirvan de muestra “Adroteríon” por “Akrotérion” (G. Cruz Andreotti: p. 89), “était” por “étaient” (P. Le Roux: p. 120) e “indicar que” por “indicar es que” (F. Beltrán Lloris: p. 223, n. 17), aparte de que se confunde “Peninsola” por “Penisola” en el encabezado del capítulo de F. Prontera (pp. 17-29) y se altera sensiblemente el título de la contribución de M. Salinas de Frías en el Índice (p. 252). Pero lo que menos justificación tiene es la proliferación de desajustes ortográficos, bastante abundantes éstos. Los hay en la presentación y en los resúmenes finales: “como” por “cómo” (pp. 7 y 246), en el capítulo de G. Cruz Andreotti: “esta” por “ésta” (p. 84) y “auna” por “aúna” (p. 89), y –sobre todo– se prodigan hasta el hartazgo en el de P. Ciprés: “gálos” por “galos” (p. 183), “arevacos” por “arévacos” (p. 184, corregido por ella misma una línea más adelante), “éstas acciones” por “estas acciones” (p. 186), “Polibio quién muestra” por “Polibio quien muestra” (p. 186), “Polibio, quién sitúa” por “Polibio, quien sitúa” (p. 187), “Bétis” por “Betis” (pp. 187, n. 37 [2 veces], 189, n. 47 y 194), “Mágón” por “Magón” (p. 188), “odológica” por “hodológica” (pp. 191 y 192), “aquél en el que” por “aquel en el que” (p. 191, n. 53), “pacifícadas” por “pacificadas” (p. 191, n. 53) y “aquél desde el cual” por “aquel desde el cual” (p. 192). Habría bastado con una somera revisión para evitar tales errores. Con todo, nada de lo dicho resta méritos a una obra que, aparte de lo ya destacado, sobresale por una presentación poco menos que impecable, y ello por dos razones principalmente: por la calidad y nitidez de sus muy numerosos mapas y –de forma muy especial– por la excelencia de sus igualmente abundantes textos griegos, carentes de erratas llamativas, algo inusual en estos casos. FRANCISCO J. GONZÁLEZ PONCE Universidad de Sevilla