"La Nación Índica” en el laberinto de la otredad: El sol en el mediodía de Terralla y Landa
Abstract
El análisis de El sol en el medio día (1790), relación de fiesta celebrada en Lima con motivo de la entronización de Carlos IV, comisariada y financiada por el líder indígena Bartolomé de Mesa y escrita por el poeta español Esteban de Terralla y Landa, arroja claves de interpretación especialmente significativas para el tratamiento de la temática de la alteridad y del protagonismo de la mujer en el contexto festivo-político virreinal.
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Eva Valero Juan “La Nación Índica” en el laberinto de la otredad: El sol en el mediodía de Terralla y Landa Dossier Género y alteridad en la América Colonial. Número 50, junio 2023, pp. 67-87 DOI: https://dx.doi.org/10.12795/Temas-Americanistas.2023.i50.05 67 “LA NACIÓN ÍNDICA” EN EL LABERINTO DE LA OTREDAD: EL SOL EN EL MEDIO DÍA DE TERRALLA Y LANDA 1 “THE INDICA NATION” IN THE LABYRINTH OF OTHERNESS: EL SOL EN EL MEDIO DÍA OF TERRALLA Y LANDA Eva Valero Juan Universidad de Alicante ORCID: 0000-0002-8246-0347 Resumen El análisis de El sol en el medio día (1790), relación de fiesta celebrada en Lima con motivo de la entronización de Carlos IV, comisariada y financiada por el líder indígena Bartolomé de Mesa y escrita por el poeta español Esteban de Terralla y Landa, arroja claves de interpretación especialmente significativas para el tratamiento de la temática de la alteridad y del protagonismo de la mujer en el contexto festivo-político virreinal. Palabras clave: Esteban de Terralla y Landa, relación de fiesta, nación índica. Abstract The analysis of El sol en el medio día (1790), party relationship celebrated in Lima on the occasion of the enthronement of Carlos IV, curated and financed by the indigenous leader Bartolomé de Mesa and written by the Spanish poet Esteban de Terralla y Landa, throws interpretation’keys especially significant for the treatment of the theme of otherness and the prominence of women in the viceregal festive-political context. Key Words: Esteban de Terralla y Landa, party relationship, indian nation. 1 Este artículo se enmarca en el Proyecto de Investigación “Fastos, simulacros y saberes en la América virreinal” (PID2020-113841GB-I00) dirigido por Judith Farré Vidal (CSIC).
Eva Valero Juan “La Nación Índica” en el laberinto de la otredad: El sol en el mediodía de Terralla y Landa Dossier Género y alteridad en la América Colonial. Número 50, junio 2023, pp. 67-87 DOI: https://dx.doi.org/10.12795/Temas-Americanistas.2023.i50.05 68 Proponer nuevos acercamientos a la temática de la “alteridad” en las obras hispanoamericanas coloniales requiere adentrarse en su espesura para tratar de localizar textos todavía poco explorados por la crítica, que permitan seguir auscultando una temática tan presente en la bibliografía sobre la Hispanoamérica virreinal. Los “bordes” del archivo colonial ofrecen en este sentido un amplio corpus textual, en el que las relaciones de fiestas contienen una densidad de significados especialmente relevantes para aportar nuevas perspectivas al estudio de la “otredad” y sus vínculos con el papel desempeñado por la mujer en las fiestas y en los textos que las describen. Si bien han proliferado las investigaciones referidas a las relaciones de fiestas en las últimas décadas, su abundancia nos deja todavía amplio campo de estudio. Tal es el caso de la relación escrita en verso por el poeta andaluz Esteban de Terralla y Landa sobre las fiestas acontecidas en Lima con motivo de la entronización de Carlos IV, cuya portada reza: El sol en el medio día: 2 año feliz y júbilo particular con que la nación índica de esta muy noble ciudad de Lima solemnizó la exaltación al trono de ntro. augustísimo monarca el señor don Carlos IV. En los días 7. 8. y 9. de febrero de 1790. Siendo subdelegado del pueblo del Cercado, d. Joseph Martín del Valle, y comisarios de las Fiestas d. Ramón Landaburu, don Ilario Gómez, y don Bartolomé de Mesa, teniente de milicias de su nación, y comerciante almacenista de esta dicha ciudad. Quien lo da a pública luz, ofrece, dedica, y consagra a la S.C.R.M. (que Dios guarde, y prospere). Su autor don Esteban de Terralla, y Landa natural de los reinos de España, y minero de S. M. en las provincias de Caxamarca, y Huamachuco. Impreso en la Casa Real de Niños Expósitos. Año de 1790. 3 Tal acontecimiento, la coronación de Carlos IV, fue, como explica Victoria Soto Caba, uno de los “más festejados en la España del siglo XVIII, tanto en ciudades populosas como en las más alejadas villas”, si bien la autora se refiere solo a las fiestas celebradas en España. Por supuesto, lo mismo ocurriría en las Indias, y en concreto en el Virreinato del Perú y su capital, Lima, de cuyas fiestas organizadas con motivo de dicho acontecimiento ha quedado un nutrido grupo de relaciones. Entre ellas, la escrita por Terralla y Landa tiene, 2 En el impreso original aparece el título de la relación completo en mayúsculas, con la separación de “medio día” que mantengo. 3 Reproducción digital en John Carter Brown Library: https://archive.org/details/elsolenelmediodi00terr/page/n11/mode/2up
Eva Valero Juan “La Nación Índica” en el laberinto de la otredad: El sol en el mediodía de Terralla y Landa Dossier Género y alteridad en la América Colonial. Número 50, junio 2023, pp. 67-87 DOI: https://dx.doi.org/10.12795/Temas-Americanistas.2023.i50.05 69 entre otras peculiaridades, una en particular: a diferencia de la relación oficial escrita por el letrado Francisco de Arrese y Layseca para la ocasión, no relata toda la fiesta completa de autoridades, gremios e indígenas, sino que se centra, tan solo, en la tercera parte de la festividad, la “fiesta de los naturales”, es decir, la protagonizada por la “nación índica” o “indiana”, como se denomina en el texto a la población indígena en el sentido de nación étnica propio de la época. Esta estructura tripartita de la fiesta había dado comienzo en Lima a principios del siglo XVIII, cuando se dio permiso a los indígenas para festejar a los monarcas españoles en grupo aparte. El hecho de que Terralla relate una sola parte de la fiesta, la de los indígenas dedicada a Carlos IV, como objeto diferenciado de la relación, tendrá, como veremos, relevantes significados y consecuencias en el devenir del texto, y nos sitúa en el centro de la problemática sobre la “alteridad” en un contexto tan complejo como es la postrevolución indígena de Túpac Amaru II en Cuzco en 1781 y el período preindependentista. Para situarnos en el contexto preciso, hay que recordar, en primer lugar, el dato histórico especificado por quien ha estudiado el texto y sus circunstancias, María Soledad Barbón: el 24 de diciembre de 1788, diez días después de la muerte de Carlos III en Madrid, una carta real (cédula real) fue enviada a América para informar a las autoridades coloniales de su fallecimiento y de la sucesión al trono de su hijo, Carlos IV. Los virreyes recibieron instrucciones para comenzar los preparativos para las exequias reales y la ceremonia de juramento para su sucesor y, finalmente, al concluir estos acontecimientos, para presentar un largo informe de las celebraciones. El 12 de mayo de 1789 la carta llegó a la Ciudad de los Reyes. Las exequias para Carlos III se celebraron en la catedral de Lima los días 9, 10 y 11 de agosto de 1789, y el 13 de febrero de 1790. Por último, la ceremonia de proclamación de Carlos IV fue establecida para el 10 de octubre de 1789, de modo que las fiestas populares fueron organizadas por los gremios profesionales y por los denominados en los textos “los naturales” desde enero hasta el 15 de febrero de 1790, con el fin de rendir al monarca el debido vasallaje. Asimismo, Barbón explica las cautelas de las autoridades españolas con las celebraciones indígenas tras las rebeliones de comienzos de la década de 1780 y concluye lo siguiente sobre la construcción de la imagen de los indígenas en la fiesta auspiciada y
Eva Valero Juan “La Nación Índica” en el laberinto de la otredad: El sol en el mediodía de Terralla y Landa Dossier Género y alteridad en la América Colonial. Número 50, junio 2023, pp. 67-87 DOI: https://dx.doi.org/10.12795/Temas-Americanistas.2023.i50.05 70 comisariada por uno de sus líderes en la comunidad limeña, Bartolomé de Mesa, quien a su vez es quien solicita y financia la relación de Terralla: The events of 1790 demonstrate that, despite the restrictions imposed by the Spanish authorities on indigenous festivals, there was still some room for Indian agency. After the Túpac Amaru rebellion of 1780–81, Indians seemed certainly eager to pledge allegiance and display their uncontested loyalty. At the same time, they also aptly used the festive fórum to craft a different, more confident self-image, thus implicitly reminding the authorities that the colonial order could not be maintained without their support. A la peculiaridad referida cabe añadir otra no menos importante, también señalada por Barbón: la inusual extensión del texto, que venía a engrandecer más, si cabe, el protagonismo de los indígenas. Se trata de ciento cuarenta y siete folios centrados exclusivamente en esta sección indígena de la fiesta, cifra que contrasta con los 101 folios de la relación oficial de Arrese, dedicada a la fiesta completa (de las autoridades, de los gremios y de la “nación índica”), y de los cuales solo diez están dedicados a la fiesta indígena. Como apunta la investigadora, la extensa relación de Terralla contribuía a eclipsar el papel protagónico del cabildo limeño como principal organizador de las fiestas monárquicas y nos instala en un laberinto de tensiones sociales e identitarias en el que dos piezas resultan clave, el autor de la relación, Terralla, y el comisario, Mesa. Aunque Barbón ha sintetizado la relación, aportado claves de interpretación y dilucidado el contexto y sus protagonistas, así como el destino del texto ‒que sería finalmente requisado por el cabildo limeño, junto con el conocido poema de Terralla Lima por dentro y fuera (1797), por tratarse este último de una vituperatio civitas también inaceptable para las autoridades‒, la riqueza y extensión de El sol en el medio día ofrece diversas líneas de investigación. Así pues, en este trabajo se pretende auscultar las tensiones que envolverían la gestión de “lo otro” y radicalizarían posiciones en este momento crucial de la historia del virreinato. Añadamos en esta introducción que la metáfora del título de la relación, El sol en el medio día, remite obviamente a la llegada del sol, identificado con Carlos IV, al hemisferio sur hispanoamericano, con el que se reconoce geográficamente el mediodía;
Eva Valero Juan “La Nación Índica” en el laberinto de la otredad: El sol en el mediodía de Terralla y Landa Dossier Género y alteridad en la América Colonial. Número 50, junio 2023, pp. 67-87 DOI: https://dx.doi.org/10.12795/Temas-Americanistas.2023.i50.05 71 hemisferio cuyo centro durante la colonia fue Lima, aunque a fines del siglo XVIII la considerada corte de la América meridional ‒como aparece en los textos de la época‒, ya no gozara de esa supremacía. En la “Canción oncena, y última” del texto, Terralla poetiza la metáfora: “Con atención a el principal respeto, / y a la alta dignidad de tanto objeto: / esta la que demuestra claramente / desde Oriente a Occidente, / y desde Septentrión al Medio-día, / el júbilo, contento, y alegría…”). Es decir, desde el norte hasta el sur se festeja al monarca, “que aunque en el mar del norte / tiene su cetro, su diadema y corte, / su potestad dilata con su imperio / no solo a este vastísimo hemisferio / del opulento clima peruano; / sino a el de Santa Fe, y al mexicano”. El laberinto de la otredad: la exaltación de la fiesta indígena auspiciada por un líder nativo y escrita por un poeta español Aunque el objetivo del presente trabajo no permite entrar en las relevantes perspectivas urbanas que presenta este texto, la frase en la Canción primera, “De la Plaza mayor todo el recinto / era una confusión, y un laberinto”, nos ubica en el escenario de la ciudad-teatro visibilizada como laberinto que remite a la urbs, pero que extrapolo para leer también en ella la encrucijada de la civitas, esa ciudadanía en la que “todas las sangres” ‒ que diría José María Arguedas en el título de su conocida novela‒ bullían durante la fiesta protagonizada por una de sus partes, la “nación índica”. Nos situamos por tanto ante un texto escrito por un poeta español, Esteban de Terralla y Landa, solicitado y auspiciado por el propio comisario, patrocinador de la fiesta y representante de la “nación índica”, Bartolomé de Mesa, y cuyo contenido discurre a través de un discurso epidíctico destinado a la exaltación del propio Mesa y de la “nación índica”, configurada en los términos de mejor vasalla de la monarquía. Tal intersección de identidades y la complejidad a la que aboca convierten este texto en uno de los más interesantes en el corpus festivo para el estudio de las alteridades varias que se determinan mutuamente en el convulso ocaso de la colonia. Conviene, en primer lugar, recordar algunos datos biográficos de ambos personajes históricos. Comenzando por el autor de El sol en el medio día¸ recordemos que Terralla y Landa fue un andaluz llegado a Lima en 1787 que se dedicó a la minería en las provincias de Cajamarca y Huamachuco. Diez años después publicó su conocido y controvertido
Eva Valero Juan “La Nación Índica” en el laberinto de la otredad: El sol en el mediodía de Terralla y Landa Dossier Género y alteridad en la América Colonial. Número 50, junio 2023, pp. 67-87 DOI: https://dx.doi.org/10.12795/Temas-Americanistas.2023.i50.05 72 poema Lima por dentro y fuera (1797), ejemplo tardío de estilo conceptista en el que el poeta lanzó una visión muy crítica sobre la ciudad. Cáustico y socarrón, Terralla descargó allí todo su sarcasmo en una diatriba contra la ciudad de los virreyes, sus grandezas y miserias, por lo que años después el poema sería requisado por las autoridades, como también ocurriría con El sol en el medio día. Sobre Terralla, es importante conocer también, para entender cabalmente su implicación en este texto representativo de la participación de la “nación índica” en las fiestas virreinales, que, como apunta Martina Vinatea, “tuvo como mecenas al virrey Teodoro de la Croix y cuando este regresó a España, se quedó sin respaldo, porque las familias acomodadas lo encontraban peligroso y libertino (siempre siguiendo lo que afirma Palma)”. A lo que Vinatea agrega: “Lo cierto es que la élite criolla, ‘la república de españoles’ del Perú le da la espalda y, por ello, a Terralla no le queda más que vincularse con la llamada ‘república de indios’”, a través de Mesa y del texto que nos ocupa. El sol en el medio Día se abre, tras la cubierta, con un retrato del comisario de la fiesta, Bartolomé de Mesa, lo cual escandalizaría a las autoridades limeñas por cuanto era inaceptable que la relación no fuera precedida, como era costumbre, de un retrato del homenajeado, Carlos IV, sino del “súbdito colonial que lo celebra”; retrato que serviría como motivo para que el cabildo solicitara al virrey la supresión del texto. Vestido con atuendo español, el retrato añade dos inscripciones que rezan: “Bartolomé de Mesa, Teniente de Milicias”, “Comerciante Almacenero y comisario de las funciones de la nación índica”. A los pies del retrato, en letra minúscula, se lee: “Costeó, el día suntuoso, y aplaudido, de máscara, loas y carros en las fiestas R del S d. Carlos IV; en Lima en 8 de febrero de 1790”. Tal pórtico a la relación sellaba desde el principio el protagonismo del auspiciador de esta fiesta, que se presentaba así como representante de la “nación índica” en su cualidad de descendiente de la realeza incaica y cuyo nombre entero es Bartolomé de Mesa Túpac Yupanqui. En ese sentido, resulta cuando menos significativo que, siendo el patrocinador de la propia “fiesta de los naturales”, Francisco de Arrese ni lo mencione en su relación oficial. Como informa la historiadora Teresa Vergara Ormeño: Con ocasión de la subida al trono de Carlos IV, Bartolomé de Mesa preparó una serie de actos en los que tomarían parte tanto las élites como el común de indios de la ciudad de Lima para celebrar el ascenso al trono del nuevo rey, celebración
Eva Valero Juan “La Nación Índica” en el laberinto de la otredad: El sol en el mediodía de Terralla y Landa Dossier Género y alteridad en la América Colonial. Número 50, junio 2023, pp. 67-87 DOI: https://dx.doi.org/10.12795/Temas-Americanistas.2023.i50.05 73 que duró del 7 al 9 de febrero. Bartolomé de Mesa jugó un papel central en esa celebración, pues no solo la organizó, sino que corrió con los gastos de los cuatro carros alegóricos que se presentaron y contribuyó con cuatrocientos cincuenta pesos para cubrir el costo de la corrida de toros que el común de indios no había logrado reunir. Para guardar memoria de la celebración, Bartolomé de Mesa solicitó a don Esteban de Terralla y Landa escribir el relato de las celebraciones y pagó el costo de la publicación que tituló El sol en el mediodía… La misma historiadora aporta las claves históricas para la comprensión de la fiesta indígena en honor al monarca, la fidelidad superlativa expresada en todas las manifestaciones poéticas, y el protagonismo de Mesa: El texto se imprimió en la Casa Real de Niños Expósitos y subraya la fidelidad de la nación índica a la Corona española y, en particular, la de Bartolomé de Mesa que no escatimó esfuerzos ni dinero para rendir homenaje y demostrar su fidelidad al nuevo rey. Es importante tener en cuenta que estas acciones ocurrieron en un momento complicado para las élites indígenas del virreinato. La rebelión de Túpac Amaru II y diversos levantamientos indígenas habían tenido lugar en numerosas regiones a lo largo de toda la década anterior, lo que generó un clima de profunda desconfianza de las autoridades coloniales con respecto a la fidelidad de las poblaciones indígenas. En ese contexto, era especialmente importante dejar constancia de la fidelidad de la nación índica residente en Lima a través no solo de la participación en las celebraciones, sino también dejando un texto que perennizara ese momento […] El financiamiento de las celebraciones y del texto, como el cuidado de cada detalle tenían para Bartolomé de Mesa una importancia capital porque era la manera de demostrar la fidelidad de los indios de Lima –élite y comunes–, es decir, de la nación índica de la ciudad en su conjunto, a la Corona española. Desde una perspectiva más individual, estas acciones debían permitirle alcanzar sus metas personales. Así pues, como señala Richard Parra sobre la participación indígena en otras relaciones de fiestas limeñas dieciochescas, entraban en juego intereses económicos, prestigio de cada reducción de indios y pretendidos réditos sociales para el comisario. En esta dirección, sigue al retrato la dedicatoria a la “S.C.R.M.” ‒Sacra Católica Real
Eva Valero Juan “La Nación Índica” en el laberinto de la otredad: El sol en el mediodía de Terralla y Landa Dossier Género y alteridad en la América Colonial. Número 50, junio 2023, pp. 67-87 DOI: https://dx.doi.org/10.12795/Temas-Americanistas.2023.i50.05 74 Majestad” ‒, en la que Bartolomé de Mesa dirige y consagra al rey la relación de Terralla, al tiempo que presenta el asunto del texto: el “justo debido aplauso, que unido a los de mi Nación ha podido contribuir nuestra inseparable lealtad”. La afirmación de la nación étnica indígena, que va a aplaudir y loar la coronación de Carlos IV, va seguida de la afirmación personal en la que se erige como representante ante el rey: “tuve el incomparable honor de haber sido electo comisario para el desempeño de la celebridad en la noticia de la exaltación al trono de la augusta real persona de V. M. (que Dios guarde)”. Tras esta referencia al hecho de haber sido los indígenas “los últimos en la sucesión del tiempo”, o sea, los últimos en la fiesta, apostilla que no los últimos “en el júbilo, contento, y alegría”, y ofrece “la descripción” al rey desde la “obediencia, y leal vasallaje”, “para aumento de la monarquía, y conservación de sus dominios”. Firmado “el más humilde, y reverente vasallo de V.M.”. A continuación, entra la voz narrativa del autor del texto, Terralla y Landa, con el clásico proemio titulado “Del autor al que leyere”. Empieza con la habitual captatio benevolentiae dirigiéndose al lector “benévolo, y benigno” y situando en el primer párrafo tanto el asunto de la fiesta, como, de inmediato, a su financiador (del festejo y de la relación): “costeado por el comisario de sus fiestas don Bartolomé de Mesa, quien deseando dar vivas señales de su fidelidad, ha querido completar su deseo con publicar las funciones de los indios naturales de la jurisdicción del Pueblo del Cercado de Lima”. De Mesa nos dirá también Terralla, para su alabanza, que “ha puesto toda la eficacia, y actividad posible, esmerándose en coadyuvar en todo”. Aparece también el virrey del momento, Teodoro de Croix, y Terralla explica el origen de la relación de la fiesta: Habiendo dicho comisario habládome para que le formase una breve descripción de sus carros, danzas y toros, fuimos de dictamen, que saliesen en ella a pública luz tan debidos encomios, y que no se sepultasen en el olvido estos aplausos: por eso van impresas después de la métrica descripción. Así pues, tras el relato de la fiesta de los indígenas, sus carros, toros y danzas, encontramos la serie de enigmas, que Terralla nos dice haber formado “para la diversión del público, y recreo del discurso”. Por último, el autor, en su resumen inicial del volumen, informa sobre el resto de su contenido: la inclusión de otros poemas y las loas que se pronuncian en cada uno de los carros. Concluye Terralla el proemio abundando en el protagonismo del comisario Mesa, que “dirigió, y costeó la función de carros de la tarde
Eva Valero Juan “La Nación Índica” en el laberinto de la otredad: El sol en el mediodía de Terralla y Landa Dossier Género y alteridad en la América Colonial. Número 50, junio 2023, pp. 67-87 DOI: https://dx.doi.org/10.12795/Temas-Americanistas.2023.i50.05 75 del día ocho poniendo el mayor esfuerzo a fin de que saliese todo con el lustre, y esplendor que se vio”, y sellando los sentidos del texto, relativos tanto a la forma como al contenido: “mi deseo ha sido el de acercar, y hacer presente en un estilo claro, y natural la celebridad, y júbilo de los indios: disimula lo malo, y diviértete con lo que hubiere menos malo, que no todas las hojas de un árbol son pálidas, y macilentas, y VALE”. Entre “lo propio” y “lo otro”, la fiesta y su relato Para adentrarnos en la construcción de la alteridad que discurre a lo largo de la relación de Terralla, es preciso señalar las dos dimensiones que se dan cita en el texto: por un lado, la que atañe a la fiesta en sí misma, organizada por el comisario indígena, y por otro, la relativa al relato del acontecimiento, en el que encontramos tanto la descripción de la fiesta indígena en sí, como por supuesto la subjetividad de la perspectiva occidental del autor, especialmente visible en pasajes de reflexión sobre los indígenas y su cultura, la conquista, la evangelización, o incluso sobre el factor idiomático; reflexiones que Terralla añade y que, en su conjunto, son fundamentales para la encrucijada de la alteridad que el texto convoca. Por tanto, en la construcción de la imagen indígena que se da en el texto convergen la esfera de la realidad del acontecimiento y la del constructo escritural. En consecuencia, se aúnan la autoconstrucción de los indígenas que organizan su propia fiesta y la visión que Terralla aplica sobre la misma. Un recorrido por la descripción de la fiesta resulta fundamental para introducirnos en los modos de representación de la comunidad indígena en la fiesta, desde esta visión peculiar y extraordinaria en la que se combina la identidad española del poeta y la identidad indígena del organizador. Comentado ya el proemio, la “Introducción preambular invocatoria” contiene la primera aparición de la “nación índica”: “siempre augusto en su ser, siempre laudable / es a quien hoy rendida, y obediente / la Índica Nación muy gratamente / aplaude de placer tan revestida, / que en Carlos funda, su consuelo, y vida”. Obediencia placentera al rey y vasallaje serán así la tónica general de la fiesta (la “gran fidelidad, / que profesa a su ínclito monarca, / la “Índica Nación”), nada novedoso respecto de la participación indígena en las fiestas coloniales si no fuera porque Terralla añade a continuación una reflexión que nos sitúa en la óptica de la alteridad, cuando argumenta sobre la necesidad del idioma español para relatar la fiesta de los indios: “y pues no alcanza su lenguaje índico, / para que exprese encomios el fiel indio / natural, del país, con eco
Eva Valero Juan “La Nación Índica” en el laberinto de la otredad: El sol en el mediodía de Terralla y Landa Dossier Género y alteridad en la América Colonial. Número 50, junio 2023, pp. 67-87 DOI: https://dx.doi.org/10.12795/Temas-Americanistas.2023.i50.05 82 / de los pueblos de indios principales, / dando de lealtad finas señales / a el monarca de España proclamando / a el trono augusto y regio exaltando”, nueva muestra de pleitesía y fidelidad de los pueblos indígenas al monarca. Al referirse a los bustos del rey y la reina, Terralla los presenta como “regios magníficos Athlantes […] que el Ophir poderoso peruano / a España le rindió, con franca mano”, asemejando a Lima con dicha ciudad bíblica famosa por su riqueza. En esta línea, Carlos IV es identificado después con Marte, dios de la guerra, y la escena es asimilada con el “carro de Phebo”, alusión que contiene la metáfora del sol en la tradición poética occidental. Para el enaltecimiento de toda esta escena “se ostenta Lima con su propio traje”, detalladamente descrito y representando las riquezas del Perú: “Si un caudal peruano lleva encima, / en joyas de diamantes, solo Lima; / que serían las ninfas, que por norte, / conduce en compañía, cuyo importe, / de alhajas ricas, y admirables joyas, / denotan del Perú las grandes boyas”. A esta riqueza de la capital como centro de la prosperidad, se une la serie de ninfas que representan a “las familias ilustres” de la misma, en referencia a las familias que configuran la “nación índica”, cuya representación política sucede a continuación: “el Cabildo actual de naturales, / con cuatro acompañados de oficiales, / de uniformes vestidos, va en su asiento / denotando su noble ayuntamiento, / con todas las insignias, que lo explican, y el índico gobierno testifican”. Así, vemos que el protagonismo de los mandatarios indígenas en la fiesta es resaltado en todo momento por Terralla en su texto: “Para que el lustre más se multiplique / un indio bien vestido a lo cacique / la danza presidía”. Si hasta aquí tenemos la relación de la fiesta organizada en los diferentes carros que representan a Perú, España, Lima y a los monarcas, El sol en el medio día prosigue con la parte titulada “Representación de las loas y celebridad de la Plaza” en la “canción séptima”, de la que cabe destacar, en lo que atañe a la configuración de la alteridad, la parte en la que las tres matronas que representan la metalurgia aparecen “en el traje de Américas”. Sumamente interesante resulta este capítulo porque profundiza en el mensaje político esencial del texto, la integración de España y América a través de la “fiesta de los naturales”: “en el traje de Américas han dado / señas de lo que son; mas no se extraña, / que las tres vayan juntas con España / que aunque se ven tan lejos / son de la misma España los espejos”. Una afirmación de unión y de pertenencia al imperio que se metaforiza en la
Eva Valero Juan “La Nación Índica” en el laberinto de la otredad: El sol en el mediodía de Terralla y Landa Dossier Género y alteridad en la América Colonial. Número 50, junio 2023, pp. 67-87 DOI: https://dx.doi.org/10.12795/Temas-Americanistas.2023.i50.05 83 imagen del espejo de América en el que España se refleja. A continuación, tras las matronas siguen subiendo todos los protagonistas de los carros a declamar las loas que Terralla añade al final del volumen. Todo ello rematado por el poeta con la idea de las “fiestas reales / ensalzando los brillos naturales / de la índica nación”, juego de palabras en el que esos brillos naturales que metaforizan a los propios “naturales” acentúan el objetivo de esta fiesta: ensalzar a la “nación índica”. Especial interés concentra a continuación la “canción octava”, que contiene la descripción de la fiesta de toros, en la que Terralla establece ahora su equiparación con la “fiesta gladiatoria” y, por ende, la de los indios con los gladiadores: “empieza la índica nación / a celebrar con suma ostentación / una fiesta gentílica de aquellas, / que al antiguo siguiéndole las huellas / en ellas imitaron al romano; / siendo alguno de ellos el cristiano: / lucha la fiera, fiesta gladiatoria”. Fijémonos en el adjetivo de la fiesta, “gentílica”, para sustentar el parangón entre incas y romanos vinculados por su gentilidad. A lo que se añade el atributo vinculado a la barbarie cuando, en esta misma canción, Terralla hace referencia al “gateado come-gente, / de vivo lo pintado diferente, / de todos los demás; pues cual caribe, / se come airado a aquel que lo recibe”. Interesa también en el siguiente folio el desarrollo de la mencionada imagen del espejo a través de la alusión explícita a la reproducción de Europa en América en todas sus dimensiones: “y lo mismo la América, sin tedio / medio mundo imitando, a el otro medio; / y así los naturales sin desdoros / lidian feroces fieras, que son toros”. De la canción novena, cabe destacar nuevamente la españolización de los personajes que representan a la “nación índica”: “de la índica nación, dos receptores / a mula, y con golilla, / y a la española antigua la ropilla; / pero con mucho adorno, y lucimiento / denotando su noble Ayuntamiento”. Nobleza y engalanamiento, pero al estilo español. Una aculturación que se materializa también en la propia fiesta de toros realizada por los indígenas y que Terralla, con gracia, expresa en esta “canción”: “no fue allí de la índica nación, / dando a entender los indios placenteros, / que por amar al rey se hacen toreros”. Resta analizar la “Conclusión”, correspondiente a la “canción oncena, y última”. Desde los versos iniciales dedicados a la síntesis de la fiesta real que “aventaron los indios naturales / de la ciudad de Lima y su comarca”, Terralla sazona esta última parte de la
Eva Valero Juan “La Nación Índica” en el laberinto de la otredad: El sol en el mediodía de Terralla y Landa Dossier Género y alteridad en la América Colonial. Número 50, junio 2023, pp. 67-87 DOI: https://dx.doi.org/10.12795/Temas-Americanistas.2023.i50.05 84 relación, previa a los anexos de poemas y loas, con referencias varias a algunas claves del texto. Así por ejemplo la que alude a la extensión del imperio “desde Oriente a Occidente, / desde Septentrión al Medio-día”, y, por tanto, al título de la relación y su referencia a ese sur que es el “medio día”: ese “vastísimo hemisferio / del opulento clima peruano” que incluye también “el de Santa Fe, y al mexicano”, para que “la cristiandad se extienda”. Un objetivo que a continuación se redondea con una síntesis de los propósitos de la fiesta eternizados en esta narración: “Esta es la narración en que se expresa / la lealtad presente, que profesa / el congreso de indios naturales / de los pueblos, estancias, y arrabales, / que el Rímac caudaloso en su desvelo / con lengua de cristales lame el suelo”. Tras esta poetización del asunto del texto y de la fiesta, cabe destacar toda la construcción de la alteridad que Terralla agrega a la fiesta en esta parte del volumen. Así, por ejemplo, la reiteración de la conquista espiritual como el mayor bien de la conquista: “la nación de los indios ya ilustrada, / y en acuerdos sacros dogmas doctrinada, / la idolatría detestando vana, / por abrazar la religión cristiana”. Versos tras los cuales Terralla se explaya en la idea de salvación por la religión cristiana que trajo consigo la corona de España, haciendo alusión a los capítulos más conocidos de la conquista. A ello se agregan las referencias constantes a la invalidez de la riqueza si está desprovista de la luz de la fe cristiana “¿De qué le aprovechará la grandeza / en la que el orbe todo se interesa / de este opulento Reino Peruano?”. “¿De qué el rico tesoro?”, se pregunta Terralla, insistiendo en la temática de la fiesta protagonizada desde el comienzo por la metalurgia. En esta dirección, sigue una descripción pormenorizada de todos los lugares del Perú que guardan sus riquezas: Huancay, Angaraes, Huantayaya, Carabaya, Parinacocha, Huarochirí, Achocaya, etc. Por supuesto, Terralla subrayará en esta enumeración el cerro de Potosí como símbolo del tesoro del Perú: “De qué de Potosí la mucha plata, / que por toda la tierra se dilata, / en que haya cerro alguno, que le estorbe / el ser más poderoso en todo el orbe?”. Una idea que a continuación se remacha con la utilización del tópico que desde los textos de Colón equipara América con el paraíso, en este caso circunscrito al Perú: Y últimamente “¿de qué aquella montaña, / que oculta en lo inferior de dura entraña / en metales de azogue, plata, y oro / el mayor de los reinos el tesoro, […] en pájaros pintados, yerbas, frutos, y otros del orbe asombrosos vegetales / que dan de paraíso las señales?”.
Eva Valero Juan “La Nación Índica” en el laberinto de la otredad: El sol en el mediodía de Terralla y Landa Dossier Género y alteridad en la América Colonial. Número 50, junio 2023, pp. 67-87 DOI: https://dx.doi.org/10.12795/Temas-Americanistas.2023.i50.05 85 Toda esta descripción mitificadora de los frutos de la tierra peruana, tipificada en la visión de América como paraíso terrenal, es utilizada por Terralla para a continuación expresar su ínfimo valor de no haber sido conquistada por España, y, por tanto, evangelizada: “De nada le sirviera, / si conquistado en parte no estuviera; / si en él no hubiera religión cristiana. / Esta fiel reflexión el indio hace, / y grato a su monarca le complace: / vive reconocido, / de que a Dios por España ha conocido”. Como consecuencia, según Terralla el indio vive eternamente agradecido al monarca, un agradecimiento cuyos motivos enumera en un discurso poético en el que la exageración y el tono superlativo denotan la necesidad de sustentar, con todo tipo de argumentos, la justificación de la conquista y la colonización. Por último, cierra el volumen la parte titulada “Apendix. Canción única”, de la que cabe reparar en algunas cuestiones para concluir. Escrito a modo de balance final, hay que destacar dos cuestiones enlazadas: en primer lugar, el sentido mitificador conclusivo de la “nación índica” que imprimen partes como: “el timbre, y el blasón, que el indio cobra / en sus carros famosos, y triunfales”, o: los indios fieles, y leales, / lucieron con primor, y con grandeza / como el público todo lo confiesa; excediéndose en todo, como es llano, / el porte primoroso, siempre ufano / de la Índica Nación, / que en este imperio / llenó del todo tanto ministerio; desempeñando alegre sus deberes. En segundo lugar, el aplauso y loa a quien representa a tal nación y quien es, a la postre, el responsable de todo este esplendor de los indígenas en la fiesta, tanto en lo que atañe a su organización como a su patrocinio, Bartolomé de Mesa Túpac Yupanki: “Fue en las ideas principal cabeza / el Comisario Mesa, /de quien es la inventiva, y dirección…”. Así pues, el texto que sirve de apéndice se afana en el enaltecimiento de Mesa por parte de Terralla ‒y en el de la nación étnica que representa‒ remarcando el protagonismo con el cual se pretendía afirmar su relevante posición en la sociedad limeña de los últimos años del siglo XVIII. Desde esa condición asentada en la esfera de la realidad ‒la fiesta organizada‒ y en la dimensión del testimonio o esfera letrada ‒los textos encargados para dejar memoria de la misma‒, el comisario esperaría obtener los beneficios correspondientes por la organización y financiación del gran festejo de la comunidad indígena en honor al nuevo monarca. Con todo ello, el texto de Terralla se erige al final del volumen en el
Eva Valero Juan “La Nación Índica” en el laberinto de la otredad: El sol en el mediodía de Terralla y Landa Dossier Género y alteridad en la América Colonial. Número 50, junio 2023, pp. 67-87 DOI: https://dx.doi.org/10.12795/Temas-Americanistas.2023.i50.05 86 testimonio que confiere perpetuidad al acontecimiento: “existiendo perpetua en los Anales / la oblación de los Indios Naturales: / quienes por mayor fruto / este tributo añaden al tributo / repitiendo por timbre, y por hazaña: / que viva Carlos IV. Rey de España”. Un final tras el cual se añaden dos décimas bajo el título “Un apasionado de don Bartolomé Mesa 4 se explica en las siguientes décimas”, la primera, y “En aplauso de don Bartolomé de Mesa, y del desempeño con que acreditó su amor y fidelidad en las Reales Funciones produjo un afecto las siguientes”, la segunda. Tales aplausos sellan el protagonismo de Mesa en esta fiesta (“Lució Mesa en la función / como el público confiesa”) y nos permiten imaginar toda una escenificación indígena en la que la intensificación de su representación estereotipada y aculturada, que venía desarrollándose durante todo el siglo, tiene un ejemplo relevante en este texto de 1790. En síntesis, la escritura de la fiesta por Terralla y Landa configura una alteridad en la que la exaltación del indígena no elimina prejuicios sobre su naturaleza arraigados desde la conquista. Tales prejuicios, o la perspectiva occidental del relator, no impedirían sin embargo la solicitud por parte del cabildo limeño de prohibición de un texto que otorgaba todo el protagonismo de la fiesta por la entronización de Carlos IV a un líder indígena y a la “nación índica”, especialmente representada en la fiesta por figuras femeninas. Todo ello nos sitúa ante un texto paradigmático de las alteridades varias que se tensionan y colisionan en el complejo contexto histórico de los estertores de la Colonia, cuando las distintas naciones étnicas que en ella convivieron durante tres siglos se afanaron en asentar sus posiciones ante el cercano nacimiento de la nación política que se atisbaba en el horizonte. 4 La fluctuación a lo largo del volumen entre Bartolomé Mesa y Bartolomé de Mesa evidencia la introducción del “de” con pretensión de dotar al nombre de esencia aristocrática.