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La "Tauromaquia" de Goya y la invencion de la corrida moderna

Romero de Solís, Pedro

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V EXPOSICIONES Revista de Estudios Taurinos Nº 2, Sevilla, 1995, págs. 149-181 LA "TAUROMAQUIA" DE GOYA Y LA INVENCION DE LA CORRIDA MODERNA 1 Pedro Romero de Solís Fundación de Estudios Taurinos INTRODUCCIÓN2 11 a historia de la Tauromaquia padece, entre otras zonas oscuras, una que se resiste particularmente a su aclaración definitiva: nos referimos a esos años del siglo XVIII en los que la sociedad urbana asiste a la invención de la corrida de toros moderna. Dicho con otras palabras, queda por desvelar el proceso por el cual la corrida 1 La Real Maestranza de Caballería colgó, del 19 de octubre al 20 de noviembre de 1994, la exposición de la serie de grabados de Goya La Tauromaquia en su sa la de la Plaza de Toros de Sevilla. La Serie había sido cedida por el Sr. March, su propietario. El Excmo . Sr. Don Tulio O'Neill, marqués de Ca ltój ar y, teniente de hermano mayor de la Real Maestranza de Caballería de Sevilla, presidió la inauguración que fue precedida de dos conferencias: la primera, dictada por don Juan Miguel Serrera Cont reras, profesor de Historia del Arte de la Universidad de Sevilla, que disertó sobre "El grabado de Goya en el contexto de la estampa occidental" y, la segunda, pronunciada por don Pedro Romero de Solís, profesor de Sociología, asimismo, de la Universidad Hispalense que expuso la materia que en este artículo se reproduce. Para un sucinto resúmen de la exposición del Dr. Serrera ver nota 1 1 . 2 Este artículo se de sarrolla según el sig ui ente sumario: Introducción; l. La corrida canónica en Goya; !l. La suerte de quebrar; Ill. La suerte de la garrocha; IV. La suerte de 150 Pedro Romero de Salís caballeresca da paso a otra de corte popular en la que el definitivo protagonismo lo adquieren los toreros de a pie reposando, sobre ellos y en adelante, el monopolio de la responsabilidad sacrificial. En el prin:ier cuarto del siglo XVIII la actividad taurina debió descender notablemente a consecuencia, primero, de la guerra de Sucesión y, segundo, de la poca inclinación que, en el principio de su reinado, mostró Felipe V y, con él, los responsables, en la Corte, de la organización de fiestas y celebraciones. Ese fue un tiempo en que, ya fuera por imperativos de cortesía, ya por las heridas dejadas, en el cuerpo de la Nobleza, los contradictorios compromisos asumidos en el enfrentamiento cruento, entre las dos dinastías -Austrias y Borbones- , lo cierto es que, habiéndose producido, en términos cuantitativos, el mencionado descenso, la totalidad de los historiadores de la Tauromaquia, tomando la apariencia por fundamento, coinciden en señalar que, en ese momento, se produce, respecto de la Tauromaquia, la total deserción de la Nobleza. En realidad los historiadores burgueses sólo han podido detectar, en los caballeros, un cierto abandono de la lidia espectacular de toros. Escribimos espectacular con un énfasis especial ya que, en otro lugar, hemos tenido ocasión de corregir esta versión ideológica y particularmente oportunista que han hecho, de la mencionada retirada, los historiadores burgueses, recordando que el abandono no fue sino una fecunda retirada puesto que buena parte de los miembros de la Nobleza, que se hallaban incómodos en la Corte, se reinteresaron por el campo, mancornear; V. Epílogo, Es parte de un estudio más amplio ~n el que se tiene en cuenta además de las mencionadas, las suertes de la mesa, de matar saltando en una silla, de poner rejones a horcajadas de un toro así como la de echar perros al ru edo. Por problemas de espacio, en esta ocasión, no serán todos desarrollados. La "Tauromaquia" de Gaya y la invención de la corrida moderna 151 y con él, por las ganaderías de reses de lidia contribuyendo, de forma determinante, a la creación -a la sorprendente invencióndel toro bravo: su interés por este animal y por los rituales que tradicionalmente le estaban adheridos, les impulsó, además, a través de las Maestranzas de Caballería, a la erección de arquitecturas especializadas en la lidia, es decir, en las plazas de toros3• En consecuencia, los nobles, imposibilitados de lidiar en las plazas mayores, en los centros emblemáticos de las ciudades de la época, por motivos de cortesía caballeresca, reorientaron positivamente su taurinismo inventando, nada menos, que las ganaderías de reses bravas y construyendo las primeras plazas de toros exentas4• Así pues, en ese mismo momento, en que el toreo caballeresco, por así decir, decae, en la Corte adquieren relevancia especial, a los ojos de los interesados y de los 3 El propio autor de es te artículo en el libro Sevilla y la Fiesta de Toros, escrito con A. García-Baquero e L Vázq ue z y publicado por el Ayuntamiento de Sevilla en 1980 (2' ed. en 1994), participó de esta ingenua interpretación. Posteriormente y, en suces i':'as pub li caciones, ha ido destacando el papel de la Nobleza en la invención de las corridas de toros convencionales: por ejemplo "Una Plaza con nombre propio. La Maestranza un símbolo de la ciudad" en Architectura/ Digest, 1990, IV, 30 (número monográfico dedicado a Sevilla); "Una demencia genial. En torno a los 01ígenes de la Plaza de Toros de Sevilla" en Revista de Primávera del Exmo. Ayuntami en to de Sevilla, l 992a; "Sevilla y la invención de las corridas de toros" en Toros. 25 viejas postales 25, Sevilla, Comisaría de la Ciuda d de Sevilla, l 992b y, finalmente, "L'invention du ruedo. La plaza de toros de Sévilfe et les ruines de Pompéi" en Gradhi va . Revue d'H isr oire et d'Archives de l'Anthropologie, París, nº 16 , l 994b. Prolongaciones y consecuentes de este mismo tema han sido retomadas por el autor en .publicaciones que están próximas a ver la luz: "Público de toros y opinión pública" en Boletín de Loterías y Toros (Facultad de Geografía e Historia, Universidad de Córdoba) y "Le mythe du taureau: la nobl esse " en La Tauromachie, París, Editions du Felin/Saui·amps: 4 El primer movimiento para construir una plaza de toros exenta lo lideraron los nobles sevillanos hermanados en la Real Maestranza de Caballería de Sevilla (Romero de Solís, P. , l 994b: 67-77). 152 Pedro Romero de Salís llamados a ser nuevos protagonistas, tanto las fiestas populares de toros como el conjunto de las intervenciones que habían ido teniendo al filo de los últimos años, los chulos y, en general, todo el peonaje que salía a la plaza al servicio de los caballe - ros. Entendemos que Goya es un lúcido intérprete de este movimiento. Cuando hablamos de rituales taurinos nos estamos refiriendo a las fiestas populares de toros, esto es, a las corridas que se celebraban, y se siguen celebrando, por las calles y las plazas mayores de numerosos pueblos de España, Portugal y Francia. Entre ellas se encuentran capeas, encierros, toros embolados, toros de fuego, etc. 5 Acudiendo a una taxonomía etnográfica las denominamos fiestas populares basándonos en el hecho de que pretenden la participación voluntaria de todos los habitantes de la aldea o de la ciudad: ya sean como espectadores -que se colocan detrás de las talanqueras tendidas por los propios ayuntamientos para aislar, del resto del casco urbano, el circuito donde se corren los toros o que se encaraman en las rejas de los balcones- , ya sean como actores, pues todo aquel que lo desee puede entrar en el terreno del toro y burlar, jugando con los procedimientos que la imaginación en ese instante le dé a entender, sus embestidas6. Muchas de las Pedro Romero de Solís ha abordado en numerosas publicaciones las fiestas populares de toros de Andalucía de las que hace, para la Dirección General de Bienes Culturales de la Consejería de Cultura de la '.Junta de Andalucía, un Catálogo Etnográfico. Asimismo prepara, en la actualidad, un número monográfico sobre Las Fíes/as de Toros en Andalucía para Demófilo, Revista de Cultura Popular que edita la Fundación Machado de Sevilla. 6 Estas corridas populares no suelen tener, por lo general, un de sa~ro llo círcular: los toros recorren libres las calles que lejos de seguir recorridos curvos tienen, por así decir y aunque solo lo fuera simbólicamente, un desarrollo lineal, en suma, urbano . La "Tauromaquia" de Gaya y la invención de la corrida moderna 153 suertes que van a nutrir a la corrida de toros moderna provienen de este rico y antiquísimo venero. La obra de Goya parece traducir con perfecta exactitud la importancia de esta dimensión popular de las corridas puesto que una gran arte de su obra a ella está dedicada (Fig. nº. 37). Fig. nº 37.- Ejemplo de fiesta popular de toros: capeo en una aldea. Goya: Dibersion de España, 305 x 410, litografía, de la Serie Los Toros de Burdeos, Gironde, 1825 (Apud .: Pérez Sánchez y Gállego, 1994: 255). Las fiestas populares aparentemente se celebraban, y se celebran, tan sin orden ni concierto que siempre han producido el escándalo, el desprecio y el rechazo de las personas que se Cuando los toros finalmente alcanzan la plaza mayor es el público el que, al rodear espontáneamente al toro, crea el ruedo, como el propio Goya ilustra en la Fig. nº 37 (Romero de Solís, P., l 994b). 154 Pedro Romero de Salís autoproclaman compulsivamente individuos de orden o cultas pero que, en realidad, sólo se caracterizan por su actitud acrítica y genuflexa ante el orden,público. Recordemos, a este respecto, la composición literaria de Baltasar del Alcázar A la fiesta de toros en Los Molares escrita a finales del siglo XVI, en la que por ~ 1'1QCt111 d abuso de corree por la ~ aovillos y toros, que llaman de cuerda, ui de día como de noche . ~··•Mf). Fig. nº 38.-Real Provisión de 1790 por la cual se prohibe correr toros ensogados por las calles de Barcelona (Apud.: Díaz Arques, 1931). el poeta abomina de la anarquía que que arrastra ciegamente al pueblo al que llama, por su comportamiento tumultuoso, «miserable e incivil» (Romero de Solís, P. et al., 1994a: 58-60). La "Tauromaquia" de Goya y la invención de la corrida moderna 155 De ahí que, a lo largo de los siglos, unas veces por mandato de la Iglesia y otras por imperativo del Estado hayan sido estas fiestas, a menudo, proscritas, prohibidas (Fig. nº 38). Respecto a quién detenta el protagonismo en la fiesta popular es preciso recordar que es el pueblo anónimo, es decir, en esta celebración no existe ningún protagonista individu,al puesto que la esencia misma de la fiesta es la participación irresponsable y anónima del pueblo transmutado en multitud y actuando en tumulto7• Muy distintas, en cambio, eran las fiestas de toros nobiliarias: el toreo caballeresco. A tenor del contenido de las numerosas relaciones poéticas que, de las fiestas nobiliarias y en alabanza de sus lidiadores, se escribían así como por las Reglas de Torear que se fueron estableciendo y editando a lo largo de los siglos XVI al XVIII, sabemos hoy que se trataba de un combate dirigido por caballeros de la nobleza, naturalmente jinetes de bravos corceles, en el que primaba el culto a la forma, el acatamiento al orden, el gusto por la disciplina y la glorificación de la jerarquía, es decir, todos los valores hegemónicos eil el seno de la sociedad aristocrática. Hemos. de recordar, además, que este tipo de lidia, y el espectáculo barroco que era su consecuencia, fue tan importante para los españoles y un motivo de propaganda para las clases superiores tan excepcional que pronto'fue objeto del interés de los escribas8 . Así, muchos individuos cultos, que por alguna razón se 7 La teoría del tumulto que pretende explicar el fundamento de las corridas de toros ha sido expuesto por P. Romero de Solís en García-Baquero, A.; __ y Vázquez Parladé , l., 1994a. 8 Sin embargo, que sepamos, la única monografía escrita sobre las reglas de torear es la de José M'. Cossío, su gran monografía: "Historia de la Preceptiva Taurina" (Cossío, J. M., 196 9: II, 1-82). 156 Pedro Romero de Salís hallaban próximos a la organización o a la práctica de estas corridas de toros, no pudieron sustraerse a la atracción de ocuparse de las mismas: unas veces, para componer versos de alabanza a los organizadores y a sus actores y, otras, para dejar constancia del código de conducta aristocrático que debía presidirlas, a la vez que elaboraban las Reglas de esta tauro.maquia, las cuales han terminado por ser una de las fuentes principales de que disponemos para entender el toro éaballeresco en su plenitud. Este tipo de fiestas dominó el panorama espectacular a lo largo de los siglo XVI y XVII y prosiguieron celebrándose, aunque ya con mucha menor convicción, en el XVIII e, incluso, en parte del siglo XIX. Sin duda nuestros museos, bibliotecas y archivos, guardan abundantes testimonios de las mismas por lo que son mucho más numerosos los de orden literario que los de icónico: es decir, tenemos más descripciones en verso o en prosa de funciones reales que representaciones en imágenes transmitidas por óleos o grabados, insculturas o ·aguadas. No obstante, las que conocemos resultan suficientes para darnos una idea bastante precisa de lo que eran las corridas de toros de corte caballeresco. A finales del siglo XVII y, . mucho más, en el siglo XVIII, las relaciones poéticas van depositando, aquí y allá, algunos testimonios de la intervención popular en el curso de las corridas nobiliarias -intervenciones hasta entonces rigurosamente prohibidas-con el pretexto de ayudar a los señores cuando éstos se veían apurados .por la pujanza de los bravos. Esta ayuda, a veces, degeneraba en una franca competencia entre chulos y caballeros por destacar ante los espectadores y llevarse las palmas del público. La "Tauromaquia" de Gaya y la invención de la corrida mod erna 163 .. Fig. nº 42.- La suerte de banderillas. Goya: El recorte del famosísimo Pepe-Hi/lo. Mientras Pepe-Hit/o pone en suerte al toro recortándolo un banderillero se dispone a parear (Apud.: Pérez Sánchez y Gállego, 1994: 186, nº 29). Fi g. nº 43.-La suerte de mata r. Goya: Estocada de muer/e mientras el diestro se adorna tocando el pitón y un peón se prepara para hacerle el quite (Apud.: Pérez Sánchez y Gá ll ego, 1994: 195 , nº 2 adicional) . 164 Pedro Romero de Salís Il .- LA SUERTE DE QUEBRAR Por ejemplo, tomemos la estampa mil veces reproducida El estudiante de Falces (Pig. nº. 44). Si de este personaje, nunca sabemos con seguridad si es estudiante o licenciado, es cierto que lo encontramos embozado, y siempre errático, misterioso, en la plaza. A. P~rez Sánchez y J. Gállego recuerdan que, cuando Goya grababa su serie de La Tauromaquia, el licenciado de Palees era un artista ya legendario de la historia del toreo 13 • Dado que nació en 1709 lo más seguro es que Goya no llegara a conocerlo pero sí parece del todo seguro que tuviera noticias suyas en virtud de la tradición de su fama 14 . Mientras que José de Gomarusa en su Carta Apologética de 1793 escribía del licenciado de Palees que «hizo varias veces rendir al toro sin salir del recinto marcado por él mismo en la arena, sin desembozarse siquiera de la capa» (Cf.: Cossio, J. M., 1969: II, 789), sin embargo, Pernández de Moratín, en su Carta Histórica de 1777, solamente lo calificaba, sin hacer referencia a la suerte del quiebro, de «diestrísimo» capeador (Pemández de Moratín, N. , 1926: 143b). A pesar del silencio de Moratín, sin duda la práctica de quebrar era una costumbre popular que enardecía al público pero que también, en anterior época, había sorprendido e interesado a algunos personajes tan destacados como, por ejemplo, el propio Carlos II. En la mencionada Carta, dirigida al aragonés príncipe de Pignatelli, Nicolás Pemández de Moratín escribía que su anciano padre contaba «que en tiémpo de Carlos 13 Cos sío identifica a Falces con un tal don Bernar do Al ca l de del que habla también Jo seph D az a, el varilarguero de Manzanilla ( 1969: Il, 789). 14 Me permito recordar que Goya nació en 1745. La "Tauromaquia" de Gaya y la invención de la corrida moderna 165 II dos hombres decentes se pusieron en la plaza delante del balcón del rey, y durante la fiesta, fingiendo hablar algo importante, no movieron los pies del suelo, por más que repetidas veces les acometiese el toro, al cual burlaban con sólo un quiebro de cuerpo u otra leve insinuación; lo que agradó mucho a la Corte» (Fernández de Moratín, N., 1926: 143b) 15 . Fig. nº 44.- Goya: El diestrillo estudiante de Falces, embozado, burla el toro con sus quiebros (Apud .: Pérez Sánchez y Gallego, 1994: 177, Lám. 14). Así pues, tal como lo describía Gomarusa, lo dibuja Goya. Mas, aunque nuestro grabador no tomara de la realidad la suerte de Palees, es probable que hubiera visto hacer lo 15 El texto de A. Pérez Sánchez y J. Gá!lego, hace un reflexión equivoca sus autoridades pues, cuando citan la Carta-Histórica de Moratín, en realidad, se refieren a la Carta Apologética de Gomarusa (1994: 177). Carlos II reinó de 1661 a 1700). 166 Pedro Romero de Salís mismo, a muchos otros mozos, en la plaza de Zaragoza y, quizás, en otros lugares del norte de España, puesto que como hemos sabido después, el quiebro, ejecutado por el licenciado, era una de las suertes fundamentanles del modo de torear navarro-aragonés. El toreo del antiguo reino de Aragón, como veremos a continuación, cayó a consecuencia, muy probablemente, del avance implacable del modo de torear andaluz. Aunque expulsada de las plazas de toros de España, la suerte de Palees, con ligeras variantes, sigue practicándose en Francia, al sur de Burdeos, en la región de Las Land~s, y ocupa el centro dramático de lo que se denomina, en aquel país, la corrida landesa. Sin embargo, es, también, interesante recordar que en la fiesta popular que todavía se celebra en Palees (Navarra) (Fig. nº 45) -el encierro del Pilón-los mozos corren delante de Fig. nº 45.- El encierro del Pil. ón en Palees (Navarra) (Apud.: García Rodero, 1993: Jám. 144). unos toros que precipitan desde lo alto de un monte vecino a cuyos pies se encuentra el caserío de la aldea. El juego consiste en quebrar al toro que, burlado, prosigue su carrera cuesta abajo, sin posibilidad dé volverse y acometer al burlador, debido a la inercia que le imprime la pendiente. La " Ta uromaquia" de Gaya y la inven ción de la corrida moderna 167 El Arte de Torear que publicara Pepe Yllo, por primera vez en Cádiz en 1796, cerró el pro ceso de codificación dejan - do fuera, definitivamente, esta emocionante suerte que, como hemos podido ver, no sólo fue del gusto del pueblo sino de la propia Corte. Debió emocionar tanto a los espectadores, y a Goya en particular, que marcó indeleblemente su memoria hasta el punto de inmortalizar la suerte con su buril ¿La burla cogió el camino de Francia como parece indicarlo las costumbres taurinas de las ayer aguanosas landas bordalesas? ¿Se practicaba allí, también, desde antiguo? No lo sabemos pero, en cualquier caso, la suerte de quebrar al toro, que sólo es ejecutada hoy, en las plazas españolas, por algunos toreros en el tercio de banderillas, en el proceso de invención de la corrida moderna quedó, prácti~amente, fuera de la misma y volvió a buscar acomodo en el mismo lugar de donde salió: en las fiestas populares de algunos pueblos navarros como el mencionado Palees, en las corridas populares que se celebraban en los pueblecitos de Las Landas de Francia16. Entendemos pues, que Goya, además de los grabados que reproducen las suertes de la corrida de su tiempo, dibujaba otras escenas que, como ésta del quiebro, posiblemente las contemplara en su temprana infancia o tuviera, de ellas, referencia por medio de las apasionadas descripciones que los aficionados hacían en las tabernas y mentideros taurinos de la época17• · 16 . Más modername nt e se ha acomodado, con la intención de producir la estup efacc ión . del púb li co infant il , en las charlotadas españolas. 17 Para conocer las consecuencias de la prolongación literaria de las corridas en los mentideros. Ver Domingo Fourni er (socio co l abo ra d~r de la Fundación de Estudios Ta u ri nos) (1990: 31-36). 168 Pedro Romero de Sa lí s III.- LA SUERTE DE LA GARROCHA .Este es, sin duda, uno de los grabados más conseguidos de la Serie de La Tauromaquia debido a la gracia y a la ligereza con que está concebida la ágil figura de Apiñani. Sorprendente, por supuesto, el juego de las sombras, no sólo por la extraña figura que compone, sobre el suelo, la proyección oscura del toro y el torero sino, también, por la forma en que el público de la barrera y los tendidos se concentra ál interior del arco de la sombra (Fig. nº 46). Juan Apiñani era natural de Calahorra, en la Rioja del Ebro, territorios situados bajo la influencia taurina navarro - aragonesa y tierras, a su vez, de fecundos regadíos en los que la garrocha, además de ser la herramienta clave para aguijar a los bóvidos de tiro, servía, usada de pértiga, para saltar las acequias y moverse rápidamente, sin mucho esfuerzo, por territorios entrecruzados por canales, alfagras y cuérnagos. Juanito Apiñani saltando con la pértiga sobre los cuernos de un toro arrancado en realidad demostraba que su capacidad, su destreza, en verguear las regueras iba más allá, para orgullo de sus paisanos, de todo límite imaginable. Apiñani era muy conocido entre los aficionados de la plaza de Zaragoza donde toreó, precisamente, el día de su inauguración (1764) repitiendo, todos los años, hasta el 70. Cossío, al que no le pasó desapercibido, afirma que ya lidió en Madrid el año de 17 50 (Cossío, J. M., 1969: I, 796). Juanito Apiñani, que procedía de una familia dedicada a los toros y era famoso también por sus recortes, estuvo presente durante los años oscuros de la tauro - maquia en las plazas más con .ocidas del norte de España mientras, confirmaba su torería, también, como hemos podido La "Tauromaquia" de Gaya y la invención de la corrida moderna 169 ver, en la de Madrid. Pero aunque Cossío, Lafuente Ferrari, Pérez Sánchez, Gállego, etc. coinciden en señalar que Goya pudo, perfectamente, haberlo visto actuar, lo más probable sea que, en los años en que el pintor se ' muestra aficionado a los toros, esta suerte ya estuviese en desuso y la conociera, como tantas otras que grababa, por referencias. Fig nº 46.- Goya: Ligereza y atrevimiento de Juanito Apiñani en la plaza de Madrid (Apud.: Pérez Sánchez y Gallego, 1994, grabado nº 20: 181). La Unión de Bibliófilos Taurinos de Francia dio a conocer no hace muchos años un texto capaz de contribuir de forma determinante a la comprensión de estos años oscuros de la historia de la Tauromaquia. Se trata del cuaderno redactado e iluminado por Emmanuel de Witz (1715-1790), un suizo que residió en Madrid entre 1740 y 1760, titulado Combat de 170 Pedro Romero de Salís taureaux en Espagne 18 • Este documento sensacional, que era completamente ·desconocido en nuestro país, ha sido recientemente publicado por el Centro de _Asuntos . Taurinos de la Comunidad de Madrid en una cuidada edición realizada por el librero Guillermo Blázquez e impecablemente preparada por Diego Ruiz Morales. El texto y los «croquis de las escenas» son obras del propio Witz realizadas, como él mismo afirma, a lo largo de los veinte años de su permanencia en la Corte. Este tiempo, según su testimonio, supone que su obra taurina es medio siglo anterior a la famosa Serie de Carnicero y se halla situada, nada menos, que a ochenta años de distancia de la obra gráfica taurina de Goya. En resumen, se trata de un documento iconográfico éiave, sensacional, para comprender el mecanismo de articulación de la corrida moderna. Pues bien, en este precioso cuaderno en 8º y cortado en forma apaisada, manuscrito a tinta y dibujado a lápiz, encontramos los sucesivos apuntes de cómo se desarrollaba una corrida de toros a mediados del siglo XVIII y, entre los dibujos realizados a lo largo de los años por Emmanuel de Witz, encontramos el salto de garrocha (Fig. nº 47). Es decir, ahora sabemos, con toda seguridad, que el salto con garrocha se practicaba, entre 1740 y 1760, en la plaza de Madrid. Es decir, el programa según el cual se producía el espectáculo de las corridas de toros durante los años oscuros de la tauromaquia incluía, con toda seguridad, el salto con garrocha. El atrevimiento de Apiñani no era, por tanto, una aislada temeridad o una exhibición extravagante sino una suerte de ejecución común. El que desapareciera de las plazas testimonia que fue, en el curso de los años posteriores, rechazada po; ser, 18 En caste ll ano, Combate de toros en España. La "Tauromaquia" de Gaya y la invención de la corrida moderna · 171 posiblemente, una suerte de corte excesivamente rural, posiblemente demasiado vinculada a los pueblos regantes situados en la ribera del Ebro quizá en exceso dependiente del mundo laboral. Es muy verosJmil que, además, recibiera la inquina de los partidarios del toreo andaluz que sólo apoyaban las suertes practicadas con la capa, es decir, con un traje de calle y, por / Fig. nº 47.- Emmanuel de Witz: La suerte del salto con garrocha (Apud.: Witz, 1992: dibujo nº 12). calle y, por tanto, de aquellas donde más se expresaba, en contraste con la salvaje bravura animal, la naturalidad civilizada del hombre. Así pues, la trayectoria de esta suerte de la garrocha nos parece paradigmática y arroja una luz suplementaria sobre el proceso de invención de la corrida moderna. En efecto, por la circunstancias del salto con la garrocha estamos en disposición de asegurar que algunas de las suertes que se 172 Pedro Romero de Salís contemplaban, durante los años oscuros de la Tauromaquia, en las plazas de toros de España, provenían del campo, pertenecían a la cultura popular del trabajo agrícola, y en sus arenas se escenificaban, se practicaban y se probaban de modo que, unas, terminaban por ser aceptadas por la opinión pública, mientras que, otras, eran rechazadas por una afición que en todo momento actuaba en el ejercicio soberano de su opinión colectiva. La definitiva expulsión de los ruedos de la pértiga nos sugiere que la opinión que preside el proceso de selección de las suertes es la afición ganada por la calidad artística de la escuela andaluza: así pues, podemos adelantar, que en el proceso de invención de la corrida moderna algunas suertes, procedentes, como todas, de la retaguardia rural, fueron, poco a poco, quedando aisladas en las plazaas de localidades próximas a sus lugares de procedencia mientras que en el resto de los cosos de España fueron expulsadas por su acérrimo enemigo: la moderna y revolucionaria escuela andaluza de toreo. Y esto que afirmamos a nivel teórico lo confirmamos en el práctico informando que en Mendavia, localidad Navarra situada a escasos kilómetros de Logroño, en sus fiestas patronales se saltan toros, en la plaza del pueblo, con pértigas o garrochas, suerte en la que participan, también, mujeres 19 . Por otra parte, cabe recordar que todos los años esta suerte es rescatada para el espectáculo en la corrida vascolandesa que se celebra en Pamplona patrocinada por la Casa de la Misericordia con motivo de las fiestas patronales de San Fermín 20 . 19 Información oral de la antropóloga Lda. Sol Torres, alumna del curso de doctorado Sacrificio y Tauromaquia (1994-1995) que imparte P. Romero de Solís en el Departamento · de Antropología Social y Sociología de la Universidad de Sevilla. ' 20 Información oral de D. Angel Pascual, de la Asociación Taurina de Mendavia (Navarra). La "Tauromaquia" de Gaya y la invención de la corrida moderna 179 BIBLIOGRAFlA Albendea, J. M.; Romero de Salís, P.; García-Baquero, A. y González Troyano, A. (1994): Los Toros y su Mundo, Madrid, edición preparada por Guillermo Blázquez, Privanza. Carnicero, Antonio ( 1991) [ 1787-1790]: Colección de Zas principales suertes de una corrida de toros, dibujada y grabada por -----, estudio preliminar de J. 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