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La huella ecológica, un indicador clave hacia la sostenibilidad territorial: el caso de España

Cano Orellana, Antonio

Abstract

Sin lugar a dudas, los seres humanos hemos sobrepasado los límites. Dicho de otro modo, en los primeros ocho meses de 2020, la humanidad ha consumido el presupuesto natural de todo el año. Disponer de información e indicadores que permitan determinar el impacto ecológico del comportamiento humano es un factor clave para afrontar la crisis ambiental y caminar hacia una sociedad sostenible. La huella ecológica, indicador sintético de sostenibilidad territorial, ha sido extensamente utilizada como herramienta útil para la gestión y planificación de la sostenibilidad, y se considera también un poderoso instrumento educativo para modificar los comportamientos de producción y consumo. En este artículo, tomando a España como referencia, nos centraremos en la pauta de localización seguida por la población española y su impacto ambiental, a través de la estimación de la huella ecológica generada por los 8.131 municipios españoles. Los resultados indican que la concentración de la población española, en una porción relativamente reducida de su territorio, principalmente en las grandes conurbaciones y el litoral, está estrechamente asociada a una huella ecológica que requiere del orden de 3,7 veces su superficie para satisfacer sus necesidades de producción y consumo.

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Cuadernos Económicos de ICE n.o 101 · 2021/I DOI: https://doi.org/10.32796/cice.2021.101.7195 Recibido: Marzo 2021 · Aceptado: Abril 2021 CUADERNOS ECONÓMICOS INFORMACIÓN COMERCIAL ESPAÑOLA La huella ecológica, un indicador clave hacia la sostenibilidad territorial: el caso de España* Ecological Footprint as a Key Territorial Sustainability Indicator: A Case Study of Spain Antonio Cano Orellana Universidad de Sevilla Resumen Sin lugar a dudas, los seres humanos hemos sobrepasado los límites. Dicho de otro modo, en los primeros ocho meses de 2020, la humanidad ha consumido el presupuesto natural de todo el año. Disponer de información e indicadores que permitan determinar el impacto ecológico del comportamiento humano es un factor clave para afrontar la crisis ambiental y caminar hacia una sociedad sostenible. La huella ecológica, indicador sintético de sostenibilidad territorial, ha sido extensamente utilizada como herramienta útil para la gestión y planificación de la sostenibilidad, y se considera también un poderoso instrumento educativo para modificar los comportamientos de producción y consumo. En este artículo, tomando a España como referencia, nos centraremos en la pauta de localización seguida por la población española y su impacto ambiental, a través de la estimación de la huella ecológica generada por los 8.131 municipios españoles. Los resultados indican que la concentración de la población española, en una porción relativamente reducida de su territorio, principalmente en las grandes conurbaciones y el litoral, está estrechamente asociada a una huella ecológica que requiere del orden de 3,7 veces su superficie para satisfacer sus necesidades de producción y consumo. Palabras clave: huella ecológica, sostenibilidad territorial, indicadores ecológicos, población, España. Clasificación JEL: O50, Q56, Q57. Abstract No doubt human beings have exceeded the limits. In other words, in the first eight months of 2020 humanity has consumed the natural budget of the whole year. Having information and indicators that allow us to determine the ecological impact of human behaviour is a key factor in tackling the environmental crisis and moving towards a sustainable society. The ecological footprint, a synthetic indicator of territorial sustainability, has been widely used as a useful tool for sustainability management and planning, and is also considered a powerful educational tool for changing production and consumption behaviours. In this paper, taking Spain as a reference, we will focus on the location pattern followed by the Spanish population and its environmental impact, through the estimation of the ecological footprint generated by the 8.131 Spanish municipalities. The results indicate that the concentration of the Spanish population in a relatively small portion of its territory, mainly in the large conurbations and along the coast, is closely associated with an ecological footprint that requires on the order of 3.7 times its area to meet its production and consumption needs. Keywords: ecological footprint, territorial sustainability, ecological indicators, population, Spain. * El autor desea agradecer a Miguel Martínez-Almarza Cano, investigador en Network Mapping Group Knaresborough (North Yorkshire, UK), la elaboración de los mapas y su extraordinaria celeridad y paciencia. Cuadernos Económicos de ICE n.o 101 · 2021/I 216 INDICADORES MACROECONÓMICOS AMBIENTALES. EL CASO ESPAÑOL 1. Introducción El 22 de agosto de 2020 la humanidad agotó el presupuesto natural; esto es, en menos de nueve meses los seres humanos hemos consumido el presupuesto de todo el año (Global Footprint Network: https://www.footprintnetwork.org/our-work/ earth-overshoot-day/). A partir de este momento, el déficit ecológico se acumulará al anteriormente existente y las emisiones de carbono se incrementarán. El Día del Sobregiro de la Tierra (earth-overshoot-day) marca la fecha en que la demanda de recursos y servicios ecológicos excede, en un año determinado, lo que la Tierra puede regenerar durante ese mismo año. En España este límite se alcanzó el 27 de mayo de 2020 (https://www.overshootday.org/content/uploads/2020/02/GFN-Coun- try-Overshoot-Day-2020.pdf). En otras palabras, vivimos muy por encima de los límites de la Naturaleza. Desafortunadamente las advertencias, ya insistentemente planteadas en los años setenta y ochenta del pasado siglo, no han sido tenidas en cuenta. William Catton (1980) alertó, en su conocido Overshoot, que: Si, habiendo sobrepasado la capacidad de carga, no podemos evitar el colapso, tal vez con la comprensión ecológica de sus causas reales podamos seguir siendo humanos en circunstancias que de otra manera podrían tentarnos a convertirnos en bestias. Un mejor y más claro conocimiento –reclamaba– podría evitar lamentaciones posteriores, permitiéndonos así abstenernos de infligirnos sufrimientos inútiles e imperdonables. (p. 216) En este mismo sentido, para Lotka los seres humanos representamos una rueda insignificante en el engranaje de un great world engine (Lotka, 1925, p. 331). Una pieza minúscula, aunque poseedora de una enorme capacidad para alternar y condicionar el funcionamiento del planeta a través de la energía exosomática. Como Lotka (1945) describe con precisión: En lugar de la lenta adaptación de la estructura anatómica y la función fisiológica en las generaciones sucesivas mediante la supervivencia selectiva, se ha logrado una mayor adaptación mediante el desarrollo incomparablemente más rápido de ayudas «artificiales» a nuestro aparato receptor-efector nativo, en un proceso que podría denominarse evolución exosomática. (p. 188) En otros términos, la adición de los seres humanos a los instrumentos exosomáticos y su función bioeconómica, ha provocado un distanciamiento progresivo del comportamiento de otras especies vivas, que actúan más en sintonía con los límites biofísicos de la biosfera. Este alejamiento y la profundización en inciertas asimetrías, tal vez –como sugiriese Nicholas Georgescu-Roegen (1975)– muestren que: Quizá el destino del hombre es tener una vida breve pero ardiente, excitante y extravagante, más bien que una existencia larga, apacible y vegetativa. Cuadernos Económicos de ICE n.o 101 · 2021/I EL PAPEL DE LAS AGENCIAS ESPAÑOLAS DE PROMOCIÓN EXTERIOR 217 Que sean otras especies, las amebas, por ejemplo, que no tienen ambiciones espirituales, las que hereden un planeta aún bañado en plenitud por la luz del sol. (p. 379) Han sido suficientes las señales, se han prodigado los propósitos, pero el punto de no retorno está cada vez más cerca; así el necesario giro copernicano, por más que se anuncie y se reclame, muestra una tenaz resistencia. Por no remontarnos muy hacia atrás en el tiempo, tras la crisis financiera de finales de 2007 se habló de cuestionar el modelo de crecimiento actual, de las limitaciones que presentaba el PIB como indicador de bienestar (Stiglitz, Sen & Fitoussi, 2010) e informar de la funcionalidad de los ecosistemas (Giannetti et al., 2015). En el escenario actual se persigue una revolución verde a través de un Green New Deal (Galvin & Healy, 2020) o The European Green Deal (European Commission, 2019), un aterrizaje suave (Lovelock, 2007), el estado estacionario o el fin definitivo del crecimiento económico (Daly et al., 2019). Pero el tiempo se agota. El propósito principal de este artículo es relacionar la pauta seguida por la población española en cuanto a su localización, y el impacto ambiental como una de sus consecuencias, estimado a partir de la huella ecológica de los 8.131 municipios españoles. El siguiente epígrafe presenta los propósitos iniciales de la herramienta propuesta por Wackernagel y Rees y su vinculación con el devenir de la sociedad urbano-industrial. A continuación, en el tercer epígrafe, se aborda el indicador de huella ecológica con algunos matices metodológicos importantes, a nuestro criterio, en el análisis territorial. Posteriormente, en el cuarto epígrafe, se describen las fuentes utilizadas y se presentan los resultados obtenidos, incorporando un epígrafe referido a la evolución de la población española, para el periodo comprendido entre 1960 y 2019, relacionada con su localización en el territorio, así como una discusión de aquellos aspectos significativos que podrían ayudar a mejorar tanto el propio indicador de huella ecológica, como su interpretación. Por último, se extraen las principales conclusiones. 2. La huella ecológica como indicador sintético de sostenibilidad territorial. La sociedad urbano-industrial y sus consecuencias La huella ecológica fue concebida desde sus orígenes como un indicador territorial de sostenibilidad (Rees, 1992, 1996; Wackernagel & Rees, 1998). La creciente concentración urbana se entendía como el principal impulsor de la huella ecológica generada por los seres humanos. De hecho, como observaba en la Cumbre de Río de 1992 Maurice Strong: «la batalla por la sostenibilidad se ganará o perderá en las ciudades». Las ciudades se erigen como el principal atractor de recursos y el principal generador de desechos. El metabolismo urbano (Wolman, 1965) característico de la sociedad urbano-industrial ha transitado en, al menos, tres direcciones: a) concentración de la población en una porción cada vez más reducida del territorio; b) desarrollo a gran escala del transporte horizontal, alimentado con combustibles 218 INDICADORES MACROECONÓMICOS AMBIENTALES. EL CASO ESPAÑOL Cuadernos Económicos de ICE n.o 101 · 2021/I de origen fósil; c) metabolismo lineal, dejando los ciclos de materiales abiertos, muy exigente en recursos naturales e importante generador de desechos, provocando, como consecuencia de ello, una escasez social de recursos naturales y una extraordinaria acumulación de desechos. Los requerimientos de recursos derivados de este metabolismo presentan un problema adicional, y este no es otro que considerar como hábitat humano el conjunto del planeta. Este hecho rompe la relación existente entre las localizaciones ecológicas y geográficas, característica del resto de especies vivas. Una parte importante de la población humana, la más exigente en cuanto a generación de huella ecológica, no obtiene los recursos ni vierte los desechos allí donde habita. La actividad extractiva y de generación de desechos, estrechamente vinculada a la capacidad de carga apropiada y a la huella ecológica generada, además no está homogéneamente repartida. Poco más del 16 % de la población mundial concentra aproximadamente el 80 % de los recursos extraídos y producidos, así como un porcentaje similar de los desechos generados. Lo antes descrito se vuelve particularmente revelador cuando tratamos de comparar los requerimientos humanos, de realidades territoriales específicas, o de la población humana en general, con el área ecológica necesaria para la producción de comida, absorción de desechos, etcétera. En ecología, el tamaño máximo de población de una determinada especie que un hábitat definido puede sustentar indefinidamente, sin menoscabo del ecosistema del que depende, se denomina «capacidad de carga» (Common & Stagl, 2008, p. 45). Esta definición, no obstante, no parece aplicable a los seres humanos dada su aparente facultad para aumentar, casi ilimitadamente, la «capacidad de carga humana» (Kessler, 1994). En su pretensión por someter a la naturaleza, para fines exclusivamente humanos, elimina especies competidoras, se apropia de tecnologías vernáculas, extrae recursos localmente escasos, y extiende, cuanto le sea posible, la «evolución exosomática»1 (Lotka, 1945, p. 188) a través de la tecnología y el conocimiento. La evolución exosomática causó –siguiendo a Georgescu-Roegen (1975, p. 815)– dos cambios fundamentales e irrevocables en la especie humana. De un lado, el irreductible conflicto social característico de ella, al que son ajenas otras especies que viven en sociedad, dado que las divisiones existentes entre ellas están biológicamente marcadas (como es, por ejemplo, el caso de las abejas). De otro, la adición de los seres humanos a los artefactos exosomáticos. Fruto de esta adición la supervivencia de la especie humana se enfrenta a problemas tanto de naturaleza biológica como económica; esto es, son de índole bioeconómica. En este sentido, la terminología propuesta por Lotka subraya el hecho de que «el proceso económico es una continuación del biológico» (Georgescu-Roegen, 1996, p. 381). 1 Para Lotka, los factores exosomáticos son diferentes de los órganos genéticos y endosomáticos (con los que cada individuo nace, como piernas, cabeza, manos, garras, alas, etcétera). Los factores exosomáticos son tanto las herramientas como los dispositivos utilizados por las personas para producir, intercambiar y consumir. LA HUELLA ECOLÓGICA, UN INDICADOR CLAVE HACIA LA SOSTENIBILIDAD... 219 Cuadernos Económicos de ICE n.o 101 · 2021/I De hecho, no solo es continuación uno del otro, sino que, además, ambos son complementarios (Daly, 1999, pp. 19-20). Es más, en el camino hacia la sostenibilidad global: […] tenemos que dejar de pensar que los objetivos de la ecología y la economía están en conflicto. Los sistemas económicos dependen de los sistemas ecológicos de sustentación de la vida, y tenemos que darnos cuenta de ese hecho e incorporarlo en nuestro modo de pensar y en nuestras actuaciones a nivel realmente básico, si es que queremos mantener nuestra economía global. No es posible que subsista una casa cuyos miembros están divididos y enfrentados. (Constanza, 1997, p. 103) Lo relevante aquí es que la capacidad de carga biofísica o ecológica, en concre- to, en el contexto de este artículo, está considerablemente relacionada con la carga cultural. De este modo, atendiendo al singular comportamiento humano, Catton Jr.(2009) define la capacidad de carga como «la máxima carga que un hábitat puede soportar indefinidamente»; esto es, «la máxima carga humana sostenible» (p. 133). La palabra clave es «carga» o presión soportada por el medio. De ahí que el énfasis no se ha de poner tanto en el número de individuos, sino, más bien, en la capacidad de los ecosistemas de seguir, de forma sostenida en el tiempo, suministrando recursos y prestando funciones ambientales. El problema, como el mismo observa, consiste en que: Se está exigiendo al mundo que acoja no sólo a más personas, sino también a personas ciertamente «grandes», cuya ansia de recursos y poder, que degradan el planeta que nos sustenta, se ha visto acrecentada por la tecnología […]. La cuestión de la capacidad de carga humana, pues, parece mucho más urgente cuando pensamos en términos de «presión de la carga» sobre los ecosistemas terrestres, en lugar de contemplar la mera «presión de la población». (Catton Jr., 2009, p. 128) Catton, al tratar este asunto, sugiere que, referida a la especie humana, el concepto de sobrepoblación, así como la de capacidad de carga, requiere un tratamiento específico. En concreto, sugiere invertir los términos en la ratio utilizada para determinar la capacidad de carga. Esto es, situar en el numerador no la máxima población que un hábitat puede sostener, sino la carga máxima que este puede soportar. Esta idea sugerida inicialmente por Catton (1986), fue el punto de partida de la noción de huella ecológica: […] una cuestión fundamental para la economía ecológica es si los suministros de capital natural serán adecuados para satisfacer la demanda prevista para el próximo siglo. Invertir la relación estándar de capacidad de carga sugiere una manera poderosa de abordar esta cuestión crítica. En lugar de preguntarse qué población puede sostener una región determinada de manera 220 INDICADORES MACROECONÓMICOS AMBIENTALES. EL CASO ESPAÑOL Cuadernos Económicos de ICE n.o 101 · 2021/I sostenible, se plantea la cuestión de la capacidad de sustentación: ¿cuán grande es la superficie de tierra productiva que se necesita para sostener indefinidamente una población específica, con independencia de su localización en cualquier lugar de la Tierra? (Rees, 1996, p. 203) De manera formalizada, la huella ecológica de una población o economía específica puede definirse como el área de tierra (y agua) ecológicamente productiva de varias clases –cultivos, pastos, bosques, etc.– que se requeriría de manera continua para: a) proporcionar todos los recursos energéticos/materiales consumidos, y b) absorber todos los desechos generados por esa población con la tecnología predominante, en cualquier lugar de la Tierra dondequiera que se localice el área ecológicamente productiva requerida (Wackernagel & Rees, 1998, pp. 51-52). En realidad, la huella ecológica no es más que la «capacidad de carga apropiada» (Rees & Wackernagel, 1994) por los seres humanos para satisfacer su proceso metabólico. Desde que se formalizó su creación ha ido creciendo el interés por el análisis de la huella ecológica, principalmente para mejorar la comprensión de los límites biofísicos existentes en la biosfera para satisfacer las demandas humanas de capital natural. Dicho de otro modo, las herramientas conceptuales y los indicadores al uso, especialmente los utilizados en el análisis económico, tales como el PIB o la Renta Nacional, han mostrado su incapacidad para informar adecuadamente sobre el bienestar de las sociedades humanas y, especialmente relevante en el contexto de este artículo, para advertir si estas se orientan o no en el sentido de la sostenibilidad. Esto es, si la especie humana no ha ido, en cuanto a sus exigencias, más allá de la capacidad de su entorno para sostenerla, no ha sobrepasado los límites. La construcción de la sociedad actual indudablemente ha traído consigo importantes mejoras para la población. Sectores importantes de ella han podido acceder tanto a bienes materiales como inmateriales impensables en las sociedades anteriores. Pero, al mismo tiempo, la manera en que hemos diseñado el mundo que conocemos tiene un coste nada despreciable. Hemos incurrido en errores importantes de diseño (McDonough & Braungart, 2005). No solo en el diseño de los materiales producidos sino también, y esto en el contexto de este trabajo adquiere singular relevancia, en el diseño de la propia sociedad que ha impulsado unas pautas de producción y consumo económica, social y ambientalmente insostenibles. La concentración de la población en grandes ciudades y enclaves frágiles del territorio, el trasiego permanente de mercancías y el abuso de fuentes energéticas de origen fósil están en la base de este diseño. Según Naciones Unidas (en adelante NN. UU.), en 2018, casi el 55 % de las personas en el mundo habitaba en ciudades. La población urbana en el mundo en 1950 era de 751 millones (29,8 % del total), en 2018 se elevaba a 4.195 millones (54,3 %), el continente asiático albergaba el 54 % de la población urbana mundial (Naciones Unidas, 2018). Doce mil seiscientos millones de toneladas se transportaron en el mundo en 2017. Cada tonelada exportada recorrió, en este mismo año, 5.214,9 km, y cada tonelada importada tuvo que recorrer 5.069,7 km (Chatham House, 2018). Las fuentes ener- LA HUELLA ECOLÓGICA, UN INDICADOR CLAVE HACIA LA SOSTENIBILIDAD... 221 Cuadernos Económicos de ICE n.o 101 · 2021/I géticas que, en la actualidad, alimentan un modelo como el descrito son básicamente de origen fósil. En 2019, el 84,3 % de la demanda mundial de energía primaria consumida era de origen fósil (BP, 2020), el transporte por carretera consumió más del 40 % de toda la demanda de petróleo en 2019 (BloombergNEF, 2020). En términos de huella ecológica, del CO2 emitido en 2015, 8,8 Gt, que representan el 27,2 % de las emisiones mundiales de CO2 procedente de la quema de combustibles de origen fósil, está vinculado al comercio internacional (OECD, 2020). 3. La huella ecológica. Apuntes metodológicos Como indicador territorial de sostenibilidad, la huella ecológica fija su atención en el territorio. Los enclaves urbanos, con su exigente metabolismo, son necesariamente una referencia imprescindible. En la perspectiva de una sociedad sostenible, donde el análisis de la huella ecológica adquiere relevancia, un indicador muy importante lo constituye el patrón de consumo. De hecho, la huella ecológica traduce a hectáreas globales2 (hag) el consumo aparente. Esto es la Ecuación [1]: CA = P + M – X [1] Discrimina, por tanto, en su contabilidad, a la población en función de su capacidad de consumir, tanto cuantitativa como cualitativamente. Es decir, su cálculo tiene en cuenta tanto la cantidad consumida como el tipo de consumo que ha tenido lugar. Para ello, divide las hectáreas globales en cinco categorías: 1) superficie agrícola; 2) pastizales; 3) superficie construida, infraestructuras; 4) pesquerías, y 5) superficie forestal. La huella ecológica se calcula de acuerdo con el agregado siguiente3 (Ecuación [2]): HEP = ∑ i Pi RN,i · FRN, i · FEN, i = ∑ i Pi RM, i ·FEN, i [2] 2 Una hectárea global es una hectárea biológicamente productiva con una productividad biológica media mundial para un año determinado. Las hectáreas globales son necesarias porque los diferentes tipos de superficies de la tierra tienen productividades distintas. La hectárea global es el criterio utilizado en la contabilidad de la huella ecológica. 3 La huella ecológica tiene dos características (Wackernagel et al., 2019): 1) Aditividad: dado que la vida humana compite por las superficies biológicamente productivas, estas superficies pueden sumarse. La huella ecológica suma todas las demandas humanas sobre la naturaleza que compiten por el espacio biológicamente productivo. Esto significa que estos espacios se excluyen mutuamente al proporcionar recursos biológicos, acomodar la infraestructura urbana o absorber el exceso de carbono de la quema de combustibles fósiles. Permitiendo, además, que la superficie que satisface las demandas humanas (huella ecológica) pueda compararse con el espacio biológicamente productivo disponible (biocapacidad). 2) Equivalencia (factor de ponderación o escala): como no todas las superficies biológicamente productivas tienen la misma productividad, las áreas se ponderan proporcionalmente a su productividad biológica. Por tanto, la unidad de medida para la contabilidad de la huella ecológica, las hectáreas globales, son las consideradas biológicamente productivas con una productividad media mundial; esto es, sería la misma cada año, puesto que variará de un año a otro, para todos los países. 222 INDICADORES MACROECONÓMICOS AMBIENTALES. EL CASO ESPAÑOL Cuadernos Económicos de ICE n.o 101 · 2021/I Donde P es la cantidad de cada producto i extraído (o dióxido de carbono emitido) en cada nación o área territorial específica; RN es el rendimiento medio anual, nacional o regional, por hectárea de producción del producto i (o su capacidad de absorción de carbono en los casos en que P es el CO2 generado); FRN, i es el factor de rendimiento específico, para cada nación o región, para la producción de cada producto i; RM, i es el rendimiento medio mundial del producto i; y, por último, FEN, i es el factor de equivalencia para cada tipo de área de producción del producto i. En el Cuadro 1 se muestran los factores de rendimiento para el último año estimado, esto es, para 2017. La equivalencia entre el segundo y tercer término de la Ecuación [1] se debe a la relación: FRN, i = RN, i RM, i Los factores de equivalencia, así como los factores de rendimientos antes indicados, se introducen en la estimación de la huella ecológica con el fin de evaluar la productividad biológica de los distintos tipos de superficies y sus usos. Cada categoría de superficie (agrícola, pastizal, forestal, pesquería e infraestructura) tienen productividades biológicas diferentes. Por tanto, antes de sumarlas es necesario normalizarlas. Esto no solamente ayuda a comparar entre diversas superficies biológicamente productivas, sino que, además, permiten una comparación entre las estimaciones de huella ecológica realizada para distintos territorios. Los factores de equivalencia y rendimiento son, por tanto, factores de ponderación o escala, que permiten homogeneizar los distintos usos antes de agregarlos, y obtener de ese modo la huella ecológica y la biocapacidad total expresadas en lo que se denomina «hectáreas globales». La hectárea global, pues, no es más que la relación entre la productividad media mundial de cada categoría de superficie respecto al promedio de la productividad mundial de todos los tipos de tierra biológicamente productivos; que varía según el tipo o categoría de tierra y año. CUADRO 1 FACTORES DE RENDIMIENTO (2017) Tipo de uso de la tierra Factor de rendimiento (hag) Agrícola 0,59 Pastizales 1,21 Forestal 0,84 Pesquerías 1,00 Infraestructuras 0,59 FUENTE: Global Footprint Network, 2021. LA HUELLA ECOLÓGICA, UN INDICADOR CLAVE HACIA LA SOSTENIBILIDAD... 223 Cuadernos Económicos de ICE n.o 101 · 2021/I Aunque los factores de equivalencia son difíciles de medir, dado que estas mediciones parten de asumir determinados supuestos y de estimaciones indirectas, pueden, no obstante, tener un soporte empírico (Wackernagel et al., 2014). Siempre que exista información disponible estos pueden estimarse, por ejemplo, a partir de la producción primaria neta o de la emergía4 (Yang et al., 2018; Galli et al., 2020). En este artículo se tomó la serie de la huella ecológica para España, las más larga existente en la actualidad, de Global Footprint Network (2021)5, que calcula los factores de equivalencia a partir de los índices de idoneidad del modelo de Zonas Agroecológicas Mundiales (GAEZ, por sus siglas en inglés), combinados con la información sobre las áreas reales de cultivo, bosque y pastoreo de FAOSTAT (Zonas Agroecológicas Mundiales 2000; Base de Datos Estadísticos ResourceSTAT de la FAO). El modelo GAEZ divide todas las tierras a nivel mundial en cinco categorías, a cada una de las cuales se le asigna una puntuación de idoneidad (Cuadro 2). 4 Ambos conceptos, producción primaria neta (PPN) y emergía (Em), están de algún modo relacionados con la energía. De hecho, la producción en los ecosistemas implica la fijación y transferencia de energía proveniente del sol, a través de los ecosistemas, gobernada por las leyes de la termodinámica. La tasa a la cual las plantas producen tejido vegetal se conoce como productividad primaria. La productividad primaria bruta (PPB) es la cantidad total de energía solar que absorben las plantas mediante la fotosíntesis, mientras que la productividad primaria neta (PPN) es esa productividad menos la cantidad de energía liberada al medioambiente a través de la respiración; es decir, la cantidad de energía que, efectivamente, se almacena en el tejido vegetal. La PPN es, por tanto, la cantidad de energía potencialmente disponible para los animales que se alimentan de plantas (Common & Stagl, 2008, p. 83). Con el transcurso del tiempo la PPN se acumula como masa vegetal. Dicha biomasa se expresa habitualmente como gramos de materia orgánica por metros cuadrado (g/m2), o como calorías por metro cuadrado (cal/m2). Obsérvese que biomasa y productividad son conceptos diferentes. La biomasa es la cantidad de materia orgánica existente en un momento concreto. En cambio, la productividad es la tasa a la cual la materia orgánica se genera por medio de la fotosíntesis. La emergía, por su parte, es la energía disponible (exergía), de un determinado tipo, que se ha usado directa o indirectamente en las transformaciones necesarias para generar un producto o servicio (Odum, 1996). La idea original del concepto, que más tarde se acuñaría con el término emergía (Scienceman, 1987), la sugiere Odum (1973, p. 224) de la forma siguiente: «La energía se mide por calorías, BTU, kilovatios hora y otras unidades equivalentes, pero la escala de calidad de la energía no se indica en estas medidas. La capacidad de generar trabajo, para las personas, depende de la calidad y cantidad de energía, y esto se mide a través de la cantidad de energía requerida de un grado de calidad inferior para desarrollar un grado de calidad superior. La escala de energía va desde la luz solar diluida hasta la materia vegetal, de ahí al carbón, desde el carbón al petróleo, a la electricidad y hasta los esfuerzos de alta calidad del procesamiento de la información de las computadoras y del propio ser humano». En cierto modo, informa del flujo energético que tiene lugar a lo largo de todo el proceso del ciclo de vida de un producto o servicio, su «memoria energética» (Scienceman, 1987). Cada una de estas formas de energía, se produce a través de procesos de transformación en la naturaleza y tiene una determinada capacidad para realizar trabajo, tanto en sistemas ecológicos como humanos. La emergía tiene en cuenta, y efectivamente cuantifica, la calidad de las diferentes formas de energía. El reconocimiento de esas diferencias en calidad, es un concepto clave en la metodología de la emergía. Su unidad es el emjulio energético. Existe un tipo de emergía diferente para cada tipo de energía disponible. Por ejemplo, la emergía solar se expresa en emjulios solares (en su forma abreviada, sej), la emergía del carbón en emjulios de carbón y la emergía eléctrica en emjulios eléctricos. No hay, en cambio, emergía en la energía degradada (energía sin disponibilidad para realizar trabajo). Del mismo modo que la energía, la emergía se mide en relación con un nivel de referencia. En la mayoría de las aplicaciones se utilizan las unidades de emergía solar. 5 Adicionalmente, la ventaja de utilizar esta fuente es que permite la comparación entre países, dado que las estimaciones para el conjunto de países del resto del mundo utiliza la misma metodología, y, en consecuencia, los mismos factores de equivalencia. 230 INDICADORES MACROECONÓMICOS AMBIENTALES. EL CASO ESPAÑOL Cuadernos Económicos de ICE n.o 101 · 2021/I MAPA 2b ACREEDORES Y DEUDORES ECOLÓGICOS (2017) DEUDORES Con tecnología de Bing © Australian Bureau of Statistics, GeoNurtes, Microsoft, Navirta, OpenStreetMap, TomTom, Wikipedia Deudores ecológicos 4021,441296 0,01617957 Tanto la demanda como la disponibilidad se expresan en las denominadas hectáreas globales, que, como se ha indicado antes, no son más que las hectáreas ajustadas a la productividad, mundial y local, con el propósito de hacer que los datos sean comparables a escala mundial. La contabilidad biofísica utilizada en el análisis de la huella ecológica incorpora variables socioeconómicas de los países. Esto permite contrastar los resultados obtenidos con una posterior evaluación financiera de esos países. En general se observa que la contabilidad financiera, en términos de PIB, VAB o RN, parece no concordar con los resultados obtenidos con una contabilidad biofísica (Wackernagel et al., 2019). Indicadores como el Producto o la Renta Nacional, medidas ampliamente usadas para evaluar los resultados de la economía nacional, debido a la forma y los propósitos para los que fueron concebidos, ignoran los costes ambientales, las tasas de agotamiento de los recursos naturales y, paradójicamente, incorpora la reparación de daños ambientales como valor añadido a la producción total. Más aún, tanto el PIB como la mayoría de los sistemas de contabilidad nacional dan cuenta de lo que ocurre dentro de las fronteras nacionales y, generalmente, no informan de la insoste- FUENTE: Elaboración propia, a partir de Global Footprint Network. LA HUELLA ECOLÓGICA, UN INDICADOR CLAVE HACIA LA SOSTENIBILIDAD... 231 Cuadernos Económicos de ICE n.o 101 · 2021/I nibilidad generada por acciones aisladas en cada país y los impactos del crecimiento económico sobre la biosfera y sobre terceros países (Giannetti et al., 2015). De hecho, un país puede estar importando sostenibilidad, apoyado en su mayor capacidad de compra, generando disfunciones e insostenibilidad en países con una capacidad de compra más reducida. Un concepto significativo, a este respecto, es el de deuda ecológica6, relacionado con el de justicia ambiental, que pone de relieve la división territorial existente aquellos países donde tiene lugar la función de apropiación y consumo de los recursos naturales y aquellos otros donde tiene lugar la función extractivas y, en muchas ocasiones, de depósito de los desechos generados. Joan Martínez Alier y Jordi Roca Jusmet (2001) se acercan a esta idea relacionándola con la deuda externa: ¿Cuáles son las relaciones entre la deuda externa y la deuda ecológica? Son relaciones que abarcan dos aspectos principales. Primero, el reclamo de la deuda ecológica, a cuenta de la exportación mal pagada (pues los precios no incluyen diversos costos sociales y ambientales, locales y globales) y de los servicios ambientales proporcionados gratis […]. El segundo aspecto de las relaciones entre ambas deudas ha sido ya más estudiado: de qué manera la obligación de pagar la deuda externa y sus intereses lleva a una depredación de la naturaleza (y por tanto aumenta la deuda ecológica). (p. 428) Una definición operativa de deuda ecológica, que admite tanto indicadores biofísicos como monetarios, la proporciona Paredis et al. (2009): La deuda ecológica del país A consiste en: 1) el daño ecológico causado, a lo largo del tiempo, por el país A en otros países o en otras áreas bajo la jurisdicción de otros países, a través de sus patrones de producción y consumo; y/o 2) el daño ecológico causado, a lo largo del tiempo, por el país A en ecosistemas localizados más allá de su jurisdicción nacional, a través de sus patrones de producción y consumo; y/o 3) la explotación o el uso de los ecosistemas y de los bienes y servicios ecosistémicos, a lo largo del tiempo, por parte del país A a expensas del derecho equitativo de los demás países o individuos a estos ecosistemas y a los bienes y servicios que estos proporcionan. (p. 40) Esta aproximación permite, además, hacer algunas precisiones, entre ellas: qué se entiende por daño ecológico, cuál es la escala espacial del daño, qué son los derechos equitativos de acceso a los bienes y servicios de los ecosistemas, quiénes son los 6 El concepto de deuda ecológica, en sus orígenes, puede ser interpretado como una respuesta al peso de la deuda financiera sobre muchos países en desarrollo, a partir de las publicaciones iniciales del Institu- to de Ecología Política de Chile de principios de los años noventa del pasado siglo. Es por ello que, desde sus inicios, deuda externa y deuda ecológica han sido dos aspectos estrechamente relacionados. 232 INDICADORES MACROECONÓMICOS AMBIENTALES. EL CASO ESPAÑOL Cuadernos Económicos de ICE n.o 101 · 2021/I deudores y quiénes los acreedores y, por último, cuáles son las escalas temporales. Esta definición también puede extenderse a otros actores distintos de los países (por ejemplo, la deuda ecológica contraída por las empresas). Vinculado a lo anterior, es importante observar la relación existente entre la seguridad de acceso a los recursos y los resultados económicos a largo plazo. En este sentido, la contabilidad biofísica, como herramienta complementaria, es útil para hacer un seguimiento de las necesidades de recursos del país, además de aportar información adicional a la habitualmente existente en términos monetarios. Ofrece, en consecuencia, una perspectiva distinta, que en muchos casos contrasta con las evaluaciones financieras de los resultados de los países. Esto puede observarse, por ejemplo, al comparar la posición en ranking mundial de los diferentes países atendiendo tanto al nivel de desarrollo económico alcanzado como al volumen de huella ecológica generada. Como puede observarse en el Gráfico 2, existe una correlación directa entre el IDH y la HE (coeficiente de correlación de Pearson igual a 0,72). Esto que puede parecer una obviedad (esto es, a menor capacidad de consumo menor huella ecológica Níger Chad Rep. Centroafricana Burundi Eritrea Qatar Luxemburgo Emiratos Árabes Unidos Canadá EE.UU Australia Noruega España 15,50 15,00 14,50 14,00 13,50 13,00 12,50 12,00 11,50 11,00 10,50 10,00 9,50 0,00 8,50 8,00 7,50 7,00 6,50 6,00 5,50 5,00 4,50 4,00 3,50 3,00 2,50 2,00 1,50 1,00 0,50 0,00 Índice de Desarrollo Humano (IDH) 0,30 0,35 0,40 0,45 0,50 0,55 0,60 0,65 0,70 0,75 0,80 0,85 0,90 0,95 1,00 GRÁFICO 2 ÍNDICE DE DESARROLLO HUMANO Y HUELLA ECOLÓGICA PER CÁPITA (2017) FUENTE: Elaboración propia, a partir de Global Footprint Network. Huella Ecológica per capita (hag) LA HUELLA ECOLÓGICA, UN INDICADOR CLAVE HACIA LA SOSTENIBILIDAD... 233 Cuadernos Económicos de ICE n.o 101 · 2021/I generada) no da cuenta del hecho de que los países que originan una huella ecológica baja o en declive, presentan, también, una pérdida de áreas biológicamente productivas (biocapacidad). De hecho, en general, los países con una huella ecológica baja y escasos ingresos ven reducir su superficie biológicamente productiva (Wackernagel et al., 2019). Esto es, son países, que, de no mediar un cambio sustancial en la tendencia observada, quedarán atrapados en la «trampa de la pobreza» económica y ambiental. Esto es, su empobrecimiento lo es en un doble sentido, tanto financiero como ecológico. Para estos países, especialmente, la disponibilidad de recursos se convierte el principal factor limitante para su desarrollo. De otro lado, dado que el acceso a los recursos y la seguridad de los mismos son esenciales para el funcionamiento de las economías, se puede plantear la hipótesis de que el acceso a la biocapacidad y la actividad económica estarían positivamente correlacionadas. Lo antes descrito es crucial desde el punto de vista de la sostenibilidad y muestra las limitaciones que las variables macroeconómicas al uso presentan para medir la actividad económica, así como la pertinencia del uso complementario de indicadores biofísicos, entre los que la huella ecológica puede jugar un papel significativo. España presenta (Gráfico 3) un déficit7 de biocapacidad (porcentaje de la huella ecológica que excede a la biocapacidad) del 234,7 % (Global Footprint Network, 2021). En términos de superficie requerida y existente, la razón es de 3,69; esto es, para satisfacer los requerimientos metabólicos de consumo y absorción de desechos de la población española se necesitan aproximadamente 3,7 países con extensión similar a la superficie del territorio español. Como puede observarse en el Gráfico 4, a la superficie destinada a la absorción de CO2 (huella de carbono8) le sigue la superficie agrícola, con un 20,42% de participación en la huella ecológica total. Es este un componente importante de la huella ecológica total no solo por la extensión de terreno ocupado sino, también, y esto suele quedar oculto, por los inputs utilizados (energía, agua y nutrientes) que añaden a los requerimientos territoriales asociados al uso del suelo para la práctica agrícola y que incorporan hectáreas adicionales; en términos de hectáreas globales, la superficie agrícola española presenta un déficit del 21,3 %. A escala planetaria la superficie total de las tierras agrícolas representa el 38 % de la superficie terrestre del planeta (y casi el 50 % de su superficie vegetal), es responsable del 69 % de las extracciones 7 Un déficit ecológico se produce cuando la huella ecológica de una población excede la biocapacidad del área disponible para esa población. Un déficit ecológico nacional, regional o local significa que la nación, la región o la localidad está importando biocapacidad a través del comercio, liquidando bienes ecológicos nacionales, regionales o locales o emitiendo residuos de dióxido de carbono a la atmósfera. En cambio, hablaremos de reserva ecológica cuando la biocapacidad de una nación, región o localidad excede la huella ecológica de su población. 8 La huella de carbono representa la superficie de terreno forestal necesaria para secuestrar las emisiones antropogénicas de dióxido de carbono. En el manual National Footprint and Biocapacity Accounts (NFA) 2019 se calcula la huella de las emisiones de dióxido de carbono utilizando varios parámetros, entre los que se incluyen la combustión de combustibles fósiles domésticos y el uso de electricidad, el carbono incorporado en los artículos comercializados y la electricidad, la cuota de un país en las emisiones mundiales del transporte internacional y las fuentes no fósiles. El factor de equivalencia para esta superficie es de 1,28 (Global Footprint Network, 2021). 234 INDICADORES MACROECONÓMICOS AMBIENTALES. EL CASO ESPAÑOL Cuadernos Económicos de ICE n.o 101 · 2021/I GRÁFICO 3 EVOLUCIÓN DE HUELLA ECOLÓGICA Y BIOCAPACIDAD, ESPAÑA (Base 100 = 1961) de agua dulce y, junto con el resto del sistema alimentario, y es responsable de entre el 25 y el 30 % de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero (Gladek et al., 2017). Es, por tanto, el sector agroalimentario un sector clave en la estimación de la huella ecológica, tanto local como global. En el caso español, en 2018 se movieron 238,99 miles de millones de toneladas por kilómetro de productos agrícolas. El total de toneladas exportadas ascendió 34,98 millones, el 76,57 % de las cuales tuvieron como destino los países de la Unión Europea (UE-28). Las importaciones ascendieron a 43,93 millones de toneladas, el 43,38 % correspondieron a países de la UE-28, de las toneladas procedentes del resto del mundo, algo más del 56 %, cinco FUENTE: Elaboración propia, a partir de Global Footprint Network. 688,90 643,60 598,30 553,00 507,70 462,40 417,10 371,80 336,50 281,20 235,90 190,60 145,30 100,00 1961 1963 1965 1967 1969 1971 1973 1975 1977 1979 1981 1983 1985 1987 1989 1991 1993 1995 1997 1999 2001 2003 2005 2007 2009 2011 2013 2015 2017 100 145,3 190,6 235,9 281,2 326,5 371,8 417,1 462,4 507,7 553 598,3 643,6 688,9 1961 1963 1965 1967 1969 1971 1973 1975 1977 1979 1981 1983 1985 1987 1989 1991 1993 1995 1997 1999 2001 2003 2005 2007 2009 2011 2013 2015 2017 Biocapacidad HE carbono Huella ecológica Huella ecológica Biocapacidad HE carbono 402,10 371,89 341,68 311,47 281,26 251,05 220,84 190,63 160,42 130,21 100,00 1961 1963 1965 1967 1969 1971 1973 1975 1977 1979 1981 1983 1985 1987 1989 1991 1993 1995 1997 1999 2001 2003 2005 2007 2009 2011 2013 2015 2017 Huella ecológica Biocapacidad LA HUELLA ECOLÓGICA, UN INDICADOR CLAVE HACIA LA SOSTENIBILIDAD... 235 Cuadernos Económicos de ICE n.o 101 · 2021/I países: Brasil (12,5 %), Ucrania (11,1 %), USA (8,7 %), Argentina (4,6 %) e Indonesia (2,9 %), concentran el 39,8 % de las importaciones totales. Los más de 43 millones de toneladas de alimentos, importados en 2018, recorrieron cerca de 7.000 km y generaron más de 6.500 millones de toneladas de CO2 (MINCOTUR, 2019). Desde un punto de vista comparativo, las importaciones de productos alimentarios españoles representan un 1,5 % del total de las importaciones mundiales de estos productos, y un 2,3 % de las exportaciones mundiales, muy por encima de su representación en cuanto a población o superficie. Esto ilustra la dimensión de la producción agroalimentaria y su impacto ambiental. GRÁFICO 4 EVOLUCIÓN DE LA HUELLA ECOLÓGICA PER CÁPITA, ESPAÑA (Componentes, hag) FUENTE: Elaboración propia, a partir de Global Footprint Network. 6,15 5,74 5,33 4,92 4,51 4,10 3,69 3,28 2,87 2,46 2,05 1,64 1,23 0,82 0,41 0,00 1961 1963 1965 1967 1969 1971 1973 1975 1977 1979 1981 1983 1985 1987 1989 1991 1993 1995 1997 1999 2001 2003 2005 2007 2009 2011 2013 2015 2017 Pesquería Agrícola Carbono Infraestructura Forestal Pastizal 1961 1963 1965 1967 1969 1971 1973 1975 1977 1979 1981 1983 1985 1987 1989 1991 1993 1995 1997 1999 2001 2003 2005 2007 2009 2011 2013 2015 2017 2,47 2,34 2,21 2,08 1,95 1,82 1,69 1,56 1,43 1,30 1,17 1,04 0,91 0,78 0,65 0,52 0,39 0,26 0,13 0,00 Pesquería Agrícola Infraestructura Forestal Pastizal 236 INDICADORES MACROECONÓMICOS AMBIENTALES. EL CASO ESPAÑOL Cuadernos Económicos de ICE n.o 101 · 2021/I Una sección básica de la estimación de la huella ecológica es el consumo energético, debido al consumo de combustibles fósiles, su principal componente, para la producción de energía, que concentra, en 2017, el 59,37 % de la huella ecológica total (Gráfico 5). Veamos su comportamiento con algo más de detalle para la realidad española. En 2018, en España, los combustibles de origen fósil concentraban el 74 % del total de energía primaria consumida (Cuadro 5). La evolución del consumo de energía primaria en las tres últimas décadas se recoge en el Gráfico 6. En el Gráfico 7 puede observarse existe una fuerte correlación entre el consumo de energía y la huella de carbono (coeficiente de correlación de Pearson, 0,95). Tanto el consumo de energía como la huella de carbono crecen y decrecen más que propor- GRÁFICO 5 HUELLA ECOLÓGICA, ESPAÑA (En %) Agrícola, 20,42 Carbono , 59 , 37 Forestal , 6 , 60 Pastizal , 3 , 82 Pesquería, 8,96 Infraes... FUENTE: Elaboración propia, a partir de Global Footprint Network. CUADRO 5 CONSUMO DE ENERGÍA PRIMARIA, ESPAÑA, 2018 (ktep) Total Carbón Productos petrolíferos Gas natural Renovables Residuos no renovables Nuclear Saldo eléctrico ktep 129.813 11.516 57.512 27.082 17.944 325 14.479 955 % 100,00 8,87 44,30 20,86 13,82 0,25 11,15 0,74 FUENTE: Elaboración propia, a partir de Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO, 2018). LA HUELLA ECOLÓGICA, UN INDICADOR CLAVE HACIA LA SOSTENIBILIDAD... 237 Cuadernos Económicos de ICE n.o 101 · 2021/I FUENTE: Elaboración propia, a partir de Banco Mundial, Global Footprint Network y MITECO. FUENTE: Elaboración propia, a partir de Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO). GRÁFICO 6 CONSUMO DE ENERGÍA PRIMARIA, ESPAÑA (1990-2018) (Fuentes, ktep) 0 20.000 40.000 60.000 80.000 100.000 120.000 140.000 160.000 1996 1997 1998 1999 2000 2001 2002 2003 2004 2005 2006 2007 2008 2009 2010 2011 2012 2013 2014 2015 2016 2017 2018 Carbón Productos petrolíferos Gas natural Renovables Resid. no renovables Nuclear 1990 1991 1992 1993 1994 1995 GRÁFICO 7 EVOLUCIÓN DEL PIB, CONSUMO DE ENERGÍA PRIMARIA Y HUELLA DE CARBONO, ESPAÑA (Base 100=1965) 0,00 50,00 100,00 150,00 200,00 250,00 300,00 350,00 400,00 450,00 500,00 550,00 600,00 1965 1968 1971 1974 1977 1980 1983 1986 1989 1992 1995 1998 2001 2004 2007 2010 2013 2016 PIB HE_C ENE 238 INDICADORES MACROECONÓMICOS AMBIENTALES. EL CASO ESPAÑOL Cuadernos Económicos de ICE n.o 101 · 2021/I cionalmente a lo que hace el PIB y la huella ecológica total. Esto no solo describe el hecho de que la huella de carbono es el principal componente de la huella ecológica, que representa aproximadamente el 60 % de la huella ecológica total (Gráfico 8), sino que el crecimiento económico, expresado en términos de PIB, y huella ecológica no se comportan exactamente igual. Algunos trabajos de investigación han tratado la relación entre el crecimiento económico, en términos de PIB, y la huella ecológica (ver, entre otros, Stern, 2004; Hervieux & Darné, 2013; Al-Mulali et al., 2015; Ulucak & Bilgili, 2018; Ansari et al., 2020), a través del análisis de la denominada Curva de Kuznets Ambiental (CKA), por similitud con la relación que Simon Kuznets, a mediados de los años cincuenta del pasado siglo, estableciera entre el crecimiento económico y el aumento de la desigualdad en la distribución de la renta. Para la economía española pueden verse, a este respecto, los trabajos de Óscar Carpintero (2005), que originariamente trató en su tesis doctoral, en la que estudia la evolución de la huella ecológica para España, y discute la hipótesis de la Curva de Kuznets Ambiental, para el periodo comprendido entre 1955 y 2000. También puede mirarse el trabajo de Esteve y Tamarit (2012), donde se relacionan las emisiones de CO2 y la renta per capita de la economía española desde 1857 a 2007. Son series temporales, las utilizadas en estos trabajos, muy largas y esto permite una mayor compresión de estas relaciones. En concreto, con datos correspondientes al periodo comprendido entre 1960 y 2017, la hipótesis de la CKA no parece confirmarse. Esto es, la forma de U invertida no se observa (Gráfico 9), al menos, durante este periodo, cuando relacionamos el PIB (valores constantes año 2015) con las emisiones de CO2 (ktep). Es más, como se ha GRÁFICO 8 EVOLUCIÓN DE LA HUELLA DE CARBONO, ESPAÑA (1961-2017) (En % sobre la Huella Ecológica total) 30,0 35,0 40,0 45,0 50,0 55,0 60,0 65,0 70,0 1961 1963 1965 1967 1969 1971 1973 1975 1977 1979 1981 1983 1985 1987 1989 1991 1993 1995 1997 1999 2001 2003 2005 2007 2009 2011 2013 2015 2017 Carbono FUENTE: Elaboración propia, a partir de Global Footprint Network. LA HUELLA ECOLÓGICA, UN INDICADOR CLAVE HACIA LA SOSTENIBILIDAD... 239 Cuadernos Económicos de ICE n.o 101 · 2021/I indicado antes la huella de carbono crece más que proporcionalmente al crecimiento del PIB. Por tanto, la huella ecológica, que traduce a toneladas equivalentes de CO2 los requerimientos humanos de recursos y la generación de desechos, en el caso y para el periodo de tiempo analizado, discute la hipótesis de que a medida que aumenta la renta las emisiones de contaminantes, o la huella ecológica generada, disminuye9. En estudios realizados sobre la aplicación de la huella ecológica, para testar la hipótesis de la curva de Kuznets ambiental, se utilizaron distintas aproximaciones econométricas (York et al., 2004; Caviglia-Harris et al., 2009; Hervieux & Darné, 2013; Uddin et al., 2017; Ulucak & Bilgili, 2018; Wang & Dong, 2019; Altıntaş & Kassouri, 2020; Lee & Chen, 2021), que no encontraron evidencia empírica que permitiesen sostener las asunciones sobre la curva de Kuznets ambiental. En cualquier caso, en este trabajo por razones de espacio y en aras de la simplicidad hemos recurrido a la aproximación lineal, observándose que la relación lineal estadística entre el PIB y las emisiones de CO2 o la huella de carbono muestra que el comportamiento es similar; esto es, incrementos del PIB se alinean positivamente con crecimientos tanto de las emisiones de CO2 como de la huella de carbono generada por la economía española, para el periodo de tiempo analizado (Gráficos 9 y 10). 9 El propio Simon Kuznets (1955), reconoce, en Economic Growth and Income Inequality, que: «Al concluir este documento, soy muy consciente de la escasez de información fiable presentada» (p. 26). El documento contiene tal vez un 5 % de información empírica y un 95 % de especulaciones, algunas de las cuales posiblemente estén contaminadas por deseos. La duda expresada por Kuznets parece sensata para su época, también podría serlo para la actual, donde la excesiva financiarización de la actividad económica y su importante volatilidad requiere ciertas dosis de especulación, aunque también de prudencia ante fenómenos tan complejos y cambiantes. GRÁFICO 9 EMISIONES DE CO2 Y PIB, ESPAÑA (1960-2017) (ktep y euros constantes de 2015, log10) FUENTE: Elaboración propia, a partir de Banco Mundial. y=0,9509x=5,9131 R =0,8945 4,6 4,7 4,8 4,9 5 5,1 5,2 5,3 5,4 5,5 5,6 11 11,2 11,4 11,6 11,8 12 12,2 CO , ktep PIB, euros cte. 2015 2 2 246 INDICADORES MACROECONÓMICOS AMBIENTALES. EL CASO ESPAÑOL Cuadernos Económicos de ICE n.o 101 · 2021/I Hervieux, M. S., & Darné, O. (2013). Environmental Kuznets Curve and ecological footprint: A time series analysis. Economics Bulletin, 35(1), 814-826. http://accessecon.com/Pubs/ EB/2015/Volume35/EB-15-V35-I1-P84.pdf Kessler, J. J. (1994). 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