El siglo VIII y la Arqueología. Estado de la Cuestión y Revisión.
Abstract
Tras la llegada de los musulmanes a la Península Ibérica se sucede toda una serie de cambios que pueden observarse en el registro material. De esta manera, la arqueología puede arrojar luz sobre el alcance de estos procesos así como el tiempo que tardan en producirse. Sin embargo, los estudios arqueológicos sobre el siglo VIII son escasos en casi toda la península. Con el presente trabajo se realizará un Estado de la Cuestión que muestre el panorama actual de la investigación y su alcance. Finalmente, se incluyen materiales paleoandalusíes de la ciudad de Sevilla y su interpretación arqueológica.
Full text
Ana Mateos Orozco 1 ÍNDICE INTRODUCCIÓN ............................................................................................................ 2 OBJETIVOS Y METODOLOGÍA ............................................................................... 3 PROBLEMÁTICA ....................................................................................................... 4 JUSTIFICACIÓN ......................................................................................................... 6 ESTADO DE LA CUESTIÓN ......................................................................................... 8 HISTORIOGRAFÍA ..................................................................................................... 8 ESTUDIO BIBLIOMÉTRICO ................................................................................... 10 EL REGISTRO MATERIAL DEL SIGLO VIII ........................................................ 16 EL GARB AL-ANDALUS. EL EJEMPLO DE SEVILLA ........................................... 33 LA LLEGADA DE LOS MUSULMANES ............................................................... 33 DE HISPALIS A ISBILYA ........................................................................................ 36 LA CERÁMICA DE LA PLAZA DE LA ENCARNACIÓN .................................... 42 CONCLUSIONES .......................................................................................................... 49 BIBLIOGRAFÍA ............................................................................................................ 52 ANEXO DE FIGURAS .................................................................................................. 57
El siglo VIII en al-Andalus y la Arqueología. Estado de la Cuestión y Revisión INTRODUCCIÓN Resumen: Tras la llegada de los musulmanes a la Península Ibérica se sucede toda una serie de cambios que pueden observarse en el registro material. De esta manera, la arqueología puede arrojar luz sobre el alcance de estos procesos así como el tiempo que tardan en producirse. Sin embargo, los estudios arqueológicos sobre el siglo VIII son escasos en casi toda la península. Con el presente trabajo se realizará un Estado de la Cuestión que muestre el panorama actual de la investigación y su alcance. Finalmente, se incluyen materiales paleoandalusíes de la ciudad de Sevilla y su interpretación arqueológica. Abstract: After the muslim conquest of the Iberian Peninsule took place a series of changes that can be observed in the material register. Thus, the archeology can light up the scope of these processes and how long did they take. Nevertheless, the archaeology studies based on the VIII Century, are limited in almost the whole Iberian Peninsule. In this work we will write a State of the Matter that shows the actual panorama and their range. Finally, archaeological materials of Seville and their archaeological interpretation are included.
Ana Mateos Orozco 3 OBJETIVOS Y METODOLOGÍA Con el presente trabajo realizaremos un estado de la cuestión de los estudios sobre las evidencias arqueológicas del siglo VIII y la transición entre el mundo visigodo y la etapa emiral en la península ibérica, realizando un recorrido historiográfico a nivel general y atendiendo a aquellas zonas en las que la investigación ha adquirido una especial relevancia, como es el sureste peninsular. Buscaremos además, dar visibilidad al registro material del siglo VIII, especialmente centrándonos en la zona de Andalucía Occidental y el Sur de Portugal, conocido como Garb al-Andalus. Debido al poco material disponible para el estudio, tomaremos como referencia el caso de Sevilla, ya que disponemos de los materiales obtenidos de la excavación en la Plaza de la Encarnación, fechados entre los siglos VII y VIII. Este siglo comprende una etapa fundamental y de especial relevancia en la historia medieval española, puesto que tras la conquista en el 711, la Península se adaptará a toda una nueva serie de costumbres. El alcance de la conquista también puede analizarse desde la peculiaridad del registro material a través de la arqueología. El registro material supone, en ocasiones, el reflejo de muchas de las pautas culturales en el ser humano. Sin embargo, los estudios arqueológicos para estos momentos son, como ya veremos, escasos en su mayoría (con excepciones) y muchos de ellos destinados a estudiar la segunda mitad del siglo VIII y por tanto, el repertorio propiamente emiral omeya. En el caso andaluz existe un método para la detección y el control de yacimientos, principalmente rurales, a través de los resultados de las diferentes prospecciones realizadas desde 1980 hasta la actualidad. A pesar de que cuenta con carencias, debido a que entre la década de 1980 y 1990 no se conocían los materiales tardoantiguos y emirales, aporta bastante información, especialmente a partir del año 2000 (Amores Carredano y García Vargas, inédito). A pesar de que es una herramienta de gran interés, no hemos podido aplicarla de manera directa en este trabajo, aun así, incluimos en el Estado de la Cuestión algunos de los datos obtenidos en el estudio mencionado previamente. 1 1 Estos datos han sido facilitados por el profesor Fernando Amores, coordinador del trabajo.
El siglo VIII en al-Andalus y la Arqueología. Estado de la Cuestión y Revisión El objetivo es, por tanto, poder esclarecer qué materiales son los que encontramos en esta zona durante la transición cultural que tiene lugar en estos momentos y, sobre todo, establecer las bases del estado de la investigación en la actualidad, repasando los lugares donde se ha desarrollado con mayor fuerza, principales autores dedicados a ello y aquellos otros lugares exponencialmente interesantes para investigaciones futuras. Se intentará establecer una explicación al interés y a la vez desinterés sobre este periodo teniendo en cuenta la problemática de configurarse como un siglo bisagra y a la sombra de otros con una magnitud de materiales mucho mayor. El método de trabajo se basará principalmente en la lectura comprensiva y comparativa de diferentes artículos de publicaciones especializadas. En muchas de estas este periodo no se trata con la profundidad que se debería o bien pasa desapercibido. Con todo esto se realizará el Estado de la Cuestión. Posteriormente, teniendo en cuenta todos los artículos obtenidos tras una búsqueda en diferentes buscadores de artículos científicos se llevara a cabo un estudio bibliométrico, el cual se explicará con mayor detenimiento en un apartado posterior de este trabajo, así como sus resultados. Con estos datos, unidos a los artículos seleccionados para su lectura, podremos establecer cuáles son las líneas generales que sigue la investigación, los lugares de mayor producción, los más estudiados, etc. Esto servirá para poder apoyar las conclusiones realizadas al finalizar el trabajo. Finalmente, compararemos las formas y tipologías cerámicas ya estudiadas y establecidas en el sur de Alicante, Mérida, Córdoba o Hellín, con las figuras inéditas de las excavaciones de la Plaza de la Encarnación en Sevilla. Para trabajar con los materiales de la Plaza de la Encarnación hemos digitalizado los dibujos que se realizaron tras la excavación del yacimiento. PROBLEMÁTICA El siglo VIII es un siglo de transición cultural lo que complica su estudio y el reconocimiento de sus componentes y sus límites. Este repertorio material está formado por elementos tanto visigodos como emirales, siendo usual que estos materiales se clasifiquen en uno u otro periodo, sin llegar a crear un repertorio conjunto que sea representativo de estos momentos de transición. Por otro lado, y debido en gran parte a
Ana Mateos Orozco 5 que se desconocen estas producciones, estos materiales han tendido a ser confundidos con los de época prehistórica, por estar fabricados a mano o torneta, por sus bordes almendrados, mamelones, carenas, bases planas… por lo que los contextos son extremadamente fundamentales para su correcta interpretación (Alba Calzado y Gutiérrez Lloret, 2003). Fundamentalmente aparece vajilla de cocina, debido a que durante mucho tiempo, la tendencia central siempre fue estudiar elementos de prestigio o lujo, quedando estos elementos en segundo lugar u olvidados (Alba Calzado y Gutiérrez Lloret, 2003; Gutiérrez Lloret, 1988). Sonia Gutiérrez Lloret (1988) señala que otra complicación asociada al reconocimiento material del siglo VIII es el desconocimiento del registro material del siglo VII. Sin embargo, en las últimas décadas los estudios de la tardoantigüedad han ido creciendo de manera exponencial; de hecho, en nuestro caso de estudio concreto, la zona del Bajo Guadalquivir cuenta con varias publicaciones, entre las que destacamos la realizada en 2013 por Enrique García Vargas, Francisco José García Fernández, Pablo Garrido González, Jacobo Vázquez Paz, Javier Escudero y Mark Hunt Ortiz, llamado el Bajo Guadalquivir durante la Antigüedad Tardía (Siglos III-VII d.C.). Ensayo de una tipología de asentamientos, una revisión de trabajos anteriores de García Vargas y Vázquez Paz entre 2012 y 2013. Algunos de estos sirven como base para poder establecer cuáles son las diferencias observables desde el siglo VIII. Los siglos VI y VII son siglos que por sí solos presentan complicaciones que dificultan su estudio de materiales al encontramos con una realidad cultural muy compleja y variada formada por hispanorromanos, visigodos y bizantinos en la costa mediterránea. La cerámica visigoda además se muestra de manera fragmentaria, casi en su totalidad asociada a ajuares y contextos funerarios (Gutiérrez Lloret, 1988). Muchos de estos materiales ya se encuentran depositados en museos debido a que provienen de excavaciones antiguas. Esto supone también un problema a la hora de su estudio, ya que en el momento de la excavación no se atendieron como se debería. Ejemplo de ello fue el estudio de la cerámica tardoantigua y emiral del Cerro del Molino del Tercio en Granada (Jiménez Puertas, 2008). En resumen, podemos señalar que, en primer lugar, el contexto de aparición del registro material es completamente necesario en estos casos, ya que no tenemos series tipológicas
El siglo VIII en al-Andalus y la Arqueología. Estado de la Cuestión y Revisión bien establecidas (Gutiérrez Lloret et al., 2003: 161). También, debemos señalar la necesidad de conocer las formas precedentes, para así poder determinar si en este momento de cambio cultural, se dan procesos de continuidad o ruptura. En el caso de que no existieran repertorios materiales bien estudiados, Sonia Gutiérrez Lloret (1986) señala que lo más correcto sería realizar un estudio paralelo de los materiales del siglo VIII y tardorromanos, como se realiza en la Ermita de Fontcalent, en Alicante, La Alcudia, de Elche y la Arneva de Orihuela. A nivel de trabajo investigador, podemos señalar que también existen complicaciones, las cuales vienen fundamentalmente derivadas de la escasez de publicaciones y en muchos casos del desinterés por parte de los investigadores por este siglo. Son numerosas las publicaciones cuyos títulos sugieren la temática de la transición entre la Tardoantigüedad y la Alta Edad Media, y pasan por alto el siglo VIII, fundamental para la comprensión de los cambios que se sucederán en los años posteriores. JUSTIFICACIÓN La realización de este trabajo se justifica, en primer lugar, por realizar el estado de la cuestión de los estudios existentes sobre el paso entre la Tardoantigüedad y la Alta Edad Media en al-Andalus, tras la introducción del mundo islámico. Para ello se tendrán en cuenta tanto trabajos tradicionales, como los más actuales. Todo ello quedará reflejado en el apartado de Estado de la Cuestión, y más concretamente de historiografía. Por otro lado, y en relación con esto, servirá para poder iniciar un esbozo del siglo VIII en Andalucía Occidental, y como muestra del alcance y también de las carencias que deben suplirse en estudios en un futuro, especialmente en la zona del Garb al-Andalus. El señalar las carencias y vacíos en la investigación, no solo es una crítica sino que funciona como llamada de atención para dar visibilidad a esta etapa de transición y a sus materiales. Consideramos esto fundamental por diversas razones. En primer lugar, debido a que los siglos de transición cultural como es el siglo VIII, presentan una singularidad y originalidad única, y permiten observar fenómenos de cambio cultural que solo pueden verse como ya hemos señalado en momentos muy concretos de la historia. Además, en el caso concreto del siglo VIII, el estudio arqueológico podría ayudar a esclarecer si estamos ante un proceso de ruptura,
Ana Mateos Orozco 7 continuidad o cambio paulatino, algo que no queda bien esclarecido con las fuentes escritas. Enfatizar aquello que no se ha hecho en la investigación tradicional, nos muestra tendencias repetidas en multitud de ocasiones; en este caso, el vacío investigador se explica por diversos motivos que se retroalimentan unos a otros. Destaca el desinterés en los primeros momentos de la investigación por aquellos siglos o etapas históricas sin repertorios materiales singulares, y tras ello la escasez de estudios debido al desconocimiento, y por tanto, por la dificultad que ello implica. Consideramos que en la actualidad existen los recursos necesarios para abarcar el estudio de esta época, tanto por los avances en los estudios sobre la tardoantigüedad, como por el auge de la arqueología urbana de los años precedentes. Estamos por tanto en un contexto que facilita y requiere el acercamiento a estos materiales, muchos de ellos depositados en museos o en depósitos provinciales a la expensa de un futuro estudio de materiales. Podemos considerar que es el momento propicio para ello, puesto que ante la tesitura actual de escasez de excavaciones e intervenciones arqueológicas, los estudios de materiales son una alternativa muy eficaz para continuar con las investigaciones sin la necesidad de intervenir con una excavación.
El siglo VIII en al-Andalus y la Arqueología. Estado de la Cuestión y Revisión ESTADO DE LA CUESTIÓN HISTORIOGRAFÍA Los estudios de cerámica islámica tienen su origen en una pequeña, pero muy importante publicación de Gómez Moreno en 1888, en la que recoge la cerámica obtenida de intervenciones en el entorno de la ciudad de Illbirah (Granada). Después de él se llevaron a cabo algunos estudios similares, sin embargo, debido al régimen dictatorial en España, y prácticamente de manera paralela en Portugal, la arqueología queda estancada hasta los años 70 (Carvajal y Puertas, 2011). Tras los 70, la primera publicación de relevancia para estos estudios, es la realizada por Roselló Bordoy en 1978, “Ensayo de sistematización de la cerámica islámica de Mallorca”. En este, y en posteriores, analiza la nomenclatura y las formas de cómo indica su nombre la cerámica islámica de la isla de Mallorca, recogiendo las formas de las primeras épocas. En este mismo año se realiza el Primer encuentro de cerámica medieval del Mediterráneo Occidental en Francia, el cual supone un punto de inflexión y en él se reúnen diferentes autores con puntos de vista, y sobre todo, con formaciones muy dispares. Zozaya presenta su estudio sobre “Evolución de la cerámica en relación al marco histórico político de al-Andalus”, muy concienciado con las cronologías, y Bazzana, quien tiende más a los aspectos tecnológicos, presenta “La cerámica del Sharq al-Andalus en el este de España” (Carvajal y Puertas, 2011). De esta forma, podemos observar como los primeros pasos se dan a finales de los años 70 y en la zona de la vertiente mediterránea. Años después aparecen más autores que dedicarán sus estudios a los primeros años de al- Andalus, entre ellos podemos destacar a Manuel Acién y Sonia Gutiérrez Lloret (discípula del anterior), la cual dedica gran parte de su investigación, hasta la actualidad, al llamado periodo paleoandalusí. Gutiérrez Lloret ve un sistema de producción y distribución introducido por los musulmanes pero que continua asociado al mundo visigodo formalmente y al sistema de producción feudal (Carvajal y Puertas, 2011). En la década de los 90 aparece otro autor concienciado con las producciones tanto altomedievales como tardorromanas, Antonio Malpica. Se desarrollan diversos congresos, así como revistas que revitalizan los estudios islámicos lo que va a permitir que avancen los estudios de la etapa paleoandalusí. Podemos destacar
Ana Mateos Orozco 15 presente en todas las zonas, a excepción del Oeste. Tras esto lo más utilizado son las Actas de Congreso. Conclusiones del Estudio Bibliométrico En primer lugar este estudio permite ver que hay una gran deficiencia para el conocimiento del siglo VIII y que esta radica en la falta de bibliografía y por tanto, de publicaciones científicas. Sin embargo, podemos ver cómo conforme han ido pasando los años la tendencia a estudiar esta época ha aumentado, teniendo rachas con bastante producción. El hecho de que la zona más estudiada sea el Este y el Sudeste tiene fácil explicación, como ya señalamos en la historiografía. Es este el lugar donde se comienza a investigar la cerámica medieval y en concreto el periodo que nos concierne, por tanto, no es de extrañar que, teniendo una historiografía más larga, tengamos mayor información. Con este tipo de análisis bibliométrico podemos ver incluso las tendencias de algunas zonas a nivel de investigaciones. El hecho de que el suroeste, por ejemplo, tenga menos publicaciones para esta época, significa que la tendencia en este lugar es investigar otros momentos históricos, quizás de mayor relevancia histórica en ese territorio. Es decir, en lugares como Sevilla, existen periodos o momentos históricos de tal relevancia y que generan tanta información o interés, que eclipsan a otros.
El siglo VIII en al-Andalus y la Arqueología. Estado de la Cuestión y Revisión Hemos obtenido que muchas de estas publicaciones tienen lugar en la zona centro, esto se debe a que Madrid, como capital, tiene mayor capacidad para publicar, y por otro lado centraliza gran parte de los estudios. Quizás una de las pruebas más curiosas es la del número de publicaciones por año, en la que observamos cómo en los primeros años del siglo XXI aumentan las publicaciones de forma exponencial, produciéndose después, en 2008, una gran caída. Estos años coinciden con los años de bonanza económica y constructiva, y con ello el auge de la arqueología urbana. EL REGISTRO MATERIAL DEL SIGLO VIII No podemos establecer formas comunes al territorio atendiendo a aspectos tipológicos debido a la regionalización, de la que ya hemos hablado, y a que no existen tipologías establecidas de una manera amplia. Las diferencias se establecen atendiendo a criterios utilitarios y funcionales que si son comunes en el territorio (Alba y Gutiérrez, 2003; Gutiérrez, 1988). A continuación veremos los resultados obtenidos del estudio de diferentes elementos del registro material. El apartado se ha dividido atendiendo a la naturaleza de cada uno de ellos, cerámica, registro funerario, elementos arquitectónicos y otros materiales como monedas o precintos de plomo. Cerámica Tolmo de Minateda (Hellín) Este yacimiento gozó de gran importancia durante la época visigoda y durante época emiral. Se suele asimilar a Madinat Iyyuh, topónimo islámico para la visigoda Eio, nombrada entre las ciudades del Pacto de Teodomiro (o Tudmir). Durante época visigoda goza de gran importancia, ya que se configura como sede episcopal desde el siglo VI, momentos en los que también puede verse un gran desarrollo urbanístico. (Gutiérrez Lloret et al., 2003: 120-121) Las excavaciones comenzaron en el 1988 y se han continuado hasta la actualidad. Con ellas se han determinado gran parte los espacio tardoantiguos de la ciudad, detectando cuáles de estos se mantienen tras la conquista.
Ana Mateos Orozco 17 La mayoría de los contextos son fundamentalmente visigodos, sin embargo en este barrio que hemos mencionado aparecen cerámicas muy diferentes, piezas a mano, grandes jarros, cazuelas planas… que puede explicarse por el contexto del siglo VIII en este lugar. En la zona de la basílica sí se han identificado formas nuevas, relacionadas con el uso doméstico de este edificio tras la conquista islámica. Encontramos materiales con mucha relación con la vajilla visigoda como jarras, botellas y ollas a torno, así como materiales relacionados con la presencia islámica, cazuelas a mano o torneta, tazas de paredes finas con dos o más asas, lucernas para colgar (solo comparables con Madinat al Zahra). En estos lugares podemos constatar la presencia de cerámica tanto novedosa como precedente. Para nuestro trabajo el horizonte que nos interesa es el Horizonte II, en el que podemos identificar cerámicas de cronología emiral emparentadas con las producciones visigodas morfológicamente (figura 1). Estos materiales pueden compararse con los de Valencia o Cartagena para intentar esclarecer algunas formas significativas de este siglo, aun así, la datación puramente tipológica sigue siendo complicada (Gutiérrez et al., 2003: 140-161). Imagen 1: Resumen de los materiales del Horizonte II del Tolmo de Minateda (Gutiérrez Lloret et al., 2003: 159)
El siglo VIII en al-Andalus y la Arqueología. Estado de la Cuestión y Revisión Sur del País Valenciano La mayor parte del material identificado está realizado a torno bajo o torneta, decorado con motivos realizados con peine, principalmente incisiones y ondulados. También aparece material a torno, cuando está decorado se observan motivos geométricos pintados o vidriados en verde o melado que cubren toda la pieza, aunque estos son los colores mayoritarios, también se ha identificado un único fragmento en color nácar. Las producciones a torno parecen relacionarse directamente con formas tardorromanas, siendo muy característico el candil de piquera corta, fechado entre los siglos VIII y IX. La cerámica común se realiza en torneta, predominan las marmitas de base plana y paredes rectas. Podemos determinar que el elemento más común son las ollas y marmitas, destinadas a la cocción de alimentos, así como otras relacionadas con la contención, transporte, iluminación o servicio (Gutiérrez Lloret, 1986: 161-165) (figura 2). Imagen 2: marmitas de tradición tardorromana (a la izquierda) en comparación a las marmitas islámicas a mano (Gutiérrez Lloret, 1986: 150,154) Es muy probable que estos materiales sean resultado de diferentes culturas anteriores, incluida la bizantina, que tienen una fuerte influencia en la denominada Spania hasta el 629, además encontramos una cerámica similar y con evolución similar en la zona de Cartago (Llobregat, 1985:401; Reynold, 1986:259 en Gutiérrez Lloret, 1986:161-165). Se encuentran paralelos en Murcia, Almería, Granada o Málaga (toda Spania), pero no los encontramos para las piezas a torno bajo en la zona de la Serranía de Ronda (de
Ana Mateos Orozco 19 asentamiento bereber). Generalmente aparecen en enclaves hispanovisigodos o mozárabes, lo que indica que son piezas autóctonas (Acién, 1985: 246-248 en Gutiérrez Lloret, 1986: 161-165). Marroquíes Bajos (Jaén) En Jaén encontramos materiales muy representativos para siglo VIII, las ollas trípode (figura 4), una producción muy característica de la zona, y los candiles de piquera corta 2 con el asa introducida por el interior del gollete, como vemos en la figura 3, que son un elemento que permite fechar con mucha precisión el registro como representativo del siglo VIII. Imagen 3: Candil de piquera corta (rota y, por tanto, no bien apreciable) y con el asa introducida por el gollete obtenido del yacimiento de Marroquíes Bajos (Pérez Alvarado et al., 2003: 402) En cuanto a los grupos visigodos, podemos determinar ciertas formas que se mantienen tras la conquista, algunas de ellas, aunque con modificaciones, perviven en el IX (Pérez Alvarado et al., 2003: 397-408). Los materiales considerados puramente islámicos son los correspondientes ya al siglo IX, solo ciertas ollas son similares a las encontradas en la Campiña de Jaén que si se han datado en el siglo VIII (Castillo, 1998; Pérez, 2003 en Pérez Alvarado et al., 2003: 397-408). 2 En la Plaza de la Encarnación aparecen estos candiles de piquera corta, muy representativos de la etapa paleoandalusí (comunicación oral por parte del Dr. Fernando Amores), se han podido localizar en la base de datos, pero no los dibujos, por lo que no han podido ser incluidos en el estudio de materiales.
El siglo VIII en al-Andalus y la Arqueología. Estado de la Cuestión y Revisión Imagen 4: olla trípode característica de la zona de Jaén (Alba Calzado y Gutiérrez Lloret, 2003: 600) Vega de Granada En el artículo “Cerámica tardoantigua y emiral de la Vega de Granada. Cerro del Molino del Tercio (Salar)”, (Jiménez Puertas, 2008: 163-216), se estudian una serie de materiales procedentes del Molino del Tercio pertenecientes a las campañas de excavación realizadas en la segunda mitad de la década de los 70. El material se depositó en el museo, aunque no completo, y nunca se estudió. Se tomaron 68 piezas inéditas que posiblemente no muestren la realidad total del yacimiento. Pudieron detectar diferentes tipos de cerámicas, siendo la mayoría piezas a torno de menor tamaño que las tinajas, con grandes variaciones en las pastas, diferencian entre pastas bien depuradas y decantadas que pertenecen a tipologías como la Terra Sigilata Africana D, que perdura hasta el siglo VII, a la Terra Sigilata Hispánica Tardía H, que aparecen hasta el VI, a alfares urbanos de época emiral, con materiales de pastas muy claras, y materiales del siglo IX con pastas rojizas o grises. Encontramos también pastas con desgrasantes de tamaño intermedio y formas realizadas a torno, aparecen en multitud de tonos, claras y rojizas con engobe blanco (fácilmente asimilable a las africanas) y rojizas y grises de producción local. Finalmente las piezas con las pastas menos depuradas parecen ser en su totalidad tinajas o elementos de transporte y almacenamiento. Entre las formas más características del siglo VIII encontramos las típicas ollas con perfil en “S” y
Ana Mateos Orozco 21 labio exvasado al exterior y cazuelas con mamelones (Jiménez Puertas, 2008: 173). Entre los siglos VII y VIII encontramos menos formas abiertas. Es posible que esto se deba a un cambio en la alimentación o a que se usen recipientes de madera (Gutiérrez Lloret, 1996:151 en Jiménez Puertas, 2008: 73-90). Mérida En Mérida debemos destacar la existencia de un hilo conductor desde el siglo VI al IX (figura 5), por lo que no podemos hablar de ruptura total entre el mundo islámico y el visigodo. Si se observan diferencias entre la cerámica común y la de lujo, en la común hay continuidad e incluso se mantiene hasta el siglo IX, sin embargo en el menaje de lujo si hay reducción hasta la total desaparición en el siglo VII, son sustituidos por cerámicas poco parecidas, principalmente jarros y candiles, de cerámica fina de importación y en números muy reducidos, son más comunes en la etapa califal (Alba y Feijoo, 2003: 492- 493). Imagen 5: repertorio cerámico de Mérida de herencia visigoda, primera mitad del siglo VIII (Alba Calzado y Gutiérrez Lloret, 2003: 593)
El siglo VIII en al-Andalus y la Arqueología. Estado de la Cuestión y Revisión Podemos determinar que la cerámica es muy diferente dependiendo de la zona de estudio, y sobre todo, que son necesarios muchos más estudios para poder determinar tipologías más acertadas y completas para la realidad peninsular, ya que en este caso no tenemos apenas datos de la zona suroccidental. Las formas más comunes son las ollas y marmitas, y junto a ellas las cazuelas, que en momentos avanzados presentan vidriados en el interior. Podemos ver que hay tres tipos, a grandes rasgos, en el sudeste, marmita de base plana y paredes rectas y cazuela similar con mamelones, en el suroeste y centro peninsular, ollas de perfil en S y cazuelas carenadas, y formas muy características como trípodes, en la zona del Alto Guadalquivir. Junto con estas formas podemos encontrar discos y cazuelas de pan o gachas, también denominados tabaq. Estas piezas son muy características de cultura islámica ya que se usan para cocer el pan ácimo, relacionado con esto aparece el tannur, troncocónico o cilíndrico (Alba y Gutiérrez, 2003: 588). También en las tinajas podemos encontrar dos familias, la jarra de dos asas desde el hombro a la mitad del cuello y decorada con filetes rojos en el cuello, aparentemente de influencia oriental, y las jarras con una sola asa y labio al hombro, también llamados cántaros; en estos últimos, es más común que lleven tratamiento superficial de influencia occidental. Los jarritos de perfil en S y boca trilobulada comienzan a usarse para el servicio de mesa, anteriormente en el mundo visigodo son piezas que suelen aparecer asociadas a ajuares funerario. Como ya hemos señalado las formas abiertas como platos y cuencos son muy escasas. Solo aparecen formas abiertas en cantidades relevantes en el Tolmo de Minateda, donde observamos cuencos carenados, y a partir de época califal, el ataifor (Alba y Gutiérrez, 2003: 588-605), una forma muy característica del mundo islámico pero que también parece hundir sus raíces en el mundo hispanorromano. Sobre el ataifor, Rosselló Bordoy (1986: 281-283), realiza una investigación acerca de su evolución distinguiendo 5 tipologías, las cuales parecen ser una pervivencia de la patera tardorromana de la vajilla áulica cordobesa (Rosas Artola). Sin embargo en la forma I, se han visto similitudes con el T’ang, un bol de origen chino que se trasmite por occidente entre los siglos VIII y IX. El trabajo arqueológico de los últimos años ha demostrado que en todos los yacimientos estudiados del siglo VIII no se observa homogeneización del registro cerámico, es decir,
Ana Mateos Orozco 23 que no se imponen los materiales cerámicos de los nuevos habitantes, sino que conviven normalmente con el registro anterior (Manzano Moreno, 2003: 552). Necrópolis Atendemos ahora al registro funerario, de especial importancia, puesto que tras momentos de conquista o aculturación, en la mayoría de los casos, es aquí donde apreciamos las mayores pervivencias Pamplona En este caso concreto el estudio de las necrópolis puede arrojar luz sobre la historia de la ciudad. Probablemente tuviera un gobierno inestable, tal y como muestran las fuentes que relatan diferentes sometimientos por parte de los emires desde Córdoba y los intentos de independencia de la ciudad. Hasta la fecha esta es la maqbara con datación más temprana de la península ibérica (Faro et al., 2011: 295-303). Entre 2001 y 2004 se excava la maqbara de la Plaza del Castillo, que en su origen se localizaría extramuros de la ciudad. Se pudieron identificar 190 sepulturas siguiendo la costumbre islámica, fosas muy simples y austeras, con cubiertas de lajas o tejas, en algunas hay clavos que se han identificado como algún elemento lígneo usado como cubierta mediante paralelismos encontrados en la necrópolis de Marroquíes Bajos. El ritual seguido es el islámico, individuos orientados hacia la Meca en posición decúbito lateral (Serrano, 2009:99 en Faro et al., 2011: 303). Posiblemente lo más interesante de este yacimiento es el estudio antropológico realizado a los restos. Aparecen individuos de edades y sexos diferentes, algo que muestra que la población allí enterrada no representa a una muestra sesgada, sino que estaría plenamente asentada en el territorio. Uno de los individuos, varón y con signos de violencia, ha sido sometido a datación radiocarbónica, lo que situó su muerte entre los años 713-714 y 770. La presencia de señas de violencia y la fecha estimada indica que la necrópolis ya estaba en uso en el siglo VIII, y por otro lado, que la población estaba sometida a una presión bélica constante, ya que este individuo no es el único con muestras de violencia y diferentes fracturas (Faro et al., 2011: 303). De Miguel (2007 en Faro et al., 2011: 303) determinó a través de las denticiones de los individuos que al menos un sector de la población podría venir del norte de África, pues se observan ciertas peculiaridades, modificaciones dentales intencionales, que también se
El siglo VIII en al-Andalus y la Arqueología. Estado de la Cuestión y Revisión encuentran en este lugar para estas fechas. Pamplona es una de las ciudades con un fuerte gobierno visigodo previo a la conquista. En muchas de estas ciudades, debido a su importancia, conocemos con certeza que se asienta parte de la población recién llegada (Faro Caballa et al., 2007 en Faro et al., 2011: 30-303) Marroquíes Bajos Tras la excavación de la maqbara de Marroquíes Bajos, en Jaén, se ha podido determinar que esta necrópolis, con origen en la tardoantigüedad, persiste hasta al menos la mitad del siglo VIII. Las comunidades autóctonas no cambian el rito funerario en los primeros momentos. Todo esto nos indica que, en primer lugar, la ubicación de la necrópolis se mantiene tras la conquista islámica, y en segundo lugar, que puede ser un sitio donde poder observar los cambios culturales que se producen tras la conquista. La necrópolis es muy extensa, solo la N2 y la N4, que suponen el 17 % del total, sigue el ritual islámico. Una de ellas se asocia al arroyo de la Magdalena y presenta rasgos de necrópolis de transición. Las sepulturas responden a la orientación cristiana y están excavadas en la roca. Desde la segunda mitad del siglo VIII comienzan a mezclarse con los enterramientos de rito islámico. Estos últimos empiezan a darse cada vez con más asiduidad hasta convertirse en el rito predominante a partir del siglo IX (Castillo et al., 2011: 277-288). Maqbara de la Plaza de España (Écija) Finalmente, debemos mencionar la necrópolis de la Plaza de España en Écija. En este lugar se ha documentado una necrópolis tardoantigua con monumentos funerarios que perdura tras la conquista islámica. De hecho, se configura como una maqbara en torno a la necrópolis de rito cristiano inicial, sin llegar a destruirla o alterarla en ningún momento. Se han estudiado los ajuares de muchas de las tumbas visigodas, recopilando las formas de los jarritos típicos asociados a estas (García-Dils de la Vega et al., 2011). Los elementos cerámicos asociados a esta pueden situarla entre los siglos VIII al XI. La necrópolis está densamente estratificada, sobre todo en las fases más recientes debiendo al parecer a que hay una mayor demanda y menor espacio para el enterramiento. Las fosas son en su mayoría individuales, simples y sin cubiertas, aparecen también cajas de adobe, algunos muretes de ladrillo para delimitar las fosas y en algunos casos cubiertas de tejas. En algunas zonas aparecen osarios, resultado de la remoción de fosas más antiguas para
Ana Mateos Orozco 31 Monedas y precintos Las monedas son, como señalamos en el siguiente apartado, un elemento fundamental para materializar el cambio tras la conquista musulmana. Las primeras monedas, únicamente en latín, tienen un carácter mucho menos específico, son ejemplares áureos con la leyenda Spania y en el reverso se puede leer “no hay más dios que Dios”. Desde el 716 la leyenda es bilingüe, muestran la estabilización de un poder político asentado en el territorio tras una serie de años un tanto convulsos, además, los dinares bilingües andalusíes coinciden en el tiempo con los dinares bilingües norteafricanos. A pesar de esto último las acuñaciones andalusíes difieren mucho. En el anverso, en latín encontramos una leyenda en la que se puede leer “Sólido hecho en Spania en el año…”, mientras que en el reverso, en árabe, aparece la misión profética de Mahoma. En la leyenda del anverso, en este caso también en árabe, se incluía el año y el lugar de emisión, es aquí donde encontramos por primera vez el topónimo al-Andalus en una acuñación monetal, todos ellos del año 98 de la Hégira (716-717) (Ariza Armada, 2016: 137-146). No es el primer lugar donde aparece el topónimo, sino en un precinto de plomo de época de Abd el-Aziz resellado en época de al-Hurr, Ibrahim (2011) ve esta nueva denominación como un intento de Abd el-Aziz de independizarse. Otra muestra de estos primeros momentos son los precintos de plomo, muy bien trabajados por Tawfiq Ibrahim (2011). Nos presentan una realidad en cuanto a la conquista muy diferente a la que muchas de las crónicas relatan, ya que gracias a estos podemos ver que en múltiples ciudades se dan pactos de paz en lugar de conquista violenta, como venían señalando únicamente las fuentes escritas. Algunas de estas ciudades son Sevilla (figura 11), Medina Sidonia, Ossonoba o Beja. Imagen 11: precinto de plomo que muestra el pacto de paz con la ciudad de Sevilla (Ibrahim, 2011: 153)
El siglo VIII en al-Andalus y la Arqueología. Estado de la Cuestión y Revisión Como vemos, tanto las monedas como los precintos, son una incorporación totalmente nueva del gobierno establecido tras la conquista islámica. Son un elemento de vital importancia para poder conocer el alcance de la implantación de este, pero sin embargo, no nos permiten ver qué ocurre con la realidad y con el resto de la población.
Ana Mateos Orozco 33 EL GARB AL-ANDALUS. EL EJEMPLO DE SEVILLA LA LLEGADA DE LOS MUSULMANES La contextualización histórica es fundamental para cualquier estudio arqueológico, más aun para periodos como este, en los que debido a la falta de información es necesario conocer con detalle los momentos precedentes para poder establecer si existen o no cambios. En el siglo VIII se produce la llegada de los musulmanes a la Península Ibérica. La mayoría de referencias que tenemos sobre estos momentos son fuentes escritas en momentos posteriores, de manera que, aparte del registro material, no tenemos forma de reconstruir esta etapa de manera directa. Las fuentes más antiguas que conocemos son del siglo IX. Esta falta de información puede completarse con el registro material, algo que ya se ha realizado con las monedas (García Sanjuán, 2011: 177), a pesar de ello, y como vemos en este trabajo, existen otros elementos materiales de interés como los precintos de plomo o la cerámica en sí misma. La realidad de la península ibérica era muy variada antes del 711, pudiendo identificar principalmente a visigodos e hispanorromanos, y también, sobre todo en el sureste, presencia bizantina desde 552 hasta el 629, momento en el que esta zona se integra totalmente en el Reino Visigodo. Esto generaba un sustrato poblacional muy variado para las distintas zonas, ya que en algunas la influencia visigoda fue mucho mayor, principalmente en centros urbanos; en otras se mantuvo durante mucho tiempo la herencia hispanorromana, como en las zonas rurales; y en otras incluso tuvo especial relevancia la cultura bizantina, a pesar de que para aquellos momentos ya habían abandonado la península (Gutiérrez Lloret, 1988: 20-32). La cultura bizantina y por lo general la oriental, se pueden observar en diferentes lugares donde no tuvo lugar la ocupación bizantina, principalmente debido al comercio. Un ejemplo de ello son las ánforas orientales aparecidas en la Plaza de la Encarnación (Amores et al., 2007: 137). Fueron muchas las rebeliones y levantamientos ante el poder visigodo, que siempre fue un tanto débil. De hecho en los primeros momentos fue necesario establecer un fuerte control militar a modo de corredor entre Barcelona y Sevilla, la cual no estuvo firmemente dominada hasta mediados del siglo VI. En algunas ciudades como Mérida y Sevilla el
El siglo VIII en al-Andalus y la Arqueología. Estado de la Cuestión y Revisión poder lo ostentaba la oligarquía nobiliaria principalmente, algo que dificultaba el control por parte del estado visigodo (García Moreno, 2007: 436-437). La conquista de al-Andalus se realiza en dos etapas, la primera en el 711 bajo el mando de Tariq Ibn Ziyad y la segunda en el 712, con Musa. Con el primero, según relatan las fuentes, llegaron entre 1700 y 12000 hombres, la mayoría de ellos procedentes del norte de África, bereberes (Fierro, 2011: 167-169). El autor Ibn Hazm menciona a los “baladiyyun” – hombres de la tierra, algo que puede asimilarse a los bereberes (Asín Palacio, 1934: 36-41 citado en Fierro, 2011:168). Sin embargo, sabemos de la existencia de razzias y demás desembarcos exploratorios en la península desde el 707, y un desembarco preparatorio en el 710. Roselló (2011: 147) señala que la conquista omeya de la península no fue algo casual, sino que tuvo el objetivo de delimitar las fronteras de Bizancio. Los enfrentamientos con el débil estado visigodo fueron escasos, destacando los acontecidos en tierras de Sidonia (Calvo Capilla, 2007:144). En el 712 llega Musa con aproximadamente 10000 hombres, en este caso de origen árabe, entre ellos, hombres de la generación de los Compañeros y sucesores del profeta. Algunos de ellos dejaron rastro en la toponimia, pero la mayoría volvieron a Ifriqiya, donde tenían propiedades, incluso sabemos que algunos eran árabes fihríes, con posiciones de poder en el norte de África. De estos últimos mencionados, tenemos constancia a mediados de siglo, ya que el emir Yusuf al-Fihri se enfrenta con Abd al-Rahman I. A pesar de que se conservaran linajes que enlazan a los andalusíes de momentos posteriores con los primeros árabes en la península, no son una fuente fiable, ya que muchos de ellos son inventados (Chalmeta, 1994: 119-167 en Fierro, 2011: 168). Por otro lado, debemos tener en cuenta que las fuentes minimizan la presencia bereber y la importancia de Tariq en la conquista. Esto puede deberse a la aversión a los bereberes en el siglo XI por parte de los cronistas cordobeses, como Ibn Hayyan o Ibn Hazm, ya que no estaban a favor de su llegada a la península en época califal. Destaca Abjar Maymu’a que sí valora la participación de Tariq y sus tropas norteafricanas (Lafuente y Alcántara, 1984 citado en Calvo Capilla, 2007: 147). El objetivo de Musa es tomar las riendas de la conquista y someter a Tariq. Como hemos señalado contaba con un ejército importante, formado por árabes de clanes relevantes y tribus orientales. Tras tomar el poder en Toledo sigue hacia el Norte acompañado por el ejército bereber (Calvo Capilla, 2007:145).
Ana Mateos Orozco 35 Es probable que los pactos de paz fueran el principal mecanismo para la organización del territorio, como relata una crónica del 754, estos debieron ser realizados por Musa o por el hijo de este, Abd el-Aziz. Algunos de estos han podido confirmarse gracias al registro material y por tanto demostrar que la toma de muchas ciudades se realizó de manera pacífica. Entre los precintos identificados se pueden leer los nombres de algunas ciudades como Isbilya, Ossonoba o Asido con la fecha en la que se llevaron a cabo, todos ellos coinciden en que se realizaron durante los primeros años. Muchos de estos pactos consistieron seguramente en la unión de los recién llegados con la aristocracia visigoda. Muestra de ello es la unión de Ibn el-Aziz con la viuda del rey Rodrigo. Teniendo en cuenta que según cuentan las fuentes, solo Musa vino a la península con su esposa, las uniones entre recién llegados y mujeres autóctonas debieron ser muy frecuentes (Ibrahim, 2011: 147-151). Tras la muerte de Musa se suceden 40 años hasta la llegada de Abd al-Rahman I, en estos encontramos nada menos que 20 valíes, lo que le da el nombre a este periodo conocido como el Walyato. Esta volatilidad del poder parece responder a la implantación del nuevo poder sobre un territorio poco consolidado, y que ya mostraba estas características en los últimos momentos del Reino visigodo, tal y como hemos señalado. Al-Andalus queda al margen del gobierno central islámico y durante este tiempo se produce la lenta islamización del territorio, además, y como era necesario, los gobernadores intentaran organizar el territorio creando una estructura administrativa coherente, incluyendo tributación y organización provincial. Los primeros cambios se materializan en la leyenda de las monedas, que hasta el 716 está exclusivamente en latín con contenido islámico (“no hay más dios que Dios”) y desde el 716-717 aparece de manera bilingüe (latín y árabe) y haciendo referencia a Mahoma (García Sanjuán, 2011: 177-180). Ahmad al-Razi (1975 en Salvatierra Cuenca y Montilla Torres, 2011: 159-160) señala que durante la época de los primeros emires se mantiene la división provincial anterior, aunque esto fuera la teoría parece que no llegó a darse en realidad. Sin embargo, si podemos ver que no se dan cambios drásticos y que no hay grandes cambios culturales hasta al menos finales del siglo VIII, es algo que puede observarse en la mantención de los edificios de culto, que de hecho no llegan a destruirse, sino que se sustituyen (Salvatierra Cuenca y Montilla Torres, 2011: 171).
El siglo VIII en al-Andalus y la Arqueología. Estado de la Cuestión y Revisión DE HISPALIS A ISBILYA Debido a que nuestro trabajo se centrará en la ciudad de Sevilla, debemos contextualizar históricamente la ciudad. Hablaremos en primer lugar de la zona geográfica en general, es decir, del Bajo Guadalquivir, para después hablar de la ciudad. Esta contextualización se centrará principalmente en la Sevilla tardoantigua, puesto que es la realidad más cercana a cómo se encontraría la ciudad a principios del siglo VIII. A nivel urbano, las ciudades del Bajo Gualdalquivir mantienen el papel de centros administrativos, centros de representación y organización del territorio y residencia de las élites. Debemos matizar que esto no significa que no se produzcan cambios importantes, entre los que resalta la cristianización de las ciudades (García Moreno, 2007: 458-459). En cuanto a los cambios urbanos las ciudades se configuran de manera lineal. Las relaciones espaciales tendrán mayor significado ritual que anteriormente. De esta forma se darán relaciones axiliales entre elementos de poder, prestigio y memoria, llegando a generar en muchos casos, como el de Sevilla, procesiones. Todos estos cambios pueden explicarse teniendo en cuenta el afianzamiento de la identidad cristiana (García Vargas et al., 2013: 339). Por otro lado, y también en relación a la cristianización de las ciudades, muchas de las grandes infraestructuras y edificios públicos de época romana pierden su valor. Ello parece asociarse al declive de la vida pública a favor de las áreas funerarias, las conexiones entre núcleos simbólicos y las zonas martiriales. Otro de los lugares afectados por el declive de la vida pública son los mercados, el comercio disminuye, aunque nunca llega a desaparecer totalmente (García Vargas et al., 2013: 372). En líneas generales, en el territorio rural encontraremos desde el siglo V la preferencia por los asentamientos en pequeños núcleos fortificados y en altura. Por lo general para los vicus o aldeas, podemos señalar que suelen perdurar los asentamientos más grandes frente a otros de menor envergadura. Aparecen también grandes cortijos, correspondientes a las villae, que sobreviven a las invasiones y cuyo abandono debe buscarse ya en época árabe (García Moreno, 2007:460). Este es el caso de la aldea de Lagunillas ya mencionada anteriormente. Muchos de los núcleos defensivos se relacionan en su mayoría con el control de vías de comunicación, otros se explican por la necesidad de defender fronteras. A esto último
Ana Mateos Orozco 37 responde el limes establecido con el Imperio Bizantino visible en fortificaciones como la de Morón de la Frontera (García Vargas et al., 2013: 330-343). Se ha tendido a generalizar que durante estos momentos se produjo una caída demográfica, sin embargo, las cifras de población no son muy distantes a la de momentos anteriores. Existen datos que llevan a pensar que a mediados del siglo VII se produjera una recuperación tanto de la demografía como del área cultivada, aunque siempre existen diferencias regionales (García Moreno, 2007: 458). En el caso de Sevilla, durante la última década se han ido identificando diferentes elementos de la ciudad tardoantigua, principalmente debido al auge de la arqueología urbana en la primera década del siglo XXI. Entre ellos destacamos el pomerium del sector norte con la Terraza 13 del Guadalquivir, el grupo episcopal del Patio de Banderas, el castellum aquae de la plaza de la Pescadería Vieja y especialmente la cripta arqueológica de la Plaza de la Encarnación. Los cambios en el río son fundamentales para el desarrollo de la ciudad en época tardoantigua. Entre el siglo IV y el XIII se observa una reactivación de la dinámica fluvial del Guadalquivir, destacando dos fenómenos relacionados entre sí, el alejamiento hacia el Oeste del canal principal, el cual discurría ente la zona de la Encarnación y Catedral, y el incremento del volumen y por tanto, de inundaciones (Borja Barrera y Borja Barrera, 2007 en García Vargas 2012: 884). Estos cambios permitirán la ocupación de nuevas zonas, entre ellos el establecimiento de un área comercial y artesanal en la Encarnación o el establecimiento del pomerium sobre la Terraza 13 (García Vargas, 2012: 885-887). En el pomerium se desarrolla entre los siglos IV y VIII y sobre él, la necrópolis septentrional de la Carretera de Carmona (Sánchez Ramos, 2009 en García Vargas, 2012: 887). Esta se desarrolla a 8 metros de la terraza. Aunque está en uso desde el siglo I, su mayor auge se da a partir de su uso como camposanto, es decir, desde la cristianización en el siglo IV, hasta el VII. Nuevamente, en la Baja Edad Media, recupera su función como camposanto en relación a las mártires Justa y Rufina. En la necrópolis aparecen multitud de tumbas diferentes, fosas simples o reforzadas con ladrillos entre los siglos III y IV, con cubierta de ladrillos o tégula, a la denominada forma capuccina. En los siglos V y VI encontramos tumbas infantiles en ánfora o cubiertas por estructura de signinum de forma trapezoidal y ligeramente elevada, en forma de tumulus. Destacan construcciones de tipo mausoleo con tipologías complejas, de forma simple,
El siglo VIII en al-Andalus y la Arqueología. Estado de la Cuestión y Revisión planta basilical, con forma de herradura… entre ellos destaca uno de especial entidad con cripta abovedada y cabecera con ábside. Esta zona martirial se relaciona con las santas Justa y Rufina, y en la Edad Media se sitúa junto al cementerio una iglesia martirial (García Vargas et al., 2013: 339). Esta necrópolis es uno de los ejemplos típicos de los cementerios martiriales en la Tardoantigüedad, como materialización topográfica del culto a los mártires. En este caso aparece la gran necrópolis y se mantiene el topónimo hasta la actualidad, bajo el nombre de Campo de los Mártires y el Prado de Santa Justa. Tradicionalmente esta iglesia se ha situado en el entorno del antiguo Convento de la Santísima Trinidad, Amores (2005: 12) propone otra situación fijándose en un grabado de Hoëfnagel del siglo XVI que sitúa la ermita frente a la puerta de Córdoba, lugar donde hoy se encuentra el Convento de los Capuchinos. Esta iglesia ha sido mencionada en diferentes obras como la de Ajbar Mayum’a, en la que se menciona como Kanisa Rubina, o en la Historia de los Wandalos 18 de San Isidoro. Este último habla de la existencia de otros recintos religiosos como San Vicente, saqueada por el rey vándalo Gunderico en el 426, la Iglesia de Santa Jerusalén y la de San Geroncio (Tarradellas Corominas, 2000, 287 en García Vargas, 2012: 894). Es un lugar con mucha importancia ya que se relaciona con la primera mezquita de la ciudad de Sevilla, que además se configuraría como una de las primeras de al-Andalus con el emir Abd el Aziz. Esta mezquita se menciona en las crónicas que relatan la muerte de Abd el Aziz. Según las fuentes muere asesinado en una mezquita de Sevilla en el 716, tras dos años de gobierno. Tras la muerte del rey Rodrigo, se casa con su viuda y fue acusado de tratar favorablemente a los cristianos, posible motivo de su asesinato. Susana Calvo Capilla (2007: 160-161) nos muestra dos fuentes en las que se narra este suceso:
Ana Mateos Orozco 39 En primer lugar, Fath al-Andalus (traducida por González, J., 24): Imagen 12: fragmento del Fat al-Andalus que menciona la existencia de la kanisa Rubina (Calvo Capilla, 2007: 160) La segunda es la crónica de Ibn al-Qutiyya, Ta’rij iftitah al Andalus, Ribera, J. (trad. y ed.), Madrid, 1926, 8: Imagen 13: Figura 14: fragmento de la crónica de Ibn al-Qutiyya que menciona la existencia de la kanisa Rubina (Calvo Capilla, 2007: 160) Como vemos en ambas se menciona la existencia de una mezquita denominada Rubina, y el hecho de que habitara allí, algo importante debido a que supone la materialización de la unión del poder político y el religioso (dar al-imâra y mas^yid). En la primera (figura 12) relaciona esta con una iglesia precedente junto a la cual se construye la nueva mezquita, en la segunda (figura 13) se señala que la mezquita se encontraba en el campo sevillano. Tal y como se han interpretado las fuentes, esta mezquita pudo estar en el entorno de la zona martirial de Santa Justa y Rufina, como ya hemos mencionado anteriormente, aunque también aparece posteriormente nombrada como la Puerta de ‘Anbar, localizada en el Aljarafe, y en relación con un lugar llamado Robayna y su iglesia (Ayala Martínez, 1995 en Calvo Capilla, 2007: 161-162). Otros autores consideran que se encontraría más cercano al núcleo urbano, concretamente al norte, coincidiendo con el Cortijo de Miraflores (Jiménez, 1993: 756-757 en Calvo Capilla, 2007: 161-162). En el Patio de Banderas, durante las excavaciones de Bendala en los años 70 se localizó un posible baptisterio, una habitación con una supuesta piscina bautismal en el centro, en
El siglo VIII en al-Andalus y la Arqueología. Estado de la Cuestión y Revisión funcionamiento entre los siglos V al VIII. Sánchez Ramos (2009 en García Vargas, 2012: 893) lo identificó como un edificio bautismal asociado al edificio catedralicio, y por tanto con la conocida iglesia de Santa Jerusalén (la cual se menciona en las fuentes islámicas como la sede del grupo episcopal). Bendala y Negueruela (1980: 335-379 en García Vargas, 2012: 894) prefieren identificarlo como la de San Vicente, pues pensaban que la primera se correspondía con la colegial del Divino Salvador, antigua mezquita de Ibn Adabbas, que tradicionalmente se pensaba que se había erigido sobre la basílica del foro. Amores (2005:151) señala que posiblemente las dos advocaciones, San Vicente y Santa Jerusalén, correspondieran a un mismo edificio, y por tanto no sea necesario buscar dos edificios. A pesar de que en el Patio de Banderas se ha identificado un edificio de culto religioso que pervive hasta un momento anterior al siglo XII, un sepulcro y diversos epígrafes relacionados con obispos, se ha identificado más como un área martirial que como el núcleo episcopal (García Vargas, 2012: 895). En los últimos años se ha propuesto una nueva localización para la iglesia del grupo episcopal en la calle mármoles. Esto se explica por diversos factores como la localización, es el centro de tell urbano, y las columnas, que posiblemente pertenecieran al pórtico de una basílica cristiana del siglo VI, coincidiendo con las características de las basílicas cristianas de Roma (González Acuña, 2011: 182-192 en García Vargas, 2012: 896). Otro de los elementos llamativos de la ciudad tardoantigua es como ya hemos mencionado la cisterna de la Plaza de la Pescadería. Esta se construyó en el siglo II d.C. y se amortiza durante la Tardoantigüedad, los materiales cerámicos datan el cegamiento a mediados del siglo VI (Vázquez Paz y García Vargas, 2011; Maestre Borge et al., 2010 en García Vargas, 2012: 906). La amortización de esta infraestructura nos pone ante la evidencia del abandono de espacios de servicio público (García Vargas, 2012: 906). El final de este apartado lo reservamos para el yacimiento de la Plaza de la Encarnación, el cual es fundamental para nuestro trabajo, teniendo en cuenta que en el siguiente apartado trabajaremos con materiales de este yacimiento. Los hallazgos en este yacimiento son cruciales para el conocimiento de la Hispalis clásica y tardoantigua. Su excepcionalidad se debe, principalmente, a que es un lugar que ha permitido amplitud en superficie, multitud de contextos y un registro de gran calidad, todo ello ha facilitado la interpretación arqueológica. Por otro lado, las pantallas de
Ana Mateos Orozco 47 resto de formas parece responder a otras características con perfiles más curvos en el caso de los jarritos, carenas y cuellos altos en las jarras, motivos encontrados en la cerámica paleoandalusí y en adelante. Podemos establecer algunas correspondencias, como nuestro jarro 11 con el 97 de Córdoba (Casal et al., 2005: 220), el 9 con el 89, 1 y 99, y finalmente, el 7 y el 92 (aunque la nuestra no presenta asa) (Figuras 13, 14, 15 y 16 del anexo). La figura 15 de La Encarnación, muy incompleta, presenta grandes similitudes con la parte baja del jarrito 5 de Mérida, tanto en la forma como en el motivo decorativo geométrico (Alba Calzado y Gutiérrez Lloret, 2003: 602). La redoma más completa que encontramos presenta una forma muy original, comparable con ninguna pieza de otro lugar. Por su parte, las dos botellas que aparecen, son similares a las de Cartagena y el Tolmo de Minateda (Alba Calzado y Gutiérrez Lloret, 2003: 603), pero sin llegar a poder considerarse el mismo tipo (Figuras 13, 16 y 17 del anexo). En cuanto a los morteros, contamos con una única pieza la cual es claramente de tradición tardorromana, puesto que aparece uno con las mismas características, aunque de menor tamaño, también en la Encarnación para contextos del siglo IV y V (Amores et al., 2007b: 160) (Figuras 24 y 25 del anexo). Como vemos, existen algunas piezas que no se han podido identificar ni con los materiales precedentes del mismo yacimiento, ni con otros materiales contemporáneos de otros lugares de la península. Esto puede deberse a varios motivos, los cuales no son excluyentes unos de otros. El motivo principal es la falta de tipologías existentes con las que poder comparar estos materiales, en el caso de Sevilla y la zona de Andalucía Occidental se complica más aun, ya que no existen otros estudios de estos materiales para la época paleoandalusí, por lo que ni siquiera tenemos evidencias cercanas con las que compararlos. Además, aunque contamos con buenos estudios del menaje y los materiales tardoantiguos y visigodos, estos últimos en menor medida, los trabajos no suelen ir más allá del siglo VI, por lo que volvemos a tener más de un siglo de hiato, donde no conocemos qué materiales existen. Únicamente podemos establecer paralelos con materiales más antiguos, en ocasiones demasiado.
El siglo VIII en al-Andalus y la Arqueología. Estado de la Cuestión y Revisión Finalmente, en estos momentos estamos ante un proceso de regionalización general. Las formas mejor definidas y más características se pueden encontrar en zonas geográficas de manera amplia, pero esta no es la realidad para todos los materiales.
Ana Mateos Orozco 49 CONCLUSIONES El siglo VIII se encuentra inserto dentro de una dinámica de “Épocas Oscuras” muy frecuentes en la etapa medieval. Algunas de estas épocas se han ido conociendo poco a poco, pero aun, existen algunas que necesitan más estudios que esclarezcan qué ocurre en estos momentos. La zona oriental de la península ibérica es una excepción en este tema. Existen diversos autores como Rosselló Bordoy, Gutiérrez Lloret o Acién Almansa que han dedicado gran parte de su labor investigadora a descubrir el registro material de la etapa paleoandalusí. Al haber comenzado a indagar en esta etapa desde momentos más temprano que el resto de la península, encontramos una producción más completa y una tradición investigadora más afianzada. En otros lugares de la península da la impresión de que el siglo VIII pasa desapercibido ante otras etapas que generan mucha información o que son muy llamativas. En el caso de Sevilla, la herencia almohade o la ciudad moderna, son tan importantes que eclipsan momentos anteriores de menor calado o de las que conservamos menos datos. Además, en este mismo sentido, existen etapas históricas que le dan a la ciudad una importancia excepcional, por ejemplo cualquier vestigio de las ciudades imperiales romanas o momentos en los que las ciudades capitalizan un territorio. Para que esto se dé, normalmente debemos encontrar territorios bien dominados y con un poder establecido que permita el crecimiento de la ciudad, algo que no ocurre en los primeros momentos del siglo VIII. Por otro lado, la tendencia para estudiar la llegada de los musulmanes a la Península Ibérica es fundamentalmente filológica. Los datos obtenidos por la arqueología podrían suponer nuevas visiones o cambios en las ideas tradicionales, como es el hecho de los numerosos pactos de paz que se han documentado. Las fuentes podrían ayudarnos a documentar cuántas personas llegan aunque este número varía en función de los diferentes cronistas. Esto podríamos comprobarlo comparando esta información con la obtenida a partir de los estudios antropológicos de las maqbaras. Las necrópolis están aportando datos de mucho interés en los últimos años, esperamos que continúe esta tendencia para poder observar el calado de los nuevos pobladores, la existencia de uniones o incluso su origen geográfico.
El siglo VIII en al-Andalus y la Arqueología. Estado de la Cuestión y Revisión En este sentido, las necrópolis también serían fundamentales para poder documentar las diferencias entre los cristianos que mantienen sus tradiciones frente a los musulmanes, y a su vez aquellas pervivencias en el mundo mozárabe, ya que normalmente en el mundo funerario es donde encontramos rasgos culturales que perviven durante más tiempo. En cuanto a los materiales, sí podemos afirmar que, al menos en la primera mitad del siglo VIII, los materiales se encuentran a medio camino entre los repertorios visigodos y tardorromanos y los materiales de momentos posteriores. Existe en la mayoría de estos materiales una clara tradición y perduración, aunque se dan cambios, sobre todo relacionados con la funcionalidad de los objetos y con las costumbres de consumo. A pesar de que existe cierta tendencia a la regionalización, podemos identificar tipos muy similares en las diferentes zonas geográficas. Aunque con variaciones las formas documentadas en Sevilla son muy parecidas a las que encontramos en zonas cercanas como Mérida, Córdoba o Málaga principalmente, y se encuentran formas más diversas comparándola con las tipologías cerámicas de la zona oriental. Encontramos rasgos que perdurarán en el mundo islámico como las formas grandes y abiertas, relacionadas con las costumbres culinarias, o las formas y perfiles curvos y redondeados, que se darán desde el siglo VIII en adelante. El hecho de que la cerámica cuente con una tradición hispanovisigoda tan fuerte se explica principalmente por el hecho de que los primero musulmanes en llegar a la península no son maestros alfareros, sino soldados. Las primeras poblaciones se van a adaptar a las formas cerámicas del territorio, pero adaptando estas a la vez, a sus costumbres y usos. Existen determinados objetos que pueden señalarnos de manera muy precisa la cultura de los nuevos pobladores, como son el tannur o la cuscusera, dos objetos de clara tradición oriental y claves en la alimentación de estas personas. Encontrar un objeto de estas características en un yacimiento y en contextos del siglo VIII es por tanto revelador y de gran importancia. Por desgracia, entre los materiales de la Plaza de la Encarnación, no hemos podido encontrar ninguno con estas características. Algo muy interesante sería comparar los repertorios materiales del sur peninsular con los del norte de África, ya que deberían compartir muchos rasgos debido a las culturas precedentes que se suceden en los dos lugares. Esta comparación es difícil teniendo en
Ana Mateos Orozco 51 cuenta la escasez de estudios para el Norte de África, y para los existentes, la dificultad para acceder a ellos. Finalmente, concluimos añadiendo que el siglo VIII es un momento crucial en la península ibérica por la llegada de los musulmanes. Aún queda mucho para poder conocer mejor cuáles son los procesos sociales y culturales que acontecen tras la conquista de al- Andalus en el 711 y la arqueología tiene las claves para poder completar lo que conocemos a través de las fuentes escritas. Atendiendo al contexto en el que nos encontramos en la actualidad, con una gran cantidad de materiales provenientes de excavaciones urbanas depositados en los museos y tipologías que empiezan a esbozarse, podemos decir que es el momento clave para estudiar a fondo este periodo y poder responder qué ocurre en el siglo VIII.
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Ana Mateos Orozco 63 Figura 25: izquierda, platos tardoantiguos de la Plaza de la Encarnación (Amores et al., 2007); derecha tapaderas paleoandalusíes de Córdoba (Casal et al., 2005)
El siglo VIII en al-Andalus y la Arqueología. Estado de la Cuestión y Revisión Figura 26: Cazuelas, platos y tapaderas peninsulares paleoandalusíes (Alba Calzado y Gutiérrez Lloret, 2003)
Ana Mateos Orozco 65 Jarros Figura 27: Jarros paleoandalusíes de la Plaza de la Encarnación (elaboración propia)
El siglo VIII en al-Andalus y la Arqueología. Estado de la Cuestión y Revisión Figura 28: jarros tardoantiguos de la Plaza de la Encarnación (Amores et al., 2007) Figura 29: jarros paleoandalusíes de Córdoba (Casal et al., 2007)
Ana Mateos Orozco 67 Figura 30: redomas, jarrito y botellas paleoandalusíes de la Plaza de la Encarnación (elaboración propia) Figura 31: jarritos y botellas paleoandalusíes (Alba Calzado y Gutiérrez Lloret, 2003)
El siglo VIII en al-Andalus y la Arqueología. Estado de la Cuestión y Revisión Lebrillos Figura 32: lebrillos paleoandalusíes de La Plaza de la Encarnación (elaboración propia) Figura 33: lebrillos tardoantiguos de la Plaza de la Encarnación (Amores et al., 2007)
Ana Mateos Orozco 69 Figura 34: lebrillos y tinajas paleoandalusíes de Córdoba (Casal et al., 2003) Orzas Figura 35: orzas paleoandalusíes de La Plaza de la Encarnación (elaboración propia)
El siglo VIII en al-Andalus y la Arqueología. Estado de la Cuestión y Revisión Figura 36: orzas tardoantiguas de la Plaza de la Encarnación (Amores et al., 2007) Figura 37: orzas paleoandalusíes de Córdoba (Casal et al., 2005)
Ana Mateos Orozco 71 Morteros Figura 38: mortero paleoandalusí de la Plaza de la Encarnación (elaboración propia) Figura 39: morteros tardoantiguos de la Plaza de la Encarnación (Amores et al., 2005)