El relato como pregunta filosófica: otra didáctica para la filosofía
Abstract
Este artículo propone reunir a la literatura y la filosofía en un mecanismo didáctico para estimular la práctica de la filosofía con la lectura y la escritura de relatos, con los postulados del constructivismo, en torno a hacer filosofía, no solo observarla desde fuera. Parte de dos premisas: 1) el cuento moderno funciona como pregunta filosófica, como presentador de los grandes temas filosóficos, pero 2) evita la tentación de una explicación explícita, que queda elidida, para que sea el lector quien acabe dándole una forma definitiva con su interpretación, participando en la construcción de su significado.
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ENRIQUE FERRARI EL RELATO COMO PREGUNTA FILOSÓFICA: OTRA DIDÁCTICA PARA LA FILOSOFÍA 224 Thémata. Revista de Filosofía • nº 66 • julio-diciembre (2022) pp. 224-245 • ISSN: 0212-8365 • e-ISSN: 2253-900X • DOI: 10.12795/themata.2022.i66.11 Enrique Ferrari 1 Universidad Internacional de La Rioja, España Recibido 21 septiembre 2022 ∙ Aceptado 7 octubre 2022 1 [email protected] Resumen Este artículo propone reunir a la literatura y la filosofía en un mecanismo didáctico para estimular la práctica de la filosofía con la lectura y la escritura de relatos, con los postulados del constructivismo, en torno a hacer filosofía, no solo observarla desde fuera. Parte de dos premisas: 1) el cuento moderno funciona como pregunta filosófica, como presentador de los grandes temas filosóficos, pero 2) evita la tentación de una explicación explícita, que queda elidida, para que sea el lector quien acabe dándole una forma definitiva con su interpretación, participando en la construcción de su significado. Palabras clave: Didáctica de la filosofía; Filosofía de la literatura; Narrativa; Relato filosófico; Elipsis. Abstract This paper proposes to bring together Literature and Philosophy in a didactic mechanism to stimulate the practice of Philosophy through the reading and writing of stories. It is articulated with the postulates of constructivism around doing Philosophy, not just observing it from the outside. It starts from two premises: 1) the modern short story functions as a philosophical question, as a presenter of the great philosophical themes, but 2) it avoids the temptation of an explicit explanation, which is elided, so that it is the reader who ends up giving it a definitive form, participating in the construction of its meaning. Keywords: Didactics of Philosophy; Philosophy of Literature; Narrative; Philosophical story; Ellipsis. El relato como pregunta filosófica: otra didáctica para la filosofía. The short story as a philosophical question: another didactics for philosophy. ESTUDIOS_ ARTÍCULOS DE INVESTIGACIÓN
ENRIQUE FERRARI EL RELATO COMO PREGUNTA FILOSÓFICA: OTRA DIDÁCTICA PARA LA FILOSOFÍA 225 Thémata. Revista de Filosofía • nº 66 • julio-diciembre (2022) pp. 224-245 • ISSN: 0212-8365 • e-ISSN: 2253-900X • DOI: 10.12795/themata.2022.i66.11 1 · Introducción Parece una contradicción: de un lado el relato y del otro la filosofía. La filosofía no se escribe con géneros narrativos. Y a los relatos no se les pide que sean filosóficos, ni siquiera reflexivos, al menos si eso penaliza su estructura. Aunque podría parecer también una redundancia: La buena literatura es una búsqueda, que tiene mucho de epistemología y de metafísica. Ha habido siempre un trasvase –más o menos caudaloso– entre la filosofía y la literatura, aunque cada disciplina haya reclamado para sí el derecho de admisión. Pero como premisa para justificar una filosofía hecha de relatos la cuestión no puede ser tanto buscar el punto de convergencia exacto (saber si existe) entre filosofía y literatura, sino las áreas comunes: ver lo que la narrativa tiene de filosofía y lo que la filosofía tiene de narrativa, cómo en algunos casos han sucumbido a la tentación de manejarse con los modos de la otra para intentar llegar más lejos. Dejando a un lado planteamientos que hoy parecen demasiado ingenuos por querer buscarles unos límites infranqueables. En un ejercicio de tolerancia, de saberse mover en la precariedad de las hipótesis sin esperar dar con una solución contundente, solo con el peloteo con las preguntas y las respuestas (o los tanteos en las respuestas), para fijarle unos límites y funciones a un subgénero que tiene que pelearse por un espacio propio que en principio no se le reconoce. Con muchos frentes, y muy resbaladizos, que hay que organizar para construir un preámbulo fiable: ¿Fueron en su día una misma cosa la literatura y la filosofía? ¿Qué tipo de verdad es la de la filosofía y qué tipo de verdad es la de la literatura? ¿Cómo usa cada una de ellas el lenguaje para sus objetivos? ¿Caben las preguntas propias de la filosofía en forma de narración? Y si respondemos a esta afirmativamente: ¿cómo se vuelca la filosofía en un relato sin que la digestión de este se haga pesada? El grueso de esta disertación se divide en tres bloques, hechos a partir de tres preguntas que se reconocen fácilmente como filosóficas (por qué, para qué y cómo), que quieren trasmitir la ilusión del movimiento dialéctico, con esa síntesis final que resolvería, con la práctica de un relato propiamente filosófico, las contradicciones del oxímoron aparente. El punto de partida es una tesis arriesgada: el relato filosófico no puede ser filosófico incluyéndole sin más una reflexión o explicación de naturaleza filosófica, con la extensión que esto requiere (como sí podría hacerse con la novela). Su única opción para
ENRIQUE FERRARI EL RELATO COMO PREGUNTA FILOSÓFICA: OTRA DIDÁCTICA PARA LA FILOSOFÍA 226 Thémata. Revista de Filosofía • nº 66 • julio-diciembre (2022) pp. 224-245 • ISSN: 0212-8365 • e-ISSN: 2253-900X • DOI: 10.12795/themata.2022.i66.11 legitimarse como útil a la filosofía es como presentador de temas, de grandes preguntas. El cuento como pregunta filosófica. Evitando la tentación de una explicación, que queda elidida, no explícita. Dejando al lector la tarea de acabar de darle una forma definitiva a partir de esas inercias de la narración. Desde el tercero de estos apartados, con una vocación más metodológica, cierra el texto un último fleco para dar forma a una didáctica alternativa para el aprendizaje de la filosofía: Para plantearnos cómo aprovechar la narrativa para hacer más próxima la filosofía, para revertir las dinámicas de una enseñanza que la ha convertido en una materia exclusivamente historicista, descuidado el trabajo para desarrollar las destrezas analítica y crítica que se le presuponen a esta disciplina. 2 · ¿Por qué? (Una justificación de mínimos para el relato filosófico) 2 · 1 · ¿Tiene la filosofía una forma predilecta? Como definición de mínimos, la filosofía se reconoce como una disciplina de segundo nivel, que reflexiona sobre el contenido de cualquier disciplina de primer nivel. Lo que la convierte (aunque a veces se olvide) en un producto histórico: Lo que se estudia es la historia de la filosofía, con los cambios que ha habido a lo largo de su trayectoria. También con sus distintos formatos para presentarse, con los tanteos de cada filósofo para encontrar el modo, más que de presentar, de acabar de descifrar su pensamiento. Luego, al reconstruir su pasado, se le ha dotado de una mayor homogeneidad a lo que se ha llegado a llamar, un tanto pretenciosamente, estilo filosófico, al excluir las formas marginales, pero la pérdida del entusiasmo racionalista desde finales del XIX ha traído consigo también un interés particular en estas desviaciones, con una revalorización de los textos íntimos o más circunstanciales de algunos filósofos. Es una lucha constante entre los ortodoxos y los heterodoxos, con el alejamiento y el retorno a lo que Lyotard (2006) llamó precisamente relato. Y que obliga a bifurcar la pregunta inicial en dos: ¿Ha tenido una forma predilecta? ¿La tiene ahora? ¿Puede tenerla en un tiempo en el que el filósofo es casi siempre un académico, en deuda con el sistema de méritos de la Universidad, que se mide escrupulosamente en papers?
ENRIQUE FERRARI EL RELATO COMO PREGUNTA FILOSÓFICA: OTRA DIDÁCTICA PARA LA FILOSOFÍA 227 Thémata. Revista de Filosofía • nº 66 • julio-diciembre (2022) pp. 224-245 • ISSN: 0212-8365 • e-ISSN: 2253-900X • DOI: 10.12795/themata.2022.i66.11 2 · 2 · ¿Por qué el derecho de admisión? La perversión de géneros y subgéneros Tienen sentido las clasificaciones, pero a nadie se le escapa que son también potencialmente perversas. ¿Quién necesita una clasificación para dejar dentro o fuera un texto como filosófico? ¿A quién le interesa cercar un coto con un criterio que no sea la capacidad de este para revelar un aspecto nuevo de la realidad? ¿Qué posibilidad hay de ponerle unos límites (que no sean extremadamente quebradizos)? ¿Hay alguna fuera de lo puramente formal (de unas determinadas convenciones históricas)? Es fácil saber qué es un soneto y qué no lo es, ¿pero una obra filosófica?, ¿o un relato filosófico? Escribe Ángel Zapata que narrar es producir significados nuevos, nuevas líneas de fuga con las que apoderarse de las cosas de una manera inédita, porque socava y pone en movimiento, dice, las jerarquías inertes del sentido (Zapata 68). ¿Cómo puede ser entonces no filosófica una narración con una ambición así? Recrearse con los géneros es pura taxidermia. Trabajo ad hoc. Además, está el propio juego de trasgredirlos, de forzar sus límites (lo que mejor justifica poner límites). Reorientada la pregunta: ¿De dónde pueden venir las pegas a un relato filosófico? ¿De la filosofía o de la literatura? ¿De la filosofía por la forma y de la literatura por el tema (no tanto) o por el tratamiento (si el relato sufre demasiado al introducirle la reflexión filosófica)? Con distintas consecuencias según el enfoque: si entendemos que la clasificación sirve fundamentalmente para ordenar textos ya escritos o para marcar las pautas de los nuevos textos que quieren ser reconocidos como un género concreto. 2 · 3 · Algunas claves de la posmodernidad que parecen jugar a favor del relato filosófico ¿Qué nos queda después del fin de los grandes relatos? ¿Los relatos más pequeños? ¿Relatos más escépticos? Sin los amarres que da cualquier principio de autoridad, lo que se necesita ahora son reconstrucciones parciales, perspectivas, frente a una posición única para la comprensión. La búsqueda de alternativas al sistema. Conscientes de que ese reconocimiento de las limitaciones de la filosofía debe tener su repercusión en la forma de presentarla. Quizá menos ambiciosa. O menos pretenciosa. O más abierta a más posibilidades de cola-
ENRIQUE FERRARI EL RELATO COMO PREGUNTA FILOSÓFICA: OTRA DIDÁCTICA PARA LA FILOSOFÍA 228 Thémata. Revista de Filosofía • nº 66 • julio-diciembre (2022) pp. 224-245 • ISSN: 0212-8365 • e-ISSN: 2253-900X • DOI: 10.12795/themata.2022.i66.11 boración con otras disciplinas, más porosa. Los grandes temas de la filosofía siguen ahí, no han cambiado tanto en estos últimos tiempos, tampoco los más sensibles a su determinación histórica, pero el enfoque es desde luego otro. ¿Qué escriben los autores que llamamos posmodernos? ¿Cómo escriben? ¿Dónde escriben? ¿Para quién? Se han revalorizado autores díscolos (clásicos, pero díscolos) como Nietzsche, Schopenhauer, Kierkegaard o Unamuno. Y también novelistas, como Dostoievski o Musil o Calvino. Pero no está claro, tampoco ahora, que le esté permitido a un filósofo escribir con otros géneros. No porque pueda decir nadie que no es lo apropiado para un académico, al que se le presupone serio. Los buenos relatos, ha escrito Mercedes Abad, molestan, jamás son complacientes (Abad 84). Pero sí se puede no hacerles mucho caso. Tampoco como síntomas. Obviando que debe haber una motivación que los ha llevado a escribir narrativa, que puede ser extrínseca a la filosofía, pero también intrínseca, que sí debería interesarnos. Porque parece que quieren huir del encorsetamiento: poder utilizar historias para dar un dinamismo a sus propuestas, que con la argumentación no consiguen; con una polifonía, además, que les viene por los personajes, más honesta, y más capaz de lidiar con las contradicciones y los espacios en blanco que una explicación tomaría como una derrota. 2 · 4 · Grandes temas y buenos argumentos Los grandes temas de la filosofía han tenido siempre un cierto margen, al menos en su concreción última: se han ido adecuando a las circunstancias particulares con que se han conformado las preocupaciones que ha tenido la sociedad de cada tiempo. La responsabilidad de la filosofía es hacerse preguntas: ver la profundidad de la cuestión, más que dar soluciones (a la fuerza también particulares de cada tiempo). Unas preguntas que el relato, o en general la narrativa, puede ponerlas a vivir, a actuar, sin la presión de tener que dar con una respuesta cerrada y concluyente, que le llega al interlocutor como mensaje ya inalterable, rígido. En una narración, su argumento es una perspectiva que le da su narrador: no pretende pasar por ser el único enfoque. La historia de la literatura son unos cuantos argumentos que se repiten con la voluntad de construir un diálogo hecho de la suma de interpretaciones, de modos de encarar un conflicto. Distintas historias que se parecen, en las
ENRIQUE FERRARI EL RELATO COMO PREGUNTA FILOSÓFICA: OTRA DIDÁCTICA PARA LA FILOSOFÍA 229 Thémata. Revista de Filosofía • nº 66 • julio-diciembre (2022) pp. 224-245 • ISSN: 0212-8365 • e-ISSN: 2253-900X • DOI: 10.12795/themata.2022.i66.11 que convergen temas y argumentos. En las que se subordinan unos a otros. Porque para la supervivencia intrauterina de un relato es básico no sacar el argumento del tema, no pensar primero el tema y, desde ahí, construir el argumento de la historia. Que un argumento sea bueno o malo no viene dado por el tema que abarca. El argumento hay que amarrarlo a otro sitio. Nace mejor con una imagen. Pero desemboca inevitablemente en un buen tema. Aunque lo central aquí no sea el tema mismo sino cómo se llega a él, cómo se concreta el tema en el argumento (como si reformuláramos de nuevo el problema de los universales). Álvaro Enrigue dice que la ficción es como un traje de neopreno, con el que el buzo no nada propiamente en el mar sino en los cinco milímetros de agua que el traje deja pasar (Enrigue 130). No hay tantos grandes argumentos (con sus bifurcaciones, etc.). Es lo que apunta Vicente Huici sobre la imposibilidad de ser original, que implica que la visión que ofrecen las tramas de la realidad, para hacerla identificable, sea tan limitada (Huici 15). Y todavía hay menos temas que argumentos. Lo que apunta a que el problema es, después de todo, de combinatoria: a que esos argumentos nos llevan a uno de esos grandes temas (que son las grandes preguntas de la filosofía, o elementos específicos de esas grandes preguntas). En un proyecto que, además, se puede pensar como comunitario, global, hecho de tantas escrituras y lecturas. En la que cada autor no se reconoce como propietario, sino como un descubridor más: Cada uno de ellos como un precursor que sugiere un campo visual mayor, arañándole un espacio a lo desconocido. El Todo es imposible, el conocimiento es una forma de clasificar fragmentos, decía Amalfitano (Bolaño 2011 259). 3 · ¿Para qué? (Funciones del relato filosófico) 3 · 1 · Las limitaciones de la filosofía como sistema Es algo del pasado, pero todavía identificamos filosofía y sistema, la filosofía como sistema filosófico. Históricamente no ha sido siempre así: no lo fue al principio ni lo es ahora. De hecho, lo ha sido solo en una etapa muy concreta de la historia de la filosofía, pero ha quedado esa impresión general de la filosofía como sistema total y cerrado, que tenía sus ventajas: el
ENRIQUE FERRARI EL RELATO COMO PREGUNTA FILOSÓFICA: OTRA DIDÁCTICA PARA LA FILOSOFÍA 230 Thémata. Revista de Filosofía • nº 66 • julio-diciembre (2022) pp. 224-245 • ISSN: 0212-8365 • e-ISSN: 2253-900X • DOI: 10.12795/themata.2022.i66.11 rigor, la completitud, el análisis y la síntesis, pero también inconvenientes fundamentales: la artificiosidad, los espacios mal cubiertos, y el esfuerzo descomunal en áreas que podían no interesar al autor. Pero, por encima de ese cálculo de pros y contras, esas construcciones globales son hoy inviables por la especialización en el conocimiento y las dimensiones en todas sus áreas, en cualquier disciplina, que hacen imposible un control sobre ellas. Las pretensiones de un sistema obligarían a cualquier filosofía a un tamaño inviable en estos momentos, además de poco eficiente, por querer cubrirlo todo: sería imponer la forma al fondo a toda costa. ¿Qué demanda o aceptación podría tener ahora un planteamiento filosófico armado como sistema? Ni siquiera académicamente tendría buena acogida un sistema de esa envergadura. No parece que sea el mejor modo de abarcarlo todo, de nuevo un proyecto enciclopédico, pero esta vez infinitamente más hinchado, con el crecimiento exponencial de lo que sabemos en cada ámbito del conocimiento. Hay alternativas mejores, o al menos menos cándidas que plantear un sistema global. Aunque tenga mucho también de fascinante no querer conformarse con construirle una malla a un conglomerado de ideas, de contenido filosófico, para mostrarlo más consistente, más robusto como un todo en el que unos elementos se apoyan sobre otros, sino cartografiar del todo un terreno que debe aparecer como completo, sin dejarse nada fuera. Sin que su interlocutor se detenga en su condición de artefacto, de composición artificial que debe mirar también para sí misma, para presentar un aspecto armonioso, al menos vista a distancia, con sus costes inevitables en el detalle, que se debe al conjunto. Lo mismo que sucede con la novela total, con esa voluntad de trasmitir un mundo entero en miniatura, cerrado, aunque en la ficción con la complicidad de un lector que asume como regla del juego ese pacto de credulidad que en la filosofía, al menos de partida, no rige. 3 · 2 · Las posibilidades del relato (de la acción) La explicación de Ortega de la narración como observación del nacimiento del hecho (el status nascens) es superficial, pero sugerente: Entiende la lectura como la percepción directa del desarrollo de una acción, que no le es contada al lector tras haber ocurrido, con la relación de los hechos pasados, sino que
ENRIQUE FERRARI EL RELATO COMO PREGUNTA FILOSÓFICA: OTRA DIDÁCTICA PARA LA FILOSOFÍA 231 Thémata. Revista de Filosofía • nº 66 • julio-diciembre (2022) pp. 224-245 • ISSN: 0212-8365 • e-ISSN: 2253-900X • DOI: 10.12795/themata.2022.i66.11 la percibe él mismo desde su origen o germen, en tiempo presente (Ortega III 883-884). Es la toma de conciencia de la percepción del hecho mismo, en el proceso de su conformación. Sincronizados los tiempos de la historia y de la narración. Lo que no vio Ortega fue su envés, con el autor: Las posibilidades para la escritura de una historia que nace al tiempo que se escribe: cómo el relato le posibilita a su autor ciertos quiebros y retorcimientos que pueden dar lugar a hallazgos, a epifanías que tienen algo de encuentros fortuitos, porque hasta que uno no escribe la historia no sabe lo que conoce de esa historia. Lo que decía Clarice Lispector: “Escribo por incapacidad de entender a no ser a través del proceso de escribir” (Ayuso 23). O también Gardner: El escritor encuentra lo que quería decir en el continuo proceso de ver lo que ha dicho (Gardner 2001 15). Las cosas se van aclarando a medida que las voy escribiendo, dice Eloy Tizón: las asociaciones imprevistas de ideas aparecen tras varios borradores (Tizón 106-117). Como un modo de romper con las reglas, de servirse de algo más que de la racionalidad más restrictiva. 3 · 3 · Jugar a quitarse la ropa: narrativa y epistemología Se puede pensar la escritura como un rayón en la página que deja ver lo que tiene dentro (no lo que se le añade sino lo que se le quita). Muy cerca de la alétheia griega: dar con la verdad como quitarle el velo. Que como metáfora no quedaría lejos de las que han usado algunos autores para explicar sus hallazgos con la narrativa. Como Virginia Woolf: con el fantasma al que el escritor se conforma con arrancar un trozo de tela (Ayuso 26). En nuestro tiempo, lo que a la filosofía más le interesa de la literatura son los frentes de la epistemología y de la ética, conectados de algún modo, en tanto que este aporta el mejor relato posible de la complejidad de nuestra moralidad (Wood 131). Desde la epistemología: como otro modo de conocimiento y otro tipo de conocimiento, alternativo y complementario: más preguntas y más respuestas. El relato como la metáfora del ser del hombre, del carácter de la existencia humana, dice Kvetoslav Chvatik (15). Que además gana enteros cuando el conocimiento se vuelve más desconfiado. Porque el escritor, al escribir, también quiere conocer. Sin que sea una ambición tan urgente como para el filósofo (sin tener que llegar a plantearla como sacrificable o sagrada). Aunque esto nos obligue a nuevas preguntas: ¿Con qué conocimientos
ENRIQUE FERRARI EL RELATO COMO PREGUNTA FILOSÓFICA: OTRA DIDÁCTICA PARA LA FILOSOFÍA 232 Thémata. Revista de Filosofía • nº 66 • julio-diciembre (2022) pp. 224-245 • ISSN: 0212-8365 • e-ISSN: 2253-900X • DOI: 10.12795/themata.2022.i66.11 o formación cuenta el escritor para esa búsqueda? ¿Qué avales necesita ante el lector? ¿Y con qué herramientas cuenta? ¿Es un problema las limitaciones que se deben imponer, en principio, con la digresión? ¿No poder extenderse en la explicación (sin perjudicar el relato), no alejarse de la acción del relato, y sustituir la narración de hechos por el análisis de los hechos? Hoy por hoy la epistemología, como rama de la filosofía, queda muy cercana a la ciencia, como metaciencia, como filosofía de la ciencia. Con lo que para abordar otros campos anda escasa de recursos. Al menos si no cuenta con ayudas como la de la literatura. Con la epistemología que hay también en la filosofía del arte: Decía Heidegger que la esencia del arte es ponerse en operación la verdad del ente (Asensi 228). O, sin nomenclatura filosófica, James Joyce: la cuestión esencial respecto a la obra de arte es saber cómo de profunda es la vida de la que surge (Joyce 29). O con la epistemología que hay o debería haber –aunque apenas se ha planteado todavía– en una filosofía de la literatura como tal (con la distinción que hace Peter Lamarque (2): filosofía de la literatura, no filosofía en la literatura). La ambición que queda detrás de la narrativa de Roberto Bolaño: Escribir como meter la cabeza en lo oscuro, decía (Bolaño 2008 36); o como atrapar dragones y disfrazarlos de liebres (Bolaño 2008 205-206). Saber los infiernos que se esconden debajo de la literatura (Bolaño 2004 496). 3 · 4 · La metáfora de la vida como novela Tiene también mucho de metafísica (existenciaria). Por ese isomorfismo entre la vida y la novela, con el individuo como narrador de su vida ante las circunstancias, con un recorrido ya largo en la literatura y en la filosofía. Con los postulados del existencialismo: la existencia frente a la esencia. Y así: La novela como una alternativa a la filosofía para escarbar en la vida. Obviamente con los grandes existencialistas que apostaron por la novela: Camus, Sartre o Sabato, entre otros. Pero también con sus precuelas: con las analogías para comprender la existencia, como un camino de ida y vuelta, que explica a un tiempo la vida y la novela, por el movimiento implícito de ambas. Como un modo de no dejarse arrastrar hacia lo trivial, como decía Gardner (2001 26). El espíritu de la complejidad. La consigna de Hermann
ENRIQUE FERRARI EL RELATO COMO PREGUNTA FILOSÓFICA: OTRA DIDÁCTICA PARA LA FILOSOFÍA 239 Thémata. Revista de Filosofía • nº 66 • julio-diciembre (2022) pp. 224-245 • ISSN: 0212-8365 • e-ISSN: 2253-900X • DOI: 10.12795/themata.2022.i66.11 educación en general, el trabajo con la creatividad, a pesar de resultarnos a todos obvia su importancia también aquí, para hacerse nuevas preguntas y poder construir argumentos propios (y, con la conciencia de los mecanismos de esa construcción, para poder desmenuzar los argumentos de los otros). Hacer filosofía no puede ser sin más una cuestión de protocolos, la suma de unos pocos itinerarios con los que recorrer escrupulosamente la distancia entre un punto A y un punto B: Con un planteamiento mucho más ambicioso, la creatividad es fundamental para desarrollar argumentos, para hacerlos avanzar, buscándoles nuevas vías. Pero lo es aún más para encontrarles a esos argumentos un buen punto de partida: para dar con un buen motivo desde el que razonar, al que verle una dimensión filosófica hasta entonces no descubierta, desde el que estirar una reflexión netamente filosófica. Las preguntas no se encuentran, se crean. Además, las asignaturas en las que se divide el currículo académico se presentan de un modo excesivamente hermético. No es lo habitual buscar relacionarlas, imbricar los contenidos de una en otra. Cuando en algunos casos es claro que podría funcionar bien, como con la literatura y la filosofía, con una larga relación histórica detrás, que facilitaría el ingreso del alumno en la filosofía, que se le presenta al principio como extraña y difícil, porque narrar es un modo más intuitivo para desarrollar la creatividad que exponer o argumentar. Conscientes de lo que puede aportar la narrativa a la filosofía (con más recursos que los géneros expositivo y argumentativo). Pero no para caer en los errores que se han cometido en la didáctica de la literatura, incluso más historicista que la de la filosofía, sino para hacerla pivotar en el mismo ejercicio de narrar, con la metodología de un taller, con el objetivo ante todo de estimular la creatividad. Es hacer filosofía, no únicamente contemplar la filosofía de otros. Convertir la asignatura en un aprendizaje significativo, que entienda que cualquier razonamiento no se sostiene en el aire sin más, como si fuera una estructura formal que no dependiera de elementos externos a esta, a circunstancias más vitales o históricas que lógicas. Que implique también trabajar la capacidad resolutiva de los alumnos. Lo decía Witold Gombrowicz (33): la filosofía le permite a uno organizarse, reencontrarse, ganar en seguridad (intelectual). Estimular la creatividad escribiendo relatos es trabajar la búsqueda de ideas primigenias desde las que empezar una
ENRIQUE FERRARI EL RELATO COMO PREGUNTA FILOSÓFICA: OTRA DIDÁCTICA PARA LA FILOSOFÍA 240 Thémata. Revista de Filosofía • nº 66 • julio-diciembre (2022) pp. 224-245 • ISSN: 0212-8365 • e-ISSN: 2253-900X • DOI: 10.12795/themata.2022.i66.11 historia, crear un camino desde cero, dar con una fuente lo suficientemente rica como para poder nutrir su propio desarrollo. 5 · 2 · La metodología del taller: también para la filosofía El taller obliga a remangarse, a trabajar con las manos. Lo mismo que el laboratorio. Le exige al alumno una implicación que la clase magistral no hace. Lo requiere como responsable último de su propio aprendizaje. Porque supone construir su propio andamiaje, con el que poder resolver los problemas que los textos plantean. Cada frase es un precipicio, decía Bolaño (Braithwaite 119). Su propia exploración, que queda registrada en una experiencia única con la lectura y la escritura (un taller no solo implica crear textos, también reflexionar y debatir sobre estos). El alumno, con este itinerario hecho por sí mismo, mejora su capacidad creativa, expresiva y de comprensión, desarrolla su sentido crítico, accede de un modo más audaz al lenguaje, hace de la lectura una vivencia vivida más intensamente, se capacita para el diálogo (y para argumentar sus ideas), conforma un estilo personal y se habitúa a usar la escritura para expresar sus propios pensamientos. Es lo que Holub y Duchlinski han llamado “pensamiento creativo”, como punto de partida para el aprendizaje de la filosofía, que debe comenzar, dicen, con un cambio de actitud, con el desarrollo de la capacidad (plástica) para ver las cosas de una manera diferente. No es sencillo convertir una clase (de filosofía o de cualquier otra materia) en un taller. El dinamismo, la participación y la interacción que requiere supone tener que construir una atmósfera de confianza con la que garantizar a los estudiantes que ese ejercicio íntimo que les pedimos (escribir es siempre un acto íntimo) no los coloca en una posición de vulnerabilidad inaceptable. Lo que supone, al concretarse en la escuela, otra disposición en el aula, con la que todos los alumnos puedan verse unos a otros, con otras dinámicas que la de la clase magistral, con una voluntad de buscar distintos enfoques para el comentario grupal a los textos, la responsabilidad con la que hay que ejercer la crítica a los textos de los compañeros para que estos (y uno mismo) puedan mejorar, y la buena disposición para recibir las críticas y observaciones de los demás para corregir los textos propios. Con el profesor como guía: como coordinador, con una presencia menos con-
ENRIQUE FERRARI EL RELATO COMO PREGUNTA FILOSÓFICA: OTRA DIDÁCTICA PARA LA FILOSOFÍA 241 Thémata. Revista de Filosofía • nº 66 • julio-diciembre (2022) pp. 224-245 • ISSN: 0212-8365 • e-ISSN: 2253-900X • DOI: 10.12795/themata.2022.i66.11 tundente, aunque más creíble (Froment y otros), fundamentalmente como creador de dinámicas para asegurar esa horizontalidad que lo vuelve menos omnipresente, con un trato muy cercano con cada alumno, motivándolo para que escriba, acertando con las consignas más adecuadas, y para que luego reescriba, las veces que sean necesarias, lo escrito. Escribir es hacer un borrador y luego corregirlo hasta desentrañar lo que uno realmente piensa, decía Bioy Casares. 5 · 3 · La elipsis como consigna Una consigna es una propuesta de trabajo, un estímulo para que el tallerista escriba. Con la definición del grupo Grafein (1981): una consigna es una fórmula breve que incita a la producción de un texto; un pretexto capaz de generar un texto. Para el grupo Oulipo es cualquier ejercicio que mezcle la libertad y la restricción, el estímulo y los obstáculos que deben ser superados; a un tiempo valla y trampolín, porque la consigna debe limitar el ámbito de la respuesta, se debe a unas leyes que el tallerista debe respetar, pero tiene soluciones diferentes, no hay solo una exacta. Es un estímulo para la exploración. Un juego para desentumecer al alumno, para sacarlo de su costumbre y obligarlo a pensar. Para lo que –advierte Gloria Pampillo (1985)– una propuesta debe ser escueta y enriquecedora al mismo tiempo: debe plantear un problema y, con él, los elementos para resolverlo. No trasmite un conocimiento, pero debe aumentar los conocimientos de quien se atreve a resolverla: como si fuera un gesto de confianza que moviliza al máximo los recursos que cada uno tiene. Lo que obliga, al tener que tomar decisiones, al tener que dar cada uno con hallazgos propios (lo que es, a fin de cuentas, la escritura), a un ejercicio de imaginación y de creatividad tremendamente exigente. Nada que ver con aplicar reglas y prescripciones, con la repetición mecánica de lo ya conocido. Escribir es álgebra y es fuego, decía Borges. La inspiración es la reconciliación con el tema a fuerza de tenacidad y dominio, decía García Márquez (Ayuso 85). Plantear un taller de escritura para aprender filosofía pasa por tomar como consigna la elipsis que hay en la mayoría de los relatos, que los vuelve (potencialmente) filosóficos, porque funciona como punto de partida para la reflexión, que necesita ser reconstruida y, desde ahí, analizada y criticada.
ENRIQUE FERRARI EL RELATO COMO PREGUNTA FILOSÓFICA: OTRA DIDÁCTICA PARA LA FILOSOFÍA 242 Thémata. Revista de Filosofía • nº 66 • julio-diciembre (2022) pp. 224-245 • ISSN: 0212-8365 • e-ISSN: 2253-900X • DOI: 10.12795/themata.2022.i66.11 La elipsis es el pie de verso: el requerimiento de una primera intervención del alumno como lector y como autor, que tiene un recorrido filosófico (más allá de la servidumbre de la filología o de la teoría literaria) en el que centrar la tarea. Es primero entender cómo funciona el relato, cuál es su mecanismo para trasmitir un mensaje, con el efecto de la elipsis, de lo omitido expresamente, que hace, paradójicamente, de soporte para la comprensión última de la historia que se cuenta. Y desde ahí pasar a la filosofía: agarrar el tema y mostrarlo, a partir de las preguntas y las respuestas que estimula el propio texto, reconocerlo en su propio movimiento, en el ejercicio de su desarrollo, que debe ser escrupulosamente riguroso con su verosimilitud (frente a cualquier arbitrariedad o frivolidad) para que funcione correctamente. Trabajar la filosofía a partir de estas hipótesis obliga a construir o reconstruir una parte de la historia, quedarse con una de las opciones, manejar hipótesis y decidirse por una, la que mejor encaje como pieza del relato. “No hay que tratar de explicar lo que pasó, solo hay que hacerlo comprensible” dice Croce en Blanco nocturno (Piglia 2011 98). O del lado del que escribe: aprender qué es beneficioso y qué es perjudicial para lo que se quiere contar, cómo ajustar convenientemente las articulaciones de la escritura, del pensamiento lingüístico: cómo acertar con las elipsis propias, con la silueta de su indagación filosófica, cobijada en una historia propia. Pensar, armar un pensamiento, requiere primero encontrar un amarre suficientemente resistente entre las inquietudes del individuo, y luego el rigor necesario para concatenar las ideas con las que construir un argumento que no deja de ser, al igual que el relato, un artefacto, un mecanismo sofisticado. Trabajar la filosofía supone trabajar ambas destrezas: la creativa y la analítica o crítica. Con los relatos: con el hallazgo de un repositorio de asuntos, de inquietudes humanas, y con los ejercicios de exhibición técnica en la construcción de argumentos, con la habilidad de sus autores para dar sentido y coherencia a una historia que se debe ante todo a la convicción con la que se muestra verosímil, creíble (lo mismo la narración que la argumentación o la explicación). Poéticamente –decía Hölderlin– es como el hombre hace de esta tierra su morada (Gadamer 24). Con una pieza difícil de resolver técnicamente: la elipsis, como el ojo del huracán del significado del texto (decía Rafael Dieste que el cuento es el remolino que hacen alrededor de una lámpara muchas mariposas, todas inmersas en la misma luz (Escapa
ENRIQUE FERRARI EL RELATO COMO PREGUNTA FILOSÓFICA: OTRA DIDÁCTICA PARA LA FILOSOFÍA 243 Thémata. Revista de Filosofía • nº 66 • julio-diciembre (2022) pp. 224-245 • ISSN: 0212-8365 • e-ISSN: 2253-900X • DOI: 10.12795/themata.2022.i66.11 119-120). Entendida en la clase de filosofía como consigna: como el ejercicio con el que desentrañar y reconstruir ese sentido, en su lectura, y con el que construir y luego ocultar al lector, con las pistas suficientes, en la escritura. Desarrollando las habilidades técnicas necesarias para manejarse a un tiempo con el lenguaje y con el pensamiento, para hacerlos consistentes y robustos, con una estructura impecable, para la que no basta con conocer el ejemplo de los grandes que nos han precedido, ni improvisar las ideas. “No debo sobrevalorar lo que he escrito; con ello solo hago inalcanzable lo que quiero escribir”, decía Kafka (Ayuso 173). 6 · Referencias bibliográficas Abad, M. “Grandeza y locura del cuento”, El arquero inmóvil. Nuevas poéticas sobre el cuento, Madrid: Páginas de Espuma, 2006. Asensi, M. Literatura y filosofía, Madrid: Síntesis, 1995. Ayuso, A. El oficio de escritor, Madrid: Ediciones y talleres de escritura creativa Fuentetaja, 2002. Bajtín, M. Problemas de la poética de Dostoievski, México: Fondo de Cultura Económica, 1988. Benjamin, W. El Narrador, Santiago de Chile: Metales Pesados, 2008. Bolaño, R. Entre paréntesis, Barcelona: Anagrama, 2008. Bolaño, R. Los detectives salvajes, Barcelona: Anagrama, 2004. Bolaño, R. Los sinsabores del verdadero policía, Barcelona: Anagrama, 2011. Braithwaite, A. Bolaño por sí mismo. Entrevistas escogidas, Santiago de Chile: Ediciones Universidad Diego Portales, 2008. Cerrada, C. “El agujero del dónut”, El arquero inmóvil. Nuevas poéticas sobre el cuento, Madrid: Páginas de Espuma, 2006. Ovejero, J. “El arquero sin diana”, El arquero inmóvil. Nuevas poéticas sobre el cuento, Madrid: Páginas de Espuma, 2006. Chvatik, K. La trampa del mundo. Milan Kundera, novelista, Barcelona: Tusquets, 1996. Cioran, E. M. Cuadernos 1957-1972, Barcelona: Tusquets, 2000. Enrigue, A. “Elogio del neopreno” José Ovejero. “El arquero sin diana”, El arquero inmóvil. Nuevas poéticas sobre el cuento, Madrid: Páginas de Espuma, 2006.
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